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  • Mi propia esclava sexual (Final)

    Mi propia esclava sexual (Final)

    Lamento mucho el retraso en escribir la tercera parte de esta historia, me excusaré diciendo que mi computador se había averiado, y decidí armar uno yo mismo, pero en Chile hubo un estallido social justo antes de que explotara la pandemia. Las piezas de mi pc se demoraron mucho en llegar y con el tema de la pandemia mis prioridades fueron otras, y recién ahora tengo tiempo libre para volver a escribir.

    Pero bueno a lo que vinimos. Trataré de recordar lo mejor que pueda lo que pasó después del segundo relato.

    Salimos con Tatiana al centro de la ciudad, almorzamos, fuimos al cine y caminamos por la ciudad, mucha gente se daba vuelta al ver a Tatiana como toda una diva tomada de mi brazo, yo solo miraba con ojos de presumido diciendo en mi cabeza, si ella es mi novia… y mi puta y todo lo que se me dé la gana. En fin volvimos tarde a casa, estacioné el auto y salimos para entrar a la casa, después de ver a Tatiana vestida así todo el día, lo único que quería era poseerla y eso hice, la tome fuerte del cuello y la tire sobre el capó del auto, el motor aún estaba caliente Tatiana quedó en shock, no se esperaba que yo reaccionara así, le subí el vestido para encontrarme con que llevaba un hilo dental de ropa interior y comencé a manosear ese tremendo culo color chocolate mientras besaba y lamia por todas partes, noté como Tatiana comenzaba a humedecerse y ella solo estaba callada dejándome hacerle todo lo que quería, con la calentura que tenía le rompí la tanga y comencé a lamer y besar su ano mientras con mi mano jugaba con su vagina, ella comenzó a gemir desesperadamente mientras yo devoraba su culo redondo y jugoso, sentía que mi pene iba a explotar dentro del pantalón así que lo saque del pantalón y lo puse en la entrada del culo de Tatiana, noté como ella me miraba mordiéndose los labios esperando que le abriera el culo y eso hice, no me deje esperar, bastó solo un poco de presión para ver como la punta de mi pene desaparecía dentro del culo de Tatiana, no estaba bien lubricado, así que lo saque para penetrar su vagina toda mojada y depilada, cuando mi pene ya estaba suficientemente lubricado volví a meterla por su ano, al empezar el vaivén le abrí el culo con las manos a Tatiana para tener una mejor vista, era un deleite a la vista ver como mi pene se perdía dentro de ese tremendo culo negro Tatiana gemía como una autentica puta, eso me puso a mil, comencé a darle mas duro y me volví una bestia, tome su vestido por la espalda y terminé rompiéndolo por toda la parte de la espalda, pude ver como sus tetas rebotaban en cada envestida, saque mi pende dentro de su culo, al hacerlo escuche una voz suplicante.

    – Por favor, amo no me lo saques.

    Le di una bofetada en la cara y le dije.

    – Cállate puta

    A continuación la puse boca abajo sobré el capo del auto, su boca estaba a unos milímetros de mi pene, sus tetas al alcance de mis manos, noté como a Tatiana se le hacía agua la boca, pero no hacía nada, era como un perro esperando la señal de su amo para atrapar su premio, ella solo respiraba entrecortado y miraba con ansias mi pene, entonces con un manotazo en uno de sus pechos le dije chúpamelo, apenas abrió la boca yo lo empuje hacia dentro con violencia, provocando en ella una arcada, al sacarlo pude ver como sonreía la puta, así que volví a envestir volviendo a provocarle arcadas, así estuve un buen rato mientras ella se atragantaba con mi pene yo apretaba y golpeaba sus pechos, ella con una mano jugueteaba con su vagina, y con la otra hacia el ademan de querer apartarse de mi cuando la atragantaba con mi pene, pero se resistía a hacerlo, mi semen y su saliva se escurría entre la comisura de sus labios, de sus ojos corrían lágrimas, hice que se arrodillara en el suelo y que siguiera haciéndome un garganta profunda, podía ver como el maquillaje que hacía de Tatiana una bella negra, ahora estaba todo estropeado, esparcido por su cara, entre las lágrimas negras y el labial arruinado en su boca por la mamada que me estaba haciendo, eso me calentó más aun, empecé a darle bofetadas en la cara mientras ella me lo chupaba, por cada bofetada ella soltaba una sonrisa y traba de reírse con el poco aire que tenía al tener mi pene en su garganta, la tome del pelo y volví a tirarle encima del capo del auto, esta vez boca arriba y con las piernas abiertas, volví a penetrar su culo con mi pene recubierto de los fluidos que emanaban de él y de la boca de Tatiana, cada vez que alejaba el pene del culo de Tatiana se formaban unas líneas de saliva y semen que unían su culo con mi cuerpo, cada envestida provocaba un sonido vacío al aire como un aplauso en un compás sincronizado, termine corriéndome dentro de su culo, y al hacerlo la solté como si de un objeto se tratara, al hacerlo no le dio tiempo de reaccionar y cayó al suelo, ella solo me miraba con ojos de admiración, y reía como toda una puta adicta a mi pene, le dije anda perra limpia el desastre que dejaste, y ella muy obediente comenzó a succionar mi pene de una forma muy sensual hasta dejarlo todo limpio, yo me retorcía y quedaba con los ojos blancos al sentir su lengua recorrer mi pene y me volvía loco con esos sonoros besos, recogí mi ropa y ella como pudo trato de arreglarse el vestido para entrar a la casa, al caminar le temblaban las piernas y le costaba caminar con esos tacones, en dos ocasiones casi se cae al doblarse los tobillos.

    Tatiana estaba como ida con una sonrisa de oreja a oreja, de verdad le encantaba que la tratara así, le encantaba saborear mi pene y que la penetrara por donde yo quisiera, le dije que nos metiéramos a bañar, pero no reaccionaba, miraba a la nada como estúpida con una sonrisa. Tuve que levantar la voz

    – Tatiana!!

    – Dígame amo

    – Despierta mi negra golosa, vamos a bañarnos y a dormir

    – Si amo lo que usted diga

    – Tira ese vestido, mañana te comprare otro igual

    Tatiana solo se me acerco y me dio un beso bien sonoro en la cara y con una voz bien provocadora dijo, “lo que usted diga amo”, y me soltó una mirada coqueta, subió las escaleras contoneando las caderas, sacándose el vestido por arriba, yo fui tras ella y nos metimos a la ducha, después de lavarnos el pelo, comencé a pasarle la esponja por su cuerpo de una forma muy delicada mientras le daba un beso muy apasionando, comencé a bajar enjabonándola y besándola, enjabone, su vientre, su vagina y culo, mientras enjabonaba sus piernas comencé a jugar con mi lengua en su vagina, ella me tomo la cabeza con sus manos y me apretó contra ella, Tatiana volvía a gemir como puta con la respiración agitaba, mientras yo deslizaba mi lengua de arriba abajo en su vagina, desde la unión con su culo hasta su clítoris y ahí me detuve, para darle más placer, después de un rato Tatiana se corrió en mi boca casi desmayándose, salimos de la ducha y nos secamos, Tatiana estaba exhausta, la tome en brazos como una pareja de recién casados en su luna de miel y la lleve así desnuda a la cama, con mucha delicadeza la acosté y me acosté a su lado, nos dimos tiernos besos hasta quedarnos dormidos.

    Pasó el tiempo y seguimos así con nuestras vidas, en público ella era mi novia, yo era un caballero, que la trataba como a una reina, pero en privado yo me volvía una bestia y ella mi esclava adicta al sexo, dispuesta satisfacerme de la forma que fuera necesaria.

    Vuelvo a disculparme por mi ausencia tan longeva, pero como dije, entre que armaba mi computador, ocurrió el estallido social, luego nos azotó la pandemia, así que espero me entenderán el por qué no había vuelto a escribir.

    Este será el último relato que subiré con Tatiana, después de meditarlo y hablarlo decidimos que escribiremos un libro, de nuestras aventuras como novios y amo y esclava, la publicación quizás tarde un tiempo en hacerse, pero cuando se publique, espero que quieran leerlo, ahí contaré más a fondo todo lo que hemos vivido con Tatiana.

    Hasta pronto.

    Si alguien quiere escribirnos por nuestro relato habilité este correo:

    [email protected], por si tienen alguna duda o quieran saber más, no enviaremos fotos de nosotros, preferimos mantenernos en el anonimato.

    Tal vez estemos al pendiente de ese correo un par de meses, pero luego no prometo responder mas preguntas.

  • La hermana de mi amigo (I)

    La hermana de mi amigo (I)

    Ana tiene cuatro años menos que yo, es la hermana menor de uno de mis mejores amigos. Hace unos cinco años atrás tuvimos una pequeña aventura, si es que se le puede llamar así a dos oportunidades en donde sólo nos besamos, luego de eso nada prosperó y seguimos encontrándonos en diferentes eventos sociales, siempre manteniendo la buena onda y cordialidad. Hoy en día yo llevo tres años de relación con mi pareja, mientras Ana tuvo diferentes parejas durante ese tiempo.

    Un par de meses atrás, Ana y yo nos reencontramos en la casa de campo de mi amigo. Fuimos un grupo de cuatro compañeros del colegio con la intención de desconectarnos, por lo cual nuestras principales provisiones fueron alcohol, marihuana y hongos alucinógenos. No esperaba encontrarme con Ana (hoy de 27 y yo de 31 años) por lo que su llegada me causó sorpresa y también mucho gusto, ya que otorgaba un cambio en la dinámica en un grupo de solo hombres.

    Tal vez fueron las sustancias ingeridas, pero en un momento de la noche, la música que ambientaba la velada, se convirtió en música para bailar en grupo, sin embargo, no podía evitar sentir que Ana se acercaba cada vez más a mí, me miraba y se reía coquetamente. Mi confirmación llegaría cerca de las cinco de la madrugada, cuando Ana y yo estuvimos solos unos minutos y me confesó sin tapujos que al estar bailando había sentido una gran atracción hacia mí y quería concretar “algo”. Aproveché el momento para también confesarme, decirle que era recíproco y, a la vez, complejo, por mi situación sentimental. A pesar de que el momento de confianza entre los dos dio paso a un coqueteo solapado y oculto de los otros participantes, todo quedó ahí, hasta ese entonces.

    Dos días después recibí un mensaje de Ana, contándome que no ha dejado de pensar en mí y que no le importa ser “la otra”. Me hice el desentendido y le pedí que me explicara qué significaba todo eso. Me dijo que había quedado con ganas de mí, que hace tiempo no le pasaba y necesitaba concretar todo lo que en su mente se imaginaba. Quise ahondar en esos pensamientos y esta indagación resultó en días de conversaciones que, paulatinamente, iban subiendo de tono. Entre las promesas de mordiscos, besos mojados, fuertes agarres de cadera y embestiduras, surgió la fecha, hora y lugar para hacer todo realidad.

    Llegado el día toque a su puerta, nos saludamos un poco nerviosos, destapamos un par de cervezas y sentados en su cama hablamos de nimiedades, dilatando lo inevitable, sin saber cómo comenzar. Tomé valor, la interrumpí y le dije “quiero hacer algo que siento necesario para romper el hielo”, tomé suave pero firmemente su cara con mis manos y la besé, primero lento, delicado, aumentando poco a poco la intensidad, moviendo mi mano derecha hacia su nuca, jugando de a poco con nuestras lenguas hasta llegar a la desesperación y finalizando con un mordisco en su labio inferior y un par de besos en su cuello. Al reincorporarme nos miramos y, en menos de un segundo, me devolvió el beso, un beso húmedo, caliente, apretado, desesperado, que nos llevó a acostarnos en la cama, yo encima de ella, agonizando de una calentura gestada días atrás. Sin perder el tiempo comencé a tocarla descaradamente, mientras acomodaba mi evidente erección entre sus piernas, presionando cada vez con más fuerza. Con una de mis manos fui aventurándome debajo de su polera y, gratamente sorprendido, sólo me encontré con su piel suave, tibia y sus exquisitos y firmes senos que carecían de sostenes que los cubrieran. Con una lujuria en aumento debido a este último descubrimiento, me apresuré a sacarle su polera, comencé a besar su cuello y fui bajando hasta encontrarme con sus pezones duros y erectos. Me quedé ahí un buen rato, besando, lamiendo, mordiendo, hasta que las expresiones de placer de Ana eran cada vez más evidentes. Entonces, seguí bajando recorriendo su vientre con mi boca, hasta que topé con sus pantalones, los que raudamente retiré para que no me estorbaran, dando paso a una pieza de ropa interior minúscula, con detalles de encaje y de un color magenta que contrastaba de hermosa manera con su piel color mate. Este último detallé terminó por enviar toda la poca sangre que aún circulaba por el resto de mi cuerpo hacia mi pene. Sentí la tentación de sacarle todo, despojarme de mi ropa y penetrarla de inmediato, pero quería que ese paso se dilatara lo más posible y me concentré en disfrutar la escena ¿cómo desaprovechar tan perfecto cuerpo luciendo tan excitante prenda? Me levanté para sacarme la ropa y quedar en igualdad de condiciones. Mi pene duro casi salía por un costado del bóxer. Volví a acostarme encima de Ana, esta vez rozando nuestras entrepiernas como preámbulo a lo que vendría después. Quería seguir maravillado por lo bien que lucía Ana en ropa interior, así que le pedí que se acostara boca abajo, me quité la ropa interior y, mientras besaba su espalda, frotaba mi pene entre sus piernas y su culo, lo que calentó notoriamente a Ana y aceleró su respiración. Luego de un par de minutos así, se dio vuelta, me besó nuevamente y me pidió que le sacara la ropa interior. Quise obedecer de inmediato, pero preferí volver a probar su cuerpo con mi boca hasta llegar a la prenda en cuestión, la cual comencé a mover usando mis dientes, mientras acercaba mis labios y lengua a las partes que iban quedando descubiertas.

