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  • Deseos y reproches

    Deseos y reproches

    Contrariamente a lo que había imaginado Carlos, el ambiente era de lo más agradable: una música sosegada envolvía el local y una tenue iluminación ayudaba a generar un clima cautivador, a la par que placentero.

    Aunque había sido Ángela la inspiradora de la gesta, no por ello dejaba de estar inquieta. Por su parte, a Carlos se le dispararon las pulsaciones desde el momento en el que accedieron al interior de un local en el cual no sabía qué iba a encontrarse. Una seductora joven los condujo a una especie de reservado y de forma muy cordial les dejó la carta de cócteles, y a los pocos minutos, una camarera no menos atractiva tomó nota de las bebidas y volvió sobre sus pasos para dirigirse a la barra.

    —Pareces nervioso, —señaló Ángela.

    —¿Tú no lo estás?

    —Sí, un poco, —manifestó ella, sin embargo, más que nervios, era ansiedad, ya que después de haber intentado convencer a Carlos durante meses, y de haber obtenido evasiva tras evasiva, finalmente accedió a sus caprichos sin estar todavía convencido de ello. Y no es que Carlos fuese un mojigato, sino que no estaba preparado para compartir a su esposa con otro hombre. Allí sentado con el gin tonic en la mano seguía albergando dudas sobre si la decisión tomada era la correcta. En cualquier caso, era algo recíproco, pues si se daban las condiciones, ambos iban a deleitarse de los placeres que otra pareja le brindase.

    Ángela vestía una falda de cuero negro y, aunque no era demasiado corta, asomaban las ligas y parte de la cinta del liguero adornando sus largas piernas. Un suéter color burdeos de tela fina mostraba un generoso escote que no pasaba desapercibido al sector masculino. Unos zapatos de tacón de aguja del mismo color que el suéter, remataban el conjunto, estilizando una figura que ya de por sí era lo suficientemente esbelta. Estrecha cintura y generosas curvas conseguían enajenar la libido de cualquier hombre, pero era Carlos quien la deseaba con todas sus fuerzas, pues la amaba y la deseaba por igual.

    —Estás muy sexi, —admitió dándole un corto beso en los labios al tiempo que posaba su mano en la larga pierna de su esposa. Le hubiese hecho el amor allí mismo y su erección era testigo de ello. Se encandiló contemplando sus grandes ojos marrones perfectamente contorneados, saboreó el rojo pasión de su labial y acarició su larga melena color castaño.

    —¡Vámonos a casa! —sugirió deseando hacerle el amor a su esposa hasta desfallecer y de ese modo olvidarse de aquel dislate, en cambio, las pretensiones de Ángela seguían intactas.

    —Ahora ya estamos aquí. Ya hemos dado el paso más difícil, —insistió deseando que no se volviera atrás.

    Carlos iba a desaprobar de nuevo su demanda cuando una pareja se les acercó con la intención de presentarse. La mujer parecía rescatada de una película hollywoodiense. Era rubia, cabello lacio por debajo de los hombros y ojos color miel. Vestía una falda oscura y estrecha que dibujaba los contornos de su esbeltez, con una camisa blanca que mostraba también un sugerente escote acentuado por el bra de efecto push-up que no le pasó desapercibido a Carlos, quien, pese a sus prejuicios, también quedó prendado del atractivo de la mujer. Mostró una seductora sonrisa exhibiendo una dentadura de anuncio de dentífrico que lo cautivó de inmediato.

    La percha de él era más común. Vestía unos pantalones chinos verdes, una camisa blanca, y por encima, una cazadora vaquera que le daba un aire juvenil, aunque era evidente que era unos diez años mayor. La mujer rubia, en cambio rondaría poco más de treinta, igual que ellos.

    El desconocido se presentó y Ángela repasó con su mirada cada resquicio de la anatomía del candidato con el que supuestamente iba a retozar. Sin pretender que fuese algo evidente, intentó vislumbrar cualquier detalle que le sedujera. Era moreno, de ojos marrones, nariz pronunciada y rostro enjuto. Unas incipientes canas destacaban en las sienes, dándole un aire interesante a su madurez.

    —Hola, soy Jorge, ésta es Tamara, mi mujer. ¿Podemos sentarnos? —preguntó el desconocido de forma cortés. Carlos, en cambio, saludó tímidamente con una fingida sonrisa, y ante el caluroso gesto de Ángela, no tuvo más remedio que invitarles a sentarse.

    —Sí, —dijeron los dos al mismo tiempo, luego se miraron y sonrieron. La sonrisa de Ángela era de interés, pero la de Carlos era de vacilación, por ello, Ángela le cogió la mano animándole en un gesto de convicción.

    —Nosotros hemos venido ya un par de veces, —apuntó Jorge.

    —Entonces sabréis como va esto, —señaló Ángela.

    —Claro, —manifestó con contundencia. —Éste es el punto de encuentro, digamos, como una toma de contacto, y si todo está en orden y ambas partes estamos de acuerdo, podemos subir a la parte superior para tener más intimidad…

    —Aunque lo de la intimidad lo decide cada cual, —añadió Tamara.

    —¿Qué quieres decir? —preguntó Ángela.

    —Puedes estar en la habitación y dejar la puerta abierta con la clara intención de que te observen o también de que se incorporen otras personas…

    —Entiendo, —titubeó Carlos. Si ya albergaba dudas por tener que ver a su esposa mientras otro tío se la follaba, el hecho de tener que compartirla con más de uno, todavía se le hacía más difícil de digerir.

    La pareja de extraños miró expectante a los dos primerizos. Ángela observó a su marido con un gesto levantando las cejas a la espera de una respuesta afirmativa, y éste, sintiéndose un poco presionado por los tres, no tuvo más remedio que transigir a la petición de su esposa.

    Tamara detectó su reticencia y se sentó a su lado para intentar romper el hielo. A su vez, Carlos pensó que era una profesional, dada su determinación, pero agradeció no tener que ser él quien tuviese que empezar algo que todavía no sabía como gestionar.

    La mujer rubia se apoyó sobre él y éste pudo notar la presión de sus pechos contra su cuerpo, así como los labios paseándose por su cuello y deteniéndose en el lóbulo de la oreja. Todo ello, junto al perfume de la mujer rubia, ayudó a consolidar su erección, ahora más que manifiesta. Tamara subió su mano a través de la pierna de Carlos, posándose en su entrepierna, palpó su estado y se relamió los labios. Entretanto, Ángela estaba ya más que excitada contemplando como la mujer rubia morreaba a su marido y le palpaba la polla a través del pantalón.

    Jorge se sentó al lado de Ángela y le pasó su brazo por detrás de la cabeza. Ambos se miraron un instante y sus labios se juntaron en un apasionado y sonoro morreo en el que las lenguas se enroscaban una y otra vez en un intercambio de fluidos. Ángela notó una mano adentrándose en sus dominios y Jorge advirtió como la fina tela del tanga estaba empapada, al notar la presión en su sexo sintió un estremecimiento y automáticamente un dedo se deslizó hacia su interior, por lo que sus ojos se cerraron exhalando un leve gemido. A su vez, su mano buscó la entrepierna de su amante y presionó una dura verga que se adivinaba muy prometedora.

    A un metro y medio Carlos disfrutaba de las caricias de su nueva amante hasta que Jorge sugirió subir a una habitación. A Carlos le resultó extraño la naturalidad con la que el hombre contemplaba como su esposa masturbaba a otro tío sin remilgos. Carlos enfundó su polla y aceptó de buen grado la petición, mientras miraba a Ángela con cierto rubor, pero ella le hizo un gesto de aprobación mediante un guiño.

    Al entrar, esperó a que entrasen todos y cerró la puerta para evitar el acceso a otras personas que pudiesen estar interesadas en incorporarse. La luz de la habitación era mortecina, pero la estancia disponía de un regulador para intensificar o mitigar el alumbrado en función de las pretensiones de sus usuarios. Jorge reguló la iluminación para ver con un poco más de detalle el escultural cuerpo de Ángela.

    La habitación contaba con una enorme cama, un sillón y una mesita auxiliar sobre la que había una caja de preservativos a disposición de los clientes junto a un tubito de lubricante sin usar. De la pared colgaban varias láminas enmarcadas con temáticas de erotismo y Ángela reconoció el buen gusto de la decoración.

    Tamara se deshizo de su ropa excepto de las medias y el liguero, y ayudó a Carlos a desprenderse de la suya hasta que lo desnudó por completo entre besos y caricias. Parecía un adolescente dejándose hacer ante una mujer experimentada, y en cierto modo, así era. Tumbado en la cama notó como los labios de Tamara envolvían su miembro y desaparecía por completo en su boca. El placer que la mujer rubia le estaba dispensando era sublime, mientras engullía su polla una y otra vez hasta que tuvo que frenar el ímpetu con el que Tamara se la mamaba, de modo que procuró relajarse un poco con el firme propósito de compartir el placer con la mujer. Al incorporarse vio a su esposa devorando una tranca con avidez que le hizo sentir cierto complejo, y una punzada de celos invadió su ser. La lengua de su esposa se recreó en el glande del amante para posteriormente descender por el tallo de una verga venosa hasta unos huevazos como dos pelotas que no dudó en introducirse en la boca, primero una, después la otra, seguidamente con la lengua golpeteó cada una de ellas y retomó el camino por el tronco hacia la cabeza morada, para entonces sí, abrazar con sus labios el cipote y dedicarle la mejor de las mamadas. Estaba claro que Ángela estaba disfrutando de la felación tanto como su amante. Carlos intentó no mirar y centrarse en darle placer a Tamara y se afanó en hacerle un cunnilingus repasando cada pliegue de los labios de un coño completamente depilado. Se recreó un instante en el pequeño botón mientras con un dedo presionaba el punto G llevando a Tamara a un grado de excitación importante. A continuación se incorporó para coger un preservativo y penetrar a la mujer, cuando advirtió al hombre montando a Ángela sin ninguna protección. Con las piernas completamente abiertas recibía al garañón que la embestía con vehemencia. Con la apertura de piernas reclamaba más espacio, sin embargo su amante las enganchó a sus hombros pensando en cederle un poco de amplitud al cornudo de su marido. Así era como se sentía Carlos mientras observaba a aquel tipo follándose a su mujer. Hubiese querido que los sonoros gemidos fueran de insatisfacción, sin embargo, eran todo lo contrario, estaba gozando como nunca, y por sus suspiros, incluso podría asegurar que más que con él. Quiso reprocharle que lo estuviese haciendo sin condón, pero tampoco quería ser un aguafiestas, de tal modo que optó por imitarla y penetrar también a la rubia sin preservativo.

    Los gemidos iban incrementándose en cantidad e intensidad, envolviendo la habitación en una sonata de suspiros y sollozos. Carlos conocía a la perfección la sinfonía que indicaba cuando su mujer alcanzaba el orgasmo y estaba claro que estaba gozando de un prolongado clímax, al mismo tiempo que clavaba sus uñas en las nalgas de su follador. Era lo que tanto se había temido, que alguien consiguiese darle más placer que él, sea como fuere, intentó concentrarse en satisfacer a la bella mujer que tenía a su disposición, enroscándole las piernas en su cintura y acompasando sus embates con enérgicos movimientos de pelvis.

    —¡Fóllame ahora por detrás! —le ordenó Tamara deshaciéndose de la postura, colocándose a cuatro patas y mostrando una fascinante panorámica de sus encantos. Carlos no lo dudó, asió sus caderas y alojó la polla de un estacazo en la ansiosa raja de Tamara para seguidamente iniciar un bombeo automático que se incrementó por momentos.

    A pocos centímetros yacía Ángela de lado, con una pierna en alto mientras su follador percutía desde atrás con enérgicos embates. Sus miradas se cruzaron buscando la aprobación del otro, pero inmediatamente la vista de Ángela se perdió en el vacío sintiendo como su semental la horadaba hasta que se detuvo un instante para alargar la mano y hacerse con el tubito de lubricante.

    —¿Te apetece que te la meta por el culo? —le susurró al oído a Ángela, y ésta asintió con la cabeza respirando aceleradamente. Jorge untó su polla con abundante gel, pero antes fueron sus dedos de avanzadilla con objeto de dilatar el pequeño orificio, y en pocos minutos le tocó el turno a la tuneladora. Ángela lo cogió con la mano para frenarle si era necesario y Jorge presionó con cautela intentando que la penetración no fuese dolorosa. Los decibelios empezaron a acentuarse en la habitación, puesto que los gemidos troncaron en pequeños gritos conforme el falo iba adentrándose en sus entrañas. Mientras la enculaba buscó con los dedos el clítoris para proporcionarle más placer. A su lado, Carlos seguía embistiendo con fiereza a Tamara, y ante los embates, ésta empezó a culear con movimientos en espiral queriendo notar cada centímetro de la nueva polla. Con ello, y con el hecho de ver a su esposa gozando con aquel semental llegó al clímax con sentimientos contradictorios, por ende, Tamara se dejó llevar y liberó su orgasmo exhalando un sonoro gemido. Seguidamente Carlos se dejó caer exhausto encima de ella.

    Cuando recuperó el resuello vio que su esposa seguía gozando de la sodomía. Carlos contempló como el falo de aquel individuo se adentraba en el esfínter de su esposa con contundentes golpes de riñón que parecían querer reventarle el ano, en cambio, la cara y los gemidos de ella eran un manifiesto del placer que percibía. Tamara se incorporó y descendió sus fauces para proporcionarle más placer a Ángela con su lengua repasando toda la zona, desde la polla de su esposo —actuando en forma de pistón— transitando después por una raja que se abría y cerraba en cada embate, y tras unos breves minutos lengüeteando y succionando el clítoris, Ángela liberó todo lo que tenía. Un grito escapó de su boca y un chorro de líquido explosionó en la de Tamara, que no dudó en saborear. Ángela estaba a punto de rematar su orgasmo cuando su follador aceleró los embates y soltó lastre en su interior entre resoplidos hasta ultimar el clímax en un último empujón, como si quisiera dárselo todo.

    Ante semejante escenario de depravación, Carlos corroboró lo que tanto se temía, y era que aquella aventura deteriorara su relación con Ángela. Estaba sobradamente claro que ella había gozado hasta el límite, al fin y al cabo era lo que quería, y aunque quisiera rechazar esa realidad, él también lo había hecho, sin embargo, lo que le reconcomía por dentro era saber que alguien se había follado a su amada, y no sólo eso, sino que ella lo había disfrutado sobradamente. Sabía desde el principio que no estaba preparado para ello, por lo que quiso desaparecer de allí a la mayor celeridad. Se acercó a su esposa que yacía a medio metro intentado recuperar el resuello.

    —¿Nos vamos?

    —¿Ya? —se quejó ella, en voz baja en contra de su empeño.

    —¿No has hecho ya lo que querías? —preguntó un tanto airado.

    Ángela entendió sus palabras como un reproche, y sobre todo detectó su inquietud y su enfado.

