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  • La doctora

    La doctora

    Ayer tuve una gripe extremadamente fuerte, fui a consultar a la farmacia más cercana, me atendió una doctora llamada Rocío, ella era rubia, ojos azules, algo gordita y muy blanca de si piel.

    Me recetó 7 días dosis de Amoxicilina de 500 MG cada 8 horas, al igual que unas ampolletas de cada 12 horas, justamente ese mismo día me inyectó la dosis de Diclofenaco, le agradecí por las atenciones y me retiré a mi hogar.

    Estando en mi habitación comencé a sentir demasiado calor, así que decidí llamar a Rocío para evitar complicaciones, cuando tocó la puerta yo me desmayé quedando inconsciente por unos minutos, cuando desperté estaba en la tina desnudo bajo el chorro del agua para que me bajara la temperatura.

    -Disculpa Rocío por haberte llamado a estas horas.

    -No pasa nada son gajes del oficio, aparte vivo a dos cuadras de aquí.

    -Perdón por qué estoy desnudo, que vergüenza, lo siento.

    -me gustó mucho verte desnudo, tu herramienta es grande, no podía dejar de mirarla, pero me contuve, te inyecté otro medicamento más fuerte ya con ese de te quitarán los síntomas.

    -no te gustaría meterte a la tina conmigo y hacer cositas sucias.

    En ese momento se empezó a desnudar, sus pezones eran rosaditos, se metió a la tina quedando frente a mi con sus piernas arriba de las mías.

    -a tu amiguito le gusta mucho que se bañen con él, que precioso pene tienes.

    Empezó a manosear mi verga la cual se puso extremadamente dura, tomo mi verga y poco a poco se la fue introduciendo en su vagina, con sus piernas se impulsaba para introducirla más llegando a la que sus nalgas chocarán con mis huevos.

    Esto duro unos 10 minutos hasta que ella se quitó de encima de mi, de su vagina nuestro líquidos semanales pues eyacule en su interior, justamente después sonó su teléfono celular era su prometido preguntando porque se había tardado tanto, así que a las prisas se vistió y me dio un beso y se fue, dejándome bien deslechado.

    Después de ese día volvió a los 9 con un hermoso bebé varoncito, resultó ser mío ya que le realizó la prueba de ADN.

  • Haciendo realidad las fantasías de mi amiga Diana

    Haciendo realidad las fantasías de mi amiga Diana

    Cuando mi amiga Diana me hablaba de nuevo que me tenía otra sorpresa me sentí intrigado por saber de quién se trataba. Hace un par de semanas atrás les relaté mi experiencia con una mujer argentina que Diana me envió a la puerta de mi casa y pensé que en esta ocasión era algo similar por las sorpresas que me ha dado esta linda mujer con la que vengo cogiendo más o menos ocho años y debido a esta pandemia no hemos tenido mucha acción en el último año pues Diana es una mujer casada y su marido no ha salido de viaje tan a menudo de cómo lo hacía antes. En esta ocasión en la sorpresa se incluía ella y tenía un agregado; una amiga que me la presentó con el nombre de Joana.

    Cuando comenzamos a tener esta relación clandestina con Diana, en cierta ocasión ella me había confesado que una de sus fantasías era estar con una mujer y este día me contaba que había hecho esa fantasía una realidad, pero quería conllevar otras fantasías y en esas fantasías entraba yo. Siempre me había hablado de que le atraía sexualmente su mismo género, pero nunca había tenido la oportunidad de dar ese paso y ahora que Diana tiene 36 años tuvo esa oportunidad y según me contaba, también tuvo el valor de dar ese paso. En el caso de Joana, ella al igual que Diana es casada y tiene una hija y según lo que me contaba Diana, ella si ya había tenido relaciones lesbianas pues ella se considera bisexual. Cuando las vi llegar a mi casa pues Diana me preguntó si podía llegar de visita que es igual a decirme (podemos coger), le daba vuelta a la imaginación, pues a pesar de que he tenido experiencia haciendo tríos con dos mujeres a la vez, estas han sido experiencias con chicas heterosexuales y muy jóvenes sin mucha experiencia y aquí llegaban dos chicas ya con experiencia, ambas casadas y ambas se declaraban bisexuales.

    Les volveré a describir cómo es Diana pues, aunque hablo mucho de ella, solamente en un relato la he descrito, pues fue esa primera vez que follamos y que ella tenía unos 27 o 28 años. Tiene el cabello a media espalda totalmente oscuro, es de piel morena clara y quizá medirá un metro y sesenta y cinco: diría altura promedio. Tiene un rostro atractivo y de aspecto ovalado y le resaltan dos generosos melones que debido a que le causaban muchos problemas con su espalda, se los mandó a reducir a solo una copa D, lo cual todavía son de notar y tiene un precioso trasero que ya sea vista falda o pantalones, en cualquier lugar hace voltear las miradas. Su amiga quizá sea unos cinco u ocho centímetros más alta y al igual que Diana es de cabello oscuro, pero este le llega hasta sus caderas. Es de tez más clara y su rostro es muy atractivo y más alargado y da esa sensación de ser más alta. Sus pechos son de copa C y con el escote que viste se le miran sólidos y muy atractivos y tiene un trasero redondo típico de una chica más esbelta y también sus piernas son más alargadas o dan esa sensación por sus zapatos de tacón. Ambas vienen con pantalones vaqueros y realmente ese movimiento de sus caderas es un espectáculo que me gustó vivir.

    Obviamente hicimos tiempo de plática y compartimos una copa de vino, pero luego con la confianza que ya tiene Diana conmigo fue directo al grano: – Le dije a Joan que tienes la mejor herramienta que he visto en hombre alguno y he venido a compartirla con ella. – dijo Diana. – Creo que su amiga se sintió algo incómoda, pues creo que no tenía idea de la extrema confianza que hay entre nosotros dos. Subimos a mi habitación no sin antes darle un tour a Joan para que conociera la casa y luego entramos a mi cuarto y se podía sentir el agua del yacusi a una temperatura agradable. Todos nos desnudamos por nuestra propia cuenta y pude observar que al igual que Diana, Joan tiene un tatuaje de jeroglíficos en su espalda baja. Me sentaron en medio de ambas y mientras ellas se besaban y se acariciaban sobre mi pecho, también podía sentir sus manos llegando a mi miembro el cual despertó con una potente erección. Como dije, nunca había estado con chicas bisexuales y aquí, ellas habían tomado la iniciativa de cómo conllevar esta mi primera experiencia.

    Ambas llevaban sostén y tanga rojos y se habían reído de la coincidencia y estas prendas interiores quedaban en el tocador cerca del yacusi. Joana quizá por la confianza que tenía con Diana, comenzaron a acariciarse ambas y mientras Joana se comía las tetas de Diana, esta última me daba un masaje en mi verga sumergida en el agua. Así pasamos unos veinte minutos y luego a dirección de Diana nos secamos todos y nos fuimos a mi cama. Me senté en medio contra el espaldar y me quedé viendo el espectáculo lésbico de estas dos hermosas mujeres y en un 69 se daban placer oral. Ambas conchitas estaban bien afeitadas y por un momento me pareció que yo no existía y me sentía ignorado, pero a los pocos minutos ambas se acercaron y recorrieron cada una mi entrepierna lamiendo hasta llegar a mi verga que ya estaba bien erecta:

    – ¡Te dije! Tony tiene una de las vergas más hermosas que he visto… ¿Te gusta?

    – ¡Me encanta! -contestó Joana llevándose mi glande y atrapándolo con sus labios.

    Ambas me comenzaron a dar una felación y se podía notar que esta chica Joana a sus treinta años también era una experta mamando. Tenía una mirada deliciosa cuando mamaba y ambas parecían unas niñas alegres compartiendo una paleta. La chupaban ambas y luego se besaban entre sí para luego a seguirla mamando ambas a la vez. Nunca había tenido una experiencia igual, quizá era en sí parte de mis fantasías pues, aunque ya había estado con dos mujeres a la vez, estas siempre se turnaron los tiempos en el momento de la felación. Me acostaron y mientras una se introducía la verga lo más que podía, la otra me chupaba los testículos y no me hicieron acabar en el momento por los más de cincuenta años que tengo y la experiencia que tengo en estos trotes con las mujeres. Luego Diana me pidió que hiciéramos un misionero al inverso y mientras yo penetraba la conchita de Diana, Joana se sentaba contra el espaldar de la cama con las piernas abiertas para que yo continuara en darle placer oral. Podía sentir que Diana a la vez que tenía mi verga en su conchita, pero yo sin poder moverme mucho, ella se frotaba el clítoris y podía sentir también sus dedos queriendo invadir mi ojete. Se podía escuchar el gemido profuso de ambas mujeres gozando sus fantasías que ahora se volvían realidad.

    Con los minutos nuevamente Diana me pidió que me acostara sobre mi espalda y en esta ocasión fue Joana la que se montó sobre mi verga dejado ir una exclamación para incitar mi ego: – Que rica verga se siente… de veras que se siente. -dijo. Para esto Diana abría sus piernas y se sentaba sobre mi rostro y me dejaba su concha mojada a disposición de seguirla chupando. Joana y Diana comenzaron con un vaivén de un ritmo sincronizado y mientras Joana se hundía una y otra vez mi verga en su concha, Diana se frotaba la conchita contra mi boca y ellas de vez en cuando la una a la otra se chupaban las tetas. Esto habrá excitado a Joana tanto que fue la primera que se corrió diciendo: ¡Por Dios… me están haciendo acabar! – Luego con los gemidos de Joana fue Diana la que comenzó con un vaivén más brusco y creo que ella al igual se frotaba su clítoris, se corrió y ambas se abrazaban mientras yo comencé a pompear la conchita de Joana hasta lograr correrme con los minutos. Todos estábamos exhaustos con la primera corrida en la cual pasamos unos 35 a 40 minutos. Todos pasamos a la regadera y fue Joana la que volvía a darme un cumplido: – Tienes una enorme resistencia y que rico coges. -Ya se comunicaba con más confianza esta linda chica.

    Después de unos minutos fue esta chica la que me comenzó a mamarme de nuevo la verga y esta no tardo de nuevo en adquirir dimensión. Joana la medía con su brazo y me decía: ¿Y esto le ha cabido en el trasero a Diana? – y se reía y de nuevo decía: ¡Yo no sé si podre… no creo que me quepa esto! – Fue la misma Diana la que propuso que me cogiera el culo de Joana, pues todo aquello era parte de sus fantasías… nunca había visto a nadie coger en persona o que la vieran coger. Fue Diana la que sugirió la posición pues ella quería participar haciendo unas de sus fantasías realidad. Me acosté sobre mis hombros, Joana se sentó a la inversa sobre mi falo y fue ella misma quien inicio la penetración. Esta chica tenía mucha experiencia en el anal, que ella misma se acomodó y se echó de su propia saliva en el ojete como lubricante. Solo dijo “Dios mío” cuando mi glande quedaba atrapado por su ojete e hizo un vaivén por unos minutos sacando mi falo completamente y volviéndose dejar caer para volverlo a atrapar y luego Diana interrumpió diciendo: -Acuéstate sobre su pecho que me voy a comer tu conchita. – Y de esa manera Diana cumplía su fantasía, pues luego ella misma me decía que siempre deseaba tener a una chica en esa posición, siendo penetrada por una verga mientras ella se comía la concha y los huevos de los participantes. Joana solo exclamaba: ¡A caraja… que rico se siente tu lengua… me vas a hacer acabar si sigues así!

    Al igual, Diana me mamaba a mí los testículos y se acercaba a mi perineo y podía escuchar los gemidos de placer de Joana al sentirse atrapada por mi verga en su culo y Diana chupándole con todas sus ganas su conchita. No duró más de cinco minutos cuando escuchábamos a Joana acabar con unos gritos escandalosos: ¡Carajos… me están haciendo acabar… ¡Que rico! Joana hacía unos movimientos donde frotaba más su culo contra mi verga y no podía hacer ese vaivén que ella quizá quiso hacer pues Diana no dejó de chuparle la conchita hasta que sintió que esa corriente eléctrica en el cuerpo de su amiga había cedido. Diana no esperó mucho tiempo para tomar la posición en la que Joana había estado. Se sentó sobre mi verga y con esa confianza y experiencia que ella tiene en segundos estaba con un vaivén diciendo: ¡Tenía tiempos de no sentir una verga tan rica en mi culo! – La verdad que ya teníamos unos ocho meses de no coger con Diana y sé que su marido no le da placer anal debido a sus creencias religiosas y de la cual Diana conlleva al pie de la letra con su marido e incluso en cierta ocasión que cogíamos años atrás ella salió con una frase que me hizo reír: Para mi marido la conchita y para ti mi boquita y mi colita. Pues también me contaba que tampoco hay sexo oral en su relación.

    Diana es multiorgasmica y creo que lo es vaginal y analmente y ella se puede correr con solo mamarle los pezones… tan orgásmica es esta mujer. No pasó mucho tiempo de que le penetraba ese rico y suculento culo de Diana y que su amiga a la vez le chupara su concha cuando comenzó a aullar de placer. ¡Me vengo! -dijo en cinco minutos y nos volvía a advertir lo mismo dos minutos después. No sé cuántas veces se corrió, pero parecía que no lograba normalizar su respiración y sus piernas le temblaban y se miraba hasta agotada. Nos dijo con una risa: ¡Ustedes realmente me van a acabar así! – Ni ella misma supo cuántas veces se había corrido. Ella nos dijo de esta forma: Sigan ustedes… necesito un descanso.

