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  • Nuestra segunda fiesta swinger (2)

    Nuestra segunda fiesta swinger (2)

    Continúa del relato anterior…

    Al llegar a la última habitación encuentro a José acostado, a Susana y Lily apoyada como su fuera una almohada el muslo y regazo de él y su pene flácido y tumbado en el medio de ellas, esa postal me aseguro que la habían pasado muy bien.

    Lo toco apenas con los dedos para avisarle que me iba a la cabaña a dormir. Rápidamente se levanta y nos vamos juntos, primero pasamos por el salón donde se encontraba Toño con la pareja despareja, hechos un bollo los tres sobre el sillón. Luego al salir vimos que asomaban los primeros rayos de luz, pasamos por la piscina, cruzamos el patio y al llegar a nuestra cabaña nos duchamos juntos y le pregunto ¿qué tal la había pasado?

    –Genial contesto.

    No acostamos, y despertamos quien sabe a qué hora, porque dentro de la finca nadie puede tener reloj, ni nada de nada, solo se disfruta de los cuerpos.

    –Me muero de hambre, me ruge la panza le digo. Nos desperezamos y salimos hacia el salón para comer algo.

    Al cruzar la piscina vemos a Toño y Silvia durmiendo sobre una reposera debajo de una sombrilla, y varios más dentro del agua o en el borde.

    Algunos nos pusimos algo encima, otros prefirieron continuar con sus cuerpos desnudos, al entrar al solón. Allí, había una mesa con algunos platillos con reparadores bocados, muchas frutas y una mesa llena de postres, para ayudarnos a recuperar fuerzas que el sexo había derrochado con gran placer y, lógicamente, las bebidas a disposición nos esperaban también en la barra. En un instante, cuando estábamos sirviéndonos, desde las habitaciones, llegaban los sonidos estentóreos de la culminación del sexo que estaban teniendo las otras parejas. En el medio de nuestro reaprovisionamiento, me acerco a mi marido y tuvimos el siguiente diálogo:

    –¿Qué fue lo que más te gusto anoche?

    –Todo. Absolutamente todo. Me apasionó coger con las chicas de staff. Son muy predispuestas, calientes y preciosas. Me atraen sobremanera sus cuerpos, pero más me gusto coger con Lily y Susana. Me enloquecieron esas minas. Son todas unas señoras bien putas.

    La charla continua, hasta que un largo rato después cuando ya habíamos terminado el postre, llegan Toño y Silvia, que nos traían una copa de frío Champagne.

    Entre charla y charla, iniciaron un entremés seductivo a mi alrededor. Toño deslizaba, muy sutilmente la palma derecha de su mano a lo largo de mi espalda y pasando a mis caderas, nalgas incluidas, mientras Silvia, lo hacía por adelante, hasta depositarla sobre mi entrepierna, dónde sus dedos palpaban mis labios reposados. Continuaron con tranquilidad lo que habían iniciado e incrementaran su asedio, a la vez José también participaba con su mano entre mis piernas y las de Silvia.

    Mi concha, se ofrecía a sus caricias al entreabrir un poco más mis piernas para facilitarles la tarea. A su vez, Toño, repetía la acción por la retaguardia de Silvia, entreabriéndolas con sus largos dedos y, en delicados movimientos haciéndoles saber que tenía serías intenciones para con él. El incremento de ambos nos fue sacando y, sin más vueltas, nos tomamos de las manos y cintura, respectivamente, para arrastrarnos hasta el mismo sillón en el que había inaugurado nuestra aventura.

    Ni bien nos sentamos, sin dejar de tocarme por todo el cuerpo, José se adueñó de mi boca, haciendo saber de su lengua empapada de deseo y halagándome mis tetas y cola. Sin notarlo, Silvia se había subido a Toño, tal cual lo hice yo la noche anterior. Los pezones pequeños, eran presa de sus manos y su boca. Su vagina, se notaba que estaba acostumbrada a tan voluminoso pingo. Sus huesudas nalgas, entre mimos, chirlos y apretujones manuales se entregaban sin ninguna resistencia al traqueteo.

    De pronto, nos acercamos más con José, para mezclarnos con ellos, mis manos iban hacia el sexo de ellos donde podía sentir como entraba y salía esa verga y las de José recorrían la espalda y cola de Silvia. Ella le toma la pija para llevarla a su boca en un delicioso chupeteo, al cual le agrego mucha saliva y lujuria, para darle más alevosía a la escena.

    Bastó tan sólo unos segundos para que esa nueva pija, estuviera lista a cualquier enfrentamiento. Se la notaba que disfrutaba del poder que sentía ejercer en ese momento. El procedimiento no se extendió por mucho tiempo, ella a José le pidió que la penetre junto a Toño.

    Sin pérdida de tiempo, dirigiendo su verga por la espalda de ella intento incrustarla en la concha junto a la de Toño. Un fuerte quejido brotó de sus labios. Era la primera vez que yo veía dos pijas enterradas en una concha al mismo tiempo. Y una muy grande que tapaba todo, pero se ve que la vulva de Silvia era muy elástica y podía absorberlas.

    Estuvieron cuidadosos unos segundos, lo suficiente para que se adaptara sin problemas y comenzaron a cogerle de forma coordinada, como si ya lo estuvieran largamente practicado. El placer recibido le fue sacando la poca racionalidad que le quedaba. Su respiración, gemidos y aullidos eran inevitables y librados sin complejo alguno.

    Ahí emprendieron un sin número groserías hacia ella, de que era una mujer increíble, hasta que se estaban cogiendo a la puta, más calentona que habían conocido. Pasando por cómo serás de puta que te estás tragando dos vergas juntas y gozas como una verdadera perra.

    No se ahorraron en promesas, comentarios, y afirmaciones. Ella, estaba en el paraíso, dándolo todo, se movía con fuerza, ganas, se notaba que quería acabar como una verdadera perra, lo que le provocaba gemidos de dolor y placer a la vez. Ambas pijas introducidas seguían serruchando. José le tomaba de las caderas y chirleaba sus escuálidas nalgas enrojecidas, Toño comía sus pechos y su boca con una desesperación de sediento en el desierto.

    Yo mientras tanto colaboraba con lo poco que podía, acariciaba sus pechos e intercambiaba con Toño su boca dándole besos de lengua bien profundos. Tenía dos machos que le daban, calentura, pija y promesa de acabadas geniales. Mi vocabulario se puso a tono con el de mis machos y le fui devolviendo uno a uno sus bocadillos. Así estuvieron gozando largo rato, yo creí en un momento que no iba a llegar nunca su orgasmo, hasta que llegó el momento.

    Como si se hubiesen puesto de acuerdo, comenzó a venirse con total desparpajo y liberación. En tanto, sus machos, no resistieron mucho el bombeo y también, en medio de gemidos y casi gritos de guerra, explotaron el fruto de sus ofrendas, los golpeteos de sus pijas y las escupidas de leche explotaron, las de José en la espalda de ella, llegando hasta el cuello, empapando su cabello, y Toño en el interior. El clímax duró lo que duró un orgasmo y las exprimidas de sus pijas, pero me pareció una eternidad, una vivencia increíble. Poco a poco se fueron calmando, producto de la entrega y el desgaste de tanto deseo, hasta que quedaron los tres cuerpos apretados y sin reacción.

    José se incorpora al rato, me toma de la mano para ir hacia la pileta. Ella que todavía seguía sobre Toño, gira y le da las gracias por tan hermoso y buscado orgasmo. A la vez Toño también le dice: ¡Gracias José! A esto vino Silvia, a llegar a su tan deseado y buscado orgasmo.

    Los dejamos solos y nos dirigimos a la piscina, donde en ese momento estaba llena. Me siento en una reposera y José se zambulle, se lo ve muy entretenido con los demás.

    Se me acercan dos de los chicos del staff, preguntando que hacía sola. Si me podían acompañar. Seguro les respondí. Se sentaron uno de cada lado junto a mí en la reposera, y no me quedo otra que jugar con sus jóvenes y preciosas pijas.

    Cuando el sol empieza a caer en el horizonte, aparecen Hebe y Juan, muy elegantemente vestidos anunciando que la fiesta estaba por concluir. Que vayamos a nuestras cabañas a armar nuestras valijas y que en mas o menos media hora nos encontrábamos en el salón para la despedida.

    Con pocas ganas todos nos dirigimos a vestirnos y al salón después. Comenzaron las despedidas, saludos y uno a uno nos fuimos retirando.

    Subimos al auto, y en un momento José me dice: –fue la primera vez que toque una pija en mi vida.

    Con una sonrisa, le respondo: –bueno, pero fue dentro de una concha de una mujer, fue para coger bien a Silvia. Creyendo que hablaba de cuando le hicieron el doble vaginal a ella.

    –No, no fue ahí. Contesta. –Te acordás cuando Toño te cogía y yo te tocaba con mi mano para que acabaras como perra, delante de todos. Ahí para comprobar como te entraba y salía el vergón de él. Varias veces se la agarre, comprobando como te llenaba la concha, que ni uno de mis dedos entraba en ella.

    –¡Ufff! En ese momento no me di cuenta, estaba en el mejor de los mundos. Jajaja. Vez te dije que en algún momento te iba a empezar a gustar las pijas.

    Entre carcajadas, responde: –nooo, fue solo para comprobar que no quedaba ni un resquicio por donde podía entrar algo más dentro tuyo.

    –La próxima vez, tal vez te animes a más, le dije.

    Si llegaron hasta acá con la lectura, les agracemos como siempre y nos encantaría que nos dejen like y comentarios, que luego responderemos.

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  • Me cogí al novio de mi prima

    Me cogí al novio de mi prima

    Creo que todos o todas, al menos la gran mayoría tenemos la clásica prima envidiosa, o de malas vibras, en otros modismos mala leche.

    En mi caso si existe, quizás este tipo de comportamiento es medio comprensible cuando estamos en la niñez o adolescencia, pero cuando ya estás a mitad de los treinta y estar de mala onda con una chica de apenas esperando sus diecinueve, bueno eso deja mucho que desear de tu personalidad, autoestima o madurez.

    En resumen, está prima que llamaremos Araceli, una tipa regordeta, desarreglada, hipócrita y por demás criticona, nunca dejó que su novio cruzara más de un simple saludo conmigo y según Gloria (hermana de Araceli) no paraba de decirle a él que yo era una mustia, antipática y mamona, se refería a mi como la plástica anoréxica, por el simple hecho de siempre cuidarme y verme bien.

    Incluso corrió el rumor, fuera de la familia de que yo le robé a su novio anterior, (eso dos años antes de que está situación que les cuento pasara) que fui causa de que no se diera el compromiso, cosa que fue mentira, porque a ese tipo jamás le dirigí la palabra. Eso generó que yo fuera el blanco de muchas habladurías, Eso entre tantas cosas, solo sepan que rebasaba el límite de la difamación. Me hartó realmente, la enfrenté, le advertí que parara sus habladurías, y diera fin al rumor del exnovio, fuera de parar empeoró.

    Conseguí verdaderamente acercarme a su entonces novio, Jorge, un hombre de ya sus cuarenta recién cumplidos, simpático, no guapo, alto, delgado, flaco en realidad, por lo que sabía un buen sujeto, esperaba no lo suficiente para hacerme sentir mal por usarlo para tal cosa.

    En una ocasión durante una reunión en unas vacaciones con la tía Joselyn (madre de Araceli), se presto perfecto para mí acto, pues ella organizo un campamento en dos cabañas en una zona de campo, pasaríamos tres días tres noches allí, seríamos mamá y yo, mis tíos, las dos primas, mis abuelos y por supuesto Jorge, este se había estado acercando a mi desde el día anterior, yo por supuesto había estado siendo coqueta con él, desde que llegamos, buscaba hacerme la plática, era divertido a pesar de todo y la segunda noche se concreto el asunto, empezaba a notar cosas entre Jorge y mi prima, desde la mañana habían estado enojados una tensión distante entre ellos y Gloria me dijo que los había escuchado discutir desde que habíamos llegado.

    Bien, la segunda noche pasadas las once, estaba afuera, recargada en la baranda que delimitaba el terreno plano de la pendiente hacia un sendero bajo y obscuro que daba a un riachuelo, estaba algo alejada de la cabaña grande, ya que era la que contaba con una sala amplia y el ventanal de cristal, aunque estaba algo obscuro si se ponía atención me podrían ver desde allí, donde todos estaban terminando la convivencia para ya irse a dormir, yo me tomaba una cerveza y fumaba un cigarrillo, Gloria me había dejado sola tras irse a dormir, pues juraba que moría de sueño.

    Ese día lleve puesto un vestido a tirantes, volado desde la cintura y por supuesto muy corto, como de costumbre no tenía sostén debido al corte tan revelador del escote. Debía estar totalmente lista para cualquier oportunidad para mí plan.

    De pronto sentí una mano en mi hombro y cuando giré era Jorge, este traía dos cervezas y sonreía ofreciéndome una, la acepté y lo invité a quedarse, compartimos cigarrillo y armó la plática sobre mi, ahora mas personal ya que anteriormente tratamos temas del momento más no de nosotros, pregunto cosas como, que hacía, que estudiaba, mi pasatiempo, algo quizás extraño, pero normal al casi no conocer a una persona, me dijo que Araceli le hablaba tan mal de mi que le sorprendió que yo no fuera antipática, y que no comprendía su mala actitud contra mi, no dije nada feo contra ella al respecto, de echo le reste importancia, y eso pareció sorprenderlo más, pronto llevamos la conversación a otros temas, cine, libros y llegamos a los novios, le fue extraño que yo no tuviera uno o pretendiente.

    -Bueno quizás si un par pero nada interesante, no me interesan un montón de niños —le confesé mi desagrado por chicos de mi edad—

    -¿Te gustan mayores entonces? —preguntó bastante curioso.

    -De diez o mejor Veinte años mas… ¿es mucho? —él se echó a reír nervioso, pues prácticamente dije la edad que nos diferenciaba.

    -Depende como lo veas —respondió con un trasfondo en el tono.

    -¿Tu como lo ves? —pregunté acercándome a él, tocando el dorso de su mano con mis dedos, comenzando a tantear terreno.

    -Yo… —dudó un poco— Pues, me interesa… quiero decir si, es interesante —sonrió nervioso y me acerqué más.

    -Vamos, mi prima no sabrá, dime qué opinas —fui más coqueta cerciorándome de que nadie estuviera yendo hacia nosotros— Te guardaré el secreto —le susurré muy cerca, notando como su vista bajo a mis tetas apretadas y resaltadas por el vestido—

    -Ana, ¿que quieres que te diga? ¿Que me atraen las jovencitas? —soltó entre risas y eso me hizo dudar un poco.

    -¿Pregunta sarcástica o capciosa? — pregunté y solté una risa para ocultar mi preocupación al fracaso.

    -A todo hombre nos atraen, bueno eso creo… —otra vez con duda en el tono, pero la vista seguía yendo de mis ojos a las tetas.

    -Pregunté si a ti te gustan no a los demás… —una vez más sentí esperanza en mi plan.

    -Por supuesto que si —ahora me miró muy seguro de lo que decía, incluso dio un paso más cerca de mi.

    Sin más esfuerzos logré tener la situación donde quería, pensé que fue fácil, pero también sospeché que algo había, justo ahora ¿que lo había hecho avanzar hasta mi de esta forma?, ¿Será que por esto a estado peleando con mi prima? O está insatisfecho o es uno más de los infieles…

    -Oye… ¿no quisieras dar una vuelta haya abajo? —señalo el sendero, aquí estaba el paso definitivo. —Me dicen que es lindo.

    -¿A esta hora? —sabía que quería decir pero fingí.

    -¿Te da miedo? ¿No que muy valiente? —ese jugueteo me gustó, estaba completamente segura de lo que estaba por pasar.

    -Entonces vamos… —acepté y pude ver cómo regresaba la mirada hacia la casa nervioso de que alguien nos viera, yo pase mi mano por su pecho cruzando hacia el sendero.

    -Con cuidado —me dijo y me tomo del brazo, hasta bajar la pequeña pendiente.

    Caminamos unos metros pero el seguía regresando la mirada hacia la cabaña, yo estaba segura de que Araceli ya estaba buscándolo y claro al no verme a mi tampoco pensaría que está conmigo, al estar en desnivel a la cabaña quedamos ocultos a la vista desde esta, estaba obscuro pero gracias a la luz de la luna no resultaba del todo, de la nada Jorge soltó.

    -Araceli a veces me tiene harto, te voy a confesar algo —suspiro pesado y dijo sin mas— Ayer me dejó a medias porque se le ocurrió que yo pensaba en otra. —se escuchaba frustrado.

    -¿A medias de que? —me hice la tonta al respecto.

    -A medias… ya sabes teniendo relaciones. —sonó tan bobo diciendo esa palabra.

