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  • Con Marcela, la hora de la pijamada

    Con Marcela, la hora de la pijamada

    Vale decir que primero nos pegamos una ducha juntas, Marcela y yo, luego nos pusimos cada una sudadera femenina, así todas cómodas hicimos la comida, una deliciosa pasta con camarones acompañada de una botella de vino, ya llenas de energía organizamos nuestra ropita y la cocina y ya siendo las 8 pasadas comenzamos con nuestra pijamada, no sobra aclarar que tanto ella como yo habíamos llevado cuatro pijamas diferentes y varias pantis para ese momento, así que pudimos cambiarnos como quisimos, también nos maquillamos todas la una a la otra y nos tomamos fotos.

    Después de medianoche, ya en nuestra cuarta botella de vino y muy acaloradas después de ponernos el pijama más sexy y más apretado que cada una había llevado, por cierto ella estuvo con tangas y sostenes de encaje, medias de liguero y en una bata negra mientras yo vestía una batola rosada hasta las rodillas muy pegada, con pantis blancos, pantimedias blancas, un sostén rosado y de encaje, nos quedamos solo en ropa interior y ella me recordó que habíamos acordado que yo definiría como vestirnos y acostarnos a dormir.

    Feliz de que ella recordara nuestro acuerdo fui por una de las bolsas que no habíamos abierto y saque de ella un paquete de pañales para adultos de nuestra talla, había encontrado esos pañales en internet y sin que ella lo notara los había mezclado con las compras justo en la misma bolsa que el aceite y la cremita de bebes que habíamos comprado, también había seleccionado en nuestro desfile de pantis y pijamas un par de batas rosadas, sostenes y las pantis adecuadas para vestirnos como dos sissys ABDL, o como yo lo entiendo dos travestis que juegan a ser niñas de pañales muy calientes, sumisas y puticas

    Lo primero que le indique era que debíamos desnudarnos y pasarnos la una a la otra una crema humectante por todo el cuerpo, la crema olía muy femenino, a flores, también saque dos tangas rosadas con algo de encaje para ponernos de primero, después nos pusimos los sostenes, unas pantimedias blancas y nuestras pijamitas, estando así vestidas le dije que era hora de que probara como se sentía usar un pañal y le pedí que se acostara boca arriba, entonces levante su batica y baje solo las pantimedias, ella levanto sus nalgas y yo puse mi boquita justo en su pene, el cual todavía estaba cubierto por las tangas y comencé a mover mi lengua. Como pude tome el pañal que ya estaba listo y abierto y lo puse debajo de ella.

    Cuando pude separar mi boquita de sus tangas ya las tenía muy mojaditas y manchadas por mi labial, entonces levante sus piernas para poner su culito a mi alcance, ella vio como pasaba mi lengua por los labios y entendió lo que quería, entonces tomo sus piernas con sus brazos y las llevo hacia atrás dejando su culito a mi alcance, yo primero pase mi lengua por la tira de sus tangas y después comencé a chupar su ano con todo y tanga, con mi lengua la movía solo un poquito para intentar penetrarla con ella. Después de un momento así tome un tarro de vaselina con olor a manzanilla y con mis manos llene todas sus nalgas, sus bolitas, su rica colita y la acaricie toda un momento para después terminar de colocar su pañal, ella se puso de pie y yo le acomode las pantimedias, después tome una panti blanca con una florecita al frente y de tipo muy clásico y se la puse, como la panti era grande cubrió casi todo el pañal, dejándola toda nalgona y muy mojada.

    Apenas termine vi que ella estaba muy excitada, entonces me dijo que era mi turno, yo me acosté y ella preparo el pañal, entonces comenzó a subir mi pijama metiendo sus manos entre mis piernas, bajo mis pantimedias y cuando paso su mano por mis tangas me dijo que las tenía ya muy mojadas, lo cual había pasado por que me había excitado mucho antes, entonces me quito las pantimedias, bajo mis tangas y tomo otras, eran negras y como ya las había usado sabía que eran muy apretadas, cuando me las coloco volvió a ponerme mis pantimedias hasta los muslos y después metió su cabeza entre mis piernas y estuvo lamiéndome toda un momento, mientras sus dedos buscaban mi culito, entonces me indico que debía levantar mis piernas como ella y mientras lo hacía busco un plug y lo puso al lado de la vaselina. Miro mi culito todo expuesto para ella y comenzó a acariciarme con sus manos, luego fue su lengua y sus labios, entonces tomo el plug y lo lleno de vaselina, abrió mi culito y lo inserto suavemente sujetándolo con la tanga para que no saliera y termino de ponerme en pañal y por supuesto un par de pantis muy infantiles y coquetas.

    Como ambas estábamos al máximo de nuestra excitación una vez estuvimos vestidas nos comenzamos a besar y caímos juntas a la cama, como no queríamos quitarnos la ropa de nenas que nos habíamos colocado comenzamos a frotarnos la una a otra mientras mis manos buscaban la forma de entrar entre los pañales para volver a tocar su culito, cuando lo logre ella gimió y me beso más fuerte dejándome jugar un ratico, así excitadas nos colocamos de lado y acomodamos las piernas para hacer tijeritas, cuando lo logramos comenzamos a movernos como dos puticas calientes hasta que yo sentí como me mojaba toda en los pañales, eso me hizo disminuir la velocidad y ella se dio cuenta por lo que comenzó a moverse mucho más rápido hasta mojarse toda también.

    Así vestidas descansamos un momento, ella metió su mano en mi pañal y saco el plug, y lo puso a un lado, entonces le dije que podíamos dormir así todas sucias, ella me miro y me dijo, “claro muñeca, solo que mañana cuando despiertes voy a ser tu niñera”, entonces nos besamos y abrazamos un rato, mientras conversábamos como dos niñas y así nos fuimos quedando dormidas.

  • Mi tío, Mariana y yo

    Mi tío, Mariana y yo

    Nunca entendí porque mi tío, un hombre guapo, esbelto y carismático; no tenía nunca novia. Mis abuelos, deseosos por tener más nietos, no lo dejaban en paz y una que otra vez le presentaban una mujer linda, pero él simplemente no estaba interesado. Un día, volviendo de estar con mis amigas; lo vi en su auto… pero… no estaba solo, estaba con una chica! Quién era? Ella lucía mucho menor que él…

    -Tiooo -saludé, me haces el aventón?

    -Alexa!, qué haces aqui?

    -Estaba con mis amigas fuimos al cine, ya te lo había dicho. Hola -dije dirigiéndome a la chica incógnita que trataba de ocultarse.

    -Hola, qué tal? Bueno A… gracias por los libros -dijo nerviosa y roja- tengo que irme.

    -Si… cuidaté Mariana, ve con cuidado.

    La vi bien, tenía una carita hermosa, su tez era blanca como la nieve, poseía una cabellera lacia y castaña y unas curvas delicadas, aún así… no parecía pasar de los 18. Y quién es tío?

    -Es una pasante de psicología, su padre es amigo mío y me pidió dejarle unos libros.

    Mariana no dejó de rondar en mi mente ¿por qué me sentía así? No olvidaba sus labios dándome un beso de despedida, su risa nerviosa y su carita delicada. ¿Acaso me gustaban las chicas? Miles de preguntas avispaban a mi mente, un día sin poder más, me aventuré a preguntarle a mi tío sobre ella.

    -Tío, la chica a la que le dejaste los libros, crees que podría ayudarme con una tarea de psicología?

    -Umm… yo podría ayudarte Alexa, qué te están pidiendo?

    -Es una largaa tarea, tú no tienes tiempo, siempre paras ocupado.

    -Alexa, deja te ayudo yo. No hagas problema.

    Luego de mi fracaso, me intrigó el que mi tío no haya querido pasarme el contacto de Mariana, realmente había algo entre ellos?

    Un día, convencí a mi tío que me prestaba su celular, supuestamente para jugar algo, y para mi buena suerte… mi abuelo le llamaba pidiéndole ayuda. Al instante, ingresé a su whatsapp, Mariana… Mariana… allí estaba, realmente era hermosa, quise ver sus conversaciones, pero solo atiné a memorizarme su número ya que mi tío regresaba.

  • El nacimiento de un cornudo

    El nacimiento de un cornudo

    Era el mes de mayo. El calor, abrazador, quemaba las pestañas. Aun así, yo corría pa’ casa de mi novia. Quería saludarla, abrazarla… estar con ella.

    Agitado, con un poco de sudor en la frente tras correr 3 cuadras, llegué a su casa y toqué el timbre. Esperé respuesta mientras pegaba mi cuerpo a la pared para poder aprovechar la poca sombra que esta generaba. Se escucha que abren la puerta. Mi corazón late a mil por hora. Deslumbrado por el intenso sol, solo puedo visualizar una silueta que dice: «¡Marco! Bertha no está. Hoy es sábado, se va a su curso».

    Tenía un sentimiento de culpa tan fuerte, que lo había olvidado.

    Por las tardes, yo trabajaba en una corporación de gobierno. Ahí conocí a Lourdes, una madre soltera guapísima. Me ganaba por 9 años. ¿Estar con ella en la cama? Solo en mis fantasías.

    Ese mismo sábado por la mañana había ido a casa de Lourdes. El día anterior me había pedido que la visitara temprano para auxiliarle con un problema en su computadora. Y así, sin pensarlo, sin planearlo, después de unos minutos de estar en su computadora, terminamos en la cama por cerca de dos horas.

    Pedaleando mi bici de regreso a casa, vivía una serie de sentimientos encontrados. Haber cogido con Lourdes había sido como un sueño, pero por otro lado, me sentía terrible por haberle puesto el cuerno a Bertha.

    Ya por la noche, en casa de mi novia, aún con el corazón arrugado, quería confesarle lo que había hecho. Quería liberar mi culpa. Se me ocurrió inventar un juego. «Confesiones» le llamé. Cada uno haría una pregunta, y sin importar qué tan dolorosa fuera la respuesta, deberíamos aceptarla. Ella accedió y comenzamos con las preguntas.

    Luego de unos minutos de preguntas sin mayor importancia, me sentía listo para preguntarle si ella me había puesto el cuerno. Sigilosamente pensé que, de esta manera, ella me repetiría la pregunta, haciendo de esa mi oportunidad para confesar mi infidelidad.

    Es mi turno. “¿Me has puesto el cuerno?”, le pregunté. Sin dudarlo, ella respondió que sí. Sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, al tiempo que un vacío comenzaba a sentirse en mi estómago.

    La regla del juego era una pregunta a la vez. No podía preguntarle más nada. Ella replica la pregunta… respondo que sí, con un poco de drama en mi gesticulación en señal de arrepentimiento. Claramente pude ver en su rostro cómo se le rompía el corazón.

    En ese momento se terminó el juego. Comenzamos a confesar abiertamente el cuándo, el cómo y el con quién. Aarón, su exnovio, fue el susodicho. Llevábamos 3 meses de novios cuando lo hizo. Me aseguró que fue solo esa vez.

    Yo tenía 20 años, guapo, atlético, simpático… En la universidad podía sentir las miradas de las chicas. Me sentía poderoso y muy seguro de mí mismo. Sin embargo, esa noche, y en un segundo, derrumbó todo mi orgullo.

    La noticia fue como un golpe al hígado. Estuve con nauseas sobrellevando la plática. Habíamos acordado aceptar cualquier tipo de confesión, así que todo quedó en reclamos por parte de ella. Principalmente porque lo mío era reciente; lo de Bertha, 5 meses atrás.

    Bertha centró más sus preguntas en los porqués; yo en el cuándo y cómo.

    El hecho de que ambos fuimos infieles, permitió que la relación continuara. De no haberle puesto el cuerno también, no habría podido perdonarla.

    La infidelidad de Bertha fue un domingo de diciembre. Ese día tenía planeado ir al cine con un grupo de amigos. Después de la función, decidieron ir a casa de Aarón a pasar otro rato juntos. Los amigos se fueron marchando uno a uno, hasta quedar Bertha y Aarón solos.

    Entre nosotros no hablamos más del tema. Pero a partir de esa noche, intentaba recordar ese día en especial. Quería saber, con precisión, qué estaba haciendo en ese domingo de diciembre… Ponía en mi mente todos los escenarios posibles. Quizá estaba jugando futbol. Quizá estaba navegando en Internet… Repasé hasta el hartazgo cada posibilidad. Quería encontrar el instante justo en el que me habían hecho pendejo. Porque pendejo me sentía en ese momento.

    Las primeras dos semanas me sentí fatal. Pensar en el tema me hacía sentir así. Casualmente, por esos días, vi la película “Sexo Pudor y Lágrimas”, lo cual intensificó mis emociones. Nunca había experimentado ese tipo de dolor nauseabundo. Todos esos días había perdido el deseo sexual. Ni siquiera había tenido una erección.

    Las malas sensaciones fueron bajando a raíz de un viaje a “Six Flags” en la Ciudad de México. Los juegos mecánicos de emociones fuertes liberaron toda esa energía que tenía atorada por dentro. En el camino de regreso, con la vibración del automóvil, de la nada, tuve una erección. ¡Estaba de regreso! Me alegré por mí.

    A partir de ahí, volví al porno por las noches. Quería coger a Bertha cada día en su casa. El dolor intenso había pasado.

    Curiosamente, poco a poco, cada vez que veía un video, en cada escena de penetración, pensaba, ¿cómo habrá sido la infidelidad de Bertha? ¿Lo disfrutó como la chica del video? Aún me parecía increíble que, con esa carita hermosa, inocente y angelical, hubiera cogido con su ex al mismo tiempo que ya era mi novia.

