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  • De esposa a mitress

    De esposa a mitress

    Nunca había estado en castidad en esas condiciones, bueno cuando mi mujer había dado a luz o la habían operado fueron más días, pero ahí me podía tocar hasta derramarme, podía masturbarme cada vez que yo lo quisiera.

    Pero ahora todo era diferente, aunque lo quiero y lo deseo no puedo hacerlo sin su permiso, ahora ella tiene el control sobre mis orgasmos y mi placer y eso le daba un plus mental que me tiene en constante excitación, ese simple detalle me tiene todo el tiempo con ganas y deseos de servirle y satisfacer sus necesidades para luego satisfacer las mías.

    Desde mucho tiempo atrás le había confesado a mi esposa mi fantasía de ser sometido y dominado por ella de permanecer en castidad hasta que ella lo quisiera, que me tratara como una domina y su sumiso.

    Ella nunca quiso hacerlo hasta ahora…

    Estaba trabajando sentado detrás del oscuro y enorme escritorio de mi oficina, la puerta se abrió sin previo aviso, aparte la vista de los papeles que leía para ver quién entraba sin siquiera tocar la puerta.

    Era Mónica que apareció en mi oficina, llena de seguridad, y me dijo:

    —hoy se va cumplir tu deseo.

    Al principio no entendí de qué me hablaba, de a qué deseo se refería pero su seguridad y la forma de hablar me dejó temblando de la emoción.

    Ahí estaba mi esposa frente a mí, vestida con una blusa blanca de manga larga desfasada y abotonada hasta el penúltimo botón, traía aparte un chaleco negro encima de la blusa toda la parte superior muy recatada, pero si la parte superior del cuerpo estaba muy cubierta la parte inferior era todo lo contrario, unos shorts negros cortos que casi quedaban tapados por la blusa dejaban al descubierto unas hermosas, recién depiladas y brillosas piernas, unos botines cortos a la altura del tobillo le cubrían sus pies. Aparte que traía puestos esos lentes que no necesita pero que sabe me hacen enloquecer por el fetiche que tengo de follarla con ellos.

    Se acercó, tomó mi mano y puso una pequeña pulsera de cuero en mi muñeca.

    —Desde hoy y hasta que yo lo decida vas a ser mi esclavo y vas a cumplir cada uno de mis antojos. Y lo primero es que lleves esta pulsera puesta todo el tiempo.

    Sentí como la apretó en mi canilla luego descubrí que tenía algo bordado, con una fina escritura y letras plateadas tenía escrito unas iniciales “M O R»

    Eran sus iniciales.

    Lo primero que quiero es que dejes lo que estás haciendo y me lleves de compras.

    Quise decir que no, que estaba ocupado en ese momento.

    Pero Moni me leyó el pensamiento se acercó a mí tomó mi rostro firmemente con su mano y cerró sus dedos sobre mí mandíbula.

    —Ni se te ocurra decir que no.

    Vi la determinación en sus ojos, antes de ponerme de pie abofeteó mi cara. Me puse de pie, tome el saco del perchero y me lo puse antes de salir de la oficina.

    Me tomaré la tarde Maru cancela todas mis citas.

    Llegamos al estacionamiento y en lugar de subir a mi automóvil Mónica me lanzó las llaves del suyo, hoy sería su chófer. Abrí su puerta y la ayudé a subir para luego ir al lugar del conductor.

    No podía quitar mis ojos de sus piernas mientras encendía el auto y esperaba sus indicaciones de a donde ir.

    —¿Qué esperas idiota? vamos al centro comercial. Tengo ganas de comprar lencería nueva.

    Llegamos al centro comercial y nos dirigimos directamente a su tienda de ropa favorita, ahí fuimos al área de lencería ella tenía una expresión burlona.

    —Cariño hoy quiero que elijas las bragas.

    Estuvimos mirando por unos minutos las bragas hasta que encontré unas que me parecieron apropiadas mentalmente ya las había puesto en el trasero de mi esposa, cerré los ojos e imaginé cómo se le vería la delicada fina tela sobre su cuerpo, lo que lucirá el encaje en su culo, una señorita se nos acercó.

    Cuando la señorita ya estaba lo bastante cerca solo dijo: te vas a ver bien en esas bragas. Asegurándose que la empleada escuchara y volteara a verme.

    Sentí el color subir por mi cara y la mirada fija de la mujer sobre mí, pero no dijo nada con una sonrisa disimulada volteo a ver las bragas para bajarlas del aparador solo se limitó a decir: excelente elección.

    De ahí fuimos a una tienda de juguetes para adultos, compramos tres cosas un arnés que se podía usar con cualquier dildo, también eligió una elegante caja negra con tinto y letras doradas era un dildo doble para el arnés que no entendí en ese momento cómo lo usaría.

    —Sabes este dildo lo estrenaremos para una ocasión especial se me ocurre que pueda ser la primera vez que te deje eyacular después de tu castidad.

    Debe tener un nombre (volteando a ver al chico de la tienda preguntó), ¿Qué nombre recomiendas?

    —Sí es lo que estoy pensando podría ser el rompe culos.

    —jajaja!!! suena divertido lo pensaré aunque tengo predilección por los rusos así que será «Lenin»

    Por último compré un candado de castidad para mi mismo, y como ocurrió en la tienda de lencería, también ahí habló en voz alta para que el joven empleado del lugar escuchara.

    —Te vas a ver muy bien encerrado con este dispositivo.

    Ya quiero llegar a casa para que te lo pongas

    Luego sonriendo al encargado le dio las gracias prometiendo volver después.

    De ahí nos fuimos directo a casa, Mónica sacó mi rasuradora, me la dio y me ordenó rasurar todo mi vello púbico, después con un rastrillo y jabón di una última pasada.

    Cuando estaba totalmente depilado de esa zona Mónica sacó de su bolsa el candado puso el aro de plástico por detrás de mis testículos, luego lo cerró. Yo estaba tan excitado que tuvimos que esperar un poco para poder poner la capucha del pene simplemente así erecto no entraba en la jaula.

    Cuando por fin lo encerró ella se rio al verme una risa entre burla y satisfacción me ordenó caminar de aquí para allá en el baño; el ruido del candado a cada paso que daba la hacía reír más fuerte.

    Así fue como empezó mi castidad. Los primeros días fueron difíciles no lo tenía puesto todo el día, su uso fue gradual primero unos minutos al día, luego unas horas, fue difícil acostumbrarse a llevar enjaulado mi miembro, el dolor de las erecciones, el sentir como los testículos se apretaba contra el negro plástico, el orinar sentado, las ganas crecientes de vaciar las bolas. Lo más incómodo al principio fue dormir, siempre me ha gustado dormir boca abajo pero con el aparato apretando mis testículos al principio fue imposible además estaba el plus de la constante excitación por tenerlo puesto que me mantenía semi erecto en muchas ocasiones.

    Solo me lo quitaba una vez al día y era para el aseo, durante el baño me quitaba el candado para lavarme bien y limpiar del plástico del juguete ella estaba presente y me masturbaba un poco riendo.

    —Estoy segura que quieres ya correrte.

    Pero luego de unos minutos dejaba de hacerlo y solo me decía: aún es muy pronto, hoy no estás de suerte si te portas bien tal vez mañana. Se reía mientras volvía a meter mi pene a su encierro dejando una frustración y ganas de correrme.

    Moni no me ayudaba mucho la castidad era para mí, ella no.

    Al parecer su lujuria estaba desbordada y sentía más ganas de coger que antes, no había día que no ordenaba darle sexo oral hasta sentirse satisfecha mientras mi miembro se hinchaba dentro de la jaula.

    Hubo una vez que ya no sentía la lengua de tanto rato que me ordenó no parar.

    No todos los días fue así, creo que solo la primera semana con el dispositivo ella estaba igual de caliente y cachonda que yo. Después fuimos como una pareja normal, cenando cereal en casa, o saliendo por tacos a la calle, viendo películas en la sala o acurrucados en cama mientras leemos algo.

    Me volví más detallista aprendí a besar y lamer correctamente donde ella lo necesitaba, aprendí a leer su cuerpo, sus reacciones, su humedad.

    Aprendí a darle atención a todo su cuerpo, no solamente a sus genitales, aprendí a excitar su mente.

    Me di cuenta que no se trataba sobre mi fantasía, era sobre ELLA Y SUS NECESIDADES.

    Cuando ella sentía ganas simplemente yo era su juguete.

    Otras veces me ordenaba ver como se masturbaba, era placentero verla mientras sus facciones cambiaban delante de mí al llegar al orgasmo.

    En más de una ocasión puso el arnés sobre mi cintura encima del candado de castidad. Después le ponía un dildo grueso y me ordenaba penetrarla con el dildo mientras dentro del candado mi verga dolorida e hinchada se quedaba con ganas de entrar en ella.

    Tenía mi lista de lecturas obligatorias y mis deberes. Trataba de hacerlos siempre bien porque si no era otro día más de castidad, debía leer ciertos capítulos y aprender algunos párrafos de memoria y en caso de no conseguirlo era otro día más de frustración.

    Una ocasión tenía un examen debía recitar un poco de una domina que Moni encontró en Internet así que la estudié todo el día hasta aprenderme de memoria las letras.

    Cuando el momento del examen llegó yo estaba seguro pero antes de hablar aclare un poco mi voz para que saliera mi voz más clara. Luego comencé a hablar con la voz más clara y firme que pude:

    «Está tributando por una experiencia, doma y educación como sumiso y tributas por el tiempo que te voy a dedicar.

    No me pagas, no me estás comprando. Yo no estoy en venta y aquí la que manda soy yo.

    Si tienes esto claro y sabes tu sitio y que mi tiempo se debe tributar, puedes hacer tu reserva, estaré encantada de someterte, educarte y humillarte para mi placer, mi placer no el tuyo, el tuyo a nadie le importa, si aún no sabes diferenciar entre prostitución y dominación, no sigas leyendo, ni se te ocurra molestarme.»

    En esta ocasión omití una coma sin darme cuenta no dijo nada, pero al terminar de recitar todo el texto me felicito, quito el dispositivo de mi cuerpo y comenzó a masturbar mi falo. Fue hasta el punto de sentir que me corría ella sintió la dureza de mi falo.

    —Oh!!! mi perrito ya quiere descargar.

    ¿Quieres correrte verdad?

    —Sí quiero señora

    —Súplica por ello!

    —Por favor señora deseo correrme

    Por favor!!!

    Por favor!!!

    Y justo cuando iba a explotar me sonrió mientras apretaba de tal modo la base de mi verga que sentí que la rompería, al final lo soltó permitiéndome eyacular, pero fue una eyaculación sin fuerza, el semen solo resbaló sobre el tronco sin ninguna sensación de satisfacción eso fue peor que haber estado encerrado.

    Lo último fue recolectar el blanquecino líquido y guardarlo en un recipiente para hielo.

    —Este será para una ocasión especial.

    Las comas son muy importantes perro, la próxima vez espero que lo recuerdes.

    También en la vida cotidiana me volví más dócil a sus deseos y trataba de anticiparme a ellos, lavar los trastes se volvió en una costumbre después de cada comida, saliendo del trabajo iba a casa y ayudaba con los quehaceres.

    Doblar la ropa y organizar su closet era otra de mis obligaciones.

    Me encargaba de lavar y organizar sus bragas, limpiar y ordenar sus zapatos, encontré muy satisfactorio Chupar y lamer sus pies mientras la follaba con el maldito arnés.

    Entramos al gimnasio ella me quería en forma así que contratamos un entrenador personal para ambos ella lo eligió y coqueteaba con él mientras realizábamos las rutinas.

    Los primeros días al ir a trabajar tenía miedo de que alguien notará el aparato oculto debajo de mi ropa, o que escuchara el tintineo del candado al caminar pero con el paso de los días eso desapareció.

    En la empresa era el hombre que tomaba las decisiones y tenía la última palabra pero debajo del pantalón tenía el recordatorio que en realidad la que tenía el poder era mi mujer.

    Pasaron los días y el masaje de próstata era la única manera de vaciarme y obtener placer. No lo conseguimos a la primera Moni leyó y se informó de cómo hacer la ordeña de esa manera hasta que lo logró, fue una sensación distinta una explosión placentera que no había experimentado. Ese día estaba Moni tan caliente que descargue las pilas de dos juguetes en ella.

    Siempre guardaba mi semen en un preservativo, en algunas ocasiones lo hacía en forma de cubos de hielo.

    Todos los días era mi deber ir por última vez al baño antes de las cinco de la tarde así que acostumbre a mi organismo a no tener ganas después de esa hora. Para preparar mi cuerpo a la exploración de la noche. Algunas veces usaba algún juguete pequeño para introducirlo en lugar de mis dedos o los suyos, incluso algunos días me ordenaba ir a trabajar con algún juguete prostático puesto, siempre cargaba en mi maletín un pequeño juguete negro y un poco de gel porque en cualquier momento me llegaba un mensaje de que tenía que poner el juguete sin importar que fuera lo que estaba haciendo.

    Tenía cerca de dos meses usando el dispositivo.

    —Esta es una prueba. Vamos a ir a comer fuera de casa y espero que estés a la altura.

    Luego me quito el candado. Sentí la libertad de estar sin él dispositivo y sonreí pensando que hoy estaba de suerte.

    En la cama estaba mi atuendo una playera de algodón oscura, un pants gris claro, un par de calcetas cortas y las bragas que habíamos comprado aquel primer día, yo pensé que ya se había olvidado de que las compró para mí.

    El pants era tan pegado y la tela tan delgada que temí que se notará el encaje de las bragas, mi pene resaltaba en la tela, yo escurría por la polla.

    Antes de salir Moni me llamó fui a verla al baño, ahí ella me esperaba con un pantiproyector femenino, bajo mis pantalones con todo y bragas lo puso en su lugar y me ordenó subir mis ropas.

    —No queremos que se manche ese bonito pants ¿verdad?

    Ups!!! espero que no se note que traes una toalla femenina entre las piernas.

    Luego tomó una foto y me la mostró en ella claramente se notaban claramente dos cosas la primera era el encaje de la tela y la segunda era la larga figura rectangular de la toalla. Cualquiera podría notar que la llevó. Yo estaba tan excitado que sentía como el líquido fluía cada vez que movía las piernas.

    Al parecer supere la prueba porque al siguiente día me llegó un mensaje.

    «Hoy puede que estés de suerte

    Te tengo un juego

    ¿Te interesa?

    Vas a ocupar seguir mis instrucciones y las pilas cargadas para mi juguete.

    Te vas a masturbar para mí.

    Va haber diez números.

    Debes elegir uno.

    Luego los voy meter en una bolsa y voy a contar del uno al diez en ese lapso tú debes masturbarte más deprisa casi cuando vayas a terminar. Si sale tu numero te puedes correr sino hasta el próximo conteo.

    Podía sentir sus ojos en mí, su mirada caliente sobre mi cuerpo. Sí ella también lo estaba disfrutando, sí ella también lo gozaba, si ella estaba igual de caliente que yo.»

    Pd. Antes debes cumplir una orden.

    Su orden era clara y parecía sencilla en el mensaje solo estaban anotadas unas pocas letras.

    «Quiero un vestido de noche sam»

    No decía nada más, ni color, ni estilo, ni talla…

    Supuse que lo dejaba a mi elección, que ella estaba segura que yo conocía sus gustos que me lo dejaba a mí.

    Así que salí de mi oficina y me dirigí al centro comercial, sé en que tiendas le gusta comprar su ropa así que me dirigí de inmediato para allá. La recompensa era enorme si encontraba lo que me pidió por fin podría vaciar mis bolas y liberar toda la leche acumulada durante el último mes.

    Maneje los diez minutos más largos de mi vida hasta estacionar en centro comercial.

    Baje del auto con el papel guardado en el bolsillo, de vez en cuando metía la mano para cerciorarme de que las instrucciones aún estaban ahí.

    Llegué a la primera tienda seguro de que la tarea sería fácil. Me acerque a una de las amables señoritas y le pregunté por la sección de vestidos de noche y me condujo hasta el segundo piso de la tienda ahí me dejo no sin antes decirle a una de las trabajadoras de esa sección que si me ayudaba con lo que se me ofreciera.

    Cosa que decline, quería caminar un poco por la tienda y observar con calma los vestidos, elegiría un vestido elegante, uno que hiciera resaltar su figura, un color soberbio que realizará el color de sus ojos, tal vez hasta una gargantilla y unos aretes me diera el lujo de comprar.

    Había de todo tipo de vestidos, manga larga, a los hombros, sin manga, pegados, brillantes, de telas suaves como la seda, de todos los colores posibles, desde los básicos y tradicionales negros hasta algunos colores chillantes a la vista, corte sirena, princesa, tipo A o pegados que apenas se podría caminar con ellos escote tipo v, escotados de la espalda o de frente; había de todo para todos los gustos pero no encontré uno solo en toda la tienda de la marca sam.

    Así que volví con la mujer que me ayudaría y le pregunté:

    —Disculpa ¿tienes vestidos marca sam?

    Ella me miró extrañada como si le hubiera hecho una propuesta indecente, abrió los ojos y luego la boca como si fuera a decir algo pero luego la cerró sin decir nada, cerró los ojos como si lo estuviera meditando y los abrió de repente como cuando alguien tiene una idea genial.

    —Lo siento señor pero nunca había de esa marca.

    Pero manejamos otra marcas muy prestigiosas.

    —Lo sé señorita ya recorrí toda la tienda y las mire.

    Pero sabe mi mujer y yo tenemos una apuesta si puedo llevarle un vestido de esa marca tendré suerte este fin de semana así que por favor le suplico que me ayude con mi tarea.

    La chica sonrió pícaramente y me dijo ya vuelvo.

    Luego de unos largos cinco minutos regresó acompañada de otras dos mujeres y un hombre, todos trabajadores de ese departamento.

    Les tuve que explicar las cosas (claro solo lo que ellos debían saber, omití mi candado de castidad y que si no llevaba el famoso vestido me pasaría otro mes sin poder vaciar los huevos).

    Luego de buscar en sus teléfonos móviles ninguno obtuvo resultados de esa marca, pero me indicaron que fuera a la tienda de enfrente que tal vez ellos podrían tener algo.

    Ya ahí no perdí el tiempo, fui directamente con una de las encargadas y le explique la situación. Nada la misma respuesta nunca habían escuchado esa marca, pero aquí me dieron otra pista: una tienda de segunda mano ubicada en el otro extremo de la ciudad tenía ese nombre, tal vez no fuera la marca tal vez sería el nombre del negocio.

    Antes de recorrer en el tráfico de esas horas decidí pasar por el resto de las tiendas del centro comercial, solo perdí mi tiempo en ninguna tienda de por ahí sabían nada de esa marca.

    El móvil sonó, era Mónica mi señora.

    Conteste de inmediato.

    —Señora.

    —¿Cómo vas en tu tarea?

    Es algo sencillo, espero que ya lo tengas.

    —En eso estoy señora.

    —Si quieres vaciarte, y tener el privilegio de que yo te toque debes traerlo antes de las seis a la casa.

    Luego colgó, ya había perdido toda la mañana en eso, no había almorzado y casi era hora de comer pero aún debía manejar hasta esa tienda al otro lado de la ciudad y volver a casa antes de las seis así que compre algo rápido y me fui comiendo mientras conducía para no perder el tiempo.

    Gracias al GPS llegué al local, era una tienda distinta a las tiendas que había visitado, todo era de segunda mano, vendían de todo, desde puertas de madera usadas hasta ropa casi cualquier cosa que necesites para la casa.

    El trayecto duró cerca de una hora así que si no me entretenía mucho aún tenía tiempo para llegar a casa antes de las seis.

    Le expliqué la situación a la señorita y me dijo que no sabía bien lo que ocupaba desesperado le mostré el mensaje sin importar que pudiera leer todo el contenido del juego. Se puso roja cuando leyó pero al final ella me dijo:

    —Señor no creo que se refiera a una marca, es más ni siquiera a esta tienda, lo que pienso es que ella le está pidiendo una talla su esposa quiere un vestido de la talla chica o mediana.

    Abrí mucho los ojos casi la bese en la frente.

