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  • Confianza perdida

    Confianza perdida

    Sábado por la mañana. 

    Hoy debía cumplirse un año juntos, pensó con algo parecido a la nostalgia mientras una lágrima resbaló por su mejilla. Atrás quedaron los días felices, aquellos donde una palabra bastaba para hacer el día, donde una caricia reconfortaba y la mínima atención fortalecía la relación; ya no más, recordó con tristeza.

    Se levantó de cama encaminándose a la cocina, su rutina diaria estos últimos días. Preparó café, no necesitaba más; tomó asiento en el diván que daba a la ventana y, antes de iniciar lo que consideraba una obligación, observó por un momento el triste día de invierno.

    Abrió su portátil, suspiró y comenzó a escribir; prefirió hacerlo así para no omitir nada, quería que supiera la versión completa, al menos la suya.

    *****

    -Permíteme -mencionó al abrirle la puerta del auto.

    -No deberías molestarte tanto -respondió.

    Subió al auto y, antes de encaminarse, fijó su mirada en ella. Recordó los mejores momentos que pasaron juntos, la situación que los separó y la que, ahora, los había vuelto a unir. Acomodó la fina pañoleta que ceñía su cabeza antes de recorrer con delicadeza su blanco rostro, se acercó lentamente dando un beso a su mejilla.

    -Esto no está bien -dijo bajando la mirada- no deberías engañarla.

    -Lo sé -respondió alejándose de ella- es solo que no puedo dejarte.

    No respondió, cubrió su rostro con sus manos mientras un fluido llanto hizo presa de ella. ¿Cómo fue que llegó a esto?, ¿Por qué tuvo que ser precisamente él?, pensó; conocía la respuesta pero esta no le satisfacía, sabía que lo necesitaba con ella, pero no por eso dejaba de dolerle.

    -Vamos a casa -dijo sacándola de su ensoñación- te voy a preparar algo delicioso antes de llevarte a la cama…

    *****

    -¡Dani! -gritó su nombre al verla salir.

    -¡Jona! -respondió- ¿qué haces aquí?

    -Necesito hablar contigo, es urgente.

    -Ahora no puedo -dijo apurada- pero que te parece por la tarde en el café.

    -¿Está bien para ti a las seis? -preguntó con aprehensión.

    -Si Jona -respondió volviendo a tomar su camino- ahí te veo.

    -Dani -mencionó al verla partir- no faltes.

    *****

    Le observó llegar, vio con una mezcla de resignación y alegría cómo estacionó y se encaminó con rapidez hacia su puerta; escuchó cuando la abrió y su pesado andar al subir las escaleras con dirección a su recámara; le vio y el llanto la invadió. Se fundieron en un abrazo apenas cruzó este el umbral, ¡qué bien se sentía en sus brazos!, ¡qué falta le hacía cuando no estaba con ella!; después de segundos que parecieron horas pudieron separarse aunque continuaron sujetos de sus manos.

    -No puedes seguir así -le dijo- ¡debes decírselo!

    -¿Decírselo? -respondió- ¿qué quieres que le diga?, ¿qué sigo viéndote después de lo que pasó?; No, al menos no por ahora.

    -Tarde o temprano se va a enterar y mejor que sea por ti y no por alguien más.

    -Lo sé -dijo bajando la vista- sé que tienes razón, tal vez solo sea el temor por dejar de verte.

    -Al final es lo que ocurrirá -mencionó con una profunda tristeza- tu lugar está con ella.

    *****

    -No sé cómo decírtelo -dijo apenas la saludó- pero siempre nos hemos hablado con la verdad y no podía dejar pasar por alto esto que sé.

    -No entiendo Jona -le respondió con una sincera expresión de incertidumbre- ¿qué es eso tan importante que te es difícil decirme?

    -Santiago te engaña.

    -¿Cómo dices? -preguntó tratando de entender lo que escuchó.

    -Hace unos días lo vi con una mujer en su auto, estacioné tras él en el momento que le hacía una caricia y le daba un beso; mira -dijo esto al acercar su teléfono con la fotografía que había tomado.

    -No, no puede ser -dijo mientras un temblor hacia presa de ella- ¡es Isabel!

    -¿La conoces?

    -Es su exesposa -respondió tratando de contener las lágrimas- se divorciaron porque le fue infiel y prometió nunca volver a verla.

    -No sé qué decirte entonces, tal vez…

    -Tal vez no era él -mencionó con esperanza, tratando con esto de justificarlo- era alguien parecido y lo confundiste, ¡eso es!

    -No Dani -dijo muy serio- era él, lo seguí y pude tomar estas fotos entrando en ese lugar.

    Mostró de nuevo las fotografías donde con claridad se le veía tomándola del brazo mientras entraban a su casa, casa que conocía porque perteneció a él antes de la separación de bienes.

    -Esta última la tomé hace una horas -dijo mostrándole el abrazo entre ellos a la puerta de la casa- quería asegurarme antes de venir contigo.

    Lloró, lo hizo como nunca antes lo había hecho por alguien; ¿por qué lo hizo?, ¿qué le faltaba con ella?, pensó; ¿acaso no estuvo con él después de su separación?, ¿no fue ella quien lo vio sufrir y lo alentó a seguir adelante? Tenía muchas preguntas y ninguna respuesta. Quería estar sola, sufrir en solitario el dolor que carcomía su alma. Con esto en mente se despidió sin tomar en cuenta lo que le decía, dio media vuelta y tomó rumbo a la salida.

    *****

    -¿Isabel? -preguntó al atender la llamada.

    -Perdona que te llame, solo quería escucharte antes de dormir.

    -¿Quieres que vaya? -pidió más que preguntó.

    -No -dijo- quedamos en no volver a vernos, tomémoslo como una despedida.

    -Nunca quise que terminará así -dijo con un dolor en el pecho- sabes que no.

    -Lo sé, yo también lamento el haberte traicionado cuando estuvimos juntos; todo sería muy distinto ahora. Siempre vas a estar en mi corazón, ¡te quiero mucho!

    No pudo seguir escuchando, cada palabra le lastimaba en el alma; sabía que tenía la razón al decir que no podían seguir juntos, pero no se resignaba a perderla; no de esta manera.

    *****

    Se despertó y, somnolienta, volvió a pensar en él, en lo que le hizo; lo que al inicio fue dolor ahora era odio, se sintió traicionada en el amor que le profesaba y que él no tuvo la decencia de cuidar y, ¿con quién?, ¿con ella?, ¿la que lo engaño e hizo sufrir?; ¡que idiota!.

    Escuchó la puerta, había llegado. Se levantó y lo encontró en la sala, su odio incrementó con solo imaginar de donde venía; con determinación fue hacia él.

    -¿Me vas a decir de dónde vienes? -preguntó con enojo.

    -¿A qué viene esto Daniela? -dijo- ¿qué te pasa?

    -¡No estoy para preguntas estúpidas Santiago!, ¡dime de donde carajos vienes!

    -¡Y yo no estoy de humor para escuchar tus tonterías! -respondió- ¡déjame en paz!

    -¡En paz no puedo estar! -gritó- dime la verdad Santiago, ¿me estas engañando?

    Levantó la vista que hasta ese momento había mantenido baja, la vio y la suya destilaba odio; era el momento que tanto temía, pensó; tendría que afrontar las consecuencias por malas que estas fueran. Respiró hondo tratando de calmarse para dar una explicación en el instante mismo que entró una llamada a su teléfono.

    -¿Si? -preguntó mientras veía crecer el odio en ella- voy para allá.

    -No Santiago -dijo- ¡no sales de aquí hasta que hablemos!

    -Ahora no puedo -dijo- pero te prometo que llegando te explico todo.

    -Si sales ahora, mejor no vuelvas.

    -Me voy -dijo apartándola- y claro que voy a volver para dejar en claro esto, por favor confía en mí.

    *****

    -¡Un momento! -gritó después de escuchar los golpes en la puerta- ¡deje de golpear!

    -¿Dani? -dijo al abrir- ¿qué haces aquí?

    -¿Puedo pasar o me vas a dejar afuera?

    -Claro, pasa.

    Tomó asiento, ¿cómo fue que llegó ahí?, no supo explicárselo; tal vez la inercia o, quizá, el deseo de venganza fue el que jugó en favor de él; no podía saberlo y si llegará a hacerlo tampoco le importaría.

    Se abalanzó contra él en el momento que llegó a su lado, se posicionó sobre sus piernas mientras, sin miramientos, rasgó su blusa haciendo saltar por los aires los botones; levantó el corpiño ofreciendo sus tetas tomándolo de su cabeza para besarlo.

    -¿Qué te pasa Daniela? -dijo sorprendido- ¿por qué haces esto?

    -¡Por Dios Jonathan! -respondió con enojo- me pongo en bandeja y ¿es eso lo primero que se te ocurre decir?, si no es contigo será con el primero que pasé por la calle; ya me da igual.

    Cargó con ella a su recámara tirándola a la cama, terminó de desgarrar su ropa mientras, sin delicadeza, dio cuenta de ella lo que restaba de la noche.

    *****

    Casi llegaba la tarde y no sabía de ella, se preocupó; no atendió ninguna de las llamadas que le hizo, incluso sus amigas no sabían su paradero. A punto estaba de llamar a la estación cuando se apareció por la puerta.

    -¿Dónde estabas? -preguntó- tengo horas buscándote.

    -¿Qué más te da donde estuve? -respondió- quedó muy claro que ya no te interesa estar conmigo.

    -¡Por favor Daniela!, ¡sabes que no es así!; te amo y no sabría qué hacer si algo te pasa.

    -¿Me amas tanto como para engañarme con tu ex? -dijo irónica- ¿es así o me equivoco?

    No respondió, pensó la manera más sutil de decírselo para tratar de minimizar el golpe; quería, por cualquier medio posible, evitar herir sus sentimientos.

    -¿No me contestas? -continuó- no importa, si tú me lo hiciste ¿por qué no habría de hacértelo yo a ti?; ¿quieres saber de dónde vengo?, vengo de estar con otro; ¿qué se siente?, dime, ¿duele?; así me dolió a mi al enterarme.

    La impresión le dejó sin habla, por un momento su mente se perdió tratando de hallar una respuesta coherente a lo que oía; el peso de una losa pendía a su espalda por lo que tomó asiento, respiró hondo antes de hablar tratando de hacer a un lado el nudo que sentía en su garganta.

    -Estuve con Isabel, es cierto -dijo volviendo a aclarar su garganta- lo he estado haciendo desde hace un par de semanas casi todos los días.

    -¡Eres un maldito! -dijo lanzando golpes que él evitó.

    -Lo hice -continuó- porque Isabel estaba enferma, tenía cáncer; murió el día de ayer.

    Dejó de lanzar golpes sin saber que decir, todo lo fraguado en su mente se vino abajo al saber el motivo de sus encuentros; ¿cómo pudo ser tan estúpida para hacer lo que hizo?, pensó mientras el llanto llegó a su rostro.

    -Ella no quería que lo supiera -dijo ahogando sus lágrimas- por lo que me hizo y por no crear un conflicto entre nosotros, me enteré porque entre sus registros estaban aún mis datos y me lo hicieron saber.

    -Santi -dijo tocando tímidamente su hombro- perdóname, no lo sabía y lo primero que pensé es…

    -¿Qué? -mencionó al quitar su mano de él- ¿qué te engañaba como tu acabas de hacer conmigo?, tengo algo de culpa por ocultártelo, lo sé, sé que debía habértelo dicho y no sabes lo que me arrepiento de no hacerlo; por estúpido que suene lo hice para no herirte, para no herir tus sentimientos después que me ayudaste a olvidarla; jamás, ni en la peor de mis pesadillas llegué a pensar que me hicieras esto, no tú.

    -¡Perdóname por favor!, estaba molesta y no sabía lo que hacía.

    -Lo peor de todo -dijo con pesar- es que sí lo sabías porque esto, esto que hiciste, fue una venganza; una venganza para hacer el mayor daño posible y ¿sabes qué?, lo lograste; no te imaginas lo que me acabas de hacer, lo que hiciste a nuestra relación.

    -¡Santi!, ¡no!; ¡no me dejes! -suplicó al ver que tomaba camino a la salida- ¡ayúdame como te ayudé a ti!

