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  • Mi novia me pide cogerme a su mamá

    Mi novia me pide cogerme a su mamá

    Cuando llegamos a la casa de mi novia Yesica, el día que me regaló su virginidad, encontramos a su mamá recostada en un sillón viendo su novela, vestida sólo con un shorts y una playera sin cuello y sin mangas, la cual dejaba casi escapar sus pechos grandes, al ponerse de pie, sorprendida intento cubrir ese par de tetas cruzando los brazos, pero esa acción hacia que se le vieran más grandes, verla así, se quedó grabada en mi mente su imagen.

    Después de ese día, Yesica hacía muchas referencias al cuerpo de mi suegra, hacía comentarios como «¿Verdad que ese vestido se le vería muy bien a mi mamá?» o «¿Verdad que mi mamá tiene un bonito cuerpo?». Al principio yo le contestaba con cautela, pero siempre me pedía que fuera sincero en mis respuestas, así que con más confianza yo le contestaba a todo lo que me preguntaba, obviamente mis respuestas eran que sí.

    Yesica y yo hacíamos el amor casi a diario, en un cuarto que yo rentaba y que estaba cerca de su casa. Poco a poco fue metiendo los comentarios alusivos a su mamá en nuestra intimidad. Por ejemplo, cuando estaba sobre mí, subiendo y bajando en mi verga, me preguntaba cómo se verían los pechos de su mamá rebotando en esta posición o como se vería de perrito o chupando una verga, a lo cual yo contestaba que se vería muy bien, aunque no se vería tan bien como mi Yesica que me cogía delicioso. Y parecía que mis respuestas le gustaban porque se venía muy rico. Con sus preguntas y sus comentarios me hacía fantasear con mi suegra.

    Hasta que llegó el día en que me hizo la propuesta que yo tanto esperaba. Estábamos en mi cuarto cachondeando, besándonos, diciendo cuantos nos amamos, previo a hacer el amor, nos desnudamos el uno al otro, chupé sus pezones y le daba mordiscos suaves, ella gemía despacito mientras con mis manos recorría su espalda y acariciaba sus nalgas y sus tetas hermosas, para luego besarnos entrelazando nuestras lenguas. Me recostó en la cama, fue por su bolso de mano y saco una cuerda, con ella me amarró las manos a la cabecera de la cama, me besaba y acomodó dos almohadas bajo mis nalgas así que mi verga quedó en alto, y poco a poco se fue deslizando en ella hasta que la tuvo toda adentro, se movía delicioso y yo tenía una vista maravillosa de sus tetas y su panocha llena, húmeda, hermosa.

    Se acariciaba los pezones mientras se veía reflejada en un espejo que acomodamos cerca de la cama para vernos mientras hacíamos el amor. Así como estaba montándome, me dijo: » ¿No te gustaría que mis pechos fueran grandes como los de mi mamá? -Me gustan los de tu mamá, pero me encantan los tuyos- le contesté. Te gustaría mamárselos? Me preguntó. Sí, quisiera acariciarlos, chuparlos, lamerlos y morder sus pezones como lo hago con los tuyos, le dije. Ante esta respuesta ella se movía más intensamente, parecía que disfrutaba mis respuestas. Y entonces vino su pregunta: ¿Te la quieres coger? Si – le contesté. ¿Cómo te la cogerías? Le mamaría las tetas y la panocha, haría que ella me mamara la verga, la pondría de perrito y se la metería hasta el fondo hasta hacerla venir, de todas las formas posibles y me gustaría que tú estuvieras ahí viendo cómo me la cojo. Más o menos esa era la respuesta que mi esposa esperaba, yo amarrado como estaba lo único que hacía era levantar mi pelvis para que ella se moviera más rico, gemía muy fuerte, cerraba sus ojos, se imaginaba todo lo que yo le decía. Se vino muy fuerte y sin sacarse mi verga se orinó sobre mi, su orina escurría sobre mi pecho y salpicaba hasta mi cara, empapó la cama y almohadas, y mientras palpitaba su vagina se inclinó hacia mí y me dijo: «si quiero que te cojas a mi mamá, ve planeando cómo la vas a convencer». Si amor, lo que tú pidas, te amo – le dije. Y nos besamos muy intensamente.

    Se sacó mi verga y se metió al baño a bañarse, yo me quedé amarrado, empapado y con la verga parada pues no me había venido. Salió Yesica del baño y sacó de su bolsa un marcador de aceite, se sentó junto a mi, estiró mi verga y escribió con el marcador «Propiedad de Yesica», me hizo varios chupetones en el pecho y el cuello, me encantaba ese dolor y mi verga se ponía más dura, ella encerraba cada chupetón en un corazón que dibujaba con el marcador, yo deseaba que me diera una mamada o de menos que me masturbara, cuando acabó de marcarme enfrente, me volteó y me acomodó en posición de perrito, me hizo chupetones en las nalgas y también escribió que eran de su propiedad. Así en esa posición me tomó de la verga y me empezó a masturbar despacio y decía que me iba a ordeñar, y mientras lo hacía puso el plumón en la entrada de mi ano, la muy cabrona me lo metió hasta la mitad, lo sacaba y metía mientras me masturbaba, sentía muy rico por lo que me hacía, yo era y soy suyo, y podía hacer conmigo lo que ella quisiera, así que lo disfrutaba lo más que podía, después de un rato así, me vine muy rico. Cuando acabé, me desamarró las manos y me dijo que me metiera a bañar sin sacarme el plumón, pero que al terminar, se lo entregara limpio. Y así lo hice.

    Nos vestimos y salimos del cuarto rumbo a su casa, íbamos abrazados y yo no sabía qué decir, pues no sabía si lo que dijimos al hacer el amor, era producto de nuestra calentura. Fue ella quien me dijo: «si quiero que te cojas a mi mamá, y quiero estar ahí presente, piensa como le vas a hacer pero de lo que planees tienes que tomarme en cuenta ok», si mi amor, todo lo que tú me pidas, le dije y nos besamos. No me la creía, pero estaba yo más que emocionado.

    En ese tiempo a mi suegra le conocíamos un amante, tanto sus hijas como yo lo sabíamos, menos su esposo que siempre andaba lejos ya que manejaba un camión. No era una santa, le gustaba coger, un punto a mi favor. Le gustaban los hombres altos, yo no era muy alto, pero su amante era más o menos de mi estatura, así que ese era otro punto a mi favor. Y siempre he sido nalgón, así que a ella le gustaba hacer bromas de mis nalgas, decía que yo tenía más nalgas que ella y que se me vería muy bien una tanga. Esos comentarios le causaban mucha gracia. Así que también ese era otro punto a mi favor, para ir planeando como convencerla.

    Les describo a mi suegra, es chaparrita como de 1.60 m, en su juventud era una mujer muy guapa, con un cuerpazo muy bien formado, cuando yo la conocí hace alrededor de 25 años, tenía unas nalgas paradas y piernas marcadas, cintura pequeña, pechos grandes y firmes, de piel clara, cabello castaño, muy hermosa. Mi esposa Yesica es más o menos del mismo cuerpo aunque con menos pechos y de piel no tan clara. Mi cuñada Luisa, también muy parecida a ellas aunque tiene más cadera y nalgas que mi esposa y mi suegra. En futuros relatos les contaré de ella, con quién también tuve algo que ver con el consentimiento de mi esposa.

    En el siguiente relato les cuento cómo fue que convencimos a mi suegra Melinda ya que mi esposa me ayudó bastante. Saludos y gracias por leerme.

  • Humillada por comportamiento incívico

    Humillada por comportamiento incívico

    El relato de ficción que van a poder leer está ambientado en un futuro cercano y en un país de habla hispana. Concretamente en el suburbano.

    A simple vista no hay muchas diferencias con la época actual. Quizás el aspecto de los vagones es algo más moderno, más limpio y en general hay más sensores, pero las gentes, las ropas que visten y el ajetreo en hora punta, es el mismo.

    Silvia, una empleada de banca de veintiséis años se dirigía a su trabajo. Su ropa informal, vaqueros que se ajustaban al cuerpo marcando trasero contundente y camiseta blanca de tirantes con generoso escote. Caminaba deprisa y con gesto de pocos amigos. Esa mañana había estado en el médico y le habían puesto una inyección en la nalga derecha. El picotazo y el líquido blanco que le habían inoculado escocían y mientras caminaba notaba una molesta y continua sensación en su glúteo, como si alguien le estuviese dando un pellizco eterno.

    Cuando llegó al andén encontró mucha gente y lo peor es que el tren que llegaba, con retraso, venía lleno de gente y apenas nadie se apeó en la estación. Quizás fueron los nervios, o el maldito día, el maldito retraso o su carácter agresivo. El caso es que se le metió en la cabeza que tenía que meterse en ese vagón. Insultó a un joven, se empeñó en entrar mientras otros salían y desoyendo a un guardia de seguridad, empujó y empujó hasta que las puertas del vagón se cerraron. Aquello era una lata de sardinas, olía a sudor, a colonia y, porque no decirlo, a pedo. Probablemente aquel tipo de la camiseta a cuadros que sudaba, no se había afeitado en tres días y ese feucho era el causante. En la siguiente estación se bajó mucha gente y ella, ignorando a una mujer de pelo cano, se arrojó en busca de un asiento. Eso de ceder el sitio era para tontos.

    Al llegar a su parada, un hombre y una mujer uniformados estaban esperándola.

    -Acompáñenos. -dijo la agente.

    -Yo no he hecho nada. -respondió la joven con altivez.

    -Prefiere caminar con nosotros o necesitamos recurrir a otros métodos. -comentó el guardia haciendo ademán de usar la porra.

    Aquel gesto le pareció excesivo a Silvia, pero prefirió obedecer por el momento y acompañarlos.

    Tras caminar unos metros se detuvieron frente a una entrada sutilmente camuflada. El varón acercó una tarjeta y dijo en voz alta «abrir». Inmediatamente el panel se deslizó de manera silenciosa y la comitiva entró en un laberinto de pasillos y salas numeradas.

    -¿Qué es todo esto? -preguntó Silvia.

    -Esto es un centro de re-educación muy especial -respondió la mujer de uniforme.

    Unos segundos después, usando otro comando de voz, entraron en la sala número 8.

    -Siéntate en esa silla. -le ordenaron.

    La estancia no era muy grande. Aparte de sillas de metal y una mesa, había una camilla y un armario blanco con muchos cajones. La luz parecía salir de las paredes blancas y lo llenaba todo.

    Mientras Silvia, sentada en la silla, aguarda visiblemente nerviosa, la otra mujer sacó de un cajón un paquete de guantes de plástico, una botella de agua y una especie de orinal color azul claro.

    El hombre miró a la muchacha y sonrió lascivamente. Luego tomo la palabra.

    -Silvia, ¿verdad? Lo sabemos todo de usted… pero lo que nos ocupa hoy es su comportamiento. Monitorizamos aleatoriamente distintos lugares públicos en busca de personas poco cívicas y en esta ocasión la hemos pescado con las manos en la masa. Usted no se ha negado nunca, según veo, a que se le aplique la ley de re-educación del gobierno y por lo tanto, tenemos la potestad de corregir su conducta.

    -Levántese y desnúdese. -dijo con frialdad la mujer policía mientras se enfundaba los guantes.

    La aludida tardó unos segundos en reaccionar, valoró la opción de revelarse pero… había oído historias. La situación no era buena, pero podía ser mucho peor. Estaba en manos de sus captores «legales» y lo máximo que podía hacer era esperar que no fuesen unos pervertidos de tomo y lomo y la humillación no durase mucho.

    Con nervios, pero tratando de mostrar un aplomo que no tenía, se quitó la ropa quedándose en cueros. Su trasero temblón y sus pechos bien moldeados notaron la caricia del aire que, a pesar de la calidez del lugar, aparecía de forma caprichosa.

    -Veo que no te afeitas el coño. -observó el varón.

    Su compañera se acercó a la víctima y le ordenó que levantase el brazo.

