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  • Dulce Sara

    Dulce Sara

    Era verano, uno de tantos, pero no para mí, era especial. Me encontraba en cuarto curso de la universidad. Habíamos acabado los exámenes y ya vendrían las notas y las lamentaciones. Ahora no tocaba pensar e ellas, tocaba desconectar y disfrutar.

    Estaba eufórico, excitado, ligero como una pluma. Como si hubiera perdido un millón de kilos de peso. Todo el universo parecía estar a mi favor, me sentía inmensamente feliz. La felicidad propia de los inconscientes.

    Por la noche iría con mis mejores amigos de “La Facu” a las fiestas de verano, de su ciudad, que estaban colindante con la mía, a tiro de piedra.

    A pesar de que eran mis mejores amigos y nos llevábamos realmente bien, con ellos me sentía como el enanito del bosque. Yo, con mi estatura normal-incluso baja-y ellos, que jugaban al básquet, entre los dos metros y el uno noventa. No era muy prometedor para ligar, porque siempre, las miradas se las llevaban ellos.

    Llegamos al centro neurálgico de las fiestas, el gran espacio de tierra, rodeado de árboles y vegetación, acondicionado para los diferentes grupos que tocaban ese verano.

    Era una noche suavemente cálida. Extrañamente, no era bochornosa. El escaso aire que se desplazaba transportaba olor a cerveza, orines y polvo de arena en suspensión. En la bóveda del cielo oscuro retumbaba el sonido del último de la Fila: Me dices «good bye» en tu nota, tan ricamente…, creando una atmósfera de ensoñación mágica.

    Llevábamos un buen rato de pie bailando y escuchando la música del concierto. Era hora de tomar algo y sentarnos para descansar un poco.

    Nos alejamos de la música y fuimos hacia donde estaban las atracciones, bares y merenderos (en plan verbena). Por el camino, no encontramos a Sara y Rosa, dos conocidas de mis amigos, que me presentaron al instante, con un par de besos. Ambas eran de nuestra edad.

    Rosa, era morena y bastante más alta que yo. Con una personalidad, vitalista y arrolladora. Cabello oscuro, largo y liso -hasta la cintura-, pechos magníficos y amenazantes, bajo su ligero y ajustado suéter blanco. Con tejanos ajustados, que marcaban unas preciosas caderas redondeadas, y zapatillas de deporte blancas. Estaba muy buena. Parecía que tenía muy buen rollo con mis amigos y estaba por ellos.

    Desde un principio, me llamó la atención Sara. Era un pelín más bajita que yo, lo cual ya me atrajo, ante tantos gigantes. Rubia y con media melena ligeramente ondulada, piel clara, ojos azules y pechos más bien pequeños, bajo su ajustado polo azul marino. Vestía también con tejanos azul oscuro, no tan ajustados como Rosa y zapatillas de deporte blancas. Sus pantalones marcaban una preciosa cintura estrecha y unas piernas delgadas. Su personalidad era más reservada y comedida que la de Rosa. Hablaba poco, sonreía de vez en cuando y escuchaba mucho. Parecía una muñeca.

    Cuando me la presentaron, lo primero que captó mi atención fue su aroma al besarla. Entorno a su cara flotaba una fragancia muy femenina, suave y delicada que se introdujo desde mi nariz hasta mi entrepierna. Se me erizó el bello del cuerpo y noté el suave y breve despertar de mi miembro. Lo segundo, fueron sus grandes ojos azules que parecían querer comerse el mundo con una curiosidad infinita.

    Como éramos unos caballeros, las invitamos a sentarse con nosotros y tomar algo. Cosa que aceptaron al instante. Rosa con una enérgica aceptación -¡Venga Vamos! Y Rosa en su estilo, con una leve sonrisa, movimiento afirmativo de su cabeza y una mirada entre tímida y melosa, dirigida especialmente para mí.

    Por supuesto, me moví rápido y me senté al lado de Sara en el alargado banco. Nos trajeron cervezas y algo para picar, distribuyéndolo en la larga mesa, típica de un merendero.

    Sara estaba junto a mí. Nuestras piernas a escasos dos centímetros de distancia. Podía sentir el reconfortante calor que desprendía todo su cuerpo y el embriagador aroma suave y femenino de su perfume, combinado con el caleidoscopio aromático del ambiente: fritura, churros, cerveza y el inevitable polvo en suspensión de la arena del suelo. Parecía como si todos estos aromas, mezclados, se hubieran confabulado, creando una cápsula espacio-temporal que nos aislaba de los demás.

    Mientras hablábamos y nos conocíamos, se mostraba más abierta y risueña, desplazando su arqueado cuerpo, sobre el banco, al compás de sus carcajadas. Sus brazos eran finos y delicados, con unas pequeñas y huesudas manos, que acompañaban sus palabras como alegres mariposas en el aire. Mientras hablaba, aprovechaba para mirarla con todo detalle y detenimiento, aislado de todo lo demás. Su nariz recta y pequeña, con los labios finos y una discreta barbilla. Su cara con forma de corazón.

    Miraba como sus pequeños pechos, bajo su polo azul marino, marcaban sus pezones cuando se desplazaba, sobre el banco, hacia adelante y hacia atrás en sus sonoras carcajadas-parecía que se encontraba muy cómoda-. Observaba sus delgadas piernas, cruzadas una encima de la otra y esa preciosa “y griega” fruto de la intersección.

    Me sentía en una burbuja de ensoñación placentera mientras la miraba y escuchaba su voz suave, alegre y más aguda cuando se reía. Mientras en mi cabeza seguía retumbando, de fondo, la canción del último de la fila, en un continuo sin fin.

    Sin darme cuenta, me había tomado dos cervezas y sentía ganas de ir al lavabo. Le dije a Sara que iba al baño y que volvía enseguida.

    Me levante notando un leve mareo conforme me incorporaba, que pasó nada más ponerme a andar en dirección a la barra, donde pregunté al camarero por el baño. Al fondo a la derecha, me dijo con una media sonrisa. ¿Qué fondo? Pregunté yo -si estábamos al aire libre-. Allí, me indicó con la mano y con un gesto más serio.

    El lavabo estaba en un lateral del establecimiento. Era de uso común tanto para chicas como para chicos.

    Me dirigí rápidamente para acabar cuanto antes y volver con Sara.

    No estaba mal, pensé, para ser el baño de un chiringuito. Era relativamente espacioso y estaba limpio. Como iba a tardar poco no me molesté en cerrar del todo y dejé la puerta entreabierta.

    Saqué mi pene del pantalón, que todavía seguía morcillón, fruto de la excitación que me había provocado Sara y dispuesto a rematar la faena.

    Estaba a punto de iniciar mi descarga, cuando oigo:

    -Se puedeee.

    Era la voz de Sara. Giré la cabeza, un poco cortado y con mi pene en la mano.

    -Si claro, es para chicos y chicas.

    No sabía que decir.

    -Me han entrado ganas a mí también.

    Riéndose como una niña pequeña haciendo una travesura.

    -Espérate un momento que enseguida acabo y te lo dejo.

    Seguía cortado.

    -Si quieres te ayudo.

    Con voz solícita y de buena samaritana.

    Sin esperar mi respuesta, se acercó y se puso detrás de mí apoyando sus pechos y su pelvis, sobre mi espalda y glúteos.

    Mis ojos se abrieron como platos, mientras notaba el calor y la presión de sus pequeños pechos sobre mi espalda, y su pelvis acoplándose en mis glúteos.

    Mi reacción fue inmediata. Mi pene dejó su estado morcillón. Se puso eufórico, encantado de sentir su contacto.

    Su mano se introdujo en mi camiseta blanca, acarició mi pecho, pellizcándome con sus pequeños y delicados dedos, mis diminutos y oscuros pezones, totalmente erectos. Su palma se deslizó suavemente por mi abdomen, pasando por mi pubis, acariciando el ensortijado bello negro, recreándose en él.

    Agarró mi polla, totalmente empalmada, mientras miraba como su mano la mecía con suavidad y su dedo acariciaba la pequeña sonrisa de mi glande.

    Me giré totalmente, mirándola a los ojos. Esos preciosos ojos azules, que en principio me parecieron de infinita curiosidad y ahora contemplaba plenos de sabiduría y lujuria. Sus manos se dirigieron a mi culo, clavando sus dedos como garfios y acercándome hacia ella, presionando mi polla contra su cuerpo. Sus labios esbozaron una sonrisa pícara, mientras me miraba expectante, esperando mi reacción.

    Sentí un torbellino de calor partiendo de mi entrepierna recorriendo todo mi cuerpo. Mis labios, encendidos de pasión, se incrustaron en los suyos, con desesperación. Nuestras lenguas luchaban para abrirse camino, buscando rincones húmedos desconocidos, en una apasionada y devoradora batalla.

    Mis manos se posaron en su culo, agarrándolo con fuerza, situándose en su parte baja. Mis dedos recorrían la costura de su pantalón, en su entrepierna, adivinando el cálido tesoro que se ocultaba en su interior. Los músculos de todo su cuerpo estaban en tensión, estremeciéndose de placer. Su lengua, ahora, más cálida se retiraba del fragor de la batalla, concediéndome una tregua.

    Retiré mis manos de su culo, sacándole el polo y alborotando su cabello al sacárselo.

    Desabroché el botón de su pantalón, bajándoselo y retirándoselo. Mientras ella se dejaba hacer.

    La tenía frente a mí con su liviano y trasparente sujetador blanco que mostraba parcialmente sus pequeños y preciosos pechos, con unos pezones más oscuros y tiesos de lo que imaginaba. Sus bragas, a juego con su sujetador, dibujaban la silueta de su sexo, con una pequeña y alargada mancha de humedad.

    Bajé sus bragas y retiré su sujetador, poco a poco, con delicadeza, mientras miraba y memorizaba las partes, de su cuerpo, que iba descubriendo.

    No estaba depilada pero si arreglada. Tenía el bello corto y rubio, con forma triangular, dejando al descubierto la preciosa línea vertical que dejaba paso al interior de su sexo.

    Sus pechos, aunque pequeños, estaban totalmente erguidos, con sus oscuros pezones y una pequeña areola al su alrededor.

    Allí esta yo, con la polla tiesa saliendo de mi bragueta y ella totalmente desnuda.

    Me sacó la camiseta, desabrochándome, a continuación, mi pantalón que me quité yo mismo.

    Los dos estábamos desnudos, uno frente a otro. Su mirada recorría mi cuerpo con lascivia, centrándose en mi polla erecta.

    Se agachó, situando su cara frente a mí polla y con sus manos sobre mis caderas, se la introdujo ligeramente, hasta el glande. Lo lamió, con lametones circulares, deleitándose en la suavidad de su piel, mientras mis primeras gotas salían tímidamente y eran absorbidas por su cálida boca. Mis manos sobre su cabeza, la empujaban para iniciar un movimiento más profundo. Se la introdujo entera y comenzó un frenético movimiento hacia arriba y hacia abajo que era acompasado por mis manos. Su boca estaba totalmente llena de mi polla, con sus labios rodeándola y desplazándose a lo largo de ella.

    Me encontraba tan excitado viendo como me la chupaba y el placer que me proporcionaba, que sentía estar a punto de correrme.

    Retiré su cabeza, sacando su cálida boca de mi polla, dejando un hilillo de saliva que colgaba y unía su labio con mi capullo. Me miró a los ojos, con sorpresa y extrañada, como si le hubiera quitado su juguete preferido.

    La incorporé, haciéndola girar sobre sí misma, desplazándola hacia la pila del lavabo, donde se inclinó, apoyando sus manos.

    Tal como estaba, de espaldas a mí, inclinada y apoyada sobre el frio metal, me mostraba un culo prieto, precioso, con su coño ligeramente abierto. Introduje mis dedos en él, notando lo mojado que estaba, y en su vagina, masajeándola. Estaba encharcada.

    No puede evitar saborear sus líquidos. Me llevé los dedos a la boca, cerré los ojos y me deleité con su aroma y sabor. Sabían a ella.

    No aguantaba más, sentía un deseo irrefrenable de penetrarla, de introducirme en su coño, de sentir todo su calor alrededor de mi polla. De reventarlo, también.

    De pronto un rayo de lucidez vino a mi mente. ¡No tengo preservativo!

    -Sara, lo siento pero no tengo preservativo. No sabía que lo iba a necesitar. ¿Qué hacemos?

    -No te preocupes, métemela igual, quiero sentirte sin él.

    Y no me dijo más.

    Introduje mi polla dentro de su coño, de golpe y con mucha facilidad, estaba muy lubricada. Al notarla entrar de golpe, no pudo evitar soltar un gemido de placer.

    Abrió más sus piernas, favoreciendo que la follara en esa posición. Mi polla comenzó un frenético movimiento de entrada y salida, acompañado de sus gemidos y del chapoteo del interior de su coño en cada una de mis embestidas. Sus músculos internos presionaban mi polla, recogiéndola y estrujándola, acompañándola en su movimiento e incrementando el placer que sentía.

    Me incliné más sobre ella, masajeando sus tetas con mis manos mientras seguía penetrándola, mordisqueando su cuello y lóbulos de su orejas. Se estremecía con estos suaves mordisquitos, especialmente en sus lóbulos.

    Gemía a cada una de mis embestidas. Me pedía más, que no parara, que le diera más fuerte, más adentro. Había sacado su parte más salvaje y descontrolada, desconocida para mí, hasta ese momento y que me gustaba tanto o más que la que ya conocía. Las dos me encantaban, la delicada y la salvaje.

    Los dos nos dejábamos llevar, desenfrenados, frenéticos, como animales salvajes, en nuestro deseo de follarnos y proporcionarnos el máximo placer, con entrega, sin egoísmo.

    Después de largas y enormes embestidas, mezcladas con gemidos y gruñidos, por ambas partes, nos corrimos a la vez. Me pareció expulsar todo el semen del mundo y que este recorría todas sus entrañas, inundándola, ahogándola de placer. Mi polla notaba lo ardiente que estaba su coño y la humedad que la impregnaba con su desenfrenado orgasmo.

    Me quedé apoyado encima de ella, totalmente relajado y feliz, besándole en el cuello, con cariñosos y apasionados besos, también, en su boca. Estábamos sudorosos y debíamos desprender un olor salvaje y a puro sexo. Sin embargo, su olor me siguió pareciendo delicado y embriagador.

    No recompusimos y nos vestimos, saliendo del baño y en dirección a la mesa donde se encontraban nuestros amigos.

    Al vernos llegar los dos juntos, como si no hubiera pasado nada:

    -¿Pero dónde os habíais metido? ¡Estábamos a punto de llamar a la policía! y todos se echaron a reír a la vez, jajaja…

    ¡Qué cabrones!, pensé, y sonreí. Los apreciaba un montón.

    Observé como Rosa, le dirigió una sonrisa y mirada cómplice a Sara.

