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  • Balseros (IV): Amigos calientes

    Balseros (IV): Amigos calientes

    Mis días se volvieron raros, una sensación de escalofrío recorría todo mi cuerpo cada vez que pensaba en lo que había hecho con Yovany. Lo veía y se me erizaba la piel; Lo miraba con deseo y al mismo tiempo con odio. Era un sentimiento inexplicable, quería estar solo pero no podía sepárame de él y cuando no lo tenía a mi lado lo deseaba con ansias, en la siguiente semana no paraba de recorrer en mi mente ese inusual encuentro que le dio un vuelco a mi vida para siempre. Me excitaba la idea de sus caricias, su delicioso cuerpo y su peso encima de mí. Su hueco caliente y estrecho, sus movimientos de cadera. Luego me consumía el reproche y la angustia de tener esos pensamientos hacia otro hombre. Yo no me atrevía a buscarlo y yo sabía que él tampoco me iba a buscar a mí. Aunque yo secretamente deseaba que volviera a seducirme.

    Era martes y mientras él conducía hacia la playa temprano en la mañana yo le torturaba con mis lamentos una y otra vez.

    -Es que no me puedo explicar cómo caí en tu trampa, soy un estúpido. Yo siempre fui un tipo macho, yo nunca tuve un desliz, yo siempre andaba con una jevita distinta.

    -Oye chico, no me jodas más coño que a mí no me cabe la menor duda de que eres todo un machazo, ¿y mujeriego? eso era en Cuba, tú sabes que, en este país, si no tienes carro y billete para sacarlas a fiestas eres out por regla, (sonrió con malicia), así que aprende a disfrutar la vida.

    Tú pensarás que no, pero hay pocos hombres que han disfrutado conmigo como lo hiciste tú esa noche. Ya, no te tortures más decía él, ya hace una semana que pasó aquello, y todavía sigues con la misma cantaleta. De verdad me estoy cansando de oír lo mismo casi todos los días. Me clavó esa mirada verde retorcida y fría y sentí pena, frustración y odio a mí mismo por el lio en que me había metido.

    Todo es culpa tuya le dije sin tapujos, dos lágrimas inesperadas brotaron de mis ojos. Las sequé rápidamente para que no se diera cuenta y entonces entre la confusión, alcancé a oír que me decía con voz burlona: y eso que no te partí el culo o aquella noche; Ganas no me faltaron. Sin esperarlo me entro un fuerte calor por dentro y le grité: ¡Si me lo hubieras partido ya te hubiera matado como un perro, ¡maricón!

    Me mordí los labios y volví a llorar. Disculpa, le dije, no quise ofenderte. Hizo ese silencio típico de su personalidad. Y acto seguido me dijo: A mí me siguen gustando las mujeres, ¿a ti no? Parqueó el carro y me pregunto con cara seria: ¿Ya se te paso la rabieta?, Si, le dije apenado, bueno entonces que sea la última vez en tu vida que me vuelvas a decir maricón ¡Porque te voy a partir la vida! e hizo un gesto agresivo con la cara y las manos. Me quedé mudo porque, aunque conocía su carácter de veras, no me esperaba esa reacción; me había sumido en el pensamiento de que los maricones son delicados llorones y amanerados; cosa que siempre aprendí con la crianza machista cubana. ¿Tienes algo más que agregar? Ya salíamos del carro. No, le dije y me paré frente a él, le miré fijamente a la cara y con tono de seriedad y respeto le dije: Te prometo que voy a superar esto, voy a cambiar mi actitud ante todo lo que estoy pasando. Así me gusta… me respondió mientras miraba mi cara roja por la vergüenza, me echó un brazo encima y dijo: Mejor corremos un rato y así nos relajamos, olvídate que aquí no ha pasado nada, y echó a andar.

    Le seguí detrás, investigando el terreno porque para mí era un lugar desconocido. Eran caminos de uva caleta donde de vez en cuando se veía algún que otro claro con huellas de lo que parecían lugares para acampar o asar carne a la parrilla el fin de semana. Después de 25 minutos de trote ininterrumpido llegamos jadeando a un puentecito de madera y ahí hicimos un alto, ya el sol nos regalaba sus mejores rayos de la mañana y la cara de mi compañero estaba bien roja, su frente coronada de sudor y sus ojos al contacto con el sol se veían más verdes y brillantes que nunca.

    Su torso desnudo dejaba ver sus pezones rosados y su musculoso pecho, lleno de hermosos vellos que parecían filamentos de oro al contacto con la luz.

    Lucía un short de playa blanco que contrastaba perfectamente con aquella dorada piel y sus musculosas piernas, también llenas de escasos, pero dorados vellos. Entonces miré el paisaje, que, a sus espaldas, era una invitación con el agua transparente y la playa desierta. Nos salvamos del inventario, le dije, a lo que señaló él: si hubieras tenido carro propio, hubieras tenido que trabajar hoy, así, que me debes una. Nos dirigimos hasta una solitaria y apartada caseta en medio de las uvas caletas donde se podía sentir el fresco de los árboles, el canto de los pájaros y una sombra deliciosa que invitaba a recostarse. Yo sentía un cosquilleo raro por todo el cuerpo y sin dame cuenta comencé a temblar, sin dejar de mirar su cuerpo ni un solo instante; en realidad, me gustó lo que habíamos hecho aquella noche y miraba con deseo sus piernas, sus musculosos brazos, su piel imberbe en algunos lugares, recordé aquella noche loca en que nos revolcamos apasionadamente entre sus sábanas, entonces acaricié con mi morbosa mirada cada ápice de su cuerpo, reparando bien en su minúscula cintura y sus empinadas nalgas, su ombligo mostraba un hilillo de pelos que se perdía en el cordón del moderno y único atuendo que llevaba .Entonces sentí escalofríos y el corazón agitado.

    Se acercó a mí y me dijo: Te noto nervioso, ¿estás bien? Nos quedamos mirándonos por unos segundos con lujuria, se sentó encima de mi a horcajadas, rodeando mi cintura con sus piernas, dejando su desnudo pecho delante de mi cara a merced de mi lengua que jugueteaba con sus tetillas que, por el sudor y el aire marino, tenían un sabor salado; Sus brazos me gustaban más ahora, así sudados y medio grasientos, huelo mal, me dijo, e intentó separarse a lo que yo respondí, hueles a hombre y lo apreté contra mí para poder respirar profundamente el aroma varonil que desprendía y comenzaba extrañamente a gustarme. Mejor nos separamos que nos pueden ver, le dije aun medio nervioso y lo ayudé a incorporarse. Descuida que aquí casi nadie viene a esta hora contestó él.

    -¿Cuál es la historia del Loco y Tamal?

    Que ingenuo eres Javier y se echó a reír, esos dos andan juntos desde que yo me acuerdo, ellos no son mejores amigos son mejores amantes me dijo con picardía.

    ¿Y cómo tú lo sabes?, pregunté atónito. ¿Nunca te has puesto a pensar, como siendo de otro barrio los conozco y somos amigos? Bueno… titubeé un poco… por la lucha libre y me rasqué la cabeza para que mi cerebro pensara más rápido. No podía creer que mis pensamientos fueran tan ciertos. Entonces hice el comentario esperado, Ramón es un depravado, le dije, y Yovany asintió con la cabeza. ¡Quién lo iba a decir!, todo un hombre de familia con dos hijos. Es un gozón me comentó, mientras sus ojos picaros brillaron como gemas. Nos referíamos obviamente a Ramon, el padre de Julio que había sido el entrenador de Yovany, Vicente y Pedrito. Entonces comenzó Yovany a relatar… Nos dejaba después de clases fingiendo que necesitábamos más entrenamiento y nos provocaba muy inteligentemente hasta que uno a uno fuimos cayendo. Recuerdo que me decía, no le tengas compasión a tu contrario y agárralo por donde puedas y me hacía agarrarlo por los testículos o por las nalgas, luego me ponía la pinga medio erecta en la cara y me la restregaba, me decía que le hiciera lo mismo a él, pero no a mis compañeros, fue cuando entendí sus intenciones conmigo. Yo siempre supe que no era el único porque, como te dije nos turnaba y ahí fue cuando supe que también jugaba con Pedrito y Vicente.

    Un día, Ramon tuvo que salir de emergencia y me pidió de favor que cerrara el Gimnasio, ya tarde, me dirigí a las duchas y cuál no sería mi sorpresa al encontrar a Pedrito y Vicente y desnudos debajo del chorro de agua y acariciándose apasionadamente, me miraron y quedaron sin saber que hacer. Ahí descubriste todo, le dije; Espera que hay más, me interrumpió él, y siguió contándome. Entonces yo, que para ese entonces no era nada santo les dije: ¿Que hubieran hecho ustedes si hubiera sido el profe el que hubiese entrado? a lo que respondió «El loco» a ese es al que estábamos esperando hasta que apareciste tu a joder la cosa. Bueno pues háganse la idea de que yo soy el profesor y hagan lo que quieran que yo voy a mirar. De veras me había excitado mucho ver a mis dos compañeros y cuando reaccioné, ya los tenía delante de mí y vi cómo se pasaban la lengua por todas las partes del cuerpo y como se toqueteaban y se metían el dedo el en culo mutuamente, era la primera vez que veía todo aquello, y a mi escasa edad sexual, yo todavía no conocía lo que era tanto morbo, se besaban en los labios, jugaban con sus tetillas, se acariciaban el cuello, la espalda, se lamian hasta los vellos de las axilas y fue entonces cuando me senté en un banco justo en frente de ellos y comencé a hacerme una tremenda paja y mostrarles mi interés por lo que hacían. En fin de cuentas era yo quien les había pedido la demostración. Cuando me vieron, se acercaron a mí y se arrodillaron para mamarme la pinga, cada cual esperaba su turno para mostrarme lo que según me dijeron, les había enseñado el profesor, hasta que yo no aguanté más y les eché toda la leche en la cara y la boca. Fue mi primera vez en casi todo, y eso aumentó mi curiosidad .Después de aquello, fue cuando puse más interés para «aprender» con Ramon, y todo lo demás que tú ya sabes, aunque de vez en cuando me dejaba solo con ellos dos para que me “enseñaran» más cosas. Ya no me invitan como antes, dijo en tono de nostalgia y calló al advertir mi presencia. De hecho, más nunca hemos hecho nada desde que vinimos para acá, se excusó.

    Mis oídos, en verdad no podían dar crédito a todo lo que oían, sin embargo, mi bulto revelaba lo contrario. Me paré a estirar las piernas disimuladamente y me acerqué a Yovany dejando la abultada portañuela de mi short frente a su cara. Estas cumpliendo tu promesa bien rápido, me dijo, mientras trataba de meterse el bulto con todo y tela en la boca. Acarició mis nalgas y restregó su cara contra todo lo que yo le brindaba, metió su lengua en mi ombligo y luego jugueteó un rato con mi abdomen, sin dejar de sobarme la pinga ni un solo momento.

    Con sus manos iba acariciando mis muslos, mi cintura y mis nalgas otra vez; Bajó de un solo tirón mis shorts que no tenían más soporte que un elástico. Mi pinga dura como un tronco, salió disparada como resorte. Entonces, comenzó a chupar con delicadez mi prepucio reparando suavemente en la parte de su unión con el resto, a lo que yo respondí con un gemido de placer; Siguió acariciando mis nalgas a lo que yo no puse reparo, mientras su lengua jugueteaba con el tronco de mi pinga que no dejaba de latir ni un solo momento. Aproveché un instante de comodidad para desabrochar su portañuela y sentir su pinga toda mojada, caliente, deliciosa y salvaje. Eso me provocó tal excitación que sentí inmensos deseos de probar qué se sentiría del lado contrario. Ahora me toca a mí, déjame probar, le dije, y sus ojos se abrieron como los de un búho, su cara adopto la expresión de asombro más tierna que haya visto yo en mi vida. Me agaché, y sin dudarlo mucho y comencé a chupar su rosada punta e imitar todos sus movimientos, era la primera vez en mi vida que probaba aquel sabor raro, delicioso e indescriptible para mí, cosa que en realidad, no pude disfrutar por mucho tiempo porque segundos después me retiró la cabeza con fuerza para soltar más de tres chorros de una leche super aguada y caliente, corrí a lamer lo poco que chorreaba de su punta, mientras Yovany se retorcía y yo me pajeaba para soltar casi la misma cantidad de leche que él. Me besó como se besa a un verdadero amor y me sostuvo por largo rato en sus brazos. Sentí una paz que hacía tiempo no sentía y nos quedamos así, quien sabe si segundos o minutos sin decirnos ni una sola palabra.

    Cuando por fin logramos recuperarnos del todo decidimos darnos un refrescante chapuzón, en fin, a eso habíamos ido a la playa. Noté como el silencio y la tensión reinaron por unos minutos en el ambiente; Entonces pregunté entre zambullidas: ¿Cómo estuve? Se me quedó mirando fijamente entre confundido y asombrado y por fin respondió: No pensé que quisieras hacer comentarios luego de lo que pasó, pero ya que me tocas el tema, debo admitir que no me esperaba que llegaras a tanto, tan rápido. Eso me excitó sobremanera, por eso fue por lo que me vine tan pronto. Y te digo, que lo poco que te dejé hacer, lo hiciste muy bien. Me sentí satisfecho y alegre, me sentí orgulloso de mí mismo, al fin y al cabo, si ninguna chica antes tuvo quejas de mí como amante ningún hombre debía tenerlas tampoco. Liberada la tensión me le acerqué y le abracé la cintura con mis dos piernas y le dije: La venganza es dulce, tú serás muy bueno en Lucha Libre, pero a mí ni los delfines me alcanzan nadando. Exagerado, balbuceó mientras se preparaba para la derrota.

    ¿Habrá superado Javier sus temores y confusiones?

    Próximamente alguien visita a los chicos en su apartamento y la pasan muy bien.

  • 3. Vicente

    3. Vicente

    Descanso, regreso al presente… Puerto Vallarta, ¿qué planearán mis queridos amigos? Seguramente mucha excursión, mucho vino, mucho sexo.

    Se escuchan pláticas y risas, ya despertaron, Herrero les suelta un sonoro.

    -Hijos de la Chingada ya levántense

    -¡Pancho ya desayunó, cabroneees!

    Una carcajada acompaña al comentario…

    -Feliz cumpleaños pendejo, dice El Fierros

    -¡Te mamaste cabrón!, eso lo dice Chuy

    -…. ¿Vicente?

    Abro los ojos y lo primero que veo es un slip ajustado negro frente a mi rostro.

    Se percibe un bulto que promete.