    -El sobaco no tiene pelos… Inclínate.

    Con las mejillas coloradas por el rubor Silvia se inclinó hacia delante y un instante después notó como el dedo enguantado se colaba por sorpresa en su ano.

    -Espero que te hayas lavado el culo esta mañana. No me gustan las tías guarras.

    La joven permaneció en silencio, esperando que el examen anal terminase cuanto antes.

    -Está bien, puedes sentarte.

    La silla de metal era fría al tacto.

    -Bebe. Tienes que beberte esta botella. Tranquila, es solo agua.

    La cautiva obedeció.

    -Bien, ahora esperaremos un rato.

    Media hora después, Silvia solicitó dócilmente.

    -Necesito ir al baño.

    -¿Ves algún baño? -se burló el hombre.

    Veinte minutos después la chica insistió.

    -Por favor, me estoy meando… ya no aguanto más. -espetó cruzando las piernas.

    Diez minutos después, con lágrimas en los ojos. Suplicó nuevamente.

    -Vaya, vaya. Tenemos una llorona con nosotros… y eso que no hemos empezado. -aseveró la fémina.

    -Hoy voy a ser bueno y te dejaré orinar… pero como pago me dejarás que te folle.

    -Por favor, sí… vale, haré lo que sea… pero déjenme ir al baño.

    -¿Baño? aquí no hay baño… pero por suerte tenemos orinal. -dijo ofreciéndole el recipiente de plástico.

    La chica lo cogió, miró alrededor buscando intimidad, pero allí no había donde esconder las vergüenzas. Así que, empujada por la imperiosa necesidad, dejó el orinal en frente de la silla, se puso de cuclillas y dejó escapar el pis, que, furioso, se estrelló con gran estrépito contra las paredes de plástico. La meada terminó con una ventosidad.

    La mujer le ofreció papel para secarse.

    -Bien, ahora túmbate en la camilla boca abajo. -Dijo el guardia mientras se quitaba los zapatos, los pantalones y finalmente los calzoncillos.

    Silvia observó el pene erecto que sobresalía entre los pliegues de la camisa.

    -No te preocupes, siempre uso condón.

    Tras ponerse la goma el guardia se encaramo a la camilla cubriendo el cuerpo de la joven que esperaba la acometida. Los dedos del guardia se abrieron paso en su sexo entrando y saliendo hasta que, a pesar de la situación, consiguieron excitarla.

    -Te gusta el tema… tu cara de vergüenza dice que no, pero tus partes húmedas dicen otra cosa.

    Poco después la chica notó como el pene la penetraba y no pudo evitar lanzar un gemido. El guardia excitado, comenzó a meter y sacar el miembro a buen ritmo. El sonido de los huevos chocando contra las nalgas se mezclaba con los gemidos de ambos participantes. El hombre, a punto de explotar, sacó la verga, se quitó el condón y regó con su semen el culo de Silvia.

    -Te lo has pasado bien cariño. -espetó la compañera del policía.- pues ahora viene lo mejor.

    El hombre, ya vestido, sacó unas tiras de cuero acabadas en hebillas ocultas en la camilla atando los tobillos, la cintura y las manos de la joven mientras que la otra mujer sacaba de un cajón una vara.

    -Ahora viene el castigo. Te vamos a pegar con esta vara en el culo.

    -Me, me han puesto una…

    -Sí, una inyección. Lo sabemos… bueno, mala suerte, con los azotes seguro que te olvidas de ella… por ser la primera vez te daremos veinte.

    -Está permitido gritar y hasta llorar. -añadió con una carcajada.

    La encargada de aplicar el castigo agitó la vara en el aire tres veces haciéndola silbar y provocando, de paso, que Silvia contrajese el culete involuntariamente. La cuarta vez que la vara cortó el aire se estrelló contra las nalgas desnudas de la joven dejando una marca roja y un ramalazo de escozor. Era delicioso y excitante a un tiempo ver como calentaban el culo con cada golpe. El miembro del guardia, que acababa de descargar, volvía a crecer y la ejecutora del castigo no era ajena al espectáculo. También la protagonista, aguantando como podía la compostura, se sumergía en un cúmulo de sensaciones, humillación y dolor peleando a partes iguales por la victoria.

    Unos minutos después, con lágrimas en el rostro. Liberaron a Silvia devolviéndole la ropa.

    La joven se vistió, frotó su trasero buscando alivio, y en compañía de la mujer que le había metido el dedo en el culo, abandonó la sala y el laberinto volviendo a la estación. Allí, se mezcló con la gente camino a su destino.

  • Ernesto no quiso

    Ernesto no quiso

    Soy la chica de la inmobiliaria. Me encargo de las visitas a los pisos. Exclusivamente de esto. No he venido aquí para darte ni obtener placer. Como me preguntaste si era cómoda la cama, me he tumbado en ella para que veas que sí. Pero ven, túmbate tú también, verás qué cómoda es. Ahora me das un beso. Te dije antes cuál era mi función. Sí, realmente da placer comprar una casa, tienes razón. Ven. Ahora me mordisqueas los labios. Tu lengua me perfora. ¿Me quitas la camisa? Vaya, son mis tetas las que besas. Bien. Muy bien. Muy muy bien. Mi falda. Me la quitas. Y mis braguitas. Qué me haces. Metes los dedos en mi pobre coñito, pobre y desconsolado. Tu brazo es fuerte. Metes tus dedos… Te veo. Estás sobre mi y te veo, el tórax, los hombros, la guapa cara. Te veo. Estás en mí. En mí. Ah. Dentro. Ah. Más dentro. Ah, ah, ah. Qué. Ah. Empuja. Ahí me tienes. Venga. Venga. Ven-te.

    Tuve suerte al conocerla aquella tarde. ¿Quién me lo iba a decir a mí? Ha sido, es la mujer de mi vida. Cintia, la chica de la inmobiliaria. Me repitió varias veces que su función era mostrarme el piso, sólo eso. Yo le gusté. Por eso. Cuando, después de desnudarla, vi mi polla entrando y saliendo de su coño, yo no lo podía creer. Cintia. Tan buena como estaba, y está. Con esas tetas blancas y carnosas de areolas sonrosadas, esas caderas anchas, ese chocho tan bien perfilado por su vello púbico. Gemía lánguidamente Cintia mientras la follaba. Me susurraba: «Venga, venga», en cada embestida. Me dijo: «Vente», para que me corriera. «Vente, vente en mí, ven-te». Y me corrí largamente sintiendo un cosquilleo de placer en el capullo.

    «Qué», me dice. «Nada», digo. Lleva un pijama de dos piezas. Yo también. «Sigues sin follarme, me estoy hartando», dice. «Cintia, tengo depresión»; «Eso es lo que dicen todos, ayer me tuve que follar al repartidor de pizzas»; «No te oí»; «Lo hicimos en la entradita, tú dormías»; «¿Te gustó?»; «¿Tú qué crees?». Se giró y se fue al cuarto de baño. Luego oí el ruido del agua en la ducha.

    No te vas a creer lo que me sucedió ayer por la noche, fui a repartir unas pizzas a una casa y me recibió una mujer madurita con las tetas al aire, bien hermosas las tenía, y me dijo que dejara las pizzas en una silla que había en la entrada y que me fuese sacando la polla porque íbamos a follar, sí, a follar, y me saqué la polla, y ella se quitó el pareo que llevaba y me atrajo, levantó una pierna que yo sujeté con una mano bajo su muslo y me atrajo más, me empalmé y ella se metió mi polla en el coño, y le di, le di, poco pero le di, poco porque me corrí pronto, aunque, oyendo sus gritos, supongo que le gustó, ya sabes pizzero, soy un follador, no como tú, dale que dale a la masa.

    «Qué», me dice. «Nada», digo. «Pero ¿nada?», dice; «Nada de nada», digo.

    Cintia se sienta en la butaca. Lleva la bata de andar por casa muy abierta. Me fijo en sus tetas, que casi las lleva al descubierto. Pero no me empalmo. «Le he pedido un aumento a mi jefe y me lo ha dado», dice Cintia; «¿Nos hace falta?»; «Ya no trabajas».

    Una empleada me pidió un aumento de sueldo, y le dije que ya sabía lo que debía hacer para obtenerlo, estaba muy sexy con la blusa blanca y la faldita negra, la verdad, fue un acierto haberla contratado, ya sabes, a lo que iba, entonces ella se arrodilló delante de mí, me sacó la polla del pantalón y se la metió en la boca, entera, mi polla, yo ni la veía, entera en su boca, y empezó a chupármela, qué glotona, sus jóvenes labios se deslizaban, adelante, atrás, adelante, atrás, se paró un momento, escupió mi polla y luego empezó a darme besos en el glande mientras se iba quitando la blusa y el sujetador, empuñó entonces mi polla y se la pasó por entre las tetas unas cuantas veces mirándome a la cara suciamente, qué puta era, yo, con un golpe de cadera, recoloqué mi polla entre sus labios para que me terminara, y vaya si me terminó, eché todo el semen en su boca, luego ella alzó la cabeza y se lo tragó, ya sabes, a mí mis empleadas me la maman, no como a ti, que te denuncian por acoso, ¡acosador!

    «Cintia, eres mi mujer»; «Y tú mi marido, pero no ejerces»; «¿Te acuerdas cuando nos conocimos?»; «Sí, yo te enseñaba un piso que tú querías comprar, este piso»; «¿Qué nos ha pasado, Cintia?»; «Fácil, que no follamos, y así es como esto acaba»; «¿Así?, no, no, no, ¿no te vas a tirar al lechero?»; «Ya no hay lecheros»; «Bueno, Cintia, al cartero»; «No, mejor me voy a tirar a tu amigo Ernesto, que está muy bueno»; «Oh, Ernesto, qué suerte, Ernesto».

    Que sí, la esposa de uno de mis mejores amigos vino a verme, que sí, mujer, que no pasó nada entre nosotros dos, estate tranquila que nuestro matrimonio está a salvo.

    Ernesto no quiso.

  • Soy la puta de Pedro

    Soy la puta de Pedro

    Habían pasado cinco años desde que conocí a Pedro, manteníamos una relación más o menos consolidada, nos veíamos un par de veces en semana, follábamos en cualquier sitio, en el coche, en el campo, en la playa… me encantaba sentarme lentamente en su polla, le cabalgaba mientras me abrazaba y mordía mis pezones o mi cuello, el roce de mi verga con su vientre hacía que me corriera y cuando me inundaba con su leche me gustaba quedarme quieto esperando a que su polla se aflojara clavada en mi culo y notar como su lefa iba saliéndose.

    Yo siempre he sido cuidadoso con mi aspecto, pero comencé a cuidarme más, me puse a dieta, perdí peso, ahora estaba en noventa kilos, perdí volumen, sobre todo en la cintura, no soy velludo, al contrario, no tengo vello corporal y mi barba es escasa, se limita a escasos pelos en el mentón y el bigote, en la cabeza sin embargo tengo una buena mata de pelo aunque siempre lo llevo muy corto, comencé a hacerme la manicura y la pedicura, a usar cremas hidratantes, tengo el cuerpo depilado por completo, a mi mujer le gustaba así, empecé a hacerme la depilación láser y le pregunté a la chica que me lo hacía si también podía quitarme la barba, me dijo que sí, que dado que la tenía escasa el resultado sería magnífico así que lo hice, ahora voy una vez al año para mantenimiento y me he olvidado de cuchillas y espumas, tengo los lóbulos perforados, me gusta ponerme dos pendientes de oro con cristal Swarovski en talla diamante que me regaló mi mujer y por petición de ella también me perforé los pezones, a Pedro le gustaba coger con los dientes las anillas que me ponía en ellos y tirar, esa mezcla de placer y dolor me ponía como una moto, sabía que a él le gustaban las transformistas, iba al bar donde le conocí precisamente por eso, incluso por lo que leí entre líneas, sospechaba que había tenido relación con alguna.

