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  • Llegué a las 3

    Llegué a las 3

    Llegué a las 3. Como acordado. Tenía la tarde para acabar con eso.

    Te había dicho que prefería que sea así, sin trago, listos, para estar plenamente conscientes de lo que íbamos a hacer. Quería que cada milímetro de mi cuerpo y que cada rincón de mí mente lo sienta y lo disfrute.

    Subiendo las escaleras ya no sabía si era una solución, una buena o una tremenda mala idea. Lo habías aceptado así, de repente también querías terminar con la fantasía.

    Se había vuelto insoportable la obsesión que me daba esta idea de “una última vez”.

    Combatir fuego con fuego.

    Busqué buenas razones de hacerlo y obviamente, las encontré. Una última locura antes de los 30. Cerrar este año desastroso con algo que, claro era infidelidad y egoísmo, pero que tal goce se anunciaba… Y sencillamente, quería encontrar algo de paz y dejar de sentir mi corazón adolorido en las noches por la angustia de volver a verte. Sí, hasta jodes mi ritmo cardiaco.

    Es incómodo saludarte con un abrazo. Quería ser más efusiva, pero no me atrevo.

    Tu barba es suave y llena de recuerdos. De nuevo, quiero irme de vacaciones allí, esconderme del mundo entre los hilos negros y sedosos hasta que pase la vida.

    No espero más y te beso, con labios, lengua, miedo y placer. Un toque de coraje para no salir corriendo. Cierras la puerta. Ya fue, ya. No hay paso atrás.

    Suelto mi mochila, cae en el piso, suena el metal vacío de mi termo. Te ríes. Sí, mucho café y poco sueño. Sí, es tu culpa.

    No sé cómo entramos a tu cuarto. ¿Tan cerca estaba?

    Las sábanas negras contrastan con lo inmaculado del estudio.

    Se siente el sol detrás de la cortina, hace calor en este cuarto.

    Una parte de mí está en otro tiempo y espacio, se está embriagando con el olor a hierro de tu cadena y repasa con emoción nuestra historia. Qué lindo era todo.

    Te quité el polo. Rencuentro con tu pecho: When I got the music, I’ve got a place to go, sigue escrito.

    Sí, adelgazaste.

    Te abrazo todo, te agarro los hombros, la espalda, como un panadero que quiere imprimir la marca de sus manos en la masa. Moldeo el instante, es exactamente lo que me imaginaba.

    Respiras hondo, yo también. Tus dedos corren por todos lados, exprimes mi cintura y siento como tu mano me toma el culo. Susurraste algo, creo que dijiste que estabas arrecho.

    Yo también, mi amor.

    De estas arrechuras furiosas que te dan ganas de morder, comer, tomar posesión de otro, incorporarlo.

    Sí, dije “mi amor”. En este preciso momento me permito todo.

    Se ve más rico así, ¿no?

    No me voy a impedir nada, nos podemos dar todo, sin límites. Esto está fuera de tiempo, fuera de la vida. Es una burbuja. “Nadie se va a enterar de eso”, dijiste.

    Ya nos estamos tocando, el uno apoderándose del otro, nos masturbamos sin que nuestras bocas se suelten. Te quiero lamer, tragar, quiero hacerte mío.

    Me arrodillo frente a ti, mi mano tomó el relevo de la tuya en mi calzón. No sabes lo rico que es tocarse y tener tu verga en la boca. No sabes lo lujurioso que es y el morbo que me da.

    Recorro todo tu sexo con la lengua, lo beso, lo sorbo un poco. Tienes los ojos cerrados, sigues de pie al lado de tu cama, solo me sujetas la cabeza suavemente. Me gusta escucharte suspirar y me excito a medida que te meto más profundo en mi boca. Te hago pasar entre mis labios, y terminas por entrar totalmente, me llenas hasta la garganta. Mi mano se sigue agitando contra el encaje negro de mi calzón, estoy chorreando. Me metí dos dedos y mi palma aprieta mi clítoris.

    Así me vengo una primera vez contigo llenándome la boca.

    Sonrío, aliviada. Tú no sonríes, tienes esta mirada que tan bien te queda. La que parece enojo y que grita un deseo que ya llegó al límite de lo aguantable.

    Me besas, siento el esfuerzo que haces para contenerte y tomar el tiempo de quitarnos la ropa que nos queda. Caemos en tu cama.

    Te amo horizontalmente. De nuevo. Por fin.

    Una gota de formó en la punta de tu verga, me encanta verte tan arrecho. Te beso el cuello con los labios mojados, ya buscas mis tetas con tu boca y empiezas a devorar una mientras pellizcas el pezón de la otra entre tus dedos. Apenas una chispa deliciosa y fugaz de dolor. Suspiro y trato de hacer gestos lentos a pesar de las ganas que te tengo. Agarré tu sexo y te acaricio lentamente la punta con mi pulgar, se desliza en la superficie brillante. Sueltas mi teta para dejar escapar un gemido.

    Quiero que me la metas, lento y profundamente.

    Me acuestas, de nuevo pones tu mano entre mis piernas, te encanta sentirme así mojada. Nos besamos con los ojos cerrados y te siento entrar en mí. Lentamente. La tienes parada y rica como me acordaba. Eres exquisito.

    Empieza el baile, las idas y vueltas, tus suspiros se aceleran. Levanto mis caderas y te abrazo con mis piernas. Voy a venir si sigues así, te digo. Me callas con tu boca y ahogas allí un gemido profundo.

    Ahora sonríes tú. Hermosa sonrisa que entreabre tus labios. Eres muy guapo. Unas perlas de sudor empezaron a formarse en tu frente.

    Pero en un instante, tu expresión se transforma y tus ojos risueños recuperan su mirada de fiera. Tu lunar exulta. No terminamos todavía.

    Me pongo arriba y me apoyo en tus hombros, te voy a hacer venir bien rico. Me agarras las nalgas con fuerza y te hago entrar de nuevo, acogedora y húmeda. Empiezo a moverme lento, disfruto tanto tenerte adentro. La tienes dura e hinchada, me pongo a jugar un poco con ella. Te hago entrar y salir, me sobo en la punta, te atormento un poco, te hago esperar y de pronto te hundo de nuevo dentro de mí.

    Volviste a apretar una de mis tetas, mis caderas se pegaron a las tuyas y mis movimientos son profundos y fuertes, nuestras lenguas se pelean con rabia. Me das tu dedo para que lo chupe, te lo lamo lascivamente, mirándote a los ojos, sé que te gusta. Tu mano vuelve a mis nalgas y me metes lentamente el dedo mojado. Me arqueo. Conocías el detonante. Acelero el ritmo.

    ¿Te gusta que te cache así? Tus gemidos me contestan, cerraste los ojos y fruñes las cejas.

    Qué rico verte así a punto de venirte. Siento una ola de placer subir desde mis piernas, te siento tan rico, acelero más y trato de contener un par de segundos el orgasmo enorme que siento llegar.

    Tu verga se contrae, te estás viniendo en un respiro inmenso. Se derrama mi ola y miro al techo mordiéndome el labio para no gritar.

    Regresa la calma en tu cuarto. El silencio repentino y el desorden de la ropa en el piso son hermosos.

    Linda tormenta la acaba de pasar.

    Hace calor, pero seguimos abrazados, un animal de dos cabezas sudado y feliz. Me encanta ver cómo tus tatuajes se pegan a mi piel, es como si quisieran imprimirse en ella.

    Busco tu cadena para respirarla de nuevo. Huele a amor.

    Desaparecimos de la tierra y ni siquiera son las 4.

  • Mi ahijada me regala su culo por Navidad

    Mi ahijada me regala su culo por Navidad

    En estas fiestas recordé un muy agradable regalo que recibí hace dos años. No puedo decir que me sorprendió, pero sí que ha sido el regalo más elegante que he recibido en mí ya casi cincuenta años de vida.

    Tengo una sobrina, que luego se hizo mi ahijada, pues fue su padrino de quinceañero, algo no usual, pero tampoco fuera de ciertas costumbres. Desde entonces cada año, por navidad y por su cumpleaños, le envío un regalo. Cuando ella cumplió 18 años, quedó embarazada de un noviecillo medio pandillero que rápidamente la abandonó. Desde entonces, cada año, regalo para ella, regalo para su hija, por cumpleaños y por navidad.

    La veo poco, pues vive en Trujillo, donde voy a lo sumo un par de veces al año. Pero siempre que estoy allí la invito a almorzar o cenar. Algunas veces hemos ido también al cine o incluso a tomar algo, pero todo con cordialidad y la formalidad de una relación familiar vertical, entre dos personas de muy diferente edad.

    Me enteré, por contactos familiares, que ella andaba por malos pasos. Alcohol y, decían las malas lenguas, trabajando como escort. Considerando el como la veía vestida cuando salíamos a almorzar o cenar, no me sorprendió, pues su apariencia y atuendo lo señalaba a gritos. No soy prejuicioso ni puritano. La verdad no me importó.

    Hace dos años, tuve que viajar a Trujillo justo la semana previa a navidad. Pasé dos noches en la ciudad. Antes de viajar llamé a mi ahijada y la invité a cenar para la primera noche que pasaría allá. Al llegar a Trujillo precisamos el local donde nos encontraríamos y finalmente cenamos. Un local juvenil, pero elegante, escogido por ella. Buena música, buena comida, ambiente informal, pero agradable. Fue una velada encantadora, pero dentro de los cánones de una reunión familiar. Al finalizar me dijo “padrino quiero invitarlo mañana a cenar para darle su regalo”. Le dije que no era necesario, pero terminé aceptando. Me dio la dirección del mini departamento donde vivía y quedamos para las 8 pm del día siguiente.

