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  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (14)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (14)

    Lejos, muy lejos de los gritos contenidos de Mari, después de un buen día, su hijo volvía a la residencia universitaria junto a Carol. Se lo habían pasado en grande, luego de ver a su madre, las conversaciones con su amiga le hicieron olvidarse de los temas que le preocupaban, y al final, acabó por volver a sonreír.

    Subían a paso lento por la escalera, escuchando el eco que producían sus zapatillas sin pensar en nada más que descansar. Llegaron en primer lugar a la puerta número trece, donde Sergio se detuvo y sacó las llaves que Marco le cedió.

    —Sergio. —Carol se detuvo en medio del pasillo, sujetando la bolsa con los dos números que le faltaban para completar la serie y que gracias a su amigo había encontrado— ¿Por qué no vienes al cuarto?

    —Hemos pateado bastante, ¿no estás cansada?

    Sergio no era tonto, sabía que aquella no era proposición indecente. Su amiga solo quería seguir un rato pasándoselo tan bien como hasta ahora, pero para el joven el día estaba a punto de terminar, se encontraba destrozado. Sin embargo, siempre hay motivos que te pueden hacer cambiar de opinión.

    —Sí, ya… es que… —por primera vez delante del muchacho, Carolina mostró cierta timidez— me gustaría contarte algo.

    Sergio unió cabos, no hacía falta ser un genio para suponer que su amiga quería esclarecer la duda que le planteó en su momento.

    —No hay problema, no estoy tan cansado… —se guardó la llave en el bolsillo y siguió a su amiga— Tampoco me voy muy lejos de casa. Lo único, si se me hace tarde, ¿me acompañas hasta la puerta?

    —¿Cuántas veces vas a repetir esa broma? —le respondió con una carcajada.

    —Hasta que te deje de hacer reír.

    No pararon de reír de forma sonora, incluso molestando a alguno de los vecinos que estudiaba en silencio. Lo que no notó Sergio, era que con aquel comentario a Carolina le había salido en el rostro un gesto nervioso, hacía mucho que no le decían algo tan bonito. Meditando en su mente reflexionó rápidamente sobre ello. “¡Qué triste!”.

    La jovencita depositó con rapidez los dos libros en su balda, contemplándola después con orgullo por ver la colección completa. A su espalda sin dejar de mirar los libros, escuchó a su amigo con cierto cachondeo que no pasó inadvertido.

    —Como si fuera tu hijo…

    —Estás un poco tonto hoy ¡eh!

    —Mientras sea un poco… con todo lo que te ríes de mí, alguna tendrás que recibir, ¿no?

    —Bueno, —se sentó en la cama, mientras Sergio lo hacía en la silla pegada al escritorio— en eso llevas razón.

    Carolina se quitó las zapatillas y un leve silencio se apoderó de la estancia. Sergio no quería ser el primero en decir algo, porque tampoco sabía que podría añadir, solamente debía tener paciencia.

    Hacía mucho que no abría sus sentimientos a nadie, últimamente su relación con sus amigas de la universidad no era todo lo buena que debería y sus amigas del pueblo estaban “lejos”.

    —Si no te importa, voy a ponerme el pijama. —Sergio no dijo nada.

    No se encontraba cómoda, pero a la vez sentía un ligero alivio por lo que le iba a contar, en verdad aquel chico que conocía de relativamente poco, era su amigo. Su amistad no llevaba ni un mes de duración, pero las cosas en la residencia, pasaban muy despacio, el tiempo era otro y su relación se había solidificado.

    Se puso de pie frente al armario, lo abrió y sin ningún pudor, dándole la espalda a Sergio, se quitó el jersey y luego la camiseta. El joven no lo esperaba, desde su posición vio a su amiga vestida con los leggins negros y las zapatillas rosas que llevaba. Su delgada espalda dibujaba unas costillas que se cortaban por el paso de un sujetador negro. Mantuvo la mirada por un segundo, pero rápidamente la quitó. No lo vio decoroso.

    —Está bien hablar sin alcohol, ¿no crees?

    —No nos hace falta beber para divertirnos —ambos sonrieron con el comentario de Sergio.

    Carolina siguió quitándose la ropa sin que Sergio la mirase. Primero poniéndose la camiseta del pijama y después quitándose la ropa restante. El joven si hubiera movido ligeramente los ojos se hubiera encontrado con dos nalgas bien esculpidas y respingonas que guardaba una braga del mismo color que el sujetador. Sin embargo se mantuvo con la mirada perdida en la apagada televisión.

    Se dio la vuelta al terminar, viendo a su amigo con la mirada fija en el monitor de la pantalla con un gesto bastante anormal. Al instante se dio cuenta de lo que había pasado, y… le gustó.

    —¡Vaya! Eres todo un caballero. Has quitado la vista y todo. —lanzándose de nuevo a la cama siguió— ¿Eres de los que se mantiene puro hasta el matrimonio?

    —Pues me da que eso… ya imposible… —la volvió a mirar a la cara—, pero no sería normal que te mirase. Podría decir que no tengo ese… ¿Privilegio?

    —¿Privilegio? —Carol se rio a carcajada limpia— Está bien, Sergio, no me hubiera importado que me hubieras mirado, eres mi amigo. Además, que si me mirases de forma sexual para luego masturbarte, como seguro que ya haces… —negó con la cabeza mostrando el blanco de sus ojos. Se resignaba a aplacar las bromas de la muchacha, nunca pararía de hacerlas— para ti soy inaccesible, Sergio.

    —Creo que eso es demasiado arrogante, incluso para ti —se sintió ligeramente ofendido.

    —No me malinterpretes, tú tendrías más posibilidades que miles de millones. Lo que pasa es que los tíos ya… pues nada… ¡Vaya! Que pasó de ellos.

    —Entonces… —la dedicó una mirada torcida a su amiga, que se escondía detrás de las lentes— ¿De qué no pasas?

    —¡Joder… de los marcianos, no te jode! Sergio, pues de las tías.

    —¡Ah! Vale, que te gustan las chicas, vale, vale, es que lo has dicho de forma algo ambigua. O sea que entonces eres lesbiana.

    —¡Búa! ¿No había término más directo? —acabó por reírse— Pero no, no soy lesbiana como dices. No me gusta decir que me gusta un género u otro, en verdad me gustan ambos. —Sergio la miraba con atención— Nunca me he fijado más en chicos o chicas, simplemente dejo que mi corazón mande. Algunas veces he conocido a chicos que me parecían perfectos y otras algunas chicas que me han enamorado, no sé si me entiendes.

    —Creo que sí. Algo así como… dejas que tu corazón se enamore solo, no buscas un tipo de persona, solo que surja.

    —Puede ser una forma de verlo, ¿te estás riendo? —Sergio solo la sonreía.

    —No, es que me gusta. Me parece muy romántico, no te pega en lo absoluto.

    —¿Estás de coña?

    —Para nada.

    —¡Ah! Pues… ¡Gracias! —rio esta vez de forma tonta, le sorprendió la sinceridad del muchacho. Cuando acalló su risa se volvió a poner seria y decidió comenzar con lo que de verdad importaba— El otro día me preguntaste algo. Pensé que no sería evidente, pero tienes razón, cuando nos vimos no me había llegado a hacer el pelo, por lo que… Sí, estaba llorando en la ducha. Dicho en voz alta queda un tanto lamentable, sola, en la ducha, llorando… parezco ridícula.

    Se quitó las gafas y las limpió con la parte baja de su camiseta. De nuevo listas, las dispuso en el pequeño puente de su nariz y miró a su amigo que le prestaba toda su atención.

    —Con lo que te voy a contar, viene a cuento que te haya “confesado” el tema de mi “sexualidad”. El caso es bastante sencillo. Aunque bueno, quizá deba empezar desde el principio. Tengo una amiga que conocí en la universidad, se llama Paola. Es guapa, lista, rubia, ojos azules, delgada… si la ves puedes pensar, ¡vaya! Típica animadora de película estadounidense. Nunca he visto un prototipo tan idéntico a ella.

    Hizo un breve parón levantando la mano a su amigo y yendo a la nevera por un refresco. La garganta se le secaba, en parte por hablar tanto y también por contar esto por primera vez de manera tan abierta. Cogió dos latas de Pepsi y le lanzó una a Sergio que la atrapó en el aire.

    —Nos conocimos el primer año de universidad, a ella y a otras, claro, formamos pronto un buen grupo de amigas. El caso es que hicimos una buena piña, lo pasábamos bien y siempre estábamos juntas. La cosa cambió de rumbo este año, a comienzos de curso para ser más exactos. Paola y yo siempre hemos tenido una relación estupenda, quedábamos para estudiar, comíamos juntas, reíamos y nos encantaba salir de fiesta, incluso si las demás no les apetecían, lo hacíamos las dos solas. Todos esos días eran maravillosos y vaya… que en el primer cuatrimestre la comencé a notar diferente. Me miraba de otra forma, quería estar conmigo a solas mucho más tiempo y obviamente, a mí me gustaba.

    —¿A ti te gustaba de antes?

    —Sí y no, me encantaba estar con ella y es una belleza, si la vieras opinarías lo mismo, pero nunca había pensado en ello hasta ver las señales. Claro, si no tengo posibilidades, para qué me voy a ilusionar, ¿no crees? —Sergio asintió, tenía toda la razón— Antes del comienzo de los exámenes fue que pasó algo más. Estábamos aquí mismo, donde estamos tú y yo ahora, tomando tranquilas una copa antes de salir de fiesta. Comencé a ver que sus señales eran evidentes. Íbamos a salir nosotras dos solas y bueno… creo que esta parte la puedo resumir en que empezamos a decir tonterías, nos tocábamos más de la cuenta, estábamos muy cerca y vamos… que una cosa llevo a la otra. Nos liamos.

    —¿Me quitas la mejor parte?

    —Eres tan imbécil. —Carol sonrió porque sabía que Sergio solo pretendía rebajar la tensión— Ese fue el primer día que nos enrollamos. Traté de hablar con ella, a ver qué opinaba o que pasaba con nosotras, más que nada para aclararme, a mí ella, me gustaba horrores, sobre todo después de saber que a ella también le gustaban las chicas… o al menos yo. Sin embargo, no conseguí nada, solo me daba evasivas y delante de las demás hacía como si nada. Puedo entenderlo, decir algo así abiertamente puede ser difícil, yo no tengo problema, pero yo soy yo, Paola es Paola. —dio un gran sorbo a la lata, necesitaba líquido— Eso sí, cuando estábamos juntas, que solía ser en mi habitación, es que te juro que ni hablábamos. Llegaba… lo hacíamos… y casi que se largaba.

    —Joder… que mal suena eso.

    —A ver, había amor, eso lo notaba, pero quizá contado así parece demasiado frío. Sigo. El punto llegó la semana antes de que nos conociéramos. Vino a la habitación, lo hicimos y decidí que esto ya no podía seguir así. Antes tenía la excusa de los exámenes y eso, pero ya habían terminado, por lo que un día comiendo le dije que ya no aguantaba más, teníamos que hablar. Ella se hizo la loca, como si nada pasara, aunque luego cedió. Fue una conversación larga y bien tediosa, no la puedo resumir en pocas palabras, pero lo intentaré. Básicamente acabó diciéndome que la gustaba. Le dije que no me importaba mantener en secreto nuestras tardes en la habitación, pero que tampoco quería hacer como si no pasara nada, yo me estaba enamorando.

    —Se nota.

    —¿Cómo?

    —Por como hablas de ella, se nota que te gusta mucho. Lo veo en tus ojos, tus expresiones, cada palabra que dices se siente que la dices con ganas.

    —Señor fontanero, usted sigue siendo muy observador.

    —Puede ser. —ambos se rieron, notando que estaban siendo verdaderos amigos.

    —Bueno, tendré que ir acabando que si no me enrollo y no acabamos nunca. La cosa termina en que me dijo que podíamos ser pareja, vamos que estábamos juntas de forma oficial. Pero bueno, los dos o tres días posteriores siguió siendo lo mismo de siempre, incluso la llevé al baño para darla un beso. Solo quería uno, solo uno… y me dijo que ni de broma, que en “público” no…, me sentí como una mierda. Pero podrías decir, ¿por eso llora esta tía? No, eso no es lo peor. El día que estaba llorando era por una razón muy sencilla y muy diferente a esa.

    Carol suspiró de forma profunda, Sergio vio que su mirada, tras las lentes, mostraba dolor. Pensó que sería bueno acercarse a ella, que quizá le necesitaba a su lado, pero antes de que decidiera moverse, la jovencita volvió a mover sus labios.

    —Estábamos todo el grupo de amigas reunidas, así hablando de todo y de nada. Salió una conversación sobre parejas, no me acuerdo cuál fue el detonante, cualquier tontería, eso da igual. Lo que importa es que de pronto, Paola empezó hablar. Comenzó a decir que estaba conociendo a un chico, yo levanté la cabeza casi al momento, menos mal que creo que ninguna me estaba mirando. Pensé, “está hablando de mí, pero en clave. Está claro, ¿qué va a ser si no?”. —en su rostro nació una mueca irónica a la par que negaba con la cabeza— ¡Qué estúpida soy! ¡Sí que estaba conociendo a un tío!

    —Joder, Carol. Lo siento mucho.

    —Sé que lo sientes, aunque es ridículo. Me largué corriendo de allí, tratando de no montar un numerito, claro. Me metí en el cuarto y lloré, lloré como nunca. Cuando me arreglaste la ducha te despaché rápido porque me había mandado un mensaje para hablar conmigo. Si fui un tanto borde, te pido perdón, sé que ahora me comprendes.

    —Tranquila, solo me pareciste un poco tonta, nada más, —la sonrisa de Sergio la calmaba— pero nunca lo tomé en cuenta. ¿Salió algo de eso?

    —Pidió perdón y me dijo mil mierdas sobre que necesitaba tiempo, que su corazón estaba dividido, que si ese chico y yo estábamos en él, bla, bla, bla. Sinceramente, sentí que ese tío era el novio para enseñar y yo la amiga que se folla cuando le da un capricho.

    —¿Desde ese día habéis…? —la cara de Carol le hizo saber al chico, que contestar sí, no era necesario— Entiendo. Estás enamorada.

    —¿Algo que no sepa?