    Nos sentamos en el banco. Mis amigos continuaban con la animada conversación que mantenían antes de levantarnos.

    Rosa, a diferencia, comenzó a conversar con Elena y mientras hablaban, yo la miraba embobado, embelesado, a la vez que por mi mente discurrían las imágenes de nosotros dos, proporcionándonos placer como animales salvajes, con pasión y al vez con ternura, unos instantes antes. En ese momento no podía ser más feliz.

    En ese momento, fui consciente, me había enamorado de Sara.

  • Me voy a correr, métela ahora en mi culo

    Me voy a correr, métela ahora en mi culo

    Todo comenzó un sábado por la tarde que ibas por la acera y casi te caes debido a un baldosín que estaba suelto.  Yo salía del portal de edificio en el que vivo, te sujeté, te miré a los ojos y te pregunté:

    -¿Te has hecho mucho daño?

    Te habías puesto pálida y arrimaste la espalda a la pared.

    -Por la manera que me duele el tobillo creo que lo rompí.

    Me agaché y tanteé el tobillo, lo habías torcido, pero te dije:

    -Tienes un tendón fuera de su sitio.

    -¿Eres médico?

    -No, pero hace tiempo era curandero en mi pueblo. Podría llevártelo a su sitio, si quieres.

    -¿Aquí?

    En realidad lo que quería era llevarte a la cama. Sabía que en unos minutos el dolor se iría, así que te dije:

    -No, lo haría en mi piso, allí tengo la pomada y las vendas.

    -No sé ni cómo te llamas.

    -Me llamo Enrique. ¿Vamos?

    -No sé…

    -¿Llamo a una ambulancia?

    -No, mejor vamos a tu piso. Yo me llamo… Llámame cómo quieras.

    -Te llamaré Cielo.

    Al no querer decirme tu nombre supe que o tenías novio, o estabas casada o había alguien en tu vida. Apoyada en mí fuiste a la pata coja hasta el ascensor, después hasta la puerta de mi piso y luego hasta el tresillo del salón.

    Mientras cogía la pomada y las vendas en un cajón, me peguntaste:

    -¿Tu esposa no está en casa?

    -No, va de fin de semana a Londres.

    Pusiste cara de preocupación.

    -No esperaba que estuviéramos solos.

    -Tranquila, estás muy rica, pero no va a ocurrir nada que no quieras que ocurra.

    -¿Eso quiere decir que vas a intentar hacer algo?

    -Eso quiere decir que te voy a arreglar ese tobillo, si me dejas.

    Te estiré la pierna y te puse el pie sobre la mesa camilla, te quité el zapato y te dije:

    -Quita las medias que yo me doy la vuelta para no ver lo que no debo.

    Me di la vuelta, te quitaste las medias y volviste a poner el pie sobre la mesa camilla.

    Unté crema antiinflamatoria suavemente en tu tobillo y lo masajeé… Poco a poco el dolor se fue y el color volvió a tus mejillas. Cuando subí del tobillo masajeando tu pierna, me preguntaste:

    -¿Eso es necesario?

    -Sí.

    Te levanté el vestido y seguí subiendo hasta llegar al lado de las bragas.

    -¿Cómo va ese tobillo?

    -Ya no lo siento.

    Te pasé el dedo pulgar por el coño y te pregunté:

    -¿Me dejas jugar contigo, Cielo?

    Me miraste y no vi enfado en tu cara por haber tocado aquella cosita húmeda.

    -Sabía que me ibas a entrar de un modo o de otro.

    Y yo sabía que cuando subiste a mi piso no era solo para que te curase el tobillo, claro que no te lo dije, lo que te dije fue:

    -Mujer, estamos solos, tú estás muy buena y yo tengo unas ganas locas de follar. Sería un tonto si no te dijese algo.

    Me diste alas cuando dijiste:

    -Pero para mí eres un perfecto desconocido.

    -Y tú para mí una perfecta desconocida. Somos la pareja ideal para tener una aventura. ¿Jugamos?

    -¿A qué?

    -¿A los médicos?

    Ya dejaste que te llevara la corriente.

    -Creí que ya estábamos jugando a eso.

    Te besé la planta del otro pie, te besé el puente y subí besando hasta arriba, te di un beso en el coño, lamí y te dije:

    -Quita las bragas y la falda.

    Sonreíste por primera vez. Vi que tenías una sonrisa preciosa.

    -¿Qué me quieres hacer?

    -Te quiero devorar el coño.

    Quitaste a falda y las bragas y ya apoyaste el pie en el piso, después te abriste de piernas y te recostaste en el tresillo. Te dije:

    -Tienes un coño precioso.

    Te abrí el coño con las dos manos y vi lo mojada que estabas. Mi lengua lamió tus labios vaginales y entró y salió de tu coño. Comenzaste a gemir, tus manos se posaron en mi cabeza y acariciaron mis cabellos, después tirando de ellos llevaste mi lengua a tu clítoris. Ya el glande asomaba del capuchón, lo lamí sutilmente y después lo chupé con delicadeza, metí dos dedos dentro de tu coño y acaricié tu puto G al tiempo que lamía y chupaba tu clítoris. Pasado un tiempo tiraste de mis cabellos y levantando la pelvis dijiste:

    -¡Me corro!

    Jadeaste cómo una perra y te convulsionaste cómo una loca. No dejé de chupar tu clítoris hasta que no acabaste de correrte, después quité los dedos y mi lengua se metió dentro de tu coño. Entrando y saliendo y lamiendo tu clítoris me volviste a dar en la boca otro delicioso orgasmo.

    Me desnudé mientras se te iba el resuello, luego te cogí en brazos, te llevé a mi habitación y te puse sobre la cama. Te quité el jersey, la blusa y el sujetador. Vi tus tetas y la boca se me hizo agua. Las agarré, las amasé y después, mientras te masturbaba con dos dedos, las comí besando y lamiendo cada centímetro hasta llegar a las areolas y los pezones… Las lamí y los chupé hasta que me dijiste:

    -Me voy a correr otra vez.

    Volví a meter mi cabeza entre tus piernas, enterré mi lengua en tu coño, y después lamí de abajo a arriba. En menos de un minuto, dijiste:

    -¡Me muero!

    Te corriste cómo una loba y yo me tragué tu corrida, una corrida deliciosa.

    Al acabar de correrte te besé por primera vez. Tus labios eran dulces. Mi polla estaba celosa y siguió el camino de mis labios. La recibiste con agrado, mamaste y lamiste el glande. Mamabas bien. Tuve que quitarla de la boca porque me corría sin remedio… Te la clavé en el coño y te follé despacito para despistarla. Cuando vi que estabas a punto de correrte aceleré para que te corrieras, pero el que se corrió fui yo. Te llené el coño de leche mientras tú me besabas con dulzura.

    Al acabar de correrme fui de nuevo a por tu coño. Mi lengua lo lamió arrastrando mi leche y tus flujos hasta el clítoris. Lo lamí de un lado al otro a toda pastilla y te volviste a correr.

    Al acabar lamí tu coño y después te besé con la lengua pringada con mi leche y los jugos de tu corrida. Me devolviste el beso, un beso muy largo que nos volvió a dejar cachondos. Al acabar de besarnos me preguntaste:

    -¿Me podrías dar un orgasmo anal?

    Podía, y te lo iba a dar. Te pusiste a cuatro patas. Mi lengua lamió tu perineo y tu ojete. Cuando mi lengua entró y salió de culo comenzaste a gemir. Las palmas de mis manos aplaudieron tus nalgas. Al rato vi como tus jugos bajaban por el interior de los muslos. Estabas que echabas por fuera. Dejé de aplaudirte el coño. Te agarré por las tetas y de un zurriagazo te la clavé hasta el fondo del coño. Después te di caña al tiempo que magreaba tus tetas y apretaba tus pezones. Esta vez no me avisaste. Te corriste gimiendo en bajito. Sentía tu coño apretando mi polla y bañándola con los jugos de una brutal corrida.

    Al acabar de gozar te volví a comer el culo y a aplaudir tus nalgas. No tardaste en regalarme tus dulces gemidos. Volví a meter mi polla dentro de tu coño. Pringada de jugos la froté en el ojete y acto seguido te la fui metiendo muy despacito sin dejar de nalguearte. Te la metí centímetro a centímetro. Con la polla metida a tope me dijiste:

    -Sácala, vuelve a follar mi ojete con la lengua y dame fuerte en el culo.

    Mi lengua volvió a lamer tu perineo y a entrar y salir de tu culo y las palmas de mis manos te dieron con fuerza. Poco después tus gemidos eran escandalosos. Algo más tarde, me dijiste:

    -Me voy a correr. ¡Métela ahora en mi culo!

    Te metí el glande. Tú empujaste con el culo y te corriste mientras la polla iba entrando. Al llegar al fondo me corrí yo.

    Te follé a ti, sí a ti, a la que ha leído este relato. Ojalá mis fantasías las hayas hecho tuyas y te hayas corrido cómo me corrí yo pensando en ti.

    Quique.

  • Mi tía Rosario me enseña el sexo oral

    Mi tía Rosario me enseña el sexo oral

    Hola de nuevo amigos lectores. Continuando con el relato de mi primera vez con mi tía Rosario les cuento que después de esa primera vez que cogimos, las noches siguientes que ella pasaba en la casa de mis abuelos lo hicimos casi todas las veces.

    Como les había dicho, uno de mis fetiches es la ropa interior femenina, así que esta vez les contaré de una ocasión que era su cumpleaños y nos tocó quedarnos solos en casa, ya que mis abuelos salieron a visitar a unos parientes en otro estado y por lo regular se iban casi una semana, así que tendríamos un fin de semana solos.

    Yo con algo de ahorros que tenía le compré un camisón, un cachetero de encaje y unas pantimedias, su regalo. Esperé hasta el sábado para dárselos, me dio un abrazo y un beso y cuando abrió su regalo y vio el cachetero me dijo que había un problema, su panocha tenía mucho pelo, le propuse si quería que la rasurara y me dijo que sí. Fui por un rastrillo, nos metimos al baño y sentada en una silla empecé a enjabonar su pelambre y a pasar con cuidado el rastrillo por su monte de Venus y luego abrió las piernas para rasurarla toda, lo hice con mucho cuidado para no lastimarla. Cuando terminé de enjuagar y secarla, quedó muy suave. Se me antojó pasar mi lengua por sus labios vaginales y soltó un gemido, me retiró y me dijo que la esperara que iba darse un baño, salí del baño y luego de bañarse salió ella, y fue mi turno de entrar a bañarme.

    Cuando salí ella tenía puesta la ropa que le regalé, me fui directo sobre ella, mientras la besaba acariciaba su cuerpo sobre el camisón y sobre las pantimedias, algunos de ustedes lectores, me entenderán cuan excitante es la lencería y todo lo que nos provoca ver a una dama vestida de forma sensual, a mí desde siempre me pone al 100. Disfrutaba esa ropa sobre mi tía y ella me entendía, tomaba mis manos y las pasaba x sus nalgas, sobre sus tetas, sobre sus piernas. Me empujó sobre la cama y fue al cajón de su ropa y como en muchas ocasiones sacó uno de sus brasieres y me amarró la verga con varias vueltas, se me hincho mucho con la excitación que tenía.

    Se quitó el camisón y se subió en mí para chupar sus tetas lo cual hacía yo fuerte y eso a ella le gustaba porque apretaba con su mano mi nuca, mientras frotaba su panocha con mi verga. Chupé sus pechos un rato y luego se bajó de mí, se quitó las pantimedias y el cachetero e hizo algo delicioso, se montó sobre mi cara, sus piernas en mis orejas y la visión que tenía de su panocha color rosa, húmeda y lo negro de su ano al alcance de mi lengua, empecé un lengüeteo de un extremo a otro de su panocha, qué sabor más delicioso!!!

    Se inclinó un poco y empezó a liberar mi verga de su brasier, deseaba tanto que metiera mi verga en su boca y así lo hizo, apretaba sus dientes y chupaba fuerte mientras con una mano apretaba la base de mi pene y acariciaba mis huevos. Mientras me la chupaba empezó a masturbarse frotando su panocha contra mi cara, ponía lo más dura que podía mi lengua y ella ahí se concentraba porque ella era quien ponía el ritmo de sus movimientos, se movía y hacía presión sobre mi nariz, mi lengua y mi mentón, ya deseaba su orgasmo en mi boca. Lo cual no tardó en llegar por la casi violenta masturbada que se daba en mi cara. Me encantó el sabor de su orgasmo mezclado con sudor y mi saliva, todo lo tragué.

    Se dejó caer a un lado de mi y me pidió que se la metiera, yo me puse el condón, abrí sus piernas y se la metí, entraba y salía, sintiendo lo apretado de su vagina, entonces puse sus piernas sobre mis hombros y seguí bombeando por un rato, me sentía en las nubes con esas cogidas tan ricas con mi tía y más porque ella disfrutaba mucho también. Me vine delicioso. Nos quedamos así abrazados un rato.

    Después de reponernos lo hicimos de nuevo de misionero, patitas al hombro y de perrita. Le hice el comentario de cuánto me gustaba tenerla así como lo hacían los perros y me dijo que a ella también le gustaba mucho así, que la montara como a una perrita. Le pregunté si no le molestaba que le dijera perrita y contesto que al contrario, que le dijera así cuando yo quisiera. Y resultó que teniéndola en esa posición y diciéndole «perrita que rico coges, sácame la leche», movía más su cola hacia atrás y yo empujaba hacia enfrente hasta que casi nos venimos juntos, gimiendo los dos. Esa noche se quedó dormida en mi cama, desnudos y besándonos como si fuéramos novios. Todavía teníamos el día domingo a solas para hacerlo otras veces.

    Mi perrita tía Rosario me enseñó muchas cosas, experimentó conmigo y realizamos algunas fantasías suyas que después fueron mis fantasías, su mente sí que era y es muy abierta.

    Les sigo contando más en el próximo relato. Saludos.

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (6)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (6)

    Los exámenes pasaron, y con ellos también la cuarentena. Y es que por fin el estado de alarma había terminado. Mi hermana iba a volver a casa, por lo que Nuria tendría que volver a la suya también, ya que no se llevaban muy bien.

    Por este motivo, quisimos hacer algo especial para la última noche de la cuarentena juntos. Nuria pensó en todo, y no me dijo nada sobre sus planes hasta que llegó el momento de ejecutarlos.

    Primero me ordenó desnudarme y colocarme el plug más grande que había. Una vez hecho, me colocó en el centro de la habitación y me impulsó hacia abajo para que me pusiera de rodillas. Acto seguido, me puso un antifaz y una gag-ball que había comprado para la ocasión. La bola, roja, era muy grande, y apenas me cabía en la boca. Después me ató las manos con una cuerda que también había comprado para la ocasión, y una vez me hubo inmovilizado completamente, me dejó solo durante un buen rato.

