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  • La Maye

    La Maye

    Un sábado conocí a Mayela en un night club en Los Ángeles. Esa noche de 1985 se presentaba en el Club Candilejas, Eddie Santiago, quien estaba en la cúspide de su carrera y por consiguiente sus discos se vendían como pan caliente. Ninguna de mis amistades era amante de la salsa romántica, pero además, se atravesó el alto costo de la entrada, con la necesaria reservación. Nunca se interesaron, por lo tanto, asistí al esperado evento solo, como lo hacía en algunas ocasiones. Algunos pensarían que era raro encontrar un hombre asistiendo solo a algo así; yo lo hice, pues ese conocido ritmo caribeño siempre me ha fascinado y no me quería perder la presentación del hombre de moda.

    Había pasado tal vez una hora desde mi llegada; todavía actuaban artistas preliminares a Eddie y la multitud se limitaba a escucharlos con poco interés y a consumir licor, como preámbulo a la presentación principal.

    Mientras trataba de ordenar una Cuba, me tropecé con ella, quien, con desespero, también intentaba lo mismo en la barra de licores. A causa de la insistencia común, nos miramos con curiosidad y unos minutos después, conversábamos animadamente.

    −Hola, ¿cómo te llamas?

    −Yo me llamo María Elena, pero me llaman Mayela.

    −Yo soy Rafael, sólo Rafa. −contesté.

    −Estas sólo?

    − Si −repliqué− Y tú?

    −Vine con mi amiga Emilia −contestó− pero creo que ella acaba de ligar con un flaco medio feo y me ha dejado abandonada como una idiota.

    −Bueno, yo estoy solo, si quieres compartamos la estadía, sin ningún compromiso −contesté.

    Ella aceptó aparentemente, con agrado. Por la siguiente hora, conversamos, nos reímos y consumimos algunos tragos, a los que yo invité.

    Mayela era costarricense, aparentaba unos treinta y ocho o cuarenta años, los que contrastaban con mis cincuenta; ella poseía un cuerpo bastante menudo, pero bien proporcionado; tenía baja estatura, con unos senos de buen tamaño y un atractivo rostro, adornado de una larga y negra cabellera; su comportamiento general, denotaba una posición social y económica tal vez favorable.

    Después de transcurrida dicha hora, anunciaron la aparición de Eddie Santiago. Para ese entonces, había una gran aglomeración de gente justo frente al estrado principal, donde nos habíamos situado estratégicamente hacía una media hora, sosteniendo sendas Cubas dobles en nuestras manos. Nuestro trato en ese momento ya era alegre y no incluía timidez alguna… parecía que fuéramos amigos desde hace cien años.

    El concierto duró cerca de dos horas, incluyendo un descanso, durante el cual me apresuré a ir al bar a obtener nuevas Cubas, mientras ella guardaba nuestros privilegiados lugares.

    Las canciones de Eddie se sucedieron una tras otra, ante el entusiasmo, no sólo del gentío, sino del nuestro. La multitud era bastante densa, lo que había juntado nuestros cuerpos a una distancia, la que me hubiera sido muy difícil lograr en una situación normal, con una mujer a quien acabara de conocer. Estábamos literalmente con nuestros cuerpos pegados el uno al otro. Por su baja estatura, tenía mi brazo derecho sobre sus hombros y por mi naturaleza, pronto me olvidé del famoso Eddie y empecé a planear un ataque lento pero efectivo, hacía ella, ayudado enormemente por nuestro entorno. Así, le planté a Mayela un beso en la mejilla y medio minuto más tarde, otro más, a los que ella no se opuso, continuando con sus brincos y algarabía. Me entusiasmé, pues vislumbré una posibilidad sexual, para esa noche… o para un futuro.

    Durante la canción “Lluvia”, le coloqué a Mayela mi mano derecha alrededor de la nuca, y la atraje con suavidad; para mi sorpresa, ella volteó su cara hacia mí y me miró a los ojos. Sin dudarlo, le estampé un beso en la boca. Ella me lo sostuvo por unos diez segundos y siguió con su entusiasmo en la música. En ese momento me di cuenta de que mi batalla, así lo creí, estaba parcialmente ganada, pero debía seguir con mis planes de depredador. Mi experiencia era grande y no dudaba que, si no lograba algo hoy, lo lograría en unos días. Me invadió el deseo de cogerme a esa pequeña y deliciosa Tica.

    Durante el tiempo restante del concierto, gocé varias veces de sus besos y mi lengua horadó una boca desconocida, que respondió con deseo a mis embates llenos de lujuria. Un tiempo después, el gentío abandonaba el famoso Candilejas, la mayoría de ellos arriesgando tener un no deseado encuentro con la policía, pues su alto estado etílico, les hubiera dado un grave problema. Mi caso no era diferente, pero mi preocupación era Mayela. Estaba decidido a cogérmela. Ella, había tomado algo más que yo y su actitud hacia mi, era abierta e interesada.

    −Te puedo llevar a casa Maye? −pregunté.

    −Estoy manejando mi auto. −contestó.

    − Oh −repliqué− Pensé que podríamos ir a algún sitio, a tomar algo y estar juntos.

    −Si quieres, sígueme hacía mi casa. −dijo de inmediato.

    −Depende Maye, dónde vives? −pregunté.

    −En Long Beach, no es lejos. −respondió.

    Su localidad no era lejos de mi casa, por lo tanto, no dudé un minuto en seguirla. Durante el viaje hice toda clase de conjeturas; deduje que debía vivir sola, pues de otra forma, no podría traer a casa un invitado a casi la media noche. Manejamos por casi media hora; desde la avenida principal y después de un par de giros, entró a una bastante oscura calle, flanqueada por enormes y frondosos árboles. Detecté un apacible barrio, donde las contadas y altas luces eléctricas, eran eclipsadas por los tupidos follajes. Detuvo su auto y yo aparqué detrás de él. Ella se apeó de su camioneta y en la oscuridad, se dirigió hacia mi.

    −Cuál es tu casa Maye? −pregunté.

    −Vivo a dos cuadras de aquí −contestó− pero este es mi sitio; es tranquilo y a esta hora, no hay nadie. Ven a mi camioneta.

    No entendía, pero cerré mi auto; al mismo tiempo, mi mente se llenó de estupor, sorpresa, asombro, desconcierto y sobresalto. Mayela me estaba invitando a su camioneta, querido lector, pero tengo que describírtela. Era una lo que llamaban “furgoneta” Volkswagen de los años cincuenta; si te acuerdas, parecían una cuadrada caja de bocadillos, que le encantaban a los “Hippies” en aquella época; la costumbre era pintarlas de colorines, seguramente para llamar la atención. Allí me estaba invitando ella, en plena calle! No iríamos a su casa!

    Mayela abrió la puerta lateral de atrás, se subió y yo la seguí. Ya allí, me apresuré a preguntar esto y aquello y a comentar y a indagar, pues no sabía cuales eran sus planes.

    −Ven Rafa −dijo tomando asiento atrás y atrayéndome hacia ella.− Tranquilízate.

    Me acerqué, tratando con mis manos y brazos de evaluar el amplio pero muy oscuro espacio. Pronto sentí su boca cerca de la mía y oí su agitada respiración. Después de convencerme de que no había problema alguno, decidí hacer mi ataque a esta mujer que se brindaba fácil, muy fácil, en nuestra primera noche.

    Analizando la situación, conceptué que lo que Mayela había fraguado hoy, era una aventura que debía haber hecho anteriormente, varias… o muchas veces, con otros. En otras palabras… yo no era el primero, allí, en la oscuridad de su apacible barrio residencial y cerca de su casa y dentro de su camioneta!

    Después de unos minutos, durante los cuales volaron por los aires nuestras prendas de vestir, empezó el forcejeo, preludio a toda relación carnal; nos abrazamos, nos besamos, nos tocamos y me lancé al ataque. Como pude en esas tinieblas, la posicioné sentada en el amplio asiento y arrodillándome, lancé mi boca hacia su vagina. Allí duré varios minutos saboreando sus deliciosos jugos de amor; me incorporé para besar su boca y compartirle su dulce elixir vaginal. Mientras lo hacía, mi mano derecha voló hacia su coño, le introduje lentamente uno, dos y tres de mis dedos, a lo que ella respondía con movimientos de pelvis tan fuertes que hacían tambalear aquella camioneta. Mientras nos besábamos, movía mi mano por toda aquella mojadísima área, acariciaba su clítoris, la deslicé hacia atrás y sin intención alguna rocé levemente su ano.

    −Oh, te gusta por ahí?. −dijo.

    −Lo siento Maye, qué dijiste? −pregunté con extrañeza.

    −Te pregunté si te gusta por ahí. −repitió.

    Su pregunta me conmocionó, pues no entendía el sentido de ella. Por qué habría ella de preguntarme eso en este momento, si le toqué sin querer su cueva de atrás por medio segundo? Estaba esta mujer insinuando que me la cogiera por el trasero? Me sentí casi obligado a contestarle, y lo hice.

    −Oh sí Maye, me fascina, a ti te gusta? −pregunté con firmeza.

    −Si Rafa, mucho! −contestó de inmediato.

    Con decisión tomé mi verga, que estaba como un riel de acero, visité dos o tres veces su desconocida cueva delantera para humedecerme y procedí a penetrarle lentamente su deseado culo. Lo hice cuidadosamente; mis años en la batalla me han enseñado que, al cogerme un culo, especialmente al principio, debo tener suavidad y tacto, así como paciencia.

    −Rafa, tranquilo, me gusta duro −dijo−. Dame duro!

    Su comentario me conmocionó aún más! Maye me estaba pidiendo que le diera duro, mientras yo hasta ahora empezaba, con suavidad. Me retiré un poco y le mandé la verga con toda mi fuerza, tratando de que le entrara hasta la garganta.

    −Así te gusta, puta? −dije.

    —Ay qué rico, siii! Ay qué rico! Me gusta duro, dame duro! −gritó.

    No sé cómo me aguanté para no terminar, pero unos minutos después, la Maye se pegó una corrida tan fuerte, que se desacomodó completamente del asiento de su camioneta. Mi mano libre voló rápido a tapar su boca, pues su grito fue tan alto, que temí que despertara el apacible vecindario.

    Bueno querido lector, ya te narré cómo conocí a La Maye, apodo que usé por varios encuentros, los que publicaré en un futuro próximo. Hasta pronto.

    [email protected].

  • Mi suegra Matilde

    Mi suegra Matilde

    Esta es una historia verídica que ocurrió hace varios años, aproximadamente quince. Cabe mencionar que tengo dieciséis años de casado, vivo fuera de mi país natal, procuro viajar una o dos veces al año, necesito de mi familia y de mis amigos para soportar la tristeza de la lejanía.

    En uno de mis primeros retornos fui invitado al pueblo de mi suegra, en su ciudad natal Ayacacho en Perú, un clásico pueblito pequeño donde los únicos edificios de jerarquía son la iglesia, la municipalidad y la comisaria, mi suegra en ese entonces tendría unos sesenta años. Cabe mencionar que mi suegra es una persona común, delgada, pero muy conservadora en su actuar, casada desde hace mucho tiempo, en un feliz matrimonio.