    -¡Ah! Te dejo a media cogida —y me eche a reír, el respingo pero se unió a mis risas— Que triste ¿y en quien pensabas?

    -¡No! Bueno… —rechistó con la lengua y su mirada me recorrió por completo.— Pero está acomplejada por algo.

    -Ella se acompleja por todo…

    -Ya me hartó completamente —me interrumpió en lo que decía, llegando al riachuelo, cerca de un gran tronco y otro igual pero tumbado casi a las raíces del primero — siempre es lo mismo, la vive amargada y hablando mal de todo el mundo,… siempre me deja cachondo y a medias.

    -Bien cachondo y ¿tienes que consolarte solo? —ignoré lo demás simplemente aproveché por completo lo que me interesaba, me acerque casi pegando mi cuerpo a él— Eso no es divertido…

    -No lo es —dijo en un jadeo— Yo necesito una mujer, alguien como… —volvió a recorrerme con la mirada.

    -¿Como yo?… Porque yo no te haría esas cosas… Conmigo no te quedarías a medias…—toque su pecho y este retrocedió hasta que su espalda tocó el tronco, exactamente esto era lo que pasaba, un hombre adulto buscando el consuelo y calor de una jovencita, porque su novia no lo satisfacía como él quería—

    -Exactamente así, así me encanta —susurró inclinándose un poco con toda la intención de besarme— Nada sería a medias con un cuerpecito tan rico…

    -Te divertirás muy rico conmigo… —froté sus labios con los míos y acariciando su nuca— Me encanta divertirme…

    -Eso es lo que busco, divertirme rico… —pasaba sus manos por mi cintura y me apretaba a su cuerpo, allí pude sentir su duro bulto contra mi vientre— Tengo tantas ganas de coger como se debe… —esto concreto nuestro acuerdo tácito de simplemente diversión carnal.

    Estábamos en esas confesiones y cachondeo, entre besos hambrientos, apretándome el culo con ambas manos, cuando el teléfono de Jorge timbró en el bolsillo de su pantalón, cuando lo sacó por supuesto que se trataba de mi prima, este me miró levantando una ceja y me hizo una seña para guardar silencio, pero me sujetó de la cintura con la otra mano, respondió y comenzó una plática que terminó en discusión, pude oír como le gritaba desesperada por no encontrarlo, él le dijo que salió a dar un paseo y de inmediato lo acusó de estar conmigo, este lo negó y Araceli estaba colérica, a Jorge por supuesto que no le importaba, lo demostró cuando le cortó la llamada dejándola hablar sola.

    -Estarás en problemas —me reí y Jorge puso la otra mano en mi cintura.

    -Estoy acostumbrado a que me eche pleito por nada, si hoy me lo hace valdrá la pena —apretó más mi cintura.

    -Entonces … —me levanté de puntas y lo jale un poco para poder morderle el labio— vamos a quitarnos esas ganas…

    Acaricié su pecho y fui bajando hasta tocarle el paquete, este sonrió mordiendo su labio, bajé hasta arrodillarme frente a el, abriendo su pantalón, lo escuché jadear pesado pero siguió el jugueteo, solo susurró mi nombre y me ayudó quitando su cinturón, jalé sus pantalones hasta los tobillos y le saque su miembro, tenía buen tamaño, y aún no estaba del todo erecto, le lamí el glande con la punta de mi lengua, él jadeo y lo sentí temblar.

    -Nena —susurró y me acarició la cabeza.

    -Yo si te lo are bien rico…

    Le susurré y se la empecé a mamar, por supuesto que se rindió ante eso, mi cabeza se movía con desespero, se la chupaba con hambre, lo sentía cada vez más duro, no era muy gruesa pero si tenía un buen largo, pronto ya me tenía sujeta de la cabeza follándome la garganta, gemía bajito, y susurraba “Que rico la tragas” y se sentía tan bien como me dejaba ir toda su longitud en la garganta.

    Su teléfono no dejaba de sonar…

    Me hizo levantarme y me dejó de espalda contra el tronco, gemí y me bajo la parte delantera de mi vestido liberando mis pechos, los apretó y bajo a chuparlos.

    -Se te ven tan ricas las tetas —jadeo mamando mi pezón— Sabía que son naturalitas…

    -¿Viniste a confirmar rumores? —pregunté, él soltó una risita negando—

    -Para ser honesto jamás creí eso… —me apretó las tetas con ambas manos— Estás buenísima…

    Me giré para mostrarle el culo, soltaba risitas excitada por lo que decía, por supuesto que estaba lista con ropa interior pequeña, si bien no era una tanga si era un cachetero chiquito, se me clavaba entre mis nalgas bien rico y eso claro que le gustó, me dio una nalgada y gemí, “que rico” susurró dándome otra nalgada y me frotó su erección ente las nalgas.

    -Te la quiero meter —me dijo al oído— Hace tiempo que te traigo un chingo de ganas Ana…

    Por supuesto, yo jamás le había puesto atención pero veo que él a mi si, tanta como para desear sexo conmigo y más que gustosa se lo daría, el desquite me quedo en segundo plano, porque ya me tenía bien cachonda y jamás me negaría a un rico sexo.

    -Métemela, aquí no te vas a quedar a medias —empujé mi culo contra él apretando su erección contra nuestros cuerpos— Y ¿estoy más rica que mi prima o no?

    -Estas deliciosa… —soltó un siseo entre dientes— Me tienes bien cachondo desde ayer con ese shortsito que tenías…

    No espero a más, me bajo el cachetero y me froto su glande hasta que acomodo perfectamente para empujármela casi desesperado, con el primer empuje jadeamos.

    Al segundo empuje fue aún mas delicioso que me arranco un gemido, me incline más sosteniéndome del tronco que estaba tumbado, separe mis piernas y Jorge me tomo por la cintura empezando a moverse bien rico, no le daba miedo el intenso retumbe del choque de nuestros sexos, incluso se atrevió a darme nalgadas, de verdad lo estaba disfrutando, yo lo disfrutaba de verdad, mis genuinos gemidos de placer resonaban junto a los de el, cogía rico sin duda, se movía delicioso y lo sentía más por la adrenalina del momento y el morbo del lugar, sabiendo que Araceli nos buscaba y no estábamos tan lejos de la cabaña y el sendero, que más daba si nos encontraba follando, me la estaba metiendo delicioso.

    -Así está rico… sigue, dámela duro… —Gemí doblándome un poco más.

    -Que delicioso te entra… —jadeaba apretando mi cadera arremetiendo cada vez más fuerte— Que caliente coñito…

    -Jorge… no pares —suplicaba gustosa— que rico metes la verga…

    -Así te quería tener…gimiendo con toda mi verga adentro… —y me daba azotes con su mano derecha— que rico rebota este culito…

    -¿Te gusta? —jadeaba al hablar.

    -Este si es un buen culo —gimió delicioso tras decirlo nalgueándome fuerte— mira que cinturita… tu si me pones la verga bien dura…

    Empezó a bombearme con ganas, el choque violento, rápido, duro, gemí como gata en celo, él lo hacia pesado, profundo, mantuvo una mano en mi cintura y con la otra jaló un poco mi coleta, los espasmos en mi coño fueron tan fuertes, continuos que ese cúmulo explotó en un delicioso orgasmo, mis juguitos resbalando en mis piernas, Jorge no paró, gimió mi nombre bien rico, nos movimos para poder sostenerme del árbol en pie, soltó mi cabello, para tomarme con ambas manos de la cadera y follo sin parar, más duro y rápido, se sumergió tanto en ese placer como yo, me entregué a un clímax más, él se entrego al suyo, retumbó en mis oídos ese gemido lleno de placer, sus jadeos pesados, dejándome todo ese delicioso semen en mi interior, batiendo su lechita dentro de mi por un rato más, tenía apretando mi teta izquierda con su larga y flaca mano.

    Poco a poco me hice hacia arriba y Jorge salió de mi, me hizo girar para estar frente a frente, me apretó contra él y el tronco, haciéndome agarrarle la verga para masturbarlo, se inclino a mi altura y me besó abrazando mi cintura.

    -Te tenía tantas ganas, y ahora quiero más… —bajo su mano para apretarme el culo y susurrarme en los labios — Que rica conchita y este culito… quiero seguir escuchando como gimes de rico…

    -Y…. ¿porque no me das más?… Termina de batirme esa lechita que me diste… —pasé mis brazos por sus hombros—

    -Que rica y sucia boquita… —me besó mordiendo mis labios…

    Me cargó, apretando mis muslos para meterse bien entre mis piernas, me agarre fuerte y me sostuvo del culo, apretándome contra el tronco y busco como entrar en mi una vez más, pude sentir el empuje de su glande aún hinchado, su verga dura entro bien rico en mi coñito aún hambriento y gemí fuerte, empezó a moverse haciendo el mete saca, sonoro, algo viscoso y continuo, empezó a columpiarme un poco entrando más duro, pero manteniendo un buen ritmo, me tenía gimiendo bien rico y fuerte.

    -Mas… más —rogaba entre altos gemidos.

    -Si… tómala toda mamacita —jadeaba en una ronca voz— toda como te gusta… —gimió delicioso y me empezó dar más duro.

    Justo cuando el choque era más sonoro y las metidas tan ricas que parecía que nos íbamos a correr juntos por la intensidad, escuchamos pasos contra las ramas secas cerca de donde estábamos, me bajó de inmediato y rápidamente comenzamos a arreglarnos la ropa, me quedé recargada en el tronco, levantando mi ropa interior dejando mis manos tras mi espalda, justo antes de que esos pasos llegaran, era Araceli, llegó casi resoplando, Jorge se estaba abrochando los pantalones, yo tenía una risa burlona en mis labios.

    -Puta perra —soltó furiosa contra mi, pero yo simplemente sonreí.

    -¿Yo? ¿Porque? —levante los hombros, Araceli camino para arremeter contra mi pero Jorge la tomó del brazo.

    -¿A qué vienes? —Le dijo él molesto— Se supone que no querías verme ¿o no?

    -Te estabas cogiendo a esta puta —me señalo histérica y yo empuñe mi cachetero sacando mis manos para que lo pudiera ver— Te la estabas cogiendo —repitió casi escupiendo la cara de Jorge, este dibujó una sonrisa torcida negando con descaro.

    -Bueno… pues la supuesta puta se va… — interrumpí la escena empezando a caminar y me giré a verla— Por cierto primita… a la próxima piénsalo dos veces antes de hablar de mi, porque como vez tus fantasías se te pueden hacer realidad…

    Miré a Jorge y le mandé un beso, aún con la situación así, lo vi medio sonreír y aguantar esa sonrisa al mismo tiempo, Araceli se puso roja como tomate, pero la vi caer en cuenta de la situación, vi esa expresión de comprender lo que yo decía, abría la boca queriendo decir algo pero las palabras parecían no salirle, yendo contra Jorge, lo golpeó en el pecho y este le dio un fuerte jalón diciéndole que era una loca enferma, que ya lo tenía cansado, con su amargura, su hipocresía y que siempre la pasara haciéndose enemigos mentales con todo el mundo y claro sosteniendo que no había pasado nada entre nosotros, pero claramente una negación totalmente absurda.

    Era completamente obvio que mi prima nos había escuchado, prácticamente llegó cuando me follaba duro, vio a Jorge subiéndose el pantalón y estarse abrochando este con apuro. Yo me quedé mirando la discusión, Jorge jamás admitió nada y mi prima evitó enfrentarse a mi, paso de largo junto a mi, ni siquiera me dio la cara cuando se rindió y regresó a la cabaña, Jorge caminó a mi lado, pisándole los talones a Araceli.

    Lo sorprendente fue que no dijo nada al llegar a la cabaña, fue directo a encerrarse a su habitación, siguió sin siquiera mirarme el resto de la estancia, se negó a dormir con Jorge y este tuvo que ocupar la única habitación libre precisamente en mi cabaña, donde estábamos solo mi madre y yo, siendo mi habitación la de la planta baja y mi madre ocupando una en el segundo piso, sin vergüenza alguna ni espera, Jorge me busco para decirme que le había dado totalmente igual que yo lo usará para lo que sea que fuera contra mi prima, para ese momento mi madre ya dormía, así que Jorge se quedó conmigo esa noche y terminamos lo que no pudimos en el campo.

    Absolutamente nadie se dio cuenta que Jorge había ocupado otra habitación y mucho menos que la siguiente, nos escapamos a una parte del riachuelo que Jorge encontró explorando en la mañana, dónde nos dimos un baño y un delicioso sexo, ruidoso e intenso como el que Jorge tanto deseaba.

    Después de eso está claro que mi prima y él no siguieron juntos, a mí ella jamás me volvió a dirigir la palabra, tampoco se atrevió a decir más nada de mi, incluso mi tía notó el cambio en ella, pues se a negado rotundamente a asistir dónde quiera que yo esté, pero nunca se supo el porqué, de echo ocultó su ruptura con Jorge durante mucho tiempo.

    Confieso que me llegue a sentir mal por ella, y que mi venganza fue exagerada y poco madura quizás, pero cuando hago una advertencia y me retan siguiendo con lo mismo o peor, justo como ella lo hizo, voy hasta los extremos para hacer escarmentar y pagar lo que me hacen con creses. Y en esta ocasión de paso me dejó un buen amante.

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  • La cuenta pendiente del almacenero (1)

    La cuenta pendiente del almacenero (1)

    El camión de la mudanza había llegado. Los nervios de pasar de un departamento a una casa eran enormes, el nerviosismo a full, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

    Después de lo que pasó, mi cabeza no para de pensar en mis puterías, aunque sabía que estaba mal. Algo en mí decía: “Estás pagando con la misma moneda…”. Él se había vuelto más “empresario”: teléfono todo el día, cero atención, cero relación. A causa de que dejó de entrenar, estaba más desarreglado; físicamente había engordado, pero sus llamadas a la madrugada seguían, y los mensajes que nunca quise ver también los encontré. Siempre me voy a arrepentir de no haber encarado esa situación de golpe. Quizás el miedo a perder a mi hijo en ese momento, o el miedo a que él también supiera que yo había sido desleal, me carcomía la cabeza… Pero bueno, nuestra relación siguió.

    El día de la mudanza estábamos felices: empacamos todo, lo cargamos al camión y, felices, emprendimos rumbo a nuestra primera casa. La habíamos pagado en conjunto, siempre como equipo. A pesar de las peleas y del alejamiento progresivo, seguíamos siendo un equipo, y aún más con un hijo y un futuro hijo que iba a llegar.

    Al llegar al country me sentí como en una película: la casa gigante, con jardín perfecto, la pileta cristalina, los adornos impecables… todo parecía sacado de un catálogo. Cuando llegamos, varios vecinos nos saludaban desde sus veredas y nos daban la bienvenida al barrio con sonrisas amplias y algún que otro mate ofrecido. Eso nos dio la certeza de que la elección de la casa había sido la correcta.

    Los días fueron pasando y, poco a poco, nos acomodamos en la casa. También encontré un gym cerca para ir con mi esposo: nos anotamos y fuimos al principio, pero poco a poco él fue dejando. Yo quería volver a ver al tipo que me había enamorado años atrás, pero él al parecer ya estaba en otra. Igual no me preocupé demasiado, porque tenía mil cosas en la cabeza: el trabajo y mi familia me mantenían siempre al margen.

    Conocí a un grupo de amigas vecinas que, desde el día uno, fueron muy amables. Éramos de distintas edades y compartíamos todo en los ratos libres.

    Luego de unos meses, al salir del gym, fuimos con mis amigas a comprar algo al almacén que quedaba cerca. Ahí estaba él: José, un señor mayor de tez blanca, con canas y barba blanca. Llevaba su atuendo habitual: camisa azul, pantalón vaquero y un delantal. Al llegar, no me quitaba la vista de encima.

    —No me vas a presentar a tu amiga linda —le dijo a mi amiga con un tono pícaro.

    Cuando escuché eso, sentí una vergüenza tremenda. ¿Me vestí inapropiadamente? ¿Muestro demasiado? Fueron preguntas que brotaron de golpe en mi cabeza. Pero la respuesta de mi amiga me hizo entender todo.

    —¡Aaay, vos siempre tirando los galgos, eh! —dijo riéndose.

    Ahí comprendí que era el típico hombre chamuyero argentino. No le di mayor importancia y me reí mientras me presentaba:

    —Jajaja, hola, soy Julieta. Nueva en el barrio hace unos meses —dije extendiendo la mano.

    —Si me pareció escuchar que un ángel había caído del cielo, pero no imaginé que eras tan linda —dijo estrechando y apretando mi mano.

    —Por favor, José, vas a espantar a tus clientas así, jajaja —dijo mi amiga mientras terminaba de comprar.

