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  • Rememorando en la ducha

    Rememorando en la ducha

    Llegas a casa con ganas de tomar una ducha relajante después de un duro día de trabajo. Abres el grifo de la ducha mientras te quitas la ropa, no sin antes ver los mensajes morbosos y calientes que te ha dejado tu nuevo amigo del Telegram, aparece una sonrisa en tu cara y sientes un agradable cosquilleo en tu cuerpo. Entras en la ducha dejando que el agua caliente relaje las tensiones del día.

    Te enjabonas el pelo y el cuerpo sintiendo ya el placer de tu propia caricia que se acrecienta cuando te entretienes con las tetas y tus pezones se afianzan emocionados, tus manos enjabonadas frotan tu pubis y sientes una primera oleada de gusto y placer que crece cuando pasas la mano por el ojete y metes bien adentro un par de dedos dejándolo limpio y lustroso y quedándote definitivamente cachonda pérdida.

    Toca quitarse el jabón y, ya con desespero coges el mango de la ducha, que sin duda es tu juguete preferido, te rocías todo tu cuerpo y subes la presión del agua para pasártelo primero por tus empitonados pezones y después por tu chocho y ojete. Te vienen oleadas de placer y piensas en tu admirador del Telegram.

    Le imaginas ahí contigo, en la ducha haciéndole una mamada entre el agua caliente y el vapor, coge el mango de la ducha y rocía tu cuerpo mientras con la otra mano lo acaricia y manosea, se coloca tras de ti y dirige la ducha al coño, mientras te sobetea tus hermosas tetas, sientes su polla dura en tus nalgas, y notas tu coño húmedo y caliente, el chorro a presión sobre tu clítoris acelera las oleadas de placer que te vienen cada vez mas intensas, te corres de tal manera que te flojean las piernas y he de sujetarte hasta que te recuperas, te pongo mis dedos en tu boca, los lames e impregnas de saliva, te meto dos por el culo, un mete-saca de reconocimiento para abrirle paso a mi polla, te follo con desesperación mientras sigo regando tu chocho.

    No tarda en llegarnos una corrida de delirio, que hace que nos derrumbemos sobre la bañera. Pasado un momento sales de la ducha, coges y miras el móvil y te vuelve una sonrisa

    Fin

  • Despertares y pesadilla

    Despertares y pesadilla

    Nosotros

    Para empezar esta historia, voy a contar un poco sobre mi y mi mujer. Tenemos 45 años y nos conocimos hace 10, procedentes de sendos divorcios, y coincidiendo por los avatares de la vida. No me voy a extender mucho en esto ni en como somos, yo 1,85 m, 78 kg, atlético pero no fibrado, me gusta tomar mis vinos, y comer bien, y depilado y rapado, para disimular mi incipiente calvicie.

    Vanessa, mide escasos 1.60 m, y pesa unos 45 kg. A pesar de no hacer deporte, y gustarle la buena comida, se mantiene muy bien. Es ancha de cadera y usa una talla 90 de sujetador, aunque no lo necesita, pues siempre me ha llamado la atención, que la ley de la gravedad y los años, al contrario que en mi ex, en ella no han causado estragos, teniendo todo muy bien puesto y en su sitio. Vamos, somos lo que viene siendo una pareja normal. Los primeros años, el sexo, era como de adolescentes, a cualquier hora, en cualquier sitio, y cualquier excusa era buena para tener relaciones. Tengo ido a trabajar de doblete, por pasar la noche haciéndolo, y repetir al llegar de trabajar; la verdad, que era intenso. Poco a poco, con el paso del tiempo, se fue haciendo más monótono, solamente en casa, en la cama y llegaban a pasar semanas sin hacerlo. Después ella tuvo una profunda depresión por motivos personales, que termino de espaciar mas el tiempo entre relación y relación, a veces más de un mes. Además, con los antidepresivos, y a pesar de que cuando nos poníamos, ella se excitaba a tope, no conseguía llegar al orgasmo, quedándose siempre a medias y yo, con una frustración tremenda, y con sentimiento de culpa, por haber terminado, y ella no. En el sexo, fuimos también de más a menos, al principio, quizás por la novedad, y la falta de confianza para decir no, probamos muchas cosas, posturas, oral con final en la boca, intentos de anal, dedo en el ano, antifaces, atada, etc., pero todo fue a menos también. Excepto el sexo oral, ese sigue siendo un habitual las pocas veces que ya lo hacemos; además, siempre me llamo la atención, para ser bastante “mojigata” (no ha visto nunca porno, es más le ofende) lo bien que lo hace. A mí no me gustaba especialmente, mis ex, no tenían mucha idea, está claro, porque la primera vez que Vanesa me lo hizo, termine en su boca, y jamás lo había conseguido. Yo, a ella, se lo como siempre, las pocas veces que ha tenido orgasmos con la medicación, ha sido con el sexo oral. Se vuelve loca, será que tampoco se me da muy mal. Pero el tema es, que por uno u otro, pasan semanas sin tocarnos, y eso, a mí, particularmente, me empieza a pasar factura. Consumo porno a diario, me masturbo, con 45 años como si tuviera 18, fantaseo con Gangbangs, BDSM, he incluso me he planteado, buscar una amante, o pagar por sexo, algo que jamás he hecho. Y vuelvo otra vez a los remordimientos, porque la amo demasiado, como para hacerle daño.

    Y después de extenderme en la presentación más de lo que pensaba, comienza realmente la historia. Y comienza unas vacaciones improvisadas, con un descanso en su trabajo que no contábamos, y una época de poco trabajo yo, que me permitió cerrar mi negocio unos días. Y nos fuimos a una casa rural, en una zona apartada de la montaña vasca, una casa de ensueño, con chimenea, rodeada de naturaleza, y bastante alejada de las demás casas. Dejamos al niño con los abuelos y nos fuimos solos unos días. Como la casa era grande, sin decirle nada, invite a su hermano y cuñada, que estaban pasando una mala racha, a venir. Una vez en la casa, deshaciendo las maletas, aparecieron ellos. Vane se quedo un poco perpleja, y le comente que se lo había dicho, para que desconectaran un poco también, pero no pareció agradarle mucho la sorpresa. Nos saludamos, vimos la casa, tomamos las habitaciones, y nos fuimos fuera, a prepara una barbacoa, pues el tiempo invitaba a ello. Manuel, mi cuñado, es un poco mayor que nosotros, pero hace mucho deporte y cuida mucho su aspecto. Silvia, su mujer, tiene nuestra edad, y tras superar una enfermedad hace un par de años, se ha puesto en plan de cuidarse un poco y bajar algún kilo. No está gorda, pero le sobra alguno. Con la parrilla, empezamos a beber vino, pues el coche no se iba a mover, y me sorprendió Vanesa, cuando se sirvió la segunda copa, porque nunca bebe. Le dije, apartados, que tuviera cuidado con la medicación, y me susurro, que al saber que veníamos aquí, había dejado de tomarla unos días, para ver si recuperaba algo de lo perdido este tiempo, ya sabes…. Me dijo. Pero me lo has estropeado

    Yo me quede un poco perplejo, pero intente quitar hierro diciéndole:

    No te preocupes, si lo dices por ellos. La casa es grande, y además, a que piensas que vienen?

    La tarde transcurrió amena, entre risas, copas de vino y carne. Empezó a refrescar y decidimos ir dentro, encender la chimenea y jugar algún juego de mesa

    Vane, que estaba bastante perjudicada tras varias copas, jamás la había visto así, sugirió las cartas, y Silvia, también algo alegre, pero no como Vanesa, pues esta mas acostumbrada, me miro pícaramente y soltó:

    Strip póker???

    Yo me reí nerviosamente mirando a Manuel y Vanesa, que para mi asombro, asintieron entre risas.

    Necesito algo más fuerte que el vino para esto, comente mientras iba a mi cuarto a por una botella de Bourbon.

    Y empezamos a jugar. Soy malísimo con las cartas, pero de póker se algo mas, y aunque me pareció raro no fui el primero en perder prenda. Manuel empezó perdiendo, después Vane, yo, Silvia, Vane otra vez… y una hora después y media botella de Bourbon, mi mujer y mi cuñada en tanga, yo en calzoncillos y Manuel en camiseta y calzoncillos. A todo esto Vanessa llevaba 2 chupitos ya. Yo miraba las tetas de Silvia, algo caídas, pero voluminosas, una 105 calculaba, comparándolas con las de Vanesa, y pude ver como Manuel, miraba sin disimulo el cuerpo de su hermana, solo tapado por el diminuto tanga, pero demasiado mareada como para darse cuenta. Fue la primera en perder y quitárselo todo, sin pudor, dejando a la vista su recién y perfectamente perfilado coñito, mientras hacia un pequeño contoneo. Yo esperaba que mañana no se acordara de nada, porque sabía que se iba a morir de vergüenza.

    Después perdí yo, y medio empalmado por la situación, me quite el bóxer, mientras Silvia y Vanesa animaban como si estuviesen en un espectáculo de boys. Jamás vi a mi mujer en ese plan, y la verdad, me excitaba

    Al final gano Silvia las 2 partidas siguientes, acabando mi cuñado desnudo también, y Silvia, como ganadora, dijo que todos teníamos que darle un beso, y pensaría en quedarse como nosotros, desnuda, si le satisfacían. Mi cuñado le dio un profundo y largo beso, yo me acerque sin saber muy bien que iba a hacer, pero Silvia tomo la iniciativa y me metió la lengua hasta el fondo un buen rato, lo que acabo de hacer estallar una erección en mí, como hacía mucho tiempo no tenia. Le tocaba a Vanessa, que ni corta ni perezosa, se tiro a la boca de su cuñada. Esa imagen provoco en Manuel una erección y en mi una excitación tremenda. Silvia se quito el resto de la ropa, y lucio totalmente depilada, al igual que mi cuñado. En ese momento nos fuimos al sofá, cada uno con su pareja, y empezamos a besarnos y tocarnos por todas partes, totalmente excitados y fuera de sí, por lo que decidimos irnos a los cuartos.

    En mi cabeza rondaba algo hacía tiempo, y decidí poner en juego, visto lo desinhibida que estaba Vanessa, mi fantasía. Le sugerí atarla a la cama, a lo que no se opuso, y así lo hice. Con unos cinturones ate sus piernas separadas a las patas de la cama, y con otro, las dos manos juntas, por encima de su cabeza, al cabecero. Usando un pañuelo grande de su armario, le vende los ojos. Me aparte un poco para disfrutar del espectáculo. Su delgado cuerpo, completamente desnudo e inmovilizado, sus pezones duros y erguidos, las piernas completamente separadas con su vagina abierta, expuesta, brillante por la excitación, y el contoneo sensual de su cuerpo, expectante, indefenso, sin saber que le iba a pasar. Me entraron unas ganas tremendas de follarmela directamente. Pero me resistí. En silencio salí en dirección al cuarto de mis cuñados, pero cuál fue mi sorpresa, cuando los encuentro tras la puerta, observando lo que hacíamos. Les hice un gesto para que entraran, lo que hicieron inmediatamente. Manuel se echo la mano a su erecto pene, mirando a su hermana en esa situación, y Silvia me miro, mientras se acercaba a la cama y comenzaba a mordisquear los pezones de Vanesa, que respondió con un gemido y retorciéndose de placer. Manuel, sin ni siquiera buscar una mirada de aprobación en mi, se dirigió al otro lado de la cama, y comenzó a acariciar las piernas a su hermana, que por un momento, puso expresión de que algo no le cuadraba, pero cuando la mano de Manuel, comenzó a acariciar su vulva, y su boca succiono su otro pezón, la expresión se convirtió en rostro desencajado de placer y gemidos.

    Me uní a la fiesta, cogiendo las tetas de Silvia por detrás, porque llevaba toda la noche con unas ganas tremendas de hacerlo. Después Manuel se concentro en besar a su hermana, mientras Silvia comenzaba de nuevo a masajear y chupar los inhiestos pezones de Vane, y yo comencé a besarle y succionarle el clítoris mientras le iba introduciendo 2 dedos en su mojada vagina. Creo que no tardo más de 5 minutos en tener un orgasmo como nunca le había visto. Estaba claro que la situación, la ausencia de medicación y 3 personas dedicadas a darle placer, estaban dando resultados. Manuel se hizo sitio, para ponerse sobre Vane, y comenzó a penetrarla lentamente, Silvia tomo mi polla y se la acerco a la boca a Vanesa, que inmediatamente, comenzó a chupármela. Silvia se puso a su lado y empezó a alternar en su boca mi polla y la lengua de Vane. Mientras los envites de Manuel eran cada vez más rápidos y fuertes.

    Le indique que aflojara, mientras me dispuse a desatar las piernas de mi mujer.

    Aun atada por las manos, Manuel se acostó boca arriba a su lado, mientras Silvia y yo ayudamos a Vane a acomodarse encima suyo, y ser penetrada nuevamente por su hermano. La inclinamos hacia delante, y Silvia lubrico eficazmente el culo de mi mujer, mientras le introducía un dedo, alternado este con su lengua. Después, fueron dos los dedos, y lleno su boca con mi polla, para luego guiarme al agujero que tanto había soñado poseer, y ayudarme a penetrar analmente a mi mujer, como tantas veces había fantaseado. Vanesa hizo una leve mueca, para después dejarse llevar. Emprendí un ritmo fuerte, y, con sus dos agujeros llenos, gemía y se retorcía loca de placer y de lujuria; Mientras Silvia, acomodaba su vulva en la boca de su marido, para dejarse comer mientras nos follabamos rítmicamente a su cuñada. Yo sentía que no podía más, y un orgasmo tremendo estallo dentro de mí, y me corrí en el culo de mi mujer, jadeando, mientras ella se dejaba ir también de nuevo, en su segundo orgasmo, aun más intenso que el primero. En ese momento, Manuel, también empezó a jadear y se corría dentro de su hermana, mientras Silvia lo hacía en su boca, agarrada al cabecero de la cama.

    Salí del culo de mi mujer, y Silvia se arrodillo a chuparme los restos de semen que aun salían de mi polla, mientras Manuel se zafaba de su hermana y le metía la suya en su boca. Un rato después y exhaustos, se fueron sin mediar palabra. Yo desate y quite la venda de los ojos a Vanesa. Contemple su cuerpo, chorreando semen por su culo, boca y coño, la tape un poco, me metí en la cama con ella y nos dormimos.

    Al día siguiente, despertamos tarde, Vanesa se fue a la ducha, yo fui detrás, nos duchamos juntos e hicimos el amor lentamente bajo el agua, yo aun recordaba la noche anterior, pero ella no hizo ningún comentario. Salimos a la cocina, y mi cuñada estaba haciendo el desayuno. Todo parecía normal, como si nada hubiera pasado. Hacia un día espectacular, unos 25 grados, que para ser el norte, ya es una buena temperatura. Vanesa fue al baño y un rato después salió, con un albornoz, y dijo:

    Voy a aprovechar el día, y tomar el sol

    Trajiste bikini? Le pregunte

    No, pero después de lo de anoche, creo que no me hace falta no? Comentó

    Manuel, me miro sorprendido, y añadió:

    Creo que ayer se nos fue un poco la cosa de las manos, y sería mejor olvidarlo y no volver a hablar de ello.

    Olvidarlo? Dijo Vane. Yo tengo vagos recuerdos, imágenes sueltas, el alcohol no me deja muy claro nada, pero lo que recuerdo, me excita sobremanera, y creo, que lo mínimo que me debéis, es repetirlo para qué lo disfrute como hicisteis todos vosotros, o no?

    Y ahora me voy a tomar el sol. Y dicho esto, ser quito la bata y completamente desnuda se fue a la hamaca. Manuel la miraba, un poco cortado y de reojo, y Vanesa le dijo:

    Creo que has visto y usado cada rincón de mi cuerpo, y ahora te cortas de mirarme? Vamos, que somos adultos, no seas chiquillo

    Dicho esto salió fuera, y Silvia la siguió, desnudándose también para tomar el sol. Las seguimos como corderitos, estaba claro quién dominaba la situación en ese momento.

    Después de una buena recarga de vitamina C y una buena comida, las chicas estuvieron hablando un rato y Silvia dijo:

    Iros a descansar, nosotras vamos a prepararnos bien para dar a Vanesa la noche que se merece. Coger fuerzas, las necesitareis.

    Y dicho esto, se fueron al cuarto que estaba libre.

    Serian aproximadamente las 8 de la tarde, cuando Silvia reclamo nuestra presencia.

    Estaba en ropa interior, lencería muy sexy. Un minúsculo y transparente tanga, dejaba ver su vulva completamente depilada, y el sujetador, apenas podía sostener sus enormes tetas. Los pezones, duros, amenazaban con desgarrar la tela que los cubría y salir fuera.

    La seguimos a la habitación sin decir nada. El espectáculo era digno de mis mejores fantasías. Vanesa estaba en la cama completamente desnuda. Boca abajo, con unos cojines bajo su vientre, que elevaban sus caderas, dejando expuesto completamente su culo y su coño. Entre sus nalgas se distinguía algo brillante y redondo, que identifique como un dilatador metálico, como los que tantas veces había visto en los videos de BDSM que consumía. De su coño, salían dos cables, que terminaban en dos electrodos pegados a sus nalgas. Los cinturones habían sido sustituidos por unas correas de cuero con grilletes que estiraban sus brazos por encima de su cabeza hasta el cabecero de la cama. Las piernas, separadas al máximo por una barra metálica extensible, y con correas en los tobillos, pero sin atar a la cama, para tener más libertad de movimiento con ella, supuse. El pañuelo de los ojos lo suplía un antifaz negro de piel, y en su boca lucia una mordaza con bola, por la cual resbalaba abundante saliva. Me excite al momento, preguntándome de donde había salido todo aquello. Distinguí una maleta a un lado de la cama, con fustas, cadenas, grilletes, consoladores y demás parafernalia sado.

    Manuel comento:

    Nunca pensé que íbamos a usar “la maleta” así, este fin de semana. Mirando a Silvia

    Lucia una esplendida erección y Vanesa se estremeció un poco al oír la voz de su hermano

    Silvia cogió un látigo de varias colas, y comenzó a azotar el culo de Vanesa, primero suavemente, y aplicando poco a poco más fuerza en los golpes, mientras decía:

    Nos ha salido putilla la cuñada, habrá que darle lo suyo, jajaja

    El culo de Vanesa lucia rojo ya por lo azotes recibidos

    Vi un pequeño mando a distancia en la mesilla, me acerque y lo cogí. Sin decir nada oprimí uno de los botones, y un ligero zumbido salió de la entrepierna de mi mujer, a la vez que esta se empezaba a retorcer y jadear. Estaba claro que tenía un vibrador en su vagina. Volví a darle y el zumbido aumento de intensidad, así como los contoneos y jadeos. Había otro botón, que presione, y Vanesa lanzo un pequeño grito, ahogado por la mordaza, mientras su cuerpo se tensaba y Silvia se reía.

    Parece que tu marido encontró el botón de las descargas,jajaja, dijo

    Inmediatamente volví a darle, manteniendo más tiempo pulsado el botón. El cuerpo arqueado y tenso de Vanesa, empezaba a sudar, por la tensión de las descargas y la excitación que se apoderaba de ella. Solté el botón y oprimí varias veces el de la vibración, y entre convulsiones y jadeos, se corrió por primera vez esa noche.

    Le dimos la vuelta en la cama, y vi que unas pinzas metálicas, unidas entre sí por una fina cadena metálica, habían estado castigando sus pezones todo ese tiempo. Manuel le quito una de ellas y atrapo el pezón con sus dientes, apretando y chupando, y obteniendo la respuesta esperada en su hermana. De nuevo jadeos y contoneos, y un incesante hilo de saliva caía por la comisura de la boca y la bola de la mordaza. Silvia hizo lo mismo con su otro pezón y yo le saque el vibrador aun zumbando, que era de un tamaño considerable. Vi por primera vez también que su perfilado y arreglado monte de Venus, había desapararecido y lucia completamente depilada. Lamí su vagina e introduje un par de dedos dentro, mientras succionaba con fuerza su hinchado clítoris. Creo que estaba a punto de correrse de nuevo, por lo que pare un poco el ritmo y le di un par de descargas nuevas en el culo, para que le bajase la excitación.

    Mis cuñados estaban afanados en sus tetas, mordiendo con fuerza sus pezones, amasándolas y retorciéndolas, pellizcando y poniendo de vez en cuando las pinzas y tirando con fuerza de la cadena, tanto, que parecía por momentos que se los iban a arrancar. Vanesa estaba como ida, entre el placer y el dolor.

    Yo no podía mas, por lo que me tumbe sobre ella y la penetre de golpe, no fue difícil, pues estaba empapada, y comencé a follarla como si no hubiera un mañana. Silvia le quito la mordaza y puso su coño sobre su boca, para que se lo comiera, mientras Manuel se situaba también sobre su cara y comenzaba a follarse a su mujer. Me corrí en poco tiempo, pues la excitación era máxima, Silvia frente a mi cara, se estaba corriendo también. Vanesa se vino inmediatamente en un sonoro orgasmo, y Manuel lo hacia dentro de su mujer al poco tiempo, mientras mi mujer lamia los restos que salían de la vagina de Silvia. Esta cogió mi polla, ya fuera, y comenzó a chuparla para dejarla limpia y casi en plena forma de nuevo. Manuel aparto el culo de su mujer de la cara de su hermana, e introdujo su polla en su boca, para que hiciese lo mismo con ella.

    Levantamos a Vanesa de la cama tras desatarle las manos, pero aun con la barra en los tobillos. Tuvimos que sujetarla para que no se callera al suelo. Se veía exhausta. Manuel saco unas correas de la maleta y hábilmente ato las manos de su hermana, una al cabecero y otra al lado de los pies de la cama, quedando en cruz. Por su boca y su entrepierna resbalaba un fluido mezcla de semen, saliva y sudor, y el maquillaje de su cara estaba diseminado por toda ella. Ese aspecto grotesco, me excito de nuevo, había soñado ver esa imagen delante de mí muchas veces, pero nunca pensé que sería la mujer que tanto quería.

    Manuel me acerco un látigo, y Silvia le ponía de nuevo las pinzas en los pezones, esta vez conectadas a unos cables que iban a una caja que ella tenía en la mano. Además de cada pinza colgó unas pequeñas pesas que estiraban de los pezones hacia abajo con fuerza. La primera descarga no tardo, y debió de dolerle, pues el grito fue grande, acompañado de una lágrima en su ojo derecho.

    Paramos? Le dije. A lo que negó con la cabeza

    Manuel le puso la mordaza de nuevo. Empezamos a acompasar descargas en los pezones, con el látigo por todo el cuerpo. No imprimía demasiada fuerza, pues no quería dejarle marcas, pero la suficiente como para que su cuerpo fuese tomando un color rojizo en las zonas castigadas, especialmente nalgas y pechos. Un buen rato después, paramos. Manuel se puso tras ella y le saco el dildo del culo, que aun seguía ahí. Silvia lo chupo con lascivia, mientras Manuel aflojaba un poco las correas y sentaba a Vanesa sobre él, y le metía la polla en el culo, que aun no había probado. Yo frente a ella. Levante la barra de sus pies, me acomode entre sus piernas y de un golpe volví a metérsela en el chorreante coño. Atada en cruz a la cama, semisentada sobre su hermano con su polla en el culo y la mía en el coño, Silvia se afanaba en darle descargas en los pezones y lamerle toda la cara. Tardamos muy poco en volver a corrernos los 3. Desatamos a Vanesa y Silvia se ocupo de limpiar todo el semen que de ella salía, mientras Manuel y yo, uno a cada lado de la cama, le quitamos el bozal, para que hiciera lo propio con nuestros miembros.

    La verdad que se nos veía cansados a todos, sobre todo a Vanesa, pero ese afán en chuparnos la polla, la situación, Silvia limpiando con la legua cada rincón de su cuñada, todo eso junto provoco en mi otra semiereccion. Yo no me creía lo que estaba viviendo con mi edad, y mucho menos con quien. El colmo ya fue cuando Silvia se coloca en postura de 69 sobre Vanesa, y las 2 empiezan a comerse los coños como si hubiesen sido lesbianas toda la vida; Me situé detrás de mi cuñada, mi polla medio erecta entre sus nalgas, recibía lametones de mi mujer y volví a estar en forma al momento. Observe un dildo en el culo de Silvia, que no dude en sacar y sustituir por mi polla inmediatamente, pues era la que menos había disfrutado en su cuerpo durante el fin de semana. Alterne envites en su culo y su coño, mientras Manuel, que llevaba un rato comiendo el coño de Vanesa junto a Silvia, se acomodo y penetro a su hermana, medio de lado. Estuvimos un buen rato dándole en esa postura. Silvia fue la primera en correrse, mientras mi polla estaba en su culo y su clítoris en la boca de Vanesa. Esta se corrió casi de inmediato, presa de la follada de su hermano y la comida de coño que le proporcionaba su cuñada. Manuel lo hizo de inmediato al ver a su mujer y su hermana presas de un orgasmo incontrolado, y detrás me vine yo, que no pensaba que quedara más semen en mi interior. Silvia se aparto un poco para, una vez más limpiar la polla de su marido y el coño de su cuñada, mientras esta, se afanaba en chupar y limpiar la mía, y un chorro resbalaba desde el culo de Silvia, sobre su boca.

    Poco a poco nos fuimos separando, a los baños, a ducharnos y descansar. Esa noche dormí como un niño, pero mil imágenes me venían continuamente a la cabeza. Lamente no tener una cámara y haberlo grabado todo, para poder creerme en un futuro que no había sido un sueño.

    Al día siguiente nos levantamos, desayunamos, y Vanesa dijo:

    Jamás pensé que pudiera pasar lo que paso, disfrute como una loca, pero lo que paso aquí, aquí se queda. Nunca hablaremos de ello, y jamás se repetirá.

    Todos asentimos con la cabeza, pero a mí me invadió una tremenda pena

    Volvimos a casa, a nuestras rutinas. Vanesa comenzó el tratamiento de nuevo. El sexo volvió a espaciarse en el tiempo, y los orgasmos desaparecieron una vez más. Yo volví a mis fantasías, el porno y la masturbación.

    Mi lado oscuro

    Y llego la navidad. Volvimos a juntarnos todos, en lo que yo pensé, sería una situación incómoda. Nada más lejos de la realidad. Todo parecía normal. Silvia había adelgazado bastante y se veía fabulosa. Creí ver alguna mirada furtiva hacia mí, pero la situación era tan normal que pensé que serian imaginaciones mías.

    En un momento que coincidimos en la cocina solos, Me paso un pendrive, me miro y me dijo:

    No puedo olvidar este verano. Cada vez que veo esto me pongo a mil, pero Manu, no quiere ni oír hablar del tema

    Cogí el lápiz imaginándome lo que era, pero pregunte:

    Lo grabaste?

    Todo, me respondió

    Vanesa tampoco ha vuelto a decir nada, y con el tratamiento, el sexo ahora da pena, la verdad. Además, hacer el amor como antes, a mi ya no me llena.

    A eso, le puedo poner solución yo. Llámame, no te arrepentirás. Dejemos a los aburridos hermanos negando lo que paso y negándose a ellos mismos que les gusto

    Esa noche me levante a ver el video en el ordenador, y cayeron 2 pajas. Parecía una película de las buenas, con guion establecido. Todo fluía como ensayado o dirigido, pero éramos nosotros

    Una cosa debo dejar clara, ni disfruto viendo a mujer con otro, ni lo soportaría, pero la situación con su hermano y su cuñada, era excitante al, máximo. Eso, unido a la casi ausencia de sexo con Vanesa terminó por decidirme a llamar a Silvia. Un día, en pleno visionado del video de la cabaña, me encontré con el teléfono en la mano llamando a mi cuñada.

    Si que has tardado en decidirte, me dijo. No puedo hablar ahora, pero estas de suerte, apunta esta dirección y búscate la vida para ir esta tarde.

    Y eso fue todo. Colgó.

    Esa tarde, argumentando una reunión, y aprovechando el turno de tarde de mi mujer, me dirigí a la dirección indicada. Era un chalet en la zona rural de mi localidad, bastante alejado, pero relativamente cerca de la ciudad. Me dirigí al aparcamiento trasero, donde había varios vehículos, entre ellos el Mini de mi cuñada.

    No había terminado de aparcar, cuando la vi en la puerta trasera de la casa. Estaba visiblemente más delgada que la última vez que la vi, enfundada en un ajustado vestido negro, con botas por debajo de la rodilla y el pelo recogido en una coleta, muy sexy.

    Me recibió con un beso en la boca, que no me esperaba, me cogió de la mano y me llevó dentro.

    No pierdas detalle, haz lo que te diga, y mantente callado. Eres mi invitado y respondo por ti, no me hagas quedar mal

    Fuimos a la parte de debajo de la casa, donde un enorme salón con chimenea estaba decorado con motivos de caza, unos sofás de piel alrededor de lo que bien podía ser una pista de baile, por el tamaño, pero que estaba tomada por una especie de potro medieval, una cruz en x, una cama con bisel, de la que colgaban varias correas y grilletes, un pequeño armario con todo tipo de látigos, fustas, dildo, consoladores, etc. Y delante de todo eso, 3 chicas, de rodillas, completamente desnudas, con los ojos cubiertos, las manos en la espalda y los pezones mordidos por pinzas metálicas con pequeños pesos colgando de ellos. Pude ver que los sofas estaban ocupados por unas 8 o 9 personas, entre los que pude distinguir al menos 2 mujeres.

    Mi cuñada se puso un antifaz a la vez que me ofrecía uno. En ese momento un hombre, se acerco al centro del cuarto, y dijo:

    Hoy tenemos 2 invitados, sus maestros, responden por ellos. Las 3 chicas han firmado sus contratos, tienen informe médico favorable y saben la palabra clave para parar lo que les estéis haciendo en ese momento. Si alguien, después de escucharla, continúa con la acción, será expulsado inmediatamente, con represalias, por supuesto. Ya lo sabéis de otras veces, y los nuevos, que lo recuerden. Dicho esto, las perras son vuestras, tenéis 6 horas, en grupos de 3, los invitados no se cuentan, pero pueden participar si el resto del grupo en el que están, se lo permite.

    Dicho esto, se retiro, quedando solo iluminada el centro de la habitación.

    Silvia me tomo de la mano y me llevo al centro, donde se junto con una pareja, que parecía conocer bastante bien. Tras una pequeña charla entre susurros, escogieron la chica del centro.

    La llevaron por la correa que pendía de su cuello a la x, donde la ataron por las extremidades de cara ella. Observe que entre sus nalgas tenía un plug anal, bastante “lujoso”, terminado en una imitación de piedra preciosa.

    Silvia cogió un bote de aceite o lubricante y aplico una capa generosa por el cuerpo de la chica, incidiendo bastante en las nalgas y la entrepierna.