    Mi mujer trabaja en un hospital, es enfermera, tiene turnos igual que yo en la fábrica y no coincidimos, mis hijos a aquellas alturas eran ya dos adolescentes que pasaban de sus padres, tenía mucho tiempo para mí, hice un curso de maquillaje, incluso compré un maletín muy completo, no lo pude estrenar, mi mujer lo encontró y tuve que decirle que era su regalo de cumpleaños así que volví a la tienda a por otro, también compré otras cosas, por suerte mi mujer y yo tenemos cuentas separadas, ambos aportamos a una común para los gastos pero manejamos nuestro dinero, quería darle una sorpresa a Pedro y vaya si lo conseguí, aquél día le vacíe los huevos hasta dejarlo exhausto.

    Cuando llamé a la puerta de su casa me abrió enseguida.

    – Coño, ¿me estabas esperando mirando por la mirilla?

    – Buenas tardes a ti también, puta. – se quedó mirando la pequeña maleta de viaje que llevaba conmigo – ¿Dónde vas con eso?

    – Es una sorpresa, no te asustes, no me vengo a vivir contigo.

    – Pasa, maricon, pasa.

    Bajamos al sótano, lo tiene dividido en dos partes, en la primera, nada más bajar de la escalera tiene un bar muy bien montado, una barra con cuatro sillas altas, una zona de estar con dos sofás tipo Chester enfrentados separados por una mesa baja de centro, una gran pantalla para ver los partidos con los amigos y en una esquina una gramola en la que pone música de los sesenta, setenta y ochenta, en esos momentos sonaba sultans of swing, de los Dire Straits. Separando ambas zonas tenía un futbolín, en la segunda tenía aparatos de ejercicio, una sauna y un cuarto de baño completo con una enorme ducha.

    – Pasa al cuarto de baño, ya está la sauna preparada.

    – Vale, pero cuando acabemos tienes que salir del cuarto de baño y dejarme solo.

    – ¿Qué estás tramando?

    – Ya lo verás, te aseguro que merecerá la pena.

    Nos desnudamos y entramos en la sauna, diez minutos, salimos y ducha fría, empezando por los pies, repetimos tres veces, la última ducha con agua templada.

    – Bueno zorra, te espero fuera.

    – Gracias.

    Me coloqué ante el espejo completamente desnudo, saqué de la maleta el maletín de maquillaje, me di una base, sombra de ojos en tonos dorados, mascarilla de pestañas negras, delinee las cejas, línea de ojos negra, colorete, pinté mis labios de rojo intenso, seguidamente las uñas con el mismo tono de rojo, me coloqué la gorra para pelucas y me puse una peluca rubia platino con peinado a lo Marilyn de pelo natural que me encajaba como un guante, no en vano me había costado una pasta, me coloqué los pendientes y unas anillas de oro en los pezones, una gargantilla ancha, de seda negra, saqué un corsé y me lo coloqué, medias negras que sujeté con el ligero del corsé, tanga negro, zapatos de tacón negros, guantes por encima del codo y rematé con unas gotas de Chanel número cinco. Me miré en el espejo y vi a un putón dispuesto a satisfacer las necesidades de su macho, salí del cuarto de baño, me había costado dominar los tacones pero a base de ensayos ahora caminaba como una modelo de pasarela.

    – ¡Jo der! – Pedro estaba sentado en una de las sillas altas de la barra, era junio y estaba completamente desnudo.

    – Amo, soy tu esclava, estoy aquí para servirte. – avancé hacia el y di una vuelta sobre mi para que me viera.

    – ¡Joder, joder, joder!

    No salía de su asombro, me acerqué a él, le acaricié la cara, me incliné y besé sus labios, suavemente con la punta de la lengua, mordí el lóbulo de su oreja, besé su cuello, me agaché y tomé su polla en mis manos, la descapullé y besé el glande, con mi lengua jugué con el frenillo y recorrí los bordes de la cabeza, agarré sus huevos colgónes y lentamente me metí esa polla que tanto gusto me daba en la boca.

    – Uf, putona, que lengua.

    Me colocó una mano en la cabeza, yo empecé a moverme metiendo y sacando su verga, en ocasiones llegaba con mis labios hasta sus cojones, aguantaba un momento y la sacaba lentamente para volverla a meter.

    – Sii, zorra, que boca tienes, dios.

    – Slurp slurp slurp, – iba subiendo el ritmo.

    – Ay ay ay, golfaa.

    Continuaba mamando de aquella verga, quería sacarle todo el jugo, agarraba y tiraba de los testículos, sacaba la polla de mi boca, con la lengua recorría el tronco venoso hasta llegar a los huevos, los chupaba, volvía con la lengua a subir por la polla y me la metía nuevamente en la boca.

    – ay mariconazo, ay que me corro, me corroo.

    Noté que se ponía rígido, me preparé y enseguida se corrió, notaba los espasmos de su polla y su semen caliente llenándome la boca, tragué lo que pude y otra parte escurrió por mis labios, me tomó por los brazos y me hizo incorporarme, me atrajo hacia sí y me besó, nuestras lenguas se cruzaron, todavía tenía leche en mi boca y en mi barbilla, me abrazaba con pasión, agarraba mis nalgas con las manos, me besaba el cuello, con su lengua jugaba con los aros de mis pezones, los tomaba con los dientes y tiraba haciéndome dar gemidos de placer.

    – Fóllame, por favor, rómpeme el culo como tú sabes.

    – Si puta, te voy a dar lo que te mereces.

    Me hizo colocarme a cuatro patas sobre la mesa de centro, en esa posición mi culo quedaba justo a la altura de su polla.

    – Plaf – me dio un cachete – eres una yegua con buena grupa.

    – Ah, si amo, soy tu yegua.

    – Plaf, Plaf, zorra, voy a darte lo que te mereces, plaf.

    Abrió mis nalgas y movió la tira del tanga, enseguida noté su lengua follándome el ojete.

    – Sii, cómeme el chochito, si.

    – Plaf.

    – Ay, ayyy, que rico, que ricoo.

    Metía su lengua dura, succionaba el florón de mi esfínter, mordía mis nalgas, pasaba su lengua por toda la raja y yo arqueaba la espalda para que llegara mejor a mi culo.

    – Ay, ay, fóllame, por favor, méteme la polla.

    Se puso en pie, restregaba su polla por mi raja, la puso en mi ojete y me la metió de una sola vez hasta los huevos, noté como me abría el esfínter, mis piernas flaquearon.

    – Ay papi, ay, ay que polla, ay.

    Me agarró del tanga y puso la otra mano en mi cadera, sacó su verga lentamente y de un golpe me la volvió a clavar.

    – Plaf

    – Ay, cabrón, mi culo.

    – Plaf – nuevamente de un golpe de cadera sus huevos chocaron con mi perinéo.

    – Hijo de puta, ay, mi chochito, ayy.

    – Plaf, plaf, plaf.

    Incrementó el ritmo, su polla entraba y salía incansable, estaba empapado en sudor, lo notaba corriéndome por la espalda, mi semental bufaba y resoplaba mientras me follaba.

    – Ay, ay, ay, cabrón, dame, dame.

    – Más fuerte, más fuerte, rómpeme, hijo de putaa.

    – Ay si, si, deja preñada a tu puta, ay, dame tu leche.

    – puta, eres mi puta.

    Dio una última embestida y se apretó contra mí agarrándome las caderas con fuerza, sabía lo que venía, apreté mi esfínter y noté en el las palpitaciones de su polla mientras eyaculaba.

    – Si, córrete, quédate ahí, asegúrate de que tu perra se queda preñada.

    Se retiró, me hizo levantarme, me sacó el tanga, me hizo sentarme en la mesa y me empujó hasta quedar tendido boca arriba con mis nalgas en el borde, de mi culo empezaba a salir su leche, me tomó por las corvas de las rodillas y me hizo levantar las piernas, apuntó con su polla y me la metió de un golpe con un sonido líquido debido a su lefa.

    – Ay, cabrón.

    Agarró mi polla y suavemente comenzó a pajearme con su enorme manaza al ritmo con el que me enculaba, estaba hermoso con ese pecho poderoso y ese vientre llenos de abundante vello canoso, la cabeza rasurada relucía por el sudor, olía a sexo y a hombre, a macho, a semental. Su polla entraba y salía de mi culo con facilidad debido a la dilatación y a su semen mientras aceleraba el ritmo de la paja que me estaba haciendo.

    – Ay, ay que rico, ay, no pares, no pares, por favor.

    – Cállate zorra

    – Ay, ay, que me corro, que me corro

    Metió su polla hasta el fondo y la dejó ahí mientras imprimía un ritmo frenético a su mano.

    Me pajeaba con fuerza.

    Cabrón, cabrón, cabrón.

    Me encogí y comencé a eyacular, apreté el esfínter alrededor de su polla, como Pedro no paraba mi lefa salpicó en todas direcciones, en el corsé, en mi cara, en el pecho de mi amante…

    – Si que tenías leche guardada, golfa – se miraba su mano manchada, sacó su polla y noté un chorreón de lefa salir de mi culo.

    Me incorporé hasta quedar sentado y tomé su mano, la limpié con mi lengua, recogí también con ella el semen que tenía en el vientre y en el pecho y le besé en la boca, metí mi lengua para que también probara el sabor de mi leche.

    – Cuando te vi en aquel bar sabía que eras un gran putón, jamás me arrepentiré de haberte invitado a aquella copa.

  • Chantaje (Parte 2)

    Chantaje (Parte 2)

    No sabía cómo sentirme al respecto, me sentía aterrado, sin embargo al mismo tiempo todo me parecía muy excitante, sin embargo no puede intentar asimilar todo ya que un nuevo mensaje llegó.

    Estoy fuera de los dormitorios ven aquí y sube al auto. Aún sin saber que hacer salí del dormitorio y me dirigí afuera, pensaba en cómo convencerlo para borrar aquél vídeo, incluso pensé en enfrentarlo, por un momento me imaginé a mi mismo intentar golpearlo, pero no tenía que ser muy listo para saber que me vencería con facilidad y probablemente aria conmigo lo que el quisiera sin siquiera poder evitarlo, al pensar es ese escenario comencé a excitarme de nuevo no tenía idea de que me ocurrirá.

    Mis pensamientos llegaron a su fin al abrir la puerta del auto y verlo ahí, no pude siquiera hablar él era tan imponente que sin decirme nada hizo que entra al auto y cerrará la puerta.

    — Profesor… Yo… En realidad yo…

    — Shhhh… — Me dijo mientras daba la última inhalada a su cigarro.

    — Yo…

    — No me hagas callarte, créeme que no te va a gustar… O tal vez si

    Me dice mientras ponía su mano sobre mi entrepierna, comenzando a frotar suavemente.

    — N… No.

    — No te gusta… — Me bajo el cierre y desabrocho el pantalón.— ¿Me detengo?

    — Sss… ¡No! ¡No! Por favor siga ¡Haaa! ¡Siii!

    Comenzó a masturbarme, muy rápido.

    — Te masturbaste como una puta con mi leche en tu cara verdad.

    — Si… ¡Haaa! Me corrí como nunca.— Dije sin dejar de gemir estaba al límite.

    — Es porque eres una perra… Mi perra.— Al decir eso dejó de masturbarme.

    — Por favor, sigue.

    — ¿Me estás diciendo que hacer?

    — No, no es solo que… —No podía más, sentía mi pene estallar así que acerque mi mano para terminar, pero antes de poder este me sujeto muy fuerte la mano alejándola.

    — Ni se te ocurra…

    — Por favor, solo un poco se lo suplico.

    — Podrías terminar… Si té portas bien ¿vas a ser una buena putita?

    — Si… Si are lo que diga, me portare bien solo por favor déjame acabar

    — Bien…

    Dijo mientras tomaba mi mano dirigiéndola a mi verga, el controlaba mi mano mientras me masturbaba, no dure nada antes de expulsar todo mi semen manchando mi ropa y el asiento del auto.

    — Mira lo que hiciste zorra, esto lo pagarás, lame todo del asiento.