    —Solo una cosa, dile a Paola que también tiene la culpa de que se te atasque la ducha.

    —¿Qué?

    —Cuando me secuestraste para que te arreglase la ducha, al sacar el tapón, vi que había pelos morenos con toques azules como el tuyo, pero también rubios. Era evidente que no te duchabas sola. —Sergio sintió el rubor en su rostro— Aparte de esa curiosidad… no te puedo decir nada más. Eres muy lista y sabes cuáles son las soluciones a esto. O te elige a ti por completo, o serás su amiga siempre y no pasaréis de polvos clandestinos. En parte la entiendo, ella tiene que sacar a la luz un lado que no ha sido el habitual, quizá tenga miedo. —tener relaciones secretas era la especialidad de Sergio… al menos últimamente— ¿Crees que tienes oportunidades con ella?

    —Pienso que lo dice en serio, lo de que espere y que me quiere. Siempre me repite que no está preparada. —miró a su amigo con cierto gesto de enojo— Pero cuando le cómo… —estaba siendo demasiado expresiva— ¡Ahí no se queja!

    Sergio mantuvo un rebuzno que ocultaba una carcajada que le iba a desencajar la mandíbula. El comentario de su amiga había sido tan explícito que no pudo soportarlo y se rio. Lo primero que le surgió a la chica fue enfadarse, que se rieran de aquello no le hacía la menor gracia. Pero repitiendo en su cabeza la frase que acababa de soltar… terminó riéndose de la misma forma.

    Después de un minuto se detuvieron, el ataque de risa cesó y los dos se quedaron meditando en silencio dentro de la pequeña habitación.

    —En este caso concreto, siento decirte que me parece que no tienes suerte en el amor. Has topado con una chica que tal vez esté preparada en algún momento o tal vez no. —le comentó Sergio.

    —No soy muy afortunada si te soy sincera. —el joven se sintió intrigado— Aunque… eso es una historia para otro día.

    —Sí, tienes razón, se ha hecho tarde. A lo tonto y a lo bobo hemos pasado un buen rato.

    Se levantó de su silla, estirando los músculos agarrotados y lanzando un triple a la papelera con la lata de Pepsi. Falló. Tuvo que recoger y tirar vilmente desde cerca.

    —Tranquila, Carol. En este caso, no es bueno dar consejos, porque no estás en la piel del otro. Sé lo que piensas tú y lo que sientes, en ese caso te diría que la esperes y que al final vendrá. Sin embargo me pongo en el lugar de Paola y puede ser que le cueste un mundo sacar a la luz una relación con otra chica. Llamémosle una relación clandestina, así le da más tintes de telenovela.

    —Tu toque estúpido me encanta, ¿te lo he dicho alguna vez? —Carolina también se puso de pie.

    —Alguna vez… —sonrieron caminando hacia la puerta— Si quieres mi humilde opinión. A Paola pienso que le va a constar muchísimo y eso te lo digo que… —¿podía confiar en su amiga como ella había hecho?— de relaciones… prohibidas… sé un poco.

    El gesto de Carolina tras las gafas se tornó curioso, sus ojos verdes quedaron fijos en el joven a la espera de más.

    —Pero eso sí que es una historia para otro día. —la joven notó la importancia y el peso de esas palabras y algo le dijo, quizá la intuición, que preguntara.

    —¿Eso tiene que ver con el problema en casa, con tus padres?

    —Otra muestra de que eres muy lista. ¿Te ha venido bien contarlo? —ella asintió— Otro día hablamos del tema, ¿te parece bien?

    —Por supuesto.

    Sergio fue a abrir la puerta, pero se detuvo. Se dio cuenta de que su amiga le había abierto su corazón y él no había hecho nada al respecto. En el pequeño cuarto habían conectado como hacía tiempo que no conectaba con nadie. La joven le contó el problema que la comía por dentro y por el cual sufría tanto.

    Puso sus ojos en los de la joven, estaban ligeramente tristes y con cierta sorpresa, por ver que su amigo seguía allí plantado sin abrir la puerta. Entonces lo comprendió, supo que todavía no se podía ir, no debía dejar así a Carolina, debía darle algo antes de marchar.

    —No puedo hacer nada para que tu situación mejore, pero… —su lengua se trabó, aun así puso todo el empeño en decirlo— ¿Quieres un abrazo?

    Carolina se lanzó a sus brazos, hundiendo la cabeza contra la parte superior del cuello y dejando el cabello en la barbilla del Sergio. Supo que había actuado a la perfección, sobre todo, cuando la muchacha desbordaba de sentimientos, comenzó a llorar.

    —Todo se solucionará.

    Susurró el chico añadiendo un tierno beso en la cabellera de Carol que hizo que esta le apretara más. Ambos fundidos en el abrazo, se fueron separando a medida que la muchacha ralentizaba su respiración y disminuía el llanto contenido. Al final, cuando volvieron a estar cara a cara, Sergio levantó su mano diestra de forma dulce, limpiándola varias gotas que corrían por sus mejillas.

    —¿Tus amigas de la universidad, no saben nada? —negó con la cabeza, era evidente— Soy el único entonces. Estoy a dos puertas para cualquier cosa que necesites.

    —Cada vez las veo menos, no puedo estar junto a Paola así… tan normal, me cuesta esconder lo que siento. —parecía que el sollozo se calmaba— No es fácil. Pero gracias, Sergio, de corazón, eres un verdadero apoyo.

    —No soy un apoyo, soy tu amigo.

    Volvió a rodearle con sus brazos, esta vez por el cuello, propinándole un beso en la mejilla. El cuerpo del joven mantuvo la calma, rodeando a su amiga por la cintura atrayéndose el uno al otro.

    Volvieron a separarse para despedirse en silencio. Sergio salió por la puerta rumbo a su habitación, recorriendo el pequeño tramo con la mano en la mejilla todavía sintiendo el calor de Carolina. Se había vuelto a olvidar de su madre, de sus problemas y solo rondaba su mente la desafortunada de su amiga “está sufriendo…”.

    Sin embargo otra cosa, después de bastante inactividad, saludó con cierta fuerza. Bajo sus pantalones, debido a aquel beso y aprisionado por unos calzoncillos que no le podían detener, el miembro de Sergio volvía a resurgir.

    CONTINUARÁ

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Sexo con alguien inesperado

    Sexo con alguien inesperado

    Hola que tal, me llamo Alex soy un chico pasivo que vive en la CDMX y es mi primer relato. Debo mencionar que el relato que estoy por contarles es de mi segunda experiencia sexual con un hombre, pues anteriormente ya había tenido una pero no tuvo mucha relevancia. Me describo rápidamente, soy un chico de 28 años blanco, cabello corto y castaño, ojos cafés, complexión media, unas buenas piernas estilo futbolista y unas nalgas que yo diría que están muy antojables.

    Trabajo en una empresa en el área de ventas y después de mi primera experiencia sexual, ya estaba buscando con quién más podría repetir y hacer travesuras. Busque por varios medios, chats, Facebook, Twitter y hasta App donde pudiera encontrar un encerron sexual. Confieso que tengo una debilidad por los hombres maduros al igual que por los hombres gordos, también que sean morenos y los velludos los amo por igual.

    Un día en el trabajo empecé a chatear con un señor llamado Luis de 42 años y parecía tener todo lo que a mí me gustaba, se notaba que era un buen tipo pero no dejaba de tener un carácter serio y dominante. Platicamos un buen rato por ese medio hasta que intercambiamos números para platicar por WhatsApp así lo hicimos durante algunos días intercambiamos fotos siempre me dijo que solo de cuerpo y a mí me encantó su cuerpo robusto, su pene grueso y cabezón a mí se me hacía agua la boca realmente era muy cachondo, no paraba de decir todas las cosas que me haría y las que quería que yo le hiciera, una de sus fantasías era orinarme mientras tenía su pene dentro de mi ano, literal quería quitarse el condón para orinarse dentro de mi, me encendió muchísimo saber que alguien me marcaría como animal le dije que si, si él me cumplía mi fantasía de estar con dos activos yo le realizaba su fantasía a lo que accedió, yo estaba en horas laborales pero quería que en ese momento el estuviera ahí, me empinara sobre mi escritorio, me bajara el pantalón y me metiera todo su ser, yo estaba muy excitado. Sin más preámbulos le dije que pusiéramos una fecha para hacer algo rico pues al igual que yo buscábamos un encuentro real.

    Me dijo que si podía marcarme más tarde que en ese momento no podía hablar por qué era casado y quería guardar su discreción a lo cual yo accedí, llegó la tarde y empezamos a chatear fue tan rica la plática que en un momento me dijo que quería verme por videollamada pero igual sin mostrar el rostro a lo que le dije que si, él se iba a ir al baño para que nadie lo viera y yo iba a estar en mi recamara, yo lo esperaba con una playera y un short, al momento de encender la videollamada me lleve una rica sorpresa pues él ya estaba completamente desnudo y erecto.

    Se le veía del pecho hacia abajo era moreno y gordo como las fotos, pude apreciar que su verga peluda no era tan grande pero se notaba que era muy gruesa y cabezona y sus huevos colgaban de una forma impresionante, de inmediato me escribió que me desnudara y que le mostrará el culo a lo cual obedecí de manera inmediata, me decía que quería ver mi hoyito mientras se la jalaba viendo mi ano, realmente fue un momento súper rico. Me ordeno que me metiera los dedos en mi ano y así lo hice, mire de nuevo para ver cómo se la jalaba y se estaba corriendo a chorros, no podía creer cuánta leche había arrojado, en ese momento corto la llamada y me dijo que al día siguiente nos pondríamos de acuerdo para coger súper rico. Me fui a la cama súper excitado de ver aquel tremendo pedazo de carne grueso y rico como me gustan.

    Normalmente trato de no tener fantasías con los hombres con los que trabajo o con mis clientes aunque muchos de ellos tengan físicamente el atractivo que a mí me gusta. (Es una regla de oro que no debe de romperse, tengo unas cuantas otras pero por romper las reglas pasa lo que pasa.) Llegó mensaje de Luis diciéndome que por la tarde tenía un tiempo libre, nos podríamos ver en un hotel del centro a las 3:30 yo le dije que sí, la cita era en el metro Hidalgo, en ese día pasaron algunos sucesos que me llamaron un poco la atención pues cuando fui a visitar a uno de mis clientes no lo encontré pues tenía una cita inesperada por la tarde, se me hizo raro pero no le tome importancia, después en el metro y un señor me dio un llegué en las nalgas, sentí rico por tremendo arrimón lo vi me sonrió y se bajó del vagón, llegué corriendo a la empresa pues tenía que dejar mi papeleo y ahí siempre me encontraba a don Leonel un señor de edad avanzada muy amable que siempre nos recibía los papeles de las ventas, pero curiosamente ese día ya no estaba porque había salido a responder una emergencia, en ese momento me dije y si don Leonel era con quién me iba a acostar?? Me pasaron muchas cosas ricas por la cabeza pues si me vi ensartado en la verga de don Leonel aunque no tuviera el físico que vi por videollamada de mi amigo Luis, así que por más que quisiera no podía ser él. Salí de la empresa corriendo para llegar a mi cita.

    Cuando llegue al metro le marque a Luis y no me contestó, inmediatamente después me marco él y me dijo que iba atrasado que tardaría un poco en llegar, le dije que podía esperarlo en el cuarto de hotel pues el insistía mucho en su discreción por ser casado y se me hizo una buena idea entrar solo. (Mi primera experiencia me enseñó que ante todo la discreción, pero yo cometí un fatídico error).

    Llegué al hotel Savoy por fuera no se ve tan lindo pero por dentro no está tan mal, pague la habitación y le dije a la recepcionista que esperaba a alguien. Subí al cuarto y trate de ponerlo en ambiente para cuando llegara Luis pasaron unos 15 minutos y yo moría de nervios los cuales fueron interrumpidos por una llamada telefónica: ya llegó su visita la dejo pasar? Me dijo la recepcionista a lo que pude responder «si» y le colgué, me senté en la cama y trataba de calmarme pues temblaba de nervios por fin iba a coger con Luis…

    Tocaron a la puerta y mi corazón estaba a mil por hora, todavía recuerdo esa imagen mía yendo hacia la puerta la abrí con una sonrisa y… No puede ser, era Javier uno de los guardias de seguridad de la empresa donde trabajó. No lo podía creer me quedé helado en ese momento ambos no supimos que decir hasta que el reaccionó y me dijo déjame pasar y se metió bruscamente, cerré la puerta y yo estaba aterrado una persona que veía casi diario sabía de mi adoración por el sexo con hombres. Me dijo ven siéntate, yo estaba mudo pues se me había ido por completo la calentura, me senté en la cama junto a el, sonrió y me dijo: «que chistoso todos los días te veo y ahora te voy a coger…» Yo no reaccionaba, y él me dijo: «ánimo!!! Tranquilo que no pasa nada», yo le respondí: «me siento extraño» y él se portó súper buena onda pues en todo momento trato de calmar la situación y me dijo: » mira yo soy casado y tú tienes novia, ambos queríamos estar con un hombre y hasta cierto punto me da gusto que seas tú, así que disfrutemos y lo que pase aquí, aquí se queda va»

    Me sentí mucho mejor «además ni nos conocemos bueno solo de buenos días y hasta luego» comento él y yo le respondí «si ya veo, hasta el nombre te cambiaste» sonrió y me dijo » para nada, me llamo Luis Javier» y me dio un beso en la boca, se acercó a mi oído y me susurro » no vamos a hacer nada que tú no quieras vale» a lo que yo asentí con la cabeza. Prendió la tele y puso un canal porno y de inmediato se empezó a tocar el pene por encima del pantalón yo lo vi y me empecé a prender, agarro mi mano y la llevo a su paquete me dijo que se lo frotara, se sentía como iba creciendo a modo de que yo tallaba mi mano con su pantalón, me tomo de mi camisa para acercarme a su boca y seguirme besando quise tomarlo de la cabeza para disfrutar de nuestro beso, pero me ordeno que mis manos siguieran frotando su pene y así lo hice después de un rato me dijo que me levantará y me pusiera frente a él dándole yo la espalda mientras él seguía sentado en la cama, paso sus manos por mis glúteos, los apretaba y de repente me dio una nalgada sentí rico aunque me dolió un poquito, sus manos abrazaron mi cintura para desabrochar mi cinturón y por ende mi pantalón cuando lo hizo empezó a bajarlo lentamente, mis nalgas quedaban justo enfrente de su cara, así que me empezó a besar mi trasero por encima de mi ajustada trusa, me tomo de la cintura con ambas manos y hundió su cara en medio de mis nalgas, ahhh sentí tan rico, mi trusa rozaba mi ano de una manera muy rica » me estorba tu calzón para comerme mi postre» me dijo con una cara de pervertido «quítamelo entonces» respondí, lo bajo hasta que llegarán a mis tobillos.