    A penas se había separado, un sonoro latigazo impacto en el culo de la chica, que le arrancó un pequeño grito, mezcla de dolor y de la sorpresa del inesperado golpe. La mujer que tenía a mi lado blandía el látigo, despojada de la ropa que la cubría, lucía un mono de latex, que dejaba adivinar su voluptuosa silueta que tendía al sobrepeso, pero con una delantera más que aceptable. Al primero, siguieron una serie de 19 latigazos mas, incidiendo la mayor parte en el culo, que ya se veía rojizo y algo inflamado. El hombre me indicó que le acompañara, y me mandó sacar el dilatado del culo de la chica. Lo hice con sumo gusto, y ella respondió con pequeño gemido de alivio, que no me extraño, porque a pesar del corto tamaño, el diámetro era considerable. Tanto que una vez sacado, el esfínter no se cerraba, mostrando un dilatado acceso al cuerpo que allí estaba siendo usado. El hombre, unto sus dedos en la espalda de la mujer atada, en una mezcla de sudor y aceite y comenzó a meterse los por el dilatado culo, uno, dos, tres y hasta cuatro dedos entraban y salían de ella. En un momento, cambió los dedos por su miembro. Una enorme polla, con un diámetro como jamás había visto. He de decir, que en cierto modo me acomplejo y me dio envidia, pues era evidente que el mío no estaba a la altura de aquello. De todos modos, no creo que esa noche fuese a tener la ocasión de usarlo, al menos fuera de mis pantalones, porque dentro, amenazaba con salir en cualquier momento. El hombre terminó de correrse con un sonoro jadeo. Estaba empapado de sudor, y por las piernas de la hermosa joven caía un reguero de semen, que resbalaba rápido por el sudor y el aceite. Ella parecía desvanecida. El hombre comentó que se iba a lavar y tomar algo

    Mi cuñada se acerco por detrás y me bajo la cremallera, deslizando su mano dentro de mi bragueta, y cogiendo mi miembro. Lo saco fuera y se arrodilló para introducirlo por completo en su boca, no tardando mucho en soltar toda mi leche en su garganta. Mientras ella se afanaba en chupar y limpiar mi polla por completo, dejándola prácticamente lista para otro asalto, la otra mujer acomodaba a la chica, de frente a nosotros en la cruz, con los brazos atados a ella y las piernas colgando, completamente abiertas, de sendas poleas del techo, mostrando su sexo abierto y expuesto a cualquier cosa. La mujer se colocó un arnés con un consolado dentro de ella, y un enorme fallo con pequeñas protuberancias en todo el, apuntando a la indefensa chica. No se hizo de rogar, y se lo metió de golpe, a lo que la muchacha respondió abriendo enormemente los ojos, he intentando gritar sin éxito, pues la mordaza que tenía en su boca lo impedía. La mujer comenzó a follarla con ímpetu, y por las expresiones, creo que las 2 se corrieron a la vez. Mientras mi pene lucia de nuevo listo para la batalla, gracias al meticuloso trabajo de mi cuñada. Pude ver al fondo de la sala, sobre la cama, al hombre que nos había acompañado, follando por turnos, junto a otros 3, a otra chica atada boca abajo en la misma. Se apreciaba su culo muy dilatado y enrojecido. Sin darme cuenta, un látigo de siete colas, estaba en mi mano, y la mujer me decía que castigará el coño de la esclava. Lo hice sin miramientos, y con bastante fuerza, bastante más de la que me atreví a aplicar sobre mi mujer en nuestra fiesta privada de hacía unos meses. Varios golpes después, los gritos ahogados de la chica me devolvieron a la realidad. Su coño estaba enrojecido e hinchado y algunas marcas en sus muslos parecía que iban a empezar a sangrar de un momento a otro. Me sentí en parte mal, por el severo castigo y en parte muy excitado, tanto que a un pequeño gesto de la cabeza de la otra mujer, introduje mi polla en la chica de un golpe y sin miramientos. Me extraño lo fácil que entro. Estaba claro que el castigo infligido la había excitado sobremanera. Me la folle con rabia, sacando mi polla casi entera fuera para volverla a meter de golpe hasta el fondo, una y otra vez, mientras tiraba de los pesos en las pinzas de los pezones, estirando tanto estos, que parecía que se iban a desgarrar de aquellas formidables tetas ,de un momento a otro. Me corrí dentro de ella al poco tiempo. En seguida mi cuñada, me tomo de la mano, y me acompaño, a través de una puerta que no había visto, a un pequeño baño, donde, afanosamente volvió a chupármela hasta dejarla completamente limpia y semierecta de nuevo. Se subió un poco el vestido, se inclino sobre el lavabo y me ofreció su generoso culo, desnudo. Jugué con mis dedos un poco en su húmedo sexo, pellizcando su clítoris, sus jadeos me pusieron a tope otra vez, y se la metí sin más, mientras introducía mi dedo medio en su culo. Responso con sus manos separando sus nalgas, a lo que respondí sacando mi polla de su coño, y empujando mi ansioso glande contra su esfínter, que se abrió para dejarme paso a su cálido interior. Bombee con fuerza varios minutos, hasta que me corrí de nuevo. Llevaba tiempo sin follar, mucho tiempo, y se notaba. Terminé de eyacular en su culo, mientras la masturbaba con mi mano, y se corría entre jadeos y contoneos. Me zafe de ella e inmediatamente, una vez más se afano en dejarme el miembro limpio, pero esta vez no hubo erección.

    Nos dimos una buena ducha y nos vestimos, el tiempo se me echaba encima. Salimos al aparcamiento desde el mismo baño. Ya en la puerta de su coche me dijo:

    Este es mi mundo. Manuel lo desconoce, me gustaría hacer todo esto con él, pero se asustaría si lo supiese. La maleta de casa se uso alguna vez, muy suavemente, hace tiempo. Cuando yo pedí más, se asustó y no quiso volver a jugar. Ahora desfogo en fiestas como esta. Solo torturo, y me masturbo, nunca follo, salvo hoy. Si llego a casa muy caliente intento hacerlo con el, normalmente lo consigo

    Tienes suerte, le respondí. Yo si no tiene ganas ella, rara vez lo consigo

    Suele pasar. Has probado anulando su voluntad? Me dijo

    No te entiendo, le respondí.

    Busco en la guantera y me extendió un pequeño vial.

    Esto es escopolamina. Cuando tengo muchas ganas de sexo duro, le doy a Manuel en una copa, Viagra, para asegurarme, y unas gotas de esto, para que no recuerde al día siguiente. Salvo algún moratón, y un dolor de polla como no recuerda en su vida, no sabe qué pasó durante toda la noche. Tampoco hace preguntas.

    Ya viste lo que pasó con Vanesa cuando estaba borracha, se prestó a todo. Prueba con esto, no te arrepentirás, pero no te pases, ni con la dosis ni con la frecuencia, puede ser fatal.

    Tome el frasco sin mediar palabra, me subí en mi coche y me fui. Deseaba probar cuanto antes, pero esa noche, yo no iba a estar a la altura.

    Pasaron varios días, y me hice con un pequeño “arsenal”, pinzas, electro estimulador, dildos, vibradores, una fusta, antifaz, esposas, lubricantes, etc. y el fin de semana me decidí. Evidentemente, y pese a mis continuos intentos, sexo cero. Así que el sábado, aprovechando que Vanesa con el pescado, siempre se toma una copa de vino, puse el plan en marcha. Eche en la copa una gota menos de lo que Silvia me había dicho, por si acaso, y cenamos. Recogimos y nos fuimos al salón, todo normal. En el sofá, yo tv, ella portátil. En un momento dado, se lo quite de la mano y deslice una mía bajo su camisón, atrapando un pezón entre mis dedos, y ahí vi que algo pasaba, algo había cambiado. No hubo rechazo, se dejo manipular, sin no me apetece, ni ahora no, simplemente se dejaba llevar. Le quite el camisón, y me dedique a mordisquearle los pezones, lamer y succionar, hasta dejarlos duros como piedras. Bajo el tanga que llevaba, asomaba bastante vello, fruto de la dejadez que le acompañaba desde hacia tiempo.

    Vamos al baño a arreglar esto, le dije. A lo que respondió asintiendo con la cabeza y levantándose.

    Con mi corta pelos le pegue un repaso a todo, dejándolo prácticamente sin nada, para continuar por los labios y el interior de los muslos con la cuchilla. Un trabajo esplendido, y un cambio radical.

    La lleve a la cama y siguieron los juegos. Mordaza, pinzas el los duros pezones, maniatada a la espalda, y generosa cantidad de lubricante en su culo. Un dedo, dos, tres, y plug dilatador dentro. Solo suspiros y gemidos, contoneos y jadeos, pero sin una queja. Varios fustigazos hasta que ese esplendido culo se torno rojo, y plug fuera. Comprobé con mis dedos que la dilatación era evidente, y poco a poco, mi polla fue entrando en el. Estaba disfrutando como un loco, tanto que tarde muy poco en correrme dentro de su culo.

    Le di la vuelta y le quite la mordaza, para sustituirla por mi polla, que lamio y chupo, con la habilidad que le caracterizaba, dejándome casi listo para otro asalto.

    Le solté las manos de la espalda y se las sujete por encima de la cabeza. Que recuerdos me traía aquella posición.

    Uní los cables del estimulador eléctrico a las pinzas de los pezones y le di varias descargas, que la hacían retorcerse y tensar la espalda. Esa tensión con mi polla dentro tenía que ser como rozar el cielo, pensé. Así, que de un golpe de cadera se la metí. Pensé meterle el glande solamente, pero entro entera, estaba empapada, estaba disfrutando a pesar de estar drogada.

    Con la polla dentro, le solté otra descarga, y al tensionarse su espalda contrajo los músculos pélvicos, atrapando con fuerza mi polla. No había sentido una penetración así, en mi vida, era como si desde su interior, me quisiera arrancar el pene. Que placer sentí.

    Seguí un rato jugando, pero pensé que las descargas podían dejarle marcas o dolor varios días, y no quería responder preguntas incomodas.

    Le solté las pinzas, y aun penetrada por mi, acerque uno de los vibradores y se lo puse en el clítoris, enrojecido e hinchado por el placer que estaba sintiendo. Empezó a retorcerse y jadear, hasta explotar en un sonoro orgasmo, que debieron sentir hasta en el bajo, y vivimos en un ático. Me sentí muy mojado, y vi que se había corrido, pero de verdad, estaba todo mojado, y por sus muslos caía un flujo brillante y abundante. Me arrodille sobre su cara, le sujete la cabeza y le metí la polla en la boca. Primero le deje hacer como ella sabía, pero en esa posición, y sin darme apenas cuenta, poco a poco comencé a bombear, y en un momento me vi follandole duro la boca. Ella se dejaba hacer, pero le molestaba, porque de vez en cuando, notaba en mis manos que intentaba retirar la cabeza, entre arcadas. Eso me excitaba aun mas, y continúe, hasta correrme de nuevo en su garganta. Le mantuve así un rato, hasta que note que de mi ya no salía nada más. Me aparte, para ver cómo entre sus labios se deslizaba un pequeño hilo de saliva y semen.

    Trágalo todo, me salió sin darme casi cuenta.

    Y obedientemente, se paso la lengua por la comisura de los labios y se trago.

    Pensé que se merecía otro orgasmo, y yo estaba exhausto, así que le introduje un consolador

    Y le acerque el vibrador de nuevo. Comencé a meter y sacar el dildo, mientras el vibrador zumbaba, volvieron los jadeos y los arqueos, y de nuevo estallo en otro orgasmo, más leve que el anterior.

    Me levante y la deje tumbada en la cama, aun con el consolador dentro. Recogí un poco, guarde todos los juguetes, y la acompañe a la ducha. Nos duchamos juntos, la enjabone y limpie muy bien, le saque el dildo, la aclare y la seque. Le di crema por todo el cuerpo, especialmente por su maltrecho culo y su coño. Si mañana no recordaba nada, la depilación de este, si que tendría que explicarla. Y no sabía que iba a decir

    Nos acostamos, y ya por la mañana sonó el despertador. Yo había dormido poco. Tenía una mezcla de sentimientos. Había disfrutado como un loco, pero me sentía mal. Había drogado a mi mujer para poder follarmela, o debería decir violarla? Que le iba a responder si me hacía preguntas? Estaba hecho un lio

    Cazador cazado

    Se desperezo como siempre hacia y me dio un beso de buenos días

    Me duele la cabeza, me dijo. Voy al baño y a tomarme algo

    Ok. Le respondí. Se te habrá subido la copa de vino, añadí. Me miro y sonrió

    Estaba preparando café, cuando llego a la cocina. Estaba súper sexy con el camisón semi transparente, que dejaba ver sus marcados pezones, y transparentaba su minúsculo tanga.

    No podía dejar de mirarla, y absorto en mis pensamientos, lujuriosos, por variar, me espeta:

    Acaso no tuviste bastante anoche? Aun quieres más?

    Quede boquiabierto, Lo recordaba? Que había fallado? Pero si parecía en trance!!!

    No sé a qué te refieres, Acerté a decir

    Vamos, no finjas. Te enumero todo lo que me hiciste? Empiezo por la depilación? O por cómo me follaste la boca?

    Yo no sabía dónde meterme. Que había hecho? Sin embargo, porque se dejo? Que iba a pasar?

    Lo, lo, lo siento, acerté a decir.

    No lo hagas, me dijo. Disfrutaste? Yo si lo hice

    Si, por supuesto, pero creí que estabas drogada, y ahora me arrepiento

    Ahora? Mientras me enculabas, o torturabas mis pezones, no parecías hacerlo, respondió.

    Agache la cabeza, ni sabía que responder ni me atrevía a decir nada, porque no tenía escusa.

    No te preocupes, si al final eres tú la víctima, dijo Vanesa.

    Lo que pusiste en mi copa, solo era suero. Llevo planeando esto con Silvia desde la cabaña. No me atrevía a pedírtelo, porque no sabía cómo reaccionarias, y ella me sugirió esto.

    Cómo? Entonces estaba todo preparado? No te drogue? Lo recuerdas todo? Lo sabías todo?

    Si, respondió.

    Pero??? No sé qué decir.

    Nada, no digas nada. Lo planee con ella, pero tardaste bastante en llamarla, aunque me dijo que estaba segura que lo harías. Luego me aviso, quedo contigo y te llevo a “su lugar” a que aprendieras un poco, jaja

    Aprender? Sabes todo lo que paso allí?

    Todo. Y mi hermano también. Realmente fue todo idea suya, lo hablamos hace tiempo ya

    Ok. Ósea que al final soy la victima

    Victima? No pusiste ninguna pega en drogarme para poder satisfacer tus deseos, que por cierto, no están nada mal. Si hubieras sido más abierto conmigo, no habríamos tenido que llegar a esto.

    Abierto? No hablar más de las vacaciones fue idea tuya y de tu hermano. No tener sexo y descuidar tu aspecto es cosa tuya. Yo lo intento casi a diario.

    No lo intentes, hazlo, es lo que llevo años esperando. Tuve que emborracharme para que pasaras a la acción, y dejarme drogar para que repitieras.

    Quieres decir? Me callé, piensa rápido, me dije

    Bájate las bragas, me salió sin pensar, y date la vuelta, espete

    Y para mi sorpresa, sin mediar palabra, se bajo el tanga, se giro, y como leyendo mis pensamientos, se inclino sobre la mesa de la cocina.

    Me acerque por detrás, le cogí las tetas sobre la fina tela del camisón, y me baje el pantalón.

    Acerque mi mano a su entrepierna, y estaba empapada. Dirigí mi polla a su húmedo coño, y se la metí, lentamente. Con una mano, presione su espalda contra la mesa, mientras la otra pellizcaba uno de sus pezones y manoseaba su duro pecho. Comencé a bombear con más ritmo y fuerza, ella empezó a jadear, y nos corrimos a la vez, en un sonoro y acompasado orgasmo. Me retire un poco, y sin decir nada, Vanesa se arrodillo delante mío y comenzó a chuparme la polla como solo ella sabía. Termino de dejarla limpia y se incorporo. Un hilo de semen resbalaba entre sus muslos.

    Se me ocurrió decir: No desperdicies nada

    A lo que, sin mediar palabra, con sus dedos, recogió el semen, introduciéndolos posteriormente en la boca, lamiendo golosa e insinuante. Volvió a deslizar la mano entre las piernas, introdujo varios dedos en su mojado coñito, y repitió la maniobra. Mirándome con ojos de vicio, me pregunta:

    Esta mejor así?

    Mucho mejor, le dije.

    A partir de ese día, nuestra vida sexual cambio por completo. Alternamos sexo duro, con sexo pasional, bondage y fetichismo, con románticos encuentros, y como pareja, estábamos en una infinita luna de miel después de 10 años casados.

    El viaje sin retorno

    Volvimos a coincidir unas vacaciones con mis cuñados. Solo nos habíamos visto en contados encuentros familiares, pues por trabajo, se habían ido a vivir fuera. Yo era reacio, pues a pesar de que todo empezó con ellos, ahora tenía miedo que algo pudiera estropear lo que teníamos. Pero el día llego, y allí estábamos de nuevo los cuatro solos. Que pasaría?

    El encuentro fue muy normal. Besos, abrazos y risas, nada fuera de lo común en una relación familiar. Contando banalidades de todo el tiempo que no nos veíamos, el nuevo trabajo de Manuel, la salida por completo de la enfermedad de mi cuñada, y lo bien que se encontraba, el finalizar el tratamiento de mi mujer, la buena marcha de mi negocio, etc., etc.

    Esta vez, estábamos en un apartahotel de la costa andaluza. Queríamos sol y descanso, y desconexión de la rutina. El crio estaba de campamento, y teníamos una semana entera por delante para nosotros. Después de instalarnos, y ver el apartamento, que tenia jacuzzi en la terraza así como una pequeña piscina, nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo y buscar un sitio para cenar.

    Regresamos al apartamento, y nos servimos unas copas en la terraza, todo muy cordial y tranquilo. Hicimos planes para el día siguiente, y nos fuimos a dormir. Parecía que la semana iba a ser muy tranquila.

    Al día siguiente, cogimos un 4×4 de alquiler y nos marchamos a una cala que Vanesa había visto por internet. Tardamos más de media hora, atravesando un bosque y pistas sin asfaltar, que hicieron mi delicia, soy un apasionado del todoterreno desde siempre, y llegamos a la cala. Me sorprendió que estuviéramos completamente solos, a pesar de ser Julio y las 11 de la mañana. Aparcamos y bajamos.

    Colocamos toallas y demás y las chicas, comentaron que mientras no hubiese nadie, harían topless. Silvia lucia una bonita figura, era evidente lo que había adelgazado, pero sus tetas, seguían siendo de un buen tamaño. Sus pezones estaban duros y exultantes y pude apreciar en su culo varias marcas relativamente recientes, pero curadas, de haber recibido látigo o fusta. Me empalme solo de imaginarla atada y castigada.

    Vanesa, estaba esplendida, dejar el tratamiento la había hecho bajar algún kilo extra, el gimnasio la mantenía muy en forma, y la genética, mantenía todo en su sitio, a pesar de los 46 años recién cumplidos. Sus tetas, pequeñas pero firmes y duras, y esos pezones, duros como piedras, siempre insinuantes. De hecho, pocas veces iba sin sujetador, por lo mucho que se le marcaban, lo que la hacía sentir incomoda y observada.

    Me pidió un poco de crema y se tumbo en la toalla para que se la pusiera. Insisti, para mi deleite, en esas dos pequeñas montañas, con la escusa de que su blanca piel podía quemarse. El magreo y el roce con los pezones, incremento mi excitación, dejando un buen bulto en mi bañador. Manuel no había perdido ojo en ningún momento, mientras extendia crema sobre la espalda y muslos de Silvia, tendida boca abajo. Observe también un buen bulto en su entrepierna. Nunca había hablado de lo ocurrido hacia un año, pero era evidente, que también lo recordaba por como miraba a su hermana.

    Pasamos la tarde entre sol y baños, y acordamos irnos a duchar y cambiar para salir al atardecer a tomar algo antes de cenar.

    En el apartamento, mientras nos turnábamos en la ducha, tomamos varias cervezas, y ahí empezó un poco a cambiar la cosa. Las cuñadas salieron ya arregladas, muy sexis. Silvia con un vestido bastante corto y ajustado, con generoso escote, dejaba ver la parte de arriba de un biquini negro anudado a su cuello, pero sus tetas, amenazaban con escapar de aquella cárcel de tela. Vanesa llevaba una minifalda vaquera y un top, y para mi sorpresa, sus pezones delataban que iba sin sujetador.

    Silvia, como siempre, llevaba la voz cantante, y entre risas y miradas de complicidad con mi mujer, nos dijo:

    Tomar uno de estos mandos cada uno, extendiéndonos 2 mandos a distancia similares a los de un garaje, “nos controlan”, jajaja

    Manuel y yo nos miramos sin saber de qué iba la cosa, y ellas se partían viéndonos la cara de sorpresa

    Nos hemos puesto unas tangas vibradoras, y las controlan esos mandos, pero no sabéis cual controla a quien, y vamos a intentar toda la noche que no lo sepáis, mientras, podéis usarlos a vuestro antojo, intercambiarlos, lo que queráis. Gana el que acierte y pierde la que tenga un orgasmo antes, bueno o gana, según se mire, jajaja rio. Y salimos

    Con el mando en mi bolsillo, apreté un botón, pero no parecía ocurrir nada, las chicas iban delante y no note ningún cambio ni estimulo en ninguna. Mire a Manuel, que llevaba el mando en la mano, i le iba dando toques a los botones, pero tampoco parecía pasar nada. Le imite, y después de unos metros caminando, las chicas se detuvieron, se dio la vuelta Vanesa, y mirándonos dijo:

    Aflojar un poco, o no llegamos a la cena

    Un rubor ligero se apreciaba en sus mejillas, y sus pezones parecía que iban a rasgar la tela del top.

    Seguimos a una terraza cercana, frente al paseo marítimo.

    La calle estaba concurrida, y la noche era perfecta. Unos 24 grados y una ligera brisa

    Sentados, me dedique a observar a una y otra mientras daba toque al mando. En un momento creí que tenia a Silvia, porque pareció quererse acomodar en la silla, incomoda, pero siguió hablando tranquilamente. En otro momento era Vanesa, la que se movía, pero no podía tener claro nada. Le susurre a Manuel:

    Si se levanta una al baño, le das tu al mando sin parar, a ver si la que queda hace algo

    Manuel asintió.

    Seguimos tomando algo y alternando los mandos. Pero nada parecía suceder. Eran realmente buenas, o todo era una farsa.

    Llegamos al restaurante, y teníamos una mesa en la terraza, apartada del resto, porque no queríamos tener el humo de los fumadores encima. Silvia se levanto al baño, y Vanesa quedo sentada sola frente nosotros.

    Al rato, estaba moviéndose, contoneando la cadera y mordiéndose el labio inferior, mientras nos miraba, como pidiendo clemencia. Sus pezones estaban aun si cabe, más duros y provocativos. Mantuvimos la cara de póker, estaba claro quién tenía su mando, pero ella no lo sabía. Silvia se sentó, y Manu paro.

    Vanesa dijo:

    Menos mal que llegaste, estos hijos de puta, casi hacen que me corra aquí mismo y no sé quien fue

    Los cuatro nos reímos, y comenzamos a cenar. La noche prometía.

    Los 4 juntos, pasábamos de una relación normal entre hermanos y cuñados, a la más absoluta complicidad, en un abrir y cerrar de ojos. Quien más me asombraba era Vanesa, por como solía ser de recatada, aunque últimamente estaba más desinhibida conmigo, y nuestra relación había mejorado como de la noche al día.

    Decidimos ir a bailar un poco. Un par de copas, unos bailes, risas, y unos mandos a distancia intercambiados. Yo tenía a Vanesa ahora. Empezamos a bailar de nuevo y Vanesa se me abrazo diciendo:

    No sé quién de los 2 es, pero ya me corrí 2 veces, y estoy cachondisima otra vez

    Sonreí, pensando lo morbosa de la situación, pero me extraño, porque yo no estaba pulsando el botón

    Vamos al apartamento? Le dije

    Si, respondió

    Chicos, nos vamos, os venís? Preguntamos a Manuel Y Silvia

    Sí, yo necesito follar ya!! Exclamo ella

    Volvimos al apartamento, con varias paradas para morreos y magreos en zonas oscuras, cada uno con su pareja. Los toques en los mandos eran continuos. Al llegar, Silvia dijo:

    Lo primero es lo primero, el juego. Quien me manejo a mí al principio? Yo lo sé porque repartí los mandos

    Yo? pregunte

    Sí, yo también lo creo, Dijo Manuel

    Cierto dijo Silvia

    Ángel, me dijo. Hiciste que me corriera 3 veces, eres un cabron

    Yo lo hice 2, hermanito, ya te vale, dijo Vanesa entre risas

    Bueno, pues parece que somos los ganadores, acertamos y vosotras no lo soportasteis, cual es nuestro premio? Dijo Manuel

    Y empezando a desnudarse entre ellas, ambas respondieron al unísono:

    Nosotras, y se fundieron en un apasionado beso

    Se fueron quitando la ropa entre besos y caricias, y cuando llegaron a los tangas, estaban empapados, parecían recién sacados del agua. Se veía que habían disfrutado y que estaban como perras en celo las dos. Desnudas, Silvia se tumbo en el suelo, mientras Vanesa ponía su húmedo coñito en su cara y tomaba su clítoris en la boca, y lo succionaba y lamia golosamente. Silvia a su vez hacia lo propio. Manuel se acerco al trasero de su hermana, se agacho y acerco su mano a la húmeda vagina, mientras su mujer seguía lamiendo su clítoris. Introdujo un dedo dentro de ella, y jugueteo un rato, para luego meter dos, tres y hasta cuatro dedos. La tenía como loca. Yo me tumbe de lado frente a la cara de mi mujer y saque mi erecta y dura polla para acercarla al coño de mi cuñada. Vanesa, hábilmente pajeada por su hermano, dejo un momento el coño de Silvia para tomar mi polla en su boca y chupar y lamer como ella sabía. De repente, note que mi pene se hundía completamente en su boca, rozando su garganta y provocándole una arcada. Su hermano acababa de meterle la polla de un fuerte envite mientras me la chupaba y sin esperarlo. Seguimos un rato así, pero Silvia había quedado desatendida momentáneamente, por lo que dirigí mi polla a su coño, y la penetre. Vanesa volvía a comérselo mientras yo me la follaba. Por detrás, Manuel se corría dentro de ella, y el semen que escaba de sus entrañas era hábilmente lamido por Silvia, quien a su vez hacia correrse a Vanesa con su boca ayudada por la follada de Manuel. Un momento después era ella la que lo hacía, mientras le comía el coño Vanesa y yo seguía penetrándola. Tarde muy poco también en notar que me venía, y justo antes, saque la polla de su interior para correrme sobre su depilado coño, y en la cara de mi mujer, que intentaba recoger con la boca y lengua todo lo que podía. Fue un polvazo. Acabamos rotos. Nos dimos un chapuzón en la piscina y nos fuimos a dormir.

    Las vacaciones habían empezado de la mejor manera posible, y solo podían ir a mejor, estaba claro. Jamás pensé que ver a mi mujer entregarse a otro hombre, no solo no me importaría, si no que me excitaría, pero no era un hombre cualquiera, no era un desconocido, un amante, era su hermano, parte de la familia, y todo quedaba en casa; eran justificaciones, o era realmente así? Si la viese follando con un desconocido, me pasaría lo mismo? No lo sé, pero tampoco quiero descubrirlo.

    Al día siguiente por la mañana, Manuel estaba mirando páginas de internet de la zona para hacer actividades juntos, pero no de excursiones ni playas, estaba visitando una donde alquilaban mazmorras BDSM totalmente equipadas. Me miro y me pregunto qué me parecía.

    La verdad, que estaban muy bien, con inspiración de antiguo castillo e instrumentos tipo medieval, era excitante. Me dijo que teníamos toda la noche uno alquilado, y se lo comunico a las chicas. Quede un poco asombrado, y excitado.

    Pasamos el día en la playa, comimos y volvimos al hotel. Nos cambiamos y cogimos uno de los coches para ir a la dirección indicada. Era una antigua casa de labranza a las afueras de la ciudad, muy discreta y arreglada. Aparcamos en la zona reservada y nos dirigimos a la puerta.

    Nos abrió un hombre de unos 45 años, alto, moreno y fuerte, bien vestido, que pregunto el numero de reserva. Manuel le respondió, y tras consultar su Ipad, dijo:

    Todo correcto. Santa Inquisición, sabia elección. Su primera vez?

    -En algo así, si, pero tenemos experiencia en mazmorras modernas, ellos no, dijo Manuel señalándonos

    -Perfecto, acompáñenme, dijo el hombre.

    Nos guio por el caserío, elegantemente decorado y con muchas puertas cerradas por todos lados. Cruzamos un patio trasero y fuimos dirección a lo que debieron ser caballerizas o cuadras en su momento. Nos paramos frente a una puerta de madera antigua y enorme, decorada con una cruz templaria. La abrió y era una recreación total de una antigua mazmorra o celda de cualquier película medieval, con cruces, potros, látigos, grilletes, incluso un fuego con hierros para marcar dentro. Toda la iluminación era de velas.

    -En la puerta del fondo tienen un cuarto para descansar, con lavabo, ducha y nevera con bebida y comida. Tienen hasta las 11 de mañana para salir. La Mazmorra esta completamente insonorizada, y tienen un telefonillo dentro del cuarto que les contacta conmigo si necesitan algo especial. Por ser su primera vez, y de manera totalmente gratuita, tiene los servicios completos de un sumiso o una sumisa del local.

    -En unos 15 minutos, en cuanto se acomoden, pasare con los que estén libres para que escojan.

    Se despidió y nos dejo. Fuimos al cuarto a dejar las bolsas y dimos un vistazo rápido a todo el sitio. La verdad que empezaba a estar muy excitado. Vanesa y Silvia reian de forma nerviosa mirando los instrumentos.

    Llamaron a la puerta. Era el hombre, que entro seguido de 3 mujeres y 2 hombres. Las chicas estaban muy bien, desnudas completamente, con la mirada fija en el suelo. 2 morenas y una rubia. Creo que los 4 nos fijamos en la misma morena, de unos 25 años, de generosos pechos redondos, con pezones atravesados por piercings, y un gran tatuaje de un dragón en el costado. De los hombres, destacaba un menudo pelirrojo, de unos 30 años, de cuerpo muy definido, pero delgado, pero con un pollon de buenas dimensiones colgando, aun en reposo. Me dio un poco de envidia, la verdad. Las chicas se miraban entre ellas y miraban la entrepierna del chaval.

    -Creo que nos quedamos esta, dijo Manuel señalando a la morena del Tattoo

    -Buena elección, María nunca defrauda. La palabra de stop es FUEGO, peo nunca en los 3 años que lleva aquí, la ha usado, su nivel de aguante al dolor es elevado, y además es muy zorra, se corre como una loca. Veo que las señoras se han fijado en Damián. Es muy complaciente y muy sumiso. Le encanta ser humillado y usado. Si lo desean, pueden solicitar el cambio de sumiso y probar a media noche con él, solo llamen y se lo traigo. Que disfruten

    Dicho esto se fue con las dos mujeres y los dos hombres.

    María entro, se dirigió a una esquina y se arrodillo sin mediar palabra, con la vista siempre al suelo. Manuel fue al cuarto y nos pidió que le acompañáramos a ponernos cómodos.

    Nos desnudamos y salimos fuera. No sabía bien por dónde empezar y el tomo las riendas.

    -Vanesa, dijo a su hermana, ven a la cruz.

    Vanesa fue sin decir nada, y se puso de cara a ella. Manuel la sujeto con las correas que había por las muñecas y los tobillos, en forma de x totalmente abierta, indefensa y expuesta. A Silvia la llevo a un potro, donde apoyándola sobre el vientre, amarro sus manos a un lado y las piernas totalmente separadas a las patas del potro, con su culo y coño bien expuestos y abiertos. Llamo a María y la hizo tumbarse en una mesa de madera, con una gran polea en uno de los lados, era la típica donde se estiraba a los presos hasta desmembrarlos. La ato de piernas y manos, boca arriba, y le puso una mordaza. Yo ya no cabía en mí de excitación.

    3 mujeres totalmente indefensas y expuestas para nuestro deleite, uso y disfrute.

    Fui directamente a la mesa y tense la polea un par de vueltas. El cuerpo de María se tenso, arqueando la espalda y exponiendo sus enormes tetas. Agarre una fusta y se las empecé a golpear, dejando varias marcas rojizas en ellos. Tense un poco más la polea y le puse unas pinzas en los erguidos pezones. Eran metálicas y bastante fuertes, y apretaban sin piedad. María se retorcía y babeaba, pero no soltó ni un gemido, sin embrago su raja empezaba a lubricar, y su cuerpo a sudar. Me fije en Manuel, que había amordazado a su hermana, y comenzaba a azotarla con un látigo de varias colas. Le daba bastante fuerte, porque las marcas se dejaban ver enseguida. Le comete que no la marcara mucho, que nos quedaban días de playa, a lo que, con cara de resignación acepto, después de descargar un golpe más duro que los anteriores, respondido por un ahogado grito de Vanesa. Le unto aceite en la espalda y nalgas, para que los latigazos doliesen igual pero marcaran menos.

    Me dirigí a mi cuñada, amarrada al potro, y aun sin usar, intentado ver que hacíamos, per o no podía desde su posición. Para su mayor tormento, le vende los ojos y le tape la boca también.

