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  • Mi nuevo desahogo

    Mi nuevo desahogo

    Antes de comenzar, me gustaría explicar que lo siguiente no fue planeado, ni tampoco hecho con alevosía.

    Desde hace dos años soy casado con una linda chica que ha sido muy complaciente en todo.

    A diferencia de otros protagonistas, no tengo mucho rango económico, ni social.

    Mi mujer a la cual llamare Mónica. Mide 1.68, piel morena clara, pechos grandes, buen trasero y unas piernas exquisitas.

    Desde novios a ella le ha gustado el ejercicio y desde luego verse muy bien.

    Todo comenzó cuando murió mi suegro en un accidente automovilístico. Cosa que ocasiono en Mónica un ataque de ansiedad, a tal grado que se le tuvo que suministrar tranquilizantes muy potentes.

    Ella fue muy apegada a mi suegro, un buen hombre. En fin. Más que su padre era su mejor amigo.

    Todo esto ocasionó que nuestra vida fuera monótona.

    Se acabaron las salidas; ya sea, con amigos, familiares, o, alguna salida de aventura entre nosotros.

    Los estragos de esos meses fueron, no fatales para mi, mas bien fueron de mucha abstinencia en el ámbito sexual.

    Tanto que en lo que mi esposa caía inconsciente por los tranquilizantes yo me escapaba hacia algún table dance, o, iba a contratar los servicios de alguna scort.

    Decidí no ser infiel; pues, tenia la esperanza de que Mony se recuperaría pronto, pero no fue así en mas de 1 año.

    Un día. Tuvimos una celebración por parte de mi trabajo. Obviamente mi mujer no quiso asistir.

    Al llegar en la noche. Con unas copas de mas, me quede observándola, como dormía bajo los influjos de aquellos tranquilizantes.

    Siempre dormía con un camisón algo transparente, sin sostén.

    Esa ocasión, imagino que no se tapó por el calor que hacia, quedo tendida en la cama, boca arriba, con las piernas entre abiertas.

    Al acostarme, la empecé a tocar.

    Pasando mi mano por sus piernas, llegando a sus pechos.

    Como no vi reacción alguna, opte por hacerme una paja, así. Tocando todo su bello cuerpo.

    Los días pasaban y Mónica seguía igual con su tratamiento, desde el inicio de este, le prohibieron manejar o manipular cualquier tipo de maquina, a excepción de la computadora o celular.

    Porque por el efecto de su medicina ella se la pasaba a tontada o mas bien adormilada, para evitar los ataques de ansiedad.

    Trataba de seguir con su vida. Iba al gym, no con tanta frecuencia, hacia las compras y eso siempre acompañada de su mama, o, de algún familiar.

    Así era nuestra vida.

    En una ocasión. Me encontraba leyendo algunos relatos eróticos en la computadora y pronto vi uno acerca de alguien que disfrutaba de su cuñada dormida.

    Era de esperarse que el recuerdo de hace varias noches, donde me pajeaba tocando a Mony dormida, me venia de golpe.

    Y si me la follo, así como esta dormida e inconsciente?

    Tenia muchos deseos de volver a disfrutar del sexo con mi esposa, por lo que pronto trate de deshacerme de esa estúpida idea.

    Un descanso que tuve en un fin de semana. Me encontraba con un amigo en común que fue a visitarnos; pues apenas se había enterado de lo que sucedía.

    Mónica no podía ingerir nada de alcohol, por lo que solo nos acompañó en la comida.

    Treinta minutos de que se había marchado nuestro amigo, a mony le dio un ataque de ansiedad. Como la charla fue un tanto animada, a ella se le paso la hora de su dosis.

    Habiéndose tomado dicha dosis y mas calmada, se fue a recostar a la recamara.

    Yo me quede en la sala mal diciendo, todos estos acontecimientos.

    Bebí un poco mas de la cuenta. Eso si. Sin perder conciencia de todo.

    Ingrese al internet para leer mas de esos relatos; esta vez agregando algún vídeo sobre el tema.