    Finalmente quedamos desnudos los dos y, en un gesto de invitación, abrió sus piernas y con sus ojos entreabiertos me susurró “ven”. Me abalancé encima de ella en un beso que denotara la calentura que me embargaba, permitiéndole sentir ni erección, sin hacer intento de entrar. Quería que desesperadamente me implorara que la penetrara, por lo mismo, me detuve y comencé a jugar con mi pene pasando el glande suavemente sobre sus labios vaginales y luego en su clítoris, el cual fui masajeando de a poco y cada vez con más fuerza. En ese punto mi pene ya se encontraba muy mojado, y con esos masajes, la vagina de Ana rápidamente se fue empapando, hasta que en un momento fue a agarrar mi pene y yo, juguetonamente, le dije “aún no”. Su única respuesta fue un “¿ah sí?” que derivó en un rápido movimiento donde se acomodó para comenzar a hacerme sexo oral, el sexo oral más rico que me habían hecho hasta ese momento en la vida. Me besó, lamió, masturbó y acarició como queriendo hacerme acabar y creo que notó la efectividad de sus acciones, porque cuando se detuvo me dijo “quiero que te vayas dentro mío” ¿Cómo negarme luego de tan placentera confesión? Coloqué la punta de mi pene en la entrada de su vagina, me acomodé encima de ella y la penetré firme y profundamente y esa primera embestida la coroné con un beso desesperado, como queriendo devorarme su boca y mientras seguía penetrándola lenta pero profundamente no dejé de besarla. Qué exquisitez más grande fue estar dentro de Ana, su vagina empapada y estrecha se sentía como estar en el cielo y sus gemidos, primero ahogados y luego libres y escandalosos, me invitaban a llenarla de semen, pero quería hacerla acabar, quería que disfrutara tanto o más de lo que yo estaba disfrutando. Se me hizo casi imposible mantener un ritmo lento y comencé a entrar más fuerte y aún más profundo, hasta que en un momento, casi sin aliento, me pidió que se lo metiera bruscamente y hasta fondo y dejará mi pene ahí. Por supuesto que obedecí y añadí un mordisco de uno de sus pezones. Su respuesta fue una serie de espasmos de su cuerpo acompañados por un gemido exquisito y sus manos enterradas en mi espalda.

    Gocé su orgasmo casi como si hubiese sido mío, pero yo no había eyaculado, así que le pedí que me montara. Ana ni siquiera titubeó y se subió a mi pene, mientras yo disfrutaba la escena. Ver su cuerpo esbelto, su piel hermosa, sus senos y sus piernas meciéndose encima de mí me tenían en éxtasis. No sabía donde dejar mis manos, quería poseerla por completo, tocarla entera. Me incliné hacia ella para morderle sus pezones, sus ricos pezones que seguían firmes y duros. Después la atraje hacia mí para besarla. Pude darme cuenta que nuestros besos mientras la penetraba nos calentaban mucho más, ayudaban a llegar al orgasmo, así que la tomé firme de sus piernas y cadera, comencé a subir aún más mi entrepierna y la besé, la mordí, la miré de cerca a los ojos y le dije “vámonos juntos, avísame cuando pueda acabar”, así pasó menos de un minuto cuando escuché entre gemidos “¡ahora!”. Sentí como si litros de semen fueron expulsados desde mi pene hasta la vagina de Ana, quien al sentir el líquido caliente en sus entrañas expresó deliciosamente “¡qué delicia!”

    La noche acabó en un par de horas más, horas que aprovechamos al máximo haciéndolo tantas veces como nuestros cuerpos lo permitieron. Sabíamos que era un juego, lo que desconocíamos, es que era un juego que nos iba a llevar a tener el mejor sexo de nuestras vidas y que se repetiría, por lo menos tres veces más.

  • Y así continuó mi primera noche lésbica

    Y así continuó mi primera noche lésbica

    Aquella noche nunca la podré olvidar… Como iba contando en el anterior relato, comencé a acariciarla por encima de su pijama, Dios! Era tan extremadamente suave el tacto de su ropa, que no podía parar de imaginar cómo sería el tacto de su piel.

    Mientras seguíamos jugando con nuestras lenguas, nos comíamos literalmente la boca, me excitaba su saliva, llenarme de ella. Mientras hacíamos esto, de pronto se me ocurrió saltar la frontera de su ropa, metí mi mano lentamente debajo de su pijama.

    Empecé a tocar sus pechos, no llevaba sujetador puesto. Sus pechos se ponían cada vez más duros. Aquella escena era tan dulce como excitante.

    Ella tomó la iniciativa de empezar a besarme, con besos pequeños alrededor de mi camisón. Yo iba poco a poco moviendo un poco más mi camisón para que ella besara más mi piel.

    Ella no se atrevía a más. Así que de pronto me mira con mucha duda e intenso deseo. Por lo que decidí desnudar un pecho. De pronto, estaba mi pecho desnudo ante ella, erecto, con muchas ganas de ser besado.

    Ella tardó par de segundos para ir directita a comerlo, no titubeó, fue directamente a chuparme el pezón. ¡Con hambre, con mucha hambre!

    Recuerdo pensar, Dios… ¡me está comiendo el pecho!

    A pesar de ella nunca haber estado con una mujer, parece que sabía perfectamente comerle el pecho a una.

    Pensaba, ¿esto está pasando? Y cuando caía en que efectivamente estaba ocurriendo más me mojaba.

    Sentía mi vagina escurrir, mis bragas enteras estaban empapadas.

    Con su otra mano me acariciaba el otro pecho. Después de mucho rato comiéndome el pecho me mira, sonriendo y empieza a meter su mano en mi pantalón.

    Juega, juega mucho en mi monte. Yo sentía explotar de placer. Me toca los labios mayores, y me dice, ¡wow que mojada estas!

    Y lo siguiente que hace es abrir con sus dedos mi vagina y comenzarla a acariciar. Sin buscar mi orgasmo desesperadamente. Al contrario, ella solo me quería explorar.

    Luego comienza a quitarme las bragas de la forma más dulce que puede existir. Pienso que me excita nuestra diferencia de edad. Ella es 20 años mayor que yo.

    Me quita las braguitas, y comienza a hacer lo mismo que hacía con sus dedos, ahora con sus labios.

    Juega, juega en mi monte, lo lame, lo chupa, lo besa suavemente. Yo rogaba sentir si lengua entera en mi vagina.

    Sigue bajando y comienza a respirar en mi vagina, respira suavemente, y dice ¡me encanta tu olor! Ven, ven que te bebo.

    Y así comenzó a beberme enterita. Mi humedad estaba en su boca, su saliva en mi vagina. Decía. Tienes el clítoris enorme, excitado

    Lo bordeaba, lo chupaba, lo hacía suyo.

    De pronto noto que pone su lengua dura, comienza a penetrarme, notaba perfectamente su lengua entrar y salir de mi vagina.

    No me podía creer que ese año de amistad virtual había acumulado tanta tensión sexual.

    No paraba de lamerme la vagina. Hasta que tuve un enorme orgasmo. Increíble, el mejor de mi vida. ¡Con una mujer!

    Lo que más me gustó justo al tenerlo, es que comenzó a besar mi vagina con una ternura increíble. Le daba pequeños besitos de plumita, mientras acababa de tener un gran orgasmo.

    Estuvo tanto rato así, con besitos mínimos en mi vagina, en mi clítoris, hasta que sentía que me volvía a excitar, y así tenía de nuevo otro orgasmo.

    Recuerdo haber tenido muchos seguidos esa noche.

    Desde aquella noche, guardamos un gran secreto ella y yo.

    ¿Queréis saber que pasó los siguientes días?

  • Ángela: Una joven fitness dominada por su puta interior

    Ángela: Una joven fitness dominada por su puta interior

    Son las 6 am de un sábado soleado, en Aguas de Nogales; un condominio veraniego de Flandes, Tolima. Ángela Pardo, una joven bogotana de 24 años y estudiante de literatura, sale de la vivienda en la que se hospeda para iniciar su rutina de ejercicios, hace 10 años que lleva un estilo de vida fitness.

    Luce una licra de colores vivos que remarca su culo generoso y respingón; junto a un diminuto top de color rosa que apenas cubre sus prominentes pechos copa D. Trae la melena castaña y risada recogida en un moño alto: Es una mujer voluptuosa, con un cuerpo que supera mucho los estándares comunes y su piel de porcelana es la joya de la corona. Empieza con un trote suave en dirección norte-sur.

    En el extremo opuesto de la amplia copropiedad, Orlando Villamizar; un mozo que recién cumple la veintena y oriundo del municipio de Madrid, Cundinamarca: quien hace tres años practica el culturismo callejero, inicia su rutina de barras en el parque comunitario. Él es un tipo alto y fornido; mide un metro con ochenta centímetros, de bíceps marcados, espalda ancha y pectorales macizos.

    Ángela, avanza por la gravilla mientras escucha metal instrumental para amenizar el rato, los pocos hombres que a esa hora se encuentran fuera de sus casas, quedan hipnotizados por el movimiento continuo de aquel par de tetas, ella lo sabe y sonríe, por alguna razón siempre le ha puesto sentirse deseada. Absorta en su sesión de cardio, no se fija por donde va y cuando menos piensa trastabilla al chocar con algo, se quiere morir cuando se percata del objeto con el que chocó su píe: acaba de tirar el termo de agua de un muchacho que se ejercita en el parquecito.

    Se detiene por un momento para observarlo: Es un morenazo de brazos prominentes, corpulento y alto; cada que asciende en la barra, un tatuaje de tribal que rodea su bíceps izquierdo resalta sobre su músculo tensionado, sin darse cuenta, Ángela se muerde el labio inferior y sin rodeos se acerca para disculparse. Le toca el hombro un par de veces, él joven, interrumpe su entrenamiento y se gira hacia ella, que se dispone a ofrecer excusas:

    —Oye, es que venía trotando un poco distraída y por accidente derrame tu agua. Lo siento mucho.

    Orlando la mira de pies a cabeza, especialmente detalla sus jugosas tetas; es una auténtica ricura. Se miran a los ojos durante unos segundos, hasta que instintivamente, Ángela echa un vistazo a la portería.

    —No te preocupes, no pasa nada. -repone él a secas- Nunca te había visto por acá.

    —Si…si es que es la primera vez que vengo. Un amigo de mi papá vino a mitad de año y le recomendó este lugar.

    —Es ameno, tranquilo y eso me gusta. Me llamo Orlando, mucho gusto -se presenta tendiéndole la mano.

    —Ángela, encantada -replica ella esbozando una sonrisa sensual.

    —Ángela, si que te ha dado resultados el ejercicio. Tienes un abdomen perfecto. -lo recorre con su índice.

    —¿Te parece? Me alagas. La verdad es que han sido años de entrenamiento duro y dieta estricta, pero tú no te quedas atrás. -replica ella palpándole el bíceps.

    —Gracias, también me he esforzado mucho. Ya que regaste mi agua sin querer ¿qué te parece si me acompañas a casa por más y de paso te invito un jugo? nos tardaremos un segundo.

    —Dale, será un placer.

    Durante el pequeño trayecto, se enzarzan en una conversación interminable; hablan de vacuidades, se cuentan quienes son, sus oficios y aficiones, la cotidianidad de sus vidas. Hasta que finalmente, dos horas después, Ángela decide regresar a casa. El joven, mira atentamente el vaivén de sus caderas mientras se aleja.

    —Vaya zorrita -masculla para sí mismo.

    Al día siguiente, Orlando decide escribirle para invitarla de juerga al pueblo y ella acepta gustosa, sin embargo, por cosas del destino su encuentro se tiene que aplazar; pues la abuela paterna de ella ha sufrido una recaída a consecuencia de su insuficiencia cardiaca. El fin de semana culmina y ambos regresan a sus rutinas en Bogotá.

    Las conversaciones vía WhatsApp entre ellos se hacen cada vez mas y mas frecuentes. Ángela lo provoca, es insinuante y le envía selfis sugerentes en ropa interior, con la excusa de pedir su opinión sobre los resultados de su entrenamiento. Hasta que un día todo cambia y Orlando pasa de las incitaciones sutiles a los comentarios directos; Ángela le ha enviado una foto de espaldas subiendo escaleras; en la que luce una minifalda de cuero negro junto a unas medias de malla blancas, que remarcan su culo de manera apoteósica y junto a ello una pregunta:

    Ángela: ¿Crees que debería trabajar más mis glúteos?

    Orlando: Ese culo de zorra incita a muchas cosas.

    Ángela, que había tomado aquello de las fotos como un simple juego, se sorprende al leer esa respuesta; estaba siendo muy directo, nadie le había dicho algo así fuera de la cama, pero le gusta; el que la llame zorra, esa transgresión la excita. Lee la respuesta un par de veces y su sexo responde, siente cosquilleo por toda su entrepierna, pero no sabe qué responder.

    Decide enviarle otra foto a ver qué ocurre: esta vez, elige una en la que lleva un diminuto hilo rojo que se pierde entre sus nalgas.

    Orlando: Perra… seguro estas deseosa de que te diga más guarradas para dedearte como puta.

    Al leer en voz alta aquellas palabras, los fluidos emanan de su sexo y sus pezones se endurecen. Su mano, como si tuviera voluntad propia, se dirige a su entrepierna para empezar a frotar el clítoris y los labios. Esa falta de respeto y esa tónica imponente la están poniendo a mil.

    Ángela: Nadie me ha hablado así…

    Orlando: Y ¿qué?

    Ángela: me gusta, me calienta…

    Le envía una foto de sus tetas apretadas bajo un top blanco que apenas deja algo a la imaginación.

    Orlando: Eres una puta arrecha, una zorra hambrienta de verga.

    Ángela se frota el clítoris como si no hubiese un mañana, su vagina está tan babosa como nunca; pasó de provocar a estar provocada.

    Ángela: Orlando… que rico todo lo que me dices…

    Orlando: Dilo tú, puta.

    Ángela: ¿Decir qué?

    Orlando: Que eres una puta arrecha.

    A medida que escribe cada palabra, su vagina se convierte en un manantial y no puede evitar meterse un dedo; entretanto, sus pezones se endurecen tanto como el acero.

