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  • Autosatisfacción fetichista

    Autosatisfacción fetichista

    La habitación estaba envuelta en una penumbra seductora, iluminada apenas por la luz tenue de una lámpara de sal que proyectaba sombras suaves sobre las paredes.

    Me detuve frente al espejo de cuerpo entero, mi piel desnuda capturando los reflejos cálidos mientras mi mirada se desviaba hacia el objeto de mi deseo, reposando provocativamente sobre la cama: un traje Zentai de spandex negro brillante, confeccionado para abrazar cada curva de mi cuerpo, con solo dos aberturas para mis ojos.

    Su superficie reluciente parecía llamarme, prometiendo un éxtasis íntimo y prohibido.

    Me acerqué lentamente, mis dedos rozando el tejido suave y elástico, que parecía vibrar con una energía propia.

    Deslicé el traje desde mis tobillos, sintiendo cómo el spandex se adhería a mi piel como una segunda capa, fresca al principio, pero cálida al contacto con mi cuerpo.

    Cada centímetro que cubría mis piernas era una caricia, un susurro de sumisión al placer táctil.

    Mis muslos se tensaron bajo la presión ajustada del material, que delineaba cada músculo con una precisión casi erótica.

    Al pasar el traje por mis caderas, un cosquilleo recorrió mi columna, y mi respiración se volvió más pesada, anticipando lo que vendría.

    Mis brazos se deslizaron dentro de las mangas, el spandex envolviéndolos como un guante perfecto, sellando mi piel en un abrazo asfixiante pero liberador.

    La cremallera trasera fue un desafío, un juego de paciencia y deseo; cada diente que subía era un paso más hacia la transformación.

    Con un último esfuerzo, ajusté la capucha sobre mi cabeza, sellándola herméticamente.

    Solo mis ojos quedaron expuestos, brillando con un anhelo salvaje en el reflejo del espejo.

    Mi silueta era ahora una forma fluida, una escultura viviente de spandex que borraba los contornos humanos, convirtiéndome en una entidad de puro deseo.

    Me contemplé en el espejo, fascinado por la imagen: una figura sin rostro, una sombra sensual que parecía existir solo para el placer.

    Mis manos exploraron la superficie brillante del traje, deslizándose desde mi pecho hasta mis caderas, cada roce amplificando las sensaciones que el spandex transmitía a mi piel.

    Entonces, mi atención se desvió hacia un nuevo accesorio en la mesa junto a la cama: una máscara de gas de látex negro, con lentes oscuros y un filtro metálico que prometía aislarme aún más del mundo exterior.

    La tomé con reverencia, sintiendo su peso, su promesa de sumergirme en un universo de sensaciones internas.

    Me coloqué la máscara, ajustando las correas con precisión hasta que se fundió con mi rostro.

    El mundo se desvaneció.

    El único sonido era el de mi respiración, amplificado por el filtro, un ritmo hipnótico que resonaba en mi cabeza como un mantra erótico.

    Cada inhalación era cálida, cada exhalación un suspiro que me conectaba con mi cuerpo enfundado.

    Me miré nuevamente en el espejo, y la imagen era abrumadora: una figura anónima, envuelta en spandex y látex, con la máscara de gas como un sello final de mi rendición al fetiche.

    Mis manos, ahora cubiertas por guantes de látex que había añadido al conjunto, comenzaron a recorrer mi cuerpo con una lentitud deliberada.

    El roce del látex contra el spandex producía un sonido sutil, casi musical, que se mezclaba con mi respiración.

    Cada caricia era una chispa, un recordatorio de la sensibilidad amplificada de mi piel bajo las capas.

    Me dejé caer sobre la cama, el colchón crujiendo bajo mi peso, y mis dedos encontraron la cremallera estratégicamente ubicada en mi entrepierna.

    La abrí con un movimiento lento, casi ceremonial, exponiendo mi piel al aire fresco, un contraste embriagador con el calor del traje.

    Sobre la mesilla de noche descansaba mi máquina masturbadora, un dispositivo elegante de silicona y metal, diseñado para ofrecer un placer mecánico y preciso.

    Lo tomé, sintiendo su peso frío en mis manos enguantadas, y lo acerqué a mi pene erecto.

    Al activarlo, un zumbido suave llenó la habitación, sincronizándose con el ritmo de mi respiración.

    Las vibraciones eran intensas, enviando oleadas de placer que se propagaban desde mi centro hacia cada rincón de mi cuerpo.

    Me entregué por completo, dejando que la máquina dictara el ritmo, mientras mis manos recorrían el traje, apretando, explorando, amplificando cada sensación.

    La combinación del spandex, el látex y la máscara creó una sinfonía de sensaciones que me llevó al borde del éxtasis.

    Mi mente se nubló, y el mundo exterior dejó de existir.

    Solo estaba yo, mi cuerpo enfundado, y el placer que construía en oleadas imparables.

    Mientras la máquina continuaba su trabajo, mi respiración se volvía más errática, amplificada por la máscara.

    Cada jadeo era un eco de mi rendición, cada vibración un paso más cerca del clímax.

    Pensé para mí mismo, con una sonrisa oculta bajo la máscara, que este fin de semana, sin planes ni interrupciones, era un regalo.

    Un lienzo en blanco para explorar cada rincón de mi deseo, envuelto en la perfección de mi traje, mi máscara y mi propia piel.

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  • Cuando le pedí dos vergones a mi esposo (2)

    Cuando le pedí dos vergones a mi esposo (2)

    Es así que se quedó mi esposo y el amigo pelucón ya había llegado a tanta insistencia pues mi esposo le había dicho que yo estaba dormida, en el cuarto hablaron con mi esposo mientras tomábamos la última cerveza que quedaba, le convenció de despertarme mientras veía mi culazo pues yo estaba boca abajo, me despertó y entré sueños vi al amigo un hombre alto enorme, pero no puedo negar que me fantaseaba a veces con un hombre así de enorme, los vi tomando y le dije: quiero tomar cerveza amor, me replicó que se había acabado, yo quiero chupar cerveza le dije mientras por mi mente pasaba quedarme con el a solas.

    El amigo dijo, ¡voy a comprar! ¡No! Le dije, que vaya mi esposo…. Pero amor no hay en el hotel y los negocios acá están a unas cuadras, me acerqué con amor y le dije mi amor, compláceme ¡siii! ¡Él te va a dar dinero para que compres mientras de reojo le guiñaba al amigo! Te amo vida le dije hasta que se convenció cambiándose la ropa, mientras el amigo le dio dinero para comprar, se acercó y me dijo al oído, no quiero que caches hasta que regrese, me fallas y te cagas conmigo, me asustó lo que me dijo, pero yo estaba decidida, le repliqué diciendo que me llame en cuanto esté por llegar y que no se preocupe porque lo amaba.

    Salió a comprar y quedamos a solas, le dije que se echara en la cama para aprovechar el tiempo mientras besaba sus grandes labios, era enorme el amigo que tocaba sus enormes piernas y noté un enorme bulto que me asusté, se desnudó rápido y pude ver la verga enorme que iniciaba normal y terminaba súper gruesa que en verdad me asusté ver eso tan grande, lo mamé y era un éxtasis que me provocaba, subí sobre su verga que sentía que me abría los labios vaginales al máximo, que me hacían gemir de placer.

    Me jalaba el cabello para atrás con una mano, mientras con la otra me cacheteaba la cara que me causaba una gran excitación, que por momentos me bajaba a besarlo, uff que rico le decía, me levantó y me dijo me gusta en posición de perrita amor, me puso en cuatro mientras sacó de su mochila dos celulares ubicando uno a un costado y el otro debajo para grabar el acto y empezó a cacharme en posición de perrita que a cada arremetidas me causaba un poco de dolor pero me excitaba mientras llenaba de saliva mi culo y jugaba con sus dedos en mi ano hasta sentirme súper excitada, por lo cual me vine y le dije ya no por favor.

    Sacó su verga y me metió por el culo que me hizo gritar mientras agarraba con fuerza mi cintura y no lo soltaba mientras sentía que abría mi culo con su enorme verga, no le importaba que llore pues me decía, ¡mi amor! Aguanta tú puedes, mientras yo pujaba del dolor él me rogaba que aguante hasta que pueda eyacular, quieres adentro o afuera me dijo. No le respondía pues trataba de aguantar las arremetidas hasta de pronto gimió de placer y una parte eyaculó dentro de mi culo y otra afuera sobre mi culo adolorido, me ardía toda, pues me había destrozado el culo me abrazó y besó, pidiéndome perdón y diciéndome que era el culo más rico que su verga a probado en su vida.

    Secando mis lagrimas mientras le decía que era un bruto, me besaba los labios hasta que recibimos la llamada de mi esposo diciendo que ya los negocios estaban cerrados y que se regresaba, le respondí que regrese, mientras le decía al amigo que se cambié y que hagamos que no hemos hecho nada aún y que cuando tratemos de hacerlo yo le diré que ya no porque la tienes enorme, él aceptó mi propuesta, así que cuando mi esposo llegó lo encontró cambiado y a mí con mi ropa interior y mi vestido transparente que siempre usaba, mi esposo lo encontró sentado en la silla y a mí cambiada.

    Le dije que lo estábamos esperando, mientras él estaba confundido pues pensaba que habíamos cachado, ok amor entonces hagámoslo y nos vamos a casa, se desnudaron ambos y al verlo desnudo hice que me asusté mucho diciendo que no quería esa verga enorme, el amigo decía pero lo meto despacio, a lo que mi esposo le respondió, si mi esposa no quiere no lo hacemos y punto, pero los mamo a los dos le respondí a lo que ellos dijeron está bien, los mamé las dos vergas mientras mi esposo grababa, hasta eyacular en mi cara ese video aún lo tiene mi esposo.

    Se despidió el amigo y se retiró a su casa mientras nosotros nos alistamos y regresamos a casa, feliz aunque con el ano adolorido de semejante cachada que me dio el amigo pelucón que hasta ahora lo recuerdo. Pues tenía el culo destrozado que me duró mucho tiempo para recuperarme de esa experiencia sexual.

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  • Familia complicada (8): Apertura anal de Flor

    Familia complicada (8): Apertura anal de Flor

    Ya era hora de sacarme este muerto de encima, y me refiero a la causa que me habían hecho por la golpiza a mi bullying, y la mejor forma era en la justicia. Me presente a declarar con mi abogado y mi padre en los tribunales ante el fiscal. Todo fue sobre rieles, el fiscal desestimo la denuncia, aunque me hizo varias advertencias sobre tomar la justicia en mano propia, yo como un tierno corderito a todo dije que si, me sugirió que llamara a la policía y si no tenía otra salida me defendiera, pero que siempre dejara constancia del hecho, para yo no tener problemas.

    Nosotros salimos a cenar para festejar, mi padre, mi madrastra, el abogado con su esposa y yo. Mi hermanastra había salido con su queridísimo novio. Todo fue muy ameno, y brindamos por dejar atrás mi pequeño problema o al menos eso pensaba yo en ese momento.

    A los días de la cena apareció en un periódico digital de poca monta y menos reputación un artículo acusando a mi padre y su empresa de ser mafiosos, de tener conductas que rallaban con lo criminal, y tener vínculos con el poder, lo que lo libraba de tener que rendir cuentas en la justicia, todo esto en tono potencial, usando el presuntamente o posiblemente en más de una ocasión. También hacía mención sin nombrarla, pero dando detalles para que cualquiera pudiera identificarla a una gran empresa para la que trabajaba.

    En algunas cosas el articulo estaba en lo cierto, aunque ellos no se imaginaban que tanto, y es que muchas veces se camina por un línea entre lo legal e ilegal, y es muy delgada y fácil de pisar el otro lado. Aunque nosotros sabíamos de quien venia el golpe, este había tirado mucha basura y sin pruebas.