    Esos pensamientos se hicieron recurrentes. Cada vez me daba más morbo imaginarla disfrutar con alguien más. Poco a poco la fui incluyendo en mis fantasías. Cada vez que me masturbaba, era Bertha siendo cogida por otro.

    Estaba muy confundido por esta situación, sin embargo, la disfrutaba. Estaba convencido que algo había cambiado dentro de mí, que había nacido alguien nuevo. Aún no conocía el mundo de los swinger y cornudos. Yo le llamaba “masoquismo sentimental” porque, a la vez que me daba placer y morbo, aún podía sentir esa sensación de nervios y náuseas.

  • La empleada doméstica de mi hermana

    La empleada doméstica de mi hermana

    Por algunos años, en mis primeros tiempos de trabajo en Lima, viví en un cuarto en el departamento de mi hermana. Ella tenía un departamento bastante grande con 3 dormitorios, para ella, su esposo y sus hijos y, adicionalmente una habitación de servicio con baño privado. Allí me instalé. Tenía una cierta independencia del resto del departamento y me sentía muy cómodo allí. Como viajaba mucho por trabajo, usualmente estaba entre 5 y 10 días al mes en Lima y no tenía sentido alquilarme algo propio.

    El segundo o tercer año que estuve allí contrató una nueva empleada doméstica para que atienda el departamento y a mis sobrinos, mientras ella y su esposo trabajaban. Las dos anteriores habían estado algunos meses y ni me había percatado en ellas. Pero esta era distinta. No voy a mentir diciendo que era una belleza deslumbrante y sorprendente en su pobreza, pues no era guapa, ni por atisbo, pero si tenía un culo delicioso, formado y firme por sus permanentes labores.

    Tampoco usaba ropas excitantes ni mucho menos, jeanes o minifaldas que resaltaran su figura. Pero la ropa de trabajo que usaba, usualmente vieja y sin estilo, no eran impedimento para que me deleitara mirándole el culo. Me excitaba que siempre tuviera una cruz grande sobre su pecho, era evangélica y eso se apreciaba en su forma de vestir y proceder.

    Varias veces quedamos a solas, pero yo en mi cuarto y ella haciendo las labores por todo el departamento. Cuando yo no estaba limpiaba mi pequeña habitación, pero nunca ingresaba cuando yo estaba allí. Una mañana que estaba muy caliente, decidí salir, prepararme un café en la cocina, mirarla un rato y volver al cuarto a corrérmela. Mientras la miraba me di cuenta que ella se dio cuenta que la observaba.

    Supongo siendo fea y sin gracia se sintió halagada (mucho tiempo después me lo confirmó). Comenzó a moverse en lo que ella creía eran movimientos sugerentes y que debieron causarme risa en cualquier otro momento, pero tan caliente estaba que fueron excitantes para mí.

    Sin pensar me acerqué hacia donde ella estaba, justo al lado de donde se guardaba el azúcar y mientras abría el estante, sacaba el azúcar, la echaba en mi café, le rocé el culo con mis manos. Lo sentí firme y ella, en lugar de alejarse, se me pegó más. Me detonó.

    Dejé el azúcar y le cogí el culo con ambas manos. Ella se dejaba sin decir nada. Esa mañana tenía una falda larga, gruesa y desgastada, pues era invierno. Sin hablarle, metí mis manos debajo de ella y la levanté, dejando su culo a mi vista y mis manos. Ella sólo se dejaba sin decir nada y era obvio que iría donde yo la llevara.

    Tenía un calzón de esos grandes y baratos, sin ningún encanto, como todo su atuendo viejo y desgastado. Me excité más al verlo. Algo totalmente distinto a cualquier calzón que hubiese visto antes en cualquier mujer que la que había estado, putas o rufianillas de discoteca. Comencé a acariciar sus nalgas y entre ellas sobre su calzón, hasta que decidido por su inacción, se lo bajé. Me encontré un culo moreno y firme, redondo, amplio. Sabroso a todas luces.

    Me arrodillé en el piso y empecé a besárselo. Fue recién cuando ella empezó a hablar. Me dijo “joven no haga eso”, pero el tono de su voz decía claramente “siga, cójame”. Sentía el sudor en sus nalgas, sudor de toda una mañana trabajando en casa. Sentí el deseo de entrar con mi lengua entre sus nalgas y lentamente las separé mientras mi lengua recorría entre ellas. Cuando llegué a su culito, lo encontré cerradito, sin ninguna experiencia, virgen sin dudarlo. Pero ligeramente sucio, oloroso y sabroso, me sentí a mil, disfrutando ese culo sucio en mi lengua y mi boca.

    Ella comenzó a gemir y lo estaba disfrutando. Sin pensarlo mucho, la guie hasta mi cuarto. La acosté. Le terminé de sacar el calzón y las zapatillas. No le saqué la falda, solo la puse sobre su vientre. Empecé a explorar su vagina húmeda y con olor a orines con mis labios y mi lengua. Sentirla así, primaria, sucia, pobre y a mi merced, me volvió loco

    Mientras disfrutaba su vagina con mis labios empecé a sentir como se iba humedeciendo, casi hasta correrse en mi boca, me fui desnudando. Cuando estuve listo me subí sobre ella y la penetré violentamente, sentí una vagina muy poco usada, sin demasiada experiencia. Ella solo se dejaba hacer y eso me excitaba más aún, ser yo el hombre experto y ella la damisela inocente era algo muy fuera de mis costumbres habituales.

    Llegó muy rápido y seguí y se volvió a calentar mucho, la puse en perrito, con la falda y toda su demás ropa aún puesta. Que placer mirar ese culo moreno y sabroso. Me introduje en su vagina y acariciaba su culito mientras la disfrutaba, ella volvió a llegar y gemía con timidez, como si fuese un pecado hacerlo, con gemidos ahogados y eso me hizo llegar. Como pocas veces, con una marea de semen que la inundó. En ese momento ella vibró con su tercer orgasmo.

    Entró en razón. Recogió sus zapatillas, su calzón y se fue. Yo quede tirado exhausto sobre la cama. Con el olor de la doméstica, de su barrio humilde, del transporte público en el que llegaba a casa, de sus sudores sin bañar sobre mi cuerpo.

  • La mudanza de mi tía Carolina

    La mudanza de mi tía Carolina

    Aquella tarde recibí a mi móvil la llamada de una de mis tías. Ella vive a unos 40 minutos de distancia de nuestro piso, recién se había mudado a Madrid y estaba con todo el tema de la mudanza y ya que tiene dos niños pequeños aún pues me parece que de poca ayudan le podían servir para estos menesteres.

    -Hola Rodri como estas? Sabes necesito tu ayuda, me estoy instalando en el centro y no entiendo nada se cables, quiero dejar colocados los aparatos electrónicos y así cuando venga mi esposo e hijos poder tener todo ordenado. Tú crees que puedas venir por la tarde después de hacer tus labores diarias y echarme una mano con eso, no te preocupes que sabré recompensarte muy bien.

    -Bueno tía si te viene bien hoy no hago nada y no tengo universidad pues llegaré sobre las 4 pm, te parece bien la hora?

    -Genial querido, así me das tiempo a dejar todo casi ordenado y preparar algo de comer para los dos, ya que hasta mañana no viene mi gente, cortamos y me apresure a salir rumbo a su piso.

    Mi tía Carolina es una mujer alta de 1.75 m. aproximadamente, de piel blanca ya que por parte de mis abuelos tenemos descendencia italiana, la he visto hace unos años darle de lactar a su nene el pequeño y tiene unas tetas enormes, de rostro es muy simpática y siempre está de joda, muy alegre, es la hermana menor de mi madre, calculo yo que tendrá unos 44 años. De culo muy marcado y lo que más me impresionaba de ella era la marca que le hacían los vaqueros a su conchita. Como le marcaban esos labios carnosos, era una locura mirarle de reojo la conchita y más aún cuando usaba leggins, que locura.

    Al llegar a su piso pensé en como la encontraría, que ropa llevaría puesta, que tan formado tendrá el cuerpo y si esas enormes tetas seguirán de espectaculares. Me abrió la puerta y la encontré en una camiseta blanca y una pantaloneta de color azul. No llevaba sujetador por lo que pude ver, nos saludamos con dos besos y después de conversar un poco le pregunté en que la podría ayudar.

    Me pidió que le enchufara los televisores y el equipo de sonido, que el chico que había ido a instalar el internet no tenía tiempo de probarlo en los aparatos que llevan esa conexión, además de colocarle la clave wifi a la portátil y las tabletas de los peques. Bueno venga tía me pongo en eso, ver a tremenda mujer moverse por el piso mostrándose tan sensual, tan excitante y provocativa (esto me lo imaginaba yo, ella solo se desplaza de un lado a otro nada más) me ponía la verga a cien.

    Al cabo de un rato yo había terminado de probar el wifi en todos los equipos y funcionaba bien. Sin más que hacer me fui a la habitación de mi tía para avisarle que ya había terminado lo que yo tenía que hacer y me pasaba a retirar. Cuando al asomarme a la puerta escucho gemidos que venían de dentro de su habitación, joder me extrañe un poco ya que salían del televisor de su cuarto, me acerqué sin hacer mucho ruido y si, eran de una peli porno, la actriz a la que le estaban dando verga gemía y gritaba como loca. Pero pensé, mi tía está viendo esto, se habrá olvidado que estoy acá y se ha puesto algo caliente con el wifi, no escuchará el volumen que está algo alto para ella sola y más aún que tiene la puerta abierta.

    No sabía qué hacer, me excite mucho al escuchar esos gemidos, pensar que mi tía estaba ahí, tocándose o gritando ella de puro placer. Me sentía un poco confundido, que hago, me asomo un poco y veo que sucede o me hago el tonto y me voy a la sala a esperar que salga de su habitación. Pues decidí asomar un poco la cabeza y ver qué pasaba. Cuán grande fue mi sorpresa al ver a mi tía tirada en su cama, piernas abiertas, con sus dos manos frotarse la vagina por encina de la pantaloneta que llevaba puesta, miré un momento y veía como se estremecía de tanto frotarse, el gusto que ella misma se estaba regalando, como se le volteaban los ojos de tanta excitación y como se ahogaba en sus propios gemidos para no gritar de tanto placer.

    Recuerdo que entre y ella tenía una mano en su rajita frotando con delicadeza y la otra mano sobre sus pechos, todo por encima de su ropa, creo yo que si sabía que no estaba sola, pero que seguro le habrá entrado un calentón en ese momento.

    -Tía, ya revisé todo y está bien.

    Tía: oh cariño, disculpa, oh que vergüenza. No te preocupes, disculpa te haya interrumpido. Hace que tiempo llevas ahí parado

    -No, no recién he venido, yo estaba afuera, quieres que te ayude en algo.

    Tía: disculpa el espectáculo es que, no sé, no sé que me ha pasado, que vergüenza contigo Rodri. Que podrás pensar de mi ahora?

    Me acerco despacio hasta su cama y le acaricio las manos y tomo su mano derecha que es la que tenía en su vagina, le doy un beso y me la llevo a mi nariz para olfatear ese delicioso olor que seguro estaría impregnado en sus dedos.

    Tía: cariño que estás haciendo? No hagas eso por favor, no le digas a nadie lo que has visto, me moriría de la vergüenza.

    Yo seguía besando sus manos, me metí uno de sus dedos a mi boca y sentí como ella se asombraba de lo que estaba sucediendo en ese momento.

    Tía: oh Rodri, no sigas, te lo pido por favor y vamos afuera a tomar algo de aire que nos vendría bien.

    Tome su otra mano y la coloque sobre sus tetas, las movía de lado a lado y ella no daba crédito a lo que estaba sucediendo en ese momento, yo la mire fijamente a los ojos y seguí metiendo sus dedos en mi boca, aparte por un momento su mano de mi boca y la coloque sobre su pantaloneta, pero por debajo de ella en clara señal que quería que siguiera frotándose pero esta vez por debajo de su ropa.

    Tía: que haces Rodri? ¡¡No!! No lo hagas, ah, no lo hagas cariño, ah, ah ohhh Rodri, oh cariño!

    Logre meter su mano por debajo de su braga, hice que llegara hasta su vagina y se metió dos dedos dentro de ella, mi mano sujetando la suya y sus dedos dentro de su vagina, al cabo de un momento los saque y me los lleve a la nariz y terminaron dentro de mi boca.

    Tía: ohhh cariño, estás loco lo sabes, que haces, para ya por favor, que esto terminará mal.

    Deje de besar sus dedos y me apoyé delante de su vagina, le levanté las caderas y de un solo tirón le retire la pantaloneta, quedo delante de mí esa vagina casi depilada pero igual de jugosa, llevaba puesta una braguita color gris con bordes celestes y dibujos de flores, que tierna, me asomé a sus labios vaginales y le introduje un dedo mío, luego otro y podía sentir la humedad de aquella mujer

    Tía: oh cariño!! Que haces!! Ohhh que rico que estés ahí cariño, sigue, sigue por favor, no vayas a parar por nada por favor te lo pido.

    Yo no dejaba de jugar con esa cosita rica y tan jugosa, le metía mi lengua y los dedos, oh madre mía como gemía de tanto placer, como se estaba poniendo mi tía. Me bajé los pantalones y le coloqué mi verga en su vagina deseosa de carne.

    Tía: nooo, espera, no cariño, ven aquí, déjame saborear esa verga, oh cuanto a crecido desde que te cambiaba los pañales. Estas todo un machote.

