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  • Cogí con el novio de mi sobrina

    Cogí con el novio de mi sobrina

    Esto que pasó no tiene mucho, fue recién que el semáforo pasó a verde y pudimos reunirnos una vez más con la familia, claro siempre tomando las medidas necesarias para evitar contagios.

    Mi sobrina Jesica cumplía 21 años y sus padres, o sea mi hermana y mi cuñado le hicieron un evento en su casa, pero solo fuimos invitados, mi madre, mi padre, mi esposo, mi hija, el novio de ella y yo.

    Antes que nada hablare de Jesica, ella es mi sobrina mayor, es mi consentida, prácticamente es mi copia, ni mi hija es así, al verla a ella me recuerdo en mis mejores años de juventud, cuerpo excelente, fiestera y muy amorosa así como yo, su novio Miguel Ángel tiene suerte de tenerla como novia.

    Ahora hablaré de Miguel Ángel, él es un chamaco agradable, atento, muy cordial y muy recto al hablar, aunque le gusta la fiesta él es muy recatado, siempre cuidando a mi sobrina de todo, un caballero en toda la palabra, además de que a su 23 años está hecho un mango, alto, un cuerpazo ya que se ejercita mucho, tiene unos brazotes y unas piernotas que me hacen imaginar como esta de ahí, pero bueno, la familia se respeta y solo basta con darse el taco.

    A mis 43 años luego de 2 divorcios y varias relaciones fracasadas, senté cabeza con un hombre muy cariñoso y que me consiente mucho aunque yo no puedo dejar de ser caliente y ninfómana, de hecho contó un relato de cómo me metí con su amigo, soy toda una perra!

    Aún tengo un cuerpo excelente y sé que Miguel Ángel me mira, lo he notado mirándome las piernas, los pechos y las nalgas, aunque es discreto, no pasó desapercibida para él y eso me encantaba, por eso en las reuniones siempre me visto sexy, para llamar la atención.

    Volviendo a la reunión, ese día me puse un minivestido negro, zapatos de tacón abiertos y un saco rojo, al llegar no pase desapercibida para él ya que me miro de arriba abajo cuando me saludaba.

    No sé qué pasaba por mi cabeza ese día, solo sé que no dejaba de verlo, él estaba con mi sobrina pero yo quería estar ahí, él traía una camisa de manga larga entallada que marcaba sus pectorales, ¡por dios! Como me calentaba la imaginación.

    Comenzamos a cenar, yo me senté a lado de él, mi padre tomó la palabra y daba un discurso sobre la tradición de familia, al tiempo que yo disimuladamente acariciaba con mis pies a Miguel Ángel.

    M.A.: ¿Qué sucede?

    C: ¡¡Hay perdón!! ¡No me fije!

    M.A.: Tranquila, no pasa nada!

    Note nerviosismo en su manera de hablarme, me saque el saco de encima mostrando mi escote y pude ver como abrió los ojos dirigiendo su mirada a mis pechos!

    C: Todo bien?

    M.A.: Si! Solo que te ves muy bien!

    J: Mi tía siempre se ve muy bien!

    C: Gracias hija, pero quien es muy despampanante eres tú, ¡un aplauso para la cumpleañera!

    Y eso como coartada ya que mi marido me miró un poco desorbitado, pero después todo regresó a la normalidad.

    Comenzamos a beber y bailar, yo bailaba con mi esposo en frente de ellos, me movía más sensual, notaba como Miguel Ángel me miraba las piernas y las nalgas, eso me incitaba a moverme más.

    Yo saqué a bailar a Jesica y ambas dominamos la pista, la mirada disimulada de Miguel Ángel me decía todo, mas cuando mire hacia su entrepierna y note un bulto, eso me excito mucho!!

    Ya más noche y más alcoholizada bailaba sola, con mi vaso en la mano, mi marido estaba con mi cuñado y mis sobrinas y mi hija en su mundo, fue entonces que vi solito a Miguel Ángel y me acerque a él!

    C: ¿Cómo va todo?

    M.A.: ¡Muy bien!

    C: Estás muy callado, ¿te dijo algo mi sobrina?

    M.A.: No, no, no, solo que la miraba bailar jaja

    C: Ah!!! ¡Muchacho fisgón!

    M.A.: No me malinterpretes por favor, es que eres muy divertida! ¡Me recuerda mucho a Jessica!

    Lo mire y puse mi mano en su rodilla, él sonrió, su sonrisa me envolvió, me daban ganas de besarlo, pero prudentemente lo saque a bailar!

    Bailamos un merengue, él se movía muy bien, yo daba mis mejores movimientos, la familia aplaude, quien se podría imaginar que en ese momento se empezaba a desatar un deseo sexual enorme por parte de ambos!

    Bailamos una salsa, él me tomó de la cintura con pena, yo me movía a propósito para que sus manos tocaran mis nalgas, noté una ligera erección en su pantalón, ¡dios mío! ¡Que ganas de comerme a ese hombre!

    M.A.: ¡Bailas espectacular!

    C: Y tú te mueves muy bien, ¡con razón tienes contenta a mi Jessica!

    Lo mire sonriendo dando a entender el sentido en el que hablaba, el me miro y serio se fue hacia las habitaciones.

    Fue justo a eso de las 3 am que ya todos casi dormían, yo estaba tan caliente como nunca, recordando el paquete que se le veía a Miguel Ángel, así que me aventuré a ir a la habitación donde él estaba.

    Toque su puerta, el tardo en abrir, al abrir ambos nos miramos fijamente, él me miró de pies a cabeza y sin decir más se lanzó a darme un beso, uno que yo recibí gustosa, nos besábamos delicioso, tenía tiempo que no me besaba tan apasionadamente!

    M.A.: Discúlpame, es que me llamas tanto la atención!

    No le respondí, solo me lance a besarlo nuevamente empujándolo hacia el cuarto, el poco a poco se dejó llevar, sus manos fuertes apretaban mis muslos y mis nalgas, me gustaba como me apretaba, mi lengua no se cansaba de entrar a su boca, la adrenalina era única, todos abajo y yo con él en el mero faje!

    C: ¡Estás bien rico papacito!!

    M.A.: ¡Y tu muy buena!!

    Lo avente sobre la cama, le quite su camisa y comencé a recorrer con mi lengua su duro abdomen, sus pectorales y su cuello, pasé mi mano sobre su paquete, ¡uf! ¡Que rico momento!

    Comencé a bajarle el pantalón hasta las rodillas y luego lamiendo le baje su bóxer para casi desmayarse al ver tremendo pene!!

    C: ¡Guau! ¡Es enorme y duro!

    M.A.: Así me pones tú.

    C: ¡Corazón!! Eres lo que buscaba!!

    Comencé a lamerle sus 27 cm de dura verga, era descomunal y dura, apenas si me cabía en la boca, pero como anaconda succionaba cada cm de carne.

    M.A.: Ah!!! Uhm!! Cindy!! Uhm!!!

    C: Gime papacito, me voy a comer toda tu vergota!!!

    La chupaba como loca, él me acariciaba la cabeza y a veces me apretaba hacia él para ahogarme con su rico animal!

    Comencé a subirme el vestido y me hice a un lado la tanga sentí sus dedos recorrer mi concha para luego sentir como me metía dos moviendo acariciando y estimulando mi clítoris.

    M.A.: Cindy, Chupámela ¡uhm, chupámela!

    C: Que rica verga amor!!! Uhm!!

    Una y otra vez engullía su duro palo, él se retorcía riquísimo, sentía que se venía pero no quería que se viniera así, así que sin dudarlo me acomode ¡y me metí de una su verga en mi coño!

    Lo cabalgaba como loca, su verga era gruesa, larga, me hacía sentir que vomitaba, ¡pero no podía parar de moverme como loca!

    M.A.: Cindy, uhm, que rico, agh, ah!!

    C: ¡Dios! Mas, uhm, que duro! más, ah!!

    Me bajo el vestido sacando mis tetas, las lamía y mordía muy toscamente, yo no dejaba de moverme, me encantaba estar encima de él.

    Se levantó y cargando me recostó, levanto mis piernas y me embestía como toro en brama!!

    C: Ah, más, así que rico, métemela, ¡ay!

    M.A.: Toma, uhm, toma, soñaba con cogerte, uhm, agh!!

    C: ¿En serio? ¿Me deseabas?

    M.A.: Desde que te conozco, estas buenísima, tus piernas, tus tetas, esas nalgas, me tienes loco, toma, uhm, toma!!

    Miguel Ángel era todo un semental, me tenía viendo estrellas, jadeando y pidiendo más y más, que no parara, no me importaba que estábamos en casa de mi hermana, que fuera el novio de mi sobrina o que tuviera solo 23 años, solo quería tenerlo dentro!

    M.A.: ¡Ponte en cuatro!

    Me acomode y siento como me metió todo de golpe, ¡se me fue el aire! pero no deje de moverme, me movía como loca, el me daba de nalgadas, apretaba mis muslos, que rico me cogía ese muchacho!!

    M.A.: Cindy!! Que ricas nalgas, uhm, agh!!

    C: Mas papito, más!!

    M.A.: Muévete más, muévete solita, uhm!!

    C: ¿Así nene? ¿Así te gusta? Agh!!

    Ambos jadeamos como bestias, la cama ya estaba toda distendida, yo sudaba frío de tanto placer, fue entonces que ya no pude soportar más y me vine, me corrí como adolescente mojando toda la cama!

    M.A.: Me vengo, ahh, ¡¡me vengo!!

    Miguel se vino dentro de mí, sentía como si un cañón de agua me llenara por dentro, su semen caliente me derretía mis intestinos!!

    El orgasmo fue fenomenal, quedamos pegados como perros, sudados y llenos de fluidos, como debe ser una rica cogida.

    Está demás decir que nadie nos descubrió, me las ingenié para regresar y ellos seguían como si nada, esa fue la única vez que cogí con el novio de mi sobrina!

  • Dos familias

    Dos familias

    Me zambullo entre las apetitosas tetas de María, después de desabotonar la camisa de su pijama. La tibieza que siento en mi boca y en mi cara me enloquece. Tetas tiernas, carnosas que beso y chupo. Paso la lengua por sus pezones duros y rugosos, me detengo en sus morenas areolas y aprieto mis labios contra estas. María gime, suspira. Alzo la vista: ella tiene los ojos cerrados, y una leve sonrisa dibujada en el rostro: a María le está gustando. Sigo. Besando, chupando, lamiendo; no me harto del manjar. Mi saliva lubrica sus tetas, haciendo más resbaladiza la piel que repaso una y otra vez con la boca. «Ah, Jero, estoy tan mojada», murmura María. Estábamos los dos en la cama, acostados de espaldas y en paralelo, separados por pocos centímetros nuestros cuerpos, como tantas y tantas tardes. María siempre llevaba un pijama puesto, aunque fuese verano; yo iba completamente desnudo, aunque fuese invierno. La cosa solía comenzar cuando María estiraba un brazo y me acariciaba la polla en reposo: sus tocamientos me la enderezaban. Yo entonces miraba de reojo su estupenda figura: la cara armoniosa, las anchas tetas, la barriga plana, el bulto de su culo aplastado contra el colchón, los muslos anchos, los pies finos. Y me lanzaba sobre ella.

    Prefería excitarla suficientemente antes de follarla, así mi polla entraba en su coño como pez resbaladizo. María y yo. Nuestras familias eran muy amigas. Quizá esperaban que nos casáramos algún día, pero nosotros, por el momento, follábamos. Y este es el momento. Le bajo los pantalones del pijama a María, se los saco por los pies y me monto. «Ah, Jero, métemela despacio, tú ya sabes, ah, sí, así, ah», me dice en voz baja María. Está muy caliente su coño, eso me gusta, pero no quiero correrme pronto. Empujo despacio y María exhala un aire lastimero. Pongo mi cabeza entre uno de sus hombros y su cuello. María me susurra cosas al oído, su voz es dulce: pronuncia mi nombre: «Jero, Jero-oh, Jer-oh». Uff, me está gustando tanto hoy. Me impulso apoyando las palmas de mis manos sobre las sábanas, elevo mi tórax, lo separo de su cuerpo formando un ángulo agudo en el que María es la base, para contemplar el tembleque de sus tetas durante mis embestidas, que ahora son más rápidas y poderosas: vibran de un lado a otro, arriba y abajo: esto puede precipitar que me corra, esto es…, me… «Córrete, Jero, córrete, por-fa-vor», pide María. Y me dejo ir. «Oh, oh, oh, María, oohh». Descargo mi semen y saco la polla delicadamente. «Mmmm, Jero…, Jero, me has puesto perdida», dice sonriendo María mientras se lleva una mano al coño. Luego la saca y me la muestra empapada, de semen, sí, también de flujo. Me la pone delante de mi boca y yo se la beso, luego se la pone frente sus labios y la lame. «Somos tú y yo, Jero», me dice; «María, María», suplico; «No, Jero».

    Nos separamos y nos dormimos. A medianoche, despertamos. Nos despedimos dándonos un largo y apretado beso en los morros. Yo vuelvo con mi familia. Ella se queda ahí, con la suya. Mañana volveré. Nos veremos de nuevo. Follaremos. No viviremos juntos jamás. Yo le suplico cosas que ella nunca haría, como enamorarse de mí.

  • La esposa del pastor (Parte 2)

    La esposa del pastor (Parte 2)

    Desde aquel encuentro no he podido dormir. No puedo olvidar las caderas de Esther y sus piernas suaves. Aún conservo sus bragas bañadas de semen y jugos que todas las noches me he tocado con ellas.

    La próxima vez que nos vimos fue en otro día igual al que había pasado nuestra aventura, horas antes que las personas empezaran a llegar para el inicio del servicio.

    Estaba afuera esperando a que llegara. El tiempo me pareció eterno. No podía dejar de moverme en el estacionamiento.