    Luego de una hora.

    Decidí ir a descansar.

    Al entrar al cuarto, veo a Mónica acostada, a la mitad de la cama, pero atravesándola.

    Al igual que la otra noche, me quede observándola.

    Traía puesta, unas zapatillas negras, una minifalda negra, una blusa rosa, algo escotada.

    Antes de comenzar a asustarme.

    Pues la dosis no hacia efecto tan rápido, note que aun lado de mi esposa, se haya a un libro.

    A ella le gusta leer.

    Me puse mi pijama y comienzo a acomodar a mi bella durmiente, cuanto se le alzó un poco la falda, dejando ver unas panties amarillas.

    No pude evitar oler su vagina a través de esa prenda.

    No lo hubiera hecho; pues, mis manos empezaron a hurgar su cuerpo. Mi boca besaba sus piernas, llegando a su vulva.

    Sus panties fueron bajadas por unas manos temblorosas.

    Sin el control que antes me detuvo, hundí mi cara en esa hermosa vagina.

    Mi lengua atacaba sin pudor esa hendidura de placer. Bebía su humedad como si no hubiese probado liquido alguno.

    Mis manos desnudaron la mitad del cuerpo de Mony.

    Con mucha sed, fui a la boca de mi amada. Abriéndola y así disfrutar de ella.

    La senté para quitarle lo que aun llevaba puesto.

    Amasaba sus pechos al ritmo que iba clavando mi miembro ardiendo en esa vulva.

    Mis besos subían y bajaban de su boca a su cuello y regresaban a su lengua.

    Sus nalgas eran invadidas entre la cama y manos llenas de ganas.

    Mis estocadas, cada vez mas fuertes y llenas de ira. Ira de hambruna.

    Pronto sus piernas eran llevadas a mis hombros, para no perder detalle alguno en cuanto a mi placer.

    Colocada boca abajo. Mi lengua hurgaba y jugueteaba en su esfinter anal.

    Pronto mi glande se abría paso a través de esa cavidad.

    Tiraba de sus cabellos como cuando ella se haya a en brama, solo que esta vez no habían gemidos, emanados de su boca.

    Una fuerte sacudida orgasmica llego a mi, vertiendo líquidos en sus entrañas.

    Aun hambriento, metí mi falo en su boca. No sentía igual, por la falta del movimiento de su lengua y de sus labios mamando; pero, era la misma sensación de que mi glande era llenado de saliva.

    Dando vuelta. Logre un 69, lleno de líquidos y de durabilidad.

    Volviendo en perfecto acomodo, atendí su vagina como al principio, mamando como crio esos pezones que algún día y en plena conciencia disfrutaban con lo que estoy haciendo ahora.

    Su cuerpo. Como si consciente se encontrara. Reacciono al espasmo de placer. Orgasmo encontrado, que si igual gozó, sacudió a ambos.

    Pensé que Mónica había despertado, pero con cierta decepción. Note que seguía dormida y que sólo fue una reacción de ese cuerpo que tanto me fascina.

    La coloque como acostumbra a dormir. Sintiendo culpa por lo que fue sexo sin consentimiento, ni amor de ella hacia mi.

    Hable con ella acerca del tema de poseer mujeres en estado de inconsciencia.

    Quede boquiabierto cuando ella dijo.

    «Si quieres. Aprovechate de mi»

    Con esto. Fue quitado un sentimiento de culpa, que cargue doce horas atrás.

    Y bien. Solo quedó esperar a que pasara el tiempo.

    Si a alguien le ha pasado algo similar favor de comentar.

    Vladimir escritor.

  • Portugués pollón

    Portugués pollón

    Trabajo en una fábrica,  en expedición, lo que hago es conducir una carretilla y cargar los pallets en los camiones, vienen de toda Andalucía, Extremadura y Portugal, en producción trabajan 24 horas los trescientos sesenta y cinco días del año pero en expedición en el turno de noche y los sábados y domingos sólo hay un retén, un trabajador por turno ya que el flujo de camiones es más reducido.

