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  • Bendito Instagram

    Bendito Instagram

    Quiero comenzarles diciendo que me pongo nervioso de contar esta historia.

    Hace aproximadamente 1 año me sucedió y no tenía la decisión de publicarla hasta el día de hoy. No sé, sentí que debía compartirla porque recordarla me hace volverme loco. Le he dedicado muchas puñetas a este recuerdo que tengo presente casi todos los días desde que sucedió.

    Hace mucho tiempo conocí a Gerardo, el mejor amigo de mi primo más grande. Son amigos desde la primaria tengo entendido; ellos me llevan 12 años de edad, son más grandes y él me conoce prácticamente desde chiquito, yo tenía por lo menos 12 años desde entonces. Hoy tengo 19 y la historia sucedió el año pasado así que saquen sus cuentas. No he tenido novia nunca y tampoco he dado la menor seña de querer tenerla, pero soy muy reservado en mi vida privada y tampoco dejo que mucha gente entre en ella. Pero Gerardo como que me quiere como a mi primo, o al menos eso pensaba, siempre ha sido muy amable conmigo y me dice siempre que ellos me van a llevar a que me quiten lo ñoño con unas amigas suyas que son muy buena onda.

    Mido 1.76, tez clara, pelo castaño claro ondulado, ojos cafés, nada fuera de lo normal o el promedio; soy delgado y tengo piernas de pollo, pero por alguna razón siempre he resultado atractivo a mis conocidos gays. Hace un año Gerardo me dio seguir en Instagram y lo metí a mejores amigos donde tengo gente que conozco de otros países por los chats y nos mandamos cosas un poco subidas de tono. Olvidé que Gerardo estaba en esa lista y fue al principio muy penoso porque un día subí una foto en boxers en la cama y puse buenas noches a mejores amigos de la App. Gerardo contestó que no era tan ñoño como pensaba pero que lo sacara de mejores amigos porque no soy el material que él maneja que tal vez sin querer lo había metido. Me dio mucha vergüenza porque lo primero que pensé es que mi primo me iba a acusar con mis papás, tenía pánico de lo que pudiera pasar.

    Tiempo después y después de haber visto a Gerardo ya varias veces porque viene a casa de mi primo a tomar los fines de semana y esas cosas, un día me escribió en la noche cuando subí una historia mía donde estaba en el sofá de mi casa viendo tv. Me dijo «seguro ya subiste otra a tus mejores amigos y aquí subes la tranquila»; me puse rojo, morado, verde, muy nervioso, pero solo me reí en el chat y le dije que estaba loco, pero que se lo perdía porque lo había sacado porque ya no quería estar ahí. Me puso que él no manejaba mi material otra vez, pero que si quería lo dejara, tampoco iba a salir de sapo con nadie y que cada uno es libre de hacer lo que quisiera.

    Entonces primero tomé la misma foto pero en boxers y lo agregué. Me puso un fueguito y se rio mucho, me dijo que ya no estaba tan chavito. Me dejó de hablar otra vez pero todos los días seguí subiendo contenido para él. No siempre me contestaba y pero en algunas sí, hasta me dijo que me quedaría un tatuaje de tan pálida que se me veían las piernas y me mandó una foto de su pierna tiene un tribal no tan grande y me la mandó en boxers también. Me puse pálido no supe que decir y le dije que se le veía muy chido y que quería verlo en vivo porque no era lo mismo en foto. Me dijo que fuera a su casa, vive muy cerca de mi casa y sin pensarlo me bañé muy rápido y me fui corriendo a su casa. Llegué agitado y me abrió y pasé a su casa, no había nadie. Pasé a su cuarto y me dijo que iba a salir más noche con mi primo y sus amigos que lo esperara que se bañara. Se quedó en toalla y me enseño su tatú en la pierna derecha, no podía creerlo. Y entonces se metió a bañar.

    Ya cuando salió yo estaba en la silla de su escritorio en el cuarto. Salió se quitó la toalla y se puso el bóxer. Me dijo ¿no será que te gustan los machines? Le dije que no le importaba porque tenía miedo de que les dijeran algo a mis papás o mi primo. Me dijo que no había bronca con él y que si era gay él no iba a tener problema en seguir siendo amigos. Le dije que sí y me preguntó si ya había cogido con alguien y respondí que no. Lo máximo eran chaquetas con tipos en internet pero que nada presencial. Me dijo que tenía tiempo de unas chaquetas que si le entraba y le dije que sí. Me quité la ropa me puse su lado en la cama y comenzamos a jalarla con una película del celular. Me dijo que le parecía que yo tenía buena verga y que si la suya me gustaba y le dije que sí, además de confesarle que toda mi vida desde que lo conocía había soñado en saber como se vería. Me dijo que si quería tocarla no iba a tener problemas y no diría nada…

    ¿Quieren segunda parte?

  • La chacha mirona

    La chacha mirona

    Hola, me llamo Rubén, y somos una pareja que reside en Cancún, mi esposa se llama Vanesa, es mexicana y yo español. 

    Nos hemos decidido a contar nuestras experiencias a raíz de una experiencia que nos ocurrió hace unos meses.

    Una mañana de sábado después de una noche en casa de unos amigos cenando y tomando unas copas, nos ocurrió una experiencia la cual a día de hoy aún nos calienta cuando la recordamos.

    Cada día viene a casa una chica para ayudarnos en casa se llama Lupita y tiene 19 años recién cumplidos, es de la zona de por aquí, es morenita, cabello negro, largo, ojos oscuros, delgadita, siempre va vestida con unos shorts y un top.

    Por lo general llega temprano cada día y ese día Vanesa se levantó para dejarle la puerta de casa abierta para que pudiera entrar y empezar sus labores sin que nos molestara.

    Vanesa al regresar a la habitación se acurruco a mi lado y empezó a acariciarme mientras yo estaba medio dormido, al parecer seguía con ganas de acción después de haber llegado a casa la noche anterior.

    Vanesa tiene 36 años mide 1,65 m, 65 kg, cabello corto, castaño, sobre los hombros, ojos color café, va cada día al gym, sus pechos aún firmes son 38 copa D.

    Yo tengo 45 años, mido 1,85 m, 85 kg, cabello moreno, alguna canita, ojos claros, me gusta hacer deporte para mantenerme en forma, cuerpo depilado, todo, todo.

    Pues como iba contando, la mañana se había puesto bien rica, mientras Vanesa estaba acariciándome, mis manos se deslizaban por sus piernas hasta llegar hasta el final, mis dedos acariciaban su clítoris, estimulándolo lentamente, mientras sus manos ya se movían a un ritmo mas acelerado.

    Vanesa abría sus lindas piernas para que yo pudiera acariciarla mejor, ya los dos estábamos bien despiertos, me deslice entre sus piernas y empecé a besarle su clítoris, mi lengua lo estimulaba cada vez mas rápido, mientras ella estaba recostada en la cama.

    Después de un tiempo deleitándome, pues me encanta verla disfrutar mientras le hago sexo oral, Vanesa se incorporó sobre mi, para hacer un 69, ella estaba sobre mi, empecé a sentir su boca húmeda en mi pene erecto, y a sentir sus movimientos cada vez mas rápidos.

    Yo a la vez pasaba mi lengua por su vagina depilada, mientras con mis manos acariciaba sus glúteos, mi lengua recorría toda su vagina hasta llegar a su culito, le encanta sentir mi lengua que pasa por el.

    Al cabo de un buen rato Vanesa se acomodó sobre mi pene, con su mano le mostro el camino para que la penetrara, estaba sobre mi moviéndose a su ritmo, yo desde mi posición observaba sus pechos moverse al mismo ritmo que ella sentía mi pene dentro de ella, ella estaba mirando hacia la puerta de la habitación, cuando en un instante se inclinó hacia mi y me susurro que Lupita había llegado a casa.

    Al parecer la puerta de la habitación se había quedado abierta y Lupita estaba en el salón pasando de un lado a otro, mirando a la habitación disimuladamente, no sabemos cuanto tiempo hacia que estaba en casa.

    Vanesa me susurro al oído que siguiéramos, que estaba muy excitada y que no quería parar, mientras mis manos estaban acariciando sus glúteos, pasando mi dedo por su ano al mismo ritmo que ella se movía sobre mi, nos estábamos besando y ella me susurraba que no parara.

    En uno de sus movimientos se puso otra vez derecha sobre mi, moviéndose cada vez mas rápido, yo como anteriormente la observaba desde abajo, como se movía, su cara de placer, sus pechos moviéndose, se los acariciaba ella misma, pellizcándose sus pezones grandes y rosados, mientras estaba mirando hacia la puerta de la habitación, donde estaba Lupita mirando desde el salón.

    Cuando ya estábamos por terminar se levantó de sobre mi, y nos acomodemos al borde de la cama, donde me hizo terminar mientras me hacía sexo oral, mientras Lupita no dejaba de observar desde el salón como Vanesa me hacía terminar.

    En alguna ocasión conversamos sobre esta experiencia y Vanesa me confiesa de que le excito mucho saber que Lupita nos estaba observando, y fantaseamos que hubiera pasado si Lupita se hubiera agregado a nosotros, cada vez que háblanos de eso terminamos teniendo sexo, a ver si algún día se presta para que se haga realidad.

  • Mi nueva familia y mi prima tímida (7)

    Mi nueva familia y mi prima tímida (7)

    No tenía fuerzas para más, después que Flavia salió de mi habitación me quedé mirando el techo con el corazón aún agitado por la mamada que me acaba de dar mi prima, y en parte por sus palabras y su mirada antes de irse, no sé cuánto tiempo pasó, pero me quedé profundamente dormido.

    Me desperté con el estruendoso sonido de mi alarma, miré la hora en mi celular y suspiré aliviado porque no me había quedado dormido como varias otras veces, aun cansado y con el cuerpo un poco adolorido me dirigí al baño para mi rutina de aseo matinal, tome mi celular y salí de mi cuarto rumbo al kitchenet, tome algunas frutas que tenía en la nevera las corte en trozos pequeños y le agregue un poco de yogurt, mientras comía mi desayuno revise mis mensajes, había uno muy largo de mi tío, en el que se disculpaba por básicamente botarme de su fiesta, le respondí que entendía totalmente la situación y me disculpe con él por mi comportamiento, había un par de mensajes en mis grupos de estudio quedando para en unos días reunirnos nuevamente y uno último de Glenda que me preguntaba por lo ocurrido la noche anterior, le conté maso menos lo que pasó sin dar muchos detalles, mientras me vestía recibí un mensaje de Flavia que decía que baje a tomar desayuno con mis tíos, me termine de arreglar y baje para agradecerles por la invitación pero ya debía de salir al trabajo.

    -Hola Luis, siéntate por favor. -Me dijo mi tío mientras señala una silla al costado de Flavia.

    – Gracias tío, pero ya desayuné y estoy algo tarde para el trabajo.

    – Oh, vaya entiendo, bueno entonces seré breve con mis anuncios, como sabes en la oficina nos aprobaron un proyecto importante y como te comente ayer tengo que salir de viaje algunas semanas al año, el día de hoy por la tarde debo de salir de viaje al norte del país para reunirme con unos inversionistas y cómo no, descansar un poco antes de que comience el trabajo fuerte, tengo la opción de llevar a un acompañante, me gustaría llevar a tu tía, pero tus dos primas no se pueden quedar solas, así que Flavia me acompañara..- Voltee a ver a Flavia y era obvio que ella recién se enteraba de la noticia y cuando se preparaba para hablar mi tío volteo a verla con cara seria y dijo .- Creo que Flavia no tiene nada que decir, esto es un premio a su mal comportamiento, llevaría a Glenda pero ella tiene planes esta semana, lo que me lleva al otro anuncio, a mitad de esta semana tendremos más compañía en la casa, llegan de visita su tía Milagros y su prima Romina, Luis tu no las conoces Milagros es la hermana de tu tía Ángeles y Romina es su hija de 14 años…

    Hubo un gran silencio y luego un ambiente de alegría en la casa, me imagino que estas personas eran muy queridas para la familia y esperaban con ansias sus visitas.

    – Papá no nos habías dicho que mi tía Milagros vendría de visita.- Dijo Flavia.

    – Si papá, ¿cuánto tiempo se quedarán aquí? -Dijo Glenda mientras intercambiaban miradas de alegría con su hermana.

    – Era una sorpresa que estábamos guardando tu mama y yo, pero debido a los cambios de planes tuvimos que revelar la sorpresa antes, ellas llegan en 2 días y Flavia y yo regresaremos en 5, espero que sigan así de contentas porque cuando regresemos, Flavia y Glenda, compartirán habitaciones.

    Las hermanas se miraron un segundo y casi al unísono gritaron:

    – ¡Qué importa!

    La verdad que esta reacción me dejó totalmente sorprendido, desde el momento que llegué a esa casa esas dos no habían podido ponerse de acuerdo en absolutamente nada, no me imaginaba cómo iba a hacer para vivir en la misma habitación, no tenía ni idea.

    Me quedé mirando cómo continuaban con emoción la conversación y las buenas noticias de estos muy queridos familiares pero tuve que interrumpir para despedirme, me acerqué a mi tío le di un abrazo y le dije.

    – Bueno tío felicitaciones nuevamente y éxitos en tu viaje, ya debo de salir o llegaré tarde al trabajo.

    – Muchas gracias sobrino y cuento contigo por lo que conversamos anoche.

    – Nos vemos Flavia diviértete en el viaje y no seas una carga para tu papá.- Le dije mientras me despedía de ella con la mano levantada, no quería levantar sospechas ni nada por el estilo al alargar mi despedida con ella.

    Salí apresurado de la casa, ya que si estaba algo tarde, me puse mis audífonos y empecé mi viaje hacia el café.

    La mañana estuvo como cualquier otra, bueno con apenas clientes por que como ya había dicho en anterioridad la mayoría de clientes del café eran alumnos y profesores, y bueno, estábamos en vacaciones así que apenas si venían un par de cliente cada hora, llegó la hora de refrigerio y salí a comer a un restaurante que quedaba a unos pasos del café, no quise almorzar mucho ya que aún estaba algo lleno, no lo mencione pero comí demasiado la noche anterior, me pedí un filete de pollo a la plancha con ensalada y un vaso de limonada.

    – Vaya, no pensé que eras de los que comían saludable.

    Gire sobre mi cuello para encontrarme con los hermosos ojos verdes de Karla que al verme me dieron una hermosa sonrisa.

    -Hola Karla, la verdad no lo hago seguido pero hoy no creo poder comer mucho más.

    – ¿Tuvieron fiesta ayer verdad?, se oía desde mi casa, ¿te puedo acompañar?

    – Si claro siéntate, y no no fue una fiesta, fue más bien una reunión para celebrar que le aprobaron un proyecto a mi tío, de hecho hoy salió de viaje a comenzar el proyecto.

    – A que buena noticia, cuando lo vea lo felicitare entonces.

    Desde que salude a Karla su sonrisa no se había quitado de su rostro, y es que no podía dejar de ver sus hermosos ojos verdes pero cuando por fin lo hice pude ver como estaba vestida, llevaba un vestido azul con pequeñas flores amarillas que le llegaba hasta sobre las rodillas, no tenía mangas y sus senos se veían libres de cualquier brasier debajo de la tela, estaba bellísima.

    – Oye y dime, ¿a qué hora sales de trabajar, podemos hacer algo?

    – Salgo a las 5.- Le dije casi al instante que Karla terminó de hablar.- Pero debo de ir a casa, Mi tía se quedará sola con Glenda y quiero saber si puedo ayudar en algo.

    – ¿Flavia no está? .- Pregunto encogiendo las cejas en señal de pregunta.

    – No, ella se fue de viaje hoy con mi tío…

    – Chicos disculpen los inconvenientes pero se ha ido la luz en toda la cuadra, vamos a terminar sus pedidos pero debemos de cerrar.- Nos interrumpió un mesero del restaurante.- Mil disculpas en serio, les daremos unos cupones de descuento para su próxima compra.

    – Bueno ni hablar, supongo que me iré a comer al café, ¿Quieres acompañarme? podemos almorzar allá.- Le pregunté a Karla mientras recibimos nuestra comida y los cupones prometidos.

    – Si claro, vamos.

    Tomamos los envases y caminamos unos cuantos metros hasta la entrada del café, en el mostrador encontré a mi Jefe cuadrando la caja de la mañana, me vio entrar y me dijo.

    -Luis, creo que cerraremos por hoy, las máquinas no funcionan y el corte de luz puede durar varias horas.

    – Wow, ¿Tanto así? – Le pregunté, ya que era común que hubiera cortes programados pero nunca duraban tanto como para cerrar el resto del día.

    – Si, al parecer es una falla en el cableado subterráneo que alimenta de energía a toda la calle, me lo dijo un técnico de la empresa cuando llamé a quejarme, es más dijeron que lo más probable es que tengan que romper la pista y todo eso.

    – Bueno si es que se tiene que hacer, se tiene que hacer, déjame poner esto por aquí y te ayudo.

    – No Luis tranquilo toma tus cosas y ve a almorzar, yo termino aquí y cierro, te estaré avisando como siguen las cosas y el horario de atención de mañana.

    – Muchas gracias Jefe, estamos hablando.

    Mi jefe siempre fue bueno conmigo, y al ver que no estaba solo seguramente no quiso arruinar mis planes de almuerzo, tomé mis cosas rápidamente y fui al encuentro de Karla que me esperaba en la entrada del Café y empezamos a caminar sin rumbo fijo.

    – Bueno Luis, que te parece si vamos a almorzar al parque que está a la vuelta de tu casa.- Ese era el parque donde Karla salía a correr en las mañanas, yo no sabía la hora de salida de mi tío y Flavia, así que no podría estar seguro que no nos vieran almorzando en el parque.

    – ¿Por qué no vamos a almorzar a tu casa mejor? – Flavia me miró fijamente mientras en su rostro se dibujaba una pícara sonrisa de travesura, siendo totalmente sincero yo había hecho la pregunta sin una pizca de malicia.

    – Si claro, vamos.

    Continuamos caminando y no dijimos prácticamente nada más hasta llegar a su casa, mire al frente a la casa de mis Tíos tratando de ver si Flavia y mi tío aún se encontraban ahí, pero fue en vano, no pude ver absolutamente nada. La casa de Karla era como el resto de las que estaban ahí, casa grandes y bien arregladas, era una zona de clase media alta y la mayoría de familias tenían un poder adquisitivo alto, la familia de Karla no era la excepción.

    -Ven puedes poner tu mochila en el sofá, y sígueme a la cocina.- Decía Karla mientras me quitaba los paquetes con comida de las manos y se adelantaba a la cocina.

    Su sala me pareció increíble, más adelante yo buscaría imitar el estilo de esa sala en mi propio departamento. Los muebles eran grandes de cuero marrón oscuro, tenían una alfombra persa que combinaba a la perfección, una mesa de centro de madera tallada con unos detalles increíbles al frente del sofá más grande había una chimenea, que claro solo era decorativa, con unas cabezas de taxidermia de venados, luego descubrí que fueron cazados por el papá de Karla en su juventud. Mientras trataba de asimilar todos los detalles de su sala escuche la voz de Karla que me llamaba.

    – ¡Por aquí Luis!!

    – Disculpa me distraje con tu sala, tiene una decoración increíble.

    – Que bueno que te guste, cuando conozcas a mi mamá no olvides mencionarlo, la decoración la hizo ella y le encanta que le digan lo increíble que es.

    – ¿Tus papás están en casa?

    – Mi mamá debe de estar en su oficina, ella trabaja desde aquí, pero almuerza más tarde.

    Seguimos conversando de varias cosas, como que ella fue criada por una nana prácticamente toda su vida, sus papás se la pasan trabajando y es algo común de las personas de este estatus social que pongan a criar a sus hijos con nanas mientras ellos trabajan o simplemente viven su vida aparte, no pude evitar sentir un poco de lastima por ella, sus papás la querían mucho pero no lo demostraban con la naturalidad que ella quería, creo que es diferente con mis Tíos y mis primas, ya que por su lado mi Tía no trabajaba a full time por así decirlo y se dedicaba mucho a las labores de su casa, o sea siempre estuvo ahí para sus hijas y no necesitaba ayuda de alguien más para criarlas.

    Terminamos de comer y seguimos conversando por bastante rato, hablamos de mi familia y el por qué estaban lejos, mis aspiraciones profesionales y mis metas, las de ella también, y cuando ya estábamos más a gusto el uno con el otro, empezamos a hablar de Glenda y su pelea con Flavia.

