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  • Cuando fui asistente de una madura

    Cuando fui asistente de una madura

    El cuerpo que tengo me ha ayudado a conocer personas importantes de mi país,  tanto que termine trabajando en la cámara de diputados, conoció al líder de un partido político y me puso a trabajar como asistente de una diputada de la cual no diré su nombre, pero le diremos Margaret.

    Margaret es una mujer de unos 55 años, astuta, hábil para los negocios, la verdad era buena en lo que hacía, era madre de dos hijos y tenía ya 3 esposos en su haber, el último un hombre metido en el fútbol que no pasaba mucho tiempo con ella.

    Margaret era alta, media casi 1.80 cm, morena, ojos color miel, delgada pero con figura, la verdad le invertía a su cuerpo ya que obviamente tenía muchísimo dinero.

    Mis primeros meses trabajando con ella fueron pesados, aunque ella dejaba de trabajar a las 3 de la tarde, mi jornada muchas veces era de 12 horas, pero yo la veía a futuro, así que aguantaba la friega.

    Poco a poco nos fuimos llevando mejor, me volví su confidente, me contaba sus anécdotas de casada, las aventuras sexuales con sus colegas y contrincantes porque no importa el color, el cuerpo es cuerpo.

    Una noche de agosto del 2018 por primera vez me invitó a su casa, ese día ella estaba tensa y fuimos a terminar un papeleo pero más a platicar.

    M: Ya estoy harta, este proyecto me tiene loca y el líder del partido lo quiere ¡¡ya!!

    C: ¡Tranquila! ¡Aquí estoy para ayudarte!

    M: Eres muy linda, además muy eficiente.

    Su halago me alzó el ánimo, cuando te reconocen es muy bueno, así que ambas trabajamos en el proyecto cuando de pronto ella dijo…

    M: Necesito un break, sabes, hay una botella de whiskey en la bodega traila y tomemos un descanso.

    Sin decir nada obedecí su petición, tome la botella y dos copas y regrese a la sala donde ella está ya sin sus zapatillas y recostada en el sillón, no sé porque pero se veia muy sensual.

    M: Ya estoy muy cansada, sírveme una copa ¡por favor!

    C: Relájate, hemos trabajado duro, verás que todo saldrá bien.

    M: Eres muy eficiente y encantadora, que bueno que eres mi asistente.

    Admito que sus palabras me sonrojaron, le serví su copa y ambas brindamos y comenzamos a platicar nuestras penas, ella hacía un movimiento muy peculiar con sus pies lo cual me atraía mucho, me quite los tacones, yo traía una calza negra y mi blusa rosa, me senté en el sofá y ella puso sus pies en mis piernas.

    M: ¡Cómo me gustaría un masaje!

    C: Si gustas te lo puedo dar.

    M: ¿En serio? Me estaría aprovechando de ti ¡jaja!

    C: Para nada, se como masajear, hace tiempo tuve un spa y obvio se como sobar, déjame hacerlo.

    Fui por un aceite de coco y nos servimos un trago más, comencé a masajear sus pies, desde sus dedos a su talón y su tobillo, lentamente apretando cada músculo de sus pies.

    M: ¡¡Ah!! Que rico, uhm, ¡¡ah!!

    Sus gemidos comenzaron a acelerarme, comencé a sentir una excitación al estar sobandole sus pies, ella bebía su copa y me miraba con ojos de excitación.

    M: ¡Que rico se siente, tienes unas manos espectaculares!

    C: ¡Jaja, no se como tomar esas palabras!

    M: Tómalas como quieras, ¡¡uhm!! Seguramente los hombres estarán encantados contigo!

    C: Pues te dire, ¡no me quejo!

    M. Oye, una pregunta, ¿lo has hecho con mujeres?

    Yo la mire seria y ella con una sonrisa de oreja a oreja y saboreando su copa me miraba paciente, así que sonriendo le dije que ¡si!

    M: Pinche Cindy, lo sabía, eres una ¡¡bomba sexual!

    C: Jaja, ¿tu crees?

    M: Estaría bien comprobarlo, ¿no?

    C: ¿Comprobarlo?

    Ella se acercó lentamente y me acaricio mis piernas, mirándome me dio un beso, un beso muy apasionado, sus labios y los míos se entendían muy bien, su mano recorría mis tetas con suavidad, acariciando cada cm de pecho.

    Sin dejar de besarme subio encima mio sentándose y comenzó a quitarme la blusa, su boca me besaba el cuello de una manera sublime, sus manos acariciaban mis pechos por debajo de mi brasear, yo gemía despacio, estaba toda excitada.

    M: No sabes como me gustas, he tenido a muchas mujeres a mis pies y tu no serias la ¡excepción!

    C: ¡¡Uhm!! Sabía que eras bi!

    Comencé a acariciar su trasero que era pequeño pero firme y duro, se sentía fenomenal, mi lengua y la de ella se unían como serpientes apareandose, le quite su blusa y sus tetas que estaban sin bracear quedaron a mi disposición.

    Como buena asistente quise consentir a mi jefa asi que lentamente comence a saborear sus pechos, los besaba, lamia y me perdia en su pezon negro que estaba durisimo como piedra.

    M: ¡¡Uhm!! Cindy, ah, ¡¡cariño!!

    C: ¡Qué ricas tetas tienes!

    M: ¡Vamos a mi cama!

    Al entrar a su habitación inmediatamente me aventó a la cama, se despojó de su falda y su tanga, yo me desnude totalmente, Margaret fue de mis pies, besandolos y acriciandolos lentamente hasta mis muslos, los cuales apretaba muy fuerte y eso me gustaba.

    M: ¡Estás muy buena, por eso te acepte!

    C: Sabía que me deseabas, lo se por como me mirabas.

    Abrió mis piernas y fue directo a mi concha, su lengua lamía mis labios vaginales, yo gemía y le acariciaba su cabeza, Margaret era buena con la boca, succionaba mi clítoris y le daba ligeras mordidas lo cual me hacía retorcerme como gusano con sal.

    Levanto mis piernas de tal manera que mi culo quedó a su merced, ella lo lamía muy rico, yo me acariciaba las tetas y le pedía que no parara, Margaret metia dos dedos en mi concha y su lengua en mi culo, ¡me había vuelto su puta!

    C: ¡¡¡Ah!!! Que rico, uhm, agh!!

    M: Me encantan tus gemidos y tu sabor, ¡este es el culo más rico que he probado!

    Me pidió me pusiera a cuatro patas, ahí bien empinada metia sus dedos en mi ano y vagina, que rico se sentía, sabía cómo moverlos, me tenida toda extasiada, esta madura si que estimulaba muy rico.

    M: ¿Te gusta mamacita?

    C: ¡¡¡Claro!!! Más, hazme tuya!

    M: ¡¡¡Si!!! ¡Ahora eres la putita de mami!

    Margaret utilizaba casi toda su mano dentro de mi coño el cual estaba mojadisimo, mientras tres de sus dedos ya estaban en mi culo, me pidió me moviera y la obedecí, así que me movia en circulos y ella me metia con fuerza sus dedos, ¡que placer!

    C: ¡¡¡Agh!!! Me vengo, uhm, ¡¡ah!!

    M: Si mi amor, que rico, ¡¡uhm!!

    No pude contenerme más y comencé a venirme salpicando todo, ella sonriendo y excitadisima bebía mis fluidos, me tiro boca abajo y de mis nalgas lamiendo mi venida subió a mi espalda hasta llegar a mi boca y besarme con mis fluidos en su boca!

    M: Mi amor prueba tu néctar ¡sabes riquísimo!

    C: Me encanta, ¡¡uhm!!

    Me besa la espalda mientras su mano derecha acariciaba mis pechos y bajaba por mi abdomen a mi clítoris el cual temblaba al sentir sus dedos en él.

    M: Mi vida, te toca bajarte.

    C: ¡¡Te va a gustar!!!

    Baje besando su vientre y sus tetas enormes, me dirigí a su coño el cual está super humedo, no dude ni un segundo en lamer los fluidos que emanaba de él.

    Comencé achupar sus labios vaginales, parecía que los besaba eso la tenía feliz, me apretaba la cabeza para no dejar de chuparlos.

    M: ¡¡¡Agh!!! ¡Qué rico!

    C: ¡¡Uhm!! Te dije que te va a gustar.

    Enrolle mi lengua y se la metia hasta chocar con su clítoris inflamado, Margaret solo se retorcia del placer que sentía al tener mi lengua dentro de ella.

    Baje mi lengua lamiendo su culo y metiéndole tres dedos en su húmeda concha, ella gemía y eso me excitaba , mas y mas, comencé a mover mis dedos con fuerza casi arañando por dentro, Margaret se quejaba pero del placer que le generaba lo que yo le hacía.

    M: ¡¡¡Ah!!! Mi amor, ah, uhm, uf!!!

    C: ¡¡Uhm!!! Que rico, ¡¡uhm!!

    Combine perfectamente mis lamidas y chupadas con los movimientos de mis dedos dentro de ella lo que logró que ella comenzara a venirse expulsando líquidos por todos lados!

    M: ¡¡Ah!!! ¡¡¡Dios mío!!! Uhm, ah, uhm, ¡¡¡ah!!!

    C: ¡Si! Así que rico, ¡¡uhm!!!

    Apenas ella terminaba de expulsar sus fluidos yo como poseída le abrí las piernas y cual macho en brama junté nuestras vaginas y comencé a moverme simulando una penetración de lujo!

    C: Ah, que rico, uhm, ¡¡ah!!

    M: Así mi amor, mas, dame mas, uhm, ¡¡agh!!

    C: Ah, toma, uhm, que rico, me pones a mil, ¡¡agh!!

    Levante sus piernas y las coloque en mis hombros eso nos permitió juntar más rico nuestras conchas y yo sentía una estimulación fenomenal, ¡jamás con alguna chica había sentido eso que me estaba dando mi jefa!

    C: ¿te gusta?

    M: Si, mas, que rico, soy tuya, cogeme, cogeme Cindy.

    Sin dejar de moverme lamia sus pezones, le mordía el cuello, mi jefa me tenía loca, me encantaba tenerla ahí gimiendo por lo que yo le hacía.

    Me entrelaza con ella y ambas nos movíamos sincronizadamente gimiendo de placer, nos besábamos, nos comíamos todo lo que nos quedaba cerca ¡que rica experiencia!

    M: Mi amor, me voy a venir, ¡¡agh!!

    C: Yo también, uhm, agh, ah!

    El orgasmo fue fantástico, terminamos acostadas besándonos como unas perras llenas de lujuria.

    M: Cindy que rico momento me has dado.

    C: Te confieso que jamás me había comido a una mujer así, ¡jaja!

    Esta de mas decir que me volví su amante, todos los dias cogiamos bien rico en su casa, yo estando ya con pareja me daba el tiempo de complacer sexualmente a mi jefa y todo iba bien hasta ese dia…

    M: Así cariño, más, que rico chupas, ¡¡más!!

    C: Uhm, me encanta tu pucha, uhm, esta ¡¡jugosísima!!

    S: ¿Pero qué demonios pasa aquí?

    M: ¡¡¡Por dios!! Mi hijo!!!

  • Vuelta a las pistas de forma inesperada (Final)

    Vuelta a las pistas de forma inesperada (Final)

    Ya quedaban pocos días para que el hermano de mi amiga se fuera a un lugar definitivo. Lo había pasado muy bien con él y estaba muy contento con la dinámica de poder cumplir las fantasías que él no podía con su novia.