    Yo solo me reí y, por nerviosismo, no dije nada más. Un simple “chau” y otro piropo de él quedaron flotando en el aire mientras salíamos. En el camino de vuelta, mi amiga me puso al día:

    —Es un chamuyerooo, jajaja.

    —Sí, lo noté, jajaja. ¿A vos también te tira los galgos?

    —Obvio, la primera vez que vine no paraba de alabarme… ¡incluso estando mi marido al lado! Jajaja.

    —Chuuu, es bastante animado, por no decir atrevido —dije, ya un poco más seria.

    —Bastante, jajaja. Pero así son todos los hombres, ¿no?

    —Sí, jajaja —contesté, aunque por dentro no estaba tan segura.

    Ese día sentí algo nuevo, una chispita que llevaba meses apagada. Quizás los pocos halagos que tengo en casa habían terminado por enfriar algo en mí, y ese señor, con apenas dos palabras y una mirada que no disimulaba nada, acababa de encenderla otra vez.

    Pero no le di importancia… por ahora.

    Los días siguientes transcurrieron en una rutina que ya empezaba a pesarme. Mi marido se levantaba temprano, café en mano, teléfono pegado a la oreja antes siquiera de darme los buenos días. “Amor, tengo reunión”, “Amor, me quedo hasta tarde”, “Amor, estoy cansado”. Siempre lo mismo. El beso en la mejilla era mecánico, la caricia inexistente. A veces lo miraba mientras hablaba por videollamada con sus socios y pensaba: ¿cuándo fue la última vez que me miró así, como si yo fuera lo más importante del mundo? Ya ni siquiera me preguntaba cómo estaba, si necesitaba algo, si quería salir. El country, que al principio parecía un sueño, ahora se sentía como una jaula dorada: pileta, jardín, silencio… y yo sola la mayor parte del día.

    Seguí yendo al gym casi todos los días. Me hacía bien sentir el cuerpo moverse, sudar, recuperar la forma después del embarazo. Me ponía las calzas que marcaban todo, el top ajustado, el pelo en una cola alta. No era para nadie en particular… o eso me decía. Pero cuando salía de ahí, con la piel todavía caliente y el pulso acelerado, pasaba por el almacén casi sin darme cuenta. “Solo para comprar agua”, me justificaba. O un yogur. O una barrita de cereal. Cualquier excusa era buena.

    José siempre estaba ahí, detrás del mostrador, con esa camisa azul arremangada que dejaba ver los antebrazos fuertes y velludos. Cuando entraba, levantaba la vista y sonreía de esa manera lenta, como si tuviera todo el tiempo del mundo para mirarme.

    —Llegó la más linda del country —decía en voz baja, pero lo suficientemente fuerte para que yo lo oyera.

    Yo me reía, bajaba la mirada, fingía buscar algo en las góndolas. Pero sentía sus ojos en mí: en las piernas, en la cintura, en el escote que se formaba cuando me agachaba a tomar algo de abajo. Y me gustaba. Dios, cómo me gustaba. En casa nadie me miraba así desde hacía meses. Mi marido ni siquiera se daba cuenta cuando me ponía lencería nueva. Pero José… José me devoraba con la mirada cada vez que entraba, y con cada piropo, con cada “¿Todo bien, reina?” dicho en ese tono ronco, yo sentía que volvía a existir.

    Una tarde entré sola, después de un entrenamiento pesado. Estaba transpirada, el pelo pegado a la nuca, las mejillas coloradas. Me acerqué al mostrador con una botella de agua y un paquete de galletitas.

    —¿Entrenando duro, eh? —preguntó, apoyando los codos en la madera, acercándose un poco más de lo necesario.

    —Sí, un poco —respondí, tratando de sonar casual, pero la voz me salió más suave de lo normal.

    Se quedó mirándome un segundo largo. Después bajó la voz:

    —Se te nota. Estás… radiante.

    Sentí que el calor me subía desde el pecho hasta la cara. Nadie me decía cosas así. Nadie. En casa, lo más cercano a un cumplido era un “¿Ya cenamos?” distraído mientras miraba el celular.

    —Gracias —murmuré, y por primera vez no desvié la mirada.

    Él sonrió, esa sonrisa de hombre que sabe exactamente el efecto que causa.

    —Cuando quieras venir a descansar un rato acá atrás, hay aire acondicionado y café fresco. Nadie te va a molestar.

    No respondí nada. Solo pagué, tomé la bolsa y salí. Pero mientras caminaba de vuelta a casa, con el sol cayendo y el barrio en silencio, sentí esa chispita otra vez, más fuerte. Sentí que me deseaban. Que me veían. Que era mujer, no solo mamá, esposa o decorado de una casa perfecta.

    Y aunque sabía que estaba mal, aunque una parte de mí gritaba que parara ahí… otra parte, la que llevaba meses apagada, susurraba: “Dejalo que te mire un ratito más. Total… nadie se entera”.

    Las visitas al almacén se volvieron más frecuentes. Al principio eran excusas tontas: un paquete de yerba que “se me acabó de golpe”, una gaseosa fría después del gym, un chocolate para el antojo de media tarde. Pero en el fondo sabía que iba porque quería sentir esa mirada otra vez. Esa que me recorría entera, sin apuro, como si yo fuera lo único interesante en todo el country.

    José lo notaba, claro. Y poco a poco empezó a subir la apuesta.

    Una tarde entré con las calzas todavía húmedas de sudor y el top pegado al cuerpo. Él estaba acomodando unas botellas en la heladera y, al verme, dejó lo que hacía y se acercó despacio.

    —Mirá cómo venís hoy… parece que el gym te trata bien, eh —dijo con esa voz grave, apoyándose en el mostrador—. O capaz que sos vos la que lo trata bien a él.

    Me reí, nerviosa, buscando algo en la góndola para no mirarlo fijo.

    —Exagerado —murmuré.

    —No, para nada. Si seguís así, vas a tener que poner un cartel de “peligro: curva cerrada” cuando pasás por acá.

    Sentí que me ardían las mejillas, pero no me fui. Me quedé charlando un rato más de lo necesario, sobre el calor, sobre lo caro que estaba todo, sobre cualquier pavada. Y él, cada tanto, soltaba una más:

    —Con ese bronceado estás para revista, reina. Tu marido debe estar chocho de tenerte en casa.

    Yo bajaba la vista, sonreía y cambiaba de tema rápido. Porque aunque me gustaba escucharlo, aunque me hacía sentir viva, todavía no estaba lista para cruzar esa línea. Todavía no.

    En casa, por esos días, intenté arreglar lo nuestro. De verdad lo intenté.

    Una noche preparé cena especial: asado con chimichurri casero, vino que nos gustaba, velas en la mesa del patio. Me puse un vestido corto, sin corpiño, el pelo suelto. Cuando mi marido llegó, lo recibí con un beso largo, de esos que antes nos daban ganas de todo.

    —Amor, hoy quiero que sea una noche nuestra —le dije al oído, rozándole el cuello con los labios.

    Él sonrió, me dio una palmada en el culo y dijo:

    —Dale, pero rápido que mañana tengo reunión temprano.

    Cenamos, charlamos un poco, y cuando subimos al dormitorio lo busqué con ganas. Me subí encima, lo besé despacio, le mordí el lóbulo de la oreja como sabía que le gustaba antes. Pero él estaba… distraído. El celular vibraba en la mesita y cada tanto lo miraba de reojo. El sexo fue mecánico: unos minutos, un gemido forzado, y listo. Después se dio vuelta y se durmió en dos segundos.

    Yo me quedé mirando el techo, con el cuerpo todavía caliente pero vacío. Y en la cabeza, sin querer, apareció la voz de José: “Estás radiante, reina”.

    Al día siguiente volví al almacén. Esta vez sola, sin excusa sólida. Solo quería un café.

    José me lo sirvió en la trastienda, donde había una mesita chiquita y el aire acondicionado que zumbaba bajito. Me miró de arriba abajo mientras yo me sentaba.

    —Hoy venís más tranquila… ¿todo bien en el palacio? —preguntó, con un tono que ya no era solo pícaro. Había algo más hondo.

    —Sí, todo bien —mentí, revolviendo el café.

    Él se sentó enfrente, no muy cerca, pero lo suficiente para que yo oliera su loción mezclada con el aroma a fiambres y cigarrillo que siempre traía.

    —Sabés que acá podés hablar de lo que quieras, ¿no? Yo escucho… y no juzgo.

    Lo miré un segundo largo. Sus ojos claros, las arrugas en las comisuras, la barba blanca que le daba un aire de hombre curtido pero cálido. Sentí ganas de contarle todo: la soledad, la indiferencia, el vacío. Pero me frené.

    —Gracias, José. Sos muy amable.

    Él sonrió de lado, se inclinó un poquito más.

    —Amable no, Juli. Me gustás. Y me gusta verte entrar por esa puerta. Aunque sea para comprar un chicle.

    Me quedé helada. Fue la primera vez que lo dijo tan claro. No un piropo, no un chamuyo. Algo directo.

    Tragué saliva, me levanté rápido.

    —Tengo que irme… gracias por el café.

    Salí casi corriendo, con el corazón latiendo fuerte. En la vereda me paré un segundo, respirando hondo. Me sentía culpable, excitada, confundida. Todo junto.

    Esa noche intenté de nuevo con mi marido. Le mandé mensajes hot durante el día, fotos sugerentes desde el baño. Cuando llegó, lo esperé en lencería negra, música suave, todo preparado.

    Pero él llegó tarde, cansado, con olor a cerveza de alguna “reunión de trabajo”. Me dio un beso rápido en la frente.

    —Amor, mañana seguimos, eh. Estoy muerto.

    Se durmió en el sillón viendo fútbol.

    Yo me metí en la cama sola, con la concha palpitando de bronca y deseo reprimido. Y por primera vez, mientras me tocaba pensando en nadie en particular… la cara que apareció fue la de José.

    Pero todavía no. Todavía no caía.

    Solo dejaba que la llama creciera, despacito, mientras intentaba salvar lo que quedaba en casa.

    Esa noche decidí que iba a ser la última vez que lo intentaba con todo. Si después de esto nada cambiaba, ya no iba a seguir remando sola.

    Me preparé como si fuera una cita con un desconocido: ducha larga, crema por todo el cuerpo, el perfume que sé que le vuelve loco, lencería roja nueva —tanguita de encaje que apenas cubría nada y un corpiño que empujaba las tetas bien arriba—. Bajé la luz del dormitorio, puse música suave con bajo que retumba, esa playlist que antes nos ponía a mil.

    Cuando llegó del trabajo, lo recibí en la puerta con un beso profundo, la lengua adentro, las manos en su nuca.

    —Hoy no hay excusas, amor. Te quiero entero —le susurré al oído, mordisqueándole el lóbulo.

    Él sonrió, sorprendido, y me agarró el culo por encima del vestido corto. Subimos al cuarto y ahí empecé mi show.

    Puse una canción más caliente y me paré frente a él. Me moví despacio, ondulando las caderas, bajándome el vestido centímetro a centímetro hasta quedar en lencería. Me giré, le mostré el culo, me agaché un poco para que viera cómo la tanga se hundía entre las nalgas. Él ya estaba duro, se le marcaba en el pantalón. Me acerqué gateando por la cama, le abrí el cierre y saqué esa pija que tanto conocía.

    La tenía caliente, venosa, ya goteando un poco en la punta. La miré a los ojos mientras la lamía de abajo arriba, lenta, saboreando la sal de su piel. Después me la metí entera en la boca, hasta la garganta, tragando para que sintiera el apretón. Subía y bajaba rápido, chupando fuerte, con una mano en las bolas masajeándolas y la otra en la base apretando. Él gemía, me agarraba el pelo, empujaba un poco la cadera.

    —Juli… la puta madre…

    Lo dejé al borde y me subí encima. Me corrí la tanguita a un lado sin sacarla y me la clavé de una, despacio, sintiendo cómo me abría, cómo me llenaba hasta el fondo. Estaba re mojada, se escuchaba el ruido húmedo cada vez que bajaba. Empecé a cabalgarlo fuerte, las tetas rebotando fuera del corpiño, los pezones duros rozando su pecho. Él me agarraba las caderas y me ayudaba a subir y bajar, pero yo llevaba el ritmo: rápido, profundo, girando la pelvis para que la pija rozara justo ahí adentro.

    Me incliné para besarlo, le metí la lengua mientras seguía moviéndome, y con una mano bajé y me empecé a tocar el clítoris en círculos. Sentía que me venía, que me venía fuerte.

    —Venite conmigo —le ordené, jadeando.

    Él gruñó, me agarró más fuerte y empujó desde abajo. Me corrí primero, apretándolo todo adentro, temblando, mojadísima, gimiendo en su boca. Dos embestidas más y él se descargó, caliente, profundo, llenándome con chorros que sentía golpear contra las paredes.

    Nos quedamos así un rato, yo encima, él todavía adentro, los dos agitados.

    Pensé que esta vez iba a ser distinto. Que después vendría el abrazo, la charla, el “te amo” de verdad.

    Pero no.

    A los dos minutos se salió despacio, me dio un beso en la frente y dijo:

    —Estuvo increíble, amor… pero mañana tengo que levantarme a las seis.

    Se dio vuelta y en menos de cinco minutos ya estaba roncando.

    Yo me quedé mirando el techo, con el semen resbalando entre las piernas, el cuerpo todavía temblando… y un vacío enorme en el pecho.

    Esa fue la última vez que me esforcé tanto por nosotros.

    Después de esa noche, ya no intenté más.

    Y cuando al día siguiente pasé por el almacén y José me miró como si yo fuera el postre más rico del mundo… ya no tuve tantas ganas de resistirme.

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  • Los pies de Ivonne

    Los pies de Ivonne

    Ivonne trabajaba conmigo, tiene unos pies muy lindos; larguitos, delgados y pálidos.

    Muy pocas veces llevaba sandalias, casi siempre iba con botas o tenis.

    Las veces que llevaba sandalias le gustaba hacer dangling o rescarse un pie con el otro, cuando llevaba flats se los quitaba y se maseajaba los pies, y como su escritorio estaba frente al mío podía tomarle fotos.

    Una vez llevó unas botas de tacón alto y me dijo:

    —Estas botas ya me lastiman mucho las patas.

    —Se ve, por el tacón.

    —Ay sí pero me gustan.

    Ese día tuvimos que quedarnos más tiempo porque fue fin de mes, de hecho todos los fines de mes nos quedábamos ella, otra chica que se llama Ana Luisa y yo.

    De repente se quitó una bota y el calcetín. De su bolsa sacó una crema, se echó un poco en la palma de la mano y comenzó a masajearse; la planta, entre los dedos, el dorso del pie y el tobillo.

    Para esto sólo estábamos ella y yo en la oficina, Luisa se fue antes porque tenía que pasar por su hijo.

    Se detuvo un poco y me dijo:

    —¿No entrará alguien?

    —No creo, la mayoría ya se fue.

    —Me vale.

    Apartó un poco su silla del escritorio, bajó el cierre de la otra bota muy despacio sin apartar su mirada de mí, luego se quitó el calcetín y para mi sorpresa se lo llevó a la nariz, lo olió profundamente y dijo:

    —Que asco, apesta.

    Yo ya estaba muy caliente y trataba de que ella no se diera cuenta y mejor seguí escribiendo en mi computadora.

    Comenzó a masajearse, esta vez un poco más lento, cambió de pie para darle otra pasada con la crema mientras cantaba.

    Saqué mi teléfono y discretamente empecé a grabarla, la verga se me puso más dura y estaba a punto de acercarme a ella para ayudarla a masajearse.

    —Ay perdón, es que de verdad ya me cansaron estas putas botas, ¿no te molesta?

    —No, de hecho huele bien la crema—. Fue lo primero que se me ocurrió.

    —Es de frutos rojos.

    Caminé hacia ella dispuesto a probar sus pies pero se detuvo, se puso los calcetines y las botas y se preparó para salir. Volví a acercarme pero me dio el cortón y se fue de inmediato.

    Lo hizo a propósito porque creo que varias veces se dio cuenta de que le veía los pies cuando llevaba sandalias. Todo fue tan rápido e inesperado y no me dio oportunidad de actuar.

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  • Ayudando a mi mejor amiga

    Ayudando a mi mejor amiga

    Soy Carola, una chica de 20 años, universitaria y que no resalta en la multitud. Digamos que mi cuerpo es normalito, soy delgada, mis tetas no son ni grandes ni pequeñas, tengo un culo manoseable pero tampoco algo que destaque mucho y mi forma es un poco curvilínea. Soy la típica rubia inocente que es hija de padres estrictos y que su única rutina es estudiar para sacar adelante una carrera y tener un trabajo más que decente.