    Unte su culo con mucho aceite y le lubrique bien sus dos agujeros, para después darle unos azotes con una raqueta de piel. A pesar del aceite, enseguida se puso rojo. Yo necesitaba follar ya o mi polla iba a estallar, cuando vi a Manuel haciéndolo con su hermana en la cruz, de manera bastante fuerte. Parece que los dos estábamos igual. Sin mas metí mi polla en el culo de Silvia, que la trago de golpe y sin resistencia. Ella se estremeció un poco y empezó a jadear, pero no le di tiempo a terminar, porque me corrí dentro enseguida. Seguí dándole un rato mas mientras veía a mi cuñado, que también había terminado de bombear dentro de su hermana. Los dos optamos por el culo, porque del de mi mujer, dilatado y rojo, salía un chorro de semen muslos abajo. Le quite la mordaza a Silvia y llame a Manuel para que nos chupara y limpiara la polla a los dos.

    Tensamos un poco más la polea de María, que ahora si parecía estar al límite, y en esa postura, comenzamos a azotar si vientre y sus pechos, con bastante fuerza. El látigo de 7 colas, además, dejaba algún correazo extra en su pubis, y alguno incluso llegaba a los labios de su vagina, arrancándole este algún gemido, por fin. Con una fina vara de bambú, le azote los inhiestos y turgentes pechos, y uno de los golpes, dio de pleno en un pezón, soltando de manera brusca la hiriente pinza de metal, que dejo el pezón muy marcado y enrojecido, y la hizo volver a gemir y arquear la espalda. Dimos por concluido el castigo aquí, y aflojamos la polea para dejarla descansar un poco. Soltamos también a Vanesa, pero para darle la vuelta y dejarla de frente, viendo por primera vez la totalidad de la sala. Manuel le puso unas pinzas en los pezones, similares a las que lucía María. Con una cuerda comenzó a rodear sus tetas, haciéndolas erguirse e hincharse por la presión de las mismas. A su vez, me mando tirar de las pinzas de los pezones, mientras con un cordel más fino, daba varias vueltas a estos, dejándolos muy erguidos también, Vanesa tenia semblante de dolor, y la saliva que caía de su boca, hacia brillar sus tetas y vientre a la luz de la velas de la mazmorra. De las pinzas, colgué dos pequeñas pesas metálicas, que estiraron los pezones hacia debajo de forma dolorosa, por su gesto. Con las piernas totalmente separadas y el sexo obscenamente expuesto, Manuel le puso otro par de pinzas en los labios, y una tercera en el clítoris, que la hizo chillar de forma audible. Esto pareció gustarle a su hermano, que comenzó a abrir y cerrar la misma varias veces. Consiguiendo el mismo resultado cada vez.

    A Silvia la pusimos en un camastro, similar a una silla ginecológica, tumbada sobre la espalda, con los brazos atados sobre su cabeza, y las piernas muy separadas atadas en unos estribos, dejando expuesto y totalmente abierta su entrepierna. En esa postura, Manuel le introdujo un dildo de madera hueco, que estaba unido por un tubo de goma a un pequeño depósito de agua que colgaba del techo. Abrió una pequeña llave de paso, y los 3 litros de agua empezaron a inundar su vientre poco a poco, mientras este se iba hinchando con el líquido. Sus pechos a la vez, sufrieron el mismo calvario de Vanesa, con las cuerdas y los cordeles, además de las pinzas

    Llevamos a María al potro, la atamos en la misma posición que había estado Silvia

    Y, viendo lo lubricada y excitada que estaba, y como nos habíamos puesto nosotros de nuevo, tras hurgar un poco su culo con mis dedos, se la metí de un golpe entera, y Manuel hacia lo mismo por su boca. Por los sonidos que emitía, debía estar follandole la boca con fuerza, porque se le escapo incluso alguna arcada, mientras yo seguía rompiéndole el culo con rabia.

    Después de un rato, quise probar lo que hacía Manuel e intercambiamos posiciones. Comencé a follarla por la boca, con la misma fuerza que hice en su culo, y notaba como mi glande se abría paso con los envites, garganta abajo. Estaba a punto de correrme, y se la deje metida, descargando todo mi chorro directo a la garganta, la saque un poco y ella comenzó a lamerme afanosa en limpiar todos los restos. Manuel ocupo mi lugar y tardo poco en acabar también en su garganta.

    Mientras Silvia se retorcía, con los 3 litros de agua completos en su interior y el dildo de madera, que le impedía evacuar todo el liquido, y Vanesa en la cruz, con los pesos colgando de sus pezones y sus labios, y las tetas de un color morado leve, por la falta de circulación debido a las ataduras, parecía no resistir mucho mas el tormento, por lo que procedimos a liberar momentáneamente a las 3 mujeres. Ordenamos a María que ayudase a Silvia a desalojar el líquido y después les hiciera correrse a las 2 mientras nosotros nos dábamos una ducha. Les dijimos a nuestras mujeres que cuando acabaran nos acompañaran.

    Después de ducharnos y reponer fuerzas, volvimos los 4 a la sala, donde María, sumisa, estaba esperando en la misma postura que al principio.

    -Esta zorra se ha dejado follar por nuestros hombres, y parece haberle gustado, tendremos que darle una lección, dijo Vanesa, mirando a Silvia, la cual asiento con una picara sonrisa en el rostro.

    Manuel y yo nos hicimos a un lado. La ataron de espaldas en la cruz y comenzaron a castigarla con fuerza, tanto con la vara de bambú, como con el látigo de 7 colas. Este ultimo llegaba muchas veces a las nalgas, que en algunas zonas, ya parecía que iba a brotar algo de sangre, pero María solo jadeaba y alguna lagrima resbalaba por su mejilla, aguantando estoicamente el castigo. Era impresionante. Silvia introdujo la mano entre sus piernas y dijo asombrada:

    -Pero si esta cachonda, la muy zorra, no sigas, que igual se corre!! Jaja A esta le hago yo decir la palabra, vaya si lo consigo

    Y dicho esto tomo un dildo metálico de gran tamaño, con protuberancias, y se lo introdujo entero dentro. Entro con facilidad, por lo que su humedad era obvia. El aparato, en la base, tenía una palomilla que al girarla, se abría en cuatro paredes, como un especulo medico, aumentado aun mas su tamaño, y dilatando el coño de María, que se retorcía y gemía, pero se dejaba hacer. Como seguía sin pedir parar, Vanesa, para mi asombro, tomo la iniciativa y tomo un hierro candente del fuego, y lo acerco al metal del consolador, aumentando su temperatura dentro de ella, pero seguía sin decir la palabra que terminaría con su sufrimiento. Acerco el mismo hierro a uno de sus pezones, casi tocándolo, pero el resultado fue el mismo. María estaba empapada en sudor, lágrimas y fluidos.

    Silvia vio en el fuego unas largas, candentes y afiladas agujas. Tomo una y unas tenazas. Cogió con ellas uno de los pezones de María lo estiro y acerco la aguja. Esta negaba con la cabeza, mientras Vanesa le decía:

    -Dilo, dilo

    Pero María solo cerró los ojos. Silvia acerco más la aguja, y le perforo el pezón con ella. María se retorcía y sollozaba, por momentos parecía flaquear, pero seguía aguantando. Vanesa, para nuestro estupor, hizo la misma maniobra en el otro pezón, con el mismo resultado. Ahora, con otro hierro candente, se dedicaron a calentar tanto las agujas como los piercings que atravesaban los pezones de María, arrancando alaridos de dolor, gemidos y contoneos, lagrimas y fluidos vaginales, todo el brutal juego, la estaba excitando sobremanera!

    Sin darnos cuenta habían pasado más de 6 horas ya. Vanesa y Silvia dieron por concluida la tortura a María, la soltaron y acompañaron al cuarto, donde la ducharon y calmaron sus heridas con cremas. Después la tumbaron en la cama, y la deleitaron con una comida de coño a dos bocas que le arranco un par de orgasmos. Nosotros estábamos tan excitados con lo vivido primero en la mazmorra, y la visión de aquellas tres mujeres en la cama, que nos acercamos por detrás a las dos, y las penetramos sin más. Yo, con mi mujer, no tardamos ni tres minutos en venirnos en un orgasmo simultáneo, mientras Silvia y Manu hacían lo mismo.

    Vanesa, con cuatro dedos en la vagina de María, y Silvia comiéndole el clítoris mientras le penetraba el culo con otro dedo, le arrancaron el tercero a ella.

    Dimos por terminada la sesión, y permitimos a María, que nos pidió permiso para hablar, quedarse un rato conversando y contándonos un poco su historia. Al rato llamamos para que viniesen a recogerla y el encargado nos ofreció los servicios del pelirrojo, pero las chicas desistieron, para nuestro agrado.

    Después de un rato de descanso, Silvia dijo que quería probar la mesa de estiramiento donde había estado María, que era la única que había pasado por ella. No soporto la mitad de vueltas que María había sufrido, lo que dejo patente su elevado grado de tolerancia al dolor. La verdad que ver el cuerpo de una mujer estirado al máximo, con la espalda arqueada exponiendo sus pechos al máximo, es una visión excitante. Vanesa, que inspeccionaba la mazmorra, se acerco al fuego donde estaban los hierros, y vio por primera vez, en lateral, un juego completo de abecedario, de letras muy elegantes y trabajadas, así como varios símbolos. Se acerco con la letra R , que es la primera letra de nuestro primer apellido, tanto el mío, como el de los hermanos , y el de mi cuñada, casualidades de la vida. Se acerco a Silvia y le susurro algo al oído, mientras esta asentía.

    -Os gustaría marcarnos como de vuestra propiedad? Pregunto de repente Vanessa. Con esta letra las 2 perteneceremos a ambos, que os parece?

    Manuel y yo nos miramos y casi al unísono preguntamos:

    -Estáis seguras?

    -Si, amos, respondieron las 2 a la vez

    -Ok, vamos a ello

    Manuel cogió el hierro y lo puso en el fuego, mientras yo me acerque a Silvia y tense un poco más la polea. Un quejido salió de su boca, arqueando aun más su espalda, eso me excito bastante.

    -Marcas tu a Silvia y yo a Vanesa? Dijo Manuel

    -Perfecto, respondí. Algún sitio concreto?

    -Elige tú, me dijo.

    Aprovechando la postura del torno, decidí marcarla en la entrepierna, muy cerca de vagina, pensé que sería muy erótico ver esa marca ahí, y además, practico, pues podría seguí usando bikini sin que se viera. Tome el hierro que lucía al rojo vivo, lo acerque, Silvia cerro fuertemente los ojos, apretó los labios, y la marqué. Un fuerte grito salió de su boca, y lagrimas recorrieron sus mejillas. En la postura que estaba, le era imposible retorcerse, mientras yo aguantaba el hierro firme, hasta que empezó a enfriar. Al retirarlo, una preciosa y labrada R quedo impresa en la zona, enrojecida y quemada. Cuando cicatrizase, luciría preciosa. Vanesa, veía horrorizada, que la idea igual no había sido tan buena.

    -Es un sitio perfecto para marcar, hermanita, te toca, dijo Manuel, mientras yo soltaba a Silvia para dejar el sitio libre para ella.

    La acompañe a la ducha y volví para el marcado de mi mujer. Si alguien me hubiese dicho meses atrás lo que estaba pasando, y el grado de lujuria y vicio que estaba alcanzo mi mujer en esta mazmorra, hubiera dicho que estaba loco.

    Puesta en torno, empecé a girar, y de primeras aguanto una vuelta más que su cuñada. Gire otro poco mas y empezaba a gemir y arquear, pero sin quejarse, un poco más, un poco más, hasta que empezó a rogar que parase. Menos de 2 vueltas le faltaron para alcanzar el límite de María, increíble. Lucía espectacular, estirada y arqueada al máximo, el cuerpo brillante por el sudor y los pechos expuestos y desafiantes. Pensé en como estaría uno de ellos con la marca muy cerca del pezón y me empalmé de inmediato.

    -No estaría mal marcarle las tetas eh? Dijo su hermano

    -Me has leído el pensamiento, respondí, pero se vería demasiado

    -Hacerlo, lo luciré orgullosa, jadeo Vanesa

    Manuel y yo nos miramos atónitos, y este no le dio tiempo a arrepentirse, estaba deseando hacerlo. Tomo el hierro, y muy cerca del pezón por la parte interna del pecho izquierdo, la marcó.

    El grito fue bastante intenso y el gesto de dolor también. Las lágrimas cubrían su cara y el sudor su cuerpo. Manuel mantuvo el hierro candente durante unos segundos más. Silvia observaba atónita desde la puerta del cuarto, y se acerco para calmar y consolar a su cuñada, besándola profundamente la boca, mientras estimulaba su clítoris con la mano.

    Manuel retiro el hierro y la preciosa letra, lucia, hinchada y enrojecida, en su pecho, muy cerca del pezón. Era una dolorosa obra de arte.

    Afloje un poco la polea, le solté los pies, dejándola solamente atada por las muñecas, con los brazos estirados sobre su cabeza. Mande a Silvia quitarse, Me subí a torno, le bese los labios, le bese su nueva marca, suavemente, lo que le hizo erizar la piel. Le lamí con suavidad la herida, como hace una madre con su cachorro herido, le separe un poco las piernas, y esa vez, y por primera en todas las vacaciones, le hice el amor suavemente, hasta corrernos los dos en un intenso orgasmo simultaneo. Vi a Manuel haciendo al fondo, en el suelo, con su mujer. Solté a Vanesa, y nos fuimos a duchar y vestirnos. Al rato llegaron mis cuñados, hicieron lo mismo, nos vestimos y nos fuimos, contentos, cansados, ellas doloridas, pero los 4 con una sonrisa en la boca, y más unidos que nunca.

    Llegamos al apartamento y nos fuimos directamente a dormir, hasta la tarde del día siguiente, que había amanecido nublado, y así seguía.

    Salí a tomar un café y me acerque a una farmacia del pueblo a comprar una pomada para tratar quemaduras, para que las chicas se la pusieran. En el apartamento todos dormían aun. Aproveche a dar un paseo solo y meditar un poco sobre todos los acontecimientos acaecidos el día anterior.

    Cuando llegue al apartamento todos estaban ya levantados, eran casi las 8 de la tarde. Les di la pomada a las chicas, que me lo agradecieron pidiéndome que se la untara yo mismo.

    Vanesa aparto un poco la camiseta sacando su pecho, estaba enrojecido por la zona de la quemadura, e hinchado, pero la R lucia esplendida. Le pregunte si le dolía y me dijo que un poco. Le puse una cantidad generosa de crema con mucho cuidado. Al lado se sentó Silvia, con el pantalón bajado, la misma imagen tan cerca de su vulva, era muy excitante. Tenía dos pedazo de mujeres marcadas con la inicial de mi apellido. Nos pertenecían, desde ese momento, y para siempre, solo a nosotros 2. Le palique la crema, con cuidado también, pero la cercanía con los labios vaginales, el frescor de la crema, y el contacto de mis dedos, hicieron que Silvia empezara a gemir y contonear las caderas. Se empezaba a excitar.

    -En serio? Pregunte

    -Que quieres? Me estas poniendo a 1000, respondió ella

    -Pues así te vas a quedar, respondí, vestiros, que vamos a salir a cenar

    Con gesto de decepción, se subió el pantalón y las dos chicas marcharon a vestirse. Manuel me miro, con aprobación:

    -Veo que te estás metiendo muy bien en tu nuevo roll, eso está bien. Tengo una idea en mente desde hace tiempo, cenando lo hablamos, porque con todo esto que está pasando, igual ahora si se puede llevar a cabo, me dijo

    De camino al restaurante, Vanesa me dijo:

    -Fue excitante ver la aguja atravesar el pezón de María, creo que me corrí haciéndolo. Quiero sentirlo en los míos, quiero anillarlos

    -Si lo haces, lo quiero completo, clítoris y ombligo también, respondí

    -Perfecto, lo que tú quieras, dijo asintiendo con la cabeza

    Silvia y Manuel se giraron complacidos por la propuesta de Vanesa, y Silvia comento que también lo haría

    -Bueno, pues recientemente he adquirido una propiedad con el dinero de la venta de las fincas de mi suegro, recientemente fallecido, comenzó a decir Manuel, mientras degustábamos una botella de Merlot blanco antes de cenar.

    -Es un chalet a las afueras de Oviedo, bastante cerca de todo, pero lo suficientemente alejado de vecinos indiscretos.

    -Es precioso, comento Silvia

    -Volvéis a casa? Pregunte

    -Es precioso y enorme, me corto Manuel, y está casi listo. Tiene dos plantas completamente independientes, pero unidas por una escalera interior, 2 salones, 3 baños, 5 habitaciones, solo se compartiría la cocina, si aceptáis vivir los 4 juntos

    -Cómo? Dijimos Vanesa y yo al unísono

    -Queremos que os planteéis vivir juntos, estos encuentros unos días al año, Silvia y yo queremos que sean permanentes, os necesitamos, y creo que vosotros a nosotros igual, por lo que he visto. Además, ahora somos copropietarios de estas dos bellezas, dijo Manuel mientras se reía. Lo que nadie sabe, ni siquiera mi mujer, pues era una sorpresa, es que he equipado el sótano completamente para nuestros juegos, es una mazmorra insonorizada y con todo lo necesario para pasar largas jornadas allí. No contestéis ahora, pensarlo y mañana hablamos, ahora vamos a disfrutar del vino y la cena

    Yo no me quitaba la idea de la cabeza, mientras hablábamos de cosas triviales durante la cena. Ver a mi cuñado torturar y follarse a su hermana, mi mujer, unos días al año, era excitante, pero todos los días? Podría mi ego soportar eso? Por otro lado, yo tendría a Silvia para mi, cuando y para lo que quisiera, eso era mucho a favor, la verdad. Me sentí un poco mal por el pensamiento de egoísmo, quería a las dos para mí, pero dudaba si me gustaría compartir la mía.

    Esa noche ni folle ni dormí, deje a Vanesa recuperarse del todo, para poder disfrutar los últimos días de vacaciones. La idea de Manuel, me rondaba la cabeza y no se me iba. Al final, la desperté y se lo pregunte:

    -Qué opinas de la propuesta de tu hermano?, le dije

    -No está mal, siempre quisimos vender el piso e irnos a una casa, y ahora tenemos la oportunidad de hacerlo y mantener nuestro piso. Y la idea de tener 2 hombres que me posean cuando quieran, a los que amo con locura, y a Silvia, para compartir nuestro placer, y ver cómo te la follas y la castigas, que me pone mucho, yo creo que deberíamos aceptar, pero tu mandas, amor, me contestó.

    -Ok, veremos lo que hacemos, iremos a verla primero. Vamos a desayunar

    Nos levantamos justo en el momento que Manuel entraba con unos croissants recién hechos. Silvia estaba haciendo café.

    -Chicas en un par de horas, tenéis cita para anillaros en un estudio que encontré aquí cerca, dijo Manuel nada más entrar

    -Perfecto! Exclamaron al unísono las dos

    Tras desayunar, nos vestimos y partimos al estudio. Había un tío, bastante fornido, completamente tatuado, con brazos musculados, de unos 30 años. Con el estaban dos chicas jóvenes, bastante tatuadas también, con dilataciones y piercings por todas partes. Una de ellas dejaba adivinar a través de la tela de la ajustada camiseta de Ramones que llevaba, los pezones con piercings, pues se notaban perfectamente los mismos y las bolas. Me imagine a Vanesa, que siempre llevaba sujetador para no marcar los suyos, en camiseta o vestido, con los pezones insinuantes y las bolas de los piercing a ambos lados, y tuve una erección.

    -Aquí estamos, puntuales, dijo Manu

    -Perfecto dijo el hombre. Soy Salva, mucho gusto, acompañar a mis chicas atrás, y ellas os preparan.

    Dicho esto, Vanesa y Silvia siguieron a las muchachas tras unas cortinas. Salva nos sirvió unos chupitos y nos ofreció fumar. Aceptamos los chupitos. Una de las chicas salió al rato.

    -Están listas Salva, dijo.

    -Perfecto, vamos allá, venir, dijo

    Le seguimos a una sala, con todo el instrumental, bastante grande para el tamaño de la tienda. Y allí estaban Silvia y Vanesa, en dos sillas ginecológicas, completamente desnudas y expuestas. Las piernas en los estribos, atadas con correas de cuero y ampliamente abiertas de piernas. Los brazos libres y recostadas hacia detrás. La erección me vino de nuevo. Quería una de esas sillas para el sótano de la nueva casa.

    -Bien, dijo Salva mientras se ponía unos guantes de latex. Lo hablado no? Pregunto

    Manuel asintió con la cabeza. Salva se acerco a Silvia primero, al ver la marca en su ingle.

    -Precioso! Exclamo, y muy reciente, dijo mientras buscaba algo en el cuerpo de Vanesa. Y ella también, que pasada! Dijo. De cual de los dos son? Pregunto

    -Al 50% exclame, nuestro apellidos empiezan igual, los cuatro! Acentué

    -Si me permitís ciertas “licencias” con estas zorritas, no os cobraré el trabajo, que os parece?

    -A que te refieres? Pregunte con el semblante serio. No son putas y no están en venta

    -Tranquilo tío, relájate, me dijo. Están muy buenas, y son sumisas. En mi trabajo veo mucha teta y coñito, pero puedo tocar lo justo, las muy zorras enseguida se mosquean si te pasas un poco, y acabo con unos empalmes de la ostia. Dejarme trabajarlas sin cortarme, sobar un poco mas, jeje solo eso. Si veis que me paso, me parais

    -Ok, dijo Manuel, Verdad? Me pregunto. Son 300€ que nos podemos ahorrar, y seguro que a ellas les gusta.

    -Bien, adelante, dije

    Salva dio instrucciones a sus chicas, que empezaron a tomar medidas y desinfectar las zonas mientras el preparaba todo. Nos señalo un muestrario para elegir las piezas, mientras. Teníamos claro que las dos irían iguales.

    Con todo preparado, y como suponía por como la miraba desde el principio, empezó por Vanesa. Le manoseó los pezones con bastante fuerza, con las manos impregnadas en gel hidroalcoholico para desinfectar. Después marco unos puntos a ambos lados del pezón con rotulador, se separo un poco, borro uno de ellos, lo marco de nuevo algo más desplazado, volvió a mirar y asintió con la cabeza. Tapo con una gasa la R del pecho, para no rozarla, y fue al ombligo. Ahí no se detuvo demasiado y en un par de minutos lo tenia marcado.

    El clítoris fue otra historia. Introdujo un bastoncillo con desinfectante bajo el y alrededor, limpio bien la zona, y cuando cogió el rotulador para marcar, introdujo, sin esfuerzo, dos dedos dentro de su vagina.

    -Esta empapada la muy guarra! Dijo riendo

    Vanesa, que nunca se había visto así, se ruborizo un poco, pero Salva comenzó a mover los dedos y el rubor se convirtió en jadeos. Mientras la masturbaba, marco los puntos arriba y abajo para la perforación.

    -No te corras todavía, primero toca sufrir, le espetó riendo, mientras sacaba sus dedos.

    Mientras cambiaba los guantes, una de las chicas, atrapo los pezones con una especie de tijeras, pero planas en el extremo y huecas, a través de los agujeros se veían las marcas hechas. Estaba claro que todo era muy profesional

    Elegimos para los pezones unos que era una barra con bolas a los lados, y con medio círculo que rodeaba la parte baja del pezón, con forma estrellada. Era perfecto para poner las pinzas del estimulador eléctrico! Para el ombligo una barra semicurva con 2 pequeñas piedras con forma de diamante como cierre, muy parecido al que elegimos para el clítoris

    Una de las chicas se puso detrás de la silla para sujetar los brazos de Vane sobre su cabeza, mientras Salva tomaba la pinza con una mano y estiraba el pezón. En la otra mano tenía una aguja de considerables dimensiones, con la que de un certero empujón, perforo el pezón de Vanesa, que no lo vio venir, y se contrajo de forma brusca, mientras soltaba un chillido. Sin tiempo a recuperarse, hizo lo mismo con el otro, con el mismo resultado. Dos agujas de unos 6 cm de largo atravesaban los pezones de Vanesa, a través de las pinzas, que soltó acto seguido. Procedimiento parecido en el ombligo, pero estaba claro que ahí no quería perder mucho tiempo

    Paso al clítoris, otra vez con dos dedos dentro de ella, empezó a masturbarla, y cuando se estaba empezando a relajar, la otra chica atrapo el clítoris con una pinza como las anteriores, y el muy cabron, empezó a atravesarlo, tomándose su tiempo. Vanesa intentaba retorcerse y zafarse, mientras lloraba y gritaba, pero le fue imposible. Salva termino su agonía, volviendo a masturbarla otro poco. Cuando se había relajado, fue sustituyendo las agujas por las joyas elegidas. Desinfecto las zonas de nuevo, y nos mando mirar el resultado.

    Vanesa lucia impresionante con los piercings. Los pezones hinchados, duros y desafiantes como nunca los había visto. El ombligo sensual y entre los pliegues de sus labios, el clítoris atravesado por la plateada joya.

    -Esto te va a flipar, dijo Salva a Vanesa. Volvió a acomodarse entre sus piernas, y mientras volvía a masturbarla, encendió un vibrador que acerco al piercing del clítoris.

    Vanesa empezó a gemir, agitarse y jadear, y, entre fuertes jadeos y gritos ahogados, se vino en un húmedo orgasmo en las manos de Salva. Había tenido su primer squirt! Y no se lo había provocado yo

    -Bua! Que pasada! No falla! En la vida te has corrido como lo vas a hacer a partir de ahora, jajaja le dijo Salva a Vanesa. Vamos a por ti, monada, dijo dirigiéndose a Silvia, a la cual ya llevaba la otra chica “preparando” un rato, pues además de marcar todos los puntos a perforar, le había metido un consolador de buenas dimensiones

    -Estas llena eh? Exclamo Salva riendo

    Empezó el anillado por el clítoris, sacando el consolador y metiendo sus dedos, como había hecho antes a mi mujer, y prolongo el pinchazo todo lo que pudo, para agonía de Silvia que chillaba y lloraba de dolor, después fue a por el ombligo, donde se detuvo y lo justo y paso a los pezones.

    Sobo con ganas los pechos y pellizco los pezones con fuerza, estirándolos, para ponerlos duros como piedras y ponerle las pinzas. Aquí también tardo bastante en atravesarlos, se le veía disfrutar con la agonía de Silvia, que parecía sufrir más que Vane. Tras sustituir las agujas por las joyas, volvió mostrárnosla como había hecho anteriormente con Vanesa.

    Le introdujo de nuevo el consolador, y mientras la otra chica repetía la acción del vibrador en el piercing del clítoris, el puso unas pinzas en los aros de los pezones, conectados a un pequeño transformador eléctrico, que comenzó a darle descargas. Silvia se retorcía y jadeaba, y termino corriéndose al poco tiempo.

    -Necesito que estas dos me coman el rabo, o me va a estallar, dijo Salva. Si queréis aprovechar la postura follaros a las vuestras, no os cortéis, exclamo Salva.

    -No lo dudes, dije mientras sacaba mi erguida polla dirección a mi mujer.

    Manuel hizo lo mismo y tardamos muy poco en corrernos, estamos todos muy excitados.

    Las chicas del estudio, vinieron a chuparnos las vergas, después de terminar con Salva, para deleite nuestro. Lo hacían tan bien que casi acabo empalmado otra vez. Salva estaba deleitando la vista con nuestras chicas, expuestas, perforadas, sudadas y con flujos de ellas y nuestros saliendo de sus vaginas.

    -Cuando acabéis con ellos, limpiar a estas para que puedan ver su nuevo cuerpo, dijo Salva

    Las limpiaron y soltaron, y las acercaron a un espejo de la pared. Se veían divinas con los piercing, la R marcada a fuego, los pezones permanentemente erguidos y perforados, que ganas de estar a solas con ellas y disfrutarlas!!!

    Tras tomarles unas fotos para el book del estudio, Silvia y Vanesa se vistieron, nos despedimos del singular trío del estudio y nos fuimos.

    En el apartamento, mientras las chicas se daban un baño y se trataban los piercing con las cremas que les habían dado, nosotros hablamos un poco de cómo era la casa y de la posibilidad de aceptar el trato una vez vista esta.

    Cuando salieron del baño, en bikini, con intención de pasar la ultima tarde en la playa, los pezones de ambas se marcaban a través de la fina tela, así como las joyas que los atravesaban. La imagen era excitante. Además a Vanesa, se le veía un poco la marca a fuego, muy poco, pero lo suficiente para recordarme que estaba allí, y era mía.

    Después de tomar el sol y bañarnos, volvimos a la habitación a ducharnos para ir a cenar, al día siguiente tocaba madrugar para coger el avión de vuelta a casa.

    La nueva vida

    Incorporarse a la rutina después de las vacaciones nunca es agradable, pero es necesario. Manuel y Vanesa tardarían unos días en arreglar todo y volver a Asturias, días que se me antojaban eternos. Esa tarde recibí un email, con instrucciones de mi cuñado para que recogiéramos las llaves de la casa en la oficina de la empresa que les había hecho la reforma, y la dirección para que la fuéramos a ver.

    El fin de semana escapamos a verla. Era un chalet dentro de una finca grande, totalmente vallada y discreta. Recién pintado, se apreciaban las ventanas y puertas nuevas, con un gran ventanal en el lateral derecho que daba a una piscina y una zona para tomar el sol. Era lo que siempre había soñado. Por dentro todo era nuevo y moderno, el piso de abajo tenía una enorme cocina, con comedor, isla, vamos un sueño. El salón con chimenea que daba a la piscina, una habitación principal con baño, otra habitación más pequeña, un aseo, la escalera de acceso al piso superior, una puerta de acceso al garaje en la parte trasera, y una cerrada, que ninguna de las llaves abría, y supuse era el sótano.

    El piso superior, era un copia y pega del inferior, salvo las puertas de garaje y sótano, y el ventanal, que aquí daba también a la piscina, pero sobre un balcón. Era perfecto, 2 viviendas en una, independientes pero unidas. Decidimos aceptar la oferta, y así se lo comunicamos a nuestros cuñados desde allí mismo.

    -¡Genial! Dijo Manuel, estoy encantado! Pues podéis trasladaros cuando queráis, prepáralo todo, ya esta funcional. Nosotros vamos definitivamente a primeros de mes. La próxima semana llegaran nuestras cosas. Arriba o abajo? Qué prefieres?

    -El bajo, si no te importa, respondí.

    -Perfecto, pues vuestro es. Nos vemos en quince días

    -Ok, y Gracias! Respondí

    Esas dos semanas se me hicieron eternas, Vanesa pidió unos días para preparar la mudanza y yo hice lo mismo, en cuanto liquide varias cosas, cerré unos días por asuntos personales. Queríamos estar instalados para cuando ellos llegaran.

    Y así fue, el domingo al mediodía, llegaron a casa.

    Les ayudamos con las bolsas que traían y vieron nuestra planta, ya medio personaliza con fotos y cuadros nuestros. Les gusto mucho

    En la planta de arriba les habíamos colocado más o menos todo lo que había llegado día antes, salvo la ropa y las cosas personales, ya que cada uno tenemos nuestras manías.

    Les dejamos acomodarse mientras baje a preparar algo de comer. La sobremesa la pasamos hablando de la casa, la zona, lo tranquilo que era, pues en 6 días que llevábamos allí viviendo, aun no habíamos visto a ningún vecino. Es lo que tiene entrar en coche directo a tu finca, si no quieres, no hay contacto.

    -Estaréis deseando ver la mejor zona de la casa, no? Dijo Manuel

    -Estuve a punto de forzar la puerta 2 veces, jaja respondí

    -Vamos, dijo Manuel, y toma, tu llave, me dijo dándome una.

    Como había prometido, la sala no nos defraudó. Era enorme, casi media planta del chalet, la otra media era el garaje, totalmente insonorizadas las paredes en acolchado rojo, con varios espejos en algunas zonas, estratégicas supuse, y algunos en el techo. Potro, silla ginecológica, cruz, x, varias poleas en el techo, grilletes en varios puntos, una especie de somier antiguo metálico, conectado a un generador, un armario con todo tipo de parafernalia, dos butacas negras de piel, vamos, todo. Un pastizal gastado únicamente para el placer y el dolor. Estábamos embobados tanto Vanesa y yo, como Silvia, que tampoco lo había visto. Al fondo había una puerta, de acceso a un baño con hidromasaje, para relajarse después de una sesión. Había también una pequeña nevera. Estaba pensado hasta el último detalle. Era perfecto

    -Que os parece? Dijo Manuel

    -Perfecto, respondimos

    -Hermanita, dijo sin preámbulos, desnúdate, quiero ver mi propiedad

    -Qué?? Exclamo Vanesa, que no se lo esperaba, ahora?