    Pero claro un vestido talla chica o mediana para que lo pudiera usar Mónica.

    Por fortuna ella tenía algunos pocos vestidos ahí así que compre uno por si el tiempo no me alcanzaba. Luego salí disparado de nuevo al centro comercial porque no quería llegar con un vestido de segunda mano.

    Así que llegue de nuevo al centro comercial, no perdí tiempo y fui directo por el vestido brilloso que vi antes, le explique todo a la chica mientras me atendía. Aunque ella quería saber más detalles le rogué que se apurara apenas me quedaba tiempo de ir a casa.

    Llegué a las seis menos uno, pero cuando entre a casa eran las 6:02 Mónica estaba de pie junto a la puerta con cara de pocos amigos.

    Al principio no le gustó que haya llegado tarde, pero cuando vio que además del vestido también llegué con zapatos, aretes y una bolsa se relajó un poco y me dijo.

    —Puede que aún tengas suerte

    Puede que sea en otra ocasión.

    ¿Qué me compraste?

    Más tarde fuimos a un pequeño local con música en vivo la pasamos bien entre algún trago y un poco de botana la pasamos todos saltando y cantando al ritmo de la banda en el escenario.

    —Tengo unas ganas enormes, vamos a casa.

    Tome la mano de Mónica y salimos del pequeño pub subimos al auto y fuimos a casa directamente.

    Desde donde estaba podía percibir su exquisita fragancia, ella estaba sentada a tres metros de mí, uno de sus pies estaba en el suelo con su tacón alto bien pegado al suelo, el otro pie estaba cruzado encima de su pierna derecha y se movía en círculos rítmicamente llamando mi atención. Una dualidad de poder y dominio, su rostro indómito, salvaje.

    Yo estaba desnudo, hincado en el suelo esperando su orden, ella escribía concentrada algo en una hoja sin hacerme el menor caso, cuando terminó de anotar comenzó a cortar la hoja en cuadrados y doblar en cuadrados más pequeños los papeles los echó dentro de una bolsa de plástico y me pidió elegir un número del cero al nueve.

    —Dos.

    —Bien ese será el número de la suerte espero que salga hasta el final.

    Luego a una seña de su mano me acerque a ella puso un collar sobre mi y jalo de mi cuello hasta ponerme entre sus piernas luego subió su falda y comencé a lamer su mano me guiaba, un fuerte tirón me indicaba que lo quería más intenso y afloja a un poco significaba que fuera más lento pero cuando tomaba mi cabello y hundía mi cabeza entre sus pierna significa que debía darle un orgasmo.

    Cuando se sintió satisfecha sacó las llaves y libero mi pene me ordenó masturbarme mientras ella me observaba.

    No te puedes correr hasta que te lo ordene o salga el número dos.

    Cuando yo crea conveniente voy a empezar la cuenta regresiva y durante el conteo debes aumentar la velocidad y estar listo a correrte en cuanto veas el número dos, pero si sale otro número debes esperar a otro conteo sin dejar de tocarte.

    —¿Entendido?

    —Sí señora

    Se levantó y desapareció de mi vista, me dejó solo con mi mano subiendo y bajando por mi pene trate de no ir muy rápido pues no sabía cuanto tiempo me tendría así, luego de algunos minutos regresó con algunas cosas traía un cubo de hielo, el arnés y a Lenin.

    —¡Abre la boca y no la cierres hasta que se derrita el hielo!

    Cuando la abrí depósito el cubo de hielo en mi boca, era mi semen congelado sentí mi sabor cuando el hielo comenzó a derretirse ella ya estaba de nuevo sentada frente a mí pero ahora ella se masturbaba con Lenin.

    —Sabes este el que tengo guardado desde tu última corrida frustrada ¿recuerdas las comas?

    De pronto comenzó a contar; diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres…

    —Jajaja! ya debes estar ansioso por tener un orgasmo placentero verdad perrito?

    Moví la cabeza afirmativamente mientras mi mano subía y bajaba a toda velocidad.

    —Dos, uno

    Luego sacó uno de los cuadros de papel y me mostró el número, era el ocho así que baje la velocidad. Mientras ella aumentaba la velocidad de sus movimientos con Lenin.

    Luego de cinco conteos el número dos no salía y yo ya tenía unas enormes ganas de correrme Moni estaba más que caliente y ella se había permitido terminar con Lenin de una manera muy sonora provocando más mis ganas luego acomodo a Lenin en el arnés lo puso en su cintura y me ordenó subir al sofá dándole la espalda y sin dejar de tocarme.

    Sentí como lubricaba mi trasero, luego como primero un dedo invadía mi ano luego dos y al final tres, cuando estuvo satisfecha sentí la punta de Lenin pegada a mis nalgas y sus manos abriendo espacio comenzó otro lento conteo, así que aumente la velocidad y ella aumentó lo presión en mi culo, casi dejé de masturbarme cuando sentí como me abría de a poco lo hizo lento y poco a poco pero de una forma constante a cada número lo empujaba un poco más hasta que al final de la cuenta sentí su cuerpo pegado al mío. Salió el nueve ya solo quedaban cuatro números así que disminuyó la velocidad para poder llegar al siguiente conteo mientras Moni aumentaba el ritmo de sus movimientos y susurraba en mi oído:

    —Apuesto a que le vas a tomar cariño a Lenin.

    Casi tuve que detener mis movimientos para no correrme la sensación era tan placentera que temía correrme en cualquier momento sin la autorización de mi señora.

    Se reclinó sobre mi espalda y pude notar sus pezones erectos pegados en mi piel

    —Por favor señora no aguanto mucho más. Ya viene

    No te corras hasta que yo te lo ordene.

    Sigue masturbándote

    Solo rozaba mi pene con mi mano, hacia círculos en el glande que para entonces ya estaba hipersensible, pero si aumentaba la presión o velocidad no había nada que pudiera hacer para detener mi orgasmo.

    Un nuevo conteo comenzó esta vez más rápido al igual que sus movimientos, me tomó de las caderas y apretó fuerte antes de cada nuevo empujón.

    No sé cómo soporte sin correrme hasta el cero. Ella dijo el número.

    —tres!!! en medio de sus risas.

    -Luego dijo- puedes vaciarte has sido un buen perro.

    Sentí la gloria cuando un fuerte chorro salió disparado desde lo más profundo de mí, fueron varios chorros que cayeron en el sofá.

    —¡Tragalo calientito!

    Moni siguió rompiendo mi culo hasta que su placer fue saciado mientras yo aún lamia los restos de mi semen del sofá.

  • Sexo con taxista morboso en Bogotá

    Sexo con taxista morboso en Bogotá

    Hola cómo están les escribo nuevamente para contarles una experiencia que tuve en el año 2017. En ese entonces existía el bar teatro en Chapinero y yo cómo taxista morboso trabajaba en las noches pendiente de los rumbeaderos, eran las 3 de la mañana y me pidieron un servicio dos muchachas que la llevara para el barrio de Kennedy central.

    Ya habiendo recorrido unas cuadras la muchacha que estaba en el asiento del copiloto se quedó dormida y la chica de atrás iba en falda y dejó la ventana abierta yo muy amablemente intenté cerrar la ventana de atrás mientras dejaba pasar mi mano por las rosadas piernas de ella, a lo que ella a los 2 minutos se reincorporó y de una mirada muy picante y morbosa me preguntó que si yo pensé que ya estaba dormida, y obviamente me disculpé intente seguir como si nada, pero ella me preguntaba qué si la compañera que estaba delante ya se había dormido a lo cual ya había pasado,.

    Ella sin más preámbulos me preguntó que si quería tener sexo con ella y obviamente yo deseaba probar esa tierna muchacha de aproximadamente 20 años de edad, me pasé al asiento trasero y comencé a tocar las nalgas debajo de esa falda y aun así pasando mi mano por su vagina estaba mojada, ella sin más tiempo que perder me desabotono el pantalón y me dejó sentado con la verga totalmente erecta y toda para ella, recuerdo que la comenzó a lamer y hacerme sexo oral mientras yo sobaba en forma circular su clítoris.

    Luego de un momento se me subió encima y comenzó a cabalgar como toda una perra queriendo tener sexo sin control, se vino dos veces y yo cuando me iba a venir se lo pude echar sobre los senos, decidí continuar el viaje sólo que esta vez en vez de tener la mano en la barra de cambios y la mantenía en la parte de atrás mientras tocaba y masturbaba aquella muchacha, llegamos al destino ella despertó a su amiga me pagaron y se bajaron pero no sin antes dejarme tu tanga como recuerdo.

    Espero les haya gustado mi relato les dejo mi correo [email protected], por si cualquier comentario o argumento o quién quita hasta una carrera de taxi.

  • Relato 50: Confesiones de una mujer feliz

    Relato 50: Confesiones de una mujer feliz

    He llegado al ‘Relato 50’, y les dejo el relato en primera persona de una gran amiga, Patricia. Espero que lo disfruten.

    Todo empezó una mañana que salimos de compras a uno de los shoppings más importantes de Buenos Aires con Sergio, mi esposo, cuando reabrieron después de los cierres por el Covid. Yo quería comprar unas camisas, jeans y algunas remeras. Él necesitaba un par de trajes.

    Sergio tiene 35 años, pelo castaño claro, con algunas canas que no se preocupa por disimular. Mide 1.95 m, entrena 3 veces por semana, y tiene una pinta terrible. Para pagar su carrera de arquitecto trabajó como modelo para varias marcas de ropa. Siempre las mujeres le prestan atención a él, y aun estando yo a su lado, le sonríen o le dicen algo.

    El compro sus trajes y luego fuimos a un local de ropa unisex, y nos atendió una chica de unos 23 años. De entrada me cayó mal porque fue directamente a atenderlo a Sergio.

    “Mi esposa es la que está buscando algo, gracias.” Dijo y la chica con cierto desgano comenzó a atenderme pero seguía mirándolo a él, que se dio cuenta y fue a ver alguna remera para él.

    De inmediato otra vendedora se acercó a atenderlo. En ese momento, me comencé a sentir insegura. No por él en sí, ni por sus actitudes, ni algún hecho que me haga dudar. Veía como las chicas se babeaban mirándolo. Cuando yo entraba al probador vi que Sergio le agradeció a la chica y se acercó a mí. Me probé una remera y al salir veo como la chica que lo atendía le ponía un papel en el bolsillo trasero del pantalón. Él no se dio cuenta que estaba fuera del probador, e inmediatamente sacó el papel y lo puso entre una pila de jeans que estaban en una mesa al lado suyo.

    Respiré profundo y di gracias del marido que tengo.

    “Te queda muy bien, dale comprala.” Me dijo y siguió: “Pato, vi algo que me gustaría que te pruebes.”

    Sergio tiene un gusto excelente para la ropa, siempre le pido su opinión, por lo que obviamente accedí y me alcanzó una musculosa blanca que de entrada me pareció inapropiada para mí. Tengo su edad, lindo cuerpo, con buenas tetas y un culo moderado. Para vestir no soy muy osada, al contrario. Pero igual me la probé. Era muy ajustada, y el corte hacía que los laterales de mis pechos se vieran mucho, y encima con un escote profundo.

    “Amor, me parece que esto no es para mí. Por mi edad y porque soy una mujer casada.” Dije.

    “Pato, me encanta como te queda. Tu edad es la ideal en una mujer, y tu físico, espectacular. Dale llevala.” Dijo.

    “Sergio, no, no me voy a animar a usar esto delante de nadie.”

    “Pues yo quiero que la uses solo delante mío, quiero disfrutar ver sexy a la hermosa mujer que tengo.” Dijo.

    La vendedora nos miraba y comprendió que no tenía chances con Sergio. Pero mi inseguridad continuaba.

    “La llevo.” Dije sonriéndole.

    “Ya que estamos, por qué no te probas este short.” Dijo la vendedora.

    “Eso no es un short, es un nano short. No gracias.” Dije.

    “Probatelo, aunque no sea para darme el gusto. Vos te lo probas y te regalo un chocolatín.” Dijo riendo Sergio.

    “Cerdo. Damelo que parece que hoy mi marido esta baboso.” Le dije a la chica.

    “Sra. le queda espectacular. Tiene un cuerpo muy lindo.” Dijo la chica.

    “Hace juego con la musculosa. Lo lleva.” Dijo él.

    “Sergio, dejate de joder.”

    “Lo lleva. Y si no lo quiere pagar, me cobras a mí.” Dijo mirándome fijamente a los ojos.

    Finalmente lo compre, y cuando salimos iba contento con lo que me había hecho comprar. Me acompañó a otros locales, y como siempre las mujeres mirándolo, aunque ninguna le acercó un papelito. Cuando fuimos a la lencería el entro conmigo y miraba mientras yo elegía los conjuntos.

    Fuimos a tomar un café y descansar para seguir por otros locales.

    “Pato, ¿me contas que te pasa?” Preguntó.

    “Nada Sergio, ¿por qué lo decís?”

    “Hace quince años que estamos juntos. Esa mirada, esos gestos me dicen que algo pasa.”

    “Una tontería mía. Olvidate.” Dije mirando para otro lado.

    “No quiero olvidarme.”

    “Pasa que siento que me estoy poniendo grande, y me aparecieron las inseguridades. Todas las mujeres se te tiran, se babosean con vos. No son celos porque veo como te actuas, se como sos, no desconfío de vos. Pero tengo inseguridades. Temo que un día te atraiga una, que…”

    “¿Y vos no pensas que yo puedo sentir lo mismo? En todo este tiempo te olvidaste de verte al espejo y ver el cuerpazo que tenes, porque lo tuyo me parece que pasa por un tema corporal, estético. No me molesta en absoluto la forma en que vestís, pero me parece que verte tan seria hizo que te olvides que tenes un cuerpo hermoso, que muchas mujeres envidian. ¿Acaso no te das cuenta como te miran los hombres, incluso más jóvenes que nosotros?”

    “No es lo mismo Sergio. No creo que me entiendas, sos hombre.”

    El me miró y decidió no contestar para no discutir. Fuimos a dos locales y luego a casa. Almorzamos y me contó que los amigos de las motos se juntaban esa tarde.

    “Andá tranquilo, me quedo en casa, sabes que no tengo drama.”

    “Pato, primero quiero ver como te queda el nano short y la musculosa.” Dijo sonriendo.

    “Esperá que me doy una ducha y te muestro.” Dije y en menos de quince minutos baje.

    “Que fuerte que estas, por favor. Te pido algo más, ¿te maquillas?” Me dijo mordiéndose el labio inferior.

    Le di el gusto, y me maquille de forma acorde a la ropa. Cuando bajé estaba con los dos cascos en la mano.

    “Toma, vamos a pasear.” Dijo.

    “Ni loca.” Le contesté seria.

    “Patricia, no quise discutir en el shopping y no quiero hacerlo ahora. Pero no quiero que vivas insegura, eso nos va a terminar dañando como pareja. Entonces, por favor, subí a la moto.” Dijo muy serio. Nunca me llamaba Patricia, ni cuando hemos tenido algún roce por algo. Temí a que pasaría si no accedía.

    “Vamos.” Dije.

    Su moto es una tipo carrera y al abrazarlo por la cintura, mi culo quedaba expuesto. Aun con el casco puesto, sentía mis cachetes colorados por la vergüenza. Llegamos al bar donde se juntaban y estacionó junto a las motos de sus amigos.

    “Pato, lo que veas o escuches, queda entre nosotros.” Dijo.

    “Ok.”

    Entramos y cuando nos vieron sus amigos, de los cuales yo conocía a varios y a sus mujeres, todos aplaudieron. Aparte de grupo de Sergio, unos 7, había otro de cuatro en otra mesa. Y unas 20 chicas en distintas mesas y la barra, muchas de las cuales estaban igual de provocativas que yo y otras mucho más.

    “Che Sergio, ¿vos con una minita? Primera vez que te veo acompañado. ¿No tenes miedo que te pesque Patricia?” Dijo Juan, uno de los amigos de él que yo conocía y a su mujer.

    “No, está tranquila en casa seguro mirando Netflix.” Dijo riendo y todos rieron.

    “Presentala, es lo que corresponde.” Dijo otro que yo conocía.

    “Muchachos, ella es Pato, una buena compañera de aventuras.”

    Al rato algunas de las chicas se fueron acercando a la mesa, y luego de un par de cervezas subimos a las motos para salir a rutear. En todas las motos había chicas.

    Anduvimos un par de horas y volvimos al bar. Sergio se sentó primero e hizo que me siente en una de sus piernas. Algunas de las otras chicas, hicieron lo mismo y me guiñaron un ojo cómplice que hizo que me ría por dentro. De pronto sentí que Sergio me acariciaba mi culo, sin que los demás lo noten. Lo miré seria.

    “¿Si?” Me preguntó. De pronto me entraron a caer las fichas. Me giré un poco y le di un beso, que respondió y apretó mi cachete. Un rato después una de las chicas me hizo una seña y fuimos al baño.

    “Flaca, aparte del físico que tenes, sí que debes coger lindo para levantarte a Sergio, es el único que siempre sale solo. La mayoría de las que estamos en la mesa tratamos de transarlo aunque sea por una tarde y el tipo es de acero. Nada lo mueve. Te felicito.”

    “Gracias, en realidad él me levantó a mí en un shopping. Parece que le gustan las veteranas como yo.”

    “Dale, veterana las pelotas. Mirate al espejo boluda.” Dijo.

    “Guau, que lindo viniendo de una bomba como vos.”

    De pronto me tomó de la nuca y me partió la boca de un beso mientras me tocaba una teta.

    “Si te va, y conseguís que él quiera, armamos una fiesta las dos con él.” Dijo y volvió a la mesa sin esperar mi respuesta. Cuando reaccioné la seguí a la mesa.

    Tomamos otra cerveza, algunos se fueron yendo con alguna compañía, otros con dos. Cuando subimos a la moto note que Sergio no iba para casa. Anduvimos un rato y entramos a un motel. Pidió una habitación y una botella de whisky y hielo.

    Entramos a la habitación, me partió la boca de un beso y se tiró en la cama apoyando la espalda contra el respaldo. Yo me senté al lado de él y le dije:

    “Entendí todo.” En ese momento, nos trajeron el whisky, el balde de hielo y los vasos. El los buscó y los puso en su mesa de luz, y continuó.

    “Contame que entendiste.”

    “Primero quiero agradecerte que tenes confianza en mí para llevarme sabiendo que iba a ver a amigos con otras mujeres. Y después entendí que tenes cientos de oportunidades de meterme los cuernos y no lo haces, aunque como esas chicas, se entreguen como vi. Hasta una de las chicas me contó en el baño que sos de acero, que ninguna te pudo levantar. Me trajiste para que viera la realidad, tu realidad. Y hacerme venir con esta ropa fue también para que me dé cuenta que estoy envejeciendo de mente, que tengo que disfrutar el cuerpo que tengo, estar orgullosa. Flor de lección me diste.”

    “Me alegro que entendieras, fui duro, pero no encontré otra forma.” Dijo.

    “Me lo merecía, quiero preguntarte algo, pero no quiero una respuesta obvia.”

    “Pregunta y veremos si hay otra respuesta.”

    “En realidad son dos: ¿Por qué nunca saliste con una de esas chicas?”

    “Respuesta obvia porque te amo. Flaca yo te tengo a vos, no necesito coger otra mujer para ser feliz. Además que te amo, estas muy fuerte, hoy te diste cuenta.”

    “Si. Y… ¿En la cama, también estoy poniéndome vieja?”

    La cara de Sergio se transformó por un segundo, y logró cambiarla, pero el gesto lo vi y antes que diga nada le dije:

    “Tranquilo que no me enojo, tu cara te vendió por un segundo. Y pensándolo bien no tendría que haberlo preguntado, solo haberme comparado hace 5 años y ahora, e iba a encontrar la respuesta. Soy una boluda. Me sentí insegura por unas pendejas pero no me daba cuenta que estaba yo misma fallando. ¿Me perdonas?”

    “Algo de culpa tengo, tampoco te dije nada. Por suerte todo tiene remedio, como siempre charlando.”

    “Te amo, sos lo más hermoso que me pasó en la vida.”