    Me muevo un poco y lo acaricio.

    Vicente sonríe.

    ¿Cómo llegó Vicente sin darme cuenta?

    ¿Cómo se sentó en cuclillas en la cama? Y no me percaté

    Lo acaricio suave, el disfruta.

    Lo voy a extrañar, y es que en unas semanas se irá a España, porque un club llamado Salamanca UDS lo ha contratado.

    Le acaricio con suavidad, el recorre mi cuerpo, llega a las nalgas y las acaricia.

    -Me vas a hacer falta, me dice

    Se mueve de la cama y se pone de pie, me siento frente a él y le bajo con suavidad su slip, brinca su hermosa verga, la acaricio.

    El caso es que he conocido muchas vergas, algunas mucho más grandes, otras muy gruesas, pero esta es única, es perfecta.

    Tiene el tamaño y grosor adecuado.

    Con mis labios la cubro y empiezo a mamarla, Vicente me toma por la cabeza e inicia movimientos de penetración, uno, dos… en movimientos muy pausados, tiernos.

    Trato de abarcar lo más que puedo y le acaricio los huevos, siento como se contraen y por momentos su verga crece en mi boca.

    Empieza a jadear y se detiene, se retira de mi boca.

    Su verga brinca, brillosa y cubierta de mi saliva.

    Se sienta en la cama, se recarga en la cabecera, cruza los pies y entonces me paró de espaldas junto a él, abro las piernas y siento su lengua.

    Me recargo sobre el buró mientras Vicente recorre con la punta de su lengua mi culo, despacio, succiona y trata de entrar, siento enloquecer.

    Mis gemidos se escuchan y de pronto fuera de la habitación se hace el silencio.

    Después de unos instantes, se retira y me dice.

    -Ahora

    Me subo sobre él y poco a poco me deslizo.

    Quedamos frente a frente, me besa con pasión.

    Siento como poco a poco me penetra, mi culo es invadido.

    Empiezo a moverme, arriba – abajo y en círculos, es tan placentera la sensación que me conmuevo.

    Me empuja hacia atrás y queda encima de mi.

    Abro las piernas y empieza a empujar una y otra vez.

    Cada que lo mete me estremezco.

    Uno, dos, tres, cincuenta y de pronto, sus brazos me aprisionan, se notan sus músculos y empuja una vez, de manera brutal y cae rendido.

    Y recuerdo la primera vez…

  • Las vecinas calientes (3)

    Las vecinas calientes (3)

    Si, cómo leen, Teresa una rubia que a pesar de sus 40 y tantos, no tenía nada que envidiar de otras más jóvenes.  Media unos 170 cm, y su peso no superaba los 65 kilos, tenía unas tetas exquisitas, cintura pequeña y un culo estupendo, cómo dije antes mi putica tenía a quien salir. Después de nuestro pequeño espectáculo en la playa al llevar a Laura a su casa Teresa me invitó a comer allí y quedarme para una noche de películas, yo acepté pero ni me imaginaba lo que tenía en mente mi querida vecina.

    Después de comer, nos acomodamos las tres juntas en la cama, Teresa en el centro puso la 1 película de la noche, para mi sorpresa y la de Laura era un vídeo de nosotras en la playa, al ver nuestras reacciones se levantó de la cama y se quitó la bata que llevaba puesta para nuestra sorpresa, de nuevo, traía debajo un traje negro de dominatrix, mis ojos no creían lo que estaban viendo, mi entrepierna se inundó y mis pezones querían agujerear mi blusa. Laura no estaba nada sorprendida sino excitada, se notaba en su mirada que lo había visto antes. Yo no logré a decir o hacer nada solo quede ahí paralizada mientras Teresa agarraba a Laura por los pelos y la ponía en 4 para azotarla mientras le repetía que había sido una chica mala y tenía que ser castigada. Yo cada vez más excitada empecé a tocar mi ya húmedo coño mientras veía como castigaban a Lau, quien solo gemía y pedía más a su mami. Yo tenía 3 dedos dentro cuando Teresa cogió a Lau y le enterró su cara en mi coño mientras le decía:

    – Come perra, sé que te gusta.

    Laura sin oposición empezó a comer mi coño como ya sabía que me volvía loca mientras su mami le comía su culo. No me creía el escenario yo abierta de piernas, mi putica de 19 años comiendo mi coño mientras su mami, mi madura de sueños, comía su culo y detrás puesto un vídeo de nosotras comiéndonos en la playa y un viejo masturbándose viéndonos. Con todo esto no demore mucho en tener un orgasmo espectacular llenando la boquita deliciosa de mi Laurita y cómo era costumbre no derramó ni una sola gota, se tragó todos mi fluidos igual hizo su mami cuando ella se corrió después de terminar conmigo. Al recuperarnos ambas Teresa se sentó en un sillón frente a la cama y nos hizo besarnos, nos decía exactamente que hacer, arrodilladas en la cama besándonos como dos colegialas, jugando con nuestros cuerpos, tocándonos cada centímetro de piel, mi lengua recorriendo la oreja y cuello de Lau, la pongo de espalda a mí pegada a la pared, beso su cuello voy bajando por la espalda hasta sus maravillosas nalgas las beso y acaricio, Teresa sentada frente a nosotros viendo como me comía a su hija se masturbaba enérgicamente con un vibrador. Ya Laura estaba en 4 y yo debajo comiéndole el coño con dos dedos en su ano cuando empezó a temblar y a soltar un increíble orgasmo que por supuesto disfrute tragando. Después de la tremenda corrida de Lau fui a donde estaba su mami ya que tenía muchas ganas de comerme ese delicioso coño maduro, Tere me agarró del pelo y me besó con pasión buscando todo resto de su hija en mi boca y luego me puso entre sus piernas a comer lo que tanto deseaba, para ese momento ya Lau se había recuperado de su orgasmo y estaba viendo cómo le comía el coño a su madre y se acercó a ayudar. Lau y yo llevábamos un buen rato comiéndonos el delicioso coño maduro de su madre cuando explotó en nuestras caras un tremendo orgasmo…

  • Ely, más descontrolada

    Ely, más descontrolada

    Después de esa ocasión seguimos viéndonos más frecuente, me invitaba a su casa hasta 4 y 5 veces a la semana con la supuesta excusa del diseño, a veces no podíamos darnos más que uno que otro beso porque sus hijos estaban ahí, aunque casi siempre estaban en sus habitaciones jugando videojuegos, pero cada que podíamos cogíamos como conejos.

    Fueron varias las veces que su marido llegaba y teníamos que disimular lo que estábamos haciendo, hasta que un día mientras estaba en la sala con mi computadora lo escuché hablar con Ely desde la cocina y dijo que yo estaba yendo mucho a la casa. Cuando me fui hablé con ella y le dije que era de esperarse esa reacción y que él tenía toda la razón, que tratáramos de ser más discretos pero ella no entendía eso, cada vez que nos veíamos me abrazaba con demasiado cariño, hablaba mucho conmigo frente a mi familia al visitar mi casa y en verdad estaba siendo demasiado obvio todo.

    Trate de explicarle que a ninguno de los dos nos convenía que se supiera lo que estaba pasando, ella decía que entendía y que era verdad pero se seguía comportando de la misma manera e incluso me confesó que le había hablado de mi a una amiga que tenía, pero que yo no conocía, esto era el colmo, le expliqué que ella le estaba dando demasiado poder a esa amiga dejándola saber de la situación y que estaba mal, ella se excusó diciendo que es una amiga de entera confianza y que no creía que ella fuera a hablar. Yo estaba bastante incómodo, pero siempre que ella me invitaba a tener sexo olvidaba todo y nos dábamos tremenda cogida.

    Cierto día estaba con un amigo al que le había contado de la situación, él sabía que me estaba cogiendo con una señora mayor, pero nunca le dije ni quién era ni mostré fotos ni nada, siempre he sido discreto con este tipo de cosas y como dice el dicho “quien come callado, come dos veces”, el caso es que estábamos en su casa y Ely me llamó, le dije a mi amigo que me diera un momento y contesté, ella dijo que quería verme y me preguntó que donde estaba, al momento de responder mi amigo comenzó a hacer ruidos como de gemidos de una chica y mencionar mi nombre, la típica broma que hacemos cuando alguien está al teléfono, yo comencé a reír pero Ely me comenzó a ofender, terminó diciendo “te dejo que te quedes con el cuero ese con el que estás” y colgó la llamada, yo me enfurecí, no con mi amigo, si no con ella, otra vez volvía a hacer cosas que no cambian en la relación que teníamos, mi amigo se burlaba de mi por la cara que tenía y me decía que no pensara mucho en el asunto, que a ella se le pasaría, yo solo reí forzadamente y seguimos con la charla que teníamos antes.

    Decidí soltar a Ely en ese momento (otra vez) y borré de mi celular su número de teléfono, no quería ni siquiera volver a mandarle una nota de voz como la vez que logré ponerla celosa ni nada, ya estaba cansado de su actitud de adolescente hacia lo que estaba pasando entre nosotros. Al cabo de unas 2 semanas y media más o menos, recibí una llamada, como no sabía bien su número me pareció familiar pero no estaba seguro, contesté la llamada y solo se escuchaba el ruido como cuando estás manejando, entonces al cabo de algunos segundos de saludar y nadie contestarme escuché su voz, la reconocí de inmediato, volví a saludar pero ella no me contestó, pensé que su teléfono se había marcado solo y entonces escuché la voz de un hombre, estaban hablando de lo que habían cenado, pensé en colgar pero la curiosidad me venció y me quedé escuchando, ella decía que siempre le había parecido deliciosa la comida de ese lugar donde habían cenado y que quería que la volviera a llevar ahí, él le contestó que no había ningún problema.

    Intenté identificar si la voz masculina era su esposo pero no pude, al cabo como de algunos dos minutos se escuchó como movían el celular y la llamada se colgó. Reí, ella estaba usando la misma estrategia que yo use en ella, ¿Qué si sentí celos? Pues la verdad si, pero no por eso la iba a llamar, pasaron alrededor de 4 días y ella fue con uno de sus hijos a visitar a mi madre, yo saludé desde lejos y ella frente a mi madre preguntó que si estaba molesto o algo, que no quería saludarla como de costumbre, yo dije que tenía que entrar al baño, que bajaba al rato, pero en verdad no bajé. Escuchaba como su hijo quería irse de la casa porque tenía algo que hacer en otro sitio, así que al momento de irse, tampoco me presenté para despedirme, solo dije adiós desde mi habitación, recuerdo que mi madre me preguntó que si algo pasaba y para no levantar más sospechas de las que ya ella había hecho, le dije que estaba medio inconforme con el pago de ella por el trabajo que había hecho, mi mamá me dijo que hablaría con ella a lo que yo le refute diciendo que no lo hiciera, porque eso podría traer conflictos para futuros trabajos, ella entendió y dijo que estaba bien.

    Siguieron pasando los días y yo la verdad me esforzaba por no buscarla, lo siguiente que supe de ella fue por una llamada de su esposo, quién me dijo que quería que hiciera otro trabajo pero para un amigo suyo y para mí sorpresa me invitó a su casa, yo en principio pensé decirle que no era necesario ir, que si me enviaba un boceto yo podría trabajar a distancia, pero me volvió a invitar, me puse la excusa de que si no iba sería sospechosa la actitud así que fui, ella me abrió la puerta y me saludó con mucho amor, tenía un vestido blanco con diseños como azul casi gris y me abrazo al momento que me dijo “no tengo panties puesto”, yo me quedé helado, su esposo estaba al fondo de la sala mirando hacia nosotros mientras ella me susurraba eso al oído, trate de disimular pero por su cara sentí que él se había dado cuenta, aparte de que ya tenía una erección, me invitó a pasar a la sala, me senté, abrí mi mochila y saqué mi laptop y el me presentó a su amigo, le dijo que yo había hecho el trabajo para su esposa y todo transcurrió normal, ella fue a la cocina, nos trajo picaderas para comer y el señor me explicaba que era lo que tenía en mente.

    Yo estaba un poco nervioso y en un momento me di cuenta que estaba solo con el señor en la sala, mientras los esposos estaban en la cocina, durante unos momentos no le presté mucha atención así que cuando el preguntó que si entendí, me salí un poco de mi mente y le sugerí algunas ideas vagas que salieron de mi mente, él me explicó porqué no podría ser así y luego entonces entendí que era lo que me decía, le dije que empezaría ahí mismo, que estuviera pendiente y que si se le ocurría algo me lo hiciera saber para modificar. En mi mente solo imaginaba como estarían ese culo y esa vagina bajo ese vestido, no podía concentrarme bien, me disculpé fui al baño y al pasar frente a la puerta de la cocina vi que ambos estaban contentos, él le ponía algo de comer en la boca a ella y ambos reían.

    Ya en el baño me lavé la cara, acomodé mi erección y me dije a mi mismo, concéntrate, suelta esa mujer y ponte a hacer lo tuyo, salí, retomé el trabajo y el señor estaba encantado con las dos propuestas que le había hecho al cabo de una hora y media, más o menos, yo reía por dentro pensando que lo que había diseñado era algo tan simple y sencillo y él se lo encontraba como algo espléndido y maravilloso, estaba tan indeciso que les preguntó a Ely y a su marido cual les parecía mejor, su marido dio una opinión y para nada una sorpresa, Ely sugirió que el otro estaba mejor, este coincidía con el que el señor se había inclinado un poco más así que al final, después de unos toquecitos más, estaba listo, habían pasado algunas 2 o casi 3 horas y ellos no habían parado de beber, me brindaban bebidas pero como ya lo había dicho, nunca he sido de beber alcohol así que estaba aún lleno mi vaso.

    Al rato el señor me preguntó que cuando me debía y yo le di el precio que me parecía justo por mi trabajo y para mí sorpresa él lo encontró tan económico que me dobló la suma, todos reímos y le dije que ya era tarde y que me debía ir, me pidieron que no me fuera muy educadamente, que siguiera compartiendo un poco más, pero les dije que tenía otros trabajos que continuar, entendieron y me dirigí hacia la puerta, al abrirla Ely me alcanzó por un hombro me volteó hacia ella y me miró con cara traite, le dije que ya me iba y ella me preguntó que si ya no la quería? Mire a todos lados pero los señores estaban en la sala atentos a otra cosa y le dije a Ely que hablábamos después, ella me abrazo de nuevo y me ofreció llevarme a mi casa, le dije que no, que podía pagar varios taxis con lo que me habían pagado y su esposo la llamó, ella se fue y yo me retiré.