    -Tienes razón -dijo deteniéndose en la puerta- te voy a ayudar a olvidarme.

    *****

    Pasó todo un año, tiempo utilizado en un vano intento de ambos por olvidarse; ella sabía que no podía solicitar el perdón, él sabía que no podía darlo; vivían amándose sin deber hacerlo, extrañándose sin deber pensarlo; todo un sinrazón con motivos.

    *****

    Caminaba como todas las tardes desde que dejó de verla, lo había hecho un hábito para despejarse de recuerdos; cruzó la vereda flanqueada por árboles y tomó asiento, por un momento, para revisar su correspondencia. Omitió todos excepto uno que llamó su atención, no tanto por no contar con remitente, sino por la frase enmarcada en el:

    Esto es para ti, si alguna vez lo lees, créeme cuando te digo que nunca, ni en los peores momentos, dejé de amarte.

    Este podría ser el motivo por el cual podríamos rehacer nuestras vidas, pensó; suspiró hondo y, después de un momento, borró el mensaje.

  • Viendo

    Viendo

    Gozo el ver.

    Me excita ver.

    Me encanta ver pornografía y disfruto las lecturas eróticas; pero, es más delicioso verlo en vivo y que ellos no sepan que ahí estoy.

    Soy maestra en una escuela preparatoria y tengo contacto con jóvenes de varias edades; pero, principalmente, aquellos que están listos para entrar a la universidad, de 18, 19 años.

    Mi materia es historia y para preparar mis clases suelo estar hasta tarde en la escuela o en la biblioteca. Soy una maestra promedio, de hecho, un poco rellenita; eso no ha impedido que tenga mis parejas y con un divorcio a cuestas, tengo bastante libertad.

    Una tarde de invierno, de esas cuando anochece temprano, cerca de las 7 de la tarde, estaba en mi aula terminando de preparar un examen; la escuela estaba casi vacía a excepción de unos cuantos alumnos entrenando en el patio y la biblioteca al otro lado del plantel, estaba yo prácticamente sola.

    Terminé de trabajar y salí del aula. Caminaba por los pasillos y podía escuchar el eco de mis pasos. Entré al sanitario de maestros a lavarme las manos y escuché a alguien hablar en voz baja, eran un muchacho y una joven.

    – Vamos por aquí, ya no hay nadie.- dijo el joven.

    – Nos van a descubrir.- dijo ella.

    – Ya verás que no. Ya se fueron todos y el guardia empieza a revisar hasta dentro de una hora. Vamos al salón de teatro.- dijo él.

    Yo oí cómo caminaban hacia allá y decidí seguirlos para darles una reprimenda.

    El salón de teatro estaba dividido en cuartos detrás del escenario y estaban conectados entre sí. Los vi escabullirse hacia esos camerinos. Recordé que en uno de ellos se había descubierto un orificio que habían hecho unos alumnos para espiar a las muchachas cuando se cambiaban. Estaba a punto de entrar a reprenderlos, cuando escuche la voz de la joven.

    – Estás seguro que no hay nadie? No nos vayan a descubrir y nos expulsen.- decía preocupada.

    – Ahorita ya no viene nadie por aquí.- dijo él con voz ansiosa.

    Me acerqué a donde estaba el orificio y empecé a ver lo que sucedía.

    Él la empezaba a besar en el cuello; ella se dejaba hacer; él acariciaba su cuerpo por sobre la ropa mientras ella comenzaba a gemir de placer. Saque mi teléfono y empecé a grabar un audio con lo que sucedía. Mi teléfono grababa y yo veía. Ella estaba sentada sobre una mesa y el de pie entre sus piernas; ella buscaba su boca y él acariciaba todo su cuerpo. En un momento, él metió su mano bajo su falda y ella gimió.

    – Espera por favor; aún no.- dijo ella.

    Él desabotonó su blusa y unos incipientes pechos, cubiertos con un brasserie blanco de encaje, salieron; tiernamente quitó la copa y un rosado pezón se levantó desafiante. Él comenzó a chuparlo con desesperación, ella gemía y jadeaba de placer; metió la mano bajo la falda y comenzó a acariciar.

    – Ya por favor, no sé qué estoy sintiendo, por favor.- decía ella entre jadeos.

    – Ya estás muy mojada; déjate llevar, mira cómo escurres.- decía él sin dejar de masturbarla.

    Yo veía cómo le estaba dando placer a la joven y me toque mi vagina, también yo estaba chorreando.

    El muchacho la hizo recostarse sobre la mesa con las rodillas colgando de la orilla; ella se dejó hacer mientras su cara reflejaba el placer que sentía. Él le quitó la pantaleta, ella reaccionó sin fuerza. Él metió su cara entre las piernas de la joven y comenzó a chupar. Yo podía escuchar la manera como mamaba el líquido de ella.

    Yo me masturbaba mientras él se extasiaba con su jugo. De repente, ella desorbitó los ojos y jadeó más fuerte.

    – Quítate, déjame, me estoy viviendo.- ella gritaba mientras con sus manos enterraba la cabeza del muchacho en su entrepierna.

    Ella tenía la cabeza hacia un lado recuperándose del éxtasis, su respiración aún era agitada.

    – Ahora me toca a mi.- dijo el muchacho mientras se abría el pantalón.

    Una verga de buen tamaño salía de su entrepierna, apuntando al agujero de la joven.

    – No por favor; soy virgen; me va a doler.- decía ella sin fuerza y sin convicción.

    – Por eso mismo… estás muy rica y te va a gustar.- dijo él acercando su falo.

    En ese momento, sentía como mi vagina soltaba fluido, como si me orinara; mi clítoris estaba tan duro que me dolía con tocarlo. Me acariciaba los pechos por encima de la ropa buscando el desfogue, quería venirme…

    Al estar en la entrada, él movió la cabeza, arriba y abajo, untándose los jugos de ella; se acostó sobre ella y comenzó a mamar el pezón que estaba al descubierto; vi su cadera moverse hacia adelante enterrando la verga en ella; ella enterraba sus uñas en la espalda de él, sintiendo al intruso; él se detuvo un momento, echó hacia atrás la cadera saliendo un poco, después con un movimiento rápido, se enterró completo dentro de ella. Ella gritó.

    – Sácala, me duele, no cabe, sácala.- decía ella mientras una lágrima corría en su mejilla.

    – Estás muy apretada; que rico se siente.- decía él mientras estaba quieto, sus ojos estaban brillosos por el placer.

    En el momento que ella gritó sintiendo toda la verga dentro, me vine a chorros, como nunca me había corrido y yo quería más.

    Él inició el bombeo dentro de ella. No fue mucho tiempo.

    – Me voy a venir adentro de ti; estás muy rica, no me puedo salir.- dijo él bufando de placer.

    – Salte, no quiero quedar embarazada; salte, acaba afuera.- lloraba ella.

    Pude ver cómo se quedaba quieto mientras se enterraba profundamente en ella. Ella recibía cada chorro con un suspiro y volvió a terminar.

    Yo me volví a venir al ver su cara, extasiado por acabar dentro de ella.

    Ya no pude más. Tomé mi teléfono y salí sin hacer ruido.

    Aún hoy me masturbo escuchando ese audio de cómo desvirgaron a esa joven frente a mi.

    Y busco cómo poder presenciar otra cogida cómo esa.

  • El hijo consentido de papi

    El hijo consentido de papi

    Saludos lectores, estos días fueron de descubrimientos en cuanto a mis encuentros sexuales con papá, primero que nada tuve la oportunidad de rentar mi propio departamento en un edificio casi en el centro de la ciudad; la segunda es que ahora paso más tiempo con mi papá y eso ha llevado a que nuestra convivencia sea mejor, anteriormente solo hablábamos y cogíamos, pero en estos últimos encuentros aparte de la violencia sexual nos ha llevado a sentir un amor mutuo, algo que ciertamente no siento hacía los hombres, siendo yo también uno.

    Nuestro primer encuentro fue luego de acomodar todo en mi departamento, puse todos mis juguetes sexuales en una puerta del baño, por primera vez no tengo que ocultarlos tan bien, y como ya está creciendo necesitaba más espacio; luego tome un baño y me quede dormido un buen rato, recibí una llamada de mi papá y le pase la dirección de mi nuevo hogar, llegó y nos pusimos a platicar un buen rato acerca de mi nueva casa, y le dije que le daría una copia de la llave para que pudiera entrar también; en fin, nos relajamos y en eso me subí encima de él, quedando cara a cara, me repose sobre su pecho, y el solo me abrazó, estábamos algo cansados tal vez por tanto coger en esos días, me cargo y me llevó hasta mi cuarto; una vez ahí me comenzó a desnudar para después el hacer lo mismo, esa fue la primera vez que no lo hacíamos, solo dormimos.

    Ya por la mañana despertamos y como siempre los hombres nos despertamos con una erección bestial, y uff estando desnudos era lógico que se le notara a mi jefe tremendo animal, por lo que ya entrando en calor, se la empecé a jalar mientras me acomode solo para tener esa verga frente a mi, la admiraba y se me hacía agua la boca, mi papi me acariciaba la cabeza y la espalda, luego me la metí a la boca para ensalivar su delicioso miembro, estaba bien dura; masajeaba sus testículos y los mojaba con mi saliva, lo empecé a hacer mas rápido hasta que lo hice venirse en mi boca, lo trague todo, y así seguí chupando su pija hasta que quedo limpia; nos tomamos un rato libre y salimos a comprar algunas cosas para comer.

    Ya en la noche nos juntamos de nuevo para ahora si darle caña, iniciamos con caricias suaves esta vez, nos manoseábamos juntos, sacamos el aceite y le pedí que me untara, el se sentó en la silla y yo me recosté sobre la cama con mis nalgas en el borde para que papá llegara a ellas y lamiera mi entrada, era un placer increíble, sabe como usar la lengua; luego me di la vuelta y ahí mismo comencé a chupar su verga, era un deleite, para acto seguido me senté en cuclillas y me empezó a penetrar suavemente, yo goteaba precum que usaba para lubricar mi ano, la sensación de roce era magnifico, me abrazaba por detrás y me pegaba a su cuerpo, mientras sus movimientos se hacían cada vez mas rápidos, me daba mordiscos sobre el hombro y oreja, yo me masturbaba, teníamos todo el tiempo que queríamos sin temor a ser molestados.

    Luego de eso, me puse en cuatro y mi papi ahí parado me siguió dando tronco, mientras yo me ajustaba a sus embestidas, mi hoyo estaba muy húmedo, mas que de costumbre, o tal vez mi ano se dilato ya lo suficiente; luego lo hicimos de pie, y a darle duro contra el muro, después me agache lo suficiente para tocarme los dedos de los pies, mientras me tomaba de la cadera y me sacudía fuertemente. Nos levantamos y nos fuimos a la mesa de la cocina donde puse un pie sobre la misma y me siguió taladrando el culo bien rico, hasta que me dio un delicioso creampie, uff, de solo pensarlo me hace revivirlo.

    Fui por mi plug grande y me tape la entrada, su leche caliente seguía dentro de mi, lo sacaba y le daba unas lamidas, su leche cremosa me encanta tanto, luego nos duchamos juntos, y después nos fuimos a dormir juntos y abrazados ese día. Sin duda los mejores días que he pasado con mi papi.

    Los siguientes relatos van a estar buenísimos, una orgía en mi departamento con mi papá y los chicos con los que lo hice la última vez, y un día de diversión familiar.

  • Mi cuñada se volvió mi puta

    Mi cuñada se volvió mi puta

    21 mensajes de WhatsApp recibidos en un máximo de 3 minutos que es la distancia que separa su casa de la mía.

    ¿Qué tanto podría decirme?

    Los miré desde la noche anterior, pero decidí revisarlos con calma en la mañana, con la tranquilidad que me da que mi celular tienes tantas protecciones activadas que tendría que ser un hacker muy pero muy avanzado el encargado de tratar de desbloquearlo, para que quizá tuviera éxito.

