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  • Entrando al motel

    Entrando al motel

    Llegamos al cuarto del motel, me dio la llave para que lo abriera, pasé y sin aviso me jaló el pantalón hacia abajo, me inclinó en la cama.

    — Ah no espera. —Grité.

    Pero no esperó, tardó un segundo en poner lubricante a su pene y lo metió dentro de mi fuerte y duro.

    —Ahh ahh ahh no por favor para. —Chillaba, pero él no se detenía entre más gritaba más fuerte lo metía.

    —Me duele, me duele, ay me duele.

    Sacó su polla enorme de mi y se quitó el cinturón que tenía en el pantalón colgando. Agradecí que sacará su polla y seguí llorando, cuando sentí mi culo ardiente porque me dio un cinturonazo.

    —Cállate.

    —Ahh ay ay ay ay. —Grite y me dolió más porque me dio 2 más y lo volvió a meter fuerte y duro.

    No terminaba mi sufrimiento me tapo la boca y me dijo cállate. Trate de callarme y quedarme quietecita, lloraba en silencio y siguió hasta que terminó y rego su leche en mis nalgas, la unto me acaricio suave y me acomodo en la cama me dijo:

    —Ya podemos hacer lo que tú quieras cariño.

    Yo lloraba Sin poder contenerme y me miró enojado y gritó:

    —Cállate que no te quiero escuchar llorar estabas bien mojada también lo disfrutaste.

  • La fantasía de mi esposa (2)

    La fantasía de mi esposa (2)

    Hola a todos los lectores y pido disculpas por mi relato anterior quizás no haya sido tan explícito como debería ser, pero los nervios y la ansiedad de ser el primer relato me traicionaron un poco. Espero en este relato sea un poco más completo.

    Como le explicaba en mi relato anterior, yo pensaba que mi esposa me decía lo de su fantasía por sacarme de onda, pero no era así era realmente su fantasía.

    Les aclaro que después de esa conversación en el porche de la casa, nuestra relación sexualmente hablando ha mejorado un 100 por ciento fantaseando con lo conversado y hemos disfrutado como nunca.

    Un día cualquiera antes de tener sexo tuvimos la siguiente conversación al respecto sobre el tema y le aseguro que el morbo y excitación que nos dio no era normal.

    -Amor que harías tu si día de tu cumpleaños o nuestro aniversario nos vamos a la playa y yo te tengo un transformista como regalo. Que haría saldrías corriendo, te molestarías o apruebas la situación.

    Lo pensó en fracciones de segundo y me dice:

    -Me quedaría y asumiría que ya no hay marcha atrás y que llego el momento de hacer de nuestras fantasías realidad

    -Como nuestras fantasías

    -Claro porque el transformista nos atendería a los dos, o tú te vas a echar para atrás

    -No claro que no de eso se trata de llevar a la realidad nuestras fantasías, solo que pensé que era para ti y tu satisfacción

    -Bueno una de mi mayor satisfacción es verte penetrado mientras tú me penetras a mi.

    -Entonces amor prepárate porque te voy a dar ese placer

    Cabe destacar que desde esa conversación en el porche mi inquietud por ser pasivo no me deja tranquilo y siento ese morbo de estar con una trans y que nos atienda a los dos, hacer cualquier posición que se nos ocurra. Nunca antes había pensado en esa posibilidad y ahora no deja de rondarme mi cabeza.

    Después de esa conversación ese día antes de tener sexo les puedo asegurar que fue muy intenso y placentero la relación sexual ella acabo 6 veces en con una intensidad tremenda

    Yo le hablaba al oído y le decía que imaginara que estaba siendo penetrada por otra persona y que yo estaba ahí viéndola y que me estaba haciendo la paja mientras ella disfrutaba en cuatro patas.

    Es una de las mejores noche sexual que hemos tenido y créanme que han sido muchas noches fantástica en estos 25 años.

    Ojala esta pandemia acabe pronto porque mi esposa cumple año en julio y nuestro aniversario es en septiembre y deseo darle o darnos ese regalo claro si consigo al transformista indicado y que llene nuestras expectativa.

    Amigo lectores si me pueden ayudar con sus consejos y recomendaciones para cumplir nuestra fantasía se los agradeceremos mi esposa y yo.

  • Taxi en Bogotá (Parte 2)

    Taxi en Bogotá (Parte 2)

    Hola a todos los lectores quiero escribirles este segundo relato dando a conocer todo lo que pasa trabajando de taxista de noche en Bogotá, Colombia.

    Como ustedes saben soy un hombre bastante sexual una vez el diciembre del año pasado estando en Kennedy por el barrio El tintal siendo las 6 de la mañana un domingo de Navidad recogí una mujer de aproximadamente 30 años con un vestido negro quedaba un poco más abajo de la entrepierna era bien pegado al cuerpo estilo straples dejaba al descubierto unas grandes y hermosas par de tetas qué tan sólo tapaba la punta de cada seno, iba junto a su marido recuerdo que era un señor grande y gordo que al cabo de unos minutos se quedó dormido e inconsciente, la muchacha sólo me dijo llévenos a quinta paredes yo con mucho gusto le sonreí y ajuste del retrovisor para ver que se escondía debajo de ese gran vestido, la mujer después de un rato se quedó dormida o por lo menos eso era lo que aparentaba en mi retrovisor se veía una gran tanga roja acompañada de unas piernas abiertas bastante provocativas.

    Yo voltea a mirar hacia atrás cuando vi que ella también se había quedado dormida no podía evitarlo ya me había excitado demasiado y tenía mi gran pene con bastante erección era una parte sola donde un domingo a esa hora nadie pasaba recuerdo que comencé a tocar y sobar las rodillas de ella y ella sólo se hacía la dormida cogí más confianza y comencé a meter la mano hasta el muslo y ella sólo se hacía la dormida decidí bajarme abrir la puerta de ella y verificar primero que el marido estuviera dormido, después de eso decidí mandar la mano a su vulva y tocarla recuerdo que estaba tan caliente y tan mojada que eso me excita cada vez más comencé a correrle esa tanga roja hacia un lado dejando al descubierto una gran vulva depilada y totalmente caliente y mojada yo no aguantaba más decidí recostar la y alzar le los pies y comenzar a lamer cada parte del clítoris de aquella pasajera recuerdo que ya sólo gemía y eso más me excitaba de un solo tirón le baje el straples y quedaron al descubiertas dos grandes tetas que yo encantado manoseaba y chupaba mientras la masturbaba.

    La reincorpore un poco y la hice bajar del carro, pero de lo mismo tomada le puse mi pene en su boca y ella sólo chupaba chupado y chupaba yo me acuerdo que sólo le decía qué rico lo chupa esta puta, la tiré frente al capo el carro y le alza el vestido y en esas dos nalgas paradas recuerdo que comience a lamerse las y de un solo empujón le metí mi verga al fondo ella sólo gemía y gemía y yo contento le decía groserías diciéndole que si eso era lo que ella quería y ella sólo decía que sí y si gritando, me vine a chorros en todo el trasero de ella después de eso.

    La subí nuevamente al carro y continúe mi marcha llegando a la dirección mencionada decidí despertar al esposo de ella el muy amablemente me pagó la carrera y despertó a su mujer tan sólo con mover el hombro, ella me miraba de forma picarona y algo tomada se bajó tambaleando y eso me excitaba más el hecho de saber que ella sólo fingir estar dormida, se bajaron y yo continúe por esa misma cuadra me masturbe mientras seguía conduciendo y esperando a la próxima pasajera que se volviera a subir.

    [email protected], espero les haya gustado mi relato, les dejo mi correo en los comentarios para que cuando necesiten taxi yo pueda estar ahí llevando cada historia para que los lectores la sigan leyendo saludos…

  • Las tetas de Isabella

    Las tetas de Isabella

    Por la mañana me arreglé especialmente para presentarme con el director. Me puse un pantalón ajustado, pero no demasiado llamativo, una blusa blanca que me quedaba estupendamente. Quizás un poco provocadora, pero qué quieren que les diga, con mis enormes pechos cualquier cosa que no trate de ocultarlos ya es de por sí provocadora. Mis pechos siempre han sido causa de mis problemas y de satisfacciones. Los hombres se vuelven locos por esa parte del cuerpo y en mi resaltan por encima de las demás, como más encima estoy bastante delgada, llaman la atención. Me sentí atractiva y quise arreglarme un poco más. Me maquillé con elegancia y tomé rumbo a la escuela. Allí me recibió el director que en cuanto me vio se mostró muy atento en ayudarme.

    – Hola Isabella, gusto de saludarla

    -buenos días director

    Me llevó a su despacho y ahí le conté mi problema.

    -Trabajo en el ministerio de educación y la verdad estoy cansada del acoso de algunos compañeros de trabajo, una tracalada de viejos vinagres que no paran de hacer comentarios cuando paso o lisa llanamente me miran directo a mis tetas, sin ningún pudor, con descaro y deseo, me dan asco y esto lo voy a aclarar hoy, para exigir que sean sancionados o desvinculados.

    El director estaba sentado en su sillón y yo paseaba por la sala mientras hablaba. Era una forma de que me escuchara y obedeciera, el ruido de los tacones sobre el suelo ejerce un poder hipnótico en los hombres. Caminaba pausadamente. El director se mostraba muy dispuesto a todo lo que le indicaba, se mostró sorprendido con mi relato

    -¿Cuáles son los nombres de todos los involucrados?

    – me preguntó.

    – Le entregue todos los nombres.

    El director hizo un nuevamente un gesto de sorpresa que me extrañó. Se quedó pensando unos segundos y dijo:

    – ¿Sabe usted que la acusación es gravísima?

    De repente me sentí mareada. Me senté en la silla enfrente de la suya. Él se levantó ahora. Comenzó a pasear. Comenzó a hablarme sobre la acusación expuesta, El director seguía paseando y hablándome, mirándome directamente a los ojos y forzándome a retirarle la mirada.

    – Usted viste muy provocativamente

    – No estoy de acuerdo. – le dije. – Yo visto muy correctamente, ¿O quiere que lo haga como una monja?

    – No como una monja, pero. ¿Me negará usted que esa blusa está a punto de estallarle de lo justa que le queda? – dijo el director con descaro.

    – ¿De qué está hablando? – dije airada. – La blusa me queda perfectamente y es usted un desvergonzado.

    – ¿Ve de lo que le hablo? ¡Le apuesto a que su camisa no soportaría ni un milímetro más de tensión!

    Las formas del director habían sido intolerables así que hice por levantarme. Con suavidad me apoyó una mano en el hombro para que me volviera a sentar.

    – Verá lo que haremos. – dijo con calma. – Si usted me demuestra que su blusa no está a punto de estallar yo me encargaré personalmente desvincular a todos los que me ha nombrado, tiene mi palabra. Si no, me confirmará que es culpa suya por lo que proyecta y dejaremos las cosas hasta aquí. ¿Le parece?

    Me pareció una desfachatez lo que ese tipo decía, pero la verdad es que me ofrecía una fácil forma de que finalmente recibieran una sanción estos viejos degenerados. Me irritaba la situación, pero le di una opción al director.

    – ¿Y cómo sería esa prueba? – le dije.

    – Muy fácil, yo afirmo que en su escote no cabe ni una moneda de a 500 pesos.

    – Ja, ja, ja. – me reí. – Eso es absurdo, por supuesto que sí.

    – Esa sería la prueba. Si yo le pongo la moneda y el botón de la blusa no cede, usted gana.

    Eso era, quería aprovechar la coyuntura para abusar de mí y tocarme los pechos. Antes de que pudiera irme se corrigió.

    – Yo no le tocaría, simplemente le lanzaré la moneda.