    Para esto ya Joana se había ido a lavar y yo me eché un regaderazo y saliendo del baño me recibía Joana y me comenzó a dar una felación y Diana nos llamó pues ella quería ser audiencia de esta experiencia. Joana me la había parado y le pregunté que por donde quería y ella me dijo: Por donde usted quiera. – Ya le había perforado todos los orificios, pero quería ver ese culo en cuatro sobre la cama. Comencé chupándole el ojete y esta mujer lo disfrutó pues gemía del placer. Le asomé mi glande y ya su ojete dilatado por la previa experiencia, pude ver como se hundieron las 21 o 22 centímetros de mi verga. Comencé a pompearle el culo con un ritmo fuerte y consistente y ella siempre salía con su frase que alimentaba mi ego: ¡Usted que si sabe coger… que rica se siente su verga! – De repente me decía de esta forma: -Así… así… no pare, deme así, así… me va a hacer correr. – Ella se fue por sobre la cama y yo seguí pompeando ese culo hasta que ella cedió de gemir y su respiración se normalizaba. Ella me preguntó: ¿Usted no se puede correr? -y yo le iba a contestar cuando Diana intervino diciendo: ¡Ya verás cómo se corre en tu culo!

    Estaba literalmente sobre su cuerpo con mi verga clavada en su rico ano. De repente se acercó Diana y ella se fue sobre mí y sentí sus tetas y sus pezones recorriendo hacia mi espalda baja. Luego me sorprende con una lamida en mi culo que me hizo contraer deliciosamente mi verga que al igual Joana sintió. Diana siguió chupándome el culo y sin mucho movimiento en el culo de Joana, me provocó una potente corrida mucho más fuerte que la primera. Ella habrá sentido mi eyaculación y lo dijo como una declaración: Se está corriendo en mi culo… ¡Que rico se siente ese calorcito! – En esta ocasión, me incorporé y Diana me comenzó a mamar el falo mientras mirábamos como le salía todo mi esperma a su amiga del culo.

    Esta tarde le eché una corrida más al culo de Diana, y me corrí en la boca de Joana y en total fueron cuatro deliciosos polvos y estas mujeres se fueron muchas veces y más que todo Diana pues ella es multiorgasmica que ni ella misma sabe cuántas veces se corre. Esa tarde ambas se fueron sin sus calzones, pues Diana le decía a Joana, que era tradición dejar sus bragas en mi tocador. La verdad me di tremendo gustazo cogiendo con dos mujeres bisexuales y quedamos en repetirlo la próxima semana y esta chica Joana quedaba impresionada con mi resistencia pues según ella me decía que era raro que se corriera analmente pues nadie le había taladrado extensamente su rico culo a como yo lo había hecho. También me decía, que solamente una vez lo había logrado anteriormente. Se vistieron, nos tomamos un refresco y ambas salieron como buenas amigas después de haber compartido la misma verga por alrededor de cuatro horas. Quizá lo que más me gusto de todo, es tener a esos dos culos uno a la par del otro y penetrarlos a los dos y también me gusto el tener mí verga sembrada en el culo de una de ella mientras la otra me lamia el ojete… que rica experiencia esa. También quedamos que en esa próxima ocasión lo filmaríamos para tenerlo de recuerdo.

  • ¡Por fin me toca! (Continuación de “La tortuosa espera”)

    ¡Por fin me toca! (Continuación de “La tortuosa espera”)

    Me acosté con pena, rabia, frustración, decepción. Lo esperé tanto y anocheció y no llegó. Me dormí pensando que era un patán tal como me describían a todos los hombres que se querían aprovechar de las mujeres y un sinfín de cosas… tenía mucha tristeza y lloré harto.

    Me dormí profundamente entre sollozos, hasta que una caricia y un beso me despertaron con ternura, abrí los ojos y ahí estaba Alonso, quien al haber tocado insistentemente la puerta, buscó una entrada y llegó a mi habitación. Miré la hora y eran las 2 de la madrugada, sorprendida e incrédula lo miré y le pregunté cómo había llegado y me contó que en taxi.

    Todos esos pensamientos negativos de antes se esfumaron como vapor en el aire. Me volvió el alma al cuerpo, jajaja.

    Mientras comía me hablaba de sus trámites y, la verdad, no le puse ni un grado de atención, lo único que deseaba era que se abalanzara sobre mí y retomara lo que habíamos dejado en pausa. Como aún tenía mucho de puritana, me invadían los deseos de lanzarme sobre él, peeero no me atrevía.

    Así pasaron eternos minutos se fue a bañar y yo lo esperé en su cama, extremadamente nerviosa, no mostraba atisbos de pasión y me desconcertaba esa actitud, bueno –me dije– si no pasa nada, nada que hacer.

    Llegó a la habitación aun con el cuerpo mojado y con una toalla en la cintura que dejó caer frente a mí. Ahí estaba su verga más exquisita que como la recordaba, enorme, caliente, jugosa, roja, a punto de reventar… mmm deliciosa!!! Se apresuró a tomarme y desnudarme bruscamente, mientras su lengua me saboreaba.

    Correspondí a cada caricia, beso, manoseo, mordisco con una pasión desbocada. Lo masturbaba con ímpetu y él a mí.

    Gemidos agudos y respiraciones agitadas era la melodía que se escuchaba mientras friccionábamos nuestras pieles.

    En un momento me deja tendida en la cama, abre mis piernas y empieza a penetrarme, era lo único que quería y deseaba en esos momentos. Sentir como su enorme verga se abría paso entre mi carne me enloqueció, ese orgasmo fue absolutamente diferente a los que había sentido durante años, fue literalmente una “petit mort”, sentí como salía de mi cuerpo y flotaba, en cada movimiento se intensificaba más, subía la intensidad, los gemidos se convirtieron en gritos y de mi vulva salía a borbotones ese líquido que nos empapaba y lubricaba.

    Mis pezones estaban durísimos y extremadamente sensibles al roce con su pecho. Mis caderas se movían al ritmo de la pasión, trabé mis piernas en su cuerpo, intentando que se metiera más adentro aun, quería saber que tan hondo podía llegar y de vez en cuando lo sacaba para darme unos pequeños golpes en el clítoris, lo que me hacía retorcerme de placer, luego volvía a meterlo y seguía gozando.

    Con su boca y lengua devoraba la mía, mordía mis pezones, mis dedos y seguía a un ritmo acelerado entrando y saliendo de mi concha.

    Nos giramos y yo quedé sobre él, hizo que me parara y apuntó con su pico como flecha hacia mi vagina y me senté dejando que mis caderas fluyeran libres en esa violenta danza sexual.

    Con absoluta certeza puedo asegurar que tuve decenas de orgasmos, algunos cortos y otros tan intensos que sentía que se me paraba el corazón, estaba tan inmersa en disfrutar que perdía la orientación, veía luces destellantes, percibía un sabor como a metal en mi boca…la verdad es que creo que es lo más parecido al efecto de una droga, simplemente alucinaba.

    A ratos observaba a mi amante alocado, con la mirada perdida, gozando tanto como yo. Luego enfocaba mis ojos en ver como esa verga exquisita entraba y salía de mí, creo que esa imagen ha quedado hasta hoy en mi mente, se repite siempre, era fantástico como tener sexo podía liberarme tanto.

    No habíamos hablado nada, no hacía falta, no me importaba, lo único que quería era follar y no parar. Sin embargo y sin detenerse, de pronto Alonso me pregunta – ¿Estás lista? – Como que me descolocó y no supe nada más que preguntar – ¿Lista para qué? – y antes de que alcanzara a responderme me dio una embestida brutal, cerró los ojos, su boca se abrió con un gemido ahogado, su cuerpo tiritaba mientras me apretaba y sentí por primera vez, como un hombre eyaculaba en mí, era algo caliente y abundante, que salía y se esparcía en mi choro.

    Cuando miré y sin parar de moverme, vi una crema blanca que tenía por todos lados y fue un éxtasis maravilloso, no quería parar, seguía moviéndome con más ganas, mientras él estaba ido y con la respiración agitada, reposando. No quise parar, no quise salirme y empecé a pedirle más – Dame más, dame más!!! – le dije varias veces y nuevamente se retorció y sentí un chorro abundante dentro mío, era mucho y empezó a correr, no era igual al otro, tampoco era orina, pero me encantó.

    Aunque tenía deseos de más, sentí como se retraía el pene de mi macho y pensé que había que parar un rato.

    Esa noche no dormimos, hicimos el amor una y otra vez hasta que amaneció y cada vez fue más exquisito, puedo decir que en ningún momento me sentí agotada o que mi intensidad bajara, al contrario, sentía que quería más y más.

    En algún momento fui al baño y saqué de mi vagina un poco de semen con mis dedos, sentí su textura y su olor y me encantó, de hecho, cada vez que Alonso reposaba yo aprovechaba de masturbarme esparciendo toda su lechita en mi choro, era exquisito, pero amanecía y tenía que volver a la realidad…

    Dormimos cada uno en su cama unas cuantas horas, tenía que levantarme igual y hacer como si nada, además vendría la nana a ayudarme, no podía notar nada extraño.

    Al despertar me dolía la cabeza de una manera impresionante (años después supe que eso se llamaba jaqueca coital), tomé muchísima agua, estaba seca, aun así me tuve que ocupar de mi rutina laboral.

    Sandra, la nana, en algún momento me quedó mirando con una cara picaresca, no aguantó y me preguntó – ¿Y a usted que le hicieron que está tan contenta? – (En el campo la gente le quita la “D” al USTED), creo que jamás me había sonrojado tanto, me sentí intimidada y descubierta, me pasé mil rollos pensando que le haría comentarios a mi mamá y fui a hablar con Alonso, él solo me calmaba. Ella se fue después de almuerzo, apenas salió cerré con seguro las puertas y portón y me abalancé sobre mi macho, no quería desperdiciar ningún momento.

    Tuvimos sexo por toda la casa, quedó semen y de ese líquido exquisito que le salía a posterior por muchas partes, disfrutamos mucho y me encantaba. Me preguntaba internamente si era normal estar todo el rato tan excitada y sin deseos de parar, pero como nadie iba a meterse en mi cabeza, sola me respondía que era rico y que debía aprovechar.

    En un momento que estábamos jugueteando en un sillón, Alonso se hincó frente a mí, me empezó a masturbar, hizo que cerrara los ojos y grande fue mi sorpresa y placer cuando sentí su lengua en mi clítoris, en los labios y vagina, empezó a besarme, lengüetearme, con sus dedos abría mi orificio de lujuria y metía su lengua. La sensación fue exquisita, la humedad de su boca hacía una sabrosa mezcla de temperaturas y texturas. Mientras él me estrenaba en sexo oral, yo manoseaba mis pechos y acercaba los pezones a mi lengua, lo cual hizo una combinación de placeres indescriptibles. Orgasmos iban y venían, no dejé que sacara su lengua de mis entrepiernas por un buen rato, hasta que decidió meterme su pene que estaba a punto de explotar, mmmm, lo miraba y me fascinaba. Tuve impulsos fuertes de metérmelo en la boca, pero no quise ir tan rápido, quería disfrutar a concho todo lo que estaba descubriendo.

    En días había descubierto que mi cuerpo era un motor de placer y sabía que tenía mucho más que explorar. Así mismo me parecía increíble el que fuera capaz de provocar tanta pasión en un hombre, siempre había creído que nadie me desearía y ahora tenía a un hombre que en lo único que pensaba era en follarme.

    En un momento de reposo ambos desnudos sobre la cama, yo boca abajo, Alonso empezó a besar mi espalda y bajó lentamente hasta mis nalgas, mordiéndolas, chupándolas, apretándolas, separo levemente mis piernas y metió su lengua en mi ano, lo encontré muy atrevido, jamás habría pensado que lo hiciera y me gustó, de hecho, me encantó.

    Así nos encontró la noche y el otro día y mi intuición algo me advirtió de que nuestra rutina sexual debía suspenderse y fue muy a tiempo pues mi madre llegó sin avisar varias horas antes de lo previsto. Al parecer no notó nada extraño, salvo sábanas sucias en la lavandería.

    La tarde fue relativamente normal, aunque a reojo le miraba el bulto a Alonso y siempre se lo vi erecto, apretado por su pantalón. A la hora de la cena, por debajo de la mesa le daba caricias lascivas al punto que en algún momento estaba demasiado excitado y tuvo que pararse intempestivamente al baño y mi madre me mandó a verlo para saber si estaba bien, y sí que lo estaba, se masturbaba con furia, no se dio cuenta que lo miraba y cuando volteó, se sorprendió y me dijo – Mira como me tienes, me vas a volver loco!!! – Esas simples palabras me impactaron tanto, que algo se transformó desde ese momento en mi interior y reconocí el poder que podía llegar a tener si sabía manejar toda esta energía e ímpetu sexual…

  • Mi prima nos sorprende

    Mi prima nos sorprende

    El 20 de marzo de 2021 en la ciudad de Bogotá, mis padres habían salido para su finca, por tal motivo yo tenía el apartamento a mi disposición y ya había quedado con mi amigo Felipe en tomarnos unos tragos.

