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  • De viaje con mi sugar mommy

    De viaje con mi sugar mommy

    Conocí a una señora de 66 años en un café, como de costumbre voy todos los jueves al café Starbucks, pido mi café y me quedo en las mesas a tomármelo y checo un rato mi computadora, ya tenía días observando a un señora, me llamaba la atención por qué igual iba sola no sé si todos los días pero los jueves ahí estaba, la miraba y ella solo tomaba café y checaba sus celular, hasta que un día me acerque y le pegunte que si me podía sentar con ella ya que había visto que estaba sola, ella accedió y decidí romper el hielo y platicar con ella.

    Fueron preguntas simples de cómo se llama, a qué se dedica y esas cosas, me dijo que se llama Susana, era viuda y tenía varios negocios que su esposo le había dejado, así pasaron varios días las cosas se fueron subiendo de todo ya entre las pláticas había contacto, cabeza con cabeza, agarradas de mano y todo eso, después un día la acompañé a su camioneta que estaba en el estacionamiento del café, una Mercedes Benz color blanca, al momento de abrirle la puerta y cuando ella se subió, y ya al despedirnos sin darnos cuentas nos dimos un pequeño beso de piquito, los dos nos quedamos sin decir nada y ya después de unos segundos tome su cara y le di un beso largo en la boca ella me correspondió y después se marchó. Susana es una mujer de 66 años, piel blanca, ojos verdes, pelo no muy largo y güero, tiene aún sus nalgas formadas un poco caídas por su edad pero no están mal, y las tetas se ven firmes por su sostén, y es de estatura no mayor al 1.70.

    Durante el transcurso de los días hablábamos por whatsapp y solíamos ir a cenar, donde platicábamos y había caricias y besos, la verdad me sentía muy bien con ella, y al parecer ella conmigo.

    Tuvimos un encuentro en su casa algo muy bueno, hasta que ella me dijo que iría de vacaciones a Mazatlán, Sinaloa. Que ella tenía un departamento que si me gustaría ir con ella a pasar unos días. Me quedé asombrado pero acepte a ir, salimos un jueves de la ciudad para dirigirnos a Mazatlán.

    Llegamos al departamento enfrente del malecón con una vista estupenda, ese día llegamos y nos quedamos dormidos. Al día siguiente salimos a dar un paseo lo que me gustó mucho esa ciudad, y ya de regreso al departamento como a las 6 de la tarde y después de unas cervezas en la cabeza íbamos algo calientes por lo que en el carro no dejábamos de tocarnos.

    Llegamos al departamento y en cuanto cerró la puerta, me dijo bájate ese short que quiero comerme tu pene, me lo baje y enseguida tomo mi pene con las manos empezó a masturbarme y a mermármela, era buena con la boca, después de varios minutos le dije que ya iba acabar, agarro mi pene y se lo metió por completo en la boca y descargué mi leche ella con movimientos de manos lo siguió exprimiendo para sacar la última gota, se paró y se comenzó a desvestir, estaba su vagina un poco peluda pero eso me excitó y mi pene empezó agarrar fuerza, se quitó el sostén y sus tetas ya por su edad se notaban algo caídas pero muy antojables estaban se me lanzó encima de mi y puso su vagina en mi boca, quiero que me hagas un oral y me dejes bien lubricada para la acción dijo.

    Yo comencé hacer mi trabajo ella disfrutaba, gritaba de placer y gemía, su vagina ya estaba húmeda señal que estaba lista para la acción pero no pare hasta que salió su flujo vaginal y ella soltó de su boca unos gritos de alivio y sus piernas temblaron un poco, ya después de eso ella estaba acostada, levante sus piernas y sin decir nada le dejé ir mi pene de un solo golpe ella gritó pero sé que le gustó comencé a dar duro y dale, adelante y atrás, le chupaba sus pies y sus dedos, con una mano le tocaba sus tetas y al paso de unos 5 minutos volvió a terminar, me dijo que se lo hiciera de perrito, la acomode en 4 y volví a meterla ella estaba demasiado caliento lo podía saber por qué su vagina estaba muy muy caliente, después de un rato de estar de perrito ella se paró y me dijo ven vamos al balcón.

    Me sentó en un sofá y ella desnuda con sus tetas al aire, subió encima de mí y comenzó a cabalgarme, sus tetas pegaban en mi cara, yo la agarraba fuerte de la cadera y con la otra mano le daba de nalgadas ella gritaba que quería que la partiera que le diera más duro, sus fluidos ya salían de su vagina, ella había terminado, quedo abrazada de mi y me decía al oído que tenía muchísimo tiempo que no le daban una cogida así, yo seguía sin terminar, ella noto eso abrió una cerveza le pego un trago y comenzó a mamármela de nuevo, cuando estaba a punto de salir mi leche, apuntó mi pene a su cerveza y deposite mi descarga ahí, ella de un trago se tomó la cerveza con mi leche, volvimos a la cama nos acostamos y descansamos para tomar fuerzas para más acción. Susana al parecer estaba deseosa que le dieran placer y por eso estaba muy caliente y quería coger en todas las partes del departamento.

    Pero si quieren que se las cuente déjenme un comentario, para que sepan lo qué pasó los siguientes días que estuvieron muy muy buenos, esto que les conté apenas es el comienzo de mi vacaciones con mi suggar mommy.

  • Hazme gozar, tenerte en mi cama, sentirte dentro de mí

    Hazme gozar, tenerte en mi cama, sentirte dentro de mí

    Una pequeña escapada a la sierra de Madrid para relajarme y descansar del estrés del trabajo resultó una deliciosa noche de sexo con un extraño.

    Me gusta pasear y respirar la paz que los bosques te ofrecen, me gusta perderme los fines de semana para olvidarme de la vorágine, del estrés que acumulamos durante la semana, a veces sola y a veces acompañada, esta historia relata las horas de aquel fin de semana, el cual empezó con un encuentro agradable mientras cenaba y terminó a pesar de las circunstancias mejor de lo que esperaba.

    Había pasado una semana bastante estresante en el trabajo, teniendo que solucionar los problemas de última hora de la exposición en el museo donde trabajo, siempre a contrarreloj cuando parece que los problemas te buscan, ese fin de semana además daba la casualidad de que mi novio estaba de viaje y no me apetecía quedarme sola, así que decidí cansada de paseos por la playa y gente que me conocía, hacer una escapada a Madrid y perderme por una zona que realmente me enamoró cuando la conocí, un pueblo pequeño enclavado en la sierra de Madrid, un pueblo a pocos kilómetros del puerto de Navacerrada y del que coge su nombre.

    El viernes por la tarde a primera hora salía de Valencia en coche con una pequeña maleta, lo justo para pasar dos días y a las pocas horas de salir ya estaba respirando la paz que esta zona a menos de una hora de la gran urbe te ofrece, dejé mis maletas en aquel pequeño hotel y salí a pasear por el pueblo a pesar del frío invernal, me senté a cenar en uno de sus muchos restaurantes y allí fue la primera vez que le vi y la primera vez que nuestras miradas se cruzaron, la primera vez que sentí como su mirada atravesaba mi cuerpo de punta a punta haciéndome el amor, me hacía recordar una sensación que hacía tiempo que no me pasaba.

    Él un hombre alto de 1,80 más o menos, de unos 36 años y complexión normal, pelo corto, ojos marrones y con una perilla estilo vikingo que le quedaba realmente bien, un hombre guapo con una mirada intensa, casado ya que no pude dejar de observar cómo lucía su anillo en el dedo, vestía informal, pero muy elegante, realmente era un hombre muy atractivo, que no paró de desnudarme con su mirada toda la cena y he de decir que me gustó como lo hacía, no era de esas miradas lascivas que otros hombres estaban practicando en esos mismos momentos y que me estaban haciendo sentir incómoda, no, la verdad que no, se notaba la suavidad en ellas, me hacían sentir cómoda a pesar de todo.

    Nada más terminar de cenar miraba a través del ventanal como empezaba a nevar, realmente había elegido el fin de semana perfecto y cuando levanté la mirada donde él se había sentado su silla estaba vacía, según me dijeron se acababa de ir y no sé porque cayó sobre mí un velo de tristeza, fue como un embrujo, como si quisiera que pasara algo entre aquel hombre y yo a pesar de estar casado, a pesar de que yo tenía novio, empecé a imaginar que en vez de sus ojos fueran sus manos las que me desnudaran y que sus labios me fueran cubriendo de besos, yo con novio, él casado y sin embargo no pensaba más que en estar con él, no pensaba que aquello estuviera mal, sabía que era algo que no estaba a mi alcance así que para que sentirse mal, ¿sentirse mal solo por desear a un hombre?, ¿por mirarle?, por… ¿hablar con él?

    Aquella noche bajo el edredón pasó algo más que pensar en él, algo más que solamente mirar o dejar que me desnudara con los ojos o soñando que lo hiciera con sus manos, esa noche con la imagen de aquel hombre de perilla vikinga se hizo un hueco en mi cabeza y mis manos empezaron a recorrer mi cuerpo, el viento ululaba en el exterior con fuerza y la nieve caía copiosamente en las calles mientras que en mi cama mis dedos pellizcaban mis pezones duros y erguidos, mis pechos sentían el paso de las yemas de mis dedos soñando que fueran las de mi amante imaginario, que poco a poco mi vientre sintiera lo mismo y más allá de él por debajo de mis bragas sus dedos hacían una incursión nocturna hacia mi sexo conquistando primero mi clítoris y deslizándose por mis labios humedecidos en busca de la entrada de mi vagina para hacerme gozar y calentarme en aquella noche fría, haciendo que abriera la boca como esperando un beso de mi amante madrileño aunque no sabía si era exactamente de allí o no, aunque poco me importaba.

    Mis jadeos y gemidos hacían de coro a los sonidos y la música helada que llegaba del exterior, unos gemidos calientes que derretirían las miradas lascivas de aquellos hombres sin rostro y que se mezclaban con las de mi amante que ahora en mis sueños acariciaba mi cuerpo, podía sentir sus manos y sus besos, podía sentir el peso de su cuerpo sobre mí, casi notando como su pene golpeaba con suavidad la entrada de mi sexo, abría los ojos y mirando al oscuro techo y le podía ver mover sus caderas hacia delante y hacia atrás, hundiendo su cuerpo sobre el mío en el colchón de aquella enorme cama, viendo mi rostro cambiar cada vez que mis dedos se metían dentro de mi vagina, imaginando que no eran más que sus caricias antes de que me penetrara con su pene, podía verme abrazándole, cubriéndole su espalda desnuda con mis brazos, apretándole sobre mí y arañándole cuando le sentía entrar, nunca antes me había masturbado pensando en un hombre con tanta pasión, sacando mis dedos completamente mojados de mi vagina y llevándomelos a mi boca para saborear el fruto de la victoria pensando solamente en él cuando exploté en un pequeño orgasmo.

    Al día siguiente de mañana quizás arrepentida por lo que hice por la noche, antes de nada y todavía con la cara sin lavar llamé a mi novio, realmente sí que me sentía mal por haber pensado en otro hombre y soñar que me hacía el amor y sin embargo después de arreglarme, salí bien pertrechada con ropa invernal para dar una vuelta por el pueblo que durante la noche se había pintado totalmente blanco, un manto blanco cubría sus calles y callejuelas, miraba a diestra y siniestra pensando en que quizás podría encontrarme con aquel hombre, pero no hubo suerte ni por la mañana, ni durante la comida en el mismo restaurante, pero no así por la tarde.

    Esa tarde a pesar de estar todo nevado el sol calentaba bastante, el viento había cesado y la sensación era incluso de calor, se había quedado un día realmente hermoso cuando empecé a pasear por una zona boscosa, había más gente paseando por allí, tirándose bolas de nieve o por pequeños terraplenes, recorriendo el bosque o pasando por el camino empedrado y arenoso, se notaba que mucha gente de la ciudad habían decidido subir y disfrutar de la montaña como yo aunque con más suerte que la mía, ya que tuve la mala fortuna de torcerme un tobillo en un mal paso que me hizo caer sobre la tierra nevada, no podía casi andar y estaba sola, el tiempo pasaba y lo que antes era una zona atestada de gente ahora era como si fuera un páramo helado, los árboles blancos y el sol derritiendo la nieve poco a poco, el tiempo pasaba y el sol perdía su fuerza, una pequeña brisa helada movía las copas de los árboles cuando decidí a llamar a emergencias y como si fuera mi caballero andante, como salido de la nada apareció mi amante nocturno por detrás de los árboles por un camino empinado que descendía de la montaña.

    Llamándole y haciéndole señas se dirigió a mí corriendo, fue cuando oí su voz cuando me preguntó cómo me encontraba y que me pasaba y tras una breve revisión Roberto, que así se llama, me tocaba el tobillo con cuidado, palpando también el resto de la pierna por si me hubiera hecho más daño, ya no sentía dolor alguno, su presencia anestesiante había hecho que el dolor se fuera al instante y sus manos recorriendo mi pierna junto a su respiración tan cerca de mí hacía que mi corazón se acelerara, podía sentir como la electricidad de aquellas manos me traspasaron y soñaba con que no se quedara por debajo de la rodilla sino que subiera más allá de ella, su voz me embriagaba, desprendía un olor delicioso y no podía dejar de mirar, sus manos, su cara, sus ojos y de sus labios al hablar.

    Parecía estar nuevamente hechizada por él, algo irracional me pasaba cada vez que le tenía delante, quería besarle, quería sentir su piel sobre la mía e intuía que a él le pasaba lo mismo que a mí, cada vez que levantaba su mirada, nuestros ojos se encontraban y entrelazaron sin querer soltarse, su mirada a mis pechos a pesar de ir con bastante ropa para luego perderse en mis labios, el silencio del bosque nos envolvía y despacio muy despacio parecía que nuestros labios iban disminuyendo la distancia que los separaba, podíamos notar la excitación el uno del otro, miradas a los ojos y luego a nuestros labios, notaba su mano subiendo por encima de mi rodilla y deteniéndose en mi muslo prácticamente rozando mi vulva, nuestros labios a escasos centímetros y como si fueran potentes imanes nuestros labios se unieron, saboreándonos los dos con pequeños besos, bebiendo de nuestra pasión al notarme penetrada por su lengua.

    El sol empezaba a esconderse por detrás de los árboles, el frío una vez más cubría el bosque y nosotros de pie empezábamos a cubrirnos de besos con nuestras lenguas entrelazadas sin casi poder respirar, sus manos recorrían mi cuerpo por encima de la ropa, apretándose contra él y uniendo nuestros sexos sin decirnos apenas nada, algunas personas pasaban justo al lado nuestro sin hacernos apenas caso, sin reparar en dos enamorados que se comían a besos, el sueño hecho realidad, estaba entre sus brazos y me besaba y acariciaba, estaba sumida en una felicidad absoluta cuando Roberto me dio la vuelta y sus manos empezaron a desabrochar mi pantalón, metiéndome su mano helada por debajo de mi braga, no era el frío lo que sentía cuando sus dedos empezaron a recorrer mis labios, era el calor con los que yo le calentaba cada centímetro de sus dedos, enviándole el mensaje de deseo, mis labios y mi vagina tan humedecidos por la excitación le enviaban un mensaje claro.

    Roberto apretaba su pene con fuerza por detrás de mí con sus manos sobre mis pechos, mis manos hacia atrás intentando desabrochar su cinturón y entonces sentí como de un tirón mi pantalón y mis bragas bajaban hasta mis rodillas, sentía el aire frío en mi piel, sobre todo cuando se apartó un momento, solo un momento porque enseguida sentí su piel caliente calentar la mía, su pene entre mis muslos rozando mi vagina, si antes estaba excitada ahora más, si antes estaba mojada ahora era un mar de pasión en el interior de mi vagina, el flujo mojaba toda la vagina y de caer al suelo en forma de gotas fundiría la nieve de inmediato como si fuera una gota de lava.

    Su glande encontraba con facilidad la entrada rosada de mi vagina, su piel suave se unía a la mía y la humedad de mi interior mojaba su cabeza que poco a poco y hasta el fondo se iba metiendo dentro de mí, llenándome entera con la misma suavidad con la que me miraba, el corazón se me salía del pecho máxime cuando la gente al otro extremo del camino seguía pasando. Roberto me cogía de la cintura y se apretaba contra mí dejando su pene tan dentro que durante unos segundos lo mantenía al abrigo de mi vagina estrecha, mojada y caliente, las penetraciones nos hacían jadear y gemir, mi mano sobre mi boca intentando no hacer ruido alguno, estaba anocheciendo, pero todavía nos podían ver desde el otro lado del camino, de hecho quizás más de uno pudo vernos y oírnos porque cada vez que Roberto entraba dentro de mí era como si de una forma involuntaria mi garganta emitiera unos sonidos imposibles de retener y de acallar.

