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  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (8)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (8)

    Mari separó sus parpados con suma pesadez, sentía que había dormido miles de horas, pero cuando miró el móvil se dio cuenta de que solo eran las diez de la mañana. Puso un pie en el suelo y se quedó con la mirada perdida en la blanca pared, como siempre hacia al despertar, no pensaba en nada.

    Se levantó con ganas, queriendo empezar un nuevo día con alegría, sin embargo sintió algo, las piernas le dolían. En la cadera y en la parte baja de la espalda, más o menos por la zona del lumbago, sentía unos pinchazos increíbles. Abrió los ojos de pronto, dándose cuenta de todo lo que había pasado aquella noche. Todavía no era consciente de lo que había sucedido, parecía haber sido un sueño, pero ahora, con cierta luz entrando en la habitación se dio cuenta de que era real.

    Volteó la cabeza con calma, temerosa de darse cuenta de que todo aquello no lo soñó y que era muy cierto el placer que sintió en su sexo. Ver a su hijo todavía dormido a su lado y destapado, mostrando su desnudez, la propinó la última bofetada de realidad.

    Corrió al baño, con sus maltrechas piernas que parecían que habían olvidado como caminar, era más un bebe grande que una mujer de mediana edad. Cerró la puerta y colocó el pestillo, sintiéndose segura en una zona que no estaba su hijo.

    Fue al espejo, apoyando sus manos en el lavabo y dejando el grifo del agua abierto para comenzar a mojarse la cara con ganas. El millar de gotas que golpeaban su rostro le iban aclarando la mente más y más. Al levantarse de cama lo recordó, era normal, todo lo que sucedió en la oscuridad parecía irreal, pero frente al espejo las imágenes volvían.

    Ella con la mano de su hijo entre sus piernas, cabalgando encima de él con el miembro llegándole a zonas desconocidas. No podía sostener en su cuerpo la presión que se le estaba acumulando. Su pecho zumbaba nervioso y su corazón latía a un ritmo descoordinado por el estrés que se estaba generando. Recordó las últimas imágenes, aquellas fuertes manos agarrando su cadera y después, el hombro para que el agarre fuera más duro y poder incrustar aquella gran herramienta en su interior.

    —¡¿Qué he hecho?!

    Preguntaba a su reflejo en el espejo que no le daba ninguna respuesta, solo su mente le contestaba trayéndola otras imágenes muy concretas. Ella queriendo más, mucho más, abriendo todo su sexo para que su hijo entrara a placer y notando como… SU SEMEN la llenaba como ningún otro.

    —Quería… comerme su… su…

    No pudo acabar la frase, el shock producido por el golpe de la realidad era demasiado, estaba hiperventilando por quitarse el velo de lo que tanto había querido. No era otra cosa que lo que esa noche pasó, Mari quería tener relaciones sexuales con su HIJO.

    Miles de pensamientos aberrantes pasaron por su mente, ya no solo era la traición a Dani, su hombre todos estos años, si no más grave era la relación con su hijo. Tantas preguntas sobre el futuro cercano se aglutinaron en su mente, tuvo que cerrar sus ojos para que estas no la desbordases. Los gritos en su cabeza parecían detenerse por un momento, aun así, el cuerpo estaba completamente descontrolado, la mujer se tuvo que dar la vuelta, mientras corría al retrete. Las paredes la oprimían, aprisionándola cada vez más en aquel baño lejos de todos. Estaba sola, con la cabeza devastada después de hacer algo inimaginable. El frío del retrete en sus manos no la calmó, ni tan siquiera pausó un poco su respiración. Inclinó la cabeza mientras las paredes de baldosa blanca se la comían, las podía notar casi sobre su espalda y miró fijamente al agua que posaba tranquila en el retrete. Vomitó.

    Sergio se despertó más tarde, algo desconcertado y desorientado. Miró hacia el lado donde debería estar su madre, no estaba y tampoco se la escuchaba en el baño, quizá hubiera bajado sola a desayunar.

    Volvió a recordar todo lo acontecido a la noche, sobre todo por culpa de ver los trozos blancos de fluidos secos que reposaban tanto en su miembro como en su cadera. Sin duda fue una gran noche, el placer había sido tan grande que de la misma quedó rendido para el resto de la noche. Habían acumulado demasiada tensión y la liberación fue gloriosa, sin embargo algo le taladraba el cerebro.

    Recorrió desnudo la habitación, cogiendo alguna que otra prenda y caminó a la ducha. Comprobó cómo se imaginó que Mari ya no estaba, “habrá bajado a desayunar”. Aunque su mente le decía otra cosa, una picazón le surgía en el interior de su cerebro, sabía que algo no iba bien.

    Bajo los chorros calientes de la ducha, de su cuerpo no manaba la misma sensación de plenitud que con su tía. Aunque el sexo había sido igualmente satisfactorio algo fallaba, una cosa tan obvia y que habían sobrepasado de una forma tan despreocupada, eran madre e hijo.

    La conciencia hizo acto de presencia y la sensación de preocupación por su madre se hizo patente. Mientras se limpia los restos que Mari había dejado en él después de llegar a un placer inimaginable, Sergio meditaba “¿estará bien?”.

    Mari no lo estaba. Es más, estaba fatal. Su cuerpo le temblaba a cada poco pensando en lo que hizo. Por una noche de pasión, ahora tenía que pagar la factura de millones de cuestiones que debía resolver. La principal de ellas “¿cómo será ahora nuestra relación?”.

    Sentada en un banco, cerca del teatro donde la tarde anterior disfrutaron cogidos de la mano, ahora apenas podía mirarlo sin arrepentirse. Cierto que se lo pasó muy bien, fue feliz cada minuto que estuvo con su hijo, incluso a la noche… por mucho que le causara un mal dentro de ella, había gozado como nunca.

    Después de que el frío madrileño le aclarara un poco las ideas, volvió al hotel, ya iban a ser las once y media de la mañana y en media hora deberían de poner rumbo a casa. Pensar en el viaje de vuelta, tantas horas dentro en un coche sin decir nada o peor… hablando del tema, la aterraba. Sin embargo, tenía que suceder, debía afrontar la conversación con ganas, ya que era inevitable.

    —Lo mejor será hablarlo en casa.

    Abrió la puerta de la habitación, recordando en rápidos flashes todas las sensaciones que tuvo a la noche. Cerró los ojos con fuerza con la puerta aún a medio abrir, era extraño puesto que tanto placer… parecía dañarla por dentro.

    Logró entrar sin cambiar el rostro que llevó toda la mañana. Sergio estaba con la maleta en la cama, tratando de cerrarla a presión como buen adolescente. Ambos se miraron, por un momento quedaron de pie, quietos, mudos, con los ojos fijos en el otro escudriñando la expresión de cada uno.

    —Hola.

    —Hola.

    Solamente se dedicaron el frío saludo, tan helador como el clima del exterior. La mujer anduvo por la habitación, sin posar los ojos en ninguna parte del cuerpo de su hijo, casi sentía pavor por iniciar una conversación con él. Por lo que hizo lo más sensato, cogió la mochila y se fue por donde vino, en un movimiento tan rápido que sin esperar a que su hijo le dijera nada, saltó.

    —Te espero en el coche.

    Sergio se quedó perplejo. Aunque una parte de su mente sabía que eso podía pasar. Consiguió cerrar la maleta con fuerza y salió de la habitación, mirando por última vez el mural en la parte del cabecero. Era evidente, no se lo podía negar, allí había hecho algo aberrante para el resto del mundo, aunque no tanto para él. El placer fue tan inmenso…

    Miró por última vez aquella zona de la habitación, mientras recordaba como golpeaba con su miembro a su madre y esta se estremecía con cada entrada. Fue delicioso como nada antes, incluso más que con Marta, con Alicia, más que con… su tía, quizá por lo prohibido de que fuera Mari.

    Bajó despidiéndose de la habitación, haciendo lo mismo en el ascensor recordando como abrazó allí a la mujer que más amaba. Se rio pensando en la visión de aquellos pechos perfectos y maldiciéndose a sí mismo por no haberlos tocado, “quizá no vuelva a tener una oportunidad”.

    —Buenos días, —Raquel le esperaba sonriente en recepción— marchan, ¿verdad? Acaba de pasar su madre hacia el garaje.

    —Sí, se ha adelantado.

    —¿Lo pasaron bien?

    Sergio la miró sonriente, recordando cada momento y haciendo a un lado esta mañana.

    —En verdad, creo que ha sido el mejor fin de semana de mi vida.

    Raquel incluso se sorprendió, ninguno de sus huéspedes le había dicho antes algo parecido con tanta franqueza, solían soltar frases cordiales y punto. La mujer le volvió a sonreír y le despidió con la mano.

    —Me alegro entonces, que tenga buen viaje.

    Cuando el ascensor le dejó en el garaje y al fondo vio a su madre apoyada en el coche, esa frase adquirió más relevancia, contestándola en su mente, “el viaje no va a ser tan agradable”.

    El sonido del coche abriéndose, no consiguió que ninguna conversación comenzara, sino que fue el pistoletazo de salida para una agonía. Dentro del vehículo ninguno se decidía a hablar. Ambos evitaban mirarse, ni siquiera pasar la vista por el mínimo pliegue de piel del otro, se sentían mal con ellos mismos. Incluso Sergio, que al principio de la mañana se había levantado más o menos vital, ahora empezaba a ver las consecuencias de sus actos.

    Mientras más kilómetros pasaban, más claro veía que aquello iba a traer cola y que al menos estarían un tiempo “raros”. Habían traspasado una barrera infranqueable, no solo porque Mari engañara a su marido, sino porque dicho amante era nada más y nada menos que su hijo.

    Debían asumir demasiadas cosas, un día de placer quizá podría desembocar en terribles consecuencias, Sergio se hizo la pregunta clave “¿ha valido la pena?”. No sabía si podía contestar esa pregunta, al menos el rostro de su madre le decía que no, sin embargo el tiempo arreglaría la situación y quizá, podrían tener una relación normal. Por el momento no pensaba en volver a repetirlo, solo su curioso amigo de entre las piernas se alegraba de vez en cuando.

    No obstante a mitad de viaje, el infierno se hizo presente. La pesadez de conducir en tensión, junto con alguien que se resigna incluso a mirarte era una losa que le estaba comiendo por dentro. “No hablemos de eso, ¿vale? Pero tengo que hablar de algo o me muero”.

    Antes de comentar algo carraspeó su garganta, primero por destensarla para hablar después de tanto tiempo y luego para llamar la atención de Mari.

    Esta que seguía con la cabeza en el cristal de la ventanilla, mirando el paisaje a la vez que su frente temblaba por las vibraciones del coche, no paraba de pensar en lo mismo. Su mente le decía lo odiosa que era, había tenido sexo con su hijo, algo totalmente inmoral y horrible para la sociedad. Sin embargo, ella no lo veía tan… tan… malo.

    Sí, engañó a su marido y con el último hombre en la tierra con quien debería hacerlo, pero las sensaciones no habían sido malas, todo lo contrario. Todavía notaba ese picor, el momento del gran clímax que le había revuelto cada uno de los nervios que tenía en el cuerpo. La sensación de tocar el cielo, de sentirse dichosa, aquello no era horrible.

    Algo le sacó de sus pensamientos, dejándola con la película de su mente detenida en el instante que Sergio se colocaba detrás de ella para insertársela. Miró hacia su izquierda, su hijo había carraspeado y sus ojos estaban fijos en ella.

    Le gustaba que la mirase, no como le gustó lo de la noche, sino como madre, su mirada inspiraba amor. ¿Cómo era posible que sintiera dos cosas tan opuestas? Por un lado un asco terrible hacia su persona por haber llegado a tal punto y por otro lado un amor incalculable hacia su hijo.

    —Estuvo bien la función.