    A medida que se acercaba el día de su mudanza me dijo que estaba bien complacido con la experiencia y además feliz de haber podido realizar sus fantasías, todas ellas, también de satisfacer todo lo que en ese tiempo se le había ocurrido hacer.

    Un día por la mañana me dijo que me iba a hacer un regalo de despedida, y que me iba a sorprender. La verdad no pensé mucho sino que ansiosamente espere el momento para dejarme llevar.

    Antes de volver a mi departamento me llamo y me dijo que nos juntemos en un lugar diferente, eso llamo mucho mi atención y le dije que iría a la hora señalada. Le pregunté su debía llevar «algo especial» pero le dijo que no, que el se encargaba de todo.

    Al llegar me dijo que me subiera a un auto en el que andaba y que íbamos a ir a un lugar en las afueras de Santiago, una parcela en Lampa.

    En el camino estaba algo confundido pero también emocionado ya que esta vez no me podía imaginar para nada de que se iba a tratar.

    Al llegar, abrió el portón y luego entramos. Era una especie de cabaña, con mucha área verde y un pequeño cobertizo que hacía las veces de bodega, cuento esto porque es un detalle importante para más adelante.

    Me dijo que nos bajemos hacia la cabaña. Lo seguí sin pensar mucho las cosas. Abrió la puerta y me dijo que sobre la mesa había ropa para que yo me vistiera. Así lo hice, sin más, aunque esta vez fue diferente. En ocasiones anteriores yo entraba a un lugar diferente para prepararme pero ahora el miro todo el proceso.

    Luego, me dijo que siempre había tenía presente algunas veces que le comenté el gusto que tengo por los juegos de rol de secuestro, así que bueno, ese iba a ser su regalo de despedida. Ahora ya vestido que simulara fuera la mujer de la casa que iba a salir al jardín para pasear. Ya la sola idea me provocó una linda erección pero esto estaba recién comenzando.

    Salí al patio a caminar, estaba oscuro. De pronto oí que alguien me puso una pistola en la espalda y me ordeno caminar hasta el cobertizo. Wow, me estaban secuestrando, así que solo me quedaba obedecer ya que ese desconocido podía atentar contra mi.

    Al entrar me dijo que me ponga al lado de una caja grande de madera, me puso una venda, me sacó el colaless, luego me dijo que entre en la caja, ató mis manos a mi espalda, ató mis rodillas juntas, luego mis tobillos, me ató de una forma en que quede en posición fetal, finalmente me dijo que no hiciera ningún ruido y me comporte, de ser así saldría con bien.

    Me puso la mordaza y luego sentí un líquido en mi culo, claramente era vaselina, y seguidamente sentí como se iba insertando lentamente algo, primero despacio, solo la punta, después la mitad y luego completo, lentamente. Seguidamente escuché y sentí como comenzó a vibrar y también oí como se cerraba la caja y luego la puerta del cobertizo.

    Luché por liberarme, no tuve éxito. Pujé para expulsar el vibrador de mi ano, no pude. Intenté pedir ayuda pero todo era en vano. Allí estaba, en plena oscuridad. Bien atado, vendado, amordazado y con un vibrador. No podía hacer nada más que esperar.

    Pasó el tiempo, no sé cuánto, y escuché la puerta abrirse, también la caja y como mi captor entraba y me ayudó a ponerme de pie, así tal cual estaba. Me dijo que ahora nos íbamos a cambiar de lugar. Así que me desató algunas amarras pero quedé de todas maneras con las manos en la espalda y los pies atados.

    Tenía que ir saltando hacia un lugar desconocido que finalmente era la cabaña. Allí iba avanzando a saltitos hasta que me tiró sobre algo que por la textura supuse era una cama. Luego ató mis tobillos a mis manos (un hogtie clásico) y me quito la mordaza. Era hora de mamar.

    No tuve otra opción que hacerlo, además, por unos momentos se sintió bien me sacara esa bola de la boca y ya no estaba babeando más. Se la mamé suave al principio, le pase la lengua por la punta y luego por todo su pene. Después ya comencé de lleno, llegando en ocasiones mi nariz a tocar su estómago.

    Luego me volvió a poner la mordaza y me saco el vibrador, me desató una amarra y sentí algo diferente esta vez. Puso algo en mis nalgas, me dijo que sería una experiencia nueva y así lo fue. Me puso un electroestimulador en cada nalga, son de esos que se usan para la espalda baja. Después me dijo que lo iba a filmar ya que el entrenamiento anal debe registrarse. Lo encendió y sentí como mis nalgas se contraían y relajaban, como una locomotora. Después paro, me puso vaselina y metió un dildo. Al mismo tiempo en que el electroestimulador hacia su trabajo él jugaba con ese dildo en mi ano, hacia círculos, entraba y salía, lento y rápido. A veces mi culo quedaba completamente contraído con el dildo dentro y me decía pujara para intentar sacarlo. Nunca pude pero como estaba a su merced obedecí.

    Después de que utilizo esos juguetes hasta que quedó satisfecho con eso, me dio vuelta, pero me dejó el dildo enterrado, lo había asegurado a mi culo con cinta de embalaje.

    Me dijo que esta era la despedida definitiva, así que me comenzó masturbar con la mano, como a veces lo hacía, pero en esta ocasión sentí algo más. Efectivamente, no fue mi imaginación, mi captor me estaba haciendo sexo oral, fue una mamada tímida, pero se sintió increíble. No pasó mucho para que yo acabara, el me entendió cuando masculle que iba a acabar y eyacule sobre mi estómago.

    Luego me quito la mordaza y me dijo que si quería una última cosa más, le dije que si. Volver a la caja hasta que salga el sol o me quedara dormido, lo que ocurriera primero, pero esta vez además de atarme como la vez anterior, con las mismas cosas, agrego el estimulador eléctrico en mis nalgas.

    Allí quedé nuevamente, secuestrado en un lugar desconocido, atado en completa indefensión, con esa vibración que sentía en mis oídos y dentro de mi ano.

    Sabía que no sería de utilidad intentar liberarme o expulsar el vibrador, tampoco podía pedir ayuda. Solo me quede así, en indefensión, viviendo el momento.

  • Princesas

    Princesas

    Elisa volvió a casa por Navidad. Tocó el timbre y le abrí la puerta. «¡Hola, feliz Navidad!», me dijo plantándome un beso en los labios. La hice pasar.

    Elisa es mi amiga. Vivía conmigo. En fin, lo diré, follábamos de vez en cuando. Pero no era, digamos, lo que se dice «una chica alegre»: Elisa sólo follaba conmigo: porque me tenía más a mano, ya que compartíamos piso. Elisa era una mujer muy estudiosa que siempre andaba en la academia, en la biblioteca, en casa o… viajando. Su modo de vestir era austero; es decir, calzaba zapatillas deportivas y vestía falda larga y un jersey sobre la camisa. Poco se podía adivinar de su anatomía, más allá de su delgadez y su angelical rostro. A mí sólo me había sido dado el placer de acariciar su blanca piel y disfrutar de sus femeninos pliegues. Sólo a mí, Elisa me lo permitía, a fin de aliviar sus tensiones para poder rendir más en sus estudios. Ciertamente, la gente suponía que éramos marido y mujer, pero con eso ya contábamos: nadie conocía nuestra historia de amistad desde la más tierna infancia debida a la afinidad en el ámbito laboral, su madre y la mía eran compañeras, de nuestras respectivas familias, nadie suponía nuestra orfandad en aquel accidente aéreo ni nuestra suerte al encontrar a aquella pareja de jubilados que nos adoptó, haciéndonos entrega de este piso en cuanto cumplimos la mayoría de edad.

    «Elisa, oh, Elisa, te he echado de menos», dije; «Ya sabes, Alejandro, debo viajar»; «Elisa, pero…, sí, es verdad, debes viajar, sin embargo tu lugar está aquí, junto a mí»; «No, Alejandro, sabes que debo reintegrarme a la vida social que mantenían mis progenitores, ellos esperaban mucho de mí y, aunque hayan muerto, no los defraudaré».

    Pertenecer a la nobleza era eso, viajar y relacionarse; pertenecer a la servidumbre era esto: permanecer recluido esperando que algunas migajas cayeran sobre mí.

    «Oh, Elisa, oh». Esa noche, Elisa precisaba de mis servicios. La encontré en la cama, tapada por el embozo hasta la barbilla. Me desnudé a los pies de la cama y me metí en esta, tapándome a mi vez. Introduje mi cabeza entre las tetas de Elisa y chupé largamente su carne, entreteniéndome con los pezones. Elisa suspiraba. Alargué mi mano hasta el coño y acaricié sus labios y metí dos dedos. Elisa gimió. Sentí la humedad en la yema de los dedos y me subí en Elisa. Penetré en ella. «Oh, Elisa, oh», jadeé. «Ah, Alejandro, ah, ah, ah, aahh». Pregunté: «¿Princesa, has llegado?»; «No me llames princesa»; «Pero lo eres»; «Ahora soy una ramera, dame, ¡dame más, Alejandro, aahh!». Indudablemente se corrió antes de que yo lo hiciera, pues cerró los ojos y se dejó ir emitiendo lastimeros grititos hasta que yo terminé.

    Evidentemente, Elisa no era princesa, ni siquiera marquesa ni nada que se le pareciese. Todo esto era un cuento, una historia que nos habíamos inventado sobre nosotros mismos a raíz del accidente que nos dejó huérfanos: Elisa era una futura reina; yo, su fiel lacayo.

    Desayunamos zumo, tostadas con mantequilla y café y encendimos dos cigarrillos. «Elisa, de verdad, no te entiendo»; «Alejandro, viajo para conocer mundo»; «Elisa, todos los mundos están en ti»; «Eso son sólo palabras».

    Tuvimos una hija y un hijo, que por supuesto eran bastardos, ya que la reina acostumbraba a estar de picos pardos con su lacayo.

    Ya madura, Elisa se me figuraba realmente una reina, no lo puedo negar, bella y resplandeciente. Su figura, menos angulosa que cuando joven, invitaba a largas tardes follando en nuestros dormitorio con las persianas bajadas, con la media luz que entraba por las diminutas rendijas, mientras nuestra descendía disfrutaba de la compañía de sus amistades en el cine…, o en cualquier otro lugar destinado a entretener a los jóvenes.

    «Uff, Elisa, oh, oh». Elisa me chupaba la polla. «Uff, Elisa». Sus labios apretaban el tronco, su lengua lamia el glande. «Oh, Elisa, me co-rro, oohh». Elisa recibía mi semen. Luego lo escupía en una toallita, y volvía a lamer mi polla para dejarla reluciente. «Que te la chupe una reina, debe ser…, lo más», rio Elisa; «Tanto como que te la meta un rudo lacayo»; «Ja, ja, ja»; «Elisa, Elisa…», susurré.

    Nunca viajamos. Elisa se dio cuenta a tiempo. Yo, por mi parte, ya lo supe desde que tuve conciencia de la muerte de mi familia.

    Esta noche, que es Nochebuena, he sorprendido a mi hija poniéndose una diadema en la cabeza frente al espejo. Ella me ha mirado a través del cristal; le ha ordenado a mi reflejo: «Papá, tráeme mañana la Navidad».

  • El vecino del pequeño coche amarillo

    El vecino del pequeño coche amarillo

    Volvíamos a casa en coche después de pasar una muy buena noche de fiesta en una concurrida discoteca cercana.