    En la fábrica cargan dos tipos de conductores, los hay que vienen mandados por el cliente y luego están los autónomos que trabajan para nosotros y que dependen de logística, yo tengo, por mi trabajo, mucha relación con todos ellos, en especial con los últimos, y de éstos hay uno, un mariquita encantador con muy poca vergüenza al que llamamos “la Lola” gran amigo mío.

    Un día, estaba cargando su camión cuando llegó otro con matrícula portuguesa, de él se bajó el hombre más hermoso que he visto, alto, fornido, moreno, pelo rapado, barba muy negra, un verdadero macho.

    – ¡Joder!

    – ¿Te gusta? – la Lola conocía mi secreto.

    – Es lo más hermoso que he visto en muchísimo tiempo.

    – Pues folla que no veas.

    – ¿¡Te lo has follado!?

    – Bueno, en realidad el a mí, y tiene un pollón que no se yo si tu culo…

    – Que maricón eres.

    – Ya, me encanta.

    – ¿Y crees que si le entro…?

    – Sí, le encanta romper culos de tío.

    – Pero…

    – Siii, es muy discreto, no te preocupes, es casado y tampoco le interesa que se sepa.

    El sábado siguiente estaba de retén, aburrido de verdad, era el turno de tarde, tan solo había cargado un camión, era principios de verano, hacía calor y el aire acondicionado no iba bien, me estaba quedando amodorrado, en esas me avisaron de que entraba un cliente, salí del despacho y arranqué la carretilla, el camión estacionó en la zona de carga, tenía matrícula portuguesa, el corazón me dio un vuelco, se bajó el camionero del que la Lola y yo habíamos hablado tres días antes.

    – Buena tarde. – hablaba con un fortísimo acento portugués.

    – Buenas tardes.

    – Vengo cargar para Faro.

    – Vamos a comprobarlo, venga conmigo.

    Le conduje al despacho del jefe de turno de expedición, él era el que comprobaba la matrícula de los camiones, ordenaba la carga y expedía el albarán, como era festivo, si ese camión tenía carga el albarán estaría impreso y efectivamente, tenía prevista carga, salí, cargué los dieciséis pallets y entré de nuevo.

    Durante todo ese tiempo había estado mirando descaradamente a aquel tipo, era tan alto como yo, sobre 1,85, fornido, ojos oscuros, cabeza afeitada, barba espesa, negra y bien cuidada, brazos fuertes, manos grandes, de uñas también muy cuidadas, piel morena, llevaba una camiseta de tirantas y en su pecho, sus hombros, sus brazos, incluso sus manos tenía abundante vello negro, todo un oso aquel señor.

    – Este es el albarán de carga – le dije – esta copia se la entrega usted a seguridad al salir.

    – Obligado – se dio la vuelta para salir pero se volvió – me han dicho que te gusto mucho.

    Me pilló por sorpresa pero me repuse enseguida.

    – Jajaja. Voy a matar a ese mariconazo de la Lola, sí que me gustas, eres un tipo muy atractivo, la verdad, no me importaría echar un polvo contigo.

    – Tú también me gustas mucho y hace tiempo que no estoy con un hombre pero te lo aviso, soy muy macho, me llamo José.

    – Mi nombre es Einar, y yo te aviso que soy muy puta.

    – ¿Dónde podemos ir?

    Me levanté del sillón, cerré la puerta, bajé las persianas, me desnudé por completo, y me senté en la mesa.

    – ¿Aquí? ¿Estás loco?

    – De fábrica no va a venir nadie y si entra algún camión me tienen que avisar, nos da tiempo de sobra de vestirnos, no te preocupes, a mí también me interesa la discreción.

    Se desnudó ante mí, era imponente, tenía un pecho poderoso, vientre algo prominente, piernas fuertes, completamente cubierto todo de vello negro y una polla que flácida se veía enorme.

    – ¡Madre mía! ¿Todo eso es tuyo? – sonrió con esa boca deliciosa de labios gruesos y dientes blancos y perfectos.

