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  • Poema para Isabel

    Poema para Isabel

    Isabel, deseo cabalgar tu cuerpo

    y fundirme en tu tersa piel blanca.

    Recorrer a paso lento tus pechos

    devorando tus rozados pezones erectos.

    Aspirar el dulce aroma de tu flor entreabierta

    por una ardiente caricia de mi mano bendecida.

    Navegar hasta tu vientre por los fluidos carnales,

    que como néctar de frutas esperan con ansias locas

    a que sean bebidos con lujuria.

    Arrancándote un quejido, un aliento desesperado

    te penetro hermosa princesa, hasta lo más profundo de tu ser.

    hasta el clímax de lo prohibido, hasta derramarme por completo en tus entrañas ardientes, hasta fundirnos en un abrazo infinito y cómplice…

  • La esposa de mi tío

    La esposa de mi tío

    Inicio.

    Un día llegó un tío muy borracho a mi casa y estuvimos platicando. Llegó un momento en el empezó a insultar a mi familia y yo en ocasiones le contestaba para que no se sobrepasara de lo que él decía (pues sabía que estaba en estado de ebriedad), y en verdad yo me estaba enojando.

    Él empezó a insultar a su esposa como a una puta, pues anteriormente había tenido un problema de parejas, y yo solamente lo escuchaba cuidadosamente. Llegó un punto en el que él le marcó a su esposa y sólo para insultarla y hacerla sentir mal.

    Cuando él se fue me quedé muy enojado y sabía que yo debía hacer algo para callarle la boca.

    Yo sabía que mi tía estaba herida emocionalmente, así que decidí atacar por ese lado para que ese cabrón anduviera un cuchillo enterrado sin saberlo.

    Clímax.

    Era el mes de diciembre. Un día me mandaron a traer a una tía avanzada de edad a rezo que se llevó a cabo en casa de una señora de nuestra colonia. Así que yo fui por ella, pero el rezo aún no había acabado. Sorpresa mía, a una cuadra de llegar a esa casa venía mi tía (la esposa de mi tío) en dirección a la casa del rezo porque también iba por su mamá (señora de avanzada edad) así que yo la alcancé, la saludé y empezamos a platicar.

    En la conversación yo toqué el tema de mi tío y me dijo que él era un culero, cabrón mal agradecido; yo me hacía que no sabía nada del tema. Y le dije que era una señora joven y que me diera su teléfono para que pudiéramos platicar mejor, ya que son muy chismosos en mi colonia. Ella accedió y en las conversaciones del WhatsApp, nos fuimos conociendo mejor y llegó el punto de mandarnos fotos. Audazmente la convencí de ir a un motel a tener relaciones sexuales porque le hacía creer que mi tío no la merecía y así los dos le daríamos una cucharada de su propia medicina.

    Cuando yo llegué primero al motel, le indiqué que habitación era y ella entró al cuarto.

    Ella se sentía muy pero muy nerviosa y cara de arrepentimiento, yo la hice sentir segura y calmada de la situación. Para dos minutos después nos empezamos a besar y a tocar nuestros cuerpos con ropa.

    Yo me desnudé primero y ella se desnudó después «ella tiene un cuerpo tipo gordita, de carita gordita con lonjitas y lo que yo deseaba desde hacía tiempo, ahorita tengo 22 años, era su enorme trasero, un trasero grande de piernas grandes, cuando camina se le mueve todo el trasero de lo grande que es».

    Así que le ordené que se pusiera en el sofá de Kama Sutra con las manos en la parte más pequeña de la curva y su jugoso trasero en la parte más grande. Cuando vi el enorme trasero que tenía le empecé a untar lubricante, cada vez que huelo ese lubricante me acuerdo del enorme culo que tuve en mi pelvis.

    Cuando la empecé a penetrar le dolía un poquito porque hacía 3 meses que no había tenido relaciones, después de eso la empecé a penetrar despacio y después le metía todo mi pene y la nalgueaba porque ese culazo merecía ser nalgueado, le agarraba las tetas (no muy grandes) y le di de a perro como 10 minutos, después la lleve a la cama y la puse de cuchara y ella gritaba que yo era su papi y que le encantaba lo que yo le hacía a ella. Gemía como la puta que mi tío me había dicho, y lo que él decía era verdad. Era mi puta en ese cuarto.

    Final.

    Cuando terminamos de tener relaciones sexuales y nos bañamos juntos, yo me sentía el padre de mi tía pues la tenía desnuda y dispuesta a gemir conmigo si yo lo quería.

    Después de eso, ya no tuvimos relaciones sexuales, vaya hasta que tengamos algún momento y lugar adecuado.

    Lugar: Veracruz. México.

  • Un sueño hecho realidad, tu pene dentro de mí

    Un sueño hecho realidad, tu pene dentro de mí

    Nunca pensé que me fuera a pasar a mí, es algo que no puedo explicar, no es que sea una experta en estas cocas, pero supongo que son mis casi 25 años los que me llevan a tomar estas decisiones que quizás con más edad, con más experiencia no tomaría, el caso que son las siete de la mañana y llevo toda la noche pensando en él, con mi vagina húmeda esperando que me penetre por fin en una realidad y no en un sueño.

    Todo ha pasado muy rápido, un correo, unas líneas un poco subidas de tono, unas fotos de las que espero no arrepentirme en un futuro, claro que ahora sigo tremendamente caliente y quizás dentro de unos días… no sé, siento que estoy perdiendo la cabeza y el norte, pero es que me excita tanto… que llevo varios orgasmos tocándome y pensando en él.

    De todo esto mi novio no sabe nada evidentemente y menos de lo que ocurrió por fin este fin de semana cuando por sorpresa recibí un correo de Daniel, estaba en España y me quería ver, solo puedo decir que no sabía cómo reaccionar, estaba alegre, ilusionada, me empecé a excitar, tan solo pensarlo empecé a mojar las bragas en tiempo récord, pero a la vez estaba nerviosa, con miedo realmente. Mi novio esta semana está de viaje con lo que tenía la casa para mi sola y sin embargo no quería que viniese a ella aunque lo deseaba, mi cabeza iba a explotar, sabía que en el momento en que le viera íbamos a follar sin remisión alguna, así que le conteste que si, que nos veríamos, pero en un hotelito que conocía fuera de la ciudad, en un pueblecito pequeño y muy romántico, un hotel en un acantilado con habitaciones con vista al mar, yo le estaría esperando, él solo tendría que pedir la llave en recepción.

    Llegue pronto, estuve esperando más de dos horas pensando en como recibirle, de pie junto a la ventana mirando al mar, vestida o desnuda, no lo sabía, quizás sentada en la cama y si era así con ropa o simplemente con mi ropa interior, tuve tiempo para pensar y al final decidí recibirle solo con la ropa interior, con la misma ropa casualmente con la que un día me describí, braguita culotte tipo brasileña verde claro de encaje y con una florecita en medio y una camiseta de tirantes lencera del mismo color, me sentaba en la cama mirando el reloj, me tumbaba, subía los brazos hacia arriba, me colocaba la melena de un lado a otro, no sabía muy bien como recibirle cuando la puerta se abrió.

    Era Daniel, por fin la puerta se había abierto y él la traspasaba mirándome y sonriéndome, eran las 12 del mediodía y ahora sí que estaba nerviosa, solamente unas horas, unos que tal estas y Daniel antes de decir nada más estaba poniendo su rodilla sobre la cama ya solamente con el bóxer cubriendo ese hermoso pene con el que tanto había soñado, los dos nerviosos nos mirábamos y reíamos cuando se acercaba a mí, yo me sujetaba con mis antebrazos y mis codos apoyados en la cama elevando mi cuerpo un poco cuando le sentí por primera vez, cuando sus labios tocaron los míos, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo de lado a lado, sentí felicidad cuando note su cuerpo sobre el mío, aunque Daniel solo gateara por encima de mí.

    No hubo ninguna palabra más, solo los besos, las olas batir en el acantilado y la pasión que poco a poco se iba a empezar a oír en aquella habitación eran los sonidos que conseguía oír e imaginaba, Daniel me apretaba el pecho con suavidad a la vez que nos besábamos, siempre mirándonos, siempre riéndonos como dos colegiales, su mano aparto el tirante de mi hombro y me empezó a besarme el cuello, su mano se llenaba con mi pecho, con mis pechos que uno a uno iban siendo acariciándolos, dándome pequeños tirones de mis pezones, nuestros labios no se separaban hasta que Daniel se tumbó a mi lado y bajándome la camiseta por debajo de mis pechos me empezó a besar mis pezones, a elevármelos, duros y sensibles a sus labios cada vez que los lamía, cada vez que los metía en su boca yo echaba la cabeza hacia atrás abriendo la boca con un pequeño jadeo, luego le miraba, mojándome los labios continuamente y mordiéndomelos con los dientes, nuestras miradas se cruzaban y sonreíamos, lamía, sentía, jadeaba y sonreía.

    Su mano derecha estaba apretando mi sexo por encima de mis bragas, Daniel podía sentir mi excitación, mis bragas ya estaban mojadas y ya solo tenía un pensamiento cuando sus dedos empezaron a rodear la delgada línea de mi carne con mis braguitas, a tirar de ellas un poco hacia arriba hasta que por fin sus dedos se metieron y acariciaron mi monte de Venus totalmente depilado, sentía sus dedos por primera vez allí y un poco más abajo en mi clítoris, donde de forma circular empezaron acariciármelo a que mi boca jadeante ya no se cerrara.

    Sus dedos bajando por mis labios humedecidos, metiéndose en mi vagina buscando mi punto G, sus labios lamiendo y deleitándome, deleitándose con mis pechos, era algo mágico, ayer en México y hoy dejándome tocar por fin por ti, dándome tanto placer como tantas veces imagine, a esas horas el nombre de mi novio había desaparecido, su rostro se había disipado entre mis pequeños gemidos y de un plumazo todo había cambiado, el mundo se había paralizado y solamente estábamos tú y yo, solos sin necesitar nada más que una cama y una habitación de hotel.

    Sus besos empezaron a bajar por mi cuerpo, Daniel se había incorporado poniéndose justo entre mis piernas y sus labios bajaban hasta mi tripa besándomela a la vez que sus manos empezaban a bajarme las bragas, los dos seguíamos mirándonos y sonriéndonos cuando Daniel hundió su cabeza entre mis piernas y empecé a sentir su legua recorrer mis labios, apoderarse de mi clítoris, succionándolo y hacer que diera unos pequeños gritos de placer, gemidos que no cesaban ya y mi vagina se lubricaba preparándose para él, preparándose para cuando me la quisiera meter y conociéndole sabía que me iba a hacer sufrir, que me iba a excitar tanto hasta que le tuviera que rogar que me follase.

    Su lengua pasaba entera por mi vulva erosionando a su paso mis labios, los minutos iban pasando y mis gemidos en aumento, sus dedos penetrando mi templo antes solo reservado para uno y que yo había decidido, había querido que él también lo disfrutase, Daniel se incorporó y quitándome las bragas por completo me abrió las piernas para poder meter su cuerpo entre ella, con su polla tremendamente venosa y dura al frente, era el momento, pero antes quería saborearla, quería sentir como me follaba la boca, su sabor, su tacto, me había incorporado y a cuatro patas con David de rodillas en la cama erguido hacia el techo gimiendo cuando la sintió dentro de mi boca, cuando mis manos empezaban un viaje de ida y vuelta con su pene dentro de mí, humedeciéndoselo y sacándole todo el jugo sin que se llegara a correr, eso lo tenía que reservar para mí, para otra parte de mi anatomía.