    Eso me tranquilizó y acepté. Acordamos las condiciones, yo no podría moverme para esquivar la moneda, la moneda tendría que entrar en mi escote, si el botón saltaba, el ganaba, si se mantenía, lo haría yo.

    Todo esto había provocado que me excitara un poco. La inocencia del juego había apartado mis molestias iniciales. Estaba claro que el director sólo quería un juego erótico y eso me gustaba. Llevábamos unos minutos hablando de mis pechos, de lo firmes que se veían en la blusa. No podía controlar que mis pezones se pusieran firmes y que esa dureza se trasparentara a través de la fina tela del sostén y la blusa.

    Me preparé. El director lanzó una moneda. No pude evitar moverme un poco ante la inminencia del choque del metal con mi pecho. La moneda rebotó y cayó al suelo justo al lado de mis piernas. No me atreví a agacharme a cogerla. Tanto hablar de mi blusa y mis pechos y tenía miedo de que si me agachaba estos se salieran de su sitio. Tampoco quería que el director se agachara en un lugar tan comprometido para mi así que deslicé mi pierna derecha y la tapé con el tacón.

    – ¿Me da la moneda para que la lance de nuevo?

    – No la veo en el suelo, lo siento. Tome otra. – mentí.

    – Convendrá en que ha sido culpa suya. No debe moverse o habrá que suspender la prueba. – dijo con seriedad.

    – Perdone, tendré más cuidado.

    – Mire Isabella, lanzo otra, pero ponga las manos detrás.

    Así lo hice. Me quedé sentada en la silla, con un pie sobre la anterior moneda de 500 pesos y con las manos atrás, entrelazadas. La postura me resultaba enormemente sensual. Era una exposición total de mis pechos, a los ojos de ese hombre. El juego era tan inocente como sus intenciones y eso me provocaba una mayor excitación. Me gustaba pensar cómo tenía que apuntar la moneda mirando fijamente mis enormes tetas e imaginándoselas a través de la tenue tela de la blusa.

    De nuevo lanzó la moneda y de nuevo me moví un poco cuando vi que impactaría contra mi pecho. Fue instintivo. Otra vez la moneda rebotó contra mi pecho por encima del escote y cayó al suelo. De nuevo lo hizo en un lugar comprometido y tuve que taparla con el otro tacón. De nuevo le dije que no veía la moneda.

    – No podemos seguir así. Usted siempre se va a apartar.

    – Lo siento, tendré más cuidado. – dije.

    – No, más lo siento yo. Lo vamos a tener que dejar. – Me dijo e hizo un gesto de levantarse.

    – No, insisto. – dije yo porque la verdad es que me contrariaba interrumpir el juego en ese momento. Quería ver qué ocurriría y me gustaba la situación que estaba viviendo. El director era un hombre respetuoso y me ponía a cien exhibir mis potentes pechos ante los ojos de un hombre que tenía que estar excitado.

    – Cerraré los ojos y ya está. – le dije.

    Pero al director no le convencía. Parecía que había perdido el interés por el juego. Decía que al final los abriría y me movería. Yo quería continuar así que le propuse que me los vendara si no se fiaba. Estuvo de acuerdo.

    El director tomó un pañuelo que había en un cajón. Entonces me dí cuenta de que quizás me había pasado proponiéndole que me vendara. Ya no podía echarme atrás. Como tenía las monedas escondidas en mis tacones no quise cambiar de postura. Me vendó de espaldas. Lo hizo con más suavidad de la que pudiera imaginarse en un hombre. Luego se dio la vuelta y volvió a su lugar en la mesa. Debió hacer algunos gestos con los dedos y me preguntó si veía cuántos dedos tenía. Le dije la verdad, que era que no. Me extrañó sentir su voz como más cercana. Lo achaqué a que la repentina oscuridad me habría afinado el oído, pero también pensé que podía ser que se había recostado sobre la mesa.

    Estaba arrepentida de haber aceptado. Vendada, no sabía dónde estaba el director. Podía haberme mirado desde la altura de la mesa con total descaro el canalón que formaban mis pechos. Eso me gustaba, pero también me hacía sentir vulnerable. Era una situación muy morbosa.

    Con estoicismo esperaba la llegada de la moneda. Mis manos seguían atrás en la silla. El director rebuscaba en su cartera y me dijo que no encontraba otra de a 500 pesos. Antes de que quisiera buscar, le propuse que lanzara cualquier otra.

    – Tiene que ser de a 500 pesos, es lo que hemos hablado. – me dijo.

    – Bueno, pues dos de cincuenta. – le dije en broma.

    Sentí el impacto de la moneda que no me golpeó de canto sino de frente en medio del pecho. La moneda se deslizó lentamente por entre mis pechos evitando quedar atrapada en el sujetador a pesar del estrecho espacio. Sentí su calor – pues estaba inusualmente cálida – bajar por mi vientre y quedarse atrapada a la altura de la cintura.

    Estaba claro que a mi blusa no le había pasado nada. Pero el profesor explicó que era una de cincuenta, que faltaban otras. Eso de otras me extrañó, pero entendí que no tendría el cambio suelto. Me había gustado la experiencia, los instantes previos a recibir el suave golpe. Sentir un cuerpo caliente que invade tu intimidad sin poder hacer nada al respecto. El estar con los ojos vendados ante un desconocido. Me excitaba. Sentía la humedad que llegaba a mi tenue tanga y los pezones me quemaban en los pechos.

    Volvió a lanzar otra moneda. Esta quedó atrapada en mi sujetador, cerca del pezón derecho. Debía ser una moneda pequeña, tal vez de 100 pesos. No dije nada más y esperé. Llegó otra que cayó del otro lado, rozando mi pezón izquierdo. Estaba cachonda perdida. Me sentía como las strippers que se dejan meter los billetes en el escote, con la exposición del que no puede defenderse. Mis manos no se movían de mi espalda, mis ojos no veían nada, pero mi cabeza imaginaba demasiado. Las monedas estaban calientes, tanto como yo. Podía sentir la primera en mi cintura, las otras dos en los pechos.

    Llegaron más monedas. El golpe contra mi pecho me recordaba la sensación del embestir del miembro del hombre cuando taladra tu interior. Cada golpe de moneda era un embate en una penetración prolongada. Mis labios se abrían de placer al sentir las monedas por todo mi sujetador rozando mis pechos por todas partes. Ya habían entrado más de media docena, debían quedar pocas. No me preocupé de contarlas ni de preguntar cuándo terminaría una experiencia tan libidinosa y sensual. Sentía que las últimas monedas llegaban como con menos recorrido. Pensé que tal vez el director se había recostado de nuevo sobre la mesa. No oí nada porque todos los nervios de mi cuerpo estaban en mis pechos y en mi concha entreabierta. Mis manos atrás, mis ojos cerrados aún a pesar de la venda. Sabía que el director estaba muy cerca de mí y que observaba con descaro mis pechos desde un plano privilegiado, pero eso lejos de molestarme me excitaba aún más. Mis pechos estaban como una roca, las monedas seguían fluyendo. No sé cuándo empecé a gemir. Lo hice suavemente, eran pequeños sonidos cuando sentía un objeto que buscaba su sitio en mi pechera. Me sentía sucia con tanto dinero encima y al mismo tiempo tan poco. Era como una puta barata a la que se le paga con suelto.

    En algún momento sentí la respiración del director a escasos centímetros de mi boca. Fue instintivo, acerqué mis labios. Él debió retirarlos un poco. Le busqué con mi boca y encontré otra cosa más caliente. Era su pico ahí al lado, me lo introduje en la boca como pude. Estaba tan caliente que me quemaba. Se la chupé tan bien como pude. Tragaba su salado miembro con un hambre tremenda. Sentía como entraba todo su tronco hasta el fondo de mi garganta, no podía evitar expulsar grandes chorros de saliva que me ayudaban a lubricarla mejor. Paraba un poco y me introducía sus testículos, los masajeaba con mi lengua. Me la volvía a introducir entera, hasta el límite de mi garganta, tragando y tragando. Él gemía como un loco. Le daba buenos lametones desde la base hasta el mismo glande. Ahí me paraba y pasaba mi lengua por toda la superficie. Y de nuevo bien adentro.

    Estuve un buen rato dándole a la lengua. Sentí que era inevitable que se corriera y así lo hizo. La abundante leche inundó mi paladar y mis dientes, todo fue para adentro y lo que no bien que me encargué de que no se perdiera. Le pasé la lengua por las comisuras de su miembro, limpiándosela en cada vericueto. Había terminado como un loco, conteniéndose el hacer más ruido por estar en su despacho. En todo el proceso no me había puesto la mano encima. A pesar de sentirme tremendamente sucia me sentía respetada y en cierto modo inocente.

    El semen seguía dentro de mi garganta cuando me quité la venda. En ese instante el director dio un tirón del último botón de mi blusa. El dinero fluyó como en una máquina tragamonedas cayendo por todo el suelo. Mis pechos habían explotado y salido con violencia de su prisión de tela. Me quité las monedas que pude de mi sujetador, ahora avergonzada de que me pudiera ver las tetas. Saqué las que había por mi cintura. Me quise marchar precipitadamente, sin decir nada más. Traté de componer mi blusa porque no podía dejar mis pechos así. Le pedí algo para reparar la blusa. Buscó en sus cajones y me ofreció un clip. Extendí mi mano para recogerlo, pero entonces lo tiró al suelo. Tuve que agacharme mientras me sujetaba los pechos con una mano, pues querían salir del sostén. Compuse como pude la blusa y me marché avergonzada del despacho.

    Al salir del despacho pasé por donde estaban todos mis compañeros y sentí que me miraban con morbo, no sé si habían visto o escuchado todo. Levante mi cabeza y trate de caminar lo más digna posible, con la blusa media abierta y manchas de semen salpicadas por todas partes.

  • Celebración en altamar

    Celebración en altamar

    Confieso que ni en un millón de años hubiese pensado que sería capaz de hacer todo lo que he hecho en estos últimos meses. Mi nombre es Lucy. Tengo 26 años de edad. Me considero una chica joven y alegre. Soy de tez blanca (pero bronceada), cabello corto negro, digamos que, de gran altura para lo normal, tengo un cuerpo delgado; buen busto, buen trasero. Me gusta vestirme bien, maquillarme, etc. Me considero una chica atractiva, me gusta salir a bailar, divertirme con mis amistades, hacerme fotografías, leer, comer saludable y mantenerme en forma haciendo ejercicios todas las mañanas.

    Les comento que hace algunos meses he comenzado a sentirme muy atrevida y morbosa. Podría estar divagando entre fantasías y realidad mientras hago cualquier cosa. Desde imaginar que se la chupo al chico que me atiende en el autolavado, hasta que la chica de la caja en el supermercado me masturba dentro de mi carro estacionado en el sótano del mall luego de terminar su horario de trabajo (cabe acotar que desde pequeña me atraen las mujeres). De verdad no sé qué se ha metido en mi últimamente, pero quiero portarme bien mal y lo malo es que no tengo con quien. Me tomo fotos, me hago videos, chateo con extraños, compro juguetes y lencería. Suelo despertar húmeda luego de algún sueño erótico, es toda una locura. Pero busco y busco y no sale algo bueno. Siempre termino de vuelta al inicio con las manos vacías. Quizás sea porque he llevado un tiempo sin tener relaciones íntimas con alguien físicamente hablando y eso hace que me vea necesitada o apurada, de verdad no sé. De seguro mi subconsciente me traiciona. Pero tarde que temprano lo que tanto pides quizás de alguna forma se te recompensa y se da. Eso decía y fíjate como termino siendo, madre mía.