    Al otro día recibí su llamada, le dije que no podría hablar durante mucho rato ya que iba hacia la casa de mi novia, ella me dijo que entendía pero que por favor la llamara cuando estuviera solo. Le dije que ok y colgué, recuerdo que en esos días yo había discutido con mi novia y me dirigía hacia allá para arreglar las cosas, al llegar ella me saludó con mala cara desde su balcón y mientras subía Ely me volvió a llamar, contesté y le dije que ya le había dicho de la situación, me detuve en las escaleras y le dije que no me llamara más hasta que yo le avisará, ella me pidió perdón y dijo que estaba de acuerdo. Al subir mi novia me preguntó que por qué tarde tanto subiendo y le dije que estaba un poco cansado, hablamos, comimos algo que ella preparó, arreglamos las cosas y nos dimos varios besos y caricias hasta que me tuve que ir.

    Ya de camino a mi casa le escribí a Ely, le expliqué que si comportamiento de niña ya me tenía harto, que no quería continuar con lo que teníamos y que no quería tener más problemas con mi novia ni que ella los tuviera con su marido, ella me dijo que entendía y quedamos que seríamos amigos y nada más. No me volvió ni a escribir ni a llamar ese día, pero al día siguiente recibí su llamada mientras estaba en mi trabajo, saludé y ella me dijo que como ya no seguiríamos cogiendo, quería que lo hiciéramos por última vez y que estaba frente al edificio esperando a que saliera, al principio dudé, pero tenía muchas ganas de cogérmela, así que “como última vez” le dije que estaba de acuerdo.

    Ese día pedí permiso para salir media hora antes del horario, salí me subí a su vehículo y de inmediato comenzamos a besarnos como locos, le dije que nos fuéramos, ya que su vehículo no tenía los cristales oscuros y así lo hicimos, fuimos a un hotel el cual ella pagó aunque no estuve de acuerdo del todo, callé y comenzamos, ella me sujetaba muy fuerte la verga mientras me la mamaba, tanto que le tuve que decir que lo hiciera más despacio, ella no se detuvo y me miró con cara de “te reto” así que decidí tomar las riendas, la agarré por el cuello, y la acosté en la cama, comencé con mi mano libre a rosarle la vagina con la punta de mi pene sin soltarla del cuello, ella comenzó a poner cara de que le gustaba, le apreté un poco más hasta que vi que ya le faltaba el aire, ella se sujetó fuerte de mi muñeca y de golpe la penetré, su gemido fue exquisito, se lo dejé dentro sin moverme mientras le libraba el cuello, ella me abrazó, me envolvió sus piernas a mi espalda y comenzó a besarme el cuello muy apasionadamente, yo comencé moverme lento, me levante apoyado de sus tetas mientras la bombeaba lentamente, ella estaba gimiendo bastante fuerte, me dijo que le gustaba lo que le hacía, me pidió que no parara y mirándola fijamente a los ojos me levanté y se la saqué, ella se exaltó, me preguntó que por qué había parado si ella me pidió no hacerlo, sin dejar de mirarla le dije que ella no era la que sabía, que era yo y que quería que se callara, me miró con cara de pena y guardó silencio, yo abrí sus piernas y le besé sus muslos lentamente mientras me acercaba a su vagina, ella me tomo de la nuca y cuando casi besaba su vagina me volví a levantar, ella apretó las sábanas y la almohada con sus dos manos, se mordía el labio inferior mientras soltaba un grito de desesperación y susurró un largo “nooo” le dije que me debía pedir con por favor que era lo que quería, ella grito “que me cojas” y Saz, le di una cachetada, ella quedó sentada en la cama, mirándome con cara de sorpresa y ofendida, yo permanecí serio mirándola fijo a los ojos y le volví a decir “con por favor, pídeme que es lo que quieres te dije” ella abrió sus piernas y me dijo, “por favor hazme venir”, sin dejar de verla a los ojos tome sus muslos y la halé hacia mi, ella se acomodó sujetando sus tetas y comencé a darle la mamada de su vida, se retorcía, gemía, apretaba sus tetas, apretaba mi nuca contra ella, me decía que lo hacía rico, se notaba que lo estaba disfrutando, me pedía que por favor no parara y al cabo de unos minutos tenía sus piernas temblando mientras se están viniendo en mi boca.

    Seguí mamándosela, me pedía que parara mientras me empujaba, apreté mis brazos contra sus piernas y cadera y me fijé lo más fuerte que pude hasta que la escuché decirlo: “por favor, espera” y entonces la solté, ella se tapó la cara con sus manos, sus piernas aún temblaban, mi ego estaba por las nubes pero me quedé ahí, fijo mirándola, ella volteó a verme por debajo de sus manos, sonrió, se sentó y echo manos a mi verga para mamarla, se lo impedí, sujetando su cabello la hice verme a los ojos y ella entendió, me miró con cara de pena y me dijo “por favor, déjame mamártelo”, la tenía como la quería tener, sumisa en todo su esplendor, Saz, otra bofetada y ella rápidamente se lo metió en la boca, lo metió entero de golpe hasta la garganta, me sacó un gemido fuerte y comenzó a mamarlo a mucha velocidad, me miraba a los ojos, lo lamía, sabía que era lo que me gustaba, sonreía mientras aún lo tenía en la boca y saz, le di otra cachetada.

    Estuvo algunos 3 o 4 minutos manteniendo ese ritmo, la despegue, la coloqué en 4 y tomándola del pelo se la deje ir de golpe, estaba muy húmeda, fue fácil penetrarla, comenzó a gemir le pregunté que quién era ella y me dijo “soy tu perra” la arremetía fuerte, quería maltratarla y de repente soltó “yo no quiero que sea la última vez que me cojas”, yo bajé por un segundo el ritmo de la cogida, pero decidí hacer el que no escuchó, seguí cogiéndomela y cuando sentí que me iba a venir se lo dije, ella se colocó frente a mi, como sabía que me gustaba, con su cara a la altura de mi pene y se la deje ir toda en la cara y su boca, al terminar de venirme se lo metí en la boca y comencé a cogerle la boca hasta que sentí que ya estaba limpio, la solté y ella se levantó, me mostró su mejor sonrisa con su cara llena de mi semen.

    Me fui al baño y me metí a la regadera, ella me siguió, limpio su cara en el lavamanos y se metió a la ducha conmigo, me abrazó por detrás y yo le pregunté que si no le importaba mojarse el cabello, que iba a decir en su casa cuando llegara con el pelo mojado, ella me respondió que no le importaba lo que pensara su marido, de nuevo me molesté, ella lo notó y me preguntó que por qué me ponía así, yo trate de calmarme, respiré y hablé con ella, le dije que yo era un jovencito comparado con ella, le hice ver mi punto de vista, le dije cosas como “si tu esposo te bota, que vas a hacer? Yo no tengo un trabajo para darte los lujos que él te da” ella volvió a decir que eso no importaba, y yo volví a enfurecerme, le dije que habláramos y pusiéramos todo claro, que si ella seguía con la actitud de niña entonces todo terminaría mal, le planteé mis puntos de vista, y que todo sería mejor con 2 opciones, o si ya dejábamos todo en esa última cogida o ella se ajustaba a la realidad y seguíamos cogiendo, ella se molestó lo cual hizo que yo me molestará más. Nos gritamos algunas cosas pero después de yo comenzar a vestirme ella se calmó y me dijo que entendía, que prefería entonces ajustarse a qué ella no podría ser solo mía, pero que seguiríamos cogiendo cada que pudiéramos.

    Nota: está historia tiene una continuación, me gustaría saber en comentarios si desean que publiqué la última parte.

  • La nueva profesora de inglés

    La nueva profesora de inglés

    1

    Me llamo Ernesto, tengo 32 años y estoy casado desde hace 5 años con Sandra, fuimos novios durante 3 años, siempre fuimos una pareja feliz, desde el primer momento supe que Ella sería mi futuro esposa. Soy ingeniero graduado con honores en la universidad central, ella en el área de las ciencias sociales, licenciada en idiomas, mención inglés, nunca tuvo la necesidad de trabajar gracias a mi, sin embargo la crisi en Venezuela la llevo a tener que buscar empleo a finales de 2018, en octubre que es cuando comienza el año escolar en mi país

    Sandra es una mujer de 1,68 cm de piel blanca y ojos negros, cabellera negra y larga, por la cintura, contextura delgada pero con un trasero y senos bien tonificados por las horas en gimnasio, su culo era mi punto débil, me volvía loco y siempre que podía se lo agarraba. Su día a día transcurría en el apartamento, salir al gimnasio, visitar a sus padres y tener todo listo para cuando yo llegara en la tarde. Un día a mediados de junio de 2018 llegue temprano a casa, ella aun veía su novela de la tarde, llegue abatido, triste, me habían despedido del trabajo, por la crisis del país la empresa había sido cerrada por rumores de expropiación a lo que los dueños prefirieron cerrarla antes de perderla.

    Al principio fueron días difíciles, me deprimía a medida que pasaban los días y no conseguía un nuevo empleo. Sin embargo dos meses después en agosto por fin me llamaron para comenzar a trabajar, cuando regrese de la inducción iba serio, muy molesto, el sueldo no era lo que esperaba, era menos de la mitad de mi empleo anterior y la empresa tenía inclinación política gobiernera, lo cual me desmotivo, además mi jefe era todo un patán, mal hablado, indudablemente colocado en ese puesto por ser amigo de alguien del partido de gobierno, lo pensamos y discutimos durante la tarde pero lo mejor en ese momento era que aceptara el puesto, ya nuestros ahorros comenzaba a disminuir y nos preocupaba.

    Esa noche Sandra me quiso contentar, se colocó una lencería que ella sabe que me gustaba, un panti tipo hilo que se le ajustaba bastante bien, y un baby doll transparente, se montó gateando en la cama moviendo el culo de lado a lado, pasando su nariz por todo mi cuerpo, buscando alegrarme y hacerme excitar, yo aún estaba molesto, acababa de hablar por teléfono con un antiguo compañero de trabajo que no estuvo de acuerdo con mi decisión de aceptar el empleo y terminamos discutiendo llamándome enchufado.

    Cuando la vi mis ojos se agrandaron pero aun mi mirada era de rabia, poco a poco llego a mi pene, comenzó a rozarlo con su nariz y su cara, y lentamente me bajo el bóxer con los dientes. Sandra no acostumbraba a hacerme sexo oral a pesar que a mí me encantaba, ella solo lo hacía en ocasiones especiales, sin embargo esta vez ella tomo la iniciativa, seguramente queriendo mejorar el humor, sin embargo mi rabia no paraba y a mitad de la mamada que me estaba dando la agarre por la cabeza y comencé a marcar el ritmo, a hacer que se lo comiera todo, ella trato de quitarse y me miro, debió notar mi furia porque su miraba se tornó de miedo pero seguí hundiéndole todo mi pene en su boca una y otra vez y comencé a decirle que lo mamara todo, “mámamelo todo perra” fue lo primero que le dije, era la primera vez que me dirigía así hacia ella y me pareció escuchar que emitía un pequeño gemido, me la estuve cogiendo por la boca unos minutos más hasta que la quite y le dije que se coloca en cuatro que me la iba a coger como una perra, me sorprendió cuando le quite el hilo que tenía y lo note empapado, estaba mojadisimo como nunca antes lo había notado, sin duda estaba gozando. Se colocó en cuatro y la agarre de la cintura y de una sola embestida de cadera se lo clave hasta el fondo, emitió un gemido que se escuchó en todo el apartamento, comencé a cogerla a lo bruto, se lo metía y se lo sacaba de golpe, y ella cada vez gemía mas, me di cuenta que lo estaba gozando y entonces comencé a jalarle el pelo, la traje hacia mí y comencé a hablarle al oído como nunca lo había echo

    – Te gusta perra, te gusta cómo te estoy cogiendo, era la primera vez que le hablaba a Sandra de esa manera, ella no contesto y seguidamente le solté una nalgada, volví a acercarme su oído y le dije “para ese culo perra y tu macho te está cogiendo”, inmediatamente soltó un gemido y sentí como levantaba más aun el culo, voltio a mirarme, su cara se había transformado, no la reconocía, sus ojos brillaban, su boca estaba más roja y sus mejillas ruborizadas, solo me dijo “cógeme duro que soy tu perra”

    Inmediatamente aumente las embestidas, se lo metía y se lo sacaba todo en cada golpe, la tenía agarrada de los cabellos y con una mano hacia que arquera la espalda

    – Lo estas gozando perra, le volví a preguntar, pero esta vez sí contesto

    – Me encanta papi, me estas matando de placer

    – Quien es tu macho, perra. Le pregunte

    – Tu eres mi macho, yo soy tu perra, fueron sus palabras

    Nuestros cuerpos sonaban, sus nalgas chocando con mi vientre, fue corto pero intenso, al minuto después no aguante más y termine llenándola leche. Me caí y me derrumbe en la cama su lado, aun no me podía creer lo que había pasado, no había hecho el amor con mi esposa, me la había cogido como a una puta y ella lo había gozado. Seguidamente ella se levantó y se ducho y ambos nos dormimos cuando regreso a la cama, aunque algo me preocupaba, ella no había llegado al orgasmo.

    2

    Ernesto tenía un mes trabajando ya era septiembre y el dinero no alcanzaba, había pasado un mes desde el día en que habían cogido y saco la perra interior que llevaba Sandra por dentro, este viernes cuando llego Ernesto de trabajar lo estaba esperando Sandra con una propuesta, le comento a Ernesto que estaba decidida a buscar empleo, primero él no estaba de acuerdo, una de las razones para el aceptar el empleo donde estaba era que ella no tuviera que trabajar sin embargo no era suficiente y los gastos aumentaban, después de mucho discutirlo el termino aceptando y ese mismo lunes Sandra iría a buscar trabajo.

    Esa noche hicieron el amor, Ernesto se montó sobre Sandra, al estilo misionero y le estuvo dando caña por un buen rato hasta que acabo, en todo momento la miraba a los ojos, le daba besos y le decía que la amaba, ella le respondía que también lo amaba sin embargo algo era diferente, esta vez no se había excitado como la anterior vez, esta vez sus flujos no la habían empapado como cuando la llamo perra, esta vez no se sentía mujer como la vez anterior

    El lunes se arregló para ir a buscar trabajo, estuvo casi toda la mañana y parte de la tarde recorriendo colegios, escuelas, institutos, entregando su hoja de vida. Finalmente decidió que era hora ya de volver a casa, pero cuando ya se iba a montar en su carro vio una pequeña escuela y se quiso acercar, toco la puerta y nadie respondió, vio la puerta entre abierta y la empujo, entro y vio que era una escuela pequeña y se encontró con un señor, por la apariencia pensó que era el encargado de limpieza, era más o menos de su mismo tamaño, flaco, más bien parecía que pasaba hambre, despeinado y con un bigote largo que le tapaba parte de la boca.