    Cada vez más rápido y con más fuerza, pero dejando su pene unos segundos dentro de mí sin sacarla, Roberto empujaba su pene tan fuerte que se metía hasta que sus testículos chocaban contra mi vulva dejándolos allí hasta que se retiraba y nuevamente volver a metérmela con fuerza, entonces noté como algo me inundaba la vagina, como la zona donde estábamos la nieve se fundía del calor que desprendía mi cuerpo, mi vientre empezaba a arder enviando ese calor a todas las zonas de mi cuerpo haciéndome temblar y paralizando todo el cuerpo salvo mi garganta que exhalaba en forma de gritos todo el placer que Roberto me acababa de dar, asustando a unos pobres chicos que pasaban por allí en esos momentos y que se empezaban a reír mirando hacia atrás viendo como un hombre y una mujer hacían el amor en medio de un bosque nevado.

    Mis manos hacia atrás cogían sus glúteos apretándolos contra mí, no permitiendo que sacara su pene cuando Roberto empezó a eyacular dentro de mi vagina, el movimiento de los dos se fue ralentizando, pero él seguía todavía con su pene dentro de mi vagina entrando y saliendo, envolviendo su pene con los restos de mi flujo que se adherían a su tronco, hasta que noté como se separaba de mí y me subía con suavidad las bragas y mis pantalones, después de vestirse fue el momento de ver que mi tobillo todavía me dolía y como un caballero me cogió en brazos ayudándome a sentarme en su coche que lo tenía justo al lado.

    Quince minutos más tarde después de ver que mi tobillo casi no me dolía, en la habitación de mi hotel con la chimenea encendida y una pequeña lámpara en el otro extremo Roberto y yo nos empezábamos a besar nuevamente mientras que nos íbamos quitando la ropa lentamente, sus labios iban cubriendo la parte de mi piel que poco a poco quedaba desnuda, las yemas de sus dedos subían acariciando mis brazos hasta terminar en mis hombros y quitándome el sostén lentamente mientras me los besaba, los dos desnudos de cintura para arriba uniendo nuestra piel, piel contra piel con mis pechos aplastados contra él y sintiendo las caricias de sus dedos sobre mis pezones, no parábamos de mirarnos, los dos diciéndolo todo simplemente con nuestro silencio acariciándonos, sintiendo cada sensación, sintiendo sus manos sobre mi espalda y las mías sobre la suya, sin besarnos, simplemente mirándonos con nuestros labios casi unidos.

    Hipnotizados por la pasión, por aquella escena de película con chimenea encendida y media luz, los dos acariciando nuestros cuerpos con delicadeza, los dos ya desnudos por completo con su pene en mi mano, masajeándolo de arriba abajo, sintiendo la humedad de su lengua en la mía mientras que nos besábamos, sus dedos recorriendo mi vulva, mojándose entre mis labios y electrificando mi cuerpo cuando se paraba en mi clítoris, los dos sumidos en un mar de sexo y pasión desde que nos encontramos en el bosque, cambiando el frío invernal bajo la arboleda a la comodona y caliente habitación del hotel, donde nuestra piel se erizaba por nuestras caricias, donde el sentimiento estaba a flor de piel como si fuéramos dos enamorados, dos recién casados en su luna de miel, aunque quizás sería más acertado decir que la lujuria de un hombre y una mujer que no se conocían de nada desbordaba aquella pequeña habitación con el deseo de entregarse el uno al otro sin importarles más que el sexo en esos momentos, sin importales sus respectivas parejas.

    Roberto subiendo y sujetando mi muslo derecho, dejando así que mi vagina se abriera y empecé acercar su pene a mi vulva, con mi mano dirigiendo las subidas y bajadas entre mis labios, abriéndolos y metiendo su pene entre ellos, desde mi clítoris hasta la entrada de mi vagina, metiendo un poco su glande en mi interior, los dos nos mirábamos fijamente y reíamos cuando Roberto empujaba con su cadera su pene metiéndose en mi vagina, haciéndome jadear al sentirla dentro y riéndome con él cuando nuevamente con mi mano se la sacaba y volvía a recorrer mi sexo con su pene envuelto en mi flujo.

    Las miradas entre los dos no cesaban, sus caricias en mi espalda interminables, las risas de nuestro juego sexual con mi mano en su pene recorriendo mis labios y dejándola dentro para que él empujase era continuo hasta que tropezamos en la cama y los dos caímos en ella, hundiéndose su pene hasta el fondo de mi vagina, una mezcla entre placer y risas nos invadió, su pene entraba y salía de mi interior arrastrando tras de sí pequeñas gotas de flujo que salían de mi vagina. Roberto empezó a reptar por la cama, subiendo por ella poco a poco mientras que me tenía sentada sobre él recibiendo las pequeñas penetraciones de su pene, hasta que llegó a la cabecera y allí con sus manos en mis caderas me iba moviendo hacia arriba sacando su pene de mi vagina, subiendo por su cuerpo arrastrándolo mi sexo humedecido por su piel y sentándome sobre su boca.

    Su boca succionando mis labios vaginales, mi clítoris que recibía el placer de su lengua moviéndose de un lado a otro, luego metiendo su lengua en mi vagina saboreando y bebiendo de mí, me cogía con fuerza mis muslos, sujetándome para que no escapara de sus caricias, haciendo que mis jadeos se alargasen, que mis gemidos volasen por la habitación y que mi cuerpo se estirara de placer, arqueándome hacia atrás y cogiéndome con mis manos los pechos agarrándolos como él haría, sentía tanto placer al tener su boca comiendo mi sexo, sintiéndome penetrada por su lengua continuamente, mordiendo mis labios con los suyos, mi clítoris siendo succionado por su boca, haciéndome temblar con cada lamida, levantando los brazos estirándolos por encima de mi cabeza, bajándolos de golpe agarrando con fuerza las sábanas mientras que movía mis caderas hacia delante y hacia atrás ayudándole a ser comida por él.

    Las diez de la noche y las risas, jadeos y gemidos habían pasado a un segundo plano, gritos silenciosos o explosivos salían de mi boca continuamente abierta cuando sentía su pene meterse en mi vagina, navegando por mi interior, rozando su piel contra la mía, dos sexos fundidos en continua fricción el uno contra el otro, Roberto disfrutaba de mi cuerpo así como yo del suyo, sin dejar ni un solo momento de darme placer. Roberto me tenía tumbada con las piernas abiertas, la derecha estirada y la izquierda flexionada la rodilla y abrazada por él, de rodillas en la cama metía y sacaba su pene de mi vagina apretando con fuerza al metérmela y dejándolo dentro de mí durante unos segundos, sintiéndome llena por él, apagando el fuego interior de mi lujuria, hasta que nuevamente la sacaba para volver a penetrarme con fuerza y muy, muy profundo haciéndome en ocasiones inhalar gran cantidad de aire y en ocasiones esa misma cantidad de aire salir en forma de gritos de placer.

    Dos cuerpos sudorosos, dos cuerpos bailando juntos, penetrando uno en el cuerpo de otro, sintiendo como ninguno de los dos quería terminar, cambiando las posturas eligiendo la más propicia para terminar en un orgasmo que al final fueron un orgasmo tras otro, explotando en arañazos en su espalda cuando lo tenía encima de mí, mordiendo sus labios mientras nos besábamos cuando lo tenía debajo de mí, o apretando las sábanas mientras gritaba cuando Roberto cubría con su cuerpo mi espalda, besándome el cuello mientras me penetraba por detrás, sintiendo su pene entrar y salir de mi vagina, mi interior que iba a recibir una vez más la explosión de su pene lanzando y llenándome con su semen a la vez que una vez más mi cuerpo sentía un delicioso orgasmo paralizando el cuerpo.

    A la mañana siguiente, tarde, muy tarde casi la hora de comer, me encontraba desnuda bajo los edredones, cubierta todavía con restos de nuestra pasión, desnuda y sola. Roberto se había ido mientras yo todavía dormida, pero me había dejado una nota y una rosa hecha con papel sobre la almohada, la nota rezaba.

    “Gracias Lara por una noche inolvidable”.

    Una infidelidad que realmente busqué desde el momento en que me fijé en él a pesar de saber que estaba casado, anhelando un nuevo encuentro en un futuro para sentir de verdad su cuerpo sobre el mío, su cuerpo dentro de mí a pesar del amor que siento por mi novio.

    Una noche que para mí también será inolvidable al igual que este relato.

    Un beso.

  • Tomé viagra por accidente y mi hermana me ayudó

    Tomé viagra por accidente y mi hermana me ayudó

    Entramos a la casa y me dirigí directo a hacer pipí. Me encerré en mi cuarto y dormí como máximo 40 minutos. Mi mamá me despertó para comer. Bajé a comer y mi hermana ya estaba sentada. Mi cabeza no dejaba de pasar las imágenes de lo que había pasado hace un par de horas.

    Mamá: Chicos, su papá y yo tenemos que salir de emergencia de viaje el lunes. Es para atender unos asuntos con un proveedor

    Yo: ¿Cuánto tiempo van a durar fuera?

    Mamá: Será una semana, el otro lunes estaremos de regreso

    Dayna: Cuídense mucho, no manejen rápido si agarran carretera

    Pensé que sería una semana tranquila y relajante, me distraería de lo que pasó con mi hermana. Finalmente, dejé a mis papás muy temprano en el aeropuerto, de ahí llegarían a la otra ciudad y rentarían un carro para continuar con su viaje.

    Mamá: Cuídense mucho, no salgan si no es necesario y cierren bien las puertas. Les dejé dinero para mandado y si acaso, gasolina.

    Me regresé a la casa y me percaté de que el cielo se estaba nublando, probablemente llovería más tarde. Tenía mucho cansancio así que en cuanto llegué a casa me dormí. Tuve un sueño en el cual estaba mi hermana con un vestido fino oscuro y yo con un traje gris. Estábamos como en un evento de gala. En el sueño, mi hermana me coqueteaba y me llevaba a un cuarto como de hotel donde claramente cogeríamos, pero lamentablemente me quedé con las ganas ya que me desperté. Tenía el pene duro y me lastimaba un poco así que me saqué el short y empecé a masturbarme. No pude terminar porque tocaron la puerta para entregar una información innecesaria. Se me quitó el sueño y me dirigí a ver la tele. Empezaba a llover apenas y en la tele avisaron que llovería todo el día. Escuché que mi hermana se levantó y se dirigió a sentarse en el sillón conmigo. Venía vestida con un pijama grande tipo mameluco y con solapa en el trasero que decía “peligro”, siempre me he preguntado si se podía quitar esa solapa y dejaba su trasero expuesto o era decoración. Se sentó en el sillón conmigo para ver la tele.

    Dayna: ¿Ya desayunaste?

    Yo: No, ¿quieres hot cakes?

    Dayna: Si por favor, te ayudo con el café

    Hicimos el desayuno y mientras platicábamos como si nada. Al fin habíamos vuelto a la normalidad y ser los hermanos que éramos. Nos repartimos los quehaceres, ella se metió a bañar mientras yo veía una película. En vez de ver la película. Subí a mi cuarto para recoger el cargador de mi celular y cuando pasé por el cuarto de mi hermana escuché que estaba hablando con alguien. Por lo general me pasó de largo, pero alcancé a escuchar algo que me llamó la atención:

    Dayna: Amor, ¿cómo que no vendrás a verme? El otro día me dejaste con las ganas y ahora, ¿también?, ¿seguro que nos veremos en la semana? Enserio quiero hacerlo contigo. Si corazón, quiero chuparte ese pene tuyo y que me tomes y me hagas tuya. Sisi papito, me imagino tu pene en toda mi boca mientras me toco. ¿Por favor métemelo… amor? ¡Puta madre! ¡Se fue la señal!

    Toda la situación hizo que me diera una gran erección, me separé de la puerta de mi hermana y fui a masturbarme al baño. Terminé tan relajado y al fin bajé a ver la televisión. Con el clima así me quedé dormido hasta que oscureció.

    Dayna: Buenos días dormilón

    Yo: Ufff que buen sueño, ¿qué ha pasado?

    Dayna: Nada interesante, bajé hace unos minutos

    Yo: Ahh me duele la cabeza horrible, ¿sabes dónde hay pastillas para eso?

    Dayna: Revisa en el baño de mis papás, a lo mejor ahí hay algo que puedas tomar

    Me levanté y me sentí un poco mareado. Llegué al cajón de medicinas y no distinguí para que era cada una. Tomé una de color azul y bajé de nuevo a la sala.

    Dayna: ¿Encontraste algo?

    Yo: Si, a ver si surte efecto ahorita

    Mi hermana traía el mismo pijama con solapa en el trasero, yo traía un short de pijama porque casi no siento frío como ella. Empezamos a ver una serie que contiene muchas escenas sexuales, me incomodé un poco porque mi pene se estaba poniendo muy duro y no lo podía esconder con el short que traía puesto. Mi hermana estaba en su celular distraída así que me paré tratando de ocultar mi erección. Entré al baño y me masturbaba, pero no sentía que me iba a venir y me dolía más el pene, se veía más duro que de costumbre y las venas se marcaban más. Me estaba preocupando, me puse a revisar lo que tomé para el dolor de cabeza para ver si tenía algo que ver y claro que sí.

    Yo: ¡Idiota! ¡Tomaste viagra! ¡¿Y ahora que vamos hacer?!

    Estaba preocupado, he escuchado que la gente muere por esto, trataba de tranquilizarme, pero nada funcionaba. Sabía que tenía que hacer, pero no estaba del todo convencido. Bajé con mi hermana cubriéndome la erección a la sala para pedirle ayuda.

    Yo: Hermana, creo que debemos ir al hospital, necesito que tu manejes

    Dayna: Ah caray, ¿por qué? ¿Aun te duele la cabeza?

    Yo: No, mucho peor

    Le enseñé mi gran erección y ella se sorprendió y luego se echó a reír

    Dayna: No maaanches jajaja que idiota mi hermanito

    Yo: ¡No te burles! ¡Puedo morir!

    Dayna: Bueno bueno, vamos al hospital

    Agarró las llaves de la camioneta y cuando estábamos en la puerta sentí mucha pena de que me fuera a ver muchas personas con aquella erección. Así que detuve a mi hermana antes de salir.

    Yo: ¡Espera! Ya no quiero ir, me da mucha pena

    Dayna: ¿Y luego? No puedes quedarte así, te hará daño

    Yo: Pues no importa, se tendrá que bajar en algún momento

    Dayna: ¿Ya intentaste masturbarte? Pues si verdad, imagino que si

    Yo: Pues sí pero no funciona. Pero ahorita se baja

    Dayna: A ver, vamos a la sala de nuevo

    Seguía la serie y estaba por empezar una escena de sexo muy explícita

    Dayna: Mastúrbate mientras esta la escena, tal vez eso ayude

    Yo: Si, pero dame un poco de privacidad por favor

    Dayna: ¿Y si no funciona? Tengo que estar al pendiente de ti por si tenemos que ir al hospital

    Yo: Tienes razón, solo no me veas a menos que necesite algo

    Me bajé el short y pene estaba muy duro, con mi mano izquierda empecé a masturbarme mientras veía la escena que estaba en la tele. Me sentí más caliente que la primera vez, esa escena estaba sirviendo mucho y la morbosidad de tener a mi hermana a lado me ponía más caliente. No sentía que me viniera, pero si sentía mucho placer.

    Dayna: ¿Cómo vas hermanito?

    Yo: Bien, aunque me vendría bien un poco de ayuda

    Dije esto inconscientemente, estaba muy excitado

    Dayna: Oye no, lo que pasó el otro día fue un error y solo fue esa vez, no podemos repetir esas acciones

    Yo: Pero hermana, en serio no siento que me vaya a venir y hasta siento un poco de dolor

    Dayna: ¿Y tu novia no puede venir? Los dejo solos

    Yo: Claro que no, no hablo con ella desde que me dejó plantado ese día en los probadores

    Dayna: No puede ser, es que no está bien

    Yo: Solo por esta vez, no te lo pediría de no ser una emergencia

    Mi hermana veía mi pene con una mueca mientras me masturbaba lento, como evaluando la situación y qué decisión tomar

    Dayna: Esta bien, será esta única vez y no llegaremos lejos

    Yo: Está bien, con que me lo chupes creo que podré

    Dayna: Uff eso es lejos, yo creo que con que te lo jale servirá

    Yo: Hermana, me conozco, no funcionará si solo lo jalas

    Dayna: Esta bien, no me gusta la idea, pero espero poderte ayudar

    Mi hermana se arrodilló frente a mí, de solo verla hacer eso me excité más. Lo tomó con su mano derecha y empezó a masturbarme.