    Una mañana vino como siempre Felipillo, un vecino muy joven, de unos 18 años, que mi suegra vio nacer y crecer, él vino buscando a mi suegro con quien irían a recoger paltas, ese día mi suegro tenía un intenso dolor de espalda y fue mi suegra en su lugar.

    Me acostumbré a la diaria visita, Felipillo en la puerta, con sus pantalones cortos algo envejecidos por el exceso de uso y su camiseta con los colores de su equipo de futbol favorito. Esta nueva mañana irían a recoger mangos, llegaban luego de un par de horas cargados de una mata llena de mangos maduros muy apetecibles.

    Una mañana salí a correr por los alrededores de la chacra, y como de costumbre mi suegra y Felipillo nuevamente habían salido para hacer unos recados, mientras hacia mi recorrido pude escuchar a lo lejos una conversación entre los arbustos, me escondí descubrí que esa conversación se llevaba a cabo entre mi suegra y Felipillo, al principio era inaudible por lo que tuve que acercarme cuidando de no ser visto, y lo que escuché me sorprendió.

    -señora Matilde alguien nos puede ver -Felipillo decía, mientras miraba a uno y otro lado.

    Mi suegra muy decidida y con voz autoritaria le decía:

    -no te preocupes y sácala que te la quiero chupar.

    Felipillo tímidamente desabrochaba sus pantalones cortos dejando escapar un pinga ya hinchada y cabezona.

    Mi suegra rápidamente se arrodillo y empezó a mamar dicho enorme trozo de carne, chupaba ese grueso pene con hambre de sexo, con su lengua recorría sus huevos, sus ingles y mientras hacía esto abría sus piernas dejando ver la gran mata de pelos que cubría su hambrienta concha, podía ver como goteaba un líquido brilloso y viscoso de ese maduro, pero apetecible agujero.

    Esos calientes diálogos me originaron una enorme erección, nunca imaginé a mi suegra decir todos esos términos que tanto hacían palpitar mi verga.

    -que rica pinga tienes Felipillo.

    Mientras ella seguía mamando con avidez. Felipillo ya no se veía asustado ni tímido ahora estaba arrecho y envalentonado.

    -que rico la chupas señora Matilde, sigue más fuerte.

    De pronto mi suegra se detuvo se levantó la falda y se arrodilló, se puso en cuatro patas esperando su premio, Felipillo se la metió si previo aviso, un grito silencioso se dejó escuchar, ahora se escuchaban los golpeteos producto del deseo y del morbo, veía como esa mata de pelo se abría dejando entrar esa enorme y joven pinga en una chucha llena de deseo y experiencia, la concha de mi suegra esta hambrienta de juventud y leche fresca, veía como salía la verga de Felipillo brillante y esbelta reluciendo gracias a los flujos que mi suegra le regalaba.

    Mi suegra ágilmente acariciaba los huevos de Felipillo mientras sentía la arremetía, ella solo gemía y decía ser su puta, decía ser su mujer y que nunca dejaría de serlo, Felipillo seguía bombeando con fuerza e intensidad, era una imagen morbosa intensa y lujuriosa.

    De pronto…

    Continuará.

  • La puerta azul

    La puerta azul

    Después de unos tequilas ya para mi todo era borroso, porque siempre tenía que hacer lo mismo, salir de casa después de un largo día venir al bar de mi amigo Nick, perder todo mi dinero en una botella y pasar hablando con cualquier persona que estuviera a mi lado.

    Las cosas en mi trabajo ya eran malas y la única forma de sacarlas de mi mente era bebiendo y fumando, ¡Qué original!

    Era mi último trago de aquella botella cuando la vi, esa chica que parecía que brillaba como una estrella, nunca me había interesado que vistiera una mujer pero que increíble vestido negro, ella lo lucia increíble; cualquier otra persona lo haría lucir mediocre pero ella, tenía una figura perfecta, el vestido se le pegaba al cuerpo, ese vestido negro con brillantes que la hacía lucir más hermosa que cualquier actriz.

    Se acercó a mí y después de charlar unos minutos me invito a su departamento, un departamento muy inusual, todo blanco excepto esa puerta, que increíble puerta; esa puerta que no aceptaba la llave que usábamos, el pudor subía y yo solo quería desahogar esta excitación que tenía, no pude más y comencé a besarla recargados contra la puerta, los besos pasionales de una sola noche, los besos de pasión que se eleva cuando sabes que solo será una noche, al final pudimos entrar pero yo no quería hacerlo en la cama, que trillado, preferí solo apoyarla contra la puerta, esa puerta que golpeaba con cada beso y movimiento, comencé a desvestirla, ella llevaba un hermoso conjunto negro de encaje; un hermoso conjunto que desapareció en un segundo, pues interfería con mi boca, comencé a husmear por su entrepierna, haciéndola esperar por la parte buena, mi lengua comenzó a meterse dentro de ella, haciéndola estallar en gemidos y jugos vaginales, hasta que no pudo más y soltó un increíble orgasmo.

    Aunque todo apuntaba a que me detuviera un segundo y pasáramos al cuarto, yo no lo quería, le di la vuelta y mientras la apoyaba de cara a la puerta, mi pene comenzó a crecer penetrándola una y otra vez, con embestidas cada vez más y más fuertes, haciéndola chocar contra la pared, tirando de su pelo hacia mí, una y otra y otra vez hasta que lo inevitable sucedió y orgasmo mutuo inundo la habitación haciendo que los dos nos tiráramos al suelo, seguimos pocos minutos después de descansar.

    A la mañana siguiente salí temprano de su departamento, pero al estar enfrente de la puerta me quedé admirándola, esa peculiar puerta, esa puerta que había causado tanto ruido anoche, esa puerta que era conocedora de una aventura nocturna. Esa horrible puerta AZUL…

  • Rojo

    Rojo

    Parte 1

    Él:

    Regresamos de cenar esas alitas que te encantan, cerveza, reímos, jugamos, perdimos el estilo. Una de las meseras te trató de ligar mientras fui al baño, creía que venías sola. Cuando llegué se fue, tenías esa cara de travesura, la que me gusta.

    Subimos al ascensor y de la nada brotó el puchero.

    El: “¿Todo bien?”

    Ella: “Sí, no te preocupes.”

    Me abrazas y te guardas en mis brazos, abro la puerta del departamento y te vas directo al baño, me quedé desconcertado, al salir me cachas en el sillón.

    Ella: “Amor, te estás rascando los huevos”. Ríes de nervios de complicidad.

    Volteo a verte con cara de niño que lo cacharon haciendo una travesura.

    El: “Ven te explico, no es rascarme, es como “rascariciar”, me ves con cara de no mames…

    Te muestro cómo es y cuando lo haces y mi escroto siente tu mano fría me generas de inmediato una erección. Ríes pero sigues, ves mi cara y estoy perdido. De la punta de mi pene asoma una lágrima la cual tomas con la punta de tu lengua e inmediatamente después me besas. Te subes en mi para seguir besándome, te quito los shorts pero me subes las mano, te giro y caemos al piso. Tú sobre mi y ríes, otra vez un moretón.

    Me sigues besando y mordiendo pones mis manos en tus senos para que las acaricie, las bese y las muerda. Hago círculos en tus pezones, te arqueas, tratas de venir a mi cuello y te jalo del pelo hacia arriba. Aúllas, “cabrón me excitas, trata otra vez”, jalo otra vez y gritas, lo que no me di cuenta es que te acomodaste para penetrarte y de una siento como entra mi pene, aulló y te escucho gritar groserías. Te mueves suave unos segundos, mis manos en tus senos. Otra vez juego con tus pezones, pierdes el control y te trato de girar, te das cuenta y me aprietas fuerte con tu vagina. Grito “Cabroncita no mames”, subes el ritmo, caes en mi sin dejar de mover la cadera. Te siento cerca del orgasmo, sigues moviéndote, grito y siento como te vienes fuerte. Gritas duro y sientes mi chorro por dentro, pierdo el control y tú también, jadeando me dices al oído “no te puedes salir”.

    Minutos después estamos semidormidos en el piso. Ella: “amor, nos tenemos que bañar”. Abro los ojos y te digo “no amor ya mañana”.

    Ella: “No amor ahorita” Me bajo y estamos todos rojos, te miro a los ojos con complicidad, te levanto y te cargo como bebé a la regadera. Sin decir nada ambos sabemos todo, nos amamos y no hay que dar explicaciones.

    Me pides quedarte un momento más en la regadera, salgo y limpio el piso. Me siento a esperar, sales brillando como siempre, hermosa como siempre.

    Ella: “Otra vez los estás haciendo sin mi, no se vale” y ríes.

    Parte 2

    Él:

    Te comienzo a besar los hombros, la clavícula, los brazos, el pecho, el cuello. Abres los ojos y me miras con cara de ¿de verdad?

    No te dejo ir al baño y te beso. Finalmente cedes con ojos para arriba, ella: “amor vamos a manchar las sábanas” No me importa y nuevamente me tiras de la cama caes sobre mí y me comienzas a chupar. Con mi mano libre te toco el ano en círculos, protestas, como puedo llego a la crema y sigo manipulando, cuando sientes esto gritas y me dices, ¿es en serio?

    “Si, ponte en 4”. Haces caso a mi orden, estás ardiendo y con cuidado te penetro. Gritas de dolor y placer, te mueves lento, no te quiero lastimar, sientes que te parto en dos. Escucho tu grito “cabrón, métela toda”. Te doy una nalgada fuerte y empujo, “hijo de la chingada” gritas y vuelvo a empujar ahora lento, gritas, estás apretada rico, aúllas.

    “Cabroncita, me voy a venir, no aguanto más”. Y me aprietas, sabes que no puedo aguantar más y al momento te contorsionas y gritas más fuerte. Lo saco con cuidado y caigo al suelo junto a ti.

    Me abrazas y me dices riendo, “nos tenemos que bañar otra vez”. Río y te cargo otra vez. Me dices al oído, “aún no se acaba cabrón, nos vamos a volver a bañar antes de que amanezca”.

    Parte 3

    Ella:

    Todavía me duele el ano post penetración, pero duele… rico!

    Sigo ardiendo como siempre que ando roja, pero ahora mucho más por todo el sexo de anoche. Quiero más. Ardo. Me quedé dormida solo con mi tanga y tú estás profundamente dormido a mi lado con tu mano en mi seno como te gusta.

    Me levanto con mucho cuidado al baño para no despertarte. Llego al baño y en el cajón veo los tampones. Me brillan los ojos. Me limpio bien la zona y me pongo uno. Me urge que me pruebes. Regreso a la cama. Siento duros los pezones y decido aprovecharlo. Me pongo a tu lado y empiezo a pasarlos por todo tu cuerpo. Primero no pareces inmutarte, pero después vas despertando y cuando entiendes lo que está pasando sonríes y niegas con la cabeza. No puedes ni hablar, estás agotado. Veo tu verga dormida y muero por tenerla en mi boca. Comienzo a besarla, primero la punta, luego la meto completa a mi boca. Cuando está así me cabe completa. Le paso la lengua de arriba a abajo y te oigo gemir. Te mueves un poco pero sigues con los ojos cerrados. Siento tu verga crecer en mi boca. Bajo a tu escroto y llego a tu ano en donde meto la lengua. Ahí te mueves más. “¿Qué pedo cabroncita? Invítame a cenar primero no”. Río pero sigo. Regreso al escroto. Te quejas ¿en serio amor? ¿el tercero? ¡Eres una caliente cabroncita, me encantas!