    Ángela: Soy una puta arrecha…

    Orlando: Buena noche, zorra.

    Ángela: ¿Qué? NO PUEDES DEJARME ASÍ!!

    Orlando: Conténtate con los dedos y la imaginación so puta, bye.

    Ángela: Orlando! Orlando! Orlando!

    Nada, se desconectó. La joven sin embargo, opta por hacerle caso y empieza a masturbarse como nunca lo ha hecho; llega a colarse tres dedos cuando normalmente aguanta dos. No piensa, ni se imagina nada: solo deja que su cuerpo actúe, que su instinto la guíe, se dedea mientras aprieta sus tetas y juguetea con sus pezones que parecen de cemento, entretanto, desliza los dedos por el interior de su vulva experimentando un placer extremo al sentir como revuelcan sus paredes; hasta que después de un rato se corre, tiene un orgasmo que la deja sin aliento y que empapa sus sábanas por completo. Luego se queda profundamente dormida.

    A eso de las 5 am, cuando el sol todavía no emerge; el móvil de la joven suena y ella, entre dormida estira la mano hasta la mesita de noche para agarrarlo, es un whatsapp de Orlando:

    Orlando: ¿Cómo te fue anoche con los dedos, puta? a que te corriste como zorra.

    Ángela duda, incluso siente indignación al recordar que la dejó a medias y por un segundo medita si responderle o dejarlo en visto, pero al final, al recordar la calentura que le provocó y lo ganosa que la puso, decide contestar:

    Ángela: Bien… me corrí como nunca, pero…

    Orlando: ¿Pero qué, perra?

    Ángela: Me calentaste y me dejaste a medias…

    Orlando: Eres una perra caprichosa, eso se te nota a leguas, pero yo voy a convertirte en una zorra obediente, algo así como una fiel mascota.

    Y está de nuevo; esa actitud autoritaria la pone a mil e inmediatamente siente un calor intenso apoderándose de su cuerpo. La chica nuevamente se queda sin palabras.

    Orlando: ¿Ya estás caliente como callejera, verdad?

    Ángela: Lo estoy…

    Orlando: Tócate el coño y repite en voz alta “soy una puta, soy una perra, soy una zorra”

    La joven obedece sin chistar, al tocarse la cuca; se le resbalan los dedos por la humedad; se aprieta el clítoris, se abre los labios hinchados; sentirse insultada, humillada por aquel tipo, es tan excitante que no puede resistirse a ello.

    “Soy una puta, soy una perra, soy una zorra”

    “Soy una puta, soy una perra, soy una zorra”

    “Soy una puta, soy una perra, soy una zorra”

    “Soy una puta, soy una perra, soy una zorra”

    Se repite una y otra vez; frotándose el clítoris compulsivamente hasta que su celular suena de nueva cuenta.

    Orlando: ¡NUNCA ME DEJES EN VISTO PERRA DE MIERDA!

    Ángela: Lo siento… es que me excite tanto que no pude parar de tocarme.

    Orlando: Mandame un video dedeandote, golfa.

    Ángela se lo envía al instante.

    Orlando: Rica cuca de zorra.

    Ángela: Será tuya cuando desees.

    No puede creer lo regalada que acaba de ser, pero le es imposible contenerse, su puta interna la está controlando por completo y en ese mismo instante, daría el mundo porque Orlando se la estuviera metiendo.

    Orlando: Ya lo ves, ya eres mi puta, mi perra, mi juguete sexual.

    Ángela: Si! lo que digas Orlando.

    Orlando: Nada de Orlando; desde ahora dirígete a mí como Amo ¿entendido puta?

    Ángela: Entendido, amo.

    Orlando: Muy bien puta, así me gusta. ¿Hoy tienes clase?

    Ángela: Hasta medio día, amo.

    Orlando: Así que estas disponible en la tarde, golfa.

    Ángela: Si, estoy disponible y dispuesta para ti, amo.

    Orlando: Muy bien, vas a vestirte como una vulgar puta. Más tarde te daré indicaciones, bye.

    El corazón de la joven late desbocado a la par que una excitación insoportable se apodera de su ser ¿qué tendría planeado Orlando para ella?

    Los primeros rayos del sol se cuelan por la ventana y Ángela se mete en la ducha; disfruta de un baño caliente frotándose la piel húmeda mientras fantasea con la culeada que seguramente Orlando le dará en un par de horas. Sale del baño envuelta en la toalla y tiritando de frío. Su nuevo amo, le ha ordenado llevar un look de puta; piensa detenidamente en qué ponerse y al final se decide por una falda púrpura tipo colegiala, que termina a medio muslo; junto a unas botas de cuero rojas que le llegan hasta la rodilla. Para su torso, elige un crop top negro y de tirantes que deja su abdomen descubierto. Debajo solo lleva un tanga de encaje color rosa.

    Empaca un jean y una chaqueta en su mochila e inmediatamente sale para evitar que su padres la vean con semejante pinta. En el transmilenio, se lleva las miradas morbosas de todos los tipos que hay en el vagón y tiene que soportar uno que otro comentario atrevido. Disfruta observando a todos los que la miran embelesados deseando follarsela y sonríe con picardía. Ya en la universidad, la cosa no cambia mucho, sus compañeros sorprendidos se fijan en su facha y cotillean a sus espaldas, ella sin embargo decide ignorarlo por completo.

    Pasadas las 10 de la mañana recibe un mensaje de Orlando:

    Orlando: Muéstrame tu pinta de perra.

    Ángela: En seguida, amo. -se dirige al baño donde se encierra en un cubículo y se saca un par de selfies- ¿te gusta, amo?

    Orlando: Nada mal, puta, nada mal; tienes vena de zorra. Te quiero aquí a las dos en punto -le envía una ubicación de google maps- ¿entendido perra?

    Ángela: Si, amo, entendido.

    A partir de ese momento, Ángela, sufre un suplicio; siente los minutos como siglos, no puede esperar porque llegue la hora indicada para ser follada por ese macho que tan puta la ha puesto. En la última hora de clase, su calentura crece a tal punto que con disimulo se lleva un esfero a la entrepierna y se frota el clítoris con él; mientras mordisquea el cable de sus audífonos. Se moja tanto, que sus jugos vaginales le escurren por el muslo. Y justo cuando está por alcanzar el orgasmo se detiene en seco; no quiere gemir como zorra frente a todo el curso.

    Cuando llega la hora de salida; sobre su asiento puede observarse un pequeño charco y por la cara interna de sus muslos, se extiende una fina capa de humedad que le otorga un brillo especial a su piel blanca. Revisa la ubicación que su amo le envió; es en la zona industrial, a medio camino entre la carrera 36 y la calle 12. Sonríe emocionada y observa el reloj, ansiando que prontamente anuncie la hora del candente encuentro.

    A las dos de la tarde, Ángela llega al punto de encuentro; es un callejón solitario, sucio y maloliente, la joven empieza a arrepentirse de haberse prestado para aquel juego, en realidad no sabe mucho de Orlando ¿y si es un tratante de blancas? ¿un asesino? o ¿un violador? Experimenta un horripilante vacío en el estómago al imaginarse prostituida en un burdel de mala muerte, quien sabe en qué país. Observa el reloj: ya son las 2 con 10, decide que si Orlando no llega en cinco minutos, se marchara y lo bloqueara de redes.

    El plazo se cumple y Ángela se da media vuelta para regresar a casa; pero cuando ha dado tres pasos, alguien la toma del pelo y le dobla un brazo en la espalda pegándola contra un muro ennegrecido y derruido; ella forcejea e intenta gritar, sin embargo, su atacante le tapa la boca. Aquel tipo, le restriega la verga por el culo sin ningún respeto ni pudor, la joven se encuentra aterrada, tanto que dos lágrimas se desgajan de sus ojos. Siente la lengua de ese hombre deslizarse por su mejilla:

    —Ummm… sabor de perra en celo.

    Al escuchar aquello, su temor mengua y se excita levemente. Es Orlando, sin lugar a dudas; le ha reconocido la voz. Sosteniéndola con fuerza, la conduce hasta el interior de una vieja bodega abandonada y al entrar en aquel lugar, que se encuentra iluminado por una tenue luz rojiza, la empuja con rudeza contra la pared y tirando nuevamente de su cabello, se dirige a ella:

    —¿Acaso pensabas dejar metido a tu amo, perra miserable? -le espeta propinándole una sonora nalgada-

    —Ahhh… -gime ella ahogadamente- Perdón, perdón amo… vi el lugar y me asuste…

    Orlando, guarda silencio mientras le jala el tanga con violencia hasta meterlo entre sus labios vaginales; le muerde la nuca y de nueva cuenta, le azota el culo sin piedad -tas tas tas- resuenan las nalgadas; el trasero de la joven rebota como gelatina, se enrojece y punza.

    Aquel castigo, produce una explosión hormonal en Angela; siente un cosquilleo intenso por toda la vagina y un agradable vacío apoderarse de su pecho, no puede hacer nada más aparte de gemir:

    —Ahhh… ahh… amooo…

    Orlando se detiene, le chupa el lóbulo de la oreja y le espeta en tono imponente:

    —Te llegó la hora de saber lo que es un hombre de verdad, puta zorra.

    Ángela solo asiente, deseando que aquello continúe.

    El joven la voltea con rudeza y la empuja de los hombros; la chica se acerca a su entrepierna, dispuesta a hacerle una felación, pero en respuesta recibe una bofetada.

    —Aún no, puta golosa.

    Inmediatamente, se despoja de su cinturón para ponérselo a la joven a modo de collar; —ahora sígueme, a cuatro patas como lo que eres; una miserable perra -le espeta sosteniéndole el rostro con sus manos para finalizar escupiéndola.

    La chica se humedece al instante; se caliente como bistec al carbón y su perra interior sale a flote para responder emocionada:

    —¡Si, amo! como usted ordene.

    —Muy bien; puta. -Recorre un pasillo largo que desemboca en una habitación mediana; donde hay un sillón; una cama, un televisor viejo; una pequeña mesa de madera y unos cuantos baúles.

    La deja justo en la mitad de la sala y él sigue hasta el sillón, donde toma asiento. Se sirve una copa de vino para darle una nueva orden a la joven:

    —Acércate gateando; mientras bates el culo y ladras como perra.

    Ángela, presa de la excitación y del deseo, lo hace; se pone en cuatro y avanza a gatas lentamente; mueve las caderas de lado a lado, con una sensualidad insuperable e imita los ladridos de un canino -Guau, guau, guau.

    Se siente como cualquier basura; tan poca cosa, tan miserable, tan puta y aquella transgresión de lo tradicional solo ocasiona que su excitación aumente, finalmente llega hasta su amo y se arrodilla frente a él, esperando órdenes.

    Frente a sus ojos, Orlando se descalza y al dejar sus pies desnudos le ordena besarlos y lamerlos; ella lo mira incrédula, cosa que no le gusta para nada al joven y en consecuencia le propina una bofetada:

    —¿Acaso eres sorda, puta?

    —Perdón, perdón mi amo -Se disculpa ella un tanto temerosa.

    Sin rechistar hace lo que su amo le pidió: empieza dando pequeños picos sobre el empeine, recorriéndolo de arriba a abajo con lentitud y alternándose de pie en pie, continúa recorriendo toda la extensión con su lengua; lame como si fuese un helado del más exquisito sabor y finaliza chupando, uno a uno, todos los dedos con auténtica devoción. Al terminar, los fluidos de la joven emanan del interior de su vagina.

    Orlando la mira complacido y decide premiarla:

    —Muy bien, perra, muy bien, ahora vas a tener tu premio.

    —Gracias, señor -replica ella expectante-

    —De rodillas, con las manos sobre los muslos y la mirada al suelo, mientras yo regreso.

    Ángela adopta la posición con apuro.

    En cuestión de minutos Orlando regresa con dos platillos de mascota. Los pone frente a ella; uno contiene concentrado y el otro agua:

    — Anda perra, come, disfruta tu premio.

    La joven obedece y en cuatro patas se acerca hasta los cuencos, hunde el rostro en el que contiene la comida para empezar a tragar; entretanto, Orlando se ubica a sus espaldas para levantarle la falda y empezar a juguetear con su trasero; lo acaricia, lo amasa, lo rasguña y lo mordisquea, mientras que Ángela emite quejidos cada vez más fuertes.

    —Ahhh… que rico…

    Orlando, continúa magreando el trasero de la joven durante unos minutos; viendo de primer plano como su humedad aumenta; está tan mojada que los jugos le escurren a borbotones por los muslos, esto le produce al joven una erección inmediata. De un jalón le quita las tanguitas y separándole las nalgas, prueba su vagina; siente los fluidos tibios y viscosos; junto a un sabor salado, Ángela, se retuerce al sentir como la lengua de su amo le recorre la vagina de principio a fin:

    —Ahh… Siii… más, mas, mas!

    El joven dominante, recorre su clítoris con experticia; yendo de arriba a abajo, con lentitud, pero intensamente; generando hendiduras en el pequeño bulto carnoso a medida que su lengua lo transita. Los músculos de Ángela se tensan, mientras siente como si un oasis estallara dentro de su vulva; que parece manguera abierta, mientras por su garganta se escapan decenas de gemidos excitantes:

    —Ahhh… -gime mordiéndose los labios y apretando los puños-

    Tras unos minutos, Orlando se detiene en seco:

    —Ya fue suficiente perra, es hora de empotrarte como callejera.

    El rostro de la joven se ilumina y no tarda en reponer:

    —Hágalo señor, follese a esta perra que está hambrienta de su verga. -cuando el joven se pone incorpora ella se inclina para besarle los pies.

    Orlando toma el cinturón para conducirla hasta el borde de la cama; una vez allí, la jala del pelo y con rudeza la tira sobre el colchón:

    —En cuatro, zorra caliente -le ordena mientras hurga en uno de los baúles.

    Al regresar, le pone los brazos en la espalda y le esposa las muñecas. Sube su minifalda, dejando culo y coño expuestos; tras ponerse el preservativo enrolla el tanga húmedo en su verga y de un espetón la penetra hasta el fondo.