    -Acaso estas sorda? Respondió y agarrándola por la camiseta, de un tirón se la desgarro dejando sus tetas al descubierto, con la R completamente curada, y los pezones erguidos y perforados, desafiantes.

    -Aquí dentro, obedeceréis sin rechistar, y hablareis solo si se os pregunta, dijo, y le arreo un bofetón en la cara. Lo has entendido?

    -Si amo, respondió Vanesa, bajando la mirada al suelo, sumisa

    Yo estaba un poco desubicado, la verdad. No me esperaba una entrada así.

    -Desnúdate y enséñame el resto, le dijo. Vanesa lo hizo sin rechistar.

    -Perfecto, exclamó satisfecho, mientras me miraba

    -Tu a que esperas? Espeté a Silvia, también quieres una ostia?

    -No amo, respondió mientras se quitaba la ropa

    Estaba muy morena, su marca, también cicatrizada, lucía en su depilado pubis. Entre sus labios se apreciaba la piedra superior del piercnig, y los pezones, se veían duros y firmes, con sus joyas manteniéndolos así.

    Manuel llevo a Vanesa al centro de la habitación, y le sujeto los brazos a una cadenas que pendían del techo, en una polea. En el suelo, había otras que sujetaron sus tobillos con las piernas muy separadas. Aflojo la polea del techo para que pudiera doblarse sobre su cintura, para sujetarle al cuello otra correa desde el suelo. Una vez así, volvió a tensar la del techo, dejándola totalmente inmovilizada, abierta y expuesta. Me fije que en esa zona había un pequeño sumidero y en la columna cercana un grifo, y una manguera plateada terminada en un fino tubo con agujeros.

    -Vamos a limpiar ese culo antes de follármelo, dijo Manuel

    Escupió varias veces en su agujero, y comenzó a extender la saliva y lubricar la entrada de su culo, para después empezar a introducirle su dedo corazón, que pronto fue sustituido por el cabezal de la manguera. Abrió la llave de paso, y al momento vi como Vanesa se estremecía un poco. Un hilo de agua empezó a resbalar por sus piernas. Mientras Manuel fue al armario y vino con un Plug de goma hinchable y lubricante. Cerro el grifo, unto lubricante en el plug y sustituyo uno por otro ,muy rápido, para que no saliera nada de liquido. Bombeo varias veces la pera para hincharlo en su interior, y se retiro al baño.

    Lleve a Silvia a la X, donde la sujeté de espalda a ella. Le pellizque los pezones, que estaban extraordinariamente duros, y pase un dedo por su raja, mientras le besaba en la boca. Estaba muy húmeda. Tome unas pinzas del transformador, y las puse en los cuatro piercing de su cuerpo. Subí la intensidad del aparato poco a poco. Un led indicaba la frecuencia de las descargas, y un medidor de aguja, la intensidad. Poco a poco, Silvia comenzó a jadear y moverse en la cruz. En ese punto, deje la ruleta, dándole las descargas mientras me fui a desnudar.

    Manuel retiro el plug del culo de Vanesa sin deshinchar, dejando el esfínter dilatado y dejando escapar toda el agua que había en su interior, para su alivio, con los restos de heces. Manuel tomo la manguera y limpio sus piernas y el suelo. Sin apenas tiempo, le metió la polla de un golpe en el culo, a lo que su hermana respondió con un sonoro grito, que no pudo terminar, pues la mía lleno su boca de repente. Con cada envite en el culo de su hermano, tragaba la mía hasta el fondo, provocándole arcadas. Así estuvimos un rato, hasta que Manuel salió de su culo, para cambiar las posiciones. Estaba muy dilatado, por lo que no me costó nada meterla en el. Manuel se estaba corriendo en la boca de su hermana cuando empecé a penetrarla por detrás. De nuevo mis embestidas, le hacían comerse su polla hasta la garganta, y como el empujaba también, una vez estuvo a punto de vomitar, pero él seguía empujando, no parecía importarle.

    Me corrí abundantemente en el culo de Vanesa. Saque mi polla y le metí el plug otra vez a modo de tapón. Le iba a dejar todo dentro un rato. Lo hinché un poco más

    Detrás Silvia se retorcía con las descargas. Aumente más la intensidad, y tome una fusta, para castigar aquellas desafiantes tetas. No tardaron en tornarse enrojecidas. Manuel estaba azotando con una vara el culo de su hermana. Parecía que tenía fijación con él.

    Después, colgó unas pesas de los piercing de los pezones, estirando de estos hacia el suelo, y arrancado otro grito de dolor y lagrimas de su cara. La dejo así y vino por primera vez a ver a Silvia. Aumentó un poco más la intensidad, lo que la hizo retorcerse y gemir. De repente, lo subió de golpe a tope un instante y lo bajo. El grito de dolor salió de su garganta acompañando un arqueo imposible de su cuerpo hacia delante, que retrocedió inmediatamente al contacto de mi fustigazo en el vientre, que le dejo una buena marca. Dejé a Manuel con Silvia y me acerque a Vanesa. Le solté el collar del cuello para poder erguirla de nuevo desde las poleas del techo. Acerque mi mano a su entrepierna, completamente húmeda y empecé a masturbarla. Parecía que estaba a punto de correrse, y paré. Solté los pesos de los pezones, pues tenía miedo que sufriese un desgarro, y se los bese y mordí un rato. Me ponían a 100. Empezó de nuevo a jadear y contonearse, estaba claro que deseaba un orgasmo. Había un consolador unido a una barra extensible, y justo bajo mi mujer un agujero en el suelo del mismo diámetro. Estaba claro. Lo tomé, se lo introduje hasta el fondo, sin ningún esfuerzo, ajuste el largo de la barra, y quedó perfectamente empalada. Hinche otro poco el plug del culo.

    Manuel había soltado a Silvia y la sujetó al potro, con el culo bien expuesto. Su marca lucia esplendida, y su culo, como siempre, imponente. Le estaba dando bien con un látigo de cuero, pero apenas se la oía, porque le había metido una mordaza de bola en la boca. Vi una inusual rabia en los golpes que proporcionaba. Como cuando sodomizaba a su hermana. Estaba desatado, y no me gustó demasiado. Me acerque a mandarle que aflojara un poco la fuerza, lo que hizo a regañadientes. Silvia estaba llorando, con todo el rímel corrido por su cara; la imagen era grotesca y excitante a la vez. El culo, rojo e inflamado, invitaba a tomarlo. Le unte aceite en el para calmar la irritación y me dedique a lubricar la entrada del ano, insertando un dedo, dos, tres, hasta que lo relajo. Se la metí un poco, para tantear, la saque, y entera dentro, de un movimiento seco. Comencé a bombear rítmicamente, y estimular su clítoris con mis dedos. Se corrió de inmediato. Las contracciones de culo, al hacerlo, apretaban mi polla dentro, causándome un placer inmenso.

    Manuel había vuelto a poner a Vanesa en la posición inicial, esta vez con el consolador en su vagina, y había sustituido el plug, por su polla, y por segunda vez le estaba dando por el culo con rabia. Por los gemidos deduje que se estaba corriendo dentro.

    -Acabale dentro a esta otra vez, llénala de nuestra leche, dijo Manuel

    Deje a Silvia a punto de correrme, y la metí en el maltrecho culo de Vanesa, donde me vine casi de inmediato. Al sacarla, abundante semen de las tres descargas comenzó a caer por sus piernas. El esfínter, totalmente dilatado y enrojecido, se negaba a cerrarse. Tomé un vibrador del mueble, y se lo puse en el clítoris. Tuvo un sonoro y largo orgasmo al instante.

    Me acerque a Silvia que estaba terminando de limpiar con la boca la verga de su marido, y le acerque la mía para que hiciera lo mismo. Tras eso, las soltamos y dimos por estrenada la mazmorra. Nos fuimos cada pareja a nuestros cuartos, para asearnos y descansar.

    Los días fueron pasando, adaptándonos a la nueva forma de vivir. Solíamos coincidir los 4 solo para cenar, pues nuestros trabajos tenían horarios muy dispares. Los encuentros en la mazmorra no fueron muchos, en los meses siguientes, y los juegos, se relajaron, fueron mucho mas ligth que el primer día. Los golpes intentaban dejar poca o ninguna marca, y las penetraciones no eran violentas. Volvía a ser como los primeros encuentros, pero la calma duraría poco.

    El principio del final

    Manuel comento un martes, que el fin de semana iba a traer unos amigos a casa. Les debía muchos favores, creo que incluso dinero, y les había hablado de nuestro “convenio” y nuestro cuarto de juegos, y lo querían probar.

    -Ni de coña!!! grite. Eso es solo nuestro, y ellas también. Una cosa es que mi mujer folle contigo, que eres su hermano, y otra que lo haga con desconocidos

    -Mi hermana es tan propiedad mía como tuya, espetó. Asi lo acordamos

    -Pero tú de qué vas? En serio, te has planteado que unos desconocidos usen a tu hermana y a tu mujer? Estás loco? No pienso pasar por ahí

    -No harán nada que no permitamos y además ellas lo pueden parar cuando quieran con la palabra clave, sabes cómo funciona

    -Que opináis vosotras? Pregunté, al fin y al cabo, sois las más interesadas en esto

    -Pensar una cosa, si no lo hago puedo perder todo esto, cortó Manuel

    -No me agrada mucho, dijo Vanesa, pero podemos probar

    -A mí no me importa, dijo mi cuñada

    -En serio? Me tomáis el pelo? Esto no está pasando, dije

    -Cariño, dijo Vanesa, lo podemos parar cuando queramos, vamos a probar

    -Ser un objeto de placer, y que me use un extraño, me pone solo pensarlo, exclamo Silvia

    -Eres una zorra, le dije

    -Si, vuestra zorra, y te gusta. Te gusta follarte a otras, pero que no lo hagan con la tuya? Eso es cínico

    -Esta discusión no lleva a ningún lado, dije.

    -Exacto dijo Manuel. Además todo está preparado para el sábado, y ellas dan el consentimiento. Relájate.

    Y paso la semana más rápido de lo esperado. El sábado por la tarde, dos coches llegaron a casa. Eran 3 hombres y una mujer. Manuel les bajo directos al sótano.

    Silvia y Vanesa, vestidas solo con pequeño tanga negro, y una máscara que les cubría toda la cabeza y solo les dejaba la boca libre y unos orificios para respirar en la nariz, esperaban de rodillas al fondo de la sala.

    El grupo entro al cuarto y salieron al rato completamente desnudos. 2 de ellos eran bastante veteranos, con muchas canas por el cuerpo, rellenitos y con unos atributos masculino bastante normales. El tercero, bastante mas joven y musculado, parecía de Europa del este, y tenía un miembro en reposo de un tamaño considerable. Tanto el como la mujer, de unos 40 años estaban completamente depilados. Ella era alta y esbelta, rubia, con buenas tetas, que lucian piercing unidos entre si por una cadena dorada.

    Los dos mayores fueron a por Silvia y el fuerte y la mujer por Vanesa.

    La llevaron directamente al somier metálico. Tras sujetarla a los 4 extremos en forma de X el hombre empezó a manosearla y lamerla por todos lados, metiendo varios dedos en su vagina, mientras la mujer preparaba los cables del juego. El tío se puso de rodillas sobre su cara, y le metió la verga en la boca. Vanesa la chupaba con lascivia y vicio. Se volvió enorme, solo había visto pollas como esa en videos, y mi mujer se la iba a tragar entera posiblemente por todos sus agujeros. La mujer coloco pinzas en los pezones y en los labios vaginales de Vanesa, y el hombre se salió, totalmente empalmado. La primera descarga no se hizo de rogar. Un gemido salió de la boca de Vanesa mientras su cuerpo se arqueaba por la corriente que lo recorrió. Automáticamente, el tío descargo la fusta en sus tetas, arrancado una de las pinzas del golpe, lo que le debió doler bastante por el grito.

    -Tapa la boca a esta zorra, dijo la mujer, no quiero oírla.

    Sin mediar palabra, el pollon estaba otra vez en su boca. Sucesivas descargas, cada vez con más intensidad se sucedieron durante un buen rato. Cuando paró, el hombre saco la polla de la boca y se corrió abundantemente sobre sus tetas y mascara.

    Automáticamente la mujer, subió a máxima intensidad el aparato y descargo toda la potencia sobre Vanesa. Arque la espalda al límite, se retorcía, gritaba y jadeaba. Sus pechos, exultantes, erguidos, desafiantes, empapados en el semen del ruso, el cuerpo sudoroso, empapado, recibía con mas intensidad la corriente, para deleite de la sádica mujer, que tenía una mueca de risa en la tez.

    En la otra parte, los dos hombres tenían a Silvia crucificada, y la estaban apaleando con sendos látigos de colas. Tenía los pechos, vientre y pubis, muy marcados y enrojecidos, el castigo estaba siendo fuerte, pero la habían amordazado, y sus gritos eran silenciados por el silbido de los látigos y las risas e insultos de los dos hombres, a los que se había unido el ruso, con la vara de bambú. La mujer mientras tanto había soltado a Vanesa y la llevaba a la silla ginecológica.

    La afianzo a ella, y comenzó a masturbarla con varios dedos mientras le lamia el clítoris.

    -Zorrita, te gusto la corriente eh? Estas empapada. Le dijo

    Usando bastante lubricante, consiguió meter los 5 dedos dentro, y poco a poco su puño fue desapareciendo. La empezó a masturbar con puño y lengua, y Vanesa se corrió como una loca en un squirt sobre la mujer

    -Hija de puta!! Gritó, mira como me has puesto.

    Cogió una paleta de madera y comenzó a azotar su culo con fuerza y rabia, hasta ponérselo rojo, casi a punto de sangrar, en algunas zonas.

    En ese momento me acerque y le susurre que pidiera parar

    -NO! Jadeo

    La mujer me hizo a un lado, y empezó a juguetear con un dildo dilatador en su culo, hasta metérselo entero.

    Silvia estaba soportando estoicamente el castigo de los 3 hombres. En un momento determinado, y muy compenetrados, como si lo hubieran hecho más veces, la soltaron y llevaron a uno de los sillones de piel. Atada de manos al respaldo, tomaron sus tobillos con correas, tirando de ellos desde atrás, forzando sus piernas sobre el vientre, y los pies cerca de la cabeza, dejando el culo y el coño obscenamente abiertos y expuestos. El ruso acerco su polla a la boca, mientras los otros dos, uno le lamia el coño y otro las tetas. El primero acerco su pequeño miembro al coño, y comenzó a follarla, para correrse rápidamente sobre el depilado pubis. El otro hombre ocupó rápidamente su lugar y también tardó muy poco en descargar, esta vez, en su interior.

    El ruso, completamente empalmado ya, escupió dos veces en el culo de Silvia, froto su enorme glande en él, esparciendo la saliva para lubricarlo, y con bastante esfuerzo, acabo introduciéndolo entero dentro. Poco a poco empezó a follarse el culo de la indefensa Silvia que estaba chupando los flácidos penes de los 2 hombres.

    Tardo un buen rato correrse, dejando el esfínter muy dilatado y chorreando una buena cantidad de semen. Se volvió a la silla ginecológica, donde seguía el castigo de Vanesa, para meterla la polla en la boca y se la limpiara. La mujer puso unas pinzas en los labios de Vanesa y las ato a los muslos, exponiendo aun más el interior de su abierta vagina. Introdujo un catéter metálico en el agujero de la uretra y comenzó a masturbarla con él. Los hombres se acercaron por primera vez a Vanesa. Tomaron el transformador y lo conectaron a las pinzas de labios y catéter. Y comenzaron de nuevo las descargas eléctricas. Por la forma que la recibió, debía ser muy intensa y dolorosa, para regocijo de los hombres. En una de ellas, el ruso, que aun tenia la polla en su boca, dio un grito:

    -Hija de puta, me has mordido!!

    Y zafándose de ella le dio 2 fuertes bofetadas en la cara, sobre la máscara. Los hombres aumentaron la intensidad de la descarga al máximo durante interminables minutos. Vanesa luchaba por terminar con el sufrimiento infringido, hasta que, pareció perder el conocimiento unos instantes. Los hombres, entre risas, pararon el suplicio.

    Sobre el otro sillón, la mujer estaba follando a horcajadas sobre Manuel

    Me acerque a Vanesa para quitarle la máscara y ver si estaba bien, mientras los tres hombres dieron por concluida la sesión y se iban al baño

    Su cara, desencajada por el dolor, el cansancio, y enrojecida por el calor del cuero, me sobresaltó. Le dí un poco de agua, la cubrí con una toalla y la lleve en cuello a nuestro baño, para depositarla en la bañera llena de agua caliente.

    Después volví por Silvia, que seguía en el sillón e hice lo mismo con ella. Manuel y la mujer no estaban, debían haber salido al cuarto con los dos hombres.

    En toda la sesión, no me había excitado ni un solo momento. Las únicas que podían haberlo parado todo, estaban sumidas en su roll de sumisas, y parecía gustarles. Pero a mí, que se dejaran follar y torturar por extraños, no me gustaba. Mi papel de amo, era mediocre. La voz cantante la llevaba mi cuñado, sin marcar, en cierto modo, yo también era un sumiso suyo.

    Le dije a Vanesa por la noche, que nunca más volvería a pasar por esa humillación, que sería solamente nuestra

    -Soy también de mi hermano, debo complacerle. Me gusta complacerle

    -No voy a aceptar esto, le dije

    -Pues yo estoy encantada con mi nueva vida. Quiero ser follada y castigada por cualquiera a quien mi hermano deje hacerlo. Y por supuesto, por él. Le pertenezco en cuerpo y alma

    -Y yo? Pregunte

    -Acéptalo o vete, me espetó

    Esa misma noche recogí mis cosas y me fui de la casa, sin dar explicaciones. Mis deseos ocultos, mi vicio, sacaron el lado mas salvaje y vicioso de mi mujer, y me apartaron del amor de mi vida.

    Poco después de una semana, con todo lo legal arreglado, me fui del país, a Sudamérica, a colaborar en una misión. Nunca más supe nada de Manuel, Silvia ni Vanesa, pero aun hoy, me masturbo con la visión de aquellos juegos, que empezaron de manera inocente, y acabaron poniendo patas arriba mi vida.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (19)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (19)

    Parecía que se avecinaba mal tiempo, la temperatura bajó drásticamente y las nubes que en principio se veían amenazantes, ahora eran una alarma de tormenta. Después de comer, ya dentro del coche escucharon el primer trueno. Carol se acomodó en el asiento con su tripa algo llena, le gustaba ver tormentas, pero mejor en su casa, sentada al lado de una ventana, que dentro de un coche.

    —¿Te apetece venir a mi cuarto un rato? —a Sergio le apetecía seguir hablando, no de su tía en particular, aunque tampoco le importaba que saliera el tema. Únicamente quería pasar más tiempo con su amiga.

    —En el mío mejor, que todavía tengo que deshacer la maleta, —miró con esa sonrisa maliciosa que solo ella sabía poner. A Sergio le parecía una niña de diez años— así me ayudas.

    —Tienes una cara más dura…

    Viró el volante mientras disminuía la velocidad. Paró en la gasolinera para rellenar un depósito que estaba cerca de la reserva, con veinte euros sería suficiente para pasar el mes con holgura. Repostó con rapidez, al amparo del techo que le tapaba de las primeras gotas que empezaban a caer.

    Metió la cabeza por la ventanilla que Carol tenía abierta, se le había ocurrido una idea y aunque era una hora temprana de la tarde… ¿Por qué no?

    —¿Te apetecen unas cervezas? Estar juntos en un cuarto sin alcohol se me hace raro, ya es tradición.

    —¡Fabuloso, necesitamos cerveza para aguantarnos!

    —Qué lo dudes, me ofende…

    —Imbécil… compra un pack de ocho, es lo que nos gusta, ¿no?

    —Mejor dos de ocho.

    —Sergio, tengo algo de resaca, no te pases… —el joven se encaminó sin querer escuchar esto último— ¡Sergio, te he dicho que no te pases! —repitió sacando la cabeza por la ventana. Él movió una mano en el aire, negando con el dedo y Carol sin saber por qué sonrió, para al siguiente instante, metida en el coche susurrar— Me gusta que tengamos tradiciones.

    Volvió rápido y en unos minutos ya estaban buscando sitio cerca de la residencia. Lo malo que aquello se volvió imposible, apenas se veía con la tromba de agua que comenzaba a caer y nadie movía sus coches.

    —Te dejo en la entrada y cuando aparque ya subo.

    —Deja, si te mojas tú, ya me mojo yo también.

    —Lo dices para no deshacer sola la maleta, ¿verdad?

    —Claro. —esta vez mintió. No le importaba la maleta, pero no quería que Sergio se mojara solo, era una estupidez, pero… no quería.

    Tardaron media hora larga en aparcar, mientras Carolina señalaba sitios enanos, donde obviamente para cualquier ojo, menos los de la chica, el coche no entraba. Al final aparcó en un estrecho lugar después de varias maniobras donde su amiga acabó por felicitarle y chocar ambos las palmas.

    Ahora se venía lo más complicado, decidieron que correr sería lo ideal, el agua caía a mares y las nubes encapotaban el cielo, era estúpido esperar, aquello seguiría todo el día. Contaron hasta tres, los dos mirándose y cada uno con la manilla en la mano.

    —Una… dos… y… ¡Tres! —salieron a la carrera.

    Primero se adelantó Carol, mientras Sergio cerraba el coche. La pilló enseguida y corrieron a la par durante más o menos medio kilómetro sin parar. No importaba lo rápido que fueran, se iban a mojar y así sucedió. El sonido estridente de un trueno les marcó la entrada a la residencia donde el bedel les miraba incrédulo por los mojados que entraban.

    Ambos con ropas más o menos de primavera estaban empapados en agua, Carol incluso se tuvo que quitar las gafas para ver algo, ni siquiera se las podía limpiar todo ella estaba húmeda. Toda.

    Subieron a la carrera y Sergio se detuvo primero en su puerta. Carolina siguió con las cervezas en la mano.

    —Trae un pijama, ya te duchas aquí, que tengo ganas de empezar la primera cerveza.

    —¿Se te ha pasado la resaca?

    Añadió “un poco” en silencio, sin mover los labios y juntando el dedo índice con el pulgar.

    Dentro de su habitación, Carol se sintió extraña, hacía tanto que no se sentía así de bien con un chico. Desde su exnovio, básicamente los había dejado a un lado, centrándose solamente en las mujeres.

    Con Sergio sabía que solo era amistad, ella había desistido de los hombres “son todos iguales” rezaba de continuo, pero… ¿Él lo era? Comenzaba a dudarlo. Cogió la toalla y en menos de un minuto abrió a su amigo que seguía chorreando.

    —Dúchate primero si quieres.

    —Mejor. Paso de ver todos tus pelos en la ducha.

    —Todavía hago que me la vuelvas a arreglar…

    Sergio entró al baño riéndose como casi siempre hacía cuando estaba con su amiga, era inevitable no pasárselo bien a su lado. La ducha le sentó de cine, el frío había entrado en su interior y de alguna manera debía sacarlo. Aunque por una extraña razón que cada vez comprendía más y más, una zona no estaba fría.

    Últimamente su pene tenía consecuencias extrañas al estar con Carol, siempre daba pequeños respingos al pensar en ella dentro de su habitación, una vez llegó a ponérsele tiesa. No se masturbó, pero la idea le rondó la mente.

    Al tiempo que le caía el agua masajeándole el cráneo, le vino a la mente las palabras que hacía meses le confesó a su tía. Parecía que era cierto, no podía tener amigas, siempre acababa pensando en ellas de un modo sexual. Aunque en verdad, ¿Era Carol su amiga o… quería en el fondo algo?

    Tenía claro que la apreciaba mucho, era buena, confiable, agradable, a veces un poco intensa… en ocasiones demasiado…, pero se hacía querer y lo mejor de todo, conectaban.

    Se secó sin dar más vueltas al tema, era su amiga y punto, lo dejó claro en su mente. Con el pijama puesto y el pelo húmedo como apareció delante de su tía, volvió al cuarto. Allí estaba Carol, esperando su turno, con el pelo moreno y de puntas azules realmente mojado, y envuelta en una toalla. Debajo… nada, igual que la primera vez que se vieron.

    —Has tardado una vida, espero que no te hayas pajeado…

    —¡Qué obsesión con las pajas! No tranquila, no acostumbro a mancillar duchas que ya han sido usadas.

    —Estuviste rápido… —entornó los ojos buscando una contestación que no llegaba— Esta te la puse en bandeja.

    Carolina fue rápida y salió en unos minutos con su pijama puesto. Un pantalón largo que le tapaba la mitad de unos pies descalzos y arriba una camiseta corta que le llegaba hasta el ombligo y marcaba dos pezones que no llevaban sujetador. Sergio sentía que eran amigos, pero tampoco era tonto, si los pezones estaban para verlos… miraría… disimuladamente…, pero miraría.

    Le lanzó una cerveza al aire que la chica cogió con suma destreza. La abrieron al unísono, compartiendo el sonido de liberación que a tantos y tantas gusta. Brindaron en un aire ficticio y dieron el primer trago de las ocho cervezas que en teoría tocaba por cabeza. Sí, Sergio había traído las que le dio la gana, dieciséis en total.

    —Carol, entiendo que no te gusten los hombres. Vosotras tiráis mucho pelo en el baño, eso es un hecho. —afirmó lo que le decía, no tenía argumentos para lo contrario— Pero nosotros… olemos fuerte, somos brutos, nos dejamos llevar por impulsos y si tenemos barba os pica al besar y en otras zonas.

    —Tú poco problema tendrás, menuda birria de barba que te sale.

    —Gracias…

    —Aunque tienes razón en muchas cosas, ya te dije que no es que no me gusten los chicos. Lo que te dije es que me he olvidado de ellos, bueno de vosotros.

    —Cierto. —dio un trago largo, estaba seco y la garganta recibió de buena gana la cerveza fría— Es mucho inmiscuirme preguntarte ¿por qué?

    Mirando a la ventana y viendo como las gotas golpeaban con fuerza, se levantó para poner un poco de música. Algo bajito, para no molestar a los estudiantes y suspiró con fuerza.

    —No lo es. Eres mi amigo, me gusta hablar contigo. —Sergio se sintió feliz por escucharlo y a la vez decepcionado por la erección que tuvo pensando en ella— Fue antes de venir a la universidad. He estado con varios chicos, más chicos que con chicas, pero con mi ex ya dije hasta aquí.

    Hizo una breve pausa para dar un trago largo, la historia no le gustaba, pero hablar con Sergio era otra cosa, con él todo sabía diferente. Dejó la lata en la mesa y se dispuso a hablar.

    —Soy un tanto desastre —Sergio sonrió sin resistirse. No hacía falta que lo jurara— Vale, es evidente que sí. Sé que soy un tanto complicada para una relación, y algunas veces pues me ha costado estar en pareja, tampoco muchas. Pero también me han fallado, no me gusta que me mientan y me duele muchísimo. Casi siempre he tenido ese tipo de decepciones con los tíos y… es irónico, porque con Paola me está pasando algo similar, aunque creo que de forma diferente. Ella al menos tiene la excusa de la vergüenza y de no querer “salir de la zona de confort” ¿no?

    Sergio dio un trago largo y levantó ambos hombros sin saber qué contestar. Labró una opinión algo dura sobre esa Paola, que nunca había visto, pero no le caía bien porque creía que solo se beneficiaba de su amiga y que… nunca estarían juntas. Al menos de cara al público, en esa habitación en la que estaba, sabía de boca de Carolina que le encantaba que le comieran su sexo.

    —Tampoco quiero divagar mucho, porque no merece la pena. Salía con un tío mayor, dos años más que yo, ahora parece una distancia enana, pero cuando tienes dieciséis, es la leche. El caso es que yo de maravilla, me trataba bien, o eso creía, me llevaba a sitios en el coche… bueno te imaginas una relación de una adolescente. El caso es que la historia se resume muy fácil, me pidió unas fotos… picantes… también te imaginas, y pues estúpida de mí se las envié.

    —Hijo de puta…

    —Exacto, las pasó. Mira, a mí enviar esas fotos casi que me gustaba, es tu pareja, te ve desnuda y en peores situaciones, no me importa, pero cuando las envió, se me cayó el mundo encima. Según él, le habían quitado el móvil, pues hijo de puta, pártele la cara al que lo haya hecho. —Carol se encendía con el tema. El sabor de la cerveza la serenó— Resumiendo, que la foto corrió por varios grupos y todo muy gracioso, claro…, por eso… después de un año de mierda, entre en la universidad, vi la oportunidad y vine aquí. Quería dejar el agua correr, es lo que siempre dice mi padre, al final suelen ir olvidándose del tema porque aparecen otros más jugosos…

    —¡Joder! Menuda putada, Carol. Te diré que lo siento mucho, aunque creo que no te ayudará.

    —Lo peor no es eso, Sergio, que va. Lo peor viene después, las burlas, las mofas, porque en la foto no se apreciaba muy bien que era yo, si me conocías lo sabías, sino no. Gente que no me conocía me mandaba mensajes para follar, era todo tan asqueroso y violento. Tal vez eso sea lo más asumible de todo, lo borraba y punto, pero… aquí viene lo mágico de la vida. En mi grupo de amigas éramos una decena de chicas, tía arriba, tía abajo y lo cojonudo de todo, lo más maravillo, es que algunas se mosquearon por ir enviando esas fotos.

    Sergio torció el rostro sin comprender lo que sucedía, la música seguía sonando y un rayo cayó a varios kilómetros, pero le daba lo mismo, solo tenía ojos para su amiga.

    —Ahora estoy bien, pero lloré mucho. Pienso que esas hijas de puta, no tienen otro nombre, no eran mis amigas y me odiarían o querrían comerle la polla al que era mi novio, no lo sé. El caso es que me tildaron de zorra y el grupo se dividió, mis fieles amigas, nunca una palabra tuvo tanto significado, me apoyaron y a día de hoy cuando vuelvo quedo con ellas. Son mi mundo, las amo y me aman. Sin embargo, a día de hoy, después de varios años, me cuesta pisar el que ha sido mi pueblo.

    —Ahora mismo se queda corta mi oscura historia. —remarcó lo de oscura queriendo cambiar la expresión de Carol, no lo consiguió— Quizá sea una frase muy usada, pero si pudiera hacer algo…

    —¿Máquina del tiempo? ¿Tienes una? —forzó una media sonrisa, pero sus ojos verdes manaban tristeza.

    —Tengo que mirar en mi trastero, pero creo que se la dejé a un amigo y nunca me la devolvió. —apartó la lata acabada de su mano y la dejó en el escritorio, fue hasta el ordenador y su cerebro pensó rápido en una canción. Se le había ocurrido una estupidez, la cara de Carol se entristecía a cada poco y debía animar a su amiga… para una que tenía…

    Corrió rápido con el ratón por el reproductor de música y eligió una, que bueno… no estaba mal del todo para lo que quería. En la habitación, mientras Carol mirada dubitativa a su amigo sin saber lo que hacía, Marc Anthony empezó a cantar.

    —¿Sergio? ¿Vivir mi vida? ¿De verdad?

    —¿La conoces?

    —Sí, claro, aunque no es de mis favoritas…

    —¡Calla! —Marc dijo las primeras palabras y Sergio cogió de la mano a su amiga levantándola de la silla— ¡Venga, baila conmigo!

    —¡¿Sergio, qué haces?!

    Por la fuerza del joven, el pequeño cuerpo de la chica dio una vuelta en la habitación volviendo a sostenerse por la intervención de la mano de su amigo. Se miraron dentro del cuarto, con los cuerpos húmedos de la ducha y el calor reinante en el pequeño recinto. Cogidos de la mano, con los brazos estirados y los cuerpos separados, se vieron por primera vez de otra forma.

    Sergio sonreía, pero de verdadera felicidad, quería pasárselo bien y sobre todo, ayudar a su amiga. Carol lo entendió y su gesto sorprendido, cambió para copiar la misma sonrisa que tenía su amigo. Solo una persona le había sacado esa sonrisa a cuentagotas en todo este tiempo y había sido Paola. “¿Por qué Sergio?”.

    Carolina no lo dudo, dio una vuelta sobre la alfombra del cuarto, sus pies sisearon en el suelo. Parecía una bailarina girando sobre un teatro ruso atestado de invitados importantes. Las manos cogidas sobre la cabeza de la chica viraron como el cuerpo de esta. Lo hizo rápido, tanto que mientras el pelo se estiraba hasta el máximo despidiendo pequeñas gotas, temió que las gafas le salieran volando.