    Mari clavó sus ojos en él por primera vez en el día, “al menos ha tenido el valor de hablar, yo ni eso” se dijo viendo el bello rostro de su jovencito. Sergio seguía con la vista puesta en su madre, quizá rogándole mentalmente que le contestase y dejase esa tensión a un lado. Poniendo en serio peligro su vida, no viró la cabeza hasta escuchar alguna palabra salir de la boca de su madre, la que fuera.

    —Hijo, —Mari al fin se decidió— ahora no estoy con la cabeza para hablar, sé que lo entiendes. —Sergio puso al fin los ojos en la carretera. Por supuesto que lo entendía— Quiero relajarme un poco, pensar todo en frío y después, hablamos.

    —Pero… ¿Todo bien? ¿Hice algo mal? O…

    —Cariño, no —cortó la mujer moviendo rápidamente la cabeza—. De verdad, no quiero hablar de nada de eso, no has hecho nada malo si es lo que quieres saber, solo que necesito tiempo. Cuando lleguemos a casa y me centre, te prometo que tendremos una conversación.

    —Vale, te entiendo, mamá.

    Mari más aliviada, giró el rostro. La tensión se había relajado de cierta forma, aunque el viaje prosiguiera en silencio, al menos algo habían conseguido, las primeras palabras afloraron.

    Sergio algo más tranquilo, aunque no del todo, puso toda la concentración en la carretera, quedaba menos de la mitad del viaje y aunque había sido una conversación corta, le sirvió. No se morirá de agobio por estar en silencio todo el viaje, algo era algo.

    Rebuscó en la zona derecha, donde algún que otro CD de música acumulaba polvo desde hacía par de años. Cogiendo uno de forma aleatoria lo puso en la vieja radio. La música comenzó a sonar y Mari se recostó en el asiento del copiloto más relajada, quizá sabedora que esa conversación sucedería, aunque… ¿Qué se dirían?

    ****

    La llegada a casa fue como se temían, aduciendo ambos cansancio y cada uno reposando lo más lejos posible del otro. Alguna que otra pregunta respondió la mujer a su marido, pocas la verdad, tampoco era que tuviera un interés increíble en saber qué tal se lo había pasado. Con Sergio ocurrió lo mismo, sin embargo, era su hermana la que no paraba de preguntarle con verdadero interés, el joven respondía como podía, sin parar de pensar en su madre.

    Fue una tarde en la que la separación entre ambos amantes de la capital parecía obligatoria. Si uno estaba en la sala, el otro se iba a la cocina, si uno iba por el pasillo, el otro se metía en su cuarto. Estuvieron evitándose casi todo el tiempo, tratando por un lado de retrasar la “curiosa” conversación que les esperaba y por otro lado, con miedo de que los otros dos habitantes notasen algo extraño.

    No fue hasta después de la cena que ambos se encontraron sin querer en la cocina. Mari estaba depositando todos los platos en el fregadero, pensaba darles un poco de agua y dejarlos a secar, pretendía hacerlo rápido para irse al sofá al abrigo de su marido, y no ver a Sergio.

    El joven había marchado al baño, solo un momento para volver y terminar con la cena. Sin embargo en ese mismo instante en el que él dejaba correr su líquido a través de su miembro viril, su padre y su hermana se levantaban de la mesa. Dejaron sola a Mari en la cocina, con prisas por terminar de recoger todos los platos, no obstante… no le daría tiempo.

    Su hijo volvió con la idea de comerse una fruta que rápidamente se le olvidó cuando vio a su madre sola en el interior. El corazón le dio un vuelco, porque ella le estaba mirando, sabían que estaban solos y no era decoroso huir, aunque una parte de su cabeza se lo pedía.

    No podía comprender por qué ese pavor a tener la conversación con su madre. Con Carmen todo fue más fácil, no hubo ni que hablarlo, lo hicieron, gozaron, repitieron y… repetirían. Pero el interior más profundo de su conciencia le decía cuál era el problema. Carmen estaba lejos, la veía muy poco y era su tía. Mari estaba en casa, la veía a diario y ERA SU MADRE.

    Todavía en la puerta el pánico por entrar en la cocina era enorme, pero más temor le tenía a que apareciera su hermana y le viera así de pasmado, por lo que dio un paso, sintiendo que entraba en una cámara de torturas.

    —Sergio.

    La voz de su madre le congeló. Ni siquiera alzó la cabeza para mirarla, solo se quedó como estaba, delante de la nevera, con la puerta abierta y mirando unos yogures que tenían muy buena pinta. La fruta estaba demasiado cerca de Mari.

    —Ven.

    Como un perro fiel obedeciendo a su amo, cerró la puerta de la nevera y dio tres pasos a la derecha, los suficientes para colocarse al lado de su madre.

    El aroma que la mujer desprendía le recorrió las fosas nasales, rememorando unas imágenes poco luminosas, pero muy vividas. Aquello no era un perfume, era simplemente el olor característico que desprendía su cuerpo y mientras estaban en la oscuridad de aquella cama, lo sintió tan gratificante…

    —Si se puede, hablamos mañana. Hoy ya es tarde y estoy cansada.

    Mari quería evitar la conversación a toda costa, pero en algún momento tenía que salir a la luz. Vivían juntos era imposible evadirse todos los días, debían terminar con eso, la cosa era que la mujer no sabía qué decirle.

    No es que le hubiera gustado, es que el sexo con Sergio fue de un nivel superior, aún sentía el calor nacer en su cuerpo cuando recordaba todo el miembro del joven en su interior. Sin embargo la pega de tener un lazo familiar tan estrecho la hacía sentirse asqueada con ella misma, una situación insalvable e incompatible. Deberían mantener el secreto para que no volviera a repetirse, aunque… un pequeño demonio en su interior la decía “Si es en secreto, ¿por qué no?”.

    —Mañana vuelvo a la universidad, pero a la tarde estoy aquí.

    —Bien.

    No hubo más que decir, los dos supieron que la fecha para la conversación había sido fijada y ambos dejaron de mirarse. El joven partió sin fruta, ni yogur, directamente a su cuarto para poder dormir, la tensión lo había matado.

    Mari hizo lo mismo, viendo que su hijo estaba en el cuarto, se marchó al suyo diciéndole a Dani que ya se iba a dormir, quedándose este junto a su hija viendo una película a la cual ambos prestaban atención.

    La mujer se metió en cama con un gran suspiro, como si se hubiera salvado del ataque de un oso salvaje, sin embargo, mañana lo tendría que volver a ver. Cerró los ojos a la par que su hijo hacia lo mismo a escasos metros. Estaban en la misma casa, pero esta vez separados por varias paredes, no como veinticuatro horas atrás, donde ambos compartían cama.

    En la mente de la mujer, todo comenzó a funcionar, la imaginación voló como solo lo hace antes de dormir. El cerebro se puso a juguetear con los recuerdos, dejándole algunos para que los viera con total nitidez y otros deformándonos esperando convertirlos en sueños.

    Mari no pudo frenar aquello, estaba demasiado cansada y dejó fluir todo lo que su cabeza le daba. Las sensaciones de la noche anterior la empezaron a turbar, la imagen de ella encima de su hijo se volvía más clara y no tan oscura como era en realidad. Las piernas de la mujer se apretaban bajo las sabanas debido a un picor muy caliente que amanecía como el sol.

    Ahora ya no estaba encima, si no de rodillas frente a un gran mural mientras una bestia la golpeaba con fuerza con su terrible miembro masculino. Su hijo estaba allí detrás, volviendo a hacer que sintiera el paraíso en la tierra. Aquellos innumerables centímetros en su interior, tocando los millones de nervios de su vagina y haciendo que los fluidos manases como nunca Dani se había acercado.

    El sueño pareció vencerla mientras sus piernas apretaban y rozaban con fuerza un sexo hinchado y caliente. Se iba a dormir, justo en el momento que recordó lo que pensó mientras lamia el dichoso mural. Le hubiera gustado comer aquel pene, meterlo en la boca, ver cómo le daba placer y el hombre… su hijo se derretía de gusto. No se podía engañar, todavía le quedaba mucho por disfrutar con el joven o al menos… se daba cuenta de que eso era lo que quería.

    CONTINUARÁ

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Mi psicólogo y yo (Parte 2)

    Mi psicólogo y yo (Parte 2)

    Fui al baño o tocador (como muchas personas lo conocen), me vi al espejo con una mirada que sinceramente yo nunca me había percatado, me dije a mi misma: Tranquila solo es él, no pasará nada malo. Después de unos minutos salí del baño tranquila sin pena alguna, me dirigí a aquella habitación donde él esperaba, por cortesía toque la puerta para entrar, él me dijo que pasará. Pasé sin percatarme que mi vestido se había levantada mientras fui al baño, aunque sé que él me miró, seguí caminando al sofá que tenía en su consultorio.

    -No podía olvidar tu verga cueva, cuando te tocabas, no pude olvidar ese momento. -Le dije mientras lo veía.

    Hambrienta de sexo le pregunté si le gustaba lo que veía, tímidamente me respondió:

    -No pensé que fueras tan fabulosa, Adriana es una bella chica, y muy pero muy sexy.

    Me sentí la mejor de las putas, sabiendo que había sido del agrado de mi psicólogo, incluso que se había tomado por mí. Me senté en el sofá, me crucé de piernas y le dije:

    -Continuamos… en que nos quedamos?

    Rápidamente me toco un tema cualquiera, mientras él me miraba fijamente, me saque de onda al escuchar su pregunta tan inusual, mientras yo por dentro moría de excitación, no medí esa voz dentro de mi diciendo que todo estaría bien.

    Seguí con su charla, mientras yo no paraba de pensar en lo caliente que estaba. Tal vez él presintió mi calentura y con una voz dulce me dijo:

    -Adriana advierto que tú estás jugando conmigo, pero sabes, a pesar de lo que hagas no caeré en tu trampa.

    Me quedé sin palabras mientras me miraba fijamente, con un deseo arraigado le dije:

    -Claro que no, me mostré como tu querías que me mostrará, solo es eso. No lo tomes a mal. Sinceramente no podía dejar de pensar en su verga tan linda, tan dura, y curva como la observé, eso me volvía loca rotundamente.

    Vestida como una señorita, perfumada como tal, permanecí frente a él por unos minutos, solo me miraba y no sabía como interpretar esa mirada. Di el primer paso, me levante y comencé a desnudarme sin alguna razón obvia, me quite mi vestido y quede en tenga. Simplemente a merced de él.

    -Adriana que estás haciendo? -Respondió de una forma alterada, miraba en sus pómulos que se mostraba su excitación que no podía ocultar.

    -Sé que sientes lo mismo que yo, esa excitación que pretendes ocultar. Te vi masturbándote por mi, eso me dice muchas cosas… Negarás que te excitaste al verme? Sé que lo has hecho, por eso quiero ofrecerte mi cuerpo y me pruebes totalmente.

    Como una loca fui tras de su verga, y él no se negó, tomé esa gran verga que sin decirlo me deseaba, la toque y se la mamé sin pena alguna, mientras él solo gemía de placer, no pude olvidarme de esa gran verga que yo mamaba, de arriba abajo con mi saliva recorriendo su miembro, mojada le dije: Te gusta que te la mame? Apuesto que sí, ya que estoy tan excitada por ti… solo me miró y entre labios dijo:

    -Me encanta que me la mames.

    Y me volteé para que me viera lo puta que era y meterla a la boca. Esas palabras me llenaron de placer y accedí.

    Continuará…

  • Nuestros amigos quieren repetir la ocasión

    Nuestros amigos quieren repetir la ocasión

    Hola a todos, de nuevo por aquí para contaros que hace poco mi esposa Julia y yo volvimos a vernos con nuestros queridos y cachondos amigos Lyn y Leo.

    Julia y yo llevábamos una temporadita pequeña sin hacer nada de lo normal, mucho trabajo y poco tiempo, así que llego una semana que se venía un festivo de por medio así que aprovechamos para descansar y hacer un poco de vida social, paralelo a todo esto, nuestros amigos los últimos días estaban insistiendo en que hacíamos y si nos apetecía quedar, así que quedamos con ellos para cenar y tomarnos unas botellas que compraríamos para casa.