    —¿A qué viene esa actitud? —le preguntó en voz baja incorporándose en la cama.

    —¡Vámonos, —replicó con el mismo volumen de voz.

    Jorge y Tamara se miraron intuyendo que la pareja tenía sus discrepancias al respecto, pero ninguno de los dos quiso intervenir en sus problemas.

    Ángela se vistió y Carlos hizo lo propio, a continuación cogió su bolso y se despidió de la pareja dándoles un beso a cada uno, seguidamente Carlos le dio también un beso a Tamara y la mano a Jorge en una situación, hasta cierto punto cómica, puesto que Jorge seguía desnudo. Mientras le daba un ligero apretón de manos de despedida, de forma inconsciente le miró de refilón la polla a media molla, de modo que tuvo más motivos para odiarlo, aun así se tragó su orgullo y se despidió de la forma más cordial que le fue posible.

    Intentó alcanzar a Ángela, pero ella enfiló las escaleras, después cruzó con premura la sala y salió del local.

    —¿Puedes esperarme? —le reprendió Carlos cogiéndola del hombro. Ella se dio la vuelta en un arrebato.

    —Hemos quedado como dos imbéciles maleducados que no saben lo que quieren, —se quejó ella.

    —Tú sí que sabías lo que querías, —replicó.

    —Los dos sabíamos a lo que íbamos ¿o no? —alegó ella.

    —Sabes que nunca quise hacer esto y que lo hice por ti.

    —¿Para qué lo hiciste entonces, para reprochármelo? Podrías al menos haber sido un poco más educado con Jorge y con Tamara.

    —¿Tan educado como tú? —le preguntó con segundas.

    —Me has hecho quedar como una idiota delante de ellos, —protestó.

    —Por lo menos has tenido el relleno de culo que tanto deseabas.

    —¡Vaya! ¿Así que se trata de eso? ¿de que me la ha metido en el culo? Tú nunca has querido, ¿de qué te quejas? —argumentó.

    —Claro, y como yo no quería buscabas tu oportunidad.

    —No tienes ningún derecho a decirme eso, —le recriminó.

    —Tengo todo el derecho del mundo a hacerlo. Eres mi mujer y no tenía ningún interés en compartirte con nadie, y mucho menos con un tío pegado a una polla.

    —Entonces es un problema de tamaño…

    —No, no lo es. Es un tema de principios, y en los míos no entraba este despropósito.

    —Deberías haberme hablado de principios cuando estabas embistiendo por detrás a Tamara.

    —¿Qué tenía que hacer, sentarme en el sillón y ver como te empalaba un semental mientras su mujer te come el coño?

    —Pensaba que eras más abierto de mente.

    —No soy tan abierto de mente como tú de piernas, —señaló para inmediatamente arrepentirse de sus palabras.

    Ángela lo miró con displicencia, levantó la mano y llamó a un taxi que en ese momento pasaba por la calle, abrió la puerta del vehículo, entró y el coche desapareció entre el tráfico.

  • La rebelión de mi madre (X)

    La rebelión de mi madre (X)

    Anteriormente: Luego de una sesión psicológica con Andrea, la amiga de mi madre, terminamos dejando pasar lo que ocurrió la semana anterior como algo que no volvería a pasar y que sería parte de un recuerdo que no afectaría nuestra relación.

    Pero ese mismo día termino poniéndole crema de sol a mi madre al costado de la pileta y masturbándola terminando comiendole la vulva con mi boca, logrando que tenga un orgasmo que la deja temblando boca abajo.

    No dice nada, solo respira con los ojos cerrados recuperando aire, y yo me alejo de la zona, de la casa y me voy a mi departamento sin despedirme.

    Poco duró la terapia porque habíamos tenido una recaída unas horas más tarde.

    Al siguiente día todo parece transcurrir normal hasta que suena el timbre de mi departamento.

    Es Andrea, me resulta extraño que venga un domingo, me dice que tiene que hablar conmigo.

    Cuando entra a mi departamento, cierra la puerta y se abalanza sobre mí besándome y agarrándome la pija.

    «ayer me calentó todo lo que contaron que hicieron con tu madre»

    Y mientras se desnuda y me empuja hacia mi cuarto se las ingenia para desabrocharme el pantalón y la camisa.

    Terminamos cogiendo como bestias mientras me pide que le diga mamita.

    Era tanta mi excitación acumulada que exploté dentro de ella y los chorros salieron por el costado de su vagina al sacar mi pene palpitante.

    Solo un rato descansamos porque Andrea se viste para volver a su casa, me pide que sigamos manteniendo el secreto.

    La semana siguiente, volvemos a encontrarnos los tres en casa de mi madre, esta vez mi madre está más cubierta, no tiene escote. El día es caluroso pero ella usa un pantalón ancho negro.

    Andrea le pregunta porqué está tan tapada, mi madre le cuenta lo que hicimos el sábado anterior después de la terapia.

    Andrea me mira cómplice, sabiendo lo que hicimos el domingo anterior y también preguntándose porqué no le conté esto.

    Mi madre se quiebra y llora, dice que se siente sucia, no por no frenar la situación, sino porque ella admite que ella lo provocó, ella ideó todo lo de quedarnos a comer, lo de la pileta, lo de la crema solar y pensó hasta en la bikini ideal para lograr su cometido.

    Andrea se muerde los labios, ella sabe que de toda esa situación ellá se queda con el sexo, mientras mi madre solo calienta la pija que ella se come.

    A Andrea parece gustarle la idea de estimularnos sin llegar a concretar, está usando las terapias para su beneficio sexual.

    Tal es así que le dice a mi madre que se cambie y se vaya a poner la bikini que usó.

    Mientras mi madre obedece entre sollozos cambiándose en su cuarto, Andrea me interpela por no haberle contado tan morbosa situación.

    Vuelve mi madre con la bikini del sábado anterior, Andrea la felicita por su figura y por cómo le queda.

    Me dice a mí que le diga que me parece el cuerpo de mi madre con esa diminuta prenda.

    Habló de sus bondades, de sus enormes tetas, de su generosa cadera, esa cola abundante, sus piernas torneadas.

    Andrea me interrumpe y nos pide salir a la pileta y que traigamos la crema solar.

    Nos dice que usar la pileta, tomar sol y poner crema no tiene ninguna connotación sexual, debemos hacerlo sin dobles intenciones.

    Así que mi madre se pone boca abajo y yo me pongo a untarle crema como el sábado anterior.

    Andrea que ya tiene todos los detalles le dice a mi madre que se desate la bikini de arriba, dejando la espalda desnuda.

    También cuando tengo las manos llenas de crema, pregunta si yo estaba vestido en tal ocasión.

    Al saber la respuesta, le dice a mi madre que me ayude a sacarme la ropa para que no la manche con la crema.

    Mi madre se reincorpora, cubriéndose con un brazo los pechos y con la otra mano desabrocha los botones de mi camisa.

    Una vez desabrochada su mano se desliza por el interior sacando manga por manga, dejando caer al piso la prenda.

    Luego mira a Andrea, porque venía la parte del pantalón. Su amiga no se inmuta, solo indica que prosiga.

    La mano de mi madre se esfuerza por liberar el cinturón, el botón y luego el cierre del pantalón.

    Su esfuerzo con una sola mano hace que su otro brazo se corra de lugar y liberé un pezón, un gran pezón maduro.

    Su mano se escabulle en mi pantalón forzandolo a caer al suelo, un boxer negro sale a la luz.

    «era turquesa» dice mi madre sobre el boxer mostrando su buena memoria.

    Andrea remarca acerca de lo que decidió memorizar.

    Volvemos a la posición inicial, mi madre boca abajo y yo encremándola.

    Luego cuando llego a la cola, lo hago con naturalidad, esta vez mi madre no toca las cintas de su parte inferior del bikini.

    Al terminar Andrea nos felicita por hacerlo de forma natural sin connotación sexual.

    Le recomienda a mi madre que hoy no nos quedemos solos, y que me vaya.

    Era obvio lo que ocurrió luego.

    Al volver a mi departamento por detrás aparece Andrea a sacarme la calentura que me había provocado la situación.

    Así ocurre durante un par de semanas más, Andrea genera situaciones para calentarnos y luego termina la sesión para cogerme a solas.

    Pasa el tiempo y las amigas de mi madre, Andrea y Maribel junto a ella inauguran al fín su café.

    Todo es fiesta, y luego de la apertura se van a festejar solas en la noche como tres adolescentes.

    El negocio comienza a funcionar bien, dejamos las sesiones, ya no ocurre nada con mi madre, Andrea sigue apareciendo en mi departamento de improviso para coger.

    En una de esas oportunidades que estamos cogiendo alguien toca el timbre de la puerta de mi departamento.

    Lo hace de forma insistente, tal vez alguna vecina indignada por los ruidos con la cama, por los gritos de Andrea.

    Suena mi teléfono también, es mi madre, atiendo el teléfono mientras Andrea se ríe mientras me cabalga.

    «estoy afuera, me abrió el portero, necesito pasar al baño hijo»

    Me visto como puedo y escondo a Andrea en el ropero.

    Mi madre pasa y va directo al baño casi sin saludarme. Yo tiemblo de nervios.

    Al salir del baño aliviada se sienta en el sofá y me pregunta cosas del trabajo, me cuenta como va el café etc.

    En eso se percata de la cartera de Andrea, que estaba en un rincón.

    Me dice que esa es la cartera de ella, me pregunta que hago con esa cartera, y se pone de pie, empieza a preguntarme acorralándome.

    Tengo que admitirle lo que hago con su amiga, ella se enoja y la putea al aire, mientras pregunta si está en el departamento.

    Le digo que es mejor que se retire, pero entra furiosa a mi cuarto, como si supiera abre la puerta del placard.

    Allí está Andrea desnuda.

    La agarra de los pelos y la tira al suelo, mientras Andrea pide perdón llorando.

    Logro separarla y mi madre se va furiosa, diciendole de todo a su ahora ex amiga.

    Andrea, se viste llorando y se retira sin decirme nada.

    Llamo a mi madre y no contesta.

    Veo sus redes sociales y publica fotos en ropa interior mostrando sus tetas y su culo, diciendo que esta noche se libera.

    Un montón de hombres le responden la foto y tambien jovenes, avisándole que le envían mensajes privados, le dicen mama, mamita, y hasta alguno le dice «que rica puta».

    Activo mi aplicación de citas y allí está ella, activando también la suya, inmediatamente al estar online me manda un video de sus tetas y me pregunta si me gustan.

    Me dice que hoy estará en cierto bar, si quiero conocerla.

    Evidentemente lo de Andrea la hizo enojar mucho, no está en sus cabales.

    Esa noche nuevamente voy al rescate de mi madre.

    Esta vez está sola, no está con ninguna de sus amigas.

    Está con una mini muy cortita, debe ser vestido nuevo, un escote pronunciadísimo, se cambió el color del pelo y el peinado.

    Se puso tacos altísimos a tono con el color de sus uñas rojas.

    Baila sola en forma sensual, se le acercan muchos hombres y parece querer provocarlos.

    Cuando veo que un jovén se le acerca y se le pega, manoseando su culo y besándole el cuello me acerco.

    Ella se deja manosear y cuando está por besarlo, los interrumpo.

    Me preguntá qué hago ahí y porque la estoy siguiendo.

    El joven quiere empujarme y me pregunta quién soy, al responderle que soy el hijo, se va solo.

    «yo también quiero divertirme, no solo vos podes, todos cogén menos yo que tengo que andar con culpa por lo que hago»

    Los de al lado comienzan a mirar extrañados por los gritos de mi madre.

    Incluso un patovica se acerca y mi madre dice que está todo bien que soy su hijo. Más extraño nos miran.

    Quiero hacer las paces, que se calme, que no haga cosas por despecho, así que le invito unos tragos.

    Nos perdonamos por lo vivido y por lo de Andrea y pasamos a la pista a bailar un poco.

    Allí bailamos juntos, pegados, hace calor, hay transpiración en la piel de ambos.

    En medio de la oscuridad el baile se torna mas sensual, mas lento, mas pegado.

    Su mini se sube un poco más, mis manos controlan su cadera. Sus manos se apoyan en mis brazos y en mi abdomen.

    Se pone de espaldas y se frota en mí, su cola se apega a mi bulto mientras la rodeo de la cintura con mis brazos.

    Al girarla y ponerla frente a mi lo hago con mis manos en la cadera baja, tocando sus nalgas de forma descarada.

    Me apoya las tetas mientras me besa el cuello ofreciéndome el suyo.

    Nos apoyamos contra la pared y mi mano se pierde por debajo de su falda, tiene pleno contacto con su culo, mi lengua pasa por su cuello y ella aprieta su panza contra mi pene.

    Nos besamos en la oscuridad, nuestras lenguas se funden en una sola, mientras me resfriega sus tetas sobre mi camisa.

    Una mano suya va a mi miembro por arriba del pantalón, juega aprovechando la escasa luz. Por mi parte corro su tanga y mis dedos hurgan en esos labios que ya conocía.

    Su manó se pone inquieta y se mete por dentro de mi pantalón.

    Vuelve a experimentar la mano de mi madre el tacto de mi miembro caliente y duro.

    Estamos ambos masturbándonos al mismo tiempo contra una pared en la oscuridad del boliche.

    Algunos pasan y se dan cuenta de la situación. Se ríen pero no nos importa, estamos poseídos por la calentura.

    Mis dedos tienen toda la humedad del interior de mi madre, la mano de mi madre se topa con el líquido preseminal de mi glande. Nuestras lenguas están llenas de la saliva del otro, nuestros labios se muerden entre sí.

    Esta noche será la liberación de mi madre

    ¿Qué les va pareciendo la historia? Comenten lo que les gustaría que pase.

  • Encuentro con una desconocida

    Encuentro con una desconocida

    Autobús dirección a la playa hora sobre las 12 del mediodía, el autobús como es festivo abarrotado de gente, muchos por sus ropas dirección a la playa, estoy en la barra que hay justo donde empiezan los asientos de dos plazas, mirando por la ventana y apoyado en la barra, te he visto ya hace unos minutos, y vas avanzando hacia mi inconsciente ya que es donde te lleva la gente, llegas pero topas con mis piernas, me disculpo y las retiro, otro empujón y estas rozando mi pene con tu culo, te incomoda, me miras pero ves mi cara de circunstancias, sabes que no puedo hacer nada estamos enlatados.

    —Discúlpame, pero no puedo moverme

    —Lo entiendo, no te preocupes, pero si no te importa puedes intentar hacer algo me estoy incomodando

    Me lo comentas con el cuello retorcido para intentar verme, y que te escuchara.

    —Ok, pondré la mano no pienses que te quiero tocar

    —Mientras no sea con la palma… casi mejor…. Creo que tú también estas incómodo

    Obvio, al ir con traje de baño y la situación es morbosa, la tengo morcillona y rozando la raya del culo… ubico mi mano y en un acelerón brusco, hago presión sobre tu culo… Suspiras pero no sé si por te gusta o porque te molesta.