    Después de chupar otro rato tu verga, la siento enorme. “No pares, sigue”. Hago caso con gusto mientras meto el dedo poco a poco en tu ano. Cada empujón de mi dedo gritas y te mueves. Shhh “quieto cabrón, no te quiero lastimar”. “No mames, no mames” Sigo chupando. Agarro ritmo y succiono fuerte al mismo tiempo que doy un último empujón a mi dedo y lo giro rápido. Es suficiente. Gritas. “ Perdón me vengo!!!” Jalo aire y recibo el chorro en el fondo de mi garganta, mientras sigo moviendo mi dedo en tu ano. Gritas, te sacudes y me dices “ya ya ya”. Pero sabes que no voy a parar, tu verga ya quiere descansar pero yo la sigo chupando. Aúllas, “ya amor ya”. No hago caso, viene una segunda sacudida. Gritas “te amooo cabroncita, eres una… (nunca terminas la frase)” Echas la cabeza para atrás y cierras los ojos. Volteo y sonrio al ver tu cara de post orgasmo, esa que amo. Tengo que besarte la boca, casi no me regresas el beso por el cansancio. Sigo en tu cuello, pecho y mis besos empiezan a ser más atascados. Muerdo un poco.

    Volteo a verte y hago mi cara de travesura máxima. Me paro en la cama y haciendo como si fuera bailarina exótica me quito la tanga. Te ríes y pones cara de… ¿Qué pretendes?

    Sonrío y me acerco a tu oído y te digo. «Mira cabron estoy ardiendo más que nunca porque ando roja. Ya me limpié bien y traigo un tampón nuevo. Me voy a sentar en tu cara y quiero que me hagas ver estrellas y al final me voy a probar en tu lengua. ¿Quedó claro?»

    Te ríes… «jajaja estás loca, te amo. Siéntate ya que vas a ver estrellas y todo el sistema solar»

    Me siento y empiezas de inmediato a lamer el clítoris en círculos. Desde el primer contacto de tu lengua sé que no voy a durar mucho. Estoy ardiendo. Sigues lamiendo, succionas, soplas, siento que voy a enloquecer. Me dices: «¡a ver a qué letra llegas!» ¿Letra? ¿Qué? Sí… letra. “Empecemos por la A”. Dibujas una A con la lengua y cada vez llegas más adentro. Grito. Para la E ya estoy aullando y antes de la L me sacudo y exploto. Grito “¡No mames cabron, ¿quién eres?!

    No puedo hablar más. Caigo encima de ti. Trato de no tirarte, uff que pena los moretones. “Abrázame por favor.”

    “Ven, te abrazo completita, ya sé que estos días andas extra sensible, ven. No llores, todo está bien.”

    «Ya sé amor, es de alegría».

    “No cabroncita, mejor bésame.”

    “Eres el amor de mi vida.”

    Cierro los ojos, lo último que oigo es un «te amo» y empiezo a arrullarme con tus latidos… no sé más del mundo por horas.

  • La madura de la playa

    La madura de la playa

    Hola a todos.  Este es mi primer relato y se trata de una mezcla de sucesos reales e imaginarios que acaban en la fantasía de un joven. Pero quien sabe, nunca es tarde para que dichas fantasías puedan volverse realidad.

    Como todos los años, he acudido a mi pueblo de veraneo en la costa cántabra. Se trata de un pueblo con una magnifica playa y al que acuden muchísimos veraneantes en las fechas veraniegas. A diferencia de años anteriores, este he ido a finales de julio por lo que mis amigos no vendrían hasta comienzos de agosto. Siempre he sido un gran amante de la playa por lo que nada más llegar, decidí bajar a la playa y darme el que sería el primer baño de la temporada. Al salir del agua, busqué una zona en las dunas donde tomaría el sol y descansaría el resto de la tarde. Se trataba del primer día, por lo que tras pasar unas horas al sol decidí ir a casa y descansar.

    La semana se presentaba tranquila, aprovechaba las mañanas para ir a correr o andar en bici y tras el deporte diario bajaba a la zona de la duna que me gustaba a tomar el sol mientras escuchaba música o leía alguno de mis libros.

    Estando en la duna vi que, a unos escasos veinte metros de mí, se sentaba un matrimonio en el que ambos tendrían alrededor de unos 40 años. El solía pasar largos ratos al teléfono hablando de temas laborales y ella en cambio disfrutaba del sol junto alguna revista o lectura. Desde el primer momento me llamó la atención aquella mujer. Morena con ojos claros, tenía un cuerpo llamativo, era delgada con un culo atractivo y unos pechos de buen tamaño y firmes que llamaron mi atención. Le gustaba vestir con un bañador ajustado que resaltase su culo y dejase poco a la imaginación. Me quedé mirándola y creo que me pilló, pero continuó tomando el sol con su marido. Pasaron las horas del día y decidí volverme a casa.

    Al día siguiente, volví a la misma zona y allí estaban ya ellos. En un momento vi que su marido marchaba a dar un paseo por la playa y nada más marchar ella aprovechó para hacer topless, algo que hizo que mis ojos se fijasen en sus llamativas tetas y que mi pene creciese y se marcase en el bañador. Ella se debió de dar cuenta y sonrió. Yo muerto de vergüenza traté de disimular y continué tomando el sol. Al cabo de un rato decidí bajar el calentón dándome un baño en la mar, pero cuando volvía a mi toalla me crucé con ella y volvió a sonreír mientras miraba mi entrepierna.

    Tras volver del agua, comenzó a untarse la crema del sol por todo su cuerpo lentamente de una manera muy sensual y vi que en varias ocasiones giraba la vista hacia mí con gestos provocativos. Un rato más tarde volvía su marido del paseo y marcharon a casa. Al poco rato yo también marché a casa con un calentón enorme por lo que tuve que hacerme una paja pensando en aquella mujer.

    Los próximos días fueron muy similares. Continuos cruces de miradas y posturas provocadoras queriendo llamar mi atención, hasta que un día acudió ella sola a la playa. Ese día estaba en la playa en topless con un bañador de estilo tanga y con el que con su juego de piernas podía percibir que estaba depilada. Esto hizo que mi pene estuviese totalmente erecto, pero a diferencia de la vez anterior y al estar solos en aquella duna no la oculté y vi que a ella le puso cachonda la situación. Sus pezones estaban duros y mordía su labio en numerosas ocasiones mientras me miraba. Las miradas eran mutuas y ambos estábamos muy cachondos, pero llegó su marido y tuvimos que disimular la situación.

    Al otro día, unos familiares me invitaron a comer y a pasar el día en la piscina de su residencia por lo que pensaba que se acabaría el juego de todos esos días anteriores. Estando disfrutando de un baño en la piscina vi que la pareja de la playa entraba a esa misma residencia. No me lo podía creer, la suerte estaba de mi lado. Cogieron sitio en el jardín y la mujer entró a la piscina. Al pasar cerca de mí ella pasó su mano sobre mi pene por encima del bañador. ¡¡Esa mujer quería jugar conmigo en todos los sitios!! Al salir de la piscina y sin que nadie la viera introdujo su mano en mi bañador, y acarició mi pene erecto en aquel momento, mordió su labio y se marchó mientras me mirada echando la vista atrás.

    Tenía que hacer algo, agosto estaba al llegar y quería poder follarme a esa mujer como fuera. Al día siguiente en la playa, en el momento en el que fue a darse un baño con su marido, aproveché para introducir en un papel mi número de teléfono en el libro que estaba leyendo. No sabía si lo vería, pero era una de las pocas oportunidades que tenía para poder seguir en contacto con ella. Esa misma noche recibí un whatsapp de ella con una foto en la que me mostraba sus tetas y me decía lo siguiente: “Mañana estaré sola en mi casa. Estas tetas son tuyas y sacaré toda la leche de tu polla sobre ellas” y me mando su dirección.

    Esa noche apenas pude dormir. Tendría a la mujer con la que había fantaseado todos esos días para mí. Una vez llegó la hora, acudí a su casa. Toqué el timbre y me adentré en su interior. Pude verla a ella sobre el sofá del salón, con el diminuto tanga que usaba en la playa y mostrándome las tetas con los pezones en punta. No nos pudimos resistir, nos comimos la boca y comencé a chupar aquellas tetas y mordisquear esos pezones con los que soñaba. Ella rápidamente me quitó la camiseta y los pantalones y comenzó con una tremenda mamada. Estaba muy cachondo quiso que le metiese la polla en su coño que por aquel entonces estaba empapadísimo.

    Comenzamos un intenso mete saca en varias posturas. Ella gemía y gritaba en cada embestida, estábamos gozando como dos adolescentes locos por follar. Estaba a punto de correrme y antes de hacerlo, ella saco mi polla y apunto sobre sus tetas. Mi semen salió disparado sobre ellas y sobre su boca y acabó chupando todo lo que quedaba. Ambos quedamos rendidos sobre el sofá habiendo disfrutado de la tan deseada situación. El día continúo follando en varios lugares de su casa y cumpliendo las fantasías que ambos teníamos por cumplir.

    Al día siguiente comenzaba agosto, vinieron todos los amigos con los que veraneaba en el pueblo y ella marchaba junto a su marido dos semanas a las islas baleares. Por las noches seguimos mandándonos fotos calientes y quedamos en que seguiríamos viéndonos siempre que pudiéramos. Si tengo suerte podré volver a comerme sus tetas y disfrutar del sexo con ella a la vuelta de sus vacaciones.

    Espero que les haya gustado mi primer relato. Siempre quise hacerlo con una madura y quién sabe si el destino me permitirá cumplir mi fantasía.

    Espero vuestros comentarios y sugerencias para poder mejorar en mis próximos relatos. Os dejo mi correo: [email protected].

    Muchas gracias a todos!!

  • Chloé

    Chloé

    Chloé jamás pensó en tener que hacer esto, pero las acciones de su último novio la había orillado a estar con quién menos lo pensó, su arrendador un hombre común el cual jamás se detuvo a observar ahora le brindaba placer al estar entre sus piernas.

    Sin duda experto al utilizar la lengua y jugar con cada pliegue de su lugar más íntimo, Joaquín bebía del dulce néctar agridulce que se producía Chloé y cada gemido de su parte era como música que no tenía fin.

    -No quiero que esto acabe…

    Clavando sus uñas sobre el colchón un orgasmo florecía y recorría todo su cuerpo, haciendo que mostrará su lado más vulnerable era una mujer deseosa de estar con un hombre y su nuevo amante sabía eso, por lo que simplemente cuando quedó satisfecho se apartó y empezó a desvestirse para mostrarle a Chloé lo que escondía entre sus piernas.

    Al tirar de ella la abrió de piernas y sin darle tiempo a reaccionar la hizo guardar silencio con un beso al tiempo que la primera estocada llegó y con eso el placer solo iba en aumento.