    Habíamos bebido y bailado toda la noche refregándonos entre morreo y morreo. Yo llevaba un minivestido rojo brillante con tacones altos y un fino tanga negro, me sentía deslumbrante y así me lo confirmaban las miradas de la gente. También notaba el orgullo de mi chico paseándome de la mano por la discoteca como si fuera su mejor trofeo.

    Durante todo el trayecto desde la discoteca hasta nuestra casa, que vivíamos en una zona tranquila y rural, se la tocaba y rechupeteaba entre curva y curva… no entiendo cómo podía conducir así… pero si, lo hacía y a todo gas! A mí… Aún me excitaba más. Era el chico perfecto: ojos verdes, moreno, musculado, con una cara perfecta… chico duro, pero tierno a la vez y un crack al volante… ¿qué más podía pedir a mis veintipico años? un sueño hecho realidad! El novio que todas mis amigas querían tener y era para mí. Todo enterito para mí.

    Llegamos en casa y no pudimos ni entrar el coche en el garaje… Paró el coche en medio de la calle y me invitó a salir. No podía aguantar más las ganas de follarme. La excitación era máxima.

    Me tumbó encima del coche, apartó un poco el hilo de mi tanga y empezó a penetrarme con fuerza desde atrás. Estaba mojada y aún con algún efecto del alcohol me temblaban las piernas.

    Mientras me follaba intensamente yo me sentía en las nubes en aquella noche de verano follada delante de mi casa durante la salida del sol.

    Estábamos en el punto más álgido del polvo cuando se presentó un coche que quería pasar por aquella calle unidireccional y estrecha. No podíamos parar, él estaba a tope y yo si la saca en aquel momento lo mato! Así que, aun sintiéndonos observados, mi chico dio unos últimos empujones y se corrió dentro de mí.

    Me aparté rápidamente y noté como parte de su leche caliente goteaba por mis piernas.

    Ante la mirada de deseo y alucine de mi vecino también joven y guapo dentro de su pequeño coche amarillo, me sentí aún más excitada con mi vestido rojo, mis tacones altos que resaltaban aún más mis bonitas piernas tersas, musculosas y mojadas por la corrida de mi chico que bajaba por ellas.

    Abrí la puerta de mi casa y subí rápidamente por las escaleras mientras mi chico guardaba el coche en el garaje y volvía para continuar la fiesta que solo había hecho más que empezar.

  • La novia del hermano de mi esposa (Parte 1)

    La novia del hermano de mi esposa (Parte 1)

    Yo vivo en México, en alguno de sus estados en el bajío, estoy casado desde hace algunos años y todo muy bien en nuestro matrimonio, vivo en mis 30s y tengo una vida normal.

    No somos oriundos de aquí, ni la familia de mi esposa, ellos decidieron venirse unos años después una vez que nosotros nos casamos y nos instalamos.

    Mi cuñado, mas joven que nosotros, unos años después de que llegamos decidió venirse a probar suerte con su novia, una chica al igual que él también en sus 20s. Ella tiene senos ricos a carnosos, nalgas grandes, se puede considerar gordibuena, mas buena que gordi ya que hace ejercicio y todo lo que tiene está firme, tiene muy buenas curvas, no suele vestir provocativa, pero hay veces que se pone escotes, faldas o pantalones ajustados y roba muchas miradas. En realidad ella jamás me llamó la atención, hasta aquel día que tuve que pasar a su casa a recoger un encargo.

    Ellos, mi cuñado y su novia, vivían muy cerca de nuestra casa y un día a mi esposa se le hizo fácil pedirme que pasara a recoger algo que le había dejado su hermano, él se encontraba trabajando y su novia estaría en casa así que accedí. Yo llegué, toqué la puerta y ella me recibió, aún se encontraba en pijama a pesar de ser casi medio día, cosa que no le di importancia, la casa era pequeña, entré y nos saludamos normal, pero después de unos minutos de estar platicando ella tuvo un extraño comportamiento, me inquietó un poco porque se veía nerviosa, de pronto solo se fue y se metió a su recamara. Ella se dio cuenta de que no traía bra, yo no lo había notado pero fue gracias a su nerviosismo lo que me hizo pensar y observar que ocurría algo. Se apreciaba solo la superficie de su pecho, tiene senos grandes así que era evidente que el contorno que se marcaba era de sus senos y sus pezones y no de un bra y su pantalón se transparentaba un poco y dejaba ver el cachetero morado que traía puesto, detalle del que me percaté cuando caminó a su recamara. Ella se dio cuenta de eso muy tarde ya que yo ya me encontraba dentro de la casa, parado frente a ella, solo atinó a correr a su recamara y ponerse algo rápidamente, dejando que el pequeño espectáculo que yo acababa de presenciar solo confirmara mis sospechas y estimulara un poco mi imaginación.

    Al salir de su casa pensé en lo ocurrido y me pregunté qué tan lejos podía llegar, me calentaba la idea de ver desnudo ese delicioso cuerpo pero honestamente lo veía imposible, ella era la novia del hermano de mi esposa y jamás había pasado nada para interpretar algo, ni rastro de química alguna entre nosotros, así que lo dejé pasar.

    Pasaron los días y tal vez semanas y por algún otro encargo le tuve que escribir, fue ahí donde vi mi oportunidad y comenzamos con los mensajes, al principio solo era para tentar el camino, todo muy cordial siempre pero de forma amistosa, pero comenzamos a hacernos amigos, ya saben, un «Cómo estás? Cómo va el día?» y cosas por el estilo. Un par de veces pase por ella a su trabajo y en una de esas veces «pactamos» que no le diríamos a nuestras respectivas parejas para no molestarlos y no dar mal interpretaciones, ya saben, no dar a entender algo que no está pasando (hoy en día he aprendido que este es el comienzo del camino del placer). Parecía algo inofensivo, pero con el correr de los días los mensajes subieron de tono. Como sabíamos que era un secreto pues cuidábamos mucho la discreción, eliminábamos mensajes y nos dábamos la libertad de hablar temas calientes, «qué te gusta o como te gusta, etc.» dejaba de ser inofensivo poco a poco.

    Cierto día platicando por mensajes salió al tema aquel día que la visité y ella estaba en pijama. Ella me preguntó si había visto algo o si había pensado algo y le dije la verdad, que primero no noté nada pero que su cambio de comportamiento nervioso me había alertado y gracias a eso había notado su falta de ropa interior. Solo reímos un poco y me contó que se dio cuenta de que solo tenía un suéter y las tetas al aire debajo de este y un pantalón transparente y no recordaba si traía calzones cuando ya estaba frente a ella. Me preguntó si no pensé en nada y le dije que si la había escaneado y la había imaginado, que salí un poco estimulado de su casa y su respuesta fue:

    – Pues hubieras aprovechado.

    Esa respuesta me puso una erección en segundos, jamás me lo esperé, era una invitación directa a deleitarme con su cuerpo y mente… Y eso hice.

    Después de ese día, con esa respuesta, las cosas cambiaron drásticamente. Los mensajes ya eran subidos de tono siempre, se notaba que le gustaba hacer esto, calentarme, le gustaba lo prohibido, la calentaba y cuando nos veíamos lo comenzaba a notar, muy discretamente pero lo notaba, ella andaba caliente solo con verme.

    Los días pasaron, algunos si nos escribíamos y otros no y por la preocupación de que nos encontraran los mensajes, cosa que habría terminado muy mal definitivamente, decidimos cambiar el medio de comunicación y usar un correo electrónico, así que nos inventamos uno para andar de cachondos nada más.

    Fue gracias a esta «libertad» que ella decidió enviarme la primer fotografía, recuerdo que comenzamos a hablar y ya le dije descaradamente que sus senos me los imaginaba ricos, tiernitos y deliciosos y fue mi segunda sorpresa. Su respuesta fueron dos fotos, una de sus nalgas con calzones, una foto de su cintura para abajo en calzones y otra de sus senos al desnudo. No lo podía creer! era una delicia, tenía en mis manos una exquisita foto de los senos de mi concuña, creo que me masturbe 5 veces ese día de lo caliente que estaba. Podía apreciar los exquisitos pezones, sus aureolas y yo simplemente no entendía cómo es que ella se atrevía a enviarme algo así, ella era la novia de mi cuñado, se acostaba con él, pero me deleitaba a mi.

    Ahora cuando llegábamos a tener alguna reunión los fines de semana solo pensaba en que a las dos mujeres que tenía presentes yo ya las había visto casi desnudas y me excitaba.

    Fue así cómo comenzó un juego que me llevó a tener una de las experiencias más deliciosas de mi vida…

    *************

    Si les gusta este relato, lo terminaré de escribir, me he llevado mi tiempo ya que no puedo dejar que mi esposa se entere de mi hobby y he estado recordando los eventos para agregarlos todos sin saltar detalles.

    También espero sus comentarios [email protected].

  • La primera vez de mi hija

    La primera vez de mi hija

    Hola me llamo Allina y veo que todos aquí pueden publicar sus confesiones.

    Heces unos años mientras estaba en la universidad experimente varios encuentros lésbicos con mi compañera de cuarto. Nunca supe bien si de verdad era lesbiana pero es que ella tenía un cuerpo muy sensual que me hacía mojarme en las noches de solo estar imaginando que le chupaba sus tetas grandes que tenía. El caso es que después de eso conocí al papá de mi actual hija y pues solo creí que tener sexo con mi compañera de cuarto fue algo pasajero.

    Alfredo y yo tuvimos una hermosa hija después de Lucia la mayor, que ambos amamos, mi esposo siempre se va a trabajar todos los días y mi hija y yo a veces nos quedamos solas cuidando al bebé. Lucia siempre me ayuda con el bebé, pero he notado un poco de celos cuando le doy pecho a mi hija menor, ya que siempre que estoy amamantando a mi hija ella pone una cara de pocos amigos.

    En fin, una noche mientras amamantaba a mi bebé ella entro en el cuarto y de la nada me dijo:

    «Mamá, tu nunca me amamantaste?»

    Yo quedé en shock porque era cierto, cuando lucía nació estábamos mal económicamente Alfredo y yo y de tantas preocupaciones se me fue la leche, le dije:

    «Muy poco hija, por tantos problemas mi leche se me fue y nunca pude hacerlo como se debe»

    Después me dice

    «Lo sé, pero no se que es tomar leche del pecho de una mamá. Me dejas tomar leche de tus senos?»

    Estaba súper impactada ya que eso no es algo que se escuche todos los días, así que le dije:

    «Pero lucía tu ya estás grande para ello»

    Y ella insistió diciendo que quería saber que era tomar leche de mis pechos, y pues como la amo tanto acepté amamantarla.

    Tome mi seno y ella empezó a lamerlo suavemente, debo admitir que me estaba excitando mucho, saber que alguien estaba lamiendo mi seno me sentía rico y mi vulva se empezó a excitar, a lo que dije «calma Allina, ella es tu hija, no pienses en eso»

    Pero de repente volteo hacia abajo y ella se estaba masturbando mientras lamía mis senos. Y pues no dude en decirle que era lo que estaba haciendo.

    Pero no funcionó, ella empezó a acariciar mi vagina que ya estaba muy húmeda, sentía sus dedos rozar mi clítoris muy excitado, y empezó a besarme en la boca.

    Después ella se bajó y empezó a lamer mi conchita húmeda, hasta que de repente me vine y un chorro gigante de semen femenino salió por mi vagina.

    Tomé un bote de burbujas con los que los niños juegan y empecé a metérmelo por el culo, ya que me sentía demasiado excitada.

    En eso, saque un dildo que tenía escondido y empezamos a masturbarnos Lucía y yo.