    —Ahh -grita Ángela, al sentir como aquel trozo de carne descomunal se inmiscuye en su interior y como la tela del tanga raspa sus paredes internas, la verga de Orlando la llena por completo, hasta golpear su cérvix.

    Entre tanto, su joven amo; empieza con un ritmo brutal; la tira del pelo haciendo tensar su piel facial al punto de hacerle sentir que se le van a salir los ojos de las cuencas, mientras que la embiste como bestia; con cada empellón sus labios vaginales salen y entran sujetos al miembro del joven; el roce del tanga le hace experimentar una sensación de placer y dolor indescriptible.

    —Toma puta, ¡perra miserable! – goza como callejera con mi verga.

    —Ahhh amooo, por favorr!! ¡No me saque nunca esa verga de machoo, soy su puta su zorra!! ¡Su esclava!!

    Unas cuantas penetraciones más y Ángela, se corre convulsionando de placer. Sus fluidos empapan el colchón, mientras ella grita y se retuerce, aún con la verga de Orlando en su interior.

    El joven, sin perder tiempo le libera las manos, para darle vuelta y esposarla a la cabecera; hurga en su vagina para sacar el tanga y amordazarla con él; lo mete entre su boca y de los baúles toma un rollo de cinta transparente junto a unas pinzas para pezones, que están unidas por una cadena. Envuelve su boca con cinta y le pone las pinzas apretándolas hasta producirle un dolor soportable. Ángela se siente indefensa, a su total merced: esa vulnerabilidad, el no poder moverse; hace que un infierno se encienda entre sus piernas; el sentir el sabor de sus propios jugos la hace sentirse la más puta de todas.

    Orlando se acomoda entre sus piernas para empotrarla de nuevo; a medida que la embiste con rudeza; pellizca y estira su clítoris hasta casi desgarrarlo, mientras que jala las pinzas tensando sus pezones y ocasionándole oleadas de dolor cada que sus tetas rebotan por las embestidas:

    —Mmm… mmm -emite Ángela quejidos ahogados; mientras su calentura crece a un nivel inesperado: la privación del habla, de los movimientos; el dolor que le producen las pinzas y su clítoris sodomizado; es un cúmulo de sensaciones que la lleva al límite –

    Orlando le retuerce el clítoris a más no poder y jala la cadena hasta hacer sangrar sus pezones; mientras que la empotra como bestia, hundiéndose hasta su tope y revolcándole las paredes de maneras impensables; la cama tiembla y Ángela se retuerce como posesa alcanzando el orgasmo más intenso de su vida; a medida que se corre siente que se desmaya de placer.

    Mientras recupera el aliento, su amo la desata y al terminar, la toma por los cabellos llevándole la cabeza hasta su verga; la joven abre la boca gustosa y Orlando le hunde el miembro hasta la garganta; empezando a follarsela salvajemente; provocándole arcadas, lagrimeos y haciéndola babear; entre tanto le bofetea las mejillas:

    —¡Ten! ¡ten! puta perra, recibe en tu hocico de golfa mi verga de macho, zorra, que solo para eso sirves para engullir verga.

    Ángela permanece inmóvil recibiendo la verga de su amo; siente que por el tamaño le va llegar hasta el estómago; le arde la garganta y le duele la mandíbula, mientras que sus labios tocan la pelvis de Orlando.

    Siente como aquel miembro se tensa en el interior de su garganta; mientras su amo emite un jadeo largo y la sostiene del pelo:

    —Ahh…

    Segundos después, estalla: descargando chorros y chorros de semen tibio y espumoso, que se deslizan por su garganta. Finalmente, le saca la verga de la boca. Ángela recupera el aliento, mientras con el dorso de la mano se limpia los restos de semen que quedan en sus labios.

    —Nunca me habían dado una culeada tan bestial, amo. -le espeta inclinándose para limpiarle el miembro.

    Pero Orlando la detiene en seco:

    —Estuvo bien por hoy, ya fue suficiente. Apenas para iniciarte, puta.

    —Pero amo… aún tenemos tiempo y quiero que me folle más… por favor.

    ¡Zas! una bofetada: —He dicho que es suficiente, perra.

    La joven asiente con lágrimas en los ojos.

    —Vete, ya recibirás órdenes

    —¿Me puedo cambiar? -pregunta ella- es para que mi familia no me vea así, por favor amo.

    Orlando le otorga el permiso.

    Ángela sale y se percata que en el mismo punto en el que ella fue citada, hay una joven con pinta de puta, mirando el reloj con impaciencia.

    Continuará…

  • Todo entre hermanos

    Todo entre hermanos

    Soy Rodrigo, tengo 33 de edad, no tengo un cuerpo musculoso y tampoco tengo mucha suerte con las mujeres.

    Tengo un hermano llamado Juan.

    Juan es tres años menor que yo; pero, eso sí, somos muy unidos.

    Todo comenzó hace 4 años, cuando en la carrera y estando en el último año ingreso Flor.

    Flor es una chica en sus 29, delgada, 1.68 de estatura, piel canela, pechos medianos, un trasero bien formado y piernas torneadas.

    Ella me gustó mucho desde que la vi, intente de todo para acercarme, pero ella se fijó en mi hermano Juan, gracias a una fiesta que organice en casa.

    Pasado el tiempo, ellos se casaron, no tuvieron hijos en todo ese tiempo, porque Juan quería que ambos se realizaran en lo profesional.

    Yo me realice en mi carrera de ingeniería en sistemas. Para ese momento no me había casado.

    Cada fin de mes iba a visitar a mi hermano y cuñada.

    Como es nuestra costumbre, después de comer, vino el alcohol, pero esa vez nos excedimos en la tomadera. Bien. Tanto Juan como Flor se veían ambientados y desinhibidos.

    Empezamos a jugar a la botella y cada vez iba subiendo de tono en cuanto a verdad o reto.

    Para el momento me toco contestar una verdad que mi hermano me impuso y la respuesta fue… ¿Te gusta mi esposa?

    En un momento de silencio respondí afirmativamente.

    Flor. Lejos de incomodarse, cruzo sus piernas, procurando que su vestido floreado subiera más de la cuenta, dejándome ver casi el término de sus piernas, intuí que tenía una tanga; pues no se veía mucha tela, mas que un pequeño borde amarillo.

    Volvió a tocarme una pregunta, pero ahora por parte de mi cuñada.

    No quise contestar porque se trató de una fantasía sexual y me daba pena contestarla y mas a mi cuñadita.

    Juan, con ojos de malicia, le dijo a Flor algo al oído. Ella se quedó callada y luego me puso el reto.

    Yo me quedé sorprendido con tal cosa.

    Aquello era nada mas y nada menos que fajar con ella.

    Bueno. Al convencerme, Flor se sentó a mi lado, poniendo sus piernas sobre las mías y así me dio un beso que hizo que sin tapujos recorriera gran parte de su cuerpo.

    Con ansias le metí un dedo en su vulva y alcance a acariciar su clítoris.

    Realmente no quería acabar, pero mi hermano nos miraba y aparte a la que manoseaba era su esposa.

    Así que pronto la separe de mi.

    Busque cualquier pretexto para salir de casa de mi hermano.

    Me sentí mal por aquello, pero esa noche me pajeaba recordando el cuerpo de mi cuñada, de cómo recorrí su cuerpo, tocando sus pechos, sus piernas y vagina.

    Pasadas dos semanas, no les marque por teléfono, ni ellos a mi.

    No es que sea un mojigato, pero vamos. ¡Es la mujer de mi hermano!

    Me arme de valor y fui a visitarlos un día que ellos no me esperaban.

    Flor atendió a la puerta.

    Se veía muy bien.

    Llevaba un short de mezclilla muy corto, una camiseta de tirantes bien ajustada y no tenía brasier.

    Al pasar me comento que Juan llegaría tarde y que si gustaba esperar.

    Después de un café que me sirvió, le comente que lo sucedido ese día estuvo mal y mas porque es mi cuñada.

    – Pero te gusto ¿no?

    Pregunto Flor, como no le respondí, ella prosiguió.

    – Mira Rodrigo, somos adultos y sabemos lo que queremos. No te preocupes, al cabo fue idea de tu hermano y tú viste cuando lo sugirió ¿no?

    Ahora. Tu sabes que antes de casarme con Juan tuve muchas aventuras y soy una mujer liberal, que quiere experimentar cosas nuevas y tu hermano está de acuerdo con hacer o un trio o un intercambio. Obviamente seria nuestra primera vez y queremos a alguien de mucha confianza y tú eres esa persona, pero si te sientes incomodo, no insistiremos. ¿Ok?

    Tu a mi me gustas, pero por tu timidez y dedicación a tu carrera, no pasó nada entre nosotros.

    Lo único que conteste fue…

    – ¿En serio te gusto?

    – Claro. ¿Lo dudas?

    Pronto se puso de pie, avanzo hacia mi, colocándose como aquel día.

    Repetimos lo sucedido, solo que ahora, me atreví a desnudarla.

    Con mi boca me aferre a sus pechos, tomando sus pezones con mis dientes, como se quedó con una tanga roja, me calentó mas.

    Casi devore su cuerpo con besos lamidas, mordiscos, hasta que llegue a su vagina.

    Ella me ordeno que la penetrara.

    Haciendo esto, la bombeaba con ganas en la posición de misionero, devorando su boca.

    Hice que se montara en mi, como si cargara algo, la lleve a la recamara, la coloque en cuatro, dándole un beso negro que hizo que tuviese un orgasmo lleno de gritos.

    Quise bombearle el culo cuando escucho…

    – ¡Rodrigo! ¿Qué haces? ¡Ese culo es mío!

    Del susto hasta la erección se me bajo, quede espantado por la presencia de mi hermano.

    Pronto Flor se le acercó, le bajo los pantalones, sacando su verga erecta y rápido lo metió a la boca.

    Yo veía pasmado que Juan no me golpeara, solo disfrutaba de las mamadas que mi cuñada le propinaba.

    Juan se quitó su corbata y camisa, para voltear a su esposa y así encularla.

    – Anda Rodrigo, ven y disfrutemos a mi hembra; al cabo, tu nos uniste ¿no? Deja que te de las gracias.

    Flor se acercó para darme unas mamadas, cosa que me repuso la erección.

    Flor se sentó encima mío, enculándose ella sola, en lo que volvía a mamar a mi hermano.

    Luego de un rato Flor dijo. «Quiero sándwich». Juan y yo nos miramos atónitos. Ella me acomodo en la cama, se clavó la vagina y él se la clavo de nuevo en el culo.

    Se sentía apretado; pues podía sentir el miembro de mi hermano al otro lado de la piel de esa cachonda mujer.

    Ella me besaba como al principio, dando gemidos por ser clavada por dos.

    Ahora ella se acostó dando la espalda para que yo le clavara el culo y mi hermano la vagina.

    El peso y el movimiento de ambos hacían que no me pudiera mover, pero aun así lo disfrutaba y mucho.

    Al cabo de unos minutos sentí que alguien se vino encima. Era Juan que junto a su esposa, tuvieron un orgasmo encontrado.

    Flor limpiaba a mi hermano con su lengua. Por mi parte, volví a penetrar a Flor por la vagina, pero ella me pidió que le llenara el culo.

    Luego de venirme en ese agujero, ella me limpio como a mi hermano, solo que tuve otro orgasmo y gustosa se tomó todo.

    Bajamos a la sala, charlando de lo ocurrido. Juan hacia mofa de mi mojigatería y Flor agradecía que ambos le cumpliéramos su fantasía.

    Yo comente que me hubiera gustado tener a Flor para mi, a lo que mi hermano y ella gustosos me dijeron que cuando gustara.

    Quedamos en que cuando tuviera novia o esposa la convencería para estar los cuatro juntos.

    Así todo quedaría entre hermanos.

    Vladimir escritor.

  • Me cogí a mi tía Vicky y llega visita a la casa de mi mujer

    Me cogí a mi tía Vicky y llega visita a la casa de mi mujer

    Después del último juego de las llaves donde mi esposa no quiso ir por problemas de mareos y vómito, después de unos días de estar así, me dio la sorpresa de que estaba embarazada que estaba muy feliz por convertirnos en papas, PERO hay algo que ella no sabía, por eso cuando me dio la noticia me puse un poco irritante pero no quería que ella notara eso, ya que a la edad de 15 años tuve un accidente en motocicleta donde me golpeé los testículos y me tuvieron que operar, me quitaron un testículo y me dijeron que ya no iba poder tener hijos que había quedado estéril.

    Ella contenta se puso a decirle a toda la familia y a nuestros amigos, yo estaba furioso por eso, por qué mi primer sospecho de que fuera el papá del bebé era juan el de los juegos de las llaves.

    Así que ese día salí de la casa y me dirigí a unos 200 metros donde vive mi tía Vicky.

    Ahí estaba ella, una mujer de 59 años, estatura de 1.60, pelo guero con cañas, sus tetas sostenidas por el brasier, pero eso si unas piernas y unas nalgas muy buenas.

    Llegue a visitarla:

    Y: hola tía

    V: hola sobrino, qué milagro que vienes

    Y: ya ve tía vengo a visitarla tengo rato que no la visito

    V: pasa, vamos a la sala a platicar.

    Cuando pasamos a la sala, llegó su esposo un viejo borracho que no tiene negocio más que estar tomando, pero como venía borracho solo saludo y se subió a su cuarto.

    Mi tía y yo estábamos platicando, pero comencé a ver a mi tía con ganas de cogérmela, estaba platicando y yo solo ponía atención a sus tetas y la manera en que movía su boca.

    Después de un rato me deje ir sobre ella y la bese, el beso duro como 5 segundos cuando ella me separo

    V: que te pasa, te sientes bien

    Y: discúlpeme, pero desde que llegue me tiene excitado

    V: vamos, vete antes que llegue alguien o baje tu tío

    Nos paramos y en ese momento la comencé a besar de nuevo, la lleve a la pared y ella trataba de zafarse pero des pues de un tiempo accedió a los besos, tanto así que me comenzaba acariciar la cara con sus uñas largas.