    Finalmente, me atreveré a contarles lo que me ha pasado hace unos días. Vivo en una isla, suelo salir los fines de semana a la piscina o la playa. Mi amiga Carla, llevaba meses insistiéndome en que debíamos de quedar en vernos y siempre pasaba algo que nos hacía cancelar y no se daba. Un viernes por la noche me llamo diciendo que al otro día saldríamos a pasear en un Catamarán junto a su pareja Joe y un chico que quería presentarme llamado Adán si o si, que no podía tener excusas. Ella sabía que yo llevaba meses sin una relación y quizás era momento de ligarme con alguien. Le dije que me parecía buena idea, no solo el hecho de, si no que no había impedimento alguno para dejar de hacerlo, esta vez sí que se nos daría. Colgué a la llamada y decidí acostarme para estar lista para el día siguiente, que sonaba buenísimo.

    Sonó la alarma, desperté a tiempo bien temprano. Brinque a la ducha a darme un buen baño que me espabilara. Enjabone bien todo mi cuerpo, depile la línea de mi bikini e hidrate mi piel con algo de crema. Me vestí con un lindo traje de baño de dos piezas de color azul; con estampado floreal fucsia, el cual había comprado, pero aún no lo había estrenado. Era una ocasión especial el salir ahora después de tanto encierro en esta era post-covid. Coloque un short blanco de jean y una blusa traslucida sin mangas igualmente blanca, monte unas sandalias ligeras. Me perfumaba y colocaba un maquillaje fresco, cuando escuche mi cel. Era Carla avisándome que ya estaba abajo esperando; había ido a buscarme.

    Eran las 9 am. Salí de casa, camine hasta el lobby del edificio, me acerque a su camioneta y abrí la puerta. Al momento que lo hice pude notar que Joe, su pareja, la manoseaba un poco, creo que les caí de sorpresa y les dije: “Epa epa qué pasa acá? se rieron y continuamos a arrancar. Es algo que ya ha pasado en otras ocasiones. Ellos, según me cuenta Carla, son una pareja muy activa y caliente, se la pasan en esas, como unos conejos, dándose afecto. Pienso que sería rico tener, puesto que una relación sexual activa y aventurera siempre promete amor eterno. Y como no van a estar en esas, ambos son sumamente atractivos. Sería imposible no sentirse así, no puedo negar que en anteriores ocasiones me daba muy igual, pero esta vez sentí algo de envidia; quería ser ella o hasta él, me daba igual cuál de los dos, solo quería sentirme querida o dar afecto. Mientras viajábamos por la autovía hacia la playa, miraba el paisaje y comencé a tener esos pensamientos lascivos y lujuriosos acerca de ellos. Me imaginaba a Carla cabalgando a Joe como me decía que lo hacía. Que descaro tenía yo en estar pensando en ello justo a sus espaldas. Miraba a Joe por el reflejo del retrovisor; sus ojos son marrones claros, tiene una mirada profunda y misteriosa. Su rostro barbudo y canoso, de esos hombres que emanan virilidad. Sus brazos tatuados y sus manos grandes al volante. Wow! que no sería capaz de hacer con esos dedos, me los imaginaba hurgando la rajita húmeda de Carla, podía hasta sentir su aroma en la yema de sus dedos luego de haberles pillado, seguro eso hacía. Notaba que las piernas de Carla estaban algo desnudas, se apreciaban suaves y brillantes, quería lamérselas. Carla es una chica de esas que catalogan de cuerpo petite; súper atractiva, una carita bonita, con una sonrisa magnifica y unos ojos enormes que te quedas embelesado al verla. Imaginaba un poco como seria estar con alguno de ellos, pude notar que de solo pensarlo me estaba mojando. Sentí la humedad traspasando mi panty en el cuero del asiento, hasta calor me dio, que risa.

    Llegamos a la marina, bajamos nuestras pertenencias. Joe llamo a un chico para atendernos y llevarnos al bote. Ellos tienen buena posición económica. Carla tiene 27 años; gerencia comercios y Joe es unos 10 años mayor; dueño de una constructora. Les digo son como la pareja perfecta, de novela. Habían comprado hace poco un hermoso bote y querían salir a estrenarlo, en realidad Joe moría por estrenarse como capitán. En esta ocasión saldríamos solos sin tripulación. Había estado recibiendo clases en la marina y pasó la prueba obteniendo su licencia para navegar, razón por la que iríamos a celebrar como quien dice. De pronto escuchamos a Joe hablando en su celular, al parecer Adán nos embarcaría puesto que la noche antes se pasó de tragos y tenía una fuerte resaca. Joe mostraba una gran molestia, al igual que Carla. Que se podrán imaginar de mí, me sentía decepcionada, que mala suerte exclame. Carla me miro, me dio un fuerte abrazo y me dijo, discúlpame, pero que esto no sea lo va a arruinar nuestro paseo, lo prometido es deuda y hoy debemos pasarla de maravillas, que se joda Adán! Exclamo Carla, al mismo tiempo que volaba un corcho desde la botella de champagne que Joe destapaba. Sonaron las copas con nuestro brindis y entre todos volvimos a gritar: “Por nuestro paseo, que viva nuestro nuevo capitán y que se joda Adán”.

    Eran las 10:30 am cuando zarpamos mar a dentro. Sol radiante, cielo despejado, oleaje moderado, un día casi perfecto, si no hubiese sido por el embarque de aquel idiota pensé yo. Carla se acercó y me dijo de seguirla a posarse frente al bote para tomar buena brisa y poder irnos bronceando. Desconozco de botes, pero era algo grande, tenía dos niveles: una cabina cerrada con baño, cocina y un cuarto y la segunda una especie de terraza de pesca donde se encontraba la sala de mandos, en ella Joe al volante. Se veía jodidamente sexy con su cara de badboy, sus gafas oscuras, su gorro de capitán, su torso despojado de la camiseta que llevaba puesta, luciendo un cuerpo bronceado, de un hombre casi cuarentón, de esos hombres que no van al gimnasio, ni tienen músculos, pero son de los suertudos que tienen buena figura y sus encantos, uno de ellos ser alto e imponente, además de una forma de ser que alborota a cualquiera por como posa y se desenvuelve con la gente. Allí estaba yo de nuevo teniendo envidia de lo ajeno, cuando giro mi cabeza para quitar el pelo de mi rostro que molestaba con la brisa cuando noto a Carla como la propia diosa o más bien sirena parada en todo el frente del bote haciendo topless, con tan solo un hilo negro de infarto que mostraba su estupendo culito y sus hermosos senos al aire. Si Joe había puesto algo de morbo en mí, había acercado su leña para el horno, Carla seguramente fue la que lo inicio. Ya dentro de mi horno comenzaba a subir la temperatura.

    Fue toda una sorpresa, allí estaba yo babeándome por esa mujer, que con hijos y todo mantenía una figura espectacular, ¿cómo le hacía? No era ni hora de almuerzo y ya tenía hambre. Todo estaba crudo aún. Faltaba alcohol, necesitaba más tragos y fui a servirlos para tratar de pasar de forma despistada. Me levante al bar, serví otras copas y camine donde Carla, no podía dejar de contemplarla, le entregue la copa, ella la tomo y me dijo: “no tengas pena, nadie nos ve, hoy somos libres, debes disfrutar. ¿Dime algo no es hermoso todo esto?” Yo ni podía responder, no me salía la voz, solo trague un gran sorbo hasta el fondo y respire profundo. Cuando logré responder le dije: “creo que necesito muchísimo más alcohol y ambas reímos”. Me aleje de nuevo a servirme otra copa y colocar algo de música para poder soltarme un poco. Prepare un trago de ron para Joe, sé que eso le gusta, subí para entregárselo y coordinar el sonido. Le entrego el trago y brindamos de nuevo. Le pregunto que podemos escuchar de bueno a lo que me responde: “en vez de escuchar prefiero verte a ti, llevas mucha ropa puesta, quítate algo, sé que debes verte tan rica como mi mujer, o eres penosa”. What?, pero míralo que atrevido pensé para dentro de mí. Me sentí intimidada no solo porque me fuese a comparar con Carla, si no por su seguridad, por como mandaba, era la voz al mando. Sabía que era un macho dominante, ahora me pensaba que tanto lo era. Hice que no prestaba atención a su orden y vi encima del tablero los controles para poner la música. Revise y vi que había un iPad que podía utilizar, busque el playlist y coloque algo de reggaetón moderno. Se escucharon las bocinas, subí el volumen bien alto y me dispuse a volver donde Carla. Me gire y haciendo un saludo militar mire a Joe a los ojos muy seriamente y dije: “como usted mande capitán” y me aleje dándole la espalda, contoneando mi hermoso culo el cual sabía que le gustaría y removí sin pensarlo mucho mi top, dejando libre mis pechos.

    Eso me hizo sentir otra persona, Carla me vio venir y en su mirada notaba asombro. Finalmente, las amigas disfrutaban un hermoso paseo casi que como Dios las trajo al mundo. Me agarro de la mano y me dijo: “estas divina, a poco se siente mal estar así, es lo mejor del mundo”. Y respondí: “eso sí, dos cosas: no estoy mejor que tú y no quiero quemarme con este sol intenso”. Me dijo: “que Joe opine al respecto y ven para colocarte algo de protector”. Me tomo de la mano y me guio hasta dentro del bote para buscar el protector solar. Al estar dentro de la cabina todo estaba en silencio, solo se escuchaba muy lejos la música y el ruido del viento colarse por las ventanas. Busque en la nevera un poco de hielo que hacía falta y prepare otros tragos más. Carla regreso con el protector y salimos. Para ese entonces pude sentir como el bote recortaba velocidad, al parecer nos acercábamos a nuestro destino. Al salir notamos que Joe había dejado la sala de mando y apagado el motor del barco. Se encontraba en nuestro nivel atando unas sogas al bote para luego fijarlas a un pequeño muelle cercano. Saca el ancla, la alzo y lanzo con gran fuerza al fondo del mar.

    Habíamos atracado en un lindo paraje en el medio de la nada en pleno Mar Caribe. Una especie de cayo. Era un espectáculo, arena blanca como la sal, aguas turquesas totalmente cristalinas, par de palmeras para nuestra sombra y nosotros para continuar la fiesta. Joe continuo a bajar ciertas cosas para nuestra estancia allí. Nosotras subimos la música y nos dispusimos a untarnos el bloqueador, el sol era fuerte y nos hacía sudar. Carla me giro de espaldas a ella y comenzó a untarme la crema con suavidad por mis hombros y cuello. Se sentía fresca sobre mi piel caliente. Estábamos ambas de rodilla sobre la proa del bote. Miraba al alrededor y no había ni un alma, más que unas gaviotas y Joe organizando la parrilla y unos refrigerios. Al soltarlos note que camino al otro extremo del cayo, me preguntaba a qué y justamente en ese momento me percate que había ido a orinar. Solo note como bajo su short y saco su miembro; tal cual como me imaginaba por su altura, a pesar que estaba en su estado flácido tenía un buen pedazo. Sin haberme percatado que Carla me veía a través del reflejo en la ventana, al girarme quedamos frente a frente en el espejo y mirándome a los ojos susurró a mi oído: “por allí dicen que uno se enamora cuando lo ve meando”. Yo le respondí: “por allí dicen que con la vara que mides serás medido, pobre Joe” y nos reímos a carcajadas. Tenía mucha pena, pero era honesta. Siguió untando la crema hacia mi espalda y se sentía tan bien. Siguió más debajo y me dijo: “recuéstate boca abajo, estando acostada es más fácil”. Me acosté como me lo pidió, aplico el bloqueador en mis pantorrillas, luego en mis muslos y luego en mis nalgas, donde pude sentir que se detuvo por mayor tiempo y lo hacía con otro tacto. Pude pillarla a través del espejo por igual mordiéndose el labio inferior mientras masajeaba mis nalgas, de seguro le gusto lo que veía, sé que tengo un lindo culo y además lo que había comenzado como aplicarme crema ya se sentía como un divino masaje.