    David me aparto y me dijo que me diera la vuelta, quería follarme por primera vez a cuatro patas, quería que me pusiera tal y como estaba en una de las fotos que le envié y tanto le gusto, así siendo una buena niña me puse en posición, sintiendo su pene como me tocaba, como su glande se metía entre mis labios, como me golpeaba el clítoris con él y como poco a poco se iba acercando a la entrada de mi vagina, sabía que me iba a hacer sufrir, sabía que le iba a tener que rogar que me follara, pero no me importaba porque ya llegaría mi venganza, Daniel pasaba su pene entre mis labios despacio hasta mi clítoris y bajando hundía su glande un poquito en mi vagina, sacándolo tremendamente mojado de mi flujo y aun así me tuvo varios minutos de esa manera haciéndome sufrir, hasta que por fin entre jadeos y gemidos le rogaba que me follara, que me la metiera entera hasta el fondo, quería sentirla dentro de mí, quería sentir como entraba y como se retiraba, quería ser su mujer, su compañera, su amante, su coñito, lo deseaba tanto que…

    Sin que me lo esperara su glande se fue metiendo en mi vagina, empezó a hundir su pene hasta el fondo de ella lentamente, muy despacio sin pararse hasta que me lleno, me la había metido todo lo que mi vagina en ese momento había dilatado, quedándose allí unos segundos, haciendo de esos segundos una delicia que no olvidaré jamás, mi cabeza se había echado hacia atrás con mis ojos cerrados fuertemente y con la boca abierta un grito sordo que no llegaba nunca y solo cuando se empezó a retirar a sacármela igual de despacio como la había metido, pude exhalar el aire provocando un gemido delicioso ¡aauuhhh mmm!.

    Desde ese momento tus manos en mis caderas moviéndomelas hacia delante y hacia atrás, tu pene penetrándome continuamente, mis gemidos de placer, mi sonrisa de felicidad y con mi culo que también iba en busca de tu pene, era un sueño hecho realidad y lo estaba disfrutando como nunca antes había disfrutado con el sexo, además no me engaño, Daniel follaba de lujo, llevábamos los dos follando ya más de diez minutos con su mete y saca cuando me dijo de darme la vuelta.

    Me tumbé boca arriba y él se puso encima de mí, esta vez sin juegos, esta vez sin que su mano o la mía guiara su pene a mi vagina, estaba tan mojada, mi vagina tan abierta y dilatada que entro nada más tumbarse encima de mí y como antes entro hasta el fondo quedándose unos segundos, casi minutos hasta que dejamos de besarnos, mis brazos le rodeaban la espalda, arañándole su piel con mis uñas cuando se empezó a retirar, no sé si de placer o de enfado por sacármela, la sentía allí dentro, caliente, palpitante que no quería que se marchara, sus movimientos ahora más lentos que antes, metiéndola con cariño mientras nos besábamos, gimiéndonos los dos mientras nuestras lenguas se entrelazaban.

    Sentía como mi cuerpo se elevaba cada vez que la metía y la espalda se me arqueaba, Daniel me la metía ahora más fuerte y rápido, dándome pequeños, pero fuertes empujones metiéndomela hasta el fondo, el sonido de nuestra carne al juntarse, de su polla metiéndose en mi coñito húmedo, mojado y estrecho, era música lo que oíamos salir de nuestros sexos, de nuestros gemidos, mis piernas empezaron a temblar y mi tripa me ardía, sentía como un orgasmo realmente delicioso se apoderaba de mi cuerpo y como tú acelerabas, como me la ibas metiendo tan rápido que los dos empezamos a gritar, no me lo podía creer nos corríamos a la vez, mientras que una ola de calor atravesaba mi cuerpo, mientras mi vagina se hacía mar, tú navegabas por ella en su interior hasta que explotaste como un volcán lanzándome una enorme cantidad de tu semen dentro de mí, en mi vagina, llenándome por completo.

    Los dos nos mirábamos con la cara desencajada, sonreíamos y reíamos dándonos un beso profundo, sudoroso y todavía con tu pene dentro de mí te desplomaste sobre mis pechos y he aquí mi venganza por haberme hecho sufrir, porque no te iba a dejar descansar, te tenía que recuperar para que me volvieras a follar para que explotaras otra vez, no iba a dejar que te fueras tan rápido, sé que te irías y necesitaba recordar todas esas horas dentro de mí, fallándome, acariciándome, besándome todo el cuerpo, quería que te fueras sabiendo de memoria todas mis cuervas, todos los puntos donde me hacías vibrar.

    Un sueño hecho realidad, eso es como lo llame.

  • Dejo de ser tu novia, para ser tu puta

    Dejo de ser tu novia, para ser tu puta

    Estoy en la cama, con las piernas abiertas, sintiendo la lengua y la boca de mi hombre llenar de saliva y de deseo mi concha. Está loco por mí.

    Le entrego todo mi cuerpo como una sola concha. Está subiendo, me lame las tetas, me las chupa y me las marca. Grito de dolor y de placer. No se puede controlar, me está violando. Soy su perrita violada.

    Me coge con violencia. Me duele y no le importa. Grito y lo hace más fuerte. Me da vuelta y me culea, fuerte, agresivo. Grito fuerte y aumenta su violencia. Me está violando! No lo puedo creer… No para, está fuera de sí, lo desconozco y me gusta, me excita.

    Le entrego mi culo para que lo siga haciendo bosta. Soy suya, siempre, para lo que quiera. Termina adentro, en una explosión de leche y de insultos. Se derrumba a mi lado.

    Jadeando, todavía excitado, me dice, desconcertado y decidido: «Te acabo de violar», le late el corazón con rapidez, «Ya no podés ser mi novia. Sos una perra, te encantó lo que te hice. No te respeto y eso te gusta». Me agarra del cuello y acerca su cara. «Te voy a usar cómo a la puta que sos. Mañana te llevo a un hotel y te culeamos entre cuatro», «No, no, qué decís?I», me chupa las tetas, me entrego otra vez a lo que él quiera. «Vas a ser mi perrita putita y la de mis amigos. Te vamos a hacer de todo. Te quiero ver muy violada».

    Quiero lo que él quiere. Lo imagino y me humedezco. Le saco el anillo del dedo, me quito el mío y los pongo en la mesa de luz. «Soy tu prostituta, usame cómo quieras».

    Sonrió de manera maliciosa. Me empieza a sacar fotos, así, desnuda, cogida, culeada, violada, entregada. Las manda a sus grupos de amigos. «Ya no es mi novia, es la concha de todos. Una perra así es para culeársela entre amigos». Deja el celular a un lado, y mientras me marca y me vuelve a violar, no paran de llegar los mensajes…

  • Un rico arrimón en el metro

    Un rico arrimón en el metro

    Hola mi nombre es Alex y les voy a contar una experiencia real y la más placentera que he tenido en el metro, a veces he leído relatos que se etiquetan de reales pero al leer que le bajan los calzones a las mujeres y les meten la verga sé que es fake, los que tenemos experiencias en estas situaciones sabemos que es prácticamente imposible de tener sexo anal en un vagón de metro lleno.

    En mi caso para sentir mejor el culo de una mujer utilizo un pants de tela muy delgada que yo mismo he desgastado de esta manera cuando se para mi verga se ve claramente el tronco y cabeza de mi verga.

    Pasando a la historia que les quiero contar esto sucedió ya hace 2 años, un sábado como a las 4 de la tarde, en la línea 1, de la estación Pino Suarez al metro San Lázaro.

    Ese día estaba buscando un culo para satisfacer mi calentura, subí al segundo vagón en la estación Pino Suarez y pues vi que iba algo vacío el metro, me pare un poco atrás hacia la puerta que no abre y me agarre del pasamanos, eche un vistazo y pues había pocas mujeres, me llamo la atención una, ella era delgadita, morenita, como de 21 años, tenía bonita cara, no tenía un culote como me gustan a mí, sino más bien tenía unas nalgas bien paraditas y respingadas en otras palabras un culito bien rico enfundado en unos jeans negros bien apretaditos, se le veía su raja de la cola bien rica, ella iba en el pasillo de los asientos como a un metro de distancia de mí y pues así como venía el metro pues era difícil hacer algo.

    El metro tardo en la estación como unos 5 minutos, tiempo suficiente para que se fuera llenando y no subió una mujer que me gustara, de repente me di cuenta que el culito de la flaquita estaba como a 20 cm de mí, entonces yo también empecé a acercar mi verga a ver si le podía dar un tallón, haciendo contorsiones acerque lo más que pude mi verga a su nalga derecha y se la deje ahí, de repente ella me quito la nalga y pensé que no le había gustado y pues ya lo iba a dejar así pero después de unos segundos regreso su culo a la misma posición y como todo hombre necio volví a poner mi verga en su nalga y después de unos segundos me volvió a quitar el culo, haciéndome un poco más de espacio y contorsiones.

    La siguiente vez le clave la cabeza de mi verga entre sus nalgas, creo que la sintió completa y me quito el culo pero esta vez ella le hablo con un wey que iba cerca de la puerta de entrada, no sé bien que le dijo a él, pero parecía que era su novio o algo así por cierto era bien parecido el bato, con esto pensé que ya no se dejaría mas y pues yo no quería problemas con el hombre con el que ella iba, después de esto pasaron unos segundos y ella volvió a poner su culo cerca de mí, mire a su chavo y lo vi muy despreocupado, vi el culo de su chica y pues ahí de necio otra vez le clave la verga en su culo y para no aburrirlos hizo lo mismo varias veces y yo igual hasta que llegamos a la estación Calendaria.

    Parece que ella venia jugando conmigo y disfrutaba al ver mi desesperación por querer meter mi verga en su cola, con tal que luego de salir de la estación candelaria una señora le pregunto a ella si iba a bajar a la otra estación, a lo que ella dijo que si, al oír esto, empuje un poco hacia atrás para hacerle espacio para que ella se enfilara a la puerta de salida, los segundos de espera parecieron años, si lo hacía era por dos situaciones o era muy inocente o realmente sabía lo que pasaría, pues ella sabía bien que yo quería su culo para meterle mi verga y pues si ella se pasó al espacio que yo le había hecho a propósito, dejándome su culo en bandeja de plata.

    Contemplé ese par de nalgas bien paraditas y su rica raja que tenía ella y no tarde ni un segundo, con mi verga bien parada se la deje ir con todo y huevos entre sus nalgas, ella ni volteo sabía que era yo quien la había ensartado y esta vez no había lugar para donde hacerse, así que se la tuvo que comer completa, lo hacía con tal fuerza que me encantaba ver sus nalguitas aplastadas en mi pubis mientras mi cabeza estaba enterrada en su culo, se la sacaba y se la novia a dejar ir una y otra vez con fuerza, de repente me acorde de su wey que la acompañaba lo vi y el como si nada en otro mundo en otras palabras estaba comiendo camote mientras el culo de su vieja tragaba camote de verdad, sacando y metiendo mi verga en el culito de ella, me frotaba en forma de círculos para sentir mejor sus nalgas, me restregué con fuerzas para disfrutar al máximo su culo sin tener el menor pudor como si un instinto animal me hubiera dominado por completo.

    El tiempo que estuve haciendo esto fue como 5 minutos de la estación candelaria a San Lázaro (el metro se iba parando), antes de llegar a San Lázaro empecé a convulsionarme en su culo, sentí que mi verga se movía como si tuviera vida propia cada vez que lanzaba un chorro de esperma, fue una locura de placer de mi parte hasta que se vaciaron por completo mis huevos, sentí una gran satisfacción y alegría, ni siquiera cuando me cojo a mi vieja he tenido una eyaculación tan rica y abundante.

    Llegamos a San Lázaro y ella bajo detrás de su novio, casi al bajar medio volteo y lanzo una media sonrisa como diciéndome «Contento, era lo que querías no wey» y se fue con su buey a las escaleras, definitivamente fue uno de los mejores culos en los que me he venido en el metro, me acuerdo que antes de empezar esto cuando la vi por primera vez cuando subí al vagón, ella me lanzo una pequeña mirada, tal vez sabía que yo era un clásico degenerado que le gusta estar cogiendo a las mujeres en el metro y no se equivocó, ya ven que las mujeres tienen un sexto sentido para estas cosas.

    Finalmente les comento que adoro este tipo de chicas que aflojan el culo a un desconocido, saben muy bien que los hombres queremos culo y ellas lo comparten sin pedir nada a cambio y en este caso incluso si van con su novio.

  • Follando al primo, a la prima, a la tía y a la tía abuela

    Follando al primo, a la prima, a la tía y a la tía abuela

    Primer episodio

    Dime cómo va la cosa.