    1. Cuñis perdona que te escriba, pero no podía esperarme

    2. Me encantó lo que hicimos hoy

    3. Sé que está mal sé que no debió pasar

    4. Es un pecado terrible el acostarme con el esposo de mi hermana

    5. Pero no puedo negar que no me arrepiento ni me siento mal por haberlo hecho

    6. Nunca nadie me había cogido como tú lo hiciste hoy

    7. Nadie, pero nadie me mira como tú ni me había deseado tanto que con solo verme me sintiera como si me estuviera tocando

    8. Tengo tanto tiempo queriendo sentirte tocarme y penetrarme

    9. No te lo dije, pero muchas veces pensé en ti para masturbarme

    10. Muchas veces soñé que era a mí a la que ibas a ver a la casa de mi mamá cuando ibas a ver a mi hermana cuando eran novios

    11. Te imaginé muchas veces penetrándome cuando me penetraba alguna de las parejas que he tenido

    12. No sé qué pasó hoy pero no pude resistirme a probar el anal y no me molestó sentir tu semen en mi cara

    13. En serio nunca le había dado a nadie mi colita ni le había permitido a nadie tirarme la leche en la cara, pero tú lo hiciste y me encantó

    14. Quiero que me lo vuelvas a hacer muchas veces

    15. Quiero que me cojas diario

    16. Quiero ser parte de tu vida de tus locuras de todo

    17. Quiere que me enseñes a coger y disfrutar más

    18. No te pido ser única, sé que mi hermana siempre estará primero y supongo que no soy tu única mujer “extra” pero no me importa

    19. Por fa si ves este mensaje date la vuelta y regresa por mí, quiero que me cojas otra vez hoy mismo

    20. Perdón, sería una locura que lo hicieras mejor nos vemos mañana. Puedo salir unos 45 minutos a mi hora de comer. No sé si hay motel cerca de mi trabajo

    21. Bueno me avisas si puedes. Llevaré el perfume que me regalaste. Un besote y gracias!

    Esos fueron los 21 mensajes que recibí de Ceci aquella noche.

    ¿En verdad tan diferente de todos habría sido?

    ¿Qué tan insatisfecha y desaprovechada sexualmente estaba esta mujer?

    Lo sabría más adelante, pero por lo pronto, era hora de contestarle.

    – ¿Cuñis, andas por ahí? Envié

    – Sí dime, contestó

    – ¿A qué hora paso por ti? Pregunté

    – A las 2 en punto te veo en el estacionamiento a la vuelta del elevador. ¿A dónde me llevarás? Contestó

    – A un motel muy cerca de la Plaza. Afirmé

    – Ok pero sí está cerca? Es muy poco el tiempo que tengo. Me comentó

    – No te preocupes. Pero para ahorrar tiempo, antes de salir quítate los calzones y cuando subas al auto abre las piernas y tócate la panochita, así apenas lleguemos al motel te empino y te cojo pues ya la tendré igual bien parada; le dije.

    – Jaja estás reloco pero ok pero y si alguien me ve en el auto? Qué pena! Me dijo

    – Tú solo has lo que te digo, ok? Le ordené

    – Ohh ok; replicó un tanto dudosa.

    A las 2 en punto estaba ahí, en el lugar indicado.

    Dado que soy independiente no tengo que pedir permiso a nadie así que desde la 12:30 me salí de uno de mis negocios, fui a mi casa, me bañé y lavé bien todo porque eso sí, me había comentado en alguna plática que le gustaba que los hombres siempre estuvieran limpios y olorosos.

    Además de la higiene, preví el poco tiempo y lo que le había pedido hacer en el auto así que me puse un short muy holgado sin ropa interior y una camiseta cualquiera. La idea era que me lo pudiera bajar fácilmente.

    Estaba por escribirle por WhatsApp cuando levanto la mirada y ya venía hacia mí.

    Con su uniforme del diario, pero con la versión de falda en vez de pantalón.

    Subió al auto y lo primero que hizo fue mostrarme su calzón el cual traía guardado en su bolsa.

    Acto seguido sin arrancar aún, le abrí las piernas. Dudó un poco pero lo permitió. Puse su pie izquierdo sobre mis piernas para ver bien su panochita y empecé a moverme al hotel.

    A la mitad del camino tenía durísima la verga, así que me la saqué, bajé su pierna de las mías y le pedí que me la mamara.

    – Ay cuñis alguien me va a ver, dijo.

    – Lo sé, tú mama y no repliques. Le ordené

    Casi increíble, pero obedeció, se puso en cuatro y empezó a mamar.

    Llegamos al motel, pero no la dejé incorporarse, me acerqué al recepcionista y un tanto sorprendido por ver a mi cuñada mamando me asignó una habitación.

    – Eso te gusta, ¿verdad? Exhibirte, me dijo al estacionar el auto.

    – Me encanta exhibir a mis viejas, le comenté

    – ¿A mi hermana la has exhibido igual? Me preguntó un tanto seria

    – Cientos de veces, le contesté

    Se rio un poco y bajó del auto.

    Al entrar al cuarto, la detuve y la empecé a besar.

    La estaba besando y ella solita desabotonó rápido su blusa y se levantó el brassiere para ponerme a mamar sus grandes tetas

    Estábamos en la puerta del cuarto, no entramos.

    Acto seguido, abrí de nuevo la puerta del auto y la hice empinarse ahí.

    – Aquí te voy a coger, le dije

    No contestó, solo se abrió las nalgas y esperó que la penetrara.

    No me importó que ya llevaba varias horas trabajando y no había entrado a lavarse siquiera y enseguida me metí entre sus ricas nalgotas y empecé a mamarle el culo y panocha.

    Metí casi toda mi lengua por su culo que se dilataba fácilmente.

    Sin pensarlo mucho me puse de pie enseguida y se la metí directo al culo.

    De nuevo escuchaba sus gemidos entre placer y dolor.

    De repente vi como deslizó su mano derecha hacia su panocha y empezó a meterse los dedos.

    – Dame más duro me voy a venir, no pares, me dijo

    Me sentía como poseído, dándole lo más rápido y duro que podía y sentía como ese rico culo se contraía próxima al orgasmo.

    Finalmente se vino, se mojó tanto sin ser un squirt, que mojó el asiento del auto y sus tacones.

    Al ver eso me puso a mil y exploté dentro de su culo a chorros.

    – Pásame papel, me dijo

    – No, dame tu calzón, le indiqué

    Sin saber mis planes, alcanzó como pudo su bolso y me los dio.

    Con cuidado en la posición aún de perrito le puse los calzones, sin permitir que se le saliera mucha leche del ano.

    Lo poco que salió lo limpié con su propio calzón de encaje, al subírselos.

    – Me voy a manchar toda, cuñis no friegues, me dijo

    – Lo sé, es la idea, que regreses llena y manchada de mi semen a tu trabajo y te quedes todo el día así hasta llegar a tu casa. Si alguien se da cuenta en tu oficina sabrá que te cogieron y eso me excita más. Comenté en un tono autoritario.

    – En serio? Mmm ok; contestó

    Se sentó, me subí al auto, salimos del cuarto, pagué y la regresé a su trabajo.

    Nos dimos un beso intenso antes de que se bajara.

    Al bajar tenía ya una pequeña mancha que pareciera de orina en su falda, pero empezaba a verse lo blanquecino del semen.

    No le dije nada y se fue feliz caminando con su mancha de semen en el culo.

    – Qué pena cuñis, una amiga me dijo que, si me había hecho pipí, me escribió como a los 20 minutos de haberla dejado.

    – ¿Y qué le dijiste? Le pregunté

    – Que no que quien sabe qué era, así que miró de nuevo, me vio medio raro y se fue; contestó

    – Seguro sí notó que era semen, le dije

    – No sé, contestó

    – ¿Bueno, te gustó la cogida que te di? Cuestioné

    – Claro que sí, me está gustando esto de coger por el culo. Pero ahora yo te exijo algo. Ven por mí otra vez, salgo a las 9;30 hoy porque tengo un pendiente así que ya le avisé a mamá que me iré con una compañera otra vez. Trae bien cargado tu cel. Quiero que me muestres cómo te coges a mi hermana. ¿Seguro que la has grabado no? Contestó

    – Tengo miles y miles de fotos y videos. Le dije

    – Quiero verlos, esa será la porno que me pondrás. Contestó

    – Ok cuñis. Cerré la plática

    No es una historia falsa ni una fantasía ni nada. En realidad, esto que relato ocurrió y sigue ocurriendo con mi cuñada. Yo tampoco lo podía creer, pero cada hora que pasaba todo que hacía más perverso y sucio y el mejor sexo que he tenido desde entonces.

    ¿Qué pasó esa noche? En la siguiente entrega.

  • Mi primera vez con un hombre prohibido

    Mi primera vez con un hombre prohibido

    Cuando lo conocí, yo tenía 23 años, era soltera y no había tenido novio. Él tenía 36 años, era casado y una vida familiar. Nos hicimos amigos, compartimos momentos de amistad y todo arranco con un café en un lugar remoto de Barcelona.

    A mis 23 años, como estudiante, en mis últimos años como notaria nacional, no me había permitido mirar a un chico, la realidad es que no me interesaba, había decidido priorizar mis estudios, y me rodeaba de mi círculo familiar, así que nada estaba más allá de lo normal y elegido.

    Habitualmente viajaba desde Zaragoza a Barcelona y me quedaba toda la semana allí, de lunes a viernes para concentrarme en mis estudios, los fines de semana los pasaba en familia y alguna vez iban a verme mis padres al estudio que alquilaba. En esos viajes conocí a Pedro (voy a usar nombres ficticios, para no comprometer a nadie) él era el chofer del autobús, como era un chárter contratado, siempre viajábamos con él un numeroso grupo de personas, y yo tenia una reserva fija los lunes por la mañana y los viernes por la tarde.

    Si bien yo me dedicaba a estudiar, no eran ajenas a mí las sensaciones de que mi cuerpo, mi mente, necesitaban las caricias, los abrazos y los besos de alguien distinto de quienes los recibía cada fin de semana. En la semana, tenía compañeros, compañeras, amigos a los que veía así a diario, pero aun así, me sentía sola y distante de todos.

    Fue así que comencé a tener charlas diversas y esporádicas con Pedro, y no solo eso, al poco tiempo entendí que pedro también era de Zaragoza igual que yo, incluso que vivía en el mismo pueblo. Esas cosas de la vida que no deberían suceder, pero suceden. Cada semana las charlas con él se hacían mas amenas, e interesantes, en uno de los viajes, me entero que es su cumpleaños en dos días, ahí, infantil y tímidamente, le regale como un presente momentáneo, dos chocolates con forma de corazones.

    -Hola Pedro, buenos días, feliz cumpleaños, mi humilde regalo, mi presupuesto no da para más.

    -No era necesario, con el saludo estaba más que bien. Gracias de todos modos.

    Y entre risas y charlas fuimos llevando el viaje hasta llegar a Barcelona.

    Note no solo que me resultaba agradable conversar con él, sino que en el transcurso la semana, extrañaba no hablar con él o no verlo.

    Un viernes, entre tantas idas y vueltas y sin darme cuenta o sin querer darme cuenta, al bajar le dije:

    -ya nos sentaremos a tomar un café y te contare lo ocupada y aburrida que es mi vida.

    Ese comentario quedo suspendido en el aire, pasaron unas semanas quizás 4 – 5 y un lunes al llegar a destino y antes de bajar del autobús, y mirándome por el espejo Pedro me dice…

    -Sabes, tengo algo de tiempo por estos días, si quieres podemos tomar un café y me cuentas tu aburrida historia.

    Sentí que las piernas me temblaban, que mi vientre se hacía un nudo y que mi corazón sea aceleraba de forma descontrolada. Ahí comprendí que ya me pasaban cosas aun cuando nada había pasado entre nosotros y la decisión de decir sí o no, era justo en ese momento. Le dije entonces que tenía un día muy ocupado (era verdad) y que podíamos el martes o miércoles si a él le parecía, entonces tomo un papel y me lo dio, y dijo

    -Es mi teléfono, llámame cuando estés menos ocupada.

    Hombre de pocas palabras, pero concretas.

    Se preguntaran que tan lindo era Pedro pues les diré, era un tipo que te tiene que gustar, a simple vista te gusta o no te gusta, un hombre serio, fornido, de pocas palabras, de mirada profunda, ojos muy vivos, y sonrisa contagiosa.

    Yo aprendí a conocerlo, fueron muchos viajes, en los cuales, a veces podes hablar y a veces no.

