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  • Inspección anal, agujas y otros fetiches

    Inspección anal, agujas y otros fetiches

    La posición no podía ser más humillante, pero formaba parte de la revisión médica obligatoria. 

    El doctor, asistido por una enfermera joven y atractiva me ordenó que me bajara los pantalones y me subiese a la camilla. No era tan fácil subir teniendo en cuenta que los pantalones, a la altura de los tobillos, dificultaban la maniobra. Aun así, me concentré, más que nada para no acabar tropezando y añadir más vergüenza a la ya de por sí humillante imagen de un tío que si se miraba por detrás ofrecía un culo peludo caído y temblón lleno de granitos y si se le observaba por delante, entre los gruesos y velludos muslos, se podía ver un pene, que no pecaba de tamaño y que estaba a medio camino de algo parecido a una erección.

    La enfermera me echó una mano sujetándome por el brazo y añadió.

    – Inclínese hacia delante, apoye los codos… la cabeza entre los brazos y el culo en pompa… separe un poco las piernas. Eso es.

    El médico, mientras tanto, se ajustaba unos guantes de látex color azul.

    La puerta del cuarto se abrió y entró otra enfermera llevando unos papeles, intercambió unas palabras con el doctor y volvió a abrir y cerrar la puerta. Fuera de la habitación, aguardaban su turno había más pacientes. «¿Cuántos culos vería al día este hombre y sus enfermeras? ¿20-30?» Antes de llegarme el turno había entrado una chica alta y de figura esbelta. Solo pensar que con toda probabilidad había estado en esta misma posición, con su hermoso trasero totalmente desnudo y sus tetas colgando bajo la camisa…

    Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la presencia de un dedo enguantado en mi ano. La sensación era extraña. No la describiría como placentera. Por suerte, aunque me pareció mucho más tiempo, el dedo solo estuvo allí unos segundos.

    – Todo parece ok. ¿Ha hecho de vientre hoy? – dijo el doctor.

    – No, respondí sin cambiar de posición.

    – Está bien, túmbese de lado. La enfermera le pondrá un supositorio ahora.

    – ¿Un supositorio? – pregunté mientras me ponía de lado.

    – Sí… ah, y también le pondremos una inyección de vitaminas.

    Antes de que pudiese asimilar las noticias, la enfermera joven quitó el envoltorio del supositorio y tras apartar con sus manos mis nalgas y hurgar un poco, encontró el agujero que buscaba e introdujo la medicina.

    – Apriete el culete. – añadió.

    Obedecí notando como se disolvía el medicamento en mi interior. Picaba un poco y me provocó un amago de erección que corté a tiempo.

    Mientras me ocupaba de lidiar con todas estas sensaciones, la enfermera, con eficiencia, preparaba la inyección.

    – Váyase poniéndose boca abajo, enseguida le pincho.

    Me dejé caer sobre el estómago y acostando mi cabeza de lado observé como la chica acoplaba la aguja, quitaba la capucha de la misma y apretando el émbolo de la jeringa dejaba escapar un poco de líquido.

    Los nervios se apropiaron de mi tripa de repente y contraje el esfínter evitando que se me escapase un pedo.

    – Listo.

    Tragué saliva mientras la enfermera frotaba mi nalga, aun así hice un esfuerzo de autocontrol y relajé el glúteo. Un instante después la aguja perforó mi piel y el líquido comenzó a entrar. Dolía.

    – Ya está. Se ha portado bien.

    – Gracias – dije bajando con cuidado de la camilla.

    Una vez en tierra firme, con las mejillas todavía coloradas, me subí los calzoncillos, abroché el botón de los pantalones, ajusté la cremallera y caminé hacia la puerta notando una leve molestia en el trasero.

    Aquella noche soñé. Estaba con el doctor y las enfermeras solo que en esta ocasión el paciente no era yo. Se trataba de una clase en la que nos iban a enseñar como pinchar. Una de las enfermeras, la que había entrado a por papeles, se ofreció voluntaria. Se tumbó en la camilla, se levantó la bata y se arremangó la falda que llevaba debajo. Siguiendo las indicaciones del médico me encargué de bajarle las braguitas descubriendo un culo firme, femenino y atractivo.

    La enfermera joven quitó la aguja de la jeringa y me dijo que la clavase en la nalga de su compañera. Clave la aguja y la paciente dijo «auh». «Aquí tienes otra aguja» me dijo el médico. «Pero si ya tiene una clavada» observé. «Tienes que practicar» intervino la joven. Obedecí y clave la otra aguja en la nalga izquierda. La paciente se quejó y pidió más. ¿Más?… El doctor se acercó con otra aguja y tras golpear el glúteo con los nudillos la clavo. Y luego la enfermera hizo lo mismo pinchando de nuevo. Yo dije. «Ahora toca quitarlas» y una a una retiré las agujas.

    «No hay algodón.» anunció el médico.

    La paciente voluntaria intervino con una solución. «No hace falta algodón. Podéis besarme el culo.» La bese en la nalga. «Bésame en el ano» pidió. Hice lo que me pidió. «Yo también quiero» dijo el médico bajándose los pantalones. «Tú también» me dijo la enfermera joven. «Déjame hacer».

    Me desabrochó el pantalón, tiró de mis calzoncillos descubriendo mi trasero, se arrodilló y sacando la lengua y metiendo la nariz en mi raja me olfateó.

    Luego comenzó a lamerme el agujero.

  • Me cojo dos machos en las ferias de mi pueblo

    Me cojo dos machos en las ferias de mi pueblo

    Estaba en las ferias de mi pueblo, el cual queda ubicado en el Norte del Valle en Colombia. Ese día fui en compañía de mi mejor amigo, el cual es gay. Nos encontramos en su casa para salir a las fiestas y me dijo que nos iban a acompañar dos amigos suyos. Al rato llegaron, me parecieron agradables, rápidamente rompimos el hielo y empezamos a charlar. Llegamos al coliseo de ferias, hicimos la larga cola, mientras hablábamos y ganábamos confianza entre risa y risa.

    Una vez en el coliseo de ferias había muchas personas y nosotros nos ubicamos cerca de la tarima para ver mejor a los cantantes. Bailábamos, tomábamos licor y reíamos. Entre baile y baile íbamos tomando cada vez más confianza. Los dos chicos no dejaban de mirar mis grandes tetas las cuales se asomaban por mi escote. Uno de ellos me hizo un comentario sobre ellas y simplemente me reí.

    La conversación se iba haciendo cada vez más caliente. Uno de ellos se lanzó y me dijo que fuéramos a un sitio donde pudiéramos estar solos. Le dije que sí, y nos abrimos camino con mucha dificultad en medio del tumulto. Salimos a un lugar más despoblado donde estaban las caballerizas, nos escurrimos en una de ella sin que nadie nos viera. El chico empezó a besarme apasionado y a tocar mis tetas. Me desabrochó el pantalón y me lo bajó, empezó a meterme los dedos en la vagina y yo estaba ya mojada. Me bajó el pantalón a la rodilla, me pidió que me volteara. Entonces lo hice y me agaché, vi que se puso un condón y me introdujo su dura verga dentro de mí. Me gustó mucho la forma apasionada en que lo sacaba y lo metía. Después de unos minutos se vino, a mí me encantó la aventura de hacerlo en un sitio donde había el peligro de ser descubierta. Me abroché el pantalón y regresamos a la fiesta.