    Éramos tres primos y una prima, Javier, Jacinto, Alicia y yo. Desde muy niños era Alicia la que cortaba el bacalao. A mí me llamaba Randa, a mi primo Javier le llamaba Gato y a su hermano le llamaba Rata y por supuesto ella era Alicia Babá. Le faltaban 37 ladrones, pero cómo ella decía: «Por algo se empieza».

    Nuestra cueva, Sésama, estaba era el monte y tenía cuatro colchones, mantas y sábanas, un mueble viejo con cajones una mesa, cuatro sillas, cuatro platos, cuatro cucharas, cuatro cuchillos, trapos, velas y un quinqué que habíamos mangado en una casa abandonada.

    El monte tenía un estanque donde nos bañábamos desnudos mis primos y yo cuando Alicia no estaba.

    Un día a mi prima le empezaron a salir las tetas y desde ese momento dejaría de enredarnos en sus aventuras, aventuras que serían muy largas de contar, pero que básicamente se trataban de peleas o de pequeños hurtos de fruta, de enseres en las casas abandonadas, cositas en la taberna mientras alguno distraía a la tabernera…, pero a lo que iba, ese día nos dijo con aires de superioridad:

    -Dejo de ser vuestra jefa. Sois muy críos para mí.

    Alicia era delgada cómo un fideo y tenía la misma edad que yo, pero la verdad era que me gustaba, por eso no tomé bien lo de su marcha. Le dije:

    -Sin tiempo no era. Ya estaba cansado de obedecer a un adefesio.

    Se puso alta.

    -¿Qué coño es un adefesio?

    Me puse más alta que ella.

    -Míralo en el diccionario, inculta.

    Levantó la mano. La miré con cara de mal hostia, se rajó y se fue. Debió preguntar lo que significaba adefesio, ya que dejó de hablarme.

    Unos años más tarde, Jacinto, Javier y yo éramos tres muchachos delgados, de estatura mediana y bastante apuestos. Estaba bien entrada la primavera cuando fuimos a bañarnos en el embalse, un embalse que tendría unos quince metros de largo por unos seis de ancho y que estaba cubierto por nenúfares por los lados. Sobre ellos y entre ellos croaban las ranas de aquel embalse que regaba las huertas de los vecinos de mi aldea. Nos bañamos en pelotas. Después cogimos nuestras ropas y bocadillos y fuimos para un pequeño campo de hierba rodeado por matorrales. Allí en pelotas sobre la hierba nos pusimos a conversar mientras oíamos titear a las perdices, cantar a los grillos, trinar pájaros de distintas clases… Jacinto, el hermano de Alicia, nos dijo:

    -Sé de un juego que os va a dejar…

    Lo corté.

    -Con el culo roto.

    -Puede, nunca se sabe.

    -¿Y qué juego es ese?

    -El de la gallina ciega.

    Javier le dijo:

    -Ese juego es de niñas

    -Sí, y jugué a él con mi hermana y con Conchita. Se pasa de puta madre.

    Me picó el gusanillo de la curiosidad.

    -¿Les tocaste las tetas?

    Jacinto se hizo el interesante.

    -¡Ah! Si queréis saber lo que les hice tendréis que jugar.

    -Me late que es un juego diferente al de la gallina ciega -le dijo Javier-. ¿Me equivoco?

    -No, mi hermana y la Rubia, acabaron cómo estamos nosotros.

    -¡¿Has visto desnudas a tu hermana y a Conchita?!

    -Si, después de vendarme los ojos se desnudaron, y cuando me quité la venda las vi. ¿Jugáis o no jugáis?

    Aquello me olía a mariconada.

    -Dime cómo va la cosa.

    -La cosa va así. Yo me vendo los ojos y vosotros os cambiáis de sitio, yo no sabré donde estáis. Al encontraros os chuparé las tetas, os besaré y si aún no descubrí quien es quien os chuparé las pollas hasta que lo descubra.

    -A ver, a ver -le dije yo-. ¿Me estás diciendo que le comiste la boca, las tetas y la almeja a tu hermana?

    -A ella y a Conchita.

    -Joder, joder, joder ¡Lo que daría por haber estado en tu sitio! ¿Se corrieron?

    -¿Tú que crees?

    -Que no, tú no tienes idea de cómo se come un coño.

    Por primera vez en su vida me habló con aires de superioridad.

    -Lo sé comer mejor que tú.

    -A ver, atontado, un culo no es un coño. ¿Lo pillas?

    -A lo mejor algún día pillas tú la idea de que cuando se le come el coño a una mujer también se le come el culo.

    -A tu hermana no me importaría comerle el culo si ella quisiera.

    -A lo mejor está deseando que le comas ambas cosas.

    -Más quisiera yo, pero tu hermana me odia desde que le dije que era un adefesio.

    -Las mujeres son muy complicadas, Quique. A ver. ¿Jugáis?

    Javier se anotó.

    -Yo juego un ratito.

    No me lo podía creer.

    -¡¿Vas a dejar que te dé besos y te la chupe?!

    -Todo es cuestión de cerrar los ojos y pensar que es su hermana.

    -¡Par de maricones!

    Jacinto no estaba conforme.

    -Solo contigo no sería jugar a la gallina ciega, Javier, además, a ti ya te la chupé.

    Miré para Javier y me dijo:

    -¡¿Qué?! Es mejor que tirar una paja.

    -Fijo que también le diste por el culo.

    -¿Y si le di, qué?

    -Me late que también te dio él a ti.

    -En el sexo no hay que ser egoísta.

    -¡La hostia! Y yo bañándome desnudo con vosotros. Se me quitaron las ganas de comer el bocadillo.

    Jacinto me dijo:

    -Vaya tontería.

    Javier nos dejaba.

    -Visto el cariz que toman las cosas me voy comiendo el bocadillo camino a casa. Tengo muchas cosas que hacer.

    Javier al día siguiente se iba para Ferrol a hacer la mili. Se vistió y se fue comiendo el bocadillo. Al irse Javier, Jacinto me dijo:

    -Me muero por hacerte una paja.

    Sin levantar la voz, le dije:

    -Pues muérete.

    -Te gustaría si te la chupo.

    -No me va a gustar porque tú no vas a chupar nada.

    -Si cierras los ojos y piensas que es mi hermana quien te la chupa…

    Para que me dejara en paz le quise dar donde más duele.

    -Me gusta más tu madre, la debe chupar de maravilla.

    Estaba equivocado, le había dado donde más le gustaba.

    -Sí, fue ella la que me aprendió a chupar pollas.

    Aquella confesión no me la esperaba.

    -¡¿No me mientes?!

    -No, no te miento, mi madre está muy necesitada. Al estar mi padre en Alemania pasa muchas ganas.

    -¿Te dijo ella que estaba muy necesitada?

    -Sí, eso y muchas cosas más.

    -¿Cómo qué?

    -Cómo que le gusta que le coman el coño hasta que se corre, mamarla, que se la metan en el culo…, cosas así.

    -¿Te la follas?

    -Sí, por el culo.

    -Por donde a ti te gusta.

    -Me gusta por los dos lados, pero en el coño no me deja meterla porque tiene miedo a quedar preñada

    -¿Y a tu hermana?

    -A mi hermana no la follé ni por un lado ni por el otro.

    -¡Si llega a saber que follas con tu madre…!

    -Lo sabe.

    -No te creo. ¿Cómo lo supo?

    -Lo supo una noche que dormimos mi hermana, ella y yo en su cama, hacía mucho calor y dormíamos destapados. Yo estaba a su lado y mi hermana al mío. Debían ser más de las dos de la madrugada cuando sentí una mano dentro de mi calzoncillo. Abrí los ojos y vi que era la de mi madre. Tenía una mano dentro de sus bragas y la otra donde te dije. Pasado un tiempo, miró para mi hermana, vio que estaba dormida, acercó su boca a mi oído y susurró:

    -«Cómeme el coño».

    -Me había aprendido ella a comer un coño. Me metí entre sus piernas. Al lamer vi que tenía el coño encharcado. En ese momento no supe que era porque ya se había corrido, y eso hizo que me llevase un mundo de tiempo hacer que se corriera de nuevo… Ya llevaba un buen rato comiéndole el coño cuando miré para el lado y vi que mi hermana nos estaba mirando. Tenía una mano dentro de las bragas y esa mano se movía de abajo a arriba y de arriba a abajo, o sea, que se estaba haciendo una paja. Ya no dejé de mirar para mi hermana ni ella dejó de mirar para mí. Al rato se bajó las bragas hasta las rodillas y se giró para mi lado. Yo agarré la polla y me la empecé a menear… Poco después mi hermana tapaba la boca con una mano y se encogía. Se estaba corriendo y yo me corrí al verla gozar. Mi madre me sintió gemir en bajito, me cogió la cabeza con una mano, frotó el coño contra mi nariz y mi cara y se corrió como una cerda.

    -Me acabas de poner a mil.

    Me miró para la polla.

    -Se nota, se nota, se te puso gorda. ¡Qué rica debe estar!

    -No la vas a catar por más que me calientes por la oreja, mariconazo. ¿Después de eso pasó algo?

    -Sí, una media hora después cuando Alicia sintió a nuestra madre roncar.

    -¿Qué pasó?

    -Que mi hermana me cogió una mano y me la llevó a su coño. Lo tenía empapado, me desplacé hacia su lado, metí mi cabeza entre sus piernas y le comí el coño. ¡Estaba delicioso!

    -¿Estaba más rico que el de tu madre?

    -Estaba mucho más rico que el de mi madre. Volví a coger la polla y comencé a menearla. Al rato mi hermano empezó a echar tal cantidad de agua por el coño que creí que se estaba meando con el gusto, pero no, no era meó, ya que no olían ni sabía a meo, eran los jugos de su corrida, me los papé y papándolos me corrí en mi mano.

    -Debe ser una maravilla follar con ella.

    -Follar, lo que es follar no sé, pero comerle el coño, lo es.

    -Y yo pensaba que no tenías idea de comer un coño.

    -La vida nos da sorpresas.

    Ya que se había soltado tenía que aprovechar el momento. Le pregunté:

    -¿Cómo fue la primera vez con tu madre?

    -Pues ella estaba meando y…

    -Me refería a lo que hicisteis la primera vez.

    -La primera vez me hizo muchas cosas.

    -¿Te hizo una mamada?

    -Sí.

    -¿Cómo la hace?

    -Recuerdo que me cogió los huevos, me miró a los ojos y después lamió y chupó la cabeza de mi polla. Con la yema de un dedo me acarició el ojete, la otra mano bajó y subió por mi polla y ya me corrí en su boca. Se tragó la leche y siguió chupando para que no se me bajara.

    -¿Para qué quería que no se te bajara?

    -Para follar conmigo. Se puso a cuatro patas y me dijo:

    -«Agarra mis tetas, magréalas, lame mi ojete y mete y saca tu lengua de él•»

    -¿Eso te dijo?

    -Sí, y mientras hacía lo que me había dicho se metió dos dedos en el coño.

    -¡Qué puta!

    -Putísima.

    -¿Y después le diste por el culo?

    Jacinto abrió su bocadillo de mantequilla, paso un dedo por él, se puso a cuatro patas y se lo metió en el culo mientras me decía:

    -Y le entró así de fácil. ¿Por qué no untas tu polla de mantequilla?

    -No voy a dejar que me la chupes.

    -Lo que quiero es que me la metas en el culo.

    A ver, yo estaba empalmado y cachondo a más no poder, su culo era un reclamo tentador, la situación era la de ser o no ser, si era, pues era, y si no era, pues era peor, así que pringué la mano con la mantequilla de su bocadillo, unté la polla, me arrodillé detrás de él, la puse en la entrada del ojete, lo agarré por la cintura, cerré los ojos, pensé que se la iba a meter a su madre en el culo y empujé. La cabeza entró tan apretada que casi jodo el frenillo. La seguí metiendo mientras mi primo se la pelaba entre gemidos de placer… A rato giró la cabeza, los ojos se le pusieron en blanco, se corrió sobre la hierba y yo me corrí dentro de su culo.

    Mi primera experiencia con un hombre fue por culpa de su madre, a esa madre la iba a follar bien follada.

    Mañana más.

    Quique.