    Después de unos minutos me dice:

    «Quieres gritar de placer mami?»

    Estaba demasiado confundida pero más excitada, así que le dije que si.

    Fue a su cuarto y saco unas medias negras que le llegaban hasta el muslo, me dio unas también ya que soy fan de las pantimedias, y se puso un dildo como cinturón.

    Empezamos a hacer el amor en el cuarto del bebé, me sentía muy confundida pero me gustaba saber que una chica me estaba penetrando. Me sentía excitada ya que nuestras vaginas rozaban muy fuerte y se sentía muy delicioso su conchita contra la mía.

    En eso me empezó a coger muy duro contra la pared y por detrás como de perrito y su dildo saco un chorro de semen que entró por mi ano dilatado.

    Mi vagina soltó un squirt tan rico que hasta las piernas se me doblaron y para terminar hicimos el 69, haciéndonos sexo oral tan rico que ambas nos venimos.

    Desde ese día Lucía y yo hacemos el amor cada vez que mi esposo no está y debo admitir que me gusta sentir su vagina húmeda en mi boca.

  • Primera vez alucinante

    Primera vez alucinante

    Habíamos terminado un fin de semana intenso de un certamen deportivo. Todos los deportistas y acompañantes nos alojábamos al mismo hotel. Después de la última cena celebramos la entrega de premios y empezamos la fiesta.

    La discoteca del hotel estaba llena a reventar y nos lo pasábamos bomba bailando y charlando entre copa y copa. Éramos todos conocidos, todos deportistas que compartíamos la misma afición con mucha rivalidad en las pistas pero a aquellas horas y con tanto alcohol en el ambiente ya todos éramos colegas de fiesta.

    Yo estaba allí con mi chico el cual me acompañó durante la competición. Además del trofeo de la competición lo tenía a él. Era mi mejor trofeo, lo paseaba de la mano orgullosa dando envidia al resto de mujeres del planeta tierra. Era el chico que siempre había soñado y tan deseado entre mis amigas: guapo, musculoso, ojos verdes, moreno y con las facciones de la cara masculinas pero a la vez con una similitud infantil que le hacía parecer inocente.

    Yo como lo conocía, aún me ponía más esa cara de niño bueno que sé que luego se convertía en el tío más pervertido del mundo.

    Bailábamos, bebíamos, nos arrimábamos, nos morreábamos con ansias de más en medio de la multitud hasta que llegó un punto que no pudimos más y decidimos irnos ya a la habitación.

    Recuerdo ir-me de la sala de fiestas de su mano, medio tambaleando aún por el alcohol y con deseos ya de que me hiciera suya esta noche. Quería relajar-me y dejar-me ir. Realmente después de dos días de competición intensos ese día quería que me lo hiciera todo.

    Nuestra habitación estaba en una 5ª planta y la subida con el ascensor fue intensa: me arrimó a la pared a morreadas y me levantó cogiéndome con las dos manos por el culo. En este momento ya noté su miembro duro que luchaba por salir de sus pantalones.

    Se abrió la puerta del ascensor y llegamos a la puerta de la habitación sin dejar de tocar-nos y morrear-nos, arrimando-nos de pared en pared.

    Ahora si, una vez dentro… no había límites. Yo notaba ya mi tanga súper mojado a través del pantalón, con un deseo increíble de que me la metiera rápido y fuerte.

    Éramos solos el uno para el otro, y estábamos a punto de saciar nuestro apetito carnal. Me relamo recordando estos dos cuerpos jóvenes y guapos con tanta hambre de sexo.

    Por fin, le desabroche el cinturón y los botones de los tejanos, que estaban a reventar y salió su precioso miembro para que me lo comiera todo enterito. Buenísimo, ya estaba jugoso y terso a mas no poder. Disfruté un buen rato comiéndosela hasta que noté que se acercaba un subidón y pare.

    Literalmente me arrancó la ropa, me tiró a la cama y empezó a penetrar-me con fuerza. Aquello era sexo duro. Como pude le saqué la camisa para poder disfrutar de su cuerpo escultural perfectamente moldeado empujando encima de mi hasta que se vino fuerte. Se corrió en mi coño dejándolo a puntito para repetir.

    Aún con el cansancio de dos días de competición intensa estaba tan excitada que mi cuerpo me pedía más. Seguimos morreándonos y toqueteándonos hasta que se le animó de nuevo la picha. La volvía a tener vil y fuerte como al principio y ya siendo una segunda vez… seguro me daría por mucho más.

    Me puse encima de él y empecé a cabalgar-lo: arriba y abajo, delante y detrás. Llevaba toda su corrida anterior en mi coño y solo el roce de mi clítoris con su pubis ya me hacía llegar. Tuve un subidón detrás de otro hasta que ya, casi exhausta, y como última opción para que se corriera me giré cabalgando de espaldas a él para que viera todo mi culo fuere y redondo.

    Me empezó a pegar en el culo y a tratar-me realmente como una chica mala… me encantaba. Empezó a tocar-me el culete y a pedir-me si me lo dejaba rebentar aquella misma noche…

    Yo nunca había hecho sexo anal. Desconocía lo que podría pasar. Pero soy una chica atrevida y me animé a probar. Me giré otra vez para ver su hermosa cara de diablillo y empecé a presentar su excitado miembro a mi culete. Estaba todo rebosando de nuestros jugos y realmente fue bastante fácil. Poco a poco y en nada, casi la tuve toda dentro. Los primeros movimientos me retorcí de una sensación extraña…como de dolor y placer a la vez. Pero poco a poco, estas sensaciones se fueron convirtiendo en olas de placer que nunca había sentido. Y así, cada vez mas y mas hasta un nivel de intensidad que exploté como nunca antes lo había hecho. Me corrí increíble. Mis jugos inundaron todo su abdomen y a cada movimiento mío… le salpicaban en la cara.

    Flipamos los dos. Nos reíamos mientras jugábamos con ese jugo sabroso de nuestros cuerpos. Me empapé las manos y se lo pase por todo su trabajado cuerpo: pechos, brazos, abdominales, cara… La saboreamos los dos a mas no poder hasta que se corrió otra vez.

    Y así, empapados, cansados y saciados de sexo nos dormimos abrazados dulcemente.

  • White party

    White party

    Para los que no hayan leído mi relato “Los divorciados” Soy Andy.

    Mido 5”7 ni tan alto para Estados Unidos. Piel dorada por este intenso sol de Miami y la playa que me fascina literalmente. Ojos color miel claro y mandíbula sobre lo cuadrada, labios gruesos sin parecer exagerados. Llevo cerca de un año y medio rapado y con aretes en ambas orejas. Mi pecho ya va recuperando esa dureza que tuvo en aquella juventud de juergas y natación que tanto me gustaba. Y mis músculos volviendo a su forma original de papi sexy o como le llaman ahora el Dad Bod (Cuerpo de papá). Por fin he logrado tener los tatuajes que tanto me han gustado. Varios de ellos en mis brazos, uno en la pierna, tobillo izquierdo, antebrazo derecho y mi ancha espalda. En fin luzco como realmente debía haber sido desde un principio si yo no hubiera aguantado tantos años de clausura social. No tengo abdomen duro, no me gusta, lo veo muy falso y además me gusta demasiado la comida. Voy al Gym para hacer pesas, pecho y espalda que siempre me ha gustado. Soy velludo, bastante diría yo. Así que para definir mis músculos me rebajo con maquina eléctrica sin llegar a rasurarme con cuchilla. Estoy mejor dotado que muchos por ahí, tengo un miembro más allá de lo normal para los estándares del país donde vivo. Son ocho pulgadas y media, gorda y bonita diría yo, con prepucio bien abierto que cubre solo la mitad de la cabeza. Huevos recogidos pero bastante grandecitos.

    Mi primer año de divorcio viví con mi primo Allan que es 5 años menor que yo y el miembro de la familia que más odia mi ex, que luego entendí por razones obvias es el único que me trataba de hacer entrar en razones y abrirme los ojos durante mi fallido matrimonio por ende no gustaba de él . Artista, músico, pintor, bohemio y muy pero muy abierto y tolerante a todas las costumbres y culturas. Al final de ese mismo año comencé a tener identidad propia y vestirme a mi gusto etc. Tenía mis dos primeros tatuajes y era de las primeras veces que me rapaba la cabeza, dejándome mi vello facial solo alrededor de la boca estilo candado como dicen por ahí.

    La casa que compartíamos era pequeña pero cómoda, Allan la había heredado de sus abuelos paternos. Aun no se asentaba del todo del todo, tiene un hijo con Brenda un amor de persona y una de las mujeres más bellas que he conocido. El marquesito como le llama mi ex había estudiado en Europa y por ende sus costumbres son más diferentes, avanzadas y muy distintas a los obsoletos cánones de una sociedad arcaica que rigen en nuestra familia materna que se asienta en Miami. Solo es fiestero, bebedor y fumador pero la familia religiosa de dónde venimos proyecta una imagen que se debe tener ante una sociedad que juzga y siempre lo han tenido como la oveja negra de la familia. Así que cuando mi primo conoció a Brenda, todo el mundo pensaba que por fin se iba a establecer pero se separaron y volvió a su vida de mujeriego y tomador.

    -Andy te he dicho que me dejes agua caliente, que esta casa es muy vieja. Ya cuando se pueda tenemos otra con dos baños, ahora déjame el espejo que yo me tengo que afeitar también.

    -Allan ¿y tu piensas que yo voy a vivir toda la vida contigo papo?

    -Esta es la man cave de los primos me decía con su voz de fumador. No me dejes solo que tengo miedo.

    Me abrazó por la espalda y pude sentir el roce de su miembro flácido rozándome una nalga.

    ¡Quita maricón que me estas pegando la pinga en el culo!

    -¡Hay ya se te olvido cuando te mudaste para acá con quien te dormías llorando abrazado!

    -No si lo digo porque con el tiempo que llevo sin nada hasta me provoca jugar a los sables contigo.

    Comencé a reír y a amenazarlo con mi pinga en la mano, que aunque no tan grande como la suya tiene las dimensiones que ya les dije.

    -Echa eso para allá que yo soy alérgico a todas las cosas con forma alargada y cilíndrica. Me dijo riendo mientras me daba una nalgada y me decía: Dale termina que hoy no vengo a dormir.

    Allan es de la parte española blanca de la familia, de ojos tan azules como los zafiros de mis orejas. Solo se pone camisas o camisetas de esos tonos a propósito para resaltar el color. Melena estilo surfista rubia corto delante y en capas detrás y piel tostada de andar siempre que puede en Haulover beach. Una de las pocas playas nudistas que aun existen en Miami. Como es de esperar exhibicionista por naturaleza y porque ella le dotó de unos magníficos genes de belleza natural, envidiables músculos y un metabolismo único, no engorda con nada ni después de los 35 .Una hermosa pinga que le es muy difícil acomodarse en cualquier prenda, calzoncillo o traje de baño debido a su largo tamaño, cubierta con un gracioso y tambien dorado prepucio bastante cerrado, no se afeita el cuerpo aunque no es tan velludo como yo, su condición de blanco rubio le hace tener vello solo en ciertas zonas. Su pubis se lo rebajaba constantemente para que luzca como él mismo dice bonito natural y listo para taladrar cualquier hueco.

    -Ya terminé el lavamanos es todo tuyo.

    -Ya era hora, apenas me queda tiempo para que esta cara bella quede como nalguita de bebé.

