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  • Un examen muy profundo

    Un examen muy profundo

    Llegó la pandemia de COVID 19, y nadie podía salir de casa. Habían puesto una cuarentena muy dura, solo el gobierno permitía salir por unas cuantas horas para poder ir a comprar alimentos. En el edificio nadie que fuera extraño podía ingresar. En esas semanas, me pajeaba hasta 5 veces al día, me metía lo que fuera por mi ano, pero nada reemplazaba un buen pene venoso. Pero que podíamos hacer, estábamos en pandemia.

    Una vez empezaron a abrir, nos organizaron por turnos para ir a la oficina. En uno de esos turnos, coincidí con el médico de la compañía, se llama Alfredo. Alfredo es un hombre como de 60 años, gordo, calvo, con una cara de un poco pervertido, olor muy fuerte, y cada vez que me veía, lo hacía como un lobo que mira a su presa, confieso que me daba medio miedo y medio morbo. El hecho es que uno de los días que estaba de turno, me dolía mucho la espalda, probablemente por estar sentado mal en la casa, y decidí ir a consultarlo. El consultorio quedaba en un rincón aislado de la oficina, sin ventanas a la calle, en donde no pasaba mucha gente. Toqué la puerta, entré y allí estaba. Me miró de arriba a abajo. Le expliqué la molestia, a lo cual me dijo, te voy a revisar, quítate la camisa siéntate en la camilla y colócate de espaldas. Empezó a revisarme la parte baja de la espalda, donde me dolía y sentí sus dedos ásperos recorrer mi columna. En esa revisión, Alfredo como sin querer deslizó uno de los dedos por la raja de mis nalgas, para luego decir muy serio: «mmm, tienes una desviación de la columna, voy a colocarte una inyección, y luego te voy a enderezar». Lo que no me imaginaba era que inyección me iba a colocar y como me iba a enderezar…

    Como ya estaba sin camisa, Alfredo me indicó: «bajate los pantalones, acuéstate boca abajo para poder inyectarte, voy a preparar la inyección», obedecí, bajé mis pantalones dejando mis nalgas al aire solamente, y me acosté boca abajo. Alfredo estaba vestido con uno de esos nuevos uniformes de médico. Tumbé mi cabeza y miraba a la pared esperando a que llegara Alfredo y me inyectara, lo que no veía ni me imaginaba es que Alfredo había bajado el elástico de su pantalón de médico, había empezado a sobarse su pene, parándolo. De un momento a otro sentí sus piernas abriendo las mías, su cuerpo tratándome de inmovilizar en la camilla, sus brazos fuertes y peludos inmovilizando los míos y su pene (que debía ser muy grueso y largo) entrando de un solo golpe por mi ano, gracias a su peso, partiéndome en dos, sintiendo un ardor y un dolor enorme. Un grito iba a salir de mi, cuando al oído escuché su voz «donde grites, te va a ir mal», y empecé a sentir su miembro entrar y salir, el dolor pasó a ser placer, creo que instintivamente paré las nalgas para recibirlo, Alfredo al parecer se dio cuenta y se excitó más, me daba más duro con su verga venosa, me decía al oído, «con esto te enderezo esa columna», me daba cada vez mas duro hasta que sentí como me dejaba su leche dentro de mi… se vino y me soltó los brazos y se bajó de la camilla. «Vístete» me ordenó «no vayas a botar mi leche» me dijo, mientras se limpiaba su verga (cuando la vi dije, como me cupo todo eso!). Me vestí y me fui a mi escritorio con toda esa leche en mi ano, y con una sensación entre placer y dolor. Cada vez que me movía sentía esa rica leche salir de a gotas…

    De allí, cada vez que tenía turno, iba a revisarme con el Doctor Alfredo, a que me aplicara mi inyección.

  • La empleada con moño

    La empleada con moño

    El despacho del señor Luis era tradicional. Una imponente mesa de gruesa madera negra, una silla de escritorio acolchada del mismo color y una estantería con libros.

    Raquel, una empleada que se había incorporado a la compañía hace un mes, permanecía de pie sujetando una carpeta. Pantalones y chaqueta grises de vestir, zapatos de tacón. Frente amplia, ojos verdes, gafas y el pelo recogido en un moño.

    La empleada estaba nerviosa, las mariposas revoloteaban en su tripita y apretaba la carpeta con fuerza contra su generoso pecho. En su cabeza se agolpaban todas esas historias que había oído sobre su jefe. Decían que «se calzaba» a su secretaria con frecuencia y que estaba obsesionado con el culo de ambos sexos. Su compañera Lucía, le comentó haber visto como le daba un azote a Paco.

    – Raquel, Raquel… veo que no has hecho bien tu trabajo.

    La aludida no respondió. Estaba allí para recibir una reprimenda, quizás incluso para ser despedida. Eso último no entraba en sus planes. Necesitaba el trabajo, quería el trabajo, el trabajo estaba incluso por encima de su dignidad. Este último pensamiento la asustaba y excitaba a un tiempo. Se dijo para si misma que si se llegaba a ese punto, sería ella quien pondría condiciones.

    – ¿Qué vamos a hacer contigo? – continuó su jefe mirándola directamente a los ojos.

    Raquel bajo la mirada un instante y luego levantando la cabeza y tragando saliva tomo la palabra por primera vez.

    – Necesito el trabajo. Puede hacer conmigo lo que quiera.

    Luis miró a su empleada de arriba a abajo con deseo. «¿Podría tocarle las tetas y sobarle el culo?». Algo le decía que ella estaba deseando todo aquello. Había tenido a otras y otros en aquella posición. Algunos habían rehusado la propuesta y él lo había respetado. Es verdad que entre sus fantasías se había colado la idea de forzar a alguien, hacerlo contra su voluntad. Pero su estilo no era aquel, cada cual podía elegir, el solo preguntaba, hacía proposiciones. Si alguien las catalogaba de indecentes, ese no era su problema. Por ejemplo, su secretaria. Se lo había propuesto y ella había aceptado. Todos los martes lo hacían. Ella venía con falda y sin bragas a la cita y se inclinaba sobre el escritorio. Él se acercaba, levantaba la falda y contemplaba durante unos segundos el trasero de su subordinada. Luego se bajaba los pantalones, se sacaba el pene erecto y la tomaba por detrás. Ambos jadeaban mientras los huevos chocaban contra las nalgas desnudas.

    El tema con los hombres era distinto. No deseaba mantener relaciones sexuales con ellos, sin embargo, no renunciaba a verles el culo, a humillarles. Hace dos semanas Jorge había aceptado y se había bajado los pantalones en ese mismo despacho dejando a la vista un trasero con algo de vello. Luis se había quitado el cinturón y había azotado las posaderas de su empleado. Era delicioso ver como se contraían justo antes de recibir cada golpe. Jorge tenía el rostro tan colorado como el culo al acabar y su pene se levantaba excitado. Luis también había tenido una erección. La próxima vez, amenazó a su empleado, habría testigos. Sí, podría invitar a su secretaria. Por un lado, cuando era una mujer la amonestada, le daba reparo que otra mirase, era como ponerle los cuernos con luz y taquígrafos. Sin embargo, en el caso de los varones podría ser excitante, seguro que a su secretaria «la ponía» ver como calentaba el culete de un chico.

    «Culete» le gustaba esa palabra, le daba un tono juguetón. La había oído recientemente cuando había tenido que hacer unas pruebas médicas. «Bájate los pantalones justo hasta debajo del culete». «Vamos a ponerte una inyección en el culete». Oír esas palabras, en boca de una enfermera o doctora joven, de alguna manera, resultaba refrescante. Como si por unos instantes el «culo» dejase de ser algo tabú.

    – Quiero verte el culete. – dijo rompiendo el silencio.

    – Perdón.

    Luis se levantó de la butaca y se acercó a la mujer, que esperaba tensa.

    – ¿Vas a darme un beso en la boca o prefieres que te despida?

    Raquel, sin pensarlo mucho, besó los labios de su jefe abriendo la boca y permitiendo que las lenguas se encontrasen en una danza obscena de saliva. El sexo era algo húmedo, incluso a veces salvaje y guarro. Raquel se reafirmó en su idea de llevar la iniciativa. Si iba a ser humillada sería haciendo lo que ella quería, si la iban a follar, quería ser la que se ponía encima.

    – No besas mal. ¿Me enseñas el «pajarito»?

    Luis encontró la situación interesante, la chica tenía arrojo y control. ¿Sería valiente? Pronto lo sabría. Pero de momento la idea de enseñarle el pene no le disgustaba. Así que se desabrochó los pantalones y el botón, bajó la cremallera y se quedó en calzoncillos. Como había esperado, fue ella la que tiró de la ropa interior dejando al aire el medio erecto miembro. Luego, sin que nadie se lo mandase, se quitó sus pantalones de vestir, se bajó las bragas y se sentó en la mesa con las piernas abiertas, dejando a la vista una frondosa mata de vello púbico.

    Luis aprovechó la ocasión para penetrarla sin muchos miramientos. Raquel gimió.

    Después de un par de minutos, excitado, el hombre decidió recuperar el control. Raquel tuvo que ponerse de pie, apoyar la palma de las manos contra la pared y ver como su jefe la follaba por detrás.

    – Me gusta tu culo. – dijo dándole un sonoro azote.

    Terminada la parte más sexual. Luis decidió que su empleada necesitaba ser castigada en consonancia con su falta y extrajo una vara del cajón.

    – Te voy a pegar en las nalgas y quiero que cuentes cada golpe y me des las gracias.

    Raquel tragó saliva, no se esperaba aquello. Quería más sexo, al menos había estado disfrutando. Pero aquello.

    Tomo la palabra en un intento de recuperar la ilusión de control.

    – ¿Cuántos me vas a dar?

    – 30 – respondió Luis con sequedad.

    – Inclínate sobre la mesa y saca el culo. No quiero movimientos raros. Nada de intentar escabullirte. La más mínima falta de indisciplina y quedas despedida. ¿Está claro?

    Raquel, temblando, asintió.

    La contundencia del primer azote no la pilló por sorpresa. Sabía que su jefe iba en serio. Hasta el número diez, la cosa fue más o menos bien. La vara silbaba e impactaba sobre su trasero que, previamente, había contraído en un vano intento de amortiguar el dolor. Luego, el panorama cambió, era difícil presentar las posaderas para un nuevo latigazo. La cabeza ordenaba, pero el cuerpo, sabiendo lo que le esperaba, tardaba en reaccionar. Con el número 20 llegaron las lágrimas y al llegar al 25 el pis, para su vergüenza, se le escapó.

    Luis se detuvo contemplando las desnudas nalgas, escuchando el ahogado sollozo de la empleada.

    – Por favor, imploró, no me pegues más.

    – ¿Te despido entonces?

    – No, eso no. Estoy preparada para el siguiente – respondió la mujer.

    Luis descargó dos nuevos golpes muy seguidos y se detuvo unos segundos para acariciar las nalgas y meter un par de dedos en la vagina de Raquel, que, en aquel momento, confusa, no sabía si gemir o llorar. El respiro duró poco y el antepenúltimo impacto la dejó sin aliento. Luego cayeron dos más.

    La chica lloraba mientras se frotaba las nalgas en busca de alivio. No la importaba estar desnuda, humillada, en ese momento todo lo que quería era aplacar el escozor.

    Luis, que también era humano, sacó un bote de cremita del cajón y con delicadeza la extendió por el colorado culete de su subordinada que ya había dejado de llorar.

    La crema trajo alivio, frescor y una pizca de excitación. Al fin y al cabo el trasero es una zona erógena.

  • Es hora de que pagues todo lo de esta noche

    Es hora de que pagues todo lo de esta noche

    Hace meses que me gusta ir a una cafetería a leer mientras me tomo un café. La verdad que acudo porque la chica que trabaja allí es muy atractiva. Es bajita, medirá 1,59, tiene un pelo negro liso y largo. Acostumbro a pedir un café con leche y salir a la terraza a tomarlo al sol. Ella suele salir a recoger las consumiciones de los clientes de vez en cuando. Cuando he terminado mi café siempre pasa por mi mesa y me lo retira. Desde hace días que noto que me mira con intensidad cuando lo hace.

    Hoy he decidido llevarle yo las cosas dentro antes de que ella pasara, ve como dejo la taza en la barra y viene.

    – Gracias- me dice mientras sonríe con la cabeza hacia abajo.

    – De nada- le contesto- Soy Manu

    – Yo Marina, si te apetece esperar, salgo en media hora.

    Me quedo algo aturdido ya que no pensaba que me fuera a decir que esperara a que terminara de trabajar, aun así y sin pensarlo espere a que terminara su jornada y fuera nos volvimos a saludar. Me dio dos besos y se puso roja. Fuimos a tomar algo por ahí y estuvimos charlando un rato. Se tuvo que ir rápido ya que me dijo que le tocaba también trabajar por la tarde.

    Llevo saliendo 4 años con Elena, una chica maravillosa, ella es enfermera y llevamos una buena vida. Tenemos un trato para poder acostarnos con otras personas, pero tiene condiciones, aunque ya las explicaré. Estuve toda la tarde pensando si ir o no a verla (Elena estaba trabajando pero yo tenía ganas de jugar) total que al final no pude resistirme y aparecí por allí sobre las 11 de la noche. Ella me vio entrar, no había mucha gente y me senté en la barra. Ella no me dijo nada pero me trajo una cerveza y me la puso sin cobrarme. Cuando la termine le pedí otra, ya casi no quedaba nadie y en cuanto me la trajo el último grupo de gente que había se marchó.

    – ¿Cuánto de debo?

    – Tranquilo ahora te cobro- me dijo mientras me guiñaba el ojo.

    Salió y cerro la verja, vi que llevaba unos leggings e inconscientemente me fije en el culo que tenía, sobre todo cuando bajo la verja del local. Volvió hacia donde yo estaba y se puso muy cerca de mi diciendo que el pago iba a comenzar ahora.

    Nos empezamos a besar y agarre su culo acercándola más a mí. Levantó un poco su pierna derecha rozándola contra mi cuerpo, mordió mi labio inferior y separándose un poco me dijo:

    – Espera que termine esto y nos largamos de aquí.

    Lo hizo todo corriendo demostrando las ganas que tenia de irse de aquel sitio y seguir con lo que habíamos empezado ya. Quería cobrarme lo de esta noche y tenía prisa por hacerlo. Nos marchamos de allí y me dijo que vivía cerca y que si quería podíamos ir su mi casa. Para allí que fuimos y al vivir ella en un sexto esperamos al ascensor y ya dentro de este empezamos a besarnos de nuevo. Se notaba que estaba muy excitada y yo también, tuvo que notar como se me iba poniendo dura ya que pegaba su cadera contra mi, me llevó contra la pared.