    Sin embargo, mi mejor amiga es todo lo contrario a mi. Ella se llama Nerea, tiene 24 años y tiene un cuerpazo irresistible: sus tetas perfectamente son de talla F, no tiene una cintura muy pequeña pero tiene unas caderas y un culo que la hacen muy sexy. Si verla de frente te calienta, de espaldas te hipnotiza y más si empieza a hacer twerk. Parece que estoy enamoradísima por ella pero no es así, yo soy hetero y las chicas no me llaman la atención pero cuando veo a alguien como ella, es imposible no decir nada.

    También tengo que destacar sus tatuajes que decoran casi todo su cuerpo menos la espalda, la cara y parte de las piernas. También tiene varios piercings: en las orejas, en la nariz donde tiene un septum y uno en el ombligo. Su estética suele ser muy gótica, muy diferente de la mía que soy más básica.

    Aún con todas nuestras diferencias somos como hermanas, nos lo contamos todo y pasamos la mayor parte de nuestro tiempo juntas cada vez que podemos. Nerea es la única chica con la que puedo ser totalmente sincera en cuanto a mis paranoias de adulta-adolescente, el estrés universitario y conflictos familiares. Ella es de las pocas que me comprenden y la única que nunca me ha fallado. Tenemos mucha confianza en una a la otra, pero nunca pensé que esa confianza iría a más… Nerea era modelo en una web, algo que a mi no me parecía nada mal, de hecho yo la apoyaba en todo lo que la hiciese feliz.

    Sin embargo a mi no me llamaba ese mundillo, yo era más reservada y no me apetecía ponerme frente a una cámara desnuda a hacer de todo. Pero Nerea no tenía pudor alguno y tampoco lo tuvo al hacerme una proposición que cambiaría todo.

    Ella y yo estábamos hablando en la terraza de un restaurante después de comer dentro. Yo me estaba congelando por el frío invernal pero la princesa gótica tenía que fumar.

    -Pero no es normal que os manden un puto trabajo después de vacaciones. Por algo se llaman vacaciones. Para descansar de la mierda de curso -Decía Nerea entre caladas-.

    -Ya tia, te juro que odio a ese imbécil. No tiene nada mejor que hacer que amargarnos la existencia con sus trabajos de mierda.

    -Yo creo que su mujer no folla con él o algo, ese profe necesita mojar la polla para dejar de ser tan retrasado.

    -Pero si es un putero -Dije enfadada-. Dicen que una vez le vieron en un puti con unos colegas.

    -No me sorprendería.

    -Estoy hasta el coño de la carrera.

    -A ti te hace falta cambiar de aires.

    -No puedo Nerea, ya que llevo dos años voy a terminar la carrera y ver qué hacer.

    -Podrías hacer mi carrera, tiene muy buenas salidas, sobre todo para una chica como tú -Refiriéndose a la web-.

    Ambas comenzamos a reirnos. Nerea no paraba con las bromas de la web. Cuando ella empezó en el mundillo ambas creíamos que ganaría pasta pero no tanta como para dejar su antiguo trabajo y poder vivir completamente de ello. En Insta tenía un poco más cien mil seguidores, otros cientos de miles en TikTok y varios miles en Twiter. Tenía miles de subscriptores en su web pagando tanto como para que ella ganase fácilmente casi diez mil euros al mes. De hecho ella me invitó a comer en el restaurante.

    -Yo no me veo en esa página tia. A ti sí que se te da bien todo eso de las redes y ser sexy, eso te lo dejo a ti. A mi déjame en Derecho, así me hago abogada y te defenderé cuando alguien te robe contenido.

    -Me encanta, mi abogada personal.

    Nerea se terminó el cigarro, tomamos otras bebidas y tras pagar nos fuimos a su coche.

    -Oye Carol, tengo que pedirte un favor.

    -Si dime.

    -Mira. Eres la persona en quien más confío y a la única a la que le pediría esto, si no quieres hacerlo te comprendo perfectamente eh. Verás, en unas semanas grabaré un video con unas chicas y quiero alguien que grabe. ¿Tú nos grabarías?. Te pagaré también obvio.

    Me quedé sorprendida con lo que me dijo.

    -¿Y tus trípodes? -Pregunté-.

    -Servirían pero… quiero hacerlo bien, con más planos que los que pueden dar tres trípodes de mierda. Así también tendríamos más libertad. Y es que grabar con tripodes un trío…

    -Ya me imagino. Bueno es que no sé, ¿no será incómodo?

    -Por eso te digo que si no quieres hacerlo no pasa nada. Pero tú y yo nos hemos visto hasta el alma y me gustaría que me grabase alguien a quien conozco y en quien confío.

    -Yo… bueno a ver lo puedo pensar.

    -Carol te lo agradezco muchísimo de verdad. Y en serio, que no estás obligada a venir, si no quieres grabar no hay ningún problema. Te conozco bien y eres reservada con estas cosas.

    Nerea me abrazó y me soltó un “eres la mejor”. Estuve varios días pensándolo seriamente. No me importaría verla totalmente desnuda ya que ella y yo hemos estado desnudas tantas veces o compartido nuestras nudes antes de enviárselas a alguien que nos conocemos nuestros cuerpos casi a detalle.

    De hecho yo soy quien opinaba sobre las fotos que ella iba a subir a su web antes de publicarlas, pero verla follar es otra cosa. Nunca vi un video suyo, aunque sí capturas porque le hacía ilusión enseñarmelas pero nada más allá. Si no aceptaba me iba a sentir mal, y si aceptaba le iba a hacer un favorazo pero la vería en directo follar con otras personas que no conocía de nada. ¿Pero y si no iba a ser tan malo como lo pintaba? ¿Y si es divertido incluso? ¿Y si lo estoy exagerando? No me iba a dar asco ver follar a varias lesbianas, pero… que coño, acepté. Le envié un mensaje a Nerea diciendo que iba a grabarla. Me bombardeó con stickers de animalistos besándose y me dijo cuando debía estar en su piso.

    Tras unas semanas llegó el día de la grabación. Les dije a mis padres que me iba a quedar en casa de Sofía a dormir ya que no me dejaban juntarme con Nerea. Cuando llegué ella me abrió estando en ropa interior.

    -Nerea guarra que te va a ver alguien -Dije mientras la empujaba adentro de su piso y cerrando la puerta-.

    -Que no mujer, la familia de al lado están fuera y el piso de en frente está vacio.

    -Bueno… ¿Y qué tengo que hacer?. O sea… ¿Cómo tengo que grabar y tal?.

    -Pues ven, te explico.

    Fuimos a su dormitorio y me estuvo explicando todos los detalles sobre los planos, la forma de grabar, la manera de usar la cámara y sus controles… en resumen, todo lo que tenía que saber para que las escenas saliesen bien.

    -Intentaré ser la mejor camarógrafa posible.

    -Sé que lo harás cariño. Pero sin presiones. Las chicas estarán por llegar.

    -¿Entonces será un trío?

    -Sip. Me vas a ver totalmente sumisa -Soltó una risa burlona-.

    -¿Se llamaban Alejandra y Tatiana?

    -Exacto, Alejandra es la alta y Tati la más tetona.

    -Me acuerdo… joder espero hacerlo bien y no ponerme nerviosa.

    -Tú tranqui tonta, te diría que te fumases un porrillo pero como no fumas y además no quiero que te coloques mientras grabas…

    -Ya…

    -Que no te preocupes Carol, tú haz lo que te dije y nos vamos a divertir todas. Al final grabar una porno es eso.

    -¿Divertirse?

    -Para mi si, me divierto grabando y a la gente le gusta verme ser follada teniendo orgasmos… al final todos salimos ganando. Tú solo céntrate en nosotras con la mente en blanco, ya verás que es fácil y se te pasará el tiempo volando.

    Estuvimos esperando y hablando de nuestras tonterías durante un buen rato hasta que sonó el timbre. Nerea, quien aún estaba en ropa interior, se acercó a abrir y entraron dos chicas llenísimas de tatuajes y con una estética grunge-gótico que dejaban a cualquiera sin palabras. Las tres chicas se saludaron con abrazos, besos y chillidos de la emoción. Yo me acerqué tímida a saludarlas y ellas me recibieron cálida y muy cariñosamente.

    -Chicas, esta es mi mejor amiga Carol. Es quien nos va a grabar.

    Alejandra era la más alta de todas, medía un poco más de metro setenta y lo que más destacaba de ella era su pedazo de pelazo rojo que aún estando trenzado le llegaba casi al culo. Tenía más tetas que yo pero no tantas como Nerea y Tatiana, digamos que sus pechos eran solo un poco más grandes de lo normal. Su figura, casi igual que la mia, era delgada pero con más culo y menos cintura.

    Tatiana, quien tenía el pelo corto, deshecho y con las mechas de colo azul, era la más tetona de todas, madre mia si no mirarle las tetas a Nerea era dificil, las de Tatiana eran imposibles de no mirar. También era más bajita que todas nosotras y la más culona. Ambas tenían más tatuajes que Nerea, Alejandra tenía incluso la cara tatuada con piezas pequeñas. La piel blanquecina de ambas dificilmente se podía ver por la cantidad de tatuajes que tenían.

    Y no faltaban las perforaciones en lugares como los labios, las orejas, la nariz o las cejas y como no, en el ombligo o incluso en la lengua. Ambas estaban increibles, normal que tuviesen tantos seguidores. Las cuatro estuvimos un buen rato hablando en el salon del piso, conociéndonos y charlando sobre nuestras vidas y en cómo habíamos acabado en un piso a punto de grabar una porno. La verdad al principio me sentía un poco desencajada por el choque estético pero las dos fueron muy amables conmigo y no paraban de sacarme conversación.

    Tras varios horas charlando y después de cenar pizza que habíamos pedido a domicilio mientras veíamos Netflix decidimos empezar. Todo lo grabaríamos en el dormitorio de Nerea. Cubrimos la cama con varias toallas grandes, bajamos las persianas, pusimos unas luces leds rojas y música hot de fondo. Todo se iba a grabar con el foco de la cámara, iba a ser más erótico según las chicas.

    -Carol, te recomiendo de que te desnudes. -Dijo Alejandra mientras se estaba quitando el tirante que llevaba puesto-.

    -¿Qué?… pero yo solo voy a grabar…

    -No cielo, lo digo porque vas a tener mucho calor.

    -Yo… es que…

    -Es que ella es un poco tímida cariño -Dijo Nerea mientras jugueteaba con mi pelo-.

    -Ay perdona querida, no quería que pareciese nada raro… o más raro de lo normal. Entonces quédate así que estás guapísima estés como estés.

    Me puse rojísima y muy avergonzada, pero Alejandra tenía razón, hacía un calor infernal en esa habitación y con tanta gente dentro…

    -Bueno tienes razón, mejor me lo quito.

    -Esa es nuestra chica -Dijo Tatiana mientras me abrazaba-.

    Me quedé en ropa interior y descalza. Estaba sudando más por la vergüenza que por el calor. Las chicas se quedaron en ropa interior, las tres llevaban sujetadores y tangas negros de encaje que les quedaban increibles.

    -Dale Carol -Dijo Nerea guiñándome-.

    Encendí el foco, la cámara y comencé a grabarlas. Las tres estaban sentadas de rodillas sobre la cama y muy juntas entre ellas. Comenzaron a besarse y a manosearse suavemente mientras soltaban risitas pícaras entre miradas calientes y deseaosas. Nerea estaba entre las dos, se besaba con Alejandra y luego con Tatiana para luego volver a besarse con Alejandra a la vez que las dos manoseaban las tetas, el cuello, el vientre y el coño de Nerea, acariciándola como si fuese su mascota. Tatiana agarró un bote de aceite y empezó a echarlo sobre ella misma y sobre las otras dos.

    El líquido recorría todo el cuerpo de las góticas, haciendo que su piel decorada con tatuajes satánicos, sexuales y absurdos brillasen por la luz del foco. Las tres empezaron a moverse seductoramente y a restregar sus cuerpos para esparcir el aceite entre ellas mientras seguían compartiendo besos aún más intensos mientras soltaban gemidos y jadeos como gatas en celo. Comenzaron a besarse las tres a la vez, acerqué la cámara a sus labios para captar el beso con todo el detalle posible.

    Sus labios gruesos, sus lenguas perforadas no paraban de jugar entre ellas e hilos de babas caían desde sus bocas hasta la cama. Tampoco faltaban las miradas pícaras a la cámara entre besos y risas tontas. Alejandra tenía razón, hacía mucho más calor y es que verlas así era imposible que no me calentase.

    Alejandra y Nerea se tumbaron sobre la cama para seguir besándose mientras que Tatiana fue a su maleta para ponerse un arnés y un dildo negro de 20cm.

    -Ponte en cuatro mi putita -Dijo Tatiana a Nerea-.

    Nerea, mientras reía y miraba golosamente el dildo, se puso en cuatro en el extremo de su cama. Tatiana le quitó el tanga y comenzó a chuparle el coño y el ano lo que hizo que Nerea comenzase a gemir suavemente. Alejandra se tumbó con las piernas abiertas delante de Nerea para que le comiese el coño.

    Cuando Tatiana dejó toda la vulva de Nerea mojadísima, echó aceite al dildo de su arnés y fue metiéndole el juguete hasta lo más profundo de su vagina para luego comenzar a follarla lentamente. Nerea comenzó a gemir aún más alto mientras le intentaba comer el coño a Alejandra. Yo no era capaz de entender como Nerea podía con un monstruo de 20cm tan fácilmente. Tatiana comenzó a follarla violentamente mientras azotaba sus nalgas entre insultos y escupitajos a su espalda haciendo que Nerea pidese entre gemidos que “no parase” de la forma más sumisa posible.

    -Eres una verdadera puta ¿A qué si? -Dijo Tatiana mientras se la estaba follando-.

    -Ay si lo soy…

    -¿Quieres que te de más fuerte putilla?

    -Si por favor…

    Tatiana le soltó un azote que dejó una marca de su mano en el glúteo de Nerea. Su culo estaba enrojecido y con rastros de sangre pero a Nerea le estaba encantando, ella pedía más y más y Tatiana se lo daba encantada. Nerea no tardó en llegar a un orgasmo que hizo que soltase un squirt a presión. El pelo de mi mejor amiga estaba desenredado, sus glúteos hechos una ruina y su coño más mojado que nunca.

    -Me toca -Dijo Alejandra mientras se levantaba-.

    Ella se puso otro arnés con un dildo de la misma medida. Tatiana se tumbó sobre la cama, Nerea se puso sobre el pene de goma de Tatiana metiéndoselo en posición de vaquerita y Alejandra se puso detrás de Nerea para meterle el dildo aceitoso en su culo. Nerea tenía el coño y el culo penetrados por ambos dildos y ambas chicas comenzaron a follarla intensamente con un mete-saca que hacía que Nerea gritase de placer. Apunté con la cámara la cara de Nerea: estaba enrojecida y sudorosa, su pelo estaba hecho un desastre y en su mirada se notaba que estaba disfrutando de cada centímetro de ambos dildos dentro de sus orificios.

    Sus tetas no paraban de botar, sus glúteos enrojecidos se movían con cada impacto que recibían y su espalda estaba arqueada haciendo su figura aceitosa aún más atractiva.

    -Ayyy dioosss como me encantaaa -Gritaba Nerea-.

    -¿Te gusta zorra? -Dijo Alejandra a la vez que le daba un azote-.

    -Si por favor no pares diosss.

    -Eres una pedazo de puta… -Dijo Tatiana-.

    -Soy una puta… soy una puta… soy una putaaa.

    Nerea comenzó a temblar y llegó a un orgasmo que hizo que se sacase ambos dildos y se corriese como una fuente. Su ano estaba totalmente abierto y su coño parecía una cascada. Las tres se tumbaron juntas y empezaron a besarse de nuevo entre risas y caricias suaves. Tatiana se sacó el arnés y se lo puso Nerea quien tras ajustárselo se posicionó frente al coño de Tatiana, quien estaba tumbada sobre la cama con las piernas abiertas, y le metió el dildo por el coño en pisción de misionero. Nerea comenzó a penetrar lentamente a Tatiana. Nerea la insultaba, la escupía en la boca y le daba bofetadas a Tatiana, quien las recibía entre risas y con mucho placer.

    -Dame de nuevo cariño.

    -Mira que eres una puta -Dijo Nerea antes de cruzarle la cara a Tatiana-.

    -Más fuert… Aaayyy sii justo así dios.

    La cara de ella estaba rojísima y marcada por cada golpe que le soltaba Nerea. Alejandra a su vez se puso detrás de Nerea y le metió la polla de goma por el culo. Tatiana empezó a ser penetrada más intensamente que antes, sus tetas no paraban de rebotar por cada empotrada, su boca soltaba gritos agudos y su mirada lagrimosa expresaba placer y lujuria. A su vez Nerea estaba siendo follada por el culo por Alejandra quien no paraba de azotarla, tirarla del pelo o agarrar sus tetas. En la habitación solo se escuchaba el chillido de la cama, los golpes de las tres góticas, el coño mojado de Tatiana chapoteando por cada penetración de Nerea y los gemidos, jadeos y gritos de placer de todas ellas. Tatiana llegó al orgasmo y soltó un squirt que bañó entera a Nerea.