    “Flaca, tomé la habitación hasta mañana al mediodía, y tenemos toda una botella de whisky.”

    Sergio sirvió whisky, chocamos los vasos y el primero lo tomé de una. Me paré y como me dijo la chica me miré al espejo. Poco o nada tenía que envidiarles a ellas. Volví a la cama y le saque la ropa, me senté en sus piernas y tome su pija que ya estaba parándose. Le pedí otro whisky, y lo masturbaba lentamente.

    “Te voy a coger como hace mucho que no lo hago. Ah, y franeleándome el culo en el bar ya me hiciste mojar toda, que vos me franelearas y que los hijos de puta de tus amigos me miraban las tetas sabiendo que no iban a poder hacer nada solo babease, me calentó mucho sentirme deseada de esa forma.”

    Deje el vaso y le comencé a chupar la pija, la lamía desde la base, me la metía toda entre las tetas y lo masturbaba. Le bese todo el pecho, lo acaricie por completo, sin dejar de masturbarlo lentamente. El gemía y acariciaba la parte de mi cuerpo que alcanzaba.

    Me pare en la cama, me saque el short, separé mis piernas y le mostré como me masturbaba metiéndome dos dedos. Estaba totalmente mojada, mis fluidos caían por mis piernas. Mientras chupaba mis dedos fui bajando hasta enterrarme su pija por completo en mi concha. Le pedí me alcance mi vaso y el balde de hielo. Metí la mano en el agua helada y fui mojando la musculosa blanca en la zona de mis tetas. Mis pezones, ya duros, por el frio, me dolían, la musculosa transparentaba todo.

    Me sentía como hace años no me sentía, libre totalmente, entregada a ese hombre que tanto amo. Mientras me movía lentamente y tomaba whisky, le dije:

    “Viste que fui con la chica al baño, me rompió la boca de un beso y me apretó una teta.” Dije mientras lo miraba a los ojos sin dejar de moverme.

    “Epa, ¿y?”

    “Nada, no reaccioné. Y me dijo que si te convenzo y yo tengo ganas le gustaría hacer armar una fiestita las dos con vos.”

    “¿Y?”

    “Salió del baño, sin esperar mi respuesta.”

    “¿Encontraste respuesta?”

    “Hijo de puta, te brillan los ojos.” Dije y de pronto mi calentura estaba a mil. Me empecé a mover rápido en círculos sobre su pija y gemía como desesperada. Estuve un rato y tuve un hermoso orgasmo. Me salí y puse mi culo a su alcance mientras chupaba su pija.

    “Abrímelo como vos sabes, y tan bien haces.” Dije y el mojó un dedo en mi concha y con suavidad fue metiéndomelo en el culo. Cuando se movía bien, lo sacó, y ahora humedeció dos para meterlos lentamente. Yo chupaba su pija y deliraba de placer. Con su otra mano, metió dos dedos en mi concha y se puso a jugar con mi punto G. Me volví loca y me movía para lograr que esos dedos me entren hasta el fondo. Tuve un orgasmo más fuerte que el anterior y cuando me repuse, me pare, y lentamente puse saliva en mi orto mientras bajaba para metérmelo.

    “Hace rato que no me lo coges, la extraño.” Dije de forma muy puta sin proponérmelo. Cuando la tuve toda adentro, suspiré de placer. Él trató de acariciar mis pechos pero no lo dejé.

    “Quietito, por favor, dejame a mí.” Dije y me empecé a mover subiendo y bajando. Cada vez más excitada, me apretaba las tetas con las dos manos. Me saque la musculosa y le mostraba como pellizcaba mis pezones. Sergio gemía cada vez más fuerte.

    “¿Te gusta lo caliente que estoy amor por vos?”

    “Me volves loco.”

    “¿Me das mi whisky?” Le pedí.

    Me lo dio y tome un trago, metí dos dedos en el vaso y los lleve a mi concha.

    “Voy a emborracharla de placer aún más de lo que está.” Dije y me metí los dedos. Le di el vaso, y con los dedos en la concha lo galopaba como loca mientras me apretaba las tetas.

    “Quiero que me llenes la concha de leche.” Dije y me metí la pija en mi concha. El me tomo con fuerza de la cintura y bombeaba como loco, mientas yo gemía y me apretaba los pechos. Llegamos juntos y los dos con tremendos orgasmos. Me deje caer sobre su pecho y lo bese con todo mi amor y mi excitación. Nos quedamos así un rato, sin hablar.

    Fui al baño y al volver nos sentamos en la cama.

    “Que mina boluda que fui, por favor, cuanto hace que no te cojo así. Pensar que antes era normal.”

    “Basta.” Dijo Sergio. No pude más que darle un beso por frenarme.

    “No contestaste mi pregunta sobre si habías encontrado una respuesta.”

    “Sergio, en mi vida se me pasó estar con una mujer y menos aún compartirte con una.”

    “Esa no es una respuesta a la pregunta.”

    “Guacho. Lo raro es que no tengo respuesta, o sea que no digo que no directamente. No te voy a negar que algo de picazón, intriga, dudas siento. ¿Y vos, estarías de acuerdo?”

    “Me tienta la idea, las dos son una bombas, y tener dos mujeres así en la cama… Pero es algo que sobre todo vos tenes que pensar muy bien, sobre todo por qué lo queres hacer, de ninguna manera aceptaría hacerlo si me decís que por darme el gusto. Tenes que saber muy bien por qué, y si vas a querer poner algún tipo de límites.”

    Eran las siete de la tarde cuando empezamos el “segundo round”. Esta vez fue el quien tomó la iniciativa. Y me hizo mierda, me acabó en el culo haciéndome tener un orgasmo gigante. Nos dormimos un par de horas y yo lo desperté chupándole la pija. La última vez fue un rato antes de irnos mientras nos duchábamos. Fuimos a casa, brindamos con champagne por una tarde-noche-madrugada-mañana genial, bestial, donde perdí totalmente la cuenta de cuantas veces lo hicimos. Nos dormimos y nos despertamos la mañana siguiente para que Sergio vaya a trabajar.

    Durante la semana volvimos a ser los de antes, con toqueteos en cualquier momento y lugar de la casa, bromas, hacer el amor en cualquier lado.

    Confieso que ese fin de semana me cambió totalmente mi mentalidad en lo sexual, y volví a ser la joven caliente que era.

    Durante la semana fui meditando lo del trio. Entre nosotros no lo hablamos. Llegó el sábado y después de almorzar, le pregunté a Sergio:

    “¿Hoy no se reúnen con las motos?”

    “No, creo que la semana que viene.”

    “¿Vamos al bar?” Le pregunté.

    “¿Por qué?” Me preguntó él.

    “Porque me intriga saber que voy a sentir al estar con otra, me calienta pensar en verte con otra mujer, me calienta que nos miren cogiendo.”

    “Vamos.” Dijo y fuimos en el auto por las dudas la encontremos. Antes, me puse una remera sexy, y una minifalda bien corta.

    Cuando entramos vimos que estaba en una mesa con otras chicas. Nos sentamos y pedimos una cerveza cada uno. Charlamos un rato, y ellas nos miraban mientras charlábamos. Me levanté y al ir para el baño, pase cerca de su mesa y le guiñe el ojo. Segundos después me siguió al baño. Cuando entro, fui yo la que le partió la boca y le metí directamente la mano sobre su tanga que casi estaba expuesta por la mini que llevaba. Ella reaccionó y me apretó las tetas, que eran más grandes que la de ella. Yo sentí que de inmediato me mojaba y ella igual. Cuando nos soltamos le dije:

    “Hola, ¿todavía tenes ganas del trio con Sergio?”

    “Claro que sí.”

    “Soy Pato.” “Yo Brisa.” Contesto. La tomé de la mano sin pensarlo y así fuimos a la mesa con Sergio que contuvo su cara de sorpresa al vernos de la mano.

    “Sergio, ¿Cómo estás?”

    “Bien Brisa. Te dijo Pato por lo que veo.”

    “Si, y me encanta la idea.”

    “El tema es así, yo nunca estuve con una chica, así que me vas a tener que tener paciencia.”

    “No hay drama, vas a ver que te enganchas enseguida. ¿Límites queres pones?” Me preguntó.

    “Los límites son para romperlos, más en momentos de calentura. No.”

    Pagamos y subimos al auto. Camino al motel Sergio le dijo:

    “Escuchame, si no llega a funcionar o hay algo que no te va, no hay drama, cortamos y nos vamos. Pero si funciona como queremos, nosotros nos vamos a quedar hasta mañana al mediodía. Vos sentite libre de irte cuando quieras.” Ella dijo que estaba de acuerdo y le gustaba la idea.

    Fue entrar a la habitación y comenzar a besarnos, acariciarnos y sacarnos la ropa con Brisa. Sergio no perdió tiempo y también se desnudó. Con Brisa, permanecimos paradas, acariciando todo nuestros cuerpos y chupando nuestras tetas. Sergio recibió el whisky y sirvió los vasos. Tomamos un poco y Brisa dijo:

    “No tenes idea cuanto hace que quiero acostarme con vos. Y todas las chicas. Pato es la envidia de todas. No lo podíamos creer cuando llegaste con ella.”

    “Por fin vas a poder sacarte las ganas, espero no defraudar tus expectativas.” Dijo Sergio.

    “Estoy segura que no, sobre todo con esa hermosa pija que tenes.” Dijo Brisa se puso a chuparla mientras yo lo besaba y acariciaba. Momentos después Brisa me dijo:

    “Vení Pato, vamos a darle una doble.” Y las dos nos pusimos a chuparlo, aunque por momentos aprovechamos para besarnos. Sergio se había quedado recostado sobre el espaldar y tomaba su whisky mientras lo chupábamos. Lo mirábamos y él sonreía.

    “La verdad, espectacular tener a dos bombas como Uds. chupando tan rico.” Dijo.

    Un rato después Brisa me dejó sola chupando, me puso en cuatro y me comenzó a chupar la concha que ya estaba empapada y mi orto. Yo gemía como loca y chupaba, hasta que me hizo tener un orgasmo, mi primer orgasmo bisexual. Yo le devolví la gentileza, con la diferencia que primero metí dos dedos en su concha mientras le chupaba el ano y le saque el primer orgasmo. Ella se quiso mover, pero le pedí seguir. Volví con mi boca a su concha y le metí un dedo en el culo. Fue que entre y ella tuvo un orgasmo. Seguí así hasta que tuvo otro.

    “Cogelo.” Le dije a Brisa que de inmediato se sentó en su pija y comenzó a moverse. Yo le chupaba las tetas y la besaba.

    “Mirá que pedazo de mina que te estas cogiendo hijo de puta. Lo peor es que me encanta ver como la coges, me calienta mucho.” Dije metiéndome dos dedos en la concha sin dejar de besar los pechos de Brisa que gemía como loca. Acerque un dedo a su ano y ella al sentirlo, separó aún más sus cachetas. Se lo metí mientras le besaba la espalda y apretaba un pezón.

    “Guacha, no te creo eso que nunca estuviste con una mujer.” Dijo Brisa. Al rato, Sergio la hizo acostar, puso las piernas en sus hombros y la empezó a coger con fuerza, yo me tire sobre sus pechos y a acariciar su clítoris. Brisa gritaba de placer. Ambos no nos deteníamos, ella gemía y gritaba mientras apretaba las sabanas de la cama. Cuando vi eso, hice que las soltara y lleve sus manos a la espalda de Sergio.

    “Basta, no doy más de tantos orgasmos que tengo.” Pidió Brisa y Sergio embistió con todo, se quedó quieto y ella muda, su cuerpo temblaba con todo y sus uñas se clavaban en la espalda de Sergio. Cuando Brisa se relajó, Sergio llevó su pija a la boca de Brisa que comenzó a chupar. Él se masturbó un poco y acabó en su cara y su boca. Brisa tragó todo lo que pudo.

    Sergio se paró, me tomo de la cabeza y me metió la pija en la boca. Me puse a chupar y lamer. Su pija no se aflojaba, por lo que aumente la chupada. Mi hombre no me quería dejar insatisfecha en el primer encuentro. Un gesto que debía agradecer. Brisa se recuperó y me besaba los pechos y acariciaba mi concha.

    Nos puso en 69 con mis piernas colgando de la cama, yo arriba. Brisa se hacía un festín chupando. Sergio me la metió hasta el fondo de la concha. Yo chupaba el clítoris de Brisa y jugaba con dos dedos en su concha. Estuvimos un rato largo así, hasta que sentí que Sergio escupía mi orto y me metía un dedo, mientras con la otra mano tiraba mi cabeza para atrás.

    “Estas muy puta Pato, parece que te gusta el trio.” Dijo él.

    “Me vuelve loca. Sigan.” Dije.

    El metió su segundo dedo e hizo que Brisa separe mis cachetes. Apoyo su pija y la fue metiendo. Brisa que miraba todo de cerca me dijo:

    “Hija de puta, no te podes comer semejante pija por el culo. Eso merece tratamiento especial.”

    “Espera y vas a ver lo que hace este tipo.” Dije muy caliente.

    Sergio me tomó de la cintura y me empezó a dar con todo, entraba y salía con fuerza, golpeando mis cachetes con su cuerpo. Brisa metió tres dedos en mi concha y chupaba el clítoris o lo mordía suavemente. Me fueron llevando a la locura total. Voltee para mirarlo a Sergio y estaba como loco, me encantaba verlo así. Supe que en cualquier momento se vendría. Y así fue. Me la enterró hasta el fondo y tuve un orgasmo gigante por los dos lados. Sergio la sacó y Brisa la comenzó a chupar, la limpió y luego me limpió el otro.

    Él se sentó y nosotras nos quedamos acostadas. Sirvió whisky y nos sentamos a tomar.

    “Flaca, sos un infierno en la cama. Con razón está con vos. No conozco muchas minas que se banquen lo que vos.” Dijo Brisa.

    “Vos no te quedas atrás nena.”

    Sergio nos miraba sonriendo. Casi sin querer, con Brisa comenzamos a tocarnos, luego a besarnos y acariciarnos.

    “Subite y dame esa conchita para chupar.” Dijo Brisa mientras se acostaba. Me puse sobre ella y ella me comenzó a chupar, no mucho después empecé a tener orgasmos. Ella seguía y yo me apretaba los pechos sin parar, de pronto metió dos dedos en mi concha y jugando con mi punto G me sacó otro orgasmo. Fui yo la que se acostó y le chupé la concha sacándole varios orgasmos.

    Se corrió y me indicó como ponernos para que nuestros sexos se rocen. Nos empezamos a mover mientras nos besábamos. Lo mire a Sergio y estaba fascinado.

    “¿Te gusta como nos estamos dando tus dos putas?” Dijo Brisa.

    “Espectacular, dos diosas.” Contestó. Estuvimos un rato hasta que las dos acabamos al mismo tiempo besándonos. Caímos rendidas.

    Tomamos unos tragos de whisky y Sergio estaba pensativo.

    “¿Qué pasa?” Le pregunté.

    “No se Uds., pero entre que necesito un descanso y tengo hambre… Brisa, vos queres seguir?”

    “Me van a tener que echar, además, si Pato me deja, me gustaría intentar meterme esa pija en el culo.”

    “Yo también tengo hambre, de comida y de sexo.” Dije.

    “Vistanse y vamos.”

    Llevamos la botella de whisky y fuimos para casa. El auto era un completo olor a sexo. Hasta ese aroma nos excitaba.

    Brisa miraba extrañada. Llegamos a casa y entramos. Brisa miraba todo y se quedó viendo nuestra foto de casamiento.

    “Pato, ¿Vos sos la mujer de Sergio?”

    “Si, Brisa, soy la mujer.”

    “Esa sí que no la esperaba.”

    “Te cuento rápido: el sábado pasado estábamos comprando y todas las minas se le tiraban a Sergio, yo me empecé a sentir insegura. Sentía que cualquiera de esas chicas podía sacármelo. Sin saberlo, Sergio me hizo comprar la musculosa y el micro short que me viste la semana pasada, para usarlo en casa. Seguimos comprando y otras minas tirándosele, una hasta le puso un papel en el bolsillo que debe haber sido el teléfono que el tiró de inmediato. Me puse mal y él se dio cuenta. Hablamos en el shopping, pero él no quiso discutir. Vinimos a casa, me pidió que me ponga la ropa, que me maquille y me conminó a ir al bar, jurándole que no iba a decir nada de lo que escuchase o viese. A varios de la mesa los conozco y a sus esposas. Yo las miraba a Uds., y pensaba, después salimos a rodar y cuando volvimos viste que me sentó en su pierna, bueno era para tocarme el culo. Después con vos en el baño y nos fuimos al motel.

    Ahí hablamos de nuevo, me di cuenta que me estaba haciendo vieja mentalmente, que ya no era la misma en la cama, sin una razón para el cambio, y él que no dijo nada. Volví a ser yo y estuvimos cogiendo, literalmente hasta el domingo al mediodía.”

    “Pato, menos mal que te diste cuenta. Y yo sin saber nada, diciéndote que nunca había arrancado con nadie, que justo. Sos una gran mina, y tenes al hombre que te mereces.”

    “Gracias Brisa. Y lo de hoy fue porque nunca lo habíamos pensado, yo menos estar con otra mujer y mucho menos compartir a Sergio. El beso que me diste me hizo cosquillas y le dije a Sergio de probar. Y aquí estamos.”

    “¿Por qué no se dan una ducha, mientras preparo un par de pizzas?” Dijo Sergio.

    Fuimos a nuestra habitación y nos duchamos juntas, nos estábamos secando y Brisa me miró seria y me dijo:

    “Pato, no sé si una amiga tuya sabrá todo lo que me contaste. Pero siento la necesidad de decirte que tenes una cabeza tremenda para poder recapacitar, aceptar haber entrado en la rutina, eso solo hacen la gente que piensa. Y olvidate de sentirte insegura. En la cama sos la más puta de las putas para tu hombre. Con eso y teniendo su estómago contento, no te lo saca nadie.”

    “Gracias Brisa. Y si tenes ganas, podemos ser amigas. Solo te pido que no cuentes nuestros secretos.”

    “Encantada de ser tu amiga. Y quédate tranquila, que no pienso hablar.”

    Sergio entro a la habitación con las pizzas y yo fui por la bebida. Cenamos y Brisa nos contó que tenía 26 años, recién recibida de abogada, que había empezado a trabajar, que no tenía pareja y otras cosas. Al rato dije:

    “Brisa, ¿Queres intentarlo? Te lo presto un rato para vos sola.”

    “Con intentarlo no pierdo nada. Pero tengo miedito.” Dijo.

    “Vos dejate llevar por él, y cuando te sientas segura, si queres verdaderamente gozar, volvelo loco.”

    Se empezaron a besar y acariciar, Briza le chupaba la pija con maestría, mientras lo miraba a los ojos. Cuando la tuvo bien parada, él la puso en cuatro y comenzó a chupar su concha, Brisa gemía como loca. Él se dedicaba al clítoris mientras le sacaba orgasmos al punto G. Sin sacar sus dedos de la concha, comenzó a meter su lengua en el orto de ella que comenzó a abrirse solo.

    “Hijo de puta, no podes chupar tan bien.” Dijo Brisa.

    Cuando Sergio le llenó el orto de saliva, fue metiendo un dedo despacio. Ella sola se movía lentamente para metérselo por completo. Cuando lo logro, se quedó quieta y lo dejo hacer a Sergio, que rápidamente fue dilatándolo, y metiendo el segundo dedo. Brisa gemía de placer y me miraba sonriendo, y sin emitir sonido me decía que era un hijo de puta. Él se paró apoyo la pija en el ano, escupió una vez más y fue metiéndola de a poco. Ella respiraba profundo y ayudaba empujándose hacia Sergio. En poco tiempo sintió el cuerpo de él contra sus cachetes.

    Sergio empezó a entrar y salir y ella a gemir cada vez más fuerte. De pronto se quedó quieta y nos dijo: “Mi primer orgasmo anal. Seguí por favor te pido.” Él aumentaba la velocidad y ella los gemidos.

    “Destrozame el culo.”