    Mi corazón iba a mil, el plug anal en esa posición de rodillas me penetraba bastante, y el gag ball me resultaba extremadamente incómodo. Apenas podía mover la lengua, y poco a poco la saliva iba segregándose y cayendo por el labio inferior.

    No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero se me hizo eterno. Creo que fueron en torno a 10-15 minutos. Por fin escuché cómo se abría la puerta, y el sonido de sus pies por el suelo. Después me dijo que no podía hablar, al menos que ella me preguntara algo. Procedió a quitarme el gag, y por fin pude cerrar la mandíbula. Pero no duró mucho. En seguida sentí una mano en mi nuca, y como un dildo entraba por mi boca hasta mi garganta, de forma rápida y decisiva. Yo reaccioné como pude, e intenté relajar la garganta. Lo mantuvo hasta el fondo, de tal forma que sentía su monte de venus hacer contacto con mi frente. Lo sacó a los diez segundos, y me dejó respirar. Hilos de saliva conectaban el dildo con mis labios. Nuevamente, hasta el fondo. Sin tregua. Y empezó a follarme la boca, como si de mi culo se tratara. Mi garganta hacía sonidos de atragantamiento, y sus manos me sujetaban firmemente la cabeza, para que no pudiera escaparme. Empecé a tener arcadas muy fuertes, y ante el riesgo que vomitara, Nuria paró.

    -Vaya con el sumiso. Ni cinco minutos de face fucking aguanta. Puto inútil.

    -Lo siento ama, no lo puedo controlar.

    -Que te quede claro que no sigo porque no quiero tener el suelo lleno de vómito, que si no, seguía. Ahora abre bien la boca, perra.- Amagó con escupirme, pero finalmente no lo hizo, dejándome con ganas de sentir su néctar en mi boca. Entonces me volvió a poner el gag en la boca, y sacando su lengua, empezó a lamerlo. Después siguió bajando, recorriendo con su lengua mi cuerpo, y soltando hilos de saliva que iban cayendo por mi torso desnudo. Después me cogió de las axilas y me puso de pie, y me agarró fuertemente de los huevos, que sobresalían de la jaula de castidad, que solo cubrían mi pene. Se puso de rodillas, y empezó a succionarme los testículos, y a meterse toda mi polla en la boca, aunque yo no sentía nada, obviamente, por la maldita jaula. Entonces cogió la llave del collar, y lentamente me abrió la jaula. Yo, pese a tener unas ganas locas de tocarme la polla, por el simple hecho de sentirla entre mis manos sin la jaula de por medio, seguía con las manos atadas y no podía hacerlo. Nuria tampoco la tocó. Cogió un dildo, y empezó a metérselo en la boca, hasta el fondo, como me había enseñado. Acumuló saliva, y la escupió nuevamente sobre el dildo.

    -¿Te gustaría que esta fuera tu polla eh? Te gustaría sentirla llena de mi saliva. Pues no, te jodes esclavo. No voy a comerte la polla nunca más, pero no te creas que eso significa que no haré mamadas. Oh, voy a probar muchas pollas, y tú también, que sé que tienes ganas, después de entrenar tanto con dildos.

    -¿Cómo? -Respondí.

    -Me has entendido bien. Necesito un amante, una polla de verdad. Tú ya no eres útil para eso, aunque tienes otras virtudes. No serán más que follamigos, mi corazón te pertenece. Pero necesito otros cuerpos, y tú no me lo vas a impedir porque eres mi esclavo, y porque además sé, que en el fondo, lo estás deseando. Te dará morbo verme con otros hombres más fuertes y corpulentos, y con la polla más grande que la tuya. Además, te gusta que te den por culo, y te gusta mamar. Y si lo disfrutas con objetos de plástico, no tienes ni idea del placer que da sentir carne de verdad. Esto es lo que quería contarte, y de hecho ya he estado buscando una buena polla. Ahora, no me digas nada. Piénsatelo, aunque creo que ya sabes tu respuesta, por la erección de caballo que tienes ahora mismo. Habrá que bajártela, ¿no? Ponme el arnés.

    Yo, en estado de shock y sin poder articular palabra, hice lo que me pedía. Y mientras iba pensando en lo que acababa de decir. Tenía toda la razón, y de hecho llevaba tiempo fantaseando con ello, pero no me había atrevido a contárselo. Desde que me hizo chuparle el dildo del strap on por primera vez, pensé en cómo sería comer una polla de verdad. Con su textura, con sus venas, con su prepucio, con elásticos huevos, con su frenillo. Con su variedad de tamaños, desde flácido hasta erecto. Y con su olor. El olor a mi polla era algo que siempre me había llamado la atención, y que me gustaba mucho sentir. ¿Cuántas veces me había tocado la polla, con el simple propósito de después olerme la mano? ¿Cuántas veces había pensado que ese olor no era ni la mitad de lo que podría sentir si pudiera tener mi nariz pegada a mi miembro? Desde luego, mi polla me atraía. Pero otra cuestión era probar una polla diferente. Algunas pollas que veía en el porno me repugnaban, mientras que otras no me disgustaban tanto.

    Con estos pensamientos, le puse el arnés y el dildo a Nuria, y esta empezó a follarme duro desde el principio, mientras me cogía del pelo y me metía sus dedos en la boca. Después de follarme un buen rato en cuatro, seguimos en posición misionero y no paraba de meterme la mano en la boca hasta la campanilla, y cuando acumulaba mucha saliva, me restregaba su mano por toda mi cara, y cogiéndome del cuello. Terminé exhausto, con dolor en la mandíbula y el ano. Pero ahora le tocaba a Nuria. Me volvió a poner la jaula de castidad, y me puso el arnés a mi, justo por encima de mi polla. Y haciéndome tumbar sobre la cama, se puso en cow-boy reverse, mostrándome todo su culo y cómo le penetraba el dildo. Y yo sin sentir nada. Después me lo puso en la boca, y empezó a correrse muchas veces. Finalmente, se sentó sobre mi cara para que la limpiara, casi ahogándome, y esparciendo sus jugos sobre mí.

    -Te has portado muy bien.

    -Gracias, ama.

    -Te voy a recompensar, abriéndote de nuevo la jaula para que te corras. Pero bajo mis condiciones. Te vas a tumbar sobre la cama boca arriba, de tal forma que tus piernas estén en el aire y tu polla lo más cerca de tu cara. Y te vas a correr en tu cara. ¿Estamos?

    -Sí, ama.

    Hice lo que me pedía mientras ella se masturbaba viéndome desde una silla. Mi cara era un despropósito. A la saliva y su corrida medio amarillenta, ya medio seca, se le unió mi corrida, que cayó casi toda en mi pelo y frente. Y con ese aspecto, Nuria me volvió a poner el gag en la boca, me volvió a atar las manos detrás de la espalda y me volvió a poner de rodillas. Y como remate final, me hizo una foto, que a día de hoy sigo conservando. Por último, me dejó allí diez minutos más, que se me hicieron eternos. Estaba hecho polvo, me picaba toda la cara, me dolía aún más la mandíbula por el gag, y tenía el culo ardiendo. Ella se fue a duchar, y volvió desnuda y completamente limpia, que daba gusto verla, y lentamente, me dejó libre.

    Esa fue la última vez que nos vimos en una semana y media. Nos despedimos, acordando que llevaría la jaula de castidad todo el día salvo por la noche. Me quedaba por lo tanto yo la llave, lo cual demostraba la confianza que Nuria había depositado en mí, lo cual me alegró mucho. Pero no sabía si cumpliría. Para comprobarlo, Nuria me solía llamar de forma aleatoria una vez al día por videollamada para comprobar que la llevara puesta, y siempre cumplí. Sorprendentemente, conseguí estar diez días sin correrme. Me toqué muchas veces, pero nunca llegué al orgasmo.

    Nuria me dijo que fuera a dormir a su casa, ya que sus compañeras de piso se habían ido a Almería unos días. Y ese día empezó el cambio real en nuestra relación.

    Al llegar a su casa, le dije que había conseguido aguantar sin correrme, pero no le importó mucho. Me mandó desnudarme en la puerta y entrar. Me puso una correa nueva que había comprado, el gag de las otras veces, y el plug anal con cola rosa. Entonces me dijo que me sentara en el sofá del salón.

    -En cinco minutos llega un chico. Todavía no he decidido si te va a follar a ti, a mí, o a los dos. Dependerá de si me gusta o no.

    Yo quería responder, pero con el gag, estaba complicado. No se molestó en saber mi opinión, solo me informó. Tampoco me enseñó fotos del hombre ni de su polla. Me dejó en el sofá, mientras ella limpiaba unas cosas en la cocina. Nuria ni se molestó en vestirse de forma provocadora. Iba en vaqueros y camiseta corta, sin más.

    Sonó el timbre, y el chico subió. Yo escuché como lo saludaba Nuria con dos besos, y empecé a sentir mariposas en el estómago de una manera muy intensa. Estaba súper nervioso, y sudando.

    Por fin aparecieron ambos por la puerta. Era un chico de pelo negro, con el pelo rasurado a la moda actual, muy guapo, y muy fuerte. Las cosas como son. Nada más verme sonrió y me miró de forma desafiante. Yo, desnudo, con el gag, la jaula de castidad y el plug, debía dar una imagen tremenda, y así lo pensé en ese momento.

    Nuria, impaciente, no se entretuvo más, y le mandó al chico, que se llamaba Iñaki, que se desnudara él también. Aunque primero, le pidió la prueba médica que verificaba que no tenía ninguna enfermedad de transmisión sexual. No quería cometer riesgos con un desconocido.

    Yo, no sé porqué, tenía unas ganas locas de ver su polla. Era mucha la expectación que había generado Nuria, y no podía más. Primero, se quedó en calzoncillos, que estaban bastante apretados, marcándose su miembro. Entonces Nuria me quitó el gag, avisándome de que no podía hablar. E Iñaki empezó a acercarme su polla, bajo la tela del slipper, a mi cara. Yo empecé a darle lengüetazos.

    -¿Te mueres por probarla, a que sí esclavo? – Me dijo Nuria.

    Yo muerto de la vergüenza, le respondí que sí. Entonces, Nuria fue quitándole los calzoncillos a Iñaki, y por fin la vi. Estaba aún flácida. Medía unos diez centímetros, y estaba completamente depilada. Sus huevos colgaban más allá de la punta de su pene. Moví las manos para empezar a tocarla, pero Nuria me frenó en seco y me ordenó que pusiera las manos detrás de la espalda. Frustrado, obedecí. Tenía su polla a escasos centímetros de mi cara, pero no me dejaban tocarla ni saborearla.

    -Joder, qué buena polla tienes Iñaki. –dice Nuria-. Estás de suerte, te la voy a chupar también yo.

    Entonces empezó lo que jamás pensaría que vería en los días de mi vida. Nuria se puso de rodillas frente a su polla, que estaba flácida, y empezó a chuparla. Se la metió en seguida toda en la boca y la mantuvo así, hasta que empezó a ponerse un poco más dura. Al sacarle quedó brillante, por la saliva. Yo no podía dejar de mirar la polla, estaba hipnotizado. Nuria mientras tanto seguía chupándola, y me miraba fijamente a los ojos. La polla se puso completamente dura. Era un poco más larga que la mía aunque no más ancha, y se curvaba ligeramente hacia arriba. Nuria estaba disfrutando mucho, creo que nunca la había visto tan cachonda. Se estaba masturbando mientras chupaba la polla, y no paraba de gemir. De repente se le ocurrió una idea, y me pidió acercarme.

    -Túmbate en el suelo, boca arriba. –Hice lo que me pedía y entonces Nuria se puso de cuclillas sobre mi cara, invitándome a que le comiera el coño. Mi vista era inmejorable. Tenía su coño en primer plano, y más arriba veía como se tragaba la polla de Iñaki. Estuvimos así un tiempo, en el que Nuria se corrió en mi cara. Iñaki mientras tanto se puso más agresivo, y recogiendo el pelo de Nuria, le cogió de la cabeza y empezó a follarse su boca a su gusto. Nuria empezó a acumular saliva, y en una de las pequeñas pausas para respirar que le concedió su follador, me la escupió encima. No me lo esperaba, yo estaba centrado en chuparle el coño, y de golpe me cayó un hilazo de saliva en nariz y ojos, que tuve que cerrar. Sentí inmediatamente el olor a polla que desprendía la saliva, y con mi mano, me quité como pude la que tenía encima de los párpados, para que no se me metiera en los ojos. Nuria lo vio, y no le gustó nada. Me ordenó que no podía volver a mover mis manos, y a continuación me volvió a escupir, de manera más agresiva, sobre toda mi cara.

    Seguimos un rato más en esa posición, pero Nuria no podía esperar más. Estaba cachondísima y quería sentir una polla dentro, que obviamente, no iba a ser la mía. Iñaki se tumbó en la cama, y Nuria se puso encima. Nunca había visto a nadie follar, sin yo participar en ello, y debo decir que se hacía raro. Era hipnótico, pero a la vez frustrante. Mientras era follada, Nuria me miraba a los ojos fijamente. Y pasando los minutos, se fue corriendo una y otra vez, hasta terminar exhausta. Entonces se puso a cuatro patas, y su follador empezó a embestirla. Nuria estaba sudando, y además estaba lubricando mucho, por lo que el sonido cada vez que ambos cuerpos se juntaban y la polla desaparecía completamente dentro de ella era espectacular.

    Por fin, Nuria, agotada, mandó parar a Iñaki y ponerme de rodillas a mí. Por fin había llegado el momento: iba a comer mi primera polla real. Y no podía tener más ganas. Era la ocasión de mostrar las semanas de entrenamiento con los dildos de Nuria.

    -Ten paciencia, es su primera polla. –Dijo Nuria

    Iñaki se acercó a mí y yo cogí su miembro, que estaba impregnado de las corridas de Nuria. Sin pensármelo dos veces, me la metí en la boca, saboreando su capullo mientras cogía su tronco con la mano. Con su polla dentro, movía mi lengua alrededor de su glande. Pero no pude esperar más y empecé a metérmela más. Llegué hasta la campanilla y me quedé ahí un rato. Saboreaba las corridas de Nuria, tan amargas como siempre. La saqué y tragué, mezclando mi saliva con los flujos de Nuria.

    Entonces volví al asunto, tragándome la práctica totalidad de la polla, que se metió en mi garganta. La incomodidad era menor que con los dildos, al ser la carne humana más blanda y agradable al tacto. Pero más allá de ello, lo que me gustaba más era sentir que aquello que tenía dentro estaba vivo, palpitaba, se movía. Sentía las venas, el capullo rígido. Sentía la satisfacción de Iñaki. Era increíble. Aguanté lo máximo que pude, y la saqué, escupiendo sobre la polla la saliva que había acumulado. Entonces la miré detalladamente, pajeándole con la mano. Él estaba gozándolo, y yo pedía más. Como adivinándolo, me cogió del pelo y me acercó la cabeza a su polla. La volví a tragar entera, y empezó a follarme la boca. Dioss, que morbo me estaba dando. Me jodía mucho que mientras esto pasaba, mi polla estaba en una jaula y no podía tocarme. Pocas veces había estado tan cachondo en mi vida, y sentía cómo me salían hilos de líquido preseminal. Mientras, Nuria nos miraba desde la cama masturbándose.