  • Marcelita la puta (Parte 1)

    Marcelita la puta (Parte 1)

    Hola a todos mis lectores! Yo soy Marce, una cerdita pervertida y caliente y aquí escribiré como mi amo me transformó en la puta que soy hoy y de quién estoy muy agradecida.

    Primero debería describirme a mi misma. Bueno yo soy una chica chilena, mido 1.63, mi piel es morena clara, uso mi pelo no tan largo y me encanta usar colores llamativos, actualmente tengo pelo azul y morado, mi cuerpo no es tan voluptuoso pero tengo unas lindas tetas naturales decoradas con un tatuaje entre ellas, tengo un culo bonito y respingón, manos y pies pequeños y labios gruesos que pintó de colores muy sexys, como negro o verde, ideal para dejar marcado el cuerpo de mi amo. Mi amo por otra parte mide 1.80, no es musculoso pero tiene un cuerpo fibroso y firme que me calienta mucho mucho, es blanquito y usa el pelo largo y lo más importante es que tiene una verga de 17 cm (la he medido) y terriblemente gruesa y venosa con una cabeza grande y brillosa (ya me calenté recordando su jugosa verga jejeje)

    Todo empezó cuando entré en la universidad y conocí a mi amo. Yo vengo de una familia privilegiada, mi papi gana mucho dinero y me consiente en todo, a mi y a mi hermana que es 1 año menor que yo. Al pasar el tiempo dentro de la universidad me hice amiga del que sería mi amo hasta el día de mi muerte (porque yo soy su propiedad), en un principio era una relación normal, mi amo mi mostraba interés en mi u otra gente lo cual no es muy común en la u donde todos quieren culear como conejos, yo incluida jejeje.

    En mi estancia en la universidad fui conociendo gente y desinhibiéndome, culeaba como loca, con hombres, mujeres, transexuales, me gustaban todos. Yo claramente era abierta con estos temas con mis amigos y se los contaba, historias que parecieron despertar el interés de mi amo en mi, que suertuda fui jejeje, no pasaron muchos días para que mi amo me ofreciera un trato que no pude rechazar.

    Como muchos otros días invite a mi amo a mi casa, a hacer proyectos o matar el tiempo. Desde que entró en la casa note que tenía algo entre manos pero no le di importancia y fuimos a mi habitación a perder el tiempo. Después de conversar varios temas no sé cómo llegamos a hablar de sexo y las cosas que nos gustaban, yo no tarde en preguntarle porque nunca lo había visto irse a follar con alguien y quedé sorprendida al escuchar que le gustaba ser dominante y tener a sus puertas como esclavas y que acatarán cada orden, no comprendí en ese momento porque mis bragas se mojaron al escuchar sus palabras.

    Creo que mi cara se veía caliente porque enseguida me preguntó si me gustaría ser usada por él. Esas palabras tan violentas hacían mis jugos correr por mis piernas. Termine asintiendo como una estúpida sin decir ni una palabra mientras lo miraba. El agarró mi mentón y me dio un rico beso chupando y mordiendo mis labios y jugando con su lengua contra la mía, cuando se separó de mi aún nos juntaba un hilo de saliva. No sé qué clase de cara de perra estúpida tenía pero mi cabeza daba vueltas, mi conchita chorreaba y saqué la lengua buscando la saliva de mi amo a lo que el respondió escupiéndome en mi boquita, yo lo tragué sin dudar y empecé a frotar su verga sobre sus shorts, me sorprendió el tamaño de su vergota y lo mire con cara suplicante -dame tu vergota porfavor- dije sin ningún tapujo, mi amo me arrodilló ante él y se bajó sus pantalones y ropa interior liberando una vergota enorme y dura, expelía mucho calor y olía fuerte, pero como la puta que soy se me hizo agua la boca, pero mi amo no iba a darme mi vergota tan fácil, me agarró del pelo con fuerza causándole dolor y puso su enorme, jugosa e hinchada verga frente a mi nariz, yo sacaba mi lengua tratando de probar su deliciosa vara de carne pero no me dejaba!

    En cambio frotaba su verga contra mi nariz haciendo que jadeara como una perra hasta que soltó mi pelo y ataque su verga llevándola hasta el fondo de mi garganta de una vez, y otra vez y otra vez, podía sentir como mi baba y su líquido preseminal caían por mi barbilla, habían burbujas alrededor de su vergota y mi boquita, y podía sentir como sus grandes y peludas bolas golpeaban mi mentón cada vez que embestía mi cara haciendo salpicar todo, sonaba muy sucio y degenerado como su verga entraba en mi garganta -glakglak- sonaba y podía oírse de lejos.

    Naturalmente mi mami escucho como follaban mi garganta con fuerza y abrió la puerta de mi habitación, yo me asusté mucho pero mi amo se encargó de todo y cruzando su pierna tras de mí nuca metió su verga hasta más no poder y la dejó ahí, podía sentirla en mi garganta convulsionando, tenía arcadas y sentía como mis ojos estaba desorbitados hasta que lo sentí, sentí la lechita de mi amo bajando por mi garganta, naturalmente no pude tomarla toda y terminó saliendo por mi nariz, fue una sensación tan sucia y morbosa, estaba en éxtasis. -señora, su hija es la mejor puta que he tenido – le dijo mi amo a mi mami mientras se corría en mí y sacaba su verga de mi garganta -vamos, dile lo feliz que eres me dijo- y yo sonriendo, con semen en mi cara, saliendo de la comisura de mis labios y mi nariz le respondí -mira mamá, se culeo mi boca, soy muy feliz de ser la puta de mi amo jejejej- mi mami quedó en shock así que hice lo único que se me ocurrió, fue a darle un beso y decirle que estaba todo bien, pero no se tomó muy bien que la ensuciara con el semen de mi amo, pero no sé porqué si es lo mejor que hay.

    Esa es la historia de hoy, la próxima vez puedo contar cuando mi amo nos follo a mi y a mi hermana o cuando empezó a follar mis pies.

    Por favor comenten y denme ideas para hacer con mi amo, no tenemos muchos límites y me encantaría saber que quieren escucharme hacer.

    Se despide la putita. Muak jejeje.

  • Dos turistas españoles se cogen a mi esposa en Cuzco

    Dos turistas españoles se cogen a mi esposa en Cuzco

    Aprovechando un fin de semana largo decidimos visitar a los papás de mi esposa en Cuzco.  Como queríamos privacidad nos hospedamos en un hotel en el centro. Pequeño, pero muy cómodo. Éramos los únicos peruanos, pues todos los hospedados eran extranjeros.

    La noche de sábado decidimos salir a tomar unas cervezas al Paddy’s, uno de los bares orientados a los turistas que visitan la ciudad. Estando allí nos encontramos con dos españoles que también eran huéspedes del hotel donde nos hospedábamos. Nos habíamos cruzado durante los desayunos, pero sin intercambiar palabras. En el bar nos saludamos al cruzar miradas y nos sentamos con mi esposa en una mesa aparte.

    Al rato uno de ellos se nos acercó y nos preguntó si podíamos juntar las mesas. Nos pareció divertido y aceptamos. Ambos eran de Madrid y el tema de futbol empezó a andar. Ambos del Atleti, equipo con el que simpatizo. Las cervezas fueron dándonos un ambiente alegre y finalmente nos propusieron volver al hotel, comprar en el camino unas cervezas y seguir la conversación ya instalados en una de las habitaciones. Nos pareció genial pues de paso nos permitía ahorrar algo de dinero.

    Salimos, compramos dos six packs de cerveza y fuimos al hotel. Por comodidad fuimos a la habitación de ellos, que nos dijeron era amplia y con una pequeña mesa. De hecho, era mucho más cómoda que la nuestra. Además, tenía una mesa con dos sillas y pedimos dos más a recepción.

    Seguimos conversando y en un momento uno de ellos se paró para ir al baño. No cerró la puerta y tanto mi esposa como yo pudimos ver su verga mientras orinaba. Me di cuenta que ella se quedó prendada de la verga del español por la forma que mordisqueó sus labios. A los 5 minutos o poco más, el otro español hizo lo mismo y también pudimos ver su verga, que incluso era algo más grande que la del primero.

    Mi esposa me cogió la pierna y supe que estaba ya muy caliente. Nuestros anfitriones lo notaron rápidamente y, de hecho, todo iba según sus planes. El que era el más locuaz comenzó a hablar sobre la lencería que usan las peruanas y que en Cuzco habían conocido dos chicas con lencería muy muy conservadora, pero que eran fuego en la cama. Que en España las mujeres usan lencería muy sensual, pero que muchas son muy frías.

    Le preguntó a mi esposa que usaba y ella respondió que tanga. El otro medio riendo le preguntó si podían ver su lencería, claro “si tu esposo no se molesta”. Yo dije que no me molestaba, mi esposa se rio un poco, pero dijo que no. Ellos insistieron y yo la animé a sólo ponerse de espaldas a nosotros, bajarse el jean y enseñarnos su culo en tanga. Aceptó.

    Se paró y se alejó un par de pasos. Se puso de espaldas a nosotros. Se desabrochó el jean y lentamente se lo bajó, dejándonos ver su rico culo. No es enorme, pero es bien formado y de piel morena, muy peruana. Ambos comenzaron a elogiarla y decirle “pero mami que rico culo tienes”.

    Mi esposa se sintió halagada y estando ya excitada, se movió un poco, como bailando y sin dudarlo uno de los españoles se paró y comenzó a cogérselo con las manos, diciendo “pero coño, que firme está”. Yo ya tenía la verga erecta, pero seguí sentado y buen rato en la mesa.

    Se paró el otro y entre ambos comenzaron a acariciarle el culo a mi esposa. Ella comenzó a jadear y ambos en forma sincronizada y experta la comenzaron a desnudar y desnudarse a la vez. En ese momento yo era simplemente un observador hipnotizado.

    Cuando los tres estuvieron desnudos pude apreciar sus pollas erectas, grandes, viriles, fuertes, mi esposa se había dado ya la vuelta mirando hacia mí. Se arrodilló y con uno a cada lado comenzó a chuparlas alternadamente. Casi al unísono ambos comenzaron a tratarla de puta peruana, de perra latina, de zorra fácil y eso la excito mucho más aún.

    El español con la verga más larga y gruesa se acostó y le dijo a mi esposa, sube puta peruana, sube. Ella me miró y sin más se subió sobre él, que empezó a cogerla rápidamente por su vagina, mientras ella lo cabalgaba. El otro español se puso detrás de ella, la empujo con fiereza sobre su amigo y se colocó detrás, con sus dedos ensalivó el culo de mi mujer y antes que ella pudiera decir algo, la enculó.

    Mi esposa tuvo un orgasmo casi instantáneo con las dos vergas dentro. Y siguió gimiendo por varios minutos más, con los dos españoles cogiéndola por vagina y culo y yo simplemente mirando. Volvió a llegar y el español más vergón, que iba debajo de ella dijo

    -Eres una zorra peruana

    -Sí, lo soy

    -Y tu marido es un puto cornudo

    -Sí, lo es

    -Dile que lo amas pero que eres puta

    -Alonso, te amo, pero soy una puta

    -¿Qué coño eres peruana?

    -Soy una puta

    Diciendo que era una puta tuvo su tercer orgasmo. Estaba deshecha ya y ambos españoles seguían dándole. Tenía el culo y el coño llenos de verga, de vergas hispanas. El vergón empezó de nuevo

    -Te la vamos a dar juntos en la boca

    -Sí, sí quiero su leche en mi boca

    -Y vas a besar a tu marido

    -Sí, voy a besar a mi esposo, es un cornudo, mi perro

    La soltaron. La hicieron arrodillarse sobre la cama y ambos comenzaron a correrse hasta llenar su boca de semen. Cuando lo hicieron, el más vergon le dijo “besa a tu marido”, y eso hizo, y entre ambos nos tomamos todo el semen de ambos turistas.

  • La mujer del pastor (Parte 2)

    La mujer del pastor (Parte 2)

    Hoy estoy algo triste se me borraron dos historias largas de mi celular. Tratare de volverlas a escribir.

    Alicia, estaba en mis pensamientos, hacia 8 días de nuestro silencioso encuentro.

    El pastor seguía predicando y Alicia y yo solo nos mirábamos durante el servicio, al cual yo no fallaba en asistir.