    Sandra se presentó y pregunto por el director, seguidamente el señor estiro la mano y le dijo, soy Ernesto Barceló directo del jardín infantil, a su orden guapa. A Sandra le pareció cómico que se llamará igual a su esposo, aunque físicamente no tenían comparación, su Ernesto era más alto que ella, media 1,75, de pelo corto pero bien peinado, moreno claro, de contextura fuerte, brazos y piernas fuertes por los años de practicar futbol en la universidad. Sin embargo estaba pensando en esto cuando la interrumpió el director, preguntándole que deseaba. Sandra se disculpó y le dijo que era un error que ella era profesora de inglés en busca de trabajo y veía que este era un jardín de infancia donde difícilmente ella podría trabajar, sin embargo el viejo Ernesto se le iluminaron los ojos, y rápidamente le dijo que justo necesitaban una profesora de inglés porque a partir de este año iban a comenzar a impartir esa materia en los niños del tercer nivel, esto no era cierto pero el viejo Ernesto no podía dejar escapar esta oportunidad de hablar con la mujer más buena que había visto. Sandra le comento que ella esperaba enseñar en un nivel más alto de la educación pero el viejo le pidió que la siguiera a la oficina solo como cortesía para explicarle como sería el trabajo, Sandra dudo pero termino dirigiéndose a una pequeña oficina al fondo del patio.

    El viejo Barceló entro la oficina y le ofreció una silla frente al escritorio, al momento de pasar ella frente al viejo noto un pequeño roce en sus nalgas y enseguida una descarga que sintió en su vagina pero pensó que era algo sin intención, sin embargo esa idea la descarto cuando comenzó a hablar con el viejo, noto como la miraba con lujuria el viejo, como se quedaba mirándole las tetas sin reparo mientras le explicaba de que se trataría el trabajo, algo que iba inventando a medida que hablaba porque era algo que no estaba en los planes del curso del tercer nivel. En cierto momento ya Sandra estaba cansada e incómoda y estaba decidida a irse, se levantó de la silla y se dirigió a la puerta donde el viejo la alcanzo justo al momento en que ella pensaba abrir, se le acercó por detrás hasta que ella lo sintió bien pegado a ella, totalmente arre costándose en su trasero mientras le dije en voz bajita, aun no te he dicho como es el pago, mientras la punteaba en las nalgas con su pene, Sandra sintió nuevamente una descarga y sin quererlo soltó un muy pequeño gemido pero que el viejo Barceló reconoció al instante y no perdió tiempo para darle otro puntazo en las nalgas mientras le decía cuanto le podía pagar, Sandra trato de recobrar la cordura cuando le dijo que no era lo que buscaba pero el viejo zorro se le acercó al oído y le dijo:

    – Seguro que esto no es lo que estás buscando perrita, y acto seguido paso una mano por delante de ella y le agarro una teta, a Sandra su cuerpo la traiciono y sin darse cuenta arqueo la espalda y levando más el culo, ofreciéndoselo más si se podía al viejo Barceló, Sandra sintió una lengua en su oreja y seguidamente se hizo a un lado, abrió la puerta y salió de prisa, al momento de salir Barceló le grito, el trabajo es tuyo si lo quieres, comenzamos el próximo lunes

    Sandra llego corriendo a casa, aun su esposo no llegaba, corrió al baño y se comenzó a tocar, a tratar de calmar la fogata que llevaba por dentro, se tocaba las tetas, las nalgas, la vagina, comenzó a masturbarse y a repetir un solo nombre, Ernesto, Ernesto, Ernesto repetía una y otra vez, cuando finalmente pudo acabar casi se desmaya de placer, sus flujos caían por sus piernas y apretaba sus manos entre ellas. Luego finalmente se recompuso y trataba de entender lo que había pasado, se decía a si misma que era el calor del día que la había hecho acalorar pero se sentía segura porque mientras se tocaba repitió una y otra vez el nombre de su esposo o amenos eso quería creer…

    Continuará

  • No siempre se está bien donde uno es feliz

    No siempre se está bien donde uno es feliz

    Era feliz…

    Era feliz y por eso tomé la decisión que por tanto tiempo prolongué.

    Nada podría salir mal, me esmeré con los detalles para que todo fuera tal cual ella lo habría imaginado; el lugar, la decoración, la música… todo.

    -¿Cómo está la mujer más hermosa? –dije al recibir su respuesta después de hacer la llamada.

    -Hola, con mucho trabajo por hacer –mencionó ella con un tono molesto–parece que esto nunca se acaba.

    -Prepárate, te tengo una sorpresa, paso por ti a la salida y no quiero un “no” por respuesta.

    -¿A la salida?, imposible; ni siquiera se a qué hora voy a terminar y tengo una reunión.

    -Vamos –dije– ya son muchos los días que trabajas hasta tarde.

    -En serio, no puedo dejar esto sin terminar; es más, te dejo porque debo prepararme para la reunión –diciendo esto último y, sin darme tiempo a protestar, terminó la llamada.

    No estaba por darme por vencido tan fácilmente así que subí al auto y tomé rumbo hacia su trabajo.

    Durante el trayecto, pasaron por mi mente los momentos vividos con ella, y como las circunstancias habían hecho que hoy mi vida volviera a cambiar.

    Primero el perder a mi esposa, para de la noche a la mañana convertirme en papá y mamá de un par de chicos que, aunque no me la pusieron fácil, amaba con todo mi corazón.

    Después, resultar el benefactor de ella y sus chicos quién, al perder también a su esposo y papá, tuvieron que enfrentarse no únicamente a la soledad, sino también al hecho que quienes habían sido “amigos” buscaban, en ese momento, aprovechar las circunstancias que ellos, indefensos, les ofrecían.

    Ya todos en casa pasamos a ser una familia “disfuncional”, como lo mencionábamos en son de broma ya que, aunque teníamos vidas separadas, por fuera parecíamos una familia común.

    Al tiempo que la convivencia se hacía más cercana surgió también el afecto mutuo entre nosotros; bromeábamos, reíamos, en ocasiones discutíamos y, sin darnos cuenta, terminamos enamorándonos.

    Nuestro chicos aceptaron de buena manera el vernos juntos, la intimidad era buena y nuestro futuro en general se vislumbraba mas que promisorio.

    Había resultado ser un tema difícil el tomar la decisión de dar el siguiente paso, parecía ser que la vida que llevábamos era la conveniente; “juntos pero no tan juntos” nos decíamos, el tiempo dirá si nos decidimos o renunciamos.

    Nunca creí esto último, en ocasiones la veía hablando con nuestras niñas de fiestas y vestidos y de cómo se vería de nuevo en uno blanco por segunda ocasión.

    Por este y muchos otros detalles no me fue tan difícil tomar la decisión, el día sería hoy y pasara lo que pasara tendría su respuesta después de esta cena.

    Llegué por fin sin tomar el lugar donde con regularidad aparcaba, tendría que ser sorpresa y no quería que me viera ya que su lugar de trabajo tiene vista al estacionamiento desde donde, con dificultad, podía verme y de igual forma yo a ella.

    Ahí estaba, como siempre hermosa, no solo a mis ojos ya que, en ocasiones, pude darme cuenta que muchos más observaban su figura…

    Y en verdad era hermosa! no niego que fue una de las razones para estar con ella; me cautivó su mirada y seguridad, así como el resto de sus atributos físicos que no eran pocos…

    Y el sexo, lo disfrutábamos a lo grande, sin restricciones; perderme en ese mar de sensaciones es algo difícil de describir!, por eso estaba tan prendido de ella!

    Encendí el auto cuando vi que tomaba sus cosas y apagaba la luz que, ya entrada la noche, iluminaba su lugar; quería llegar cuando estuviera saliendo para sorprenderla.

    Y efectivamente hubo sorpresa, pero fue la mía al observarla saliendo con él en actitud un tanto más que cordial.

    Obviamente los celos se hicieron presentes y bajé del auto para reclamarle… pero no alcancé a hacerlo; tuve un poco lucidez para utilizar la lógica, me habló de una reunión, podía ser que solo se dirigiera a ella; así que volví al auto y observé como subían al de él y tomaron camino. Los seguí a prudente distancia, no quería mostrarme ante sus compañeros como el celoso de la relación, confiaba en ella, ¿que podría salir mal?

    Avanzaron durante unos minutos hasta donde, podría decirlo literalmente, sentí que algo dentro de mi se rompía.

    Con mis manos temblando de rabia e impotencia estacioné el auto sin dejar de ver el lugar, iluminado apenas para pasar desapercibido, elegante para ser un motel de paso.

    Tomé el teléfono y marqué su número, después de un par de tonos su respuesta…

    -Hola, ¿ya estás en casa? –dijo con voz apresurada.

    -Aún no, pero ya estoy en camino.

    -Aún tardo un poco, todavía tengo algunos pendientes que no pueden esperar a mañana.

    -Entiendo, ve con cuidado cuando salgas del motel, el lugar no se ve muy seguro. –dije esto y corté la llamada.

    Arranqué y tomé dirección con rumbo a casa, he de confesar que lloré en cada ocasión que sonaba el teléfono con una llamada de ella.

    -¿Que hice mal?, ¿qué fue lo que hice para que me pague de esta forma? -no tuve respuesta a ninguna de mis preguntas…

    Me detuve calles antes de llegar, estaba descompuesto y no quería que los chicos me vieran así; después de unos minutos aparqué y entré a casa.

    -¡Papá!, ¡papá!, qué bueno que llegaste – dijeron las chicas colgándose a mi cuello.

    -¿Lloraste?, tus ojos están muy rojos…

    -Los hombres no lloramos –dije sin creérmelo –solo que pase mucho tiempo frente al monitor.

    -¿Mamá ya no tarda? –me dijeron.

    -Espero que no pequeña, espero que no…

    Subí al despacho y cerré la puerta tras de mí, no sabía qué hacer ni cómo reaccionar cuando llegara; la vida no es justa, pensé; al menos no para mi en este momento.

    Después de algún tiempo tocaron a la puerta.

    -¿Puedo pasar? –Dijo ella –necesito que hablemos.

    -¿Que puedes decirme que no sepa?, los detalles no me interesan.

    -No está bien lo que hice, lo sé; quiero que sepas que no volverá a pasar.

    -¿Qué fue lo que te hice para que me hagas esto?, ¿tan mal te traté?

    -No fue tu culpa, no sé porque lo hice –dijo esto último con lágrimas en los ojos -te juro que ya se terminó!

    -¿En verdad valió la pena un rato de calentura por una vida en familia?

    -Perdóname!, por favor perdóname! –me dijo llorando y con un temblor generalizado en su cuerpo.

    -Te amo y lo sabes, perdoné lo que me hiciste desde que entré a la casa.

    -Te juro que haré todo para que veas que es verdad que te amo! –casi lo gritó al tiempo que se echaba a mis brazos.

    -No te confundas –dije quitando sus brazos de mi cuello –te perdoné por el cariño que le tengo a los chicos, no se merecen un cambio tan brusco en su vida.

    -Pueden quedarse el tiempo que necesiten, exceptuando lo nuestro todo seguirá siendo como hasta ahora, ya buscaremos la forma de decírselo para que no les afecte tanto.

    Tomó asiento, de la mujer hermosa y segura de si misma solo quedó la apariencia; pude ver que, al igual que yo, la vida le daba un giro donde ya nada sería igual. Tal vez en ese momento se preguntó si hacer lo que hizo valió la pena por la que estaba pasando.

    -¿Puedo ser yo quien se los diga? – Me preguntó –no se los ocultaré, solo no quiero perder su cariño sabiendo cuanto te quieren.

    -Hazlo.

    Salió y, después de un rato, yo tras ella.

    Quería abrazarla y decirle que intentáramos continuar, olvidar y seguir adelante; bajé buscándola y la escuché con su hija hablando.

    -¡Mami!, ¿te dijo? –alcance a escuchar antes de llegar con ellas.

    -No mi vida, ¿Qué me tenía que decir? –escuché su voz de asombro.

    -¡Papi habló con nosotros!, pero nos dijo que no dijéramos nada.

    -¿Qué les dijo papá? – Diciendo esto en voz más alta –dime.

    -No le vayas decir, ¿sí?

    -Ok, solo dímelo – esto último tratando de suavizar el tono.

    -Nos dijo que quería ser nuestro papá de verdad!

    -y que te va a hacer una fiesta!

    -y que te vas a vestir de blanco!

    -y que hoy te lo iba a pedir cuando salieras de tu trabajo!

    En ese momento ella se dio la vuelta al escucharme llegar a su lado, nuestras miradas se cruzaron y, por un momento, pensé en abrazarla… no lo hice; sus ojos se llenaron de lágrimas y salió corriendo en dirección a su recamara.

    -¿Por qué llora mamá?

    -Está triste corazón –le dije –a veces nos ponemos tristes pero luego se nos pasa.

    -Le dije nuestro secreto, ¿me perdonas?

    -A ti no tengo nada que perdonarte –le dije abrazándola muy fuerte y llorando tratando que no se diera cuenta.

    El día de hoy se ve triste, no solo por el clima que amenaza lluvia; sino porque estamos en la puerta despidiendo a la que hasta ayer era parte de nuestra familia.

    Con ellos se van parte de nuestro futuro, un futuro que daba por hecho y que, de la noche a la mañana, dejó de serlo para pasar a ser incierto.

  • Infidelidad en el mercado

    Infidelidad en el mercado

    Está historia que les voy a relatar se remonta a hace ya varios años atrás, cuando estaba en mi primer matrimonio. Me casé a una edad muy temprana por comerme la torta antes del recreo (como decimos en México) mi marido era dos años mayor que yo, ya con más experiencia. Cuando me casé vivía con la ilusión del matrimonio eterno con el amor de mi vida, y siempre miraba hacia el futuro a su lado. Lástima no fue así, desde el principio él ya me era infiel con cuánta mujer se pudiera. Yo delgada, alta con tetas lactando, un trasero firme y no es por alardear, pero una sonrisa que enamoraba a cualquiera. Pero no era esa la intención.

    Un día mientras hacía mis compras del mandado diario en el mercado cerca de mi casa había un vendedor que siempre me decís piropos, pero jamás los tomaba en cuenta, hasta que ese día no me dijo nada y la verdad me sentí rara de no recibir un cumplido así que volví a pasar dos veces más.