    —Disculpa otra vez…

    —No tranquilo es imposible hoy…

    En estas se crea un poco de espacio y te pones de perfil, ahí contemplo tus senos que al agárrate en la barra de atrás hace que se pronuncien un poco más, tu mano derecha queda a la altura de mi pene que como es obvio sigue morcillona, con los acelerones y frenadas del autobús con tu dedo meñique noto que buscas mi pene, me miras de reojo, buscando algún gesto de desaprobación por mi parte, pero yo solo te miro y te sonrío, bendita sea la frenada que al estar poco sujeto, me abalanzo hacia ti topando con tu cuerpo, mi pene esta ahora totalmente tu mano es más aprovechas el momento para cogérmela, te miro y estas toda roja absolutamente roja…

    —Te gusta…?

    —¡¡¡Pero que dices!!!

    —Pues, que creo que te gusta…

    —Pero… qué…?

    Dices temblorosa, extiendo mi mano por la barra para alcanzar tu cintura, te quieres apartar pero tu cuerpo te lo impide, aceptas que te acaricie, lo aceptas; te giras mirándome fijamente a los ojos, te aguanto la mirada, mis piernas están entre las tuyas, te sujetas en mi hombro, y me miras.

    —Te excita la situación…?

    —Si… puede…

    Mi mano va bajando buscando tu entrepierna, no nos pueden ver quizás algún transeúnte o algún coche que pase por el lado, te toco.

    —Estás mojada…

    —Si… estoy excitada, me vence la situación

    —Quieres que siga un poco más…

    —Si…

    Me estoy sacando el pene para que sientas mi punta en tu coño, con el movimiento del bus no hace falta que me mueva, por si solo ya roza tu rajita.

    —La tienes dura.

    —Si… me está gustando y me está costando no metértela ahora y aquí

    Apoyas tu cabeza en mi hombro y me susurras:

    —Hazlo, quiero sentirla

    Aparto tu bikini, y notas mi punta que se quiere introducir entre tus piernas, te empujo más hacia mí y con un pequeño movimiento se introduce en tu coño… como puedo e intentando que no se note empiezo a penetrarte muy suave…

    —Mmm

    —Siii… estás caliente, húmeda.

    Descansas tu cabeza en mis hombros mientras me abrazas y por la espalda, gimes en silencio, noto tu respiración agitada…

    —Sigue…

    Me detengo un rato observo que no nos miren…

    —Sigue…

    Me empiezas a besar el cuello, me gusta y ahora soy yo que respiro un poco agitado, noto que te corres, está caliente muy caliente, sigo unos minutos y mi orgasmo hace acto de presencia te estremeces apretándome en tu interior, mirándome con cara de deseo y de no creerte de lo que acabas de hacer…

    Llega el final de recorrido, nos bajamos, intento ir contigo, pero me paras…

    —No, no me sigas ya tengo lo que quería de ti…

    —Ok, al menos dame tu nombre y número.

    —No… Esto queda aquí.

  • Cogiéndome a una madura de 55 años

    Cogiéndome a una madura de 55 años

    En la empresa donde trabajo hay una señora en el área de compras de unos 55 años,  1.55 de altura, güera, ojos verdes, cabello gris porque se lo pinta, siempre tiene las uñas bien cuidaditas, de pecho unos ricos limoncitos, trasero normal algo caídas por su edad, pero hasta eso aún se conservan, es flaquita y sobre todo muy amable.

    En el tiempo que llevo en la empresa desde que llegue nunca le tome importancia solo eran los saludos normales de buenos días y noches, y cuando requería de algo se lo pedía. Hasta hace unos 6 meses después de tantos relatos al escuchar de ella, todos mencionaban que nunca la han visto con un hombre, que nunca se casó, por ende, siempre ha vivido con sus padres los cuales estos últimos fallecieron el año pasado, quedando sola completamente en su casa.

    El día que comenzó mi interés sexual por ella fue en uno de esos días cuando a la hora de la comida yo me iba a dirigir a casa para ir a comer, cabe destacar que tengo a mi disposición una camioneta para hacer de mi trabajo que prácticamente lo llevo donde yo quiera todos los días con ella me muevo. ¿Al despedirme de ella me dice saldrás a comer, le contesto claro Liz por? Es que si es así podrías pasar a dejarme a mi casa ya también me voy a lo que no vi nada de malo, claro le respondí te espero afuera. Así fue llego a la camioneta se subió salimos del trabajo la plática fue que es lo que iba a comer, me dijo del platillo, pero durante esa explicación me percate que se podía ver parte de sus pechos llevaba una camisa blanca de botones con brasier blanco creo que no se percató nada de ello porque seguía con la plática, en fin, el trayecto fue de lo normal.

    Pasaron días, pero cada que la veía mi deseo sexual por ella crecía cabe destacar que me calientan mucho las mujeres maduras y más de esta mujer porque estaba seguro que era de las que tenía siglos sin estar con un hombre, todo esto lo sé por ella misma que me conto parte de su vida y también no es por quebrarse la cabeza su vida trata del trabajo, comer, casa, todos los días. Todos los días que me tocaba estar en oficina me la quedaba observando su forma de caminar, nalgas, siempre quería saber que tipo de ropa interior llevaba y sobre todo ver como se le marcaba en sus nalgas, a veces que se agachaba se le marcaba aún mas eran unas vistas increíbles, podría ver todo esto porque en la oficina compartimos espació por lo que todo el día estamos a la vista, cada que se agachaba me imaginaba tocándole ese rico culo, restregándole mi verga, susurrándole al oído lo rica que estaba y lo mucho que tenía ganas de hacerla mía. Cada que tenía oportunidad de esta situación siempre me sobaba mi verga por encima de mi pantalón disfrutaba ese rico momento siempre terminaba dura y con mi líquido seminal fuera, claro estaba que mi mente está a tope con esa mujer.

    No les voy a contar como fue que me gane su confianza para poder atreverme a invitarla a comer, un día que estuve fuera de la oficina le mande un WhatsApp agradeciéndoles todas las veces que me ha ayudado con algunos materiales que necesito para hacer mi trabajo, la intención estaba le escribí lo siguiente ¿Liz que prefieres un café, postre dulce, una comida, una cena? A lo que ella me contesto que con un postre estaba bien dulce sería mejor, a lo que yo inmediatamente le comenté que la comida o cena podría gustar más aparte de esa manera podría estar más satisfecha, me respondió eso sí, ¿un platillo que me guste? No lo sé, en si no me dijo nada más.

    Al día siguiente a primera hora la saludé le dije un piropo y me puse enfrente de ella bueno señorita me dirá cual es ese platillo que le gusta para ir a comer juntos. Ella al escuchar eso se sonrojo y como yo no le quite la mirada de los ojos se puso aún mes nerviosa, hizo la mirada por otro lado se sentó en su lugar y me dijo no sé tal vez te diga veremos en estos días a ver si me acuerdo de mi platillo.

    ¿Eso era suficiente para mi saber que esa comida se iba a dar, pasaron como 15 minutos recibí un mensaje de ella diciéndome porque quería ir a comer con ella? A lo que sin pensarlo le conteste porque te lo mereces por tantos años de trabajo y por la ayuda que me has proporcionado y de igual manera para conversar contigo estando a solas sin que nadie nos moleste.

    La respuesta de ella fue unos emojis de carita con corazones y carita sonrojada. A los 3 días estando yo fuera de la oficina me escribe preguntándome que donde la llevaría para saber que se pone y a que hora sería, claro está que se encontraba emocionada y lo bueno de todo ni se imaginaba lo que tenía planeado para ella, le dije que sería a un restaurante en Oro, y que lo que se pusiera se vería linda y sobre todo que se sintiera a gusto con su look. La cita fue el día sábado de esa semana saliendo del trabajo, durante la mañana todos le preguntaban Liz donde tan guapa, a donde iras, etc. Ella solo decía pues ya ven tengo algo importante que hacer al rato, y de reojo me miraba discretamente, llego la hora de la salida, cabe destacar que esta mujer siempre sale de trabajar los días sábados hasta las 4 o 5 pm, pero este día a las 2:15 ya estaba arriba de mi camioneta con el pretexto que le diera raite para su casa diciendo fuerte para que todos los presentes aún escucharan y no sospecharan nada, que de hecho nadie sospecha nada de nosotros.

    Al salir de la oficina pase al Oxxo por unas botellas de agua, condones claro porque sabía que era el día para cogerme a esta señora, le entregue su botella de agua ella diciendo que caballeroso y guapo es usted conmigo, yo solo la mire de pies a cabeza y le dije la guapa y hermosa es otra te vez increíble Liz me acerque a ella sin miedo y le regale un beso en la mejilla ella inmediatamente se ruborizo, me di cuenta de ello diciéndole ya tan rápido colorada y solo te bese, así colorada te vez más linda. Ella solo sonrió y empezamos a charlar durante el trayecto cuando llegamos al restaurante ya nos esperaba nuestra reservación casi como llegamos nos hicieron pasar una mesa para dos personas todo bonito, ella se sentó frente mío, pedimos nuestros platillos ella pidió una ensalada y pasta y un corte de carne, yo por mi parte también un corte de carne y unos camarones aguachiles, claro que había pedido un vino, convivimos ella feliz, sonriente, la vi más feliz que nunca, ese día llevaba puesto una faldita gris de tirantes con un chaleco, con zapatillas, cabello recogido, labios bien pintados, perfume uff, todo perfecto, yo solo la miraba de arriba y abajo ella se daba cuenta diciéndome no me veas así que me pones nerviosa, y aparte hay mucha gente aquí que irán a pensar que un niño como tú este con una señora como yo ya con canas, solo el dije pues amo a las señoras con canas y me mordí los labios ella aún más se puso roja, le dije sabes que se me ocurre, me dijo que cosa, déjame me acerco a ti y te lo digo, me acerque a ella me puse de su lado derecho puse mi mano izquierda sobre su pierna y me acerque a su oído diciéndole hoy tendrás la mejor noche de tu vida hermosa y le bese su lóbulo cuando hice eso escuche como respiro profundo y se mordió los labios cerrando los ojos por unos segundos, al ver eso volví acercarme a su oído ahora diciéndole lo rico que olía y lo rica y hermosa que se veía, mi mano izquierda paso de su rodilla a su pierna levemente masajes suaves en forma circular a la vez con las yemas de mis dedos y en otras ocasiones con la palma de mi mano todo esto por debajo de esa faldita ella solo hizo juntar sus piernas y decirme para por favor nos pueden estar viendo, está bien le dije solo por ahora preciosa.

    El trabajo previo ya estaba hecho ahora iba la segunda parte en el lugar había música para bailar ligero, romántico, pegadito era la situación perfecta para seguir con la calentura del momento, le tome de la mano diciéndole madame concédeme esta pieza me correspondió inmediatamente ya estando en el centro la tome de la cintura la acerque hacia mi y le dije “tranquila estas a salvo conmigo”, ella apenada me dijo es que bailar casi no se me da y que tal te piso, a lo que yo respondí inmediatamente no hay problema tratándose de ti puedes pisarme lo que quieras y le guiñe el ojo. Ya estando bailando ella junto a mi y yo cerca de ella oliendo ese olor rico, dulce, a mujer madura su perfume uff era lo más increíble de vez en cuando le daba besos en el cuello ella no decía nada al contrario hacía de lado la cabeza para que pudiera recibir el beso de la mejor manera posible, yo con solo tenerla cerca de mí, ese olor, y de solo imaginarme todo lo que tenía pensado hacerle en un rato más mi verga se me empezó a poner durísima, mi bóxer me lastimaba un poco estaba muy caliente de hecho mi verga rozaba con la pierna de ella, era de lo más rico cada que podía la tomaba más fuerte de la cintura y le acercaba con fuerza a mí, ya mi deseo estaba por los cielos, así que le dije con voz sensual, ya vez lo que ocasionas conmigo ya hiciste que se me parara el corazón de mis deseos por ti mujer, en eso la tome de la mejilla con una mano la otra de la cintura la mire a los ojos y la bese primero suave, esos labios sabor a fresa, ricos, labios gruesos, morder esos labios, uff que sensación y con mi verga parada de lo más rico, nuestras lenguas se tocaron así estuvimos unos 2 minutos hasta que termino la canción.

    Una vez terminada la canción le dije ven vamos a un lugar más discreto solos tú y yo, pagamos la cuenta y nos salimos, cuando la subí a la camioneta me puse detrás de ella la tomé de la cintura la arrime contra mi verga dura y le dije que rica estas, hoy tengo ganas de ti y le di una nalgada, a lo que ella soltó un gemido pequeño, nos dirigimos al motel más cercano, pasamos tan rápido ya estando en la cochera con la reja ya cerrada, la comencé a besar lento, tocando esos pechos ricos mientras con la otra mano manoseaban esas piernas hasta su entre pierna, frotando esa vagina sobre su cachetero rojo, la parte de enfrente que cubría la vagina la tome con la mano juntando de tal manera que se hiciera un hilo dental y frotarlo en medio de esos ricos labios que para ese entonces ya estaba mojada, ella se retorcía de placer, se mordía los labios, hacía para atrás la cabeza yo aprovechaba para besar ese rico cuello, bajar hasta esos senos ricos limoncitos, mientras besaba esos pechos sobre su brasier no dejaba de masturbarla con tu cachetero, en eso hago un lado el cachetero, meto dos dedos y empiezo meter y sacar lento, cada vez más empiezo aumentar la velocidad, veo como se comienza a retorcer y juntar las piernas y apoyarse del asiento porque estaba comenzando a tener un orgasmo intenso, no pasaron 2 minutos y la hice venir me baño mi baño, fue tan placentero y ver esa expresión de su cara de placer mordiéndose los labios y esos ojos en gris, uff ella apenada, disculpa te ensucie tu camioneta, yo solo la mire y seguí besándola acariciándola, luego le dije espera no te bajes, me baje de la camioneta me dirigí hacia donde estaba ella en el asiento de copiloto, al abrir la puerta la vuelta la tome de la mano le dije ven mi amor bájate y recárgate sobre el asiento que ese culito quiero comérmelo, a lo que ella se bajó, se puso de espaldas mostrándome todo ese rico culo, apoyándose en el asiento, yo me acerque le restregué mi verga dura la tome del cabello con mis dos manos le jale un poquito rudo y simule que me la estaba cogiendo, te guste le dije, ella solo decía mucho mi amor hazme tuya ya por favor quiero sentirte dentro de mí, ya no aguanto más quiero que me metas esa verga dura, si eso quieres puta, si eso quiero soy tu puta, tu zorra eres mi amo haré lo que me pidas, al escuchar eso me puso a mil, pare le subí el vestido le hice aún lado el cachetero y la nalguee como 6 veces cada vez más fuerte hasta que esas nalgas se tornaron rojas.