    «Ufff, tus nalgas güeritas están mejor que en las fotos» sonreí pícaramente y le dije «son tuyas» «empínate» exclamó él, me incline un poco hacia adelante dejando todo mi ano expuesto , sus manos separaron mis nalgas y después sentí la gloria, su lengua húmeda recorría mi hoyo de arriba hacia abajo, «ahhh» empecé a gemir, sentía delicioso, su lengua estaba haciendo un trabajo celestial, abría más mis nalgas para poder entrar hasta el fondo de mi ser con su lengua, la sentí tan dentro de mi que yo gemía de placer, en un momento ya no sentí sus manos solo su cara estaba hundida en medio de mi culo, yo voltee a verlo y ya se había sacado su rico pene, se estaba masturbando mientras me comía la cola, fue una imagen muy excitante.

    Se separó de mi ano y me dijo quítate los pantalones y el calzón y así lo hice, él se levantó y me aventó bruscamente hacia la cama quedando yo boca abajo, me dijo «alza el culo, que ahora sí te lo voy a comer como se debe» estando boca abajo solo levanté mi cintura para que él se agasajara con mi hoyito, me coloque en la orilla de la cama y él se hincó en el piso, inmediatamente se abalanzó sobre mis nalgas y empezó a lamer mi ano de una manera suculenta como si estuviera lamiendo una paleta lo hacía delicadamente de arriba hacia abajo, lenta y suavemente se notaba que él lo disfrutaba, yo jadeaba de placer al sentir como esa lengua raposa y húmeda se perdía en mi ano, me apretaba las nalgas, me llenaba de besos mi culo, así estuvo un buen rato hasta que me dijo » ahora te toca mamar a ti putita».

    Se levantó se bajó los pantalones y el calzón y se fue a sentar a un sillón, tenía la verga bien parada «ven a comerte mi verga pero hazlo a gatas» ordenó, me baje de la cama y me puse en 4 patas para ir a buscar ese caramelo que con muchas ansias deseaba mamar, llegué hasta él y su pene estaba tremendamente erecto, literal apuntaba hacia arriba, se veía tan rico, tan carnoso, tan grueso y cabezón que empecé por darle un beso en sus huevos, agarré su pene con mi mano y pase mi lengua nuevamente por sus huevos, levanté mi cara y llegué a la punta de aquel grueso pene, considero que medía unos 13 o 14 cm pero de verdad que de grosor estaba muy rico, coloque mis labios en la punta de su pene y comencé a bajar, sentí su mano colocarse en mi nuca, y me hizo bajar a un más, sentí su pene hasta mi garganta y ahí me hizo quedarme por un momento, mi boca estaba llena de sus ricos bellos púbicos, me soltó la cabeza y me saque su pene de su boca, empecé a mamársela de nuevo y yo apretaba mis labios para que el sintiera rico, el volvió a agárrame de la cabeza pues me marcaba el ritmo con el que quería que le chupara la verga, varias veces me ahogaba con su verga pues me asfixiaba y después me soltaba, mis lágrimas salían de mis ojos pues muchas veces su verga cabezona tocaba el fondo de mi garganta.

    Así se la mame por un buen rato hasta que me dijo ahora sí bebé ya llegó la hora de que te rompa el culo con mi pito. «Pásame un condón y el lubricante» me levanté y fui por ellos al buró, «quítate la camisa» me dijo, así lo hice mientras le daba lo que me había solicitado, él también se despojó de su playera para quedar totalmente desnudos, lo que yo tanto había deseado por fin se iba a realizar, iba a ser penetrado por una rica y suculenta verga.

    Sentado en el sillón, Luis se colocó el condón le añadió un poco de lubricante, me miró y me dijo «ven mamita, monta a tu macho» me dijo que lo hiciera de frente a el pues quería ver mi cara cuando me perforara. Así que me subí encima de él, inmediatamente trató de ensartarme en su verga, con su mano colocó su pito en la punta de mi ano y me dijo «listo ensartate muñequita» yo empecé a empujar hacia abajo y sentí un enorme pito que quería entrar a mis entrañas pero sentí un dolor, «espera, me duele» le dije yo, «tranquilo verás que ahorita poco a poco entra» lo volvimos a intentar y sentí su enorme cabeza abriendo mi hoyo «ahh» gemí, «despacito por fa» le suplique, sonrió y me dijo «en un rato no vas querer que ni te la saque» siguió empujando y yo sentía como su verga resbalaba dentro de mi cavidad anal, trate de hacerme hacia arriba para zafarme, pero el con sus brazos abrazo mi cintura para llevar mi culo a qué chocaran de nuevo con sus huevos, sus manos se posaron en mis nalgas y el mismo me hacía hacia arriba y luego hacia abajo, me enterraba su verga a su antojo, yo ya empezaba a disfrutar de ese rico placer de ser penetrado, por lo que lo deje que me penetrara a su ritmo, coloque mis brazos alrededor de su cuello como si lo abrazara y Luis empezó a chuparme y a morderme los pezones, lo hacía de una manera tan deliciosa e indecente que me sentí como tremenda puta, para esos entonces mi culo ya se había acostumbrado al grosor de aquel pito cabezón y gustoso lo recibía al entrar y salir, me dio un par de nalgadas y me dijo «ponte de perrita en la cama» me levanté del sillón y fui a acomodarme a la cama «como buen guardia de seguridad me vas a dar unos macanazos??» Le dije yo, «te voy a dar unos buenos garrotazos por ser tremenda zorra viciosa» me hablaba como si fuera una mujer, nunca nadie antes me había tratado como mujer y no me molestaba al contrario me prendía pues ese día si sentí que me hizo sentir mujer.

    Me coloque en la posición antes mencionada y me la dejo ir directita y sin escalas, me tomo de mis hombros y me empezó a reventar el culo de una manera formidable, no sé si sus palabras habían surtido efecto, quería más yo deseaba que no parará ante tal embestida, me estaba retorciendo de placer, sentía como tocaba una parte de mi que me mataba de placer, «ahhh no pares dame más» exclamé entre gemidos, me jalo de los cabellos hacia él y me dijo » de verdad quieres ser mi funda en toda la extensión de la palabra??» Y yo le dije «si, si quiero» siguió dándome más duro, tan duro que sentía como sus huevos golpeaban mis nalgas paso un rato y detuvo el contoneo. Se salió de mi y vi que se quitó el condón, pensé que ya se había cansado y que quería descansar «vamos al baño» me dijo pensé que quería sentarme en la taza y que le mamara la verga, por lo que me levante y lo acompañe el baño, «métete a la regadera y acuéstate en el piso boca arriba» quedé sorprendido con su petición, le dije «que vamos a hacer??» Me dijo «recuerdas mi fantasía de la lluvia dorada?? Bueno pues ya que has accedido a ser mi funda personal te voy a marcar como se debe» en ese momento no estaba tan seguro de querer acceder a tal petición, pero rápidamente pensé «porque si habías accedido con un desconocido y no quieres hacerlo con Luis, que por lo menos bastante tiempo lo has visto y si tal vez sea un completo desconocido pero dale chance» me acosté en el piso arriba como me lo había indicado y mi piel se erizo pues están demasiado frío el piso, él se hincó y colocó mis pies sobre sus hombros, metió su pene y espero, al momento no sentí nada después saco su miembro y seguía orinando sentí como ese líquido caliente me cubría las nalgas y mi hoyito, cuando terminó dio un respiro y me metió su pene de nuevo para cogerme en esa posición «detente» le dije yo «no me siento tan cómodo con las nalgas orinadas, podría enjugarme??»

    Me dijo que más da «ya te hice mía pequeña ramera» abrimos el agua y nos empezamos a bañar, una vez que me enjuague cerró la llave y me dijo «ahora sí acuéstate en el piso» cuando lo hice el colocó de nuevo mis piernas en sus hombros y así empezó a enchufarme, sentía súper ricooo aunque me dolía más pues en esa posición sentía su enorme verga partirme de verdad, en algunos momentos si le decía que no tan fuerte, pues su pene si llegaba hasta mi pared interna y me dolía pero me volvía loco de placer siguió dándome duro por un rato en esa posición hasta que me dijo me voy a venir, se salió de mi culo y acercó su pene a mi boca me tomó de los cabellos y exclamó «abre el hocico golfita que te lo voy a llenar de leche» abrí mi boca y en ese momento se inundó de semen calientito, «trágate toda la leche, que aquí no se desperdicia nada» me lo pasé y me supo súper rico todavía traía la sensación de ese sabor de macho delicioso, me metió su verga a mi boca y me dijo que le limpiará bien el pito, a lo cual yo muy obediente realice su indicación. Nos bañamos súper rico y nos salimos al cuarto.

    Nos acostamos en la cama y nos besamos, saco de su mochila un tupper con frutita, traía Chantilly y me dijo » quieres??» Le respondí que si, me dice » ponme unos cuantos trozos en la verga y tú vas a comer ahí» lo hice y cuando me disponía a comer me dijo «detente» saco un plátano y le puso un condón, «colócate como si fuéramos a hacer un 69,» el estaba abajo y yo me coloque de perrito arriba, » comete la fruta, que mi amigo el plátano te va a perforar el culo» puse cara de asombro «querías que un pito te penetrara mientras otro te lo llevabas a la boca no?? Pues ahora cumpliré tu fantasía» le dije «pero quiero hacerlo con dos hombres» me empezó a violar con el plátano «ahhh» gemí «trágate mi verga pequeña puta» y me empecé a comer la fruta que tenía en su pene mientras me metía el plátano por el fundillo, así estuvimos un rato hasta que después de algunas chupadas se vino por segunda ocasión en mi boca, terminamos exhaustos pero súper contentos, descansamos un rato y nos bañamos nuevamente y volvimos a coger dentro de la regadera, nos vestimos y me dijo te veo mañana en el trabajo me dijo riendo pero te seguiré viendo aquí porque en mi cama eres mi puta, mi ramera y mi funda. Ese día estuvo delicioso.

    Después les contaré mi segundo encuentro con Luis en una bodega abandonada, espero que les guste mi relato y ojalá encuentre maduros en CDMX o señores del tipo que me gustan para realizar mi fantasía de hacerlo con dos hombres activos.

    [email protected] les dejo mi correo para pronto contacto besos a todas sus vergas.

  • Cómo empezó todo con mi vecina

    Cómo empezó todo con mi vecina

    Año 2015, un año después de habernos mudado al condominio donde nos hicimos propietarios de un departamento. Para ese entonces, la situación económica y de administración de la comunidad era un verdadero problema, deudas y servicios mediocres en todos los aspectos. Con la intención de aportar al menos ideas y tiempo para solventar la situación y que la inversión de vivienda no se transformara en un derroche de dinero, me incorporé al comité de administración. Fueron 3 años de bastante trabajo que se transformaron en buenos resultados y una aventura intensa con una de las vecinas integrantes de dicho equipo de trabajo.

    Al principio la dinámica fue bien formal entre todos, sin embargo, con el tiempo y debido a la cantidad de trabajo que teníamos como comité, fuimos convirtiendo el grupo de trabajo en un grupo de amigos y un poco más en mi caso. La vecina (a quien llamaré así todo el tiempo) es una mujer de piel blanca, rostro muy simpático, cabello liso, delicada, súper femenina y una mirada de esas que no sabes si es una angelita o diablita encubierta. Desde el principio me llamó la atención tanto por su forma de ser, como toda ella. El tiempo transcurría, el trabajo avanzaba y ya, cumplidos un año y medio de trabajo en conjunto, había un trato más personal y cercano. Nos escribíamos regularmente, compartíamos comidas, conversas, etc. Entre la vecina y yo, siempre hubo atracción y lo dejábamos notar en nuestras conversaciones por mensajes o cuando quedábamos solos, pero no pasaba de coqueteo que cuando se acercaba a cierto punto, era cortado por un silencio de días, era como dejar enfriar las cosas para que no se salieran de control.

    Ella para ese entonces, estaba en una relación que no funcionaba nada bien y yo tampoco andaba en las mejores con mi relación, sumando las ganas de ambos lados pero que ninguno quería expresar, llegaron los días en que todo se transformó…

    Hablábamos mucho de relaciones, de fidelidad y cosas así, cuando en una conversación por mensajes me dice que ella se esconde debajo de un caparazón porque sabe que, si no lo hace, puede quedar muy vulnerable a las situaciones, interpreté esto como una señal muy sutil y continuamos conversando ese día hasta tarde y se abrieron un poco los espacios para que el coqueteo sutil pasara a señales más concretas. Además, me confesó que su relación había terminado ese mismo día y conmigo sentía peligrar su vulnerabilidad. Un par de días después, tuvimos una reunión del comité en su departamento y quedamos ubicados uno al lado del otro en la mesa de comedor, hacia el cierre de los compromisos, se fueron retirando los vecinos y al final quedamos la presidenta del comité (que en ese entonces eran muy cercanas) a un lado de la mesa y del otro lado quedamos mi vecina yo uno al lado del otro. Para ese momento el ambiente estaba muy distendido y es allí cuando dejó caer mi mano en su pierna, la cual estuve acariciando por un buen rato. Pasado cierto tiempo la presidenta se retira y quedamos solos, nos movemos al sofá y allí vuelve con el tema de su vulnerabilidad; no aguante, me acerque a ella para besarla y no opuso resistencia.