    De pronto me dice: acaso te has perdido, por qué yo me he perdido en el meneo de tus caderas, sonreí y solo le dije, pensé que ya no las mirabas. Se echó a reír y me ojo que estaba atento a cada vuelta que había dado, y que le fascina como se me marcaba el bikini debajo de mi pantalón.

    Le sonreí y le alcance a decir: y eso que no has visto lo que hay debajo. Que estaba pasando conmigo! Jamás le había dado entrada a otro hombre que no fuera mi marido, pero esa plática me tenía húmeda. Pero no había marcha atrás, ya lo había dicho y no podía retractarme, así que continué.

    Justo cuando ya iba de salida él me dijo que me acercara y con voz baja me dijo: cierro a las 6 por si gustas venir ayudarme a cerrar. Eso me provocó un espasmo en mi vagina, le dije que lo pensaría y me retire meneando más mis caderas. Llegando a casa la duda me invadía, no sabía si hacer caso a la invitación o dejarlo hasta ahí.

    Cando eran 5:50 lo decidí, tomé mi bolsa, le dije a mi madre que me cuidara un ratito a mi bebé en lo que yo salía a comprar unas cosas y camine hacia el mercado, cuando entré ya estaba casi vacío y me dirijo directamente hacia si local. Cuando me vio esbozo una gran sonrisa de complicidad. Me dijo que entrara y enseguida bajo las cortinas de su local. Sin perder un segundo se volteó y me abrazo, besándome tan apasionadamente como hacía mucho no lo sentía, enseguida pude sentir la erección en su pantalón y mi vagina ya está más que húmeda.

    Me levanto mi blusa y me chupo las tetas como desesperado, me dolía pero lo disfrutaba, por un momento me olvidé de mi esposo y me estaba entregando por completo a otro hombre. Se despegó de mi y era mi turno de regresarle el favor, así que me puse de rodillas y le saque la verga, era más gruesa que la de mi marido. Mi primer instinto fue devorarla, el sabor era exquisito, se la mame como el me mamo las tetas.

    Sin pensarlo el me jaló hacia arriba, me volvió a besar, me desabrochó el pantalón y me metió la mano debajo de mi ropa interior, metió sus dedos y lo goce como loca. Sin dudarlo me volteo y me empino, me metió su verga se un solo golpe, lancé un gemido de placer creo que medio mercado nos pudo haber escuchado. Me estuvo bombeando fuerte y delicioso, se acercaba y me decía al oído que deseaba tenerme así, para él solo.

    Tiró su chamarra al piso e hizo que me pusiera en 4 y siguió bombeándome deliciosamente yo gemía como loca, me olvidé de todo, de mi familia, de mi marido y solo me dispuse a disfrutar, sentí como iba a terminar y le suplique que no terminara dentro de mi y solo me respondió: ni madres zorrita te voy a mandar enlechada a casa.

    Sentí cómo me llenaba de leche abundantemente, salió de mi y me dio un beso largo y apasionado. Me limpie lo que pude, me vestí y salí con rapidez porque ya había pasado más de una hora, mi madre me iba a matar por tardarme, pero la cogida que me dio solo fue el inicio de muchas más.

  • Los tíos

    Los tíos

    Pablo

    El verano anterior a la pandemia decidimos con mi cuñado pasar las vacaciones juntas las dos familias, ellos con sus tres hijos y nosotros dos, mi esposa Mahia y yo Pablo. Habíamos elegido ir a un lugar tranquilo, Miramar, como ellos son seis le ofrecí llevar a su hijo mayor Juan con nosotros ya que nuestro coche íbamos solo nosotros dos.

    Además tanto yo como Mahia tenemos una buena relación con Juan, será porque la diferencia de edades es poca respecto a los otros hijos, Juan tiene 19 y mi mujer 38, es media Mahia como dice Juan, y yo tengo 44.

    Alquilamos a partir del 15 de enero, que pasamos a buscar a Juan el 14 a la noche para llegar temprano el 15 desayunar e irnos al chalet, sus padres llegarían después del mediodía.

    Cuando salimos a la ruta ya se veían unos nubarrones oscuros en el horizonte, al llegar a Dolores la lluvia era torrencial, no se veía ni la ruta, Mahia propuso parar en un hotel en la ciudad total teníamos tiempo, a Juan le encantó la idea, para él era como una aventura.

    Los hoteles estaban repletos, conseguimos la única habitación en un hotel de 3 estrellas que era con cama matrimonial, los dos miramos a Juan como preguntándole si tenía algún problema en compartir la cama con nosotros, Juan contestó para nada, hasta parecía divertido.

    Desde el coche hasta el hotel nos habíamos empapado, así que en cuanto entramos en el cuarto nos quedamos la tres en ropa interior y fuimos a buscar las toallas para secarnos.

    Juan

    Al principio lo de compartir la habitación me resultaba divertido, hasta que tuvimos que desvestirnos para poner la ropa a secar, yo no estaba acostumbrado a ver a mi tía en bombacha y corpiño, y menos estando mojados, que le dejaban trasparentar la mata de pelos de la concha y los dos pezones oscuros, grandes y parados.

    Me llamó también la atención que se pusieran a jugar delante mío, corriéndose por toda la habitación y cada vez que Pablo la alcanzaba la abrazaba y le manoseaba las nalgas y ella amagaba a pellizcarle la poronga, y aparentemente esto calentaba a mi tío porque su calzoncillo cada vez se dilataba más, haciendo que empezara a alternar mi vista entre la concha peluda de Mahia y la poronga cada vez más crecida de Pablo, ambas cosas me atraían y calentaban, haciendo que mi pija comenzara a pararse, y por las dimensiones que tengo temía que se escapara de la bragueta del bóxer.

    El solo pensar que en un rato estaríamos compartiendo la cama, me hizo difícil poder esconderla a la mirada de mi tía, en realidad no sé si quería esconderla.

    Mahia

    Cuando entramos en la habitación a mí también me resultaba divertido desvestirnos para secarnos, pero cuando Pablo empezó a correrme y a manosearme, noté que Juan nos miraba a ambos con bastante interés, claro al estar mojados estábamos casi desnudos, peor aún las transparencias hacia la situación más erótica, era lógico que el pendejo se calentara y se le empezara a ver una leve erección bajo el calzoncillo mojado, aunque leve para la pija que tiene es un montón, no era la primera vez que la miraba, estando en la pileta varias veces me calenté viéndosela bajo el slip, lo cual me costó alguna posterior paja mientras le contaba a Pablo.

    Y ahora este juego que inocentemente había empezado Pablo me tentaba a seguirlo para ver hasta donde se calentaba Juan, por eso empecé yo a jugar a pellizcarle la pija a Pablo, que inmediatamente me hizo una mirada cómplice y una sonrisa mientras trataba de pellizcarme una teta.

    Ahora en un rato íbamos a estar en la cama los tres, la bombacha se me estaba secando del agua, pero el flujo me la estaba mojando otra vez, y se notaba porque era gris, aproveché para decirle a Pablo que paráramos un momento que quería descansar, Juan se había sentado en una silla frente a la cama, yo me acosté en la cama con las piernas hacia él, para llamarle más la atención comencé a abrirlas y cerrarlas, la mancha crecía en mi bombacha y en el calzoncillo de Juan se notaba cada vez más esa hermosa pija que se dilataba.

    Pablo

    Me di cuenta del juego que proponía Mahia, e indudablemente la concha encharcada de ella estaba causando el efecto deseado, el pendejo estaba como hipnotizado, y no sacaba la vista de la entrepierna, a tal punto que no se había dado cuenta que la cabeza ya le salía por la pierna del bóxer, era tan grande que estuve tentado de acercarme y tocarla para mostrársela a mi mujer, la idea de que en unos instantes estaríamos los tres en la cama, y que seguramente Mahia no pararía hasta tragársela, estaba seguro que en este momento se la estaba imaginando apoyada en su culo. Juan estaría pensando en hacérsela resbalar entre los labios de la concha.

    Cuando nos acostamos, Mahia quedó entre Juan y yo, mirando hacia mi lado, le dimos las buenas noches y nosotros quedamos abrazados. Al rato Mahia me dice al oído que Juan se la está apoyando.

    P: Pero estás segura?

    M: Y mirá, estoy sintiendo la pija tibia a lo largo de la raya del culo. Que hago me corro?

    P: No dejá, está dormido y es normal que a su edad esté empalado toda la noche.

    M: Entonces vos querés que me deje apoyar?

    P: Y sí, déjalo, pobre pibe no la debe poner nunca, y a vos te debe gustar, o no?

    M: Y sí… Que te parece? Tenés razón, total que mal hace, no?

    Yo me quedé dormido, hasta que ella me despertó:

    M: Pablo, le está creciendo la pija y me la está empujando contra el culo!

    P: Pero te molesta?

    M: Molestar no, pero la tiene tan grande que me está calentando mucho!

    P: Pero entonces qué más querés guacha, te acordás las veces que imaginamos que teníamos un pendejo en la cama y lo calentábamos entre los dos?

    M: Sí por eso me acuerdo cuando me apoyabas el consolador para que me lo imagine, pero esta pija es más grande!

    P: Tan grande es?

    M: Ay sí! Porque no te fijas y me la acomodas entre las piernas así me la refriego en la concha que la tengo empapada.

    P: Querés que se la agarre?

    M: Dale si te estás muriendo por hacerlo, o no era parte también de la fantasía, te acordás como te chupabas el consolador? Dale pajeásela un poco y pasámela entre los labios, pero sin meterla! Quiero desearla.

    Yo solo estaba esperando que Mahia me lo pidiese, me calentó tanto lo que me había contado del tamaño de la poronga del pendejo que no podía esperar un segundo en averiguarlo, pero antes me saqué el calzoncillo y le llevé a mi mujer la mano a la pija que estaba por reventar, la turra me la agarró con dos dedos y me la empezó a pajear despacito, rozándome apenas.

    P: Y esta te gusta?

    M: Claro que me gusta, pero cuando me consigas la otra te la pajeo bien.

    Corrí las mantas y una de las manos la fui deslizando por las nalgas de Mahia en busca de la pija, esperando toparme con algo duro y tibio, y la encontré debajo del calzoncillo de Juan, seguí deslizándola hasta poder cerrar la mano completamente, el tamaño y el calor que emanaba me enloqueció, no sé si porque era la primera vez que tenía una pija de otro en la mano o por el deseo contenido hacia tanto tiempo.

    P: No sabés Mahia qué linda que la tiene!

    M: Tené cuidado a ver si se despierta.

    P: Si se despierta seguro que va a seguir haciéndose el dormido para que sigamos cogiéndolo entre los dos, dale vos sacate la bombacha!

    Y era verdad, cuando me escuchó empezó a moverse tratando de alcanzar la concha de Mahia donde yo lo estaba guiando, pero quería disfrutar más de ese tronco en mis manos.

    Juan

    Por supuesto que me voy a seguir haciendo el dormido, y más ahora que el puto de Pablo me la está pajeando por encima del calzoncillo, cuando Mahia se lo pidió no pensé que lo fuera a hacer, y ahora me la está sacando por la bragueta y me la agarra con toda la mano, parece que le calienta tanto como a mí, ahora la mete entre los labios de la concha, está tan resbaladiza, tan tibia, cuanto tiempo va a tardar en metérsela? Ojalá que ella no aguante más y se la pida, el hijo de puta le roza apenas con la cabeza, por lo menos si me la chupara, ya no me importa quién lo haga.

    Pablo

    M: Porque no te girás y me chupas la concha que no doy más y de paso podés vérsela de cerca?

    No tuvo que repetírmelo dos veces, la sola idea de tenerla frente a mis ojos cuando se la metiera me calentó muchísimo, solo la imagen de resbalar entre las piernas de Mahia y tener mi boca ahí en frente me tentaba muchísimo. Me di vuelta y le abrí las piernas a mi mujer, la cabeza de la pija se la llevé hasta ponerla en el medio de la raja, Juan empujó con más fuerza y apareció frente a mi boca la cabeza hinchada, le apreté esa hermosa poronga contra la concha, ahora es Mahia la que se mueve como loca, le dejo la punta de la pija apuntando a la entrada de la raja, y le empiezo a pasar la lengua por el clítoris.

    Mahia

    Ver la cabeza de la pija de juan saliendo empapada de flujo entre mis piernas y la boca de Pablo entreabierta a unos centímetros, la morbosidad de su mirada en la mía, como pidiéndome permiso para chupársela a Juan, me hizo perder el control, y ya no pude con mi calentura, mientras tanto lo empujaba a Juan con el culo, haciendo que la pija emergiera en todo su esplendor, le empujé la cabeza de mi marido y no tuvo más remedio que tragársela, no tener más remedio es una forma de decir, porque a partir de ese momento se la empezó a pajear con todo y a chuparla desesperadamente.

    P: Te gusta Juancito como te la chupo, dale no te hagas el dormido, decime si te la chupo bien, querés que te la deje bien dura para cogerte a mi mujer?

    J: Si, seguí chupándola me encanta como lo hacés, pero apurate por que la puta de tu mujer me parece que la está reclamando.

    M: Claro que reclamo lo mío, lo tengo bien ganado, por todas las veces que te estuve seduciendo y tratando de calentarte, por todas las veces que te desee el bulto ese que me mostrabas bien marcado a propósito en la pileta, no es cierto que me lo mostrabas para hacerme desear?

    J: Si, me metía la mano disimuladamente adentro de la malla para ponerme al palo y mostrártelo, y me encantaba tu cara de morbosa cuando me mirabas, no sabés las veces que me he pajeado, pensando en vos que me la chupabas, y desde hoy me parece que también me voy a pajear pensando lo bien que la chupa tu marido.

    M: Si, parece que se le ha despertado el putito de adentro, y me encanta, y si te la chupamos entre los dos, así te pajeas el doble?

    J: Me encantaría

    Pablo

    Mahia se puso entre las piernas de Juan y juntos le agarramos la poronga poniendo los labios a cada lado de la cabeza, ver los ojos saltones de mi mujer excitada al verme chupársela, hacía que yo me esforzara más en darle placer con mi lengua y tratar de unir nuestras bocas en un beso alrededor del glande. Metí mi mano entre las piernas de Mahia y era una catarata, ella también usaba la otra mano para pajearme a mí.

    M: Juancito que linda que la tenés, nos vas a venir a visitar seguido a casa a partir de ahora?

    J: Todas las veces que Uds., quieran, pero por favor déjame metértela Mahia, hace tanto tiempo que te deseo!

    M: Si me la querés meter primero vas a tener que cumplirme un deseo.