    No ocurrió, sin embargo, lo que si pasó fue que la fuerza de rotación le hizo quedarse totalmente pegada a su amigo. Pecho con pecho, sus cuerpos cubiertos únicamente por una tela volvían a estar unidos, esta vez no era un abrazo, era un baile.

    Sergio la sujetó con fuerza de la mano y posó la otra en una pequeña cintura que hizo que su palma pareciera gigante. Ella la colocó en el hombro del joven, tan duro y seguro que le pareció mágico. “¿Qué me está pasando?”.

    La canción proseguía, llena de vida y vitalidad. El baile se convertía en una maraña de pasos mal trenzados, risas incontrolables y roces inevitables, pero de lo más gratificantes. No es que se lo estuvieran pasando bien, es que se divertían como verdaderos críos. Lo recientemente narrado por Carol se había esfumado, borrando el recuerdo de un individuo que detestaba. Y para Sergio sus problemas se habían resumido a… dar con el paso acertado para no caerse o pisar a la chica.

    La canción terminó, haciendo ambos una estúpida reverencia que salió de improviso. Fueron a sus lugares de origen con una sonrisa imborrable que nadie les podía arrebatar, juntos… eran felices.

    Otra cerveza corrió y después una nueva… bebieron las dieciséis durante toda la tarde y la conversación no cesó en ningún momento. Todo fueron carcajadas, risas imparables y felicidad tan atronadora como los truenos del exterior. El contraste de un lado de la ventana a otro, era increíble.

    —Estoy borracho. —Sergio no tenía que jurarlo, se veía, era la tercera vez que iba a mear.

    —No me había percatado… —la lengua de Carol se trababa. Se maldijo por un segundo por estar así después de tal cogorza el fin de semana. Pero era joven, se lo podía permitir.

    —Pues… —Sergio cayó pesadamente sobre la cama— tengo que confesar, que el tema de la foto una vez se lo pedí a Marta. —Carol ya sabía de sobra quien era esa chica— Por supuesto no me la envió y no la culpo, nunca más insistí, pero… ¡Dios! Como me ponía la idea. Es algo que estará en la cabeza o qué sé yo, pero el morbo de una foto, así en lencería, de tu novia… la idea es superexcitante.

    —¡Sergio! —rio a mandíbula abierta doblándose hacia atrás mientras dejaba al aire buena parte de su vientre— ¡Puto guarro!

    —No lo soy. —se defendió con dos coloretes en las mejillas.

    —Sí lo eres. —no paraba de reírse y mostrar lo borracha que estaba— Pero bueno, brindo por Marta, una gran mujer y sabia. —alzó la copa. El joven le siguió a regañadientes— La mía no era en ropa interior como tal, era un poco más especial.

    A Carolina hablar del tema ya no le causaba absolutamente nada. El baile la exorcizó y con la ayuda de las cervezas, habían matado al demonio. Al menos por el momento, sabía que ese mal que tenía en su interior volvería, pero con Sergio dentro de la habitación, estaba a salvo.

    —No entiendo. —pocas cosas podía comprender.

    —A ver… esto si lo comentas, sí que te mato ¡eh! —el muchacho cerró los labios como si tuviera una cremallera— Así me gusta. Pues mira… a mí… el tema de los disfraces… ya sabes disfrazarte de personajes o personas o de cierto modo… —no podía estar más roja, para Sergio estaba preciosa— me pone.

    —¡Toma! —comenzó a reírse sin parar hasta que la chica le lanzó un cojín— No, no, si me parece maravilloso, te diré que a mí un poco también. O sea no vestirme y eso, pero igual hacer un poco de eso, me fascinaría. ¿Puedo saber de qué era?

    —No sé para qué digo nada. —se tapó la cara y cuando la descubrió habló de nuevo— Pues tenía una ropa muy sexy, ni te lo imaginas, lencería buena ¡eh! Nada de mercadillo. Unos guantes con los dedos al aire, unas medias negras, una cola y —se llevó las manos al pelo— una diadema con orejas de gata… ¡Ah! Y… me pinté unos bigotes.

    —Vaya… —se quedó perplejo y le costó contestarla, porque una parte de él se estaba poniendo dura. Logró decir algo al pensar en su miembro— ¿Una cola?

    —Sí…, pero… eso ya otro día. —terminando por reírse de forma muy tímida— Es una fantasía que tenía y claro pensaba que con mi ex…, pero no, por supuesto que no.

    —¿Paola?

    —No… aparte de que me da muchísima vergüenza contarle eso. —“¿Por qué a Sergio no?”— La fantasía es con un chico, no una chica. O sea que me da que me quedaré con las ganas.

    En aquel instante Sergio no dudó en querer facilitarla la ayuda para cumplir lo que desease, pero sabiamente se cayó. Notando un picor muy reconocible en la entrepierna decidió que era el momento de irse, si la conversación seguía, el picor se convertiría en un dolor terrible al tratar de no despertar a la bestia.

    Se puso de pie, con un leve bulto que Carol miró con curiosidad. Una curiosidad que rápido se convirtió en timidez, porque el pene de Sergio se notaba muchísimo.

    —¿Ya te vas? —la joven quería seguir hablando toda la tarde y toda la noche, se lo pasaba genial.

    —Sí, que si no mañana, no nos vamos a levantar. —algo sintió al mirarla a los ojos y preguntó— ¿Prefieres que me quede?

    —Eh… no, no, mejor descansar. Tenemos que dormir, además tengo que deshacer la mochila que al final te has escaqueado. —detuvo sus labios un segundo y volvió a mirar en una décima de segundo el bulto entre sus piernas. “¡Quita la vista!”— Si te quieres quedar… tampoco me importa.

    —Bueno… igual…

    Vio cómo su amiga se levantaba. Quedó con la ventana a la espalda mientras las gotas seguían golpeando el cristal y una canción que no escuchaba salía del ordenador. Dio un paso hacia él con los pies descalzos, el ombligo al aire y… unos pezones parcialmente duros que se notaban tras la tela.

    Sus pechos se veían firmes, la camiseta estaba ceñida y se podía vislumbrar su contorno, Sergio lo vio y Carol observó como la miraba. Ambos se sintieron extraños por primera vez, bajando esta última la cabeza, con la intención más disimulada posible, de mirar el bulto que se movía bajo la tela.

    —Será mejor que me vaya.

    —Sí, mañana nos vemos. —esperó un momento y le volvió a mirar a los ojos, ambos conectaron un segundo eterno— ¿Te parece bien?

    —Por supuesto.

    Sergio se fue rápidamente, sin dar más tiempo a otra palabra que estropeara el momento. ¿Por qué lo había estropeado con su reacción o Carol estaba cómoda? Sus duros pezones con el calor de la habitación no eran normales, o eso creía el joven.

    Se adentró con rapidez en la cama, sin pensar en nada más que en el blanco del techo para reprimir una masturbación que estaba llamando a la puerta. Logró cerrar los ojos y el alcohol hizo que el sueño viniera rápido, había conseguido parar un orgasmo con el nombre de Carol. Lo que desconocía era que su amiga, también detuvo un orgasmo, pero en su caso, con el nombre de Sergio.

    ****

    De lunes a jueves Sergio apenas vio un rato a Carolina. La pobre estaba algo estresada con un examen parcial que tenía el viernes y estudió como nunca. Sergio solo la molestó unos minutos, llevándola una bebida energética para que recuperara fuerzas. La joven lo agradeció y le despachó rápido, tenía que seguir estudiando, aunque le costó bastante retomar el estudio, Sergio estaba en su cabeza.

    El muchacho en cambio, poco tenía que hacer. Pasó par de tardes junto a Javi y otros amigos jugando a las cartas en la cafetería, con penosa suerte hay que añadir, y también intercambiando mensajes con su hermana. Laura solía escribirle casi a diario, aunque esa semana en concreto hablaron de manera ininterrumpida. Sobre todo de la visita de Carmen, de las cosas que le compró y también, de que su madre andaba algo nerviosa o intranquila, no sabía bien.

    Se podía hacer una idea de cuál era el motivo. Según su tía, Mari quería hablarlo, tenía ganas… o por lo menos estaba por la labor de poner fin a la situación. Ninguno de los dos sabía que sucedería después, si volverían los mismos sentimientos o retomarían su antigua vida, pero había que hacer algo ¡YA!

    Preguntó a su hermana el horario de su madre, más que nada por confirmarlo, ya se lo había dicho anteriormente. Lo único que le importaba era que salía a los ocho y estaba siempre de lunes a viernes, algún sábado que otro también, pero entre semana era cuando la podía pillar.

    El jueves se quedó dormido diciéndola que muchas gracias por la información y no le sorprendió levantarse al día siguiente con un mensaje de Laura. Lo que si le impresionó a primera vista fue el contenido.

    —¿Vas a ir a verla?

    Podía ser una duda normal, una pregunta común de una hermana a su hermano. Sin embargo, a través de la pantalla sintió algo raro, como si esas palabras tuvieran un tono y Laura se lo preguntase de otra forma. “¿Lo vais a arreglar?” fue lo que en verdad leyó el muchacho sintiéndose descolocado por completo.

    Solo eran imaginaciones suyas, Laura no sabía nada, por supuesto Mari no se lo había contado. Pero su hermana era lista, bastante perspicaz y se podía oler que algo pasaba. Con dedos inquietos escribió en el móvil una escueta respuesta.

    —Sí.

    —Me parece muy bien.

    Laura contestó rápido, no le importaba sacar el móvil de forma furtiva en clase, siempre tenía un hueco para hablar con su hermano.

    La puerta sonó con fuerza mientras la pregunta que se imaginaba en su cabeza resonaba una y otra vez. Sergio se alzó de su cama, con el pelo disparado para diferentes direcciones y aún a medio despertar. Abrió la puerta recibiendo una ayuda extra del exterior, haciendo que se retirara un paso atrás dejando paso al vendaval que se avecinaba.

    —¡Ya está! ¡Me salió de puta madre!

    Claro que era Carolina, con su vitalidad mañanera entrando a viva voz con una felicidad que le salía por los poros.

    —Me alegro —dijo Sergio en mitad de un bostezo.

    —Huele a paja, abre las ventanas.

    —Dios, Carol, siempre igual. Eres pesada hasta decir basta.

    Con una energía infinita corrió hasta la ventana y la abrió con fuerza haciendo que Sergio apartara la vista de sol como un vulgar vampiro. En un visto y no visto, le hizo la cama he incluso le ordenó el escritorio.

    —¿Qué haces?

    —Es que me levanté con muchísimas ganas.

    —¿Tienes planes para este fin de semana?

    —Marcho a la tarde, pero el domingo al mediodía estoy aquí. Es el cumpleaños de una amiga. ¿Me vas a echar de menos? —le pinchó con un dedo en el vientre y este sonrió.

    —Un poco, tampoco te ilusiones.

    —¡Cómo te gusta mentir! —le añadió entornando los ojos—. Venga, vístete, vamos a dar un paseo o algo, que ha salido el sol.

    —Diez minutos, por favor.

    —Seis y porque estoy feliz. —le empezó a empujar a la ducha— ¡Rápido, rápido! No quiero perder el día. —cerró la puerta del baño con Sergio dentro y añadió— Si no te das prisa me voy a poner a fisgar tus cosas.

    —Me da que lo vas a hacer aunque tarde tres minutos.

    La joven se rio tras la puerta y esperó sentada en la cama. Tenía algo por lo que estar feliz, que seguramente contaría a Sergio más tarde. Había quedado con Paola, el domingo a la mañana iban a hablar y parecía que por fin darían un paso más, estaba ilusionada y quería gritárselo. Sin embargo, algo dentro de ella no quería decirle nada, tenía un presentimiento, como si a Sergio… le fuera doler.

    No entendía muy bien de donde venía esa sensación, era como decir a un novio, “oye me voy a ver con mi ex, ¿qué te parece?”. “No le estoy engañando, no es nada mío, ni siquiera me gusta…” pensaba mientras perdía sus ojos en la pared verde que había detrás del escritorio.

    Aunque sabía que algo la pasaba, no solo fue el fin de semana pasado. Esta semana gracias a los estudios no le dio tiempo a pensar mucho en su amigo, pero cuando le llevó la bebida energética, el pecho se le comprimió para después latir con fuerza. Le gustaba mucho estar con él, tanto que igual… le comenzaba a gustar de otra forma…

    Carol se engañaba una y otra vez, diciéndose que eran amigos y nada más, que era amor de amigos y punto. ¿Cómo le iba a gustar otra vez un tío? “Son unos cabrones”. No obstante, no tenía muy claro si generalizar era una buena opción, “Sergio… no es así”.

    La mañana fue bastante placentera, caminaron por los alrededores de la facultad mientras Carolina no paraba de hablar de su examen. Buscaba un momento para contarle lo de su “novia”, con suerte igual a partir del domingo podría llamarla así.

    —Estuve hablando con Laura. —sentada en el banco comiendo una bolsa de Doritos, Carol se giró. El tono de Sergio indicaba que era importante. Ya le conocía— Me ha estado hablando de casa, de mis padres… he decidido que voy a ir a hablar con mi madre.

    La joven se quedó de piedra, queriendo decirle, “muy bien, es lo que tenéis que hacer, arregla las cosas”. Sin embargo, tardó en contestar, pensaba en todo lo que eso implicaba y en una cosa que ella… solo se imaginaba.

    “Si lo arreglan, ¿volverá a casa? Eso es bueno, porque tendrá una buena relación con sus padres. Pero, no quiero que se vaya…”. Quería tenerle cerca, era un gran apoyo en su vida. En tan poco tiempo, se había convertido en alguien tan importante, era su… MEJOR AMIGO.

    —¿Qué te parece? —preguntó Sergio al no ver reacción de parte de su amiga.

    —Bien. Supongo, ¿no? Me refiero, es lo que quieres ¿no?

    —Sí, tengo que arreglar las cosas. Ahora no pienso tanto en ello —“porque te tengo a ti y haces que me olvide de todo” se tragó sus palabras. No quería sacarlas, sonarían raras—, pero a la larga me comerá de nuevo por dentro.

    —¿Qué vais a hacer? —con la imaginación volando, pensó que aquello sonaría del todo inapropiado, rectificó— Vais a tomar algo o no sé, pasear… —“cállate, qué la jodes”.

    —Ni idea, voy a ir a verla a la tienda. Allí acabaré con esta chorrada.

    Necesitaba decirle algo, si quería que le acompañase o si necesitaba algún tipo de apoyo moral. Pero no le salió, además que ella se iría a su casa, aunque si lo pedía… se quedaría con él… lo que Sergio necesitase.

    —Si después estás mal o… no sé… me puedes llamar o algo. —se sentía nerviosa, el tema la ponía así. Porque se olía que tras la capa superficial del problema, había algo más.

    —Pues tiene gracia…, pero podrías ir dándome tu móvil, ¿no?

    Carol sonrió de lo estúpido que era, ninguno de los dos tenía el número de teléfono del otro, total ¿para qué? Vivían a dos puertas. Hacían vida juntos, y todos los días se veían, no lo necesitaban, sin embargo, se intercambiaron los números de teléfono.

    —Ya está. Señor fontanero, así te reconozco rápido. —bromeó la joven.

    —¿Qué pongo yo? Pesada, muy pesada, pesadísima…

    —Pon: la mejor del mundo. Creo que es lo más evidente.

    Sonrieron y volvieron a la residencia, aunque a Carolina algo le picaba dentro de la cabeza. Todavía tenía que contarle lo de Paola y le costaba un mundo sacarlo, además que saber que se vería con su madre, no entendía por qué no le daba buenas sensaciones. Sabía que lo arreglarían, que todo estaría bien, sin embargo… Después… ¿Qué pasaría?

    Anduvieron hasta la puerta de Sergio, donde este se despidió y Carol le paró antes de entrar. Fingió una sonrisa de sorpresa, “¡Vaya, qué casualidad! Justo me acordé de algo que te tenía que contar…” que falso sonaba en su cabeza.

    —¡Sergio, que no te conté! Hablé con Paola. —el gesto de Sergio le pareció correcto. Parecía que iba todo bien ¿por qué iba a ir mal?

    —¿Me lo cuentas ahora? ¿Cómo no me lo has dicho antes? ¿Qué tal?—la verdad que sí era sorprendente. Salvo para Carol, que el motivo era que no se atrevía.

    —Se me pasó por completo, tío, tengo la cabeza en mil cosas. Pues parece que bien y el domingo a la mañana vamos a quedar para hablar.

    —¿Quizá lo intentéis?

    —Puede ser.

    —¿Sin otros novios de por medio y relación pública?

    —Se lo está pensando, pero parece decidida. —Carol dudaba de sus palabras.

    —Entiendo. —colocó su mano en el hombro de su amiga— Me alegro si es eso lo que quieres. Solo te digo una cosa, ten cuidado… no quiero… —la duda por decirlo le comió, pero era su amiga. Suspiró con fuerza y lo soltó— No quiero que te hagan daño.

    A Carol el corazón se le contrajo, por un momento sintió tanto que no lo pudo contener. Millones de sentimientos trataban de manar por su piel logrando que el vello se le pusiera de punta, menos mal que Sergio no lo podía notar.

    Su frase, su voz, su tono, “que no me hagan daño” se repetía en su cabeza, sonaba tan bien, tan calmado, con tanta protección, le pareció una frase perfecta. Pero por otro lado, también tenía otra pronunciación, que por una parte le gustaba, pero por otra, no quería que eso fuera así. La pregunta sonó fuerte en su cabeza, quizá sabía la respuesta de antemano, pero era la primera vez que le dio forma. “¿A Sergio le gusto?”.

    Le sonrió fríamente, como un muñeco de trapo con una mano atravesándola el trasero. No podía sacar algo más natural, porque no sabía que sentía, ella amaba a Paola, era con la que quería estar, no con Sergio.

    Se despidió con un gesto de cabeza, dejando la conversación cortada en ese punto y abriendo su puerta mientras el joven cerraba la suya. Hasta el domingo Carol tendría tiempo, tiempo para comerse la cabeza todo lo humanamente posible.

    Sin embargo, Sergio quizá por desgracia o suerte, no tuvo tiempo para eso. La tarde llegó rápida y cogió el coche rojo que tanto amaba para recorrer unos kilómetros hasta un destino muy específico.

    Aparcó relativamente cerca del trabajo de su madre. Manteniéndose quieto por más de cinco minutos dentro del coche. Podría parecer que son pocos minutos, pero cada segundo se le hizo interminable. Unos nervios incontrolables se apoderaron de él, la tripa le dio vueltas y las piernas de forma inquieta no se detenían, parecía que tuvieran la misma función que un martillo hidráulico.

    Cogió fuerzas, ¿de dónde? No lo supo. Abrió la puerta del conductor, notando el aire frío que todavía imperaba a las puertas de la primavera, pero con un sol radiante que calentaba lo justo. Anduvo con paso firme, más por obligación que otra cosa, quería ir, pero no tenía ni una frase pensada.

    ¿Qué le diría a su madre? “Hola, ¿qué tal? Hace cuanto ¿no?”. Todo lo que se le ocurría sonaba más o menos igual de ridículo. Ponerse serio, sentimental, gracioso… no eran buenas ninguna de las opciones. Podría dejar que hablase ella, que le dijera algo e improvisar sobre el terreno. No obstante, no había tiempo para más, levantando la cabeza se dio cuenta de que estaba a un portal de distancia del escaparate de la tienda.

    Infló sus pulmones tanto como pudo, el corazón le saltaba del pecho y estaba seguro de que si alguien miraba dentro de su garganta lo vería saludar. El cuerpo se le tensó y las manos húmedas, le resbalaban en los bolsillos. Se las limpió en el pantalón, parándose justo antes de entrar a la tienda.

    Los oídos le zumbaban y la situación no podía ser más crítica, podría marcharse en ese mismo instante, largarse corriendo y no volver. Sin embargo, ese no sería Sergio, sería un cobarde, un maldito cobarde que se odiaría por siempre.

    “¡Entra, joder, échale huevos! ¡Vamos tira para adelante, es tu madre!” Se dijo con fuerza mientras sus labios se apretaban dejando una fina marca blanca. Cerró los ojos, tan fuerte como pudo, dejando fluir los sentimientos que tenía olvidados sobre su madre. Como la amaba, la quería hasta el último confín del universo, pero ¿qué tipo de amor era? Esperaba que volviera a ser solo materno…

    Se motivó así mismo, haciéndose la pregunta clave que ningún hombre que se precie puede escuchar sin exaltarse. Desde lo más profundo de su psique, una voz burlona, quizá su conciencia o el demonio que en todos habita, le dijo con sorna “¿Qué pasa, Sergio? ¿No tienes huevos?”.

    —¡A tomar por culo!

    Giró con rapidez, la puerta de cristal se abrió y un ruido de campanillas replicó en toda la tienda. Por fin estaba abierta, entrando con decisión y pisando tan fuerte que se pudiera notar su presencia en la otra acera.

    En la tienda no había nadie, al menos a la vista. Echó la vista atrás, podía leer el cartel de cerrado, por lo que de cara al público estaría la parte en la que ponía “abierto”, no había error. Lanzó un vistazo rápido sin ver a nadie, ni en el mostrador, ni en los pasillos de hileras de ropa, ni en el probador.

    —Ahora voy.

    Una voz se escuchó tras alguna pared o puerta. Sergio la divisó rápidamente, era la que estaba al fondo a la izquierda, de allí provenía la voz… que salía… de la boca de su madre.

    El corazón latía a la velocidad de un guepardo, pero con la fuerza de un león. Estaba seco, necesitaba litros de agua, seguramente perdidos por todo el sudor que manaba de su cuerpo. Escuchó un clic, la cerradura de aquella puerta se abrió y entonces fue que… la volvió a ver.

    De allí salía Mari con la cabeza gacha mirando un cuaderno de notas, seguramente con asuntos de la tienda. No estaba prestándole atención, solo miraba las hojas donde la tinta azul dibujaba números y letras hasta por el borde de la página.

    Estaba preciosa, hacia él venía una diosa, la mujer más bonita de la existencia. La volvía a ver bien, no como la otra vez desde la otra acera. No sabía cuánto tiempo llevaba sin observarla tan de cerca, no contaba los días por evitar cualquier pensamiento sobre Mari, pero allí estaba. Se había dejado crecer el pelo, lo tenía arreglado y una melena morena brillante le llegaba casi hasta la mitad de la espalda. Sus botines resonaban en el suelo de baldosa, haciendo que sus piernas estuvieran bien firmes dentro de unos pantalones holgados de los que se quejó el joven porque no fueran ceñidos. Arriba una camisa blanca también holgada y una chaqueta ejecutiva con las mangas remangadas, ¿esa era su madre? “¡Qué cambio! Es la misma, pero se cuida.” Pensó sin recordar haberla visto tan bien cuidada en… en… ¿Nunca?

    —Perdóneme, estaba justo en el almacén.

    Mari sintiendo la presencia del nuevo cliente llegó hasta el mostrador, con el rabillo del ojo, vio que era un chico joven, aunque no lo tenía muy claro, pero un hombre fijo. Anduvo hasta donde solía estar sentada y dejó el cuaderno encima del cristal para mirar y atender al cliente.

    Los ojos se le abrieron, tanto que a poco se quedan colgando hasta la boca. El asombro era infinito, de todas las personas del mundo ese joven era el que menos esperaba ver. Apoyó una mano en el mostrador del cristal, no se iba a desmayar, pero más valía prevenir que curar.

    Su hijo no decía nada, solo la miraba con un gesto serio aunque mezclado con cierta ternura. Ella se llevó una mano al pecho, quizá de la sorpresa o tal vez para calmar un cuerpo que no sabía ni dónde meterse.

    Abrió la boca, primero un aire caliente salió de ella, calentando una garganta que daba la sensación de haber muerto un segundo atrás. Sin creerse todavía lo que veía y pensando que podría haberse quedado dormida en el almacén, solo se le ocurrió decir.

    —¡¿Sergio?!

    CONTINUARÁ

    —————————–

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • La apuesta por el auxiliar de viaje

    La apuesta por el auxiliar de viaje

    Desde muy chica empecé a sentir muchas calenturas y unas cosquillitas que me despertaban ese deseo inmenso de querer follar, en ese entonces no entendía bien por qué sentía esas sensaciones, pero años después descubrí lo especialmente arrecha que soy, recuerdo aquella vez en la que gané una súper apuesta a mi prima; para ese entonces tenía yo 18 años igual que ella pero un gran recorrido en el mundo sexual, debíamos viajar a otra ciudad a visitar a mis padres, ya eran las vacaciones y por la escuela vivíamos con mis abuelos en el pueblo, aunque me emocionaba la idea, el solo pensar que pasaríamos 18 horas en ese autobús me aburría demasiado; pero todo cambió al llegar al terminal y darme cuenta que el auxiliar de viaje era un chico muy apuesto y exageradamente sexy, se podía notar el gran tamaño de su polla sobre su pantalón y su mirada era como ráfaga de fuego que me incitaban a querer tocarme con solo mirarlo.

    Obvio no fui a única en notarlo, mi prima de inmediato se acercó y conociendo mis intenciones me dijo: -es mío, yo lo vi primero. Pero no podía yo darme el lujo de perder tremendo semental. Así que decidimos apostar que quien lograra que el chico le diera un beso primero se quedaría con él. Desde ese instante ese viaje prometía ser muy placentero.

    Era de noche y el bus estaba súper lleno, la mayoría de los pasajeros eran personas ya muy mayores, yo iba sentada en uno de los primeros asientos junto a mi abuelo, quien ya dormía como un bebé y sus ronquidos como un león , mi prima se encontraba sentada junto a mi abuela casi a la mitad del auto bus, así que era imposible poder hablar durante el viaje, entre los ronquidos de mi abuelo y la ganas de cogerme al auxiliar de viaje era imposible quedarme dormida, las luces todas apagadas, buscaba yo con mis ojos desesperada al chico que me traía tan caliente desde hace apenas unas horas y al que le había hecho miradas en un par de ocasiones queriéndomelo comer, sin embargo el no parecía inmutarse ante el fuego que salía de mis ojos y el calor tremendo que desbordada mi piel por causa de la arrechera que traía desde hace algunos día en que empecé a masturbarme y fui interrumpida por mi abuela.

    En un instante me di cuenta que el chico se sentó en la escalerilla de la entrada muy cerca de mi asiento, de inmediato pensé que esa era la oportunidad que estaba esperando, se erizaba mi piel, mi cuquita empezaba a humedecerse y mis ganas aumentaban cada vez más, estaba realmente ganosa por ese sexy auxiliar de viaje.

    Como les venía contando el sentir el olor de ese chico tan cerca de mí me prendía enormemente, mis pezones me dolían de lo duro que estaban, no dejaba de imaginar el tamaño de su polla bien erecta y el poder comerla desesperadamente. Debía hacer algo pronto antes que mi prima me lo ganara y me quedara arrecha y aburrida durante el viaje. Me avente a hablarle y le pedí que por favor me dijera que horas eran, el muy amablemente me dijo son las 11 y 15 minutos señorita, wow su voz era aún más sexy y eso hacía que empezara a mojar esa pequeña panty brasilera que traía puesta.

    No podía desaprovechar esa oportunidad ya tenía su atención así que decidí ganar terreno, empecé a preguntarle cosas del viaje pero era un poco difícil estando yo al lado de mi abuelo, así que después de algunas tontas preguntas que le había hecho le dije que si había algún problema en que me sentara en la escalerilla con él para poder escucharlo mejor, él dijo que no había problemas y en ese instante pensé es mi gran oportunidad.

    Sentada ya muy cerquita de él sentía que mi coñito palpitaba muy deseoso y mis tetas querían explotar, así que debía hacer algo rápido, decidí lanzarme con toda y le dije te puedo pedir un favor? Claro que si respondió el chico en qué puedo ayudarte?

    Entonces le conté que mi prima y yo habíamos apostado quien lograba primero un beso suyo y que yo quería ganar esa apuesta ya que era ella la que siempre me ganaba y que esta ocasión quería ser yo la ganadora.

    Al principio se sorprendió y creó que hasta se asustó un poco, pero le pedí por favor con esa vocecita tierna y dulce que saco cuando quiero obtener algo y no pudo negarse. Solo será un pico recuerdo que me dijo y yo acepte diciéndole gracias.

    Primero un pico tierno y cálido como el de dos niños, pero al acercarme puse mis tetas cerca de sus hombros y mi mano en su muslo cerca de su polla para emocionarlo un poco y creo que me funcionó porque le pedí por favor otro que ese casi ni lo sentí acepto y en esta ocasión lo besé apasionadamente mis manos agarraron su cara y mi lengua recorría toda su boca, wow lo recuerdo y me vuelvo a emocionar como ese día con ese beso, lentamente bajé mi mano buscando la suya y la dirigí a mi cintura cerca de mis nalgas y el las tocó de una manera que sentí una corriente eléctrica que atravesaba mi cuerpo, uffff ese beso ya me traía demasiado mojada quería ya ser penetrada por ese auxiliar que no se animaba a pasar del beso, tomé su mano y la dirigí a mis enormes tetas ya hinchadas por la arrechera que tenía y el no dejaba de tocarlas y mi coño se mojaba cada vez más, bajé mi mano hacia su polla y la tenía dura muy dura, me apresure a bajar su cremallera, pero él me detuvo y me dijo no, alguien puede vernos me meteré en problemas, le dije al oído quiero que me coja sin este momento, mira como me tienes tome su mano y la metí debajo de mi falda por encima de la panty y pudo sentir lo mojadisima que ya estaba. Pero aquí es imposible, me dijo, además cuántos años tienes me preguntó, 18 le dije pero ya tengo experiencia no te preocupes, ahora tengo una arrechera que quiero quitarme contigo.

    Él se levantó de la escalerilla y recorrió el autobús con la mirada y luego me dijo, espera aquí. En un momento si sientes un silbido iras al baño yo te estaré esperando allí…solo pasaron como dos largos y eternos minutos cuando sentí ese silbido y corrí literal hacia el baño, olvidándome de mis abuelos y de que iba en autobús de viaje.

    Me apresuré a entrar al baño y ya él estaba allí esperándome en ese sucio y estrecho lugar, sin pensarlo me lance hacia él y empecé a besarlo salvajemente, el siguió mi beso, enrolle mis brazos a su cuello el bajo el top que traía yo puesto dejando mis enormes tetas al descubierto y mamándolas como un desesperad, cada vez que succionaba mis pezones una corriente eléctrica estremecía todo mi cuerpo. Rápidamente desabotone su pantalón y saqué su polla estaba muy erecta y tan grande como la imaginaba al mirarla atreves de su uniforme, ya estaba babosa por la excitación que teníamos los dos, quería devorarla pero solo pude chuparla un par de minutos los cuales aproveche al máximo. Me tomo por la cintura, me subí un poco la falda, enrollé mis piernas alrededor de su cintura y haciendo mi panty a un costado me penetró con su gran verga de una sola vez toda adentro, di un gran gemido al sentirla dentro de mí que seguramente alguien en ese auto bus escuchó pero que no me importó, al tiempo de sus embestidas salvajes yo sentía un gran placer, una arrechera que me consumía y que solo me hacían pedir más verga, sentí que ya no podía más estaba yo demasiado excitada y sentía que me venía, enterré mis uñas en su espalda y dije más fuerte que me vengo más fuerte que me vengo. En ese instante recordé que mucha gente detrás de esa puerta así que para evitar que escucharan mis gemidos mordí su hombro mientras me vine, wow.

    Sentí que mis líquidos recorrían mis piernas, pero aún seguía muy caliente y le pedí sigue por favor, el también ya estaba a punto de venirse y aumento su ritmo, así me gusta así de fuerte le dije, dame más que rica polla tienes Auxiliar, me gusta sigue, sigue. Él dijo me vengo debo sacarla, a lo que le respondí no por favor vente dentro de mi quiero sentir tu lechita dentro de mi coño por favor, empecé a besarlo y acariciar su cabello con mis manos hasta que sentí un caliente que me quemaba toda mui cuca e hizo que me viniera nuevamente con un gran gemido el cual tuvo que taparme la boca para no ser descubiertos.