    Después de unos cafés, hablando de muchas cosas, en las que me entero que él es casado comprendí que no tenía oportunidad en su vida y lo deje ir sin más.

    Pase unas semanas viajando menos, pero siempre extrañando no hablar con él, después de todo, había sido franco conmigo y su verdad era esa, el tenia familia quizás sin querer había puesto una barrera entre él y yo. Un lunes, festivo, yo decidí viajar igual porque necesitaba preparar unos exámenes, éramos pocos en el bus, el viaje se hizo rápido y a mitad del recorrido solo estábamos él y yo, en un semáforo de avinguda del paral lei se paró de su asiento y vino directamente a besarme, lo recibí con sorpresa y con miedo, pues no había estado en igual situación y no sabía cómo reaccionar, pero astuto el hombre me dijo.

    -Sé que es un sorpresa para ti, pero yo creo que es lo que vos esperabas y la verdad es que yo también, de todos modos, relájate, y hablamos, solo baja cuando sea el momento y después decides que quieres hacer.

    Los nervios me atraparon, ahora estaba en una situación de éxtasis, tenía miedo y a la vez estaba alegre, llena de preguntas sin respuestas, pero ese beso, suave, lleno de amor, dulce, húmedo, me había dejado en stand by.

    Llegue al estudio, deje mi equipaje y sin vueltas me metí a la ducha, sin dudas ahí encontré las caricias que buscaba, dejar correr el agua caliente por mi cuerpo, me llevo a las caricias que necesito, y aunque en este caso, como tantas veces, fueran solo mías, sabía que un día eso cambiaria, mis manos recorrieron mi cuerpo, suavizadas por un jabón líquido, no paraban de acariciar mis senos y mi entrepierna, pensaba en ese beso y mi cuerpo se estremecía, me recosté en la tina de agua y deje que mis dedos jugaran en mi sexo, hasta que una explosión de placer, me inundo por completo .

    Tomar una decisión me suponía también una responsabilidad, pero si con un beso me removió toda mi estructura, no quería imaginar o no podía, pensar como seria en adelante.

    Dos días después lo llame para ver si andaba cerca, y juntarnos a tomar un café, y así fue, volví a probar de sus besos y volvieron a parecerme una delicia. No eran picoteos, eran besos, besos intensos que te rebajan sin aire, cargados de pasión y por qué no, de lujuria? Eran solo besos, donde se pudiera, lugares discretos con poca gente, pero cada beso y abrazo de este hombre, hacía que me moje, que lo desee, que quiera sentirlo aún más y más. Además, su voz suave susurrando mi oído, si mirada profunda y a veces perdida me generaban curiosidad.

    Un día me anime y lo invite al estudio, por las dudas estaba bien vestida, y sabía que estaría el portero en el edificio y algunos vecinos que una ya sabe que están y quería igual sentirme segura, aunque él, ya me había demostrado desde un primer momento que no quería líos, el mismo día que me dijo que era casado.

    Sus caricias, sus manos recorrieron mi cuerpo como autopistas, sin dejar lugar por explorar, cada movimiento de su mano donde sus dedos eran excitantes para mí, me fui soltando, lo deje hacer, me tomo de la cintura, y se quedó a mis espaldas, mientras con su mano derecha corría mi cabello y besaba mi cuello y oreja. Su mano izquierda me sostenía de la cintura y pude notar como su sexo se apoyaba sobre mi culo. Podía sentir su erección, y podía sentir como mi entrepierna comenzaba a mojarse. Entre besos y abrazos, se paró en firme y me dijo…

    -No tienes que hacer esto si no quieres, pero tendrás que decidirlo ahora, porque ya no voy a detenerme.

    Mi corazón se aceleró, sabía que era inminente que me iba a penetrar, sus besos me fueron llevando, sus abrazos me levantaron por el aire y cuando me soltó ya estaba sobre la cama, ya había desprendido mi blusa y sus manos amasaban mis tetas, descaradamente desprendió mi pantalón y tiro hacia abajo me corrió la tanga a un costado y comenzó a lamer mi vagina totalmente llena de jugos, lo que me llevó a tener fuertes espasmos en el cuerpo, sin poder controlar todas mis sensaciones. Era evidente que se trataba de un hombre con experiencia, y una novata, aun así, no me rendí y lo deje, prefería seguir disfrutando de una hermosa chupada que me estaba volviendo cada vez más loca, mientras sos manos no paraban de amasar mis pechos ya a esta altura, mis pequeños pezones estaban erectos, y el suavemente los pellizcaba con sus dedos índice y pulgar, logrando una excitación mayor en la zona alta. Quito mis calzones, paso la cabeza de su verga por toda mi raya, de ida y vuelta y de una estocada ya tenía la cabeza adentro y con otra estocada mi virginidad había terminado.

    No senti placer, si me gusto? Si claro, pero no sentí placer, el dolor me limitó y ya no estaba dispuesta a seguir, al menos en ese momento, sin embargo él fue suave y me fue llevando al éxtasis de una manera increíble, pude tener mi orgasmo, a pesar del estar dolorida, prevaleció el placer, estar con él, de sentir su abrazo, sus besos y su sexo, sentirme contenida.

    Así fue mi primera vez…

    Continuará

  • Aventuras y desventuras húmedas: Tercera etapa (Fin)

    Aventuras y desventuras húmedas: Tercera etapa (Fin)

    Parados al lado de la puerta, ambos se miraban con timidez. Había sido apoteósico, a Mari sus piernas todavía le flaqueaban y seguirían así el resto del fin de semana, con Sergio era muy similar, se sentía en una nube de la cual no podía bajar. Sin embargo, de nuevo esa sensación de estar haciendo algo incorrecto les recorría el cuerpo.

    —Es hora de irme. —Mari le dio un beso rápido en la mejilla a su hijo y subiéndose la cremallera de la chaqueta se giró.

    —Mamá, —no quería que volviera a pasar lo de la otra vez— fue una maravilla, perfecto. —ella le miró con esos ojos azules que tanto le gustaban— Recordémoslo como algo precioso y ya está, no le des más vueltas, yo no lo haré.

    —Lo intentaré. Es complicado. —quitó la mano del pomo— Sabes que puedes volver a casa… —Mari tenía cierta arrogancia prescindible que no la dejaba pedir disculpas.

    —Sí, tengo muchas ganas de volver. —con el pensamiento de Carol muy presente acabó por añadir— Sin embargo estoy muy bien aquí. Puedo estudiar lo que quiera, tengo más intimidad y puedo centrarme en la carrera, creo que me quedaré aquí hasta final de curso.

    —Como quieras, te pasaré el dinero que necesites.

    —No te preocupes de eso ya se encargó la tía.

    De pronto Mari dio un paso hacia delante queriendo zanjar todo, abalanzándose a su hijo sin poder remediarlo. Los brazos rodearon el cuello de Sergio, imprimiendo tanta fuerza que tuvo que dar un paso hacia atrás para no desestabilizarse.

    —Te quiero y… —apretó aún más. Si Sergio no hubiera estado feliz recibiendo aquel abrazo, le hubiera pedido que parara, le estaba ahogando— siento todo lo que ha pasado.

    —Y yo mamá. —deshizo el nudo y las manos de Sergio fueron cada una a una mejilla de la mujer— Te quiero.

    Con un último beso en los labios sellaron su anonimato, después de eso, volverían a ser lo que fueron toda la vida, madre e hijo, nada más. Los sentimientos pasionales deberían quedar aparcados, no ocultos bajo losas, sino simplemente apartados para no enturbiar la familia. Era amor lo que sentían, pero sabían que el deseo de un momento a otro se evaporaría.

    Sergio cayó dormido a la primera y Mari lo mismo, sin contestar a las preguntas de su marido sobre si se lo había pasado bien. Ni siquiera podía comentarle que había sido la mejor tarde de toda su vida, solo dijo que estaba dolorida, como era verdad y se metió en cama para soñar.

    El joven también soñó, pero con algo que no tenía nada que ver con la tarde que habían pasado. Vivió una mañana feliz junto a otra mujer, una que durante esta última etapa siempre ocupaba sus pensamientos.

    Se despertó para seguir pensando en Carol, en como últimamente no dejaba de preguntarse qué tal estaría y las ganas que tenía de verla. No se podía mentir más, dejando ya a un lado los problemas familiares y superados con nota, su mente pareció decirle, “vale, ya estás preparado. Te gusta Carolina, ¡asúmelo!”.

    Duchándose tranquilo pensó si sería buena idea mandarla un mensaje, le dijo que iba a hablar con Paola, esperaba que todo hubiera ido bien. ¡No!, se estaba engañando, quería que le fuera mal… pretendía que aquella chica le dijera que no iba a dejar a su novio y que Carolina se diera un cambio de “aires”. Quería que de un momento a otro recuperase la fe en los chicos, esa que no sabía que la jovencita estaba recuperando gracias a él, y que decidiera darle una oportunidad.

    Pero aquello era mezquino, Sergio no era así y rápido recapacitó que lo único que deseaba y de corazón, era la felicidad de la joven, ya había sufrido bastante. Con el móvil en la mano comió tranquilo, con ganas de que sonara, mirándolo una y otra vez por si en la pantalla salía una llamada o un mensaje de Carol.

    No hubo nada, llegó la tarde y el móvil solo se iluminó por mensajes de sus amigos y alguno de su hermana, ningún otro. No podía aguantarse, quería hablar con ella, estar a su lado. Era raro que no hubiera vuelto ya, cada vez volvía más pronto los domingos. “¿Para verme? Ojalá…”.

    Las horas de la tarde corrieron rápidamente, sorprendiéndose por no haber recibido ninguna noticia de su amiga, aquello era extraño. Salió de su cuarto dando dos golpes en la puerta donde tantas veces había entrado, no hubo respuesta.

    Mirando el móvil vio su última conexión, era antes de comer sobre la una de la tarde, aquello ya le hacía pensar demasiado. Conocía las opciones, o bien la conversación con Paola estaba siendo grandiosa, u… horrible.

    Se vistió para dar una vuelta, pero con las ideas fijas de encontrar o ver a su amiga. Bajó a los bancos de enfrente de la residencia y después de diez minutos esperando impaciente cogió el móvil y dio el paso. Marcó el número y esperó, hasta el cuarto tono no hubo respuesta, pero después… al fin escuchó su voz.

    —¿Sergio?

    —El mismo.

    —¿Ha pasado algo?

    —No, ¿por qué iba a pasar?

    —Nunca me has llamado. —la voz al otro lado del teléfono se notaba rara, con un tono compungido y cierta aspiración de mocos que era evidente.

    —Siempre tiene que haber una primera vez, ¿no? —escuchaba el ruido de fondo. El viento aullaba con fuerza y el sonido de las olas rompiendo contra la arena, el mar estaba embravecido— ¿Qué tal estás?

    —Bien. —si hubiera querido mentir a conciencia, no habría sido tan realista.

    —Eso parece sí… —la ironía era una moneda que le apetecía devolver— ¿Te apetece que vaya a buscarte?

    —¿Sabes acaso dónde estoy?

    —Me la jugaría que sí al noventa por cien. Además, que seguramente hayas ido en autobús o te hayan llevado…

    —Me han traído.

    —Voy.

    El parking de la playa estaba prácticamente vacío, era domingo a la tarde y el aire soplaba gélido pese a las pocas nubes que había en el cielo. Sergio anduvo descalzo por la playa con las zapatillas en la mano, tenía un destino conocido, y allí encima de una duna, le esperaba Carol.

    Comenzó a subir, viendo como su amiga le miraba detrás de sus lentes desde la lejanía. Estaba sentada, con los brazos anudados a sus rodillas y el rostro algo cabizbajo. No hizo falta acercarse mucho para saber que había llorado, además recientemente.

    —¿Esta vez sí que vas a admitir que estás llorando?

    Carol negó con la cabeza, sonriendo por primera vez en todo el día. Sergio se sentó a su lado rodeándola con un brazo y atrayéndola hacia sí, la chica se dejó hacer porque era lo que deseó todo el día.

    —¿Qué tal con Paola? —Sergio fue al grano, no quería dar rodeos.

    —Muy bien. La verdad que muy bien. —las palabras salían junto con una sonrisa incrédula.

    —Pues espero que no haya pasado nada grave.