    Estaba bailando, cuando el otro chico me dijo que si íbamos a un sitio donde pudiéramos estar solos (seguramente el otro ya le había contado). Le dije que sí, y nuevamente me dirigí a las caballerizas. De nuevo besos apasionados y me empieza a sacar las tetas y chuparlas. Entonces le mando la mano a su verga y estaba dura. Con su ayuda desabroché su pantalón y la saqué, estaba muy húmeda. Me antojé a darle una buena chupada así que lo hice por un rato. Cuando me cansé de estar agachada, me levanté y él lo entendió como una señal. Así que sacó su condón, mientras se lo ponía yo me bajé mi pantalón, le di la espalda y puse mis manos en la pared. Apenas estaba haciendo esto sentí que el tipo escupió en su verga y me la metió toda. De nuevo experimenté un delicioso mete y saca hasta que se vino. Nos vestimos y salimos rápido antes de que nos descubrieran.

    Seguimos bailando, ambos se miraban y se reían sabiendo que se habían comido a esta perra que se dejó culear de dos desconocidos. Nunca en mi vida los volví a ver, pero sí me di cuenta lo rico que era disfrutar del sexo con desconocidos. Este apenas era el comienzo de lo que vendría después.

  • Su período fue mi aliado

    Su período fue mi aliado

    Luego de nuestro primer intento, ambos queríamos tener la posibilidad de ser completos el uno del otro, pero no se habían dado más posibilidades de encuentro, cosa cambiaría para buena suerte de Mariana y mía. Mis padres se irían de viaje, quedaría solo en casa, y por supuesto la haría mía esta vez, al menos eso tenía planeado.

    Llegó el día, dijimos en su casa que iríamos al cine, pero nos dirigimos a mi hogar, el morbo de ambos se sentía, pero para mi sorpresa, cuando estamos llegando a casa, me comenta que está manchando un poco y que su regla estaba llegando prácticamente, al principio pensé me jodí, una vez más no podrá ser, pero no quise joder la velada. Comimos algo, siempre besándonos uno al otro, el deseo era exquisito, ambos sabíamos provocar al otro. Esta vez estaba en cachetero, con una toalla íntima, cosa que no había visto, hasta ese día, pero que realmente no se notaba tanto, realmente mi atención estaba en su cuerpo, que siempre deseé. Nos empezamos a besar, de manera más apasionada, chupé sus tetas enormes, las tomaba con mi mano y no podía tenerlas completamente, de verdad que eran asombrosas, se las mordía, apretaba, ella le encantaba se lo hiciera con dureza, mi pene estaba durísimo, como cosa rara, decidí calentarla de tal forma, que ella me pediría la hiciera mía y así fue, escuché esas hermosas palabras, hazme tuya…

    Ni corto, ni perezoso dejaría pasar esta oportunidad, antes me hizo un oral, le decía lo llenara de mucha saliva, me encantaba ver como su bella carita trataba de meterlo todo sin éxito en su boquita, le quité el cachetero, se notaba sangre en su toalla, un fuerte olor inundó la habitación, no era desagradable, solo impactante, se puso de misionero y empecé mi penetración, esta vez cediendo más la misma, se quejaba, pero ya se veía su rostro diferente, esta vez sería mía, se lo decía y me contestaba, claro mi amor, es lo que más deseo, entró mi cabeza y un poco más, la sensación era increíble, una presión y lo caliente de su ser, cabe indicar, que no me puse condón, en aquel entonces, creíamos que al estar manchando no había peligro de embarazo, en fin, fui afincando más y más hasta que se comió la mitad de mi miembro, wow, era el cielo para mí, me decía no parara, que dolía, pero que le gustaba, así la fui embistiendo, de vez en cuando empujaba más adentro, pero se quejaba y paraba de hundirlo, hasta que se acostumbrara, empecé nuevamente a un ritmo más fuerte, se chupaba las tetas mientras me miraba, se veía muy porno la escena, me dijo que estaba muy caliente, y empezó a gritar como loca, su orgasmo por penetración había llegado, aunque vivía en un piso alto, pensé a esta mujer la escucharon en planta baja.

    Le dije, si quería montarse encima, me dijo que sí, saqué poco a poco mi pene, estaba lleno de sangre, su himen ahora sí era totalmente mío y mezcla de que su período estaba presente, su olor, me ponía perverso, no sabría explicarlo, pero la verdad no me desagradaba, ella estaba algo apenada, le dije no pensara de más y que se montara encima, me hizo caso, se fue sentando de a poco, me decía la presión era diferente, pero que le gustaba, mismo técnica, poco a poco la metía más y más, por momentos ella tenía el ritmo dominante, luego lo hacía yo, le dije quería acabar así… lo dudó, pero me dijo que aprovecháramos que quería sentir mi leche en su interior, esas palabras, me pusieron muy perverso, empecé a clavarla más duro, no logré meterlo totalmente hasta la base, pero si una buena parte se perdía en su interior, le chupaba las tetas, se las azotaba y vi le gustó, con su carita angelical, era una perversa total, le dije que acabaría y así lo hice, sentí emanar chorros de leche, potente, se sentía la presión, ella acabó conmigo, finalmente, sentíamos lo que era hacerlo y acabar en su interior.

    Estábamos contentos, el cuarto olía a mujer, a sexo, ya no éramos vírgenes, se acostó en mi pecho, sin sacarlo, hasta que perdió un poco de dureza, seguía caliente, le dije, que se bajara con cuidado y salió de igual manera, una mezcla blanca y roja, nuestros líquidos más íntimos se unían dando muestra del espectáculo minutos antes realizado. Nos besamos, le dije quería cogerla en cuatro, me dijo que yo era incansable, le dije, hay que aprovechar, pero nos fuimos a la ducha, veía ese culito, apetecible, lo nalgueaba, se recostó un poco en la pared, y empecé a meterlo un poco, al final no fue totalmente en cuatro, pero quería disfrutar ese panorama de sus nalgas, le empecé a dar con más fuerza, me encantaba como nuestros cuerpos sudaban, no abrimos la regadera aún, sus nalgas sonaban en cada movimiento, le dije que acabaría y así lo hice. Nos duchamos, suavemente, uno enjabonó al otro, nos besábamos, cuidando de no mojar su cabello, ya que estábamos según viendo películas, y así concluyó otra rica experiencia, entre ambos, esta vez con el deber cumplido, ahora podía decir que era totalmente mi mujer, aunque aún su culito no era mío.

  • Encargada del paseo escolar

    Encargada del paseo escolar

    Soy Luz, una mujer de 40 años, casada y con un hijo en el colegio.

    Me encargaron, por acuerdo con los demás apoderados del curso de mi hijo, conseguir una parcela para el paseo de fin de año de los niños.

    Debí haber cotizado lugares antes, pero por falta de tiempo no lo hice y ahora estaba a última hora buscando un lugar.

    Me encontré con el lugar ideal, una parcela con amplio espacio para que jueguen los niños, piscina, juegos infantiles, todo perfecto, excepto porque no tenían disponibilidad para la fecha que necesitaba.

    Conversé con el dueño de la parcela que se llama Víctor, un hombre de unos 50 años, atractivo y muy bien mantenido, quien, por más que se lo pedí, me dijo que no se podía, pero dado que debía conseguir el lugar a como dé lugar y noté que Víctor no dejaba de mirar mis pechos le fui muy directa y le dije que sería suya por toda una noche si me permitía usar la parcela para el paseo de mi hijo.

    Creo que no se lo esperaba, estuvo en silencio unos segundos e incrédulo me preguntó si le hablaba en serio o era una broma.

    Le confirmé que era cierto y yo sería suya ese mismo fin de semana si él quería, pero que necesitaba la parcela.

    Para mí alegría aceptó este trato que habíamos hecho y me invitó a pasar la noche en esa misma parcela ocupando una cabaña que tenía disponible.

    Dicho y hecho, esa semana le dije a mi marido que iba a ir a visitar a mi hermana el sábado y no volvería hasta el día siguiente, lo que mi marido se creyó y el mismo me fue a dejar al terminal de buses ese día sábado después de almuerzo.