    Yo: Ay si hermanita, sigue por favor

    Empezó a masturbarme lento y como algo tímida.

    Yo: Anda hermanita, ni que fuera la primera vez que me lo haces

    Dayna: Ay oye, no lo digas tan feo

    Yo: Perdón, es la calentura y el dolor

    Dayna: Tal vez la saliva te calme el dolor, ¿Le escupo o me lo meto en la boca?

    Escuchar a mi hermana decir eso me volvía loco

    Yo: No sé hermanita, haz lo que quieras

    Dayna: Bueno, espero que lo que haga funcione para que se pase el efecto rápido

    Me masturbó más rápido y con más fuerza y con su mano izquierda masajeaba mis testículos.

    Yo: Aaay sii eso se siente tan bien

    Mi hermana me miraba seria, como estudiando qué me causaba más satisfacción. Sacó su lengua y lamió mi pene desde la base hasta la cabeza para después meterlo todo en su boca.

    Yo: Ohhh sisi por favor no pares, lo haces tan bien

    Ese oral se sentía espectacular, lo hacía tan bien, lo tenía completo en su boca y jugaba con su lengua en mi cabeza pasando por las áreas más sensibles, me hacía retorcerme del placer; notaba que mi hermana se estaba esforzando para darme un buen oral. Se lo sacaba de la boca para chuparme las bolas y luego continuar con mi pene.

    Yo: Ay hermanita, gracias por esto, me haces sentir excelente pero no me siento ni cerca de venirme

    Dayna: No manches Roberto, hasta yo estoy mojada, debo aceptar que me excité un poco

    Yo: Lo siento hermanita, es que también me gusta ayudar mientras me la chupan

    Dayna: ¿Cómo ayudar? O sea ¿qué masturbas a la que te la está chupando?

    Yo: Exacto, me gusta dar placer mientras yo lo recibo

    Dayna: Esta bien, me vendría bien que me toquen también porque en serio ya me calenté mucho, dime como me acomodo

    Le pedí a mi hermana que se acostara en el sillón boca abajo con su cabeza a la altura de mi pene, obviamente

    Yo: Antes de que te acomodes te tienes que quitar la pijama para poder tocarte porque creo que solo es una pieza ¿no?

    Dayna: No te preocupes por eso, quítame los botones de la solapa

    No podía creerlo, había fantaseado tantas veces con tener sexo con un pijama así donde solo se expone el trasero de la chica. Mi hermana se levantó y le quité los botones de la solapa mientras me seguía masturbando. Cuando su trasero quedó expuesto, no podía creerlo, se veía tan apetecible

    Yo: ¿No usas calzones para dormir?

    Mi hermana dio una pequeña risita y se acomodó como le pedí. Quedó acostada boca abajo con su cuerpo apuntando a la derecha. Continuó chupando como una diosa y en esta posición me volvía más loco. Empecé masajeándole el trasero con mi mano derecha, lo agarraba fuerte y de vez en cuando le soltaba una pequeña nalgada y ella suspiraba fuerte. De vez en cuando pasaba mi dedo de en medio por su ano. Mi hermana suspiraba y medio gemía, pero seguía chupándome. Me estiré un poco más para tocar su vagina y noté que estaba muy mojada; inicié a acariciarla y sus suspiros incrementaron a casi gemidos, igual que la velocidad en la que me chupaba. Le empecé a tocar el clítoris de abajo hacia arriba y después en círculos. Mi hermana ya estaba empezando a gemir mientras tenía mis dedos acariciándole su vagina. Estaba muy mojada, aproveché entonces para meter el dedo de en medio hasta el fondo.

    Dayna: Aaaay si, lo que necesitaba

    Mi hermana levantó un poco más el trasero e inició el ritmo en que quería que le metiera mi dedo. Estaba tan excitada que sacó mi pene de su boca y bajó la cara para lamer mis bolas.

    Dayna: Uuff hermanito, sigue por favor no pares

    Yo: Mmm tu igual, me estas volviendo loco

    Continuamos masturbándonos durante buen rato, incluso la tele se detuvo la reproducción para preguntarnos si seguíamos viendo.

    Yo: Hermanita, sé que dijiste que no quería llegar lejos, pero por favor déjame penetrarte, quiero sentirme dentro de ti otra vez

    Dayna: No me digas eso, me vas convencer cabrón

    Yo: Ándale hermanita, quiero sentir mi pene dentro de tu vagina y que me hagas venir de nuevo como solo tú sabes

    Dayna: Ay hermanito, también quiero que me hagas venir como ese día, tu si sabes darme placer completo

    Agarre a mi hermana del cabello y la jale para que me besara. Fue un beso exquisito, me besaba con ganas, con la lengua en todo mi interior, me sentía tan caliente. Mientras nos besábamos, nos seguíamos masturbando mutuamente entre gemidos. De pronto mi hermana se detuvo

    Dayna: Ahora si hermanito, penétrame por favor, estoy muy caliente

    Yo: Párate de espaldas hacia mi

    Mi hermana hizo caso y se paró frente a mi con el trasero descubierto

    Dayna: Quiero intentar algo antes de que penetres a tu hermanita

    Estas palabras por si solas casi me hacen venir. Mi hermana se sentó de espaldas y empezó a frotar nuestras partes. Se sentía tan caliente y excitante, su vagina me mojaba y se sentía muy caliente

    Dayna: Ya mételo hermanito

    Yo: Baja poco a poco, siéntate en mi pene

    Dayna: Ay si hermanito, siempre he querido hacerlo en esta posición

    Yo: Yo también hermanita

    Mi hermana se recargaba con un brazo apoyado en mi pierna y con la otra mano dirigía mi pene a la entrada de su vagina. La ayudé subiendo mis caderas poco a poco

    Dayna: Sisi hermanito, siento como entras en mi

    Yo me sentía un poco desesperado, quería entrar ya para sentirla completa

    Dayna: Espero no te vaya a lastimar hermanito

    Yo no entendía porque hasta que noté que bajaba más rápido hasta finalmente dejarse caer toda.

    Ambos: Aahhh siii

    Sentimos un placer indescriptible. Empezó a subir y bajar poco a poco y empezamos a gemir fuerte. Abrí el zipper de su pijama para tomarle los pechos y pellizcar un poco los pezones. Mi hermana empezó a moverse más rápido, ahora si sentía que me iba a venir.

    Yo: Hermanita espera, muévete en círculos

    Mi hermana se sentó completamente, dejando mi pene completamente dentro y se empezó a mover como le pedí

    Dayna: ¿Así hermanito? ¿Te gusta cómo te coge la puta de tu hermana?

    Yo: Eres una cabrona, lo haces muy bien

    Me estaba calentando cada vez más que mi hermana me hablara de esa forma tan pervertida

    Yo: Aaay hermanita, me siento cerca al fin, sigue por favor

    Dayna: Aaay si yo también estoy muy cerca, no te vengas adentro, quiero que termines en mi boca

    Seguimos cogiendo en esta posición, yo le seguía tocando los pechos mientras ella subía y bajaba.

    Dayna: Hermanitooo ya casiii

    Algo en mi despertó y la agarré más salvaje. La jale del cabello para que su cuello quedara en mi boca, casi se me sale el pene porque la pijama de ella no se podía estirar tanto así que la rompí un poco para que no fuera problema. Mi hermana se asustó, pero era más el placer que la invadía que no me dijo nada. La empecé a besar en la boca salvajemente y con mi mano izquierda la tomaba del cuello y apretaba un poco.

    Dayna: ¡Siii sigue sigue! No pares por favooor

    Mi hermana empezó a temblar y luego contraerse, era claro que su orgasmo estaba en puerta, de pronto gritó y se empezó a mover mucho. Sentí que mis muslos se estaban mojando mucho por su orgasmo hasta que finalmente terminó.

    Yo: Hermanita, tu orgasmo casi hace que me venga

    Mi hermana se compuso rápido y me la empezó a chupar

    Yo: ¡No pares no pares! ¡Ahhh me vengooo!

    No tardé nada en venirme porque estaba muy excitado. Sentí un orgasmo tan fuerte que hasta las rodillas me dolieron. Me volví loco al ver a mi hermana tragarse mi semen y una parte la vi caerse a sus pechos

    Yo: Ay hermanita, no sabes como me calientas, mi novia solo se lo había tragado una vez

    Dayna: Aabe muy bien la verdad, pensé que estaría amargo como el de mi novio

    Mi hermana se sentó a un lado de mi

    Dayna: Me gustó mucho, lo disfruté tanto, pero no puede volver a pasar

    Yo: A mí también me gustó mucho, eres muy buena, pero tienes razón

    Dayna: Esta fue la última vez y solo porque tenías la emergencia

    Yo: Si hermanita, muchas gracias, nadie haría lo que tú. A parte mira, ya se está bajando

    Dayna: Me debes una pijama nueva jajaja

    Yo: Qué pena jaja ni cuenta me di

    Dayna: Bueno, me iré a bañar, si ves algo sucio limpia por favor, a lo mejor cayó semen al piso

    Vi como mi hermana se alejaba con el trasero al aire, me quería excitar de nuevo, pero enserio que estaba cansado. Esperé a que mi hermana saliera de bañarse para meterme yo. Nuestros papás nos marcaron pasadas las 11 pm para ver como estábamos. La videollamada no duró mucho, a mi mamá le extrañó que mi hermana no estuviera usando su pijama pero de ahí en fuera no sospechaban de nada.

    Ya era hora de dormir, mi hermana usaba una playera blanca que realmente resaltaba sus pechos y sus pezones. Un pantaloncillo corto que se le ajustaba muy bien en su vagina. Me empezaba a excitar

    Dayna: Hermanito estoy muy cansada, descansa y ten linda noche, trata de no dormir muy tarde

    Yo: Si hermanita, también descansa

    Mi hermana se alejó y mientras caminaba trata de no perder detalle de su hermosa figura, realmente mi hermana me estaba volviendo loco y la deseaba a cada instante. A los 20 minutos apagué la televisión y me dirigí a mi cuarto. Cuando pasé por el cuarto de mi hermanita me detuve y abrí la puerta solo por morbosidad, tal vez tendría la suerte de que estaría haciendo algo o hablando con su novio como en la tarde. Afortunadamente así era, mi hermana tenía solo la televisión prendida y claramente veía como se masturbaba y se apretaba los pechos excitada. Mi pene se puso duro de nuevo después de escuchar lo que decía

    Dayna: Ay si hermaanitooo, sigue sigue, solo tú sabes cómo darme placer

    Sabía que a este grado de su calentura no me rechazaría. Estuve a punto de empujar la puerta para entrar cuando le entró una llamada, al parecer era su novio ya que empezaron a discutir. Yo seguía caliente así que cerré su puerta con cuidado y me dirigí a mi cuarto.

    Cuando me acosté para empezar me detuve a pensar en lo mal que se veía que mi hermana y yo tuviéramos relaciones. Pensaba en que nos habíamos excedido, debí aguantarme en los probadores o el día de hoy debí aguantar la vergüenza e ir con el doctor. Me prometí que no pensaría en mi hermana de ese modo de nuevo y no haría nada con ella. Sonaba bien hasta lo que sucedió el día siguiente.

    CONTINUARÁ

    ¡Hola!, Soy Calvin, el autor de esta historia. Gracias por leer mi segundo relato, espero que les guste tanto como a mi escribirlo.

    Si tienen alguna sugerencia o comentario personal, me pueden escribir a mi correo: calvin122416ahotmail.com.

  • Primer turno de ambulancia

    Primer turno de ambulancia

    Hola soy Andrea, médica general, tengo 26 años. Les contaré mi primera experiencia en el trabajo, tenía 22 años estaba realizando lo que llamamos año rural, en un pueblo de tierra caliente.

    Eran las 2 am volvíamos de trasladar a un paciente, estaba en el copiloto, el conductor me miraba, era un hombre de unos 47 años, apuesto para su edad algo pasado de kilos, me dijo que yo era una doctora ciertamente linda, yo devolví la sonrisa con un gracias.

    Avanzamos en el camino eran casi 4 horas el camino hacia nuestro centro de salud, bueno me dijo en tono de broma que tenía unos lindos senos que quería mirarlos. Yo estaba intrigada le dije “aaa si”. Me quité la blusa y se los mostré, estaban duros porque estaba algo excitada. Le invité a que los tocara, él lo hizo además acercó su boca y empezó a succionado de una manera que mi dios. Entonces solté un gemidito y decidí parar, en mi mente no quería terminar follando en mi primer día de trabajo, estaba ya hundiéndose mi entrepierna, la vagina me palpitaba.

    El conductor siguió su camino durante 10 minutos hasta que me dijo «uff mi doc, si es así sus tetas, se imagina su…» tocándomela sobre el pantalón, le respondí «ella es muy linda y sabrosa».

    Fue cuando se aparcó tras unos árboles de mango, me dijo que quería ver. Yo me quité el pantalón, pero me dejé la bata puesta por petición de él entonces abrí mis piernas y despegó un olor a sexo, él la miró metió unos dedos me dijo «si esta linda y huele bien, pero a que tal sabe». Me tumbé sobre la ventanilla y abrí los más posible, agarré su cabeza y empezó a comerse mi coño, yo estaba en las nubes mojé su rostro, teniendo 2 intensos orgasmos, él paró y me dijo «bueno está bien rica. Pero mi amigo quiere probar» agarrándose el pene. Le dije «si… adelante que pruebe».

    Sacó su pene me lo pasó por las piernas y luego por mi rajita introduciéndose lentamente, empezó ese mete y saca delicioso, solo podía gemir y repetir la palabra «culéame», él me decía que siempre había querido comerse una médica, así estuvimos hasta que estalló dentro de mi llevándome de semen.

    Esta fue la primera de muchas experiencias que tuve ese año en esa Institución.

  • Haciéndolo en el parque con mi sugar

    Haciéndolo en el parque con mi sugar

    Saludos a todos los que leen mis experiencias semanales; en esta ocasión me fui con mi sugar a un parque algo retirado de donde vivimos para gozar de una tarde-noche de sexo anal, nos fuimos temprano como a eso de las 6 para tener tiempo de comer y pasar el rato, me lleve mi nuevo juguetito (plug vibrador) y mis plugs como siempre, algo de lubricante, condones no hacen falta, pues a mi sugar le permito cogerme sin ellos; toallas por si hace falta sentarnos o acomodarnos pero casi siempre hay césped o pasto y no nos lastima mucho.

    Llegamos a unas bancas que habían ahí y empezamos a platicar, veíamos a la gente, yo le decía que era mala idea hacerlo aquí porque si había algo de gente, no como en otras ocasiones en las que casi siempre estaban vacíos los parques, pero este estaba algo transitado, nos fuimos a comprar un elote para cada uno y un vasito de nieve, conforme pasaban los minutos se iba retirando un poco más la gente, hasta que Don Antonio me dijo que me pusiera el plug vibrador, le dije que iba a los baños pero me dijo que no, que me lo pusiera en frente de él, mientras la gente pasaba a nuestro alrededor, se me hizo algo exagerado pero accedí; lo saque de mi mochila y como llevaba cubre bocas me lo metí y lo cubrí con el mismo para evitar que la gente viera, subía mi excitación al notar que me miraban, y yo traía el plug en la boca, lubricándolo, para posteriormente sacarlo y cautelosamente lo lleve a mi parte trasera para introducirlo; luego de eso, Antonio fue bajando su mano hasta mi culo y presiono el botón para encender la vibración, yo me cruzaba de piernas y evitaba gemir.

    Luego de eso, veo que mi sugar se levanta y se dirige con el vendedor de donas y se compra solo una, le dije que yo quería una y me dijo que era esa, pero que iba al balo para glasearla, obvio entendí a qué se refería, fue a los sanitarios y regreso con la dona llena de mecos encima, y la neta si parecía glaseado, me lo comencé a comer con gusto, obvio el sabor era diferente pero como ya estaba acostumbrado al sabor de su semen, no lo note demasiado, solo el sabor del pan; Antonio me decía golosa mientras me comía sus mecos, eso lo prendió, y luego fuimos a una parte donde hay como una zona de entretenimiento, y a los lados hay un par de escaleras, y como está construido en forma ovalada así a los lados por las escaleras no se notaba mucho desde cierto Angulo.

