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  • Otra cosa

    Otra cosa

    «Chúpamela, Cristina, chúpamela», rogué a mi esposa. Esta se arrodilló frente a mi, frente al sofá, y se metió mi polla en la boca. Mi esposa la chupaba bien: sin prisas y sin gestos de cara a la galería, quiero decir, sin imitar a esas chupadoras de pacotilla que salen en los videos porno, que adoptan posturas bastante poco probables para hacer una buena mamada, mi esposa simplemente pasaba sus labios semiabiertos sobre el glande, el prepucio y el tronco, hacia delante y hacia atrás, en un vaivén sostenido, es decir, con un ritmo continuado. Yo, para excitarme más, miraba cómo mi polla entraba y salía de ella, cada vez más hinchada. Mi esposa gemía: eran gemidos guturales, sordos, que significaban que también a ella le estaba gustando. «Oh, sigue, sigue, ya viene, ya viene», le dije para avisarla de la corrida. Entonces ella apresuró sus empujes, pues quería que yo me corriera bien, en condiciones, que no me quedara ni una gota de semen sin expulsar. «Ooohhh», y me corrí.

    «¡Bernardo, vamos, se hace tarde!», exclamó mi esposa; «Voy, Cristina, voy», respondí. Íbamos a recoger a nuestros nietos, un niño y una niña, a la casa de mi hija, recién separada de su marido. Cristina abrió impaciente la puerta de nuestro dormitorio y me vio delante del espejo del armario. «Venga, Bernardo, no seas coqueto, que sólo vamos a recoger a los nietos para llevarlos a ver las luces de Navidad»; «Pero, pero, eso es en el Centro, tengo que ir bien arreglado»; «Estás bien así como estás, venga». Salí del dormitorio. Después salimos Cristina y yo a la calle. Cristina se había vestido para la ocasión de cintura hacia abajo con una falda azul plisada, que le cubría las medias negras, hasta las pantorrillas; más abajo, unas manoletinas. De cintura para arriba, Cristina iba tapada hasta el cuello con un anorak rojo. Yo iba como siempre: zapatos castellanos, pantalones vaqueros rectos, camisa, jersey y cazadora.

    Llegamos al portal del piso donde vivía mi hija y tocamos al porterillo. «Papá, mamá, ya bajan». Esperamos unos minutos. Iba haciéndose de noche. Pronto las leds se iluminarían en casi todas las calles de la ciudad haciendo las delicias de los peques. «¡Abuelo, abuela!», gritaron nieta y nieto nada más vernos tras salir del portal. Mientras, arriba:

    «Lola, ¿se han ido ya?»; «Ay, sí, Diego, qué impaciente eres…»; «Lola, quiero beber de tus tetas»; «¡Ja!, va a ser que no»; «Vamos, Lola, por fa-vor»; «Qué tonto eres, Diego, ¡pues claro!, pero… bébeme a mí entera». Dicho esto último, Lola se quitó el pijama, y Diego la tomó en brazos para llevarla a la cama y follarla con todas sus ganas. Lola era como Cristina, una versión de esta pero sin la flacidez en las carnes que conocía Diego.

    «¡Diego, ah, ah, Diego!»; «No grites, Cristina, o despertarás a tu marido»; «Le he dado Valium»; «Ja, ja, ja»; «Ríe menos y folla…, ah, Diego». Se conocieron porque vino un día a su casa a ponerle la vacuna de la gripe por prescripción de su médico de familia, y Bernardo estaba ausente. Cristina lo hizo pasar al saloncito. Le gustaba mucho aquel enfermero de pelo largo y enredado y extremidades musculadas, Diego pasó al saloncito. Le gustaba mucho aquella mujer madura con hechuras de matrona romana. Cristina desnudó su brazo derecho: se subió la manga de la bata de andar por casa. Diego enseguida se dio cuenta de que no llevaba nada debajo y se le fue la vista hacia los dos bultos del torso de Cristina. Cristina se percató y se abrió la bata para mostrar a Diego sus tetas grávidas. Este metió su cabeza ahí y comió la carne blanda de Cristina. Esta le desabrochó el pantalón del uniforme y acarició la polla de Diego. Este tumbó bocarriba a Cristina en el sofá. Esta se metió la polla de Diego en el coño. Este jadeó, jadeó, jadeó sobre el cuerpo de Cristina. Esta gimió, gimió, gritó montada por Diego. Este se corrió y miró la cara gozosa de Cristina. Esta tuvo un orgasmo y fue lo suficientemente satisfactorio para que quisiese repetir más y, de hecho, durante un breve tiempo, lo siguiese haciendo con Diego; para que desease follar por siempre con Diego y que nada ni nadie, como prontamente ocurrió, se interpusiese entre ellos.

    «Oh, sí, visité a tu madre, en calle Convalecientes»; «Me dijo que la pusiste la de la Covid»; «En realidad, no, en realidad me la tiré»; «Oye, que es mi madre»; «Es mentira, ja, ja, la vacuné, de la gripe»; «¿Me vacunarás a mí? «. El flechazo era evidente. «A ti te voy a vacunar pero sin jeringuilla»; «Qué gracioso eres». Esta conversación se produjo a la salida del colegio. Diego había ido a dar una charla a los niños sobre los riesgos Covid. Lola había asistido. Le preguntó si la vacuna se ponía en los domicilios; él contestó que no. Le dijo que a su madre se la pusieron. «¿Dónde vive tu madre?»; «En calle Convalecientes, se llama Cristina»; «La vacuné yo, sólo de la gripe»; «Ah, me dijo otra cosa»; «¿Qué te dijo?»; «Otra… cosa; «Pues se liaría».

    Lola se acostó con Diego. Fue en casa de este, a la hora del desayuno, Diego le había dado su dirección y Lola se presentó sin previo aviso. Tocó su timbre y Diego la recibió adormilado. Lola avanzó su figura hasta tocarlo y besó largamente los labios de Diego. Este, a ciegas, dio un empujón a la puerta y oyó que se cerró. Lo siguiente que sintió fue la humedad en la punta de su polla y el gusto que le dio al sentirla. Tomó la cabeza de Lola entre las dos manos para ayudarse y para ayudarla en su cometido. Pocos minutos después, su semen se escurría por la garganta de Lola. Luego, se acostaron.

    «Bernardo, cuándo me vas a follar»; «Ya sabes, Cristina, que no se me levanta ya tanto como cuando éramos más jóvenes». Esto lo hablaban en la oscuridad del dormitorio de matrimonio. «Bernardo, yo hago que se te levante, lo sabes, pero es que te has vuelto muy vago». Y por la noche Cristina soñó que era Jane; soñó que Tarzán la sodomizaba en aquella choza que habían construido en un árbol; la faldita mínima levantada y la gran polla de Tarzán, sin taparrabos, entrando en su culo una y otra vez mientras ella miraba extasiada a los animales de la selva moverse; ella gritando o aullando como estos hasta el momento en que la última gota del semen de Tarzán se derramaba.

  • Mi compañera de trabajo, una desesperada por sexo

    Mi compañera de trabajo, una desesperada por sexo

    He tenido varias historias sexuales en mis distintos trabajos. Esta es un tanto particular por las características de la mujer con la que estuve.

    Yo venía de separarme de mi esposa y en mi nueva soltería sola estar con diferentes mujeres. Una de ellas era de la oficina, con la que ya tenía una relación algo más formal.

    El punto es que en el escritorio que estaba frente a mi en la isla de desarrollo de software, había una mujer parte de mi equipo de trabajo con la que ya llevábamos varios años trabajando juntos y yo había sido promovido y era su jefe.

    Yo en ese tiempo con muy buen físico, mi altura de 1,90, delgado, cuerpo con musculatura marcada, ella de piel muy blanca, ojos castaños, buenas tetas, gordita, no muy sexy, no se solía maquillar, muy bonita de cara y un culo de buen tamaño y bastante parado y firme aunque con kilos demás como mencioné.

    Ella también se había separado pero se había puesto nuevamente de novia formal, así que, entre todas las cosas que hablábamos, muchas veces conversábamos de temas sexuales.

    En esas conversaciones pude empezar a ver que ella tenía poco control cuando sentía impulsos sexuales, no pensaba con claridad, como que su deseo la dominaba.

    En ciertas ocasiones, cuando revisábamos algo juntos en la computadora, ella se ponía la lapicera en la boca y jugaba con su lengua. Yo no sabía si lo hacía para provocarme, pero lo cierto es que me excitaba.

    Cierto día que se había hecho tarde y estábamos solos en la oficina, ella estaba parada frente a la máquina de café y yo me acerque por detrás. Le pregunte si podía abrazarla, mientras ponía mis manos en sus hombros. Ella respondió, mejor no, temblaba. Le pregunte por que temblaba, y por qué no podía abrazarla. Su respuesta fue “vos estas con mi amiga” (la mujer con la que tenía cierta formalidad de relación).

    Pude sentir su excitación y nervios, mantuve mis manos en sus hombros y susurré en sus oídos, “estas segura?”. Ella se recostó sobre mí, yo la abracé por detrás y nuestros cuerpos se pegaron.

    Debajo de mi pantalón mi pija latía al sentir el contacto con su culo, comencé a besar su cuello. Ella olía exquisito, su piel suave y su sensual movimiento fregando su culo contra mi pija ya muy dura me volvía loco.

    Poco a poco fui moviendo mis manos por debajo de su remera hasta alcanzar sus tetas. Levante su corpiño y comencé a acariciar sus senos. Podía sentir sus pezones duros y de buen tamaño. Ella ya estaba entregada completamente, sus ojos cerrados, su respiración agitada mientras yo besaba apasionadamente su cuello.

    Poco a poco fui desabrochando su pantalón, lo baje, y toque su tremendamente mojada concha. Mis dedos resbalaban por su vagina y fácilmente penetraban en ella.

    Le pedí que se soltara, que teníamos confianza, que podía pedir y hacer lo que deseara sin restricciones.

    Ella inmediatamente se giró me besó y agarro con fuerza mi pija, primero por sobre el pantalón, y luego sacándola, la comenzó a pajear en forma desesperada.

    Se arrodillo y se puso a chuparla con maestría. Se la veía desesperada por mi pija, se la refregaba por toda su cara, la lamía y se la tragaba hasta el fondo. Me pajeaba y lamia mis bolas mientras olía profundamente y me decía “no te imaginas cuanto me gusta tu pija”. Claramente podía percibir cuanto le gustaba la pija.

    Intente sacarla para penetrarla, pero no me dejó, me pajeaba cada vez con más fuerza y rapidez con su lengua afuera y su boca completamente abierta. Comprendí que estaba desando tomar mi semen. Tomé su cabeza y la comencé a coger por la boca. Introducía y sacaba mi pija completa en su boca con fuerza, hasta el fondo. Ella se atoraba pero chorreaba y tragaba saliva mezclada con mi líquido pre-seminal.

    Cuando ella sintió mi pija hincharse y latir en señal de estar cerca de eyacular, la sacó, me pajeó con el glande de mi pija apoyado en sus labios totalmente lubricados hasta hacerme explotar de placer.

    Mi semen comenzó a salir a chorros en sus labios que pronto se abrieron y dejaron ingresar en la boca, su lengua que se movía sobre el glande totalmente hinchado. El semen se iba acumulando en su cara, en su boca, dentro de su boca y ella iba tragando y lamiendo.

    El terminar su cara estaba llena de semen que también chorreaba sobre sus tetas, mientras, ella mantuvo mi pija dentro de su boca largando las ultimas gotas al ritmo de su succionar.

    Se limpió con sus manos y chupó cada resto de semen de su cara y tetas, no dejó nada de nada.

    Al día siguiente, me dijo que ella escribía en una página de contactos y me dijo cuál era su usuario. Obviamente ingrese a ver cuáles eran sus secretos publicados. Había varios referidos a fantasías que tenía y el ultimo publicado era de unos 10 días atrás y decía lo siguiente: “muero de ganas de que mi jefe me haga el orto”.

    Le dije que había leído y que con mucho gusto le cumplía la fantasía. Risas más risas menos quedamos en vernos en mi departamento al otro día (viernes) a la noche.

    Ella llegó, bajo a abrirle (no se podía abrir la entrada desde arriba por seguridad) y la veo. Esta vez muy arreglada, bien maquillada y con un abrigo negro largo hasta sus tobillos. Nos besamos, entramos al ascensor solos y la sorpresa! Abrió su abrigo y estaba totalmente desnuda debajo, nada puesto.

    Me encendí de inmediato, me abalancé sobre ella y mientras disfrutaba con mi boca de esas hermosas tetas tocaba cada parte de su cuerpo. Fueron 13 pisos en ascensor pasando mi lengua por sus pezones duros y sintiendo los flujos que salían de su vagina empapar mis dedos.

    Ni bien entramos al departamento, ella tiro su abrigo y bolso en el sillón y se puso a sacarme la ropa casi en forma desesperada. Mientras la fui llevando hacia la habitación. Una vez ahí y ya desnudos ambos, ella se sentí en la cama, agarró mi pija firmemente, el glande estaba totalmente afuera, la pija muy dura y venosa.

    Ella paso muy suavemente la lengua, como si fuera un helado por la punta de mi verga, el líquido pre-seminal salía abundantemente y ella lo paso por sus labios y nariz mientras lo olía profundamente. Poco a poco comenzó con el mete y saca de mi pija en su boca, al principio muy lentamente, la sacaba por completo y le metía hasta el fondo. Luego cada vez más rápido.

    Cuando estaba totalmente lubricada por su saliva se puso a masturbarme con sus tetas, primero paso mi pija por sus pezones y luego se puso a hacerme una turca. Tenía tetas de sobra para hacerlo tremendamente bien. Sentí que me iba a hacer acabar demasiado rápido, verla tan absorta pajeándome son sus tetas me excitaba tremendamente. La hice detenerse y me puse yo a darle placer oral a ella.

    Mientras masajeaba sus tetas y jugaba con sus pezones, lamí su totalmente empapada concha. Ella gemía cada vez más y tomaba mi cabeza con ambas manos presionando fuerte mi cara en su vagina. Yo sentía el calor salir de su concha, ella se movía refregándose en mi boca, cada vez que succionaba su clítoris ella estallaba en gemidos y se retorcía en mi cara y más fuerte presionaba.

    Aprovechando sus fluidos y mi saliva, comencé a introducir mis dedos en su culo. En cuanto introduje 3 dedos y comencé con el mete y saca fuerte en su ano mientras seguía dándole sexo oral, ella estallo en su primer orgasmos. Su cuerpo no dejaba de temblar, sus fluidos inundaron mi boca, tenía un sabor dulzón exquisito.