    Sentía como sus manos circulaban la superficie completa de mis glúteos, de un lado al otro encerándome con fuerza, sus dedos se hundían con presión en mi carne, sus uñas acariciaban mi entre pierna con cada giro. De verdad se comenzaba a sentir bien. Yo recosté mi cabeza sobre la almohadilla y me dispuse a relajarme a ojos cerrados. Carla siguió unos segundos más y subió a mi espalda ya haciendo caricias en vez de aplicar crema. De repente sentí una sensación muy muy fría, abrí mis ojos y subí la cabeza, pude ver nuevamente por medio del ventanal que Carla sostenía un hielo en sus labios y lo restregaba a lo largo de mi espalda, el contacto con mi piel caliente hacía que el hielo se derritiera destilando gotas y más gotas sobre mi cuerpo. Ya no podía ser tan inocente y no darme cuenta que Carla me estaba seduciendo, no era cuestión de un simple juego. Me dije a mi misma si ella quiere jugar tú debes jugar por igual, así que me dispuse a tantearla. Abrí un poco más mis piernas, arqueé mi espalda y alcé mis nalgas. Carla cayó en mi trampa enseguida, volvió con sus dedos por entre mis glúteos, rosando ya mi culito y mi rajita. No podía creerlo, mi amiga comenzaba a excitarme. Se acercó a mí y me dijo: “espero no incomodarte, no sé qué hago, si es el alcohol o que, espero no me malinterpretes, pero algo me ha gustado al tocarte. Tu piel se siente tan suave, tocar tus nalgas es rico. Nunca he estado con una chica y sé que tu si, ¿lo hago bien? Todo eso fue música para mis oídos. No lo podía creer, por un momento me dejo en shock. Volví en sí, me alce, me gire, la tome de la cara y le dije: “lo haces tan pero tan bien que probare besarte, si te gusta me correspondes y si no pues… No termine de finalizar mi oración cuando la que me beso fue ella.

    Esa sí que fue una movida sorpresa. Sus carnosos labios se sentían magnifico, tan suaves, tan provocativos, nos hundimos en un intenso beso suave pero fuerte. Le correspondí con mayor intensidad, ella había liberado todas mis ganas, sentía un torbellino de emociones y ya no podía contenerlas, era ahora o nunca y me dejé llevar sin remordimiento a nada. La tome del cuello con ambas manos y ella me abrazo, nos encontrábamos ambas arrodilladas frente a frente besándonos apasionadamente. Su lengua ya se entrelazaba con la mía, su sabor a era el mismo que el mío, nuestro aliento a alcohol se fundía en uno solo y ya era imposible contener nuestros estímulos, comenzamos a tocarnos, acariciando nuestros pechos, luego baje a tocar sus nalgas, nuestro sudor se hacía presente, esta vez no era solo por el sol. Nuestros pensamientos y nuestros movimientos habían hecho efecto, respirábamos rápidamente y temblábamos sutilmente, yo me sentía mojadisima y eso me hizo pensar en cómo estaría ella. Así que no lo dude ni un segundo, baje mi mano derecha hasta su abdomen y deslice mis dedos por debajo de su bikini, sentí como su beso se paralizo y con un sutil movimiento dos de mis dedos comenzaron a circular su clítoris lentamente. Ella mordió mis labios y después de unos segundos, se dejó llevar soltando un rico gemido. Tenía su aprobación, tal y como pensé, su cueva estaba tan húmeda y caliente como la mía. Lo mismo que hacía con mi mano izquierda me dispuse hacerlo con la derecha, pero en uno de sus pechos. Tome con mis dedos la punta de su pezón y lo pellizque suave, luego lo gire y apreté un poco más fuerte; se lo hacía tal cual me gustaba que me lo hicieran a mí. Entre mis movimientos ella hizo los suyos, con ambas manos apretó mis nalgas y las abría y cerraba lentamente, como si se tratara de una escotilla que liberara la tensión en mis orificios. Sentir la brisa en ellos me genero una corriente de escalofríos estupenda. Se balanceo hacia atrás y me llevo con ella, caímos recostadas una encima de la otra.

    Continúe esta vez a chupar sus bellas tetas entre mis manos, habían quedado justo al frente de mi vista y se me hizo imposible no hacerlo. Los chupaba profundamente, tomaba lo que más podía de ellas abriendo al máximo mi boca en cada mordida, como si estuviera comiendo uno de mis frutos favoritos, unos dulces melones restregándose en mi cara. Ella sostenía mi rostro y apretaba sus pechos como para ahogarme en ellos, se notaba que ya no le era incomodo que una chica fuese la que se la comía. Por primera vez mi amiga sentía el otro lado de la moneda. Y sí que lo disfrutaba, su cadera comenzaba a moverse y alzarse, eso fue señal para mí de que la hora de saborear esa almeja había llegado.

    Me desacople de sus pezones e inicie un camino de lamidas y chupones a lo largo de su plano y hermoso vientre, sentía como se quedaba inerte esperando mi llegada al sur. Soltó sus manos de mis nalgas y esta vez sujeto mi pelo con sus manos, sentía que estaba ansiosa de sentirme, su excitación era elevada y no podía controlarse. Abrió sus piernas y las alzo para darme mejor acceso. Era un panorama indescriptible, Carla sí que tenía un chocho hermoso, era de esos carnosos, depilado por completo, con unos labios gordos, expuestos al igual que su clítoris, el cual era una campanita hinchada y perfectamente redonda, con la abertura hacia su vagina bien rosada y completamente húmeda, ya corría un hilo de su sabroso néctar. Saqué mi lengua con la mayor longitud posible y con la punta muy suavemente apenas tocando lamí desde lo más sur de entrada hasta su monte de venus con mucha paciencia y lentitud, moría por hundir mi nariz y devorarla, pero por ser su primera vez quise ser muy sutil, además de que con semejante monumento debía tomar mi tiempo.

    Carla que tenía sus ojos cerrados, al sentirme los abrió de par en par y me miro directo a la cara, mientras me comía su manjar no me quito un ojo de encima, como aprovechando el estar en primera plana grabando cada segundo de esa escena para recordarla eternamente. Había aumentado la velocidad de mis lengüetazos y variaba la dirección de arriba abajo, de un lado al otro, con cada movimiento Carla hundía más y más mi cabeza en su pozo, me costaba respirar, pero lo gozaba tanto como ella. Pasé mi boca esta vez directamente a su pepita la cual besaba y succionaba con mis labios y con una de mis manos comencé a dedearle la rajita, al principio con un dedo, luego dos, más tarde tres, sí que estaba excitada. Note como mi otra mano podía percibir las contracciones en su abdomen.

    Carlita estaba lista para venirse en mi boca, sus gemidos se intensificaron, su respiración se entrecortaba, sus uñas se hundieron en mi cabeza y luego todo se paralizo, Carla estaba obteniendo de mi experta boca su primer orgasmo. Provocado de mujer a mujer. Parecía que el bote se hundía, porque teníamos un charco justo debajo de nosotras. Carla resulto ser toda una fuente y eso me excito muchísimo, me retire estirando mi cuerpo hacia atrás y de esa forma logre obtener una mejor vista de ese panorama. Ella yacía totalmente desvanecida sobre su humedad, tenía una mirada ida, extasiada, su cuerpo aun palpitaba con olas de placer. Era riquísimo poder ver su piel, ver sus tetas ya bronceadas. Estaba ya rojita y sudada u con su concha hinchada y alegre. No pude contenerme, solté los lazos de mi bañador y con mis manos lubricadas por sus jugos comencé a masturbarme sin compasión, allí arrodillada frente a ella. Es una sensación que aún se me hace indescriptible narrar, me sentí libre, completamente desnuda, frente a mi amiga, a quien había comido hace unos minutos sobre un bote, en el medio de la nada y frente a… ¿Oh Dios Joe, donde esta Joe, nos habrá visto, nos habrá oído?

    Y como no, como podre ser tan ingenua en pensar que no, después de semejante show. Al girarme Joe estaba justo detrás de mí, parado recostado sobre el pasamanos de la proa. Estando nosotros en el piso del bote, Carla acostada aun y yo arrodillada, la única vista que tenía justo frente a mis ojos era una pieza que no venía con el bote, pero si con el cuerpo de Joe. Erguido como un mástil, allí estaba ese capitán nuestro sin perder detalles de su tripulación, esta vez no tenía el mando en sus manos, sino un falo súper erecto, sus manos lo cubrían por completo y solo relucía un glande bien rosado y suculento por la parte superior y unos grandes cojones en la inferior. Su cuerpo completamente desnudo se encontraba igual de bronceado y sudado que el nuestro. Su cara dibujaba una extasiada sonrisa mientras continuaba masturbándose frente a nosotras. Que rico ver a un hombre tan cerca haciendo este acto, me puso a hervir por dentro más de lo que ya estaba. Joe subía y bajaba ambas manos, dándose placer con un ritmo perfecto. Al subir, podía notar la mitad de su pene desnudo, un tallo hinchado y venoso, se dejaba ver un trozo de carne grueso. Al bajar, se descubría su glande, haciéndolo lucir hermoso, provocativo, se notaba en su punta una gota de semen, la cual brillaba a la luz del sol. Por unos momentos me había olvidado de Carla y solo me chorreaba viendo a Joe tocándose, verlo tan grande y largo frente a mí me hacía sentir tan pero tan pequeña, era una sensación intimidante. Estaba inerte como una indefensa presa inmóvil a la merced de su depredador.

    Caramba Caramba!!! Exclamo Joe. “esto sí que es la forma perfecta de celebrar la inauguración de mi bote. Dos hermosuras pecando en alta mar. Si es así zarpare más a menudo”. Al escuchar su voz Carla se levantó enseguida no sé si sorprendida, pero si se notaba el regreso de aquel viaje al que había ido hace unos minutos. “Qué tal si comienzan a gatear justo hasta acercarse a mi verga y me muestran cuál de las dos mama mejor?”, dijo Joe. Note que Carla se movió de un brinco, como una niña mala que había sido regañada y seria reprendida. Y no digo, yo me sentí tal cual. Si mal no recuerdo, ambas decidimos gatear al mismo tiempo y así lo hicimos. Me sentía como si estuviera en una competencia por la supervivencia en contra de otra fiera, cuál de las dos más puta, contoneando las caderas y los codos, rindiendo tributo a nuestro alfa. Carla llego primero desde el lado derecho, y como quien dice marcando territorio, tomo la verga de Joe con ambas manos y comenzó a succionar sin compasión alguna. Quien se iba a imaginar que detrás de esa inocente cara encontraría a una golfa con maestría en succión de penes.

    Tampoco entendía como alguien tan pequeño podía acomodar tanto en su garganta. Carla sí que conocía bien a su macho, chupaba a gran velocidad e introducía casi por completo todo el miembro en su boca, solo quedaban escasos dos dedos de su mano para cubrirlo y Joe con tan solo un empujón de su mano en la melena de Carla basto para llevarle la nariz hasta los pelos de su guebote. Que escena, madre mía, era la mamada más sádica que había visto en mi vida. Carla se ahogaba en cada intento de sacar y meter la verga en su boca. Lagrimas corrían desde sus ojos por sus mejillas, se mezclaban con la baba de su boca la cual bajaba recorriendo el lubricado pene hasta los testículos y goteaban al mar perdiéndose en el viento. Joe me dijo: “acércate nena, para ti también hay”, y sujetó sus cojones apretándolos hacia mí, mostrándome el como yo debía integrarme.