    – Es que Glenda tiene razón, Flavia no sabe lo que vio.- Me dijo Karla en contexto yo le había dicho lo poco que sabía del tema, esto lo sabía por Glenda, Flavia nunca menciono el motivo.- Mira era de noche, Flavia y yo regresábamos de una fiesta en la casa de unos amigos en común, las dos veníamos algo pasadas de copas y ya acostadas a mi me dieron ganas de tomar de agua, baje las escaleras y me encontré a Glenda tomando un jugo de naranja en la cocina, ella no era como la ves ahora, esto fue hace un par de años y Glenda era incluso mas introvertida, siempre a la sombra de Flavia, me puse a hablar con ella y rápidamente entramos en confianza, después de algunos minutos la abrace, su comportamiento me parecía muy tierno y estaba tratando de reconfortarla, una cosa llevo a la otra y mientras la abrazaba sentí sus brazos alrededor de mi cuello, ella buscaba mis labios y yo algo tomada como venía no me resistí y bueno nos besamos.- Si esto les parece conocido, es porque lo mío con Glenda comenzó de una forma muy parecida, no creería que Glenda lo hizo a propósito pero si me dejo pensando si en realidad lo mío con ella fue algo del momento o fue todo planeado por Glenda .

    -Mientras nos besábamos ya te imaginaras, nuestras manos se fueron por todos lados y para mi fue muy fácil levantar a Glenda y ponerla sobre el mesón de su cocina, ella solo tenía puesto una polera súper larga, la levanté y besé su rajita sobre sus pantis, tenía un olor divino, no me resistí, se las baje y las puse a un lado del mesón, ver su rajita húmeda y esa pequeña mata de vellos fue suficiente para hundir mi rostro entre sus piernas y empezar a comerla desesperada, Glenda mordía las mangas de su polera para no dejar oír sus gemidos, no pasó mucho tiempo y Glenda se vino mientras hundía mi cara contra su rajita, le di un beso largo mientras la hacía bajar del mesón, le dije que era mi turno, yo venía con un vestido negro que me llegaba hasta los muslos me baje las pantis y estaba lista para enseñarle a Glenda a como comer una cuca correctamente, me subí al mesón abrí mis piernas y la tome por su bella carita y la guie directo a mi clítoris, ella entendió a la perfección que hacer, saco su lengua y empezó a lamer tímidamente mi botoncito, yo estaba fascinada y empecé a frotar mis tetas con ambas manos, no me demore mucho y llegue a un delicioso orgasmo mientras movía mis caderas al ritmo de sus lamidas, tuve que detenerla porque ya empezaba a sentir un leve fastidio, la tome por su mano e hice que se ponga de pie, me miro con su cara aun mojada por la humedad de mi conchita y no pude evitar nuevamente darle un largo beso, luego de despegarnos ella se volteó a tomar sus pantys del mesón y fue cuando le agarre las nalgas con ambas manos, ella se puso a reír en susurros y fue cuando la voz de Claudia nos sorprendió, tengo que aclararte que ella estaba muy borracha incluso más que yo y estoy casi segura que ella apenas llegaba, ya puedes imaginar el escándalo que armo, me dijo de todo desde que era una perra lesbiana incluso me acuso de abusar de su hermanita, tus tíos se despertaron con el escándalo y antes de que la cosa pasara a mayores, tome mis cosas y fui a mi casa, desde ese momento Flavia y yo no hemos vuelto a ser amigas, y Glenda y yo… bueno nosotras si somos amigas pero con discreción… jajaja.

    Yo estaba totalmente metido en su relato, no podía creer que lo de Glenda y Karla se diera de esa forma, de una manera tan similar a lo mío con ella, definitivamente Glenda no era para nada inocente todo lo contrario sabía muy bien como manipular a las personas, sobre todo cuando están un poco fueras de si, en mi caso estaba muy preocupado por mi situación familiar, en el caso de Karla estaba ebria.

    – Así que así pasaron las cosas, pero estas segura que no vio nada más, porque déjame decirte que una agarrada de nalgas no es suficiente para armar tanto escándalo.

    – Según Glenda ella vio varias veces a la puerta mientras yo la comía y no vio a nadie, ella dice que fue su instinto de hermana mayor que salió a flote en ese instante, y según ella fue la última vez que la vio así.

    – Vaya, de verdad si fue un malentendido, no me imagino qué hubiera pasado si llegaba a la cocina unos minutos antes.- Esto me hizo pensar en mi situación con Glenda y Flavia, si Flavia nos llega a ver sería un desastre, tengo que ser mucho más cuidadoso.

    – Seguro no hubiera parado hasta verme en la cárcel jajajaja.- Se puso a reír Karla burlándose de la sobre reacción de Flavia.

    – jajajaja si seguramente.

    – Me pregunto qué diría si se entera lo que los dos le hicimos a su hermanita el otro día.- Me dijo mirándome con su sonrisa pícara y sus hermosos ojos verdes mientras yo guardaba silencio.- Peor aún imagínate que se entere que le quitaste la virginidad a la pequeña Glenda, yo creo que se volvería loca.

    – No deberías de hablar de eso, alguien nos podría escuchar. -Yo decía esto porque estaba muy nervioso, no sabía si lo que decía Karla era una amenaza o que, y no quería que nadie más se entere.

    – Tranquilo Luis, es verdad que no estamos solos en mi casa, pero así es mejor no crees?, sentir la adrenalina de que alguien nos podría estar viendo.- se levantó de su silla, tomó su vestido se quitó las mangas y lo dejó deslizarse sobre su bello cuerpo.

    Me quede viendo sin decir una palabra más como daba un paso hacia mí antes de darme la espalda, inclinarse hacia adelante y bajar sus braguitas con sus manos, por mi parte yo alternaba mi visión entre su perfecto culo sus hermosas y tonificadas piernas y las puertas que daban a la sala y al patio.

    – ¿Te gusta lo que ves? – Me pregunto girando solo su cabeza y tomando una de sus nalgas para apretarla hacia arriba dejándome ver su delicado anito por un instante.

    – Me encanta Karla, eres bellísima.

    – Tener mi cuerpo así es muy trabajoso, espero que sepas apreciarlo.- Se giró hacia mí y dio el último paso que le quedaba para tocar mis piernas con las suyas.- Relájate estas muy tenso, así no vas a disfrutar tu postre como se debe.- Me dijo al oído mientras ponía sus manos sobre mis hombros y empezó un suave masaje.

    – Perdóname por no estar muy relajado sabiendo que en cualquier momento puede llegar tu mamá o alguien más.- Le dije aun con cara de preocupación y virando a las puertas que mencioné anteriormente.

    – Tranquilo, solo concéntrate en mí.

    Bajo sus manos hasta mis pantalones y rápidamente liberó mi verga que estaba a punto de reventar, se arrodillo acomodo su rizado cabello y se devoró mi verga hasta la base para sacarla de la boca darle dos movimientos de arriba abajo con su mano derecha mientras se relamía los labios como saboreando mi líquido preseminal, nuevamente se engullo toda mi verga y empezó un movimiento de cabeza brutal, por mi parte solo opte por tomar su cabeza con una mano y acompañar sus movimientos mientras veía como hacía desaparecer mi verga dentro de su boca, Karla no era como Glenda o Flavia, se notaba que tenía mucha experiencia en usar su boca para dar placer, Karla por su lado se frotaba el clítoris con 3 dedos de su mano acelerando cada vez más su movimiento, yo estaba fascinado y sentía que estaba a punto de estallar en lo más profundo de su garganta.

    – Perdóname Luis pero ya no me aguanto.- Me dijo Karla mientras se sacaba mi verga de la boca y se acomodaba para sentarse sobre mi verga, la tomo con su mano derecha y la guio a la entrada de su ya empapada rajita.- Ohh sii que ricoo… – Susurro Karla mientras sentía como mi verga se deslizaba dentro de su vagina.

    La tomé por sus nalgas y empecé a taladrarla lo más fuerte posible mientras veía su hermoso rostro agonizar por el placer, su barbilla estaba llena de saliva por la felación que me estaba dando, solo verla de esa manera me tenía a punto de venirme.

    – Karla estás ahí? – Se escuchó que gritaban desde el piso de arriba, pare mis movimientos y levante de un empujón a Karla de mis piernas.

    – Si mamá aquí estoy.

    – Puedes subir a ayudarme con un tema en la pc.

    – Si claro mama dame un momento que término «algo»

    – Ok, pero no te demores.

    Mientras Karla tenía esta conversación a gritos con su mamá, yo estaba acomodando mis pantalones.

    – No señor, le dije a mi mamá que iba a terminar y eso es lo que pienso hacer.- Me dijo mientras me detenía las manos, se dio la vuelta dejándome ver de nuevo ese glorioso culo, abrió sus piernas tomó mi verga con su mano y se la metió en la raja.

    La tomé por sus caderas y empecé a bombearla lo más fuerte posible, ella se apoyaba de la mesa con una mano mientras se frotaba el clítoris con la otra, no dure ni unas 10 embestidas con tremenda visión y me vine a chorros dentro de su panochita que sentía se apretaba a mi verga como impidiendo que se la saque, tiro su cabeza para atrás así que la tome por el cabello y la jale hacia mí.

    – Así que te gusta que te vean no?, eso explica por qué te encontré con Glenda en la azotea teniendo la casa sola .- La escuchaba jadear exhausta y complacida.

    – Me descubriste. -Me respondió mientras movía su culo para sacar mi verga de dentro de ella, se dio media vuelta y me dio un beso en los labios.- Espero que te haya gustado tu postre.

    – Me encanto Karla, espero que lo podamos repetir otro día.

    – Claro que sí, pero por hoy es suficiente, a menos que quieras quedarte a conocer a mi mama.  Me dijo mientras se limpiaba el sudor y otros fluidos con un poco de papel toalla y empezaba a colocarse su ropa, todo con la sonrisa pícara que siempre tenía en su rostro.

    – Si tienes razón, para otro día será.- Le dije mientras acomodaba mi verga dentro de mis pantalones y recogía mis cosas.

    – Voy a lavarme bien antes de ir con mi mamá, simplemente sal por donde entraste si?, ahhh y se me olvidada. – Tomo mi celular de mi mano y anoto su número y al devolverlo me guiño un ojo diciéndome.- Espero verte para almorzar juntos de nuevo.

    Se fue por la puerta que daba a la sala, por mi parte termine de agarrar mis cosas y salí no sin antes darle otra mirada a esa hermosa casa. Salí por la puerta principal y cruce la calle hasta la casa de mis tío, al entrar me encontré con mi tía Ángeles en la sala.

    – Luis, hijo, y ese milagro que estas aquí tan temprano.

    – Es que se fue la luz en toda la calle, tuvimos que cerrar antes.

    – Oh bueno, ni modo, ya almorzaste o quieres comer algo.

    – Gracias tía ya almorcé, mi tío y Flavia ya se fueron.

    – Sí hijo, se fueron hace unos minutos, tu tío es muy especial con el tema de los vuelos y siempre está 3 horas antes en el aeropuerto.

    – Claro, nunca está de más estar precavidos, voy a descansar un rato nos vemos.

    -Sigue hijo, te espero a las 7 para cenar.

    – Gracias tía, nos vemos.

    Subí las escaleras hasta llegar a mi mini departamento, deje mi mochila en el sofá de la sala tome un poco de agua de una botella a medio terminar y me puse a repasar algunos apuntes que tenía del grupo de estudios del otro día, pase un rato estudiando metí a dar un baño, mientras me bañaba iba recordando lo que acababa de pasar con Karla, lo hermosa que era esa mujer y bueno lo fácil que sería enamorarme de alguien como ella, pero rápidamente mi cabeza volvió al presente al escuchar pasos en mi cuarto y solo podían ser de una persona, salí del baño con mi toalla envuelta alrededor de mi cintura y me encontré a Glenda sentada en la silla del escritorio donde apenas anoche estaba cogiéndome a su hermana.

    – Hola Glenda, perdón pero me tengo que cambiar.- Le dije haciéndole señas con la cabeza y manos que su mama podría venir en cualquier momento.

    – No te preocupes Luis, mi mama acaba de salir a comprar unas cosas para tener lista la llegada de mi tía y prima… ¿Qué te parece si aprovechamos el tiempo? -Glenda mientras decía esto se quitó la polera gris una de las que siempre tenía puesta y dejó al aire sus pequeñas tetas.

    – Glenda mira, no creo que sea buena idea, tu mama puede regresar en cualquier momento, además estoy algo cansado, que te parece si mejor lo dejamos para después de la cena, tu papá no está y será más fácil para ti escabullirte en la noche.

    – Pero yo te quiero ahora.- Me dijo haciendo un puchero de lo más tierno intentando convencerme.

    – ¿Mejor lo dejamos para esta noche si?

    – Está bien primo, está bien. ¿Me puedo quedar aquí a hacerte compañía?, me siento un poco sola abajo.

    – Glenda, ¿te sientes sola?, si pasas prácticamente todo el día encerrada en tu cuarto.- Le dije levantando una ceja.

    – jajaja está bien, es solo una excusa para ver como te vistes.- Me dijo riendo y mordiéndose el labio inferior, era muy difícil no tomarla en ese momento pero debía guardar la calma.

    – Este bien puedes quedarte un momento.

    – Siiii. – Dijo mientras me sonreía y daba pequeños aplausos con sus manos.

    Me dirigí hacia mi ropero, tome una camisa y unos shorts para estar en casa junto a unos boxers, me quite la toalla y sentí la suave mano de Glenda dándome una nalgada.

    – Heeey, le reclamé mientras giraba para tenerla de frente.

    – Lo siento, no lo resistí, como tu amigo creo que tampoco se está resistiendo jajaja. -rio mi primita mientras me señala la verga y la creciente erección que tenía, por más que tenía la convicción de no tener nada con ella, que en realidad tenía miedo que descubriera que había estado con alguien más, mi verga me traicionaba delatando mis verdaderos deseos.

    – Jajaja tú hazle caso a lo que te dice la cabeza de arriba no a la de abajo, le dije mientras le sonreía.

    – Pero mira tu amigo ya está listo. -se arrodillo al frente mío y tomo mi verga con una mano, era muy difícil resistirse a mi primita si lo único que llevaba puesto eran unos shorts de pijama.- Tomo mi verga con una mano y se la llevó a la boca.

    Glenda saboreaba mi verga, era como si le hubieran dado el chupete más delicioso del mundo y yo lo estaba disfrutando demasiado, lentamente empecé a acariciar su cabeza y sus mejillas como agradecimiento del placer que me estaba dando.

    – Bueno primito, sé que quieres descansar, hagamos esto rápido y más tarde me recompensas.- Glenda se puso de pie y se bajó el short y sus bragas con ambas manos para luego subirse a la cama y ponerse en cuadro dejándome ver su hermoso culito.

    Suspire al ver esa rajita rosada y como en anteriores oportunidades no me aguante y le di una lamida comenzando en su botoncito y terminando en su anito, dio un pequeño salto al sentir mi accionar y luego enterró la cara en mi colchón levantando todo lo que pudo su culito.

    – Bueno Glenda, aunque quisiera no creo poder aguantar mucho.- Tome mi verga con la mano derecha y mientras la masajeaba dejándola lista para entrar oí a Glenda decir.

    – Rápido primito. – Tomó sus nalgas con ambas manos y las abrió todo lo que pudo.

    Me volví loco, no me espere mas y de un solo empujón le ensarte toda mi verga hasta el fondo.

    – Ahhh sii asiii.

    Escuche gritar a Glenda mientras yo la bombeaba lo más fuerte que podía, estaba totalmente fuera de mi, y como acababa de decir hace un momento, no dure mucho más, tome con mi mano un poco de su cabello y tiré de él mientras descargaba toda mi semilla en el interior de su rajita.

    – Esto es lo que querías no? que te llene la conchita de leche.- Le dije mientras la jalaba hacia mi.

    – Si primito, eso quería que rico… – Me respondió mientras movía su culo de un lado hacia el otro en modo de celebración por lograr su cometido.

    La solté del cabello y ella se dio vuelta para besarme mientras de su rajita goteaba una mezcla de mi leche y su flujo manchando sus piernas y mis sábanas.

    – Bueno, creo que ahora sí te dejo descansar.

    – Creo que me tengo que dar otro baño antes de eso, ¿me acompañas?

    – Si claro.- Me dijo Glenda con una sonrisa en su rostro.

    Entramos en mi baño y nos bañamos entre besos y caricias, no evite darle una que otra chupada a sus tetitas y ella no perdió la oportunidad de enjabonar y lavar amorosamente mi verga, pero no nos daba tiempo para más, su mama podría regresar en cualquier momento.

    – Supongo que te veo en la cena.

    – Si claro primita, nos vemos en la cena.

    Nos despedimos con un largo beso en el cual aproveche para apretar sus nalgas nuevamente, se fue prácticamente corriendo hacia el piso de abajo, mientras yo escuchaba como entraba un carro a la cochera, su mamá justo estaba regresando de hacer sus compras, definitivamente debía de tener más cuidado en adelante, Glenda cada vez se ponía más atrevida y eso me puede ocasionar muchos problemas, debía de hacer un plan para que la situación no se me salgan de las manos. Tomé una novela gráfica que tenía a medio leer y me tiré a mi cama a descansar un rato hasta la cena.

    Eso es todo por este capítulo, muchas gracias a todas las personas que me escribieron en este periodo en el cual no subí mas capítulos, se juntaron varios temas laborales y para rematar caí enfermo con esta terrible pandemia, a todos los que se enteraron de mi situación gracias por el apoyo y preocupación, dice mucho de ustedes que les importe la salud de un completo extraño, nuevamente muchas gracias, recuerden que si tienen alguna duda comentario o critica me la pueden hacer llegar a este correo [email protected], leo y respondo a todos por igual, sin nada más que decir me despido hasta la siguiente oportunidad.

  • La segunda clase de la Miss, comprando ropa de catálogo

    La segunda clase de la Miss, comprando ropa de catálogo

    Pues nuevamente aquí estoy para relatarte la segunda clase que le descubrí a mi esposa, la ahora nombrada Miss Tere.

    Esta clase tiene lugar en mi casa, siendo un sábado normal, mis hijas se fueron a casa de mi hermano a pasar todo el fin de semana en su casa de Cuernavaca, yo salí a jugar tenis como acostumbro toda la mañana de todos los sábados y mi esposa se queda en casa.

    Ese sábado regresé porque olvidé mis raquetas, estacioné el coche antes de dar vuelta a la calle porque no había lugar fuera de mi casa y al entrar antes de avisarle a mi esposa mi regreso escuché que Tere hablaba por teléfono:

    Tere: Hola Martín, me vas a traer el pedido que te hice en la semana?…. Si claro que tengo tiempo para probarme más ropa… Agregó la Miss.

    La conversación se me hizo muy extraña y después de colgar Tere se metió a bañarse, situación que aproveché para esconderme en el clóset de la recámara. Al salir mi esposa del baño pude observar como se vestía: se puso un sostén de encaje negro completamente transparente, una tanga de encaje negro, pantimedias color piel, una blusa blanca de botones semi transparente y una falda que le llega a medio muslo color beige muy ajustada que le marca perfectamente su hermoso, grande y delicioso trasero, finalizando con unas zapatillas beige de tacón alto.

    Sonó el timbre, mi esposa abrió la puerta y aquí comienza la segunda clase se la Miss Tere:

    Tere: Hola Martín, que bueno que pusiste venir de una vez, tenemos como a hasta las 11 para ver la ropa que me trajiste.

    Martín: Perfecto Tere, pensé que me ibas a recibir en la puerta como el mes pasado y me iba a quedar con las ganas.

    Tere: Con las ganas de qué?

    Martín: De ver a mi mejor modelo probarse la ropa que vendo.

    Tere: Pues seguro eso le dices a todas.

    Martín: Te aseguro que ninguna de mis clientas está tan guapa y tiene tan rico cuerpo como tú, por eso quiero preguntarte algo?

    Tere con un tono de ansiedad responde: Si claro, si te puedo ayudar, yo encantada.

    Martín: Quiero hacer un catálogo de mi ropa con fotos y quiero que seas mi modelo, solo tomaría tu cuerpo, no mostraría tu cara

    Tere: Sería un honor Martín.

    Martín: Pues empecemos con estás batas para dormir.

    Tere: Pero vamos a mi recámara para que sea más rápido te parece.

    Ya estando en la recámara, Tere se quita la blusa y la falda frente a Martín y desde mi escondite puedo observar perfectamente toda la acción, Ella se coloca una bata de satín rojo y empieza a modelar, al tiempo que el pants de Martín se levanta justo en su entrepierna.