    Cuando la vi llegar en su carro mi estómago de revolvió y mi corazón latió como si hubiera corrido 3 calles. Ella tenía la cara seria y me miro a los ojos. Bajo y se dirigió a mí.

    Estaba vestida como siempre, su falda abajo de las rodillas y una blusa de botones. Su cabello recogido y oliendo a coco.

    -Buenas tardes… como estas?

    Dijo

    -Muy bien… y usted?

    Le dije nerviosamente.

    -Muy bien…

    Justo cuando ella iba decir otra cosa la interrumpí.

    -No dejo de pensar en ti, en lo que paso.

    Dije muy apenas articulando mis palabras. Quería lanzarme contra ella y besarla.

    -De eso quería hablar. Lo que hicimos estuvo mal. Es pecado traicionar a mi esposo de esa manera y aun peor haciendo esto en la iglesia. No podemos seguir hablando.

    Ella continuó.

    En ese momento mi garganta se secó. Quería fruncir mis ojos y decirle de que habla. Pero lo único que hice fue aceptar con mi cabeza y agachar la mirada. Mire sus tacones negros y lo poco que se veían sus piernas pálidas asomándose de su falda.

    Ella dio vuelta y se dirigió hacia dentro de la iglesia.

    Quise detenerla del brazo pero no lo hice, pero seguí su paso y me dirigí detrás de ella.

    Vi como llego a las bancas y se sentó. Yo seguí caminando y me senté en las bancas.

    -Al menos te gusto, lo que paso?

    Dije silenciosamente.

    -Entiende que mi esposo ya no me… da la atención que me daba antes.

    Dijo detenidamente.

    -Acepto que fue un deseo muy fuerte de mi cuerpo tener a alguien que me quisiera de esa forma, pero no he podido dormir de la culpa, y no dejo de pensar en ti.

    Cuando dijo eso, mi pene se endureció, saber que anhelaba de mi y pensaba en lo que paso.

    -Te entiendo, quiero que sepas que lo que hice no fue de un solo momento, claro me gustas, pero mi deseo por ti es mas grande. Quiero sujetarte en mis brazos.

    Le dije.

    En ese momento ella levantó la cabeza y miro hacia mí. Sus ojos cansados de color café se enlazaron contra los míos. Observe sus labios que brillaban y me acerque a besarla. Ella hizo lo mismo.

    Nuestro beso duro unos segundos, sin lengua. Pero sus besos eran tiernos y apasionados, hace cuanto no los toca su esposo? Me pregunte a mi mismo.

    Ella me tomo las manos y me retiró.

    -Lamento que yo te hiciera esto.

    Ella dijo.

    -No hay nada que perdonar.

    Y seguí besándola.

    Cuando nos separamos, mi pene estaba tan duro que se veía con facilidad a través de mis pantalones. Y me pare.

    -Creo que seguiré con mis tareas.

    Le dije

    Ella se mordió los labios y me dijo que si con su cabeza.

    Los siguientes días nuestra relación se desarrolló, seguíamos trabajando con nuestras labores, pero continuamente cuando pasábamos lado a lado uno extendía su brazo para tocar al otro. Yo siempre tocaba sus caderas y ella siempre tocaba mi espalda. Cuando las cosas terminaban nos besábamos y ella se iba al baño a arreglarse el labial antes que llegaran las primeras personas.

    Los días me parecían eternos a su lado, quería cogérmela con fuerza, tirarla contra la pared y arrancarle la falda para besar su hermoso culo.

    Un día nos sentamos hablar y le pregunte como fue su vida sexual con su esposo… cuando aún lo hacían.

    Ella me comento que su relación siempre fue muy tradicional, siempre de la misma posición.

    Me volvía loco hablar de esto, saber que él tiene a su esposa con este cuerpo tan hermoso me hacía perder la razón.

    -Quiero cogerte.

    Le dije

    Ella se puso roja, se remojo los labios y los mordió.

    -También quiero hacerlo contigo… pero aun no me siento bien hacerlo.

    Mencionó.

    No quería apresurarla, pero me moría de ganas, mis bolas estaban tan hinchadas de tantos días con solo besarnos. Llegar a mi casa y masturbarme no me dejaba satisfecho, el recuerdo cuando se le arrime la verga dura sobre su braga me mantenía despierto por las noches.

    -Sí, no te preocupes…

    Le dije sin decir todo lo que me pasaba en la menté.

    Los días pasaron y mi cabeza me daba vueltas cada que la veía. Cuando ella se sienta junta sus rodillas y sus pies los dobla a un lado, como si fuera una princesa o reina en alguna junta. Sus piernas pálidas con pecas siempre se veían lubricadas, ella siempre tenía un olor a coco así que imagino que se humecta con algún tipo de crema, porque sus brazos son suaves como seda.

    Siempre me pregunto que estará usando bajo su blusa, ella tenía un pecho mediano, pero se beis bastante generoso. Aquella vez cuando lo “hicimos” no tuve la oportunidad de apreciarlas, pero me moría de curiosidad verlos e imaginármelas.

    Sus pantorrillas eran perfectas, no podía ver más sobre su falda, cada que se sentaba ella siempre es cuidadosa que no se vea piel sobre la rodilla, pero cuando nos sentamos cerca puedo ver que de ven suaves. Me controlo siempre en no estirar mi mano y manosearla, tengo miedo que me vea tan desesperado.

    Un día que no me toco ir a la iglesia, pase por una farmacia y entre a comprar condones, no había recordado en mi calentamiento que ella aun es fértil. Decidí comprar unos condones ultra delgados, necesitaba sentirla lo mas que pueda.

    Cuando los pague, pensé en su esposó. Que pasara en su cabeza en dejar a su esposa sola? Por qué no la satisface? Será tan egoísta para sólo concentrado en él? Tal vez tenga alguna alumna de su preparatoria que sea su compañero de juegos. Decidí no pensar en él.

    Cada que iba a la iglesia llevaba los condones en mi bolsillo trasero, pero siempre cuando nos besábamos ella trataba de alejarse o hacer otra cosa.

    Un día nos tocó de tarea limpiar el salón de clases de jóvenes. Supe que era mi oportunidad.

    Cuando entramos, como rutina empezamos las tareas, yo limpiando las mesas y ella acomodando las cosas del escritorio principal, al parecer lo estaba haciendo despacio, quería que me acercara? Lo hice.

    Ella estaba de espaldas, la tome de la cintura y empecé a besar su cuello, su olor a miel y coco impregnaron mi nariz, me puse duro inmediatamente y le clave la verga sobre su falda y mi pantalón. Ella tomo mis manos y disfruto de mis besos.

    Subí mis manos hacia sus pechos y al fin los toque. Eran firmes, al menos sobre su blusa y bra.

    Ella empezó a respirar más rápido y gemir lentamente. Este era el momento en que me la iba a coger.

    Ella se volteó y miro mi cara, me beso y me rodeo con sus brazos. Yo seguí tocando sus pechos.

    Lentamente baje al zipper de su falda, y lo baje. Ella no hizo ninguna objeción, se estaba dejando llevar.

    Le baje la falda y pude mirar sus bragas, esta vez eran blancas y con un corte de mini shorts, de esos que parecen minishorts de edecán.

    Masajee sus nalgas, suaves y moldeables. Lentamente las separe y las deje ir, pude sentir a toques como rebotaban en el aire. Que rico, se me puso tan dura que me la tuve que sacar.

    Cuando la saque ella la tomo y me la empezó a jalar. Quería ponerla en cuclillas y hacer que me la mamara, pero posiblemente no sabía, de todos modos no quería desperdiciar el momento y quería cogérmela.

    Mi verga empezó a salivar, cuando mire hacia abajo vi que una delgada línea estaba escurriendo hacia el piso, como si fuera una gota de saliva cayendo lentamente. Ella también observó y toco el líquido que colgaba de mi miembro. Lo tomo y me lo embarró en mi verga. Me la dejo bien lubricada, pensé que se la iba a meter así, que la dejo preparada, pero entonces ella hablo.

    -Tienes condones ahora si?

    -Claro

    Le conteste y saque los condones de mi bolsillo traseros y saque uno.

    Ella se sentó en el escritorio principal y subió las piernas, donde se la había arrimado y masturbado en aquella ocasión, se quitó sus bragas blancas y pude verle su conchita, no estaba depilada, pero tenía su vello púbico rasurado muy corto en forma de triángulo sobre su vagina.

    Sus labios estaban empapados de su jugo, estaba cerrada pero podía ver su clítoris de color rosa asomándose. Cuando lo vi sentí un impulso de agacharme y lamberle toda la vagina, quería saborearla y hacerla venir en mi boca, pero quería metérsela ya.

    Acaricie sus piernas lentamente y sentí lo suaves que de sentían, quería darles un mordisco por ser suaves como pan recién horneado.

    Me puse el condón y sentí lo apretado que estaba, aún que había lubricado por la mano de Esther. Mi cabeza de la verga estaba palpitando y se notaba su contorno a través del condón.

    Me acerque a su conchita con mi verga en la mano y por fin la sentí a través del hule, justo tocando su clítoris que estaba ya empapado. Ella soltó un gemido leve, y empecé a mover la verga arriba y abajo masajeándola y ella soltó más gemidos bajos.

    -Que rico se siente…

    Me dijo mientras gemía.

    Lentamente baje de su clítoris hacia su vagina, se sentía tan húmeda que mi verga se deslizaba con facilidad.

    Llegue a la entrada, y empecé acercarme, sentía como sus labios se separaron y mi cabeza del pene estaban siendo abrazadas de lados, ella tomo aire y se preparó.

    Lo introduje lentamente y ella gimió en alto y se acostó sobre el escritorio.

    -Se siente bien rico, quieres que te la meta toda?

    Le dije

    -qué?… pensé que ya la tenías adentro.

    En ese momento empuje más hacia ella, ella sujeto los laterales del escritorio y grito, una mezcla de gozo y dolor.

    -Aah… por favor. Sigue.

    Di mi último empujón y entro toda. Mi verga no era de tamaño grande, pero tenía 19 cm fáciles, y era muy gorda. Se siente apretada adentro de ella.

    Ella se cerró la boca con una mano y la otra seguía sujetando el escritorio.

    La saqué hasta casi sacar la cabeza y su vagina parece que estuviera chupando mi verga con fuerza de lo apretada que esta, y la volví a meter hasta el fondo, Esther gemía en alto.

    -ay… Hazlo rápido, por favor…

    Me dijo sin aliento

    La tome de las caderas fuertemente.

    En ese momento, como si fuera un motor de auto aumente mi velocidad lentamente. Ella soltaba gemidos y su respiración parecía si estuviera corriendo.

    Mi verga entraba y salía de ella rápidamente, después de un poco se empezó a escuchar como un aplauso, de mi cuerpo chocando contra el de ella. Ella gemía Ah y Ah repetidamente.

    Baje la velocidad, sentía que me iba venir, no quería que acabara tan rápido. Para hacer tienda empecé a desabotonar su blusa, y deslumbre su hermoso pecho.

    Su pecho era grande, como había imaginado, tenía pecas en su pecho como su cara, y se extendía y desvanecían lentamente acercándose a sus pechos. Lentamente hice hacia abajo su brasier y pude observarlos completos.

    Sus pezones eran color más moreno que su piel blanca, y estaban duros, eran medianos y su areola también. Me acerque a probarlos.

    Cuando los empiezo a besar, ella sujeta mi nuca.

    El sabor de sus pezones sabe a miel y sal. Me pone más duro y mi otra mano toma su otro pecho desnudo.

    Mientras me como a mordidas su pechos, siento que ella estira su mano hacia mi pene, que estaba la mitad fuera de ella, y empieza a masturbarme lentamente.

    En unos momentos después siento como si me estirara la verga. Trato de empujar hacia ella pero mi verga ya está fuera de ella. Ella lo toma desde donde empieza el tronco y empieza a jalar hacia delante. En ese momento me doy cuenta que está haciendo. Me está quitando el condón.

    Trato de no moverme, y siento lentamente como su mano llega a la cabeza del pene y se escucha el estirón de goma que golpea cuando estira. Me lo quito.

    Me levanto de sus pechos que los deje babeados y veo que efectivamente me quito el condón. Y ella esta con los ojos cerrados esperando mi siguiente movimiento.

    Agarro mi verga que ahora está más dura que antes, como si fuera un pedazo de hierro y lo meto en su concha. Esta vez rápido y no gentil, si no, de golpe.

    Ella gime, y gime. Yo empiezo a gemir también, se la estoy metiendo y sacando tan rápido que siento que en cualquier momento me voy a venir.

    Sujeto sus piernas para separarlas completamente. Puedo ver como sus pechos rebotan arriba y abajo como si fueran bolsas de arena. El sonido de como se la meto suena como si estuviera aplaudiendo con manos mojadas, ella casi está gritando de lo rico que se siente.

    Ya no puedo más, pero quiero seguir cogiendo su rica conchita tan caliente y apretada.

    Ya es hora, me estoy viniendo, por un momento pienso en sacarla para que no corra riesgo de embarazo, pero también deseo en hacerlo. Quiero llenarle el vientre de semen caliente.

    Ella ya está sudando en su frente y sus pechos brillan y reflejan la luz.

    -Por favor acaba, quiero que me llenes ahh… así.

    Me dice con una voz sensual.

    En ese momento mi verga explota dentro de ella, siento que se pone dura como nunca antes y sujeto sus muslos suaves con fuerza. Ella sabe que acabe y cierra las piernas con mi verga aun dentro de ella.

    Mientras aun la tengo dura y dentro de ella, empiezo a masturbarla con mis dedos lentamente, ella arquea su espalda mientras esta acostada boca arriba en el escritorio… después saco mi verga que aún seguía dura y empiezo a masajear la cabeza con su clítoris, esto la vuelve loca y sujeta mi brazo izquierdo con fuerza.

