Blog

  • La habitación de los crucifijos

    La habitación de los crucifijos

    ¡Suenan campanas de boda!

    Me llamo Rebeca, tengo 25 años. Soy una pelirroja de ojos azules bastante llamativa. En éste momento de mi vida estoy soltera, disfrutando de la vida, sin ataduras y sin tener que dar explicaciones a ningún hombre. Simplemente, ahora soy la capitana que coge el timón y la única que decide hasta dónde y cuánto tiempo quiero estar allí o aquí o con quien.

    Hace unos meses que deje a mi anterior pareja y desde entonces he vivido algunas aventuras de pasión y lujuria con algunos hombres que conozco. En esta ocasión, voy a contaros una que sucedió hace no muchos días…

    Mis tías, dos ancianas retiradas me habían pedido que cuidara de sus plantas y animales mientras ellas iban a un viaje a Colombia y recuperar contacto con los misioneros que las habían acompañado hace 40 años en sus viajes como hermanas misioneras. Decidí irme e instalarme en su casa para que los animales no pasaran solos las horas muertas.

    La casa de mis tías estaba en pleno centro de la ciudad, estar allí esos días me sirvió para recuperar mi paz interior y estar más cerca de la zona de marcha. Tenía ropa mía de otras ocasiones en casa de mis tías, así que con recoger en una mochila mis cositas de aseo, tendría suficiente.

    Llegó el día de la boda de mi mejor amiga Tina y mis tías no habían regresado aun de su viaje y no me quedo más remedio que arreglarme allí. Regrese a mi casa para recoger más ropa, metiéndola en una maleta pequeña y dejando hueco de sobra para luego traer todo el resto, maquillaje, secador, espuma. Total, parcia que me había mudado a aquella casa. La verdad, no estaba tan mal, me habían dejado la nevera llena de tupper con mucha comida, tanta como para pasar dos meses sin tener que salir a absolutamente nada.

    El día de la boda llegó, me puse mis mejores galas, tardé casi dos horas en estar medianamente presentable para aquel gran acontecimiento del año. Llegamos todos a la plaza donde estaba la iglesia. La familia, feliz se abrazaba a las puertas celebrando la unión y algunos otros un reencuentro esperado desde hacía años ya que mis amigos vienen de un largo noviazgo.

    Reencuentros si, pero para todos. Allí me encontré a mis amigos pero también a un viejo conocido, pude reconocerle por su porte, su melena y su manera de caminar, Antonio estaba incluso mejor de lo que le recordaba. Hablamos y hablamos hasta que la boda casi había acabado, los novios bañados de pétalos de rosas, arroz y confeti intentaban dar las mejores sonrisas para las fotos de los invitados y amigos allí reunidos.

    Una vez en el comedor del restaurante, descubrimos que estamos en la misma mesa, además de tener a varios de mis mejores amigos allí sentados, también estaba el. A mi lado.

    Antonio cada vez más cerca de mi boca, me repetía lo preciosos y brillantes que tenía mis ojos verdes, podía ser que el alcohol aumentara nuestras visiones pero yo tenía un sentimiento de atracción fatal hacia él. Seguro que ya no había ni rastro del maquillaje que me había puesto y mi sonrojo era notable para el resto de la mesa. Aunque he de reconocer que me da un poco igual lo que los demás pensasen, de una boda sale otra! Eso dicen.

    Las horas que pasábamos juntos se hacían cortas la excitación por oler su perfume en su cuerpo era realmente notable, intentaba no acercarme demasiado para no sentir el latido de mi entrepierna. Cada segundo contaba para que mi imaginación me llevase a imaginar momentos tórridos a su lado, posesión, lenguas, sabores… olores…

    Decidí ser valiente y proponer el plan lo más delicado que se me ocurrió, llevaba bastante rato pensando que podía decirle, inspire hondo y las palabras salieron solas casi a borbotones, él me miró fijamente y acepto mi propuesta con un cálido y casto beso en mis dulces labios…

    Tomó mi mano, y desaparecimos…

    Continuará…

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (13)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (13)

    El sábado no perdió el tiempo. Después de estudiar por la mañana, llamó a la tarde a la puerta de Carol. Estaba realmente ilusionado y no sabía muy bien el motivo, simplemente iba a dar una vuelta con su amiga, nada más. La pregunta que no se atrevía a hacerse, era si por ejemplo hubiese sido Javi u otro amigo de su ciudad, ¿estaría tan ilusionado?

    La joven abrió la puerta con una bolsa de chucherías en la mano y enfundada en su habitual pijama. Torció el rostro al ver que quien aporreaba la puerta era Sergio, no es que le sorprendiera, sino que no era habitual verle a esas horas de la tarde.

    —Venga, vístete y lávate un poco que nos vamos a dar una vuelta.

    —¿Qué? ¿Y esto así de repente?

    —Vamos, te espero en la puerta.

    —Sergio —dijo sacando la cabeza por la puerta a la par que el joven se dirigía al ascensor—, ¿no has pensado que puedo tener otros planes? —se giró ya en el ascensor con una mano en la puerta y le dedicó una mirada sarcástica— No. No tengo ni un mísero plan…

    El coche esperaba en la entrada cuando Carol salió de la residencia. Sergio solía moverlo de vez en cuando para que no se quedase sin batería, aunque maldecía una y otra vez la zona por haber tan pocos aparcamientos. Llevaba una semana estacionado, pero al encenderlo el coche ronroneó como un gatito obediente. Pese a su miedo, nunca le fallaba.

    —¿Esta tartana? —se sorprendió Carol al ver el viejo coche rojo.

    —Ni una mala palabra sobre mi coche, que me ha llevado siempre a donde he querido, le quiero más que a muchas cosas.

    —Vale, vale… —el comentario la hizo gracia— ¿Dónde quieres que te lleve hoy este magnífico coche?

    —Vamos a mi pueblo, que tengo una sorpresa para ti.

    —¿Ya voy a conocer a tus padres? Me parece muy pronto, mejor cuando nos vayamos a casar.

    —¡Qué imbécil eres! —ambos se rieron mientras el coche enfilaba la carretera— Te llevo a una librería especializada en manga. Salió el tema con mi hermana, le gusta mucho. Y nada, me dijo que ella compraba allí, que está muy bien, ¿te hace verla?

    —¿Esa pregunta no me la tendrías que haber hecho en la habitación? —Sergio alzó los hombros admitiendo que podría ser así— ¡Venga, vamos! Además que me apetecía salir de la residencia, hace un día maravilloso.

    —Los días cada vez son más largos y el sol empieza a calentar, tendremos que hacer más planes como estos cuando te quedes los fines de semana.

    —Me da que sí, no solo es beber en la habitación… parecemos dos alcohólicos depresivos… y oye, me cae bien tu hermana.

    —Es un amor, ya la conocerás.

    Aquella frase fue muy natural, tanto que ninguno de los dos se dio cuenta de lo que simbolizaba y la dieron por buena. Mientras el coche se metía en la carretera con ganas de gastar los neumáticos después de toda la inactividad, sus mentes de forma muy subconsciente, sabían que esa amistad sería duradera.

    Sergio antes de aparcar, miró hacia su derecha, viendo a la chica cotillear su guantera como si fuera a encontrar droga. No la dijo nada, dejó que hiciera lo que le apeteciera, su presencia era tan placentera que le daba lo mismo lo que mirase y… tampoco había nada que ocultar. Por un instante recordó el viaje con su tía, después con su madre, ambas sentadas en el mismo sitio que Carol… y por un momento pensó si acabaría igual con ella.

    Meneó la cabeza con fuerza deshaciéndose de ese pensamiento, eran amigos, simplemente eso, además, que no tenía más sentimientos por ella ¿no? Eso creía. Con aquello en mente una loca idea se le asomó por el cerebro.

    Su hermana le había dicho que la librería no estaba lejos de la tienda donde su madre había comenzado a trabajar. Se le ocurrió la genial o pésima idea de pasar cerca, con la intención de ver a Mari por lo menos un segundo. No la veía desde el incidente, el último recuerdo que tenía era aquel rostro de odio, y el anterior… una bofetada que le picó durante más de un día. Quería volver a verla, aunque… no solo eso.

    Mientras giraba en una calle para cambiar el rumbo y hacer bueno el plan que tan repentinamente se le ocurrió, pensó en muchas cosas, sin embargo una por encima de todas. Con Carol y los estudios se había olvidado parcialmente de su casa, de vez en cuando pensaba en Mari, pero cada vez menos. Todo se estaba volviendo un recuerdo difuso y apenas recordaba con nitidez su cuerpo… aquel cuerpo que tantas cosas le provocó.

    Había pasado menos de un mes desde aquel fatídico día y que caprichosa es la mente con las cosas que quiere olvidar. Necesitaba ver de nuevo a su madre, pero mientras frenaba y aceleraba por las calles de su pueblo, sabía que tal vez al ver de nuevo a su progenitora, necesitase algo más.

    Ver su rostro, su piel, su cabello, sus ojos… el azul tan intenso de las mujeres de su familia que parecía una obra de arte. No podía parar de pensar en ella y aparcando el coche cerca de la tienda de ropa, teniendo que hacer más maniobras de las necesarias, estaba temblando.

    Ambos comenzaron a andar por la calle, Carol seguía a Sergio mientras este le guiaba por rutas que anduvo más de mil veces. La joven le hablaba y le preguntaba sin parar, este contestaba como podía, porque estaba algo ausente. Al final, en un minuto de paseo viró su cuello y al otro lado de la calle vio lo que tanto anhelaba.

    La tienda se veía pequeña, al menos para sus ojos y la distancia. Anduvo un poco más, notando el viento frío que golpeaba a ratos en aquel día soleado. Carol le comenzó a preguntar algo que no logró escuchar, porque sus pasos le habían llevado delante de la tienda, pero en la acera contraria. Solo tenía ojos para una cosa.

    Dentro, tras unos cristales en los que el escaparate mostraba dos maniquís envueltos en ropas de moda, consiguió divisar una mujer. Tenía el cabello negro, casi brillante, pese a la distancia lo podía ver a la perfección, porque todos los recuerdos volvieron nítidos. Mari estaba hablando con una clienta que ya había pagado y le comentaba unas cuantas cosas triviales de su vida.

    Sergio podía verla a la perfección, detenido sobre los adoquines de la acera la observaba mejor y Carol hizo lo mismo, aunque no sabía muy bien a qué mirar. Su compañero estaba quieto, inmerso en una imagen que desconocía, le dijo algo, pero no hizo caso.