    Tere: Que pasa Martín que traes ahí abajo, acercándose y estirando la mano para sobar su miembro, ay papito ya lo tienes duro, me lo prestas para darle los buenos días?, le baja el pants junto con el calzón, se agacha y se mete el miembro se Martín a la boca.

    Martín: Ay Tere eres una maestra dando mamadas, sigue así chaparrita.

    Tere después de unos instantes se levanta se quita la bata y le dice a Martín: Papi, estoy a tus órdenes, cógeme.

    Martín la toma por el cuello violentamente, la voltea, le quita el sostén, le aprieta los senos fuertemente y le dice: ahora sí putita, vas a saber lo que es un verdadero macho te coja, la avienta a la cama cayendo boca abajo, le para el culo, le rompe las pantimedias, le hace a un lado su tanga negra y después de mojar su verga con saliva, se la mete de una sola vez a Tere provocando un gemido de Tere: Mmmm ay por Dios papi que rico verga tienes, mientras que Martín la bombea fuertemente al mismo tiempo que la nalguea muy duro

    Tere gimiendo le dice: Así papi, cógeme rico.

    Martín: Te gusta Teresita?

    Tere: Ay papito me encanta, ay, ay, ay sigue así, dame más

    Después de algunos minutos de un sexo fuerte y violento y que llenó de leche la panocha de mi esposa, Martín le dice:

    Martín: Vaya putita que eres chaparrita vas a tener que ir a mi casa más seguido para tomarte fotos con mi ropa y de premio te voy a coger cómo hoy.

    Tere: Ay Martín, encantada de ser tu modelo cada vez que se pueda y que mi marido no esté en casa, quiero sentir tu rica verga dentro de mí muchas veces más, déjame mostrarte de lo que soy capaz de hacer en la cama tengo una verga tan rica como la tuya.

    Así es como Martín se retira de la casa, Tere se mete a bañar completamente cogida y termina la segunda clase de la Miss Tere, mi esposa convirtiéndose en toda una puta adicta al sexo infiel.

  • Ignacio un gran juez

    Ignacio un gran juez

    Ignacio Salvatierra estaba seguro que sus pensamientos habían sido siempre justos y precisos. Como juez que era estaba orgulloso de sus decisiones judiciales, se consideraba un hombre de leyes y sus decisiones eran ecuánimes. Había inculcado ese raciocinio a sus 6 hijos de los cuales se sentía orgulloso. Como cada tres meses iba a visitar a su madre octogenaria, su padre había fallecido hacia un mes. Un encuentro sobrecogedor con su madre y hermanos. Él era el orgullo de su familia y el mayor, había hecho carrera y sabía que era la envidia de su hermano y hermana. A sus 56 años era considerado uno de los mejores juristas de la región.

    Ya de vuelta paró en un restaurante, había engordado bastante y se prometió adelgazar. Pesaba 98 kg, y su médico le había comentado que con sus 185 cm y a pesar de su complexión fuerte tenía que perder 10 kg. Hizo acopio de una buena cena y siguió hasta el pequeño hotel que regentaba un amigo de la infancia el cual su madre le había comentado que quería verlo para darle las gracias en persona por haberle resuelto el tema familiar. Para más engorro al salir del coche empezó a llover. Se puso su sombrero ya que le molestaban las gotas sobre su calva.

    Nada más entrar en el modesto hotel fue agasajado por su amigo, le dio el pésame por su padre incluso lo abrazó efusivamente. Tras el efusivo recibimiento pasaron al tema familiar:

    -Ignacio, no sé cómo agradecerte el favor que me has hecho, no lo olvidaré, el cabrón tendrá que pagar.

    -No me debes nada, personas como esa no se pueden salir con la suya. ¿Ella está contenta? ¿Qué edad tiene?

    -Si, mucho, ahora ha cumplido los 19. Ya está de 7 meses. Ese tipo casado que la embarazó se ha llevado su merecido. Ya ves tiene dos hijos. Mi hija ingenua se dejó embaucar por ese treintañero ya. Pero Sara mismo te dará las gracias.

    Salió una chica con pelo largo, teñida de rojo, llevaba piercing en la nariz, barriga prominente y destacada ya que su cuerpo era delgado; unas mallas confirmaban un culo pequeñajo, sus ojos eran almendrados y sus pómulos bien definidos con unos labios gruesos.

    Se mostró algo torpe y chabacana, parecía que masticaba las palabras al hablar. Ignacio Salvatierra pensó que ni su inteligencia ni su desenvoltura estaban muy desarrollados. Era evidente que la falta de una madre era patente ya que su amigo había sido abandonado por su mujer hacia unos 6 años. Optó por pasar la noche en el destartalado y pequeño hotel sin apenas clientes visibles, por lo que su amigo estuvo encantado de acogerlo. Incluso la peculiar embarazada lo acompañó ya que ella dormía dos habitaciones más lejos.

    Ignacio le estaba haciendo un de lado, sus embestidas retumbaban, la polla a veces se desencajaba pero volvía a coger el ritmo. Había bajado el espejo de la pared y puesto en una silla enfrente de la cama. A Ignacio le gustaba ver su mete-saca, sus 18 cm entrando y saliendo. Tras haber engendrado 6 hijos era especialista en follar embarazadas. El lateral era cara a cara a ratos. La Sara llego a mojar e Ignacio descargó una generosa corrida interna con un brutal sonido gutural. Ignacio se levantó y ella también. Vio como la lefa le llegaba a los muslos. Ella dijo:

    -Vaya con el viejito, encima todo adentro.

    -Ya te preñaron, por tonta, espero hayas aprendido la lección. Te hecho un favor por tu padre. Ahora tengo que irme a mi habitación, quiero dormir.

    -No veas que vicioso eres…

    -Calladita, te conviene y te has corrido bien por muy viejo que yo sea-dijo en tono imperativo Ignacio.

    Ignacio pensó que decía lo de antes porque antes de follarla la había puesto en mamada profunda, Incluso le hizo succionar los testículos. Y se dijo a si mismo » Niñata desagradecida».

    Ignacio hacia viajes secretos profesionales a comisarías una vez al mes. Ya que estaba por la zona aprovecharía la ocasión para saludar al sargento Imelda. Nada más llegar Imelda lo invitó a un puro (requisado en aduana) y empezaron a fumar.

    -Qué tal la familia -preguntó Ignacio.

    -Bien, la semana pasada tuve mi segundo nieto. Es lo máximo, estar con los tuyos, pero tú sabes más que yo de eso.

    -Si, yo tengo tres, por cierto tengo que llevar un regalo para el mayor.

    -Siento la muerte de tu padre. Tu madre me informó que tenías que ir a verla y me remarcó que Pepe te quería dar las gracias en persona por lo de su hija.

    -Sí fue muy emotivo y lo de Pepe entrañable, me gusta ayudar a los amigos -esto último el juez Ignacio lo dijo con un deje de hastío -ha llevado mal suerte, primero su mujer, ahora su hija.

    -Es un perdedor, no hay más -dijo contundente el sargento.

    -Qué tal por aquí, vengo en calidad de juez, si puedo arreglar algo o ver vuestro trabajo.

    -Hemos pillado una chica con estupefacientes, pueden caerle unos dos años. No colabora mucho, es chula e irreverente. Y no está nada mal -esto último lo dijo con una mirada de complicidad al juez- la tenemos en la sala de reuniones.

    -¿Reuniones? -preguntó extrañado el juez.

    -Si, ya sabes, sin nada grabado ni testigos, abajo en el sótano. ¿Te apetece estar presente, también hay un cristal oscuro, tranquilo.

    -Si, lo sé… se colocó para más disimulo para nosotros, me dijiste. Si vamos allá.

    Bajaron a un pasillo oscuro que daba a una pequeña habitación con sillas. Delante un cristal donde podía observarse una mesa con unas cuantas sillas. En una de ellas una chica sobre la treintena de facciones agraciadas, su melena morena estaba despeinada, en sus brazos se veían tatuajes y brazaletes. Su camiseta delataba buenos pechos.

    -Supongo que tenéis su ficha -dijo al juez.

    -Si, se llama **** de 31 años, actualmente no se le reconoce ningún oficio, ha trabajado en pubs, discos y masajes.

    -Entiendo que es puta -remarcó el juez.

    -No que sepamos, pero es obvio que sabrá manejar un rabo -y soltó una carcajada.

    Respondía las preguntas con altivez y chulería, se notaba que estaba curtida.

    -¿Tiene antecedentes? -preguntó el juez.

    -Si, pero nada importante, alteración del orden público, posesión de sustancias menores y peleas. Aún no sabe que le hemos encontrado el material en las ruedas del coche. Esa seguridad que demuestra pronto decaerá.

    Una y otra vez la chica pedía un abogado o que la dejarán marchar. De pronto cambió su expresión. De reojo vio como entraban unos paquetes. Entonces dijeron:

    -¿Y esto que es? ¿¡¡Bolsas de patilla, no!!?

    -E… es… esto… no… no… no… no es mío lo ha… han… colocado ahí. Quiero un abogado-dijo con el rostro lívido y tembloroso.

    -Se ha derrumbado -dijo el sargento.

    -Buen trabajo -respondió el juez Ignacio.

    El agente salió del habitáculo y consultó con el sargento, este consultó con Ignacio.

    -La verdad es que se ha visto embarcada en esto por ingenua. Proponemos algo extra. La chica puede…

    -Si, lo que creas necesario, que nos dé información del vendedor, por ejemplo -dijo el juez.

    El agente volvió a la sala con las instrucciones.

    -Como estamos de buen humor y por tu cara bonita si nos dices el nombre del que te ha pasado el material seremos benevolentes.

    -Puedo dar coño y placer, no me hagáis daño y dejadme ir después.

    -Se pone interesante -dijo el sargento.

    -Sí, intentad sonsacarle y quizá con algo más salga hoy mismo -dijo el juez en un acto de bondad de su parte.

    Entró el sargento y habló al oído del agente.

    -Estás de enhorabuena si nos das el nombre del que te vendió el material y algo de sex appel sales -dijo el agente mirando al sargento.

    -No… no. Era el chino -exclamó.

    La información fue comprobada, se envió un coche patrulla y el chino fue pillado in fraganti.

    -Fantástico -dijo el juez -se ha ganado el poder salir.

    -¿Sin más ? -contestó el sargento.

    -Podéis gozarla, lo vale -contestó el juez -me han dicho que tenéis buenos pollones.

    Nada más informar a los agentes se la llevaron.

    -Vaya rapidez -dijo el juez.

    -Si, disfrutan, si quieres echar un vistazo están en el almacén. Vamos a tomarnos algo. Tomaron café en un bar cercano. Ignacio tenía que irse, al volver a entrar en la comisaría bajó en busca de su chaqueta, al pasar por el almacén vio como tenían empotrada la chica, estaba en posición de perrito sobre un improvisado colchón. Se acercó a unos metros de ellos. Se oían los golpes secos del mete-saca, era un agente bajito. Otro esperaba turno machacándose la polla un tercero se limpiaba la polla y se subió los pantalones. Tras un tableteo de mete-sacas el chico escupió una buena lechadaza sobre el pequeño culo de la chica. Aún no se había retirado el que la había follado y ya tenía el cipote del que esperaba en la boca. Mamaba con precisión, parecía una bomba succionadora, la respiración del chico se hizo pesada y no tardó en correrse, vació sobre unos grandes pechos. Entró otro chico blandiendo un gran cipote e mano era fornido y alto, de cara ruda. La volvió a colocar en posición perruna, la lechada del anterior aún estaba sobre las pequeñas nalgas. Le abrió el culo y dos agujeros quedaron a la vista. El agente iba en despelote total, se veía su poderío físico.

    -Es un gran semental -oyó como el sargento le decía tras el juez.

    -Sabe como planificar una follada, basta ver su aire resuelto -afirmó Ignacio.

    El agente cogió posición y dio unos pistoneos vaginales de tanteo. Incluso ella se ayudaba dándose impulso para atrás.

    -Veo que colabora

    -Sí, sabe usar su culo, es veterana -aclaró el sargento.

    Empezó un pistoneo lento pero regular. Paró en seco le abrió las nalgas y estiró los pulgares. El ano estaba bien visible. Escupió sobre él, colocó su glande y embistió. Ella lanzó un sonoro quejido. Estaba claro que faltaba engrase. Entonces recogió la lefa anterior dejada en sus nalgas y la introdujo en la zona anal. Esta vez sí había engrase y empezó un alocado mete-saca lento al principio e iba ganando en velocidad hasta hacerse frenético. Ella balbuceaba palabras incoherentes. La respiración del agente se volvió pesada. Los pistoneos sonaban como latigazos al mismo tiempo que él le atenazaba las muñecas y la obligan a ella a curvar la espalda hacia arriba. La respiración del agente se volvió convulsa. En cada bombeo sus nalgas quedaban comprimidas.

    -Te gusta -preguntó el sargento al juez.

    -Se la mete hasta la empuñadura, nunca había visto nada igual. Ese culo no sólo lo usa para cagar.

    El agente emitió una especie de rugido, parecía el de un león. Ahora cada embestida parecía como si él se electrocutara. Quedaron parados, ella con un largo Ohhhh. En un último espasmo el de dio la última clavada. Ella quedó tendida bocabajo. Él se levantó y encendió un pitillo. Ella al levantarse era un ser sin peso de su culo salían churretones de lefa.

    5 meses después Ignacio Salvatierra estaba en el Congreso recibiendo una medalla por sus méritos. Desde las butacas su familia numerosa lo miraba con orgullo.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (15)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (15)

    La semana transcurrió ajetreada, el jueves Sergio tenía que hacer un parcial y apenas salió del cuarto para lo básico. Incluso denegó en repetidas ocasiones la entrada a Carolina que le incitaba a beber con varias latas de cerveza.

    Por lo menos, estar tan centrado en los estudios le hizo olvidarse de todo lo demás. Sobre todo de algo que le comenzó a picar en sus partes más nobles. La visión de su madre le volvió a activar una zona que llevaba tiempo en hibernación, incluso le llegó a crear una leve erección después de estar con Carol. ¡Alucinante!

    Aquello no volvió a pasar dentro de su cuarto, obviamente, tuvo que masturbarse para concentrarse al cien por cien. No obstante no lo hizo pensando en su amiga, aquella erección era una mera anécdota. En quien si volvía a pensar era en Mari.

    Al verla todo se había revuelto en su interior, con su vestido ceñido, iluminada por el sol mientras un suave viento mecía su cabello moreno. La imagen le parecía artística, al menos en su cerebro, y con ella tuvo par de masturbaciones que terminaron de forma más que satisfactoria.

    Volvía a las andadas, aunque pensaba poco en ella… volvía a hacerlo. Suspiró profundamente delante de los libros, estaba cansado, se centraba tanto en estudiar para poder evadirse de todo que a las noches incluso tenía que engullir una pastilla para el dolor de cabeza. Todo era un sobreesfuerzo y por una sencilla razón, no volver a pensar en su madre de forma sexual.

    Pero no se lo podía negar, era obvio que le seguía atrayendo. La amaba como era normal, era su madre, la amaría por siempre, sin embargo la malsana sensación de querer yacer con ella no desaparecía, sino que aumentaba. Lo sentía casi como un deber, algo que el cuerpo le rogaba, la última petición del reo antes de cruzar el pasillo rumbo a la silla eléctrica.

    El móvil sonó en la oscuridad de su habitación, solo el flexo alumbraba los libros y afuera el pasillo estaba en silencio. Su paz solo había sido interrumpida media hora atrás por una intensa Carol que le quería sacar de la habitación casi a la fuerza para que se ventilara. Entendía que llevaba mucho tiempo estudiando y después del parcial no tendría excusas, debería dejar fluir sus pensamientos.

    Miró el móvil, riéndose al pensar que podría ser Carolina, pero ella no tenía aún su teléfono, “curioso, no necesitamos llamarnos”, era cierto, se veían cuando querían. Pero el pulso se le paró, hacía mucho que no hablaba con cierta persona y de pronto en la pantalla, allí estaba la notificación de mensaje. Tía Carmen.

    —¿Qué tal estás, cariño?

    En sí el mensaje no era raro, la última vez que hablaron fue sobre si le había llegado el dinero y si todo estaba correcto. Sin embargo, que ese mensaje le llegara al mismo momento en que estaba pensando en su madre, no le dio un buen pálpito.

    —Bien, justo me has pillado estudiando. Tengo un parcial esta semana.

    —Ánimo y a pelarse esos codos, tienes que sacar buena nota.

    —Lo intentaré. —acabó por mandarle un icono a modo de beso y esperó, sabía que había algo más.

    —Cielo, este fin de semana, voy a estar allí.

    La información llegó de pronto, sin anestesia, haciendo que Sergio recibiera un golpe de dura realidad. Sabía a lo que venía su tía y no era precisamente a estar con él. Después de la conversación que tuvieron sobre Mari, Carmen se había quedado tocada, era obvio, todo fue su culpa. En verdad, de ambos, si uno de los dos no hubiera querido, no hubieran tenido la relación sexual, pero al ser la adulta se echó toda la responsabilidad sobre sus hombros.

    —¿Cómo? ¿Eso por qué?

    Sergio quizá preguntó por retrasar lo inevitable, por dar el último soplo de aire sin que su cuerpo le temblara. Pensar en que las dos mujeres se pusieran frente a frente para hablar le producía pavor… y menos mal que nunca se imaginaba estando cerca, si no le daría un infarto.

    —Tengo que arreglar las cosas, he esperado demasiado y Mari no me llama, tengo que ir y que todo salga.

    —No sé si es lo adecuado. —podría haber seguido escribiendo, pero Carmen era más rápida, la fricción de sus dedos contra la pantalla creaba fuego.

    —Así será. Ella y yo… hemos cometido el mismo error, ambas hicimos contigo cosas que no deberíamos hacer. Sé que su mente no estará ahora mismo muy estable, no es fácil de asumir y menos los sentimientos que afloraron hacia ti. Más que arreglar el enfado que tiene contigo, creo que debo ayudarla a entender la situación.

    —Te entiendo, tía. ¿Cuándo vas a venir?

    —El sábado a la mañana salgo, no me voy a quedar más de lo necesario, vuelvo a la noche y paro en un hotel a dormir.

    Lo que quería escribir le costó un mundo y sabía que de estar hablando cara a cara, no se lo hubiera preguntado. Lo sentía inadecuado y quizá algo fuera de lugar para la situación que estaban pasando, sin embargo sus dedos se movieron por la pantalla buscando las letras adecuadas.

    —¿Nos veremos? —Carmen tardó en contestar.

    —Como mujer responsable y sensata te diré que no.

    Sergio agachó la cabeza, era evidente, no podían volverse a encontrar después de lo vivido con su madre. Su relación prohibida le había costado que le echaran de su propio hogar y conllevó que Carmen se gastara un dinero en él.

    —Aunque, me gustaría ver la habitación que te estoy pagando. —Sergio lo leyó con su típico tono bromista. La segunda parte, ya no le sonó tan a broma— Quiero verte, quiero estar contigo, necesitamos hablar y lo correcto será pasar página.

    —Estaré todo el día aquí. —le mandó su ubicación— Da igual que no avises o que vengas en mitad de la noche, te estaré esperando.

    —Lo sé.

    Dejó caer el móvil en la mesa, con sentimientos mezclados en su interior sin saber ni lo que sentía. Pensó que la espera se haría agónica, un tiempo eterno hasta que las dos mujeres se vieran cara a cara. No podía ni vislumbrar que pasaría, las posibilidades eran infinitas, desde acabar enemistadas para siempre, a volver a ser uña y carne. Rezaba por lo último con todas sus fuerzas.

    Pero casi en un parpadeo llegó el fin de semana. Con el parcial superado, se despidió el viernes a la tarde de Carol, que a modo de broma mostrando un rostro fingiendo molestia le dijo que le debía una semana. Antes de marcharse dejó su sello inconfundible añadiéndole que abriera las ventanas. “Chico, huele a paja que no veas”.

    La cerró rápidamente la puerta para no volver a escucharla. Aunque Carol siempre estuviera de broma, esta vez, era verdad. Nada más se fue abrió las ventanas, porque además, al día siguiente esperaba visita y… quería tener el cuarto adecentado.

    Con el sábado llegaron los nervios y las ganas de ver a su tía se acrecentaron. Mientras Sergio pensaba si debía comprar algo de picoteo para recibirla, Carmen salía de la autopista al pueblo de su hermana.