    Como dije en un principio mi padre es ex miembro de Fuerzas Especiales y tiene una empresa de seguridad con sus ex camaradas. Aunque el dice que se es miembro toda la vida, simplemente no está activo. De este trabajo una gran multinacional es su principal cliente, esta enorme empresa se le brinda un servicio de seguridad y vigilancia, seguridad informática, guardaespaldas y choferes para sus principales directivos, y un equipo encargado del espionaje y contra espionaje industrial, estas dos últimas son las más sensibles y polémicas. Este artículo si bien pasaba desapercibido para la mayoría no gusto en esta gran empresa y pidió que se resolviera cuanto antes.

    Lo primero que mi padre hizo es proceder legalmente contra el diario digital, y lo segundo cosa que me impresiono mucho fue concertar una cita con su dueño, en realidad era dueño, periodista, editor y uno de sus tres trabajadores. Digo que me impresiono porque pensé que mi padre lo destruiría sin más, y ahí me demostró que es más astuto que un zorro.

    Él había investigado a Eliseo, el dueño, era un hombre de 29 años, es homosexual, y siempre se dedicó a exponer a los poderosos que están por encima de la ley, esto se debe a que él tuvo una vida realmente difícil, fue abusado por el jefe de su madre, este tipo rico nunca tuvo el castigo que se mereció y se murió como un hombre honorable y pilar de la sociedad, aunque era un monstruo.

    Eliseo visito la empresa de papá, y el gimnasio. Ahí es donde realmente hizo el click en él, ahí había varios chicos, muchos de bajos recursos, algunos hijos de empleados, pero le empezó a hablar de chicos que iban y sufrían abusos, bulliyng y les mostro como les enseñaban a defenderse de alguien mucho más fuerte y poderosos que ellos. Yo vi la mirada de Eliseo en todo esto, era una mezcla de sorpresa y admiración por lo que ahí hacían, hablo con varios incluso conmigo y le contamos nuestras experiencias.

    Después fuimos a cenar y entendí a Eliseo, era un hombre honesto pero no era periodista de profesión, no había estudiado para ello, por eso también le llevaba a cometer muchos errores, como acusar sin las pruebas necesarias. En la cena nos dijo como llego la información sobre mi padre a él. Y resulta que el padre de mi bulliyng era uno de sus principales clientes en publicidad del diario, como dije, este tenía una empresa de mantenimiento y otra de limpieza. Hablando con Eliseo le contamos de nuestro pequeño altercado, él se quedó pensativo, creo que se sintió usado.

    Dicho esto mi padre le extendió una carpeta, en la misma se detallaba ocho abusos sexuales cometido por este individuo contra sus empleadas mujeres, todas de su empresa de limpieza y todas eran vulnerables, de familias humildes, dichas denuncias nunca llegaban a nada, y aquí había dos caminos o las amenazaban que era lo más probable o las compraban con dinero.

    Al terminar la cena vimos a Eliseo con fuego en los ojos, y unas ganas locas de justicia. A los pocos días publicó un artículo disculpándose con mi padre y admitiendo un error en su fuente de información. Pero lo mejor de todo, llego un mes después, un informe completo sobre un empresario que abusaba de sus empleadas, donde le pagaba sueldos miserables y las sometía a todos tipo de vejaciones incluso el abuso sexual, también había logrado que varias de ellas declararan y ratificara las denuncia, incluso le pidió ayuda a mi padre para conseguirles trabajo, este lo hizo encantado.

    El escándalo fue muy grande en la cuidad, incluso salieron más denuncias viejas en su contra. Mi padre y Eliseo terminaron como amigos, incluso le acerco varios clientes para que publicaran en su diario digital, Eliseo pulió más sus formas y el diario se convirtió en más serio y con mayor éxito.

    Yo no salía mucho, si bien era cierto que debido a mi nueva popularidad tenía más invitaciones a salir, seguía saliendo con mis amigos los nerds, iba a algún bar, concierto o nos juntábamos a jugar con las consolas en la casa de alguno de ellos. Con Flor no salía casi, ya que su estricto padre la tenía muy controlada, así que era raro que un fin de semana a la noche yo tuviera sexo. Y como les dije no había tenido sexo en un par de días, y pospuse la apertura anal de mi sumisa.

    Pero ese fin de semana se alinearon todos los planetas. Mi padre iba a salir de la ciudad en una escapada romántica con Gabriela, mi querida hermanastra iba a salir con su noviecito, o sea que me quedaba la casa sola para mí. Y el padre de Florencia tenía que viajar por negocios. Ni bien me entere de esto le dije a Flor que hablara con su madre porque se venía a pasar la noche conmigo.

    Ella llego pasada la once de la noche a mi casa. Traía todo, y me confeso cuando entro que su madre le había hecho hacer un enema, para lavar todo. Cada vez me caía mejor, era la aliada perfecta para todo. Fuimos inmediatamente a mi habitación, yo no quería perder mucho tiempo, tenía mis necesidades que atender. Desnude a Flor, y no pude dejar de admirar su cuerpo, había cambiado mucho, ella practicaba gimnasia artística, si bien era flaca eso había tonificado mucho su cuerpo y marcado su culito, era chico pero bien marcado, redondito y respingón.

    Venia con un conjunto de ropa interior de encaje de lo más sexy, color rojo con detalles en negro, y pequeños moñitos en los pechos y en la cola. En verdad parecía un regalo para mí. Era perfecto el conjunto, hacia un buen contraste entre su piel blanca, su pelo negro, tenia partes trasparentes y otras semi transparentes, te la dejaba dura tan sola de verla.

    Flor: Veo que le gusta a mi señor – yo seguía babeando- esta tarde fuimos con mi madre a comprarlo, también fuimos a la estética, donde ya me tocaba el tratamiento con láser, y también me hicieron baños de crema para que mi piel huela mejor.

    La verdad que cada vez quería más a esa señora. Me senté en la cama y llame a Flor, para que haga lo mismo en mis rodillas, tome su cara y empezamos a besarnos muy apasionadamente, lleve mis manos a sus tetas y me di cuenta que ella también estaba caliente, tenía los pezones como piedra, era su termómetro personal algo que la delataba automáticamente. Apreté y amase sus medianos pechos, para terminar pellizcando sus pezones, mientras seguían nuestras lenguas en un combate sin igual. Baje mi mano y la pase por su vulva, el contacto con la tela y la humedad que había fue genial, ella dejo escapar un gemido, y yo aproveche para atacar su cuello.

    Tenía pensado ir directo a la penetración anal, pero esta presentación se merecía una atención especial. Ya después de jugar un rato la acosté en la cama, me daba hasta pena sacarle las cosas, así que aparte su tanga quedando a la vista su pequeña vulva toda mojada, apenas se divisaba una línea rosada de sus labio mayores que era recorrida por una gota.

    Fernando: Hoy puta mía te voy a llevar al cielo y al infierno a la misma vez.

    Dije esto hundiéndome en aquella grieta, quería comerla toda, el aroma era genial una mezcla de canela con frutas, pasaba mi lengua desde el pubis hasta el ano, en un momento dado ya me molesto el tanga y tuve que sacarlo. Pero por ello no pare de recorrer cada milímetro de su zona. Tome un dedo y lo introduje en su ano e hice lo mismo con otro en su vagina mientras empecé una succión directa a su clítoris, añadí otro dedo a su vagina y ano he intensifique el ataque con mi lengua en su vulva. Flor no aguanto mucho y me pidió permiso para acabar.

    Fernando: Por supuesto mi puta, hoy puedes acabar todo lo que quieres, no te contengas con nada, te voy a matar de placer.

    No se hizo esperar y tuvo un orgasmo muy fuerte, igual de fuerte fueron sus gritos. Yo me termine de desvestir y me subí sobre ella en la posición del misionero, no quería que se enfriara ella tiene la capacidad de encadenar sus orgasmos, uno tras otro.

    Así que la penetre de una, ella abrió bien las piernas para facilitar la penetración, lleve dos dedos a su boca y los metí ella empezó a chuparlos como si fueran un pene, los saque y se la clave en su ano cosa que sé que agradeció porque sus gemidos se volvieron más fuertes estaba por acabar de nuevo y no iba a ser la única yo también estaba por la labor, no tardamos mucho y ambos terminamos jadeando, yo me tuve que poner a su lado mientras tomábamos aire y descansábamos un rato, pude apreciar bien el aroma de su piel muy rico, la verdad que hace rato yo sentía algo por Florencia, ella estaba enamorada de mí y yo creo que también, lo único es que ella me adoraba y yo era su todo.

    Ya la hora había llegado, coloque a Flor en cuatro patas y empecé a practicarle sexo oral de nuevo, como para calentarla, necesitaba que estuviera muy excitada, no quería que le doliera en exceso. Fui recorriendo todo hasta llegar a su ano, otra vez el aroma a crema me invadió, empecé a degustar su ano queriendo penetrarlo con mi lengua, mientras mis dedos invadían la vagina de mi sumisa.

    Tomé del bolsito que había traído Flor el dilatador anal y la crema, puse un poco y procedí a penetrarla con él, como llevaba semanas jugando con ese juguete en su ano no costo mucho entrar, quise poner un poco más de crema lubricante y me di cuenta que no quedaba más, pero yo estaba preparado había comprado uno y lo tenía en mi mesita de noche. Cuando me dirijo hacia ella veo una sombra en mi ventana que se aparta. No lo podía creer de verdad que se habían alineado los planetas, con mi hermanastra habíamos tenido varias cesiones de espías, pero esta era la primera vez que era involuntaria, por lo menos de mi parte.

    Salí de la casa, no si antes decirle a Flor que no se moviera. La puerta de salida al patio estaba al lado de mi habitación, y ahí estaba Laura, con un vestido todo desarreglado, el maquillaje corrido, colorada, la tanga en el suelo y una teta casi salida que se le veía el pezón, era una obviedad que llevaba mucho tiempo ahí y se había masturbado con la escena.

    Laura: Muy buena hermanito, pártele el culo a esa puta, vas bien.

    Estaba completamente borracha, y yo completamente desnudo, sus ojos iban de mi pene a mi cara ida y vuelta.

    Fernando: Ven aquí.

    La traje hacia mí y le di el beso del campeonato, sin dejarla pensar, aprovechándome de ella, después de la sorpresa inicial Laura colaboro completamente conmigo hasta me hecho las manos al cuello. Nos separamos y nos quedamos viendo a los ojos.

    La tome de la mano y la introduje a la casa hasta mi habitación, Flor seguía en la misma postura que la deje, con el culo en pompas sacando bien, y en su ano brillaba el dilatador. Laura se quedó en mitad de la habitación viendo eso, yo aproveche ese momento y tire de su vestido para abajo dejándola desnuda, ella me intento decir algo pero fue callada por un beso mío, mi mano fue a su vagina y estaba completamente mojada, su boca sabia a alcohol, ella no se opuso a nada, yo la masturbaba en toda regla había metido una mano por atrás y penetraba su vagina y cuando sacaba mi mano frotaba la raja de su culo.

    Flor veía todo de perfil, no quería que su momento pasara, ella era la importante ahora, pero tampoco me quería perder a mi hermanastra. Así que me separe y nos acercamos a Flor, Laura estiro la mano para tocar el dilatador, yo seguía masturbándola, en un momento dado lo quiso sacar y le costó un poco, se quedó sorprendida cuando lo hizo, y volvió a meterlo, y repitió la acción, estaba como una niña, pero muy caliente, sus ojos desprendían fuego.

    Fernando: Cómeselo.

    Le dije esto mientras le empujaba la cabeza en dirección de las nalgas de Flor. Ella se quedó a centímetros de su ano, y volvió a sacar el dilatador y observarlo bien, también vio el pequeño hueco que le dejo en el ano, volvió a meterlo y llevo su mano a la vagina de mi sumisa. Mientras yo iba por la crema lubricante, no lo podía creer un sueño hecho realidad, pero no la podía cagar.