    Me coloque encima de ella y la agarro con sus dos manos y se la llevó a la boca, se la metió hasta el fondo de su garganta y que bien que me la chupaba, besitos, la mordía, la succionaba, se la metía hasta el fondo y le salían arcadas. Le saque la camiseta que llevaba puesta y poder disfrutar de sus tetas, meter mi verga en medio de tremendos pechos fue lo máximo, que bien lo frotaba.

    Tía: tranquilo cariño, no termines aún que tienes que meterme esa verga en mi coñito si, oh que rico se siente tu verga en mis tetas, que caliente tienes la verga cariño, que bien sabe y que dura la tienes. Me darás placer verdad, a tu tía querida si, oh sigue así frotando tu verga en mis tetas.

    Intentaba tragarme esas tetas pero era imposible, que pezones tan rosados y que pequeños que eran, parecían casi un lunar en tremendas tetas.

    Tía: ven aquí cariño, haz feliz a tu tía, dale placer por favor y no la dejes a medias si, vamos cariño métela ya, no hagas esperar a tu tía si, la quiero dentro y la quiero toda, ohhh, ohhh hijo de tu puta madre, que rico, que rico se siente, si, si muévete más.

    Ya estaba dentro de mi tía y como gemía, oh, como se movía, como me arañaba la espalda y como me ahogaba con sus enormes tetas, que placer todo esto, no creo haberlo soñado.

    Tía: oh cariño, sigue, sigue vamos, no te pares aún que yaaa, aaayyyy siii ohhh espera ohhh siii ahhh siii, dame más, mas.

    Me apretaba contra sus tetas y me mordía los labios y no dejaba de gritar mi nombre, no dejaba de gemir y con sus piernas a echarme más hacia dentro de ella. Yo también sentía que estaba por terminar y en eso…

    Tía: oh Rodri siii, ayyy que biennn, que biennn o joder que rico, que bien

    Termine también, no podía aguantar más tanta excitación y tanta deseo hacia ella, después de eso nos quedamos juntos un rato. Nos besamos y acariciando nuestros rostros seguimos tirados sobre la cama un largo rato, lo volvimos hacer el resto de la tarde, recuerdo llegue a mi casa muy tarde, cansado y con las piernas temblorosas, que día para más intenso con mi tía Carolina.

  • De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte II)

    De mis vacaciones con la tía Bertha (Parte II)

    Una vez que me metí a duchar, mi tía decidió acompañarme.  Según me dijo, quería saber que tanto debería hacer por mí para convertirme en una muñequita. Y cuando me vio desnuda, su cara no pudo ocultar su gran sorpresa.

    -Pero sobrina, si tienes un cuerpo espectacular.- dijo, mientras me hacía dar una vuelta- Eres delgada, pero con nalgas. Y tienes algo de caderas. Si no fuera porque no tienes pechos, podrías concursar para certámenes de belleza.

    -Gracias tía- le contesté, a la vez que sentía como se me ruborizaban las mejillas.

    -Aunque si hay algunas cosas que hacer contigo- dijo mirando mi entrepierna. Salió por unos instantes, y regresó con un rastrillo color rosita y una crema de afeitar- siéntate aquí- agregó al tiempo que me señalaba la orilla de la tina. Entonces procedió a quitar el incipiente vello que crecía en mi ingle, y luego me pidió que me volteara, para que hiciera lo mismo con mi ano. Apenas me quitó algo de vellosidades de ese sitio y comentó:

    -Te voy a decir algo con respeto, aunque en tu caso creo que será un halago: tienes un pene pequeñito nena. No te será difícil ocultarlo.

    -¿Tu crees tía?

    -Si nena. Aunque de eso también me encargo. Ahora báñate. Cuando termines, ponte está crema humectante, te va a dejar muy sedosa la piel. Te veo afuera.

    -Está bien.

    Cuando salí de la regadera y entre al cuarto, pude notar dos cosas: que mi tía había elegido la ropa que me pondría ese día, y que las prendas que yo llevaba en la maleta -excepto dos calzoncillos de tipo culotte que había escondido ahí- habían desaparecido de esta. Eso me entusiasmo, pues entendí que ella iba en serio.

    Sobre la cama había una tanga de color esmeralda que no me sentí lista para usar, así que tome mis cacheteros rosas de mi valija. Luego me puse una falda corta entablillada, unos huarachitos de poco tacón y un sujetador que hallé que tenía un color similar al de mis bragas. Lo rellené con un par de pantimedias y me coloque una blusa floreada encima. Bertha regresó cuando me cepillaba el cabello, con un par de cajas de madera que colocó encima del taburete. Una de ellas contenía cosméticos -con los que pasó buena parte de la mañana para maquillarme y explicar cómo se hacía- y la otra un pedazo de hielo y una aguja.

    -¿Para que es eso tía?- le pregunté con sincera candidez, mientras ella me ordenaba ponerme un pedazo de hielo en cada oreja y me pedía cerrar los ojos. Luego me quitó el gélido material y me pinchó ambos lóbulos auriculares. Casi no me dolió para ser honesta, pero si me hizo saltar con el piquete.

    -Para esto mi niña hermosa- me dijo al mostrarme los dos hoyuelos para aretes que me acababa de hacer.

    -Que bien tía. Yo no hubiera tenido valor para hacerlo – respondí con alegría, al ver puestos en mis orejas un par de lindos aretitos de estrellas.

    Una vez que terminamos de arreglarme, fue ella quien me llevó hasta el espejo de cuerpo entero que había en la sala y me dijo: mírate ahora en el espejo Daniela.

    Y yo me vi, y puedo asegurar que no podía dar crédito a lo que esa imagen reflejaba: era toda una señorita.

    -Apenas puedo creer que sea yo- proferí, mientras se me salían unas cuantas lágrimas.

    -No llores, que vas a correr el maquillaje Daniela. Y si, ésta eres tú. Al menos lo que duren tus vacaciones, o tal vez más tiempo. Depende de ti.

    Entonces de tan contenta, sentí que tenía una erección. Ella lo notó y dijo: hay que hacer algo con eso también.

    -Gracias por tanto tía- insistí mientras intentaba abrazarla.

    -No me lo agradezcas ahora Dany.-pidió al tiempo que se agravaba su tez- Porque esto apenas inicia. ¿Confías en mí?

    -Si tía. Claro que confío en ti.

    -¿Hasta entender que, cualquier cosa que haga de aquí en más, es para ayudarte en tu transformación?

    -Si tía. Tú eres la persona en quien más puedo confiar. ¿Por qué lo preguntas?

    -Porque ser una chica también lleva muchos esfuerzos y algo de dolor. Pero si lo hacemos bien, y juntas, podremos con eso. Solo quiero que recuerdes lo que te acabo de decir: debes estar segura de que cada paso que dé, aunque tal vez no te guste, va en camino de ayudarte. ¿De acuerdo?

    Yo solo asentí con la cabeza. Aún no lo entendía, pero hacerlo me llevó a una vorágine de sensaciones de las que les platicaré en la próxima entrega.

  • El amigo de mi padre (2)

    El amigo de mi padre (2)

    Hola a todos de nuevo. Me han mandado mensajes preguntándome si ya no ha pasado nada entre Enrique, amigo de mi padre, y yo. Claro que si ha habido otros momentos más con él, y aquí les contaré otra experiencia con él, más ardiente y apasionada que la primera.

    Después del primer momento que pasamos juntos, hubo pocas oportunidades de volver a estar solos, pues en su casa siempre había alguien y en la mía también; sin contar que tuvo que salir de viaje a una ciudad del centro del país por cuestión de su trabajo, así que era difícil verlo como quería. Además, por mi padre supe que él tenía problemas con su esposa desde hace meses, mucho antes de la primera vez que nos coqueteamos y estuvimos juntos.

    Casi todos los días le hablaba desde mi celular, por las noches desde mi cuarto. Así platicábamos de cosas picantes, fantaseábamos, me preguntaba cosas como «¿Qué traes puesto?», «cuéntame alguna fantasía que tengas», etc. Yo también le preguntaba y así continuábamos nuestras llamadas algo calientes. A veces durante la plática me acariciaba mi cuerpo, imaginando que mis manos eran las suyas, y hacia lo que él me pedía. Hacíamos el amor por teléfono, y aunque no era lo mismo que hacerlo en vivo, no puedo negar que él lo hacía muy interesante.

    Así pasamos la semana que duro fuera de la ciudad, hasta que por medio de mi padre, todos supimos que ya había llegado de su viaje. El día que llegó fuimos mis padres y yo a su casa, menos mis hermanos ya que ellos no les gusta mucho esas reuniones y prefieren salir con sus novias o con los amigos. Al llegar nuestros padres saludaron a Enrique y a su esposa con abrazos. Yo me acerque y le di un beso en la mejilla mientras le susurraba al oído «cuanto te extrañe amor». Él solo me sonrió y me dijo «gracias por venir». Por cierto ese día me arregle lo más coqueta que pude, claro, sin caer en lo vulgar: unos jeans muy ajustados y una blusa azul cielo de tirantitos pero ahora sin con sostén – pues iban mis padres y a ellos no les gusta que salga así sin nada abajo-, y mi cabello suelto, sin coletas.

    Durante la plática en la sala y la comida en su patio le sonreía y le cerraba el ojo sin que nadie se diera cuenta. Enrique solo me veía y sonreía levemente para que su esposa ni mis padres se dieran cuenta. Sus hijas se encontraban en casa de unas primas así que solo éramos 5 los que estábamos ahí. En una de las pláticas Enrique se paró diciendo que iba a la cocina por una cerveza, volteándome a ver; mi padre le dijo que lo acompañaba pero Enrique le contesto que no era necesario, que iba rápido y que mejor siguiera platicando con mi madre y su esposa, a lo cual accedió sin ningún problema.

    Enrique: ¿Quieres algo más de tomar Larissa? -me pregunto sonriéndome.

    Yo: Un vaso de refresco, pero espérame, te acompaño a servirme -le conteste contenta, pues aunque fuera unos segundos estaríamos solos.

    Lo acompañe y entramos a la cocina. La ventana de ahí tenía persianas y se podía ver entre ellas hacia una parte del patio; no se podía ver donde estaban los demás, pero si se podía ver si alguien se acercaba. Al entra a la cocina rápidamente me avente sobre él, besándolo con gran deseo en los labios, los cuales deseaba sentir de nuevo en los míos y en mi cuerpo desde hacía tiempo. Enrique me correspondía de igual forma, abrazándome y acariciándome con sus manos la espalda hasta bajar a mis nalgas, las cuales agarro y me las acariciaba fuertemente sobre los jeans, lo que me gustaba como lo hacía.

    Yo: Ay Enrique no sabes cuánto te extrañe, te he necesitado como no tienes idea -.Le decía entre besos.

    Enrique: Yo también muñequita, necesitaba sentir este cuerpo tan deseable entre mis brazos, vienes muy atractiva Larissa, pero no como yo hubiera querido.

    Me separe de él y lo vi un poco triste sin soltarse de mi trasero.

    Yo: ¿No?

    Enrique: Larissa, vienes hermosa pero me hubiera gustado verte con una minifalda para verte tus fabulosas piernas, deseaba tanto vértelas.

    Yo: Ay Enrique, no puedo venir tan coqueta, sino ¿Qué pensarían mis padres? Te prometo que un día de estos cuando estemos solos me vestiré como quieras.

    Enrique sonrió y de nuevo nos fundimos en un beso apasionado, entregándose nuestras lenguas en un gran deseo de volverse a sentir, de saciarse una de la otra. Luego Enrique baja su boca por mi cuello, lamiéndolo y besándomelo varias veces. Dejo caer mi cabeza hacia tras, disfrutando como me demostraba tanta pasión. Me arranco unos leves gemidos con sus besos. Una mano suya me tomo un pecho, el cual acaricio mientras me lamía el cuello.

    Enrique: Mmm, traes sostén… ¿también por tus padres?

    Yo: Aja -conteste sintiendo su lengua en mi cuello.

    Enrique: Mmm me gusta más sentírtelos sin sostén, se sienten tan suaves y tan rico.

    Separándome de él, tomo con las manos mi blusita y me la levanto, enseñándole mi sostén. Era color vino de tela delgada y transparente.

    Yo: ¿No te gusta mis sostén? -le pregunte con una sonrisa.

    Enrique: Wow Larissa, que lindo sostén, se te ven preciosos tus senos así, pero más me gustan sin sostén.

    Yo: Ahh… ¿así? -le pregunto mientras tomo ahora mi sostén y me lo levanto, dejando mis senos al aire.

    Enrique: ¡Que bárbara Larissa!, que preciosos, ya extrañaba verlos.

    Yo: ¿No les quieres dar un besito de bienvenida?-

    Enrique: ¡Por supuesto que si!

    Enrique dirige sus labios a mis pechos y comienza a besarlos y lamerlos, sobretodo el pezón, Primero uno y luego el otro, sin soltarse aun de mis nalgas, las cuales seguía acariciando. Aprieto mi cuerpo contra su rostro y dejo caer de nuevo mi cabeza hacia atrás, suspirando y gimiendo al sentir su lengua deleitarse con mis pezones y sintiendo leves mordiditas en ellos.

    Yo: Ay que rico… ahh ahh, extrañaba como me… los chupas… me encanta… –le decía gimiendo.

    Enrique no se saciaba, parecía un bebe tomando pecho, con hambre, disfrutando de probar mis pezones los cuales sabía como chupar y hacerme estremecer.

    Luego de unos ricos segundos así, me separo y me hinco frente a él, aun con mi blusita y sostén levantados.

    Yo: Ahora es mi turno de demostrarte cuanto deseaba estar contigo de nuevo, tú solo vigila que no venga nadie -.Le dije guiñándole.