    Nos estuvimos besando un largo rato y yo estaba bien excitado, tenía sus pechos al descubierto y los estaba chupando y apretando, también había metido una de mis manos por dentro de su pantalón y estaba jugando con mis dedos en su conchita; cuando le pregunto al oído si tiene preservativos, me responde que “eso no va a pasar” y seguimos besándonos. Nunca dejé de jugar con mis dedos en su conchita que estaba hecha un charco delicioso, tampoco de chupar sus chicos, pero deliciosos pechos, morder sus pezones y besar su cuello y boca, pero con la negativa de no pasar a más, me incomodé un poco y por instinto fui más intenso con mis dedos hasta hacerla acabar, sin dejar de besarnos y rozarnos. Justo antes de sacar mi mano de su pantalón, que estaba repleta de sus jugos, le dije al oído: ¡¡¡imagínate lo que podría hacerte con mi boca!!!

    Le di un último beso, saqué mi mano y nos quedamos mirando por unos segundos, nos sonreímos y nos levantamos para limpiarnos un poco, yo tenía que volver a mi departamento. Ese fue el inicio de varios encuentros bien intensos con mi vecina, deliciosa y fogosa mujer que a veces, después de todo este tiempo, no dudaría en volver a coger con ella si se da el caso.

  • La curiosidad de Chat Noir (V)

    La curiosidad de Chat Noir (V)

    El joven Agreste no deja de pensar en aquel momento de intimidad con su compañera y amiga Alya. Una mezcla de emociones lo atormentan al día siguiente en la escuela; donde alguien se da cuenta de su cambio de actitud, y le dará un momento muy agradable sin proponérselo.

    Capítulo V

    Luego de esa noche en la habitación de Alya, Adrien quedó con más preguntas que respuestas. Por un lado, era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera lo erótico, prohibido y satisfactorio que fue tener sexo con su compañera estando bajo el antifaz de Chat Noir. Por el otro, un remordimiento de culpa y traición hacia Ladybug le remordía por dentro. Sin embargo, las palabras de Alya siguen resonando en su cabeza. “De mi cuenta corre que Ladybug te dé una oportunidad en todo sentido… ¿Quién dice? Tal vez hasta logremos animarla a que hagamos algo… entre los tres”. Lo cual le genera más dudas; al igual que nuevas fantasías.

    El muchacho trataba de concentrarse en la lección de la señorita Bustier, pero todas esas ideas seguían resonando en su cabeza. Por lo mismo, había tratado de no establecer contacto visual con Alya en el transcurso de la mañana. Le avergonzaba en sobremanera afrontarla cara a cara sin su antifaz. Sabía que su temor no tenía fundamento lógico. A final de cuentas, quien había tenido sexo con ella fue Chat Noir, no él.

    – Vamos, sólo fue una noche y ya. Es más, ni siquiera la noche entera; un par de horas cuando mucho, y sólo fue eso. Ambos nos dejamos llevar por las circunstancias; ambos queríamos hacerlo… pero nada más. Además, Ladybug te ha dicho que tiene a un chico especial en su vida, ¿no? De seguro ha hecho ese tipo de cosas con tan afortunado sujeto y… –

    Adrien rumiaba esas ideas en su mente, y entre más lo pensaba, más conflictuado se sentía. La idea de que otro chico disfrutara el afecto de Ladybug en la intimidad le arrancaba una punzada de coraje. El imaginar que ella, su Lady, estuviera en brazos de alguien incapaz de quererla como él.

    – Adrien, ¿te sientes bien? – le dijo la señorita Bustier al pasar al lado de su banca, con un dejo de preocupación en su voz. – Pareciera que tienes un dolor increíble de cabeza – En ese momento, el muchacho advirtió que estaba apretando con demasiada fuerza la pluma con que escribía, y que su brazo le dolía de estar en la misma posición mucho tiempo, apoyado el codo en la mesa y masajeando sus sienes. – Em… disculpe señorita Bustier. Es solo que no he podido dormir bien y… desayuné muy poco esta ocasión. Ahora me doy cuenta que fue una mala idea – respondió el muchacho frotándose los ojos. – Ay mi niño, descuida. Voy a acompañarte con la enfermera para que te dé algo para ese dolor de cabeza – amablemente le respondió la profesora mientras lo invitaba a levantarse y salir del salón.

    – ¡Maestra! Si quiere, para que pueda seguir con su clase, yo me ofrezco para llevar a Adrien a la enfermería – dijo Marinette saltando su banca y enfilándose a la puerta, casi tropezando al salir de su lugar. – Muchas gracias Marinette, es un gesto muy noble de tu parte. Pero como representante de la clase, puedes quedarte unos minutos al pendiente de tus compañeros. Ya tienen su actividad; nada más deben terminarla, y creo pueden hacer eso sin que yo esté presente. Así que, te dejo a cargo en lo que Adrien y yo volvemos. ¿De acuerdo? – contestó la profesora con una sonrisa amable mientras salían del salón, ante un evidente gesto de decepción por parte de Marinette.

    Adrien y su maestra iban caminando por los pasillos de la escuela mientras ella le recomendaba algunas técnicas de relajación para poder dormir mejor. – También si un muchacho de tu edad se ve sometido a mucha presión y muchas responsabilidades sin tener el tiempo suficiente para descansar y hacer actividades de su agrado, pueden presentarse problemas de salud a largo plazo Adrien. Y por lo que me has contado, cumples muchos deberes todos los días – le hacía plática su profesora mientras él prestaba atención. Y vaya que tenía razón. Todos los compromisos que debía cumplir para complacer a su padre, más el trabajo que hacía con Ladybug para mantener Paris a salvo…

    Definitivamente, lo ocurrido con Alya le había sentado muy bien. En ese momento a solas con ella, no estaba pensando en otra cosa que no fuera su compañera y el placer que estaban sintiendo. Ambos se entregaron a sus deseos y no se preocuparon por nada más. Quizá el cambio tan súbito de actividad nocturna le había caído de peso y por eso se sentía así. Aunado a todo lo que estaba pensando de más desde que empezó el día.

    – Señorita Monet, hola. Aquí tengo a un chico con cefalea que necesito revise de favor – decía la señorita Bustier mientras tocaba la puerta de la enfermería. Insistió por un minuto sin recibir respuesta. – Parece ser que no se presentó hoy. Ya es tarde como para que vaya a llegar. A ver… ¡ah! ¡Monsieur Haprèle! Disculpe, ¿tendrá de casualidad la llave de la enfermería? Tengo a uno de mis alumnos con dolor de cabeza y la señorita Monet no vino. Queremos ver si nos puede dejar pasar, darle algo para el dolor y que repose unos minutos en un lugar más tranquilo que el salón – la profesora se dirigió al padre de Mylène, otra compañera de clase, que también laboraba en la escuela como asistente. Amablemente, sacó de su bolsillo el llavero de los salones y les facilitó el acceso a la enfermería. – Mil gracias monsieur Haprèle – le dijo la señorita Bustier mientras pasaban a la enfermería.

    La profesora le pidió a Adrien que tomara asiento en lo que ella buscaba el instrumental para medir los biométricos del muchacho y algún analgésico. Estando en una habitación con menos ruido y sintiendo el agradable ambiente fresco del lugar, Adrien comenzó a relajarse. Empezaba a agradecer que su maestra lo hubiera llevado a la enfermería… cuando vio algo que definitivamente no pensaba ver; y menos en ese instante. Unos pasos al frente de él, de espaldas, se encontraba su profesora rebuscando en los cajones y gavetas de la enfermera. Hubo un punto en el que se inclinó para alcanzar un cajón notablemente más abajo. Ella murmuraba sobre cómo la señorita Monet tenía organizado el lugar, mientras le ofrecía accidentalmente al muchacho un espectacular primer plano de su trasero.

    Adrien trataba de enfocarse en otra cosa, pero la imagen de los glúteos tan firmes y bien moldeados de su maestra, lo torneado de sus piernas y cómo los pantalones que usaba le ajustaban tan bien en esa posición, sencillamente lo tenía hipnotizado. Sin poder impedirlo, su entrepierna comenzó a entrar en calor y su erección creciente a apretarle bajo los pantalones. Dejó de evadir el contacto visual con las posaderas de su maestra y decidió deleitarse con la vista mientras ella seguía ocupada. Quería grabar en su memoria lo mejor posible esa escena. No podía creer que la señorita Bustier fuera una mujer tan sexy.

    – Em, Adrien… ¿ves de casualidad dónde podría estar… el estetoscopio y… el manómetro? Es el aparato que sirve para medir la presión – dijo la profesora desde su posición, sin hacer amago de levantarse o moverse. El muchacho salió de golpe de su ilusión erótica. Desvió la mirada a toda prisa, paseando la vista en toda la habitación buscando lo que le había pedido la señorita Bustier. Se le había acelerado un poco el pulso y estaba un tanto nervioso. Por un momento le pareció entrever a su maestra mirándolo en silencio mientras él estaba embobado apreciando sus majestuosas posaderas.

    – Ahh… no profesora. No los veo por ningún… Espere, ahí están. Colgados en el perchero junto a la puerta – súbitamente, el joven se levantó de su silla y se acercó a donde estaba el instrumental. Por poco choca con el culo de su maestra de lo mismo atrabancado de sus movimientos. Dando traspiés, llegó al perchero y extendió su brazo para alcanzar las herramientas; cuando sintió detrás suyo cómo se pegaba a su espalda la señorita Bustier. – Muchas gracias Adrien. Permite los tomo desde aquí – le dijo calmadamente mientras ella estiraba el mismo brazo que el muchacho para sujetar lo que necesitaba. Adrien sentía el contorno del cuerpo de su profesora; el relieve de sus pechos firmemente contenidos bajo el blazer que traía puesto; el roce de sus caderas y una de sus piernas. Podía oler su perfume, y percibía su respiración muy cerca de su cuello; la conjunción de todos esos estímulos, estaban por hacer estallar su entrepierna de lo duro que se había puesto. Solo esperaba que su maestra no se diera cuenta de lo sonrojado que estaba.

    – Muy bien. Creo que ya tenemos lo necesario y, dado que no está la señorita Monet, lo más parecido a una enfermera en este momento soy yo – dijo ella mientras se subía las mangas de su blazer. – Adrien, te voy a pedir que descubras tu brazo para que te tome la presión. Voy a checar también tu temperatura y a darte algo para el dolor – sentenció la profesora a la vez que el muchacho, obediente, se quitaba su chaqueta y tomaba asiento, agradecido de poder disimular su erección. Se sentía apenado por la forma en que se había quedado viendo a la señorita Bustier, y no tenía forma de saber si sus mejillas ya no estaban rojas.

    La maestra palpó suavemente el brazo del chico hasta encontrar el punto dónde colocar el manómetro. Adrien sintió esa exploración un poco más lenta y agradable a lo que estaba acostumbrado en un consultorio. En ese momento, se le ocurrió establecer contacto visual con su profesora; ella le devolvió una mirada amable con una sonrisa. Justo cuando ella volvió a atender el ajuste del aparato de la presión, el muchacho alcanzó a ver el escote de la señorita Bustier. La posición en la que se encontraba le permitía apreciar en todo su esplendor, la apetitosa separación entre los pechos de la profesora. Ciertamente no era un escote provocativo, no revelaba demasiado; pero lo que alcanzaba a ver, Adrien lo encontraba irresistible.

    La señorita Bustier comenzó a tomarle la presión estando en la misma posición, absorta en la medición del instrumento. Adrien seguía embobado en los pechos de su maestra. Podía sentir cómo se ponía más duro bajo sus pantalones. Empezó a incomodarle la forma en que se había sentado; le apretaba su miembro entre los pliegues de tela. Quería moverse para reacomodarse, pero sencillamente no podía. Buscaba evadir el contacto con el escote de la señorita Bustier, pero era demasiado tentador para sus hormonas.

    – Estás un poco agitado. ¿Sientes algo más, Adrien? – le preguntó ella mientras le quitaba el manómetro. – Um… no profesora. El dolor de cabeza ya pasó -. La señorita Bustier anotó la medición del aparato en una libreta y tomó un termómetro de pistola con el que apuntó a la frente del muchacho. – Mmm… afortunadamente no hay fiebre – a pesar de eso, Adrien se sentía en llamas al ver disimuladamente la figura de su maestra.

    Necesitaba salir de ahí; ya no pensaba con claridad. – Se… señorita Bustier, creo que ya me siento mejor. Nada más necesitaba que me diera un poco de aire. Dentro del salón me estaba sintiendo agobiado – dijo, a la vez que se levantaba abruptamente del asiento; advirtió entonces la tremenda erección que tenía bajo sus pantalones. Rápidamente, tomó su chaqueta y la amarró como pudo a la cintura, antes que la profesora lo viera.

    – De… acuerdo. Si ya te sientes mejor, volvamos al salón y hagamos como que aquí no pasó nada. ¿Te parece? – habló dulcemente la señorita Bustier – Solamente deja guardo lo que ocupamos en su lugar. No quiero abusar de la confianza de la señorita Monet -. Acto seguido, la profesora se volvió a inclinar para poner el manómetro donde lo encontró, asumiendo la misma posición que hace unos instantes, exponiendo sus pompas en primer plano hacia el joven.

    Adrien sentía a su maestra muy cerca. Estaba de pie, y su entrepierna a un palmo de distancia del culo de su maestra. Si se inclinaba apenas hacia adelante, podía rozar sus nalgas con el bulto que guardaba bajo los pantalones. Sintió la tentación de hacerlo; extender sus manos hasta sujetar firmemente esas posaderas tan suculentas, y entonces, restregar su erección contra la retaguardia de la señorita Bustier. Sabía que no debía, que no estaba bien hacer eso… pero su lado más primitivo ansiaba satisfacer el deseo.

    Finalmente, ganó su lado racional. – Voy rápido al baño señorita Bustier y ya de ahí me subo al salón. Muchas gracias, nos vemos – dijo de golpe, sonrojadas sus mejillas como tomate y abandonando la enfermería cual vendaval. Salió corriendo directo al baño, ignorando a todos sus compañeros que se encontraban en el patio disfrutando el descanso. «Por favor que no haya nadie. Por favor que no haya nadie» decía para sus adentros mientras acortaba distancias con el vestidor común de la escuela que conducía a los baños.

    Abrió la puerta y, para su suerte, estaba solo. Sin demorar más tiempo, entró al baño de chicos y corroboró que no hubiera ningún privado ocupado. Afortunadamente no había nadie en el baño más que él, así que entró en uno y, de forma apresurada, se bajó los pantalones para sentarse en el escusado, exhibiendo una tremenda erección palpitante de casi veinte centímetros. Entonces, sin reparo alguno, comenzó a pajearse mientras por su mente desfilaban imágenes de su profesora, de cómo sus pantalones acentuaban la forma de su trasero, y del canalillo de sus tetas a través de su escote.