    El estado más primitivo de Joaquín solo lo hacía pensaba en disfrutar de todo el cuerpo de Chloé, al jugar con sus senos le mostraba toda la experiencia que había sido obtenido con los años, sin duda un experto al estimular el cuerpo de la mujer que tenía enfrente.

    -¿Esto te gusta verdad?

    -Me encanta… espera creo qué…

    A pesar de tener una buena condición física ahora estaba en serios aprietos, a pesar de ser más joven estaba recibiendo una lección de educación sexual sin precedentes, esto era algo que jamás había experimentado y ahora con un Joaquín quien parecía un ermitaño estaba por alcanzar un nuevo orgasmo.

    Llevando en todo momento una cadencia de tiempo sabía cuándo golpear con fuerza y a la vez ser paciente, ella estaba perdida en el placer que un hombre mayor le proporcionaba y él exploraba cada rincón del cuerpo de ella.

    -¡Ahhh! Espera dame un respiro…

    -Descuida yo pagaré por la limpieza de tus sábanas…

    Los orgasmos venían uno detrás de otro y Joaquín solo la dejaba descansar cuando la cambiaba de posición, así fue como Chloé pasaba su fin de mes con quién menos lo esperaba, sus lágrimas brotaban de sus ojos pero lejos de ser de tristeza eran de alegría al sentirse bien y así fue como una cálida sensación invadió su cuerpo.

    -Lo siento pero estoy a punto de…

    -Hazlo dentro… yo asumo la responsabilidad.

    Joaquín disfrutaba al tener una vista en primer plano el trasero de Chloé y así la nalgueo una última vez solo para dar la estocada final antes de apartarse, ella descansó luego de estar en una posición indecorosa.

    Los minutos pasaron y así sin más Joaquín tomó sus cosas y tras vestirse se pensaba marchar en silencio después de tomar el sobre con el dinero del alquiler del departamento, pero Chloé al notar que se marchaba solo se tocó su lugar más íntimo aún manchado y preguntó.

    -¿Nos veremos el próximo mes?

    -O tal vez pueda venir mañana y cambiar la cerradura para que tu novio no pueda entrar a lastimarte…

    -¡Eso me gustaría!

    -Me parece bien…

  • Balseros (V): Fin de semana balsero

    Balseros (V): Fin de semana balsero

    Un día de esos cualquiera, luego de evadir unas cuantas Llamadas al teléfono de la casa, para evitar vendedores indeseados; Por fin contesté y vaya suerte la mía. Luego de un inesperado escándalo “A lo cubano” por no contestar antes, reconocí la voz de Pedrito, que según decía, pensaba en nosotros hacia como 3 días y quería hacernos la visita con Vicente su compinche. En realidad, todos deseábamos vernos pues desde que nos mudamos separados, no nos habíamos reunido. Lo consulté con Yovany y decidimos que la visita se efectuara el sábado. Acordamos en que ellos traerían cerveza. Nosotros pondríamos Pizza y mi Bacardí para el que quisiera, este último no podía faltar, al menos para mí. Yovany me juró que no les había comentado nada sobre nosotros y yo le pedí de favor que lo mantuviera en secreto. Ellos siempre actúan de forma muy normal, me dijo; Como cuando veníamos en el barco o como cuando vivíamos juntos los cinco reafirmó, refiriéndose al quinto amigo Julio que según Yovany era o tonto o zorro porque no mostraba señales de saber nada. En realidad, era una estupidez seguir manteniendo el secreto; Pero yo todavía lo consideraba algo importante.

    Llegó por fin el tan esperado sábado y aprovechamos temprano para hacer algunas cosas y que el apartamento quedara lo más presentable posible. Los olores a sudor me habían comenzado a provocar morbo después del incidente de la playa; Así que lo único que tuve que hacer fue acercarme a Yovani, respirar el aire intoxicado de hormonas masculinas y tocarle una nalga, para que me calentara como un horno. No hay tiempo, me dijo, vete a la ducha y después de la visita te complazco si quieres o prefieres que nos agarren en plena faena, tú eliges. Me fui a la ducha a refrescarme. Minutos después llegaron los invitados, Yovany todavía se estaba terminando de bañar; Se aparecieron, como era de esperar, con variedad de cervezas de botella bien frías a lo que yo aproveché y me abrí una, la faena de la limpieza lo merecía, al mismo tiempo que abría dos más para los tan esperados amigos.

    Después de los respectivos cuentos correspondientes al tiempo que hacía que no nos veíamos, nos dimos cuenta de que habían pasado casi 3 horas y las cervezas se habían agotado casi del todo. A mi botella apenas le faltaba solo un tanto porque era yo solo contra ella. Yo, hacía rato observaba a los compadres sentados en el sofá y, de verdad actuaban normal, me daba mucho morbo aquello, así que no les quitaba la vista de encima ni un momento; Podía imaginarme cualquier cosa menos a aquellos dos machazos singando en una cama. Pedrito «El loco”, como le decíamos, no había cambiado mucho. Su misma cara de loco, sus muecas nerviosas y su cabeza casi rapada como de costumbre. Era ese el motivo por el cual le llamábamos así, ah y sus acciones, por eso se sabía que en realidad tenía un tornillo flojo. Tenía obsesión por las apuestas, y el muy dichoso, siempre tenía suerte. Su piel era blanca, bien delgado y su cuerpo marcado por los músculos de la lucha libre pero muy ligeramente. No tenía pelos en el pecho ni protuberancia alguna en la parte trasera, sin embargo, su entrepierna revelaba un buen bulto que estoy seguro, siempre había tenido. Era lo que pudiéramos llamar un flaco todo desbaratado pero sabroso. En cambio, Vicente era de espaldas y cintura anchas, típico gordito con músculos, también formados por el deporte. Le llamábamos «Tamal” porque en verdad parecía un verdadero tamal con su trusa cuando era un muchachón. Se le notaba que había engordado unas libritas, Miami, la comida y la cerveza le habían aumentado aquella barriguita cómica que siempre tuvo, pero no estaba nada mal; Siempre tuvo buen trasero así que ahora le quedaba mejor. Su parte delantera estaba por descubrir, uno no sabe nunca lo que se puede encontrar debajo del calzoncillo de un gordito. Su piel era tostada como la mía y parecía tener ascendencia de libanés en alguna generación lejana. Tenía pelo negro y ojos almendrados, nariz roma, y unos pelitos negros enrolados que le cubrían la mayor parte de su cuerpo.

    Después del tiempo que habíamos pasado hablando mierda, como buenos cubanos, y bajando cervezas. El loco se ofreció a ir a buscar más combustible mientras llegaban las pizzas que yo había ordenado. ¡Mejor bajamos el Bacardí caballero! Grité yo y les ensené mi botella casi nueva. Entre la mezcla de bebidas y las risas, el ambiente mejoró. Por lo menos para mí que estaba tan preocupado y tenso, era una tontería mía, nada, cosas de primerizo. Al rato llegó el chico de las pizzas y los dos anfitriones corrimos al unísono a buscar dinero, ahí tuve la oportunidad, de confesarle a Yovany que no se me quitaba de la cabeza la idea de hacerle el amor, aprovechó para, maquiavélicamente rozar su mano por la portañuela de mi short y despertar aquel monstruo dormido.

    Salió corriendo, con una sonrisa pícara y me dejó con mi carpa de circo a medio armar. Caminé por la habitación, esperando que se bajara aquello, y aun de espaldas sentí que me volvieron a acariciar, esta vez mis nalgas, cerré mis ojos, para disfrutar del breve momento, mientras sus manos terminaban nuevamente en mi portañuela y estrujaban mi pinga con fuerza insistentemente varias veces. Me volteé bruscamente y abrí los ojos, tratando de besar su boca, al mismo tiempo que susurraba: Cuidado que nos van a ver. Me encontré entonces frente a frente, con Vicente, que había tenido el cuidado de no rozar su cuerpo para no revelar su identidad. Estaba tan caliente, que no me importó que me descubriera al fin. Yo solo vine a hacerte la vieja broma que tanto odiabas de tocarte las nalgas, dijo él y lo que hiciste fue cerrar los ojos y dejar que te tocara todo. No me hagas caso, es que estoy borracho, le dije. Lo tomé bruscamente por el cuello de la camisa y le afirmé: ¡Eso quedo entre nosotros dos, me oíste!, y salí disparado a la cocina, ya si erección alguna a causa del nerviosismo, nuestro amigo se fue al baño.

    Me incorporé al grupo sin decir una palabra, instantes después llegó Vicente. Pasaron unos minutos de silencio hasta que Pedrito habló: ¡Caballero, o las pizzas están muy buenas o aquí pasa algo! Estos dos vinieron muy callados del cuarto dijo él. Yovany tosió como quien se atraganta con la pizza. Es que le toqué las nalgas y se puso bravo, dijo Vicente. ¡señores estamos en los Estados Unidos! aquí los peloteros se dan nalgadas y los futbolistas se tratan de señorita, le oí decir a Pedrito nuevamente. ¿Cerveza o Cuba Libre? pregunté yo para disimular el tema. ¿Dónde está el abridor? Se me oyó decir y acto seguido vi al loco sacando un billete de 50 dólares y poniéndolos encima de la mesa. Apuesto estos 50 dólares a que tú no sacas el abridor de donde lo tengo, me dijo en tono desafiante, y señaló su bulto. Y yo pongo 20 mas dijo Vicente. Yovany solamente quedó perplejo. Me entró la cosquillita de la curiosidad, pero no podía pensar muy claro con tanto alcohol. Así que decidí hacerme el infeliz en quiebra y les dije: Si veo 40 dólares más encima de la mesa te lo saco de donde lo tienes, y con los dientes. Era más excitante el morbo que el dinero, pero había que disimular. ¡Aquí están! gritó Vicente. Me arrodillé enfrente de Pedrito y le zafé el botón del short mientras mis dos restantes amigos me hacían bulla y burlas, luego con mis dos manos en la espalda le bajé el zipper con mis dientes y dejé que la prenda corriera piernas abajo. Lucía un calzoncillo barato, pero nuevo y limpio. Luego tomé el elástico con fuerza, muy sensualmente a un lado de su cadera y lo arrastre pierna abajo pasando mi nariz y mis labios desde su cintura hasta el muslo, repetí la misma operación del otro lado, dejándolo completamente desnudo y con aquel enorme trozo delante de mis narices; Que, con el morbo y mi sensualidad, estaba casi parado por completo. Era bien largo como de 10 pulgadas y delgado como él. Su cabeza era pequeña, rosada y se veía deliciosa. Ahí tomé el abridor que había caído al piso y me apresuré a abrir una cerveza con el mismo. Pasé mi lengua muy descaradamente por todo el borde de la botella y me introduje el pico de esta varias veces en la boca como quien mama una buena pinga, hecho todo esto ante los atónitos ojos de los espectadores, me di un largo buche. Pedrito, se me acercó totalmente desnudo y sin pudor alguno y me pidió compartir la cerveza con él. Mi respuesta fue acomodar la cerveza dentro de mi calzoncillo y dar un palmazo encima de los billetes. Se apresuró a toquetearme todo, mientras Yovany y Vicente no podían más y se sacaban mutuamente sus shorts, quedando con todo al aire.