    Cuando me acerco Laura ya tenía metida su lengua en el ano de Flor y dos de sus dedos en la vagina, yo tome el dilatador y unte el lubricante, mientras miraba las posaderas de mi hermanastra, la verdad tenía dos culos impresionantes a mi disposición esa noche.

    Mientras mi hermanastra seguía con su trabajo le pase el dilatador, cosa que tomo y con un brillo en los ojos penetro ese ano, no fue delicada, empezó a masturbar el ano de Flor más intensamente, la escena era muy excitante Florencia en la cama en 4, Laura de rodillas atrás de esta comiéndole la vagina y penetrándola con un juguete, mientras yo empecé a meter dos dedos en la vagina de Laura, aquello era una laguna de mojado que lo tenía, los jadeos de las dos se hicieron más intensos y fuertes, y yo no paraba de masturbar a Laura, intente meter un dedo en su ano y no pude, lo tenía cerradísimo. Ella me retiro la mano y me miro desafiante.

    Fernando: eso algún día será mío.

    Laura: ni en tus sueños.

    Seguimos con el juego unos segundos más, pero Flor estaba por acabar y ese era el momento más oportuno para penetrarla. Me puse en posición detrás de ella mientras Laura no se había movido, quería observar todo lo más cerca posible, quise penetrar ese ano pero el lubricante y lo cerrado que estaba hizo que se me resbalara de repente una mano tomo mi pene, una mano apunto mi flecha hacia el blanco, esta vez no falle y entro ¼ de mi pene. Flor se puso dura, seguro le había dolido, estaba tensa, en ese momento Laura empezó a masturbarla y frotar su clítoris, yo me mantuve quieto hasta que note que todo iba cediendo mi pene iba penetrando de a poco aquel precioso ano.

    Laura: Hazlo ahora, pero despacio- Me dijo mirándome directo a los ojos, aquello es lo más excitante que he vivido en toda la vida.

    Subí una pierna arriba de la cama esto le dio espacio a Laura para acercarse y comerle la vagina, mi pene hizo tope, y Flor pareció no sentir mas que el dolor inicial, después de unos segundos estático empecé a moverme y penetrar ese ano, estaba en lo mejor cuando sentí una lengua sobre mis huevos, la verdad que mi hermanastra estaba poniendo todo de si, cuando la mire estaba en cuatro abajo nuestro masturbándose furiosamente. Yo ya no pude más aquello eran muchos estímulos para mí, y ya bombeaba ese culo con toda mis fuerzas una y otra vez.

    Pero todo tiene su fin, incluso cuando estas en el paraíso, dos potentes lechazos en las tripas de Flor, mi semen salía caliente como nunca, pero también la saque y otros dos fueron a parar a Laura, esta sin pensarlo tomo mi pene y lo dirigió a su boca prolongando más mi orgasmo, no llego a meterse ni la mitad, pero la sensación una de su boca y lengua mientras acababa era placer puro, mientras ella tenía un orgasmo tan potente que termino largando un fuerte chorro de flujo desde su vagina en todo el piso.

    Nos quedamos tirados en la cama, abríamos la boca los tres buscando aire, nuestros corazones no latían golpeaban el pecho, yo le daba pequeño besos a Flor, mientras que pasado unos segundo Laura se paró, recogió su ropa y se fue sin decir nada, vi como le temblaban las piernas todavía, antes de salir nos lanzó una mirada, casi indescifrable.

    Flor: Lo amo mi señor, este regalo fue maravilloso, fue impresionante el sexo anal.

    Fernando: Yo también te amo mi putita- la mirada de Flor se volvió vidriosa, y se acurruco en mi pecho, pude sentir las lágrimas de alegría al recibir mi confesión.

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  • Juro que me emputecí por culpa de mi marido (1)

    Juro que me emputecí por culpa de mi marido (1)

    Lo que voy a relatarles, aún hoy me parece imposible…

    Pero, 10 años después, lo sigo viviendo.

    Tenía 19 años, hacía seis meses que me había casado.

    A una cuadra de nuestro apartamento, había un bar, y como en todos los bares, afuera se reunía una barra de vagos a tomar cerveza. (en este caso eran 8 o 9, 2 o 3 pardos y 4 o 5 negros… Todos unos mugrientos).

    Disculpen mi lenguaje, pero en ese tiempo aún era una chica fina y delicada…

    Casi todos los días, compraba allí los cigarrillos para mi marido.

    Y por supuesto, cada vez que me veían, no les quedaba cosa por decirme. Una noche, luego de comprar cigarrillos, salí rumbo a mi casa… Y al pasar frente a ellos, uno dijo…

    -¡¡¡Qué pedazo de ojete tenés guacha!!!…

    Es cierto que yo, apurada y distraída no me había cambiado los escandalosos shorts que había lúcido durante la tarde para mi esposo. Pero, eso en definitiva, no autorizaba a esos negros sucios a decirme las porquerías que me decían.

    -¡¡¡Mirá eso!!!… Mirá cómo el short le parte al medio el ojete…

    Los ignoré, y seguí caminando, pero oí que uno decía…

    -Esta mina, después que yo le parta el culo a vergazos, van a ver lo putita que se va a poner…

    Me giré y pude ver cuál de ellos había sido. Tendría que haberlo adivinado, exactamente el peor de la barrita, un negro de más de 2 metros, siempre desprolijo y con barba de dos o tres días…

    No me equivoco si les digo que era el líder de la pandilla, y que además era un delincuente que ya había estado preso…

    Crucé la calle y entré en la zona más oscura de mi trayecto, esos 40 metros restantes hasta mi entrada, eran una boca de lobo…

    De pronto escuché la voz del negro, había venido detrás de mí…

    Y empezó a decirme las groserías y ordinarieces más sucias que nunca había escuchado.

    -Tengo la verga dura putita, me enloquecés moviendo el ojete de esa manera… Parecés una puta callejera buscando pija… Y… La vas a terminar encontrando…

    Yo caminaba como si no lo oyera…

    De pronto diciéndome… -Hasta mañana putita culona…

    Se despidió descaradamente…

    Nunca había sido tratada tan vulgarmente, pero el negro al tratarme como a una cualquiera, y decirme tantas groserías y ordinarieces…

    Aunque me joda decirlo, me dejó excitada…

    Por suerte mi marido estaba dormido y no se despertó…

    Pues si me tocaba hubiera notado que estaba empapada…

    Aprovecho esta pausa para hacerles unos comentarios, en los 5 años de noviazgo.

    Nosotros nunca tuvimos relaciones sexuales, pues mi esposo entendía que yo debía llegar virgen al casamiento…

    Lo acepté porque era su religión, su creencia…

    Algunas veces, cuando habíamos estado un rato solos chuponeando y de manoseo… Cuando él se iba, yo quedaba bastante excitada, pero me las arreglaba haciéndome tremendas pajas, sacándome la leche a fuerza de pepinos o bananas, enseguida me picó la lujuria y pensé ahora voy a tener que usar berenjenas…

    Mientras me desfilaban las imágenes por la cabeza.

    Con el tema de su religión, yo nunca le había visto la pija, y la noche de casados, cuando llegó el momento esperado, la verdad es que me lleve una fea sorpresa, porque tenía una cosa chiquitita, era como mi dedo índice…

    Yo no conocía otra y creí que con eso me iba a bastar…

    Pero lo que nunca pensé fue que, luego de la primer semana mi marido empezara a dejar pasar cada vez más días entre una noche de sexo y la otra…

    Era muy cariñoso, pero la verdad es, que aunque fuera tan chiquita, después de haberla probado quería más y tantos días entre una y otra me hacían pasar muchas ganas…

    Dos días después, el lunes, mi marido debió viajar, por trabajo, a un pueblito a 200 km de la capital, dejándome sola toda la semana.

    Cerca de las 10 de la noche, recordé que José me había dejado un dinero para que se lo llevara a don Pedro, el dueño del bar, no sé por qué motivo… Ni me importa…

    Me apresuré para llegar antes de que don Pedro cerrara, y crucé a llevárselo…

    Al entrar pasé entre la barra de vagos, le di el dinero a don Pedro y despidiéndome de él, salí del boliche rumbo a mi casa…

    Al entrar en la boca de lobo que eran los 40 metros más oscuros de mi trayecto. De nuevo, escuché la voz del negro…

    –¡¡¡Sí pendeja!!!… –¡¡¡Seguí caminando así… pendeja puta, que voy a hacerme una paja mirándote bambolear ese tremendo culo que tenés!!!…

    Me volví para ver si el negro era capaz de pajearse en plena calle… ¡¡¡y sí!!!…

    ¡¡¡El negro había sacado una bruta garcha y caminaba detrás de mí pajeándose en plena calle!!!…

    Nunca creí que existieran pijas de ese tamaño, pensaba que eran exageraciones de los videos porno…

    Aquella situación, y sobre todo el pedazo de verga que tenía el negro degenerado, hicieron que mis pezones se hincharan y pararan duros de calentura…

    Así que, sin pensarlo mucho… Con mi pepa ensopada, y los pezones como piedras… Comencé a caminar más lento y mucho más provocativa que antes, el negro degenerado lo notó y me dijo…

    -¡¡¡Qué divina que estás guachita!!!… En estos 10 días que tu maridito no está… Te vas a volver mi putita… Te voy a tener ensartada de la mañana a la noche.. Y cuando yo no tenga ganas, te voy a hacer garchar por mis amigos o te saco a la calle a garchar por plata…

    Las cosas que me decía y sobre todo aquella enorme verga, que no se iba de mi cabeza… Me tenían con una calentura como nunca antes…

    Seguí la marcha, pero a esa altura ya era consciente de cómo iba a terminar aquello…

    Por primera vez me iba a garchar otro hombre, mi marido había sido hasta ahora, el primero y único en mi vida…

    El negro caminaba tan cerca de mí que sentía su aliento en mi nuca, de pronto sus manos tomaron mi cintura, me atrajo hacia él y me apoyó en la cola su enorme pedazo de carne dura y caliente…

    Como un reflejo condicionado, empecé a levantar la cola…

    El negro, sobándome el culo con su guasca, me dijo…

    –Mirála putita… -¿La querés, verdad?…

    Sintiendo aquel pijón refregándose en mi cola…

    No me aguanté y se lo miré…

    ¡¡¡Dios… Mío!!!… ¡¡¡Qué tremenda pija… Nunca lo hubiera creído!!!…

    -Dale, hacéme una paja… Dijo…

    –Estás loco –respondí…

    -Dale, no seas mala… Aquí está oscuro… Hacéme una paja…

    Me insistió…

    Viendo que realmente pretendía que lo pajeara en la calle…

    Recaliente y a esa altura totalmente emputecida… Le dije…

    -Pará… negro hijo de puta, para que correr riesgos en la calle, si yo estoy sola en el apartamento…

    Espero que me entiendan, con la tremenda calentura que tenía en esos momentos, manoseada por todos lados por el negro y teniendo en mi mano aquel socotroco de verga negra, gorda, larga, caliente y palpitante…

    Cómo pensar en las posibles consecuencias…

    Y así ocurrió, en definitiva, lo que todos ya habrán adivinado.

    Subí con el negro a mi apartamento…

    En esos momentos serían las 10 y 30 de la noche…

    En el ascensor entró a chuponearme, traté de que no lo hiciera por miedo a los vecinos, pero no lo logré.

    Cuando llegamos a mi piso ya me llevaba con las tetas de afuera y recaliente…

    Apenas entramos, me preguntó dónde estaba el dormitorio se lo señalé y prácticamente me arrastró.

    Al entrar me empezó a sacar la ropa, cuando estuve en bolas, me tiré en la cama, y me pidió…

    -Ponete en cuatro patas putita que voy a romperte ese culo divino…

    Me montó por detrás, me escupió el ano y me apoyó en la cola la cabeza de su verga dura y caliente…

    Yo, con un reflejo condicionado, levanté la cola…

    -Pero había algo que el negro no sabía, mi cola era virgen… Mi marido nunca me la había pedido y yo menos ofrecido…

    -¡Mi amor! Tenes el culo bien cerradito.