    Aparcó el coche relativamente cerca, sin poder evitar acordarse de la última vez y como el vehículo se estropeó. “Aunque me llevé una recompensa” se dijo a sí misma rememorando el viaje con su sobrino.

    Anduvo por la calle, eran cerca de las dos de la tarde y el sol calentaba un poco la acera pese al intento del día de mantenerse frío. Antes de vislumbrar el edificio de su hermana, cogió el teléfono y buscó en la agenda el móvil de uno de los componentes de la casa para que no la recibieran con tanta sorpresa. Laura.

    —¿Tía?

    —Has acertado. —sonrió tras el móvil, estaba nerviosa.

    —¿Qué tal estás? Hacía mucho que no hablábamos.

    —Demasiado, mi vida, desde que os visité en agosto no nos vemos, ya ha pasado más de medio año. ¿Ya tienes a tu merced a miles de muchachos?

    —¡Tía! —Carmen escuchó la risa juvenil de su sobrina que tanto se parecía a la de su hermana— No, todavía no.

    —Cuando tú lo desees, cielo. —las dos rieron a menos de un kilómetro de distancia y la tía añadió— Mi vida, ¿está tu madre en casa?

    —Pues sí, ha venido hace un rato de trabajar. ¿No te ha cogido el móvil?

    —No la he llamado. La cosa es que estoy a unos cuantos metros de vuestra casa y os quería dar una sorpresa.

    —¡¿No será cierto?! —Laura se alegró al saber que vería a su tía, era la única que tenía.

    —Por supuesto, ahora nos vemos, princesa. Pero, no le digas nada a tu madre. Que sea una sorpresa ¿okey?

    —Callada como una muerta. Hasta ahora, tía.

    —Hasta ahora, cariño.

    Carmen notó el peso de su cuerpo en unos tobillos que flaqueaban. Al colgar el teléfono se sintió pesada, como si toda la tensión se generase en ese mismo instante y las ganas de hacer frente a la situación se evaporasen.

    “Menudo momento para dudar, justo en la puerta de su casa” pensó mirando el timbre del telefonillo electrónico que había en el portal. Se frotó las manos, los nervios se las dejaban frías. Aprovechó que sacaba una valentía momentánea, y al tiempo que cerraba los ojos, pulsó el botón.

    Apenas fueron cuatro segundos de espera que se le hicieron interminables. De no haber hablado con Laura unos minutos antes, estaba segura de que se hubiera largado corriendo sin poder afrontar la situación. Porque no era algo fácil de lidiar, iba a hablar con su hermana, que había echado a su hijo de casa por tener relaciones con su tía. Menos mal que tenía la baza ganadora que le contó Sergio, Mari había actuado de la misma forma.

    La puerta aulló con el sonido estridente y característico de la cerradura abriéndose automáticamente. El portal se veía como una cueva oscura, la boca de un lobo hambriento dispuesta a devorarla. Pero, ¿por qué tanto temor? Era evidente que el nerviosismo se iba a apoderar de ella, no iban a hablar del tiempo, sino de sexo incestuoso, aun así, ¿tanto miedo?

    Decidió subir las escaleras, era un tercer piso y se veía con fuerzas, para algo hacía deporte la mayoría de los días. Además, que el ascensor no le inspiraba confianza, temía que se estropeara en mitad de la subida y se tuviera que quedar encerrada fastidiando el momento sorpresa. Todo tonterías, pero mientras subía las escaleras con el corazón asomando por la garganta, las sintió muy reales.

    La puerta se alzaba como una muralla, solo era madera y partes metálicas en el interior. Sin embargo ella la veía como el último paso, el gran obstáculo antes de… de… ¿Qué? Tocó el timbre.

    Los pasos se escucharon al otro lado, no iban con prisa, eran calmados y el ritmo era conocido, Mari se acercaba. En los pocos segundos a Carmen le dio tiempo a pensar en lo curioso que podía ser el cerebro humano, llegando a conocer a una persona solamente por el sonido de sus pasos o su ritmo al caminar. No sabía ni que pensar, cualquier cosa era buena, pero las llaves sonaron detrás de la cerradura y su cerebro se puso en blanco.

    “Finge. Que no te vea nerviosa” el labio le tembló, pero sacó su mejor sonrisa. Su gesto denotaba cierta arrogancia, tenía que sentir que ella no tenía la culpa, porque ambas eran culpables, sí… ese tenía que ser el plan. La puerta por fin se abrió.

    —¡¿Carmen?!

    Por un momento ambas mujeres se quedaron petrificadas la una frente a la otra. La boca de la madre de Sergio estaba abierta dibujando un círculo de perplejidad absoluta. Carmen, pretendía mantener la facha de felicidad que trataba de mostrar, aunque le era complicado, no sabía muy bien que decir. Los segundos pasaban, la sorpresa inicial se diluyó, pero ninguna de las dos dijo nada. Carmen tuvo que dar el paso.

    —No he venido hasta aquí, para quedarme en el felpudo. —su sonrisa le advirtió a Mari que estaba bromeando y la dejó pasar. Aunque esta última seguía sin creerse que su hermana estuviera allí.

    —¿Qué haces aquí? ¿Cómo no me has avisado?

    Mari estaba totalmente colapsada por la sorpresa, el objetivo de su hermana se había cumplido, estaba descolocada. Caminaron por el pasillo hasta la cocina, mientras de su habitación salía Laura que corrió hasta donde su tía a abrazarla.

    —¡Esta niña ya se ha hecho una mujercita! Y… ¡Menuda mujer! —le sacó los colores a la joven que se ruborizaba avergonzada— Tienes una hija preciosa.

    —Tía… —únicamente le salió decir a la joven que no sabía dónde meterse.

    —Tú y yo tenemos que hablar, que cada día te haces más mayor.

    Carmen miró a su hermana que seguía con los ojos vacíos, mirando a la nada sin creerse lo que estaba pasando. La mujer se dio cuenta de esto y mientras Laura le decía lo contenta que estaba de verla comenzó a rebuscar en el bolso.

    —Mi vida, en nada vas a cumplir dieciocho años. Tu tía no se olvida de tu cumple, —sacó su monedero y rebuscó entre los billetes— he venido preparada.

    —Pero… —Laura observó el dinero que le tendía Carmen y la volvió a mirar a esos ojos tan parecidos a los suyos— Tía… esto es mucho.

    —¡Calla! —cogió la muñeca de su sobrina y la alzó dejando sobre la palma los cuatro billetes de cincuenta euros— Ahora mismo, vete a comparte lo que te dé la gana y luego vienes a enseñármelo. Que solo vengo de visita rápida, a la noche vuelvo para casa.

    —Vale, pero…

    —No quiero oírte, Laura. —se puso a su espalda y a empujones la fue llevando a la salida mientras la joven se reía. Se puso las zapatillas y abrió la puerta— Recuerda que luego me enseñas todo, dieciocho años no se cumplen todos los días. Cómprate lo que quieras.

    —¡Gracias, tía! ¡Te quiero mucho! Luego nos vemos, mamá.

    A Laura la sonrisa no se le borraba del rostro y menos pensando en una chaqueta que tenía en mente y dos libros que les había echado el ojo par de semanas atrás.

    —Seguro que ahora me quieres mucho más —soltó en una pequeña broma irónica la mayor de las hermanas.

    Laura se despidió con la mano, metiéndose en el ascensor mientras Carmen cerraba la puerta con la mejor de sus sonrisas. Mari a su espalda aún seguía algo perpleja sin creer que su hermana estuviera allí y apenas se dio cuenta cuando su hija se despidió, solo movió la cabeza de forma involuntaria.

    El sonido de la puerta pareció una losa pesaba que cerraba la única escapatoria de ambas. El pestillo se cerró con fuerza, tanta que a Carmen por un momento el corazón se le detuvo, pero comenzó a latir con potencia cuando con voluntad se giró encarando a una Mari que seguía en shock.

    La boca la tenía pastosa, sus manos se humedecían del sudor y el frío la atenazaba los pies. No había estado más intranquila en toda su vida, notaba como la comida le subía y le bajaba por su estómago como si de una atracción de feria se tratase. Sin embargo, debía echarle valor, ella lo había provocado, debía arreglarlo.

    Dio un paso al frente, colocándose justo delante de la su hermana. Tan iguales y a la vez tan distintas, mirándose con esos preciosos ojos. Mientras que una mostraba duda acerca de lo que pasaba, Carmen cambió su rictus mostrando por primera vez confianza. Puso en su mirada determinación y arrojo, destensó sus cuerdas vocales y con toda su voluntad abrió la boca.

    —Mari, tenemos que hablar.

    CONTINUARÁ

    ———————

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Mini relato 2

    Mini relato 2

    La jornada electoral había sido agotadora. La mayor participación en años y en plena ola de calor del verano. Aquel domingo de junio terminó con aquella pareja entregando los resultados de su mesa electoral en el Juzgado número 3. Eran las 2 de la madrugada y el calor seguía siendo asfixiante.

    Fue ella la que propuso tomar algo en una terraza. Aquel bar tenía buena música y la clientela era bastante tranquila. La mujer ofreció un brindis por el final del recuento que les había llevado más de lo previsto. Sus ojos brillaban de una manera especial cuando el hombre le dedicó media sonrisa y alabó su buen cuerpo. Consiguió que se ruborizarse pero algo en su interior hizo «click».

    Los pezones de ella reaccionaron al halago y se marcaron de manera indisimulable bajo su camiseta de tirantes. La fina tela del sujetador no pudo contener grosor de aquellos botones erectos. A sus 51 años sentía la sexualidad como nunca.

    Ella correspondió al hombre piropeando su fibroso cuerpo y su mirada azul. Él propuso un último brindis antes de salir para casa. Montados en el coche, el coqueteo era incontrolable la falda vaquera de la mujer dejaba ver más de lo imprescindible y el hombre acariciaba el muslo cada vez que cambiaba de marcha. La mujer suspiraba con cada caricia. Colocó una mano tras la nuca del hombre y correspondía a las caricias de él. Entre comentarios subidos de tono y risas llegaron bajo el edifico en que vivían.

    El hombre apagó el motor del coche y se giró en el asiento mirando hacia ella. La mujer inspiró fuerte y se estiró en el asiento. Lo reclinó y dejó que el conductor se inclinará sobre ella. Sus bocas se sellaron en un beso antes que el hombre descendiera hasta sus maravillosas tetas. Con un hábil movimiento las liberó y comenzó a comérselas. Una gran aureola de color marrón claro se coronaban con pezón gordo y ahora endurecido. El hombre los lamió, los succionó y los mordió mientras la mujer apretaba la cabeza del hombre contra ella. Los suspiros excitados de ella era lo único que se oía en el pequeño habitáculo.

    Deslizó su mano por debajo del cuerpo de él hasta alcanzar su entre pierna. Como pudo la introdujo dentro de su pantalón y alcanzó la polla erecta. Por su parte, él acompañaba la comida de tetas con su mano bajo la falda. Sus dedos apartaron el tanga y se introdujeron entre los labios mojados de su acompañante. Comenzó a masturbarla provocando gemidos que ella conseguía ahogar en el cuello de él. Por fin alcanzó un extraordinario orgasmo con los dedos del hombre. Se convulsionaba, apretaba las piernas aprisionando las manos del hombre que seguía moviendo sus dedos en el interior de la vagina.

    El hombre se separó de la mujer sonriendo. Sin dejar de mirarla a los ojos, se lamió los dedos:

    -Cabrón, qué paja me has hecho…

    Ella se incorporó aún con las tetas al aire:

    -Acomódate que te voy a pegar la mejor mamada de tu vida.

    El hombre reclinó su asiento. Se estiró y se bajó los pantalones a medio muslo. Su polla saltó como un resorte. De un grosor considerable, las venas se le marcaban de manera exagerada. La mujer se arrodilló en su asiento. Se recogió el pelo en una coleta y se inclinó sobre la entrepierna del hombre.

    Agarró la polla con la mano, calibrando el grosor. Con media sonrisa miró al hombre:

    -Joder, vaya tranca calzas…

    Abrió la boca todo lo que pudo y se la fue introduciendo. Apenas le cabía. Lamió el glande con ganas. La succionaba. Comenzó a mover la cabeza de arriba a abajo mientras con una mano se ayudaba. Lo pajeaba con movimientos semicirculares al tiempo que la cabeza iba y venía.

    La posibilidad de que pudieran verles teniendo sexo oral en el coche, aparcado frente al edificio donde vivían era una situación exageradamente morbosa.

    -Qué bien la mamas, zorra.

    La mujer sentía como sus babas salían por la comisura de los labios y caían hasta los huevos del hombre que seguían gimiendo de placer. Sin duda era una de las mejores mamadas de su vida. La mujer, en un estado de excitación desconocida, aceleró el ritmo de la felación. El hombre sentía que estaba a punto de llegar al orgasmo.

    De repente, alguien tocó la ventanilla del coche. La mujer asustada levantó la cabeza. Sorprendida solo acertó a decir:

    -Tu madre…

    El chico, miró por la ventanilla y vislumbró la cara enojada de su madre. En ese momento eyaculó con inusitada potencia juvenil. Tres chorros de leche caliente impactaron en la cara de su vecina que avergonzada miraba fijamente la cara de su amiga, vecina y madre del joven al que practicaba una mamada en un coche…

    El hombre quedó exhausto en el asiento. Como pudo comenzó a subirse el pantalón. La mujer, sin decir palabra, se recompuso y salió del coche en dirección a su casa. Evitaba mirar a la cara a su vecina. Ésta, con cara de pocos amigos se dirigió a ella:

    -¿No te da vergüenza? Tu marido lleva horas esperándote. Mi hijo tiene la edad del tuyo….

    La vecina infiel no le contestó y siguió directamente hasta su casa con una extraña sensación entre el morbo y la humillación. Dos lágrimas corrían por sus mejillas.

  • El desvirgamiento de Rufina

    El desvirgamiento de Rufina

    Introducción

    En la aldea gallega en la que se desarrolla este relato, cómo en casi todas las aldeas, se conocían todos los vecinos, unos se llevaban bien y otros se llevaban a matar. A matar se llevaban Elisardo, el «Puerco Espín» y Pablo, el «Broncas», que eran hermanos y se llevaban a matar porque Elisardo le desvirgara la novia a Pablo. Elisardo se marchó para Suiza para que la sangre no llegara al río. Tres años más tarde Pablo se marchó para Alemania con Luisa, que en ese momento ya era su mujer, y dejó una niña pequeña a cargo de los padres de ella. Años después Pablo se lio con una alemana y Luisa volvió para España, compró un carnero y media docena de ovejas y trajo a vivir con ella a su hija a la casa que habían hecho Pablo y ella.

    Entremeses

    Elisardo, «El Puerco Espín», tenía un rebaño de cabras que llevaba a apastar al monte.

    Rufina, la hija de Luisa era la encargada de llevar a apastar las ovejas al monte. Siempre las ponía a apastar lejos de las cabras de Elisardo, ya que su madre le había dicho que su tío era putero con ganas.

    Cuernos, el carnero de Rufina, no entendía de recelos y sí de mandanga. Cierto día cuando pasaban las ovejas a unos metros de las cabras hacia un pasto más alto, el carnero dejó el rebaño y cubrió a una cabra. El cabrón al verlo lo embistió por detrás y el carnero y la oveja fueron a tomar por culo por un pequeño barranco abajo. Rufina puso el grito en el cielo.

    -¡La puta que lo parió! Me mató el carnero.

    Fue corriendo a mirar si estaba vivo, y lo estaba, tan vivo estaba que le seguía dándole al culo encima de la cabra en el fondo del barranco.

    Elisardo se puso al lado de su sobrina y viendo lo que hacían le dijo:

    -Es duro tu carnero.

    Lo miró con cara de mala hostia, y le dijo:

    -¡A mí no me hables, Puerco Espín!

    -Lo que tú digas.

    Rufina, que era una muchacha de estatura mediana, pelirroja y con trenzas, de complexión fuerte, sin estar gorda, con tetas meloneras, culazo, pecosa, de ojos azules y…, y con muy mala leche, cerró los puños y le dijo a Elisardo:

    -Te dije que no me hablaras, Puerco Espín.

    Elisardo, que era un hombre alto, moreno y de complexión fuerte, al que no le gustaban los ruidos, calló la boca y cogió al cabrón por el cuello, pues estaba viendo que se iba a tirar por el barranco abajo, luego lo ató a un pino, y después fue dando un rodeo alrededor del barranco para traer la cabra con las otras. Al llegar abajo le dijo Rufina:

    -¡Trae también a Cuernos!

    Elisardo desde el fondo del barranco le preguntó:

    -¿Ya te puedo hablar, sobrina?

    -¡No me llames sobrina, Puerco Espín!

    En fin, que el carnero se encargó de subir él solo y luego Rufina siguió su camino.

    La cornada

    Al día siguiente Rufina llevaba a Cuernos sujeto. A Elisardo se le cayera a la hierba una piedra de mechero que quisiera poner a su «contra viento y marea.» Rufina lo vio agachado a unos cincuenta metros de distancia, cogió al carnero por la cabeza y se la giró para que le viese el culo, el carnero, que si veía un culo en posición no podía pasar sin embestirlo, comenzó a hacer fuerza para librarse de la atadura, Rufina le quitó la cuerda de sus grandes y enroscados cuernos y el carnero salió corriendo. Salvó los cincuenta metros en un tiempo récord y le dio tal golpe en el culo a Elisardo que salió despedido varios metros. Rufina se partía el coño de risa. A Elisardo maldita fue la gracia que le hizo. Se levantó, echó las manos al dolorido culo y mirando para Cuernos, que lo estaba retando con la cabeza agachada, le dijo a Rufina:

    -¡Ven a buscar al cornudo o coméis carnero quince días!

    Ante la amenaza no le quedó más remedio que ir a recoger el carnero, pero era tan falsa que encima del mal que había hecho quiso reírse de su tío cuando le dijo:

    -Se me escapó. Son cosas que pasan sin querer, queriendo.

    Elisardo tenía un cabreo criminal.

    -¡Lárgate o tu madre va a tener que vestir de luto!

    El acercamiento

    Rufina cogió miedo y se marchó, pero desde ese día fue poniendo las ovejas a apastar cada vez más cerca de las cabras de Elisardo.

    Una tarde se plantó delante de su tío y le dijo:

    -Quiero pedirte perdón por lo de Cuernos.

    Elisardo sin quitar la vista de la novela que estaba leyendo, le dijo:

    -Ya lo hiciste, ahora vete.

    Rufina, resentida por la frialdad de las palabras de su tío, le dijo:

    -¡Hay que ser payaso!

    Elisardo levantó la vista del libro para mirarla. Vio que llevaba puesto el vestido de a diario, un vestido viejo de color azul con volantes, que le daba por debajo de las rodillas, vio que calzaba sus viejas sandalias, y le preguntó:

    -¡¿Qué coño te pasa ahora?!

    -¿A quién pretenderás engañar, cabrero?

    -¿¡Con qué crees que te engaño?

    -Aparentando que sabes leer.

    -Sé leer y escribir. Tu madre lo puede corroboran, pregúntale.

    -Sí, sabes leer y escribir tanto como el burro del Gervasio.

    -Ya te he dicho que le preguntes a tu madre.

    Rufina empezó a tener dudas.

    -¡¿De verdad sabes?!

    -¿Es qué tú no sabes leer ni escribir?

    Quiso engañarlo.

    -¿Yo? Con tres años ya le leía la cartilla a cualquier perro que me ladrara.

    Elisardo era zorro viejo.

    -O sea que no sabes. Eres una analfabeta.

    Rufina, avergonzada, bajó la cabeza.

    -¡Eso me ha dolido!

    -Más me dolió a mí la cornada de tu carnero.

    -Resentido.

    -Sí, el culo me quedó resentido.

    -Tú, tú eres un resentido.

    -¡Largo! ¡¡Qué corra el aire!

    Rufina y su madre

    Esa noche estaban Rufina y su madre tomando el fresco en un escalón de la puerta de su casa y le preguntó:

    -¿El cabrero sabe leer y escribir?

    -Sabe. ¡¿No hablarías con él?

    -Es que pensé…

    La mujer puso el grito en el cielo.

    -¡Te dije que no hablaras con él!

    -Es que me cae bien.

    Luisa ya no la tenía todas con ella.

    -También le caía bien a una amiga mía, pero la dejó preñada y para no cargar con lo que viniese se fue para Suiza.

    -No sabía que fuera tan cabrón, será por eso que tiene tantas cabras.