    Mari acompañó a la clienta a la puerta sin dejar de hablar, mientras no pensaba en otra cosa más que en lo feliz que le hacía desempeñar bien su trabajo. El joven vio a su madre por unos instantes, una calle de dos carriles y dos hileras de coches aparcados les separaba, lo suficiente para tener una distancia de seguridad y poder verla en secreto.

    Llevaba un vestido de color amarillo oscuro que daba la sensación de ser caluroso. Le llegaba hasta casi las rodillas, que coronaba con unas medias negras que llegaban hasta unos botines del mismo color. Su ropa estaba ligeramente ceñida y la silueta de su cuerpo era notoria. Seguía igual de delgada que siempre, con unas piernas duras y un busto que quitaba el hipo.

    Al joven el vientre le dio la vuelta, similar al tambor de una lavadora girando sin parar. No podía contener lo que sentía, necesitaba hablarla, tocarla… amarla. Pero su cuerpo no se lo permitía. Estaba tan bella, tan preciosa como siempre. La mujer miró al cielo, quizá para observar las pocas nubes que dejaban al sol calentar todo lo que podía. En ese momento lo vio, el brillo de sus ojos resplandeció con la luz del sol, dándole a Sergio una imagen de la belleza absoluta.

    Todos los recuerdos se acompasaron en su mente, dando llegada a unos que habían sido apartados por completo. Una noche en la oscuridad, muy lejos de allí y ambos siendo parte del otro. Su cuerpo se estremeció y quitó la vista dándose cuenta de que a su lado Carolina le miraba con un gesto extraño y le cogía de la manga de su chaqueta.

    —¿Pasa algo? —en su rostro sintió la preocupación.

    —No… nada… lo siento.

    Sacó los ojos de la visión fastuosa de su madre y prosiguió andando hacia la librería. Por mera inconsciencia, sin pensar en ello y con la cabeza puesta en su madre, pasó su mano por la cintura de la joven, llevándosela consigo mientras esta le miraba tras sus gafas.

    Obviamente, Carol no dijo nada, solo se arrimó un poco más a su amigo sintiendo como su mano la atraía hacia él. Ella seguía mirando a sus ojos, a su rostro, había inquietud y se quería interesar por él, no le gustaba verlo así.

    —¿Quién es? —Carolina había visto salir a la mujer y como Sergio la miraba con un gesto contraído.

    —Mi madre.

    —Comprendo.

    Ya sabía que Sergio tenía algún problema en casa, se lo había contado el mismo, aunque no en profundidad. Sin hacer gala de su ironía, con un tono serio, de total respeto y tendiendo ayuda a su amigo, le preguntó.

    —¿Es con ella con la que estás mal? —Sergio asintió. Su amiga, con el brazo de este recorriendo su espalda hasta la cintura se apoyó aún más en él, notaba su malestar. Prefirió cambiar de tema, no le veía con ganas de hablar— Llévame a esa librería, que tengo ganas de que nos lo pasemos bien.

    Mientras ellos seguían caminando con el brazo del joven rodeando a su amiga. Unos ojos azules les miraban con cierta curiosidad desde el otro lado de la acera. A Mari el corazón le latía con ganas, un tambor dentro de su pecho a un ritmo lento, pero durísimo.

    Sabía que sus ojos no la engañaban, todavía veía bien y podría reconocer a su hijo en cualquier lugar del mundo. Entró de nuevo a la tienda con los nervios a flor de piel, la soledad que tenía dentro del establecimiento le hizo expresar un poco los gestos extraños que desprendía su cuerpo.

    Se sentó tras el mostrador, apenas pensaba en la chica con la que iba, no le importaba, porque estaba segura de que el otro era… Sergio. Su respiración se aceleró, no había olvidado a su hijo, era imposible, pero la ira se había disipado por completo y solo quedaba la añoranza de tenerle en casa. Ciertos recuerdos vinieron a su mente y los dejó a un lado sin querer volver a revivirlos.

    Sin embargo el poder de la mente nunca se puede parar. La noche, la oscuridad, el placer… Igual que a su hijo, casi de forma simultánea recordaron con nitidez los sabrosos momentos que pasaron en la intimidad del hotel. Mientras Sergio caminaba con Carol y sin remediarlo la zona más íntima de su cuerpo se llenaba de sangre, a Mari, le comenzaba a suceder lo mismo.

    Con la única visión de su hijo, en un instante nada más, miles de sentimientos habían vuelto a aparecer y ninguno de ellos llevaba resentimiento. A cada segundo uno se alzaba detrás del otro y sobre todo uno prevaleció. En medio de la tienda, en su nuevo trabajo, un picor inhumano le hizo frotar sus piernas la una con la otra. El roce de las medias llegaba a sus oídos mientras ningún cliente entraba por la puerta.

    —Menos mal…

    Dijo muy bajito sentada todavía detrás del mostrador tratando de leer una revista sin lograr concentrarse. No podía aguantarlo más, era una sensación apabullante que se estaba descontrolando. Cogió el móvil y aprovechando que en la tienda seguía sin entrar nadie, escribió a su marido.

    —¿Estás en casa?

    —Sí, estoy descansando un poco hasta de las nueve.

    —¿Laura salió?

    —Se fue con las amigas, me dijo que te dijera que se va a cenar por ahí. Dicho queda. —Dani se rio en su sofá por su comentario. La verdad que no era muy gracioso.

    —Vale. Ahora hablamos.

    El siguiente mensaje Mari no lo abrió, porque no era de su prioridad, tenía otra muy concreta. Marcó el número de la jefa y la llamó.

    —Mari, cariño, dime.

    —Hola, Mariví, cielo. ¿Vas a venir ahora? —los sábados solían estar ambas en la tienda.

    —Sí, estoy ya en la calle. ¿Necesitas algo?

    —Pues sí. —No le gustaba pedir favores a nadie, pero esto era por fuerza mayor— No me encuentro bien. Me está dando el vientre unas vueltas terribles y tengo sudores fríos. —Para nada. Mentía— ¿Podría…?

    —Cariño, sí, sí. ¿Cómo no me has dicho antes? Si aguantas a que llegue bien, si no cierra cinco minutos que no tardo.

    —Te espero, no hay problema. Lo siento, es que ha sido así de pronto, casi de golpe, igual me ha sentado algo más. Recupero las horas cuando pueda.

    —¡Calla, mujer! Lo importante es recuperarse, ahora voy no te preocupes.

    —Muchas gracias, de verdad. Es que me encuentro fatal.

    Se despidieron y Mariví no tardó en llegar. Corroboró de primera mano que Mari estaba mal según la vio, su tez había palidecido y sus gestos denotaban malestar. La mujer recogió todo y se marchó a casa a la carrera.

    La cosa es que no estaba mal, no tenía sudores fríos por comer algo en mal estado, ni siquiera se acercaba a la realidad. Su cuerpo se había alterado, pero por culpa de una visión, de unos recuerdos, de unos sentimientos que se volvieron locos. Con paso rápido recorría la calle rumbo a su casa, sabía que allí estaba Dani y que su hija no estaba, y que por supuesto… Sergio tampoco.

    El camino se le hizo largo, incluso tortuoso. Su zona más íntima parecía contraerse de vez en cuando dándole unos retazos de placer que jamás se había imaginado. Con los recuerdos del placer vividos en aquella noche de locura, caminada apresurada por la calle soportando vibraciones en su interior.

    Llegó, abrió la puerta y buscó a su marido como una verdadera devoradora de hombres. Era una cazadora, necesitaba su presa y allí estaba, aunque… sabía… que no era a quien deseaba. Asió del brazo a Dani que veía con estupor lo que pasaba, preguntaba cuál era el motivo de tal comportamiento, pero no había respuesta.

    Mari había perdido cierta cordura. Durante todo el invierno había cultivado un ardor que solo recordaba en sus tiempos mozos, y de golpe y porrazo cuando su hijo se fue del hogar, desapareció. Como si estuviera agazapado esperando la oportunidad de resurgir, salió disparado en el momento que sus ojos azules vieron a su vástago.

    Con bastante fuerza, el hombre cayó en la cama, mientras veía como su mujer se quitaba el vestido de golpe y lanzaba ambos botines perdiéndose en la habitación.

    —Mari, ¿qué pasa? ¿Esto…?

    No había respuesta, porque su mujer en un visto y no visto estaba en ropa interior. La preciosidad de su esposa se colocó encima de él con el pecho rugiendo. Sus ojos estaban envueltos en el fuego del infierno y mostraba unos fieros dientes por donde salía un aire ardiente.

    Rápidamente besó a su marido en los labios, sabía todavía a cerveza fresca y no le desagradó del todo, total esa parte no era la que más importaba. Las manos hábiles de Dani rodearon a su mujer, llegando a posar las palmas bien abiertas en cada nalga, haciendo que la mujer siseara de placer.

    —¿Qué te pasa hoy? —Dani no podría entender lo que le sucedía a su esposa, aunque para nada le parecía mal, hacía bastante que no tenían un coito.

    —¡Cállate! —el hombre se quitó la camiseta mientras su mujer le comenzaba a besar por todo el cuerpo— Necesito… Follar.

    A Dani el cuerpo se le encendió como una locomotora. Muy pocas veces había escuchado a su esposa decir algo como eso y menos verla tan… cachonda. Su sexo solía ser más que pobre y pocas veces lo hacían una vez al menos, que era su mínimo y eso… siendo muy optimista.

    Mari no se podía contener, tenía la vista nublada y las manos temblorosas. Bajó su cuerpo arrodillándose al pie de la cama, donde las piernas abiertas de su marido reposaban. Con fuerza le quitó los pantalones, menos mal que eran elásticos, si no se hubieran desgarrado. El pene duro de Dani salió disparado buscando alguien que le curara esa tensión. No era el de Sergio, el cual notó en sus entrañas el poder que poseía, sin embargo, nunca le pareció que el de su marido fuera pequeño, para lo que pretendía… valdría.

    Con los ojos fijos en la extremidad que colgaba tensionada como un cable de alta tensión, se detuvo un segundo a admirarlo, no podía quitárselo de la cabeza, pese a que era el de su marido… ella solo pensaba en otro.

    Aun así, ¿qué más daba? Abrió la boca todo lo que pudo y de un sopetón introdujo en el interior lo máximo posible. El pene hizo contacto con su garganta y cerró sus labios atrapando lo que tenía en su interior… lo consumió por completo.

    —¡MARI! —gritó Dani incorporándose y sentándose en la cama.