    J: Cuál? El que vos quieras.

    M: Quiero que por lo menos se la refriegues en el culo a Pablo. Porque lo veo tan entusiasmado chupándotela que me parece que su culo virgen está pidiendo pija a gritos.

    P: Cómo me conocés hija de puta! La verdad que desde que se la vi, que me puse a recordar una vez que siendo pendejo un tipo en el colectivo empezó a apoyarme, al principio me sentí molesto, pero a medida que le crecía y que se le entibiaba al ponerse al palo, me entró a gustar y más cuando me la apoyo toda a lo largo de la raya del culo, inclusive empecé a hacer presión levemente hacia atrás para poder sentirla mejor hasta que lo hice acabar.

    M: No sigas turro que me estás enloqueciendo a mí, dale Juan se la apoyás un ratito y después te la abro toda para vos.

    Juan se me hizo poner boca abajo y se puso detrás, la sensación de sentir esa barra de carne entre las nalgas me enloqueció, como en el colectivo empecé a empujar, Mahia seguía agarrándosela y la escupia cada tanto tratando de pasarme la punta por el ojete y en ese momento yo me separaba las nalgas para que se metiera un poquito, pero no duró mucho, mi mujer quería lo suyo y lo exigió.

    M: Ahora vas a tener que esperar putito, vení Juan, métemela bien adentro así le hacemos desear al culo de mi marido, y mirá también como la tiene Pablo, no te gustaría chupársela a vos Juan?

    J: No sé, primero déjame metértela tía

    Juan

    La tomé de las axilas y la hice levantar a Mahia hasta ponerla a horcadas sobre mí y hasta que la concha quedó arriba de mi pija, las tetas quedaron a la altura de mi boca, pocas veces había visto unas tetas tan perfectas, medianas, paraditas, con forma de perita y ahora con los pezones oscuros bien duritos por la calentura, no pude resistirme y comencé a mordisqueárselas desesperado.

    M: Ay sí! Chúpame las tetas, pero metémela por favor!

    J: Sí mirá como te la clavo!

    De un golpe se la metí, fue una sensación inigualable la de sentir esa concha que tanto había deseado, sentirla chorreando flujo, tan tibia, me calentó tanto que tuve que tuve que hacer un esfuerzo para no terminar, Pablo se había parado detrás de ella y se estaba pajeando, la pija me quedaba a la altura de mi boca, me atraía verla tan dura, con las venas marcadas, los labios se me entreabrían atraídos por esa cabeza brillante y chorreando esas primeras gotas transparentes, no lo pensé dos veces, estiré la mano y la cerré alrededor del tronco, sentir la dureza me calentó más aún, y mientras se la hundía hasta los huevos a Mahia, me metí toda la cabeza en la boca, y comencé a rodearla con mi lengua desesperadamente, estaba chupando una pija y me calentaba tanto como la concha que estaba penetrando.

    Mahia al girar la cabeza y ver lo que estaba haciendo, se enloqueció, rodeó con su mano la mía y se llevó la poronga hacia su boca

    J: Pero déjame también a mí que ahora me entró a gustar

    M: Sí Juancito chupala pero dame un poquito a mí que estoy por acabar.

    P: Yo también voy a acabar si me la siguen chupando, mejor te acabo en el culo, querés Mahia?

    M: Sí por favor métemela!

    Pablo

    Me arrodillé detrás de Mahia y bastó con apoyarle la cabeza en el ojete para que el movimiento desesperado de ella se la metiera sola hasta el fondo de golpe, cuando entró comencé a sentir el roce con la poronga de Juan, mi mujer con su movimiento lograba que cuando Juan le entraba a fondo en la concha la mía salía del culo y viceversa, a los tres nos excitaba este roce interno, pero la que más disfrutaba era Mahia que jadeaba pidiéndole al sobrino que se la cogiera siempre, que se la iba a tocar delante de la madre para calentarlo, hasta que dijo que estaba por terminar que quería que le acabemos juntos adentro, los dos comenzamos a apurar los movimientos y llegamos a sentir la acabada del otro en el interior de Mahia, ella estiró todo lo que pudo la espalda para ensartarse las dos pijas hasta el fondo, y mientras abrazaba a Juan le decía:

    M: Ay sobrino, no sabés las veces que te vas a quedar a dormir en casa a partir de ahora!

    J: Claro que sí tía, y si quieren traigo a mi hermana!

  • Sexo en el ascensor mientras atiendo la llamada de mi novio

    Sexo en el ascensor mientras atiendo la llamada de mi novio

    Acababa de pelear con mi novio por teléfono.  Él me pedía que yo cambiara toda mi agenda laboral porque él quería que nos fuéramos de vacaciones para el día del cumpleaños de su madre, con ella. Pretendía que yo dejara de asistir a eventos importantísimos para mi carrera sólo para que él pudiera llevarse a su mami a soplar las velitas al Caribe. Discutimos y yo estaba tan cabreada que decidí salir a correr para descargar mi ira acumulada.

    Me puse el conjunto deportivo más provocativo que encontré, como si fuera algún tipo de venganza hacia mi pareja salir a menear mi culo delante de otros hombres y hacerme desear. Me puse unas calzas estampadas bien apretadas que resaltaban mi firme y redondo culo, y un top fucsia que sostenía bien mis lindos y jóvenes pechos. Até mi cabello en una cola de caballo, guardé mi celular y llaves en una riñonera deportiva, y salí.

    Corrí 7 km alrededor de un gran parque, y volví hacia mi edificio. Me había hecho muy bien la descarga de energía, pero todavía seguía enojada.

    Entré al edificio justo detrás de un vecino que se había mudado recientemente. No sabía su nombre, pero lo había cruzado un par de veces. Era joven, más o menos de mi edad. Llevaba unos shorts de fútbol y una remera de manga corta. Quizás también había salido a entrenar, aunque no se veía transpirado como yo. Su persona me llamaba la atención desde la primera vez que lo crucé. Era rubio y medía unos cuántos centímetros más que yo, no era demasiado musculoso pero tenía un cuerpo fibroso, como si hiciera algún tipo de deporte. Además su forma de saludarme y sonreír me resultaba misteriosa y muy seductora.

    Entró al edificio y llamó al ascensor. Yo lo alcancé justo cuando la puerta se abría y él entraba al mismo. Me subí detrás de él y saludé.

    – Hola – le dije

    – Hola – me respondió echándome una mirada de arriba abajo sin molestarse en disimular

    “Este conjunto es realmente efectivo”, pensé y le sonreí.

    – A qué piso vas? – me preguntó

    – Al 15

    – Te llevo – dijo bromeando y apretó el botón 15, seguido del 21 que era su piso.

    El ascensor comenzó a subir y él, apoyado relajadamente sobre una de las paredes, no paraba de mirar mis transpirados pechos, mi pequeña cintura, mis caderas…

    – Qué miras tanto? – le dije provocativa

    – Te miro, te molesta?

    – Mírame más cerca – le dije y me acerqué a él

    Mi vecino frenó el ascensor, y por un segundo pensé en qué pasaría si alguien lo necesitaba. Pero como había dos en el edificio me despreocupé. Además, en aquel horario había poco tránsito de gente por allí. Agradecí que no hubiera cámaras como en tantos otros ascensores.

    Luego de frenarlo me tomó firmemente por la cintura y me besó. Me encanta la gente que besa bien. Nuestras bocas se entendían a la perfección, y empezó a subir la temperatura en ese cuarto de metal. Nuestros cuerpos estaban pegados y comencé a sentir su verga erecta a través de sus finos shorts. Me excitaba mucho esa situación, y más me excitaba serle infiel a mi novio luego de nuestra discusión.

    El vecino llevó su mano a mi enorme culo, agarrándolo con firmeza, apretándolo. Con su otra mano iba de mi cara a mi cuello, y de mi cuello a mi teta, acariciando suave pero firmemente.

    – Qué buena estás, vecina.

    Le sonreí y pasé mi mano por encima de sus shorts, acariciando su pene completamente erecto. Volví a besarlo apasionadamente mientras acariciaba con presión su verga y sentía su respiración acelerada dentro de mi boca.

    Me arrodillé y sacando su miembro me lo metí en la boca. No había demasiado tiempo para dejarnos llevar, pero me quise tomar un momento para saborear esa pija hermosa.

    Justo en ese momento sonó mi celular. Maldije que interrumpieran mi encuentro. Saqué la verga de mi boca y miré el celular. Era mi novio.

    – Es mi novio… debe percibir que estoy mamándosela a un vecino – dije bromeando mientras volvía a pasar mi lengua juguetona por su pene.

    El vecino rio y comenzó a subir sus pantalones.

    – Qué haces? Nadie dijo que quería parar. – dije mientras apretaba la tecla “atender”

    – Hola? – dije al celular mientras masturbaba y contemplaba el miembro del rubio – sí, te escucho mal porque no tengo buena señal.

    Mientras mi novio hablaba yo volví a meter ese pene en mi boca y lo chupé con deseo, todavía más excitada por saber que estaba mi novio del otro lado. Había alejado el micrófono de mi boca, pero aun así tenía que ser muy cuidadosa.

    No estaba prestando atención a lo que decía, pero mi novio no paraba de hablar. Estaba dando un monólogo para que lo perdonara por la discusión que habíamos tenido más temprano, pero a mí no me importaba. Yo le estaba babeando la verga al vecino, y no me arrepentía.

    Se la mamaba cada vez con más ganas, con el celular alejado de mi oreja, y cada tanto lo acercaba y decía “Ajam…”, “Sí, entiendo”, como para que sintiera que le estaba prestando atención. Tenía que controlar mi respiración para que no se notara lo agitada que estaba. El vecino cada vez gemía más, la situación lo estaba calentando a tope, y a mí también. Yo continuaba metiendo y sacando su miembro mojado de mi boca mientras lo miraba a los ojos y veía su cara de goce.

    De repente el vecino me tomó de un brazo para que me levantara, se acercó a mi oído y muy bajito me dijo:

    – Te quiero poner contra el espejo y metértela.

    Sonreí con cara de puta. Saqué mis calzas mientras lo miraba fijamente y continuaba respondiendo con monosílabos al teléfono. Me apoyé contra la pared en tanga, con mi culo apuntando hacia el vecino.

    – Acá me tenés – le dije susurrando mientras alejaba bien mi teléfono

    Él miraba mi culo embelesado, mientras corría mi tanga hacia un costado y metía dos de sus dedos en mi vagina.

    – Ufff lo mojada que estás. – me susurró mientras metía y sacaba sus dedos de mí

    Comenzó a masturbarme con dedicación, metiendo sus dedos, acariciando mi clítoris. Yo moría de placer. Los minutos pasaban pero realmente no sabía cuánto tiempo hacía que estábamos allí. Sabía que podían venir a “rescatarnos” si alguien notaba el ascensor trabado, o que mi novio podía llegar a escuchar y sospechar, pero estaba tan caliente que no podía preocuparme por nada de eso.

    Por suerte era verdad que en el ascensor había poca señal, y la llamada no se escuchaba demasiado bien.

    Yo gemía con mi cara pegada al espejo, empañándolo, mientras mi novio todavía continuaba explicando su visión de los hechos. Yo agregaba “sí, te entiendo”, “sí, ya lo sé”. En un momento me preguntó si estaba con alguien, ya que escuchaba unos ruidos de fondo. “No, son ruidos de interferencia porque tengo poca señal, estoy en la estación de subte” mentí mientras hacía un gran esfuerzo para no sonar agitada.

    – Estás caliente, vecina? – me dijo al oído el vecino mientras continuaba masturbándome contra el espejo

    – No puedo más – le susurré entre gemidos deseando sentir su verga dentro mío

    – Quiero que me pidas que te la meta. Que me lo ruegues.

    – Metemela, por favor. – dije tapando el micrófono del teléfono con el dedo

    – Rogamelo – me dijo mientras aumentaba el ritmo de sus dedos dentro mío

    – Ahhh, te lo ruego. Cogeme. Quiero esa verga dándome bien duro. – dije lo más bajo que pude

    El vecino tomó su miembro que estaba duro como un mármol y me lo metió, mientras me tomaba del cuello por delante con su enorme mano. Comenzó a embestirme con fuerza, y yo hacía un gran esfuerzo por no gritar y por no destapar el micrófono. No tenía idea de qué estaba hablando mi novio del otro lado, pero escuchaba de lejos su voz que seguía diciendo cosas. ¿Cuánto puede hablar este hombre sin recibir respuesta?, pensé. Mi vecino y yo gemíamos tratando de no ser oídos. Yo tocaba mi clítoris por delante mientras sentía su pene entrar y salir de mi vagina empapada de fluidos.

    – Te vas a venir para mí? – me preguntó

    – Sí, no pares, por favor no pares. Dame más fuerte.

    Aumentó aún más sus embestidas, yo lo miraba por el espejo mientras me ahorcaba y me penetraba a la vez, hasta que en un momento no pude más y exploté en un orgasmo increíble que sentí en todo mi cuerpo. No pude evitar un grito ahogado.

    “Amor? qué fue ese ruido? un grito?” dijo mi novio. “Sí, alguien gritó en la estación” dije concentrada en que mi voz sonara normal, y no supe si me iba a creer tal excusa.

    – Sí que sabes mentir, vecina. – dijo el rubio y siguió penetrándome con ritmo – ahora soy yo el que se va a venir – anunció

    Yo no quería que eyaculara dentro mío ya que no estábamos usando protección, pero quería dejar contento a mi vecino igualmente.

    – Quiero tragarme tu leche – le dije tapando nuevamente el micrófono.

    Sacó rápidamente su pene de mí y yo inmediatamente volví a arrodillarme. Comenzó a embestir mi boca con fuerza, llegando a mi garganta, sosteniendo mi cabeza y empujando su pene dentro de mí. Un minuto más tarde gimió con fuerza y llenó toda mi boca de su delicioso semen.

    – Esa se la dedico a tu novio – me dijo al oído luego de levantarme del piso.

    Con su dedo me limpió los restos de semen de mi boca

    “Pedro, te escucho mal. Te parece que te llame cuando llegue a casa?” dije por el teléfono buscando sonar lo más serena posible. Respondió que sí y colgué. Haber estado enojada con Pedro seguramente había hecho que hablar cortante y con monosílabos fuera mucho más creíble. Con el vecino nos comenzamos a reír mientras nos acomodamos la ropa para poder poner en marcha nuevamente el ascensor.

    – Un placer conocerte por fin, vecina. Pablo es mi nombre.