    Llegamos arriba y abrió la puerta. En la entrada de mi casa seguimos jugando con nuestras lenguas y ella decidió saltar y la cogí. La lleve hasta la cama y la deje caer allí. Me quite la sudadera y la camiseta.

    – Es hora de que pagues todo lo de esta noche- me dijo mientras se mordía el labio inferior

    Me tumbé sobre ella. Empecé a besarle el cuello y ella nudo sus piernas sobre mí. Le ayude a quitarse la parte de arriba y seguí besando su cuerpo jugando con sus pezones y fui bajando poco a poco sin prisa. Le ayude a quitarse los leggings y vi su tanga negro rodeando su cuerpo ella me quito los pantalones y me tiro a la cama.

    Se sentó a horcajadas sobre mí y seguimos besando mientras nos rozábamos. Le agarre del culo nuevamente y le hice acercarse hacia mi hasta que termino poniendo una pierna a cada lado de mi cara y pude besar sus ingles y arrastrar mi lengua hasta comérselo. Empecé suave pero fui subiendo la intensidad y con ella subía la respiración de ella. Note como cada vez estaba más húmeda y terminó literalmente follándome la cara de los movimientos pélvicos que realizaba buscando más más placer. Tuvo un orgasmo sobre mí, tirándome del pelo. Se separó y me miro.

    – Quiero sentirte dentro- me dijo mientras se quitaba el tanga.

    Se dio la vuelta y se puso a cuatro patas pidiendo que la follara porque no aguantaba más. Me quite los calzoncillos y comencé a meterme en su interior con las manos en su cadera. Su precioso culo chocaba contra mi dándome placer. Escuchaba nuestros cuerpos chocar y sus gemidos, la intensidad iba subiendo y recogí su largo pelo negro con la mano y la traje hacia mi hasta que pego su espalda contra mi pecho y seguí metiéndola y sacándola mientras con la otra mano la tocaba. Ella sacaba su lengua en señal de placer.

    En un momento se la saco y se giró hacia mi como si estuviera endemoniada. Me tiro a la cama y cogió mi cinto y me ató las manos a los barrotes de su cama y se puso sobre mi y comenzó a moverse y a botar. Gimió fuerte y para que no la escucharan se tiró contra mi y mordió la zona de mi clavícula mientras chocaba contra mi. Cogió mi cabeza y se acercó a mi oído y me pidió que por favor terminara dentro de ella. La cogí de sus nalgas de nuevo, haciendo presión con mis dedos contra ella seguimos follando hasta que se puso como una amazona. Le agarre del pecho y como ella había pedido termine dentro de ella.

    Se dejó caer hacia atrás y estuvimos un rato tumbados besándonos y comentando lo mucho que nos había gustado estar juntos. Me tuve que marchar ya que Elena estaba esperándome en casa y tenía que volver. Nos despedimos con un beso y nos prometimos repetir.

    Debía volver a casa porque Elena y yo tenemos un pacto. Podemos acostarnos con otras personas sin ningún problema pero con una condición; debemos contárnoslo luego con todo detalle. Lo hacemos así porque después de contarlo repetimos juntos los que hemos hecho con la otra persona. Cuando llegue me metí en la cama y le conté todo a Elena que note que estaba empapada ya que había está jugando ella sola mientras me esperaba, imaginándose como me había acostado con Marina. Así que Elena se quitó la ropa y se sentó sobre mi cara diciendo:

    – Es hora de que pagues todo lo de esta noche.

  • Mi primer gang-bang (3)

    Mi primer gang-bang (3)

    Hola lectores, soy Martha Cachonda, espero que les hayan gustado mis anteriores relatos y los hayan disfrutado mucho.

    Continuó relatando, la primera vez que me hicieron un Gang-Bang, bueno también a mí compañera Alma Delia le tocó, su buena dosis de verga.

    La música sonaba y traspasaba nuestra piel, haciendo que el deseo creciera cada vez más, pero nadie se atrevía a dar el primer, todos nos veíamos, unos a otros, con gran deseo, saboreando lo que cada uno de nosotros se podía comer; estaba a punto de pararme a sacar a bailar a Salvador, me había dejado con unas ganas tremendas de sentir sus mocos dentro de mi panocha, que no se me quitarían tan fácilmente, pero me gano Alma Delia, fue directo hacia él y lo agarró de la mano y lo saco a bailar, en la grabadora sonaba una salsa, los demás, nos quedamos a la expectativa de ver qué pasaba.

    Alma Delia, llevó de la mano a Salvador al centro del círculo que habíamos formado y comenzaron a bailar, él tenía su gran verga un poco parada, ella en cada movimiento le repegaba sus nalgas, era una danza erótica muy cachonda, el le agarraba las tetas, de momento su mano bajaba hasta la panocha de Alma Delia, no se, si estaba tan caliente o si en el movimiento le metía un dedo, pero ella, daba un gemido muy rico; estábamos como hipnotizados viéndolos, cuando veo que Jose Luis se para y me invita a bailar, era uno de mis amantes habituales, me ofrece su mano para que me pare y en cuanto lo hice me jalo hacia él, estando de frente, para que sintiera su verga que estaba parada a su máxima expresión, con era más alto que yo, me tuvo que cargar un poco, para tallarmela en mi panocha, así estuvimos un rato, manoseandonos, el agarraba mis nalgas, yo trataba de que su verga no me entrará en la panocha, no porque no lo deseará, pero sentía que todavía podíamos gozar un rato más.

    Acabó la música, no pasaron ni 10 segundos, cuando Ramiro, que era quien estaba poniendo las canciones para que las bailaramos, puso unas románticas, de esas que se pueden bailar pegaditos y despacio. Alma Delia ya bailaba con Joaquín, besándose muy rico, el le agarraba las nalgas, le besaba el cuello y las tetas, le acomodo la verga en la panocha, se la estaba tallando hasta que, con lo lubricada que estaba, en un movimiento, la penetró, ella dio un grito de placer, comenzaron a coger ahí delante de nosotros; mientras por mi parte, bailaba con Mario, otro de mis habituales amantes, él me tenía volteada, dándole la espalda, me besaba el cuello, los hombros y la nuca, sabía cómo excitarme al máximo, con una mano acariciaba mis tetas y con la otra, me estimulaba el clítoris, su verga buscaba con desesperación, entrar en mi culo, era muy rico todo lo que estaba pasando.

    Terminó esa canción, pusieron otra igual, en esta ocasión me tocó con Ramiro y a Alma Delia con Mario, ya para estas alturas a ella, ya la habían penetrado varias veces, Ramiro que no había bailado con ninguna de nosotras, tenía la verga muy parada, sin ningún ritmo me puso de frente a él, comenzó a besarme y yo le correspondía, parecía pulpo, de como me manoseaba, tallaba muy rico su verga en mi panocha, ya no aguanto más y en un movimiento, siento como su verga logra entrar en mi panocha, sentí tan delicioso, que lo deje seguir, el me cargó un poco para que su verga entrara hasta adentro de mi, cuando lo hizo, di un grito, se empezó a mover rápidamente, bombeandome bruscamente. Mientras con Alma Delia, ya la tenían entre Mario y Salvador, la manoseaban toda y le restregaban la verga en la panocha y en el culo; en un momento, Mario la jala para adelante del cabello, la hace que se agaché y le mame la verga, ella ni tarda ni perezosa y sin importarle que Salvador estuviera detrás suyo, comienza a mamarle la verga, mientras Salvador le acomodo la verga entre sus nalgas, ella dio, un intento de grito porque tenía la boca llena de verga, no supe donde se la metió. Salvador se empezó a mover rápidamente, su abdomen al chocar con las nalgas de Alma Delia, hacían el ruido tan cachondo, del cual todos sabemos cómo se escucha y nos hace exitarnos muy rico.

    Ramiro, que seguía con su verga dentro de mi, me jalo hacia unas cajas, se recostó, yo me subí en él sin sacarme su rica verga, me empecé a mover rápidamente, los 2 jadeabamos por el esfuerzo realizado, en unos minutos siento como su verga, se pone muy dura y comienza a llenarme la panocha de ricos mocos calientes y espesos.

    Llegó Salvador, le pidió que se quitará, que le iba a enseñar a coger a una verdadera puta como yo; yo solo esperaba que ahora sí terminará lo que comenzó en la camioneta, Ramiro se quitó y Salvador tomó su lugar, yo estaba tan ansiosa de sentir su vergota dentro de mí, pero él me agarró de los hombros y me bajo a mamarle la verga; no me importó que tuviera el sabor mezclado de la panocha de Alma Delia y sus mocos, sabía tan deliciosa, ahí estuve un buen rato mamandole la verga.

    Mientras, sobre otras cajas, Joaquín estaba acostado boca arriba, Alma Delia encima de él y Mario detrás de ella, intentaban hacer una doble penetración, pero no pudieron.

    Salvador me jalo hacia arriba, mi panocha quedó a la altura de su verga, la agarre con la mano, la guíe hacia ella, me deje caer cuando sentí que estaba en el lugar correcto, no pude evitar dar un grito, ya que se había metido toda, hasta lo más profundo de mi ser, él también disfruto mucho, sentir la profundidad de mi panocha; de momento me movía rápidamente, de repente se movía él, a pesar de su supuesta «fobia» a coger conmigo, nos acoplamos de una forma muy rica, después de varios minutos de movimientos frenéticos de ambos, siento como me empiezan a acariciar las nalgas y mi culo, volteo a ver quién era: Jose Luis estaba acomodando su verga en mi culo, no me sentía lista para sentir 2 vergas tan grandes dentro de mi, pero el me sujeto fuertemente de las caderas, apunto la cabeza a mi culo, Salvador se dio cuenta y paro sus movimientos, eso permitió que Jose Luis me metiera su verga; poco a poco, sentí como aquella barra de carne dura y palpitante, recorriera todo mi interior, me dolía mucho, pero me tenían bien atrapada entre los 2.

    No sé cuánto tiempo paso, pero llegó un momento, en que sentí como sus vellos tocaban mis nalgas, estuvimos quietos unos minutos, el dolor se iba transformando en placer, Salvador se empezó a mover nuevamente, Jose Luis también, en pocos minutos, literalmente, masacraban mi panocha y mi culo, yo gritaba de tanta excitación, les pedía más, que no pararan. Estalle en un orgasmo muy rico, de ahí me sacaron varios orgasmos seguidos.

    Alma Delia, Mario y Joaquín, seguían intentando la doble penetración, pero no podían, Ramiro, al ver tan cachonda escena, tenía la verga bien parada nuevamente, se acercó a mi cara, la puso en mi boca, con lo caliente que estaba, la empecé a mamar también, era tan rico tener 3 vergas para mí.

    Alma Delia un poco molesta, porque ella no podía sentir lo mismo, se levantó y dijo que iba al baño, salió desnuda y molesta de la bodega; entonces Joaquín, dijo que se iban a aprovechar todos de mi, con lo caliente que estaba no me importó su comentario.

    Me sacaron sus vergas de mis orificios, Joaquín tomó el control de la situación, se recostó en las cajas, me dijo que me acercara, me dio vuelta, para quedar dandole la espalda y las nalgas, me dijo que me sentará y me clavara su verga en mi culo, como estaba empapada y dilatada, mi culo no puso ninguna resistencia, fue delicioso, se metió hasta adentro, después le dijo a Salvador que me la metiera en la panocha, él puso la punta en la entrada, se dejó caer un poco y la metió también hasta adentro, yo gritaba como loca, se movían acompasadamente dentro de mí, después le dijo a Ramiro que era quien la tenía más delgada que los demás, que intentará metermela en la panocha también, ya para esto, mis orgasmos no paraban, parecía una fuente; primero intentó desde la parte de atrás de Salvador, pero no sé acomodaron, Joaquín le dijo a Salvador que me la sacará y dejará a Ramiro, se salió Salvador y Ramiro me penetró, después Salvador se acomodo detrás de Ramiro y así la logró meter, yo gozaba mucho, después le dijo a Mario y a José Luis, que no se durmieran y que pusieran sus vergas para que yo se las mamara, así lo hicieron.

    No lo podía creer, me sentía como una actriz porno, tenía 5 vergas para mí sola, todos nos intentábamos mover rápidamente, pero era obvio que no se podía, tratamos de disfrutar del momento; ni cuenta nos dimos de que Alma Delia había regresado, pero no le quedó de otra, que convertirse en una espectadora de tan cachonda escena.

    Nosotros seguíamos, no sé cuánto tiempo pasó, de repente una verga de las que tenía en la boca, la de Mario, se puso muy dura, no me importó, no sería la primera vez que me tomara sus mocos, se empezó a venir abundantemente, después Ramiro, dentro de mi panocha y la saco, dejándole todo el camino a Salvador, el cual aceleró sus movimientos y también me echó sus mocos, fue algo increíble, sentía dentro de mí sus disparos, calientes, densos, por fin los disfrutaba, se salió de mi; José Luis que estaba en mi boca, tomó su lugar, no le costó nada de trabajo llegar hasta el fondo; el que siguió fue Joaquín dejando mi culo repleto de mocos, se quitó de abajo inmediatamente, ya que él había soportado, el peso de todos y estaba agotado; Jose Luis aprovecho, me subió las piernas lo más que pudo, las acomodo en sus hombros, se acostó prácticamente encima de mí, sabía perfectamente que en esa posición, me llegaba al fondo, penetrando mi útero, cosa que ponía a mil, todavía estuvo un buen rato moviéndose, hasta que se vino dentro de mi, soltando varios disparos de mocos, yo perdí la cuenta de las veces que me vine, estaba totalmente exhausta; con mis amantes habituales no era raro que me dejaran las piernas temblando, pero esa ocasión de plano no podía moverme, me temblaba todo el cuerpo.

    Alma Delia, de lo excitada que estaba, al ver todos los mocos que escurrían de mi panocha y mi culo, se hincó frente de mi, con su lengua lenta y delicadamente, empezó a recoger los restos de leche que caían; como les he comentado en los relatos anteriores, ya había cogido con mi hermana, en muchas ocasiones, desde la niñez hasta nuestra adolescencia; era la primera vez, que una mujer «extraña» me tocaba, yo seguía muy excitada y me deje hacer, me mamo muy rico la panocha y el culo, succionando todos los mocos, me agarraba las tetas y las estrujaba cachondamente, me dejó limpia y sin rastro de mocos, así estaba empinada sobre de mi, cuando, Joaquín que ya se había recuperado, la tomó de la cadera y se la dejo ir hasta adentro, ella dio un fuerte grito; el movimiento de Joaquín la iba empujando hacia arriba, hasta que nuestros rostros quedaron frente a frente, primero me mamo las tetas y después me empezó a besar, era una sensación rara, pero yo seguí el juego, nos besábamos apasionadamente, entrelazabamos nuestras lenguas, una y otra vez, su boca tenía un rico sabor a mocos.