    -¡¡¡No por favor… Por la cola no, no seas malo… Nunca lo he hecho por ahí… Por favor!!!

    El negro me preguntó…

    -¿El pelotudo de tu marido no te come el culo?…

    -No… nunca me pidió la cola… -respondí.

    -¿Tenés el mejor culo de la ciudad y tu marido no te lo coge?

    -¡¡¡No nunca me lo ha hecho por atrás!!!

    -¡¡¡Que pedazo de boludo!!!…

    -¿Así que tenés el ojete virgen?…

    -Siii… Respondí casi susurrando… Soy virgen de la cola…

    Fue escucharme decir eso y enseguida se arrodilló frente a mí, me hizo abrir bien las piernas y me empezó a chupar la concha…

    También me dio vergüenza decirle que eso tampoco me lo hacia mi marido…

    El negro estaba dándome duro, su larga, gruesa y áspera lengua golpeaba con fuerza en mi clítoris y en algunos momentos me lo succionaba tan fuerte que me parecía que iba a enloquecer. Mientras tanto sus dedos empezaron a jugar con mi cuerpo y de a poco, me los hacía sentir pasando por mi culo.

    Todas aquellas sensaciones eran totalmente nuevas para mí, nunca me habían chupado la concha de esa manera, o mejor dicho, nunca me la habían chupado.

    Me sentía en manos de un hombre, de una manera tan primitiva, tan animal, que por primera vez en mi vida estaba totalmente entregada a un macho y el beneficiado era el negro…

    No pasó mucho cuando, con mis piernas temblando y la espalda cimbrada, tuve un enorme orgasmo, nunca antes sentido…

    Viendo atónita un sorprendente chorro salir de mí pepita…

    Después de mi loquísima acabada, creo no haberme desmayado, pero sí perdí el sentido de todo.

    No sé cuánto tiempo habrá pasado, de pronto reaccione y Arnoldo conmigo en los brazos estaba haciéndome girar en la cama…

    -Ponete en cuatro me dijo abrí las nalgas.

    Yo lo hice y él me ensartó la concha, con aquel descomunal pedazo de pija y entró a darme unos brutales guascazos…

    No podía creerlo, aquel tremendo cipote me había entrado fácilmente…

    A la vez que cada ensartada del negro me hacía soltar bufidos, como si fuera una yegua, seguía largando leche…

    Sentía que la concha se daba vuelta por el grosor de aquella verga.

    De nuevo me cambió de pose y me hizo sentar arriba de aquella vez. El negro era como una máquina cogiéndome.

    Después de sacarme no sé cuántos polvos imponentes.

    El negro se tomó un descanso.

    Rato después con el negro en bolas en mi cama de matrimonio…

    Yo, también en bolas… Le acariciaba el pijón y (confieso)…

    Hacía comparaciones… Solo ahí me acordaba de mi pobre marido… Cuando comparaba…

    Eran 13 o 14 cm contra 28 o 29… De grosor ni hablar…

    Y además… ¡¡¡Qué macho!!!…

    Me había echado 5 o 6 polvos… Y me había sacado otros tantos…

    Pensar, cuantas veces, le fingía los orgasmos a mi marido, para que no se sintiera mal…

    Nunca había sentido tanto placer, tenía la concha dilatada e hinchada.

    En un momento que el negro fue al baño me la agarre, me la abrí y vi como todavía me chorreaba leche.

    Me sentía una puta y me gustaba, el negro me había mostrado una manera de gozar que yo no conocía… Quería seguir cogiendo.

    El negro volvió del baño y evidentemente se me veía la calentura y las ganas de seguir…

    Me preguntó -pasaste bien

    Yo, entregada y absolutamente emputecida.

    Le respondí -¿Qué te parece?.

    Entonces el negro me dijo…

    -Bueno putita., si pasaste bien, supongo que ahora te vas a animar…

    Y entregada le dije

    -¿Animar a qué?…

    -No te hagás la chota. Vení al piso y ponéte en cuatro patas… Ordenó…

    Yo, muerta de miedo obedecí, me bajé de la cama y en el piso me puse en cuatro patas con el culo bien en alto…

    El negro me calzó el pulgar en el orto y me lo empezó a trabajar para dilatármelo…

    Le pedí que me dejara subir a la cama porque el piso estaba muy frío…

    Me subí a la cama y no necesitó decirme nada, solita volví a ponerme en cuatro patitas…

    El hijo de puta me encajó una escupida y empezó a puntearme el ojete con su tripón, cuando me entró la cabeza, yo, por instinto paré bien el culo…

    -¿Te animas?… Me preguntó de nuevo…

    Y yo, con miedo, pero entregada le respondí

    –Dale…

    Y ahí sí, el negro no esperó más y arrancó a darme…

    Lejos de tratarme con cuidado, comenzó a empujar con fuerza, cada vez con más firmeza, tratando de abrirme la cola por primera vez…

    -Despacito por favor… -Le pedí

    El negro, desesperado y cada vez más violento, empujó y empujó hasta que sentí un fierro, largo, grueso y caliente, que me llegaba hasta las tripas, después salía casi todo, y volvía a entrar topando en el fondo… Me estaba rompiendo el culo…

    -¡¡¡No tan fuerte no, me duele mucho!!.. Le dije…

    El negro me la sacó, pero, aun no satisfecho, de inmediato se puso boca arriba, con aquel vergón, bien duro, apuntando al cielo como el asta de una bandera y dijo…

    -A ver sentáte, -y yo, desaforada me le senté…

    Era tremenda garcha, sentía como se me abría el ojete, me ardía y me dolía, pero la verdad es que me gustaba.

    Sentada a caballo en el pijón, largué otro polvo hermoso del orto, y a esa altura ya estaba pidiendo que no parara…

    -Quiero más pija, más pija en el orto… Le dije.

    El negro hijo de puta para usarme, me preguntó…

    -¿Qué te pasa putita qué es lo que querés?

    -Quiero más pija, mucha pija en mi orto, le respondí babeando de la calentura.

    -¿Como no te dolía mucho?

    -Si, pero me gusta…

    -Y me gusta largar leche por el ojete…

    Ante esa confesión el negro se aburrió de darme pija por el ojete.

    Mientras tuvo fuerza estuvo dándome verga, me garchó tanto rato y enculándome tan fuerte, que me sacó sangre del culo.

    Pero, también me sacó dos o tres polvos increíbles, que no hubiera creído que se pudieran tener con el culo…

    Y el negro se durmió…

    Cuando eran las cinco de la mañana, lo sé pues sentí al camión de la basura…

    Se despertó, volvió a ponerme boca abajo…

    Y saltándome encima me garchó el orto, no sé si por cuarta o quinta vez. Y, como desde el principio, sin lástima ninguna.

    Con la diferencia de que ahora, yo pedía más pija y más pija.

    Hasta que el negro otra vez me llenó el culo de leche y volvió a dormirse…

    El hijo de puta, dormía despatarrado y en bolas, en nuestra cama matrimonial…

    Donde le había chupado el vergón hasta aburrirme…

    Donde mamé toda la leche que me daba…

    Nuestra cama matrimonial, con manchas de sangre que me salieron del culo, cuando me dejé desvirgar el ojete, por el negro vergudo.

    En fin, en nuestra cama matrimonial…

    Donde por primera vez…

    Me garchó…

    ¡¡¡UN MACHO!!!…

    Después la sigo y les cuento…

    Chau. Un beso.

    Tatiana… Tati “La Regalada”

    (Protagonista de esta historia)

    Agradezco sus comentarios.

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  • Me animo a mi primer encuentro y me hacen mujer

    Me animo a mi primer encuentro y me hacen mujer

    Hola, me llamo Naty, soy CD de closet y siempre me llamó la atención la ropa de mujer, me encanta su suavidad y delicadeza, y como la tanga se mete entre mis nalgas, se siente muy bien. Soy de contextura delgada, tez blanca y ojos claros Cuando quedaba sola en casa me probaba la ropa de mi hermana pero siempre con el temor a que alguien me viera.

    A medida que pasó el tiempo y pude tener más privacidad me fui comprando ropa y maquillaje, hasta una peluca rubia que llegaba hasta media espalda. Todo me resultaba muy divertido mientras me vestía pero quería que alguien me tratase como a una mujer de verdad.

    Empecé a buscar por redes y visitar sitios de hombres que buscaban CDs, encontrar es algo fácil, lo difícil es animarse porque una cosa es pensarlo y otra hacerlo. Un día entre los correos que me llegaban me llamó la atención uno que me daba confianza por su manera de expresarse, lo empecé a leer, me decía que era un hombre de 50 años, su nombre era Jorge y que le gustaría mucho conocerme. Nos mandamos varios correos, yo le enviaba fotos mías de medio cuerpo. Siempre fue muy respetuoso conmigo y eso me daba más confianza.

    Un día me propone ir a su casa, como él vivía solo podíamos estar tranquilos. Yo tenía muchas ganas pero igual dudaba, hasta que luego de pensarlo accedí pero le dije que iba a ir como chico y luego en su casa me cambiaba, él no tuvo problema, nos pusimos de acuerdo con la fecha y la hora.

    El día anterior antes de ir ya no daba más de los nervios y excitación, por fin me iban a hacer mujer, tardé bastante en elegir la ropa que me pondría. Al final elegí una minifalda roja tipo tubo de animal print que se pegaba bien al cuerpo marcando mis nalgas, tanga, portaligas y medias también rojas y unas botas de taco alto tipo pole dance en color negro. Arriba un sostén con relleno y una camisa blanca. Por supuesto la peluca y el maquillaje, deje todo en la mochila y me fui a dormir.

    Al día siguiente me despierto temprano y repaso todo lo que tenía pensado llevar, una vez que tenía todo en orden le mando un mensaje a Jorge que estaba saliendo, tengo que reconocer que mientras iba en el taxi me templaban las piernas de los nervios pero estaba decidida, quería que me lo hicieran.

    Una vez que llegamos a la dirección me bajo del taxi y voy caminando lentamente hasta el portón y toco el timbre, después de unos segundos abre la puerta Jorge, un hombre con barba, alto, bien parecido y con ropa deportiva, no estaba segura si le iba a gustar verme así como un chico pero me sorprendió, me tomo de la cintura, me dio un beso en la mejilla y me dijo que pase. Una vez adentro sin soltarme la cintura me llevó hasta el living y luego me señaló el baño diciéndome que allí me podía cambiar sin apuros.

    Me tomé mi tiempo, me maquillé bien, me acomodé bien la peluca, ajusté bien el liguero a las medias, me metí bien la tanga y finalmente las botas de taco de 15 cm. Cuando me vi al espejo me gustó mucho lo que veía, la minifalda marcaba bien mi culo y los tacos altos lo marcaba aún más. Salí del baño caminando como una princesa al sonido de las botas golpeando el suelo, contoneando lo más que podía mis caderas.

    Cuando Jorge me vio dice:

    Jorge: ¡Wow! Que linda mujercita tenemos aquí.

    Yo tímidamente respondo: Gracias, me alegra mucho que te guste.

    Él se acerca y me ofrece un vaso de wisky, no tenía ganas de beber pero acepte para que me ayude a relajarme (aún estaba un poco nerviosa), me toma de la mano y me da vuelta quedando a espaldas de él, se acerca y siento su bulto apoyándome por detrás, siento su aliento en mi nuca y me empieza a besar el cuello, me arqueo lo más que puedo y nos besamos profundamente, eso me relajo mucho. Habremos estado así como 1 minuto, hasta que me lleva al sillón, me sentó en sus piernas y mete su dedo en mi boca, yo lo empiezo a succionar como si fuese una verga.

    De pronto me dice:

    Jorge: Muy bien Naty, esa boquita ya está preparada, ponte de rodillas en la alfombra.