    Como es mi costumbre, llegué puntual. Ella me abrió la puerta envuelta en la toalla de baño. Estaba a media ducha cuando llegué. Verla así fue excitante, pero no dije nada y creo que tampoco demostré nada. Me pidió que me acomode en la pequeña sala del apartamento. Que era tipo loft, con un solo espacio común (habitación, sala, cocina y comedor) y sólo el baño separado y privado. Me dejó allí y se metió a completar su ducha. Al vuelo le pregunté por su hija, mi sobrina nieta, y me dijo que estaba donde sus abuelos.

    Me acomodé en el sofá, prendí la tv. Ella siguió duchándose. A los 20 minutos salió del baño y se fue hacia la cama. Con la toalla puesta, empezó a sacar la ropa que se pondría mientras conversábamos.

    Con desparpajo se quitó la toalla y quedó desnuda frente a mí. Recordé que era escort, así que para ella era natural desnudarse ante decenas, quizás cientos, de hombres. Lo tomé por ese lado y seguí la conversación sin imaginar otra cosa. Pude ver como se ponía una breve tanga, negra, sobre su coño completamente depilado. Con maldad (fue el primer instante que pensé que ella quería algo más) se dio vuelta y se acomodó la tanga mostrándome el culo. Redondeado, delicioso, de mujer de poco más de 22 años.

    Así vestida, sólo en tanga, caminó delante de mí y fue hacia la zona de cocina. Abrió la refrigeradora, sacó dos cervezas. Las destapó y me dio una. La otra fue para ella y la puso en un velador, junto a la cama.

    Me dijo “salud padrino” y le respondí “salud”. Estaba yo muy caliente ya. No podía disimular la erección que ya tenía. Ella se dio cuenta, pero no dijo nada. Se puso el brasiere, una coqueta y linda blusa y una minifalda negra. Me dijo “padrino estamos en casa, me quedaré en sandalias”. Le dije que de mi parte estaba perfecto, que como ella se sienta cómoda estaba bien para mí.

    Se sentó a mi lado. Vimos un poco de tv, sin ver nada en realidad. Tonteamos sin sentido. Finalmente se acurrucó a mi lado y me dijo “padrino, tu siempre ha has hecho sentir importante. Cada cumpleaños, cada navidad he esperado tu regalo. Cada vez que venías era feliz de verte”.

    Le respondí que ella era mi sobrina mayor. Además, mi ahijada y que para mí era una chica especial y que la quería mucho. En ese instante me abrazó fuertemente y con su mejilla junto a la mía no pude resistirme más. Le respondí el abrazo y casi sin pensarlo, incluso instintivamente, mi mano bajó hacia su nalga.

    Ella movió su rostro ligeramente y nos besamos con deseo. Mi mano bajó de su minifalda a su muslo. De su muslo empezó a subir hasta tocar su tanga. Con automática agilidad, mis dedos pusieron de lado su tanga y comenzaron a juguetear con su vagina que empezaba a humedecerse.

    Ella me dijo “padrino, siempre he deseado este momento. Eres un hombre maravilloso y siempre he querido estar contigo”. Para ser sincero, nunca había pensado en estar con ella de esa forma. Jamás había tenido un pensamiento más allá del padrino – ahijada o el tío – sobrina, incluso sabiendo que era escort, no había sentido deseo por ella. Pero, en ese momento, como cualquier varón, mentí y le respondí “Giovanna, siempre he deseado lo mismo”.

    Culminada la parte protocolar de “presentación”. Ella se soltó y guio el momento. Tenía 22 años, pero siendo escort, tenía seguro más experiencia que yo. A dos clientes por día (asumo) por casi 2 años en el negocio, su kilometraje era con larga distancia mayor que el mío. Sacó mi verga, la empezó a chupar profesionalmente, con experiencia y maestría. En un par de minutos estuve a punto de reventar.

    Mientras tanto, sin dejar de mamar, ella se había quedado desnuda. Cuerpo cultivado en gym, delicioso y de 22 años. En un segundo me saqué la ropa que aún tenía encima. La llevé (¿o me llevó?) a la cama.

    Allí, sobre ella, hice lo que seguro ningún cliente hacía, la acomodé, puse sus piernas sobre mis hombros y le hice una sopeada que me resultó maravillosa. Un coño 100% depilado y perfumado. Tierno, de 22 años. Lamí su concha y cuando me di cuenta que entregaba su culo a mi lengua y labios, me entregué a su lamido. Llegó diciendo “ay tío, ay padrino”. Su orgasmo fue delicioso, chorreando en mi boca. Fue un momento de gloria para mí. Es mi mayor fetiche y mi mayor placer, sentir que llegan en mi lengua. Y tenía allí a mi sobrina de 22 años, llegando en mis labios. Para ella, escort por dos años, que alguien la haga llegar en el oral, era muy poco frecuente, casi improbable. Pero en ese momento no era una simple puta y yo un cliente. Éramos padrino y ahijada.

    Luego que ella llegó, le di vuelta. Su culo estaba muy jugoso con mi lamida. Me subí sobre ella y la penetré por el culo. Luego de unos minutos me levanté y la acomodé en perrito, seguí dándole por el culo. Finalmente, ella me acostó y empezó a montarme entregándome su culo, comencé a sentir sus contracciones previas a un nuevo orgasmo, y le inundé el culo con una fuerte corrida. Al sentir mi semen irrumpir en su culo, ella volvió a llegar.

    Tras unos segundos disfrutando de su orgasmo, como niña traviesa saltó de la cama. Corrió hacia la sala, recogió un paquete y me entregó un regalo. Con cara inquieta me dijo “ábralo padrino”. Lo hice, una elegante (y muy cara) corbata italiana, que a ojo de buen cubero costaba al menos 250 dólares.

  • Vistiendo a Danny (Segunda parte)

    Vistiendo a Danny (Segunda parte)

    Desperté creo que al amanecer, seguía acostada entre las piernas de Danny, vi sus pantis y su colita, saque de mi boquita la ropita interior que ella había usado y que de alguna forma había terminado ahí y después de lamerla un par de veces llegando hasta su culito saque mi cabeza y tomando una almohada que tenía cerca volví a dormirme hasta que a la mitad de la mañana volvía despertar cuando sentí que ella se levantó.

    Luego de ir al baño y arreglar un poquito mi pijama y mis pantis salí a buscar a Danny, la encontré parada en la cocina de espaldas, cuando me acerque note que estaba un poco ansiosa, la salude y de inmediato me pregunto, que me pasa?? Por qué no puedo quitarme las pantis y la pijama?, rápidamente me conto que fue la baño y pensaba cambiarse de ropa, pero como se sintió no solo cómoda sino además excitada prefirió no desnudarse, sino que se limpió un poquito y vino a poner agua para un café, yo le respondí que no debía asustarse, le dije que era normal y que yo también lo había vivido, es muy difícil quitarse una pijama tan cómoda en la mañana, le explique además que cuando una duerme así vestida se despierta muy excitada y caliente, es algo normal para las travestis. Mientras hablábamos preparamos un café y nos sentamos en la sala, donde seguimos conversando mientras lo tomábamos.

    Cuando terminamos el café, estábamos ya más despiertas y excitadas, yo me sentía caliente y veía como la pijamita de mi amiguita se levantaba por la fuerza de su verguita, me acerque a ella mientras le preguntaba que pasaba, ella me dijo que se sentía muy caliente, yo tome uno de los cojines del sofá y lo puse entre sus piernas, en donde me arrodille y comencé a meter mis manos debajo de su pijamita diciendo que la quería examinar para ver si estaba bien, entre gemidos y pequeñas resistencias ella me dejo levanta su pijama y ver sus pantis, los tenía muy sucios y mojaditos, su verga se veía dura y parada debajo, cuando la toque gimió y dejo de resistirse.

    Yo le dije que sabía cómo hacerla sentir mejor entonces fui a la maleta por unas medias de liguero blancas y volviendo a tomar mi puesto arrodillada entre sus piernas las fui colocando en sus piernas mientras pasaba mi boquita y mi lengüita por sus pantis, cuando termine baje solo un poquito sus pantis para sacar su verga y meterla en mi boquita golosa, ella me dejo y comencé a hacerle sexo oral suavemente, sentía como su verga se ponía más dura, mucho más grande, entonces la saque de mi boquita y mientras la masturbaba le explique que para sentirse mejor debía venirse toda en mi boquita y luego la iba a cambiar de ropita para que así pudiera superar su dificultad de quitarse la pijama, entre gemidos me decía que si, que ya casi estaba lista para mojarse toda.

    Yo volví a meter su verga en mi boquita para seguir chupando y lamiendo muy feliz de sentir como se ponía más caliente en mi boquita, luego de algunos minutos ella me tomo de la cabeza y me comenzó a comer por la boquita metiendo su verga hasta el fondo de mi garganta en donde comenzó a disparar toda su lechita, todo su semen, yo trague fácilmente la primera parte mientras iba sacando su verga de mi boquita por lo que la segunda parte termino en mi lengüita y un tercer y último chorro en mi carita, especialmente en la nariz y los labios, de la forma más coqueta y femenina que pude tome su lechita de mi cara y le metí en mi boquita para tragarla y luego me dedique a limpiar su rica verga con mi lengüita y mi boquita.