    Llego el día, Julia y yo fuimos al súper a por las bebidas y algo para picar, y ellos pusieron casa, llegamos sobre las 21:30 horas en su casa y mi chica y yo, llegamos lo más elegantes posible, yo me puse una camisa y vaqueros y mi esposa un vestido de falda cortito y apretado, dejándose notar su culazo grandote y rico, Leo estaba vestido igual que yo, con vaqueros y camisa, y Lyn, solo de pensarlo… Estaba con una mini falda apretadísima qué apenas mirabas se la veía todito, y por arriba una de tirantes con un escotazo que se la salían sus tetitas, que ricas las dos.

    Después de una cena larga y muy divertida nos pusimos a beber, ya dadas la 1:30 de la madrugada Leo se le notaba muy caliente bromeando con Julia, mirándola muy sucio, ateniéndose a manosearla y masajearla pero sin más, todo parecía que no pasaría nada, Lyn y yo tenemos una historia diferente entre nosotros, nos estábamos excitando sin hablarlo ni decirlo, queríamos repetir la ocasión y parece ser que al menos Leo también, Julia estaba algo más reservada y tímida, como siempre, pero ya saben, las apariencias engañan. En un momento dado de la madrugada mi esposa nos dice que se subía al piso de arriba al baño, quedándonos los tres, Leo, Lyn y yo solos en el salón hablando de un tema familiar de Lyn, pasado un rato, que esto en el momento ni nos dimos cuenta, Julia seguía sin bajar, pero notábamos a Leo nervioso y mirando el móvil de vez en cuando, así de repente dice que él también se ausenta un momento y volvería.

    Lyn y yo ya acabamos de debatir sobre un tema familiar de ella, cuando quedo un silencio en el salón, ella y yo solos, nos miramos, sonreímos nerviosamente, y nos preguntamos; – ¿Dónde están estos dos?

    La respuesta a nuestra misma pregunta fue levantarnos, mirarnos, nos tocamos, ella mis partes y yo su culo, nos besamos, y subimos al piso de arriba, en silencio ella delante de mi y yo detrás de ella metiéndole mano debajo de su minifalda, podía comprobar que estaba sin ropa interior y muy mojada, a medida que subíamos escuchábamos pequeños gemidos, ¿qué será?

    Llegamos al piso de arriba, si bien habéis leído nuestra experiencia anterior con ellos, os imaginaríais como es el chalet de ellos, 3 habitaciones, dos baños y fuera aparte este detalle Lyn y yo empezamos a escuchar ruidos de besos y pequeños gemidos, todo oscuro, casi todas las puertas cerradas menos una, pero los ruidos no venían de ahí, entonces instantáneamente nos miramos y nos susurramos que creíamos que estábamos a punto de ver lo que nos imaginábamos, mi esposa y su esposo, Julia y Leo, enrollándose.

    Antes de seguir contándoles todos los detalles, quiero hacer un paréntesis para confesaros que fue la situación más excitante y morbosa que me había pasado con mi esposa en una experiencia con más personas (trio, intercambio, o mirando).

    Entonces Lyn me llevo hacía la puerta de un baño, y efectivamente, Julia y Leo estaban ahí dentro, nos pusimos los oídos a escuchar y empezamos a tocarnos entre los dos, hasta que un silencio dentro del baño nos alarmó y paramos para ver qué pasaría, pero lo siguiente que pasó fue que mi esposa pego un grito en el cielo a la vez que la verga de Leo penetraba y sonaba contra ella, entonces Lyn abrió suavemente la puerta dejándola casi cerrada pero con pequeñas vistas de lo que pasaba dentro del baño, había un espejo según se abría la puerta del baño, y pudimos observar como mi esposa estaba de pies apoyada en la pared y Leo penetrándola como si fuera la última vez, yo ya tenía a Lyn desnuda de cadera para abajo, y con su tirantes medio desabrochado.

    Leo estaba con los vaqueros bajados y con su camiseta mientras mi esposa tan solo se había subido el vestido de falda, -Vámonos a la habitación- le dije a Lyn, ella como otra putita caliente igual que mi esposa, obedeció y me llevó a la habitación de ellos, según entramos me desnudé entero, me tumbe en la cama y Lyn, hizo lo mismo, vino hacia mi verga dura y con el líquido mojando mi capullo a tope, se la metió sin pensarlo dos veces en su boca ardiente, empezó a mamármela lento y suavecito, entonces la quité, después de un rato comiéndome la verga, y la tumbe para saborear su coño caliente y húmedo, después de eso, me levanté y acto seguido la metí la verga yo encima de ella, empecé a darla suave y besándonos muy caliente y con gemidos tan ricos como los de Lyn recordándome a la vez los de mi esposa cogiendo con Leo en el baño.

    Después de un buen rato Lyn se puso encima mía y empezó a cabalgarme con su culazo, acto seguido veo a mi esposa y Leo entrar en la habitación, mi esposa se sube encima de mi cabeza y me pone a comer su coño lleno de líquidos de ella y Leo, que rico estaba, Leo se puso de píes encima mío, para que entre las dos, Julia y Lyn, le comieran la verga, mi esposa apenas tuvo palabras, si no tenía una verga en el coño, tenía una verga en la boca, y si no el coño de mi amiga, así mismo siguieron las dos, se tumbaron una encima de otra, a manosearse, tocarse y besarse, Leo y yo dimos un pequeño descanso cuando yo me puse detrás dé ellas y penetre a Lyn y Leo puso du verga en la boca de ellas, yo cambiaba de coño cada ratito hasta que las empezamos a lamer el coño, Leo a Julia y yo a Lyn, y terminaron corriéndose casi a la vez, de una cambiamos las tornas, empezaron a comernos las vergotas, Leo enseguida terminó dentro de la boca de Julia, que acto seguido se lo trago y se puso a chupar mi verga con Lyn a la vez, no me pude resistir, me sacaron la leche enseguida… que rica noche fue, pero no acabó ahí, según nos corrimos todos, nos tumbamos los cuatro en la cama muertos del cansancio y exhaustos de tanto sexo, la cama húmeda con chorros y líquidos de todos, nos quedamos dormidos Leo y Julia en un lado y Lyn y yo en otro… el amanecer fue espectacular pero lo contaré otro día.

    Espero que os hayáis excitado con nuestra experiencia. Un saludo a todos.

  • Mi esposa sale a correr con el vecino

    Mi esposa sale a correr con el vecino

    Está sucediendo justo en este momento. Somos una pareja se podría decir que normal, ella ama de casa yo con un trabajo en oficina y tenemos una hija y todo común y corriente, pero hay ocasiones en la que ella se transforma en una golfa y en estos momentos eso es lo que está pasando.

    Anoche llegamos a casa de sus papas a tres horas de la de nosotros donde también vive su hermana y por la noche antes de dormir me dijo que saldría temprano a correr con uno de sus amigos a hacer ejercicio y hace una media hora tomó su celular y me dijo que ya se iban a correr y me dijo que si los acompañaba y le dije que no ya que me excita la idea que salga con él y ver a donde van ya que sin que ella lo sepa rastreó su celular con el GPS que trae integrado, dicho y hecho han pasado 10 minutos desde que salieron y veo que tomaron la ruta rumbo al hotel donde siempre se la ha llevado a coger y eso me ha provocado una erección descomunal, al parecer me gusta la idea que a mi esposa se la cojan otras vergas.

    Ella siempre me ha demostrado ser una mujer fiel, recatada y respetuosa y siempre que le he comentado mi fantasía me ha dicho que estoy loco pero desde hace ya tiempo me di cuenta que también se va de puta con su ex pero eso se los contaré en otra ocasión.

    Hace ya varios minutos que llegaron al hotel y el teléfono de mi hotwife tiene la opción de encender el micrófono y escuchar los ruidos del entorno, es de esos teléfonos que se les instalan aplicaciones espías para saber donde está el dispositivo en caso de ser robado pero pues yo lo utilizo para saber y escuchar lo que hace mi esposa mientras tengo erecciones y pasó a lo mío, bueno pues acabo de activar el micrófono y o sorpresa la mía escuchar a mi mujer pedirle que ya la penetre, que la haga suya y él le está pidiendo que habrá más las piernas y le dice que va a ser su puta de nuevo mientras ella le dice que si, que la coja y que la disfrute, ella le está hablando de una manera muy puta y golfa, se ha transformado en lo que no es conmigo y a mi me encanta la idea que sea así, escucho sus gemidos y como le dice si papi hazme tuya mientras suelta gritos de placer y repite una y otra vez más rápido métela toda y párteme con tu verga rica, no la saques y hazme gozar como siempre, el de dice maldita puta deliciosa estás bien mojada como siempre mi mujer no es así de zorra como tú, ella le pregunta qué cómo es ella y él le contesta que igual a ti como lo eres con tu marido.

    Lo que él no sabe que ahorita yo también voy a aprovechar para ir a coger con la puta y golfa de su mujer, repito que esto está pasando justo en estos momentos.

    Ahora escucho que ella entre jadeos y gritos le dice que está a punto de venirse y sigue gimiendo de una forma descomunal, parece una perra en celó que disfruta cada embestida que le da un toro con una enorme verga, mi mujer le está diciendo: la tienes grande y gorda, me vas a dejar bien abierta y mi marido se va a dar cuenta y él le dice: que le haces si ya la tienes así desde hace mucho, de seguro te estás cogiendo a varios verdad como cuando íbamos a la escuela de chicos, alcanos a escuchar a ella que dice gimiendo: ha si, te acuerdas aún cómo era? Y le dijo: si eras bien putita y te comiste a casi todos los del salón y parece que sigues siendo bien zorra.

    Cuando conocí a mi mujer me dio otra impresión pero fui conociendo más de ella y me encantó ese lado de golfa, zorra y puta que me oculta, ella le está gritando que ya va a terminar y sigue gimiendo y jadeando como perra en celó y él le dice: maldita zorra te estás viniendo a chorros, gime mas gime mas y mi mujer gime en cada embestida más y más fuerte mientras repite una y otra vez una y otra vez no pares me estoy viniendo bien Rico, estoy terminando y sigue gimiendo, definitivamente mi mujer es una putita.

    De repente se hizo el silencio y yo voy a provechar.

    Bueno me despido y espero que les guste mi relato para contar otros más.

  • Sexo en el auto

    Sexo en el auto

    Debo hacer una confesión.

    Una de mis amigas después de un largo y tormentoso matrimonio, por fin logró separarse.

    Estuvo casada mucho tiempo, fue madre de muy joven, en fin, su vida de casada, desde temprana edad, fue una vida llena de preocupaciones, responsabilidades, hijos…

    Cuando por fin tomó coraje y valor, alquiló una casa y se mudó con sus hijos a una nueva ciudad.

    Por primera vez en muchos años se sentía libre y estaba dispuesta a todo.

    Me llamó por teléfono como todos los días, pero esta vez me pidió ayuda con la mudanza.

    Sin dudarlo, después de organizar mis labores y responsabilidades viajé esa misma noche.

    Nuestro reencuentro fue mágico, muy emotivo. Con ella hacía más de tres años que no podíamos abrazarnos, la distancia y su esposo lo impedían.

    Libre de ataduras y prejuicios estaba decidida a divertirse y quería compartir ese momento conmigo.

    Llegué a la ciudad de destino. Acomode como pude, mis cosas, reinaba el caos en la casa. Muebles en la mitad de las habitaciones, cajas con adornos, con vajilla, libros. Bolsas con ropa, juguetes, electrodomésticos. El camión de la mudanza había llegado hacía ya un buen rato pero el orden aun no aparecía.

    Nosotras no podíamos dejar de abrazarnos, nos habíamos extrañado mucho, pero también sabíamos que estábamos a salvo. Nueva ciudad, nueva vida, nuevas aventuras.

    Ordenamos y reacomodamos la casa durante todo ese día y parte del día siguiente.