    Tras ello Alejandra se quitó también el arnés, se tumbó sobre la cama y al igual que a Tatiana, Nerea comenzó a follársela en misionero con insultos, golpes, escupitajos para humillarla y darle su merecido por haberla dado por culo. Tatiana estaba tumbada al lado de Alejandra metiéndose los dedos en el coño mientras miraba a sus dos amigas follarse entre ellas. Nerea comenzó a besar a Alejandra mientras seguía follandose su vagina hasta el fondo con el dildo negro de 20 cm y le agarraba del cuello apretándoselo hasta dejar marca.

    Las tetas de ambas no paraban de rebotar, el culo de Nerea vibraba con cada embestida y el coño rosado de Alejandra chapoteaba aceite y fluidos vaginales. Tatiana llegó a otro orgasmo tras masturbarse intensamente y dejó escapar otro chorro que esta vez me empapó a mi, por suerte lo conseguí grabar y a la vez Alejandra dejó escapar un squirt que dejó sus piernas temblando.

    De nuevo comenzaron a besarse entre ellas y a echarse más aceite. Sus cuerpos estaban brillantes por el aceite y el sudor, enrojecidos por los golpes entre ellas. Sus caras estaban hechas una ruina pero seguían estando tan sexys como antes o incluso aún más. Los besos fueron tranquilos, eróticos, seductores con miradas pícaras a la cámara con sus caras enrojecidas, sudadas y con el maquillaje corrido. Se mordían los labios, se disfrutaban entre ellas, se saboreaban, se lamían, se recolocaban el pelo y se reían.

    Era todo tan femenino, tan cariñoso, tan tierno… Tras ello las tres se comenzaron a ponerse en cuatro y en círculo para lamerse el coño y el ano a la vez. Nerea se lo comía a Tatiana, Tatiana a Alejandra y Alejandra a Nerea. Las tres metían su lengua hasta el fondo de sus vaginas, jugueteaban con sus lenguas entre sus labios vaginales enrojecidos y húmedos mientras sobreaban sus fluidos. Todas comenzaron a gemir y sus coños no paraban de sonar a mojado por las lamidas de sus lenguas.

    Tras un oral que las dejó saciadas, Alejandra se tumbó sobre la cama, Tatiana se puso de nuevo el arnés y comenzo a follársela en misionero. Nerea puso su culo en la cara de Alejandra y tirándola del pelo la obligó a que le chupase el coño. Tatiana daba fuertes empujones que hundían el dildo hasta el fondo de la vagina de Alejandra haciendo que esta gritase por cada penetración que recibía. Nerea gemía de placer y se reía por el oral tan torpe que Alejandra le estaba dando.

    Tatiana pudo inclinarse hacia delante para comerle las tetas a Nerea mientras se follaba a Alejandra, quien tras un buen rato de sexo duro y húmedo no tardó en llegar a otro orgasmo que la dejó temblando y sudada. Nerea tumbó a Tatiana, se montó de nuevo en su polla y comenzó a saltar sobre ella en vaquerita haciendo que su culo botase con cada sentón. Tatiana le agarró del cuello fuertemente para ahogarla mientras ella saltaba sobre su polla de goma. Nerea, quien tenía la cara enrojecida y el cuello marcado, no tardó en llegar al orgasmo y correrse encima del torso de Tatiana formando un charco de squirt en su vientre.

    Tatiana se quitó el arnés y las tres se tumbaron una al lado de la otra para seguir besándose. Tatiana estaba en medio de Nerea y Alejandra, las dos comenzaron a chupar cada teta de Tatiana mientras manoseaban su cuerpo, ella comenzó a gemir y a reirse por los cosquilleos que le producían, rogando que no parasen mientras pasaba su mano por el cabello de ambas chicas.

    Después las tres comenzaron a masturbarse entre ellas esperando a tener un orgasmo y gritar de placer, yo fui enfocando el coño de las tres una por una, grabando como se metían los dedos en sus vaginas húmedas y enrojecidas que chapoteaban líquido sin parar. Tras un rato Tatiana se corrió la primera, luego Nerea y por último Alejandra. Las tres dejaron la lente de la cámara mojadísima con sus squirts a presión. Las tres comenzaron a reirse y a besarse de nuevo más tranquilas mientras miraban a la cámara cariñosamente.

    -Ya está cariño, hemos acabado -Dijo Tatiana mientras acariciaba una teta de Alejandra-.

    Apagué la cámara. Miré el reloj y no era consciente de lo rápido que había pasado el tiempo, estuvimos casi una hora grabando, casi una hora viendo el sexo más intenso de mi vida.

    -Joder estoy agotada -Dijo Alejandra-.

    -Yo igual, pero hay que recoger este desastre -Dijo Nerea mientras se recolocaba el pelo-.

    Las toallas estaban húmedas, el suelo encharcado, las tres chicas tenían un aspecto decadente y yo estaba tan sudada que mi sujetador y mi braga estaban mojadísimas.

    -También necesitamos un baño -Dijo Alejandra-.

    -¿Qué te ha parecido Carol? -Me preguntó Tatiana sonriéndome-.

    -Pues… joder no sé que decir.

    Nos empezamos a reir tontamente.

    -Es que nunca pensé que vería a mi mejor amiga tan sumisa -Dije mirando a Nerea-.

    -Es que ella es una putita muy linda -Dijo Alejandra mientras abrazaba a Nerea y besaba su frente-.

    -Ay Carol de verdad, cuanto te quiero -Me dijo Nerea-. Te agradezco mucho este favorazo.

    -No te preocupes.

    Comenzamos a recogerlo todo. Tras terminar comenzamos a ducharnos las cuatro por turnos porque la ducha de Nerea era enana. Pusimos otro colchón en el suelo donde durmieron Alejandra y Tatiana mientras que yo dormía con Nerea. Las tres durmieron totalmente desnudas ya que su ropa interior estaba mojada. Yo sin embargo decidí dormir en pijama pero sin ropa interior.

    -Carol de verdad, aprecio mucho lo que has hecho por mi -Me dijo Nerea quien estaba tumbada a mi lado-.

    -No te preocupes Nere, sabes que haría cualquier cosa por ti. Y olvidate de pagarme, ¿Vale?

    -Te pagaré igual, te lo mereces. Eres la mejor amiga que una chica como yo puede tener.

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  • Mi joven esposa (7): Año viejo, cuernos nuevos

    Mi joven esposa (7): Año viejo, cuernos nuevos

    Al llegar a la fiesta de fin de año en la vecindad, ya había gente afuera, la mayoría eran los chicos que ya conocía desde la infancia, si bien no es que nos frecuentáramos, tampoco es que nos guardáramos algún tipo de rencor, un saludo amistoso a la usanza de la gente de calle, nos recibieron con gran entusiasmo, a su vez que aprovechaban para darle un vistazo a mi esposa y es que era obvio que como iba vestida, toda la noche robaría miradas.

    Pero no solo los chicos la miraban, también los mayores, aprovechaban el saludo para tenerla de cerca, cada uno supo aprovechar y a ella le gustaba ese juego, sumado a los celos de las damas que los acompañaban, hasta que llegamos con el anfitrión, don José, que con los mismos atrevimientos nos saludó y recorrió con la mirada a Yes, con la diferencia que él la tomó de la cintura para rodearla y darle un beso en la mejilla, a lo que Yes se quedó congelada sin poder hacer nada para evitarlo.

    Nos pasó hacia el interior del patio donde tenía las mesas, ahí nos dio el lugar que sería el nuestro por toda la noche, Nos colocamos en la mesa justo con mi tía y algunos vecinos con los que me llevo algo mejor, la noche iba normal, pláticas sosas y algo de baile, para lo cual yo soy malo, así que tuve que aceptar que varios chicos la sacaran a bailar, pasaban minutos y ella seguía de mano en mano.

    Cerca de las 10 don José se acercó con el pretexto de revisar si no nos faltaba nada, como estábamos bien, invito a Yes a bailar, ella aceptó y salió con él a la pista, en ese momento sonaba salsa de esa romántica, como era de esperarse, don José era un hombre de barrio y bailaba muy bien, llevaba a Yes a su ritmo y no la soltaba, otros se acercaban a intentar robársela para bailar una pieza con ella, pero don José ya la había monopolizado.

    Como tenía que ir por un postre que habíamos preparado para la noche, me ausente unos momentos y cuando regrese no la pude ver, encima, se había dejado el teléfono en la mesa, como había comentado, era una vecindad, un patio grande y con muchas habitaciones alrededor, pequeños pasillos y algunos cuartos aún sin terminar, los pasillos estaban abarrotados por personas bebiendo y no sé qué más, no sabría por dónde empezar para buscarla, aunque, si lo imagine.

    De niño ya había tenido la oportunidad de entrar a la habitación que ocupaba la familia de don José, así que, aunque no recordaba exactamente dónde estaba, si sabía porqué pasillo ir, entonces me dirigí abriéndome paso por la gente que disminuía conforme me acercaba, reconocí el lugar en un segundo piso, subí las escaleras y pase por un pasillo donde estaban las ventanas de los cuartos de don José, se escuchaban voces y me percataron, me dirigí hacia la puerta, pero quien salió no era mi esposa, sino la esposa de don José, Margarita.

    M: Buenas noches joven, ¿qué hace por aquí?

    K: buenas noches, creo que me perdí un poco

    1. la fiesta está en el patio

    K: buscaba un sanitario y la verdad es que estos son los pasillos que medio recuerdo

    M: no se preocupe, yo lo llevo

    Me mostró el sanitario que ocupaban, estaba afuera de la habitación, entre y espere un poco para salir, una vez fuera me disculpe y volví al lugar de la fiesta, a los pocos minutos regresó Yes, me comentó que había salido a comprar unos cigarros pero que había demasiada gente en la tienda y tuvo que esperar, me sentí aliviado, no solo por lo que me dijo ella, sino porque había visto a la esposa de don José salir de ahí, eso me había despejado las dudas que me atormentaban.

    Seguimos en la mesa y la verdad es que había muy buen ambiente, la música era para todos los gustos, comida y bebida sin límites, la gente se comportaba de manera amigable, por lo que el tiempo se nos fue rápido, platicamos sobre cómo iba la noche, no pude evitar preguntarle por lo que le había parecido bailar con don José, a lo que ella respondió que lo había disfrutado mucho, sabía moverse en la pista, aunque había estado bailando muy pegado a ella, lo que había sido incómodo a la vista de todos, pero a su vez, muy excitante.

    Había sido lo más cercano que había estado con don José, él estaba muy ocupado atendiendo a los invitados como para acercarse a Yes, el baile había sido lo más interesante, aun así, había sido suficiente para mantenerla encendida, estuvo un rato más sentada a la mesa y revisando su teléfono, de repente me comento que mi tía de nuevo le pedía ayuda con unas cosas, la deje ir ya un poco menos paranoico. Pasaron cerca de 30 minutos y no regresaba, eran poco más de las 11 cuando se acercó mi tía y me pidió que fuera a su casa por unas botellas de sidra pues no encontraba a don José para que lo hiciera, no pregunte nada sobre Yes, supuse que me lo pedía ya que ella no podría llevarlas, además, yendo hacia allá me quitaría las dudas.

    Entre al conjunto, había poco ruido, la mayoría de los departamentos estaban solos pues lo vecinos estarían cada quien en sus compromisos, llegue al de mi tía a estaba cerrado y con la luz apagada, sentí un vacío en el estómago, así que abrí con la llave que me había dado con la mano casi temblando, cuando por fin entré, no había nadie, de nuevo el corazón me regreso, busque las botellas que me había pedido y pude notar un ruido de gente caminando, supuse que algún vecino estaría en casa, tome lo que me pidió y salí, al pasar por debajo de mi ventana, me pareció escuchar ruidos arriba, me quedé quieto y guarde silencio, de nuevo pude escuchar unas voces con alguna especie de discusión intensa pero en voz baja, como queriendo que nadie les escuchara.

    Deje en el piso lo que llevaba y subí lentamente sin hacer ruido, pegue el odio a la puerta de nuestro departamento para asegurarme de que no era ahí, pero me equivocaba, había gente dentro. Busqué mi llave para abrir, pero no la encontré, tampoco llevaba el móvil, no tenía forma de entrar ni de asegurarme, así que pensé por un momento que hacer, finalmente me decidí por treparme por la orilla de la marquesina hacia el ventanal, ese por donde Yes se asomaba a escuchar los ruidos de abajo, este daba al pasillo y desde ahí se podría ver justamente hacia nuestra habitación y cuando la puerta está abierta, nuestra cama matrimonial.

    Con el mayor sigilo posible me acerqué al ventanal, las voces eran cada vez más notorias, se decían pocas cosas, pero de una forma muy intensa, aun así, eran poco entendibles. Llegué hasta el ventanal y con cuidado acerqué mi cabeza para escuchar mejor, ahora ya no tenía duda, era una mezcla de respiraciones y quejidos, una de esas voces claramente era Yes y la otra, ya me lo temía.

    De dentro de la habitación se escuchó un “cómetela puta”, proveniente de una voz gruesa de hombre, Yes respondió con un gemido, pero se le escuchaba como atragantada, “eso, que rico mamas”, solo salía un ¡Agh! de la boca de mi esposa, me arriesgue a asomarme un poco mas temiendo que me pudieran ver, sin embargo, en esa posición apenas notaba unas siluetas en la orilla de la cama. De nuevo escuché voces acercándose, eran unos vecinos que iban hacia el piso que seguía hacia arriba, para evitar que me vieran en esa embarazosa situación, me recosté en la marquesina, apenas cabiendo mi cuerpo en el estrecho espacio, subían despacio y platicaban sobre su velada, pasaron unos momentos hasta que por fin desaparecieron de la vista.

    Me quise incorporar, pero ya había dejado de escuchar los ruidos de antes, lo mejor era esperar a que estuvieran entretenidos o podrían verme, así pasé unos minutos limitándose a escuchar solo las voces que apenas se distinguían desde mi posición, hasta que se escuchó un silencio momentáneo, seguido de ese golpeteo de pelvis inconfundible.

    Ahora si me levante, de nuevo asome un poco la cabeza y pude distinguir la media luz encendida, como pareja recién casada teníamos preparada la habitación para la intimidad y la estaban aprovechando, asome más la cabeza evitando a toda costa ser visto, al fin tuve el panorama completo, si bien no se observaban en su totalidad, si pude ver a mi esposa aun con su vestido a la mitad y las medias puestas, parando las nalgas mientras don José chocaba su pelvis con ellas, la embestía introduciéndole su verga mientras mi esposa estaba a cuatro patas como si fuera una perra, acompañada de gimoteos y gritos ya fuera de control.

    La imagen ya me superaba, nunca había sentido tanto vértigo en el estómago, tenía una rabia y un casi odio por ese señor, lo despreciaba porque había convencido a mi esposa de que fuera con todas las malas intenciones posibles, pero también pasaba por mi mente que ella había aceptado sabiendo perfectamente que terminarían así, encima se había arreglado espectacularmente y solo para que don José se la terminara cogiendo.

    En mi mente cruzó la idea de meterme por la ventana y detener todo, pero sabía que las cosas no irían bien, se armaría un gran escándalo, probablemente habría golpes y aunque me doliera aceptarlo, en ese aspecto no tendría mucho que hacer contra un hombre de barrio como don José, además, seguramente Yes se molestaría conmigo, en primera porque ya lo habíamos conversando un poco antes de salir, sabíamos que habría un juego y cuando juegas con fuego lo mas seguro es que termines quemándote; y segundo, se notaba que la estaba pasando muy bien, de interrumpirlos le cortaría el orgasmo y me lo reprocharía, como me lo había dicho, ella siempre estuvo dispuesta a cumplir mis fantasías, por mucho que no lo soportara, debía apoyarla y permitirles terminar.

    Sabiendo que no lo toleraría más y convencido de que era lo justo dejarlos estar, decidí retirarme, de la misma manera que llegue al ventanal regrese a las escaleras, tome de nuevo lo que había salido a buscar y en silencio me salí del conjunto ya casi a las 12 de la noche. Volví a la vecindad caminando despacio, pues traía una erección muy notable por lo que había visto, la fiesta estaba tan animada que al llegar no le dieron importancia a nuestra ausencia, entregue las botellas de sidra para que prepararan el brindis, volví a nuestra mesa y ahí seguía mi móvil, lo tome y vi que tenía dos llamadas perdidas y varios mensajes.