    Tome algo del papel del baño limpie rápidamente mis muslos y mi cuca, baje mi falda y aun con mi respiración agitada me acerqué y al oído le dije gracias auxiliar por hacerme ganar la apuesta con creces y salí del baño me senté junto a mi abuelo y me dormí profundamente como un bebe. Al amanecer le conté a mi prima de qué manera había ganado la apuesta y lo que disfruté ganándola.

    Deseo21.

  • Dudas existenciales

    Dudas existenciales

    La familia Peñarrubia llegó a la finca donde pasaban las vacaciones, este año se habían juntado las dos hermanas con sus correspondientes maridos y una hija cada una.

    Teresita por su parte era una chica delgada, inteligente y estudiosa. De físico frágil, pequeña y muy delgada, usaba gafas. Por su parte la otra hija, la Sonia, era despreocupada y rebelde. Dotada de un físico leonino de grandes pechos, alta y un culo armónico, redondo y subido, cara de pómulos marcados, labios gruesos, ojos almendrados. Las dos contaban con 20 años

    – Por fin has venido, Sonia, cuánto tiempo, te veo muy guapa ¿Qué tal de tu vida, dónde estabas metida

    – Por Inglaterra, Alemania… Esto siempre me ha resultado aburrido ¿Y tú qué es de tu vida?

    – Ya ves he terminado tercero de derecho – dijo en tono orgulloso- ¿Y tú?

    – Na, estuve de canguro en Alemania y ahora de peluquera en Inglaterra

    – ¿Te habrás apuntado a escuelas de idiomas y sabrás un montón

    – Qué va, ahí con la peña, paso de estudiar

    – Yo conocí a un chico, aún no lo he presentado, quizás venga un día de estos, ¿Y tú?

    – Na, nada de tíos fijos es un coñazo

    Compartían cuarto, Teresita con los libros y los vestidos colgados. Sonia se había duchado, Teresita, la miraba, en una nalga esplendida llevaba tatuado el as de picas, en la ingle un escorpión, en la espalda unas pequeñas alas y en el pie una serpiente. Se puso una falda vaquera corta y una camiseta. Tanga y sostén. Había dejado la ropa tirada encima de la cama, en el suelo paquetes de tabaco, compresas sin usar.

    Cogieron el coche que habían comprado a Teresita por sus buenas notas

    – Esto es aburrido de cojones, que asco de lugar. Sólo una pequeña cala – dijo Soni

    – Pues a mi me gusta por su tranquilidad

    Pararon en la gasolinera, había un motero que repostaba; un hombre fuerte de unos 45 años sin afeitar, facciones rudas. Sonia bajó y fue a pagar, al caminar todo se le movía y el balanceo del culo hizo que el motero la mirara con ojos de lobo hambriento, en un ademán lleno de sexualidad se apartaba la morena melena de la cara. La cajera al salir Sonia dejó escapar un «¡Vaya putón!»

    – Que descarada eres prima, has visto como te mira ese viejo de la moto, encima te creces cuando estás delante

    – Es mi manera de ser…

    – Vaya sofism

    – Esto que es, sofi… menos palabras raras, desde que vas a la uni, Teresita… Además el maduro tampoco está tan mal

    – Con esto ya tengo suficiente – y Teresita arrancó el coche

    Fueron al supermercado a comprar, ya de vuelta Sonia dijo

    – Vaya asco de vacaciones, para ahí en ese bar tomamos algo y compró tabaco

    – Me da cosa… Eso parece un antro

    – No seas remilgada, prima

    Entraron en una especie de pub, al lado estaba aparcada la Harley Davidson de la gasolinera. Teresita no estaba convencida, nada más sentarse en la mesa del pub algo concurrido hizo acto de presencia el hombre de la gasolinera; alto, con algo de barriga, fuerte, chupa de motero, con un águila en la espalda. De cerca tenía los rasgos más secos y agresivos

    – Os invito, nenas – dijo en tono resuelto

    Teresita hizo senas de querer irse, Sonia le hizo ademán de que esperara. Teresita tomo una cola, Sonia y el motero cerveza

    – ¡Vaya motaca que tienes! – dijo Sonia

    – Una Harley nena, quieres dar una vuelta con ella- dijo guiñando un ojo

    Teresita se levantó y dijo

    – Vámonos

    – Tranqui- contestó Sonia – me acompañarán

    – Quiero hablar a solas, váyase un segundo por favor

    Al levantarse el motero

    – No me digas que te fias…

    – Tranqui, vete, se lo que me hago

    Al cabo de media hora el motero ya paseaba a Sonia con la Harley. Orgulloso de su conquista pasó por todos los lugares que era conocido, dejando constancia de su gloria o lo que eran los mismo: pasear la gloria delante de otra gente. Con pulso firme aceleró hasta la salida del casco urbano, hacia la pequeña zona costera entrando en un pequeño camino y parando en un enclave de arena y árboles. No tardó bnada en morrear a Sonia y magrearla, era buena tajada y más a su edad. Al poco rato ella ya le hacía una mamada de pie. Con una demostración de atlética virilidad como hacen todos los hombres de edad, como si demostrarán que el tiempo no pasa para ellos la tumbó en el suelo. Con sus pantalones en los tobillos, el tanga de Sonia ladeado y en misionero la ensartó. Lleno de sudor y jadeando empezó a follarla. La coordinación de sus movimientos era algo irregular, pero estaba en trance. Al final consiguió unas embestidas enérgicas coordinadas; rugía como un toro bravo, ella le rodeaba la cintura con las piernas y también jadeaba. La recta final de la follada estaba cerca a tenor de los espasmos musculares del motero y dándose cuenta Sonia lo atenazo más con sus piernas. Ya no importaba preguntara donde quería dejar el cargamento por parte del motero. Con tres machacadas epilépticas y un último espasmo quedaron estáticos.

    Teresita estaba en su cuarto y oyó el sonido inconfundible del escape de la Harley después unos pasos rápidos y el sonido de la ducha. Bajó a cenar con la familia; Sonia iba con un batín de baño y dijo que esa noche estaba muy cansada que se iría a dormir pronto. Teresita le echo una mirada de pedir explicaciones, Sonia se la aguantó. Al ir a ducharse Teresita encontró el baño hecho un asco: agua, ropa de Sonia por el suelo. Destacaba el tanga con semen resec

    Esa misma semana vino la tía de Teresita, la cuñada de su madre, según la cual – palabras textuales – era una solterona a sus 40 años y una descarada con aires achulados de gran diva y un putón de cuidado. La tía Marta era una mujerona bajita pero muy híbrida; de pechos exhuberantes, un culo totémico pero bien colocado, lo que se llama un pandero proporcionado. Su cara era angulosa, de ojos pequeños y saltones, de frente baja y pómulos prominentes pelo teñido de rubio. Cenaron y charlaron, Marta dijo que pasaría la noche en el pequeño hotel del pueblo, era sábado y tomaría algo, si alguien quería ir con ella… Todos declinaron la invitación menos Sonia, Teresita todo el rato se sintió molesta por la presencia de su tía y estaba ausente, estaba harta de oír sandeces de programas del corazón, revistas de moda y cosas que a ella le parecían de adolescentes. Una vez en el coche de Mart

    – ¿Te gusta el lugar? Hacía años que no te veía. Has cambiado. Como pasa el tiempo

    – Es una puta mierda, además la casa en el campo a unos cuantos kilómetros del asqueroso pueblo – dijo Sonia encendiendo un pitillo

    – ¿Estudias? – al mismo tiempo que también encendía un pitillo

    – Paso de estudiar, he estado en Berlín y Londres. Voy a buscarme curro de peluquera ¿Tu curras?

    – En una tienda de ropa. Debiste ligar mucho estando en el extranjero, no estás mal.

    – No tuve problemas, no. Tu no estás casada, según sé

    – No. Digamos que soy la oveja negra, según se mire, pero bueno si me apetece un tío…

    – Te lo follas

    – Qué explícita. Pues si. Te has tirado a muchos, supongo. No te veo como mi sobrina que va para monja

    Llegaron a un pequeño hotel, Marta reservó habitación aunque solo les quedaba una doble. Marta le preguntó a Sonia si quería quedarse. Aceptó tras llamar a sus padres. Marta fue a cambiarse, Sonia vestía otra vez falda corta vaquera con camiseta. Marta se duchó y se puso un vestido ajustado con estampados veraniegos.

    – ¿Cómo me queda el vestido

    – Bien, ajustado pero te queda bien. Marcas bastante el tanga – dijo Sonia

    – Es adrede

    – Piensas triunfar. Aunque aquí no hay ambiente

    – Sé de un local que quizás…

    – Entonces conocés esto cabrona…

    Fueron a tomarse unas copas en un pequeño local donde se ponía música. Había algunos jóvenes. Tras un rato en el local dos jóvenes se las miraban.

    – Joder, esta es la buenorra que se tiró el Sebas

    – No jodas que el puto viejo. Algo me dijeron en la gasolinera cuando empeze el turno

    – Si fardó por todo el pueblo paseándose con ella con la moto el hijoputa. Dijo que se la había cepillado sin problema y sin conocerla. La otra maduraca se cree tener 18 años. Vamos a entrarles, son carne de cañón

    Ellas ya llevaban dos mojitos, salieron a fumar

    – Has visto cómo nos miran esos dos

    – Son muy jóvenes para ti, ¿no

    – Sé como hacer gozar a un joven, ¿ qué te crees

    – jajaja – rio Sonia – bueno… no són gran cosa, pero..

    Los dos chicos se acercaron y las invitaron a beber. Uno era alto y desgarbado ojos saltones y una mandíbula prominente, trabajaba en la gasolinera. El otro ancho de espaldas de mediana estatura, cuello era de toro de aspecto rudo y varonil, perilla y pendientes; trabajaba en una explotación forestal cortando árboles. Ambos de 25 años. A medida que fue pasando el tiempo vieron que tenían el tema controlado. Solo faltaba levantarlas del lugar. Ya habían salido a fumar los 4, el de la gasolinera congeniaba con Sonia y el leñador con Marta. Al ir al baño ellas comentaron

    – Se creen que somos dos niñatos de este pueblo, están equivocadas – dijo el leñador con un dejo de jocosidad

    – Son tontas del culo, me pone la joven, tienen habitación en el asqueroso hotel. Van de rabo, ¿has visto cómo insinúan los muslos? – dijo el otro

    La verdad es que ellas se sorprendieron del aire resuelto de los chicos y en efecto, no eran de la zona. Se habían conocido años atrás en un prostíbulo de otra región, el leñador era operario de limpiezas en un camión de basura y a través de su tío consiguió trabajó de camarero junto con el gasolinero. Pero tras unos asuntos turbios de venta de estupefacientes los dos pasaron un breve tiempo en la trena para después recalar en el lugar en el cual ya llevaban dos años

    Por practicidad decidieron ir los 4 al hotel ya que donde vivían ellos era inviable. Ya iban acaramelados, el hotel estaba cerca y cada uno había escogido pareja. Cuando iban subiendo tras ellos los increpó del sereno, entonces el chico alto que iba el último bajó a verlo

    – ¿Qué pasa?

    – No quiero líos debéis…

    – Que líos puede haber – dijo en tono intimidatorio

    – No se puede subir, pero porque sois vosotros – respondió atemorizado el sereno

    – Ok, no molestes más. Ni que fuera un hotel de lujo. Total vamos a tirarnos dos cerdacas – al mismo tiempo que se cogía el paquete

    Una vez en la habitación dejaron las lamparillas de ambas camas encendidas. Eficaces y dinámicos los dos pusieron en pelota picada a las dos hembras dejando claro que no eran novatos -las dos tetonas, depilada la Sonia y Marta con raja de vello- y ya les comieron la boca y tantearon el genero -sospesar pechos, magrear culos y dedear- después ellos a la par se despojaron de la ropa y sacaron su artillería – el leñador sacaba algo de ventaja en cuanto a la polla, la del alto era más delgada y algo curvada. Los dos depilados-. En un acto de soberbia y demostración de poderío el leñador se tiró sobre la cama; levantó las piernas hasta su cabeza y las sujetó abrazandolas con los brazos a la altura de las rodillas.

    – ¿Prácticas el beso negro, nena?- preguntó retador

    – Qué viciosos sois quién lo hubiera dicho

    Acto seguido bajo la cabeza para empezar a lametear. Sonia quedó alucinada viendo el panorama. Su chico sin pensárselo también levantó las piernas. Sonia nunca había comido culo

    Sonia cogió a Marta cómo referencia: polla, testículos y culo, por ese orden. Los primeros bufidos de gozo ya empezaron a oírse. Las lenguas entraban en los correspondientes culos bien estiradas. Momentazo.

    Marta fue la primera en ser empotrada. Fue un misionero frenético que terminó con tacadas en patitas en hombros con bombeos a tope hasta que los testículos boteaban en el culo de Marta. La resolución fue una potente corrida a presión de largo alcance pasando por pechos, cara y pelo.

    Sonia también recibió su ración y fue follada en suspensión rebotada en un de lado y después se mató ella sola arriba con una gran cabalgada. La corrida fue interna

    Tras una pausa de transición – ir al baño, meadas, fumar cigarrillos – invirtieron las mujeres. El leñador sin perder tiempo puso en posición de perrito a Sonia. Escupió y entró a matar en enculada. Quedó atascada en el primer intento

    -¡Falta engrase! – apreció su compañero el cual estaba al lado de Marta

    -Voy a por crema que llevo en el bolso – dijo Marta

    Una vez con la crema, untada la polla y el coño las dos recibieron sendas enculadas. Sonia era penetrada a salto de rana o a horcajadas por el leñador y posicionada en a 4. Marta también en la misma posición pero a enculada directa. Ambos descargaron sobre las espaldas y culo

    Ya tocaban el fin de las vacaciones, Teresita miraba con desprecio a su prima Sonia, el desorden del cuarto que compartían y la total indiferéncia de Sonia que solo la ánimo la llegada otra vez de su tía Marta. Esa vez almorzaron. Se les notaba complicidad, incluso Teresita dijo a su madre «tal para cual, dos putones». El pasotismo de los padres de Sonia también indignaba a Teresita y su madre. Tras el almuerzo Sonia y Marta salieron a fumar un pitill

    – ¿Te lo has pensado?

    – Entonces estabas en contacto con ellos – dijo Sonia

    – Si, les di mi móvil, pero lo que importante es si vienes a esa movida

    – Es esta misma noche, en otro lugar, no este pueblo de mierda. Di a tu madre que te llevaré a tu casa, total solo son 30 km desde allí y hoy ya os vais

    Tras haber hablado con los padres de Sonia esa misma noche ya se encuentran delante de un local, suena música de reageton y salsa. Sale un hombre de unos cincuenta años acompañado de los dos chicos del pueblo. Hacé un signo de aprobación con la cabeza y con frialdad les dice que entren. El ambiente éstaba cargado, se sentaron en una mesa. El hombre lucia anillos en los dedos y una cadena de oro con un crucifijo. Las invitó a beber, su risa era sarcástica cuando hablaba con los jóvenes, incluso parecía obviar a Marta y Sonia hasta que dijo:

    – Bueno, veo buen material – mirando a Sonia. Ya se sabéis a lo que… o eso me han dicho los chavales. Si es así seguidme.

    Atravesaron el local, la música estaba a toda castaña sonando reageton. Había gente de todas las edades. Pasaron a través de un portal con un letrero Solo personal autorizado. Bajaron unos escalones y había una pequeña sala de unos 30 metros cuadrados con una cama en el centro y alrededor butacones y mesitas

    – Me han dicho que es vuestro primer Gang Bang – dijo mirando a los chicos. Tendréis pollas a saco – lo dijo con un tono de autoridad. Aquí el Gang Bang lo hacemos por turnos de uno en uno y a una hembra. Si son dos una mama al que va después del que Jode. Ya tengo pollas esperando a la jovencita. Os follaran encondonados. ¡Que empiece la función!

    Entraron 5 hombres, tres de ellos de mediana edad, estarían en la cuarentena. Los dos chicos del pueblo estaban de pie y el que parecía el dueño del local empezó a organizar. Se sentaron. Sonia y Marta estaban vacilantes, entonces el hombre de bigote con la cara picada de viruela dijo

    – La jovencita no pinta mal, a ver ese género.

    – Desnudaos – dijo el leñador

    Una vez desnuda el del bigote se levantó y exclamó

    – La jovencita tiene un rollazo de cagarse – al mismo tiempo y sin ningún pudor se desabrochaba los pantalones

    Sonia y Marta ya cogían posición, Marta se recogía el pelo en lo alto con un moño y Sonia se tumbaba en la cama. El del bigote fue desnudo hacia Marta, era peludo y algo barrigón y su polla estaba erecta como un palo. Marta le aplicó una breve mamada y le colocó el preservativo. El hombre se tiró como un animal salvaje encima de Sonia, la abrió de piernas y tras unos mete-saca frenéticos ya rugía como un toro. Le dejó la lefada en sus pechos. Nada más descargar el primero otro pasaba por la mamada de Marta, sin tan siquiera tiempo de limpiarse Sonia tenía otra polla ensartada y la ametraba a pollazos, la puso en patitas en hombros; se desencondonó y escupió la lechada en la cara de Sonia. Le fue suministrada como a los boxeadores en cada asalto una toalla. No había terminado de limpiarse cuando la voltearon y la pusieron en posición perrito. Marta mamaba por turnos. Sonia fue follada en a 4. Esta vez el joven se corrió en el condón. Intentando incorporarse notó otra polla y una lechada caliente en su espalda. El primer turno había acabado. Sonia corrió a ducharse.

    Entró la segunda tanda de 5 hombres, esta vez era Marta que estaba en la cama. Uno de ellos dijo

    – ¿Es esto el cuarto de guerra? – y río de forma alocada.

    Las folladas fueron a la inversa, Sonia mamaba y Marta recibía pollazos en misionero o en perrito, las corridas iban sobre ella. El ambiente era eléctrico, se bebía, fumaban; gritaban ¡Follarla viva! o ¡Dale hasta la empuñadura! Los que esperaban turno se pajeaban o recibían mamada.

    Al cabo de 3 horas un chico estaba dando los últimos rabazos a Sonia, era el último de 30 hombres – 16 Marta y 14 Sonia – y escupió la lefada en toda su cara. Tocaba fin de Gang Bang. Los últimos 5 se vistieron y fueron saliendo. Sonia llena de lefa y Marta con la boca acalambrada.

    Habían quedado las dos dormidas. Se despertaron cuando entraron dos mujeres de la limpieza. Una jovencita en su primer día de trabajo y una mujer de cierta edad. La jovencita puso los ojos como platos al ver el habitáculo: apestaba a tabaco, a macho, sudor y lefa. El suelo lleno de colillas y condones usados. La jovencita resbaló con restos de semen y dij

    – ¡La hostia puta! ¿Esto que coño es?

    – Un follodromo – respondió la veterana

    Marta y Sonia se levantaron desnudas con los ojos adormilados y fueron al baño las dos.

    – ¡Qué guarrotas! – exclamó la limpiadora joven

    – Sí, les han dado mandanga de la buena, habrán tenido polla hasta decir basta. Te has fijado en la guapa joven; llevaba semen reseco y todo. Mira esta cama, está empapada de semen

    Sonia y Marta recién duchadas salieron del baño. En ese mismo momento la más veterana limpiadora dijo

    – Carmen, abre las ventanas para que pase el aire y se vaya el olor a PUTA

    Aclaración:

    Quizás como en algunos de mis relatos mis lectores reclaman una segunda parte la escriba, sino siempre he recibido buenas críticas de los periodistas literarios. En cualquier caso dejo mi e-mail de referencia: taladro2021@outlook.

  • La mirona en camisón

    La mirona en camisón

    Marta sudaba bajó el edredón nórdico mientras el camisón, empapado, se pegaba a su piel y la tela de las bragas se colaba, de forma molesta, por la raja de su culo. La habitación estaba caldeada y la escasa luz que se filtraba por la persiana creaba una atmósfera de sombras. Olía a alcohol y a humanidad. En la papelera se amontonaban los clínex usados, restos de algodón, envoltorios y una jeringa de plástico. Le había bajado la fiebre, pero todavía se encontraba débil.

    Del salón llegaban voces apagadas por la distancia, un hombre y una mujer conversando. Su compañera de piso, Ana, había estado en el cuarto hacía una hora para ponerle la medicina. El recuerdo de la visita, envuelto en la neblina de los sueños, podría haber sido irreal si no fuese porque su nalga derecha, todavía dolorida, decía lo contrario. Ana era atractiva, femenina, pero al mismo tiempo estricta. Permanecer boca abajo indefensa, desnuda, prisionera del destino frente a ella, provocaba sensaciones de todo tipo. Durante un instante Marta había cruzado la mirada con la mujer que sostenía la aguja y en sus ojos había visto deseo.

    Ana estaba sentada en el tresillo en el salón, con una copa de vino entre las manos. Junto a ella su vecino Andrés, cinco años menor que ella. El chico le gustaba, era un pelín inocente, culto, algo inseguro y se había echado más colonia de la cuenta.

    Marta se levantó de la cama, se quitó el camisón y sin hacer ruido abrió el cajón para ponerse otro. Se tocó la frente, no tenía fiebre, pero volvió a la cama y se sentó con los codos sobre sus muslos y sujetando la cabeza entre sus manos. Los muelles chirriaron. En ese momento oyó con claridad la conversación del salón.

    – Andrés, ¿a ti te gustan los azotes?

    Un susurro difícil de entender.

    – Yo te puedo enseñar.

    Marta, de puntillas, salió de su habitación y se ocultó detrás de la puerta del salón. A través de la rendija pudo ver a Andrés con los pantalones y calzoncillos a la altura de los tobillos y el culo al aire. Ana sentada en medio del tresillo agarró el pene de su invitado y tirando de él, le tumbó sobre su regazo.

    Pronto comenzaron los azotes. Marta se llevó la mano a la boca y amortiguó el sonido de la tos. Por suerte, el sonido de la azotaina impidió que la descubrieran. Ver el culete colorado danzando, imaginar el miembro viril creciendo entre los muslos de su compañera, dejando escapar, quien sabe, un hilillo de semen. Sonidos, la posibilidad de ser cazada, todo contribuía a excitar, pese a su debilidad, a la mirona. Marta se mordió el labio inferior y deslizó la mano bajo las sudadas bragas metiendo los dedos en su coño. El culo tenía memoria y el glúteo derecho palpitaba en el lugar del pinchazo. La tela de las bragas, devorada por la raja glotona rozaba, la molestaba, por lo que decidió quitárselas. La corriente de aire acarició su trasero poniéndole piel de gallina.

    En ese momento, bruscamente, Andrés se incorporó con el pene henchido y besó en la boca a la mujer que le había estado poniendo el culo colorado. Luego, rebelándose, le ordenó que se desnudase. Le manoseó las tetas y chupó con ansia los pezones, le propinó un azote en las nalgas y le ordenó que se tumbase boca abajo en el sillón de tres plazas. A continuación se encaramó sobre ella y la penetró por detrás haciéndola jadear.

    Marta, encendida por la escena, comenzó a frotar sus partes íntimas cada vez más rápido hasta que dejó de mirar el acto sexual, se dejó caer en el suelo, encogió el cuerpo haciéndose un ovillo y oyendo el sonido de los huevos chocando con el trasero de su compañera, alcanzó el orgasmo corriéndose ruidosamente, sin importarle si la oían o no.

    Andrés y Ana concentrados en su propio placer no la oyeron.

    No la oyeron tampoco cuando, exhausta, volvió sin hacer ruido a su habitación.

    Tampoco oyeron el sonido de los muelles de la cama cuando se acostó.

    Mientras Andrés y Ana se limpiaban con unas servilletas de papel, Marta, rendida, se abandonó en los brazos de Morfeo sin caer en la cuenta de que sus bragas, humedecidas por el sudor, permanecían de guardia tiradas junto a la puerta del salón.

  • Mi suegra y su panocha apretada por falta de uso

    Mi suegra y su panocha apretada por falta de uso

    Una buena parte de la noche mi novia y su mamá se la pasaron haciendo el amor, sus gemidos, sus besos y el movimiento de la cama me despertaban a cada rato, aprovechaban que estábamos donde nadie sabía que son madre e hija y creo que ni ellas pensaban en eso. Estaba contento por Yesica, sabía que disfrutaba coger con su mamá. Yo esperaba la noche para tener ese cuerpo maravilloso sobre mí, disfrutarla, hacerle todo lo que mi novia me había metido en la cabeza que le gustaría verme haciéndole.

    Me levanté temprano y sin despertarlas fui al pueblo a comprar el almuerzo, ellas seguían dormidas pues casi toda la noche se la pasaron haciendo el amor. En el balneario ya había más familias acomodando sus casas de campaña, algunos ya nadando en las albercas. Casi al medio día se levantaron, se pusieron sus bikinis del primer día, esos que les cubrían la mitad de las nalgas y de las tetas, sonreían entre ellas y esas sonrisas las hacían verse más hermosas. Almorzamos y tendimos unas toallas sobre el pasto para descansar y reposar la comida, las miradas de muchos estaban sobre mi novia y su mamá. Nadábamos por ratos y nos salíamos a recostar de nuevo, se pusieron bloqueador solar la una a la otra, acariciándose el cuerpo y en cada oportunidad que tenían se tocaban, se miraban cómplices de algo que nadie se imaginaba, solo nosotros.

    Por fin llegó la noche, más fría que las dos anteriores, estuvimos hasta muy tarde afuera de la cabaña sentados viendo las estrellas. Yesica, sentada entre su mamá y yo, nos besaba por turnos y después de un rato se puso de pie, nos tomó de las manos y nos llevó dentro de la cabaña, encendimos las velas y la chimenea, empezó a quitarme la ropa mientras me besaba cachondamente hasta que quedé desnudo, me llevó a la cama y me recostó. Luego fue con Melinda que seguía de pie, la besó cómo a mí y una a la otra se quitaron la ropa quedando ambas en calzones y brasier, y así acostó a su mamá a mi lado, sentándose ella en la orilla de la cama para ver de cerca lo que venía.

    Comencé a besar a mi suegra y la subí sobre mí estando yo boca arriba, el roce de su brasier en mi pecho y de su pantaleta sobre mi verga me excitaban mucho, ella frotaba su panocha haciendo círculos sobre el tronco de mi verga. Sin quitarle el brasier saqué sus pezones que estaban grandes y duros, comencé a chuparlos y ponerlos entre mis dientes, ella gemía y su cuerpo temblaba, al levantarla así, su panocha quedaba sobre la cabeza de mi pene y con su vaivén me causaba un poco de dolor, el cual yo disfrutaba. Empecé a bajar su calzón, se separó un poco de mí para ella misma quitárselo rápido y regresar a la misma posición, yo acariciaba sus nalgas, las sobaba y mis dedos llegaban a la entrada de su ano, al sentirme ahí ella apretaba su culo evitando que mi dedo entrara, me dediqué solo a seguir sobando sus nalgas. Comenzó a bajar besando mi cuello y mi pecho, ya deseaba sentir esa boca en mi verga, se hincó entre mis piernas y tomando mis huevos con una mano y mi tronco con la otra empezó un movimiento circular de arriba a abajo chupando la cabeza, algo que ni Yesica ni mi tía Rosario me habían hecho antes, y me hacía retorcer del gustó que me daba, chupando verga, tenía mucha experiencia. Sentí que me venía, así que antes le pedí que me dejara chuparla también, se acomodó en 69 sobre mí y regresó al mismo movimiento de mamada, yo metía mi lengua en su panocha lo más que podía mientras abría sus nalgas y al hacerlo se abría también su ano, dirigí mi lengua a su agujero y no me lo impidió, así que empecé a penetrarla y se acomodó de tal modo que mientras le hacía el oral en el ano, ella frotaba su panocha en mi mentón, sin detener su movimiento en mi verga, se movía mas rápido, me jalaba la piel del tronco tan fuerte y aunque me dolía, estaba cerca de mi orgasmo. Empecé a gemir y a venirme en la boca de mi suegra, pensé que se apartaría pero no lo hizo, recibió toda mi leche en su boca, succionaba tratando de exprimir todo lo que pudiera y pude sentir el momento en que al sacar mi verga de su boca, pasó mi semen por su garganta, sin duda tenía mucha experiencia. Me encantó lo que hizo y la venida tan rica que tuve. Yesica estaba teniendo un orgasmo mientras se masturbaba a unos centímetros de nosotros, después me contó que su mamá le enseñó la lengua mostrándole que se los había pasado todos.

    Mi verga seguía dura. Melinda después de darme un beso en la boca y pasarme el sabor de mi semen, se acomodó a un lado de mí en posición de perrita quedando su culo frente a Yesica, yo me paré y me puse atrás de ella, me acomodé hincado entre sus piernas y puse la cabeza en la entrada de su vagina, tuve que hacer algo de presión para entrar y me costó trabajo deslizarme dentro de ella, mientras gemía y me pedía que lo hiciera despacio, a diferencia de Yesica y mi tía con quienes lo hacía más seguido, mi suegra estaba apretada, sentía la presión en mi verga, así que las metidas las hacía despacio y en cada metida entraba un poco más, hasta donde ella me pidió que la dejara, aún quedaba un tramo de mi verga por entrar, pero con lo que tenía adentro se sentía bien, así que hasta ahí entraba y salía, cada vez más rápido, gemía y sus gemidos eran entre placer y dolor, con cada metida yo entraba un poco más y después de algún rato, mi abdomen ya chocaba con sus nalgas, me acordé que Yesica me contó que su papá le daba nalgadas a Melinda, así que yo hice lo mismo, lo cual parecía gustarle pues echaba su culo hacia atrás y gemía más fuerte. Con sus tetas colgando y solo sus pezones fuera del brasier, Melinda volteó a ver a Yesica que estaba hincada en la orilla de la cama, con las piernas medio abiertas y masturbándose con una mano mientras sobaba sus pechos con la otra, reposó su rostro y tetas sobre la cama y extendió su mano para acariciar la pierna de su hija. Al tener empinada así a mi suegra tomé sus caderas y mis embestidas fueron más fuertes, lo apretado de su panocha me hacía tener la sensación de una succión cómo la de la mamada que me había dado, comenzó a temblar su cuerpo y a mover sus caderas cómo atrayéndome más hacia ella, su vagina comenzó a contraerse y sentí muy caliente y húmedo dentro de ella gemía fuerte y trataba de callar sus gemidos poniendo su cara en la almohada. Yesica le siguió en gemidos y al terminar se acostó a un lado de su mamá.

    Las dos parecían sin fuerzas, recosté completamente a Melinda sobre la cama y así boca abajo, sin sacarle la verga me la seguí cogiendo, se sentía muy apretada y en esa posición parecía que algo me doblaba la verga por dentro de ella, quien se quejaba un poco cuando yo estaba en ese punto dentro de ella. Mi cuerpo estaba apoyado sobre mis brazos y así solo movía mi cadera entrando y saliendo, mi suegra quien tenía las piernas medio abiertas, solo se dejaba coger, parecía agotada, pero sus gemidos tenues demostraba que lo disfrutaba. Así después de un rato me vine dentro de ella mientras Yesica me veía a la cara y sonreía al ver mis gestos de satisfacción.

    Con un poco de dolor saque mi verga de la panocha de mi suegra. Le dije: «Suegrita estás bien apretada vamos a usarla más seguido si?». Ella me contestó: «Sí, cuando quieran, pero hay que ser muy discretos, nadie debe saber lo que hagamos de acuerdo?». Y tanto Yesica cómo yo le contestamos que así sería. Después de una cogida así, nos quedamos dormidos los tres.

    Por la mañana el encargado nos fue a avisar que ese día se acababa nuestra estancia, en el balneario ya había muchas familias y visitantes, así que estuvimos de acuerdo los tres en ya irnos. Recogimos nuestras cosas y salimos antes del mediodía a pasear al pueblo y a comer. Nos tomamos fotos y ya por la tarde salimos hacia Morelos, donde vivimos, a dónde llegamos casi a la media noche. Cuando entramos a su casa, se levantó mi cuñada Luisa, nos saludó y dio la bienvenida, luego se fue a acostar. Yo me despedí con un beso en la boca de mi suegra, quien me dijo: «hasta mañana gordito nalgón, me dejaste adolorida cómo a Yesica cuando la desfloraste, me las vas a pagar» y luego se metió con su maleta a su cuarto. Yesica salió a despedirme a la calle, me abrazo fuerte con sus brazos en mi cuello, me incliné para besarnos y con un beso apasionado y tierno me dijo «Gracias amor. Te amo para siempre.» Nos dimos las buenas noches, se metió a su casa y yo fui a entregar el coche a mi abuelo y a dar las gracias por prestármelo.