    Después de unos segundos haciendo movimientos circulares ella empieza a templar y cierra las piernas con fuerza, el semen dentro de ella le escurre por la pierna izquierda como si fuera unas gotas de leche.

    Estamos unos minutos juntos recuperando el aire, nos besamos.

    -que rico se sintió… por que me dejaste que te la metiera pelona sin condón?

    -desde hace semanas empecé a tomar pastillas… por si acaso… y ahorita ya no me aguanté.

    -Entonces te podré llenar más sin preocuparme?

    Le dije sonriendo

    Ella sonrió de vuelta y me giro los ojos en un tono juguetón.

    Le ayude a limpiarse y ella me ayudo a mi. Nos cambiamos y ella fue al baño a refrescarse.

    Yo me quede sentado en el escritorio pensando de nuevo en lo que había pasado. Por fin cogí a la esposa del pastor, Esther.

    Y no era la última vez que quería hacerlo, quería hacerla mis todos los días.

    La relajación de mi cuerpo se va lentamente… la veo regresar y ella se acerca a mí.

    -Espero que podamos seguir juntos.

    Me dice

    -Tal vez podemos vernos fuera de la iglesia la siguiente ves?

    Le dije

    Ella se quedó callada pensando, no me dio respuesta y me empezó a besar lentamente.

    Cuando nos alejamos, nos dimos cuenta que una camioneta estaba llegando. Su esposo. El pastor.

    Sentí pánico y me trate de parar bien. Esther se salió de la habitación a recibirlo sin despedirse de mí.

    Desde adentro de la habitación de clases observo a Esther recibiendo y dándole un beso a su esposo. En ese momento sentí algo que no había sentido antes, celos.

    Quiero a Esther solo para mí.

  • Aniversario de Paqui y se da un merecido homenaje

    Aniversario de Paqui y se da un merecido homenaje

    Raúl y Paqui llevaban un año juntos. Él tenía 56 años y ella 43. Raúl un ingeniero estaba divorciado, era padre de 5 hijos, ella una hija de 26 años que toda su vida había vivido con su abuela y ahora corría mundo sin acordarse de su madre ya que su padre no sé sabía ni quién era, ya que quedó preñada de muy joven en una de las noches locas de su juventud. Pero eso no es no viene al caso y es solo para situar al lector.

    Raúl era consciente que tenía una pareja que marcaba terreno. Si bien es cierto que había sido un gran seductor y había fornicado la hostia. También era consciente, valga la redundancia de que ella necesitaba nueva savia. Una mujer alta, con curvas, tetona, culo rotundo subido bien moldeado y una cara angular de labios carnosos, ojos negros. De raza gitana, se la había presentado un compañero de la empresa, otro ingeniero trece meses atrás, trabajaba de cocinera en un bar de tapas. Habían salido a comprar juguetes para los niños del compañero que aún no habían cumplido los 8 años y tras una cerveza en la gran superficie le había dicho: yo tengo que irme ya que he terminado el proyecto, pero con tu prestancia – a pesar de tu edad – puedes gozar a la Paqui. Va con todo y sabe deslefar un rabo. Te lo digo sobre todo antes de que otros se te adelanten. Es carne de cañón. Yo la he gozado mucho. Y así fue como la conoció y ya el segundo día de conocerla la montó, inclusive ella no le pidió follar con forro, es más escupió el cargamento en el coño de ella. A la mañana siguiente Raúl le pidió el culo y ella se lo dio. A partir de ese día no se separaron y al mes vivían juntos.

    Como íbamos diciendo él era consciente que una mujerona como ella necesitaba mucho más. Ya habían decidido que ella en ese aniversario se diera un merecido homenaje. Por tanto esa misma noche salieron. Ella acicalada con un vestido negro ajustado con el volante de la fada encima de las rodillas. De lencería un tanga de hilo y sostén a juego. Salieron, fueron a una discoteca, él no había estado hacía muchos años, ella quería sentirse joven. Nada más entrar ella salió a bailar, el ambiente era animado. Raúl la observó y vio como se le transparentaba el vestido. Empezaba a ser el centro de las miradas. Los cazadores ya tomaban posiciones en torno a ella. Y era una mujer feliz, pensó Raúl; igual que una jovencita de 18 años. El camarero de la barra le había preguntado «¿qué quiere tomar el abuelo?» al llegar.

    Al rato sus gafas se le empañaron. Perdió de vista a Paqui entre la gente. Estaba agobiado, salió a fumar, pensó que tendría que abandonar el vicio un día de estos. Encendió su segundo pitillo y paseó por las inmediaciones de la discoteca, eran ya las 2 de la mañana. Se cruzó con un hombre en la oscuridad. Venía desde una parte ajardinada, con complicidad machota dijo:

    – En el recodo del jardín se están agenciando una chavala.

    – Yo no voy… – contestó Raúl confuso.

    – Allá usted, pero a nuestra edad es bueno para la vista – dijo en tono de burla.

    Se acercó al lugar en cuestión y, en efecto, un chico joven con los pantalones bajados hasta los muslos y una chica con falda subida, la cual recibía lo que parecía las últimas estocadas de una monta, con tres clavadas potentes y veloces puso fin a la jodienda. Raúl quedó extrañado de la actitud posterior del chico ya que tras follarla se levantó, se quitó el condón lechado lo tiró sobre el césped, se subió los pantalones y se fue; con esa frialdad, como quien ha terminado su jornada laboral. La chica quedó tumbada.

    Volvió a entrar en la discoteca, retumbaba la música, miró hacia la pista y vio a su Paqui. Sonaba música de reggaetón atronadora:

    «Cuando la invito a janguear nunca me dice que no

    Perreamos hasta que salga el sol

    Yo le digo: “¿Qué más? ¿Qué vas a hacer hoy?”

    Es que ninguna baby tiene tu flow»

    La Paqui movía en culo en círculo como un ventilador. Sabía manejar el movimiento rotatorio de su culazo, lo hacía muchas veces en su casa antes de petarla Raúl, para ponerlo a tono. Paqui estaba junto a dos mulatos -uno de ellos con un pañuelo de pirata en la cabeza- los cuales la aplaudían y gritaban «¡¡Perrea, Perrea, Perrea!!» mientras ella con más brío rotaba su pandero. Raúl pidió otro whisky en la barra. Ella lo saludó con la mano. Alegre, danzarina, resuelta, estaba en otro mundo. A continuación vio como los chicos tenían una pequeña discusión o un intercambio de pareceres por sus ademanes ya que uno de ellos le indicaba el reloj, a primera vista daba a entender que uno de ellos tenía mucha prisa. Paqui buscó con la vista a Raúl y le levantó el pulgar, el otro mulato, el del pañuelo en la cabeza se acercó a la barra. Raúl se levantó y se puso un poco al acecho intentando visualizarlos. Advirtió que ella esperaba en la puerta de salida, y él sacaba algo de una máquina expendedora con un letrero de «Preservativos Durex» en la zona de los lavabos. Al salir el mulato lo llamaron al móvil, se tapaba una oreja para poder hablar, lo hacía de forma nerviosa, como subida de tono. Colgó. Vino el compañero del pañuelo y cuchicharon. El otro se fue con Paqui y salieron. Raúl tuvo que sortear gente para salir. Una vez afuera dio una bocanada de aire fresco y encendió un pitillo. Estaba desorientado, no sabía por dónde habían ido. Caminó hacia los alrededores y allí vio al mulato del pañuelo hablando con una mujer y dos niños pequeños y escuchó que él decía:

    -solo había salido con mi hermano a tomar algo, él ya viene para tu casa

    Al cruzarse con ellos el mulato le miró con desprecio. Raúl pensó que era gente de otra casta, venían de otro país. Era consciente de lo que había dicho el mulato ya que él hablaba y entendía francés. No tardó mucho en entender la situación y ver a su Paqui apoyada en una pared colindante a un jardín algo apartada de la zona de ocio. El mulato le daba caña, los pantalones de él bajados hasta los tobillos; ella tenía el tetamen sacado del vestido, la falda subida y el tanga ladeado. La pistoneaba de abajo arriba con unas buenas clavadas que incluso hacían poner de puntillas al mulato. En cada bombeo emitía un sonido ronco. La velocidad de follada aumentaba. Paqui ronroneaba y gemía. En una veloz clavada la polla le salió, volvió a coger posición y bombeó con alguna dificultad. Volvió a salirse. Raúl pudo observar una generosa polla enondonada.

    En un gesto lleno de ira el mulato empujó con sus manos la espalda de Paqui – para que bajara su posición inicial ya que el coño le quedaba alto- le separó más las piernas, abrió sus nalgas, escupió y volvió a colocarse esta vez en línea con el coño. Raúl vio como a Paqui le aplicaba unos cuantos bombeos a modo de comprobación y viendo que la posición era bueno la agarró de los pechos colgantes y empezó un mete-saca velocidad media estabilizada, lo que Raúl tenía entendido que se llamaba, velocidad de crucero. Pero no duró mucho, en un saca de la follada el mulato fue con todo y la embistió con una tremenda clavada que hizo que casi diera contra la pared. A partir de ahí ya imprimió un ritmo frenético y salvajes cachetazos en las nalgas de Paqui, la cual ya tenía espasmos de corrida y gemía como una posesa. Empezaron los chapoteos vaginales, y un gemido final de gozo de Paqui; él saco la polla se desencondonó y dejó el cargamento en el culo de ella tras un atronador gemido. Con la misma naturalidad que el chico anterior Raúl vio como se subía los pantalones y sin tan siquiera mirarla se marchaba a toda prisa. Vio como Paqui se recomponía, pero el trato era no entrometerse. Era el primer tributo de Paqui esa noche. Había que respetar la decisión de ella y como tal él volvió dentro del antro o discoteca.

    Paqui vino algo descolocada, Raúl dijo:

    – Os he visto, no he venido a verte ya que según lo acordado…

    – Sí, no te preocupes, es mi noche…

    – He visto que te ha usado pero a pesar de eso te he visto gozar. Entiendo que te has corrido a base de bien. Ese tipo era una puta máquina. Me he enterado a la salida que son hermanos. La mujer del que te ha follado ha montado una buena.

    – Sí… hemos tenido que follar a escape. Ahora el otro… – dijo ella mientras el del pañuelo pirata la esperaba.

    – Son cañeros y lo sabes, pediré habitación en algún hotel.

    – No importa, vive cerca y solo. Además consiente sin problema que estés delante, no le da ningún reparo.

    El mulato la esperaba, Raúl lo vio de cerca – alto, corpóreo, fuerte, perilla, el pañuelo negro atado a la cabeza le daba un aire a pirata feroz, vestía camiseta de blanca ajustada, vaqueros marcándole paquete, sus brazos estaban tatuados- se mostró despectivo, apenas lo miró a la cara. Raúl pensó que era pura frialdad. Atravesaron el jardín y vivía una calle más arriba. De camino iba tras ellos, vio cómo iban abrazados, en la trasera del vestido de ella se veían las manchas de esperma. Llegaron a un edificio algo destartalado. Subieron los tres pisos y llegaron a la buhardilla que vivía. Nada más entrar vi un pequeño espacio con una cama sin hacer, una pequeña cómoda y sobre ella preservativos esparcidos, un sofá viejo abarrotado de ropa y en un rincón un pequeño baño. Nada más entrar se comieron la boca. La magreo, entonces el tiró de vestido de ella hacía arriba quedando enganchado, ella misma término de quitárselo. Quedó en tanga y sostén. Sin ninguna sensualidad él se desvistió. Quedó desnudo. Raúl no sabía donde colocarse, el mulato muy cerca de él con una polla empalmada de considerables dimensiones le indicó el raído sofá. En la espalda el mulato llevaba una cruz enorme tatuada. No se quitó el pañuelo de pirata. Le bajó el sostén quedando los pechos tensados por el sujetador. Le ladeó el tanga y le hizo dedo.

    – Chorreras, está noche sabrás lo que es un macho de verdad – dijo al mismo tiempo que miraba a Raúl retador – aunque ya te han dado una tanda te petare como nunca olvidarás – dijo una vez más mientras le estiraba los pezones.

    Se puso enfrente de Raúl y se dio unos meneos a la polla. Después se tiró sobre la cama y exclamó:

    – ¡¡Ven a comer polla!!

    Raúl pensó que no se había equivocado, el macho era pura demostración de poderío y su Paqui estaba entregada. De hecho empezó a hacerle una mamada, chupaba de forma frenética. El mulato miraba a Raúl con las mandíbulas apretadas. Raúl ya notaba una erección importante. Atenazando la nuca de Paqui hizo que la tragara toda. Era un cipote de 20 advirtió Raúl. Aguantado la nuca hizo que estuviera un rato. La cara de Paqui estaba tomando el color de rojo sangre, los ojos le lloraban, buscaba aíre, babeaba, salían mocos de forma abundante; empezó a convulsionar, la soltó, buscaba aíre. Él la morreó y escupió en la boca. La volteó le quitó el sujetador, volvió a apartar el tanga y la dedeó a 3 dedos. La respiración de Raúl se aceleró, no pudo aguantarse y se bajó los pantalones para pajearse. Consciente de haberlo impactado el mulato dijo:

    – No te como el coño porque sabrá a la polla de mi hermano, puta, más que puta.

    – ¡¡Ohhh!!! ¡¡Follame ya!! – dijo ella.