    Seguí besándola y después comencé a tocarle sus tetas sobre el vestido que traía, ella comenzó a desabrochar mi pantalón y bajo mi bóxer, mi pene estaba completamente erecto, metí la mano debajo del vestido, le baje su calzón, y así pegada a la pared, levante un poco su pierna e introduje mi pene, mi tía levanto la cabeza y comenzó a disfrutar de las embestidas que le empezaba a dar, después de un tiempo ella me abrazó con sus dos piernas y comencé a darle mas duro mientras ella me besaba y me gemía al oído, también me decía que le siguiera dando a ese ritmo que estaba caliente y a punto de venirse, y si efectivamente tuvo un orgasmo el cual ella bajo la intensidad, pero al notar eso, le comencé a dar más duro y después de unos minutos tuvo otro orgasmo, me aventó al sillón, se quitó su vestido y se montó sobre mi verga, dejando al aire libre sus tetas un poco caídas por la edad pero eso no me importó para comérmelas, estaba teniendo una excelente cogida, el enfadoso de su esposo empezó a gritar que le llevara agua, que tenía sed

    V: aaayy voooy ossscar, ahoritaaa te la subooo

    Decía entre gemidos de placer.

    V: sobrino no pares que ya voy a acabar

    Y efectivamente termino estaba completamente mojado mi pene por sus fluidos vaginales, era tanto el líquido que cada que subía y bajaba se escuchaba el clapp, clapp.

    Yo no había terminado, y de pronto mi tía se desmonta de mi verga, y se inca para comenzarme a pegar una hermosa mamada, me chupaba todo el pene dejándolo limpio de sus fluidos vaginales, yo comencé agarrarla de su pelo y le hice saber que venía la descarga de leche, ella no desperdició nada y se la tragó toda, me dejo limpio el pene.

    Después fue a la cocina agarro un vaso de agua y se lo llevo al enfadoso de Óscar, pero mi tía ni siquiera se vistió así desnuda, subió para después bajar con desnuda y con unos tacones rojos puestos v: sobrino quiero que cumplas mi fantasía de hace muchos años, quiero que primero me Chupes mis pies y después me cojas con de perrito con los zapatos puestos y cuando vayas acabar me eches tu leche en mis pies.

    Y así fue la muy caliente primero se acostó, estiró sus pies y me hizo que se los chupara después de un rato, se puso de perrito para que la penetrara, creo que me excedí un poco con las embestidas que le daba y con las nalgadas fuertes, pero ella no decía nada al contrario mas gemía, cuando le dije que ya iba terminar se acostó y puso cerca sus pies de mi pene para que yo se los llenara de leche, cuando cayeron los chorros de leche, comenzó a pasar toda la leche por sus pies y después se llevaba la mano a la boca.

    V: sobrino, después de tanto tiempo me has dado una buena cogida.

    Y: tenía muchas ganas de cogérmela

    Me comencé a vestir para después salir de la casas de mi tía, y me dirigí a la casa donde me lleve la sorpresa, que ahí estaba juan platicando con mi esposa, de qué platicaban no sé, a lo mejor en el transcurso que me fui ellos cogieron sin que me diera cuenta, o solamente platicaban y yo me estoy haciendo ideas.

    Quiero escuchar sus opiniones por favor dejen sus comentarios de lo que ustedes pensarían.

    Nos vemos en el siguiente relato que por cierto viene muy bueno.

  • Sometido por papá

    Sometido por papá

    Hola después de tanto tiempo,  siempre paso algún tiempo sin publicar y es que a veces salgo de la ciudad para relajarme del trabajo, pero esta vez pude hacerlo con mi papá quien últimamente hemos agarrado un gran cariño padre-hijo, y no solo porque lo hacemos muy a menudo sino porque nos llevamos bastante bien, hablamos mucho, pero sobre todo experimentamos en cama las cosas más locas que se nos ocurren; una de ellas fue el disfraz de Sailor, y por otra parte el sexo duro, tanto así que terminando noviembre compre en una sexshop un kit bondage, con collar y cadena, esposas, un par de puños, cuerda, un antifaz, una mordaza y un látigo, todo para dejar volar nuestra imaginación.

    Luego de preparar todo para la acción, nos reunimos en mi casa el domingo, pues mi madre iba a estar trabajando todo el día hasta tarde, y mi padrastro venía hasta el siguiente día, llegamos del centro luego de comprar las cosas necesarias, incluyendo lubricante y aceite para el cuerpo; dimos una vuelta por la casa pues era la primera vez que invitaba mi papá a mi casa, llegamos hasta mi habitación, pusimos una sábana nueva sobre mi cama para no mancharla con aceite y todo lo que se viniera luego; nos desnudamos un rato, de vez en cuando masajeaba su verga y luego platicábamos, y así un buen rato, no había prisa, teníamos todo el día y apenas eran las 12:00. Decidimos darnos una ducha, comencé por enjabonar la herramienta que se carga mi jefe y la enjuagaba para chuparla, en un momento salí y fui por mi dildo para ir empezando con la diversión, tome los dos penes frente a mi y me los metí como pude a la boca, tenían casi el mismo tamaño, me prendí de inmediato, me vino a la mente repetirlo pero con las vergas de mi papi y Martín, uff me emocioné tanto que casi eyaculo; luego pegué el dildo a la pared a la altura de mi culo y empecé a introducirlo mientras seguía mamando la verga de mi papá; el vaivén era lo máximo, entraba un pedazo de carne en mi boca y salía un trozo de goma en mi pared anal.

    Luego me hinqué y puse mi dildo debajo y continué chupando, lo hacía muy rico, papá empezó a gemir, no quería que se viniera así que paré; seguimos bañándonos, me dio la vuelta y me empezó a dar nalgadas con ambas manos, eso me gustaba mucho últimamente, ya no podía esperar para probar el kit bondage; terminamos y nos fuimos así desnudos a mi cuarto, encendimos la tele y nos secamos un poco, inicié por ponerme aceite sobre todo el cuerpo, hice lo mismo con papá, en eso me dio la vuelta y tomo mi plug rojo, le coloco algo de lubricante, él se sentó con las piernas cruzadas en la cama y me giró boca abajo, acercó mi trasero sobre su verga erecta y me empezó a nalguear muy fuerte; yo me las agarraba pero entonces me puso las esposas sobre un borde de la cama para no moverlas y en eso comenzó a meterme el plug en mi culito, eso le gusta mucho, lo sacaba y me lo llevaba a la boca para lamer y volverlo a introducir; y entonces continuo con mi dildo, lo metía con mucha fuerza y lo empujaba hasta adentro, dolía un poco por la posición, luego ató mis tobillos con los puños y con las piernas juntas empezó a cogerme muy lento, pero luego aumentaba y bajaba el ritmo; con el látigo me daba de golpes en la espalda y en las nalgas.

    Mi trasero terminó muy rojo ese día pero casi sin heridas graves, mi pene ya no aguantaba mucho, brotaba todo el precum que podía, no podía tomar nada, mis manos estaban esposadas; luego me desató y volteó para atar mis manos de nuevo a la cabecera y mis pies sobre mi cabeza, se reposó encima de mí y me penetró, mis pies casi tocaban sus hombros, mi espalda se arqueaba y mi ano a su disposición me llenaba con su mástil duro, me colocó la máscara para no ver nada, ahora sé lo que sentía Anastasia en 50 Sombras de Grey; se sentía genial sentir el aceite en mi cuerpo. Después de eso, me quitó de la cabecera y me volteo de nuevo boca abajo y puso mis pies y manos por atrás de mi espalda, algo incómodo pero logramos hacer una buena forma de coger, resultaba incómodo para el por lo que me puso casi al borde de la cama y me siguió follando, era increíble y delicioso.

    Luego me desató y subió encima de mi, puso mi pierna izquierda sobre su lado izquierdo mientras mi pierna derecha por debajo de su pierna derecha, me colocó el collar con la cadena y levantó mi cabeza a la altura de su cabeza, como si fuera un sándwich, era la gloría en su máxima expresión, cosas que nunca antes habíamos probado; eventualmente me volteó boca arriba y me ató de los pies de nuevo y me enredó las piernas con la cuerda hasta los tobillos, dobló mis rodillas y las hizo hacía un lado, levantó mis nalgas y prosiguió a meterme la verga hasta adentro, yo le dije que para porque ya me iba a venir, pero continuó hasta que eyacule sobre mi pecho, gemí como una putita, me decía: «¿te gustó perrita?», yo le respondía: «sí, papi, me gustó mucho, sígueme cogiendo».

    Después hicimos una que me incomodó bastante, quitó la cuerda y me ató las piernas dobladas por detrás con mis pies en mi trasero, me recostó y todo el peso caía sobre mis piernas, con las manos de nuevo atadas a la cabecera, me penetraba fuerte y rápido, no sé como no se venía ya. Luego lo hicimos de lado, con mis manos por detrás, la mayoría eran posiciones incomodas realmente pero no le quitaba lo cachondo. Luego paramos para ver todo el desmadre que hicimos, nos pusimos a pensar como pasamos de ser unos desconocidos a una relación sado padre-hijo, yo realmente no le di importancia, siempre me ha gustado el sexo, solo que ahora el incesto estaba de por medio.

    Pasamos a hacerlo de perrito, quitando ya las cuerdas y todo eso, menos la correa, me jalaba hacía el. Me volvía a dar con el látigo, hicimos las tradicionales, como coger de pie, misionero, aunque todas con los ojos tapados.

    Ya por ultimo me puso boca abajo y levantó mi culo, me perforaba el ano, hasta que se sacó su verga y con mi dilatado ano, comenzó a chorrear su semen dentro de mi agujero, uff se sentía rico y calientito, lo sostuve como pude y me giré para quedar con el trasero levantado lo mas que pude, pegado a la pared de la cama, mientras intentaba que saliera el semen de ano y cayera por encima de mi pene y entrara hasta mi boca, tuve que sincronizar muy bien toda la movida jeje, una sonora flatulencia salía de mí para dar paso al líquido que tanto me gusta, comenzó a bajar por mis pelotas, fue algo difícil por la postura, pero al final caía como lluvia hacía mi boca, fue tanta la excitación que me vine también en mi boca, lo máximo que la pasamos ese día. Nos tomamos un respiro y al cabo de unas horas continuamos haciéndolo.

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  • Una luz en mitad del camino

    Una luz en mitad del camino

    A las nueve de la mañana la cafetería estaba a rebosar y la aglomeración de gente dificultaba el acceso a la barra de las camareras. El barman atendía sus demandas y antes de preparar el pedido solicitado ya había otra camarera reclamando el suyo. Benito estaba sentado en la barra tomando su café y releyendo las ofertas de trabajo en el periódico.

    —¿Dónde están mis dos con leche y mis dos croissants? —reclamó una impaciente camarera.

    —Dos solos y un cortado —solicitó otra apoyando la bandeja sobre la barra. Benito pareció reconocer la voz y se volteó.

    —¿Laura? —preguntó sorprendido.

    —¡Benito! —exclamó. — ¡Cuánto tiempo! ¿Qué haces aquí?

    —Tomando café, ¿Y tú?

    —Trabajo aquí. ¿No te lo parece?

    —No te había conocido, —dijo para enmendar el desatino de su absurda pregunta.

    —Seguramente es porque han pasado quince años y peso como quince kilos más, —respondió ella con acritud.

    —Yo te veo bien, —mintió al ver que la envoltura de la protagonista de sus ilusiones y fantasías de juventud había transmutado considerablemente.

    —Gracias Benito, pero nunca has sabido mentir, —respondió sabiendo que verdad no había más que una.

    No la reconoció porque habían pasado años y el atractivo del que hacía gala antaño se había evaporado. Ahora era una cuarentona amargada y con sobrepeso, con tres churumbeles en edad escolar y un marido que había perdido el interés en ella hacía tiempo, por lo que sus salidas nocturnas eran cada vez más frecuentes. Trabajaba en la construcción hasta las seis de la tarde, sin embargo no llegaba a casa hasta la hora de cenar, y cuando entraba por la puerta lo hacía con algunas cervezas de más, mostrando casi siempre un comportamiento agresivo.

    Laura, que en el pasado había sido la reina del baile, se había convertido en el estereotipo de mujer que siempre había odiado. Entre tantos pretendientes que revolotearon a su alrededor en sus tiempos mozos, su elección fue la más desacertada. Uno de sus cortejadores fue Benito, quien lo intentó con tesón como ningún otro, en su lugar, Laura nunca le dio la oportunidad de subir un peldaño más y su relación no pasó de una buena amistad, en tanto Laura estuvo tonteando de flor en flor hasta que eligió libar de la más perniciosa.

    A pesar de ese primer instante de shock, todavía se le aceleraron las pulsaciones cuando la vio. Intentó encontrar algún resquicio del esplendor de la mujer a la que idolatró, pero si quedaba alguno, no estaba a la vista, sin embargo, algo de su esencia permanecía allí, ya que, al margen del desencanto inicial, sus sentimientos afloraron como si hubiesen estado en stand-by a la espera de reactivarse.

    Por su parte, la autoestima de Laura no pasaba por un buen momento y no le apetecía que Benito la viese en ese lamentable estado, habida cuenta de que antaño la había idealizado. En aquella época era ella la que controlaba la situación y la que elegía con quien se enrollaba y con quien no, en cambio, aquella vivaracha flor de primavera, era ahora una flor marchita, o al menos era así como se sentía.

    A Benito los años no le habían pasado la misma factura, sólo lucía unas canas que estaban allí como testimonio de su edad, ya que por lo demás, seguía siendo el mismo tipo normalito, poca cosa y sin nada destacable, pelo rizado, un tanto desaliñado y una delgadez impropia de su edad.

    Por el contrario, Laura intentaba camuflar esos kilos sobrantes en un uniforme de uso reglamentario que no ayudaba demasiado. Quizás era más un complejo suyo, —pretendiendo verse como a los veinticinco— que un problema real de sobrepeso. Tenía cuarenta, había dado a luz a tres churumbeles y las hormonas también se habían cebado un poco con ella, por lo demás, no existían otras irregularidades que no fuesen más allá de la edad.