    La mujer no contestó porque estaba sumergida en una faena que con mucha extrañeza, le estaba poniendo como nunca. Su boca tragaba todo lo que su marido le ofrecía, succionando la piel y moviéndola de arriba y abajo. Ayudó con su mano, sin medias tintas, el movimiento fue veloz, digno de un final épico, sin embargo, estaban en el comienzo.

    —Cari… Cari… Cariño. —logró articular Dani sumido en un placer sin igual ¿hacía cuánto que no se la chupaban? No lo recordaba— No aguanto más.

    —Entonces túmbate. —Mari con una voz autoritaria y soltando el agarre que tenía del pene de su marido, empujó levemente a este echándole sobre la cama.

    Las bragas se cayeron prácticamente solas, parecía que colaborasen y con un sutil movimiento de tobillo se fueron en busca de un lugar perdido al igual que los botines. No había pausa, todo era frenético. De un salto Mari se encontraba ahorcajadas encima de su marido que estaba postrado en la cama con cierta inquietud, su mujer se veía una verdadera fiera.

    Rodeó con sus dedos el mástil erecto que apuntaba hacia su preciado tesoro y sin preguntar, sin calma, sin nada, lo puso en la entrada y descendió sus nalgas para que sus labios lo absorbieran. Así ocurrió, de golpe todo estuvo dentro, absolutamente todo. Mari gimió de placer y Dani abrió los ojos por lo bien que se sentía.

    La vagina siempre estuvo algo “apretada” como se decía Dani en su mente, incluso Sergio pensó lo mismo en su momento. Algo que solía achacar a ser delgada, o al menos eso era lo que él creía. No obstante, esta vez no era así, pese a que sus paredes aprisionaron rápido su miembro, este entró sin ningún tipo de problema, rodeado de calor, líquidos y fuertes músculos.

    Los movimientos no se hicieron esperar. Mari se puso a cabalgar como si de la mejor amazona se tratará. Dani viendo la imagen de una verdadera diosa que no recordaba tener por esposa, solo podía tensionarse y retrasar lo inevitable… porque apenas se aguantaba.

    La mujer se desató, en verdad estaba frenética. Su trasero se movía de adelante hacia atrás al tiempo que apretaba las nalgas para sentir mucho más placer. Sus propias manos recorrían su cuerpo, primero subiendo por su vientre, después sus costillas y al final alcanzando unos senos realmente voluminosos. Los agarró con fuerza, haciendo que ambos salieran por encima del sujetador y estimulando unos pezones durísimos.

    La imagen para Dani era soñada, sus pobres misioneros ahora resultaban una aceituna en medio de un gran banquete. Su esposa se movía como una experta haciendo que tocara el cielo a cada gesto. “¿Quién es esta Mari?” Se preguntó sin parar de gemir.

    La mujer en cambio, con sus senos apretados y el miembro bien dentro de ella, cerró los ojos sin parar de moverse con velocidad. El placer era inmenso, todo lo contenido hasta ese momento quería salir. Notó las manos de Dani agarrándola con fuerza la cintura, seguramente no las podía subir más allá, si no todo terminaría.

    Sin embargo, ella no sintió a su marido. Le amaba, estaba claro, pero ya no estaba allí. En su imaginación, otro tomó su lugar, alguien que la había puesto contra el mural en el hotel. Un pene que parecía no conocer los límites del placer y le hacía atravesarlos todos. Sintió el primer esbozo de un orgasmo y su cabeza gritó “SERGIO”.

    No obstante, algo le trajo de nuevo al mundo, una voz que parecía lejana, pero que estaba allí, justo debajo de ella.

    —Me corro… no puedo más.

    —No, no, no… ¡Dani, espera! —dijo Mari agónica.

    —Sí, cariño. No puedo… —el hombre la trajo para así, incrementando el ritmo y haciendo que sus genitales llegaran a chocar contra el trasero de su mujer.

    El placer la volvió a envolver, aquel sonido, “plas, plas, plas…” le recordaba a su noche de locura, porque al no ver nada, el sonido parecía amplificarse. Estaba cerca, muy cerca de lograr el orgasmo, pero… Dani se adelantó.

    —¡Joder, qué pasada…!

    Apretó ambas nalgas con fuerza, quizá dejando la marca de sus dedos en el trasero de su esposa y se detuvo en seco, dejando a Mari muy cerca. El semen brotó en su interior, caliente y abundante, sin embargo no fue la misma sensación que con su hijo, porque con Sergio… todo fue perfecto.

    —Lo… siento… —dijo Dani sollozando de placer mientras su mujer se quitaba de encima.

    El pene flácido y recubierto de fluidos mostraba una imagen desconsolada para la mujer, sin poder apagar el fuego, que voraz, consumía todo en su interior.

    —No te preocupes, mi vida. —le dio un beso para que no se sintiera mal, no era su culpa, más culpa tenía ella…— Voy a la ducha.

    —Bien, yo descanso un poco y me prepararé para ir a trabajar, tenemos que… repetirlo.

    —Sí, algún día, cariño.

    Dani siguió postrado en la cama durante un rato. Mari en cambio, caminó desnuda por la casa, mientras de su interior brotaban gotas blancas que recorrían su muslo, no la importaba, con la ducha se irían.

    Pero allí no había acabado todo, necesitaba más, quería deshacerse del picor ardiente que había anegado su cuerpo. Las llamas de su interior debían aplacarse y el coito con su marido no hizo nada más que avivarlas.

    El agua de la ducha la estabilizó ligeramente, pensando en lo que amaba a su hijo, ya no solo en el plano sexual, intuía que eso era pasajero, sino como una buena madre debe hacerlo. Los chorros la relajaron para pensar en que toda su reacción quizá fuera desmedida y que no debería haberse puesto así, sin embargo, cada vez que pensaba eso, la imagen de su hijo junto a Carmen le venía a la mente.

    Debía hablarlo, o hacer algo al respecto, no estaría en paz hasta conversar sobre el tema con su hermana y con su hijo. No obstante, no sabía cómo hacerlo, no tenía ni idea de que paso dar. Una simple llamada que era lo más sencillo, la aterrorizaba, no quería enfrentar la situación. Lo que si quería era hacer otra cosa.

    Sus dedos ya estaban en su clítoris sin su permiso. El agua caliente era un relajante tan extremo que sin quererlo estos se pusieron a masajearlo con suma delicadeza. Ya estaba algo preparada, el “casi orgasmo” que le había dado su marido la dejó a punto de caramelo. Ahora con el pensamiento de su hijo dentro de la ducha, no se puso ninguna barrera.

    Cogió el mando de la ducha, dio potencia a los chorros y lo agarró con fuerza entre sus dedos. Se arrodilló sobre el plato antideslizante y limpió bien la esponja que usaba, la necesitaría, lo presentía.

    Encorvó su espalda, bajando ambos pechos hasta tocar el suelo de la ducha y colocó su rostro contra este… con calma. En una mano tenía el mando de la ducha y acercó hasta su sexo esos chorros que con tanta presión salían. El placer fue inmediato, el agua cumplió su cometido de placer. La otra mano cogió la esponja y se la llevó a la boca mordiéndola con ganas.

    Con la mano restante liberada, la bajó por su mojado cuerpo, llegando a su entrepierna donde comenzó un masaje duro y sin contemplaciones, estaba tan cerca, tan preparada que no podía perder el tiempo. Los chorros del agua, unidos a su masaje de manos, la hicieron volar. Su mente se preparó para imaginar o casi… recordar.

    En su cabeza alguien abrió la puerta, un chico, un adolescente que conocía bien. No decían nada, solo se colocaba a su espalda y así, agazapada y arrodillada en la ducha, le introducía su poderoso miembro en su interior.

    Los espasmos aparecieron, las embestidas eran como en el hotel, tan duras que su cabeza se movía de un lado a otro. Su vagina comenzó a palpitar por tamaño placer, mientras sus dedos masajeaban furiosos el clítoris. Mordió la esponja imaginándose que su hijo la azotaba con ganas por haberse portado mal y echarle de casa. “Nunca me han dado un azote” pensó en el momento que aquella imagen le producía un inesperado placer.

    En su mente Sergio le dejó marcada la palma de su mano al igual que su marido los dedos. Sin embargo, con ese golpe, el orgasmo había llegado y estaba a punto de salir. Le dio el toque final, reprodujo en su mente el golpe caliente del semen espeso de Sergio en su interior, aquella sensación de placer sin igual.

    Llegó el momento, Mari se corrió. Mordió con fuerza la esponja hasta casi romperla mientras esta hacía su labor soportando los gritos de la mujer. Su orgasmo se iba por el sumidero mientras su trasero se tambaleaba y sus dedos paraban de moverse como locos. Su respiración se desataba y el pecho le ardía, pero al menos el instinto sexual parecía disiparse.

    Se levantó cuando pudo, pensando que menos mal que se había puesto la esponja, si no su marido hubiera escuchado de viva voz, como esos ruidos que sacaba solo hubieran repetido un nombre. “¡SERGIO, SERGIO, SERGIO!”.

    CONTINUARÁ

    ————————

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Final feliz en carretera

    Final feliz en carretera

    Todo ocurrió durante un trayecto de la ciudad de León hacia Querétaro, era un día viernes por la noche y había terminado tarde de trabajar en la empresa de uno de nuestros clientes, finalmente iba de regreso en mi camioneta y en la parte que colinda con Irapuato tome la autopista hacia Celaya, es una carretera muy solitaria a esas horas y además muy vigilada por la policía del lugar; déjenme decirles antes que, yo muy coqueta por la mañana, decidí vestirme con ropa interior femenina, me puse una tanga de color rosa, de encaje, junto con un liguero en color rosa también y medias de silicón del mismo color, las cuales se aferraban muy bien a mis piernas haciendo que se vieran mucho más ricas de lo que normalmente son, me puse mis jeans muy pegados, que aunque eran de hombre me gusta usarlos muy embarrados para hacer notar más mi trasero; para esconder mis medias de la mirada de la gente, me puse botas industriales que, a mi parecer se veían muy bien… Contrastaban con el color rosa de mi conjunto; pero, como soy TV de closet mi idea era aparentar ser hombre mientras estoy trabajando.