    Me acerqué desde la izquierda y apoyando una mano en las nalgas de Carla, acerqué mi cabeza hacia su miembro, abrí mi quijada y me llevé a la boca esas bolas, las sentí llenas y pesadas, pensaba en toda la descarga que darían; me hacía tanta falta un buen chorro de leche. Instintivamente las quería solo para mí, no quería compartirlas con la dueña, pero sabía que debía hacerlo. Quizás si me portaba bien me darían a probar. Y eso me planteé. Trabajaría arduamente para ser premiada con un buen polvo.

    Carla noto que Joe estaba duro como un roble, ya había hecho un estupendo trabajo para lograr montarse sobre su macho y cabalgarlo. Ella se levantó, abrió sus piernas como un compás y se agacho dirigiendo su rajita justo encima del pene. Lo tomo por la base con una mano y con la otra abrió sus labios vaginales y comenzó a sentarse en él; centímetro a centímetro dentro de ella hasta desaparecerlo. La hermosa Carla soltó un rico grito de dolor y placer al clavarse toda esa estaca y comenzó a subir y bajar lentamente, sin sacarlo mucho solo la mitad.

    Seguro no aguantaba el darse con todo y tampoco quería dejar de sentirse llena. Esa hermosa verga se veía tan rica, la cuca de Carla estaba llena y se notaba apretadita. Yo, luego de disfrutar la penetración tan de cerca, decidí continuar lamiendo todas las segregaciones de Carla que chorreaban hasta los testículos de Joe, sabía demasiado rico esa niña. Se notaba que entraba en calor al máximo puesto que ya la vergota de Joe era cubierta por una cremita blanca, todo un manjar. Ya amoldada a él dio inicio a unos tremendos sentones, esta vez Carla si quería sentirla toda, y ya la sacaba del todo hasta arriba, cuando sentía que la pinga de Joe salía por completo y dejaba su chocho abierto y vacío, volvía y se hundía en él y así estuvo por un buen rato. Joe pudo notar que yo me encontraba algo aburrida, asi que me invito a sentarme en su rostro. Me dijo que había detallado bien mi concha y se veía rica, quería probarla, le comento a Carla y ella le dijo que debía probarme y que debía enseñarla a hacerlo, puesto que no sabía y sin parar de coger ambos se dispusieron a comerme mientras yo me meneaba en sus rostros. Como me hubiese gustado poder vernos en ese momento. Yo allí arriba recibiendo placer, sintiendo como dos bocas se introducían en mis orificios. Hacia tanto tiempo que no sentía eso.

    La lengua de Joe sí que era diestra, de esos pocos hombres que te tocan que saben lo que hacen cuando de comer coño se trata. Esa combinación de buena verga y buena lengua hacen que una se encabrone y ya entendía porque Carla alardeaba tanto de su manganzón. Esa lengua llegaba tan dentro de mi como ninguna otra lengua lo había hecho antes, hacía que mis piernas temblaran, yo solo podía aferrarme bien al pasamanos, sentía que de tanta emoción podría caer sobre la borda. Carla por otro lado, chupaba y mordía mis nalgas con cada ir y venir. Ese cosquilleo se sentía fabuloso. Disfrutamos de esa posición y luego coincidimos en cambiarnos para no cansarnos.

    Joe me ordeno acostarme boca arriba, así lo hice. Me recosté, abrí bien mis piernas, las sostuve con mis brazos por detrás de las rodillas, Joe se acomodó encima de mí y por un momento dudé si estaba lista para recibir su penetración, pero mis nervios me traicionaban, él no hizo eso, más bien le ordeno a Carla acostarse a su lado y le indico como comerme. Vaya, esto sí que sería interesante. Tendría mi mejor amiga, una estupenda traga polla haciendo novatadas en mi chochito, veamos que tan bien lo hace. Carla alineo su rostro con mi entrepierna y bajo el comando de Joe comenzó a darme placer. Cerré mis ojos y solo me dejé llevar contemplando como el sonido de la voz de Joe concordaba con la lengua de Carla, eran como una orquesta, tocaban las teclas como era, en armonía, sin desentonar. Que bien lo hacia mi amiga, comenzaba a sacarme gemidos. Esta vez era yo quien hundía las uñas en su cabeza y miraba sus ojos sin perder un solo registro de aquel momento. Aquello era fenomenal, esa carita bonita se veía bellísima lamiendo mi pepita. Y cuando pensaba que no podía tener más placer, Joe giro mi torso hacia un costado y con el mismo envión, giro mis piernas de 180 grados a 90, como si se tratase de coordenadas en un trazado cartográfico. De esa manera dejo abierto de par en par mi hoyito posterior, el cual se dispuso a comer al mismo tiempo que Carla disfrutaba mi mojada vagina.

    Wow! esto sí que era un placer increíble, me vi de vuelta virando los ojos en blanco hacia el cielo. Ahora tenía una mano hundida en Carla y la otra en Joe. No podía controlarme, los espasmos se apoderaron de mí y con unos grandes gemidos y gritos de placer me corrí en sus bocas. No paraban de comerme y solo eran olas y olas de placer redoblando cada espacio de mi cuerpo. Tanto lo había intentado y jamás lo había conseguido, pero estos dos extraños para mi cuerpo lo habían logrado en tan solo mediodía. Habían conseguido múltiples orgasmos, los cuales hacían palpitar y humedecer mi chochito. Cada caricia era como una descarga eléctrica seguida de un cosquilleo. Seguía yo por mi viaje a las estrellas, pensando que descendía cuando sin darme cuenta sentí la flamante tranca de Joe penetrarme lentamente.

    Mire hacia el frente y entre mis piernas podía notar el torso de Joe junto al mío. Veía como su trozo abría paso hundiéndose en mi apretado coño. Sujetaba mis caderas con ambas manos, mientras Carla abría ambas de mis piernas con sus manos. Las sostenía en alto dándole un excelente ángulo de entrada a la verga de Joe en mi insaciable coño. Sentía su glande chocar con las paredes que daban fin a mi vientre, me tenía completamente llena. Se quedó quieto, sin moverse, dejando que me amoldara a él. Carla se acercó a mí y me planto un rico beso, me miro a los ojos y me dijo: “no podía dejarte ir sin llevar verga nena, así jugare una por el equipo y te prestare la mía. Joe quiero que se la des riquísimo mi vida, quiero que la estalles como tu bien me lo haces a mí”. Joe no se hizo esperar, saco por completo su pene de mí y volvió a meterlo lentamente. Fueron unas 6 estocadas muy lentas pero profundas; con cada una sentía que crecía y entraba más. Mi nivel de placer era algo nuevo, jamás había sentido algo así. En tan solo algunos mete y saca Joe me hacia su perra al mismo tiempo que hacia correrme de nuevo. Mi mente me pedía que parara, pero mi cuerpo goloso quería más y más, era demasiado placer. Joe subió la velocidad a toda marcha, su pene rompía las olas dentro de mi mar, una y otra vez bombeaba mi coño con fuerza. Este hombre sí que follaba rico, cada vez me daba más y más duro, con cada vaivén hacia que sus bolas rebotaran con mi culo. Carla solo contemplaba mientras me abrazaba y me acariciaba. Atinaba a decirle a Joe: “disfruta esa cuquita papi que esta rica, dale verga, dale buena verga”.

    Era un vacilón escuchar esa hermosura hablar tan sucio. Su Semental lo hacía bien, pero como todo humano comenzó a cansarse, bajo el ritmo y se recostó a un lado, colocándome en cucharita, siguió dándome leves movimientos que a pesar de ser lentos seguían sintiéndose estupendo. Carla se puso frente a mí, quedando yo abrazada por ambos, nuestras piernas quedaron justo en posición de tijera. Allí estábamos los tres como si fuésemos actores porno. Joe al tenernos tan cerca y a su disposición comenzó a turnar nuestros agujeros; me follaba el mío y luego iba y le follaba el de Carla. Estuvo mezclando nuestros jugos por un buen rato. Mientras tanto Carla y yo nos llenábamos de besos y caricias, rozando nuestras tetas y clítoris juntos. Fue divino que nos compartiéramos todos de esa forma, al cabo de unos minutos, mientras Joe aumento el ritmo de su cogida, aviso que se correría, nos pidió que nos arrodilláramos, se paró sobre nosotras y mientras se halaba una buena paja, apretó su abdomen y comenzó a expulsar grandes chorros sobre nosotras, en nuestras caras, dejándonos algunos en la boca y el resto resbalándose por nuestro mentón hasta los pechos.

    Al terminar nos dejó glaseadas. Carla y yo nos miramos, reímos de esa gran locura y nos dimos un beso. Luego nos alzamos y lanzamos un zapuchon al mar para refrescarnos. El resto del paseo lo disfrutamos como una salida normal entre amigos, escuchando música, tomando el sol, jugando al vóley, bebiendo cervezas y comiendo parrilla. Al retornar mientras Joe manejaba de vuelta a tierra, Carla y yo nos acurrucamos en besos y caricias. Ese encuentro que se nos había negado tantas veces, abrió las puertas a finalizar el día con una segunda cogida al volver a sus aposentos. Durante la madrugada ambas nos encargamos de exprimir a Joe dejándolo seco; en donde él bombeó y reventó nuestros culos uno a uno. Sin duda una velada fabulosa.

  • La esposa de mi amigo: El amorío

    La esposa de mi amigo: El amorío

    La mañana siguiente después de mi maravillosa noche con Ana Lucia, me desperté sintiéndome lleno de energía y más viendo a esa hermosa y sensual mujer durmiendo a mi lado o más bien encima mío jajaja me levante con cuidado para no despertarla ya que ella aún continuaba durmiendo vaya que si estaba cansada, en fin la deje descansar y me di un baño cuando termine fui a ver al pequeño Raulito cuando entre note que el aún seguía dormido vaya que tenía el sueño profundo como su mami, me quede con él por si llegara a despertar ya que no quería dejarlo solo me senté en la cama y me puse a checar mi celular y vaya que tenía un montón de mensajes y llamadas perdidas pero por haber pasado una noche maravillosa valió la pena.

    Pasaron unos 20 minutos cuando se abre la puerta y entra Ana al cuarto vestida solo con su pequeña tanga que traía desde anoche, eso fue porque no la deje salir del cuarto donde yo iba a dormir jejejeje waoo de verdad que se veía muy hermosa y sensual, ella me vio que me encontraba al pendiente de Raulito y me sonrió después me levante nos dimos un abrazo y un tierno beso.

    Leo: Buenos días dormilona descansaste

    Ana: bien como una bebita jejeje

    Leo: me alegro si quieres ve y date un baño yo cuido al niño te aviso si se despierta

    Ana: está bien ya vuelvo

    Me da beso en la mejilla y se va al baño a ducharse yo vuelvo a la cama a sentarme a pensar en lo que había pasado anoche fue en ese momento que decidí no contarle nada ni sacar el tema ya que no quería que se sintiera presionada a hablar, después de unos 15 minutos el niño se despierta y comienza a llorar yo lo saco de su cuna y espere a que Ana regresara mientras le avise que ya se había despertado.

    Leo: Ana ya se despertó el niño

    Ana: voy espérame me estoy vistiendo, cárgalo un rato

    Estuve con el pequeño un rato hasta que llego su mami después le dije a Anita que enseguida regresaría a lo que ella me respondió que no tardara que necesitábamos hablar, salí de su casa y me fui a una farmacia a comprar el anticonceptivo para ella ya que recordé que lo habíamos hecho sin condón y no quería dejarle una sorpresa en su matriz jejeje regrese a casa de Ana y le entregue el anticonceptivo a lo cual ella se sorprendió pero no por haber tenido sexo con el mejor amigo de su esposo sino porque lo habíamos hecho sin cuidarnos a lo que ella rápidamente no lo pensó 2 veces y se tomó la pastilla anticonceptiva.