    No tome bus alguno, simplemente llamé a Víctor y esperé a que me fuera a recoger, lo recibí discretamente, guardó las maletas en su auto, me subí con él y nos fuimos conversando en el camino hacia la cabaña de la parcela que ya tenía lista para nosotros.

    Una vez llegamos a la cabaña me abrazó por la cintura desde atrás, pude notar su pene ya erecto apoyado entre mis nalgas a través del vestido y me comenzó a besar el cuello.

    Me giré y lo comencé a besar mientras sentía sus manos acariciarme por encima del vestido que andaba trayendo.

    No tardó en meter sus manos por debajo del vestido, acariciar mi vello púbico y comenzar a insertar sus dedos en mi vagina.

    Yo estaba muy húmeda, no dejaba de besarlo y disfrutar como me acariciaba, ya no podíamos más, necesitaba tenerlo dentro mío y el deseaba entrar en mi, así que de la mano me llevó hasta el dormitorio.

    Abrió un velador, me mostró una caja de condones y me sonrió, se la arrebaté y los volví a dejar en el velador, luego abrí mi bolso y le mostré una caja de anticonceptivos.

    Creo que eso lo excitó aún más, ya que me sonrió y se lanzó sobre mi para besarme y sacarme el vestido rápidamente mientras yo lo desnudaba a él.

    Cada uno se sacó su ropa interior, ya completamente desnudos me recosté en la cama boca arriba, abrí las piernas y le dije que era toda suya.

    El me halago por mi cuerpo y lentamente comenzó a rozar la punta de su pene por la entrada de mi vagina mientras me seguía piropeando, eso me encantó y le dije que lo quería dentro de mí, a lo que respondió con una sonrisa penetrándome lentamente mientras me lamía y besaba los pechos.

    Me entregué por completo y respondí a sus besos entrelazando mi lengua con la suya, abría mis piernas para que me insertara todo su miembro en la vagina el cual en ocasiones sacaba por completo y lo volvía a insertar, hasta que llegué a mi orgasmo y lo aprisioné con mis piernas para que no se alejara, fue entonces cuando pude sentir su descarga de semen dentro mío.

    Me estuvo lamiendo los pechos, nos besamos apasionadamente y luego nos recostamos a descansar y conversar, él boca arriba y yo sobre su pecho jugando con sus vellos, quedándonos en esa posición mientras veíamos una película.

    Una vez terminó la película comencé a besarlo, luego bajé mi mano hasta llegar a su pene y pude notar que estaba nuevamente duro y listo para la acción.

    Corrí las sábanas y me monté sobre Víctor tomando su pene con una mano y guiándolo dentro de mi vagina, una vez dentro mío con sus dos manos comenzó a presionar mis pechos mientras me iba ensartando y yo dando sentones.

    Estuvimos así un buen rato hasta que eyaculó, nos abrazamos y nos besamos apasionadamente.

    Me bajé de Víctor mientras derramaba parte de su semen desde mi vagina, tomamos algo, comimos y nos acostamos de cucharita a dormir.

    A la mañana siguiente seguíamos en posición de cucharita con Víctor, él me despertó con un beso en la espalda y me dijo que tenía ganas de mi nuevamente, di vuelta mi cabeza, lo besé y le dije que todavía era suya, así que me acerqué más a él, tomó su pene y lo colocó en mi vagina donde fue entrando lentamente mientras me apretaba los pechos.

    Yo me acercaba lo más que podía a él mientras me penetraba y decía cuánto le había gustado, me piropeaba y acariciaba hasta que terminó descargando su semen nuevamente dentro de mí.

    Nos quedamos en posición de cucharita, esta vez con su pene dentro de mí y sus manos acariciando mis pechos cuando me llama por teléfono mi marido, tomé el teléfono que estaba en el velador y le contesté.

    Quería saber cómo estuvo el viaje, cómo estaba mi hermana, etc., le inventé que estaban todos bien para que se quedara tranquilo y me cortara luego, ya que Víctor todavía tenía su pene dentro de mí y quería quedarme un rato más así antes de despedirnos.

    Apenas terminé de hablar con mi marido giré la cabeza, le di un beso a Víctor y nos quedamos en esa posición conversando mientras me recorría y acariciaba el cuerpo con sus manos.

    Después nos levantamos, me fui a duchar, me vestí y antes de irme Víctor agendó fecha para el paseo de curso de mi hijo, cumpliendo su palabra.

    Nos despedimos y me dijo que el día del paseo iba a estar en la cabaña por si quería pasar un rato.

    Creo que aceptaré la invitación de Víctor ese día y pasaré un rato a su cabaña para ver si alcanzamos a hacer algo placentero.

  • En la posada de la empresa

    En la posada de la empresa

    Como mencioné anteriormente yo cambié de área de trabajo y nos avisaron que como todos los años la empresa iba a realizar una posada en un salón de la ciudad donde todos asistiríamos. Para no hacerles tan largo el relato les comento que en esta área donde estoy hay más hombres que mujeres, yo le respondo a mi jefe ya que todos los trabajos pasan por mi y aunque tengo una nula experiencia en esto el me dio la confianza (por así decirlo) de hacer ese trabajo. Mi jefe tiene alrededor de unos 55 años, medio robusto, con canas y más o menos de buen ver, la mayoría de hombres son de 50 a 70 años y cómo verán los hombres siempre buscan a jovencitas como yo, varios dentro de la oficina han intentado invitarme a salir pero les doy vueltas al asunto ya que por ahora tengo una relación formal y todos ellos ven que mi novio pasa por mi a mi área de trabajo. Mi novio es muy guapo y por ahora siento que los dos vamos enserio pero omitamos esa parte. A finales de noviembre mi jefe comenzó a saturarme de trabajo y por ende a veces salía un poco tarde de lo habitual, mi novio nunca lo tomó mal es mas creo que por su cabeza no pasa que yo le sea infiel y creo que hasta ahí pensaba lo mismo. A veces mi jefe me pedía que entrara a su oficina y ordenara ciertas carpetas que casualmente alguien las dejaba en desorden (muy raro ya que el era el único que entraba ahí), todas esas carpetas tenían que ir sobre un escritorio que daba al frente de la mesa de trabajo de mi jefe de modo que el me veía acomodarlos de espaldas.

    Eso no era lo único, a veces los viernes que podíamos ir vestidos como quisiéramos el siempre me pedía que fuera de vestido o falda y tenía que acceder. A como iban pasando los días el jefe iba más directo conmigo, una vez me pidió en tono de juego que me diera una vuelta y lo hice porque no lo vi mal pero luego que comenzó a insistir en seguir dando más y le dije que tenía trabajo por hacer y me salí de su oficina, recuerdo que a principios de este mes en una esquina de la cocina escuché a su contador que le decía a un licenciado que a principio de año iban a comenzar a ver despidos a quienes no tenían aún contrato (casualmente yo era una de ellas) y a pesar de estar en esa empresa por experiencia el dinero no me caía mal así que solo deje que transcurriera su curso. Realice trabajos toda la tarde y las terminaba en tiempo récord para que conocieran mi destreza además de ir vestida como anteriormente me lo pedía mi jefe, recuerdo que un jueves desde temprano comenzaron a entrar uno a uno los trabajadores sin contrato a la oficina del jefe quizá para darle la noticia de continuar o despedirlos el año siguiente, por ahí del mediodía me hablaron de parte de mi jefe así que me dirigí hacia allá, subí las escaleras y entre a su oficina que al parecer ya me esperaba.