    Felipe llega aproximadamente a las 9 de la noche a mi apartamento, destapamos una sixpac de cervezas y nos ponemos a escuchar música y a charlar en el transcurso de la conversación salió el tema que él estaba hablando con mi prima desde hace un tiempo y que habían quedado en verse en los próximos días. Cabe resaltar que ellos se conocen desde hace un buen tiempo, desde que estudiamos todos en el mismo colegio.

    Yo sin más reparo para hacerle un favor a Felipe le propongo que si quiere yo llamo a Sofía (mi prima) para venga al apartamento y nos tomemos algo. Felipe sin dudarlo y con gran emoción me dice ¡de una!

    Yo procedo a escribirle a mi prima por Whatsapp para romper el hielo y de apoco la voy convenciendo para que venga y nos tomemos algo y charlemos. En fin luego una labor ardua e intensa logro convencerla para que viniera, ofreciéndole pagar los taxis de ida y vuelta.

    Mientras mi prima llegaba, aprovechamos para salir a comprar un poco más de licor para no tener que salir más tarde, mi buen amigo en realidad es un poco malo para tomar y salir a la calle con el frio que estaba haciendo no le hizo muy bien.

    Pasadas las 11 de la noche llega Sofía, nos saluda y le servimos un trago, nos sentamos en la sala nos ponemos a hablar un rato, estábamos pasándola bien recordando viejas épocas y riendo, pero como les comentaba a Felipe no le sentó bien salir a comprar el licor y se encontraba ya muy tomado, decidimos acostarlo y seguimos mi prima y yo escuchando música y hablando de diferentes temas, en un punto de la conversación le pregunte que estaba pasado con Felipe que me contara porque lo vi muy cariñoso en lo que estuvo con nosotros compartiendo, (Obviamente yo sabía todo solo era para que ella me contara de su boca).

    Sofí me empieza a contar que desde hace unos días han estado hablado por Whatsapp y que las conversaciones cada día han ido subiendo de tono que se habían enviado fotos íntimas y que habían acordado en salir y ver qué pasaba. Sofí me dice y tú me crees boba yo sé que tú ya sabias solo querías hacerle el favorcito a tu amigo, no lo ves cómo estaba de caliente.

    Yo acepto que esa era la idea, sin embargo Felipe no supo controlar los tragos y le toco irse a dormir, yo un poco caliente al imaginar a Felipe y Sofí teniendo sexo, me coloco en la tarea de seducir a Sofí recordándole aquella vez que la adolescencia nos habíamos calentado y nos besamos y nos tocamos por todo lado.

    Luego de un tiempo de estar ahí los dos, creí que mi esfuerzo iba hacer en vano y procedo a irme a dormir no sin antes entrar al baño, cuando voy saliendo sofí está en la puerta y me besa y me ingresa de nuevo, la empujo contra la pared y le beso el cuello lentamente sosteniéndole sus manos por encima de cabeza para impedirle que se moviera, ella estaba tan excitada que movía su cabeza de un lado al otro emitiendo leves gemidos, en un movimiento astuto se suelta me coge la polla por encima del pantalón, yo aprovecho y le bajo la blusa y su sostén y empiezo a chuparle esas tetas pequeñas pero firmas suaves y con un delicioso olor y sabor.

    Con lo entretenido que estaba chupando esas ricas teticas, no me di cuenta el momento que ella desabrocho mi pantalón y me lo bajo, se pone de rodilla y baja mi bóxer dejando mi polla frete a su cara, me mira y me dice ahora si vas a ver lo que he aprendido en estos años desde aquella ocasión. Y empieza a chuparme la cabeza de la polla con una delicadeza de puta profesional, humedeciendo poco a poco centímetro a centímetro hasta introducírselo todo a la boca, con su manos acariciaba mis genitales y debes en cuando dejaba de chupar para pasar su lengua desde la base de mis guevas hasta la punta de mi polla, siempre mirándome a los ojos y diciendo esto es lo que querías primito.

    Yo estaba a mil, y le pedí ir a mi alcoba, ella se levanta y al salir ve a Felipe acostado en el sofacama de la sala y me dice lo puedo invitar?, yo pues Sofí esa era la idea inicial dale no hay problema. Sofí se dirige a donde Felipe, se inclina lo desarropa y le desabrocha el pantalón y empieza a chupárselo, Felipe despierta y la ve, con su manos le hunde la cabeza para que continúe, sofí estaba entretenida chupando, y yo mientras tanto en la puerta del baño viendo con la luz apagada.

    Sofi deja de chupar y coge a Felipe de la mano y le dice que la acompañe, al llegar al baño Felipe me mira y me dice y usted que marica. Le dije tranquilo no pasa nada y nos fuimos los tres para mi cuarto,

    Yo me acuesto en la cama y me desnudo, sofí caminando como una gata se acerca a mi y empieza a chupar de nuevo, dejando su hermoso culo a disposición de Felipe, quien no pierde oportunidad y le quita las tanguitas se arrodilla y empieza a lamer desde su ano hasta la entrada de la vagina como si se le fuera la vida en ello. Yo hay recostado viendo como tren del placer con sus vagones de sexo oral, esto me excitaba y quería penetrarla ya…

    La tomo de sus manos que se encontraban dando un masaje a mis guevas y la halo para que empiece a cabalgar, lo cual sofí muy juiciosa lo hace sin chistar, se lo mete de un solo sentón pues no fue difícil porque estaba bien mojadita por la chupada que le había dado Felipe, la traigo hacia mí para poder chuparle los senos y así dejar el culito de sofí listo para que Felipe lo taladrara.

    Felipe se sube y con delicadeza empieza a meter su polla en el culo de sofí, cuando lo tuvo todo adentro, sofí empezó moverse suave en un va y ben lento pero delicioso, con el trascurso de las embestidas sofí se movía cada vez más rápido lo cual Felipe y yo aprovechamos para hacer lo mismo. La verdad esa sensación es única y no pude aguantar más que uno minutos. Sofí se baja de mi y se recuesta en la cama y Felipe la penetra de inmediato.

    En lo que me recupero voy a la cocina y tomo un vaso de agua y vuelvo para colocar mi polla en la cara de sofí, la cual empieza a chupar de nuevo sin dudarlo, así mismo solicita a Felipe que le coloque su pene para ella poder chupar las dos pollas al mismo tiempo, así duramos un rato, ella pasaba de verga en verga con la carita llena de saliva con los ojos como si estuviera un trance del placer, recuerdo pensar esto no es nuevo para mi primita se nota que la pasa de maravilla con varias pollas.

    Para recompensarla Felipe y yo nos colocamos cada uno a un lado y cogimos de a una teta y se la chupábamos con gran devoción, Felipe la masturbaba y yo le apretaba un poco el cuello para asfixiarla; “eso le encanto”. Continuando la faena sofí se pone en cuatro y me pide que le mientras ella saborea la polla de Felipe, desde mi posición veía como se atragantaba con esa polla para ahogar los gemidos que le producía, de un momento empieza a temblar se saca la polla de Felipe de la boca y se recuesta en la cama llena de sudor y diciendo que rico es venirse con dos pollas.

    Nos quedamos hay un rato descansando y luego ellos se fueron juntos para el sofá cama, lo cual cuando pase para ir al baño los veía como Sofía cabalgaba a Felipe como una ninfómana desesperada.

    Me acosté a dormir y al siguiente día Sofí y Felipe se fueron juntos, días después me escribe Felipe diciéndome que sofí quedo encantada con el encuentro y que le propuso que hiciéramos algo, pero con otra chica.

  • El ayudante (Cap. 8): Yeri sobre la mesa

    El ayudante (Cap. 8): Yeri sobre la mesa

    “¡Ah!” La rubia cerró sus ojos por el susto al ser cargada tan abruptamente, afirmando sus manos sobre los anchos hombros de su Ayudante mientras sus piernas se abrazaban a las caderas de ese hombre, colgándose de él. “¿Ayudante?”

    Pero en vez de responderle, la boca del contrario fue a entretenerse con el delgado cuello de la Idol, atrapando bocados de su nívea piel entre sus labios, marcándola con su saliva. La sujetó firme de los muslos a la vez que comenzaba a caminar hacia la mesa de la sala.

    “¡Hmm! ¡A-Ayudante, ah!” El cuerpito de la rubia se aferró más al del contrario como si se tratara de un koala, mientras esa caliente boca le comía el cuello a besos y chupones. “Nnh,” Podía sentir a ese enorme miembro se afirmándose contra sus nalgas aún cubiertas por su pantalón de tela, y un gruñido se escapó de entre sus carnosos labios cuando sintió un par de manos prácticamente hundir sus dedos en la abundante carne de su retaguardia. Esas mismas manos que luego comenzaron a magrear su culo con lujuria.

    El Ayudante caminó como pudo hasta la mesa, sujetando y manoseando a las apetitosas nalgas de la rubia mientras ella se abrazaba a él con brazos y piernas como si su vida dependiera de ello. Al llegar al mueble tiró todo lo que tenía encima de un violento manotazo, yendo a caer al suelo carpetas, hojas, un bolso y hasta un vaso de vidrio que afortunadamente no se rompió gracias a la alfombra. Incluso un celular fue a volar por los aires, pero nada de eso le importó. Con más delicadeza dejó a la rubia sentada en la mesa, continuando con los besos por su cuello, avanzando en un húmedo recorrido por su mentón hasta llegar a su oreja, atrapando su lóbulo entre sus labios y dientes. Mientras tanto, sus expertas manos tomaron del borde al pantalón abotonado de la rubia y de un tirón lo abrió, botones saliendo disparados y haciendo que un gritito se escape de entre tanto gemido y queja por parte de la rubia.

    “¡A-Ayudante!” Respirando agitadamente, la pequeña maknae de Red velvet lo miró con algo de nerviosismo pero aún más excitación, notando como la levantaban un poco para poder sacarle el dichoso pantalón con deseoso apuro, el cual fue a parar sin delicadeza al suelo. “¿Qu-qué hará? Hmm,” La rubia lo miró haciendo un ligero puchero con sus labios y evocando todo el poder de niña inocente que pudiera, tal vez para calmar un poco a la bestia de sexo que ella misma había despertado con su atrevimiento. “¿Qué va a hacerme, mi Ayudante?”

    Pero ya era tarde. Su Ayudante simplemente le devolvió la mirada como un depredador que estaba por hacerse un festín con su pequeña presa. Ojos completamente nublados en lujuria y deseo y que le prometieron silenciosamente que iban a devorarla de pies a cabeza. La rubia, que estaba por decir algo, se quedó con las palabras en la boca ante esa mirada, mientras dejaba que le quitaban sus braguitas rosas de, igualmente, un salvaje tirón. El hombre gruñó al tener la pequeña y mojada prenda en su mano, llevándola a su rostro para darle una buena aspiración con su nariz. Estaba empapada en los ricos fluidos de su dueña, lo cual lo hicieron soltar un gruñido que dejo entrever la lujuria que ahora lo dominaba. Irene había logrado escapar, sí, pero al hacerlo había dejado indefensa a la miembro más joven de su grupo. Y ahora la pobre Yeri estaba servida en bandeja de plata, literalmente sobre la mesa, sólo para él.

    A ella la acomodaron mejor sobre la mesa, esas grandes manos tomándola de sus blancos muslos para abrirla de piernas, sus rosados y húmedos labios quedando a la vista de ese imponente ejemplo de hombre que se agachó quedando con su rostro entre sus piernas. “¿A-Ayuda AANHMMM-” Lo que sea que iba a decir fue interrumpido por un gutural gemido que vino directamente de su vientre, todo al sentir la lasciva boca de ese dominante hombre contra su mojada y caliente vagina. Rápidamente la sala, no; La casa entera fue inundada con ricos gemidos y gritos de placer, además de un sucio y húmedo sonido de labios y lengua comiéndose algo muy sabroso. “¡Ahh!” La cara de la pequeña rubia se deformó en primitivos gestos de goce puro y sus brazos se afirmaron como pudieron contra la mesa en la que ahora estaba medio recostada. Sus piernas y cadera se removían luchando por retomar el control, pero las firmes manos de su Ayudante aún la sostenían y no dejaban escapar, quedando a su completa merced.

    Poco a poco sus abundantes jugos comenzaron a gotear y caer por la madera donde Red Velvet solía reunirse para compartir sus comidas. “¡Hmmhhaa!” Y ese sólo y fugaz pensamiento fue suficiente para llevarla un paso más cerca del delirio. “A-Ayudante, nno, mme, ¡Hmm!” Me vengo, me vengo, que rico, siga, siga, no pare, que ricoo. “¡Nngh!” Su naricita y sudada frente se arrugaron y apretó su mandíbula intentando contener lo que sea que estaba sintiendo, lo que sea que estaba llegando. Pero las oleadas de placer cual electricidad que recorrían todo su cuerpo eran demasiado fuertes. Y esa boca y esa lengua y esos labios eran implacables, expertos, probando, recorriendo y consumiendo sin descanso cada maldito centímetro de su caliente y mojado sexo como si agua en el desierto se tratara. Se la comieron entera allí mismo, en la mesa donde ella comía y compartía con sus amigas, su familia. Se la comieron hasta llevarla al filo del más rico orgasmo que sintiera en toda su vida. “¡Ahh, ahhh! ¡HMM!”