    Cuando termine me puse de pie y fui a la maleta de donde saque las ultimas pantis que quedaban, un par de vestidos, pantimedias y algunas otras cosas, fui por el maquillaje, juguetes los recogí y los lave bien, lleve los sostenes y lo puse todo junto en el sillón donde ella todavía descansaba, lo organice todo para que pudiera mirarlo y cuando vi lo contenta que estaba le dije que se pusiera de pie pues la iba a limpiar un poquito con tollas húmedas para vestirla nuevamente antes de irme, ella me obedeció y mientras la limpiaba fue diciéndome que vestido que pantis y sostenes quería usar, yo la vestido como ella quería y rápidamente me puse la otra ropa que quedaba, no sin limpiarme un poquito antes. Cuando terminamos de vestirnos y maquillarnos parecíamos dos putas callejeras, no solo porque los vestidos eran muy cortos y apretados, sino también porque estábamos muy maquilladas y con los labios rojos. Así vestidas decidimos prepararnos otro café y comer algo antes de comenzar a hacer nuestro show.

    Mientras preparábamos el café y servíamos un poco de pan y tostadas pusimos música y comenzamos a bailar las dos sensualmente, paramos para comer y luego ya con las barriguitas llenas volvimos a ponernos a bailar, esta vez mas pegadas y pasando nuestras manos por el cuerpo de la otra, del baile y los manoseos siguieron los besos y las caricias en el culito y las piernas. No iban cuatro canciones cuando ya estábamos súper excitadas, ya ella estaba detrás de mí muy pegada a mi culito mientras metía sus manitos por debajo de mi falda y me hacía sentir su rica verga dura y caliente contra mi nalguita, yo gemía y como podía tocaba su nalguita mientras me movía lo más sensualmente que podía, en esas ella me dijo al oído que fuéramos a la habitación, pues quería que me pusiera en cuatro para ella como una perrita. Entonces yo la tome de la mano y fuimos caminando las dos muy lindas a la habitación, en el camino tome un labial rojo que puse en sus labios y los míos mientras caminábamos, al llegar de inmediato fui a la cama y me puse de rodillas y luego en cuatro moviendo mi nalguita sensualmente, ella se volvió a pegar y comenzó primero a levantar mi faldita, luego levanto la suya y sentí como pegaba su verga a mi colita en pantis, se sentía suave y muy caliente, entonces me bajo las pantis un poquito y lo puso en la raja de mi culito, eso me excito todavía más y comencé a moverme hacia arriba y hacia abajo rápidamente.

    Tras un rato de sobarnos la una con la otra ella bajo sus pantis y puso la punta de su rica verga en mi culito, lo supe porque cuando sentí la punta de su verga dura y caliente en la entrada de mi anito rápidamente moví mi culito hacia atrás para meterla bien adentro, como ya estaba mojada la cabeza y casi la mitad entro fácilmente haciéndome gemir, ella comenzó a moverse y yo también para lograr que le metiera toda adentro, cuando lo logro comenzó a comerme muy rápido y duro mientras me decía que era su puta, su perra, yo le contestaba que si mientras le rogaba entre gemidos que me diera más duro, que me comiera toda, ella seguía marcando el ritmo con sus manos en mis caderas hasta que en un momento lo saco y me ordeno que me pusiera boca arriba y levantara las piernas, yo obediente me puse en mi espalda y abrí mis piernas lo más que pude mientras las levantaba, ella rápidamente me ayudo y después de poner mis piernas sobre sus hombros volvió a acomodar su verga dentro de mi culito, lo hizo fácilmente y quedamos las dos frente a frente todavía con los vestidos puestos, maquilladas y muy femeninas ella comenzó a comerme suavemente esta vez mientras levantaba un poco más mi faldita, como aun tenia las pantis metió su mano por debajo de ellas y tomando mi colita me comenzó a masturbar mientras me comía cada vez más fuerte, yo gemía y le decía que era su puta, que me comiera toda y me llenara de leche, ella me decía que era su perra, su hembra y seguía tocándome mientras metía y sacaba su verga de mi culito hasta que me hizo mojar toda, me hizo contorsionar sin dejar de comerme y venirme toda en su manito y mis pantis, me moví así poseída un momento con los ojos cerrados y los volví a abrir al sentir sus dedos en mi boquita llenos de mi lechita, eso me volvió a excitar y comencé a chuparlos para tomarme toda mi lechita mientras ella me decía que era su puta, que me iba a llenar todo el culito con su leche.

    Cuando ya tenía sus deditos limpios y me tenía bien abierta ella se dejó caer encima de mi lentamente, me hizo levantar más mi culito y alcanzo a besarme, yo la bese devuelta y así termino de comerme toda hasta que sentí como lleno mi culito con su leche, ella se dejó caer encima de mí con sus labios pegados a los míos y entre besos me dijo que le había encantado montarme como a una puta, yo a cambio le daba las gracias mientras sentía que su verga se ponía cada vez más blandita hasta que salió de mi culito, cuando lo hizo ella se puso de pie y se quedó mirando como su leche salía de mi culito, pues yo me quede con las piernas bien abiertas y el culito en pompa para que ella lo disfrutara, mientras me miraba se quitó el vestido y se organizó la ropita interior y luego se hizo a mi lado y comenzó a meter sus deditos por mi culito y a llevarlos a mi boquita, cuando lo hizo un par de veces me volvía excita toda, entonces ella me dio un rico sexo oral hasta que me vine otra vez en su boquita y ella me dio a tomar mi lechita en un largo y caliente beso.

    El resto de la jornada no tuvo nada de especial, nos bañamos yo me puse ropita interior muy sexy y antes de vestirme le volví a chupar a verga hasta que me dio su última lechita en mi boquita, luego me puse una sudadera y un saco amplio y llamamos un taxi que me llevo a mi casa otra vez con mi maleta, solo que esta vez la ropita estaba sucia y oliendo a mucho sexo y pasión.

    Besos y mis mejores deseos para el 2022, espero sea un gran año para todas, todos y todes.

  • Una orgía muy especial con mis amigos y mi papá

    Una orgía muy especial con mis amigos y mi papá

    Hola a todos y felices fiestas, no quería terminar el año sin hacer una orgía de lo lindo para disfrutar los últimos días e iniciar un nuevo año, empiezo por aclarar que soy niño, he notado que muchos me mandan su mensaje y quieren que les pase fotos de mi senos o vagina, y se asustan o sorprenden cuando les digo que soy chico, así que aclarado el tema iniciamos.

    Primero llame a todos los chicos que conocía que me habían cogido en meses anteriores, incluyendo a mi papá, mi hermano no pudo asistir así que me tuve que conformar con 8 hombres, 8 vergas para mi solito; luego de contactarlos y confirmar su invitación, me prepare con todo lo necesario, me depilé, empece con mi plug desde temprano, tome un baño, y cuando salí una aceitada en todo el cuerpo, hice a un lado los muebles para tener el suficiente espacio y puse una mesa de plástico con una sabana y una cobija encima, mas aceite y me puse mi traje de colegiala para irme calentando, mi papá fue el primero en llegar, luego de el llegaron 3 mas juntos y el resto llego por separado, fueron muy puntuales debo decir, ya tenían ganas de cogerme a su antojo.

    Ya una vez dentro, les pedí que se desnudaran por completo pues se iba a poner chida la cosa, yo solo me quite la blusa y me quede en falda, sin calzones, con zapatos y unas medias largas hasta arriba de la rodilla, y por supuesto mi plug; me agache y comencé a tomar las vergas que pude, pero chupando tenia la verga de papá, y dos vergas mas agarradas con las manos mientras los demás me apretaban las nalgas y me sacaban el plug, intercambiaba las mamadas entres los chavos, la mayoría jovencitos, solo mi papá era el maduro, me la pase mamando verga unos 20 minutos y luego de eso pasamos a la mesa, me recosté, papá empezó por cogerme con las piernas abiertas mientras atrás estaba un chavo y se la chupaba y a los lados agarraba dos vergas y las masturbaba, los demás me toqueteaban, todos se intercambiaban y me daban placer, yo me vine casi de inmediato, de solo ver que un grupo de hombres me estaban dando verga.

    Después me voltee boca abajo y les ofrecí mi culo, así agachado seguí chupando pijas a lo loco, era la gloria ese lugar; me removí la falda y me quede solo con las medias, los chavos me untaban todo el aceite, y me daban nalgadas fuertes, luego volví a mamar huevo un rato mas; después de eso un chavo se recostó en la mesa y me subí encima de el para cabalgarlo, los demás veían excitados la escena y se la jalaban de lo lindo, me calentó el morbo que tienen estos sujetos, mi padre incluido.