    Regresando a mi relato en la autopista, no habían pasado ni 20 minutos que yo había tomado la desviación hacia Celaya cuando vi por el retrovisor la torreta encendida de una patrulla, se acercaba muy rápido hacia mi y al estar justo detrás de mi vehículo me ordeno que me orillara; no me puse nerviosa pues no tenía nada que esconder ni reportar, solo esperaba que su revisión no fuera tan prolongada; me detuve justo abajo de un puente donde sin querer los autos que pasaban por la carretera no podían vernos bien, a menos que pasaran muy lentamente y mirarán muy detenidamente hacia nuestro lado; el vehículo de policía se detuvo justo detrás del mío y yo podía verlo por el espejo retrovisor, fue en ese momento que pude verlo, era un hombre en toda la extensión de la palabra, musculoso, más alto que yo, muy guapo y con su uniforme se venía mucho muy varonil, se paró junto a la puerta a una distancia como de medio metro, se veía increíblemente rico, me corazón latió a mil por hora y por más que quise disimular él pudo notar mi nerviosismo al verlo; me pidió amablemente mis documentos y los busque de inmediato solo que al agacharme hacia la guantera y usar ambas manos para buscar lo que el hombre necesitaba, mi playera que traía puesta se recorrió hacia arriba y él pudo ver perfectamente mi tanga y mi liguero, cuando regresé con él me dijo que bajara de mi coche y yo sin decir nada lo obedecí, ya estaba yo empezando a mojarme porque escuchar su voz me hacía estremecer, me preguntó hacia donde me dirigía? De dónde venía? Y en ese momento me dijo algo que me dejó con la boca abierta: «una nena como tú no debería andar sola por estos rumbos a ésta hora…»; me quedé como tonta y con la boca abierta pues esas palabras me estaban invitando a algo más… Yo sé que, aunque me veo varonil, mis ademanes son más bien de toda una chica, así que de la única forma en que el oficial se dio cuenta de mi identidad escondida fue al ver mi ropa interior; «pareja, puedes venir por favor ?…» Le gritó el oficial a su acompañante que aún estaba en su auto, del lado del copiloto bajó otro hombre, hermoso como el primero, aunque un poco más alto, igualmente guapo y marcado de sus músculos… «Ésta hermosa señorita anda sola por los rumbos… No se te hace sospechosa?» Le dijo el primero al que acababa de llegar y este le respondió «así es pareja, yo creo que tendremos que registrarla para ver si no trae algo con ella…» le respondió el segundo… Sentí de inmediato que mi prenda íntima se mojó por lo que me esperaba, tenía 2 hombres guapos y uniformados para mí sola.

    El primero de ellos me dijo que me pusiera contra el cofre y que abriera las piernas y apoyará los brazos en el coche, yo le obedecí de inmediato y comenzó a tocarme, tenía unas manos enormes que empezaron a recorrer mi cuerpo empezando por los pies, poco a poco iban subiendo por mi pantorrilla y después mis muslos, al llegar a mis nalgas mi respiración ya estaba muy agitada, me las comenzó a sobar lentamente, me las apretaba muy rico y en un momento me embarró su cuerpo, su pecho estaba pegado a mi espalda y pude sentirlo, había puesto su enorme paquete pegado a mi trasero y sentía como le palpita su verga, la tenía durísima y me susurro que si quería subirme a su auto, yo le respondí de inmediato que si, cuando abrí la puerta me di cuenta que su compañero ya estaba arriba del vehículo, sin pantalones ni calzones, al verlo así yo de inmediato me quite los míos sin quitarme mis medias ni mi tanga, él tenía su miembro muy parado, hinchado a más no poder, en el acto yo me monté en ese macho, me puse su verga en mi trasero, para sentirlo sobre mi ropita, el otro macho se subió junto a su compañero y ya adentro se bajó los pantalones y me dejó al descubierto su falo, estaba mucho más grande que el del que estaba montando, lo tomé con mis manos y empecé a masturbarlo mientras lo besaba con lujuria, el primero me empezó a acariciar mis nalgas y morder mis pezones, se metía sus dedos a la boca para después meterme uno en mi culito que ya estaba deseoso de verga y no me hizo esperar, con sus grandes brazos me levanto un poco mi trasero, me hizo a un lado mi tango y me ensartó su miembro, lleno de venas, hinchado y caliente como un fierro al rojo vivo, yo grite solo un poco puesto que a pesar de que lo tenía grande, ya antes me había comido con mi culo vergas de ese tamaño, me empezó a mover de arriba a abajo para cogerme así montada en él, mientras que su pareja se puso de rodillas en el asiento y me acerco su verga a la boca para que se la mamara, de verdad que cosa más rica, era una verga muy grande como de 22 cm, gruesa, llena de venas y cabezona, creo que la viva imagen de la verga que toda putita como yo siempre hemos soñado tener. Aunque si pensé que si me lo metía en mi colita me podría hacer daño; así estuvimos en esa posición durante aproximadamente 10 minutos, fue cuando sentí que el macho que estaba debajo de mi, me llenó toda con su leche caliente, sentí claramente que era mucha pues aún no me la sacaba del culo y ya me estaba escurriendo, sentí muy rico como me bombeaba por dentro y me dejaba todo su semen dentro de mi, en eso le dijo al macho que estaba a su lado, «toda tuya pareja, como te gustan, llenas de leche para que te la puedas coger…»; en serio, pensé ? Entonces así es como ellos lo hacen, yo pensé en ese momento que esa verga que estaba chupando tan rico sí me iba a lastimar, el primero que se vino dentro de mi se salió del vehículo y el que se quedó conmigo me puso de perrito, yo le dejé ver mi culo dilatado y escurriendo la leche del primero y este me acerco su verga, era enorme, un trozo de carne que nunca me había metido en mi culito pequeñito, primero me acerco su cabecita y poco a poco me la fue dando, de manera increíble me fue entrando toda mientras que yo solo gemía, no por el dolor sino por el placer que me estaba causando, de manera asombrosa me la dejo ir hasta adentro, me di cuenta de ello porque sentí como sus huevos empezaron a chocar con los míos, poco a poco fue aumentando el ritmo de sus embates y en un momento ya me estaba cogiendo muy duro, me agarró de mis caderas y me daba una que otra nalgada diciéndome, «así, muévete putita, comete mi verga, hasta el fondo…» yo solo le decía «si papi, métemela toda, así, cógeme, duro, más, más, más…» no tardé más de 5 minutos en sentir el orgasmo que me produjo aquel monstruo de carne de 22 cm, se sentía tan rico, tan placentero… Y al poco rato él se vino también, llenándome con su leche que también era muchísima, se sentó de inmediato en el sillón y yo me di vuelta rápidamente para limpiarle la verga con mi boca, comerme esa leche que le quedó embarrada en su miembro es la tarea de una putita hecha y derecha como yo, ya que se la limpie toda con mi lengua y me tragué hasta la última gota, fue cuando me di cuenta de que mi ropita interior estaba toda llena del semen de los 2, me la quite ahí mismo dentro del auto y me puse solo mis pantalones…

    Me arregle un poco el cabello, me puse mis botas y me subí a mi coche… «Ya se puede ir princesa…» me dijo el oficial, sonriendo tan guapo… Yo solo atine a decir «muchas gracias, espero vernos pronto…» me dio un beso apasionado y continué con mi trayecto.

  • Así empezó todo

    Así empezó todo

    Año 2015, un año después de habernos mudado mi esposa y yo al condominio donde nos hicimos propietarios de un departamento. Para ese entonces, la situación económica y de administración de la comunidad era un verdadero problema, deudas y servicios mediocres en todos los aspectos. Con la intención de aportar al menos ideas y tiempo para solventar la situación y que la inversión de vivienda no se transformara en un derroche de dinero, me incorporé al comité de administración. Fueron 3 años de bastante trabajo que se transformaron en buenos resultados y una aventura intensa con una de las vecinas integrantes de dicho equipo de trabajo.

    Al principio la dinámica fue bien formal entre todos, sin embargo, con el tiempo y debido a la cantidad de trabajo que teníamos como comité, fuimos convirtiendo el grupo de trabajo en un grupo de amigos y un poco más en mi caso. La vecina (a quien llamaré así todo el tiempo) es una mujer de piel blanca, rostro muy simpático, cabello liso, delicada, súper femenina y una mirada de esas que no sabes si es una angelita o diablita encubierta. Desde el principio me llamó la atención tanto por su forma de ser, como toda ella. El tiempo transcurría, el trabajo avanzaba y ya, cumplidos un año y medio de trabajo en conjunto, había un trato más personal y cercano. Nos escribíamos regularmente, compartíamos comidas, conversas, etc. Entre la vecina y yo, siempre hubo atracción y lo dejábamos notar en nuestras conversaciones por mensajes o cuando quedábamos solos, pero no pasaba de coqueteo que cuando se acercaba a cierto punto, era cortado por un silencio de días, era como dejar enfriar las cosas para que no se salieran de control.

    Ella para ese entonces, estaba en una relación que no funcionaba nada bien y yo tampoco andaba en las mejores con mi relación, sumando las ganas de ambos lados pero que ninguno quería expresar, llegaron los días en que todo se transformó…

    Hablábamos mucho de relaciones, de fidelidad y cosas así, cuando en una conversación por mensajes me dice que ella se esconde debajo de un caparazón porque sabe que, si no lo hace, puede quedar muy vulnerable a las situaciones, interpreté esto como una señal muy sutil y continuamos conversando ese día hasta tarde y se abrieron un poco los espacios para que el coqueteo sutil pasara a señales más concretas. Además, me confesó que su relación había terminado ese mismo día y conmigo sentía peligrar su vulnerabilidad. Un par de días después, tuvimos una reunión del comité en su departamento y quedamos ubicados uno al lado del otro en la mesa de comedor, hacia el cierre de los compromisos, se fueron retirando los vecinos y al final quedamos la presidenta del comité (que en ese entonces eran muy cercanas) a un lado de la mesa y del otro lado quedamos mi vecina yo uno al lado del otro. Para ese momento el ambiente estaba muy distendido y es allí cuando dejó caer mi mano en su pierna, la cual estuve acariciando por un buen rato. Pasado cierto tiempo la presidenta se retira y quedamos solos, nos movemos al sofá y allí vuelve con el tema de su vulnerabilidad; no aguante, me acerque a ella para besarla y no opuso resistencia.