    Enrique: Ah princesita como te extrañe.

    Bajándole el cierre de su pantalón, meto mi mano ahí y saco su pene de entre su bóxer, el cual ya estaba muy duro y parado, y me lo llevo a mi boca. Se lo chupo con deseo, con movimientos rápidos con la mitad dentro de mi boca, para también lamérselo y acariciarle el tronco con mi mano. Se lo masturbo con fuerza mientras sigo chapándoselo, haciendo que él se recargue con sus manos en el mueble que está detrás. Comienza a gemir pero no tan fuerte para que no lo escuchen, y tras varios segundos siento como se empieza a querer venirse. Mientras mi mano derecha lo masturba mi otra mano se entretiene acariciándole los testículos, haciéndolo gemir aún más. Varios segundos pasaron para que Enrique comenzara a gemir ya fuerte y que su cuerpo comenzara a estremecerse.

    Enrique: Larissa… ahh… me vengo…

    Al escuchar esto me meto todo el pene dentro de mi boca y siento como un chorro sale hasta mi garganta, tragándomelo, mientras el lanza un largo y suave gemido. Chupo y succiono su pene hasta asegurarme que no haya quedado una gota mientras se estremece su cuerpo por tener su pene muy sensible. Enrique solo me mira, mientras me da las gracias; yo solo le digo que no fue nada y sigo limpiándole su pene con mi lengua. En eso mira hacia la ventana y me dice que ahí viene mi padre. Rápidamente me paro y me bajo mi blusa y mi sostén, pero mis pezones están tan duros y parados, que no los logra a cubrir mi ropa, tomo una servilleta de la mesa y me limpio de la boca el semen que me quedo, y me cruzo de brazos, para cubrir mis pezones que se marcaban muy bien debajo de mi ropa. En eso entra mi padre.

    Padre: ¿Qué pasa, por qué tardan? -pregunta inquieto.

    Yo: Perdón papi, lo que pasa es que nos quedamos platicando y se nos fue el tiempo.

    Padre: ¿Pues de que platicarían para que no se dieran cuenta de que han estado aquí varios minutos?

    Yo: Ay papá, es que se me salió decirle a Enrique que ya sé que tiene problemas con su esposa, y que ojala y todo salga bien.

    Enrique un poco sorprendido me voltea a ver.

    Padre: Pero Larissa, no tienes por que decir lo que comentamos tu madre y yo -me lo dijo en tono de regaño.

    Enrique: No te preocupes -dijo reaccionando- no tiene nada de malo que tu hija lo sepa, es algo que tarde o temprano iba a saber.

    Yo: Perdón papi, no lo vuelo hacer -dije poniendo cara triste.

    Padre: Esta bien Larissa, pero ya no comentes esto a nadie, ¿lo prometes?

    Yo: Si papi.

    Salimos de la cocina los 3, mi padre primero, detrás yo y Enrique al último. Mientras salíamos Enrique puso una mano en mi trasero y me lo aprieta, lo que me gustó y no la quito de ahí, hasta que él la quita cuando llegamos al patio, donde estuvimos comiendo y platicando una hora más. Si veía que entre Enrique y su esposa había poca plática y a veces ni se volteaban a ver, pero igual era su problema y solo ellos lo sabían. Ya luego nos despedimos para regresar a casa. Al despedirme de Enrique ahora él fue quien me susurró al odio «gracias por alegrarme el día en la cocina». Yo solo le conteste «de nada» y ya salí con mis padres.

    Llegamos a casa y ya en la noche cuando me iba a mi cuarto mi padre me llamo, quien estaba en la sala, para decirme que no estaba molesto conmigo pero que ya no vuelva a meterme en cosas de adultos, que lo de Enrique y su esposa es cosa de ellos, de nadie más. Me tranquiliza saber que mi padre no estaba molesto conmigo, así que lo abrazo y le dije «gracias, te prometo no volverlo hacer». Mi padre también me da un abrazo fuerte, diciéndome que me quiere y que ya me vaya a dormir. Me voy a mi cuarto, me cambio de ropa para ya dormirme, pensando lo bien que la había pasado con Enrique en la cocina y saber que yo era un motivo de alegría para él en esos momentos difíciles que pasaba. Justo cuando iba a apagar el celular suena, y sorprendida, conteste, era el número de la casa de Enrique.

    Yo: ¿Bueno?

    Enrique: Larissa, que bueno que aun te encontré despierta.

    Yo: Si, ya me iba a acostar y a apagar mi celular.

    Enrique: Ah ok entonces seré breve para que ya te duermas.

    Yo: No. No hay problema.

    Enrique: Ok. Oye, me sorprendió que supieras lo de mi esposa, supongo que escuchaste a tus padres hablar de eso.

    Yo: Si los escuche… oye, por cierto, una pregunta y quiero que seas sincero… ¿yo tuve algo que ver con eso?

    Enrique: No princesita, para nada, ya teníamos problemas desde antes y no, tú no tienes nada que ver, te lo juro.

    Yo: Ah ok, es un alivio para mi saberlo (la verdad si lo era, saber que yo no fui la causa)

    Enrique: Si princesita, tú no tienes nada que ver, tu solo me das alegría. Por eso te llamaba, para ver si mañana paso por ti después de clases, quiero llevarte a un lindo lugar.

    Yo: ¿Ah sí? ¿A dónde? -pregunte de lo más contenta.

    Enrique: Es una sorpresa corazón, pero te quería pedir otro favor-

    Yo: El que quieras.

    Enrique: Hoy en la tarde, en la cocina, me dijiste que a la próxima te vestirías como yo quisiera, ¿recuerdas?

    Yo: Aja

    Enrique: Ok, pues mira, quiero que mañana que pase por ti te vistas mas sexy, más de cómo te vi hoy… ¿entiendes?

    Yo: Mmm si, ya sea como te gusta que me vista. No te diré como me vestiré, pero te prometo que te va a encantar como estaré vestida mañana. ¿ok?

    Enrique: Ok Larissa, pues te dejo para que te duermas. Mañana paso por ti.

    Yo: Pasa por mí a las 4 (pm), solo tengo un examen y salgo a esa hora. Mañana le invento algo a mi madre para poder llegar más tarde.

    Enrique: Perfecto muñequita, mañana pasó por ti a esa hora.

    Yo: Ok, está bien.

    Enrique: Hasta mañana princesita.

    Yo: Hasta mañana Enrique.

    Rápidamente me paro de la cama y me dirijo a mi guardarropa. Ahí tenía varia ropa nueva que había comprado unos días antes y buscaba algo que le pudiera gustar a Enrique, y lo encontré. Era una minifalda negra poco ajustada, más arriba de medio muslo y leves aberturas a los lados, y una blusa blanca, ajustada, sin tirantes y con escote coqueto, y zapatos de tacón negros.

    Al día siguiente me puse una blusa de botones al frente y debajo la blusita que había escogido para Enrique –claro que sin sostén-, pues no quería que mi madre me viera así vestida, tan provocativa, y me puse un perfume que se les encanta a varios hombres. Antes de salir a la uni le dije a mi madre que de ahí iría a casa de una amiga a estudiar para un examen que nos pondrían en 3 días más. Me dijo que estaba bien y nos despedimos. Subí al carro y ya ahí me quité esa blusa grande, quedando con la blusita blanca. En el camino a la uni ya no me podía concentrar en el examen, pues la emoción de saber que estaría toda la tarde con Enrique era muy grande. Llegue a la uni y escuche muchos chiflidos hacia a mi y varias piropos, algunos bonitos, otros algo vulgares, pero no les di importancia. Ya después de terminar el examen y de aguantar las miradas de mis compañeros hacia mí, incluso las de mi profesor, salí al baño para maquillarme levemente, y después me dirigí la entrada a esperar a Enrique, dentro de mi carro.

    Pasaron unos minutos cuando exactamente a las 4 llego, al verlo salí del auto y espere a que llegara. Una vez hecho eso, me abrió la puerta de su carro y entre. En cuanto me senté su mirada de asombro y alegría se clavaron de en mi ropa y en mi cuerpo.

    Enrique: Wow Larissa, sabes realmente como me gusta que te vestiste.

    Yo: Si lo sé -le conteste mientras me dirigí hacia él para besarlo en los labios.

    Enrique: Me sorprendes, que bella te ves, que hermosa.

    Yo: Gracias -le conteste para de nuevo besarlo en los labios- pero ya mejor vámonos antes de que me vea alguien ¿sí?

    Enrique: Ok ¿y tu auto?

    Yo: Aquí lo dejo, le dije a mi madre que iría a casa de una amiga, así que si alguien de mi casa lo ve aquí va a pensar que me fui con mi amiga y que deje el carro aquí para que este más seguro.

    Enrique: Ok.

    Enrique arranco el carro y nos fuimos al lugar que me había dicho. Durante el camino me veía y me sonreía; a veces miraba mis piernas, que se veían casi en su totalidad pues la minifalda se me había subido demasiado, cubriendo muy poco de mis muslos, sin contar que las aberturas dejaban ver bastante. Tomé su mano derecha y la puse en mis muslos y la movía ahí, para que me los acariciara.

    Yo: No solo me las vea Enrique, acaríciamelas, me gusta que me acaricies las piernas, me gusta como lo haces.

    Enrique: Lo se Larissa, su belleza me inspira a hacerlo.

    Ya Enrique me acariciaba los muslos, mientras yo me agarraba con las manos de la parte alta del respaldo donde iba y cerraba los ojos, disfrutando de sus caricias tan suaves y delicadas en mis piernas. A veces las abría un poco para que acariciara la parte interna del muslo, lugar que me fascina que me acaricien, y el lo hacía. En ocasiones en los altos del semáforo se acercaba a mi y me besaba, yo lo correspondía con besos de lengua, ya que sé que le gustan mucho a él.

    Así estuvimos todo el camino, unos 15 minutos más o menos, hasta que llegamos a un edificio alto, de unos 10 pisos, y que hace poco acababan de terminar su construcción, por lo que realmente yo no sabía que había ese en ese edificio. Llegamos al estacionamiento y bajamos del carro

    Yo: ¿Qué es aquí, un hotel?- pregunté.

    Enrique: Jaja no princesita no es hotel, pero espera. Ya verás que hay aquí -me dijo tomándome de la mano.

    Nos dirigimos hacia los elevadores y solo esperamos unos 15 segundos cuando bajo uno, de donde salieron una pareja y unos niños de unos 7 años. Al entrar y al cerrarse la puerta Enrique me tomo de la cintura y nos dimos un beso apasionado, recargándome contra la pared, quedando yo entre ella y él. Su mano se metía debajo de mi blusita y se dedicaba a masajearme mis pechos, pellizcándome mis pezones suavemente. Mis gemiditos se ahogaban en nuestros besos que se escuchaban claramente, junto con nuestra fuerte respiración. No nos dimos cuenta que habíamos llegado al piso que había marcado Enrique hasta que unas risas se escuchaban que se acercaba al elevador, por lo que rápidamente nos acomodamos y salimos. Vimos unos jóvenes acercarse corriendo al elevador para alcanzarlo, y por fortuna no nos habían visto.

    Caminamos por el pasillo y llegamos a una habitación, muy grande para ser un cuarto de hotel, amueblado con un toque muy moderno y elegante.

    Yo: ¿Qué es aquí?- volví a preguntar.

    Enrique: Mira Larissa, este es un departamento que compre, me lo acaban de dar hoy en la mañana y quise que tú fueras la primera en conocerlo. ¿Qué te parece, te gusta?

    Yo: Claro que si, es muy bonito tu departamento.

    No quise preguntar por qué lo había comprado, supuse que por si el problema con su esposa ya no tuviera solución, el viviría aquí, pero ya no quise meterme mas en eso. Me dirigí hacia el ventanal y había una preciosa vista de la ciudad. Él se acerco a mí y me abrazo de la cintura, besándome la oreja.

    Enrique: ¿Qué tal la vista, te gusta? -me pregunta.

    Yo: Si mucho, que lindo

    Enrique: Ven, te tengo una sorpresa.

    Tomándome de la mano me lleva al comedor. Ahí había velas encendidas, varias charolas y comida. No entrare en detalles que platillos eran pero si eran deliciosos. Me jalo una silla como todo un caballero y al sentarme, puso música romántica y luego se sentó junto a mí, para comer y platicar en un agradable ambiente, aunque mientras comíamos su mano no dejaba de acariciarme las piernas, lo que me ponía candente.

    Luego de unos minutos de comer y disfrutar de una amena y estupenda platica, como un par de locos enamorados, me toma de la mano y me besa tiernamente, para llevarme al cuarto principal de su departamento. Al entrar mi sorpresa fue mayor. En un pequeño mueble que estaba al lado de la cama había una cubeta con hielos y un vino que se veía fino, pero mas que nada, me sorprendió que en el piso hubiera pétalos de rosas rojas, mis favoritas, que formaban la palabra «LARISSA». Solo pude decirle gracias con mucha sorpresa y en ese momento me decidí a pasarme una tarde llena de puro placer. Me avente sobre él y nos besamos; esta vez con mas pasión y deseo, ahí parados en medio del cuarto. Ya la pasión estaba encendida para mí con sus detalles y con mi ropa para él, así que dimos rienda suelta a nuestros impulsos y sentimientos. Sus manos recorrían mi espalda, mis nalgas, levantando mi minifalda, haciendo que se viera muy apenas el hilo dental que se perdía entre mi trasero, mientras mi manos desabotonaban su camisa y luego tras quitársela le acaricio y beso su torso desnudo.