    —No, Sergio, no ha pasado nada. —con la mirada fija en el infinito mar se acurrucó aún más sobre su amigo— ¿Qué tal con tu madre?

    —Todo bien, ya está todo arreglado. Fue todo sencillo, creo que ya no habrá más problemas en casa.

    —¿Vas a volver a casa? —escuchaba el corazón de su amigo palpitar con calma, como la relajaba.

    —No. He preferido quedarme en la residencia hasta final de curso, para algo pagué al fumado de Marco, ¿no te parece?

    —Entiendo… —se humedeció los labios para poder hablar—Estuve comiendo con Paola. Fue todo muy bien, me dijo que estaba enamorada de mí, que iba a romper con su novio y lo haríamos público cuando yo quisiera. Estaba muy contenta por querer empezar una relación conmigo, sonaba muy cierto lo que me decía. Ha sido como siempre quería que fuera.

    Hubo un silencio entre ellos que ni el sonido de las olas más bravas podía ensombrecer. Sin mirarla, con el tono más serio que disponía, Sergio fue a sacar toda la verdad.

    —Carol, ¿por qué lloras?

    —Porque… —pausó sus labios sin creerse lo que había hecho— después de todo lo que me ha dicho, de esperarla tanto, de aguantar… la he rechazado…

    Con el brazo todavía rodeando a la chica ambos miraron como el sol caía por el horizonte. Las nubes que comenzaban a emerger no conseguían tapar el astro que brillaba con fuerza con los últimos rayos del día. Sergio se levantó, cogiendo de la mano a su amiga y llevándola por la arena sin decir nada. Llegaron hasta la orilla, donde el agua congelada les mojaba sus pies.

    Ninguno dijo ni una palabra, solo miraban como el sol se escondía debajo del agua. El silencio entre ellos era completo, hablaban con sus mentes, con sus almas, con sus… corazones. Solo el viento les rodeaba, parecía que estaban solos en una playa desierta en el confín del mundo. Seguían de la mano, bien agarrados, sin querer soltarse.

    No había dudas, no había barreras, sus sentimientos habían aflorado y ya no podían esconderlos. Calorina sabía lo que sentía, Sergio sabía lo que sentía y con la tensión que respiraban, sabían lo que el otro sentía.

    Sin soltarse de la mano, caminaron tranquilamente, como si el tiempo no les afectase, porque era su momento. Sergio tomó la palabra, con voz calmada, con el tono justo para que el viento no le interrumpiese.

    —Le dije una vez a mi tía, que no soy muy bueno teniendo amigas…

    —¿Por qué acabas queriendo siempre algo más?

    Sergio la asintió con una sonrisa, ella hizo lo mismo. Sus ojos brillaban tras las gafas con un verde tan vivo que deslumbraba.

    —Tengo que preguntártelo, porque necesito sacar lo que siento. Carol, ¿por qué la has rechazado?

    —Sergio, ¿por qué no vuelves a casa?

    —No es de buena educación responder una pregunta con otra.

    —Sabes que mi fuerte no es la educación.

    Los dos giraron sus cuerpos, quedándose frente a frente, con ambas manos entrelazadas fuertemente. Se miraron a los ojos, de una forma muy diferente de la que solían hacer. Dejaron a un lado la vida de amistad, porque eso no era para ellos. Liberándose de los pesos que los marcaban ya no tenía sentido seguir escondiendo lo que sentían.

    Carol había quedado con Paola a sabiendas de que la rechazaría, no podía soportar pensar una y otra vez en Sergio cada vez que se iba. Incluso no paraba de hablar con sus amigas sobre él. Estaba claro que ellas la conocían muy bien, porque ese mismo sábado la dijeron que mandara a la “mierda” a la chica y echara el resto por Sergio.

    —Joder… —colocó la frente en el pecho de su amigo— Soy muy complicada…

    —No es que yo sea una fiesta… ya sabes mi “oscuro” pasado. Carol, —alzó los ojos para mirarle— me gustas desde la primera vez que te vi, lo que pasa que no me di cuenta, tenía la cabeza en otra parte.

    —Sergio… —soltó sus manos y rodeó la espalda del chico— quiero estar a tu lado… aunque no sé si me saldrá la desconfianza… no digo en tema de celos, sino en lo demás. No podría soportar que tú también me fallaras…

    —No puedo prometerte nada, no tengo la capacidad de ver el futuro y mucho menos soy perfecto. Carol, alguna vez te voy a fallar y tú a mí también, eso es ley de vida. Solo puedo prometerte que mientras estés a mi lado voy a tratar que no vuelvas a pasarlo mal. Me quiero reír como hacemos siempre, tener confidencias, que sigamos siendo amigos, pero un paso más allá. Llámalo como te salga, compañero, ligue, novio, marido… me da lo mismo. Lo único que quiero es estar a tu lado todo el tiempo que me sea posible.

    Carol hundió la cabeza en el pecho de Sergio, soltando unas lágrimas, a la vez que su sonrisa salía como nunca.

    —Esta vez lloro de felicidad… —dijo antes de que el joven la soltara un comentario irónico— No creía volver a encontrar un tío que me importase tanto. Pasaste tan rápido de ser mi amigo a algo más, que ni me di cuenta. Me obcecaba en pensar en Paola por no querer pensar en ti. Siento que era una excusa a mí misma, por querer dejar a un lado a los chicos. Queriendo hacer pagar a todos por las cagadas de unos pocos. Nunca más. Quiero estar contigo, Sergio, siempre a tu lado.

    —¿Juntos entonces?

    —Juntos.

    Se miraron a los ojos con un profundo amor. Sergio alzó su mano hasta la mejilla de su novia para limpiarle las últimas lágrimas que fluían por su rostro, pidió a todos los dioses del universo nunca más verla sufrir. Ojalá se cumpliera ese deseo, aunque era bastante complicado, pero si hiciera falta, daría su propio corazón para que sucediera. Se había dado cuenta de que la amaba con todo su ser.

    —Nuestro primer beso…

    —Cállate. —Carol no pudo soportar la risa— Bésame, y calla…

    Sus labios se juntaron mientras el sol tocaba el horizonte sin querer perderse el magnífico beso de una nueva pareja. El agua fría les alcanzó los pies sin que se dieran cuenta, sus labios se movían al compás mientras sus brazos se sujetaban con fuerza, queriendo convertirse en uno solo.

    Dos vidas se unían, dos almas destinadas con el sol como testigo en una playa desierta. El comienzo de una nueva historia se empezaba a escribir con tinta tan afectuosa que salía del mismo corazón. Con un beso eterno, todo fue sellado.

    EPÍLOGO

    Carmen tecleaba en su casa con rapidez. Durante estos últimos meses había adquirido bastante maña con el portátil. Cerró la pantalla, tomando un sorbo del café que tenía en la mesa, levantándose después para admirar como quedaba el árbol de Navidad. Le encantaba como estaba decorado, sobre todo con el adorno que su sobrino le mandó por correo.

    —Un pene igual hubiera quedado mejor que una bola.

    —¿Decías algo, cariño?

    —No, Pedro. —mirando al sofá donde su marido esperaba a sus invitados— Estaba pensando en cómo terminar el libro, ya no me queda nada.

    Su marido soltó un pequeño graznido que sonó a “me alegro”. Carmen tenía años de experiencia con aquel idioma, lo dominaba a la perfección. Mirando el reloj se dio cuenta de que faltaba poco para que los invitados llegasen, por lo que echó una ojeada al móvil y vio el mensaje de su hermana.

    —Abrid la puerta, en cinco minutos estamos.

    Salió rápido, avisando a su marido para que pulsara el botón de la verja de la entrada. No esperó ni dos minutos, que al fondo de la carretera, bajo la noche de diciembre, hizo acto de presencia un coche.

    No era de color rojo, “una pena”, sino de un plateado gastado que Dani conducía desde hacía años. Entraron en sus dominios mientras Carmen sonreía de oreja a oreja inquieta porque salieran del coche.

    —¡Hola, familia!

    De forma efusiva se abalanzó a abrazar a su hermana que fue la primera en abrir la puerta del coche sin que este se hubiera detenido del todo.

    —Apenas habéis tardado. —a Carmen no se le borraba la sonrisa— Entra Mari, que hace frío, ahora hablamos.

    —¿Pedro? —preguntó su hermana cogiendo su bolso, para ir a saludar a su cuñado.

    —En la sala, tirado en el sofá, como no. —miró hacia la puerta del coche donde salía Laura echa toda una mujer con los dieciocho años ya a su espalda— ¡Mi princesa! No se puede ser más guapa que tú, cariño. —la dio un sonoro beso que la jovencita recibió con risas.

    —Estás preciosa, tía, ¿gimnasio?

    —Un poco… Tú y yo tenemos que hablar de chichos, que algo me ha contado tu madre…

    —Carmen… —dijo Laura ruborizada metiéndose en la casa con una pequeña maleta.

    Dani se fue al maletero sacando todo lo demás y andando hacia la casa, mientras Carmen le saludaba con dos besos y giraba por el coche buscando a alguien muy importante.

    La puerta trasera se abrió y de allí emergió un joven, algo espigado, parecía que hubiera crecido, pero para nada. El pelo desaliñado y unas ropas cómodas para el viaje que seguramente hubiera sudado.

    —Mi sobrino favorito…

    —Tía. —se fundieron en una abrazo sentido que ambos disfrutaron. Al despegarse, Carmen miró hacia dentro, sabía que había alguien más.

    —¿Dónde está mi nueva sobrina?

    Del coche salió una joven con el pelo moreno ondulado que coronaban unas mechas de un azul precioso. El cabello más largo que hacía meses le caía hasta los hombros, escondiendo sus preciosos ojos verdes detrás de unas gafas de color idéntico a su cabellera. Menuda, pero con un cuerpo cuidado y bonito, que tenía un rostro de facciones preciosas.

    Sergio le tendió la mano para que saliera con más comodidad, aunque Carol era ágil y no la necesitaba, sin embargo la cogió, sentir la mano de su pareja siempre era agradable.

    —Esta es Carol. Carol, Carmen, mi tía.

    —Encantada. —el rostro de la joven se coloró al instante. Sergio había descubierto lo nerviosa y tímida que era con su familia, en especial con sus padres.

    —¡La que está encantada soy yo, cielo! Eres toda una reina. ¡Qué suerte has tenido, chaval!

    Ambos sonrieron y Carol mantuvo una pequeña mueca sin llegar a reír, siempre le pasaba lo mismo delante de su suegra y con Carmen, no iba a ser diferente.

    Se adentraron en la casa, mientras la tía hablaba y hablaba, Carol sujetaba con fuerza la mano de su novio, sin querer que le soltase en ningún momento. Aceptó pasar las Navidades con Sergio, porque lo amaba con locura y tenerle cerca todos los días era un placer, pero le costó viajar con sus suegros. Pese a tener una buena confianza con ellos, todavía le daba mucha vergüenza y sabía… que siempre se la daría.

    Con Mari se llevaba de maravilla, incluso le traía de vez en cuando ropa de su tienda, Sergio se quejaba de que a él no le compraba nada, que gracia le hacía ver su cara. Con Dani era un trato más cordial, muy amable y siempre con buena cara, pero poco más, tampoco habían profundizado mucho, Carol en casa de Sergio era una chica de pocas palabras. ¡INCREÍBLE!

    La que más le encantaba era su nueva cuñada, con Laura había conectado desde el primer momento. Estaban unidas por las mismas aficiones y cuando visitaba a su novio, no perdía el tiempo en ir al cuarto de la joven a saludarla.

    —Carol, —escuchó la voz de Laura llamarla desde lo alto de la escalera— sube, que dejamos aquí la maleta.

    Soltó la mano de su novio a duras penas, como una chiquilla saliendo de las faldas de su madre. Se perdió en la habitación con la joven, mientras Sergio la miraba embobado, con esa mirada que solo tienen los enamorados.

    —Cariño, —le llamó Mari desde la cocina— ven a ayudarnos con la cena, que vamos tarde. —se encaminó donde su madre— Los hombres van a beber un poco en la sala… hombres… y deja que tu hermana le cuente a Carol lo de su novio.

    —¿Tiene novio?

    —Se la ve en la cara. —Carmen apareció por la espalda, entrando en la cocina y quedándose los tres solos en el pequeño espacio.