    Al terminar con la mudanza, nos duchamos, nos pusimos lindas, y salimos a festejar a un bar céntrico en la nueva ciudad.

    Éramos como turistas, recién llegados, nadie nos conocía. Mi amiga hacía muchos años que no disfrutaba de un trago en un bar, pues su ex esposo era bastante aburrido, además de abusivo, celoso y mala vibra entre otras cosas.

    Era viernes, estaba ya entrada la madrugada, el bar estaba repleto de gente y nosotras reíamos sin parar, estábamos felices por la nueva soltería de mi amiga.

    Desde la barra dos muchachos no dejaban de mirarnos y propinarnos sonrisas.

    En un momento de la noche nos llegan a nuestra mesa, dos tragos que nosotras no habíamos pedido, desconcertadas miramos hacia la barra y allí estaban más sonrientes aún, los dos muchachos esperando nuestra invitación a sentarse a nuestro lado, en agradecimiento por los tragos.

    Obvio que no los invitamos y pasamos nuestra noche sentadas solas, mirando a muchachos, poniéndonos al día con la charla y tomando.

    Al momento de retirarnos del lugar, mi amiga, pícara, les agradece por los tragos, por lo que los dos muchachos que habían estado toda la noche tratando de conquistarnos por fin se animaron y se acercaron.

    Se llamaban Matías y Juan.

    Mati, rubio, pícaro y simpático camino a mi lado hasta el auto.

    Al llegar al estacionamiento nos recostamos en su auto.

    Mientras hablábamos para conocernos mejor veo que mi amiga se recuesta en el asiento trasero del auto, con Juan, su conquista.

    Rápidamente los veo besarse y tocarse en la parte trasera del auto. Ella estaba dispuesta a todo esa noche.

    Con Mati nos divertía verlos tan apasionados, pero también nos excitamos viéndolos.

    Pronto la temperatura de nuestros amigos subió al nivel de gemidos, Mati, incómodo por la situación, mientras manejaba me propone alejarnos un poco del auto para tener un poco más de intimidad.

    Nos ubicamos con el auto debajo de unos árboles que con sus copas unidas simulaban una cueva.

    Casi de inmediato comenzamos a besarnos, súper apasionado, teníamos muchas ganas de sexo, ambos y los sonidos que salían de la parte trasera del auto solo aumentaban nuestras ganas.

    Era tan intenso, pasional y rápido todo que casi sin darme cuenta estaba sentada sobre su pene, cabalgando sobre él, compartiendo miradas con mi amiga, que hacía lo mismo en el asiento de atrás del auto.

    -Vamos a otro lado?- propuse.

    Acomodando nuestras ropas, pero sin dejar de tocarnos y besarnos nos apoyamos en el capot del auto.

    Con su ayuda quite mi ropa interior, con la misma pasión, sujetó mis caderas y comenzó a practicarme sexo oral.

    Yo estaba perdida de placer!! Era una aventura sexual que nunca había pensado en vivir, pero me encanta romper las reglas. Era muy excitante estar sobre el capot del auto de un desconocido, compartiendo la noche con mi amiga que estaba cogiendo dentro del auto, festejando su divorcio.

    Mati era muy lujurioso, su lengua recorría mi vagina, sus manos sujetaban mis caderas y las mías su cabeza.

    Cuando llego al orgasmo, Mati, que me tenía sujeta de las caderas me arrastra hasta el borde del auto y comienza a penetrarme mientras llevo sus manos a mis pechos para que los apriete como lo había hecho con mis caderas.

    Bajo del capot y propongo recostarnos contra uno de los árboles del lugar.

    Seguimos jugando con nuestros cuerpos y comenzó a penetrarme mientras besaba mi espalda, yo apoyaba mis manos sobre el árbol y escuchaba sus gemidos en mis oídos y los gemidos de mi amiga y su conquista en el auto.

    Sentía su pene duro penetrarme y por mi mente solo pasaba la idea de probarlo con mi boca.

    Me coloqué de rodillas frente a él y comencé a practicarle sexo oral. Estaba realmente duro, y yo realmente caliente. Con mis manos apretaba sus nalgas, con mi boca saboree su pene, su semen.

    Escuchaba el placer, los gemidos y sonidos que generaba en él.

    Me pongo de pie y le digo que aún no terminamos, apoyando mis manos sobre la ventanilla de la parte trasera del auto, le entrego mi culo, dilatado, lubricado por la excitación, para que termine en mí.

    Las miradas de placer de los cuatro se cruzaron en ese momento, llegando nuevamente al orgasmo, puedo recordar ese momento de placer donde las miradas se cruzaban y se perdían, donde los espasmos del orgasmo movían nuestros cuerpos casi al unísono, donde los gemidos y jadeos eran compartidos.

    Recuerdo las sensaciones, la humedad de los cuerpos.

    Al recuperar el aliento, nos reencontramos con mi amiga, volvimos a su nueva casa y juramos no contar esta historia, juramos no volver a ver a estos muchachos. La aventura había sido extrema y nadie debía enterarse.

    Pero la vida es humorista, y como le gusta reírse de nosotros, nos preparó una sorpresa, dos días después de esa noche de pasión y lujuria compartimos un almuerzo familiar en la casa de la abuela de mi amiga organizado para recibir a la nueva divorciada y a su amiga (o sea nosotras) y al presentarnos a toda la familia, encontramos a Juan y Matías sentados en un rincón, al lado de sus esposas.

    Nunca nos dijeron que estaban casados, y menos que eran los maridos de las primas que mi amiga hacía muchos años que no veía.

    Es nuestro secreto. Esta es mi confesión.

  • Mi suegra me lleva al hostal

    Mi suegra me lleva al hostal

    Después de acompañarnos en Lima, luego del nacimiento de mi hija, mi suegra regresó a Cuzco. Cuando mi hija tenía unos 6 meses, mi esposa, mi nena y yo fuimos a Cuzco. Volví a ver a mi suegra después de casi cinco meses. Todo ese tiempo fantaseaba con ella, incluso cuando cogía con mi esposa, pensaba en su mamá y en todo el placer que me había dado en casa.

    Al llegar a casa de mis suegros, ellos nos recibieron con mucho cariño. Mi suegra estaba en leggings pues al rato saldría al gimnasio. No pude evitar mirarla con deseo. Ella se dio cuenta pues me miró fijamente a los ojos y sentí deseo en su mirada. Conversamos todos, al rato ella salió al gimnasio, al retirarse le pude ver el culo firme. La leggings me permitía ver las líneas de la tanga hasta que se introducía entre sus nalgas. Quedé con ganas de volver a gozar su culo caliente.

    Ese día no la volví a ver. Al siguiente, la vi en el desayuno y en el almuerzo. No pudimos intercambiar palabras en privado. Hacia las 4 pm salí de la habitación y fui hacia el baño, que quedaba al final el pasadizo. Estaba cerrado, y cuando iba a regresar a la habitación, justo salió mi suegra, al verme, me jaló hacia dentro y cerró la puerta. Me besó con deseo y me dijo que quería coger conmigo. Era demasiado riesgo estar ambos allí en el baño. Entreabrió la puerta, miró hacia afuera, no había nadie en el pasadizo y salió.

    Estuve a punto de masturbarme en el baño, pero decidí esperar. Por la noche tuvimos una cena familiar, con primos de mi esposa y otra familia que habían invitado. Fue una reunión agradable, pero yo sólo podía pensar en cogerme a mi suegra. En algún momento, aprovechando que la gente conversaba por acá y por allá, casi espontáneamente, nos paramos juntos mi suegra y yo. Comenzamos a hablar. En ese momento, rodeados de tantas personas, nadie hubiera podido pensar en nada anormal, simplemente en una suegra charlando con su yerno. Seguro hasta algunos sintieron pena de mí. Sabiendo que no tendríamos mucho tiempo, mi suegra me dijo que mañana iría dos horas al gimnasio. De 10 am a 12 pm. Que saliera de la casa a las 9.30 am. Que le invente a mi esposa que me iría a pasear un poco al centro de Cuzco (el principal destino turístico del país), me dijo en que esquina encontrarla a las 10 en punto.

    Casi no pude dormir esa noche, felizmente mi esposa no quiso tener sexo conmigo. Pues seguro me hubiese incomodado. Al día siguiente le dije en el desayuno a mi esposa que quería ir a pasear un rato por el centro. Ella me dijo que perfecto. Justo había coordinado con una amiga que iría a visitarla y mi salida la favorecía. Ambos felices.

    Salí hacia las 9.30 am, fui donde mi suegra me había dicho, unos minutos antes de las 10 am ella llegó caminando. Nos saludamos con beso en la mejilla y comenzamos a caminar. Yo casi siguiéndola. A un par de cuadras de allí había un hostal, entramos raudamente. Pagué por una habitación y subimos.

    Ni bien cerramos la puerta ella me beso con fiereza. Comenzó a decirme “yerno, mi yerno” la excitaba ese juego, de suegra y yerno. Hasta en eso coincidíamos, a mí me excitaba y mucho decirle “suegra, suegra, suegrita”. Nos desnudamos rápidamente y nos acostamos a la cama, donde nos besamos apasionadamente. Me subí sobre ella y sin ningún previo, ni siquiera una mamada de tetas, la penetré. Estaba muy húmeda, deseaba tanto ese momento como yo. Estuvimos en misionero unos minutos y pronto ella me pidió que me levante. Lo hice y ella se puso en cuatro patas, me puse detrás de ella y la comencé a coger en esa posición, ella gemía muy fuertemente y pronto me pidió “yerno, dame por el culo”.

    Me puse saliva en los dedos, se la unté en el culo. Saqué mi verga de su coño y la metí en su culo. Teniendo ella tanta experiencia como culera, entró con tanta facilidad como en su vagina. Se sentía más estrecha y ajustaba más, pero entró sin dificultad. En unos minutos tuvo un orgasmo. Me solté cuando ella llegó y me acosté boca arriba. Sin darme tiempo, ella se sentó sobre mí. Con sus manos puso mi verga en su culo. Entré completamente mientras ella se movía salvajemente sobre mí.

    -Suegra es una puta, que rico coge, que culo tan usado tiene.

    -Sí, soy una puta, me encanta dar el culo.

    -¿Suegra a sus amantes los trae a este hotel?

    -Sí, yo los traigo y ahora tu eres mi amante

    -Que puta es suegra, que rico culo tiene, que rica perra es.

    -Sí, sí, soy una puta culera.

    Tuvo un segundo orgasmo. Contrajo tanto el culo que llegué junto con ella. Se levantó y se acostó a mi lado. Comenzó a besarme, diciéndome con ternura “mi yerno, mi yerno, me encantas yerno”. Ni ella usaba mi nombre ni yo usaba el suyo. Estuvimos así un rato, retozando con ternura en la cama. Tras unos 20 minutos así, los besos subieron de nivel y comenzamos a calentarnos.

    Sin decirme nada, mi suegra se levantó y comenzó a mamarme la verga. Salida de su culo, estoy seguro que tenía un intenso sabor, pero era obvio que lo disfrutaba. Mamaba como mi esposa nunca me lo había hecho y tras unos minutos dándome placer, se acomodó en 69 encima de mí. Abrió sus piernas por encima de mis hombros y comencé a lamerle la vagina. Por los movimientos que ella hacía, me di cuenta que quería que le lamiera el culo. Empecé a hacerlo. Ella comenzó a gemir con fiereza y decir fuertemente “soy una puta culera, soy una culera”.

    No se aguantó más y abandonó mi verga y se sentó en mi cara, con su culo en mi lengua. Se movía con la misma fuerza y ritmo con que había montado antes mi verga. Ahora montaba mi lengua. En minutos estaba desaforada, como loca, tuvo un orgasmo brutal, sin tocarla ni tocarse, sólo con mi lengua en su culo, tan violento que se orinó sobre mí. Quedo exhausta.