    Obedezco sumisamente, me queda mirando sin hacer nada, entonces entendí, le quite el pantalón deportivo que llevaba puesto, y cuando le quito el bóxer sale su verga majestuosamente de unos 18 o 19 cm, gruesa y venosa, era la primera verga que me iba a comer así que estaba ansiosa, la tome con ambas manos, saque mi lengua y me la metí en la boca, estaba deliciosa, me encantaba, se la chupaba despacio, disfrutando el momento, a medida que mi garganta se acostumbraba se la chupaba más profundo hasta llegar a la base, hasta producirme arcadas. Empecé a aumentar el ritmo, se la chupe más rápido, casi frenéticamente, su verga estaba durísima, por suerte la saliva ayuda mucho.

    Estaba muy entretenida chupándosela cuando de repente me detiene y me dice que aún no quiere acabar, me ayuda a levantarme y me lleva en sus brazos hasta su dormitorio, me deja en la cama y de una mesita saca un recipiente con lubricante, me encantaba verlo caminando por la habitación con su verga dura y brillosa a causa de mi saliva.

    Me hace poner en cuatro como una perrita, me sube la falda, me hace a un lado la tanga y me empieza a lubricar, primero con un dedo me masajea el ano con movimientos circulares, después lo introduce despacio y lo saca, hace esto varias veces, me encantaba la sensación que me producía, después me introduce dos dedos, los deja unos segundos adentro y lo saca.

    Luego de hacer esto varias veces se detiene, apoya una de sus manos en mi espalda baja y me pide que me arquee lo más que pueda y pegue el pecho bien a la cama, lo hago, parece fácil, pero es difícil si no estás acostumbrada, una vez que logre hacerlo mi culo quedo más que expuesto.

    De pronto siento como golpea mis nalgas con su dura verga, pasa su verga por mi zanja, arriba y abajo hasta que se detiene justo en la entrada de mi agujero, me agarra de las nalgas, las abre y empieza a hacer presión, me dolía un poco, cuando él se daba cuenta que mi ano oponía un poco de resistencia la sacaba, pero inmediatamente volvía a presionar y cada vez que lo hacía me penetraba un poco más adentro, hasta que finalmente me la metió toda. Era increíble sentir todo ese pedazo de carne dentro mío ¡Por fin me habían hecho mujer!

    Estuvimos un rato en esa posición, con su verga quieta dentro de mí, hasta que empezó a moverse, me bombeaba lentamente, no sentía dolor, creo que mi culo ya estaba completamente estirado. Empezó a aumentar el ritmo gradualmente hasta que ya sentía los golpes de su cadera contra mis nalgas, me estaba cogiendo fuertemente, como nunca pensé que me cogerían, hasta podía sentir el sonido de su verga cada vez que se habría paso por mi culo.

    Me estaba cogiendo tan fuertemente que no pude soportar el peso de su cuerpo sobre mí, termine totalmente acostada sobre la cama, el al darse cuenta puso una almohada bajo mi cadera, dejando mi culo bien empinado. Me separo bien las piernas, apoyo la punta de su verga en la entrada de mi culo y me penetro fuerte, sin miramientos. Sentía como me ardía el culo, sentía caliente, no sé si era por la fricción de las fuertes embestidas o por algún efecto del lubricante. Era impresionante el sonido de nuestros cuerpos chocando, el sonido de su cadera golpeando mis nalgas resonaba en toda la habitación.

    Sentía mucho placer pero también un poco de dolor, quizás porque necesitaba más lubricante o porque me estaba dando muy duro, sentía que me partía al medio. De repente empiezo a sentir su voz ronca y se recuesta totalmente sobre mí, escucho sus bufidos en mi nuca y siento su verga palpitando dentro de mí. Es cuando me doy cuenta que me está llenando de su leche. Se queda en esa posición un momento, agitado, besándome el cuello y la oreja. Una vez que su verga pierde erección la saca y empiezo a sentir otra vez ese efecto calor en mi culo.

    Yo me quedo un rato quieta, estaba agotada, agitada también, no podía creer lo duro que me habían penetrado, pero me sentía bien, por fin lo había hecho, después de tanto tiempo por fin me habían desvirgado.

    Cuando él se recupero fue a buscar papel y me limpio mi zanja, de pronto y para mi sorpresa siento algo frio en mi ano y me lo introduce. Me dice que es un plug anal y que no me lo puedo quitar hasta que llegue a mi casa, de esta manera me llevo su leche adentro durante todo el camino de vuelta. Me dio un fuerte nalgazo y me fui a cambiar, me sentía cansada y dolorida.

    La despedida fue como al principio, con un beso en la mejilla y su mano en mi cintura. Cuando llegué a mi casa me recosté en la cama y me saqué el plug, empezó a salir la leche a borbotones, me manchaba las piernas y las sábanas pero no me importaba, estaba muy cansada, me quedé dormida. Por varios días me tuve que sentar de costado.

    Sigo en contacto con él, veremos si se repite.

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  • Harem incestuoso

    Harem incestuoso

    Una de las fantasías más deseadas por muchos hombres es la de tener un harem de mujeres con las cuales poder tener sexo salvaje todo el tiempo, pero lo que muchos no piensan es en el desgaste físico y emocional que implicaría cumplir dicha fantasía, y de eso trata esta historia.

    El día de hoy, les voy a hablar de un joven que fue forzado por las mujeres de su entorno a tener un harem, y como este debe lidiar con las dificultades que ello conlleva.

    Está particular historia que les voy a narrar está protagonizada por:

    Jake (19 años): es un joven delgado, de rostro delicado, bajo de estatura, y de carácter débil. Su vida era normal hasta que, un día, tras cumplir los 18, fue forzado por las mujeres de su familia a tener un harem incestuoso y, aunque esté intento negarse, al final termino siendo obligado a aceptar la propuesta de estas. Pese a ser el hombre del harem, él no tiene ningún tipo de poder de decisión, y son las mujeres que lo conforman las que deciden que hacer en conjunto. El único día en el que no tiene sexo son los domingos.

    Gloria (42 años): es la madre de Jake, y es una milf alta, rubia, hermosa, musculosa, femenina, tetona, y muy culona. Solía ser una mujer casada pero, tras divorciarse de su esposo, se quedó con la tenencia total de su hijo. Ella fue la primera en darse cuenta de que todas las mujeres de la casa deseaban sexualmente a Jake y, para evitar conflictos familiares, propuso crear un harem para que todas pudieran saciar su lujuria de manera equitativa. Ella se coge a su hijo los lunes y los jueves.

    Lupe (40 años): es la esposa de Gloria y la madrastra de Jake. Es una mujer de ascendencia mexicana, con una piel algo oscura, cabello negro, y con un físico muy parecido al de su esposa. Al igual que Gloria, ella también tuvo un matrimonio fallido, y estuvo de acuerdo con ella en qué lo mejor para la familia era formar un harem. Ella se coge a su hijastro los martes y los viernes.

    Nina (25 años): es la hija de Lupe, la hijastra de Gloria, y la hermanastra de Jake. Es una chica gótica con el pelo corto y teñido de violeta oscuro, con un cuerpo muy parecido al de su madre (aunque un poco menos voluptuoso) el cual está lleno de tatuajes, y tiene varios piercing en la cara. Al igual que su madre y su madrastra, le pareció buena idea formar parte del harem de Jake, y le encanta molestar a su hermanastro, a la par que tiene relaciones con él. Ella se coge a su hermanastro los miércoles y los sábados.

    Nuestra historia comienza una mañana como cualquier otra, en el que Nina y Jake, quienes habían tenido una noche de sexo apasionado, se levantaban de la cama.

    “¡Buenos días, perdedor!” exclamó Nina, quien estaba completamente desnuda.

    “¿Podrías evitar llamarme así al menos durante la mañana?” pregunto Jake, mientras se vestía “¡Es cansador que siempre me digas de esa forma!”

    “¡Te lo digo porque es lo que eres!” exclamó la hermanastra, mientras nalgueaba al joven “¡Tienes suerte de tener una verga tan grande y tan rica porque, de lo contrario, no tendrías la suerte de gustarle a una chica tan hermosa como yo!”

    “¡Si, lo que tú digas! Ahora ve y toma una ducha antes de que tú madre ocupe el baño, porque sabes que ella demora mucho para arreglarse”

    “Estaba pensando en que sería mejor si tomáramos una ducha juntos” dijo ella, entre risas, mientras le agarraba la mano a Jake.

    “¡De ninguna manera!” exclamó Jake, preocupado “Sabes perfectamente que hoy es jueves y, por ende, hoy solo puedo tener sexo con mamá”

    “¿Y qué? Sabes que Gloria está en un viaje de trabajo y que no volverá hasta la noche. Si ella no se entera, estará todo bien”

    “Aun así, me gustaría descansar hasta que ella vuelva, para estar descansando porque, seguramente, regresará con muchas ganas de sexo”

    “¡No fue una petición la que te hice, fue una orden!” exclamó la chica, mientras levantaba a su hermanastro como si fuese una princesa “¡Ahora te callas y vamos a la ducha, que necesito urgente un mañanero!”

    Una vez en el baño de la casa, Nina cierra la puerta con llave, ella y Jake se meten dentro de la ducha, abre el agua caliente, y le ordena a su hermanastro que le enjabone el cuerpo.

    “¡Para ser tan idiota, debo reconocer que tienes unas manos espectaculares!” exclamó Nina, mientras le pasaba la lengua por la cara a Jake.

    Una vez que estuvo toda enjabonada, Nina restregó su cuerpo contra el de Jake para limpiarlo. Luego, la chica hizo que su hermanastro se acostara boca arriba sobre el suelo de la tina, y ella se colocó encima de él.

    “¡Está si es la mejor forma de iniciar un nuevo día!” Pensó ella, mientras besaba apasionadamente a Jake, y metía la verga de este dentro de su coño.

    “¡No puedo creer que Nina siga teniendo ganas de sexo pese a que anoche estuvimos cogiendo hasta tarde!” pensó Jake, mientras su hermanastra se movía con violencia sobre él “¿Es que acaso está maldita puta no se cansa nunca?”

    Tras cabalgar sobre la verga de su hermanastro durante unos cuantos minutos, Nina tuvo un orgasmo, y luego se metió la verga de Jake dentro de su boca para beberse todo el semen que salía de ella.

    “¡Estuvo muy bueno pero, aun así, sigues siendo un perdedor!” exclamó Nina, mientras se paraba “¡Ahora ponte de pie, que necesito que me seques el cuerpo, porque voy a llegar tarde al desayuno que tengo con mis amigas¡”

    “¡Si… allí voy!” exclamó Jake, cansado, mientras se ponía de pie con dificultad.

    Un rato después, por la tarde, Jake se encontraba viendo tranquilamente la televisión cuando, de pronto, es interrumpido por su madrastra.

    “¿Cómo está mi hijastro favorito?” pregunto Lupe, con alegría “¿Que estás viendo?”

    “¡Hola, madrastra!” exclamó el joven, con entusiasmo “Solo miraba un programa de cocina”

    “¡Muy interesante!” exclamó la milf, mientras se sentaba al lado de Jake “Debo reconocer que esos platillos que muestran se ven apetitosos pero ¿Sabes lo que se me antoja comer ahora?

    “¿Unos tacos?”

    “¡No, a ti!” exclamó Lupe, y le da un beso de lengua a su hijastro.

    Jake trató de librarse del ensalivado beso de su madrastra pero, debido a que está era mucho más fuerte que él, no pudo lograr su cometido, y la milf siguió metiendo su lengua tan adentro de la garganta de su hijastro como pudo.

    Al finalizar el intenso beso, Lupe le saco los pantalones y la ropa interior a Jake, se arrodilló frente de este, y comenzó a masturbar la enorme verga de su hijastro con su mano derecha.

    “¡Madrastra, por favor, debes detenerte!” exclamó Jake, excitado “¡Hoy no es tu día!”