    Y: sal afuera

    Y: necesito hablar contigo

    Y: estoy en el departamento de tu tía

    Y: acaba de entrar

    Y: contéstame

    Y: necesito tu opinión

    Y: ven, vamos a subir

    Y: dime si lo apruebas

    Y: va a pasar

    Y: ¿Eres tú el que entró?

    Y: no creo que acepte que estés aquí

    Y: no subas al departamento, mejor cúbrenos

    Yes me había estado buscando a través del teléfono, pero no había tenido la oportunidad de revisarlo, había perdido la oportunidad de negociar con ella, aunque dudo que algo de lo que le dijera la hubiera persuadido para que pasara algo diferente, tal cual, mis cuernos ya estaban destinados y no había forma de que pudiera escapar de ellos.

    Dieron las 12 y con ello, gritos y bullicio, se dio el brindis y tuve que intégrame, aunque era evidente que mi mente estaba en otra parte. Entre la gente aún nadie preguntaba por los ausentes, ni siquiera la esposa de don José, tampoco yo hice mención alguna del paradero de Yes, cuando me cuestiono mi tía sobre ella, la justifique diciendo que se había quedado a dormir un poco pues se había puesto mal por el alcohol, pero en cuenta pudiera volvería al lugar.

    Pasó la hora, por fin Yes estaba de vuelta entre la gente, don José había regresado al cuarto para la una, por lo que no regresaron juntos, los que pudieron la entretuvieron con el dichoso abrazo y las felicitaciones, por lo que tardó en llegar conmigo, una vez de frente solo me dijo:

    Y: ¡felicidades amor!

    Y: ah, y también ¡feliz año nuevo!

    Mi mezcla de celos y enojo se vio burlada por su picardía, me lo había dicho con una vez de juego, pero también, de satisfacción, con eso me quedaron pocas ganas de reprocharle y preferí corresponderle el deseo y el abrazo.

    Nos quedamos otro rato más, conviviendo con las personas para no desentonar, cuando se acercó don José a darnos el abrazo, note esa mirada de complicidad entre ellos, la abrazo la felicitó, después se dirigió hacia mí, me extendió la mano y la apretó, me levanto de la silla con mucha fuerza y me dio un abrazo igual, los presentes lo tomaron como si fuera un abrazo que viene de un amigo muy cercano o algo así, yo que sabía lo acontecido antes, lo tome como si se estuviera burlando de mí, más aún cuando me remato con las mismas palabras que Yes.

    DJ: ¡Felicidades chico!

    DJ: ah, y también ¡feliz año nuevo!

    Esa puntada se me clavó en el pecho, había sido una coincidencia muy grande, o ellos estaban confabulados, aun así, me limite a corresponderle y no concederles mi enojo, eso fue lo último de la velada. Yes me dijo que ya era hora de irnos, nos despedimos y nos retiramos de la vecindad, entramos al conjunto y me tomo de la mano, me llevó hacia arriba con prisa, abrió la puerta del departamento y entramos, me beso y así me llevo casi arrastrándome, cuando pasamos por el ventanal volteé a ver hacia afuera, justo donde había estado hace unos momentos, al abrir la puerta de la habitación se detuvo y volteo a verme.

    Y: espera, no entres

    K: ¿y ahora por qué?

    Y: dame un momento, necesito arreglar la habitación

    En el momento que iba a cerrar la puerta para dejarme fuera, la detuve con las manos y la empuje con algo de fuerza para abrirla, en el piso aún se encontraba una calceta de hombre, la cama estaba hecha un desastre, las sábanas colgando, estaban húmedas y tenían un fuerte olor, me acerqué y las quite para despejar la cama, enrollado en ellas estaba el bóxer de don José, ni siquiera habían tenido tiempo de buscar sus cosas y vestirse bien.

    Le pedí a Yes que se acercara, ella tenía la mirada cabizbaja, se notaba la pena que sentía, no sé si por el desastre que había o por lo que lo había ocasionado, se paro en frente de mi y yo la tome de la cintura para acercarla a mí, la abrí de piernas y la senté en las mías, así frente a frente la tome con las dos manos de sus nalgas y pregunte.

    K: ¿ahora si me vas a decir lo que pasó aquí?

    Y: seguro que quieres que te lo cuente, ¿o hacemos otra cosa?

    Me tomo de la cabeza y me beso con gran intensidad, me mordía los labios como una fiera, la levante y la recosté sobre el colchón sin sábanas, no había mucho espacio donde acomodarla pues aun estaba mojado por debajo, así que ahí mismo, la abrí de piernas e hicimos el amor. Fue un sexo poco ortodoxo, se trataba mas de desquitar las ganas que de placer, yo llevaba mucho tiempo excitado y con una erección, la penetración era muy fácil, estaba muy lubricada, por mi mente estaban las imágenes de lo que había visto y escuchado, y se sumaba lo que el desastre de la habitación me podía decir.

    Me imagine todo lo que pudieron haber hecho, se debieron haber desnudado completamente, ¿!la humedad de la cama y su lubricación se deberían a los jugos de Yes!?, o talvez, estaba penetrando a mi esposa con una mezcla de sus jugos y el semen de don José, con la vista busque en la habitación, ¿!donde carajos estaban los condones usados!?, mi imaginación estaba m uy activa y me traiciono, por lo que me corrí bastante más rápido de lo normal, a ella no le molesto, había estado gimiendo todo el tiempo y su orgasmo también fue intenso, nos tomamos un momento abrazados, ahora encima de los líquidos de tres personas, nos miramos fijamente y nos abrazamos con ternura, tras unos minutos me miro de nuevo.

    Y: ¿quieres que te cuente lo que pasó esta noche?

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  • Le conté todo a mi compañero de trabajo (2)

    Le conté todo a mi compañero de trabajo (2)

    Fuimos al departamento de Danilo, mi compañero de guardia, al terminar nuestro turno. Ya nos habíamos pajeado mutuamente en un impasse del trabajo y le había chupado la pija, quedando ambos muy calientes.

    Danilo es delgado, menudo, pelo castaño, crespo, corto, absolutamente lampiño y totalmente depilado, con el torso bien definido, apenas marcado, una espalda en forma de V, cintura estrecha, y nalgas firmes, redondas y deseables.

    Apenas llegamos al departamento nos quedamos en ropa interior, él con un pequeño slip que no llegaba a contener su miembro duro de un tamaño razonable, para mi gusto. Comenzamos a fanelear así cómo estábamos, él me tomó de las nalgas y yo abracé su espalda acariciándolo intensamente.

    -Me gusta tu culo, me dijo al oído. Me ponés muy caliente.

    -A mí me gusta todo tu cuerpo, te quiero comer todo, respondí mirándolo a los ojos.

    Nos besamos con lujuria, comiéndonos la boca a fondo. Nuestras lenguas luchaban con intensidad, se la chupé con muchas ganas.

    -Tu lengua es como una pija para mí, le dije, jadeando (se lo digo a mi mujer también, y a todos nuestros amantes, por supuesto).

    Lamí su cuello, sus pezones, los abdominales, abrí la boca bien grande para aferrarle la poronga sobre la finísima tela del slip blanco, le chupé la tela y bajé el ancho elástico para soltarle la pija parada que me saltó en la cara. No dudé ni un instante en meterme el glande húmedo de pre cum entre mis labios ansiosos, saborear ese néctar mientras lo aferraba de los glúteos y muy lentamente me fui metiendo el tronco hasta el fondo, con mi nariz apoyada en su pubis angelical.

    Mi lengua jugueteó y lamió al tiempo que sorbía y mamaba una y otra vez el miembro. Lo miré a la cara mientras él tenía los ojos cerrados y me acariciaba la cabeza, entrelazando sus dedos en mi pelo. Me empezó a coger oralmente, con suavidad, le bajé del todo el slip, dejándolo hacer (¡Cómo me gusta chuparle la pija a este pendejo! pensaba, aunque tenemos casi la misma edad). Me alcé y nos besamos apasionadamente otra vez.

    -Te quiero grabar, me dijo.

    -Dale.

    Se recostó en el borde de la cama y comenzó a grabar con su celular cuando me dediqué afanosamente a chuparle la poronga, mirando cada tanto a la cámara.

    -Me quiero ver, le dije.

    Conectó el móvil por bluetooth al televisor, lo depositó a un costado y comenzó a reproducir. Danilo se apoyó con los brazos hacia atrás en la cama, ofreciéndome su falo enhiesto apuntando al techo de la habitación.

    -¡Qué bien que estás! atiné a decirle antes de volver a mamarle la pija.

    Chupé y chupé el dulzor de su pre cum, me tragué toda su poronga una y otra vez, deteniéndome de a ratos para verme en la pantalla de la tele, lo que me ponía aún más frenético. Me babeaba, mi saliva bajaba por el tronco de su verga hacia los huevos, que me dediqué a succionar con ahínco.

    Era como un torrente de saliva que se deslizaba hacia su ano mientras seguía mamando. Le metí suavemente un dedo en su rosado agujero, dio un respingo hasta que se acomodó en su interior. Entré y salí con el dedo, seguí chupando su pija, bufaba por la nariz como un toro para no soltar mi presa, metí otro dedo, masajeé bien el agujero que estaba deseando.

    Me arrimé al borde de la cama y levanté sus piernas para apoyarlas sobre mi pecho, apoyé mi glande en la puerta de su ano, abrió los ojos como platos, empujé muy despacio mi pija en su agujero, centímetro a centímetro, cerró los ojos, suspiró, lo tomé de las piernas y lo empujé hacia mí, entró el glande en su hoyo, lo aferró con su esfínter, resopló y se abrió, se la metí con suavidad hasta el fondo y me quedé quieto.

    Le latía el culo mientras se acomodaba a la penetración, yo estaba a mil pero me pude contener a duras penas. Comenzó a aflojar y apretar mi pene con su culo, retiré casi toda mi pija de su interior y volví a entrar. Estaba en el séptimo cielo. No quería acabar, quería que durase. Me incliné sobre su pecho para besarlo en la boca, nos chuponeamos desaforadamente.

    -¡Cómo me gusta coger con vos! le dije y comencé a bombearlo rítmicamente, sin prisa pero sin pausa, varios minutos, quizá diez o más, cuando me dijo:

    -Mirá tu culo en la tele, ¡es precioso! ¡Mirá cómo se contraen tus glúteos cuando me la enterrás! Tengo muchas ganas de cogerte.

    Lo dijo, lo vi y no me pude contener más, aceleré mis embestidas, acabé dentro de su ano y me desplomé sobre su pecho, jadeando.

    -Mi culo es todo tuyo, le susurré al oído. Haceme lo que quieras.

    Lo besé en la boca, en las orejas, en su cuello, que olía riquísimo, ronroneaba, me puso como un burro, lamí todo su cuello, babeaba, bajé a sus pectorales, chupé y di mordiscos a sus pezones duros, lamí subiendo y bajando por cada pulgada de sus abdominales, me entretuve horadando su ombligo tan femenino, mirándolo a los ojos seguí bajando hacia su pelvis delicadamente depilada hasta llegar al premio mayor que era su falo enhiesto y húmedo de pre cum otra vez, que me devoré con voracidad hasta el fondo, mi nariz contra su pelvis, mi lengua jugueteando con su tronco apenas venoso, una y otra vez chupé su prepucio, el tronco, los huevos, el glande delicado, tan rosado y tan rico, tan delicioso y tan tentador de querer quedarme ahí todo el día, hasta acalambrar mis maxilares.

    Casi no dejaba de mirarlo a los ojos, enloquecía de placer cuando entrelazaba sus dedos en mi pelo acompañando mi mamada, largos, eternos minutos en los que nos sentíamos en el paraíso.

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  • Sexo oral en parque público a un maduro basquetbolista

    Sexo oral en parque público a un maduro basquetbolista

    Hola, corazones y muy felices fiestas decembrinas.

    Estoy aquí para platicarles de un encuentro que tuve con un hombre en un parque público cercano a mi casa, y que curiosamente pude convertir de un sueño que tuve en una realidad.

    Resulta que quien escribe, gusta de practicar baloncesto en ocasiones. Nada profesional, pero me ayuda a ejercitarme y a salir de la rutina horrible que es el trabajo.

    Hace un par de noches, soñé que practicaba con un hombre misterioso y que súbitamente me tiraba al suelo y encima de mi comenzaba a arrimarse y a mover su miembro entre mis nalgas, hasta que de alguna manera conseguía penetrarme. Un poco por la fuerza, pero me cogía hasta quedar satisfecho.

    Ese sueño hizo que despertara con el pene erecto y húmedo del glande, y con una sensación en mi colita de querer pene desesperadamente.

    Traje en la mente esa fantasía un par de días, hasta que una noche decidí ir al parque donde está la canchas a la que normalmente voy.

    Por la hora ya no había mucha gente, más que algunos corredores que ya iban a casa y personas paseando a sus mascotas. Después de un rato, llegó un hombre a quien llamaré Ismael: Maduro, fuerte, de unos 50 años, a quien ya ubicaba de vista en la cancha. Platicando un poco más con él, resultó que tenía problemas para dormir y que vivía cerca del parque donde nos encontrábamos. Después de una breve charla, accedimos a jugar 1-1 y todo iba bastante normal, hasta que por la cercanía que nos daba el juego, comenzamos a rozarnos.

    Su paquete en mi trasero y mis manos en sus nalgas y en sus fornidas piernas. Cuando era ya muy evidente lo que estábamos haciendo, le pregunte: Isma: ¿Se te antoja una mamada? y me sorprende lo fácil que acceden los hombres “hetero” cuando alguien más joven les ofrece su boca o su culo para satisfacerlos. Me dijo que sí, sin dudar. Cogimos el balón y nos fuimos detrás de una pequeña grada, donde ademas de pasto, maleza y rocas, había condones usados y algunas páginas de revistas pornográficas. Era evidente que no seríamos los primeros en usar esas gradas para satisfacernos.

    Muy pronto, bajé sus shorts y salió un grueso trozo de carne. No muy grande, pero con una cabeza ancha y brillante que me moría por meterme a la boca. Comencé a acariciarlo para pararlo bien, le di un suave masaje en los huevos y cuando ya estaba firme, me lo metí poco a poco a la boca. Primero solo el glande, pero metiéndolo haciendo que sintiera lo suave de mis labios hasta la base del pene. Así estuve chupándolo repetidamente hasta que sentí el sabor de sus fluidos de macho.

    Una mezcla entre amargo y dulce me llegaba casi hasta la garganta. El sudor, sus vellos y su virilidad me hacían enloquecer. Quería sentir ese pedazo de carne bien dentro del ano, que me cogiera y lo empujara hasta vaciarse dentro de mí.

    -¨Quiero que me la metas, Isma, pero no traemos condón”

    -¨Te la arrimo nada más para que la sientas”

    -“Voy a querer que me la metas, Isma, mejor no.”

    -“Será después”

    -Pero sí quiero que te vengas en mi boca. ¿Se puede?

    -Sí, putito. Sigue mamando que no tardo en venirme.

    Lo tomé de sus firmes nalgas y le mamé el pene con locura y ansias. Lo azoté contra mi lengua y lo pasé por mi cara mientras veía el rostro de placer de Isma que era lo más excitante del mundo, todo sudado y varonil, tomando mi cabeza con fuerza contra su miembro.

    -Voy a venirme, putito hermoso. Quiero que te comas todo…

    -¡Dámelo todo Isma! ¡Quiero todo lo que te salga en mi boquita!

    Y en un momento explotó dentro de mi boca. Sentí su semen caliente y abundante en mi lengua y casi hasta mi garganta. Dejé un poco en mi lengua para mostrarle cómo me lo pasaba y después de hacerlo pude chuparle el pene un poco más hasta que se puso blando.

    -¡Qué buen desestrés! Dijo Isma.

    -¡Sabes delicioso! Me encantó.

    Escuchamos que se acercaba el vigilante del parque y corrimos hacia el estacionamiento, donde nos despedimos y alcanzamos a cambiar números de teléfono.

    Resulta que Isma es un hombre divorciado, que vive con su nueva pareja y que tiene dos hijas de su primer matrimonio. Gusta de hacer ejercicio y secretamente tiene perfiles en diferentes aplicaciones para conocer chicas. Según él solo lo hace por diversión, pero ya veremos si hay segundo encuentro.

    En ese momento solo nos dimos placer y yo llegué a casa bien cachonda, con la garganta llena de semen de aquel súbito encuentro.

    Les contaré qué pasa.

    Besitos…

    Bellota.

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  • El gasero y sus amigos

    El gasero y sus amigos

    ¡Hola! Como les he comentado en mis otras anécdotas, yo me doy el lujo de elegir con quien si y con quien no. He comido por así decirlo de todo, es por eso que en esta ocasión les hablaré de Joaquín, el señor del gas.

    Joaquín lleva años surtiendo el gas, él es una persona honesta, el gas siempre dura más con él que si se lo compraríamos a otra persona, y esto ya fue comprobado mucho antes de comérmelo.