    Y me acerque a ella a besar ese culito, blanco, con lunares se las bese toditas, le pase mi lengua por toda la pierna mientras yo me masturbaba, al llegar a su culito le metí la lengua, la bese, la chupe, veía como ese culito se contraía claro estaba que lo estaba gozando, también lamí esa vagina la succione de lo más rico, fueron como 7 minutos intensos de mamarle el culo, hasta que ella una vez más me dijo ya cógeme por favor ya quiero sentirte dentro de mí, ya quiero ser tu puta, quiero que me partas el culo virgen que tengo solo para ti papacito, pero ya que ya no aguanto más, al escuchar decirme eso me baje el bóxer y primero le roce con ella ese culito, le di unos cuantos golpes, con mis dos manos abrí esas nalgas e introduje mi verga lento, al meter solo la cabeza soltó un gemido rico, y sin avisarle le metí toda la verga de un solo golpe, golpeando mis bolas contras sus nalgas, ella gemía duro, comencé lento sacar y meter, comencé a elevar la intensidad y la fuerza de mis penetraciones, y en cada embestida le daban unas ricas nalgadas, le dije así te quería tener putita, cogerte duro perra, te gusta, si me encanta dame duro papi, así, sigue así no pares, que me voy a venir, ahh sí, no pares dame más, así, así, en eso sentí como un enorme chorro invadió mi verga claro estaba que se había venido sus piernas temblaban, yo seguía penetrándola, casi se le doblaba los pies, a lo que yo la tome de la cintura con mis dos manos apoyándola para que siguiera de pie y poder seguir dándole duro, que rica sensación, sentía como esa vagina casi virgen succionaba mi verga, sentir esa sensación de calor, llego el momento de venirme llenando de leche toda esa rica vagina, ella gemía fuerte, diciendo que rica cogida que rica lechita, ya me llenaste de leche, ya me hacía falta que me llenaran de leche.

    Luego me dijo ven siéntate que me voy a montar sobre tu verga, ahora me toca a mí, me acomode le quite del resto de la ropa, se colocó encima de mi verga aún seguía firme no como hace rato pero mantenía de cierta manera su rigidez, ella solita la tomo y se lo introdujo a su vagina, comenzó a moverse de atrás y adelante, cada vez más fuerte, más intenso, y de forma circular, yo solo la tomaba de la cintura y la movía más fuerte hacia a mí cada vez que se me movía adelante y atrás, le besaba el cuello, le mordía la barbilla, le decía que rica estas mami, que putita eres, de hoy en adelante te voy a coger cuando yo quiera y como quiera, ella solo gemía y decía claro ahora eres mi amo y haré lo que me pidas porque soy tu putita fiel, que rica verga me estoy comiendo uff que rico, yo besaba esos pechos los mordía, los succionaba, el cuello una vez más mis manos tomaban esas nalgas las apretaban uff, ella seguía moviéndose como todo una perra hasta que dijo me voy a venir, ya viene, una vez más llego al orgasmo chorreándose todita, mojándome todo el asiento se retorcía de placer, estuvimos unos 5 minutos así abrazados mi verga dura dentro de ella, en eso le dije sabes que ahora quiero que me la mames perra, y quiero bañarte de mí leche esas ricas tetas bajamos de la camioneta, le dije ponte de rodillas putita abrió la boquita y se la metí de golpe sin avisarle ella solo quería quitarse pero la tome de la cabeza y no deja que se alejara y comencé a cogerle esa rica boquita, ella solo trataba de no ahogarse y veía como salían de su boca toda esa saliva de lo rico que la estaba chupando, la tome del cabello le hice un chongo, claro deje que respirará un minuto y seguí cogiéndome esa rica boquita de zorrita, sentía como esa garganta caliente, esa lengua, esas paredes de los labios ardientes, que rica sensación, llego el momento de venirme e inunde esa boca de semen no deje que desperdiciará ni una sola gota, cuando saque mi verga parte del semen que no se tragó baño esas tetas uff, golpe esas tetas con mi verga aún rígida, la mire a los ojos y le dije te gusto mami, ella solo asintió tenía los ojos rojos, así que nos cambiamos ya ni entramos al cuarto, salimos rumbo a casa, ya durante la semana ella me miraba con ojos picaros, cada que podía iba cerca de mí a decirme que tiene ganas de otra cita, pero que ahora ella sería quien lo planee…

    Ya les estaré contando en otro relato como fue la ate y le hice todo lo que yo quise…

  • Doble vida

    Doble vida

    Era la cofradía de la virgen de los consuelos, una de las más representativas de semana Santa. Mis ojos no pasaron por alto la señora del rosario en las manos, su físico me sonaba de algo y esa mirada ahora llorosa rezando plegarias la había visto en algún momento. Esforcé mi cerebro entre los tambores de la procesión, estuve mucho tiempo mirándola: llevaba peineta y vestido negro, alta y robusta, pelo largo. Llevaba un velo negro en la cara. La seguí hasta la iglesia donde se puso a rezar. Al levantarse se quitó el velo. ¡Era ella!

    La tenía visualizada de otra manera y no era precisamente de mogigata mística. Todo se remontaba al verano anterior. Junto con Ahmed, de 35 años el cual mi padre lo tiene contratado en la obra, es de Burkina Faso, un país africano, trabaja en la construcción, gran trabajador, su ilusión es llevar a su mujer y sus tres hijos a España. Un tío enrollado, aunque es diez años mayor que yo nos llevamos muy bien, somos amigotes; es negro como el carbón, alto, bastante fuerte. Habíamos salido de juerga esa noche, ya salía el sol, los primeros operarios de las hamacas empezaban a colocarlas sobre la arena.

    Volviendo a la iglesia vi como la señora salía por el portal con un señor barrigudo con bigote con un cirio con la mano y el capirote de cofrade en la otra. Por lo visto era uno de los cofrades mayores por la enhorabuena que le daban todos los feligreses congregados en la iglesia, incluso los que parecían sus hijos – chico y chica – de mi edad se les notaba orgullosos de ellos. Otra vez me la miré a ella, esos rasgos marcados, la frente baja y esos ojos avellanados. ¡No había duda!

    Retomando el hilo anterior el cual retrocedemos a cuatro meses antes como decía estábamos Amhed y yo sentados en un banco mirando salir el sol, fumábamos el último cigarrillo antes de acostarnos al lado del edificio donde yo me alojaba, un pequeño apartamento propiedad de mi padre. Vimos una figura solitaria que caminaba. Era una mujer pasada la cuarentena, su cuerpo estaba bien moldeado, de frente baja y ancha, rasos marcados y ojos avellanados (la misma de la procesión antes narrada, querido lector) hombros torneados, cuello grácil. Iba algo despeinada con media melena. En un primer momento parecía. Algo confusa. Vestía un vestido con estampados veraniegos. Se paró delante de nosotros y con una arrogancia y un porte casi intolerable de su parte dijo:

    – Dadme un pitillo, chavales.

    Ahmed le dio un cigarrillo y fuego, ella con balanceo de caderas caminó pocos metros de ellos mirando el horizonte del mar. Se le notaban los pezones, fue lo primero que me fijé.

    – Te has fijado que lleva el tetamen suelto – dije.

    – Que me aspen si esta maduraca no busca rollo – dijo Amhed.

    Ella consciente que la mirábamos y hablábamos de ella se sentó sobre la pequeña pared que limitaba el paseo con la arena, justo enfrente de nosotros. Abrió las piernas y ¡¡¡IBA DESBRAGADA!!!

    Ahmed se levantó como impulsado por un resorte, ella también y bajó a la arena.

    – Esta busca rabo, ya te lo decía yo…

    (Estaba más que claro y la idiosincrasia de Amhed junto con su instinto felino ya lo habían puesto en posición de ataque para abatir la pieza. Dotado de más de 20 cm de polla negra Ahmed era un follador nato y lo sabía; presumía de su virilidad y de haber engendrado 3 hijos. Yo lo había visto en acción, la primera vez sobre la playa calzándose una turista, era explosivo y veloz en su mete-saca. Cuando nos hicimos amigos me dijo que como yo estaba capacitado para llevar la empresa de mi padre por mis estudios él estaba dotado físicamente y según sus palabras » su polla era su bandera y sus huevos su estandarte». Quería con locura a su familia, aunque al estar lejos necesitaba saciar sus necesidades fisiológicas.)

    – Y tanto, no lleva nada debajo, ha salido a por todas, va a saco. Qué pedazo puta -remarqué yo.

    – Voy a verla, hoy me da que aún follaremos – dijo Amhed con aire resuelto – la jaca lo vale.

    No era una mujer que digamos guapa, pero tenía garbo, muy híbrida y me molaba.

    Amhed bajo a la arena a verla, su paso era largo, sigiloso; oí como le ofreció otro cigarrillo. Ella hablaba como si masticara las palabras, no podía verlos por el muro bajo que nos separaba y la arena más baja de nivel que donde yo me hallaba situado. No tardó en volver Amhed y fue contundente:

    -Podemos gozarla los dos, quiere rabo y tiene prisa y no quiere problemas, el apartamento donde duermes está allí mismo. Supongo que le digo que si

    -Por mi parte sin problemas. ¿Muy fácil, no?

    -La clásica que no se complica la vida, tiene oportunidad, sale a por todas. No lleva el anillo de casada, pero la marca si. Imagino que quiere darse un homenaje ¡Y lo tendrá! -dijo contundente Amhed.

    Ella vino con Amhed caminando poco después, los operarios de las tumbonas estaban mirando- nos, yo en señal de chulería y poderío los miré haciendo el gesto con la mano izquierda del círculo con el pulgar y el índice y con la otra mano el índice que entraba y salía, una alusión a la follada. Me gusta dejar claro cuando, he o voy a follar, es un claro significado de poderío o pasear la gloria delante de la peña. De camino al tercer piso Amhed a su lado iba sobándola. En las escaleras nos cruzamos con un conocido de mi padre, un señor de unos 60, volteó la cabeza para mirarnos y en estar en un plano más bajo vio el culazo de ella. En ese instante cruzamos miradas y me hizo la maniobra de la paja y levantó el pulgar. Nada más entrar en el apartamento Amhed le comió la boca y ella le cogió el paquete, yo me acerqué a ellos y la morreé, me dio su lengua. Estaba súper caliente. Tuvimos que refrenarla ya que iba lanzada. Le agarré el tetamen por su espalda, le bajé el vestido y salieron dos pechos generosos en forma de pera de pezones oscuros. Amhed miraba a poca distancia. Le lamí las orejas, le besé el cuello, ella susurraba y se relajaba, volvía a ronronear como una gata amansada. Amhed le subió la falda a modo de escaneo visual. Asintió con la cabeza en señal de que le gustaba lo que veía. La volteé y pude ver un culo rotundo de nalgas fuertes, totémico y bien formado; por la parte delantera un coño depilado, el cual Amhed lo sondeo metiendo un dedo; ella se retorció, metió otro dedo y ella ya parecía un corcel encabritado. Al sacar los dedos vi que estaban viscosos.

    -Sírvete tú mismo -dijo mirándome Amhed.

    Fui directo con tres dedos, entraron como un cuchillo en mantequilla derretida: chorreaba. Vi que Amhed se despelotaba y acto seguido dijo:

    -Vamos a ello -dirigiéndose hacia el sofá con un cipotazo empalmado.

    A los pocos minutos estábamos los tres en pelota picada en el sofá y ella iba alternando nuestras pollas chupándolas de forma enérgica. La respiración de Ahmed se volvió rápida yo también gozaba mucho, los movimientos bucales eran rápidos, mamaba a uno pajeaba al otro y viceversa; la polla de Amhed era difícil de abarcar, yo tenía una visión espectacular de como intentaba abarcar esa pollaza negra. Las comparaciones eran odiosas entre la mía y la suya. Se oía bel retumbar del sube y baja de la mamada, era una cum aspirada y sonora. Yo gozaba como un poseso y Amhed ya emitía sonidos guturales; estábamos bajo el control de ella. Estábamos esclavizados bajo su dominio.

    En un arrebato de virilidad Ahmed se levantó y se colocó tras ella abriéndole las nalgas y estalló con una fuerza volcánica empotrándola mientras seguía chupando mi polla. Ahora si era ella que estaba bajo el yugo de la polla de Amhed, los bombeos eran intensos, profundos y rotundos. Cada embestida la impulsaba a ella hacía adelante lo que hacía que tragara mi polla a fondo. Yo tenía la cara de Amhed justo en frente, su mirada era de loco. Yo flipaba, notaba como mi polla era engullida entera. Me sometía al fuego de su lengua para que ardiese hacía adentro con mi lefa cautiva en mis cojones, me sentía con ganas de correrme. Con una furia inusitada Amhed inició unos bombeos de gran intensidad, ella me seguía mamando de forma frenética, yo estaba bordeando la corrida. Resonaba en toda la estancia el pistoneo de Amhed y el sonido del chapoteo vaginal. Ameh apretó los dientes y emitió un rugido de león herido seguido de cuatro descomunales tacadas. Ella gimió en un ¡¡ Ohhh!! Al mismo tiempo que volvía a engullir mi polla y ahí sí EXPLOTE con una gran lechada dentro de su boca; Amhed aún dio una última convulsión.

    Y vino la calma después de la tempestad. Quedamos descansando en bolas todos. Pollas semierectas, ella yacía algo abierta de piernas, por el coño le goteaba semen y la comisura de sus labios restos de mi lefada; la pollaza negra de Amhed semiladeaba. Encendimos unos pitillos.

    – ¿Habías estado nunca con un negro? – preguntó Ahmed

    – Eres bastante curioso – contestó ella en tono insolente – al acto se levantó, por sus muslos bajaban churretones de legal.

    Oyeron la ducha del baño y como hacía gárgaras.

    – Follas como una máquina la has petado bien -dije.

    – Me gusta darlo todo – contestó dándose unos meneos a su polla- ¿Tu primera maduraca?

    – Si.

    – Entonces has debutado dando la talla. Esa tía pasa de largo los 40. Pero lo vale.

    Epílogo:

    La cofradía de la virgen de los consuelos fue la mejor, esa mujer tan devota que ahora lloraba por la virgen también lo había sido de dos pollas unos meses atrás.

  • Encuentro sexual en la oficina

    Encuentro sexual en la oficina

    Ainhoa tiene casi treinta años. Metro setenta, cabello negro, largo y liso, rostro agradable. Ni gorda, ni delgada, pechos firmes de tamaño mediano y trasero femenino y contundente que se exhibía de manera sutil y provocadora a un tiempo enfundado en pantalones vaqueros de color negro.

    Aquella tarde de invierno, pasadas las siete y media, la oscuridad exterior contrastaba con la luz artificial que iluminaba la oficina. Quedábamos tres personas trabajando y una de ellas, mi jefe, estaba a punto de irse a casa. Desde mi sitio, observé como Aihnoa se dirigía a un cuarto donde se guardaban documentos y la seguí. Cuando entré en el cuarto, se oyó el ruido de la puerta de la calle al cerrarse. Estábamos solos.

    Me acerqué hasta que pude oler su perfume. Sus labios pintados de rojo estaban hechos, o así lo pensé en aquel momento, para ser besados.