    Llegó a meterle 4 dedos. Cogió un preservativo y se lo puso a una mano -Raúl pensó otra vez que esté gesto denotaba saber estar y experiencia- le abrió las piernas, situó la polla en línea y le metió una tacada sonora, ella emitió un sonoro ronroneo con la boca. Empezó un bombeo lento de reconocimiento – 5 tacadas lentas- y paró. Levantó las piernas de ella y las puso en sus hombros. Recolocó su postura poniéndose en suspensión y colocando la polla en la entrada vaginal. Afianzó la posición apoyando las manos planas y empezó un pistoneo que se volvió frenético. Raúl se pajeaba salvajemente. Los chof, chof, chof del coño y los plof, plof de las embestidas retumbaban en la pequeña habitación. Ella empezó a respirar rápido y en atronador ohhh se corrió. El mulato dio unos pistoneos profundos, como si se electrocutara seguidos de un bramido gutural y en un último espasmo la clavó hasta los testículos quedando estático sobre ella. Raúl tenía sus manos llenas de semen. El mulato se levantó de su polla colgaba el condón llenó de legal, se lo quitó y lo tiró sobre la cara de Raúl. Después entró en el pequeño baño y meó de forma abundante y sonora. Después se oyó la ducha. La cartera del mulato estaba sobre el sofá. Raúl la abrió, miró su identidad:

    Rodolfo C. F. de nacionalidad dominicana. Nacido el 3 de mayo de 1993.

    También había fotos, una con el mulato con una mujer y 3 niños y una dedicación » te keremos mucho».

    El mulato salió duchado, Paqui entró al baño mientras él se tumbaba en la cama. Raúl la siguió. Apenas cabían los dos; costaba de un lavamanos ducha y taza de váter. Había un cubito de baño llenó de condones usados.

    – Te ha dado mucha caña, quizá demasiada, pero te has venido a mares. ¿Nos vamos o…?

    – Sí, pero lo he flipado, quedemos un rato más…

    – Es un auténtico rompebragas, aunque te haya follado entangada.

    Ella se duchó, Raúl salió y le pidió una toalla. El mulato le tiró la que él se había secado. El mulato fumaba un canuto.

    Al salir Raúl y Paqui – ella con la toalla- el mulato se la miraba con ojos de lobo hambriento, era increíble pero volvía a estar empalmado. Lucia cipote sobre la cama sin ningún pudor.

    – Ven aquí bonita – dijo con ademanes que se acostara a su lado- y quítate la toalla.

    Diligente Paqui se tumbó en la cama, Raúl algo indeciso se sentó otra vez en el sofá. Se comieron la boca en las narices de Raúl.

    – Perreas muy bien, sabes, si fueras más jovencita te haría mi novia españolita. ¿Qué tal mi hermano pequeño? Sabés… somos una gran familia… Lástima no seas más jovencita… ¿Qué te hace estar con un viejo? Ehhh… -susurraba mientras miraba altivo a Raúl.

    El mulato empezó a acariciarle el coño y besarla, parecía que había nacido un nuevo hombre con cariño y sensualidad. A Raúl ese cambio de actitud le pareció sospechoso todo ese cariño.

    – ¿Apuesto lo que quieras que el viejo no te hecho nunca una llave de loro? – le dijo al oído mirando con arrogancia y esa superioridad del que sabe que usa la mujer de otro a los ojos a Raúl.

    – No sé que… ¿qué es eso?

    Entonces el mulato estiró la mano e introdujo el pulgar en el coño y el dedo medio en el orificio anal. Los introducía a la par como si fueran percutores. La entrada anal estaba seca, dio de ler el dedo a Paqui y la penetración fue sobre ruedas hasta el punto de entrar casi todo el dedo sin problemas.

    – ¡Qué pillina! veo que tienes el culo hecho. Entiendo que das el culo. Interesante -exclamó- ¿Te lo estrenó el viejo? -dijo por lo bajito y mirando a Raúl con odio.

    – Fue hace años, un chico…

    – Que pena seas tan madura y estés tan usada, tienes el coño tan grande como la entrada de una cochera y pones culo. Supongo que has preñado ya a tu edad, o él viejo no ha podido- esto último con sorna.

    Raúl era consciente de la actitud retadora, dominante y achulada hacia su persona, esto incluso a su edad -pensó- le servía como experiencia y empezaba a notar otra erección.

    – Sí, tengo una hija, la tuve de joven, él es divorciado con 5 hijos.

    – ¡Vaya con el viejito! -al mismo tiempo que lo miraba de arriba abajo.

    Entonces en un cambio de actitud y gesto de rabia se reincorporó de rodillas, la cogió por los tobillos y se los levantó hasta que las piernas se doblaron cerca del rostro de la Paqui y empezó a comerle el coño y culo con grandes lengüetazos. Ella gemía como una gata otra vez. Cogió la vaselina de la cómoda y se le untó la zona anal. Metió un dedo, dos dedos; ella volvía a gozar, Raúl otra vez en fase de pajearse. Un tercer dedo demostró que la dilatación anal estaba perfecta.

    – ¡Ponte a 4 patitas como la perra que eres!

    Ella acató y una vez en posición él le abrió las nalgas quedando dos buenos orificios; en un lapso de tiempo el mulato preparó el ataque -se encondonó y se aplicó vaselina sobre su polla y zona anal de Paqui- una vez lubricada, más por estilo y costumbre, le abrió las nalgas y echó un sonoro escupitajo, la colocó al borde de la cama y el en el suelo. Como calentamiento previo la empotró de salida en zona vaginal. Raúl ya se volvía a pajear como un mono. Atacó la zona anal con una amplia mueca de ira, ella no pudo aguantar la embestida y perdió algo el equilibrio.

    – ¡¡Ahora sabes lo que es tener un buen rabazo en el culo!! ¡¿Eh?!

    – Si… Ohhh

    Volvió a recolocarla y la envaselino más. La cogió del pelo obligándola a estirar el cuello y grito:

    – ¡¡¡Esta vez no paro!!! -y empezó a bombearla sin contemplaciones- ¡¡Arre caballo!!

    Era una enculada profunda sin contemplaciones; las embestidas llegaban al fondo, los testículos rebotaban en el culo ella. Gemía, gritaba como una posesa, pero el coño goteaba, se venía. Los mete-sacas eran eléctricos. El mulato notó sus huevos mojados de los impactos en el coño, ella se había corrido. Entonces sacó su polla se desencondonó. La volteó a ella, se agarró los testículos y dijo:

    – ¡¡Come huevacos, puta!!

    Ella succionó huevo por huevo mientras él se pajeaba. Raúl ya lechaba otra vez. El mulato con un bramido de toro apuntó a los ojos de Paqui y escupió una lechadaza caliente y abundante y dijo:

    – Aquí te he dejado el cargamento.

    Se levantó y se limpió la polla con el vestido negro de Paqui y volvió al baño. Otra vez meó con ganas y volvió a ducharse. Paqui buscó a tientas algo con que limpiarse, Raúl le proporcionó una toalla, él también se secó su lefada.

    Al salir del baño el mulato miró la cama mojada.

    – Te has venido hasta con meada, qué guarrota eres -y abrió una ventana- esto es mejor que se airee, huele a puta.

    Paqui y Raúl se disponían a entrar al baño, pero el mulato le tiró el vestido y les gritó:

    -¡¡Ya sabéis donde está la puerta!!

    Medio vestida, sin zapatos ella era un ser sin peso, descolocada, en otra dimensión. Al bajar un vecino les reprochó el ruido y que eran unos «putos cerdos degenerados».

    A la mañana siguiente el portero de la finca de pisos donde vivían Raúl y Paqui chismorreaba con otro vecino:

    – Me dijeron que se habían perdido las llaves, ya ves me dieron una buena propina, pero joder, ella apestaba a macho, incluso creo que llevaba lefa reseca en el vestido, pelo, incluso en su cara. No es una mujer para el ingeniero, no tiene categoría. Eso sí, está de muerte la hijaeputa.

    Un mes después Raúl acudía con Paqui al bautizo de su tercer nieto. Su hija destacó que aunque no fuera su madre estaba contenta por él. Hacían buena pareja.

  • La leche de Pedro

    La leche de Pedro

    Mi primera vez con Pedro había sido todo un descubrimiento, por fin había cumplido con mi fetiche erótico, un oso maduro me había metido su polla y yo había alcanzado el éxtasis, había descubierto lo puta que era. Inicié una especie de relación de follamigo con él, tuvimos más encuentros y acabó llevándome a su casa, yo en ningún momento pensé en iniciar un romance pero de momento me iba bien, él follaba como un semental y yo tenía el culo satisfecho, decidí que tenía que cumplir otra fantasía.

    – ¿Pedro? – solía llamarlo en los descansos del trabajo.

    – ¡Hola churrita! ¿Qué te pica?

    – El culo, y quiero que me lo rasques como tú sabes.

    – Jajaja,

    – Mira, tú has sido el primero y hasta el momento el único en follarme el culo…

    – Si…

    – Y quiero… cumplir otra fantasía

    – ¿Que es…?

    – Quiero follar a pelo, quiero sentir como se corren en mi culo, y quiero que seas tú quien me lo llene de leche.

    – ¿Estás seguro?, esa es una práctica de riesgo que para nada te aconsejo, incluso aunque confíes plenamente en la persona con la que lo hagas, siempre debes usar condón.

    -Ya lo sé, siempre me lo dices pero necesito hacerlo y quiero que seas tú.

    Silencio al otro lado del teléfono, Pedro estaba sopesando mi proposición.

    – ¿Pedro…?

    – Si, estoy aquí, vale, pero porque sé que soy el único con el que has estado hasta ahora, ¿Cuándo podemos vernos?

    – Hoy es martes, el viernes tengo turno de mañana en la fábrica, salgo a las tres, llamaré a mi mujer y le diré que los compañeros hemos quedado para comer y tomar unas copas después del trabajo.

    – De acuerdo, nos vemos en mi casa a las cuatro.

    – Perfecto corazón, nos vemos el viernes.

    El viernes estuve nervioso como puta primeriza todo el día, me iban a llenar el culo de leche, sabía que era algo que no debía de hacer, que era peligroso pero necesitaba hacerlo y tenía absoluta confianza en mi semental.

    A las cuatro de la tarde estaba llamando a la puerta de Pedro, vivía en una urbanización de chalets pareados, era diciembre y hacía frío, me abrió en albornoz, con una sonrisa en la cara.

    – Pasa golfa.

    – ¡Qué cabrón eres!

    Tenía la chimenea encendida y la casa estaba caldeada, no hacía ni una semana que habíamos follado delante de esa misma chimenea. Bajamos al sótano, lo tenía dividido en dos ambientes, en el más próximo a la escalera tenía un bar muy bien montado, una barra con tirador de cerveza, botelleros para enfriar las bebidas, un pequeño arcón congelador para el hielo, cuatro sillas altas, una zona de estar con dos sofás enfrentados con una mesa baja en medio y una gran pantalla en la pared donde veía los partidos con los amigos, un futbolín separaba esta zona de la otra, en esta segunda tenía una sauna para cuatro personas, un cuarto de baño completo con una ducha en la que cabíamos los dos a la vez, alineadas contra una de las paredes había una bicicleta elíptica, una máquina de remo y una cinta de correr. Tenía calefacción por suelo radiante en toda la casa por lo que el ambiente en ese sótano era cálido.

    Nos sentamos en uno de los sofás y estuvimos charlando un rato, Pedro se había abierto el albornoz, debajo estaba desnudo, yo con mi mano jugueteaba con el vello espeso de su pecho que tanto me gustaba, acerque mi boca a la suya, saqué mi lengua y pasee la punta por sus labios, los mordí, abrió la boca y metí mi lengua, mientras bajé mi mano, la deslicé por su vientre, acaricié su polla y agarré sus huevos gordos, peludos y colgones y comencé a masajearlos, nuestras lenguas seguían luchando, su polla empezaba a crecer, solté sus cojones y la agarré, la acaricié suavemente, echó la cabeza hacia atrás sobre el sofá, con mi lengua recorrí su cuello desde la barbilla, fui besándolo hasta llegar a uno de sus pezones, lo chupé, lo agarré con mis dientes y apreté y tiré.

    – ay, zorra, sabes calentar a un hombre.

    Solté su pezón, besando y lamiendo bajé por su vientre hasta llegar a su polla, besé su glande, metí la punta de la lengua en el agujero, abrí la boca y muy despacio me metí esa maravilla hasta que mis labios tocaron mi mano.

    – uf, jo… der, que boca tienes.

    Comencé a subir y bajar la cabeza con su polla en la boca, ensalivándola a conciencia.

    – Para, zorra paara – me saqué su miembro y lo miré.

    – ¿Quieres que pare?

    – Llevo sin correrme desde que hablamos, quería tener los huevos bien cargados para tu culo y no quiero correrme en otro sitio, ven, desvístete, vamos a eliminar toxinas.

    Me llevó a la sauna, ya la tenía preparada, primero entramos a la ducha, nos duchamos con agua templada, luego entramos a la sauna y nos sentamos en el banco, enseguida comenzamos a sudar, diez minutos, salimos y nos dimos una ducha fría, empezando por los pies, repetimos el proceso tres veces, la última vez la ducha fue con agua templada, Pedro cogió la esponja y me enjabonó, luego yo a él, me gustaba ver la espuma en el vello de su cuerpo, me entretuve en su polla y sus huevos, sus piernas fuertes, su espalda, su culo, me abrazó y me besó, metió su lengua, apretó su cuerpo contra el mío, noté su polla crecida otra vez contra la mía, el agua nos caía por encima, me empujó contra la pared mientras continuaba besándome, me hizo dar la vuelta, me besó en la nuca, el cuello, con una de sus piernas me hizo abrir las mías, apretó su cuerpo contra el mío, notaba su polla dura entre mis nalgas, pasó la mano adelante y agarró la mía, suavemente comenzó a pajearme.

    – Ay, ay cabrón, fóllame, fóllame, ay.

    – Ssh, cállate puta, yo decido cuando te follo – me susurraba al oído, movía su polla entre mis nalgas mientras yo sacaba el culo, me mordía el cuello y el lóbulo de la oreja.

    – Ay, ay como me tienes cabrón, fóllame por favor, fóllame, estoy caliente como una perra.