    Nos estuvimos besando un largo rato y yo estaba bien excitado, tenía sus pechos al descubierto y los estaba chupando y apretando, también había metido una de mis manos por dentro de su pantalón y estaba jugando con mis dedos en su conchita; cuando le pregunto al oído si tiene preservativos, me responde que “eso no va a pasar” y seguimos besándonos. Nunca dejé de jugar con mis dedos en su conchita que estaba hecha un charco delicioso, tampoco de chupar sus chicos, pero deliciosos pechos, morder sus pezones y besar su cuello y boca, pero con la negativa de no pasar a más, me incomodé un poco y por instinto fui más intenso con mis dedos hasta hacerla acabar, sin dejar de besarnos y rozarnos. Justo antes de sacar mi mano de su pantalón, que estaba repleta de sus jugos, le dije al oído: ¡¡¡imagínate lo que podría hacerte con mi boca!!!

    Le di un último beso, saqué mi mano y nos quedamos mirando por unos segundos, nos sonreímos y nos levantamos para limpiarnos un poco, yo tenía que volver a mi departamento. Ese fue el inicio de varios encuentros bien intensos con mi vecina, deliciosa y fogosa mujer que a veces, después de todo este tiempo, no dudaría en volver a coger con ella si se da el caso.

  • Perfume. Nostalgia de una pasión caducada

    Perfume. Nostalgia de una pasión caducada

    «Perseguiré los rastros de este afán

    como busca el agua a la sed,

    la estela de tu perfume.»

    Perfume – Jorge Drexler

    En ocasiones me acerco a las secciones de perfumería y destapó un frasco de tu perfume. Su olor dispara miles de recuerdos de cuando yo era tuyo y tu mía.

    Las veces que estuvimos abrazados sintiendo como el deseo aceleraba nuestros corazones. Las veces que recorrimos nuestros cuerpos con los dedos trémulos, con la lengua ansiosa de saborear nuestro sudor salado.

    Las veces que nuestras bocas se comían nuestros sexos con ansiedad., encendiendo el fuego de la pasión. Las veces en que yo te penetraba, como si te pudiera inyectar todo mi amor.

    Les veces que tú me cabalgabas con furia como si así pudiéramos alcanzar el Nirvana. Las veces que nos quedamos sin fuerzas después de amarnos toda la noche, abrazados, haciéndonos el amor con la mirada.

    Las veces que me quedaba embobado, mirando tu piel tersa y sonrosada, sintiendo la atracción gravitatoria de tus dilatadas pupilas convertidos en agujeros negros, capaces de tragarse todas las estrellas a su alrededor.

    Luego, tapo el frasco y disimulo mi erección, a la vez que seco las lágrimas que se deslizan por mis mejillas.

  • La casa del terror

    La casa del terror

    Este relato sucedió hace varios años y la empresa donde trabajaba decidió hacer una casa de terror durante la Semana del Aniversario para incentivar las relaciones entre los empleados, además que la idea era jocosa y siempre sirve para pasar momentos agradables con tus compañeros del día a día. Me describo como una persona amigable, siempre era de echar broma, la verdad no tenía problema para socializar y siempre que salía algún tema sexual me encantaba estar presente, bromear y conocer del mismo; mido 1.70, contextura normal, tirando a atlética por los deportes que realizaba (descripción del momento) mi cara le resulta agradable a las chicas, además de ser nalgón, cosa que a las mujeres les encanta y que uno aprende con el pasar del tiempo.

    En fin, empezamos a elaborar las ideas para la actividad, forrar toda el aula con bolsas negras, era uno de los laboratorios, se pegaron las mesas y daba una sensación de laberinto, con máscaras, música tenebrosa, entre otras cosas. Como siempre fui pícaro, era soltero, podía bromear con mis amigas, los juegos iban desde agarrada hasta recostones, sin ninguna pena de ninguna parte… recuerdo, bromeaba con Ada, una pelirroja de nalgas grandes, ella era de familia portuguesa, senos de buen tamaño, pecas, muy simpática y la verdad que no pasaba desapercibida, yo le decía que estaríamos juntos tarde o temprano, había esa tensión sexual, pero no pasaba nada. Al bromear con ella, estaba otra chica, Sulimar, una chama con la que no tenía tanta confianza, mayor que yo, de esas chicas que son más experimentadas, que no son de hablar tanto, cabello negro rizado, piel blanca, de 1.75 metros aproximadamente, un par de tetas poderosas, fácilmente talla 38, buen culo, pero un amigo le gustaba y la verdad nunca la vi con ojos de provocación.

    Suli, me vio ese día diferente, la notaba como más graciosa y amable que de costumbre, reímos en varias ocasiones, escuchábamos música, la cosa iba bien y en un momento que quedamos solos ella me dice bromeando, – eres tremendo, te la pasas jugando con todas las del departamento y les gusta a todas, pícaro, además dicen que se siente muy bien lo que tienes abajo- yo me sorprendí, pero reí nerviosamente, la verdad no lo esperaba, le respondí que sí, me encantaba bromear, pero que gustaba todo porque era dentro de los límites de respeto y bueno ya uno veía a quién se le podía hacer y a quién no. – Ella me dijo, eres malo, porque conmigo no juegas nunca, picándome el ojo. Wow, ya la veía con morbo en esa instancia, me encantaba la firmeza con la que hablaba y le dije que con gusto jugábamos y se acercó a mi, disimuladamente, aunque estábamos solos en ese rincón, seguían algunas personas en otras áreas del salón, puso sus nalgas en mi pene y se sintió divino, el olor de su cabello, su piel se veía erizada, ya a esta altura estaba duro y lo sintió completo en su culo. – Veo que te gustó, me dice con una sonrisa, porque él no miente, señalando mi pene, que marcaba una carpa notoria. Empezamos a hablar algunas cosas de sexo, que sí lo habíamos hecho, etc., yo era virgen en ese momento, aunque algo había explorado, la verdad no había penetrado a una chica, mientras que ella me confesó que ya tenía experiencia y que era muy gratificante hacerlo.

    Seguimos la jornada, ya debíamos retirarnos, mañana se seguiría con el trabajo de decoración y estaba expectante de que seguiría, al día siguiente, subimos nuevamente en el horario acordado, ya que seguíamos con nuestras responsabilidades y se debía arreglar en tiempos de ocio, en esta ocasión, éramos menos personas que el primer día, muchos estaban ocupados en un proyecto, pero ya lo tenía controlado y quería estar con Sulimar, como cada quién estaba en lo suyo, me llamó al otro laboratorio para que la ayudara a cargar unas cosas y nos empezamos a besar con morbo, ella sabía lo que hacía y aunque se podía decir que yo era virgen, sabía besar también y no me quedaba congelado, lengua de ambos lados, apreté sus nalgas, pero debíamos volver, su cara de excitada no se podía ocultar, me dijo hoy al concluir, hazte el loco que tengo un plan, le dije que chévere, que me indicara lo que había qué hacer, me dijo que me escondiera debajo de una de las mesas, cuando ya todos se fueran que ella volvería con las llaves, le dije que bien, que lo haríamos así.

    Trabajamos en la decoración, ambiente relajado nuevamente, en este caso me tocó estar apartado de ella, no levantar sospechas, hasta que ya empezó a recoger la mayoría, me hice el loco y me escondí, ligando que no apareciera algunos de mis amigos, que pueden ser muy imprudentes y jodieran todo jeje, cerraron el espacio y quedé solo. Al cabo de unos minutos, apareció ella con las llaves y volvió a cerrar con llave. Nos empezamos a besar deliciosamente, acá le tocaba los senos, enormes, duros, divinos al tacto, ella me agarraba el pene por encima del pantalón, besé su cuello y bajé a ese par de tetas, que vi por primera vez en brassier, eran enormes, parecía que su sostén explotaba, le quito el mismo y quedan ante mi esas poderosas razones, con un pezón duro e imponente de color marrón, que comí gustosamente, su piel era suave, gemía rico, pero le decía que no lo hiciera tan fuerte o el problema podía ser grande, todo esto le daba mucho morbo a la situación. Bajé sus pantalones y quedó en hilo negro, estaba divina, como pude lo quité y vi su totona con algo de pelos, coqueto, no era descuidado y probé su vagina, que tenía ya jugos de su excitación, me fue guiando un poco y al cabo de un rato tuvo su primer orgasmo, tragándome todo su fluido, que comí gustosamente, aproveché de darle vuelta y admiré su culo, era impactante, llevé mi nariz y se lo olí, era delicioso, me dijo que era un pervertido y le chupé un poco el culito, estaba extasiado con su sabor, y ese olor incomparable, ella se tocaba sus tetas y se pajeaba hasta que alcanzó nuevamente el orgasmo con mi lengua en su esfínter anal.

    Yo estaba a reventar, el morbo de lo prohibido, el lugar, una sorpresa tan exquisita, que no me lo creía, ella me dijo, te devolveré el favor, y me quitó el pantalón y el bóxer, estaba realmente duro, mis venas se marcaban en todo su esplendor, ella me dijo que lo tenía muy rico y que con los que estuvo no eran así, lo que me dio satisfacción, ya lubricaba, lo pajeó, se puso de rodilla y sentí su lengua en mi, esa sensación no la había sentido y vaya que era delicioso, lo hacía delicioso, al menos para mi era una experta, tocaba mis bolas, las chupaba, jugueteaba con mi cabeza, su cara de malvada, era un poema. Me dijo, que me haría acabar, ambos sabíamos no podíamos estar allí una eternidad, y empezó a pajearme más, lo chupaba, le dije que lo tragara todo, pero me dijo no podía, se ahogaba, nos reíamos, pero le seguía hundiendo la boca lo más profundo que pudiese… venía mi leche, le dije estallaría y empezó a chuparlo hasta que empezó a salir todo en su boca, que tragó maravillosamente…

    Me dio un beso, me dijo que le gustó el sabor de mi leche y que había sido todo muy rico, le dije que el placer era mío y que ojalá pasaran más cosas en un futuro, ella solo me dijo, es solo el comienzo, nos vestimos, salí yo primero, con mi sonrisa de largo a largo y luego ella entregó las llaves como si nada hubiese pasado. Esa casa del terror, fue una gratificante experiencia para ambos y un secreto que al día de hoy nadie se enteró.

  • La cogida en el parque Zaragoza de Veracruz (Parte II)

    La cogida en el parque Zaragoza de Veracruz (Parte II)

    Ya habían pasado varias noches en las que me escapaba de mi departamento a la madrugada para ir a buscar morbo al parque de Zaragoza  sin embargo los últimos días ya no encontré cotorreo y regresaba a casa con los huevos llenos de leche.