    Fui un instante al baño a lavarme, antes que sus orines se esparzan por toda la cama. Al volver, ella dormitaba. Me acosté a su lado y me quedé dormido. Cuando ella despertó y me despertó, era casi medio día. Momento de partir. Hubiese querido seguir cogiéndola, pero no había tiempo. Igual estuve varios días más en Cuzco y nos encontramos 2 veces más con otro marcador.

  • “Ayudé” a mi compañera de clase

    “Ayudé” a mi compañera de clase

    Buenas, hoy les traigo un relato el cual se trata entre una compañera y yo. Espero que les guste.

    Desde chico me parecen fáciles las matemáticas, nunca he tenido alguna complicación con respecto a la materia, siempre fui de los mejores, y siempre era el que le explicaba a los compañeros de clase como se hacía «esto, esto y esto»

    Cuando llegué a la universidad elegí informática, siempre me gustó, pero principalmente por la carrera de programación que hoy en nuestros días, además, pagan muy bien. Pero me sorprendió ver a una compañera del anterior colegio al que iba en la carrera de informática, siendo que el plan de estudio tenía una materia de matemáticas, y esta chica en particular ODIA matemáticas.

    Pero bueno, algunas de sus características es que tiene unas tetas que son medianamente grandes, y un culo bien formado. Cuando la vi, la saludé y le pregunté:

    -Qué onda, Pri (vamos a suponer que se llama Priscila para no dar nombres)

    -Qué onda Nico!

    -Todo bien? Hacía tiempo que no te vi, por qué elegiste informática?

    -Bueno, elegí informática principalmente por la programación, ¿Vos?

    -Por lo mismo

    (…) Y así estuvimos un rato hasta que llegó la hora de la clase, si alguno es estudiante de informática sabrá que le toman diagramas las primeras clases en lugar de código.

    Cuando terminó esa clase tocó álgebra, que era una materia la cual nunca llegaban a entender todos en el anterior instituto porque faltaban todos los profesores.

    Pasan las semanas y vienen los primeros parciales. Yo me preparé para ellos y me fue sobresalientemente, pero a Priscila no, entonces me ofrecí a ayudarla. El problema que teníamos era que no había el suficiente tiempo entre receso y receso como para explicarle algo, entonces le dije que se tome el fin de semana libre y organizamos en algún lugar o en mi casa para que yo le explique bien los temas.

    Al final, quedamos en que ella vendría a mi casa, que por suerte quedaba a 15 cuadras de la universidad, así que le dije que nos encontraríamos en la Uni e iríamos a mi casa.

    Cuando llegamos a mi casa, ella empezó a sacar las hojas, primero resolvimos algunos ejercicios medio simples y fui aumentando la dificultad, como ella tardaba un poco en resolver los ejercicios que le daba, iba y venía constantemente. En un momento vi que había un reloj sin la otra mitad de la cadena.

    Al final lo usé como distracción un rato por mientras ella me hacía preguntas sobre qué hacer ante tal situación, que pasaba si, etc.

    Mover el reloj de un lado al otro era más divertido que hacer prácticamente nada. En eso recordé que vi algunos vídeos de hipnosis, y es que llevaban una cadena con un reloj en la punta. Yo no creía en eso, me parecía una estupidez, pero se ve que algo atrajo a Priscila, porque se quedó mirando el reloj y yo no me enteré de nada.

    -Pri, estás bien? Por qué miras el reloj? Ponete a hacer tus cosas, no viniste a perder tiempo aquí.

    Priscila no respondía, estaba claro que estaba viendo firmemente el reloj. En eso me pregunté si podía ser que estuviera esperando la orden de bajar la guardia o me estuviera haciendo una broma.

    Bueno, con esas dos posibilidades a mano, le dije que cierre los ojos, que se calme y haga lo que yo le ordene

    Ella cerró los ojos, la incliné para atrás y la llevé al sofá. Estaba muy, muy liviana, como si no pusiera fuerza. En eso se me ocurrió hacer un par de cosas. Primero, intentaría descubrir si era una broma o realmente estaba hipnotizada.

    Le di un par de órdenes, pero se ve que ella no hace caso cuando está en ese estado de trance, como si no escuchara nada y sólo quedará receptiva. Entonces decidí probar suerte y le dije:

    -Pri, cuando te diga desumisada despertarás, pero cuando yo te diga sumisada te pondrás en este estado (a ver, vamos a probar…)

    -desumisada

    -(abre los ojos como si hubiera dormido una siesta) si, que pasó Nico? Por qué estoy aquí, en el sofá?

    -Te dormiste haciendo ejercicios, mirá, son las 6 de la tarde Pri, si querés venite mañana, pero ahora está por oscurecer y se pone peligroso. Ven, te llevo a la parada

    -Ok, dame un minuto que me lavo la cara y guardo todo en mi bolsa.

    Llegamos a la parada y ella se fue, la verdad no entendí que había pasado y porqué se supone que existe la hipnosis, o sea, puedes conquistar a todos sólo con un reloj de mierda sin más. Esto lo tenía que probar el día siguiente cuando ella venga.

    (Al día siguiente)

    -Hola Pri, cómo andas?

    -Bien, todo bien, vos cómo estás?

    -Todo tranqui, vení, entrá

    Realmente no podía esperar más, mi morbo fue superior, y quería ver hasta que punto podía llegar.

    -Pri…

    -si, dime

    -Sumisada

    Ella se durmió como ayer, la acosté en el sofá y pasaba lo mismo que el día anterior. No contestaba, parecía ser exclusivamente receptiva a órdenes en su consciente. Entonces, bueno, decidí hacer que fume un cigarro sin razón aparente, así que le dije:

    -Cuando despiertes, me pedirás este cigarrillo y te lo irás a fumar afuera.

    -Desumisada

    -Uh, de nuevo me habré dormido? Bueno, qué más da, me puedes dar ese cigarro?

    -¿Desde cuándo fumas?

    -Emmm… No sé, hace poco, sólo cuando estoy muy relajada lo tomo

    -Vaya, sumisada

    Estaba completamente seguro que ella nunca fumó y nunca fumaría, así que pensé, bueno, puedo hacer que ella hable en ese estado de trance.

    -Bien Pri, escúchame, a partir de ahora tienes permitido hablar en este estado de trance, responde cada una de las cosas que te diga.

    -Qué opinas de mi?

    -(Con voz apagada y demasiado monótona) opino que eres un buen compañero, pero sos muy ingenuo para explicar mucho y no pedir nada a cambio.

    Así que eso pensaban de mi, quería saber que más

    -Te parezco una persona interesante?

    -No, para mí eres excesivamente aburrido.

    -¿Y que opinas que juegue videojuegos y compita en ellos?

    -Que tienes mucha inmadurez para creer que puedes llegar a ganar algo en ellos.

    -Y los chicos con los que te juntabas te parecía que iban a alcanzar algo? Eran muy vagos

    -No lo sé.

    -Bueno, y sexualmente te atraigo?

    -No, me pareces muy feo para lo sexual.

    -Bueno…

    En este momento estaba pensando, «Bueno, y si la hago mi puta sumisa?»

    Como dije antes, esta chica siempre me prendió y dije, bueno, podría cogérmela, ya me daba igual si era por su materia, eso ya me daba igual. Lo que quería era tener una novia común al lado, y en secreto tenerla de esclava sumisa.

    Así que le dije:

    -Entonces, con todo esto que me has mostrado, te haré un lavado de cerebro total para que seas plenamente sumisa ante mí, entendido?

    -sí, entiendo…

    No sabía hasta qué punto podría llegar con la hipnosis, así que agarré y la fui convirtiendo con el pasar de los días.

    -Bueno, mira, la frase de despertarte va a cambiar, ahora en vez de ser desumisada, va a ser esclavizada, entendido?

    -si, entiendo…

    -Cuando me encuentres sentirás un gusto hacía mi infernal, me miraras a los ojos, siempre tendrás excusas para hablarme exceptuando en horas de clase, jugaras con tu cabello, te reirás de cualquier chiste por más tonto que sea, y principalmente tus críticas destructivas hacía mi pasan a ser lo contrario, yo soy tu único enfoque, entendiste?

    -si, entendí perfectamente…

    -Bien, ahora despierta esclavizada

    -Que raro se siente todo esto… Pero bueno, no importa, qué hora es?

    -Son las 4 de la tarde, querés merendar algo?

    -No gracias, estoy bien, creo que iré a mi casa.

    -De acuerdo, cuando puedas vente de nuevo para ver el problema de álgebra. Eso sí, no te duermas como hoy querida jajaja

    -Si, tenés razón, bueno, como sea, me voy

    -Nos vemos Pri, cuídate

    -Chau.

    Yo me daba cuenta que ella estaba un poco nerviosa al verme y un poco triste por irse, yo no podía creer que de verdad se podía llegar ese límite. El problema es que yo nunca escuché que alguien pueda ser sumiso, pero no importa, esto debía mantenerlo en secreto.

    Después de este día me enteré que ella cortó con su novio, yo no tenía ni idea, puesto que ella siempre gorreaba a todos, pero bueno, no es de importancia, supongo que fue por la hipnosis fuerte que le di.

    Como el fin de semana ya había pasado, ella no vino al día siguiente, así que nos vimos en la Uni. Ella incluso llegó más temprano que yo (yo siempre soy de los que llegan una hora antes de que tengamos la clase y ella lo sabe), nos saludamos y hablamos un rato. Ella en un momento me abrazó fuertemente como si fuéramos pareja de toda la vida.

    Todo momento de mi alegría llegó a su fin porque habían arrancado las clases. De ahí no nos pudimos ver más hasta los recesos. Comprobé todo lo que le dije en su trance y había funcionado, ahora ella era como mi pareja. Lo único es que no le gustaba que le tocase partes más íntimas de su cuerpo (es evidente, no le dije que yo podía) y entonces me quitaba la mano del camino y me miraba mal por un par de minutos. Pero fuera de eso, ella se ponía muy coqueta durante la semana, y todo gracias a un reloj.

    Llegando el fin de semana le escribí que si quería podía venir a mi casa (otra cosa, y es que teníamos todo el día clases, entonces estábamos hasta las 5:30 de la tarde y no podíamos hacer nada), ella me respondió afirmativamente y vino rápido a mi casa.

    Le dije que podía pasar, entró sin vueltas, esta vez ella fue más provocativa, no aguante y le dije sumisada para que caiga en ese estado de trance, no aguantaba mi pene erecto en mi pantalón y le dije:

    -Escuchame, ahora en el consciente o en el estado de trance te diré mi puta, exceptuando cuando haya gente al rededor dónde no pueda decir eso.

    -Me dejaras tocarte a mi antojo, te podré desnudar, todo lo que diga lo harás, me perteneces, puta, entendiste?

    -si, entiendo…

    -Bien, ahora te despertarás de una forma distinta, yo iniciaré una cuenta atrás. Volverás a como eras antes de la primera hipnosis, cuando yo vaya contando del 10 al 1, tus pupilas se irán arriba del todo como si te estuvieras transformando, y cuando diga 1, serás mi esclava de forma permanente, esto lo sabrás al despertar, entendiste?

    -si, entiendo…

    -Bien, vuelve a tu forma original…

    (Cuando se despierta)

    -De verdad vas a hacer eso? ¡Eres un enfermo! Me voy de aquí!

    -Crees que puedes escapar? Tranquila, esto será rápido, no te dolerá, sólo será la cuenta atrás para que ya no seas la mujer estúpida de antes -la sujeto.

    -No, suéltame

    -Tranquila, no te fuerces

    -A dónde me llevas?

    -Al baño, a verte al espejo, ahí veré tu transformación y después te cogeré delante

    -maldito pervertido, no podrás…

    -Ah no? Estuviste dos semanas sin tu consciencia real, ahora me toca disfrutar tu transformación

    -Por favor, déjame salir!!

    -No

    La verdad es que a mí me gustan las transformaciones, y ver cómo se le iban las pupilas para arriba se me hacía algo extremadamente excitante.

    -Bien, algo antes de perder tu consciencia de forma definitiva y entregarte a mi?

    -púdrete

    -Bien, 10…

    La pupila se le empezaba a subir arriba.