    El uniforme se ajustaba a su cuerpo delineando sus anchas formas. El cinturón presionaba su cintura intentando vencer la presión de sus carnes, y, en cierto modo, algo las disimulaba. El bra batallaba por mantener aprisionados unos pechos que al escote le resultaba difícil, y un pronunciado canal invitaba a los clientes a pasear la mirada por él, y la de Benito no fue menos.

    —Tengo que dejarte. Estoy trabajando, —dijo ella disculpándose para no tener que dar explicaciones de cómo la había tratado la vida.

    —¿Puedo invitarte a un café después del trabajo, si no estás muy ocupada?

    —Tengo que recoger a los niños del colegio, —justificó su apatía, si bien, una luz se iluminó en su cabeza y pensó que no pasaba nada si le añadía un poco de aliciente a su vida. Un trabajo que no le gustaba, un marido al que detestaba, tres niños, a cual de los ellos más inquieto y desobediente, limpiar, cocinar y al día siguiente vuelta a empezar, fueron elementos concluyentes para aceptar su invitación, por consiguiente, pensó en encasquetar a los niños a su madre y aceptar su propuesta en aras de salir de una rutina que la estaba consumiendo lentamente.

    —Otra vez será, —se resignó Benito sin saber las elucubraciones de Laura en ese momento, ratificando una vez más su indiferencia hacia él en el pasado.

    Un cliente reclamó su pedido desde su mesa y Laura cogió la bandeja con los dos cafés solos y el cortado.

    —Salgo a las cinco, —le informó, y a continuación se dirigió a entregar el pedido a los impacientes clientes.

    Benito la contempló con cara de satisfacción mientras se alejaba (bandeja en mano) y su cuerpo le mandó una señal reconociendo que todavía seguía despertando en él sentimientos que habían estado adormecidos. La sangre fluyó a su entrepierna mientras la contemplaba inclinándose al depositar las bebidas en la mesa. Reparó en las bragas que se insinuaban a través del uniforme, gracias a las costuras, y se recolocó su entrepierna en una acción involuntaria, después salió de la cafetería, permaneció unos instantes en la acera sin tener un rumbo determinado e hizo balance de su vida.

    No se había casado. Hubo una tentativa después de dos años de noviazgo, pero en el último momento ella se echó atrás truncando de nuevo un futuro que imaginó prometedor. Después compartió alquiler y cama con otra mujer con la que pensó que tenían en común algunas inquietudes, pero nuevamente le salió rana cuando la sorprendió en el lecho retozando con otro. A partir de ese momento desistió del empeño de encontrar una mujer leal y el sexo se redujo a la masturbación, haciendo uso de sus fantasías, y en ocasiones, cuando se lo podía permitir, al sexo con mujeres que no exigían nada de él, únicamente el volumen de su billetera.

    Pese a que su situación económica siempre andaba por la cuerda floja entre trabajos temporales, invariablemente conseguía salir a flote alternándolos con posteriores prestaciones de desempleo y subsidios. De ese modo lograba vislumbrar algo de luz en un mundo que siempre parecía plantarle cara. En compensación, su carácter afable y optimista convertía lo difícil en sencillo, lo imposible en accesible y lo triste en llevadero.

    A las cinco menos cinco de la tarde ya estaba Benito en la puerta de la cafetería a la espera de que terminase Laura su jornada y veinte minutos después hacía su aparición ella con su uniforme de trabajo y un abrigo por encima.

    —¿Dónde quieres que tomemos café? —preguntó Benito.

    —Me da igual. Alejémonos de aquí cuanto antes. No quiero que me reconozcan.

    —Podemos ir a mi casa, —puntualizó Benito sin segundas intenciones.

    —¿Crees que eso es buena idea? —preguntó ella.

    —No veo por qué no, —matizó él.

    —¿Estás casado? —quiso saber.

    —No. Estuve a punto, pero algo no salió bien.

    —Me alegro por ti, —añadió con franqueza y sin titubear.

    —¿Tan mal te salió a ti? —se interesó Benito.

    —Está claro que no fue como yo lo esperaba, —sentenció.

    —Nunca lo es, Laura. Las cosas nunca salen como uno las prevé.

    —En mi caso salieron completamente al revés de cómo las imaginaba.

    —¿No eres feliz con tu marido?

    —No lo soy con él, ni con mi vida, pero es lo que me ha tocado en el sorteo. He pensado muchas veces que el karma tiene que existir y yo tenía mucho que purgar. Al final quien la hace la paga.

    —¿Por qué dices eso, Laura? Tú no eres mala persona.

    —No soy malvada, pero tampoco fui una santa, ya lo sabes.

    —Nadie lo somos, Laura.

    —Tú eres un buen tío, Benito. Siempre lo has sido, y yo te dejé al margen, pese a que siempre estuviste ahí, limpiando mis babas. No te traté como merecías. Quizás si lo hubiese hecho, mi vida sería más dichosa.

    —No te fustigues. Nunca podemos saber si las decisiones que tomamos son las correctas, lo que sí que sabemos es que siempre podemos intentar enmendar nuestros errores e intentar cambiar algo.

    —¿Me estás haciendo una proposición, Benito?

    —¿Y por qué no?

    —¿Sabes?, siempre te subestimé. Era consciente de que siempre estabas ahí hiciese lo que hiciese, en cambio, nunca te tomé en serio y reconozco que me equivoqué. Me fijaba más en la fachada y en lo superfluo que en el interior y tú siempre tuviste un gran corazón, y veo que sigues conservando esa bondad que te caracteriza.

    —Vivo aquí, —dijo Benito señalando la modesta portería.

    —Me has traído a tu casa… —advirtió.

    —Ha sido sin querer.

    —Evitarlo… —añadió Laura con una sonrisa.

    —¿Quieres subir? No tengo muchos lujos, pero tengo café.

    Laura pensó en su marido, pero no por si le hacía daño, sino para hacérselo. Benito conseguía que se sintiera bien a su lado, incluso lograba que, en cierto modo le resultara atractiva y no un mero saco de carne.

    El piso era austero: un pequeño salón, una diminuta cocina, un baño y una habitación completaban los cuarenta y cinco metros cuadrados de la vivienda.

    Entraron directamente en el salón y un intenso olor a cerrado y a comida rancia golpeó sus fosas nasales. Laura dio un repaso fugaz al habitáculo confirmando la ausencia de un toque femenino. Un sofá desvencijado de dos plazas, una pequeña mesa auxiliar con restos de la cena de la noche anterior y una lámpara auxiliar de pie descansaban sobre una alfombra a la que no lo hubiese ido mal el paseo de una aspiradora. Benito se quitó la chaqueta y a continuación le pidió el abrigo y el bolso a ella para colgarlos en la percha vintage que seguía manteniéndose allí durante los diez años que ya estaba alquilado, después recogió los restos de comida, disculpándose por el desorden.

    —Ponte cómoda. Voy a hacer café. ¿Cómo lo quieres?

    —Con un poquito de leche, por favor, —pidió.

    Benito le puso un café, le añadió un poco de leche y él se sirvió el suyo. Se sentó junto a ella en el sofá, pero respetando su espacio vital para no incomodarla.

    —¿Cuéntame algo de ti! —le pidió Laura.

    —No hay mucho que contar, Laura. Voy tirando. Trabajo en lo que me sale. Ya sabes como está todo de mal. Vivo aquí unos diez años con la esperanza de encontrar un trabajo que me permita alquilar algo más digno, pero todo es una mierda. Contratos temporales de tres meses, como mucho de seis, pero bueno, mientras no vaya a peor, no hay problema. ¿Cuántos hijos tienes? —quiso saber.

    —Tengo tres: de seis, de ocho y de diez.

    —¿Te dabas un margen de dos años para el siguiente?

    —No, qué va. Después del primero juré y perjuré que sería el último, pero mis cálculos siempre me jugaban una mala pasada. Ya sabes que nunca cumplo mis promesas.

    Benito rio.

    —¿A qué se dedica tu marido? —preguntó.

    —¿A parte de beber? —añadió con sorna. —Trabaja en la construcción y medio sueldo lo dilapida en el alcohol y quién sabe en qué más. Lo cierto es que a casa solamente llega la mitad del sueldo.

    —¿Por qué no lo dejas?

    —¿Y dónde voy yo con tres mocosos y novecientos euros? Él despilfarra la mitad de su nómina, pero al menos trae a casa la otra mitad. La cosa cambiaría si no hubiese niños de por medio.

    —Pero no eres feliz.

    —¿Lo eres tú?

    —No sabría decirte. Intento vivir con lo que tengo, sin más pretensiones. ¿Pero qué es la felicidad? Si nos cuesta saber qué es… ¿cómo demonios vamos a medirla? ¿Qué haría falta para que fueses feliz? ¿Un marido irreprochable? ¿Otro trabajo? Siempre parece que anhelemos lo que no tenemos. ¿Crees que el que está podrido de dinero es más feliz? Sus problemas serán otros. Yo estoy convencido de que el dinero no da la felicidad, pero también lo estoy de que tu pareja tampoco te la va a dar, por mucho que te quiera. Primero tienes que quererte a ti misma para después ser feliz.

    —Siempre has sido muy profundo, Benito.

    —Bueno… —exclamó desinteresado.

    —¿Y tú te quieres a ti mismo?

    —No puedo cambiar mi aspecto, es el que me tocó en el sorteo y es lo que hay. Si no aceptas eso, ¿cómo vas a ser feliz? Yo hace años que me acepté y vivo mi vida sin rendirle cuentas a nadie. Nunca hubo nadie por quien mereciese la pena perseverar, la única que pudiste serlo fuiste tú…

    Laura se avergonzó de su comportamiento en el pasado. Reconoció que lo utilizó como peluche y como paño de lágrimas de sus innumerables devaneos con unos y con otros.

    —Me arrepiento de muchas cosas, Benito.

    —Eso no es malo. Todos nos equivocamos. Tú siempre me has gustado Laura. Ésta mañana, cuando te he visto ha sido como un subidón después de tantos años.

    Laura lo miró esta vez con algo más que afecto. Tenía que contar los años que hacía que no disfrutaba de un buen sexo. Ahora éste se reducía a la masturbación haciendo uso de un consolador que adquirió en Amazon. Odiaba follar con su esposo porque no lo disfrutaba. Para ella se había convertido en una tarea más que añadir a los quehaceres de la casa, por tanto, cuando él llegaba a casa con un poco más de alcohol en el cuerpo del habitual, sabía que tenía que abrirse de piernas y aguantar estoicamente hasta que acabara. Si la cosa se prolongaba más de lo habitual, fingía un orgasmo para que rematase antes. Por suerte, la mayoría de las veces el episodio solía ser breve, luego él caía como un tronco en la cama y ella terminaba de hacer sus tareas antes de acostarse. Podría haberse dejado llevar por intereses únicamente placenteros, pero su animadversión hacia él era cada vez mayor, con lo cual, le era imposible reorientar su cerebro en el disfrute.

    La continencia provocó que el roce de piernas despertase deseos reprimidos y Benito se dio cuenta de lo vulnerable que era a su contacto. No pretendía aprovecharse de su indefensión, quería que ella lo deseara del mismo modo y retomar aquel idilio que nunca llegó a fraguarse. La miró y se perdió en la profundidad de unos ojos melancólicos a la espera de una señal que lo invitara a un mayor acercamiento, y esa señal llegó efusivamente en forma de beso cuando se acercó para comerle la boca con un sonoro morreo que Benito recibió como agua de mayo. La lengua de Laura buscó la suya y se enroscó como una tuerca en un tornillo y los voluminosos pechos apoyados en su regazo le provocaron una erección instantánea como si fuese un adolescente. Se apoderó de uno y lo presionó con firmeza calibrando la magnitud de aquel par de melones que ahora tenía a su disposición.

    Al desabrochar los botones del uniforme vio las enormes domingas encorsetadas en el sujetador. Vislumbró a través de la fina tela dos grandes y erectos pezones reclamando sus atenciones y Benito hundió su cara en el canal como si hubiera perdido una joya en una grieta. En su afán por querer atender aquellas frutas del paraíso no encontró la forma de abordarlas. Laura le facilitó la labor desabrochándose el sujetador y las gemelas Olsen se vinieron abajo, vencidas por la fuerza de la gravedad, por consiguiente, Benito continuó presionándolas y sorbiendo las oscuras aureolas.

    Su erección se tornó dolorosa, de todos modos, procuró ser paciente y no dejarse llevar por la impaciencia. Dejó un momento de lado a las hermanas Olsen y desabrochó el cinturón y los restantes botones contemplando, ahora sí, sus carnes en todo su esplendor. A pesar de todo, lucía unas braguitas de lencería muy sexis en las que se entreveían los pelillos de su sexo. Benito presionó la vulva con su mano y advirtió la humedad que indicaba lo receptiva que estaba, y sin dejar de besarla, un dedo se aventuró sin dificultad en su interior para reconocer el terreno, después lo sacó y surfeó por la raja hasta encontrar el pequeño botón, y con esos movimientos de rotación, la respiración de Laura se aceleró acompañada de jadeos.

    Laura estaba en éxtasis dejándose hacer por las expertas manos de Benito y éste intentaba por todos los medios contener su ímpetu para tratar de darle todo el placer perdido durante tantos años. Se arrodilló delante de ella en el sofá, le bajó la pequeña prenda y Laura abrió ligeramente las piernas exhibiendo su sexo en todo su esplendor. Benito se detuvo un instante contemplándolo. Su parte inferior estaba completamente depilado, y en el pubis mostraba un triángulo de pelillos perfectamente recortados.

    Benito empezó mas arriba de las rodillas aplicándole sedosos besos que ascendían lentamente por los muslos, y al llegar a su sexo, una fragancia intensa irrumpió en sus fosas nasales y lo embriagó. La lengua buscó la raja y repasó toda su extensión sin dejar ningún pliegue al margen.