    Ana: gracias por la pastilla, te juro que no se me paso por la cabeza comprarla jajaja

    Leo: no te preocupes lo bueno es que me anticipe

    El día transcurrió normal yo regrese a mi casa le dije a Ana que regresaría mas tarde para así poder hablar con más tranquilidad pero sobre todo ver si no tenía algún pendiente en mi trabajo ya que quería solicitar mis vacaciones esos días entrando ya casi las 5 de la tarde Ana me mando un mansaje preguntándome que si ya iría pronto a su casa el cual le confirme ya iba en camino llegue Ana me recibió como siempre dándome un beso en la mejilla y entramos, le pregunte por Raulito y me dijo que lo había dejado en casa de su hermana ya que quería tener esa platica conmigo a solas así que nos dispusimos a platicar.

    Leo: creo que ya sé que es lo que quieres que hablemos

    Ana: si de verdad quiero preguntarte muchas cosas y dejar en claro nuestra situación

    Leo: solo quiero decirte que esto no fue una noche de placer, realmente me gusto estar contigo sé que está mal sobre todo por Raúl pero me gustas y mucho

    Ana: realmente lo que me dices es en serio, de verdad no fui una noche de placer para ti

    Leo: si fueras una noche de placer no hubiera regresado y en cambio aquí estoy

    Ana: me sorprenden tus palabras te soy sincera pensé que eras como la mayoría de los hombres que solo quieren un acoston pero veo que me equivoque.

    Continuamos platicando más sobre todo los motivos por el cual la relación de Raúl y Ana se enfrió ya que me dijo que antes eran viento en popa, además su vida sexual era muy frecuente y vigorosa pero con la llegada de la pandemia eso cambio, el término de contrato de Raúl en su trabajo, la crisis por la falta de empleo fueron los principales motivos por el cual las cosas entre ellos cambio radicalmente su vida sexual disminuyo y Ana cuando sentía ganas de estar con su esposo este la ignoraba y octava por darse placer ella misma pero sobre todo la ida a Canadá fue lo más difícil.

    Leo: ya veo que pasaste por mucho

    Ana: si de verdad ha sido muy difícil

    Leo: pero te entiendo y créeme que esto no cambiara nada en nuestra amistad yo no hace nada que tu no quieras y si quieres que me aleje lo hare

    Ana: snif snif snif

    Eran sonidos de lágrimas que salían de los ojos de Ana quizás sorprendida de mis palabras yo me levante y seque sus lágrimas ella me miró fijamente entonces nos dimos cuenta que de algo estaba por pasar y ya no había vuelta atrás, ambos nos dimos un beso en la boca placentero y romántico a la vez, nos abrazamos mis manos rápidamente bajaron hacia sus nalgas para después apretarlas ella sintió el apretón para después soltar un leve gemido.

    Ana: mmmm

    En ese momento con todas mis fuerzas la cargue sin dejar de besarnos sosteniéndola encima mío, nos dejamos de besa ella puso su cabeza a un lado de la mía y así cargándola la lleve a la cama con cuidado la deje ahí mientras ella se acomodaba se mordía los labios sensualmente chupaba sus dedos haciendo referencia que era mi pene eso me lleno de mas placer fue cuando lentamente me quite la ropa dejándome solo en bóxer le dije a Ana que se quitara la ropa lentamente a lo que ella accedió se despojó de todo hasta quedar en ropa interior y después me hace una señal atrayéndome hacia ella se acercó a mí y me besó, metió su lengua en mi boca y la movió dentro como si quisiera explorar todos los rincones, mis manos por reflejo se fueron a sus nalgas, ella se movió más, se levantó un poco para que le quitara su tanga, mis dedos hurgaron su vagina y su culo, ella se movió inquieta, pero no me dejaba de besar.

    Ana: mmmm Leo que rico

    Nos fundimos en un beso profundo y mientras lo hacía liberé mi verga de mi bóxer, con cuidado la introduje en su vagina y un empujón entro toda liberando un fuerte grito

    Ana: aaaaa si así

    Dijo antes de gemir más cuando inicie mis embestidas, lo hacía mientras la besaba por todo su cuello y cara, estaba enloquecido con Ana, despertaba cosas en mí muy profundas, de repente ella gimió mucho, sentí que su orgasmo se aproximaba así que le baje un poco a mis embestidas.

    Ana: que pasa Leo porque te detienes

    Leo: quiero seguir disfrutando este momento contigo

    Mis dedos hurgaron su culo y cuando logré meter tres, supe que estaba lista parecía que su ano no estaba tan apretado como podía ser así pero no le tome importancia, la puse en cuatro sobre la cama y mi glande una vez más se atoró en su culo para después entrar, y tuve que morder mi labio inferior cuando sentí como la base de mi verga fue abrazada por su culo, la sostuve fuerte, me sentí muy excitante con ella, me acerque y besé su espalda, tuve que doblarme mucho para hacerlo ya que soy muy alto, lengüetee su cuello y estuve a punto de hacerle una marca en su cuello como se lo hice a mis Hembras Venezolanas pero mejor no, me desquicié y la penetré una y otra vez, estaba en la gloria, gruñí cuando sentí como mi leche llenaba su culo, ella mordía la almohada, los dos tuvimos nuestro orgasmo de forma intensa.

    La besé mucho, ella me correspondió, nos acostamos como si fuéramos marido y mujer cuando en realidad éramos amantes picarones mientras estábamos en la cama acostados ella me dice

    Ana: leo, me quieres

    Leo: claro porque lo dudas

    Ana: es que tengo miedo de que esto se acabe ya sabes cuando mi esposo regrese

    Leo: eso sucederá pero por lo pronto disfrutemos esto que tenemos vivámoslo juntos veremos qué sucederá pero quiero que sepas que te quiero mucho y esto que paso entre nosotros no es pasajero realmente me importas y siento muchas cosas por ti

    Ana: te quiero amor

    Leo: yo también, (le di un beso) descansa

    Nos quedamos profundamente dormidos esperando el siguiente día, así había comenzado un amorío correspondido por ambas partes quien sabe que cosas sucederían pero estábamos dispuestos a aceptar lo que viniera.

    Hasta aquí la segunda parte espero que la disfruten, espero pronto poder publicar la siguiente saludos.

  • El paciente

    El paciente

    Siempre fui un médico respetuoso, tranquilo y profesional. Me gusta que en mi consultorio el paciente se sienta a gusto, escuchado, y se lleve el mejor diagnóstico y tratamiento, por lo cual nunca dejo que mis gustos o deseos se interpongan en mi trabajo. O casi nunca.

    Soy médico geriatra, especialista en tercera edad.

    Mi nombre es Nicolás, soy de Capital Federal, Argentina, tengo 38 años, y desde hace aproximadamente 6 años mi vida sexual es con hombres. Soy un hombre agradable, de buena presencia física, alto de 1.80 cm, 78 kg, morocho de pelo corto, lindas facciones.

    En el momento de esta historia (año 2016), yo atendía en un policonsultorio en Belgrano, atendiendo pacientes con patologías crónicas.

    En ese entonces conocí a Osvaldo, un paciente muy agradable, que venía periódicamente a hacerse los chequeos y controles de su edad. Tenía 68 años, era divorciado, y estaba de novio con una señora algunos años menor que el. Físicamente no era un hombre atractivo en absoluto, estatura de aproximadamente 1.68, pelo que escaseaba, canoso totalmente, y una incipiente obesidad que siempre le recriminaba en mi rol de médico. Fumaba bastante a pesar de sus antecedentes cardiacos, lo que nos llevaba a largas charlas sobre lo poco beneficioso que para él era ese hábito.

    Fuimos de a poco teniendo mucha confianza entre los dos. Nos convertimos de médico-paciente en buenos conocidos y hasta alguna que otra confidencia me contaba. Le gustaba hacer gala de su poder a la hora de estar con mujeres, y si bien era difícil creer que por su físico tuviera éxito, lo compensaba con su charla, su gracia y su presencia. Me contó que alguna que otra vez era infiel a su novia, y de a poco empezó a deslizar algunos gustos sexuales. Yo si bien no me quería prender en detalles, me reía ante sus ocurrencias y le recomendaba siempre el uso del preservativo. No pasó mucho para que Osvaldo me comentara su casi obsesión por el sexo anal, a lo que él consideraba como esencial en toda relación. Él sospechaba de mis gustos sexuales, pero todo era implícito, nada de mí lo aclaró o lo desmintió.

    Sus visitas, que al comienzo eran semestrales, pasaron a ser bimestrales, siempre con algún pretexto, y nuestra pasión por las charlas fue en aumento. Nos encantaba hablar de muchas cosas, fútbol, cine, aunque nuestra gran distancia era la política. Él era un gran crítico de la gestión del ex presidente Macri, mientras que yo, como lo había votado, en aquel momento lo defendía de sus ataques constantes.

    Una tarde su nombre apareció en la lista de pacientes, y supuse que como siempre sería algún pretexto para alguna charla, pero al entrar me comentó que había conseguido el turno ese mismo día, porque lo aquejaba un fuerte dolor testicular. Debido a la posibilidad de un diagnóstico severo, enseguida lo hice desvestir para descartar una torsión testicular, una de las patologías de urgencia más graves. Afortunadamente no era más que una epididimitis, que se trata con antibióticos. Tengo que aclarar que a la hora de revisar genitales, lo hago muy profesionalmente, solo yendo a lo que es el problema, sin mirar con ojos de lujuria. Sin embargo no pude dejar de percatar el gran tamaño testicular, me sorprendió pero por supuesto ningún comentario salió de mi boca.

    El episodio pasó, su patología curó sin problemas, pero un mes después apareció en mi consultorio para agradecerme la atención, y felicitarme por el diagnóstico y tratamiento. Grande fue mi sorpresa cuando al salir del consultorio, mi secretaria me entrega una carta dejada justamente por Osvaldo. La misma, era muy corta, pero por demás clara. Decía textualmente:

    «Doc, estoy loco por vos. Te invito a cenar hoy a la noche. Si no llegas a venir entenderé perfectamente. Te espero a las 22.00 h en el Restaurante x, dirección…»

    Mil cosas pasaron por mi cabeza. Desde la sorpresa total, la vergüenza, el pensar que indicios me había dado previamente, y finalmente el no tener idea de que hacer.

    Nunca me había atraído Osvaldo físicamente, pero es cierto también que su aura de hombre sexual, su seguridad y por qué no, su edad también me atraían. También pensé que no debería el sentirse decepcionado así después de todo y que al menos ir a comer se podría aceptar

    Mientras me cambiaba esa noche después de mi ducha, no sabía que pensar, que iba a decir, ni que ponerme. Decidí ir con pantalón de vestir, camisa lisa sobria y zapatos.

    No puedo describir su cara de felicidad al verme llegar. Vino rápidamente y antes que él emitiera palabra le dije: – «Osvaldo, vengo a cenar nomás. No esperes más que eso»

    – » si Doc, muchas gracias por haber venido, me das una alegría enorme»

    La cena fue muy linda. Hablamos largo y tendido, me hizo olvidar sus verdaderas intenciones. Comimos riquísimo, tomamos un vino de primera, a lo que el agregó dos whiskys. No me dejó pagar nada y me hizo sentir muy bien. Se deshizo de elogios (ya con las cartas sobre la mesa) hacia mi, mi físico, mi inteligencia, y si bien yo sabía que era todo con segunda intención, no dejé de sentirme realmente bien conmigo mismo.

