Categoría: Sin categoría

  • Aprovechada en bar swinger

    Aprovechada en bar swinger

    Ya tenía tiempo convenciendo a mi novia de que fuéramos a un bar swinger. Ella tiene 27 años y yo 32. Le había contado que me gusta ver y que me encantaría ver como se la coge alguien más.

    Después de haberle platicado a cerca de ello finalmente nos decidimos a ir a uno en el centro.

    Se arregló bonito y se veía deliciosa. Traía una falda pegadita, se puso una tanguita negra y unos tacones negros. Llegamos y era un lugar no muy agradable en donde la mayoría de las personas que había ahí eran señores de entre 40 y 50 años, sucios, etc. Se veía que era un lugar en donde no exigían tanto en cuanto la apariencia pues era un lugar ubicado en una vecindad.

    Al entrar, de inmediato nos dimos cuenta las miradas que se fijaron en ella. Parecía que nunca había ido alguien tan hermosa y rica como ella a ese lugar porque nunca la dejaron de ver aún en mi cara y descaradamente.

    Elegimos una mesa en un rincón y empezamos a ver el ambiente. Todos estaban sentados, viendo pasar a la gente, escaneando unos a otros y, la mayoría, seguía fijando su mirada en mi novia.

    Me pare por unas cervezas para ir ambientándonos y le dije que me esperara ahí sentada. A lo lejos vi como varios se le acercaban para invitarla a bailar pero ella les decía que no. Volví con las cervezas y empezamos a tomar tranquilamente. Un par de valientes se acercaron a preguntar si podían sentarse con nosotros pero a todos les dije que no, que se fueran. Una pareja de unos 50 años aproximadamente nos preguntó si íbamos a ver o solo a interactuar pero sólo de verlos me dieron hueva a lo que tajantemente les dije: «sólo a ver».

    La música se puso en lo alto, seguimos tomando pero ahora cambié por tequila en vez de cerveza. Yo quería verla sumisa y flojita para que hiciera lo que yo le dijera con quien yo le dijera.

    Varias veces se paró al baño y solo veía como las miradas la seguían, ella también se daba cuenta y eso le gustaba; jugar con ellos y ver lo que nunca podrán tener entre sus manos… o sí?

    Minutos después, ya entonados y con un par de shots encima, un showman de repente tomó el micrófono y propuso un juego.

    «Necesito 2 chicas lindas y 5 afortunados que pasen al frente».

    Le dije, «pasa y hazme ver de qué eres capaz».

    Se levantó y pasó al frente. Muchos de los presentes no podían creer que la más rica del bar pasara. La otra chica era una chica promedio sin nada llamativo, solo delgada y con minifalda.

    Los 5 hombres que pasaron eran casi señores, bigotones y feos. Se veía que habían escapado de sus casas y de sus esposas solo con el morbo de ver o tocar alguna chica linda como mi novia… pues parecía que era su noche de suerte.

    El juego consistía en que durante 2 minutos que dura la canción podían tocarlas y hacerles lo que quisieran, excepto penetrarlas.

    Los tipos parecían lobos viendo a su presa. No podían creer lo que estaba a punto de pasar. En seguida comenzó la música, la cama empezó a girar y sobre ellas se abalanzaron esos 5 tipos desagradables. De inmediato le subieron el vestido, le hicieron a un lado su tanga y fuertemente empezaron a dedearla, tocarle los senos, a besarle el cuello, etc. Estaban locos de lujuria, nunca en su vida habían tenido entre sus manos a una chica de 27 años y también hermosa como ella.

    A la otra chica no le dieron tanta importancia, obviamente también la tocaron y gozaron pero todo el club se dio cuenta que la estelar fue mi novia. Terminó la canción pero ninguno se quería alejar, fue ella la que tuvo que pararse porque obviamente todos estaban con la verga a todo lo que da. Cuando volvió le dije «te viste deliciosa entre tantas manos» y era verdad, verla con esa cara de asco pero a la vez de satisfacción sumada al morbo que generó el show hizo que quisiera seguir viéndola y los demás también.

    Al bajarse de ese colchón se dirigió hacia nuestra mesa acomodándose la falda y su tanga no pudiendo evitar las miradas morbosas y lascivas de cada uno de los presentes.

    Seguimos tomando y el show seguía, dos chicos striptease musculosos salieron de atrás. Se supone que debía pasar a cada mesa a preguntar si alguna chica quería bailar con ellos pero de inmediato se dirigieron hacia la nuestra. Me preguntaron si la dejaba pasar a interactuar pero ella en seguida dijo «si quiero». Mi cara de sorpresa fue evidente porque me di cuenta que el ambiente y, tal vez, el show pasado la había dejado caliente e insatisfecha, con ganas de seguir provocando tal vez no solo a mí, sino a todos los demás, después de todo, estaba en una cueva de lobos a la que todos se querían comer.

    Después de afirmar, uno de ellos se la llevó cargando, haciéndola enseñar su panochita a todos. La bajaron en un sillón Kama Sutra ubicado en medio de la pista. La música empezó y ahí estaba parada ella, con los ojos tapados con una banda sin saber qué hacer, solo estaba esperando a que hicieran un movimiento pero no sabía lo que venía. Poco a poco empezaron a besarle el cuello, a tocar sus piernas y bajarle sus prendas. Súbitamente uno de ellos la volteó y sin decir nada, la empinó sobre el sillón, le hizo a un lado la tanga y de un golpe la penetro. No supe si el grito-gemido que emanó fue de placer o dolor o ambos. La cara de todos nosotros los espectadores fue de asombro. Yo no podía creer lo que estos dos estaban haciendo y los demás sólo se imaginaban siendo ellos quienes estuvieran ahí. Poco a poco se acercaban para ver mejor de cerca y admirar su vagina siendo penetrada.

    El show no duró mucho, al fin de cuentas creo que solo querían prender a la gente para darle paso a lo que seguía y a lo que todo mundo va, al cuarto obscuro.

    De nuevo volvió a la mesa pero esta vez yo le ayudé a ponerse su ropita porque ya se veía mareada y un poco cansada. Le pregunté tocándole su vagina:

    Yo: «¿te gustó, amor?»

    A lo que ella solo respondió con un «mucho».

    Era evidente que aún estaba caliente y yo más.

    Le serví otro tequila para que se relajara aún más pues la noche aún no terminaba y yo aún no me venía.

    Después de todo el show que dimos, o que más bien, ella dio, nos dirigimos al cuarto obscuro. Las miradas nos siguieron, los muy cínicos casi casi nos siguieron viéndole las nalgas y solo viendo de lejos esperando el momento de que les toque una probadita de ella.

    Al llegar vimos a unas parejas que ya habían empezado. Nos sentamos a ver como estaban cogiendo y también para que descansara un poco. Yo ya estaba muy caliente y mi pene ya estaba sacando ese líquido seminal, señal de que ya no puedo contenerlo más. Ahí sentados empecé a besarla rico y cariñosamente, tocando sus senos, pasando mis manos por sus piernas, diciéndole cosas ricas y sucias como:

    «No sabes cómo me pones de cachondo, sacas lo peor de mi y solo te quiero ver seguir disfrutando.»

    Ella me respondió:

    «Haz conmigo lo que quieras y con quien quieras, soy tu puta esta noche y a eso vine, a hacer que tengas el mayor placer de tu vida viéndome como abusan de mi».

    … (Sin habla)

    Ya no supe qué me gustó más… lo que había visto hasta ese momento o lo que me acababa de decir. Sus palabras fueron mágicas y accionaron el freno que tenía puesto.

    No esperé más tiempo, no le pregunté, ya había esperado mucho tiempo y ya tenía su permiso. Me bajé el pantalón, saqué mi verga y de su cabello la tomé dirigiendo su cara hacia mi pene erecto. Sus mamadas se hacían escuchar en todo el cuarto, con fuerza la tomé de arriba hacia abajo. Le levanté la falda apretando sus nalgas, los tipos de a lado solo veían mi cara de satisfacción y la manera en que la bajaba hacia mi verga. Se empezaron a frotar el pantalón de una manera cínica viendo el delicioso trasero entre mis manos.

    Con la mirada les dije que se acercaran y la disfrutaran conmigo. No lo pensaron, se pusieron atrás de ella viéndole su duro y rico trasero. Al sentir unos dedos que no eran los míos frotando su vagina la hizo dar un pequeño salto de susto o de sorpresa.

    Me gustó ver el rostro de los tipos, uno con aspecto y fachas de albañil un poco panzón y el otro un poco más joven e igualmente mal arreglado. Uno de ellos bajó su tanga metiendo su cara entre sus nalgas, eso hizo que diera un fuerte gemido sacando mi pene de su boca para voltearlos a ver.

    Me volteó a ver y me preguntó:

    «¿Te gusta esto, amor?»

    «Mucho» -le respondí.

    «Entonces a mi también me encanta» -me dijo.

    «Quiero verte flojita y cooperando». Me aparté y le dije al otro tipo que ocupara mi lugar. De inmediato sacó su verga, se acomodó en donde yo estaba sentado y solo se dedicó a disfrutar de su linda boca subiendo y bajando por su asqueroso pene, dando gritos de placer y apretando sus senos fuertemente, como no queriéndolos soltar nunca.

    El señor de atrás cuando se sació del sabor de su vagina de inmediato se acomodó, apuntó su pene a la misma y de a poco la empezó a meter.

    «No maaames… que rico… que rica está esta chamaca o no? Hijo?» exclamó.

    ¿O sea que padre e hijo estaban disfrutando a mi novia? Me importó poco porque ella se veía súper rica y excitante al ver a esos dos morbosos pervertidos Haciéndola como querían. No duraron mucho cuando de repente y casi al mismo tiempo acabaron dentro de ella, uno en su vagina y el hijo en su boca.

    Había una pareja a lo lejos disfrutando y casi no pudiendo creer lo que estaban viendo.

    Volteé a ver al chavo, igualmente feo, moreno y sin ningún chiste y le dije ¿tu gustas?

    Con asombro volteó a ver a su novia. «Ve y cógetela, bebé» -ella le dijo. Mi novia apenas se estaba incorporando de la cogida que le metieron padre e hijo hace unos momentos cuando así como así, sintió que alguien más la levantó, la empinó y le empezó a propinar embestidas, una tras otra una tras otra. Eran obvias las ganas con la que se la estaba cogiendo pues su novia no tenía mucho que ofrecer.

    Después de unos pocos minutos y sin disimular mucho se vino también él. Nunca había visto su vagina tan llena de mecos y no de los míos.

    Ya no podía más, ya había sido disfrutada por muchos el día de hoy, yo estaba casi satisfecho al recordar y ver todo lo que había pasado, solo me faltaba descargar a mi.

    Esta vez no quería espectáculo, esta vez la quería solo para mí. La metí casi a empujones a una cabina, ella aún cansada y borracha estaba aún a mi merced. Su vagina ya había sido penetrada muchas veces hoy, su ano ahora era solo mío.

    Sin perder mucho el tiempo se lo metí de un golpe. Ella gritó de placer así como yo. No pude evitar decirle mientras la penetraba.

    «Que rica te viste hoy amor, estás deliciosas y solo eres mía mía mía…»

    Descargué todo lo que había acumulado en la noche, lo estaba guardando y su ano terminé.

    Por fin satisfecho nos fuimos, pero espero que se repita…

  • Los ojos de mi vecina

    Los ojos de mi vecina

    Su nombre era Ana. Era todo lo que sabía de ella hasta ese día en que realmente nos conocimos. Eso y que tenía los ojos color avellana más hermosos que me hubiera tocado conocer, una figura esbelta, que se lograba apreciar a través de su ropa sencilla y holgada; piel blanca y cabello castaño claro a la altura del hombro y una sonrisa hermosa que rara vez sacaba a pasear. Debía tener no más de 35 y no menos de 27 años y hasta donde yo sabía, no tenía hijos, al menos viviendo con ella. Había coincidido unas tres o cuatro veces con ella y su marido en el pasillo de los departamentos donde vivíamos. Ellos se habían mudado hacía unos 5 meses apenas y yo llevaba año y medio, desde mi divorcio, en el departamento de al lado, en el cuarto piso del edificio.

    Sabía su nombre porque su esposo le había llamado para apurarla a que saliera en una de las ocasiones que habíamos coincidido, con gesto de frustración. Ella, con la vista baja, había obedecido, sin mirar apenas a verme.

    El cuarto piso tenía cuatro departamentos, uno de ellos desocupados, otro semi-habitado por un ejecutivo de una empresa local que lo utilizaba como su discreto nidito de amor, el que ocupaban Ana y su esposo y finalmente el mío.