    Mario, que también ya estaba listo para el siguiente round, puso su verga entre nuestras bocas, se la mamamos al mismo tiempo, alternabamos su verga y nuestros besos, no aguanto mucho esa caricia tan cachonda, se vino en nuestras bocas, compartimos los mocos y nos los tragamos; Jose Luis, también terminaba dentro de Alma Delia.

    Por fin descansaba de tan tremenda orgía, todavía no podía levantarme, no podía mover las piernas.

    Cómo los hombres tenían un baño con regadera por su trabajo, todos se dirigieron hacia ahí, dejándome acostada recuperándome; ya se imaginarán como le fue ahora a Alma Delia en el baño, con 5 vergas a su disposición, yo solo escuchaba sus gritos y jadeos; me quedé dormida no sé cuánto tiempo, cuando desperté vi mi reloj, marcaba las 5:30 am, 4 horas de mucho placer.

    Salieron del baño, todos venían con los rostros satisfechos y contentos por lo que había pasado, me ayudaron a llegar al baño, el agua de la regadera fue muy reconfortante en mi adolorido cuerpo, salí del baño, ya todos estaban vestidos, Alma Delia me ayudó a vestirme, con lo cansada que me sentía, ya me importó que se agasajara con mis nalgas y mis tetas.

    Cuando salimos de la oficina, el reloj marcaba las 7 am, Alma Delia me ofreció su casa, acepté porque quería descansar un poco antes de llegar a casa, al fin y al cabo, le había avisado a mi marido que me iba a quedar en casa de una amiga, no?

    Bueno aquí termina este relato, gracias por sus comentarios, espero que les guste y disfruten mucho de este relato. Espero no tardar mucho en subir uno nuevo, les mando un beso cachondo.

  • La atracción

    La atracción

    Acabo de recibir un correo de Miguel Ángel, ya les contaré que me dijo. Él y yo hemos intercambiado correspondencia desde hace tres años, donde me manifestaba que le gustaban mis relatos, lo cual yo le agradecí. También me dijo que le gustaba andar en las playas nudistas, en Colombia, de donde él es. Por lo general, sus correos son breves. Como muchos otros, me pidió la página donde estaban las fotografías mías y, como a todos los que preguntaban, se la di.

    Alguna vez dijo que escribiría un relato donde él me preñaba y tiempo después me envió uno, donde un joven preñaba a una mujer madura, pero yo no lo relacioné con el relato que me había prometido porque no me sentí identificada. Pensé que me lo enviaba para opinar literariamente (si se puede decir eso) sobre el escrito, así que di mi opinión y remarqué errores lógicos, conceptuales y de redacción, incluso le regresé el escrito corrigiendo algunas cosas, pero señalándole que aún quedaban varias cosas que debían modificarse. Agradeció mi respuesta. Hasta después me percaté de que quizá con ese relato Miguel Ángel se refería a mí, pues recordé lo que me escribió en correos anteriores.

    Continuamos esporádicamente en la correspondencia, en la cual a veces me decía cosas lujuriosas de mí, comentando las fotos y los relatos míos que había publicado en los correspondientes lugares. Le envié uno que publicaría y una foto donde estoy cabalgando en mi amante. Su respuesta fue “¡wow!, los relatos están geniales, me gustaron mucho, tienes mucho talento para esto. También me gustó mucho tu foto, tienes unas nalgas hermosas.”

    En la correspondencia de hoy, me contaba un secreto: “llevo más de tres semanas sin masturbarme quiero saber cuánto puedo acumular. En estas tres semanas he estado más tiempo en erección y mis testículos se hincharon un poquito.” Me imaginé su aparato completo y le respondí: “¡Qué rico se te ha de ver!, mamable…”. También, cuando le pregunté si le dolía traerlo así, pues en algunos relatos los autores dicen eso, contestó: “A veces duele ya que están algo hinchados, (refiriéndose a sus huevos) y siempre estoy en erección que no puedo disimular ni los pantalones ayudan, en mi caso solo duele un poquito, una vez estuve como 4 días sin masturbarme y cuando lo hice eyacule mucho como 4 chorros; ahora creo que sacaré mucho más.”

    Me imaginé, otra vez, una herramienta lista para lo que se pudiera necesitar y mi respuesta fue inmediata: “Ah… ya me hiciste que se me antojara. Voy a la recámara para tomar mi bibi… y acariciarle los huevitos a mi esposo (son chicos, los dos me caben juntos en la boca). ¡Mi amante sí que los tiene grandes!”, pero mi marido ya estaba listo para salir con mi hijo y me quedé con las ganas de mamar… y se lo conté.

    “Si quieres te envió una foto” escribió y también de inmediato contesté: “Sí, quiero que salgan bien los huevos, de frente y de perfil, ver cómo cuelgan y que se noten bien las estrías del escroto. Recordé los huevos de mi amante y también otra foto que recibí de uno de los autores del foro, a quien sin remilgos se los alabé en uno de los comentarios cuando me recordó que me había enviado sus fotos (nítidas y en muy buen tamaño para hacer acercamientos en la pantalla, sólo faltaba el olor y el sabor). y minutos después llegaron las fotos pedidas.

    Las fotos no eran de tan buena calidad como para que se me antojara lamer los huevos. Pelos cafés (me gustan negros, pero no hay problema), verga morena (con el prepucio ocultando medio glande y el meato muy lamible) de tamaño y consistencia que me hizo abrir la boca para querer mamarlo.

    Algo decepcionada porque los huevos, que no eran del tamaño que me imaginé (llenos, a punto de explotar), mientras me extasiaba viendo la foto de la verga de Miguel, le mandé un whatsapp a mi amante para preguntarle por qué en algunas fotos (no le mencione la de Miguel que yo estaba viendo) no se ven las estrías del escroto. Me contestó que “el escroto se ve arrugado (de allí las ’rayitas’ o estrías como les dices) cuando hace frío, pues se contrae para acercar los testículos al calor del cuerpo; en cambio, se ven más grandes, y cuelgan muy bien, cuando hace calor pues el escroto se dilata para enfriar la zona (la piel se estira) y no lo ves arrugado: no puedes ver las estrías”. Entonces entendí que al chupárselos, la evaporación de la saliva que quedaba en el escroto disminuía la temperatura y se arrugaba, en cambio, cuando me posaba, se le veían las bolotas colgando pues estaba caliente.

    Mi respuesta fue “Gracias, el lunes me lo vuelves a explicar ‘de bulto’ y lo verifico con la lengua”. Accedió respondiendo “Sí, pero te bañas el viernes y saliendo de la ducha te encamas a tu marido para ordeñarlo y lo sueltas hasta el lunes para que yo te limpie la leche con la lengua.”… ¡y me choreé! Aunque hoy no sea viernes, ¡me cojo a mi marido!

  • La señora Antonietta (Parte 1)

    La señora Antonietta (Parte 1)

    Tenía más o menos 35 años y trabajaba como taxista en Milán, mi ciudad natal.

    Eran los primeros de los 90, tiempos en los que internet estaba muy lejos de estar en cada hogar y los teléfonos móviles, aunque en rápida difusión, aún eran una rareza.

    Estaba esperando mi turno en la cola y estaba absorto en la lectura, pensaba ser el tercero o quizás el segundo, así que cuando ella tocó el cristal y con un gesto de la mano me preguntó si me tocaba a mi, tuve un pequeño sobresalto, asentí con la cabeza.

    Ella abrió la puerta trasera y rápida se puso en el coche, era invierno y estaba ya oscuro, hacía bastante frio y el coche para quien venía del exterior seguramente parecía bastante cálido y acogedor.

    Cuando cerró la puerta le dije: buenas tardes señora, adonde vamos?

    Me dio la dirección, arranque el motor y el coche se incorporó suavemente al flujo del trafico.

    Bien pensé, 20 minutos de trayecto, 30 teniendo en cuenta el trafico y me deja en el centro de donde será sencillo buscar rápido otro servicio.

    De repente ella interrumpió estos pensamientos, preguntando me:

    “Que estaba leyendo de tan interesante?”

    “Un libro de psicología infantil” contesté yo, y añadí con un poco de orgullo en la voz, “Este otoño me matriculé en la facultad de psicología en Padova”

    “Wow”, contestó ella “y piensa poder compaginar los estudios con el trabajo?”.

    “La verdad que no lo sé… y si no lo lograré a fin de cuenta podré decir lo que dijo Jack Nicholson en “El nido del cuco”: Por lo menos lo he intentado”

    Soltó una pequeña y cristalina carcajada y añadió “En la perseverancia está la clave del éxito”.

    Cayó un silencio bueno, familiar, relajado, el coche se deslizaba suavemente en un trafico intenso, pero bastante fluido.

    Al cabo de diez minutos volvió a hablar: “conduce usted muy bien!”

    “Gracias señora, si, me gusta”

    “Me gustaría tener un chofer personal”

    ¿Joder… que hago? ¿Lo digo? ¡Bueno al fin y al cabo será un piropo!

    “Y a mi me gustaría trabajar solo para una señora linda como usted, en vez de trabajar para mucha gente, y muchos estúpidos”

    “Y me gustaría también tener un mayordomo!”

    ¿Joder… que hago? ¿Lo digo?… si, lo digo!

    “Bueno, por eso tendría que aprender… Pero yo aprendo rápido”

    Algo cambió, dejó de tratarme del usted, y me dijo:

    “Sabes cocinar?”

    “No soy cocinero, pero me la apaño”

    “Y como llevas las tareas domesticas?”

    Las orejas me empezaron a silbar y el corazón lo tenía en la garganta, se había convertido en un interrogatorio.

    “Vivo solo, lo hago todo y mi casa está bastante bien”

    “Eres un hombre interesante, pero ahora déjame tranquila que necesito pensar”.

    El resto del recorrido pasó sin una palabra, llegados a destino, quería decirle algo, pero se adelantó:

    “Mira, el taxímetro dice XXXXX, tu decides: ¿prefieres que te pague la carrera o quieres mi numero de teléfono?”

    Tragué saliva y le dije con una voz que venia de lejos:

    “Su numero de teléfono”

    “Dame papel y lápiz”

    Le di las dos cosas y encendí la luz del centro del habitáculo, para que pudiera escribir con una luz aceptable, cuando terminó de escribir levantó la cabeza y por fin pude verle bien la cara.

    Era una linda mujer, un poco mayor que yo, entre los 40 y los 45 años, pequeña, con una cara linda y decidida, enmarcada por una fluyente melena morena y tenía una pequeña imperfección en el labio superior por el lado derecho, como una pequeña cicatriz.

    Mi mirada se fijo un momento allí y ella tuvo como una fugaz estrella de fastidio: “Fue un hombre me dijo en voz baja”

    Luego me hizo una sonrisa y me dijo: “Llámame mañana a las 19, se puntual”

    Ya se estaba bajando cuando se dio la vuelta y me dijo: “Y recuerda: en la perseverancia está la llave del éxito”, luego salió rápida y me dejó allí con un adiós en la garganta y el papelito en la mano.

    Lo miré: Antonietta y el numero de teléfono.

    ¡¿Que raro pensé, Antonietta que fuese siciliana?! Bueno físicamente podía serlo, da igual eso no era lo importante, lo importante era que llegase pronto la tarde de mañana.

    Seguí trabajando hasta el final del turno, pero estaba excitado, distraído, no pude recoger la lectura por donde la había dejada, pero, eso sí, al cabo de un cuarto de hora ya sabía su numero de memoria

    Volví a casa un poco antes de lo usual, comí con hambre y luego me caí, estaba agotado.

    La mañana siguiente me desperté antes de la norma, desayuné poco y me costó no salir antes de casa para empezar a trabajar, (no podía trabajar antes de que empezara mi turno).

    Trabajé nerviosamente y mi trato con los clientes aquel día no fue tan cálido como solía ser, compré unas cuantas fichas telefónicas, controlé el reloj cada cuarto de hora y por fin llegó la hora, ya era cinco minutos que estaba al lado de la cabina telefónica, quería llamar justo a las siete de la tarde y así fue.

    Drin… drin… drin

    Volví a hacer el numero controlando el papelito:

    Estaba aturdido, me sentía traicionado, vacío, perdido, huérfano, estafado; joder me ha estafado, no puede ser que una mujer así… pa qué, ¡¿para no pagarme la carrera?! No, no puede ser!

    ¡¿Y por que no?! ¡¡Al fin y al cabo, no la conoces de nada!! Pero, espera quizás llegó tarde a casa, vuelvo a intentar:

    Nada, no contesta, me tiró la sola, joder que pelotudo y yo siempre a confiar, que puedo hacer… Nada, vuelvo a trabajar.

    Seguí trabajando de mala leche, enojado, pero llegué hasta el final del turno.

    Luego volví a casa, comí y me caí, rendido.

    Es cierto que hay que decirlo a la almohada, la mañana siguiente desperté con la convicción de haber entendido todo, ella antes de bajar del taxi me había vuelto a decir el refrán de la perseverancia, si tenía que ser así.

    Así que la tarde a la siete volví a llamar: nada

    Y el día siguiente: nada

    Y el siguiente: nada, y más: nada, y más: nada, y más: nada.

    Quizás no había entendido nada, quizás solo me había tomado el pelo y yo como un estúpido seguía haciendo cada vez más, la parte del estúpido, pero, al fin y al cabo, ¿¿¿que tenía que perder???

    El decimoquinto día, el servicio antes da la hora X me llevó fuera de la ciudad, ya eran casi las siete, no conocía la zona y no sabía donde encontrar un teléfono publico, por fin veo un bar, entro: “tiene teléfono?” “Está roto” Joder, ya son las siete.

    Subo al coche y sigo dando vueltas a ciega para encontrar otro bar, allí está uno, cerrado.

    Estoy en una placita triste y desierta y en una esquina, una cabina telefónica, bajo del coche como un loco, esperando que funcione, descuelgo el ricevitor, si hay señal, parece que funciona, pongo la ficha en la ranura, hago el numero:

    “Hola”

    El corazón me da un brinco, ya estaba convencido que también hoy no iba a contestar nadie.

    “Buenas tardes Señora Antonietta, como está usted?”

    “Bien gracias y tú?”

    “Bien gracias”

    “Por qué tan tarde hoy?”

    Le expliqué lo que acababa de pasar.

    “¿Vale, en cuanto podría llegar a mi casa?”

    “Media hora y luego aparcar que siempre es una incógnita”

    “No, entonces se hace muy tarde, ven mañana a recogerme al trabajo, ¿¿te parece??”