    -No te lo tomes a broma. El Puerco Espín es un peligro.

    -Pues no lo parece. Te repito que a mí me cae bien, hiciera lo que hiciera en el pasado.

    -¡Maldito hijo de puta! La historia no se va a repetir.

    -¿Qué historia?

    -La de mi amiga.

    -Yo no me voy a abrir de piernas.

    Luisa le mintió.

    -Tampoco mi amiga se abrió de piernas.

    -¿Qué quieres decir con eso?

    -Que la forzó.

    Rufina se quedó mirando para su madre. Le costaba creer lo que le había dicho.

    -Eso sería lo que dijo ella. Me voy para cama que mañana tengo que madrugar. Por cierto. ¿Quién era tu amiga?

    -No te lo puedo decir. Ahora está casada. Lo que sí te puedo decir es que es de la aldea.

    El principio

    Al día siguiente Rufina se volvió a plantar delante de Elisardo, que seguía leyendo «La vuelta al mundo en ochenta días.» Sin mirarla le preguntó:

    -¡¿Qué quieres ahora?!

    -¿Me enseñas a leer y a escribir?

    -¡Ni harto de vino!

    Se sentó a su lado y con la cabeza baja y mirando a la hierba, le dijo:

    -Me da mucha vergüenza ser analfabeta.

    -Eso no es problema mío.

    -Por favor, apréndeme.

    Elisardo giró la cabeza y la miró.

    -¡Coño! Sabes pedir las cosas por favor.

    -¿Me enseñarás?

    -¿Qué me darías a cambio?

    -¿Qué te gustaría que te diese?

    -¿Con una mamada ya me daba por pagado?

    Rufina empezó a darle la razón a su madre. Elisardo era un peligro.

    -Soy tu sobrina. ¿Cómo me puedes pedir eso?

    -Tú lo has dicho, sobrina, si fueras mi hija no te pediría que me pagases con una mamada.

    No le pareció mucho, ya que le preguntó:

    -¿Solo una mamada?

    -Solo.

    -Puedo hacerla, pero no te la haré hasta que no sepa leer y escribir y te la haré cuando yo quiera.

    -Trato hecho. Compra una libreta y un lápiz.

    -No tengo dinero.

    -Encima de burro, apaleado. Está bien, compro yo la libreta y el lápiz. Mañana empiezas.

    Al día siguiente Rufina comenzó a recibir sus clases. Las cinco vocales las memorizó en minutos. El abecedario le llevó un tiempo y escribir las letras mucho más, pero después de eso ya fue todo más aprisa.

    Al mes, más o menos, le dijo Elisardo:

    -A ver Fina…

    -De fina tengo poco.

    -No hace falta que lo jures.

    -Ya no lo juro.

    -¡Quieres callar, Rufina!

    -Si callo no digo nada.

    -Hoy no pierdo más el tiempo contigo.

    Rufina ya le había cogido la manta a su tío.

    -Sí que lo vas a perder. ¿Qué era lo que querías que viera?

    Elisardo se armó de paciencia.

    -Cómo escribes tu nombre.

    -¿Y no quieres que escriba también el tuyo?

    -Otra cosa que tienes que aprender es a confiar en la gente.

    -En ti voy a confiar yo. No eres de fiar.

    -¿Quién te dijo eso de mí?

    -Mi madre.

    -Si no confías en nadie acabarás esta vida vieja y sola. En fin, vamos allá

    -¿A dónde?

    -A escribir tu nombre.

    Rufina no se lo daba creído.

    -¡¿De verdad voy a escribir mi nombre?!

    -De verdad. ¿R y u?

    -Ru.

    -Escríbelo.

    Le chupó la mina al lápiz y lo escribió.

    -¿F y i?

    -Fi.

    -Escríbelo después de ru.

    Volvió a chupar la mina y lo escribió.

    -Ya está.

    -N y a.

    -Na.

    Ponlo después de fi y lee todo junto.

    -Ru-fi-na. ¡Hostia! Ya sé leer.

    -Empiezas a leer, Rufina, empiezas.

    Antes de acabar el verano ya sabía leer con soltura.

    La mamada y sus consecuencias

    Rufina estaba aquella tarde echada debajo de un pino con su cabeza sobre el regazo de su tío leyendo la novela de Julio Verne «la isla misteriosa.» Elisardo dormía con la espalda apoyada a un pino y en sueños se le puso la polla dura. Rufina la sintió debajo de su cabeza. Se sentó, miró para el bulto, puso la novela sobre la hierba, le bajó la cremallera del pantalón y le sacó la polla. Con ella en la mano dijo:

    -Es el momento de pagar, Rufina.

    Elisardo ya se había despertado, pero seguía con los ojos cerrados fingiendo que estaba dormido. Rufina empuñó la polla. Elisardo empujó hacia arriba, la piel del capullo se bajó y el glande quedó al descubierto.

    -Vamos allá. A ver si se corre pronto, que Ataulfo tardaba siglos.

    Meneó la polla muy despacito, se la lamió y luego la metió en la boca y se la mamó. En nada se corrió en su boca y Rufina se tragó la leche. Luego le metió la polla dentro del pantalón mientras decía:

    -Se me empaparon las bragas.

    Le subió la cremallera del pantalón y cogió el libro de nuevo. Elisardo estiró los brazos, bostezó, miró para Rufina y le dijo:

    -Tuve un sueño muy agradable.

    -¿Qué soñaste?

    -No te lo puedo decir, si te lo digo te enfadarías.

    -Enfadar me voy a enfadar si no me lo dices.

    -Pues soñé que me hacías una cosa.

    -¿Te hacía una mamada?

    -Sí.

    -Te estaba pagando por enseñarme a leer y a escribir. Ya te dije que lo haría cuando yo quisiera.

    -No hacía falta que la hicieras.

    -Me gustó hacerlo.

    A Elisardo empezó a oler la sangre.

    -¿Te gustó hacerlo?

    -Sí, me gustó hacerlo.

    -¿No te pondrías cachonda?

    -Sí, me puse.

    Se tiró a matar.

    -¿Quieres echar un polvo?

    Rufina tenía ganas. Volvió a recordar las palabras de su madre, mas se arriesgó.

    -Sí, pero sin echarlo.

    A Elisardo lo dejó perplejo.

    -¡¿Echar un polvo sin echarlo?!

    -Sí, cómo me los echaba Ataulfo

    -¿Cuánto tiempo tardaba Ataulfo en correrse?

    Rufina era rápida de reflejos.

    -¡Estabas despierto!

    -Sí.

    -¡Falso!

    Elisardo no le dio más vueltas.

    -¿Alguien te comió las tetas y el coño?

    -Las pulgas.

    Elisardo le iba a poner los puntos sobre las íes.

    -Si empiezas con sarcasmos…

    Rufina lo interrumpió.

    -¡¿Qué?! ¿Me vas a forzar?

    -No digas tonterías.

    -No son tonterías.

    Elisardo, como ya dije, no quería ruidos.

    -Sigue leyendo la novela, Rufina.

    -No.

    -¿No quieres seguir leyendo?

    -No, no me comieron las tetas ni el coño. No sabía que los hombres hacíais esas cosas.

    -¿Qué fue lo que hiciste con Ataulfo?

    -Mamarle la polla

    -¿Y él a ti que te hizo?

    -Meterme los dedos.

    -¿Era tonto?

    -No, era muy viejo.

    -Va a ser mejor entrar en acción. Vas a sentarte con tu coño encima de mi polla.

    Sacó la polla morcillona. Rufina se sentó sobre ella.

    -Aprieta el coño contra mi polla y frótalo.

    Hizo lo que le dijo. La polla al sentir el coño mojado deslizarse sobre ella se puso dura. Rufina le dijo:

    -¡Qué gustazo!

    Puso su cara al lado de la de Elisardo. Al tener barba de tres días le pinchó.

    -Ahora sé por qué mi madre te llama Puerco Espín.

    Elisardo la pilló por el aire.

    -No es por la barba, me lo llama porque de niño siempre andaba cazando erizos.

    Elisardo ya estaba que fumaba en pipa. La echó sobre la hierba, le cogió los pulsos, la besó y lamió y chupó su cuello, luego le dio unos picos y a continuación le metió la lengua en la boca. Rufina le hizo la cobra y le dijo:

    -No eches la lengua fuera cómo las culebras que me da asco.

    La besó sin lengua, le lamió y chupó el cuello por el otro lado, luego le lamió una oreja. A Rufina le entró la risa floja.

    -Ja, ja, ja. ¡Me haces cosquillas!

    -¡O te callas o no te corres!

    -Callo, callo.

    Le soltó las manos, se echó a su lado y le desabotonó la blusa. No llevaba sostén y sus tetas meloneras quedaron al aire. Las agarró con las dos manos, las juntó y magreándolas, lamió y chupó sus gordos pezones y sus rosadas areolas. Rufina con la cara colorada no perdía detalle de lo que le hacía su tío. Al quitarle las bragas le dijo:

    -Échalas donde dé el sol para que sequen.

    -¡Calla, coño!

    -Callo, callo, pero échalas donde le dé el sol.

    Elisardo después de quitarle las bragas encharcadas de jugos y de echarlas donde le daba el sol, le levantó la falda. El coño de Rufina era gordo. La raja era pequeña y tenía poco vello alrededor de ella. Le frotó la polla en los labios y en el clítoris y al ratito se corrió sobre su clítoris. La leche bajó y encharcó los labios vaginales. Rufina estaba cachonda a más no poder. Al acabar de correrse Elisardo, le dijo Rufina:

    -El cuerpo me arde.

    -Enseguida te apago el fuego.

    Elisardo metió todo el coño de su sobrina en la boca, chupó y volvió a lamer. Rufina ya no necesitó más. Sacudiéndose tuvo un orgasmo bestial.

    Al acabar de correrse, sofocada, le dijo a su tío:

    -¡Eres un cochino!

    -Si tú lo dices… ¿Comemos?

    -¿Qué trajiste?

    Elisardo la corrigió.

    -Se dice: ¿Qué has traído? No se dice que trajiste.

    -Yo he traído una tortilla, pero la podemos dejar para la merienda. Saca a ver que traes tú.

    Elisardo sacó de una pequeña cesta el queso de cabra, el pan, el chorizo, el jamón y la bota con vino tinto, Rufina le dijo:

    -¡Cuadrada me voy a poner!

    El desvirgamiento de Rufina

    Al acabar de comer Rufina estaba algo mamada del vino que había bebido. Elisardo le preguntó:

    -¿Sabes que me gustaría hacer?

    -Echarme un polvo y llenarme el coño de leche.

    -Sí y no, follarte, sí, llenarte el coño de leche, no, pero…

    -Le echó la mano a la polla.

    -¿Pero qué?

    -Pero estás bebida.

    -Si no me desvirgas hoy otro día no voy a dejar que lo hagas.

    Elisardo no esperaba aquella confesión.

    -¡¿Eres virgen?!

    -Sí.

    -Ataulfo debía ser subnormal.

    -No, no era subnormal, era muy viejo y la polla no se le ponía dura.

    Rufina se puso en pie, se quitó el vestido azul, el sujetador las bragas, puso las manos detrás de la nuca y bailó moviendo su cuerpo acompasadamente mientras cantaba:

    -¿Qué será será…?

    Elisardo se puso en cuclillas delante de su sobrina, le echó las manos a la cintura y le lamió el coño mientras ella seguía cantando y bailando… Cuando la punta de la lengua entraba en su coño Rufina la quitaba moviendo el culo hacia atrás y luego la metía al echarlo hacia delante. Al lamer sus labios vaginales movía el culo alrededor y cuando lamía su clítoris movía la pelvis de abajo a arriba y de arriba abajo. Poco después daba una vuelta alrededor para hacer que deseara su coño. Elisardo aprovechó para lamer y follar su ojete y Rufina para mover su culo de delante hacía atrás para que la lengua entrase y saliese de él. Luego se volvió a dar la vuelta y Elisardo le siguió comiendo el coño… Tiempo después paró de cantar y de bailar y le dijo:

    -Lo que será es que me voy a correr.

    Dicho y hecho. A Rufina le comenzó a temblar el cuerpo. Sus tetas parecía que las sacudía un terremoto. Sus piernas flaquearon y cayó de culo sobre la hierba. Acabó gimiendo y convulsionándose en posición fetal. Elisardo al acabar de correrse la echó boca arriba, le abrió las piernas y le lamió los jugos de la corrida que acababa de echar. Luego Rufina le dijo:

    -Quiero tu leche…

    Le sacó la polla empapada de aguadilla y comenzó a menearla mirando a su tío a los ojos. Sin perder contacto visual la metió en la boca y la mamó. Poco más tarde, al ver que se iba a correr paró de menear y de mamar, y le dio un empujón. Elisardo quedó boca arriba sobre la hierba. Rufina se puso a horcajadas sobre él, le cogió la polla y metió y sacó la punta hasta que su tío soltó un chorro de leche en la entrada del coño. Sintiendo la leche caliente se sentó sobre la polla y clavó el glande. Pegó un grito que se iba a oír a kilómetros de distancia si no se hubiese tapado la boca con una mano. Elisardo soltó otro chorro, y otro, y otro… Le llenó el coño de leche.

    Rufina acabó metiendo toda la polla dentro. Tiempo después, echada a lo largo de su tío sintió que le venía, acercó su mejilla a la de su tío y le dijo:

    -Me corro para ti Puerco espín.

    El final

    Esa noche la madre de Rufina fue a casa de Elisardo y llamó a la puerta El hombre la abrió, se echó a un lado y la dejó entrar en casa. Luisa cerró la puerta y le preguntó:

    -¿Hay algo entre Rufina y tú?

    -Hay.

    -¿Ya consumasteis?

    -Sí, y pienso casarme con ella.

    Luisa tapó la cara con las manos y dijo:

    -¡Todo por mi culpa!

    -Lo nuestro ya es pasado, Luisa.

    -Si, pero debí decirte que Luisa es tu hija.

    Elisardo re rebotó.

    -¡Mientes!

    Luisa se echó a llorar.

    -No, no miento, Elisardo, no miento, haz cuentas.

    Elisardo echó cuentas desde el día en que desvirgara a Lucía y la edad que tenía ahora Rufina, y las cuentas le dieron.

    Se volvió a marchar para Suiza, pero antes de hacerlo le dejo todos sus bienes a Rufina.

    ¿Qué si Rufina quedó preñada y tuvo un hijo de su padre? Pues no, tuvo gemelos, niño y niña.

    Quique.

  • Con mi primo en Navidad

    Con mi primo en Navidad

    Entre las cosas que vengo confesando en esta página, esta será seguramente la que más me avergüenza.

    Desde muy chicos hemos compartido vacaciones, fiestas, salidas con todos mis primos y primas. Crecimos juntos y como suele darse a cierta edad, exploramos cierta sexualidad también, ya saben, mostrarse partes, tocarse y explorar juntos sensaciones nuevas, hablar de sexo, contarse experiencias, etc.

    El tiempo pasó, todos crecimos pero siempre mantuvimos contacto. De hecho, con la mayoría compartíamos los festejos de Navidad o Año Nuevo.

    Uno de ellos, el más grande, tuvo que viajar y quedarse en Buenos Aires por unos meses por trabajo, él se había casado y mudado a Córdoba.

    Yo me había separado de mi marido y en mi casa tenía una habitación que el podía usar, así que le ofrecí quedarse conmigo esos meses y los fin de semana viajaba a Córdoba para ver a su mujer e hijos. Esto paso durante 6 meses.

    Mi hijo pasaba algunos días en casa y otros en los de su padre.

    En los días que nos quedábamos solos solíamos hablar de todo y por supuesto también bromeábamos sobre temas sexuales, nos acordábamos de cuando éramos adolescentes y me recordó la vez que me toco mi conchita y yo estaba mojadisima y perdí la apuesta de que no me iba a excitar. Yo me hice la que no me acordaba, pero la verdad fue que el solo recordarlo hizo que me mojara.

    El veía que yo salía y no siempre con el mismo hombre, yo le contaba mis aventuras. Como les conté en otros relatos, saber que los hombres se excitan conmigo me enciende, por lo que también muchas veces entraba en detalles al contarle porque me divertía ver en sus ojos como se iba calentando.

    Algunas noches me masturbe imaginando que mi primo me garchaba. Era fantasía, así que no sentía culpa o vergüenza por ello a pesar de tener una relación tan cercana y también con su mujer e hijos.

    Cierto día, yo estaba charlando con él y uno de los tipos con los que me veía me llamó y me pasó a buscar muy de imprevisto. Yo cuando recibí el llamado estaba conversando con mi primo y estaba con mi ropa interior y arriba solo una bata. No tuve ni tiempo ni ganas de cambiarme, sabía que me pasaba a buscar para garchar, así que así me fui. Fuimos directo al hotel, tuvimos un muy buen sexo y me regresó a mi casa. Entré y me dirigí a mi habitación para darme una ducha y acostarme.

    En ese momento mi primo aparece por detrás y me dice “uuuyyy, alguien volvió bien garchada parece!” Y me abraza desde atrás. Efectivamente volvía bien garchada, pero tenerlo a mi primo apoyándomela de atrás y yo con solo ropa interior debajo de la bata y justamente volviendo de tener sexo… mi cabeza explotó en morbo pensando en que puta sería si me dejo coger por mi primo justo después de haber garchado con otro.

    Me empapé, sentí mi concha latir y los calores subiendo a mi cara. “Salí de acá trastornado!” le dije, al tiempo que sentía como su pija se iba poniendo dura debajo de su pantalón apoyado en mi culo.

    “Dale prima, que bien que te gustaba que te apoye de chica, nadie se va a enterar si cogemos ahora” y mientras intentaba meter la mano dentro de mi bata y me refregaba la pija en el culo. “Salí, deja de apoyarme la pija y salí que me estas poniendo incómoda”, le dije, y él se retiró pidiendo disculpas y diciendo que era una broma.

    Por supuesto no era broma y pensó que venía caliente y quizás me dejaba llevar. Pero no, contuve mis ganas y pude frenarlo, tras lo cual me fui a bañar y me hice una hermosa paja imaginando como mi primo me cogía en la ducha después de venir garchada por mi macho en el hotel.

    Yo no quise que las cosas quedaran tensas, por lo que al otro día le hable como si nada e incluso hice alguna broma al respecto “como se te paró anoche con tu primita eh! Y no te hagas con que era broma porque si te dejaba me la ponías de una! Jajaja” Fue muy gracioso ver los colores que se subían por su cara.

    Así seguimos todo el mes, haciendo bromas, algún roce de mas de vez en cuando, alguna apoyada que yo dejaba pasar, algún escote que yo dejaba mas abierto adrede para que él pudiera ver hasta el borde de mis pezones, histeriqueo puro que a mi me excita y divierte.

    Llego Navidad y la familia se juntó en la casa de mi abuela y para sorpresa de todos mi prima (la esposa de mi primo) no pudo viajar con los hijos y paso la fiesta en Córdoba con sus padres. Mi hijo pasaba con su padre y Año Nuevo lo iba a pasar conmigo.

    Todo transcurrió como siempre, risas, bromas, muchas subidas de tono, nada diferente, solo que mi primo (este primo que se quedaba en mi casa) me apoyó más de una vez haciéndose el borracho. Yo no me quede atrás, en un momento me senté en sus piernas y cuando nadie vio, distraídamente, como apoyándomela para levantarme, puse mi mano en su pija y se la apreté un poco. Lo hice por diversión, pero al notar que estaba muy dura y grande, mis pensamientos morbosos volvieron a mi mente. De pronto solo podía pensar en cómo sería su pija y me moría de ganas de probarla.

    Cuando se hizo tarde y la familia empezó a volver a sus hogares, nosotros hicimos lo mismo, “bueno primito, es hora de ir a casa”.

    Ni bien llegamos a casa, le pregunte si tenía sueño, que yo no tenía y si no quería preparar algo de tomar. El accedió y yo me fui a cambiar para estar más cómoda.

    Aparecí con mi bata cerrada, él no podía ver que debajo tenía una remera larga y solo una diminuta tanga.

    Nos pusimos a tomar (ya habíamos bebido bastante durante toda la noche), pusimos música y nos pusimos a bailar y divertirnos.

    Al igual que durante la noche, pero ahora un poco más por estar solos, él aprovechaba el baile y la falta de coordinación producto del alcohol para apoyarme más de la cuenta y yo lo dejaba y provocaba. Cada vez que en el baile él se colocaba detrás de mí y se arrimaba a mí, yo meneaba mis caderas de manera que frotaba mi culo en su pija, la cual podía sentir cada vez más dura debajo de su pantalón.