    Con movimientos pélvicos, Laura buscó acompasar una lengua que estaba haciendo su trabajo a la perfección, pero entre tanto preliminar, la polla de Benito quería reventar, y después de abrevar en el manantial, se incorporó, bajó sus pantalones liberando una polla más que dispuesta. Laura buscó una posición más cómoda y se abrió de piernas para recibirlo, en tanto él se colocó encima y la penetró sin hacer paradas innecesarias. Una humedad caliente envolvió su polla y un deleite indescriptible arrolló su ser. Seguidamente inició un movimiento oscilante de caderas como motor de una verga que entraba y salía con una cadencia acompasada, mientras los dos amantes emprendían una sonata de jadeos incesantes. Laura aferró con las dos manos el culo de Benito presionándolo para conseguir una penetración más profunda, él captó el mensaje y los movimientos de cadera se hicieron más contundentes.

    Apretaba y arañaba con saña las prietas nalgas de Benito intuyendo que su orgasmo estaba fraguándose, en ese sentido, sus manos buscaron su espalda y se agarraron a ella para recibir el clímax, un clímax que llegó como un tsunami de placer entre convulsiones y gemidos, arrastrando a Benito al suyo. Los rotundos embates pélvicos fueron perdiendo su vigor y con un último golpe de riñón culminó su orgasmo, quedando a continuación tendido encima de ella con una respiración acelerada hasta que poco a poco el ritmo cardíaco regresó a la normalidad. Después quitó su peso de encima para no incomodarla y se sentó a su lado.

    —Has estado increíble, Benito, —le dijo Laura recuperando el resuello.

    —Eso es que he estado en dique seco mucho tiempo.

    Ella sonrió satisfecha. Él se levantó, se encendió un cigarro y se lo ofreció a Laura.

    —¿Todavía fumas? —preguntó.

    —Sólo en ocasiones especiales, —dijo mientras contemplaba su cuerpo esmirriado.

    —Pues ésta es una de ellas, —añadió, dándole el cigarrillo.

    Laura lo cogió, dio una calada y aspiró el humo, después lo expulsó con parsimonia haciendo balance de lo que acababa de pasar. No había en sus pensamientos ningún atisbo de culpa, ni remordimientos. Todo lo contrario. Después de años de desdicha, se sentía bien y orgullosa de sí misma por darse la oportunidad de ser feliz. Benito se sentó a su lado y aspiró de su cigarro.

    —Deberíamos hacer esto más a menudo.

    —Estoy de acuerdo, —ratificó dando otra calada.

    —Te buscaré, ¿de acuerdo?

    Laura asintió con una sonrisa genuina como hacía tiempo que no lo hacía. En la cafetería sonreía por obligación, pues iba en el paquete: amabilidad y simpatía, requisitos indispensables para el puesto; en casa apenas sonreía, únicamente cuando algún niño soltaba una gracia inesperada. Su talante era cada vez más hosco, producto de la mala vida que llevaba, pero ahora, gracias a Benito y a ese mágico momento, su vida había adquirido un matiz más colorido, acostumbrada desde hacía años a vivirla en blanco y negro. Ni una frase de aliento, ni una palabra hermosa que la estimulara para seguir adelante en una vida de pesadumbre y aflicción.

    En cambio, Benito la había hecho sentirse bien después de tantos años. Volvía a sentirse viva, y más que una mujer deseable, volvía a sentirse “mujer”.

    Eran las diez de la noche cuando hizo su aparición su esposo. Los niños ya habían y cenado y se habían acostado, como era habitual la mayoría de las veces.

    —¿Dónde está la cena? —preguntó.

    —Si quieres una puta criada, ya puedes ir contratándola, cerdo, —y ante su osadía, el hombre quedó fuera de sí, transfigurado con los ojos inyectados en sangre, y por debajo salían llamas de sus fosas nasales cual dragón enfurecido. Inmediatamente se aproximó y le cruzó la cara con la mano abierta. Laura aguantó estoicamente sin inmutarse. Un hilillo de sangre descendió por la nariz y se deslizó hasta la boca. Se limpió con el dorso de la mano en actitud desafiante. Ya no tenía miedo.

    —Se acabó, cerdo.

  • Nuestro primer trío: mi esposa, su mamá y yo

    Nuestro primer trío: mi esposa, su mamá y yo

    Me daba una idea del deseo sexual que mi esposa Yesica, en aquel entonces mi novia, sentía por el cuerpo de su mamá. En nuestras salidas, cuando pasábamos por las tiendas de ropa decía que tal o cuál prenda se vería muy bien en mi suegra, incluso la ropa interior que veíamos. Y en la cama, después de la propuesta que me hizo de cogerme a su mamá, cada que lo hacíamos era recurrente que me dijera que ya quería verme metiéndole la verga, chupándole la panocha y sus pechos, tenerla abierta de piernas o ponerla de perrita y oírla gemir de placer, todo esto mientras cogíamos.

    Y fue en una de esas sesiones de sexo que comprobé mi sospecha, estábamos haciendo el amor, la tenía recostada boca abajo, sus pechos y cara sobre la cama, y en la orilla con sus nalgas en alto, la tomé de sus caderas y le metía la verga rápido, mis huevos se balanceaban entre sus piernas y ella los acariciaba con su mano mientras se masturbaba y me decía que así quería ver a su mamá. Entonces le pregunté si le gustaría cogérsela y me contestó que no sabía si se atrevería, pero que desearía acariciar sus tetas, lamer sus pezones y cuello, besar su abdomen y sus piernas torneadas. ¿Le chuparías la panocha? Y me contestó que sí, que eso le encantaría. Diciendo esto empezó a mover más rápido sus dedos y yo aceleré mis metidas y le dije: «si la convenzo, ¿nos la cogemos entre los dos?», Se masturbó más rápido y mientras se venía me dijo Siii, al igual que ella mi orgasmo fue intenso, imaginando como sería coger entre los tres, me vacíe dentro de su panocha.

    Ya tenía más confianza con mi suegra y de algún modo nos llevábamos un poco pesado. Yesica le contó cómo fue nuestra primera vez en el balneario donde me dio su virginidad, y de que estuvo adolorida de su vagina algunos días por el tamaño de mi verga, que no es muy grande, apenas 19 cm, pero teniendo en cuenta nuestras estaturas, yo mido 1.79 y ellas miden alrededor de 1.60, pues si es grande para ellas. Mi suegra pidió que describiera mi verga y Yesica le dijo que la tenía cabezona, larga y gruesa, con muchas venas en el tronco y unos huevos peludos y colgantes por ser grandes también. En forma de broma dijo que le gustaría tener una así, a lo que mi novia le contestó que cuando quisiera, me podía tomar prestado. Esto fue lo que me contó mi novia que platicaron y mi suegra se quedó interesada.

    Después de eso, Melinda bromeaba conmigo diciendo que yo tenía más nalgas que ella, a lo que yo contestaba que eso no era cierto, que ella tenía más, se volteaba y parando el culo, decía que si eso creía, a lo que tanto Yesica como yo, contestábamos que ella tenía el mejor trasero. Yesica me dio permiso de empezar a rozar mi verga en las nalgas de su mamá, lo cual empecé a hacer inocentemente al principio, pero como mi suegra no se molestaba, lo seguí haciendo más descaradamente. En una ocasión que Melinda estaba inclinada buscando algo en el refrigerador, yo tenía la verga muy parada, así que me puse atrás de sus nalgas y cuando me sintió duro, se echó hacia atrás y hacia movimientos como si se acomodara para que yo entrara, Yesica nos estaba viendo y fue después de un rato que Melinda se dio cuenta de la presencia de mi novia, se sobresaltó y empezó a pedir disculpas, pero Yesica le dijo que no había problema, que solo tenía que pedirme prestado. Después de eso cenamos, aunque mi suegra estuvo algo seria.

    Esto que relato sucedió hace más de 20 años poco antes del año 2000. En mi relato anterior les comentaba que en esos años mi suegra tenía un amante llamado Miguel, de cuál estaba enamorada. Varias noches se iba con él y regresaba al día siguiente con una cara de felicidad, le decíamos que venía bien cogida y nos reíamos. Por esas fechas Miguel amenazó a mi suegra con que si no dejaba a sus hijas y esposo para irse con él, entonces se iba a casar con la novia que tenía, a lo cual Melinda se negó y aquel se casó a las pocas semanas.

    Mi suegra estaba triste, así que para animarla y planeando seducirla, Yesica y yo le propusimos irnos de paseo a rentar una cabaña en un balneario en el estado de Puebla, a lo cual sin pensarlo 2 veces aceptó. Acompañé a mi novia a comprar trajes de baño, elegimos un bikini de dos piezas y otro de una sola pieza, un juego para cada una de ellas y Yesica escogió uno para mí, pero no me lo mostró, dijo que me lo daría en el balneario.

    Nos preparamos para salir un martes de madrugada, en el coche de mi abuelo que le pedí prestado, llevábamos comida, suéteres gruesos, bufandas y lo que creíamos poder necesitar. Llegamos al balneario como a las 11 de la mañana y el encargado del lugar, nos dijo que si nos dejaba pasar, seríamos los únicos en el balneario, ya que la gente acudía más en fin de semana, y si nos quedábamos cerraría y él iría hasta el día siguiente, lo cual aceptamos. En aquellos años esas cabañas no tenían luz y las albercas eran rústicas, más bien como piletas, así que el encargado nos llevó leña para la chimenea, sábanas limpias para la cama y unas velas para alumbrarnos, después de esto, se despidió y se fue.

    Metimos nuestras maletas a la cabaña y yo me salí para que ellas se pusieran sus trajes de baño, cuando salieron y las vi, casi se me para el corazón, como he escrito anteriormente, ellas son unas bellezas y se veían hermosas con sus bikinis, que apenas y les cubría la mitad de las nalgas y de sus tetas. «Cierra la boca que te va a entrar una mosca», me dijo mi suegra mientras se daba una vuelta para que la pudiera ver mejor. «Ahí dentro te dejamos tu traje de baño, nos alcanzas en la alberca» dijo Yesica y se fueron riendo las dos. Entré y lo que me dejaron fue una trusa que no me alcanzaba a tapar nada, mis huevos se marcaban y casi se salían por los lados y el tronco de mi verga se marcaba sin estar erecto. Si se me paraba la verga se me iba a salir. Me enredé una toalla en la cintura y fui a alcanzarlas.

    Cuando las tuve de frente, mi verga se empezó a parar pues sus pezones se notaban bajo los trajes y parecía que los pechos de ambas se iban a salir por lo pequeños que eran los bikinis, Melinda me pidió que me quitara la toalla y Yesica pidió lo mismo, sin pena me la quité y vieron como ese pequeño traje no alcanzaba a tapar mi verga, por lo que la cabeza y parte del tronco estaban afuera, se rieron y yo me eché un clavado y ya dentro empecé a salpicarlas con el agua.

    Jugamos un rato con unas pelotas que ahí había, luego Yesica propuso que las cargara sobre mis hombros para echarse unos clavados, así que a cada una le metía mi cabeza entre sus piernas, las levantaba y sus vaginas quedaban en mi nuca, yo aprovechaba para acariciar sus piernas y así estuvimos jugando otro rato más. Después propusieron hacer buceo, cada uno debía pasar por debajo de las piernas de los otros dos, así empezó Yesica, que cuando pasó bajo de mi estiró su mano y me apretó la verga, salió delante de Melinda. Siguió mi turno e hice lo mismo con mi suegra, cuando pasé debajo de ella, sin querer pasé rozando sus nalgas y panocha sobre el bikini, lo cual me dejó hacer, y cuando fue su turno, me dio mi apretón de verga, y así estuvimos otro rato más acariciando nuestras partes.

    Yesica nos dijo que iría al baño, así que se salió de la alberca y nos quedamos Melinda y yo dentro, entonces recargo su cabeza sobre sus brazos en la orilla de la alberca, yo me acerqué por detrás de ella, levanté sus nalgas y la coloqué a la altura de mi verga, ella se movía rico, como la vez en el refrigerador, buscando la forma de que yo entrara en ella, me atreví a tomar sus tetas metiendo mis manos bajo su traje, por fin tenía ese rico par de tetas entre mis manos, acariciaba sus pezones grandes y duros en parte por lo fría que se estaba poniendo el agua y en parte por lo caliente que se estaba poniendo ella. Le dije al oído «quiero meterte la verga». «Estás loquito, no quiero que tengamos problemas con Yesica», me contestó. Le dije que no se preocupara por eso, ya que ella estaba de acuerdo y aún con eso que le dije ella seguía dudando, pero no dejaba de mover su culo en mi verga y mis manos seguían acariciando sus tetas. «¿Qué quieres apostar a que no vamos a tener problemas? Le dije y ella me contestó «lo que quieras». «¿En serio, lo que yo quiera, sin que pongas ningún límite? Y ella contestó que sí. Yesica ya venía hacia nosotros, y mi suegra intentaba zafarse de cómo la tenía agarrada, pero no la solté, Yesica entró y se acercó a nosotros y le dije: ¿Verdad amor que me das permiso de cogerme a tu mamá? Y le contestó a Melinda: «mamá ya te había dicho que solo tienes que pedírmelo prestado y en verdad sin problema pueden coger». «Ya ve suegra, así que le toca pagar su apuesta en la noche», a lo cual sólo se reía y nos decía que estábamos loquitos. Y tenía razón, tanto Yesica como yo estábamos loquitos por poseerla.

    Seguimos en la alberca un rato más, estaba con mi novia y la cargaba dentro de la alberca, me rodeaba con sus piernas y tallaba su panocha sobre mi verga mientras nos besábamos, sin llegar a penetrarla. Luego iba con mi suegra y le hacía lo mismo por detrás, y acariciaba sus tetas, pero nada más, sin besos ni penetración, ya que yo quería que mi Yesica fuera la primera en probar sus labios y su vagina, antes que yo. Nos salimos de la alberca y nos preparamos algo de comer, comimos al aire libre, entramos a abrigarnos y cuando se hizo de noche salimos a ver las estrellas, más tarde, llegó la hora de irnos a la cama, una sola cama para los tres.