    Y así tuvimos muchos encuentros calientes con mi suegra, casi siempre los tres, mi esposa, mi suegra y yo.

    Saludos y gracias por leernos, ojalá sigan disfrutando de nuestros relatos.

  • Mi primera visita a un motel

    Mi primera visita a un motel

    Hola, soy Alexa y para los que son nuevos en mis relatos tengo 26 añitos vivo en Playa del Carmen estoy a un tris de obtener mi Maestría en Contabilidad, la verdad no me siento bonita pero mis piernas largas son muy atractivas para la gente, tengo un par de kilos de mas entonces me veo mas caderona con el culito paradito, acinturada, cabello largo negro y unas tetitas ricas en su lugar duritas para ver, besar, mordisquear, etc.

    No he sido y no era muy noviera, en ese entonces tenía apenas mis 19 añitos cumplidos, esta aventura pasó con Carlos que era mi primer novio en esa Universidad, cursábamos tercer semestre de contabilidad allá en la Ciudad de México.

    No tenía mucho que teníamos de novios y aunque ya habíamos cogido riquísimo aun seguíamos aprendiendo lo que nos gustaba a cada uno para disfrutar cada que podíamos. Ya habíamos cogido en cada rincón de su casa, en su recamara, en la de su hermanito, una vez sin luz en la cama de sus papás, en su azotea, en la cocina, tenía un estudio, parados en su garaje, en ese entonces aún no lo había presentado en mi casa entonces hasta ese momento solo habíamos tenido un rapidito en su auto fuera de mi casa.

    Como todos los jueves después de clases, Carlos y yo fuimos a comer con algunos amigos de la universidad, después fuimos a recoger a mi cuñadito del entrenamiento del fútbol americano, llegamos a su casa y no había nadie. Metimos al niño a bañar, Carlos y yo empezamos a besarnos, con los besotes empezaron las caricias y apresurándonos, Carlos bajó el cierre de sus jeans, sacó su animal y empecé a mamárselo, mientras subía y bajaba de su animal dentro de mi boca me desabroche los jeans y los baje a las rodillas, me coloque en la orilla de su cama poniéndome en 4 para que me penetrara por demás, para ese entonces yo ya estaba escurriendo de placer, sabía que me encantaba que lo sacara todo y volviera a meterlo completamente, estaba empezando a disfrutar nuestro «rapidín» cuando escuchamos que mi cuñadito salía de su recámara, inmediatamente nos acomodamos la ropa y nos pusimos a platicar como si nada hubiera pasado.

    Obviamente, yo estaba empapada y me había quedado con muchas ganas, igual que Carlos pero ni modo, seguiríamos al otro día, ya estaba todo planeado ya que era nuestro aniversario de 6 meses. Sus papás se irían a Valle de Bravo con unos amigos y se llevarían al cuñadito, nosotros iríamos a una supuesta boda a Cuernavaca con unos amigos. Todo estaba perfecto.

    Después de unas horas me fui a mi casa repasando lo que tenía que arreglar para nuestro fin de semana, ya había seleccionado lo más básico: era un vestido negro entallado entonces solo busque una tanga de encaje negra súper pequeñita que no se notara y un bra strapples para resaltar mis tetas en ese vestido. Al llegar a mi casa metí un micro bikini, un short, blusas y todo lo que necesitamos las mujeres, shampoo, perfume, crema para cara y cuerpo… cené y me preparé para dormir, necesitaba descansar para el rico fin de semana que me esperaba.

    Era viernes por la mañana y ya tenía todo listo, me fui a la universidad, entré a clases y regrese a casa cuando me llego un mensaje: -Hola, la casa de Cuernavaca la desocupan hasta en la noche, está una tía pero si se van hoy, entonces tenemos que hacer tiempo- Maldita Maldición!

    Yo tenía que salir de casa bañada y arreglada para una boda con un equipaje ligero porque además regresaría hasta el domingo, como saldríamos a carretera no podíamos salir tarde, qué hacer qué hacer entonces salió la opción de ir a un Motel.

    Nunca me había gustado la opción del Motel se me hacía para putas o que estaban sucios además porque me fueran ver llegar y entrar o salir y que diría la gente de mi, la verdad quería hasta cancelar todo o irnos al cine primero o algo pero yo ya iba arreglada para matar a alguien de calentura sexual además de que me estaba muriendo por coger.

    Paso Carlos por mi ya con botanas, quesos, vinos, saliendo por Tlalpan rumbo a Cuernavaca me dijo que iríamos primero al Cuore, un motel que está antes del estadio Azteca con corazones y que ya me había dado mucha curiosidad pero iba insegura además de que iba súper linda para meterme a un motel.

    Yo vivía por Balbuena entonces salir a Cuernavaca por Tlalpan si tardamos al menos 45 min, en donde yo decía puras tonterías por que iba nerviosa no estaba segura del Motel y él me controlaba y decía cositas lindas además de que con su mano libre recorría mis piernas que me veía lindísima en ese vestido, maquillaje ligero me alise el cabello y peine hacia atrás unos aretes discretos y de verdad que ese bra y el mismo corte del vestido me hacían ver extremadamente sexy en ese momento. Aprovechando que íbamos en su camioneta fui tocándolo por encima del pantalón, sabía que eso le gustaba, quería bajarle el cierre y convencerlo de seguirnos derecho pero en ese momento ya estábamos en la entrada del Cuore.

    Eran las siete de la tarde aproximadamente y había medio oscurecido, sentí que todo mundo nos vería entrar, solo recuerdo que me agache y me quise esconder en el asiento de la camioneta jaja. En cuanto entramos, la excitación se apoderó de mí, sentí como me empapaba y ni siquiera nos habíamos estacionado, un tipo se acercó a la ventanilla de la camioneta, Carlos bajó el vidrio y simplemente nos preguntó «¿Sencilla o doble?» al ver nuestra cara de confusión nos planteó la pregunta en otros términos «¿de paso o toda la noche?». Carlos volteó a verme y dije doble, nos cobró los $1000 y nos indicó el número de habitación.

    La cochera estaba abierta, Carlos se estacionó y el tipo de la entrada se acercó, le dio un paquete de condones y apretó un botón para que se bajara la puerta del garaje, yo me había bajado de la camioneta y el chico me vio, solo alcanzo a ver a Carlos y le sonrió. Se encendieron las luces y la mezcla de nervios y mi excitación se hizo más evidente, abrimos la puerta y prendimos las luces, tal y como lo habían contado mis amigas. La habitación era grande, el baño en la entrada a la izquierda, con las puertas de la regadera de vidrio, un espejo enorme en el baño y otro más frente a la cama, un tubo de striptease, pantalla, cama king size tubular, dos silloncitos y una mesa.

    Carlos entró al baño y yo me senté en la cama, prendí la pantalla y vi a una chavita de mi edad montando a un negro descomunal, estaba pensando en cómo empezar nuestra sesión cuando escuché que tocaban la puerta, me asusté y solo dijeron «soy la camarista traigo las cervezas de cortesía». Las dejaron en un compartimento junto a la puerta, abrí una y empecé a tomar cuando salió Carlos.

    Ahí estábamos de pie y yo con una cerveza en la mano, nos empezamos a besar, iríamos a una boda entonces desanude su corbata y desabroche su camisa dejando su torso denudo frente a mi, no era muy marcadito pero estaba delicioso así como me gustan a mi, llegó al cierre de mi vestido y lo empezó a bajar justamente el cierre para en donde mi espalda pierde su nombre, cayó mi vestido al suelo y lo recosté en la cama, tenía frente a mí su animal a media erección, empecé a besarle alrededor del pito, lo tomé con la mano y lo metí poco a poco a mi boca, estuve chupándolo como a él le gusta, pasar la lengua por la punta y bajar hasta los huevos, chupar la punta mientras con la mano lo masturbo, así hasta que él me avisaba que se iba a venir y me echaba el semen en las pompas.

    Para mi sorpresa no me avisó y se vino en mi boca, no me desagradó pero no estaba preparada para recibir su semen caliente en mi boca, ¡me lo tragué todo!

    Regresé y vimos el tubo con las luces tenues y sabía lo que tenía que hacer, aun tenía mi lencería y zapatillas puestas, yo no tenía ni idea, pero empecé a moverme lo más sexy que pude, se puso de pie y se fue directo a mis senos y me di cuenta que ya tenía otra erección. Me giré hacia él y empezamos a tocarnos, a besarnos, él me chupaba y mordisqueaba las tetas, el bra ya estorbaba y lo quite, con su otra mano entró bajo mi tanga empapada llegando a mi clítoris, lo frotaba riquísimo mientras un dedo se metía ya en mi panocha completamente empapada, que ya estaba chorreando. Nos separamos un momento para que pudiera ponerse el condón, se acostó y yo me puse sobre él, hice mi tanga de lado y lo monté despacio para sentir todo su pene abrirse espacio dentro de mi, me encanta sentir esa verga taladrarme a mi ritmo, fui acelerando mis movimientos, él no dejaba de decirme que me movía riquísimo, me tocaba las nalgas, y me chupaba las tetas, nos separamos y ahora yo me recosté, subí las piernas a sus hombros y me la clavó, la metía y la sacaba completa y rápidamente, yo movía las caderas y no dejaba de gritar, me excitaba ver en el espejo como me estaba cogiendo Carlos y además escuchaba los gemidos de la habitación de al lado. Cambiamos de posición, y me puse en 4, Carlos no tardó en darme un par de nalgadas provocando que tuviera un orgasmo fenomenal, yo me desvanecí debajo de él mientras me seguía penetrando terminado un poco después que yo.

    Nos abrazamos de cucharita en la cama, nos pusimos a ver la tele y descansamos un poco, pedimos unas hamburguesas y nos la llevaron a la habitación. Estuvimos fajando un rato para después darle un show en la regadera, la fiesta de nuestros vecinos seguía, nos divertíamos escuchando a la vecina gritar como loca, me dieron muchas ganas de tener un orgasmo de esos increíbles.

    Mientras veíamos una película porno, en la que la protagonista se masturbaba frente a su pareja, Carlos me pidió que hiciera lo mismo, no soy fan de tocarme a mi misma, prefiero tocar y me toquen, ¿por qué hacerlo si otros lo pueden hacer? En fin, me quité su camisa y empecé a tocarme las bubis, fui bajando hasta llegar a mi pubis que está totalmente depilado, busqué mi clítoris y lo frote despacio, hasta que empecé a mojarme, luego metí un dedo. Carlos se acercó y me metió su verga a mi boca, Carlos me puso en 4 y me jaló la cola del cabello, me penetró hasta sentir sus huevos chocar con mis nalgas, las nalgadas eran cada vez más fuertes y hacía sentir sus mordiscos en mi espalda y hombros, yo solo gritaba por el placer que sentía, los dos alcanzamos otro orgasmo y al terminar, Carlos me chupaba y besaba las nalgas, que ya estaba rojas de tanto nalgadas que me había dado.

    Caímos dormidos, embarrados de nuestros fluidos y de nuestras babas, descubrí lo rico que es dormir desnuda, lo desperté con unas lamidas a su animal que reaccionó inmediatamente, me subí en él y me moví lentamente hasta tener un nuevo orgasmo juntos, lo deje terminar en mi por primera vez y no me quite hasta que bajo su erección y salió dentro de mi. Le ordené que me bañara, me secara, me pusiera crema en todo mi cuerpo, me vistiera con el bikini y short para salir ahora si a Cuernavaca donde seguimos con nuestro fin de semana. Desde ese momento cada que podíamos visitábamos moteles en la Ciudad de México que nos recomendaban. Unos meses después terminamos, yo me mudé a Playa del Carmen terminando ese semestre, aun somos amigos.

  • Seduciendo a mi hija (1)

    Seduciendo a mi hija (1)

    Mi nombre es Doris y soy una conocida actriz en mi pais, lo que me ha permitido actuar en diversas obras de teatro, telenovelas y hasta en dos peliculas. Pero si bien conservo mi belleza fisica, gracias al deporte y regimen alimenticio, a mis 37 años ya no puedo interpretar papeles que requieran un rostro y cuerpo que solo se tienen cuando eres veinteañera. Por suerte mi experiencia (y confieso, mi atractivo fisico) me han permitido tener siempre trabajo. Y es por ello que vengo actuando en una telenovela que ya tiene 4 años de duracion hasta la fecha; donde hago el papel de una madre soltera con su unica hija; que debe afrontar los problemas cotidianos de la vida para protegerla y educarla. El publico adora mi preocupacion de madre y los sacrificios que debo afrontar por ella, pero si supieran cuales son mis verdaderos deseos para con mi «hija», me despellejarian, me lapidarian y luego me matarian… en ese orden.

    Susana es mi joven colega, quien interpreta a mi hija en la referida telenovela. La conoci cuando empezamos a trabajar juntas y era entonces una chica de 14 años, con anteojos circulares y trenzas. Alegre, inteligente y respetuosa, hicimos buenas migas desde el inicio; lo que se reflejo en nuestro trabajo ante camaras. En ese entonces, yo no sentia ninguna atraccion sexual hacia ella, y la veia como una compañera mas. A medida que paso el tiempo, fuimos tomando confianza y nos hicimos amigas. Me presento a sus padres, con quienes tengo buenas relaciones; y la acompañe varias veces de regreso del canal de television a su casa o al colegio donde estudiaba.

    Pero algo paso, a medida que ella iba madurando fisicamente cada año. Sus senos empezaron a engrosar, sus caderas se iban desarrollando, sus piernas se iban alargando y los hombres del Estudio comenzaban a mirarla de reojo cuando venia con falda corta. Aunque soy divorciada sin hijos (una historia que prefiero omitir) he tenido experiencias con otras mujeres antes y despues de mi matrimonio; pero por primera vez, sentia hacia Susana ese agudo anhelo sexual, ese deseo codicioso, que surge cuando contemplas una piel femenina suave y olorosa; y que (perdonenme, amigas feministas) lo siente todo macho cuando contempla a una hembra que encuentra apetecible.

    Aguante todo lo que pude, maxime sabiendo que Susanita no habia dado muestra alguna de interes en el sexo con mujeres. Pude controlar mi rencor hacia el enamoradito que nos presento cuando tenia 16 años; y que por suerte, solo le duro dos meses. (Despues me confeso que rompieron porque el le exigia relaciones y ella se negaba a hacerlo). Esto me gano aun mas su confianza, e ironicamente, agudizo mas mi deseo por tocarla y disfrutar de su juventud. Hasta que vino el gran dia…

    – ¡¡Doris, amiga¡¡ ¡¡Por fin te encuentro¡¡ Necesito tu ayuda.

    – ¿Que pasa, Susy? ¿Otro cambio de ultima hora en el libreto?

    – No, tonta- me respondio con una sonrisa- Lo que pasa es que mi abuelo materno tuvo de urgencia una operacion de apendicitis, y mis padres estaran viajando hoy para verlo. Aunque regresan mañana en la noche, hoy estare sola en casa.

    – ¿Y cual es el problema? Tienes 18 años, ya no eres una niña.

    – Ay, Doris. ¿No te das cuenta? ¡¡La fiesta!!

    Me hubiera golpeado la cabeza por tonta. La telenovela habia llegado a los 500 capitulos y para celebrarlo, el Canal habia organizado un almuerzo de celebracion en un gran restaurante de lujo, donde estaban invitados todos los actores, tecnicos, guionistas y demas personal involucrado. No era la primera vez que se organizaba un festejo en nuestro trabajo, ni tampoco la primera vez que Susana asistia a ellos, pero siempre lo hacia en compañia de su madre.

    – Ni ella ni papa podran estar presentes hoy, Doris. Tu sabes como son de sobreprotectores conmigo; y no me van a dejar asistir sola. Pero si les dices que tu me acompañas a casa…

    ¡¡Era mi oportunidad¡¡ Le dije a mi amiga que no se preocupara, e inmediatamente hable por el celular con su madre. No solo le garantice que estaria en todo momento en la celebracion con Susana, sino que le ofreci acompañarla hasta su casa y que desde alli la llamaria por telefono. Me agradecio, muy emocionada; diciendome que le quitaba un peso de encima; ya que su esposo tampoco podia quedarse por tener que conducir el carro hasta la provincia donde vive su padre. «Ahora puedo viajar tranquila, porque se que estara en buenas manos». Si, de eso se trataba. De tener a Susy en mis manos.

    _____________

    El almuerzo fue majestuoso. Realmente los dueños del canal supieron elegir un lugar donde la atencion, la comida y la bebida fueron a cuerpo de rey para todos los asistentes (Despues nos enteramos que habian logrado vender a buen precio los derechos de la telenovela para exhibirse en Miami; y que por eso querian tenernos contentos para que continuaramos trabajando sin problemas. Bueno es lo habitual en estos negocios). Aparte habia una pista de baile y una orquesta, que comenzo a tocar, una vez que los platos iban siendo retirados y la gente, con algunos tragos encima, comenzaron a bailar.

    Susana estaba deslumbrante con su vestido rojo de una sola pieza, que dejaba al descubierto su hombro izquierdo; y esas medias negras que destacaban bajo la minifalda. Bailo varias piezas, riendo y coqueteando con sus parejas; mientras yo mantenia una discreta vigilancia, lista para alejar a cualquiera que quisiera aprovechar el momento y arrebatarmela. Cada vez que se reunia conmigo, le invitaba a beber una pequeña copita de pisco sour, pero evitando exagerar. La queria en estado alegre, no ebria.

    A medida que pasaban las horas, los tragos hacian que la gente se deshinibiera cada vez mas; y los deseos reprimidos comenzaban a aflorar. Tuve que utilizar toda mi astucia para evitar que el Gerente de Personal tratara de monopolizar a Susana (sobre todo cuando conversando con ella, solo le miraba el escote) y debi hablarle un poco fuerte a Arturo, un colega actor, cuando aprovechando que bailaba una balada lenta con Susana, deslizaba su mano por toda su cintura, bajandola disimuladamente hacia sus nalgas. Hasta que la propia Susana se me acerco y dijo las palabras magicas.

    – Se esta haciendo tarde y debere llamar a mi mama. ¿Nos vamos a casa?

    (Continuara)

  • Nada se compara al amor fraternal

    Nada se compara al amor fraternal

    La familia Gursaco estaba compuesta por cuatro miembros: el padre, la madre, el hijo y la hija. De los primeros dos no hablaremos porque a nadie le importa, nos enfocaremos en los segundos dos. Julio Gursaco y Rosana Gursaco, dos hermanos de perfil bajo, adictos a la soledad y a los videojuegos. Como toda pareja de hermanos, habían tenido sus más y sus menos durante la niñez y la adolescencia, pero de adultos ya no siguieron compitiendo por el amor de los padres.

    Julio era un hombre de piel blanca rosada, cabello bien corto de color castaño oscuro, cejas finas con colas apenas visibles, sienes adornadas con algunos lunares diminutos, orejas medianas con lóbulos caídos, nariz pequeña y rojiza con vellos salientes, bigote y barbilla bien delineados, comisura marcada, mejillas rosáceas, labios agostos y lisos, mentón rectangular, cuello salpicado con verrugas pequeñas, hombros normales, pecho poco trabajado, abdomen protegido con una delgadísima capa de grasa, cintura angosta, brazos flacos y piernas de futbolista. Medía un metro setenta y tenía una voz un poco afónica.

    Rosana era una mujer ordinaria, poco femenina, malhablada, un tanto egocéntrica y poco afable. Tenía cinco centímetros menos que Julio, compartía el color de piel, cabello y ojos con él. Su cabello era corto y siempre llevaba el mismo peinado desaliñado, sin mencionar que casi toda su ropa era poco colorida y holgada. Nunca se maquillaba ni se depilaba porque le parecía una pérdida de tiempo. Tenía un cuerpo delgado, algunos lunarcitos en la espalda, pechos firmes de tamaño mediano, cadera ancha, nalgas macizas y muslos adiposos.

    Los hermanos tenían veinte años cuando decidieron irse a vivir al otro lado de la ciudad, a treinta kilómetros de la zona rural en la que moraban sus padres. Irse a vivir solos fue un gran paso para ellos, y una forma práctica para que aprendieran a hacer las cosas por cuenta propia. A sus padres no les molestaba tener que pagar un alquiler, dinero no les faltaba y ganas de echar a sus polluelos de casa tampoco.

    Al principio, la relación entre los hermanos era bastante distante: dormían en camas separadas, se hablaban poco, no veían la televisión juntos, se bañaba cada uno en un horario distinto, se cocinaban diferentes platillos, estudiaban fuera de casa, salían sin avisar e incluso lavaban la ropa por separado aun teniendo un lavarropas automático. Vivían alejados como si no formaran parte de la misma familia. Pensaban que actuar como adulto significaba hacer todo sin ayuda.

    El departamento en el que vivían tenía cinco metros de ancho por seis metros de largo, el baño era el sitio más lindo, con grifería dorada y una impecable bañera blanca, la cocina era pequeña y poco llamativa, el comedor era la parte más amplia, con un ventanal que iba desde el borde del piso hasta el techo enyesado, las cortinas eran azules y tenían casi tres metros de largo, las puertas eran metálicas, las lámparas eran de bajo consumo, las paredes eran amarillentas, el piso estaba decorado con cerámicos floreados y sócalos intactos.

    Por la zona en la que estaba ubicado el edificio de cuatro pisos, el precio a pagar era razonable, al menos hasta ese momento. La entrada tenía una escalinata cubierta con cemento lisado, las escaleras eran angostas y tenían forma espiralada, la pared era de color blancuzco y tenía varias manchas de humedad, el pasamanos estaba medio flojo, el ascensor no funcionaba y la azotea era un nido gigantesco de palomas. Los vecinos eran poco ruidosos, Julio y Rosana apenas los conocían de vista.

    El barrio era bastante céntrico y seguro. Los autobuses cruzaban por la maltratada calle a cada rato, haciendo los infernales ruidos de frenadas bruscas que siempre aturdían a los caminantes. Los edificios contiguos apenas eran notables desde el departamento de los hermanos Gursaco, todos ellos eran más bajos y precarios. Los fines de semana, debido a la baja frecuencia del transporte público, era muy silencioso. El barrio permanecía en mutismo absoluto, salvo que hubiese una fiesta en alguno de los edificios de la zona.

    Julio y Rosana estudiaban en la misma universidad, sólo que asistían a distintos salones porque cursaban diferentes carreras: él cursaba filosofía en el primer piso y ella cursaba antropología en el tercer piso. La institución a la que iban era medianamente lujosa, con aulas pequeñas, pasillos extensos y un patio arbolado. En la planta baja, se juntaban los estudiantes de las diferentes carreras a dialogar. El recreo era el único momento en el que los jóvenes disfrutaban la compañía en grupo.

    Julio tenía un sabelotodo de compañero, un tal Nataniel, que siempre le ayudaba con los trabajos prácticos y los ensayos académicos; Rosana tenía una compañera, una tal Alexa, que siempre la acosaba en clase y en el baño. En el primer caso, la relación era distante, Julio hablaba lo mínimo necesario para relacionarse con su compañero; en el segundo caso, Rosana hablaba mucho con su compañera, pero nunca se animaba a seguirle la corriente por temor a que la condujera a hacer algo indebido.

    Nataniel era un hombre de tez blanca, cabello rizado y oscuro, ojos marrones, nariz aguileña, orejas chuecas, mejillas porosas, boca grande, dentadura reluciente, mentón bien afeitado, papada prominente, cuello corto, hombros parejos, tronco grueso, nalgas caídas, piernas infladas y con mucho vello corporal. Ser un gordito adusto no era la mejor opción para conseguir amigos, pero al menos sabía muchas cosas. Tenía veintiún años y medía un metro setenta y dos.

    Alexa era una mujer de tez blanca con tono rosáceo, cabello largo y pelirrojo, pestañas extensas, ojos avellanados, nariz respingona y cortita, orejas diminutas, cachetes mofletudos y manchados de pecas, labios gruesos, mentón redondeado, cuello de pocos centímetros, hombros bajos, pechos grandes como melones, vientre grasiento, cintura ancha, brazos fofos, glúteos esponjosos, piernas gelatinosas y pies pequeños. Tenía tatuada una mariposa en la nuca y un colibrí en el brazo izquierdo. Tenía veintitrés años y medía un metro sesenta y seis.

    La poca confianza que Julio se tenía a sí mismo era un impedimento para tener novia. La única forma de obtener placer era masturbándose en el baño cuando estaba solo. Rosana estaba tan ensimismada en su carrera que no pensaba en tener pareja; de hecho, no quería tener un hombre al lado que la arrastrase de aquí para allá como una mucama. Sentía cierta atracción por las chicas universitarias, pero se negaba a aceptarlo como normal. Envidiaba a las más simpáticas del curso porque ella era la encarnación de la antipatía.

    Las semanas iban transcurriendo y los hermanos iban sintiendo los efectos del agotamiento, propio de la vida de estudiante universitario. La extensa jornada y la enorme cantidad de actividades que les daban, sobrepasaban los límites. Ambos fueron invadidos por la defraudación y la apatía. Antes de decidirse a mandar todo a la mierda, se arriesgaron a probar algo distinto. Salieron una noche con sus compañeros de curso y se dieron cuenta de que les hacía muy bien. Conocieron el valor de la amistad y la calidez de una buena compañía.

    Julio pasó una noche divertida junto a Nataniel, jugaron sus videojuegos favoritos y bebieron en exceso. Esa experiencia había sido fenomenal, pero a la larga sería perjudicial para la salud de los dos. Aun así, siguieron repitiendo la misma junta todos los sábados a la noche, único momento en el que podían pasar el tiempo haciendo otra cosa que no fuese estudiar.

    Hubo una oportunidad en la que Nataniel invitó a Julio a su cama para que conociera una de sus posesiones más valiosas. Sacó de la cama una bolsa doblada con rasgos antropomórficos reconocibles. Al inflarla, la figura tomó forma de mujer pulposa. Fue en ese momento cuando Julio se percató de que era, nada más y nada menos, que una muñeca inflable. Nataniel le pidió que le ayudara a llenar de semen la muñeca, cosa que él aceptó sin chistar. Tuvieron sexo con un trozo de plástico.

    Julio se apercibió de que su compañero era un hombre lascivo que mantenía los niveles de testosterona por las nubes al no tener pareja. Sabía que, con esa actitud reticente, no tenía posibilidades de hacer el amor con una mujer de verdad, y eso lo llenaba de vergüenza. Casi todos los hombres de su edad ya habían perdido la virginidad, él se sentía como la oveja negra de la familia al seguir manteniendo la pureza carnal. Nataniel le decía que no tenía que preocuparse, que pronto encontraría un agujero dónde meterla.

    Rosana visitaba con poca frecuencia a Alexa, pero con el correr del tiempo, las visitas se fueron volviendo más y más frecuentes. Cuando llegó el día indicado, Alexa invitó a Rosana a una pijamada de mujeres, de esas en las que hacían cosas sucias y contaban chismes de pareja. Rosana se sintió como una tonta al no tener nada que contarles durante la reunión, pensaba que era una inútil que jamás tendría la oportunidad de pasarla bien como las demás chicas de la universidad.

    Como ella se sentía como un insecto, Alexa le prometió que la ayudaría con su falta de entereza. Le ofreció pasar con ella una noche a solas en su departamento para poner a prueba la solidez de la amistad que las unía. Ella aceptó a duras penas, creyendo que su compañera le daría ánimos para que no bajara los brazos. Confiaba plenamente en ella ya que la conocía muy bien.

    La noche del encuentro fue distinta a lo esperado. Alexa convenció a Rosana de tener un encuentro íntimo utilizando los juguetes para adultos que había comprado recientemente. Fue durante esa confusa noche que Rosana probó por primera vez los placeres inaguantables de la masturbación con un vibrador de gran tamaño que tenía estimulador de clítoris incluido. Los lubricantes femeninos y los consoladores le dieron más felicidad de lo que esperaba. Llegó a sentirse como una mujerzuela. Le pareció que valía la pena intentarlo.

    Finalizado el primer semestre, llegaron las vacaciones de invierno y los hermanos Gursaco al fin respiraron con tranquilidad. Luego del interminable tormento de trabajos áulicos, optaron por tomarse unos días libres antes de regresar a la casa de sus padres. Julio se rencontró con Nataniel y Rosana se rencontró con Alexa. Los dos seguían interesados en experimentar cosas nuevas, la diferencia era que, tras la cercana interacción de las últimas semanas, los compañeros de ellos, que al principio parecían personas normales, resultaron ser unos pervertidos de primera clase.

    Nataniel sorprendió a Julio llevándole una hermosa chica de la carrera de bibliotecología a su departamento. Esa jovenzuela de diecinueve años se llamaba Martina y era una puerca. Los muchachos se pusieron de acuerdo en cenar juntos, beber unos tragos y hacer un trío antes de medianoche. Metidos en el lujoso baño, Julio y su compañero tuvieron sexo con la muchacha lujuriosa. Julio probó por primera vez los placeres incomparables de la felación y su compañero penetró una concha de verdad por primera vez. Ambos perdieron la virginidad el mismo día.

    Alexa llevó a Rosana a su departamento y le presentó a uno de sus excompañeros de la carrera de periodismo. Él era un joven amable de veinticuatro años, de rasgos orientales. Se llamaba Sasuke y era un rompecorazones. Se dispusieron a tener sexo entre los tres. Con el joven hijo de padres japoneses, gozaron a lo grande. Él se tiró en la cama y devoró la concha de Alexa mientras Rosana le daba la mamada de su vida. El sexo oral no le pareció algo asqueroso.

    Tras haberse sumergido en el bello mundo del libertinaje y los placeres carnales, los hermanos Gursaco sufrieron un cambio notable de comportamiento. Dejaron atrás las caras largas y se volvieron personas efusivas, con muchos deseos de hacer cochinadas en todo momento. El néctar de la libídine los había hipnotizado por completo, los había convertido en esclavos de la carne, en adictos a la fruición.

    Julio experimentaba frecuentes erecciones involuntarias cuando dormía, y en varias oportunidades tenía sueños húmedos, producto de un incontrolable deseo de experimentar aventuras idílicas con el sexo opuesto. Rosana sentía su cuerpo más sensible que antes, en especial las zonas erógenas que tanto le gustaba estimularse, y no podía dejar de pensar en un segundo encuentro con Alexa, en el que tuviese la chance de gozar de otra sabrosa verga.

    La segunda semana del mes fue opacada por un periodo interminable de lluvias torrenciales, inundaciones masivas y vientos huracanados. Los cortes de luz se volvieron frecuentes y la enorme cantidad de agua evitaba que las personas salieran del edificio dado que las calles se convertían en lagunas y, como consecuencia de eso, el transporte público no funcionaba. El caótico clima obligó a la gente a resguardarse hasta que las autoridades se hicieran cargo de la perentoria situación.

    Mientras tanto, la fastidiosa ansiedad inquietaba a Julio y a Rosana, quienes querían salir de esa prisión para rencontrarse con sus compañeros de clase y divertirse como lo habían hecho la última vez. Los incontrolables deseos de tener otro encuentro carnal no los dejaban en paz ni por un segundo. La droga que habían descubierto los torturaba por dentro a medida que pasaban los días. Buscaron la mejor forma de reprimir esos deseos voluptuosos, sin saber que eso sólo empeoraría las cosas.

    Habían intentado entablar conversaciones sobre temas que les interesaban, buscando desviar la mente para no seguir padeciendo como un par de púberes neófitos al mundo del sexo. Nada de ello servía para que sus perturbadas mentes dejaran de pensar en lo acontecido. Cada uno quería divertirse a su manera, y al no poder hacerlo, se sentían como unos anacoretas, como animales enjaulados.

    El reloj había marcado las seis de la tarde, momento en el que el cielo ya estaba oscuro como un abismo y las tenues luces de la ciudad ya se veían desde la ventana. La humedad era tremenda, mas la temperatura se mantenía por encima de los quince grados centígrados. Sin embargo, dentro del departamento, el ambiente se sentía más cálido que afuera, casi rosando los veinte grados. El espejo del baño y el ventanal estaban empañados y las paredes estaban frígidas.

    Julio se levantó de la cama, fue al baño, se quitó la ropa, se sacudió la cabeza, pasó un trapito seco por el espejo, miró de cerca al jovencito delgado del reflejo, rascó la oscura cabellera de corta longitud, echó un vistazo a la parte alta de los brazos y notó pelitos que le salían de las axilas. Su abdomen chato y su angosta cintura parecían anormales de frente; en cambio, sus piernas lucían mejor, más fibrosas y marcadas que los brazos, con casi nada de vello.

