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  • Préñeme Ingeniero

    Préñeme Ingeniero

    Antes de narrar lo que me sucedió hace algunos años, pondré la situación en contexto.

    No soy un tipo guapo. Digamos que tampoco feo. Pero, en mi país, debo estar en el 5% de piel más clara. No soy blanco, sino simplemente un mestizo claro. En las ciudades eso es irrelevante, pero en el campo, en las zonas rurales si marca la diferencia. Además, soy ingeniero, y en muchos contextos, el serlo es un plus importante. Si eso es bueno o es malo, no lo voy discutir. Son disquisiciones que no vienen al caso, simplemente es la realidad.

    Hace unos 8 años, poco antes de llegar a los 40 años, me tocó supervisar un proyecto en la provincia de Acobamba, en Huancavelica. Una de las más pobres del país. La capital (del mismo nombre) es un pequeño pueblo muy pobre, pero de gente muy amable. Siendo el “ingeniero supervisor” del proyecto, la verticalidad fue instantánea, a pesar de mi trato horizontal con todos, de pedir reiteradas veces que me llamen por mi nombre, nunca dejé de ser “el ingeniero”.

    El trabajo de supervisión implicaba 5 visitas de una semana en un período de 5 meses. Iba a Acobamba y me quedaba una semana al mes revisando las cuentas, entrevistando a los beneficiarios, coordinando con los técnicos, etc., etc. Desde mi primera visita, el coordinador local del proyecto me asignó una asistente administrativa para que me apoye en todas las coordinaciones.

    La chica, que tenía 25 años, era muy morena, pequeña, de contextura media, pero no gorda. Se vestía muy conservadoramente (de hecho, el frío obligaba a hacerlo). Para mi gusto, completamente anodina. Era de poco hablar y durante mi primera visita se mantuvo muy distante. Hacia el final de mi primera semana trabajando con ellos, alcanzamos una cierta familiaridad. Durante ese tiempo me enteré que era casada y que su esposo era uno de los técnicos del proyecto. Para ser sincero, no le presté atención al hecho en ese momento.

    Durante mi segunda visita la relación de trabajo ya era más fluida y próxima. Las barreras de la primera semana habían sido superadas y comenzamos a coordinar con prontitud los temas que debía ver. Incluso nos permitimos algunas bromas cuando estábamos solos, pero nada que pudiera entenderse como subido de tono o fuera de lugar.

    La tercera y cuarta visita transcurrieron en el mismo tenor. Una relación de trabajo fluida y amable. Ya sabía cuál de los técnicos era su esposo, un muchacho joven y realmente muy responsable. Al finalizar la cuarta visita, sentí que se despidió de mi con tristeza y me quedé con sus últimas palabras en la mente “la próxima vez que venga, será la última vez que lo veré”. En ese momento me llamó la atención lo que me dijo, pero pensé era una cortesía por el trabajo que hacíamos juntos y que realmente lo realizábamos bastante bien.

    Cuando llegué para la quinta y última visita la encontré algo cambiada. Se había hecho un corte de cabello. Con el nuevo look la encontré algo atractiva. Su vestir seguía siendo el mismo, pero el corte de cabello le había dado un cierto encanto. En algún momento de ese primer día le dije “te queda muy bien tu nuevo corte”. Ella se sonrió y hasta se ruborizó y me dijo “pensé que no se había dado cuenta”. Sentí que su ánimo cambio y el resto del día la percibí muy contenta.

    Al día siguiente, luego de algunas reuniones de coordinación, nos quedamos solos para trabajar unos reportes juntos. Ni bien nos quedamos solos, ella me encaró y me dijo “ingeniero tengo algo que pedirle”. Con ingenuidad pensé que me pediría una recomendación o una buena valoración de su trabajo (que de hecho era lo que tenía en mente). Cuando le dije que estaba atento para escucharla, me dijo sin tapujos “préñeme ingeniero”.

    Me quedé unos segundos estupefacto. Sin saber que decir ni cómo reaccionar. Quizás al minuto le respondí.

    – ¿Te he entendido bien?

    – Si ingeniero, quiero que me preñe.

    – ¿Estas segura de lo que me dices?

    – Si ingeniero, quiero un hijo suyo.

    – Pero eres casada, tu esposo trabaja acá, ¿estás segura realmente?

    – Si ingeniero, quiero un hijo de un ingeniero de Lima.

    En ese momento la libido ya jugó su papel. Era el ingeniero “que llegaba de Lima”. Pero no soy limeño, soy provinciano. No se lo dije en ese momento ni nunca. Con su nuevo corte, que le había cambiado totalmente la presencia, me resultaba una mujer algo atractiva. Y, bueno, para ser sincero, poseerla era un premio justo para los largos viajes de ida y de vuelta.

    Le respondí (mentirilla de por medio)

    – “sabes que me atraes, pero no creo que sea fácil”.

    – Lo se ingeniero. Sé que no podemos ir a su hotel. Pero creo que podemos hacerlo acá en la oficina.

    – ¿Estas segura?

    – Si lo estoy

    En la oficina por muchas horas cada día, cuando los técnicos iban al campo, nos quedábamos solos. Era el local propicio. En ese momento estábamos solos.

    Fui hacia la puerta. La cerré con llave. Si alguien llegaba y la encontraba con llave seguro sospecharía. Pero no sucedió y no lo pensé así. Sólo la cerré con llave.

    Me acerqué a ella y la besé. Sentí sus nervios. Yo también lo estaba. Pero el beso intenso nos soltó a ambos. Comencé a manosearla sobre la ropa y ella empezó a gemir. Mientras seguía besándola, me desabroché el pantalón y dejé mi verga al aire. Ella la cogió y la acariciaba.

    Le dije “chupala” y ella me respondió “no se hacer eso”. Eso me excitó salvajemente. No se la chupaba al marido y la haría chupármela. Le dije “arrodíllate y métela a la boca, chúpala como un chupete”. No fue la mejor mamada de mi vida, pero seguro de las más excitantes. Sentir sus labios primerizos aprendiendo a mamar en mi verga fue algo realmente delicioso.

    Luego de unos minutos, que la excitaron pues a pesar de su inexperiencia fue obvio que la calentó hacerlo, le pedí que se levante. La puse de espaldas sobre la mesa de la oficina. Le levanté la falda y encontré debajo de ella un calzón de esos que pensaba ya no existían. De la época de mi abuela. Pero estaba tan caliente que no me importó. Se lo bajé y se lo saqué. La falda sólo la dejé sobre su espalda.

    Con ella inclinada hacia adelante me arrodillé detrás de ella. Me preguntó “¿qué va a hacer ingeniero?” y le dije “te voy a lamer la concha”. Me respondió entre excitada e intrigada “eso no me lo ha hecho mi esposo nunca”. No le pregunté si había estado con otro hombre que no haya sido su esposo, pero quizás haya sido lo más probable.

    Me arrodillé detrás de ella. Separe sus piernas con mis manos. Y sin mucho más, le metí la lengua a la concha. Húmeda y salada. Ni bien le introduje la lengua ella comenzó a gemir con frenesí. Unos dos o tres minutos y empezó a decirme “ingeniero ya préñeme, ingeniero ya préñeme”. Antes de levantarme roce su culo con mi lengua y ella vibró. Pero ya quería penetrarla.

    Me acomodé detrás de ella y comencé a cogerla. Ella gemía y gemía y tuvo un orgasmo muy rápido mientras sólo repetía “ingeniero, préñeme”. Estuvimos sólo en esa posición. Tuvo un segundo orgasmo luego del cual ya sólo decía “préñeme, préñeme”. No sé si la preñé ese día o al siguiente o cualquier otro día antes de partir por última vez. Pero sí sé que la preñé.

  • Paula se masturba en el baño

    Paula se masturba en el baño

    Paula entró en el cuarto de baño en ropa interior, se situó frente al espejo y se quitó el sujetador quedándose con las tetas al aire. A continuación, usando los dedos pulgar e índice de su mano derecha se pellizcó un pezón. Le gustaban sus senos, eran firmes y bien proporcionados. Decidió jugar un rato con ellos imaginándose que alguien la miraba.

    En el baño la temperatura era agradable pero, de vez en cuando, se colaba una ráfaga de aire por las rendijas de la ventana interior que colindaba con un respiradero. A veces se oían ruidos provenientes del piso superior, alguien tirando de la cadena, alguien haciendo pis, alguien tirándose pedos.

    Paula bajó la tapa del inodoro, se quitó las bragas y se sentó. Sus nalgas se pegaron en el plástico. Separó las piernas y bajando los ojos se miró el coño. Tenía pelos largos y negros. Todo un bosque protegiendo el preciado lugar dónde se hallaba el punto G.

    Se tocó la barriga, ladeó ligeramente el tronco ayudándose del brazo izquierdo, y apoyando su peso en la nalga dejó escapar una sonora ventosidad. Instintivamente arrugó la nariz ante el olor familiar de sus propios gases. En ese momento, oyó a alguien toser en el piso de arriba. Abrió la ventana para oír mejor. Oyó sonido de agua y a continuación una voz masculina tarareando una canción. Oyó lo que parecía ser el tintineo de la hebilla de un cinturón y el sonido de una cremallera. Poco después oyó el pis chocando con fuerza contra las paredes de la taza.

    Paula se imaginó a su vecino, a quién había visto un par de veces, con los pantalones a la altura de los tobillos, los calzoncillos bajados dejando a la vista el nacimiento de la raja del culo y el pene. Un pene erecto, henchido con la orina que pugnaba por salir, pis mezclado, quien sabe, con semen.

    La imagen la excitó. Sin demora comenzó a frotarse ahí abajo, deslizó un dedo en la húmeda vagina y comenzó a jadear. En un instante decidió que no la importaba que la oyese su vecino, al contrario, imaginó que la oía y bajaba entrando en su piso, en el cuarto de baño. Que la levantaba del inodoro, la ponía mirando contra la pared e introducía su crecido pene dándola por detrás de manera salvaje. Ella se volvía para protestar y el ahogaba sus palabras con un beso en la boca, metiéndole la lengua y dándole una nueva envestida, más profunda si cabe, que la conducían al orgasmo.

    Cerró los ojos, y comenzó a frotar sus partes cada vez más rápido. Arqueó la espalda, gimió, jadeó y por un momento perdió el control de su cuerpo inundado por una ola de placer.

    Un minuto después, exhausta, débil, confundida, salió del cuarto de baño en cueros. Entró en su habitación y se dejó caer sobre la cama boca abajo.

  • Una Nochebuena muy buena

    Una Nochebuena muy buena

    Hola, aprovecho la ocasión para agradecer a los administradores de la página que me permiten publicar y compartir con ustedes.

    ¡¡¡Gracias!!!

    Pues vayamos a la que venimos…

    Una Nochebuena muy buena.

    Si me preguntaran cuáles son mis cosas favoritas en la vida, la Navidad estaría cerca de la parte superior de la lista. Me encanta la Navidad. Amo todo sobre eso. El olor de un pino real, la música en las tiendas, las fabulosas decoraciones y todo el ambiente festivo es tan encantador. Normalmente empiezo a prepararme un mes antes. He estado haciendo a mano la mayoría de los adornos.

    Esa Navidad es muy especial porque mis bendiciones crecían y podría ser la última Navidad en la que todavía creen en Santa. Entonces… Convencí a mi Mor para interpretar a Santa ese año. Para eso fuimos a una tienda de disfraces, a probarse disfraces de Santa. Sin embargo, con la actitud de Mi Mor hacia las vacaciones, debería probarse un traje de Ebenezer Scrooge.

    La tienda de disfraces tenia lo mejor. Ahorré todo el año y que me condenen si un alto precio y un marido descontento me disuadieron de mis planes.

    Después de lo que pareció una eternidad, allí estaba. Fue maravilloso, cien veces mejor de lo que jamás había imaginado. Corrí hacia él,

    Y: «¡Oh, Dios mío! ¡Esto es perfecto!» Lo rodeé con mis brazos y lo besé a través de la barba blanca.

    Si alguna vez hubo un verdadero Santa, no podría haberse visto mejor que Mi Mor. El traje parecía muy auténtico. Incluso estaba manchado con carbón y las botas negras tenían grietas, como si las hubieran usado durante años.

    Empleado: «Tiene un aspecto perfecto, Sr.», dijo el empleado, tomando una foto con flash para la promoción de sus clientes.

    Mi Mor: «¡Parezco un idiota!».

    Y: Lo llevamos, Mi Mor, ve a cambiarte y ten cuidado al quitártelo. Yo lo pagaré», le dije, abriendo mi bolso.

    Mi Mor: «Las cosas que hago por esa mujer», murmuró, lo suficientemente fuerte como para ser escuchado mientras caminaba hacia los vestidores.

    Paramos en un par de tiendas más de camino a casa. Mi Mor era mi mula de carga a cuestas, cargaba cajas y se quejaba de que yo gastaba su dinero duramente ganado. En realidad, debería estar orgulloso de la forma en que nos mantengo libres de deudas. Soy muy frugal casi todo el año, pero hay algo en la Navidad que abre los corazones de las personas… Y las billeteras.

    Antes de continuar, no quiero dar una impresión equivocada sobre Mi Mor. Excepto por su actitud sobre las vacaciones, es un gran tipo, un maravilloso esposo, proveedor, padre y alma gemela. Es uno de esos tipos a los que las chicas miran y comentan que todos los buenos están tomados.