    -Eres un estúpido narcisista Allan lo único que te falta es que te hagas un autorretrato y procedas como Dorian Gray…

    -Je ¿y tu crees que no lo he pensado? ¿Tú no conoces algún brujo por ahí? Dijo eso mirándose en el espejo y poniendo espuma de afeitar en su cara.

    -Si la familia te oye te deshereda…

    -Total Andy para lo que da la familia. Además tú sabes que mi herencia viene de la familia de papi gracias a ellos tengo mis estudios en Europa y tenemos techo.

    Mira como terminaste tú por hacerle caso a esa sarta de farsantes hipócritas. Gracias al primo diferente como me llaman todos eres hombre nuevo. Por cierto vas a la fiesta mañana ¿verdad?, yo te anoté van a ir jevitas buenas a ver si te empatas porque no te he visto en acción hace rato ya. Te voy a tener que venir a buscar a eso de las doce y ven a mi carro que te compré ropa porque mi primo tiene que lucir con clase.

    -¿Qué, estas como esa loca ahora? Resulta que tu tambien me quieres vestir tambien a tu antojo. Ya yo no soy monigote de nadie.

    -Hay tu siempre estas protestando que malagradecido eres. Agradece que tu primito tiene buen empleo y se codea con gente buena y con plata. En cuanto venga la mujer perfecta ¡te vas a quedar en la calle y sin llavín!

    Se puso una crema humectante luego de haber terminado con su cuchilla para decirme: Mira esto es lo que te hace falta ven ponte un poquito para que te quites unos añitos, a mí me preguntan si tengo 28. Es mas te regalo esta para que veas que bien vas a lucir.

    -Huy Allan si es que te digo lo único que te falta es meterte una pinga, si no lo has hecho ya.

    Soltó una hermosa carcajada y abrió el maletero del carro desde la sala de la casa. Salió descalzo y con una toalla enredada en la cintura, regresó con varias bolsas. Me extendió una diciéndome esto es tuyo. Es tu talla y el reloj tambien es tuyo, no te vayas a poner esa antigüedad que te compro tu ex por favor.

    -Pero es todo blanco.

    -Por eso te compré todo nuevo. Yo se que tu no tienes nada para ponerte mañana en esos tonos y es un White Party. Es para una causa benéfica. Así que ponte guapo que van a ir varias amigas. La única que no está disponible es Mónica así que si oyes ese nombre ni te acerques. Eh, eh… guapo ya soy y tú sabes que estoy más bueno que tú, yo no tengo la culpa que me hayan tenido preso tantos años sino el que estuviera invitándote a esa fiesta fuera yo.

    Al día siguiente llegó Allan con cara de no haber dormido en toda la noche. Eran cerca de las 11 y algo de la mañana.

    Coñooo primo ¡la cogiste en grande!

    -¿Me haces un cafecito papo? No tengo fuerzas ni para levantar la cafetera.

    -¿Eh no te hicieron café?

    -Nah si la dejé tan cansada que me fui y ni se enteró, le di hasta por el culo, literalmente. Me dijo que va a llegar más tarde a la fiesta.

    Llegamos a una casa bien lujosa en la zona de Golden Beach. Mi atuendo consistía en zapatos de mocasín y pantalón de lino, camisa tambien de lino por fuera de mangas largas dobladas hasta el codo para lucir parte de mis tatuajes y una camiseta tambien blanca por debajo de la camisa para dar más elegancia a mi look. Mi primo decidió ir de camiseta de mangas cortas como la mía y blazer para variar más estilo Miami Vice.Luego de los saludos de rigor y las miradas furtivas de varias chicas, y chicos tambien. Nos asentamos en una esquina del salón más grande con la tal Mónica, de pelo rubio y curvas sexy. Ellos hablaban de cosas de cultura y arte de los cuales yo sabía un poco solamente, apenas asentía con la cabeza para no meter la pata o solamente callaba mientras ellos conversaban. La Champagne muy buena comenzaba a hacer efecto. Allan se apartó por un momento de Mónica y me dijo al oído: Primo esta fiesta es bien importante, por favor te suplico que lo que veas aquí te lo reserves y lo que me veas haciendo hoy, por favor no me juzgues.

    -Allan yo se que tu fumas marihuana, yo no soy tu papá así que relájate.

    -No es eso solamente, confío en tu discreción.

    Acto seguido volvió al lado de Mónica y ella se puso algo en la lengua y lo besó efusivamente. Breves minutos después llegaba un sujeto como de unos 45 años piel trigueña y pelo negro, barba bien arreglada parecía modelo de revista de modas, pantalones súper apretados, camiseta blanca casi transparente que marcaba pectorales y abdomen de Adonis , blazer beige unisex. Besó a Natalia en la boca y luego a mi primo, se unió a ellos y salieron abrazados los tres.

    Luego de mi shock emocional necesitaba algo mas fuerte y me acerqué al bar. Me pedí un whiskey a las rocas y me dispuse a caminar un rato cuando este imbécil que venía sin mirar chocó conmigo y me derramó su trago encima de una de las mangas de mi recién comprada camisa, el jugo de arándano del trago la manchó de rosado. Lo que cayó al piso apenas salpicó en mis pantalones porque mis reflejos me hicieron dar un salto y esquivar lo que hubiese sido un fatal accidente para mi atuendo. Lo miré con cara confusa, él miró con cara de asustado y me dijo muy correctamente:

    -Perdón no fue mi intención no venía mirando. Ven que yo resuelvo eso ahora mismo.

    -No, tranquilo yo me las arreglo solo. Me dedicó una sonrisa con sus dientes parejos perfectos y sus carnosos labios, portaba chaqueta blanca de lino estilo europeo, se la quitó y dejo ver una fina enguatada blanca de mangas largas que marcaba pectorales bien definidos. Me extendió la chaqueta y sonrió de nuevo esta vez como planeando algo.

    -Por favor no te molestes ya te pedí disculpas, fue un accidente. Por lo menos toma mi chaqueta para que ocultes la horrible mancha que te he causado. Me la volvió a extender mientras yo la rechazaba con desconfianza.

    -No seas tan rencoroso la otra opción es ir al segundo piso y yo le quito la mancha, en mi casa lo haría mi empleada y yo te ofrecería ropa mía, aquí lo tengo que hacer yo mismo.

    Me sentí tan mal que decidí perdonarlo total estaba en una fiesta y más negatividad arruinaría todo cualquiera tiene uno de esos accidentes.

    -No es nada de veras dejémoslo así. Ven vamos al bar para que te pidas otro de esos y por favor no me lo vuelvas a tirar encima dije riendo. Él continuó riendo conmigo y nos fuimos al bar.

    -Me llamo Hasim mucho gusto.

    -Andy, me llamo Andy.

    Al acercarse sentí el aroma de su colonia muy masculina.

    -Deberías de veras irte conmigo al segundo piso para ayudarte con eso, luego que se seque es más difícil.

    Accedí a tanta insistencia, tomamos el ascensor y llegamos por un pasillo largo a un lugar más apartado de la enorme residencia donde nos encontrábamos. Lo seguí y me llevó directo a la lavandería de la casa.

    -Quítate la camisa.

    Lo miré con desconfianza.

    -Que te quites la camisa o pretendes que le quite la mancha con ella puesta. Aquí no va a venir ningún invitado, es la lavandería.

    El tipo no me quitaba los ojos de encima ni un segundo mientras yo me quitaba la camisa. Era un hombre varonil, como ya he relatado tenía pectorales bien marcados aparentemente bien peludo, la camiseta de algodón bastante fina dejaba ver un pecho acolchonado, buen cuerpo de ejercicios, cara como del medio oriente, nariz sobre lo pronunciada más bien grande y piel oscura sin ser mulato. Ojos almendrados color miel claro, labios pronunciados, cejas tupidas, barba corta bien arreglada. Era ancho pero no gordo tendría cerca de 36 años. Fui mirando un poco mas hacia abajo y pude observar que tenía muslos proporcionalmente fuertes y anchos y se suponía que tuviera buen culo tambien. Observé su bulto de reojo mientras me quitaba mi camisa y pude notar algo prominente tambien acorde a su talla y peso.

    -Hasim es que me da pena que lo hagas tu si la camisa es mía.

    -Y yo fui quien te la arruinó.

    En ese momento entre la media borrachera y la vergüenza traté de forcejear un poco con él tomando la camisa de sus manos escondiéndola detrás de mi espalda. Hasim respondió de la misma manera bloqueándome con su cuerpo hasta quedar totalmente pegado a mí. Hubo un momento de tensión mientras recordaba mi furtivo encuentro unos días antes con mi amigo guatemalteco (Mi historia “Los Divorciados”). Pegó su cara y rozó sus labios ligeramente casi contra los míos tratando de buscar detrás, cuando reaccioné tenía mis muñecas apretadas y el peso de su cuerpo me inmovilizaba. Experimenté una sensación agradable que no había sentido antes y mi respiración se comenzó a agitar. De momento apareció un tipo al parecer tambien de por allá por esos lares sin camisa y con el cinturón desabrochado, andaba descalzo. Su pecho era de pelos negros encaracolados que bajaban hasta una cómica barriguita tambien peluda sin abdominales pero sin grasa, facciones varoniles y árabes tambien.

    -Perdón Hasim no quería interrumpir.

    -No has interrumpido nada Nadir, aquí le he tenido que rogar a mi amigo Andy que me deje quitarle la mancha a la camisa que le arruiné pero nada más.

    -Ah bueno estoy en la habitación al final del pasillo, vengo a buscar champagne de la reserva de esta nevera, estoy con Emily y Tarik, ya sabes que ese chico está loquito por ti.

    Hasim se puso bien nervioso al oír esto y solo respondió varias cosas en la lengua natal de ambos, se puso rojo y bajó la cabeza. Perdón habibi respondió el tal Nadir tomó su botella y se marchó.

    -Eh… ¿dónde estábamos? Ah en que me des la camisa.

    Todavía sin soltarme las muñecas y pegado a mí sentí el peso de su cuerpo y todos aquellos puntiagudos pelos que rozaban mi piel, aquello se sentía delicioso. Desprendía un calor agradable en conjunto con aquella colonia sensual e intoxicante que ya yo había percibido desde el primer minuto que fuimos al bar y que por algún motivo ya me estaba causando sensaciones raras y una erección no común en mí. Ya or fin cedió al notar que yo dejaba ir mi camisa en sus manos.

    -¿Quién era ese, y quien es Tarik? (Pregunté yo mientras me sobaba las muñecas)

    -No te preocupes que Nadir no nos va a molestar más. ¿Te hice daño?

    Yo me puse nervioso y comencé a temblar como una hoja, no es nada contesté. Él se dio cuenta y solo se viró hacia el lavamanos enorme y agarró varios productos. Pude observar un par de hermosas nalgas apretadas en su pantalón blanco redondas y musculosas.

    -Ya está, solo espérame aquí Andy que ya regreso.

    Metió la camisa en la secadora más pequeña y salió de la habitación.

    Regresó con una botella de whiskey super caro y dos vasos con hielo. Luego de servirme se dio un trago largo.

    Yo comencé a reír comentando -Oye Hasim ¿De dónde te robaste la botella?

    -Soborné de nuevo al mismo chico de la barra que esconde el jugo de arándano para mi me dijo entre carcajadas. Por cierto ¿por qué te pusiste tan nervioso cuando me acerqué a ti? Yo solo quería tu camisa.

    -¿Yo? no son ideas tuyas.