    Sergio se quedó quieto y le dio un chirlo en cada cachete y le dijo: “Putita, vos te lo vas a destrozar, movete!!”

    Fue como si hubieran puesto un hierro candente en su espalda. Se movía con todo, apoyo su cabeza en las sabanas y se abría el culo a más no poder. Vi la cara de Sergio y supe lo que venía. La tomo con fuerza de los pelos, ella se arqueó y mientras le daba chirlos en los cachetes bombeaba con todo, el ruido de los cuerpos golpeando impresionaba.

    “Mirame Brisa.” Le ordenó. Ella giró la cabeza y al ver su cara le comenzó a temblar el cuerpo, el no dejaba de golpearla suavemente, hasta que la sujetó firmemente y la enterró con todo en el culo. Acabó adentro y ella parecía convulsionar. Él se tiró en la cama. Brisa se recuperó, y lo besó suavemente en la boca.

    “Pato, vos perdes a este tipo, y primero te cago a patadas, y después te lo robo.” Dijo riendo.

    “Olvidate, nunca lo voy a perder.”

    Tomamos un vino y nos acostamos a dormir. Esa noche lo hicimos varias veces, en trio o de a dos. Mientras con Brisa preparábamos el desayuno, él nos metió dedo a las dos juntas en la cocina, tanto en la concha como en el culo. Las dos nos corrimos juntas besándonos e insultándolo.

    Brisa se fue, intercambiamos teléfonos y con Sergio nos fuimos a dormir de nuevo.

    Debo confesar que luego de tres años de estas experiencias, me siento una mujer mucho más plena. Con Brisa y Sergio nos juntamos cada quince días, aunque desde hace dos años esta de novia. Somos intimas amigas, nos contamos todo.

    Con Sergio, somos el matrimonio más feliz del mundo. Aprendimos a hablar a tiempo, y sexualmente somos híper felices.

  • Su cintura (Parte 2)

    Su cintura (Parte 2)

    Después de varios días de espera por fin pude estar frente a ella, al principio me sentí nervioso, ella vestía un pantalón de mezclilla azul, con una blusa blanca la cual tenía un escote perfecto que permitía admirar la redondez y firmeza de sus senos.

    La tarde pasó de lo más normal, comimos, platicamos y poco a poco establecimos una línea de contacto completamente de confianza.

    Todo comenzó al anochecer, comenzamos a beber un poco y a medida que avanzaba el tiempo nos quedamos solos en el comedor, así llegamos al tema de estos relatos, entrados en el tema no pude evitar excitarme. La vi a los ojos mientras desabrochaba mi pantalón para sacar mi miembro, al ser su primera experiencia le pedí me describiera lo que ella estaba sintiendo, su nerviosismo fue encantador, su mano se aferraba a mí, comenzó con un movimiento rítmico de arriba hacia abajo con una suavidad extrema.

    Miré sus ojos y le pregunté si sería malo tocarla, al mismo tiempo y sin esperar respuesta dirigí mi mano hacía su seno izquierdo, no pudo evitar brindar por la sorpresa, pero no se alejó. Ella aumentó la velocidad del movimiento de su mano mientras mi mano se abría para dentro de su bracier, comencé a jugar con sus pezones y ella cerró sus ojos, gimió muy suavemente, ahí en ese momento la tomé por su cabello y la besé.

    Ese beso nos unió de una manera sexual bastante fuerte…

    Nos tocábamos y besábamos como si fuese lo último que haríamos en nuestras vidas, sin pensarlo me hinqué para abrir sus piernas quité su pequeño short junto a su ropa interior y comencé a lamer muy lentamente entre sus piernas, me aferré a sus senos y subí por su cuerpo para lamerlos y jugar con ellos.

    Fue ahí cuando ella tomó mi rostro, me volvió a besar mientras me guiaba a la silla donde estaba ella para hincarse, comenzó a lamer mi miembro con torpeza y lujuria al mismo tiempo. Tomaba su cabello y la ahogaba haciendo que lo tragara todo. Pasamos así un rato hasta que ella se levantó, me besó mientras abría sus piernas y se sentaba en mí.

    Nos miramos, sabíamos lo que iba a pasar, pero comenzaron a escucharse ruidos dentro de la casa, por lo que nos separamos para acomodar nuestras ropas.

    Antes de irnos a dormir y abandonar ese momento nos besamos dejando en la incertidumbre que es lo que sucederá al volver a nuestra soledad compartida.

  • Karen: La primera semana en su nuevo trabajo (Parte 4)

    Karen: La primera semana en su nuevo trabajo (Parte 4)

    Cuarto día.

    Se levantó Karen radiante, con una sensación de bienestar que en mucho tiempo no había sentido, se sabía hermosa, se sentía deseada y por alguna razón se sentía realizada al declararse abiertamente sumisa de un ser dominador como Carlos.

    Mientras elegía su vestimenta se miraba desnuda al espejo, estaba de espaldas, su cabello rubio caía naturalmente sobre su espalda desnuda, su piel tersa, suave, firme, al final de su espalda una cintura breve y unas caderas amplias, un trasero redondo y firme, se sabía hermosa.

    Para este día eligió lencería color blanco, se puso una camisa del mismo color, un coordinado de saco y falda color gris oscuro y zapatos negros, toda una ejecutiva y se enfilo de nuevo a su trabajo.

    Llego a su oficina y vio sobre su escritorio un pequeño paquete y una nota que decía: ve al baño, quítate el sostén, ponte este aparato bajo tus bragas y te espero en mi oficina.

    De inmediato se dirigió Karen al baño, se quitó el sostén, lo guardo en su bolso y saco en sospechoso paquete, era uno de esos nuevos vibradores que se insertan por completo en la vagina y la mujer puede traerlo puesto sin interferir en ninguna de sus tareas, vio las instrucciones, se lo coloco tal como ahí decía, se arregló la ropa y se fue directo a la oficina de Carlos.

    Llego a la oficina, toco la puerta, y desde el fondo de esta se escuchó la voz de Carlos: pasa Karen, ella entro, se acercó hasta el escritorio y él le dijo: siéntate, te voy a empezar a dictar varias cartas, recuerda que no quiero que te vayas a distraer bajo ninguna circunstancia.

    Karen respondió, de acuerdo, y se sentó en aquella silla forrada de piel, empezó Carlos a dictar, todo parecía normal, hasta que él se levantó y comenzó a caminar por toda la oficina, Karen solo lo veía de reojo, hasta que noto que se empezaba a acercar por detrás de ella.

    Al estar exactamente por detrás de ella dejo de caminar, el dictado no se detenía, de repente ella sintió un escalofrió, las manos de Carlos se habían posado sobre los senos de Karen, de manera inmediata los pezones de ella se pusieron duros, el los tomo entre sus dedos, y los pellizco, acariciaba sus senos, los amasaba, los recorría mientras ella disfrutaba de esa sensación.

    Karen estaba excitada, sin embargo era algo que perfectamente podía manejar, no perdía detalle del dictado y a la vez podía disfrutar de las manos de Carlos sobre sus senos, se daba tiempo para pensar, comparado con otros días, esto será muy sencillo.

    Después de unos minutos de acariciarle los senos a Karen, Carlos volvió a su escritorio, saco su teléfono celular y lo empezó a manipular, de repente Karen sintió como si una corriente eléctrica le recorriera las bragas, el vibrador que se colocó empezó a accionar, era una sensación que jamás había sentido, todas las terminales nerviosas de su vagina estaban siendo estimuladas, Karen sintió que era algo que no podía manejar, se retorcía en su asiento, trataba de ponerse en una posición que la ayudara a manejar esa sensación, todo en vano, abría las piernas, las cruzaba, se enderezaba en el asiento, no había manera de controlarlo.

    En su búsqueda Karen encontró la mirada de Carlos, y ahí se dio cuenta que era el quien manipulaba desde su teléfono el accionara del vibrador, estaba segura al ver como cambiaba su mirada exactamente antes que el vibrador incrementara su velocidad.

    Carlos solo le decía: concéntrate Karen, quiero que no pierdas detalle de lo que te estoy dictando, Karen trato de sobreponerse, hizo ejercicios de respiración, se reacomodo, trato de concentrarse en lo que tenía que escribir, todo fue en vano.

    Cada vez que pensaba haber controlado la sensación, Carlos incrementaba la velocidad de vibración, ella sabía que no iba a poder y en un ademan de rendición, bajo su libreta, se recargo sobre el respaldo de la silla y abrió por completo las piernas, ya no escuchaba su voz, solamente sentía cada vibración del aparato dentro de su ya empapada vagina, era capaz de sentir como era estimulado cada milímetro de su entraña, lo estaba disfrutando por completo, ya no pensaba en otra cosa, solo quería sentir más y más ese aparato vibrando dentro de ella.

    Conforme pasaban los segundo los jadeos iban aumentando de volumen, gemía, sollozaba y por momentos gritaba, hasta que por fin se abandonó a la sensación y obtuvo un gran orgasmo, sentía el potente chorro que salía de ella, mojando sus bragas, mojando su falda y escurriendo por la silla de piel.

    Entonces Carlos apago desde su teléfono el movimiento de aquel aparato, Karen poco a poco regreso al planeta, estaba pasando poco a poco la euforia del orgasmo, empezó a abrir sus ojos y vio el charco que había provocado, de inmediato se levantó, al ver la silla de piel mojada por sus chorros y preocupada exclamo: ¡En un momento lo limpio Carlos!, en tanto que el con voz calmada le dijo, si Karen , lo vas a limpiar, pero quiero que lo hagas con la lengua.

    Karen sabía que hablaba en serio, así que sin replicar se giró, puso sus manos en los descansos de la silla y se inclinó para lamer las gotas de su vagina que estaban sobre el asiento de la silla.

    Lamia cada una de las gotas y las saboreaba, cometió la imprudencia de no ver lo que Carlos hacía, así que mientras ella saboreaba cada gota de su orgasmo, el su puso detrás de ella, de un solo golpe despojo a Karen de su falda, aprovecho que ella estaba inclinada hacia el frente, se sacó el enorme trozo de carne de entre sus pantalones y se lo apunto al culo de Karen, ella no sabía las intenciones de Carlos, quien con una sola mano despojo de las bragas a Karen, sin dejar de apuntar su verga hacia ella, estaba apuntando directamente al ojo del culo de ella, puso la cabeza de su miembro en la entrada y de un solo golpe lo hundió hasta el fondo.

    Ella sintió mucho dolor, era como sentir que se le clavaban alfileres por dentro del culo, el dejo su miembro dentro de ella sin moverlo y después de unos segundos empezó a bombear, de manera delicada hacia adentro y hacia afuera, tal vez el ano de Karen empezó a dilatarse al tamaño del miembro de Carlos, pero ella empezó a sentir más placer que dolor, su vagina estaba siendo tocada por un lado que nunca había experimentado Karen, empezó a disfrutar cada embestida de Carlos, cada vez que su enorme miembro la penetraba sentía como su cabeza acariciaba su vagina desde dentro, cada vez le parecía más placentero, esperaba cada embestida para saborear esa penetración, hasta noto que su culo se empezaba a menear al ritmo de las embestidas de Carlos.

    Karen ya estaba disfrutando esa nueva experiencia, pero de nuevo Carlos iba a hacer que ella se desequilibrara emocionalmente, encendió de nuevo el vibrador, las sensaciones se multiplicaron en el interior de Karen, el vibrador encendía las sensaciones en la parte frontal de su vagina, mientras que en cada embestida de Carlos esa sensación se transportaba a la parte trasera de esta, era como si su vagina hubiera sido sumergida en un empaque que vibraba por todos lados, le encantaba cada vez que Carlos embestía dentro de ella, las sensaciones de su vagina recorrían ya todo su cuerpo, sus piernas, sus senos, su cabeza; Karen estaba ya entregada por completo, sentía como su cuerpo se iba llenando de unas ganas insoportables de explotar, de gritar, de gemir.

    No le importaba lo que Carlos estuviera sintiendo, era lo que ella sentía, lo estaba disfrutando y así seguiría hasta terminar, sabía que solo era cuestión de segundos para que su vagina se inundara de nuevo, y no lo contuvo, se dejó llevar, empezó a gritar cada vez más fuerte: cógeme Carlos, cógeme amo, quiero ser tuya toda.

    Empezaron a escurrir las primeras gotas de Karen cuando Carlos empezó a gemir también, quiero que seas mía para siempre Karen, quiero marcar mi nombre en tus tetas, poner mi firma en tus nalgas, ¡que sepas que solo serás para mí de ahora en adelante!

    Karen ya no pudo contener el orgasmo, chorros de líquido salían de su vagina sometida, ella gemía, gritaba, pedía más y más, pensaba que ese chorro no terminaría jamás, cuando de pronto las manos de Carlos la apretaron más fuerte, se puso rígido y exploto dentro de ella, Karen sintió que su ano se inundaba de esperma, sintió el chorro caliente recorriéndola por dentro.

    Empezaron a jadear cada vez más débilmente, hasta que Carlos la soltó y Karen cayo de rodillas en el piso, Carlos se metió el pene dentro del pantalón, se acomodó el saco y le dijo a Karen: nos vemos mañana.

    Ella tomó fuerzas, se levantó del piso, se arregló su ropa y se fue a sentar a su lugar, tuvo el resto del día para saborear cada segundo que había pasado.

  • Nueva compañera

    Nueva compañera

    Esta es una breve historia de Samuel, la vida no le llenaba de nada todo le aburría pensaba que las cosas seguirían así por un largo tiempo, pero un día normal como cualquiera laborando en la oficina anuncian llegada de personal nuevo, pensó “quizás tener personas nuevas de un aire nuevo a la oficina”, pasaban las horas y poco a poco llega la gente nuevo, se encontró con un viejo amigo, alguien que conoció en el colegio, entablaron una conversación breve ya que se acercaba la hora de presentar a todos llegados, casi al final vio que entraba una chica, era hermosa pensó, latina su corazón fuerte una sensación que creyó que había sido extinta hace mucho, todos tomaron asiento y solo quería saber cuál era su nombre.

    Llego las 10 am hora de presentar a los recién llegados, toma la palabra uno de los superiores y empieza a presentarlo uno a uno varias chicas y chicos con nervios y motivados se iban presentando, pero a Samuel no les prestó atención a ellos cada vez que se iban acercando más y más al turno de ella, se encontraba impaciente, quería conocer a esa persona que lo había cautivado desde el primer momento que la vio, cuando al fin se levantó para presentarse ella dijo:

    “Buenos días a todos, mi nombre es Emma tengo 24 años soy estudiante y…”

    Emma, pensó, mientras seguía hablando la mira directamente a los ojos era una chica preciosa su voz le cautivó quería saber más y más, luego de unas breves últimas palabras de los superiores empezaron con la ubicación de los puestos, “por favor que la ubiquen alado mío” pensaba, pero la suerte nunca está del lado de Samuel, la pusieron a un extremo de donde él estaba, pensó: “quizás luego tenga tiempo de conocerla”.

    Pasaron las horas y luego, llego la hora de ir a almorzar, todos los recién llegados, algunos compañeros de Samuel y el fueron juntos a un restaurante no tan lejos y no tan caro, con nervios, mientras iba caminando cada uno conversaba, Samuel era tímido y solo entablo conversación con su viejo amigo de colegio, al llegar al restaurante Samuel se armó de valor y se sentó al lado de Emma quizás sin ser sospechoso, trataba de ocultar sus nervios mirando el teléfono pero no le prestaba a lo que veía en él, de reojo la contemplaba, empezaron a hablar del trabajo de que como les fue en sus primeras horas en el trabajo; era algo que Samuel conocía muy bien, les dijo a todos que pudieran contar con él en caso de que tengan dificultades, pero él sabía que solo se lo decía a ella, al finalizar la comida y luego de pagar la cuenta se dirigieron todos de vuelta a la oficina mientras caminaban Emma le pregunto a Samuel como era trabajar ahí, se puso nervioso no creyó que ella iba a iniciar una conversación, el comento su experiencia, de lo que había aprendido y vivido en los años que llevaba ahí, obvio intentaba ocultar su felicidad.

    Luego de un día que se hizo tan corto para el regreso a casa pensando en todo lo había pasado, no podía estar más a gusto y descanso tranquilo.

    Los días pasaban, pero cada día se hacía más ameno los compañeros nuevos y sobre todo Emma llenaban de vida el lugar, ella era un cariñosa con todos, al punto que a pesar de la vergüenza que sentía cada vez que iban a comer todos juntos y conversaban durante el camino ella agarraba a Samuel por el brazo mientras caminaban, él se sentía como si llevara a una princesa por un altar.

    Todos los días trascurrían normal hasta que el la invito a comer algo diferente, a un conocido restaurante y mientras caminaban, reían y ella sosteniendo su brazo como era habitual, él se atrevió y pregunto:

    “oye Emma ¿tú tienes pareja?” dijo Samuel.

    “la verdad hace poco comencé una relación con alguien de mi universidad”, dijo Emma.

    “oh que bueno”, dijo Samuel devastado, pero conservaba su compostura, después de todo no era la primera vez que sentía como se rompía el corazón.

    “¿y tú Samuel?” pregunto Emma.

    “yo no, por el momento no tengo a nadie”, exclamo Samuel.

    Rápidamente el intentaba cambiar de conversación, así que mientras caminaban se sentía que quedaba muchísimo más por llegar, luego se sentarse y seguir hablando y riendo, el escondía su profundo dolor ese día lo había cambiado todo.

    Samuel y Emma cada día se hacían más amigos se hacían bromas y parecía que había encontrado a alguien especial, a pesar de su corazón destrozado todo iba bien para ellos, su amistad crecía con el pasar de los días, cada mañana se saludaban y abrazaban alguna vez desayunaban juntos, pero el sentía que quería más, quería algo más de ella, pero su temor por arruinar una bella amistad lo ponía en dudas.

    Una mañana Samuel la abrazo por la espalda la saludaba y conversaban como era habitual, pero mientras pasaba eso, el sintió el trasero de Emma y en un descuido él tuvo una erección tratando de que ella ignorara eso trato de alejarse rápidamente, pero se sentía bien, el sentir de que sus partes se estuviese rozando lo nublaba de actuar con razón, Emma continuaba la conversación mientras todo esto sucedía el con mucho pesar la soltó, y pensó: “no dijo nada que raro, creí que se iba a molestar”.

    Al día siguiente volvió a hacer lo mismo la abrazaba y rozaba su pene con su trasero, Samuel se sentía confundido pero excitado por como Emma lo tomaba, así pasaban los días, cada vez los inofensivos abrazos, le causaban placer; hasta que un día intento que, durante los abrazos habituales, rozar sus senos, con temor no lo pudo hacer, pero Emma se percatado de lo que hacía:

    “si me di cuenta de lo que intentas, ¿crees que no siento tu pene?, dijo Emma.

    “bueno es que el también necesita un saludo cada mañana”, dijo Samuel

    Entre risas se abrazaron y ella puso sus senos sobre él, duro tan lento ese momento que no pudo disfrutar el momento, ella se fue de la habitación mientras Samuel intentaba pensar en lo que había sucedido.

    A la mañana siguiente Samuel la saludaba como ya era habitual rozando su trasero, pero intentando de que no vuelva a pasar lo del día anterior, ese día se quedaron solos durante la hora de almuerzo y pidieron algo de comer, mientras esperaban él la volvió a abrazar, pero esta vez su erección era más fuerte y mientras ella en silencio no decía nada de lo que pasaba, Samuel le alzo sus brazos y le empezó a tocar los senos, Emma solo se dejaba, rápidamente Samuel le beso el cuello mientras le rozaba con más fuerza su trasero con pene, Emma voltea rápidamente y mientras mira a Samuel a los ojos dice:

    “lo siento, no podemos hacer esto yo tengo novio”, exclamo Emma

    “si está bien entiendo solo que me deje llevar lo siento”, dijo Samuel

    “está bien no te preocupes”, le contesto Emma mientras lo abrazaba

    Llego la comida y en silencio empezaron a comer el ambiente estaba un poco incómodo él no sabía que decir ni cómo actuar, solo quería terminar lo que habían empezado.