    “Tampoco es el día de Nina y, aun así, te cogiste a mi hija en el baño” dijo la milf, mientras metía la verga de su hijastro entre sus pechos “Los escuché cogiendo está mañana y, si ella puede cogerte un día que no es el que le corresponde, pues entonces yo también puedo ¡Ahora cállate y gime como lo hace la puta de tu madre cuando le chupo el coño!”

    La milf latina, de un solo movimiento, se metió toda la verga de Jake dentro de la boca, y comenzó a darle una mamada tan intensa que hizo temblar todo el sofá en el que el joven estaba sentado. Al no poder aguantar la intensidad de la mamada que le estaban dando, el joven terminó eyaculando sobre la cara de su madrastra, pero está simplemente puso de pie, se bajó los pantalones, y le puso el coño cerca de la cara.

    “¡Ahora es tu turno de chupar, cabroncito!” exclamó la milf latina, mientras presionaba la cabeza de Jake contra su entrepierna “¡Mi coño si es un postre exquisito, no como los que miras en tu puto programa de cocina!”

    “¡Aunque me cueste admitirlo, tiene razón!” pensó Jake, mientras le lamía el coño a su madrastra mexicana.

    Tras recibir una buena chupada por parte de su hijastro, Lupe termino teniendo orgasmos tan grande que que cubrió la cara de Jake con sus jugos vaginales.

    “¡Se ve que se divirtieron mucho!” exclamó Gloria, quien estaba parada a un lado de la sala.

    “¡Mamá!” exclamó Jake, sorprendido y preocupado.

    “¡Hola, cariño!” exclamó Lupe, quien se sentía igual que su hijastro “¿Qué haces aquí? ¿No ibas a regresar en la noche?”

    “Si, pero mi reunión se terminó acortando, y me dejaron salir antes” dijo Gloria, molesta “¿En que habíamos quedado, Lupe? ¡Se supone que hoy era mi día para cogerme a Jake, y tú lo tendrías mañana!”

    “¡Es que creí…!”

    “¡Creíste mal! ¡Que está sea la última vez que te veo violando las reglas del harem!”

    “Bueno… creo que ustedes tienen muchos asuntos de pareja que discutir, así que las voy a dejar solas” dijo Jake, mientras se alejaba.

    “¿A dónde crees que vas, jovencito?” exclamó Gloria, mientras levantaba a su hijo, y se lo cargaba sobre su hombre “¡Hoy mami tuvo un día muy largo, y necesita de su juguete sexual favorito para relajarse un poco!”

    La milf rubia, sin darle ni un solo momento a su hijo para que se explicará, se lo llevó a su cuarto, lo tiró sobre la cama, se desnudó a una velocidad pasmosa, y se puso en cuatro al lado de Jake.

    “¡Me quedo el culo adolorido después de tanto viajar en colectivo!” exclamó la milf, mientras agitaba sus inmensas nalgas “¡Voy a necesitar que mi dulce hijo me dé un buen beso negro para ayudarme a calmar el dolor!”

    “¿Y si mejor te pongo una bolsa de hielo?” pregunto Jake, que se sentía incómodo a la par que excitado.

    “¡Solo mete tu lengua alli adentro de una buena vez y cállate!” exclamó la milf, mientras agarraba la cara de su hijo, la ponía sobre sus nalgas.

    Al darse cuenta de que no tenía opción, Jake comenzó a chupar el culo de su madre, y está gimió muy intensamente.

    “¡Dios, valió la pena tener que aguantar todos esa maldita reunión solo para esto!” exclamó Gloria, entre gemidos, mientras la lengua de Jake estaba y salía de su ano “¡La verdad, das mejores besos negros que la golfa de tu madrastra, y eso es mucho decir!”

    Una vez que su ano estuvo lo suficientemente lubricado, Gloria acostó a Jake boca arriba sobre la cama, metió la verga de este dentro de su culo, y comenzó a darle intensos sentones, los cuales hicieron rechinar toda la cama.

    “¡Dios santo y bendito!” pensó Jake, mientras tenía sexo anal con su madre “¿Quién habré sido yo en mi vida pasada para haberme convertido en el esclavo sexual de mi propia familia? Aunque… por otra parte… tener sexo anal con estas culonas se siente tan bien… ¡Solo desearía que no me cogieran casi todos los putos días!”

    Finalmente, tras mucho sexo intenso, madre e hijo tuvieron un orgasmo al unísono, y la milf se acostó al lado de su hijo.

    “¡Eso estuvo genial!” exclamó Gloria “Puedes irte si quieres”

    “¿De verdad?” pregunto Jake, contento “¿Ya terminamos por hoy?”

    “¡De ninguna manera, estoy recién comienza, pues aún tengo toda la noche para disfrutar! Solo te estoy dando un rato para que te relajes y para que descanses porque, después de cenar, te quiero de regreso en el cuarto para seguir divirtiéndonos”

    “¡Mierda!” pensó Jake, mientras salía de la habitación.

    A la mañana siguiente, Jake despertó al lado de su madre, con la cual había tenido sexo hasta altas horas de la noche y, antes de que se pudiera levantar de la cama, su madrastra ingresó a la habitación, se abalanzó sobre él, y lo beso intensamente.

    “¡Momento, zorra!” exclamó Gloria, mientras separaba a su esposa de su hijo “¿Qué crees que haces?”

    “¿Que no es obvio?” pregunto la milf latina, mientras metía la cabeza de su hijastro entre sus pechos” ¡Hoy es mi día para estar con Jake, y quiero aprovecharlo al máximo!”

    “¡Pero yo apenas me pude coger a mi hijo ayer por mis asuntos laborales, así que merezco pasar más tiempo con él!” exclamó la madre, mientras nalgueaba a Jake “¡Esas son las reglas del Harem!”

    “¡Esa regla no existe, te la acabas de inventar!” exclamó Lupe, molesta.

    “¡Además, tu intentaste tener sexo con el ayer pese a no ser tu día, así que me lo debes!” exclamó Gloria, enojada, mientras sus tetas y las de su esposa colisionaban.

    Aprovechando que su madre y su madrastra estaban muy ocupadas discutiendo entre si, Jake intentó escapar de la habitación para poder descansar un poco pero, al salir del dormitorio, fue atrapado con Nina.

    “¿A dónde crees que vas, idiota? pregunto la hermanastra, y besa a Jake “¡Ahora que las dos putas están entretenidas, vamos a aprovechar para romper las reglas y divertirnos un rato!”

    “¡Las reglas del Harem no se rompen!” exclusivo Gloria, mientras agarraba la cabeza de su hijo “¡Yo soy la madre biológica de Jake y, por ende, yo soy la que tiene más derecho a cogérselo! Además, tengo el culo más grande”

    “¡Pero yo soy una latina bien fogosa, y el la pasaría mejor conmigo!” exclamó Lupe, mientras agarraba el brazo derecho de su hijastro “¡Y tú culo es una miseria comparado con el mío!”

    “¡Ustedes dos ya están muy viejas, par de putas!” exclamó Nina, mientras agarraba el brazo izquierdo de su hermanastro “¡Yo, al ser la más joven, tengo derecho a pasar más tiempo con este idiota y, si bien mis nalgas son más pequeñas, al menos son más firmes!”

    “Bueno, si me permiten opinar…” dijo Jake.

    “¡A nadie le importa tu puto opinión!” exclamaron todas las mujeres al unísono.

    “¿Quién fue el idiota que dijo que, en los harem, el hombre tenía el poder absoluto?” pensó Jake, mientras su madre, su hermanastra, y su madrastra se peleaban para tener sexo con él.

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  • Experiencia con mi esposo y mi ex

    Experiencia con mi esposo y mi ex

    Hola soy Cata y voy a relatarles lo que me pasó con mi esposo Matías, somos una pareja de 30 y 34 años, él es un hombre blanco, de barba, con tatuajes, cuerpo normal y yo soy morena, buena pierna, caderona y cara linda.

    Somos una pareja que nos gusta probar cosas nuevas, hacemos juegos de pareja, juego de roles, imaginamos escenas, hemos ido a un par de bares swinger sin mayor interacción con otras personas, fuimos al único cine xxx de la ciudad y así probamos cosas.

    Estos juegos han abierto nuestra mente y confianza, hemos hablado de fantasías, fetiches, experiencias, gustos, entre otras, donde él me ha manifestado su fantasía con alguna mayor, trio, interés por el mundo swinger y ser cornudo. Mis fantasías son más de hacerlo en el mar, me gustaría un mayor atractivo, moreno o sexo en público.

    Él cumplía años y yo quería que hiciéramos una salida cachonda, como la llamamos nosotros y no sabía dónde ir, un día hablando con mi jefe ella me dijo que por que no se iban de viaje ya que a él le gusta viajar mucho, así que me gustó la idea, pero ella no sabe nada de nuestros encuentros cachondos, así que me decidí por el viaje, pero para darle calor a la salida decidí ir a un hotel para adultos cerca de la ciudad.

    Le dije a mi esposo que nos íbamos de viaje, tomamos el carro y salimos sin el saber exactamente el lugar del hospedaje, cuando llegamos al hotel y al momento del registro le informaron que el hotel era de adultos y se podía hacer muchas de las cosas que nos gusta a los dos, un poco más liberal.

    Durante la estadía del hotel empezamos a sentir que estábamos en un hotel diferente, veíamos personas en la piscina sin sostén, en tanga, muy amorosos y nosotros nos poníamos al mismo ritmo, nuestros besos eran más apasionantes y uno que otra tocadita. En la noche se tendría una fiesta en la piscina y nos pusimos acorde para la noche, yo iba con una diminuta tanga un short corto y una blusa, mi esposo en short, camisa, pero yo le pedí que fuera sin ropa interior y el acepto.

    Bajamos a la fiesta y ya estaba bastante prendida, estaba oscuro, con luces, nosotros tomamos una mesa y empezamos disfrutar de la noche besito va y besito viene, bailamos, en un momento de la noche, fui al baño y decidí pasar por el bar a solicitar 2 bebidas adicionales, pero al llegar al bar me saludaron “Hola Cata como estas” y yo ooohhh, no sabía que hacer, primero nunca pensé encontrarme una persona en una hotel de estas características y aparte de todo era un ex con el que dure más de un año, yo salude con naturalidad “Fabian bien y tu”, bla bla bla hablamos un buen rato y mi esposo llego a buscarme ya que me había demorado más de lo normal.

    Cuando él llego, él me contó después que mi rostro cambio, parecía nerviosa, él actuó con normalidad y yo lo presenté con mi ex, pero no le dije quien había sido en el pasado, él lo saludo normal y se unió a la conversación, Fabian en la charla nos ofreció estar en la misma mesa con sus amigos, él estaba con un grupo de chicos y chicas, a lo que nosotros aceptamos y para nosotros empezó una nueva noche, bailamos, conocimos nuevas personas y nos divertíamos.

    En un momento Mati subió a la habitación a dejar cargar el celular y durante ese momento yo estuve conversando con Fabian, pero ya el trago había hecho efecto y la conversación fue un poco más caliente, donde él me decía que sexy estas, te sentó el tiempo, etc., yo no sabía que pensar, pero, debo aceptar que me gustó mucho, Mati volvió a la mesa y al cabo de unos minutos él me pregunto te veo un poco distraída, se me noto mucho, y la verdad soy mala para mentir, sabía que este momento llegaría y le dije, lo que había sucedido minutos atrás y quien era Fabian.

    Mi esposo respondió “me lo imagine” y yo ¿cómo así? Donde él me explicó que cuando hablamos del pasado y nuestras experiencias ella le había hablado de él y pues cuando el se presentó como Fabian lo relacionó, pero no estaba seguro, me pregunto:

    Mati: ¿por eso estabas pensativa?

    Yo: sí

    Mati: ¿por qué?