    Mi nombre es Rubén y la historia que les voy a contar tiene que ver con Ana y la manera en que nos conocimos e hicimos amigos, pero antes debo platicarles un poco de mí.

    Mi ex esposa y yo teníamos muy claro desde hacía varios años que lo nuestro no tenía ningún futuro. Era simplemente una relación cuyo único vínculo a través de los años, era nuestro hijo Eduardo al cual tuvimos cuando ambos éramos muy jóvenes. Demasiado jóvenes para saber en la que nos metíamos. La rutina nos fue agotando y al final continuamos juntos solo para darle un hogar estable a Eduardo. Cuando él se marchó a la Universidad al otro lado del país, supimos que era el momento para poder separarnos sin que hubiera un encono de por medio. Acordamos los términos de la pensión, la dejé vivir en nuestra casa y me mudé a este departamento donde ahora vivo.

    No he tenido una relación seria desde entonces. No estoy listo para dejar ir mi libertad todavía, aunque no he cerrado la puerta a una nueva oportunidad a mis cuarenta años, tal vez después, pero no ahora. Mientras la gente normal mojaba sus ganas en el café o tomando lo ocasional copa y las aventuras de una noche, yo me conformaba con leer y escribir algunos relatos eróticos, algunos pasables, otros no tanto pero era lo que había y de alguna manera, mi trabajo como consultar y entrenador en línea, me daba para vivir bien y mantenerme ocupado.

    No les voy a mentir, no soy un adonis, ni tengo una herramienta de 20 cm en todo su esplendor. Ni siquiera sé cuánto mide y no me interesa saberlo, pero estoy seguro que no se acerca ni por mucho a esos terrenos. Creo que soy de tamaño normal y no estoy esperando que me llame una productora de material pornográfico en un futuro cercano. Por lo demás, me mantengo en forma, mido 1.70 m, soy de complexión media, blanco de pelo café claro con un ligero aire intelectual. Básicamente en eso se resume mi vida y lo que le rodea.

    Esa mañana me levanté temprano aunque no tenía ninguna clase agendada. Pasé por la cocina y me recibió el agradable olor del café recién hecho por mi cafetera programada. Pensé llenar una taza pero decidí darme un regaderazo primero ya que el incipiente calor del día lo demandaba. La temperatura del agua estaba en su punto y estaba disfrutándola más tiempo del habitual cuando sonó el timbre de la puerta. Supuse que sería algún mensajero con un paquete o correspondencia, aunque no esperaba nada urgente por lo que decidí seguir disfrutando del agua tranquilamente, cuando volví a escuchar el sonido del timbre, esta vez con demasiadas repeticiones. Mascullando maldiciones de grueso calibre, me salí y me puse la bata de baño encima sin alcanzar a secarme el pelo y me puse las sandalias mientras gritaba que iba en un momento.

    Con gesto hosco, abrí la puerta esperando ver al mensajero cuando me topé cara a cara con mi atribulada vecina, Ana. Llevaba un holgado short blanco y una camiseta deportiva de esas que se usan para andar cómodamente por la casa. Me quedé boquiabierto sin saber qué decir hasta que ella rompió el silencio.

    – Vecino, disculpe que lo moleste, pero tengo una urgencia y necesito de su ayuda, por favor. – Me imploró poniendo una mirada de angustia en sus bellos ojos color avellana.

    – Dígame vecina. ¿Qué se le ofrece? – atiné a decir apenas repuesto de la sorpresa de verla ahí a mi puerta después de cinco meses de no dirigirnos la palabra siquiera.

    – Tengo una fuga de agua en mi cocina y estoy intentando llamar a un plomero pero no quiero que se me vaya a inundar toda la casa… se está mojando la alfombra… – En este punto se le quebró la voz y sin más, la tomé del brazo y nos dirigimos a su casa. – Mi marido está fuera de casa en un viaje de negocios y regresa hasta la próxima semana. – Me aclaró sin que yo le hubiera pedido una explicación.

    – No se preocupe, vecina. Ahorita lo arreglamos. – Le dije mientras entrabamos a su departamento y veía el enorme charco que se estaba empezando a formar, brotando por debajo del fregadero.

    – Muchas gracias. – Me dijo todavía con ese aire de angustia. Me metí bajo el fregadero tratando de mantener mi bata cerrada mientras giraba las manijas del agua fría y la caliente también pero el chorro seguía manando con la misma intensidad.

    – Supongo que todos los departamentos son iguales así que voy a buscar y cerrar la llave maestra, – le dije. Al hacer esto, me levanté y me dirigí al cuarto de servicio donde, efectivamente, tenían una llave maestra para el agua, similar a la de mi departamento. Esta vez la cerré de igual forma y el flujo del agua paró finalmente.

    La cara de Ana se iluminó mostrando esa hermosa sonrisa que sólo me había tocado ver en una ocasión anterior. El estropicio no había sido tan severo después de todo y el agua solo había mojado el borde la alfombra aunque el piso de la cocina parecía un pequeño chapoteadero. Ana cogió su celular e intentó marcar un número. “El plomero” musitó apenas, explicándome el motivo de su llamada. Yo asentí en silencio, dándome por fin cuenta del aspecto que tenía, solo con mi bata de baño y mis sandalias en aquella casa extraña.

    – No me contestan. – dijo Ana finalmente y colgó.

    – Si gusta le puedo ayudar a encontrar un plomero en un momento. Sólo necesito ir a vestirme y…

    – ¿Bueno? – Me interrumpió Ana al recibir una llamada en su celular. – Si. Yo estaba llamando hace un momento. Me urge que me vengan a arreglar una fuga en la tubería de agua…

    Después de un momento de silencio en que escuchaba a la voz al otro lado de la línea, contestó.

    – No, dos horas es mucho tiempo. Por favor, necesito que vengan lo antes posible. No puedo estar así con la cocina en esas condiciones… – ¿45 minutos? Está bien. Aquí lo espero. Le mando la dirección por mensaje. Gracias. – Terminó la llamada.

    – Bueno, parece que ya tiene todo resuelto… – Dije con la noción de que mi tarea ahí estaba concluida.

    – Muchísimas gracias, vecino. No sé qué hubiera hecho sin usted.

    – No hay de qué. Para eso estamos, para apoyarnos entre nosotros…

    Ana me interrumpió diciendo.

    – ¿Le podría pedir un nuevo favor, si puede hacerlo? – Me dedicó esa mirada compungida que tan buenos resultados le había dado cuando me sacó apresuradamente de mi departamento.

    – Dígame… – Contesté sin saber exactamente de qué se trataba todo aquello.

    – Es que, bueno… tuve una mala experiencia con un plomero en una ocasión y la verdad me da temor quedarme a solas con él. Sé que es absurdo y entiendo si no…

    – Está bien, no se preocupe, le acompañaré con gusto pero necesito ir a cambiarme primero. – Dije mostrándole mi escasa indumentaria. – Ella sonrió de nueva cuenta.

    – Claro, sí. No hay problema. El plomero dijo que llegaba en 45 minutos. Muchas gracias vecino. A propósito, mi nombre es Ana.

    – Lo sé. – Dije sonriendo. – Mi nombre es Rubén. Mucho gusto.

    Salí de su departamento y me dediqué a preparar mi café, preparé un par de panes tostados con mermelada y me vestí rápidamente con un pants deportivo y una camisa del mismo tipo, y unos tenis. Nada formal para aquella ocasión tan peculiar.

    Cuando regresé al departamento de Ana, cuarenta y cinco minutos después, el plomero aún no había llegado. No me sorprendió en absoluto pero no hice ningún comentario al respecto. Ana me ofreció un refresco y lo decliné amablemente. De pronto se formó un espeso silencio entre ambos ya que nuestro tema de conversación solo podía girar en torno al desperfecto del fregadero y así ahí me dirigí.

    – Tal vez sea conveniente que vea dónde está la fuga para que no le vaya a querer estafar el plomero, ¿no cree?

    – Si. Creo que es una buena idea. – Dijo Ana siguiéndome.

    Me volví a colocar debajo del fregadero, esta vez sin preocuparme de mi pudor ya que mi pants y mi camisa me cubrían perfectamente. Ana se acercó a mí y se agachó para ver el lugar donde estaba tratando de localizar la fuga, después de un rato se cansó de esa posición y se enderezó sin moverse del mismo lugar.

    – Estoy viendo que la tubería después de las llaves está seca así que tuvo que ser en la parte pegada a la pared. – Le dije mientras exploraba esa zona con mis dedos para buscar evidencia de la humedad. Al voltear a verla, me encontré con sus esbeltas y bien torneadas piernas, frente a mí. Asomé un poco más la cabeza y vi el inicio de sus shorts blancos donde se alcanzaba a mirar el contorno de unas braguitas de color azul cielo. Al parecer, ella no se había percatado que me estaba dando una visión privilegiada de sus piernas y la zona VIP. Seguí hablando para no levantar sospechas mientras deleitaba mi pupila con aquel inesperado regalo. – Acá si se siente la humedad y hasta está cayendo una gota todavía. – Dije sin abandonar mi posición.

    – ¿Será mucho el daño? ¿Cree que se vaya a tardar mucho?

    – Depende de qué tan dañado esté el tramo de tubería. Si tiene que remplazarlo por completo…

    Me detuve un momento al girar mi cabeza y ver un poco más allá en el reflejo del horno de la estufa. Ana, sin el temor de ser descubierta, miraba el bulto que se empezaba a formar en mi entrepierna ante el panorama que me ofrecía. Ambos estábamos dando un espectáculo ajeno a los ojos del otro, aunque ahora yo llevaba la ventaja gracias al fortuito reflejo del vidrio opaco del horno. Sentirme observado de esa manera incrementó mi excitación y la tela elástica de mi prenda dio muestra de ello. Aunque la visión reflejada en el vidrio del horno no era perfecta, me pareció que Ana llevaba su mano derecha a su seno y se lo estrujaba con nerviosismo.

    – ¿Entonces si es algo grave? – Preguntó llenando el súbito silencio que se había formado entre nosotros.

    – No lo creo. Es relativamente sencillo, solo que yo no tengo las herramientas para soldar pero debe ser un trabajo fácil. Déjame ver si alcanzo a ver más daño. – Dije para ganar un poco más de tiempo ante aquella visión. Me di cuenta vagamente que la había tuteado y a ella no pareció importarle demasiado.

    – Está bien. Creo que ya se está tardando este señor. – Me pareció percibir un sobresalto en su voz y noté que su mano vagaba de su cuello a sus senos, sin saber que estaba siendo observada por mí. En un arrebato, decidí subir un poco más la temperatura y me extendí hacia adentro con la guisa de alcanzar a tocar la pared y la parte más alejada de la tubería, teniendo buen cuidado de que mi camisa se levantara del pants, exponiendo mi vientre ante su mirada de forma que pareciera un movimiento casual sin ninguna doble intención. Pude notar que Ana se movió un poco inquieta y su pierna girada me ofreció una vista un poco más amplia de sus braguitas azules casi al punto donde se hubiera apreciado el pliegue de su vagina. No corrí con tanta suerte pero con lo que veía me bastaba para hacer de aquel un momento bastante erótico.

    – Rubén, necesitas que te ayude con…

    La pregunta quedó en el aire porque justo en ese momento tocaron el timbre de la puerta. Ana se alejó de ahí para abrir la puerta y encontró al inoportuno plomero que había llegado finalmente a romper ese mágico momento entre ambos. De mala gana, me levanté del fregadero y le expliqué al muchacho moreno y delgado que se identificó como el plomero, lo que había descubierto acerca de la fuga. Obviamente, mi otro descubrimiento me lo guardé para mí.

    Una vez que el plomero se hubiera puesto a trabajar, le acepté el refresco que me había vuelto a ofrecer y platicamos un poco acerca de nosotros. Le platiqué brevemente de mi divorcio, de mi hijo en la Universidad, de mi línea de trabajo y alguna que otra cosa no demasiado trascendental. Ella a su vez, me comentó que tenía 6 años de casada, no tenían hijos aún, se habían movido a la ciudad hacía apenas seis meses gracias a una oportunidad laboral que se le había presentado a su esposo pero que aún tenía que ir de forma regular a liderar un proyecto que había quedado inconcluso en su otra plaza. Entre plática y plática, la observé con mayor detenimiento, sus bonitos ojos, la piel clara que hacía un contraste muy bello con su cabello oscuro, su figura delgada pero bien torneada que se lograba apreciar a través de esa ropa tan casual. Era una mujer bonita sin llegar a ser demasiado bella, y sonreía con los ojos cuando se daba la oportunidad.