    Su cabeza se echó hacia atrás y sus manos se afirmaron con fuerza a la cabeza de su Ayudante para que no se atreviera a separar, atrapando mechones de su cabello entre sus dedos, mientras su garganta llegaba a escocer de los gritos de puro placer que salían de su boca, sus ojos derramando un trayecto de finas lágrimas. Su cadera y piernas erráticas en espasmódicos movimientos mientras los músculos de su vagina se contraían y su orgasmo explotaba bajo su vientre, sus abundantes jugos bañando tanto la cara de su Ayudante como la mesa y la alfombra debajo de ellos, mientras ella no pudo hacer más que acompañar esa inigualable sensación con un último y gutural grito.

    Tuvieron que pasar varios minutos antes de que el cuerpito de la rubia dejara de temblar incontrolable, la sensibilidad luego de su orgasmo atendiendo cada centímetro de su piel. Y pasaron un par de minutos más antes de que ella volviera a la realidad, respirando agitadamente, sudada y mojada, con su cuerpo ardiendo en fiebre de satisfacción sexual. Quitó con una mano un flequillo rubio que se había pegado a su frente y rostro, y tragó saliva mientras recuperaba el aliento y volvía a enfocar su mirada. Sus cansados ojos primero buscaron ubicar donde se encontraba, y reconoció la decoración y amoblado de la sala comedor en la residencia donde vivía. Luego se desviaron a esa imponente presencia que sentía frente a ella, y reconoció a su Ayudante, con su definido y espectacular cuerpo desnudo y a la vista. Allí, parado entre sus piernas abiertas, ella desparramada en la mesa y él allí, como si nada. Alzó una mano para acariciar uno de esos bien trabajados pectorales que tenía ese monumento de hombre, bajando con la caricia hasta sus marcados abdominales. No entendía nada, pero si era un sueño iba a aprovechar. Sin embargo, cuando su mano llegó hasta la erguida, enorme y gorda verga que ese hombre tenía entre sus piernas, fue que finalmente cayó en que nada de esto era un sueño. Y fue entonces que comprendió qué era lo que le esperaba.

    Yeri estaba completamente entregada y a su merced. “Hmm, mi Ayudante,” Ronroneó como una gatita mientras la tomaban de la cintura y acercaban más hacia el filo de la mesa, acomodándola de piernas abiertas mientras el glande de ese enorme pene se afirmaba contra la caliente y mojada entrada de su vagina. El abundante líquido preseminal que brotaba de su glande mezclándose con los transparentes jugos vaginales que aún fluían por su caliente sexo. Su corazón comenzó a latir con fuerza, sintiendo como la gran cabeza de esa verga comenzaba a abrirse paso entre sus labios. “Ah, hah,” Lentamente, centímetro tras centímetro de carne comenzó a invadirla por su caliente entrada, deslizándose dentro de ella mientras sus paredes engullían al invasor en un firme abrazo. “Ahh, nggh,” Y ella sólo podía gemir a la vez que sus manos se afirmaban de los bordes de la mesa, una a cada lado, sus nudillos en blanco ante la presión que ejercía su agarre. Apretó con fuerza la madera y su nariz se arrugó en un gesto mezcla de lucha y placer. Una vena se dibujó en su sudada frente, sintiendo como su vagina tragaba más y más carne hasta que finalmente la llenaron hasta el tope de verga. Y fue entonces que un gutural gruñido de puro placer se le escapó, sonando más a un animal salvaje que a la señorita celebridad que se suponía que era.

    El Ayudante dejó que se acostumbrara a su tamaño, apenas conteniendo las ganas de dejarse llevar por ese primitivo deseo de sólo cogérsela sin más esperas. Volvió a recorrer su cuello y oreja con húmedos besos mientras le susurraba al oído. “Hmm, hermosa, rica, quitate esto.” Continuó besándola antes de empezar a quitarle el pequeño top mojado en sudor que aún cubría el torso de la chica. La rubia sólo gemía despacio, agradeciendo la atención, y se dejó quitar la molesta prenda. Luego siguió su sostén de color blanco el cual le desabrocharon sin dificultad. Fue entonces que la boca de su ayudante pasó de comerse su cuello a devorar sus pechos. “¡Ahhn!” Y nuevos gemidos comenzaron a escapar de entre sus labios ante la nueva atención. Sus ojos entrecerrados miraron alucinados como se comían primero uno, luego su otro seno, antes de ver como juntaba al par de pechos con sus manos y comenzar a comerse a ambos por igual. Si bien era la más joven del grupo, Yeri ciertamente era la más dotada en lo que a delantera se refería. Y ahora mismo podía ver como su Ayudante disfrutaba bastante de ese hecho. La pequeña rubia que estaba empalada hasta el tope por la verga de ese enorme hombre sobre ella, tuvo que morder su labio inferior mientras apreciaba con enternecida mirada como la juguetona boca de su Ayudante se abría a más no poder para tragar lo que más podía de sus pechos. Su nívea piel quedando completamente bañada en la lasciva saliva de ese hombre. “Sí que, ¡Hmm! Le gustan los pechos, Ayudante, hmm.” Y sonrió encantadoramente.

    Mordiendo un erecto y carnoso pezón, el atractivo hombre simplemente le ofreció una sonrisa antes de darle una larga lamida a una de esas voluminosas mamarias. “Son perfectos, Yeri. Me encantas, nena. Que rica estás.” Y gruñó, pasando un brazo por debajo de la delgada cintura ajena, acomodándola mejor para lo que se venía. “Voy a empezar a moverme, hermosa.” Le habló al oído, atrapando a la rubia entre la mesa y su cuerpo de oso. “Nngh, que apretadita estás, Yeri. Jodidamente apretada.” Arrugó la nariz mientras empezaba a moverse lentamente, con precisión, su cadera haciendo hábiles movimientos circulares a la vez que la penetraba con controlada pasión.

    Apenas sintió el primer movimiento, la despeinada rubia se abrazó con brazos y piernas al cuerpo de ese enorme hombre, dejando que él llevara el ritmo. Acompañó los lentos y ricos movimientos de su Ayudante con amorosos y calientes gemidos, el dolor de su entrepierna terminando por desaparecer para ser reemplazado por las ricas oleadas de placer que comenzaban a recorrer todo su cuerpo cual circuitos de electricidad. Podía sentirlo todo con tanta claridad; la gorda y caliente verga que su húmeda cavidad tan rápidamente había engullido y aceptado, con cada uno de sus contornos, curvas y venas que se deslizan acompañando esos lentos y expertos movimientos, obligando a su estrecho sexo a que se acomodara a ese nuevo tamaño. Esa enorme cabeza que cada vez que llegaba a tope y la besaba en lo más profundo de su vientre, la hacía apretar su mandíbula y hundir sus uñas en la espalda de su ayudante por lo rico que se sentía. Sus sudorosos y fervientes cuerpos pegados uno al otro, sus erectos pezones frotándose contra los duros pectorales de su Ayudante. La mesa debajo de ellos que rechinaba exigida por el esfuerzo que le estaban imponiendo. Incluso podía sentir el calor del tórrido ambiente a sexo casi asfixiante que inundaba toda la sala. “¡HMM! Unhm, un poquito, más, más, ¡hmm! Más rápidoo.” Sí, a pesar de su joven edad e inocencia podía afirmar que aquel era el mejor sexo que tendría en su vida.

    “¿Más rápido?”

    “Sí, sí, sí, hmm,” Apretó sus labios para intentar acallar los acelerados gemidos que volvían a sonar por toda la residencia, pero fue en vano. Su dulce voz comenzó a cantar más y más acompañando el ritmo de las deliciosas embestidas que comenzaban a sacudir su cuerpito contra la mesa. “¡Aah, sí, sí, mmi Ayudante!” Las grandes manos del hombre atraparon sus nalgas en un caliente manoseo, para guiarla mejor en ese vaivén de sexo que llevaban, los lentos movimientos siendo reemplazados por unas firmes y sonoras sacudidas que hacían saltar su cuerpito abrazado al de su querido Ayudante. Los lascivos y húmedos sonidos de piel chocando contra piel y la firme mesa resistiendo como podía el embate de sus cuerpos comenzaron a acompañar los sonoros gemidos de la rubia. “¡HNGH! ¡AH, AHH!” Y la rubia volvió a sentirse al filo de una nueva explosión orgásmica. Oleada tras oleada de puro placer comenzaron a invadir todo su cuerpo, sus piernas y brazos afirmándose más si eso era posible del cuerpo de su Ayudante mientras los músculos y paredes de su cavidad apretaban en un fiero agarre la rica verga que la estaba taladrando, llegando finalmente a un brutal orgasmo que la hicieron gritar como loca por segunda vez ese día.

    “¡Ngh!” Y con la misma fuerza se corrieron dentro de ella. Sin aviso previo. El hombre simplemente se hundió en ella hasta el fondo de su vientre y allí mismo comenzó a bombear carga tras carga de su espesa y caliente semilla. La rubia se quedó sin voz por tanto grito y con ojos desorbitados, en blanco, simplemente dejándose llenar por completo. Una, dos, tres, hasta cuatro cargas de caliente y abundante semen alimentaron y llenaron su fértil vientre hasta el borde, llevándola a la bendición de un tercer orgasmo. Lágrimas cayeron por sus mejillas mientras hilillos de saliva se deslizaban por su mentón, con su boca abierta de par en par y la lengua afuera, su caliente aliento entrecortado acompañando sus ahogados gemidos.

    El hombre aún la sujetaba firmemente con sus dedos hundidos en esas ricas nalgas, y ambos permanecieron así por varios minutos aún luego de terminar de correrse. Sus cuerpos sudorosos y bañados en toda variedad de fluidos, unidos y abrazados como si fueran uno, hasta que finalmente el Ayudante soltó un gran suspiro antes de apoyar sus manos en la asediada mesa que se mantenía firme a pesar de todo. Intentó calmar su respiración, y a pesar de que la rubia lo tenía abrazado con fuerza logró zafarse lo suficiente como para pararse recto.

    Y desde esa posición dejó que sus ojos se deleitaran con el desastre catatónico en el que había dejado a la pequeña Idol. Apenas una niña de 21 añitos, la famosa Kim Ye-rim. Y él se la había comido de pies a cabeza, como toda una mujer. La había llenado hasta rebalsar con su caliente leche. Sí, ahora era suya. Sonrió de lado, limpiando el sudor de su frente, antes de empezar a salir de ella. Tomó esos entrenados muslos que poseía la rubia, abriéndola de piernas para disfrutar mejor de la vista. Sólo entonces retiró lentamente su verga hasta que finalmente una abundante cantidad de fluidos mezcla de su semen y los orgasmos de la chica comenzaron a brotar y caer como una cascada de su caliente e hinchada vulva, manchando todavía más la mesa y la alfombra a sus pies. “Uff.” Ladeó un poco la cabeza disfrutando de la imagen. El cuerpo reluciente de sudor de Yeri desparramado sobre la mesa, sus fluidos combinados brotando de entre los labios de su vagina y cayendo en un espeso hilillo por la mesa, goteando hasta el suelo. Su verga semi-erecta bañada igualmente en sus fluidos y conectada por hilillos transparentes al caliente sexo de la chica. La cabellera de la rubia hecha un desastre, despeinada y desparramada por la mesa, con mechones de cabello pegados a su frente y cara por el sudor. Su rostro relajado, ido, con mirada desenfocada y perdida, con marcas de lágrimas secas bajando por sus mejillas y saliva fresca aun colgando de su mentón. Ni siquiera había despertado aún de su letargo inducido por el orgasmo.

    El portentoso hombre se inclinó y atrapó uno de esos considerables pechos con su caliente boca, usando su lengua para jugar con la piel y el erecto y rosado pezón. Luego bajó con lascivas lamidas y besos hasta su abdomen, acariciando con su boca sobre su tersa piel. “Mmh,” Repartió dulces besos por ese vientre que tan amablemente había aceptado su fértil semilla. Luego la tomó de sus anchas caderas y la volteó lento sobre la mesa, la rubia murmurando palabras incoherentes sin poder hacer nada para resistirse. La acomodó para que quedara con ese rico culito levantado al filo de la mesa.

    “¿Hmnh~?” Con su mejilla afirmada a la fría y húmeda mesa, la respiración cansada de la rubia comenzó a recuperar su ritmo normal, su mirada enfocándose poco a poco. Levantó una mano para limpiar la baba de su mentón, mientras apoyaba la otra en la mesa para intentar levantarse. Por alguna razón se sentía pesada, con su vientre caliente, casi hirviendo, lleno. “¡Ngh!” Pero no la dejaron moverse. Una mano tomó un puñado de su cabellera rubia y jaló firme para hacerla levantar la cabeza, haciendo que gruña por la dominante acción. “¿A-ayudante?” Apenas un susurro medio asustado, pero no le contestaron. Lo único que recibió de respuesta fue esa implacable verga comenzando a invadir su caliente cavidad una vez más. Abrió grande los ojos, “Aahh,” y un delicioso gemido se escapó de su boca abierta por la sorpresa cuando más y más verga comenzó a entrar, su estrecha vagina ahora más acostumbra recibiendo centímetro tras centímetro de carne hasta que volvieron a dejarla llena hasta la base de ese rico instrumento de carne. “NNGH.” Besos y lamidas comenzaron a mojar toda su espalda desnuda, mientras empezaban a sacudir su cuerpito con firmes y expertas embestidas, haciendo vibrar la mesa debajo de ella. Por Dios, sus pies ni siquiera llegaban a tocar el suelo, estaba literalmente siendo montada como una perra, empalada por esa caliente verga. “Ayuudmmmh,” Sus ojos desesperados, desenfocados, buscaron la puerta de su líder. El cuarto donde estaba Irene. Buscó ayuda pues no se creía capaz de aguantar otra sesión de caliente sexo con ese hombre. Era imposible. Sentía que iba a morir. Pero nada, no pudo llamar a nadie. Sus palabras se ahogaron en un nuevo mar de balbuceos, gruñidos y gemidos. “¿Mgmh? ¡Hmn-” No, no, Dios, alguien, ayuda, no, diooos. Su cuerpo siendo sacudido junto a la pobre mesa sin piedad, sus ojos derramando más lágrimas mientras su boca volvía a cantar como loca siendo escuchada por toda la residencia. Sus manos se afirmaron como pudieron de los bordes de la mesa, el húmedo sonido de las embestidas, de las caderas de ese hombre chocando contra sus nalgas resonando por toda la residencia, acompañando los gritos de su cansada voz mientras sus ojos volvían a ponerse en blanco llegando al filo de un nuevo orgasmo.