    Continuaba masturbándome, apoyaba mis manos en la pared para impedir que chocara con ella, sacaba el culo, Pedro con la otra mano me pellizcaba un pezón, incrementó el ritmo de la paja, yo ya no aguantaba.

    – Me corro, ay que me corro, hijo de puta, ay.

    Comencé a eyacular, Pedro no bajó su ritmo a pesar de los espasmos de mi cuerpo, se me aflojaron las rodillas.

    – Ay cabrón, ay que paja ay, yo lo que quería es que me follaras.

    – Date la vuelta y arrodíllate, maricón.

    Hice lo que me ordenó, desde abajo le miré la cara, el me miraba a mí con su polla en la mano.

    – Soy tu dueño perra, te follaré cuando me salga de los cojones, repite conmigo, soy tu perra amo.

    – Soy tu perra amo.

    – Y esto para que no lo olvides.

    Comenzó a mearme, me cayó en la cara, el pecho, sentía su meado mas caliente que el agua templada que caía de la ducha, esa situación de sumisión me puso aún más salido.

    – Límpiala, zorra – me ofreció su polla y yo rápidamente la limpié con mi boca – ahora lávate bien, te espero fuera.

    Nunca había estado tan caliente como en aquel momento, deseaba a toda costa la polla de Pedro, la necesitaba, salí del baño dispuesto a hacer lo que mi dueño quisiese.

    Estaba sentado en el sofá, desnudo completamente, tomando un zumo de frutas para reponer lo perdido en la sauna, me ofreció a mi otro, Pedro me observaba mientras me lo tomaba.

    – Vaya vaya, resulta que eres toda una perra sumisa, tengo muchos planes para ti, llevaba tiempo buscando algo así.

    – Lo que tú digas amo.

    – Vamos ven acá, te voy a dar lo que te mereces.

    Me hizo levantarme, me colocó de rodillas en el sofá, con las piernas abiertas y las manos en el respaldo, recorrió mi cuerpo con sus manos.

    – Plaf – cachete en las nalgas – buen culo tienes, golfa.

    – Todo tuyo, amo.

    – Plaf, ahora lo veremos zorra.

    Abrió mis nalgas dejando al descubierto mi ojete, dejó caer saliva en el y comenzó a masajearlo con un dedo, yo arqueé mi espalda sacando culo y el metió el dedo.

    – Ay

    – Vamos zorra, – movía el dedo dilatándome, – esto no es nada para ti.

    – Estoy ardiendo amo, por favor.

    – Plaf – otro cachete, la nalga me ardía – yo diré cuando estás lista – nuevamente escupió y metió otro dedo.

    – Ayy, si amo, lo que tu digas.

    Yo me movía, arqueaba la espalda, sacaba el culo, mientras Pedro continuaba dilatándome el esfínter.

    – Creo que ya estás lista zorra.

    Sacó sus dedos, colocó sus manos en mis nalgas y las abrió, noté la punta de su polla en mi esfínter, apretó y yo hice lo mismo, su glande venció la resistencia con facilidad, aguardó un momento y de un golpe de caderas metió su polla hasta los huevos en mi culo.

    – Ay, hijo de puta.

    Colocó una de sus manos en mi zona lumbar y la otra en mi hombro y comenzó a moverse metiendo y sacando su miembro de mi culo hambriento.

    – Aah, ay que rico, que rico ay, ay.

    – Mmm ¿te gusta eh zorra?

    – Si sii, dame, dame fuerte, como tú sabes.

    Fue incrementando el ritmo y la fuerza de sus embestidas, su pubis golpeaba mis nalgas con el típico sonido de aplausos.

    – Ay, ay cabrón, ay, dame fuerte, más fuerte, dame.

    – Zorra, puta, puta, eres una puta.

    – Sii, soy tu puta, soy tu puta, preña a tu perra cabrón.

    Continuaba metiendo y sacando aquella polla de mi culo, de vez en cuando, la mano que tenía sobre mis riñones me soltaba un guantazo en las nalgas.

    – Más fuerte cabrón, méteme hasta los huevos, dame, damee.

    – Arg, mmm… toma zorra, toma.

    – Más fuerte, más fuertee.

    Pedro incrementó el ritmo, cada vez que me golpeaba con su pubis mi cabeza iba contra el respaldo del sofá, llevé mi mano a mi polla para pajearme pero mi semental me dio un azote y me lo prohibió.

    – Quieta zorra, no te tocaras hasta que yo te lo diga.

    – Ay, ay, me tienes como un volcán cabrón, ay

    – Mi culo, mi culo, hijo de puta.

    – Me corro, me corro, me corroo.

    Pedro me agarró por las caderas y me metió la polla hasta los huevos, yo apreté mi esfínter y noté los espasmos de su miembro mientras eyaculaba.

    – Aah, apriétate, aprietatee, déjame preñada.

    – Puta, puta, putaa, querías mi leche aquí la tienes.

    Me agarraba tan fuerte de las caderas y apretaba tanto que me levantaba del sofá.

    – Ay, ay, cabrón, cabroon.

    – Ahora puedes tocarte, puta.

    Comenzó de nuevo a moverse, metía y sacaba su polla de mi culo con un sonido líquido, hincaba sus dedos en mis caderas, yo empecé a pajearme.

    – Chof chof chof – otra vez había cogido el ritmo – buf vaya culo, vaya culo.

    – Ay, ay, ay – su lefa hacía de lubricante – me matas cabrón, me mataas.

    – Disfruta zorra, disfruta de mi leche.

    – Ay que me corro, que me corro – estaba al borde del éxtasis – me corroo.

    Comencé a eyacular sobre el sofá, esa sensación de correrme con una polla en el culo, las palpitaciones de mi perineo sobre ella, mi esfínter dilatado… Pedro me sacó su polla, noté líquido saliendo.

    – Has manchado mi sofá zorra, límpialo, puta.

    – Si amo.

    Recogí mi propio semen con la lengua, me quedé allí sentado, con el escozor en el esfínter y su leche saliendo de mi culo manchando el suelo, me encantaba contemplar así a mi macho, de pie ante mí con su cuerpo sudado, su polla estaba flácida y blanca por haber batido su leche en mi culo, me hallaba flotando, había sido el mejor polvo que había echado. En realidad había sido algo psicológico, salvo los espasmos de su polla al correrse no había notado diferencias, no había sentido los chorros de la lefa que ahora salía de mi culo inundándomelo, sin embargo el solo hecho de saber que se había corrido en mi interior me había llevado al cielo.

  • Probé una mujer casada

    Probé una mujer casada

    Este relato ocurrió hace unos cuantos años, decir una fecha exacta sería mentir, tendría unos 25 años, soltero, desde siempre me gustó el sexo y desde temprana edad leía y veía todo lo referente al mismo. Me describo, soy blanco, de buenas piernas, nalgas, en ese momento practicaba mucho deporte y mantenía mi peso, con cara de niño bueno, pero que rompe toda la vajilla (siempre me han dicho eso), mido 1.70 y una agradable sorpresa entre las piernas, que a medida fui compartiendo con chicas, supe no estaba nada mal porque solían decirlo y eso me encantaba.

    Ya en esa época estaba en el mundo swinger, solía ser lo que llaman un bull o corneador, poco a poco fui disfrutando de este interesante mundo y debo decir que quedé prendado del mismo; en ese entonces conocí a una pareja de novios, él tenía como fantasía ver a su novia con otro chico más dotado y así nos conocimos… relato que contaré en otra oportunidad… en fin, esta chica le habló a Ángela (no es real) que había estado conmigo y que las dimensiones de mi pene le habían encantado, además de que era muy reservado, educado y muy, pero muy morboso.

    Ángela, es una mujer de 25 años, pero se casó a temprana edad, con par de hijos, de 1.55 aproximadamente, senos pequeños con piercing, realmente hermosos, rosados, que resaltaban en su blanca piel, de buenas nalgas, fitness, lindas piernas, con una melena rizada color negro y una carita de inocente que realmente te hacía preguntar su edad, por lo joven que se veía. Luego de algunas conversaciones por teléfono, ella me indicó que quería estar conmigo y la verdad me gustaba la idea, así que cuadramos para vernos a inicio de semana.

    Ella le dijo al esposo que tendría clases en la universidad, estudiaba fotografía, pero realmente agarró el Metro y en la parada de Bellas Artes (Caracas) yo la esperé en mi vehículo, eran las 8 de la mañana cuando me indicó que estaba en el lugar y le indiqué las características de mi vehículo. Nos besamos como dos amigos y tomé rumbo a la Panamericana, una zona que se caracteriza por hoteles de todos los tipos y por un clima sensacional, además algo apartado. En el camino hablamos trivialidades, recuerdo le pregunté si había sido infiel anteriormente y me dijo que era la primera vez que lo hacía, pero que le daba curiosidad sentir nuevas sensaciones y la recomendación de su amiga le quitó cualquier miedo posible, le dije que me sentía honrado por la confianza y que por mi no se preocupara, solo era disfrutar el momento y que los problemas no eran lo mío.

    Llegamos al hotel, pagué lo correspondiente, de esas cabañas con estacionamiento privado, subimos unas escaleras desde allí hasta la puerta de acceso, ambos admiramos la habitación y me acerqué para besarla, lo hicimos suavemente, teníamos tiempo y no había que ser salvajes de forma inmediata, olía muy bien, palpé un poco sus nalgas y me aparté para preguntarle si deseaba algo para tomar. Ella estaba vestida de jean, sweater, realmente como si hubiese ido a la universidad, nada del otro mundo, por lo que le dije que la ayudaría a quitarse la ropa y la dejé en ropa interior negra, de encajes, muy bonita. Ella hizo lo mismo conmigo, quedé solo en bóxer, ya la situación me tenía caliente, así que se notaba un poco el bulto y vi sus ojos no perdieron tiempo en observarlo.

    Nos besamos nuevamente, olía su cuello, tenía un olor exquisito, de piel suave, poco a poco esos besos eran más apasionados, pintaba muy bien todo, bajé a sus senos y quité su sostén, quedando ante mis sus pezones rosados, con piercing (me enteré en ese momento) y le dije wow no me habías dicho esto y lo llevé a mi boca con el morbo de probar y ver algo que solo había visto en internet, se sentía muy bien, aunque si me dio un poco de miedo lastimarla, pero ella me comento que le gustaba la vibración que emitían los mismos y que la tocara sin miedo, sus pezones estaban duros, gemía divino, por lo que la puse en cuatro, me encanta admirar una mujer en esta posición, se veía riquísimo como el hilo se perdía en sus nalgas, la nalgueé suavemente y le dije lo rica que estaba. Posteriormente, le di vuelta, abrí sus piernas y retiré el hilo, una vagina totalmente afeitada, con una forma exquisita, además de otra grata sorpresa, otro piercing que me dejó boquiabierto, bajé y olí su sexo, adoro ese olor particular, empecé a saborear, suavemente, sus labios vaginales, su interior, que ya estaba mojado y subí a su clítoris, donde hice la mayor parte del trabajo, entre gritos, gemidos y jalones de cabello de ella hacia mí. Su flujo era abundante, caía a su culito, por lo que intensifiqué el ritmo y le pedí acabara en mi boca, lo cual hizo, dándome las gracias por ese rico comienzo, le dije se diera vuelta, así lo hizo, observé su culito brillante, acerqué mi nariz, esa mezcla de flujo, cuidado corporal y lo natural de esa parte, son mezclas que hacen me excite a más no poder, empecé a besarla, mordí sus nalgas, y comencé a saborear suavemente su culito, sus gemidos, era música para mis oídos, realmente me encantaba la forma que lo hacía, abría sus nalgas para que tuviese más acceso a ellas, hasta que literalmente la cogía con mi lengua, así estuvimos un buen rato, mientras se pajeaba y alcanzaba un orgasmo con mi lengua en su culo.

    Ambos sudábamos, yo en bóxer, súper duro, y ella me dijo es mi turno, me bajó el mismo y mi pene como un resorte por el movimiento quedó por primera vez ante sus ojos, (lo vio en fotos), y me dijo que vaina tan rica, lo tocó, como quién descubre un juguete nuevo, me hizo acostarme y empezó a chuparlo poco a poco, hasta que subió el ritmo, lo pajeaba mientras me miraba, le decía que era una chica muy traviesa y me decía que la tratara como una puta, que eso buscaba sentir, lo que me encantó y agarré su cabello para que lo tragara, pero se ahogaba en el intento, poniendo saliva espesa, para morbo de ambos. Le dije quería cogerla, puse mi condón y se puso en cuatro, tomamos algunas fotos y videos del momento, hasta que nos centramos en lo nuestro, le daba con todo, era una flaca aguantadora, perversa, divina, la nalgueaba, ya en ese momento tenía las nalgas rojas; le dije que se montara encima que quería ver esa maraca y vaya que se lució, llegó un punto que no había retorno y le dije acabaría, haciéndolo ambos al mismo tiempo, mientras jalaba su cabello y se lo clavaba hasta el fondo.

    Quedamos rendidos, pero luego le dije que quería cogerla por el culo, a lo que accedió, volví a chuparle el mismo, es una de mis adicciones y fetiches, había llevado lubricante, que fui aplicando, mientras metía un dedo, luego dos, ya más calmada, le dije me lo chupara nuevamente y así lo hizo, el morbo era impresionante para ambos, por su cuquita la cogí con condón, pero acá me dijo si podía hacerlo al natural y no vi problema alguno, le dije decidiera la posición y me dijo ella quería montarse de frente a mí, ella fue controlando, poco a poco hasta que se fue comiendo la cabeza, gritaba, pero más dolor era placentero, luego de unos instantes bajó más y más hasta que empecé a chupar esas tetas, jugueteaba con sus pezones, mientras se lo comía ricamente por atrás. Ella podía pasar de ser una chica tierna a una perversa exquisita y me gustaba esa dualidad, me dijo cógeme duro sin compasión, y no podía decepcionar, así que empecé a darle unas buenas embestidas, se lo clavé literalmente todo, y le dije le llenaría el culo de leche… fue un orgasmo divino.