    Ahí fue donde empezamos a coger, me arrodille en el segundo escalón y mi sugar comenzó a penetrarme lentamente, mientras tomaba su cinturón y lo colocaba sobre mi cuello y halaba hacia él, fue separando un poco más mis piernas por lo que tuve que subir al tercer escalón para que pudiera continuar con el mete y saca, ahí estaba yo con las piernas totalmente abiertas casi en 180°; luego nos fuimos un poco mas arriba donde casi daba la parte superior, era como un escenario, solo que mirábamos a cada rato para evitar que nos vieran, el problema mas que nada no es que nos vieran sino que nos metiéramos en problemas; ya ahí colocamos la toalla para que no me lastimara la espalda, me puse de espaldas y levante lo mas que pude mis piernas pues Antonio solo estaba arrodillado y de alguna forma tenía que llegar mi ano a su verga, pero al final si pudo, se dejó caer y puse mis piernas sobre sus brazos, así comenzamos a coger bien rico, aunque la posición si nos molestó un poco, mejor decidí que se sentara y yo lo cabalgaba, lo hicimos de ambos modos, de frente e invertido, se sentía muy bien, mi sugar me daba latigazos con su cinturón, ya traía las nalgas adoloridas de tanto golpe, pero yo seguía con la excitación, luego de eso, comencé a mamársela como solo yo sabía hacerlo, me sacaba su verga y me daba golpes en mis mejillas, eso me gustaba. Por poco y no se viene pues ya lo había hecho sobre la dona, pero trate de sacarle lo mas que pude, pero Antonio tenía otra idea, me pidió sacar mi cubre bocas para eyacular en él, obvio por dentro, ya me daría vergüenza traer los mecos de fuera y que la gente me viera; así lo hizo, nos vestimos, y me coloque el cubre bocas lleno de semen, y así nos fuimos a la casa, me dejo en mi casa y salió mi mamá a saludarlo, no sabía que iba a estar en casa, pero debo decir que me dio morbo que mi mamá me viera sin saber que traía los hijos del don en mi cubre bocas, yo solo me saboreaba, nos despedimos y cada quien a su casa.

    Por cierto, también mi mamá descubrió mi plug, pero el más chico, el de 7 cm, pero obvio ella no supo que era, solo le dije que era un llavero, espero que se lo haya creído.

    Muchas gracias a quienes leen mis relatos y espero tener más anécdotas calientes, no olviden mensajearme a mi Telegram: @Km4zh0.

  • Una planea y propone, pero…

    Una planea y propone, pero…

    Después de haber tenido mi sesión de amor con Eduardo, quise reponer el tiempo perdido por culpa de la pandemia con mis burros lecheros. Me comuniqué con Pablo a la universidad donde trabaja. Él se mudó desde hace muchos años al norte del país, donde le ofrecieron muy buenas condiciones para continuar su desarrollo profesional, además de las ventajas que tenía su campo profesional en esa región. Nos veíamos al menos un par de veces al año, cuando venía a algún congreso o reunión de trabajo con cierta compañía que lo contrata frecuentemente, también cuando volaba solo a otro país de sur y planeaba en la CDMX el trasbordo para vernos. Desde que nos conocimos supe que él admiraba a mi esposo por lo que conoció de él en sus estudios de posgrado. ¡Qué bueno que yo fui primero!, de lo contrario, un muchacho unos ocho años menor que yo, por muy inteligente que fuera, seguramente se hubiera inhibido al saber que Saúl era mi marido. Lo bueno fue que hicimos el amor muy rico varias veces y ya estaba en mi hato para cuando supo quién era yo.

    Quedamos en vernos una semana después ya que casualmente pasaría por aquí para ir a Argentina. Me puse a fantasear en qué nuevas cosas de sexo podría ofrecerle a este sesentón, incluso me puse a hacerle un suéter para que lo usara en el próximo invierno en Buenos Aires, en fin, ¡yo estaba como chicuela enamorada! Eso merecía el festejo de que ya estaba vacunada para ver a mi segundo macho, pero…

    En el Facebook vi una invitación a la presentación de un libro. La anunciaban en un espacio amplio, pero advertían que se debía hacer una reservación pues el aforo sería reducido. Se trataba de un poemario de un prometedor poeta en ciernes, pero lo que me llamó la atención fue que entre los presentadores estaría Othón. “¡Ups, yo quiero ir!” Le dije a Saúl leyéndole el anuncio, y callando lo de Othón, pero me contestó que ese día en la tarde él ya tenía un compromiso en la Facultad para atender a tres tesistas. “Bueno, veré cómo llegar allá”, le contesté si darle mayor importancia.

    Mi interés por ir, se debía a que a Othón lo veía con menos regularidad ya que vivía en Baja California y casi siempre que venía a la CDMX lo hacía acompañado de su esposa. De inmediato aparté mi lugar. “¿Vendrás solo a la presentación del miércoles?”, le pregunté en un Whatsapp. Por contestación recibí una llamada telefónica, contesté y me fui a mi recámara. En resumen, me dijo que sólo vendría a eso y que regresaría en el vuelo de la noche. Se trataba de un compromiso por la amistad de él con el autor del poemario, quien consiguió los viáticos. Arregló las cosas para que yo lo recibiera en el aeropuerto y después de “saludarnos”, lo llevara al evento, en donde su amigo se haría cargo del resto de las atenciones.

    Ese día, cuando Saúl se fue al deportivo, le recordé que en la tarde iría a la presentación del libro. “No te preocupes, yo comeré en el Club”, dijo como contestación y salí unos minutos después de él. Llegué justo a tiempo, estaban anunciando la llegada del vuelo, así que apenas cruzó la puerta de salida lo recibí con un abrazo y él fue quien me besó, además de hacerme sentir su erección.

    –¡Uy, te duró el Viagra de despedida! –le dije bajando discretamente mi mano besándolo en la mejilla al tiempo que lo sobaba.

    –La verdad, no. No hubo tiempo para despedirme así de mi esposa, fue tu olor –me contestó tomándome de la cintura y dándome un beso en el cuello antes de emprender el camino a la salida.

    –¡Qué malo eres! A mí sí me dieron los buenos días, aunque lo disfruté más al pensar en lo que te haría…

    Platicamos de generalidades antes de subir al auto y enfilé al motel donde estuvimos la primera vez. Él sonrió cuando entramos. Me adelanté a pedir la habitación para hacer yo el pago en efectivo y puso una cara molesta.

    –Tú eres el invitado, todos tus gastos están pagados, y mientras yo usufructúe tu estancia, yo pagaré por ello –dije y él sonrió tomando la tarjeta magnética correspondiente al cuarto.

    A entrar a la habitación, nos desnudamos entre besos y nos metimos a bañar, porque él lo pidió así, ya que salió muy temprano de Tijuana, y no tuvo tiempo de bañarse. Yo me puse una gorra desechable de las que ofrecen en el hotel. Sí, allí fue la primera sesión de amor. Le pedí que me penetrara por el ano, como la primera vez que lo hice así, ya que él fue quien me lo inauguró (tiempo antes se lo había pedido a Eduardo y a Saúl, pero no quisieron).

    –¡Puta, sigues igual de puta! –decía mientras me cogía bárbaramente.

    –¡Disfrútalo, mi amor, es tuyo, para eso lo abriste! –le gritaba, sabedora que su esposa no quería dejar que él se la cogiera por allí.

    Se vino riquísimo y me puse en cuclillas para lavárselo y chuparlo extrayendo la miel que estaba aún en el tronco. Mientras le daba esa alegría, yo me enjuagaba el trasero y me metía el dedo en el recto para que salieran las heces revueltas con semen que más se pudiera. Terminamos de bañarnos y al salir nos secamos uno al otro. Su pene volvió a crecer. “¿Estás seguro de que no tomaste pastillita azul?”, le dije melosamente estirándole el tronco y las bolas con la toalla.

    –La tomé una hora antes de irme a acostar y yo creo que se me gastó con mi mujer porque me dio mucha batalla, pero, como siempre, se negó a que le diera por atrás –dijo hincándose atrás de mí, contemplando mi ano aún abierto–, lo bueno es que éste culito sí me ama.

    –Es tuyo, mi amor, ya te lo dije…

    –¿A poco yo soy el único usuario? –preguntó y me dio una fuerte nalgada.

    –Mmmh, no, pero son muy pocas las veces que otro lo usa, generalmente cuando yo lo pido, y a ti ¡siempre te lo pido! –le contesté jalándolo hacia a la cama, agarrándolo de la verga, claro.

    Othón siempre trajo el pito parado y yo no le creí que no hubiese tomado algo, ya está cerca de los 70, pero tuve que creérselo al recordar la súper cogida que me dio unos días antes Eduardo, de 75 y también con una pastilla la noche anterior. Lo disfruté en todas las posiciones que me puso y las dos regadas que me dio en la pepa. Acabé cansadísima, pues algunas de las posiciones eran para cirqueros, incluido el 69, estando el de pie y sosteniéndome cargada por varios minutos, hasta que le pedí que me bajara porque sentía la cabeza llena de sangre. Descansamos y salimos a comer, cerca del lugar donde él se presentaría.

    –¡Qué hombre! –le dije cuando acaricié su pene bajo los manteles y ¡se le puso rígido de inmediato!

    –¡Qué mujer! –me contestó haciendo lo propio y sintiendo lo mojado de mi vagina.

    –¡Qué mujer tan puta! –dijo al oler los dedos que me había metido en la panocha– ¡Me tocó pelito! –expresó mostrándome un vello que tenía pegado en el dedo y lo echó a la copa de vino para tomar el último trago.

    Pedí la cuenta al mesero, precisando que me la trajera a mí y que le pagaría con tarjeta. Othón volvió a sonreír y al retirarse el mesero me dijo “Esta puta me sigue usufructuando…”

    Othón siempre me trata verbalmente de puta cuando estamos solos. “Te amo, putita”, me dijo al despedirse de mí en la entrada del recinto. “Gracias por la cogida que le diste a esta puta”, fue mi respuesta y se metió a buscar a su amigo. Yo esperé a que abrieran la puerta al público para entrar. Todo transcurrió normalmente. Cuando el maestro de ceremonias concluyó el acto, y antes de invitar a la firma de libros, agradeció especialmente a Othón por las casi siete horas de vuelo que habría de cumplir ese día para estar presente. Othón agradeció diciendo “Fue enormemente grato venirme” viéndome directamente a mí. Se quedaron los que querían autógrafos, incluso vi que algunas personas habían llevado libros de Othón para que se los firmara. A una chica le señalé el libro que traía y le dije “El autor es muy bueno, hoy me dio tres firmas antes de que empezara este acto”. La muchacha sonrió afirmativamente, bajó la vista buscando los libros firmados, desconcertándose al ver que yo no traía libros, y me despedí de ella. Al salir, vi que Saúl estaba en el vestíbulo y fui hacia él.

    –¿Dónde estabas, que no te vi?

    –Llegué tarde y ya no me dejaron pasar “El cupo máximo permitido está completo”, me dijeron y me fui a la casa a dejar mi auto. Regresé en taxi para que nos fuéramos a cenar.

    –¡Ah, qué bueno! –le dije tomándolo de la mano para ir por el auto– lo dejé a donde fui a comer, cenemos allí.

    Después de lavarnos las manos, nos sentamos. Él se acercó a mí, olisqueándome el pelo y la ropa. “¿Qué pasa, mi amor?”, le pregunté, “¿No me lavé bien?”, insistí.

    –Es que hueles muy rico, ¡hueles a puta muy cogida, Nena! –me dijo aspirando más hondo.

    Afortunadamente llegó el mesero con la carta, yo pedí algo ligero y Saúl pidió langostinos y un coctel de ostiones. “En lugar de la pastilla, servirá esto y el perfume que traes” dijo y me quedé pensando qué tanto sabría de lo que había hecho yo. Sacó su celular, buscó algo en Internet, lo leyó y me empezó a besar guardando su teléfono. Me besó y me metió la mano hasta entrar en mi vagina. Cuando la sacó, olió los dedos, los chupó y exclamó “¡Fue Othón el que se cogió a mi Nena puta!”

    –¡Qué te pasa, baja la voz! –exclamé en voz baja.

    –Ay mi Nena, como si no te conociera… –dijo volviendo a meterme la mano entre las piernas y al sacarla volvió a chuparse los dedos.

    –¿A poco los reconoces por el sabor? –pregunté asombrada.

    –A veces…

    –No te creo –respondí enfática.

    –Sí olí tu perfume de puta: muy cogida, y se me paró automáticamente. Probé tu flujo y comprobé que sabía a atole casi recién hecho. Busqué en Internet y vi el anuncio que me mostraste, allí comprobé que estuvo Othón aquí. Es más, apostaría que comieron en esta mesa o en la de junto –afirmó sorprendiéndome más.

    Volteé hacia la otra mesa, que fue donde habíamos estado, y vi que tenía el letrero de “No usar. Conserve la sana distancia”, seguramente los cambian de lugar cuando su van unos clientes y antes de que lleguen otros. ¡Llevamos casi cincuenta años de casados y siempre ha descubierto mis andanzas! La cena transcurrió tranquilamente, pues no quise volver a tocar el tema. Con mi silencio al respecto, acepté mi desliz. Al finalizar, pedí la cuenta para acelerar el trámite. El mesero me trajo la cuenta, lo cual no pasó desapercibido a Saúl, pues sonrió, y pagué con mi tarjeta. Sí, era el mismo que nos había atendido a Othón y a mí…

    Al llegar a la casa, me empezó a desvestir dándome besos. “Te amo puta, mi Nena”, me dijo con ternura. En la cama volvió a cubrirme de besos, me volteó boca abajo y me dio más besos, desde la nuca a los pies. Después me dio muchos en la nalga donde me había golpeado Othón, que seguramente conservaba alguna marca roja. “¿Te dolió, Nena?”, me dijo al sobármela. Me puso en cuatro y me di cuenta que el pene estaba enorme.

    –Te disfrutó como les gusta, Nena. ¡Ahora me toca a mí! –dijo, metiéndomela de golpe en el culo y empezó a moverse frenéticamente, de nada servían mis gritos de dolor por la enculada en frío que me dio– ¡Qué rica puta me tocó! –gritó al venirse con dos chorros en mi cola.

    Me empujó las piernas para que yo quedara acostada y se quedó ahí, ensartado como perro. Yo lloraba, no sé si de dolor o de felicidad. Me limpió con la lengua las lágrimas que me escurrían del lado donde asomó su cabeza y dijo tiernamente “Yo también te amo”. No sé si asumía que yo lo amaba, o si se refería a que Othón me amaba. No tenía sentido preguntarle.

    Nos metimos bajo las cobijas y dormimos. A las pocas horas me desperté porque Saúl me estaba chupando divinamente la vagina, le tomé de la cabeza y la apreté fuerte contra mi pubis, flexioné un poco las piernas para atrapar también con ellas la cabeza y me pajeé riquísimo viniéndome a chorros que tragaba mi cornudo. En la mañana sólo dijo “Gracias por el atole que me hicieron, Nena puta” y se subió en mí para venirse una vez más. “Te amo, Nena. Buenos días”, me dijo antes de irse a bañar. Yo me quedé pensando “¿Éste a qué hora se tomó la pastilla?” y como si hubiera adivinado, antes de cerrar la puerta dijo “Los mariscos y, sobre todo, el atole de puta son buen afrodisiaco”.

  • Sexo anal con un hombre de 66 años

    Sexo anal con un hombre de 66 años

    Mi nombre es Serena, soy una mujer caliente, pero lo que hice hace 3 semanas se pasó de mis límites.

    Iba caminando por la calle cuando de repente, me invadió esa necesidad de tener sexo con alguien ya habían pasado varios días desde mi último encuentro sexual, así que empecé a mirar a mis alrededores por algún candidato potencial habían unos hombres en la obra pasé junto a ellos moviendo mi culo de un lado a otro y con la camisa desbrochada, pero ninguno me volvió a ver, pase por el taquero de la calle haciendo lo mismo y ni siquiera se dio cuenta empezaba a desanimarme y hacía un calor infernal.

    Decidí sentarme en una banca cuando a mi lado se sienta un hombre ya mayor de edad y me dice «vi lo que hacías, si gustas yo te puedo ayudar» nunca en mi vida se me había cruzado por la mente tener sexo con un señor de esa edad pero ese día había un fuego intenso en mí y necesitaba saciar mis ganas, le respondí que proponía el y me dijo que tal si lo hablamos en un lugar menos concurrido me llevó a un terreno baldío con una casa abandonada al principio dudé en entrar pero empecé a excitarme con la sola idea de estar con alguien como él.

    Cuando entramos se me acercó y empezó a besar el cuello con una pasión que nunca antes había sentido mi piel se erizo y mi panocha empezó a mojarse, empezó a bajar por mis pechos subió mi camisa y quedaron mis pechos descubiertos el empezó a pincharme los pezones mientras nos dábamos un beso de lengua luego sus manos bajaron hasta mi panocha y me dijo “estás bien mojada puta”, cuando me dijo así creo que automáticamente tuve un orgasmo.