    Me miró con sonrisa en los labios y ganas de comerme vivo, se volvió a acercar lentamente a m; Me acarició las muñecas y comenzó a pasar sus manos por mis brazos hasta llegar a mi pecho, me levantó la camiseta hasta mi cara y me la sacó de un tirón. Sus manos grandes se sentían deliciosas al tacto tocando mi pecho y mi barriga, descansando sutilmente en la hebilla de mi cinturón. Uñas arregladas muy masculinamente, volví a sentir su delicioso olor a colonia cara. Comencé de nuevo a temblar, en mi mente no era posible que me volviera a estar sucediendo lo mismo. Otro hombre me trataba de seducir y mi reacción era de placer y excitación.

    -Andy estas temblando de nuevo pero no me has rechazado.

    -Honestamente estoy medio borracho y confundido… y es la segunda vez que me pasa esto.

    Me abrazó fuerte contra el lavamanos y rozó sus labios levemente con los míos. Volví a sentir su peso, respiré su aroma ahora bien cerca de su musculoso cuello. Me puso la mano en la entrepierna y notó que se me estaba poniendo dura, apretó varias veces y soltó. Yo no sabía que hacer, estaba tan confundido que no atinaba a nada. Vi como tomaba un sorbo de whiskey, yo intente hacer lo mismo entonces acercó rápidamente su boca a la mía y compartió su trago en un sensual beso que me dejó sin palabras. Volvió a agarrarme mi bulto que no bajaba en lo absoluto, al contrario parecía que se quería salir del pantalón. Bajó la cremallera de éste y buscó palpar mas de cerca mientras yo me regocijaba con tales caricias. Me besó nuevamente esta vez con mas confianza y con lengua, yo respondí al beso esta vez. Por fin me zafó el cinturón y dejó que el resto de mi ropa corriera piernas abajo.

    -Oye que nos pueden ver.

    -shhh ya te dije que este es el cuarto de lavados, excepto el estúpido de Nadir que ya sabe que no se puede acercar más por aquí, estamos solos. Acto seguido se quitó la camiseta y se zafó los pantalones estos no cayeron porque estaban muy apretados, pero se veía el elástico de unos calzoncillos blancos que bellamente contrastaban con una pelambrera encaracolada, hermosa y negra que cubría, abdomen pecho y axilas.

    -¿Andy estas bien? Si quieres paramos.

    -Hasim perdóname me siento muy a gusto pero… es que no sé qué hacer con un hombre. Soy nuevo en esto, y te juro que es mi segunda vez.

    Él muy cortésmente me acarició la cara y me besó suavemente haciendo énfasis en mi labio inferior. Continuó por mi cuello mientras susurraba: Esta bien habibi deja que yo me encargo y continuó besando mi pecho y haciéndome sentir sensaciones únicas. Siguió hasta mis pezones que literalmente nunca habían sentido unos labios, al oírme gemir los chupó con delicadeza mientras no dejaba de masturbarme con un placer indescriptible. Siguió besando y lamiendo mi abdomen hasta llegar a mi pinga, la agarró con una mano y tocó mi glande delicadamente con la punta de su lengua; Puso mis huevos en la palma de su mano y se metió mi cabeza de una vez en la boca. Yo estaba literalmente en la gloria y no salía de mi asombro. Estaba tan atónito (y medio borracho) que notaba lo que pasaba, me gustaba pero no sabía cómo habíamos llegado ahí. Continuó chupando mi cabeza por un buen rato hasta que comenzó poco a poco a meterse el tronco tambien en su boca. Se incorporó para comenzar a besarme esta vez de forma más efusiva y apasionada. Ahora su vello rozaba deliciosamente mi cuerpo desnudo. Por fin haló sus pantalones hacia abajo, yo le ayudé con sus calzoncillos. Su hermosa pinga gorda y venosa limpia de piel en su glande era definitivamente mas grande que la mía y sus testículos tan oscuros como la piel de su impresionante miembro. Su roce se sentía mas delicioso aun y su pinga ya en mi mano se me antojaba divina.

    Tomó mis manos y las colocó en sus nalgas, tambien velludas y muy prominentes. Estas sensaciones, nuevas para mí en compañía del whiskey que no cesaba de fluir me excitaban mucho. Ahora lo besaba yo, metía mi lengua en su boca y mordía ligeramente sus labios, mientras mutuamente nos masturbábamos deliciosamente. Volvió a bajar hasta mi miembro nuevamente, esta vez con mas furia que la anterior, se tragó todo aquello de un tirón hasta que comencé a sentir su garganta masajeando mi glande. En mi vida había sentido sensaciones de esa índole. Mi cerebro estaba al explotar de placer, delirio y sobre todo maldiciendo el tiempo perdido por no haber probado antes una boca masculina que mamara tan sabroso. Si el propósito de esta fiesta era una causa benéfica este hombre ya se había ganado el mayor reconocimiento de todo el evento al menos conmigo. Mi excitación era tanta que luego de incorporarse lo abracé fuertemente, mientras lo besaba con pasión y deseo, comencé casi incontrolablemente a lamer sus labios, su cara, su cuello a respirar su aroma de hombre perfumado, fornido maduro. Por primera vez tuve el placer de chuparle sus pezones apenas visibles por la pelambre de su pecho y todo su cuerpo. No sé de dónde saqué el valor para bajar hacia su peludo sexo y comenzar a lamer suavemente la puntita de su miembro como con miedo pero con deseo.

    -No tienes que hacerlo, yo te puedo dar todo el placer que tú quieras hoy, contigo no necesito que me retribuyas nada.

    Volví a su cara y sin decir una palabra me volví a comer esos labios deliciosos.

    -Andy podemos terminar como tu quieras y en donde tu quieras. Esta casa tiene varios cuartos de invitados y esta no es mi primera fiesta benéfica aquí.

    Lo viré de espaldas y comencé a acariciar sus peludas nalgas, para mi sorpresa no me molestaba en lo absoluto que tuviera tanto pelo, al contrario para mi era un complemento a su masculinidad y su aspecto varonil que como dicen por ahí: El hombre es como el oso mientras mas peludo mas hermoso.

    Viró su cuello hacia mi mientras pegaba toda su espalda contra mi pecho y me ofrecía su lengua, con una mano abría sus nalgas y con la otra me masturbaba intensamente. Comencé a rozar su raja peluda mientras él se agarraba del lavamanos y me pasaba un condón y un paquete plástico de lubricante en miniatura. Yo entendí rápido lo que debía hacer y ni corto ni perezoso lo comencé a penetrar despacio, luego sentí que empujó de golpe y se ensartó él mismo hasta los huevos mientras soltaba un gemido como de alivio seguido por unos leves alaridos de placer mientras movía su cintura como un experto. Tantas sensaciones juntas eran divinas y deliciosas así que lo tomé por la cintura y comencé con el clásico mete y saca solamente hasta un poco menos de la punta y volvía a meter con fuerza, su culo bien abierto recibía todo aquello que yo le daba sin queja alguna, solo placer. Se sentía delicioso y muy caliente, él estaba en la gloria y yo con tantas experiencias nuevas, no tardé más de diez minutos en decirle: Si no paras ahora mismo de moverte, me vas a hacer venirme. Movió su cintura en círculos varias veces apretó duro con su esfínter mientras temblaba, me di cuenta que se estaba viniendo y yo tampoco pude más. Pegó una vez mas su espalda a mi pecho, su cuerpo con el mío aun con mi pinga palpitando en su interior, recostó ligeramente su cabeza en mi hombro mientras yo lentamente sacaba mi miembro que ya comenzaba a ponerse medio flácido y me dio las gracias.

    Voy a una de las habitaciones a darme una ducha puedes venir conmigo me dijo acomodándose la ropa.

    Ya la culpa y la vergüenza comenzaban a hacer efecto nuevamente; Mejor me voy le dije, mi primo me debe andar buscando. Hizo un rictus en su rostro de no saber de quién yo hablaba.

    -Allan es mi primo.

    -Oh es que no se parecen en nada, tu pareces más familia mía que suya.

    Sonreímos por el comentario.

    Abrió la secadora y me ofreció mi camisa. Me volvió a besar y me dejó arreglándome para bajar nuevamente a la fiesta.

    Espero que esta historia tambien les haya gustado. Y no olvides valorar y/o comentar.

    Sigue mis historias aquí.

    Siempre tuyo ThWarlock.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (17)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (17)

    Un joven en pijama con el pelo revuelto y pintas de no haberse duchado en todo el día le abrió la puerta. Su barba de una semana, aunque apenas incipiente, le hizo saber a Carmen que el chico estaba tomándose en serio el estudio, pero no estaba allí para hablar de eso.

    —Tía, qué ganas tenía de verte.

    Carmen se lanzó hacia el cuerpo del joven que a poco pudo cerrar la puerta. Pasó sus brazos amarrando el cuello de Sergio que hizo lo mismo por la baja espalda de la mujer. Apretaron fuerte, como dos viejos amigos volviéndose a encontrar y… ¿No lo eran?

    El propio impulso hizo que la mujer con el pelo rubio de peluquería se levantase levemente en el aire y que Sergio por la inercia girase sobre sí mismo volteándola en el aire. La bajó cuando dieron una vuelta completa y Carmen separó su cara de Sergio.

    Un beso sonoro de la mujer le dejó marcado su pintalabios en la mejilla izquierda a un joven sorprendido por el saludo. Pero no tardó en portar la mejor de las sonrisas, esa que últimamente solo una nueva amiga le conseguía sacar.

    —¿Qué tal estás, cariño? —Carmen se notaba realmente alegre, venía de arreglar las cosas con su hermana y ahora, veía a su sobrino favorito.

    —Ya me ves, poco salgo de la habitación, pero contento de tenerte aquí.

    —Me alegro, mi vida.

    Cogidos de la mano la mujer comenzó a andar hacia la cama, único sitio donde ambos podían sentarse y allí posaron cómodamente sus nalgas el uno junto al otro.

    —Vengo de ver a tu madre. —la felicidad del joven se borró en un instante, esperando con incertidumbre— Parece que está mejor. He hablado con ella sobre lo que pasó. Al principio no veas lo enfadada que estaba, y no la culpa, que tu hermana tenga relaciones con tu hijo, no tiene que ser nada agradable, ni fácil de digerir.

    Sergio se levantó un momento, cogiendo de un pequeño arcón dos botellas de agua, ofreciéndole una a su tía. Esta la necesitaba y estiró la mano, el trago con su hermana la había dejado bastante seca.

    —Gracias. —dio un ligero sorbo y dejó reposar la botella entre sus piernas— Le he dicho lo que ocurrió. Tranquilo, —Carmen sonrió al ver la cara de su sobrino— no le he dado detalles, ni ella a mí tampoco. Solo le he dicho que fue una vez, la última… vamos la que ella sabe y que allí me robaste el sujetador.

    —¡Oye!

    —Ya, lo sé. Pero te tenías que sacrificar por la familia. —Carmen volvió a coger su mano apretándola igual de fuerte que al entrar en el cuarto— Menos mal que me contaste lo que pasó, si no presentarme aquí hubiera sido imposible. Pero creo que está todo bien, hemos hablado del tema, no te quiero aburrir con muchos detalles, digamos que entre mujeres nos hemos entendido.

    —Entonces, ¿Mari y yo?

    —Eso ya queda en vuestras manos. Lo que le he dicho es que lo tenéis que hablar, se siente culpable por echarte de casa y… —le dedicó una mirada algo afilada— no la quito nada de razón. Si hubiera estado en su caso te hubiera matado.

    —Pero, ¿por qué? No entiendo por qué se enfadó tanto.