    Después de acariciarnos nuestros cuerpos, Enrique me quita mi blusita y luego hincándose frente a mi me quita mi minifalda y mi tanga, solo me deja con mis zapatos de tacón negros para después pararse y quedar frente a mí, y verme de pies a cabeza con los ojos bien abiertos, completamente desnuda, poniendo yo mis manos detrás para que me viera mejor.

    Enrique: ¡Por dios Larissa!, eres una diosa, que belleza de cuerpo.

    Yo. ¿Te gusta?- pregunte coquetamente mientras me giraba para que me viera totalmente.

    Enrique: Si, no sabes cómo tu cuerpo me hace delirar, ¡me vuelve loco!

    Yo: Pues toma mi cuerpo, es tuyo, haz lo que quieras con él… es lo que deseo.

    Sin más palabras Enrique se fue sobre mi y me abraza, besándome con mucha pasión y haciéndome recostar sobre la cama boca arriba, y el sobre mi, continuando con nuestros besos. Sus manos acariciaban los costados de mi cuerpo, fundiéndonos en uno solo con nuestras muestras de deseo. Luego baja su lengua a mi barbilla, a mi cuello, el cual lama algunas veces mientras con sus manos toma las mías y las sube, poniéndolas sobre la cama. Lame, chupa y muerde todo mi cuello, para después bajar mas, llegando a mi pecho; igual lo besa y lame hasta llegar a mis senos. Me los lame suavemente, con movimientos circulares, primero el izquierdo, llegando a lamerme el costado externo de seno, lo que me causa placer esa zona. Me lo lame para luego regresar y concentrarse en mi pezón, el cual lame , chupa y muerde, varias veces, jalándomelo a los lados, haciéndome retorcer y gemir, sin soltarme con sus manos las mías.

    Yo: Uff ahh sii… ay no pares… ahh ayy… mmm -le decía entre gemiditos.

    Enrique ahora lleva su lengua a mi otro pezón y le hace lo mismo, el cual ya lo siento tan duro como una piedra y es abatido por sus lamidas y mordidas. Lo succionaba fuerte y me soltaba, para lamerlo suavemente y después lo mordía suave con sus dientes, jalándomelo, para volverlo a lamer. Gemía y mi cuerpo se retorcía debajo de él. A veces me dolía un poco sus mordidas en mis pezones y en la aureolas, pero no niego que al tenerme sometida así me daba morbo y el placer era más grande que el dolor.

    Después de saciarse con mis pezones, Enrique continúo su marcha hacia abajo, con su lengua lamiendo mi cuerpo, lentamente, llegando a mi ombligo, al que también lamió varias veces. Con mis brazos aun arriba sobre la cama me estiro y retuerzo un poco al sentir sus lamidas ahí, dándome placer y rosquillitas.

    Sigue bajando con su lengua sobre mi cuerpo, donde lo espero con mis piernas abiertas, deseosa de volver a sentir como devora mi sexo con su boca. Enrique no tarda en atacar, en cuanto ve mi sexo húmedo y tan cerca de su boca se dirige a lamer mi vulva, mi clítoris y mis labios vaginales, abrazándose de mis muslos. Siento como me lo lame y besa ansiosamente, como si él también lo deseara desde hace tiempo. Su lengua sube por mis labios vaginales hasta llegar a mi clítoris, al que chupa y lame rápidamente. Mi cuerpo empieza a moverse, poniendo mis brazos a los costados de mi cabeza, gimiendo fuerte y apasionadamente, al sentir de nuevo su lengua lamer mi sexo, tan bien como él sabe hacerlo. Sus movimientos de lengua en mi vulva y clítoris se hacen suaves, combinándolas con chupetones y succiones, lo que me mata, haciendo arquear mi cuerpo, y gemir más intenso.

    Yo: Ayy si así Enrique… como extrañaba… esto… ahhhh siiii… ahhhh

    Enrique se aferra de mis muslos con sus brazos y aprieta sus labios sobre mi vulva, para chupar y lamerme mi clítoris aún más rápido y fuerte, haciendo convulsionar mi cuerpo y gemir más fuerte. Unos minutos después Enrique, abrazado de mis piernas, se da gira hacia su lado derecho quedando boca arriba, haciéndome girar a mí también hasta quedar hincada sobre su rostro. Ahora me dejo caer con mis brazos estirados hacia atrás, recargándome sobre la cama por los costados de su cuerpo. Ahora poniendo sus manos en mi vientre continua lamiendo y chupando ahora mis labios vaginales, abriéndolas y metiendo su lengua, haciéndome gemir aún más y que mi respiración sea más fuerte, agitándose mi cuerpo y moviendo mis caderas rápidamente hacia atrás y adelante, dejando caer mi cabeza hacia atrás, disfrutando y sintiendo así su lengua recorrer toda la parte interna de mi vagina, mientras un dedo pulgar logra alcanzar mi clítoris, flotándolo rápidamente…

    Yo: Ahh así así… rico… ahhh así… ahhh si… ahh… que… rico… ajhhh -lograba decirle.

    Enrique lleva su lengua a mi clítoris, le da varias lamidas, haciéndome estremecer, para después enderezarse un poco, tomándome de mi cintura me levanta un poco, haciendo que saque mis pantorrillas debajo de sus brazos y haciéndome recargar con mi espalda sobre sus muslos, pues tenía sus piernas flexionadas. Ahora con mis piernas estiradas, quedo sentada sobre su pecho, y luego, con sus manos, me toma de mis corvas y levanta mis piernas lo más que puede, juntándomelas, quedando mi trasero sobre su torso y mi vagina y mi ano exactamente sobre su rostro. Enrique ahora levanta muy poco su cabeza y lleva esta vez su lengua a mi ano, que está a su entera disposición, a escasos 5 centímetros de su boca. Su lengua me lo lame suavemente, en círculos, sin soltarme las corvas. Comienzo a sentir que un fuerte placer va invadiendo mi cuerpo y llevándome mis manos hacia atrás, me agarro de sus pantorrillas, apretándolos. Dejo caer de nuevo mi cabeza hacia atrás y disfruto su lengua en mi ano, siento como cada vez lo hace más fuerte, sobre todo en el mero centro, penetrándomelo poco a poco con su lengua. Mi cuerpo comienza a sacudirse y mis gemidos se cortan con mi respiración fuerte y agitada.

    Yo: Ah aahhh si así…

    Ahora con su antebrazo izquierdo sostiene mis piernas de mis corvas, manteniéndomelas levantadas, y lleva su mano derecha a mi sexo, penetrándome con 2 dedos mi vagina, sin dejar de lamer tan bien mi ano. Ahora siento como sus dedos me comienzan a penetrar, llegando a rozar mi pinto g, el cual al sentirlo Enrique, comienza a estimulármelo más y aumenta la intensidad de sus lamidas y ahora chupadas, en mi ano.

    Yo: Ahhh ahh Enrique… ahí me gusta… mucho… ahh… que rico… que rico… ahhhhh… Oohh…

    Enrique comienza a penetrarme más fuerte mi vagina y su lengua logra meterse un poco en mi ano, moviéndola ahí rápidamente. Sus dedos comienzan a estimularme muy bien y mas rápido mi punto g, haciéndome gemir mas intenso y mi cuerpo convulsionándose, arqueándose y con mi cabeza hacia atrás, comienzo a sentir como me está llegando un fuerte orgasmo. Pasaron unos cuantos minutos para sentir como salió una fuerte cantidad de jugos de mi vagina, sintiendo y escuchando como Enrique los absorbía y bebía, haciendo sonidos en su boca que los disfrutaba y tragaba. Sentí desfallecerme y mi cuerpo se aflojo, mientras el con su antebrazo aun me seguía levantando mis piernas por mis corvas.

    Logre recuperarme mientras el limpiaba mis vagina con su lengua, para después enderezarme y acomodarme sobre su cuerpo, para besarlo apasionadamente, mientras me abrazaba con fuerza. A veces sacaba mi lengua de por su boca y lamía mis jugos que tenía en sus mejillas y barbilla.

    Yo: ¿Cómo le haces para lograr que me venga así?, eres un amor, ¿lo sabias Enrique? – le dije entre besos tronados.

    Enrique: Tú me inspiras muñequita, tú y tu cuerpo son mi fascinación.

    Yo: Mm Enrique, déjame devolverte el favor.

    Enrique: ¿Ah sí?, ¿Cómo? -me pregunta muy sonriente.

    Sin decir más comienzo a bajar por su cuerpo, pasando mi lengua por su torso, por sus tetillas, las lamo y muerdo levemente; el solo suspira sin dejar de verme. Sigo bajando, hasta llegar a su pantalón. Ahí él me pide que espere; se endereza y tomando su pantalón y calzón se los quita, no sin antes sacar un condón de su pantalón, poniéndolo en un mueble que está al lado de la cama. Enrique pone sus manos en su cabeza y ve sonriendo como tomo su pene y me inclino hacia su él, y tomándolo con mi mano derecha, me lo meto a mi boca y comienzo a chupárselo de nuevo, con más deseo que el día anterior en su cocina, mientras con mi otra mano lo acaricio por su vientre. Se lo chupo suavemente, con movimientos rápidos, con mi mano acariciando todo su pene, y a veces al sacar su pene de mi boca lamo su cabecita, lo que hace que gima y se estremezca, para después volver a meterme todo su pene, hasta mi garganta. Ahí se lo succiono varias veces, sintiendo su cuerpo estremecerse.

    Enrique: Ah Larissa… por dios… que experta… que bien… ahhh ahhh… lo haces…

    Ahora con mi cabeza hago movimientos circulares con su pene dentro de mi boca, lamiéndoselo poco dentro, mientras que con mi otra mano, ahora le masajeo sus testículos, los cuales tiene muy duros, mientras con la otra lo sigo masturbando. Él con sus manos se aprieta de las sabanas por los costados de su cuerpo, jalándolas, gimiendo cada vez más, mientras sigo succionando y lamiéndole su pene, que ya me moría por hacerlo gozar con mi sexo oral. Toso al sentir la punta de su pene entrar en mi garganta, pero no me impide en seguir mamando y succionando su pene que cada vez lo voy sintiendo más duro en mi boca.

    Enrique: Larissa, ven muñequita… también dame… de beber… tus jugos, quiero probarlos otra vez.

    Luego de decirme eso, me enderezo y me hinco de nuevo sobre su rostro, pero de espaldas, dejándome caer hacia delante. Ahora nos estamos dando placer en un rico 69; lo tomo más fuerte de su pene con mi mano y ahora solo se lo chupo rápidamente, sacando y metiendo su pene de mi bocas varias veces, mientras él, tomándome de mis nalgas de nuevo, me las aprieta y comienza a chuparme y lamer mi clítoris. Unos segundos después siento como lleva un dedo índice a mi ano y poco a poco lo mete ahí, haciéndome sobresaltar y lanzando un leve gemidito. Ahora aparte de comerse mi clítoris, me penetraba mi anito con un dedo. Me da mucho placer y me desahogo en su pene, el cual ahora chupo con más intensidad y fuerza, metiéndomelo de nuevo hasta mi garganta. Solo escuchamos por varios segundos nuestros gemidos en toda la habitación, dejándonos llevar por nuestro enorme deseo y total pasión.

    Después Enrique me pide que lo monte, así que me enderezo y tomo el condón que había dejado en el mueble. Sonriendo él, ve como se lo pongo sin ningún problema. Ya después hincándome frene a él sobre su erecto pene, con ayuda de mis manos, me lo meto lentamente a mi vagina. Ya una vez metida, comienzo a mover mi cuerpo, sintiendo su miembro penetrarme. Sus manos las pone en mis pechos y los acaricia, mientras con las mías acaricio sus brazos. Ahora comienzo a mover mas mis caderas, hacia todos lados, atrás adelante, arriba abajo, mientras que el también levanta varia veces y rápido sus caderas, haciendo una profunda penetración con nuestros movimientos. Mis gemidos van en aumento junto con nuestra penetración, dejo caer mi cabeza hacia atrás y el aprovecha para apretar mis pechos, haciendo que mis pezones sobresalte. Mi cuerpo se estremece y mis gemidos se ahogan con mis respiraciones entrecortadas. –ahh ahhh. Mmm ahhh ahhh. -gemíamos los dos. Sus manos sueltan mis pechos luego de que me los manoseo varios segundos y bajan por los costados de mi cuerpo, llegando a mis muslos, los cuales acaricia mientras ahora me apoyo con mis manos en sus hombros, moviendo mas mis caderas y sintiendo su pene penetrarme hasta lo mas hondo de mi vagina, provocándome escalofríos y sobresaltos, haciéndome gemir intensamente.

    Luego de varios minutos más así, nos levantamos y cambiamos de posición. Yo me pongo en posición de perrito, y el detrás de mí, acariciándome los muslos y mis nalgas, suspirando él mientras me acariciaba.

    Enrique: Mm ahh Larissa, que rico culito se te ve, mm

    Yo: ¿Se te antoja? –le pregunto agitada.

    Enrique: Mucho muñequita.

    Yo: Mmm, ¿por qué no me das por ahí?, quiero sentir dentro de mi ahí.

    Enrique. Si bebé, yo también.