    Entonces un chavo mas se acercó y nos pido que nos pusiéramos en el borde para hacer una doble penetración, yo seguía encima del vato y el otro chavo se quedó solo de pie, pero a la altura de la mesa para juntar sus pitos y que entraran juntos, uff, sus vergas estaban muy gruesas que me dolió un poco, o pudo ser por los golpes de las nalgadas que me daban; podía escuchar como se decían que tenia un culito rico, que era una putita sabrosa, una pendejita muy mamadora, que no tenia llene, me excitaba escucharlos, les pedía que me dijeran mas cosas sucias, me decían perra, prosti, puta, zorrita, putito, te vamos a dejar embarazado, era una delicia escucharlos; en eso me cambio de posición, ahora estaba de frente con el que estaba recostado, dos mas se subieron a la mesa y continué chupando sus miembros mientras otro chavo se intercambio el lugar de la doble penetración, yo creo que para ese punto ya llevábamos una hora cogiendo, luego se cambiaban lugar y a todos los cabalgaba en diferentes posiciones, de frente, invertido, con el culito, con la espalda arqueada, después una doble penetración de pie, luego me cargaban y así continuamos con la dp.

    Luego de tanto estar cogiendo volví a mamar sus vergas paradas para que eyacularan en mi boca, así que en ese punto solo me agache y esperé por su liquido precioso, tenia primero tres frente a mi, yo solo veía como se la jalaban, hasta que empezaron a venirse uno por uno, saque la lengua y dejaban caer su semen, luego abrí lo mas que pude la boca para que dispararan dentro sus mecos, le siguieron los otros tres y por ultimo otro chavo y mi papá, tenia la boca llena de hijos de amigos y de mi papi, me los sacaba en las dos manos y los volvía a comer, hasta que me los pase por la garganta, una exquisitez.

    Al final todos se iban yendo menos mi papá, el se quedó toda la noche ese día, me dijo que me iba a dar mi regalo de navidad… ¿que pasará?

    Telegram: @Km4zh0

  • La mirona en camisón (II): Lo que pasó después

    La mirona en camisón (II): Lo que pasó después

    Marta abrió los ojos. La claridad se colaba por la ventana.  Los sucesos de la noche anterior, los azotes y sexo en el salón, podrían muy bien haber sido fruto de su imaginación. Pero había un problema, lo recordaba todo demasiado bien para que hubiese sido solo un sueño húmedo.

    Sonrió.

    Pero la sonrisa duró un solo un instante.

    De repente lo recordó con total claridad, la imagen de las bragas en el pasillo. Bragas que se había olvidado de recoger. De pronto le entró miedo, temor a ser descubierta y los nervios se apoderaron de su tripita. Se puso de lado y puso en marcha el mecanismo para tirarse un pedo, pero, en el último instante, contrajo el esfínter, mientras su cara se iluminaba con el color del rubor.

    Allí estaba su compañera de piso, de pie, observándola. En sus manos sujetaba las bragas que, torpemente, había olvidado en el pasillo.

    – ¿Esto es tuyo? – preguntó Ana.

    – Sí. – confesó con un hilo de voz la paciente.

    – Ya hablaremos de esto. Pero primero el supositorio.

    Marta protestó sin mucha convicción, apuntando que ella se bastaba y sobraba para ponerse un supositorio.

    – Me da vergüenza. – confesó.

    – Si claro, pero no te da vergüenza espiarme mientras me dan por detrás.

    No había nada que hacer. La mirada de determinación de su compañera lo decía todo, así que Marta se puso boca abajo y deslizando los pulgares bajo las bragas se bajó la prenda dejando sus posaderas al aire. En el fondo le gustaba que le miraran el culo. La hacía sentir vulnerable, diminuta y, sobre todo, la excitaba.

    Ana rasgó el envoltorio plateado y sacó el supositorio. A continuación pidió a la espía que separase sus nalgas. El ano quedó expuesto y la que hacía las veces de enfermera introdujo sin miramientos, de un empujón, la medicina en el recto de su compañera de piso. La sensación no había sido agradable y la medicina, derritiéndose ahí dentro, picaba.

    Marta levantó las caderas ligeramente, subió la ropa interior cubriendo su desnudez y dejó caer el camisón.

    – ¿Sabes lo que voy a hacer? – dijo Ana.

    – No. – respondió Marta.

    – Voy a llamar a Andrés para que venga y le voy a contar todo.

    – ¿No te atreverás? – dijo la aludida levantándose para agarrar a Marta.

    Y sin querer, fruto del brusco movimiento, se le escapó ruidosamente la ventosidad que había logrado retener antes.

    La sorpresa frenó en seco el intento. Muerta de vergüenza volvió a la cama y tapó su rostro con la sábana.

    Ana se acercó y retiró la colcha de un tirón.

    – Eso no se hace cochinota. Mereces un castigo. Desnúdate.

    Marta se puso de pie y se quitó la ropa con rabia. Las tetas firmes con los pezones erguidos, el coño, todo quedo a la vista.

    – El culo ya lo has visto. ¿O quieres que me dé la vuelta para meter la nariz y certificar mi culpa? – Dijo Marta mientras se giraba dando la espalda a su compañera.

    – Mírame – dijo Ana en un susurro.

    Marta se dio la vuelta y sentándose en la cama observó a Ana.

    Ana, sistemáticamente, comenzó a quitarse la ropa hasta quedarse en cueros. Luego, rodeando el catre, se acostó de lado apoyando el codo y sujetando su cabeza con una mano. Marta se tumbó de lado imitándola. Ambas quedaron acostadas cara a cara.

    – ¿Has besado antes a una mujer? – preguntó Ana.

    – No. – confeso Marta.

    Ana se movió hasta quedar pegada a su compañera, le acarició los muslos y después la besó en la boca. Marta notó el suave contacto con las tetas de la otra mujer y la extraña pero placentera sensación del beso.

    Estuvieron un rato acariciándose y jugando con la lengua.

    Luego Ana se puso boca abajo y Marta recorrió la espalda con el dedo índice hasta llegar a las nalgas de su compañera. Las besó y las chupó llenándolas de saliva para a continuación introducir un dedo por el ojete.

    Ana protestó ante la inesperada invasión y girando la cabeza miró a su amante.

    Marta sacó el dedo del agujero del culo y lo olfateo.

    – Eres una guarra. – afirmó Ana encendida con el gesto.

    – Y tú una pervertida.

    – ¿Pervertida? ven aquí que te voy a dar lo tuyo. – dijo metiendo su rostro entre las piernas abiertas de Marta y lamiéndole sus partes íntimas.

    Marta gimió.

    Ana con la vagina empapada y el sabor de los jugos de su compañera en la boca contrajo las nalgas.

    Marta, le dio un azote.

    – Más, zúrrame más. – imploró Ana.

    Marta repitió con una nueva nalgada y luego otra y otra más.

    Luego ambas mujeres se abrazaron de nuevo y empezaron a frotar sus entrepiernas hasta que, inundadas por el placer perdieron el control de sus esfínteres dejando escapar por turnos algún que otro pedete entre jadeos, gemidos y rostros encendidos.

  • El calor y la ocasión

    El calor y la ocasión

    Hace unos días, hice un comentario en el relato “Las coincidencias colaterales”. Después que leí la publicación me quedé pensando en que no es completamente cierto lo que comenté allí:

    “Es padrísimo andar cogiendo, pero siempre cuidándose y cuidando a los demás (eso incluye a la pareja y a los cornudos), no sólo de enfermedades de transmisión sexual, sino también de embarazos no programados. Al menos a mí no me ha pasado, que yo sepa…”

    Más bien sí es completamente cierto, porque… Mejor les cuento lo que me pasó cuando tuve que ir a una pequeña ciudad cercana a la capital de Yucatán para observar una elección sindical de mi gremio y su proceso. Después de haberme instalado y presentado, debía ir a Mérida ese día.

    Dejo el link del comentario: https://www.cuentorelatos.com/archivos/relato/las-coincidencias-colaterales/

    ****

    Aun no son las diez de la mañana y el calor es sofocante en este lugar, llego a la llamada «terminal», el local donde expenden los boletos, con quince minutos de anticipación a que pase el camión. En el local de 25 m2 hay dos bancas y un televisor que, en volumen muy alto, nos informa sobre «cómo establecer el balanceo energético con nuestra pareja».

    La dependiente me sonríe y deja asomar el perfil de la parte baja de su cuerpo por el hueco que hace de puerta del mostrador, examino extasiado ese perfil y lo recorro detenidamente desde sus sandalias. Las curvas por donde viaja mi mirada embriagan a mis pensamientos pues llevo una abstinencia de carne algo prolongada. Ella se da cuenta de la erección inmediata que deforma la caída en la tela del pantalón y recibo los destellos de sus ojos al ensanchar la sonrisa. Le correspondo de igual forma.

    Solicito un boleto para Mérida y, a cambio, recibo un boleto y un octosílabo que parece la conclusión de una bomba (canciones locales con versos picarescos) «hasta allá, son… veinte pesos». Entiendo su pausa y vuelvo a sonreírle. Al abrir mi cartera pienso que me alcanza para llegar mucho más lejos.

    A pesar de la alegría y el deseo que me trasmite la mirada de la mujer que me vendió el boleto, me da gran tristeza su preferencia televisiva y decido salir del local para comprar un periódico.

    En pocas horas estoy de regreso en la pequeña ciudad. Después de descansar un poco —media hora en la cama—, bañarme y cambiarme de ropa, salgo a buscar a mis compañeros. Pero ambos grupos están sesionando para ajustar sus propias estrategias. Así que como solo en el puesto del mercado. Allí pregunto si conocen a alguien que puede lavar y planchar mi ropa. La dueña del negocio me dice que una de sus empleadas conoce a alguien, y le habla a su ayudante; ésta es una joven alta, de porte muy sensual que usa vestimenta ligera para facilitar la transpiración que provocan el trabajo en la cocina y el calor del medio en general. “A ver si quiere llevársela a su suegra, porque no se llevan bien”. Al saberla casada deduzco que está en periodo de lactancia ya que, al no traer sostén, el volumen y la caída del pecho así lo sugieren.