    —Sergio… se ha sentido traicionada. Míralo desde el punto de vista externo, si ahora tuvieras una novia. Tú hoy mismo tienes relaciones con esa novia, pero se entera de que la semana anterior lo has hecho con su hermana.

    —A ver, si eso lo comprendo, pero no es mi pareja.

    —¡Sergio, que es tu madre! Es mucho peor. —el joven agachó la cabeza comenzando a comprenderlo— ¿Qué te crees, que a mí no me hubiera molestado? Seguramente sí. Por mucho que no seas pareja de alguien te molesta que tenga sexo con otra persona, si sientes algo por ella… y tu madre siente mucho por ti. No lo digo como si fuerais novios o pareja, sino… porque es tu madre, no hay nadie que te pueda amar más que ella.

    —Entiendo lo que dices.

    —Claro que lo entiendes, cariño. —ella le pasó la mano por el rostro para acariciarlo. La barba aunque pequeña y desperdigada en trozos, le picó— Me ha dicho que deberá hablar contigo, que tenéis que solucionarlo. Una conversación, dejar las cosas claras, hablar de lo sucedido y volver a la vida normal.

    —Y ¿si no vuelve? —Carmen torció el rostro sin entender muy bien a que se refería— La normalidad.

    —Volverá. —Sergio esperó su explicación— Esto no es amor como tal, como el que pudiste sentir por Marta en su momento, es deseo, pasión. Ese ferviente apetito nace del amor que os procesáis, es el mismo caso que el mío, pero nosotros no tenemos un vínculo tan fuerte. También lo nuestro acabará, y si no el mismo tiempo lo matará. En unos años ambas nos veremos más viejas, mientras que tú sigues en la flor de la vida. La misma naturaleza te dirá que tienes que buscar otra hembra más propicia para el apareamiento.

    —Carmen… —el joven no pudo esconder la sonrisa, imaginándose algún documental de media tarde con animales fornicando.

    —Pero tengo razón, cielo. Una pena, porque yo me casaba contigo ahora mismo. —obviamente bromeaba, aunque tenerle de amante… eso ya sería otra cosa— Sin embargo, todo terminará. Tú te vas a enamorar de alguna jovencita de tu edad y tu madre y yo, seguiremos nuestras vidas con un grato recuerdo. Esa es la verdad, cariño. No te preocupes por el que pasará, tampoco veo a tu madre con ganas de tener la misma sensación otra vez. Después de que… se me hace difícil incluso decirlo, pero… allá va, después de que tu madre y tú follarais, no lo pasó bien. Tenía el cuerpo raro y claro, la cabeza le daba mil vueltas.

    —También tuve una sensación extraña. Contigo fue al revés, no sentí que hacía nada indebido, solo que nos lo pasábamos bien.

    —¡Muy bien! —recalcó la mujer con la sonrisa pícara que tanto le caracterizaba— Pero no es lo mismo, Sergio.

    —No sé qué haré. Mejor dicho, no sé cómo lo haré… Mari nunca fue muy decidida para dar el paso en cuanto a problemas se refiere.

    —No, tendrás que darlo tú. Al fin y al cabo, te toca. —Carmen vio la tensión que surgía en el rostro de su sobrino y decidió aligerar un poco— Eso te pasa por no guardar el sujetador en un sitio más adecuado.

    Los dos sonrieron, sintiéndose de nuevo como en casa de su tía, con el sol picando fuerte y ambos tumbados en las hamacas. Se miraron con determinación, los ojos azules de la mujer brillaban como de costumbre, parecían dos estrellas iluminando la habitación.

    —Sergio, —Carmen parecía que fuera a decir algo importante, algo transcendente, o así lo sintió el joven— pégate una ducha anda… que hueles fuerte.

    El joven se levantó negando con la cabeza, la franqueza de Carmen siempre le desestabilizaba. Cogió una toalla y se dirigió a la ducha, escuchando como la mujer, todavía sentada en la cama le volvía a decir.

    —Aféitate, que no sé qué haces con esa barba comprada por fascículos.

    —¡Vete a tomar por…! —levantó el brazo simulando estar enfadado, no coló.

    —Ya sé que me quieres, pero venga, aséate un poco.

    Carmen se quedó mirando el cuarto del joven mientras de fondo la ducha sonaba con fuerza. Se quitó la chaqueta cuando el vaho comenzó a salir por el resquicio de la puerta que Sergio había dejado abierta.

    Con curiosidad miraba sus libros, recordando las pocas veces que había pensado en volver a estudiar algo, no una carrera, pero quizá si un idioma. Al ver la pila de libros que tenía el joven en la mesa, sonrió sinceramente, pensando en la pereza que le daría volver a ponerse a leer todo eso.

    Su móvil marcaba ya más de las siete de la tarde, debería marchar cuanto antes, pese a que las noches cada vez eran más cortas, el sol se escondía pronto y no quería conducir en penumbra. Escuchó la puerta tras de sí, Sergio salía con la toalla anudada a la cintura, menuda imagen…

    El cabello aún ligeramente mojado y alguna gota cayéndole por un torso delgado, pero fibroso por los caprichos de la juventud. La imagen la hizo abrir todavía más los ojos. El capullo de su sobrino lo había hecho a propósito, estaba más que claro, era una de esas cosas que a Carmen tanto le gustaban y cuando le miró a la cara, este sonrió.

    —¿Qué pasa? —no disimulaba su sonrisa.

    —Qué eres malo.

    —Para que tengas un buen viaje —añadió Sergio acercándose al armario y buscando la ropa.

    —Sí, seguro que lo tendré… no voy a poder sacarme estas vistas de la cabeza. —se puso la chaqueta y sus pulseras tintinearon al levantar el brazo— Me tengo que ir ya, mi vida. Se me va a hacer tarde.

    —Cuanta menos oscuridad haya mejor. ¿Vas a parar a dormir?

    —Tengo un sitio ya cogido… —la sonrisa y el brillo que desprendía Carmen le hizo saber al joven de que sitio hablaba.

    —No me lo creo…

    —Sí, el mismo en el que estuvimos. Me traía buenos recuerdos.

    Sergio se adelantó hasta quedarse delante de su tía. En medio de la habitación, ambos se miraron con la luz del día menguando levemente y la lámpara del baño bañando la habitación.

    —Te quiero.

    El muchacho susurró a su tía dos palabras llenas de amor y ternura. Ella las recibió de buena gana, aunque tragó saliva por cierta tensión que no podía paliar. Los dos estaban casi a la misma altura, los tacones de Carmen hacían que sus ojos se quedaran por unos milímetros a la altura de los de Sergio.

    Se miraron por unos segundos en el que no se escuchaba nada, solo ambos corazones tamborileando como locos. Recordaron todo, el viaje, las risas, las primeras sensaciones de deseo que desbordaban por sus cuerpos. El primer instante, la primera entrada, el primer orgasmo… tanto habían compartido. Ahora en una habitación, solos, lejos de todas las miradas del mundo volvían a sentirse igual que en la casa de Carmen.

    Los sentimientos carnales a la larga morirían y dejarían lugar únicamente al amor que se procesaban. Carmen no erraba en su teoría, los años pasarían y aquellas situaciones tan sexuales, tan ardientes, solo querían como un recuerdo perfecto de dos amantes que… eso mismo… se amaban.

    Sergio se había dado una ducha bastante caliente, como solía gustarle en esas épocas frías del año. El vapor que manaba del baño había envuelto parcialmente la pequeña habitación y Carmen se notaba, demasiado ardiente.

    La fogosidad de su cuerpo se comenzó a encender como si le hubieran arrojado un bidón de gasolina. Su cuerpo reaccionó a una palada de carbón tirada al motor de una vieja locomotora, la imagen de su sobrino al borde de la desnudez no hacía más que acrecentarlo todo.

    —Le dije a tu madre… —la voz la sentía temblorosa, sabedora que luchaba contra su naturaleza— que esto… me olvidaría de ello, al volver a casa.

    Su sobrino asentía dentro de una habitación de lo más sensual y que por momentos a Carmen le parecía un hotel, dispuesta a pasar el mejor rato de su vida.

    —Cuando vuelvas a casa… —su sobrino dio un paso, rozando con su pecho el de Carmen— ambos nos olvidaremos. —la voz no era más que un murmullo, algo que no podría escuchar una tercera persona a dos metros de ellos.

    El joven estiró las manos, cogiendo las de su tía y llevando por primera vez la iniciativa, las acercó al nudo de su toalla. Los ojos de Carmen seguían fijos en los de su sobrino, que ahora con la barba afeitaba lucía mucho más guapo.

    Sintió la humedad de la toalla y la tensión que esta tenía en torno a la cintura. Sergio las soltó, dejando ambas manos encima del nudo y haciendo que Carmen siguiera sola. Decidiera lo que decidiera, él estaría contento. No le importaba tener un último momento íntimo o finalizar con un beso en la mejilla, amaba a su tía y la amaría por siempre, daba igual la manera.

    No obstante los dedos de Carmen se movieron lentos, pero seguros, quitando la pequeña atadura sin mucho esfuerzo y dejando caer una toalla que parecía pesar una tonelada. Entre sus piernas se formó una medialuna amorfa de color rojo. La toalla estaba en el suelo, bordeando al muchacho, aunque Carmen no la miró, porque sintió como lo que estaba aprisionado allí, la golpeaba contra sus vaqueros.

    —Quiero que terminemos esto como nos merecemos.

    —Sergio… —no sabía qué decir, los labios del joven estaban a un palmo de los suyos y soltaban un calor que la derretía.

    El muchacho no se detuvo, no lo haría hasta que la preciosa mujer se lo dijera. Pasó ambas manos por su vientre, subiendo cada una por un lado de las costillas con el objetivo de llegar a los hombros.

    Carmen entendió cuál era el objetivo, separó sus brazos. Pasando muy cerca de los laterales de sus senos, unas manos lentas subieron hasta comenzar a quitarle la chaqueta. No hizo falta mucho esfuerzo, con dos dedos de cada mano la prenda comenzó a resbalar por los brazos de la mujer hasta caer al suelo.

    Sergio contempló a su tía con ojos que la mujer conocía. Mostraba deseo y admiración una mezcla perfecta para los sentimientos internos que ardían dentro de Carmen. La rodilla del muchacho se flexionó, haciendo que los ojos de Carmen bajaran instintivamente y se posaran en el miembro erecto que descendía hacia el suelo.

    Las manos rodearon el gemelo derecho de la mujer, levantándolo con cautela, como si se fuera a romper, para acto seguido quitarle el zapato de color rosa que recientemente adquirió. Repitió el mismo proceso con la otra pierna, dejando descalza a Carmen que sintió la mullida alfombra bajo sus pies.

    Arrodillado como un esclavo frente a su ama, levantó sus manos con lentitud, sin dejar de mirar los ojos que siempre le hipnotizaban. El botón del vaquero saltó sin esfuerzo, como si tuviera vida propia y quisiera separarse de la piel de su dueña. Solo una braga negra quedaba en esa zona, nada más. Sergio se comenzó a alzar, cometiendo una herejía por no seguir arrodillado frente a su diosa, pero Carmen no lo tomó en cuenta, sobre todo porque su terrible pene la volvía a golpear la cintura.

    Ahora estaba más bajita, pero no importaba, podía mirarle a los ojos mientras el tiempo se detenía y la desnudaba con su total aprobación. Las manos calientes volvieron a tocar los lados de su vientre, pero esta vez por debajo de la blusa, comenzando de nuevo un movimiento ascendente. El contacto con su piel provocó en la mujer una alteración, la respiración comenzó a ser más profunda, más necesaria, más marcada. Sus pechos subían y bajaban ansiosos por la espera, por el tacto, por el calor, por Sergio.