    Para esta ocasión salí a la 1 am a hacer ejercicio a los aparatos que había instalados en el parque, eso de la cervecería Moctezuma, entonces al finalizar, 30 minutos después camine alrededor del parque en una pista que hay, note que había un hombre blanco canoso flaco, cuerpo de persona que es bien pajero jaja, entonces note que nos cruzamos y lo voltee a ver por qué sentí su mirada, seguí caminando y en la parte oscura del parque me quedé parado y vi que él también se hacía menso en unas bancas donde se sentó sin perder mi culo de vista, yo estaba muy excitado, por la sensación de estar en una zona oscura con alguien que probablemente quería lo mismo que yo, con un poco e nervio me baje mi pans gris que llevaba y le hice como puta señas de que viniera, el tipo no dudo ni un segundo y se acercó a mi, me pregunto antes de hacer cualquier cosa, quien eres y yo le dije, nadie solo quiero gozar y me agarra el culo bien rico con sus manos y me come la boca, le dije que me encantaba que me comieran el culo, así que me dio la vuelta y arrimado a un árbol me comió el culo con su lengua, recuerdo que metía su lengua dentro de mí ano mientras me abría el culo con sus manos, estaba muy caliente, también sujetaba mi verga con una mano y me comía el culo con el resto de su cuerpo.

    Me excito eso, yo me quite por completo el pans y lo dejé en el pasto del parque y me dijo te quiero coger, eso me prendió mucho pero nunca había sentido una verga adentro, y sentía miedo y le dije si pero con condón, creí que diría voy por uno a la farmacia, había una enfrente, literal 24 horas del ahorro. Pero me dijo yo traigo condones y sacó un paquete y le dije pro que traes eso jaja y me dijo por qué andaba buscando un culo, siempre vengo aquí y yo así de, jaja, y pues se puso el condón, yo le dije nunca me han cogido porfa hazlo despacio, yo para ese entonces ya me depilaba el culo y el pene, me excita tener mis partes íntimas bien depiladas, entonces me comió el culo y ensalivo su verga y me la metió, no sentí que entrará toda porque mi ano es muy estrecho y además por reflejo de contraía, trate de dejarlo flexible pata que entrará, y me estuvo penetrando por al menos 5 minutos, yo no sentí que me entró hasta dentro como en encuentros futuros pero si sentí rico como entra a la cabeza al ano y eso me daba placer el tipo de vino dentro del condón y vi como estaba lleno de semen cuando lo sacó, me excitó mucho eso. Me puse mi ropa sin decir nada y me fui, con nervio y duda sobre mi sexualidad caminaba con el culo abierto a casa.

    A la semana regrese al parque, yo en ese entonces no tenía novia y andaba buscando sexo y quitarme las ganas, pero por alguna razón no quería toparme con el señor este que me cogió en el parque porque sentía pena y además no quería sentirme como puta, pero para mi desgracia o fortuna ahí estaba sentado y cuando caminaba yo discretamente si voltearlo a ver. El me hizo psst psst y me dijo a quien buscas y le dije, a nadie. Él tenía 44 años según me dijo, y yo en ese entonces tenía 19 años. Yo tenía nervios y miedo y él ganas de cogerme.

    Ese día había otras 2 personas paseando sus perros a esa hora y me dijo vamos a mi casa y ahí te como el culo y yo la verdad me calenté, lo seguí a su casa, caminamos por 6 minutos, vivía cerca también pero del otro lado del parque, el abrió el portón de su casa y entramos a su patio donde había un taxi, le dije es tu taxi y me dijo, no de mi carnal y le dije vive aquí, con cara de miedo y asombro.

    Él me dijo tranquilo, vivo con mi mamá y mi hermano a veces se queda pero ya duermen desde temprano, de alguna manera entendí que el flaco señor maduro que me cogió era como de esos raros que vivían con mamá y eran muy promiscuos y probablemente no trabajaba. Me dijo vamos al cuarto y le dije no quiero entrar porque si alguien escucha no quiero que me vean, que vergüenza y miedo.

    Él me dijo entonces date la vuelta, me empino al taxi de su hermano, literal, me desnudo ahí con el patio hacia la calle y me comió el culo rico, me dijo te puedo dedear y le dije que si, me metió un dedo y sentí bien rico la verdad me gustó mas eso que sentir su verga porque no sentía dolor, pasó un rato dedeandome y comiéndome el culo y la verga después yo me arrodillé y le mame la verga, no soy muy bueno mamando verga y fue la primera que me comí, así que sentí raro su pedazo de carne, solo sé que al le gustó mucho porque me dijo que la mamaba a muy rico como puta, a lo que yo respondí, soy tu puta.

    Me empino de nuevo y rápido se puso un condón y me la metió, esta vez con la estimulada anal que me había dado, puedo decir que si me entró bien y la verdad si lo disfrute, me cogió hasta terminar esta vez terminó fuera porque le dije que ya paráramos, después de eso sentí culpa por lo que había y traté de no seguir haciendo lo mismo pero sin embargo hasta el día de hoy tengo mis recaídas bisexuales, aunque todo es solo en plan sexual, nunca me he sentido atraído por un hombre, si no por el morbo de estar con ellos y que me deseen como si fuera una puta mejor que sus esposas.

    Lo más vergonzoso de esto es que más de una ocasión me tope al tipo que me metió su verga 2 veces en la calle, de día, y solo nos habíamos pendejos, tanto él como yo teníamos un secreto.

  • Perversa

    Perversa

    No sé cómo una parafilia se desencadene o inicie; o como una situación pueda afectar la vida de alguien de manera tan definitiva.

    Estoy casada desde hace algunos años con un hombre al que amo; sin embargo, a pesar de que nuestra vida de pareja es muy buena, sólo puedo lograr ese orgasmo que me llena de una manera que me hace sentirme sucia y perversa…

    Cuando estaba en la universidad, me gustaba tener muchos novios; principalmente, porque tuve una educación muy conservadora. Ya siendo mayor de edad, perdí la virginidad con un hombre mayor que me enseñó lo fantástico del sexo y me volví adicta.

    Llegué a tener 3 novios al mismo tiempo y disfrutaba de coger con ellos.

    Un sábado que no tenía nada que hacer, estaba en mi casa y le llamé a uno de ellos. Yo estaba muy caliente y lo recibí tan sólo con una bata puesta. Al verme, me la arrancó, me puso sobre el sillón y me comenzó a mamar mi vulva. Sabía cómo hacerlo y mis jugos brotaban sin parar. Hizo que me viniera una vez y mientras él veía cómo mi cuerpo temblaba con el orgasmo, sacó su verga y me penetró; tenía una verga larga y gruesa que ocupaba toda mi vagina. Me embestía con fuerza, su tronco rozaba mi clítoris haciendo el orgasmo muy largo. Yo sentía que el glande golpeaba el fondo de mi ser; ya no cabía más y aun así él quería meterse más. La cabeza me daba vueltas, sintiendo su verga dentro de mi y su boca chupándome los pezones.

    Él no pudo aguantar más y se vació dentro de mi. Me excita ver la cara de un hombre cuando se está viniendo, mientras siento las palpitaciones de su verga dentro de mi y sus manos apretándome las nalgas, sin dejarme moverme para depositar toda la semilla dentro.

    En cuanto terminó, recibió una llamada urgente de su trabajo, se disculpó y prometió regresar después a seguir.

    Con un suspiro de resignación, me quede acostada unos minutos para prepararme a tomar una ducha. Me quede ahí, disfrutando y tomé un dildo para acariciarme un poco. De repente, tocaron a mi puerta. Me puse la bata y abrí, otro de mis novios me había ido a dejar unas cosas que le había pedido. Dejo la caja sobre la mesa y me volteo a ver. Me dijo que yo olía a sexo y vio el dildo sobre la cama.

    Me abrió la bata y mis pezones estaban erectos. Inmediatamente, comenzó a chuparlos y metió su mano en mi entrepierna. La sintió muy mojada y me comenzó a acariciar el clítoris. Yo le pedí que me dejara irme al baño, quería limpiar lo que el otro había dejado; pero él sólo me empujó sobre la cama, diciendo que le excitaba sentirme tan mojada. Cuando estuve acostada, él metió su cabeza entre mis piernas y comenzó a chupar, mamaba todo lo que me salía.

    Volteé a verlo, su boca rebosaba de líquido y lo chupaba con desesperación; le agarré la cabeza y me la enterré entre las piernas.

    -Chúpame… sácamelo todo… mámamelo todo.- le decía mientras yo sentía que me vaciaba.

    No podía controlar mis piernas; el cuerpo me temblaba en un interminable orgasmo. En un momento, gran cantidad de líquido me salió; como si me orinara, pero era consecuencia del orgasmo. Él sonrió, creyendo que él lo había provocado. Se sacó la verga y me la metió; entró sin resistencia; yo sentía un vació enorme entre mis piernas; y mi vagina palpitaba sin control, quería verga. Las contracciones y su excitación le hicieron venirse muy rápido; una vez más, volteé a ver su cara mientras me dejaba su semen adentro. Sus ojos en blanco, sus gemidos, su respiración acelerada, sus manos apretando las sábanas; me volvieron a excitar y volví a terminar.

    Ahora, con mi esposo, tengo una vida sexual buena; pero, de vez en cuando, me cojo a alguien antes de coger con él y hago que me chupe la vagina; mamando el semen de otro hombre, eso me excita.

    La primera vez, me cogió mi jefe en una reunión; yo tomé un par de tragos y cuando fui al baño, me metió a una oficina y me violó tan sólo alzando mi falda y bajando mi panty a las rodillas. Me vine cuando volteé a verlo mientras me enterraba su verga para eyacular. Llegue a casa y mi marido dormía boca arriba; me quite la ropa y sentía la leche saliendo de mi vagina.

    Al ver a mi marido, me excite; me subí a la cama y me senté en su cara.

    – Chúpame… estoy muy mojada y necesito terminar… chúpame hasta que me venga… por favor.- le decía mientras me abría la vagina sobre su boca y el fluido caía sobre sus labios.

    Al sentir el líquido, me agarró de las nalgas y comenzó a mamar; me chupaba mi líquido y la leche de la violación. Me comencé a venir al verlo debajo de mi. Su verga estaba parada como nunca la había visto, líquido preseminal salía.

    Cuando termine, caí hacia un lado y el me metió su trozo de carne; gozo de mi un rato hasta que se vació dentro.