    “Si, Señora”

    “Bien entonces, a las 17,30 en la misma parada de la vez pasada”

    “De acuerdo”

    “Hasta mañana, buenas noches”

    “Buenas noches Señora Antonietta”

    ¿Colgué el recibidor y me miré alrededor, donde estaba?

    Ahhh si, en el agujero del culo del mundo.

    En el coche volviendo a la ciudad, me invadió la alegría, si lo había entendido y lo había logrado, mañana la volvería a ver y en el fondo ya sabía que lo que iba a pasar, iba a ser bueno.

    El día siguiente me desperté temprano, pero con una energía envidiable, me duché y fui al peluquero para arreglarme el pelo y la barba.

    Luego comí afuera en un bar cerca de casa un buenísimo y enorme bocadillo con una cerveza bien fría y me fui a trabajar feliz.

    Trabajé bien, con gana y tuve suerte, entraron buenas carreras y me dejaron hasta buenas propinas, era mi día de suerte.

    A las 17,15 ya estaba en la parada, fuera de la cola de taxi en espera.

    A las 17,30 puntualísima ella llegó caminado rápida y ligera.

    Abrió la puerta trasera y sin saludar, me dijo:

    “Llévame a casa”

    Sin yo tampoco proferir palabra arranque el coche y partimos.

    No dijimos nada en todo el viaje, cuando llegamos ella me dijo:

    “Ve a aparcar y luego tócame el timbre 4B”

    “si, Señora” contesté

    Tuve suerte y en 10 minutos estaba bajo su casa, toqué el timbre, mi corazón latía tan fuerte que podía distintamente distinguir cada latido.

    Con un zumbido el portal se abrió, no hacia falta que dijera nada era la cuarta planta interno B

    Cogí el ascensor, era una de esta bella casa antigua y el ascensor también era antiguo de hierro forjado, llegué a la cuarta planta, la puerta de su casa estaba un poquito abierta, entré con el corazón que me latía siempre muy fuerte,

    El ingreso estaba desierto, “Permiso” dije para delatar mi presencia.

    Cierra la puerta, quítate abrigo y zapatos y ven aquí.

    Hice lo que me había dicho y todo fue muy simple ya que en los percheros estaba colgado también su abrigo y por debajo estaba un pequeño mueble donde estaban también sus zapatos, solo que no sabía donde era el “aquí”

    Por aquí, por aquí repitió Ella para guiarme con su voz.

    Finalmente me asomé a la puerta de la sala, Ella estaba sentada en un sillón blanco, se había cambiado y lucía una bata de casa ligera cerrada únicamente por una cintura y a los pies dos pantuflas con un tacón de 5/6 cm. parte de sus piernas salían por la bata y la cintura le marcaba la vida, era decididamente una mujer muy guapa.

    “Ven aquí siéntate e tomamos un vinito”, sobre la mesita de centro estaba una botella en un botillero y dos vasos tipo “flute”

    Me acerqué y esta bienvenida me tranquilizó un poco.

    Versé el vino en los vasos y le ofrecí el suyo y sin haberlo pensado, me salió un pequeño inquino

    Se reyó divertida y me dijo:

    “Ves ya casi eres un mayordomo, pero ahora siéntate” y me indicó la esquina del sofá más cercana a ella

    Me senté y empezó a hacerme preguntas a ráfaga, nombre, apellido, edad, signo zodiacal, titulo de estudio, lo que me gustaba y lo que no me gustaba, pelis, libros ecc

    ¡Y terminó diciendo “Y te gusta someterte a las mujeres!”

    “Si, Señora”

    En aquel momento, casualmente, la chola se deslizo desde el pie que estaba levantado del suelo (Ella tenía las piernas cruzadas) y se cayó al suelo, “Ohhh mira, se me cayó la chola, ¿tendría la amabilidad de reponérmela?” Me preguntó con una cautivadora sonrisa.

    Deslicé del sofá poniéndome de rodillas ante Ella, con la mano izquierda le sustenté el talón, pero la mano derecha en vez de coger la cholitas se detuvo acariciando aquel bonito pie, era hermoso pequeño y perfecto 36, máximo 37.

    “Te he dicho de ponerme la chola de momento, no de darme un masaje, pórtate bien cachorro”

    “Si Señora, perdone Señora”

    Cogí la chola y con toda la delicadeza de la que fui capaz volví a ponerla sobre la punta de su lindo pie.

    Ella puso los dos pies al suelo, se adelantó sobre el sillón y reclinó el busto en adelante hacia mi, con el índice de la mano derecha me levantó el mentón, su cara estaba a no más de diez centímetros de la mía, me miró fijo en los ojos y me dijo

    “Escúchame y piensa bien antes de contestar, yo soy persona seria y responsable, sé que los dos tenemos que trabajar para vivir, pero si me dices que si, tu serás mi chofer, mayordomo, sirviente y pinche, además de mi esclavo sexual. ¿Es esto que quieres?”

    “Si, Señora” dije con un hilo de voz

    “Muy bien, abre la boca”

    Su escupitajo fue tan preciso que su saliva llegó directamente a mi garganta

    “Traga y agradece”

    “Gracias Señora”

    “Y ahora levántate y ve a buscar aquella caja que está sobre la mesa y llévala aquí”

    Obedecí, era una caja de cartón duro con motivos floreales, con tapa.

    “Quita te todo y pon tu ropa en la caja, quiero verte”

    Obedecí, y me encontré en aquella situación muchas veces soñada a ojos abiertos, estar desnudo ante una linda mujer vestida, (que no fuera una profesional).

    “Lleva la caja sobre la mesa”

    Obedecí y volví ante a Ella; en este momento sonó el teléfono

    “Si… todo bien… si, lo tengo aquí delante de mi… no, quédate tranquila… es todo bajo control… si, no te preocupes… te contaré… gracias, buenas noches… mañana te llamo”

    Volvió a fijarse en mi

    Se levantó del sillón

    “Abre bien las piernas y cruzas las manos detrás de la nuca”

    “No me mires, perritas, tus ojos tienen que fijar el infinito delante de ti;

    Aunque yo me ponga delante de ti, a 10 centímetros de tu cara, tú tienes que mirar muy lejos delante de ti, ¿Entendido?”

    “Si Señora”

    Empezó a examinarme como un animal al mercado, me abrió la boca como a los caballos, me tiró y torció los pezones sacándome unos lamentos e interrumpiendo la imperturbabilidad de mi cara, me palpó las nalgas para medir mi tono muscular, sopesó mi polla y me pareció que no quedo entusiasta, cogió mis bolas, las alejó del cuerpo estrangulando la base del escroto y les apretó bastante, logrando también en esta ocasión hacerme quejar.

    Luego me dijo de doblarme hacia adelante y examinó mi esfínter.

    “¿¡Esto no es virgen, ya te han dado por el culo?! Le conteste que, en dos ocasiones, dos Amas me habían follado con un strapón.

    Bien, ahora ponte de rodillas y a cuatro patas sígueme,

    Ella se alejó y yo dócilmente la seguí caminando lo más rápido que pude a cuatro patas, aquí si la miré de atrás, más la miraba y más la descubría hermosa, el tejido liviano de su bata no podía esconder la forma perfecta de su culo, abundante, redondo, alto y yo dispuesto a apostar duro y firme.

    Me guio a su habitación, era muy grande y aunque su cama era de matrimonio quedaba mucho espacio alrededor de ella.

    A un lado de la cama había una alfombra blanca que imitaba el vello de un cabrón con el pelo largo.

    Me ordenó de ponerme sobre eso, luego de cruzar las manos detrás de la nuca y por fin de ponerme a cuatro patas, pero con las rodillas y con los codos, cuando fui con los codos al suelo me ordenó de distender la espalda, o sea de alejar los codos de las rodillas; por último, me hizo abrir mucho las piernas; os aseguro que es una posición muy incomoda.

    Cuando fui en posición, intuí que abría el armario mientras me decía, “me dijiste que vives solo, ¡¿entonces no tendrás problemas en llevarte las marcas de mis golpes verdad?!”

    Chack, el golpe llegó seco, fuerte, inesperado, sin darme el tiempo de contestar, más o menos en los riñones, me estaba azotando, creo, con una cinta para pantalones y el dolor, aunque fuese el primer golpe, fue intenso y me dejó sin palabra.

    “¿Te hice una pregunta, ya te niegas a contestar a tu Ama?”

    “Perdone Señora, no, Señora, no tengo problemas a llevarme sus marcas” me apresuré a decir.

    “Vale, dime entonces, ¿cuantas experiencias de sumisión tuviste?”

    Chack, mismo lugar y misma energía, “ahhh” no pude retenerlo, “muchas, Señora, pero todas con profesionales”

    “O sea que pagaste para ser sometido?”

    “Si, Señora”

    Su mano acarició mi cabeza.

    “Pobre mi cachorro, necesita ser educado; bien seguimos “¿Prefieres sufrir o que te humillen?”

    “Lo que Usted quiera, Señora”

    Chack, más arriba, a mitad de la espalda

    “Respuesta incorrecta, contesta la pregunta”

    “Me gustan las dos cosas, siempre y cuando no sean demasiado hard”

    Chack, igual que la de antes, allí donde le daba por segunda vez la piel empezaba a quemar, “ahhh”

    “Este golpe, ¿fue demasiado hard?”

    “No, Señora”

    “Entonces explícate ¿Qué quieres decir con demasiado hard?”

    Chack, tercer golpe en el mismo sitio, “ahhhh” y no pude no intentar moverme, aunque la posición además de incomoda no me permitía moverme, porque todos los 4 puntos de apoyo eran necesarios, si faltaba uno me caía.

    “Me gusta todo pero que nada llegue a poner en riesgo la salud o la incolumidad personal”

    Chack, cuarto golpe en el mismo sitio y con la misma intensidad (o sea bastante fuerte), “ahhh” tengo que tomar aire, no puedo quedarme quieto, pero consigo mantener la posición, seguro que tengo que ser muy cómico intentando estar quieto sin lograrlo, la piel quema mucho…

    De hecho, Ella suelta una linda carcajada, (me encanta como se ríe), me gustaría ver su cara.

    “Para eso no te preocupes, no soy una irresponsable, tu salud e incolumidad personal están a salvo”

    Chack, quinto golpe en el mismo lugar y de la misma fuerza,

    “aaah”, sin ni siquiera darme cuenta abandono la posición me levanto sobre las manos y mi espalda se arquea buscando instintivamente y sin lograrla una posición donde el ardor sea menos intenso.

    “Basta Señora, por favor, allí basta”

    “Basta lo decido yo”

    Chack, sexto golpe en el mismo lugar y más fuerte de los anteriores,

    “aah” el grito termina en un sollozo y unas lagrimas empiezan a brotar de mis ojos, he abandonado la posición, estoy ahora completamente recogido, llorando como un niño:

    “si, Señora, como usted diga, perdóneme Señora” pronuncio entre las lagrimas.

    Joder esta mujer es pérfida y tiene una puntería envidiable.

    Su mano acaricia mi cabeza y su voz llega cálida y tierna, está muy cerca:

    “Mírame”

    Levanto la cabeza y la veo agachada delante de mi cara, le miro el rostro, me está sonriendo con ternura

    “Pobre mi niño que está sufriendo para mi, me gusta verte así, me gusta verte llorar, me gusta ver como humildemente me ofreces tu dolor, llorarás mucho por y para mi, te lo aseguro, pero nunca te pondré en peligro, besa la mano que acaba de azotar te” y pone delante de mi boca su mano derecha, pequeña, cuidada delgada y nerviosa, la beso con cariño y ternura; esta mujer acaba de hechizar me.

    “Bien” dice levantando se, pero ahora vamos a seguir “ponte en posición”

    Con fatiga me vuelvo a incorporar, me muevo despacio, cualquier movimiento que supone un estiramiento de la piel allí me provoca dolor.

    “Dale querido, me pica la mano”, “me dijiste que un par de Amas te follaron el culito, ¿te gustó?”

    Chack, como siempre el golpe me cogió por sorpresa, igualmente fuerte, pero en un punto “virgen”

    “si, Señora, me gusta ser follado por mujeres, pero también en esto siempre con los limites dictados por el sentido común”

    “a que te refieres?”

    “una vez en Alemania, en un sex shop, había cabinas donde se podían visionar películas, allí vi una de una Mistress que follaba su esclavo con un strapón enorme, algo como 10 cm de diámetro y 60 cm de largo, creo que una practica así extrema provoca daños permanentes”

    Chack, ahora no estaba machacando siempre en el mismo punto

    “Tienes razón”

    “Puedo hablar?”

    “Dime”

    “Además la sodomía es intrínsecamente humillante, leí en un libro que entre los lobos cuando el macho perdedor se da por vencido ofrece su ano al ganador, en signo de sumisión”

    “Pero no somos lobos?!”

    “Es cierto, pero estoy convencido que también en el hondo del cerebro humano está este legado”

    Chack, esta me cogió la nalga derecha, fue bastante más fuerte y provocó en mi un espontaneo sobresalto

    “Interesante teoría, bien me gusta que mi esclavo no sea estúpido, pero no te equivoques no es que para eso seré menos cruel, al fin y al cabo, lo hago también para ti, ¿no es esto lo que quieres?”

    Chack volvió a darme en la misma nalga y en el mismo lugar y siempre bastante fuerte.

    Otro pequeño sobresalto y mi pierna derecha tuvo un ligero estremecimiento.

    “Si, Señora es esto lo que quiero”

    “Entonces lo estas haciendo para ti?”

    Chack, el golpe más fuerte, me alcanzó en el muslo izquierdo

    “ah”, no pude no soltar y luego añadí: “no Señora, mi primer deseo es que Usted disfrute” era lo que tenía que decirle y era también lo que realmente pensaba, pero una fracción de segundo después de haberlo dicho, me di cuenta del lio en el que me había metido o mejor dicho, en que trampa me había atraído.

    “A ver, a ver si eso es cierto” dijo Ella poniendo se a “caballo” de mi espalda, o sea de pie pero con una pierna a un lado de mi cuerpo y la otra al otro lado y dirigida hacia mi trasero.

    Chack, chack, chack, los golpes empezaron a caer cadenciados, espaciados, no fuertes, metódicos alternando la nalga derecha a la izquierda, y aumentando de intensidad, ahora se hacían más fuertes y yo empezaba a no estar tan firme.