    Mi Mor se asomó entre los paquetes llenos de paquetes y preguntó:

    Mi Mor: «Bebecita, ¿podemos irnos a casa ahora? Tengo un informe que debo completar para el lunes».

    Y: «Sí Mor, hemos terminado de comprar… Por hoy.»

    En el camino a casa, el tráfico estaba atascado en el área del centro comercial y nos movíamos muy lentamente. Mi Mor tampoco tiene absolutamente ninguna paciencia cuando se trata de las abarrotadas compras navideñas. Compara a los compradores con tiburones en un frenesí alimenticio. Simplemente lo considero parte de la temporada: la alegre celebración colectiva de una época maravillosa del año.

    Mientras esperaba que cambiara el semáforo

    Mi Mor: «bebecita, todos los años te matas comprando paquetes para otros, cocinando y horneando, pero cuando te pregunto qué quieres, siempre respondes lo mismo. Así que este año, no quiero oírte decir ‘nada’».

    Y: «Está bien, no diré ‘nada’. De hecho, hay algo que realmente quiero que solo tú me puedes dar».

    Mi Mor: «¡Genial! ¿Y qué podría ser eso?»

    Y: «Creo que es hora de tener otra bendición. Creo que nuestra familia estaría completa si les diéramos otro hermanito a nuestras bendiciones.»

    Mi Mor: «Bebecita, sé que quieres otra bendición y eres una gran madre, pero ahora es un mal momento para nosotros. Necesito concentrarme en los negocios ahora mismo».

    Y: «Mi Mor, eso es solo una excusa. ¿Te das cuenta de que soy yo quien lleva a la bendición? No creo que seas tú el que se verá como una ballena varada y tendrá los tobillos hinchados. Además, para cuando nazca, esa fusión estará completa. Solo recuerda lo mucho que te gustó que mis senos crecieran dos tamaños de copa «- me reí.

    Mi Mor: «Hmmm, sí, lo recuerdo. Eso fue un beneficio real. Está bien, veré si Santa te DA lo que quieres. ¿Fuiste una buena chica este año?» preguntó, con una sonrisa.

    Y: «Yo era una chica muy buena… Pero también puedo ser muy, muy mala, si quieres», me reí.

    Mi Mor: «¡Ho-Ho-Ho! Santa te hará una visita muy pronto”

    Y: «Está muy bien… Creo que seré más fértil en la víspera de Navidad».

    Mi Mor: «Dios, valla que puedes ser implacable.»

    -ooo-

    Pasaron las semanas, todo estaba saliendo bien. Previo al gran día. Las luces estaban encendidas afuera. Se envolvieron los paquetes, se hornearon las galletas y se colocaron cuidadosamente las decoraciones. El árbol de este año lucía un glaseado y las luces computarizadas parpadearon espectacularmente.

    Después de acostar a las bendiciones temprano (9:00 de la noche), tomé una larga ducha caliente. Luego, con mi cabello envuelto en una toalla, me paré frente al espejo de cuerpo entero, que estaba empezando a aclararse por el vapor, y me estudié. Ahuequé mis pechos y pensé que, todavía lo tengo. De hecho, desde que nació la última bendición, estaba decidida a ponerme en forma, lo cual hice, pasando muchas largas y arduas horas en el gimnasio.

    Girando mi cuerpo noté lo redondo y firme que era mi trasero. Como siempre, para hacer feliz a Mi Mor, me depilé completita. Me reí cuando miré mi reflejo, mi travieso clítoris se asomaba levemente entre mis labios.

    Tal como lo había planeado, até una ancha cinta roja alrededor de mí pecho con el lazo entre mis senos. Luego, me puse mi bata de felpa y me presenté a Mi Mor. Me paré frente a él y dejé caer la bata.

    Y: «¿Qué te parece? ¿Te gusta?»

    Mi Mor: «Wow. ¡Me gusta! Ven aquí y te mostraré cuánto y Empecemos a hacer ese bebé».

    Y: «Soy todo tuya, Abre tu regalo «, sonreí.

    Justo cuando extendió la mano y estaba a punto de tirar de la cinta, hubo un golpe en la puerta de nuestra habitación.

    Bendición 2: «Mami, no puedo dormir.»

    Miré a Mi Mor luciendo una erección y susurré:

    Y: «Solo les leeré a hasta que se adormezca y vuelvo enseguida. Mantén mi regalo caliente».

    Mi Mor: «No inventes, eso es injusto», se quejó.

    Me arrebujé en mi bata y fui al cuarto de los chicos. Luego, agarré el poema de Navidad y me metí en la cama con ellos. Estaban con los ojos muy abiertos cuando abrí el libro para niños y comencé a leer.

    Y: «Era la noche antes de Navidad, y en toda la casa, ni una criatura se movía, ni siquiera el ratón…»

    Me desperté con las bendiciones durmiendo encima de mí y miré el reloj. ¡Ay Dios mío! Me quedé dormida, era casi media noche. Mi Mor debía estar furioso conmigo. Silenciosamente salí de la cama y cerré la puerta con suavidad. Estaba a punto de regresar al dormitorio cuando escuché un crujido que venía de la estancia. Bajé los escalones suavemente con los pies descalzos. En el descanso a mitad de camino, en la penumbra solo iluminada intermitentemente por las luces navideñas, vi una escena encantadora. Santa estaba colocando los regalos debajo del árbol.

    Estaba tan contenta de que Mi Mor finalmente hubiera terminado con el programa que mordí mis labios de un renovado entusiasmo, ajuste el listón en mi pecho acomode mi bata, alborotándome la melena y me escabullí por detrás y lo rodeé con mis brazos. Se congeló en su lugar cuando lo apreté más fuerte.

    Y: «Gracias, Santa. Te amo. Me has hecho la mujer más feliz del mundo. ¿Quieres que te haga el Santa más feliz de todos los tiempos?». Bajando mis manos para apretar su entrepierna.

    Mi Mor: «Ajá», respondió, con voz profunda después de una pausa.

    En penumbra de la estancia y frente al pinito de navidad baje sobre mis rodillas cuando se volvió. Jugué un poco con su bragueta abotonada mientras se quedaba congelado en su lugar. Finalmente liberé al monstruo. Cobró vida en toda su majestuosidad, rebotando en mi cara. Mi Mor debe estar realmente excitado, ya que su majestad ante las luces de navidad lucia más vivido de lo que jamás había visto.

    Agaché mi cara juguetonamente entre sus piernas, lamiendo suavemente y mordisqueando la piel suave y sensible de la parte inferior de su saco mientras continuaba masajeando su regido palo en mi mano. Besando delicadamente mi camino por su escroto hasta la base de su varilla, volví recorriendo mis labios a lo largo de su verga, apenas rozando la piel. Mis labios flotaban a un pelo hasta su punta; mi aliento caliente bañó el tembloroso glande.

    Lamí la húmeda punta y Santa puso una de sus manos atrás de mi cabeza. Entrelazó sus dedos en mis mechones, su agarre empujo mis dispuestos labios sobre su polla y la engullí, forzando su rígida verga a bajar por mi garganta. Movió sus caderas, empujándola aún más profundamente. A lo largo de los años, he aprendido a reprimir el reflejo nauseoso. Esta noche, sin embargo, mi Mor estaba tan emocionado que realmente puso a prueba mi autocontrol.

    Mi boca ansiosa trago toda la longitud de su polla, luego se retiró hacia atrás hasta que solo la punta quedó entre mis labios. Después de darle a su cabeza una caricia generosa con mi lengua, me sumergí nuevamente llenando mi boca y garganta con su polla. Mis dedos festivamente cosquillaron la parte inferior de su saco, tirando suavemente de sus ¿pesados? Testículos. Santa gimió profundamente, echando la cabeza hacia atrás su mano permaneció en la parte de atrás de mi cabeza, enredada en mi cabello, agregando ayuda y aliento al celo de mi boca.

    Cualquier impulso que su agarre pretendiera dar a mis movimientos fue innecesario, ya que mi boca se hundió con entusiasmo por toda su verga. Me balanceé rebotando y torciendo mi cuello, poniendo todo mi cuerpo en la mamada. Mi boca se llenó de saliva tibia, babeando ante la satisfactoria sensación de la ¿gran? Polla en mi boca. Con cada inmersión, forcé su polla profundamente en mi garganta hasta que me atraganté suavemente, luego ronroneé feliz mientras cedía y seguía mis labios apretados desde la base hasta la punta y me reunía para el baboso y húmedo regreso.

    La dura polla entre mis labios me arrulló en un aturdimiento absorto; La visión de túnel se instaló y mis sentidos se centraron en la polla palpitante en mis mandíbulas. Asentí con la cabeza vigorosamente, subiendo y bajando por su polla. Un mechón de cabello se deslizó de su agarre y cayó sobre mi mejilla.

    Liberando mi boca para tomar aire, vi una guirnalda de saliva nacarada atrapar la luz artificial navideña mientras colgaba suspendida entre mis labios y la punta de la polla de Santa. La hebra se rompió, su mayor masa cayendo desordenadamente en una mancha húmeda moteada en el listón rojo que cubría mis pechos. Un hilo de baba se deslizó por mi labio y se deslizó por mi barbilla.

    Mis habilidades orales casi lo llevaron muy cerca del límite, pero me alejé antes de que soltara su preciosa carga. No iba a desperdiciar ni un solo espermatozoide.

    Luego, me levanté y dejé caer mi bata. Estaba de pie en la sala con solo la ancha y reluciente cinta roja cubriéndome que parecía casi fluorescente iluminada por la intermitente luz artificial navideña.

    Y: «Está bien Santa, es hora de abrir tu regalo», susurré, empujando mi pecho envuelto en el gran lazo rojo hacia adelante.

    Extendió una mano enguantada y temblorosa y tiró suavemente de la cinta. Cayó, flotando al suelo. Hubo una simple pronunciación de «Hmmm», mientras mis pechos rebotaban libres y mis pezones sobresalían, duros y seductores.

    Hay momentos encantadores en la vida de una mujer. Este era uno de ellos. Mi Santa temblaba ansiosamente como un niño apunto de comerse un caramelo y yo era el caramelo. Valió la pena cada centavo del alquiler de ese disfraz.

    Y: «¿Bien? No te quedes ahí boquiabierto, bésalos.» – sosteniendo mis tetas hacia su rostro cubierto por barba artificial.

    Se inclinó y lamió cada uno, turnándose. No sé si fue el momento o la barba blanca como la seda, pero esto se sintió mejor que nunca, especialmente por la forma en que movía la lengua en círculos.

    Y: «Oh, Dios mío, eso se siente maravilloso», jadeé suavemente.

    Nunca había estado tan mojada y lista. ¡Esto era perfecto! Iba a “recibir” mi “regalo” frente al árbol de Navidad.

    Y: «Está bien, mi hermoso Santa, es hora de que “me des” mi regalo y asegurarte de que sea una hermosa bendición», mientras me giraba y me arrodillaba en el sofá, colocando mis codos en la parte superior del respaldo, empujando mi trasero hacia atrás.

    Esperé, pero no pasó nada. Entonces retorcí mi cuerpo para girar mi cara para verlo, ahí estaba mi ¿robusto? Santa, valla que el disfraz y lo intermitente de las luces lo hacían ver más imponente.

    Y: «Vamos Mor, ¿qué estás esperando? ¡Cógeme… Métamela ya!»

    Luego lo escuché la hebilla chocando contra el suelo y sentí sus piernas desnudas colocadas detrás de mí. Esa gran barriga se sentía tan real, muy creíble. Acarició mi vulva por detrás con la cabeza de su polla, que seguramente quedo cubierta con la abundancia de mis jugos. Empujó suavemente hacia adentro. Se sintió tan bien, como si fuera del cielo.

    Me bombeó lentamente con golpes cortos antes de sumergirse hasta la empuñadura. Luego, lo sacó y lo volvió a golpear con tanta furia que mordí el mullido respaldo. Estaba delicioso. Me bombeó como un pistón, rápido y constante. Todo mi sistema nervioso estaba completamente comprometido respondiendo a cada uno de sus empujes.

    Detrás de mí, Santa mantuvo su ritmo constante, martillando mi coño mientras sus ¿fuertes? Manos agarraban mi trasero y mi cintura. Cada flexión de sus caderas conducía su polla a través de su goteante funda hasta las profundidades de mi útero. Mi boca se estremeció en un grito ahogado por la mullida tapicería cuando más profundamente Santa llegaba dentro de mi cada embestida.

    La mano derecha de Santa estrujaba mi trasero, mientras mi espalda se curvaba para darle más acceso, mis tetas colgaban serpenteando y bamboleándose con cada impacto resonante de las embestidas de Santa. Sentí mis primeros temblores orgásmicos subiendo muy por debajo de mi vientre.

    Mis dos manos apretaban fuertemente la tapicería del sofá desesperadamente mientras se acercaba mi clímax. El placer palpitante en mi chocho se intensificó con cada bombeo de su polla, contrayéndose y apretándose hasta que finalmente estalló. Una descarga atravesó mi cuerpo, crujiendo a través de cada sinapsis y dejándome vigorizado y entumecido. Un gemido orgásmico sin tono se deslizó de mis fauces ahogado sobre el mullido respaldo.