    Cuando la cena terminó, me pidió ir a caminar un poco, a lo cual respondí que debía irme ya que al día siguiente mi jornada en consultorio empezaba muy temprano. Me insistió mucho, me dijo que le dejara el honor de caminar, y que deseaba que la gente pensara que él era mi hombre. Ese comentario me generó un escalofrío enorme, prendió en mi algo que no supe explicar. Nos imaginé en una situación sexual y no pude dejar de excitarme.

    Acepté su propuesta y caminamos mucho. Fuimos por el barrio de Belgrano, caminando lentamente y discutiendo, como siempre, de política, aunque en términos distendidos. A las cuadras me pidió si podía tomarme de la mano, solo en juego aclaró, y termine aceptando, solo para seguir con el juego. Era ya pasada la una de la mañana, cuando le dije que era ya muy tarde y que ahí si me iba. Osvaldo se puso enfrente de mí, estando yo entre él y la pared, y en ese momento se puso a decirme todo lo que sentía. Evidentemente el alcohol jugaba su parte, ya que me dijo de todo, que soñaba conmigo, que se masturbaba todos los días pensando en mi, que me quería hacer la cola como nada en el planeta. Sin dejarme acotar me tiró la boca en una búsqueda desesperada por besarme. Y lo logró. Nos besamos a la vista de los pocos que esperaban el colectivo a esas horas de la noche. Fue una breve escena, en la que él, una vez que se dio cuenta mi aceptación, dirigió sus manos a mi cola con desesperación. Casi sin esperar ni disfrutar la situación, me llevo de la mano a un Hotel Alojamiento que estaba a pocas cuadras, una vez que puso en el buscador de internet hoteles cercanos. Mi cabeza era un torbellino, estaba muy excitado de la situación, del morbo, y hasta se me cruzaba por la cabeza que al otro día debería despertarme temprano.

    El maldito buscador nos llevó a un telo de mala muerte. Increíble que en Belgrano haya aún hoteles de tan mala calidad. Entramos, y ante la mirada del conserje del hotel, terminé de excitarme. Me miró con cara de desprecio, no creyendo que vaya a tener sexo con Osvaldo.

    Entramos a la habitación y se me vino con todo. Desesperado, me sacó la camisa, rompiendo varios botones, me bajó el pantalón, y procedió a sacarse su chomba. Me miró fijo y me dijo:

    – «Bajame los pantalones ya»

    Me arrodillé, bajé el pantalón y el bóxer, y mientras me preguntaba si el podría mantener una buena erección a pesar de su edad, tuve la respuesta en mi cara. Salió su pene despedido hacia adelante como un resorte. De tamaño normal, con muchísimo vello, y sus colgantes y enormes testículos.

    Me lo metí sin que me pida en la boca, arrodillado y mirándolo a los ojos. No pasaron dos minutos cuando me pidió penetrarme.

    – » no aguanto más, te la voy a poner o acabo»

    Me puse en 4, pero él me pidió cogerme contra la pared. Me paré, me puse de espaldas mientras él se ponía el forro, y lo dejé hacer. Se arrodilló ante mi cola, me la chupó por un breve tiempo, y me colocó bastante gel (que por suerte habíamos conseguido en conserjería).

    Apuntó su pene hacía mi ano y empujó mientas yo miraba la pared y me concentraba en el conocido dolor inicial. Mientas entraba, él hablaba poco, se escuchaba solo nuestra respiración acelerada y los latidos de los corazones a mil. Entró de a poco, lo hizo con conciencia sin hacerme doler mucho, y cuando empezó con el bombeo, mis gemidos fueron demasiado para él y acabó al poco de iniciar. No duró más que 1 minuto de bombeo enérgico.

    Se fue a acostar en la cama y cayó muy agitado. Yo, con deseo latente y mucha calentura, si bien no lo desanimé estaba en llamas por dentro.

    No dijo nada de su performance, y nos pusimos a hablar de cualquier cosa, el extasiado del polvo. A los 30 minutos, empecé a acariciarlo y me llevé su muy fláccido pene a mi boca, en un esfuerzo sobrehumano por levantarlo nuevamente. Increíblemente en mi boca empecé a sentir luego de unos 10 minutos que empezaba a ponerse rígido nuevamente, y 15 minutos después estaba en 4 patas, esperando que mi hombre me dé el placer que yo había pensado. Esta vez el polvo fue increíble, hablado, y prolongado.

    – » senti mi pija K doctora»!!

    – » Ahhhgghh»

    – » te rompe bien la cola un k puta»!!

    Yo no podía más que gemir y gemir. Me dio mucho rigor, y descargo todo su deseo acumulado en mi. Tuvo el descaro de aprovecharse de mi calentura y, apenas antes de acabar, sacar su pene, sacarse el forro y apuntar a mi cara. Terminé acabado con su semen en mi cara y mi pelo. Aunque feliz.

    Por supuesto volví a verme con Osvaldo varias veces, a escondidas de su novia y cultivamos una muy linda relación.

  • Desvirgo a mi vecino y él mi culo

    Desvirgo a mi vecino y él mi culo

    Hola seguidores de mis relatos, soy Klary y os voy a contar como me acabé también follando a mi vecino, el hijo de mi vecina y amiga Pilar.

    El hijo de mi amiga y vecina Pilar me miraba con deseo desde su adolescencia y yo me había dado cuenta desde el principio.

    Después de la experiencia con mi sobrino Ser, me sentí como la perra que siempre me había sentido.

    Notaba las miradas cachondas de Luis hacía años y yo, también caliente por ellas, seguía su rollito de adolescente cachondo y lo calentaba cada día más.

    Él se animaba poco a poco y según iba haciéndose mayor se ponía más y más caliente con su madura vecina, amiga de su madre, siempre muy cortado y amable conmigo.

    Si coincidimos en la escalera me dejaba educadamente pasar delante para, por supuesto, ir mirándome el culo. jijiji! Yo lo contoneaba como una zorra delante de sus ojos para que luego se pajeara pensando en mí. Jiji! Que zorra y puta me había vuelto mi sobrino…

    Con el paso de los años le seguí zorreando a mi vecinito, mientras él seguía pajeandose conmigo, me buscaba y me espiaba a escondidas.

    Yo le daba coba a sus fantasías hasta que él un día dio un paso adelante y me agarró de la cintura restregando su polla contra mi culo. Yo le seguí el rollo contoneándome contra su rabo tieso y le escuché susurrarme:

    Quiero estrenar contigo Klary, vecina mía.

    El entonces ya tenía 17 años y le contesté. Todavía eres virgen? Aguanta hasta los 18 que los cumplirás el mes que viene y seré tuya.

    Ok vecina, me contestó sonriente…

    Pasó ese mes como siempre entre miradas y calenturas mutuas, yo me tocaba como una loca pensando en mi vecinito también, no era muy guapo y no se le notaba una polla grande pero me ponía cachonda, cada día más.

    Llegó el día anterior de su cumpleaños y yo casualidad, sin acordarme de ello, bajé a su casa a hablar con su madre, mi amiga.

    Él se me acercó y apoyando su duro paquete contra mi culo me dijo en voz baja al oído:

    A las 12 de la noche subo que ya cumplo 18 vecina.

    Me tiro hacia el medio sorprendida por sus ganas y le contesté:

    Ok. Hazlo, te espero en casa.

    Luego mu vecina me comentó:

    Mañana mi niño se hace mayor de edad y ya me ha dicho que no vendrá en todo el fin de semana, que tiene planes.

    Eso es normal amiga mía, tranquila estará bien, contesté yo sabiendo que estaría conmigo.

    Era viernes y yo subí a casa muy cachonda, me duché, me lado y afeité el coño para él.

    Nerviosa cómo una quinceañera en celo lo esperé.

    A las 12 en punto sonó el timbre de mi casa, era él y venía dispuesto a todo.

    Yo estaba medio desnuda, sólo llevaba un transparente camisón blanco y un tanga blanco de encajes también.

    Abrí la puerta y él entró decidido a por mí, yo como buena zorra ansiosa respondí igualmente.

    Fuimos entre magreos a mi habitación y nos tiramos en la cama con una calentura desenfrenada.

    Yo a mis 60 años todavía me humedezco como cuando tenía 20 años, él se quitó toda la ropa mientras yo me quité la mía, venía desenfrenado el jovenzuelo. jiji!!

    Es lo normal pensaba yo y le dejé hacer a él.

    Me tocaba el coño y me comía las tetas con mucha ansia.

    Enseguida la metió en mi humedecido coño, tuve que ayudarle porque todavía no tenía afinada la puntería. Jiji!

    En pocos minutos se había corrido dentro de mí, aunque por su inexperiencia intentó hacer marcha atrás y no le dejé, es un chico sano y Virgen, no tiene enfermedades pensé.

    Él ahora, después de conseguir su propósito y satisfecho, se quedó tímido y callado a la vez, entonces entré yo en acción.

    Vamos mi niño, vamos a la… le dije imperativamente. Él obedeció ipso factoría y me siguió.

    Abrí la mampara corredera y abrí el agua, con mi chorro de lluvia, le invité a entrar y él entró rápidamente.

    Yo me metí debajo del agua ya templada totalmente desnuda y me empecé a enjabonar el cuerpo, su polla casi Virgen jiji! Reaccionó enseguida, como es normal.

    Le empecé a enjabonar a él mientras él me empezó a decir:

    Siempre te he deseado vecina Klary, ya lo sabes…

    Yo toda zorra le contesté:

    Claro que lo sé tonto… Ahora te vas a enterar… Vecinito!!

    Lo estoy deseando Klary!! Sabes como me… Uuuf!!

    Esa exclamación sonó porque acababa de engullir su polla, bastante pequeña, nada que ver con la de mi sobrino…

    La empecé a tragar entera debajo de la ducha mientras el gozaba de placer y se puso tan cachondo que se soltó y empezó a agarrar mi cabeza y se empezó a follar mi boca, ansiosa de polla.

    Tragué esa polla hasta que volvió a correrse dentro de ni boca. Me acababa de follar la boca y ya se sentía más hombreton… Entonces le dije:

    Acaba tu ducha que te espero en la cama vecinito… Jiji!

    Ya con sus dos primeras corridas yo sabía que estaba a punto para mí, como buena perra que soy.

    Lo esperé en la cama tumbada, totalmente desnuda, con las piernas abiertas.

    Entró y le dije:

    Ahora te toca a ti comerte a tu vecina madura Luisito…

    Se lanzó en la cama y entrelazamos nuestras lenguas, bajó a mis tetas y las comió con ansia más de 10 minutos, entonces bajo con fuerza su cabeza a mi coño poniendo su cara delante de mí raja húmeda y le ordené:

    cómetelo vecinito, cómetelo!!

    Su inexperta pero activa lengua empezó a lamer mi coño, yo agarrando su cabeza y dirigiéndola la empecé a mover a mi gusto, desde mi ojete del culo hasta mi clítoris hasta que mi primer orgasmo empapó su boca de mis flujos. Seguí restregando su cara contra mis agujeros y entre gritos de placer volví a correrme en la boca de Luisito, mi vecino.

    El ya muy cachondo por el placer que me estaba dando sacó su cabeza de mi entrepierna y se abalanzó sobre mí clavándome de golpe su polla durísima con fuerza y empezó a embestirme con fuerza.

    Yo le empecé a gritar:

    Si Luis siii!! Asii!! Follame mi niño!!

    El siguió con sus embestidas rápidas como buen macho joven mientras yo tenía un orgasmo tras otro. El seguía dándome en mi coño excesivamente mojado y su polla no muy grande entraba y salía a cada segundo. Entonces le paré y sabiendo el tamaño de su polla y lo lubricada que estaba decidí probar mi otro agujero, ese que mi sobrino ansiaba follar y yo no le había dejado nunca. El pollón de mi sobrino me daba un poco de miedo en mi pequeño agujero…

    Puse mi culo en pompa y le dije:

    Follame por el culo Luisitoo! Dame por ahí!!