    La blusa fue arrebatada a su dueña, quedando únicamente con una ropa interior negra a juego, que no era de las más bonitas que tenía. Tampoco se había preparado para una situación como esa, eran prendas que podía calificar “de viaje”, para sentirse cómoda.

    Por un momento quedaron quietos, quizá esperando que Sergio tuviera el último beneplácito de una mujer que adoraba como a una reina en el antiguo Egipto. Ella pareció comprender que le tocaba dar algo más, el último escollo para perder la cordura.

    Carmen se viró, dándole la espalda, pero sin separarse ni un ápice. Cuando lo hizo, lo primero que sintió fue un pene tan duro como el hormigón recorriéndole la nalga derecha y dejando un rastro de fluidos calientes. Se llevó una mano a su nuca, para apartarse un pelo que no le llegaba ni por asomo a la unión del sujetador. Solo fue un acto involuntario, reflejo de un nerviosismo que la atoraba más que la primera vez.

    Sergio lo hizo rápido, no por experiencia, sino por suerte, la providencia universal no quería que demorasen ni un segundo más de lo debido. Abrió el sujetador después de un sigiloso “clic” que sonó mil veces amplificado en tal sepulcral silencio.

    Recorrió los dedos por la espalda de Carmen, quitándola el sujetador y llegando hasta sus bíceps para que los tirantes cayeran. La mujer se dio la vuelta, con sus manos en el pecho sujetando la prenda negra y sin descubrir nada. La cara reflejaba timidez, como si fuera la primera vez de su vida, incluso en aquella ocasión, con un conocido del pueblo, no estuvo tan tensionada.

    Se armó de valor y mientras su joven sobrino al que tantos años sacaba la miraba con gesto serio, pero penetrante, dejó caer el sujetador al suelo. Los pechos quedaron delante del muchacho, no los miró, sino que sorprendió a Carmen fijando la vista en sus preciosos ojos. La mujer pensaba que todo comenzaría, que la boca del joven empezaría a devorar sus pezones y en las cuatro paredes ardería todo su amor.

    Sin embargo no era así, Sergio de nuevo se agachaba, sin perder de vista las preciosas cuencas azules de su tía que le seguían intrigadas. De nuevo de rodillas frente a su reina, el chico acercó su cara a la lencería que le quedaba. Besó con ternura, justo la parte más alta de la braga, para después dar dos besos más a medida que descendía.

    Introdujo los dedos y al separar la cabeza, bajó el último trozo de prenda que cubría el portentoso cuerpo de su tía favorita. Esta alzó un pie, después el otro y Sergio se volvió a alzar delante de ella, ambos en completa desnudez.

    Carmen dio un paso, notando como el pene erecto se le introducía entre las piernas y atravesaba unos labios que no escondían su humedad. Sus manos se posaron en los brazos de Sergio, que lentamente fue descendiendo su rostro hasta que ambas narices contactaron con sus puntas.

    Tenían el vello erizado, el calor manaba de sus cuerpos y Carmen apretó los brazos del chico sin poder contenerse. El aire que salía de sus bocas golpeaba la piel del otro, estremeciéndose de placer y haciendo que el coito hubiera comenzado sin necesitar una penetración.

    El que se adelantó fue el joven, descendiendo los últimos milímetros con suma calma, hasta topar con los labios de su tía que estaban preparados. Solo los unieron, no hizo falta abrirlos y darse un saludo más efusivo, era suficiente.

    Con los ojos cerrados disfrutaron del sabor del otro, de su esencia, de su alma. Un momento que sabrían que sería eterno, aquella habitación se detenía para siempre en sus recuerdos. Por mucho que se vieran a posteriori, allí morirían Sergio y Carmen, dos amantes que habían llegado a sentir cosas inimaginables.

    Los labios se comenzaron a separar, terminaron por despegar alguna zona que se reusaba a soltarse. Sergio actuó con decisión, con mucha ternura cogió la mano de su tía y se dio la vuelta. Con paso lento, como si pisara un suelo repleto de huevos llegaron a la cama, estrecha y pequeña, pero ¿qué más necesitaban?

    En un movimiento rápido el edredón se movió, dejando solo las sabanas visibles. Sergio con el gesto de su mano la dejó pasar, como un caballero ayudando a entrar en el coche a una dama. Carmen posó primero su pierna desnuda, luego su trasero y sin soltar la mano de su sobrino se tumbó con la cabeza en la almohada.

    El joven la siguió, colocándose encima de esta y tapando sus cuerpos pese al calor de la habitación. El vapor del baño se estaba desvaneciendo, seguramente se enfriaría el cuarto en unos minutos, pero ellos se mantendrían calientes. Sobre todo porque mientras se seguían mirando, sus sexos también lo hacían, como dos viejos conocidos se acercaron y casi con vida propia, por fin se volvieron a unir.

    —Ah… —ahogaron un susurro menguante al unísono y unieron sus frentes.

    El coito era lento, pero cada entrada hacía que el cuerpo de ambos se descontrolara. Sus sentidos estaban perdidos en un mar de placer. Con sus ojos, que no dejaban de mirarse mutuamente se hablaban. Se dedicaban su amor, su pasión, su ternura.

    Las penetraciones sonaron acuosas y junto a los leves jadeos eran los únicos sonidos que se podrían escuchar en la habitación. El coito no duró mucho, unos pocos minutos de entradas, que culminaron cuando Carmen abrió la boca y Sergio hizo lo mismo.

    Era el momento, el final. El pene del joven se puso mucho más duro, la vagina de la mujer se contrajo aferrando lo que dentro la metían. Los ojos volvieron a conectar de manera extrasensorial y se avisaron el uno al otro. Se iban a correr.

    Con una mente unida, un pensamiento único, ambos gritaron en sus cerebros. “¡Juntos!”. La vagina se relajó al sentir la última penetración que Sergio la dio en la residencia de estudiantes, al tiempo que descargaba en su interior una porción considerable de líquido blanco.

    Los dos se abrazaron mientras sus cuerpos se volvían locos por los espasmos. Las uñas de Carmen no dudaron en introducirse levemente en la piel del joven debido a la tensión, mientras que este apretaba sus nalgas tratando de meter los milímetros finales.

    Respiraron forzosamente y después de un minuto abrieron los ojos mirándose de nuevo. Esta vez fue Carmen la que alzó la cabeza y después de acariciar la mejilla de su sobrino le propinó otro dulce beso en los labios.

    —Siempre te amaré —le dijo con una sonrisa sintiendo como los ojos comenzaban a humedecerse. Con todo el poder de su alma, Sergio la contestó.

    —Nunca abandonarás mi corazón.

    CONTINUARÁ

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Mi sobrino de 18 me cogió mientras dormía (Partes 1 y 2)

    Mi sobrino de 18 me cogió mientras dormía (Partes 1 y 2)

    Parte I 

    Aún recuerdo ese día en que mi sobrino me dio una tremenda cogida que disfruté en secreto. Yo tenía 25 años y mi sobrino tenía 18 años, vivía en mi casa por la escuela así que lo tenía que ver todos los días y eso ni me importaba, es más ni lo determinaba, hasta que un día por accidente lo vi en el baño pajeándose con una revista playboy… ufff mi sobrinito de 18 ya era todo un hombre, tenía tremenda verga, gruesa, rosada y muy parada, se tocaba desesperadamente, como si se fuera acabar el mundo, hacia unos gemidos que no pude evitar mojar mis pantis de solo verlo allí pajeandose; confieso que estuve tentada a entrar y comerle su polla, devorarla hasta que le doliera, pero solo observé y me toqué, bueno luego tuve que ir a mi habitación a pajearme pensando en la vergota de mi sobrinito. Desde ese momento cada vez que lo miraba no podía evitar fijar mis ojos en sus pantalones e imaginar su verga rosada lista para ser comida… Así que decidí lanzarme e insinuarme disimuladamente, debía tener esa verga dentro de mí al precio que sea… pero no sé si era por el hecho de que era su tía o no le gustaba pero no veía ningún avance de mi sobrinito y es que bueno quería que fuera él quien tomara la iniciativa para no espantarlo…

    Dormíamos en la misma habitación y esa era una ventaja que no iba a desaprovechar, así que empecé a dormir en camisones muy sexys y transparente para animarlo un poco, deje de usar cobija para taparme y me acostaba de medio lado con mi cola parada justo enfrente de él. Así pasaron algunos días sin obtener ningún avance, y ya no quería yo seguir pajeandome sola imaginando su verga…

    Parte II

    Decidí darle un empujoncito a mi sobrino, esa noche le dije que tenía miedo a la tormenta que estaba por caer, y le pregunté que si podía dormir conmigo, el aceptó y aproveché para recostarme un poco y sentir su gran verga… Supongo que lo emocione un poco, porque a eso de la media noche sentí que algo hurgaba mi coñito, eran los dedos de mi primo dentro de mi coño, pero era muy inexperto y en vez de darme placer me lastimaba un poco de lo brusco que era, fingí estar dormida y separé un poco las piernas para darle más cabida a sus dedos, pero no funcionó así que en mi enojó le retiré la mano y me acosté boca abajo.

    Sé que después de eso mi sobrinito había quedado con ganas así que en los siguientes días me vestí muy sexy y además dejaba la puerta del baño abierta para que si quería pudiera morbosearme y así calentarlo un poco… el destino estaba de mi parte y ese día todos salieron de casa y me pidieron que cuidara a mi sobrinito, pues como buena tía lo mandé a dormir temprano, ese día me puse unos short muy sexy para dormir y me acosté levantando más mi cola que de costumbre, fingí quedarme dormida pero finalmente me dormí de verdad, pero ufff me despertó unas pequeñas manos que bajaban la cremallera de mi pantalón, fingí seguir dormida y me quede quieta para ver hasta donde llegaba, me bajo con mucho cuidado los pantalones y la panty hasta las rodillas se subió encima de mí y de una sola embestida me penetró con su verga que se sentía como un garrote dentro de mí, puedo decir que hasta ese momento era la verga más grande que me había penetrado… ufff sobrinito, no saben el esfuerzo que hice para no gemir y explotar con todo el placer que me producía la verga de mi sobrino en ese momento, pero preferí seguir haciendo que dormía para no espantarlo y poder disfrutar de esa vergota que me traía chorreando desde hace variaos días…

    En cada metida y sacada que me daba mi sobrino sentía que se erizaba mi piel y que llegaba al cielo y bajaba nuevamente… puedo decir que esa verga de mi sobrinito es una de las más deliciosas que me he metido… pude sentir sus quejidos y su respiración acelerar y recuerdo que pensé ufff se va a venir sentiré la leche de mi sobrino dentro de mi… quería sentirla lo había deseado desde que lo vi aquella vez en el baño pajeandose con esa revista… pero en un momento de repente se detuvo se bajó y se fue… con cuidado abrí mis ojos y lo seguí con la mirada se metió al baño supongo que a dejar su lechita allí, entonces metí mis dedos en mi coño que estaba muy mojado e hinchado y luego los llevé a mi boca los chupé mucho, sabían a mi sobrino… ummm que rico aún me arrecha mucho ese olor a su verga; sentí sus pasos y me hice la dormida nuevamente, muy amablemente me subió los pantalones cerro la cremallera y se acostó a dormir… ufff sobrino si supieras todo lo que disfruté tu verga…

    Deseo21