    Podía ver su cara cada vez más libidinosa, mirándome de arriba a abajo cuando yo bailaba separada del de frente.

    Con la excusa de tener más movimiento me saqué la bata y él con la excusa del calor se sacó su remera quedando su torso desnudo.

    Mi primo tenía muy buen cuerpo, musculoso y bastante corpulento. Yo a esa altura ya estaba muy caliente, solo podía pensar en su pija.

    Ya sin la bata, él pudo ver que yo no tenía sostén y mis pezones ya excitados se marcaban mucho debajo de mi remera, él no dejaba de mirarlos.

    De pronto él se sentó en el sillón agotado de bailar, yo intenté levantarlo y en el forcejeo él me hizo caer (y yo me dejé caer) sentada sobre sus pantorrillas.

    Riéndome, hice como que quería escapar, solo para forcejear y ponerme donde quería. Me fui girando más en mi movimiento para pararme y dejaba que él me retuviera y cuando estuve completamente de espaldas a él me dejé caer. Mi culo quedo 100% sobre su pija y recosté mi espalda sobre su pecho.

    Sus brazos, muy fuertes, se cerraron apretándome contra su cuerpo, y yo, haciendo que forcejeaba, refregaba mi culo en su ya durísima verga.

    Su pantalón era tipo jogging, su pija se encajaba en la raja de mi culo y llegaba a rozar mi vagina por sobre mi muy muy pequeña tanga.

    No hice más fuerza, me recosté sobre su pecho y sin disimulo me empecé a menear sobre él.

    Sus manos fueron por debajo de la remera y fueron subiendo despacio hasta llegar a mis senos. Yo seguía moviéndome disfrutando de sus manos masajeando exquisitamente mis tetas y jugando con mis erectos pezones.

    Ya no sabía risas ni forcejeos, el besaba mi cuello y respiraba agitadamente y movía su pelvis al ritmo que yo lo hacía. Me quité la remera quedando solo con mi tanga y le bajé sus pantalones y calzoncillos. El ayudo levantándose apenas del sillón para que pudiera bajarlo.

    Ahora sí podía sentir su pija enteramente en la raya de mi culo, resbalando muy babosa por sobre el hilo de mi tanga. Necesitaba verla.

    En un solo movimiento me deslicé hacia abajo y me gire, quedando de rodillas con mi cara frente a esa hermosa verga que venía imaginando toda la noche y con cuya imagen imaginada me había masturbado en más de una ocasión.

    La agarré con mis manos, era gorda, venosa. Su glande era bastante más grande y redondeado y largaba líquido pre-seminal en abundancia al ritmo de su latido.

    La coloqué a milímetros de mi boca mientras la pajeaba muy lento y la apretaba haciendo que más líquido saliera. Pasé mi lengua bien ensanchada sobre la punta para sentir bien su sabor. Mire hacia arriba y vi su cara, era una cara que nunca había visto, tenía una sonrisa apretada, sus fosas nasales más abiertas y una mirada dominante, me parecía depravado.

    Me la refregué por toda mi cara, el olor fuerte a sexo se iba impregnando en mi. Hundí mi cara en su entrepierna y lamí y metí sus bolas en mi boca mientras lo pajeaba, él sujetaba y apretaba mi cabeza.

    El olor a pija era intenso y me calentaba tremendamente.

    Que bien la chupas primita, me dijo ni bien me la metí hasta el fondo en mi boca, y cuando comencé con el mete y saca me quitó dado que estaba por acabar. Yo podía sentir eso en mi boca y de hecho estaba esperando poder tomar su semen.

    Me levantó como una pluma y me quitó la tanga. Me puso en cuatro y me dio una de las mejores chupadas de concha que me han dado. Era un experto, le daba el ritmo y la fuerza exacta para darme placer y hacerme desear más al mismo tiempo.

    Con sus dedos jugaba en mi ano, iba humectando la entrada e iba metiendo suavemente sus dedos, primero solo un poco, de a uno y luego cada vez más adentro y más dedos.

    He comentado en mis otros relatos que disfruto mucho el sexo anal, mi culo no ofrecía resistencia alguna, sus dedos se deslizaban con facilidad.

    Le pedí que me diera la pija, necesitaba seguir saboreándola mientas el me chupaba la concha. Se acomodó y ahora sí, con su verga cogiéndome la boca y su lengua y dedos dándome placer, tuve el primer orgasmo. Aplasté su cara mientras mi cuerpo no podía contener los temblores y mis gemidos se hacían casi gritos.

    Mi boca se mantenía en ese momento a milímetros de su verga que se hinchaba más y más en mi mano hasta explotar. Cuando sentí el primer chorro de semen estrellarse en mis labios y nariz, salí de mi trance y me lo metí todo en mi boca. Chorro tras chorro de leche caliente salían con fuerza dentro de mí. Intente retenerlo antes de tragar pero era mucho, no podía creer que eyaculara tanta cantidad. Aparte era espeso por lo que luego del tercer chorro algo comenzó a escapar por las comisuras de mis labios y empecé a tragar tratando de no atorarme.

    Tuve otro orgasmo pegado al anterior, casi como una continuación del mismo, me lo disparó el pensar lo rica que era la leche de mi primo y que nos las podíamos haber pasado cogiendo como conejos todo este tiempo. No me importaba la familia, mi prima, nada, solo estaba disfrutando de tenerlo a él con su boca en mi concha y yo tomándome toda la leche de mi primo.

    Su pija apenas se ablandó, cuando termine de tragar, me la pase por mi cara, olía profundamente, mis mejillas y nariz parecían ponerse acartonadas producto del semen desparramado en mi cara. Yo estaba súper caliente, dos orgasmos seguidos y necesitaba ser penetrada por mi culo.

    Cuando se volvió a poner bien dura, lo hice acostarse en el sillón y de espaldas a él, me senté despacio empalándome yo con su verga en mi culo.

    La hice entrar hasta el fondo, estaba súper lubricada con mi saliva. La sentí caliente y durísima entrar en mi totalmente abierto ano.

    Sube y baja, cada vez más fuerte mientras él me tomaba fuerte de mis caderas y acompañaba el movimiento. Mis tetas saltaban con el movimiento y yo me pellizcaba los pezones con una mano y me masturbaba con la otra. La fuerza y ritmo de la penetración hacían que mi ano estuviera más y más sensible y cuando el comenzó a darme con terrible fuerza, el golpe de su pelvis en mis nalgas, la profundidad de la penetración con tan dura y gorda pija me hicieron tener otro orgasmo. Mi concha emanaba fluidos sin parar.

    El mete y saca se detuvo y su pija latía dentro mío mientras yo me retorcía y contraía producto del orgasmo.

    Me quitó, me puso en cuatro y me volvió a penetrar analmente de una y con toda su fuerza. Me dio tremenda culeada.

    Mi primo me decía todo tipo de guardadas, que yo era putita desde chica, que me había dedicado muchas pajas de adolescentes, que tenía el culo abierto de tantas pijas que me habían metido por el orto, que me había escuchado masturbarme mas de una vez y que se había hecho la paja espiándome por la cerradura del baño un día que yo estaba teniendo sexo virtual desde ahí.

    Eso me puso a mil y cuando sentí su pija prepararse para eyacular con mi cuerpo le di aún más fuerza a sus empujones. Me estaba destrozando el culo y cuando sentí los chorros de semen caliente salir nuevamente con fuerza dentro mío, me toque la concha tuve mi último orgasmo de la noche.

    Durante los meses que él se quedó en mi casa garchamos varias veces mas y generalmente se daba cuando yo volvía de garchar con otro. Evidentemente eso lo encendía y a mi me daba un morbo que me calentaba mas. Una vez que ya no tuvo que quedarse mas en Buenos Aires no volvimos a tener sexo nunca mas, aunque en las fiestas de navidad salimos tener miradas cómplices recordando lo vivido.

  • Nueva normalidad

    Nueva normalidad

    Cuando Diana decidió darle el sí al gerente de la tienda donde llevaba laborando más de una década.  Lo primero fue darle la noticia a su hija Lucía. Diana fue mamá a los 15 años, así que ahora que su hija era mayor de edad, su trato era más de amigas o hermanas.

    A Lucia no le hacía gracia Alberto, siempre buscaba oportunidades para abrazarla, era alto ella podía sentir su verga erecta en su espalda. Además tenía a dos hijos bastante pesados, Betito y Salvador a quien llamaba chavita. Pesados e igual de mirones. Ella se daba cuenta de cómo ambos saboreaban ver a su madre moverse de la cocina a la sala ahora que vivían todos juntos

    Y al vivir todos juntos perdió su soledad tan preciada, debía ponerse pijama pues la primera semana al salir al baño en calzones se topó a Betito que con la boca abierta la siguió con la mirada sin decir una palabra. Al día siguiente mientras lavaba la ropa se acercó tomando unas prendas de la lavadora sonriendo.

    —Yo pensé que esas tangas eran tuyas, pero usas calzones de abuelita.

    —¿Oye que te pasa? —dijo enfadada y nerviosa.

    —Pero es lógico, ese culote de tu mamá reventaría tus calzones aunque Diana tiene ojos hipnóticos de color verdes, su mayor atractivo es su enorme culo, redondo y bien formado. A sus 33 estaba intacto, suavecito y lograba hacer babear a todos a su alrededor. Razón por la que consiguió su trabajo y ahora tenía un marido que religiosamente metía su cara entre sus nalgas para tener su sabor en la lengua. Aunque ahora debían ser más discretos pues no querían que sus hijos los escucharan.

    Lucia saco su mismo atributo, pero también unas chichis redonditas. Con pezones grandes que se marcan en su blusa sin ningún remedio. Aunque ella es bajita son tan parecidas que si no las conoces pasarían como hermanas. Alberto en cambio era canoso y con esos lentes de fondo de botella se veía mayor aún. Sus hijos con alopecia prematura decidieron hace unos años raparse. Blancos y pecosos, crecieron tras consolas de juego, teléfonos que su padre les regalaba para cubrir su ausencia y estudios que de poco y nada les sirvieron pues seguían soñando con inventar una App que los vuelva millonarios.

    Así fue que Chava el más bruto comenzó a grabar a Diana. Amaba que ella usará vestidos. Se acercaba a la cocina y sin pudor se agachaba para poner su teléfono debajo de sus piernas, Betito no aprobaba sus manías, pero igual disfrutaba de ver ese par de nalgas decorando su tanga. Y Lucia tenía que aguantar sus comentarios todos los días.

    —¡Mira como me pone tu mamá! —le dijo chava mientras se sobaba la verga sobre su pants.

    —Nos pone—dijo Betito jalando sus shorts para que se marcará bien su verga.

    —¡Qué asco! ¡Guacala! —ella prefería encerrarse en su habitación. Las redes sociales eran su escape en estos meses de encierro y más ahora que hasta sus clases eran virtuales. Aunque no lo decía, en su cabeza bailaban las vergas de esos dos que a diario tenía que soportar. Su novio vivía al otro lado de la ciudad y no lo veía hace dos meses. Así que al igual que su madre, Lucia a veces hasta tapándose la boca buscaba con sus dedos entre sus piernas.

    Fue un fin de semana que su mamá salió a cenar con su padrastro. Ambos bebieron de más, pero a Diana el alcohol se le iba a la cabeza de inmediato. Así que llegó casi cayendo, apenas logro tumbarse sobre el sillón. Alberto recibió una llamada de su jefe y tuvo que salir para aclarar varios pendientes en las oficinas de las tiendas. Aunque trato de llevarla a la habitación, Diana estaba ya acomodada roncando sobre el sillón.

    —¿Te vas? —pregunto uno de sus hijos que estaba atrapado detrás de su consola de juegos.

    —Si, no tardó. Les encargo que no vaya a caer —dijo señalando a Diana.

    —sin cuidado pa’ acá le echamos un ojo.

    —gracias, espero no tardarme.

    De inmediato Chava saco su teléfono dirigiéndose a ella.

    —¿Qué haces? —dijo Betito

    —Cuida que no salga la enana de su cuarto —dijo mientras levantaba el vestido hasta su cintura, mientras el flash sin parar salía como las fotos. Al mismo tiempo su verga se puso dura y la mano dejo de temblarle. Puso su mano sobre sus nalgas, sintiendo el calor que le recorrió el cuerpo.

    —¡Puta que ricas nalgas!

    —¡Oye! —dijo Betito en voz baja.

    —¿Que?

    —yo también quiero agarrar ese culote.

    Ambos tocaban con cierto temor a que despertara, los descubriera o saliera Lucia, que con los audífonos puestos no enteraba de nada de lo que pasaba a unos metros de ella.

    Fue Betito quien se atrevió a meter un dedo en aquella panochita que, haciendo de lado la tanga quedaba a la vista de ambos. Hundió su dedo y Diana pego un leve brinco. Los dos se quedaron fríos, sin respirar y con el pulso a mil por hora.

    —Nos van a escuchar los niños —balbuceó apenas, sin abrir los ojos.

    —Solo un poco —dijo chava tratando de imitar la voz de su papá.

    —¡Poquito! —respondió ella y chava se bajó el short para poner la punta de su verga sobre los labios de Diana que asomo la legua para saborear un poco, ante la mirada incrédula de Betito que de inmediato se sacó el pantalón aún incrédulo.

    —¡Déjame a mi! —dijo, mientras su hermano con un dedo en la boca le pedía que se callara, pues poco a poco iba metiendo más y más su verga en aquella boquita. Luego se hizo a un lado y dejo a su hermano tomar su lugar.

    —¡Que rico! —podía ver cómo su verga se marcaba dentro su mejilla, mientras a su hermano bajaba la tanga por sus piernas hasta los tobillos, para luego zafarla entres sus pies y ponerla sobre su nariz guardando el olor en su memoria. Diana asomaba su lengua salivando sobre la punta de su verga para luego recibirla en su boca. Mientras con mucho cuidado y miedo chava posaba la punta de su verga sobre su panochita húmeda. Ambos se miraron sabiendo que no había marcha atrás y que no importaban las consecuencias seguirían adelante.

    Lentamente su verga avanzo, hasta posarse dentro de Diana que soltó un ligero gemido. Así se quedaron quietos, hasta que ella movió un poco sus caderas. Chava movió su cadera atrás y adelante sintiendo como atravesaba por esas nalgas su verga. Fue suave pero constante, metía y sacaba sin hacer ruido y la respuesta de Diana fue chupar más efusivamente la verga que tenía .en su boca sin saber ni entender lo que pasaba. Betito a señas le pedía cambio a su hermano que con los ojos en blanco negaba rotundamente. Un hilo de sudor escurría por su frente mientras con sus manos separaba las nalgas de Diana para mirar como penetraba su verga. Y así, como ella gemía un poco más cada vez.

    —¡Ya cabron! —dijo Betito y chava saco su verga, luego de darle un beso a sus nalgas cambiaron los roles.

    —¡Despacito amor! —dijo pues Betito entro de forma brusca, aunque la verga en su boca le impidió decir más y siguió chupando. Chava le zafó el vestido para tocar sus pequeñas tetas mientras su hermano se aferraba a sus nalgas para meter con más fuerza su verga.

    —¡Mmmm rico mi amorrrghh haaaggg! —su boca absorbía casi por completo la verga de chava y gemía ya a un volumen considerable así que ambos miraban a la puerta de Lucia esperando que saliera en cualquier momento. Pero no paraban.

    Para ambos desde la infancia, todo era una competencia y aunque estaban a punto. Ninguno quería ser el primero en terminar apretaban la mandíbula y cerraban los ojos. Betito no pudo más y sintió como su semen llenaba aquella vagina deliciosa y dispuesta. Cuando chava abrió los ojos vio a Betito agotado, tumbado sobre Diana.

    —¿Acabaste adentro pendejo?

    —No mames no aguante… Ahorita le limpio —saco su verga y junto a ella escurrió un chorro de semen. Sin importar, chava lo empujó y metió ferozmente su verga. Los gemidos de Diana eran estruendosos al igual su orgasmo. El semen de ambos se mezclaba dentro de ella y escurría entre sus nalgas.

    Lucia escucho ruido pero sabía que su mamá se ponía muy mal cuando tomaba, ya tenía varias amargas experiencias al escuchar el golpeteo de sexo con Alberto y los gemidos intensos que ella pegaba como poseída, así que subió el volumen a la música y siguió navegando en su teléfono inteligente.

    Con servilletas ambos trataban de limpiarle la panocha, así como el sillón, un olor a sexo inundaba la sala. Chava le coloco su tanga no sin antes sobar por última vez su panochita y Beto saco varias fotos. Pensaba masturbarse con ellas y de ser posible pagarles la siguiente borrachera. Como si el tiempo estuviera a su favor. Apenas se acomodaron la ropa Lucia salió a la cocina a tomar un poco de agua.

    —¿A qué huele? —pregunto tapándose la nariz.

    —Los viejos bebieron y mira, seguro le dio una buena cogida a tu mamita.

    —¡Deja de decir pendejadas Salvador!

    —¿Quieres que te ayudemos a llevarla a la cama? —dijo condescendiente Betito que miraba la galería de su teléfono.

    —Pues si, está toda torcida—ambos soltaron una carcajada que apagó Lucia con una mirada de pocos amigos. La tomaron de pies y brazos para cargarla mientras ella abría la puerta de su habitación.

    Mientras la colocaban sobre la cama el vestido se subió y chava aprovecho para hacer un comentario de esos que acostumbraba.

    —Así deberías de usar tú también tangas hermanita, se te vería bien rico tu culo.

    —¡Cállate! Y no soy tu hermana.

    —Pero si tiene razón —agrego Betito echando un vistazo a su culo— aunque sea cacheteros, con esas nalgas huy no mames bien rica y si eres nuestra hermanita.

    Al día siguiente el dolor de cabeza mataba a Diana que apenas noto el semen en su interior al bañarse, además era común que Alberto acabará dentro pues quería un hijo con ella. Aunque él se disculpó por dejarla sola y volver tan tarde ella no recordaba nada. En la cama de Lucia los dos hermanos dejaron una caja con ropa interior que compraron en línea. Tangas, cacheteros, ligueros, medias. Todo con una nota. «Para nuestra hermanita la más sabrosa». Aunque le hervía la sangre pues la tenían hasta la coronilla, espero a que su mamá y Alberto se fueran al trabajo para desatar su furia sobre ambos hermanos.

    —¡Que es esto pendejos!

    —Ropa

    —¿Te gustó? —ambos reían y se miraban divertidos, lo que hizo enojar más a Lucia quien aventó la caja buscando pegarle a alguno de los dos sin conseguirlo. En cambio golpeó la pantalla de ochenta pulgadas que Alberto presumía como una cualidad en su buen gusto. El televisor se tambaleó para luego caer de frente sobre el piso. Ante el asombro de los tres.

    —¡NO MAMES!

    —¡Valió verga!

    Lucia aterrada miraba como la pantalla se destrozaba, del coraje paso al miedo y a la angustia.

    —¡Pues ustedes y sus pendejadas! —trato de defenderse aunque las piernas le temblaban y trataba de aguantar el llanto.

    —esa mamada la pidió desde el extranjero

    —¡No mames Lucia la cagaste cabron!

    —¿Y ahora qué hacemos? —pregunto ella, esperando encontrar una respuesta que aliviará esa angustia que le invadía el estómago.

    —¿Hacemos? —dijo chava mientras levantaba lo que quedaba de pantalla.

    —tu Lucia, te pones toda loca por un poco de ropa, ya ni chingas.

    —¿Qué hacemos? No me van a dejar sola con el paquete.

    —Ve pensando como pagarla, se va a encabronar bien gacho el viejo.

    —no mames —las lágrimas escurrían por sus mejillas mientras ellos limpiaban.

    —yo me echo la culpa pero si te va a costar caro. Me va castigar las tarjetas —dijo chava ante el asombro de Betito.

    —Lo que quieras, te lavo la ropa lo que sea.

    —Nel, esa madre está arriba de los cien mil varos.

    —lo que quieras

    —vas a ser mi puta hasta que pase mi castigo.

    —¡NO MAMES! —dijo de nuevo enojada.

    —Bueno no es a fuerza.

    —Nos echamos la culpa los dos, pero si pon de tu parte Lucia.

    —¡Es que no mamen no!

    —Piénsalo, mientras recogemos tu desmadre —ambos intercambiaron miradas de complicidad mientras Lucia se encerraba en su habitación.

    Dos horas después, mordiéndose el labio y sin opciones salió de su habitación.