    Estuvo frotando mi panocha y metiendo sus dedos en ella por buen tiempo hasta que yo le empecé a rogar que me cogiera ya. Entonces sacó su pene de sus pantalones y oh dios mío es el pene más grande y grueso que antes nunca había visto era suave al tacto y tenía unos testículos grandes yo me acosté para que el me penetrara pero él me dijo: “ponte de rodillas perra y empieza a mamarme la verga” yo como toda una buena puta le hice caso y empecé a meterme su pene a mi boca el sabor era tan dulce que creo podría estar todo el día mamándosela.

    Estaba saboreando cada gota de su pene cuando él me agarra del pelo y con una violencia erótica empieza a metérmela y sacármela de la boca me excité tanto que me vine y cuando pensé que ya no se iba a poner la cosa más buena fue cuando me dijo: “te voy a dar con mi verga pero por el culo ya estoy viejo para ser padre y por atrás no hay ese riesgo”. Me puso como perra en cuatro patas y con un escupitajo en mi culo empezó a meter su verga primero la puntita me dijo y después toda.

    No lo voy a negar el dolor era intenso pero a la vez era placentero cuando metió la punta volvió a escupirme el culo y empezó a meterla toda hasta adentro y mientras lo hacía con su mano me acariciaba la panocha poco a poco empezaba a subir el ritmo mientras yo gemía sumisa me besaba la espalda me tocaba mi panocha mientras me daba por mi culo y a pesar de su edad lo hacía más rico que uno de 20 años, me seguía dando duro hasta que tuve orgasmo la saco y me dijo que me acostara de lado mientras él hacía lo mismo me la metió otra vez por el culo pero esta vez sin delicadeza la metió toda de una sola vez y empezó a darme durísimo se volvió un animal me agarró del pelo y cuello me empezó a asfixiar era tanto el placer que sentía que no me importaba morirme en ese momento me escupía en la cara y me decía te gusta puta te gusta perra te la saco yo solo movía mi cabeza entonces se empezó a poner más violento empezó a pegarme a insultarme a besarme los pechos cada segundo me encendía mas cuando estaba a punto de llegar al clímax me dijo abre la boca te los voy a echar pero yo le pedí que se viniera en mi culo.

    Cuando le dije eso una sonrisa se dibujó en su cara y me dijo “después vas a andar cagando niños” y terminó adentro de mi culo. Esa tarde se hizo noche tuvimos sexo como animales, anal, oral y vaginal hasta la fecha de hoy seguimos teniendo encuentros en esa casa abandonada ya que el aún es casado, pero eso no me detiene para yo ser su puta.

  • Amigo ratón del queso (Cap. 5)

    Amigo ratón del queso (Cap. 5)

    Capítulo 5: Y ahora? Ya no hay prejuicios y complejos.

    Muy en el fondo escucho un teléfono celular, suena que suena, nadie lo atiende, no sé si es un sueño o de verdad suena un teléfono celular, el tono me parece conocido y de sopetón me despierto <Mierda es mi teléfono> abro los ojos como puedo y veo a Genesis acostada boca abajo profundamente dormida, me levanto con la mayor cautela y salgo a buscarlo, está en la cocina, cuando veo dice Aquiles.

    Tomás: -Alo, sí?

    Aquiles: ¿Que paso loco?… tengo rato tratando de comunicarme contigo y te he enviado como 10 mensajes, dónde andas?

    T: ¿Verga loco, disculpa, estaba dormido y de verdad que no escuche el teléfono, ando en la calle aún, qué paso?

    A: ¿Cuándo vas a venir a buscar tú moto, jamás la habías dejado así, pasó algo?

    T: No nada malo, tranquilo, después te cuento, ando con Genesis.

    A: NO me digas que andas otra vez despechado por esa caraja, qué pasa contigo, hasta cuando vas a seguir cuidándole el culo si no te para bolas.

    <Si supieras que anda en pelotas, dormida y en su cuarto del polvo que nos echamos>

    T: Ya cierra la boca, no es problema tuyo, más tarde te llamo y cuadramos para pasar por ella, mañana trabajo.

    A: Dale, pero que no pase de hoy, mira que donde la tengo estacionada no puedo tenerlo mucho tiempo, me puedo buscar problemas en el edificio.

    T: Si, si, tranquilo más tarde te llamo, ¿vale?

    A: Dale, quedamos así entonces.

    Cuelgo la llamada y me veo en la pantalla del celular que son las 2:00 de la tarde, me sorprende <Mierda, que fin de semana más loco jejejeje>, busco un vaso, tengo una sed horrible, abro la nevera y cuando me estoy tomando mi vaso con agua siento que me agarra las bolas, brinco de la sorpresa y me echo algo de agua fría encima.

    Tomás: Coño… me asustaste y el agua esta helada.

    Genesis: Buenas, estoy palpando a ver si son de verdad o estoy soñando jejejeje.

    T: Cómo qué que, si son de verdad, claro que las son jejeje.

    G: Bueno es que anoche o esta mañana, ya no recuerdo que horas son, estas niñas me sorprendieron.

    T: Cómo que niñas, son bolas, son masculinas.

    G: No, Bolas, termino femenino, aunque claro está que solo las tienen los hombres y estas ¡vaya hombre que las calza! pero la palabra es femenina (me las palpa mientras termina la frase), ¿qué tomas, dame?

    T: Agua, ¿quieres?

    Le cedo el vaso y me recuesto del mesón, aún seguimos en pelotas los dos, ella toda despeinada pero absolutamente hermosa, sus senos, que son grandes, tiene una caída natural en forma de gota de agua, divinos, sublimes, su cuerpo fue hallado por el mismo Zeus porque de verdad que es toda una diosa, se percata que la ando buceando y me ve, voltea a verme, casi se ahoga cuando dice.

    G: ¡Dónde metiste el pene!… ¿Qué vaina es esa?

    Dicho eso, bajo la mirada y esta de reposo mi pene, me echo a reír con ganas porque esa loca de verdad que sale con cada ocurrencia.

    T: Cómo que dónde está, esto es lo que hay (y le hago el helicóptero con el pene)

    G: No me engañes, esa vaina no es lo que tú tenías anoche, lo de anoche es una vaina de otro planeta.

    T: No conoces las diferencias de pene de carne y pene de sangre, pues éste (muevo las caderas haciendo que golpee de un lado al otro) es puro pene de sangre.

    G: Había escuchado ese término, pero no me joda, debes tener como 100 litros de sangre para llenar esa vaina y encima una bomba de camión bomberos en vez de un corazón porque Dios Santo!

    Se acerca y se apoya en mí, me abraza y con una pierna empieza a hacerme cariños en la pierna y su muslo roza mi pene.

    T: ¿Estás buscando pelea?

    G: No, ya va, aun me duele todo, suelta el vaso y sale corriendo al cuarto.

    Sigo tras ella y se tira en la cama entre risas y gritando que no, que la deje

    G: ¡Auxilio, se metió un burro en mi casa, auxilio!

    Ya encima de ella, entre risas y falsos forcejeos me abraza con sus brazos y sus piernas, le doy un beso suave, pero largo y siento como se derrite en mis brazos, afloja los brazos y las piernas y se funde conmigo en un beso largo, pero sumamente tierno, de verdad que es divino, ella lo interrumpe.

    G: Estoy soñando, dime que esto no es un sueño, por favor.

    T: Le pellizco una nalga (grita ay coño) y me rio.

    G: Vale no seas malo, no me maltrates… bueno, sí pero solo con lo que tú sabes jejeje.

    T: No, no es un sueño, parece, pero esta es la vida real y estoy desnudo, encima de la mujer más hermosa, tierna, divertida y ardiente que he conocido en mi vida.

    G: Y ni se te ocurra conocer otra más porque te mato.

    Ambos nos echamos a reír y me abraza con fuerza y en el odio me dice.

    G: Tomy, me encantas, de verdad que me fascinas, me rio demasiado contigo y me siento feliz.

    T: Me alegro que digas eso, no hay nada más que me haga feliz a mí que verte así, feliz, si pudieras verte los ojos te darás de cuanta como te brilla y esa sonrisa (le doy un beso) es una de mis debilidades.

    G: Gracias, eres demasiado bello y me fascina estar feliz contigo (me da como 10 besos) ¿Tienes hambre? Porque yo me estoy muriendo.

    T: Sí, tengo hambre, ¿Vamos a comer algo, pero afuera, me da ladilla cocina?

    G: Uy si que flojera cocinar, dale vamos.

    T: ¿Te bañas conmigo?

    G: Y tú pensabas que te iba a soltar (me abraza con fuerza e igual con las piernas) así vamos a salir, no te vas a ir a ningún lado, ¿me oíste?

    T: Ah buen, dale déjame agarrar las llaves me pongo zapatos y nos vamos.

    G: ¡Así en pelotas! ¡Tú estás loco!!!

    T: ¿Cuál es el problema? Jejeje

    Me levanto, ella está muerta de la risa y literalmente pegada a mi o abrazada, me dirijo al baño, abro el agua y no deja de reírse, me suelte besos, siento sus pezones ponerse duro porque en mi pecho se están clavando.

    G: Please, ni tan tan.

    T: ¿Cómo que ni tan tan, de que hablas?

    G: Ni tan fría ni tan caliente cielo jejejeje.

    T: Vale, creo que así está bien.

    Entro con ella aun pegada como un koala abrazo de un árbol y dejo que el agua de la ducha nos moje, se ve hermosa y mojada aún más, ella echa su cabeza hacia aras y deja que el agua recorra por su cara, su cabello y mueve la cabeza hacia los lados recibiendo el agua “ni tan tan”, es divina la ducha y ella encima de mí, ni hablar, mi mira y sonríe, sus ojos brilla demasiado, su sonrisa es genuina, deslumbrante y me da un beso tierno que correspondo, baja sus piernas y la suelto, ella busca su esponja agarra el jabón y me empieza a tallar por el pecho, los costados el cuello, es minuciosa, su sonrisa no se borra, me encanta lo feliz que se ve y la dejo hacer a sus anchas.

    Continua, talla los brazos y me hace un gesto que me voltee, se dedica a mi espalda, me recuesto de la pared apoyado en mis brazos, sigue bajando cuando llega a mis nalgas se dedica una buena pasada, la cual se queda en ellas y las talla con las manos, volteo y esta agachada como hipnotizada viéndome el culo.

    T: ¿Me lo vas a gastar? Jejejeje

    G: Gafo (se ríe y me da un buen azote mientras se muerde los labios).

    Continua con mis piernas, ya ha este punto me estoy excitando y tengo una erección como al 50%, que irá en aumento, y cuando va de regreso hacia arriba, me da palmaditas para que separe las piernas y me enjabona el culo y las bolas, se percata que va creciendo la erección y me lo agarra con una mano.

    G: Ahora entiendo porque le llaman pene de sangre, madre mía, esto está caliente y como crece, voltéate que lo quiero ver.

    Me giro y me lo vuelve a tomar con la esponja y la otra mano, lo enjabona con delicadeza, pero lo recorre por completo, le veo su cara de asombro y excitación, se muerde el labio y me mira aun arrodillada, me hala para que caiga agua y me escurra el jabón y ya son el, se lo lleva a la boca, sin dejar de mirarme intenta llevarlo hasta el fondo, pero no puede, la arcada le avisa que es hasta allí, lo saca lento y se relame los labios.

    G: Esto es hermoso, sabroso y asombroso.

    Vuelve a metérselo a la boca, pero con una mano me masturba y con la otra toma las bolas, empieza a darme una mamada a toda marcha, me puso a mil su cara, su mirada es de lujuria y la seudo paja-mamada que me está echando es de película, su lengua es súper juguetona, no deja de subir y bajar por todo el glande, la succión es continua y vaya que está logrando su objetivo.

    T: Vas a hacer que acabe.

    G: (Suena como un chupón cuando suelta el glande) Esa es mi intención, quiero lechita.

    Y vuelve a su faena, me lleva al máximo, creo que supo interpretar mi cara porque me suelta las bolas y con ambas manos me pajea sin dejar de mamármelo y la escucho gemir, no deja de mirarme y siento como se me hincha tronco más, señal inequívoca que allí viene la acabada, ella debe haberla sentido porque mantuvo el ritmo y se acomoda para recibirla.

    Dos, tres, cuadro, cinco succionadas y exploto, ella caso que se lo saca al sentir el primer latigazo de leche que debe haberle caído de sorpresa, el segundo y el tercero, no deja de pajearme ni mamármela, gime duro que se escucha a pesar del sonido de la ducha, y va bajando el ritmo, de verdad que no sé cuántos latigazos solté, pero si veo que se le escapa por la comisura de la boca algo de semen, me suelta y me muestra todo lo que bote, cierra la boca y empieza a tragar, me muestra la lengua con restos de mi acabada y le pasa la lengua por la punta buscando los últimos restos.

    G: Que delicia, tampoco es que haya probado muchas, pero sin duda alguna esta me encanta no sé qué tienes, qué comes o qué tomas, pero me fascina tu leche.

    T: Eso de que no has probado muchas se escuchó feo jejeje.

    G: Gafo, me conoces y te lo he contado, eres el tercero en mi vida que la prueba y nada que ver, incomparable, Ud. es el campeón lácteo, por el sabor, cantidad y presión… vaya que si me acabas en la cara me sacas un ojo jejeje.

    Imposible no reír con sus vainas, de verdad que es demasiado divertida, le tomo de las manos y hago que se levante, me abraza y me da un beso tierno que terminamos en uno de lengua violento, imposible no percibir restos de mi acabada, es la primera vez que lo hago y la pruebo, no me importó, su boca es más divina y me la quería comer.

    Me arrodillo y tomo el jabón, la esponja y ella se quiere arrodillar, con una mano la detengo, que se mantenga de pie, empiezo a enjabonarle un pie lo levanto y apoyo en mi pecho, con la esponja full de espuma voy tallándolo, sin dejar de mirarla, sigo por su pantorrilla, rodilla, muslo por fuera, abajo y arriba, cuando voy por la parte de adentro, se lleva una mano a una teta, la agarra <Así te quería ver> subo por su parte interna del muslo sin llegar a su vagina, no pierde detalle y justo cuando iba llegando a donde ella esperaba me detuve, su cara es de frustración, se muerde los labios y aprieta un pezón.

    Le bajo la pierna y tomo la otra, haciendo lo mismo, cuando casi llego a su vagina, me detengo y le bajo la pierna, me mira con rabia lasciva, le agarro por sus caderas haciendo que se voltee mirando para la pared, enjabono sus nalgas, con una buena cantidad de pasadas con la esponja y después con mis manos, me fascinas sus nalgas, ella solita levanto su culo y abrió más las piernas, me lo pone en bandeja de plata, como dicen.

    A esta altura voy recuperando nuevamente mi erección, me levanto y sigo enjabonando su espalda, pongo sus brazos contra la pared y se los enjabono, ya de pie detrás de ella, mi pene lo calzo entre sus nalgas, de inmediato suelta un gemido y empieza a tallárselo con movimientos de cadera y hacia los lados, habiendo enjabonado ya su cuello por detrás me acerco más y paso a el vientre, estómago y las tetas, uff, me fascina sus tetas, desde atrás es una delicia como se sientes en mis manos, ella voltea a ver cómo se las sobo y enjabono, sobre todo los pezones, que están durísimos, gime cuando se los rozo.

    Empiezo a moverme hacia atrás y adelante, suave para que mi pene se roce con su vulva, con la esponja le enjabono su monte de venus, al sentirme suelta un grito suave y echa la cabeza hacia atrás, pongo mi pene, el glande entre la esponja y mi mano y juntos empezamos a enjabonarla, ella se agita y empieza a moverse al compás conmigo, se talla duro, gime con desespero.

    G: Métemela, anda, por favor, clávame aquí mismo.

    T: ¿Lo deseas? Dime qué tanto lo deseas.

    G: Ay todo, lo quiero todo dentro, quiero que me abras, sentir como llenas, como palpitas, mira como me tienes, quiero que me partas… ah sí, sí, así, pero métela ya.

    Dicho esto, le halo hacia mí para que el agua caiga y le enjuago tu vulva, mi pene y mis manos, casi grita al sentir el juego con el agua y vuelvo a llevarla hacia la pared, hago que apoye sus manos y le agarro por las caderas levantando aún más su culo, casi que esta parada de puntillas, con un suave movimiento de cadera logro calzar el glande en su entrada, voltea a verme, abre la boca, su cara es de sufrimiento, pero un sufrimiento de placer.

    T: ¿Esto es lo que quieres?

    G: Si, es lo que quie…. (suelta un largo gemido al sentir que voy entrando sus ojos lo pone en blanco).