    Enrique se inclina hacia delante y lleva su lengua a mi ano, al cual le da varias lamidas mientras con sus manos me abría las nalgas. Siento de nuevo todo mi ano cubierto por su tibia lengua, bañándomelo, y parte de su lengua penetrándome ahí. Lanzo algunos gemidos fuertes y cortos, estremeciéndose mi cuerpo al sentir sus ricas lamidas en mi agujerito trasero. Luego de haberlo lubricado con su lengua por unos segundos, lleva su pene a mi ano, abro mis piernas para bajar un poco más mis caderas para que sea más fácil la penetración, y lo acaricia con su punta suavemente. Esto me enciende, deseando que ya me penetre por ahí, deseando sentirme suya ahí, así que le pido que ya quiero sentirlo dentro de mí. Enrique ríe levemente y comienza a penetrarme lentamente mi ano, metiendo la mitad de su pene ahí. Una vez metido la mitad, de nuevo vuelve a empujar, tratando de meter por completo su pene dentro de mi agujero anal.

    Yo: Ahh ahhh ahhh siii ahh mmm -gimo mientras siento como va entrando todo en mi.

    Una vez que logra meter todo su pene en mi ano, comienza a penetrarme suavemente, apoyando sus manos en mis nalgas, apretándomelas. Mis gemidos son más intensos y agudos, me estaba penetrando completamente e iba aumentando más la fuerza de sus penetraciones, se hacían más rápidos y fuertes. Aprieto con fuerza las sabanas donde me apoyo con las manos y arqueo mi espalda, sintiendo un gran placer invadir y calentar todo mis cuerpo, levantando lo mas que pueda mi cabeza, gimiendo con gran placer. Los gemidos de Enrique también aumentan, sintiendo ambos como su pene penetra con facilidad mi estrecho conducto anal, lo que a mi me hacía estremecer.

    Yo: Aahh ahh si Enrique… dale… dale… ahh me matas… que placer…

    Mi cuerpo sigue arqueándose, pero ya también tiembla y se estremece a medida que van aumentando la fuerza de su penetración en mi ano. Siento todo su pene salir y entrar de un solo golpe ahí, lo que me saca varios gemidos fuertes y cortos. Sus testículos chocan fuertemente contra mis labios vaginales a la vez que su pene abría todo mi conducto anal, dándome un placer muy intenso.

    Luego me toma de la cintura y hace que nos acostemos sobre nuestro lado derecho, sin sacar su pene de mi ano. Ahí acostados de lado continuamos con la penetración. Mientras me penetra, me abraza, y con mano izquierda me acaricia los pechos y me los aprieta suavemente, y con su lengua, lame mi oreja izquierda, dándole leves mordidas.

    Enrique: Mmm Larissa… mm cuanto deseaba… hacerte mía… otra… vez… -me decía al oído entre jadeos.

    Yo: Yo también… Enrique… sigue… no pares…

    La penetración aumenta de fuerza, sintiendo mi ano ya completamente abierto y penetrado en su totalidad por su pene, lo que me da un gran fuerte placer. Mis gemidos ya están a lo que dan, mi cuerpo se sacude y estremece cada vez que Enrique penetra con todo su pene mi ano, mientras sigue con su mano izquierda jugando con mis pechos. Así seguimos un par de minutos más, hasta que Enrique saca su pene de mi ano, y me voltea boca arriba; quitándose el condón comienza a masturbarse por pocos segundos hasta que eyacula buena cantidad de semen, que cae sobre mi pecho y mis senos, sintiéndolo bien caliente, haciéndome gemir levemente.

    Enrique gime hasta que sale la última gota de su pene. Ya una vez que salió todo se deja caer a mi lado, mientras con mi mano tomo el semen que cayó en mi cuerpo y me lo llevo a mi boca para comerlo. Enrique me ve y solo sonríe. Una vez que me quite y trague todo el semen, Enrique se acerca y me da un beso tierno, para después voltearme boca abajo, sintiendo que pone el lado derecho de su cabeza en la parte baja de mi espalda, y con su mano izquierda, acaricia suavemente la parte trasera de mis muslos, pero sobre todo mis nalgas, las cuales masajea y les da leves nalgaditas, haciéndome reír y gemir. Así nos quedamos platicando varios minutos, en esa posición; yo con mis manos bajo mis pecho volteando mi cabeza hacia la izquierda, platico y cierro los ojos al sentir tan rico las caricias de Enrique en mis nalgas y las puntas de sus dedos acariciando la zona que divide mis nalgas, tocando mi ano dilatado, para regresar a mis nalgas y apretarlas suavemente.

    Enrique: Me gustan mucho tus nalgas Larissa

    Yo: ¿Ah sí?

    Enrique: Si, bastante, tan suaves, redondas y paradas. Tienes el trasero perfecto

    Yo: Gracias Enrique, que bueno que te gusten, así querrás tocarlas mucho.

    Enrique: Si, pero me gusta más como se mueven -dijo para luego darme una nalgada en cada glúteo.

    Yo. Auch, con cariño corazón, son muy sensibles mis nalgas.

    Enrique: Si, lo se muñequita, por eso también me gustan- dice Enrique para enderezarse y darle a mis nalgas algunas lamidas y besos, haciendo estremecer y gemir.

    Yo: Mmm, malvado. Sabes que me encanta que me hagas eso.

    Ya después de besármelas y lamerlas por varios segundos, de nuevo me voltea boca arriba y nos besamos con pasión, abrazándonos para entregarnos a ese mágico momento que habíamos pasado, e inolvidable para mi.

    Ya luego nos bañamos; ahí mientras nos enjabonábamos nos besábamos y acariciábamos con deseo varios minutos. Ya después salimos de bañarnos, nos vestimos y salimos. Él fue a dejarme a la preparatoria, por mi carro; ahí nos despedimos y cada quien para su casa, esperando ambos volver a repetir una tarde mágica como esta

    Sus comentarios ya saben a [email protected]. Buena semana, besitos.

  • Con tan solo 19 años decidí ser escort (Parte 1)

    Con tan solo 19 años decidí ser escort (Parte 1)

    Cuando yo tenía 19 años, yo estudiaba el último año de la preparatoria era una alumna con buenas notas mi promedio siempre se mantenía en 9.2, por eso mis padres siempre me daban permiso de salir con mis amigas, al cine, fiestas, viajes, etc.

    Todo comenzó en febrero de 2017 yo salía a festejar mi cumpleaños con mi mejor amiga que conocí en un concierto de (Justin Bieber) ella y yo conectábamos también que salíamos a todos lados juntas. Ese día para festejar fuimos a un bar llamado (Rodeo Jefe de Jefes) nos gustaba mucho porque la música, el ambiente, atención y servicio eran bastante buenos, así que decidimos pasar la noche ahí, bailábamos y nos divertíamos juntas y si alguien nos invitaba a bailar tenía que llevar un amigo para que ninguna se quedara sola en la mesa.

    Pasaban las horas y un chico me saco a bailar salsa yo amo bailar ese género de música lamentablemente mi amiga no sabe bailar salsa así que se quedó sentada, yo muy contenta comencé a bailar con Néstor así se llamaba el susodicho, a pesar de tener una complexión robusta cabe mencionar que bailaba bastante bien y me dio mucha batalla en la pista bailamos juntos 6 piezas, hasta que llegó el momento de marcharnos, Néstor me dijo que él no tenía inconveniente de llevarnos a casa, yo tenía un poco de miedo ya que no lo conocíamos, pero accedió a tomarle foto a su IFE y se la mande a una amiga.

    Néstor nos llevó en su carro hasta mi casa que quedaba a una hora y media de camino, en el transcurso mi amiga se quedó dormida y él y yo platicamos todo el tiempo él era tan amable, tan alegre que entramos en confianza e hicimos una plática tan linda que el tiempo paso rápido al llegar a mi casa yo le daba dinero de la gasolina, pero él jamás acepto me dijo que no era nada que no permitiría que dos niñas tan lindas se regresarán solas y de noche a su casa intercambiamos números y nos despedimos.

    Al día siguiente le agradecí a Néstor por traerme a casa y le mencione que me encanto bailar con él, me dijo que el amo bailar conmigo y que quería invitarme a salir yo sin dudarlo acepte y quedamos de vernos el día sábado. Llegó el día y salimos a Insurgentes Sur a comer, beber y a bailar, toda la tarde platicamos un poco de nuestra vida, nuestros intereses a futuro y más, salió a la plática que mi amiga y yo queríamos vivir juntas pero que nos resultaba imposible poder pagar un departamento y una carrera universitaria, él riendo me dijo claro que podrías pagar eso y más. Él me dijo que tenía una propuesta de trabajo que me haría ganar $15000 pesos a la semana si yo quería.

    Enseguida creí que era vender (drogas) ya que Néstor vestía con marcas lujosas, tenía celular y carro del año, así que le dije que si era eso no aceptaba ya que me daba miedo entrar a esos negocios, él me dijo que no era eso, pero si era de algo mal visto para la sociedad. No me quede con la duda y le dije que me explicara de que se trataba.

    Él me dijo que era de (scort) sexo, citas, besos, por dinero que yo podría cobrar $1300 pesos por una hora de servicio y que ningún hombre se negaría a pagar esa cantidad, ya que era una visualmente llamativa en todos los aspectos que no quería ofenderme y que si quería cambiábamos de conversación. Yo le dije que no me ofendía y que si me interesaba que cuál era el primer paso a seguir.

    (No me daba miedo iniciar en este mundo ya que a mi me encanta el sexo, y me prende mucho el estar con una persona que no conozco, que me coja rico y sobre todo que me pague y en dado caso que el cliente no llamara mi atención yo solo pensaría en el dinero).

    Néstor me dijo que tenía que hacerme unas fotos y tener sexo con él (las fotos eran para que los clientes vieran en que gastarían su dinero y el sexo era para ver qué tan buena o mala era en la cama) le dije que, sin problema quedamos de vernos el día martes que fuera depilada, con tres cambios de ropa y tranquila para que todo saliera bien. También me comento que $1000 pesos eran para mi y $300 para él ya que él pasaría a mi casa, me llevaría y esperaría en el hotel y me regresaría a mi casa en pocas palabras (Néstor sería mi padrote)

    Llegó el día martes comenzamos con las fotos en mini vestido y tacones, las fotos eran sensuales y sexosas para atraer a los clientes, seguimos con las fotos en lencería varias posiciones y ángulos para que los clientes se dieran idea de cómo ponerme, finalizamos con las fotos al desnudo podía sentir la mirada penetrante de Néstor me estaba comiendo con la mirada y eso me prendía y me soltaba más en las fotos, hizo tomas de mi cosita y de mi coñito para que los futuros clientes vieran más a fondo lo que se comerían.

    Seguimos con el sexo (aunque Néstor no era de mi agrado tampoco le negaba un palo aparte me excitaba la idea de estar con un “gordito”) comencé hacerle sexo oral, su pene era algo pequeño pero la tenía gorda y eso era ganancia, se la empecé a chupar, le lamía sus bolas hasta llegar a su ano (no es por echarme porras pero soy buena haciendo sexo oral) Néstor se vino en 5 minutos estaba tan excitada que me comí toda su lechita, él me dijo que sume muchos puntos que los clientes pagarían más si me comía sus lechita.

    Néstor se bajó a mi cosita me dijo que estaba bien mojadita, besaba y lamía mis muslos y continuaba con mi clítoris lo mordía de una manera tan deliciosa que comencé a gemir como (putita) le decía que no parara que así me gustaba, Néstor lo hacía más rápido que sentía como se devoraba mi sexo al parecer no había tenido sexo o bien le estaba gustando comerse mi cosita y mi coñito, los lambia y no paraba de decir que mi sabor era tan dulce que se lo llevaría grabado en su mente, continuo metiendo sus dedos largos y gordos que llegaban a mi punto G los metía y los sacaba hasta que me corrí en toda su mano mientras él y yo nos besábamos.

  • La putita del vecindario (Parte 1)

    La putita del vecindario (Parte 1)

    Después de mi encuentro con Don Julio me di cuenta de lo putita que podía llegar a ser. O por lo menos, lo que podía llegar a ser hasta ese momento.

    Terminando ese fin de semana en que Don Julio me hizo su putita quedé sumamente caliente, lejos de calmar mis ganas de ser usada por un hombre ese encuentro solo avivó esas ganas y despertó aún más el deseo. Tenía más confianza pues me di cuenta que podía satisfacer a un macho de verdad en la forma que él lo quisiera, y además recordar a todas las personas que me veían cuando regresaba a casa y sus miradas de lujuria me hicieron darme cuenta que realmente me veía bien y le gustaba a los hombres. Pase toda la siguiente semana pensando en esto, recordando la sensación. La idea de volver a salir no se apartaba de mi mente, apenas y me dejaba concentrarme en mi trabajo.

    Llegó la tarde del viernes y yo estaba más que decidida en lo que iba a hacer. Llegando a casa me di un baño y me depilé por completo. Me unté una crema corporal con brillos dorados que olía divino y me perfumé. Mientras tomaba un par de vasos de whisky me pinté las uñas de mis pies y manos de color rosa pastel, me maquillé en tonos rosa neón y rosa pastel, usando un labial neón súper llamativo. Ese día no quería pasar desapercibida. Saqué de mi cajón de lencería una tanga y un bra de encaje rosa pastel, con algo de transparencia, y me decidí por un vestido blanco, de satín, extremadamente corto y ajustado, con unos tirantes delgados que subían por los hombros y se cruzaban por la espalda. Finalicé con unos tacones de charol color rosa, y mi peluca rubia ondulada. Eran aproximadamente las 10:30 p.m. y sabía que era la hora en que encontraría más personas en la calle y que probablemente mis vecinos estarían fuera de sus casas. Tomé mi bolso con algunos condones, cigarrillos y un poco de dinero, y salí de casa.