    La giré y ella manteniendo su cara sobre el colchón se puso en rodillas lo que dejó su ano totalmente accesible al igual que su concha.

    Ambos estábamos totalmente lubricados, la penetre de una hasta el fondo. Mientras taladraba como un animal su concha, seguía metiendo y sacando mis dedos en su cada vez más dilatado ano. Podía sentir con mi mano mi pija entrar y salir en su concha desde dentro de su culo.

    Le dije “contame que es lo que hiciste más de puta en tu vida” y ella entre jadeos me respondió “esto, garcharme al novio de mi amiga, ahora mismo me siento la mas puta de todas que no se resiste a una pija”. Eso me puso como una bestia, la embestía con toda mi fuerza cuando ella acabo nuevamente, contrajo su vagina en mi pija, se arqueó al mismo tiempo que gritó de placer. Yo deje de moverme, la deje disfrutar de su orgasmo con mi pija dentro suyo latiendo. Estaba a punto de reventar. La saqué, jugué con mis dedos en su culo, se lo lamí, era blanco y rosado, su ano estaba muy dilatado, metí mis 5 dedos hasta mis nudillos, hubiera podido meter mi puño entero en ese punto, pero no lo hice. Acomode la punta de mi pija en la entrada que podía ver latiendo, se abría y cerraba.

    De una, ensarte toda mi pija hasta el fondo en su culo y comencé a taladrarla con toda mi fuerza. Que placer! Que buena culeada! Ella saco aún más hacia afuera su culo, yo tenía una vista perfecta de mi pija entrando y saliendo de su ano, la sacaba casi por completo y la metía hasta el fondo en cada mete y saca. La tenia tomada con mis manos de su cadera, no quería terminar nunca. Ella gimiendo me dijo “como me gusta ser cogida por el culo por mi jefe, si, si, así jefe, cógeme el culo así jefecito”. Fueron 5 minutos de penetración dura por el culo de puro placer y morbo hasta que exploté dentro de ella. MI pija se hinchó como nunca e inundé su ano con chorros de semen. “Siiii, llename el culo de leche jefecito” Se sentía hirviendo de caliente dentro de su ano.

    Una vez la saque, ella se dio vuelta y la chupó toda, “me encanta el sabor y olor de semen y sexo anal” me dijo.

    La chupó hasta ponerla dura de nuevo, se giró y me pidió que la siga cogiendo por el culo. Esta vez duré mucho mas, su culo se fue poniendo cada vez mas rojo de lo irritado que estaba por la tremenda culeada que le estaba dando, cambiamos de posiciones pero siempre por el culo.

    Lo que mas la encendió fue boca arriba. Ella tomo sus piernas con sus manos y se llevó sus pies hacia su cabeza, su ano quedaba totalmente abierto para que lo taladre. Con mi mano la masturbé hasta que llego a otro orgasmo.

    Cuando mi pija comenzó a latir y se preparaba para lanzar mi semen, ella lo sintió, se corrió dejando mi pija pegando saltos, y rápidamente se acomodó con su cara frente a mi verga, abrir su boca lo más grande que pudo y me pajeo con fuerza. Cuando saltó el primer chorro de leche en su boca, se la metió toda adentro. Que placer que sentí! Seguía largando chorros de semen caliento dentro de su boca y ella succionaba y tragaba todo.

    Cuando terminé por completo, la sacó totalmente limpia, había sido una de las mejores culeadas y mamadas que yo había tenido. Esa noche nos la pasamos garchando.

    Fuimos amantes por un tiempo bastante largo, ella no podía contener su deseo. No voy a contar acá mas cosas que hice con ella pero para graficar como era, les cuento esto, cierta ocasión, solos en la oficina, ella no podía quedarse mas porque debía irse al cine con su novio y ya tenía las entradas. Yo quería coger, así que luego de unos besos, cuando se preparaba para irse, metí mi mano debajo de mis pantalones, me agarré la pija y le pase la mano con un poco líquido preseminal que salía de mi verga por su nariz y boca. No fue al cine, ni bien sintió el olor y sabor, me lamió los dedos, se arrodilló de inmediato y se puso a chuparme la pija desesperadamente.

  • Las coincidencias colaterales

    Las coincidencias colaterales

    Pável es uno de mis clientes, a quien le hago su declaración anual de impuestos. Estudiamos juntos desde la primaria hasta el bachillerato y por tanto somos muy amigos. Esta historia la conocí conforme fue desarrollándose.

    Pável y Yolanda se conocieron en una oficina gubernamental; ambos eran subdirectores y el esposo de ella director de otra área. Su amistad fue creciendo mientras se apoyaban mutuamente. En una reunión para festejar el fin de año ella le preguntó con antelación a Pável si él podría llevarla a su casa pues su esposo andaba fuera de la ciudad, atendiendo un asunto de trabajo y ella quería tomar un poco más que de costumbre y como llevaría carro, no quería manejar así. Pável, quien no acostumbraba tomar, aceptó pues su esposa saldría también a otra ciudad, con sus hijos, a visitar a su hermana y se llevaría el automóvil.

    La fiesta estuvo alegre y, efectivamente, a Yolanda se le pasaron las copas, al grado de que le excitaba bailar con los compañeros de trabajo. Los más jóvenes se dieron cuenta cuando ella les pegaba su pecho en el baile y en los giros, con las piernas y las nalgas, les tallaba la erección que ella provocaba; evidentemente la manosearon lo mejor que pudieron, excitándola más. Cuando llegó la hora de retirarse, ella se veía muy ruborizada y sus feromonas atraían a cualquier hombre que pasara cerca.

    –Ando muy borracha, ¿me dejas recargarme en tu hombro? –le preguntó a Pável cuando ya estaban en el automóvil, recargándose en éste sin esperar respuesta.

    –Vamos a tu casa para que descanses –Expresó Pável, pero su miembro empezó a crecer por la concentración de los humores que despedía Yolanda y ella lo detectó pues había colocado su brazo en el regazo de Pável desde que se recargó en el hombro.

    –¿Y vas a desperdiciar esto llevándome a casa? –Dijo ella apretando directamente con su mano la turgencia creciente de Pável.

    –¿Y qué sugieres? – preguntó él acariciándole el pecho en el amplio escote del vestido.

    –Vámonos a un hotel, también estoy muy caliente –le pidió metiéndose bajo el sostén la mano con la que Pável le acariciaba el pecho.

    Pavel sólo se detuvo en una farmacia, de 24 horas abierta, para comprar condones. Cuando llegaron a un hotel de paso, el carro olía a sexo de tanto que se habían restregado mutuamente las viscosidades que habían estimulado. A Yolanda le brillaba la palma de la mano llena del presemen de Pável que brotaba gota a gota del miembro que ella había sacado de su guarida. Los dedos de Pável se llenaban con los flujos de la vagina encharcada de Yolanda y se los chupaba para limpiarlos. Yolanda se agachó para saborear la verga bajándole el prepucio y con su lengua recorrió el meato que goteaba exageradamente. Apenas entraron al cuarto asignado y se fundieron en un beso acariciando cada quien con fruición el sexo del otro. Así, besándose, se desvistieron mutuamente dejando regada la ropa en suelo, tal como había caído. Yolanda se acostó y Pável, una vez que localizó el saco, hurgó en los bolsillos para extraer los condones.

    –Yo te lo pongo, hace muchos años que no pongo uno, desde que era la novia de mi marido –solicitó Yolanda extendiendo la mano.

    –¿Y antes de eso? –le preguntó Pável, queriendo indagar si su marido fue el primero.

    –Mi esposo fue quien, siendo novios, me desvirgó, pero después de un susto, usamos condones –contestó Yolanda, sabiendo a qué se debía la pregunta y, además, amplió la información–. También los usé con otros dos en un momento de calentura, mientras fui novia de mi esposo. Hoy me volví a calentar y le daré a mi marido unos cuernos en forma…

    Pavel no captó la trascendencia de esas palabras: Yolanda no sólo estaba caliente, también declaraba que estaba enamorada y que quería una verga adicional para calmar periódicamente el deseo que sentía por Pável. Él por su cuenta, sólo pensaba en cogerse a esa hembra chichona, nalgona y de cara bonita con cuarenta años. Los condones sólo los usaba por profilaxis con algunas aventuras pasajeras y, desde hacía tres años, semanalmente con la joven mucama que lo sedujo a los pocos meses de entrar a laborar en su casa.

    Esa noche fue una experiencia deliciosa para ambos. Se amaron de diferentes maneras. Ella tragó el semen de Pável que le pareció más fuerte que el de su marido. Le restregó la panocha en la cara llenándolo del flujo que manaba con cada venida que la lengua de Pável le estimulaba. El último condón fue con el mañanero. Se fueron a desayunar. Ella lo dejó en su casa y se fue para la suya a descansar.

    –Anótame en tu agenda porque quiero tirarte unas dos o tres veces al mes… –Le dijo Yolanda a Pavel antes de subir el vidrio de la ventanilla y poner la palanca de velocidades en primera para avanzar.

    En ese momento captó Pável el significado de “cuernos formales” que mencionó Yolanda. Así, ahora tendría que atender a una esposa, dos amantes y las espontáneas que se lanzaran al ruedo. Más que placer, se sintió abrumado porque se estaba buscando tareas extraordinarias a las normales.

    Semanalmente, por lo general los viernes en la tarde, Yolanda y Pável se encontraban en un estacionamiento cercano al hotel que frecuentaban y de ahí salían en un auto hacia su rutina de amor. Rutina porque estaba sistematizado el trayecto de ida y vuelta, pero las dos horas de amor eran muy creativas: ejercitaban las mejores posturas que habían tenido con sus consortes o amantes, ella le platicaba de las formas de los penes que conoció y él de la variedad de los pezones que mamó. Ponían en práctica algunas posiciones que habían descubierto en Internet, lamían los postres que ponían en las partes pudendas del otro, se contaban fantasías. En fin, cogían mucho y variado, pero siempre con condón pues uno nunca sabe de las actividades que con otros tengan sus parejas sexuales.

    –No, no quiero que te pongas condón –exclamó Yolanda–. Quiero sentir cómo me llenas de calor…

    –Pero te puedo embarazar… –replica Pável.

    –No, el condón es para cuidar a nuestras parejas, yo tomo anticonceptivos –explicó Yolanda–quiero que me bañes de tu amor por dentro y sentir la fuerza de tu eyaculación.

    Así, desde ese día, cogieron pelo con pelo. Pero pronto tuvieron que separarse. Al marido de Yolanda lo asignaban a dirigir las oficinas regionales en el sureste y aceptó si también reasignaban a su esposa. Así, se conformarían a retozar cuando pudieran. De cualquier manera, la mucama le seguiría dando servicio a Pável.

    –Señor, ¿qué cree? –dice la mucama a Pável una de las tardes en que se daban “mantenimiento corporal” en el hotel después de reponerse de los orgasmos continuos que solía tener. y aún encima de él.

    –No sé, dime ¿qué pasa? –pregunta Pável intrigado, haciéndola rodar hacia la cama.

    –Estoy embarazada…

    –¡¿Quéee?! –exclama Pável–, ¡pero usamos condón!

    –Nosotros sí, pero a mi novio no le gusta ponérselo…

    Pável y la mucama continuaron amándose aún después de que ella se casó. Ella sólo tuvo que cambiar su rutina de trabajo evitando esfuerzos.

    La primera oportunidad de verse Pável y Yolanda otra vez, se dio cuando ésta tuvo que acudir a una reunión de trabajo a las oficinas centrales. En la primera tarde libre se vieron en el hotel acostumbrado.

    ¿Te acuerdas que hace medio año cogimos y te dije que no era necesario el condón? –le pregunta Yolanda cuando entran al cuarto del hotel.

    –Sí y seguimos haciéndolo así durante un mes, hasta que se fueron a vivir a Mérida, hace como cinco meses –contesta Pável, dejando la llave en el buró.

    –Pues mira… –dice Yolanda abriéndose el grueso abrigo y queda expuesto su abultado vientre– Sí era necesario…

    –¡Pe… pero tú dijiste que to… tomabas pastillas anti…ticonceptivas! –exclama Pável tartamudeando después de reponerse del asombro y acaricia la panza de su amante.

    –¿Alguna vez viste la película “Prudencia y la píldora”? –Pável asiente con la cabeza al recordar que la vio en la adolescencia, y entonces ¡la película tenía como veinte años de haberse estrenado!– Pues me pasó igual. Mi hija tomó para su uso las pastillas de mi pastillero y las sustituyó con aspirinas –explicó Yolanda.

    –¿Qué dijo tu marido? –pregunta Pável quitándole el abrigo a Yolanda.

    –Mi esposo está feliz de ser papá, y lo será, pues también cogí con él esos días de la sustitución. Bueno, la verdad no sé de quién es, pero mi marido será el papá –concluye jocosamente Yolanda.

    –Bueno, pasaré a darle un saludo –le dice a su amante abrazándola por atrás y rodeándole el vientre cariñosamente a la vez que deja caer sus pantalones.

    –¿A quién?, ¿a mi marido? –interpela ella con voz airada, justo cuando Pável le baja los calzones.

    –No, putita, al bebé… –le contesta tiernamente dándole un beso en el ombligo.

    –Para eso quería verte, para que entraras a saludarlo –dice Yolanda metiendo la mano en la trusa para jalonearle el tronco a Pável.

    Estando en pleno saludo del bebé, Pável succionó las tetas de Yolanda y se quejó.

    –Aún no tienes leche.

    –En pocos meses ya habrá calostro, que tendré que ordeñar con una bomba y a veces con la ayuda de mi marido. Pero se me ocurre que entonces veré que tengas que acudir a dar una asesoría a mi equipo de trabajo y, al menos una semana haré la ordeña sin la bomba clásica…

    –Sí, este putito quiere mamarte ese calostro y saludar al bebé.

    Pável tuvo oportunidad de ordeñar a Yolanda, tal como ella lo previó y comparó el sabor del calostro, y después, en su oportunidad, el de la leche, con los mismos productos que la mucama le proporcionaba… Ambas tuvieron niño varón, con un día de diferencia, los niños eran casi idénticos a los pocos años. Uno podría ser su hijo, pero el otro… ¿Se habrá roto el condón?