    Los rasgos físicos no eran propicios de alguien que buscaba urgente una pareja con quien pudiera pasarla fetén, aunque tampoco estaba mal para un jovenzuelo energúmeno. El enorme espejo ubicado encima de la bacha de cerámica, reflejaba el cuerpo desnudo de un hombre normal cuyo instinto animal lo había empujado a volverse libidinoso. Lo único que quedaba fuera del alcance del espejo era el tren inferior, es decir, de la pelvis para abajo.

    A él no le molestaba el hecho de tener un miembro corto y circuncidado, lo que le importaba era que funcionase a la perfección. Los arrugados escrotos debajo del caído apéndice masculino tenían el tamaño de huevos de gallina y venitas visibles. Cuando estaba excitado, su erección se encorvaba un poco hacia arriba y alcanzaba los doce centímetros, el glande se expandía como el píleo de un hondo, el meato urinario quedaba expuesto, las protuberantes venas resaltaban en la carne del órgano enhiesto.

    Dejó de examinar los detalles externos de su cuerpo, se metió en la bañera, encendió la ducha eléctrica, abrió el grifo, se dio un baño con agua tibia, tomó el jabón y se enjabonó todo el cuerpo. Exploró todos los recovecos de sus extremidades con el espumoso trozo de jabón, disfrutó la paz bajo la refrescante agua, cerró los ojos y se imaginó a Martina desnuda. Pensar en ella lo extasiaba hasta el punto de ponerlo tenso.

    El precioso cuerpo de esa rubia rellenita de ojos claros, de culo pomposo y tetas abultadas, lo embriagaba de amor. Las fantasías con ella siempre lo ponían cachondo. Dirigió la mano derecha, enjuagada con agua espumosa y restos de jabón, a la zona baja del cuerpo, manoseó el bulto y palpó la zona erógena a fin de reavivar la llama de la lujuria. En poco tiempo, obtuvo una erección bien tiesa y la siguió manoseando hasta el hartazgo.

    En ese ínterin, Rosana sentía que los dedos le tiritaban y los dientes le castañeaban. Tan nerviosa estaba que no podía controlarse. Se desvistió, manoteó una cajita que estaba debajo de la cama, sacó una bolsa y tomó el vibrador que le había obsequiado Alexa. Era un miembro macizo de veinte centímetros de largo y cuatro centímetros de grosor. Quitó la rosca de la parte de abajo, le colocó las baterías en el interior, lo enroscó, lo encendió y se lo llevó a la boca.

    Acto seguido, lo lubricó con gel íntimo, lo movió hacia abajo, lo llevó derechito al esternón, hizo que las tetas le vibraran y los salientes pezones se le endurecieran, dando inicio una nueva sesión de precalentamiento. Tomó más lubricante y embadurnó las tetas con el aceite inoloro a base de agua. Mantuvo la constancia dibujando círculos con el vibrador encendido sobre la parte superior de su cuerpo. El roce con los pezones la ponía bien cachonda y la obligaba a resollar con éxtasis.

    Prosiguió el juego desplazando el vibrador desde el pecho hacia abajo, pasando por el vientre, el ombligo, el velludo monte de Venus y los genitales. Dirigió la punta del juguete al clítoris y lo frotó por ese botón carnoso lleno de terminaciones nerviosas, ubicado en la parte alta de su sexo. Estimuló la parte externa de esa zona hasta alcanzar una erección clitoral. El glande del órgano respondía muy bien a la estimulación que el juguete le estaba dando.

    La mano izquierda la extendió y los delgados dedos con uñas cortas acariciaron los labios vaginales, mientras que la otra mano sostenía el vibrador que estaba ocupado estimulando el clítoris. La cuantía de placer iba en aumento, los resuellos se iban volviendo gemidos, el malestar iba siendo reemplazado por el bienestar y el nerviosismo se iba convirtiendo en relajación. La masturbación manual la encaminaba hacia el punto crítico.

    Por más esfuerzo que hacía por alcanzar el culmen de la excitación, su cuerpo no le daba lo que quería. Aumentó la velocidad de los movimientos rotatorios y buscó mil formas de lograr lo que Alexa había logrado la noche que Sasuke le devoró la concha. La caverna vaginal estaba repleta de fluido y los dedos quedaban empapados al meterlos adentro. El placer era moderado y hasta parecía insoportable de a ratos, pero no era suficiente para hacerla gritar como una meretriz durante la accesión.

    Julio pasó casi media hora bajo la ducha hasta que cerró el grifo y salió. Tomó una toalla blanca que siempre estaba colgada en un gancho metálico y se secó con ella. Lo malo era que la excitación no había mermado, la erección permanecía intacta pese a haber dejado atrás la fantasía erótica. Se puso la misma ropa que había dejado encima de la mochila del retrete, salió del baño, se dirigió a la sala y se pegó un susto cuando vio una angelical figura sobre la otra cama.

    —¡Ay, Rosana! —vociferó desconcertado al verla desnuda—. Y después dices que el pajero soy yo.

    Una inconmensurable sensación de vergüenza lo domeñó, empujándolo hacia lo más hondo de la intranquilidad. Estaba preocupado por la situación actual. Creía que su hermana lo estaba poniendo a prueba para ver cómo reaccionaría al verla tocándose. Su verga aún seguía firme y con la uretra húmeda luego de la sesión de autoestimulación en el baño, y eso le preocupaba mucho. Un hombre excitado con una mujer desnuda enfrente siempre era un peligro, y más aun tratándose de un hombre lujurioso.

    —Eres un pajero de mierda y lo sabes —le respondió con una mirada picarona y lasciva. Se detuvo un momento para hablar con él.

    —Sí, pero yo no me pajeo enfrente de ti.

    —Nadie te lo prohíbe —se lo dijo de forma tajante, como si le valiese verga lo que él hiciera.

    —¡No seas sucia! —le pidió. Sus ojos se centraron en la parte baja del cuerpo femenino que tenía a menos de un metro. Un objeto extraño atrapado en las garras de esa mujer calentona le llamaba la atención—. Tú hasta porquerías te metes por el hoyo.

    —Es un vibrador, tonto —le corrigió—. Y no me lo estoy metiendo adentro, lo estoy usando para calentarme.

    —¿Y cómo se siente? —se lo preguntó a bocajarro, sin siquiera pensarlo.

    —¿Quieres que te lo meta por el culo para saber cómo se siente? —le lanzó la pregunta para intimidarlo, creyendo que se retiraría de inmediato.

    —No soy de los que se meten cosas ahí —rechazó la oferta—. Aunque debo admitir que no luces nada fea, hermanita —masculló sin darse cuenta.

    —¿Qué dijiste? —creyó haber escuchado mal.

    —Nada.

    —¿Dijiste que luzco fea?

    —No, dije que no luces nada fea.

    —¿Acaso te caliento?

    —¡¿Cómo crees?! Somos hermanos —se rehusó a aceptar su deseo inconsciente como algo real. Verla desnuda le ponía los pelos de punta—. ¡Dios mío! ¡No digas tonterías!

    —Julio, eres el colmo de lo pajero.

    —Mira quién lo dice.

    La sensación de desasosiego iba en aumento. Los dos estaban excitados y molestos por haber iniciado ese diálogo impensado. Ninguno sabía cómo terminarían las cosas, pero dada la tesitura que les impedía salir del edificio, sospechaban que ese encuentro era una señal del destino. Dos hermanos salaces encerrados en una sala era una circunstancia ideal para que se diera el incesto.

    —Hombre tenías que ser.

    —Si papá y mamá se enteran de esto… —masculló por segunda vez.

    —¿Enterarse de qué?

    —De que me calienta mi hermana —respondió al tuntún.

    —¿Qué?

    —No dije nada.

    —¡Pero qué tipo pajero!

    Julio estaba ruborizado, se le caía la cara de vergüenza. Frases inapropiadas salían de su boca como por arte de magia. Él nada podía hacer para evitar decir la verdad. De su alma emergían aquellas palabras sinceras que demostraban lo mucho que quería a su hermana. El amor fraternal ya no era lo mismo que había sido al principio, ahora era un apego emocional mucho más fuerte.

    —Perdóname, Rosana —expresó su inquietud entre sollozos—. No sabes lo difícil que es ser un solterón. Tú eres lo más cercano a una mujer que tengo.

    Al pensarlo por un instante, ella se dio cuenta de que le estaba diciendo la verdad monda y lironda. Él era pésimo para mentir o para ocultar lo que sentía. Si Julio admitía que estaba caliente, estaba diciendo la verdad. De su boca sólo salían verdades como puños, cuando estaba bajo los efectos de la ansiedad.

    —Acepto tu disculpa, Julio —le respondió con su meliflua voz y extendió los brazos para apapacharlo. Algo que ella nunca aceptaba era ver llorar a su hermano, fuese cual fuese el motivo del llanto.

    Él accedió a su petición, se sentó al borde de la cama y dejó que lo ciñera con sus brazos de damisela. Estar cerca de ella lo serenaba y lo hacía sentirse bien, como un niño en los brazos de su madre. No obstante, la protuberancia en la entrepierna seguía presente pese al tiempo transcurrido. Quería que esa maldita erección desapareciese cuanto antes. Cuando estaba excitado, no podía pensar en otra cosa que no fuera sexual.

    —No te lo tomes tan a pecho, hermano —le susurró al oído—. No has hecho nada malo.

    —¿Pero es normal que me sienta así? —le preguntó y apoyó las manos en la parte baja de su espalda, tocando los hoyuelos de Venus. Al hacer contacto con la piel de aquella mujer con la que compartía los genes, sintió que estaba tocando una musa—. Quiero decir… ¿es normal que sienta algo por ti?

    —Para un chico de tu edad, yo creo que sí.

    El fuerte aroma de la mujer de cabello corto y oscuro lo atraía como un imán. La piel de su cuerpo era suave y sedosa como el terciopelo. La calidez de su aliento era penetrante y la seguridad que transmitía era inefable. Más que una hermandad adyacente, lo que sentía por ella era atracción sexual. El dionisíaco sentimiento de sometimiento a su voluntad era ineludible.

    —Sabes una cosa, ahora que estás cerca de mí, me siento muy cómoda. —Le quitó los brazos de encima y lo miró de frente. Mirarlo directamente la convencía de que él había aparecido en el momento justo para hacer un experimento fraternal. Estando vis a vis, la azarosa incertidumbre de los dos desapareció de repente—. Has conseguido que me laxara, y eso no lo logra cualquiera.

    —Espera. —La miró con toda la extrañeza del mundo y mantuvo la seriedad en sus palabras, coordinando pensamientos impuros y desechando ideas preconcebidas—. ¿No estás molesta conmigo?

    —¿Por qué iba a estarlo? No hiciste nada malo, tontín —le dijo y lanzó una sonrisa sospechosa que parecía fingida.

    —Bueno, dije algo que no debería haberte dicho. Las palabras salieron de mi boca sin que me diera cuenta.

    —Me importa un rábano lo que hayas dicho —le respondió al instante—. Lo importante es que aquí no pasó nada.

    —Aún…

    —¿Cómo dices?

    Julio estaba tan cerca de Rosana que hasta escuchaba la respiración de ella. Sus narices estaban a pocos centímetros y sus ojos no se movían para nada. Un silencio grandilocuente los mantuvo helados por quién sabe cuánto tiempo. El instinto animal del hombre saltó a la vista y sucedió lo que tenía que suceder. Un inevitable acercamiento, más rápido que un golpe, unió los labios de ambos. Rosana se quedó quieta mientras su hermano le metía la lengua dentro de la boca, como queriendo conquistarla.

    Rosana siempre andaba por la vida con la escopeta cargada, con hosquedad y pocas ganas de mostrar afecto, pero ese día mostró todo lo contrario. Se dejó llevar por la reacción de su hermano y aceptó el apasionado beso que le dio. Permitió que lo repitiera y que le tocara los hombros con las lívidas manos, más temblorosas que nunca. Los amoratados labios de Julio fueron los culpables de una escena que quedaría grabada en la memoria de los dos.

    —Nada mal para ser un principiante —le respondió y colocó los húmedos dedos en los laterales de su cuello—. ¿Eso lo hiciste adrede?

    —Quería ver si eso te calentaba.

    —Un beso ligero no será suficiente para calentar a tu hermana —le contestó para que hiciera otra cosa. Su objetivo era apretarle los tornillos para que le diera placer con la boca. Se lo comía con los ojos.

    Julio captó el mensaje sin mucho esfuerzo neuronal, retiró las manos de sus hombros para ponerlos en la espalda y desde ahí desplazarlas hacia los laterales, pasando por los dorsales y las costillas, con la intención de explorar el torso descubierto que tenía a su disposición. La forma sugestiva en la que aquellos ojos masculinos estudiaban el cuerpo de la fémina era llamativa.

    Los traviesos dedos exploraron la piel del torso y se detuvieron entre los bustos entumecidos que parecían estar suplicando que los tocaran. Accedió a ellos con parsimonia y confianza, poniendo especial énfasis en los tiesos pezones de color rosa pálido, cuyas areolas poseían tubérculos de Montgomery visibles. Esa zona era sensible y estimularla con caricias servía para excitar a cualquier mujer.

    Las manos de Julio dieron un paseo por la parte frontal del pecho de Rosana, se desplazaron de un lado a otro del adiposo tejido y las ásperas areolas. Los dedos pulgares fueron los principales agentes de estimulación durante el proceso de frotación, los demás dedos amasaron el hermoso par de bolas de grasa que estaban pegados a los pectorales de la mujer.

    A pedido de Rosana, Julio incrementó la tensión de la beatífica tesitura al añadir una babosa e inquieta lengua al área de estimulación. Ella se tumbó a la bartola, a la espera de una delectación mayor. La saliva pronto rodeó los pezones, dejando las tetas más húmedas que antes. Los lengüetazos, los mordisquitos, los besos y las chupadas ponían al rojo vivo a la mujer, producían una gratificación sexual sin precedentes. Ella estaba comenzando a sentir la fruición que había estado buscando antes.

    Cuando las tetas quedaron listas, la lengua de Julio descendió por el vientre, rozó el ombligo, cruzó el monte de Venus y se detuvo frente a un erecto clítoris que exigía con urgencia una sesión especial de amor. Para ese momento, la excitación del hombre estaba por las nubes y la incomodidad brillaba por su ausencia.

    —¿Crees que deba seguir? —le preguntó, intercambiando una mirada sicalíptica con ella.

    —Es muy tarde para retractarse —le dijo con tono serio—. Muéstrame lo que sabes hacer.

    La poca experiencia de Julio con personas del sexo opuesto le jugaba en contra, tenía que actuar bajo la guía de ella si quería hacerla gozar como se lo merecía. Tenía el presentimiento de que haría el ridículo al querer calentarla. Para poder conseguir un orgasmo, ella necesita un buen succionador, y él no sabía cómo succionar correctamente.

    Las manos se dirigieron a la cueva rosada protegida con pétalos carnosos que conducían a la parte interna de la concha. Los masajes que Julio ofrecía con los seis dedos estimulaban bastante bien, la lengua sobre el clítoris incrementaba esa estimulación. Como elemento extra, Rosana utilizó el vibrador para masajearse los pezones y así poder alcanzar el punto crítico del juego exploratorio.

    Julio magreaba la concha de su hermana con un cariño fuera de lo común mientras su boca azotaba sin piedad el órgano más sensible de la mujer. A Rosana se le subía el pavo, quería experimentar un orgasmo épico con la ayuda de su inexperto compañero de habitación. Le importaba un carajo que aquel hombre fuera su hermano, lo único que anhelaba era experimentar el mismo placer que había experimentado Alexa con Sasuke.

    El tiempo pasaba y la sensación se iba volviendo cada vez más viva. Los gemidos formaban parte de la escena, el placer sexual prevalecía y el goce encontraba un punto máximo. Rosana no soportaba más la estimulación, sentía que en cualquier momento se vendría como una ola. Las abruptas exhalaciones constantes y los exagerados suspiros de deleite sólo ponían más cachondo a Julio, quien no tenía intenciones de detenerse hasta el final.

    La insistente chupada, los dedos que ingresaban al orificio vaginal y los pezones que vibraban al ritmo del rígido juguete, conllevaron al orgasmo más intenso de Rosana. Ella gritó desesperada cuando los jugos de su concha salieron a borbotones. A Julio le sorprendió la ferocidad con la que se había corrido, ni siquiera tuvo tiempo para calcularlo. Quitó la boca y las manos de la zona erógena y la miró con extrañeza.

    —Eres una cerda.

    —La culpa es tuya por calentarme —farfulló entre resuellos.

    —Bueno, supongo que eso fue todo —suspiró con alivio, creyendo que la escena por fin había acabado.

    —¿De qué diantres estás hablando? Recién empezamos.

    —Si seguimos adelante, esto acabará mal. Y tú sabes bien el riesgo que corremos —le señaló para que no cometieran un craso error del que luego se podían arrepentir de por vida.

    —¡Me importa una mierda! —respondió, viéndolo con malos ojos—. A mí me gustó mucho así que lo mejor será proseguir.

    —Eh, ahora resulta que tú eres la pajera de la familia.

    Después de haber sobrepasado los límites del amor fraternal, Rosana estaba lista para más diversión. Su ávido deseo no podía desvanecerse hasta no haber llegado a la última etapa. Le hizo un vehemente gesto de aprobación y le tocó el rostro con la mano derecha. Ansiosa estaba por experimentar otra suculenta escena.

    —Jamás pensé que mi hermana fuese tan sucia —le dijo—. Me he llevado una gran sorpresa el día de hoy.

    —Deja de decir tonterías y dame otra chupada. —Levantó la espalda y quedó con las nalgas apoyadas en el centro de la cama.

    —Al menos podrías ser más considerada y pagarme por el favor que te hice, ¿no te parece?

    —Ah, conque eso es lo que quieres. —Lo miró a los ojos y adivinó lo que deseaba—. Bueno, yo no tengo problema en hacerlo.

    —¿Segura?

    —Quítate la ropa.

    Sin pensarlo dos veces, Julio se puso de pie, se quitó la remera blanca, el pantalón azul de tela flexible y el calzón negro que escondía un legítimo tesoro. Al ver de cerca ese atractivo cuerpo desnudo, Rosana se acordó de Sasuke; es más, ese muchacho se parecía mucho a su hermano, con la única diferencia que él tenía ojos achinados y cabello lacio. Lo primero que examinó fueron esas formidables piernas de atleta cuyos cuádriceps y bíceps femorales estaban bien definidos.

    —¿Contenta ya?

    —No me dijiste que estabas excitadito —le dijo al ver su erección.

    —Fui a darme una ducha y aproveché la oportunidad para jalármela. No conseguí venirme.

    —Yo haré que te vengas —le prometió y extendió los brazos para que se acercara a ella.

    Julio todavía tenía un poco de vergüenza al estar en pelotas frente a su hermana. Pensaba que lo juzgaría por tener un miembro corto. A ella no le importaba el tamaño en sí, sino la dureza carnal de éste. Al tocarlo con la mano derecha, lo sintió tibio y húmedo. La uretra había estado segregando líquido preseminal durante todo ese tiempo. Al apretarlo, salía el fluido transparente y caía al piso. La mano izquierda palpó las bolas para ver cuán suaves eran al tacto. Se llevó una gran sorpresa al tocarlas.

    —Tienes un lindo par de huevos —le dijo mientras los examinaba con la mano—. De seguro deben estar llenos de leche. —Los apretujó un poco para comprobar la consistencia—. Te la sacaré toda.

    —¿Mi paquete no te parece pequeño?

    —Para mí está bien.

    Habiéndole dado el visto bueno, Rosana se reacomodó en el borde de la cama, manoseó de forma cariñosa cada ínfimo detalle del paquete. Los genitales de su hermano no estaban nada mal, le parecían dignos de tocar. Las ágiles manos brindaban una sensación ligeramente placentera con cada toque y caricia que daban. El miembro tieso seguía largando fluido, como si no pudiera parar nunca. A ella le parecía divertido jugar con las bolas y el perineo.

    —¿Quieres probarla? —le ofreció su verga para que la chupara.

    —Acércate más —le pidió para poder zampársela.

    Rosana recorrió los muslos, la ingle y la cadera con las manos, inspeccionó el bálano, el frenillo y el tejido eréctil con la boca. Los labios y la lengua fueron los siguientes intervinientes en la rijosa escena. La felación dio inicio al mismo momento que las dos manos iniciaron un buen masaje testicular. Julio no podía creer lo que estaba sintiendo, se derretía de placer, se ponía muy tenso, le sudaban las manos y sentía un sinfín de electrizantes punzadas que recorrían sus piernas.

    La satisfacción aumentaba con cada segundo que pasaba. Lo que al principio había sido un ligero bienestar, se estaba convirtiendo en un magnífico orgasmo. Julio sentía cómo le comía el rabo con ganas, buscando hacerle sentir lo mismo que él le había hecho sentir a ella con el cunnilingus. Tal y como había ocurrido con Martina, la mamada estaba llegando al punto culminante en el que ya no había vuelta atrás.

    —Me voy a venir —musitó sofocado.

    Ella siguió comiéndose esa verga como si fuera un helado de fresa. La chupó de una punta a la otra, la llenó de saliva y la puso más tiesa que antes. Al llegar al límite de la resistencia, Julio apoyó las manos en sus hombros, se reclinó hacia adelante y gimió enaltecido de deleite. En un plis-plas, se corrió en la boca de su hermana. Le llenó la cavidad oral con un espeso semen insípido que tenía un aroma muy fuerte. A ella no le pareció asqueroso tragarse la sustancia viscosa.

    —Tú también resultaste ser un cerdo —le dijo cuando se echó para atrás. Se relamía luego de haberle comido la pija.

    —Jamás pensé que pasaría esto —suspiró entusiasmado—. Es un sueño hecho realidad.

    Julio estaba estupefacto luego de todo lo acaecido durante los últimos minutos. El inmenso placer que le daba su hermana no tenía comparación. Estaba viviendo una de las experiencias más gratificantes de su vida sin saberlo. Tanta calentura lo estaba volviendo loco. Pero como toda práctica adictiva, el cuerpo exigía más. El sexo no era trascendental si las parejas no lo hacían hasta quedar exhaustas.

    El ostensible amor fraternal ya no se podía disimular. Los dos estaban calientes y querían seguir cogiendo. No les importaba que fueran hermanos ni tampoco les importaba el hecho de que podían contraer enfermedades venéreas. Los núbiles jóvenes se comportaban como un par de púberes, dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de satisfacer sus necesidades.

    —Supongo que te lo merecías después de la tremenda chupada que me diste.

    —¿Y ahora?

    —Tírate en la cama así te monto.

    Sin importarles el riesgo de un posible embarazo, siguieron adelante con el juego. Julio se acostó en la cama con la verga todavía tiesa y ella se acuclilló encima de él, justo sobre la mitad de su cuerpo. Tomó el vibrador y lo utilizó para estimularse el clítoris, las manos humedecidas con lubricante las utilizó para amasarse las tetas, las piernas las iba a utilizar para hacer sentadillas.

    Julio la sostuvo tomándole de los tobillos, manteniendo el cuerpo firme sobre el colchón tapado con una sábana rosada. Ella se desplazaba a toda marcha sobre su verga, haciendo que él gozara en silencio. En poco tiempo, la penetración vaginal se tornó deliciosa y los dos lo disfrutaron por igual. Gemían al unísono a medida que el placer sexual se acrecentaba paulatinamente. Se mantuvieron unidos por los siguientes minutos, incapaces de separarse.

    La triple estimulación que recibía Rosana la dejaba extasiada, con ganas de más acción. Gozaba la verga de su hermano como una puta, bajaba y subía sobre ella como si fuera un consolador macizo. El poderoso vibrador le daba muchísimo placer al clítoris; la verga dura masajeaba el interior de la encharcada concha. Tanto regocijo pronto tocó fondo y ya no pudieron continuar. Ella se vino por segunda vez, ensució los genitales de su hermano con los fluidos vaginales y levantó la cadera.

    Manoteó la hinchada verga, la agitó cuan rápido pudo y logró que hiciera erupción de nuevo. Julio se retorció de placer cuando se la jaló con tanta fuerza. Sintió un colosal alivio luego de haber eyaculado. El semen se le esparció por el pecho y el vientre. A continuación, Rosana se puso de rodillas y lamió los fluidos que su hermano había acabado de lanzar. Se aseguró de dejarlo limpio para la siguiente ronda.

    —Eres más sucia de lo que pensaba —se lo dijo con agitación, aún no había recuperado el aliento.

    —Tú fuiste el que empezó así que ahora no te quejes.

    —Estuvo riquísimo.

    —Pues lo que sigue te va a gustar más.

    Ella se sentó frente a él, le acomodó las piernas para que formaran una uve invertida, se puso en decúbito prono, dirigió la boca a la zona erógena, alzó la parte inferior de las piernas, se metió el vibrador lubricado en la concha y lamió con fervor los escrotos que tenía enfrente. Le comió las bolas y le acarició la verga con la mano derecha. Su boca tragaba sin lástima los sacos arrugados que protegían los testículos y largaba mucha saliva a fin de lubrificar la zona.

    El vibrador en la concha le producía un sinfín de sensaciones placenteras que la hacían estremecerse. La plétora de fluidos en la vagina facilitaba la introducción de un objeto tan duro como ese. Experimentaba el dolor de una penetración controlada al mismo tiempo que degustaba la exquisita carne masculina. Seducida por el encanto anatómico de su hermano, engulló la verga y volvió a succionarla de la misma manera que lo había hecho antes.

    Con una verga en la boca y otra en la concha, se sentía como si estuviera haciendo un trío. Cerró los ojos para fantasear con Sasuke y Alexa, sintió cómo la temperatura corporal aumentaba exponencialmente, acompañada de temblorosos espasmos y flagrantes jadeos. La complacencia se apoderó de ella en menos de lo esperado, tuvo que hacer un colosal esfuerzo para no gritar. Luego de correrse por tercera vez, recibió el semen de su hermano en la boca y se lo tragó sin más ni más.

    Rosana no podía creer lo excitada que estaba. En cuestión de minutos, había experimentado tres orgasmos que la dejaron sin aliento. Sus mejillas estaban enrojecidas, sus tetas estaban infladas y sus labios vaginales estaban hinchados. Semejante excitación la estaba dejando en la miseria.

    —Admito que tienes habilidad para este tipo de cosas —Julio le dijo—. Deberías haberte dedicado al sexo y no al estudio.

    —Tu erección sigue intacta después de todo lo que hicimos. —Se la tocó con ambas manos y se apercibió de que la dureza muscular se mantenía—. Eso es admirable.

    —¿Qué quieres hacer ahora?

    —Me apetece un sesenta y nueve.

    —¿Quieres que cambiemos de posición?

    —No. Quédate como estás. Yo me acomodaré.

    Se reacomodó al darse vuelta, siguió en decúbito prono, con la boca apuntando a los genitales de su hermano. La única diferencia con la escena anterior era que su concha quedó a merced de él para que la lamiera con entusiasmo. Con premura, iniciaron otro juego de exploración corporal. Se regodearon dándose cariño con los labios y la lengua. Intercambiaron besos, lamidas y chupones.

    Julio exploró el interior de la concha con la lengua, saboreó toda la región carnosa, humedeció los labios, lengüeteó el meato urinario y alcanzó a rozar el clítoris. Rosana oprimía las bolas con ambas manos y se tragaba la verga con facilidad. Lamía el glande, dibujaba círculos y semicírculos, pasando de la parte alta a la parte baja, ensalivando las espinitas peneanas de los alrededores.

    La frágil hermandad dependía de dos lenguas juguetonas que se metían en las partes más sensibles del cuerpo. El exceso de saliva y las ganas de divertirse eran el detonante de un imperioso orgasmo. Gozaban como cualquier pareja del mundo, sólo que ellos no eran pareja, eran dos hermanos cachondos con muchas ganas de jugar al papá y a la mamá. Hacer el delicioso les resultó mucho mejor de lo que habían imaginado.

    Cuando la insistencia cruzó la línea limítrofe, los cuerpos de los dos trepidaron a la par de la fruición desencadenada por el intercambio de sensuales lamidas. La compulsividad sexual los arrastró directo al mundo de los placeres más fogosos, en el que disfrutaron la unión y la calma.

    Ella se reacomodó encima de la cama y él apoyó las nalgas en el borde de la misma. Se miraron de frente y no se reconocieron. Estaban tan alterados con lo que había acabado de suceder que apenas se consideraban hermanos plenos. Se dieron un beso ligero y esperaron a que las ansias se disiparan en algún momento, cosa que jamás ocurrió.

    —Creo que podemos hacerlo una vez más —sugirió Rosana con los cachetes sonrojados—. La última ronda será la mejor.

    —¿Cuál es el plan?

    —Quiero que me cojas de nuevo, pero tírame la leche en mi pancita.

    —¿Qué posición te apetece esta vez?

    Ella le respondió poniéndose al costado de la cama, con los glúteos apoyados en el borde y las piernas bien abiertas. Quería ser penetrada al estilo tradicional, con salvajismo y con cariño. Él le siguió la corriente, se puso de pie, se mantuvo quieto enfrente de ella, le agarró las piernas con las manos y la miró a los ojos por enésima vez, tratando de descifrar aquella mirada que lo ponía intranquilo.

    Comenzó a penetrarla despacio, procurando hacerla sentir la mayor satisfacción posible. Ella se estimuló el clítoris con los dedos lubricados y se manoseó las tetas de vuelta. La forma de empujar que tenía Julio era pacífica, sin apresuramiento alguno. Mantenía un ritmo constante para que pudiese aguantar más tiempo sin venirse. Él sabía que mientras más veloz lo hiciera, más pronto acabaría.

    Aumentó la velocidad luego de cinco minutos para probar qué tanto podía soportar sin respirar con dificultad. Esa repentina decisión excitó a Rosana, le hizo sentir un poco de dolor, pero la ayudó a encaminarse nuevamente al tan esperado clímax. No había nada que ella deseara más que correrse como una actriz porno en pleno rodaje.

    La última parte de la sesión de amor fue interrumpida por una penetración brusca y feroz, la cual producía más dolor que placer. Rosana gemía sin parar ya que la sensación de ser taladrada todavía era desconocida para ella. Aguantó hasta el último periodo, momento en el que Julio retiró la verga. Ella se la jaló con fuerza e hizo que le eyaculara encima. El semen fue esparcido por sus tetas y su vientre.

    —¡Madre mía! ¡Qué bueno que estuvo eso! —exclamó Julio y se sentó en la cama.

    —Valió la pena —dijo y se sentó a su lado. Le acarició los genitales y le dio un beso en la mejilla. La hermosa verga que le había dado tanto placer se puso flácida y ya no podía eyacular más—. Fue algo inesperado.

    —De saber que sería tan sabroso, lo habría hecho antes. No sé por qué nunca se me ocurrió.

    —Si hubiera sido en otro momento, yo no lo habría aceptado —le explicó para que no pensara que todo era tan fácil como parecía a simple vista—. Hoy me agarraste con las manos en la masa. Los dos estábamos calientes. Era de esperar que esto sucediera.

    —Y eso que al principio tuve mis dudas.

    —Yo también. Hasta pensé que me arrepentiría —aseveró y le rascó el mentón con la mano izquierda—. Ahora que lo pienso, el sexo entre nosotros fue lo mejor que nos pudo haber pasado.

    —Coger siempre es divertido. Sólo hay que saber con quién hacerlo y cuándo hacerlo.

    Se revolcaron en la cama, se besuquearon y se tocaron como si no les importara nada. Se comportaban como una pareja de tortolitos, aun cuando no se amaban como una pareja de verdad. Lo único que había entre ellos era atracción sexual, no amor de pareja. Lo malo era que el hacerlo muchas veces conllevaba al enamoramiento, y eso era algo que ninguno de los dos deseaba. Ellos querían seguir tratándose como hermanos a pesar de que no eran personas normales.

    Desde ese día en adelante, los deseos de salir con sus compañeros de clase no eran tan intensos. Cuando la lascivia los dominase, al incesto podían recurrir para calmarse. Eso sí, tenían que mantener eso en secreto por el bien de sus vidas. Si sus padres se enteraban de lo que habían hecho, los matarían.