    Al día siguiente, se saludaron como ya cualquier día, solo conversaban hacían bromas sobre como Samuel le rozaba el pene a Emma, reían como siempre lo habían hecho, cada día todo era más normal este pequeño juego que hacían.

    Un día que fueron juntos a comer tomados de la mano pasaron por un hotel muy caro y en broma Samuel dijo:

    “a que te llevo a ese hotel y pago una de esas habitaciones”, exclamo Samuel a Emma.

    “ja no creo que puedo pagarlo”, dijo Emma entre risas.

    Samuel saca su billetera y dice:

    “mira tengo mi tarjeta si cobran entramos ¿Qué dices?”

    “bueno vamos a ver” dijo Emma.

    Se acercaron al hotel pasaron a la recepción y Samuel le da tarjeta a la recepcionista, Samuel confiado sabía que le sobraba algo de dinero, aunque sabiendo que no le iba a quedar para comer el resto de la semana, la intriga de que va a pasar cuando entren lo mataba de curiosidad.

    Pasan por el pasillo y en silencio ambos van a la habitación que le asignaron:

    “bueno si vez que si pude pagarla” dijo Samuel.

    “pero te salió caro tu bromita” exclamo entre risas Emma.

    Rápidamente Samuel la abraza por la espalda como ya era habitual y esta vez no pudo controlar su nada de lo que lo pesaba solo se dejó llevar por el placer mientras la abraza y le rozaba su pene la empezó a acariciar, recorría la cintura de Emma hasta llegar a sus senos donde los apretó fuerte, Emma se dejaba llevar y lo beso, Samuel la besaba apasionadamente mientras botón a botón le quitaba la blusa e Emma, ella le acariciaba la cabeza y en un rápido movimiento con su mano derecha le agarro el pene lo sujetaba con fuerza mientras que Samuel le quitaba el sostén, vio sus voluptuosos senos y manoseaba suavemente mientras Emma le baja el cierre a Samuel y metía mano dentro de su pantalón, con suavidad y lujuria lo acariciaba de arriba abajo, Emma se voltea y poco a poco le va quitando el cinturón a Samuel, el mientras la sigue besando le acaricia y aprieta el trasero de Emma su mente estaba nublada por el placer solo quería continuar desvistiéndola, ella saca el pene y lo agarra fuertemente mientras lo agita, Samuel no puede más y le baja el pantalón ella observa su ropa interior y mete su mano por debajo para tocar su trasero.

    Emma se separa de sus labios y se arrodilla se mete el pene de Samuel a su boca y lo piensa a agitar y a tocar con su lengua, Samuel mientras siente como su pene es devorado, el gentilmente le acaricia el cabello, Emma mientras tiene los ojos cerrados sigue continua moviendo su cabeza, él la levanta y acuesta sobre la cama, poco a poco le va quitando la ropa interior a Emma, besa sus piernas y poco a poco se va acercando a su vagina, cuando llega saca su lengua y la empieza a lamer, ella empieza a gemir, cada rincón de la vagina de Emma es tocado por la lengua de Samuel, poco a poco él va recorriendo el cuerpo de Emma hasta llegar a su senos donde los besa y aprieta fuertemente Emma, sus ojos se encuentran mientras yace Samuel encima de Emma y se empiezan a besar ella con sus piernas envuelve a Samuel, de mientras el pene de Samuel está rozando el exterior de la vagina de Emma, él se mueve de arriba abajo mientras se continúan besando, Emma extiende su brazo agarra el pene de Samuel y lo introduce sobre ella.

    Samuel envuelto en pasión empieza a moverse cada vez más y más mientras observa como Emma cierra los ojos para gemir en cada movimiento que realiza al introducirlo profundamente dentro de Emma, cada vez él lo introduce más rápido y los gemidos de Emma envuelven la habitación, Samuel mientras la sigue penetrando empieza a sobarle el clítoris observa como Emma continua gimiendo ella se levanta y lo empieza a besar, Samuel se acuesta y Emma se sube a él introduciéndose el pene para empezar a moverse de atrás hacia adelante, Samuel sentía como el interior de Emma estaba muy caliente y mientras ella se movía aprovecha para apretar sus hermosos senos, no podía crear lo que estaba pasando la chica que le volvía loco estaba ahí encima de él moviéndose en su pene y gimiendo, ella se detiene para besarlo y Samuel la levanta de la cama la acuesta y la voltea, Emma se apoya sobre sus rodillas alza el trasero y acuesta su cabeza sobre la cama Samuel mete su pene nuevamente dentro de su vagina la sostiene por la cintura se empieza a mover, Emma envuelta en placer alza su cabeza solo para gemir, el aprovecha para apretar su trasero y darle un nalgada.

    Emma gime con fuerza, mientras siguen le viene a la mente de Samuel que tienen que regresar a trabajar, pero no le importa solo quería seguir estar ahí con su amada, Samuel sigue metiendo con fuerza y rapidez su pene dentro de ella, se detiene solo para voltearla, tumbarse sobre ella y seguir metiendo su pene mientras la besa sentía como ella gemía más y más fuerte, el aprovecha para volverle a acariciar el clítoris, Emma da un gemido fuerte sus piernas lo abrazan fuertemente a Samuel y tiemblan ella había llegado a su clímax, Samuel no se detiene y cada mes lo mete más rápido hasta que el saca su pene solo para eyacular sobre sus senos, ella excitada se agarra los senos llenos de semen y los empieza a esparcir por todo su pecho, Samuel acerca su pene a la boca de ella donde Emma saca hasta la última gota, mientras respiraban fuertemente de cansancio Samuel se acuesta a su lado y le dice: “me la pase muy bien contigo”, ella le sonríe y le contesta: “yo también”, Emma se levanta y se dirige al baño a limpiarse, la conciencia de Samuel vuelve y se viste rápidamente le toca la puerta del baño a Emma para decir que tienen que regresar que su hora de almorzar casi acaba.

    Emma sale y lo besa apasionamiento, y le contesta: “si ya es hora de que regresemos”, Emma se viste y ambos salen de la habitación tomados de la mano, no se dicen nada hasta salir del hotel donde Samuel exclama:

    “al final no comimos nada, pero tu si comiste bien” dice Samuel mientras la mira a los ojos.

    “ja tonto, vamos comprando algo para comer de mientras en la oficina” contesta Emma.

    Pasan por una pequeña tienda comprando galletas y bebidas para calmar el hambre en lo que dure el día, Samuel no podía estar más feliz le temblaban las piernas mientras se dirigían a la oficina, ambos con una sonrisa y charlando de lo sucedido, no podía evitar pensar si Emma se sentía culpable de tener sexo con él a pesar de tener novio, quiso evitar el tema y no preguntarle nada, llegaron a la oficina y todo transcurrió como si nada hubiese pasado; cada día transcurrió normal, cada mañana hacían su rutina y evitan lo que paso ese día en el hotel, esperando que se presente de nuevo la ocasión para ir con su amada de vuelta por aquel hotel que resguardaba su secreto.

  • Un aniversario, que no termina según se lo planea

    Un aniversario, que no termina según se lo planea

    Hola, esta la primera historia que quiero compartir con ustedes, espero que les guste. 

    Tengo 8 años de casados con mi esposa. Nos hicimos novios y nos casamos a los 21 años, estábamos y estamos decididos a pasar el resto de nuestros días el uno al lado del otro. Hemos tenido altas y bajas en nuestra relación. Con una esposa maravillosa y dos pequeñas hijas dignas de admirar, mi familia es un ejemplo para otros.

    Mi esposa, una mujer ardiente en la cama, peliroja, con el cabello corto.

    Siempre que hacemos el amor, intentamos satisfacerlos el uno al otro.

    Tenemos fantasías sexuales, otros que más bien son un deseo sexual (sabiendo ya la gran diferencia entre estos dos) una de mis fantasías era la de cumplir un trío sexual, pero con mi esposa, MHM o HMH, el de ella? No tanto.

    Lo que les voy a contar nos sucedió hace 3 años, el día de nuestro aniversario.

    Aquella madrugada anterior habíamos tenido una noche llena de mucho sexo, así que nos levantamos trasnochados a trabajar. Cada uno a su oficina, mi esposa, administradora de nuestro propio negocio que aquel entonces estaba empezando, yo, dedicado al Trading.

    Ya hace unas semanas, como nunca antes, había apartado, 1 mesa para dos en un restaurant donde nos gustaba acudir, muy romántico, un poco apartado de la ciudad, 1 noche de hotel con todo incluido más un vestido muy sexy-elegante para pasar ese día.

    Ella no sabía que yo le tenía esta sorpresa prepara, así que yo hablé con mis padres para que se quedaran ese día con las niñas, y ellos accedieron.

    Ella llegó a eso de las 6 p.m.

    -Hola Amor, Como te fue hoy? Donde están las niñas?

    -Hola Bebé, bien, y a ti como te fue? Las nenas quedarán hoy en casa de los abuelos.

    .A lo que ella responde sorprendida.

    -oh! Y eso que hoy enviaste a las niñas con los abuelos?

    – Te tenía una sorpresa para nuestro aniversario amor. Hoy saldremos tu y yo juntos.

    Le entregué el vestido, ella quedó encantadísima con su vestido nuevo. Al parecer ya tenía unos cuantos puntos ganados para hoy.

    Ninguno de nosotros se imaginaba como iba a terminar esta noche, pero si sabíamos que íbamos a tener una noche de sexo diferente.

    Comenzó a contarle mis planes para hoy:

    -Amor, tengo planificado para hoy que hagamos lo siguiente:

    Vamos a pasear por la playa, luego tengo reservado una mesa para dos a las 7:30 p.m, después vamos por unas copas y terminamos la noche en un Hotel que reserve para ambos.

    -lanzándose sobre mi, me dio un beso de, afirmativo, me encanta tu plan para hoy.

    Así que cada uno se hecho una ducha, y comenzó nuestra noche.

    Estando en la playa, tomando unas cervezas hablábamos de nuestras hijas, nos reíamos de sus travesuras, y de las nuestras.

    Llegada la hora de la noche para la reservación, allá estuvimos sin ningún percance.

    Por cierto, se me había pasado mencionar, mi esposa se puso el Vestido nuevo que yo había comprado, woo, se veía despampanante, mi esposa no es una mujer de muchos senos, pero tiene lo que en mi tierra llamamos “Cuerpito de avispa». Pero créanme, mueve sus caderas sin ninguna preocupación.

    Total que después que comimos en el restaurant donde fuimos, nos fuimos a un bar, y allí comenzamos a hablar. Pero empezamos a ponernos morbosos antes de ir al hotel.

    Yo: -ya no quiero que hablemos de trabajo, ni de nadie, que solo seamos tú y yo.

    Ella: -y de que quieres hablar acerca de tu y yo?

    Había silencio en medio de la sala, yo solo admiraba su hermosura.

    Ella estaba a mi lado, y comenzó a poner su mano en mi pierna, a acariciarle como quien no quiere la cosa.

    Ella:- me hubiese gustado que esta noche, yo terminara cumpliendo mi fantasía.

    Yo: -Cual de las tres te hubiera gustado amor?

    Ella:- Terminar esta noche con un traje de gata, o de policía, o uno de colegiala, que mi maestro me follara bien rico y me obligara a que le chocara la polla entera y me tragara su semen.

    Yo:- todavía la noche no ha terminado amor, no sabes que te espera en el hotel.

    Siguió diciendo: mi vida, todavía tienes esa idea loca de tuya de hacer un trío conmigo?

    -si mi amor, quisiera que tu me lo dieras de regalo algún día. Quiero verte chupando mi verga mientras otro te da una partida de culito.

    Ella:- ya hemos estado practicando con el consolador que tenemos en casa, en cualquier momento te sorprendo. No sé, quizás hoy aparezca una chica que a los dos nos encante y nos la solemos juntos, con todo lo que has hecho hoy por mi, creo que sería lo menos que podría hacer por ti.

    Woo, eso no estaba entre mis planes, mi mujer hoy se pasó de morbo.

    En eso que estábamos ya calientes, se nos acerca una pareja de turistas, preguntado si podíamos dejar que se sentaran con nosotros, ya que no había mesas en el bar.

    Mi esposa me miró, esperando que yo respondiera, no estaba muy contento con la idea, ya que estaba disfrutando de mi esposa, pero accedí.

    Yo:- amablemente les dije: claro, por qué no compartir nuestra mesa con dos turistas? Si más bien aquí siempre intentamos que se lleven la mejor impresión de nosotros.

    Regina, la colombiana turista se presentó: me llamo Regina, y el, mi esposo, Jordán.

    Los dos hacían linda pareja, comenzaron a contarnos de ellos, y nos cayeron en gracia, en una de estas Jordan me pide permiso a mi para bailar con mi pareja.

    Yo por supuesto, no podía negarme, iba a parecer un esposo celoso y controlador.

    Mientras que Regina y yo nos quedábamos en la mesa, yo le pregunte:

    – y como es su sexualidad?

    Regina: uf de maravilla, mi esposo, siempre dispuesto a experimentar cosas nuevas conmigo, y yo? Siempre ando caliente para él y el que venga.

    Siguió diciendo: te voy a decir la verdad, vinimos hasta acá, porque una amiga nos contó que aquí, las mujeres follan bien rico, y los hombres son de pollas dignas de follar.

    Woo, esta gente vino para follar con libertad.

    Yo respondí: que buena que puedan disfrutar su sexualidad así.

    Y tú con ella? Me pregunto, mientras su esposo recordaba su verga en el culo de mi esposa mientras bailaban.

    Yo: También hacemos el amor muy rico, aunque, nunca hemos hecho, ni tríos, ni intercambios.

    Pero aun así, siempre disfrutamos de nuestro sexo.

    La conversación llegó hasta allí, ya que la pareja de bailarines llegaron a la mesa, mi esposa sonriendo por que el venia jugando con ella, yo por dentro estaba medio receloso, pero gustoso, me gusto haber visto a mi esposa bailar con Jordan, hacía tiempo que no nos divertimos así.

    Cuando llegó la hora de despedirnos, mi esposa les pregunto:

    :- y donde piensan pasar la noche?

    Regina:- Eh, bueno, a decir verdad, tuvimos un inconveniente en el hotel donde reservamos, ya que no aparece nuestra reserva allí, y no hemos encontrado donde pasar la noche. Pero de seguro encontraremos donde dormir, verdad mi amor? Pregunto a Jordan.

    Jordan:- si, de seguro mañana en la mañana nos da tiempo de buscar donde quedarnos esta semana.

    Mi esposa, toda compasiva me queda mirando, y rumbo al carro me dijo, amor, y si dejamos que ellos vallan con nosotros al hotel, le dejamos el hotel y nos vamos a casa, total, las nenas no están, podemos coger en la casa.

    Yo pensaba, que se había vuelto loca, esa noche me había costado alrededor de 300$, más una sorpresa que me quedaba en el hotel. No podía dejarlos dormir allá, pero tampoco los podía dejar solos.

    Yo:- sabes qué? Ve por ellos, y diles que esta noche se quedaran con nosotros.

    Puso esa sonrisa, como queriendo decir: Mi súper esposo al rescateee.

    Llegamos al cuarto del hotel y Jordan al mirar que todo el cuarto está acomodado con rosas, y globos y un cartel que decía: Feliz aniversario Princesa, Exclamo

    – por qué no nos dijeron que era su aniversario? No hubiésemos venido a arruinarte la sorpresa,

    De verdad perdonemos, dijo Regina muy apenada por lo sucedido.

    Jajaja, si, todos pensamos que ya la noche se había arruinado. Y yo solo pensaba, que los 3 disfraces que alquilé, iban a quedar en el baño. Sin usar.

    Ella:- Amor vayamos a pedir unas cartas en recepción. Juguemos a la ruleta. Nos tomamos los que no queda en la botella y cada quien va a dormir.

    Regina: yo lo acompaño, así conozco más el lugar. Puedo?

    Ella: está bien, así yo pregunto como es Bogotá.

    Mi primera sorpresa:

    De camino al ascensor, Regina toma mi pene con su mano, me puse muy caliente, y cuando entramos en el ascensor, me desabrochar el pantalón, y clavó mi pene en su boca.

    Regina: que rico huevo negro tienes bebé.

    Yo: Oohhoo! Y tú lo chupas bien rico mamita.

    Fue la mejor mamada de 2 minutos que pude haber recibido.

    Yo solo pensaba, que diría mi esposa si se llega entrar de eso?

    Fuimos a recepción y no había cartas, compramos una botella de alcohol y nos devolvemos para el cuarto.

    En el ascensor yo me quedaba viendo a Regina, esperando a que volviera a soplar una mamada como la de hace un momento, pero no fue así.

    Mi segunda sorpresa:

    Cuando iba llegando a el cuarto, mi mayor sorpresa, era encontrar a mi esposa, mamándole la verga al colombiano. Fue una sensación rara, a decir verdad, no estaba agradó con la imagen que acababa de ver, mi esposa se retiró y fue al baño a lavarse la boca.

    Se acercó a mi y me dijo:

    Ella:- amor, perdóname, yo te puedo explicar todo…

    Temblorosa y casi que llorando, me di cuenta que se dejó llevar por la calentura, estos dos personajes calentaban la oreja al hablar, yo solo pensé tres cosas:

    1- Hay 3 disfraces en el baño escondidos (que había comprado para que mi esposa y yo cumpliremos una de nuestras fantasías).

    2- Era nuestra o mi fantasía la de hacer un trío.

    3- Hacer un intercambio de parejas.

    Yo solo tuve que decirle:

    Yo:- ella también me lo chupo, y lo mamá igual de rico que tú. Te gusta su verga? Entonces folletos hoy, te acuerdas del trío? Aquí está, que no te de pena, se lo puta que eres conmigo, y lo fiel que has sido (según yo), así que, hoy tenemos permiso de descargarnos, mira el lado positivo, estamos tu y yo.

    Ellos estaban en el sofá, besándose, metiéndose mano, y demás.

    Yo:- con voz autoritaria, Regina, ven acá un momento, mi esposa dice que la acompañes al baño para que las dos se cambien, hay detrás dentro del yacusi están 3 disfraces, escojan el que más les guste, y salgan a exhibirlos para nosotros.

    (Ellas dentro) (Esto me lo contó mi esposa después)

    Regina: escoge tu primera,

    Ella: no, te daré la oportunidad de que escojas a tu gusto.

    Regina: este, el de enfermera me gusta. Pero ayúdame a ponérmelo.

    Mientras estaban en esa tapadera y esa risa, y el morbo.

    Regina le da una beso a mi esposa, (a ella siempre le había parecido asqueroso que dos mujeres de besaran) pero en medio de la excitación no se pudo contener, y se dejó llevar. Regina metió sus manos en su concha ya mojada, bajo el hilo que tenía y se la chupo. Si así como me dio aquella mamada, chupa concha, mi esposo quedaría encantada.

    Luego del rato salieron las dos disfrazadas, mie esposa de colegiala y Regina, de enfermera.

    Jugamos por unos minutos, hasta ponernos cachondos, ellas dos se besaban mientras nosotros veíamos y más se nos paraba, aquella escena era demasiado porno como para ser verdad.

    Comenzaron las dos a darme sexo oral a mi, una mamaba, la otra esperaba ansiosa por chuparle. Era una cosa riquísima, tuve que tomarme un retardante porque sentía que me iban a hacer llegar en 15 segundos. Luego comenzaron a besarse entre las dos, y entró el en escena, las dos también se la chupaban como una perras. Luego Regina los dejo a los dos y vino hacia mi, me montó su totonaca en la cara y comenzó a hacerle sexo oral a esa malvada. Uff, fue muy rico, gemían las dos como actrices porno. No lo podía creer. Mi esposa follaba con él y me veía, me lanzaba besos mientras gemía, era excitante ver eso.

    Luego mi esposa me hizo señas, se puso en cuatro, lo acostó a él en la cama, y yo comencé a follarla, en pleno acto Regina saca un lubricante de su bolsa, bu-ala, lo que estábamos esperando. Le hecho lubricante al culito de mi esposa. Y entre Jordan y Yo le dimos Una doble penetración, yo le daba por el culo y Jordan le paria esa vagina, gritaba como perra, que le dolía, pero que no se lo sacaran, luego a Regina también le dimos una doble follada. Comenzó diciendo:- ahaams, tenía tiempo que no me follabas con otro amor.