    El servicio de este domingo empezó como todos los servicios, solo que hoy Alicia estaba de voluntaria recogiendo el diezmo. Pasaba por cada fila recogiendo, cuando llego a mí, me pasó un papelito y siguió. Me quede mirando su trasero, hasta que llegó al final de la fila y se perdió de vista.

    Desenvolví la nota y la leí cuidando que mis vecinos de fila no pudieran leerla. La nota decía que su marido después del servicio debía ir a hacer una visita a la prisión y a ella no podía llevarla así que me esperaba en su oficina cuando el pastorcito se fuera y no quedara nadie.

    Terminó el servicio y en la puerta el pastor y su mujer se despedían de los feligreses yo salí también le di la mano a la señora le di la mano al pastor y salí como si me fuera para mi casa cruce la calle me senté en la parada del bus y esperé a que todo el mundo se fuera.

    Por momentos Alicia cruzaba la mirada hacia mí nos mirábamos, esperábamos, hoy estaba vestida extrañamente, con un pantalón negro ajustado a sus caderas una blusa de media manga con el pelo suelto y esos ojos verdes divinos y vivarachos que me volvían loco.

    Estos días que pasaron, me hacían preguntarme, como esta mujer tan sensual podía reprimirse y no expresar su sensualidad, sería yo el primer cacho del pastor?, tenía sus aventuras con otros? No sabía que pensar. El pastor salió en su auto y unos minutos después me dirigí a la puerta trasera del templo.

    Entre y abrí la puerta de la oficina lo primero que vi fue a Alicia sentada en el escritorio y me sorprendí de ver que en el sofá a mi derecha estaba sentada la esposa del tesorero del templo, Rocío, otra mujer un poco alejada del resto de los feligreses, que estaba pasando? Por qué estaba Rocío ahí? bueno ya lo sabría.

    Cerré con llave la puerta detrás mío, y me acerqué a Alicia, me indicó con un gesto que me quedara callado, pensé otra vez vamos con el silencio, la tomé de las manos y bajándola del escritorio agarre su bello rostro y lo besé. Pase mis manos por su trasero, su cintura, su entrepierna, esta mujer estaba caliente.

    Me indicó me quitara mi ropa, la vez pasada solo me había quitado los pantalones, quedé desnudo frente a ambas mujeres. Me sentó en el escritorio y le indico a Rocío que se acercara, la cogió entre sus brazos y la beso dulcemente en los labios, la puso frente a mí, la agacho entre en mis piernas y cogiendo mi semierecto miembro se lo puso en los labios, Rocío comenzó a comerme, a succionar y lamer, solo con su boca sus manos las tenía Alicia agarradas Alicia en la espalda de Rocío.

    Parece Rocío era una chica sumisa en su aparente relación con la mujer del pastor. Alicia detrás de Rocío le empezó a quitar la ropa mientras esta me seguía felando, ya desnuda, Alicia la tomo del cabello y la apretujo contra mi miembro, casi hasta que la ahogaba, su saliva salía por las comisuras delos labios y su rostro se ponía rojo, pero no cesaba de mamar.

    Alicia se arrodilló detrás de Rocío y le tomo los senos, los cuales apretaba, y le pellizcaba los pezones. Rocío gemía y seguía mamando, ya yo estaba como un roble viendo como una dominaba a la otra, creo ni el pastor ni el tesorero sabían de los gustos de sus mujeres. O sí?

    Sin dejar de chupar mi verga, digo verga porque miembro era cuando estaba flácido y caído, levanto las caderas de Rocío quedando esta como en cuatro alto, las largas piernas estiradas e interminables y doblada sobre mi verga. Alicia le soltó una palmada en la nalga a Rocío, fuerte, le dejo marcado los cinco dedos y luego le dio otra en la otra nalga, y así le dio como 5 o 6 palmadas. Se arrodillo detrás de su amiga y empezó a darle besitos en el rojo de sus marcadas nalgas, le acariciaba los senos y paso a lamer el culito de Rocío el cual yo todavía no podía ver. Rocío se movía como una culebrita, no soltaba mi rabo, y apretaba su culo contra la cara de Alicia quine se la comía, y ya le estaba metiendo un par de dedos en su culo y vagina.

    De repente Alicia se paró, todavía vestida, tomo a Rocío y la jalo para ponerla sobre el escritorio, me cogió de la mano y cogiéndome por la verga me indico enculara a su amiga, me puse detrás de ella, y poniendo mi verga a la entra del culo que estaba ya conociendo me empujo duramente lo cual permitió a mi falo entrar de una en ese culito apretado, Rocío pego un grito tenaz, luego supe era su primera enculada, Alicia me mantuvo apretado contra el culo de la esposa del tesorero, y me ordeno suavemente en mi oído , casi un susurro que le diera duro a su amiga. Así que empecé a darle, la sacaba casi toda y Alicia me empujaba de una, le di así un buen rato, Alicia se fue al otro lado del escritorio y empezó a besar a Rocío, se abrazaban mientras yo le daba.

    Que rica estaba Rocío, su espalda blanca como la leche, sin una sola peca, la Señora del tesorero ya estaba lista para recibir mi depósito en especie, me vine fuertemente y le llene el culo, el semen se desbordo y corría por las piernas de Rocío. Caí sobre su espalda y al momento se la saque. Alicia volteo a Rocío y empezó a lamerle el coño y el culo, comiéndose mi venida y los fluidos de Rocío. La lamio hasta que Rocío se pudo venir mientras yo desde el sofá observaba.

    Me levanté del sofá me puse detrás de Alicia y le fui quitando esos pantalones esta vez Alicia tenía un liguero negro con media velada negra, y un panti de encaje negro con orificios para coño y culo. Le quite su blusa y tenía un brassier también negro de pezón abierto. Estaba muy sexy. Nadie hubiese pensado o visto lo que tenía esta pecadora debajo de su ropa.

    Roció se levantó del escritorio y estando ambas paradas se besaron se acariciaron, yo alrededor tocaba de todo, yo quería ese culito de Alicia desde la vez anterior. Me agache a lamer a Alicia, bese sus labios vaginales y subía a su ojete, cuando ya la tenía bien lubricada, me senté en el sofá y la senté a ella encima de mi verga, y deje que ella solita se la fuera metiendo en el culo, ya estando empalada Roció se acercó y le lamia el coño y le metía los dedos mientras yo bombeaba ese maravilloso y sagrado culo de la señora del pastor.

    Por un rato seguí culeando a Alicia, trataba de no correrme, la saque y puse a las dos sobre el escritorio, y empecé a alternar entre las dos, tenías dos culos hermosos a mi disposición. Termine corriéndome en ambos, un poco para cada una.

    Todavía no habíamos hablado, sonó el celular de Alicia y era el marido cornudo avisándole que ya estaba en camino a recogerla, nos vestimos, nos besamos y quedamos en vernos otro día. Salí por la puerta de atrás mientras su marido parqueaba al frente.

  • La fantasía compartida…

    La fantasía compartida…

    Por cosas del destino, coincidimos con nuestros compañeros ocasionales de aventura en el vuelo de regreso al término de nuestro, entre comillas, viaje de descanso. Tal vez llamar a aquello viaje de lujuria ilustraría mejor lo vivido, y fue inevitable sentir una relación cercana con aquella pareja, surgida por la complicidad en la realización de los acontecimientos sucedidos apenas unas horas antes. Y también, por la experiencia compartida, ellas, nuestras esposas, se sintieron cómodas conversando, váyase a saber de qué, lo cual hizo que nosotros, los esposos, también termináramos hablando, aunque, al principio, de todo menos de lo sucedido.

    Pero, dado que los hechos estaban recientes, fue impostergable no llegar a preguntarnos cómo era que habíamos terminado en aquello. Yo le confesé a Iván que Laura, no de ahora sino de algún tiempo atrás, había descubierto su gusto por los hombres de color y cómo su disposición y actitud hacia el sexo cambiaba radicalmente cuando estaba con ellos. La curiosidad había surgido a raíz de una crisis en nuestro matrimonio, tal vez por falta de comunicación, y que la posibilidad de que ella tuviera sexo con otros hombres había sido la justificación y la válvula de escape perfecta para que la relación mejorara en muchos sentidos.

    Quizá, le confesé, ella quiso experimentar eso desde mucho tiempo atrás, pero, comprometida en un matrimonio formal y tradicional, dedicada tan solo a su hogar y sus hijos, aquellos deseos se fueron postergando, casi que irrealizables, pero seguían allí a la espera de una oportunidad. Y, bajo esas expectativas, él que yo tuviese una amistad especial con una chica en mi trabajo, dio pie para la consabida escena de celos, para los juicios y señalamientos, para la desconfianza y todo lo que ello conlleva.

    De modo que, para no seguir con ese mal ambiente, yo mismo sugerí que, si lo que ella quería era experimentar cómo era tener relaciones con otros hombres, y diferenciar lo que era tener una pareja comprometida en un proyecto de vida y una pareja sexual, por mí, siempre y cuando tuviera claro qué quería, no le veía inconveniente. Dependería de ella si estaba dispuesta a vivir la aventura y no confundirse. Y basaba mi posición en que si uno, como hombre, muchas veces no desaprovechaba la oportunidad de pegarse un revolcón con una mujer que no fuera la esposa, ¿por qué ellas no?

    Y, bueno, de eso ya hace un tiempo, y, la muestra, fue lo que sucedió anoche. La verdad, no estuvo programado para nada y todo surgió espontáneamente. Al principio un tanto expectante, porque no sentía la confianza suficiente para compartir esa experiencia, pero, conforme transcurrían los minutos, y viéndolas a ellas tan cómplices en la aventura, creo que me fui relajando. Al fin y al cabo, fueron ellos, Christian y Jason, quienes supieron manejar la situación y hacernos sentir cómodos, ¿o no? Lo demás, por lo visto, resultó agradable para los dos, porque ninguno dijo nada. ¿Me equivoco?

    Iván me contó que Sonia y él veían películas de sexo con regularidad, preludio de sus encuentros, y que, cuando él llegaba con una nueva cinta, creía que ya Sonia suponía sus intenciones. Pero que, desde hace un tiempo, un amigo común, bastante atractivo, y que él creía que quería acostarse con Sonia, había coincidido, no sabe él si por casualidad, con el mismo hobby. Y que, un sábado en la tarde, pasó a visitarles, llevando a la mano unas películas de estas, y que Sonia había reparado en ello y había manifestado, con toda naturalidad, la posibilidad de verlas juntos, como si nada.

    Me confesó que a él, particularmente, la actitud de Sonia le había parecido sospechosa y cómplice con su amigo y que, a regañadientes, mostrándose adulto y de mente abierta, lo había aprobado, así que terminaron viendo juntos las famosas películas. La temática eran los tríos, lo cual lo puso alerta y que su amigo, gastando bromas y mostrándose aparentemente desinteresado, les preguntaba a los dos si aquello les llamaba la atención. Sonia respondía que no había tenido ese tipo de experiencias y que, en ese momento, no sabía que responder. Y que Iván, respaldándola, respondía lo mismo. Su amigo, en consecuencia, preguntaba, pero ¿les llama la atención? Y Sonia, sin reparos, dijo, a mi sí.

    Iván me contó que se sonrojó y se puso algo incómodo, pero que aparentó no darle trascendencia. Y, una vez ido su amigo, la curiosidad le siguió taladrando el cerebro, tanto, que no perdió la oportunidad para preguntarle a Sonia si de verdad aquellas experiencias le llamaban la atención. Y ella, desparpajada, como aparentaba ser ante los demás, le dijo que por qué no, si otros lo hacen debe ser algo normal ¿no te parece? Pues, si, había dicho él y habían seguido en las rutinas de su hogar, como si nada, pero que a partir de ese día el tema de ver películas ya no le parecía tan atractivo como antes y que, la posibilidad de llevar a la práctica tales escenas, en vivo y en directo, le excitaban.