    ¡Mngh!, no, no, que rico, que rico, noo. Estaba pagando, sí. Creyó que podría manejar ese hombre y a su monumental verga. Creyó que podría superar la tentación en la que su propia líder había caído. Que arrogante había sido y por eso ahora estaba siendo castigada como la niña que en realidad era.

    Que rico.

    *********************

    Notas finales:

    Terminamos con Yeri en este capítulo. Si te ha gustado esta lectura y no has leído capítulos anteriores te recomiendo que les des un vistazo.

  • Escapada a la montaña con mi madre (IV)

    Escapada a la montaña con mi madre (IV)

    Era la mañana siguiente y hacía un día de lujo. Nada más levantarme me asomé por la ventana y vi a mi madre en la terraza del jardín desayunando. Hacía bastante calor, por lo que salí simplemente con shorts. Recordemos que no había llevado calzoncillos, así que mi polla iba balanceándose, cosa de la que mi madre obviamente se dio cuenta, ya que sus leves miradas la delataban.

    -Hola guapa ¿qué tal? -dije yo acercándome a ella-.

    -Pues bien hijo ¿qué tal has dormid…

    Antes de que pudiera acabar la pregunta le planté un besazo de los buenos, bien caliente y con mucha lengua. Morreo el cual ella correspondió, obviamente.

    -Mmm. Hay que ver que bien besas a tu madre cariño, con lo que me gusta a mi un buen beso… -decía ella mientras me daba un piquito para culminar nuestro »saludo» de bueno días-

    -Pues a partir de ahora te saludaré siempre así mami, ya sabes que me encanta besar a una mujer tan guapa.

    -Bueno, bueno no será para tanto jajaja. Por mi no hay problema, pero estas cosas sabes que sólo las podemos hacer aquí, nadie puede enterarse, y menos tu padre.

    -Tranquila mamá, tú no te preocupes por nada… -decía yo mientras me acercaba, fundiéndonos en otro buen beso, esta vez algo más lento y apasionado-.

    -Ufff cariño, menudo calor hace esta mañana ¿no? -decía ella señalando a la evidente erección que dejaba ver mi pantalón-.

    -Jajaja, ¿tanto se me nota?

    -Y tanto que se te nota jajajaja. Oye ya sabes que si tienes que descargar ahí tienes el baño eh, por mí que no te de vergüenza.

    -Lo sé lo sé mamá, de hecho ayer hubo una descarga, y menuda descarga jajaja -sabía perfectamente que ella ya lo sabía, pero quería jugar un poco-.

    -¿Ah sí? Jajaja -se hacía la tonta-.

    -Pues sí. ¿Tú no te descargaste ayer?

    -¿¿Yo?? No no que va, a mi edad no están las hormonas tan revolucionadas cómo a la tuya jaja… -claramente se notaba que mentía-. Bueno si no te importa me voy a pegar una ducha, que este sol ya me ha dejado sudada.

    -Vale, yo desayunaré algo.

    En ese momento y con mi madre ya en el baño se me ocurrió un plan. En la casa había dos baños, pero me inventaría que el otro estaba roto o cualquier tontería para entrar al suyo. Podían pasar dos cosas, una era ver a mi madre en plena faena, lo cual sería gloria pura. La otra opción era que simplemente se estuviera duchando, por lo que al menos la vería desnuda. Ahí fui, piqué muy levemente y sin dar tiempo a una respuesta entré, ya que en mi casa nunca echamos el pestillo a las puertas.

    -Oye mamá necesito mear y el otro bañ….

    -¿¿Hijo pero que haces?? -me interrumpió asaltada ella-

    Menuda imagen, mi madre estaba totalmente desnuda y a punto de entrar a la ducha. Con una mano se cubría el coño y con la otra intentaba taparse las tetas, lo cual era imposible, ya que no conseguía abarcarlas.

    -Perdona perdona mamá, pensaba que todavía no te habrías desnudado. Verás es que la cisterna del otro baño no funciona y necesitaba hacer pis, no podía aguantar -decía yo mientras me sentaba en el váter-.

    -Ay hijo pero haberme avisado y me ponía algo -decía mientras se cubría con una toalla-. ¿Pero por qué te sientas si es para hacer pis?

    -Bueno ya sabes jajaja.

    -¿Cómo que ya sé?

    -Pues… -tímidamente yo aparté las manos de mi polla, revelando mi brutal erección-

    -Ah, emmm, espera no te preocupes que salgo… -mi madre estaba más roja imposible-

    -Noo mamá no seas tonta, es algo normal -le decía yo mientras me levantaba y la paraba en seco-. Es que te he visto así desnuda tan guapa y uno no es de piedra jajaja.

    -Anda ahora me dirás que eso te lo he hecho yo jajaja. Seguro que estabas pensando en la amiguita esa tuya eh jajaja -se la veía algo más relajada-.

    -Pues claro que es por ti mamá. ¿Pero tú te has visto? Y menos mal que no te digo lo que se me pasa por la cabeza, porque entonces sí que no me creías jajaja.

    -Ay hijo es que ya sé que te gusta mucho piropear a tu madre jajajaja. ¿Y qué es eso que dices que se te pasa por la cabeza? -se la veía intrigada y caliente por la situación-

    -Bueno, eso son cosas que no se pueden hacer a una madre…

    -Bueno hijo mientras sea solo decirlas y no hacerlas…

    -Pues… me gustaría tocarte ese precioso par de tetas, ale, ya lo he dicho.

    -¿Es eso en serio? Por dios cariño eso es una tontería, ya me habías asustado jajajaja. Además no es como si nunca lo hubieras hecho, hace un par de días sin ir más lejos jajaja.

    -Yaa pero eso fue por encima del camisón, yo decía sin nada…

    -Bueno si es sólo eso podemos ponerle solución… -se notaba que ella estaba más cachonda imposible-

    -¿En serio? ¿No te molesta?

    -Claro que no cariño, es sólo una caricia inocente, pero ya sabes que nadie se puede enterar -mientras decía esto dejaba caer su toalla hasta la cintura, dejando a mi alcance ese par de tetas.

    Dios por fin las veía desnudas y tan de cerca, eran impresionantes. Bastante blanquitas, con un pezón algo moreno, de buen tamaño, gordos y duros. No me lo pensé dos veces y ahí fui. Comencé tocando los laterales, para después avanzar a la zona de las aureolas pero sin llegar a tocar el pezón, quería crear deseo.

    Ella mientras quería hacer ver que no le importaba, con una leve sonrisa pero intentando no mostrar gusto porque su propio hijo le anduviera sobando las tetas. Tras un buen rato paseándome por todo el pecho, fui directo a los pezones, pellizcando y apretando, pero con mucha suavidad. Ahí mi madre soltó un leve suspiro, el cual seguramente llevaba reprimiéndose ya un buen rato. Su respiración comenzó a acelerarse, sus ojos se cerraron y echó su cabeza hacía atrás. En ese momento en el que no miraba yo aproveché para meterme un par de dedos en la boca y coger algo de saliva, para seguidamente pasar esos dedos por uno de los pezones, dando un masaje bien lubricado.

    -Dios… -dijo mi madre con una voz suave y llena de placer-

    -¿Te gusta? -decía yo mientras con mi otra mano cogía más saliva para el otro pezón-

    -Mmm no… no me gust… aahhh -su voz sonaba de lo más entregada y caliente-.

    En ese momento pude ver como una de las manos de mi madre se dirigía hacia su entrepierna, comenzando a frotar tímidamente su coño por encima de la toalla.

    -Mmm hijo, nunca me las habían tocado de esta manera.

    -Si quieres ya que te ibas a duchar puedo… enjabonarte un poco…

    Ella no dijo nada, y evitando mirarme a la cara tiró al suelo su toalla y entró en la ducha. Dios su coño depilado se veía radiante, estaba tan mojado que hasta brillaba. Tras esto entró a la ducha conmigo cogido del brazo y dejó caer el agua caliente por sus hermosas tetas. Yo por mi parte, cogí el bote de jabón y me eché algo por las manos. Comencé a pasar mis manos esta vez por todo su pecho, amasando bien ese tetamen. Ella tras el primer contacto comenzó a gemir, aunque de una manera muy leve y tímida. En el fondo no quería hacer ver que le estaba gustando. Me fijé también en cómo comenzó a masturbarse muy lentamente, a lo que yo respondí dándole la vuelta, para seguir dándole ese buen masaje bien lubricado pero desde atrás. Debido a esto mi polla chocó con su gordo culo.

    -Ey cuidado con eso… jeje… -no se la veía para nada asustada, pero sí precavida-

    -Perdona mami, es que tú me pones así… -dije yo dándole un leve beso en el cuello-

    -Mmmmm, no sabes lo que me halaga eso cariño. Pero sabes que debemos ser precav… aaagghhh -sus palabras se cortaron en cuanto me centré en sus duros pezones, retorciéndolos muy suavemente y haciendo que ella, a su vez, se retorciera de placer-.

    -¿Te gusta lo que te hace tu hijo?

    -Agghhh sí… digo no… -se estaba empezando a soltar-

    -¿Te gusta cómo te toco las tetas? -decía yo mientras le besaba el cuello y prestaba especial atención a sus pezones. Mientras, mi polla seguía rozando su hermoso culazo-

    -Si… me gusta… me encanta… ¿Y a ti? ¿Te gustan las tetas de mami? Mmm

    -Me encantan, y me encantaría comérmelas.

    -Mmmm no sé- decía ella con voz de niña pequeña mientras se daba la vuelta-.

    Yo no esperé ni un segundo. Eché algo de agua por encima para dejarlas bien relucientes y me abalancé a chupar ese par de melones.

    -Aaaggghhh… dioss… que gusto cariño… -decía mi madre mientras se introducía un par de dedos en su chorreante coño-.

    Yo por mi parte no iba a ser menos, y comencé una lenta paja bien lubricada por una mezcla de jabón, saliva y preseminal.

    -Dios cielo estoy cachondísima, qué comida de tetas me estás haciendo amor, mmmm.

    -Así mami así, tócate bien el coño mientras tu hijo te mama tus preciosas tetaza.

    -Por dios hijo que gusto le estás dando a tu madre. Mmmm pero deberías parar, estoy cerca de… aaagghh… -sabía que mi madre estaba a punto de correrse, por lo que aceleré tanto mi paja como la comida y manoseada de tetas que le estaba haciendo-.

    -Mmmm, si mami preciosa, correte para mí.

    -Dios cariño no aguanto más, agghhh.

    -Yo tampoco mamá, sigue, sigue tocándote, ¡corrámonos juntos!

    -Ay hijo me voy, ¡me voyy me vooyyy! ¡aaahhh!

    Su jugoso coño explotó en una marea de fluidos de todo tipo, mientras que mi polla comenzó a expulsar chorros y chorros de espesa lefa, los cuales cayeron en su pierna, juntándose con su propia corrida. Sus piernas estaban temblando, por lo que yo solté de mi boca una de sus hinchadas tetas para darle un jugoso y salivado morreo, mientras con mis manos la agarraba por el culo. Ahí estuvimos varios minutos, con nuestros cuerpos desnudos bien pegados, llenos de corrida y jabón a partes iguales, mientras nuestras lenguas se saboreaban la una a la otra. En ciertos momentos incluso nos dedicábamos simplemente a entrelazar nuestras lenguas totalmente fuera de la boca, con toda la saliva cayendo sobre las tetas de mi madre. Un espectáculo sin duda guarro y caliente a partes iguales. Tras varios minutos después de esos calientes morreos, mi polla volvía a estar totalmente dura y lista para la acción, por lo que procedí a volver a comerme una de las tetas de mi madre mientras subía una de mis manos por su muslo, dispuesto a tocar su todavía húmeda entrepierna. Por desgracia rápidamente ella paró mi escalada hacia su jugoso coño, saliendo de la ducha y poniéndose la toalla.

    -Cariño debemos parar, esto que acabamos de hacer está fatal.

    -Pero mamá, sabes tanto cómo yo que te ha encantado -dije yo mientras me acercaba a ella-

    -Cielo, si he de serte sincera, hacía años que no tenía un orgasmo tan intenso, pero hemos ido demasiado lejos.

    -Pero mira cómo estoy -yo empezaba una suave paja mostrándole toda mi polla bien empalmada.

    -Ya veo ya… no se te acaba la energía eh jaja -decía mientras se mordía el labio inferior de la boca-. Pero no cariño, esto es algo que no puede repetirse. No te voy a negar que yo también sigo caliente, pero somos personas adultas y sabemos cuando parar. Mira yo me voy a duchar al otro baño y tu quedate aquí, poniéndole solución a eso jajaja -decía mientras me guiñaba un ojo-.