    Queee? Esta gente eran unos veteranos del sexo.

    Para terminar esa primera culeada, las dos se pusieron de rodillas y Jordan y yo vaciábamos todo nuestro semen en sus caras, ellas jugaron como perras. Se besaban.

    Fue algo maravilloso lo de aquella noche.

    Vengo pronto, no sé, será que el próximo aniversario nos animamos a hacer un trio? MHM, HMH? O nos volveremos a encontrar con Jordán y Regina?

    Hasta la próxima, espero les guste nuestra historia.

  • Mónica, su hijo y mis ganas de sexo

    Mónica, su hijo y mis ganas de sexo

    Estaba nerviosa, nunca había estado en una situación como esa y nunca había estado con una mujer, realmente estaba excitada aunque no quería hacérselo ver, sus manos apartaban el pelo de mi cara, acariciaban mis pómulos mientras me miraba fijamente, era la ternura personificada, la veía como a una madre, pero a la vez como una amante, estaba tan cerca de mí que sus labios acariciaban casi los míos, ya me tenía cuando su mano acaricia por debajo de la falda mi vulva, sí, estaba realmente nerviosa, pero muy excitada.

    Todo empezó no hace ni seis meses cuando Mónica empezó a trabajar en la galería de arte donde también trabajaba yo, enseguida conectamos y enseguida entablamos amistad, Mónica es una mujer de unos 40 años divorcia y con un hijo algo más joven que yo, en los descansos para desayunar o comer hablábamos de nosotras, de nuestra vida en general, nos sentíamos cada día más cercanas con muchos puntos en común a pesar de la diferencia de edad, llegamos a conectar tanto que empezó a contarme cosas muy personales e íntimas como que se había acostado después de su divorcio con su hijo, es más que lo seguía haciendo y que le encantaba, la verdad que al principio me quede sorprendida y no sabía que decir, pero al cabo de los días lo veía como algo que no tenía más importancia siendo los dos muy libres de hacer lo que quisieran, al fin y al cabo él era un hombre y ella una mujer y nada más.

    Mónica me contaba toda su relación con sumo detalle, detalles que había días que me excitaba tanto que llegaba a humedecer mis bragas e incluso soñar con ser yo la que estuviera con su hijo y así se lo dejé caer un día a lo que ella me contestó que eso se podía arreglar, me quedé muy sorprendida por su ofrecimiento y al cabo de los días me empezó a convencer de que la acompañara un día de marcha con ella y con su hijo, que podríamos hacer incluso un trío si yo estaba dispuesta, me acuerdo que reía, quizás para evitar que viera, que su proposición me había excitado más de la cuenta.

    Yo realmente no era así, muy loca sí, pero llegar a esos extremos no, realmente no, solo pensar que ella casi me doblaba la edad, que follara con su hijo mientras que ella estaba presente y hacer un trío, me daba realmente vértigo y aun así acepté sin pensármelo más, a lo que me lleva al día de hoy. Eran las diez de la noche cuando llegué a la sala de baile donde quedé con ella, me había arreglado bastante para aquella cita, un vestido palabra de honor rojo muy corto y ceñido que dejaba soñar con mi cuerpo a cualquiera, no sé por qué elegí ese vestido, quizás el más provocativo que tenía, quizás porque sabía que con cualquier pequeño movimiento tenía que bajarme la falda después de que ya me hubieran visto el tanga blanco que llevaba y eso me excitaba, Mónica estaba dentro de la sala y estaba preciosa, como si me hubiera leído la mente Mónica estaba con el mismo vestido, pero en un color azul celeste.

    Empezamos a tomar copas a bailar y reír, pero su hijo de momento no había aparecido, parecíamos madre e hija que habíamos salido a pasarlo bien, era una sala de esas en las que a nadie le importa lo que hagas, si no llega a ser por Mónica y por el alcohol que había tomado yo estaría muy incómoda en aquel ambiente, veía como había parejas al fondo haciendo sexo oral, o como en la pista de baile se besaban y tocaban muy sensualmente y allí empezó todo cuando dos hombres que no bajaban de los 60 años nos entraron queriendo bailar con las dos, Mónica enseguida aceptó, pero yo me encontraba más cohibida, la verdad que me dejaba llevar por ella y por las copas que continuamente nos estaban invitando, al cabo de los minutos ya dejábamos las dos bailábamos desinhibidas en la pista, estirando los brazos hacia arriba contoneando todo el cuerpo mientras que ellos lo recorrían con sus manos como si estuvieran terminando de hacer una escultura.

    Todo fue muy rápido, demasiado como para darme cuenta por qué al poco tiempo Mónica y yo estábamos tumbadas en unos sofás del fondo de la sala, la una en dirección opuesta a la otra, pero en el mismo sofá, nuestras mejillas se unían y girando nuestras cabezas podíamos vernos e incluso besarnos, los dos caballeros con los que estábamos se estaban dedicando a quitarnos las bragas a la vez mientras que las dos nos mirábamos sonriendo, fue entonces cuando sentí el placer en la cara de Mónica y mirando por encima de ella podía ver cómo le habían abierto de piernas y de rodillas en el sofá su amante la estaba metiendo la polla, bombeando lentamente mientras Mónica me miraba mordiéndose los labios, jadeando y gimiendo con cada penetración.

    No tarde en sentir lo mismo, no tarde en morder mis labios de placer como Mónica al notar como me sujetaban las piernas hacia arriba abriéndomelas con las manos y sentir un pene atravesar la entrada de mi vagina, empezaba a gemir con cada empujón, empezaba a mirar con el ceño fruncido de placer a Mónica mientras esta hacia lo mismo conmigo, dos hombres que podrían ser nuestros abuelos sobre todo el mío nos estaban follando allí en medio de un montón de gente mirando como nos la metían y como gemíamos de placer, debía de ser muy morboso porque si que parecíamos madre e hija, las dos con vestidos similares, las dos disfrutando de las pollas de dos sexagenarios.

    Eran las cinco de la mañana y después de una noche de sexo que no esperaba, estaba sentada en el sofá de la casa de Mónica casi recuperada por completo del alcohol ingerido, sin mi tanga que nunca encontré en el local y analizando la locura que había hecho y no me lo podía creer, como tampoco me podía creer que ahora Mónica tuviera sus dedos en mi vagina metiéndomelos y sacándolos mientras me miraba y besaba.

    -Ssshhh Lara, te gusta verdad, tú relájate no pasa nada, déjame hacer. – Mónica susurraba en mis labios, me besaba y los mordía con los suyos muy suavemente, estaba tan entregada a ella que no puse impedimentos, una cosa fue lo de la sala que aunque más grave yo estaba muy desinhibida bajo los efectos del alcohol y otra muy diferente esta que lo estaba haciendo libremente y conscientemente, me gustaba y estaba disfrutando con ella.

    Decidí pasar a la acción y cogiéndola por la falda tiré un poco hasta que empecé a sacarle el vestido por la cabeza, Mónica tenía un cuerpo espectacular y al igual que yo no llevaba tanga que supongo lo habría perdido como el mío, no llevaba ningún sostén y empecé acariciarle los pechos con cuidado, pasaba las yemas de mis dedos por sus areolas y sus pezones que se erizaron enseguida, Mónica hizo lo mismo conmigo y me quito el vestido despacio, empezó a besarme la tripa, lamiéndomela de lado a lado mientras que yo me desabrochaba el sostén que llevaba dejando libres mis pechos que no tardaron en mojarse con su lengua.

    Acariciaba su vulva con mi mano notando la excitación en ella, estábamos las dos realmente entregadas la una a la otra, nuestros labios húmedos y de las vaginas salía nuestro flujo blanquecino cuando nos metíamos los dedos la una a la otra haciendo que las dos gimiéramos y excitáramos más.

    Nuestras lenguas jugaban juntas a un juego erótico dentro y fuera de nosotras, las dos sentadas con las piernas medio abiertas con mi mano en su vagina y la suya en la mía metiendo y sacando el dedo corazón a la vez que el pulgar presionaba nuestros clítoris, lo mojábamos con nuestros flujos y volvíamos a presionarlo y acariciarlo. Quería estar allí con ella, desde hacía tiempo que lo deseaba aunque nunca pensé en ello, estaba disfrutando de aquel momento cuando Mónica se levantó y cogiéndome de la mano me llevo a su habitación con una enorme cama donde me acostó quedándose ella con la cabeza entre mis piernas.

    Sentía como su lengua succionaba mis labios y mi clítoris, sus dedos paseaban libremente por la entrada de mi vagina como queriendo entrar, estaba tan excitada que cuando sentí su lengua traspasar mi vagina pegue un ligero salto de placer, la sentía húmeda y caliente dentro de mí, sus dedos resbalaban por mil labios y por mi clítoris circularmente y no podía más que agarrarla de la cabeza empujándola hacia mí, con mis gemidos llenando la habitación, queriendo echar abajo los mitos de que una mujer no sentía el mismo placer como cuando está con un hombre, ahora puedo decir que si, que es un mito, porque Mónica me estaba llevando por una senda de placer todavía virgen para mí.

    Varios minutos después era yo la que saboreaba sus flujos, la que metía mi legua tan profundamente como podía y la que cogía sus labios entre mis dedos resbalando una y otra vez por ellos, tenía un clítoris realmente hermoso que me llenaba continuamente a tenerlo dentro de mi boca mientras lo lamía en su interior con mis dedos corazón y anular dentro de su vagina deslizándose arriba y abajo haciéndola gritar y gritar, Mónica me agarraba de los pelos revolviéndome la melena mientras que también me apretaba contra ella, no dejándome respirar en algunos momentos.

    Sentíamos la necesidad de follarnos, la necesidad de que nos metieran una polla como había pasado horas antes en la sala de baile ¿necesidad?, ninguna, las dos nos pusimos sentadas de frente con nuestras piernas entrelazadas, nuestros sexos unidos con las vaginas en una unión perfecta, labios fundidos y clítoris contra clítoris, las dos tremendamente mojadas de flujos vaginales, las dos echadas un poco hacia atrás sujetándonos con las manos por detrás de nosotras en la cama, las dos moviéndonos al unísono nuestras caderas frotando nuestros sexos una y otra vez, el placer era increíble, sentía como estallaba un volcán en mi interior, como nuestros gestos iban cambiando a medida que nos era imposible resistirnos más, nunca pensé que pudiera tener un orgasmo tan grande y amplio con una mujer, nunca pensé que fuera posible que temblara todo mi cuerpo expulsando por mi vagina tal cantidad de líquido y flujo.

    A Mónica le pasaba lo mismo que a mí, la veía temblar, gemir y gritar cuando por su vagina contrarrestaba los chorros de mi flujo en su vulva con los suyos, las dos empapadas de nosotras, las dos gritando como poseídas hasta que terminamos cayendo hacia atrás con nuestras piernas totalmente empapadas de los flujos de nuestro interior.

    Me levanté y me tumbé encima de ella, las dos nos empezamos a besar mientras que nuestros cuerpos resbalaban entre sí, por el sudor, por los squirting que las dos habíamos experimentado y mientras que Mónica cambiaba las sabanas y secaba un poco la cama yo me fui al servicio, la casa estaba a oscuras salvo por el medio del pasillo que había una puerta medio abierta, al pasar con cuidado me fije que había un chico desnudándose, me quedé un momento mirándole viendo como se quitaba la camisa dejándome ver una espalda ancha con los trapecios muy definidos, supuse que era el hijo de Mónica que se dio la vuelta de repente viéndome allí parada mirándome, mi reacción fue inmediata, taparme con las dos manos mi sexo y correr al baño.

    No me podía creer lo que había hecho, pero que me pasaba esa noche, aunque por otro lado la verdad que lo veía muy normal quedarte delante de una puerta medio abierta mirando lo que pasaba en su interior. Llevaba unos pocos minutos sentada en el baño con un poco de papel en la mano para cuando terminara para limpiarme la vagina, pensando en las espaldas de aquel chico, cuando la puerta se abrió de golpe y le vi entrar totalmente desnudo, al principio pensé en gritar en protestar por aquella irrupción, que porque no lo hice es otro de los misterios de mi comportamiento aquella noche, sinceramente el hijo de Mónica entro como si nada, como si estuviera acostumbrado a ello, simplemente me miro y con un hola se metió en la ducha, encendió el agua y me quede como una boba mirándole mientras que el agua resbalaba por su cuerpo, un cuerpo increíblemente hermoso con todos los músculos muy bien definidos y sin un ápice de grasa en la tripa, le miraba detenidamente mientras pasaba sus manos por su cabeza dejándome ver bien el pene que colgaba de entre sus piernas, un pene generoso para estar en reposo con el glande por fuera.

    Al cabo de un rato me levante de la taza y al girarme para irme note como me cogía de la mano y tiraba de mí hacia él, en ningún momento me resistí, todo lo contrario entre dentro de la ducha mojándome con el agua caliente mientras pasaba mis manos por sus pectorales, dibujando cada músculo con la yema de mis dedos, no sé cómo se llamaba y aún sigo sin saberlo, pero él empezó acariciar mi cuerpo pasando suavemente su mano por mis pechos mientras que con la otra me sujetaba de la cadera, el agua caía sobre nuestras cabezas llenándonos la cara de gotas que bajaban por los ojos y caían desde nuestros labios al suelo, nos mirábamos sin decir nada, acariciando nuestros cuerpos con su mano en mi vagina metiéndome los dedos y su pene entre mis manos, un pene que había dejado de estar en reposo a ser un verdadero instrumento para el placer.

    Al final nuestros labios no tardaron en juntarse, es que nuestras lenguas jugaran fuera de nuestros cuerpos mordiéndolas una y otra vez con nuestros labios, el agua no dejaba de caer hasta que la apago pudiendo así abrí un poco los ojos sin las molestias de las gotas, fue cuando me sorprendí de que mis gemidos ya hacía rato habían empezado desde el momento que me penetraba con los dedos, subía una de mis piernas abrazándole un poco con ella para que pudiera meterme mejor sus dedos, dentro de la ducha había un pequeño banco de madera donde pude descansar la pierna y él recuperando el control de su pene con su mano empezó a buscar la entrada de mi vagina, frotando su glande contra ella, subiendo y bajando entre mis labios hasta que por fin empezó a meterse, primero el glande poco a poco, pero luego de un buen empujón la metió toda provocándome un grito bastante alto de placer.

    El hijo de Mónica subía y bajaba su cuerpo metiéndome aquella tremenda polla que me estaba llenando y encantando, recordaba lo que antes había dicho sobre que un hombre no daba más placer que una mujer, la verdad que no sabría que decir ahora, porque cada penetración era como llegar en cada una de ellas a un pequeño orgasmo, miraba hacia abajo y veía como me la iba metiendo con un ritmo pausado, pero continuo, veía como su pene salía de mi vagina con las pequeñas gotas de flujo lechoso en su glande y en su tronco, me la volvía a meter entrando tan suave, deslizándose como si navegara dentro de mí, realmente me estaba follando con tanta maestría que ahora entendía a Mónica, entendía que se dejara follar por su hijo.

    Las gotas que recorrían mi cuerpo era una mezcla entre nuestro sudor y el agua de la ducha, el hijo de Mónica me follaba cada vez con más fuerza, sacando y metiendo su pene de mi interior a gran velocidad, se le notaba cansado, sus jadeos eran una mezcla de placer y cansancio, los míos solo de placer, de pronto sentí como se escapaba de mí, como la sacaba entera y se sentaba en el taburete apoyándose contra la pared y guiándome sin decirme nada me sentó de espaldas a él, con su pene en la mano busco nuevamente mi rajita y me la fue metiendo lentamente, a partir de ese momento yo me sentaba y levantaba con suavidad sobre su pene, apretando hacia abajo cuando la tenía muy dentro y moviéndome circularmente haciendo que los diésemos sendos gritos de placer, sus manos en ningún momento se quedaron quietas, su mano derecha apretaba y pellizcaba mis pezones y su mano izquierda pulsaba y acariciaba mi clítoris lo que hacía que me volviera loca.

    Yo solo subía mi cuerpo sentándome sobre él, mis manos sobre mis rodillas o sobre la pared de enfrente cuando me inclinaba hacia delante, con ellas podía llegar a los grifos del agua que sin querer abrí un poco y una lluvia fina empezó a caer del techo mojando nuestros cuerpos una vez más, miraba hacia arriba con la boca abierta y veía como caía una pequeña cortina de agua sobre mi cara que daba pequeños gritos cuando me sentía llenar con su pene, poco a poco mis movimientos se aceleraron mis caderas se movían circularmente, su pene estaba tan dentro de mí, en una cárcel de placer para los dos que cuando hubieron pasado minutos en esa posición subiendo y bajando el hijo de Mónica se levantó sin sacármela, haciendo que cayera de rodillas en el suelo mojado y cogiéndome de las caderas empezó a follarme con mucha rapidez.

    Sus gemidos convertidos en gritos como los míos y una sensación de placer empezó a envolver mi cuerpo, mi vagina inundada de flujo por el orgasmo que me estaba provocando metiéndome así de esa manera su pene, mis brazos cayeron al suelo no pudiendo resistir los empujones por detrás, mi cuerpo con mis nalgas solamente elevadas hizo aprovechar esa postura para desde más arriba, juntándose más a mí y con sus piernas casi sobrepasando mis caderas, sentándose en mis nalgas con su pelvis, bajaba y subía con fuerza empalándome contra el suelo, no podía dejar de gritar, más que gritos eran alaridos de placer cuando sentí como él estaba gritando también y después de un grito seco, muy alto y en esos momentos sentí como me regaba con su semen, uno, dos y tres enormes chorros de semen lanzados por su pene al interior de mi vagina, y luego más despacio seguía metiendo y sacando su pene de mi vagina hasta que se levantó, abrió el agua más fuerte y limpiándose un poco de sudor se fue tal como vino.

    Me quede sentada bajo la lluvia ahora intensa de la ducha, disfrutando todavía del polvo que me había echado el hijo de Mónica, metiendo mis dedos en mi vagina haciendo que saliera parte de su semen, había sido increíble, había llegado a tal punto de placer que me había quedado durante unos momentos en éxtasis y ahora que me preguntaba, ahora iría a la habitación de Mónica y… de sobra sabía ella lo que había pasado, sabía que su hijo me había follado, es más estaba segura de que había sido ella quien lo había enviado y estaba segura de que cuando llegara a la habitación Mónica me lo iba a decir, fui muy cautelosa al entrar por la puerta de la habitación, con tan solo una pequeña luz encendida y Mónica me esperaba sonriendo tumbada desnuda por completo.

    Me acosté a su lado pasando con cuidado mi mano por encima de ella, acariciando sus pechos y con un rápido movimiento Mónica me tumbo boca arriba y se puso encima sentándose a horcajadas agarrándome de las muñecas con sus manos y moviendo su pelvis juntaba nuestras vulvas, mi vagina seguía humedecida con el semen de su hijo y ella no paraba de rozarse con ella una y otra vez mientras me besaba y me susurraba.

    – Lara, ¿bien no?, a que mi hijo te ha follado muy bien. – Solo un pensamiento pasó por mi mente mientras sonreía para mí y es que lo sabía, ella ya lo sabía.

    Nuevamente empezaba a estar tremendamente excitada con ella, esperaba volver a follar, estaba encantada, me gustaba y me excitaba demasiado, notaba su vagina igual de húmeda que la mía, nuestros labios no paraban de unirse, haciendo bailar nuestras leguas dentro de mi boca, entonces note como algo penetraba en mi vagina, algo que había sentido no hace ni cinco minutos, algo se metía y salía de mi interior haciéndome gemir en su boca y al igual que llego se fue y entonces fue Mónica la que empezó a gemir, luego yo y una vez más ella.