    “Hola Denisse” me saludó, comenzó a hablar de la empresa y de donde me veía en un futuro siempre y cuando me esforzara más, en ese momento creí que me decía que continuaría en la empresa hasta que me pidió que fuera su novio, me asombre un poco pero sabía cómo darle la vuelta así que le dije que por el momento no podría porque tenía novio y ella esposa y no era de ese tipo de mujer, ya saben trataba de hacerme la santa pero al parecer no se lo creyó del todo, movió su monitor del escritorio para ver una foto mía en bikini que había subido a mi Instagram, le pregunté porque tenía esa foto en su computadora de trabajo y me dijo que lo traía loco, cada que yo me iba de la oficina se quedaba viendo todas mis fotos de mi perfil para masturbarse ya que no podía hacerlo en su casa. “¿Que?” Le dije, “Mira Denisse, aún eres joven, disfruta todo lo que puedas, lo sé porque yo también fui joven y al ver a alguien con una piel tan delicada y un olor tan rico hace que me excite demasiado, si colaboras conmigo te prometo un contrato de planta además el trabajo seguro lo tendrás y tu novio no lo sabrá, de rechazarme con toda la pena pero solo tienes estas semanas para desalojar parte de tus cosas y te damos un porcentaje de lo que has trabajado por ley así que tú decides” me dijo, lo que escuché no lo oí tan mal pero no sabía si traicionar mi noviazgo, se que antes la he pasado genial con gente mayor pero ahora no sabía si aplicarla ya que por primera vez me sentía enamorada, le dije que antes de terminar el día le daría una respuesta así que salí y me dirigí a mi espacio para continuar trabajando, con mis compañeros cercanos escuché que a dos personas ya los habían liquidado así que alguna de esas dos vacantes debía pertenecerme si accedía a estar con el jefe.

    Antes de salir del trabajo veía las fotos de mi novio y recordaba los momentos y las salidas que habíamos tenido, sabía que no lo sabría pero no quería sentirme sucia y desleal a él porque se que en ese entonces el no lo haría así que me concentre y decidí ir a enfrentar a mi jefe, toque su puerta y me senté mientras él hablaba por teléfono, al colgar me dijo “¿Y bien Denisse? ¿Que pensaste?”, le comenté con un si bien cortante, quizá por instinto a la puteria que tengo dentro. Me sonrió, salió a espiar por el pasillo que nadie estuviera cerca y cerró la puerta, se dirigió a un sofá que había ahí y me pidió que me levantara y le diera la espalda y lo hice, escuché cómo iba desabrochando su pantalón y al darme vuelta vi como aún tenía la foto mía en su computadora mientras con su mano derecha comenzaba a masajear su miembro. “Este bikini azul que tienes en la foto me excita Denisse, bájate el pantalón rápido” me dijo, comencé a bajarme el pantalón y para ese día llevaba un calzón blanco ajustado, se levantó del sofá y me tomó de la cintura y comenzó a restregar su miembro en mis nalguitas, me sentía incomoda así que solo baje mi cabeza al piso mientras el continuaba en lo suyo, al pasar como cinco minutos escuchamos que le hablaban por teléfono, al principio lo ignoro pero al ver que la insistencia era mucha decidió responder, al colgar la llamada me pidió que me subiera el pantalón porque su esposa la esperaba afuera así que decidí hacerlo rápido y salí, me dirigí a mi sitio y para ese entonces vi dos llamadas en mi teléfono de mi novio, le mande mensaje diciéndole que pronto llegaría a mi casa no sin antes decirle que lo quería mucho, en ese momento me sentí mal.

    Los días en la empresa no iban tan diferentes, mi jefe me daba insinuaciones frente a su contador cuando solo estábamos los tres, en una ocasión en una junta me pidió que estuviera sentada a un lado suyo y como las luces estaban apagadas tomó mi mano y lo puso sobre su miembro y comenzó a masajearlo con mis dedos. Días antes de la posada me pidió que fuera de lo más hermosa ya que además de la empresa irían amistades cercanas de muy buen nivel económico así que me pidió que fuera lo más guapa posible. Mi pretexto para evadir a mi novio en esos días era plantearle que tenía demasiado trabajo así que solo tuvimos contacto por teléfono y para mi suerte en esos días el saldría con sus amigos a acampar cerca del Estado de México. Las cosas iban a favor quizá porque el universo conspiró para ese día de la posada. Recuerdo que compré un vestido negro corto ajustado y un perfume que me encantó su olor. Esa noche en la posada decidí llegar sola al salón donde ya habían varios compañeros del trabajo que se habían acercado a saludar, pregunté por el jefe disimuladamente pero me dijeron que aún no llegaba, por mi mente paso que a lo mejor no iría por su mujer así que decidí pasar ese rato con mis compañeros. En el salón había mucha gente que al parecer no eran de la empresa o pertenecían a otra área, decidí levantarme de la mesa y explorar el panorama y solo veía a señores de muy buen nivel, cuando le pedí una copa a un mesero un señor se me acercó preguntando donde trabajaba y comenzamos a charlar, era muy conversador el señor tanto que me transmitía carisma hasta que siento cómo me toman del brazo y al voltear vi que era mi jefe, se presento con el señor y al parecer se conocían, se saludaron muy ameno los dos y este señor presentó a su secretaria de al menos 22 años. “Si es que las de veinte son las mejores” le dijo a mi jefe mientras solo reían, no sabía si enojarme o dejarlo pasar así que me dirigí con mi jefe a la mesa de los demás y ahí estuvimos, le pregunté porque habían chicas de mi edad y me dijo que ellos las prefieren así como el.

    Me pidió no alejarme de la mesa porque todos ellos agarran a las más bonitas para ofrecerles trabajo, dinero o lo que quieran con tal de estar con ellos así como tú y yo, me dijo, la posada no era posada, pasó a ser más un convivio con gente de dinero y muy bien arreglada hablando de sus trabajo y los coches que cargaban, a la hora del baile decidí ir a la pista pero como mi jefe no sabe bailar me pidió que fuera con su contador, era muy bonachon, amable y de esos gorditos que te las pasas bien, en la pista me topé con muchas chicas muy bonitas con los jefes o dueños de áreas de oficinas reconocidas, después de un rato bailando decidí ir al baño y al entrar por la puerta del baño de mujeres vi como un señor de la fiesta tenía a una chica como de 20 años con el vestido levantado tratando de bajarle su conjunto de encaje junto a sus medias, “Buenas noches” fue lo único que se me ocurrió decir así que entre a un sanitario y cerré la puerta, solo escuché que ella le decía que ahí no porque entraban las chicas así que entraron a un sanitario y cerraron la puerta, al salir y lavarme las manos solo escuchaba cómo succionaba algo la chica y al parecer ya sabía lo que era. Al regresar al salón noté ya algunos mas feliz que de costumbre, yo solo me limitaba a beber poco, la noche siguió sin contratiempo hasta que alrededor de las 3 ya algunos parecían irse, mi jefe y su contador parecían ya medio ebrios, mis compañeros de la mesa ya se habían ido y solo quedábamos nosotros, me preguntó si estaba lista para irnos y le dije que si, los tres nos levantamos y nos dirigimos a su coche. En el camino no hablaban pero sabía adónde iríamos, vi a lo lejos un motel y creí que ahí entraríamos pero no, pregunté a cuál iríamos y me dijo que al siguiente y así fue, entramos y subimos al cuarto, al dejar mi bolso en una mesa vi como los dos ya estaban quitándose la ropa lo cual me pareció muy aburrido ya que no hicieron nada para calentarme.