    -Está bien mamá, supongo que tu también tendrás ganas de ponerle solución a lo tuyo -dije yo mientras le daba un último morreo bien guarro y húmedo-.

    -Mmmm… ufff… Bueno yo ya he tenido suficiente por hoy hijo, no tengo tanta energía como tú jaja -tanto ella como yo sabíamos que iba a tocarse cómo una cerda nada más llegar al baño-.

    Tras esto se fue rápidamente cerrando la puerta. Yo obviamente me había quedado con ganas de algo más, sobre todo de recibir esa corrida directa del coño de mi madre a mi boca. Pero también sabía que no podía forzar más la situación, sino ella se cerraría en banda. Tras eso yo me hice una paja ya más relajada, lo justo para quitarme las ganas. El día transcurrió sin mayor novedad, salvo un par de idas y venidas al baño por parte de mi madre de las más sospechosas. Sin embargo la noche esperaba, y yo no iba a quedarme de brazos cruzados.

    Continuará…

  • La mujer del pastor (Parte 4)

    La mujer del pastor (Parte 4)

    Después de pasar la tarde y parte de la noche,  en casa de Alicia llegué a mi casa y durante el camino y esa noche pensaba en Alicia, Rocío y la chica que no sabía todavía quién era que nos observaba mientras Alicia y yo disfrutamos de un sexo de infidelidad.

    Pasaron unos días y como todos los miércoles, día en que prácticamente soy el único que va a utilizar uno de los tres cubículos de estudio que hay para los feligreses, y estando concentrado leyendo la biblia, tocaron a la puerta, extraño yo era el único en el templo.

    Abrí la puerta y oh sorpresa, era la chica que ya conocía mi verga, después se estar espiándonos en la casa de Alicia.

    – Hola, soy Angélica, Alicia es mi madre y yo quiero lo que le dabas a ella.

    – wow, eres bastante directa,

    Angélica, un poco más alta que su madre, se acercó y se desnudó antes de que pudiera decirle, algo. Se sentó en el escritorio y me pidió le comiera su coño, el cual estaba cubierto de unos pocos bellos dorados. Quien soy para no hacerle caso a una mujer hermosa y llena de vida.

    En ese cubículo del templo, me arrodille frente a ese joven altar del sexo, y probé de esa bendita y deliciosa cuca. Lamí su pepita, Mordí eso labios todavía rosados y metí mi lengua lo más profundo que pude. Angélica estaba extasiada y temblaba, metí un dedo en su coño, aunque no era virgen estaba muy apretada. Se vino rico, me encanta que mis mujeres se corran deliciosas y primeras que yo. La tome de la cintura y la senté en el sofá, saque mi verga y se la puse en los labios, saco su lengüita y lamio el falo en su cabecera, chupo y lamio como si fuera un cono de helado. Le tenía la cabeza entre mis manos, la tome con fuerza y me culee esa boquita, su saliva mojaba todo, le metí la totalidad del miembro hasta lo más profundo de su garganta donde me vine y le toco tragarse todo.

    Me senté a su lado y me contó que le había tocado regresarse de donde iba a quedarse un par de días, y al entrar a casa escucho los ruidos que su madre y yo hacíamos y la curiosidad le hizo quedarse a ver. Se calentó y esa noche decidió que me tendría.

    Me dijo que sabía que yo estaba en el templo los miércoles, y generalmente no había nadie más. Que si padre había llevado a su madre al CC y ella le dijo que iría al templo a estudiar un rato. El pastor la pasaría a buscar en unas horas.

    La cogí de la mano, la levante del sillón y nos fuimos a la oficina del pastor, más cómoda, allí me desnude por completo y acostándola en el sofá como un sacrificio al dios del placer.

    La bese, jugué con sus pezones jóvenes de chica de 21, le di dedo a sus clítoris mientras mi verga crecía en su boca. Ya lista me subí al escritorio y la penetre, se la metía y se la sacaba, despacio, y por momentos a toda velocidad, Angélica gemía y se movía como la serpiente del paraíso. Nos tocábamos y besábamos mientras disfrutábamos de este delicioso encuentro. Se corrió rico y yo me abstuve, tenía una idea loca en mi cabeza.

    Todavía con mi erección a full, salimos de la oficina y fuimos al salón central del templo, subí al pulpito donde el pastor, padre de Angélica, marido de Alicia predicaba. Nos paramos detrás del mesón del pulpito y Angélica se dobló sobre él. Me corrí hacia atrás y la vista era magnifica, las bancas vacías, y el culo de la hija del pastor en mi visión, imagine el salón lleno, me acerque a su oído y le dije que se la metería por el culo, y sin pestañear escupí en su ano y metí la cabeza de mi verga. Espere unos segundos y empecé a bombear ese culo de proveniencia inocente y pastoral. Que delicia, esta chica aprendería y sería mía al igual que su madre por un buen tiempo.

    Seguí dándole por el culo mientras me imaginaba ese templo quiero de feligreses y viendo la cara de placer y satisfacción de Angélica acelere mis movimientos y con un par de AMEN, le invadí el culo con mi perversa lechecilla.

    Cansados y pendientes del tiempo, notamos que faltaba bastante para que vinieran por ella. Decidió que se iría a su casa y estando en casa le avisaría a su padre el pastor, que no pasara por ella.

    Me ofrecí a llevarla, y salimos para la residencia. En el camino Angélica insaciable me mamaba mientras conducía y mis dedos jugaban con su coño y culo.

    Llegamos y Angélica me dice parece no hay nadie en casa, papa parque afuera y no está su auto. Y Piadosa debe estar donde alguna amiga vecina su ventana está cerrada. Me ofreció una rápida bebida, riesgoso pero ni modo, asentí y caminamos hacia la puerta, abrió con su llave, y entramos en silencio, la bese en el cuello y escuche un gemido delicioso, pero no era de Angélica.

    Nos miramos y caminamos hacia el ruido, llegamos a las alcobas y el sonido crecía, una chica gemía, pareciera se estuviera masturbando, nos fuimos acercando y al mirar por la puerta abierta, oh sorpresa.

    El pastor estaba con su verga al fondo del coño de Piadosa.

    Parte 2

    Angélica y yo retrocedimos, nos miramos y volvimos a asomarnos con cuidado, el papa de Angélica seguía bombeando a su hija menor, ella gemía y pedía le dieran más duro, yo ya tenía una erección nuevamente, me puse detrás de Angélica, y subiéndole la falda, corriendo de lado su panti, la penetre, y culeamos mientras su hermana disfrutaba de su viejo, el pastor.

    El pastor se corrió en su hija, ella se sentó y limpio con su boquita el miembro de su papa. El pastor le dijo que debía salir a buscar a Alicia.

    Piadosa se quedó acostada y nosotros nos escondimos, Angélica le mando un mensaje a su padre diciéndole que ella había terminado y que salía para la casa.

    El pastor, abrió el garaje, saco el auto y se fue.

    Angélica, y yo decidimos ir a terminar nuestra arrechera donde Piadosa. Entro solo Angie, yo me quede espiando, Angélica se desnudó y entro despacio, Piadosa, dormitaba boca arriba con su coño, sin un solo vello, el semen del pastor goteaba, y Angie, se arrodilló y lamio suavemente el bello coño de su hermana la lengua hacia figuritas entre los labios jóvenes de Piadosa.

    Una disfrutaba dando lengua y la otra recibiendo lo que probablemente pensaba era su padre comiéndosela. Piadosa se dejó llevar y recibió un orgasmo delicioso, se movía y gemía ya ruidosamente. Abrió sus ojos y vio a su hermana, sonriente entre sus piernas, se sobresaltó y sentó rápidamente, no tenía palabras. Angélica se levantó y puso su coño frente a Piadosa, y le dijo:

    – cómeme, hacerme venir como tú lo acabas de hacer…

    Tentativamente, Piadosa extendió su lengua y lamio el coño de hermana. A medida que pasaban los minutos, y aprendía, se susto se fue perdiendo y su entusiasmo creciendo.

    Angélica le tenía la cabeza y la presionaba contra sus labios vaginales. Yo tenía una erección de tracamandaca, y la mantenía húmeda y excitada con mi mano, entre despacio y poniéndome detrás de Angélica la agarre se loa senos y le metí mi falo en su coño, despacio , para cuando Piadosa se percató, ya estaba su lengua lamiéndome a medida que entraba y salía.

    Era mucha la arrechera, Angélica y yo nos corrimos, y caímos sobre Piadosa, la cual ya más tranquila nos contó de su relación con el pastor, el cual se la estaba papeado desde que cumplió 18 años, que le había gustado comerse a su hermana y a la vez le contamos de la relación entre Angélica y yo. Dejamos por fuera a Alicia. (Por ahora).

    Decidimos planear para lograr que el pastor se uniera y así mejorar su sexo con Alicia Solo buenas intenciones haha).

    Continuará.

  • Cómo descubrí a mi hija con su papá

    Cómo descubrí a mi hija con su papá

    Soy Martha tengo 48 años y muchas cosas por contar. No sé si me sirva de algo, contar como ha sido mi vida sexual desde que era una niña; pero yo pensé que ya de casada, las cosas iban a cambiar, pero no fue así. Hay días en las que me gusta y me excita recordar, lo mucho que he gozado con la verga de todos los hombres con los que he cogido, pero otros como hoy me siento mal con haber dejado pasar muchas situaciones que no están bien vistas por «la sociedad», quisiera compartirles una de esas historias.

    Me case muy joven a los 18 años, con mi marido ya llevábamos 1 año de noviazgo, pero más de 10 meses de estar cogiendo, pensé que con mi matrimonio la calentura sexual que tengo se controlaría de alguna manera, pero no fue así.

    Aunque mi marido y yo teníamos sexo 2 o 3 veces por día, no podía apagar el fuego que siempre tengo dentro de mi; a los 15 días de casada, supe que el casarme no iba a ser la solución, ya que engañe a mi esposo con un compañero de mi trabajó.

    Pero buen me he salido un poco del tema, pero quería poner en contexto del porque actúe de la manera, que lo hice.

    Con mi marido tuvimos 2 hijos, el mayor, hoy con 26 años, es de él y una hija que hoy tiene 21 años, ella no es de él, se lo tuve que confesar, ya que, mi esposo es moreno claro y mi hija es blanca como la leche, ya sé que eso no es determinante de nada, pero la confianza que le tengo y la complicidad de tantos años de convivencia, me dieron la pauta para hacerlo; mi esposo y yo somos muy abiertos para las cuestiones sexuales, él sabe de mi gran calentura y de cómo me encanta la verga, tanto así, que me dio permiso de coger con quién yo quisiera desde que teníamos 5 años de casados, realmente soy muy feliz con este permiso.

    Mi relato comienza cuando mi hija ya era una adolescente, cursaba el último año de la preparatoria, estaba bellísima, un cuerpo delgado, justo lo necesario para gozar de la vida, afortunadamente no salió a mi en nada, no saco las grandes nalgas, que tantas cosas buenas y malas, me han traído, ni lo puta, en fin.

    Por motivos de trabajo y de andar de puta. Llegaba a casa cerca de la medianoche, ya se había hecho costumbre que mi hija se acostara con mi esposo, hasta que yo llegara de trabajar, en cuanto lo hacía la despertaba y ella se iba a su recámara; siempre que llegaba a casa, tomaba un café y un pan, después me iba a la recámara a despertar a mi hija, cabe mencionar que de toda la vida de casados, yo siempre me he dormido desnuda a lado de mi esposo, él siempre me abraza por atrás reportándome su verga entre las nalgas, era normal para nosotros dormir así.

    Pues bien, todo iba de lo más normal, hasta que un día que estaba lavando la ropa de mi esposo, note como varias de sus trusas tenían una gran mancha de semen seco en el área de la verga, no era algo desconocido para mí, ya que en infinidad de ocasiones al restregarme su verga entre las nalgas, él se la sacaba y me penetraba y cogíamos muy rico, pero ya tenía rato que no lo hacíamos de esa manera, mi corazón de madre me puso en alerta y lo que había pasado con mi propio padre y mis hermanos, me hicieron ver qué había algo que no estaba bien.

    Me dispuse a investigar que estaba pasando.

    Empecé a llegar un poco más temprano de lo habitual, pero no le avisaba a nadie de mi familia y llegaba directamente a la recámara donde dormían mi hija y mi marido y abría la puerta despacio, con la esperanza de no encontrar nada raro, para mi desgracia y sorpresa no fue así. Encontré a mi hija y a mi marido cogiendo. No lo podía creer, la historia que me pasó a mí, se estaba repitiendo.

    Después de lo que vi, salí de la recámara, ellos ni cuenta se dieron.

    Decidí platicar con mi esposo y ver qué estaba pasando. Le dije lo que había visto, él al principio me lo negó, pero después terminó por aceptar que se estaba cogiendo a su hija.

    Lo tomé con calma, por todo lo que me tocó vivir con mi padre y mis hermanos y le dije que me platicara como había pasado está situación.

    Me dijo que nunca en la vida había siquiera imaginado hacer eso, ni porque sabía que no era su hija. Me dijo que ya estaba acostumbrado a que cuando le acostaba, el me abrazaba y se me pegaba, pero estaba muy consciente de que la que se estaba a acostando no era yo sí no su hija, de hecho él se acostaba retirado de ella para evitar cualquier cosa, pero ella era la que se pegaba a él.