    – ¿Te puedo preguntar algo? – Le dije, ya salvado el escollo del tuteo entre ambos.

    – Dime, si puedo te contestaré. – Me contestó sonriente aún.

    – ¿Cuál fue esa experiencia que tuviste con aquel plomero? – Dije bajando la voz y volteando a ver hacia la cocina a sabiendas de que el plomero no nos podía escuchar acá en la sala donde nos hallábamos.

    Ana titubeó un poco y su cara reflejó el disgusto que le provocaba aquella imagen que se presentó en su mente.

    – Hmm, fue algo muy desagradable para mí. Hace tres años, ya estaba casada…

    – Si te incomoda, no tienes qué platicarlo. Descuida.

    La mujer dudó por un breve instante y al final decidió continuar.

    – Era una situación similar. Teníamos una fuga en la regadera que goteaba día y noche. Era desquiciante porque el tic-tac-toc era constante. Mi esposo me dijo que llamara a un plomero porque él estaba muy ocupado así que lo hice. El señor se dedicó a hacer su trabajo, muy serio y todo. Nada fuera de lo normal.

    – Y luego ¿qué pasó? – Inquirí intrigado por el rumbo de aquella historia y temiendo lo peor.

    – Cuando terminó de arreglar todo y le pagué, me pidió que si podía utilizar mi baño y yo accedí. Pasaron los minutos y aquel señor no salía. Lo llamé un par de veces sin respuesta y me asusté que le hubiera pasado algo dentro del baño. Después de la segunda vez que le llamaba decidí abrir la puerta… – Ana hizo un mohín de disgusto al llegar a esta parte de la historia.

    – ¿En serio? Y ¿qué viste?

    – El señor estaba de pie frente al sanitario, masturbándose…

    – Qué barbaridad, no lo puedo creer. – le interrumpí pero inmediatamente me di cuenta que aún no terminaba la historia. Le dejé continuar.

    – Y tenía unas braguitas mías en su rostro mientras se masturbaba con los ojos cerrados. Había hurgado en el cesto de ropa sucia y se estaba excitando con el olor de mi ropa interior. “¿Qué diablos crees que estás haciendo?” le grité muy molesta.

    – ¿Y él qué hizo?

    – Abrió sus ojos espantado y volteó a verme justo en el momento en que empezó a eyacular. Cuando se giró, en vez de que su corrida cayera en el sanitario, se esparció por el espejo, por el lavabo y aún unas gotas cayeron en mi cara. Me acuerdo y me da un asco, todavía a veces siento la mejilla mojada…

    – Lo siento. – Dije sin poder dejar de sonreír internamente ante la imagen que se mostraba en mi mente. Tuve el buen tino de no dejar que esa sonrisa se manifestara en mi rostro y puse la cara compungida más creíble que pude encontrar en mi repertorio. Con eso fue suficiente para no regalarla.

    – El señor se disculpó tratando de darme mis bragas de vuelta y yo le dije que saliera inmediatamente de mi casa. Apenas se subió los pantalones y salió como exhalación secándose las manos contra el pantalón. Me quedé rabiando mientras trataba de limpiar el lavabo y el espejo antes de que llegara mi marido…

    – ¿Quieres decir que él no sabe nada de esto? – Pregunté

    – No, no lo sabe, solo el plomero, que por supuesto jamás regresó, yo, y ahora tú. Así que cuento con tu discreción. Mi esposo es muy celoso y a veces no reacciona bien ante estas situaciones.

    – Pierde cuidado, será nuestro secreto. – Dije guiñándole un ojo.

    – Gracias Rubén. Gracias por todo. – Me dijo tomando mi mano con un gesto de gratitud sincera. Recordé que esa misma mano estaba acariciando sus senos antes de que llegara el joven plomero y me estremecí por dentro. Siempre he tenido debilidad por las mujeres casadas, pero eso es tema para otra historia.

    – No tienes nada qué agradecer, Ana. Ha sido un placer hacerte compañía en lo que termina el trabajo…

    Como si lo hubiéramos conjurado, el plomero se acercó a nosotros y le comunicó que ya había quedado reparada la tubería. Volteó a verme para decirme el costo de la reparación pero ella tomó el mando del asunto. Cuando nos quedamos solos de nueva cuenta, el momento de magia había desaparecido y sólo me quedó despedirme de ella de la manera más efusiva que pude, reiterándole que podía contar conmigo para cualquier otra crisis que se pudiera presentar.

    No me imaginé que esa oportunidad se volvería a presentar cinco días después.

    Dark Knight

    [email protected].

  • La puta del grupo

    La puta del grupo

    Marleny y su novio Mau se la pasaban teniendo sexo en ocasiones que podían estar solos.

    El sexo oral que ella hacia era increíble, lento, profundo y con una mirada morbosa.

    Ella era delgada con caderas anchas, piernas tonificadas, sus pechos algo pequeños pero levantados. A veces su novio se imaginaba a ella dando sexo a varios hombres. Uno pensaría que es algo enfermo o masoquista el querer ver a tu novia siendo cogida por otros, pero él era de mente abierta.

    Él le dice de su «fantasia» y Marleny le confiesa que quiere experimentar cosas.

    —Quiero dar una mamada grupal —Le dijo. Él algo celoso acepta que varios de sus amigos tuvieran sexo con ella sólo que él sería quién la penetrara en su vagina y en su ano, sus amigos sólo podrían penetrar su boca y manosearla y ya mucho que la manosearan en su vagina.

    Hay mujeres que les gusta sentir muchas emociones en alta medida, buscan inconscientemente un macho que les haga sentir una ruleta rusa de placeres sentimientos y morbo. Marleny encontró la oportunidad de satisfacer posiblemente una fantasía, qué tan profunda podría ser su garganta, sus habilidades para hacer todas las marranadas que sea capaz de soportar.

    El día llegó, Marleny y su novio fueron a casa de uno de los amigos de él. Ella fue vestida con un vestido negro muy ajustado qué hacía recalcar su culo parado.

    Chavos estaban ahí para complacer la fantasía de Marleny. Ellos la miraban y estaban sorprendidos

    —¡Pero qué bella es! —Exclamó uno.

    —Tal vez no podamos penetrarla pero al menos ese culo voy a mamarlo —Dijo en mente con morbo otro.

    —Bueno amigos les presento a mi novia Marlene como ustedes saben tanto su fantasía como la mía, es satisfacer su curiosidad así que Marleny, adelante —Dijo su novio.

    Ellos la rodearon y levantaron su vestido para manosearla y se reía, empezaba a excitarse. Ese vestido negro ajustado a su cuerpo remarcaba muy bien sus pequeñas y redondas nalgas. Todos sacaron sus penes e inmediatamente ella empezó a chupar, se reía y tosía de tan gruesas y largas que estaban sus penes

    —¡¡Quién Viera tu novia muy buena!! —Dijo excitado uno mientras tomaba su cabeza y metía su pene hasta su garganta

    —La tienes gruesa —Dijo ella riendo. Los amigos se agacharon para frotar su vagina así que ella se levantó para que le quitaran su vestido.

    Desnuda con sus tenis aún puestos, Marleny seguía mamando sus penes y ellos manoseaban sus pechos y pellizcaban sus pezones.

    De manera algo brutal agarraban su cabeza y penetraban su boca hasta la garganta…

    —Wow —Decía ella riendo y sacando saliva en exceso. Así estuvieron un rato hasta que la empezaron a masturbar y…

    —¡¡Ayyyy!! —Exclamó ella y expulsando semen de su vagina.

    —Chavos ahora vengo —Dijo su novio y aprovecharon para penetrarla

    —Esperen, ¿Qué hacen? —Preguntó ella

    —No finjas, bien que quieres —Le contestó uno ahorcándola y metiendo su pene su vagina. Ella no podía negarlo y lo disfrutaba. Todos empezaron a penetrarla y la cargaban.

    Marleny estaba recibiendo una doble penetración. Ya venía su novio

     —Hey —Grito

    —Mau te voy a ser sincera, no me gusta tener sexo contigo ya.

    —¿Que?

    —La verdad es que tus amigos me saben complacer y tienen penes más grandes que el tuyo.

    Chicos mejor vámonos a otro lado que esto todavía ni siquiera termina —Todos se cambiaron y dejaron sólo a Mau.

    —Si que sabes lo que quieres

    —Quiero ser la puta del grupo —Exclamó ella.

    Pasaron los días y Marleny tenía sexo con ellos, con uno o con todos a la vez, su recompensa, una buena carga de semen para su bello y morboso rostro.

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (4)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (4)

    Ya por la noche, en la cama, Nuria me dijo que tenía la regla y que por tanto no iba a usar su coño hasta dentro de una semana.  Sin embargo, me dijo, tengo otras ideas para estos días, y si accedes a ellas te dejaré correrte una vez.

    En seguida le pregunté de qué se trataba, y me dijo que hoy adoptaría mi rol más bisexual y probaríamos el anal. Es decir, follarme a mí. No era algo completamente nuevo para mí. De vez en cuando Nuria me metía un dedo en el culo cuando me estaba haciendo una mamada. Sabía que yo estaba bastante deconstruído al respecto y que me daba gusto. Ahora que estábamos en una relación de dominación-sumisión, sabía que era cuestión de tiempo que sacara el tema de mi ano, por lo que no me sorprendió. Así se lo dije.

    -Bueno, pues mejor. ¿Quieres empezar ya?

    -Sí, ¿pero has comprado un bote de lubricante?

    -Sí. Voy a traerlo.

    Al volver con él en la mano, me dijo al oído: desnúdate y ponte a cuatro patas sobre la cama, putita.

    Al escucharla, me dio un escalofrío. Estaba muy nervioso, tenía el corazón a mil, y empezaba a sudar. Rápidamente, me desvestí y me puse sobre la cama, apuntando mi culo hacia ella, y flexionando la espalda de la forma más sexy que pude. Dejé caer mi cabeza en la cama, forma por lo tanto un triángulo con mi cuerpo y la superficie de la cama.

    Empezó metiéndome un dedo, que sentí intensamente. Pero al poco tiempo cambió de idea, y me dijo que esperara allí. Cuando volvió, me puso un antifaz, por lo que dejé de ver, y me dijo que me pusiera de rodillas. Después me pidió que abriera la boca, y con su mano en mi nuca, me acercó la cabeza a su entrepierna. En seguida noté el tacto de un dildo. Se lo había puesto en el monte de Venus, con el arnés.

    -Me gustó mucho verte chupar una polla esta tarde, por lo que vas a seguir ahora. Vas a aprender a chuparla bien, y quien sabe, quizá en un tiempo pruebes una de verdad jajaja.

    Tragué saliva, y empecé a chupar el dildo. Primero solo el prepucio, y después de medio minuto, empecé a intentar tragarla cada vez más profundo. Sin embargo, como a la mitad del dildo, hacía tope con el fondo de mi boca y no podía continuar. Entonces Nuria me dijo que relajara la garganta e intetara metérmelo más. Eso hice, y llegó un punto que dejé de poder respirar y me la metí más. Noté que se abría paso por la garganta, lo cual me molestaba bastante, y me dio una arcada. Entonces lo saqué rápidamente de mi boca.

    -Eso que acabas de hacer es una garganta profunda cariño. Al inicio se siente muy invasivo, pero con la práctica verás que ya no tendrás arcadas. Mira:

    Entonces me quitó el antifaz de mis ojos, quitó el dildo del arnés y empezó a chuparlo ella. Se lo metió hasta el fondo de la garganta, haciendo desaparecer la totalidad del dildo dentro de ella. Esperó unos cinco segundos, y lo sacó. Estaba lleno de saliva, muy brillante.

    -Ahora tú, cariño. – Y se lo volvió a poner en el arnés.

    Ahora veía el dildo, que estaba recubierto de la saliva de Nuria. Eso me dio aún más morbo y ganas de intentarlo de nuevo. Esta vez se hizo más fácil deslizarlo ya que estaba bien lubricado. El dildo llegó hasta el inicio de la garganta e hice lo que Nuria me había dicho. Conseguí meterla más, pero de nuevo me dio una arcada. Lo hice otras dos veces y las arcadas eran cada vez más fuertes, por lo que Nuria me hizo parar. Además, también había segregado mucha saliva. Nuria me dijo que la escupiera sobre su mano y así lo hizo. A continuación escupió ella también sobre su mano y me la restregó por mi cara. La sentí muy húmeda y sucia.

    -Nuestras salivas unidas en tu cara. ¿A que es romántico? Jajaja. Ahora, ponte en cuatro, que empieza lo bueno.