    — S… si lo siento.— Sin decir nada más me voltee y comencé a lamer el semen de su asiento.

    Al terminar este me dijo que me sentará y arranco el auto, no tardamos mucho en llegar a su casa, mi corazón palpitaba rápidamente no podía mencionar palabra alguna. Entramos a la casa e inmediatamente me ordenó quitarme toda la ropa.

    — Mientras estés aquí, no puedes usar ropa, ahora eres mi propiedad.

    Sin decir nada comencé a desvestirme hasta quedar totalmente desnudo, el me miró y sonrió.

    — Me voy a divertir tanto contigo.

    Al escuchar esto mi verga comenzó a endurecerse este al notarlo se Burló de mi.

    — No puedes ocultar lo puta que eres, desde la primera vez que te ví supe que lo que eras.

    Camino hacia mí me puso de rodillas y bajo su bragueta, sacando su enorme verga, sin decir nada me tomó del cabello y me hizo comérmela entera, comenzó a follarme la boca de la misma forma que en el baño.

    — Eso es… Ufff… Chupa pedazo de zorra, eres una perra que solo sirve para mamar verga… Mírame puta.

    Me decía sin soltarme yo lo miraba a los ojos sin dejar de chupar, mi verga estaba nuevamente dura, luego de un rato me levanto del suelo me arrojo al sofá acomodándome en un lado dejando mi culo a su disposición, escuché como abría un cajón de incómoda pero no me atreví a voltear me sentía aterrado jamás había tenido sexo y mucho menos con otro hombre, de pronto me puso una esposas y antes de poder decir algo sentí algo frío en mi ano era lubricante.

    — Ufff… Mira nada más este culito.— dijo al mismo tiempo que comenzaba a introducir un dedo en este.

    El dolor me hizo, quejarme al mismo tiempo que me hizo apretar mi culo.

    — Quieta puta, no te gustará que pierda la paciencia.

    El volvió a introducir un dedo en mi culo, comenzando a meter y sacar repetidas veces, el dolor era inmenso por lo que suplicaba que se detuviera, sin embargo esto solo lo alentaba a continuar

    — Por favor… Ya no.

    — Esto no es nada, el día que yo quiera te meto el puño completo putito.

    Luego de unos minutos este me introdujo dos dedos, para ese momento comenzaba a acostumbrarme, mi ano comenzó a dilatarse por lo que dejó de hacerlo, coloco más lubricante en este al igual que en su verga, pude sentir está en la entrada de mi culo.

    — No… Por favor, me va a destrozar.

    — Esa es la idea putita.

    Dijo para posteriormente introducir la cabeza de su gruesa verga en mi virginal cavidad anal, el dolor fue inmenso, intenté apartarme sin embargo esté me tomo de las esposas sometiéndome con facilidad en la misma posición, al hacerlo este empujó por completo su verga, pude sentir sus testículos contra mis nalgas, di un fuerte grito sentía que el dolor me aria desmayarme, sus embestidas eran cada vez más rápidas y violentas, intentaba ahogar mis gritos con uno de los cojines mientras escuchaba su testículos golpeando mis nalgas y no podía explicarme cómo era que mi verga se ponía cada vez más dura a su vez aquel inmenso dolor se convertía poco a poco en placer y pronto mis gritos de dolor se transformaron en gemidos de placer

    — ¡oooo! ¡Siii! ¡Siii!

    — Ufff, que culo tienes zorra… Te gusta verdad, te encanta que te den por el culo.

    — Mmm, siiiii, que rico, más, más… Ufff me estás destrozando.

    Mis gemidos se hacían cada vez más fuertes y pronto sentí como mi culo comenzó a llenarse de un líquido caliente y espeso, el sacó su verga y jalándome de las esposas me quito del sofá me puso de rodillas.

    — Límpiame bien la verga puta.

    Así lo hice y una vez que está estuvo limpia me quitó las esposas y dijo.

    — Tráeme una cerveza de la cocina.

    — Si señor.

    Dije caminando torpemente, de pronto sentí una fuerte nalgada la cual me hizo dar un leve lamento, sin embargo continúe con mi orden. Al volver este se encontraba sentado en el sofá, lentamente me acerque a él y le di la cerveza.

    — Bien… Abajo, mientras no te esté usando para follar vas a tener que servir para otra cosa y serás un buen reposapiés.

    Inmediatamente me puse en cuatro y esté puso sus pies en mi espalda, encendió su televisión y comenzó a tomar su cerveza. No me hablaba ni me miraban en ese momento no era un ser humano era simplemente un mueble más.

    Continuará…

  • Mi hijo me cambió la vida (3)

    Mi hijo me cambió la vida (3)

    Hola a todos soy Lorena nuevamente, les traigo otro relato de mi relación con mi hijo. 

    Hacía ya 1 mes que habíamos empezado nuestra incestuosa relación y éramos unos animales en celo cogiendo casi a diario cuando un fin de semana fuimos invitados por unos amigos a una comida, nos arreglamos y fuimos, mi nene estaba muy lindo esa noche con una camisa bastante ajustada que le quedaba de 10. Yo me puse un pantalón ajustado con una remera sin mangas.

    Llegamos a la reunión y había muchos amigos y conocidos, cenamos muy rico y también bebimos, después corrieron las mesas y nos pusimos a bailar, había una chica que yo no conocía, tendría unos 25 años, la verdad la niña tenía un cuerpo envidiable, además llevaba puesto un vestido que exaltaba sus atributos físicos. Se puso a bailar con mi hijo y no solo una canción, estuvieron bailando la mayoría de la noche entre risas y palabras, yo estaba que explotaba de los celos, seguramente mi bebe se quería tirar a esa mujeron que tenía enfrente. 

    Tipo 4 de la mañana yo pedí un Uber para irme a casa y Lucas decidió irse conmigo, se despidió de la chica mientras yo hervía de celos, durante el regreso no le dirigí la palabra. 

    Llegamos a casa, el cerro la Puerta mientras yo me quitaba el calzado, de pronto siento como por detrás él me sujetaba mi cintura rodeando todo mi vientre y dándome mordiscos en el cuello, el muy malvado sabe que eso me calienta y obviamente buscaba mi respuesta. Yo no respondí y me salí de sus brazos, me senté en el sillón, vi como se había quitado su camisa y aflojado sus pantalones, se acercó y me empezó a comer la boca, yo apenas accedía, «Que pasa mami? No te gusta lo que te hago?» Me pregunto. «Ahora te acordás de mi? Hace rato en la fiesta estabas muy entretenido con tu nueva amiguita no?’», » jaja, uyyyy mi mami está celosa» me respondió el muy malvado, «Solo nos divertíamos bailando tontita», me dijo mientras volvió a mi boca hundiendo su lengua mientras capturaba mis tetas para darles una sobada que hacía poner mis pezones como piedras. 

    Yo empezaba a ceder, mi lengua se unía a la suya, mis pezones se hinchaban, mi conchita de iba humedeciendo, también quería coger pero lo iba a castigar por lo de esa noche, me enderece lo hice sentar en el sillón, fui bajando sus pantalones y su bóxer dejando su verga al descubierto, tenía una erección de las mejore, me coloque de rodillas y empecé mi chupada como pocas veces, él buscaba tocar mis tetas pero yo no se lo permitía y seguía chupando con frenesí sin sacarla de mi boca en ningún momento, «Mami que bien me la estás chupando, hoy te estás luciendo ahhh ahh, ufff segui así sii», me decía mientras yo ponía todo mi empeño en ordeñar su tripa.

    Fueron varios minutos de felación y de no dejar que él me tocara, sabía que faltaba poco para que eyaculara así que acelere mis mamadas, Lucas trató de salirse sintiendo que iba a correrse, «Mami déjame que te coja estoy por acabar» no lo hice sujete la base de su verga y chupe mas intensamente, «Ayyu mami, uffff, ahhh» mi nene no pudo contener su leche más tiempo y descargó su precioso líquido en mi boca, yo me quedé quieta recibiendo toda su descarga, trague todo lo posible y el resto lo fui lamiendo y recogiendo de a poco, la limpié entera, y no detuve mi chupada, Lucas gemía como burro, estaba extasiado con lo que le hacía, fueron largos minutos de chupar dejando su verga limpia y durísima de nuevo para otro round. 

    «Decime guacho que pendeja te la va a mamar como yo??» Le pregunté con tono castigador, «Ninguna mami, sos única me haces todo lo que me gusta». Yo me desvestí ante su vista y con el sentado me subí encima suyo de frente a su cara, de un sentón me enterré su verga y empecé una cabalgata frenética, él quería mis tetas paro no lo dejaba tocar, pero yo no me detenía, me lo cogía con ganas, con furia pero también yo gozaba de su verga que la verdad es un manjar para mi, » Decime que pendeja te va a coger así ehh? Donde te van a hacer todo lo que te gusta??» «Solo vos mi amor ,solo vos mami, te amo, sos única» me respondía mi bebé.

    Yo estaba descontrolada clavándome en su estaca, Lucas me tomó por el culo para acompañar mis sentones, éramos uno solo moviéndonos, lo empecé a cachetear con mis tetas, se las metía en la boca para que las chupara ,»Mira papito todo lo que te hago, no ves que soy tu puta, soy tu mujer , acá tenés a tu hembra para cogerte la siempre » yo ya estaba que me venía, acelere mis bombeadas sobre su verga y Lucas se movia más rápido también, «Mami me vengo, ahhh» «Papito dame la leche, ah» pese que ya lo había hecho acabar hace poco el nene volvió a descargar un volcán de leche, que cogida nos acabábamos de dar.

    Yo me salí de él y volví a llevar a mi boca su verga bañada en líquidos y la limpié nuevamente, Lucas estaba como loco, no paraba de jadear y yo que le repetía, «Que pendeja te va a hacer todo esto».

    Lucas me abrazó y me llevo hasta la habitación donde me volvió a coger, que energía la de mi niño para darme tanto placer.

    A la mañana siguiente me despertó llevándome el desayuno a la cama, se disculpó por generar celos en mi, me dijo que solo se estaba divirtiendo y que nunca pensó en que yo me pondria mal, yo también me disculpe y le dije que él es libre de buscar una chica con quien formar una familia, que no volvería a tener esas actitudes con él, hablamos mucho rato y Lucas también me dijo que si yo quiero buscar otro hombre soy libre de hacerlo.

    Aclaramos todo y como era domingo el quitó la bandeja del desayuno de la cama y se lanzó sobre mi a comerse mis tetas, que bien me las chupo, después nos hicimos un buen 69 y cuando ambos estuvimos bien lubricados me coloco en 4 y sin escalas enterró su trozo en mi concha, tomo mis brazos poniéndolos en mi espalda como teniéndome esposada mientras taladraba mi hueco, yo estaba gozando a pleno, que cogida recibí, obviamente se corrió dentro mío y hasta pasado el mediodía no salimos de la cama, después nos fichamos juntos. Ese día Lucas no para de mimarme, se portó fogoso y cariñoso, desde ese día yo le repito que cuando quiera irse a formar una familia es libre de hacerlo, por ahora lo sigo teniendo para mi aunque sospecho que algo debe tener por ahí, es joven y oportunidades no le deben faltar.

    Espero les haya gustado tanto como los anteriores, muchas gracias por los comentarios y mensajes, perdón no responder a todos, un beso grande y nos vemos en la próxima.

  • Jugando con hielo

    Jugando con hielo

    Reconozco que tengo una mente demasiado calenturienta.

    No se cómo me las arreglo, pero el sexo está presente en mi vida de una forma u otra.

    Incluso en una conversación de lo más normal, siempre puede desviarse el tema y terminar hablando de sexo. Es lo que me pasó en la última conversación que tuve con una amiga. Hace tiempo que no hablo con ella y hablando de esto y aquello, terminamos hablando de un programa de televisión en el que hay un apartado en el que hablan de sexo.

    En esta ocasión hablaron de juegos de pareja. Uno en especial me llamo la atención “Jugando con hielo” Ufff con este calor que hace, no me extraña que jueguen con él, pienso en voz alta.