    – ¿Buscas algo? – me dijo levantando la mirada.

    – Te busco a ti. – respondí sin pensar.

    Por un momento permanecimos en silencio. Mi corazón latiendo deprisa y sus mejillas y las mías ruborizándose a un tiempo.

    – Hacer calor aquí. ¿No te parece?

    – Sí. – respondí.

    – ¿Por qué no te quitas la camisa?

    Obedecí descubriendo mi torso desnudo.

    Mi compañera pasó su mano por mi pecho acariciándolo.

    – Date la vuelta.

    Obedecí. Pude notar su mirada observando con deseo mi espalda.

    – Eres un chico travieso, ¿lo sabías? – dijo dándome un azote.

    – Me has tocado el culo. – dije volviéndome.

    – ¿Y qué? – respondió provocadora.

    Sin esperar más la sujeté por la cintura acercando su cara a la mía y la besé con ansia. Ella respondió al ósculo abriendo su boca, invitándome a explorarla con la lengua. Chupé su lengua y disfruté del sabor entre dulce y amargo de su saliva. Sentí la piel de su rostro entre mis manos, suave. Abandoné por un instante el calor de sus labios para lamer su frente, su nariz, sus pómulos. Luego regresé a su boca, bajé las manos y agarré sus nalgas manoseándolas.

    Unos minutos después, ella me apartó para quitarse la camisa quedándose en sujetador. Incapaz de resistir la tentación, comencé a besarle los senos apoyando mis labios sobre la tela del sostén.

    – Date la vuelta. – ordené.

    Ella se giró y yo le desabroché el sujetador y desde atrás le acaricié con delicadeza las tetas y comencé a jugar con sus pezones pellizcándolos con suavidad, haciéndola gemir, consiguiendo que su espalda se arquease por primera vez fruto del placer.

    – Vamos a hacerlo. – me confesó al oído.

    – ¿Aquí?

    – No, ven.

    Salimos del cuarto y fuimos hacia el despacho del jefe.

    – Pero… – protesté.

    – ¿Tienes miedo a que nos pillen? – dijo sonriendo burlona.

    Dentro del despacho empezó a bailar sensualmente, moviendo el culo de manera provocativa, comenzando a bajarse los pantalones, mostrando el nacimiento de la raja de su pandero, descubriéndolo poco a poco, hasta quedarse en cueros. El espectáculo despertó a mi pene haciéndolo crecer. Me bajé los pantalones y los calzoncillos.

    Aihnoa se acercó y besó la punta del miembro.

    – El jefe tiene condones en el cajón… no pongas esa cara. Todo el mundo sabe que se tira a su secretaria. Incluso un día tuvieron una sesión con la vara en el que ella le zurraba a él… al parecer eso le pone un huevo. – me comentó.

    Tras ayudarme con el preservativo, retiró unas carpetas de la mesa, se sentó y abriéndose de piernas, me ofreció acceso a su coño. Le metí un dedo para medir el grado de humedad y a continuación se la metí. Mi trasero contrayéndose con cada envestida. Luego la tome por detrás, disfrutando con la vista de su magnífico culo. Los huevos chocando contra las nalgas de forma deliciosa.

    Terminado el encuentro sexual. Limpiamos el lugar, nos limpiamos en el baño como pudimos, terminamos nuestra tarea y nos fuimos a casa.

    Al día siguiente todo me resultaba un tanto irreal. ¿Habría sido un sueño?

    – Tenemos reu. – me dijo Aihnoa.

    La acompañé a la sala y nos sentamos en sillas contiguas. Me enseño unos gráficos en la pantalla y luego, sin previo aviso, deslizó su mano bajo mi pantalón y comenzó a acariciarme el pene haciéndolo crecer.

    – ¿Te acuerdas? – me susurró.

  • David. Un masaje con final feliz

    David. Un masaje con final feliz

    Llevo una semana con un dolor fuerte en la espalda. Entre el trabajo, alguna mala postura o tensarme demasiado, mi espalda sufre los estragos de todo ello. La medicación no me hace nada y mi jefe me ha dicho que vaya al fisioterapeuta y que me den un masaje, que de seguro me lo solucionan enseguida.

    La verdad es que tengo miedo de ir. Nunca he ido al fisioterapeuta y todo porque no sé si seré capaz de controlarme. Seguro que Luis tiene razón y me solucionan el problema en nada, pero no he sido capaz de decirle porque no había ido antes. Bueno ni antes, ni nunca. Mi punto más erógeno es la espalda y me pongo mala de mala solo con acariciarla.

    Cuando alguna de mis parejas ha intentado darme un masaje, para mí fue un masaje erótico con final feliz.

    Llevo una semana que quiero olvidar, porque nada me alivia y al final voy a tener que ponerme en manos de alguien que me ayude.

    Me he puesto a mirar fisioterapeutas y la lista es larga. Hombres, mujeres, en su clínica o en mi casa. Creo que mejor voy a la clínica y decido llamar por teléfono a una que la fisio es una chica. Me da cita para la tarde y encima queda cerca del trabajo.

    Tengo cita para las 20 h, será una primera consulta y si todo va bien, me darán el primer masaje. Después del trabajo me paso por allí y al entrar me encuentro a la chica que muy amablemente me atiende.

    -Hola, soy Paola. Tengo cita a las 20 h.

    -Soy Raquel, si no te importa voy abrir tu ficha ¿vale?

    Me abre una ficha y toma nota de todos mis datos. Mientras lo hace, escucho un par de voces en el fondo de pasillo que se dirigen hacia donde estamos.

    -Muchas gracias David, nos vemos el próximo día.

    -Gracias a ti, hasta el viernes.

    El primero se dirige a la puerta y se marcha.

    -Buenas tardes –me dice

    -buenas tardes –le respondo

    -¿Tu eres mi siguiente paciente?

    -¿Yo? Pensé que era paciente de ella –digo mirando a Raquel

    -Tu fisio será David. Yo tengo que salir ahora a casa de una paciente que me está esperando.

    -Ufff -resoplo suavemente. No me puede estar pasando esto

    Creo que debería de haber especificado que me atendiera una mujer. Esto me pasa por no puntualizar las cosas. Me giro y miro por el ventanal que hay. No sé ni dónde meterme. Estoy tan nerviosa que estoy a punto de decirles que vuelvo otro día.

    -Te dejo su ficha abierta, yo me tengo que ir ya o no llego.

    -Claro no te preocupes, si falta algo le tomo nota después.

    -Hasta luego Paola. Te dejo en muy buenas manos. – se despide con una sonrisa y sale cerrando la puerta

    -¿Paola me acompañas?

    -ahhh si –le digo casi en un susurro

    Veo como se dirige al ventanal y baja los estores.

    -Eres la última paciente y no quiero que nos molesten. Así estamos más tranquilos.

    -Vamos acompáñame Paola.

    Camino detrás de él. Mide como 1´80, tiene los ojos marrones, pelo moreno, lleva barba arregladita, unos 85 kg, piel bronceada y rondara los 35 años.

    Entramos en la sala de masajes. Es un espacio mediano con una camilla en el centro.

    -Paola necesito que te quites la ropa.

    -¿Qué? – mi cara debe de ser un poema

    -¿Es tu primer masaje? –me dice con una sonrisa

    -Sí, la verdad es que es mi primer masaje.

    -Detrás del biombo puedes cambiarte. Tienes donde dejar tu ropa y he dejado una toalla para que te la pongas al salir.

    -Gracias

    No es que tenga reparos en quitarme la ropa o que pueda verme desnuda, pero no puedo evitar estar nerviosa. No me ha puesto una mano encima y mi piel se eriza sin más. Me coloco detrás del biombo y me quito el vestido negro que llevo. Es de punto fino, con escote en V y manga larga. Empieza a hacer frio. Debajo llevo un conjunto de lencería de encaje en gris clarito. El sujetador son dos triángulos, al igual que el tanga. Aunque hay un pequeño perchero en el que dejar las cosas, yo lo dejo todo sobre el sillón que hay. Me quito los zapatos y rodeo mis generosas curvas con la toalla. Salgo y me dirijo a la camilla.

    -Necesito que te pongas bocabajo. –me indica mientras acerca un pequeño escalón.

    -Gracias. –si es que con mi 1´57 ya sabía que no llegaba ni queriendo.

    -Necesito que dejes la toalla abierta para poder deslizarla hacia abajo.

    Hago lo que me pide y siento sus dedos agarrar la toalla, dejar mi espalda al aire y dejarla sobre mi culo o un poco más abajo.

    -Quiero que te relajes, porque solo voy a mirar donde te duele exactamente ¿vale?

    Escucho como frota sus manos e imagino que se está poniendo algo en ellas.

    -¿Paola me indicas por donde te duele?

    -El dolor es como si empezara en el hombro derecho y me baja hacia el costado.

    -Está bien, voy a revisarlo y me vas diciendo.

    Debe de haberse puesto aceite porque sus manos resbalan por mi piel.

    Al sentirlas no puedo evitarlo y mi piel se eriza con fuerza. Interiormente siento mi cuerpo temblar. Muerdo mi labio y me dejo hacer.

    Siento como ahora presiona un poco más sus dedos.

    -¿Te duele aquí? –me dice al apretar ligeramente sobre el trapecio.

    -auuu siii

    -Te estoy tocando despacio, tranquila.

    Sus manos bajan hacia el dorsal y siento molestias en él.

    -Ufff –resoplo suavemente

    -Creo que el dorsal está bien, pero esta dolorido. ¿Cuánto tiempo llevas así?

    -Una semana

    -¿Una semana? Deberías de haber venido antes. ¿Estas tomando algo?

    -Si me mando una crema y un relajante la doctora. Pero no me está haciendo nada.

    -Sé que estas dolorida, pero necesito darte un masaje para poder poner las cosas en su sitio. Te va a doler un poco, pero mañana te sentirás mejor.

    -Está bien. –le digo

    Vuelvo a escuchar como frota las manos y las lleva a mi espalda de nuevo.

    Siento el calor de estas, como se deslizan y mi piel se eriza. Se mueve masajeando suavemente sin apretar y poco a poco aprieta un poco más.

    -mmmm –muerdo mi labio

    Sigue deslizando las manos y mi piel se eriza cada vez con más fuerza. Es imposible que no se dé cuenta de mi estado. Siento como tiemblo y no puedo disimular lo que me provoca.

    -¿Estas bien Paola, tienes frio? –me dice sin dejar de masajearme

    -Si… estoy bien –le digo casi en un susurro

    No le puedo ver, pero le imagino con una sonrisa en la boca mientras sigue torturándome. Porque es una tortura para mí. Siento como mis pezones se endurecen y empujan contra la camilla. Siento como mi coño se moja, incluso sintiendo dolor cada vez que trabaja sobre la contractura.

    Cada vez que intento ahogar mis jadeos o gemidos siento un escalofrío que recorre mi cuerpo.

    -auuu –protesto

    -Un poco más y termino. ¿No te gusta que te toquen la espalda?

    -No precisamente.

    -No dejas de moverte y tu piel no deja de erizarse. No sé cómo interpretarlo. ¿Te estoy haciendo mucho daño?

    -Un poco –por no decirle lo contrario.

    Esa voz, en ese tono y acompañada de una sonrisa… me pone mala.

    Sus manos comienzan a deslizarse por mi espalda, es un masaje por toda ella. Se desliza recorriéndola entera, mis hombros, mi cuello, la parte alta, la parte baja y la parte alta de mis nalgas. Mi piel no deja de erizarse una y otra vez, cada vez con más fuerza y no puedo evitar que se me escape un gemido. He intentado mantenerme lo más quieta posible, pero cada vez me cuesta más.

    -Te prometo que es la primera vez que tengo a una paciente como tú. Nunca he conocido a nadie que se le erice la piel una y otra vez de esta manera. La siento como se eriza bajo mis dedos o manos.

    Aparta sus manos de mi espalda y levanto la mirada buscando sus ojos. Al levantarla, lo primero que me encuentro es un bulto en su pantalón. Le miro fijamente.

    -Lo siento de verdad, pero no sé si eres consciente de tus jadeos y pequeños gemidos que sueltas. –me dice con una mirada canalla que no puede con ella

    -Lo siento. Te aseguro que me has hecho daño cuando tocabas en la contractura.

    -¿Pero? –me dice mordiendo su labio

    -Es mi zona más erógena y por eso no he dejado que nadie me dé un masaje.

    Veo como mueve su mano y agarrando la toalla que tengo sobre el culo, pega un tirón y la deja caer al suelo. Seguido y sin poder reaccionar, siento como su mano se desliza entre mis nalgas hacia mi coño.

    -¡JODER! Pero si estás empapada. –me dice sin dejar de mirarme

    -Ufff joder –protesto al sentir como sus dedos suben y bajan entre mis labios mientras aprieto las piernas.

    -No te imaginas como me tienes –desliza la mano por encima de su pantalón

    -Me hago una idea –le digo al mirar como desliza la mano

    -Sé que esto no es muy profesional… pero

    Veo como se mueve y comienza a deslizar sus manos por los muslos, subiendo por mis nalgas y abriéndolas. Dejando una bonita visión de mi culo y mi coño. Estoy tan excitada que no soy capaz de moverme. Estoy en el punto de que solo quiero más y no quiero parar.

    Siento como la punta de sus dedos toca la entrada de mi coño y empuja sobre ella. Vuelve a subir y bajar entre mis labios y se escucha el chapoteo de mis flujos. Por el sonido, esta encharcado.

    -¡Joder Paola! estas muy, pero que muy mojada.

    En ese momento llega a la entrada de mi coño y empuja de nuevo metiendo un par de dedos.

    -ufff ¡joder! –resoplo de gusto

    Abro un poco más mis piernas y le doy acceso. Sus dedos se deslizan sin problema, follandome con ellos. Gimo sin parar y mi piel se eriza. Su mano recorre mi espalda, la acaricia y esta vez no me contengo. Me retuerzo sobre la camilla y me contraigo en sus dedos.

    -mmm siii, joder no pares –no puedo dejar de gemir

    Sin dejar de mover su mano, se pone a mi lado y yo deslizo su pantalón hacia abajo. Tiro del bóxer deslizándolo a medio muslo y su polla sale como un resorte. Mide unos 18 cm y es muy gruesa.

    Le miro y agarro su polla. Sin remilgos, la meto en mi boca y comienzo a chuparla. Entra y sale, succiono y suelto, disfruto de su polla gimiendo en ella. No puedo evitarlo. El acelera el movimiento de sus dedos y los saca. Le miro, veo como los lame y los chupa. Se mueve un poco y la saco de mi boca. Se coloca en la parte donde tenía la cabeza y me pide que me dé la vuelta.

    -Ponte bocarriba Paola.

    Me pongo como me dice y siento como tira de mi para dejar mi cabeza colgando. Agarro su polla y deslizo la mano para acercarla a mi boca. Capto lo que quiere hacer. La dirige a mi boca y empuja mientras lleva sus dedos a mi coño. Los mete sin más y comienza a follarme con ansia. Mueve su cadera follandome la boca a la vez que con sus dedos me hace gemir con fuerza en su polla.