    -9

    Su transformación definitiva había arrancado.

    -8

    Ella abandonó su consciencia original.

    -7

    Ella empezaba a tener pensamientos de esclava.

    -6.

    Ella empieza a quererme como su amo

    -5

    Ella opina repugnancias sobre el resto.

    -4

    Ella ahora opina que yo soy su dios.

    -3

    Ella ahora quiere que yo esté a su lado siempre.

    -2

    Ella empieza a bajar la pupila porque la transformación termina.

    -1

    Transformación terminada.

    -Jeje, y cómo te sientes?

    -de lujo, amo, soy tu esclava y estoy para servirte en lo que quieras

    -Bien, en tu mochila que trajiste?

    -No he traído más nada mi amo, sólo las hojas con las que estudiamos…

    -Bien, trae tu uniforme, te ves súper sexy con él

    -De acuerdo amo, ahora vengo…

    Pasó una hora y volvió con su uniforme

    -Ja, te ves igual de puta que antes en el colegio.

    -Mira mi puta linda

    Le empiezo a besar el cuello.

    -Quiero que me des el mejor sexo que yo pueda conocer, quiero que seas mi puta de forma permanente.

    Le decía eso mientras estrujaba sus senos y tocaba sus partes íntimas, ella gemía.

    A continuación, tuvimos un momento en la cama muy encantador, yo le abría cada parte de su anterior uniforme del anterior colegio al que íbamos, y se veía más y más su cuerpo desarrollado, la penetré, la hice mía, y al terminar seguí tocándole los senos, porque era lo que más me prendía de ella.

    Un par de meses después, simplemente me aburrí de tenerla como esclava, no me malinterpreten, no la dejé libre, sólo hice que ella no cuestionara cada cosa que yo le decía para hacer, pero ella no es más mi esclava. De hecho, de ese momento de sexo no me parecía tenerla más como esclava, simplemente de novia, y que ella haga lo mejor por encantarme. Aproveché el estado de trance y le hice un par de cambios, hice que no le gustara ir a fiestas pero si estudiar, hice que le gusten los videojuegos y la gente tonta que simplemente se aleje de ellos, que de todas formas yo era su enfoque. 5 años después, vivimos juntos y ella no sabe que hice para que sea mi novia.

    Espero les haya gustado, cualquier crítica a mi relato la aprecio mucho, ya que además es el primero.

  • Memorias de África (III)

    Memorias de África (III)

    Me despertó el ruido que hacía al abrirse aquella especie de puerta hecha de hojas y ramas. Entraron tres mujeres, pero sólo conocía a dos. El centro de aquel poblado se había llenado de gente, estaba oscureciendo. Las mujeres llevaban mi ropa, y otra especie de calabaza llena de agua con aquellas esponjas de musgo con las que me habían lavado antes. Empezaron a hablar conmigo como si yo las entendiera.

    -¿Pero no os dais cuenta que no os entiendo? -les dije.

    Me pusieron de pie con las piernas abiertas y me lavaron, pero con más parsimonia que la primera vez. Me pusieron el short y la camiseta, pero no me dieron ni el sujetador ni las bragas, supongo que lo estaban “analizando”. Como no sabían la función de cada prenda, ni la forma de ponerlas, tuve que enseñarlas. Cuando terminamos me trajeron agua para beber y unos trozos de carne cocidas al fuego que me los comí con desesperación sin preguntarme de dónde venían o de qué tipo de animal eran. Comí y bebí con ganas hasta que no pude más, y cuando las mujeres se dieron cuenta de que estaba saciada se levantaron e hicieron señas para que las siguiera.

    En cuanto salí de la choza y caminé un par de pasos, todas las caras se volvieron hacia mí. Era de noche, pero el cielo estaba despejado, lleno de estrellas. Había una gran fogata en el centro de una especie de plaza. Un grupito de niños pequeños estaba separado del grupo principal jugando no sé muy bien con qué. Había bastantes cabañas parecidas a la mía, y dos mucho más grandes en uno de los lados. Me dejaron de pie junto al grupo, y las tres mujeres que me habían acompañado fueron a sentarse con el resto; me quedé quieta, observando las reacciones y siendo observada.

    ”Supongo que una vez que os hayáis cansado de mirarme, dejaréis que me vaya a mi celda”, pensé, pero no ocurrió nada de eso. Uno de los adultos se levantó.

    Era un señor mayor, no muy alto, al que inmediatamente le adjudiqué el título de “jefe”, más que nada por las canas y el aspecto de sabio ese que dan los años, aunque confieso que podía estar equivocada. Si ya tenía a Aifon, al supuesto jefe lo bauticé como Nokia, por seguir con la dinámica de los móviles y por viejo. Dos mujeres se acercaron a mí y empezaron a desnudarme. Me quitaron la camiseta, pero me dejaron los shorts, y me dieron la vuelta para mostrarme al respetable. Un “¡oooh!” recorrió el grupo. Unos no me quitaban la vista de encima, otros hablaban entre ellos, y del grupo salió un chico que no creo que tuviera más de 20 o 21 años.

    A pesar de aparentar tan joven, estaba desarrollado, unos pectorales casi definidos, espaldas anchas, y unas piernas que, a pesar de la luz tenue de la hoguera en la noche, pude ver que empezaban a coger forma de atleta. Se arrodilló delante de mí y hundió su cara en el short a la altura de mi sexo. Aquello me cogió por sorpresa, y no fui capaz de quitármelo de encima. Mordisqueó mis muslos mientras metía sus manos por debajo del short, y apretó mis nalgas con las manos. Se levantó, volvió a su sitio en el corro y el resto del grupo volvió a murmurar. El que yo suponía jefe de la tribu dio un par de palmadas y dos hombres trajeron una especie de potro de madera, sin corteza, completamente liso. Lo pusieron delante de mí y comprobé que no era muy alto, me llegaba poco más abajo del ombligo. Empecé a inquietarme, aquello no me daba buena espina. Las dos mujeres que me habían quitado la camiseta, me sujetaron por las muñecas y me tumbaron boca abajo sobre el potro de madera. No me ataron, pero no hubiera hecho falta tampoco, estaba tan atenazada por el miedo que era incapaz de moverme.

    Volví a sentirme observada, abandonada y avergonzada. Una mujer cogió los shorts, me los bajó y me los quitó. Más murmullos. En aquella postura era difícil mantener las piernas cerradas, por lo que a pesar de mis esfuerzos tuve que abrirlas. Tampoco tenía una visión clara de mi alrededor, podía girar la cabeza, pero el campo de visión era limitado. Por eso cuando uno de los hombres se levantó, sólo pude seguirle con la mirada un instante nada más. Una vez que se puso detrás de mí, ya sólo me quedaba imaginar lo que podría hacer. El hombre me separó más las piernas y algunos se acercaron a mirar. Con los dos pulgares me abrió el sexo. Casi podía sentir los ojos de aquellas personas mirando fijamente mi culo y mi vagina abiertos de par en par. Sin mediar palabra, el hombre metió su dedo en mi coño, despacio al principio, pero a la tercera vez después de haberlo metido y sacado, lo hizo con más fuerza. Era incapaz de mojarme. En otro momento, hubiera gemido de placer y mi vagina se hubiera mojado, pero allí, observada, violentada, rabiosa… era incapaz.

    Se levantó como decepcionado y habló a la gente. Sonaron otras dos palmadas y unas palabras que me dieron la impresión de que eran más órdenes. Estaba temblando de miedo, me imaginaba otra paliza como la esta tarde. Se acercó alguien y al girar la cabeza y forzar la mirada, pude ver al muchacho de antes. Metió su cara entre mis piernas y con su boca empezó a comerme el sexo. Lo mordisqueó suavemente, pasó su lengua a lo largo de la raja mientras sujetaba mis nalgas. La lengua se paseó por todo mi coño hasta relajarlo y llegó hasta el agujero de mi culo. Podía sentir el roce de su pelo ensortijado en mis muslos, mientras metía con ganas su lengua dentro de mi sexo. Sentí placer y mi sexo se mojó. Mis líquidos se unieron a su saliva y con su lengua no dejó de estimular mi clítoris y mojar también la entrada de mi culo. Me sentía muy extraña, placer y rabia, excitación y miedo… no pude reprimir un par de gemidos mientras aquel muchacho me comía el coño y sujetaba con fuerza mis nalgas.

    Sin que nadie le dijera nada se levantó y volvió a meterse en el grupo. Volvía escuchar la voz ronca y mandona del que yo creía que era el jefe de aquella gente, el señor Nokia; otra orden y dos palmadas. Apareció Aifon y me dio la sensación de que no me iba a librar de otra paliza. ”Mejor ella que cualquier otro”, pensé.

    Pero no fue así. Me cogió por los hombros y me levantó poniéndome de frente a todo el grupo. Habló al grupo mientras ponía su mano en mi sexo. Mientras hablaba sonreía y me metió su dedo en el coño. Separado de la hoguera había un pequeño montículo del terreno con hierba en la parte más alta. Había colocadas hojas de helechos. Aifon me llevo cogida de la mano y se sentó. Cuando se acomodó me hizo una seña con la mano para que fuera con ella.

    -Por favor, delante de ellos no, por favor, por favor -le grité casi desesperada.

    No me quedó más remedio que hacer lo que me decía sin rebelarme. Si hubiera estado a solas en la cabaña con ella me hubiera revelado, pero ahora no podía.

    -Zorra de mierda, Dios… como te pases conmigo te juro que me las pagarás -le grité con rabia.

    De la oscuridad sacó una varilla de madera muy fina y empezó a azotarme, pero sin fuerza… me dio la sensación de que no quería hacerme daño. Al menos lo hizo en la nalga que no me azotó por la tarde, pero eso quitó ni un ápice la rabia y la vergüenza que sentía en aquél momento. Empecé a llorar como lo hice por la tarde, pero extrañamente sentía un leve dolor mezclado con placer. Me cambió de postura, dejando todo mi pecho apoyado en sus piernas y mis rodillas en el suelo. Los azotes no eran seguidos, entre golpe y golpe se tomaba unos segundos. Aifon dejó de azotarme, me levantó y me llevó de nuevo al tronco de madera que hacía de potro. Me sentía vencida y no tenía fuerzas ni para cerrar las piernas, puede que eso fuera lo que esa hija de su madre iba buscando.

    Se acercó un hombre hacia mí y se puso detrás. Me abrió un poco más las piernas, separó las nalgas y pasó su lengua por el agujero de mi culo. Luego con una mano masajeó mi raja, mientras con la otra se cogía el pene. Se masturbó hasta que aquel pene cogió un buen tamaño. Al menos tuvo la delicadeza de masturbarme un poco. Llevó su polla hasta mi sexo y rozó con la punta del glande toda mi raja. Lo pude sentir suave y caliente. Hizo un par de amagos metiendo dentro de mi raja la cabeza de su polla. Luego con un solo golpe de pelvis, la hundió en mi coño. Estaba mojada y la penetración no me dolió mucho a pesar de la violencia. Sentía aquella polla desconocida entrar y salir de mi vagina de manera rápida, seca, pero llenándome entera. Cerré los ojos y no pude reprimir los gemidos. El hombre gruñía y me sujetaba con fuerza el culo. Pareció como si antes se hubiera decepcionado al meterme el dedo y ahora mi vagina estuviera tal y como él quería. Estaba muy mojada, cada vez me excitaba más, y aquella enorme polla me estaba dando un placer que no había sentido en todo el tiempo que llevaba con aquellos salvajes. Antes de que él se corriera, yo había tenido ya un orgasmo. Quise gritar de placer, pero no pude, estaba ahogada por la posición de mi cuerpo. Sentía el vaivén, el glande en la entrada de mi sexo totalmente distendido, sus testículos golpeando mi vagina a cada embestida… Más que un grito de placer al correrse, fue como un gemidito lo que hizo aquel hombre y lo noté como frustrado cuando sacó su polla de mi sexo y se volvió a la muchedumbre.