    Lo conocí por medio de su trabajo, él cada mes venía a surtir el gas, a veces mi esposo estaba otras veces no y se me hacía una persona agradable, platicabamos inclusive alguna que otra vez le invitabamos a sentarse en la mesa a desayunar.

    Fue así como se ganó nuestra confianza. Inclusive teníamos hasta su número de teléfono personal, para hablarle en caso de que llegáramos a ocupar más gas.

    Un día temprano comenzamos a platicar, mi esposo no estaba y mis hijos estaban dormidos. Le ofrecí un café, acepto y comentamos a platicar del trabajo, de la familia, de si vendía bien o mal, en fin, inclusive nos recomendó instalar el gas estacionario ya que nos íbamos a ahorrar mucho dinero, nos ayudó y hasta lo llenó por primera vez. Ese mismo día hubo un primer acercamiento, al entregarme la taza de café Joaquín me agarró la mano, no le di mucha importancia hasta que se despidió y me dijo que cuando yo quisiera él venía a llenarme el tanque, pero me lo dijo con un tono sexoso, sugestivo.

    De momento no entendí su mensaje guarro, hasta que lo reflexione y le mande mensaje reclamándole el porqué su comentario, solamente me respondió que no era nada malo, que él hablaba en buen plan de venir a llenarme el gas como siempre. De momento me ofendí, pero no puedo negar que después de pensarlo me prendí al imaginarme con él, a pesar de estar gordito así como yo, no era feo y sus canas me atraían bastante.

    Fue un día común y corriente cuando decidí poner a prueba lo que yo había entendido en el mensaje, pedí permiso en la escuela para ir a análisis clínicos, mi esposo se fue a trabajar con mi hija y así mismo a dejar a mi hijo a la secundaria, les estoy hablando que era un agosto-septiembre del 2022, antes de tener relaciones con Fidel.

    Al regresar a casa de realizarme los análisis le hablé por teléfono, no sin antes ponerme un camisón cortito, mis pantuflas y esperar a que llegará, me le iba a ofrecer, como toda una puta insaciable. La verdad estaba muy nerviosa pero ansiosa de saber que pasaría, llegó Joaquín pero no llegó sólo, traía a otros dos ayudantes, los tres se me quedaban viendo de una manera pervertida, era obvio su mirar, jamás había sentido tanta pena, yo esperaba solamente a Joaquín, yo preparada para ver que se podía dar y él trajo compañía, estaba abrumada, apenada, me daba en cierta forma vergüenza.

    Subieron a llenar el gas, solamente me dijo que estaba a más de la mitad de capacidad que no necesitaba llenarlo aún así para no verme tan obvia le pedí que llenará lo que faltaba.

    Se retiraron y me quedé hot, yo ya me imaginaba estando con él y no pasó. Pasaron los días, semanas y Joaquín venía al gas a veces solo otras veces en compañía, sin embargo no dejaba de imaginarme el como sería coger con él y tampoco podría negar me imaginaba cogiendo con sus amigos, así es! Ya no solamente era el que me cogiera Joaquín si no se me metió a la cabeza la estúpida idea y mi más grande fantasía de coger con los 3, tarde 3 meses pensando esa gran fantasía que tenía, me masturbaba con mis dildos y juguetes pensando que eran ellos, inclusive cuando tenía relaciones con mi marido y me hacía doble penetración con su verga y mis juguetes, pensaba que eran esos 3 machos del gas cogiendome, se me había metido a la cabeza y no podía sacarme esa idea.

    No fue hasta diciembre de ese mismo año cuando se me hizo (unos días antes de nuestras vacaciones con la familia de Fidel y de mi otra amiga Estefanía, en las cuales después les contaré los días de sexo desenfrenado que hubo hace 3 años), estaba esperando a que mi compañero pasara por mi para irme a Toluca a una actividad sindical, pero ni me contuve, era una oportunidad innegable, me anime a hablarle a Joaquín de nuevo, mi esposo obviamente se había ido a trabajar con mi hija, a mí me dieron un oficio de comisión y mi falta estaba justificada en la escuela, no era obligatorio asistir a esa actividad a la ciudad de Toluca, más que para firmar, así que decidí no ir, quedarme en casa y ver qué era lo que se podía dar.

    Le dije que ocupaba que viniera a llenar el tanque, no lo pensé 2 veces. Le llamé a César, mi compañero con quién iba a ir y le dije que no iba a asistir, que me echara la mano y que yo lo podía tapar la siguiente vez, que firmara cualquier cosa dónde estaba mi nombre, así que aceptó.

    Entre a mi casa y me puse un baby doll negro, tanga, mis pantuflas y encima mi bata, era diciembre y hacía frío, pero mi calentura interna era más que el aire congelado que hacía en esas fechas, además que no quería verme tan obvia.

    Llegó Joaquín pero ahora llego sólo, ¡era mi oportunidad! Así que al subir a llenar el gas subí con él, según yo subiría unas cosas al cuarto de servicio y si, subí una pequeña caja, en las escaleras yo iba delante de él, al abrir el cuarto de servicio para meter la caja me agaché delante de él, y no solo fue una vez, si no varias veces las que lo hice mientras subía las escaleras para que viera lo que traía abajo, mientras abría la puerta con las llaves, bajo nuevamente a conectar la toma del gas con la escalera, al terminar de llenar el gas le pregunté que cuanto sería, me dijo que nada, que ya le había pagado con tremendo taco de ojo.

    Solamente sonreí y le dije que no, que el trabajo era trabajo y que tenía que cobrarme, el muy guarro me dijo que con lo que él quería que yo le pagará no se podía, obviamente sentí la indirecta, me hice del rogar un poco y le dije que estaba en mi casa y sola, que si se quedaba más tiempo se podía prestar a malas interpretaciones, me dijo que pues ni modo, que él se quería cobrar con todo lo que traía encima, como toda una puta consumada le dije que él no sabía si el pago estaba o no disponible, que tal vez y yo quería pagarle como él se imaginaba, se me acerco y me acarició, lo dejé.

    Me tomó de la cintura, me besó y lo besé, apretó mis tetas por encima de la bata y lo seguí dejando, solamente le quite el casco de protección y le dije que era una mujer casada, que no estaba bien lo que queríamos hacer, me dijo que él no le diría a mi esposo, y oyendo esas palabras sin pensar algo más lo metí al cuarto de servicio, entre la platica, uno que otro beso y el cachondeo que teníamos, le dije que quería que me cogiera, sacó su verga del pantalón y me dijo que él también quería cogerme, tomé su verga en mis manos mientras nos besábamos, halago mis tetas y dijo que era lo que más le llamaba la atención de mi cuando me veía.

    Le dije que me podía coger pero que si podían ser más, que quería cumplir mi fantasía y que se lo iba a agradecer toda la vida, le dije que le hablará a sus amigos, que quería que los 3 estuvieran conmigo, me dijo que quería él solito, sin embargo le dije que era mi fantasía estar con los 3, que tal vez en otra ocasión cuando viniera solo y estuvieramos a solas a él le tocaría cogerme solito, no desperdicio la oportunidad y así lo hizo, le habló a sus compañeros y mientras llegaban comenzamos a besarnos, Joaquín metía sus dedos bajo mi tanga y en mi vagina, seguía jalando su verga hasta que me arrodillé frente a él y comencé a hacerle un oral.

    Comencé a mamar su glande, pasando mi lengua por sus huevos y tronco, veía su expresión de placer, me tomo con sus manos llenas de callos y me hacia mamar hasta donde él quería, lo estaba disfrutando tanto él como yo, no tardaron ni 15 minutos y llegaron, le hablaron a Joaquin y les dije que dejarán dus unidades fuera del fraccionamiento, que entrarán uno por uno discretamente ya que Herbert el vigilante tomaba nota de quienes entraban, bajé y les abrí, entraron uno a uno con diferencia de minutos, me preguntaron que donde estaba Joaquín les dije que arriba, subieron y yo después de ellos, no sin antes entrar a mi recámara por preservativos.

    Cuando entre al cuarto de servicio Joaquín estaba platicandoles mis intenciones, no les pregunté nada, solamente me senté en el borde de la cama que esta en el cuarto de servicio, arroje los condones a la cama y me quite la bata, se quedaron sorprendidos cuando vieron mis pechos, mis piernas y sobre todo mi atuendo. Estaba muy nerviosa pero también muy ansiosa, ellos no lo podían creer, me pidieron tiempo para hacer unas llamadas y les dije que si, mientras lo hacían le dije a Joaquín que era mi fantasía hacerlo, que me grabará, accedió y saco su teléfono, le dije que no, que debía ser con el mío, con el de él nada, y así fué.

    Terminaron sus llamadas pendientes y comenzó mi disfrute… me volví a sentar en la cama, se acercaron, comencé a besarlos y ellos a mi, mi puteria me había llevado a algo que era mi más grande fantasía hasta ese momento, intercambiaba de labios entre uno y otro mientras los 3 me manoseaban, era mi primera vez con más de 2 vergas, y quería saber que se sentía tener 2 adentro de mi, ya que mi primera vez intentándolo no fue fructífera ya que a uno no se le paró (por si no recuerdan los invito a leer las anteriores anécdotas.)

    Me senté en el borde de la cama de nueva cuenta, se bajaron el pantalón, vi las 3 vergas disponibles para mí, era un buffet de miembros, así que me fui por la más grande primero y comencé a realizarles sexo oral, primero a uno, luego a otro, después a Joaquín, repasaba sus penes una y otra vez, trate de meterme 2 a la boca, sin embargo fue imposible, chocaban entre ellos y no entraban, aun así seguía mamando una otra y otra vez, cambiando de verga entre ellos.

    Joaquín tomaba mi cabello mientras metía todo su pene en mi boca, era algo indescriptible lo que estaba viviendo, y todo estaba siendo documentado por él, quien no dejaba de grabar, los demás también hacían lo mismo, me pegaban con su verga en la cara, y me daban a mamar. La verdad, yo estaba ansiosa de que me la metieran, de sentir sus penes erectos dentro de mi.

    Y así se los hice saber, les pedí su verga ya, se las exigí, ninguno se animaba, estaban algo nerviosos hasta que uno de los compañeros de Joaquín me puso en 4 en la cama, haciendo solamente la tanga a un lado, mamó mi vagina, le dio unos lengüetazos de manera salvaje, se colocó un condón y me penetró, no se había quitado ni la ropa pero era el más ansioso de hacerlo, yo solamente sentía como entraba una y otra vez, mientras el otro se colocó delante de mí y comencé a mamar, algo que no era nuevo para mí, mientras ambos me cogían yo me metí un dedo en el ano.

    Joaquín mientras grababa entendió y me preguntó que si también por atrás, con mi boca llena de verga le dije que si entre cada mamada que le daba a uno de sus compañeros y comenzó a dilatar mi culo él también, metía sus dedos mientras su amigo me cogía y el otro me daba de mamar, era una explosión de adrenalina y calentura ese día entre los 4, cambiamos de orden, más no de posición y así en 4, al que se la estaba mamando hacía unos instantes se colocó el condón, escupió mi ano, comenzó a chuparlo y a chupar mi zorrita mientras yo solamente ahogaba mis gemidos mamando la verga del que ya me había cogido.

    Se acomodó y de una manera brusca me la metió por atrás, solamente sentía como entraba una de las 3 en mi ano, no era la de Joaquín quien totalmente desnudo me estaba grabando, era delicioso el sentir como entraba y salía de mi culo, era muy sádico y estaba embistiendome con todo, yo solamente gemía y quería que no terminará este momento nunca, cerramos la puerta del cuarto de servicio, comencé a gemir y pedir más y más, era un arrabal de placer.

    Cambiamos de posición, quería 2 adentro, me subi en uno de ellos comencé a cabalgar encima de él mientras me apretaba los pechos, yo solo seguía cabalgando mientras los otros 2 me veían, se acercaron y se subieron a la cama y mientras yo montaba me dispuse a mamar, succionaba una y después otra mientras estaba sentada en una más.

    Fue un momento que jamás olvidaré, pedí que me la metieran por atrás, que quería saber qué se sentía tener dos penes de verdad en mi cuerpo, jamás había podido tener 2 hombres que se movieran en conjunto dentro de mis entrañas, fue lo que le comenté a Joaquín, y quería saber que se sentía que dos hombres se movieran dentro de mí mientras yo entregaba todo mi ser, y así fue, uno de ellos el que ni si quiera se había quitado la ropa por completo, fue quien se subió atrás, se colocó atrás de mi mientras seguía montada y moviéndome, preparo su pene y así es, me pegue al pecho del guarro tatuado que estaba abajo de mi, mientras él otro cogía mi ano.

    Me penetraron entre los 2, primeramente grité y pedí que fueran cuidadosos, sinceramente no lo fueron, fueron un poco salvajes aunque ellos decían que me estaban cuidando, costó un poco el que me la metieran por atrás, sin embargo se logró cuando me acomodé de la manera correcta, comenzaron a moverse alternadamente, era un extasis el sentir como esos 2 músculos erguidos entraban y salían uno y otro de mi ser, era algo inexplicable, yo solamente sentía como mientras uno me penetraba la vagina y apretaba las tetas el otro me la metía en el ano, una y otra vez gemía, y les pedía más, le dije a Joaquín que dejara de grabar y se uniera, dejo el celular y me puso su pene en la boca, entre los 3 tenían ocupados los huecos en los que podría haber un pene.

    Sacaron la de mi ano y Joaquín se dispuso a meterla por atrás solamente veía en sus ojos la lujuria con la que me observaba al momento de tomar su turno.

    Fue así como Joaquín, quien no me la había metido aún se colocó el condón, me penetro, primero me la metió en el ano, mientras yo seguía arriba de su compañero, Joaquín fue el más salvaje de los tres, jalaba mis cabellos y me nalgueaba de una manera vulgar y fuertemente, sus palabras fuertes y groseras me prendieron aún más, de puta y ramera no me bajaban, y decían que lo que se comía el señor (mi esposo) era un manjar. El sentir a ambas era delicioso, no eran grandes pero al tenerlas las 2 dentro de mi hacían pensar que eran enormes.

    Joaquín sacó su pene de mi ano y su amigo también se salió, fue cuando descanse un poco pero Joaquín decidió subirse, así fue como colocó mis piernas en sus hombros y me penetró, mientras sus compañeros solamente se masturbaban delante de mí, era excitante el tener 3 a mi disposición y pedir cualquiera de las 3. Mientras Joaquín me penetraba yo gemia, me sentía una puta en su totalidad, se acercó uno de sus amigos, se arrodilló frente a mi y me dió a chupar de nuevo su glande.

    En eso sentí como el pene de Joaquín se ponía duro, era su eyaculación la cual estaba a punto de llegar, y no me equivoque. Joaquín se movía cada vez más rápido y yo no había llegado a ese orgasmo, en ese preciso instante se vino, solamente oí su grito de placer al momento de echar su leche dentro de mi, aunque contenida en el condón.

    Yo aún tenía ganas así que en cuanto Joaquín se salió sus amigos se acercaron, pedí las 2 de nuevo dentro y ellos gustosos me acomodaron cambiando de rol, me subi en uno de ellos y el otro se dispuso a penetrarme vaginalmente también, intentamos entre los 3 que sus penes me cupieran en la vagina sin embargo era imposible, me lastimaban y me lastimaban mucho así que decidieron meter una de las 2 atrás, mientras ambos me cogían de una manera deliciosa yo solamente me concentraba en mi orgasmo y en disfrutar ese momento, penetrada por ambas carnosidades yo me movía, les pedí que no pararan tomaran como si fuera una puta.

    Yo hacia mi parte para que fuera aún más placentero, en un momento de esos de locura sacaron su pene del ano, y la volvieron a meter toda, la sacaban y la metían en su totalidad, era delicioso como entraba toda de un jalón y como me la sacaban, fue entonces cuando llegó mi orgasmo solamente sentí como mi ano y vagina se contraigan al mismo tiempo mientras ellos de puta no me bajaban.

    Fue una explosión en la que mis jugos vaginales mojaban ambos penes de tanto que era, siguieron moviendose ambos sin yo poder hacer nada, estaba cansada y satisfecha aunque no podía negarme a sus embestidas, el que tenía su pene en mi ano fue el primero en terminar, comenzó a embestir más y más rápido y me aviso que venía, le dije que me echara la leche en el ano, que no la sacará era mucho placer el que sentía, fue hasta que se vacío en mi ano que sentí como se llenó el preservativo, fue entonces cuando su otro compañero se salió de mi, y así en 4 me penetro por atrás, no fue mucho tiempo cuando sentí como se vino, era una orgia de placer la que se vivía dentro de mi ano.

    Adolorida y satisfecha me recoste en la cama sin decir nada ni intercambiar palabras comenzaron a vestir, mientras yo aún disfrutaba de las sensaciones que me habían dejado en la vagina y el ano.