  • Una pareja me invita

    Una pareja me invita

    Yo había estado varias veces en fiestas, estrenos, exposiciones en las que esa pareja brillaba de una luz particular. Me había fijado en la chica, tenía un cuerpo hermoso y una mirada que despertaba mi curiosidad. Me había costado establecer un contacto visual prolongado, un diálogo sin palabras, una invitación a alguna intimidad. Finalmente, un par de veces nuestras miradas se encontraron y sentí que sin rechazo ni invitación se había establecido un espacio entre los dos. Aún me faltaba la clave para poder romper la barrera que desde su presencia luminosa, ella imponía a su alrededor.

    Un día, en casa de unos amigos, excompañeros de la universidad, conocí al hombre que siempre la acompañaba. Ella no estaba presente ese día, era una reunión de hombres y pese a la impresión que ella me había causado, la incomodidad de mi curiosidad por ella y del deseo culpable que había experimentado, me sentí muy cómodo con su pareja. Pronto me encontré en una discusión muy apasionada en la cual resultó que mi aliado más entusiasta era el compañero de aquella mujer. Como suele suceder durante esas veladas masculinas, el tema de las mujeres cae sobre el tapete en algún momento. Por lo general, termino peleando por la hipocresía y el machismo de mis amigos. Nunca les conceden a las mujeres la posibilidad de ser libres y creativas y se confinan en el laberinto de una sexualidad pobre impregnada de tabúes religiosos por más libres pensadores que creen ser. Al descubrir la inteligencia y complicidad intelectual con Diego, ese resultó ser su nombre, experimenté una nueva fuente de interés hacia ella. Compartíamos muchas afinidades artísticas y actitudes ante la vida que finalmente me remitieron a mi intuición acerca de esa mujer.

    Aún no sabía mayor cosa de ellos, en ningún momento ella había sido mencionada, ni siquiera conocía su nombre. Su imagen estaba presente en mi mente y mientras se fortalecía mi amistad con Diego, crecía mi curiosidad hacia ella.

    Ya bien avanzada la noche, después de haber establecido una confianza y una complicidad rebelde y compartido una común alergia a los prejuicios y la estrecha visión del mundo de esta aldea, Diego me invitó a seguir conversando en su casa. Acepté, animado por el entusiasmo de nuestra imprevista alianza y con la secreta esperanza de acercarme a esa misteriosa mujer.

    Me monté a su carro, sin otra agenda que la de seguir compartiendo con mi nuevo amigo.

    Cuando llegamos a su casa, nos acomodamos en una sala llena de cuadros y afiches, bibliotecas llenas de libros que definían un refugio de inteligencia y estética. Me sirvió un trago de un whisky añejo desde una botella sin etiqueta y se disculpó para desaparecer un momento hacia el interior de la casa.

    Me levanté y empecé a recorrer la biblioteca, descubriendo una afinidad en los autores y las ediciones que llenaban los anaqueles. De pronto, me encontré con unos álbumes de fotos que por la demora del regreso de Diego me atreví a hojear. Allí fue donde me di cuenta de que aquella mujer formaba parte de la vida de Diego. Aparecía en muchas fotos. Hojeé varios álbumes hasta que me encontré uno con fotos de ella desnuda o con ropa interior muy sugestiva en poses provocativas que claramente eran parte de una colección muy íntima y de carácter sexual. Me sentía un tanto culpable de haber invadido esa intimidad cuando Diego regresó a la sala.

    Me dijo que quería presentarme su mujer, que pronto se uniría a nosotros. Su nombre era Ofelia. Me dijo que seguramente la recordaba, porque ella tenía muy claro quién era yo, que me había notado varias veces en el pasado. Me sorprendí y me alegré de haber interpretado correctamente nuestros intercambios de miradas.

    De pronto Diego dirigió la conversación hacia temas dónde habíamos coincididos durante la velada, sobre todo los temas de libertad sexual, su conclusión era que yo a la diferencia de los otros amigos tenía una mente abierta.

    Me preguntó si me parecía que su mujer era guapa. Pensé que me había visto mirar las fotos. Le contesté que me parecía muy guapa pero que apenas la había visto unas pocas veces. Me aseguró con una larga carcajada de que yo no tenía idea de lo guapa que era en realidad. Un tanto confundido por ese repentino tono que tomaba la conversación, le seguí la corriente hasta que ella entró a la sala.

    Su presencia iluminó la sala inmediatamente. Andaba una bata de noche, una especie de Kimono que cubría alguna ropa de dormir negra. Supuse que Diego la había despertado y sacada de la cama, pero ella actuaba de manera muy natural. Tenía una copa de vino en una mano y un cigarro en la otra. Estaba descalza y me gustaron sus pies. Se dirigió hacia mí, y me dio la bienvenida con una sonrisa muy natural, me dio un beso y se sentó a la par mía.

    Tomamos varios tragos, conversamos de varios temas pero sentía que Diego dirigía la conversación hacia temas cada vez más íntimos.

    De pronto, Diego se levantó, tomó su teléfono y se alejó para sacarnos una foto. Dijo que quería guardar un recuerdo de esta nueva amistad.

    Tomó varias fotos y le pedí que me las enseñara. Él no parecía escuchar mi solicitud y seguía sacando fotos. Al rato me pidió mi número de teléfono para mandarme las mejores por whatsapp. Se lo di y me empezaron a llegar las fotos. Cuando empecé a mirarlas, me di cuenta que ella había posado con las piernas abiertas y que tenía el sexo abierto, sin calzones. No me había dado cuenta de nada ya que estaba sentada a la par mía y que yo inocentemente sólo había estado mirando a la cámara.

    Me percaté que Ofelia descubría las fotos al mismo tiempo. Se había acercado a mí y había puesto una mano sobre mi hombro. Su rostro estaba muy cerca del mío. La miré, un poco confundido, ella me preguntó: “Te gustan las fotos” con una sonrisa alimentada por mi sorpresa.

    Ante mi incomodidad, Diego me preguntó si me sentía incómodo por la situación. Aunque estaba muy excitado por los acontecimientos necesitaba entender la dinámica entre ellos. Me preguntó si me gustaba su mujer y si me gustaría hacer el amor con ella. Aunque ya había sentido que la situación estaba muy cargada, su pregunta no fue del todo una sorpresa y le dije que me encantaría.

    Entonces él empezó a dirigir la escena. Me preguntaba si era un ritual muy establecido entre ellos, no sabía si lo habían hecho muchas veces antes. Tenía la curiosidad de saber qué era lo que ella quería.

    Entendí que él iba a ofrecerme a Ofelia, bajo sus términos y las reglas que ella había aceptado.

    De pronto se acercó a ella y le susurró algo en la oreja. Ofelia se levantó y salió de la sala sin decir nada.

    Me sentí confundido. Esperaba alguna explicación acerca de la salida de Ofelia. Lo había visto hablarle en el oído y supuse que le había pedido algo y que seguramente regresaría.

    Diego me sirvió otro trago y me dijo que sentía mucha confianza conmigo, que ellos no acostumbraban hacer esa clase de cosas. Habían tenido experiencias pero nunca de esa forma. Me reveló que yo era un prospecto. Me habían detectado, estudiado, evaluado. Descubrí que tenía una reputación y era buena.

    Finalmente Ofelia regresó. Ya no llevaba el kimono, vestía solamente un “babydoll” negro muy transparente que revelaba un cuerpo perfecto. La transparencia de su vestido revelaba unos senos hermosos, una piel dulce y cobriza que invitaba a mis caricias. Sus pies descalzos sumaban una frágil intimidad a su aparición.

    Diego dijo: “Ofelia tenés que ocuparte de la verga de nuestro invitado.”

    La orden me tomó de sorpresa, el efecto fue inmediato, mi cuerpo contestó solo: empezó una erección.

    Su mano ya estaba abriendo mi pantalón y liberaba mi sexo mirándome a los ojos. Empezó apretar mi sexo y mover su mano de arriba abajo sin quitar la mirada.

    Diego muy excitado la alentaba. Comentaba el espectáculo que dirigía.

    -¿Viste que picha más grande? ¿Viste cómo la tiene bien dura?

    Le ordenó que me chupara, ella abrió su boca, sin quitarme la mirada y tragó mi pene con su boca llena de saliva.

    Era la primera vez que me pasaba algo así. Confieso que siempre había soñado encontrarme en esta situación y descubría una sensación de placer totalmente inadvertida e intensa. Diego sentado frente a nosotros se masturbaba viendo a Ofelia tragándose mi pene con una deliciosa ferocidad. Con su mano libre Ofelia frotaba su sexo y retorcía sus preciosas nalgas, que erguía en espasmos acompañando su movimiento con gemidos de placer.

    Me deleitaba con ver mi sexo entrar y salir de su boca hambrienta, sentía el placer que le provocaba chuparme delante de su pareja. Mi mirada se sentía atraída por momentos hacia Diego. No había presenciado antes a un hombre masturbarse delante de mí. Yo miraba su verga crecer, veía su glande rosado salir por intermitencia de su prepucio y descubría algo nunca visto ya que soy circuncidado.

    Ofelia se dio cuenta que estaba a punto de eyacular y retiró mi sexo erguido y brillante al salir de su boca. Me miraba a los ojos y pasó su lengua por el borde de sus labios, seguía frotando su clítoris y su cuerpo temblaba, se estremecía.

    Diego me tendió un preservativo y me dijo: “Está lista, tenés que penetrarla ahora.”

    Ofelia se desnudó por completo y acostó de espaldas sobre ese inmenso sofá blanco. Seguía apretando mi sexo en su mano, abrió sus piernas invitándome a adentrarme en su sexo abierto y húmedo.

    Diego se había acercado y acariciaba un seno de Ofelia pellizcándole el pezón. Mientras tanto luchaba con el preservativo para poder penetrar esa concha. Entré muy suavemente y sentí una energía que se liberaba en el cuerpo de Ofelia, un largo estremecimiento. Ella había atrapado el sexo de Diego y empezaba a chuparlo con el mismo frenesí con que había atendido el mío.

    Yo estaba en el cielo. La visión de esta mujer con nuestros dos sexos penetrándola era una revelación estética absoluta de placer compartido. Tal era mi excitación que no pude aguantarme por mucho tiempo. Cuando sentí estallar mi orgasmo, se multiplicó al ver el semen estallar por el sexo de Diego y cubrir el rostro de Ofelia que pronto se unió a nuestros con unos profundos gemidos.

    Una inmensa paz se impuso en la sala, se parecía a la felicidad de la inocencia.

  • Alimentando un inmigrante con mis senos lactantes y enormes

    Alimentando un inmigrante con mis senos lactantes y enormes

    Esa mañana me levanté temprano a ver las noticias, acompañada de una taza de café que calentaba mis manos.  El día estaba particularmente frio algo muy poco común que ocurriera en época de verano. Disfrutaba un poco de la inédita calma que irradiaba en la casa. Mis hijos estaban de visita semanal en casa de su padre, probablemente pasarían el fin de semana con él y yo podría disfrutar de unos días de descanso que ya me merecía, de todas sus peleas y alegatos. La única que se quedó conmigo era mi pequeña, apenas tenía unos meses de nacida en ese entonces, por lo que aún le estaba dando pecho, pero en cuanto quedaba satisfecha dormía por horas como un angelito. Con cada noticia que aparecía en distintos canales de televisión pude percatarme que la afluencia de inmigrantes provenientes de todo el sur de América estaba impactando a mi país. Familias enteras buscando aquel tan añorado sueño americano, hombres y mujeres solo también se veían en aquellas interminables caravanas. Dormían en el suelo, en tiendas de campaña, albergues, incluso debajo de húmedos y tétricos puentes viales. Veía consternada tanto sufrimiento y me preguntaba como buena mexicana: ¿Cuál sería la manera correcta de poder ayudar a aquellas personas? Esa mañana casi como por mandato divino mucha gente pasó por mi casa, eran personas provenientes de Sudamérica pidiendo ayuda, ofreciéndose para realizar cualquier tipo de trabajo con tal de recibir algo de dinero para un pasaje o un buen plato de comida caliente. Yo tenía algunas tareas pendientes en mi casa que mis hijos se habían rehusado a realizar; así que pensaba que quizás esa situación podría beneficiarme de alguna manera.

    Después de unos momentos sonó el timbre de mi casa. Abrí la puerta y me encontré con un joven mulato, de cabeza afeitada y fornido en todo el sentido de la palabra, tendría unos 18 años de edad. Llevaba solo una playera de tirantes que dejaba ver aquellos músculos bien tonificados y un pantalón andrajoso, lleno de tierra y lodo junto a una mochila vieja donde parecía cargar con toda su vida. Se veía algo sucio y hambriento. Comenzó por explicarme la complejidad de su situación. Me dijo que se había venido desde Colombia desde hacía un par de meses con su tío solamente. Sus padres ya se habían establecido en Usa y le llamaron para que se encontrara con ellos allá. Llevaba varios días sin comer, pero él estaba firme con sus convicciones. Decía a cada momento que tenía oportunidad: “no quiero recibir limosnas de nadie, señora”. Él estaba dispuesto a realizar cualquier tipo de tarea por algo de comida o en su caso algo de dinero.

    -Mira mi amor, yo tengo algunos trabajos pendientes aquí en mi casita, no es mucho dinero el que te puedo dar, pero comida tengo y mucha, algo podre darte para que te puedas llevar.

    -Muchas gracias señora, no sabe cuánto le agradezco que me dé la oportunidad de trabajar.

    -No te preocupes, pasa y deja tus cosas en la entrada y ahorita te explico bien por donde puedes empezar.

    – ¿Usted vive aquí sola? -preguntó con curiosidad.

    -No mi amor, vivo aquí con mis hijos y unas sobrinas.

    -Está muy linda su casa, señora -dijo admirando el lugar.

    -Si, son muchos años de trabajo duro amor, pero al final el esfuerzo da frutos.

    – ¿Tú tienes hermanos?

    -No yo soy hijo único, mis papas se sienten algo solos allá en Estados Unidos, por lo mismo quieren que lleve mi educación allá.

    – ¿Y qué es lo que hacen allá en Estados unidos, como es que subsisten?

    -Bueno, ellos pusieron un negocio de comida y les va muy bien hasta ahora.

    -Qué bueno, me alegro por ellos.

    Lo lleve al patio trasero donde tenía unas hierbas malas y algunos árboles que les hacía falta una podada. Le indique que podía empezar por hacer eso y luego le daría otras tareas que realizar. Me senté en una mesa que tenía una vista plena hacia el patio trasero. A pesar de que el día había amanecido muy fresco, pronto había empezado a cambiar al alzarse el sol. Verlo trabajar me producía un extraño placer. Observar desde lejos aquel cuerpo firme por el trabajo y el esfuerzo, me había puesto a tono. De pronto se quitó la playera para no llenarla de sudor y yo me deleite la pupila con la humedad en su pecho fornido y espalda amplia, que remarcaban aquella joven masculinidad. Después de unas horas trabajando con la temperatura subiendo, tanto fuera como dentro de mi vagina, el chico me pidió un vaso de agua para saciar tremenda sed que cargaba. Su cuerpo moreno y empapado en sudor me hizo hervir en deseo. Sentía humedecer mi ropa interior tan solo de verlo. Trate de empezar a seducirlo con algunas preguntas atrevidas, claro, poco a poco.