    El loco, primeramente, me quitó el short y luego sacó la botella que con el frio, me había bajado la erección. Por último, me haló el elástico hacia delante y vertió cerveza dentro, mojando mi pinga y la tela. Después se dedicó a chupar, de mi calzoncillo tan preciado líquido. Metiéndose con la tela, mi pinga mojada una y otra vez. Entre tanto Vicente metía su pinga en la boca de Yovany que al pobre no le cabía casi de ancho, debido a lo gorda y cabezona que era. Al parecer no era lo que yo esperaba de la visita, pero creo que el resto del grupo lo tenía todo planeado. Ellos en el sofá y nosotros en la cocina. Entretanto mientras mi pinga resbalaba por la garganta del flaco, éste me acariciaba las nalgas e intentaba meterme el dedo. Le saqué repetidamente el dedo de mi culo, hasta que lo ayudé a incorporarse mientras le susurraba al oído: Por delante, lo que tú quieras, pero por ahí detrás, no se te ha perdido nada; Metí mi pinga entre sus piernas y mis manos buscaron golosamente sus nalgas o, mejor dicho, donde le iban a salir, las abrí y comencé a jugar con su orificio. Lo besé con deseo, tratando de meter bien mi lengua dentro de su boca, que me correspondía con tiernas mordidas en los labios. Luego lo posicioné de espaldas contra la otra parejita para husmear que pasaba al otro lado, y me quedé sin habla al ver cómo, mientras yo disfrutaba de Pedrito, Yovany cabalgaba como todo un experto jinete encima de Vicente. Vamos para allá, le dije. Nos acomodamos en el amplio sofá, no sin antes jugar con nuestros amigos que gritaban como dos verdaderos dementes. Luego, posicioné a Pedrito de rodillas encima del sofá y me agaché para poder disfrutar de su orificio, rosadito y medio abierto. Quedé justo al lado de yovany que subía, gemía, y bajaba sin parar, mientras mi lengua se deleitaba con aquel delicioso culo, mis manos jugueteaban con todo lo que encontraban alrededor, incluyendo los testículos de Vicente, la espalda de Yonvany, y su pinga, que estaba húmeda y deliciosa. Por último, me senté al lado de Vicente, en la misma posición, echado un poco hacia adelante y las piernas abiertas e hice al flaco que se clavara despacio en mi erecto miembro que no dejaba de soltar líquido a chorros.

    El olor a macho era indescriptible, los gemidos, el sudor, el éxtasis, la lujuria, la locura, el deseo, la pasión. Era la combinación perfecta. Me sentía en el paraíso. Lo que nunca me había imaginado. Mis manos quedaron libres nuevamente, estaba justo al lado de Vicente y busqué su boca con la mía ansiosamente, mientras toqueteaba con una mano la pinga de mi flaco que tenía el culo tan sabroso y caliente como mi cómplice de las secretas y apasionadas noches de placer. Con la otra comencé a pajear a Yovany, que se retorcía al tiempo que él besaba a Pedrito. «El Loco» movía la cintura con tanta sabrosura que me tenía descontrolado y apretaba su esfínter tan expertamente que tuve que controlar el ritmo de sus huesudas caderas, para no venirme. Se la saqué de un tirón y entonces le propuse a Vicente el cambiar de pareja. Al principio creyó que yo quería con Yovany, pero luego entendió que lo yo que deseaba eran sus gordas nalgas y su culito. Fué un momento de confusión donde vi que Vicente abría sus nalgas en frente de mis narices y ofrecía su culo o a mi boca mientras yo, sin poder mirar, sentía como una lengua chupaba mi glande, mientras otra lo hacía con mis testículos. Nunca supe quien hacía, que cosa, solo supe que alguien se metía mi pinga con fuerza hasta sus mismas entrañas y entonces reconocí el movimiento de las caderas de Yovany; Al parecer no había podido soportar la tentación y se daba placer mientras mamaba la pinga del gordito. Aquello era totalmente nuevo y rico para mí. Y me dio por pensar cómo perdí varios años de mi vida sin conocer tal disfrute. A ese extremo de la orgia que teníamos armada, cada uno se valía de mil artimañas para no venirse. Todos gemíamos de placer y nadie quería acabar. Cuando Vicente creyó que su culo estaba lo suficiente dilatado para mi embestida, comenzó a besar a yovany como para convencerlo de que le cediera su puesto. Ahí, aproveché y lo posicioné arrodillado con su cara contra el espaldar del sofá y recorrí una vez más con mi lengua su delicioso hoyo que se veía dilatado; comencé a meterle los dedos despacito uno a uno y por último le pasé suavemente la cabeza por la entrada; ahí no pudo aguantar más y de un tirón se la acomodó con su propia mano y se la metió toda. Mis otros dos amigos al verse libres comenzaron a chuparse una y otra vez, las tetillas la lengua, la pinga; Hasta que el goloso de Yovany termino volviéndose a clavar, pero esta vez las 10 pulgadas del flaco. Para ese entonces me dolían tanto los testículos, que apenas pude aguantar y me vine casi sin avisar. La conmoción fue tal, que acto seguido se vinieron todos casi a la vez. Quedamos hechos un desastre, sudados, cansados y embarrados de leche hasta el pelo, pero todos esbozábamos una sonrisa de alegría y satisfacción indescriptible.

    Me tumbé en el sofá, mientras tomaba aliento. Vicente y Pedrito se fueron derecho a la ducha, entonces miré a Yovany fijamente y le dije: Mi vergüenza era verde y se la comió un chivo, lo intenté besar, pero no contenía la risa, ya calmado nos besamos largamente como en nuestras noches de lujuria. Que puta me has salido me dijo acariciándome la cara mientras yo usaba sus muslos como almohada y volvió a sonreír con picardía. Tengo buen maestro, le dije.

    La velada terminó tranquilamente, los cuatro en el sofá, medio desnudos y hablando de sexo, toqueteándonos y besándonos, con mucha más confianza que antes, todo entre tragos de Cuba Libre. Había pasado tanto ese día que sobraban las palabras. Por último, decidimos que los visitantes se quedaran a dormir, porque teníamos más alcohol en el cuerpo, que sangre en las venas; Y así no había quien tomara un volante en la mano. Es una verdadera lástima que hayamos consumido tanta bebida porque hubiese sido la noche perfecta para otra orgia que en realidad no se pudo consumar por el exceso de alcohol. Cualquiera pensaría que al día siguiente se continúa con el morbo en la mente, pero yo amanecí con el dolor de cabeza más perro de toda mi vida y Vicente amaneció vomitando. Yovany y Pedrito nos sirvieron de enfermeros y terminaron en la cama con nosotros, pero no como hubiésemos deseado.

    A Javier parece que le ha gustado este rollo de revolcarse con hombres, ¿cómo va a seguir esto? Entérate pronto

    Sigue mis historias aquí.

    Gracias por leerme.

    Siempre tuyo ThWarlock.

  • Jamás pensé que me sucediera esto (1)

    Jamás pensé que me sucediera esto (1)

    Había comprado comida rápida e iba con mi hijo de 7 años. Bastante normal solo que era algo tarde y estaba lloviendo así que tenía como algo de prisa, pues no fue hasta que llegué a mi casa que me di cuenta que no tenía mi monedero, sentí un hueco en el estómago porque ahí tenía todas mis tarjetas, mis identificaciones y tarjetas de mis clientes y tenía miedo de hicieran mal uso de eso así que me apresuré a entrar a la casa para empezar a cancelar todo.

    Y justo cuanto tome el teléfono para llamar al banco me marcaron en mi celular, contesté.

    -Buenas noches, Señora Cecilia Harms?

    -Si ella habla.

    -Si lo pronuncie bien? —vaya pregunta pensé pero la voz de un joven soñaba cordial.

    -Disculpe, es que encontré un monedero me parece es de usted.

    -Oh si claro es mío! Que gusto que lo encontraras… pero como obtuviste mi numero.

    -Ah es que trae su identificación con su nombre y también trae una tarjeta de presentación deduje que es de usted.

    -No lo había pensado es que tengo muchas cosas ahí.

    -Entonces lo revisaste todo.

    -Si para saber a quién tenía que entregarlo.

    -Gracias gracias donde puedo recogerlo?

    -Pues, es que vivo algo lejos me parece de su dirección, si no me lo toma a mal puede recogerlo en esta dirección…

    -Oh si se dónde es, a qué hora puedo pasar?

    -A las 9 por favor, empiezo mi turno así que estaré disponible.

    -Perfecto oye muchas gracias significa mucho.

    -No hay de que hasta luego

    Me sentí mucho más tranquila y el chico me dio mucha confianza. Al día siguiente fui al lugar y llamé al mismo teléfono.

    -hola, habla la señora Cecilia, la señora del monedero

    -Ah si claro deme un segundo.

    En ese momento salió un joven bien parecido, ni guapo ni feo, de tez morena, delgado ejercitado, bien vestido pero con un mandil como de cocina.

    -Señora Cecilia?

    -Si soy yo

    -Pase pase, me perdonara que no lo tenga conmigo es que tengo en mi locker y ando trabajando un poco

    -No te preocupes entiendo

    Pase al local, un pequeño restaurante bien cuidado, lleno de muchos detalles, comida mediterránea me parece.

    -le puedo ofrecer algo? Agua mineral, cerveza, soda?

    -No te preocupes.

    -Ya vengo no tardo

    A los pocos minutos regresó con mi monedero en perfectas condiciones.

    -por favor lo puede revisar?

    -No te preocupes confío en ti

    -No, insistió señora —revise y todo estaba en orden, saqué un billete para ofrecerlo.

    -No señora cómo cree no lo hice con esa intención al contrario es usted muy guapa con eso me doy por bien servido

    -No de verdad acéptalo en estos días ya nadie regresa nada y aquí hay cosas importantes para mi

    -No señora, si no me lo toma a mal y quiere agradecerme le acepto una cena esta noche.

    Me quede pensando unos segundos y como no lo vi mal decidí aceptar.

    -A qué hora sales?

    -Ah como a las 7 le parece bien?

    -Si claro

    -No tendrás problemas?

    -No no se preocupe

    Esa tarde pase pensando en ello y estaba a punto de arrepentirme, pero cuando mi marido me llamó que llegaría tarde, me moleste y decidí ir con el chico y le deje a Delfi a mi hijo, ella es la nana de mi hijo. Mi marido no sabría nada y seguro estaría ocupado para preguntarme.

    Llegué y vi al chico dentro del local despidiéndose y dando algunas instrucciones o eso me pareció.

    -Señora Cecilia! Le agradezco aceptar mi invitación. —me dijo al subir a mi coche.

    -Pensé que era yo quien te invitaba

    -Bueno primero la invite a invitarme

    -Jajaja es cierto

    -Y dime cómo encontraste mis cosas?

    -Ah es que fui a comprar algo de cenar rápido y ahí vi su monedero cuando iba entrando y noté que el chico de la caja lo tomo y se lo guardo

    -Y como lo recuperaste?

    -Pues le dije que si no había visto una cartera negra, me dijo que no y le dije que yo vi que la tomó. Él me dijo que no era cierto y que además quien era yo, y pues lo único que se me ocurrió fue decirle que era su marido.