    Su hijo estaba detrás de nosotras, fallándonos primero a una y luego a otra, Mónica estaba encima de mí con su vagina bien abierta por detrás y yo estaba tumbada al borde de la cama con las piernas abiertas, su hijo de pie detrás de nosotras aprovechando esa situación nos follaba por turnos a las dos, el trío se empezaba a completar, los gemidos de una y de otra tapaban los suyos más débiles aun, su pene más que entrar navegaba dentro de mi vagina y cuando se la metía a su madre notaba los empujones a los que la sometía, veía la cara de Mónica desencajada de placer supongo que igual que la mía, las dos estábamos recibiendo una buena dosis de placer cuando su hijo empezó a empujar con fuerza su polla dentro de nuestras vaginas hasta correrse dentro del coño de su madre y tal como vino se fue una vez mas.

    Mónica seguía mordiendo mis labios, apretando con sus manos mis muñecas y a volver a rozar su vulva sobre la mía, repartiendo el semen de su hijo entre la entrada de mi vagina y la suya, poco a poco los movimientos cesaban y las dos subiéndonos bien a la cama nos abrazábamos recorriendo con las yemas de nuestros dedos nuestros pezones, nos mirábamos sin decir nada, hasta que su hijo volvió a entrar pidiéndonos que le hiciéramos sitio.

    Realmente fue una noche loca, su hijo no fue la única vez que nos folló a las dos o que su boca se perdía en nuestras vulvas, no fueron los únicos gemidos y gritos después de provocarnos los orgasmos que sucedieron uno tras otro, solo sé que al lunes siguiente las dos hablábamos en el desayuno de aquella noche y que esa noche me esperaban en su casa.

    Las dos de la tarde y el tiempo se me estaba haciendo eterno.

  • Mi esposa en un bar con desconocidos

    Mi esposa en un bar con desconocidos

    Todo comenzó un martes en la tarde cuando decidimos ir a tomarnos unas copas a un bar, esa tarde mi esposa Bertha se vistió con un vestido corto de color negro donde se dejaba ver su ricas tetas y una cadera muy rica con sus piernas torneadas y unas zapatillas altas muy cachondas, se veía muy cachonda.

    Llegamos al bar y estaba muy vacío esa tarde sería porque era martes, nos sentamos en una mesa algo discreta comenzamos a tomar y platicar ya pasadas las horas como a eso de las 11 de la noche nos mandaron unas copas de cortesía de partes de tres hombres que por cierto mi esposa los podía ver directamente al parecer estaba coqueteándoles un poco, les agradecimos y quedamos en sentarnos juntos para platicar y tomar más.

    El bar se fue vaciando poco a poco y nos quedamos los cinco y dos mesas más con dos parejas, con el tiempo nos fuimos acomodando en la mesa y mi esposa quedo entre dos de ellos para platicar que por cierto ya con más confianza discretamente los dos hombres le agarraban las piernas por debajo de la mesa me di cuenta y no dije nada me empecé a excitar.

    Pasando un rato Bertha dijo que iba al baño y se ofrecieron los dos que estaban a su lado de acompañarla yo me quede platicando con el otro.

    Al regresar los tres después de media hora y por lo que Bertha me platico al llegar a nuestra casa, que estaba ya bien cachonda por los manoseos de los dos por debajo de la mesa dice que le estaban tocando las piernas y metiéndole las manos a su panocha que ya estaba bien mojada y la dedicaron así que decidió irse al baño viendo que la siguieron se metió con ellos al baño de hombres y cerraron, así comenzaron a besarla y manosearla le sacaron las tetas para manosearlas y mamárselas así se puso muy caliente después se sacaron el pito uno y la puso a mamar verga mientras el otro le levantaba el vestido y haciéndole a un lado la tanga le metió la verga de un solo golpe después de un rato se cambiaron para que ella le mamara la verga al otro mientas el otro comenzó a metérsela, pero por el culo ella solo disfruto ya pasado un rato la levantaron y la pusieron entre los dos y se la metieron por los dos lados hasta que le echaron la leche ella ya avía tenido varios orgasmos al terminar se vistieron y regresaron.

    Al estar en la mesa ya se sentó junto a mí y pasaron dos horas de platica para después irnos ya en casa me comenzó a contar y me prendió más la comencé a coger bien rico está bien mojada y jadeaba de placer yo creo que por recordar su cogida en el bar les comento que fue épico tuve un buen orgasmo después de eso seguimos cogiendo varios días bien rico.

    Espero les guste y les mandaré más relatos como este.

  • Una mujer para todo uso

    Una mujer para todo uso

    En esas semanas con pomadas y analgésicos inicié un camino que no sabía que fin tendría, fueron días con la sensación de estar atrapada aun, inmovilizada, entre la cama y esa descomunal bestia encima de mí que me asfixia, empotrándome su verga hasta los límites de mi estómago y de mis orgasmos.

    Ya conté que mi pareja juega póker y ya escribí sobre cuando perdió y me tocó pagar. Y claro, volvió a suceder. Y yo ya no era premio, era un objeto para hacer lo que no hacían con sus esposas, para experimentar y explorar sus perversiones. Una mujer para todo uso.

    Debo mencionar también que Luis mi pareja llevó nuestra relación, que es solo sexual (él es casado) hasta entregarme a un grupo de amigos. Lo que para mi ha resultado sorprendente es que lo acepto, y este sentirme usada, humillada, un objeto desamparado, me provoca una morbosa sensación de miedo y excitación, mientras mas expuesta e indefensa he ido quedando entre ellos mas intensos son mis orgasmos, mientras mas débil más penetrantes las sensaciones. Una amiga sicóloga, me sugirió una vez que escribiera aquello que me perturba porque así se puede lograr esa distancia necesaria para poder asumir lo que la razón y la moral después niegan. Así que ordenadita comenzaré desde el principio de esta tercera vez. Lo que han hecho conmigo, y que he dejado que me hagan, debo reconocerlo.

    Jorge Luis mi parner es un hombre de ya casi 50 años, debe pesar 80 kilos, delgado de un metro y ochenta, serio, casado, es jefe en una minera y está muy bien, con unas manos y ojos de sueño. Yo tengo 50, delgada y bajita, labios, brazos, cuello delgados menos las piernas y un trasero justo, redondo y parado aun que se dan vuelta a mirar y eso me gusta. La noche que hoy cuento habían venido tres amigos a jugar y al final quedaba mi pareja, el Chico Nano y uno al que le decía el Dealer el que había obligado a Jorge que me compartiera con ellos la primera vez. El cuarto jugador siempre se iba antes. Era tarde ese viernes y ellos jugaban en la mesa al fondo y yo estaba en el sillón terminando de ver una peli cuando Luis se me acercó, socarrón y me dijo bajito como preguntando lo que yo sabía era una orden:

    – Peladita…, vas a tener que repetir… ya me comprometí. Yo lo miré con cara de odio, entendí perfectamente que era ese «repetir». Era cerca ya de medianoche. Sus tres amigos me miraban que me comían desde que llegaron, el Dealer y el Chico seguro se acordaban de esas otras noches en que me usaron.

    Si. Si tu lo dices, claro amor…, le dije suave, con una falsa sonrisa. Luis era un hombre que tenía momentos en que con su mirada me paralizaba. Esa era mi suerte. Lo sabía y la he asumido. Además no quería que otro hombre me dejara nuevamente como mi ex después de 25 años.

    Luis les invito a la sala y dejaron la mesa de juego y se acercaron a los sillones donde yo veía la peli. Era de unos tipos que disfrutaban chocando autos y tenían sexo heridos. Luis me corrió dejándome al medio del sillón grande y se sentó a mi lado. A mi otro lado se sentó el Chico Nano. Los hombres después de haber tenido sexo con una mujer se sienten un poco propietarios de ella, se arrogan autoridad sobre una. Con esa confianza me tomó de la mano y me atrajo hacia sí, tenía una colonia fuerte y manos toscas de dedos gruesos y cortos. Al oído me susurró «de esta noche no te vas a olvidar flaquita, el sueño de cualquier mina». Su aliento era a alcohol caro y sus dientes impecables. Yo estaba clavada al sillón, en ese momento solo quería que la tierra se abriera y me tragara.

    – Estamos de acuerdo entonces? -le preguntó a mi pareja por encima mío-, la prestas pa’ usarla un par de horitas nada mas…, no hay que ser egoísta amigo. Yo presentía algo: moreno de ojos verdes, moreno malo. Y chico, chato, y petulante mas encima. Pero sabía también que ya era de ellos. Era la presa que ya comenzaban a devorar a mordiscos.

    – Nada de fotos ni de marcas, y estamos de acuerdo. -le respondió Luis desde mi otro lado. Allí en medio era un objeto de cambio, como el dinero que pasa de mano en mano. El Dealer que estaba sentado al frente me miraba la blusa tratando de adivinar mi escote que tenía una transparencia negra sobre un relleno para agrandar mis pequeños pechos.

    – De acuerdo entonces, dijo el Chico. Se paró de mi lado, sacó el celular del frutero donde los dejaban al llegar y se fue a llamar al balcón del departamento. Escuché que daba nuestra dirección, que hablaba de un examen y un depósito, luego entró sonriendo y se fueron por unos tragos a la cocina y hablaron y rieron entre ellos, el Chico les contaba del tamaño de algo. Yo continué viendo la peli. Me sirvieron un whisky, el tercero (el tercero generalmente es el de mi perdición) pero sabía que Luis me cuidaba y pensé que para lo que venía mejor un trago fuerte. No sabía que iba a necesitar mucho mas que eso.

    – Por qué te gustan las minas tan flaquitas? -le preguntó cuándo volvieron a sentarse a la sala.

    – Aunque ese culito parado y redondo y la cara de muñequita que esta se gasta calienta a cualquiera. Y volviéndose a mi me preguntó “Cuánto mides?”.

    – Un metro sesenta. Mentí, mido 10 y unos centímetros menos

    – … y pesas…?

    – Cincuenta, y exageré un poquito de nuevo. Lo bueno viene en frasco chico, le dije.

    .- De tetas nada… una pena flaquita, mas plana que una tabla. Que talla usas de brassier? Y entendí perfectamente que no le interesaba eso sino que era una forma de someterme, de humillarme.

    .- Talla S… por lo menos no se me van a caer con los años, le dije tratando de conciliar.

    .- Tienes cara de mina… pretenciosa, elegante, me dijo mientras me recorría la pierna con su mano por sobre el pantalón. Con cuantos engañaste a tu marido?

    -Nunca, le fui fiel 24 años- dije indignada de verdad. Y no me faltaban oportunidades, agregué.

    -Y antes de Luis? Ya solterita a cuántos te tiraste? Porque me contó que llevabas como 6 meses separada cuando le diste la pasada.

    -Solo a uno… y una vez solamente, en una casa en la playa. Y a Luis me costó darle la pasada como dices porque tu sabes que del banco no podemos salir con clientes, y Luis y tu y todos ustedes son clientes, y casados. Y en esos momentos tocaron la puerta.

    – Si, tenemos una dependencia mutua podríamos decir. Luego cambió de tono y me ordenó: Anda a abrir, y supe que desde ese momento estaba completamente en manos de él. En verdad yo sabía que algo así podía pasar alguna vez: quedar sometida a un grupo de hombres

    Abrí y de la sombra del pasillo apareció un hombre que no iba a caber por la puerta. La mascarilla solo dejaba verle sus ojos oscuros y unas cejas muy pobladas. El pelo corto y tieso. Los brazos gruesos y peludos asomaban de una camisa manga corta y manos de trabajador. Las uñas limpias por suerte pensé. Daba la impresión que se había bañado hace unos minutos. Ingenua pensé como buena madre que lo era en la semana, si teníamos monedas… y no traía ninguna pizza, y eran pasadas las doce y había toque de queda.

    – Dile que pase, dijo de adentro el Chico Nano y presentí algo muy malo. Bajé la vista y disminuida me hice a un. El hombre pasó rozando el dintel de la puerta y se adelantó a saludarlos mientras yo atrás cerraba. Por un momento pensé en quedarme afuera, pensé que si fuera una mujer normal debía irme, pero algo mas poderoso que yo me hizo caminar hacia adentro hasta junto a un sillón y esperar, con las piernas inseguras y la mirada en el suelo. El escorpión siempre va a morder a la rana, es su destino pienso hoy cuando recuerdo esa noche.

    – Princesa sírvele un trago, me dijo Luis. El hombre miraba la sala como buscando algo. Le serví un whisky con hielo y al alzárselo noté que aun con mis tacones altos de zapatos de fiesta le llegaba mas abajo de su axila.

    – Princesa, mira él se llama… en realidad nadie sabe cómo se llama pero trabaja una cuadra mas abajo en un bar, saca borrachos, acarrea cajas, le decimos el Gringo. El tipo se sonrió. «Mucho gusto» me dijo y se me acercó y me tendió la mano yo le entregué la mía que se perdió en la de él. Quedé a su lado y noté lo diminuta que era a su lado, mi boca mas cerca de su cinturón que de su cara, mis pechos en su cintura. Y era el doble de ancho que yo.

    – Anda a ponerte sexi -me ordenó El Chico- mientras nosotros arreglamos acá. Cuando dejaba todo a media luz escuché que el tal Gringo preguntaba “Ella?… Ella sola? apuntándome con su dedo. Entré al dormitorio como los ratones que una vez que el gato los ha atrapado y ya medio muertos los deja libres y corren en círculos, ya no intentan arrancarse, corren entregados a su suerte, así en ese estado saqué un baby doll rojo transparente con un colaless de encaje por delante y me metí al baño, me lavé los dientes, como ratón ya cogido me arreglé el maquillaje, el pelo, no quería ni podía pensar en nada. Luego me desvestí y me puse la transparencia pero antes sequé mi entrepierna porque estaba húmeda, mas húmeda de lo normal. Estaba temblando pero la adrenalina me mojaba. Esta ratona sabía que se la iban a comer y eso le excitaba. Me volví a mirar al espejo, el rímel de las pestañas, a repasar el rouge cuando golpearon la puerta.

    – Apúrate Princesa que otras pagan por mirar y tu, que lo vas a tener entero para ti, te demoras… Hasta te lo podrás servir dijo riéndose El Chico. Apagué la luz del baño y salí despacio mirando el suelo sin querer enfrentar con la vista al hombre que ya echado tapaba completamente uno de los sillones individuales. Y quedaba nuevamente a la entrada de la sala oscurecida semi desnuda frente a cuatro hombres encendidos exaltados y algo borrachos…, entregada a ellos.

    – Ven conmigo Princesita, siéntate aquí, me dijo El Chico golpeándose sus piernas, lo que no te conté del Gringo, Princesa, es como se hace unos pesos extras. Y comenzó a meterme mano delante de ese gigante.

    – Se gana unos pesos extras mostrándole a las viejas su herramienta en el baño del personal. Yo no le he visto pero dicen que es una monstruosidad jajajaja. Los demás le escuchaban y me miraban entera en silencio, sonrientes, expectantes. Me enderezó por los hombros me paró y me hizo sentar sobre él nuevamente pero de frente a ese hombre que me miraba lascivo y sonriente, se le notaba la maldad en los ojos. En el extremo del sillón Luis miraba entusiasmado y en el otro sillón de la esquina el Dealer no sacaba la vista de mi entrepierna. Y mientras me contaba como las viejas salían del baño todas cachondas solo porque lo habían visto El Chico me magreaba los pechos, ponía a correr ambas manos por sobre mis piernas desnudas desde mis rodillas hasta el colaless, una dos diez veces abriéndomelas para que vieran mi sexo apenas tapado por ese hilo dental en la semi oscuridad. “Dicen que no deja que nadie se lo toque”, me seguía diciendo con su boca pegada a mi oído mientras una y otra vez deslizaba ambas manos al tiempo por el interior de mis piernas hasta el borde de mi sexo, las subía por mi estómago manoseaba mis senos y rozaba mis pezones. Luego me bajó desde los hombros los tirantes del baby-doll dejándoles expuestos mis pequeños pechos. Su lengua repasaba mi cuello por detrás mientras manoseaba mis pechos, y sus dedos pellizcaban y estiraban mis pezones rosados que se endurecían y paraban. “A ver si se le agrandan” me susurraba y bajaba nuevamente hasta mis piernas recorriéndolas y separándolas.

    Yo recuerdo que ya me era imposible resistirme. Me ganaba la penumbra de la sala, el olor a alcohol, las miradas calentonas sobre mi, su respiración en mi nuca. Busqué auxilio en Luis que estaba en el otro extremo del mismo sillón, buscaba su mirada, buscaba su apoyo, pero él estaba encantado viendo como me metían mano y me exhibían abierta así delante de ellos y entre el miedo y la ya inevitable excitación eché la cabeza atrás dejándole expuesta mi garganta. Me estiró los brazos y entendí: puse mis manos sobre sus piernas en las que estaba montada y me eché adelante y me sacó por arriba el baby-doll y me dejó solo con el hilo dental mientras paseaba sus dedos levemente por los bordes de mi vagina. “Soy muy puta Princesita, me dijo al oído, te gusta, estay caliente como perra”. Yo me mordí los labios. Era cierto. Pero no quería serlo. Pero si quería serlo. Cerré los ojos y eché la cabeza atrás y casi instintivamente comencé a abrir las piernas. La peli estaba sin sonido y solo se escuchaba mi jadeo en la penumbra de ese expectante silencio. Reconozco que refregué mi espalda contra él y al tiempo que apretaba sus piernas con mis manos sentía entre mis glúteos el duro sexo del Chico. Yo era una cosa para Luis, era solo un espectáculo para él ahora y sentía su mirada inquisidora sobre mi.

    Luis antes tenía antes una amante de esas que miden 1.80, tienen dos metros de piernas y un XXL de brasier. Pero por algo estaba hoy conmigo… no?, con mi casi 1.50 de altura y mis 46 kilos sabía que le daba lo que la otra nunca le dio. Lo que me hace mucho mas mujer que esas rubiteñidas, seguro vaquitas echá para la cama, redondas de silicona. En eso razonaba antes, o después de dejarme acariciar delante de ellos.

    Doblando mi cintura sobre ese hombre cerraba los ojos para no pensar pero era inevitable por algunos segundos el verme allí desnuda entre ellos vestidos. Bebiendo. Compartiéndome con la película porno que tenía al lado y yo ahí, expuesta, débil, exhibida, cada mirada me degradaba. Luis me regalaba. Para todo uso. Y yo no me podía negar. Me entregaba a sus deseos y solo me dejaba ir. Ahí, sentada sobre el Chico que me abría frente a ellos no dimensioné, no vi que ese descomunal cargador que estaba frente a mi comenzaba a sonreír y a mirarles. Entonces el Chico me agarró mi pelo por la nuca, me enderezó hasta dejarme de pie casi colgando delante del gigante ese y le dijo, «ahora toda tuya Gringo, está mojadita la muy perra, házmela gritar de gusto».

    Parada frente a él tapada solo por ese hilo dental en medio de la sala me di cuenta en verdad de que me esperaba.

    Jorge Luis, el Chico Nano y el Dealer se enderezaron para ver como esa inmensa mano llegó a mi pequeño hombro haciéndome arrodillar frente a su entrepierna. Tenía bajo el pantalón un bulto que parecía manguera de bombero, una anaconda prolongándose por su pierna. Sabía lo que había que hacer y lo hice. Bajé el cierre, metí la mano y saqué lo que no me imaginaba que existiera. Ahora de soltera nuevamente he visto mas de una peli porno pero eso era real, pesaba y estaba caliente, palpitaba y se estiraba libre cobrando rigidez. Estaba asombrada, aterrada y atrapada por esa cosa inmensa en una mano. Miré a Luis que sonreía con sus ojos abiertos como nunca, obviamente tampoco se lo había visto. El Dealer se tapó la boca y se rió. Lo apreté con mis dos manos y cubría la mitad y comencé a masturbarlo. En mi boca entraba la punta de la cabeza, lo pasé por mi cuello, por mis ojos, me lo refregué en la frente mientras le lamía sus inmensos huevos y en pocos minutos lo tenía duro y caliente y sabía lo que venía, lo que continuaba: me iban a empalar.

    Y seguro iba a gritar. De dolor porque me iba a partir.