    De nuevo me fue metiendo dedos dentro. Primero uno, luego dos y finalmente cuatro. Después los quitó y me dijo que empezaría a meter el dildo. Sentí una presión muy grande en mi ano, y de la nada noté cómo se abría mucho. Me dolió muchísimo y así lo manifesté, gritando. Ella respondió sacándolo y volviéndolo a meter aún más lentamente. Una vez dentro, puso sus manos en mis caderas, y empezó a moverse rítmicamente. Al cabo de unos minutos de dolor intenso, me fui acostumbrando y mi ano empezó a dilatarse. Entonces empezó a moverse cada vez más rápido, aunque el dildo no lograba entrar más de la mitad de su extensión total. No me daba mucho placer el tenerlo dentro. Era muy extraño, y me sentía incómodo. Lo único que me gustaba era el morbo de saber que mi novia me estaba follando. Lo que eso involucraba. El cambio de roles que generaba. Por primera vez en mi vida, yo estaba a cuatro patas, sintiendo las embestidas de una polla penetrándome, aunque fuera de silicona. Me sentía completamente a merced de Nuria, y me gustaba.

    Sin previo aviso, me cogió del pelo, y tiró de él hacia ella, lo cual me obligó a arquear la espalda y acercarme a ella. Yo se lo había hecho a ella en muchas ocasiones, y la verdad es que me sorprendió que fuera tan incómodo y doliera tanto. Aguanté como pude. Siguió con sus embestidas, cada vez más rápidas, hasta que paró en seco y me ordenó que le comiera el coño. Estaba a punto de correrse, y así lo hizo una vez tuvo mi boca en su agujero. Empezó a masturbarse y cogiéndome fuertemente de la nuca, me pegó la cara contra su entrepierna. Todos sus músculos se tensaron y finalmente me dejó libre.

    Estaba muy, muy cachondo. Sentía como gotas y gotas de líquido preseminal caían de mi glande, manchando la jaula de castidad. Era verdaderamente duro no poder disfrutar de mi polla. Ya no era tanto poder follarla y sentir sus paredes vaginales. Era el simple hecho de poder tener una erección y tocarme la polla, sentirla viva. Y más aún, era la sensación que se tiene justo después de un orgasmo lo que más echaba de menos. Durante toda la vida, cada interacción sexual había terminado en un orgasmo. Todas y cada una de ellas, de las cientas que había tenido. Y ahora, de forma repentina y continua, esto no era así. Y el no tener esa sensación post-orgasmo, te impedía separar el acto sexual del resto del día. Te impedía pasar del momento sexual a un momento posterior no sexual. Por lo que nunca estaba satisfecho. Por más que le comiera el coño media hora seguida, no sentía la necesidad de parar, y era infernal. Ser su esclavo sexual era entrar en un bucle de lívido que no hacía más que subir y subir, sin terminar nunca. Podía bajar hasta un cierto nivel, cuando Nuria interrumpía los actos sexuales y seguíamos nuestras rutinas cotidianas. Pero volvía a subir con una facilidad espantosa, y tardaba mucho en bajar nuevamente.

    A todo esto, Nuria dejó de follarme, y me dijo que me tumbara boca arriba sobre la cama. Acto seguido, me cogió de la jaula de castidad, y me sonrió.

    -¿Qué tal? ¿Te está gustando que te folle?

    -Me dolió mucho al inicio, pero ahora estoy mejor. Se siente raro sentir el dildo dentro, pero me gusta pensar que me estás follando y desfrutando de ello.

    -Hace falta mucho trabajo, apenas te entra la mitad del dildo, que no es mucho más grande que tu polla. Pero bueno, hay tiempo.

    La perspectiva de que esto era solo el inicio me daba mucho vértigo, porque no sabía cuánto podría durar en este estado de excitación perpetua, ni con qué otras cosas me sorprendería Nuria. Pero a la vez, estaba disfrutando de la situación, y sentía mariposas en el estómago al pensar en qué sería lo próximo que me depararía su pervertida mente.

    -Como te has portado bien, te voy a quitar la jaula durante un rato.

    Por fin me iba a quitar la jaula, después de cuatro días eternos. La jaula en sí no era muy molesta, ya que pesaba poco al ser de silicona. Tenía más problemas al mear, ya que el chorro se iba por cualquier lado y me obligaba a mear sentado, lo cual le divertía a Nuria. Pero sin duda lo peor eran los dolores por la noche, al no poder tener erecciones nocturnas.

    Cogió las llaves de su collar del cuello y con bastante facilidad, abrió la jaula y la retiró. Antes, me dijo que pusiera mis brazos hacia los lados y que tenía prohibido moverlos. Aún no había comprado cuerdas para inmovilizarme.

    Mi pene estaba inundado en líquido preseminal. Nuria lo recogió lo mejor que pudo con sus dedos, y me los metió en la boca. Yo succioné lo mejor que pude y tragué. Sabía mucho menos fuerte que el semen y tenía una textura también más agradable, más elástica y suave.

    A continuación empezó a masturbarme, y pese a que el primer minuto mi polla seguía completamente flácida, poco a poco empezó a crecer, lo cual me produjo una sensación indescriptible. Nunca pensé que me gustaría tanto sentir mi polla dura. Sentía sus dedos sobre mi tronco como nunca los había sentido. Notaba mi piel muy sensible a su tacto.

    Una vez la tuvo completamente dura, movió mis piernas de tal forma que las tenía perpendiculares a mi cadera. Entonces volvió a ponerse el dildo en su arnés, y de rodillas, empezó a follarme de nuevo. Mientras me follaba, también me iba masturbando, y encontré esta doble sensación muy agradable.

    Pasados unos cinco minutos, por fin, me corrí. Pero la cabrona de Nuria, una vez entendió que estaba a punto de correrme, quitó su mano de mi polla. Igualmente me corrí, sin ningún estímulo más en mi polla, ya que había llegado al punto de no retorno. Lo que sí siguió fue su follada anal, que cobró una intensidad aún mayor durante el orgasmo.

    Una vez me corrí, Nuria siguió follándome un buen rato, lo cual no me gustó nada. Me apetecía relajarme, tumbarme a su lado y estar tranquilo un rato, pero nada de eso ocurrió. Sus embestidas me resultaban mucho menos agradables, ya que ya no estaba cachondo, e incluso me dolían más. Pero aguanté, sin decirle nada, hasta que se cansó.

    El objetivo, como me dijo más tarde, es que no asociara nunca más el correrme con el fin del sexo. Se había acabado eso, y era ella la que decidiría siempre cuándo terminar.

    Continuará.

    (Os leo en los comentarios).

  • Tres en una

    Tres en una

    Fue un largo día y ella me había llamado, para saber qué planes tenía para esa noche, tardé en contestar por diferentes razones, así que en la última llamada, solo me dijo que iba a ir a tomar con dos compañeros de trabajo.

    Un par de horas más tarde me escribió para saber si iba a unirme al plan, accedí y llegué al lugar, la conversación estaba amena, así que iban llegando más tragos y la confianza aumentaba entre todos.

    Noté que había cierta tensión entre ellos dos con ella, así que le dije secretamente que si tenían atracción o algo, me confesó que sí y bueno, le pregunté ¿Qué tal si no me hubiera unido al plan?, se sonrojó y se avergonzó de decirlo, pero mi sospecha era cierta… Esperaba un trío.

    Ni corto ni perezoso a lo que ella fue al baño pedí los números de ellos y les hice una propuesta indecente, ella regresó y luego me fui solo con ella a un hotel, estábamos en la previa cuando llegaron a la habitación sus dos compañeros.

    Si, los había invitado a la velada, estaba súper sorprendida, llegué a pensar que me iba a odiar por eso, pero no, continuó desnudándose y nosotros tres (Con un poco de pena), también.

    Repartí preservativos a todo y comencé a besarla, tocarla, ellos se masturbaban mientras, veían el cuerpo de ella, como lo tocaba, como le abría las piernas y les mostraba lo que iban a gozar en unos momentos. Su vagina estaba mojada, pero no iba a ser suficiente, su ano también iba a ser penetrado.

    Uno de mis dedos lo introduje en su vagina, lo impregne con sus fluidos y pasé a su ano, note que su interior no estaba listo y ella se avergonzó un poco, así que llamé a solicitar un enema en recepción y mientras llegaba, ella empezó a tocar y chupar el pene de todos.

    Abrí su vagina y le dijo a uno de sus compañeros que empezara un poco con la acción, mientras yo la besaba y tocaba sus senos, el otro sujeto frotaba su clítoris.

    Llegó el pedido a la habitación así que nos detuvimos, la puse en cuatro en el suelo, inserté la sonda en su ano y vacié media carga del enema en su interior, algo que excitó mucho a estos dos colegas que se tocaban sus penes mientas veían esa escena. Saqué la sonda, ella fue al baño a descargar, volvió a ponerse en cuatro y repetí el proceso, volvió al baño, regresó me besó intensamente y se recostó en la cama.

    Abrió sus piernas y abrió su vagina, comencé a penetrar su vagina mientras ella agarraba el pene de sus compañeros e intercalaba felaciones a cada uno. Y así, intercambiamos de su boca a su vagina uno tras otro. Luego uno de ellos se acostó y ella se hizo encima de él para cabalgar intensamente sobre él, saqué el lubricante de mi maleta y comencé a introducir un dedo en su ano, eso la hizo llegar a un orgasmo, aunque seguía intensamente sus movimientos. Después bajó la velocidad cuando le dije que ya iban a entrar dos dedos por su orificio.

    Poco a poco fue dilatando mientas tenía un pene en su vagina, otro en su boca y ya un tercer dedo entraba en ella. Nos acomodamos y poco a poco fui introduciendo mi pene en su ano, lento y completo, para luego sacarlo lentamente lubricar y repetir. Sus gemidos no faltaban y comenzamos a tomar ritmo, la sensación era rara y la escena muy inusual, pero la libido nos nublaba, nos hacía seguir.

    Les dije que cuando fueran a terminar, se quitaran el condón y terminaran en su ano. Con lo que continuamos, cambiando de posiciones y agujeros de esta señorita, estaba muy excitado y decidí terminar primero, así que introduje mi pene en su ano, comencé a frotar su clítoris y agarraba uno de sus senos, otro penetraba su vagina, otro su boca mientras también tocaba otro de sus senos.

    Descargué todo mi semen dentro de ella, mientras su cuerpo temblaba, a lo que el que estaba en su vagina decidió terminar, se retiró el condón pasó a su ano y el que estaba en su boca, se colocó en su vagina. Mi erección no bajaba al ver ese momento, su compañero descargó su semen dentro y al instante el otro compañero aumentó la velocidad en su vagina a lo que la hace terminar de nuevo, eso lo excitó mucho y procedió a continuar eyaculando también en su ano.

    Él se quedó ahí dentro un rato, y ella quedó tendida en la cama, agobiada, a lo que el pene salió de su ano y comenzó a salir lentamente la leche de los tres, se puso boca arriba y me comencé a comer su clítoris, quería hacerla venir de nuevo, ellos comenzaron a masturbarse, yo también, mientras lamía su entrepierna con lujuria.

    Fue un poco largo el tiempo pero el justo para que terminara intensamente en unos gemidos suaves, casi mudos, aunque contrarios al movimiento casi involuntario en intenso de su cuerpo. Momento perfecto para que termináramos sobre ella y finalizar la aventura.

    Sus compañeros se vistieron y se retiraron de la habitación, estaba por buscar algo de papel para limpiar su cuerpo pero ella sacó fuerzas para irnos a bañar y luego ir a dormir un poco.

  • El desfile

    El desfile

    Siempre me iba del club acabado, masturbado, pero con sensación a poco.

    Yo iba a la clase de natación por un tema de salud, necesitaba mejorar mi respiración y me lo recomendaron, al principio dudaba, pero con el correr de los días me fue gustando más, no nadar sino bañarme y ver tantos penes cerca de mí. Grandes, chicos, medianos, gordos, cabezones, largos, de todo tipo y color, era una pasarela de miembros, todos me hacían excitar, a todos los quería probar.

    Pero había uno que era el más lindo, el que me sacaba todo, mediano, grueso, el portador era muy lindo, todo era un gran combo, pero no entraba en mi boca ni cola, era una utopía simplemente.

    Cada ducha era larga y caliente, yo esperaba a lo último para bañarme, entre la charla que se generaba y el deseo de mirar todo lo que podía terminaba bañándome cuando ya casi no había nadie.

    Era un gran juego mental, evitar que se pare mi pene y que todos se den cuenta que me calentaban, que los quería a todos adentro mío.