    “Quítate el vestido” me pidió mi jefe, quite los botones de mi vestido y comencé a bajarlo hasta el piso. Quede con mi bra rosa de encaje y un hilo del mismo color que al darme vuelta apenas y se veía de lo metido que lo tenía en mis nalguitas. “Ven para acá” dijo el contador, comenzó a besar todo mi cuerpo y me acostó boca abajo para besar mis nalgas mientras el jefe me veía. Yo estaba viendo cómo mi jefe veía todo mi cuerpo mientras masajeaba su miembro así que lo vi a los ojos y me reía muy coqueta, me levantó para quitarme mi bra, se acosto a un lado mío, movió mi cabeza y comencé a chupársela, el contador trato de acomodarse en la cama de forma que continuo besando mis nalguitas. El jefe con sus manos grandes tomó mi cabeza y comenzó a hacer el movimiento más rápido mientras me ahogaba, hubo un momento en que con mi mano le dije que ya y no se detuvo tanto que cuando saqué su miembro termine con demasiada saliva en mi boca. Me pidió que me subiera encima lo cual creo que hizo molestar a su contador porque el estaba encantado con mis nalguitas que al parecer no quería despegarse de ahí. Mi jefe lo apartó con sus piernas y me coloco encima de él, comencé a moverme justo encima de su miembro para hacerlo crecer más mientras veía de reojo al contador detrás mío masturbándose. Mi jefe hizo a un lado mi hilo y poco a poco fue introduciendo su miembro dentro de mi, una vez introducido comenzamos a movernos, me abrazo penetrandome mientras se escuchaba el ruido de mis nalgas con sus piernas. “Ah ah ah ah” comencé a gemir porque mi jefe al parecer tenía aún destreza en lo que hacía, estuvimos así un rato hasta que me dio un giro y me puso en 4, comenzó a embestirme en esa posición mientras tenía mi cabeza agachada y en un momento de placer la levante y vi al contador frente a mi masturbandose. “¿Que haces aquí? Vete allá” le dijo mi jefe, “Quiero que me la chupe” le respondió, “Mira cabron si te invite fue porque morías de ganas ver cómo coge una de 20 y ella es mía” le reprochó, “Pregúntale si quiere no seas” continuo insistiendo el contador mientras mi jefe continuaba embistiéndome.

    Sentía cómo dejaba la marca de sus manos en mis nalguitas mientras me penetraba mi jefe y al parecer por lastima a su contador me preguntó “¿Quieres chupársela?”, yo solo me reía y deje que continuaran discutiendo, después de un rato cogiendome en esa posición se despegó de mi y me dijo que aún no quería venirse así que decidió descansar, como el motel era grande bajo por unas cervezas y me dejo con el contador. me levante para ver mi teléfono y ver algún mensaje de mi novio pero no había nada, regrese a la cama y veía al contador oliendo mi hilo mientras se masturbaba. Se acercó a la puerta del cuarto para inspeccionar que mi jefe aún no subiera y me preguntó si quería chuparla, “¿Quieres que te la chupe?” Le dije, si, me respondió mientras se recostaba en la cama, solo lo masturbaba y en un momento me dijo “Mira yo soy el contador de la empresa de dinero no te vas a quejar conmigo, no se lo digas a él y mejor anda conmigo en secreto”, lo medite y le dije “bueno” así que comencé a chupársela, como regalo dejaba mi saliva en su miembro mientras lo hacía rápido, al parecer ni las manos me metía solo dejaba que yo hiciera mi trabajo, comencé a darle pequeños lengüetazos dentro de mi boca y luego de unos minutos entra mi jefe y al ver la escena me despega de él. “Que carajos, vete para allá cabrón” le dijo, “No seas quiero participar” continuo insistiendo, yo solo me reía de ellos dos, mi jefe se acosto y me subí encima para cabalgarlo, hacia movimientos circulares con mis nalgas mientras me penetraba para hacerlo venir en eso siento como el contador comienza a darme nalgadas, solo observé a mi jefe para ver si lo molestaba pero al parecer le daba igual. “Eso cabron dale más fuerte” le dijo, continuamos así un buen rato hasta que me puso de cucharita y continuo embistiéndome mientras me tomaba del cuello, el contador más cerca de nosotros continuo masturbándose hasta que mi jefe me volvió a preguntar “¿Quieres chupárselo?” Solo insistí con mi cabeza, el contador se acercó y mientras mi jefe me daba yo ya tenia el miembro del contador dentro de mi boca.

    Siguieron dándome cada uno en sus lugares hasta que mi jefe me dijo si quería chupar lo dos, yo solo le respondí con un “lo que quieran” así que ambos se pararon en la cama y pegaron sus miembros en mi carita, comencé chupando el miembro del contador mientras jalaba el de mi jefe, “metete los dos” me dijeron, abrí la boca de mas y lo único que pudo entrar eran sus glandes, ellos trataban de que entraran lo más profundo pero no podía quizá por mi boca chiquita. “Quieres cogertela” le pregunto mi jefe al contador así que este no perdió tiempo, levantó mis piernas y comenzó a cogerme, en esa posición mi jefe veía cómo se movían mis pechos, siguió dándome más duro hasta que se detuvo. Mi jefe lo apartó y volvió a ponerme en 4, continuo embistiéndome mientras el contador de nuevo se colocó frente a mi, me levante para meterme su miembro a la boca pero mi jefe ya no me dejaba porque al penetrarme en 4 me tomaba del cabello y me jalaba hacia su lado. El pobre contador ya resignado solo se masturbaba, mi jefe continuo embistiéndome hasta que el contador le dijo que estaba a punto de terminar, se despegó de mi y al no saber donde terminaría me quede inmóvil para luego sentir el líquido viscoso en parte de mi espalda y brazos. Me levante para quitarme un poco y el contador ya feliz se dirigió al baño para asearse. “Este cabron ya todo te mancho” me dijo mi jefe, solo me reí. Continue chupándosela a mi jefe y para tenerla mejor en mi boca le pedí que se parara en la cama y así tenerla frente a mi, lo succionaba de lo más rico hasta que apartó mis manos de su miembro y continuo masturbandose, decidí chupar parte de sus testiculos mientras continuaba hasta que me dijo “saca la lengua” obedecí y lo único que siguió fue su esperma dentro de mi lengua y toda mi cara. “Limpia la puntita” me dijo así que trate de dejarlo limpio. Una vez satisfechos lo dos me pidió que me fuera a dar un baño y cambiarme, no tarde ni 10 minutos en hacerlo hasta que me llevo a mi casa. Al día siguiente vi los mensajes de mi chico y no dejaba de pensar en lo que había hecho, se que estuvo mal pero tener dinero y un trabajo a esta edad me hace sentir bien así que decidí olvidarlo y darle una sorpresa a mi novio con el dinero que recibiría además solo se vive una vez…

  • Mi compañera nueva

    Mi compañera nueva

    Hola, mi nombre es Lino y quiero contar lo que me pasó hace poco en el trabajo, corrían las fechas de Navidad y en mi empresa contratan a muchas chicas para envolver regalos, y me llamo mucho la atención Fátima una chica un poco más mayor que yo y que tuvimos bastante filing desde que entró.

    Siempre que podíamos hablar hablábamos y cuando había mucho público siempre teníamos una mueca o un guiño el uno para el otro, parábamos por las noches al salir del trabajo todos los compañeros de turno para tomarnos algo antes de irnos a casa, por ese entonces no me había sacado el carnet de conducir y me cogía el bus para llegar a casa y una de las noches pues tuvo que pasar lo que os voy a contar ahora.