    “Posición” me grito Ella mientras con las piernas me apretaba el costado, ayudándome a mantenerla

    Ya eran azotes fuerte librados con maldad y ganas de dañar,

    “ah, basta, ah, por favor, ah” luchaba con todas mis fuerzas para mantener la posición, pero el dolor era intenso y las lagrimas volvieron a mojarme la cara

    Chack, dejé de estar de rodilla y me tendí a suelo bocabajo, con las piernas juntas y tendidas, moviendo me por un lado y por el otro, desconsideradamente.

    “No moverte” me gritó Ella sentándose con todo su peso sobre mi espalda y aplastándome así al suelo, sin parar de golpear mis nalgas a este punto seguramente tumefacta.

    Lloraba como un niño, suplicando piedad y mis manos se movieron hacia mi culo en el intento de parar los golpes.

    “Quita las manos, cerdo” me gritó Ella en plena furia sádica, pegaba sin remisión con todas sus fuerzas, sin mirar donde caían los golpes así que, cuando por el dolor me vino de abrir las piernas, de inmediato un azote alcanzó mis testículos, solté un grito tan fuerte que también Ella tuvo un momento de titubancia, pero fue un momento, luego volvió a pegar con fuerza.

    Yo ya ni intentaba desvincularme, me limitaba a recibir pasivamente, a llorar y pedir piedad.

    Con un golpe más fuerte de los demás terminó de pegarme, yo acabados los golpes seguí llorando sumisamente.

    De repente Ella se deslizo atrás y se sentó delante de mi cabeza, con la mano derecha me agarró por el pelo y me levantó la cara, las piernas totalmente abierta, el codo izquierdo al suelo detrás de la espalda, sustentaba su busto y mirando mi cara seguramente deshecha, sujetando me la cabeza con la mano derecha me ordenó de mala manera, con una voz que no reconocí, baja y áspera: “Cómeme el coño, cerdo”

    También su cara estaba deshecha y su vagina estaba inundada de humores, me eché sobre este inesperado regalo, lamiendo y chupando agradecido, la vagina pulsante de esta hembra hermosa y cruel, en ese momento la quería con toda mi alma y el único deseo era darle el mejor orgasmo de su vida.

    Ella me tenia bien agarrado por el poco pelo que ya aquel entonces tenia, y firmemente guiaba mi cabeza, movía su cadera refregando su vagina empapada contra mi cara y boca, me insultaba diciéndome: cerdo, zorra, puta, “eres la mía putita?! Zorra comecoños!” “No sabes lo que te espera!” “Esto es solo el inicio!”

    Y por fin su orgasmo vino: espasmos seguidos sacudieron todo su cuerpo y fuertes gemidos salieron de su garganta, nos abandonamos, agotados los dos.

    El primero en recuperarse fui yo, estaba con mi cabeza entre sus piernas aún abiertas y abandonadas, así que me arrastré un poquito más arriba y empecé a olisquear su vagina y luego tímidamente a darle unos cuantos lametazos ligeros y respetuosos, más bien para limpiar las trazas de su recién placer.

    A un cierto punto, sin moverse soltó una pequeña carcajada “Mhhhh, eres un cerdo total, pero me gusta, sigue limpiando me”

    Después de un rato se sentó en el suelo, se deslizó hasta la pared para estar sentada apoyada a la pared, me sonrió con verdadera cordialidad y quizás una pizca de afecto (o por lo menos es lo que me hubiera gustado), con el dedo me dijo de acercarme, siempre de rodillas me acerque a Ella, era hermosa con una cara feliz y radiante, aunque un poco cansada, su melena despeinada enmarcaba su hermoso rostro, acércate me susurró, cogió mi cara entre sus manos y me besó en la boca, yo claro no me lo esperaba y esto gesto despertó en mi el deseo de amarla como un hombre, me erguí ante Ella y moví los brazos para abrazarle.

    “no, no, no, me dijo Ella alejando mi cara de la suya, cuidadito en tu lugar, de rodilla y agachadito como el buen perrito que eres, vale?!”

    “Si, Señora”

    Volvió a besarme en la boca con calma y ternura, sin prisa, su mano fue a mi polla que había vuelto a ponerse dura, la acarició un poco y me parece que ahora que estaba bien hinchada volvió a evaluarla más favorablemente, su mano siguió bajando y fue a jugar con mis bolas, “me gustan tus bolas, pero aquí que tienes?” me levanté un poco más para que pudiera ver mejor y le contesté “es un aglomerado de venas, se llama varicocele”

    “pero te duele si te lo aprieto?” no Señora pero no hay que maltratarlo mucho porque potencialmente podría romperse una vena y eso sería un problema”

    “mhh vale” me agarró los testículos “pero si te aprieto estos si te duele, verdad?” dijo con una sonrisa mientras justamente lo apretabas y los torcías, se me escapó un “ahh ahhh ahhhh” pero pude contestarle: “si Señora duele mucho” mi cuerpo se torcía del mismo lado donde Ella me torcía los huevos y seguro que estaba muy ridículo, respirando con la boca abierta y torciendo hasta los brazos y la boca siguiendo sus movimientos.

    Ella sonreía sinceramente divertida y tenía una expresión como una niña que está descubriendo su juguete nuevo.

    En este momento empecé a quererla.

    “Yo la quiero mi Señora”

    “Yo también te quiero perro, abre la boca”

    Otra vez su saliva llegó directa a mi garganta

    “Traga y agradeces”

    Obedecí

    “Bien, pero ahora basta de mimos, quiero que hagas una cosa más para mi, antes de irte, ve a la sala y trae el vino, y ve también a la cocina y trae también esta jarra con pico que está sobre la mesa. Sin contar que tú aun no has eyaculado y yo quiero verte”.

    Cuando volví con todo lo pedido, ya se había incorporado, se había vuelto a cerrar la bata con la cintura y a calzar estas cholas muy linda con un poco de tacón.

    Me ordenó de volver a ponerme de rodilla, estaba bastante cansado pero aquel entonces aún podía, ahora no aguantaría tanto.

    “Bebiste orina alguna vez?”

    “Una vez mi Señora”

    “Y te gustó?”

    “La verdad no tanto, mi Señora”

    “Lamento oír eso porque yo quiero que mi esclavo, o sea tú, beba mi orina con entusiasmo y agrado ¿vale?”

    “Si Señora, aprenderé”

    “Claro que aprenderás”

    Me alcanzó la jarra, volvió a abrirse la bata y se puso delante de mi con las piernas abiertas.

    Yo sostuve la jarra bajo su vagina y al cabo de pocos segundos un chorro claro brotó de su sexo.

    Viendo su orina llenar la jarra, tuve un nuevo impulso de amor y fui a punto de empezar a beber ya, directamente de la jarra.

    Pero me contuve.

    “Bien cachorrito, llena el vaso de tu Ama con el vino y el tuyo con el néctar de tu Ama”.

    Obedecí.

    “Y ahora brindamos a esta nueva, intima, pervertida y cómplice amistad”.

    Tocamos nuestros vasos y bebimos.

    La verdad que el pis de la Señora Antonietta era mucho mejor de como me acordaba había sido el de aquella chica, aquella vez.

    “Que tal?” Me preguntó con voz cristalina.

    “Mejor de lo esperado” y sin preaviso me salió un eructo, potente; puse con retraso mi mano delante de la boca y pedí disculpa.

    “No te preocupes” dijo Ella riendo, “Suele pasar”

    Estaba alegre y yo también al verla tan feliz.

    Bueno ahora quiero ver como te masturbas, siempre de rodillas y abre un poco más las piernas.

    Empecé a manearme la polla, Ella me miraba fijamente, sin perder un gesto ni un matiz de mi cara.

    Se acerco a mi y con las manos empezó a machacarme los pezones.

    Esta mujer es diabólica, ¿como sabe que me gusta mucho que me torturen los pezones mientras me pajo?

    Bajo de la cama y se puso al lado mío, mientras con una mano seguía torturándome los pezones, con la otra me agarro los testículos y empezó a tirarlos hacia abajo, apretarlos y torcerlos.

    Mi polla se hizo aún más dura y roja.

    La miré y era claro que estaba gozando de la vista.

    “Cuando estas cerca dímelo, zorra”

    “Si Señora es que ya lo estoy”

    Me alcanzó mi vaso vacío.

    Quiero que recoja toda tu leche en este vaso.

    Cogí el vaso con la mano izquierda.

    “Dale puta, quiero ver como te corres”

    “ya voy, ya voy, ya voy… Oh”, la prima ola fue un chorro muy fuerte, menos mal que Ella había cogido el vaso da mi mano y había puesto la boca del mismo delante de la punta de mi polla, así que el chorro fue capturado por el vaso, los siguientes chorritos no tenían la misma fuerza y el esperma salía si a chorros pero se caía dentro del vaso que Ella tenía bajo la punta de mi polla.

    “Quita la mano, zorra” me dijo y empezó a menearme brutalmente la polla que se iba ablandando, la machacó y apretó hasta sacarle la última gota de leche.

    Luego la levantó contraluz y la miró satisfecha, era mucha, siempre he sido muy abundante.

    “Y esta la has bebido alguna vez?”

    Exhausto, por todo el anterior y por el recién orgasmo le contesté agotado:

    “No, Señora, y la verdad que la idea me da mucho asco”

    “Pues, muy bien, me alegra oírlo, porque ahora superarás tu asco y te la vas a beber toda, porque así te lo ordeno para mi disfrute, y lo harás con alegría y el agradecimiento de poder complacer a tu Ama”.

    Me dio el vaso y acercó aún más su cara a la mía, no quería perderse ni un fotograma de la película.

    Miré el vaso y la miré a Ella, era tan hermosa, sonriente y expectante.

    Con un solo gesto hice que toda mi espesa leche se deslizara a mi boca.

    “No te la tragues ya, quiero que la saboree, quiero que te la haga pasar en la boca”, “Abre tu boca, hazme ver”

    La verdad que no tenía ningún sabor, solo la consistencia era bastante asquerosa, un poco come la clara del huevo.

    Abrí mi boca y esta vez no le escupió dentro.

    “Bien, perra obediente, ahora trágatela”

    “Mira, se quedó un poquito en el vaso, hay que enjuagarlo”

    Cogió la jarra y volvió a llenar a la mitad el vaso, le escupió dentro, agitó un poco el vaso para que se mezclaran los ingredientes, me lo dio y me dijo: “bébete tu drink, que tu Ama te ha preparado con tanto amor y cariño”.

    “Gracias mi Señora”

    Cogí el vaso y empecé a beber, pero esta vez a sorbos, saboreando cada uno de ellos, y aunque el sabor no era bueno, empecé a tomarle el gusto, el gusto a mi Señora.

    Cuando terminé le di el vaso, Ella me sonrió con dulzura, se levantó arriba de su rodilla, me cogió la cabeza y la puso a descansar entre sus pechos.

    Gracias querido, descansa, ahora sé que me quieres.

    Estuvimos allí unos minutos, muy unidos, nunca me había sentido tan unido con nadie hasta aquel momento, yo también la había abrazada y Ella lejos de ponerme en mi sitio se había entregado a mis brazos.

    Luego lentamente nos soltamos y Ella empezó a darme instrucciones sobre lo que tenía que hacer.

    Bueno, ahora te vas a la cocina a fregar todos los platos que están en el fregadero, limpiarás la mesa, los planos de trabajo y el suelo.

    Cuando terminarás podrás ir a ducharte, luego verás a la sala a decirme que has terminado.

    Guardé el vino en la nevera y estaba para ir al baño para tirar la orina de la jarra en el inodoro cuando mirando el liquido dorado tuve el irrefrenable impulso de servirme un poco más en mi vaso.

    Luego tiré el resto y me puse a hacer mis tareas, mientras de vez en cuando bebía un sorbo de lo que estaba realmente empezando a gustarme; no se como explicarlo era algo que venía de mi Ama, algo que había salido de Ella y esta idea me lo rendía precioso y deseable.

    Luego me duché y pude averiguar el dolor que el agua tibia despertaba mojando las marcas de los golpes recibidos, sobretodo la de donde el látigo había caído repetidas veces.

    Me sequé con la toalla limpia que la Señora había preparado allí para mi y limpio como un niño volví a la sala.

    Ella estaba cómodamente tendida sobre el sofá, con las piernas un poco dobladas y la muñeca de la mano derecha graciosamente apoyada sobre su frente, tenía los ojos cerrado y parecía que dormía.

    Yo me acerqué y no sabiendo bien que hacer me arrodillé al lado del sofá más o menos a la altura de sus hombros.

    “Señora Antonietta”, susurré en voz baja.

    Sin abrir los ojos me contestó: “Dime perra”.

    “Yo abría acabado”.

    Abrió los ojos, me miró de reojo y empezó a estirarse voluptuosamente, luego se sentó sobre el sofá y levantándose dijo:

    “Vamos a ver si esta guarrilla lo hizo todo bien, sígueme”

    Fuimos a la cocina y se quedó satisfecha y luego al baño donde constató contrariada que había dejado la toalla doblada sobre el mueble del lavamanos, se acercó a mi, dos dedos armados de uñas agarraron mi pezón izquierdo y lo doblaron dolorosamente hacia arriba.

    “Razona putita estúpida ¿como puedes doblar una toalla que está mojada?”

    De puntilla intentando minimizar el estiramiento del pezón, dije:

    “Si Señora, tiene Usted razón es que no sabía donde ponerlo”

    “Un poco de sentido practico, putita estúpida, tiende lo arriba del box ducha”

    Me soltó el pezón y me apresuré a obedecer.

    Por el resto fue bastante satisfecha. Sacó algo de el pequeño armario del baño y me dijo, sigue me.

    Volvimos a la sala, se sentó al borde del sofá y me dijo de arrodillarme cerca del sofá dándole pero la espalda y empezó a juntarme las tumefacciones con un gel, “es Aloe vera y te dará inmediato alivio” y de hecho fue así.

    “Gracias mi Señora” le dije agradecido y “¿puedo decirle una cosa?”.

    “Dime perra”.

    “Quería decirle que… no sé quizás no tenía que tomarme esta libertad, pero antes en la cocina, antes de ir a tirar su orina al inodoro, me serví otro medio vaso y un poco a la vez me lo tomé”.

    “Date la vuelta y mírame”

    Obedecí

    “Por qué me estas diciendo eso”

    “La verdad que no lo sé”

    “Yo creo que es que quieres presumir y bien impresionar me”

    El bofetón llegó fuerte y inesperado.

    “Pero la verdad es que me gusta lo que hiciste, lastima que no tengo ganas, si no te daría un poco para llevarte a tu casa; bueno tiempo habrá. Ahora vístete y ve, que quiero bañarme, comer algo y acostarme, ha sido un buen día, pero cansador”.

    Cogí la caja con mi ropa y me vestí, ella me acompaño a la puerta, me miró mientras me ponía los zapatos y mi abrigo.