    Llego hasta su cérvix y pega un brinco al sentirla, en esta posición no logro meterse del todo, y agarrada de sus caderas empiezo a cogérmela suave solo se escucha sus pequeños gritos y la ducha, es algo porno porque la posición, ella de cuclillas con sus piernas abiertas y yo caso que sosteniéndola por las caderas penetrándola, eso me excita demasiado.

    G: Si, duro, dame más duro, anda, quiero que me partas. (entre jadeos me lo ruega).

    T: No creo que te merezcas que te de duro.

    G: Si, claro que si, métemelo duro, anda vam… (No la dejo terminar y la embisto con fuerza, esta vez sí entro toda, por lo visto su excitación hizo que se ensanchara su gavina).

    Grita un “Sí” y agarrada de la cadera la embisto una, dos, tres, y así sucesivamente, se la estoy clavando a petición, se pega a la pared por las embestidas, sus tetas están aprisionadas contra la pared y la sigo taladrando, ya esta vez con bastante intensidad, me pone a mil, verle el culo así, y como se ve cuando entro y saldo, su ano con las embestidas palpita, se ve como se abre y cierra poco, pero es notable, <El culo es mi próxima ficha a coronar>, estando dentro de ella se siente más caliente que el agua que nos cae encima.

    El tiempo es relativo cuando estas disfrutando, uno cuando está tirando o haciendo el amor, no voltea a ver un cronometro o reloj, solo se dedica al placer y más nada. Sus gritos son ahogados y altos, intenta decir algo, cuando siento que su vagina me aprieta una, dos, tres veces, ya aprendí a leerla, está por venirse, así que aumento poco la intensidad y hace que me suba a mí también.

    T: Me pones mal, esto es lo que querías, te voy a llenar de leche.

    G: Si, dale préñame, quiero sentirla adentro (y se queda en un Oo largo)

    Cuando sus piernas empiezan a temblar y su totona a masticarme el pene, la sangre me sube y no aguanto más explotando dentro de ella, enterrándosela hasta el fondo.

    G: Ah sí, ah (Un largo grito que se debe haber escuchado hasta fuera del apartamento).

    Sus piernas tiemblan y debo sostenerla porque casi se cae, la abrazo y mi pene se sale.

    G: No, que no se salga… ay la quería adentro.

    T: Estas que te caes bella (me rio porqué puso una cara de puchero).

    Me recuesto en su espalda, ella aun pegada a la pared, beso su cuello, he intenta voltearse y le ayudo, me abraza por el cuello y me empieza a besar, seguimos abrazados y esos besos dulces, llenos de ternura y pasión, hasta que me muerde duro y le hala el labio hasta soltarlo, no sé cuánto duramos así,

    G: Vas a tener que bañarme de nuevo jejejeje.

    T: Dale, por mi feliz, anda vamos que ahora tengo más hambre.

    G: Cómeme a mi grrrr (haciendo como un tigre con cara picara).

    Me rio, levanto la esponja, la enjabono bien nuevamente, hago lo mismo conmigo y abrazados dándonos besos nos escurrimos el jabón por todo el cuerpo.

    G: Me falto el cabello, si quieres salte tú, que yo me lo lavo rápido.

    Me da un beso y me vuelve a morder el labio halándolo, le encanta hacerme eso por lo visto.

    Me salgo de la ducha, me seco con la toalla que me había dado, busco mi ropa, debe estar en la secadora, y en efecto, allí la encuentro, regreso al cuarto hasta una silla que tiene cerca de la ventana, ella ya estaba saliendo de la ducha y se está escurriendo el cabello.

    T: Bella, por casualidad, tendrás algún desodorante de alguno de tus “amiguitos”.

    G: ja ja ja, muy gracioso, aquí en el baño debe haber uno.

    Entro buscarlo y abro el gabinete encontrando uno, esta nuevo (menos mal) me pongo un poco, salgo para vestirme, con la misma ropa con la que la fui a buscar el sábado de madrugada en el bar, busco mi teléfono y son las 4:00 pm <wow, que forma más sabroso de invertir dos horas> me rio y mientras ella buscaba que ponerse en su closet, me pregunta:

    G: ¿De qué te ríes cielo?

    T: Nada, son las 4 de la tarde y cuando nos metimos a bañar serían las 2, creo, vaya forma de invertir dos horas.

    G: Ni me lo digas a mí, por cierto, manejas tú, me duele el culo jejeje

    T: Cómo que el culo, ni lo he tomado, aún…

    G: (lanzándome la toalla que se puso en el cabello) tú crees que no me duelen los músculos de la cadera, o crees que tienes un maní entre tus piernas y eso de aún, ni sueñes, eso no va a pasar.

    T: No seas soez jejeje, tampoco fue para tanto.

    G: Voy a comprar un arnés con tus medidas y después que te parta en dos, hablamos.

    Estallé en una carcajada al punto que me tuve que sentar en la silla porque de verdad ella es imposible, sentado me amarro las botas y le escribo a Aquiles diciéndole que en una hora aproximada estaría allí, le llamarían cuando este en la entrada del edificio, él me responde que “ok” y al sonar el teléfono, me dice:

    G: Te estas reportando con la otra, dile que eres mío y que se jodío, que ni se te acerque porque la hago picadillo.

    T: Vaya cuaima la señorita.

    G: Siempre, acostúmbrate, porque tú eres mío y vámonos, que también tengo hambre.

    Se había puesto unos de esos vestidos semi deportivos que son a medio muslo, ceñidos, resaltan su figura, sin sostén y unos zapatos de goma blancos, cabello suelto, aun mojada y de salida toma su bolso y saca un perfume, busco mis cosas y agarro las llaves, sella e echa tres splash de perfume y dos a mí.

    T: Epa, eso no me queda a mí.

    G: Estoy marcando territorio, te mordería para dejarte marcado, pero no te va a gustar.

    T: Si quieres te busco un fierro de ganado y soy uno más de tu hacienda.

    G: Estas muy gracioso, como si fuera ganadera yo… ja.

    Ese juego del ganado, que los celos y demás, es el típico juego que siempre nos hemos echado en los últimos tres años, casi que no podía salir con mis amigas porque ella se aparecía con su novio, o mejor dicho su ex, el pendejo eso en fin, me coqueteaba duro delante de su novio y mis amigas, ninguna de mis conquistas la llego a pasar, decían que ella estaba enamorada de mí y yo les explicaba que ella es mi mejor amiga, mi ex, me soltó “Si claro, amigo ratón del queso” y de allí el nombre de esta historia.

    En el estacionamiento, encendí su camioneta, se calzó sus lentes de sol y prendió su reproductor, empezó a sonar un reggaetón que tanto le gusta y salimos.

    T: ¿Sushi o hamburguesa?

    G: Me lo pone difícil, sabes que ambos me encantan…

    T: Sushi entonces.

    Me suelta un manotón y se echa a reír, en plena vía pone su mano sobre él apoya cabezas de mi asiento y me hace cariños, como voy manejando de vez en cuando volteo a verla y siempre está mirándome o creo, al menos que se haya quedado dormida jejeje.

    T: ¿Que tienes?

    G: Nada, me sonríe y juega con mi cabello.

    T: Seguro, estás tan quieta y eso sí que es raro en ti.

    G: Ay si, la revoltosa pues jejejeje no vale, que te estoy viendo vale, ¿qué no puedo?

    T: Claro que puedes, pero ¿qué piensas al verme?

    G: No me lo creo, esto es un sueño, de verdad Tomy, ya sabía que yo te gustaba mucho, pero conociendo el hombre que eres, lo bueno, dulce, caballeroso, siempre me dio miedo hacerte daño, tú muy bien lo sabes, lo impulsiva, loca que soy, no me aguanto nada de nadie.

    Le interrumpí diciéndole:

    T: Lo sé, tranquila, no te juzgues, yo nunca lo he hecho, además una cosa es lo que antes habíamos conversado y otra muy diferente es en dónde estamos ahora, me entiendes.

    Ella se quedó callada unos segundos y se acomodó en el asiento y dijo:

    G: ¿Y dónde estamos ahora? (su tono fue algo serio)

    T: Te soy franco, en un limbo, porque ni tu ni yo hemos hablado con seriedad y manos después de los hemos hecho, ambos nos conocemos muy bien, al punto que sabemos nuestro pasado y presente, pero ni tu ni yo podemos definir ni siquiera predecir el futuro.

    Su semblante cambio dejo de mirarme y empezó a mirar por la venta.

    T: Pero algo sí te puedo garantizar, aquí estoy, aquí estaré mañana, pasado, la próxima semana y hasta que ambos decidamos poner fin a lo que tengamos, ¿Qué será? No lo sé, pero algo si te garantizo, hoy y ahorita, te quiero muchísimo, no sé si decir que te amo te agradaría, porque por muchas noches me sentía mal sabiendo que estabas en brazos de alguno de los imbéciles con los que salías y sabiendo que ninguno de ellos te merecía.

    En ese momento estaba detenido esperando luz verde en un semáforo y sin esperarlo se lanzó a encima de mí y me dio un beso tan fuerte y profundo que sentí mi cara húmeda, de la impresión me percaté que por sus mejillas corría una lágrima.

    G: Yo si te amo, y te amo demasiado, siempre reprimí mi sentimiento hacia ti por muchos prejuicios estúpidos y temores absurdos en mí, pero estos días me has enseñado y hecho a ver la realidad en mí y sí, te amo Tomás.

    Me vuelve a besar y fue tan rico ese beso, más por las palabras con las que venía acompañado que solo nos sacó de esa burbuja la corneta de carro que tenía detrás. Avanzo y le abrazo, aun recostada de mí y cambio de carril, intento estacionarme, logro hacerlo unos metros más adelante.

    T: Bella, me siento en el cielo, mi pecho se siente un frio de la emoción y no te garantizo un cuento de Disney porque es mentira, esa vida no existe, pero si quiero darte lo mejor de mí al 1000 %, aquí estoy, tuyo soy y tanto me costó tenerte que perderte por alguna estupidez que pueda hacer es imposible.

    La abracé fuerte y le di un beso que estaba cargado de mucha pasión y verdadero sentimiento, no puedo negar que se me aguaron los ojos de la emoción, momentos así pocas veces se viven y aquellos que me leen saben a lo que me refiero, hay momentos que vale la pena recordar y revivir una y otra vez porque son únicos.

    Continuamos con el camino, llegamos a un restaurant en el Municipio Chacao Maki sushi, uno que sé que no conocía pero que me han recomendado, al estacionarnos se percata que su pezón se marca demasiado y busca un sweater dentro de su camioneta, se lo pone y seguimos.

    G: ¿Es bueno?

    T: No sé, me lo han recomendado, pero es la primera vez que como aquí.

    Me abraza por el brazo y sonríe.

    G: Que rico, conociendo lugares nuevos juntos.

    T: Esa es la idea, que sea único el lugar y el momento, además este fin fue mi primera vez.

    G: (Se ríe aparatosamente) Primera vez, tú, aja… seguro, échame un cueto de vaqueros ahora, mira que venía sentada de lado porque me duele el culo (diciendo esa última palabra ya bajaba la voz porque estábamos entrando al restaurant).

    Nos sentamos en la terraza, ella busca la carta y empieza a cuzquearla, mientras de verdad me siento a verla, ella metida en la carta y con una mano me acaricia la mía que esta sobre la mesa, me lee el menú y realmente no le estoy prestando atención, solo le observo, lo bella que está, su cabello aun húmedo, sus cejas, su boca como se mueve cuando pronuncia cada palaba cuando pronuncia la d que se muerde la punta de la lengua, demasiado, sin duda estoy enamorado de esta loca.

    G: ¿Te parece?

    T: Sí, perfecto. (Ni idea que se refería, estaba absolutamente inmerso en su belleza).

    Llego el mesonero, nos tomó la orden, trajo las bebidas, y empezaron a llegar los platos, la comida transcurrió de lo más normal, reímos de cuentos pasado, me comento sobre una de sus amigas, hablamos de trabajo ella del suyo y yo del mío, me comento sobre su hermano, le eche el cuento de los míos y así pasamos el rato, en eso me suena el teléfono, es Aquiles preguntado qué había pasado, le respondí que estaba cerca que me diera 15 min, le mostré el mensaje y me dice que pidiéramos la cuenta, al llegar ella insistía en pagarla a lo que me negué y empezó:

    G: Tommy déjame pagar, déjame invitarte por favor.

    T: No, quiero pagar todo yo.

    G: Vamos a medias pues.

    Me pone cara de puchero y me sostiene la mano donde sostengo la tarjeta que le estaba dando a mesero, imposible no caer ante semejante ternura, de verdad sabe cómo desarmarme, saca s tarjeta y le da ambas al mesonero, éste nos trae los respectivos voucher para firmar y le dejo la propina.

    Ya de salía va abrazada a mi seguimos riendo por una de sus ocurrencias.

    G: Uy que rico es comer, quede llena y de verdad que tenía muchísima hambre.

    T: Si estuvo muy rico todo, elegiste muy bien.

    G: Claro, sabes que tengo un gusto excelente, que más podrías esperar de mí.

    Diciendo esto levanta sus brazos y da una vueltica y abre la camioneta, la enciendo y vamos al apartamento de Aquiles, estacionado me bajo, ella se cambia, él ya me estaba esperando en la puerta, él la conoce, le saluda con una sonrisa y la mano levantada, ella le grita.

    G: Aquí te lo dejo.

    Él puso cara de sorpresa y se rio, aun estando al lado de ella, le digo:

    T: Espérame que encienda la moto y te escolto a tu casa, ¿vale?

    G: No cielo, dale tranquilo, voy a mi casa, pero antes debo ir a comprar unas cosas.

    T: Seguro, no me cuesta nada acompañarte, es más quiero hacerlo.

    G: No dale, anda descansar, me llamas cuando llegues, ¿sí?

    T: Dale, está bien, sí, te llamo, claro que sí.

    En eso ella casi que se sale de la camioneta por la ventana y toma mi cara, me da un beso largo y suculento, al que yo correspondo y obvio, termina mordiéndome el labio y soltándolo.

    G: Uy que rico son tus labios, DIOS MÍO. (Diciendo lo último gritando).

    Se pone el cinturón y arranca, me quedo parado viendo cómo se va, llevo los dedos a mi boca y sobo el labio, de verdad me muerde duro, me encanta me rio y me volteo, veo a Aquiles con cara de WTF, levanta los brazos.

    A: Explícame eso, ¿qué paso aquí?

    T: Que te puedo decir, me rio y levanto los hombros.

    A: No si claro, un besito de amigo, si te estaba devorando, cuéntame que paso, adema no andas con la misma ropa de viernes, ¿te quedaste en su casa todos estos días?

    T: Un caballero jamás habla de una dama.

    A: Sinvergüenza, lo veo y no me lo creo, de verdad.

    Me rio y vamos conversando pendejadas, cambio de tema porque de verdad no quiero decir nada de lo que ha pasado y mucho menos comentar la intimidad de ella con más nadie, no es problema de nadie, es mi relación, mi vida, mi privacidad, ya en el estacionamiento caliento la moto, me pongo el casco, los guantes, le escribo un mensaje diciéndole que voy saliendo cuando Aquiles me dice:

    A: Mira, ¿qué vas a hacer con Aimara?

    Vaya balde de agua fría, Aimara, es una amiga que me había dado unos besos con ella, se suponía que ese viernes iría por ella a buscarla después de darle una “vuelta” a génesis, cosa que no hice obviamente y tampoco me excuse después de haber cuadrado, algo que es un valor en mi es la puntualidad y responsabilidad, manejo mi vida con congruencia por lo que mi amigo me recordó algo que debo hacer como hombre, dar la cara definir las cosas, además ese aspecto no se lo había contado a Genesis, menudo peo que se me avecina por no haberle contado sobre ella.

  • Mi amo R y yo (Parte 2)

    Mi amo R y yo (Parte 2)

    Una vez más lo vi ir hacia la maleta que traía saco una especie de venda y me la puso, retrocedí un poco y tiro de mi cadera, estire las manos buscándolo y mis instintos empezaron a agudizarse escuchaba a más personas riendo y hablando. Puso sus manos sobre mis hombros y las sentí reconfortantes y tibias, recorrió mis brazos y sentí que juntaba mis muñecas y las ataba con una especie de cuerda. Me hizo caminar a ciegas y sentí que me amarraba de algo estirando mis brazos hacia arriba, lo sentí detrás de mi, sentí su respiración agitada, su boca besándome la nuca, su mano izquierda acariciándome sentí como bajaba y besaba mi espalda y yo me mojaba más, lo sentí besar mis nalgas y me ordeno abrir las piernas, obedecí.