    – ¿Cuál es tu nombre cariño?

    -Me llamo Marcos -dijo mientras tomaba un respiro de tomar tanta agua.

    – ¿Estudiabas cuando estabas allá en Colombia?

    -Si, termine el bachillerato con honores en mi país.

    -Mira que bien, eso habla muy bien de ti, que seas un muchachito aplicado, sigue por ese camino.

    -Me gusta mucho el estudio, me gustaría ser abogado como mi padre, señora.

    -Me imagino que serás uno muy bueno; cambiando de tema, me imagino que un muchacho tan guapo como tu dejo alguna noviecita allá en Colombia -dije con una sonrisa pícara.

    -No señora, yo nunca he tenido novia, siempre mis padres me han inculcado la disciplina en los estudios y nunca he salido con ninguna chica.

    -No te creo cielo, me parece increíble que un muchachito tan guapo no haya tenido novia ¿Qué edad tienes ahora?

    -Tengo 18 años, recién los cumplí la semana pasada.

    -Hay no mi amor, pobrecito, que estuviste sin tus papis en tu cumpleaños.

    -Está bien, los veré pronto y celebraremos juntos.

    -Pues para mi eres un chico muy lindo, aquí tendrías locas a las mujeres detrás de ti, incluyéndome -dije soltando una carcajada.

    -La verdad yo nunca he conocido hembra, señora -dijo sonriendo también, algo avergonzado.

    -Bueno, habrá que hacer algo al respecto -dije en voz baja.

    – ¿Cómo dijo? -pregunto con curiosidad.

    -Nada cariño, ven y ayúdame.

    Despertó una ternura en mí y quise darle algo que fuera inolvidable para él, que le diera ánimos para seguir con su viaje cuesta arriba; así que rápido se me ocurrió una idea plagada de erotismo. Ya que le faltaba muy poco para terminar en el patio, le dije que cuando terminara subiera a la segunda planta de la casa, porque tenía otro par de tareas para él. Sin darme cuenta por poco y se me pasaba la hora de comida de la niña, me senté en la mecedora que estaba en su habitación. La coloqué sobre mi regazo y le ofrecí mi gigantesca glándula mamaria. La sentía tan llena que necesitaba que ella comiera para sentir ese alivio al liberar toda esa presión por la leche acumulada.

    Cuando alimentaba a mi niña el subió las escaleras. Fijo su mirada en mi busto por un momento, hipnotizado por la imagen maternal. Discúlpeme señora -dijo muy apenado volteando su rostro a otro lado-. Le dije que no se preocupara, dar pecho era lo más natural del mundo y es algo que cualquiera podía ver. En ese momento mi niña quedo rendida después de comer y la puse en su cuna a dormir. Encendí su monitor y cerré la puerta para dejarla dormir tranquila. Lo lleve conmigo a el cuarto de baño y le indique la falla en el cuarto de baño, la regadera estaba algo tapada y como estaba muy alta no podía desatornillarla. Mientras lo hacia el no quitaba la mirada de mi escote, lo veía fijamente como un halcón a su presa. Yo lo noté y quise ponerlo nervioso.

    – ¿Qué pasa cariño, tengo algo en el vestido?

    -No… es solo que… parece estar goteando.

    -Hay perdón, a veces pasa después de que alimento a mi niña, parece que aún están demasiado llenas, me duelen un poco.

    – ¿Necesita que le dé un poco de tiempo en privado?

    -No como crees, mejor ayúdame y pásame esas bombas que están ahí.

    El de inmediato lo hizo. Ahí es donde pensé en aprovecharme un poco de su inocencia y provocarlo un poco más. Estas bombas las uso para exprimir la leche cuando aún tengo demasiada en mi pecho, pero la manija es muy dura y no puedo hacerlo mientras sostengo mis pechos porque son demasiado grande y debo sostenerlos para que no se mueva -dije viéndolo fijamente-. Le dije que normalmente me ayudaba a hacerlo uno de mis hijos, pero como estaba sola pues no había nadie que pudiera ayudarme excepto el. Estaba en extremo tímido y renuente, pero después de unos minutos y mintiéndole un poco acerca del dolor el accedió. Solo debes aplanar ambas manijas y comenzara a salir la leche -dije tomándole de las manos-. Gracias por hacer esto -añadí-. El comenzó a bombear y los recipientes se llenaban rápidamente. La succión estimulaba mis pezones de una manera abrumadora y más por el hecho de que él lo estuviera haciendo. Trataba de no mirar mis senos expuestos, pero la tentación era demasiada. Gemidos casi silentes se escaparon de mis labios. El ya no disimulaba su mirada llena de lujuria, las hormonas dentro de él le demandaban hacer algo, su hombría le gritaba el tomar la oportunidad que estaba frente a él. Su olor inundo la habitación con su olor a hombre, sabía que él estaba listo para convertirse en hombre. Yo quite las copas al mismo tiempo y varios chorros de leche salieron disparados por todos lados. Le cayó un poco de leche en el rostro y ya no pudo resistir más. Se lanzó como un loco a mis senos.

    – ¿Qué es lo que haces muchachito?

    -Perdóneme señora ya no aguanto, nunca había visto unos pechos así de enormes -dijo con leche cayendo por la comisura de sus labios y mordiendo mis pezones tan erectos.

    -No es correcto cariño, tú eres muy joven -dije tratando de resistirme para provocarlo más.

    -Usted se buscó esto coño, usted bien que me provoco señora, ahora ya no puedo parar.

    Su olor era penetrante, agrio y maloliente. Pero su forma tan inexperta de succionar mi pecho me estaba volviendo loca. La leche no paraba de brotar como si mi pecho quisiera alimentarlo. Como si su juventud despertara en mi cuerpo mi instinto maternal ¿Parece que querías refrescarte aún más con la leche de mi pecho verdad mi niño? -pregunté llena de morbo y deseo, mientras acariciaba su cabeza. Si mami -dijo mientras exprimía mis senos buscando mi dulce leche materna-. La succión de sus labios rápidamente erizaba mi piel. Poco a poco mi cuerpo incrementaba su temperatura mientras veía como aquel moreno de fuego se alimentaba de mi pecho lleno de tanta leche. Mi mano s dirigió instintivamente a su entrepierna para poder palpar aquel terreno. Un buen bulto duro como rocas era demasiado prominente. Pude sentir como ya en sus pantalones había unas pequeñas gotas que humedecían la mezclilla, probablemente de su dulce pre eyaculación. Lo tome de su cuello y bese sus labios, estaban rebosantes de mi líquido maternal y pude probar mi sabor de su lengua. Nuestras lenguas hacían una fusión entre saliva, leche y deseo. Podía notar que era su primer beso de lengua, así que lo fui llevando bajo mi tutela. Mis labios saboreaban su lengua inexperta succionándola como su fuera un pequeño pene, él estaba fuera de sí, solo masajeaba mis senos por inercia, pero él quería ya consumar su deseo. Bajé hasta su pecho y comencé a saborear su amargo sudor. Con cada beso sentía como su cuerpo tan firme se estremecía. Me estaba deleitando con la rigidez de su abdomen, casi tan duro como su erección que hacía gotear mi entrepierna.

    Abrí el broche de su percudido pantalón y bajé lentamente su bragueta. Un gran falo casi me golpea el rostro. Escurría un dulce y virginal elixir de la punta; transparente y abundante caía poco a poco desde la punta a la base: unos testículos abundantes en semen, tan apetecibles como aquel falo, tan exquisito en apariencia. En un solo movimiento le di la bienvenida al mundo sexual con mis labios y mi lengua hambrienta. Su pre eyaculación era un delicioso manjar tan dulce como su inocencia. El sujeto mi cabeza con fuerza soltando un gran gemido de inmenso placer. Me marcaba el ritmo con ambas manos y yo le complacía. Parecía que solo lo satisfacía el meterla hasta lo mas profundo de mi garganta así que lo deje mirándolo siempre a los ojos. Mis ojos se llenaban de lágrimas mientras estaba a punto de devolver el estómago por lo profundo que llegaba y el tiempo que se mantenía ahí. ¡Mierda! -exclamó mientras lo sacaba de mi garganta lleno de varios hilos de saliva espesa colgando-. Yo tosí mientras le masturbaba un poco usando mi saliva como lubricante. Parece que esta verga ya está lista -dije mientras me frotaba un poco de esa saliva en mi vagina. Cuando estuve cerca de él, tomé su verga con mi mano, podía sentir como palpitaba queriendo impregnarme con su semilla con desesperación. Lo metí de nuevo en mi garganta y comencé a violarlo con ella. Duro bajaba y subía y él no sabía que hacer gemía y gruñía como loco y en unos segundos un mar abundante de éxtasis salió de su glande reluciente. Espeso como ninguno, su semen, se desbordo en mi vagina acompañado de gritos de éxtasis y placer. Era tal su descarga que cayó sobre mis senos y se mezcló con la mía. Yo saboreaba ese dulce momento, su primera leche con una mujer, solo para mí. Él estaba fuera de si y yo bebía cada gota en mi boca y la que había caído sobre mis dulces senos. Lo empujé a la cama y me subí encima de él. Lo bese, pero el apenas y me respondió casi se había desmayado. Frote mi vagina un poco sobre su pene y de inmediato se forjo en acero gracias a su juventud. Prepárate para conocer hembra mi amor. Mis redes están en mi perfil si quieren hablar de los relatos.

  • Mi primera vez con Andrés

    Mi primera vez con Andrés

    Era septiembre hace ya un par de años, tenía 21 años y una relación de 3 años con David, mi novio,  era un chico increíble, guapo, alto y delgado, estudiábamos en carreras distintas de la misma universidad, nos veíamos todas las tardes después de clases en su casa, prácticamente ya vivía con él, todo era increíble, hasta que las cosas comenzaron a ir mal, problemas en su hogar lo forzaron a dejar la universidad un semestre, se sintió fatal, él se fue a vivir a otra ciudad por un trabajo que consiguió, yo me quedé y seguí con mis estudios de manera “normal”, fue muy difícil para mi no estar con David, me hacía mucho falta y aunque todos los días hablábamos por teléfono, el sentimiento de vacío crecía cada vez más.

    En la universidad trataba de no pensar sobre el tema, empecé a ser más cercana con mis compañeros de carrera, de pronto empecé a recibir muchísimas invitaciones al cine, a fiestas, a discotecas, y otras varias, supongo que verme sin David era una invitación para los demás chicos a cortejarme, sin embargo, no les prestaba mucha atención, en mi salón de clase había varios chicos con los que tenía una buena relación, uno de ellos era Andrés, físicamente era bastante atractivo, y no era solo mi opinión, en las últimas semanas se había acercado bastante a mí, y me narraba todas sus conquistas tanto en la universidad con fuera de ella, sin duda era un casanova, no obstante las cosas no empezaron a ir mal hasta que un día la historia que decidió contarme se subió bastante de tono y era sobre una compañera del salón llamada Kathy, me contó que habían salido a comer la noche anterior a un restaurant de comida china y tras ver la buena química que tenían decidió llevarla hasta su departamento, y para no hacer la historia más larga me confesó todo lo habían hecho con lujo de detalles, cosa que me tomó desprevenida, sobre todo porque mi novio David y yo una noche mientras jugábamos verdad o reto me confesó que Kathy le parecía increíblemente sexy, tema que en ese momento no me disgustó debido a que yo pensaba lo mismo, pero ahora, con David lejos, algo cambió.

    Ese fin de semana tuve una visita de mi novio, pasamos una noche increíble y por supuesto que el sexo no faltó, ya pasada la medianoche mientras charlábamos desnudos sobre el sillón de mi habitación, le comenté un poco de la historia que me había contado Andrés, evitando un poco las partes explicitas y sobre todo quería ver su reacción cuando le mencioné que la chica de la historia era Kathy, de mi facultad, pero solo bromeó diciéndome que si no estuviera conmigo y si tuviera la oportunidad seguro también lo haría con ella, lo cual me molestó un poco, pero justamente también bromeo sobre mí y Andrés preguntándome si yo no desearía estar con él, yo le respondí inmediatamente que no!, molestándome aún más, aunque desde ese momento en mi cabeza nació esa loca idea de estar con Andrés.

    Pasaron varias semanas y Andrés y yo cada vez nos acercamos más, yo empecé a frecuentar su departamento para realizar tareas de la universidad, y en una ocasión para tomar unos tragos con él y sus amigos, él seguía contándome las locas historias sus conquistas, a la vez que las cosas con mi novio cada vez se ponían un poco más difíciles por la distancia, comencé a sentirme mal, especialmente cuando no tenía nada que hacer y me encontraba sola en mi casa. Un viernes mientras salía de la universidad Andrés me alcanzó y me pregunto si quería ir al cine con él esa noche, yo pensaba en evadir ese sentimiento de soledad que tanto me afectaba y sin dudarlo le dije que sí. Al llegar a casa me sentí un poco nerviosa, algo dentro de mi veía de manera diferente a Andrés, pero no quería aceptarlo, en ese momento solo pensé en disfrutar su compañía y de la película, me puse una ropa bastante cómoda y abrigada porque esa noche hacía bastante frío, Andrés pasó por mi a las 7 y caminamos en dirección al cine, en el camino conversamos y nos reímos bastante, una vez dentro nos sentamos en las filas de arriba, casi no había personas en la sala, continuamos charlando hasta que comenzó la película, era una película animado sobre mascotas, no recuerdo el título, pasado los minutos iniciales de la cinta Andrés levantó el descansa brazo y me abrazó acomodando mi cabeza sobre su pecho, me pareció algo muy tierno, en momentos posaba su mano sobre mi cintura y la movía muy lentamente a mi cadera, lo hacía muy disimuladamente pero yo lo sentía muy claramente, pero tengo que admitir que no me disgustaba, la película fue bastante entretenida y salimos de la sala sin más, yo me dirigí al baño y le pedí que me esperara afuera, una vez en el baño sentí bastante calor, y note mis mejillas sonrojadas, lo atribuí a mi ropa abrigada, y salí a encontrarme con Andrés, le pregunté si me dejaría en casa y me contesto preguntándome si quería comer algo, le dije que sí pero que ya era muy tarde, él se ofreció a cocinarme en su departamento, entonces tomamos un taxi y nos dirigimos a su departamento.