    Sergio lanzó un vistazo nostálgico, recordando hace más de un año las perfectas vacaciones que pasó y como todo había cambiado tanto desde entonces. Las mujeres hablaban la mar de tranquilas después del mal trago que vivieron y de estar un tiempo sin comunicarse. Él… que feliz estaba ahora con su nueva novia… y esperaba que en un futuro… se convirtiera en su mujer.

    —A ver —llamó la atención de las mujeres— dejen paso, que llega Sergio para ayudar.

    —Entonces mejor llamo a un restaurante… o a los bomberos.

    —Tan graciosa como siempre, tía.

    Como tiempo atrás los tres rieron, felices y sin nada de preocupaciones, con sentimientos comunes de una familia. Pero con unos recuerdos que aún traían a la memoria alguna que otra vez.

    El momento de la cena llegó y Mari avisó a su hijo de que Carol estaba arriba, que fuera a buscarla para que no bajase sola. La mujer no era tonta y ya sabía lo tímida que era, la ayudaba en todo lo que podía y le encantaba que formara parte de su familia, en verdad, Sergio había encontrado una gran mujer.

    —Cielo, ¿estás lista? —golpeó la puerta donde hacía más de un año durmió solo.

    —Pasa, Sergio.

    Su chica estaba en medio de la habitación, contemplándose en el espejo del armario y colocándose unos pendientes para completar su perfecta figura. Abrió la boca tanto como pudo para no esconder su asombro.

    Tenía el pelo suelto en ondulaciones hasta la mitad de su cuello, con unas preciosas perlas como pendientes. Se había quitado las gafas, poniéndose unas lentillas que pocas veces usaba, prefería las lentes, en palabras suyas, se sentía menos pato. Se arregló un poco más el vestido, quitando las últimas pelusas que encontraba y vio cómo su novio se acercaba.

    —Carol…, estás espectacular.

    —Me lo compró tu madre, y los pendientes me los dejó Laura, ¿me ves bien? Me siento un poco rara.

    —No digas bobadas, eres un ángel.

    —¿Sergio? —cuando estuvo a su lado, vio como la miraba. Esos ojos los conocía muy bien— ¿Estás poniéndote cachondo?

    —No.

    —No me mientas. —le rodeó por la cintura mientras ella colocaba sus manos en sus hombros. Contactaron… con lo más salido que poseía el cuerpo de Sergio, su pene— La tienes dura…

    —Lo siento. No puedo contenerme, me produces cosas que no puedo controlar.

    Como le gustaba a Carolina hacer que su novio perdiera el control de su cuerpo y que su deseo descarrilase. Sin embargo, no podían hacerlo con toda su familia en la parte de abajo.

    —Si quieres otro día… —ambos miraron el precioso vestido— me lo pongo, cuando tengamos un momento más íntimo…

    —¿Cómo el de la semana pasada? —rememoraba el tiempo que pasaron solos en casa de Carol.

    —Parecías un mono en celo… —la chica acercó sus labios, pero no llegó a tocar los de Sergio— Gracias por cumplir mi fantasía, aunque disfrutaste bastante conmigo de gatita ¿no?

    —No lo sabes bien, cariño. Creo que la fantasía la cumplí yo.

    —Que sepas, que aún me duele un poco el culito y que… me sigue saliendo un poco de tu leche. —esto último no era verdad, pero sabía que a su novio le pondría. Como le gustaba verle así.

    —Carol… mejor para… no me digas esas cosas.

    —Podemos usar este vestido otro día o… —bajó la mano hasta palpar el pene tan duro de su novio. Siempre le hacía perder el sentido. Lo agarró con fuerza y Sergio se meció hacia delante— Tengo algún que otro disfraz en mente.

    —Cariño…, para… o no respondo… ya lo sabes.

    —Lo sé… —amasó el prominente bulto del que esperaba fuera el padre de sus hijos y le añadió— Lo sé muy bien…

    —¿Chicos?

    Desde detrás de la puerta se escuchó la voz de Laura, que metió ligeramente la cabeza en el interior para ver a la pareja agarrada.

    —Vamos, que hay que cenar. ¡Madre mía, Carol! ¡Estás preciosa! Sobre todo por los pendientes.

    —Muchas gracias, Laura, eres la mejor, te quiero. Y tú sí que estás guapa…

    Con esto Laura se sonrojó, sonriéndola sin poder aguantarlo. Carol la solía lanzar más de un piropo a modo de broma. Aunque la joven sí que opinaba que su cuñada era una belleza, incluso en alguna ocasión, le dijo a su novio que si se portaba mal le cambiaría rápidamente por su hermana. Sergio siempre fruncía el ceño, no sabía hasta qué punto era una broma.

    —Oye, Sergio, gracias otra vez por invitarme a ir a Cantabria con vosotros. Fue increíble, me lo pasé genial.

    —No es nada, ya sabes que te debía una, aunque la gran idea nació de Carol, ella es la máxima culpable. Si se da la ocasión podemos repetirlo, invitó yo, ya lo sabes. —su hermana le mandó un beso. Dejándoles solos después de bajar por las escaleras y reunirse con los demás.

    —Vamos, mi vida. —ambos apretaron fuertes sus manos. Como se amaban, estaban locos el uno por el otro.

    —Me tienes que contar lo del novio de Laura.

    —¡Ah, no! Eso es secreto de chicas, yo calladita.

    —Carol… venga…

    La joven sonrió ante las quejas de su novio y le dio un buen beso antes de atravesar la puerta. Sergio bajó a cenar con su familia relamiéndose los labios, el buen sabor que le dejaba su pareja era mejor que cualquier otra cosa en el mundo.

    Cenaron en familia, faltando solamente las hijas de Carmen y Pedro, que estaban con sus respectivos maridos e irían en Nochevieja. No obstante también era bueno, de ese modo la casa no se saturaría.

    Hablaron de todo y rieron como siempre, una familia unida como otra cualquiera con sus más y sus menos. Quizá esta tuviera cierto pasado enterrado bajo una densa alfombra, pero… todo fue producto del amor, ¿no?

    Carol se metió en la cama con el pijama abrigado que Sergio le regaló antes de ir. Le encantaba, sobre todo lo amoroso que era.

    —Hoy me da que no… —dejó caer Sergio metiéndose en la cama junto a su novia.

    —Otro día, me da cosa hacerlo en casa de tu tía.

    —Entiendo. Aunque si a la noche te apetece, despiértame. —un guiño muy cómplice salió de su ojo.

    —Salido… —le dio un pequeño golpe en el hombro, pero dejó abierta la puerta a esa opción.

    —Entonces, ¿mañana quieres ir a ver la casa de mis abuelos?

    —Por mi bien. —no le parecía mala idea, era un lugar donde Sergio había pasado buena parte de su infancia y vacaciones. Conocer más cosas de su chico siempre la gustaba.

    —Me alegro, cariño. —un beso en la frente, dulce y tierno como a ambos les encantaba. Había momentos para la lujuria y para el amor, algo que se sincronizaba de maravilla— Qué duermas bien, te amo.

    —Y yo.

    El sueño no fue del todo gratificante, las pernoctaciones en casa ajena nunca suelen serlo. Aun así, pronto salió el sol y casi sin darse cuenta de cómo había llegado allí, ya estaba en dirección a casa de los abuelos, con Mari, Carmen, Carol. Sergio al volante recorría los pocos kilómetros de distancia.

    Sonrió pensando en lo irónico y curioso que parecía que las tres mujeres de su vida estuvieran reunidas en un pequeño espacio. “Quizá me falté Marta” acabó por reírse de forma nasal, de Alicia, prácticamente se había olvidado.

    Aparcó delante de la puerta, viniéndole a la memoria el momento con Carmen tan apasionado y esperando que hubiera arreglado el cabecero que reventaron. Con la mano de su chica bien aferrada se encaminaron a la entrada. Su tía sacó las llaves y abrió la puerta con rapidez.

    Todos pasaron uno por uno, parándose ambas mujeres en la escalera mientras Sergio veía como Carol cerraba la puerta en último lugar. Echó la llave, quitándola después y dando dos pasos donde su chico.

    Sergio estaba mirando a su tía y su Madre, tan parecidas y a la vez tan diferentes, seguían siendo dos diosas de la belleza. Sobre todo Mari que había dado un gran cambio desde que trabajaba, ahora se cuidaba en todo sentido, Carmen seguía en su línea de perfección, sin variar.

    Algo las pasaba y el joven se percató. Tenían una mirada diferente, escondiendo algo que él no sabía, le miraban con media sonrisa desde lo alto mientras sus ojos azules destilaban una curiosidad que casi tenía olvidada.

    Podría preguntarse muchas cosas, quizá perder el tiempo en suposiciones, pero no le dio tiempo, Carol le dio la respuesta. Desde su espalda dos brazos le sujetaron, uno dejando la mano en su pecho y otro a la altura de su bajo vientre. Sintió el beso tierno en el cuello que le daba su novia y en un futuro su esposa. El vello de todo su cuerpo se erizó al momento.

    Carol conocía muy bien ese punto y solo lo usaba en situaciones muy concretas. Volvió a sentir otro beso, este más profundo con un pequeño mordisco mientras su tía y su madre miraban atentas. Giró el rostro algo desconcertado, viendo a Carolina con la mirada que ya tenía bien aprendida.

    Era esa cara que siempre ponía en momentos realmente calientes, cuando perdía el sentido. Como la semana anterior, cuando vestida de gatita le pedía a su novio que le quitase la cola y la diera un gran sexo anal. Le había mirado con ese rostro lujurioso mientras la penetraba una y otra vez… que pronto se corrió…

    La preciosa jovencita, con sus gafas puestas, alzó la cabeza. Llegó de puntillas hasta la oreja de su futuro marido y padre de sus hijos (esperaba que dos). Habló con el tono más meloso que disponía, haciendo vibrar los sentidos del joven y susurrándole al odio.

    —¿Subimos?

    FIN

    ———————

    Aquí terminamos con esta maravillosa aventura. Fue un camino duro, no lo voy a negar, pero a la par satisfactorio hasta un nivel increíble. Nunca me había imaginado poder escribir un libro y menos una historia con sentido, y bueno… al final, después de un año, escribí tres y creo que el hilo narrativo fue bueno.

    Pediros disculpas por no haberos podido contestar todo lo que me hubiera gustado en los comentarios, pero la verdad que apenas tenía tiempo, aun así, siempre os he intentado leer. Por eso agradeceros a l@s que leísteis desde un único capítulo, hasta los que habéis estado aquí desde el comienzo. L@s que me habéis comentado, leído y votado en casi todos los relatos, deciros que habéis sido un gran apoyo para seguir adelante. Viendo las notas y los buenos comentarios me hacíais seguir escribiendo.

    Ahora llega el turno de despedirse después de esta fantastica aventura, pero no es un adiós, sino un hasta pronto. Toca descansar un poco y refrescar el cerebro con ideas nuevas, espero traer algún que otro relato dentro de no mucho, aunque una historia tan densa no sé si seré capaz.

    Os animo a que me sigáis por Twitter (está en mi página de perfil) para tener más noticias mías y que estéis al tanto de los nuevos proyectos que vayan saliendo. Gracias de corazón a todos los que me acompañaron en este viaje, os mando un abrazo increíble.

    Un beso, hasta pronto y… ¡Disfrutad!

  • El caballero medieval y la campesina

    El caballero medieval y la campesina

    Fernando recibió el regalo del rey con la seriedad de un noble caballero medieval. El obsequio consistía en un pequeño castillo y, como era costumbre en la época, las tierras y gentes que vivían a su alrededor pasaban a ser también de su propiedad.

    Aquella misma tarde, un mensajero fue enviado a dar la noticia a los campesinos. Entre todas las moradas se seleccionó la casa de Tomás, hombre maduro que vivía con su mujer y su hija Clara. Se esperaba que la familia invitase a almorzar a su nuevo señor y le concediese todo tipo de atenciones.

    Y así se lo hizo saber el mensajero, mirando de manera lasciva a la hija del matrimonio.

    Clara, que contaba ya con 20 años, era delgada, melena rubia, piel pálida, rostro agraciado y grandes ojos azules.