    Ahora, de vez en cuando, me cojo a alguien antes de llegar a casa y lo provoco para que me mame y me coja… mientras tengo la leche de otro adentro…

  • Otro aburrido viaje

    Otro aburrido viaje

    Con los cuerpos pegados, Lorenzo y Milagros, follan. Lorenzo, completamente estirado sobre Milagros, eleva y baja el culo como si fuese una marioneta a la que un invisible hilo mueve. «Ho, ho, ho», jadea Lorenzo. Milagros recibe la polla de Lorenzo con los muslos abiertos: «Ah, ah, ah, ah», y gime. La cabeza de Lorenzo está junto a la de Milagros; parecen dos siameses que mirasen diferentes: uno, abajo; otra, arriba. Follan así, apretados, muy apretados, estrechamente unidos. «Ho», «ah», «ho», «ah».

    Al principio, Milagros le pidió que fuese rápido, y eso hace que Lorenzo se concentre sólo en el placer que siente en la polla. «Ho, hoo, hooo», jadea Lorenzo. Lorenzo le dijo que vale, que rápido sería. Milagros, que ya estaba muy excitada debido a la necesidad, debido a los días sin sexo a causa del trabajo, debido a que, por falta de hombre, se había estado masturbando hasta poco antes de que Lorenzo entrase en la casa, se moría de gusto. «Ah, aahh, aaahhh». Milagros le había pedido un rápido a Lorenzo porque tenía que volver al trabajo tan pronto como pudiese: en el teletrabajo sufría por los sutiles mecanismos de control horario que ejercía la empresa. «Uff, Milagros, me viene, ya viene, ho, hoo». «Ah, Lorenzo, así, sí, y a-ah mí, aahh». Lorenzo inyecta su semen en el coño de Milagros con un eléctrico espasmo que hace que esta se estremezca de éxtasis. Ha ocurrido justo segundos antes de que sonase la alarma de la aplicación reloj de móvil.

    «Lorenzo, te he echado tanto de menos», dice Milagros de espaldas a Lorenzo, de vuelta al teletrabajo, sentada ante la pantalla del ordenador, semidesnuda aún, pues ha podido ponerse encima lo que ha tenido más a mano: la camiseta de tirantes de Lorenzo, y se le transparentan los suculentos pezones morenos, buena paja se hará el que la esté viendo en estos instantes. «Bueno, mujer, ya he vuelto, ha sido un viaje bastante aburrido, por cierto», miente Lorenzo. Milagros baja la cabeza porque le da una risa tonta al oír las palabras de Lorenzo; el cabello rubio, largo y ondulado, le tapa los ojos, y tiene que soplar hacia arriba para apartárselo. «Lorenzo, por favor», dice fastidiada; «¡Qué!», suelta Lorenzo; «Te has debido tirar a toda la plantilla»; «Oye, soy entrenador de chicas no poseedor de un harem», responde Lorenzo molesto; «Como si lo fuese, un harem, para ti, como si lo fuese». La verdad es que Milagros tenía razón, en parte, ya que la mayor parte de las chicas eran lesbianas y no accedían a tratos carnales con hombres, no así sus madres. «Oye, el fútbol es así», dice Lorenzo, y Milagros se parte de risa.

    Del siguiente viaje, Lorenzo no volvió. Bueno, sí volvió, pero no con Milagros.

    Otro aburrido viaje:

    Jugar un torneo de futsal en un país subdesarrollado con fines benéficos, por más internacional que fuese por la participación de equipos de muchos países, no dejaba de ser un continuo ir y venir del hotel al recinto polideportivo y del recinto polideportivo al hotel. Si no hubiese sido por…, después de aquel partido… Las chicas estaban realmente ilusionadas, incluso las familias que acompañaban a estas; no así Lorenzo, al que torturaba, no sólo el hecho de tener que prescindir de compañía femenina, pues Milagros no había podido acompañarle, sino también el que en ese país tropical las mujeres usaban pocas prendas para taparse; tampoco se tapaban sus chicas…, ni sus madres.

    «Chicas, lo tenemos ganado», dijo durante un tiempo muerto, «tú, Carolina, márcame bien a la número 5, tú, Mabel, atenta a su pivot, que no reciba, tu, Tania, si te llega la bola ya sabes, avanza, tú, Karina, bien, tú, Paula, tu portería es como tu coño, no pasa nadie que tú no quieras que pase», esta orden las hizo reír y salieron las cinco a la cancha alegres y confiadas. El resultado 6 a 4 a favor, de todos modos, les daba una total seguridad en la consecución de la victoria final.

    Terminó el partido. Después de responder a la prensa, Lorenzo fue al vestuario, donde las chicas festejaban. Ver las piernas, los culos, las tetas de sus pupilas no le excitaba a Lorenzo; sin embargo, esa noche había algo más. O, más bien, había alguien más. De sopetón, Lorenzo recibió un abrazo y un besazo en los labios por parte de una mujer a la cual no tenía el gusto de conocer. Y mucho gusto sería si la conociese, porque la mujer, que aparentaba tener la cuarentena de años, apretó las tetas duras y voluminosas contra su torso y a Lorenzo le parecieron cojonudas. Luego observó el rostro de ella cuando se separó, y vio que tenía unos ojos inmensos y una boca grande con labios gruesos; y un cabello largo negro, muy negro, y una cintura sexy y tentadora, y… «¡Ay, míster, magnífico, magnífico, te chupo la polla, a mi niña, míster, la van a fichar, Karina, ya sabes, la fichan, en división de honor, te chupo la polla, míster, ven, Karina, ven…!». Karina se acercó con las tetas desnudas mojadas y vibrantes. «¡Lorenzo, me fichan, me fichan…, todo gracias a ti, gracias, Lorenzo, gracias!», soltó Karina entusiasmada. «Ay, míster, no sé cómo podría agradecérselo», dijo la madre de Karina sinceramente; «Chupándome la polla», dijo Lorenzo, y quedó muda la madre de Karina.

    «Míster, es, es, en fin, es un decir eso de que te chupo la polla, en mi barrio se dice cuando se está contenta con alguien, pero yo, yo, ni pensaba en ello ni nada, sabes, míster…»; «Yo, sí», dijo Lorenzo. Salieron del vestuario, la madre de Karina y Lorenzo. Hablaron. Quedaron. Lorenzo volvió al vestuario y vio lo que vio: las chicas gozaban de sus cuerpos sin inhibiciones; se besaban, se masajeaban las tetas, se comían los tiernos coños, todas, dentro de las duchas, en el suelo, sobre los bancos; y un olor a femineidad acompañado de gemidos, suspiros y agudos grititos se extendía entre las paredes de azulejos blancos empañados de caliente vapor de las paredes; y Lorenzo se fue.

    Sentados bajo el chamizo de cañas adyacente al exótico bar, ya era muy de noche y la luna llena brillaba esplendorosa reflejándose en el cercano mar, cuando Lorenzo y Virtudes, que así se llamaba la madre de Karina, se encontraron. Pidieron unos batidos de frutas típicas del lugar que, combinados con alcohol de alta graduación, enternecían los espíritus. «Verás, Lorenzo, estoy muy contenta, gracias a este fichaje mi hija podrá salir del barrio donde vivimos, donde sólo se aprenden cosas malas…, en mi barrio a las niñas las madres las enseñan primeramente a follar…, después lo que aprendan en el colegio, que es bien poco, ahora Karina podrá conocer otra ciudad y le vendrá bien…, temo, siempre he temido que a Karina le diese por drogarse o cosas peores en ese entorno, ahora…, pues… su vida cambiará», decía Virtudes; «Karina es una buena chica, y una excelente jugadora de futsal, me alegro por ella, y por ti, se ve que este asqueroso torneo os ha abierto las puertas a un futuro esperanzador», decía Lorenzo; «Asqueroso, ¿por qué asqueroso?»; «Venimos, vengo obligado por los intereses comerciales de nuestra marca…»; «Eso no es malo»; «No lo es, pero tampoco es estrictamente deportivo, que es, en mi caso, el motivo por el cual empecé a entrenar a chicas».

    El murmullo proveniente de la próxima orilla, la media luz que se proyectaba en el interior del chamizo, la música tenue. La noche templada invitaba a la intimidad. Una mujer y un hombre, juntos, no podían ignorar tamaño embrujo, como no lo hicieron Virtudes y Lorenzo.

    Virtudes era remisa a tener aventuras amorosas, pero…

    «Lorenzo, te estoy muy agradecida, de veras»; «¿Damos un paseo por la orilla?», propuso Lorenzo. Virtudes asintió. A Lorenzo no se le escapaban los placeres que el cuerpo de Virtudes prometía. Virtudes, para su cita con Lorenzo, se había puesto mona. Se había maquillado y llevaba puesto un vestidito corto palabra de honor que permitía que se viera el nacimiento de sus estupendas tetas; se había calzado con unas sandalias de medio tacón, que pronunciaban la dureza de su culo y la belleza de sus piernas. Paseaban Virtudes y Lorenzo por la arena con el paso acompasado y callados. Virtudes rompió el silencio: «Ja, ja, ja, Lorenzo»; «¿Por qué te ríes?»; «Me estoy acordando de aquello que te dije en el vestuario»; «Lo de chuparme la polla… «; «Eso, ¿sabes?, yo he chupado muchas pollas, por mi hija, para que tuviese lo mejor, para pedir, pero nunca por agradecimiento»; «Bueno»; «Lorenzo»; «Qué»; «Que sí, que te chupo la polla».

    Lorenzo se tumbó bocarriba sobre la arena y miró al firmamento de estrellas. Sintió la humedad en el glande y en el frenillo y suspiró, sabiendo lo feliz que iba a ser en pocos minutos, cuando su polla entera estuviese en la boca de Virtudes. Esta se entretuvo unos minutos en los preliminares, besando el tronco venoso y el prepucio en retirada y seguidamente le comió la polla. «Oh, Virtudes, uff, qué gusto, que caliente está tu boca, oh, Virtudes, oh, así, así, así». Lorenzo pasaba cariñosamente las palmas de las manos sobre la melena de Virtudes mientras la polla se le iba convirtiendo en un volcán a punto de estallar, poco a poco, cada vez más cerca de un final que él quería demorar lo suficiente para seguir sintiendo el contacto de la lengua de Virtudes, eternamente la tibieza de la boca de Virtudes y el sonido de su respiración, más y más acelerada a medida que ella iba notando la dureza de Lorenzo en su paladar, tensionada Virtudes por dar todo el placer y a la vez relajada por el gusto de darlo, por saber que iba a darlo, que Lorenzo jamás olvidaría esta mamada, jamás. «O-o-oh, Virtudes, oh, oohh, ooohhh». Se corrió extensamente Lorenzo dentro de Virtudes, hasta la garganta propulsó el semen. Virtudes alzó la cabeza y se relamió, degustando el sabor de Lorenzo depositado en sus encías.