    Al principio él se dormía con ella con un pants como pijama y mi hija con un pequeño short muy pegado a sus nalgas. Me contó que muchas ocasiones era mi hija quien le pedía que la abrazara para poder dormir mejor, al principio lo hacía sin ningún morbo, pero ella le pegaba las nalgas a la verga, el cuando sentía eso se alejaba de ella, pero una ocasión, estando dormido la abrazo y le puso la verga entre las nalgas, mi hija no dijo nada, pero de ahí no pasaba, pero era más frecuente que durmieran así, hasta que el descubrió que dormido, le daba sus repegones como si fuera a mi. Dice que desgraciadamente había probado un fruto prohibido y se dejó llevar.

    Él dice que un día confronto a mi hija, ya que en varias ocasiones se despertó con la verga de fuera y la trusa abajo, mi hija con su short todo mojado de la parte de atrás, ella le dijo que no se preocupara, ya que ella sabía que él era hombre y tenía sus necesidades, pero ella también y que no había problema de seguir «jugando» así; el problema vino cuando mi hija le propuso dormir en pura ropa interior, la semilla de la tentación estaba sembrada, solo había que cultivarla y cosecharla y el sucumbió ante ella, esa misma noche, mi hija le dijo que se acostaran sin pijama, el ya no dijo nada y se quitó el pantalón y se acostó usando solamente una trusa, le pregunté que mi hija que había hecho, me dijo que solo se le quedó viendo a la verga que estaba medio parada, después ella se quitó su short y se acostó junto a él, ella le pidió que la abrazara, él lo hizo, ya tenía la verga bien parada y quiso probar que tanto quería «jugar» mi hija.

    La abrazo y le puso la verga entre las nalgas, ella no dijo nada, solo se concretó a empujarse más a él, al principio la cordura pudo más que el sexo, pero al final acabó sucumbiendo ante él; después de varios días haciendo lo mismo, él se sorprendió de que ese día mi hija le dijo que tenía calor y que se iba a acostar si su playera de pijama, así lo hizo y mi esposo ya no pudo aguantar la tentación y se acomodó entre sus nalgas, pero ahora ya le acarició sus tetas, ya no pudo más, le bajó la pantaleta, él se bajó la trusa y le puso la verga entre las nalgas, no hubo palabras que decir, el simplemente se la acomodo en el culo y mi hija se aventó y la penetró, ella dio un pequeño grito de dolor, pero ya no había marcha atrás, se la fue metiendo poco a poco, hasta que sintió sus nalgas en sus vellos, ahí la dejo un rato, hasta que mi hija se empezó a mover, él lo tomo como una señal y empezó a bombearla, primero despacio y lentamente, después muy rápido e intenso, mi hija ya jadeaba y le pedí que no se detuviera, la estuvo bombeando por varios minutos, hasta que estalló dentro de ella, dice que eran chorros de mocos los que le aventó en el culo, así quedaron hasta que su verga se salió de ella por si sola; cuando reaccionó, no sabía que hacer, solo le pedía disculpas a mi hija por lo que había pasado, ella solo le dijo que no se preocupara, simplemente en ese momento eran un hombre y una mujer.

    Mi hija se levantó y se fue al baño a asearse, mientras mi esposo se quedó muy confundido con lo que había pasado, no lo creía, no sabía que iba a decirme.

    Desgraciadamente no termino ahí.

    Pero eso ya se los contaré en la siguiente, porque se me alargó mucho el relato y no quiero aburrirlos. Gracias por leerme.

  • Mi sobrina arma mi fiestita de cumpleaños con amiguitas

    Mi sobrina arma mi fiestita de cumpleaños con amiguitas

    Con mi sobrina Mariel, que sigue viviendo en casa, desde aquella vez no hemos tenido grandes encuentros.  Ya pasaron más de 6 meses y cada vez son más espaciados, ya que yo “casi” estoy en pareja con Majo.

    Si fueron varias las noches que ella se juntaba con amigas en su cuarto y yo con Majo en el mío. Y era un recital de gemidos, algunos gritos y mucho sexo. Lo cómico que muchas mañanas nos encontrábamos desayunando solo en ropa interior todos.

    Un jueves por la noche estábamos en casa cenando y me pregunta:

    “Martin, vos cumplís años mañana?”

    “Si, mañana”

    “¿Y no vas a organizar nada, ninguna cena formal, fiestita, algo?”

    “No, hasta ahora nada. Quizás el fin de semana”

    “Bueno, como vos quieras”

    La verdad era que esta vez me pegaba cumplir años. No sé por qué, pero me sentía más viejo. La noche de mi cumple Majo quiso cenar afuera, y fuimos a un restaurant de moda. No nos habíamos acomodado que llegaron Lilian, Juan, con quien convivían hace 5 meses, y Mariel.

    Obviamente todo organizado por Majo. La pasamos bien, y realmente me levantaron el ánimo.

    “Che, este cumpleaños tiene poco festejo. Mañana los espero en la quinta al mediodía, tenemos que festejarlo en forma. Yo ya organicé todo, solamente tienen que ir. Ah, y con muchas ganas de pasarla bien”

    El resto me convenció y termine aceptando.

    “¿Juan, puedo ir con dos amigas??

    “Si, claro, qué problema hay.”

    Después fuimos a bailar, y nos acostamos cerca de las seis de la mañana. Nos levantamos y al salir encontramos una nota de Mariel que ella iba por su lado. Llegamos a la quinta, verdaderamente de lujo, y Juan nos mostró un dormitorio para cambiarnos y por si queríamos pasar la noche. Minutos más tarde llegó Mariel con las amigas. Saludaron y fueron a cambiarse. Eran dos chicas muy menudas, no llegaban al metro sesenta de altura, parecían agradables pero de poco hablar.

    Estábamos tomando un aperitivo cuando las tres, Mariel y sus amigas, pasaron corriendo a la pileta y se tiraron.

    “Hay algo raro con las amigas de Mariel” dijo Majo.

    “Si, que son competencia para vos” le retruco Juan

    “Son dos chiquitas, no me duran nada” dijo Majo

    Salieron del agua, se cubrieron con toallas, anudándolas al pecho, y se sentaron con nosotros. Juan hizo un asado estupendo, muy bien regado con vino, y nos quedamos en una galería a la sombra por un rato.

    Nos cambiamos y fuimos a la pileta. Las dos parejas estábamos en la pileta cuando vimos que Mariel y sus amigas jugaban tiradas en el césped. A lo lejos podíamos ver que las dos amigas “atacaban” a Mariel y ella se dejaba hacer.

    Cuando salimos de la pileta, y nos tiramos en las reposeras, Mariel las trajo de la mano.

    “Majo, si no te enojas, este es mi regalo para el “tiito querido”, mis dos amiguitas”

    “Si que sos osada, traer chicas para que él se divierta, y yo”

    “En realidad, son para el tío, pero las puede compartir con Juan, si mamá se engancha con nosotras un rato”

    “No me gusta mucho la idea, dijo Lilian, pero por ser el cumple de Martín voy a estar de acuerdo”

    “Entonces vengan, pongámonos acá en el césped y veamos que hacen.”

    Las dos chicas realmente eran lindas, buenos pechos, aunque algo chicos. Vinieron ambas a mí, empezaron a besar mi pecho, mis pezones mientras acariciaban mi entrepierna. Me besaban el cuello una a cada lado, y fueron metiendo sus manos bajo mi short de baño. Mi pija fue aumentando de tamaño, poniéndose dura por los mimos y las manos de las chicas. Giré la cabeza y Juan ya tenía la verga en su mano, miraba a las chicas que estaban conmigo y a Lilian y las otras, que estaban empezando a tocarse mutuamente, sin dejar de mirarnos.

    Me sacaron el short y ambas empezaron a pasar su lengua por mi pija. Se alternaban para chupar mi pija y mis bolas.

    Se sacaron los corpiños de las mallas y pude apretar esos pequeños pechos. Según Mariel nos había dicho, las dos tenían 19 años. Majo chupaba las tetas de Lilian, y Mariel las de Majo. Sus manos estaban entremezcladas en sus sexos.

    Le hice una seña a una de las chicas y fue a chupar a Juan. Era muy placentero sentir la forma de chupar, tomándose todo el tiempo, se notaba que ella misma gozaba. Majo se me acercó y me habló al oído

    “Es muy notorio que estas gozando la chupada, podrías disimular un poco desgraciado”

    “Por toda respuesta tomé su cabeza y la atraje para besarla, mientras metía dos dedos en su concha húmeda y la masturbaba con ganas”

    “En realidad ahora estoy gozando bien, y vos también”

    Lilian disputaba chupar la pija con la otra chica, mientras Mariel, ya si malla, nos miraba con las piernas abiertas y masturbándose.

    Al rato Mariel se acercó a mí y me dijo:

    “Vos sos muy degenerado y te gusta romperle el culito a las chicas, te apetece el de mi amiguita”

    “Hijo de puta, ahora vas a cogerte un culito bien estrecho” dijo Majo.

    Mariel se puso detrás de la chica que me chupaba, se chupó un dedo y metiendo su mano por debajo de la bombacha de la malla se lo metió en el culo

    La chica dio un leve salto y empezó a mover el culo

    Mariel hizo parar a las chicas, y les ordenó quedar desnudas.

    Y la sorpresa fue grande al ver que eran dos travestis, con penes muy pequeños, no más de cinco centímetros. Juro que me quedé congelado, lo mismo que Juan y nuestras parejas.

    “Este es mi regalo, Tío. Dos chicas trans muy, pero muy femeninas y muy putitas.”

    Majo solo dijo: “Les dije que había algo raro”. Pero inmediatamente, se puso a chupar ese pequeño pene. Lilian la imitó. Mariel iba de la pija de Juan a la mía chupándolas.

    “Flor de trolas resultaron ser mi mamá y Majo, miren como les chupan las pijas y les meten dedos en el culo”

    “Vení chiquita, vas a disfrutar a mi macho y su pija” le dijo Majo y la sentó enterrando mí pija en su culo de una.

    La chica dio un grito, porque no estaba lo suficientemente dilatada. Dejó que se acostumbre mientras le volvió a chupar la pija.

    Juan en cambio, la fue enterrando de a poco. Lilian estaba a su lado y le decía obscenidades. Majo seguía con su tarea de chupar pijas.

    Pasaron unos minutos y Juan me hizo una seña. Puso a las chiquillas haciendo 69 y las forzaba para que se chupen mutuamente. Nos pusimos detrás y las volvimos a penetrar. Explotamos dentro de sus culos e hicimos que nos limpien la pija.

    Lilian y Majo se revolcaban y se sacaban orgasmo tras orgasmo, mientras que Majo se satisfacía a si misma.

    Descansamos un rato, Majo llevó a las chicas al baño tomadas de las nalgas. Se había quedado caliente.

    “Es sabido que soy la más puta de las putas, y ahora quiero que me satisfagan” dijo Majo.

    Majo y Mariel, comenzaron a chupar las pijas de las chicas, cuando estuvieron bien paradas, lo mismo que las de Juan y mía, me pidió que me acueste boca arriba, se metió mi pija en su culo y llamó a Juan para que la penetre por su concha.

    “Estos son machos, que lindo me cogen, por favor. Y Uds. denme a mamar sus pijitas”

    Nosotros nos movíamos y ella también. Su cuerpo era una anguila moviéndose entre nosotros. Lilian y Mariel tocaban y chupaban sus pechos,

    “SI, así los seis haciéndome gozar, que hermoso, soy la puta mayor!!!” gritaba.

    Cuando sintió que las pijitas se derramaban en su boca tuvo un tremendo orgasmo, y quedó rendida.

    Nosotros todavía estábamos para más.

    “Juan, vos no te acordaste, pero yo sí, ayer cumplimos 5 meses juntos…” dijo Lilian

    “Desde aquella noche, nunca más te di el gustito, tenés ganas de hacerme la colita, mira que está bien estrechita, apretadita, te va a costar”

    “Cinco meses me tuviste deseándolo, ahora vas a ver, mierda te voy hacer, Martín, vos a la boca, Mariel, vos a las tetas”

    La puso en cuatro, y le escupió el ano. Se lo fue metiendo de a poco hasta que entro la cabeza, Allí empujó con todo y se la enterró hasta el fondo. Esto hizo que al ir hacia adelante, mi pija le llegue a la garganta. Le empezó a dar palmadas cada vez más fuertes, su culo se fue enrojeciendo

    “Tremenda puta que sos. Como te gusta que te hagan el culo, y chuparla”

    “Si papi, pero mi culo es solo tuyo”

    Juan la tomó de los cabellos mientras la fajaba y se quedó quieto.

    “Movete puta, ahora te vas a mover hasta que nos hagas acabar, dale”

    El tirón de cabellos, las nalgadas y sentir las dos pijas la llevaron a calentarse al máximo. Apretaba mi pija con los labios y me masturbaba al mismo tiempo. Cuando notó que llegaba, aumentó el ritmo haciendo que le llene la boca. Saque mi pija toda manchada de semen y se la restregué en la cara. Juan vio eso y se volvió loco.

    “Como te gusta la leche de tu hermano, que puta” y en dos bombazos le llenó el culo.

    Nos quedamos a la noche y siguieron los cruces. A Majo le gustaba tener a las dos trans con ella. Después le pediría a Mariel que le lleve otras a casa.