    Mi plan era caminar un poco, mostrarme ante los hombres que pasaran por la calle, solo eso. Salí y efectivamente un par de vecinos estaban fuera de sus casas, revisando sus coches, escuchando música y tomando cerveza. Cerré la puerta y caminé justo en dirección a ellos, quería pasar justo frente a donde se encontraban. Al acercarme me vieron de arriba abajo, voltearon a verse y escuché un poco de lo que decían entre ellos:

    -“Mira Carlos, es la putita que vimos la semana pasada, está bien buena”

    -“¿Cómo piensas eso Juan? ¿Qué no ves que es un travesti?” le contestó Carlos.

    -“Pues sea lo que sea, se ve mucho mejor que tu esposa o la mía”, insistió Juan, quien después levantó la mirada, me miró fijamente y sonriendo dijo: “Buenas noches vecina, que guapa se ve hoy”

    -“Gracias vecino” le contesté, “solo iré a pasear un poco y me encontraré con algunos amigos”

    -“Qué afortunados son de tenerla vecina, solo tenga cuidado, así como va vestida no la vayan a confundir y pensar que anda trabajando”

    Su comentario me confirmó que había elegido correctamente mi outfit y que me veía justo como quería. Aunque estaba tentada a quedarme platicando con ellos yo tenía otros planes para la noche, así que les sonreí, me despedí y seguí mi camino, mientras sentía sus miradas clavadas en mi trasero al alejarme. Me dirigí hacia el parque por mi ruta de costumbre y, para mi mala suerte, no encontré muchas opciones. Pasaron solo un par de coches que sonaron su claxon y un taxista que se detuvo un poco para silbarme, pero nada más. Llegué al parque y era muy temprano, así que seguí caminando, alejándome un poco más, hacia una de las avenidas principales donde pensaba podría mostrarme un poco más. Aunque no sabía qué hacer ni cómo reaccionar si alguien se acercaba a mí, la idea me excitaba bastante.

    Mientras más me acercaba a la avenida, más se escuchaba el ruido de los coches y camiones que pasaban por ahí. Veía a lo lejos que pasaban muchos tráileres, supongo que debido a que había menos tráfico a esa hora lo tomaban como una de sus rutas. Sentía que mi corazón palpitaba de nerviosismo y, a menos de media calle de llegar a la avenida, un coche se detuvo junto a mí, el conductor me llamó con un gesto de la mano y bajó la ventanilla del lado del copiloto. Me acerqué y pude observarlo mejor, era un hombre maduro, de unos 60 años, de barba y bigote, bien vestido con camisa y saco de color negro, calvo y gordito.

    -“Hola guapa, ¿necesitas que te lleve? ¿O apenas estás empezando la noche?” Me dijo sonriendo mientras se acariciaba el pene sobre su pantalón.

    -“Apenas voy empezando” le dije mientras mi mirada se clavaba en su prominente bulto, “veo que necesitas algo de ayuda”

    -“Así es nena, dime, ¿cuánto me cuesta un poco de tu ayuda?”

    -“Solo estoy buscando diversión, la verdad no trabajo en esto”

    -“¡Vaya! Me parece increíble. Sube y vamos a un lugar un poco más privado”.

    Subí al coche y dio una vuelta, se dirigió a un par de calles a una zona donde había unas bodegas y donde las calles estaban prácticamente solas, mientras acariciaba su bulto sobre el pantalón. Se estacionó en una calle oscura y sola, apagó el coche y me pidió que pasara al asiento trasero. El hizo lo mismo y al entrar ya llevaba el pantalón a medio muslo con su pene de fuera, completamente erecto. Se sentó y me indicó que se la chupara, así que me puse en cuatro en el asiento trasero y me llevé su verga a mi boca, dando unas lamidas leves. Olía tan divino, el olor de su loción corporal combinado con ese olor característico de un verdadero hombre que impregnaba por completo mi nariz mientras sentía el sabor salado de su líquido preseminal en mi lengua. Me levantó el vestido para manosear mis nalgas, soltando una nalgada fuerte y sonora de vez en cuando.

    -“Estas deliciosa mi amor, y pensar que iba a gastar contratando a una chica, qué suerte que te encontré a ti”, y empujó mi cabeza hacia abajo, haciendo que su pene llegara hasta mi garganta.

    No tenía un pene muy grande pero sí bastante grueso, por lo que de inmediato hice el intento de sacarlo un poco, lo que fue en vano porque seguía haciendo presión sobre mi cabeza. Al parecer mis intentos por quitarme hacían que se excitara aún más pues sentí como se ponía mucho más duro y se movía de arriba abajo como cogiéndome. Se detuvo y me dejó levantarme y tomar algo de aire. Estaba agitada, el maquillaje un poco corrido por las lágrimas que me ocasionó el esfuerzo, y mi labial marcado por completo en la base de su verga.

    -“Voltéate, quiero saborear ese culito apretado”, me ordenó. Me bajé la tanga y di la vuelta, dejando mis nalgas a la altura de su rostro.

    Mientras buscaba un condón en mi bolso sentí cómo su lengua jugaba hábilmente en mi apretado hoyito, subía, bajaba, formaba círculos y entraba de vez en cuando; combinado con la sensación de su barba rozándome mientras jugueteaba con su lengua, era una absoluta delicia. Yo no paraba de gemir de tanto placer.

    Una vez que se sintió satisfecho con lo humectada que estaba me pidió el condón, se lo puso, escupió en mi hoyito y empujó para meterla de golpe. Como la tenía muy gruesa sentí dolor, como si me estuviera rompiendo el culo, y traté de empujarlo hacia atrás pero me tenía bien sujetada de la cintura y con todo su peso sobre mí. La dejó clavada completamente dentro por un momento en lo que me acostumbraba a su tamaño, la sacó y volvió a meterla toda, ahora con mayor facilidad, y empezó a cogerme con un ritmo frenético. Sentía como sus piernas golpeaban con mis nalgas, sus huevos chocaban contra mí y a cada embestida apretaba más mi cintura para no dejarme ir. Yo no podía evitar gritar de placer, me estaba cogiendo un completo desconocido en su coche, en una calle vacía, después de haber salido vestida como puta. Estaba tan excitada y a punto de correrme cuando ´sentí que me la enterró toda, y sentía como se vaciaba dentro de mí y su verga palpitaba, chorro tras chorro. Me la sacó y tiró el condón por la ventanilla del coche.

    -“Eso fue maravilloso nena, tienes un culo muy rico y apretadito. Deberías pensar en trabajar de esto, tendrías muchos clientes, aunque por ahora agradezco que no cobres.” Se limpió y se subió el pantalón, salió del coche, tiró el condón usado en la calle y me preguntó “¿Quieres que te lleve a algún lado? ¿Al lugar dónde te recogí?” Yo estaba muy caliente y me había quedado a poco de terminar, y decidí explorar la zona para ver si tenía suerte de nuevo.

    -“No gracias, aquí me quedo, solo dame un momento para retocar mi maquillaje” Me acomodé mi tanga, el vestido y la peluca, retoqué un poco mis labios y limpie el maquillaje corrido de mis ojos. Bajé del coche y me despedí de él con una sonrisa, y lanzándole un beso vi como su coche se alejaba y yo quedaba ahí, de pie al lado del condón usado que había tirado, pensando que quizás no había sido buena idea quedarme en una zona así de sola y oscura.

    La zona de los almacenes se encontraba a un par de calles de la avenida principal, por lo que resultaba extraño que estuviera tan oscura, pero ciertamente de lo más normal que no se encontrara por ahí ni una sola persona. Era un edificio enorme tras otro, con entradas muy amplias, cámaras de seguridad en cada una de ellas, algunos tráileres y camionetas estacionadas por fuera. Caminé un poco, resignada a estar en esa solitaria zona, pensando que seguramente en esos lugares habría algún guardia de seguridad y deseando que alguno saliera para saciar mi calentura. Pensaba en esto cuando al pasar por una de las entradas vi a un hombre orinando detrás de un camión. Era un hombre de aproximadamente 50 años, gordo, de brazos fuertes, alto, con cabello canoso, muy moreno; me detuve en seco pensando si evitarlo y esperar a que se fuera para seguir mi camino o acercarme a él, pero quedé tan inmersa en ese pensamiento y observándolo a lo lejos, tratando de ver su pene, que no me di cuenta que ya me veía fijamente. Me chistó, dio un par de pasos hacia la acera, y con su verga en la mano se dirigió a mí:

    -“Hola guapa, ¿qué haces tan solita por aquí amor? ¿Estás buscando algo como esto? ¿Te gusta lo que ves?”

    No supe qué responder, me sonrojé por haber sido sorprendida y sonriendo bajé la mirada por un segundo, para después devolverle la sonrisa y, sin decir una sola palabra, caminar hacia ese desconocido que me ofrecía su verga mientras jugueteaba con ella. Llegué frente a él y sin decir una palabra tomé su verga con mi mano, me agaché y me la llevé a la boca. El sabor era completamente opuesto a la que había probado al inicio de la noche, era un sabor penetrante a macho, a sudor, con un olor bastante fuerte como si se hubiera masturbado ya algunas veces en el día, pero me encantaba.

    Ese olor, combinado con el sabor de las últimas gotas de orina que quedaban aún en él, la sensación de su verga creciendo poco a poco dentro de mi boca y endureciéndose, con la excitación de estar en plena calle haciéndole un oral a un perfecto extraño a quien ni siquiera le había dirigido la palabra, me ponía súper caliente. Aceleré el ritmo y metía y sacaba ese pedazo de carne de mi boca; mi saliva escurría sobre mi barbilla mientras el sonido de mi mamada resonaba por toda la calle. Escuchaba que mi macho gemía de placer mientras sujetaba mi cabeza y embestía por ratos, en ese momento no podía apreciar el tamaño completo de su pene pero por más que lo intenté no podía meterlo por completo a mi boca.

    -“Uff, que rico la chupas mi amor, se notaba que eras toda una zorra pero no pensé que te gustara tanto la verga. Respira profundo porque lo que sigue te va a gustar más amor” Diciendo esto puso una mano detrás de mi cabeza, otra en mi frente, y empezó a moverse hacia adelante y hacia atrás, cogiéndome durísimo hasta la garganta. Se escuchaba mi esfuerzo por resistir sus embestidas, mis arcadas de vez en cuando por sentir cómo invadía mi garganta fuerte y velozmente, sus gemidos, y su voz diciéndome lo puta que era. La sacó de pronto e ingenuamente pensé que era para dejarme respirar, cuando sentí una descarga de semen caliente y espeso sobre mi rostro. Un chorro tras otro salieron disparados hacía mí, cubriéndome casi por completo el rostro, mientras algunas gotas caían dentro de mi boca y otras resbalaban a mi vestido. Sacudió su verga en mi vara dando algunos pequeños golpes y me la ofreció para limpiarla, lo cual hice con mucho gusto. Me levanté mientras limpiaba el semen de mi rostro con mis dedos para después llevármelo a la boca, era demasiado espeso y su sabor muy salado y un poco agrio, pero me encantaba porque era de mi macho. Le dije “gracias amor, me encantó” y di un paso hacia la acera para alejarme de ahí cuando sentí su mano tomarme fuertemente del brazo y tirar hacia él.

    -“¿A dónde crees que vas amor? ¿Crees que me va a bastar solo con una mamada?” Y sacando su celular hizo una llamada mientras sonreía:

    -“¿Hola? ¡Compadre! Le tengo una sorpresa, no va a crees lo que me encontré. Despierte y venga a mi camión pero rápido, le va a gustar lo que tengo aquí” y finalizando la llamada volteó a verme de arriba abajo. “Estás hermosa, y la chupas muy rico amor. Dime ¿cómo te llamas?”

    -“Me llamo Adriana”, respondí nerviosa pues no esperaba que las cosas estuvieran resultando así.

    -“Qué bonito nombre Adriana, yo soy Julián. Mi compadre y yo nos vamos a divertir mucho contigo. Saliste a la calle vestida como una putita deseosa de verga y nos encargaremos de que quedes satisfecha. Esta noche apenas está por comenzar.”

  • Mi sobrina trajo una “amiguita” para jugar

    Mi sobrina trajo una “amiguita” para jugar

    Cuando Lilian, mi hermana, se fue a vivir con su novio, me dejó a mi “cuidado” a Mariel. La pendeja le había tomado el gusto a la joda, gozaba tanto con hombres como con mujeres. Teníamos un acuerdo: Podía traer chicas a casa, pero no hombres. Cada tanto cuando bajaba a desayunar me encontraba con una pendeja medio desnuda que me miraba con cara de horror en la cocina. Mariel, para tranquilizarla le decía:

    -Es mi tío, tranqui, y si te interesa, un día te recomiendo probarlo.

    Muchas chicas se iban despavoridas, otra simplemente se reía. Fue un sábado a la mañana que al bajar encontré a Mariel con una rubia verdaderamente impresionante. Mediría 1.7 m, flaca, un busto espectacular y cuando se paró a saludarme con un beso, pude alcanzar a ver que tenía un culo tan espectacular como sus pechos. Después supe que también tenía 18 años, como Mariel.

    Mariel repitió el mismo chiste:

    Mariel: Clau, es mi tío, tranqui, y si te interesa, un día te recomiendo probarlo.

    Clau: bueno, acepto la recomendación, pero con una condición: Que vos también estés Mariel.

    Mariel: Guau, tío, que lanzada esta chica. Claro que si Clau, no te voy a dejar solita.

    Broma va broma viene, fue que como vivía sola, se quedó a almorzar. Yo tenía que salir a comprar algunas cosas para la casa. Cuando regresé las encontré a las dos en las reposeras, tomando sol desnudas, para beneplácito de un vecino fisgón.