    —Ok —dijo sin más explicaciones. Ambos brincaron sorprendidos. Sabían que en cuanto explicará lo de la ropa estarían perdidos. Pero Lucia estaba asustada.

    —Pero es sin arrugarse Lucia

    —dijo chava —nada que una vez o que ya no. Porque esa feria nos la va a cobrar mi papá.

    —¡Ya dije que si!

    —Bueno pues primero lo primero—dijo Betito tomando la caja de ropa —ponte bonita.

    —¡No mamen no!

    —¡He! ¿Ya empezamos con cosas?

    —Pero… Bueno, ¿qué me pongo? Dijo abriendo la caja enojada.

    —el rojo, todo completo ligueros, tanga, todo…

    Lucia se fue a su habitación y se puso el atuendo. Se miró en el espejo y después de suspirar amargamente salió. Betito ya tenía una zapatillas de si mamá en las manos. Aunque ambos babeaban ante aquella imagen de Lucia, mantuvieron la calma.

    —te faltan las zapatillas para que te veas más puta.

    —¿Y para qué?

    —andale ya pontelas —en cuanto se subió a ellas sus culo se vio más levantado, giro para que ambos la mirarán y se detuvo.

    —¿Y luego?

    Betito la jalo hasta el sillón donde unas noches atrás se cogieron a su mamá y colocándola entre sus piernas la inclino, como si fuera a darle de nalgadas pero en lugar de eso, sus dedos al igual que con su mamá buscaron refugio en la tibieza de su sexo. La posición levantaba su culo de tal manera que el estímulo visual era inmejorable. Cuando Lucia se dió cuenta su boca respiraba sobre la verga de chava, que bajo su pantalón para dejar ante sus ojos aquella verga dura y grande. Le sujeto el cabello con ambas y empujó su cabeza hasta que sus labios chocaron contra su miembro. Sentía su respiración agitada, miraba fijamente al frente mientras chava restregaba su cara sobre su verga.

    —¡Ándale! Abre la boca —dijo ansioso y sus labios cedieron levemente llenando su boca con aquel sabor.

    Detrás, tres dedos entraban impacientes en su sexo mientras le abría las nalgas su hermanastro para escupir sobre su ano. Su piel se erizo al sentir las venas de aquella verga atravesar su boca y forzarla a retenerla dentro.

    —¡No mames que rico! —decía chava sosteniendo su cabeza para evitar que su verga saliera de su refugio.

    —¡Mira! —le mostraba Betito separándome las nalgas como tres de sus dedos se incrustaban en su panocha y los gemidos de dolor y desesperación salían a la fuerza por su boca.

    —¡Hggg! Haag! Mmm despacio cabrhhh gaaggh

    —No mames que deliciosa estás pinche Lucia—otro par de dedos entre la saliva escupida en su ano buscaban entrar, aunque ella apretaba para evitarlos el lubricante natural ayudo a qué cediera su culo.

    —¡Aaaah! Me duele no, sácalos no aaaah ay ay ya sacalaa ghhh haaggghh —el dolor era intenso y manoteaba para detenerlos pero era inútil. Aún así, Betito se sacó la camiseta y tomándole las manos tras la espalda, con un nudo rápido logro que su forcejeo fuera inútil. Luego volvió a meter tres dedos de su mano derecha en su panocha y dos de la izquierda en su cola.

    —¡ME DUELE!

    —¿YA ME PUEDES MAMAR LA VERGA? —dijo chava tomándole el cabello y llevando su verga hasta el fondo de su garganta.

    —¡Gimes igual que tu mamá!

    —mmmm hasta ay ay me vas a ahogarggg

    Ambos miraron como el cuerpo de Lucia se retorcía, su piel de gallina y el temor de sus piernas eran el aviso de su primer orgasmo.

    —¡Haaahhh ay ay mmm cabrones! —entre gemidos buscaba la verga para seguir mamando.

    —dale vuelta dijo chava y como una muñeca la giraron, Betito se quitó el pantalón empapado por el orgasmo de Lucia y en cuanto pudo, ella busco llenar su boca. Chava coloco un par de cojines en su vientre para levantar su culo y sujetándose de la lencería metió su verga sin piedad y con mucha desesperación.

    —¿Te pusiste condón? —pregunto entre gemidos.

    —Si, fui corriendo a la farmacia—ambos estallaron en risa y siguieron usándola.

    Betito le sujetaba el pelo y colocaba su cara de lado. Había tenido el cuidado de poner a grabar su teléfono desde la mesa de centro. Quería que se viera muy bien como le comía la verga.

    —ayaayayyy

    —¡Que rico culo tienes! Pinches nalgotas tas sabrosas.

    —como las de su mamá

    —Igual o más no mames «clap» —sono una nalgada que la hizo brincar y enrojeció su nalga al instante.

    —Mas duras si, mira «clap» —otra nalgada para emparejar sus nalgas. Aunque ya hace un rato ella disfrutaba, no dejaba de dolerle. Un par de veces los vio masturbarse en el baño, pero sentir aquella verga era diferente. Chupaba la verga frente a ella y sentía como su saliva escurría por los genitales de Betito. Sudaba y pujaba a merced de ese par de pecosos cabrones.

    —¿Sabías que en algún momento te íbamos a meter la verga hermanita?

    —callataagh haaghh no…

    —Nosotros si, desde que te conocimos y vimos a papá enamorado supimos que iba enserio. Y que te daríamos verga tarde o temprano.

    —¡PENDEJOS! HAAA!

    —Ni tanto «clap» —sus nalgas recibían el castigo, su vulva estaba hinchada, estaba por tener otro orgasmo pero chava se detuvo.

    —ven aca —la acomodo sobre él y metió su verga hasta que ella resbaló sobre él, era incómodo pero se las arregló para subirla y bajarla sobre su trozo duro de carne. Mientras besaba sus pechos. Luego Betito beso su cuello y la acomoda para poder entrar detrás.

    En cuanto sintió que otra verga buscaba entrar comenzó a gritar, primero de miedo y luego de dolor.

    —¡No no no! Me duele sácalo no quiero no…

    Chava se detuvo para que su hermano metiera su verga en el culo de Lucia y en cuanto sintieron que sus vergas rozaban dentro de ella cada una ocupando un agujero comenzaron a moverse. Los ojos de Lucia estaban en blanco, sus brazos sujetos estaban adormecidos, el ardor que sentía la tenía gimiendo como si estuviera poseída, sus pezones estaban empapados de saliva, su cuello seguía siendo objeto de los besos de Betito que empujaba fuerte su verga dentro de su cola.

    —¡Aaaah duele mucho aaay!

    —¡Eso puja como nuestra puta!

    —Te estamos dando muchísima verga hermanita y es apenas el comienzo.

    Se soltó el nudo en sus manos y por fin se sujetó a los hombros de chava para poder tomar impulso y menear sus nalgas. El dolor ya había pasado, quería sentir esas vergas dentro. Ahora venía otro orgasmo. Sus piernas temblaron. Cerro los ojos, beso a chava mientras sus fluidos se mezclaban.

    —Yo también—dijo chava

    —¿Tú también que? —pregunto Betito

    —quiero usar su culo

    Se separaron y Betito uso su camiseta para limpiar un poco si verga. Luego se recostó y Lucia se montó sobre él, levantando el culo para que chava pudiera meterle la verga. Si culo le palpitaba pero la sensación de ser usada como una puta le gustaba. En cuanto entro en su cola volvieron los gemidos.

    —¡Puta madre que rico se siente! —dijo ella apretando los puños.

    —Te dije pero te ponías mamona «clap» —al parecer sus nalgas eran el aviso instrumento favorito de chava que seguía dándole tan fuerte como podía.

    —No vayas a terminar adentro—le dijo a Betito.

    —Bastante tiradero dejaste con la pantalla, no apures tú te los vas a tragar.

    —¡No seas cerdo! Haaa aaaay

    No voy a hacer eso ay ay

    —si, y justo ahora ”CLAP» —la jalo hasta tenerla de rodillas frente a el y metió su verga, literalmente le cogió la boca hasta que su semen exploto dentro. Sujeto si cabeza hasta asegurarse de que tragara todo y siguió hasta que sintió que se le doblaban las rodillas. Betito le jalo el cabello y la acomodo casi frente a su teléfono para que quedara registro de como se tragaba su semen. Tardo más pues quería que se viera bien, incluso pensó en terminar sobre su cara como en los vídeos porno pero la lengua lamiendo su verga lo hizo terminar. Lucia sentía como los chorros tibios llenaban su boca y como recorrían su garganta mientras los tragaba.

    Ahora podía sentir el ardor en sus nalgas y el dolor de que le rompieron el culo. Siguió lamiendo suavemente hasta que ya no salió nada de aquella verga. Faltaba poco para que sus padres regresarán así que se vistieron y ella se dio una ducha. En el espejo miro sus nalgas enrojecidas y se tocó el cuerpo como para sentir que todo estaba en su lugar.

    Los gritos en la sala la hicieron salir, ambos cabizbajos recibían los insultos de su padre que furico estrelló la consola de videojuegos contra la pared. Les arrebató los teléfonos, les quitó las tarjetas de crédito y amenazó con cortar el internet y la televisión por cable.

    —si no fuera por Lucia, cortaba hasta luz.

    Aunque Diana quiso calmarlo no pudo. Se fueron a dormir y se escuchaban aún los gritos. Lucia se sentía terrible por ellos.

    Al día siguiente su padre les advirtió que debían buscar trabajo o se iban de la calle.

    En cuanto supuso que estaban lejos, Lucia salió ahora en cacheteros y tacones hasta la sala.

    —¡Gracias a los dos!

    —Nos jodiste

    —¿Y que, este no se me ve bien?

    —Se te ve estupendo, lástima que no tengo teléfono o te tomaría unas fotos.

    —Pero, ¿Se las puedo chupar o están muy tristes?

    Se arrodilló y ambos bajaron sus pantalones. Quien necesitaba el XBox si tu joven hermanastra era tu puta.

    —¡CLARO! —dijeron los dos al mismo tiempo.

    En su oficina, Alberto repasaba el contenido de los teléfonos de sus hijos. Tenían fotos de Diana, dormida, bañándose, cocinando con esos leggings apretados. Y un vídeo de una puta. «Meten putas a la casa» pensó. Luego vio que era Lucia, los dedos de su hijo entraban en ella y chupaba la verga de chava. Cerró la puerta con seguro. Estaba en shock y su verga estaba dura dentro de su pantalón. Al final del día solo pensaba en una cosa. Cogerse a Lucia.

    Una semana después y luego de mucho cargo de conciencia, Alberto llamo a sus hijos a la cocina.

    —Por favor métanse a su recamara —les pidió a Diana y Lucia.

    —Papá, no sé qué hicimos pero perdón —dijo Betito.

    Su padre saco los teléfonos y con el cuidado de bajar el volumen. Reprodujo el vídeo. En la pantalla ambos fornicaban a Lucia mientras ella gemía como loca.

    —¡Te lo podemos explicar!

    —No es lo que parece pa’

    —¿Y qué es? Díganme.

    El silencio incómodo duro hasta que su padre apagó el teléfono.

    —Llevo una semana masturbándome como pendejo con este video, de las fotos de Diana ni hablamos par de hijos de puta que tengo.

    —Perdón

    —Perdón madres, si yo pago todo en esta casa lo menos que me merezco es lo mismo de lo que disfrutan ustedes par de guevones

    —no… No te entiendo papá

    —¿Que no entiendes? Ustedes dos se van a encargar de que yo, su padre. El que paga la luz, el agua, la comida. Yo me voy a coger también a Lucia.

    —pero papá…

    —¿Pero qué?

    —una condición —dijo chava

    —¿El Xbox, las tarjetas? —pregunto su padre

    —¡Diana! —contestaron ambos al mismo tiempo.

    Primero quiso pegarles y mandarlos a la calle, pero el ansia de sentir ese culito que había visto desarrollarse le ganaba.

    —Ya le sacaron fotos, ¿No les basta?

    —No

    —¡NO!

    —Me aseguran que me voy a coger a esa niña.

    —Claro

    —seguro pa’ eso es pan comido.

    —Una sola vez y ya, Diana cuando bebe se le borra la memoria —ellos ya lo sabían pero asintieron serios y dispuestos a cumplir el trato.

    —¿Cuando quieres?

    —¡Ojalá y pudiera hoy pero no creo!

    —Mañana —dijo chava

    —¿Así de fácil? —pregunto su papá

    —Si no quieres no, esperamos.

    —No no, mañana no se diga más. Y pongan cara de regañados para que no sospechen nada.

    —Ok

    Cenaron como si nada y al día siguiente salieron a trabajar de manera normal. Solo que Alberto regreso al medio día. Dentro de su normalidad en qué Lucia era su puta, ahora posaba y se vestía como ellos quería incluso con ropa de su mamá. Ese día le dijeron que jugarían un juego. Para lo que tendría. Que vendar sus ojos.

    —Ni que me diera pena verlos, o asco.

    —Acuérdate que eres nuestra puta, ayer otra vez nos amenazó papá con corrernos a la calle.

    —Ok, ¿Que hago?

    —Primero ponte el de colegiala, con faldita se te ve bien rico el culo

    —Voy —minutos después salió con esa falda recortada que le tapaba medio culo y la blusa blanca. Cómo siempre en tacones y ahora sí sonriendo.

    —¿Y luego? —Pregunto divertida.

    —ahora ven siéntate —le colocaron una venda negra en los ojos y para asegurar que no se la quitara le sujetaron los brazos atrás como la primera vez, solo que ahora sí apretaron el nudo cómo les enseñaron en los exploradores.

    —vamos a ver si adivinas que verga es de quién, primero con la boca.

    —Fácil —dijo Lucia.

    Alberto salió de la cocina, dónde se escondió mientras ella se ponía el vestuario. Tenía ya la verga durísima. Al igual que sus hijos.

    —Ya, no vamos hablar para que no sepas ok

    —Ok —contesto ella abriendo la boca.

    Con una reverencia le dieron paso a su padre, indicándole que esa boca era toda suya.

    Se acercó desconfiado, nervioso sostuvo su verga con la mano. Era más grande que la de sus hijos. Sintió un golpe de electricidad cuando la punta chocó con los labios de esa pequeña boca. Luego miro como la lengua de Lucia abrazaba su verga, llenando de saliva el tronco. Para luego meterla en su boca.

    —Eres tu chava

    —¿Segura?

    Escucho la voz lejos y dudo así que volvió a lamer un poco y la metió por completo en su boca chupando más.

    —Es que no se

    —Pues síguele hermanita

    Con señas le decían a su padre que le tomara la cabeza, simulando el movimiento.

    —Hata adentro a ver si así

    —pero no me ahoguen

    —No, despacito.

    Alberto tomo su cabeza y la jalo contra si sintiendo como raspaba su garganta.

    —haaaag ya hasta me gusta así

    «dale» le decían con señas ambos a su padre que perdía el pudor y empujaba su verga hasta el fondo. Solo la sacaba para dejarla respirar un poco. Recargando la sobre su cara. Era grande y ocupaba todo su rostro. Luego volvía a meterla hasta el fondo, mirando como la baba que no podía sostener en su boca le escurria por la barbilla y caía en sus tetas.

    —¿Es la misma? La siento igual

    —Y empinada adivinaras—dijo Betito.

    —Siempre me quieren empinada

    —Quien te manda tener ese culote mijita.

    La voltearon y pusieron sobre el sillón. Con la cabeza hundida en los cojines. El culo se abría y se podía ver su panocha dividida por la tanga. Sin pensarlo Alberto se inclinó y chupo su vagina. Le encanta el sabor y este no se lo perdería por nada.

    —haaaaaa vaya, pensé que solo les gustaba meter y sacar

    La lengua de Alberto recorría su panocha y saboreaba su cola, lamía las pequeñas arrugas con delicadeza.

    Luego por fin se acomodó y apunto con su verga a ese tesoro para el prohibido hasta hoy.

    —mmm ay ay ay

    «Clap» chava le dio una nalgada fuerte como muestra para su padre que arrugando el ceño los miro. Ambos le dijeron que adelante, que podía. Así que luego de abrir sus nalgas y palparlas suavemente soltó una fuerte nalgada.

    —siii que rico ay —dijo ella abriendo un poco las piernas para recibir la verga.

    Así que otra fuerte nalgada llegó, así como apretones en sus nalgas. También se tomó tiempo para apretarle esos pezones que tantas veces le provocaron erecciones incómodas. Miraba con detenimiento como su verga entraba en esa panochita que creía sagrada.

    Aceleró un poco el ritmo, pues el pudor de estar frente. Sus hijos habían desaparecido y se aferraba a sus nalgas fuertemente. Mientras veía a Betito meterse bajo su cara y ponerla a chupar verga.

    —¿Y así como adivino? —dijo antes de. Seguir chupando.

    Luego fue chava, pero Alberto parecía hipnotizado por ese culo. Además tomo su pastilla azul y sabía que esa verga estaría dura al menos por una hora. Así que siguió dándole duro, chocando contra el culo hermoso de su hijastra, nalgueando, apretando de todas maneras posibles ese par de nalgas. Hasta que sintió que Lucia temblaba.

    —haaaa que rico, me vengo a cada rato con ustedes mmm síguele síguele

    Alberto siguió, mientras veía como el orgasmo le escurría a Lucia entre sus piernas. Luego chava le señalo el culo a su papá. Quien de nuevo frunció el ceño.

    —te voy a usar tu cola nena, ok

    Pero despacio y ponte .condón.

    —claro ahora sí hay

    Su padre se colocó el condón e incrédulo rozo la entrada de su cola. Levantada y mirando al techo su cola fue cediendo ante la verga de Alberto que con la respiración acelerada y las pulsaciones como locomotora veía como se abría paso hasta perderse entre sus nalgas.

    —despacito… ay ay aaay despacito… Me duele…

    Pero la verga ya estaba adentro por completo y tocaba sacudirle el culo, la jalaba contra el logrando que sonarán como aplausos cada vez mas fuertes.

    —ay ay siii aaay dio dale siii cógeme duro siii dale papi ay ay me duele mi colita

    A pesar de que soñaba despierto con llenar esa carita de ángel con semen, no aguantaba mas. Estaba a punto de estallar y solo saco su verga para que los chorros de semen cayeran sobre sus nalgas. Mojando las hasta que un poco resbalara por su espalda. Mojando sus manos sujetas en la espalda. Grandes chorros de semen ensuciaron sus nalgas enrojecidas mientras seguía restregando su verga sobre ellas.

    —¿Ya puedo ver? Ahora siii me cogieron muy rico. ¿Quién fue?

    — todavía no acabamos —ambos hermanos se masturbaron para terminar sobre sus nalgas que terminaron batidas de semen mientras su papá se sujetaba la cabeza incrédulo de todo eso.

    —Mañana otra vez si te gusto

    —Si me gustó mucho. Me cogen muy rico.

    Ahora tocaba planear el que sus hijos usaran a Diana y lo único impedimento era tener lejos a Lucia.

    Alberto les daba largas, pensaba que romper esa barrera acabaría con el poco respeto que le tenían su hijos. Aunque también quería usar a Lucia nuevamente. Seguía teniendo erecciones cuando compartían la mesa del desayuno. En su mente esa pequeña boca seguía chupándole la verga. Así que fue la misma Diana quien dio pie a qué todo sucediera.

    —El sábado se va la niña con su amiga Paula. Ya hablé con sus padres y están de acuerdo.

    —Ojala y también se fueran estos dos cabrones, así tendríamos una noche para nosotros —dijo, aunque significaba otra cosa.

    —¿Papá, nos dejas ir al autocinema el sábado?

    —Mira amor, dios te escucho.

    —Solo si ven dos películas para que me dejen en paz al menos una noche.

    —Claro—chava le guiño el ojo y siguieron con su día.

    El sábado, Diana espero a que todos salieran y se dio un buen baño. Se perdimos y por fin pido ponerse la lencería que tanto le gustaba a su marido. No sabía que ni los dos hermanos saldrían al cine, ni Lucia iría con su amiga.