    ¡Wow! Cuando mi clímax retrocedió, Santa frenó su galope luego saco su erección fuera de mi temblorosa abertura. Me quejé de leve decepción por su retirada, luego salté cuando les dio a mis labios hinchados y en carne viva un golpe de aprobación con su mano.

    Me levando de la cintura del sofá con una fuerza desconocida para mi hasta ese momento se sentó y me acomodo sobre su regazo, mis piernas se extendieron alrededor de su ¿ancha? Cintura y mis tetas se agruparon en su cara. Su boca se aferró a mis rosados pezones en el mismo momento en que guio su trastornada verga dentro de mi coño mojado, pensaba que importa que se tomó Mi Mor que estaba tan potente y vigoroso, Yo lo estaba disfrutando enormemente.

    Eché la cabeza hacia atrás, jadeando de placer cuando mi coño hambriento se llenó de nuevo. Mis manos se juntaron detrás de su cuello, atrapando el rostro entre mis sofocantes tetas. Atacó los montículos acolchados con la boca y las manos, sin prestar atención al riesgo de asfixia. Mientras mis brazos agarraban su rostro contra mi pecho, me balanceé en su regazo, girando mis caderas e impulsando mis labios húmedos hacia arriba y hacia abajo por su polla.

    Rebotando en la rígida polla debajo de mí, apoyada sobre el grande y ¿rígido? Vientre de Santa, tarareé y amortigüé mis chillidos con la sedosa barba dentro de mi boca para sentir todo ese deleite.

    Santa movió sus manos de mi pecho a mis nalgas. Arqueando sus brazos detrás de mí, me llevo hacia abajó con un golpe penetrante arqueando mi espalda Detuve mis rebotes en el regazo de Santa en el punto de penetración más profunda. Con una fuerte bocanada de aire y salpicaduras de saliva, liberé la blanca barba de mi boca, extasiada disfrutando mi nuevo clímax, apretando con mis músculos internos esa deliciosa verga.

    Santa gimió. Agarré la parte de atrás de su cabeza, abruptamente volviendo a sumergir su boca y ojos en mis senos. Reanudé el movimiento de las caderas sobre polla de mi Santa.

    Y: “¡Que rico! ¡sigue no parres, cógeme, cógeme…!” Susurraba extasiada apretando mis dientes.

    Sus manos vagaban por mi busto y mis nalgas; Ronroneé y retocé juguetonamente. Santa inclinó la pelvis hacia arriba en respuesta mientras yo aumentaba el ritmo de los saltos de mis caderas. Mis labios nuevamente juguetearon y apretaron su barba para amortiguar la lujuria que buscaba escape por mi boca. Gorgoteé en éxtasis cuando el clímax estalló y atravesó mis extremidades.

    Antes de que cesaran mis aullidos ahogados, Jadeé, tomando respiraciones desesperadas y agradecidas mientras él bajaba sus manos por mi espalda hasta apretar fuertemente mis nalgas, empujando mis senos contra su cara, sintiendo el vibrante empuje de su vientre ¿falso? Contra el mío, temblando pase la cabeza por encima del hombro de Santa soltando la barba de mi boca expulsando todo el aire de mis pulmones con un jadeo ahogado. Los mechones de mi cabello sobre mi cara y el destello de las luces del pino, nublaban mi vista.

    Santa reanudó sus embestidas debajo de mí mientras apretaba fuertemente mi culo mientras me follaba a su gusto, me concentré en relajar mi respiración para aliviar la tensión en todo mi cuerpo. Exhalaba de manera uniforme cada vez que me penetró. Debajo de mí, Santa chupó y mordisqueó suavemente mis pezones mientras golpeaba su vara hacia arriba en mi coño mojado. Me encontré disfrutando enormemente la acción simultanea de los mordiscos de mis senos y el estrujé de mis nalgas, al momento de ser estirada y penetrada constantemente.

    El aliento salió de mis pulmones en un susurro creciente entre mis mandíbulas cerradas.

    Y: «¡Ay Dios mío! ¡que rico, no pares, ya casi…!»

    Mis piernas se sacudieron cuando me corrí, El sonido de los cuerpos y mis ahogados lamentos resonaron en el silencio de mi estancia.

    Me sorprendí cuando Santa me sujeto de la cintura y me levanto suavemente, deslizándose su rica y rígida verga fuera de mi; “Aun tenia energía Mi Mor”, la cabeza de su polla golpeaba descuidadamente contra la parte inferior de mis muslos. Sus manos acariciaron mi cadera haciéndome darle la espalda con ambas manos en mi cadera y me guio a sentarme de nuevo en su regazo. Hundió su dilatada polla en mi encharcado capullo rosa. Cuando bajé mi cuerpo sobre él, el glande atravesó suavemente por mi lubricado interior.

    Las manos de Santa se arrastraron sobre mi vientre y costillas, ahuecando y acariciando mis pechos mientras me inclinaba hacia atrás para acostarme arqueando mi espalda sobre su enorme y duro vientre ¿falso? Ronroneé y giré mi trasero contra él en golpes largos mientras disfrutaba cada su profundidad de sus embestidas.

    Mientras la polla de Santa se clavaba más profundamente, apoyando el peso de mi cuerpo en su pelvis, Gemí y eché la cabeza hacia atrás, sintiendo la blanca de barba de Santa en mi nuca, con los dientes apretados, podía sentir la verga tocando profundamente en mi útero, Sus manos en mis tetas y su aliento cálido en oreja, haciéndome caer por el precipicio de un orgasmo abismal.

    Mis ojos y mi boca se cerraron con fuerza, lloriqueaba tratando de no emitir sonido alguno. Mientras empujaba mis caderas para sentir más profundamente a mi Santa y con una mano me sujetaba de la nuca de su cuello. Mis dientes rechinaban mientras mi cuerpo se agitaba en ataques de éxtasis.

    La estática nevaba lleno mis ojos mientras un entumecimiento desprendido recorría mi cuerpo. Estaba aturdida consciente de que Santa me reposicionó en su regazo, deslizando su polla fuera de mí, pero sus manos todavía agarraban mis tetas con determinación. Me recostó suavemente en el sofá, se parado frente a mí, aun erguido.

    Y: “¿Mor que te tomaste?, ¿viagra?” Sin aliento y en un murmullo

    Se inclinó más cerca de mí, su boca caliente mordía suavemente mi clavícula mientras sus brazos resbalaban por debajo de mis muslos. Me levantó, sus codos se engancharon debajo de mis muslos deslizándose detrás de mis rodillas mientras me levantaba. La claridad regresó a mi cuando me levanto, y en un ataque de alarma, enlacé mis brazos detrás de su cuello, abrazando mi pecho contra el suyo y aplastando mis pechos contra el rojo y suave terciopelo de su chaqueta. Sus manos se abalanzaron debajo de mí, ahuecando mis nalgas mientras me cargaba. Su polla entro fácilmente en mi por enésima vez en esa noche.

    Y: “Diablos, Mi Mor, que rico…”.

    Sosteniéndome en alto, me arrullé mientras movía su polla agradablemente dentro de mí. Mis piernas se abrieron tratando de abrazar su ¿ancha? Cintura, Aferrándome a él en una postura marsupial, corregí mi agarre en su cuello y sentí mis tetas aplastarse y moldearse contra su pecho mientras me movía.

    Presioné mi cara contra el hombro Santa mientras dejaba escapar un gemido exhausto, mi cuerpo fue sostenido en alto mientras estaba ricamente ensartada. Me aferré valientemente; mis brazos cayeron sobre los hombros Santa mientras colgaba impotente entre sus ¿fuertes? Brazos.

    Mi cabeza se balanceaba sobre mi cuello, cayendo por la fatiga mientras soportaba sus implacables ataques en mi estirado coño. Gemí débilmente cuando me corrí de nuevo, haciendo una mueca y jadeando cuando mi cuerpo carecía de la fuerza para una respuesta más enérgica.

    Las manos de Santa me sujetaban debajo de los tendones mis corvas, soportando mi peso. Su polla llenaba una y otra vez mi goteante puchita; mis labios hinchados abrazaban y se aferraron a su deliciosa verga. Mientras mis senos se aplastaron contra el terciopelo que cubría el voluminoso cuerpo de Santa.

    Su fuerza mostraba signos de flaquear, sus piernas se cansaron de estar de pie y cogerme, mientras que los brazos se cansaron de sostener mi cuerpo. Un empuje, después una Embestida, tras una acometida, seguida de otra arremetida… Entonces, de repente, se detuvo y gruñó con voz profunda y sin aliento:

    Santa: «¡Ho, ho, ho! Feliz Navidad».

    Y al fin una lasciva invasión liquida y espesa, lleno mi feminidad, que, con placer y gusto con sacudida y chorro, llenaban mi delicada y usada vagina.

    Y: «¡Oh, Dios mío! Eres el mejor Santa de todos los tiempos», gemí, tratando de mantener mi voz baja, para no despertar a las bendiciones.

    Su verga salió abruptamente de mi cavidad, me giró acrobáticamente y me devolvió de pie al suelo. Extendí los brazos hacia él, para mantener el equilibrio mientras me enderezaba inestable, por la incontable cantidad de orgasmos, sobre mis pies. Podía sentir como la mezcla de nuestros jugos salían de mí y me bajaba por la pierna.

    Y: «¿Ho, ho, ho? Muy gracioso. Terminas de arreglar este desastre. Me voy a la cama. No te olvides de comer algunas de las galletas y beber un poco de leche, para que las bendiciones piensen que Santa estuvo aquí. Gracias, mi grande y sexy Santa. Fue maravilloso” felizmente

    Mientras me levantaba mi bata, aprovecho para darme un lascivo apretón extra a mi nalga, tomé una galleta y pasé junto a él, masticando una galleta coquetamente.

    Mientras subía las escaleras me volví a enfundar en mi bata de franela, A mitad de camino de las escaleras, miré hacia atrás y me saludó con un vaso de leche en la mano, mientras ajustaba el cinturón a mi cuerpo.

    Pero, cuando abrí la puerta del dormitorio, me quedé paralizada. ¡Mis ojos deben estar engañándome! La habitación estaba oscura, pero no tanto como para no ver ni oír a Mi Mor roncando en nuestra cama. Un escalofrío aterrador recorrió mi espalda. Estaba paralizado por el miedo. Un millón de pensamientos inundaron mi cabeza.

    Y: «¡Mor! ¡Despierta!» Lo sacudí.

    Mi Mor: «¿Uhh? ¿Qué pasa?» respondió, medio dormido.

    Y: «¡Tenemos un intruso bajando las escaleras!»

    MI Mor: «No te preocupes, bebecita. Es solo Juan.»

    Juan era uno de los intendentes en la oficina de Mi Mor, poco agraciado rollizo, corrientito y naco, que, sin familia ni compromiso alguno, vivía de sombra de Mi Mor, pero, siempre de buen humor, muy servicial y dispuesto.

    Y: «¿Qué? ¿Con el traje de Santa? ¿Por qué no me dijiste nada?» Susurré con voz tensa.

    Mi Mor: «No quería despertarte a ti, ni a las bendiciones. Tu sabes que vive solo y le había ofrecido pasar con nosotros las fiestas, no creí que lo tomara enserio. No es gran cosa. Y no te enojes, pero se ofreció como voluntario para jugar a Santa para los ellos cuando vio el disfraz».

    Miré a Mi Mor con incredulidad, buscando palabras para decir. Mi pensamiento estaba casi en pánico. Casi instantáneamente sopesé mis opciones. ¡Estaba chingada, en más de un sentido!, Después de un largo silencio.

    Mi Mor: «Vamos, cariño, no te enojes porque Juan pidió ser Santa. Ahora ven a la cama. Son las 3:00 am».

    -ooo-

    No pude dormir. El desayuno era incómodo, pero la alegría abundante de las bendiciones alivió un poco la tensión. Estaban encantados de que Santa pasara la Navidad con nosotros, pero no pude hacer contacto visual con Juan. Después del desayuno, entré y lavé los platos mientras ellos se preparaban para abrir los paquetes. Noté que mi cinta roja estaba atada alrededor del ángel en la parte superior del árbol.

    Santa repartió los regalos, para deleite de mis bendiciones. Interpretó el papel tan bien que hasta yo tuve que reírme. Sin embargo, mi mente nunca estuvo más lejos que los pensamientos de la nochebuena. Después de que se abrió el último paquete

    Mi Mor: «Lo siento, Santa, no tenemos un regalo para ti».

    Santa «Está bien… Abrí el mío anoche.» Él guiñó un ojo y sonrió con malicia.

    Por las fechas me vino a le mente la anterior vivencia, espero que lo disfrutaran leerlo tanto como yo compartirlo, no descarto la posibilidad que antes de que termine el año publicar alguno otro relato, de no ser así, aprovecho de una vez para desearles:

    ¡Felices fiestas, lleno de parabienes para ustedes y sus seres amados!

  • El perchero

    El perchero

    Oigo tu voz en el dormitorio.

    -Cariño mira que perchero he comprado en el IKEA.

    Me asomo y te veo con tu batita de seda preferida, esa que te pones cuando tienes hambre, que apenas te tapa las bragas y desabotonada hasta el ombligo, por lo que tus hermosas y generosas tetas se mueven a su libre albedrío, al momento mi pantalón me oprime.

    Estás sujetando una barra para perchas, con sonrisa picarona me preguntas:

    -¿Te gusta?

    -Me encanta… pero por favor no te muevas.

    En una fracción de segundo mi imaginación se ha disparado.