    -mmmm

    Su polla se hunde abriendo mis labios y hundiéndose hasta mi garganta. Siento como babeo sin parar y me priva de aire por segundos al hundirse con rabia.

    Mi cuerpo tiembla y mi coño se contrae con fuerza. Me corro en sus dedos y al verlo deja su polla dentro. Mueve sus dedos en mi clítoris con fuerza y saca su polla de mi boca para dejarme coger aire. Azota mi coño mientras se mueve.

    Cojo aire a bocanadas y me giro en la camilla intentando ponerme de lado. El me agarra y me mira. Las lágrimas caen por mis mejillas, debo de estar roja como un tomate y siento mis babas por la cara.

    -uufff joder como me has puesto –dice resoplando

    Desliza la lengua por mi boca y me besa. Me agarra y llevándome en volandas me pega la espalda contra la pared. Yo le rodeo con mis piernas y mis brazos sin dejar de besarlo. Siento como agarra su polla y la lleva a la entrada. En un movimiento de cadera la clava en mi coño y grito mientras él lo ahoga en su boca. No deja de mover su cadera una y otra vez, cada vez más rápido. Grito al sentir como se hunde hasta el fondo y como no puedo despegarme ni un milímetro. Me empotra una y otra vez son saña.

    -ah joder siii –resopla sin parar

    -Ahhhh

    Grito con fuerza una y otra vez. Su movimiento de cadera es brutal. Tanto que después de unos minutos, mi respiración esta tan disparada que empuja con fuerza dejándola dentro y me besa. Nuestras respiraciones están muy agitadas y acaba de parar mi orgasmo. Me estremezco y mi coño se contrae. Clavo los dedos en su espalda y las uñas.

    -ufff –protesta

    Me agarra por el culo y abriendo una puerta que está detrás suyo, entramos a lo que es como una especie de zona de descanso. Hay un par de sofás y una mesa grande con sillas. En la pared más pequeña hay muebles bajos.

    Se deja de caer en el sofá conmigo encima. Me muevo y agarrando su polla la llevo a la entrada de mi coño de nuevo. Empujo sin dejar de mirarle a los ojos hasta que la tengo toda dentro y echo la cabeza hacia atrás, arqueando la espalda y gimiendo con fuerza.

    -Ahhhh

    Muerdo mi labio y clavando mis dedos en sus hombros comienzo a cabalgarlo. Me clavo su polla una y otra vez. Caigo sobre sus muslos, choco con mi culo sin dejar de gemir y gritar.

    -Ahhh joder siii nena, no pares

    Agarra mis nalgas y empuja con fuerza al bajar para que la sienta bien dentro. Estoy muy mojada entre flujos y corridas. Su polla se desliza sola. Mi ritmo se acelera y busco llevarle al límite mientras mi coño se contrae en su polla cada vez que subo. Siento que me voy a correr, no puedo aguantarlo más. Mi cuerpo se tensa, se eriza la piel con fuerza y mis pezones están como piedras. Me rodea con sus brazos y apretándome contra el comienza a mover su cadera de una forma brutal, embistiendo sin piedad y arrastrándome a un nuevo orgasmo

    -Ahhh ¡joder! ¡joder! ¡joder! Me corro –grito como una loca

    Mi coño se contrae sin parar, no deja de mover las caderas y no baja el ritmo. Si sigue así hará que me corra de nuevo.

    -Ahhh

    Su ritmo no deja que pare mi orgasmo. Es intenso y siento como vuelve a llevarme a lo más alto.

    -Eres un cabrón, me voy a correr de nuevo joder!

    -si joder correte de nuevo

    -ahhhh ¡JODER! ¡JODER! ¡JODER! –estallo en un nuevo orgasmo

    Mi cuerpo se estremece. Sus brazos me rodean y embiste contra mi coño hundiéndose descontroladamente. Cojo aire a bocanadas gritando sin parar. Me retuerzo entre sus brazos y poco a poco va bajando el ritmo hasta dejarme sentada sobre su polla.

    Mi piel duele por la fuerza que se eriza. Comienza a deslizar sus manos por mi espalda y me retuerzo, me arqueo y gimo. Mis pezones rozan su pecho al moverme. Agarra mis tetas y lleva los pezones a su boca.

    -¿tú no te corres nunca? –le digo aun gimiendo y recuperando el aliento

    -jajaja ¿quieres que me corra ya?

    -No, para nada. Por mi puedes tenerla dura toda la noche. No tengo prisas.

    Desliza las manos por mis nalgas, sube por mis costados y sube por la espalda.

    -Ufff ¿no has tenido bastante antes? –le digo

    -Nunca había tenido entre mis manos una espalda tan sensible Uffffff es brutal -resopla al bajar por ella arañándola suavemente

    -¡JODER! No seas malo –le digo mientras mi cuerpo se estremece de placer

    Mi coño se contrae en su polla.

    -Siéntate –me dice golpeando en el asiento

    Me levanto de encima de él y me siento en el sofá. Su polla sigue dura y llena de mis corridas. Le miro y la agarro. Deslizo la lengua por el tronco, por el glande, juego en el frenillo.

    -mmmm que gusto por favor! –resopla

    Le miro y meto su polla en mi boca. Comienzo a chuparla, succionarla, disfrutarla y devorarla. Entra y sale de mi boca, succiono al sacarla y suelto al meterla, mi mano gira en ella y la aprieto en cada movimiento que hago. Mi boca y mi mano siguen el mismo ritmo. Gimo en ella y el resopla y se tensa.

    -Ah ¡joder que boquita!

    Follo literalmente su polla con la boca, lo hundo más, menos, mi lengua se mueve por un lado, por el otro, la saco, recorro el glande con la lengua y la hundo de nuevo metiéndola hasta rozar la campanilla. Siento como empuja con su mano sin dejarme salir y arqueo. Me aguanta un momento y suelta. Cojo aire a bocanadas mirándole y deslizo la mano por mi boca limpiando los hilos de babas que cuelgan.

    -Me vuelves loco joder – me dice mirándome a los ojos y agarrándome del pelo tirando mi cabeza hacia atrás para que le mire.

    Sonrío maliciosamente deslizando la mano por sus huevos y apretándolos suavemente.

    Me agarra de la mano y me pone de pie. Me lleva a la mesa y pega mi pecho a esta. Agarra mi pierna y hace que la apoye en ella. Tiene máximo acceso y frota su polla entre mis labios. Se escucha el chapoteo al deslizarla, estoy muy mojada. Chuparla me ha excitado muchísimo. Siento mis labios hinchados y sensibles. Empuja en la entrada y siento como hunde un poco el glande. Se detiene y de un movimiento se clava de nuevo haciéndome gritar.

    -joder me vas a partir en dos. Ahhh –mi piel se eriza con fuerza

    -Ahhh joder como aprieta tu coño. –empuja clavándola hasta el fondo

    El borde de la mesa se clava en mi muslo e intento ponerme de puntillas a la vez que me agarro en el borde de la mesa.

    -ufff joder, ya no entra más – le digo

    Desliza la mano por mi espalda subiendo y bajando por ella. Sabe el efecto que provoca en mí y la araña.

    -Ahhh ¡joder para! Me vuelves loca, no hagas eso –le digo casi suplicante

    -Hacía tiempo que nadie despertaba el animal que llevo dentro y sufres las consecuencias de ello – me dice azotándome las nalgas

    -auuu joder pica!

    Empieza a moverse ligeramente y agarrándome por los hombros me levanta un poco. Apoyo las manos en la mesa y su lengua se desliza por mi espalda. Me arqueo y retuerzo sin que me suelte. Sube hasta el cuello, muerde mi hombro, vuelve por la parte de atrás de mi oreja, muerde el lóbulo y gime con fuerza al clavarse hasta el fondo en mi coño.

    -Ahhh joder.

    -Y ahora es cuando me corro como un puto animal – me susurra moviendo sus caderas

    Suelta mis hombros y me agarra de las caderas. Sus embestidas son cada vez más fuertes. No puede hundirse más, pero choca una y otra vez en el fondo de mi coño. Yo no dejo de gritar y agarrarme con fuerza. El borde se clava en mi muslo y llevando sus manos a mi pelo, lo recoge en una coleta para tirar de mí hacia atrás para que sienta aún más su polla.

    -ahhh

    Arquea mi espalda al tirar de mi pelo y me azota el culo. Mi coño se contrae con fuerza y el no deja de resoplar y gemir con fuerza.

    -Joder como aprietas, esta vez te voy a llenar si –grita sin dejar de embestir

    -ahhh ¡córrete joder!

    -oh siii joder

    Acelera más y más sus movimientos entrando en no retorno y haciéndome estallar de nuevo.

    -¡JODER ME CORRO! –estallo a gritos y mi cuerpo se retuerce y estremece de placer.

    -Ahhh me corro también! Joder! –se clava en mí y se corre a gritos

    Siento sus chorros llenarme, el calor y como mi coño se contrae exprimiendo su polla hasta sacarle la última gota.

    -Ufff brutal joder –resopla moviéndose lentamente dentro de mi

    -mmmm –me retuerzo en cada movimiento

    Poco a poco para de meterla y la saca por completo.

    -Ufff estoy sudando –me dice

    – Ya somos dos –le digo

    Como puedo me incorporo. Las rodillas se me doblan. Vamos recuperando el aliento y nos miramos.

    Sonrío y le recorro con la mirada.

    -Pedazo aguante te gastas

    -te lo dije antes, hacía tiempo que no sacaban mi lado más animal. Eso hace que tenga mucho más aguante.

    En ese momento suena el teléfono y lo coge. No sé dónde le ha dado pero entra en manos libres.

    -Hola cariño ¿está todo bien? Llevo rato esperándote

    -Raquel voy enseguida, la paciente me llevo más tiempo del esperado y estoy terminando un informe.

    -Está bien, no tardes. Voy a preparar algo de cena mientras llegas. Un beso, te quiero

    -Yo también te quiero. Te veo ahora

    Le miro sonriendo

    -Creo que el próximo masaje me lo pediré para casa ¿no?

    -Sera mucho mejor. Sobre todo con mucho tiempo.

    Bromeamos mientras nos vestimos y queda en llamarme para darme cita para el próximo masaje.

  • Mi primera vez (Caracas)

    Mi primera vez (Caracas)

    Mariana (nombre ficticio) fue mi primer gran amor, una chica que me cautivó desde el primer momento y con la que tuve la suerte o la maldición de disfrutar algunos años de nuestras vidas. Ella es una mujer bajita, de metro cincuenta y cinco aproximadamente, una carita angelical, piel blanca con pecas, un par de tetas monstruosas para su estatura, nalgas normales y un temperamento que variaba desde la chica más dulce del mundo al infierno en primera persona.

    Empezamos una relación de amistad, que con el tiempo se convirtió en amor, por lo que formalizamos nuestra unión, siempre nos besábamos apasionadamente, toqueteos, el deseo era de lado y lado, no se podía negar, pero por una u otra razón no había el lugar, el tiempo o el momento para consumar nuestra unión. Un día, se dio finalmente la oportunidad, mi casa estaría totalmente sola y ambos podríamos disfrutar finalmente del otro. Entramos a mi cuarto, ella llevaba un pantalón ajustado, sweater, que corrí rápidamente luego de algunos besos interminables, con nuestras lenguas entrelazándose. Me modeló en lencería, era gris de encaje, hilo exquisito que se perdía entre sus nalgas y admiraba sus labios vaginales de manera exquisita a través de la tela, mi corazón palpitaba, mi pene estaba duro, sentía se mojaba, el morbo y el deseo eran impresionantes. Ella me quitó todo, menos el bóxer, en el cual se veía una carpa por el deseo que le tenía, ella se quedó viéndolo fijo, cómo pensando, qué debo hacer, pero tomé la iniciativa.

    Quité su sostén y vi sus senos, enormes, con sus pezones erectos, preciosos, de color marrón, eran hermosos, para mí era arte, los llevé a mi boca, empecé a chuparlos, el tiempo para mi no existía, estaba hipnotizado, su piel suave, me encantaba, alternaba entre uno y otro seno, apretaba con mis manos, era un morbo divino que quería gozar, y ella gemía, gritaba de excitación; posteriormente, la volteé, le admiré nuevamente el culo y le di una rica nalgada, le decía lo rica que estaba y que la deseaba como nunca antes había sentido, nos besábamos, son momentos que deben disfrutarse y que a pesar de los años transcurridos, recuerdo cada detalle como si hubiese sido ayer.

    Bajé su hilo, estaba mojada, se hizo una especie de cristal de baba, su flujo era mío, yo le estaba ocasionando todas estas sensaciones y debía comerlo, así lo hice, saboreé su totona, exquisita, la tenía peluda, ella siempre decía se irritaba mucho, pero no dejaría que eso fuese un problema, lo saboreé, tenía un sabor exquisito, dulce, con olores y mezcla de orine e higiene personal, chupaba sus labios, metía mi lengua profundo, estaba extasiado, así estuve unos minutos, pero ella me dijo, quiero complacerte también. Le dije, que quería probar su culito, la volteé y vi ese hueco más oscuro que el resto de su piel, pero bonito, me cautivó, lo olí, le dio cosquillas, me preguntó qué hacía y le dije, estoy disfrutando cada centímetro de ti, luego lo chupé con suavidad, metí un poco la lengua, tenía un sabor delicioso, pero insistió que era mi turno.

    Me hizo acostarme y quitó mi bóxer, mi pene estaba a estallar, las venas marcadas, mojado de la lubricación, no podía negar que me encantaba esa mujer, lo miró sin perder detalle, me dijo lo tienes enorme, naguará, mientras lo empezaba a tocar con sus ricas manos, lo pajeaba suavemente, ella era muy jodedora, lo agarró con las dos manos y quedaba gran parte sin cubrir, me decía naguevoná, te pasas… reíamos, pero empezó a chuparlo, con calma, saboreaba mi líquido preseminal, lo hacía rico, aunque de vez en cuando sentía una que otra vez sus dientes, le decía que lo hacía de maravilla, que bajara, chupara mis bolas, las besaba, mientras la miraba atentamente, a medida que la excitación era mayor, la ahogaba, me encantaba su saliva llenara todo mi guevo y sus lágrimas pidiendo compasión; era el momento, queríamos ir más allá, ambos éramos vírgenes, pero en pocos segundos ya no lo seríamos, puse el preservativo, ella acostada, yo encima, el misionero, era la posición que elegimos, empecé suave a tratar de meter mi cabeza, pero de inmediato el gesto de dolor, no se hacía esperar, le dije que dolería al principio, pero que luego le iba a gustar (cosa que había leído, obviamente), luego de varios intentos logré introducir mi cabeza, pero el dolor era fuerte, a pesar de no seguir, trataba que se adaptara, tuve que desistir, ya se asomaba algo de sangre en el preservativo, pero le dije que lo haríamos en otra ocasión, que no había motivo para que sufriera.