    Esperaba encontrarme con su rommie Sebastián, pero al entrar el departamento estaba vacío, lo que me pareció curioso, debido a que siempre en su departamento Sebastián nos hacía compañía, lo dejé pasar sin más, Andrés se dirigió a la cocina y se quitó su abrigo, bajo el cual llevaba una camiseta azul que dejaba ver sus grandes brazos, ignoré ese pensamiento y salí con rumbo a la sala donde me quite el abrigo y lo coloqué sobre el sofá, fui hasta el baño y lavé mis manos con agua fría, me acerqué muy sigilosamente hasta la cocina y metí mis manos frías debajo de la camiseta de Andrés el cual echó un grito quejándose del frío, yo salí huyendo de él riéndome descontroladamente, cuando volteé alcancé a verlo tomando un trocito de hielo de la nevera diciéndome -te jodiste-, salió en mi persecución y no tardó mucho en alcanzarme, no tenía escapatoria, me tomó por la espalda y con su mano helada por el hielo empezó a tocar mi estómago bajo mi ropa, yo grite bastante fuerte por el frío pero él no se detuvo e hizo recorrer su mano por toda mi espalda congelándola al instante, en mis intentos por intentar huir de él caímos en el sofá, él sobre mí y con su mano bajo mi ropa, nos miramos por unos segundos y sin saber que estaba pasando se inclinó y me besó.

    Fue una sensación bastante inesperada pero satisfactoria al mismo tiempo, rodeé con mis brazos su cuello y le devolví el beso, olvide el frío en mi espalda y empecé a sentir su mano recorriéndome, me levantó de un impulso y me llevó hasta su habitación, allí se acomodó al borde de su cama, encendiendo una lámpara que tenía a mano y me atrajo a sus brazos, empezó a besar mi cuello con mucha pasión, y comencé a sentir sus manos recorrer mis piernas, mis nalgas subiendo poco a poco bajo mi blusa, quitándomela de un arrebato, yo llevaba un bralette color oliva que me fascinaba, él se quedó mirando mi pecho con la poca luz que había en el cuarto y continuó besando mis hombros, bajo hasta mi cintura y acometió con sus besos contra mi estómago muy apasionadamente, yo aproveche para llevar mis manos hasta la parte baja de su camiseta y la jalé hasta que lo obligué a quitársela solo, él no se quedó atrás y comenzó a desabrochar mis jeans, mientras yo lo besaba y mordía un poco sus labios, a la vez que yo me retiraba los zapatos por detrás de manera discreta para no perder tiempo, él se detuvo por un segundo y empezó a batallar para quitarme los pantalones, yo me quedé inmóvil por unos segundo hasta que los dejo bajo de mis rodillas entonces le ayudé quitando una pierna a la vez, él se puso de pie y se quitó el suyo, junto con su bóxer, quedando completamente desnudo frente a mí.

    Mi corazón se aceleró, lo miré y lo empujé con mi mano, haciéndolo caer sentado en su cama con su pene completamente erecto, él me miró de pies a cabeza con una mirada de lujuria, lo cual me prendía aún más, no me pude resistir, crucé mis brazos y tome mi bralette quitándomelo completamente, él se acercó y tomó con sus manos mi interior y lo bajo de un solo tirón dejándome perfectamente desnuda a sus ojos, yo me lancé sobre él y lo besé mientras nos acomodamos en su cama, me colocó boca arriba y abrió mis piernas y se puso sobre mí, besando mis labios primero, luego moviéndose lentamente a mis oídos, besando cada espacio en el camino, luego bajó por mi cuello hasta llegar al espacio entre mis senos, yo dirigí mi mirada a contemplar la escena y vi su boca embestir mi seno derecho mientras su mano derecha estrujaba al otro con una fuerza increíble, solté un gemido, que también lo prendió bastante, podía sentir gotas sobre una de mis piernas lo que me hacía imaginar su pene completamente lubricado penetrándome, pero no quería apresurar las cosas, empecé a rozar su espalda con mis dedos, deslizando mis manos por su nuca llegando hasta su cabeza y su cabello, el cual tomé con fuerza y lo dirigí hacia mi otro seno el cual beso con más intensidad, haciéndome soltar un gemido aún más fuerte, seguí dirigiendo su cabeza por mi cuerpo haciéndolo bajar cada vez más hasta llegar a mi abdomen bajo, donde lo solté.

    Él continuó besándome lentamente rodeando mi vagina, hasta que se detuvo en mis labios, por los cuales comenzó a pasar su lengua muy suavemente, se deslizo hasta mi clítoris y dio un pequeño mordisco con sus labios provocándome un pequeño grito y un brinco, él solo sonrió, y prosiguió mientras yo gemía cada vez más intensamente y apretaba con mis manos el cubrecama con gran fuerza, siguió así por unos minutos hasta que tomo mi mano y la reposó sobre en mi clítoris, entendí de inmediato y continué masturbándome, él se apartó por un momento y se dirigió al armario y volvió con un condón, yo jamás había tenido relaciones con condón, no sabía cómo se sentía, pero supuse que sería igual, vi cómo se lo colocaba mientras yo mordía mi labio inferior con muchas ganas, y de inmediato se puso entre mis piernas, se inclinó un poco y muy suavemente comenzó a penetrarme, definitivamente no se sentía igual con el condón, es una sensación que no disfruté, pero trate de no pensar en eso, él terminó de acomodarse sobre mí y continuó penetrándome una y otra vez, cada vez más fuerte, con mis piernas rodeé su cadera ejerciendo aún más presión en cada embestida, lo que me hacía gemir como nunca antes.

    Empecé a decirle al oído si Kathy le había hecho disfrutar tanto como yo y él solo sonrió mientras jadeaba de placer, de repente se detuvo muy abruptamente y le pregunté qué sucedía, me dijo que no podía aguantar tanto conmigo, que había esperado por ese momento durante un largo tiempo y que había superado completamente sus expectativas, lo abracé y lo besé con tantas ganas, recorrí con mis manos toda su espalda y acaricié su trasero me sentía en el paraíso, le susurré al oído que lo quería detrás de mí, y lo empujé a un lado, me di vuelta y solo tardó un par de segundos en incorporarse, y me levanto tomándome de la cadera, estaba a su completa disposición y le pedí que lo hiciera fuerte, acto seguido me dio una nalgada y prosiguió a penetrarme lentamente una vez más, yo le grite -más!- y lo hizo por 5 segundos y se detuvo, había terminado.

    Me sentí bastante decepcionada en ese instante apenas había empezado, se acostó a mi lado y pidió disculpas, dijo que verme en esa posición fue demasiado excitante y que no pudo controlarlo, me pareció gracioso, y solo lo abracé, nos metimos bajo las cobijas y nos quedamos dormidos.

    Al día siguiente desperté un poco confundida, me vestí tan pronto como pude, y fue ahí cuando revisé mi teléfono, lo había dejado en el abrigo sobre el sofá, David había llamado varias veces, fue cuando realmente noté lo que había hecho, una pequeña lagrima recorrido mi mejilla, salí sin despedirme y volví a casa pensando que debía hacer. No pude llamar a mi novio en todo el día, no tuve el valor, en la noche cuando él volvió a llamar le confesé todo, le dije que salí con Andrés al cine la noche anterior y que tuvimos relaciones, le pedí perdón, aunque ni yo lograba perdonarme, pero no pude arreglarlo, esa noche terminamos.

    Pasaron un par de días y Andrés me buscó, un poco preocupado, le conté lo que había sucedido y se lamentó, aunque podía notar claramente que no lo sentía, sin embargo, estuvo conmigo durante esos días difíciles, luego de algunas semanas me pidió ser su novia, petición que rechacé, pues aún estaba enamorada de David a pesar de lo que había pasado, Andrés no se rindió y terminamos acostándonos varias veces, dándonos cuenta al final que fue una mala idea, lo cual nos alejó por completo, aunque se convirtió en esa persona que me hizo cometer ese gravísimo, imperdonable e inolvidable error.

  • Mini relato 1

    Mini relato 1

    La pareja se besaba apasionadamente en el sofá del salón. Sus bocas se comían una a la otra mientras sus lenguas se entrelazaban entre sí. Sus manos desabrochaban botones y tiraban de camisetas hasta que sus cuerpos se tocaron piel contra piel.

    La mujer decidió que estarían más cómodos en la cama. La pareja recorrió desnuda el pasillo hasta la cama de matrimonio. Ella se tumbó y se dejó hacer por él que la recorrió a besos desde la barbilla, mordiendo su cuello y lamiendo sus pezones de fresa sobre aquellas bonitas tetas blancas.

    La mujer acariciaba el miembro erecto del hombre, que movía la cadera lentamente follándose la mano de ella. Sus cuerpos ardían y sudaban, supurando sexo por cada poro.

    La mujer le miró a los ojos y le agarró de la nuca para volver a besarle de manera apasionada. Abrió sus piernas invitándole a que se colocara sobre ella. El hombre no lo dudó y acomodó su cuerpo entre las piernas de ella. Paseó su glande por entre los labios vaginales. Calientes. Babosos. Separándolos levemente sin profundizar. Haciendo que la mujer suspirar y pidiera, ansiosa, ser penetrada.

    Un golpe de cadera seco incrustó el glande en lo más profundo de vagina. Ella no pudo evitar gritar. El hombre la dejó clavada un par de segundos antes de volver a dar otro golpe de cadera seco. La mujer se retorció de placer al sentirse empalada de aquella manera. Sin dejar de mirarla a los ojos, el hombre comenzó un movimiento más constante. Entre suspiros, gemidos y esfuerzos siguió el polvo hasta que ella pidió más:

    -La quiero por detrás.

    El hombre pusoedoa sonrisa antes de permitir que ella se colocara en posición.

    A cuatro patas, con la cabeza en el colchón y con las manos atadas a la espalda con un lazo, la mujer se estremeció al sentir la lengua caliente de él recorrer la rajita caliente de su coño hasta su ano. Allí se entretuvo en un magnífico beso negro. Lubricándolo y dilatándolo con sus dedos. La mujer resoplaba mientras el hombre no dejaba de lamer su ojete.

    Él dejó caer una sustancia viscosa y fría desde la grupa de ella. El espeso líquido se introdujo entre las nalgas pasando por el agujero aumentando la lubricación anal. Después untó su capullo para que la penetración fuera más fácil. Por fin colocó la punta de su polla en el ojo del culo de ella y comenzó a presionar.

    Con esfuerzo, la cabeza gorda de la polla fue abriéndose paso, dilatando el esfínter y profundizando en el culo. La mujer sintió una punzada de dolor, como si se le rompiera el culo:

    -Aaahhh.

    El hombre se detuvo esperando que el recto se adaptase al intruso. Ella respiró entrecortada y pidió que siguiera. Él continuó hasta encajar toda su polla en el culo de ella:

    -Aaaho…. ra… sííí… jooo… derrr

    La mujer respiraba muy fuerte al sentirse ocupada. Su clítoris palpitaba de excitación, de su coño manaba flujo caliente que resbala a por sus muslos. Su culo ardía con el roce incesante de la polla del hombre en su movimiento de vaivén.

    Poco a poco comenzó a disfrutar de la sodomía. No era la primera vez que la enculada. El hombre era muy bueno dando por culo. Y ella lo disfrutaba. Pocas cosas le producían más morbo que estar maniatada a cuatro patas mientras le partía el culo.

    El hombre se agarró a las caderas, clavando sus dedos en el cuerpo de la mujer y comenzó a acelerar la follada. La mujer gritaba pidiendo que le diera más fuerte. Que se corriera dentro de su culo. Que la rellenaste de esa leche caliente que tanto le gustaba.

    De repente, la puerta del dormitorio se abrió. En medio apareció el marido de la mujer. Con la mirada perpleja intentaba asimilar lo que veía. Su mujer se estaba dejando dar por culo por un tío al que él no había visto en su vida.

    El amante no pudo aguantar más. La situación había hecho que su adrenalina corriese de manera temeraria y excitante. Con un grito desgarrador se corrió de manera abundante en el culo de la mujer del tipo que los observaba con los ojos muy abiertos. La mujer casi de manera inmediata, también alcanzó un sonoro orgasmo al sentir como la leche de su amante rellenaba su ano mientras su marido lo veía todo desde la puerta del dormitorio.

    La pareja cayó de bruces sobre la cama. Exhaustos. Derrotados y descubierto en su infidelidad. Dos segundos después la tensión se podía cortar. El marido permanecía inmóvil y en silencio. El amante sacó la polla del culo de la mujer produciendo un sonido de descorche. Ella, no pudo evitar un grito al sentir como el miembro de su amante le producía un vacío y su ano latía por volver a su tamaño original.

    La situación se volvió tensa. Violenta. Ella desnuda, tumbada boca abajo, sintiendo el semen salir de su culo y con la cara hundida en la almohada. Incapaz de mirar a su marido. No cabían ni excusas, ni explicaciones. El hombre, en silencio se apresuró a salir de la habitación, aún desnudo y con la polla semi erecta. Evitó mirar a los ojos del cornudo, al que tuvo que sortear para poder salir. Una vez en el salón recogió su ropa, se vistió y se largó.

    El marido le miró con ojos asesinos. Con ganas de matarle, pero incapaz de asimilar lo que había sucedido. Inmóvil miraba a su mujer que apretaba los ojos deseando que todo aquello fuera un sueño…

  • En la tienda de perfumes

    En la tienda de perfumes

    Llegó la Navidad y con ella la locura de las compras. Miami es uno de esos lugares donde los centros comerciales están abarrotados de muy buen producto. En general se hacen muy buenas compras no solo en Navidad, el producto está en este caso cien por ciento orientado a la demografía de la zona y por eso aun siendo pleno diciembre se pueden encontrar buenas ofertas en ropa de verano. Ocasión que aproveché para comprarle dos camisas estampadas a mi compañero de renta y amante ocasional, historia que creo que ya les he contado por ahí.

    Eran finales de noviembre y yo tengo la costumbre de buscar los regalos con tiempo, y la vestimenta a usar en esas fechas. Desde que llegamos mi amigo me llevaba a Orlando a casa de una tía lesbiana que daba unas fiestas espectaculares, ahí se reunía la familia muy tolerantes todos. Nos vestíamos muy bien sobre todo para las fotografías y crear memorias como bien decía Naty la pareja de Clara la tía de mi compinche.