    Allí de pie, en el ingreso, me dijo: “Yo trabajo desde las ocho de la mañana hasta la cinco de la tarde de lunes a viernes, tú mañana iras al Ayuntamiento y cambiarás tu turno de acorde a estos horarios, así podremos vernos sin que tú pierdas muchas horas de trabajo, apunta aquí tu numero de teléfono.”

    Escribí mi numero sobre el block notes y le miré.

    “Abre la boca” su saliva llegó directa a mi garganta.

    Joder que puntería esta mujer, pensé.

    Me abrió la puerta, salí al pasillo y llegué al ascensor, me di la vuelta, la puerta ya se había cerrado.

    Por la calle el aire estaba muy frio, aún tenía un par de horas para trabajar, estaba trastornado, me parecía de haber salido de una maravillosa pesadilla y tenía muchas ganas de volver a soñar.

  • Mi primera vez con pepinin (Partes 1 a 3)

    Mi primera vez con pepinin (Partes 1 a 3)

    Parte I

    Desde siempre he sido muy arrecha y me encanta el sexo en todas sus formas, bueno eso ya ustedes lo saben, pero cuando uno está sola sin pareja se vuelve un poco difícil, esto no quiere decir que no puedas disfrutar y darte mucho placer.

    En esos días en los que estoy muy caliente, que es casi siempre, me encanta tocarme y pajearme mientras veo un buen vídeo porno de la web. Lo rico que se siente imaginar que eres tú la del vídeo uffff, eso me excita muchísimo haciéndome explotar de placer; siempre había usado únicamente mis dedos para acariciar mi clítoris e incluso meterlos dentro de mi estrecha vagina, eso me hacía mojarme muchísimo y alcanzar orgasmos impresionantes como si de verdad me estuvieran cogiendo con una gran verga grande y dura, pero el destino me llevó más allá cuando en una de esas App en las que suelo hablar con muchos hombres calenturientos y pervertidos, encontré a uno igual de pervertido que yo, compartíamos los mismos gustos sexuales, fantasías y wow igual de arrecho a mí; el único problema bueno aunque en realidad nunca ha sido un problema es que está en otro país, sin embargo buscamos la manera de siempre satisfacer nuestras calenturas y arrecharnos juntos… cualquier momento en cualquier hora del día una video llamada para masturbarnos juntos, chat hot y ufff que decir de los videos y fotos eróticas… puedo decir que me encontraba en el paraíso al encontrar alguien tan caliente como yo dispuesto a disfrutar del placer del sexo… con todo y lo arrecha que soy jamás había sido penetrada por algo distinto a una verga dura y erecta, sin embargo ya los dedos no eran suficiente, cada vez que nos veíamos en una video llamada para masturbarnos, ese chico es más osado que yo, y me dijo que quería que usara una zanahoria o un pepino, al principio me reí mucho bueno la idea de meterme algo no me emocionaba mucho porque bueno los que me conocen saben lo asquienta que soy y el pensar en algo sucio dentro de mí ya hasta me enfría, sin embargo mis ganas por probar y lo arrecha que ese chico lograba ponerme detrás de esa pantalla de teléfono me hicieron ceder ante sus peticiones; así que decidimos intentarlo con un pepino ya que bueno es mucho más grueso y grande que una zanahoria… esperamos su día libre para hacerlo los dos desde casa, ya que en el baño del trabajo es un poco incómodo aunque no deja de ser excitante, pero aja, esta era una ocasión especial.

    Parte II

    El gran día nuestra video llamada empezó yo totalmente desnuda en mi cama con mis enormes tetas al descubierto y mi coñito esperando que empezara la faena para disfrutar, y que decir de él, allí también en su cama con su gran verga grande, gruesa y rosada, wow aún me mojo de solo imaginarla allí mirándome queriendo ser comida, ufff ese chico tiene la facultad de arrecharme de solo ver su verga y esa lengua que me enloquece… Estaba muy ansiosa por experimentar con ese pepino, así que iniciamos como de costumbre, mis dedos acariciando mi clítoris, primero muy suave y luego un poco más rápido y profundo, mientras veía como él se pajeaba y su verga crecía más y más para mi… ufff mi coño empezó a mojarse rápidamente y el deseo que sentía era cada vez mayor, estaba tan arrecha que mi cuerpo se estremecía cuando mis delgados dedos tocaban mi clítoris, tomé mis tetas en mi mano y la lleve a mi boca ummm sentía que era él pasando su lengua por mis pezones con la lengua húmeda un par de lamidas sentía que querían explotar de lo duro que estaban, luego lo metí a mi boca y empecé a chuparlos, bueno en realidad era él quien succionaba y chupaba mis tetas desde la distancia a través del teléfono, mi coño muy mojado, a él le excita mucho ver como se moja y mis gemidos cada vez más fuertes, sentía que estaba allí conmigo acariciándome y mamando mis tetas.

    De pronto pregunta ¿trajiste el pepino? Por supuesto, respondí, imagina que es mi verga que tanto te gusta me dijo; de inmediato lo lleve a mi boca y empecé a lamerlo con unas ganas que me arrechaban más y más, del otro lado del teléfono sus gemidos me ponían más caliente tan arrecha que pedía verga a gritos… En ese momento me dijo quiero meterla entre tus tetas, y wow fue una rusa muy excitante al momento que pasaba el pepino entre mis tetas lo esperaba en mi boca y lo chupaba, mi coño palpitaba más rápido y me calentaba mucho, así que lo introduce suavemente en mi coño y wow… wow un gran gemido se me escapó al sentirlo dentro de mi…

    Parte III

    Al sentirlo dentro imaginaba su verga dentro de mi empecé a meter y sacarlo así como me gusta fuerte y rápido, estaba tan arrecha que mis gemidos seguramente fueron escuchados por mis vecinos, pero no me importó en ese momento solo quería sentir ese placer que me enloquecía… esa es mi verga siéntela, te estoy cogiendo rico me decía, cada palabra me hacía arrecharme más, con una mano metía el pepino en mi coño y la otra en mi boca chupando desesperadamente mi dedo… ufff mi cuerpo se retorcía como serpiente y se movía cada vez más rápido, más arrecha que nunca, te gusta mi verga? Preguntaba, sii mas fuerte más fuerte quiero más respondía yo… mi coño muy mojado que empezaba a correr los líquidos por mis muslos… ufff sentía que me venía y le dije me vengo y dijo también yo… nos vamos a venir juntos… esas palabras me arrecharon más solo imaginar su lechita ufff me pone a mil… seguí penetrando mi coño con ese pepino más fuerte como mi cuerpo me pedía… ummm ufff un gran gemido, me vine… el pepino todo mojado todo baboso ufff lo lleve a mi boca y lo lamí hasta dejarlo limpio, él aun no terminaba y seguía caliente así que le pedí me la acercara para lamerla y desde mi pantalla pasaba mi lengua como si de verdad estuviera lamiendo, eso lo prendió mucho y allí seguimos otra vez… acaricie un poco mi mojado coño e introduje dos dedos… ummm que rico se sienten los dedos dentro de mi coñito deseoso de verga, metí nuevamente el pepino y viendo como él se pajeaba para mi volví a emocionarme tanto que otro orgasmo me estremeció mi cuerpo… ufff la tengo en la puntica me vengo me dijo el muy arrecho… vente para mi quiero ver tu lechita respondí… acelere un poco el ritmo un gran gemido el al mismo tiempo dejó escapar un gemido que me hizo hacer un squir… ufff se vino cuando me vio hacerlo, su lechita blanca tal vez muy calientita… la recogí con mi lengua desde la distancia y quedé totalmente satisfecha… desde ese momento “pepinin” se convirtió en nuestro juguete de placer…

    Deseo 21.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (18)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (18)

    En la terraza del hotel, Carmen se tomó un café de buena mañana mientras observaba las vistas. Prefería no pensar en la tarde anterior, aún tenía ciertos espasmos en las piernas y la conducción se le había hecho un infierno.

    Sorbiendo el poco café que quedaba, pensó en la gran despedida. Nada de alardes, nada de gritos, solo amor, el que tenía hacia su sobrino y que siempre conservaría. Con una mueca de felicidad se despidió del recepcionista, devolviéndole las llaves y sonriendo al salir en busca del coche. Una cosa era que no volviera a pasar, pero en su mente, se reproduciría tantas veces como quisiera. Como esa misma noche por ejemplo, en una cama muy similar a la que compartieron, un sueño muy vivido la hizo ensuciar las sabanas hasta el punto de tener que cambiarlas en mitad de la noche.

    Sí, había sido una gran aventura, pero debía terminar, “todo tiene un final” se dijo mientras el coche arrancaba de buena gana y ronroneaba con fuerza. Eran todavía las diez y ya estaba lista para volver a su casa, con los deberes hechos e incluso con ciertas ganas de ver a su marido, parecía que las cosas iban de maravilla.

    Para Sergio las cosas iban algo diferentes… porque no es agradable que te despierten y menos con unos fuertes golpes en tu puerta. Abrió un ojo despertando a medias después de un sueño profundo que no recordaba bien… ojalá lo recordase. Al otro lado de la puerta, una voz muy conocida le llamaba.

    —Sergio, no me digas que estás dormido. ¡Vamos! Que he llegado antes.

    El joven no esperaba a Carolina tan pronto, mejor dicho no la esperaba. La muchacha solía llegar a las tardes, después de que su padre la dejara en la puerta de la residencia. Sin embargo, allí estaba, a las diez de la mañana según el móvil del joven.

    Se levantó sin saber muy bien a que vendría esa visita y Carol… tampoco lo sabía muy bien. Se había despertado muy temprano, casi a las ocho de la mañana. Había tenido una conversación bastante normal con la chica que debía ser su novia, pero que todavía tenía novio. Las charlas con Paola eran de extremos, maravillosas algunos días, y otros, del todo anodinas, el sábado tocó una de las últimas.

    Sin embargo, el domingo no se levantó con ganas de ver a “su chica”, sino con ganas de estar con el nuevo amigo que había conseguido en la universidad. Un sentimiento desconocido le nació en el interior y durante una hora estuvo pensando en Sergio, hasta que no aguantó más y le dijo a su padre que marcharan.

    Ahora se encontraba allí, despertando a un joven que conocía de hace un mes y con el que había congeniado de maravilla, no obstante una duda surgía mientras aporreaba la puerta. “Solo es amistad… o ¿no?” No le conocía de mucho más, sí que tenía constancias de cómo era y su personalidad, pero… nada más y… a eso venía.

    La puerta se abrió. Sergio, que más parecía un zombi mal hecho sacado de una película de serie B, apareció enfrente. Carol entró como un vendaval, llegando hasta la mitad del cuarto y girándose en el acto. Le sacó la lengua a su amigo y puso la peor cara que pudo.

    —¡La leche! Pero que mal huele aquí… parece la guarida del oso, abre un poco las ventanas. —olisqueó el fuerte olor y algo le resultó familiar— ¿Has follado?

    —No, Carol, no he follado. —debía mentir, aunque cada vez sentía que aquella chica incluso se merecía… “Esa” verdad.

    —Pues te tienes que pajear como una verdadera bestia. Sergio, eres un guarro.

    —Pero si no me he… —Sergio se frotó los ojos a través de los parpados cerrados. Hablar con Carol a veces era como discutir con una pared, que además te golpeaba. Se resignó— Es complicado aguantarte sin desayunar.

    —Fácil solución, hace un día de maravilla, vamos a dar una vuelta. Te invito a desayunar y si te portas bien quizá te compre una piruleta.

    —Dios… Eres cargante… —el joven se adentró en el cuarto junto a su amiga— ¿Dejas que me dé una ducha?

    —No te dejo… Es que te obligo. Debes ducharte, si no a poco te voy a invitar. —se fue dando saltitos como una colegiala y antes de cerrar la puerta le dijo— En cinco minutos te vengo a buscar.

    —¿Cómo que cinco minutos? ¿Qué te crees que soy Superman?

    Los pasos de Carolina se escuchaban rítmicamente por el pasillo, seguía dando saltitos hasta su puerta mientras una voz casi en eco canturreó.

    —¡En seis!

    Carol le dio el beneplácito de llamarle a los diez minutos y en quince estaban ya a las puertas de la residencia yendo hacia el coche. Sergio había dejado todo sin hacer, pero que más le daba, por mucho que se quejase de su nueva amiga, le encantaba estar con ella.

    —¿A dónde vamos? —el coche arrancó a la primera, quizá por la experiencia, pero Sergio había dejado a un lado el miedo a que le dejara tirado.

    —A la playa. —el joven miró con mucha duda— Sí, suelo ir cuando es verano, pero en invierno cuando no hay apenas gente me gusta pasear.

    —Pues a la playa entonces.

    En el trayecto, Carolina prácticamente monopolizó la conversación, hablando a su amigo como el viernes se había cogido una cogorza de campeonato y todavía tenía algunas secuelas. Había salido con tres amigas a darlo todo y ¡vaya si lo había dado…!

    Con una botella de agua en mano, comprada en el expendedor de un bar, ambos entraron descalzos en la arena. El día era soleado, pero obviamente todavía no era caluroso. Alguna que otra nube opacaba muy de vez en cuando el sol, momento que la temperatura bajaba considerablemente. Si a eso le añadimos un viento que soplaba incesante desde el mar, la caminata no debería ser muy reconfortante, sin embargo… lo era.

    Carolina volvió con una cosa en mente, quería que Sergio se le sincerara como había hecho ella. No por nada en particular, ni por un cotilleo insano, ni por estar “en paz”, sino porque creía que el muchacho en verdad lo necesitaba.

    Decidida y quizá movida por una última porción del Ron barato consumido la noche del viernes y que quedaba en su cuerpo, se dispuso a indagar.

    —Hoy te toca sincerarte, Sergio.

    Este la miró con un gesto bastante común, porque se lo esperaba, le había dicho que otro día hablarían de ello y estaba claro que el paseo por la playa era propicio para ello. Se dio su tiempo, ordenando sus ideas y recuerdos, y quizá vetando ciertas situaciones del todo inapropiadas para contarlas, aunque después se preguntó si en verdad lo eran.

    —Mejor vayamos a esa duna, así nos sentamos. —comenzaron a virar el rumbo, dirigiéndose a las dunas entre el amplio aparcamiento y la playa— Antes de nada, ¿qué tal con Paola, habéis hablado o algo?

    —Meh… —fue similar a un ruido inconexo de un bebe con sus primeras palabras— Hemos hablado… hay días buenos y días menos buenos. Hasta que no se aclare lo de su novio, supongo que seguirá así.

    Sergio no quiso meterse más en el tema, Carol no se veía receptiva, lo notaba en su tono de voz, “la conozco mucho…” pensó a la par que se sorprendía.