    – Prepara el culo, vas a gozar.

    Se acercó, me abrazó y me besó, me metió la lengua hasta la campanilla y la movió en mi boca, las piernas me temblaban, hacía tiempo que un hombre no me besaba así, con tanta pasión, le agarré por la cintura y le apreté contra mí, nuestras lenguas se entrelazaron, mordió mis labios, nos acariciamos…

    – Date la vuelta.

    Comenzó a besarme el cuello, me mordisqueo la oreja, sentía su aliento en mi cara mientras me susurraba las cosas que iba a hacerme, acariciaba mi espalda con sus enormes manos, pegaba su cuerpo al mío.

    – Me gustas mucho, tienes un culo maravilloso.

    Algo crecía rozándome las nalgas.

    – ¡Madre de dios!

    Al girar la vi, su polla estaba dura, si flácida me había parecido enorme, ahora era un verdadero monstruo, ¡con razón me había dicho que preparara el culo! me había comido alguna polla respetable pero no como aquella, no creía que me cupiera de ninguna manera, me agaché y olí aquella cosa, olía como debía, a polla, a macho, sus huevos eran grandes, peludos y colgones, los agarré con una mano y comencé a masajearlos, abrí la boca e intenté metérmela.

    – ¡Cuidado, os dientes! – José se quejó, no me cabía y tuve que desistir, saqué la lengua, golpeé el frenillo, lamí todo el glande y el tronco hasta llegar a los huevos que chupé y me metí en la boca.

    – Sabes lo que fazer con la boca, mariconazo, agora es a tua vez.

    José me incorporó, me dio la vuelta y me hizo inclinarme apoyándome en la mesa, me hizo abrir las piernas, me abrió las nalgas y pensé “ya está, me va a reventar, me va a partir el culo”

    – Ten cuidado José, cuidado con ese monstruo por dios.

    – Calma mi niña, sé lo que hago.

    Era cierto que sabía lo que hacía, noté la punta de su lengua en mi esfínter, sabía moverla el cabron, me lo folló con ella, me lo llenó de saliva para lubricarme, luego metió uno de sus enormes dedos y lo movió dilatándome el ojete, volvió a usar su lengua y yo sacaba el culo para facilitárselo.

    – Te gusta ¿verdad puta?

    Ahora eran dos los dedos que estaban haciendo la labor de zapa en mi culo, de vez en cuando José soltaba un cachete haciéndome suspirar.

    – Aaah cabron, me tienes cachonda perdida.

    Se incorporó, con su mano en la espalda me hizo inclinarme hasta apoyarme en los codos, me abrió los cachetes y puso la punta de su polla en mi ojete, yo sabía que dolería, lo que no sabía es si podría aguantar.

    – Despacio José, despacio por dios.

    – Relájate mi niña, relájate, sé lo que hago.

    Empezó a empujar, despacio, muy poco a poco, comenzó a meter su monstruo en mi culo, el dolor llegó enseguida y cuando el cabezón aquél venció la resistencia de mi esfínter el dolor me hizo doblar las rodillas.

    – Ay, ay, ay mi culo cabron, me has roto el culo, ay hijo de puta ayyyy. – había notado como me abría, en ese momento pensé que tal vez me había atrevido con más de lo que podía abarcar.

    – Ssshh cállate, ya verás, ya pasa mi niña, ya pasa.

    Se estuvo quieto esperando a que mi culo se acomodara al tamaño de su polla, yo mas que gemir sollozaba, pero el dolor iba desapareciendo, José continuó empujando para acabar de meter su verga, ya el placer iba sustituyendo al dolor y cuando noté que sus huevos tocaban mi perineo comprendí que la tenía toda dentro.

    – Aaah mi culo, cabron, ay mi culito, mi culito ooohhh, me has reventado el culo.

    Comenzó a meterla y sacarla, muy despacio al principio para ir poco a poco incrementando el ritmo, cuando la metía creía que me mataba y cuando la sacaba le pedía que me la volviera a clavar.