    Que su desinterés por el programa de ver películas con Sonia había sido evidente y que ella, percibiéndolo, le había preguntado el por qué. Y que él le había dicho que no sabía cómo explicarlo, pero que a partir del día que su amigo había estado con ellos viendo películas, y viendo él cómo aquel la veía a ella y cómo ella lo veía a él, su cabeza no dejaba de dar vueltas sobre si, de verdad, ella quería darse la oportunidad de llevar a la práctica lo que habían visto en esas películas. Y que ella le había dicho que el hecho de ver esas películas por tantos años y de compartir ahora, con otro, ese mismo gusto, para nada cambiaba el tono de su relación, que ella seguía queriéndolo igual y que por eso extrañaba que ya no hubieran vuelto a ver películas juntos.

    Bueno, dijo él, pero si Gustavo, que era el nombre de su amigo, nos propusiera, otra vez, venirse a ver las películas con nosotros, y quisiera algo más, ¿tú lo permitirías? No lo sé, le había respondido. Ciertamente tenemos confianza con él, me parece un hombre atractivo, no lo puedo negar, pero me parecería una deslealtad hacia ti si no hubiera existido entre nosotros un acuerdo para permitirlo. O sea, estarías de acuerdo, había dicho él, ¿sí te gustaría? Ella le respondió que lo que ella pensara no tenía porque afectar su relación y que el hecho de haber estado de acuerdo en ver con su amigo esas películas, aquella tarde, no debía interpretarse de otra manera y que lo había sugerido más con la idea de complacerle a él que por otra cosa.

    Y que, además, le había dicho ella, ¿cuántas veces me has preguntado si me gustaría estar con alguno de esos tipos que vemos en las películas? Y cuantas veces te he respondido que sí, tan solo fantaseando con esa posibilidad, y eso no ha significado que cambie nada en nuestra relación ¿o, sí? Entonces, ¿por qué tendría que ser diferente ahora? Le preguntó ella. Y, me confesó Iván, que le había dicho, sin saber por qué, que ahora, por primera vez, se excitaba con solo pensarlo y estaba considerando en llevarlo a la práctica, si ella estaba de acuerdo. Y que ella, mirándolo con incredulidad le había preguntado, y ¿no será para problemas? Pues, es tu fantasía y la mía, le había respondido él, depende de los dos. Y que, ella, pensativa, le había dicho, bueno, tu siempre te sales con la tuya. ¡Adelante!

    Me contó que era su primera experiencia porque, en primer lugar, no sabían con quién hablar del tema y a quién acudir, de manera que el buscó en las páginas de contactos y que a través de ellas había llegado a Jason. Que lo había contactado y que habían conversado sobre el tema, pero que él, en realidad, no sabía muy bien en que se estaba metiendo. Que lo único que lo tranquilizaba era que aquello iba a pasar en un lugar donde nadie los conocía y que, una vez vivida la experiencia, cerraban la página, por lo menos por ahora. Que, al parecer, Sonia se había sentido cómoda con la experiencia, pero que no habían tenido la oportunidad de hablar sobre el tema y que quizá lo harían, con más detalle, una vez estuvieran en su casa.

    Le pregunté, bueno, y ¿por qué con un hombre de color? ¿Acaso a Sonia le atraen? Me dijo que no, al menos no lo habían considerado antes. Que la fantasía surgió por el tamaño de los penes y la supuesta resistencia que ellos tienen a la hora de tener sexo con las mujeres, además que siempre, los que aparecen en las películas, son hombres acuerpados, musculosos y bien dotados. Y era, tal vez, comprobar si todo eso era cierto. Y ¿cómo lo comprobaste? Pregunté. El día que no fui al viaje, yo me encontré con Jason. Le conté sobre nuestras expectativas y las imágenes que tenía mi esposa sobre lo que significaba tener sexo con un hombre de color, y él, allí mismo, se sacó su pene para que yo lo pudiera ver. Me dio mucha pena.

    Bueno, seguí, y ¿cómo fue que aparecieron dos hombres el viernes, en el bar? Es que mi idea era que Sonia estuviera con ambos, por aquello de los tríos, pero ella tenía otra cosa en mente. Ella quería medirse a la experiencia, primero con uno solo y luego, si le gustaba, ver si podía experimentar con lo otro. ¿Y qué la decidió a lo otro, entonces? Tu mujer, respondió. ¿Cómo así? Es que Christian le contó a Jason lo que había pasado con ustedes y le dijo que, para convencer a Sonia, tal vez la presencia de Laura la iba animar. Y creo que así fue, por eso es que andan tan compenetradas y comunicativas el día de hoy.

    Y lo que sucedió es que habíamos quedado de vernos con Christian ese sábado, aunque sin muchas expectativas, porque él había salido de nuestra habitación muy temprano en la mañana, casi a las 5 am, así que pasamos gran parte del día durmiendo. Y, en la tarde, en vísperas de nuestro viaje en la mañana del domingo, decidimos ir al comercio a mirar y antojarnos de comprar souvenirs. Y en esas estuvimos todo el tiempo, como hasta las 5 pm, momento en el cual nos dirigimos nuevamente al hotel. Descansamos un rato y, más tarde, decidimos bajar a cenar. La verdad, teníamos ganas de descansar después de haber estado caminado la mayor parte de la tarde.

    Llegamos al restaurante y, próximos a ordenar, apareció Christian en escena. Hola ¿cómo están? Nos saludó, acercándose a Laura para besarla en la mejilla. El tipo iba muy bien vestido, como para una ocasión de etiqueta, así que le invitamos a que nos acompañara si no tenía algún otro compromiso. Encantado, dijo, pero me gustaría, si no les molesta, que conocieran unas personas. Ellos son muy especiales y pudieran congeniar con ustedes, si no les molesta. Bueno, ¿por qué no? ¿Y pudiera ser que, repliqué, coincidiéramos todos aquí, nos conocemos y cenamos? Déjeme ver, respondió. Ya vuelvo.

    Cuando le volvimos a ver, unos minutos más tarde, venía acompañado de Sonia, Jason e Iván. Llegados a la mesa, y siendo que ya les habíamos saludado y nos habíamos visto antes durante los recorridos en la isla, les acogimos amigablemente. Hola, ¿cómo están? Todo bien, gracias, respondieron muy amigables. ¿Ya se conocían? preguntó Christian. Sí, contesté. Ya habíamos tenido la oportunidad de encontrarnos un par de veces en este paseo. Como que andamos en el mismo plan, ¿verdad? Pareciera, dijo Sonia. Bueno, les presento a Jason. Él es el que sobra en el grupo. ¿Cómo así? dijo Sonia. Es que a él no lo conocían ellos, respondió Christian. Y a continuación; Jason, muy educado y caballeroso, me saludo de mano y saludo de beso en la mejilla a mu mujer.

    Bueno, acomodémonos dije yo, llamando la atención de un camarero, indicándole que nos organizara una mesa para seis. Y, mostrándosenos el sitio, nos dirigimos hacia allá para sentarnos. Yo, sin intención diferente a compartir con todos ellos, insinué la manera de acomodarnos, quedando yo frente a Sonia, Iván frente a Laura, Jasón a un costado de Sonia y Christian a un costado de mi mujer. Y lo hice instintivamente, pensando en la cercanía que ya existía entre Laura, Christian y yo, y la que pudiera existir entre Sonia, Jasón e Iván, dado lo que habíamos visto la noche anterior.

    Pedimos unos cócteles para amenizar el encuentro y, una vez servidos, propuse un brindis, manifestando mi complacencia por estar reunidos, por haberles conocido, por haber disfrutado de su compañía y agradecer las atenciones de nuestros invitados. Iván me miraba como sorprendido y Laura y Sonia dedicaban sonrisitas y miradas cómplices para Christian y Jason quienes, además, se unieron a mis palabras, indicando que les resultaba muy agradable compartir con personas tan educadas y amables y, añadían, que esperaban que la velada fuera de nuestro agrado. Y, en ese momento, yo aún no me imaginaba lo que vendría.

    Vino un trago, después otro trago y, en medio de ellos, la conversación giraba sobre nuestras experiencias y anécdotas durante nuestra estadía, lo que nos había gustado, lo que no y cosas así, nada importante. Nos reímos mucho con los apuntes de cada quien, y Jason y Christian parecían estar a gusto en nuestra compañía. Pregunté, por cortesía, si les apetecía cenar, porque la verdad estábamos pasando un rato muy placentero, pero todos fueron de la opinión de que así estaba bien. Iván, en respuesta a mi actitud con ellos, nos ofreció otra ronda de bebidas. Y ya, entonaditos con el alcohol, nuestra conversación se centró en temas mucho más personales.

    Sonia, quien se había reído de lo lindo con nuestras ocurrencias y tomaduras de pelo, finalmente rompió el hielo. Oye, Laura, preguntó, ¿qué hicieron anoche? Christian, respondió ella, que apenas le conocíamos, se ofreció a mostrarnos la vida nocturna en San Andrés y nos llevó a conocer la discoteca del hotel Sol Caribe. El ambiente estaba super, muy animado, y de allí no salimos sino hasta la madrugada, y nos vinimos para acá, contestó ella. Y ¿vinieron solos? Preguntó Sonia. Christian nos acompañó, contestó mi mujer. Ah, ¡qué rico! Dijo ella. Y tú ¿cómo la pasaste? Le preguntó Sonia a Christian. De maravilla, contestó él, agarrando la mano de mi mujer sobre la mesa, a la vista de todos, que estaban atentos, y dándole un beso en la mejilla. Esta mujer es espectacular, añadió.

    Uuuyyy, dijo Sonia, ¡qué maravilla! ¿Durmieron juntos? Yo no diría eso, dije, más bien compartieron. Esa sería la palabra, porque de dormir hubo poco. Todos se rieron del apunte. Dormimos toda la mañana, continué. Y a ti ¿no te molesta? Me preguntó. Molestarme qué, repliqué. Que Laura haya compartido con Christian. No veo por qué, respondí, yo también fui parte de la experiencia, la presencié, estuve de acuerdo con ello y la acompañé en su aventura, entonces, no debería haber motivo de reproche. Y muestra de eso es que aquí estamos, como dicen Jason y Christian, compartiendo civilizadamente. ¿O, no? Respondí. Perdona, dijo ella, es que no tenemos experiencia y tal vez siento curiosidad. Es todo.

    Tranquila, dije yo. Creo que es normal. Es más, les confieso que es la primera vez que Laura y yo tenemos la oportunidad de hablar así, abiertamente, con otras personas. No todo el mundo se presta para ventilar estos asuntos en público, y público es lo que tenemos aquí el día de hoy, además que contamos con la presencia de los patrocinadores de los eventos, dije yo, señalando a Iván y a mí, a las damas que quieren cumplir sus fantasías, y las señalé a ellas dos, y a los señores que pueden hacérselas realidad, y señalé a Jason y Christian, de manera que todos estamos involucrados, de alguna manera.

    Y, continué, le pregunto a una de las damas, dije dirigiéndome a Laura, ¿qué le llamó la atención de compartir con Christian? Respondió riéndose, pues que lo encontré atractivo, educado, caballeroso, muy varonil y me dejé llevar de la situación. ¿Por qué no? Y ahora le pregunto a un caballero, Iván, ¿qué querías ver, si fuiste el patrocinador de la aventura de Sonia? El respondió un tanto seco y cortante en su respuesta, ver cómo se comportaba estando con otro hombre. Y ¿lo visto llenó tus expectativas? Sin decir palabra, asintió con la cabeza. Y Christian, ¿qué le gustó de la aventura con su dama? Bueno, que ella es una mujer muy fogosa y lo hace sentir a uno aceptado, querido y muy cómodo. Se entrega al momento. Sonia y ¿tú que esperabas? Bueno, respondió, realmente no sé lo que esperaba. Me sentí un poco cohibida estando presente Iván, como que lo estaba traicionando o algo así. La verdad, me sentí un poco inhibida. Y Jason ¿qué paso anoche, entonces? Para mí estuvo bien, pero si noté a Sonia un tanto prevenida. Disfrutaría mejor si vive un poco más suelta la aventura.