    -Jajaja en serio?

    -Si bueno es que no podía ser su hermano ni nada así

    -Bueno podrías ser mi hijo.

    -No no creo señora jaja

    -No me digas señora, dime Ceci o te parezco muy grande? — me sonroje al escucharme

    -No para nada es muy guapa… y joven

    -Bueno y después?

    -Pues me dijo que me veía muy joven para eso. Y saqué mi teléfono fingiendo marcar y le dije, creo que esto es algo que un policía puede arreglar más fácil. Y entonces me miro el chico pero me quede serio esperando unos segundos, hasta eso aguanto y tuve que fingir que me respondían jajaja y solo en ese momento el chico sacó la cartera y me la dio.

    -Estabas blofeando

    -Si jajaja pero bueno cuando salí para buscar a alguien no encontré a nadie y espere un poco y ahí revisé la cartera. Me fui a casa y bueno el resto ya lo sabe.

    -Te agradezco en verdad pues mira ya llegamos

    -Se ve muy bien

    El resto de la noche no me sentí que estuviera con chico, él debía tener unos 27 años, pero tuvimos una plática muy amena, inteligente y llena de bromas astutas, hace tiempo que no tenía una conversación como esas, fuera de lo común pero sin ser absurda. Hablamos de algunos libros en común y de películas, de temas sociales a nuestro nivel claro y el chico hablaba con soltura con las cosas en claro, pensando lo necesario me explicaba algunas cosas sin soñar con presunción como muchos hombres y aceptaba mis opiniones con humildad, la verdad es que me agrado muchísimo su compañía.

    Al terminar la noche le dije que si lo dejaba en su casa y me dijo que no era necesario que pediría Uber y me insistió ya que yo había pagado la cena. Decidí aceptar y me supo algo mal lo que yo interpreté como rechazo, pero de inmediato me dijo que si podía volver a verme pero que esta vez si me invitaba él a su lugar favorito para comer. Decidí aceptar.

    Cuando me iba al estacionamiento sentí su mirada y volteé y ahí estaba él sonriendo y diciendo adiós con su mano y se giró y se fue.

    Era obvio que me miraba, yo llevaba un pantalón holgado que la verdad se metía entre mis nalgas y ajustado a mi cadera que aunque ya estoy pues grande, 45 años siempre he comido bien y sin necesidad de ejercicio me mantengo en forma. Mis glúteos son grandes pero la verdad un poco caídos al igual que mis senos que esos si son más grandes de lo normal y naturales.

    Pues toda la noche no dejaba de pensar en el chico, repasaba la conversación, sus gestos todo, su aroma, su sonrisa, me sentía rara como si me estuviera enamorando, en ese momento me dije que tonta y caí en que tanta desatención por mi marido me había acostumbrado a no tenerla y pensaba que era normal.

    Al día siguiente cuando mi marido ya se había muy temprano por mensaje de whatsapp.

    -Cecilia buenos días! Cómo amaneció aparte de guapa?

    -Hola Au (nombre acortado) bien y tu?

    -Todo bien, esperando la tarde. Quiero pedirle si no es molestia si pasa por mi

    -No te preocupes Au. Pero si podrás salir más tiempo a comer?

    -Si no se preocupe me las arreglo

    -O no me gustaría que te regañaran

    -No hay quien me regañe no te preocupes Ceci

    -Perfecto nos vemos al rato.

    Todo sucedió lento hasta esa hora donde vi de nuevo que se despedía y platicaba con algunos chicos.

    -Cecilia que hermosa, como supiste que mi color favorito es el verde?

    -Ya ves te tuve que investigar

    -Jajaja ojalá no le hayan dicho mis cosas malas

    -Tienes cosas malas?

    -Y quién no?

    Solo nos reímos y me dijo por donde ir. Llegamos aún edificio totalmente normal.

    -Seguro que es aquí?

    -Si señora no se preocupe no es un restaurante

    -No me digas señora eh muchachito o tendré que castigarte

    -Jajaj depende del castigo ya veré

    Me puse algo colorada y ya no dije nada. Subimos a un departamento había mesas, todo muy bien cuidado.

    -Le presentó a Carlos Bho es un amigo y es el chef del lugar, me hizo favor de darnos mesa en su evento

    -Un placer Cecilia, hace tiempo que Au no me visitaba y me da gusto verlo con buena compañía

    -Gracias Carlos, el placer es mío.

    Pasamos a tomar asiento y poco a poco las mesas se fueron llenando. Varios platillos muy ricos fueron llegando y la música era bastante agradable, la luz cálida todos los sabores iban hermanados y de nuevo platicamos muy tranquilo, bromas sutiles y en doble sentido empezaron a surgir pero sin ser molestas.

    Le confesé que era casada, que tenía un hijo, que casi no veía a mi marido que era muy ocupado, que no compartíamos mucho tiempo la clásica historia y el me escuchó atento y no me sentí juzgada ni intento darme ningún concejo nada de si todo normal solo escucho, me sentí muy bien tranquila. Quizá le dije todo eso por el vino que ya habíamos bebido mucho.

    Al final se acercó Carlos, lo felicité por la experiencia y nos despedimos.

    Nos subimos al auto y ahí solo nos miramos y nos empezamos a besar y tocar, todo muy a su tiempo, sin prisas, me perdí en los besos en las caricias, y cuando me di cuenta mi mano ya estaba en su entrepierna y sentí su miembro grande como ningún otro que había tocado, me mojé al instante y debí de detener los besos porque me pregunto si todo estaba bien, yo reaccioné y le dije que si, pero no había soltado su pene y cuando mire hacia abajo pude ver que encima de su pantalón aún sobraba una parte considerable , de nuevo reaccione quitando la mano y me disculpé el asintió me beso delicioso se despidió y se fue.

    Me quede unos segundos ahí pensando en lo qué pasó.

    Al llegar a casa estaba confundida no sabía que pasaba ni que sentía además hace tiempo que no tenía una experiencia así y mucho menos sexo nada de nada.

    -Buenas noches Cecilia, si te incomode una disculpa

    -No no para nada, más bien me sorprendiste

    -Fue una comida muy rica no? —pensé este se está haciendo el loco.

    -Más bien rico lo que había agarrado al final.

    Cuando lo escribí era demasiado tarde para borrarlo ya lo había visto y yo no sé cómo llegué a escribir eso.

  • 4. Vicente

    4. Vicente

    Con motivo de mi cumpleaños mis padres me regalaron un viaje de vacaciones y para que no me fuera solo, porque ellos seguían trabajando, me motivaron para invitar a Vicente, yo encantado.

    Vicente, le pidió prestado su carro a su padre y una mañana soleada salimos de aventura, rumbo al mar.

    La vista de Vicente en shorts ajustado y camiseta, su tremendo bulto que parecía cobrar vida propia y que no dejaba de tocarse, con sus piernas morenas, muy bien torneadas y de sus fuertes brazos y pecho, hicieron que durante todo el camino mi excitación solo creciera, mi culo ardía.

    Nos hospedamos en un hermoso hotel, en la habitación podía palpar la tremenda excitación de Vicente, para calmarnos un poco, nos cambiamos y nos fuimos a la piscina, donde pasamos el resto del día, Vicente, festejando mi cumpleaños y tomando cerveza de lo lindo, de tal manera que cuando nos fuimos a acostar iba muy alegre, abrazado a mí y cantando a todo pulmón.

    Ya en la habitación, me dirigí al baño y cuando salí, el espectáculo más hermoso se presentó ante mis ojos: Vicente completamente desnudo estaba sentado en una silla de frente al baño y me miraba con una hermosa y sexual sonrisa, cuando lo miré el dirigió su vista a su verga cubierta con un hermoso moño de regalo que como un fierro apuntaba hacia arriba, yo me quedé pasmado y de pronto supe que mi sed de sexo se habría de calmar por siempre, mirando aquel hermoso trofeo…

    Lo que se ofrecía ante mis ojos era una imagen fantástica: un hombre, mi mejor amigo, la persona a quien más conocía, en el esplendor físico, que me había brindado su protección, afecto y apoyo desde siempre, dispuesto a ayudarme y dueño de un sensual cuerpo, moreno, poderoso, limpio y en el centro de este la mejor verga que hubiera imaginado en mi vida.

    La escena no podía ser más erótica para mí, de pie, frente a mi mejor amigo cuyo cuerpo sólo podía inspirar un deseo irrefrenable de sexo, un deseo intenso, la vista de su cuerpo sólo generaba en mí un sentimiento de excitación plena.

    Vicente sin dejar de sonreír se puso de pie y se dirigió hacia donde estaba yo, que completamente sorprendido veía como toda aquella masa muscular se movía, no les miento si les digo que mi estómago empezó a revolotear de emoción, parecía que Vicente se desplazaba en cámara lenta, no podía despegar la vista de su verga que orgullosa se movía al ritmo de los pasos que daba su dueño, por un momento pensé, ¡todo eso va a ser para mi! Y yo feliz.

    – Feliz cumpleaños, querido

    Me abrazó con delicadeza y después procedió a darme el beso más largo que había recibido hasta entonces, nuestras lenguas se aferraron y no querían soltarse, sentía que me ahogaba prácticamente entre sus brazos, sus manos comenzaron a acariciarme por todas partes, desnudándome, mientras su verga furiosa chocaba entre los dos, yo sentía perfectamente los latigazos de ese poderoso tronco.

    Cuando nos separamos, se me quedó viendo fijamente y dijo, por fin, se me hizo, yo comencé a reír y él se sorprendió, yo le contesté, al contrario, al que se hizo fue a mí, entonces ambos comenzamos a reír.

    Procedió a acariciar con ternura todo mi cuerpo, que ansioso sólo esperaba que fuera penetrado una y otra vez, aunque el tamaño y grosor de su verga convertía a esa tarea en un verdadero reto.

    Con deleite comencé a besarle comenzando por la boca y bajando poco a poco, el cuello, los pezones, que poco a poco se endurecieron, fui recorriendo con calma el contorno de su pecho hasta que impaciente dirigió mi cabeza hacia su hermoso miembro, comencé a acariciar con la lengua toda la extensión de su verga desde la base, donde dos hermosos huevos destacaban, hasta la punta, que palpitaba ansiosa por recibir la caricia.

    Pude sentir como se estremecía de pasión ante cada nuevo mimo, como pude me introduje una parte de su verga y comencé a meterla y sacarla le hice una chaqueta con mis labios, lengua y dientes, mientras se contorsionaba de placer gimiendo con ganas.

    Cuando sintió que se iba a venir me detuvo, procediendo a su vez el a acariciarme, dedicando atención a mi culo, que fue destino de sus labios, sentí como empezó a lamerlo, dilatando poco a poco, mi cuerpo era recorrido por sus duras y expertas manos, y de pronto comenzó a introducir uno de sus dedos, que hizo presión en el recto, mi excitación brutal.

    Con una calma infinita, mientras su verga temblaba de excitación y estaba completamente dura, al punto de la explosión, pero firme, comenzó de nuevo, a acariciar mi culo, llenándolo con sus dedos, pronto sentí como uno, me invadía, comenzando a abrirme poco a poco a fin de recibir mi regalo de cumpleaños.