    Pero luego que recobro la fuerza, le digo, lo disfrutaste tanto como yo, y no me responde, cuando me percato que estaba desmayada, me asusté, una mujer casada y no reaccionaba, que habrá pasado, traté de calmarme y luego de unos minutos volvió en sí… una baja de azúcar en su cuerpo por la intensidad de lo vivido, a lo cual le indiqué que porque no me había dicho tenía esa condición, que no pasaba nada, pero que me había preocupado mucho.

    Nos bañamos, ya era poco más del mediodía, queríamos seguir, pero su deber llamaba, no se podía levantar sospechas, inspeccionó las fotos y videos que tomamos y en el camino acordamos vernos nuevamente, pero quizás en compañía de nuestra amiga en común. Espero haya sido de su agrado.

  • Sometido por mi ex

    Sometido por mi ex

    Todo comenzó el pasado jueves en la tarde cuando recibí un mensaje de mi exnovia invitándome a cenar. Tenía muchos años que no nos hablábamos, lo cual yo siempre consideré algo bueno, ya que nuestra relación nunca fue particularmente armoniosa. Sinceramente no tenía ni la más mínima idea de por qué, después de tanto tiempo, de pronto quería hablar, pero sí recuerdo haber descartado rápidamente la teoría de que quería algo conmigo, ya que según había escuchado, estaba comprometida para casarse con algún nuevo sujeto.

    La cita fue ese mismo día en la noche en su casa. Llegué más o menos puntual habiendo optado por llevar una botella de vino. Mi plan era simple: llegar, comer, escuchar lo que me tenía que decir, e irme lo más pronto posible sin ser grosero.

    Cuando abrió la puerta y la vi, me llegaron de golpe viejas emociones y antiguos recuerdos, algunos nítidos, otros borrosos. Sentí una cierta nostalgia, pero rápidamente recordé todas las razones por las que habíamos terminado: los juegos de poder, las agresiones pasivas, las perspectivas de vida distintas y, lo más importante, la cuestión de los hijos. Mi mente se detuvo en ese último punto y recordé que fue justo ahí cuando nuestra ya frágil e insana relación había comenzado su derrumbe final, el momento en que ella declaró que quería tener hijos a lo cual nunca accedí.

    Me recibió alegremente con una cierta sonrisa pícara (que yo le conocía bien) enmarcada por el labial rojo que siempre había utilizado. Debo confesar que se veía bastante sexy ya que por los visto había estado cuidando su figura y se había puesto, como era su costumbre para eventos y reuniones, una blusa que acentuaba lo que por mucho era la mejor parte de su cuerpo, sus senos.

    Vi ese escote y no pude evitar que me vinieran a la mente imágenes de todas las veces que jugué con sus pechos, todas las veces que los agarré, que pellizqué sus pezones, que los chupé, que los mordí. Recordé su gusto por el bondage y lo mucho que ella gozaba de ser amarrada para recibir pequeñas torturas sexuales. Me dio la impresión de que notó que le miraba el escote y rápida pero inútilmente intenté disimular, dirigiendo mi mirada a cualquier otro sitio.

    Estando ya dentro nos sentamos en la sala. Al centro había dispuestos algunos platos con botanas, y me senté en uno de los sillones mientras ella servía dos copas de un vino suyo, guardando el que yo había llevado.

    La conversación inició con trivialidades y convencionalismos de lo más aburrido, pero interesantemente la sentía algo coqueta. Su escote no había sido un accidente, su labial rojo tampoco. Sin que hiciera gran cosa me dio la sensación de que intentaba seducirme, pero yo, sabiéndome bien todas sus artimañas y teniendo la certeza de que nada bueno podría salir de un intercambio sexual, por casual que pudiera parecer, estaba firmemente dispuesto a seguir con mi plan, incluso teniendo la intensión de irme a dormir temprano esa noche.

    El sueño me llegó mucho antes de lo que esperaba. Primero me sentí súbitamente cansado, luego me encontré luchando contra mis párpados que pareciera que pesaban una tonelada cada uno. En mis últimos segundos de conciencia vi de reojo la copa de vino. Después de eso solo vi negro.

    Sería imposible especular sobre cuánto tiempo pasó, pero lo siguiente que recuerdo fue recobrar la conciencia viendo la luz intensa de la lámpara de techo. Inicialmente me costó trabajo reconocer dónde estaba y me tardé algo de tiempo en entender qué había pasado.

    Entonces la vi y me sentí repentinamente atemorizado aun en mi estado somnoliento. Ella se encontraba completamente desnuda frente a mí y me miraba con esa misma sonrisa pícara, pero ahora cargada de lascivia y perversión. Yo estaba desnudo, recostado en la cama, mis pies y manos firmemente amarrados a los extremos del colchón. Forcejeé con todas mis energías inútilmente mientras ella me miraba en absoluto silencio, sin quitar esa sonrisa y como disfrutando ver la futilidad de mis intentos.

    Yo me rehusaba a creerlo, pero era obvio lo que estaba ocurriendo. Ella lo había planeado todo y me había llamado a su casa específicamente para drogarme y hacerme esto. Después de tantos años de conocerla, y de saber bien que tenía ciertos gustos sexuales que se acercaban a lo extraño, lo oscuro e incluso lo más extremo, en ningún momento imaginé que sería capaz no solo de concebir, sino de llevar a cabo un acto tan perverso como el que estaba viviendo en ese momento.

    Nunca lo hubiera imaginado, siempre en la cama habían sido finalmente solo juegos, pero ahora me encontraba ante una avasalladora y contundente verdad que me llenaba de terror: lo que realmente le excitaba era la coerción, y estaba preparada para poseerme en contra de mi voluntad, de mi verdadera y profunda voluntad, para poseerme por completo.

    De un momento a otro la desconocí y la vi como a una extraña, no era la persona que recordaba o que creía recordar, era un ser distinto. Vi por primera vez la perversión y la locura personificadas y comprendí que esa era su verdadera esencia. Recuerdo la sensación de perder mis fuerzas y sentir temblar mi cuerpo involuntariamente, presa de un miedo congelante ya que no tenía idea de qué planeaba hacer conmigo y me encontraba completamente indefenso.

    Se acercó lentamente y se subió a gatas sobre la cama acercándose hacia mí. Pude ver entre sus piernas una gota de líquido vaginal que cayó sobre el colchón, indicando que ella ya estaba muy excitada. Entonces comenzó a tocar mi pene, el cual estaba flácido y lo masturbó lentamente. El miedo me hacía sentir todo con mayor intensidad y recuerdo sentir hasta el más mínimo de sus movimientos.

    Se untó en las manos una buena cantidad de aceite lubricante de una pequeña botella y comenzó a jalar mi pene con una mano y luego con la otra, siempre de abajo hacia arriba muy lentamente y con movimientos constantes. Cada una de sus manos comenzaba en la base de mi pene y en el último momento acariciaba la delicada piel de mi glande. Las sensaciones eran poderosas y eléctricas, intensificadas por el miedo y la incredulidad que asediaban mi mente.

    No puedo negar que desde el aspecto puramente físico la sensación era muy placentera, pero el hecho de estar siendo forzado me humillaba de una manera inconcebible. Me sentí ultrajado en grado sumo y gradualmente comprendí lo que era ser verdaderamente poseído por alguien: no bastaba con que se adueñara de mi cuerpo, se había adueñado de mi placer y lo usaba a su antojo.

    Fue en ese momento en que me percaté de que la estimulación que recibía mi pene surtía efecto y comencé a sentir mi erección formarse poco a poco. Al darme cuenta de esto me sentí no solo completamente humillado sino también traicionado por mi propio cuerpo, que se entregaba al placer en contra de mi voluntad. Mi pene siguió creciendo y en poco tiempo llegó a estar completamente erecto y palpitante, reaccionando ante cada una de las incesantes pasadas de las manos de mi captora, quien me masturbaba cada vez con más fuerza y más velocidad.

    Vi una sonrisa dibujada en sus labios y me di cuenta de que su objetivo era hacerme venirme, y así ejercer un control absoluto sobre mí. Si lograba provocarme un orgasmo en contra de mi voluntad, su posesión de mi cuerpo y de mi ser sería total. Por lo poco que me quedaba de dignidad en ese estado, no podía permitirlo.

    Después de unos momentos decidió cambiar su movimiento. Ahora cada una de sus manos comenzaba desde el glande y empujaba hacia abajo. Antes de que cada mano llegara al final de su recorrido, la otra ya había comenzado el suyo. La sensación se incrementó al doble o al triple, lo cual me hizo producir un gemido completamente involuntario. Fue un sonido soez y descontrolado. Mi cuerpo ya no respondía a mi voluntad y se había entregado a los caprichos de la mujer que me sometía. Pasaron varios minutos y ese gemido inicial, fecundado por las sensaciones cada vez más intensas en mi pene, dio lugar a toda clase de gritos y sonidos sexuales que nunca antes en mi vida había emitido.

    No estoy seguro de cuanto tiempo pasó pero la tortura sexual se prolongó llevándome a los límites de mi cordura, al punto en que cedí el control de todo mi cuerpo con tal de aferrarme a una sola cosa: ella no me haría venirme, no le entregaría mi orgasmo.

    Entonces, sin aviso alguno, abandonó sus movimientos soltando mi pene, el cual se quedó repentinamente solo, pulsando al ritmo de las caricias que lo habían estado envolviendo segundos antes. Después de un momento, habló:

    —No me quisiste dar hijos por las buenas, ahora me los vas a dar por las malas.

    Estas palabras me helaron la sangre porque finalmente entendí su propósito. No solo quería poseerme en cuerpo, mente y placer, sino que quería mi semen. Quería el hijo que le negué hace tantos años, el cual habría de ser producto de algo mucho más oscuro que la simple lujuria, sería engendro de un acto de degeneración absoluta, del sometimiento más brutal y la coerción más monstruosa.

    Entonces se subió sobre mí e introdujo mi pene en su vagina. La sensación fue tan intensa que por poco tuve una eyaculación en ese momento, pero hice uso de todas mis fuerzas para detenerme y poder aguantar un poco más. Entonces comenzó a montarme haciendo los movimientos más sensuales que podía imaginar. Su cadera iba hacia arriba y hacia abajo, hacía círculos, me apretaba y me soltaba con sus músculos vaginales y yo enloquecía de placer.

    En poco tiempo volví a los gemidos, después a los gritos. A momentos suplicaba, pero después parecía haber perdido la capacidad del habla, emitiendo sonidos sin sentido. Ella gemía también y se movía con intensidad y con cada vez más fuerza mientras sus senos grandes y desnudos rebotaban libremente. Sus pezones estaban completamente erectos, a veces, cuando ella se agachaba, sus pezones me rosaban el pecho, otras veces subía y se los apretaba con gran fuerza para sentir dolor y placer. Sus gritos se tornaban cada vez más intensos hasta que de pronto pude ver su rostro desconfigurándose de placer al momento en que le llegaba un poderoso orgasmo. Los sonidos y los movimientos que hizo durante ese orgasmo fueron de las cosas más eróticas que he visto en mi vida y otra vez sentí que podría eyacular en cualquier momento.

    De nuevo, casi por milagro, logré contener mi eyaculación mientras veía cómo su orgasmo se disipaba lentamente. Por un breve instante pensé que todo acabaría, pero así como sus movimientos bajaron de intensidad por un momento después de su orgasmo, rápidamente estos comenzaron a recobrar su vigor. Fui tonto al creer que había escapatoria ya que ella era multiorgásmica y podría tener tantos orgasmos como quisiera y solo necesitaba que yo, atado, indefenso y humillado, tuviera uno.

    Después de eso deben haber pasado tal vez treinta minutos o más, durante los cuales ella disfrutó de mi cuerpo, de mi pene, que nunca perdió su pulsante erección, y de la cruel prisión de placer a la que me tenía sometido. Entre sus gritos y orgasmos se adivinaban burlas macabras que, como poderosos golpes al espíritu, me recordaban una y otra vez la inevitabilidad de mi propio eventual orgasmo, en que se consumaría mi doblegación y se confirmaría mi condición de poseído.

    Entonces sentí en mis adentros el principio de un orgasmo inevitable. Al principio era una sensación pequeña, pero crecía rápidamente como una bola de nieve que se convertía en una avalancha de placer sublime. Luché con el máximo de mis fuerzas por controlar la eyaculación dando todo de mí, pero mi mente agotada había sucumbido. Y fue precisamente esa la causa: no solo mi cuerpo me había traicionado, sino que mi mente, agotada como estaba de luchar contra el placer, me había traicionado también al considerar una idea macabra, que ser sometido me gustaba, que el mero hecho de ver mi voluntad arrebatada y ser denigrado de manera total me excitaba.

    Vi sus senos revoloteantes, me vi sometido y obligado a venirme, y fui suyo. Entonces el orgasmo creció e inundó todo mi cuerpo. Perdí el control de mis extremidades que vibraban y de mi voz que gritaba de placer. Eyaculé dentro de la mujer que me había ultrajado, entregándole en mi semen las últimas gotas de mi voluntad.

    ***

    A todos mis lectores, espero que hayan disfrutado de este relato. Los invito a ponerse en contacto conmigo por correo: [email protected], para compartir impresiones, experiencias, fantasías, etc.

    ¡Gracias por su lectura!

  • Terminando en anal

    Terminando en anal

    Continuación…  Nos comenzamos a besar como en la mañana antes de que llegara su papá, ella sentada sobre mí y yo disfrutando de su cuerpo, los besos eran largos y muy húmedos nuestras ganas de volver a coger están de nuevo presentes.