    Después de eso ya me esperaba de todo, ya me veía follada, sodomizada por todos aquellos bestias, me imaginaba con el cuerpo inundado de semen proveniente de todos aquellos penes, pero no fue eso lo que pasó. Algunas muchachas se acercaron, me levantaron del potro y mientras me acariciaban, me lavaron los muslos, el sexo y el culo. Me dejaron en mi choza acostada, cerraron la puerta y se fueron.

    Fuera pude oír murmullos de gente hablando y riendo, pensé que probablemente se estaban riendo a mi costa. Ya estaban tranquilos, me habían follado, me habían arrancado un orgasmo y ya estaban tranquilos… ¡cabrones!

  • Mi novia tímida

    Mi novia tímida

    Ya hace años conocí a una chica de 26 años, era una de tantos contactos del MSN en aquel tiempo.

    Ya teníamos algunos meses platicando por MSN y por teléfono hasta que decidimos vernos en persona.

    Nos quedamos de ver en una estación del metro aquí en monterrey. Era en la tarde y ella acababa de salir de su trabajo. Yo la espere sentado en una jardinera hasta que bajando del metro me mandó un mensaje de texto para avisarme que ya había llegado.

    Le dije donde estaba yo, y ahí la espere, al verla la saludé y la acerque a mi

    Mi mente comenzó a fantasear muy rápidamente al verla. Era delgada, bajita como de 1.55 m, piel clara. Se notaba su timidez, estaba nerviosa.

    Yo me quede sentado en una jardinera, ella se quedó parada, le pedí que se acercara y la tome de la cintura, la abrace y metí mis manos en su espalda, se la comencé a acariciar, la sobaba, ella solo estaba callada, nerviosa.

    No duramos mucho platicando, me dijo que era tarde, que se tenía que ir.

    La acompañe a las escaleras del metro y se fue.

    La verdad yo me quede muy excitado, no porque ella me haya dado entrada o algún motivo, pero su cuerpecito delgado y al verla tan chiquita comencé a fantasear.

    Me fui para mi casa pero no dejaba de pensar: esta mamacita ha de tener una vagina muy rica, muy estrecha, la ha de tener bien rica!

    Llegue a mi casa y no dejaba de pensar en ella, me la quería coger a como diera lugar. Pero no la iba a tener tan fácil, así que le marqué a su casa y le dije que me había gustado, estuvimos platicando por un buen rato.

    Me decía que aun extrañaba a su exnovio y que aún lo esperaba a pesar del tiempo.

    Le pedí que lo intentáramos y que yo la ayudaría a olvidar.

    Acepto ser mi novia, Salimos algunas veces y todo iba tranquilo, no me quería aflojar.

    Un día quedamos de ir al hotel al salir ella de su trabajo y no fue, me dejo esperándola.

    Mas noche le marqué a su casa y me dijo que no quería ir al hotel, yo le dije que fuéramos, que solo serían besos y caricias, que no pasaría nada mas, se quedó pensando y me dijo que estaba bien.

    Al siguiente día la espere de nuevo en la tarde al salir de su trabajo, llego y conversamos. No quería ir, pero yo la tome de la mano y caminamos hacia el hotel.

    Ya estando afuera no quería entrar, yo trataba de convencerla, yo desesperado la tomé de la mano y la metí al hotel.

    Al entrar al entrar a la habitación la arroje a la cama boca abajo, levante su blusa por la parte de atrás y comencé a besar su espalda, luego le di vuelta y se la quite, le desabroche el brasiere, se lo quite y mame sus tetitas normalitas, bonitas, paraditas…

    La puse de pie, yo me desvestí y mi verga estaba bien parada y dura.

    Me hinque, y ella se quedó parada, desabroche su pantalón, se lo baje y se lo quite. Bajé su bikini negro y pude ver lo que tanto deseaba e imaginaba.

    Una cosita muy chiquita, cerradita, algo peludita…

    Metí mi lengua en medio de su vagina y la comencé a chupar un buen rato… Ella solo nerviosa y con su mirada perdida.

    Después de lamer su vagina me levanté y la acosté en la cama, tomé su pierna y la puse en mi hombro. Metí mi verga en su panochita, estaba muy cerradita! Después Sus dos piernas a mis hombros y ella solo hacía gestos como de dolor y yo no paraba, lo estaba disfrutando demasiado.

    Después de un buen rato me decía:

    -me duele, me duele!

    Trato de hacerse para atrás, la tomé de los tobillos y la volví a penetrar hasta que después de un rato se la saqué y le avente el semen en su vientre.

    Y después de esa vez tuvimos una relación casi dos años, disfrutaba cogérmela porque cada que la penetraba ella lloraba, eso me volvía loco!

  • Ainhoa, la policial local

    Ainhoa, la policial local

    Mi verano llegaba a su fin, multitud de saludos me recibían bajo el sol. Pequeñas y brillantes manos movidas por el agitado viento de la tramontana me daban la bienvenida. Poco a poco, dejaba atrás el cálido aire húmedo y salado, mientras me desplazaba rápidamente por la autopista, camino a casa. Feliz, por volver a mi mundo conocido, y triste, al dejar atrás un verano de experiencias desconocidas y del que, probablemente, sólo quedaría el recuerdo. El soporífero aire cálido, cargado de contaminación me indicaba que estaba cerca.

    Me había adelantado, mientras mi familia seguía disfrutando de los últimos días de vacaciones. El trabajo me reclamaba.

    La entrada en la ciudad fue rápida, más de lo que recordaba. Quedaban unos días para el final de agosto y la circulación era fluida.

    Después de aparcar, subí el equipaje. Todo estaba en orden, como lo dejamos. El aire cálido y muy cargado, con olor a cerrado. Abrí las ventanas para airear la casa. Poco a poco fue desapareciendo el aire estancado y la temperatura interior se hizo insoportable. Después de cerrar las ventanas y poner en marcha el aire acondicionado, lo primero que hice fue buscar mi móvil. Tenía que llamarla.

    -Ainhoa, ¿qué tal cómo estás? Acabo de llegar. Si escuchas este mensaje llámame o envíame un whatsapp. Besos.

    Había conocido a Ainhoa tres semanas antes y de la peor manera posible. Ainhoa, era agente de la policía local, con sede en el Baix Empordà.

    La primera vez que nos conocimos, circulaba por la comarcal a 120 Km/h, sobrepasando de largo la velocidad máxima.

    Es una recta sin tráfico, por lo que aprieto el acelerador, me dejo llevar, disfrutando de la velocidad. En mitad de la recta, miro a la derecha y advierto un automóvil de la policía local, agazapado en el lateral de un restaurante. ¡Mierda!, pienso.

    En unos segundos, sale de su escondite, se pone en marcha a toda velocidad detrás de mí, con las luces azules encendidas, me invita a pararme y a situarme en el arcén. Me paro y espero. Mirando por el espejo retrovisor, veo que del vehículo de la policía, baja una mujer, con su chaleco y pantalón azul marino y camisa azul clara. Sus andares no invitan a nada bueno.

    Conforme se acerca, la observo. Es alta, o al menos más alta que yo. Bajo su gorra, lleva pelo negro, corto. Es esbelta, musculosa y de andar enérgico.

    Se sitúa al lado de mi ventanilla y me indica con la mano que la baje.

    -Buenos días. Caballero, ¿sabe a la velocidad que circulaba?

    -Pues… no me he fijado, tengo prisa porque tenemos un familiar en el hospital y es posible que haya ido más rápido de lo permitido.

    -Caballero, bastante más de lo permitido, iba usted a 120 Km/h. Documentación, por favor, la suya y la del vehículo y ¡póngase la mascarilla!

    Su tono es seco y autoritario. ¡Qué tía más borde! pienso.

    Mientras se la entrego, la observo. Sus ojos son negros y rasgados. La piel que rodea su mascarilla, morena. Sus manos delgadas y fuertes. Calculo que debe tener treinta y tantos, más cerca de los cuarenta.

    Mira mi documentación, se dirige a su vehículo, y vuelve.

    -Su documentación, y aquí tiene -endosándome una multa-. La próxima vez tenga más cuidado, me indica con el mismo tono seco y autoritario.

    -¡A sus órdenes! le digo.

    -¡Cómo dice!, me responde.

    -No nada… que tendré más cuidado, no se preocupe.

    A la vez que se lo digo, observo su cara y sus cejas arquearse. Juraría que está sonriendo sibilinamente, bajo su mascarilla.

    Pasaron los días. Ya me había olvidado de la maldita multa, de la gracia que me hizo, y de la agente, con su tono chulesco y borde.

    Una noche, mi amigo José y yo, que además de ser colegas profesionales, éramos vecinos en el pueblo dónde veraneábamos, decidimos airearnos un poco de la familia y salir a tomar algo.

    Cogimos mi coche y nos acercamos a un pueblo cercano que se encontraba en su fiesta mayor de verano.

    Es un pueblo pequeño, de estructura medieval, con calles estrechas, adoquinadas y fuertes pendientes, tanto de subidas como de bajadas.

    Aparcamos y nos dirigimos hacia la plaza principal, el lugar más animado y dónde además de la gente del pueblo están, también, los veraneantes que lo visitan.

    La noche invita a sentarse en una de las diferentes terrazas de la plaza, tomar algo y conversar. La temperatura es muy agradable y a pesar de que no estamos al lado del mar, se nota la ligera presencia de la brisa marina transportada en la distancia, refrescando el ambiente junto con la gran cantidad de campos y vegetación que rodean al pueblo.

    Las medidas anticovid se han rebajado. La plaza está llena de gente, deseosa de tomar algo y compartir espacio.

    Vislumbro una pareja que ha pedido la cuenta y que está pagando. Están a punto de levantarse. Me dirijo rápidamente hacia la mesa, dejando detrás a mi amigo José. Mientras me dirijo, se levantan. Es como como llegar y besar el santo. Me siento y a continuación llega José.

    Nos sentamos y pedimos un par de cervezas. Mientras conversamos sobre nuestro verano y la familia, José, muy animado, me comenta el ligue que está teniendo con una chica más joven de su trabajo. Le escucho con mucha atención y morbo, a la vez que presto atención a la conversación que se produce a mis espaldas.

    Esa voz femenina me resulta conocida, pero no sé dónde ubicarla.

    -Ya sabes Mari Pau que a mí siempre me han gustado los hombres mayores que yo, como Toni, y aunque estamos muy bien juntos, tenemos una relación abierta, vamos liberal, ya sabes…, podemos introducir a otra persona con nosotros, incluso podemos tener nuestras aventuras por separado. Es nuestro acuerdo, siempre que no nos traicionemos. La comunicación, para nosotros, es fundamental.

    -Ya lo sé Ainhoa, nos conocemos desde hace años y conozco bien tus gustos masculinos y femeninos, pero a mí no me mires, jajaja, ya sabes que soy muy convencional y no salgo de mi Rafa.

    -Porque tú no quieres, bandida, que si quisieras, tendrías cola, jajaja

    Presto toda la atención que puedo, es bastante más interesante que la que me cuenta José, y esa voz… ¿dónde la he escuchado antes?

    -Mari Pau, ya sabes lo que disfruto poniendo multas y castigando, es que me puede, jajaja. Hace unos días le puse una multa a un tipo que iba a toda pastilla, aquí al lado. No estaba mal, era atractivo, mayor que yo, como a mí me gustan. Gastaba un buen paquete, por lo que puede apreciar tal como estaba sentado, con su carita de cordero degollado. No sé por qué, pero al verlo indefenso y con ese paquete, me puso, y no sabes hasta qué punto. No me hubiera importado follármelo allí mismo.

    -No tienes arreglo Ainhoa, eres como la Mad Max de la carretera, jajaja

    Tal como escucho la conversación, mi nivel de excitación va en aumento, y es escuchar aquello, como si de repente explotase un globo dentro de mi cabeza.

    ¡Es ella!, la “Poli” chulesca y borde de la multa. Así que, yo, con carita de cordero degollado y con buen paquete… He de reconocer, que, en parte, me siento halagado y a la vez furioso.