    Y, a todas estas, ¿qué nos convoca esta noche? ¿Porque estamos hablando de esto? Porque existe la posibilidad que Iván vea cumplida su fantasía, pero Sonia no está muy segura, y pensamos que ustedes pudieran ayudar. Y ¿cuál es la fantasía? Pregunté mirando a Iván. Que ella esté con los dos, contestó. ¿Y en que podemos ayudarles? Es que no me siento muy segura contestó Sonia. Christian nos ha comentado lo suelta que ve a Laura para estas cosas, así que pensamos que ustedes nos podían acompañar. Todos nos miraron expectantes. Laura dijo, bueno, esto es nuevo para mí, pero si estamos todos de acuerdo, yo no veo el problema. Vamos hasta donde cada uno sienta que lo puede manejar. Si me siento cómoda bien, y si no, también.

    Bueno, Sonia, dije yo, explícame ¿qué tienes en mente? Yo no quiero irme de aquí sin que Iván cumpla su fantasía, pero no me siento tan confiada para hacerlo bien, así que pensé que, si estoy en compañía de otra mujer, con más experiencia, de pronto me anime y me desenvuelva mejor. Iván, ¿estás de acuerdo? ¿No te incomoda que yo esté allí para ver cómo estas tienen sexo con ellos? ¡De acuerdo! No he tenido la experiencia, dijo, pero siempre hay una primera vez. Y ustedes, jóvenes, ¿qué ofrecen? Christian tomó la vocería y dijo, nosotros hacemos lo que ustedes quieran. Lo importante es que ellas se sientan cómodas y disfruten su aventura. Entonces, dije yo, propongan. ¿Cómo lo hacemos?

    Jason intervino. Si les parece podemos ir a la habitación de Sonia, que es más amplia y espaciosa, tiene un pequeño espacio a manera de pista de baile, con iluminación de discoteca incluida, y allí, bailando, podemos empezar a amenizar la noche y calentar el ambiente y ya ellas nos irán indicando cómo avanzar. Me parece bien, dije yo. ¿Qué piensa Iván? Pregunte. ¡Estoy de acuerdo! Solo una cosa, Iván, por si acaso, nuestra fantasía es ver lo que pasa entre ellas y estos, así que nuestro papel será limitarnos a observar. Y, en lo posible, veamos lo que veamos, nos abstenemos de intervenir. ¿Te parece? Sí, de acuerdo, respondió. Y ustedes, señoras, ¿qué opinan? A mí me parece bien, dijo Sonia. ¿Te parece?, Laura, le dijo esperando su aprobación. Si, está bien, respondió ella. Bueno, pues vamos, dije yo. Vayan adelante mientras nosotros pagamos la cuenta y dejamos arreglado esto.

    Christian se tomó aquellas palabras muy a pecho y, tomando a mi esposa de la mano, la invitó a levantarse y, abrazándola por la cintura, la fue llevando fuera del lugar. Jason quizá trató de hacer lo mismo, pero Sonia sólo permitió que la llevara de la mano y, volteándose para mirar a su marido, se despidió agitando su mano. Nos vemos arriba, dijo. No te demores.

    Bueno, Iván, le dije a mi compañero de aventura, nos toca hacer preparativos. Ayer me tocó salir a buscar preservativos, porque en el hotel no había nada abierto a esa hora, así que vamos al almacencito que hay por los lados de la piscina y vemos si encontramos. Por otro lado, nos toca aprovisionarnos de licor, porque la noche va a ser larga, no lo dudo. Si te parece, consigue el licor y acompañamientos a tu gusto y yo busco los preservativos. ¿Te parece? Sí, respondió él. Te espero aquí. ¡Bien!

    Fui al almacencito, que también tenía una sección sexy shop, así que no sólo conseguí preservativos, sino también aceite lubricante, perfume de feromonas, por si acaso, y crema dulce, por si aquellas querían chupar sus paletas de chocolate. Volví al encuentro de Iván, quien ya estaba, con las provisiones, esperándome. Cuando entramos a la habitación de Iván, encontramos a Jason sentado en la salita. Y ¿dónde está el resto? Pregunté. Sonia está en el baño, preparándose, según dijo. Y Laura también quiso arreglarse, de manera que ella y Christian deben estar en su habitación. Ella dijo que no tardaría. Tal vez por eso Sonia también se quiso vestir para la ocasión. Bueno, será esperarlas, dije. Espero que aquellos no vayan a empezar la rumba allá.

    No tardó Sonia en salir y, de verdad, se había esmerado en verse muy atractiva y sensual, usando un body escotado, una minifalda blanca y zapatos negros de tacón alto. Iván se sentó en la sala, junto a su esposa, y empezaron a conversar con Jason, a la espera de la otra pareja. Yo, mientras tanto, me puse a explorar en el equipo de sonido para colocarles música y empezar a animar el ambiente, a la vez que procuré preparar nuestras bebidas, para Iván y para mí, y algo más ligero para ellos. Al rato llegó Laura con Christian. Ella, para no desentonar con Sonia, también utilizaba un body negro bastante transparente, sin sujetador, una falda roja y zapatos también de color negro, y todas las alhajas, pulseras y aretes que encontró a la mano. Ambas lucían muy bien y listas para la función.

    Ya se escuchaba una música de ritmo suave y cadencioso, así que Jasón apagó las luces de la sala, prendió la esfera que iluminaba la pequeña pista de baile e invitó a Sonia a que lo acompañara. Otro tanto hizo Christian con mi mujer, así que los cuatro se acomodaron en aquel limitado sitio y empezaron a bailar, así que Iván y yo, portando cada uno un vaso con un gran trago de vodka y jugo de naranja, nos sentamos a observar. El estaba mirando absorto hacia donde ellos estaban, sin perder detalle, y yo, haciéndome el experimentado, procuraba regular el volumen de la música, acentuar o disminuir la intensidad de las luces, colocar más hielo en el vaso de Iván y servir maní y uvas pasas para acompañar los tragos.

    Más que baile, aquello ya parecía el inicio de sus escarceos amorosos. Realmente no bailaban, sino que balanceaban sus cuerpos de un lado a otro mientras permanecían abrazados. Christian, más confiado, sin dudarlo tanto, estrechó a mi mujer entre sus brazos y, al compás del improvisado movimiento, empezó a besarla. Y Jason y Sonia, viendo lo que sucedía a su lado, parecieron seguirles. De un momento a otro, aquellos procuraron colocarlas a ellas de espaldas, una contra la otra, y vimos como los brazos de Jason se extendían por debajo de los brazos de Sonia para alcanzar y acariciar los senos de Laura, desde atrás.

    Christian ya había llevado las manos de mi mujer para que palpara su miembro y ella, sin tanto preámbulo, se las había arreglado para exponer su pene fuera del pantalón y masajearlo mientras él seguía besándola, y las manos de Jason atendían sus senos. Christian, mientras tanto, había levantado la blanca y corta falda de Sonia y masajeaba sus nalgas. Ella, igual que Laura, se besaba apasionadamente con Jason, pero, más recatada y romántica, mantenía sus brazos alrededor del cuello de su macho. En esos juegos permanecieron un largo rato, hasta que Christian, sin pudor alguno, empezó a desnudar a mi esposa, allí mismo, mientras seguían simulando bailar, estando ambas mujeres en contacto con sus espaldas.

    La falda de Laura cayó al piso y Christian, para estar a la par con ella, se deshizo de su pantalón, quedando tan solo vestido, con su camiseta y zapatos. Sonia seguía besando a Jason, al parecer sin darse cuenta de lo que sucedía a sus espaldas. Poco después Christian despojó a mi mujer de su body, quedando los dos, totalmente desnudos, uno frente al otro. Entonces, en medio, de la simulación de baile, las parejas se separaron un poco y los hombres propusieron un cambio de pareja, encontrándose Sonia con un Christian totalmente desnudo y Jason con una Laura ya totalmente expuesta a su vista.

    Christian recibió a Sonia dirigiéndole sus manos a su miembro erecto para que empezará a sentirlo. Y Laura, mientras tanto, ya estaba siendo masajeada en todo su cuerpo por las hábiles e inquietas manos de Jason, quien aún se encontraba vestido. Creo que Sonia se sintió fuera de lugar al verse todavía vestida y, por propia iniciativa, se empezó a quitar la ropa. Mi esposa, para estar en igualdad de condiciones, se dio la libertad para empezar a desvestir a Jason mientras este accedía a ella para besarla, igual que su amigo lo había hecho antes, lo cual no rechazó. En cuestión de segundos las dos parejas ya estaban desnudas y frotaban sus cuerpos con creciente excitación.

    Christian frotaba su sexo contra el sexo de Sonia quien, a este punto, parecía estar cómoda, mientras que Jason continuaba besando a mi mujer y explorando con sus manos todo su cuerpo. Él era más alto que ella y era notoria la diferencia, porque Jason lograba llegar más abajo de las nalgas de mi esposa cada vez que estiraba sus largos y musculosos brazos. Por el lado de Christian y Sonia, la diferencia no era tanta. Laura y Sonia eran de la misma estatura, aunque Sonia más joven y con un cuerpo más esbelto que el de su compañera de aventura, una mujer mucho más madura y mayor. Pero, aun así, ambas estaban procurando disfrutar equitativamente los machos puestos a su disposición. Y ellos lo sabían.

    Se colocaron ambas parejas, lado a lado, y Christian dirigió las manos de Sonia al pene de su amigo, y atrajo hacia sí las manos de Laura, que instantes antes jugueteaban con el pene de Jason. Princesa, le dijo Jason a mi esposa, ¿podrías acariciar mi pene con tus labios? Y ella, sin dejar de masajear el pene de Christian, se fue acurrucando frente a Jason para meterse la punta de su pene en la boca y empezar a chupar. Sonia seguía masajeando el tronco de aquel pene y, siendo tan grande, para nada interfirió con que mi esposa chupara y chupara ese glande, pues, creo, al sentirlo tan grande, no se atrevía a ir más allá, y menos aún con la mano de Sonia disfrutando de él.

    Yo miraba a Iván, quien estaba encantado con lo que veía. Cada que, de repente, me miraba, yo le decía ¿estás bien? Y él me respondía, ¡súper! Seguramente aquellos dos habían hecho esta maniobra muchas veces, porque se notaba que se complementaban muy bien. Al colocarse las dos parejas frente a frente y lado a lado, Sonia y Laura quedaban situadas diagonalmente en extremos opuestos, de modo que estaban cómodas para masajear los penes de sus machos, Laura el de Christian y Sonia el de Jason, y, en el caso de Laura, chupar con intensidad el glande del pene de Jason. Y Sonia, viendo esto, pareció imitar a Laura y se acurrucó frente a Christian para chupar su pene mientras masajeaba el pene de Jason.

    Pasado un rato las mujeres se incorporaron, quedando frente a frente a sus machos, pero Christian, al parecer más creativo que su compañero, hizo una seña para que Laura y Sonia quedaran frene a frente, mientras ellos dos frotaban sus penes contra sus vaginas desde atrás, aun sin penetrarlas. Ambos se aferraron con fuerza a sus caderas y atraían sus cuerpos para que sus nalgas frotaran sus penes, masturbándose, por decirlo así, con ellas. Y ellas, en esta posición y buscando soporte, apoyaron sus manos mutuamente en los hombros de cada una y ahí, en esta posición, aguantaban las embestidas de aquellos, estando sus rostros frente a frente.

    Ambas estaban disfrutando la situación, pero Laura, más expresiva, de a poco empezó a gemir, a gesticular conforme Jason restregaba su enorme miembro contra su vagina y, en un momento dado, de repente, Sonia y Laura terminaron besándose, presa de la excitación que a ambas les producía el momento. Christian hacía lo propio con Sonia y ella lo que hacía era sacudir sus piernas y caderas, temblando con cada embestida, pero nada de gritos ni gemidos. Tan solo se atrevía a pronunciar un sonoro, Uuuyyy, esto está muy rico, que hacía moverse en su puesto a su ensimismado esposo.

    Así estuvieron un rato más, pero, tal vez, cansadas, ellas quisieron cambiar de posición y se separaron, sin que aquellos, al parecer, terminaran la faena. Laura y Sonia estaban frente a frente y los machos detrás de ellas, pero ahora, y sin tener nada en mente, quizá, Christian tomó de la mano a Sonia y se fue hacia el sillón donde nosotros estábamos sentados, hizo que ella se agachara, estirara sus brazos y apoyara sus manos en la mesa de centro donde reposaban nuestras bebidas y ahí, desde atrás, penetró a Sonia delicadamente y empezó a follarla cadenciosamente. Jason hizo lo propio llevando a Laura para hacer lo mismo y ella, sin negarse, se acomodó y esperó su embestida.