    Las reuniones siempre se hacían en Orlando porque el verdadero nombre de Naty es Natalidad y había nacido precisamente el 24 de diciembre. Celebrábamos con su familia al no tener yo a nadie cercano aquí.

    Sus tías cuarentonas que si sabían de nuestra extraña relación se las ingeniaban con apapacharme y mimarme con dulces y comidas exóticas. Naty muy femenina por cierto cocina como los dioses y siempre estaba inventando platillos que yo personalmente degustaba con mucho entusiasmo. En su amplia casa siempre nos reservaban el último cuarto con un colchón de agua que era muy conveniente para esas noches de lujuria que se sentían más bien como una luna de miel. Era obvio que la tía nos deseaba juntos porque nos ponía colonia en las sábanas, chocolates y lubricantes de sabor debajo de la almohada.

    Con esos recuerdos tan lindos me acerqué al mostrador de colonias con una media erección, que bajó debido a la presión de los vendedores que no cesan de ofrecerte esta y aquella última colonia. La billetera estaba llena así que el precio no era problema, el lio era que al ser muy selectivo nunca salía satisfecho con nada de lo que probaba, sin mencionar la confusión en tu cerebro que luego de probar más de tres perfumes todos huelen igual o todos huelen a alcohol.

    Comencé a husmear mientras un vendedor de tersa cara y abundante pelo peinado hacia un lado me ofreció varias cosas que venían incluidas con mi compra de una colonia como oferta de navidad. Dudé un poco y le expliqué que se me confundían los olores.

    Café oí decir a una voz carrasposa a mi lado izquierdo, si hueles café cada vez que hueles un perfume te neutraliza el olor en el cerebro, exactamente asintió el vendedor mientras se alejaba por unos segundos a buscar el frasco.

    -Hola soy Pedro.

    -Javier mucho gusto.

    -No quise ser entrometido es que me encantan los perfumes, bueno aquí les dicen colonia jejeje.

    -Nah no pasa nada a mí me gustan mucho también, ese truco no me lo sabía.

    El tipo era de mi tamaño, ojos marrón y pelo oscuro como los vellos de sus musculosos brazos, pecho firme y pronunciado, corte de pelo bajo atrás y medio alborotado delante, llevaba camiseta ordinaria con logotipo de la marca enfrente, facciones rudas en su cara, barba de por lo menos tres días pero arreglada, anchos shorts cargo color naranja, se veía descuidado pero bonachón, más bien inofensivo inocente. Era como dicen por ahí ni feo que espante ni bello que encante. Se agarró su bulto discretamente para acomodar algo, era bien pronunciado y redondeado. Mucho testículo y poca pinga pensé yo.

    Nos interrumpió el vendedor con un pomo que contenía granos de café mientras le decía a Pedro ya tengo lo tuyo, ya lo voy a mandar a envolver pero tienes que esperar porque hay muchos pedidos. Ya regreso joven dijo dirigiéndose a mí y se volteó rápido.

    El chico aparentaba en efecto ser joven aunque sus facciones no dejaban de ser rudas de campo con un rostro dorado y maltratado por el sol diría yo. Luego de intercambiar información de rutina y confirmarme que era obviamente cubano y del campo me dijo también que había llegado en una embarcación como yo y que su esposa de 5 años lo había dejado al llegar aquí marchándose para Utah con su hijo.

    -Tengo 3 meses que nada de nada ¡tremendo queso es lo que tengo!

    Su vulgaridad no me sorprendió, al contrario me resulto familiar de un hetero separado como él.

    Cambió el tema nuevamente hacia las colonias incitándome a que me acercara a él y oliera su cuello.

    -Son casi las dos y me la puse a las nueve de la mañana.

    Aspiré su ancho y venoso cuello Su olor era exquisito ya que la cálida temperatura de Miami y su PH producían un aroma inigualable daban deseos de comérselo.

    Terminamos la compra en la cual fue bien decisiva su opinión, ya que sus sugerencias siempre estaban de acuerdo a mis gustos. ¿Ya almorzaste Pedro?

    -No, he estado tan entretenido que no he pensado en eso.

    -Ven vamos al food court después de la ayuda te pago hasta una puta para que te saque el queso.

    Luego de reír por la broma asintió con la cabeza mientras balbuceaba, a esta hora lo mismo me da una puta que un maricón.

    Yo acostumbrado a esas frases vulgares no le presté mucha atención solo reí.

    Comimos algo ligero y la conversación se fue haciendo más grata cada vez, sonreía todo el tiempo. La charla nos llevó al tema de las profesiones. Entonces Pedro comentó:

    -No creas que por ser del campo soy un guajiro bruto, soy ingeniero agrónomo. Total el titulo no me servía allá ni tampoco aquí estoy trabajando como un mulo en la construcción.

    -Por lo menos no pagas gimnasio, yo si no salgo por la mañana a correr no me mantuviera en forma, entre la comida y las cervezas de mi amigo que vive conmigo si no me cuido… Aunque me gusta el ron.

    -Uff a mí me acaban de traer una botella de un ron venezolano que me han dicho que es de lo mejor, no tengo con quien romperla ¿te animas?

    -Broder te acabo de conocer pero esa invitación no se puede desperdiciar, aquí uno va perdiendo las costumbres y se nos olvida que en Cuba no te conozco y te invito a un trago porque si y somos amigos ya.

    Llegamos a una hermosa casa en Hialeah, dejamos los carros parqueados debajo de un árbol.

    -Ven sígueme que la entrada es aquí por el otro lado.

    -Abrimos una pequeña puerta en la cerca a la altura de la cintura y en el pequeño patio nos recibió una anciana bien vestida y olorosa con una bolsa en la mano,

    -Hola mijo, te vi llegar mira esto es tuyo antes de que se me olvide nos vamos ya, es que tengo la cabeza mala en estos días. Ese muchacho que viene a cada rato te dejó esto aquí, dice que se te quedó en su casa, el rubiecito ese tú sabes…

    -Si ya se (cortó Pedro nerviosamente la conversación)

    -Dice que se va a mudar y que ya no vive más ahí, y este chico tan guapo ¿otro amiguito?

    -Si Dalia este es Javier.

    Mucho gusto dije yo

    -Yo voy a cerrar bien porque Manolo y yo nos vamos para el club del danzón pero si ves algo nos avisas. Esa gente de enfrente no me gusta nada.

    – Está bien Dalia que la pasen bien.

    Pedro abrió un portón alto de madera que combinaba con la cerca también del mismo material. Parecía otro mundo, infinidad de plantas llenaban un espacio increíblemente bien cuidado, un tronco seco colgaba de la extensión de la cerca y varias plantas de orquídea colgaban de ella. Pedro al ver mi estado de éxtasis me dijo: Cierra la boca que te van a entrar moscas, y cuidado cuando vayas a entrar, gira a la derecha para que no le des un cabezazo al refrigerador.

    Lo del refrigerador era medio en broma medio en serio porque era bien obvio que habían metido un refrigerador súper grande en un espacio tan pequeño. La distribución era algo rara porque a la derecha había una cocina completa con meseta a todo lo largo de la pared con cerca de 6 botellas de ron de diferentes tipos, buen fregadero limpio no había restos de nada como si no se usara aquello, mucha estantería y un closet al final, el refrigerador no estaba orientado hacia la puerta sino enfrente a la cocina eléctrica, de ahí la broma. La puerta para ir al cuarto quedaba al lado del susodicho refrigerador.

    -Ven pasa, es reducido pero esto es lo que hay.

    Una amplia cama contra la pared y unos muebles de varios anaqueles uno de ellos como con doce colonias diferentes. Todo limpio y organizado.

    -Huele a Tienda de perfumes.

    Jajaja eso mismo dice… mi novia la última que tenía. Dijo titubeando un poco. Se quitó los tenis y me dijo: te puedes sentar en esta sillita o en la cama me da igual. Puso la bolsa encima de la silla, yo escogí la cama. Llevó las medias a su nariz mientras decía: ¡Que peste a pata! Yo, luego de tantas vulgaridades dichas por él solo reía.

    -No te importa si me doy una ducha rápido de verdad que estoy todo sudado y los pies me huelen mal, me da una pena.

    Se quitó la camiseta y se olio debajo de las axilas, luego se fue descalzo hacia la cocina para regresar con las manos mojadas y dos vasos limpios goteando agua y la botella de ron prometida, rompió el sello mientras decía: Esto es más rico que quitarle la virginidad a una guajirita. Sirvió y me dijo: A mí me gusta así sin hielo ni nada así es como lo toman los hombres ¿no?

    Yo tan extasiado con aquel cuerpazo que parecía casi esculpido a mano no pronuncié palabra alguna, sus hombros anchos y sus músculos definidos marcaban unas inmensas venas, su pecho era un colchón peludo que bajaba hacia la barriguita diminuta y se perdía debajo del short. Había diferencia obvia de color entre los brazos y el cuello dorados el resto era mucho más blanco.

    Yo asentía con la cabeza a todo, ese macho me estaba poniendo tan caliente que yo sin poderme contener comencé a tener una erección brutal.

    -Se siente rico el piso frio, te puedes quitar los zapatos, seguro que a ti los pies no te huelen tan mal como a mí y la camiseta también, allá en mi pueblo nos íbamos al rio a bañarnos todos en cuero y a tomar ron yo estoy acostumbrado, a mí no me da vergüenza nada.

    Se despojó de aquellos horribles short naranja y me dejó ver unos muslos bien formados y un buen bulto atrapado en unos calzoncillos estilo short corto bien pegaditos de color negro, se veían caros y de buena tela. Yo solo miraba disimuladamente todo su cuerpo musculoso y peludo se acarició su bulto dos o tres veces rápidamente como despertando algún monstruito que estuviese durmiendo y luego se metió la mano para ajustar aquello que despertaba ligeramente. Estos son de los mejores dijo levantando el elástico y chocándolo contra su piel, yo que estaba sentado en el borde de su cama sin darme cuenta ya había tomado un cojín y lo había posicionado encima de mi disimuladamente cuando comenzó mi erección.

    Me voy a la ducha espérame que yo no demoro, me sirvió más en el vaso y me dejo ahí, yo comencé a husmear alrededor y a mirar los perfumes en detalle hasta perder la noción del tiempo. Sin aguantar las tentaciones morbosas agarre la bolsa de plástico que le había dado la señora y la desaté, un fuerte olor a sudor y semen salió de ella, la acerque a mi cara y pude ver uno de sus calzoncillos dentro y una camiseta medios húmedos, aunque su aroma era más bien intoxicante para mí, se podía percibir claramente olor a semen.

    Abrió la puerta del baño secándose bruscamente el pelo y me agarró por supuesto con la bolsa en la mano.

    -La iba a mover, me iba a sentar en la silla.

    -Uff si se abrió perdóname esto huele a leche… Mira te voy a decir la verdad ese tipo es un mariconcito y le cogí el culo. Vaya ya aquí de a hombre a hombre. No se la eché dentro pero nos limpiamos con mi ropa y el muy hijoeputa me la devolvió en vez de botarla o lavarla.

    Entiendo si te pone incomodo pero es que aunque yo no soy bisexual pues así con tanto tiempo sin nada, tú sabes cualquier hueco saca leche. Igual no sirvió la amistad porque estaba muy partía era una desfuacatá y no era discreto, ah y quería hasta que me mudara con él.

    Me senté en la silla para procesar toda la información y me di un trago largo.

    -No broder a mí no me importa, de hecho tengo como curiosidad. (mentira piadosa)

    -Si, yo te vi que te pusiste el cojín cuando me quité la ropa, eres bien bonito ¿sabes? tienes tremendo cuerpazo, ¡y un culo! además eres macho, eso me gusta porque si voy a estar con un hombre, que sea varón, para metérsela a alguien que este gimiendo como mujer mejor me busco una de verdad.

    – ¿Te quieres bañar? bueno, primero dime, ¿qué te gusto o qué? honestamente yo no tenía esperanzas contigo porque te vi todo varonil ahí, me acerqué a ti sin esperar esto solo para vacilarte ese culo que vuelve loco a cualquiera y porque si no me equivoco, venias medio erecto al mostrador.

    -Bueno… yo venía medio erecto sí, pero te acepté tu invitación sin malicia. De verdad creo que valió la pena porque el ron que está muy bueno, yo no es que salga a la calle a buscar nada de esto pero oportunidades como esta no se desprecian (mentira piadosa a medias) Tú no estás nada mal, tienes buen cuerpo, me caes bien y me haces reír muchísimo vaya no hay malicia en ti, típico de la gente buena del campo. Y como dices tú, si voy a probar con un hombre que sea varón.

    Se acercó a mí con la toalla en la cintura, su erección era obvia e iba hacia un lado, pegó ligeramente su barba a mi mejilla y la rozó levemente siguiendo hasta mi cuello y apoyando su cabeza ahí entonces agarró mi mano y me la puso en su pecho, mis dedos comenzaron suavemente a jugar con sus pelos, con sus dos manos me quitó la camiseta, movió la cabeza volviendo a apoyar ahora su barbilla en mi pecho besándolo.

    -¡que buen pecho tienes! y casi sin pelitos.

    Su voz aguda y carrasposa me estremeció. Me chupó una tetilla mientras yo lanzaba mi primer suspiro de placer, se quitó la toalla de un tirón y se separó un poco, tenía un hermoso miembro mucho más grande que el mío blanco como su cuerpo y bastante grueso mediría cerca de 8 pulgadas y algo con el prepucio cubriendo todo el glande que hacia una arruga bien bonita. Se agarró el tronco y la apretó fuerte dejando ver unas hermosas venas la sacudió dos o tres veces y se dio unos golpes con ella en la palma de la mano, sus testículos colgaban también grandes y bastante bajos, toda la zona velluda como sus muslos y piernas.

    ¿Qué, te animas? Balbuceó Pedro, a ver vírate le contesté yo. Jejeje nah aquí el hombre soy yo ripostó desafiante.

    -Aquí los dos somos hombres así que bebe y relájate, yo hago lo que tu hagas pero esto es de mutuo acuerdo.

    -¿Tú sabes por qué voy a aceptar Javier? Porque me tienes loquito y sé que tú no eres como la otra, eres un macho de verdad. Lo que pase dentro de estas cuatro paredes se va a la tumba ¿si o si? Yo solo asentí con la cabeza.

    Se viró para enseñarme un par de hermosas nalgas redondas y peluditas blancas como el resto de su cuerpo, con una curvatura bien pronunciada hacia arriba al parecer de montar a caballo, me llevó mis manos a ellas y me dijo: Tócalas pero no me metas el dedo. Las comencé a besar mientras me masturbaba, le pase la lengua por ellas y se puso las manos en las rodillas para estar más cómodo, metí mi boca y nariz entre ellas chupando allí.