    Al comentárselo a María, me dice que ella ya lo ha probado. Pero con una variante, que en el programa no dijeron y que es muy, pero que muy placentero.

    Ya me iréis conociendo, porque además de tener una mente calenturienta, también soy muy curiosa.

    Al final hablamos sobre su experiencia, lo que hablaron en el programa y yo me muero de ganas por probar todo eso. Siento que ya estoy tardando.

    Llevo una relación a distancia, con lo cual no veo a mi pareja todo lo que me gustaría. Justo para el próximo fin de semana vendrá a verme. Lo estoy deseando. Hablamos por teléfono a diario y le cuento que tengo una sorpresa para él. Que ganitas de que llegue el fin de semana.

    Mi cabeza va por libre. Estoy emocionada ante la llegada de Javier. También tengo miedo porque no sé si le va a gustar mi juego, ni como lo voy a hacer con él.

    Es un hombre que le encanta el sexo, es pasional, morboso, muy activo sexualmente y con el que tengo un feeling brutal. Es tremenda la facilidad que tenemos en ponernos cuando estamos juntos. Una mirada, un gesto, un roce, todo es válido para ponernos a follar como animales. Javier es un hombre alto y moreno al que le encanta raparse la cabeza. A mí me parece mucho más atractivo cuando lo hace. Tiene los ojos verdes, labios carnosos, unas manos preciosas con grandes dedos largos y delgados. Su culo es un pecado. Redondo, duro, firme y al que me gusta agarrarme siempre que le tengo cerca. Espalda ancha, piernas largas y muy bonitas. Le gusta cuidarse y siempre lleva rasurado su pubis. Eso hace que se puedan ver mucho mejor sus proporciones, pues es un hombre bastante bien dotado.

    Ahora podéis entender lo que me ocurre cada vez que pienso en él. Me excito solo de imaginarlo.

    Yo por el contrario, soy una mujer rubia, pelo largo, ojos marrones, labios carnosos y con curvas. Digamos que tengo donde agarrar. MI culo es redondo y duro. Mi pecho es una 100B, ni pequeño, ni grande, generoso pero sin pasarse. Intento cuidarme todo lo que puedo y me encanta rasurar mi coño. Cualquier mujer ya se hubiera hecho el láser, pero a mí me encanta disfrutar de ese momento en el que estoy rasurándolo y mi coño se moja sin parar mientras lo hago. Tanto, que termino tocándome y corriéndome con muchas ganitas.

    Ahora estamos en julio, hace un calor insoportable y me paso el día desnuda por casa. Espero que las cortinas tapen lo suficiente para que mis vecinos no me vean. Porque si no, deben de estar contentos.

    Mi cabeza sigue dando vueltas al nuevo juego. Pienso en el hielo y lo placentero que debe de ser jugar con algo fresquito en estas condiciones.

    Mi curiosidad me puede y que mejor que probar las cosas en una misma para saber si es placentero o no.

    Me dirijo a la cocina, a la nevera y abro el congelador para ver si me queda hielo. Según comentaron, no valen de cualquier tipo. Deben de ser bloques, que no estén huecos por dentro, que no tengan aristas, ni estén rotos y que no sean enormes.

    Sonrío al ver que tengo los correctos para jugar. Así que busco la cubitera en uno de los muebles y pongo un buen puñado dentro. Los llevo al fregadero y dejo caer un poco de agua en el fondo. Necesito que estén un poco húmedos para poder deslizarlos y no arañen mi piel.

    Salgo de la cocina y me dirijo al sofá. Pongo la cubitera sobre la mesa baja.

    Mi cabeza va a mil. Hay algo indispensable para terminar el juego y como Javier no está, necesito un poco de ayuda. Así que voy a mi cuarto y cojo uno de mis juguetes. Abro el cajón de la mesita y allí tengo mi pequeño arsenal. Bolas chinas, un succionador, un vibrador de clítoris y mi consolador. Lo cojo y vuelvo al salón.

    Me tumbo en el sofá. Este está justo en un lateral del salón, el cual está rodeado de 3 grandes ventanales. Las persianas están hasta arriba y solo hay una cortina transparente que tapa lo justo.

    Miro la cubitera, agarro un hielo y lo mojo un poco con el agua del fondo. Lo giro en mi mano y empiezan a caer gotas sobre mi piel.

    No puedo evitar jadear al sentirlas deslizarse hacia abajo. Muerdo mi labio y comienzo a deslizar el hielo por mi piel.

    Lo llevo a mis labios y los rodeo. Bajo hacia mi cuello y lo deslizo de un lado a otro, subiendo por la parte de atrás de las orejas.

    Mi piel se eriza con fuerza.

    Siento como las gotas resbalan y van cayendo hacia la parte de atrás del cuello y espalda. Ese contraste me gusta, el calor de mi piel y el frio del hielo.

    Mis pezones se han puesto duros y la areola se ha contraído. Los miro y comienzo a bajar con el hielo por el centro de mis pechos. El hielo se derrite y las gotas de agua comienzan a bajar hacia mi vientre, el cual contraigo y terminan entrando en mi ombligo.

    Sonrío.

    Justo a la altura del bajo pecho, deslizo el hielo hacia el lado izquierdo. Cada vez se deshace más rápido. Las gotas caen por mi costado y hago lo mismo hacia el otro lado. Jadeo y mi piel se eriza sin parar.

    Cojo aire y acerco la palma de mi mano al pezón derecho. La pongo sobre él, pero sin tocarlo. Siento lo fría que esta y el pezón se contrae endureciéndose mucho más. La sensación eriza mi piel.

    Ufff resoplo al sentir como mi cuerpo reacciona por todo lo que voy haciendo.

    Agarro otro hielo de la cubitera, esta mojado y le doy unas vueltas en mi mano, mojándola y enfriándola.

    Acerco de nuevo la palma de la mano al pezón izquierdo, siento el frio, se eriza y se pone duro. Bajo la mano por mi vientre, sin tocar la piel y siento el frio al pasarla por encima. Mi vientre se contrae y gimo. Suelto el hielo y agarro ambos pechos con las manos frías. Gimo de nuevo al apretarlos y juntarlos. Pellizco los pezones y los estiro. Mi coño se contrae y aprieto las piernas con fuerza.

    Muerdo mi labio.

    Agarro de nuevo el hielo y lo pongo sobre el pezón derecho. Dejo caer gotas sobre él y el agua se desliza por mi pecho. Mi piel se eriza con fuerza, gimo y mi pezón se pone duro encogiendo la areola. Siento la dureza del pezón porque duele la sensación. Bajo el hielo y lo deslizo por él. Hago círculos que voy abriendo poco a poco hasta dibujar todo el contorno del pecho. Mi pecho esta empapado y las gotas se deslizan por el centro de mis pechos, bajando hacia el vientre y por el costado hasta mi espalda.

    Hago lo mismo en el otro pecho.

    Deslizo el hielo por el pezón, hago círculos sobre el abriéndolos poco a poco hasta dibujar todo el contorno del pecho. El pezón esta duro como una piedra.

    Mi piel se eriza con fuerza y no dejo de gemir al deslizar el hielo por mi piel. Siento como mi coño se contrae al estremecerme.

    Agarro un nuevo hielo de la cubitera, le doy unas vueltas en mi mano y comienzo a deslizarlo por el centro de mis pechos. Bajo poco a poco por mi vientre hasta llegar al ombligo. Hago unos círculos mientras el agua cae dentro y el sobrante por mis costados. Me contraigo y gimo.

    Me encanta lo que siento.

    Bajo un poco más para deslizarlo por el pubis. Voy de un lado a otro y las gotas se deslizan por mis ingles mmm.

    Paso el hielo de una mano a otra para enfriarlas y seguidamente las acerco a mis costados sin tocarlos. Siento el frio y mi piel se eriza con fuerza. Me arqueo. Deslizo los dedos subiendo y bajando por ellos, rozándolos suavemente. No dejo de gemir y erizarse la piel. Mi coño se contrae, siento como aprieta.

    Mi mano esta helada y necesito saber que está provocando este juego en mi coño. Acerco unos dedos a mis labios, subiendo y bajando por ellos, pero sin abrirlos.

    Mis flujos están por fuera de mis labios. Estoy tan mojada, que siento como se deslizan hacia mi ano. Me sorprende el grado de excitación en el que estoy. Nunca hubiera podido imaginar lo placentero que podía ser el hielo. A partir de ahora, lo veré de muy distinta forma.

    Subo la mano y meto los dedos en mi boca. Chupo mis flujos.

    Quiero seguir jugando un poco más, hasta centrarme en él.

    Agarro un nuevo hielo y lo hago girar en mi mano. Las gotas caen sobre mi pubis.

    Me contraigo y gimo. Acerco el hielo a él y comienzo a deslizarlo de un lado a otro. Se deshace y las gotas caen hacia mis ingles.

    Doblo mis rodillas abriendo bien mis piernas para poder deslizar mejor el hielo por ellas. La llevo a la izquierda y bajo poco a poco por ella hasta llegar a la zona del perineo. Muerdo mi labio y subo de nuevo. Poco a poco paso por mi pubis y voy hacia la derecha. Bajo por la ingle despacio hasta rozar de nuevo el perineo.

    Ufff resoplo. El agua cae por entre mis nalgas.

    Sonrío.

    Llevo el hielo sobre mi coño, lo hago girar dentro de mi mano y dejo caer gotas sobre mis labios.

    Las gotas caen deslizándose por él y bajan por entre mis nalgas.

    No puedo dejar de gemir y contraerme.

    Cojo un nuevo hielo, lo hago girar en mi mano y lo bajo a mis labios. Lo muevo de arriba abajo sobre ellos, justo por mi rajita. Voy abriendo círculos hasta subir por uno y bajar por el otro.

    Mi piel se eriza con fuerza y sin parar.

    Lo pongo sobre mi clítoris y me contraigo. Está muy frio y no lo aguanto. Demasiado sensible. Hago círculos alrededor de él y el agua se desliza entre mis labios. El hielo está lleno de todos mis flujos. Subo un poco la mano y lo miro. Me relamo y lo acerco a mi boca. Lo huelo y lo meto dentro. Saboreo mis flujos, le doy unas vueltas y cuando creo que está limpio lo pongo en mi mano de nuevo.

    Lo bajo a mi coño y esta vez lo deslizo entre mis labios. Subo y bajo.

    Gimo y me contraigo.

    El hielo se ha reducido bastante y apenas me queda. Mi coño está muy caliente y lo ha fundido con rapidez.

    Agarro un nuevo hielo, lo llevo a mi boca, le doy unas vueltas dentro y lo llevo a mi mano. Lo palpo, siento que esta redondito y lo bajo a mi coño de nuevo.

    Con la otra mano agarro mi consolador y lo llevo a mi boca. Lo hundo dentro y lo mojo, lo babeo bien.

    Cuando lo tengo, lo dejo sobre mi vientre.

    Llevo el hielo a la entrada de mi coño y empujo. Siento el frio, pero mi coño no ofrece resistencia. Agarro mi juguete y lo llevo a la entrada de mi coño y lo meto.

    Siento el frio del hielo, el calor de mi coño, el consolador entrando y empujando el hielo, el agua que se desliza hacia afuera y baja por mis nalgas.

    Mis pezones siguen como piedras, mi piel esta erizada por la excitación y placer que siento. Mi coño derrite el hielo más rápido de lo que hubiera podido imaginar.

    No dejo de mover el consolador y mover el hielo dentro de mí, para evitar una quemadura por el frio.

    Ufff resoplo sin dejar de gemir.

    Al moverse el consolador, siento como el frio hielo se mueve dentro de mí y llega hasta el fondo de mi coño. Hasta llegado el momento que dejo de sentirlo y el consolador entra hasta el fondo. Se desliza solo.

    En ese momento comienzo a moverlo más rápido y llevo un par de dedos a mi clítoris.

    La yema de mis dedos se mueven rozando y presionando el clítoris poniéndolo más y más duro.