    Alberto pidió comida y una botella de vino, luego se besaron y ahí en la mesa de la cocina él le quitó el vestido. Los ligueros, y la lencería se acoplaban perfectos a sus curvas. Esas nalgas se veían tan bellas que Alberto como siempre se tomó su tiempo para besarla de arriba abajo. Luego separo sus piernas y metió su cabeza para saborear su conchita. Ella era muy cachonda y gemía como si la estuvieran matando. Alberto metió su verga suavemente, mientras la besaba dulcemente. Había acomodado una botella de vodka a un lado y cada que podía le daba un caballito a su mujer. Sabía que el vodka era su criptonita. Ella sin sospechar abría la boca y las piernas pues el calor que sentía en su estómago tvien lo sentía entre sus piernas. Pronto tuvo un orgasmo, Alberto la giro y empinada penetro su culo. Otra cosa que solo podía hacer cuando ella estaba muy borracha. La abrazo por detrás, sujetando sus pecho y terminaron al mismo tiempo. Tambaleando se fue al baño y Alberto la siguió botella de vodka en mano.

    —Bebe un poco mas

    —Noo, ya estoy… Muy mareada… Vamos a dormir.

    —No, ven veamos una película en la sala

    Ahí siguió el ritual hasta que Diana apenas pronunciaba palabra, los ojos se le cerraban y pronto comenzó a roncar. Entonces entraron sus hijos con esa mirada llena de líbido sobando sus vergas sobre el pantalon.

    —Pues a mover atole —dijo Betito

    —Comprale más ropa de esa pa’ se ve bien buena.

    —¡Cállense de una vez y terminemos con esto!

    Dos días antes Lucia, segura que ninguno no de los dos fue quien le dejo ese tremendo dolor en su cola hizo que chava le confesara que fue su padre, luego de que le explicará que encontró en sus teléfonos los vídeos y que los obligó a engañarla para poderle meter la verga, que a cambio les dejaría follarse a su mamá y les levantaría el castigo planeo evitarlo. Pero se limito a abrir un poco su puerta para mirar a escondidas como los hermanos colocaban como un bulto a su madre sobre el sillón y levantaban su vestido.

    —¡La vas a ahogar cabron! —le dijo Alberto a chava que metía su verga completa a la boca de Diana quien la recibía sin ningun tipo de resistencia.

    —No jefe, si aguanta—ambos hermanos rieron cómplices, Betito separaba las piernas de Diana y escupiendo sobre su verga la metió en si vagina.

    —Esta igual de rica que su hija me cae de madre.

    Alberto sentado frente a ellos tenía de nuevo la verga bien dura, lo podía notar Lucia que al ver el tamaño entendía por fin el porque le dolía sentarse todavía.

    Un golpe seco en la cabeza de Betito lo despertó del idilio que vivía mentiendo su verga en Diana.

    —¡Ponte un condón pedazo de mierda! ¡No van a embarazar a mi mujer!

    —¡PAPÁ!

    —¡Nada cabron, suficiente tienen con poder cogersela! —les dijo y les aventó un puño de preservativos.

    Con cara de reproche, pero con el mismo morbo, Betito separó las piernas de Diana y metió su verga de un tirón fuerte.

    —No amor me duele—dijo Diana aún con los ojos cerrados y la verga de Chava forzando su entrada en su boca.

    —¡Despacio cabron! —dijo su padre ya un poco fuera de sus casillas. Los hermanos sin embargo siguieron.

    —Papà este culo es maravilloso, ¿Porque tardaste tanto en traerla a casa?

    —¡Cállate pendejo!

    —Y mira como se le marca mi verga en su mejilla, seguro te a de dar unos mamelucos bien ricos.

    —Como su hija

    —La misma boquita de mamadora tienen las dos.

    Sentado con la bilis a tope, Alberto miraba a ambos empujar y meneando el cuerpo inherte de Diana.

    Chava se sentó poniendo la cara de Diana sobre sus piernas y acomodándola para meter de lado su verga, así su padre miraba como entraba sin piedad y sin como sin posibilidad ni capacidad de respuesta la baba escurría mojando las piernas de su hijastro. Betito la acomodo de lado y levanto su pierna para que su verga entrara por completo. Alberto no podía evitar sentir excitación al ver aquella escena, al igual que Lucia quien con esa humedad entre sus piernas escuchaba los gemidos de su madre.

    Inconscientemente Alberto comenzó a masturbarse, era una sensación nueva el placer visual que le generaba aquello. Las tetas ya de fuera se meneaban al ritmo que marcaba Betito que no paraba de chocar contra sus nalgas. Fue chava quien lo vio jalando su verga y usando ambas manos para separar la boca de ambos lados le dijo.

    —metela aquí pa’ ahí cabe. Además lo que le sobra es saliva—dijo limpiando sus piernas con su camiseta.

    —No digas mamadas y deja de usarle así la boca.

    —¡Ya pa’ dejate llevar! —dijo Betito que si acepto la invitación y retirándose el condón metió su verga de frente.

    —haaahhh ¡Amor! —exclamo día a cuando le permitieron tomar aire. Luego se acomodo y siguió roncando plácidamente.

    Chava coloco bajo si vientre varios cojines hasta dejar su culo mirando al cielo y después de colocarse el condón metio su verga con suavidad y mirando como avanzaba hasta perderse entre sus nalgotas.

    —¡Que rico chingada madre!

    Los dedos de Lucia con suavidad rozaban sobre su entrepierna, sentía sus fluidos mojar su pijama, las piernas cedían ante los temblores que el roce placentero de sus dedos daban lentamente. Formaba círculos con las yemas de sus dedos, como n los ojos cerrados solo escuchando los gemidos de su madre y los pujidos de sus hermanastros. En la sala habían criado de posición y nueve te chava se metió bajo diana, recostando la boca abajo sobre su pecho. Sintiendo su piel y respiración sobre su rostro. Cuando acomodó su verga dentro le dijo a su hermano que ya podía meter la suya detrás.

    —¡¿Que creen que van a…?! —el gemido de dolor y los gestos de Diana los dejaron en silencio mirándola gemir con dolor y abrir bien grandes los ojos para luego cerrarlos y apretar los puños.

    —¡Me duele amor ay así no ay ay!

    —Tranquila amor—le decía Alberto sobando su nuca hasta dejarla en el letargo del sueño que le provocaba el exceso de alcohol.

    —¡Ay ay amor ay mmmm! —cada que sus párpados se separaban se veía como sus ojos perdían la órbita al igual que los de su hija que tumbada detrás de la puerta metia sus dedos en su vagina mientras con la otra mano tapaba su boca, no quería que la descubrieran excitada por ver cómo usaban a su madre.

    Ambos hermanos estaban a punto de terminar, los gemidos de Diana los tenían a tope y no soportaban más. Fue Betito quien sacando su verga y mandando al demonio el condón soltó varios chorros de semen que recorrieron el cuerpo inherte de Diana, mojandole la espalda, los hombros y las nalgas hasta exprimirlo por completo sobre su piel. Como pudo Chava se salió de su lugar y masturbándose a centímetros de su cara soltó por igual chorros que volaron sobre su cabeza para caer sobre su espalda, hombros y un poco sobre su cabello.

    —¡Hijos de la chingada no mamen!

    —ya papá cálmate, además ya quedamos a mano.

    —si pa’ se acabó el castigo—dijo Betito sonriendo mientras sacudía su verga en la cabeza de Diana.

    Su padre la levanto como un bulto y se la llevó a la habitación, luego se asomo para aventarles sus teléfonos y carteras.

    —¡Y esto se acabó! ¿Les quedó claro?

    —si pa’

    —Si

    Lucia termino con un gran orgasmo entre sus dedos, pero pudo escuchar todo aquello, ahora actuaría en su beneficio. Al día siguiente le pidió a Alberto que la llevaste al súper, por supuesto el accedió y ambos subieron a su auto después de ponerse su cubrebocas. En el camino le pidió disculpas por lo de su pantalla, aunque él le dió mínima importancia.

    —Son solo objetos y se que mis hijos te molestaban por eso paso todo

    —algo así—Dijo ella ajustándose al asiento.

    Lucia se puso esos shorts pequeñitos que hacen que sus piernas luzcan hermosas, su camiseta se ajustaba a su pequeño y suculento busto. Lo había planeado toda la noche.

    —Los teléfonos de tus hijos son nuevecitos, mira el mio —dijo mostrándole su viejo teléfono pues Diana le prohibió pedirle dinero.

    —Pero podemos comprarte uno, es mas vamos.

    —No, no podría aceptarlo

    —Ahora somos familia, no tengo ningún problema.

    —Mejor presteme 100 pesos para comprar una crema, es que no me alcanza —dijo mostrándole las monedas en su bolsa.

    —Niña, ten —le dió dos billetes de 500 y entraron a la tienda. Alberto no podía dejar de verle las nalgas, se meneaban de un lado a otro, Alberto ya tenía una erección marcada y caminaba tras ella para evitar que se diera cuenta.

    Al llegar a la caja saco su tarjeta de crédito y pago todo.

    —Pero no es necesario —dijo ella con los billetes en la mano.

    —Yo te las invito

    —Gracias—se colgó de su cuello y le dió un beso en la mejilla asegurándose de rozar un poco sus labios.

    Incómodo Alberto camino, está vez delante de ella hasta el estacionamiento donde Lucia al subir le puso la mano sobre el pene.

    —¡Niña! —dijo sorprendido.

    —Se que fuiste tú el otro día, me taparon los ojos para que no te viera, pero ese olor es inconfundible— Sus pequeñas manos sobaban el gran bulto que se formó en sus pantalones, luego de bajarle el cierre y buscar el pene de Alberto que seguía petrificado ante el arrojo de Lucia que inclinándose su boca quedó a centímetros de aquella verga pues el cinturón de seguridad le impidió alcanzar su objetivo. Fue Alberto el que presiono el botón para sacarlo y ella se abalanzó con su lengua por delante para lamer dulce te la cabeza de aquel miembro que respondía como si recibiera descargas eléctricas cada que ella lo besaba. El solo abría los ojos para ver qué nadie se acercará, pero los cerraba y apretaba cada que ella con sus labios apricionaba su verga. Mientras ella iba llenando su boca de aquel sabor que le era tan agradable. Ademas convencida de que era el objetivo principal ya que los dos mantenidos solo estiraban la mano para recibir dinero.

    —no pares, no pares, no…

    —mmmm

    Lucia sentía como aquella verga se iba inflamado dentro de su boca y el modo en que Alberto se retorcía y sujetaba su cabeza eran señal de que acabaría de un momento a otro, así que dentro de su boca no paro de mover su lengua sobre la punta de su verga y pudo sentir como el sacaba el líquido tibio bombeando con fuerza mientras Lucia lo sorbia aguantando firme con la verga bien hundida en su boca, dejando que el semen resbalara por su garganta hasta que fueron bajando de intensidad los chorros, la fuerza, la dureza y el vigor de Alberto que sudaba como si hubiese corrido un maratón, agitado por la excitación de sentir aquella lengua seguir buscando restos en su miembro.

    —No quiero que me regales nada, me lo quiero ganar.

    —Lo que me pidas pequeña

    —Lo primero y más importante, no quiero que tus hijos vuelvan a tocar a mamá—Alberto desconcertado la miro congelado si poder contestar nada—y lo segundo es que ella no se entere nunca de esto.

    —Lo juro por Dios

    —Regreso en taxi, tu ve a tu trabajo

    —Ok—se sintió sorprendido y apenado recibiendo instrucciones de esa pequeña, aunque era mayor de edad seguía siendo la pequeña que hacía rabietas cuando su madre y el la llevaban por un helado o al cine.

    Cuando llegó a casa los dos hermanos aplaudieron aliviados.

    —¡Vamos mujer que quiero cabalgar tu culo

    —ponte la mini del otro día.

    Sin embargo como si fueran mosquitos zumbando, ella con un ademán los desprecio y se fue a su habitación.

    —¡Maldita no me dejes así mira como la tengo!

    —¡No olvides que te salvamos el pellejo mocosa! —entonces salió ella llena de calma y sonriendoles.

    —Les levantaron el castigo, tienen sus iPhones, su Xbox, sus tarjetas. Yo ya no les debo nada.

    —¡Vamos Lucia!, ¿Que hago con toda esta leche?

    —¡Un pastel podría ser! Y se lo comen entre los dos, par de basuras.

    Pasaron las horas, los días y las semanas. Ambos se masturbaban mirando en las páginas porno como antes, su padre les hizo borrar todos los vídeos así que los episodios de sexo familiar estaban solo en su memoria. Por el contrario Lucia devia ir de compras cada martes y jueves. Pedía un taxi que religiosamente la dejaba a las puertas del centro comercial, dónde el auto rojo abría si puerta para desaparecer en el asfalto y entrar fugitivo a el motel barato dónde con un hambre de más el buscaba desde el primer momento el cuerpo de Lucia.

    —¿Mamá no sospecha?

    —No, ella cree que tengo junta con los proveedores, además está con sus amigas y se entretiene. No nota mi ausencia.

    Eran diálogos cortos, mientras las manos de vos buscaban despojarse de las ropas lo más pronto posible. Luego el preámbulo de verla vestir lencería, subía las medias por sus piernas ante su mirada llena de morbo. Los ligueros, el baby doll. En cuanto estaba lista el buscaba su sexo, como loco le devoraba con su lengua cada gota del nectar de su cuerpo, ahora le dejaba las prendas, le gustaba como se veía, además era parte de su ritual el que escogieran el siguiente atuendo. En cuando el placer explotaba entre sus piernas, ella buscaba su miembro y se recogía el pelo para que él pudiera ver

    su cara llena de inocencia comerle la verga suavemente, para luego ir al fondo hasta sentir sus palpitaciones en la garganta. Sostenía el trozo de carne al fondo y podía sentir como la piel de Alberto se ponía chinita. Luego se besaban compartiendo su sabor, unidos frente a frente sentían el frenesí de sus cuerpos, compartiendo el aliento se tocaban, el besaba su pequeños pechos salivando sus pezones mientras ella se apretaba contra su espalda que para ella era una muralla, fuerte, que ahora la protegía y nadie podía separarlos.

    Desde tiempo atrás el admiraba el culo redondo que con la edad tuvo Lucia, pero ahí empinado con la tanga a un costado era como entrar al cielo en vida. Le gustaba mirar como despacio resbalaba su verga hasta estar dentro por completo, bañarla para sus nalgas chocarán con furia contra el y escucharla gemir de placer mientras sus brazos se doblaban y su culo se levantaba aún más. Cuando el la buscaba por detrás la miraba morder las sábanas y apretar los puños soportando el dolor con quejidos que luego se convertían en gemidos de un placer indescriptible para ambos. En las primeras escapadas el le confesó que su mayor deseo era llenar su pequeña y hermosa cara con su semen.

    —quiero pedirte algo —le dijo a medio acto desconcertando a Lucia

    —¡¿Que?! —pregunto ella entre gemidos

    —¿Puedo acabar en tu cara? —la respuesta a eso fue verla arrodillada y levantando la cara, mirándolo fijamente.

    Así que la costumbre se apoderó de sus encuentros y cada que sentía que el aceleraba el ritmo ella se escurría entre las sábanas para recibir los chorros de semen sobre su rostro. Aunque era el paisaje mas bello el nunca le tomo foto o video para evitar que por cualquier error Diana se enterará. Era su secreto y la cara de Lucia el lienzo en el que pintaba sus pasiones dos veces por semana.

    Al principio un poco con asco, ella aguantaba la respiración y cerraba los ojos mientras Alberto descargaba sus chorros sobre su cara, pero ahora disfrutaba verlo apuntar y gesticular cada que se descargaba sobre ella, lamer los restos para volverlo totalmente loco, además de que le sumaba puntos. Su iPhone, la nueva laptop y la renovación de su guardarropa eran testigos de ello. Al igual que sus medios hermanos que llevaban días siguiendo sus movimientos sin saber que hacer para poder entrar al juego.

    —Era ella—le decía Betito a su hermano.

    —Maldito viejo, por lo menos debería combidarnos de su esposa.

    —Las quiere solo para el

    —Es un maldito

    —¿Quien es un maldito? —pregunto Diana saliendo de la cocina.

    —Nada, un videojuego de guerra que traemos en línea.

    —Pero vamos a buscar las armas necesarias para vencerlo y ganaremos. Cobraremos el tesoro que nos pertenece dijo Chava riendo con su hermano.

    La respuesta estaba ahí frente a ellos. Tenían que hacer que Diana se enterará, pero sin que ellos quedarán enmedio o su padre los mandaría a la calle. Así que después de estar seguros que días y a qué horario se veían su padre y su hermanastra, buscaron la manera. Desde un teléfono de prepago le mandaron varios mensajes de texto, dándole ubicación y todos los detalles para que ella por sus medios llegara a su escondite de amor.

    Al principio pensó que era una broma, alguna vez la estafaron con un premio que jamás cobro, así que con la reserva de no caer de nuevo pidió permiso para retirarse temprano ese jueves, tomo un taxi luego de cambiarse de ropa en una gasolinera espero paciente tras un puesto de revistas. Pensó en irse pero vio el auto de Alberto acercarse y entrar al estacionamiento. Los labios se le secaron y las piernas le temblaban. ¿Cómo me puede hacer esto? Se preguntaba con rabia. Si entraba de inmediato el buscaría algún pretexto así que espero por unos minutos si perder de vista la habitación a la entraron a aquel auto hotel. Incluso pensó en qué no valía la pena, volvería a casa, tomaría a su hija y se irían. Ya se las han arreglado antes y lo volvería a hacer. En contra esquina los hermanos se miraban ansioso miéntras devoraban unos tacos y dentro de la habitación la verga de Alberto buscaba taladrar el culo de Lucia que enfundada en un conjunto de enfermera apretaba la mandíbula mientras entraba aquella verga por detrás.

    Desde unos días atrás Alberto y Lucia jugaban el rol de Papá e hija así que ella a gritos le pedía más placer, sin importar quién los escuchará a través de las paredes.

    —eso papi, rompeme el culo papito, ¿Te gusta mi colita?

    —me encanta darte por tu colita mi nenita.

    —¿Me vas a dar mi lechita? —Lucia sabía que en cuanto aceleraba el ritmo era cuestión de minutos para que terminara y se hizo aficionada a que su cara recibiera el semen.

    —¿Los quieres en la cara putita?

    —Si papito dame mi lechita caliente

    —Te voy a llenar la cara de semen pequeña puta

    —Si papi lléname mi carita de… —en cuanto saco su verga ella se realizó hasta quedar arrodillada levantando la cara y haciendo puchero de niña malcriada seguía pidiéndole que le diera su premio.

    —Ven acá que me voy a…

    —Dame mi lechita papito, me la gane, dámela aqui—se tocaba la cara mientras Alberto mastubaba su verga hasta explotar.

    —haaa

    —mmm que rica lechita papi, te gusta que me escurra por mi carita. Mira papi—con el semen sobre sus labios jugaba sin dejar que se escurriera. En ese momento sonó la puerta y vos se quedaron en silencio.

    —¡ALBERTO ABREME SOY DIANA! Se que estás ahí abre ahora.

    Ambos en shock se miraron petrificados y el comenzó a vestirse, Lucia lo imitó mientras los toquidos se hacían cada vez fmas fuertes. Acompañados de gritos y reclamos. Hasta que Alberto abrió la puerta. Asegurándose de que Lucia estuviera en el baño.

    —¿Dime con quién estás? —dijo Diana aventando lo a un lado y urguscando en cada rincón de la pequeña habitación. Hasta que vio a su hija sentada en la regadera con la cara aún llena de semen.

    —¡¿Lucia?! —la tomo de la mano, salieron sin decir una palabra. Paro el primer taxi que vio, aventó a su hija como si fuera un bulto y ya dentro le pregunto.

    —¿Porque? ¿Que te hace falta? ¿Porque con el?

    —Mama no es lo que…

    —limpiate esa cara por dios—eñ taxista veía por el retrovisor el rostro juvenil aún con semen tratar de limpiarlo con su playera. Para cuándo llegó Alberto a casa, las cosas de ambas ya no estaban. El no se explicaba como fue que se enteró sí eran tan cuidadosos. Hasta que sus hijos entraron serios a la casa.

    —Hola pa’

    —Hola

    —¡CLARO! ¡MALDITOS INÚTILES BUENOS PARA NADA!

    —Pero pa…

    —Se les acabó su pa’ van a trabajar porque de mi no van a recibir un solo peso.

    Y así fue, ahora vos trabajaban en el área de carga del almacén, aunque su padre seguía pagando casi todo. Aprendieron a valorar. Alberto después de un tiempo logro que Diana lo escuchará y cenaría con ella el sábado. Mientras tanto el viernes que todos estaban ocupados el estacionaria su auto fuera de el súper que cambiaban cada semana, igual que el hotel para seguirse viendo. Lucia seguía buscándolo aunque tvien abogaba por qué regresará con su madre. Lo quería en casa todos los días.

    @MMamaceandoO