    Seguía comiéndole la polla a Iñaki, que me mandó cruzar mis manos detrás de mi espalda, por lo que solo podía usar la boca. Me empezaba a doler la mandíbula, y sentía la garganta muy irritada, pero imaginaba que quedaba poco, ya que querría follarme también. Yo seguía con el plug rosa y mi ano pedía más. Pero cuando menos me lo esperaba, Iñaki me sujetó bien la cabeza, sacó su polla de mi boca y se corrió en mi cara. Sentí de repente dos líneas de caliente y espeso líquido sobre mi frente, mejillas, boca y barbilla, lo cual me produjo una mezcla de repulsión, morbo, pero sobre todo humillación. Sin tiempo a que siguiera procesando la situación, me cogió del pelo y me metió la polla nuevamente en la boca, donde siguió corriéndose. Yo tragué como pude, y me quedé mudo, no sabiendo ya como reaccionar ante semejante situación, y sin fuerzas para mirar a Nuria, que esbozaba una sonrisa de oreja a oreja.

    -Joder, qué corrida –dijo Nuria.

    -Parece que le ha gustado –contestó Iñaki.

    -Solo falta un toque más –siguió mi ama. Y acto seguido, me escupió en la cara y con su mano, me mezcló ambos líquidos en la cara. Después, con sus dedos me fue introduciendo la mezcla en mi boca, hasta que mi cara quedó lo suficientemente limpia para Nuria.

    Así terminó mi primer encuentro con un hombre. Apenas poco más de una semana después de terminar la cuarentena, en mi primer encuentro con Nuria después de esos meses juntos en mi casa. Una vez se fue Iñaki, empecé a asimilar la situación. Una hora antes, había quedado en casa de mi novia. Y ahora acababa de correrse un tío en mi cara por decisión de Nuria, que estaba tan tranquila tumbada en la cama a mi lado.

    Pasaron unos minutos en los que no nos dijimos nada. Yo tenía apoyada la cabeza en las tetas de Nuria, que me masajeaba la cabeza. Recién en esos momentos me empecé a dar cuenta de lo que me esperaba.

  • Placer, atada y con los ojos vendados

    Placer, atada y con los ojos vendados

    Al entrar en la habitación te vendo los ojos, sólo percibes lo que pasa por medio de tus demás sentidos, agudizas el oído, el olfato, por medio de la piel captas la temperatura, te tomo por la cintura, beso tu cuello, tu oreja, te digo que escuches mi voz para que te sirva como guía, están nerviosa, pero excitada a la vez, imaginas muchas cosas que te excitan, el no poder ver mirar es una sensación diferente, tus otros sentidos están alertas, sabes que estarás atada completamente inmóvil y a mi disposición, no sabes cómo ni con qué te ataré ni lo que te haré.

    Con cuidado te voy llevando hacia la cama, mis manos en tu cintura te dan seguridad y confianza para que camines poco a poco sin ver nada. En el extremo de la cama te detengo, al abrazarte puedo darme cuenta de tu respiración agitada, así como de los acelerados latidos de tu corazón, te pongo de espalda a la cama al momento que te digo «vete preparando», doy unos pasos hacia atrás para admirar tu cuerpo cubierto por un vestido negro corto, sin medias con unos tacones pequeños, tu cabello lo llevas recogido en una cola.

    Luces muy atractiva, perfecta para mí, al acercarme a ti percibo un leve temblor en tus labios, te hablo para decirte que te sentaré sobre la cama para cambiarte de ropa, sonríes nerviosa, dejas escapar un débil «Sí», te levanto, me sujetas por el cuello porque al no ver nada sientes un vacío causado por la penumbra, te digo que tengas confianza en el momento que te coloco sobre el colchón, quito tus zapatos, te indico que con tus manos, pies y resto del cuerpo sientas el área para que estés tranquila, una vez que lo haces como si dibujaras un ángel sobre la nieve, te ríes, me dices «listo, ¿qué sigue?»

    Entonces empiezo a recorrer tus pies desnudos pasando lentamente por tus piernas, llego a donde está el vestido, lo empiezo a subir, te pido que levantes tus nalgas, así lo haces, yo voy observando con placer como van quedando tus piernas desnudas, llego a tu entrepierna, se siente caliente, se nota una mancha de humedad en tu tanga ya visible, libero por completo la parte inferior de tu cuerpo del vestido, tomo tus brazos para dejarte sentada, sigo subiendo, queda desnudo tu vientre, no resisto y paso una mano por tu vagina, confirmando que ya está mojada, beso tu vientre, tu ombligo, me detengo para terminar de quitar el vestido, dejo sobre tu cuerpo sólo el bra y tanga, mismos que retiro para cambiarlos por accesorios negros con aplicaciones de cuero, al ponerte el bra no puedo evitar acariciar y besar tus ricos senos, lo mismo sucede con tus nalgas al poner la tanga, ambas prendas con aberturas, el bra deja ver tus pezones endurecidos, la tanga tu vagina y culo.

    Al momento de colocar los grilletes de cuero en tus muñecas y tobillos ya estás muy excitada, tu respiración agitada y el brillante líquido en tu vagina lo evidencian.

    Finalmente quedas atada boca arriba sobre la cama, formando una equis con piernas y brazos, la vista es un espectáculo, tus tetas suben y bajan con tu respiración agitada, yo me desnudo y camino en silencio hacia ti, te empiezo a besar en diferentes partes del cuerpo, abro una botella de vino espumoso, bebo un poco para besarte y darte de mi boca, se escurren unas gotas sobre tu rostro que limpio con mi lengua, tomo la botella para derramar vino sobre tu pecho, pongo una pequeña cantidad en mi boca para meter tus pezones y sientan el efecto de las burbujas de gas, quieres moverte, pero no puedes, sólo gimes, termino de limpiar el que está en tus tetas, dejo caer otro poco en tu vientre, sorbo el que está en tu ombligo, lo trato de sacar con mi lengua, eso te hace retorcer, gemir, mi boca y lengua siguen bajando, al llegar a tu vagina mojada y caliente mi lengua juega con tus labios, mis dedos entran y salen, sigues inmóvil y disfrutando, sirvo más vino, está vez dentro de tu vagina, te estremeces al sentir el burbujeante y frío líquido dentro de ti, mueves desesperada tus brazos y piernas sin poder liberarlos, sólo disfrutando el placer que te produce lo que hago, bebo todo el vino que queda en tu vagina, al terminar me entretengo con tu clítoris, lo chupo, lo jalo, lo muerdo, con una mano meto y saco mis dedos, con otra acaricio tus redondos senos y pezones, ante la estimulación intensa y rápida terminas expulsando tus jugos con fuerza sobre mi cara y mano.

    Me levanto, voy por hielo, entre tanto te observo, permaneces en la cama aún con la respiración agitada, tus piernas tienen un ligero temblor, camino hacia ti lentamente, escuchas algunos ruidos que hago al moverme, el no ver nada aumenta tu excitación, imaginas mil cosas, de pronto sientes en tu ombligo el contacto frio del hielo, te hace estremecer, va subiendo lentamente, la sensación es rica, los vellos de tu piel están erizados, está aún más frío que el vino, llego a tus pezones ya crecidos, el cambio de temperaturas entre el hielo y mi boca es muy notorio, lo sientes rico, gimes al contacto de ambos, sube por tu cuello, llega a tu boca, lo chupas un poco, te beso y tienes los labios y lengua helados, es una rica sensación, juego con tu inquieta lengua unos instantes el hielo está bajando, sabes hacia donde se dirige a pesar de no ver nada, o por lo menos lo imaginas, el sentirlo en los labios de tu caliente y mojada vagina te hace vibrar, recorro con el hielo toda el área de tus labios, deseas sentirlo dentro lo puedo adivinar, así que lo introduzco, sientes escalofríos ante la gélida sensación, pero te produce gran placer, el calor interno lo empieza a derretir rápidamente, lo retiro, te sacudes al sentirlo en la entrada de tu ano, levantas tu cadera, me pides que lo meta, antes de hacerlo recorro con el hielo los pliegues cercanos un poco, entre tanto gimes y te retuerces, al fin lo introduzco, todo tu cuerpo tiembla un poco, lo dejo adentro para empezar a besarte, a tocar tu vagina y senos nuevamente, me dices “cógeme, cógeme, ya cógeme, méteme ya esa verga”, me coloco encima de ti con mi falo cerca de tu cara y te ordeno que abras la boca para chupar mi pene, obedeces con rapidez, meto mi falo erecto, lo lames y chupas de una manera deliciosa, no te puedes mover mucho así que yo bombeo dentro de tu boca, con mis manos acaricio tus pezones y tu vagina, te la saco de la boca, bajo un poco, estás muy agitada, te observo, tu vagina y ano escurren, me acerco para penetrarte, estás inmóvil e indefensa a mi disposición, es una vista excitante, me coloco sobre ti y acerco mi pene a tu vagina te arqueas un poco para acercarte a mi pene, lo quieres adentro, sin hacerte esperar más lo meto, aún se siente un poco fría, la sensación no dura mucho, bombeo primero lento, después rápido, aún con un poco de hielo dentro de tu ano las sensaciones son muchas e indescriptibles, pero placenteras, empiezo a bombear más rápido, beso tu boca, tu cara, cuello y tetas, tu cuerpo se arquea, se tensa, gritas, justo en el momento en el que siento en mi falo un chorro caliente de tus jugos.

    Me incorporo, estoy muy excitado, te pregunto al oído “quieres que te coja por el culo”, me contestas “lo deseo”, te cambio de posición, te pongo en cuatro con las manos atadas a la espalda, tu cara sobre el colchón tus piernas separadas y atadas también, frente a un gran espejo que hay en la cabecera, tú no puedes nada, pero yo sí, la vista por el frente y desde atrás me calienta, ver como tu ano y vagina escurren expuestos sólo para mí, la tanga está completamente mojada, me acerco y doy unas nalgadas hasta enrojecer el área antes de penetrarte, beso tu vagina chorreante, recorro con mi lengua la distancia hasta la entrada de tu ano, te agitas ante el contacto de mi lengua por esa zona, me pides que ya te lo meta, tus manos y toda tú se retuercen, decido complacerte, acerco mi polla dura a la entrada de tu ano, pongo la punta justo en la entrada, esperas ser penetrada, pero me detengo un poco, tu excitación aumenta, me vuelves a pedir que ya te lo meta, lo hago lentamente, tu cuerpo vibra, aún siento un poco de lo frío que dejó el hielo, que ya está derretido por completo, siento el interior completamente mojado, es rico, empiezo a bombear al mismo tiempo que sigo dando nalgadas, me pides más, más fuerte, te doy gusto, tomo tu cabello de la cola, te levanto de cama, te miro por el espejo, tus tetas se mueven al ritmo de mis embestidas, te pregunto si duele, me contestas que siga, tus nalgas están completamente enrojecidas a punto de reventar, me pides que no pare, que lo haga más fuerte, continuo más fuerte, más rápido, más intenso, gritas que te vas a venir, pides, más, más, más, finalmente siento como se sacude tu cuerpo, veo por espejo como tu vagina deja salir tus jugos calientes, es excitante, empujo una vez más y dejo salir dentro de ti mi espesa y tibia leche, nos dejamos caer en la cama, exhaustos y satisfechos.

    Marko

  • El dentista

    El dentista

    ¡Javi, Javi despierta! Oí que me llamaba mi amigo. ¡Vas a llegar tarde al trabajo! 

    -¿Qué hora es? pregunté desorientado.

    -Son las siete y media.

    -¿Y tú no vas a trabajar?

    -Yo tengo turno con el dentista aquí cerca y pedí el día, me quedé dormido también.

    Andaba como le gustaba; desnudo y parado enfrente a mí con esa pose que me volvía loco. Yo me había vuelto totalmente obsesivo con su desnudez, y todavía después de tantos años es lo que más me da morbo cuando estamos juntos. Salió disparado y regresó con café. Desde que vivíamos juntos me gustaban sus detalles y ese era especial el café por la mañana en la cama todos los días. ¿Ya te despertaste?, me preguntó nuevamente; ¡Que llegas tarde!

    -Bueno si voy a llegar tarde, de todas maneras, ¿qué más dan unos minutos más?

    Por fin me senté de golpe al borde de la cama. Mejor llamo al jefe y le dejo saber le dije bostezando. Lo tomé por la cintura hacia mí y sentí el aroma que brotaba de su cuerpo recién salido de la ducha. Pegué mi nariz a su ombligo y le dije acariciándolo con la lengua: No tengo deseos de ir a trabajar; el día está para singarte ese culito hasta que me canse y para tomar ron. Pues tienes que ir porque el jefe va a sospechar de nosotros, me dijo zafándose de mí. Eduardo es buena gente, pero no abuses de la confianza porque vas a tener que comprometerte tú también y se fue a su cuarto a vestirse. No tenía muchos deseos de veras, de lidiar con trabajo ni con conducir, la noche anterior habían avisado tormenta y por el cristal de mi habitación se veía un horrible día gris y lluvioso. Para los que no sepan el tráfico en Miami de por si siempre está malo así que por razones obvias yo sabía que ese día estaría de película. Total que agarré el teléfono y le marqué a mi jefe.

    -Me quedé dormido.

    -Me encanta tu sinceridad, de veras, es mejor que me digas la verdad.

    -Gracias Eduardo, en un minuto me visto y salgo.

    -Espera, si quieres te puedes quedar, de todas maneras, yo necesito a alguien que trabaje el sábado pero no puedo pagar muchas horas extra esta quincena. Si te tomas el día libre, recuperas las horas el sábado y no perdemos ninguno de los dos.

    ¡Trato hecho! le grité con alegría y colgué para espiar a mi rubio vistiéndose en su cuarto que se encontraba de espaldas, sin camisa y buscando, al parecer un cinto en el closet para ajustar aquellos jeans que no le podían quedar mejor; La costura caía delicadamente en el mismo centro de sus dos redondas nalgas, pero sin apretarlas mucho. El elástico blanco de sus calzoncillos se veía apenas, sobresalía levemente por la faja del pantalón y le daba un toque sexual al asunto. Sobre todo cuando se dobló a recoger algo que se cayó al piso y los jeans cedieron dejando al descubierto parte de sus nalgas presas dentro de tan sensual prenda. Me acerqué sin decir palabra alguna y le pegué todo mi cuerpo a su espalda buscando sus tetillas y acariciando su abdomen. Seguí hasta más abajo encontrándome con su vello púbico. Luego, metí delicadamente la mano. Sabía que me mirabas, contestó. Puta, le susurre al oído, mientras le pegaba mi pinga casi al estallar en su apretado culo. No puedo creer que me excites tanto.