    En cuanto se fue el visitante su padre se dirigió a ella en un tono que no dejaba lugar a la interpretación. Era necesario causar la mejor de las impresiones a su nuevo señor, su vida y la del resto de la aldea dependían de ello. Para lograr esto tenían que ofrecerle lo mejor, buena comida y, por supuesto, goce carnal.

    – Mañana ofreceras tu cuerpo a tu nuevo señor como muestra de gratitud. ¿Está claro?

    Clara, para decepción de su familia, reaccionó con rebeldía.

    – Jamás haré lo que pedís.

    Su madre, indignada, le dio un tortazo dejándole la mejilla colorada.

    – ¡Cómo te atreves a hablarnos así desagradecida! Aquí todos arrimamos el hombro.

    La chica, tercamente, siguió sin ceder. Para sus adentros sabía muy bien que no tenía muchas más opciones, que fuera de la familia, sin dinero y sin habilidades de ninguna clase, se vería abogada a la mendicidad o lo que era peor, a vender su cuerpo para conseguir manutención y alojamiento.

    Su padre reaccionó cogiéndola por el brazo y arrastrándola a su habitación.

    – ¡De rodillas!

    Su madre se sentó en la cama y acomodó el rostro de la joven en su regazo mientras que su marido cogía un manojo de ramas.

    – ¡Desnúdate!

    La chica desnudo su trasero.

    Pronto empezaron a caer los azotes sobre sus nalgas.

    **************

    Al día siguiente Fernando, acompañado por su escudero, llegó a la aldea. Clara, dócilmente, miró al recién llegado. No era demasiado mayor, quizás treinta y cinco años. Fuerte, ancho de espaldas, barba de menos de una semana, rostro curtido por el sol y manos con algo de vello. Cuando tomó la palabra su voz era ronca, pero agradable. Prometió a los habitantes un trato justo y protección en su castillo si eran atacados. A cambio pedía lealtad y dedicación en el trabajo para obtener buenas cosechas. Dispondrían de un día de descanso a la semana y sus demandas serían escuchadas.

    Los aldeanos respiraron tranquilos, a priori su señor no parecía un tirano y su vida, aunque dura, podría ser incluso feliz.

    La comida fue abundante, al igual que el vino. Fernando bebió con moderación, disfrutó de la carne en salsa y eructó ruidosamente. Sus maneras eran algo rudas pero correctas.

    Terminado el almuerzo, el caballero posó sus ojos en la muchacha.

    Esta no dijo nada a pesar de la mirada de advertencia de su padre.

    – Sois bien parecida. – dijo el caballero.

    Clara se ruborizó.

    – Si así lo deseáis – intervino el anfitrión – podéis pasar a su cuarto.

    Fernando agradeció cortésmente el gesto.

    – ¿Venís?

    Clara tardó un instante en reaccionar pero finalmente se levantó y tratando de ocultar su nerviosismo inició el camino hacia su cuarto.

    El caballero cerró la puerta en cuanto ambos entraron.

    – Estáis nerviosa. – comentó describiendo lo que era obvio.

    La muchacha bajó la mirada ruborizándose.

    – Me caéis bien. Habladme sin miedo.

    Sin saber muy bien la razón, Clara se sinceró y contó a su señor los temores del día anterior y como su padre la había azotado en las nalgas por su comportamiento.

    Fernando visualizó la escena en su mente provocando que el pene se hiciese grande bajo su ropa. Podía forzar a la muchacha si quisiera, de hecho, si esta se negaba, podría hacer que la azotasen en público o podía ordenar que hiciesen lo propio con sus padres o incluso algo peor. Las vidas de aquellos campesinos le pertenecían.

    Pero Fernando era ante todo un caballero de verdad y prefería tener sexo consentido que meter su miembro por la fuerza en una vagina reseca por la falta de deseo.

    – ¿Y qué pensáis ahora?

    Clara dudó. No esperaba que le pidiesen opinión. Sopesó por un momento la posibilidad de negarse, pero si hacía eso, aunque aquel hombre parecía justo, quien sabe, quizás les guardase rencor. Y luego estaba su padre, dispuesto a calentarla el culo de nuevo.

    – ¿Podríamos hacerlo despacio? – dijo al fin.

    Fernando sonrió tranquilizándola. No había prisa.

    El caballero la besó en el cuello. Los pelos de la barba rozaron su mejilla, picaban, pero era una sensación que al mezclarse con la electricidad de los labios recorriendo su piel se tornaba placentera. Fernando aspiró el perfume del cuerpo de la joven y la besó en los labios. Clara respondió abriendo la boca y permitiendo que sus lenguas se entrelazasen, el sabor del vino mezclado con el toque amargo de la saliva tenía algo de adictivo.

    Pronto los pechos desnudos de ambos amantes entraron en contacto, las manos de ella acariciando su espalda, las manos de él, primero, meciendo el cabello rubio, después sobando las tetas y pellizcando con cuidado los erectos pezones.

    Clara miró con deseo la abultada entrepierna de su señor.

    – Quiero verlo. – rogó.

    El varón liberó el imponente mástil y la campesina comenzó a lamer el capullo. Después de unos minutos Clara se dio la vuelta y se tumbó boca abajo sobre la cama. Se levantó la falda y dejó a la vista su trasero, todavía enrojecido por la zurra del día anterior.

    Fernando se acercó e introdujo su palpitante pene.

    Empujó contrayendo sus peludas nalgas.

    Clara gimió y mordió su labio inferior agarrando con sus manos el extremo de la cama.

    El caballero envistió de nuevo, azotó la nalga de la joven con su mano y tras permanecer dentro del cálido cuerpo de la muchacha unos segundos, inició el mete saca con penetraciones rápidas y cortas para, unos minutos después, sacando completamente su miembro, regar con abundante semen el trasero y los muslos desnudos.

    Clara alcanzó el primer orgasmo.

    Minutos después la puerta se abrió y caballero y mujer salieron de la habitación.

    Fernando partió, no sin antes invitar a la joven a visitar el castillo.

  • Antes de las campanadas

    Antes de las campanadas

    Atala es una mujer espiritual. Con esto no quiero decir que no le guste el sexo, sólo que es eso: espiritual. Atala tiene la piel bronceada, luce una melena negra por debajo de los hombros y tiene mestiza la cara; su torso, provisto de unas tetas desafiantes y bien formadas, es el de una mujer atlética; sus piernas son finas. Atala piensa que es bella, aunque sostiene que su belleza no es del tipo que gusta a esta sociedad consumista: Atala piensa que su belleza es la de la mujer sencilla. Yo ahora, mientras esta narración toma forma en mi mente, me la estoy follando: «Uff, oh, oh, Atala»; «Mmm, Renato, me gusta, mmm». Atala, debajo de mí, se estremece por cada una de mis embestidas; mantiene sus ojos cerrados y sus labios, relajados, tiemblan cuando mi polla entra y sale de su coño. «Ah, Renato, córrete, córrete», me anima Atala; «Ya, Atala, ya-ah, ah, oohh», me corro.

    «Atala», le digo, «esta noche es Nochevieja, ¿qué tal si me haces una mamada?»; «¿Antes, durante o después de las doce campanadas?»; «Antes, por supuesto, durante es poco tiempo, y después hay que dormir»; «Claro que sí, Renato, con mucho gusto te haré una mamada»; «Qué suerte tengo», dije.

    Cuando hemos entrado en nuestra casa, Atala ha entrado al dormitorio y ha salido desnuda. Me he acercado a ella y he acariciado con suavidad sus tetas a la misma vez que he besado sus labios. «Renato», me dice Atala tras separar unos centímetros su cabeza, «voy a ducharme»; «Claro, Atala, no lo había pensado»; «Renato, me he desnudado para ir al cuarto de baño a ducharme para recibir el nuevo año bien limpia, no todo es follar».

    A Atala la conocí durante un partido de baloncesto. Por supuesto, no era un partido, digamos, oficial, sino una cosa que se improvisó en cuanto nos reunimos en una cancha de baloncesto diez personas que de forma desordenada tratábamos de encestar cada uno nuestras respectivas pelotas. Habíamos siete hombres y tres mujeres. A Atala, en un sorteo a base de pares o nones, le tocó jugar en el otro equipo. Atala es alta, más alta que yo, no lo escribí en la descripción que hice de ella al principio, mide alrededor de uno ochenta centímetros, y taponaba cada vez que podía mis lanzamientos. Bastantes veces, su defensa consistía en pegárseme mucho a mi cuerpo, de frente, para que yo no recibiera. Fue durante esas veces cuando comprobé la firmeza y carnosidad de sus tetas. Me desconcentraba Atala con sus esfuerzos defensivos. Yo prefería que ni me pasaran la pelota para sentir el cuerpo de Atala pegado al mío. Después del partido, fuimos a bebernos unas coca-colas a un bar cercano. Ahí tuve la oportunidad de saber de la espiritualidad de Atala. Atala creía en la fuerza interior, en la mirada interna; pensaba que la vida no tenía sentido si acababa con la muerte y que, por tanto, teníamos que trascender a la muerte. La base de su pensamiento era siloísta, me declaró. Yo, a propósito, pregunté que opinión tenía el siloísmo respecto al sexo, a lo que Atala me contestó que mientras no estuviésemos encadenados a este, podíamos disfrutar sin inhibición del sexo siempre que la ocasión se presentase. «Bueno», dije, «para mí la ocasión se ha presentado»; «Y para mí», dijo Atala.

    «Ah, Renato, aahh». Fuimos a mi casa. Y, tal cual veníamos, pegajosos de sudor, Atala y yo nos enrollamos. Ver a Atala desnuda me pareció irreal. Su figura era excepcional. Nos subimos al colchón y acaricié el coño de Atala hasta que se humedeció, entonces le metí la polla y empujé y empujé. «Ah, Renato, ah, aahh». Atala gritaba de placer mientras yo jadeaba por el esfuerzo. Las tetas de Atala temblaban debido a mis embestidas y yo se las chupaba. «Sí, Renato, chúpame las tetas, sí, aahh, me gusta», decía Atala; «Atala, ¿me puedo correr dentro?»; «No, Renato, sácala un poco antes». A punto de correrme saqué la polla y Atala, seguidamente, se sentó sobre el colchón y con una mano me terminó, haciendo que mi semen cayera esparcido sobre sus tetas. «Oohh, Atala».

    Atala me va a abandonar. En cualquier momento lo hará. Sé que a ella no le gusta estancarse, y nuestra relación va en camino del estancamiento. Entretanto, Atala sigue follando conmigo. «No, yo no te dejaré, ¿por qué escribes eso?, se nota que no te quieres lo suficiente y así nunca me querrás lo suficiente a mí, primero debes quererte tú, amor, pero verás, poco a poco tendrás más confianza en ti mismo, todo está en tu interior».

    La boca de Atala antes de las campanadas está absorbiendo mi polla. La lengua de Atala está rodeando mi polla. Los labios de Atala avanzan y retroceden sobre mi polla repetidas veces. El paladar y las encías de Atala reciben el semen que mana de mi polla. «Renato, feliz 2022».

  • Cita fortuita

    Cita fortuita

    Me llamo Alberto, tengo 37 años, de cuerpo medio (Ni gordo, ni flaco).

    Piel trigueña y desde hace 4 años me divorcie; desde hace 2 años, vuelto a juntar.

    Eran las 7 de la mañana. Me encontraba nervioso por la cita con mi ex mujer. Los mensajes; no se porque, ni como, habían subido de tono, al grado de querer pasar un momento en privado. Solos ella y yo.

    Luego del divorcio, nuestra relación era solo para tratar el tema de los hijos. Niño y niña de 8 y 6 años; además de pelear por los gastos y cuestiones de dinero.

    Había salido del baño, aun envuelto en toalla pensando si esto sería una trampa o, si empezaría con sus mojigaterías. Aun cabía la posibilidad de que se lo dijera a Julieta. Mi actual pareja. No se conocen, pero, ella sabe donde encontrarme y eso solo por mi familia.

    No quise arreglarme mas de la cuenta, solo me vestí con un pantalón de mezclilla azul cielo, una camisa blanca y una chamarra de cuero negra.

    Ese pensar me seguía al tiempo de perfumarme. Sera una trampa o, se echara para atrás?

    La moneda seguía en el aire.

    Mi único consuelo era que yo si sabia con quien andaba de novia. No tenia nada serio con el tipo, solo noviazgo.