    -¿Me permites?

    Mientras te beso tiernamente en la boca, desato el cinturón de seda de la bata y tú me desabrochas la camisa. Te cojo una mano y con un extremo del cinturón la ato a la barra, lo mismo con la otra mano. Me aparto un poco para admirar tal monumento, tus pechos de menean al compás de tu respiración ya jadeante. Me quito la ropa y me acerco a ti. Me coloco a tu espalda para besarte el cuello y acariciarte desde tu ombligo hasta llegar a tus hermosos senos, notando el endurecimiento de los pezones y me vienen unas ganas locas de mamarlos como un niño glotón. Tus gemidos son escandalosos, por lo que dejo de comerte las tetas para tomar camino del sur, mientras mis manos no dejan de acariciarte, palparte y manosearte las tetas y nalgas, cuidadosamente te quito las bragas a la vez que acaricio tus hermosos muslos y pantorrillas, mi lengua recorre tu geografía con ansia por llegar a tu entrada sagrada y la perla que lo antecede, te lamo, te chupo y te muerdo la perlita mientras no paras de gritar, meto mi lengua todo lo que puedo en tu cueva en un mete y saca frenético, al tiempo te pongo un dedo en tu boca para que lo chupes y lo mojes bien, bajo el dedo y en un suspiro te lo meto en el ojete al tiempo que te viene un intensísimo y prolongado orgasmo.

    Te desato y tiernamente te llevo a la cama donde caes rendida pero me dejas que te meta mi polla y te folle delicadamente, te vuelve el deseo al momento y al poco tiempo nos llega una dulce corrida.

    Una vez repuesta te incorporas y ves el perchero que ha quedado completamente derrengado, me dices:

    -Cariño vístete que nos vamos al IKEA a cambiar esta mierda de perchero.

  • Las casadas necesitadas y sus singulares maridos

    Las casadas necesitadas y sus singulares maridos

    Jugaba el Real Madrid en el Camp Nou contra el Barcelona. A la una de la tarde se habían marchado desde la Coruña para Barcelona Secundino y Lucho, que eran hermanos. El partido era a las nueve de la noche y no volverían hasta el día siguiente. Sus esposas, Carmen y Josefa habían quedado en encontrarse en el piso de la primera.

    Sonó el timbre de la puerta del piso de Carmen. La mujer se arregló el cabello y fue a abrir la puerta… Allí estaba su cuñada Josefa con un paquete de pasteles en una mano y una sonrisa en los labios. Carmen le dijo:

    -Pasa, Josefa, pasa.

    Josefa tenía 22 años, era de estatura mediana, morena, de ojos claros, tenía un buen cuerpo y llevaba puesto un short rojo, una camiseta blanca y calzaba unas zapatillas de deporte. Vio a Carmen medio sofocada y le dijo:

    -¡Qué colorada estas! ¿Qué estabas haciendo?

    Carmen tenía 24 años y era de la misma estatura que su cuñada, erra rubia, de ojos claros y tenía un cuerpo de escándalo. Vestía un short azul, una camiseta amarilla y calzaba unas sandalias. Le respondió:

    -Estaba haciendo unos ejercicios.

    Pasó y se sentaron en dos sofás del salón. Tomado unas copas de Tío Pepe y comiendo unos pasteles, le dijo Josefa:

    -¿Por qué no pones uno de esos vinilos que eran de la abuela de tu marido?

    -¿Un LP de Camilo Sesto te vale?

    -Sí, me gusta cómo cantaba.

    Carmen puso en un viejo tocadiscos el vinilo y volvió a sentarse en el sofá. Carmen le peguntó:

    -¿Bailamos? Hace años que no lo hago.

    Josefa la miró raro.

    -¿Estamos solas y me pides que bailemos una canción lenta?

    Carmen le pegó un mordisco a un pastel de crema, Pasó la lengua por los labios para limpiar la crema, y después le dijo:

    -¿Y?

    -¿Estás intentando seducirme, Carmen?

    -No, solamente me apetecía bailar, ya te he dicho que llevo años sin bailar.

    A Josefa le hubiera gustado que le dijese que la quería seducir, pero se hizo la decente al decirle:

    -Si es por eso, bailemos.

    Se pusieron en pie. Se cogieron las manos izquierdas y las pusieron en alto. Josefa le echó una mano a la nuca, y metió una pierna entre las de su cuñada. Carmen le echó una mano a la cintura y comenzaron a bailar contoneando las caderas. Josefa le dijo:

    -Bailas bien, cuñada.

    -Tú no te quedas atrás.

    Acabó «El amor de mi vida has sido tú» y comenzó: «Vivir así es morir de amor.» Josefa le echó los brazos al cuello a su cuñada y Carmen le echó las manos al culo. Con las tetas apretadas, las piernas cruzadas, rozando sus pelvis y mejilla con mejilla, bailaron sin apenas moverse del sitio. Con la canción por la mitad les ardían las mejillas a las dos. Carmen separó la cara de su cuñada, la miró a los ojos, sus labios se fueron acercando y se fundieron en un beso. Ya iba con otra canción cuando se separaron sus bocas. Tenían las bragas mojadas. Carmen le preguntó:

    -¿Lo hacemos?

    La decente se esfumó por arte de magia

    -¿Llevas mucho tiempo con ganas de follar conmigo?

    Carmen puso las cartas sobre la mesa.

    -Desde el día en que te conocí.

    Josefa estaba deseando jugar.

    -El mismo tiempo que llevo yo desando follar contigo.

    Josefa le metió una mano debajo del short y dentro de las bragas y se encontró con el coño mojado. Dos dedos se introdujeron dentro de la vagina y comenzaron a masturbarla. Carmen besó de nuevo a su cuñada, que después de un rato dejó de masturbarla. Le levantó la camiseta y le lamió los gordos y duros pezones de unas tetas grandes con areolas oscuras. Después amasándoselas se puso en cuclillas y lamió su coño Carmen le cogió la cabeza y movió su pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo con la lengua dentro de su vagina. Josefa sintió cómo su lengua se iba cubriendo de jugos. Oyó los gemidos de su cuñada y su coño abriéndose y cerrándose no paró de mojar sus bragas.

    Cuando Carmen sintió que iba a descargar en la boca de Josefa, le dijo:

    -¡Me corro para ti, cuñada, me corro para ti!

    Josefa al acabar de tragar se puso en pie y besó a su cuñada con la lengua y los labios pringados de jugos.

    Al recuperarse Carmen del tremendo placer que había sentido, puso a Josefa de cara a pared. Le quitó el short y las bragas, hizo que separara las piernas, abrió sus nalgas con las manos y lamió y folló su ojete mientras dos dedos frotaban sus labios vaginales, la entrada de la vagina y su clítoris. Josefa ya estaba muy cachonda de haber hecho correr a su cuñada y le iba a durar muy poco, tanto como unos tres minutos tardó en correrse. Con la lengua dentro de su ojete, los dedos frotando su clítoris y las piernas temblando, le repitió las palabras que le había dicho Carmen a ella:

    -Me corro para ti, cuñada, me corro para ti!

    Al acabar de echar el polvo, poniéndose las bragas y los shorts, le dijo Carmen a Josefa:

    -¿Te apetece pollo asado para cenar o prefieres merluza cocida en salsa verde?

    -Ahora mismo no me apetece nada.

    -Ni a mí, pero más tarde nos puede entrar el hambre. ¿Pollo?

    -Sí, pollo.

    Se fueron a la cocina, Josefa pelando una patata le dijo a Carmen:

    -¿Revelamos cosas íntimas?

    -Revelamos.

    -¿Cuántas veces a la semana lo hacéis tu marido y tú?

    -Una, si son dos la segunda es por el culo.

    -Pensé que era yo sola. Entonces es normal que nos den por el culo.

    -Yo lo veo normal. ¿Te corres?

    -No. ¿Y tú?

    -Al principio no me corría, pero ahora acaricio mi clítoris y follo mi coño con los dedos y me corro.

    -Yo la verdad es que disfruto más sola que con mi marido.

    -Yo también me masturbo un par de veces a la semana.

    -Yo lo hago todos los días y hay días que repito.

    -Eso es normal, ves. ¿Te masturbaste alguna vez delante de tu marido?

    -No, pero me masturbé pensando que lo hacía.

    -Yo tampoco lo hice delante de mi marido, pero un día lo voy a hacer a ver si reacciona y me come el coño de una puñetera vez. ¿A ti te lo come el tuyo?

    -No, no debe gustarle.

    Al rato Carmen sacó otra botella de Tío Pepe de la nevera, echó dos copas y le dio una a Josefa. Echaron un trago, regó las patatas y el pollo con el vino y le dijo:

    -Vamos a meter el pollo y las patatas en el horno.

    Luego con los vasos en la mano regresaron a la sala de estar y se sentaron una enfrente de la otra, Carmen en el tresillo y Josefa en un sofá.

    -¿Piensas en tu marido cuando te masturbas, Carmen?

    -Para nada, me motivo mirando porno.

    Josefa cogiendo un pastel, le preguntó:

    -¿Te gustan las pollas grandes?

    -Lo que más. Ver a dos negros con sus enormes pollas follando a una blanca me pone perra perdida… Ver cómo le meten las inmensas pollas por el coño y por el culo. Me imagino que soy yo la que está en medio del bocadillo y me acabo corriendo cómo una cerda

    -Yo miro lésbico. Era de besos, de caricias, de sexo oral…

    Carmen la miró con curiosidad.

    -¿Eras?

    -Era y soy, lo acabas de comprobar.

    -¿Quién fue la primera?

    -No la conoces, era una compañera de instituto. ¿Y la tuya?

    -Tampoco la conoces. ¿Te quedarás a dormir?

    -Sí, pero no para follar.

    A Carmen la sorprendieron las palabras de su cuñada

    -¡¿Por qué no?!

    -Porque se nos puede ir el santo al cielo y podrían encontrarnos dormidas una en los brazos de la otra.

    A media noche Josefa se levantó de su cama y fue a la habitación de Carmen. Vio que tenía la contra de la ventana medio abierta y que estaba tapada solo con una sábana azul. Le destapó los pies, le cogió uno y le lamió el empeine, luego chupó el dedo gordo. Carmen se quitó la sábana de encima y quedó totalmente desnuda, Josefa le preguntó:

    -¿Me estabas esperando?

    -Sí, sabía que vendrías.

    Acariciando las plantas de los pies le lamió y chupó cada uno de los dedos, lamió entre ellos, lamió la planta del pie, los talones, los tobillos, el empeine…, luego subió lamiendo el interior de sus muslos. Al llegar al coño se puso cómoda, hizo que flexionara las rodillas, mojó en la boca el dedo medio de su mano derecha y con la yema acarició el capuchón de su clítoris. La yema haciendo una media luna lo recorría de un lado al otro. De cuando en vez bajaba y subía por la raja, se mojaba de jugos y volvía a acariciar el capuchón. El glande del clítoris totalmente erecto y fuera del capuchón pedía a gritos que lo acariciaran, pero Josefa lo miraba y lo ignoraba. Carmen gemía y movía la pelvis. La vagina se abría y se cerraba y de ella salían unos jugos claros con la densidad del aceite. Tempo después sintiendo que su cuñada se iba a correr, le dijo Josefa:

    -¿Quieres dármela en la boca?

    Carmen no le contestó, le cogió la cabeza con las dos manos, se la llevó a su coño y moviendo la pelvis de abajo a arriba de arriba a abajo y alrededor frotó el coño contra su lengua y se corrió cómo una perra, no sin antes decir:

    -¡Qué puta soy!

    Al acabar de correrse su cuñada, Josefa se echó a su lado y la besó, a ese beso siguió otro, y otro, y otro… Comiéndose las bocas la mano derecha de Carmen se metió dentro de las bragas de Josefa y comenzó a masturbarla. Cuando los quitó y se los metió en la boca, Josefa los chupó, luego se quitó la enagua y las bragas y le dijo:

    -Dame sexo oral.

    -No seas impaciente.

    Carmen cogió sus tetas por los laterales con las palmas de las manos. Jugo con ellas juntándolas y separándolas, palpándolas… Luego mojó dos dedos en la boca y con las yemas acarició los pezones suavemente. A continuación le cogió las tetas, se las juntó, acercó la boca a los pezones y dulcemente se los lamió, se los succionó y le dio pequeños mordiscos antes de lamer sus areolas para luego mamar las tetas. Después bajo lamiendo su vientre, metió la lengua en su ombligo… Llegó al coño y lo olió profundamente, luego se lo abrió con dos dedos, lamió el pliegue donde sus piernas se unen al coño, luego puso sus labios en el agujero de la vagina, separó sus labios vaginales con la lengua y después se la clavó repetidas veces. Luego lamió de abajo a arriba cada vez más aprisa… A Josefa le empezaron a temblar las piernas. Carmen hizo una O con sus labios y le chupó el clítoris. Josefa explotó.

    -¡Me corro!

    Josefa, temblando, levantó la pelvis. Carmen no dejaba de chupar el clítoris, al contrario, lo chupaba con más fuerza acompañando los movimientos de la pelvis de su cuñada, y cuanto más fuerte chupaba más fuerte chillaba Josefa.

    Fue una corrida brutal. La corrida le dio hambre. Salieron de cama y desnudas fueron a la cocina. Las esperaba el pollo y luego una noche ajetreada en la que no echaron de menos las pollas de sus maridos.