    Mi coño se contrae con fuerza en el consolador al cual subo el ritmo y mi cuerpo se tensa. Lo hace con fuerza. Con tanta fuerza que comienzo a gruñir y seguidamente estallo a gritos.

    Mi cuerpo tiembla, me estremezco de placer mientras me sigo follando con el consolador. No dejo de hacerlo, no quiero parar.

    Ufff no dejo de resoplar, de gemir, gritar y retorcerme.

    Durante un rato sigo follandome. Poco a poco voy bajando el ritmo, hasta que siento como mi coño deja de contraerse y dejo el consolador dentro.

    Mi cuerpo esta empapado de sudor.

    Cojo aire con fuerza y saco consolador.

    Lo miro lleno de flujos y lo llevo a mi boca para limpiarlo. Lo lamo, lo chupo y lo dejo limpio de mi corrida.

    Sonrío.

    Ufff creo que le va a encantar y aunque solo le guste la mitad de lo que me ha gustado a mí, nos vamos a divertir muchísimo. En unos días lo comprobaremos.

    Ya sabéis que me encanta jugar y ha llegado mi tan ansiado momento. Hoy toca jugar con Javier. Los días no han pasado tan rápido como me hubiera gustado, pero estoy intranquila, excitada y nerviosa.

    Anoche estuvimos hablando y me dijo que llegaría a primera hora de la mañana. Me desperté muchas veces por la noche y al final me levante temprano, me di una ducha y me prepare un café. Necesito cafeína pare ser persona antes de que llegue mi chico.

    Escucho la llave al abrirse la puerta y voy hacia ella. Le recibo con una sonrisa maliciosa y el ya empieza a inquietarse.

    -Vamos Paola, dime que tramas. No me gusta nada esa sonrisa. Llevas días muy rara y me tienes impaciente por saber que es.

    -Tenemos todo el finde, ya hablaremos de ello.

    Nuestras bocas se funden en un beso intenso, mientras nuestras manos se mueven. Las mías sin duda a su culo y las suyas a mi espalda. Nos disfrutamos por un momento. Lo miro fijamente mientras pongo cara de “esto no puede ser”. Aunque se perfectamente de que si y de que puede ser mucho más. Digamos que Javier y yo somos como los componentes de una bomba. Por separado no pasa nada, pero juntos somos explosivos. Su cuerpo pegado al mío ya hizo su efecto y siento como su polla se hincha bajo el pantalón marcándose cada vez más. Me separo un poco para intentar no ir a más.

    Me paso la mano por el pelo y me relajo como puedo. Otra cosa que no sabéis, es que soy un despiste. Después de jugar el otro día, me olvide de comprar hielo.

    -¿Javier te importa si vamos a comprar y picoteamos algo por ahí? No me apetece cocinar y necesito algunas cosas para el finde.

    Javier me mira con cara de no sé qué voy a hacer contigo y me da un azote en el culo.

    -Tendrás que compensarme por esto, porque estoy agotado del viaje.

    -Claro, no te preocupes. Me portare muy bien contigo cariño.

    Ve como mi cara se transforma, se llena de vicio y le escucho resoplar mientras cojo mi bolso.

    Llevamos cerca de dos semanas sin vernos. La salida no es para nada tranquila. Besos, caricias, palmadas, toqueteo. Pasamos la mañana fuera. Javier no había desayunado y decidimos hacer una especie de desayuno comida. Durante todo el tiempo no dejamos de regalarnos miradas que hablan más que las palabras. Nos tenemos muchas ganas, demasiadas. Charlamos de todo un poco y de las cosas que vamos a comprar después. Como siempre que nos vemos, lo que menos hacemos es comer. Nos pasamos el tiempo disfrutándonos sin parar. Al final siempre terminamos pidiendo algo de comida preparada. Pero necesito mi hielo. Hace un calor horroroso. Siento como el sudor se me desliza por el canalillo. Esta mojado, brillante y Javier desliza su dedo por él.

    -Necesitas una ducha. – me dice

    -Sí, lo sé. Una fría para relajarme.

    Sonríe y me da un pico.

    Cuando terminamos nos vamos a comprar y seguido a casa. Al llegar a casa, llevamos las bolsas a la cocina y guardo el hielo. Antes de que pueda darme la vuelta, Javier me abraza por detrás.

    -Te eche mucho de menos, me susurra.

    Sonrío y le digo que yo a él también.

    – Nos damos una ducha juntos? Me propone

    – Creo que es mejor que sea por separado. Así organizamos la compra.

    Me da un azote en el culo – anda ve tu o no respondo de mis actos.

    Me doy una ducha rápida. Cuando salgo, me lo encuentro desnudo y ha organizado toda la compra. Le abrazo por detrás, le doy un beso en la espada y le digo que ya puede ducharse el. Se gira, me mira y me da un beso en los labios. Sus manos abren la toalla que cae al suelo, aprieta mis pechos y pellizca los pezones.

    -auuu, no seas malo

    -Pues no me hagas sufrir – me dice.

    Sonríe mientras se dirige al baño. No puedo evitar comérmelo con la mirada, su cuerpo me vuelve loca.

    Mientras se ducha, yo preparo todo lo que necesito para jugar con él. Voy al cuarto y busco unos pañuelos de cuello que dejo sobre la mesita de noche. Después me dirijo a la cocina y pongo hielo en la cubitera y un pelín de agua en el fondo. La llevo al cuarto y la pongo junto a los pañuelos.

    Al girarme, lo veo entrar en el cuarto. Lo miro fijamente y lo recorro con la mirada. Soy una descarada sin remedio, pero él me puede. No puedo evitar morderme los labios mientras subo la mirada por su cuerpo. Le miro fijamente mientras el resopla.

    -ufff, no eres nada discreta. ¿En qué estás pensando?

    – En todas las cerdadas que te voy a hacer.

    -Me das miedo y lo sabes, ¿verdad?

    Me acerco a él, le rodeo entre mis brazos y le beso.

    -Quiero que juguemos y necesito que confíes en mí. Prometo darte todo el placer que pueda, pero debes dejarte hacer.

    Deslizo la mano por su brazo y lo cojo de la mano. Lo llevo hasta la cama.

    -Túmbate bocabajo, por favor.

    Hace lo que le digo y me subo a la cama desde los pies. Mis manos se deslizan por sus piernas y subo poco a poco hasta llegar a su culo, el cual agarro con ambas manos y lo aprieto. Mi boca baja instintivamente y lo muerde.

    -auuu Paola, ten cuidado.

    -Por dios! Como me gusta este culo.

    Me muevo sobre él y me siento sobre su culo. Mis manos se deslizan por la espalda hasta los hombros. Pego mi pecho a su espalda y la rozo con mis pezones que están duros. Muerdo su oreja y deslizo la lengua por su cuello. Jadea al sentir mi lengua.

    -no sabes cómo te deseo, le susurro

    Alargo la mano y cojo los pañuelos que deje en la mesita.

    -Cariño, necesito atar tus manos. No sé si te vas a portar bien y necesito que me dejes hacer.

    -Paola no lo dirás en serio, ¿verdad?

    -Me temo que sí. Vamos, deja que ate tus manos.

    Ato una de sus muñecas y como el pañuelo es lo suficiente largo, lo paso por una de las barras de la cama y ato la otra muñeca. Están lo suficientemente separadas como para no poder deshacer los nudos. Sonrío maliciosamente

    -¿Ojos tapados o prefieres ver todo lo que hago?

    -Quiero verlo todo, me dice.

    -¿Preparado para disfrutar?

    -No sé para qué estoy preparado, pero te dejo hacer.

    Sonrío y alargando mi mano agarro un hielo. Lo hago girar en mi mano y dejo caer las gotas en su espalda. Al tener un poco de agua en el fondo de la cubitera, me ayuda a que el hielo no este seco. Se contrae al sentir las gotas. Me muevo y me echo un poco hacia atrás.

    Comienzo a deslizar el hielo por sus hombros. Enseguida comienza a derretirse y llevo mi boca a la línea de agua que va dejando el hielo. Deslizo la lengua recogiendo lo que puedo con ella.

    -Me encanta el olor y el sabor de tu piel. Me excita.

    -Y a mí lo morbosa que eres

    Veo como sonríe. Deslizo el hielo por su cuello, por la parte de atrás de su oreja y con mi lengua sigo la marca de agua que dejo. Lo hago con vicio, con deseo. Mi lengua se desliza por el lóbulo, lo meto en mi boca, lo mordisqueo y lo estiro suavemente. Su piel se eriza al sentir mi respiración. Jadea suavemente, su cuello es un punto muy erógeno para él.

    Agarro otro hielo y lo hago rodar en mi mano. Me muerdo el labio y me incorporo, quedando sentada sobre él. Con un hielo en cada mano, comienzo a dibujar su cuerpo. Cada mano se mueve en dirección opuesta. Lo llevo al centro de su espalda y los deslizo por sus hombros, siguiendo por sus brazos. Jadea al sentir el frio del hielo. Su cuerpo esta tan caliente que derrite el hielo con facilidad. El agua se desliza por sus brazos, por sus hombros bajando hacia su pecho.

    Tiene una espalda preciosa, musculada y ancha. Sus brazos son fuertes y marcados. Llevo los hielos al centro de su espalda y comienzo a deslizarlos por cada lado de su columna vertebral bajando poco a poco. Su piel se eriza con fuerza, se retuerce y jadea.

    -Paola por dios!!!

    Mi cuerpo reacciona a cada jadeo que suelta, erizando toda mi piel con fuerza.

    Sonrío y me muevo hacia atrás.

    -abre las piernas cariño

    Separa las piernas y me pongo de rodillas entre ellas. Apoyo mi mano izquierda en la cama y bajo mi boca a la parte baja de su espalda. Saco la lengua y la deslizo por el centro de su columna. Recojo la marca de agua que va dejando el hielo al deshacerse desde la parte baja y subo poco a poco, jadeando sin poderlo evitar. Paro besándolo y sigo. Mis pezones están duros y van rozando por su espalda mientras subo por ella.

    Gime, se retuerce y su piel se eriza. Desvío mi boca a uno de sus omóplatos y después al otro. Deslizo la lengua y los beso. Subo a su hombro derecho y lo muerdo mientras lo miro. Mis manos están heladas. Me incorporo un poco y acerco las palmas de mis manos a sus costados, sin tocarlos. Su piel se eriza al sentir el frio de mis manos. Sonrío y deslizo los dedos helados por cada costado arañándolos.

    Agarro un par de hielos, los hago girar en mi mano y dejo caer agua en su culo. Sonrío al ver como aprieta su precioso culo. No puedo evitarlo, dejo los hielos y agarro sus nalgas apretándolas en mis manos. Bajo mi boca y muerdo su nalga derecha

    -Paola me las pagaras! Ufff resopla

    Sonrío. Sé que no le gusta que le muerda con ansia. No digo nada.

    Vuelvo a subir las manos y dejo caer gotas sobre sus nalgas. Están se deslizan por los lados, otras a la parte baja de espada, otras entre sus nalgas. Sigue apretando su culo y aprovecho para deslizar el hielo por él. Hago círculos que voy abriendo poco a poco en ambas nalgas. Los paso por sus caderas y voy terminando el poco hielo que me queda subiendo por sus costados. Bajo acariciándolos con mis manos heladas. Gime sin parar. Agarro otro par de hielos y esta vez los deslizo por la parte de atrás de sus muslos hasta las pantorrillas y subo hacia arriba por la parte exterior de estas.

    Su piel se eriza, resopla y protesta.

    -me pones enfermo ¿Cuándo me vas a soltar?

    – aun no

    Dejo caer un poco de agua entre sus nalgas y se desliza hacia sus huevos. Esta vez sus piernas se aprietan contra las mías y yo sonrío al verlo. Resopla mientras se aprieta contra la cama.

    -Por favor Paola, no aguanto más.

    Bajo mi boca y beso su culo mientras lo aprieto con fuerza.