    – Ahh… señorita Bustier, mmm… qué cuerpo tan rico tiene usted, ahh… – repetía Adrien en su mente sin cesar, a la vez que satisfacía su libido a dos manos sobre su verga, subiendo y bajando a lo largo de su viril miembro, sudando de las sienes y exhalando de forma agitada ocasionalmente. Imaginaba a su profesora actuando de forma seductora, como si posara para una sesión de fotos subida de tono, presumiendo sus atributos y despojándose lentamente de su ropa, revelando sus encantos cubiertos tan solo por un juego de lencería. Entonces ella se acercaba al muchacho y lo tomaba sensualmente del rostro, mirándolo a los ojos con una chispa de lujuria en ellos, hasta posar sus labios en los suyos, entregándose los dos a un beso apasionado, estando ambos en poco más que ropa interior.

    El joven no podía más; su imaginación era demasiado poderosa. Su miembro apretado en sus manos, palpitaba anunciando su próxima corrida. Había subido un poco el volumen de sus jadeos, cerrando los ojos y sentándose de una forma más cómoda en el excusado, pero manteniéndose alerta de cualquier ruido que le indicara que alguien entraba al baño. Sentía que estaba por alcanzar el orgasmo; aumentó la velocidad con la que se masturbaba, subiendo y bajando inmisericorde ambas manos sobre su pene. Casi llegaba, casi lograba correrse pensando en la señorita Bustier; el estar tocándose con su profesora como protagonista de su fantasía le parecía tan obsceno…

    – Emm… ¿Adrien? ¿Todo en orden? Soy Marinette. Te vi que saliste corriendo de la enfermería y quiero saber que tú estás muy bien… ¡DIGO! Si estás bien – se oyó la voz de su compañera desde la puerta exterior del baño de chicos. Adrien se sobresaltó por el ruido tan repentino, pero ya estaba en el punto sin retorno de su sesión de autosatisfacción. – Ahh… si Marinette. Ahh… todo en orden. Gracias por preocuparte. Voy… ahh, en un minuto. ¡Ngh! – Jadeó apenas más alto, mientras elevaba un poco sus caderas y se corría, disparando varios chorros de semen directo a la puerta del privado. Una vez acabó, se desplomó sobre el excusado, jadeando lo más silenciosamente que podía.

    – Ya… ya todo está bien Marinette. Gracias por preocuparte… así por mí – No es nada Adrien, eres muy importante para mi… ¡ES DECIR! Eres parte del grupo y mi amigo, y me preocupa que todos ustedes… – aún escuchaba la voz de su amiga tras la puerta. Tomó un trozo de papel para limpiar el desastre que acababa de hacer con su corrida y poder subirse los pantalones. Al quitar el semen embarrado en la pared, recordó el momento justo en el que se corrió, y una parte de su memoria le aseguraba que, en el último instante, justo cuando alcanzó el orgasmo, pasó la imagen de Marinette contra la puerta del baño. Sentía que, a pesar de haberse masturbado con la fantasía de la señorita Bustier, en realidad, se había corrido pensando en su amiga; en Marinette.

    Sonrió contento mientras abrochaba su pantalón y salía del privado. – Gracias Marinette; eres la mejor. Descuida; ya solo me lavo las manos y nos vemos en el salón para la siguiente clase – abrió la llave para lavarse las manos y comenzó a caer el agua, resonando en todo el baño – Ok Adrien, entonces nos vemos arriba. Te dejo que te laves las manos, te peines, te arregles y quedes tan guapo como siempre… ¡ESTOOO! Si, que termines de hacer lo que estás haciendo y nos vemos al rato. ¡Adios! – se escuchó su caminar apresurado hacia el patio, seguido de la puerta de los vestidores al cerrarse tras ella. Adrien se secó las manos y, notablemente más tranquilo, salió del baño.

    Volvió a pensar en lo que acababa de pasar; el haberse corrido justo con la imagen de Marinette. Tenía sentimientos cruzados. Pero ya no pudo pensar más en ello, debido a que iba a empezar la siguiente clase.

    Ha pasado un largo tiempo desde el último episodio; sin embargo, ya tienen aquí la quinta parte de esta historia.

    Ahora que se viene fin de año, contaré con más tiempo para seguir actualizando esta serie de relatos.

    Los invito a que me compartan sus opiniones y que me sigan en Twitter donde los mantendré al pendiente de las novedades respecto a los relatos. Pueden encontrarlo en mi perfil, al cual le agregaré foto próximamente.

  • Al tiempo, tiempo le pido y el tiempo, tiempo me da

    Al tiempo, tiempo le pido y el tiempo, tiempo me da

    “Al tiempo tiempo le pido y el tiempo tiempo me da”, es cierto que el paso del tiempo amortigua el dolor y lo difumina,  durante meses estuve sin querer salir en busca de “aventuras” pero como se suele decir, “la cabra siempre tira para el monte”, la relación con mi mujer ya era de amigos con derecho a roce muy de vez en cuando, los dos trabajábamos a turnos y nunca coincidíamos, además, yo ya había probado las pollas y mi culo las necesitaba así que, cuando me encontré con ánimos de nuevo, comencé a frecuentar la cervecería de Ramón y Jorge y trabé con ellos una sincera y firme amistad, en su establecimiento conocí a gente muy interesante.

    – Yo vivía en un pueblo pequeño, desde siempre me he sentido atraído por los hombres – Ramón me estaba contando su historia – tú sabes lo que ocurre en esos lugares, importa demasiado el que dirán.

    – Desde luego.

    – Llegué a ser director de la sucursal del banco allí y me casé con una mujer que era mi amiga desde siempre, trabajaba conmigo en el banco.

    – ¿Conocía tus gustos?

    – Supongo que lo sospechaba, tuvimos un hijo y durante una época fuimos felices o al menos eso creo.

    – A mi me pasó algo parecido.

    – Después nos ofrecieron puestos aquí en la capital, a mí de director en una sucursal y a ella de interventora en otra.

    – Vaya, una mejora importante.

    – Sí, pero esto ya no era el pueblo, aquí me sentía mas libre, comencé a frecuentar bares de ambiente y un día conocí a un chulazo del que me enamoré.

    – El amor…

    – Como no quería llevar una doble vida, me senté con mi mujer y mi hijo y les expliqué lo que ocurría, mi mujer lo esperaba y mi hijo tenía ya dieciocho años, le costó pero terminó aceptándolo.

    – ¿Y el chulazo?

    – Acabó como tenía que acabar, a fin de cuentas no era más que un chulo, después conocí a Jorge y me encantó, si es guapo por fuera mas lo es por dentro, nos casamos a los seis meses.

    – Eso es verdad, es un encanto.

    – Trabajaba de camarero, yo ya estaba prejubilado, le ofrecí la posibilidad de montar esto, yo como socio capitalista y él como gerente y aquí estamos.

    – ¿Por cierto, con quien habla Jorge?

    Estábamos sentados en la terraza de su local tomándonos una cerveza, en una mesa próxima se encontraba una morena espectacular, muy voluptuosa, y muy bella hablando con Jorge.

    – ¡Oh! Esa es María, una chica transexual muy amiga nuestra.

    – Está buenísima.

    – Pues no veas como folla.

    – ¿Cómo?

    – Mira querido, yo tengo treinta años más que Jorge y el amor es muy bonito pero con todos sus avíos, como el puchero, de vez en cuando incorporamos a alguien a nuestra cama y María es una habitual, además, Jorge es activo cerrado y yo soy versátil, mas tirando a pasivo, prefiero recibir pero de vez en cuando también me gusta dar.

    – A mí me pasa lo mismo. ¿A quien llaman, a ti o a mí?

    – Creo que es a ti querido.

    Me levanté y me acerqué a ellos, la morena me pareció aún mas espectacular, pelo largo, muy guapa, perfectamente maquillada, llevaba una camisa blanca con un generoso escote que dejaba ver un canalillo precioso, manos muy cuidadas, con uñas pintadas de rojo, vestía una falda de piel negra, muy corta, que dejaba ver unos muslos muy apetecibles y botas negras por encima de la rodilla con medias negras.

    – Hola Jorge.

    – Hola Einar, mira, te presento a María, una buena amiga nuestra.

    Me acerqué a ella y le di dos besos, olía maravillosamente bien.

    – Encantado de conocerte María.

    – Siéntate aquí, María me estaba preguntando por ti.

    – ¡No seas malo Jorge!

    – Os traigo unas cervezas, invita la casa.

    Estuvimos hablando de lo divino y lo humano, tenía una voz suave y una risa encantadora, María tenía una peluquería y le iba muy bien, tenía dos empleadas, era una persona muy culta e interesante, poco a poco fuimos desviando la conversación hasta que me entró por derecho.

    – Jorge me ha hablado de ti.

    – Vaya, ¿qué te ha contado?

    – Me ha contado como os conocisteis.

    – Vale, ¿con pelos y señales?

    – Si claro.

    – Y…

    – Quiero follar contigo Einar.

    – Tengo un sitio, ¿vamos?

    Yo me independicé muy joven, en cuanto entré a trabajar en la fábrica recién acabados mis estudios, mis padres me compraron un piso pequeño, de dos dormitorios, en un popular barrio de la capital, cuando me casé nos trasladamos a vivir a la periferia en un piso de cuatro dormitorios en una de esas comunidades con piscina y pistas de tenis y alquilé el piso a estudiantes, al empezar a follar con hombres decidí no volver a alquilarlo y usarlo como mi picadero, allí trasladé todos mis juguetes y mis prendas femeninas.

    María era alta, las botas negras tenían un buen tacón y ella estaba así a mi altura y yo mido uno ochenta y seis, tenía un cuerpo maravilloso, se colocó una cazadora de piel negra a juego con la falda, cogió su bolso se enganchó de mi brazo y nos fuimos caminando como dos enamorados.

    En cuanto entramos en el ascensor nos metimos mano, nos abrazamos apretando nuestros cuerpos, nuestras bocas se encontraron y nuestras lenguas se cruzaron, notaba sus tetas pegadas a mi pecho, me agarró del pelo y me obligó a levantar la cabeza, paseó la punta de su lengua por mi cuello, me mordió el lóbulo de la oreja y me susurró al oído.

    – Te voy a hacer mío, ese fetiche que tenéis los hombres de que os folle una mujer con pene lo vas a ver cumplido.

    Entramos en el piso y encendí el split en modo calor, me quité la cazadora que llevaba, María abrió mi camisa y me mordió los pezones jugueteando con ellos con su lengua mientras desabrochaba el cinturón de mi pantalón, quitó también el botón y la cremallera y quedé delante de ella con la camisa abierta y en slip, me empujó y me sentó en el sofá, se quitó la chaqueta de cuero y la camisa, luego dejó caer su falda, y quedó ante mí con un sujetador negro de encaje, una especie de braga-faja negra, también de encaje, un liguero sujetando sus medias y botas altas tipo pirata hasta medio muslo, su pelo moreno, sus ojos oscuros, su tono bronceado de piel…

    – Eres la cosa mas hermosa que he visto. – mi polla, a esas alturas estaba dura como una piedra y queriendo salirse del slip.

    Me sonrió con cara picarona y se llevó las manos a la espalda, desabrochó el sujetador y sus tetas quedaron al aire, unas tetas bien proporcionadas, con pezones oscuros, luego comenzó a quitarse la braga y su polla saltó adelante.

    – ¡Madre de dios! – sin ninguna duda era más grande que la mía.

    – Quiero que me la comas amor.

    Se acercó a mí, agarré aquella hermosura y le dí unos cuantos de besos en el glande y pequeñas lamidas en el frenillo y los bordes, recorrí de arriba abajo con mi lengua todo el tronco llegando hasta sus huevos que lamí y chupe metiéndomelos por turno en la boca.

    – Ay amor, que lengua.

    Repetí el recorrido varias veces agarrando y masajeando sus pelotas con la mano izquierda, alcé la vista mirándola a la cara lascivo mientras me metía su polla en la boca y comenzaba a chupársela, con mi mano la sujetaba por la base y la pajeaba, la sacaba y la volvía a meter en mi boca alternando distintos ritmos e intensidades.

    – Ay, ay mi amor, ay como la chupas, ay que rico.

    – Slurp slurp…

    Noté como esa preciosa polla se hinchaba en mi boca y temblaba, parecía que iba a estallar, en ese momento le hice una garganta profunda que me provocó arcadas y comencé a succionarla.

    – Ay mi amor, ay, que me corro.

    Saqué la polla de mi boca dejándola al borde del orgasmo, estaba llena de una baba espesa que yo extendía por el tronco con mi mano, volví a tragármela y poniendo mis labios como un ano comencé a succionarla y a metérmela y sacármela cada vez con más rapidez.

    – Me corro papi, me corro, me corro…

    Cuando noté los espasmos me retiré dejando solo la punta dentro, recibí la primera descarga de leche caliente en mi boca, la tragué con glotonería, la saqué y mientras la pajeaba su leche me salpicó y a ella le temblaron las piernas.

    – Ay que rico papito.

    Tenía su leche por la cara y el pecho, ella se agachó y comenzó a limpiármela con su lengua para luego besarme con pasión metiéndome la lengua hasta la garganta, luego se arrodilló entre mis piernas, agarró mi slip y tirando me lo sacó liberando mi polla, que ya me dolía, me cogió por las corvas de mis rodillas y me obligó a colocar mi culo en el borde del sofá.

    – Que preciosidad de ojete tienes papi.

    Me indicó que con mis manos sujetara mis piernas en alto, María agarró mi polla dura como una piedra, se metió primero un huevo y luego el otro en la boca chupándolos, luego bajó por el perinéo hasta el ojete metiendo su lengua y chupando el esfínter mientras su mano subía y bajaba por mi polla, su lengua me follaba el ojete con una maestría que me hacía lanzar lamentos de placer, subía con ella por mis cojones y mi polla metiéndosela hasta la garganta.

    – Uf María, que boca tienes.

    Volvió a bajar hasta el esfínter donde su lengua hacía estragos dándome un placer que me estremecía.

    – Ay María, ay, ay que bien, ay, te amo, te amo.