    Después de untarme un poco de crema, consideró que ya estaba preparado, se levantó, pudiendo ver a esa extraordinaria verga que ya dejaba ver algunas gotas de espeso semen y me acomodó de a perrito al borde de la cama, tomando mi cintura con ambas manos y con firmeza y dirigiendo su enorme verga, la acomodó en la entrada de mi cuerpo y sin advertirme me introdujo de un solo golpe la cabeza, yo brinqué de dolor, emoción, gozo, deseo, placer, éxtasis…. por fin, ya no era virgen.

    Con infinita calma comenzó a meterlo, poco a poco, avanzaba y retrocedía, sin dejar de acariciarme, cuando completó, comenzó a moverse, pronto sentí sus embates furiosos, que buscaba penetrarme todo, hasta que lo logró, para iniciar un movimiento frenético que en pocos instantes condujo a una explosión interminable de semen, que me llenó por completo.

    Cayó encima de mí y así acostados, uno sobre otro, estuvimos algunos minutos, jadeando de placer, sintiendo en el interior de mi cuerpo, bien ensartada, su verga.

    Poco a poco y sin despegarnos, nos levantamos y cuando su verga desocupó mi cuerpo un torrente de semen cayó al suelo, diciéndome.

    – ¿Ya viste como me tenías? No te imaginas cuántas chaquetas en tu honor, terminaron en el piso.

    Procedimos a asearnos, para iniciar de nuevo.

    Una vez ya limpios y acostados en la cama, comenzamos a acariciarnos con toda la calma, sólo que esta vez fue más sensual, más despacio, más íntimo, con toda la fuerza de nuestra juventud recorriendo los cuerpos con deseo, pero sin precipitarnos, Vicente se encargó de que conociera varios niveles de placer, que jamás hubiera imaginado existían, penetrándome de nuevo y durando un tiempo que me pareció interminable hasta que se vació de nuevo en mí, sin dejar de acariciarme con sus enormes y expertas manos, mientras escuchaba sus jadeos, gemidos y palabras de pasión y, ¿por qué no?, de amor, hasta que cubriendo con mis manos el maravilloso contorno de su verga nos quedamos completamente dormidos.

  • ¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!

    ¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!

    Caridad, una joven morena, de ojos claros y delgadita. Estaba en su cama apoyada con la espalda en la cabecera. Tenía el teléfono móvil en la mano y escribió:

    -Hola, Robert. ¿Dónde estás?

    Recibió la respuesta al momento.

    -Estoy de aquella manera sobre la cama. ¿Y tú?

    Caridad sintió curiosidad y le preguntó:

    -¿Estás desnudo?

    -Sí. ¿Dónde estás tú?

    -También estoy en cama, pero yo estoy en tanga y camiseta.

    -Manda una foto.

    Se quitó una foto mostrando el tanga, la camiseta y su bella cara sonriendo y le escribió:

    -¿Me mandarás tú una?

    Robert, a quien había conocido la noche anterior en un pub, le mandó una foto de su polla.

    Caridad al verla se le iluminó la cara.

    -Es enorme. Pensaré en ti. ¿Y sabes lo que haré?

    -Me lo imagino. Manda una foto de tu chichi.

    Apartó el tanga, le quitó una foto a su coño y se la envió.

    -No me cansaría de comerlo.

    -Ni yo de mamar tu verga.

    -¿Me mandas una foto de tus tetas?

    Subió la camiseta, le quito una foto a sus tetas medianas con areolas marrones y generosos pezones y se la envió.

    -¡Qué ricas! Me entraron unas ganas locas de follar. ¿Quieres que vaya a verte?

    -Ven. Mientras no llegas me haré una paja.

    A los quince minutos entraba el padre de Caridad por la puerta de su habitación, en pelotas y con la verga en la mano. Encontró a su hija desnuda, con las piernas abiertas, los ojos cerrados, el coño corrido y respirando con dificultad. Le quitó varias fotos y después le dijo:

    -Ya estoy aquí

    Caridad abrió los ojos y al ver a su padre en pelotas se tapó con una sábana azul que tenía a su lado y le dijo:

    -¡Fuera de aquí, papá!

    -Me has dicho que viniese y aquí estoy. Ahora quiero ver cómo te tocas y cómo te corres de nuevo.

    Caridad puso cara de pocos amigos

    -¿De qué mierda hablas? ¡Fuera de mi habitación, degenerado!

    Le enseñó en el móvil las fotos de su coño y de sus tetas. Caridad le preguntó:

    -¡¿Qué haces tú con el teléfono de Robert?!

    -Se le cayó en el pub. Yo estaba en una esquina mirándoos y…

    Caridad se tapó los ojos con una mano.

    -¡Fuera, fuera! ¡¡No quiero verte delante!! ¡Tú no debías estar aquí, debías estar trabajando!

    -Soy el jefe…

    -¡Eres un mal nacido!

    -¿Mal nacido? A ver si dice eso tu madre cuando vea tus fotos colgadas en una página de guarras.

    -Tú no le harías eso a tu hija.

    -Si te comportas, no.

    -Mamá ya me advirtió. Me dijo que ya tenía diecinueve años y que debía ser muy cuidadosa con mi intimidad, pero nunca imaginé que andabas tú detrás de esas palabras.

    -Si te dijo eso debió ser porque te oímos cuando te masturbas.

    -Eso no es cierto.

    -Sí que lo es y me pongo tan cachondo que la folló a ella pensando en ti.

    Caridad mirando cómo su padre jugaba con la verga, le dijo:

    -¡Cerdo! Mejor que te vayas o seré yo la que le diga a mamá lo que intentaste conmigo, sal de mi cuarto.

    -¿Le dirás también cómo te encontré al entrar en tu habitación?

    Le enseñó las fotos que le había sacado. Caridad vio que la tenía pillada por los pelos del coño.

    -Desgraciado chantajista. ¿Qué quieres que haga?

    -Tócate otra vez y córrete para mí.

    -No me puedo creer que vaya a hacer esto.

    Caridad se destapó, puso un cojín debajo de la cabeza, flexionó las rodillas, abrió las piernas, cerró los ojos, echó una mano a una teta y otra al coño y se magreó y se masturbó. Mateo la grabó con el teléfono móvil de Robert. Al ratito le dijo:

    -¡Qué buena estás, Caridad!

    Caridad con los ojos cerrados le dijo:

    -Ya no me hables más mientras me toco.

    -Si supieras lo cachondo que estoy…

    Caridad abrió los ojos y vio que la estaba grabando.

    -¡Apaga eso!

    -Después de correrte lo apago. Quiero grabarte para masturbarme cuando esté a solas.

    Caridad ya estaba caliente.

    -No me puedo creer que esté masturbando con mi padre grabándome.

    Se estaba masturbando despacito, pero después de ver de nuevo la polla erecta de su padre y de saber que la estaba grabando aumentó la velocidad de sus dedos sobre el clítoris. Oyendo cómo gemía le dijo su padre.

    -Mira que dura la tengo.

    -No voy a mirar más para tu verga, papá.

    -No te puedes imaginar el morbo que da.

    -Puedo, puedo.

    -¿Qué has dicho?

    A Caridad se le había escapado lo del morbo, pero lo arregló.

    -Que no puedo, que no puedo creer que esté haciendo esto.

    -¿Puedo rozar mi verga con tu chichi?

    -¡No! No te acerques a mí.

    -La tengo cómo un obús.

    Caridad abrió los ojos, vio cómo una gota de aguadilla caía de la verga tiesa, sus dedos volaron sobre el clítoris y exclamó:

    -¡Oh Dios mío, me corro!

    Se corrió gimiendo y retorciéndose cómo una serpiente

    Al acabar le dijo:

    -Apaga eso.

    Dejó de grabar y le dijo.

    -¿Me ayudas a correrme?

    -No me apetece coger la verga de mi padre.

    Mateo fue junto a su hija y con la polla apuntando al frente se puso al lado de la cama.

    -Mastúrbame.

    -¿Qué será lo siguiente, papá?

    -Lo que toque, dale, coño.

    Caridad le cogió la verga con su mano derecha

    -No me puedo creer que vaya a hacer esto.

    Mojó la palma de la mano y los dedos con los jugos de la corrida que tenía en su coño y se la meneó.

    Pasado un tiempo le dijo el padre:

    -Métela en la boca.

    Caridad no estaba por la labor.

    -Estás bromeando

    -¿Te parece que bromeó? Recuerda lo de los mensajes y lo de las fotos.

    -¡Eres un desgraciado! No puedo dejar que esto llegue más lejos. No voy a meter tu verga en mi boca.

    Mateo la cogió por la nuca, y le acercó la polla a la boca.

    -Chupa.

    -No la voy a meter en mi boca.

    -Te gustó al verla.

    -Pensé que era la de Robert.

    Se la frotó en los labios hasta que abrió la boca, luego Caridad cogió la polla y dijo:

    -No me puedo creer que vaya a hacer esto.

    Caridad le hizo una mamada de aquella manera. Al rato le dijo Mateo:

    -Decías que no te cansarías de mamarla y no sabe hacerlo.

    -A Robert, no a ti.

    -Di que no sabes, reconócelo.

    Caridad se cansó de oír a su padre.

    -¡¿Qué no sé?! Te voy a enseñar cómo se mama una verga.

    Cogió la verga con la mano derecha, metió el glande en la boca y se la mamó mientras lo masturbaba, luego la quitó de la boca, le lamió y chupó los huevos… Subió lamiendo el talle y luego volvió a chupar la polla a tiempo que lo masturbaba. Mateo le dijo:

    -Esto ya está mejor

    Dejó de mamarla, le masturbó el glande y mirándolo a los ojos le dijo:

    -Córrete en mis tetas.

    -Aún la tengo lejos.

    Siguió mamando, pero Mateo no se corría.

    -Ya me estoy cansando de mamar. Tú te hiciste una paja antes de venir a mi habitación, si no fuera así ya te hubieras corrido.

    -Así es, sabes, creo que sería mejor si la metes en el coño.

    -No puedo creer que me chantajees por todo. ¿Qué será lo siguiente, meterla en mi culo?

    -¿La prefieres en el culo?

    -¡¡No!! No voy a darte mi coño ni mi culo.

    La empujó hacia atrás. Caridad al verlo venir con la polla tiesa flexionó las rodillas y cerró las piernas. Mateo puso sus manos sobre las rodillas y trató de abrirlas.

    -No te voy a dar mi coño, eres mi padre, cabronazo.

    -A buenas horas te das cuenta.

    Mateo le lamió una rodilla, lamió la otra al tiempo que le acariciaba las piernas, después lamió sus pies y luego lamió de abajo a arriba entre sus piernas cerradas. Puso de nuevo las manos en sus rodillas. Caridad las abrió un poquito, Mateo puso su cabeza entre las manos y Caridad dijo:

    -No me puedo creer que te vaya a dejar comer mi coño.

    Se abrió de piernas y dejó que su padre bajase lamiendo el interior de sus muslos y que luego lamiese su coño… Lo lamió de abajo a arriba con la lengua plana unas veinte veces.

    -¡Hostia puta! Vas a hacer que me corra.