    Me muevo y me pongo a un lado. Le doy un pequeño azote y le digo que se dé la vuelta.

    Mmmm protesta.

    Como el pañuelo es lo suficientemente largo, no necesito soltarlo para que se gire.

    Recorro su cuerpo son la mirada, negando con mi cabeza al ver tremenda erección.

    -Por lo que protestabas, pensaba que no te estaba gustando.

    -uffff me estas martirizando. ¿Me dejas follarte ya?

    -No

    Deslizo la mano por su vientre y la bajo por su ingle sin dejar de mirar su polla.

    -Paola por favor!!!

    Sonrío maliciosamente mientras le miro. Relájate y disfruta.

    -¿Que me relaje? ¿Pero cómo quieres que me relaje? Resopla. Cuando te folle, te voy a reventar el coño.

    Le miro mientras agarro un par de hielos y le doy vueltas en mis manos. Me muevo y me siento de nuevo sobre el… pero no sobre su polla. Lo hago sobre sus muslos. Dejo caer gotas sobre su pecho, sobre su vientre.

    Se contrae y resopla. Estoy de tal forma sentada, que sus huevos rozan mi coño mojado de tanta excitación.

    Sonrío y meto un hielo en mi boca. Con el otro empiezo a deslizarlo por el centro de su pecho, recorro el contorno de su pectoral izquierdo. Saco el hielo de mi boca y lo llevo a su pezón derecho. Lo rodeo y lo abro círculos hasta recorrer el contorno de su pectoral.

    Jadea y se contrae. Resopla. Se retuerce al sentir el hielo y mi boca fría sobre su cuerpo, tensa el pañuelo con sus manos.

    Vuelvo a meter el hielo en mi boca y le doy unas vueltas para enfriarla. Lo saco y la llevo a su otro pezón. Esta vez llevo cada uno de los hielos a sus costados. Subo y bajo por ellos mientras se retuerce bajo mi cuerpo resoplando.

    -Joder que cabrona eres!!!

    Sonrío

    Su polla no deja de frotarse contra mi vientre cuando se retuerce. Lo tengo mojado del presemen. Subo las manos y dejo caer gotas sobre sus pezones.

    Le miro fijamente mientras los pequeños hielos de mis manos los llevo a mis pezones, los rodeo y los pongo mucho más duros de los que están. Dejo caer gotas sobre ellos, con la mala suerte de que algunas gotas lo hacen sobre sus huevos. Mis manos están heladas y no me queda hielo en ellas. Acerco la palma de mi mano sobre los pezones sin tocarlos, solo para sentir el frio. Muerdo mi labio y jadeo. Se erizan con fuerza. Muevo mi cadera rozando sus huevos con mi coño.

    El me mira sin quitarme ojo y agarro mis pechos apretándolos, pellizcando mis pezones y estirándolos.

    Resopla sin parar

    -Por favor déjame tocarte, – me pide casi suplicando

    -No, aun no

    Pega un tirón del pañuelo de ambos lados.

    Me muevo y me coloco entre sus piernas. Su polla esta como una barra de acero. Le miro fijamente. Cojo otro par de cubitos y meto uno en mi boca. La enfrió, mientras con el otro hielo lo deslizo por su pubis. Bajo por una de sus ingles y por la otra. El agua se desliza hacia su ano. Su piel se eriza, se retuerce mientras su vientre se contrae. Saco el hielo de mi boca, pongo los dos en la misma mano y con la mano derecha agarro su polla.

    Al sentir mi mano helada comienza a gritar y se contrae. Bajo mi boca y deslizo la lengua por su glande. Lo recorro, la deslizo plana por él, rodeo el contorno, lo meto en mi boca como si fuera un helado, mientras mi mano no deja de subir y bajar por su polla. Le miro buscando su mirada, sus gestos. Ve como meto un hielo en la boca y resopla. Sus manos no dejan de dar tirones al pañuelo. Me separo un momento y con el hielo que tengo en la mano, dejo caer gotas sobre su polla. Caen en el glande y se deslizan por el tronco. Sonrío y dejo caer gotas sobre mi vientre que se deslizan hacia mi coño.

    -Solo te pido que me dejes tocarte, por favor. No seas zorra.

    Saco el hielo de mi boca, lo restriego por mi coño y lo llevo a su boca. Es un trozo pequeño, pero está lleno de mis flujos. Agarro de nuevo su polla, bajo mi boca y esta vez la hago entrar hasta el fondo. Siente como mi boca helada engulle su polla.

    Grita con fuerza.

    -Está muy fría joder!

    Su polla palpita en mi boca. Mi mano sube y baja por ella girando. Mi boca sube y baja succionando al sacar y soltando al meter. Mis labios se adaptan perfectamente.

    Solo se escuchan sus gemidos y los tirones de sus muñecas.

    Yo jadeo en su polla sin dejar de chupársela y alargando la mano agarro otro hielo.

    -Otro no joder!

    Su polla cada vez está más babeada. Empujo mi boca un poco más, siento una arcada y la saco. Meto el hielo en la boca para enfriarla. Su mirada es desesperada. Saco el hielo de nuevo, deslizo la lengua por sus huevos, por la base, subo por el tronco, rozo el frenillo y la meto dentro de nuevo. Mi boca enfría su polla y su polla calienta mi boca.

    Se retuerce de placer, su piel se eriza, resopla y maldice. Controlo la mamada para que no se corra. El hielo que tengo en la mano esta redondito y un poco más pequeño. Saco su polla de la boca y me echo a un lado. Con una mano suelto uno de los nudos del pañuelo y con la otra deslizo el hielo por mi coño. Veo que salta sobre la cama y estirando la mano para frenarle, ve como meto el hielo en mi coño.

    -No me jodas ¿en serio?

    -Debes meterla y empujar el hielo para que se derrita y no me haga quemadura por el frio. Despacio y hasta que se derrita.

    Resopla mientras coloca su polla dura como una barra de acero en la entrada de mi coño y empuja despacio. Gime con fuerza al sentir el frio hielo en su glande.

    Yo gimo al sentir como me abre y me llena.

    Se mueve con cuidado. Lo empuja mientras el hielo se deshace y en cada movimiento sale agua helada del interior. El hielo se deshace rápido. Mi coño está ardiendo. Gimo en cada uno de sus movimientos. En uno de ellos, el siente que ya no queda nada dentro y veo como su cara se transforma.

    -Ahora es mi turno

    Me agarro a las sabanas mientras tira de mis piernas y pone mis pies sobre sus hombros. Las abraza mientras se mueve con fuerza clavándose en mí. En cada embestida choca en el fondo, retorciéndome de placer y haciéndome gritar con fuerza. Aprieto mis pechos, los estrujo. Mi piel se eriza con fuerza. Su polla sigue cada vez más rápido, hasta que suelta mis piernas y comienza a follarme como un puto animal. Deja caer el peso de su cuerpo, entrando y saliendo toda su polla. Grita sin poder contenerse. Mi cuerpo se tensa, mi coño se contrae en su polla en cada embestida. Comienzo a gruñir con fuerza hasta que estallo a gritos corriéndome. Él se pega a mi cuerpo moviendo sus caderas sin parar y gritando.

    -Me corro joder!!!

    Siento como su polla se hincha y me llena con los chorros calientes de su corrida. Mi coño no deja de contraerse. Me mira moviendo la cadera, hundiendo su polla cada vez más despacio hasta que siente que mi coño deja de contraerse en ella. Esta un ratito así, hasta que se para con ella dentro.

    Me besa aun con las respiraciones aceleradas.

    -Recuérdame, que no te vuelva a dejar atarme.

    Sonrío.

    Me abrazo a él y estamos así un ratito mientras nos besamos. Nuestros cuerpos están empapados de sudor y necesitamos una ducha. Así que como podemos, aun con las piernas temblando, nos duchamos juntos.

    El finde no ha hecho nada más que empezar.

  • La opción que me dejó el ser infiel

    La opción que me dejó el ser infiel

    Supe que era el día desde que te vi avanzar por la puerta, ahí estabas, esperando por mi; sabía que el siguiente paso tenía que darlo yo, lo sabía pero no atinaba a hacerlo, el remordimiento anidaba aún en mi cabeza y no me veía con la fuerza necesaria para lograr el cometido.

    Me ofreciste tu mano y ese fue el detonante de mi decisión, la tomé y te hice ingresar; recorrimos el pasillo hasta mi recámara en completo silencio, como si haciéndolo de esta manera la falta fuera menor; ¡que estupidez pensarlo!, me dije, pero eso poco o nada importaba en ese momento; no había vuelta atrás después de cruzado el umbral.

    Llegamos e inmediatamente tomaste el control, era mi terreno pero el mejor jugador eras tú; con la determinación que da la experiencia sujetaste mi rostro mientras tus labios hacían presa de mi, besabas cada parte de mi cuello robándome suspiros involuntarios, me sabías tuya; ya lo era.

    Sin dejar de besarme buscaste deshacerte de mi vestido, lo único que cubría mi cuerpo; no fue un problema para ti, de hecho, no lo hubiera sido para ninguno con ganas parecidas a las tuyas; la prenda cayó al suelo y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, nadie mas que él me había visto así, no solo desnuda; sino indefensa a la voluntad de un hombre.

    Volviste a tomarme del rostro mientras, con esa voz que enervaba mis sentidos, decías lo hermosa que era, lo que yo merecía y que no harías nada que yo no quisiera pero, ¿qué es lo que no hubiera querido en ese momento?, te pertenecía desde el instante mismo que ingresaste y, con mi consentimiento, profanaste mi hogar con tu presencia.

    Cambiaste mi cuello por mi pecho y te saciaste con él, mi piel ardía escaldada por tu barba que parecía papel de lija; lamiste y mordiste con decisión y sin empacho, como si no hubiera un mañana en tu afán de poseerme.

    No supe en que momento me tendiste en la cama, solo tuve conciencia de ello al sentir tu boca horadando mi intimidad, por principio, el pudor o la vergüenza impidieron el disfrute; después de asimilado, solo el placer inundaba mi cuerpo, haciendo retorcerme por las maravillosas sensaciones que me hacían gemir sin control hasta que, sin pensarlo ni mucho menos esperarlo, un torrente escapó de mi cuerpo mojando tu rostro.

    Aún sin control, por las convulsiones que invadían mi cuerpo, sentí como te posicionaste sobre mi; sin plena conciencia, pero en espera de ti, cerré los ojos esperando el momento de la intrusión; esta no tardó en llegar, me estremecí a su ingreso aun cuando ya esperaba por ella. Sentir como tu virilidad se incrustaba en mi, con una pasmosa lentitud, provocó la segunda venida que embotó mis sentidos; ¿cómo era posible que provocaras eso en mi?, ¿cómo era posible que mi cuerpo me ocultará su capacidad de sentir placer? Me aferré a ti clavando mis uñas en tu espalda mientras, de nueva cuenta sin control, las convulsiones movían mis piernas en un vaivén arrítmico; sin un sentido aparente para lo que fueron pensadas.

    Me diste un respiro en el momento que terminaste de desnudar tu cuerpo, pude verte, la vida fue generosa contigo; pensé, ya que la única comparación no alcanzaba las dimensiones que tu presumías.

    Regresaste a mi ofreciéndote, verte tan cerca nubló mi vista, tomaste mi cabeza y me indicaste sin hablar tus intenciones; no supe que hacer, no había un precedente en mi vida que me indicara como continuar, te acercaste a mi boca y, por instinto, la abrí; tratando de alojar en ella lo que veía como una inmensidad. Me sentí llena, saciada aun cuando solo una parte de ti logré engullir; mis ojos dejaron escapar lágrimas sin identificar el por qué, momentos después una arcada involuntaria hizo retirarme para, sin ya aparente control, volver a mi cometido ahora auto impuesto; como una necesidad nacida de la convicción por hacerte lo que habías hecho conmigo.

    Un vacío dejaste al retirarte, hiciste levantarme para hincarme en la cama; inclinaste mi espalda hasta que mi rostro tocó la sábana; ahí estaba, entregada a lo que quisieras hacer de mi.