    A muchos kilómetros de allí, en la habitación de un motel, Secundino le abría a puerta a una veinteañera con la que había contactado mediante «Fuego de vida.» Era una joven morena, de un metro ochenta y algo. Venía cubierta con una gabardina larga de color gris. Miró para Secundino, que medía poco más de un metro setenta, y le preguntó:

    -¿Lucho?

    -Secundino, pasa.

    La morena entró. Vio a Lucho sentado en un sillón y quitándose la gabardina, le dijo:

    -¿No tenéis nada de beber?

    Lucho vio que llevaba puesto un vestido negro de asas escotado y que calzaba unos zapatos negros de tacón de aguja. Sin levantarse le dijo:

    -Si no nos engañaste traes de beber en tus tetas.

    -Mi leche no tiene alcohol.

    Secundino medio un vaso de Whisky de una botella que tenían encima de un mueble y se lo dio.

    -Espero que no te haga daño, Cintia.

    La muchacha se mandó el whisky de un trago, le devolvió el vaso y le dijo:

    -Hace falta mucho whisky para ponerme yo mala. ¿Bueno, qué? ¿Vamos al tema?

    Lucho se levantó del sillón, se puso detrás de ella, le echó las manos a la cintura y la besó en el cuello. Secundino le bajó la cremallera del vestido, el vestido cayó al piso. Cintia lo apartó hacia un lado con uno de sus pies. Quedó vestida con una lencería negra con encajes en las bragas y en el sujetador, sujetador que no sé como no reventaba con las tremendas tetas que estaba sujetando. Secundino se lo quitó, las tetas se liberaron y de los gordos pezones comenzó a gotear leche. Secundino las cogió por debajo y amasándolas mamó de una y de otra con gula. Lucho se agachó, le bajó las bragas, le mordió las nalgas, se las abrió, le lamió el ojete y metió y sacó la punta de la lengua de él. El cabrón no le comía al coño a la mujer, pero a Cintia le comía el culo. Luego sacó la polla y no esperó más, se la clavó en el culo muy lentamente. La muchacha sintiendo cómo le entraba le cogió la cabeza a Secundino y se la llevó Al coño, Otro cabrón que no se la comía a la mujer, pero a Cintia bien que se lo comió, se lo comió tan bien que al ratito se corrió cómo una cerda. Al correrse Lucho le llenó el culo de leche.

    Después de correrse y de limpiarse con una toalla la leche que le saliera del culo y de lavarse Lucho la polla, Cintia fue a echarse otro whisky. El alcohol la debió poner contenta, ya que les dijo:

    -Os quiero desnudos.

    Se pusieron en pelotas. Lucho tenía la polla flácida y colgando y Secundino tenía un tremendo empalme. Se puso en cuclillas entre los dos, les cogió las pollas y meneándolas y mamándoselas les dijo:

    -No os podéis ni imaginar la cantidad de pajas que me hice imaginando esta situación.

    Ya Lucho estaba empalmado y el piso perdido de la leche que había caído de las tetas cuando Secundino se corrió sin avisar en la boca de Cintia. La muchacha tragó la leche con más gula que Secundino cuando tragó la leche de sus tetas. Luego siguió mamando la polla de Lucho hasta que se la dio en la boca. Cintia no desperdició ni una gota.

    Se encontró con dos pollas flácidas. Sabía qué hacer para volver a ponerlos a tono. Se puso de pie y les dijo:

    -Vamos para cama.

    Echada boca arriba sobre la cama, volvió a hablar.

    -¿Quién me quiere comer las tetas y quién me quiere comer el coño?

    Lucho se apresuró a decir:

    -Me pido las tetas.

    No las iba a comer él solo, a Secundino le había quedado la boca dulce. Echados uno a cada lado se las mamaron. Lucho le mamó la teta izquierda y Secundino la derecha. Cintia les cogió las blandas pollas y se las meneó. Su coño no paraba de lubricar. Sentía cómo le latía y como los jugos bajaban mojando su ojete. Les dijo:

    -No ser egoístas, yo también quiero beber mi leche.

    Llenando sus bocas de leche la fueron besando, primer uno, después el otro… Cintia le había dicho que le dieran a beber su leche para excitarlos, y funcionó, ya que sintió en sus manos cómo las pollas se les ponían morcillonas, y más tarde duras. Lo que no contaba fue que los dos con la boca llena de leche se dieran un morreo entre ellos que la puso aún más perra de lo que estaba. Sin saber que eran hermanos, les dijo:

    -¡Sois bisexuales! ¡Qué callado os lo teníais, cabrones. Luego os quiero ver en acción.

    La besaron los dos juntos para que callase la boca.

    Después de besarse con los dos a la vez apretó su teta izquierda, de ella salió un chorro de leche que mojó la palma de su mano derecha. La pasó por el coño encharcado y luego metió dos dedos dentro de la vagina y se masturbó. Ellos al ver lo que hacía volvieron a mamarle las tetas hasta que Cinta les dijo:

    -Me voy a correr. ¿Quién quiere que se la dé en la boca?

    Lucho metió la cabeza entre sus piernas. Vio cómo los dedos entraban y salían de la vagina, cómo acariciaban el clítoris y luego ya no vio nada, pues Cintia al comenzar a correrse le llevo la boca al coño y frotándose contra su lengua se corrió en su boca.

    Al recuperarse la burra volvió al trigo, o lo que es lo mismo, Cintia se echó otro buen trago de whisky. Envalentonada y volviendo a la cama, les dijo:

    -Os voy a romper las pollas.

    Dándole a espalda subió encima de Lucho. Metió la polla hasta el fondo del culo, después se echó hacia atrás y le dijo a Secundino

    -Fóllame el coño.

    Secundino le metió la polla en el coño. La polla con la de su hermano dentro del culo entró más apretada que un tornillo en la madera, pero entró. Después comenzó el mete y saca. Los gemidos de Cintia se sentían en la habitación de al lado. Tiempo después cuando se corrió oyeron en todo el motel.

    -¡¡¡Qué pedazo de corrida!!!

    Siguieron follando allí y en el piso, pero no me quiero extender.

    Para terminar tengo que decir que no sé qué buscaban los dos hermanos fuera si lo tenían todo en casa. ¿Será que pertenecían al «club de los gilipollas?

    Quique.

  • En la broma la verdad asoma

    En la broma la verdad asoma

    Recuerdo una anécdota de cuando estaba en la universidad,  yo salía con una chica en la ciudad donde vivía pero ella era muy aburrida y llevábamos meses sin follar y más aun sin hacerlo en condiciones. Yo me llevaba muy bien con una chica que era lesbiana de mi clase y le había contado los problemas que arrastraba con Carolina, ella me decía que tenía que hacer algo ya que así no podía estar.

    Un día estando en el descanso entre clases, mi amiga se acercó a donde estaba yo y me preguntó:

    -¿Eh alguna vez has pensado en hacer algo sin que Carolina lo sepa?

    Le contesté que no, que nunca me lo había planteado, las cosas iban mal entre nosotros pero ese tipo de cosas no se me habían pasado por la cabeza. Ella se acercó a mi y me dijo de donde venía su duda.

    – Nuria (su pareja) me lleva tiempo diciendo que quiere hacer un trío con un chico y no se como lo voy a poder llevar, verla con otra persona, pero ella me ha insistido bastante y le veo con ganas pero no se que hacer…

    Yo le animé a que lo hiciera, era una experiencia que quizá no se le vuelve a presentar y que seguro que de mayor se arrepentiría si no lo hacía. Ella se quedó mirándome y se dio la vuelta, apoyando su espalda contra la pared, sin apoyar sus nalgas, quedando arqueada. Abrió la boca pero pasó un tiempo hasta que finalmente me dijo lo que desde un principio quería haber dicho:

    – La cosa es que en nuestras conversaciones surgió la idea de que si era con alguien conocido quizá sería mejor, y tanto ella como yo habíamos pensado que igual a ti te apetecía- tan pronto como lo dijo se rio, dejando caer como que era medio en broma.

    El profesor llegó y no volvimos a hablar de ese tema en todo el día aunque se convirtió en una broma recurrente entre nosotros, incluso alguna compañera del grupo que solíamos quedar no solía decir “claro como vais a hacer un trío…” a modo de broma. Total que un jueves decidimos quedarnos de juerga por la ciudad en la que yo iba a la universidad, aquella semana Carolina se había enfadado ya que yo quería quedar con ella pero me dijo que lo que pasaba era que yo no entendía lo mucho que tenía que estudiar. Al final termine por irme con los compañeros de clase de fiesta a la casa de mi amiga y también estaba Nuria, de hecho recuerdo que cuando bajamos los tres le gaste una broma a mi amiga:

    – Eh Ana, ¿ya que hoy vamos a hacer el trío habrá que comprar condones no?

    Los tres nos reímos pero casi de manera forzada, con esa sensación de que en la broma la verdad asoma y por primera vez se pasó por mi cabeza la idea de que hubiesen hablado seriamente de montarse un trío conmigo. Subimos a casa y allí estábamos varias personas y estuvimos varias personas y nos pusimos a beber y a decir tonterías como mandaba la ocasión. Pasamos una buena noche y al llegar la hora de irse a dormir dos compañeros se fueron a una habitación y yo a forma de cachondeo dije bueno yo me voy con ellas que ya sabéis que hoy vamos a hacer el trío. Nos reímos todos de nuevo pero al cambiar de rumbo como para irme con mis compañeros Ana y Nuria tiraron discretamente de mi hacia su habitación. Me puse algo nervioso pero me puse el pijama y me metí en la cama, ellas fueron a cambiarse al baño pero llegaron en seguida y se metieron allí conmigo sin decir nada hasta que Ana se me acercó.

    – ¿Quieres hacer ese trío?- me dijo bajito y cerca del oído.

    – ¿Estáis locas? -les pregunté.

    Ana me miro muy seria y me dijo que quería que me liara con Nuria allí, ahora mismo, delante de ella. Tenía a Carolina muy cerca y la miré, la verdad es que era una tía espectacular y me apetecía muchísimo hacer aquello, no me importaba mucho lo que tenía con Carolina aunque sabía que aquello no estaba bien, pero como yo le había dicho a Ana igual no había otra oportunidad como aquella.

    – ¿Estáis seguras? -les pregunté, aunque lo que me pedía el cuerpo era meterle la lengua dentro a Nuria.

    Entonces Nuria hizo lo que yo tanto deseaba y nos empezamos a enrollar y a pegar nuestros cuerpos mientras Ana me acariciaba por detrás, nos sentamos en la cama sin separarnos demasiado, lamiéndonos y mordiéndonos el cuello mientras pasábamos las manos por nuestros cuerpos. Ana que seguía detrás de mi me quito la camiseta y empezó a besarme por detrás y a tocarme el pecho, tenia las manos frías pero eso me excitaba, yo ayudé a Nuria a quitarse toda la ropa. La tumbé en la cama despacio, nuestros compañeros estaban en la habitación de al lado y no podían escuchar lo que estábamos haciendo, Ana me cogió y me llevo hacia ella y nos empezamos a liar y a desnudar el uno al otro mientras Nuria nos miraba y se tocaba. Podía notar lo caliente que estaba Ana y como empujaba su cadera contra mi rozándome de abajo hacia arriba, la notaba muy húmeda pero ella quería ver como se lo comía a Nuria primero. Como si me hubieran hipnotizado me quedé mirando a Nuria que estaba tirada con las piernas abiertas en la cama y sin poder evitarlo fui acercándome a ella y besando sus pies y sus piernas y sus muslos y sus ingles hasta que empece a comérselo y a arrancar algún que otro gemido con mis lametones. Yo me esforzaba porque le gustara y ella se esforzaba por no gritar y que no nos escucharan, para hacérselo mas fácil Ana había empezado a liarse con ella, pero después de un rato y que yo estuviera bebiendo ya de ella, Nuria me pego un empujón en la clavícula con el pie y mirándome fijamente me pidió que parara porque no iba a poder evitar gritar.

    Ahora le tocaba a Ana, tenia tantas ganas de comérselo como a Nuria, pero esta se me adelantó así que me puse tumbado en la cama a su lado y nos besamos y jugamos con nuestras lenguas dentro de su boca igual que Nuria jugaba con su lengua en la entrepierna de Ana. Se lo estaba gozando y me cogía de la cabeza, yo me acercaba mas a ella y le comía el cuello y la oreja. Me cogieron entre las dos y me tiraron a la cama Nuria se sentó en mi cara como a mi me gusta y Ana empezó a chupármela, dios que jodido placer era aquello, agarre fuerte del culo a Nuria que dijo que ella también me la quería chupar, podía notar lo cachonda y excitaba que estaba y ella podría notar lo cachondo y excitado que estaba yo.

    Nuria me dijo que ahora me iba a follar cuando le recordé que no habíamos comprado los condones. Ella se tumbó sobre mi y empezó a balancear su cadera y se acerco a mi oreja y me dijo:

    – No pasa nada, quiero que me folles así, a pelo.