    Ella empezó a llorar de la impotencia, quería complacerme, me decía que yo la complacía en todo y que ella quería hacer lo mismo, pero le dije que se calmara, que estábamos juntos y que en otra ocasión se iba a lograr, pero que le estaba doliendo mucho y la verdad la idea era que lo gozara y no que quedara traumatizada por dolor, me abrazó, nos besamos. Luego, le dije, vamos a ducharnos, ya el tiempo había avanzado y pronto debíamos marcharnos para no levantar sospechas, en la ducha, empezó a pajearme, me dijo, deseo acabes rico para mí, a todas estas, no había podido acabar, empezó a chuparlo un poco, sin que el agua le mojara el cabello, lo pajeaba nuevamente, hasta que le dije que iba a acabar, me dijo dónde quería hacerlo, pero ya no podía controlarlo y mi leche empezó a salir disparada, ella siguió pajeándome y su abdomen quedó lleno totalmente, su piercing de ombligo chorreaba de mi semen. Nos besamos, terminamos de ducharnos y la acompañé a donde debía haber estado todo el día.

  • Para vengarme convertí a mi esposa en puta

    Para vengarme convertí a mi esposa en puta

    Me llamo David y tengo 50 años… Estuve casado por 19 años con una bella y caliente mujer de nombre Tarella… Mi ahora ex mujer es 8 años menor y se gasta un cuerpo menudo, pero muy bien proporcionado, que si bien mide 1.50 m, posee un bello rostro, una piel blanca y suave, sus senos son de formas perfectas y de medianas dimensiones, coronados por dos rosados, formados y sensibles pezones, todo rematado por un culito que es más bien pequeño, pero perfectamente formado y delicadamente coronado por dos singulares margaritas…

    Tarella gusta del verano, pues le encanta vestir con chalas de terraplén con los cuales muestra sus hermosos pies, minifaldas que al sentarse le resulta inevitable no mostrar los calzones y poleras con escotes generosos, pues le encanta «calentar el agüita», mostrando sus atributos como que no quiere la cosa…

    A pesar de haber disfrutado de un buen matrimonio durante los primeros 12 años la relación fue enfriándose irreversiblemente. Todo cambió en mi mente y mi corazón cuando descubrí que mantenía una relación paralela por casi dos años con un tipo del trabajo. Corrían los últimos días del año 2009. Esa noticia me devastó, empero la perdoné, creyendo que todo pasaría al olvido con el paso del tiempo.

    En ese entonces la amaba y la verdad me hice el desentendido con tal de tenerla todas las noches en mi cama, pues les contaré que es una diosa del sexo, de tal modo que si la excitas lo suficiente se convierte en una verdadera puta. Así pasaron los años y a pesar de sentir que me seguía mintiendo, era difícil aún para mi notar la diferencia entre las medias verdades y medias mentiras que siempre mezclaba para contarme sobre todo lo que había hecho durante su «largo» día.

    La mañana del primer lunes de enero (2017), esperábamos a nuestro abogado en la oficina que está ubicada a la mitad de un sitio de unos 70 metros de profundidad, en un segundo piso y la única forma de llegar a ella es por un pasillo estrecho franqueado por autos en desarme y repuestos usados. Al final del sendero se ve una construcción de dos pisos con oficinas en ambos. Rodeando la estructura por la izquierda aparece una escalera al aire libre con los peldaños sin fondo, lo que permite ver el cielo desde debajo de los escalones. Esos 18 escalones terminan en una plataforma. Al dar vuelta hacia la derecha aparece la puerta de entrada.

    Al abrirse la puerta se puede ver una muralla a casi un metro por lo que para ver el interior del lugar se debe dar un paso hacia ingresar y voltear la mirada hacia la derecha… Entonces se pueden ver dos sillones de cuero de tres cuerpos cada uno mirándose uno al otro y tras el de la izquierda dos ventanas de 70×90 alineadas a un metro y veinte cm del suelo. En medio de los blancos sillones había una mesa de vidrio muy resistente como pude notarlo después… Dos metros más hacia el fondo, se ve un escritorio sin tapa piernas con una pantalla grande, muchos lápices y cuadernillos y un considerable alto de carpetas plásticas de colores… Luego una elegante y cómoda silla de cuero enmarcada en un ventanal de doble ventana de 1 y medio metros de alto por 2 y medio de ancho. Desde ahí podía verse la parte trasera de la desarmaduría…

    Minutos antes de las 11, hora de la reunión con el abogado Patricio Parrón, Tarella había estado algo inquieta, yendo y viniendo desde su butaca hasta uno de los sofás cada 5 minutos. Estaba en el sofá, con la mirada perdida y las piernas ligeramente abiertas cuando, levantándose dijo que bajaría al patio a esperarlo… Me pareció extraño, pues rara vez lo hacía, pero le dije, picado por la curiosidad, que yo la esperaba en la oficina. Ella dio la vuelta y se fue…

    Luego de escuchar que había terminado de bajar la escalera, la seguí… Al llegar a la esquina para dar con el patio, pude notar que mi ex saludó con la mano al abogado que venía entrando. Estaba a unos 20 metros… Fue cuando Tarella, comenzó a caminar hacia él muy lentamente, contorneando sus caderas a cada paso de forma exagerada… Al quinto paso dio vuelta hacia su izquierda con dirección a un chasis desmantelado, quedando de espaldas al abogado. Al llegar al carro se detuvo frente a lo que alguna vez fue una puerta y sin más se agachó, con las piernas sin flectar, mostrando -sin filtro- los pequeños y transparentes calzones que llevaba. Sentí mucha ira por lo maraca y regalada que había sido, pero al mismo tiempo, y por las mismas razones, mi polla punzaba, rasgo inequívoco que me había excitado con la escena…

    Pero no solo el tinterillo había quedado con la boca abierta, pues sin que ella lo quisiera también fue espectador del show de mí, en ese momento esposita, el «Trucho», un peruano musculoso. Medía un poco menos de 1.70 m y rondaba los 35 años. Era medio lento de entendimiento, pero muy leal y buen trabajador. El Trucho estaba tapado por unas pilas de cremalleras por lo que Tare nunca lo vio, ya que solo se levantó cuando mi ex ya estaba de espaldas y el abogado solo tenía ojos para la hembra que se contoneaba frente a él…

    Para terminar con el Trucho, puedo agregar que era uno de los dos que vendía repuestos usados de la desarmaduría. Tarella lo detestaba porque rara vez se bañaba dado que apestaba a sudor y era mal carado y de malos modales. Además, siempre que podía estaba cerca de las escaleras cuando Tare bajaba o subía…

    En fin… Sigo… Parrón, tras la impresión, se recompuso casi de inmediato, ayudado por mis llamadas a voz en cuello que provenían desde la vuelta de la esquina, por lo que supuestamente no había visto nada, pues recién venía llegando… No lo podía creer, pero en el fondo lo sabía… Mi mujer era una zorra de primera… Y lo que de verdad me irritaba hasta la saturación estribaba en lo puta que era con todos, menos conmigo… Por primera vez sentí odio hacia ella… Quise matarla con mis manos, pero es la madre de mis hijos… Quise que pareciera accidente, pero… Es la madre de mis hijos… Quise hacerle daño de muchas maneras, pero… Es la madre de mis hijos…

    Entonces, comenzó a crecer en mí el deseo de darle en el gusto y tratarla como lo que realmente era… Una completa y absoluta PUTA, pero MI puta… Entiendan que lo que me hizo arder el hoyo fue el hecho que fuera mentirosa y manipuladora… El que fuera puta me gustaba y ese factor era precisamente la palanca que debía jalar adecuadamente para convertirla en mi esclava dada su adicción al placer carnal.

    En la reunión que llevamos a efecto en los sillones, urdimos las estrategias para realizar un jugoso y casi totalmente legal negocio con unos tipos de la capital. Parrón, que estaba sentado frente a Tare, supuestamente escuchándome, no le sacaba los ojos a su entrepierna que no paraba de moverse de modo de darle una vista perfecta de su ropa interior, la que, por ser transparente, permitía ver claramente el coño depilado de mi mujercita.

    En esos momentos fue cuando algo en mi se terminó de romper por completo y sin pensarlo, sin proponérmelo, comencé a urdir un plan con el fin de vengarme de mi puta esposa y de todos los infelices que se habían reído a mis expensas, usándola… y… de paso, satisfacer ciertos deseos que me llenaban la mente desde algún tiempo ya. Pensamientos generados gracias a la lasciva conducta de Tarella… Ergo, dado que contaba con el material, pensé… Por qué no???

    Lo primero que hice al otro día fue hacerme de las grabaciones de las cámaras de la desarmaduría que mi ex no sabía que estaban porque las habían instalado cuando ella estaba de viaje en la capital y el asunto nunca fue mencionado, dado que en ese momento me pareció irrelevante… En ellas, desde 4 ángulos se podía ver a mi ex, primero saludando al mono y luego realizando su acrobacia porno…

    Les cuento que, en total, contando el local y las dos oficinas con sus baños, hay 36 cámaras. De ellas, 9 son visibles, el resto están ocultas y distribuidas en el patio adelante (5) y atrás (5), la escalera (2), los dos baños (1 por cada uno) y las dos oficinas (7 en la nuestra y 6 en la del primer piso)… Todas las ocultas fueron instaladas durante el mencionado viaje y ayudado por el Trucho.

    El jueves llamé al Trucho y le dije que pusiera la parrilla porque llevaba carne y cervezas para celebrar el buen año que habíamos tenido… Al llegar, estaba todo dispuesto… Llamé a Tarella para que se nos uniera y, no de muy buena gana, lo hizo…

    Así estuvimos, conversando y tomando desde el almuerzo hasta que oscureció… Fue cuando mi ex me dijo que se iba para la casa y que si quería me podía quedar con esos dos weones a lo cual le dije que lo haría y se fue… Tare no ocultaba su desprecio por los trabajadores y eso no me gustaba, pues por experiencia propia conocía la humillación…

    A los minutos de quedar solos los tres, rompo el silencio sepulcral en el cual había caído… -me fumaría un pitito- suelto jovial, a lo que el boliviano de nombre Edy, de 25 años me dice que puede ir por uno a su casa que estaba a unos 10 minutos de ahí, pero que no tenía como ir, pues carecía de auto… Yo, sonriendo para mis adentros, al tiempo que le pasaba las llaves le recalcaba en tono paternal que no se apurara, pues si chocaba el carro, lo mataría…

    Cuando estuvimos solos con el Trucho le conté sin mediar nada, mi plan y su evidente debilidad… El Trucho me miró, pestañeando como no creyendo lo que escuchaba, por lo que tuve que repetírselo dos veces hasta que, cuando entendió la idea y los pasos del plan, asintiéndome con su cabeza me dijo si…

    Luego de unos segundos de silencio con la mirada perdida, el Trucho comenzó a pronunciar palabras que no entendí… Respondió a mi llamado dando vuelta la cara. Tenía la mirada perdida, la que enfocó poco a poco… Jefe, me dijo, yo sé cómo ayudarlo… Genial, le dije y agregué… Lo más importante… Nadie debe saber nada de esto ni de lo que pueda pasar después… Estamos??? Mirándome a los ojos me dijo, si, jefe, soy tonto, pero tengo honor… Luego de esas últimas palabras no hablamos más hasta la llegada del compañero del Trucho. Al volver Edy nos fumamos el pitito, conversamos de cosas triviales por media hora más y nos despedimos hasta el día siguiente… Bordeaban las 11 de la noche.

    Al otro día le comenté en forma casual a Tare que el sábado (siguiente día), tras la jornada laboral de medio día, haríamos un asado de nuevo, pues Edy se devolvía a Bolivia, ya que su mamá estaba enferma, lo cual era todo verdad… Ella me miró y me dijo que no contara con ella… Contraataqué, señalándole que estaría el dueño del local donde tenemos la desarmaduría y por lo tanto no tenía opción de faltar… Añadí como comentario final: «Es más… Mejor anda pensando en lo que te vas a poner para impresionarlo…» y me retiré tras guiñarle un ojo al pasar por su lado…

    El sábado, como de costumbre llegué antes de Tarella… El Trucho me esperaba con un frasco pequeño y cilíndrico de unos 5 cm de alto y 1 de perímetro con un líquido incoloro dentro que parecía agua… Al pasármelo con verdadero aire de misterio, me dijo casi susurrando… Son dos gotitas en 200 ml por cada 50 kilos… El efecto durará 2 horas, lo suficiente para luego… Bueno, usted sabe… Terminando la frase con un alzamiento de los hombros y un exagerado guiño de su ojo derecho. Estuve nervioso todo el resto de la mañana…

    Tarella llegó cerca del mediodía, cuando ya estábamos los tres prendiendo el carbón en el patio más el dueño, don Julián, un viejo pelado de 60 años con barriga prominente y gruesos brazos… Se veía asombrosa… Tenía el pelo suelto, usaba sandalias con terraplén alto, mostrando sus hermosos pies, minifalda de mezclilla a medio muslo y una polera de seda con tirantes color lila semi transparente… En otras palabras, estaba lista para servírsela… Miré las caras de todos cuando llegó y cada una de ellas reflejaba lujuria y deseo… Tare lo notó, pues en su rostro se asomó una sonrisa de complacencia.