    Volví a sentir tu lengua invadiendo mis entrañas, pasado un momento tus falanges tomaron su lugar; contrario a lo que hiciste con anterioridad, en esta ocasión fijaste tu atención en el lugar donde nunca pensé que pudiera utilizarse para ese fin, sensaciones nuevas y placenteras recorrieron mi cuerpo que, involuntariamente, comenzó a moverse buscando incrementar el placer que volvía a nublar mis sentidos.

    Regresé de mi letargo al sentir como volvías a invadirme, esta vez con una rapidez que rayaba en la locura; te sujetaste de mi cadera incrementando el vaivén mientras gemidos involuntarios salían de mi boca; fuiste brusco pero así lo quería, te sabías mi dueño aún sin haberlo escuchado de mi; incrustaste un dedo en mi recto que me provocó dolor, dolor masoquista que incrementó a tal grado el placer que sentía que no pude soportar mas y terminé con una fluidez que empapó la cama; terminé pero tú no lo hiciste, recargaste tu cuerpo mientras embestías sin miramiento; ya no pensaba, incluso no sentía, era como ver desde fuera como mi cuerpo era usado a placer por ti para satisfacerte.

    Saliste de mi de manera brusca, en mi letargo, escuché su voz, voz que conocía y reconocía en ese momento dentro de la habitación; con pesadez giré para verte, con él, enfrentados en un fuerte abrazo que provocó su caída. En ese momento no dimensioné siquiera la magnitud del problema.

    Golpes secos inundaban el, hasta hacía poco, sagrado lecho nupcial; tu físico no respaldó tu virilidad y fuiste presa fácil de la enardecida y traicionada víctima; dabas un golpe y recibías tres; pedías clemencia y obtenías dolor. La masacre se detuvo hasta verte sin sentido, bañado con tu propia sangre que manaba por diferentes lugares de tu cuerpo.

    Sabía que la siguiente era yo, lo sabía y, pensé, lo merecía; me tomó del brazo sin darme tiempo a cubrir mi desnudez, arrastró mi cuerpo por el piso hasta encontrar la salida desde donde, sin ningún miramiento, me arrojó a la calle cerrando tras de él la puerta.

    ***

    Ha pasado no mucho tiempo que para mi han sido años, no he sabido de él; dijeron que huyó del pueblo pero yo sé que no es así, sé que ya no camina en este mundo con nosotros los vivos.

    Yo, en cambio, lo hago; continúo caminando aquí pero no existo para nadie, para nadie que conozca mi historia aunque no sepa a detalle los hechos; he buscado el perdón pero sé que no lo tendré, al menos no de él; así que volveré a empezar mi vida, opciones tengo, una al menos segura, la que me colocó en el lugar en el que ahora estoy…

  • Con una casada que me volvía loco

    Con una casada que me volvía loco

    Conocí a una señora hace algunos años, ella tenía 38 años, la conocí en una aplicación en el celular.

    Platicamos muy poco, porque aún que me agregó, ignoraba lo que le preguntaba

    Yo le mandaba mensajes a diario y no me contestaba. Una vez se me ocurrió mandarle una imagen de mi pene y pues me dije: no pasa de que me bloquee. Pero no fue así, ella me contestó y platicamos un rato.

    Ya me había mandado anteriormente una foto en un vestidito gris y se veía bien.

    Total que quedamos de vernos en el obelisco de Monterrey un sábado ya en la tarde.

    Yo pasé en mi carrito y ahí la vi sentada en una banca de la parada de camiones, le hice una seña, se levantó y subió al carro.

    Traía puesto un vestido largo floreado, algo flojo. Era delgada pero su figura no se apreciaba bien. Fuimos a una plaza solitaria cerca del centro de Monterrey. Recuerdo que hacía mucho calor, eran como las 4 pm. Me platicó de su trabajo, de sus problemas que tenía con su esposo, que la trataba mal, que la despreciaba. etc. recuerdo que estábamos recargados en una pequeña barda, después la sujeté de la cintura y la atraje hacia mi, le besé el cuello. Su bolso estaba medio abierto y se veía una prenda.

    Le pregunté: -que traes ahí?

    -Es una tanguita que acabo de comprar. Me contesto.

    -A ver enséñamela

    La sacó y me dijo: -mira

    Era muy chiquita, floreada y le dije: -te la pondrías para mí?

    -No sé, pero dónde?

    -Pues, podemos ir a comprar unas cervezas, después vamos a un hotel y ahí te la pones para mí, nomás que está tanga me la quedaré de recuerdo.

    -Pero yo no tomo. Me contestó

    -Nomás te tomas una para el calor.

    -Mmm ok, vamos! Dijo

    Nos subimos al carro y llegamos a un Seven, compré un six de cerveza y nos fuimos al hotel.

    Al entrar ella me dijo que quería bañarse antes de coger. Tardó como 15 minutos y salió con la tanguita puesta. Ahí pude ver bien su figura.

    Era delgada con un culito bien formado, unas tetitas normalitas, estaba bien rica la señora. Le abrí una cerveza y le dio unos tragos, yo estaba sentado en la cama y ella de pie, la tomé de la cintura y la acerqué a mi. Le mamé las tetas y baje su tanga hasta sus muslos, acaricie su vagina, la recosté en la cama y me dijo: -métemela despacito por favor!

    -Ok, no te preocupes.

    Quité su tanga y la arrojé a un sillón que ahí estaba, me coloqué el condón

    Puse sus piernas a mis hombros y me la empecé a coger, ella gemía, mientras la tenía así, le daba unas nalgadas fuerte, la sentía cerradita, como que el esposo no la cogía de hace tiempo.

    Después me levanté, la puse empinada en un costado de la cama y así me la cogí por un buen rato…

    Me volví a subir encima de ella hasta que me quité el condón y le aventé mi semen en el vientre.

    La siguiente semana nos volvimos a ver dónde mismo y nos fuimos directo al hotel.

    Se metió a bañar, yo la esperé sentado en la cama. Salió en toalla, se acercó a mí y me dijo: -me secas? Abrió su toalla y su cuerpo totalmente desnudo y mojado comencé a secar sus piernas, su vagina, sus tetas y se las mamé.

    Después la recosté en la cama y metí mis dedos en su panocha mientras mamaba sus tetas, después me puse el condón y la puse piernas al hombro, después ella se montó por un buen rato, realmente su cuerpo me volvía loco, cogimos por un buen rato ese día.

    Aún a pesar del tiempo conservo esa tanguita de recuerdo.

  • Con mi prima Nora

    Con mi prima Nora

    Era año nuevo, estábamos todos en familia celebrando, más específicamente tomando y comiendo jaja.

    Estaba atragantándome con cerveza y carne cuando sonó mi teléfono, era un mensaje en whatsapp de mi prima Nora, me pareció extraño ya que estaba enfrente de mí.

    El mensaje decía que saliéramos a fumar un fino, en la familia son algo graves con el tema.

    Algo de contexto, estábamos en mi casa en el campo (de mi familia), y ella estaba de visita.

    Salimos lejos de la casa, la lleve a unos troncos de pinos que estaban por ahí. La noche estaba algo fría y el cielo hermosamente despejado, hasta recuerdo haber visto pasar varios satélites.

    En fin, la cosa es que nos sentamos frente a frente con toda la parafernalia en medio jaja, empezamos a fumar y hablar, nos reímos, pusimos música (música índie, nos encanta, con poco volumen eso si), de a poco la yerbiña empezó a hacer efecto y empezamos a hablar de ex’s, como llegamos al tema ni idea, y ella había terminado hace poco con su pololo, bueno como dos meses, pero era obvio que aún no era tiempo suficiente.

    Entonces ella empezó a hablar de lo mal que le iba en el amor, que siempre tenía mala suerte, yo le decía que la vida es rara, ella era hermosa, esos tipos deberían estar saltando en una pata, reímos con eso, no era el objetivo pero fue extrañamente placentero jaja.

    Estábamos en eso cuando de un momento a otro noto que se pone seria, me miró directamente a los ojos… mmm.

    Contexto igual jaja ese es otro detalle bakan, estábamos a oscuras bajo la luz de las estrella(a muy oscuras jaja), pero ya nos habíamos aclimatado a la oscuridad y podía ver hasta sus ojos.

    Recuerdo que empezó a acercarse, empecé a sentir en mi rostro su cálido aliento y no sé qué cara habré puesto, pero debe haber sido una cara de baboso jaja entonces me dijo «y si nos escuchan?», con eso me reí levemente, estábamos solos en un campo jaja y le dije «pero dímelo al oído entonces», se empezó a acercar y se detuvo muy cerca de mí oído, dijo «no es como decirlo» cada letra de cada palabra de esa frase se sintió como cargas eléctricas en todo mi cuerpo, y cuanto terminó de hablar sentí sus labios, en mi oreja, note (ni idea como) una pequeña sonrisa.

    En ese instante casi inconscientemente lleve mis manos a su cintura, sentir su cuerpo, su piel tras la ropa me hizo casi estallar, pensando que eso era el límite, sentí sus labios besándome en el oído, la abrace fuerte apretando su cuerpo contra el mío, sentir sus pechos pequeños y suaves me hizo sentirme en la gloria, estaba extasiado pero luego me hizo regresar con su respiración entrecortada, sentí que necesitaba más, fui en busca de sus labios, fue el viaje más hermoso recorrer su cuello y su mentón, aunque sólo pensaba con ansias en que podía ser mejor.

    Cuando encontramos nuestras bocas, nos deslizamos sutilmente, encajábamos a la perfección y de pronto ¡el cielo!, de alguna manera ya podía sentirla toda, conocerla como ni imaginaba hacerlo, nuestras lenguas se fundían eléctricamente también en un beso.

    Ese beso fue eterno, era casi inimaginable separarme un milímetro de ella, de hecho creo que no pasó.

    Ella me abrazo la cabeza cruzando sus manos con mi pelo, luego acerco su cintura, quedando casi encima mío, yo me levante levemente inclinándome hacia adelante, así nos deje caer muy suavemente sobre el tronco.

    Ahí estaba ella, después de mucho tiempo la note nuevamente, nuestro beso me había hecho olvidar que éramos dos individuos,

    Pero ahí estaba, con las piernas abiertas abrazando mi cintura, cuando estuvimos totalmente botados, sentí su vagina con mi pene, se sentía firme, invitando a ser recorrida, embestida; empecé a empujar suavemente y sentí su primer gemido, fue tanto sutil como absoluto, ese «hay» disfrazado de susurro me hizo adivinar lo que no me dijo al oído, también yo le gustaba.

    Me levante sin despegarme, siguiendo con nuestro delicioso roce, la vi, con los ojos cerrado, la boca entre abierta, respirando con dificultad y todo en cámara lenta, empecé a tocar con mi manos sus pechos, no parecía real, llenaban y se acomodaban perfectamente en mi manos, le abrí la chaqueta y fui por su ombligo, subiendo hasta chocar con sus sostenes, mis dedos sin dificultad pasaron bajo ellos y ahí estaba ella, su pechos suaves y sus pezones firmes, era hermoso.

    Ella hacía lo mismo con sus manos, recorría con ansias mi torso, hasta que como anclas sus dedos se fijaron en mi espalda baja y tiraron fuerte y nos unimos nuevamente, se sentía maravilloso.

    Al mismo tiempo fuimos en busca de nuestros pantalones, molestaban a esa altura.

    No sé como se nos ocurrió, pero lo siguiente que recuerdo era que estábamos sobre nuestras ropas, yo sobre ella sosteniendo mi cuerpo con las manos, ella con las piernas abiertas, sus manos en mi cintura, yo solo esperaba su señal, por fin la sentí.

    Primero busque su boca y perfectamente cronometrado por dios, llegué a sus labios con mi lengua y a su vagina con mi pene, se sentía muy mojada, empecé a avanzar, mi lengua encontró el cielo y mi pene encontró el infierno; húmedo, caliente y apretado.