    Yo: no sabía cómo actuarias

    Mati: no es así, tú sabes que yo no soy celoso, dime la verdad

    Después de hablar un par de minutos Mati me dijo “disfruta. si te quieres divertir con él dale de una”, pero yo actúe como si no quisiera, pero por dentro tenía la duda, dejamos que la noche siguiera su curso y mi duda cada vez se resolvía más, empecé a recordar el buen sexo que era Fabian, al cabo de un tiempo Mati me dice “sigues pensativa ¿quieres?” Y pregunte ¿enserio no te afecta?, el me respondió en pocas palabras, “tú sabes que yo siento gusto por vivir nuevas experiencias y una de esas cosas es verte disfrutar con otro hombre” seguimos conversando y Mati, me dijo te voy a dejar libre un tiempo con él, quiero que los dos disfrutemos.

    Yo decidida fui a buscar a Fabian, bailamos, fui más abierta, coqueteo iba y venía, decidimos ir al bar a tomar algo y en medio de la conversación nos dimos un beso, Fabian me pregunto ¿no te da miedo que tu esposo nos vea? Y yo respondí ¿Por qué crees que estamos en este hotel?, él entendió y no paro, en unos minutos me pregunto ¿quieres recordar cómo soy?, acepte y me propuso ir a la habitación.

    Ingresamos a la habitación y no aguantamos las ganas, el inmediatamente me quito el short y me coloco contra la pared, dándome besos por toda la espalda, mandando su brazo a mi alrededor y tocando mi vagina húmeda, me bajo mi tanga y bajando su pantaloneta rompió su condón y me penetro, “que rico” quería volver a sentir su verga delicioso dentro de mí, de verdad era una verga muy rica, así duramos varios minutos yo apoyada contra la pared y el dándome duro, después yo me volteé y lo empujé a la cama y empecé a cabalgar gimiendo muy duro, después él me volteó y me tomó en cuatro.

    Siguió penetrándome y me dijo ¿está aún es tu posición favorita? Y yo “síii” me dio muy rico, así que ya después de venirme varias veces en pocos minutos, así era mi excitación, le dije quítate el condón, lo tire a la silla, me arrodille y le práctique sexo oral, él me dijo ya casi me vengo, le dije “vente en mis tetas” él se levantó, se masturbo unos segundos y sentí su semen en mis tetas.

    Nos arreglamos y volvimos a la fiesta, cuando regrese mi esposo actuó normal. Al volver al cuarto me indago, le die acuéstate, lo empecé a masturbar y le relaté todo, el preguntaba y de tanta excitación se vino.

    Solo puedo decir que desde ese día nuestro sexo fue mejor, nunca fue malo, pero mejoró.

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  • Contratada para una agencia de viajes

    Contratada para una agencia de viajes

    Ahora les comparto lo que me sucedió cuando era joven y me contrataron en una agencia de viajes.

    En ese entonces tenía 25 años, buscando trabajo revisé los anuncios en el periódico local y vi uno que me gustó: «Agencia de Viajes busca chica educada y responsable para asistente administrativa. Si no tienes experiencia nosotros te capacitamos. Ofrecemos sueldo competitivo más prestaciones. Edad de 22—28 años, buena presentación, buen trato al cliente. Contratación inmediata.»

    Enseguida llamé y me citaron para ese día por la tarde para entregar cierta documentación. Al llegar al lugar había un par de chicas sentadas en recepción esperando turno. Un rato después salió de la oficina un señor de unos 45 años, bien parecido, alto, fornido, moreno, se notaba muy pulcro con su barba y bigote perfectamente recortados y su forma de vestir era impecable. Nos dio las buenas tardes, se presentó como Gustavo el dueño de la agencia y comenzó de una por una a tomar nuestros datos para ir llenando unos formatos de solicitudes de empleo. Luego nos dijo que él nos llamaba para una entrevista formal en los siguientes días.

    Al llegar a casa revisé los mensajes que tenía en mi contestadora de teléfono y uno era del dueño de la agencia que me pedía me presentara al día siguiente para entrevista. Así lo hice, llegué a la agencia y el señor Gustavo me detuvo cortésmente la puerta para invitarme adentro. Cuando pasé cerca de él percibí de inmediato su loción, ese aroma me impresionó agradablemente, uno de esos hombres que pudieras pasar horas olfateando.

    Me ubicó en una silla delante de su escritorio, él se sentó del lado opuesto y comenzó la entrevista. Las preguntas iban de lo más normal, realmente era una persona muy educada y amable. Al cabo de un rato comencé a notar que entre una pregunta y otra hacía bromas un poco fuera de lugar, recuerdo una por ejemplo donde preguntó mi peso y dijo que si me sentaba en sus piernas adivinaría cuánto pesaba, y luego se reía. Cuando terminó con eso me pidió que revisáramos su computador para mostrarme los paquetes de programas con los que manejaba reservaciones y esas cosas.

    Él se quedó de pie justo detrás de mí, puso una de sus manos sobre mi hombro derecho y mientras me enseñaba los programas comenzó a acariciar suavemente mi cabello, luego lentamente fue pegando cada vez más su pelvis contra mi brazo que descansaba sobre la silla, Al tenerlo tan cerca por más tiempo pude apreciar mejor su embriagante fragancia, en verdad me estaba enloqueciendo ese aroma tan masculino, me atraía mucho el señor. Esa situación se volvió tan íntima que la verdad no pude evitar excitarme, lo noté en mis pantaletas.

    Continuando con su explicación en el computador aprovechó para restregar su cuerpo al mío cada vez con más descaro, hasta llegué a sentir el bulto de su entrepierna frotarse sobre mi brazo que descansaba sobre la silla y como intencionalmente rozaba mi seno cuando estiraba su mano para alcanzar el teclado.

    —“Me has convencido, creo que eres apta para el puesto, no necesito entrevistar a ninguna otra” —me dijo y de inmediato sacó un documento para firmar mi contrato de turno completo y por tiempo indefinido. Yo estaba feliz de haber obtenido el trabajo, aunque algo me decía que iba a ser toda una odisea tener un jefe así.

    El lunes siguiente comencé en la agencia y desde que inicié mi relación “laboral” con el dueño empezó a imponerme varios “requisitos de trabajo”. El primer día por ejemplo salió con una instrucción:

    —“Olvidé mencionarte en la entrevista que aquí la asistente debe portar uniforme de trabajo” —me comentó al tiempo que abrió un cajón de un archivero y sacó una especie de prenda que enseguida me mostró. Era un mini vestido en color azul claro, muy corto y escotado. Me quedé enmudecida, no supe qué decirle. Me pidió que me lo midiera para ver cómo se me veía puesto. Decidí aprovecharme de la situación y me hice la ofendida, le dije que eso no estaba especificado en el contrato y que le iba a costar un aumento de salario. Se quedó pensando un instante y me respondió:

    —“Acepto. Pero con una condición: que te cambies aquí mismo delante de mí”.

    Pude haberle botado el trabajo en ese momento, salir corriendo, pero mi situación económica era difícil como para rechazar la oportunidad, así que comencé a desvestirme, me dijo que fuera muy lento, que me quitara la ropa como en un striptease. Accedí y poco a poco fui removiendo mis prendas, una a una cayeron al suelo, mis movimientos eran delicados y sensuales. Al terminar de enfundarme en esa miniatura de vestido el señor Gustavo se quedó con los ojos saltones de la impresión, quiso abalanzarse sobre mí, me le zafé y se puso a perseguirme por toda la oficina.

    —“Mira como me has puesto muchacha” —me reclamó con su mano sobre su entrepierna. Se abrió la cremallera y liberó su miembro erecto. Vaya vergón tenía el tipo, aparte de gorda era bastante larga, justo así la imaginaba pues él era un hombre alto, ese trozo de carne se veía bastante comestible. Aunque me apetecía irme directo sobre su polla, quería ir dosificando la situación ya que planeaba pasar una buena temporada en ese empleo para salir de mis deudas. Ese día no pasó nada más, luego de unos forcejeos y discusiones me vestí con mi ropa normal y me fui a casa.

    Las semanas transcurrieron y el señor Gustavo fue avanzando poco a poco conmigo, así hasta convertirme en su esclava sexual con la que saciaba todos sus deseos, eso sí, solo en horario de trabajo. Por cada una de sus exigencias le pedía mejores incentivos monetarios para seguir como su empleada, se trataba de ganar-ganar. Jamás salimos juntos fuera de la oficina, él tenía su esposa y yo comenzaba a salir un chico llamada Antonio que al poco tiempo se hizo mi novio.

    Para cuando llevaba un par de meses trabajando en la agencia el dueño ya me hacía todo lo que se le antojaba. No conforme con exigirme usar faldas o vestidos súper cortos y ceñidos, me prohibió usar ropa interior. Ahí andaba yo sin nada abajo (excepto cuando tenía el periodo) y me metía mano fácilmente cuando le apetecía. También me incitaba a que a ciertos clientes adinerados les mostrara un poco de mí, me hacía agacharme a levantar algo del piso, abrir mis piernas sutilmente o mostrarles mi escote. Esto por supuesto incrementó la compra de viajes jajaja y su clientela masculina se multiplicó.

    Algunas de las muchas situaciones calientes que viví laborando ahí recuerdo que estando yo atendiendo a algún cliente el señor Gustavo me llamaba por el comunicador y me daba la orden de enviar un facsímil urgente. Facsímil (fax para que me entiendan) era una palabra en clave que usaba para que entrara a su oficina, mi jefe ya me esperaba en el sillón del fondo con la vergota tiesa, yo me acercaba a él, me giraba para darle la espalda, me levantaba la falda y de un sentón me ensartaba toda su vara.

    Me follaba con mucha furia, me tomaba de la cintura y me hacía subir y bajar por su palo, solo es escuchaba como chocaban mis nalgas en su pelvis y yo me tapaba la boca para que no se me escaparan los gemidos. Eran 3 o 4 minutos a lo mucho, un rapidito pues había cliente esperando en recepción, eso me daba más morbo y hacía que me corriera en poco tiempo. Ya luego me limpiaba los jugos que escurrían por mis ingles y salía como si nada a continuar atendiendo al cliente. Por supuesto que muchos clientes se dieron cuenta y se ponían loquitos, me invitaban a salir, me dejaban sus números de teléfono, hasta me llevaban flores o regalitos, más nunca acepté sus propuestas.

    Otra de las memorables que recuerdo fue cuando estaba yo revisando unos mapas que contenían unas rutas turísticas, estaba apoyada con mis antebrazos sobre una mesa, anotando algunas cosas en un cuaderno. Sigilosamente el señor Gustavo me sorprendió por detrás, me levantó la falda y empezó por amasar mis nalgas, luego metió 2 dedos en mi coñito, continuó taladrándome así en lo que él se fue excitando. Un rato después abrió la cremallera de su pantalón sacó su gran polla y de repente con un movimiento rápido intercambió sus dedos por su verga, me follaba de maravilla.

    En eso estábamos cuando de pronto que se abre la puerta de entrada de la agencia (el idiota de mi jefe no le puso el pasador) apareciendo en escena el mensajero. Se quedó paralizado con cara de bobo al ver como el dueño me tenía tendida bocabajo sobre la mesa, la falda arriba, el trasero al aire y él por detrás bombeándome con furia.

    —“¿Qué esperas huevón? ¡Cierra esa puerta y pasa ya!” —le gritó mi patrón al mensajero. El chico no supo bien qué hacer, al final se sentó en una silla para disfrutar del espectáculo. Nosotros seguíamos en lo nuestro cuando de repente escucho:

    —“Mira nada más a este muchacho, ya se la está pajeando jajaja creo que le gusta ver cómo te follo Claudia” —comentó el señor Gustavo.