    Puta tu madre, dijo al incorporarse para luego buscar mis labios y morderlos ligeramente. A eso le prosiguió un húmedo, dulce y delicioso beso con sabor a café cubano. Lo apreté fuertemente hacia mí y acaricié sus nalgas una y otra vez. Por favor me suplicó, se me va a hacer tarde para ir al dentista. Voy contigo, le dije sin pensar.

    Ya en la consulta, mientras le esperaba en el lobby, me distraía con una Hermosa y gigantesca pecera que se encontraba ahí a propósito en frente de todos los asientos. La pequeña sala estaba decorada con muy buen gusto y sobresalían unos cuadros con temas marinos y botes. Mi mente voló rápidamente a mi pueblo natal. Se abrió la puerta de la consulta y apareció un sujeto en sus 30 aproximadamente, con sonrisa Hermosa y varonil ojos grises y bata Blanca. Me di cuenta de su presencia solo cuando se dirigió a mí en una forma bien correcta y profesional.

    -Joven ¿está usted esperando a que lo atiendan?

    No, espero por mi amigo, respondí mientras volteaba a verlo. Se acercó y extendió su mano, se presentó como el Dr. Morales, odontólogo y dueño parcial de la clínica, junto con su padre. No dudé en mirarle su mano izquierda disimuladamente para saber si era casado y preguntarle al mismo tiempo a quien le gustaban los temas marinos en la familia. Noté entonces un aro de oro amarillo en su dedo anular mientras me confesaba su adoración por el mar, los peces y los botes dejándome saber que tenía un yate de los mejores. Su aspecto varonil y su sonrisa, su mirada gris y su voz me hicieron reaccionar rápido. Yo me dedico a limpiar y hacer reparaciones menores de Yates, le dije. Y yo me dedico a limpiar y hacer reparaciones de todo tipo en los dientes, me respondió y soltó una sana carcajada. Se despidió muy cortésmente ofreciéndome una tarjeta y disculpándose porque tenía que prepararse para su rutina diaria.

    Me gusta ese tipo, pensé; Pero es casado me dije. Pasé cerca de 1 hora sentado en la salita, mirando los peces y leyendo cuanta revista encontré por mi camino. Por fin llegó mi amigo con unos papeles en la mano, no podía ni hablar. Le habían hecho 3 empastes y todavía no salía de la anestesia. Antes de despedirse, me extendió una tarjeta del susodicho doctor y note que por detrás decía escrito con bolígrafo 50% descuento primera consulta gratis y la firma del tal doctorcito (cincuenta por ciento de descuento y primera consulta gratis). Me palpitó el corazón, pero después que reaccioné analicé que las posibilidades de empatarme con aquel ejemplar de bata Blanca eran mucho menos de 50% y de ser yo el machito de la película, si se daba, eran de 0. Me arriesgué, si de todas maneras yo necesitaba hacerme alguito en mi boca y esa oportunidad no se daba todos los días. La clínica al parecer debido a la tormenta, estaba desierta aquel día, solo esperaba una señora rubia y era obvio que era ser atendida por el viejo. Consulté con Yovany, que solo me miró con expresión de: ¿Que te traes entre manos? y asintió con la cabeza. Me dirigí a la recepcionista que al parecer era multioficios, me recibió con una blanquísima sonrisa; me abrió la puerta y me indicó, me sentara en uno de los sillones. Me dio un vasito con desinfectante de menta y me dijo lo que tenía que hacer.

    Minutos más tarde apareció él con una sonrisa también blanquísima y unos labios gruesos deliciosísimos para ser besados, mordidos, chupados. Su bata abierta me dejaba ver su portañuela que no mostraba nada protuberante y entonces se me acercó. Sentí un aroma agradable, mezcla de desinfectante, bata limpia y un suave colonia que logré oler porque se sentó bien cerca para comenzar el papeleo de rutina. Comencé a sudar, temblar y hasta tartamudear, se me apretó la garganta. No era el calificativo Doctor o Dentista el que me ponía así, era el calificativo de macho el que me tenía temblando. Me ofreció algo para secarme el sudor de la frente y llamó a la chica por alcohol. Luego entabló una conversación amistosa, como para relajarme y cayó en el tema de Yovany primero, y luego en mi novia, tema que para dar alguna razón, solo respondí, no tengo. Por fin le pedí un trago en tono de broma y notó mi cambio. Se puso unos guantes y comenzó a examinar mi boca. De seguro en su conversación, notó algo en mí, algo que le inspiró más confianza porque me soltó frases como… Que boca más húmeda… o… abre más, que tienes la boca bien estrecha y reía. Eso me dio el morbo más sabroso que había sentido en buen tiempo y terminó la consulta haciendo cita para la semana próxima a las 6:00 pm.

    Miércoles siguiente a las 5.45 pm arribaba yo a la clínica bañado y perfumado como si fuera una cita amorosa, si mi amigo me hubiese visto, de seguro haría preguntas.

    -Pasa y siéntate. Lucia una camiseta azul oscuro muy casual y jeans apretados que le marcaban mejor bulto que la vez pasada. Bata abierta que con su blancura resaltaba su piel oscura que mi mente no identificaba si era por el sol de Miami y su afición al mar, o porque era mulato claro. Su pelo casi rapado no lucia muy bueno, más bien encaracolado pero era muy difícil de saber.

    -Gracias doctor.

    -Llámame Pepe o Moralito. Me dicen Moralito porque a papi le dicen Morales.

    Asumí que su nombre era José porque a esos son a los que les dicen Pepe.

    Bueno, ya sabes abre la boca grande ¡Como me encanta decir eso! Y soltó una carcajada. Tocaron en la puerta. Pepe este es el último paciente, ya Morales se fue, ¿necesitas que me quede? No prima, vete y pon llave por fuera que yo termino solo. Aquí con el amigo no hay mucho que hacer y me guiñó un ojo al mirarme.

    Vamos a comenzar, ahora sí, abre grande. Me hizo los arreglos que habíamos acordado en la consulta pasada y no se demoró mucho en hacerlo. Terminó y me dijo: Todavía tengo tiempo de charlar un poco más, me gusta tu carácter a lo que yo respondí a mí me gusta el tuyo eres un dentista muy relajado.

    – ¿Te gusta solo mi carácter? vamos a ser sinceros ¿qué más te gusta de mí?

    Me quedé en un suspiro, no sabía que hacer o responder. Se me hizo un nudo en la garganta y me puse rojo y temblaba como una hoja.

    -No te pongas nervioso, ¿no me decías que soy relajado? Y muy civilizado, primero estudié enfermería y en la escuela el único hetero era yo. Sentí varias veces como tu amiguito me sobaba el paquete con el codo, ¿son pareja verdad?

    Ahí sí que me bajó el nudo y le dije bajito pero con rabia: Dios mío por qué todo el mundo asume que somos pareja, ¿a quién se le nota a él o a mí?

    -Jajaja estas muy a la defensiva chico, a nadie se le nota nada pero yo con mi experiencia creo que ustedes también de vez en cuando hacen sus cositas, como yo.

    Me quedé perplejo con la confesión.

    -Tu amigo nunca se pasó conmigo pero si no te decía eso, nunca ibas a reconocer nada.

    -Yo no he reconocido nada, tu estas asumiendo.

    -Es que no tienes ni que hablar, tienes un bulto ahí que no traías cuando entraste. Esos pantalones deportivos son muy traicioneros. Eso sí, ese muchacho te mira con deseos, es muy obvio que quiere algo contigo si ya no lo tienen. Y tú estabas loquito por estar solo conmigo, no dejas de ponerte nervioso desde el primer día.

    Se quitó la bata y la camiseta, se desabrochó el cinto y se bajó el zipper.

    – ¿Quieres verla? Yo sé que quieres.

    Asentí con la cabeza y me saqué mi camiseta, comencé a tocarme sin pudor. Su pecho ancho y musculoso contrastaba con una barriguita pequeña y sus caderas las rodeaba una moderada cantidad de grasa, típica de no ejercitar mucho esa zona, buena comida y sedentarismo de algunos meses. Su cuerpo lo cubrían esparcidos vellos negros y encaracolados.

    Por fin se sacó lo que yo tanto esperaba ver dentro de tan apretadas prendas. Su pinga era casi negra, mucho más oscura que el resto de su cuerpo; Mediana de largo, sobre lo gorda y con disimuladas venas. Tenía el glande limpio de piel y una diferencia ligera de color entre la cabeza y la base debido a una circuncisión obvia. Me la acercó a la cara y noté que una gota de pre seminal resbalaba. Pasé la lengua y se revolvió de placer. Me la fui metiendo poco a poco y saboreando su sabroso miembro mientras me decía: Esto es privado, no comentes nada que me metes en problemas serios. Bajó su pantalón hasta las rodillas y dejó ver sus hermosos testículos recogidos y tan oscuros como el resto de su pinga; Sus musculosos muslos flexionaban mientras yo me daba tremendo gustazo como había imaginado. No duró mucho la faena porque me la sacó de la boca y se masturbó vigorosamente hasta vaciar sus testículos en mi cara y mi pecho.

    Me ofreció papel mientras se subía el pantalón, al tiempo que se perdía tras la puerta y me decía desde el otro lado: ven conmigo. Me llevó a un baño cercano y me dijo: Si te vas a venir hazlo aquí que aquella es mi área de trabajo. Igual ya tengo que desinfectarla bien.

    Me quitó los pantalones y me acarició las nalgas, que buen culo me dijo y termina como quieras, tócame, haz lo que quieras, yo me vine porque no podía más, ésta es la primera vez en un mes que veo acción de algún tipo. Mi esposa y yo acabamos de tener nuestro segundo hijo, ya sabes cómo es eso. Me acerqué a su boca y rechazó mi beso, le besé el cuello y le pareció mejor porque se acercó a mí y me abrazó, pegó su cuerpo contra el mío y me acarició toscamente las nalgas, pasó su bulto contra el mío una y otra vez. ¿Me la saco? La puedes chupar de nuevo pero te advierto que me sacaste toda la leche ya. Le fui besando lentamente el cuello, pasando insistentemente mi lengua por él hasta llegar a su pecho y chuparle les tetillas. Le volví a bajar el pantalón y saqué su pinga que parecía medio erecta de nuevo, gimió de placer, bajé y pasé mi lengua por sus reducidos huevos que olían a talco de bebé, volvió a gemir. Me di verdadero gusto chupando delicadamente sus testículos depilados que me cabían juntos en la boca, su pinga se puso dura de nuevo, y yo pasaba mi lengua por su tronco mientras él me miraba con lujuria como si nunca le hubieran hecho eso. Su cara seria y su voz ausente; Le besé su pubis y su cintura, le acaricié su pecho y sus tetillas, luego le apreté fuerte sus nalgas como tratando de acariciarlas pero luego de un momento me las sacó de un tirón de ahí. Luego aun arrodillado me masturbé para sacar por fin toda la leche que hasta ahora había aguantado.

    Se puso el pantalón bien casual como si nada hubiese pasado; Salió del baño y yo por respeto limpié el piso, me lavé y salí. Él estaba justamente afuera esperando. Me dio la mano y me dijo: aquí no ha pasado nada yo no hacia esto desde que estudiaba enfermería, esto no es lo mío yo tengo mujer.

    -Aquel y yo tampoco somos nada él tiene novia y yo ando saliendo con una muchacha.

    -Pero mamas muy rico, parece que te gusta.

    Se acercó a mí y pegó nuevamente su cuerpo contra el mío. Sus labios quedaron muy cerca de mi cara y su rostro se tornó siniestro a mi percepción, pasó sus dedos por mis labios; Yo no beso a los hombres, por fin me dijo mientras una sonrisa pícara salía de su rostro. Se separó y casualmente comentó; Igual si quieres te llamo pronto para que conozcas mi yate que necesita una limpieza seria. Apenas he tenido tiempo de darle cariño, esta como yo falto de que le pasen la mano de vez en cuando.

    -De veras me encantaría conocer tu yate y darle el cariño que se merece.

    Nos volvimos a dar un apretón de manos y me despedí.

    Puedes encontrar más de mis historias aquí.

    Siempre tuyo ThWarlock.

  • Como me fue infiel

    Como me fue infiel

    Esta es la historia de como me fue infiel, varias veces algunas me di cuenta y otras no, o tal vez solo me hacia el que no se daba cuenta. Era mediados del 2014 yo tenía 24 años, mi novia tenía 22 yo soy de complexión delgada mido 1.70 moreno, mi novia era una tabasqueña de ojos cafés cabello negro largo delgada senos pequeños buenas caderas y con nalgas, se veía bien y muy antójale.

    Nos hicimos novios a inicios del 2014 ella no les caía bien a mis amigos porque decían que me engañaba pero nunca le di importancia, ella vivía sola y yo vivía con unos compañeros de la facultad, éramos compañeros de la facultad ahí fue donde la conocí, fue coincidencia que empezáramos a hablar pero después de poco tiempo nos empezamos a tratar un poco más y luego a salir muy seguido hasta que le pedí que fuera mi novia, cuando nos hicimos novios todo era genial, amor diversión y el sexo, era el mejor sexo que había tenido.

    Ahora vienen varias situaciones que pasaron:

    Recuerdo una vez, yo era de comprarle flores siempre a ella y a veces se las llevaba a su casa y si no la encontraba se las dejaba en su puerta con una nota, hubo una vez que llegue a su casa y estaba cerca de la puerta (su casa no tenía barda ni nada o sea que podías meterte y asechar por las ventanas de los cuarto y así pero todos los cuartos tenían cortinas) escuche ruido dentro de la casa estoy seguro que escuche su voz y golpeteo seguido y estoy seguro que escuche como un par de veces quejidos (“gemidos”) de ella, cuando me apoye en la puerta para ver si escuchaba mejor y poder ver si de dentro de la casa venían los sonidos pero como era de madera hiso un ruido y justo cuando la puerta sonó, el resto del ruido se detuvo, me quede en silencio para ver si continuaba pero no continuo, así que para no parecer que estaba rondando la casa espiando o algo así hice como si fuera llegando a la puerta y toque.

    Llame a la puerta en varias ocasiones y grite su nombre para ver si alguien atendía, cosa que no sucedió, saque mi teléfono y le llame a su celular, no contesto y tampoco se escuchó dentro de la casa, pero eso no dice nada pc ella siempre lo tenía en vibrar no más, así que deje la flor que le había comprado en la puerta con mi clásica nota y me fui.