    Después de las aclaraciones que hace la dueña para que la empleada sepa de qué se trata el asunto y nos deja solos. La chica se mantiene seria y yo, para romper el hielo, le pregunto cuántos hijos tiene.

    —Todavía no tengo, y ya llevo más de dos años casada… —contesta sonriendo, aunque con cierto dejo de pesar, y al agacharse a tomar la bolsa de la ropa, no puedo evitar mirar una generosa parte de su exuberante pecho.

    Ella sonríe al darse cuenta que miro más allá de su escote pues carece de sostén y, con intención expresa, tarda un poco más en levantarse. Al igual que en la mañana me ocurrió en la terminal, se me vuelve a levantar la verga por culpa de mis necesidades insatisfechas, acicateadas por el color de piel que veo en el gran hueco que me deja ver el holgado hipil, incluido el ombligo, además de las tetas.

    —¿Usted es casado? —me pregunta viendo mi notorio bulto.

    —Sí —contesto algo ruborizado y con temor de que esté maquinando una respuesta hiriente y que ya no me haga el servicio.

    —¿Y tiene hijos? —pregunta ahora cambiando la expresión a una de genuino interés.

    —Sí, cuatro —contesto.

    —Qué bonito ha de ser tener familia, pero yo… —dice mostrando un rostro desolado.

    —Ya vendrán, solamente hay que seguir intentándolo —digo interrumpiéndola.

    —Sí, pero mi esposo a veces no quiere subirse y otras llega borracho —me contesta con inusitada franqueza—. ¿Usted toma? —pregunta y me deja desconcertado.

    —Sí, pero cuando me emborracho me duermo —le advierto para defender el honor de su marido.

    —Y aun así tiene hijos… —insiste.

    —Será porque sólo me emborracho una o dos veces al año, los demás sigo practicando… —le contesto bromeando, pero sigo con la verga tiesa.

    —¿Y sólo tiene cuatro? —pregunta donde advierto que no entiende lo del control natal.

    —Sí, pero ya me da el cuarto para mantenerlos a todos —haciéndole ver las dificultades de tener una familia numerosa.

    —Pero si son poquitos… —dice con mucha convicción—. ¿Va a estar mucho tiempo por acá? — pregunta volviéndose a agachar para descansar de la carga de la bolsa con ropa, y, al volver a ver cómo cae su pecho, mi verga da un respingo.

    —Unos ocho días más —contesto embobado en sus tetas de las que no separo la mirada.

    —¡Qué bueno que le va a tocar la feria!, a ver si nos vemos —dice presionando su blusa y cerrando mi panorámica visión para obligarme a verla a la cara.

    —¿Para qué, si no me gusta bailar? —digo para hacer más larga la plática.

    —No solamente se puede bailar, yo puedo invitarlo a hacer otra cosa… —me dice sonriendo pícaramente al atar la bolsa, después de volver a contar la ropa.

    —Gracias —contesto pronto, y me despido sonriéndole antes de tratar de precisar a qué puede invitarme. Como respuesta obtengo un suspiro causado por lo que ve en el frente de mi pantalón cuando imaginé cómo cumpliría su propuesta.

    —Yo creo que mañana en la tarde ya está lista su ropa. ¿A dónde se hospeda para llevársela? —pregunta y le doy el nombre del hotel y el número de búngalo.

    Al siguiente día, atiendo todos los asuntos con la mayor rapidez para dejar libre la tarde. Vuelvo a comer en el mismo sitio y al terminar, ella va a mi mesa y me dice “En hora y media le llevo su ropa”, lo cual agradezco.

    En el refrigerador del cuarto tenía ya una variedad de refrescos y carnes frías. También me había proveído de un par de diferentes rones y vinos, por si los ocupaba.

    Puntual, la muchacha tocó a mi puerta. Al abrir me quedé impresionado pues la puerta daba hacia el poniente y a esa hora el sol dejaba ver el perfil de su cuerpo bajo las ropas. Portaba un hipil completamente blanco con una cinta multicolor bordeando al cuello, tejida con gran minuciosidad y otra en la base, sobre las rodillas. ¡Era una ropa de gala! que sólo se completaba con unas zapatillas de tacón muy bajo, forradas de seda negra y también con bordado.

    —Aquí está su ropa —dijo extendiéndome un paquete donde venía doblada.

    —Pasa, por favor —dije al tomarla. Ella entró y cerró la puerta

    —Cierro para que no se salga el fresco”, precisó.

    —Por favor, toma asiento… —y caí en cuenta que no sabía su nombre—. Perdón por no haberlo preguntado antes. ¿Cómo te llamas?

    —Muunek Ku, ¿y tú? —contestó cambiando al tuteo con el que yo inicié.

    —Isaías Rendón —respondí haciendo una ligera caravana y extendí mi mano señalándole el sillón para reiterarle mi ofrecimiento de sentarse—. ¿Tu nombre y apellido son mayas?

    —Sí, así es. Quizá yo no te parezco muy maya, pero sí, mi madre lo es —dijo soltando la cinta de su cabellera negra ondulada y abundante.

    —Pero, el apellido Ku, ¿es de tu madre? —pregunté suponiendo que era hija de madre soltera.

    —No, ese es el de mi padre. Mi madre se apellida Canul.

    Me quedé sorprendido, ambos apellidos son mayas, pero ella tiene un tono de piel más claro, ojos grandes, su cabellera no es lacia, aunque su sonrisa y párpados sí que tiene esa belleza maya.

    —Y, por lo que veo, algún pariente anterior te heredó esa belleza —dije lanzándome al ruedo.

    —Gracias, aunque la belleza es subjetiva, pero sí, mi padre biológico no era maya y salí distinta a mis hermanos —dijo sin ambages dejándome callado—. Mis dos papás son muy amigos, hasta la fecha, pero una noche, según me cuenta mi madre, los dos durmieron con ella; no sé si borrachos o de común acuerdo, pero así ocurrió. Mi papá me trata igual que a todos sus demás hijos. Los más chicos y los mayores a mí sí se parecen mucho entre sí. Lo supe hace poco que mi mamá me lo dijo.

    —¿Gustas tomar algo? —ofrecí sin querer meterme en más de sus asuntos personales.

    —Gracias, pero no tomo licor, con lo que toma mi marido es suficiente—explicó con un mohín de desagrado—. ¿Tienes refresco?

    —¡Claro! —dije poniéndome de pie y abrí la nevera para mostrarle los que había.

    —¡Ah, tienes Xtabentún frío! —exclamó Muunek al descubrirlo— ¡Quiero Xtabentún!

    Me extrañé de su entusiasmo por el licor que se produce en el estado de Yucatán, a partir de miel de abejas alimentadas con la flor del xtabentún, porque unos segundos antes había dicho “no tomo licor”. Tomé un vaso, le pregunté si le ponía hielo y ella asintió, le serví.

    —A ver si no te hace daño el licor… —le advertí al darle la bebida.

    —Aunque raras y especiales veces, es la única bebida que tomo. Me pone muy contenta —afirmó, en tanto me serví lo mismo.

    —Mmmh —dijo oliendo la bebida y me invitó a sentarme en el mismo sillón dándole unas palmadas al asiento—. ¡Salud! —dijo chocando su vaso con el mío cuando me senté.

    —Es muy rico. Un amigo me pidió que le llevara una botella y no resistí la tentación de probarlo, por eso estaba en el refrigerador —dije después de dar un trago.

    Me paré al refrigerador por el plato de carnes frías que había preparado. Al voltear para regresar a mi asiento, vi a Muunek con las piernas cruzadas y su enorme sonrisa esperándome. Al regresar platicamos sobre nuestras ocupaciones. “Aquí, casi todas las mujeres sólo terminamos primaria o secundaria, pero muchos hombres sí terminan el bachillerato o la universidad, uno de mis hermanos es matemático” comentó dándole el último sorbo al vaso y me lo extendió como una solicitud implícita de que le sirviera más, lo cual hice.

    —Hoy me dijiste que era bella, pero no se te notó tanto como ayer que me viste —dijo ya achispada, poniéndose de pie, luego se agachó para pegar su frente a la mía—. Mírame bien otra vez.

    Bajé la vista y miré bajo el hipil por el escote. Entre el canal delas chiches se miraba no sólo el ombligo, sino también algo de su densa mata, ¡no traía calzones! Mi erección fue inmediata. Muunek lanzó una carcajada al mirarme empalmado.

    —¡Ja, ja, ja! Así te ves mejor, ja, ja, ja —rio sonoramente y se sentó en mis piernas sin soltar el vaso— ¿Quieres? —preguntó ofreciéndome el vaso, al cual le di un sorbo—¿Sólo eso quieres…? —volvió a preguntar, dándome un beso —¡Mucha ropa! —exclamó al terminar de besarme y comenzó a desabotonarme la camisa— Tú ya no tomes, porque te dormirías —dijo quitándome el vaso.