    I: mmm… Ya siento que se te está parando eh!!

    Yo: pues si, sabes que me gusta tenerte así, sobre mi y que te frotes así como lo estás haciendo.

    Sus movimientos eran lentos, pero pegaba lo más que podía su entrepierna a mi pene y lo sobaba muy rico, como se había puesto de nuevo sus medias…

    Yo: quítate las medias, si no se van a rasgar con el cierre de mi pantalón y aún te tiene que ver tu papá como cuando dejamos la fiesta.

    I: ahhh si, pero tenemos que tener cuidado cuando oigamos el carro de mi papá.

    Se quitó las medias y volvió a sentarse sobre mi, para continuar con los besos y a sobar mi pene con sus movimientos de cadera. Yo tenía ambas manos en sus nalgas y se las sobaba de arriba a abajo, se las abría y sentía como se metía más su tanga entre sus labios, por el movimiento de su cadera, en uno de sus movimientos de cadera hacía atrás, aproveche para poner uno de mis dedos sobre su ano y comencé a hacer movimientos circulares sobre el…

    I: mmm… ahhh, no empieces de travieso por qué me lo vas a tener que meter y nos pueden cachar, mmmm…

    Yo seguí besándola y jugando con su ano ,le saqué una de sus tetas del brasier y se la lamía por todos lados, eso comenzó a excitarla más y detuvo sus movimientos, para levantarme del sillón diciendo…

    I: ven cógeme en la mesa!!

    Me jalo la mano, y chupo el dedo que jugaba con su ano, se lo metió todo a su boca y lo succionaba como si me estuviera mamando la verga, a lo que aproveche y le di la vuelta para que quedara de espaldas a mí, con mi otra mano le subí el vestido e hice que apoyara sus manos en la mesa, soltó mi dedo y volteo a verla con esa mirada, hazme tuya!! Le bese el cuello y le susurré al oído.

    Yo: empínate más, por qué me voy a comer tu culito.

    I: mmm… hazlo ya que quiero sentir tu verga en mi culo!

    Me agache, le hice a un lado su tanga y le empecé a mamar su vagina, aún con restos de la cogida en el Ajusco, su humedad me ayudó para con ella subir mi lengua a su ano y meterle la lengua, ella solo gemía de placer y acomodaba mejor su cuerpo sobre la mesa, le abrí más las nalgas y coloqué mi verga a la entrada de su ano.

    Yo: me encanta tenerte así, con el culo solo para mí…

    I: ahhh, ya mételo mmm…

    Comencé a empujar y ella se hizo para atrás y de uno solo ya tenía la mitad de mi verga adentro, dio un pequeño grito de dolor y placer al mismo tiempo y se detuvo, dejamos que su culo se acostumbrara a mi verga y de nuevo se la empuje un poco más, ella ahogaba sus gemidos , para estar al pendiente del ruido de los carros, cuando ella se movió un poco hacia atrás, fue el momento de metérsela toda y comenzar con el mete y saca lentamente…

    I: ahhhh ahhh mmm… que rico que me tocarás así el culo, sé que te encanta, shhh.

    Detuvo los movimientos y escuchamos un carro, pero no la saco de su culo, cuando comprobamos que no era su papá, siguió con los movimientos.

    Yo: no era!! Que bueno por qué quiero seguir disfrutando la vista de tu culo así, con mi verga adentro, mmm… Está riquísimo tu culo.

    I: es tuyo, ahora ya no pares eh!!! Mmmm…

    Le agarraba más fuerte de la cintura y la jalaba a mi, le abrí un poco más las piernas y comenzó el mete y saca cada vez más rápido, sus gemidos eran cada vez más fuerte y tuve que tapar su boca, me recargue sobre su espalda y le voltie la cara para darle un beso muy húmedo. Se separó de mi y se abrió más las nalgas con sus manos, su ano comenzó a apretar más fuerte y sus piernas temblaron, se vino muy rico.

    I: ahhh que riiicooo, sigue no pares cógeme más duro!!

    Aceleré el mete y saca, el sonido y el olor del sexo inundado toda la habitación.

    Yo: estoy a punto de venirme!!

    I: siii hazlo, quiero tu semen en mi culo.

    La jale más hacia mi, y con una de mis manos frote su clítoris, ella se hacía más hacia atrás y se la metía toda, eso hizo que me viniera..

    I: ahhh que caliente se siente tu semen en mi culo, me encanta sentirlo mmm…

    Yo: tu culote me vuelve loco…

    Dejamos que mi verga se saliera sola de su culo, ella se puso de pié y se acomodó un poco su ropa, nos dimos un beso y ella se fue al baño, me acomode la ropa y todo lo que habíamos movido en la sala y el comedor, abrí un poco la puerta para que el olor a sexo y nuestro aroma se disipara un poco, cuando ella salió del baño se veía muy radiante, con ese rubor de haber cogido muy rico.

    I: se me olvidó llevarme las medias al baño, que bueno que ya acomodaste la sala.

    Se acercó por las medias que yo ya las tenía sobre el sillón y se las puso de manera muy sexy, sobando sus pantorrillas al subirlas y sus muslos que vaya que se veían muy bien.

    I: mejor preparamos algo de comer y así se va el olor a sexo, que vaya que hoy aprovechamos bien.

    Yo: ok, me gusta aprovechar el tiempo así.

    Cocinamos algo de cenar y en cuanto estábamos a punto de servirlo a los platos, escuchamos el carro de su papá y el olor, ya era a comida.

    Gracias por leer, espero sus comentarios, saludos cordiales a todos.

  • El día en que fui abusada por una mujer

    El día en que fui abusada por una mujer

    Recuerdo perfectamente esa época, en la que por fin me di la oportunidad de cambiar de trabajo, pues debido a muchos problemas que tuve ahí, ya no estaba a gusto, quería iniciar de nuevo en otro lugar donde ya no existiera esa inconformidad y esa tensión tan grande al entrar a mi área de trabajo, era muy evidente que ni mis jefes ni yo estábamos a gusto ya, debido a tantos chismes, habladurías, exigencias absurdas por parte de mi jefe, acabaron con mi paciencia y mi tranquilidad, así que decidí ponerle fin a mi relación laboral en ese lugar, y emprender un nuevo destino a mi vida, ¿qué me espera? No importa, sabía que donde fuera, estaría mejor, que en ese ya antiguo lugar…

    Decidí poner manos a la obra y buscar por todos los medios una vacante, habían varias opciones a las cuales ya me había postulado hasta que de repente, mi celular comenzó a timbrar, a lo que conteste de manera inmediata, era una voz femenina, muy educada y formal, que se había interesado en mi currículum, y quería concretar una cita conmigo,

    —Te espero mañana a las 9 de la mañana.

    Era para cubrir una vacante de oficinista, auxiliar administrativa para ser exactos, lo que me llamo la atención, es que cuando acudí para mi entrevista, me percaté que la «oficina» era en casa de quien podría ser mi futura patrona, así es, ella trabajaba desde casa, y buscaba una auxiliar que la apoyara como secretaria, cuando la vi por primera vez, note que era una mujer efectivamente, muy elegante, formal, una mujer de aproximadamente unos 37 o 38 años, delgada, con un cuerpo muy voluptuoso, piernas muy torneadas, llevaba un vestido corto que sinceramente destacaba en gran manera ese cuerpo tan escultural que tenía, ese cabello largo, café y ondulado que le llegaba a la espalda hacia lucir tanto su feminidad y elegancia, sinceramente quede sin palabras al verla, y pensé que quizás, esa mujer difícilmente me daría el trabajo, pues algo que no mencione es que mi antiguo trabajo era una florería, yo acostumbraba a usar unos simples jeans, una playera sencilla, tenis, y pensé, que esta vestimenta no sería la excepción para ir a mi nueva entrevista, cual fue mi sorpresa que después de terminar la entrevista de trabajo, aquella mujer elegante y hermosa, me diría…

    — ¿tienes algún inconveniente en quedarte hoy a trabajar?

    Yo me quede realmente sorprendida a lo que le respondí de inmediato que, no tenía ningún problema, podía comenzar hoy mismo si ella me lo permite.

    Ese fue mi primer día de trabajo, me sentí un poco incómoda, por como yo iba vestida, pero más incómoda me sentí, al darme cuenta que en toda mi jornada laboral, mi jefa, no soltó ni una palabra hacia mi, no platico ni un poquito, todo era silencio, ella solo escribía y escribía en su computadora, de vez en cuando imprimía documentos, y cuando me hablaba era solo para recibir al chico de la paquetería a quien mi jefa le daba paquetes con documentos para enviar… fue muy aburrido, pero a la vez me sentí feliz por mi nuevo trabajo..

    Así pasaron varios días, mi jefa a veces me pedía que le llevara café, a veces yo contestaba llamadas, todo era un poco monótono, hasta que un día, mi jefa me pidió que le imprimiera unos archivos que se encontraban en su celular mientras ella recibía a unas personas, para eso conecte su celular a la computadora, y comencé a buscar esos archivos, mientras los buscaba, note algo, que había dejado ella su WhatsApp abierto en su navegador de la computadora, y como yo no soy para nada chismosa, comencé a husmear entre sus conversaciones, y me di cuenta de algo, que a mi jefa, le gustaban las mujeres, pero eso no es todo, me di cuenta, que anterior a mi, tenía otra secretaria, eso lo supe porque los primeros chats que tenía, eran de un hombre con quien ella al parecer platicaba mucho, fue con quien comento de su antigua secretaria, pero… ¿¿que habría pasado con ella?? En ese momento yo comencé a atrás la conversación lo más que pude hasta que de repente, escuche algunos pasos, era mi jefa… me salí de inmediato de su WhatsApp, y le comenté

    — disculpe licenciada, no encuentro los archivos que debo imprimir.

    A lo que ella se me queda viendo con una mirada muy fría, y me dice

    — no te preocupes, ya los buscaré yo.

    En eso se me acerca de una forma un tanto incómoda, y comienza a sujetar el mouse, encima de mi mano, no está de más decir que logro escuchar su respiración cerca de mi oído, lo cual me pone muy nerviosa, y me dice casi susurrando,

    —aquí están, imprímelos por favor.

    En eso retira su mano con la que sujeta el mouse, no sin antes acariciar mi mano y mi brazo, siento un escalofrío que recorre todo mi cuerpo y el corazón me comienza a latir muy fuerte, tenía mucho miedo, sentía que corría peligro ahí, yo nunca había convivido tan de cerca con una mujer homosexual, pero pensé que quizás yo estaba siendo mal pensada, quizás ella no tenía malas intenciones conmigo, sin embargo tenía que saber que era lo que había pasado con la antigua secretaria…

    Así fueron pasando los días, todo estaba normal, la rutina de siempre se volvió un poco monótona, mi jefa se retiraba de la oficina en varias ocasiones, y se iba a tomar café, o al baño, yo me quedaba en la oficina terminando varias cosas que ella me pedía, a veces tenía que limpiar la oficina, o acomodar algunos documentos,

    Poco a poco me fui acostumbrando a ese trabajo, y comenzaba a sentirme con más confianza, eso sí, tenía que acostumbrarme a esos «acercamientos extraños de mi jefa» a veces mientras contestaba llamadas, mi jefa me tomaba por la cintura y me entregaba algún documento que tenía que archivar, o a veces mientras estaba en la computadora me acariciaba la pierna, todo eso me parecía incómodo, más incómodo era cuando me hablaba y me acariciaba el cabello…

    Un día, cuando termino mi horario de trabajar, me pidió mi jefa quedarme un rato más, me quería invitar a comer, a lo cual accedí, pues me pareció un bonito gesto de su parte, mientras ella preparaba la comida, yo quería ayudarle a acomodar los platos, note una mirada extraña de su parte, mientras yo me agachaba por los platos, logré ver a través de un espejo de la alacena, su mirada que no me quitaba de encima, era una mirada de deseo, muy fogosa, casi como la de un hombre hacia una mujer, sentí tanta desconfianza, que sinceramente quería irme de ahí y ya no volver, pero a la vez, traté de recapacitar, y de entender que necesitaba ese trabajo y no podía echarlo a perder, cuando comíamos, ella me dijo lo siguiente

    —Lorena, ¿estás a gusto en este trabajo?

    —claro que si, me siento muy a gusto, y le agradezco mucho la oportunidad.

    —me alegro porque, quiero pedirte algo, mi antigua secretaria, a veces me hacía compañía, fuera del horario laboral, obviamente esto es algo voluntario, yo te podría compensar muy bien económicamente, como te habrás dado cuenta, yo vivo sola, y me encantaría que me pudieras hacer compañía, entiendo que tu tengas tus ocupaciones y tu vida personal, si te es imposible, yo sabré comprenderlo.

    —me gustaría que me diera la oportunidad de pensarlo, y hablarlo con mi familia, sobre todo con mi novio, quien debe estar al tanto de la situación.

    —¿tienes novio? Creí que había sido muy específica en la vacante, al pedir como requisito que fueran solteras.

    En ese momento… sentí que mi oportunidad de trabajo estaba en peligro, que en cualquier momento me podía despedir mi jefa, cuando respondí

    — hoy no tengo inconveniente de quedarme en su casa licenciada.

    —¿a no? (La mira con sorpresa y asombro) Pero… ¿tu novio no se molestara?

    — no lo creo, él ahora está trabajando, lo más seguro es que hoy no nos veamos.

    —No sé hable más, puedes… ponerte cómoda, estás en tu casa.

    No me quedo otra alternativa, tenía que salvar mi trabajo, así que decidí, acceder a sus peticiones, la paga era muy buena y si me prometía un mejor salario, claro que era una excelente oportunidad, al final de cuentas… ¿qué podía pasar? Decidí tomarme un baño, y ponerme una bata para dormir limpia, la jefa tenía todo preparado, de hecho… literalmente todo lo tenía preparado…

    Me senté a ver la televisión, mientras observaba su casa, era muy elegante como ella, tenía un excelente gusto, era muy acogedora aunque… en todo momento me sentía observada, era una sensación muy extraña, algo turbio, tétrico se sentía eso, en ese momento, se me ocurre preguntar algo muy importante…

    — licenciada, ¿yo dónde voy a dormir?