    -José, disculpa un momento, voy al baño. Pídeme otra cerveza, por favor.

    Ya en el baño y frente al espejo, pienso en lo que voy a hacer. No lo tengo nada claro. Estoy confuso. Siento el palpitar de mi corriente sanguínea en mis sienes y como mis pensamientos se atropellan, embotados.

    No pienso más, salgo del baño y me dijo hacia nuestra mesa pasando por delante de ellas. La veo, la miró a los ojos, sin disimulo, de forma directa e incluso amenazante.

    La observo con detenimiento durante un instante. Sin su ropa de trabajo, parece más vulnerable, más humana. Su cabello negro, corto, como si fuera un chico. Sus ojos oscuros y rasgados. Su cara ovalada, con grandes labios y nariz chata. Lleva una camiseta ceñida, de color rosa y debajo un sujetador deportivo sin aros que sugiere unos pechos pequeños y firmes, pantalón corto que deja al descubierto unas piernas morenas, musculosas y en los pies, sandalias playeras. Parece salida del gimnasio.

    Se da cuenta, me devuelve la mirada con curiosidad. De pronto, sus ojos se abren con sorpresa, sus cejas se arquean y se sonroja, bajando la mirada.

    Su amiga la mira, e inmediatamente dirige su mirada hacia mí, queriendo averiguar quién ha sido capaz de provocar esa reacción. Reacción que, probablemente, no conocía en su amiga.

    -¿Te ocurre algo Ainhoa?

    -No nada. ¿Y si nos vamos?, se está haciendo tarde.

    Estoy sentado, escuchando, mientras mi amigo José sigue con su conversación liguera y a la que ya no presto atención. Estoy orgulloso de haber provocado esa reacción, que no me esperaba. Me siento envalentonado.

    Me levanto de mi silla y sin decir nada a José me doy la vuelta, y de forma audaz, me sitúo frente a ellas.

    -¡Hola!, -así de sopetón-. Perdonad, que os interrumpa, ¿eres la de la multa del otro día?

    Las dos se quedan, que les pinchan y no les sacan sangre. Ya me estoy arrepintiendo de ser tan audaz y ahora soy yo el que está acongojado.

    -Pues sí, soy yo -dice, con una postura recostada sobre su silla y el plan perdonavidas-. Espero que desde entonces hayas conducido con más cuidado.

    Ha recuperado su compostura y vuelve a ser la misma borde de la multa. -No me voy a dar por vencido tan fácilmente-.

    -Me presento, soy Fernando y él es mi amigo José. ¿Podemos sentarnos en vuestra mesa?

    -¿Te refieres a sentarte con nosotras, no?, dice la “Poli”.

    La prefiero sonrojada, la verdad.

    -Sólo si no os molesta. Si molestamos no, por supuesto.

    Se miran. Su amiga le da el visto bueno. La “Poli” toma la palabra.

    -Bueno podéis sentaros. Yo soy Ainhoa, ella es Marí Pau.

    Nos saludamos como corresponde. Nos damos un par de besos en las mejillas y volvemos a sentarnos.

    -Ainhoa, bonito nombre, le digo.

    Me mira expectante, como pensando, a ver que va a soltar este por esa boquita.

    -No he podido evitar escuchar vuestra conversación estando como estábamos, uno al lado del otro.

    Todos, incluido José, me miran con cara extrañada. Especialmente Ainhoa, a la que le está cambiando la cara de color, hacia un rojo intenso. Como si el magma recorriera su cuerpo y estuviese a punto de explotar.

    -Ah si, y ¿Qué es lo que has escuchado?, dice Ainhoa.

    -Lo que le comentabas a… Mari Pau, que me habías puesto la multa y que te había parecido un tipo interesante. He de decirte que tú a mí me pareciste muy borde, pero escuchándote he cambiado de opinión y por eso he decidido conocerte.

    Los demás miraban, alucinados, como espectadores.

    -Así que borde ¿no?, pues mira Fernando, me gusta tu sinceridad y que hayas decidido “conocerme”. Los audaces siempre tienen premio.

    Así discurrió el resto de la noche, en un tira y un afloja con Ainhoa. Era como un cangrejo ermitaño, unas veces mostrando su coraza y otras, las menos, saliendo y mostrando su vulnerabilidad. Esta ambivalencia en su forma de ser, me desconcertaba pero a la vez me excitaba y mucho. Sentía un irrefrenable deseo de follármela, de hacerla mía.

    Tanto José como Mari Pau, estuvieron toda la noche, casi sin decir nada, siendo espectadores de nuestra conversación, posiblemente la más surrealista que habían vivido.

    Al final de la noche nos intercambiamos nuestros números de teléfonos y al día siguiente, por la mañana, la llamé. Ainhoa, era una mujer que no se andaba por las ramas, y cuando quería era directa y clara como nadie. Me propuso ir esa misma tarde a su casa, cerca de la playa, estaba sola.

    -Fernando, me caes bien. Me gustó tu sinceridad de ayer, y como te dije, los audaces siempre tienen premio. Ven esta tarde a mi casa. No te lo voy a negar, quiero follar contigo. Veremos si estás a la altura.

    Estoy muy excitado, pero también desconcertado y hasta cierto punto, incluso asustado. Es la primera vez que una mujer me habla así, de forma tan directa y dominante. Es una sensación desconocida, que me atrapa, me embriaga y me arrastra hacia ella.

    Desde que hablamos por la mañana, el resto del día estoy impaciente, nervioso, mirando sin parar el reloj, deseando que lleguen las seis de la tarde.

    Me dirijo hacia su casa, a veinte minutos de distancia. Vive en un pueblo costero muy turístico, en una zona de apartamentos a cierta distancia de la playa, fuera del bullicio.

    Me abre la puerta, con una bata ligera de andar por casa, semiabierta en su parte superior y con sus sandalias playeras.

    Su apartamento es muy luminoso, la decoración muy pragmática, con lo justo y necesario. Con muebles tipo Ikea y algunos utensilios marineros colgando en paredes y techo.

    -Pasa Fernando y siéntate en el sofá. ¿Quieres algo de beber?

    -Una cerveza, gracias -estoy nervioso.

    Me siento en el sofá, se dirige hacia la cocina y al instante llega con una cerveza. Tal como me la da se sienta sobre mí, a horcajadas, con su bata abierta, mostrándome sus musculosas piernas y sus bragas de color malva.

    Mientras me mira a los ojos comienza a restregarse suavemente contra mi paquete, quedo hipnotizado mirando cómo, de sus bragas, sobresalen sus labios mayores con sus cadentes movimientos.

    Con su mano agarra mi barbilla y me besa, sacándome del trance, introduce la lengua hasta dentro, succionándola.

    Con mis manos agarro sus glúteos, duros y firmes a la vez que mis dedos palpan su húmedo sexo, mientras sigue frotándose contra mi paquete, totalmente abultado.

    Se pone en pie, me coge de la mano, llevándome hacia el dormitorio. Frente a la cama, seguimos besándonos, devorándonos, tocándonos todas las partes de nuestro cuerpo.

    Deja de besarme, me mira a los ojos y me empuja sobre la cama, quedando tumbado boca arriba. Se dirige hacia un cajón de la mesita y saca un par de esposas metálicas, brillantes.

    Me mira a los ojos, viendo mi asombro y desconcierto.

    -Tranquilo Fernando, tu déjame hacer a mí. Voy a ser un poco mala contigo.

    -¿Me vas a esposar?

    -Shhh, ya te he dicho que tú tranquilo. No te voy a hacer daño, todo lo contario.

    Me coge suavemente de cada una de mis muñecas, primero una y luego la otra, introduciéndome las esposas, cerrándolas, y dirigiéndolas hacia las barras laterales de madera de la cabecera de la cama donde las cierra, dejándome con los bazos extendidos.

    Vuelve al cajón de la mesita, saca un pañuelo de color rojo y dirigiéndose hacia mi rostro, me lo pone sobre los ojos, anudándolo tras mi cabeza.

    Esta nueva sensación de sentirme atrapado, sin visión, me produce gran excitación, acentuando el resto de mis sentidos. Me siento a su merced. Mi olfato se acentúa, apreciando su olor corporal y su sudor. Noto el calor que desprende todo su cuerpo, alrededor del mío, como si fuese un aurea de temperatura.

    Desabrocha los botones de mi camisa, dejándola abierta, y mi cinturón, bajando los pantalones, extrayéndolos por los pies. Me retira los calzoncillos, mientras mi pene erecto salta como si tuviera un resorte, mostrándose en su máxima expresión.

    Con sus manos acaricia mis pechos, erizándome la piel. Baja poco a poco por mi abdomen y pubis, acariciando mi pene depilado, recreándose en mis testículos, suaves y ardientes.

    Siento la humedad y tibieza de su lengua desplazándose sobre mi glande, con suaves lametones, recorriéndolo, degustándolo. Su lengua recorre el tronco de mi polla, lamiéndolo, impregnándolo de su saliva, para detenerse mis huevos, succionándolos, primero uno y luego el otro. Mis manos intentan, como un acto reflejo, ir hacia su cabeza para sujetarla y acompañarla en su dulce movimiento, pero están retenidas. Esta sensación de sentirme totalmente a su disposición incrementa mi placer a otro nivel, desconocido y nuevo para mí.

    Su mano recoge mi polla, me introduce con presión algo elástico. Es un preservativo. Noto el peso de su cuerpo situarse sobre mi pubis. Su mano cogiendo mi pene, dirigiéndolo hacia lo que me imagino es su coño, totalmente húmedo, con una temperatura mucho mayor que la que he experimentado instantes antes. Está totalmente lubricada. Mi polla, bajo la goma, se desplaza con mucha facilidad, como si estuviera impregnada de vaselina. Ya libre de su mano, siento la cálida entrada y la posterior subida y bajada de su vagina, primero de forma lenta y luego más rápidamente. Me está cabalgando, como una amazona, con sus manos apoyadas en mi pecho.

    Siento la forma interior de su sexo, sus recovecos, sus paredes laterales, sus labios golpeando la base de mi polla y en mis huevos. Sus dedos incrustados en mi pecho. Su olor salvaje, a sexo y sudor.

    Puedo imaginármela, oyendo sus jadeos, con la cara desencajada, las piernas flexionadas y a horcajadas sobre mí. Su ritmo se incrementa, pasando a ser frenético. Ritmo que me contagia y sigo, encajando sus movimientos con los míos, tomando impulso hacia arriba, arqueándome y levantándola de mi pubis, penetrándola lo más profundamente posible. Sus jadeos son más fuertes e intensos.

    No puedo aguantar más y me corro, en un orgasmo muy intenso. A continuación sus gemidos y su movimientos espasmódicos, me indicaba que ella también se está corriendo.

    Se levanta sobre mí, me quita el preservativo y vuelvo a sentir su lengua húmeda, recorriendo mi glande, ahora mucho más sensible, lamiendo el semen que queda sobre mi polla, tragándoselo, hasta que siento que no quedan rastros del mismo.

    Mientras me retira el pañuelo sobre mis ojos y con una diminuta llave me abre las esposas de mis muñecas, la observo, totalmente desnuda frente a mí, a escasos centímetros. Es hermosa y vulnerable. La Ainhoa que se muestra pocas veces.

    -¿Te ha gustado, Fernando?

    -Ha sido impresionante. Me ha encantado Ainhoa. Nunca había experimentado algo parecido.

    -Hoy he sido mala, pero poco, muy poco. La próxima vez lo seré de verdad.

    -Has estado a la altura, Fernando, pero veremos las siguientes. Cada vez te pediré más.

    Este fue nuestro primer encuentro durante las semanas que compartimos en el verano. El preámbulo de un mundo de experiencias desconocidas e intensas para mí.

    Al volver a casa, estoy expectante por saber de ella, de recibir su llamada o un mensaje, pero sé que posiblemente no será hoy. Ainhoa disfruta, a su manera, castigándome.