    Joaquín todavía me dijo que si me iba a seguir llenando el gas, no había entendido que provoque este encuentro a propósito, así que le dije que si. Sin decir nada más que “hasta luego señora”, se despidieron Joaquín me pidió que se repitiera y yo le dije que tal vez.

    Se retiraron y yo, adolorida, y muy muy satisfecha me dispuse a bañar.

    Fue una fantasía la que había cumplido en ese momento, siempre había querido tener 2 o 3 penes para mí. Polo y Enrique fallaron en su oportunidad, ellos habían sido los primeros en hacerme sexo grupal, aunque sin haber llegado a una doble penetración con ambos penes.

    Me gustó lo que había hecho me sentí realizada como puta… por así decirlo, y no lo creía todavía, al pasar los días y voltear hacia arriba, observaba el cuarto de servicio recordando lo que ahí dentro pasó y aún sin poder creer lo que ahí había ocurrido.

    Esa había sido mi más grande locura, sexualmente hablando hasta ese momento y la verdad no me arrepiento de nada de todo lo realizado, hay muchos hombres que se creen más hombres por tener a muchas mujeres en sus camas, pero a las mujeres por tener más hombres no nos hace menos mujeres, al contrario, nos hace mejores ya que sabemos con quien, cuando, como, y donde.

    Espero sus comentarios y por supuesto ya saben que les contesto. ¡Saludos!

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  • Sexting con corridas

    Sexting con corridas

    Lo prometido es deuda.

    Nos conocimos enredando por la nube, tras unos primeros saludos donde despejamos que ninguno de los dos éramos una máquina ni había segundas intenciones, que éramos un hombre y una mujer con ganas de conocerse, conversamos casi todos los días durante medio año, me pareció que era y es una mujer excepciona y como ella misma se define: Verdadera y Valiente. No dejaba de sorprenderme, con las cosas muy claras, llegamos a intimar, surgió la atracción y el deseo, al menos por mi parte, y en ese medio año tuvimos encuentros por chat para mi muy intensos y placenteros, no sólo sexuales como en la siguiente conversación:

    Las conversaciones están adaptadas para darle continuidad y sentido como conversación para lo que he añadido algunas cosas que no dijimos o que lo hicimos en otras conversaciones.

    Llevábamos ya varios minutos hablando en el chat cuando ella dijo:

    A: Estando sola con mi pareja, sexo es lo que tendría a cualquier hora.

    W: Nunca se lo había escuchado a una mujer, coincido, dejarnos llevar por los sentidos, follar hasta sacar todo el fuego interior.

    A: Desde luego tú vales mucho como amante. Habría que vivir una pasión, aunque fuese una vez en la vida. Seguimos hasta el final con todas la consecuencias.

    W: Me encendiste aquella noche de verano y sigue ardiendo la llama que alimentas con tus sueños: “Mi sueño para una noche de verano está en tus manos, en una mirada, en unos labios, en tu miembro viril dentro de mi.”

    A: El romanticismo tiene mucho de pasional, incluso más que la atracción física, porque lo primero tiene de lo segundo la atracción externa no satisfecha y la atracción interna, la de los sentimientos que se suman a los sentidos.  Aquí estamos los dos con ganas de guerra.

    W: Hagamos el amor y no la guerra.

    A: Hacer el amor es abrazar y follar a la vez, una rima maravillosa para los verdaderos amantes.

    W: Abrazar con deseo es el principio de follar.

    A: Hace falta tiempo para hacer el amor y todo un arte para hacerlo salvajemente. Con el dildo. Me apetece.

    W: Pero el sexo entre dos también

    A: Claro, todo junto. Él me lo pone y luego ya follamos

    W: Él sabe dónde ponértelo, aquí es ella la que se lo coloca entre las piernas, yo sólo observo mientras mis manos acarician sus pechos y masajea su culo.

    A: Bueno yo le indico. Así tengo un multiorgasmo.

    W: De ella hoy he contado 4. El primero con el aparatito y los otros 3 con mis deditos. Para mi descargar al final me quedo más que satisfecho.

    A: Al final te refieres a la penetración y correrte dentro.

    W: Sí después de ella. Hoy te he imaginado mientras follaba.

    A: Y ¿te has corrido pensando en mi?

    W: Si

    A: ¿Ella se corre antes y después tú ?

    W: Sí, algunas veces yo primero, pero ocasional. Me excita mucho verla correrse y notar la tensión y el arqueo de su cuerpo cuando le viene.

    A: Entonces su orgasmo es clitoriano, más que vaginal. Pues es que a mi me pasa igual.

    W: Ella necesita apretar las piernas, si no hace presión no se corre.

    A: A ver, si estamos en la penetración, él follándome y a la vez me lo hace con los dedos, eso es la leche.

    W: Eso pocas veces lo hemos hecho y a mi me encanta que se corra conmigo dentro, es super excitante.

    A: O con el aparatito y a la vez la penetración.

    W: También pero ella prefiere solo del chisme e inmediatamente después del primer orgasmo seguir con mis dedos, junta tan fuerte las piernas para darle gusto que me aprisiona los dedos con sus muslos y apenas me deja frotar, pero me pone a mil.

    A: También cerrar las piernas me gusta. Aunque alguna vez yo le pido que me lo coma.

    W: Más quisiera yo que me lo pidiera y poder chupar su coño a gusto.

    A: Él me pide que lo hagamos a la vez, pero a mi me gusta disfrutar sola para captar las sensaciones de su boca entre mis piernas y después hacérselo a él. Así disfruto más. Hay mayor goce.

    W: Me vale, sí. Mejor que el 69 clásico.

    A: ¿Te has puesto palote?

    W: Más tiesa no puede estar. ¿y tú, te has mojado?

    A: Sí

    W: Hoy la preguntaba mientras se la metía si la sentía dentro y sus respuestas me excitaban, porque lo normal es que no diga nada mientras follamos. Te imaginaba a ti.

    A: ¿Y te ha gustado?

    W: He tenido una corrida sublime. Tenemos que hacer el amor tu y yo.

    A: ¿Nosotros? Y ¿cómo?

    W: Pensemos. Deseo que te corras conmigo.

    A: Pero si estamos a kilómetros de distancia, los dos con pareja y en activo. Eso es una fantasía.

    W: Quiero sentir tu gusto, escuchar tus jadeos. Sigo palote.

    A: Ya, necesitarías hacerlo de nuevo. Correrte.

    W: Contigo. Ahora estamos excitándonos mutuamente.

    A: Si eso no afloja, es lo normal. Te la haría sacar y meter varias veces y no te dejaría correrte pronto, a él le distraigo alguna vez para que no se venga y disfrutar más tiempo.

    W: Eso es lo que más me gusta, correrme sin que yo quiera hacerlo aún. Es un desparrame total.

    A: Te has puesto a mil y eso que no me has probado.

    W: Me haría una paja ahora mismo pensando en ti y seguro que me volvería a correr.

    A: Sabes, cuando hablo contigo pienso en conversaciones que ya hemos tenido.

    W: ¿qué conversaciones? ¿alguna en concreto?

    A: Las que hemos tenido como esta de ahora y… Me humedezco.

    W: Bueeeno

    A: Tus relatos, leerte … Y todo eso.

    W: Me encanta que sea así, me da mucha satisfacción.

    A: Bueno y eso del hombre tampoco me lo quito de la cabeza.

    W: ¿qué del hombre?

    A: Que te gustaría hacer un trío con tu mujer y otro hombre pero no sólo para darle gusto a tu mujer, también para ti.

    W: Sí, es una fantasía que me gustaría ver cumplida. Ser follado por detrás con mi mujer, me gustaría ver qué se siente, he usado algún dilatador y hasta un vibrador en mi trasero pero no será lo mismo sentir un polla entrando y saliendo.

    A: A mi por detrás nunca lo he hecho, no nos ha dado por ahí.

    W: bueno pues si alguna vez quieres probar me lo dices, también si quieres hacer un trío con tu marido.

    A: Nooo, ni una cosa ni otra, somos muy tradicionales en el sexo, aunque a él le gustaría más frecuencia seguro que nunca hacerlo con otro hombre y a mi con un mango ya tengo suficiente.

    W: Aun así, por si cambias de opinión mi ofrecimiento y disposición está.

    A: Y a ti ¿te gusta masturbarte?

    W: Me agrada bastante, prefiero que me lo hagan, pero solo lo disfruto también. Ya me dijiste que tú también, alguna vez lo haces sola.

    A: Sí.

    W: A mi me relaja

    A: A mi me deja mmmmm

    W: ¿Lo has hecho alguna vez con los chorros de la ducha?

    A: Nooo, no tenía ni idea que se puede correr una con la ducha.

    W: Ella me contó esa experiencia y una vez fui testigo de ello.

    A: Qué me estás contando, ¿te quedaste mirando hasta que se corrió?

    W: Fui a orinar sentado, como es mi costumbre y mientras lo hacía ella estaba en la cabina sentada en el banco que tiene con los ojos cerrados y dando los chorros de la ducha en posición yet entre sus piernas. Reabría la boca mordiéndose el labio inferior y arqueó su espalda, signo inequívoco que le estaba viendo un orgasmo, apartó el chorro un instante y volvió a apuntar dando un pequeño respingo, hizo la misma maniobra varias veces hasta que abrió los ojos y vio mi cara sonriente mientras me hacía una paja.

    A: Al menos no se asustó y se os cortaría la calentura.

    W: Para nada, me indicó con una mano que me metiera en la cabina, me quedé de pie mientras ella seguí sentada, me dio un par de chorros en el capullo y se la metió en la boca, no aguanté ni un minuto, en cuanto ella notó que me venía se la sacó de la boca justo en el momento que mi leche salía disparada por la punta de mi poya, no le gusta que me venga en su boca y fue de esas veces que me corrí sin que yo quisiera hacerlo aún, mis piernas se aflojaron tras la corrida.

    A: Pues eso tengo que probarlo. Es excitante algo que se sale de lo habitual. No sé si mi ducha tendrá la suficiente presión para llegar al orgasmo.

    W: Lo pruebas y luego me lo cuentas. A mi también me sirve de escape masturbarme si me siento presionado o frustrado. También me da gustito un chorro fuerte sobre el capullo.

    A: Interesante.

    W: Pero necesito excitación, de joven si se me ponía dura, hasta el final. Ahora necesito incentivos, como hablar de ello, por ejemplo, ya se me activa, y saber que te mojas me calienta. ¿ Para correrte usas juguetes ?

    A: No lo necesito.

    W: Llegas al orgasmo tú sola, ¿con tus dedos?

    A: Sí, claro

    W: Eso quiero verlooo, me la has puesto dura. No dejaría que te corrieras sola, porque lo haría yo, pero sí es muy excitante saberlo.

    A: ¿Qué me harías?

    W: Te acariciaría los muslos, muy lentamente acercando mis dedos para ir mojando la punta de mis dedos con tus efluvios y notar cómo resbalan sobre tu rajita de arriba abajo y de abajo arriba, oír el chapoteo, alguna vez meter un dedo y volver a sacarlo, pero frotar tu clítoris cada vez con más ritmo, deseando escuchar tus gemidos y ver como te encorvas

    A: Me gusta todo eso.

    W: Seguir un ritmo estable hasta que grites de placer.

    A: Ufff

    W: ¿Conseguiría que te corrieras?

    A: Maravilloso

    W: Hasta que no te vinieran dos no lo dejaría, hasta que me dijeras basta.

    A: A tí qué te gusta para ti.

    W: Me gusta que agarres bien la poya con la mano, y la otra acariciar los huevos, que deslices la mano arriba y abajo, que recorra todo el falo sin prisas, mientras haces eso quiero tocarte las tetas y el culo, lo que me quede a mano a mi; me gustaría que me la chuparas, pasar la lengua por la punta y luego meterla en la boca y succiones.

    A: Una buena mamada.

    W: Sí, y si me dejas descargar mi leche en tu boca sería lo masss.

    A: Qué bueno. A mi no me desagrada que descargue en mi boca, me sabe a limpio.

    W: ¿Te has mojado?

    A: Síiii. Necesitaría una hora a solas contigo por ejemplo.

    W: Mejor sin tiempo, pero una hora lo disfrutaríamos seguro

    A: Seguro

    W: ¿Con penetración o solo nos masturbamos?

    A: Podemos ir paso a paso. Es todo en el momento.

    W: Claro, dejarnos llevar por los sentidos

    A: Nunca pensé que llegaría hasta aquí

    W: ¿tienes remordimientos?

    A: No exactamente.

    W: ¿Te sientes mal por la situación?

    A: Tampoco, más bien lo contrario.

    W: Bueno, al menos que sea placentero.

    A: Como yo hace un momento.

    W: ¿Que te has corrido? ¡¿de verdad?!

    A: ¡Que siiii!

    W: ¡De verdad, qué maravilla!

    A: Siiii

    W: Cuando te contaba lo que te haría y lo que me gustaría que me hicieras.

    A: En esas estaba mientras te leía.

    W: Eres fantástica , deliciosa…

    A: Bueno supongo que le pasará a todas si te dicen cosas excitantes

    W: Diosss

    A: Queee

    W: Espera que recupero el aliento.

    A: ¿También tuuu?

    W: Es la primera vez que me dice una mujer que se ha corrido así conmigo, la primera.

    A: Tú has sido el primero con el que he hecho esto.

    W: Aunque ya me haya quedado a gusto me gustaría que me dieras algún detalle del momento.

    A: Bueno. No me has visto pero muevo las piernas, emito gemidos y al final me cierro y me encorvo de excitación.

    W: Suficiente, porque me vas a poner a mil de nuevo.

    Esa fue una larga conversación con final feliz para los dos un día, hubo otra conversación más breve:

    W: Las armas de mujer son más potentes que la bomba atómica.

    A: Eres un encanto. Pero no todo es sexo, hay algo más atrayente que eso y tal vez me muera sin averiguarlo. Sí las armas de mujer pueden ser incluso de destrucción masiva, pero no me veo yo ahí.

    W: Yo me rindo a tu armamento, me tienes vencido. Por supuesto que no todo es sexo, es más, el sexo llega o debería llegar después de conocerse.

    A: A estas alturas ya ni se sabe. Debe haber atracción que lleva a pasión. La vida me dice que viva intensamente.

    W: Si es por atracción,  toda tú eres un arma y muy peligrosa.

    A: Me lo tomaré como un piropo muy original. Cómo te gusta ponerme los dientes largos. Adulador.

    W: La mente seduce, el corazón siente y la pasión desborda todo lo anterior.

    A: Y estar en el lugar adecuado en el momento justo.

    W: Hace años que no lo hacemos en la ducha. Quizás desde aquella vez que te conté.

    A: Nosotros en la ducha nunca, no tenemos espacio. En una silla, sobre la mesa, en la encimera.

    W: También nosotros, en el monte al aire libre, en el coche.

    A: También en el coche. La silla es cómodo, penetrando por detrás, pero nunca anal.

    W: Es verdad, la postura de la cuchara da mucho juego. Me estoy calentando.

    A: Sí, él por detrás, mientras con la mano me masturba. Todo muy placentero.

    W: ¿Tus pezones con el frío se ponen duros?

    A: Sí. Y también si me los tocan. Ya estás palote seguro

    W: Normal

    A: Pues no hablemos para no sentir latidos

    W: Me gusta palpitar contigo

    A: ¿Estás solo?

    W: Sí, en la habitación

    A: Yo tendría que ir al baño si seguimos así

    W: Lo que me dices me pone másss.

    A: Lástima que no podamos poner cámara.

    W: Voy a ver fotos tuyas y me voy a desahogar

    A: Que bien, sí

    W: Me has puesto a tope

    A: Y que rico, te estoy imaginando

    W: Me la estoy meneando mirándote

    A: No escribas y disfruta

    W: Diosss mmm

    A: Siii

    W: Qué gusto me das

    A: Me alegro, tú también a mi. Me gusta sentir que disfrutas.

    W: Nunca me he podido expresar sobre el sexo con nadie como contigo

    A: No es malo, al contrario. Me deseas así, de esas manera. Por aquí he aprendido que el sexo es muy bueno y también importante.

    W: Que no falten besos, amor, cariño, abrazos, caricias y sexo, pero ante todo expresar los sentimientos y necesidades

    A: Guapooo

    W: Masturbarme contigo es lo másss

    A: Aunque te parezca mentira me has ayudado mucho en darme cuenta que no estoy tan sola. Hemos saltado algunas líneas rojas, saltar más líneas rojas sería directamente follar.

    Lo siguiente que pasó ya lo habéis leído o podéis leerlo en: “Polvazo con una amiga al contarle lo del socorrista con mi mujer“

    Y sí, también intentaría una vida contigo si pudiera…

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