    Me bañaba masturbándome, un dedo, dos, acabar, tragar lo que había quedado en mi mano y salir, así era siempre, no podía aguantar llegar a casa y en seguida me tocaba mi cola, en seguida tenía un dedo adentro.

    Ese pene era mi preferido, lo quería tener si o si, quería saborearlo, meterlo en la boca y sentir su gusto, su piel, oler su olor y tragarme todo lo que tuviera para sacar. Lo miraba, lo analizaba, armaba fantasías, me bañaba y me masturbaba, era mi gran deseo, quería abrirme en el medio del baño y que me hiciera todo, que también se sumaran otros, tres, cuatro, cinco penes para jugar.

    De alguna manera intentaba llamar la atención, me paraba desnudo con la cola arriba, me agachaba, me abría ante la presencia de él, era una nena con disfraz de hombre, nunca erecto, siempre con posición firme y dispuesto a ser usado sexualmente.

    Fueron miles de intentos, pero nunca lo pude lograr, mi cola, mi boca y mis fantasías quedaban vacías siempre.

    Hasta que un día algo pasó y me pude ir satisfecho, esos imprevistos que nunca te imaginas, pero pueden suceder.

    Me estaba bañando, en mi ducha, tranquilo, pasándome jabón por mi cola, cuando de repente siento un ruido, levanto la mirada y de frente estaba una persona duchándose y masturbándose, mirándome a mí, de frente, yo no lo había notado, él se estaba tocando por mí, se estaba manoseando de una manera animal, me quedé helado, nunca me había pasado, se estaban masturbando mirándome, me dio una sensación extraña, pero en seguida vino una erección y salí de mi ducha rumbo a él.

    Nunca dejo de tocarse ni de mirarme, con los ojos me invito a acercarme, mis pasos fueron lentos pero decididos, tres metros en 10 segundos, con caminata de mujer, me acerque, me agache y abrí mi boca, su pene entro completo, era mediano y gordo, no lo conocía, era el primer día que venía.

    Se lo empecé a chupar sin dudarlo, a tragarle toda la carne, a sentir su gusto, cerramos la cortina por si alguien entraba, las duchas eran grandes y había lugar para jugar entre dos personas.

    Mi boca disfrutaba del manjar, chupaba, sacaba, entraba, escupía al compás de las gotas del agua que caían de la ducha. Estaba agachado en posición de necesitado, arrodillado con mis manos en sus piernas, mi boca en su pene y mi cuerpo desnudo esperando ser follado.

    Su pene estaba prendido fuego, duro como una estaca a punto de entrar en mi cuerpo, lo chupe hasta que mi cola se fue dilatando sola, cuando sentí la necesidad de que cogiera, me levante y se lo pedí “cógeme por favor” se paró lentamente, se puso su preservativo y me dio vuelta, la primera entrada fue dura, no la esperaba, no pidió permiso, me penetro sin dudas, fuerte y con pasión, la segunda ya estaba abierto, desesperado por mas carne, a la tercera ya estaba entregado, era una hembra en celo, quería su carne adentro sin parar.

    Me decía cosas al oído, me escupía la espalda y la boca, me decía sucia, te gusta mi pene, que cola más linda tenés, abrite más, así durante 20 minutos de pasión y fuego, me cogió como nadie, mi fantasía en el baño del natatorio se estaba cumpliendo, me estaba follando un desconocido, me estaban dilatando toda, no lo podía creer, mi cuerpo estaba totalmente excitado y quería más, mi dilato todo, mi cola abrió todo para que su pene entrara y saliera obviando mi agujero.

    Parados los dos contra la pared de la ducha, me agacha y sigue follándome, yo gimiendo como una cerda, le pedía más por favor.

    10 minutos eternos agachado a las puertas del placer, mi ano estaba completamente dilatado, mi carne fusionada con su carne, su pene prendido fuego y a punto de explotar, cuando tembló, cuando hizo un gesto, salí de la posición y me pare de frente a él, salió toda su miel, me baño la cara, mezclándose con la ducha, su miel por mi boca y mentón, todo mi rostro maquillado con su néctar, saboreando, probando su esencia, todo para mí, abierto, dilatado, feliz.

    Nunca me lo había imaginado, pero de un desfile de penes pude tener uno entero para mí, para jugar, ahora cada martes nos vemos en ese baño, en esa ducha y en esa fusión de dos cuerpos, donde yo siempre me abro completo a él.

  • LoreHtWf y el regalo de cumpleaños de su esposo

    LoreHtWf y el regalo de cumpleaños de su esposo

    Aquí estoy nuevamente contándoles mis aventuras en el cumple de mi esposo,  llegamos al restaurant yo vestida con una blusa muy ligera de tela semi transparente, falda larga de tela súper ligera, pero pegada a mi cadera y piernas de esas abiertas hasta arriba que dejan asomar una pierna casi por completo al caminar, además estoy segura que al caminar de frente al sol podría ser más transparente y dejar ver la silueta de mi tanga, zapatillas negras y un conjunto de lencería en blanco de bra y tanga de encaje muy linda prácticamente es puro encaje transparente y un poco de algodón que queda entre mis piernas, cabello suelto, recién bañada y perfumada, de la mano de mi esposo llegamos al restaurant en una terraza de un centro comercial que muchos ubicaran, no mucha gente, pero la mayoría hombres y eso me alegró porque entré robando miradas por mi vestimenta y pierna coqueta, nos sentamos ya casi obscureciendo y me senté cruzando mis piernas para dejar que una pierna quedara al descubierto, quiero decirles que casi la abertura llegaba a mi cintura ya que de ahí se amarra, muy fácil de poner y de quitar pedimos algo de tomar y por mi mente pasaban muchas cosas pero no sabía que travesura hacer decidí ir al baño para explorar el lugar y bueno de paso saber que me mirarían, así que entre al restaurante ya que estábamos en la terraza y los sanitarios estaban subiendo unas escaleras y entonces mi imaginación voló al ver un pequeño privado con unos sillones de piel una mesita de madera como de troncos y bueno muy acogedora y privada, así que al salir del sanitario y dirigirme a mi mesa busque con la mirada como quien era el gerente o encargado pero estaba ocupado así que regrese a mi mesa con un pensamiento de niña traviesa sin decirle a mi esposo nada comencé a planear mi travesura entonces pedimos de cenar.

    Yo seguía mostrando mi pierna desnuda hasta la cintura para el deleite de los hombres de mesas cercanas que desprendían miradas lascivas y descaradas, yo me mantenía ajena e inocente como que no me daba cuenta pero en realidad me tenían caliente. Comenzaba a obscurecer y poco más tarde se acerca el que precisamente pensé era el gerente para indicarnos que los horarios seguían restringidos y cerraban a las 10 pm para prevenirnos y pedir antes de las 9:30 y me le quede viendo, le sonreí pero esa noticia me daba más ideas, nos apuramos en pedir una copa más de vino y postre justo antes de que cerraran el bar y cocina, entonces me levante nuevamente al baño pero solo fue el pretexto ya que entre directo a buscar al encargado y le dije muy coqueta, ¿disculpa me puedes ayudar?

    Le hice un gesto de que me siguiera y subí la escalera con el atrás de mí sin saber qué quería, subí lentamente peldaño por peldaño moviendo mis caderas lo más sexy que pude, podía sentir los ojos del encargado clavados en mi culo, llegando al privado y le dije, ¿sabes? hoy es cumpleaños de mi esposo y quiero festejarlo, sé que ya pronto cerraran, pero… me quede mirándolo a los ojos y le dije quiero darle una sorpresa y me encanto el lugar, justo iba a decir que el horario y bla, bla, bla cuando le dije te propongo una cosa, me dejas usarlo y te daré una buena propina y algo más, y claro el hombrecito sonrió y me miro, abrí mi falda solo un poco y le dije te daré propina y te regalare mis calzones ¿te parece?, me encanto ver como cambio de color de su cara y pude notar que su miembro creció bajo su pantalón jajaja, me dijo señora le quiero advertir que este privado tiene una cámara de circuito cerrado, por política no grava pero puedo ver en directo lo que sucede ahí dentro, le puse la mano en el hombro diciendo gracias, tú me avisas a qué hora podemos subir y me fui a mi mesa con mi esposo.

    El restaurant comenzaba a quedar solo, mi esposo me dijo pediré la cuenta para irnos y entonces le dije si quieres la pido yo mientras vas al baño ya que estaba el por ir, una vez que se levantó llego la persona con quien hable y me dijo ya está listo, entonces subí y nuevamente el atrás de mi ahora con nuestras copas y le pedí un pastel con velita, como los baños quedaban muy cerca del privado recién salió del baño y no se esperaba que de pronto apareció lo jale al privado y comencé a besarlo apasionadamente, el correspondió con besos y caricias, mientras le mordía su oído y le decía feliz cumpleaños amor, quiero que me hagas tuya aquí ahora mismo y sentía como se le paraba de tan cerca que estábamos, le dije no te preocupes por nada y puse sus manos en mis nalgas, comenzó a apretarlas, la puerta del privado estaba entre abierta y vi justo que venía el encargado con el pastel y velita entonces pare un momento para recibirlo, cerré la puerta y puse el pastel con la velita encendida en la pequeña mesita. Le dije a mi esposo feliz cumple amor y lo abracé fuertemente.

    Una vez soplo la velita senté a mi esposo en uno de los sillones y comencé a desnudarme lentamente y poco a poco hasta quedar solo en tanga, todo el topless lo hice mirando a mi marido pero de frente a la cámara, sabía que el encargado iba a estar mirando, tome el pastel embarrándolo en mis pechos solo un poco para ponerme encima de mi esposo en el sillón y que comiera a gusto su pastel chupando mis pechos y pezones para después desabotonar su pantalón sacar su miembro bajar sus pantalones, tomaba yo un poco de vino de mi copa y lo besaba con lengua intercambiando el vino y excitándome cada vez más, luego unte todo su tronco en el pastel y me fui a devorar mí porción de torta, fue un oral exquisito, me sentí como una actriz porno, me imagine en la pantalla del administrador haciendo sexo oral así que tome el papel con propiedad y se lo chupe como en los videos porno, me lo refregaba en la cara, le chupaba sus huevos, el tronco, la cabeza, lo chupe con furia, me sentía una verdadera puta, además dando un espectáculo por cámara, cuando note agitado a mi marido me detuve, poco a poco me ayudo a incorporarme y quede de rodillas frente a él, volvimos a tomar vino de nuestras copas, brindamos y mirándole a los ojos le sonreí, su miembro seguía ahí como un mástil, brillaba como un puñal y yo solo quería que me apuñalara, que me la clavara hasta adentro. Le dije, amor ahora le voy a dar el postre… le embetuné nuevamente el pico primero en la copa de vino y luego con el pastel, me di la vuelta, apoyé las manos en la mesa y le ofrecí todo mi culo de regalo.

    Comenzó a meterla muy despacio por mi colita y hacerme un anal delicioso con sabor a Merlot y al pastel de crema, pude sentir como su glande se abría paso, como me habría milímetro a milímetro, yo sentía la cara hirviendo, respiraba con la boca abierta, la mirada nublada, pero hice un esfuerzo y mire a la cámara, me quede fijo mirando a la cámara mientras mi marido me envestía, mi cuerpo se estremecía con cada clavada y mis tetas saltaban, con mis manos me aferraba con fuerza a la mesa, la crema del pastel actuó como un lubricante perfecto que me hacía disfrutar como una ramera en celo, me estaba culeando exquisito era toda una escena para mi esposo y para el encargado del local que seguro nos estaba viendo en su oficina, eso me tenía a mil y comencé a gritarle a mi marido, “métemela toda… métemela toda” y el así lo hizo, luego sentí como clavo sus dedos en mi culo y eyaculo largos chorros de semen que pude sentir borboteando en mi interior, eso me transporto a otro plano y tuve un orgasmo que pocas veces he alcanzado, fue maravilloso.

    Mi marido quedo extenuado, una vez se recompuso nos vestimos y le dije que se fuese al auto que yo pagaría, que no se preocupara por nada. Así fue, el bajo las escaleras con dirección al estacionamiento y yo me fui a la oficina del administrador. Estaba en su escritorio frente a su pantalla de monitor, aun no lo podía creer, me pare al lado de su escritorio y baje mis calzones en frente de él, me arremangue la falda y me senté horcajadas de frente a él, el quedo como paralizado, le tomé su mano derecha y la lleve a mi concha, rápidamente metió dos dedos y comenzó a masturbarme, yo abrí más mi piernas para que llegara al fondo, lo bese con locura, nuestras lenguas se trenzaron en una lucha furiosa, pare un instante, apoyando nuestras frentes y jadeando por la estación le dije que en la semana traería yo un pastel para que comiéramos juntos en su oficina, luego le pregunte cuanto le debía y el todo galán me dijo que nada, que estaba ya todo pagado.