    Horas después recibí un mensaje de ella diciéndome que vio la flor que le lleve y que la disculpara, pero no estaba en casa, había salido de compras que se había tardado un rato y no había visto que le marque al móvil porque lo tenía en vibración, como buen pendejo le dije que no se preocupara y que la amaba.

    En otra ocasión igual fui a verla saliendo de la escuela porque salí después por quedarme a hacer unas cosas hasta tarde en la facultad, cuando llegue a la calle de su casa, vi que había un coche estacionado en la puerta y que había gente adentro no le di importancia y seguí caminando para llegar a su casa cuando de lejos veo que era ella la que estaba en el auto en el asiento del copiloto y veo como se inclina en dirección hacia la entrepierna del que estaba de conductor, seguí caminando más lentamente y veo que se quedó ahí en la “entrepierna del conductor” así que seguí caminando sin hacer ruido para poder acercarme y poder ver lo que sucedía, pero cuando ya estaba algo cerca, supongo que el que estaba de conductor me vio porque hubo como un movimiento brusco y ella regreso a sentarse bien en el asiento, cuando llegue a la par del auto veo que me voltean a ver y ella me dice: holea, y eso que andas por aquí? Estas saliendo de la facultad? Y yo le dije que sí, y le pregunte ¿Qué hacía? Y me dijo: es que Salí de la escuela igual tarde y venia para mi casa y un amigo me vio viniendo y me dijo que me alcanzaba a mi casa y estamos llegando. En eso se voltio se despidió del tipo, se bajó del auto y me llevo dentro de la casa.

    Esas fueron las situaciones más leves.

    Ahora las menos leves.

    Fuimos a un bar a beber, ese día ella se puso un vestido corto entallado, la verdad se veía súper sexy, en fin, llegamos al bar y bebimos bastante, cuando bebo yo soy de ir un poco seguido al baño, así que en una de esas me levante al baño y tarde un poquillo, cuando regreso veo a mi novia bailando muy pegada con un wey y al menos a la distancia vi cómo le estaba sobando la verga por encima del pantalón y él le estaba metiendo mano también, cuando paro la canción un momento y creo que me vio a la distancia y se separó tranquilamente yo supongo para no levantar sospechas, cuando llegue a nuestra mesa, ella ya estaba ahí y le pregunte quien era el tipo y me respondió es un amigo de hace tiempo pero ya se iba por eso ya vino a sentarnos con nosotros, me lo tope en que fui por una bebida. En eso me dijo: hablando de bebidas tengo que ir al baño, cuidas mi bolso hay lo voy a dejar aquí. Y como buen pendejo me quede cuidando el bolso, ella se perdió entre la multitud camino al baño.

    Pasaron 5 minutos, 10, 15 y no aparecía lo cual suena mucho pero pensando en la fila que hay en esos bares la verdad es que no es tanto como suena, cuando pasaron 20 minutos regreso y si hay algo en lo que me fijo es cuando mi novia esta maquillada y estoy seguro que tenía lápiz labial cuando se fue, además tenía el cabello suelto cuando se fue y cuando regreso lo tenía amarrado en cola y si eso suena mal, lo que viene es peor ya no traía su brasier, cuando le dije que no traía, me respondió: no me puse, ¿no te acuerdas? Ya bebiste demasiado ya ni te acuerdas de las cosas, en eso me dijo que ya se quería ir y nos levantamos para irnos, ya afuera del bar: veo de nuevo al tipo con el que estaba bailando y solo vi a la distancia como estaba con unos amigos y se reía como burlándose de mí, así que bueno todos sabemos lo que paso ahí.

    Ya de ahí todo empeoro

    Otra de las peores la que dio pie de que fuera un novio al que le son infiel a que sea un cornudo fue por teléfono, recuerdo que esa vez le llamen por teléfono, la primera vez no me contesto así que le marque una segunda, una tercera, creo que a la cuarta fue cuando me contesto, estoy seguro que escuche un: ¡NO!, espérate, y luego ya escuche su voz cerca del teléfono: ¿Qué paso? Me dijo, y le pregunte: ¿Qué haces?, ¿estas ocupada? Y me respondió si ando algo ocupada de hecho, no quería pensarlo pero la verdad es que su voz se escuchaba algo agitada, así que se lo dije: suenas agitada y me dijo: si es que ando lavando ropa que s eme había acumulado, y seré idiota pero se cómo suena el sexo y se escuchaba de fondo el clap clap y cada vez que sonaba el clap y ella estaba diciendo algo se distorsionaba un poco su voz (definitivamente se la estaban follando mientras hablaba por teléfono conmigo), por un momento se ve que se la estaban follando suave porque se escuchaba el clap clap no tan rápido pero mientras más tiempo pasaba mas rápido sonaba y su voz se escuchaba mas cortada, hasta que sonó una nalgada, y le dije que fue eso?

    Y no respondió enseguida de hecho no se escuchaba nada como si hubieran tapado la bocina cuando regreso el sonido, me pregunto: que dijiste? Y le pregunte de nuevo que había sido ese sonido, a lo que ella respondió es que se me cayó una prenda de ropa mojada, y el clap clap seguí y seguía hasta que hubo un momento que se detuvo pero escucho otra cosa el sonido del colchón como cuando te mueves de posición, y lo reconozco porque dormí en su casa varias veces, pero el clap clap ya no sonaba, pero ella ya no hablaba solo me decía ujum si ujum, hasta que escuche el sonido de una chupada y una chaqueteada (como dije anteriormente se cómo suenan esas cosas) ella seguía dando respuestas cortas y el sonido de fondo ya no era de clap clap ahora era la chaqueteada y la chupada que se escuchaba levemente, por lo cual le pregunte, ¿estas comiendo algo?

    Y me respondió: si una paleta de hielo es que estoy sudando mucho por toda la lavada de ropa, está bien buena la paleta me dice y como ya se había escusado de estar comiendo una paleta ahora como que se intensifico el sonido como que ya no lo ocultaba supongo porque ya había dicho que era una paleta, la chaqueteada se seguía escuchando baja, hasta que en un momento igual se intensifico y escuche clarito como un quejido de hombre y luego no se escuchó nada, como si hubieran tapado de nuevo la bocina del teléfono, yo dije: oye ya no te escucho creo que se cortó y después de un momento regreso, y me dice, creo que está fallando la señal, me tengo que ir sino no voy a terminar de lavar y quiero terminar, clarito escuche una risa en el fondo y corto la llamada.

  • Un fotógrafo y su modelo, dos bestias y el artista cómplice

    Un fotógrafo y su modelo, dos bestias y el artista cómplice

    Hoy tengo mi sesión de fotos, elegí un profesional que se especializa en fotografía animal, él es callado y muy silencioso, suelo asustarme cuando en su estudio desaparece de repente y no me doy cuenta de sus movimientos, tarde en convencerlo, jamás había retratado a una mujer desnuda y temía sonrojarse al sacar lo mejor de mí desde su mirada preparada solo las para bestias.

    Necesitaba hacer fotos y producciones que me pongan en lugar de animal, me costaba diseñar una estética como la que verdaderamente quería, empezamos con la sesión y el me interrumpe, me mira y con voz tenue , casi inmutable en sus movimientos, expresa lo siguiente, Nairin, necesito que seas vos una bestia, elegí un animal que te guste y te identifique y actúa como el, yo pienso y le digo, y si me produzco como un animal y hacemos la sesión así? llama a un artista que pinta cuerpos para producciones de perfumes de cosmética natural y lo esperamos por una hora, mientras me sienta en su ordenador y me comienza a mostrar fotos de animales salvajes, hembras en celo, fotos que había sacado durante su carrera.

    De repente veo una imagen de jaguar hembra, agazapada siendo observada por el macho, él apareció detrás de la mesa, me asusta sin querer, pego un grito, me abraza… Nos reímos, me muestra una foto que le sacó un colega, y veo como él se escondía entre los árboles para sacarle fotos a la pareja salvaje, su mirada era audaz, sus manos tenían las venas encendidas de fuego, su yugular era muy llamativa, estaba transpirado y con las ropas rasgadas por las ramas, el pantalón estaba ajustado y sus muslos eran firmes, no pude dejar de verle lo abultado de su vientre, el barro de su cara realmente llegaba a conmoverme, y en esa foto su lengua apoyaba su labio superior, era roja, extensa y puntiaguda, confieso, me humedece la idea de lenguas puntiagudas. Sentía ese cosquilleo en mi clítoris muy propio de mi excitación.

    Llega el artista de body painting, y apenas me ve le dice, a bueno, por fin una verdadera bestia, nos reímos y le muestra la foto del jaguar, me dice el artista que me desnude completamente, él dice me voy y el artista le dice, no mi querido vos me ayudas porque no tengo mucho tiempo, vos pintaras las sombras en el cuerpo de Nairin, comienzan a pintarme, el fotógrafo se concentra y pincela sobre mi como un verdadero profesional, en menos de una hora estoy casi totalmente pintada, eran cuatro manos que acariciaban con pinceles húmedos mi cuerpo y yo trataba de disimular mi sensibilidad erótica que estaba totalmente activada.

    El artista recibe un llamado y se tiene que ir, lo mira y le dice termina y mandame fotos del trabajo, listo dice el, y quedamos solos en el salón, con luces prendidas y con espejos donde se reflejaba mucho más que dos seres preparando una sesión de fotos.

    El seguía sobre mi espalda dando los últimos detalles, me dice abrí un poco las piernas, mi excitación no podía ser disimulada, mi vagina húmeda despedía un aroma dulce y almendrado, sé que él lo siente, cierro los ojos y percibo que en su respiración se reflejaba una tensión sexual, podía escuchar su latido acompasado que emulaba a tambores ancestrales, él tenía esa mirada longeva que me decía que no era un espíritu joven y que en ese ADN se dimensionan muchas vidas pasadas.

    Las cerdas de marta del pincel apoyan suavemente la pintura en mis labios vaginales, sin mirarlo abro más mis piernas y le pido un almohadón para elevar mis caderas, así él puede trabajar mejor y ver mi vagina más claramente, mi vulva es amplia y suave, rosa y de labios contundentes, mullida y ávida de ser estimulada por este hombre que me observa muy cercanamente, el comprende que estoy siendo cortejada como esa jaguar de las fotos, me pregunta si puede sacarse la camisa, porque tiene calor, le pido que baje las luces y comience con la ambientación salvaje que dejó el artista, plantas, alfombras como tierra roja, árboles, piedras ya estaban preparados, sonidos de selva y lluvia comienzan a sonar en el estudio, lo miró salvajemente, el me mira, se saca toda la ropa menos la ropa interior. Agarra la cámara más grande, era un instrumento muy fálico, muy intenso lo que sentía, me comienza a dirigir, me dice, camina hacia donde estoy imagina que soy una presa, me dirijo gateando hacia la decoración y me situó sobre una piedra, los ventiladores muy potentes secaron muy bien la pintura, él estaba manchado y juro que me gustaba aún más.

    Compórtate como una hembra caliente, junta a la mujer y a la bestia, mimetizate, lo miro y le digo necesito un macho excitado que me motive, él deja la cámara fija, me mira y me dice, querés que me excite como un macho, si, si le digo, y pone el trípode cerca, le digo sacate lo que te tengas que sacar, los dos estábamos en cuclillas, enfrentados y de repente él comienza a realizar sonidos guturales como un jaguar, sus ojos eran de mirada intensa y su respiración se agitaba, podía notar que su polla se asomaba entre su ropa interior y su ingle, un glande rojo, un tronco de medida para mi justas, me gustan las vergas con una cabeza definida y venas visibles, los huevos deben ser significativos, grandes y suaves, el notaba que mi mirada estaba puesta en su miembro, eso hacía que su pija se moviera, me calienta muchísimo los espasmos de polla que hacen moverla sin que nadie la agarre.

    El artista había pintado mis pezones color negro y naranja, uno tiene un lunar negro y se notaba como estaban erectos, mis pezones son grandes y muy duros cuando me excito, me gusta usarlos en el sexo oral y apoyarlos en el ano cuando doy besos negros, penetrar con lengua y pezón intermitentemente un ano es sublime, mojarlo, llenarlo de saliva y degustarlo es un detalle infaltable en mí.

    Caminábamos rodeándonos, él se acercaba y yo me alejaba sinuosamente, lentamente nos rosábamos y nos tocábamos los cuerpos, utilizábamos cada centímetro de nuestra piel para acariciarnos, sentía como su respiración me bañaba de aire cálido, le saco la ropa interior y su miembro estaba totalmente duro y formidablemente chupable, nos olfateamos las caderas y comenzamos a practicarnos sexo oral los dos, como explicar con el candor que ese hombre movía su lengua en mi concha salvaje, esa que acababa de pintar el, la abría con sus manos y literalmente la comía a besos y lamidas, su lengua puntiaguda, si esa de la fotografía era un instrumento magnifico de movimientos tácticos muy muy bien aprendidos, introducía su lengua en mi vagina tanto que lograba que mi espasmos sean notorios y que mi leche suave lo mojara totalmente, estaba tan caliente y conmovida que me dedique mucho tiempo a la lamida de sus huevos, cada pliegue, cada parte de ellos entraba en mi boca mientras acariciaba el tronco y escupía en mi mano para que su cabeza sea estimulada.

    Amo provocarme arcadas con la tragada total del tronco, toco mi campanilla y detrás del paladar colocó la punta y presionó como si estuviera tragando, esto enloquece y desespera a cualquier macho, mi lengua lame los huevos y tengo toda la pija en la boca, mientras la punta toca la garganta los huevos se mojan con mi saliva y mis manos estimulan su culo, el mete dedos en mi concha y en el culo, lame escupe besa, acabo y me orino sobre su pecho, marcó un territorio donde seré parte de una cogida magistral.

    No hablamos, solo sonidos, amo escuchar como gime, le sostengo los huevos con mi mano y muerdo suavemente, él se ríe y giramos, nos besamos muy apasionadamente, estamos más que calientes, su pija despide ese néctar brilloso y me recorre la panza, lo amamanto, es extremo el placer, mis pechos son grandes y generosos, el me masturba y yo sigo acariciando su pija, todo está siendo grabado, en eso me toma de las caderas y comienza a penetrarme muy acompasadamente con sus manos, me tomo de las piedras y me tiene sometida a su antojo, me gira me pone contra las piedras y me penetra profundamente, sostiene mis tetas, las aprieta, y nuevamente acabo, saca su pija y penetra mi culo, se vuelve salvaje, mira como entra y sale y sus manos me masturban, yo lo muerdo, lo rasguño, lo lamo, el sigue y me dice donde querés la leche, lléname el culo de leche y deja algo para que trague, y siento como mi culo explota de placer derramando por mis piernas esa leche caliente, me corro y me tiro al piso el sigue lecheándome la boca y lamo y trago…

    Mientras trago el lame mi concha y grita, nos desplomamos en un 69 hermoso y abrazamos nuestras piernas y cuerpos, nos logramos sentar y arrodillados nos besamos, él me dice, siempre te quise poseer como poseo a las bestias cuando las fotografío, sabía que serias esa bestia que vi en ti…

    Recibimos un llamado del artista y en manos libres los escuchamos… chicos como van las fotos, en un rato paso y las vemos juntos, nos reímos a carcajadas y el artista dice: yo sabía…

  • Tú y yo, en la penumbra de tu apartamento

    Tú y yo, en la penumbra de tu apartamento

    Hoy me has escrito un correo para pedirme que escriba algo para ti, te di largas para hacerme el interesante, para que no creas que estoy a tu servicio, pero lo cierto es que no dejo de pensar en acompañarte en este viaje de placer. A que hagas que tu mano sea mi mano recorriendo tu duro y jugoso miembro, y al mismo tiempo mi mano sea tu mano invadiendo mis pantalones.