    Esa noche salimos muy tarde de trabajar porque era de los últimos días de Navidad y llovía a mares y me dijo Fátima que me acercaba a mi casa, esto que se lo agradezco muchísimo y cuando llegamos cerca de mi casa, para el coche y nos ponemos a charlar, cual es mi sorpresa que tal era el tonteo con las manitas frías, que mira mi nariz, que frío hace en tu pueblo, que digo si tienes frío dame 2 besos y vete que es muy tarde, si salimos de trabajar cerca las 22.30, serían como las 12 de la noche, cuando dice si dame 2 besos y cuando se acerca el primero me la da muy cerca de los labios, el segundo en la comisura de los labios y ya no hubo marcha atrás, empezamos a comernos a besos muy suavemente, esto que la cosa se pone muy caliente cuando me dice al oído, vamos a ir a un sitio más reservado.

    Llegamos a unos zona de pinares que hay en mi pueblo, lloviendo a mares y pasamos a los asientos de atrás y directamente se me sube encima Fátima y empezamos a besarnos, y tenía tal erección que me iba a reventar el pantalón, ella era puro fuego, una chica de 24 años muy bonita, le quite la camiseta negra que le hacían llevar en el trabajo y os juro que vi los pechos más bonitos de mi vida, pequeños pero muy redonditos y que fui lamiéndolos poco a poco, estaba ella a 1000, le quite el pantalón y las braguitas a la misma vez y tenía un precioso monte de venus con su matita pequeña de pelitos que era la gloria, ya estaba muy mojadita, que tal como me pude bajar un poco el pantalón, se la cogió con la mano y se la metió ella misma y hasta el fondo, y suavemente nos besábamos y subía y bajaba lentamente, me dijo que le apretara el culo con las manos y el jugo que salía era brutal, tanto que estaba dando con el dedo y sobándolo su agujero chiquitito, que la estaba poniendo al límite, cuando me dijo apriétame fuerte, y en ese momento le apreté el culo y el dedo lo metí para dentro de su chiquetito llegando al orgasmo directamente, a continuación me corría yo dentro de ella, nos quedamos como 10 segundos los dos abrazados solo escuchándonos respirar que estábamos hipnotizados.

    FIN

    Continuará…?

  • La confesión de Fanny

    La confesión de Fanny

    Para los que no han leído nuestros relatos, somos una pareja madura ella Fanny actualmente de 51 años de 1.50 de estatura pese a los embates de los embarazos aun con buenas piernas y culo ancho atractivo, y lo que destaca son sus pechos 36 c, muy oral es una delicia las mamadas que da, yo Roberto de 57 años 1.62 de estatura de complexión delgada con verga de 15 cm. También me encanta el sexo oral y la lencería.

    Estábamos en casa platicando y de repente Fanny se queda pensativa y me dice, ahora que tenemos más confianza para platicar de nuestras experiencias y correrías sexuales, tengo que confesarte que antes de iniciar esta nueva forma de vida sexual, tuve una aventura con otro, espero no te moleste, le dije no te preocupes, ten por seguro que más que enojarme, me vas a excitar oírte la única condición que te pongo es que me digas todo sin guardar ningún detalle.

    Pues bien, cuando tuvimos problemas de pareja, Freddy el padre de un alumno me invitó a salir, intercambiamos números telefónicos y aproveche algunas de las veces que por trabajo te quedaste en Querétaro y salí con él, nos quedamos de ver en el centro de la CDMX, la primera vez solo comimos en un restaurante y platicamos de nuestros trabajos y de nuestra parejas, el también tenía problemas con su esposa y constantemente discutían, pasaba esa mala racha que yo pasaba también contigo, así que fue el punto de coincidencia para iniciar el dialogo que se fue desviando al tema sexual, me platicó que ya no tenían relaciones y que había ocasiones en qué ni el mismo se aguantaba pues con un roce del pantalón se excitaba, me preguntó que si no me pasaba a mí, ya en confianza le confesé que también me sucedía lo mismo, y la plática se fue tornando cada vez más excitante me preguntaba que ¿como me gustaba hacerlo?, ¿que me excitaba más?, ¿que ropa interior traía puesta?, que a él le gustaba empezar con un faje previo y que le gustaba mucho el sexo oral y anal, también su gusto por la lencería y que le excitaba los colores verde y negro de la misma, todo esto hizo que mojara mi pantaleta, sin embargo por pudor o por dudar un poco para engañarte, esa primera salida no pasó de un faje en su auto antes de llegar a la casa, seguimos platicando telefónicamente y en la siguiente cita ya me había convencido de ir a coger, parecía adolescente esperando la oportunidad para salir con el, cuando me volviste a decir que irías a Querétaro, le hablé para vernos el siguiente sábado por la tarde, compré lencería para estrenarla con él, un juego de brassier y bikini de encaje verde con negro transparente pues de acuerdo a las pláticas que habíamos tenido, es su color favorito, me depile, me bañé, me maquillé y me vestí lo más atractiva para gustarle con un vestido negro corto, liguero y medias negras, pasó por mi y nos fuimos a un bar del centro de la CDMX, comimos y tomamos algo de vino, esto me fue soltando, puso su mano en la pierna y subió hasta tocar el liguero que sujetaban las medias, yo abrí un poco las piernas para facilitar la maniobra, teniendo cuidado de no ser tan obvia y se dieran cuenta los demás clientes y el mesero, tocó mi panocha haciendo a un lado el bikini, acercó su rostro al mío y me dio un beso prolongado metiendo su lengua con la mía, me dijo al oído, que bien estás, no cabe la menor duda qué vamos a coger muy rico, déjame pedir la cuenta, le hablo al mesero y nos retiramos para meternos al motel más cercano, nos asignaron la habitación y el se bajó a pagar, me dijo no te bajes, volvió a subir al auto y me volvió a besar cada vez más caliente, me sobó pechos y piernas y nuevamente tocó mi panocha que ya escurría, guió mi mano para que tocará su verga que estaba bien parada, bajé el cierre de su bragueta para sacarla y masturbarlo, el ya había logrado hacer a un lado el bikini y meter un dedo meneándolo dándome un placer intenso, me decía palabras fuertes como puta te voy a coger por todos lados, me lo vas a mamar y te vas a comer toda mi leche, vas a sentir mi verga en tu culo, (hasta ese momento no me lo habían estrenado) y así estuvimos fajando más de media hora antes de subirnos a la habitación, en la escalera me agarraba y apretaba las nalgas ambos ya no aguantamos así que nos subimos a la cama y abrió mis piernas para sacar el bikini y darme una mamada riquísima, después el se volteo para que yo pudiera mamárselo en un perfecto 69, se sentía la falta de actividad sexual en ambos pues estábamos excitadísimos ya que en esa posición tuve mi primer orgasmo y el se vino den mi boca en forma abundante, fue riquísimo el sabor de su semen, diferente al tuyo, descansamos un momento, después volvimos a besarnos y tocarnos, Freddy me puso en cuatro para meterlo en mi panocha desde atrás, sentí como pegaban sus huevos en mis nalgas cada que me penetraba, después me puso de piernas al hombro, aquí sentí que entraba más esa verga, después de misionero y por último se acostó boca arriba y yo me monté en el clavándome de nuevo en su verga y le puse sus manos en mis pechos pues sabes que me encanta que me las soben mientras cabalgó sobre la verga en turno, lo hicimos despacio para gozar por más tiempo la cogida, terminamos primero yo y poco después el inundando mis entrañas con su leche caliente, volvimos a descansar un rato.

    Roberto, en esta parte te pido perdón por hacerte creer que tú fuiste el primero en reventar mi culo, incluso por haber fingido que me dolió,

    Estaba tan caliente con su confesión que le dije que no había problema, que siguiera narrando.