    Saludó con la mano a todos y pasó de largo hasta la escalera, subiendo de inmediato a su oficina sin mirar atrás… Subí tras ella con un vaso de bebida… Se lo dejé sobre el escritorio y me fui… Al poco rato me pidió una cerveza desde la ventana y yo, presto destapé una, le eché las dos gotas y se la llevé…

    Cerca de la hora del cierre me vuelve a llamar sin asomarse a la ventana a que suba… Estaba con la falda arremangada sobre sus caderas, sentada en su silla con las piernas abiertas, sin calzón, masturbándose con tres dedos como una posesa… Me quedé viendo el espectáculo con gozo…

    Me acerqué y al llegar la tomé de la barbilla y le levanté la cara… Le dije en tono firme, pero sonriéndole al mismo tiempo, párate y desnúdate, ahora… Casi de inmediato se levantó y se desvistió sin más preámbulo, quedando desnuda solo con sus sandalias y su pulsera de oro en su tobillo izquierdo como únicas vestiduras… Estaba entregada… Sus pezones estaban erguidos y anhelantes… Su piel estaba de gallina y movía en forma espasmódica y refleja sus caderas hacia adelante y atrás… Su mirada inundada de deseo pedía a gritos que la tocara y lo hice…

    La senté sobre el borde del escritorio y lentamente ella misma fue subiendo hasta quedar completamente estirada sobre su superficie y a mi completa merced. Entonces comencé a tocarla, acariciarla, chuparla y besarla por todo su cuerpo… Tras varios minutos así, llevé, por fin, mi mano a su vagina. Comencé tocándola muy sutilmente y por los contornos de sus labios vaginales… los separé con la lengua y con ella le recorrí desde el ano hasta el clítoris repetidas veces, entreteniéndome con más dedicación en su botón del placer… Luego fui aumentando la velocidad progresivamente, hasta que sintió su primer orgasmo… Le retiré la lengua, dejándole mi dedo índice puesto sobre su clítoris sin hacer nada excepto una leve presión sobre él… Siempre con mi dedo en su clítoris, con la otra mano continué los masajes en su vagina hasta introducirle el dedo corazón y el anular por completo… En ese punto ya le había soltado su clítoris y cuando sentí que los dedos se habían acomodado inicié un movimiento ascendente – descendente, primero lento para luego ir cada vez más rápido… Gritaba de placer cuando comenzaba a sentir su primera eyaculación, mojando todo lo que estaba a su alrededor con sus fluidos…

    Tare quedó tirada sobre la mesa exhausta y con una cara de vicio y satisfacción que no le conocía… Entonces me levanté de la silla donde me había sentado a observarla y le llevé mi polla a su boca, la cual recibió de forma cálida, húmeda y ansiosa… Comencé de inmediato con un ritmo rápido. Literalmente me estaba follando su boca… Tras unos cinco minutos así me fui en su garganta, expulsando una gran cantidad de semen, el cual se tragó todito… Fue entonces cuando supe que estaba lista…

    Le retiré la polla limpia de su boca al tiempo que le deslizaba por encima de su cabeza un tapa luz hasta ubicarlo sobre los ojos a modo de venda… El quedar ciega aumentó la excitación de Tarella, pues sus pezones volvieron a crecer hasta su máxima expresión… Me asomé por una de las ventanas frontales y les dije a los que estaban abajo que llevaran todo a la parte de atrás… que bajaba al tiro… La miré de nuevo, su cuerpo desnudo me llenaba los sentidos… estaba tan rica que volvió a ponerme caliente… Me acerqué a su oreja y le dije… ven, párate… yo te llevo… camina… no tengas miedo… otro paso, cariño… eso… Así, lentamente, llegó hasta el borde de la escalera… Los ojos de los tres comensales casi se salieron de sus órbitas… a Tare le dije, da una vuelta, reina… Así… eres una putita muy obediente a lo que ella contestó, si… soy tu putita caliente… mirándola la tomé del brazo y la hice bajar escalón por escalón… durante el trayecto hablamos…

    Yo: mira putita, cuando llegues abajo te voy a entregar a tres hombres…

    Tare: … pero…

    Yo: shhhh… calladita se ve más bonita esta putita… harás lo que digo o nunca más sentirás lo que sentiste allá arriba…

    Tare: eres un hijo de puta, maldito…

    A pesar que de sus ojos salían llamaradas y lanzas venenosas…su voluntad ya, era mía…

    Yo: bueno… estamos o no de acuerdo, putita.

    Tare: ok…

    Yo: genial…

    En el último escalón se paró en seco… su cuerpo de pronto se tensó… pasé por su lado y situándome delante de ella. Acaricié una de sus tetas con dulzura, mientras a la otra la besaba… Subí hasta su oído y en un susurro le dije… tranquilita mi putita… nadie hará nada que no quieras… y luego, en voz alta para todos, añadí… no tengas miedo, preciosa… nada malo te pasará… yo estaré aquí todo el tiempo para cuidarte… Fue relajándose hasta que ella misma dio el último paso…

    Al llegar abajo la puse entre ellos. Tenían al medio una silla en la cual sentaron a Tarella… Sus tetas estaban apuntando erguidas. Su piel de gallina sentía cada una de las manos que la manoseaban por todos lados concienzudamente… Había seis manos y tres lenguas recorriendo cada centímetro de piel de mi mujercita y ella estaba disfrutándolo a reventar…

    De pronto, el viejo tomó la vagina de mi esposa entre sus labios y la trabajó a conciencia durante unos minutos mientras la señora gemía de placer como una loca… Cuando justo estaba en medio su orgasmo le dije con un gesto al Trucho que le siguiera chupando las tetas y el muy obediente se lanzó nuevamente sobre ellas…

    Tarella no hizo el menor gesto de extrañeza al sentir tres bocas recorriendo su cuerpo… El viejo por su parte no perdía el tiempo y sin pedir indicaciones o permiso, mientras lamía a conciencia el coño, con su dedo índice hurgaba los alrededores del ano… Comenzó despacio y tras tener todo el dedo dentro, lo sacó y comenzó la misma operación, pero ahora con dos dedos…

    Subí la escalera y desde arriba se veía como el viejo estaba entre sus piernas y a Tarella con la cabeza echada hacia atrás con el trucho chupándole su teta izquierda y el Edy haciendo lo propio con la derecha… Estuvieron así hasta el orgasmo de ella…

    La imagen era tan porno que fui por la cámara… Al bajar crucé mirada con el viejo cuando se levantaba para ensartarle la polla a mi mujercita… con gestos le di a entender que solo la grabaríamos a ella por lo que no se verían nuestros rostros en ningún momento… Cuando la penetró se olvidó de todo lo demás… Comencé a grabar… con esa cámara, ya que llevaba documentando todo el episodio desde sus inicios… pero eso solo yo lo sabía, ya que el trucho no entendía nada de cómo funcionaba el sistema y yo no me molesté en explicárselo…

    El viejo estuvo bombeando el coño de Tare por unos tres minutos tras lo cual acabó en una tremenda corrida sobre sus tetas… Inmediatamente después, tomó su lugar el Edy… quien la folló por más tiempo, pero se corrió sin lograr que Tarella tuviera otro orgasmo… Era el turno del trucho… sacó su polla de unos 22 cm y se la clavó de una sola vez en el coño… el ritmo desde el inicio fue frenético… Así Tare estuvo siendo sacudida por más de 15 minutos en las más diversas posturas, logrando en el curso de la follada al menos 3 orgasmos seguidos…

    Mientras el trucho tenía a mi ex en cuatro patas me asomé hacia la calle y tuve una idea… fui hasta el portón… no había nadie, pero a los pocos segundos aparecieron dos tipos… Eran camioneros paraguayos… los saludé y les pregunté si querían follarse a una puta hasta acabar… Les di las mismas instrucciones que a los otros y los hice pasar… Justo antes de dar la vuelta les hice callar y que esperaran ahí un momento… No se van a arrepentir por la espera… se los aseguro… y me asomé…

    El trucho aumentaba su ritmo aún más hasta acabar en la boca de mi putita. Cuando terminó de tragarse todo el semen se paró y caminó de forma sexy hacia las escaleras… Cuando su pierna derecha estaba en el primero dijo sin darse vuelta… ¿eso es todo lo que tienen chiquillos? Quedé con ganas de más polla… alguien quiere dármela… Terminó la última palabra justo antes de doblar hacia la puerta de la oficina… El reloj anunciaba que eran las 3 y media de la tarde y recién nos habíamos servido la entrada…

    Fin de la primera parte.

  • Acércate más, Nico

    Acércate más, Nico

    La noche del 24 al 25 de diciembre, yo estaba en el piso que compartía con mis amigas Irene y Charo. Me encontraba sola, pues Irene y Charo habían ido a una fiesta navideña a la que yo no había querido ir. No quería ir a esa fiesta ni a ninguna otra: estaba harta de muchachos borrachos muy perfumados que sólo pretendían follarme cuando se acercaban a darme conversación. Sí, es cierto, estoy muy buena, mido 1’76, gozo de buenas medidas en pecho, cintura y cadera, poseo una cara bonita, pero… soy una persona, no una muñeca hinchable. Me preparé un sándwich vegetal que acompañé con agua mineral y, para el postre, algunas frutas, y me senté en el sofá a ver la televisión a oscuras. Daban la película «Qué bello es vivir» en unos de los canales que visité y ahí la dejé. Me encantaba esa película; me hacía llorar y también reír.

    Estaba en la parte en la que James Stewart regresaba al pueblo que fue suyo y saludaba y felicitaba las navidades a todos los habitantes con los que se cruzaba, sería poco más de medianoche, cuando una luz muy potente traspasó la ventana que tenía a mi izquierda. Volví la cabeza y quedé momentáneamente cegada. La luz se iba haciendo menos intensa a medida que una figura se materializaba. Lo que vi me dejó con la boca abierta: ante mi estaba ¡Santa Claus! «¡Ho, ho, ho!», soltó este, «¿qué haces todavía despierta Isa, a que no te doy tu regalo?». ¡Sabía mi nombre!, ¡no lo podía creer! Siempre había creído que lo de Santa Claus era un cuento para niños, para que estos se portasen bien a cambio de unos regalos que compraban los progenitores, un mero intercambio, o chantaje, si se puede llamar así a un «yo te doy regalos a cambio de que tú hagas mi vida algo más soportable». «Santa Claus», exclamé; «Yo mismo, llámame Nicolás, o Nico, si lo prefieres», dijo el aparecido aproximándose. «Isa, estás sola por lo que veo»; «Sí, no he tenido ganas de ir a ninguna fiesta esta noche, estoy bien en casa»; «Ah, bien, de acuerdo, he comprobado que no has pedido regalos»; «No, ya sabes, creo que eso es para los niños y todo eso»; «Sin embargo, algo desearás».

    De pronto, en fracciones de segundos, me pareció que Santa estaba bueno, no sé, su sano aspecto bajo aquel disfraz ridículo de anuncio de Coca-Cola, sus barbas tan inmaculadamente blancas… Debía tener una buena polla este gordinflón venido del ártico. «Sexo», dije; «¡Cómo!»; «Deseo sexo», repetí; «Pues mira por dónde», dijo Santa, y metiéndose la mano debajo del abrigo sacó un paquete, «aquí tengo un consolador que te hará delicias»; «Bah, no, no es de verdad, ven, acércate más, Nico», ordené. Santa me hizo caso y se colocó entre el televisor y yo; su barriga casi tocaba mi nariz. Santa se mantuvo quieto mientras le estuve soltando el ancho cinturón negro con hebilla dorada para poder bajarle los anchos pantalones y tener libre el acceso a su polla, que salió disparada hacia arriba en cuanto se liberó. «Vaya», exclamé, «andamos salidito»; «Eh, ejem, verás, hace tiempo que no…, ya sabes, exceso de trabajo, y tú, además, estás tan buena…».

    Le chupé la polla a Santa; la cogí y me la metí en la boca. Tenía un sabor un tanto especial, más dulce que salada. Mamé durante varios minutos. «Uff, Isa, cómo me gusta, uff, uff, ¡espera!»; «¿Qué pasa, Nico?», pregunté después de sacar la polla de mi boca; «Como tú misma notaste anteriormente, estoy algo salidito, me correré pronto en tu boca si continuas»; «Pues, vale, córrete en mi boca», y continué, «chuc, chup, chuc»; «¡No, espera!»; «¿Qué pasa?», dije volviéndome a sacar su polla de mi boca; «Isa, yo… yo quiero follarte, es lo que más deseo ahora mismo y lo que siempre he deseado desde que te conocí en sueños»; «¡En sueños!»; «Sí, verás, es algo que sólo yo puedo hacer y…»; «Vale, Nico, corta, no me ralles, en sueños…, ¿has soñado conmigo?»; «Sí». De pronto, me sentí una persona especial, digamos que elegida, el espíritu de la Navidad estaba en mí. «Vamos, Nico», indiqué, y conduje a Santa de la mano hasta mi habitación; nos desnudamos y nos acostamos. «Oh, Nico», suspiré cuando metió su lengua en mi coño, «sí, Nico, así, lo estás haciendo muy bien, oh oohh, sigue».

    El roce de los pelos de su barba entre mis muslos y el juego de su experta lengua en mi clítoris me extasiaban. Llegué al orgasmo y Santa lo notó; así que se detuvo. «Oh, Nico, ahora tú, córrete tú», murmuré lánguidamente. Santa me sostuvo en el aire con sus poderosos brazos y me dio la vuelta sobre el colchón; me puse a gatas sabiendo lo que Santa quería y él me metió su gran polla en el coño por detrás. «Oh, Nico, oh, qué bien me haces», dije cuando sentí su polla muy dentro, fue una penetración profunda como pocas veces había experimentado. Oí los jadeos de Santa cada vez menos espaciados, señal de que pronto descargarla su semen. Lo oí resollar y pronunciar mi nombre: «Ho, Isa, ho, Isa, Isa…». Luego oí un «Ho, ho, ho» poderoso y sentí mi coño inundado de caliente semen.

    Por la mañana, cuando Irene y Charo regresaron, me encontraron profundamente dormida; un dulce y cálido sueño entre algodones se había apoderado de mí en cuanto Santa sacó su polla de mi coño, y hasta la mañana. Me desperté a causa de sus risas. Se lo habían pasado en grande, se veía. Golpearon en la puerta de mi dormitorio y entraron; yo seguí acostada. «¿Qué, viste a Santa Claus anoche?», preguntó Irene; «Sí», respondí impertérrita. Rieron. «No veo nuestros regalos», dijo Charo, «seguro que a ti algo te trajo»; «Sí», repetí en el mismo tono. Rieron más. «Yo pronto me casaré con Enrique, me lo prometió anoche, es un buen regalo», dijo Irene; «A mi, Sigfrida me propuso formar parte de su despacho de abogados, es también un buen regalo», dijo Charo; «Ha sido, pues, fructífera la fiesta», añadí yo. Salieron ambas del dormitorio y se dispusieron a desvestirse para dormir lo que no pudieron dormir anoche. Yo no salí.

    Me levanté y las espié desde detrás de la puerta entornada mientras se estaban enrollando sobre el sofá completamente desnudas: mis amigas siempre habían sido un poco lesbianas. Se besaban y se acariciaban tetas y coños dando leves gemidos de placer. «Mmm, Charo, s-sí»; «Irene, chuic, chuic, oh, Irene»; «Mmm, aahh»; «Irene, más rápido, a-si»; «Méteme ahora los dedos, Charo, qué me gusta-aahh»; «Ay, Irene, tus tetas, me gustan tanto…, chuic, chuic»; «Ay, ah, así, Charo, aahh, aahh»; «Oh, Irene, más, oohh»; «¡¡Ay!!», gritó súbitamente Irene, y pararon. «¿Qué es esta cosa?», dijo Irene elevando un cinturón ancho negro, «se me ha clavado la hebilla en el culo…» ; «¿Dónde estaba?», dijo Charo; «Aquí, debajo de este maldito cojín del sofá»; «¿Es nuestro ese cinturón?», preguntó extrañada Charo; «No, seguro que no, ¿te has fijado en lo antiguo que es?, y huele… ¡huele a rayos!»; «¿A qué huele?, a ver». Irene le pasó el cinturón a Charo. «Huele a… a establo», dijo Charo; «Seguro que entró por la ventana, seguro que anoche Isa se dejó la ventana abierta y lo trajo el viento hasta aquí». Yo entonces salí de mi escondite y afirmé: «Sí, él entró por la ventana». Ellas se miraron incrédulas primero, luego a mí, y cantaron a coro: «Santa Claus llegó a la ciudad».