    Dicho esto se la metió y empezó a botar sobre mi mientras Ana me comía los huevos. Yo estaba muy excitado y empece a meterla y sacarla mas fuerte y fuerte hasta que en un ultimo empujón estalle de placer dentro de Nuria que se tiro de nuevo sobre mi temblando y mordiéndose la mano para no chillar. Me fui a por Ana y me coloqué detrás de ella y empecé a comerle el cuello y a acariciarle el pecho mientras le tocaba con la otra mano. Nuria se puso a comérselo por abajo y yo podía notar como Ana movía su cadera al son de la lengua de Ana. Su culo rozaba mi pene lleno del flujo de Ana y eso le excitaba porque sabia que me había corrido dentro de su novia y ahora ella iba a correrse en su cara. Cuando noté que llegaba a su máximo placer puse mi mano en su boca, que ella mordió mientras ahogaba su grito y se curvaba hacia la cama. Nos quedamos tirados en la cama los tres abrazados y descansamos profundamente gracias a lo mucho que habíamos disfrutado.

  • Karen, la novia puta

    Karen, la novia puta

    Esta historia es cuanto menos curiosa, mi nombre es Rodrigo, soy un hombre de 22 años, estudiante, físico promedio, 16 cm, alto, algunos dirían un tipo alegre y divertido, esto comenzó hace exactamente un año con mi novia, Karen 23 años, con quién llevo 2 años de noviazgo aproximadamente, ella es alta, simpática, morena con unas piernas hermosas, un culo que vuelve loco a cualquiera y tetas más o menos normales, ella en el sexo era bastante tradicional, cogía rico y yo soy alguien a quien le gusta hacerlo de muchas maneras siempre experimentando cosas nuevas, y tengo que decir que la mama delicioso, pero de ahí en fuera es bastante tradicional, nunca le llamó la intención el anal, tríos, roles etcétera.

    Podría decirse que Karen disfrutaba el sexo pero no tenía fetiches o cosas que la encendieran más de la cuenta, a excepción de la lencería que fue algo que yo le pedí en algún momento, Karen prefería el sexo tal cual las películas románticas, ella era la típica mujer que no se masturbaba, que no tiene juguetes sexuales ni historias alocadas de sexo, o al menos eso creía yo, quién diría que detrás de esa máscara que hasta podríamos llamar aburrida, se escondía tremenda puta.

    Todo comenzó en diciembre de 2020 que si alguien se lo perdió estábamos en un encierro global a raíz de una pandemia, tiempo de conocerse a uno mismo, con mucho tiempo para sí, y vaya que está mujer lo aprovechó, puedo decir que la amo, llevo bastante tiempo con ella y es perfecta para mí, nos complementamos a la perfección y confío (o al menos lo hacía en ella), pero al parecer tanta insistencia de mi parte por conocer que cosas le interesarían del sexo generaron dudas genuinas en ella, y vaya mi sorpresa, yo cada que puedo estoy con ella, cada día libre incluso horas libres que tengo me la paso con ella, pero hubo una época en la que me decía que estaba ocupada con cosas de la escuela, cosas en su casa, salidas con sus amigas de última hora etcétera, a tal punto que pasaban semanas en las que nos veíamos 2 veces, a diferencia de 5 o 6 que eran las normales, y aunque a veces ella enserio estaba muy ocupada por la escuela, yo sospechaba algo y aunque la respeto mucho, había algo que no me dejaba tranquilo, pero el límite fue cuando no me dejó utilizar su celular, ni siquiera intentaba buscar algo solo quería tomar una foto y enviarla al mío, pero ella reaccionó de una manera muy evasiva a que tomara su celular diciendo que no tenía batería o que no funcionaba bien, está de mas contarlo pero yo estudio programación, entonces alguna idea de la tecnología tengo, no podía quedarme así sintiéndome el más cornudo del mundo sin saber que estaba pasando, así que utilice mis habilidades informáticas para conseguir las contraseñas a sus cuentas y hasta su WhatsApp, y con un miedo enorme accedí a ellas, y que onda con lo que me encontré.

    Karen tenía algunos chats con un hombre un tal Alberto que yo reconocí porque era su compañero en la prepa, y revisando todo el chat de principio a fin, pude ver cómo él poco a poco iba atrapando a mí Karen, desde como elogiaba sus piernas hasta su forma de ser, se podía ver qué habían quedado varias veces para ir a tomar un café o al cine, y por los mensajes no parecía que algo hubiera pasado, salidas de amigos tranquilas, hasta un día en el que él la invitó a una fiesta, fiesta que a mí me dijo sería con su familia, el le decía que pasaría por ella a las 8 y que sería tranquila, con algunos amigos que ambos conocían de años, Karen accedió a ir con él y pude encontrar fotos de ella ese día, lucía un vestido morado hermoso, con brillos, que dejaba ver sus preciosas piernas y su espectacular trasero, tacones y un buen maquillaje, todo sucedió normal, alcohol y juegos de amigos, según unos videos en su WhatsApp que entiendo se grabaron en esa fiesta, pero había mensajes eliminados en ese chat, lo cual me encendió una alerta, revisando su carpeta privada de Google fotos pude encontrar videos con la misma fecha de mi novia, mamando completita la verga de Alberto, ella con ese vestido hermoso levantado hasta el abdomen, mamando como toda una puta, una verga no más grande que la mía pero si más gruesa, 15 cm tal vez, pero tan gruesa como un pepino, ahí estaba mi Karen mamando y mamando sin parar, casi 15 minutos mamando, cuál estrella porno, se ve como Alberto termina en su boca y no hay más vídeos de ese día.

    De ahí en adelante sus conversaciones tenían mensajes eliminados por doquier, pero por lo general los que decían cuando saldrían seguían ahí, y ellos tal vez se veían dos veces por semana, en los que había al menos 4 videos más de mi novia mamando la verga de otro, y siempre tomando su leche al final no sabía cómo sentirme, porque estaba enojado, pero a la vez excitado, de descubrir a Karen en ese papel, así que no dije nada, pero esos videos solo eran el inicio de esta historia, un día por ahí del 16 de diciembre le llega un mensaje que decía: Ya quiero que sea la hora.

    Ella contesta que estaba ansiosa y que se verían 5 pm, irían a un motel, al leer eso, sentí un vacío en el estómago, como un derechazo muy bien dado, alguien se iba a coger a mi novia, coger de verdad, ella le dijo el número de la habitación, al parecer no llegarían juntos.

    Yo me apresuré a llamar al motel para confirmar que eso fuera cierto y no estuviera desvariando y efectivamente lo era, entonces después de una conversación convencí a la señorita encargada, a cambio de cierta cantidad de dinero obvio, que me dejara pasar a la habitación sin avisarle a nadie, y prometí no causar un problema, caí en cuenta que todo era peor de lo que pensaba, estaba pagando por ver a mi novia coger con otro, pero sentía una especie de excitación por el momento así que cambie mi carro con el de un primo por ese día y me lance a su casa a eso de las 4 pm, todo listo, estaba estacionado a casi una cuadra en un carro que ella no conocía, como a eso de las 4:30 pm ella salió de su casa, muy discretamente, con un abrigo hasta las rodillas, estaba usando medias y tacones, lo cual me puso a mil, se había puesto lencería para él, como toda una puta en lencería iba a un motel a coger, el camino se me hizo eterno, con una erección increíble llegué detrás de ella y estacioné el carro a media cuadra del motel, llegué a la entrada y la señorita me dejó entrar por la puerta de servicio, oculta para las habitaciones pero con una buena vista para revisar que no haya incidentes dentro, me extrañó ver dos autos en la habitación, ya que uno no era el Uber en el que mi Karen había llegado.

    En ese momento no podía creer lo que estaba viendo, había no uno, sino dos hombres en la habitación me heló la sangre un poco pero ya estábamos ahí, Karen al parecer estaba en el baño, esperando para salir y recibir más verga de la que ella en su zorra vida podría imaginar, podía escuchar todo dentro de la habitación, al parecer el tipo extra se llamaba Víctor y era un amigo de ambos, Alberto le decía lo puta que era mi novia y lo deliciosa que estaba, que lo iban a gozar como nunca, en eso se abre la puerta del baño y sale la cosa más sexy y hermosa del mundo, Karen despampanante con tacones enormes, medias negras sujetas de un liguero, una tanga negra un brasier morado muy sexy con muchísimo labial rojo y con el cabello recogido, jamás se había arreglado así para mí, ella sabía a lo que iba, no tardó dos segundos en salir del baño, y ellos ya estaban súper prendidos, nada que decir de Víctor y su verga, bastante normal, tal vez que Víctor estaba en mejor forma física que Alberto y yo, pero no por mucho.

    -Ahí está la putita, le dijo Alberto

    -Está riquísima, le contestó Víctor

    Aqui está su puta, y quiero esas vergotas dentro de mi, quiero que me cojan como la puta que soy papitos, dijo Karen, y comenzaron a besarse muestras uno se comía la boca de mi novia, el otro la tocaba de arriba a abajo, ella los masturbaba al mismo tiempo y se turnaba a besarlos, jamás la había visto con tanta hambre de pito, no paraba de decir que era un zorra, una puta, que quería recibir su castigo por lo puta que era, que el pito era su vicio, que le encantaba como la tocaban, pasaron casi 5 minutos de toqueteos y empezó lo bueno, Karen se arrodilló ante sus machos y comenzó a hacer lo que mejor hacía, mamar ambas vergas, y ella ya era buena, pero con la práctica que había tenido con Alberto era toda una experta, en cosa de 10 minutos ambos habían terminado y ella había tragado todo el semen, y decía que le encantaba la lechita de sus papis, que quería más y más verga y leche, Víctor se dedicó a comerle las tetas mientras Alberto le besaba la vagina y el culo, la puso en cuatro patas y llegó el momento que estaban esperando, Karen le rogaba que le metiera la verga, y Alberto solo le decía que se lo pidiera más, en eso Alberto le dice, si quieres verga toma la mía hija de puta, y se la metió directo, ella soltó un gemido fuertísimo, y solo le decía que más fuerte, Víctor le dijo, hablas demasiado puta, y le metió la verga en la boca, en la habitación solo se escuchaban los gemidos ahogados de Karen mientras tenía no una, sino dos vergas en su cuerpo, siguieron así por 15 minutos y se voltearon, ahora era Víctor quien la penetraba, Karen estaba súper prendida, se sacaba el pito de Alberto de la boca solo para decirle a Víctor lo delicioso que la cogía, mamando y mamando y recibiendo verga como toda una puta, pasaron los minutos, y Karen tuvo su primer orgasmo de la tarde, y fue Víctor quien la saboreó, sin dejar de recordarle lo puta que era, a lo que Karen respondía, tu puta papi, Alberto seguí besándola, y Karen decidió quitarse la tanga y regalársela a Alberto, a cambio de que le destrozara el culo con su vergota, y así fue, después de intentarlo varias veces, comenzó el sexo anal, aquel que tanto tiempo Karen me negó porque le dolía, estaba pasando con alguien que no era yo, lo cual me enojó un poco pero, me trague el coraje, entonces para ver cómo reaccionaba, decidí llamarle, desde el acceso de servicio no podría escucharme y quería ver qué pasaba, el celular sonó y Víctor fue a buscarlo, Karen vio mi número y contestó, la saludé y le pregunté que hacía, y si nos veríamos hoy, me dijo ahogando sus gemidos que estaba ocupada con su mamá y que tal vez en la noche, pero no era seguro, le pedí saludar a su mamá y me dijo que había salido, le pregunté que hacía, se escuchaba agitada y me dijo que estaba «recogiendo», y yo le dije si te creo, me dijo que estaba de verdad ocupada y que me hablaba en un rato, me dijo te amo y colgó, le preguntaron quién era y ella contestó que su hermano, me negó pero al menos no me hizo ver cómo un cornudo, ellos le dijeron que si su hermano supiera lo puta que era el mismo se la cogía, y ella solo volvió a su papel de puta de motel, Alberto le estaba rompiendo el culo mientras Víctor intentaba acomodarse para penetrarla a la vez, y ahí estaba yo, en un pasillo de servicio, viendo como se cogían a mi novia y ella solo disfrutaba como una puta zorra, Alberto aviso que iba a terminar y se la dio en la boca diciéndole que había más lechita para la puta y ella solo decía que a la putita le encantaba su lechita, Alberto fue al baño y se quedó sola con Víctor, ahí fue donde la cosa cambio un poco, pues ella no dejaba de besarlo, y decirle al oído que su verga estaba riquísima y que ella sería su puta cada que el quisiera, que la empalaba riquísimo y que se tenían que ver solos, en eso regreso Alberto con un dildo de al menos 25 cm y tan grueso como su verga, y con un disfraz de colegiala, le ordenó cambiarse y puso el dildo en el piso, la idea era que Karen cabalgata el dildo vestida de colegiala, mientras les mamaba la verga y suplicaba poder detenerse, Karen se cambió, traía puesto unas calcetas a la rodilla, una minifalda tableada, tacones, dos colitas y una camisa amarrada que dejaba ver su sexy abdomen, rápidamente se puso a cabalgar mientras chupaba y masturbaba a estos dos cabrones, Karen decía que había sido una niña muy mala y que merecía un castigo, y ellos le decían que una puta de su tamaño jamás dejaría de ser puta, que se callara y les mamara el pito más rápido, Karen estaba empapada, y como si estuvieran coordinados, tuvieron un orgasmo mutuo, terminaron en la cara de mi novia mientras ella terminaba en el piso, se tomó toda la leche y dijo que estaba cansada, ellos dijeron que tambien, se despidió de ellos de beso y recordando que era su puta personal y que quería ver los vídeos para masturbarse con ellos, se puso su abrigo y salió del motel, evidentemente muy cansada y adolorida, yo estaba que no creia lo que acababa de ver, estaba atónito, jamas pensé ver a Karen de esa manera, siendo complemente una puta más aún, de dos amigos de hace menos tiempo que yo, pero eso sucedió, ellos se quedaron a recoger sus cosas, presumiendo haberse quedado con la tanga de mi novia y diciendo que tenían que hacerlo de nuevo.