    Pues bien, entonces Freddy me preguntó si le permitía metérmelo por el culo, le dije que alguna vez lo intenté contigo pero como me dolió y ya no te permití volver a intentarlo, es increíble que con el amante te permites experimentar posiciones, formas y lugares que no te permites con tu pareja por pena o temor a que te pregunte dónde lo viste o quién te lo platicó y piense mal de ti, me tranquilizó que habló a la recepción del motel para pedir un lubricante anal y su promesa de no lastimarme, no tardó mucho en tocar a la puerta el mozo, cuando Freddy abrió para recibirlo yo estaba en la cama con las piernas abiertas y el mozo pudo echarse su taco de ojo, en cuanto cerro la puerta, Freddy abrió el tubo de lubricante para embarrar suficiente en su verga después se dirigió hacia mí para lubricar abundantemente mi culo, aprovechó para introducir un dedo e ir dilatando mi esfínter, después introdujo otro más sacando y metiendo despacito por un rato, cuándo sintió que estaba listo culo para recibir la ración de verga, me puso de patitas al hombro y apunto con la punta de la verga en mi ano, igual que con el dedo, fue metiendo poco a poco hasta llegar al fondo, cuando lo tuvo todo adentro se movió despacito haciendo que pasará del dolor al placer, fue muy gentil su trato, y logró que tuviera otro orgasmo poco después sentí su leche caliente recorrer mis intestinos.

    Nos relajamos un rato y dormimos por más de una hora, no quise bañarme en el motel pues quería seguir con esa sensación de tener su semen en mi cuerpo.

    Nos vestimos y me fue a dejar a casa.

    Nos seguimos viendo para coger varias veces hasta que terminando el ciclo escolar el se reconcilió con su esposa y se cambiaron a otro estado para volver a iniciar.

    Yo, conforme escuchaba la confesión de Fanny, me masturbaba y no pude más que abrazarla, besar su cuello y frote su pecho para excitarla y cogérmela, pidiéndole que me dijera qué sintió cuando cogía con Freddy y diciéndole que era una puta traga vergas y ella me decía siiii soy una puta y quiero que me la metas, quiero sentirte por los agujeros en donde metió su verga Freddy, eso me calentó más terminando los dos casi al mismo tiempo, con la intensidad de cuando éramos novios.

    Gracias por leerlo, hagan sus comentarios y por favor den su valoración.

  • Memorias de África (IX)

    Memorias de África (IX)

    Los días en los que me apetecía estar sola o metida en mis pensamientos, me dedicaba a observar la manera en que se organizaba aquella tribu. La mayoría de los días los hombres se ausentaban y no sabía dónde se metían hasta la tarde. Tengo que aclarar que sin reloj y sin ninguno de los artefactos modernos que condicionan nuestra vida, perdí por completo la noción del tiempo que llevaba entre aquella gente. Aprendí a interpretar el paso del día fijándome en el sol. Comía cuando tenía hambre y dormía cuando tenía sueño. No caí en el detalle de que debíamos estar cerca del mar, a pesar de que en mi dieta había pescado y algo de marisco, hasta que un día estando sentada en la puerta de mi cabaña vi regresar a un grupo de hombres con un par de pescados de buen tamaño. Me acerqué al grupo y con una concha de lo que en Canarias conocemos como lapas y mediante gestos, les pregunté a los hombres y a Lila que estaba por allí, de dónde traían esas cosas de comer. Me señalaron con la mano como diciendo “por allí”, pero eso y nada fue lo mismo, yo sólo veía selva. Cogí de la mano a Lila y tirando de ella le hice ver que quería que me llevara. Señalando al sol y con gestos entendí que se acercaba la noche y no era posible, por lo que opté por dejarlo para el día siguiente. Estaba ilusionada, ya tenía actividad para el día siguiente. Aquella tribu desconocía los metales, sus herramientas eran piedras y maderas, por lo tanto, sus utensilios para comer eran bastante pobres. Eché de menos una plancha, un caldero o alguna herramienta donde poder hacer unas comidas más elaboradas, pero con el paso del tiempo me acostumbré no sólo al tipo de comida, sino a ser menos exigente con sabores y texturas.

    Al día siguiente después de comer algo para desayunar, y preparar algunas provisiones para el camino, salí con algunos hombres, Aifon, Lila y algunas chicas más en busca de ese sitio privilegiado donde pescaban. Caminamos bastante rato por la espesura, haciendo un par de paradas para beber o descansar un poco. Hacía un calor bochornoso, y tenía el cuerpo empapado en sudor. Por un momento me arrepentí de haber preguntado nada y de meterme en aquella aventura. Cuando nos acercábamos al final de la caminata, pude oír el sonido de las olas y la selva se fue haciendo menos densa, hasta llegar a una playa de arena blanca y ante mí se abrió el mar. La playa no era muy grande, no creo que de punta a punta hubiera más de ciento cincuenta o doscientos metros, los árboles llegaban en alguna parte casi hasta la orilla, tenía forma de media luna y en uno de sus extremos un acantilado no muy grande. El agua era clara y las olas muy suaves. La arena blanca como ya dije, pero en uno de los extremos de la playa había bastante suciedad, botellas de plástico, trozos de lo que en su día pudo ser una red, maderas, hasta una camiseta negra descolorida con el logo de Carolina Herrera. La levanté en el aire y me la puse encima para probármela pensando si esa señora sabría que en este lugar apartado del mundo, había una prenda suya, o una imitación, vayan ustedes a saber. Aun así la cogí por si acaso y busqué cosas que pudiera aprovechar. Me acordé de Tom Hanks en la película “Náufrago”,

    -Hay que joderse, – dije en voz alta, – está claro que las pelis son una mierda.

    Mientras yo me afanaba en mi labor de chatarrera, los hombres se habían metido en el agua con sus palos afilados y unas cestas hechas a mano supongo que para mantener los peces vivos hasta llegar el momento de volver al poblado. Lila, Aifon y el resto de chicas me seguían sin perder detalle de lo que hacía y enseñándome cualquier basura como suponiendo que aquello pudiera tener algún valor para mí. Dejé de buscar cuando me convencí de que aparte de ser unos verdaderos cerdos por tirar todo tipo de basura al mar, allí no había nada que aprovechar. Caminamos hasta llegar casi al centro de esa cala solitaria y me senté en la arena con las piernas encogidas, la cabeza apoyada en las rodillas, y pensando de nuevo cómo demonios había podido yo llegar a esa situación. A medida que me acostumbraba a vivir con aquellos indígenas y me sentía más acogida y aceptada por ellos, mis amigos, mi familia, mi casa, mi ciudad, todo mi mundo, se hicieron cada vez más borrosos pero eso no quitaba que de vez en cuando pensara en ello. A ratos necesitaba imaginar todo eso para no perderlos de vista, y aquél fue uno de esos momentos. ”Esto es una mierda joder”, dije en voz alta mientras me levantaba y me fui hacia las rocas del acantilado. Me distraje cogiendo lo que yo suponía que eran las lapas que había en Canarias. Usé la camiseta como un saco y cogí una buena cantidad. Volví a sentarme donde estaba antes; las chicas no se habían movido de allí. Estaban hablando entre ellas, imaginé que sobre mí, que parecía triste sin saber los motivos.

    -¿Ya me estáis criticando jodías por saco? -les dije sabiendo que me iban a entender.

    Dejé la camiseta enrollada en la arena y me fui hacia el agua. Recordé los días de playa en Maspalomas y en Playa La Arena, las playas nudistas donde solía ir. Me quité el taparrabo y me metí en el agua. Los hombres seguían en lo suyo, tenían ya cogidos un par de peces medianos que me parecieron viejas, una especie de pescado que hay en Canarias y que es muy sabroso. Las chicas se quedaron en la playa y sólo Aifon se metió en el agua después detrás de mí. Aquellos indígenas no tenían gestos cariñosos, en su cultura no entendían lo que significaba un abrazo o una caricia. Por eso, cuando me acerqué a la espalda de Aifon y la abracé por detrás pegando mi pecho contra su espalda, giró su cabeza y con un gesto extraño me miró. Supongo que estaría pensando “¿pero qué haces tía?”, no obstante no hizo lo más mínimo por separarse de mí, lo que interpreté como que le gustaba descubrir que los seres humanos que veníamos de otras tierras lejanas, también sabíamos cómo agradar aunque fuera de otra manera. Apoyé mi barbilla en su hombro sintiendo el roce de la piel de su espalda en mis pechos. Le acaricié la piel del cuello con mis labios y eso la hizo estremecer. El que ladeara su cabeza para dejar más parte del su cuello expuesto me hizo reír, y al oído le dije:

    -Cabrona, ¿te gusta esto eh?