    Al terminar de desvestirme y quitarme los zapatos, se puso de pie y se quitó el hipil. No pude evitar mamarle las chiches mientras ella, a dos manos, me acariciaba todo el aparato reproductor. Me volvió a sentar en el sillón y ella sobre de mí, de cucharita, y el pene le entró resbalando fácilmente por lo mojada y anhelante que ella se encontraba. Puso mis manos sobre su pecho para que la morreara y se comenzó a mover como un remolino. No hice el menor esfuerzo de contenerme y eyaculé una cantidad tremenda que ya me urgía descargar. “Así, papito, así” decía cada vez con más lentitud, conforme terminaba ella también su orgasmo. Sudorosos quedamos mejilla con mejilla, tomando aire a bocanadas.

    —¡Oh, se me hace tarde! —exclamó poniéndose de pie y se puso otra vez la única prenda de vestir que traía.

    Mientras se calzaba le pregunté cuánto le debía. “A mí, nada, ya lo traigo aquí”, dijo poniéndose una mano en el abdomen. “Mañana vengo por lo de mi suegra, y por otro traguito de Xtabentún”, exclamó antes de darme un beso y salir precipitadamente, dejándome exprimido, desnudo y con una promesa.

    Al día siguiente, puntual fue por el dinero que le debía a su suegra. Ella sacó el licor y lo sirvió para los dos. Ya no hubo plática de preámbulo y pasamos a las caricias. Yo le quité el hipil y me desvestí.

    —¿Se cargaron estas bellezas? —dijo acariciándome los huevos y brindamos, yo con una mano sobre sus nalgas y ella envolviendo mi tronco con la suya.

    —Sí, claro que se cargaron, me diste muchos estímulos en mis sueños —Le contesté y la cargué para llevarla a la cama.

    —Yo no pude dormir, pero sí logré convencer a mi marido, quien llegó sobrio por alguna extraña razón, y como yo me quedé con ganas de seguirle…

    —¿Qué le dijiste? ¿No se dio cuenta que ya habías hecho el amor? —pregunté al depositarla en la cama con las piernas abiertas y antes de abrirme paso en la ensortijada maraña para probar sus jugos.

    —¡Ay, qué rico! ¡Con razón mi marido no pudo decir que no! ¡Sigue, Isaías, sigue! Me quedé con ganas de mamártela y como se parecen tanto la verga tuya y la de él, me la metí a la boca pensando en ti. Cuando sentí que ya se iba a venir, me monté en él moviéndome con muchas ganas hasta que sentí el calor del chorro de semen —me contaba Muunek mientras soltaba los ríos de sus orgasmos y yo los paladeaba como si tomara el dulce Xtabentún…

    Cuando su respiración se normalizó, me subí en ella y la penetré limpiamente. Ahora me moví hasta darle otro orgasmo más y de inmediato la puse “de perrito” para sentir el golpe de sus nalgas en mi pubis y me vine generosamente.

    —Bien, ya traigo mi ración de hoy, sólo dame lo de mi suegra porque ya debo irme.

    —Quédate un poco más —supliqué.

    —Tengo muchas ganas de seguir ordeñándote, pero mañana nos vemos para lo mismo.

    —Ojalá que logres una ordeña más en tu casa —le dije, al tiempo que le daba mi ropa de tres días.

    Me dio un beso más y salió dejándome encuerado y con la verga flácida.

    Mientras yo estuve ahí, unos días tuvo suerte de repetir con su marido y otros sólo se conformó con la eyaculación mía, la cual nunca quiso que fuera en la boca, ¡aunque mama riquísimo! ¡Qué mujer tan hermosa y deseosa de ser madre!

    A los diez meses, recibí una llamada en mi trabajo, ¡Era Muunek!, quien con engaños había conseguido ese número telefónico con un primo de ella, el cual Muunek sabía que yo tenía comunicación esporádica. Ella comenzó a hablar de corrido y, después de decir adiós, colgó.

    Me dio gusto saber que logró el embarazo deseado y que su marido tomara menos para estar en forma. “Fue niña y se llamará Ixchel”, que según Wikipedia era la diosa del amor y de la gestación, hermana de Xtab, de donde se deriva el nombre de Xtabentún. “No sé si sea tuyo o no, pero ojalá que sea de mi marido, quien sin tu ayuda no lo hubiera tenido. Adiós”.

    Bien es claro que fue una hija deseada y planeada.

  • El brindis más esperado

    El brindis más esperado

    Bueno, comienzo por decir que me moría de ganas de contar esto que me pasó el 25 a la madrugada… Vamos a empezar dando contexto, yo tengo 18 años y tengo una amiga de mi edad a la cual la vamos a llamar, Natalia. Cuestión que con Natalia tenemos súper lindo vínculo, las dos nos amamos como amigas, yo la conocía del colegio pero cuando cortamos con nuestros ex’s (son mejores amigos entre ellos), nos unimos más, empezamos a salir a pasear, ella venía a mi casa a dormir, yo a la suya.

    Y desde hace un tiempo empezamos a sentir tensión sexual, algo inexplicable, pero las dos sabíamos que había tensión sexual.

    Yo me tocaba pensando en ella, lo cual era medio extraño, ya que nunca pienso así de mis amistades en general.

    Cuestión que el 25 después de brindar con nuestras familias, ella vino a mi casa, no pusimos a tomar shots, nos reíamos, bailabamos y empezamos a cada vez acercarnos más, yo no sabía si era que estábamos ebrias o que; nos dábamos picos porque siempre solemos hacerlo de manera cariñosa para saludarnos o porque sí.

    En un momento, vamos a mi pieza y nos jodiamos, yo le pegaba en el culo y nos reíamos, de un momento a otro me acerco y nos empezamos a besar, y en un momento tenemos esta charla:

    Yo- Te puedo chupar las tetas, Nati? (Ella se había levantado la remera a propósito y yo le decía que tenía unas tetas hermosas)

    Nati-Si amor, chúpamelas todas.

    Yo- estamos muy en pedo o está bien?

    Nati- está todo bien, tranqui, seguí que me encanta.

    Seguimos, empecé a bajar la mano por su abdomen hasta llegar a su vagina sobre la ropa, nuevamente le digo «está todo bien o estamos muy borrachas?», A lo cual me agarra la mano y se la empieza a frotar.

    La empiezo a tocar mientras le chupo las tetas y en un momento se levanta a apagar las luces.

    Cuando volvió, se tiró en mi cama y empezamos a besarnos y frotarnos cada vez más fuerte, ella me tocaba sobre la ropa y yo a ella, nos calentabamos mutuamente, le saco la remera y por dios, no podía parar de chupar esas tetas, estaba loca por esas tetas desde hace un tiempo.

    Empiezo a bajar dándole besos, le bajo el pantalón de una, con desesperación y empiezo a comerle toda la concha, de una manera que ni yo podía creer, estaba muy excitada, le empecé a meter los dedos y no paraba de gemir, yo estaba muy mojada, ella me había sacado el vestido que tenía puesto y me empezó a tocar, así que en un momento aproveche y me subí arriba suyo para que nuestras vaginas se junten, nos frotabamos tan rico que no quería dejar de hacerlo, le estaba chupando las tetas tan rico, que me vine, no aguanté y exploté en un orgasmo increíble. Descansé un rato y empezamos de nuevo, se subió arriba mío y empezó a moverse tanto que de nuevo tuve otro orgasmo, no podía parar, ella me besaba, me ahorcaba, me metía los dedos, me chupaba los dedos, tuve un orgasmo tras otro, fue una de las mejores experiencias de mi vida.

    Espero que les haya gustado.

  • Gordito delicioso

    Gordito delicioso

    Habían pasado tres días desde que un motero me había follado el culo, aún tenía ese escozor que te queda en el esfínter cuando te lo abren bien abierto, recibí una llamada de José María.

    -Hola Jóse, ¿qué ocurre?

    -Hola Einar, ¿cómo estás?

    -Bien, no me puedo quejar.

    -Oye, ¿tú no tenias un piso donde recibir a los amigos?

    -Sí, ¿por…?

    -¿Podíamos vernos allí esta tarde digamos… sobre las siete?

    -Ehhh, sí claro.

    -¿Te importa que lleve a un amigo?

    -No, por supuesto que no, cuantos más seamos mejor, por cierto, ¿Juana sabe algo de esto?

    -No, y no tiene por qué saberlo.

    -Entendido.

    Llegué temprano, le di una excusa a mi mujer y desde el trabajo me fui directamente, lo primero que hice fue ducharme, me coloqué un kimono, me encantan, tengo varios, de verano y de invierno, siempre que puedo voy así por casa, es lo único que llevo puesto, arreglé un poco el piso, cambié las sábanas, limpié el polvo, fregué algunos vasos y me senté a esperar.

    Llegaron pasadas las siete, José María elegante como siempre, con un traje gris oscuro, camisa blanca y corbata burdeos, le acompañaba un individuo mas bajo, regordete, calvo, con perilla, traía un blazer azul marino, pantalones beige, camisa celeste y corbata azul también, sin duda, uno de los comerciales del concesionario que dirigía.

    -Hola Einar, mira, te presento a Fernando, un amigo.

    -Encantado – estreché la mano que me tendía – pero pasad.

    Les acompañe al salón y les invité a sentarse, ambos lo hicieron en el sofá, en los extremos, dejando libre el hueco central.

    -¿Queréis tomar algo?

    -Sí mira, para ti – José María me tendió una bolsa que traía de unos conocidos grandes almacenes.

    -¡Vaya! – dentro había una botella de brandy Rey Luis Felipe – toda una delicia, ahora vengo.

    Lo serví en tres copas de balón como se merecía esa exquisitez, las coloqué en la mesa de centro y fui a sentarme en uno de los sillones laterales.