    Cuando se dieron cuenta, no se molestaron en taparse, me saludaron y siguieron charlando. El almuerzo fue por demás de picante, ya que yo estaba con un short de baño y ellas dos solamente con una bombacha. Almorzar viendo cuatro pechos hermosos, realmente llena el espíritu.

    Al terminar, Mariel me dijo que me quede tranquilo, que ellas limpiaban y lavaban la cocina. Me fui al living, puse una peli, y me senté de forma de ver a esas mujeres lavando casi en bolas.

    Clau alcanzaba los platos y Mariel lavaba. Cuando Clau no tuvo nada más que hacer, se puso atrás de Mariel y le metió la mano entre las piernas, por encima de la bombacha, al tiempo que se apretaba una teta. Mi sobrina, la miró con una sonrisa, separó un poco las piernas y siguió lavando. Cuando terminaron de lavar-juguetear vinieron al living, Mariel me sirvió mi clásico whisky de después de las comidas y se sentaron una a cada lado.

    Mariel: creo que es hora de empezar, no les parece. Tío, hagamos de cuenta que sos nuestro invitado, de que tenés ganas?

    Yo: Lo sabes bien, de todo. Siempre tengo ganas de todo

    Mariel: Vos Clau, querés hacer algo en especial?

    Clau: No me animo, me da vergüenza. Pero, me calienta pensar que el tío esté ahí sentado, y de a una nosotras bailemos para él, después juntas, me da mucho morbo solamente pensar en volver loco a un hombre mayor. A los pendejos, los miras y se calientan. Nunca lo hice con un hombre como él.

    Mariel: Pues, que así sea, y te aseguro que vas a descubrir un nuevo mundo, como yo. Aunque a veces sea un poco duro aprender como me pasó a mí por boluda. Querés que empiece yo?

    Clau: Dale, así tomo coraje.

    Mariel salió disparada a su dormitorio y bajó con su bolsa de “juguetes”. Clau se sentó a mi lado y apoyo su cabeza en mi hombro. Con cierto temor tomo mi mano y entrelazó los dedos. Mariel puso música y comenzó.

    Se movía rítmicamente mientras acariciaba su propio cuerpo. Mojaba sus dedos con saliva y los llevaba a sus pezones. Al mismo tiempo, su otra mano se ocupaba de su vagina, que ya estaba húmeda. Mojaba su clítoris y jugaba con él. Estaba tan excitada de ver a su amiga apoyada en mí, que más que rápido sacó los consoladores de la bolsa y se puso a chupar uno mientras se metía el otro en la concha.

    Clau, aunque seguía recostada en mí, había llevado su mano suelta a su entrepierna y se acariciaba lentamente. Cuando vio que Mariel tomó los consoladores, instintivamente apretó mi mano clavándome las uñas. Cuando vio cómo se metía el segundo consolador en el culo, la miré y estaba con la boca abierta, y un hilo de baba le caía por la comisura del labio. Solté su mano y la llevé sobre mi bulto, que ya estaba tomando volumen. Cuando se dio cuenta lo miró con los ojos bien abiertos y comenzó a acariciarlo.

    Mariel se excitaba cada vez más y llegó a un buen orgasmo, bien intenso.

    Mariel: Clau, ahora es tu turno amiga.

    Clau: bueno, pero sepan que yo no… digo, no tengo experiencia, quizás no los caliente.

    Yo: tranquila. Aprende algo: no lo hagas para calentarme a mí ni a Mariel, busca tu propio placer y goce.

    Mariel: escúchalo, sabe y lo que te dice es cierto. Para ayudarla Mariel puso música lenta.

    Clau comenzó directamente de rodillas, acariciando su entre pierna, sus pechos y siempre con los ojos clavados en los míos. Por momentos pasaba su mano por su vagina, la impregnaba de jugos y luego la llevaba a su boca para saborearla. Cuando vio mi sonrisa, fue que se tranquilizó que su “trabajo” gustaba. Se humedeció con saliva un dedo y poniéndose de costado a nosotros lo bajó por su espalda y jugó con su ano. No se animaba a meterlo. Pero era evidente que el deseo estaba.

    Mariel al ver esto, secó mi pija del short, y comenzó a pasarle la lengua como si fuera un chupetín.

    Mariel: Mira Clau, que linda que se la estás haciendo poner. Seguí, goza viendo como un hombre se calienta con vos.

    Fue escuchar esto que Clau aumentó sus movimientos en la vagina, se estiró un poco y tomó el consolador más grande y lo comenzó a chupar, imitando los movimientos de Mariel. Me pareció ver un gesto de Mariel, a lo que Clau respondió pegando el consolador en el piso y metiéndoselo de a poco. Entró no sin dificultad por la cara que ponía, tomo otro consolador y lo chupaba con ganas. Era evidente que quería llegar al orgasmo y no podía.

    “Te ayudo?” le dijo Mariel a lo que Clau respondió afirmativamente con la cabeza. Mariel se acercó, la hizo poner nuevamente frente a mí, pero más cerca, de forma que si yo me movía un poco, podría meterle mi pija en su boca. Mariel se colocó detrás, untó sus manos con aceite y fue acariciando cada centímetro de la espalda de Clau, sus pechos, sus nalgas, mientras le daba besos en el cuello. La cabalgata en el consolador y las caricias de Mariel surtieron efecto y llegó al orgasmo.

    Quiso correrse del consolador pero Mariel no la dejó. Siguió acariciándola, pasó a los pechos y los besaba y mordía mientras su mano jugaba con el clítoris de Clau. No necesitó mucho para que se excitara mucho más que antes. Los movimientos de Mariel cada vez eran más intensos, le provocaban mayor excitación.

    Yo no daba más, me corrí unos centímetros y mi pija quedó totalmente al alcance de la boca de Clau.

    Mariel: Ahora, Clau, goza vos chupando esa pijota. No pienses en él, olvídate de él, chúpala para tu placer, tu goce.

    Clau se fue metiendo mi pija en su boca, lentamente, vio que el tamaño era suficiente para ocupar toda su boca y comenzó a subir y bajar aprovechando el movimiento para darse placer con el consolador. Mariel seguía acariciándola, mordiéndola toda, como pudo se acomodó y empezó a meterle la lengua en el ano a Clau. Ella dio un respingo, pero cerro los ojos y siguió con lo suyo. Por momentos solamente pasaba la lengua y por momentos se la metía toda en la boca.

    “Mírame”, le dije. Abrió los ojos y estos delataba el placer que estaba sintiendo. Sus gemidos eran suaves pero profundos. La cadencia del sube y baja con sus tres agujeros ocupados la estaba volviendo loca.

    Mariel, adivinando el final, le puso los dos brazos en la espalda, embadurnó uno de sus dedos con crema y lo puso de forma que cuando Clau fue hacia abajo, ella misma se lo enterró de a poco. Abrió los ojos al máximo, emitió un quejido pero no paró de subir y bajar. Mariel tomo el consolador más chico, se lo puso en la mano y la guio para que ella misma se lo meta. Dudó un poco, pero la confianza que le daba Mariel hizo que lentamente se lo meta.

    Mi sobrina se acercó al oído y le dijo: “Ahora, dale, suelta toda la calentura, llénate la boca con el elixir del tío. Saborea el placer de hacer gozar a un Vete”

    Mariel se sentó a mi lado, abrió las piernas y se empezó a meter dedo en la conchita que estaba más que húmeda. Miraba a su amiga, y a mi pija. Se apretaba los pechos con furia y sus dedos iban y venían en su concha. Clau, sosteniendo con una mano el consolador que ocupaba su culo, acercó la otra a Mariel y le metió dos dedos en el orto.

    Mariel: Guau, seguí, vamos a acabar los tres juntos.

    Dicho esto, sacó mi pija de la boca de Clau y me empezó a masturbar con todo. Clau seguía pasando la lengua, su sube y baja era a todo ritmo, como la entrada de sus dedos en el orto de Mariel.

    Mi esperma salió disparado hacia el rostro de Clau, que con la lengua trataba de rescatar lo que podía. En ese instante Mariel la tomo de la cabeza y enterró mi pija en su boca. Fue en ese instante que acabaron las dos.

    Unos segundos después, cuando Clau se hubo sacado los consoladores, se paró, se sentó en mi falda, se metió mi pija, en su concha y me besó profundamente, la acercó a Mariel y le dio un beso igual. Nos quedamos los tres abrazados y compartiendo besos un rato.

    Clau: Por Dios, nunca goce así. NUNCA. Ningún hombre me dio semejante placer. Nunca me imaginé que me iba a meter dos consoladores e iba a gozar tanto.

    Mariel: Y esto recién empieza. O me vas a decir que se te fue la calentura ya?

    Clau: Sabes que no, pero ahora sé lo que es gozar, me siento libre. Y hasta ahora, el no hizo nada. No me quiero imaginar.

    Mariel: ahora viene un juego más fuerte, te animas o queres parar acá Clau?

    Clau: si, me animo.

    Dicho esto, Mariel tomo sus cosas, las puso en el bolso y fuimos a mi habitación.

    Me tiré en la cama, Clau se tiró a mi lado y comenzamos a besarnos. Mis manos recorrían su cuerpo, todavía con crema, entraba en su vagina, salía, lo mismo en el ano. Ella no oponía ninguna resistencia.

    Mariel se tiró y Clau fue derecho a chupar su vagina, mientras yo le ofrecía a mi sobrina para que chupe mi pija. Cuando sintió que la tenía bien dura, se levantó, le puso el arnés a Clau y al oído le susurro:

    Mariel: Clau, todo sigue igual, si vos gozas con lo que haces vas a hacer gozar al otro. No te detengas, hace lo que sentís.

    Dicho esto se acostó a mi lado, abrió sus piernas y la miró a Clau y esta entendió. Dirigió el consolador a la conchita de Mariel, y lo enterró de una. Empezó a bombear, primero despacio, luego algo hizo un clic y empezó con todo, le apretaba los pechos, los escupía, de pronto le dio una cachetada en la cara y le preguntó a Mariel: “Te gusta que te coja así, putita?” Mariel no contestó lo que excitó más aún a Clau. Le retorció los pezones, hasta hacerla gritar. “Dale putita, grita tranquila” “Tío, por qué no me metes esa pija hermosa en mi conchita”

    Esas palabras me pusieron a mil. Fui detrás de ella y de un solo golpe la enterré, ajustamos el paso y Clau no paraba de hablar “Ah, que placer, me cojo a esta putita y a mí me dan con todo. Tío postizo, sos un macho tremendo, cógeme toda, reviéntame la concha”

    Le daba con todo, la tomé del pelo, tire su cabeza para atrás y le dije “Putita, vos movete, cógenos a los dos.” Tras lo cual golpee su culo con fuerza. Eso hizo que los movimientos fueran bestiales, Mariel no daba más, se apretaba las tetas con fuerza, y levantaba con todo las piernas para que ese consolador entre hasta el fondo.

    De pronto y sin aviso, me separé, tomé con violencia del pelo a Clau y la saque, haciendo que se ponga de rodillas mientras me la chupaba. Mariel se levantó. Se paró al lado mío y me comenzó a besar. Clau movía su mano por el consolador como si estuviera masturbándolo. Le dije a Mariel que se ponga ella el arnés y que se acueste en la cama. La subí a Clau, le ensarté el consolador en la concha y le puse mi pija en la boca.

    Las dos se movían como locas. Una bombeaba de abajo y la otra saltaba sobre el consolador. Las dejé unos segundos y busqué la crema. Embadurné mi pija, y me puse detrás de Clau. Mariel la atrajo hacia ella, y la tomo de la cabeza, dándole un profundo beso. La abrazó y yo de un empujón metí toda mi pija en el culo de Clau. Dio un grito de dolor, me pidió que pare, cosa que no hice, y empecé a bombearla.

    Mariel: Ahora quien es la putita, eh Clau? Sentí el tronco que te estas comiendo por el culo, y a mí no me dejaste meterte ni un dedo anoche.

    Al rato, la hice salir a Mariel, y ahora tenía a las dos en cuatro. Iba de un culo al otro, cuando lo dejaba, le metía el consolador y lo movía a mi ritmo. Las dos gritaban de placer. Cuando estaba por acabar, ordené que hicieran un 69 mientras le daba a culo de Clau.

    Yo: chúpala bien Mariel, y las gotas que se le caigan son tuyas. Ah, hoy te toca terminar con los dedos de Clau en el culo, así que movete.

    Mariel: si tío, acabale bien adentro a esta putita.

    Fueron 10 bombeadas más y le llené el intestino de leche, ella también acabó con un grito ahogado por la concha de Mariel. Y cuando la saque, parte cayo en la boca de Mariel que chupaba con ansias.

    Al rato bajamos, nos sentamos en la cocina y tomamos algo.

    Clau: Juro que nunca goce tanto. Hasta que me rompieras el culo así gocé. Ahora entiendo lo que es dar placer para recibir más placer. Si me cuentan que yo hice esto, no lo creo ni en un millón de años.

    Mariel: Es que no necesitamos contártelo para que nos creas.

    Fue arriba, buscó la notebook y bajó. La puso en frente a Clau y le mostro el video que la cámara de mi cuarto había tomado. La cara de Clau fue de sorpresa primero y de horror después.

    Mariel: Tranquila, somos gente seria. Si querés te doy una copia así jugueteas un poco. Lo grabamos por seguridad alguna de las chicas quiera hacer quilombo. Es para nosotros. Y si querés la próxima lo vemos juntas en vez de ver las páginas de mierda.

    Clau: Ah, pensé que me iban a chantajear. Sepan que cuando quieran me llaman y vengo. Los dos o cualquiera de los dos.