    Llegaron a la cima de una duna rodeada por hierba alta y dura que se mecía con dificultad pese al fuerte viento. Los dos se sentaron, compartiendo un estrecho espacio que les hacía tener ambos cuerpos pegados el uno al otro. No les importaba, además así se proporcionarían un calor extra y el viento no cortaría sus conversaciones.

    —Podría contarlo todo directo y resumido. —Sergio robó la botella de agua a Carol antes de que se pudiera quejar y dio un buen trago. Se la devolvió por la mitad, necesitaba tener la garganta clara, se venía un monólogo— Aunque para entenderme creo que tienes que oír la historia desde el principio.

    —No me lo digas tan serio que me voy a asustar —le respondió en broma, pero cuando la miró, le hizo entender el poder de la historia que escucharía de su boca.

    —Es algo… ¿Grave? ¿Raro? Lo podrás denominar como a ti te plazca, pero la verdad que no es algo “inusual”.

    —Pero…

    —Carol, solo te quiero pedir una cosa, júzgame al final de todo y escúchame, por favor. —quiso meter un comentario jocoso para destensar el rostro de la chica. Bajo sus gafas parecía comenzar a preocuparse— Sé que es complicado que estés callada, pero inténtalo.

    Ella le dio un pequeño golpe en la pierna y se apretó más a él, si es que eso era posible, ya estaban demasiado pegados. El aire dio un fuerte soplo y su cabello moreno con toques azules en las puntas voló hacia atrás oscilando en el viento. Sergio vio su rostro, fino y bonito, adornado con unas cuantas pecas en el puente de su pequeña nariz, justo por debajo de donde las gafas se mantenían. La vio como era, bella.

    —Érase una vez… —Carol soltó una risotada y Sergio la sonrió. Que cerca estaban… ya no solo en lo físico, también en lo mental— Ahora en serio, todo empieza en agosto del año pasado. Era un día normal como cualquier otro, solo que ese día, mi tía Carmen, vino a casa…

    Las palabras comenzaron a salir de su boca, pausadas y en su justa medida. Sergio no era de largas exposiciones, es más, no le gustaba mucho salir a la pizarra, ni en el instituto, ni en la universidad. Sin embargo, esta vez, con la mirada puesta en el romper de las olas y el sonido del viento que les envolvía se sintió cómodo.

    Por primera vez contaba lo sucedido. Toda la historia. Empezó por el viaje, la primera parada en el hotel, sus primeras impresiones sobre lo que se cocinaba dentro de su cuerpo. La caravana, el pantano, la visión de su tía… todo.

    Carol no podía parar de escucharle, su voz a poca distancia le hacía sentir que no había nada más alrededor. Apenas podía escuchar las olas, solo estaban ellos, el mundo no existía. La historia le comenzó a intrigar de una forma increíble, no quería dejar de escucharla porque le parecía impresionante. En las palabras de Sergio se notaban los sentimientos que experimentaba mientras hablaba con su tía y tomaban juntos el sol.

    El joven habló claro, sin dejar a un lado las cosas mucho más personales como las erecciones o las ganas de yacer con Carmen. “Le voy a contar que mi tía y yo lo hicimos, ¿qué más da que le diga que estaba empalmado?” Su argumento era más que sólido.

    La narración se aceleró no tanto en la voz de Sergio sino en los sentimientos y la energía que manaba de su interior. Carol podía sentir el calor en el momento que llegó a la puerta de su tía y como se había olvidado que su madre yacía borracha a metros de distancia. Apretó las piernas cuando le contó el primer encuentro. No le miraba, no podía, solo observaba las olas romper una y otra vez mientras unas nubes muy a lo lejos llegaban con ganas de guerra.

    Seguía apretando con fuerza ambas piernas, no estaba escuchando una confesión sexual que le pudiera contar una amiga cualquier día “pues el otro día me tiré a mi novio…”. No, esto era otra cosa, Carol notaba cada palabra atravesándola, como la expresión oral la llevaba a aquella casa viendo nítidamente lo sucedido. Incluso se podía decir que estaba dentro de la acción.

    En el momento que le comentó que había dejado a su madre con una amiga para ir donde su tía y que estaba sola, el corazón se le aceleró. Sabía lo que venía y esperó la narración en silencio como llevaba haciendo todo el tiempo.

    Como le contó el encuentro tan íntimo con su tía, fue alucinante. Parecía sentir el calor que ambos manaban y como se compenetraban a la perfección. Quizá fuera solo exageración en las palabras de Sergio, pero Carolina empezó a pensar que nunca había tenido un coito similar.

    Bebió un poco de agua, necesitaba calmar un cuerpo que por extraño que pareciera, tenía algo meciéndose en su interior. No sabía lo que era, ni siquiera podía entenderlo, al menos de momento.

    Pasó la botella a Sergio, que hizo una breve parada para volver a hidratarse. Cerró la botella y la dejó a sus pies, bien metida la base en la arena para que el viento no pudiera llevársela. Siguió con el día que pasó junto a su madre, obviando por primera vez los sentimientos que brotaron hacia ella.

    “Eso mejor en otro capítulo…” se dijo escondiendo una sonrisa que luchaba por escapar. Siguió con la despedida y la tristeza de volver, nada más había que añadir de ese periplo, solo que tenían ganas de volverse a ver y después de los exámenes sucedió.

    —¿Volvisteis…? —a Carol la garganta se le había secado y sonó ronca. Carraspeó para aclararse, pero Sergio se adelantó.

    —Sí, esta vez fue más… salvaje… acabamos rompiendo el cabecero de la cama. —no lo decía con orgullo, ni vergüenza, solo como parte informativa, similar a todo lo demás— Después mi madre encontró un sujetador y… fin. Se enfadó y me echó de casa, no tengo más que contar. Aunque creo que fue suficiente, incluso me pica un poco la garganta, no había hablado tanto y tan seguido en mi vida.

    La joven sacó el móvil y vio que había trascurrido cerca de una hora desde la última vez que lo miró. El joven habría estado hablando más de cuarenta minutos seguro, llenando la conversación de tantos sentimientos que a Carol se le amontonaban en el cuerpo.

    —¡Acojonante! —se le escapó en un susurro. Estaba alucinando— Lo que no comprendo es a tu madre. Es normal que se enfade, pero echarte de casa a si a las bravas, me parece excesivo.

    —No quiero que me trates como a un degenerado… aunque si piensas que lo soy y no queréis hablarme lo entenderé…

    —¡¿Qué dices?! —cortó con suma rapidez— ¡Qué vas a ser un degenerado! Es raro, muy raro… es la primera vez que oigo una relación así. Entiendo que se pueda dar… o bueno, puedo llegar a imaginarlo, pero… tus palabras me dicen que fue algo más. —Sergio la miró, ella le correspondió— Era más amor que sexo, eso es lo que creo.

    —Gracias y… obviamente, espero que esto no salga de aquí, ni a tu mejor amiga, ni nada.

    —No, no, no. —repitió con efusividad— ¡Jamás, Sergio! ¡Lo juro!

    —Te creo. Confío en ti.

    —Creo que debemos ir yendo. —las nubes amenazaban tormenta, Sergio pensaba lo mismo.

    —¿Quieres irte a la residencia? —el joven se imaginaba que necesitaría un tiempo para volver a pensar que no era un bicho raro.

    —¿Ya? No. Todavía no te he invitado a desayunar y se hace tarde… ¿Te invito a comer?

    La sonrisa al muchacho le apareció brillante. Había estado serio en toda su narración, sin hacer ni una mueca mientras recordaba con vivacidad lo ocurrido. Miró al horizonte, pensando en que Carol sí que era una amiga de verdad.

    —Vale, pero si yo pago mi parte.

    —¡Entonces no te estoy invitando, tonto!

    Ambos rieron por la espontaneidad de la joven que volvió la vista al mar, observando las olas rompiendo con violencia contra la arena. Era una imagen de la fuerza de la naturaleza y ella sintió que la reconfortaba. Apoyándose en el hombro del joven preguntó.

    —¿Somos amigos? ¿Amigos de verdad?

    —Creo que sí.

    Se levantaron con una sonrisa sincera en sus rostros, caminando por la ruta más directa hacia el coche, aunque la joven lo hacía algo incómoda. Con la historia que había escuchado, sintió todo lo que Sergio transmitió, sobre todo sus momentos más íntimos. Se notó tan cómoda, tan… tan… como nunca, no le sorprendió notar al caminar como sus bragas se pegaban a su piel de lo húmedas que estaban.

    CONTINUARÁ

    ——————————-

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • La cuarta clase de la Miss Tere: Ayudando con la decoración

    La cuarta clase de la Miss Tere: Ayudando con la decoración

    Antes que nada agradezco la publicación de mis relatos así como sus comentarios,  seguiré compartiendo estas historias acumuladas de las experiencias de mi esposa que nunca pensé vivir pero que ahora son parte de nuestra vida.

    Ahora sí empecemos con la cuarta clase de mi esposa, esta clase tiene lugar en casa de un amigo en Querétaro, nos invitó a pasar el fin de semana para celebrar el cumpleaños de su esposa, ellos son Edgar y Rocío y somos amigos desde hace 10 años.

    Llegamos a casa de nuestros amigos el viernes por la tarde para la fiesta de cumpleaños que era ese día, nos íbamos a quedar a dormir en casa de ellos, así que nos mostraron nuestra habitación.

    Nos preparamos para la fiesta, ya que era temática, el concepto era: Fiesta de 15 años ya que Rocío no tuvo fiesta por lo que nos pidieron ir de traje completo a los hombres y vestido a las mujeres.

    Después de bañarnos y de cogerme a mi mujer en la regadera, aprovechando la oportunidad que mis hijas se quedaron con mi hermano, nos cambiamos para bajar a la fiesta.

    Yo me puse un traje gris claro con accesorios café y ella se puso: Sostén negro liso muy ajustado que apretaba sus senos redondos y que dejaba ver sus pezones duros en ese momento, una tanguita negra lisa que se le mete perfectamente entre sus ricas nalgas y marcando su panocha perfectamente afeitada, encima una pantimedias color piel, un vestido azul marino cerrado y entallado en la parte de arriba pero suelto de la cintura para abajo que le llega a la mitad de los muslos y que permite mostrar sus piernas bien formadas y deliciosas y zapatillas de tacón color azul con tiras a los tobillos.

    Pues ya en la fiesta Edgar y Rocío nos presentan a Julio, hermano de Rocío que vive en León y a quien no conocíamos, empezamos a tomar y a bailar y en la madrugada cuando la mayoría de los invitados se habían ido y con varias copas encima, yo estaba platicando con Edgar cuando Julio se acercó a Tere para sacarla a bailar pidiendo mi aprobación, yo le dije que sí y empezaron a bailar Salsa, cada vez que Julio le daba una vuelta a Tere, su vestido se levantaba y dejaba mostrar todas sus piernas, noté que Julio se dio cuenta de ello y discretamente se iba acercando a Tere mientras bailaban poniéndole su mano entre la cintura y la mitad de sus nalgas.

    Terminaron de bailar después de como 15 minutos, se sentaron en la mesa, Tere a mi lado y Julio al lado de ella, nos sirvieron unas bebidas y me platicaba Tere que Julio estaba cambiando la decoración de su casa, durante la charla pude observar que una de las manos de Julio estaba por debajo de la mesa y que Tere tenía demasiado abiertas las piernas y su pierna izquierda estaba muy cerca de Julio.

    Honestamente bua estábamos muy tomados en ese momento todos, ya eran las 5 de la mañana, me dice Tere: Voy a cambiarme y ponerme unos mallones porque ya me cansaron los tacones, le dije que sí, acto seguido yo estando platicando con Edgar veo que Julio sube atrás de Tere guardando una discreta distancia por lo que dije a Edgar que iba al baño y subí a ver qué estaba pasando y aquí los detalles de la cuarta clase de mi esposa putita, la Miss Tere:

    Julio: Tere ya te vas a dormir?

    Tere: Sorprendida voltea en la puerta de nuestra habitación: Ay Julio me espantaste, no te escuché subir, no solo me voy a cambiar porque ya me cansaron mis zapatos.

    Julio: Y que te vas a poner, acercándose a ella y quedando a solo un metro de distancia.

    Tere: Unos mallones y zapatos bajos.

    Julio: Pues que grosera.

    Tere: Por qué?

    Julio: Pues me vas a privar de seguir viendo tan hermosas piernas que tienes.

    Tere: Julio, que cosas dices, recuerda que soy casada y mi marido está aquí.

    Julio: Que seas casada no evita que tengas esas piernas hermosas y ese cuerpo tan delicioso, vamos a bailar una última vez para ver tus piernotas Teresita.

    Tere: Y si bailamos aquí adentro mejor.

    Julio: Esa era la respuesta que quería escuchar, mientras que se acerca a Tere, la toma por la cintura y se besan con una pasión donde literalmente se estaban succionando mutuamente.

    Tere: No tenemos mucho tiempo, le dije a mi marido que me iba a cambiar

    Julio: Tiempo suficiente para cogerte rico ya verás, la carga en sus brazos y se meten a la habitación, pero como estaban ya ebrios no cerraron bien la puerta por los que pude observar todo

    Julio arroja a Tere a la cama, le levanta el vestido y le da una nalgada

    Julio: Mira nada más que rico culo tienes Teresita mientras la vuelve a nalguear.

    Tere: Ayyy si papi, hazlo tuyo.

    Julio le rompe las medias, hace a un lado su tanga, se saca su verga y sin precio aviso se la mete en un solo movimiento provocando un gemido de Tere: Aaayyy Julio.

    Julio: Te gusta así verdad, vas a saber lo que es que te coja un hombre.

    Tere: Si papi, metemela hasta adentro, revientame mi vagina

    Julio empieza a bombearla muy duro y después de algunos minutos termina dentro de mí esposa, ella se queda boca abajo gimiendo mientras que Julio se viste y se baja a la fiesta.

    Tere regresa cambiada y como si nada y así es como brindó su cuarta clase.

  • Culeando a una tailandesa a señas

    Culeando a una tailandesa a señas

    La única vez que estuve en Tailandia fue en un viaje de negocios donde representaba a la compañía para la que trabajaba. En su momento no tenía idea del concepto del turismo sexual ni mucho menos, pues la única ciudad que apenas podría decir se acerca un poco a las luces coquetas a una ciudad como Bangkok o Pattaya, podría nombrar a una Nueva Orleans o la ciudad de Las Vegas. En Bangkok o Pattaya, el sexo está a la orden del día desde que uno aterriza en estas ciudades asiáticas. En mi caso lo sentí obvio, aunque en los primeros dos días me hizo compañía la traductora y quien también le hacía de guía de turista y es por eso creo las ofertas no se me hicieron llegar abiertamente.