    – Lo mismo digo, Pablo. Mi nombre es Candela. Espero que nos volvamos a cruzar pronto… – dije mientras la puerta se abría en mi piso 15.

    [email protected].

  • Mis cambios

    Mis cambios

    Toda esta historia empezó cuando, de la noche a la mañana y por motivos que no llegué a entender, ni vale la pena recordar, la relación que tenía desde hacía ya algunos años con un chico, se rompió.

    Yo estaba realmente enamorado de este chico, pero al parecer, el sentimiento no era mutuo por lo que me sentí muy decepcionado. Mis familiares y amigos me apoyaban y me decían que no valía la pena sentirse así por alguien que no lo merecía, pero yo, no era capaz de olvidarlo tan rápidamente.

    Pasaron las semanas y esa decepción, se convirtió en tristeza y la tristeza en rabia por sentir que había vivido una mentira durante mucho tiempo.

    Aproximadamente un mes después de aquello, decidí que tenía que pasar página y entretenerme de alguna forma, así que me apunté en un gimnasio para ganar un poco de volumen y musculatura ya que, por aquella época, yo era extremadamente delgado, mido 1,80 m y pesaba 50 kg.

    Y así empezaron mis cambios, iba al gimnasio cada día, por lo que no tardé mucho en empezar a notar los primeros resultados. Allí veía gente de todas las edades, hombres, mujeres, cuerpos de todo tipo… Pero yo me limitaba a ponerme unos cascos para escuchar música mientras hacía mis ejercicios e irme sin hablar con nadie. Los cambios empezaban a ser más que físicos ya que yo, antes de aquello, solía ser más hablador y relacionarme con los demás, pero en ese momento, simplemente no me apetecía.

    Poco a poco mi cuerpo iba modelándose y pasado un tiempo, ya notaba como tanto chicos como chicas se empezaban a fijar más en mí, sólo que ahora sentía que era yo el que podía rechazar a la gente y no al revés como ya me había pasado con anterioridad simplemente por el físico, lo que me empezó a convertir en una persona más antipática, fría, cortante, borde en definitiva y quizás algo egocéntrica también.

    Un día, mientras entrenaba se me acercó un chico, me saludó sonriente y me dijo:

    – Se te ha caído esto.

    Sujetando en su mano una toalla mía que al parecer se había caído al suelo y no me había dado cuenta.

    En otro momento de mi vida, yo le hubiera devuelto la sonrisa y le hubiera agradecido el detalle, pero en ese momento, simplemente lo miré manteniéndome serio y le dije un «gracias» de mala gana.

    Yo ya había visto con anterioridad a este chico por allí pero no habíamos hablado nada, parecía ser extranjero por su tono de piel blanco como la nieve y sus ojos azules. El chico se presentó y me dijo que se llamaba Sven, hablaba bastante bien español, pero con un fuerte acento extranjero. Yo también me presenté diciéndole mi nombre:

    – Alberto.

    Él, se puso a correr en una cinta cerca de mí y aproveché para preguntarle de dónde era simplemente por curiosidad, me dijo que era noruego, pero ahora vivía en España, después no volví a preguntarle nada más y, si él me decía algo, mis respuestas eran escuetas, con monosílabos y sin mucho interés.

    Al terminar la sesión de entrenamiento, simplemente me fui sin decir nada, como hacía últimamente con todo el mundo. En los siguientes días, volvimos a vernos en el gimnasio, pero como mucho, nos saludábamos si nos cruzábamos.

    Yo seguía cambiando en todos los sentidos y hasta me llegué a hacer un par de tatuajes en los brazos, cosa que antes nunca hubiera imaginado que haría; también empecé a depilarme todo el cuerpo salvo el pubis que simplemente lo recortaba para darle forma. Mi cuerpo estaba ya suficientemente fibrado para verme bien y mis familiares y los amigos que me habían quedado, decían que no me reconocían, sólo, que no se referían a mi aspecto físico sino a mi actitud. Había pasado de ser dañado fácilmente, a ser yo el que dañaba a los demás, pagando mi rabia con quien menos culpa tenía.

    Poco a poco iba hablando algo más con Sven, al fin y al cabo, él era el único con el que charlaba en el gimnasio y así nos fuimos conociendo más. Hasta que un día la conversación cambió al tema parejas y él me preguntó:

    – Oye ¿Tienes novia?

    Mi actitud cambió ipso facto, teníamos algo más de confianza sí, pero no quería hablarle de mis relaciones ni, por consiguiente, decirle que me gustan los chicos, me negaba a abrirme tanto así, de repente, por lo que simplemente le contesté tajante:

    – No quiero hablar de eso.

    Y me fui a otra parte del gimnasio dejándolo solo.

    Él se sorprendió de mi reacción, pero a mí me dio igual y continué entrenando un rato más, aunque esa inoportuna pregunta hizo que volvieran a mi mente recuerdos que creía olvidados, recuerdos de mi ex, por lo que me di cuenta de que aún no lo había superado del todo. Estuve un rato más y luego me fui a las duchas y volví a casa.

    Ya por la noche, antes de dormir, volví a darme una ducha, dejando que el agua caliente cayera por todo mi cuerpo desde la cabeza para así evadirme del mundo. Mientras, casi sin darme cuenta, empecé a acariciarme bajando por mi cuello, pecho, abdomen… hasta llegar a mi polla que, lógicamente no tardó en reaccionar al magreo.

    Empecé a masturbarme suavemente a la vez que me enjabonaba, pero, cambiando de idea, pensé algo que consideré mejor opción en ese momento, así que me terminé de duchar rápidamente sin llegar a correrme y me descargué una aplicación de citas, al fin y al cabo, llevaba ya algo más de un año sin sexo, el mismo tiempo que sin pareja.

    No tardé mucho en contactar con un chico, yo fui claro y directo y le dije que solo quería follar y adiós, también le dije que era activo, aunque realmente nunca lo hubiera sido, nos mandamos un par de fotos mutuamente y, como no estaba muy lejos, me vestí poniéndome una camisa blanca y unos vaqueros sin calzoncillos y fui a su casa.

    Al llegar, me abrió la puerta un chico de unos 20 años, muy delgado y de piel clara, pero pelo y ojos oscuros, vestido con ropa deportiva, ni siquiera recuerdo cómo dijo que se llamaba, ciertamente me recordó a mí mismo en el pasado. Me invitó a entrar, estaba solo en casa, se le notaba nervioso, pero yo me mantenía serio y sin hablar mucho.

    Viendo que el chico no tomaba la iniciativa, entré hasta el salón y allí me desabroché los pantalones sacándome la polla que ya empezaba a ponérseme dura, el chico se acercó y sin mediar palabra se puso de rodillas y me la empezó a chupar.

    Lo cierto es que no la chupaba mal, incluso llegó a conseguir tragársela entera un par de veces mientras se atragantaba e hilos de su saliva me chorreaban por los huevos, pero yo me mantenía de pie con las piernas algo separadas como si nada, sin ni siquiera mirarlo o tocarlo.

    Un poco después se levantó y me intentó besar, aunque yo lo evité así que terminó diciéndome sin dilación:

    – Fóllame por favor.

    Su cara estaba enrojecida y respiraba fuertemente, realmente lo deseaba.

    Fuimos a un sillón y le dije que se colocara a cuatro patas, prácticamente fue una orden, no una petición; él obedeció y rápidamente, le bajé bruscamente los pantalones hasta los tobillos para a continuación bajármelos yo también un poco más.

    Su culo, perfectamente depilado, me pareció bastante cerrado, pensé que probablemente era virgen, aunque no me molesté en preguntar, me daba igual. Y poniéndome un condón, escupí un par de veces en su culo y lo empecé a penetrar.

    Aunque no lo hice de golpe, tampoco fui muy cuidadoso, por lo que él dio un fuerte gemido. Para callarlo, le puse una mano en la boca y seguí hundiendo mi polla dentro de su culo sin pausa alguna. Mi polla es bastante recta, tiene un tamaño medio, 17 cm, circuncidada y más bien gruesa por lo que, en caso de que ese chico fuera virgen, creo que lo debí torturar un poco ya que, cuando se la conseguí meter toda, noté cómo dos lágrimas me mojaban la mano que le tenía puesta en la boca.

    Era la primera vez que penetraba a un chico, pero no estaba dispuesto a que se notara, así que empecé a bombearlo a buen ritmo, sacando mi miembro casi por completo de su culo para luego penetrarlo hasta que mis huevos chocaban con su cuerpo mientras él bufaba fuertemente con cada embestida.

    Yo solamente quería descargar toda esa tensión y rabia acumuladas durante tanto tiempo, correrme y largarme de allí, y así hice. Cuando me iba a correr, rápidamente me salí de él, me quité el condón y girándolo y arrodillándolo rápidamente delante de mí, descargué mis huevos soltando tres o cuatro trallazos de leche que terminaron en su cara y pelo.

    Hecho esto, cogí un pañuelo, me limpié un poco, me subí los pantalones y salí de allí rápidamente sin decir nada y sin ni siquiera esperar a que el chico también se corriera.

    Sí, fui un cabrón desde luego, un egoísta sexualmente hablando que sólo buscó su propio placer sin importarme si él disfrutaba o le hacía daño. Nada que ver con mi yo anterior, el que buscaba el placer de su compañero sexual más que el suyo propio. Y, para decir verdad, fue placentero sí, pero no más que si me hubiera corrido masturbándome en la ducha, placentero, pero no satisfactorio.

    En los siguientes tres o cuatro meses, volví a hacer uso de la aplicación un par de veces más, siempre con chicos diferentes, pero actuando de la misma forma.

    Mientras tanto, la pregunta de Sven había quedado sin contestar y se notaba más distanciamiento de nuevo entre nosotros, hasta que un día, decidí que iba a sincerarme con él, y empezaría por contestar esa pregunta, porque, aunque nunca se lo hubiera dicho ni se lo hubiera demostrado, lo consideraba un buen amigo ya que, a pesar de mis borderías y desplantes completamente inmerecidos, no me había dado de lado, como sí habían hecho la mayoría de mis amistades perdidas.

    Así que, al día siguiente, cuando fui al gimnasio lo busqué, pero no lo encontré, me pareció extraño no verlo, así que le escribí un breve mensaje al móvil:

    – Me gustaría hablar contigo de algo.

    Un rato después me contestó, me decía que no había podido ir al gym, que si quería podía ir a su casa y hablábamos tranquilamente.

    Era ya por la tarde cuando fui a su casa, él vivía solo. Una vez, allí nos sentamos en el salón y me ofreció una cerveza, yo la acepté y comencé a hablar, al principio con algo de duda y evitando dar a entender que mi ex era un chico, le conté toda la historia mientras él escuchaba con atención y, por último, lo miré y le dije refiriéndome a mi ex:

    – Esta persona, era un chico.

    Sven sonrió levemente y preguntó:

    – ¿Entonces eres gay?

    Yo le contesté sólo con un “Sí” esperando su reacción. Y acto seguido añadió:

    – Vaya… Yo creía que eras…

    Se veía algo sorprendido y la verdad es que no era el primero que creía que yo era hetero así que no me pareció extraño, aunque sí que me sentí algo mejor contándoselo todo.

    Pero las sorpresas no habían acabado ahí, ya que Sven volvió a hablar y dijo sin rodeos y riendo:

    – ¿Y por qué tanta intriga? Yo también lo soy

    Mis ojos se abrieron como platos. Creí que me estaba mintiendo puesto que yo también pensaba que él era hetero. Pregunté rápidamente:

    – ¿En serio?

    Sven soltó una carcajada y me lo confirmó. Luego me dijo que tampoco tenía pareja y también le habían hecho daño en el pasado, me sentí entendido e identificado con él.

    Ambos nos habíamos tomado ya un par de cervezas y puede que, debido a esto, empecé a ver a Sven de otra forma, era un chico atractivo para ser sinceros, un poco más alto que yo, de mandíbula ligeramente cuadrada que le otorgaba unas facciones muy masculinas y cabello de color castaño claro que contrastaba con el mío de un negro intenso.

    Pasaron las horas y se hizo de noche después de un largo rato hablando relajadamente, hasta que se produjo un momento de silencio, él sonrió y yo, por primera vez se la devolví; entonces, Sven aprovechó el momento para acercarse a mí lentamente con la intención de besarme mientras se mantenía con semblante serio, me puse un poco nervioso y terminé girando la cabeza y rechazando su beso, por lo que él se volvió a retirar rápidamente y un poco avergonzado me dijo:

    – Lo siento, yo…

    Todo parecía acabado por esa noche, pero entonces, fui yo el que dio un paso y puse una mano en su pierna antes de que terminara la frase.

    Nos quedamos mirándonos fijamente sin decir nada unos segundos hasta que Sven, algo cortado, tragó saliva y se atrevió a levantarme lentamente la camiseta sin apartar su mirada de mí, expectante a mi reacción.

    Yo simplemente le dejé hacer y me terminó de quitar la camiseta, seguidamente, con movimientos lentos, como esperando mi aprobación, se agachó delante de mí, me desabrochó el botón del pantalón y bajó la cremallera. Ese día yo sí llevaba calzoncillos y bajo estos, mi polla ya semierecta apretaba queriendo salir.

    Colaborando un poco con Sven, me levanté un momento para terminar de bajarme los pantalones y él se ocupó de quitármelos totalmente, quedando yo en calzoncillos. Por último, con una de sus manos, masajeó mi bulto un poco y sonrió levemente antes de liberar mi polla dejando el elástico del calzoncillo por debajo de mis huevos.

    Me relajé respirando profundamente y él empezó a chupármela recorriendo lentamente con su lengua un par de veces el tronco, desde los huevos hacia arriba para continuar metiéndosela en la boca e ir bajando con suavidad y sin apartar su mirada de mi cara.

    Su lengua no paraba de moverse golpeando y rodeando todo mi miembro sin excepción, mojándolo bien y sin olvidarse de mis huevos, los cuales succionaba alternando uno y otro; realmente Sven sabía lo que hacía. Un momento después aumentó el ritmo, tragándose mi polla entera y acompasando la mamada con sus manos, con las que me masturbaba y masajeaba los huevos.

    Probablemente fue una de las mejores mamadas que me habían hecho, aunque intenté no gemir mucho simplemente por hacerme el duro, eran todo matices de mi actitud en ese momento de mi vida, antes no me hubiera importado reconocerle que me había encantado.

    Un poco después, se levantó y rápidamente se empezó a quitar la ropa hasta quedar completamente desnudo, exhibiéndose frente a mí. El cuerpo de Sven estaba ligeramente más fibrado que el mío, aunque sin ser para nada rudo, también era más ancho de espalda que yo, con unos fuertes brazos y piernas cubiertos por un corto y fino vello casi invisible que también aparecía sutilmente entre sus pectorales.