    ¿Y qué pasa con Milagros? Milagros ha sido pillada infraganti follando durante las horas de teletrabajo y está despedida. Ni que decir tiene que la cámara de su ordenador la vigilaba constantemente. Milagros se percató de ello al ver en su equipo inesperados cierres. Así que dijo a su amante: «Espera», y enfocó mejor la cámara de manera que se viera mejor la escena: ya que la despedían, brindaría un bello espectáculo. Su amante en ese momento, un futbolista amateur cubierto de tatuajes que, desconociendo que Lorenzo estaba de viaje, había venido a la casa para pedir consejo sobre su futuro futbolístico, se lo tomó con deportividad y puso todo su empeño. Primero la puso a gatas sobre el colchón y la penetró el coño dándole rudos empellones que a Milagros la hacían gritar. «Aahh, aahh, aahh». Las tetas de Milagros se movían como campanas.

    El futbolista le daba bien: apoyando el torso sobre la espalda de Milagros, poniendo los brazos bajo el tronco de esta, sostenía sus tetas, se las acaraciaba; y a Milagros más le gustaba que la follara. Se detuvo el futbolista y sacó la polla, meditando en qué otra posición pondría a Milagros para seguir gozando. Entonces ella aprovechó para girarse sobre las rodillas y tragarse la palpitante polla. «Mmm, mmm, mmm». Qué sabrosa le parecía la polla de aquel joven respecto a la de Lorenzo. Destilaba un sabor tan varonil que ella enloqueció y empezó a lamer y besar el tronco con devoción. Se la volvió a tragar. «Mmm, mmm, mmm». Pero Milagros quería que él se corriera follándola. Así que le empujó por los hombros hasta verlo acostado, se subió a horcajadas y se metió la polla en el coño; y le cabalgó. El joven futbolista metía la cabeza entre las tetas de Milagros y se las mordía, y resoplaba y jadeaba excitadísimo, flipando con esta mujer, que, siendo mayor que él, era tan ágil y enérgica. «Aah, aahh, aaahhh», gritaba Milagros. Milagros llegó al clímax cuando al otro aún le faltaba, y, a punto de estallarle la cabeza por tanto placer, siguió botando y botando casi deshecha. El joven futbolista, dándose cuenta de ello, la sujetó fuerte por las caderas y elevo las suyas una vez y otra vez hasta que derramó el semen.

    En cuanto a Lorenzo. Lorenzo está viviendo con Virtudes en Málaga, ciudad donde reside el equipo que ha fichado a Karina. Ahora también ellos… Pasea con Virtudes por el Parque. Se bañan en la playa cuando hace bueno. Lorenzo adora a Virtudes, le vuelve loco Virtudes; y cada vez que la folla, la mira y remira porque no se lo cree. Virtudes debajo de él, desfallecida de placer, gimiendo débilmente por cada uno de sus empujes, su rostro sereno esperando el instante en que sobrevienen los orgasmos, el de ella, y el de él.

  • El amigo de mi padre

    El amigo de mi padre

    Uno piensa que la vida de modelo es solo lujos y dinero, pero no es así, a veces hay abusos y muchas malas influencias y yo caí en ese mundo.

    Tenía 18 años, era toda una malcriada, no respetaba a mis padres, tenía una rivalidad marcada con mi padre y en base a eso hoy les contaré una anécdota de hace 25 años, cuando teniendo solo 18 años me metí con el socio de mi padre, un señor de aquel entonces 55 años.

    Todo comenzó cuando me lo presentó en una fiesta en mi casa, él se llama Mauricio, el señor era casado con hijos mayores que yo, era de pelo muy canoso, cachetón y muy gordo, pero lleno de dinero.

    Iré directo al grano, yo estaba metida en el mundo de las drogas, él me descubrió una ocasión y me dijo que le diría a mis padres que era su deber, yo lo convencí hablándole bonito, siempre he tenido ese don!

    Me volví tan hipócrita, que acudía a él cuando no tenía dinero para seguir metiéndome la mierda, la verdad fueron días complicados.

    Pero toque fondo aquel día de enero en el cual mi desesperación por tener dinero me hizo prácticamente prostituirme con Mauricio.

    Fui a su casa a pedirle dinero, como me iba a ir de fiesta ese día llevaba un minivestido gris escotado y mis botas del mismo color, al tocar la puerta el me abrió, él estaba en bata, me hizo pasar a su casa, yo tenía prisa así que le pedí el dinero, pero él sonriendo me dijo que no.

    M: Sabes cariño, me debes mucho dinero y ya necesito que me pagues.

    C: no seas así, ¡sabes que no tengo ni un quinto!

    M: Uy cariño, eso no está bien, no puedes usarme como tu monedero, necesito algo de todo lo que te he prestado, haciendo cuentas son casi cien mil pesos.

    Cuando me dijo eso casi me desmayo, tanto dinero, de donde lo iba yo a sacar, pero sabiendo de mi encanto trate de salirme con la mía.

    C: Mauricio por favor, sabes que no tengo dinero, dame un tiempo y te consigo algo.

    M: No corazón! Tu no trabajas, como piensas pagarme? ¿Le pedirás dinero a tu papa?

    C: Claro que no!!! me mataría si se entera que te debo a ti!

    M: Pues tal vez acepte algo!

    Yo le sonreí, nunca antes él se había propasado conmigo así que pensé que me daría un plazo, pero en realidad pasó otra cosa.

    M: Cindy, me gustas, estás bien rica, te quiero coger!!

    C: Que?!

    M: Lo que oíste, mira dame las nalgas y te descuento 25 mil pesos, como ves, además te doy lo que necesitas ahorita!

    Me quedé en silencio, no me esperaba esa propuesta, quería huir, pero trate de jugar con mi suerte.

    C: Está bien, pero dame el dinero y regreso al rato!

    M: ¡Jaja! Que linda eres, crees que soy tonto, ¡jaja!

    C: ¡Pero en serio, necesito irme ya!

    M: Mira cariño tienes dos opciones o me aflojas y te llevas tu lana o le digo a tu papa lo adicta que eres y además que me has robado.

    C: ¡Tonto, tu no harías eso!

    M: Pruébame nena, no juegues conmigo.

    No tenía de otra si quería seguir en mi mierda tenía que coger con ese viejo, ni modo, ahora tenía que pagar las consecuencias de mi ingenuidad.

    Mauricio me llevó a su habitación, tenía una cama king size, se quitó la bata, estaba totalmente desnudo, su pene lo tenía pequeño, me miró y se acostó.

    M: Quítate el vestido nena, déjate solo las botas!

    Yo lo obedecí, me desnudé mostrándole mi cuerpo, la verdad pensé que no duraría mucho así que fui coqueta, me acaricie las tetas y fui hacia la cama.

    Me acosté y Mauricio comenzó a besarme el cuello, me lamía con desenfreno los pezones, sus manos apretaban mis muslos, yo gemía y cerraba los ojos, poco a poco me comencé a humedecer.

    M: ¡¡¡Chiquita!!! ¡Qué rica!

    Su lengua bajó hasta mis entre piernas, lamia muy rico, yo me retorcía lentamente al sentir su rasposa barba, dos de sus dedos entraron a mi vagina, la palpaban con una experiencia única, sabia como moverlos, yo me levantaba gimiendo, mi concha mojada ya se encontraba.

    C: ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡Uhm!!!

    M: ¡¡¡Cariño!!! ¡Así te quería gimiendo como puta!

    Su lengua fue directo a mi coño, lo devoraba con experiencia, sabía utilizar muy bien la lengua, yo gemía y gemía mientras levantaba mis piernas y su lengua llegaba de mi culo a mi coño en instantes.

    C: ¡¡¡Agh!!! ¡¡¡Que rico, uhm!!

    M: Tienes un coño delicioso, tal como lo imaginaba, uhm!!

    Yo me retorcía toda, no dejaba de gemir, Mauricio me tomó de la cintura y me dio la vuelta obligándome a ponerme en cuatro patas, ahí lamió más rico mi coño y mi culito, su lengua me daba un placer espectacular.

    M: Uhm!! Que rico culo y coño, uhm!!

    C: ¡Ah! ¡¡Uhm, uy, agh!!

    No podía aguantar más, así que comencé a venirme expulsando chorros de placer en su cara y el viejo rabo verde los tragó ¡como si nunca hubiera bebido agua!

    C: Ah!!! Uy, uhm!!!

    M: ¡¡¡Si mami!! Que rico sabes, ¡¡uhm!!

    Inmediatamente después él me acostó boca arriba, abrió mis piernas y de una me metió su verga, se movía como loco jalándole el cabello y mordiéndome el cuello y las tetas.

    M: Mami, que rico, así te quería tener ¡mendiga!

    C: Agh, Mauricio, uhm, agh!

    Levanto mis piernas y me estrujaba con fuerza, pese a no ser tan dotado, Mauricio sabía moverse bien y me tenía gimiendo.

    Me puso de ladito y levantando una de mis piernas me la metía rico, apenas si me entraba la puntita pero se sentía genial.

    M: Cindy, uhm, que rico coges nena!

    C: Agh, uhm, mas, dame más!

    Se acostó y me subió en él para que lo cabalgara, yo subí y me movía en círculos, brincaba de vez en cuando para hacerlo gemir, era mi primera vez con un maduro y lo estaba gozando bien rico.

    Mauricio no necesitaba tener una vergota, sabia como moverse y como moverme, yo gritaba de placer, él me acariciaba las tetas y me las mordía, qué rico momento.

    M: ¡Cariño ponte en cuatro patas!

    C: ¿Así?

    M: ¡Que rica te ves! uhm, que rico culo se ve, pero te la voy. a meter rico en tu coñito!

    Me tomó de la cintura y me comenzó a embestir suave acariciando mis muslos!

    M: Tienes unas piernas hermosas, uhm, tu espalda me encanta, mueve las nalgas amor, muévete solita!

    Comencé a moverme en círculos, mis nalgas chocaban con su panza pero aun así se sentía rico, él se aceleró y me embestía con fuerza, no pudo aguantar más ¡y comenzó a venirse dentro de mi!

    C: ¡¡¡Ah!!! Sácala, uhm, ¡¡¡no mames sácala!!

    M: ¡¡¡Agh!!! Perdón!!!

    El orgasmo fue genial, la verdad yo también me vine, una vez pasado el momento, me vestí y él me dio mi dinero, quedamos en que cogería 4 veces más con él hasta saldar mi deuda y les cuento que termine de pagar.