    La otra persona que me hacía compañía en el viaje era un ejecutivo de producción con el que tenía poco contacto y él iba acompañado de su preciosa esposa; una rubia que, si bien no tenía buenas tetas, lo compensaba con un buen redondo y llamativo trasero. Realmente en las pocas horas libres por las tardes, poco interactuamos y quizá solo compartíamos una ligera cena en compañía de la traductora, quien en verdad no era necesaria en estos menesteres, aquí en estos países la gente aprende algunas palabras básicas del inglés y lo demás se conlleva a señas.

    Estas ciudades son intimidantes, especialmente si uno no esta acostumbrado al bullicio… duermen de día y despiertan de noche. Al tercer o cuarto día me fui una noche y me perdí en las calles de Pattaya, para encontrarme con la sorpresa que había muchos turistas occidentales y muchos australianos que, según el cantinero, llegan a estas ciudades por el turismo sexual. Me lo explicaba en un inglés medio recortado pero preciso, que incluso el me dio sugerencias donde encontrar a las mejores chicas y que tuviera mucho cuidado con las que aparentan ser mujeres y que son transexuales. La verdad que había muchas lindas chicas por doquier que, era difícil saber cuales son verdaderamente mujeres y si están de renta.

    Esa noche visité unos cuatro bares o clubs nocturnos. La verdad que me llovieron mujeres provocándome, pero ante la desconfianza plantada por la traductora y el cantinero, no me atreví a hacerle a nadie alguna oferta. Decidí regresar a la primera cantina donde el cantinero que de alguna manera se comunicaba mejor en inglés. A preguntarle si conocía a algunas chicas que recomendara iba cuando veo entrar a esta hermosa mujer a la cantina y se sienta a unas dos sillas de distancia donde solamente me dio un vistazo y luego en esa silla giratoria me da la espalda y se queda mirando a la muchedumbre de la calle. Llevaba una blusa que solo le cubría al frente, pero la espalda le quedaba bastante descubierta. Tenía la piel clara y su cabello estaba teñido de rubia y llevaba una microfalda que dejaba a uno admirar esas torneadas piernas que denotaban unos muy bien trabajados muslos. Tenía una bonita cintura y un precioso trasero y, de la parte frontal no se le reprochaba nada, pues los pechos parecían sólidos en un escote que quizá con un poco de atención y discreción, se podía apreciar la sombra oscura de su areola.

    Era una chica de cuerpo perfecto y bonito rostro. Muy bien maquillada y espectacularmente provocativa. Ella volvió a girar la silla cuando el mismo cantinero que me atendía a mí se dirigió a ella. Llamé al cantinero y le dije que yo pagaría por ella. Aquí por estos lugares te sirven y en ese momento pagas. La chica se acercó a mí y me dio una sonrisa preciosa y me dijo “gracias” en un ingles que sonaba fluido. Era difícil comunicarse, pues además del bullicio de la gente, esta ciudad está inundada por los decibeles de la música en todas las noches. Me dijo su nombre, pero sí era difícil pronunciarlo, lo era más difícil recordarlo; así que debido a un tatuaje que tenía a esa famosa gatita de tono rosa en uno de sus muslos de la pierna le comencé a llamar Kitty, lo que también es una alusión a la parte íntima de la mujer en la tierra que yo nací. Y luego de unos minutos y ver que se hacía más noche y sabía que tenía reuniones el siguiente día, con señales y palabras atropelladas por la risa, decidí intentar llevármela a mi cama.

    Tenía ya unos cuatro días en Tailandia y quizá unos siete sin haberme follado a alguna chica que sentí la necesidad imperiosa de convencer a esta chica a llevármela a la cama aun así me costara un buen billete. Con certeza les digo, esta chica era tan sensual y de una figura y carita bonita que a cualquier santo hace pecar. Con los minutos ella entendió lo que yo buscaba y hasta el momento no sé si era a eso a lo se dedicaba, pero después de algunas palabras vacilantes Kitty me escribió en un papel: B5000. for night. En esa época no recuerdo el cambio de la moneda, pero diez años después eso aquí valdría a un poco más de $150.00 dólares. Realmente ni lo pensé y en ese momento tomamos una de esas moto taxis que abundan por este lugar.

    Eran las 11:30 de la noche del tiempo local cuando llegamos al suite de mi hotel. Había querido tener una conversación, pero aquel “thank you” fluido era una de las únicas frases que esta chica sabía pronunciar y todo lo demás era cuestión de hacer señales. Ella fue directo a lo que iba, así que tan pronto entramos a mi habitación me comenzó a despojar de mis pantalones vaqueros, los cuales usaba en vez de mis pantalones de vestir, para según yo pasar desapercibido en aquella ciudad. Me hizo señales que me acostara en la cama, me bajó el bóxer y se dedicó a mamar mi falo con una disciplina y erotismo de profesional o como la mejor amante de este planeta. Pensé que me pondría algún profiláctico, pero así al natural me dio tremenda mamada que a los diez minutos me estaba haciendo acabar deliciosamente. Esta chica mamaba rico, llevaba muy bien los ritmos y sabía cómo masajear las bolas mientras mamaba el falo o viceversa. Ella no se despojó de su ropa en ese momento, pero esa minifalda, su espalda semidesnuda te hacían imaginar todo ese escultural cuerpo. Intentaba tragarse toda mi verga y hubo algunos momento que con señales me decía que tenía una verga grande. Exploté con tremenda eyaculación en su linda boca y le llené todo su rostro de mi liquido blanco que distorsionaron su maquillaje.

    Me fui al baño a limpiarme y ella hizo lo mismo y pensé que al salir iría a desvestirla, pero me equivocaba. Encontré a Kitty desvistiéndose y ella se había quedado con tan solo una tanga color oro y miré sus pechos desnudos que quizá llegaban a una copa D. Pensé que eran de silicona, pero eran naturales y se sentían tersos y sólidos. Los mamé a placer y luego pensé que sacaría algún condón mientras otra vez a señas ella se ponía en posición de perrito. Nunca sacó un condón de su cartera y ante mi tenía ese culo perfecto todavía vistiendo su tanga el cual hice de lado ese hilo para descubrir una conchita preciosamente afeitada que se me ofrecía para que yo la pudiera disfrutar. Quería chupársela y eso hice. Su sabor típica de una chica joven y emanaba un olor a cítrico, loción que ella misma me dijo luego después que usaba. En esa posición le he chupado el clítoris y he paseado mi lengua una y otra vez, de arriba abajo o haciendo círculos. Ella me tomó la mano e hizo que uno de mis dedos le masajeara su orto mientras yo seguía con desesperación chupándole su conchita. Típica concha de las mujeres esbeltas, pequeña, muy bien depilada estéticamente y de donde emanaba unos jugos constantes de lo caliente que Kitty estaba. Nuevamente a señas me pidió que se la metiera y comencé mi faena de taladrar tan hermosa conchita o Kitty como nos referimos algunos en inglés. No duraría mucho para correrse, pues desde el momento que le hundí mi verga, sentía esas paredes de su vagina vibrar pues esta chica realmente estaba apretada. Creo que al principio le dolió, pues dio un gemido de dolor y ella me había puesto una de sus manos en mi cadera que le enviaba con placer el siguiente impulso. Luego le fui dando lentamente hasta que ella me tomó una de mis manos y ahora me decía a señas que le masajeara el culo mientras le penetraba la conchita. No aguantó mucho y sentí su vulva hervir y cómo contraía su reducida vagina. Se corrió aullando como perra y luego me volteó a ver con una sonrisa angelical, relajada y llena de placer.

    Que rico fue verla correrse, cómo movía ese culo divino y cómo gesticulaba su orgasmo. Nuevamente a señas le pedí el culo y ella me dijo a señas que quería un lápiz o bolígrafo. Me escribió en el directorio de teléfono B1000. y me fui en busca de mi cartera y le extendí $200.00 dólares. Ella me sonrió y colocó su dinero en su pequeña cartera y se volvió a poner de perrito. Tenía unas nalgas preciosas, perfectas y sólidas que en otras circunstancias se las hubiese comido o meterle mi lengua a su ojete. Estaba al otro lado del mundo con una chica de otro mundo y no sabía realmente que esperar. Me pasó por la mente ir en busca de profilácticos, pero en el calor de la pasión, todas esas cosas y pensamientos cuerdos salen sobrando. Tenía ante mí a uno de los mejores culos que mis ojos hayan visto y quería sembrarle mi falo en ese momento. Ella tomó lubricante de mi verga y de su conchita y se lubricó el culo, se puso en posición y le volví a mover el hilo de su tanga a un lado de sus nalgas y ella misma se llevó mi verga en dirección a su culo. Masajeó su ojete con mi glande por varios minutos y ella misma fue la que se insertó mi verga centímetro a centímetro hasta que mi pelvis pego en sus nalgas y ella comenzó a masajear mis huevos. No sé qué decía, pero sus palabras sonaban eróticas y comenzó a mover sus caderas con un ritmo descomunal. Ese orto estaba apretado, costó abrirlo al principio, pero, así como dicen que una gota no rompe las piedra por su potencia, sino que, por su constancia, de esa misma manera Kitty se había podido hundir cada centímetro de mi verga. Mi verga entraba y salía y de vez en cuando se la sacaba toda para poder ver como le quedaba de abierto ese precioso culo. Kitty si no me tomaba y masajeaba mis huevos ella se masturbaba esa conchita preciosa y de un clítoris pequeño. Se comenzó a mover frenéticamente que la cama comenzó a crujir y mi pelvis pegando contra sus nalgas sonaba a como cuando alguien está aplaudiendo. El chasquido de mi verga entrando y saliendo de su culo era parte de aquella melodía y de repente salieron las notas vocales de Kitty cuando se estaba corriendo. Era tan excitante el momento y tan erótica su mirada que en ese momento mis testículos se fruncieron y me he corrido junto a ella llenándole de leche ese precioso culo.

    Cansados y respirando profusamente nos hemos ido a bañar y donde Kitty me hizo disfrutar de la hospitalidad de la que son reconocidas las mujeres asiáticas. Me gustaba su dedicación, su entrega total al acto sexual. En la regadera me seguía besando los pectorales mientras me masajeaba con sus manos mis huevos y verga. Con uno de sus dedos me comenzó a invadir mi ano y me lo comenzó a masajear. De pronto se agacho tomándome de mis piernas desde la parte trasera y comenzó a lamerme las nalgas hasta llegar al canal a besarme el culo. Ella me sonreía y me decía una de las pocas palabras que sabía en inglés: “you like”. Intentaba preguntarme si me gustaba lo que me hacía. La verdad que es una delicia recibir esos besos negros de una chica tan linda como lo era Kitty. La verdad que en minutos la volvía a tener parada y nuevamente a señales nos acomodamos de nuevo en la cama para un siguiente round.

    En esta ocasión ella estaba sobre de mí siguiendo con un oral donde ella eróticamente a la vez me la masajeaba con sus dos pequeñas manos. Me gustaba ver ese rostro tan lindo y exótico de esta chica asiática a la cual le calculé unos 20 años. Esa felación fue lenta y exquisita donde Kitty solo me chupaba la punta y me sobaba los huevos. Miraba como salía mi liquido pre seminal y me los esparcía con la punta de su lengua. Pasó así alrededor de unos diez minutos y luego se subió sobre mí y ahora ella se masajeaba su clítoris con mi glande en una acción semi lenta donde ella me permitía observar como con tal delicadeza ella también disfrutaba del sexo. Por varios minutos jugaba así, donde ella recorría con su conchita mi verga sin hundirla a su vagina. Observé como se iba humedeciendo todo hasta volver a escuchar el chasquido de esa fricción. Como se sentía el calor de su vagina, la delicadeza de cómo los labios de su vulva rozaban toda la extensión de mi pene. Ella me volvía a preguntar con su ingles quebrantado: You like? (¿Te gusta?)

    Con los minutos se puso a la inversa, siempre haciendo lo mismo solo que ahora la punta de mi verga aparecía entre el canal de sus nalgas. Era una delicia exquisita ver esa escena… ¡Qué culo más rico el de esta mujer! – Miraba su cabellera teñida de rubia y cómo se mecía en su espalda, esas hermosas caderas y su pronunciada cintura. Ella comenzó con un vaivén más elevado y en esta ocasión sabía que se masturbaba el clítoris mientas deslizaba los labios de su conchita sobre mi verga. Le había encontrado el gusto y se encaminaba a otra corrida. Movía sus nalgas con más ímpetu y podía escuchar ese chaqueteo de sus dedos sobando su clítoris y explotó con un quejido de placer, el cual se vio empujado con otro más elevado cuando yo le volvía a insertar hasta el último de mis 21 centímetros. Continuó con su galopeo y en minutos me hizo acabar a mí por tercera ocasión. Esta vez no se había ido al baño, se volteó y me comenzó a mamar de nuevo la verga cuando esta se comenzaba a poner flácida.

    Eran la una de la mañana y continuamos con un anal donde ella me cabalgó al principio y luego con los minutos se puso como sentada frente a mí con sus piernas abiertas sobre la cama y de esa manera le cogía ese precioso culito mientras ella seguía masturbándose frente a mí. Qué lindo era tenerla así, mirar su lindo rostro, mirar cómo le cogía ese rico culo y ver como frente a mí se masturbaba. Sus tetas apenas se le movían de lo solidas que eran y esta linda mujer se frotaba el clítoris hasta que volvía a explotar y empujaba su trasero contra mi verga hasta que su orgasmo cesó y los poros de su piel se habían vuelto cerrar. Yo me fui por mi cuarto polvo y simulando cogérmela en posición del misionero, me la he cogido rico pero mi verga entrando por su rico y apretado culo y le he dado un embate donde mis huevos se oían chocando en sus nalgas y esta chica jadeaba hasta que alcancé de nuevo la gloria. Había llegado a mi cuarto polvo.

    A ese punto nos fuimos de nuevo a bañar con agua caliente y nos dispusimos a dormir ya bien cansados. Esta chica me mimó mientras me dormía y cuando despertamos me dio un oral y me hizo acabar por quinta vez a eso de las siete de la mañana. Realmente me gustó mucho esta chica y no solo por lo bella que era, sino por la atención y dedicación hacia mí. El resto de los días que me quedaban, me volví a llevar a otras chicas y aunque eran lindas, atentas y hablaban mejor ingles que Kitty, nunca le llegarían a la magia que esa linda mujer me hizo vivir. Creo que era cuestión de química y no eran necesarias las palabras, pues las señales del acto sexual también tienen su dosis de erotismo y un hechizo provocador.

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