    Se retiró un poco, su polla nuevamente estaba dura como una piedra, se colocó un condón y puso su glande a la entrada de mi ojete.

    – Vas a ser mi putita hoy papi

    – Sí, follame, por favor, follame.

    Comenzó a empujar despacio, cuando el cabezón de su polla rompió la resistencia de mi ano sentí un ramalazo de dolor.

    – Ay, ay mi culo.

    – Tranquilo mi niño, ya pasa.

    Espero un poco mientras mi culo se adaptaba a su polla, luego empezó a empujar poco a poco metiéndomela hasta los cojones.

    – Ay, María, María, ay.

    Mi culo estaba abierto por su lengua y lleno de su saliva, su polla entraba y salía a un ritmo cada vez mayor, sus tetas se movían y estaban relucientes por el sudor.

    – Plaf plaf plaf

    – Ay, ay, ay mami

    – ¿Te gusta verdad zorra?

    – Sí mami, me gusta, me gustan las pollas, dame, dame fuerte.

    A cada golpe de su pubis su polla entraba hasta los cojones, tenía sus manos apoyadas en la parte interna de mis muslos obligándome a mantenerme abierto.

    – Ay mami, que rico, que rico.

    Con una mano agarró mis huevos tirando de ellos mientras continuaba metiendo y sacando su polla de mi culo.

    – Eres tan zorra como me dijo Jorge,

    – Soy lo que tú quieras mami, lo que tu digas, follame, dame fuerte, rómpeme el culo.

    – Golfa, golfa, ahora verás.

    Me la sacó, me hizo ponerme de rodillas en el suelo con el torso en el asiento del sofá, me abrió y me la metió sentándose prácticamente sobre mis nalgas haciendo que su polla llegara a lo más hondo.

    – Ay, ay mi culo, mi culoo.

    – Zorra, puta, eres una puta.

    – Sí, sii.

    – Plafplafplaf – incrementó el ritmo – me corro zorra, me corrooo.

    Noté los espasmos de su polla en mi esfínter cuando me la clavó hasta el fondo y comenzó a correrse.

    – Van dos mami, van dos y yo todavía no me he corrido.

    Sacó su miembro de mi culo, me hizo sentarme de nuevo en el sofá, le quité el condón de su polla y se la limpié bien de semen, ella sacó otro preservativo, lo puso con cuidado en la punta de mi pene y luego, con los labios me lo fue colocando hasta dejarlo en su sitio, se dio la vuelta y poco a poco se sentó sobre mí polla metiéndosela en su hermoso culo hasta los cojones.

    – Ay María, ay.

    – Dame papi, follame tú.

    – Ay que culo, ay.

    Se echó hacia atrás sobre mi torso pasando un brazo por detrás de mi cabeza, eso me permitía agarrar una de sus tetas, los dos estábamos empapados en sudor, comenzó a cabalgarme metiéndosela y sacándosela.

    – Ay amor, me matas, me matas.

    – Follame cabrón, follame.

    – Me corro, me corroo.

    Ya no aguanté mas, mi polla explotó dentro de su culo largando toda la lefa que tenía acumulada, María esperó hasta que notó que me había vaciado entero, se levantó, me arrancó el preservativo y me limpió el pene de leche dejándomelo reluciente, se vistió delante de mí, yo permanecía en el sofá exhausto, mi polla escurriendo los últimos restos de semen, tomó mi teléfono y marcó su número, se me acercó y me dio un largo beso con lengua.

    – Adiós papi, llámame cuando quieras repetir.

  • Vuelta a las pistas de forma inesperada (II)

    Vuelta a las pistas de forma inesperada (II)

    Luego de ese primer en encuentro las cosas naturalmente cambiaron, pero para bien. Estabamos en una complicidad en que ambos ganábamos; el podia cumplir conmigo las fantasías sexuales que su novia no le permitió. Yo tenía a alguien después de mucho tiempo.

    Efectivamente, esa fue la dinámica, pero siempre con la misma regla, todas las sesiones yo me debía travestir por completo. No tenía problema con eso así que todo muy bien.

    Algunos días le pedía me dejara atado unas horas, cuando el salía. Practicó bastante conmigo entonces cada sesión sus ataduras eran mejores.

    También, cuando volvía y no había conseguido lo que quería con su novia, solo me contaba que quería y allí estaba yo como su sumisa disponible.

    Dentro de los buenos recuerdos que me quedaron de esos meses fue un día en particular en que me pidió que simplemente me pusiera la lencería y me maqullara. Así lo hice, me dijo que en esta ocasión quería grabar la sesión, para él, así que me había comprado un antifaz. Lo pensé mucho pero estaba tan caliente que cedí.

    Comenzamos entonces el video. Me acerque a la cámara, como en una pasarela, luego apoye mi estómago sobre un banquito. Ato mis muñecas a 2 de las patas y mis tobillos a las 2 restantes. Después me puso el ballgag y ya sabía lo que se iba a venir por lo que simplemente me deje llevar.

    Me equivoque en creer saber lo que venía. Cuando estaba así atado me dijo que luchara por desatarme, lo hice, primero como juego pero luego fui en serio, lo mire de reojo y se estaba tocando el pene así que mascullé algunas cosas solo para que el se caliente mas.

    Me dijo que luche mas, entonces entendí de que quería se tratara su grabación, era un secuestro y sumisión.

    Tomó unas tijeras y me corto el colaless, después comenzo a darme nalgadas, al principio fue despacio pero luego la verdad me dolió un poco. Después de eso tomo su cámara, me grabó el cuerpo completo de atrás para adelante, me sacó la mordaza y claro, se la empecé a mamar. Primero la punta, pase la lengua por ahí solo en ese lugar. Era mi «debut» así que le puse empeño. Después fui bajando hasta que me la comí completa. Me tomo la cabeza y así seguí, pasando la lengua, mamando, y terminé besando la punta.

    Me puso nuevamente el ballgag. Después sentí algo frío en el culo, me estaba echando algo de vaselina. Me besó las nalgas y luego comenzó a meterla de a poco. Mientras hacía eso recuerdo me dijo que estaba seguro iba a ser fácil porque mientras mejor la mame, más sencillo va a entrar. Así fue. De a poco pero firme, hasta que estuvo completa.

    Se quedó allí unos momentos y luego la sentí salir, pero todo bien lento, estuvo así por unos momentos hasta que aumentó la velocidad y bueno, empezó el taladro a toda potencia. Esta vez no acabó en mi culo sino que en mi coxis.

    Luego dejo de grabar y me dijo que como me había portado bien me iba a dar un premio, se puso un guante de látex, me metió unas bolas chinas y allí vino la sorpresa, comenzo a masturbarme, más bien a ordeñarme.

    Cuando máscullé que iba a acabar me sacó las bolas de un solo tirón, bien rapido, se sintió increible.

    Me dio las gracias por permitir ese registro. Me puso un vibrador anal y se fue a duchar.

    Mientras sentía la vibracion dentro de mí no podía esperar como sería la próxima sesión y si, efectivamente sería algo que tampoco olvidé.

  • Con un amigo en un local swinger

    Con un amigo en un local swinger

    Hace cosa de un año que me mudé de ciudad por trabajo. Aunque los comienzos siempre son difíciles cuando no se conoce a nadie, debo decir que tuve mucha suerte cuando conocí a Manu.

    Una noche en la que estaba más que aburrida, entre en un chat y allí estaba. La verdad es que tuvimos mucho feeling desde el comienzo. Después de un buen rato mensajeando, nos intercambiamos el número de teléfono y nos llamamos. Parecía como si nos conociéramos de toda la vida. Es un chico con el que puedes hablar de todo y con el que me rio muchísimo.

    Nuestra primera cita fue a la semana de conocernos, en una cafetería que hay cerca de casa. Lo que había por mensajes o llamadas, solo hizo que se fortaleciera mucho más cuando nos vimos. Es un chico que mide 1´85, ojos verdosos, espalda ancha, grandes brazos, un bonito culo, moreno y pelo no demasiado corto que le encanta llevarlo siempre engominado y hacia arriba. Tiene ese aire canalla que tanto nos gusta a las mujeres, pero cuando le conoces, te das cuenta de que no tiene nada que ver. La verdad es que de esos chicos que es difícil no mirar, salvo que no tengas ojos en la cara.

    Fue un café que terminó en otros cuantos. Intentábamos quedar siempre que podíamos. Le invite a cenar en alguna ocasión, en la que termino quedándose a dormir en casa y en la que compartimos cama. Nos convertimos en amigos que follaban cuando nos parecía, pero nunca nos consideramos follamigos. Sé que es lo mismo, pero nunca nos gustó esa palabra.

    La verdad es que cada uno llevaba su vida, sin meternos demasiado en nuestras cosas.

    Un día salgo del trabajo y al encender el móvil me entran avisos de llamada y mensajes de Manu. Seguido empieza a sonar el móvil y es el.

    -Hola Paola! ¿Haces algo esta noche?

    -Hola Manu! Estoy muy bien, gracias

    Manu se ríe e imagino su risa. Tiene unos labios carnosos que invitan a quedarte a vivir en ellos. Y no es broma, son un pecado.

    -Perdona Paola ¿Qué tal estas?

    -Muy bien. Creo que a ti mejor no te pregunto. ¿En que estabas pensando?

    -¿te apetece salir a cenar y tomar algo?

    -¡ohhh siii! Me encanta la idea. Necesito salir y desconectar, estoy muy agobiada del trabajo.

    -¡Genial! ¿Te parece bien si paso a buscarte a eso de las 22 h? – me dice

    -Perfecto. Aunque no me dejas mucho margen. ¿Necesito ir muy arreglada para esa cena?

    -No, pero ponte sexy. – le escucho sonreír.

    -Está bien, nos vemos en un rato. Un beso – y le cuelgo

    Subo caminando, tardo unos 15 minutos hasta casa. Hace una noche fantástica. Es lo que tienen los sitios de costa. Mientras camino voy pensando en la propuesta de Manu. Él y sus planes rápidos. A saber dónde me llevara.

    Al llegar a casa me meto en el baño y lleno mi mini bañera. Le pongo sales, aceites y un buen chorro de un gel especial para baño de canela, naranja y especias. Ufff yo creo que es afrodisiaco, porque me pongo cachonda solo de olerlo. Enciendo unas velas, pongo música cañera y me desnudo. Me recojo el pelo en un moño y cojo una coca cola de la nevera. Camino por la casa desnuda. De nuevo en el salón enciendo la lamparita y apago la luz del techo. Vuelvo al baño y me meto en la bañera. Dejo la bebida cerquita y me hundo en el agua.

    -Por dios como necesita esto ¡que gusto!

    Estoy como 30 min relajándome de un largo día. Huelo mi piel y me lamería a mí misma. Mi piel esta suave y huele de vicio. Tiro del tapón y mientras desagua la bañera, me lavo el pelo. Me pongo una toalla en la cabeza y me seco un poco el cuerpo. Hace calor y prefiero seguir desnuda.

    Me voy al cuarto y preparo la ropa que me voy a poner. Cojo un vestido de tirantes finos con un bonito escote y parte de la espalda al aire. Abro un cajón y saco un tanga de encaje negro. Es un triángulo grande delante y otro más pequeño detrás, con un par de hilos a los lados muy finos. Lleva un sujetador sin tirantes a juego también de encaje negro. El vestido es ajustado, pero no de forma exagerada. Es estampado de color blanco y negro. Lo dejo todo sobre la cama y elijo unas sandalias de cuña con tiras finas y correa al tobillo de color negro.

    Salgo del cuarto y caminando hacia el baño me quito la toalla de la cabeza. Deslizo los dedos por mi pelo como si fueran un peine, me lo seco, lo sujeto con una pinza y me maquillo. Me maquillo de forma suave, nada recargado. Me miro al espejo y pongo el rímel de pestañas. La verdad es que tengo un pedazo de pestañas. Sonrío y me pongo el labial rojo. Me encanta. No tengo una boca grande, pero mis labios son carnosos. Me gusta como ha quedado.

    Miro el reloj y veo que no tengo mucho tiempo. Voy al cuarto y me visto. Mientras me pongo las sandalias, Manu me llama y me dice que está abajo. Paso de nuevo por el baño, suelto mi pelo y lo cepillo. Es un pelo lacio que no necesita muchos cuidados y siempre luce bien. Me pongo mi perfume favorito y sin perder el tiempo bajo. Está en la misma puerta.

    -Qué suerte has tenido, no?

    -Guauuu estás muy guapa.

    – Gracias Manu.

    Subo al coche y le doy un pico.

    -Donde me vas a llevar? – le digo

    -Había pensado llevarte a un argentino en el cabo. Hace un par de semanas estuve en él y me acorde de ti. Sé que te va a gustar.

    Terminamos en ese pedazo de restaurante. El trato exquisito. Cenamos entraña a la parrilla y unos entrantes variados típicos de argentina. La cena transcurrió tranquila, charlando y poniéndonos al día de todo. Al terminar me dijo que me iba a llevar a un sitio a tomar una copa. Me dijo que era una sorpresa y que lo vería al llegar. Fuimos en coche hasta allí y aparcamos justo al lado. Caminamos hasta la puerta y cuando veo el nombre, le miro sorprendida.

    -Tengo que reconocer que mi inglés es nulo, lo mío era el francés y básico. ¿Qué es un local swinger? – le pregunto.

    Había un gran cartel en la puerta que ponía eso. Yo no había oído hablar de ningún sitio como este.

    -Paola, solo vamos a tomar una copa. Te lo prometo. Si pasa algo más, será porque tú lo decidas. ¿Vale?

    -¿Pasar qué?

    Me agarra de la mano y tira de mí.

    -No es nada malo. Te lo prometo.

    Le miro un tanto desconfiada, pero accedo a entrar. Unos metros antes de llegar a la puerta nos recibe un hombre corpulento. Esta justo en la parte de arriba de los escalones que dan acceso al local. No sé si la ropa es de una talla menos, se le ajusta demasiado o le sobran músculos. La cuestión es que impone. Nos dio las buenas noches y nos dejó entrar. Justo en la puerta, antes de entrar hay una chica cobrando las entradas.

    Entramos al local. Es una sala con luz media. Hay una barra al entrar, justo frente a la puerta. A un lado de la barra hay unos cuantos hombres bebiendo. Yo camino de la mano de Manu y me lleva al otro lado de la barra. Se acerca el camarero y nos pregunta lo que vamos a tomar. Manu sabe lo que suelo tomar y lo pide.