    -¿qué haces?

    -Mmmtu dmm djiste el mmmeded…

    -ahhh, ahhhh ¿qué dices?

    Saqué mi boca un momento para decirle: Tú me dijiste el dedo pero no me dijiste nada de la lengua. Abrí sus nalgas con mis dos manos y comencé a darle lengüetazos por su cerrado orificio bien rosadito y caliente. Se retorció dos o tres veces y se volteó bruscamente para ponerme la pinga en cara y darme varias veces con ella en el cachete derecho. ¡Esto es lo que tengo para ti! Le chupé la punta y metí mi lengua muy sutilmente en el huequito, el sabor salado de su pre seminal era sabroso, yo estaba tan caliente que si me tocaba me venía, corrí toda su piel y apareció una hermosa cabeza que hacía honor al resto, rosada y brillante. La chupé varias veces suavemente reparando con mi lengua en el frenillo que une la cabeza con la piel y es por seguro la zona más sensible, sus gemidos de placer aumentaron. Paré bruscamente y me incorporé, me di otro trago él también.

    -¿Pasó algo?

    -No, me voy a bañar.

    -A ver yo decido.

    Me quitó los zapatos delicadamente y me olió los pies, luego me ayudo a incorporarme y zafó los jeans que yo traía mientras me decía: Eres un mentirosito tú has hecho esto otras veces, esa mamada de culo no es de primerizo y lo que me hiciste en la pinga tampoco. Me olió las axilas sin pudor, bajó su cara lamiendo mi abdomen y pasó bulto por la cara oliendo intensamente, me bajó los calzoncillos y mi pinga salió volando como un resorte, me olió los huevos, me viró abrió mis nalgas y aspiró una vez más.

    -Mmmm ¡qué cuerpo!, estas limpiecito yo te meto mano así mismo.

    Ahí en cuclillas como estaba me comenzó a lametear los testículos muy deliciosamente para luego pasar la lengua por entre mis piernas y buscar mi culo, estuvo chupando un poco hasta que me viró de espaldas y me hizo poner mis codos en la silla para que mi culo quedara a su merced, con sus manos callosas abrió mis nalgas y comenzó a chupar desmesuradamente cada ápice de mi parte trasera llenándome toda la zona de saliva y escupiendo desde donde comienza la raja hacia abajo, luego pasó el borde de su mano una y otra vez sin meter el dedo, mis gemidos de placer aumentaron por el masaje y porque sentir sus manos como lija, era delicioso, luego me volteó y me ayudó a incorporarme, desnudos los dos nos abrazamos y volvió a ponerme su barbilla en mi hombro besando mi cuello y lamiéndolo delicadamente, era delicioso sentir su barba rala, sus manos fueron directo a mis nalgas que con la dureza de sus manos acarició toscamente, me dio una nalgada suave y con su voz sexy me dijo: Yo no hago mucho esto pero hoy vale la pena, se acercó a mi cara y me planto el besó más inesperado y delicioso que hubiese experimentado en mucho tiempo. Mis labios respondieron de igual forma formando una batalla de chupeteos y mordiscos.

    -¡Grrr me tienes loco coño yo nunca me había sentido así con un hombre!

    Volvió a gruñir apretándose duro a mi cuerpo rozándolo con el mío, agarró las dos pingas con su callosa mano y comenzó a masturbarlas con deseo, me chupó el cuello un poco más fuerte por la euforia y lo empuje violentamente por el pecho, ¡no me muerdas!

    Me fui al espejo que tenía en la pared y me revisé meticulosamente mientras me servía de la botella. Perdón Javier no te quise marcar pero es que me tienes a mil y ese empujón que me has dado mira cómo me ha puesto. Su pinga latía y soltaba copiosas gotas de pre semen que corrían y manchaban el piso. Lo abracé con un solo brazo más bien le hice una llave y lo besé como bestia, a lo macho. Le pasé mi lengua por la cara y mordí su labio inferior levemente sin hacerle daño le di una nalgada y le di otro empujón que lo tiró de bruces en la cama ¡ponte boca abajo! Obedeció y le abrí las nalgas, escupí y me puse a mamar su culo esta vez haciéndole círculos y chupando su esfínter vigorosamente, lo posicioné en cuatro puntos para poder masturbarlo. Lo tenía dominado por casualidad y el muy morboso disfrutaba como una perra. Saqué mi lengua y puse la punta del dedo índice, ¡ahh me duele! saca, saca.

    Volví a humedecer mis dedos y los volví a introducir suavemente mientras lo masturbaba intensamente; Solo se sintió un ahh de placer. Le volví a poner mi lengua esta vez en su hermoso par de güevotes peludos y jugué con ellos un rato, lo puse boca arriba y comencé a chuparle todo su miembro metiéndome poco a poco todo aquello, al tiempo que jugaba con su rosado hueco, cuando su glande rozó mi garganta y él estaba comenzando a recrearse volví a meter esta vez mi dedo entero y busque su próstata, ya no se resistió y comenzó a gemir. Su voz ronca me provocaba tanto que deje lo que estaba haciendo para ir a comerme sus labios a mordiscos quedando encima de él con la pinga entre sus piernas.

    -¿Quién se la mete a quién?

    -Los dos queremos lo mismo Javier.

    Puso sus manos en mis nalgas y las abrió, metió la punta del dedo y hurgó un poco, yo al estar tan excitado y con tal machazo haciéndome tantas cosas ricas abrí para que metiera el dedo aunque raspaba un poco y apenas tenía lubricación alguna. No te dolió ¡tú tienes el culito roto cabrón! Se reía pícaramente a ti te han gozado ese culo. Me dio una nalgada y se bajó de la cama. A esa hora y con tamaño semental se me antojó que aunque doliera, bien valía la pena darle el placer de penetrarme sin martirizarlo más ni jugar con su culo. Vi como trataba de orinar pero su erección no cooperaba, se viró hacia el área de la ducha y apuntó más relajado sabiendo que no iba a manchar nada.

    -Te dejo cogerme el culo si me dices una cosa.

    Me miró con cara de desconfianza, su erección bajaba mientras él se lavaba un poco con agua. Alzó la cabeza como ¿Qué?

    -¿Cuantos hombres te han mamado el culo y cuantos te han metido el dedo?

    Yo me serví otro trago esperando la respuesta, él se acercó a mí y bebió de mi vaso, juntó sus labios con los míos y compartió lo que tenía en su boca conmigo.

    Bueno a decir verdad…, ese mariconcito fue el tercer hombre con el que estuve y yo siempre he sido el macho en todos los encuentros, los otros dos me mamaban un poco el culo pero no como tú. Y el dedo nunca me lo deje meter por nadie. Allá en el rio varias veces había un chamaco que me mamó la pinga pero solo eso, yo era un crio eso es normal en la pubertad. Así, así de estar tan a gusto y dejarme hacer esas cosas a voluntad solo tú, además cuando me empujaste sentí algo rico como deseos de más.

    -jeje ¿Te gustó guajiro?

    -Oye esas mamadas de culo que me diste ¡man! Y el dedo, y donde me tocaste allá adentro… por poco me vengo.

    -Está bien papo te voy a dejar que te des el gusto pero yo estoy nuevecito, así que trátame bien.

    Lo agarré violentamente por el brazo y lo pegue a mí, lo bese rápido y brusco y le pregunté serio: ¿Un ratico tú y un ratico yo? Negó con la cabeza, yo a ti me respondió. Abrió la gaveta cercana y sacó lubricante y condones. Lo abracé de nuevo estilo llave y lo dirigí a mi pecho que tanto le había gustado para que jugara en esa zona con su lengua.

    -¿Tu mamas guajiro?

    -Un poco

    Llevé mis labios a su boca mientras mis dedos recorrían delicadamente su espalda sutilmente con las yemas desde su cuello bajando por toda la espalda hasta encontrar sus peludas nalgas, las abrí y volví a pasar el dedo por el caliente orificio.

    -Me haces sentir cosas que ni una mujer me ha hecho sentir nunca creo que a esta hora yo hago lo que tú me pidas, dijo Pedro.

    Se arrodilló delante de mí y comenzó a chupar deliciosamente. Métete el dedito anda le dije cariñosamente. Mm mm negó el con la cabeza sin sacarse mi pinga de la boca. Daaale metete el dedo y después me lo metes a mí. Le di un poco de lubricante mientras yo subía mi pierna en el borde de la cama y delante de sus ojos comencé a meterme los dedos en mi culo. Comencé a gemir mientras le metía y sacaba mi pinga de su boca, por fin accedió a mi pedido y cuando lo volví a ver ya comenzaba a meterse más intensamente dos dedos hasta que se incorporó y me dijo: O te la metes tu o me partes el culo pero esto es demasiado bueno. Lo puse en el borde de la cama, con las nalgas hacia mí y con la espalda arqueada y le di una nalgada, luego rodeé su venoso cuello con mi brazo como ahogándolo ligeramente mientras mi cabeza rozaba su dilatado agujero, puse más lubricante y empuje la cabeza, le di otra nalgada ligera, ahh gimió es que duele… ahhh. La saqué, embarré mis dedos y comencé a meterle dos, luego tres, el del medio jugaba con su próstata, me puse el condón y sin avisar cambie los dedos por la punta de mi pinga y un poquito más. Huyyy no, no sácala que duele… shhh tranquilo guajiro que el dolor se va, puse más lubricante en la zona y volví a empujar, hay que rico pero duele, me acerque a su oreja y mordí el lóbulo, agarre su pinga medio erecta y comencé a masturbarle solo la cabeza y jugar nuevamente con su frenillo, se fue clavando él solo hasta tenerla toda dentro, en vez de sacar y meter me moví un rato en círculos mientras ya gemía de placer con su ronca voz: ¡hay me partiste el culo que rico es esto! Dijo de una vez sin tapujos.

    Lo comencé a masturbar de nuevo esta vez metiendo y sacando mi pinga de su recién abierto culo. Solo estuvimos con el mete y saca como 10 minutos más porque no se pudo contener mucho y se vino como un semental, cerca de seis chorros de leche aguada mancharon las sábanas y yo al ver aquello me saqué el condón para echarle toda mi leche en sus nalgas.

    Huyy me duele, pero no me arrepiento, si iba a pasar que fuera con un machote como tú.

    Comenzó a besarme los labios con deseo y a meter su lengua bien dentro. Se bajó para ir al baño que quedaba solo a unos escasos pies de la cama yo traté de arreglar mi compostura.

    -Lávate bien con cuidado porque esta sensible, a lo mejor ves sangre es normal… espera ¿te ayudo?

    Acomodé la almohada detrás de mí y con ella agarré una bolsita que al abrirla contenía un pequeño consolador.

    -Parece que el único mentirosito no soy yo.

    -Bueno me descubriste pero la tuya es la primera de verdad que me meto y es más grande, se siente muy rico con las cosas que me hiciste. Trae un trago que vamos a bañarnos, ven.

    Sigue mis historias aquí.

    Gracias por leerme y no olvides valorar o comentar.

    Siempre tuyo ThWarlock

  • Chantajeado por mi tía abuela

    Chantajeado por mi tía abuela

    Todo esto sucedió hace 7 meses. Mi abuela estaba muy enferma y estaba en el hospital. Es por eso que su hermana, y tía de mi padre, Norma, se estaba quedando en nuestra casa ya que ella vive en un pueblo a 3 horas de la ciudad. Mi tía abuela Norma es una vieja de 68 años, gorda, con el cabello rubio (teñido). Pequeña, 1.55 cm de estatura. Culo y panza enormes. Sus tetas también son enormes, aunque muy caídas. Ella está casada hace 40 años con su marido, un anciano cascarrabias. La verdad nunca le había prestado atención, ya que siempre la vi como la anciana hermana de mi anciana abuela.

    Por mi parte, soy un chico atlético. Me llamo Javi, tengo 21 años y un apetito sexual voraz, como cualquier chico de mi edad. Alto 1.79 m, ojos y pelo negro, y de rostro bastante normal, por eso desde mis 17 años que voy al gym, y mi cuerpo está fuertemente tonificado, abdominales, pectorales y bíceps bien formados. Siempre supe que al no poseer belleza física entonces debía enfocarme en mi cuerpo para atraer a las chicas.

    Una noche estábamos todos en el hospital ya que mi abuela se encontraba ya muy mal, y mis padres decidieron quedarse esa noche ahí, ya que podrían haber malas noticias en cualquier momento. Me pidieron que regrese a casa con el auto familiar y lleve conmigo a mi tía abuela Norma. Acepto, y nos vamos. Estaba lloviendo mucho esa noche y era ya muy tarde. Durante el viaje, Norma no paraba de hablarme. Yo solo decía que si a todo lo que ella comentaba, no me interesaba hablarle. Lo que si note es que tocaba mi pierna, pero al ir yo conduciendo la verdad es que no podía prestarle atención. Al llegar a casa, y al intentar aparcar el auto en el garaje, una mala maniobra hace que raye todo el auto del lado del conductor. Desesperado me bajo y bajo la intensa lluvia me pongo muy nervioso al ver que he rayado todo el auto de mi padre. Me desesperé tanto que ya podía imaginar su enojo, sus gritos y el no darme más dinero como castigo.

    En ese momento de desesperación, pasé como 5 minutos bajo la lluvia, por lo que quedé empapado. Norma se baja del coche e intenta meterme dentro de la casa:

    – Javi vamos dentro de la casa, estas empapado!

    – No, déjame. No sé qué voy a hacer!!!

    – Javi por favor vamos dentro. Encontraremos una solución.

    Accedo y entramos a la casa empapados. Yo me encuentro muy nervioso, mientras Norma trae unas toallas para secarnos. En ese momento, yo estaba en un estado de histeria, por lo que no prestaba mucha atención a lo que Norma hacía.

    – Ay Javi! Cuando tu padre se entere te matará!

    – Ya lo sé!! No sé qué hacer tía!!! No me dará más dinero

    – Lo primero es tratar de secarte porque si no te enfermarás!

    Mientras decía eso, comenzó a desabotonar mi camisa toda mojada. Finalmente me quitó la camisa, y comenzó a secar todo mi musculoso cuerpo. Por momentos podía sentir como utilizaba sus manos para secarme, en lugar de la toalla. Podía sentir sus viejas manos tocando mis pectorales y mis abdominales. Pero mi estado era todavía de nerviosismo por lo que solo podía pensar en solucionar el problema del auto.