    Como pudimos encendimos la chimenea, prendimos las velas para tener un poco de luz y nos fuimos a la cama. Yo me acomode en medio de ellas y comencé a calentar a Yesica, besando su boca, subiendo su pijama hasta el cuello y chupando sus pezones, abrace su cintura con un brazo y con el otro brazo metí mi mano en la entrepierna de mi suegra, ella me apretaba con sus piernas y solo las abría un poco para dejarme entrar más, mientras gemía y ponía su mano sobre la mía para hacer más presión sobre su panocha. Me levanté de la cama y fui por una bufanda a mi maleta, me acerqué a Melinda, entendió que le iba a vendar los ojos, así que se incorporó un poco, antes de vendarla, le saque la pijama de arriba, y quedaron sus hermosos pechos a la vista de mi novia y míos, tapé sus ojos y la volví a recostar. Comencé a masajear ese par de tetas hermosas, grandes y firmes aunque por su tamaño se hacían un poco a los costados de mi suegra, tomé las manos de Yesica y las puse sobre las tetas de su mamá, quien se estremeció al sentir las manos suaves y las uñas largas de su hija, pero no las apartó, luego Yesica acercó sus labios a los pezones de mi suegra quien tembló al sentir esa caricia, y así yo tomé entre mis labios también uno de sus pezones grandes y duros, con una aureola también grande y oscura que se veía más marcada por el color de su piel que es clara, mientras Melinda abrazaba nuestras cabezas y nos atraía a su tetas. Le hice señas a Yesica para que fuera recorriendo con sus besos el pecho y el cuello de mi suegra mientras yo comencé a quitarle el pantalón de su pijama, Yesica y yo ya estábamos desnudos, acariciábamos sus pechos e íbamos bajando al mismo tiempo por su abdomen y recorrimos sus piernas, mi suegra solo temblaba, entonces Yesica subió sus labios hasta llegar a los de Melinda quien se resistió un poco, pero terminó por corresponder a ese beso húmedo de mi novia, a quien después de un buen rato le indiqué que se apartara, me monté sobre la cara de mi suegra y ella empezó a succionar mis huevos, Yesica bajó su boca a la panocha de su mamá, quien abrió las piernas y yo se las levanté, tomándola por los tobillos para que mi novia pudiera meter su cara en su raja y saborearla mejor, Melinda puso una mano sobre la cabeza de Yesica y la atraía con fuerza a su vagina estaba a poco de tener un orgasmo, yo me incliné un poco para quedar a la altura de la cara de mi novia y con esto mi verga entró en la boca de mi suegra, quien se vino de una forma deliciosa en la boca de su hija.

    Yo me acosté a un lado de mi suegra y atraje hacia mí a Yesica, la monté sobre mi verga y entré con tal facilidad por lo excitada que estaba, acomodé a mi suegra poniendo su panocha en mi cara, olía delicioso su venida y el sabor de la saliva de mi novia, ellas quedaron frente a frente, y mientras Yesica subía y bajaba y se movía adelante y atrás con mi verga adentro yo acariciaba las tetas de mi suegra sin dejar de lamer y chupar su rica panocha. Después de un rato sentí las contracciones en la panocha de Yesica, se estaba viniendo y sus gemidos eran más como gritos de satisfacción, mientras mi suegra me embarrada su panocha en la boca.

    Yesica se sacó mi verga y se recostó a un lado de nosotros, entonces bajé a Melinda de mi cara y la acomodé sobre Yesica de modo que sus pechos quedaron juntos, me puse atrás de Melinda, levanté su culo y en ella si me costó algo de trabajo entrar, así que lo hice despacio mientras gemía, Yesica la abrazaba y besaba su cuello, cuando se la pude meter casi por completo empecé unas metidas lentas para ir acelerando poco a poco, y cuando agarre ritmo Melinda gemía entre los labios de mi Yesica, estuve un buen rato bombeando, hasta que esa panocha apretada empezó a contraerse, se estaba viniendo de nuevo, así que apuré mis metidas y en poco rato descargaba mi leche dentro de mi suegra. Estábamos empapados de sudor, las velas casi se consumían y en la chimenea ya solo quedaban brasas. Melinda se recostó en su lado de la cama, yo en medio, Yesica quien me besó tiernamente y me dijo te amo y gracias. Así entre mis brazos se quedó dormida.

    Lo que siguió después se los cuento en el próximo relato. Espero les haya gustado, les agradezco sus lecturas y comentarios. Saludos a todos.

  • Esclava de los compañeros de trabajo de mi hijo (III)

    Esclava de los compañeros de trabajo de mi hijo (III)

    Pasaron varios días sin recibir noticias de los muchachos, en ese tiempo mi hijo había ascendido en la empresa y ahora ocupaba un puesto por encima de sus compañeros, eso desde luego no les gustó nada, mi hijo había sido el último en llegar y que fuera el primero en ascender le convirtió en un blanco perfecto para vengarse de el a través de mí.

    Habían pasado 20 días desde la última vez en que me habían follado cuando los chicos me llamaron por la mañana en un sábado que mi hijo había quedado con sus amigos para jugar un partido y mi marido había ido a trabajar.

    Los chicos llegaron a su hora habitual, a eso de las 11 de la mañana, yo llevaba el pijama puesto y ellos no tardaron en desnudarse, mi vecino también les acompañaba, me ordenaron que me desvistiera y yo obedecí sumisamente.

    Me sentía nuevamente totalmente humillada por aquellos muchachos que me tenían a su entera disposición por la maldita cinta de video, mi vecino se fue a por una cerveza y se sentó en el sofá de mi esposo, me ordeno que empezara por él.

    «Tengo las pelotas llenas para ti guarra, quiero correrme en tu boca para empezar la mañana con buen pie».

    Me arrodille ante él y me metí su polla en la boca, puse mi mayor esmero en la mamada para que quedara complacido.

    Cuando se corrió en mi boca otro de ellos no tardo en ocupar su lugar situando su polla en mi boca

    «Quiero correrme en tu puta boca cerda»

    Otro de ellos se situó detrás de mí y comenzó a taladrar en mi coño.

    Estaba siendo follada cuando llamaron a la puerta, me quede aterrada mientras la polla de aquel chico me llegaba hasta la garganta, Raúl fue a abrir la puerta, mi sorpresa fue mayúscula al ver que los que entraban por la puerta eran los amigos de mi hijo, con los cuales mi hijo había quedado para jugar al futbol.

    «Veo que habéis empezado por nosotros, nunca imagine que la madre de Rober fuera tan zorra»

    Miguel, el mejor amigo de mi hijo le entrego a Raúl un fajo de billetes, al parecer los muy cabrones me habían vendido como puta a los amigos de mi hijo, la situación era cada vez más terrible, aquellos muchachos amigos de mi hijo desde el colegio y los cuales había visto crecer, estaban en mi casa para follarme, los 4 no parecían tener el menor inconveniente en follarse a la madre de su amigo.

    A todo esto, los otros dos continuaban follando mi boca y mi coño hasta que terminaron por correrse.

    Los 4 amigos de mi hijo eran los siguientes, no habían tardado nada en desnudarse y yo estaba rodeada por sus pollas, no tuve más remedio que comenzar a chupar sus pollas en cuanto estuvieron a mi alcance.

    «Chúpala golfa».

    Sí señor, como mandes.

    Luego de chupar sus pollas, Miguel me llevo junto al sofá, me puse a 4 patas sobre el sofá y él se situó detrás mía, apunto su polla directa a mi culo y de un solo empujón la metió hasta dentro.

    Era una perra, me sentía fatal siendo enculada por el mejor amigo de mi hijo, lo sentía por él, que vergüenza sentiría si descubriera lo que sus amigos y compañeros de mi hijo hacían conmigo, no era más que una perra a su entera disposición.

    Follame Miguel, Follame cabron, haz que me corra

    Mi cuerpo era ajeno a mi mente y desde luego el si se sentía a gusto sintiendo la polla de aquel muchachote entrando y saliendo de mi culo.

    Miguel alternaba su polla en mi culo y mi coño, estaba perforando mi culo cuando sentí que la puerta de entrada se abría, todos se giraron y yo me quede paralizada al ver a mi hijo soltar las llaves cuando pudo ver como todos sus amigos y compañeros de trabajo junto con mi vecino estaban desnudos en la habitación mientras Miguel me enculaba.

    Se puso rojo de furia y empezó a insultarnos, se dirigió a por Miguel que todavía tenía su polla enterrada en mi culo cuando Raúl le detuvo y dijo.

    «Creo que es el momento de explicarle a tu hijo la situación si no queréis quedaros en la puta calle».

    Mi vecino no cabía en sí de gozo al parecer todo lo habían preparado para que mi hijo nos pillara en plena faena, era su venganza a su ascenso, no tuve más remedio que contarle todo y pedirle que no dijera nada.

    Raúl me dio la razón

    «Si mostramos el video al jefe tu mama se va a la puta calle y tu también, recuerda que la empresa es de la mujer del jefe, si descubre que tu mama se follaba a su marido, no dudara en echarte a la puta calle en cuanto deje a su marido»

    Raúl tenia razón, yo podía perderlo todo y mi hijo también.

    Rober empezó a llorar, iba a irse de casa cuando mi vecino le pidió que se quedara.

    «No, no, siéntate en el sofá y disfruta del show cabroncito, quiero que veas como nos follamos a tu madre una y otra vez».

    Sin dejar de llorar, Roberto se sentó enfrente de nosotros al mismo tiempo que Miguel comenzaba de nuevo a bombear en mi culo, desde luego los años de amistad con mi hijo no parecían importarle y se encontraba muy a gusto dándome por el culo ante los ojos de mi hijo.

    «Bueno, dile a tu hijo como te gusta que te follen, díselo»

    Si, follarme, follarme como la guarra que soy, esas palabras me dolían en el alma pero estaba en sus manos.

    Miguel no tardo mucho más en inundar mi culo con su leche caliente, luego fue Raúl el que se sentó junto a mi hijo y me ordeno que me sentara encima suya mientras le decía a Roberto.

    «Mira como follo a tu mama, te gustara»

    Mi hijo no podía hacer nada y veía a escasos centímetros como yo, su madre se sentaba sobre el mástil de su compañero de trabajo, la polla de Raúl se iba internando lentamente en mi coño, iba desapareciendo centímetro a centímetro hasta que toda su longitud quedo enterrada dentro de mi coño.

    No pude evitar gemir de placer cuando Raúl empezó a moverse y a clavarme su polla cada vez con más fuerza en cada acometida mientras mes pechos botaban ante los ojos de mi hijo.

    Follame Raúl, follame mas fuerte, quiero correrme.

    «Toma puta, toma fuerte, que vea tu hijo lo puta que eres»

    Todos gritaban a coro

    «Dale mas fuerte Raúl, follatela»

    Su polla se enterraba una y otra vez en mi coño hasta que se corrio en mi interior.

    Me levante de su polla, mi coño chorreaba semen

    Mi vecino había recobrado el ímpetu en su polla después de la corrida que había inundado mi boca nada más comenzar la jornada, me ordeno que me apoyara de cara a mi hijo y me sujetara en las rodillas de Roberto, así lo hice, me incline, de este modo el muy cabron podía ver la cara de mi hijo mientras me hacia lo que quería hacerme.

    Me la clavo en el culo ante la mirada de mi hijo, nuestro vecino me follaba como si pretendiera buscar petróleo en mi culo

    Vamos, rómpeme el culo cabron.

    «Claro que te lo voy a romper zorra, delante de tu hijo, quiero que este capullo vea como te rompo el culo en sus narices sin que pueda hacer más que lloriquear como una nena»

    Poco después me hizo girar para correrse en mi cara nuevamente.

    «Mira Rober, mira como me corro en la boca de tu mama»

    Todos continuaron follandome ante la atenta mirada de mi hijo, yo chupaba sus pollas, recibía sus pollas en mi coño y en mi culo ante mi hijo sin vacilar, sabía que no me quedaba otro remedio.

    Otro de los amigos de mi hijo se acercó a mí

    Comenzó a «abofetear» mi rostro con la polla, yo la miraba y luego se la agarre y me entretuve golpeándome las tetas con ella.

    -«Ahora dame un buen masaje con esas tetas».

    Me cogí los pechos y abrace con ellos la polla de aquel chico, masajeándosela de arriba abajo.

    Luego me la puso en la boca

    Comencé a recorrer la polla con mi mano mientras le daba besos y mordisquitos al grueso capullo y le acariciaba los huevos con la otra mano.

    «Te voy a matar a pollazos».

    «Ahora levántate y abre las piernas que te voy a montar como nunca»

    Me llevó a la alfombra me metió su polla en el coño y comenzó a empujar con fuerza

    Levanto mis piernas y las apoyo sobre su pecho para que de esta forma su polla llegara más dentro de mí.

    Yo no podía dejar de mirar a mi hijo con su rostro desencajado por la humillación de ver a aquellos chicos follandose a su madre

    «Jo, tío como molan las tetas de tu madre cuando se mueven con cada embestida de la polla de Julio» le espeto a mi hijo su amigo Julio.

    «¿Cómo podrá aguantar tantas pollas?»

    Julio me seguía follando hasta que súbitamente se paró, se levantó y se sentó junto a mi hijo nuevamente, me mando ir hacia él, quería terminar en mi boca.

    «Que guarra eres, a la chavales, follárosla por detrás mientras me come la polla».

    Los únicos que tenían fuerzas para repetir eran Miguel y otro de los amigos de mi hijo, me habían estrenado como su puta y eran los que más ganas tenían de follarme hasta reventar.

    Continuaron follando mi culo mientras yo me comía la polla de Julio hasta que los 3 se corrieron.

    Comenzaron a vestirse mientras mi hijo seguía sin moverse en el sofá, yo estaba llena de semen de todos ellos, cuando se iban a marchar Raúl se dirigió a mí.

    «Ya nos veremos la semana que viene, quedaremos fuera y tráete a tu hijo»

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