    -Ven, siéntate aquí – José María palmeaba el hueco que habían dejado libre en el sofá.

    -Por supuesto – me senté entre ellos dos.

    -¿Y ese kimono?

    -Me gustan, siempre que puedo voy así por casa.

    -¿Y llevas algo debajo? – desató el cinturón y abrió el kimono, naturalmente iba desnudo.

    -Joder

    -¿Ves Fernando? Te dije que te iba a gustar.

    -Siiii, me encanta.

    José María se acercó a mí, puso su mano en mi cara y me atrajo hacia él, nuestras bocas se encontraron, mordió mis labios, nuestras lenguas se cruzaron, pellizcó mis pezones, acarició mi pecho y mi vientre, mientras, su amigo agarraba mis cojones, se agachaba y se metía mi pene en su boca.

    -Oh, -Fernando sabía comerse una polla y José María me estaba derritiendo besándome el cuello mientras me acariciaba.

    -Diosss.

    Coloqué mi mano sobre la cabeza de Fernando que me estaba haciendo una mamada increíble, chupaba, succionaba, lamía besaba y su mano jugueteaba con mis huevos, José María y yo continuábamos besándonos, con mi otra mano había desabrochado su bragueta y sacado su polla dura como una piedra.

    -Slurp slurp slurp – Fernando seguía encelado con mi polla.

    -Ah, aah, que rico.

    José María se levantó, dejó caer los pantalones y el slip y se los sacó, luego se quito la chaqueta y cuando se disponía a quitarse la corbata y la camisa lo detuve.

    -¡No! No te las quites, me da mucho morbo que un tío con corbata y camisa me folle.

    -Que golfa eres.

    Se subió al sofá apoyando sus nalgas en el respaldo dejando así su polla a mi alcance, agarré esa hermosura, chupé y me introduje alternativamente sus huevos en la boca, recorrí con mi lengua todo el tronco venoso hasta llegar al frenillo, llené de saliva el glande y me tragué aquel pene entero subiendo y bajando mi mano extendiendo con ella la baba que me salía.

    -Ay, ay Einar, ay que rico.

    -Slurp, slurp, slurp.

    -¡Qué boca tienes, maricón! Ay

    Fernando abandonó mi polla que ya estaba a punto de reventar y se unió a mí en la mamada a José María, nuestras lenguas recorrían su polla, se entrelazaban se la chupábamos alternativamente…

    -Ay, ay, me vais a matar maricones.

    -Slurp, slurp slurp, -nuestros chupetones eran sonoros, a José le temblaban las piernas.

    -Siéntate, quiero que me folles.

    Le obligué a sentarse, me abrí de piernas dándole la espalda, agarré su polla dura y llena de nuestras babas, la orienté hacia mi esfínter y poco a poco me fui sentando sobre aquel cetro sintiendo como me abría hasta que mis huevos tocaron los suyos.

    -Ay que rico, ay, ay.

    -Maricón, mi polla mi polla.

    -Es mía cabrón, ahora es mía.

    Con el miembro dentro de mi culo comencé a moverme adelante y atrás mientras él me agarraba por las caderas, Fernando había comenzado a desvestirse, un tipo gordito con una increíble mata de vello por todo el cuerpo, mi sorpresa llegó cuando vi su pene, aquello era un micro pene, no más grande que una bellota, tampoco sus testículos se veían entre aquel vello.

    -Ay, ay, mi polla. – yo seguía moviéndome, alternaba movimientos adelante y atrás con sentadillas metiéndomela y sacándomela.

    -Mis huevos puta, me vas a partir los huevos.

    -Aguanta cabrón, aguanta.

    -Ay, putón, ay que culo, ay

    -Dame cabrón, dame por el culo, Follame, follameee.

    -Sí, siii, puta, puta, putaaa.

    -Ay que me corro puta, me corro, me corrooo.

    -Sí cabrón, déjame preñado maricón.

    Me abrazó pegando su cuerpo al mío, sus manos me agarraban los pezones, yo me movía adelante y atrás y el me mordía la espalda mientras apretaba su pelvis contra mi culo.

    -Ooh. Me corro, ay, me corro.

    Comenzó a eyacular dentro de mí, yo notaba los espasmos de su cuerpo cada vez que soltaba lefa, Fernando que había estado mirando, se puso a cuatro patas entre mis piernas y comenzó a chuparme la polla, agarró mis huevos y se metió mi pene hasta la garganta.

    -Sí, si, siii – José María continuaba abrazándome, su polla la tenía clavada en el culo y tenía las entrañas llenas de su leche y ahora la boca de Fernando me chupaba el miembro con una maestría sin igual.

    -Es bueno ¿verdad puta? Es muy bueno con la boca.

    -Sí, si que es bueno es buenooo.

    -Siii, ay que me corro, me corro.

    Comencé a soltar lefa, me corrí en su boca y el se la tragó toda, no dejo escapar ni una gota, me levanté, la polla de José María salió de mi culo y un reguero de leche recorrió mis piernas, Fernando a gatas agarró el pene de su amigo y la limpió dejándola reluciente, yo seguía caliente como una perra y él estaba ahí a cuatro patas, con esa espalda morena llena de pelo y esas nalgas blancas, me agaché, le agarré los cachetes y se los abrí dejando al descubierto su esfínter, le pegué un buen lametón por toda la raja, luego me centré en su ojete y comencé a follárselo con mi lengua, se la metía y sacaba y el respondía con gemidos de placer mientras chupaba la polla de José María.

    -Mmmm, ah, aah.

    -¿Te gusta Einar? ¿Te gusta mi regalito?

    -Siiii, este chochito ha catado muchas pollas.

    Le abrí las nalgas, coloqué la punta de mi glande en aquel coñito lleno de saliva, le agarré por las caderas y de un golpe de riñones le metí la polla hasta los huevos.

    -Aaaah, hasta el fondo perraaa.

    -Aaarg – la polla de José María le llegó a la campanilla.

    -Ugh jooder Einar, vaya estocada.

    Comencé a moverme metiendo y sacando mi pene de aquel culo que parecía querer succionarlo.

    -Ay, mi culo, ay ay ay.

    -Este coño que tienes es mío maricón, te lo voy a dejar bien follado puto, puto oooh.

    -Ay, ay mi chochito, ay – había dejado de comerse la polla de José María y estaba a gatas.

    -Huy que culo, te lo voy a reventar puta puta puta.

    -Préñalo Einar, préñalo, dale, dale fuerte a esta zorra.

    -Sí, te voy a dejar preñada golfa, ay, me corro, me corro, me corrooo.

    Di un empujón tan fuerte, clavando mi polla tan hondo que la putita que me estaba follando cayó de bruces manteniendo la grupa levantada ya que yo lo tenía sujeto por las caderas.

    -Hijo de puta, ay mi culo, ay.

    -Me corro, me corro, me corrooo.

    Empecé a largar lefa, estaba soltando la leche en el fondo de ese culo, me estaba corriendo por segunda vez, José María me hizo señas y en cuanto acabé me aparté, saqué mi polla y le dejé mi sitio.

    -No, no la saques

    -Ssh, tranquila putita, que a este coño no le va a faltar carne.

    Lo obligó a levantarse e hizo que se tendiera sobre la mesa de centro, como era bajita su polla estaba a la altura ideal, obligó a Fernando a llevar sus piernas dobladas sobre el pecho, me hizo señas para que se las agarrara manteniéndolas así, su ojete, rezumando mi leche quedaba abierto, se colocó en posición y aprovechando que mi semen lubricaba aquel chochito metió su polla de un golpe.

    -Ay, que me partes cabrón.

    -Relájate putilla, ya te has comido este salchichón alguna vez.

    -Ay ay mi culooo, ay.

    -Uf que chochito, me vas a exprimir zorra.

    Yo le agarraba las piernas por los tobillos manteniéndolas sobre su pecho, José María se movía embistiendo aquel culo mientras Fernando gritaba.

    -Ay, mi culo, mi chochito, ayyy, me lo rompes cabrón.

    -debido a mi leche, la polla de José María emitía un sonido líquido.

    -Zorra, Einar ya me ha abierto el camino, toma perra, perraaa.

    -Ay ay, mi culo mi culooo.

    -Vaya dos culos que me he follado hoy, vaya dos culos.

    Yo seguía soltando leche del culo mientras sujetaba las piernas de Fernando, su pene erecto era como una bellota y sus testículos casi testimoniales, apenas tenía escroto.

    -Ay, mi culo, mi culoooo.

    -Zorra, zorraaa, te parto el coño perraaa.

    -Ay dios, ay, ay.

    -Puto maricón, te gusta ¿verdad?

    -Sí, ay siii, me gusta, me gustaaa.

    -Sii perra te gustan las pollas.

    -Ay que me corro, ay que gusto, ay, me corro cabrón, me corro.

    Fernando comenzó a temblar, puso los ojos en blanco y empezó a soltar lefa sobre su vientre peludo, un pequeño río de leche que se quedaba sobre su vello, José María sacó su polla y ayudándose con la mano se corrió también sobre sus diminutos testículos.

    -Joder que polvo.

    -¿Dónde lo has encontrado? -Le señalé al delicioso gordito que estaba desmadejado sobre la mesa.

    -Es un vendedor de mi concesionario, una verdadera joya.

    -Tiene una boca increíble.

    -Sabía que os ibais a llevar bien.