    La escena estaba para pajearnos de la excitación. Ver a ese par de machos penetrando a nuestras esposas, y ver los gestos de placer que aquellos les estaban proporcionando no tiene nombre. Laura, apenas sintió ese enorme miembro adentro, empezó a gemir de forma ruidosa, tanto que me sentí algo incómodo por si la bulla se llegaba a escuchar fuera, pero nada que hacer. Ya metidos en eso, lo mejor era esperar que todo pasara. Y Sonia, para nuestra sorpresa, al poco rato también empezó a gemir. Su esposo estaba maravillado. Nunca antes lo había hecho me dijo. ¡Es increíble! Bueno, añadí, se les salió lo putas que llevan dentro.

    De un momento a otro Jason y Christian cambiaron de posición y seguían penetrándolas como si nada. Eran muy aguantadores porque, en ese momento, y sin tocar mi sexo, sentía como estaba humedeciendo mis pantaloncillos de lo excitado que estaba. La escena era sumamente excitante. Y, pasado un rato, Laura pareció no aguantar más las embestidas y después de un sonoro gemido, se incorporó, agitando su pecho y con la respiración entrecortada. Christian la abrazó, la besó y le dijo, mi reina, estuviste muy bien. Sonia, por su parte, tardó un poco más, pero también pareció llegar.

    Nosotros, Iván y yo, nos levantamos, dando espacio para que aquellos, los cuatro, se sentarán y descansaran. ¡Imagínense! Los dos maridos preocupados por el bienestar de los machos que se estaban follando a sus esposas, pero nos nació tener ese gesto con ellos. Y no sólo eso, sino que también les alcanzamos unos tragos para que se refrescaran un rato. Laura se acercó a mí y, frente a Iván y su esposa, dándome un beso en la boca me dijo, gracias, amor, esto está muy rico. ¿Te ha gustado? Si, dijo ella, esta súper. ¿Cierto? Dijo mirando a Sonia, quien también abrazaba a su esposo. Sí, muy cierto, contesto.

    Los cuatro se sentaron en el gran sofá; los hombres en los extremos y ellas en medio, y empezaron a charlar animadamente. Creo yo, ellos, trataban de elevar el ego de nuestras esposas para que se sintieran bien y no se echara a perder la noche. Christian halagaba a mi esposa, y lo mismo hacía Jason con Sonia. Y nosotros dos, tan solo espectadores, escuchábamos sin saber que decir o hacer. Llegué a decirle a Iván, como que nos faltaría hacer eso en nuestras casas, porque al parecer esos halagos funcionan como afrodisiaco para ellas, a lo cual él asentía afirmativamente, con su cabeza, sin decir palabra.

    En medio de la charla, ya las manos de nuestras esposas jugaban con los miembros de sus machos y aquellos movían inquietos sus dedos para estimular los clítoris de nuestras mujeres. Y, pasado un rato, Jason le dijo a Sonia, mi reina, mi sexo quiere sentir las caricias de tus labios. Y ella, obediente, de inmediato, se colocó en medio de sus piernas, sin dejar de frotar su pene erecto, y se dispuso a chuparlo como aquel lo estaba pidiendo. Si quieres, dijo, muéstrale a Laura cómo es que me haces disfrutar de placer. Oye, ¿me ayudas? Creo que no voy a poder sola, le dijo Sonia a mi mujer, así que Laura se aproximó a Sonia y ambas empezaron a chupar aquel inmenso miembro, turnándose para hacerlo, al principio, y luego ambas, mirándose cara a cara, mientras una le atendía por un lado y la otra por el otro, encontrándose sus lenguas en varias oportunidades, rematando en un femenino beso.

    Christian, que miraba aquel espectáculo, y tenía su miembro erecto, se deslizó con sigilo detrás de Sonia y, ubicándose con sutileza, apuntó el pene a su vagina y la penetró, empujando suavemente al principio, pero incrementado la fortaleza de sus embestidas a medida que ella aceptaba aquello sin rechazarlo y empezaba a contorsionarse con cada embate de aquel. Bueno, mi reina, dijo Jason, ya tu marido te está viendo compartir con dos hombres al mismo tiempo. ¿Estás bien? Si, dijo ella, retirando el pene de Jason de su boca por un instante. Laura, sentada a un lado, con las piernas abiertas, recibía estimulación por parte de este mientras contemplaba la escena que Sonia nos proporcionaba.

    Creo que Christian y Sonia merecen descanso, dijo Jason, después de un rato, así que intercambiaron posiciones. Laura, princesa, te toca a ti, dijo Christian, prémiame con tus caricias, por favor. Laura se colocó de frente a él y, sin dudarlo, empezó a chupar su pene con mucha pasión, como queriéndole hacer llegar ahí mismo. Y Jason, encantado con el trasero de mi mujer, se colocó detrás de ella y empezó a penetrarla. Laura no tardó en activar sus gemidos para anunciar lo bien que lo estaba pasando y hacer que Jason se esforzara por hacerla llegar, lo cual no demoro mucho en suceder. Y creo que, difícilmente, Laura podría resistir tanto voltaje, pues su vagina apenas podía alojar tan grande miembro. Mientras tanto Sonia besaba a Christian, quien recibía los favores de mi mujer, ya próxima a su orgasmo.

    Luego de esto, una vez mi esposa hiciera evidente que llegó al tope, Jason la hizo incorporar y la retuvo contra su cuerpo, manteniéndola penetrada un rato más. Bueno, princesa, dijo, te ganaste un descanso. Ambas merecen un descanso, así que vamos a la cama. Los cuatro se fueron a la cama y, al llegar allí, Jason le indicó a mi mujer que se recostara, y ella así lo hizo, mientras Sonia, Christian y él permanecían de pie. Luego le indicó a Sonia que se acomodara del lado contrario, detrás de la cabeza de Laura y, estando allí le dijo, ¿has probado el sexo de una mujer? No, dijo ella. ¿Quieres probar? No sabría cómo hacerlo, respondió. Bueno, eso no es problema. Laura, quieres cambiar con Sonia. Bueno, respondió mi esposa.

    Lo que Jason sugería era que ellas hicieran la posición del 69. Sonia se tendió en la cama y Laura se montó sobre ella, invertida, atacando su sexo con la boca. Después de un rato, Sonia dijo, se siente rico Laura. Tienes experiencia. Y, a continuación, mientras Laura atendía el sexo de Sonia, Christian penetró a mi mujer por detrás y empezó a taladrarla de nuevo, lo cual hizo que al poco tiempo ella dejara de chupar el sexo de su compañera, por la intensa sensación que estaba experimentando, momento en el cual Jason penetró a Sonia diciéndole, bueno mi reina, a ti lo que te gusta es esto y empezó a empujar dentro de ella a la vista de mi mujer que veía cómo su miembro entraba y salía del cuerpo de Sonia, igual que ella veía cómo el miembro de Christian entraba y salía del cuerpo de mi mujer. Poco tiempo pasó y aquellos machos dejaron que todo volviera a la normalidad.

    Ellas quedaron tendidas sobre la cama, una al lado de la otra, descansado un poco del ajetreo. Y sus machos, dejándolas tranquilas por un rato, se acercaron a nosotros en busca de un trago. Jason nos preguntó ¿todo ha estado bien? Creo que sí, contestó Iván. Ellas tienen la última palabra, pero, por lo que hemos visto, han disfrutado de ustedes al máximo. Esa era la idea, dijo Christian. Si les parece, nos tomamos un trago, les hacemos una última atención y nos vamos. ¿Están de acuerdo? Me parece bien, contesté. ¿Qué opinas? Pregunté mirando a Iván. Sí, creo que ya está bien, a menos que ellas quieran otra cosa. Lo dudo, dije, estos ya las exprimieron bastante.

    Ellas seguían tendidas sobre la cama, acostadas una al lado de la otra, en posición invertida, como habían quedado. Y estando así, estos las abordaron de nuevo. Jason se ocupó de mi mujer y Christian de Sonia. Y Jason, dirigiendo la acción, dijo, bueno niñas, llegó el momento de la despedida, pero no queremos irnos sin dejarles un grato recuerdo, para que no nos olviden. Y dicho esto, cada uno, en frente de su dama, se dispusieron a, literalmente, comerse sus sexos. Vimos como cada uno, arrodillados a los costados de la cama, hundieron sus cabezas en medio de las piernas de nuestras esposas y empezaron su faena.

    No tardaron mucho en hacer que aquellas, ambas, empezaran a gemir de nuevo, momento en el cual los dos, como coordinados, se incorporaron y, montándose encima de nuestras mujeres, las penetraron y les dieron verga hasta que ellos, finalmente, también alcanzaron su clímax. Ambos sacaron sus penes en el momento de eyacular y regaron su semen en el pecho de ellas. Parecieron llegar al tiempo, los cuatro, porque nadie se movió una vez aquellos terminaron su faena. Ellos se recostaron al lado de nuestras esposas, abrazándolas, y así reposaron por un rato, descansando del intenso ajetreo, no sin dejar de conversar con ellas y agradecerles la oportunidad de compartir, esperando que les hubiera gustado.

    Con Iván, mientras aquello pasaba, y ya conscientes de que la aventura había acabado, nos salimos al balcón. Bueno, le dije, nos graduamos de cornudos. ¿Para qué más? Si, dijo él, pero estuvo bien. Sin duda, repliqué. Tanto pensar en preparativos y preservativos y ni siquiera los usaron; ni ellas, ni ellos, ni nosotros le pusimos atención a eso. Ojalá no nos vayamos a arrepentir, dije. Pues sí, dijo él, la verdad, no estuvimos al tanto de eso. Pero ellos estuvieron a la altura. Sí, porque si hubiéramos sido nosotros, hacer rato estábamos durmiendo.

    Volvimos al interior de la habitación y ya aquellos estaban vestidos, mientras nuestras esposas, aun desnudas, permanecían sentadas en el sofá mientras se refrescaban con unas bebidas. Christian y Jason se despidieron de ellas de beso en la boca, como debe ser después de haber disfrutado a sus amantes, y dándonos la mano, nos agradecieron y se pusieron a la orden por si en un futuro quisiéramos volver a hacer algo parecido. Lo tendremos en cuenta, dije yo, seguro. Que vuelvan sanos y salvos a sus casas. Hasta pronto y gracias, una vez más. Chao, dijeron nuestras esposas, y ellos finalmente se fueron.

    Bueno Iván, creo que nosotros también nos vamos. Mañana tenemos viaje en la mañana y no vayamos a perder el vuelo ¿no? Sí, es verdad, replicó él. Nos vemos mañana, entonces. Laura se colocó su body transparente y, sin tanta ceremonia, nos despedimos de ellos. Hasta mañana.

    Bueno, al fin y al cabo, no nos podemos quejar, porque cada uno encontró aquí lo que vino a buscar, le dije a Iván mientras conversábamos en el avión, y recordábamos los detalles de lo vivido unas horas antes. ¿Qué sigue para ustedes ahora? No lo sé, contestó él. ¿Qué va a pasar con su amigo Gustavo? Creo que va a terminar follándose a mi mujer porque, después de esto, ¿qué excusa saco para decirle que no, si a ella le interesa la aventura? Bueno, pues pudiera ser con otros y no necesariamente con su amigo. Sí, dijo él, pero la verdad me siento más confiado y seguro con él que con extraños. ¡Veremos!

    Lo cierto, como dije hace un rato, con esta aventura nos graduamos de cornudos, con todas las de la ley. Espero que nuestra fantasía compartida haya sido para bien y que su matrimonio siga firme y se fortalezca aún más. Y que ojalá volvamos a vernos, al menos para recordar este atrevimiento. Yo creo que sí, dijo Iván, yo creo que sí. Laura y Sonia, mientras tanto hablaban sin parar detrás de nosotros. ¿De qué tanto hablarán? Imagínese, respondió Iván. Estas cosas no pasan todos los días. Y así terminó nuestro viaje de descanso.