    —conmigo… ¿algún problema? Mi cama es amplia,

    Justo cuando escuché eso un sentimiento de terror, miedo… se apoderó de mi, sentí como se estremecía mi cuerpo, y conteste

    — igual puedo dormir en el sofá, yo me duermo donde sea, no quiero… incomodar,

    —no Lorena, tu puedes dormir conmigo, no es ninguna molestia, de hecho, me da miedo dormir sola, por eso te pedí tu compañía.

    Mientras me decía eso, sentía su mirada asquerosa recorriendo todo mi cuerpo, se sentó a mi lado, y cada vez que mi pierna se descubría, no podía evitar ver sus ojos pervertidos mirándome mis piernas…

    Unas horas más tarde…

    En ese momento se llegó la hora de dormir, yo estaba hecha una tabla, no quería moverme del sofá, cuando de repente escuche del cuarto mencionar mi nombre

    —Lorena, vamos a dormir!

    Comienzo a caminar poco a poco hasta llegar al cuarto, ella ya estaba acostada, yo parecía una niña temerosa, me siento en la cama, y poco a poco me meto entre las cobijas, ya una vez acostada me dice mi jefa

    —voy a cerrar la puerta,

    — No!

    Ella voltea y me dice:

    —no pasa nada, siempre lo hago

    Sonríe y procede a cerrar la puerta, después se mete entre las cobijas, comienza a mirarme, y me dice:

    — ¿te sientes cómoda? Te noto muy tensa, si no te sientes a gusto puedo llevarte a tu casa,

    Yo muevo la cabeza a los lados expresando que no quiero irme, le digo que estoy a gusto, a lo que ella comienza a acariciarme las manos, y me dice:

    —¿te ha dicho tu novio que tienes unos labios hermosos? No sabes lo afortunado que es el, yo me sentiría tan afortunada de tener la dicha de besar esos labios tan hermosos…

    En ese momento se acerca a mis labios y los comienza a besar mientras yo estoy tiesa como un muerto, después se sube hacia mi cuerpo y me besa el cuello, en ese momento me muevo hacia los lados para apartarla de mi, pero ella me aprieta las manos y me besa los pechos, de una forma tan desesperada, empiezo a gritar con fuerzas, pero ella me grita más fuerte y me dice,

    —si sigues gritando le llamo a la policía y le digo que te metiste a robar a mi casa! ¿¿A quién crees que le van a creer??? Si sabes lo que te conviene, te vas a quedar callada!!!

    En ese momento busca entre la cama unas esposas que tenía preparadas y las pone en mis manos, saca una mordaza y me la coloca, yo empiezo a llorar no sabía que estaba pasando, así que solo decidí dejarla terminar lo que estaba haciendo, en un abrir y cerrar de ojos me tenía completamente desnuda, y disfrutando todo mi cuerpo, levantaba mis piernas y colocaba su vagina sobre la mía, me montaba como si ella fuera un hombre mientras gemía, eso lo hacía tantas veces hasta que sentía como se venía sobre mi vagina, su clítoris se le ponía tan duro, eso lo sabía porque lo sentía, lograba sentir como ella lo frotaba en mi vagina, me besaba las piernas, se masturbaba sobre mi trasero, eso la ponía como loca, sentía como gozaba y disfrutaba de mi cuerpo, nadie había disfrutado de tantas formas mi cuerpo como ella, hasta que se quedó completamente dormida, yo no pude dormir en toda la noche, me sentía sucia…

    Al día siguiente ella se metió a bañar, yo seguía atada de manos, cuando salió de bañarse, vi cómo me veía con tanto deseo, no disimulaba ni un poquito, mientras me veía se masturbaba y se mordía los labios, mientras se masturbaba me levantaba las piernas y se colocaba entre mis nalgas, me abría las piernas y me restregaba su clítoris entre mi vagina y mis nalgas, y se movía una y otra vez mientras me acariciaba los pechos y las piernas, se volvía a masturbar con su mano y volvía a restregarme su clítoris el cual ya estaba duro como una piedra, en ese momento se levanta y se sube encima de mis pechos, agarra uno y se acaricia el clítoris con el pezón, hasta que comienza a temblar, y dice:

    —aaahhh… ya me vine… al fin…

    Mientras sus jugos comienzan a caer sobre mi pecho,

    Se levanta de su cama, y me dice, prométeme que no gritaras, en eso yo asiento con mi cabeza…

    Y ella procede a quitarme la mordaza, como se da cuenta que yo no digo nada, comienza a quitarme las esposas, y me dice, te preparé comida, puedes bañarte primero si quieres.

    Yo no quería hablar, solo me metí a bañar, y mientras me bañaba, en la medida que caía el agua sobre mi cuerpo, mis lágrimas también caían sobre mi cuerpo, yo jamás había querido terminar así, yo solo quería otro trabajo, yo quería estar tranquila, no quería terminar siendo la esclava sexual de una loca marimacha!!!

    En ese momento mientras me bañaba, entra mi… mi jefa, quien en ese momento se quita la ropa y le digo:

    — déjame sola por favor…

    Obviamente no me hace caso, de hecho… es como si no estuviera en si, no responde absolutamente nada y solo camina hacia mi, me voltea de espaldas, me agacha dejando mis nalgas sobre su entrepierna, y comienza a masturbarse nuevamente mientras está de pie, cada vez que lo hace, se escucha como comienza a gemir, en ese momento me pone de pie y comienza a acariciar mis pechos mientras mueve su vagina de arriba hacia abajo, mientras lo hace me besa el cuello, me pega hacia la pared, para restregarme todo su cuerpo en mi espalda, no hay minuto, ni segundo que me deje en paz, una vez que termina me dice…

    —vete a almorzar, ahorita hablamos.

    Una vez que se retira, me dejo caer hacia el piso y termino hecha un mar de lágrimas…

    Mientras almuerzo, ella me pregunta:

    —¿nunca habías estado con una mujer verdad?

    A lo que yo no le respondo absolutamente nada.

    Por lo que ella me dice:

    — termina de almorzar, tenemos que trabajar.

    Mientras estamos trabajando, todo se vuelve normal, «aparentemente» mi jefa actúa como antes, concentrada en su trabajo, ni parece la loca pervertida que era hace unas horas, aunque… con ese vestido que se puso, ese peinado que tenía, se veía muy hermosa… concentrada en su trabajo, cuando en eso ella se retira un momento, no lo entiendo, era mi oportunidad de huir, podía retirarme en ese momento, pero cada vez que veía la puerta me entraba un miedo enorme…

    Y así pasaron los días, en las mañanas trabajamos muy duro y por las tardes y noches ella no me daba ni un minuto de descanso,

    —quiero que me chupes esto

    Me lo decía mientras me metía su clítoris en mi boca, no sé cómo poco a poco le perdí el miedo a mi jefa, hasta llegar al punto de colaborar con ella, cada vez le comenzaba a agarrar el gusto a todo lo que me hacía, cada vez me sentía deseada por ella, verla encima de mi disfrutando de mi cuerpo era un deleite, no sé si me estaba volviendo loca, o que era lo que sucedía pero juro que a pesar de todo, yo no me consideraba lesbiana…

    Continuará…

  • Masturbándome en la oficina, la mejor corrida de mi vida

    Masturbándome en la oficina, la mejor corrida de mi vida

    Partiré diciendo que llevo siglos sin tener sexo, últimamente ando más ganosa que nunca, pero no tengo tiempo de salir y conocer a alguien para pasar la noche. El trabajo me consume mucho tiempo y llego a casa prácticamente sólo a dormir, últimamente también a masturbarme hasta el cansancio antes de dormir.

    La necesidad y el llamado de naturaleza es tal que en mis días fértiles me pongo excesivamente sensible y hasta el roce de la ropa interior me hace mojarme.

    Hace unos días atrás andaba así de ganosa y húmeda, sentada en mi oficina me acomodé discretamente para presionar la costura del pantalón contra mi clítoris, la sensación fue increíble, y aún más con el morbo de estar con más personas alrededor. Así estuve toda la jornada mientras trataba de concentrarme en trabajar. Las horas pasaron y mis compañeros comenzaron a irse, por lo general soy la que se va de último, así que siempre me quedo sola algunas horas antes de irme a casa.

    El asunto es que no podía dejar de pensar en los caliente que me sentía, me estuve aguantando por horas las ganas, haber sentido mi braguita permanentemente húmeda todo el día a esas alturas ya me tenía loca, así que me fui a dar una vuelta para verificar que no hubiera nadie, aseguré puertas y me devolví corriendo a la oficina con la idea de sacarme las ganas.

    Me senté y comencé a frotarme en la silla, suavemente al principio, subiendo de a poco la intensidad, estaba realmente caliente, me mojé tanto que hasta se me humedecieron los pantalones, necesitaba más, así que me abrí el pantalón y metí mi mano, riquísimo, toda mi entrepierna estaba muy sensible y muy mojada, lamer mis dedos fue una delicia, mi clítoris sensible e hinchado pedía por más, me metí unos dedos dentro pero no era suficiente, quería más con desesperación, busqué entre las cosas de mi escritorio algo para meterme dentro y lo primero que vi fue el pegamento en barra, era de los grandes, ni quiera lo pensé, metí mi mano sin bajarme la ropa y me lo introduje dentro, que sensación más rica, cuando lo metí todo me volví a sentar y comencé a dar pequeños saltitos en la silla, cada vez que caía me lo hundía dentro hasta el fondo, y cuando subía lo empujaba para que saliera, pero mi ropa interior evitaba que se saliera del todo, así estuve un buen rato, salta que salta en la silla, mojándome más y más, tanto que podía escuchar el chapoteo cada vez que me lo hundía dentro.

    La silla de mi escritorio comenzó a incomodarme después de un rato, así que me puse de pie con el pegamento en barra metido dentro para buscar otra locación para seguir con mi cochinada, se sentía rico caminar con él dentro, mientras me tironeaba los pantalones hacía arriba hasta metérmelos por toda la extensión de mi ranura, desde mis nalgas hasta mi chochita, iba partida en dos, pasé por el baño para mirarme en el espejo, me calenté aún más, verme así, toda necesitada por sexo, viéndome el pantalón metido bien duro, la costura haciendo magia en mi botoncito de la entrepierna, me abrí unos botones de la blusa y me saqué las tetas por encima del brasier, que espectáculo verme así en el espejo, me quería morder las tetas, como las tengo un poco grandes puedo lamerme los pezones si me las tironeo un poco hacía la boca, así que eso hice, me chupé los pezones y todo lo que pude de tetas por turnos, me las mordí y me las apreté, mientras que con la otra mano seguía tirando de mi pantalón para aumentar el roce mientras meneaba las caderas, estaba caliente hasta más no poder, pero me aguanté la corrida porque quería disfrutar un poco más, nunca había hecho algo así, así que el morbo me tenía a mil.

    Así como estaba, con las tetas por fuera llenas de saliva, el pantalón metido, el pegamento en barra dentro, los labios de mi boca hinchados de tanto morderlos, los labios de mi chochita sensibles y chapoteados, crucé la oficina con dirección a la salita que tenemos para comer, ahí tenemos unos sofás bien cómodos para tomarnos un descanso, así que ese fue mi objetivo final, me quería correr bien rico, así que apenas entré comencé a sacarme la ropa, me quedé sólo con el brasier, porque me gusta como se sienten las tetas cuando las tengo por fuera medio colgando y bien paradas, me abrí de piernas y comencé a frotarme en el apoya brazo del sofá, fue delicioso sentir como mi chochita ultra mojada se deslizaba sin problemas por la cuerina, y más delicioso fue ver la marca que iban dejando mis fluidos, tan caliente estaba que me quería lamer y morder la misma concha! estuve frotándome por varios minutos mientras con cada vaivén intentaba que mis pezones también se rozaran con el respaldo del sofá, ya no me quería aguantar más, así que me saqué el pegamento en barra de dentro, venía cubierto de mis ricos fluidos, incluso quedaron hilos de mi babita colgando de mi concha sedienta, no quería desperdiciar mi rico sabor así que lo lamí por todos lados hasta dejarlo bien limpio.

    Me metí todos los dedos que pude mientras trataba de seguir frotándome intentando meterme la mano dentro, porque me quería sentir bien llena, estaba literalmente sentada encima de mi mano, tratando de tragármela completa, movía mis dedos dentro, trataba de abrirlos para dilatarme más, si hubiera podido hacerme un fisting créanme que no lo habría dudado, mientras trataba de tragarme mi mano derecha, con la izquierda me apretaba las tetas, comencé a morderme uno de los pezones, estaba sobre estimulada, ya no aguantaba más, así que me dejé ir, me corrí en medio de jadeos muy sonoros, me corrí tan fuerte y rico que salían chorros y chorros de fluidos, exquisito, nunca me había corrido de esa forma, el sonido del mi eyaculación caer sobre la cuerina del sofá fue lo mejor que he escuchado en mi vida, fueron varios chorros, así que escucharlos y verlos caer fue tan excitante que podría haberme corrido de nuevo, me puse de rodillas en el suelo y lo lamí, lamí todos los fluidos que pude, mientras me metía un par de dedos para sentir las palpitaciones de mi orgasmo, ha sido el mejor que he conseguido masturbándome.

    Lo mejor fue al día siguiente, el morbo de ver a uno de mis compañeros sentado justo en el lugar donde el día anterior tuve la mejor corrida en solitario de mi vida hasta ahora, me calentó tanto que sentí como mi chochita se humedecía otra vez.