    – Javi deberías tomar una ducha caliente para calmarte y para evitar enfermarte

    – No!! Primero debo pensar como solucionar esto!!

    – Javi, por favor escúchame. Déjame que te ayudo a quitarte el pantalón así puedes tomarte una ducha caliente.

    – Nonono, gracias. Yo puedo hacerlo solo

    Le dije mientras me alejaba, notando su cara de preocupación. Tomé de sus manos mi camisa, que ella aun sostenía fuertemente.

    – Iré a tomar una ducha y pensar que le diré a mi padre.

    – Eso es lo mejor Javi. Ve y yo te buscaré ropa seca, no te preocupes. Encontraremos una solución.

    Fui al baño, me desvestí y estuve en la tina aproximadamente 40 minutos. Al salir, voy camino a mi habitación para cambiarme y ponerme ropa seca, ya que estaba desnudo, solo me había atado una toalla a la cintura. Antes de llegar a mi cuarto, me sorprende mi tía abuela…

    – Javi, aquí te conseguí ropa seca para que te pongas.

    – Gracias tía, no debías. Me cambiaré rápido ya que sigo desnudo. Qué pena me veas así.

    – Ay Javi, ninguna pena!! Sabes lo que es para una vieja como yo poder ver a un chico como tú? Es como mi regalo de Navidad

    Sonrío y tomo la ropa que mi tía abuela me había conseguido, y le digo:

    – Bueno, gracias. Me voy a mi habitación a cambiarme.

    Y emprendo mi camino hacia mi cuarto. Cierro la Puerta, pongo la ropa sobre mi cama, y escucho golpes en mi Puerta.

    – Si???

    – Javi, discúlpame, ya te has cambiado? Necesito hablar contigo solo 2 minutos.

    – Puedes entrar… Que pasa?

    En ese momento, entra ella como muy temerosa. Yo me siento en mi cama, solo con mi toalla cubriendo mi desnudez y la miro esperando a ver que es lo que me quería decir…

    – Javi estuve pensando en que podemos decirle a tu padre acerca del coche.

    – Tía, le diré la verdad y que me castigue sin darme dinero… lamentablemente no tengo otra opción.

    – Espera Javi, yo quiero proponerte algo. Diré que yo fui la que conducía el coche, que tú no te sentías bien y yo te obligué a que me dejes conducir y que fui yo la que rayó el auto… no me dirán nada. Ofreceré pagar los daños.

    – Nooo Tía, como harás eso! estás loca???!!

    – Javi, lo hare! No dejaré que te castiguen.

    En ese momento me levanto de mi cama, y voy hacia ella. Abro mis brazos y la abrazo fuertemente agradeciéndole. Todo mi musculoso y desnudo cuerpo abrazando su vejez.

    – Muchas gracias tía!!! Te debo una grande

    – Bueno Javi, yo en realidad quería pedirte algo a cambio.

    – Claro que si tía!!!! Lo que necesites por favor dímelo.

    Dije yo con completa Inocencia. En ese momento, ella se aleja unos centímetros de mí, y mirando hacia mi torso desnudo, pone su mano sobre mi pecho. La miro como desconcertado, ella no me miraba a la cara, solo miraba mis músculos mientras su mano suavemente comienza a bajar desde mi pecho hacia mi ombligo, suavemente acariciando mis abdominales.

    – Hace mucho tiempo que yo… Bueno. Tú sabes que mi marido es un cascarrabias, no nos divorciamos por el que dirán. Pero hace más de 15 años que no me siento mujer.

    – Y esto que tiene que ver tía?

    – Al quitarte la camisa hoy mientras intentaba secarte, y ver el hombre en el que te has convertido, ha despertado en mi un deseo muy fuerte.

    – Tía de verdad no sé qué está pasando…

    – Javi, yo estoy dispuesta a mentir a tu padre, pagar el daño del coche… a cambio de que tú me des una… una… una buena follada.

    En ese momento me echo para atrás, y vuelvo a sentarme en mi cama. Agobiado, no sabiendo que hacer, ni que pensar. La miro como desconcertado, y ella se queda parada mirándome, y mientras se cruza de brazos me dice:

    – Javi, es tu decisión. No tienes otra salida, o te enfrentas a tu padre o cumples conmigo, y yo me encargo de todo. Lo único… no tienes mucho tiempo. Tu padre llegará en la mañana y verá el coche, por lo que solo tienes esta noche para tomar la decisión.

    Dentro de mi cabeza solo pensaba en que la maldita anciana tenía el plan perfecto. Así como ella lo había dicho, estaba atrapado en su perverso plan. No quería follármela, pero me daba pánico no tener mi dinero para salir de fiesta con mis amigos e invitar tragos a chicas realmente hermosas. Luego de pensar esto por 2 minutos, finalmente cedí ante el morboso plan de mi tía abuela. Y mirándola fijamente a la cara con todo mi enojo y resignación, me quito la toalla de la cintura y le digo:

    – Bueno, creo que te vas a salir con la tuya vieja morbosa. Ven y cómetelo.

    En ese momento ella suelta una sonrisa, y se acerca casi corriendo hacia mí. Yo aún sentado en mi cama, pero sin la toalla, dejaba al descubierto mi polla peluda y flácida. Ella se arrodilla y casi sin respirar se lo mete en la boca. En ese momento, yo echo mi cabeza para atrás y cierro los ojos para imaginarme que es alguna tía buenorra la que me está chupando la polla y no mi anciana tía abuela. Ese plan funciona, ya que al tener los ojos cerrados imaginándome otras mujeres, y con lo ahogada que estaba Norma con mi polla, ésta se empezó a poner durísima. Ya que vaya, soy hombre y no soy de piedra, tener una boca mamándote la polla, pone duro a cualquiera. Le digo:

    – Estás disfrutándolo verdad?

    – Javi, que rica polla tienes. La última vez que me comí algo así de grande y duro fue hace más de 40 años!

    – Cométela y cállate, vieja morbosa. Mira como te estas cobrando el favor, estas ahogada en mi polla.

    En ese momento ella se detiene, se pone de pie, y entonces yo abro mis ojos para ver que hacía. La vieja empieza a quitarse la ropa, comienzo a ver su desnudo y anciano cuerpo. Sus tetas eran enormes, sus piernas y su culo también. Tenía el coño súper peludo. En ese momento vuelvo a cerrar los ojos, ella me toma la mano y hace que me pare. Una vez de pie, sigue chupándome la polla como una puta. Yo comienzo a tomarle la cabeza y empiezo a bombardearle la boca. Ya estaba súper cachondo. Ella se ahogaba y casi vomita en varios momentos. Se detiene y mientras sigue arrodillada, y con los ojos llorosos mirándome desde el piso me dice:

    – Ahora quiero que me folles Javi

    – Si, ya lo sé qué quieres que te folle. Acuéstate en mi cama, así te demuestro lo que soy y ya terminamos con esto.

    Ella se acuesta en mi cama y abre las piernas como una completa puta. Yo me monto encima de ella, me pongo un poco de saliva en la polla, que igualmente ya estaba súper mojada de la saliva de la puta de Norma. Me monto encima, y agarrándome la polla empiezo a apoyarla en su coño mega peludo. Ella empieza a gemir. Teniendo la delicadeza de no lastimarla, empiezo a metérsela suavemente, estaba mojada la vieja zorra. Sigo metiéndosela, mientras ella sigue gimiendo hasta sentir que toda mi polla está enterrada en su viejo coño. En ese momento empiezo a follarmela cada vez mas y mas duro. Ella comienza a tomar mi culo mientras yo me la follo duro y grita como una puta veinteañera. En ese momento, empieza a buscar mi boca para besarme, me resisto. En un momento ya no pude resistir más, y pensé que como no podía salir de esa situación, lo único que podía hacer es dejarme llevar y disfrutar y eso hice. Nos comenzamos a besar apasionadamente, toda su lengua estaba dentro de mi boca mientras la mía jugaba con la suya.

    – Javi me estas destrozandoo!!!

    – Esto era lo que querías, cóbrate todo! ufff Toma, tomaaa

    – Aaaahhh

    – Toma… toma, ufff

    – Aaaahhh

    Empecé a disfrutar muchísimo. Mis ojos se daban vuelta del placer mientras toda mi polla estaba dentro de su coño. Follamos casi 40 minutos hasta que finalmente exploté dentro de ella. Todo mi semen dentro de su viejo coño. Terminamos todos sudados, luego de correrme dejé mi polla dentro de ella por unos minutos hasta que finalmente la saqué y me acosté a su lado. Ella tenía sus ojos cerrados y una sonrisa enorme…

    – Bueno, imagino ya estarás contenta… – Le dije con mis brazos detrás de mi cabeza

    – Javi, pensar que te conocí cuando eras un niño y hoy me has demostrado que eres todo un hombre!!! Que riquísima follada me haz pegado, gracias gracias graciaaas… – Me decía mientras intentaba recuperar la respiración y acariciaba mi pecho.

    – Claro que te piensas? Que sigo siendo un niño? Claro que soy un hombre y espero te haya quedado muy en claro. Tu plan te resultó y obtuviste lo que querías… – Le quito sus manos de mi pecho

    – Tu también, o acaso me vas a negar que no lo disfrutaste? Te corriste muchísimo

    – Mira Norma, no quiero hablar de eso. Yo ya he cumplido con mi parte del trato, ya te di la follada que querías y te la disfrutaste. Ahora por favor mañana cumple con tu parte.

    Ella cumplió con su parte del trato, se culpó y pagó la rayadura. Finalmente mi abuela murió 4 días después. Tras el funeral, mi tía abuela Norma volvió a su pueblo. No la he vuelto a ver hasta ahora, pero jamás olvidaré que su morbosa mente me puso al límite de mi sexualidad, y disfruté tanto follarmela, que estoy pensando volver a follarme alguna anciana pronto. Si eso sucede, se los contaré.

  • Azotando a mi vecina con el cinturón

    Azotando a mi vecina con el cinturón

    Laura frisaba los 34 años de edad y esperaba apoyada contra la puerta de la calle para evitar que se cerrase. Pelo corto, gafas redondas de color negro, menuda, esbelta. Pechos medianos que se adivinaban firmes bajo la blusa blanca y pantalones de tela ajustados que moldeaban un culito redondo y algo temblón.

    -Hola. -saludo a Eduardo cuando llegó.

    -Hola. -respondió el aludido con tono de cuestión en su voz.

    Eduardo era el vecino de abajo de Laura. 48 años, nada del otro mundo físicamente. Aunque practicaba deporte, nunca, ni siquiera cuando era más joven, consiguió tener el mítico vientre plano. Ahora, con algunos años más, había sacado un poco de tripita que conseguía mantener a raya mediante dietas programadas. También tenía vello en brazos y culo. Su rostro del montón, aunque alguna compañera de trabajo le había confesado que la barba le favorecía.

    -Te vi llegar y decidí sujetar la puerta.

    -Gracias.

    Cuando llegó el ascensor fue Eduardo quien sujetó la puerta.

    -Vaya, veo que eres un buen vecino. Aunque yo no soy ese tipo de mujer.

    -¿Qué tipo de mujer?

    -Una chica buena que merezca el buen trato.

    -Vaya. Se te ve…

    -Sabes, me estoy leyendo 50 sombras de grey. ¿A ti te va ese rollo?

    El ascensor se detuvo en mi piso y para mi sorpresa Laura se apeó.

    -¿Me invitas a algo?

    -Vale, pero esta todo un poco revuelto.

    La mujer entró en la casa, se sentó en una silla y ojeó la portada de una revista que había en la mesa. Era un comic y en la foto aparecía una mujer semi desnuda atada a un árbol y un hombre uniformado con un látigo en la mano.

    Eduardo cogió la revista y la retiró de la mesa.

    -¿Qué era eso? -preguntó Laura.

    -Nada, un comic.

    -¿Te gustan los azotes?

    Eduardo se puso algo colorado, pero asintió.

    -Vaya. Mi chico esta fuera… se porta bien en la cama, me pone a cuatro patas de vez en cuando pero me trata bien. Quiero decir, nunca se le ocurriría darme un azote. Yo no quiero que me trate mal, por supuesto, pero de vez en cuando. Una vez le dí un azote e intenté acostarme sobre sus rodillas pero noté que no se sentía a gusto y desistí.

    -Quizás debieras hablarlo con él.

    -Ya, pero no creo que vaya a funcionar… Oye, tú me darías unos azotes.

    -¿Yo? ¿Cuándo?

    -Ahora… venga, di que sí.

    Diez minutos después Eduardo entró en su cuarto seguido de Laura. Metió en una cesta un par de calcetines y unos calzoncillos que tenía tirados y alisó el edredón.

    Laura, por su parte, cerró la puerta y echó el cerrojo.

    -Ya estamos solitos. ¿Me desnudo para la sesión? -dijo sin preámbulos visiblemente excitada.

    Eduardo tragó saliva y adoptó el papel de dominador que habían pactado.

    -¡Desnúdate y prepárate para una buena azotaina! -ordenó notando un ramalazo de excitación en la entrepierna.

    A medida que Laura se quitaba la ropa, el pene de su vecino crecía palpitando. No había empezado el castigo y ya tenía una erección.

    -Ven aquí. -dijo cuando Laura terminó de desnudarse.

    Sin miramientos le pellizcó un pezón para a continuación besarla en la frente.

    -Esto me va a doler más a mi que a ti pero te has portado mal y mereces que te ponga el culo colorado. ¿Lo entiendes verdad?

    La mujer, que había permanecido con la cabeza gacha durante la reprimenda. Levantó los ojos y asintió. A continuación Eduardo se quitó el cinturón y Laura, sumisa, se tumbó sobre la cama boca abajo, poniendo una almohada bajo su cadera, dejando su trasero expuesto, a merced del cuero.

    Eduardo dobló el cinturón por la mitad y aplicando cierta fuerza, azotó el culo de Laura. Al primer golpe le siguieron, a buen ritmo otros diecinueve, dejando las nalgas de la mujer rojas y calentitas.

    Eduardo se detuvo, su miembro, estaba a punto de explotar. Se metió la mano bajo pantalón y calzoncillo y acomodó el pene a un lado. Dio dos pasos y apoyando la mano en las nalgas de su vecina, empezó a acariciarlas.

    Laura contrajo los glúteos y soltó un gemido.

    El miembro de Eduardo, oculto bajo la pernera de los pantalones, dejo escapar el semen mojando los calzoncillos.

    Mientras, sobre la cama, Laura volvió a gemir, su cuerpo perdió el control durante unos segundos, su espalda se arqueó y una corriente de placer la recorrió de pies a cabeza.