    Me incorpore, tome mi calzón, me seque mi entrepierna en frente de él, me acerque le di un beso en la mejilla y le dije gracias corazón disfrútala y le entregue en su mano mi jugosa tanga.

  • Cogida express con el remisero

    Cogida express con el remisero

    Yo salía del boliche y paré un remis para ir a casa. Cuando me agacho por la ventanilla para decirle al chofer hacia donde iba veo que estaba hermoso. Trigeño, ojos verdes, musculoso, bien vestido. Así que decido subir en el asiento del acompañante.

    Apenas mueve el auto me dice que no había ni un caballero que me llevara a casa para ahorrarme el pasaje y yo aprovecho la situación y le digo «hoy no, pero mejor, porque ninguno estaba tan lindo» luego agrego un «como vos». Estábamos en el semáforo y él me dice «ah si? Vos también estas muy buena»

    Ya fue, me re mandé, total, si me decía que no era poco probable que lo vuelva a ver. Le sonrío y empiezo a frotar su pierna con mi mano y él me devuelve la sonrisa y me dice «espero no me vayas a calentar en vano, eh».

    Ese no era mi plan, así que sin decirle nada intento desabrochar su cinturón pero no puedo, así que él para en el semáforo y se lo desabrochar y saca su verga. Ya estaba parada y muy dura cuando me dice «tragatela toda».

    Yo obedientemente me tiro a comérsela hasta la base y empiezo a cabecear, llenaba su pija de mi saliva lubricándolo bien y él me decía «si, putita, dale, cómetela toda, chupapijas» Me puse más caliente, sentía como se me hinchaba la concha solo de escucharlo y un segundo después siento que estaciona el auto. Yo saco mi cabeza de entre sus piernas y me saco la bombacha para montarlo.

    Me siento en su regazo abriendo mis piernas lo más que pude y sentí la gloria penetrándome. Bajé lentamente para sentirlo todo y le dije que me rompiera toda. Él me levantó el top y el corpiño dejando mis tetas en su cara, luego me agarró de las caderas y empezó a moverme.

    Yo me lo montaba lo más fuerte que podía. Sentía toda su pija llenando mi concha y no aguanté los gemidos.

    -«Así, así. Hijo de puta rompeme toda»

    – Te voy a dejar toda abierta, putita.

    Eso era lo que yo quería. Que ese remisero me penetrara y me embistiera como un animal y eso hacía.

    – Voy a acabar.- me grita

    -Llename la concha de leche, papi

    Sentí como me apretaba las caderas y me sentaba en su verga con toda la fuerza que podía cuando sentí toda su leche caliente en con concha.

    Acabamos al mismo tiempo. Su explosión se coordinó con la mía y yo sentía como su leche chorreaba por mi raja y sus bolas. Me quedé sentada sobre su pija dura un segundo y luego me levanté para tirarme en el asiento del pasajero con las piernas lo más abierta que podía. Me ardía todo y mi concha palpitaba de saciada. Pase lo mano y sentí el resto de leche, me chupe los dedos y lo miré

    – me rompiste toda la concha

    – te gusto, putita? Me dejaste sin leche, bebé. El viaje es gratis sabes?

    – obvio jaja

    Me llevó hasta la esquina de mi casa y fui todo el camino con la concha abierta. Cuando bajé del auto apenas podía caminar.

  • Sola, en la tarde, imaginaba que él me tocaba

    Sola, en la tarde, imaginaba que él me tocaba

    Ahí estaba yo otra vez, mi mano inquieta, deseosa de sentir mi vulva… Y mi cuerpo, ya se preparaba para los placenteros espasmos. Inhalé, exhalé y cerré los ojos, me puse boca abajo y mis dedos recorrieron el medio de mis pechos y alrededor sobre el ajustado vestido de rayas.

    Mis piernas comenzaban la fricción, podía sentir cómo mi centro frotaba contra el sillón, mi temperatura se iba elevando. De repente tenía recuerdos, flashbacks de todas las manos que alguna vez me habían tocado con lujuria. Mi imaginación también hacía lo suyo y creaba escenarios con personas que me hubiera gustado que estuvieran allí.

    Mi mano derecha encima del vestido ya enloquecía a mi clítoris con movimientos circulares, mi mente se concentró en un solo pensamiento. Imaginaba que C estaba atrás mío acariciando mi espalda, mientras era él quien me pedía que me tocara, me corría el pelo y pronunciaba mi nombre, «no dejes de tocarte» me decía, y yo entre tímida pero deseosa de cumplir, lo seguía haciendo.

    Él me levantaba el vestido para agarrarme la colita, darme una nalgada y felicitarme: «Bien, María, ¿ves cómo te gusta sentirte doblegada?» ¡Cuánta razón!, me excitaba sobremanera sentirme en su poder, indefensa. En ese momento mi cuerpo comenzó a tomar ritmo, me levanté el vestido hasta mis pechos y me entangué bien la ropa interior. Solo podía pensar en C, con su ropa puesta mirándome, y yo, semidesnuda, tocándome por y para él, un sentimiento de humillación me invadió y me calentó todavía más. «Libérate, María», me decía.

    Comencé a imaginar que sus dedos empezaban a entrar en mi vagina, mientras los míos seguían ocupados con mi clítoris. Primero uno de sus dedos, luego otro y otro, entraban y salían de mí y eso me volvía loca. «¿Te gusta, María? por lo mojada diría que sí». Me pedía que abra las piernas un poco y bajaba la intensidad de la penetración, pero el estar así de abierta para él me mantenía caliente, y me hacía sentir una puta, su puta.

    Como si me hubiera leído la mente me diría: «sos muy puta, María, muy puta». El solo pensarlo hizo que explotara de placer. De repente me encontré diciendo en voz alta: «sí, C, soy muy puta, cógeme por favor». Apreté mis ojos y me lo imaginaba dedeándome otra vez fuertemente «¿así?» me preguntaba, la sensación fue tan real que jadeante terminé por retorcerme y hundirme en ese extasioso orgasmo que estaba buscando…

  • Ludopatías (Capítulo 1)

    Ludopatías (Capítulo 1)

    Antes que nada, una disculpa por la tardanza de mi publicación, espero no haberlos hecho esperar mucho, pero ser multitask no es fácil; madre, esposa, exesposa, hija, hermana, amiga, novia, amante y empleada no es nada fácil.

    Como siempre espero sus valoraciones y comentarios, son motivantes para seguir compartiendo vivencias con ustedes.

    Como en muchas partes del mundo, el futbol en mi ciudad se vive con demasiada pasión, con ese plus que el jugador doce debe poner en cada partido, más allá de su afición y su presencia en las gradas o frente a la televisión. La rivalidad de los 2 equipo locales “Naranjas” vs. “Dorados” se vive intensamente.

    Es una ciudad de tradición futbolera, y el futbol es cultura, filosofía e identidad, Desde infante se te inculcan el futbol y apego algún de los equipos locales es otro ambiente comparado con otros deportes

    Rivalidad que en ocasiones divide competitivamente hogares, como en mi caso; mi marido viene de un largo historial de generaciones tras generaciones de aficionados “Naranjas”, en cambio yo por mi formación académica, practique balompié como primera selección universitaria bajo los colores “Dorados”, lo cual desde que nos conocemos a generado interminables disputas sobre cual equipo es mejor.

    Cuando mi bendición mayor externo su deseo por practicar este deporte, mi amado y comprensible marido insistió en inscribirlo en los Pre benjamines “Naranjas “, lo cual, yo no estuve muy de acuerdo, pero como Ustedes ya saben, que no me es posible ir en contra de la necedad de ese hombrecito.

    El entrenador, de la bendición, era un exjugador de los “Naranjas” que había tenido una carrera corta por una lesión, pero era toda leyenda local. Pero lo que tenía de apuesto lo tenía de pedante, el hombre sentía que el mundo no lo merecía y vivía de sus antiguas glorias.

    Coqueteaba y hacía pequeños comentarios que a cuanta madre, hermana, mujer o palo de escoba con faldas que acompañara a los pequeños y lo peor del caso alentados y festejados por las susodichas.

    Aún recuerdo el primer entrenamiento al cual lleve a mi bendición hermosa.

    Madre 1: Oh, Dios mío… tiene los muslos perfectos. – Mientras el resto de las damas se reían como niñas de la escuela.

    No podía evitar poner mi cara de fastidio y sorpresa.

    Yo: Amiga controla tus hormonas. Estamos aquí para nuestros peques -en broma.

    Madre 2: Claro que sí, pero ¿qué hay de malo en admirar a ese dios griego mientras cuidamos a nuestros niños?»

    Madre 1: Riendo y secundándola, «Vamos, no actúes como si no te gustara a ti también»

    Yo: Con una sonrisa sarcástica y dijo sin rodeos: «Cada quien sus gustos chicas, cada quien sus gustos”

    Al saber que no sería posible hacer cambiar la decisión de mi odiosito de tener a nuestra bendición en esa academia de futbol y ver la alegría por el juego de la pequeña sabandija, decide evitar los entrenamientos y dejarle esa responsabilidad a mi compañero de vida.

    Una noche mientras esperaba, viendo la televisión en la sala, en ropa de casa; un bottom negro y una camiseta blanca, la llegada de mi bendición y de mi amado del entrenamiento, oí como golpeaban la puerta para ingresar al girar mi mirada vi la pequeña estela “anaranjada” correr hacia su recamara y escuche el sonido de su llanto.

    Yo: Mor, ¿Qué pasó aquí? – preocupada preguntándole a mi esposo.

    Mi marido: Es que Bebecita en una jugada de gol a nuestra bendición, le robaron el balón y él le dio un puñetazo en la cara, al otro niño -resignado- y el entrenador lo va a dar de baja el resto de la temporada.

    Yo: Mor, ¿Pero, cómo?, si él no es violento -extrañada- deja hablo con él

    Mi marido: Espera, mejor déjalo solo… -no lo escuche y camine a la habitación de la bendición.

    Estaba recostado en su cama, sollozando.

    Yo: Amorcito que paso, ¿Qué golpeaste a otro niño? -consolando, poniendo mi mano sobre su espalda.

    Mi bendición: Si-sentándose en su cama y sollozando.

    Yo: ¿Por qué? –extrañada.

    Mi bendición: es que… es que… -casi llorando.

    Yo: Calma amor, mami no está enojada, solo quiere saber qué paso – abrazándolo con ternura contra mi pecho-

    Mi bendición: Es que ya me había quitado el balón 3 veces antes de que pudiera meter gol, y papá me regaño y me dijo que no me dejara, que hiciera algo- casi rompiendo en llanto y con lágrimas en sus ojos- y le pegue- sollozando-

    Yo: Mi amorcito, tu sabes que eso no está bien -enfada con mi marido-

    Mi bendición: Si, mami lo sé, y lo peor es que el entrenador dijo que ya no volvería a jugar -tenía los ojos empapados y la barbilla temblaba.

    Yo: Ya tranquilo, mama, va a arreglar todo, para mañana estarás otra vez en el equipo ya verás, ¿Está bien? – Mi bendición me sonrió esperanzado con esa carita que tanto amo y se secó las lágrimas de los ojos, le besé su frente y salí de su habitación.

    En la cocina me encontré con el odiosito de mi marido preparando la cena.

    Yo; ¿Es cierto lo que la bendición me dijo? -enojada-

    Mi marido; Si Bebecita, creo que lo presione de más- avergonzado y culpable.

    Yo: ¿Y ahora que vamos a hacer, para que vuelva al equipo? -aun enojada-

    Mi marido: Pues esperar, a que termine la temporada o que el entrenador cambie de opinión- son la mirada baja-

    Yo: Ósea, está en las manos del entrenador y ¿no pudiste arreglar nada? – conteniéndome para no gritarle-

    Recibí solo silencio, que me amorgo más el momento, mire la hora y vi que, aunque ya había anochecido aun estarían en prácticas con las otras categorías, si me apuraba llegaría a la academia, quizás cuando lo Juveniles estuvieran terminando.

    Yo: Como siempre tendré que limpiar tu desastre-tomando mi bolso y saliendo en mi coche hacia los campos de entrenamiento.

    Efectivamente cuando estacione mi coche en los linderos de los campos, estaban retirándose los grupos de la categoría Juveniles, espere un tiempo prudente en mi vehículo, para esperar hablar a solas con el entrenadorcito.