    _____________

    Hoy te traigo un juego para que juguemos juntos, si decides aceptar mi invitación y me das tu colaboración, haré mi mejor esfuerzo para que te sientas inmerso en esta experiencia, hoy te toca a ti ser el que tiene algo de placer en esta noche solitaria. Antes de continuar leyendo este relato está pensado para que seamos dos hombres los que jugamos.

    Haz lo posible por eliminar todas las distracciones y pon toda tu atención para dejarte llevar en lo que a continuación escribo exclusivamente para ti. Recuerda que tienes todo el control, tu dictas el ritmo, haz las pausas que necesites y avanza como gustes para que esta propuesta te resulte lo más satisfactoria posible.

    _________________

    Sintamos cómo estamos abultados dentro de nuestra ropa, frotando con la palma de la mano para notar cómo nos vamos endureciendo, cómo nuestras pollas nos pides que las liberemos de su prisión para permitirle juguetear con los dedos del otro. Déjame desabrochar de a poco tu cinturón, pasarlo suavemente por la hebilla mientras rozo el borde de tu vientre. Tiro un poco de la cintura para asomarme adentro y ver eso que tienes para mi, se me hace agua la boca al ver cómo te pones por mi, deseo saborear por completo cada centímetro de ese falo erecto que busca ser adorado.

    Quito el botón que salta por la presión, ya puedo ver esa cabecita brillante asomarse con timidez. Bajo con lentitud la cremallera para ver cómo se te escapa de ese bóxer tan ajustado que traes. Meto la mano para sentir cómo se mueve mientras el flujo de tu sangre la hace cobrar vida, engancho mis dedos en tu ropa interior y la bajo de un sólo impulso para verla saltar frente a mi rostro ansioso. La siento tan tersa al recorrerla con las yemas de los dedos desde la punta hasta la base de ese maravilloso tronco que tanto anhelo, sigo por tu escroto con leves cosquillas, metiéndome hasta alcanzar tu perineo y cuando crees que voy a ir más allá vuelvo para coger tu rabo de la base y estrangularlo con fuerza.

    Te lo aprieto con firmeza sin mover la mano y lo sostengo hasta que se marquen bien las venas, aflojo y vuelvo a apretar, aún sin jalarlo sólo para ver cómo se marca y engorda. Estimulo con mi pulgar el lado inferior, subiendo hacia la punta para hacer salir ese exquisito juguito previo, haciendo que se forma esa sabrosa gota en la punta, entonces la toco con mi dedo y la levanto para formar un largo hilo cristalino que finalmente se corta. Mi miembro está escurriendo igual que el tuyo y tú también puedes jugar con él, venga, llévate el dedo a la lengua cómo lo estoy haciendo yo, disfruta de mi sabor cómo si estuvieras lamiéndolo directo de mi falo.

    Eso es, disfrútalo que quiero verte bien duro. Estoy aquí entre tus piernas esperando que me muestres ese pene gordo y delicioso, tan cerca de mi que puedes sentir en él mi respiración agitada por la excitación.

    Ahora si, vamos a comenzar muy lento a llenar esos huevos. Me gustan las corridas abundantes y pringosas, así que te quiero bien cargado, quiero que aguantes y no te corras hasta que yo te pida que me des ese obsequio todo sobre mi. Estoy aquí debajo de ti arrodillado en el suelo de tu apartamento al que me has invitado a entrar. Sujeto tu virilidad justo desde la base, comienzo a hacer movimientos lentos jalando hasta donde la piel me lo permite, haciendo que tu prepucio se arrugue en la base de tu glande, luego vuelvo a bajar con lentitud y comienzo a repetir a este ritmo pausado.

    Subo…

    Bajo…

    Arriba…

    Abajo…

    Así es, muy bien, continuemos así, a ese ritmo que tanto te gusta. Eso es, lo vuelvo a repetir, y repetir, y otra vez más. Cierra los ojos, déjame seguir y vuélvelos a abrir cuando estés listo para subir la intensidad.

    Me encanta verte cómo lo disfrutas, tu rostro de placer. Hora de ir más rápido y un poco más arriba, así que te sujeto desde la mitad de tu miembro y comienzo a hacerlo más rápido. Siente cómo trato de sacarte unos gemidos, déjame escucharte para saber que te doy placer. Déjame jugar con tus huevos con mi otra mano, acariciarlos de a poco, tocándolos con suavidad, recorrerlos con los dedos que van más a fondo hasta tu perineo, lo sientes allí donde aprieto para provocarte, presiono y masajeo con fuerza para hacerte llenar aún más, pero aún no quiero que tu lechita salga, no, aguanta aguanta, quiero disfrutarte un poco más y que tú me disfrutes a mi.

    Mmmm…

    Si…

    Se me hace agua la boca viendo esas gotas translúcidas rodando por mis dedos. Mírame, mírame a mi también que yo estoy igual, goteando por ti, para ti. Vamos, pruébalo y dame de probar, déjame lamer mis dedos, tu lame los tuyos y siente el sabor de la lujuria. Ahora llena la mano de saliva, mójala bien cómo yo estoy mojando la mía y ahora si déjame sacarte todo.

    Adoro cómo suena tu glande húmedo entre mis dedos cuando le doy así de fuerte, cómo suenas tu tan excitado mientras te satisfago. Más fuerte, déjame ganarme mi premio, derrámalo todo sobre mi.

    Si. Si. Si!

    Ahora si vamos bien rápido, si si, junta toda la presión que quiero que me explotes encima y tú quieres dármelo todo, absolutamente todo. Vamos a corrernos juntos…

    10… 9… 8…

    Así ¡Ya puedo sentir que viene!

    7… 6… 5…

    Estoy allí para ti, justo debajo de tu jalando a toda velocidad.

    4… 3. 2

    ¡SIII! ¡Dámelo ya que me vengo!

    ¡YA!

    Saboreo los últimos rastros de ti, el obsequio bien ganado que me has dado sólo por haber entrado en tu apartamento. Recuerda que siempre puedes volver aquí para que nos demos placer entre tú y yo.

    ______________

    Espero que este relato te haya funcionado tan bien a ti como a mi y que podamos volvernos a ver en otra noche de soledad. Si realmente te ha gustado sólo debes escribir, hazme saber tus fantasías y haré lo posible por crear una nueva aventura en que los protagonistas seamos tú y yo.

  • Los celos (Parte I)

    Los celos (Parte I)

    El encuentro.

    Eran las cinco de la tarde, había estado deambulando por el paseo de Gracia, con el único objetivo de que llegara la hora acordada , hacia un mes que intentaba hablar con ella, sus respuestas siempre eran las mismas: «no estás preparado para escuchar » , «es demasiado pronto para que asimiles todo lo que te tengo que contar», por fin había llegado el día, quedamos en nuestro bar preferido; al final de las Ramblas cerca de la estatua de Colón se encontraba el Mar Mediterráneo, con vistas a la playa de la Barceloneta. Llegué antes de la hora cansado de caminar, una cerveza refrescaba mi garganta seca, rodeado de parejas achuchándose en las mesas, no hacía otra cosa que mirar mi teléfono, buscaba algún mensaje suyo anulando aquella cita.

    A pesar que hacia una tarde de verano, tenía un frio extraño, y un estremecimiento recorría todo mi cuerpo, de vez en cuando miraba hacia la puerta deseando verla aparecer e intentaba recordarla como vestía la última vez, pero mi mente mezclaba imágenes de los cinco años.

    – ¡Carlos!

    Había venido , su melena había sufrido un drástico corte de pelo, se podía ver que una parte de su cuero cabelludo aparecía rapado dejando una pequeña cresta en la parte central, no se parecía en nada a la Lola profesora de derecho en la universidad, un pequeño collar de cuero negro le rodeaba su maravilloso y largo cuello, vestía una mini falda junto a una camisa blanca, unos botines de tacón que la hacían más alta si cabía, sus metro setenta y cinco, podían darle tranquilamente para ser una modelo.

    -¡Lola! -Dije saliendo de mi letargo, una sonrisa cómplice asomo en sus labios, dos besos en la mejilla sirvieron de excusa para poder sentir su rostro nuevamente, su perfume, su perfume había cambiado, algo dentro de mi percibió que era una completa desconocida. Sé sentó en la silla cruzando sus piernas, mis ojos instintivamente recorrieron sus largas piernas, un botín se balanceó durante un segundo como si con ello comenzará a marcar el tiempo.

    -Bueno, aquí estoy.- Parecía que me estaba retando.- ¿Qué quieres Carlos ?.- Se notaba cierta tensión en su postura, por mucho que hubiera cambiado sus tics eran los mismos, una mano se acarició su oreja derecha signo de los nervios.

    Iba a hablar cuando apareció el camarero, Lola le sonrió, aquella sonrisa la conocía muy bien, una sonrisa de: sé que te gusta lo que ves pero no se toca, el joven intentó disimular mirando de soslayo a quien creía que era su pareja.

    -Una cerveza negra, americana si puede ser, gracias.

    Me sorprendió pues jamás la había visto tomar cerveza negra, decía que tenía demasiado cuerpo.

    -¿Cómo estás?- Había ensayado un montón de frases para decirle, pero en aquel momento la única que me vino a la mente fue esa.

    -Bien, ¿y tú?-Su mirada era fuerte, junto a su rasurada melena hacía que me hundiera en mi silla.

    -Voy tirando… más o menos.

    -¿Qué quieres Carlos?-Dijo descruzando sus piernas para apoyarse en la mesa con los codos, me tenía atrapado en el rincón del ring, no sabía cómo comenzar aquella conversación, cada palabra era como un gancho de izquierda directamente a mi mandíbula.

    -¿Por qué? ¿Cómo?- Intente devolver el golpe.

    -Parece mentira que me preguntes, cuando esas mismas preguntas te las deberías hacer a ti mismo.

    -No fui yo el que se fue.- Algo de mi luchaba por mantenerme de pie esperando la campana que diera el final del primer asalto.

    -No, tienes razón, pero sí que fuisteis el que me empujó a hacerlo.

    -Yo jamás… -El joven camarero dejó una cerveza negra acompañada de unos frutos secos encima de la mesa, hecho una mirada furtiva, esta vez intentando ver los pechos de Lola, eso era otro de sus atributos, pechos grandes acompañados de dos pezones negros rodeado de unas maravillosas aureolas, a su camisa blanca le faltaban tres botones por abotonar más a Dresde que olvidados, provocativa pero sin provocarlo, natural como la vida, desde la perspectiva del camarero podría ver parte de el sujetador o incluso con un poco de suerte algo más.

    -Yo jamás te empujé a eso.- Dije una vez que el camarero nos devolvió la privacidad.- Como puedes decir que te empujé a que me abandonaras, no, no te excuses en eso.

    Mi rabia contenida comenzaba a salir, había conseguido salir del rincón para llevar a mi contrincante de nuevo al centro del ring, se quedó mirándome durante unos segundos, ¡Dios! como amaba esa mirada, negó con la cabeza y de nuevo su sonrisa de desdén hizo que temblara el suelo que pisaba, conocía esa sonrisa y no presagiaba nada bueno.

    – Ves, no estás todavía preparado y no sé si alguna vez lo estarás, pero creo que hoy definitivamente tenemos que zanjar este asunto, después cada uno se irá por donde ha venido y continuará con su vida, ¿estás dispuesto a escuchar? – Aquello habían sido dos ganchos de izquierda seguidos a mi línea de flotación.

    -Sí, claro que estoy dispuesto a escuchar, siempre lo he hecho.- Intentaba zafarme de aquellos golpes.

    El comienzo.

    – Todo comenzó en la fiesta de cumpleaños de tu padre; espero que ellos estén bien, aquel día te comportaste como un crío de quince años.

    Me vino a la mente ese día, Lola llevaba un vestido blanco con sandalias de tacón, habíamos ido a la playa el día anterior y su piel estaba morena haciendo que resaltará con el color de su vestido, nada más entrar en casa de mis padres pude percibir los ojos de mis cuñados clavados en ella, ella jamás le daba importancia a esos detalles pero para mí era como si me la quisieran quitar y permanecía atento a todos sus movimientos.

    – ¿Qué se supone que pasó? – Dije tragando saliva, de sobras sabía lo que había sucedido.

    -Todo el día estabas encima de mí, podía verlo en tus ojos, tus contestaciones a Paco y Xavier, son tus cuñados ¡joder! -Lola había vuelto a apoyarse en el respaldo de la silla, sus piernas volvieron a cruzarse dándome la oportunidad de adivinar el color blanco de su fino tanga.

    -¿Te parece normal como te comportaste?- Dije imitando su postura.

    – ¿Yo?, ¿qué coño dices?, no pasó nada, a ver si por fin lo entiendes, si, me miraron, si, coqueteaban conmigo, pero por dios ¿Qué crees que iba hacer yo? , ¿Follármelos? ¿Eso es lo que crees?, creo que te dije mil veces que tú eras mi hombre, que jamás podía existir otro, mil y mil veces más te digo que nunca hubo otro y ni siquiera lo busqué.

    Necesitaba esa maldita campana, sentarme en mi rincón y que me pincharan los párpados inflamados de tantos golpes recibidos, no podía ver nada más que las imágenes de aquel día, todo comenzó ahí, estaba guardado en algún rincón de mi mente agazapado, sin dejarse ver, quizás fui yo mismo quien lo guardó bajo siete llaves para no culparme.

    -Si Carlos, ese día marcó nuestra caída al precipicio, ¿recuerdas cómo te comportaste delante de tu familia?, nos tuvimos que ir antes por qué la situación se volviera violenta, tus padres siempre se portaron muy bien conmigo y no se merecían el escándalo que por culpa de los celos de su hijo estábamos dando. Helena me llamó preguntándome qué diablos te pasaba, y no pude decirle que lo único que tenías eran celos, me callé y te excusé, tuve que mentirle ¡por Dios!, a tu propia hermana, mi amiga Carlos.- Lola giraba la botella sobre la mesa a la vez que hablaba fruto de la ansiedad que tenía.