    Ese mismo día en la noche fui a verla y estuvimos viendo una película hasta que al cabo de horas le dije, que si había tardado mucho recogiendo con su mamá, ella dijo que si y que estaba, cansada, que no aguantaba las piernas, en mi mente solo pensé que era obvio, pensé en cuestionarla y hacerle una escena, pero ella me juraba que me amaba siempre y quería ver qué más tenía entre sus planes, así que no dije nada, lo peor que podía pasar era que terminamos, esa noche revise sus mensajes y note que agregó a Víctor, lo cual se me hizo molesto pero entendí porque, el le pasó los vídeos y le dijo que debían hacerlo de nuevo solos, ella le contesto que sí y borro toda la conversación después de despedirse, Alberto le mandó los vídeos de esa tarde y le pregunto que si le había gustado con Víctor y ella dijo que no, que no quería volver a repetir que se metió en muchos problemas por esa tarde, con lo que entendí estaban sacando a Alberto del juego.

    Después de todo esto solo pude pensar dos cosas, que tenía que saber hasta donde llegaría con Víctor, y que tenía que vengarme y ambas cosas, tuvieron su propia historia interesante, eventualmente contaré que sucedió, mientras tanto es todo, y espero no haber aburrido en el relato.

  • Semental motero

    Semental motero

    Unos días después de mi sesión de sexo con José María y Juana volvía a tener picazón en el culo, ganas de polla básicamente, mi relación con mi mujer ya era una relación de amigos, sabíamos que la de pareja tenía fecha de caducidad pero ninguno dábamos el paso, tal vez nuestros trabajos, ambos trabajábamos a turnos, hacían más fácil continuar ya que apenas coincidíamos, por eso nunca discutimos, en cuanto a nuestros hijos, eran ya dos jóvenes que pasaban olímpicamente de nosotros.

    Como he dicho, tenía picazón en el culo así que aprovechando que el fin de semana estaba solo, decidí salir de marcha y volver al local donde conocí a Pedro, el hombre que me desvirgó el culo.

    El viernes noche el bar aún no estaba lleno, era un garito muy animado frecuentado por osos, había actuaciones de transformistas pero todavía no habían comenzado cuando yo llegué, busqué una mesa no muy cerca del escenario y pedí un vodka-martini, poco a poco la cosa se fue animando, ya no era el sitio que yo había conocido, ahora, aunque continuaban siendo mayoría los “osos”, la fauna local era de lo mas variopinta, yo miraba buscando uno de esos machos peludos que tanto me gustan cuando se acercó el camarero y colocó un nuevo vodka-martini en la mesa.

    – Cortesía del caballero.

    Miré en la dirección que me indicaba y en la barra se encontraba observándonos un individuo grande, fornido, con pinta de motero, de unos cuarenta y cinco a cincuenta años, cabeza afeitada y un frondoso bigote en herradura. Levanté la copa que me acababan de traer y le hice señas para que se acercara, mientras venía hacia mí pude verlo mejor, era alto aunque no tanto como yo, pantalón negro, botas, camiseta negra de Iron Maiden, chaleco de cuero y muñequeras también de cuero.

    – Gracias por la copa

    – No hay de qué – tenía una voz ronca, por su acento no era sevillano, ni siquiera andaluz– me llamo Paco.

    – Encantado Paco, yo soy Einar.

    Estuvimos charlando, me contó que era leones, divorciado, trabajaba de soldador en una empresa que se dedicaba al montaje, había estado una temporada en las instalaciones de gas de Argelia y ahora estaba en Sevilla en la reparación del horno de una fábrica.

    – ¿Podemos ir a otro sitio?

    – ¿Tienes donde ir? Es que en el hotel comparto habitación con otro compañero.

    – Sí, se donde ir ¿cogemos un taxi? – yo no había ido en mi coche para poder tomarme unas copas.

    – Tengo la moto cerca.

    – ¿Tienes casco?

    – Sí, no te preocupes.

    Retiramos nuestras chaquetas del guardarropa, la suya una chupa de cuero negra, salimos a la calle y efectivamente, cerca tenía la moto, una preciosa VN1700 Voyager negra.

    – ¡Guau! Vaya preciosidad.

    – ¿Te gustan las motos?

    – Sí, tengo una monster 696 que uso para ir a trabajar y para alguna salida a la sierra.

    – Esta es nueva, no tiene ni un año, a la anterior le hice una burrada de kilómetros por toda Europa.

    Del baúl trasero sacó un casco tipo aviador que me coloqué, el se puso el suyo y partimos.

    – ¿Dónde vamos?

    – A un piso que tengo para estos menesteres.

    – ¿Tienes Jack’s Daniel’s?, es lo que bebo.

    – No pero sé donde comprarlo.

    – ¿A esta hora?

    – Si, tira que yo te indico.

    En aquella época yo tenía un amigo trabajando en una conocida cadena de tiendas y sabía que una estaba abierta hasta las dos de la mañana, teníamos que desviarnos un poco pero no importaba.

    – ¿Cómo quieres el bourbon? – habíamos llegado al piso y yo estaba en la cocina, sirviéndome una copa de Belvedere, un vodka polaco que siempre tengo en el congelador.

    – Solo, sin hielo.

    Serví en otro vaso bajo una generosa cantidad de Jack’s y volví al salón con las bebidas, Paco estaba en el sofá, se había puesto cómodo y había encendido un cigarrillo de maría, coloqué los vasos sobre la mesa y me senté a su lado, me pasó el pitillo después de darle un par de caladas, me desabrochó la camisa y la abrió, me acarició el pecho y me pellizcó los pezones.

    – ¡Ay! – tenía las manos ásperas.

    – Vaya, estas todo depiladito.

    – Sí.

    – ¿Abajo también?

    – ¿Por qué no lo compruebas?

    Me quitó el cinturón y los botones del vaquero que llevaba puesto, le ayudé a que me bajara el pantalón y el slip, quedé desnudo de cintura para abajo, mi polla estaba ya dura como una piedra.

    – Vaya, ni un vello, me encanta.

    Me agarró los huevos y se acercó a mí, me besó en la boca, mordió mis labios, me metió la lengua que yo chupé y mordí suavemente, pasó luego a mi cuello mientras me agarraba la polla, me besó y mordisqueó, sentí su aliento caliente que me hizo estremecer, paseó la punta de su lengua por mi pecho hasta llegar a mis pezones duros y erectos que chupó y tomó entre sus dientes.

    – Mmmmm ah, ay.

    Volvió a mi boca, metió su lengua y comenzó a pajearme suavemente.

    – ¡Quieto! Si sigues así voy a correrme y no quiero hacerlo todavía.

    Continuábamos besándonos, entrecruzando nuestras lenguas, con sus manazas duras pellizcaba mis pezones haciendo que me mantuviera caliente como una perra, se levantó y se sacó el chaleco y la camiseta, estaba fuerte aunque tenía algo de barriga y tetas, mucho vello canoso en el pecho y en el vientre, todo el hombro derecho y el brazo cubiertos de tatuajes, se quitó luego las botas y los calcetines y a continuación se desabrochó el botón y la cremallera y se bajó el pantalón, no llevaba ropa interior, quedó a la vista su polla, una hermosura grande, circuncidada y curvada hacia arriba, mucho vello también en unos preciosos huevos grandes y colgones y en sus piernas.

    – Ven aquí.

    Lo atraje hacia mí agarrando su polla, coloqué una mano en su cadera y con la otra levanté aquella cosa, respiré sobre ella y muy despacio lamí el tronco hasta llegar al frenillo.

    – Mmmmm, joder.

    Bajé nuevamente, lamí sus huevos y me los metí en la boca chupándolos por turno, nuevamente recorrí el tronco hasta llegar al glande, lamí el borde y me entretuve en el agujero con la punta de la lengua, abrí la boca y me metí aquel cabezón succionándolo y jugueteando con mi lengua en su frenillo.

    – Aaay que boca maricón.

    Solté sus huevos y recorrí con mi mano su perineo hasta llegar a su peludo ojete, abrió las piernas para que lo alcanzara mejor mientras seguía chupando aquella polla.

    – Sí si sii. Hay que rico maricón.

    Saqué su pene de mi boca y mirándolo a los ojos me chupé un dedo ensalivándolo a conciencia, volví a metérmela en la boca y con el dedo lleno de saliva le acaricié el esfínter hasta que se lo metí en el culo.

    – Ayyy zorra, eres una golfaaa.

    Agarró mi cabeza con las dos manos y comenzó a follarme la boca, cada vez más rápido, yo acompañaba sus movimientos de pelvis con mi mano follandole el culo con el dedo, en uno de esos vaivenes me metió la polla hasta los cojones haciéndome dar una arcada y llenándoselos de baba espesa.

    – Argg.

    – Puta, puta, putaaa, me corro, me corro ooohhh.

    Las primeras ráfagas las recibí en la boca viéndome obligado a tragármelas, luego la sacó y me llenó la cara de semen, era increíble la cantidad que estaba soltando, con ayuda de su pene me restregó la leche por toda la cara.

    – Hijo de puta, casi me ahogas cabrón.

    Tiró de mi para levantarme, me abrazó agarrándome por las nalgas y me besó mordiendo mis labios y metiéndome la lengua en la boca tragando así parte de su propia lefa, lo agarré de la mano y lo conduje al dormitorio, me coloqué en la cama a cuatro patas incitándolo a que se colocará detrás de mí, puso su manaza en mi espalda y presionó para que me tumbara boca abajo, dobló la almohada y la colocó bajo mi vientre para que mantuviera el culo levantado, abrí las piernas todo lo que pude para ponérselo fácil.

    – A ver que sabes hacer.

    Me agarró la polla, acerco su boca y me chupó un huevo y luego el otro, con la punta de su lengua recorrió mi perineo y toda la raja del culo hasta llegar a la espalda.

    – Uuufff.

    Luego volvió y se centró en mi ojete, lamió y chupó y me lo folló con la lengua, sabía moverla el hijo de puta.

    – Ay, ay que bien, que ricooo.

    – Tienes un culo muy tragón putito. Se ha abierto como una flor en cuanto he puesto mi lengua.

    Mordió mis nalgas y mientras con una mano me estrujaba los huevos con la otra metió uno de sus dedos en mi culo.

    – Ay, como me tienes cabrón, fóllame, dame por el culo.

    – Sí putón, te voy a follar ese ojete tan glotón que tienes.

    Sacó el dedo, se puso un condón, colocó una mano al lado de mi cuerpo y con la otra dirigió su polla a mi esfínter, en cuanto la punta de su glande estuvo encarada con mi agujero dio un golpe de pelvis y me metió el miembro hasta los huevos.

    – Aaaah – su polla era grande, más de la media y con esa curva…, un ramalazo de dolor me recorrió el culo – ¡hijo de putaaa!

    – Tranquilo puto maricón, ya verás como pasa el dolor.

    Se dejó caer sobre mí, me susurraba al oído como me iba a dejar de reventado, me acariciaba la espalda, me besaba la nuca, el dolor se fue diluyendo cuando mi pobre culo se fue dilatando y acostumbrando al tamaño, Paco se incorporó liberándome de su peso.

    – Plaf – sacó su polla casi hasta la punta y la volvió a meter de golpe.

    – Aaaa, cabrón

    – Plaf – otro pollazo enorme.

    – Ay, ay cabrón.

    – Plaf – de nuevo su polla hasta las entrañas.

    – Cabrón, eres un cabrón, ay mi culo.

    Incrementó el ritmo pero sin bajar la fuerza con la que me estaba enculado.

    – Ay cabrón, aaaah, ay mi culo.

    Intenté levantarme pero me colocó una mano en la nuca y me apretó contra el colchón.

    – Ay, ayyyy mi culo, cabrooon.

    – Puta – plaf – eres una pedazo de puta.

    – Ay, sigue maricón, no pares. – comencé a apretarle la polla con mi esfínter.

    – Uf que culo cabrón, que culo tienes.

    – Todo tuyo perro, todo tuuyooo.

    Estaba al borde del orgasmo, Paco era todo un semental, su miembro salía y entraba en mi culo, cada vez que la sacaba ansiaba el golpe de caderas que me la volvería a clavar hasta los cojones.

    – Plaf

    – Ay ay que rico, ay mi culo, ay

    – Maricón, toma, tomaaaa.

    Oleadas de placer me subían por el vientre hasta el pecho, un placer intenso, Paco continuaba incansable, sentí ganas de mear.

    – Ay, ay que me corro, me corro cabrón, no pares, ay ayyy, me corrooo.

    Sentí como una explosión en mi pecho, un río incontenible de semen brotó de mi polla, una oleada de placer recorrió todo mi cuerpo, comencé a temblar, parecía que estaba convulsionando.

    – Ah aaah, me muero perro, me muerooo.

    – Maricón, me corro, me corrooo

    Apreté el esfínter, Paco me metió su polla hasta el fondo y comenzó a correrse, noté sus contracciones.

    – Aah aah, que culo, que cuuulo.