    A la distancia, entre la multitud que se dispersaba, vi al entrenador empacando los bolones colocándolos en una enorme red elástica. Llevando las hieleras y equipos al interior del club.

    Decide acercarme en ese momento, él noto mi presencia la primera reacción fue de verme de los pies a la cabeza con su sonrisa de sinvergüenza recorriendo mi cuerpo con la mirada, pero al ver mi rostro su sonrisa se borró y con la mirada al cielo puso su cara de fastidio.

    Entrenador: No tengo nada que hablar con usted- siguiendo con sus labores-

    Yo: No Señor, me tiene que escuchar, es solo un niño que está aprendiendo a dominar sus sentimientos, no puedes echarlos cada vez que se equivocan, tu trabajo es enseñarles valores- con seriedad tratando de controlarme.

    Entrenador: El Club tiene tolerancia cero con los niños que pelean, lo siento mucho -condescendientemente-

    Yo: ¿Qué? Vamos. Le encanta el fútbol -ya suplicante- Esto no volverá a suceder. Te lo prometo-

    Entrenador: Es cierto no volverá a suceder, al menos por esta temporada, el “Doradito” está fuera el resto del torneo, tiene que enseñarle a ese niño el espíritu deportivo al estilo “Naranja” -burlonamente-

    Es cuando ya no pude contenerme y me encendí, pero traté de suavizar mis palabras lo más posible.

    Yo: Aun te sientes como profesional “Naranja”

    Entrenador: ¿Cuál es tu punto? -confundido-

    Yo: Fui la jugadora del año de la selección universitaria de los “Dorados” -jactanciosamente-.

    Entrenador: ¿Y? -burlonamente-

    Yo: Te apuesto que te puedo ganar en un cascarita uno a uno. – Desafiantemente- Y si gano, que así será, mi bendición juega.

    Entrenador: Y, ¿qué obtengo de esto? -indiferente-

    Yo: Sin atinar que decir o cómo reaccionar – Tu dirás, que.

    Entrenador: ¿Lo “que yo quiera”? – con una sonrisa maliciosa en su rostro, recorriendo mi cuerpo con la mirada.

    Me di claramente que estaba en su mente sucia por el énfasis en la palabra «lo que yo quiera». Pero, me se sentía confiada en mis habilidades, a pesar de que habían pasado años desde la última vez que pise una cancha como jugadora, pero él tenía una lesión fuerte que me daba un Hándicap favorable.

    Yo: Ok, aquí y ahora -desafiante- pero necesito calzado.

    Entrenador: En los casilleros puedes encontrar, lo que ocupas, ahí hay equipo de repuesto- con una su sonrisa malévola y burlona-

    Sin comentar más me dirigí a los casilleros sintiendo su mirada en mi mientras le daba la espalda, por lo cual, intencionalmente, menee más mi cuerpo para burlarme de él, mostrándole lo no obtendría de mí.

    Efectivamente encontré equipo necesario en los casilleros, calzado, espinilleras y hasta calcetas elásticas de un hermoso color dorado, me alisté, amarrando mi cabello en una cola caballo y salí a la cancha de nuevo.

    El Entrenador había acomodado balones en la banda y la red en una de las porterías, se había alistado también con equipo para jugar, llevaba su camiseta oficial de su tiempo como profesional, lo cual, hizo hervir más mis nervios en contra de este hombre tan soberbio y pedante.

    Ambos empezamos nuestros respectivos estiramientos de calentamiento, que fueron bastantes incomodos, su mirada no perdía ápice de mis flexiones.

    Entrenador: ¿Entonces, las reglas son?

    Yo: -Tomando un balón y lanzándolo contra su pecho con la mayor fuerza posible- El primero que anote tres

    Entrenador: Escucha, lo que dije antes, ya sabes, ‘lo que yo quiera’… -con tono de superioridad-.

    Yo: Interrumpiendo su sermón -No me vas a vencer- con descaro-, así que no importa, «que tú quieras”.

    Entrenador Está bien, No digas después que no te di una salida -maliciosamente-

    Haciendo caso omiso de su comentario con una risita, nos dirigimos a la zona de saque.

    Entrenador: -Coloco el balón en el suelo y tomó una posición defensiva -Dejaré que lo saques

    Yo: Si así lo quieres, nunca lo recuperarás -pisando el balón con mi taco derecho – ¡Aquí vamos! -gritando.

    Fui rápida, natural, hice un toque interior, y con un movimiento de “bicicleta” con un movimiento de finta hacia la izquierda, después toqué a la derecha, para salir por la izquierda, pude pillarlo con la guardia baja, dejándolo clavado tras de mí, anotando libremente, recogí el balón del interior de la portería, volviendo a la zona de saque con él en mis manos.

    Yo: Ten cuidado “Naranjita” no te vayas a dislocar un hueso-mientras bailaba victorianamente pasando, por un lado-

    El entrenador solo apretó sus labios y guardo silencio.

    Reiniciando, arranque a toda velocidad por la izquierda buscando la banda, frenando intempestivamente, pisando el balón y girando sobre mi eje cambiando de dirección, haciendo que la inercia llevara al entrenador fuera del campo, dejándome vía libre para patear el balón al fondo de la red por segunda ocasión.

    Alzando mis brazos y brincando por la cercanía de mi victoria, fui por el balón, llevándolo nuevamente a la zona de saque contoneando mi cadera, en forma traviesa

    Yo: Uno más y será todo, “Naranjita”. Esperaba al menos un poco de competencia-burlándome segura de mi triunfo-

    Entrenador: Esto no termina hasta que termina, “Mi Mamacita, Dorada”

    Yo: No soy TU mamacita -molesta-

    Entrenador: Serás más que MI mamacita después de que gane -confiado-

    Mientras colocaba mi taco sobre el balón, apenas incline mi cuerpo para iniciar el camino a mi fácil conquista, el entrenado rápidamente me lo robó y corrió hacia la portería, anotando, no alcance ni a moverme, ahí me quede parada en medio del campo con mis manos en las caderas, enojada por su táctica barata.

    Entrenador: Ahora tomare mi turno y después te tomare a ti-soberbiamente-

    Yo: Eso fue bajo, pero te sedo el turno por misericordia-tomando la posición defensiva y esperando su avance.

    El inicio pateando suavemente hacia un lado, girando sobre su eje dándome la espalda. Empecé mi defensa agresivamente. Pegándome a su espalda, él tocaba el balón hacia afuera y hacia dentro, pero podía sentir como buscaba embarrar su espalda contra mis pechos, de repente sentí como su mano derecha toco mi cadera y se deslizaba hacia mi nalga, haciéndome girar en sentido contrario para evitar su manoseo, él aprovecho esto, para con un movimiento escurridizo, sobrepasarme disparar y anotar.

    Yo: “Naranja” tenías que ser, eres un tramposo de primera, eso es lo que eres. – mis nervios ahora estaban llenos de ira y ansiedad.

    Entrenador: Solo diré: Uno más y “lo que yo quiera” -mientras ponía el balón en posición de saque.

    No respondí, apreté mi mandíbula y traté de concentrarme.

    Entrenador: ¿Por qué de repente tan silenciosa? -burlonamente-

    Yo: Solo juega y ya

    El sacó la pelota, regateó a la izquierda, cortó a la derecha. Estaba sobre él como pegamento. Protegió el balón con su cuerpo nuevamente aplicando su manoseo con su mano derecha pero no caí esta vez, lo presionaba, después uso su mano izquierda haciendo lo mismo, yo metí la mano así su pecho jalando su camiseta buscando desestabilizar su equilibrio, pero este hombre era un roca de músculos, entonces el alzo el balón haciendo un sombrerito, usando su cuerpo empujo el mío derrumbándome al suelo, todo lo que pude hacer fue mirar con horror como antes de que el balón tocara el suelo en aire con una bolea anoto el gol del gane.

    Entrenador: He aquí el campeón -vitoreó, con los brazos en el aire, besando el escudo del club en su camiseta-.

    Con llamas saltando de mis ojos, me levante y solo quería salir de ahí, camine un poco tratando de retirarme hacia mi coche.

    Entrenador: ¡Oye!, Creo que me debes algo- con lascivia-

    Yo: -Me detuve y apoyando mi peso en una solo pierna, cruzando mis brazos sobre mi pecho y sin voltear- ¿Realmente, hablabas en serio sobre eso? -con mi voz suplicante-

    Entrenador: Te lo advertí…-se acercó por detrás de a mi- No me puedes culpar. Te quise dar una salida, ahora me la aguantas

    Yo: Pero, soy casada- buscando un pretexto.

    Entrenador: Como la mayoría de las mamas de club que me he cogido.

    Yo: Mmm- disgustada- Gran ética profesional que tienes entrenador, ¿eh?

    Entrenador: Ya sentirás que no solo eso tengo grande mamacita, desde que te vi he tenido ganas de cogerme ese culo que te cargas, pero no soy un mal tipo, si te portas bien, dejare que tu bendición juegue, ¿Eso mejora las cosas?

    Yo: -Resignada gire para estar frente a frente y suspirando- ¿Dónde?

    Entrenador: Aquí y ahora -mirándome perversamente-

    Yo: Que, no tú estás loco, No te voy a dejar cogerme aquí afuera, donde cualquiera puede vernos- enojada-

    Entrenador: Nadie va a pasar por aquí -masajeando mis brazos arriba y abajo-con cierta ternura falsa- podemos apagar las luces, todo terminará antes de que te des cuenta -escuchándolo en silencio- Por tu bendición …»

    Suspirando profundamente, limpiando las palmas húmedas de mis manos en mi pequeño bottom.

    Las manos del entrenador se movieron poco a poco debajo de mi blanca y sudada camiseta. Lentamente me la quitó por la cabeza. Tirándola negligentemente a un lado, desabrochó mi bra, dejando en libertad mis senos y la humedad de mi sudor y el frio de la noche estimularon mis pezones oscuros y duros. Besó mi cuello mientras acariciaba mis pechos. La sensación de sus gruesos labios frotando mi pezón y su lengua rodeándolos se sentía tan bien. Mis caderas rotaron cuando comenzó a frotar entre mis piernas, masajeando suavemente mi clítoris por encima de mi delgado y pequeño bottom.

    No me resistí apoyé la cabeza en su hombro musculoso y gemí atrevidamente en su oído. Mis párpados se agitan cuando las yemas de sus dedos se deslizan por debajo de su cintura, acariciando mis nalgas y mi entrepierna alternadamente.

    Entrenador: ¿Hace cuando que no te cogen como necesitas perra? -mientras su mano entraba en mi bottom tocando directamente mis labios vaginales-.

    Yo: Unos días -jadeante, mientras mi mano instintivamente buscaba su entrepierna. Podía sentir en toda su magnitud su polla en sus ajustados pantalones cortos llenando mi pequeña mano. Estaba asombrada de lo que sentía. Pero nunca mire hacia abajo para verlo por mí misma. Simplemente acaricie suavemente con mi mano de arriba a abajo mientras miraba las estrellas.

    El me quitó el corto bottom. Revelando mi depilada y lampiña vulva.

    Entrenador: Como buena puta ya estabas lista para coger

    Yo: Es solo un hábito – mientras mis ojos recorrían el campo vacío y el estacionamiento. Fue entonces cuando me di cuenta de que las luces todavía estaban encendidas y estaba de pie casi completamente desnuda en medio del campo – las luces, apágalas-suplicante-

    Entrenador: Así se van a quedar, No hay nadie en millas -se arrodilló y desató mis tacos. Luego me quitó las hermosas calcetas elásticas doradas y las espinilleras. Mis pies sentían el frio césped de cancha – Arrodíllate – dominantemente mientras se quitaba su camiseta y podía ver su tonificado cuerpo-

    Yo: ¿Vas a querer que te la chupe? – suplicante, imaginándome lo nauseabunda que sería su polla por todo lo habíamos sudado-

    El Entrenador se quedó quieto, en silencio por un momento. Con una mirada furiosa, haciéndome sentir intimidada.