    Las imágenes de ese día golpearon mi cuerpo como latigazos, me enfrenté a mis cuñados e incluso increpé a mis hermanas que no comprendían lo que me estaba pasando, le dije a Lola que nos fuéramos, durante el trayecto permanecimos callados, recuerdo que las lágrimas de Lola mojaron su precioso vestido blanco mientras que yo lo único que hacía era sujetar el volante con todas mis fuerzas, intentando no gritarle, controlando la ira, los quince minutos de trayecto se hicieron eternos, en ningún momento pensé en ella, solo quería llegar a casa lo antes posible, suponiendo que allí era mi refugio, allí pasaría página y volveríamos a hablar como dos amantes olvidando el mundo exterior, pero no fue así, Lola se encerró en el cuarto pasando el pestillo, no íbamos a hablar, esa noche sería imposible entablar una conversación que no incluyera insultos.

    -Sabes que fui yo la que hizo todo lo posible por arreglarlo.- Lola había terminado su cerveza, levantó la mano al joven camarero pidiendo otra, el joven al ver su gesto asintió con la cabeza, quise descubrir cierto brillo en sus ojos al ver que tenía la oportunidad de volver a repasar a Lola de cerca.

    -Sí, el crucero, el famoso crucero.

    Después de aquel día estuvimos quince días sin hablarnos, hicimos por no coincidir, Lola se marchaba antes de que yo me levantara y volvía justo para ducharse y acostarse, se podía notar en el ambiente que las cosas estaban empeorando, hasta que un domingo mientras tomaba un café escondido detrás del periódico sin leer, sentí como puso dos pasajes de un crucero encima de la mesa.

    – ¿Lo quieres arreglar o te vas a dar por vencido? -Dijo al ver como sacaba la cabeza de detrás del periódico.

    Ese momento hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, Lola mirándome con sus ojos llenos de ternura, su ligero pijama de verano dejaba ver su cuerpo casi desnudo, le sonreí asintiendo con la cabeza, se agachó y nuestras bocas se fundieron, necesitaba beber de sus labios eran como un manantial en mitad del desierto, me levanté y la cogí en brazos y la lleve a la cama, es verdad lo que dicen que el mejor polvo es el de una reconciliación, la tumbé y durante unos segundos me quedé de pie mirando su cuerpo, redescubriendo, sus manos no tardaron en despojarse de su camiseta de las cuales salieron sus dos grandes pechos; ¡Dios!, que visión me estaba regalando.

    Comencé a besar sus piernas recorriendo con mi lengua toda su largura, una vez en la encrucijada sus piernas se abrieron como flor en primavera, podía oler su sexo, sentía su llamada esperando mis labios, deslicé dos dedos entre el costado encontrando la humedad de su sexo, sus manos acariciaban mi pelo, jugando a hacer remolinos, volví a besar cada centímetro de sus piernas mientras mis dedos jugaban con la humedad de sus labios vaginales, podía sentir la agitada respiración de Lola, tenía los ojos cerrados a la vez que sus manos jugaban con sus pezones, su fino pantalón descendió a través de sus piernas hasta sacárselo por sus pies, no pude aguantar la visión de su vagina, el fino vello intentaba ocultar su clítoris ya hinchado, decidí que era hora de beber de esa fuente, mi lengua comenzó a recorrer primero los labios mayores sin dejar de morder aquel botón, las piernas de Lola luchaban contra la lengua invasora, sus gemidos ya no eran disimulables, sentía aquella humedad llenando mi lengua, fui subiendo, su ombligo, sus dos pezones su boca, Lola probó sus propios fluidos.

    -Fóllame ya…por favor. -Susurró a mi oído.

    La humedad de su vagina hizo que entrará en ella sin ningún problema, fue puro amor, solo buscaba llenarla de mi, que recordara que yo era el único que podía amarla.

    Cruzó sus piernas sobre mi espalda haciendo que me fuera imposible salir de ella, no podía dejar de besarla sintiendo como nuestras respiraciones formaban un dúo, sus uñas arañaban mi espalda convirtiendo el dolor en un placer extremo, me vine llenándola por completo, la lágrimas recorrieron su rostro.

    -No lo vuelvas a hacer, jamás vuelvas a repetirlo, te amo, ¿entiendes? TE AMO.- Sus palabras salían entrecortadas.

    – Te lo prometo.- Fue lo único que pude decir, tenía un nudo en mi garganta que me estaba ahogando, no me la merecía, no me merecía a aquella mujer.

    Pasamos un mes maravilloso, solo hablábamos del crucero, de las excursiones que haríamos y de las que no, ella quería visitar Sicilia, siempre le gustó Italia, a mí la verdad es que no me importaba siempre y cuando estuviera con ella, compramos ropa para salir a cenar y bañadores nuevos a pesar de tener bañadores en abundancia; Es como un comienzo dijo Lola.

    El crucero era por el Mediterráneo, la primera escala fue en Mónaco, alquilamos un descapotable cosa que a Lola en un principio no le gustó, decía que le removía tanto el pelo que haría que le entrara dolor de cabeza, pero a los pocos kilómetros se olvidó y disfrutó el aire entrando limpiamente en su cara, estaba preciosa ¡Dios! , tengo la foto grabada, su melena al viento, el bronceado brillante de su piel y el tacto de su mano sobre mi pierna, reservamos en uno de los mejores restaurantes de Mónaco olvidando que quizás nos tuviéramos que apretar el cinturón una vez regresamos a Barcelona, pero todo valía si era para unirnos.

    Todo cambió al día siguiente, habíamos vuelto muy tarde de Mónaco, la verdad es que yo acabé reventado entre el exceso de bebida y que Lola se empeñó en recorrer todo Mónaco sin dejar hueco sin ver, a la mañana siguiente me desperté solo en el camarote, una nota en la mesita.

    Estoy en la piscina, estabas tan a gusto durmiendo que me sabía mal despertarte, si te levantas pronto desayunamos si no tranquilo.

    Te quiero.

    Al ver la nota miré el reloj, eran las doce y media, me duché y salí a buscarla, el barco caminaba hacia el siguiente puerto, Sicilia, normalmente llegábamos a la noche, las excursiones comenzaban a las ocho de la mañana, Lola llevaba un mes pensando en Sicilia quizás aquel crucero era por Sicilia, al llegar a la zona de piscinas comprobé que estaba a rebosar de gente, el calor hacía que todo el mundo acudiera a la zona de aguas, miré a mi alrededor buscándola, no la encontré por ningún sitio, maldecía no haber cogido el móvil, me dirigí a uno de los bares que había, no sé el porqué pero mi mente empezaba a dudar de Lola, intentaba vencer a esa voz que me decía cosas extrañas e intentaba mirarlo de distinta manera, la suerte me acompañó pues al llegar una pareja dejo un hueco en la barra cosa que aproveché para sentarme, después de volver a repasar la piscina y alrededores buscando a mi mujer sin suerte decidí intentar dejar mis pensamientos a un lado, un camarero moreno con acento cubano me sirvió una cerveza bien fría.

    Ya iban tres las cervezas que había tomado con el estómago vacío, la parte negativa de mi mente había vencido, se me pasaron un montón de ideas la cual peor que la anterior, eran las dos cuando pude ver a Lola andando entre dos chicos, fue como un golpe en el estómago, creo que incluso se nubló mi vista, sentía la botella en mi mano la cual apretaba y gracias a que no tengo la suficiente fuerza, sino hubiera estallado en mi mano, Lola me vio y por la cara que puso sé que adivinaba lo que estaba pasando por mi cabeza, se detuvo y algo les dijo a los chicos los cuales disimuladamente miraron en mi dirección , se despidió de ellos y continuó en mi dirección, su cara intentó mostrar tranquilidad, pero bien sabía que algo iba a pasar.

    – Por fin dormilón.- Dijo lanzándose a besarme en la boca.

    – ¿Quiénes son?- No pude reprimirme.

    -¿Quién?- Se notaba que estaba ganando tiempo mientras buscaba la respuesta.

    – Esos dos Lola.- Dije separándola de mí con brusquedad.

    – No empieces Carlos.

    – No empiezo nada Lola, simplemente me gustaría saber quiénes son los dos tipos que se pasean con mi mujer, creo que es lo normal, ¿no crees? -Sentía la presión de mi mano sobre el botellín de cerveza; ¡Dios! que ciego estaba.

    – Son Antonio y Pedro, ¿contento?, simplemente hemos coincidido en la zona de olas, nada más.

    – ¿Nada más?- No pude evitar el tono irónico.

    – Nada más, tú mismo, me voy a bañar puedes hacer dos cosas, seguir con tu cerveza SOLO o venir conmigo y divertirnos.- Su cara reflejaba enfado y hastío.

    – De momento me tomaré la cerveza.- No quise dar mi brazo a torcer. ¡Idiota!

    – Tu mismo.- Dijo dejándome en aquella maldita barra de bar, sus caderas se balanceaban como demostrando que era lo suficiente mujer como para no depender de mí.

    La perdí de vista pero en ese momento me dio igual, si el barco hubiera estado atracado habría salido corriendo sin mirar hacia atrás, recorrí el barco toda la tarde a la vez que repasaba la conversación con Lola, palabra por palabra, una parte de mi decía que había hecho lo correcto mientras la otra parte decía que era un imbécil; sobre las ocho decidí volver al camarote, me ducharía y esperaría a Lola.

    – ¡Por fin! -Dijo Lola al verme entrar en el camarote, vestía unos finos pantalones azul cielo, su camisa sin mangas dejaban ver el bronceado de sus brazos.

    – Hola.- Mis palabras eran heladas, todavía mi orgullo dominaba mi mente. ¿Es que acaso me esperas?- Sentí que había lanzado un golpe bajo.

    – No, la verdad es que no te esperaba, sabes… mejor si esta noche vamos por separado… ¿no crees?, total soy una guarra, pues no te preocupes quizás haga algo para que por lo menos puedas acertar. -Lola se levantó, recogió sus zapatos de tacón y un portazo selló nuestra despedida.

    Me maldije mil veces, estuve por salir en su busca pero algo me detuvo, sabía que una vez traspasaba la línea Lola necesitaba espacio para calmarse, aquella noche me duché sintiéndome culpable, decidí salir a cenar unas hamburguesas deseando cruzarme con ella, pero no hubo suerte y lo único que hice fue acompañar mis hamburguesas con demasiadas cervezas, a las doce llegué a mi camarote intentando que no se notará el exceso de alcohol, ya estaba durmiendo con lo cual ese día todo estaba dicho, a la mañana siguiente amaneceríamos en Sicilia, esperaba que nos volviera a unir.

    He decidido ir a Sicilia sola, creo que tienes muchas cosas en que pensar, nos vemos esta noche.

    Lola.

    Me quede de piedra, ni siquiera se había despedido de mi, repetí las palabras de la nota una y otra vez en mi cabeza, descubrí la ausencia de «te quiero», ¿qué significaba eso?, miré mi rostro reflejado en el espejo del camerino intentando no pensar, respiré hondo para relajarme pero lejos de eso mi cabeza decidió lo contrario, me vino a la mente los dos jóvenes que había visto con ella , tenía que encontrarlos, jamás pensé que podían haber bajado solos, no necesariamente tenían que acompañar a mi mujer, por otro lado me venía la idea de que si la veían sola quién iba a dejar de intentar estar con ella, no estaba su marido y tenían todo un día entero en una ciudad que no los conocía nadie, ¿quién podría negarse a ese juego?, salí de mi camarote recorriendo cada rincón del barco, deseaba encontrarlos e incluso si los veía me tomaría unas cervezas con ellos, sabía que si los veía todos mis demonios desaparecerían era mi último aliento, prácticamente el barco se había vaciado quedando algunas familias y sobre todo gente mayor a la cual no le interesaba visitar Sicilia, no sabía qué hacer, decidí bajar a puerto caminaría por las calles más turísticas y con un poco de suerte la encontraría, hablaría con ella, no podía ser tan malo seguramente se haría la dura pero al final cedería y todo quedaría atrás.

    A las diez estaba de vuelta, me había pasado todo el día como un loco buscándola, un simple bocadillo había sido todo lo que había comido, al final decidí volver al barco y esperarla en el bar de la piscina, otra vez la cerveza me dominó y mi mente volvió a jugarme una mala pasada, la veía acompañada de aquellos jóvenes, riéndose del pobre marido que se había quedado en el barco como un simple cornudo, era imposible que no hubieran intentado llevarse a Lola a algún rincón donde no los pudieran ver, ¿y Lola ?, ella se había hartado de él, ya se lo había dicho, era tonto si no lo había entendido» haré algo para que puedas acertar», sería una forma de vengarse de mí, unos cacahuetes acompañaban a las cervezas, mi estómago estaba vacío prácticamente no había comido nada en todo el día pero me era imposible poder tragar, quizás ni siquiera hubieran salido del barco, podían haber pasado el día allí mismo, pero no era posible lo había revisado por completo, a no ser… que estuvieran en un camarote, sería una manera de disfrutar con ella, nadie los podía ver y yo seguramente habría bajado, Lola sabía que no me quedaría encerrado en el barco, más sabiendo que ella no estaba, abrían pedido comida para poder continuar disfrutando de ella, era una oportunidad demasiado buena para los dos, podría con ellos de sobras, otra cerveza y otra, mientras imaginaba escenarios, un hotel de mala muerte, escondidos en algún jacuzzi, todo eran imágenes que me herían en lo más profundo de mi ser, a las tres de la mañana conseguí llegar a mi camarote, la cabeza me daba vueltas, necesitaba bajarme de aquel barco, una parte de mi seguía culpándome de lo sucedido estaba dispuesto a pedir perdón por ser un imbécil que no se merecía a su mujer, ella era mucho mejor que yo, todo lo sucedido había pasado por no poder ser un hombre, al abrir la puerta encontré el camarote vacío, no había rastro de Lola, lo revise mirando en el lavabo sin éxito, ¿dónde estaba?, eran las tres de la madrugada hacía mucho tiempo que todo el mundo había embarcado no era posible que se hubiera quedado en tierra, me hundí en aquel camarote «me ha abandonado». Lola se había ido, ni siquiera lo había intentado, podríamos haber hablado seguro que lo hubiéramos solucionado, pero quizás eso era lo que ella no quería, seguramente esos dos jóvenes le daban más que yo, tonto de mí, me había dejado convencer por una mujer, yo no le importaba, simplemente era un don nadie, sí, era eso, lo tenía todo planeado, humillarme, ese era el objetivo de ese maldito crucero.

    No recuerdo a qué hora me quedé dormido hecho un ovillo sobre la cama, abrí los ojos y noté a Lola durmiendo a mi lado, todavía llevaba la misma ropa, su rímel estaba corrido y había restos de su pintalabios en la almohada.

    No la desperté, quería contemplarla sin ser visto, necesitaba verla sin tener que discutir, pero la duda me invadió ¿dónde ha estado toda la noche?