    Lamió su clítoris de la misma manera, pero cada vez más aprisa.

    -Joder, joder, joder. ¡No pares, no pares, no pares! Me voy a correr. ¡¡Oh!! ¡¡¡Me corro!!!

    Caridad se corrió en la boca de su padre.

    Mateo siguió lamiendo el coño corrido después de descargar su hija. Al rato, Caridad, cachonda cómo una perra, le dijo:

    -Nunca creí que te lo diría.

    Mateo paro de lamer para preguntarle:

    -¿Lo qué?

    -Mete tu verga en mi coño.

    Mateó se la puso en la entrada del coño y después le metió hasta el fondo sus gordos 20 centímetros de carne dura. Al tenerla toda dentro, dijo Caridad:

    -¡Oh, dios mío! No me puedo creer que tenga la verga de mi padre dentro de mi coño.

    -Ni yo que te entrara tan ajustada.

    Mateo la folló a un ritmo medio. Poco después Caridad se echó las manos a las tetas y magreándolas, le dijo:

    -No puedo creer que esté disfrutando tanto No puedo creer que me guste tanto. Lo peor de todo eso es que eres tú quien me está haciendo gozar cómo nunca me habían hecho gozar antes.

    La folló más aprisa,

    -Así, así, así. Me voy a correr, papá, oh, dios mío, me corro, me corro. ¡¡Me corro!!

    Caridad agarró la colcha y le metió un bocado. Su pelvis se elevó y su cuerpo hizo un puente mientras sus gemidos de loca inundaban la habitación.

    Mateo bajo el ritmo, pero no paró de follarla. Al rato le dijo ella:

    -No puedo seguir así, no puedo seguir follando y mirándote a la cara, papá, cógeme por detrás.

    Mateo no le hizo caso. Siguió metiendo y sacando.

    Poco después le dijo Caridad:

    -Para ya, dame la vuelta y cógeme en la posición del perrito.

    -Ponte cómo quieras, pero quiero grabarte de nuevo.

    -Graba, pervertido.

    Se puso en la posición del perrito y su padre grabó dándole caña de nuevo. Al rato le dijo:

    -Oh dios mío, es tan desagradable que disfrute tanto follando contigo.

    -Me voy a correr y lo voy a hacer dentro de ti.

    -No te corras aún, papá, corrámonos juntos.

    Poco después, Mateo, vio temblar el pequeño, redondito y duro culo de su hija. Sintió cómo su coño apretaba su polla. Vio en la pantalla del teléfono móvil cómo el ojete se abría y se cerraba. Sintió cómo el coño le bañaba la polla y oyó cómo su hija decía:

    -¡Córrete conmigo, papá!

    Se corrieron juntos. Al acabar y pasarle la calentura, le dijo Caridad:

    -Apártate que me voy a dar una ducha, y deja de grabar de una jodida vez.

    Caridad se fue al cuarto de baño contoneando las caderas y moviendo de un lado al otro sus duras nalgas. Lo hacía aposta, provocaba a su padre, pero a Mateo se le había bajado la verga

    La ducha tenía cristales y Caridad no había cerrado la puerta del cuarto de baño. Vio de reojo cómo su padre la volvía a grabar. Cerró los ojos y le montó el show enjabonado sus tetas su coño y su culo, amasando las tetas, masturbando el coño y el culo a la vez. Acabó poniendo la alcachofa en frente del coño y con los finos chorros a presión sobre su clítoris y un dedo dentro de culo, exclamó:

    -¡Oh Dios mío, me corro!

    A acabar de correrse y cerrar el agua Mateo se acercó a la ducha y le dijo:

    -Buena paja la que te acabas de hacer.

    Caridad haciéndose la sorprendida, le dijo:

    -¡Pervertido!

    -Sal y hazme una paja a mí.

    Abrió la cristalera y salió de la ducha. Llegó junto a su padre y le preguntó:

    -¿Cuánto tiempo va a durar el chantaje?

    -El que haga falta. Coge mis huevos con una mano y mastúrbame con la otra.

    Caridad le cogió los huevos y la verga y comenzó a masturbar a su padre. Unos cinco minutos más tarde, le dijo:

    -Se me está cansando la mano.

    Mateo le pasó la mano por el coño…

    -Pues estás muy mojada.

    -Cómo que me acabo de correr, pervertido.

    -Volvamos para la cama, tenemos pendiente algo.

    -El culo no te lo voy a dar.

    -¿Ni a comer?

    -¡Qué desagradable eres!

    En cama se puso a cuatro patas sin que su padre le mandase, y le dijo:

    -No me creo que te esté dando el culo.

    Mateo le hizo una comida de culo que le dejó el coño goteando. Caridad se había puesto perra de nuevo, por eso le dijo a su padre:

    -La punta, méteme la punta.

    Se la acercó ojete, se la frotó y se la metió.

    -Es la más gorda que entró en mi culo y me siento muy llena.

    Le folló el culo despacito, metiendo y sacando la punta.

    Al rato le dijo:

    -Más, mete un poco más.

    La metió hasta la mitad y después la folló metiendo y sacando los diez centímetros.

    Algo después le dijo Caridad:

    -Toda, papá, métemela toda.

    Se la clavó hasta el fondo y la siguió follando.

    -Dios, se siente tan bien. Necesitaba una polla, pero no tenía que ser la tuya.

    -¿Te gusta por el culo?

    -Más que por el coño. Mis orgasmos más intensos fueron todos anales

    La cogió por caderas y le dio duró. Tiempo después le dijo:

    -¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!

    ¡Y cómo se corrió! Comenzó temblando y acabó orinando y sacudiéndose sobre la cama. Parecía que estaba teniendo un ataque epiléptico.

    Cuando su cuerpo recuperó la calma, le dijo Mateo:

    -En mi vida había visto a una mujer correrse con tanta fuerza.

    Caridad no le contestó, había perdido el conocimiento y dormía plácidamente. Mateo mirando para el coño de su hija la meneó y se corrió sobre sus nalgas.

    Ya anocheciera cuando volvió Mateo a la habitación de su hija. Él estaba en bata de casa y traía un spray en la mano derecha, Caridad tenía puesta una camiseta corta de color blanco y unas bragas azules. Al verlo, le dijo:

    -¡¿Qué quieres ahora, papá?

    -Venía a disculparme.

    -Y lo quieres hacer dándome un masaje.

    -Sí.

    -¿No es un truco para volver a meter tu verga dentro de mí?

    -¡No!

    -Ok, a ver si haces algo bien.

    Caridad se echó boca abajo sobre la cama.

    -Te voy a subir un poco la camiseta.

    -Sube.

    Le subió la camiseta, le echó aceite en la espalda y comenzó a masajearle costillas y espalda mientras hablaban.

    -Si viene mamá y nos encuentra así nos mata, papá..

    -Es excitante saber que nos podría descubrir.

    -Y peligroso. ¿No te estarás empalmando?

    -No.

    -Si yo fuera un chico ya estarías empalmado.

    Le dio una palmada en el culo. Caridad rompió a reír Mateo le dijo:

    -Sabes que no me gustan los chicos.

    Bajó un poco sus bragas y masajeó sus nalgas.

    -No vayas más lejos de ahí.

    -No lo haré.

    Subió masajeado su espalda, después masajeó espalda y nalgas luego masajeó el muslo derecho de su pierna, el izquierdo… Caridad le dijo:

    -Te estás portando muy bien, papá. ¿Cómo te puedes aguantar?

    -Es que eres mi hija, si fueras otra chica…

    -¿Qué le harías?

    Metió su mano dentro de las bragas, le masajeó las nalgas y le bajó las bragas.

    -¡¿Qué haces?!

    -Me estorbaba.

    Masajeó sus nalgas y alrededor del coño, subió masajeando su espalda, bajó y siguió dando masajes a las nalgas, nalgas que al separarlas mostraban su ojete abierto. Le quitó las bragas para masajear sus piernas.

    -Estás mejor sin ellas.

    -Cómo tú digas

    Luego le pasó el dedo pulgar por el corte del coño. Caridad moviendo el culo ligeramente le dijo

    -¿Por qué te dejo hacer esto?

    -Porque lo disfrutas.

    Caridad comenzó a gemir y a mover en culo de abajo a arriba y de arriba a abajo.

    -Sí, lo disfruto, lo disfruto mucho, pero es tan raro que te permita tocarme…

    -¿Quieres que pare?

    -Termina el masaje.

    Mateo metió la mitad de un dedo pulgar dentro de su culo y después la mitad del otro dedo pulgar dentro de la vagina, Caridad moviendo el culo de abajo a arriba, de arriba a abajo y alrededor, le dijo:

    -Vas a hacer que me corra, papá.

    -Eso pretendo.

    Segundos después se corrió diciendo:

    -¡Me corro, papá!

    Al acabar de correrse se dio la vuelta y le dijo:

    -Hazme correr otra vez.

    Mateo le metió dos dedos dentro del coño empapado. Acaricio su punto G cada vez con más rapidez hasta que Caridad gimiendo levantando la pelvis, dijo:

    -¡¡Me viene otra vez!!

    Al acabar le metió la verga.

    -¡Sabía que me la volverías a meter!

    -Solo un poquito y ya me corro.

    El poquito ya duraba diez minutos cundo Caridad entre gemidos le dijo a su padre:

    -Me vas a hacer correr de nuevo.

    Le dio la vuelta, la puso a cuatro patas, le separó las nalgas con las dos manos y le metió la punta de la lengua dentro del ojete.

    -¡Qué gusto!

    Metió y sacó la lengua en el ojete más de una docena de veces y después dejó la punta de la lengua en la entrada. Caridad movió su culo de delante hacia atrás y de atrás hacia delante para que su lengua entrase y saliese del culo.

    -No me creo que esté haciendo esto.

    -Goza y calla.

    Al poco comenzó a gemir.

    -Me gusta mucho, mucho, mucho.

    Mateó le cogió una mano y se la llevó al coño mojado. Caridad comenzó a masturbarse. En nada le dijo:

    -Me voy a correr, papá.

    Se dio la vuelta, se abrió de piernas, le cogió la cabeza a su padre y se la llevó al coño.

    -Estoy a punto, come.

    Y tanto que estaba, ni diez segundos tardo en correrse en la boca de su padre.

    Después de correrse, le dijo Mateo:

    -¿Y ahora qué te gustaría, hija?

    -Me gustaría que volvieras a tu habitación, que me mandes las fotos y los videos a mi móvil y que los borres en el de Robert.

    -¿Sin correrme?

    -Sin correrte. Puedes pasar videos y fotos a tu móvil y masturbarte con ellos. Eso si quieres volver a follar conmigo.

    Mateo se le dibujó una sonrisa en la cara, y aunque su verga lloró dos lágrimas de aguadilla, él sabía lo que le convenía.

    -Tú mandas, hija, tú mandas.

    Mateo fue a su habitación pasó los videos y las fotos a su móvil y al de su hija y estampó el teléfono móvil de Robert contra el piso.

    Al llegarle a Caridad las fotos y los videos puso aquel en que se estaba masturbando y mientras su mano derecha se metía dentro del pantalón del pijama, dijo:

    -¡Qué buena estoy! ¡¡Papá, ven!!

    Quique