    Entrenador: Ven acá zorra “Dorada”- tomándome con fuertes brazos la cintura y me tiendo su lengua en boquita mordiéndome los labios con lujuria, Sentí mariposas en mi estómago cuando le devolví el beso. Su lengua sondeó el interior de mi boca. Lo chupé ligeramente. Lo rodeé con mis brazos; Podía sentir los músculos de su espalda. Comenzó a masajear mis nalgas, amasándolas, mientras me besaba, intentó empujarme hacia la hierba-

    Yo: Espera, por favor –suplicante mientras trataba de recuperar la respiración- ¿Puedes al menos poner tu camisa en el suelo para mí? -con mi mirada llorosa –

    Él solo bufó, pero me complació, extendió su camiseta sobre la hierba y la tierra, recostándome de espaldas sobre ella. Ahí estaba en medio del campo de entrenamiento acostada sobre la camiseta “Naranja”, con las rodillas flexionas y las piernas cerradas y mis manos sobre mi pecho, siendo observada con morbo y deseo por el entrenador de mi bendición, mientras él se bajaba los pantalones cortos. Exhibiéndome su polla semidura, que incluso así superaba mis expectativas.

    Al ver en contraste, trague saliva, los rumores no mentían, No es de extrañar que se acueste con muchas mujeres, pensé. Al final yo solo era una más en su larga lista de conquistas, cuando mis pensamientos fueron interrumpidos por el placentero toque se sus manos sobre mis piernas abriéndolas. Ahora estaba encima de mí, sus caderas ayudaron a abrir mis piernas. Comenzó a frotar su polla arriba y abajo por mi raja. El roce de la punta de su polla en la entrada de vagina, dispersando todos mis pensamientos y haciéndome erizar los bellos de todo mi cuerpo.

    Sentí la presión de su gruesa polla cuando comenzó a penetrar, mis caderas comenzaron a retorcerse y empujó un poco más abriéndome. Me estremecí por todas partes, mi estómago revoloteó como nunca antes. Me ruboricé, mi cabeza comenzó a moverse de un lado a otro cuando sentí que su enorme cabeza comenzaba a abrirme. De repente, fue como si una ola me azotara; la cabeza de su polla rompió mi coño, mi boca ahogo un gemido. Eché mi cabeza hacia atrás.

    Yo: Ay Dios, ¿qué carajos, haces? – Empezando a sentir la humedad producirse a toda velocidad- Por favor, ve despacio.

    Entrenador: Valla, salió sensible, la zorra – riéndose de mi reacción, presionando su pelvis contra la mía, abriendo mi canal con su polla, suavemente, pero con firmeza- Y, tan tibia y húmeda… sí que eres toda una puta.

    Sus palabras me carcomían, por muy ciertas que fueran. Pero, guarde mis opiniones para mí misma. Aunque mis muslos estaban separados, mis pies permanecían apoyados completamente en el suelo. Sin embargo, Se echó hacia atrás un poco y luego empujó hacia adentro, sentí que me abría. Trabajó su enorme polla lentamente en mí hasta que descansó encima de mí. Sus enormes brazos se deslizaron por debajo de mi espalda hasta mis hombros agarrándolos mientras me inmovilizaba. Luego comenzó a moverse hacia adentro y hacia afuera un poco más profundo con cada empuje, solo sus caderas se movían.

    Sentí el momento en que su polla llegó más profundo de lo que me habían penetrado antes. La sensación y el sentimiento es indescriptible. Cuando sus caderas comenzaron a empujar. Sacudí la cabeza de un lado a otro. Estaba en éxtasis. Tuve una sensación de júbilo cuando sentí el grosor de su polla dentro de las paredes de mi coño. Por cada centímetro que me penetraba, mis pies reaccionaban y se elevaban, del suelo, a cada centímetro, hasta que quedaron envueltos alrededor de su cintura, cruzando mis tobillos. Quería sentir tan dentro, sentir cada embestida, sentí su respiración en oreja y no podía evitar leve gemir levemente con cada empujón.

    Entrenador: ¿Cómo se siente? -gruñéndome en el oído, mientras mordía mi lóbulo- ¿te gusta perra?

    Yo: Ho sí, no pares, sigue, cógeme – con sorpresa admití, sin aliento. Toda intención de retirarme del campo había desaparecido, el placer, era único, ya no me importaba mis colore, ya no me importaba si jugaba o no mi bendición, lo único que quería era ser cogida por esa polla, en medio de esa noche de verano, sintiendo la brisa, sudando, mojada, penetrada, por esa masa de músculos sobre mí.

    Entrenador: Vaya que valió la pena esperar por este culo, estas tan humedad y apretada, zorra- mientras manoseaba mis senos y mordía mis pezones.

    Eso era para él, con cuerpo, otra zorra a quien cogerse, una asignatura pendiente, entonces, sus caderas se desaceleraban repentinamente, se incorporaba de mi cuerpo, tomo mis tobillos y levantó mis piernas sobre sus hombros. Puso sobre sus rodillas y comenzó a martillar, sus poderosas embestidas que nunca disminuyeron la velocidad, sino con un ritmo perfecto, con fuerza, con furia, tomándome como bestia en brama. Mordía mis labios apretaba sus tonificados brazos con mi manitas, me resistía a emitir sonido alguno.

    Sus embestidas eran intensas, a ese ritmo pronto me llevaría al orgasmo y no quería darle gusto, pero el hormigueo en mi vulva me traicionaba, iniciando mis convulsiones, me lleve las manos a la cara para ahogar mis gritos de placer.

    Mis músculos vaginales se contraían contra esa deliciosa polla que me profanaba muy dentro, todo mi cuerpo se tensó, el imbécil lo estaba logrando, me estaba dando un delicioso orgasmo, me respiración se entrecortaba, mientras esta bestia seguía penetrándome, mientras expulsaba de mi cuerpo la humedad producto de ese delicioso orgasmo, se detuvo a contemplarme.

    Entrenador: ¿Acabas de acabar, zorra? -sudoroso jadeante, con la mancha de mi húmedo orgasmo sobre su marcado abdomen-

    Yo: Sí… -en un susurro entrecortado-

    Entrenador: Veamos si tienes más, zorra “Dorada”- me rodo rodar sobre mis manos y rodillas- ese es tu lugar y posición, perra.

    Nerviosamente miré hacia los alrededores una vez más y luego vi la red de fútbol, donde perdí su partido. Cuando él me penetró con una sola embestida hasta el fondo de mis entrañas, ella se tambaleándome hacia adelante. Mis manos solo se afianzaban al césped de la cancha y mi cuerpo recibía todo ese placer una y otra vez.

    Mientras su polla entraba y salía, él colocó mis manos detrás de mi espalda y ató mis muñecas con uno de los calcetines elásticos.

    Yo: Espera, ¿Qué estás haciendo? -con miedo-

    Entrenador: Quieta puta -se aferró a mis muñecas atadas y su empuje constante se aceleró, con fuerza. Con su mano libre la pasó alrededor de mi cintura y frotó vigorosamente la parte superior de su clítoris.

    Me estremecí, mi cuerpo se lanzó involuntariamente hacia adelante, con los hombros encorvados, mi cara estaba pegada al suelo mi mejilla podía sentir el picoso césped del campo, gozando de ser sometida, en cada empuje.

    De repente tiró de mí, levantándome y pegando mi espalda contra su pecho, y su larga polla continuó, deslizándose hacia adentro y hacia afuera.

    Entrenador: Gime perra, Déjame escuchar los sonidos de una puta “Dorada”- mientras respiraba en mi nuca-

    Simplemente lo ignore, Apoye la cabeza en su hombro y miré el cielo estrellado. Mis senos brincaban al ritmo de sus penetraciones, mis pezones picaban de excitación, Su polla estimulaba cada rincón de mi interior tan intensamente que contorsionaba el rostro y nublaba mi vista. Quería sentirlo más dentro más profundo, Levante los pies del suelo, manteniendo el equilibrio solo sobre las rodillas. Abrió los dedos de los pies antes de curvarlos una vez más.

    Entrenador: Gime perra – me ordenó apasionadamente-Grita fuerte puta, quiero oírte como gozas.

    Solo suspire, luchando en forma sobrehumana contra la necesidad de gritar. De repente me y me dejó caer sobre la hierba. Pero apenas estaba recobrando el aliento, él me puso boca arriba de nuevo, con los brazos atados debajo. Él tomó la otra calceta dorada, y al sentir que agarraba mis tobillos, comenzó a patear, por instinto

    Yo: ¡No!, por favor, te lo suplico, no lo hagas.

    Entrenador: Cállate puta, voy a gozarte como yo quiera

    Sumisamente deje de patear y deje me atara el calcetín alrededor de mis delgados tobillos. Ahora estaba indefensa, algo que nunca había sentido durante el sexo. Pero, el miedo y la ansiedad, por alguna extraña razón, me excitó aún más. Algo que nunca admitiría.

    Entrenador: Gime perra -Levantando mis pies atados en el aire y penetrándome sin contemplaciones de un solo golpe.

    Dios esta bestia no se detenía, con los tobillos atados y los muslos juntos, cada empuje parecía agregar más placer, indescriptible, templando a cada embestida

    Sentía que la presión aumentaba. Mi cuerpo se estremeció con un cosquilleo extremo. Mi rostro se contrajo. Y entonces sucedió fui arrastrada por una ola de placer, una ola de placer que nunca antes había surfeado, y mucho menos sabía que existía. Mi cuerpo se tensó. Un fuerte espasmo de placer se derramó sobre mí y forzó un gemido de mi boca.

    Yo: Si, dios, dame más, santísimo, que rico, hay

    Entrenador: ¡Eso es, perra! -bombeando más rápido- haciendo que mis aullidos de éxtasis se incrementaran con cada empuje-

    EL placer provocaba que arquera la espalda, mi coronilla tocaba por completo la hierba del campo. Mis rodillas se sacudían, temblaban mis piernas. Y mi cuerpo se convulsionaba bajo el cielo estrellado.

    Yo: ¡¡Ohhh, que rico, que delicia, Dios!! –sentía como si una fuerza interna atrapada por meses, tal vez incluso años, al fin se liberaba, haciendo estragos por todo mi cuerpo-.

    Él se retiró de repente. Se movió a un lado de mí y empujó su polla en mi boca, Mi boca se abrió instintivamente mientras el movía adentro la gran cabeza de polla.

    Empecé a chuparlo. Se sintió enorme en mi boca. Trabajé mi lengua sobre la cabeza, girándola y luego moviendo la punta sobre la punta de su polla.

    Sentí mis labios estirarse sobre su eje. Empezó a empujar sus caderas más rápidas y moví la cabeza dentro y fuera. Escuché mis propios ruidos de succión mientras mi saliva se acumulaba en su polla sus sacudidas se hicieron más rápidas buscando correrse dentro de mi boca él me agarró la cabeza con las manos y me abrazó con fuerza.

    Se vino dentro de mi boca. Se sentía extraño, cálido y pegajoso. Me tragué la mayor parte pensando que tenía que hacerlo. Sentí que algo me salía de la boca por la cara y la barbilla. Atragantándome y salí de debajo de él. Me senté sobre mis rodillas y terminé de tragar su delicioso de semen. Me miro con burla y lujuria estaba atada en medio de la noche en un campo de futbol, desaliñada, mi cuerpo desnudo brillaba en sudor, mi respiración estaba entrecortada.

    Yo: Desátame ahora -mostrándole enojo, pero visiblemente satisfecha-

    Entrenador: Claro zorra -sarcásticamente-

    Me desato, tome mi ropa y sin decir palabra camine a mi coche, desnuda con mis pertenencias en brazos.

    Conduje en mood autómata hasta casa, al estacionarme me percaté que aun iba desnuda, sudorosa y húmeda, me vestí en el coche antes de ingresar a casa.

    Realicé el checklist de toda madre, agua, gas, luces, etc. y subí a la alcoba y ahí estaba mi amado marido, muy sonriente.

    Mi marido: Vaya, sabía que eras intensa, pero mírate, estuvo buena la friega que te puso el entrenador -burlonamente, por mi estado tan desalineado-

    Yo: Mor, es que… -nerviosa-

    Mi marido: Hablo el entrenador hace rato y me conto que lo retaste, dijo que si nuestra bendición, heredo tu determinación y tus cualidades cancheras, siempre será bienvenido en el club.

    Yo: ¿Eso te dijo? -extrañada-

    Mi marido: Si bebecita, lo lograste-besándome intensamente-dijo que lo impresionaste con lo bien que te mueves en medio del campo-mientras paladeaba el sabor de mis labios, con cara de extrañeza-.

    Yo: Mor, es lo menos que puede hacer una madre por su bendición-aliviada- bueno deja me baño por que el partido estuvo intenso.

    Mi marido: Cierto, a también dijo que quiere le sigas DANDO las revanchas necesarias al menos lo que dure la temporada.

    Solo le conteste que lo pensaría, pero definitivamente quería la revancha contra ese pedante “Naranjita”, no importaba cuantas veces perdiera, tenía que ganarle, la temporada apenas comenzaba y sería muy intensa, definitivamente…

    Ig: @elenyrmz