    Su respuesta no la entendí, pero di por supuesto un “si”, por lo que el siguiente paso fue mordisquearle la oreja.

    -¿Y si además te hago esto? -le pregunté al mismo tiempo que con mi mano llegaba hasta su sexo.

    Respuesta ininteligible de nuevo. Llegué hasta su clítoris y dio un leve sobresalto, y ya sin pedir permiso metí mi dedo corazón en su coño. El tiempo justo para excitarla, pero sin finalizar, tú me azotaste y yo te dejo a medias, ese es mi castigo. Y así estuvimos jugando al ratón y al gato, hasta que los hombres salieron del agua con las cestas llenas. Por la posición del sol debía ser poco más del mediodía pero no vi movimientos que me hicieran pensar que volvíamos al poblado. Hasta que se hizo la hora de volver, dedicamos el tiempo a quitar escamas de pescado con unas piedras afiladas, y quitar los intestinos de la misma manera que hacemos en la parte civilizada del mundo, todo eso combinado con momentos de charla, descanso, y algún baño en el mar. Regresamos al poblado todavía con la luz del sol y mientras los hombres dejaban el pescado y el resto de cosas cerca del fuego que habían hecho las mujeres, yo me fui a mi cabaña. Después de que “mis chicas” me lavaran y asearan, salimos al centro del poblado y las ayudé a preparar la suculenta cena.

  • Cómo empezó todo con mi vecina (Cierre)

    Cómo empezó todo con mi vecina (Cierre)

    Pero antes de irme (leer relato: “Cómo empezó todo con mi vecina”) e incluso levantarnos del sofá, se notaba mi erección bajo el pantalón y le digo:

    Yo: mira cómo me dejaste

    V: jejeje pobrecito

    Yo: si, agua helada me va a tocar ya que no quieres que pasemos de acá

    V: la verdad vecino (acomodándose la ropa un poco y recogiéndose el cabello) es que no lo puedo dejar ir así

    Yo: bueno, tu dirás (ella ya tenía una mano en mi pierna y se estaba poniendo de rodillas frente a mi)

    V: le voy a dar un regalito, porque se ha portado muy bien Ud.

    Acto seguido, bajo mis pantalones y bóxer y dejo libre mi pene… Ella sonríe y comienza a acariciarlo para luego llevarlo a su boca y humedecer con suavidad.

    Tengo que confesar que muy pocas veces el que me hagan sexo oral me lleva a eyacular, sin embargo y sin que ella supiera al respecto, le dije: vecina hágame acabar y ojalá se lo trague. Me miró y me dijo: nunca me lo trago, pero haré el intento. Y desde ese momento me relajé y ella continuó usando sus manos y su boca traviesa en mi pene. Subía y bajaba, cambiando el ritmo, ensalivando y chupando. Le tomaba de la cabeza suavemente y hacia que se lo tragara lo más que pudiera y ella colaboraba, era una conexión muy rica, como si siempre hubiera sabido como me gusta y a su vez saber que le gustaba a ella que le hicieran mientras lo mamaba.

    Pasados unos minutos de esa mamada, le aviso que estoy por correrme y sin sacárselo de la boca, viéndome a los ojos, asiente con la cabeza… Segundos después me tenso por completo y dejo que mi corrida le llene la boca y sin dejar caer una gota se retira lentamente y va al baño.

    Yo me quedé sentado sin moverme y relajado por completo, no llegaría a mi departamento con los huevos llenos y calientes, sabiendo que no iba a poder descargar. Así que con una sonrisa y un respiro profundo allí estuve sentado hasta que ella volvió del baño.

    Yo: que rico, tienes una boquita traviesa

    V: que bueno que le gustó, no me lo puede tragar, sorry

    Yo: no hay problema… me gustó mucho igualmente

    V: a mi también, y gracias a Ud. por hacerme sentir lo que sentí, hacía mucho que no lo sentía

    Yo: bueno, ya yo te dije! (haciendo referencia a lo que le había dicho del uso de mi boca)

    V: (sonriendo pícara) si, lo tendré en cuenta.

    Yo: cuando quieras

    V: en serio?

    Yo: si, claro… siempre que tu quieras, que los dos queramos

    V: bueno, me gusta

    Yo: y tu a mi, ya quiero la próxima vez

    V: jajaja vaya a su casa que después nos metemos en problemas

    Terminé de acomodar mis pantalones, lavado de manos y a mi departamento…

    Lo recuerdo y me dan ganas de ir a tocarle la puerta para volver a coger con la vecina…

  • El regreso del contador: Comida de fin de año con mi esposa

    El regreso del contador: Comida de fin de año con mi esposa

    Si has seguido la colección de historias que estoy compartiendo sobre las clases de sexo que ha dado mi esposa Tere desde hace dos años, ubicaras al contador de su trabajo.

    Nuevamente descubro en el correo de mi esposa la descripción del segundo encuentro con el Contador, así como fotos que me dejaron boquiabierto.

    Te comparto la tercera clase de la Miss Tere, la maestra del sexo infiel:

    Tere: Mi amor mañana es la comida de la oficina, creo que acabará como a las 8, podrías ir por mí?, Me dice mi esposa.

    A la mañana siguiente salimos de casa cada quien a su respectivo trabajo y esto fue lo que pasó en la comida (Lo descubrí del celular de mi esposa).

    Tere: Hola papito, ya estoy en la comida, en la mesa de mi jefa, donde estás, ya te quiero ver

    Contador: Hola mi wera hermosa, cómo vienes vestida para ubicarte, porque no te veo.

    Tere: Vestido azul rey entallado, pantimedias negras y zapatillas de tacón azul, casaquilla negra.

    Contador: Ya te vi y te ves espectacular, te veo en el pasillo para escaparnos y llevarte a la cama como te gusta mi werita.

    Tere: Pero mi esposo va venir por mí a las 8

    Contador: No te preocupes, regresamos antes de que llegue y no se dé cuenta de la cogidota que te acabas de llevar.

    Lo siguiente lo relato del correo y las fotos que le encontré a mi esposa, la Miss Tere la putita insaciable:

    Tere: Me compré esto para ti papito, se quita el vestido y le muestra un brasier blanco transparente que deja ver sus senos redondos y sus pezones bien parados, sin tanga solo las pantimedias negras que le cubren su panocha ya húmeda y pidiendo el miembro del contador así como su hermoso, redondo y enorme trasero que tiene, la Miss le modela y el contador le toma alrededor de 25 fotos donde Tere deja mostrar lo experta que luce mostrando su cuerpo cuál puta que se ha convertido

    Después de las fotos, sabemos todos lo que pasó y termina esta tercera clase de la miss con…

    Contador: Mi wera hermosa, me has hecho adicto a tu cuerpo, a tus senos y pezones, a esas nalgas tan divinas pero sobre todo a la pasión con la que coges conmigo, eres en verdad una maestra en la cama y yo un fiel alumno de tus clases, sígueme enseñando todo lo que sabes mi amor, hasta el siguiente encuentro, recuerda que mi verga vibra por ti, me encantas.