  • Cogiendo con mi lectora

    Cogiendo con mi lectora

    Conocí a una hermosa mujer por medio redes sociales, una mujer muy atractiva, con personalidad fuerte, ojos grades con un brillo especial, una piel tersa, suave que hacía juego perfecto con el color de su cabello y el rojo de sus labios.

    Después de conocernos un poco, generar confianza, saber un poco de ambos se dieron las condiciones para poder vernos, finalmente llegó el día esperado, ella lucía espectacular, como siempre una hermosa sonrisa que dejaba ver sus dientes blancos, llevaba puesto un vestido largo color negro sin mangas con escote en pecho y espalda, abierto de un lado hasta el muslo que dejaba ver su torneada y firme pierna, zapatos con tacón mediano, yo ansioso no veía la hora de recorrer su hermoso cuerpo, en ésta o en otra ocasión.

    Durante la cena pregunté si estaba segura, me contestó con seguridad que sí, me preguntó si yo lo estaba, besé su mano tersa, suave, le dije que estaba más que seguro, que le tenía un par de obsequios, en el transcurso de nuestra cena, los acercamientos aumentaron al igual que las caricias, cuando besé sus labios nuestras lenguas se entregaron por completo a un sensual juego, mi mano bajaba ocasionalmente a su desnudo, muslo, ella correspondía sobre mis piernas y un poco más arriba de vez en cuando.

    Al terminar los cuatro tiempos de la cena con su respectivo maridaje la música cambió, nos levantamos a bailar, gracias a la poca iluminación las caricias, los besos, los acercamientos continuaron, la tomaba por la cintura para acercarla a mi cuerpo, sentía sus curvas firmes pegadas a mi pene que empezaba a crecer, ella lo notó, no pareció molestarle, se pegaba aún más, bailamos algunas piezas más, bebimos otras copas más, el vino, la música, la plática, todo en conjunto favoreció a que incrementaran las caricias, la temperatura y la excitación, así que decidimos ir a un lugar más íntimo.

    Nos dirigimos a un hotel de la ciudad, durante el trayecto reímos, nos besamos y acariciamos en cada semáforo en rojo, me preguntó sobre la sorpresa que le tenía, contesté que esperara un poco, intercambiamos algunos besos y caricias más, sentía la calidez de su piel, nuestras manos se aventuraron más, mis dedos sintieron la humedad de su vagina, sus pezones estaban duros, ella acarició mi pene erecto, lo frotaba con delicadeza.

    Llegando al hotel me pidió que no bajará del auto aún, deslizó el cierre de mi pantalón, para mi sorpresa sacó mi falo erecto, lo empezó a besar, a lamer, lo metió todo dentro de su boca, ufff subía y bajaba de una forma deliciosa, mis manos pasaban de su espalda a sus nalgas, antes de que terminara logré moverme, bajamos nos seguimos besando, nos dirigimos a la cama, casi arrancamos nuestra ropa, pero me detuve, ella me miró con ese brillo especial de sus ojos mezcla inocencia y perversidad, le dijo que le entregaría las sorpresas, así lo hice, al verlas sonrió, se dirigió al baño, entretanto yo esperaba ansioso, puse un poco de música, bebí un poco de vino.

    Cuando salió del baño en verdad me sorprendió, se había puesto el bodystocking negro con aperturas vaginal y anal, así como el plug con cola que le había regalado, se veía muy sensual, excitante, su tersa piel resaltaba entre los encajes negros, la cola en medio de sus nalgas le daba un toque especial y muy perverso.

    Caminaba hacia mi moviendo todo su delicioso cuerpo de una manera sensual y excitante, se detuvo bailando rítmica y sensualmente frente a mí, abrió sus piernas mostrándome los rosados labios de su vagina, en seguida subió una de sus esculturales y curvilíneas piernas a la cama, después la otra, jaló mi cabeza hacia su vagina, la tomé de las duras nalgas, la atraje aún más, empecé a recorrer sus carnosos labios con mi lengua, a lamer toda su hermosa vulva mojada y caliente, ella gemía al tiempo que se acariciaba sus tetas, mi boca se detuvo en su clítoris, ese hermoso botón rosado, empecé a succionarlo, a morderlo, los gemidos aumentaron con sus manos jalaba mi cabeza hacia ella, su cuerpo entero se tensó, de su vagina salió ese néctar caliente que mojó mi cara, mi barba.

    Con sus piernas aun temblando, se giró dándome la espalda, se agachó, separó con sus manos esas duras y redondas nalgas para mostrarme su apretado culo adornado con la colita del plug, ufff era sensacional, así de espaldas abrió sus sensuales piernas, separó con una mano sus nalgas, con la otra metía y sacaba el plug de su apretado ano, era muuuy excitante, se agachó, colocó sus rodillas sobre la cama, su vagina que tenían todavía gotas calientes quedó nuevamente frente a mí, también podía ver la colita de zorra, sentí como su boca devoraba mi verga, su lengua y labios la recorrían lento, suave, delicioso, por mi parte recorría nuevamente toda su húmeda vagina con mi lengua, recogiendo las gotas que aún quedaban, dando especial atención a su crecido clítoris succionando y estimulando con mi lengua, con un mano separé sus nalgas, con mi otra mano sacaba y metía el plug en su dilatado culo, de pronto apretó mis dos cabezas, una entre sus piernas mojando toda mi cara, otra dentro de su boca, sacando toda mi leche acumulada.

    Después de un respiro bajó de la cama, se hincó frente a mí, tomó mi flácido pene, lo empezó a estimular con la mano primero y después con su boca y con sus redondas tetas, no tardó mucho en ponerlo duro nuevamente, me dijo «quiero tenerlo dentro, cógeme», la subí a la cama, la puse en cuatro sus nalgas con la colita en medio saliendo por la apertura del bodystocking lucía muy excitante, besé y mordí sus nalgas encima de la tela, pasé mi lengua por los pliegues que rodean su ano, limpié también las gotas que escurrían de su vagina a sus muslos, acerqué mi falo duro hacia su vagina para sentir como era devorado por esa cavidad caliente y mojada, se escuchaban entre sus gemidos el choque de nuestros cuerpos, sus nalgas rebotaban en mis muslos cada vez más rápido, ella pedía que no parara, yo apretaba sus nalgas y la jalaba hacia mí, de nuevo sus nalgas y piernas se tensaron, su vagina apretó mi polla, sentir ese delicioso y caliente líquido en mi verga, me hizo explotar de nuevo dentro de ella, con un esfuerzo me incorporé para voltearla, podía ver como su vagina se contraía aún, me agaché, con una mano tomé el plug para meterlo y sacarlo de su culo, con otra mano daba masaje a su vagina, ella acariciaba sus tetas, me gritaba que continuara, mis dedos apretaban y jalaban su clítoris, el plug entraba y salía, logrando que se viniera una vez más, sus piernas se contraían cada vez que salía ese rico néctar, su espalda formaba un arco, finalmente dejó caer todo su peso sobre la cama, las piernas aún le temblaban, con el plug insertado en el culo, y su vagina goteando, la abracé para quedar tendidos y exhaustos!!!

    Feliz fin de año y mejor año 2022 a todas mis lectoras!!!

  • En el hospital

    En el hospital

    Hola, soy cubano, actualmente tengo 25 años, les voy a contar lo que le pasó hace como 2 años, soy de la Habana. 

    Bueno mi madre la ingresaron en el hospital Nacional y me tocó una de las noches pues quedarme en el hospital con ella y pues esa noche estaba atendiendo esa sala un doctor súper guapo, parecía estudiante residente porque era joven pero súper guapo blanco, alto y marcaba buen cuerpo.

    Yo soy blanco delgado y bisexual. Yo notaba que el doctor me miraba mucho pero ni caso le hice pero él fue muy inteligente y me dijo que me iba a dar su número por si necesitaba llamarlo para algo porque él iba descansar un poco, yo anoté el número de él y pues nada continuó la noche y como a las 12 o 1 al me escribió por whatsapp y me preguntó cómo andaba todo a lo que le respondí que bien.

    Él me dijo que si podía ir a su habitación de descanso a ayudarlo a mover la cama para otro lugar. Yo fui a dónde me indicó y estaba en una habitación de descanso para los médicos pero era personal o sea que solo dormía el ahí. Él estaba sin camisa y con el pantalón puesto ya que fue en verano y había calor esa noche. Yo lo ayude a mover la cama pero ya cuando me iba note que tenía una erección que se le marcaba en el pantalón y le dije que si la noche estaba caliente y él se tocó su verga y me dijo que la noche estaba muy calurosa.

    Él se acercó a la puerta y la cerró con seguro y me besó sin pensarlo. Yo me senté en la cama y él se bajó el pantalón y dejó ver su verga que media un poco más de 17 cm pude estimar yo en el momento. No dude en llevármela a la boca y chuparla toda así estuvimos unos minutos pero después el tomo el control me acostó en la cama me quitó mi pantalón y me comenzó a dar lengua en mi culito que ya no era virgen claro.

    Se puso un condón y comenzó a penetrarme ya cuando estaba dentro entera yo gemí y el me cubrió la boca y comenzó a darme más duro. Ya cuando me dijo que se iba a correr la sacó retire el condón y lo comencé a masturbar hasta que se corrió encima de mí. Tuvo después que limpiarme y pues guarde el número de él. Después de eso lo hicimos varias veces en su casa.