    Tiré de la almohada y me la quité de debajo, él cayó sobre mí con su polla todavía dentro, olía a sudor, a macho, me acariciaba y me besaba la nuca y el cuello.

    – Vaya polvo maricón, glorioso.

    Salió de mí y quedó a mi lado, boca arriba, yo estaba exhausto, agotado, había sido un orgasmo increíble, tumbados en la cama nos fumamos otro cigarrillo de maría y nos tomamos una última copa, lo acompañé a la puerta y me acosté, me quedé dormido lamentando no haberle pedido el número de teléfono, por la mañana, en el comedor, junto a la botella medio vacía de Jack’s Daniel’s un papel manuscrito.

    – “jamás olvidaré ese culo, éste es mi teléfono, dame un toque, espero volver a verte en próximas ocasiones que baje a Sevilla, adiós putón”.

    Pueden escribirme a [email protected]

  • Con una secretaria

    Con una secretaria

    Hace más o menos tres años platiqué con una Chava de 28 años de aquí de Monterrey.

    La conoci en una sala de un chat, le pedi en ese rato su watsapp, me lo paso y la agregue.

    Me dijo que era soltera y sin hijos…

    Solo tenía foto de su cara. Me dijo que trabajaba de secretaria  en unas oficinas en el centro de Monterrey.

    Así pasaron algunas semanas y le dije que me gustaba, que me la quería coger.

    Me decía que si,  pero solo me daba largas, según ella no tenía novio.

    Un día me mandó un mensaje al watssap y me dijo que traía ganas de coger. Nos quedamos de ver en el centro de Monterrey, pero en el lugar que quedamos no estaba.

    Yo le mandé un mensaje al watssap y me dijo que estaba en las escaleras del metro, ósea a unas cuadras de donde habíamos quedado.

    Me acerqué  y me bajé del carro, la vi que estaba mero arriba, como que ya se había arrepentido y estaba lista para tomar el metro.

    Le hice una seña y bajó de las escaleras, nos saludamos y nos subimos al carro.

    Traía puesto un pantalón de mezclilla, una blusa banca y encima como un chaleco. No sé apreciaba bien su figura, pero era alta como de 1.75. Era delgada.

    Cuando entramos a la habitación del hotel se fue directo al baño. Unos minutos después salió en brasier y con una tanguita rosa. Yo me acerqué a ella, la recosté en la cama y comencé a besarla. Quité su brasier y sus tetas eran pequeñas pero bien bonitas. Se las mamé, se las mordí, le hice chupetones. Sus pezones se pusieron duros.

    Cuando le quité la tanga y toqué su panochita, la tenía muy  cerradita.

    Era delgada, un culo bien formado, piernas largas, tetas pequeñas. Tenía cuerpo de modelo.

    En verdad estaba bien buena, delgada, morenita clara. Recuerdo que cuando me la estaba agasajando sonó su celular, me imagino que era su novio y le preguntaba que donde estaba? Ella le decía que aún en la oficina y que tardaría en salir.

    Eso me excitaba más por que aún que me había dicho que no tenía novio, ahí comprendí que si, pero no me importaba, yo estaba disfrutando el momento.

    Le metí el dedo en la vagina, en verdad estaba muy cerrada. Después le metí el dedo en el ano y lo tenía muy chiquito, después le metí dos y gemía, eso me excitaba, me prendía yo mas.

    Cuando me puse el condón y la puse piernas al hombro, gemía fuerte, estiraba sus brazos y me aventaba. Yo más me excitaba, la sujetaba de los brazos y se la metía.

    Cuando me vine me quité el condón y se los aventé en el vientre.

    Recuerdo que hacía mucho calor, estábamos sudados.

    Cuando volvía a sonar su celular, me imagino que era el novio, yo la tocaba, la manoseaba.

    En eso se puso de pie y pude ver bien su hermoso culo bien formado, me levanté y me puse detrás de ella, le acerqué mi verga tocando sus nalgas y eso la excitó, lo noté.

    Aún que no se la metí así, la recosté de nuevo en la cama, me coloqué el condón de nuevo y me la volví a coger, le mamé las tetas, las mordí fuerte, se que le marqué mis dientes,

    No me importó nada, ni que tuviera novio ni nada… Yo encima de ella y le daba fuerte, cuando le volví a aventar mi semen en el vientre se levantó y corrió a bañarse, pero yo me guarde su tanga…

    Se la robé!

    Dias despues seguimos platicando, segun iriamos de nuevo al hotel. No se si el novio se dio cuenta o no lo se.

    O tal vez le dio la cruda moral porque despues cambio su numero de celular.

    Ya no supe nada de ella, pero no importa, disfrute el momento.

  • Una noche en el bar

    Una noche en el bar

    Cómo olvidar aquella noche. Fue un viernes, sentía que quería un trago y ver el ambiente nocturno. Me di un baño, me maquillé, me perfumé y elegí mi ropa. Fue un body con transparencia en el vientre y con una tela tul que cubre la parte de los hombros, un hilo rojo super sexy porque me sentía diva, leggins de látex negros y unos tacones negros brillantes. Tomé un taxi y me dirigí a un bar al centro de la ciudad. Recuerdo que era 7 pm aproximadamente, algo temprano por lo que no había mucha gente. Me senté en la barra y le pedí un trago a la barman. Estuve escuchando música y viendo el ambiente por casi una hora. Sin darle mucha atención había un grupo de 3 amigos en una mesa del fondo tomando cervezas y sentía que me miraban. Sus edades eran de aproximadamente de al menos 35 años. Casi por cumplir la hora sola y por terminar mi segunda copa se acercó uno a la barra y pidió una cerveza a la barman. Yo sin mirarlo note que me miraba. Pregunto a la barman que estaba tomando y pidió una copa.

    Me saludó y le respondí con la mirada y luego de que tenía la cerveza y el trago acerco la copa a mi lado y me dijo yo invito esta y se fue con sus amigos y la cerveza que había comprado. Fue halagador aunque un poco atrevido. Sonreí desde mi mesa en señal de agradecimiento. Luego de 15 minutos se volvió a acercar y me preguntó si tenía fuego para su cigarro. Saqué mi encendedor y se lo di. Mientras prendía su cigarro preguntó mi nombre y si me gustó el trago que me invitó. Le dije me llamo Tatiana y gracias aunque fuiste un poco atrevido. Lamento los inconvenientes me dijo y me preguntó si me iba a quedar, sus amigos de iban y el quería tomar un poco más. Le dije que si, iba a acabar la copa que me invitó entonces me dijo que lo acompañe hasta que termine su cerveza. En ese instante sus amigos aparecieron detrás de él rumbo a la salida, me saludaron y se despidieron de el. Se sentó en mi mesa y nos pusimos a conversar.

    Me preguntó que hacía sola y tan bien cambiada y pues le conté que solo quería unas copas y escuchar música. Entonces inició a contarme su situación. Me dijo que había salido con sus amigos porque tenía un problema en casa, era casado ya hace unos 5 años pero su vida conyugal era mala desde hace 2. Su esposa no le prestaba atención, discutían seguido y lo único que lo mantenía a su lado era su hijo pequeño de 5 años. Le dije que lamentaba su situación, yo soy soltera le dije y no quisiera complicarme con una vida así por eso no me comprometía ni buscaba una pareja. Me dijo que era afortunadamente, que disfrutara más de esa etapa de mi vida y en un tono más abierto que disfrute el sexo porque cuando uno se casa ya no lo hace. Reí, tenia unas copas encima y no me sonó atrevido sino solamente gracioso. Me contó que estaba un poco desanimado porque esa noche dormiría en un hotel, había discutido terrible y no quería volver a casa. Llamó a sus amigos pero solo podían acompañarlo un rato.

    Se sentía afortunado de toparse conmigo y yo pueda acompañarlo. Le dije no tenía problemas, que podía confiar en mí y contarme sus penas. Pero para animarlo mejor.

    Vayamos a un antro y se pueda bailar y dejar lo negativo atrás.

    Salimos de ahí y fuimos a un antro. Al llegar entramos y nos pusimos cerca a la barra, pidió un trago para mí y el siguió con cervezas. Las canciones eran muy bailables, pusieron salsa al inicio y sabía bailar. Le dije que se olvide de todo lo malo por esas horas y lo pasemos bien. Después de dos cervezas el y yo acabar mi trago pusieron una bachata que fue inevitable no pegarse a mi para bailarlo. No sé si fue como me quedaba mi ropa.

    O el alcohol pero sentí su pene duro cuando se acercó a mi bailando. Se dió cuenta que lo sentí y me pidió disculpas. Me puse roja y le dije que no se preocupara y que supongo era algo que solía pasar. Nuevamente vi su gesto de incomodidad y las cervezas hicieron que se sincere. No cojo hace casi un año me dijo. Y yo me quedé impactada. Me dijo bailar con una mujer tan guapa y yo con tanta abstinencia causaron esa erección tan dura. Yo seguía pensando un poco avergonzada. Me fijo mejor iré a descansar al hotel, te dejo de paso en donde vives. Acepté y salimos de ahí. Al subir al taxi noté que me miró la cola con muchas ganas. Moriría por saber que pasaba por su mente en toda nuestra salida pero más en el transcurso del taxi y en el hotel.

    Al subir me pidió mi dirección pero le dije mejor te dejo a ti y luego yo me voy. Estás segura preguntó y le dije que si. Y dio la dirección de su hotel. El viaje fue un poco callado, pensé que intentaría algo pero no lo hizo. Al llegar al hotel Se bajó y le pregunté deseas que te acompañe a pedir tu habitación. Me dijo estás segura? Y le dije claro luego puedo bajar y tomar otro taxi. Y subimos. Le dieron su llave y cuando se quiso despedir le dije que me dejara dar un toque de maquillaje en la habitación. Sorprendido me dijo que si. Supongo no pensaba que tomaría algo de iniciativa pero ambos sabíamos bien a dónde iba a llegar todo eso.

    Ya en la habitación pase directamente al baño y mirándome en el espejo me arreglé un poco y salí. Cuando salgo del baño lo vi echado con su brazo tapando su cara. Le dije bueno ya me voy supongo. Me acerque para despedirme y fue cuando todo su lado salvaje salió y se levantó a besarme muy rápidamente. Obviamente no me resistí, yo también quería y quería ayudarlo con su mala situación en casa. Me besó muy apasionadamente y yo a él, sus manos recorrían mi cuerpo con la ropa puesta. Mis manos bajaron a su bragueta a desabrochar su cinturón y buscar su verga. Estaba durísima. Sus manos fueron a mí cola y me confesó que toda la noche se la paso viendo mi colita. Se paró y yo me arrodillé, agitando su verga para que se ponga más dura me la metí a mi boca. Le empecé a lamer de extremo a extremo toda su dura y gran verga. El gemía de placer agarrando mi cabeza y haciendo que me atore con su verga. Le escupía a todo su pene y lo sobaba y el me miraba cuando yo lo miraba mientras tenía su verga.

    En mi boca. Me levantó y me sacó los tacones, desabrochó mis leggins y me lo sacó. Vio mi hilo rojo y me dijo que se me veía muy sexy. Desabrochó mi body en la parte de abajo pero no me lo sacó. Yo estaba muy mojada.

    No me sacó el hilo, lo puso a un lado y empezó a pasarme su lengua en mi vagina. La escupía y llegaba hasta mi cola su lengua. Me mojó muchísimo con su saliva. Luego me puso de espaldas con con cola hacia arriba y de una embestida me puso dentro toda su verga. Gemi fuerte y empezó a golpear su pelvis con mi cola una y otra y otra vez. Mientras yo gemia de mucho placer y el me decía así que rico putita te gusta mi verga como te entra.

    Yo estaba tan excitada y gozaba tanto que solo respondia si así sigue así que rico.

    Te gusta te gusta mi verga puta calienta vergas. Si que rico sigue así Dame fuerte.

    Se cansó y se echó y yo me puse encima cabalgando su verga y empecé a brincar. Muévete putita así que rico. Recuerdo decirle así papi? Tu esposa no sabe lo que se pierde. Y empezó a darme más fuerte su verga. Yo gemia mucho y rico. Mis manos en su pecho y sus manos en mi cola aplastando mientras me hacía brincar.

    Cambiamos a la última posición y me echó y de puso encima mío, una pose clásica. Metió su verga y se sintió tan rico que mis manos fueron a su espalda y con mis uñas le rozaba todo mientras me embestia y metía toda su verga. seguía diciendo así si putita ya se viene mi leche dónde te la doy. Tan mojada tan excitada y con ganas de complacer a ese macho descontrolado le dije: adentro echalo todo dentro. Sentí la máxima dureza de su verga y como me entraba toda su leche en todos los rincones de mi vagina. El su grito de placer final mientras expulsaba todo su líquido en mi y yo agarrándolo de su espalda para que todo su semen lo deje bien adentro.

    Muy sudados y cansados ambos termianamos. Se salió de mi y se echó a descansar. Yo muy feliz, fue uno de los mejores sexos que tuve en mi vida. No quise incomodarlo y luego de que se durmiera me alisté y me fui. No cambiamos números y ya no supe de el hasta la semana siguiente que lo vi en una plaza con su mujer de la mano y su pequeño hijo cargado. Entendí que todo fue mentira pero no tuve problemas, quizás el necesitaba salir un poco de la rutina y ahora se unió más a su familia.