  • La putita del vecindario (Parte 2)

    La putita del vecindario (Parte 2)

    Pasó menos de un minuto desde que Julián finalizó la llamada y ya tenía a su lado a su compadre,  un hombre de casi 60 años, era aún más gordo que Julián, igual de moreno, pero de baja estatura.  Tenía un bigote muy tupido que se veía mojado por la cerveza que estaba tomando. Empezaron a platicar en voz baja entre ellos, y lo único que pude entender de lo que decían fue que el nombre de su compadre era Felipe, y que tenían suerte de encontrar a una putita como yo. Felipe se acercó a mí y empezó a manosear mis piernas y mi trasero.

    – “Oye Julián, no seas cabrón, esta puta tiene semen escurriéndole de la cara ¿ya te la cogiste y no me invitaste?” Le dijo Felipe en tono burlón.

    – “Solo fue una mamada compadre, tenía que probar antes la mercancía ¿no cree? Además yo solo salí a mear y esta puta se me quedó viendo y solita se acercó para chupármela, ni tiempo tuve para sacudírmela”, contestó Julián riendo. “¿Entonces compadre? Nos la llevamos a su camión o al mío?”

    – “Vamos para el mío, ya lo descargaron y tengo unas cervezas, así que hay espacio y ahí nos podemos divertir más.” Y dirigiéndose a mí, Felipe me nalgueó, y apretando una de mis nalgas, viéndome fijamente a los ojos, me dijo: “Vas a hacer todo lo que te digamos y nos la vamos a pasar bien, ¿entendiste?”

    Yo solo mordí mi labio inferior y sumisamente le dije que sí con un breve movimiento de mi cabeza. Caminamos hacia uno de los camiones y Felipe abrió una de las puertas del compartimento de carga. Me hicieron pasar mientras subía a ese altísimo camión, estando segura de que disfrutaban la vista de mi culo completamente expuesto mientras iba subiendo. Entré y ese enorme espacio estaba completamente vacío, me siguió Julián y al poco tiempo entró Felipe con un cobertor que tiraron en el piso del camión y una caja llena de cerveza. Abrieron una para cada quien y me invitaron una, la acepté y empezamos a tomar. No llevaba ni la mitad de mi cerveza cuando Felipe se desabrochó el pantalón y se sacó la verga. Me sorprendió que siendo tan chaparro y gordito la tuviera de tan buen tamaño, y aún no estaba completamente erecto. Tomó mi mano y la llevó hasta su verga, empecé a jugar con ella mientras lo veía cuando de pronto se aceró a mí y me besó, metiendo completamente su lengua con sabor a cerveza y cigarrillos dentro de mi boca, mientras Julián manoseaba mis piernas y mis nalgas. Me ordenaron que me pusiera en cuatro y obedecí de inmediato. Mi boca fue directamente a la ya completamente erecta verga de Felipe, la cual pude tomar con una mano mientras lo masturbaba, y aún me quedaba suficiente para seguir chupándosela. Mientras estaba en eso, sentí como Julián levantó mi vestido, hizo mi tanga a un lado y empezó a comerme el culito, metiendo su lengua profundamente mientras hacía movimientos circulares, haciéndome estremecer con cada lamida y cada beso.

    Sentí de pronto una presión en mi hoyito, mientras Julián colocaba su verga y la empujaba lentamente hacia mí, abriéndose paso dentro de mi culito apretado y ensalivado, hasta que estaba completamente dentro de mí. Soltó un leve gemido, me saqué el pene de Felipe de a boca y miré hacia atrás, sobre mi hombro, para observarlo dando un trago grande a su cerveza hasta terminarla y empezar un movimiento rítmico y suave, entrando y saliendo de mí muy lentamente. Regresé mi atención hacia Felipe y, más caliente que antes, le chupé frenéticamente la verga, desde la base hasta a punta, sin dejar un solo centímetro sin atender con mis labios y mi lengua. Solo podía imaginarme la imagen del espectáculo que estaba protagonizando en ese momento: una putita rubia tirada en cuatro dentro de un camión, con el vestido levantado, la tanga hacia un lado, siendo penetrada por dos hombres que tenían más del doble de mi edad, gordos, viejos, con un penetrante olor a cerveza. Este pensamiento me puso a mil, ya no pude más y empecé a gritar de placer y a rogarles que me cogieran más fuerte.

    – “¡Ughhh! Me encanta como me cogen, denme más fuerte, quiero que me cojan con todas sus fuerzas, que me destrocen mis hoyitos, ¡soy su putita!”

    Al escucharme empezaron a reír y a decir entre ellos:

    – “¿Cómo ve a esta puta compadre? Coge muy rico pero no sabe lo que está pidiendo”, dijo Felipe.

    – “No se apure, si quiere verga vamos a dársela, hace mucho que no nos encontrábamos algo así y no la voy a dejar ir tan fácil”, respondió Julián para después dirigirse a mí mientras aceleraba el ritmo de sus embestidas: “¿Quieres verga putita? ¿Crees que puedes aguantarnos a los dos? Te vamos a cumplir tu deseo aunque te arrepientas”, y me dio una nalgada fuertísima que dejó ardiendo mi nalga derecha.

    Julián me tomó fuertemente de la cintura, empujándome hacia abajo, mientras sus embestidas aumentaban en intensidad. Sentía como entraba y salía casi por completo, calentando mi hoyito y haciendo temblar mis rodillas. Me nalgueaba de vez en cuando mientras me decía obscenidades, que yo era su puta, que era una zorra, una pendeja, que lo único para lo que servía era para que me metieran la verga, y a cada palabra me excitaba más y más.

    Intentaba gritar, pero mi boca estaba completamente ocupada con Felipe, quien tomaba mi cabeza por los lados para embestirme igual de fuerte, metiendo su verga hasta donde mi garganta lo permitía, dejándome clavada y sin respirar hasta que se le antojaba, siempre en silencio, sin emitir mayor sonido que el de sus ocasionales gemidos y su respiración fuerte, hasta que sacó su verga, la apuntó a mi boca y dijo “abre bien la boca, no desperdicies ni una gota” y eyaculó sobre mí cara, entrando la mayor cantidad en mi boca. Fue una descarga de semen muy abundante, espeso, con un sabor delicioso. Acercó su verga a mí y lamí hasta la última gota, dándole un pequeño beso en la punta al finalizar, para verlo directamente a los ojos guiñarle un ojo mientras le sonreía.

    Julián, que seguía con su ritmo frenético, al ver cómo devoraba el semen de su amigo, sacó su verga de mi hoyito diciendo “¿Así que te gusta la lechita? Aquí hay más para ti puta”, y clavo su verga en mi boca sin darme oportunidad de nada, obligándome a saborear mi propio culito, y corriéndose dentro de mi boca. Sentí el primer chorro contra mi paladar y detuve el resto con mi lengua, mientras estaba sentada en el piso, con mi culo adolorido, bebiendo mi tan merecido premio. Sacudió su verga en mi frente, dándome unos pequeños golpes, para después limpiarse, voltear con Felipe y decirle “Compadre, tengo que irme porque mañana temprano descargar mi camión. Aquí le dejo a esta zorrita, no se vayan a desvelar mucho”. Después se dirigió a mí, me levantó para manosearme de nuevo el trasero y viéndome fijamente me dijo “Me la pasé muy bien Adriana, coges riquísimo. Espero que nos volvamos a ver pronto”, salió y me dejó a solas con Felipe.

    Acomodé mi vestido y me senté a un lado de aquel hombre que había quedado conmigo, me invitó algo más de tomar, lo cual acepté, y empezamos a platicar. Me contó sobre su vida, tenía 59 años, era divorciado desde hace dos o tres, sin hijos, siempre había trabajado como transportista y, aunque ya no era joven, prefería seguir manejando pues la carretera siempre fue su vida. Me pareció impresionante que se abriera así conmigo, y me llenó de confianza. Le platiqué acerca de mí, de mis gustos, de mi aventura con Don Julio y cómo fue el primer paso de muchos que pensaba dar en ese camino. Nos caímos bien, más allá del sexo que habíamos tenido hace unos minutos, tuvimos una conexión.

    Y mirándonos fijamente nos fundimos en un beso apasionado, no hacía falta decir algo más, me senté sobre él mientras pasaba mis manos por detrás de su cabeza, y el acariciaba lentamente mis piernas y mis nalgas, delicadamente, subiendo poco a poco mi vestido hasta quitármelo por completo. Besó mi cuello y me hizo estremecer, pero cuando bajó un poco más y sentí su lengua juguetear lenta y suavemente sobre uno de mis pezones, un escalofrío de placer recorrió mi cuerpo. Me dio a lamer uno de sus dedos, el cual lo dejé bien ensalivado, para que después lo metiera poco a poco en mi hoyito. La sensación de sus labios y su lengua sobre mis pezones, una de sus manos tomándome firmemente por la espalda, mientras me masturbaba con un dedo, me hicieron rendirme completamente. Me separé para llevarme su pene a mi boca y él no lo permitió, se recostó y solo me dijo “Ven”, y entendí lo que quería. Me quité la tanga y unté un poco más de saliva en mi hoyito, para después poner mis piernas a sus lados y sentarme lentamente sobre él, dirigiendo su durísima verga a la entrada de mi culito y metiéndola un poco, para después dejar caer mi peso y sentirla por completo. Él no dejaba de verme, yo admiraba a ese hombre, con su abdomen abultado y pecho completamente cubiertos de vellos; estaba fascinada.

    Comencé a cabalgarlo a un ritmo lento, no teníamos prisa y se notaba que le encantaba. Sentía cada centímetro de su pene entrar y salir, palpitar dentro de mí, volviéndome loca. Él se limitaba a verme en silencio, a juguetear con mis pezones y pellizcarlos suavemente. No podía esconder mi enorme excitación y mi pequeño pene se endureció, lo cual no parecía importarle. Después de unos minutos así me pidió que me acostara, lo obedecí y se acercó a mí. Abrió mis piernas y las colocó sobre sus hombros, para después penetrarme profundamente, tanto como no lo había sentido antes, dejando escapar un pequeño gemido. Siguió penetrándome, acelerando poco a poco sus movimientos. Pequeñas y saladas gotas de sudor resbalaban de su frente y caían sobre mí, estaba sumamente excitado y me cogía durísimo, pero sin quitarme la vista de encima. Sin dejar de penetrarme, quitó mis piernas de sus hombros y las separó, se acercó a mí y nos fundimos en un apasionado beso, sintiendo su agitada respiración y su cuerpo velludo aplastándome contra el piso. Estaba tan excitada que no pude más y empecé a lanzar algunos chorros de semen sobre mi abdomen. Felipe se dio cuenta y los recogió con sus dedos, para después alimentarme con ello, haciéndome probar mi propio semen, a lo que yo respondí lamiendo y relamiendo sus dedos hasta quedar satisfecha.

    Estaba aún terminando de limpiar mi semen de sus dedos cuando sentí que me clavó su pene completamente, para después sentir cómo cobraba vida dentro de mí, expulsando un chorro tras otro de semen caliente, llenándome, marcándome, haciéndome suya. Felipe suspiró, se separó lentamente de mí, se limpió y tomó su ropa. Hice lo mismo y al terminar de vestirme ambos salimos sin decir una sola palabra, ya estando afuera me tomó de la mano y me dijo:

    – “Adriana, en verdad eres toda una mujercita, caliente y decidida, cómo me gustaría que me acompañaras en uno de mis viajes para no sentirme tan solo. Te dejo mi número, aquí vengo cada dos semanas y me gustaría volver a verte” Anoté su número y le prometí volver, me ayudó a conseguir un taxi y me dirigí a casa.

    Pasaban ya las 4 a.m. y me dirigía a casa, después de ser cogida por extraños, a los cuales no les importé en absoluto, hasta estar a solas con Felipe, quien resultó ser todo un caballero, caliente como nadie, pero caballero a final de cuentas. Iba inmersa en este pensamiento cuando el chofer del taxi me despertó de ese trance.

    – “Oiga señorita, se ve que tuvo muchos clientes hoy, a ver si puede quitarle todas esas manchas a su vestido” Al escuchar esas palabras miré mi vestido, con manchas de semen seco por varios lados, y recordé que era una putita iniciando su camino en la vida, y que no debía dejar pasar ninguna oportunidad. Reí discretamente y le respondí al taxista.

    – “Así es, fue una noche muy ocupada, ¿pero sabes? Creo que me quedan ganas de una verga más, ¿qué te parece si te la mamo y no me cobras lo del viaje?”

    – “Ok, pásate para el asiento de enfrente y sigo manejando” Se detuvo, salí del taxi entré por la puerta del copiloto. Él ya se la había sacado y empezaba a masturbarse, me incliné hacia él, me llevé su pene a la boca y mientras se la mamaba siguió conduciendo el taxi. Sentí que se detuvo a los 5 minutos y me dijo “Ya llegamos, apúrate”, por lo que aceleré el ritmo de mi lengua sobre su glande y mis labios alrededor de su verga. No tardó mucho en expulsar dentro de mi boca chorros de semen, abundante pero muy líquido, ordenándome no derramar ni una gota para no manchar el asiento.

    Me incorporé y salí del taxi, que se había detenido en la esquina de la calle donde vivía. Le agradecí mandándole un beso, y aún con semen escurriendo por la comisura de mis labios, me dirigí a casa, feliz de que mi primera noche como putita fuera todo un éxito.