    Los dos se pararon y mientras yo de rodillas lo lamía con mis dos manos porque mas no podía El Chico sentado en la mesa de centro me hurgaba desde atrás el sexo sobre el colaless, el otro ahora en cuclillas a mi lado me miraba a la cara y me pellizcaba mis pezones y me acariciaba las piernas, solo yo estaba desnuda pero sus paquetes estaban que reventaban y me restregaban mi botoncito que ya estaba duro y lo sentía dilatado entre mis labios. Escurría sin quererlo. Estaba hinchada, hinchadísima. Mi entrepierna reaccionaba a los que ellos querían. No tenía voluntad en ese momento allí. Hacía lo que sus manos y mi cuerpo entregado pedían. Esa enorme verga en mi cuello, dura, caliente que emanaba un olor espeso y dulzón la pasaba por mi boca porque me decían que lo besara, por mis ojos cerrados, por mi frente porque me lo ordenaban así, dejando mis labios junto a sus bolas pesadas que lamia porque ellos me decían que las lamiera mientras cuatro manos recorrían mis piernas, acariciaban mi rajita, tensaban mis pezones y con sus dedos enredados en mi pelo por mi nuca empujaban mi cara contra su entrepierna. Mi cuerpo estaba ardiente frente a ese monstruo que sonreía socarrón frente a mi, hirviendo y el Chico se dio cuenta, me agarró del pelo por atrás me paró y me puso delante de él y frente al Gringo. Sentí su cuerpo duro que me abrazaba por atrás. Con una mano me agarraba un pecho y apretaba un pezón hasta hacerme doblar por el dolor y la otra mano la metía brusca bajo el colaless y me masturbaba, las puntas de mis zapatos taco alto apenas tocaban el suelo mis glúteos sentían el sexo duro del chico detrás mío y un apretón de sus dedos raspando mi clítoris me hizo terminar en un inevitable y violento orgasmo que escapó con un insondable placer. Mis piernas flaquearon y mi bajo estómago cálido como suave calambre se vaciaba, todo me dejaba, en la semioscuridad me corría suelta ya mojándome doblándome yéndome toda por entre mis piernas y si no me sujeta hubiera caído de bruces sobre el hombre. Entonces, cuando mas indefensa me encontraba me tomaron para montarme en esa bestia, para empalarme.

    Quedé echada, tirada sobre él. Recuerdo que me tomó la cara con sus dos manos me la levantó y me dio un beso en la boca, sus labios ásperos y secos lastimaron los míos y sentí su lengua que me invadía húmeda y deseosa. Me separó la cara de él me la levantó y me dijo con su aliento junto a mi nariz “yo creo que te voy a partir flaquita. Te voy a abrir por la mitad”.

    Recuerdo que me afirmé de sus caderas y me enderecé apenas, que caminé no sé cómo, pero llegué hasta donde estaba sentado Luis y le rogué que no, que no lo hiciera. Recuerdo que estaba casi oscura la pieza, la peli había terminado, daban los repartos (una piensa esas cosas pero como si no te pasaran a ti, como si pasaran en otra parte) y me arrodille delante de Jorge Luis y le rogué le suplique sollozando bajito que no me lo hiciera, que no dejara que me lo hicieran…, tirada en el suelo le imploraba que por favor, que no podría, que no los dejara. Luis se tomó un trago, me miró como mira cuando se va a enojar, es vidrioso, y me dijo, “entonces llegamos hasta acá. Anda al dormitorio, te vistes y mañana temprano te mando en taxi al aeropuerto y nunca jamás te vuelvo a ver. Al final resultas puro cuento, como todas,” me dijo. Estaba desnuda, solo con el colaless mojadísimo doblada en el piso delante de sus pies en la semi oscuridad. Los otros me miraban y lo miraban a él. Dejó el vaso en la mesa sin mirarme y cedí: “Tu vas a mirar como me lo hace, vas a estar a mi lado”, le pregunté. “No dejaré un segundo de ver”. Eso me dijo. No dijo “de verte”, dijo “de ver”. Móntensela les dijo después y me tomaron de los brazos levantándome y me llevaron casi en el aire hasta tirarme a los pies del Gringo que se había sentado en sillón grande y había dejado que su pene aflojara.

    .- Tu sabís cuánto le pagan las viejas por solo mirarle la herramienta al Gringo?, me preguntó el Chico. “Y tu lo podís tocar y vai a tener la suerte de tragártelo enterito Zari, enterito para ti”. Y acuclillada frente a él nuevamente lo tomé y sentí un escalofrío, mi entrepierna me traicionaba. Volvía a mojarme, a sentir la necesidad en mi otra boca al contacto con ese maldito pedazo de carne. Rápidamente se le endureció, era como el largo de mi antebrazo y mas grueso que mi muñeca. Le pasaba mi lengua y masturbaba con la loca esperanza que terminara allí. Pero nada bueno pasaba esa noche, al rato el Chico me metió desde atrás la mano a mi entrepierna y unos dedos dentro de mi vagina y me dijo “soy muy puta Zari ya estay caliente de nuevo” y me cortó el colaless que estaba mojadísimo y me dijo “te llego la hora”. Hora de la crucifixión.

    Primero me puse de pie y me le subí de frente a él dispuesta al sacrificio, montándolo, sintiéndolo entre las piernas, pero no me entraba, ni siquiera la cabeza. Parte de ella. Me abrí, me ladeé, me apoyé sobre él acomodándolo con mi mano en mi cofrecito, verdaderamente lo intenté al tiempo que me dejaba manosear, levantarme como una muñeca de peluche, restregar mis muslos, que llevara mis pezones a su boca que los mordiera hasta casi partirlos, que me diera vuelta, me invirtiera en el sillón mientras sus dedos hurgaban mi ano, como una criatura de goma. Me acordé de esa crema adormecedora que me pusiera un amigo la primera vez que tuve sexo después de que me separara en una casa en la playa. Verdaderamente me asusté cuando sentí que el hombre comenzaba a excitarse de verdad y perder un poco el control de su fuerza por su excitación, cada abrazo de él, cada apretón que me daba me descoyuntaba. Montada en él separaba las piernas, abría mi vagina pero no lograba meter lo suficiente. Me recosté sobre, él besé su pecho, pasé mis mejillas por sus vellos, lamí sus tetillas, le abrasé con ambos brazos y le miré hacia arriba esperando compasión.

    Me sacó de encima, me puso sentada en el borde del sillón donde el había estado antes y me abrió de piernas e hincado en el suelo delante mio, se soltó la correa, se sacó pantalón y calzoncillo y se lo tomó con una mano y trato de meterme la cabeza pero empujaba y era imposible. Yo grité. Grité de dolor al sentir que me partía cuando entraba solo parte de su cabeza. Luis, el Chico todos se asustaron “los vecinos” dijeron y mientras el Gringo me metía sus dedos en la vagina me pusieron un pañuelo en la boca y sobre él una mordaza. “Ahora podís gritar todo lo que quieras putita” me dijo el Chico y se río. Yo tiritaba, las lágrimas me corrían y por momentos separaba con mis manos mis labios y jadeando, sudada, lo guiaba para que entrara de una vez pero era demasiado para mi. El Gringo comenzaba a molestarse y temía que empujara con todas sus fuerzas y me partiera de un momento a otro. Estaba tiritando, ni excitada ni consciente solo temblaba entregada sudando, acezaba como animal. De frente a mi hincado, en el suelo, levantó mis piernas con ambas manos las abrió y apuntando a mi vagina le clavó parte de su cabeza. Yo grité, jadié, asesaba como animal en celo, clavé las uñas en el sillón y mordí una correa que me pusieron en la boca hasta romperla, mientras la transpiración me pegoteaba el pelo en la frente. Entonces el Chico me dijo: “yo te voy a ayudar Zarina putita… que!… Putaza”, me dijo mientras me dejaba ir de lado toda disparatada.

    – Gringo, siéntate en esa silla reclinable, le dijo.

    – Son muy malos ustedes, les dijo riéndose y se fue sentar en la semioscuridad sin pantalones. Sabís, es que me da pena la flaquita, les dijo, nunca se lo había metido a una mina asi. Si quieren no me pagan y lo dejamos acá… me da pena, está asustada. Son muy malos terminó de decir sonriéndose y tomándose un largo trago.

    – No Gringo si le gusta, tú no la conocís. Es puta, tu le metiste los dedos y como salieron…? Mojados, mojados porque le gusta. Yo convulsionaba en el sillón tirada desnuda, amordazada, quería que se fuera, que todo terminara así ahí, ahora. No más.

    – Te la querís tirar? Le preguntó el Chico

    – Si, claro que sí, está buenísima y le herramienta ya se aceitó pero, pero la voy a partir, dijo mientras se acariciaba su enorme pene.

    – Preguntémosle. Si quiere o no quiere que se lo metas, le dijo Jorge Luis, maldito. “Pregúntale tu”. Y se dio vuelta y me dijo “querís montarte acá encima flaquita, a lo que sea?”. Miré a Jorge Luis que me miró helado de esa forma que me aturdía.

    Pensé en esos momentos en los tantos que había un día despedido en mi trabajo, en los otros que pasé a llevar para alcanzar el puesto que tenía; en que si ellos creían que podía seguro podía, no iba a hacer menos…, de lo que era capaz la mujer que se perdió mi ex, eso fue lo que sentí mas bien, lo que pasó por mi cabeza cuando intenté decir que sí bajo la mordaza, moviendo la cabeza afirmativamente, desnuda y abierta tirada en el sillón mientras miraba a Luis. Y bastó eso…

    Me llenaron de un aceite balsámico de la cocina, le pasaron al aceitera para que se pusiera él y me levantaron cada uno de un brazo, abierta me pusieron sobre el Gringo que con su mano sujetaba su sexo parado y yo movía mi cadera para que me ensartara con el mínimo dolor. Mi peso y el aceite permitieron que me fuera rasgando lentamente hasta terminar medio ensartándome. Me dijo Luis después que a medida que lentos me bajaban yo me acomodaba moviendo la cintura echaba la cabeza atrás levantaba la boca y por la mordaza que emitía como un gruñido mientras me taladraba ese animal caliente y duro. Que les di pena y me sacaron y dejé caer la cabeza de lado, casi ida. “Querís que sigamos flaquita, nos dejas seguir?, ya te ensartaste la mitad… te lo clavamos de nuevo?”

    Yo miré a Luis que me besó en la boca sobre la mordaza y asentí con la cabeza y me pusieron encima hasta lentamente irme empalando totalmente. Eran los dolores de parto, estaba tensa, dura. Y ya atravesada quedé exánime e inmóvil sobre su cuerpo. Mis piernas acuclilladas a cada lado de la silla me sostenían en parte pero no evitaban que como una espada de fuego me atravesase hasta tocar la matriz. Me quebré casi todas las uñas agarrada a los brazos de la silla. No podía hacer nada. El corazón a cien, mi estomaguito que se contraía con ese fuego dentro, la respiración entrecortada y los ojos entrecerrados por el que brotaban mis lágrimas. La transpiración caía entre mis senos hipersensibles, bajo mi pelo, mojaba mi cuello, jadeaba, puse mis manos sobre su pecho y me eché un poco adelante sudando. El aceite había disminuido el dolor del roce pero sentía que me atravesaba el estómago dejándome una sensación desconocida.

    Me partía por dentro, me había abierto, y esa mezcla insoportable de dolor de mi vagina violada mas allá de lo posible me superaban al punto que me desvanecí sin perder mi consciencia, era insensible a las manos que recorrían mi espalda, mi cuello, a los dedos que lentos hurgaban mi ano y que en un instante comencé a percibir, las manos enredando mi cabello me reavivaron lentamente estaba recostada sobre él y sentía mi clítoris hinchadísimo e hipersensible producto del roce, era como asumir algo que estuvo presente pero de lo que no me había percatado, y cuando lo percibí me sentí ahíta de sexo.

    En algún momento me habían sacado la mordaza, “Ya no va a gritar, ahora va a jadear como perra”. “Hazla aullar” dijo otro. Palpitaba entera sobre ese cuerpo y sus manos toscas comenzaron a recorrer mi espalda, agarraban mis nalgas y me acomodaban, sus dedos hurgaban mi ano entrando y saliendo, recorrían mis piernas recogidas, se enredaban en mi pelo acomodaba la mordaza en mi cuello y ponía mi cara en su boca que besaba y lamía. Sentía su cuerpo caliente bajo el mío, yo era una animal que emitía un sonido ronco como un gruñido y su mano en mi nuca apretó mi cara contra su boca y la otra bajó hasta mi trasero que abría y hurgaba, abrió su boca sobre la mía incrustando hasta mi garganta su lengua y con ese remedo de beso un orgasmo me hizo perder el control de mi cuerpo, mi cara rojísima, las orejas amoratadas y mis narices dilatadas, la boca abierta y los ojos que se iban al blanco. Las uñas clavadas en los brazos de la silla acompañaron el exhalar un profundo quejido, y luego quedé palpitando entera, con espasmos, jadeando. Era la mezcla de excitación y dolor que ya me era propia, necesaria, e intensamente peligrosa. Un orgasmo infinito, no solo de mi bajo vientre, sino de mi pecho de mis piernas, de mi toda. Cuando comencé a volver hundí mi cara de vergüenza en su pecho babeando sin poder sostenerme en medio de convulsiones que no eran exactamente de placer. Pero también eran de placer.

    Levanté mi cara para verle, tenía los ojos blancos decían, ida, clavada sobre el Gringo en la silla hasta los mismos riñones, con los brazos colgando abandonados al lado de mi cuerpo y la cabeza floja. No podía sostenerme recuerdo estaba abandonada allí, sobre la camisa abierta de él, montada ensartada dejé mi cabeza doblada descansar allí y cuando recuperaba el aliento sentí como le palpitaba su monstruo dentro mío, le palpitaba, demasiado estrecho seguro para eyacular dijeron ellos después, pero esas palpitaciones las sentía dentro mío y era como si palpitase con él, como si mi cuerpo y el de él se hubieran fundido en uno solo, sentir ese solo palpitar me volvió a hacer jadear, no tenía fuerza para abrazarlo pero creo que lo percibió porque puso una mano a cada lado mío las bajó hasta mis caderas y yo inmóvil sentía como mi cuerpo que ya era suyo reaccionaba con ese latido, sus manos llegaron a mis nalgas, me abrieron el ano y un dedo de él comenzó a jugar a su entrada. Sentí como su sexo imperceptiblemente casi comenzaba a jugar en mi vagina, palpitaba en ella vivo, milímetros seguramente y dicen que yo levanté la cabeza y con mis ojos rojos mirarlo a la cara, con la boca abierta, babeaba, las narices dilatadas y con cara de estúpida jadeaba suave, las lágrimas me resbalaban de impotencia, de entrega, y comencé a irme, subí nuevamente los ojos hasta dejarlos blancos exhalando mientras me tiritaban las piernas, los pies, las manos que trataban de llegar a la cara de él sin lograrlo, y los ojos seguían en blanco y yo me contraía, mi estómago, que expelía como vómitos de placer sexual, de un orgasmo inconmensurable que hasta se asustaron de que me quedara así.

    No sé cuánto tiempo después, minutos, no sé cuántos en que sentí los hielos chocar en los vasos, el Gringo me levantó la cara, se enderezó de la silla reclinable en la que se había sentado conmigo encima y en la cual me empalaron y me llevó en sus brazos atravesada aun por su sexo a la cama donde me tendió boca arriba y recién allí me lo sacó. Me dejaba vacía, profana y descoyuntada, mi estado de gracia terminaba y mi cuerpo volvía a pertenecerme, ya no era parte, trozo, sección de otro. Luego sentí que me daba vuelta, que me puso boca abajo, puso la almohada y otro almohadón entre la cama y mi cadera levantándomela y mientras los demás de pie miraban curiosos me montó desde atrás.

    Esta vez entró brusco y seguro hasta mi fondo casi sin resistencia, me había desgajado y solo sentí que me atravesaba hasta los riñones creo que perdí el control y creo que me orine, sí, me oriné pero no me importo ya, ese dolor me llenaba, llenaba ese inmenso vacío que había dejado. Y si me partía por la mitad como durante el dolor de mis partos era un precio justo y me entregué a él. Me entró hasta que le sentí en los riñones, me dolía todo dentro pero solo quería sentirlo palpitar dentro mío aunque mi cuerpo aplastado dependiera de ello, de su cuerpo dentro del mío confundidos en uno solo. Aunque me hiciera desaparecer cuando me explotase dentro. Entraba y salía de mí entre sus codos que me rodeaban encerrándome allí en la cama bajo él con su olor como hembra abierta y en liquidación. No necesite que me tocasen para que me viniese un orgasmo más después de otro entre su cuerpo que aplastaba el mío. Y finalmente lo hizo, explotó dentro de mí, pero yo no era yo. Era de él. Era él. Y si él necesitaba explotar y yo desparecer iba a hacerlo. Y explotó y yo desaparecí entre el dolor y el placer y una extraña sensación de gratitud, sí de gratitud. Desaparecí entre ese sufrimiento y ese placer. Luis me dijo al día siguiente que me había puesto boca abajo en la cama y me montó por atrás y simplemente mi cuerpo desapareció bajo él, que terminó rápido dentro mío. Claro que me tapó, sino le llegaba a las tetillas y pesaba más del doble que yo, después Luis me dijo que yo solo exhalé cuando esa verga me llegó a la cintura y explotó dentro de mí. Yo me desvanecí.

    «Estaba entregada», ahora entiendo lo que significa realmente la expresión esa. Que me partiera, me destrozara por dentro, que postrara mi clítoris y me destruyera allí no importaba, en esos momentos solo quería besarlo, besar cada parte de su cuerpo, lamer sus axilas, acariciar sus pies e introducir mi lengua en su ano si era su deseo, pero se había ido, el momento la epifanía terminaba, había hecho que me entregara a él, allí en esa silla en la sala y ahora en la cama del dormitorio. Eso era entregarse a un hombre, algo que Jorge Luis vio y que mi ex nunca sabría, me había destrozado por dentro me había hecho quebrar mis uñas de dolor, pero había hecho que mi cuerpo fuera parte adefesio del suyo.

    Quedé tirada en la cama de la pieza oscura, inconsciente quizás, abandonada, mi mente debió estar en otro lugar, porque sentí en la oscuridad de la pieza que ellos hablaban como a lo lejos, hasta que uno, verdaderamente no sé cuál, me acomodó en cuatro en el borde de la cama como rana con su culo parado y mi cara se hundió en el plumón justo sobre el orín y el semen que dejase el Gringo, esa lechosidad se me pegó a mi nariz a mis ojos, a las mejillas, era mucha, me entró a la boca, nadie se dio cuenta, estoy segura. Y disfruté esa leche de ese hombre que me había poseído y había enseñado a entregarme. El otro atrás mío se bajó el cierre y me lo metió por mi ano sin contemplaciones, «te voy a ensuciar lo único que tenis limpio» dijo y eyaculó litros dentro de mío pero yo casi no le sentía, me dio un leve empujón y me dejé caer de lado sobre el plumón. En ese momento un chorro de semen caliente me golpeó las mejillas, mis ojos, la frente, el otro quizás el Dealer se daba su gusto de lejos. Sentí que luego Jorge Luis me puso algo encima. No sentí mas.

    Al rato después, minutos, horas, no sé, cuando se habían ido volvió Luis y le dije que fuera a dormir al sillón, yo estaba sucia, pasada a orín a escupe a semen, el cobertor estaba mojado, hedía, mi pelo. Dormí hasta cerca del medio día siguiente. Jorge me llenó la bañera de espuma y sales y me quedé allí reconociendo mi cuerpo, mi nuevo cuerpo me decía. Volví en el último avión del día a mi ciudad y salí a trabajar el lunes, pero en la tarde debí ir a mi ginecólogo, que por supuesto me retó. Tenía desgarros, en plural. Pasé semanas con pomadas, analgésicos y la sensación aun de estar atrapada, inmovilizada, entre la cama y esa descomunal bestia encima mío que me asfixia, empotrándome su verga hasta mi estómago dándome un placer que cambió mi vida.

    Luis me dijo que no jugaría más póker. Y yo aprendí lo que significa estar, quedar entregada…