    Era un joven de unos 22 años, delgado, tez blanca, pecoso y cabello castaño claro. Verlo tocarse me calentó aún más así que le pedí se acercara hasta donde yo estaba para comerle la pija. No sé cómo le hizo el chico, pero el chiste es que logró acomodar su pene a la altura de mi boca y me lo engullí. Lo tenía muy delgado y corto, casi como un dedo pulgar, no me importó, igual se lo mamé mientras mi empleador me embestía velozmente. Esa escena nos puso como motos a los tres pues nos comenzamos a correr, no recuerdo en qué orden, solo recuerdo la leche del muchacho dispararse en mi boca y la del jefazo inundándome la cuca con sus disparos, también yo me corrí como una poseída.

    Con toda esa actividad que tenía de lunes a sábado Antonio mi novio sospechaba que algo raro ocurría. Una vez fue por mí a la agencia como 20 minutos antes del cierre y al llegar se sentó al lado de mi escritorio esperando que terminara mis pendientes. El único sanitario que había en ese negocio estaba comunicado por una puerta de acceso a cada lado entre ambas secciones, una a la recepción y la otra a la oficina del dueño. En eso que suena el teléfono en mi escritorio, veo en la pantalla que era la extensión del patrón, contesto por el auricular (inteligentemente no usé el parlante) y me da instrucciones.

    Cuelgo como si nada, un par de minutos después me levanto y le digo a Antonio que voy al tocador, que no tardo. Entro al baño, me siento sobre la tapa del retrete y se abre la puerta del otro extremo, entra mi jefe con el cierre abajo y empuñando su vergota. Sin más me toma del cabello y me la hace engullir, me forzó a comerla toda, me costaba trabajo por sus dimensiones, me la hacía tragar entera y cuando pegaba al fondo de mi garganta le gustaba taparme la nariz y sujetarme del cuello para asfixiarme.

    Era una bestia ese tipo, me usaba como le venía en gana y jugaba a ponerme en situaciones extremadamente morbosas. Unos minutos más tarde se deslechó en mi boca y me hizo tomar su espeso líquido para luego dejarle bien limpia aquella polla. Luego me cepillé los dientes y salgo como si nada a la recepción donde continuaba Antonio.

    Unos días después de ese incidente al perturbado del dueño se le ocurrió mandar instalar cámaras de seguridad y desde el monitor en su escritorio miraba quien entraba y salía del negocio. Las corneadas en las narices de mi novio Antonio se repitieron un par de veces, solo que para ese entonces el patrón me hacía entrar a su oficina para que me montara en su pitón mientras los dos mirábamos por el monitor cómo Antonio me esperaba en la recepción. Les juro que tenía que morderme yo misma los labios para no gemir, era sumamente excitante esa sensación de estar haciendo algo prohibido y con el miedo de que pudiera entrar en cualquier momento.

    Confieso que yo misma llevé algunas situaciones demasiado lejos. A veces invitaba a Antonio a pasar la noche en mi casa luego de que pasaba por mí a la agencia. Nomás entrábamos a la sala lo tiraba al sillón para sentarme en su cara y hacerle comer mi coño recién follado por mi patrón, incluso con restos de semen. Él no decía nada, se dedicaba a seguir mis instrucciones, ahora que lo pienso su falta de iniciativa y morbo fueron los motivos que decidí terminar con él. Antonio era buen tipo, solo que no me follaba tan bien como el señor Gustavo y ni qué decir de su pene, era diminuto en comparación del tronco de mi jefecito.

    Mi temporada en la agencia duró casi 2 años. Su esposa se enteró de los cuernazos que le ponía su marido conmigo luego de que notó en las finanzas del negocio muchos bonos e incentivos. El jefazo terminó confesando y ahí concluyó mi contrato. Hay mucho más que contarles de todo lo que viví en ese empleo, quizá más delante se los relate.

    Gracias a todos los que se toman el tiempo de valorar y comentar este relato, me alientan a seguir publicando más historias.

    Saludos cordiales a todos,

    Claudia.

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  • Cumpliendo fantasías (1)

    Cumpliendo fantasías (1)

    Hace un par de meses conocí por redes sociales a un chavo, con la finalidad de coger y hacer cosas diferentes; y si… Es menor que yo 13 años… Y eso me excita…

    En este relato contaré, uno de los mejores encuentros que hemos tenido y es que desde que nos conocimos, estuvimos de acuerdo en que no sería nada formal y solo cogeríamos para saciar nuestras fantasías sexuales.

    Así que días antes de nuestros encuentros, hablábamos por videollamada y nos decíamos todas las fantasías que cada uno tenía y las cuales haríamos en nuestra siguiente cita.

    Ese día, me vestí como él me lo pidió; con vestido negro y corto, y tacones altos; pero lo que más le encantaba es que siempre usara lencería de encaje negra; y así fue….

    Por fin; llegó por mi para ir a un hotel, mientras tanto durante el camino, aprovechaba para besarme y meter la mano bajo mi vestido para sentir mi lencería; eso le excitaba y yo veía como se ponía duro; así que aproveche el momento y empecé a tocarlo poco a poco, y decidí acercarme, bajé su cierre y saqué su verga para empezar a chupar poco a poco la puntita; solo para dejarlo caliente antes de llegar.

    Entrando al hotel, me jaló de la cintura, y con un brazo me agarró y con el otro de la cabeza, comiéndome a besos de una manera intensa, y mientras eso pasaba, sentía su verga dura en mis piernas; así que lo quite, aproveche y le bajé el pantalón, me puse de rodillas y empecé a chuparle la verga; estaba tan duro y mojado que decidí cumplirle su fantasía de hacerlo venir haciéndole sexo oral y terminar en mis grandes tetas; y así fue…. Lo chupe tanto y antes de venirse, me levanté y lo tiré sobre la cama, me subí a la altura de su pene para hacerle con mis tetas una paja, eso le fascinó, y yo solo escuchaba como disfrutaba, y cuando menos lo pensé, mis tetas estaban llenas de su semen.

    En eso me levanté y me dijo que había sido una de sus mejores experiencias y que jamás lo habían hecho venirse tan rico y menos de esa forma…. Eso me prendió.

    Se levantó y me dijo que se limpiaría; y otra de sus fantasías que mientras se bañara, yo lo estuviera observando y así fue; lo estuve viendo y de repente cuando terminó, se secó y me volvió a tomar de la cintura y me estuvo besando hasta llevarme a la cama….

    En ese momento era mi turno de disfrutar; así que mientras me besaba, empezó a meter sus dedos sobre mi clítoris, mientras yo sentía como poco a poco me estaba mojando; y en cuanto sintió que yo ya estaba excitada, empezó a chupar y morder mis tetas; mientras que seguía con rapidez tocando mi clítoris y de repente sentí como metió sus dedos en mi vagina, fue un juego de movimientos que yo estaba tan caliente que de pronto sentí un orgasmo que me dejó fría, sin poder moverme de placer; y cuando el me sintió, quitó sus dedos y terminó mordiéndome los labios.

    Después de mi orgasmo, se acercó a mi vagina y empezó a besarla, metía su lengua de una manera suave, sentía los besos tan ricos, que me tenía retorciéndome de placer; así que aprovechó que estaba demasiado mojada y tomo un plug anal, lo lubricó con mis propios fluidos y me volteó de espaldas para meterlo en mi ano, para después voltearme de nuevo y en posición de misionero penetrarme….

    Era una sensación deliciosa, que no paró hasta venirse de nuevo dentro de mí y terminar quitándome el plug…. Eso me encantó…

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  • Suite 109

    Suite 109

    Unos golpes suaves en la puerta me advirtieron de que, efectivamente, era puntual.

    Abrí despacio la puerta y allí estaba. De pie, con una sonrisa. Se le notaba un cierto nerviosismo, que intentó disimular iniciando el paso hacia el interior de la suite 109.

    Se dirigió hacia el sofá del interior con paso firme, balanceando su cuerpo con ese andar femenino y sugerente que siempre me había gustado contemplar con cierto disimulo. Pero en esta ocasión, mi mirada no perdió detalle de cada cimbreo de su cintura. Un sugerente vestido de verano, con un largo discreto hasta cuatro dedos por debajo de la rodilla. Al contraluz, dejaba con cierta claridad dibujar las curvas de su cuerpo femenino. En la mano, un bolso pequeño, que lanzó sobre el sofá, al tiempo que iniciaba un giro de 360 grados, que hizo acampanar su vestido. Unos zapatos blancos, con generoso y afilado tacón, completaban su indumentaria.

    Con voz decidida y firme, algo quebrada por la tensión del momento, se dirigió a mí:

    -¿No vas a abrazarme?

    Mis brazos rodearon su cintura. Mi cara se aproximó a la suya. Nuestros labios se acercaron, al tiempo que mis manos presionaban su talle. Un respirar agitado de ambos, llenó el ambiente por un escaso segundo. Las bocas se juntaron, ambos labios se entreabrieron. Sentí su lengua chocar contra la mía. Mi cabeza se ladeó ligeramente para reducir el espacio casi inexistente entre ambos rostros… y se desató todo el fuego que ambas mentes contenían.

    Mis manos empezaron a dibujar el contorno de su cuerpo. Las suyas encarcelaron mi cintura. Bajé hasta sus nalgas, firmes, duras, con ese característico pliegue o hendidura que se dibuja entre el final del glúteo y el inicio del muslo. Ahí me agarré firmemente y la empujé contra mí, mientras sórdidos gemidos se mezclaban en la guerra de lenguas con la que nos devorábamos, ávidos de deseo fuera de control.

    En mi pecho percibí el contacto de sus pezones erectos. Remate saliente de unos pechos de tamaño moderado, pero de una firmeza y turgencia que tanto había deseado sentir.

    La ausencia de sujetador corroboró mis deseos previos de que acudiera sin esa prenda.

    Empezó a desabrochar los botones de mi camisa, al tiempo que mis manos deslizaban hacia abajo, la cremallera trasera de su vestido. Por unos instantes, nuestras bocas se separaron, y la mutua respiración agitada acrecentó la pasión que ya nos tenía invadidos por completo.

    Con ambas manos, deslicé lateralmente ambos hombros de su vestido sin mangas, que, obediente, se deslizó por su cuerpo, hasta llegar al suelo.

    Mi camisa siguió el mismo camino, hasta quedar ambas prendas unidas.

    Su cuerpo desnudo. Solamente un diminuto triángulo, sujeto por un hilo que se introducía entre las nalgas, cubría su pubis depilado.

    Me separé de ella, y con rapidez, sin dejar de observarla, mis pantalones bajaron hasta el destino donde aguardaban vestido y camisa.

    Mi boca busco esos pezones que tan solo un momento antes, se habían clavado en mi pecho.

    Su mano hurgo entre mi piel y el bóxer, alcanzando su propósito entre sus dedos, y palpándolo con avidez. Mi saliva había mojado la totalidad de su dos botones rosados, y ahora, mis labios en posición de soplido, lanzaban aire sobre ellos para aumentar su firmeza y provocarle un temblor que le hizo gemir y suspirar con voz entrecortada:

    -Cabrón…

    -Señorita, modere su vocabulario

    -Señora, soy señora. Casada por la iglesia y madre. Quiero sentirte dentro.

    La empujé con suavidad hasta que su espalda se apoyó en el arco que separaba el living donde se encontraba la puerta, el minibar y el sofá, de la cama.

    Con el brazo derecho agarré su pierna izquierda, desnuda, con el zapato de tacón blanco todavía calzado. La levanté y ladeando el escueto triángulo de tela, ya empapado, acerqué mi miembro hacia ella, para comprobar que la altura para iniciar el encuentro, era la justa y necesaria. ¡Perfecto!

    -Espera, espera. ¿No deberíamos tomar precauciones?

    -Ya están tomadas. Voy a llenarte de leche caliente. ¿La quieres?

    Me miró fijamente a los ojos. Su mirada tenía mezcla de rasgos de inocencia y lujuria. De cierto temor mezclado con profunda emoción. Se mordió ligeramente el labio inferior. Me agarró la cintura y… habló:

    -Fóllame.

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