    Sentí en los tobillos una especie de muñequeras que eran suaves y había algún tubo que hacía que no pudiera cerrar las piernas y quedaba obligada a mantener esa posición. Estando así yo estaba excitada, agitada, sudaba y la humedad de la entrepierna aumentaba, sentí su mano rodear mi cintura, me beso en la boca y me dijo al oído:

    -es el momento mamacita dónde nuestras fantasías se vuelven realidad, quieres seguir?

    -si amo, hazme tuya, soy tu humilde perrita y estoy aquí para satisfacerte-

    -no esperaba menos putita mía

    Se alejó y lo primero que sentí fue un golpe en el trasero tan agudo e inesperado que grite de dolor.

    Comenzó a mojarme con delicadeza y amor, sentí como me recorría con una esponja y agua helada, la sensación era fuerte, sentí mis pezones endurecerse eran dos pequeñas rocas, sentí el agua correr por la curva de mi espalda hasta mis nalgas, la sentí en mi abdomen que se contraía por lo frío, bajo hasta mi rajita mojando aún más mis labios, a mi alrededor risas, jadeos, música, lo buscaba ahora con el olfato, ansiaba sentir su aroma cerca, saber que estaba ahí, lo llame por su nombre y se ti otra vez un golpe en la nalga, me había dado con una gusta de cuero en las nalgas mojadas, uno más en la otra yo aullaba de placer y le pedía más, otro y otro y otros más alternando de lado.

    -aulla más perrita, más para tu amo, te lo ordeno.

    De repente sentí golpecitos en mi pubis, deliciosos y dolorosos golpecitos y de repente uno más fuerte.

    -aaah! Más! Más!

    Otra vez la esponja más helada aún, me retorcía y sentía que en cualquier momento desfallecería del orgasmo que estaba por venir, ansiaba sentir sus manos tocando me, lo sentí acercarse, me mordió cada pezón, una sensación de calor y sentí la cera caerme encima, yo gemía cada vez más

    -aun no te puedes venir

    La cera escurriendo por entre mis pechos, por mi abdomen y bajaban a mi pubis.

    -que bonita te ves así mi reina, atadura para mí, siendo vista por tantos – mientras me decía esto escuché un taco eso venir hacia mí por atrás

    -te traje algo mami

    Y sentí unos labios en los míos, unos senos pegados a mi y uñas largas en mi cadera que enterraban a propósito, su lengua comenzó a recorrerme, la sentí en las clavículas, en mis pechos -baja más- le pedía a la extraña, pequeños besos alrededor de mi vagina y él detrás de mi amasando me los pechos hinchados de tanta calentura.

    – mi amiguita va a jugar contigo ok putita?

    -si- ya no podía articular más palabras, y la lengua de aquella mujer entro en mi, empezó a jugar y moverse me abría con sus manos y tragaba mis jugos yo entre en éxtasis total

    – aún no te puedes venir mamita o tendré que castigarte

    – si amo

    Saco de mi culo el buttplug y sin decirme nada sentí un consolador entrar ahí, era más grueso y más largo y casi me quedo sin aire, comenzó a moverlo, agonizaba por sentirlo a él quería que fuera el quien entrara en mi

    -ya no aguanto

    -si- te vienes te castigo

    En ese momento baje al mismísimo infierno, todo era calor, sudor, sensaciones que jamás había tenido, y justo cuando sentía que el alma se me salía del cuerpo

    -córrete puta!

    Lo hice y llene a aquella mujer de mi, grité y escuché aplausos y chiflidos pero pasaron a segundo plano, estaba en pleno orgasmo.

    Ella desencadenó mis tobillos y se fue, Emmanuel me sostuvo por la cintura y desató mis manos y caí, caí en sus brazos, estaba ida, mi cuerpo no reaccionaba, me quito la venda de los ojos y el consolador, hundí mi cara en su pecho mientras me cargaba a una habitación, esta vez en privado, me llevo al baño y en una tina tibia y perfumada me limpio, paso sus manos sobre mi, me quitaba todo aquello y me dejó limpia, me ayudó a salir y me seco, me recostó en una cama y comenzó a besarme, sentía su aroma y el peso de su cuerpo sobre mi, bajo por mi cuello, se quedó jugando con su boca en mis pechos, comencé a mojarme otra vez, lo adoraba, me ordeno acostarme boca abajo se levantó y lo vi desnudarse por primera vez en toda la noche, su piel morena, sus brazos que me encantan y así se subió en mi, me recorrió con sus manos, me tomo de la cintura y me levanto un poco y me embistió con esa verga que yo tanto ansiaba, había esperado sentirlo toda la noche comencé a humedecerme más, iba con ritmos cadenciosos y lentos, subía la velocidad, la metía cada vez más y yo gritaba su nombre, su bendito nombre.

    – Emmanuel, soy tuya Emmanuel

    Lo escuchaba gritas y jadear

    -así mi niña más mojadita, dime qué quieres mas

    Se salió y se acostó, me monte en él y lo bese

    – métela toda mamacita

    Ahora era mi turno, quería que me rogara.

    -pídemelo papito, pídeme que me la meta – y el rogaba como un niño que quería un dulce.

    Tome su pene y lo pasaba por entre mis labios, y lo veía ido de placer, me levanté un poco y me lo metí, lo cabalgue haciendo que entrara cada vez más, lo escuchaba gritar mi nombre, gemir mi nombre, pedir más, aumente el ritmo y así llegamos los dos, esta vez los dos probamos la lujuria que tanto habíamos imaginado y nos enamoramos de ella, lo sentí venirse y descargarse por completo en mi y aún encima me recosté en su pecho intentando recuperar el aire que me faltaba.

    Me salí y sin dejar que nada de él saliera de mí me acurruque y nos dormimos.

    A la mañana siguiente me llevo a casa, se despidió de mí y prometimos vernos después.

    Sabíamos que habíamos comenzado algo que no planeábamos parar pronto.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (9)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (9)

    Era un caballo desbocado dando zancadas de varios metros. Cualquiera que le hubiera visto pensaría que huida de la misma muerte, pero no había nadie que le viera, ni siquiera su hermana, que ya comenzaba la última recta en dirección a casa.

    El corazón le estallaba y no del cansancio por la carrera, sino por la tensión de lo prohibido. Había llegado al portal en menos de dos minutos cuando caminando hubiera necesitado mínimo cinco. Llamó al portero con los pulmones ardiendo, menos mal que nadie preguntó, solo aulló el sonido de la cerradura metálica abriéndose. Si hubiera tenido que decir una mísera palabra, no hubiera podido.

    Esperó al ascensor, primero porque debía descansar y segundo porque se quería hacer un poco de rogar. “A buenas horas” saltó su mente racional, “como si Alicia no supiera a lo que vienes”. El ascensor le dejó en el quinto piso y la puerta de más a la derecha ya estaba abierta. Allí posaba su amante, Alicia, con un pijama corto y unas zapatillas peludas que asemejaban un conejo.

    Dio el primer paso acercándose a la joven. Una pequeña voz en su interior le decía que recordase a su novia, que Marta no merecía eso, pero era algo tan lejano… un eco venido de la cima de un monte que no se podía escuchar.

    Alicia comenzó a cerrar la puerta, sin embargo, antes de conseguirlo el chico que tan ardiente parecía, ya la había rodeado con sus brazos y comenzaba a besarla. Los besos se sucedían sin parar, el sabor a alcohol no les parecía para nada desagradable y mientras la puerta se cerraba con brusquedad, la jovencita era alzada en brazos.

    Las manos de Sergio aferradas con dureza a las nalgas de la joven la llevaban en volandas por el descansillo. Toparon con una pared y Alicia movió la cadera para sentir algo que la golpeada, era el pene del joven que ya venía preparado.

    —Sigue el pasillo y a la derecha.

    Pudo decir la muchacha mientras sus lenguas batallaban con ferocidad. Sergio la llevó sin soltarla ni por un momento, recorrió el pasillo y después se paró en la puerta de la sala. Allí se adentró y la depositó en el sofá, se sentía con tanta fuerza que la chica apenas le pesaba más que un papel. La adrenalina en su cuerpo, sumado a lo caliente que estaba le hacía sentir que podía hacer cualquier cosa.

    —Me has hecho esperarte un poco —saltó Alicia sentada contra el respaldo del sofá.

    —Ahora lo compenso —Sergio no quería hablar, solo pensaba en una cosa, sexo.

    Se sentó a su lado y con ganas pasó su mano por la pierna desnuda de la muchacha que rio al notar el cosquilleo que le producía. Los dedos curiosos avanzaban por la suave piel que a cada centímetro se erizaba aún más. Estaba muy cerca del pequeño pantaloncito que cubría una zona que Sergio deseaba probar, unos pocos milímetros le separaban, apretó esa parte del muslo con ganas antes de llegar.

    Sin embargo, Alicia le detuvo. Colocó su mano en la muñeca del chico y paró su avance sin ofrecer ningún motivo. Le miró con ojos deseosos, no se comprendía que podía pasar y menos una mente como la de Sergio que entre la calentura y el alcohol se había vuelto la de un chimpancé.

    —¿Está todo bien? —preguntó Alicia con su mano aferrando la del joven.

    —¿Cómo?

    —Lo digo por tu novia.

    —No creo que sea el momento de hablar de eso. —casi se sentía indignado porque Marta saliera en ese instante, si nunca hablaban de ello por algo sería.

    —Lo que no me apetece es que mañana estés mal, quiero que no te arrepientas.

    —Si estoy aquí, no creo que me vaya a arrepentir. —no sabía lo que decía.

    Sergio lanzó un beso que Alicia evitó colocando su mejilla donde deberían estar los labios. Comenzó a besarle poco a poco y al llegar a su oído, la amiga de Laura susurró.

    —¿Esto lleva a algo más?

    —No lo sé. —el joven torció el gesto, para después sonreír al notar un pequeño mordisco de la chica— ¿Quién sabe? Mañana lo podré pensar mejor.

    Alicia aspiró con fuerza, le agarró el rostro y girándolo hacia ella, le besó con toda la pasión que tenía dentro. Sin dejar pensar al muchacho, se montó encima de él dejando una pierna a cada lado. Sus manos calientes por el ambiente acogedor del hogar pasaron por el pecho de Sergio levantando la camiseta y el jersey. Contrastaban con los dedos gélidos del joven que trataba de calentarse apretando con fuerza sendas nalgas.

    —Estaría bien que quisieras algo más —dijo en un momento Alicia separando los labios.

    —Veamos que pasa hoy y pensaremos mejor en unas horas.

    La joven con rapidez cogió la parte baja de su camiseta de pijama y con unos pómulos rojos e inflamados debido al erotismo, se la quitó de golpe, dejando que cayera en el sofá.

    —¿Te gustaría tener esto todos los días?

    Alicia se pasó sus manos por los senos haciendo que los pezones rosados se le endurecieran levemente. Las nalgas de la muchacha habían sido abandonadas por las manos de Sergio que ahora surcaban la cintura para llegar a esos dos montes que tanto se parecían a los de… Marta.

    En qué momento se le pasaba su novia por la cabeza. Podría decirse que en tamaño y color eran similares, aun así, su cerebro le jugaba una mala pasada. Cerró y abrió los ojos para centrarse. Esa voz de su interior, la cual rugía por salir le estaba molestando. Aún estaba dentro de un pozo de varios metros lleno de agua, pero ni con esas se callaba, su conciencia era fuerte.

    —Estaría bien —contestó como un autónomo.

    Había tenido unos senos más grandes entre las manos, incluso más esponjosos, sin embargo, los de Alicia le parecían “nuevos”. Pensó que podían estar inmaculados, como si nadie hubiera pasado antes por allí, iba a ser Neil Armstrong en los pechos de la joven. Aunque solo era una sensación, más de un chico había probado la delicada piel que Alicia tenía por esa zona.

    —Entonces me vas a tener que invitar un día a… no sé… al cine o a cenar, ¿no?

    Las manos de la joven se enredaban en el pelo de Sergio mientras hablaba y cuando este comenzó a asentir a la pregunta de la chica, ella lo atrajo hacia su cuerpo. No sabía ni que contestar, ni siquiera cuál era la pregunta. Movió la cabeza por alcanzar su objetivo, parecido al niño que dice que no lo volverá a hacer solo para volver a jugar.

    La boca encajó a la perfección con la mama de la joven cumpleañera, que suspiró al notar la ardiente saliva. La lengua describió un movimiento circular en torno a la protuberancia que logró la completa erección, solo quedaba una cosa, sorberlo.

    Sergio pensaba que aquello podía acabar en cualquier momento, que su estúpida conciencia saldría a la luz, lanzaría a la chica por los aires y se iría tan rápido como había venido. Sin embargo, era muy poco probable. Con el pezón aferrado por sus labios, los únicos pensamientos que tenía eran sobre Alicia. Marta era un simple borrón en su memoria y ni siquiera pensaba en si su hermana había llegado ya a casa. Solo quería gozar.

    Las manos de la joven soltaron el cabello y se fueron directas a la entrepierna de este. Con poca maña, pero algo de acierto, logró desabrochar el pantalón e introducir una mano por dentro de la ropa interior. El bulto ya era considerable, solo le faltaba salir a que le diera la luz como a una planta y crecer del todo. Alicia no dudó en abrir los ojos de sorpresa al notar toda la carne en su mano, decididamente había tenido suerte.

    —¡¿Qué tienes aquí?! —preguntó sorprendida al mismo tiempo que gozaba del masaje con la lengua.

    —¿Quieres verla?

    Sergio estaba caliente como nuca, notando el seno en su boca se sentía de lo más afortunado y no pensaba parar hasta que las piernas se lo permitieran. Su cabeza no regia, solo se dejaba llevar por ese yo “caliente”. Le apetecía tumbar a la muchacha en el sofá y someterla con tantas penetraciones que perdiera todos sus líquidos.

    Antes de que respondiera se percató de una cosa tan obvia que en ningún momento había calculado. En su cartera solo había dinero, tarjetas y pelusas, ni un preservativo. Con los ojos abiertos y únicamente lamiendo con su lengua el pezón derecho de la joven, la miró para preguntarla.

    —¿Tienes condón?

    —Sí. —sonrió avergonzada y dándole un tierno beso en los labios, alejado de la pasión del comienzo, añadió— Lo he dejado preparado en la mesa.

    Sergio no contuvo la mueca de satisfacción y se levantó dejando a la chica en el sofá. El envoltorio de color aluminio, estaba a la vista, preparado para la gran ocasión. No perdió tiempo en historias, se deshizo de la parte de arriba de la ropa y después de la de abajo en un visto y no visto. No le dejaba todavía ver lo que tenía entre las piernas a su amante, quería que fuera una sorpresa, aunque ya lo había palpado y en su imaginación estaba claro. Sin embargo, Sergio en su estado embriagado y ardiente quería pavonearse ante la joven.

    Se giró con el preservativo ya sacado en sus manos, su cara dibujaba una sonrisa estúpida que gritaba “mira lo que tengo, nena”. Pero Alicia no fue la única sorprendida, Sergio vio como la joven se había desvestido mientras él hacia el “indio” quedándose sentada en el sofá, con las piernas abiertas. Estaba expuesta a todo lo que tuviera que venir. Un sexo rosado y algo mojado resplandecía con las tres luces del salón. El joven clavó su mirada, era un aperitivo listo para ser devorado, pero no quería perder el tiempo en preliminares, tenían que ir directamente al postre.

    —Vaya… Qué polla… —resopló Alicia llena de una pasión incontrolable.

    —Es tu regalo, Alicia. —Sergio se colocó el condón con poca maña quitando el glamour que pensaba que tenía— Dieciocho centímetros, uno por cada año.

    Ella soltó una risa nerviosa y caliente, algo que pareció más un “hipo” que una carcajada. No importaba… que hiciera los sonidos que quisiera, Sergio solo tenía ojos para lo que poseía entre las piernas.

    Con dos pasos rápidos se puso frente a la chica, que sin cerrar las piernas le esperaba con ansiedad. Sergio se mordió el labio para contener los primeros impulsos de desenfreno y admiró la chica tan bella que tenía delante, “mucho mejor que en la foto del bikini”. Pensó mil cosas en aquel instante, incluso en que le podría pedir hacérselo con el bikini puesto, sin embargo, hizo lo más obvio, comenzar el coito.

    Cogió de las piernas a su amante y la levantó en el aire sin pedirla permiso. El sofá como buen chaise longue, tenía una parte más alargada que Sergio acertadamente denominaba la L. Allí la depositó sin perder un gramo de fuerza. Realmente estaba tan acelerado que aquella mujer no le pesaba nada, seguramente podría hacérselo durante horas.