    Le miro extrañada, no entiendo nada. Es la primera vez que entro en un local de este tipo. Nos sirven las bebidas y Manu intenta hablar de cualquier tema para que me relaje. Al final me cuenta un poco.

    -¿Ves los hombres que están en aquella parte de la barra? – me dice

    Miro hacia ellos y el sigue contándome.

    -Al local puedes entrar, solo como ellos o acompañados como nosotros. Detrás de esa puerta, –me dice indicando una puerta que queda a mi derecha. Si cruzas esa puerta, todo cambia. Solo la cruzaremos si tú quieres.

    Justo en ese momento se acerca una chica y se pone a hablar con nosotros.

    -Hola! ¿Es la primera vez que venís al local? –Nos dice

    -Yo no, pero ella sí. – Le dice a la chica

    – ¿Te gustaría echar un vistazo? Si te parece bien, puedo enseñarte el local por dentro y así decidís si queréis estar dentro o aquí.

    Manu me mira fijamente mientras le dice a la chica

    -Solo entraremos si ella así lo decide.

    La chica me mira y comienza a hablar

    -Que entres no implica nada. Puedes entrar, mirar y si no te gusta lo que ves, pues sales.

    Miro a Manu sin saber muy bien que hacer. Aunque tengo claro, que si me ha llevado hasta allí, es porque quiere entrar al otro lado de la puerta.

    -Está bien, quiero ver el local. – le digo

    -Genial. Acompañarme. – nos dice

    La seguimos y cruzamos la puerta sin saber muy bien que iba a encontrar detrás. Mis sentidos se agudizan al escuchar jadeos y gemidos que vienen del interior. No puedo evitar mirar a Manu. El aprieta mi mano mientras seguimos caminando con la chica.

    -Hay sitios que no puedo mostrar por privacidad. Justo en esa parte hay reservados en los que las parejas entran solas o acompañadas por un chico, chica o pareja. Por esta otra parte hay apartados en los que las parejas están sin esconderse de nadie y se dejan llevar. Son espacios en los que pueden estar solos o invitar a otras personas que se unan. Justo en este punto nos tenemos que parar. No podemos cruzar hacia esa parte. Como veis, están los reservados que os digo y al fondo a la izquierda hay un gran jacuzzi que podéis usar a vuestro antojo. Justo por aquí están las taquillas en las que podéis dejar todas vuestras cosas. Decir que las personas que se encuentran en el local son muy respetuosas, que jamás van a decir o hacer nada que no se le diga o les inviten. Se pide lo mismo que vais a recibir. No nos gustan los problemas y hasta la fecha no ha habido ninguno. Si decidís entrar, os puedo dar unas toallas y zapatillas. No se puede estar con ropa dentro del local, solo las toallas.

    Después de tanta información, de ver todo lo que mis ojos habían visto y los sonidos que agudizaban mis instintos más primitivos y animales, sin mirar a Manu le digo a la chica que sí.

    -Sí, quiero entrar y quiero saber cuál es mi taquilla.

    La chica me indica la taquilla y vuelve con las toallas y zapatillas. Se marcha y nos deja solos.

    -Estas segura Paola? – me pregunta Manu

    -Sí, creo que sí. Ya me arrepentiré después

    Nos desnudamos, guardamos la ropa en la taquilla y nos colocamos la toalla. Manu me mira y señala el enorme Jacuzzi. Es un jacuzzi de obra, en alto y con asientos por todos los laterales.

    Justo en los escalones de entrada, debíamos quitarnos las toallas y dejarlas fuera. Dentro había dos hombres.

    Yo miro a Manu toda roja y sin querer quitarme la toalla con esos dos hombres dentro.

    -Vamos Paola, todos están desnudos. No pasa nada.

    Me armo de valor y me quito la toalla dejándola a un lado junto con las zapatillas. Entramos al jacuzzi y no quise mirar si esos hombres me estaban mirando. Pero qué tontería ¿a quién pretendo engañar? Seguro que si lo hacían.

    Nos ponemos justo dando la espalda a todos esos reservados. Manu está a mi derecha y los dos hombres están a mi izquierda en el otro lateral.

    Reconozco que estoy demasiado excitada. Esta situación me supera. Siento como Manu desliza la mano por mi muslo hasta mi coño y lo toca. Yo le miro y él sonríe.

    -Vamos siéntate sobre mí. – me dice

    Me muevo y me siento sobre Manu. Mis rodillas quedan sobre el asiento, mirándolo de frente y con las vistas de todos los reservados y parejas follando, tocándose, besándose, etc

    Mi cara debe de ser un show, porque Manu se ríe. Yo le beso y siento como sus manos recorren mi cuerpo. Agarran mi culo con fuerza apretándome contra él.

    -Ufff -siento lo empalmado que esta y gimo. Mi piel se eriza con fuerza y mis pezones se ponen como piedras de duros.

    Manu desliza la mano por mis caderas y sube por mi espalda. Me arqueo siguiendo el movimiento de sus manos y gimiendo sin poder evitarlo y sin importarme quien está cerca. Estoy muy cachonda. Demasiado. Me muevo sobre él, restregándome en su polla. Cuando aprieta mi culo para meterse un pezón en la boca, coge su polla y la mueve hasta la entrada. Mis manos están en sus hombros y mis dedos se clavan cada vez que me estremezco. Llego a sentir escalofríos. Cuando siento su polla en la entrada, me dejo caer y me la clavo hasta el fondo. Quedo empalada en su polla mientras empuja mis caderas hacia abajo. Le beso ahogando mis gemidos. Empuja y la siento hasta lo más hondo. Gimo con fuerza.

    -Ufff -resoplo

    Miro hacia delante y me vuelven loca las vistas que tengo. Todos pasan de todos y solo se centran y dar y recibir placer. Mi coño se contrae con fuerza en su polla. No es una polla enorme, pero es de buen tamaño. Comienzo a subir y bajar sobre Manu. Comienzo a follarmelo, pero siento tanto placer, que no puedo evitar moverme cada vez más rápido.

    Manu ve que muero de placer por todo lo que me rodea y comienza a moverse. Agarra mi culo y mueve su cadera embistiendo. La piel me duele de lo erizada que esta. Acompaña los movimientos de mi cadera para chocar en cada uno de nuestros movimientos y le siento llegar hasta el fondo. No puedo aguantar más. Mi cuerpo se tensa, gruño y estallo con fuerza. Estrangulo la polla con mi coño de lo fuerte que se contrae. Me besa para ahogar mis gritos y mi corrida descontrolada. Me agarra fuerte mientras se corre y estalla dentro de mí. Veo como echa su cabeza hacia atrás. Manu aun corriéndose, su polla sigue dura. Con lo cual consigue alargar e intensificar mis orgasmos. No dejo de moverme sobre él. No dejo de gemir en ningún momento y retorcerme de placer. Sigo por un rato más. Mi coño no quiere dejar de correrse. Después de un ratito, quedo sentada sobre él y abrazada. Sonrío y le beso. Me muevo para quitarme de encima suyo y cuando me ponga a su lado, veo que hay 5 hombres dentro del jacuzzi. 3 justo frente a nosotros. Estamos un momento dentro y salimos. Nos ponemos las toallas y las zapatillas y caminamos hacia afuera.

    -Menudo espectáculo Paola. Joder.

    Yo no soy consciente de hasta donde me he dejado llevar. Creo que se me ha ido un poquito de las manos.

    Justo cuando estamos a punto de salir, en el último reservado, un hombre se levanta y para a Manu.

    -Perdona que te moleste. Pero a mi mujer y a mí, nos encantaría que os unierais. Me encantaría poder estar con tu chica si te parece bien.

    Manu me mira buscando mi aprobación o largarnos. Recorro el cuerpo del hombre y aunque no es el prototipo de hombre que más me pone, accedo.

    -Está bien. –le digo

    Me coge de la mano y entramos en el reservado. El reservado esta como dividido en dos.

    Ella es una mujer morena, pelo largo, con curvas, buenas tetas y coño rasurado. Él es un hombre más bien delgado, alto, moreno y ojos claros. Su polla es de tamaño medio y gruesa.

    Manu entra al otro lado con su mujer y yo me quedo con él.

    Hace que me tumbe, abre la toalla y desliza su mano por mi coño.

    -ufff joder que mojada estas.

    Hunde sus dedos y me folla con ellos. Me come las tetas. Succiona los pezones y succiona. Va de uno a otro. Sigue follandome con los dedos hasta que ve como me tenso. Mi mano está en su polla pajeandole. Pero su polla está muy dura y no me deja hacer mucho.

    -Tranquila, está bien así. Hace un momento me has puesto demasiado.

    Sigue follandome con los dedos hasta que ve que mi cuerpo se tensa y los saca.

    -Quiero mirarte a los ojos mientras te corres joder. Que cabrón me has puesto. Se pone un preservativo.

    Agarra mis piernas y pone los pies en sus hombros. Acerca su polla a mi coño y se hunde despacio. Al otro lado su mujer grita de placer con Manu. El comienza a moverse y lo hace a buen ritmo desde el comienzo.

    Creo que ambos llevan un calentón importante.

    Yo gimo cada vez que se hunde y llega al fondo de mi coño. Sube el ritmo más y más. Mis talones presionan sus hombros. Me estremece de placer. Deja caer su peso sobre mí al tumbarse un poco más. Mi cuerpo se retuerce, gimo con fuerza. Sentir a Manu follar con la otra me excita muchísimo. Creo que me voy a correr, no aguanto más. Comienzo a gruñir

    -joder me voy a correr – le digo como puedo

    Sube el ritmo y va a saco. Mi coño se contrae en su polla sin parar. Me corro y el estalla al verme correr. Su cuerpo se tensa, gime con fuerza también. Sigo un poco más hasta que termina y la saca quedando tumbado a mi lado. Sonreímos mientras escuchamos a nuestras parejas follar como putos animales. Cuando terminan, nos despedimos y nos vamos a casa.

    Manu se queda en casa a dormir y disfrutamos del resto de la noche.

  • Mi primer gang-bang (1)

    Mi primer gang-bang (1)

    Hola nuevamente, les mando muchos saludos y besos cachondos a todos los lectores.

    Antes que nada les ofrezco disculpas por no poder subir los relatos como antes lo hacia; pero la vuelta a la normalidad después de la emergencia sanitaria, me tiene vuelta loca con las labores de casa y me queda poco tiempo para escribir. Pero aquí estamos, para seguir compartiendo mi historia con ustedes. Esperando que les siga gustando y la disfruten.

    Al estar escribiendo este relato, me di cuenta que iba a resultar demasiado largo, o lo acortaba, omitiendo muchos detalles o lo hacía en capítulos, para contar todo con lujo de detalles; opté por lo segundo.

    En el relato anterior, les comentaba, que al medio año de casada, engañe por primera vez a mi esposo, fue algo que no pude evitar y que mi cuerpo necesitaba, pero ya estaba hecho y no había vuelta para atrás.

    De ahí continúe con mi vida de casada, a la par de consentirme de vez en diario con alguna rica verga de alguno de mis compañeros o de algún amigo que conocía camino a casa o al trabajo.

    Hoy quiero contarles la primera vez que me dieron una muy rica cogida, entre varios de los compañeros de mi trabajo; digo la primera porque después vinieron varias más, pero esta es la que más me gusta recordar.

    Era Julio del 88; era aniversario de la empresa en la que trabajaba, como era de esperarse habría una celebración por tal evento. Mi amante principal, no iba a poder asistir ya que tenía un compromiso con su esposa, al principio me molesto un poco, ya que, la fiesta iba a estar muy buena y todos sabíamos que ahí nos desinhibíamos todos y hasta los más serios y serias se soltaban, como en la cotidianidad no lo haríamos nunca, bueno, algunas porque a mi, como me encanta la verga, era lo normal en mi, al no estar mi amante principal, podía coger con quien yo quisiera, sin nadie que me reclamará nada.

    El evento comenzaría a las 6 pm, por tal motivo y pensando en aprovecharlo al máximo, le dije a mi esposo, que seguramente terminaría tarde y no quería arriesgarme a tomar un taxi y me fuera a pasar algo, el me preguntó qué si pensaba tomar, le conteste que casi no lo hacía, así que no le veía el problema que por un día, me pusiera un poco pasada de copas, él me contestó que nada más tuviera mucho cuidado, ya que en esas fiestas, los compañeros se aprovechaban de la situación y más con las casadas y ricas como yo (si hubiera sabido mis planes, capaz que no me deja ir), yo le dije que no se preocupara, que me sabia cuidar sola y que en cuanto me sintiera mal, dejaría de tomar.

    La fiesta comenzó de lo más normal, una misa, una comida-cena y después a disfrutar; el dueño bailó varias piezas conmigo, luego me dijo que porque no íbamos a su oficina, tenía ganas de cogerme, que me veía muy rica; cabe señalar que, para la ocasión me vestí con un vestido de licra blanco, que se me pegaba muy cachondamente a mi cuerpo, que en aquellos tiempo no estaba gordita como hoy, hacía que mis nalgas se vieran más grandes de lo que realmente eran, un bikini igual blanco, el cual se notaba un poco por el mismo vestido y un brasier de media copa, que hacía que mis pequeñas tetas lucieran más grandes y antojables.

    Ya había cogido con él muchas ocasiones, tanto de soltera como de casada. Él era un hombre atractivo, con cierto parecido al actor Richard Gere, tendría alrededor de 55 años más o menos, cogía muy rico y la verga grande y jugosa que tenía, la sabía utilizar bastante bien y no lo decía nada más yo, todas las chicas con las que había cogido decían lo mismo.

    Pasamos a su oficina, para tal efecto tenía un sofá, que según era para recibir a la gente, que iba a tratar asuntos de negocios con él, pero todas sabíamos que realmente era para que pudiera cogernos más a gusto.