    Al salir de casa, seguía pensando en los últimos mensajes, donde yo le decía a Roxana (mi ex) que le daría un rico masaje y que deseaba que la pasaramos bien, sin ningún tipo de pleito.

    Al llegar al lugar indicado. Ahí estaba.

    Se veía muy bien, con esa falda negra que le llegaba un poco mas arriba de las rodillas, una blusa del mismo color, con escote, luciendo unos pechos un poco grandes y redondos, su cabello suelto hasta los hombros.

    Su piel blanca parecía tener mas brillo de lo normal.

    Sus labios carnosos, se veían muy agraciados al momento de ponerlos en su taza de café.

    Al darse cuenta de ser observada, con una sonrisa me indico acercarme.

    Te ves hermosa. Acaso te hiciste algo, o, solo es por nuestro encuentro? Atine a decir.

    La charla y las tazas de café fluían con cierta rareza; no parecíamos, ni casados, ni divorciados.

    Ella reía de cada ocurrencia mía, recordando algún anécdota juntos.

    A donde me vas a llevar? Pregunto frunciendo el ceño.

    Me gustaría llevarte a un lugar privado, lleno de recuerdos, pero no quiero que te sientas incomoda. Le dije.

    Rox.: Bueno. Yo te prometí que este día haríamos muchas cosas, así que, puedes llevarme al lugar de nuestra primera vez. No?

    Con esto, era mas que obvio que deseaba ir al hotel donde se entrego a mi, antes de casarnos.

    Al entrar a la habitación. Yo me quede contemplando el lugar desde la puerta, en lo que ella pasaba al sanitario.

    Saliendo, se dirigió a la cama, mirándome fijamente, con una sonrisa muy coqueta.

    Me tendió la mano, pero la jale al tocador donde la subí.

    Contemple su cara y pronto nos fundimos en un beso apasionado, lleno de ganas y deseo.

    Acarice con ansias sus piernas, su espalda, rosando tímidamente sus pechos.

    Me incline para quitarle una tanga blanca y prontamente me prendí de su vulva.

    Sus piernas rodeaban mi cabeza, como queriendo ahorcarme.

    Mi boca estaba poseída con el sabor de sus jugos íntimos.

    Ella gemía, mientras se quitaba la blusa y el brasier.

    Como si fuese mi novia, la cargue a la cama, colocándola suavemente y volviéndola a besar.

    Giramos en la cama, quedando sobre mi y así se penetro así misma, cabalgando con muchas ganas.

    Yo me senté para seguir con los besos y desde luego besar sus pechos.

    Estábamos tan concentrados en el placer que, la puse en cuatro, le di un beso negro, metiendo un dedo y así hacerle un rico sexo anal.

    Rox.: Así se lo haces a la otra?

    No le conteste. Solamente me dedique a acariciarle los senos, atrapando con mis dedos sus pezones rosas, al tiempo que besaba su espalda y su nuca.

    Su piel se sentía muy suave, su perfume embriagaba mi nariz.

    Sin dejar de penetrar su esfinter, cambiamos de posición, colocando sus piernas bien formadas en mis hombros y bombeando con fuerza.

    No soporte mas tanta lujuria, que termine por llenar sus entrañas con mi leche.

    Rox.: Que orgasmo tan fuerte tuviste mi vida! Ahora te enseñare algo que he aprendido.

    Me limpie el pene y ella se prendió de mi falo, de un modo único.

    Cosa que cuando estábamos casados no lo hacia muy bien que digamos.

    Sin quedarme atrás nos colocamos en un 69 muy mojado; lamiendo, sorbiendo cada gota de nuestro líquido.

    Su lengua recorría mis huevos, pero llegó a mi ano, dando un beso tan negro, que ahora ella me hacia gemir y crean que no estoy exagerando.

    Mi lengua se posaba en su clitoris y en su ano, sin importar que me bebiera mi propia leche.

    Nos acomodamos en la posición del misionero; solo que, giramos en la cama.

    Besos, caricias y sudor invadían nuestros cuerpos, que tanto gozaban mutuamente.

    Un segundo orgasmo nos tomo con violencia.

    Así terminaríamos de un modo casi épico.

    Ella se levanto para sacar una botella de agua de su bolso.

    Cuando la contemple desnuda y de espalda hacia mi, me levante, la tome de la cintura y la volví a colocar en el tocador, volviendo a besar su boca y a penetrarla.

    Así, penetrada, la cargue, llevándola al baño, dándonos una ducha muy caliente.

    Roxana volvió a darme una rica mamada.

    La recargue en la pared, bombeando con menos fuerza para no golpearla contra el azulejo.

    Otra vez me vine, pero esta vez en su vagina. Ella me apretaba con la misma en forma de agradecimiento.

    Volvió a darme otra mamada y así logro, casi sorprender con un cuarto orgasmo.

    Terminamos de ducharnos, nos acostamos un momento y salimos a comer.

    En la comida, Roxana me pidio que no repetieramos lo antes sucedido.

    Me moleste de gran manera, pero no dije nada y con tal de que no dijera nada a nadie. Acepte.

    Nos despedimos con un ultimo beso.

    Era obvio que llegue exhausto a casa. Julieta medio de cenar; pero, antes de ir a acostarnos, llego un mensaje de Roxana que decía.

    «Se que te pedí no repetir lo de hoy.

    Te parece si la próxima semana me cumples el masaje que prometiste?»

    Bueno. No me podía negar.

    Vladimir escritor.

  • Un día de diversión familiar

    Un día de diversión familiar

    Saludos de nuevo, quisiera iniciar por agradecer a todos los que me mandan su mensaje saludando y contándome lo que hacen cuando leen mis experiencias, me excita también leerlos y contarles un poco mas de mi vida; bueno hoy les contaré del trío que hice con mi papá y mi hermano Martín, esta vez lo tomamos un poco mas fuerte que la ultima vez. Los pongo en contexto un poco si no han leído mis relatos (espero que lo hagan) ahí les va, mi nombre es Jesús, soy un chavo de México adicto a las vergas de su papá y medio hermano, tengo 27 años, adoro el semen dentro y fuera de mi ser, y para ser honesto va para largo.

    Nos juntamos para ver y hacer unos arreglos en mi nuevo hogar, pintamos mi cuarto y arreglamos una llave del lavabo, luego de eso nos fuimos a la sala para descansar un poco, pese a que no hicimos mucho esfuerzo, pues quería tener energía para lo siguiente; nos metimos a bañar mi hermano y yo para limpiarnos la pintura, y ahí mismo lo empezamos a hacer, se enjabono toda la pija, me dio la vuelta y me hizo agacharme para luego metermela hasta el fondo, se sintió muy rico, comencé a gemir, mi papá estaba detrás de la puerta escuchando todo, nos decía que si ya habíamos empezado en tono burlón, yo diciéndole: ¿que no me escuchas gemir? luego de eso entró, se desnudó y se sentó en la taza del escusado, pero no para usarlo sino para vernos coger; Martín me cogía con fuerza, casi me levantaba del suelo aún con su verga dentro de mi, solo mis manos estaban en el piso, mi papá entró también y me empezó a coger la boca, luego me pidió moverme solo, ellos se quedaron quietos mientras yo me movía entre sus penes, me encanta siempre hacer eso, luego paramos para no echarlos todavía, nos secamos y fuimos a mi cuarto, ellos se sentaron en la cama y yo al pie de la misma para sentarme casi en el suelo para hacerles un trabajito manual, Martín se quitó y se puso detrás de mi con el aceite para untarme en mis nalgas, me empezó a meter uno, dos y luego tres dedos, me daba un masaje en mis glúteos y piernas, mientras yo ya tenía el miembro de papá en la boca, le salía liquido preseminal, estaba saladito, como me encanta cuando le sale, Martín siguió por rozarme con su pene entre mis nalgas, lo hacia presionando contra mi entrada.

    Dejó caer un chorro de aceite en mi ano, hasta creí que se había venido, le dije: «mmmm para lo que duras». Me respondió: «jaja, calmate, ni que estuvieras tan bueno», mi papá solo se rió, después me empezó a penetrar muy rápido y fuerte, hasta que recordé que tenía el kit bondage en mi baño, fui por el y lo puse sobre una silla, Martín tomo el látigo y ahí mientras estaba parado empezó por darme en mis pompis, mi papi tomo el collar y me lo puso, también la mascara para no ver nada, y finalmente ató mis brazos por detrás con la cuerda, y nos pusimos en la misma posición, mamaba la verga de mi papá y Martín me cogía; era lo máximo, era tan genial que me vine de inmediato, Martín se jactó delo bueno que era por hacerme venir de inmediato, me dijo lo mismo que yo le dije.

    Seguido de eso Martín se acostó y mi papá me ayudó a subirme encime de el dándole mi culo, mientras mi papá solo se arrodillo y Martín guió su verga a mi entrada al igual que mi papi, esto se iba a poner chido, sentí las dos pijas en mi agujero, una doble penetración se venía para mi pared anal, tener a estos dos cabrones dentro era la mejor sensación que nunca experimente, estaba agradecido por tener una familia igual de morbosa que yo; gemía muy fuerte, casi gritaba, sus miembros estaban adentro, mi papá me movía para poder entrar y salir, luego se cambiaron de lugar pero esta vez yo estaba boca abajo, Martín tomaba del collar y lo jalaba hacía el; luego me recostaron boca arriba y mi papá me siguió cogiendo mientras Martín me ofrecía su verga encima de mí, yo no veía nada y era lo mas chido que sentía, solo escuchaba las pelotas de papá rebotar en mi hoyo, cuando sacaba su pito sentía que estaba bien abierto mi ano, tomo el aceite y comenzó a verterlo dentro de mí, sentí muy rico, tanto que se salió, luego volvió a meterme su herramienta, y todo el aceite dentro se salió, uff, un suspiro salio de mi alma, Martín lo hizo también.

    Después de eso, papá levanto mi pierna y la llevó a su hombro y siguió dándome su verga tiesa y Martín me cogía la boca hasta la garganta, la dejaba por un rato hasta que me atragantaba y lloraba del dolor, luego mi papi se sentó y me puse frente a el aun con las manos atadas, hacía sus movimientos para que lo cabalgara, era una delicia, siguió Martín y entonces papá tomo el collar y lo bajo lo mas que pude, hasta atrás para chuparle la verga, algo incomodo, pero se pudo hacer, era como un perrito pero invertido, llevábamos un buen rato intercambiando posiciones por lo que ya quería su semen, en eso, les pedí que se vinieran dentro y lo sacaran con una cuchara para tomarlo directo, les gustó la idea, y en eso Martín seguía con su fierro dentro mientras mi papá iba por la cuchara, Martín estaba de rodillas y yo apoyaba mi culo sobre su verga su cuerpo, en un angulo casi de 45°, los golpeteos de mis posaderas pegaban en sus coxis, papá se puso en frente y acto seguido me metió su anaconda para chuparla.

    Luego en eso siento los chorros de leche dentro de mi, un gemido fuerte salió de mi aún con la verga dentro de mi boca, la sacó, trate de retener el semen dentro en lo que papá se venía también, cambiaron lugares y ahora sentía el pene de Martín en mi boca y saboreaba sus mecos hasta la garganta, a este wey le gusta metermela hasta adentro, aun caían restos de semen en mi boca, luego papá me embestía con violencia, yo casi gritaba del dolor, porque mis glúteos ya estaban rojos de tanto golpeteo y daño con el látigo, en eso me tiro boca abajo en el suelo, abrí lo mas que pude mi ano para que papá pudiera echarlos con mi entraba muy abierta, uff fue magnifico, cerré la entrada y me puse de pie, Martín me abrió las nalgas y fui abriendo poco a poco para que saliera su leche, recogió un poco, abrí la boca y saqué la lengua haciendo una cucharita, para que todo fuera dentro y no se desperdiciara nada, lo tome pero no lo tragué, volvimos a repetir y me llevé mas a la boca, hasta que casi no salio mucho, luego se los mostré, les mostré a sus hijos, mis hermanitos jaja; después de eso, me los tragué, terminamos muy cansados, y yo con el trasero rojo, ese día solo se quedó Martín en mi casa, en la mañana lo seguimos haciendo pero ese es otro relato. Chao.

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