    Apuntó su polla a mi culo y le pedí que me la metiese poco a poco.

    Así lo hizo mientras yo la notaba entrar mientras mi pequeño agujero se dilataba a la vez.

    En nada estaba mi culo recibiendo gustoso esa polla, yo estaba a cuatro patas y al poco era yo la que echaba para atrás mi culo contra su cuerpo y a la vez empezaba a acariciar mi clítoris con una mano. El mete y saca de mi vecinito era inexperto y con parones así que mi culo cogió un ritmo rápido a la vez que mi mano masturbaba mi clítoris.

    En un par de minutos noté su corrida en mi culo y yo tuve otro orgasmo brutal.

    Entre gemidos míos y de Luis nos corrimos los dos y nos tomamos en la cama.

    El exhausto de placer y yo pensando en que en un momento había estrenado dos cosas a la vez. A mi vecino y mi culo.

    Mandé a mi vecino a su casa pensando en que no era hombre para mí y solo pensaba en mi sobrino.

    Decidí escribirle al WhatsApp y contarle lo ocurrido deseando ponerle cachondo cuando se despertase añadiendo al final que lo necesitaba a él y que mi culo también.

    Necesito tu polla gorda y dura Ser. La necesito en mi culo.

    Al poco rato recibí su respuesta en forma de vídeo mostrándome como se pajeaba pensando en ello y debajo me escribió:

    Mañana me pasó tía, me ha encantado que me hayas escrito esto. Mañana va a ir tu hombre a follarte ese culo de zorra que tienes.

    Estoy deseando follarte cada día tía, eres lo más…

    Mandó otro vídeo de su polla gorda, grande y dura, ya eyaculando mientras yo volví a masturbarme pensando en lo que el día siguiente estaba por venir.

    Eso lo contaré en el próximo relato.

  • Nuestro primer trío con mi joven amigo

    Nuestro primer trío con mi joven amigo

    Después de muchos meses comentándolo a mi pareja entre bromas y momentos íntimos ya la empezaba a gustar la idea, a tal punto que cada vez que follábamos terminábamos fantaseando con que follaba con otro.

    Nuestro primer trio fue raro porque surgió de un momento para otro, yo tengo un amigo que hablando él también tenía esa fantasía con su pareja y un día de cachondeo le dije que si le gustaría follarse a mi mujer y él me dijo que le encantaría, de momento ya tenía apalabrado el chico. Un sábado mi pareja y yo solos nos calentamos y la dije que si quería hacer un trío y ella no estaba convencida porqué es muy vergonzosa, entonces la dije que se pusiera un antifaz, que yo llegaría al rato con el chico y ella no se enteraría de quien es por su vergüenza.

    Al final ella aceptó la propuesta, la deje caliente en la cama y esperando a que llegara con mi amigo, el pensó que era broma pero fui a por él y llegamos a casa… cuando llegamos la avisé a mi pareja, y al entrar ella estaba casi desnuda bien sexy tumbada en la cama con un vendaje en los ojos… mi amigo y yo nos empezamos a desnudar mientras ella la levante y la puse de pie en medio de los dos… el nervioso y cachondo a la vez empezó a besarla por la espalda y manosearla, ella nerviosa me besaba y me agarraba fuerte porque era la primera vez que lo hacía.

    Después ella se agacho a chupármela y el empezó a comerla por detrás como si no hubiera mañana. Después ella se tumbó en la cama y él empezó a comerla el coño rico que ella la encantaba tanto que gemía como nunca con mi polla en su boca. Y llego el momento que más esperaba, verla como el la penetra, me eche para un lado, y masturbándome comencé a ver como él se ponía el condón y se preparaba s penetrarla con su polla grandota y curvada, y llego el momento, la penetro y empezó a follarla encima suya y besarla el cuello.

    Al rato vi que no hacían otra pose puesto que los dos estaban muy nerviosos y yo como director empecé a decirles que ella se pusiera en 4 y ahí me metí yo con ellos. Él se puso a que se la chupe y yo empecé a follármela en 4 y luego al revés. Y ya de última les deje follando en 4 a los dos y yo no me pude aguantar viéndoles y me corrí, lo malo de todo que ninguno acabo corriéndose, por los nervios que teníamos todos al menos ellos dos. La cosa acabó ahí, me baje a mi amigo y al llegar a casa mi pareja estaba tocándose y la verdad que la gusto tener dos pollas para ella… y así fue nuestro primer trío pero no se pierdan el segundo relato del segundo trío que fue muuucho mejor.

  • Mi maestra de baile cubana

    Mi maestra de baile cubana

    Llevaba ya unos meses asistiendo a clases de salsa. Yo tenía 29 años y Mónica, mi maestra, 32, era una hermosa cubana mulata de pelo largo rizado negro azabache, unos labios carnosos, un culo grande y firme, unos muslos que reflejaban todos esos años de experiencia en las danza cubana, unas tetas bien proporcionadas y unas caderas que parecían hacer temblar en suelo cada vez que bailaba. Era como si su cuerpo hubiera sido tallado por los mismísimos dioses del erotismo. Para mí era imposible ver a esa mulata bailar y no imaginarla meneando esas caderas encima de mí.

    Un día la agregué a Facebook y empezamos a hablar por mensajes acerca de las clases de baile y otras cosas relacionadas con la cultura de Cuba. Días después de chatear con ella casi todos los días la invité a salir y aceptó.

    Nos quedamos de ver en un bar para tomar unos tragos. Ella iba vestida una blusa roja con un escote discreto pero que dejaban ver de manera sutil el surco entre sus senos y con unos pequeños shorts negros que exhibían sus deliciosos muslos.

    Estuvimos bebiendo y platicando hasta que cerraron el bar y le propuse ir a mi departamento a tomar una copa, a lo que Mónica aceptó.

    Al llegar a mi departamento ella me pidió que pusiera música, así que puse una playlist de salsa cubana y después de unas canciones Mónica se levantó a bailar frente a mí mientras yo la veía maravillado de su belleza y sensualidad al moverse. Ella me dijo que me parara a bailar con ella para ver si había aprendido algo de las clases, así que me levanté a bailar tratando de seguir su ritmo y destreza con los pasos que sabía. El hecho de estar con mi maestra de baile en mi departamento me estaba poniendo muy cachondo y podía notar que ella lo sabía. Después de un par de canciones nos sentamos y comencé a acariciarle uno de sus muslos que tantas veces había admirado en clase de baile, a lo que ella respondió sonrisa y una mirada fija en mi boca.

    Empezamos a besarnos en la sala, y luego de un rato empiezo a mover mi mano lentamente hacia su entrepierna y ella pone su mano en mi la mía para sentir cómo mi verga ya estaba punzando por debajo del pantalón.

    Le digo que vayamos al cuarto, y una vez ahí y ya entrados en calor le empiezo a quitar el shorts para descubrir el culo más maravilloso que he tenido la oportunidad de presenciar enfundado en una tanga de hilo dental que prácticamente desaparecía en medio de esas enormes nalgas. Para este momento mi erección era evidente por debajo de mi pantalón y Mónica me lo quita junto con el bóxer que develó mi verga parada, lo que le hizo decir “Qué pinga tan más rica tienes”. Le quité el calzón suavemente y pude contemplar ese coño lampiño que desprendía un olor a flores que me hizo agua a la boca. Terminamos de quitarnos la ropa y nos pasamos a la cama y Mónica puso esos suaves y carnosos labios alrededor de mi verga dura mientras yo tomaba un mechón de su pelo rizado en mi puño, ella me hizo una felación con una maestría impresionante; la mamaba delicadamente, sus grandes labios subían y bajaban con parsimonia por el tronco de mi verga hasta la cabeza; se notaba que disfrutaba mamarla con calma mientras yo sentía que me iba a correr en su boca en ese momento. Así que le pedí que se acostara para lamerle ese coño con olor a rosas que me estaba volviendo loco por probar. Le daba lengüetadas sobre todo el coño y succionaba suavemente su clítoris. Desde mi perspectiva veía cómo arqueaba su espalda y escuchaba cómo gemía suavemente. Me excitaba ver que ella también lo estaba disfrutando.

    Mónica me preguntó si tenía condones, pero yo no tenía ninguno, y ella me dice que me viniera afuera de ella. Mi verga ya estaba latiendo de placer de anticipar estar adentro de mi hermosa maestra de baile.

    La recosté en la cama boca arriba mientras le chupaba las tetas, le separé las piernas y me deslicé dentro de ella y suspiró suavemente a mi oído “Sí, papi” y con eso yo me sentía completamente desarmado ante semejante mujer. Tenía un coño suave y caliente, y empecé a moverme despacio progresando hasta darle más rápido. Mónica tomó mis nalgas y me empujaba hacia ella pidiendo la embistiera duro. Podía sentir mis huevos rebotando en su culo su culo y cada vez que me empujaba hacia ella.

    Paré y le dije que se pusiera en cuatro, a lo cual ella obedeció al instante. Se volteó y arqueó la espalda con ese culo duro apuntando hacia mí. La metí y mientras la agarraba de las caderas para traerla hacia mí. Era delicioso ver cómo mi verga desaparecía en ese culo grande mientras ella se movía de adelante hacía atrás con un ritmo constante que hacía que sus nalgas rebotaran de una forma gloriosa al topar con mi pelvis.

    Luego de un par de minutos de metesaca, me dice que si se podía montar sobre mí y yo me salí de ella y me acosté para dejarla que cabalgara.

    Se puso arriba de mí y comenzó a bajar suavemente sobre mi verga, podía sentir cómo su coño se deslizaba con calma desde la cabeza hasta la base, así que la dejé hacer lo suyo y que se cogiera solita mientas yo le agarraba las nalgas grandes que no podía ni siquiera abarcar completamente con mis manos estiradas.

    Se movía con una candela impresionante, podía sentir su coño hirviendo bailando sobre mi verga más tiesa que un palo. Sus fluidos vaginales calientes se me escurrían por los huevos y yo estaba completamente extasiado de ver a semejante diosa cubana montada sobre mí. Me preguntó si me gustaba así o más rápido y yo decidí poner esa batidora en modo turbo para ver el funcionamiento al máximo de esa máquina de baile sensual y Mónica empezó a moverse cómo si no existiera el mañana, era cómo si sus caderas tuvieran autonomía del resto de su cuerpo y rotaban a toda velocidad sobre el eje de mi verga. El fin estaba cerca y por la progresión de sus gemidos podía notar que ella estaba a punto de correrse también, no pasó ni un minuto para que Mónica tuviera un orgasmo que le hizo temblar los muslos y reducir la velocidad de sus movimientos, sin embargo no paró ahí, y siguió moviéndose arriba de mí hasta que sentí que estaba listo para correrme y aventar el chorro de placer afuera de ella, le dije que ya me iba a venir, ella se salió y me dijo: “Dámela”. Me quedé acostado mientras ella me masturbaba y me lamía los huevos con dedicación mientras yo estaba completamente indefenso ante sus manos.

    La gran corrida llegó, los chorros de semen cayeron sobre mi torso, y mientras yo seguía con mis espasmos del orgasmo, Mónica se apresuró a lamer el semen sobre mí, como si quisiera tragarse cada gota de mi líquido de amor mientras estuviera caliente. Al terminar de lamer todo el esperma, me dijo: “Qué rica leche… sabe dulce”.

    Nos quedamos acostados acariciándonoslas un rato hasta que Mónica me dijo que se tenía que ir. Nos despedimos, y minutos después de que se fue me llega un mensaje de ella que dice: “Me encantó, espero verte el lunes en clase.”