    En cuanto entramos y cerró la puerta, comenzó a besarme de una forma muy cachonda, recorría con sus manos todo mi cuerpo, en especial mis nalgas, me subió el vestido, metió sus manos al interior de mi bikini, me atraía hacia él para que sintiera la gran verga que tenía, ya la tenía bastante parada y dura, sus caricias eran desesperadas, como si en su vida no me hubiera metido su verga, me quito el vestido totalmente, me recostó en el sofá, se desabrocho su pantalón y se lo bajó con todo y calzón, dejando al descubierto su rica verga, estando acostada en el sofá, se acercó a mí y me puso su verga para que la mamara, cosa que él sabía que me encanta y a él le gustaba mucho como se la mamaba, la metí en mi boca muy despacio, la lamí de la base hasta la punta, la cual ya estaba goteando sus deliciosos jugos, recorría cada centímetro de esa deliciosa verga, desde los huevos hasta la punta; para después meterlo, o más bien tratar de meterlo en su totalidad hasta el fondo de mi garganta, cosa que por el tamaño del animal que me estaba comiendo, resultaba algo complicado.

    Después de un buen rato de estarle mamando la verga, me dijo que era hora de que la sintiera toda; me acomodo en el sofá, se hinco delante de mí, me subió el vestido hasta la cintura, me quito el bikini, me subió las piernas a sus brazos y comenzó a tallarme la panocha de arriba a abajo con la punta de su verga, como se imaginarán, sentía delicioso ese movimiento, de repente, sin avisarme, me la deja ir de un solo golpe hasta el fondo de mi panocha, di un fuerte grito, que creo que escucho todo mundo en la fiesta; ahí la dejo un momento en lo que me acostumbraba a su tamaño y grosor, después comenzó el mete y saca de una manera lenta y cadenciosa, para que poco a poco, acelerar el ritmo, hasta lograr un ritmo frenético, los dos jadeábamos de manera conjunta, él sabía cuánto me gustaba que se moviera de ese modo.

    Después de estar bombeando duramente durante unos 10 minutos, se quedó quieto y me subió todavía más mis piernas a sus hombros, se subió prácticamente en mi dejándome sentir toda su verga, él sabía que de esta manera, lograba hacer algo que a muchas mujeres nos encanta sentir: como la verga de quién te está cogiendo penetra literalmente tu útero; me sentía escurriendo de manera incontrolable, en esa posición, logró hacerme venir como 4 veces.

    Luego de 30 minutos de estarme cogiendo, paro, saco su verga de mi panocha y la puso a la altura de mi boca para que se la mamara, yo sabía lo que buscaba, lo hice durante algunos minutos, hasta que se le puso muy dura la verga y comenzó a descargar todos los mocos que tenía guardados. Tenían un sabor delicioso, el cual desde la primera vez que los probé me encantaron. Fue tal la cantidad de mocos que me echó que no lograba contener todos en mi boca.

    Cuando terminamos, pase al cuarto de baño que «casualmente» tenía regadera y toallas de sobra, a asearme un poco y quitar restos comprometedores de la gran cogida que me había dado mi jefe, me vestí rápidamente, cuando termine, el hizo lo mismo y le dije que ya me iba a seguir la fiesta.

    Serían las 9 de la noche ya, muchos de los compañeros se habían ido, quedaban algunos que sabían que lo mejor estaba por venir.

    Se me olvidaba comentar que en la misma oficina trabajaba mi hermana mayor y su «novio», lo pongo entre comillas, ya que él era casado, de hecho él era cuñado del jefe.

    Todo esto, lo sacó a colación, ya que también cogía regularmente con él, era un hombre bajo de estatura, flaco y muy sin chiste en general, pero que cargaba una vergota entre las piernas que no lo podías creer y lo mejor de todo que la sabía utilizar de maravilla. Lo encontré en la fiesta mientras mi hermana había ido al baño; comenzamos a bailar y desde ahí empezó con el manoseo, era una salsa y ya saben que ese tipo de baile se presta mucho para fomentar los manoseos entre las parejas. Cómo había quedado cachonda, cada que podía le repegaba mis nalgas en la verga, él por su parte, cada que podía me las agarraba y también los pechos, estábamos al pendiente de ver aparecer a mi hermana, la calentura ya era mucha y su verga cada vez se sentía más dura, en cuanto acabó la pieza, me jalo para el estacionamiento del edificio, él era chófer de reparto y tenía llaves de algunas de las camionetas de la empresa; sacó unas, abrió una camioneta y nos subimos a la parte trasera (como en varias ocasiones, que ya me había cogido), me recostó, me subió el vestido y me quitó el bikini, me dio unos cuantos lengüetazos en la panocha, se desabrochó el pantalón y lo bajó con todo y calzón, se recostó en mi y la metió hasta dentro de mi panocha de un solo movimiento, como estaba muy excitada, no costó nada de trabajo, además todavía estaba abierta de la cogida, que recién me había dado mi jefe; di un grito de placer, él para callarme me empezó a besar, comenzó sus movimientos de manera violenta y poderosa, también él sabía cómo me gustaba que me metieran la verga, fueron 15 minutos de placer sin igual, de repente siento cómo se inflamo más su verga y me descargó sus mocos totalmente dentro de mi panocha, cuando terminó, me pasó un poco de papel higiénico que traía en la camioneta, para limpiar los mocos que escurrían de mi panocha, nos acomodamos la ropa y bajamos de la camioneta.

    La fiesta seguía, mi hermana «encontró» a su novio después de un rato de estarlo buscando, tuvieron una discusión y se fueron de la fiesta.

    Yo sentía que sus mocos estaban escurriendo por mis piernas, así que fui al baño a checar que todo estuviera bien; ahí estaba cuando de repente entran unos compañeros de la oficina, al principio, no ubique quienes eran, pero ya después los reconocí: era un compañero con el que siempre había querido, por todas las «hazañas» que contaban mis demás compañeras de él y la esposa del jefe. Él nunca había querido cogerme, ya que decía que era muy puta y él no sería uno más, por más que me le había ofrecido no caía, se me fue haciendo un reto poder coger con él, sabía que un día se iba a dar, no sabía que ese sería el día en que probará su rico pitote.

    Ellos no se dieron cuenta de que yo estaba en uno de los cubículos del baño, con todo el sigilo del mundo me subí el bikini y acomode mi vestido, abrí un poco la puerta para ver lo que estaban haciendo: la esposa de mi jefe, estaba de rodillas mamándole la verga y por fin, pude ver el gran tamaño que tenía aquel compañero que me tenía obsesionada, no me habían mentido las compañeras que habían cogido con él; la tenía grande y gruesa como a mi me gustaban.

    Después de que la esposa terminó de mamarle la verga él la sentó en el lavamanos, le subió el vestido, como llevaba medias, prácticamente se las arranco junto con la pantaleta, entre los jirones de ropa, el encontró el camino hacia su panocha y se la comenzó a meter, ella lo empujaba del pecho, le decía que despacio, pero él estaba enardecido y poco le importo sus súplicas, cuando logro metérsela, ella dio un grito de placer, el comenzó a moverse a gran velocidad, ella le decía que no se fuera a tardar como siempre porque su esposo podría buscarla, el aceleró sus movimientos y le dijo que ya los iba a echar, ella le dijo que adentro no, le saco la verga e inmediatamente empezó a llenarle el estómago de mocos, llegándole unos disparos a la cara, salpicando su vestido, ella entro en pánico ya que era un vestido negro el que traía, lo limpio como pudo pero pude notar que quedaron unas manchas, le dijo que ahora que hacía, el con toda la calma del mundo, le dijo que se derramará un vaso con vino a propósito para evitar que se dieran cuenta; se acomodaron la ropa y salieron del baño, yo vi que tiraron algo a la basura, no le tome importancia en ese momento.

    Salí del cubículo y me dispuse a lavarme las manos, tome una toalla de papel para secarme las manos, cuando la iba a tirar al bote de basura, vi que estaban las medias y la pantaleta hechos pedazos, envueltos en papel higiénico, los recogí con una sola idea en la cabeza: utilizar esa prueba para poderme coger a mi compañero de trabajo.

    Bueno pues hasta aquí le cortó está primera parte, ya se me hizo muy extensa. Les agradezco la paciencia por esperar mis relatos. Les mando un saludo y procuraré en estás próximas vacaciones navideñas, ponerme a escribir un rato la segunda parte del relato.

  • El secreto de mi mujer

    El secreto de mi mujer

    Como ya lo he contado en mi relato anterior, soy corredor desde hace un tiempo de mi esposa, con quien hasta ahora había compartido mi gusto por verla coger con otros y por escuchar sus historias de las relaciones que tuvo previas a mi. Ella siempre ha sido atractiva, mide 1.55, tez blanca, de una carita muy linda, unas tetas muy antojabables y un trasero que ha hecho con mucho trabajo de gym.

    Ya previo a eso, ya le había preguntado en muchas ocasiones a mi esposa si alguna vez me había sido infiel, a lo que había respondido que no, sin embargo, siempre creí que me ocultaba algo y que aún no se atrevía a decírmelo. No fue hasta que empezamos a practicar el cuckold que fue que ella se liberó más, y fue entonces cuando ella, en uno de esos momentos cachondos me lo confesó.

    Me dijo

    – recuerdas la vez que al principio de ser novios, fui con unas amigas a Acapulco?

    (Cosa que yo no recordaba)

    -y me dijo, en esa ocasión te fui infiel, pero me daba pena contártelo

    En el momento que me lo dijo sentí cierto enojo, pero fue superado por la excitación por lo que le pedí que me contará, y ella me dijo…

    Pues era un viaje de amigas (5 para ser exactos) y todo normal, no queríamos nada con nadie solo divertirnos, (aunque iba cierta amiga que yo sabía que era la más fácil de ellas y se hablaba mucho de que era muy putita), dice que en la noche se fueron a un bar conocido, y precisamente iban con el plan de que se les pasarán las copas.

    A eso de las 3 am, se le acerca la amiga putita y le pide a mi novia que de favor se quede con ella, porque las otras 3 amigas ya se quieren ir a descansar, argumentándole que acaba de conocer a un tipo que le gustó y no se quiere ir, mi novia ya sabía que pasaría y por ello se queda de apoyo, además que la amiga le dice que el nuevo chico tiene un amigo, que mi novia dice que no se veía mal, era de 1.80 cuerpo atlético y guapo, por lo que ella acepta quedarse mientras las demás amigas de van a su hotel.

    Dice que ellas se pasaron a la mesa donde estaban ellos, mientras la amiga a los pocos minutos ya estaba besándose con el nuevo chico, mientras el amigo invitaba a bailar a mi novia, quien dice que con las copas y el baile del tipo que le repegaba su verga en su trasero cada que podía se fue calentando y también terminaron besándose, a lo que el tipo ya descaradamente la agarraba las nalgas y las tetas en plena pista, mientras ella dice que sentía un miembro muy grande en el pantalón del tipo.

    Ya siendo las 4 am, los tipos les proponen irse a seguir la fiesta en su hotel, pues ya cerrarían el bar, a lo que ambas aceptaron, sabiendo a lo que irían.

    En el camino dice la amiga se fue al frente con su conquista y ella se fue en el asiento de atrás con el otro tipo, cuando en eso el chavo con el que iba la amiga la toma de la cabeza acercándola a su verga y la amiga le empezó a hacer sexo oral, mientras el chico que iba con ella la empezó a besar más frenéticamente incluso sacándole las tetas en irlas chupando mientras con otra mano iba metiéndole los dedos en la vecina, cosa que la puso a mil.

    Ya para cuando llegaron a la habitación de ellos, se dieron cuenta que eran dos camas en un mismo cuarto, por lo que cada pareja se dispuso a tomar una cama para empezar la acción.

    Ella dice que enseguida el tipo que le tocó empezó a quitarle el vestido y a chuparla toda hasta hacerla tener un orgasmo, enseguida él se desvistió y fue cuando ella comprobó que el tipo estaba muy dotado, por lo que ella empezó a darle una buena mamada, mientras veía que su amiga ya estaba montando al otro tipo y que por los gritotes de ella parecía que también estaba dotado (cosa que después comprobó).

    Luego de eso, dice que el tipo la puso de perrito con vista a su amiga y empezó a embestirla, ella dice que no sabe si por el alcohol o el momento pero que estaba escurriendo de lo mojada que estaba y también empezó a gritar, pues no se aguantaba, cuando en eso a su amiga también la pusieron de perrito viendo hacia ella, por lo que cada una veía como se cogían a la otra.

    Luego dice que el tipo la puso de varias formas, como si quisiera sentirla de todos los modos hasta que a ella le tocó montarlo a él, mientras él la chupaba toda, dice que estaba tan excitada de ver como se cogían a su amiga que llegó a tener dos orgasmos durante las posiciones, hasta que en eso al voltear el otro tipo se estaba viviendo en las nalgas de la amiga pues la tenía empinada.

    Todo eso dice la prendió más, y aceleró sus movimientos haciéndolos más duros, cuando empezó a sentir que se inflaba la verga del tipo con el que estaba y entonces ella se salió, para que el terminará en su boca y ella tragarse su semen, dice que le salió mucho que casi la ahoga.

    Luego de eso dice que los 4 descansaron un rato y ellos se ofrecieron a llevarlas a su hotel, ellas se vistieron y las dejaron en el lobby de su hotel mientras casa pareja se despedía con un beso.

    Al otro día, dice que las amigas nunca supieron lo que pasó, pasaron otra tarde entre amigas y regresaron por la tarde a la ciudad de México mientras sólo ellas se veían con caras de travesuras por lo que había pasado.

    Ella durante el viaje me mando algunos mensajes, sin embargo nunca sospeche que el engaño haya sido durante ese viaje. Ojalá algún día se repita y yo pueda saber cada detalle mientras ocurre en tiempo real.

    Espero mi relato les guste y me puedan dejar un comentario, para animarme a subir más de ellos y las historias con mi mujer.

    Aún faltan muchas anécdotas más que hemos vivido. Saludos!

  • Su placer

    Su placer

    Delante de mí se quitó el calzón
    y pude ver la polla palpitante. 
    Ni lo medité, di un paso adelante, 
    apagué la luz de la habitación. 

    Le dije se acostara en el colchón
    y me desnudé en tan solo un instante. 
    Mis tetas froté en su falo pujante, 
    que meto ahora en mi boca con fruición. 

    Chupo, lamo y beso, quiero querer 
    que él suspire de gusto, conseguir 
    dominar en este hombre su placer, 

    la polla endurecer, la polla henchir, 
    y no parar hasta poder beber
    denso el semen que de él ha de salir.