    Colocándola justo en la esquina, con cada nalga separada por la punta del cojín, sujetó sus piernas y esta se apoyó en sus antebrazos para dejarse hacer. El pene estaba dispuesto, el condón tenía cierta lubricación que haría la entrada perfecta, sin obviar la humedad que Alicia cultivó durante toda la noche. Todo aquello, lograba que el interior de la boca de Sergio, salivase.

    En aquel momento, de nuevo, como un flash, Marta apareció en su cabeza. Una imagen rápida de ella sonriendo y diciéndole que le quería, aquellas risas que habían tenido justo después de ver a Alicia por primera vez. Todo duró menos de medio segundo, fue muy rápido. Pensó en que diría su preciosa tía, incluso, que diría su… ¿Preciosa? Madre, “¿Qué hago pensando en ella?”.

    Volvió a salir de su mente viendo a la amante que yacía encima del sofá esperando por una penetración que se eternizaba. Alguna duda le había asaltado, pero con la mirada fija en los preciosos ojos color avellana de la joven y en como su pecho rugía al aspirar, metió su pene en lo más profundo.

    —¡JODER!

    Alicia dio un verdadero alarido. Un grito de placer extremo, sorpresa y conocimiento personal. Este último, por descubrir cuan profundo era su vagina.

    —¿Más? —preguntó Sergio enaltecido por saber que podía proporcionar un gran placer.

    —Sí, sí, hazlo otra vez.

    Sergio repitió la misma jugada. Sacó su pene duro y repleto de venas que simulaban las raíces de un árbol y de nuevo lo dirigió a la entrada de la muchacha. Entró con fuerza por segunda vez, hasta que su sexo se quedó completamente en el interior y sus genitales acariciaban el ano de Alicia.

    —Me cago en… —replicó esta vez en un tono más moderado—. Con esto ya ha valido la pena que vinieras.

    —No, Alicia, no. Todavía queda lo mejor.

    Con un ritmo rápido volvió a entrar y salir de un sexo que comenzaba a palpitar después de pocas acometidas. Las manos de Sergio aferraban la parte trasera de los muslos de Alicia dejando sus rodillas casi en el rostro de la joven. Estaba más abierta de lo que nunca había estado en la vida, ver desde esa posición al hermano de su amiga metiendo sin parar su miembro mientras ponía caras de pasión era impagable.

    Lo que tanto anhelaban ambos llegó, nada más par de minutos después de la primera entrada. Alicia que llevaba sin sexo más tiempo del que desearía, estaba demasiado sensible y todo lo que había esperado para tener aquel coito la hizo explotar.

    Las entradas ya no eran tan profundas, sino rápidas. La boca de la joven solo aspiraba aire mientras miraba como una y otra vez era penetrada con una pasión que la desbordaba. Agarró con fuerza la nuca del joven y la acercó todo lo que pudo hasta su boca.

    —Fóllame, que me corro… —suplicó entre dientes.

    Sergio volvió a sacar esa parte ardiente que pocas veces había visto. Comenzó con unas entradas poderosas que al llegar al fondo de la muchacha hacían que unas cuantas gotas salieran disparadas del sexo. Era como ver gotear en un charco, algo imperceptible, pero después de unas cuantas entradas y salidas de ese tipo, al tiempo que Alicia gemía sin parar, tanto el sofá como las piernas de ambos quedaron humedecidas.

    —Ya está, ya está. ¡Joder! ¡Qué gusto! —sentenció Alicia soltando las manos de la nuca de su amante y agarrándose el pelo con fuerza.

    Un grito sonó atronador dentro de las cuatro paredes cuando Sergio introdujo todo de golpe, notando que el orgasmo estaba allí. La vagina convulsionó, todo el interior masajeó el tronco y el prepucio del joven que seguía haciendo fuerza para ganar milímetros allí dentro.

    Alicia estiró un sonido irreconocible hasta la extenuación y volteó los ojos hasta dejarlos blancos. Su cabello negro yacía en el sofá como una línea de conexiones neuronales, todas con el mismo destino, el rostro rojo de la chica.

    Sacó su herramienta del interior viendo lo dilatado que había quedado el sexo opuesto. Se sentía realmente bien, como si el trabajo estuviera bien hecho, pero aún quedaba más.

    No lo hizo de forma descortés, únicamente le faltó algo de caballerosidad. Sergio cogió la mano de la chica con dulzura y sin dejar que el orgasmo abandonara su cuerpo, la subió de nuevo en volandas. Siempre había querido probar una cosa y ahora se veía con muchas fuerzas para hacerlo.

    —Alicia, métetela.

    La joven todavía con el rostro descompuesto y algo perdida, pasó su torpe mano entre ambos cuerpo. Sus piernas rodeaban la cintura del joven y las manos de este de nuevo estaban agarrando su trasero. Cuanto le gustaba notar cada dedo apretándola.

    Con poco acierto, debido a la falta de experiencia en esa posición y la dificultad para ver, tardó en introducir de nuevo el miembro de Sergio. Aunque la espera pareció más larga de lo que en verdad había sido, al fin lo lograron, comenzando de nuevo un sexo de lo más satisfactorio.

    Pasando ambas manos de nuevo por debajo de los muslos de la chica, la cogió como bien había visto en muchas escenas porno durante tardes interminables. Y allí mismo, de pie, retomaron el coito.

    No era tan sencillo como los videos para adultos hacían ver. Las piernas ya endurecidas por el coito anterior, no hacían que resultara nada sencillo. Sergio se ayudaba de manos y cuerpo para poder hacer las penetraciones, pero Alicia, totalmente inexperta en esa postura no hacía nada.

    —Nunca lo había hecho así. —saltó la chica al no notar demasiado placer.

    —Yo, alguna que otra vez —mintió, de nuevo para pavonearse.

    El sentido de todo aquello era bastante simple, él era el “adulto” en esta pareja, debía llevar la voz cantante de hombre experimentado. Aquellas tonterías nunca las hubiera pensado sereno y tampoco si hubiera estado menos cachondo. No obstante la mezcla había sido tan mala que ahora se comportaba como lo que tildaría él mismo, “un imbécil”.

    —He estado con algún que otro chico de gimnasio, pero nunca me pusieron así. —solo uno. No se quería sentir intimidada por el comportamiento del chico.

    —Pero… no te lo haría así…

    El orgullo etílico del joven había sido herido. Oír que otro “chico” estaba en una conversación mientras hacían sexo… no le gustaba. Agarró con más fuerza ambas nalgas de la mujer y las abrió todo lo que pudo. En un acto algo insensato, pero algo posible debido a las fuerzas que parecía tener, comenzó con un ritmo tan frenético, que jamás se hubiera imaginado.

    Quizá solo con Carmen había gozado a tamaña velocidad, aunque no lo recordaba con exactitud. Las manos de Alicia se agarraban a la espalda con ganas, pensando que podría salir volando en cualquier momento. Sus piernas se agarraban mucho más a la cintura del joven y notaba como tanto su sexo se abría sin contemplaciones y su trasero… hacia lo mismo.

    El cabello oscilaba arriba y abajo, le golpeaba en el rostro y se le metía en la boca. El placer estaba siendo terrible, era similar a tener un vibrador, ya que el coito era tan veloz que apenas se movía, solo vibraba.

    El placer iba llegando, pero también el bamboleo de su cabeza unido al alcohol de toda la noche, la hicieron desfallecer.

    —Para, Sergio, para…

    El joven se detuvo al de dos segundos, ya que apenas la había escuchado y eso que el tono era alto y claro, además solo le separaban unos centímetros. Miró a la joven como se recogía el pelo detrás de la oreja mientras centraba su mirada y se humedecía los labios.

    —Me mareaba…

    —¿Estás bien?

    El pecho de Sergio explotaba a cada aspiración, se había cansado como nunca y algunas gotas de sudor perlaban su frente. No pasó inadvertido para la joven que le besó con pasión aún con su pene en el interior.

    —Bájame, seguimos de otra forma.

    Posó los pies en el suelo con algo de incertidumbre, en más o menos diez minutos apenas los había usado para nada y con el gozo que todavía llevaba no sabía si le sujetarían, pero lo hicieron. Con un rápido movimiento, Sergio dio la vuelta por el cuerpo joven de Alicia y la rodeó por la espalda. Comenzó a darle suaves besos en su cuello y un pequeño mordisco, algo que hizo a la muchacha abrir los ojos y decir.

    —¿Tú me puedes morder, pero yo a ti?

    —No —dijo añadiendo sonidos de negación—. Como me dejes una marca… la liamos.

    Pasó las manos hasta los pechos de la muchacha y los aprisionó mientras esta gemía. Abrió los ojos y se vio en el reflejo de la televisión. El cristal negro le daba una imagen perfecta del cuerpo de su amante que ahora era acariciada por sus ya calientes manos.

    —Ponte a cuatro patas —le sugirió Sergio, no había opción a debate, pero sonó demasiado bien. Alicia se fue a mover al sofá, pero señalando el suelo, el joven le hizo ver que la posición exacta era allí mismo—. En la alfombra mejor.

    Era mullida y seguramente algo cara, ya que el tacto era demasiado agradable, pero aquello no hacía que la comodidad fuera mayor que el sofá.

    Lo que Sergio pretendía era verse. No quería perder la imagen del televisor que les enfocaba en mitad de la sala. La instantánea era perfecta, Alicia estaba con las manos en la alfombra, piernas abiertas y el trasero elevado listo para la penetración. Sergio se arrodilló a su espalda, pasando las uñas por la piel desnuda de esta y haciendo que el vello se le pusiera de punta.

    Ya con las yemas acariciando sus nalgas, cambió de registro y pasó de las caricias a la fuerte sujeción con los diez dedos. Alicia gimió al sentir el placer que le provocaba que aquel chico le sujetara el trasero de esa forma. El pene, como toda la madrugada, estaba listo y envuelto en el plástico que apartaba los fluidos. Volvió a penetrarla.

    El frenesí había descendido y lo que ahora hacían era un coito más normal. Incluso Alicia podía seguir aquel ritmo y empujaba cuando notaba entrar el pene en su interior. Sentía como los genitales le golpeaban el clítoris añadiéndole cierto cosquilleo que le venía muy bien para lo que se avecinaba.

    —Alicia, tienes el mejor culo que he visto en mi vida —decirlo en voz alta le resultó extraño, incluso dándole una ligera vergüenza que no podía ocultar.

    Algo parecía que había despertado, el Sergio sensato estaba haciendo a un lado al ardiente que poco a poco se iba deshaciendo, como el alcohol en su cuerpo.

    —Tú tienes la mejor verga que he visto —soltó de improviso Alicia sin mirarle.

    —Qué raro que lo llames así, nunca se lo había escuchado a nadie —respondió con una media sonrisa, pero sin parar de tener sexo.

    Sin embargo, aunque el Sergio caliente se iba por donde había venido, algo de él todavía quedaba dentro. Escuchando como los gemidos de su amante se aceleraban, sintió que avivaba esa parte de su interior como si le echara un bidón de gasolina.

    Se encorvó hasta que su nariz se posó en el cuero cabelludo negro de la joven. Olió el aroma que desprendía, una mezcla de tabaco, alcohol, perfume y sexo… mucho sexo. Se acercó a su oído y copiando más o menos lo que ella hizo en el baro, le mordió la oreja sacándola un generoso jadeo.

    —Di mejor… Polla.

    Solo fue un pequeño susurro, un leve respiro, nada más. Pero Alicia abrió los ojos y volteó la mirada para ver al joven que ahora, la cabalgaba con muchísima más pasión. Apretó los dientes sintiendo como lo de antes habían sido los aperitivos y ahora llegaba el plato principal. Su vagina echaba humo, casi literalmente y cuando vio, como el joven alzó la mano y soltó un cachete rápido, disfrutó como nunca.

    El sexo volvía a ser veloz, no tanto como antes, pero si a una velocidad considerable. El condón debía ser de buena calidad para soportar tales acometidas y en un momento, Alicia lo notó. El orgasmo.

    —Más, Sergio, más…

    Susurró similar a como si estuviera suplicando. Hizo fuerza para quedarse en el sitio y que las penetraciones de Sergio no la movieran. Sus uñas pulcramente tratadas se iban a romper si seguía con tal presión en la alfombra. Estaba notando el cielo, el verdadero paraíso de la mano del hermano de su amiga. “Si esto lo supiera Laura…” se rio por dentro.

    En ese momento, sintió el cuerpo de su amante cayendo sobre ella. Ambos se tumbaron, Alicia fue sometida al final del coito, estaba entre la piel y los pelos de la alfombra. Con fuerza Sergio impulsó una y otra vez su cadera mientras contemplaba a partes iguales tanto su reflejo en el televisor como a su joven chica gozando tumbada en el suelo.

    Por fin llegó, y Sergio se maldijo por tener el preservativo puesto para poder irse a la vez, no obstante aquella tela que le quitaba placer, también negaba la posibilidad de tener descendencia. Alicia gimió primero y después, debido quizá a que su mente se había aclarado, pensó que mejor no gritar, aferrando con sus dientes los pelos de la alfombra y soportar el placer.

    La cadera le tembló y el pene de Sergio fue expulsado como un incómodo invitado. Sus piernas se movieron arriba y abajo y una mano rápida acudió a la llamada del clítoris que pedía más atención. Alicia acabó ella misma de producirse un orgasmo con el que jamás había soñado y ahora, yacía en la alfombra de su casa manchándola con sus flujos.

    —Cariño, ¡¿qué me has hecho…?! —dijo la joven tratando de levantarse.

    Sergio la ayudó esta vez con mucha dulzura, pero aquello le había sentado extraño, “¿cariño?”. Para él esas muestras de amor, solo eran reservadas para las parejas o la familia, le sonaba muy a Marta y apenas le hizo gracia.

    Sin embargo, aún estaba allí, con una erección monstruosa y un cansancio que no se podía ni mover. El sudor le perlaba todo el cuerpo y se tuvo que sentar a descansar en el sofá para relajarse. Recuperando la respiración, Alicia se sentó a su lado, de forma pesada como si no hubiera estado más cansada en su vida.

    —Estuvo muy, muy, muy… bien.

    —Nada mal, la verdad, me lo pasé genial. —a Sergio le costaba hablar.

    —Vamos a terminar esto de forma pletórica, ¿no?

    La joven alzó su mano llegando hasta el preservativo y lo arrancó del pene de Sergio, que rugía de una forma casi audible. Estaba rojo, duro y con un capullo que afloraba morado. Alicia le miró y le dio un beso en la boca al tiempo que Sergio la rozaba con su mano, tenía una piel tan suave…

    —¿Te apetece una mamadita?

    —¿Cómo podría rechazar algo así?

    La joven sonrió con un gesto que le pareció de lo más infantil. Había cumplido los 18, era mayor de edad, pero en el fondo no era más que una muchacha como su hermana. Un breve sentimiento de culpa se atisbó en su cuerpo, demasiados errores en un solo día, aunque se le disiparon cuando Alicia se introdujo el sexo en su boca.

    Aquello apenas duró. Arrodillada en el sofá, con una mano estimulaba los genitales del joven mientras con la otra manejaba la piel. No se le escapó ni un centímetro de piel que saborear, una mezcla de plástico, sexo y fresa (debido al condón, su sabor favorito) que no le desagradaba.

    Al de dos minutos de un buen ritmo, Sergio se tensionó. Alicia no era la mejor haciendo felaciones, pero lo suplía con un desempeño que al joven le sorprendió. Sujetó una de las nalgas con mucha fuerza y mientras escuchaba como entre respiraciones jadeantes su amante succionaba su pene.

    —¡Qué bueno, Alicia! Me vas a ordeñar.

    Ella no habló, solo siguió al tiempo que los gemidos de Sergio le marcaban lo que se avecinaba. Al final salió. Después de un inmenso jadeo que le hizo rebotar en el sofá, el semen brotó.

    Alicia apartó la boca en el último instante, haciendo que los chorros salieran a presión cayendo sobre el cuerpo del joven. Sergio que seguía gozando de unos temblores impropios, ni siquiera notó el charco que se le formó cerca del ombligo y solo se percató cuando su amante le trajo un papel para limpiarse.

    Volvió al mundo terrenal con un orgasmo que nunca disfrutaba con su novia. “Marta…” pensó al gozar de tal clímax. Pasado el frenesí y el momento del máximo placer, el Sergio ardiente había desaparecido del todo. Le había hecho cometer una tontería al Sergio “normal” y ahora se había largado para no asumir responsabilidades.

    Mientras se limpiaba el semen aún caliente de su cuerpo y los pequeños picores le recorrían sus genitales, el vientre se le contrajo, había hecho mal, muy mal. Incluso una pequeña arcada asomó tímidamente, quería vomitar del asco que se daba.

    CONTINUARÁ

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.