    Una vez desnudo, yo también me levanté, me terminé de quitar los calzoncillos y él me dijo:

    – Vamos a mi cuarto.

    Fuimos por un pasillo hasta llegar a una amplia habitación con una gran cama, Sven se tumbó boca arriba en ella. Yo no sabía si Sven era pasivo o no, pero esa noche lo iba a ser si quería que folláramos, puesto que yo no estaba dispuesto a dejarme penetrar, así que le dije con firmeza:

    – Date la vuelta.

    Él sonrió y se puso boca abajo sin oponerse, dejándome su culo expuesto. Me coloqué sobre él y poniendo mi polla entre sus nalgas, empecé a moverme arriba y abajo, aunque sin penetrarlo todavía, entonces me di cuenta de que no tenía preservativos y se lo dije, él se rio un poco y me respondió:

    – No te preocupes, confío en ti.

    Hacía mucho que no follaba sin condón porque sólo lo había practicado con mis parejas y ni siquiera lo había experimentado antes como activo, pero ahora no iba a echarme atrás, así que, bajando hasta su culo, escupí un par de veces e intenté introducir un dedo, después de todo, con Sven quería ser más cuidadoso ya que era mi amigo, no un desconocido.

    Mi dedo entró sin mucha dificultad, por lo que probé con otro y un poco después, otro. Sven suspiraba suavemente y yo estaba ya totalmente empalmado, no aguantaba más, así que volví a escupir en su agujero y colocando la punta de mi polla en su entrada, empecé a empujar suavemente mientras los gemidos de Sven iban en aumento.

    Fue realmente delicioso sentir cómo se abría su culo conforme iba adentrándome en él, mucho mejor que cualquier otro culo de los chicos que me había follado desde que había decidido cambiar de rol, quizá por eso fue que, aunque al principio mis movimientos eran suaves, quise cada vez más y más, llegando a perder el control y empezando a follarlo más fuerte con cada embestida hasta llegar a no importarme nada, para terminar tratándolo como si fuera un juguete cuya función fuera darme placer y hacer que me corriera, como había hecho con los demás chicos.

    Su interior cada vez estaba más caliente por la fricción, pero yo continuaba follándolo intensamente y sin compasión mientras nuestros cuerpos chasqueaban al golpear el uno con el otro y Sven abrazaba fuertemente una almohada hundiendo su cabeza en esta, sin quejarse ni emitir sonido alguno.

    Un poco después, sin sacarle la polla, lo agarré por la cintura y dando un tirón hacia arriba, lo puse a cuatro patas para continuar así hasta que, un rato después, cuando estaba ya a punto de correrme, di un fuerte y seco golpe de cadera metiéndosela lo más profundo que pude a la vez que atraía su cuerpo hacia mí con mis manos, y me corrí dentro de él dando un fuerte gemido que sonó más como un gruñido.

    Cuando me salí, Sven suspiró aliviado y se desplomó sobre la cama. Yo también me tumbé a su lado boca arriba, necesitaba recuperarme, estaba agotado; mientras tanto, ninguno de los dos decíamos nada.

    Un momento después, giré la cabeza para mirar a Sven que seguía boca abajo con una acelerada respiración, los ojos cerrados fuertemente y los dientes apretados, las venas del cuello hinchadas y el pelo mojado por el sudor, tenía una clara expresión de dolor, mientras, su agujero, seguía un poco dilatado y muy irritado, casi a punto de sangrar.

    Poco a poco empezó a expulsar mi semen que, bajando entre sus nalgas y por sus huevos, formaba una mancha rojiza en las sábanas blancas, no me sentí bien por ello, más bien todo lo contrario, realmente le había hecho daño al chico que… espera un momento (pensé), ¿Puede ser que…?, No, no puede ser; ¿Me gusta Sven?, Pero… yo ya no creía en el amor, por eso rechazaba los besos o cualquier otro signo de afecto, por eso había cambiado tanto el trato a los demás y trataba así a los chicos con los que me acostaba, no podía volver a enamorarme, me daba miedo, aunque quizás, era ya tarde para evitarlo.

    Sven poco a poco iba relajándose hasta que se quedó dormido mientras yo, sin dejar de pensar en el tema, me empezaba a agobiar, así que me vestí lentamente sin hacer ruido para no despertarlo y me fui de allí dejándolo solo.

    Al llegar a casa, fui directamente a la cama y me tumbé sin ni siquiera cambiarme de ropa, entonces fui realmente consciente de lo injusto que había sido en el trato a mis seres queridos y empecé a llorar amargamente, no dormí nada en todo lo que quedaba de noche, no quería seguir siendo así, tenía que cambiar, tenía pedirles disculpas a todos.

    A la mañana siguiente decidí hablar con mis familiares y amigos uno por uno y pedirles perdón, hablé con todos, todos excepto uno, el que me resultaba más difícil de todos, Sven.

    Me pasé todo el día pensando qué le iba a decir a él, pero no encontraba unas palabras que me resultaran apropiadas. Al día siguiente, ya por la tarde, después de no haber dormido nada una segunda noche, me di por vencido y me dirigí a casa de Sven sin saber bien qué decirle, esperando que no fuera demasiado tarde para disculparme.

    Al llegar, Sven me abrió la puerta y pronunció mi nombre con tono de sorpresa, no me esperaba.

    Entonces, sin ni siquiera esperar a entrar en su casa, reuní el valor que necesitaba y cabizbajo le dije:

    – Lo siento mucho Sven, de verdad que siento como te he tratado todo este tiempo y… lo de anteanoche, espero que puedas perdonarme.

    Y esperé con incertidumbre su reacción.

    Lo miré y los ojos se me llenaron de lágrimas, por un momento creí que no me perdonaría, ya que tardó unos segundos en reaccionar, pero de repente me dio un fuerte abrazo y me dijo:

    – Tranquilo, todo está bien. Con voz calmada.

    Yo también lo abracé fuertemente, Sven se empezó a reír y añadió:

    – Me reventaste el culo eh cabrón.

    Yo le volví a pedir disculpas por ello y separándonos de nuevo, me dijo con una amplia sonrisa:

    – No te preocupes, estoy bien.

    Yo también sonreí y así me quité esa sensación desagradable de culpa de encima al sentirme perdonado por él.

    Me sentía bien, así que simplemente hice lo que me apeteció en ese momento y, sin reprimir mis sentimientos, me lancé a la boca de Sven y empecé a besarlo con pasión allí mismo.

    Casi sin tiempo para entrar en la casa y cerrar la puerta, Sven me quitó la camiseta mientras yo también lo empezaba a desnudar a él, acabando ambos completamente desnudos antes de llegar a su dormitorio al que fuimos directamente, quedando toda nuestra ropa repartida por el suelo de la casa.

    Al llegar al cuarto, Sven tropezó con la cama, cayó de espaldas sobre ella y yo sobre él, así que aproveché para empezar a bajar por su cuello y pecho, brazos y dedos; besando, mordiendo y lamiendo cada rincón, intentando no dejarme nada atrás, queriendo probar cada centímetro de su cuerpo.

    Al llegar a su cintura, pasé mi lengua muy cerca de su miembro dejando que notara mi aliento, pero sin llegar a rozarlo, él tenía ya una tremenda erección, pero quise hacerlo de rogar un poquito antes de empezar con aquella delicia que se imponía entre sus piernas.

    Realmente era una buena polla, algunos centímetros más grande que la mía, algo curvada, venosa y también circuncidada, con una buena cabeza de un rosado pálido que invitaba a chupar hasta dejar secos esos redondeados huevos.

    Sin más demora, empecé a dar lametazos rápidos por todos lados a su tronco para continuar agarrándola por la base y tragándomela lo más hondo que pude de golpe.

    Joder cómo había echado de menos esa sensación de tener mi boca llena por una polla caliente y dura que me ahogaba, su olor a limpio… Más de un par de años ya sin saborear el rico líquido salado que empezaba a brotar de su uretra y que se mezclaba con mi saliva a la vez que goteaba por sus huevos.

    Sven mientras tanto me miraba con atención, con una ligera media sonrisa de satisfacción y sus manos puestas en mi cabeza con las que me acariciaba el pelo. Yo también lo miraba de reojo hacia arriba a la cara sin sacarme ni por asomo su rabo de la boca, quería verlo disfrutar.

    Hubiera seguido agachado entre sus piernas comiéndome su rabo todo el día, era como si necesitara recuperar en ese momento todo lo que no había hecho en tanto tiempo, besar, mamar una polla… Pero Sven tenía otra idea y, haciendo que me levantara, me cogió la polla y me empezó a masturbar antes de lanzarse a chupármela sin mediar palabra, en la habitación sólo se escuchaban los bufidos provocados por nuestro deseo.

    Pero yo quería más, así que me subí a la cama y poniéndome de lado y en sentido contrario a él, me tumbé y comenzamos a hacer un 69 con el que, en una especie de extraña lucha de placer, cuanto mejor me la chupaba Sven, mejor se la quería chupar yo y a la inversa.

    Así pasamos un maravilloso rato, pero de repente, pillándome completamente desprevenido, él se reincorporó en la cama y girando rápidamente, se puso sobre mí, encerrándome entre sus brazos y dejándome sin reacción al hacerme sentir de nuevo como hacía mucho tiempo que no, protegido a la vez que dominado por un hombre y me encantaba.

    Al momento empecé a acariciar suavemente sus fuertes brazos con un dedo mientras lo miraba fijamente a los ojos, esos ojos azules de mirada intensa que me hipnotizaron.

    Entonces se agachó un poco más y, poniendo su boca en una de mis orejas, me la empezó a mordisquear y lamer justo antes de susurrarme acalorado:

    – Hoy quiero hacerte mío.

    Esas palabras me hicieron gemir cachondo perdido, pero aparte de eso, no dije nada más y simplemente levanté un poco las piernas dándole permiso a Sven para que hiciera conmigo lo que quisiera, aunque, para decir verdad, también sentía algo de miedo ya que quizá Sven se vengaría por la follada que le había metido yo dos días antes.

    Él sonrió y empezó a bajar besando aleatoriamente mi pecho hasta llegar a mi culo, momento en el que separó mis nalgas con sus manos y hundió su boca entre ellas. Su lengua empezó a jugar con mi agujero y de repente se introdujo dentro, se movía rápidamente por todos lados mientras yo me relajaba cada vez más con los ojos cerrados, gimiendo suavemente mientras disfrutaba de su experta boca.

    Un poco después noté sus dedos y también me metió uno, dos y hasta tres, así que volvió a incorporarse, escupió en su polla e inclinándose sobre mí, apoyó su rabo en mi agujero y empezó a entrar lentamente. La expresión de su cara me decía que había deseado mucho ese momento.

    Y ahí fue cuando empecé a sentir el verdadero placer de hacerlo con un hombre que poco a poco me iba poseyendo, el placer realmente satisfactorio que jamás había llegado a sentir en mis veces de activo.

    Un dolor punzante que me hizo arquear la espalda hacia arriba me atravesó por dentro cuando su punta traspasó el esfínter y di un pequeño gemido que Sven se encargó de acallar sin separar su boca de la mía a la vez que su polla seguía entrando en mí con un suave y corto balanceo, hasta que sentí sus huevos rozar mi culo, estaba toda dentro, me sentía lleno de él mientras mi culo intentaba expulsar con espasmos el mástil de carne que lo había traspasado.

    Sven se quedó inmóvil dentro de mí mientras yo lo abrazaba y acariciaba con brazos y piernas, fundiéndonos en uno solo hasta que poco a poco fueron cesando las fuertes punzadas y, lubricándome con su saliva, comenzó a moverse.

    Al principio su vaivén era suave y corto, pero poco a poco fue aumentando el ritmo sin dejar de preguntarme:

    – ¿Vas bien?, ¿te gusta?… Se preocupaba por mí.

    Yo gemía y asentía con la cabeza entre aspavientos cada vez que Sven me la metía toda, realmente estaba disfrutando como nunca.

    Estábamos ya ambos empapados en sudor cuando Sven me dijo que me diera la vuelta y se salió de mí, provocándome una sensación de vacío en el culo, por lo que me puse a cuatro patas rápidamente y él me volvió a penetrar, esta vez entró toda de golpe fácilmente al estar ya bien abierto y mojado.

    Antes de que Sven empezara a moverse, empecé a moverme yo yendo en busca de ese rabo que me volvía loco y me hacía gritar de placer, hasta chocar con su cuerpo mientras él se mantenía quieto y colocaba sus brazos en jarra.

    Un momento después le dejé a él recuperar el control de las embestidas y continuó a buen ritmo mientras me sujetaba por la cintura. Hasta que unos minutos después, también Sven empezó a gemir, se iba a correr y lo iba a hacer como merecía tal follada, vaciando bien sus huevos en mi interior.

    Así que unos instantes después, noté como su polla convulsionaba y se hinchaba dentro de mí. Sven tiró de mí y pegando mi espalda a su pecho, agarró firmemente mi polla con una mano y me empezó a masturbar enérgicamente justo antes de sentir sus trallazos de leche inundándome mientras me tiritaban las piernas y Sven daba un fuerte gemido. Un par de segundos después me corría yo también sobre las sábanas y exhausto caía rendido boca abajo en la cama arrastrando tras de mí a Sven que seguía sin salirse.

    Cuando perdió la erección, lentamente se movió hasta quedar tumbado boca arriba a mi lado, yo también me giré y miré su polla, estaba toda mojada, enrojecida y aún más venosa que antes. Sven me cogió una mano y yo lo miré a la cara, me estaba sonriendo, me preguntó:

    – ¿Estás bien?

    Contesté resoplando:

    – Muy bien.

    Entonces, después de unos segundos de silencio mirando al techo, volví a mirarlo a él y le dije lo que no quería callar por más tiempo:

    – Sven, yo… a mí… me gustas mucho.

    Él me miró y me dijo:

    – Lo sé, ¿y sabes qué? tú a mí también.

    Y nos volvimos a fundir en un delicado y romántico beso que ninguno queríamos que terminara.

    Así me terminé quedando dormido, ambos desnudos y apoyando mi cabeza sobre su pecho mientras él revolvía suavemente mi pelo humedecido por el sudor. A la mañana siguiente nos duchamos y salimos a dar una vuelta y hablar. Desde ese día Sven y yo somos pareja y yo vuelvo a ser el que era antes de todo, somos felices.

    FIN.

    Espero que os haya gustado mi relato, un saludo.