    – Ay, ay que rico, que rico, cabron, ay, follame, follame cabronazooo.

    – ¿Estás viendo, puta?, te dije que era muy macho.

    – Ah, ah mi culo cabron, ay mis piernas, ay como me tienes cabron, mis piernaas, no me aguantan cabron, hijo de puta, no me sostienen.

    – Aguanta maricón, – paf, un guantazo con aquellas manos que parecían tablas de planchar.

    – Ay, hijo de puta, ay

    José seguía moviéndose, incansable, metiendo y sacando su polla de mi culo, el corazón me iba a mil, mi cuerpo estaba completamente bañado en sudor, el sonido de su pubis golpeando mis nalgas me hacía suspirar, sus embestidas eran cada vez más fuertes, resoplaba como un semental, el placer era tan intenso que creía que me iba a desmayar.

    – Ah, mi culo, mi culo.

    – Tú culo es mío puta, mio.

    Sus manos agarraban mis caderas, sus dedos se clavaban en mis carnes, su cadencia era rítmica, incansable, notaba sus huevos golpeando mi perineo, ambos estábamos empapados en sudor, el olor a sexo me ponía a mil.

    – Ay mi culo, no pares cabron, no pares, mi culo, mi culo.

    – Te gusta mi polla ¿verdad golfa? Dímelo, dime que te reviente el culo con mi polla.

    – Ay si, siii, adoro tu polla, destrózame cabron.

    – Puta puta puta, toma puta.

    No sabía cuanto tiempo llevaba así, ese portugués cabron no se cansaba, el culo me ardía, el corazón lo tenía desbocado, de pronto me empezó a temblar todo el cuerpo y me corrí, eyaculé sobre la mesa de mi jefe sin necesidad de tocarme.

    – Ah, me he corrido cabron, me has hecho correrme.

    – Y ahora voy yo puta, aaah.

    – Si cabron córrete, correte, lléname de leche.

    Quería sentir su corrida llenándome el culo, quería sentir su leche caliente en mi interior, en esos momentos no me importaba el peligro

    – Siii hijo de puta, dame tu leche, dame tu leche.

    – Te voy a llenar las entrañas de leche perra, te voy a dejar preñada, te voy a hacer el nudo como la perra que eres.

    Me agarró por el interior de los muslos y me metió la polla hasta los huevos, se apretó contra mí y empezó a correrse, apreté lo que quedaba de mi maltrecho esfínter para notar los espasmos de su enorme pene cada vez que eyaculaba.

    – Ay si, si, deja preñada a tu puta cabron.

    Se dejó caer sobre mí y tuve que soportar su peso durante unos instantes con su polla clavada en el culo.

    – Ay José, ay, casi me matas.

    – Mi niña, mi putita, que culo tienes. – me susurraba al oído.

    Su polla se aflojaba y yo notaba como su lefa comenzaba a salir, me sacó la verga y me di la vuelta, tuve que sentarme en el sillón, las piernas no me sostenían, su semen se salía de mi culo y cayó sobre el sillón de mi jefe, me hizo gracia y me reí.

    – ¿Te ríes?

    – Por no llorar cabrón, me has roto el culo.

    Estaba hermoso, todo empapado en sudor, con la polla flácida ya, olía a macho y a sexo.

    – No te lo he roto pero sí que parece un coño todo abierto.

    – Cabron…

    – Fue ¿como se dice? Ah si, un “polvo” maravilhoso.

    – Me has dejado el culo ardiendo cabron, aún no entiendo como me ha cabido “eso”.

    – Jajaja, es verdad que no hay muchos culos que aguanten mi polla.

    – Me lo creo cabron, me lo creo.

    El ojete me estuvo escociendo una semana, cada vez que me sentaba me acordaba de ese portugués cabrón, esa polla había sido toda una experiencia.

    Podéis escribirme a [email protected] si lo deseáis.

  • El amante perfecto

    El amante perfecto

    Hace algunos años me casé y aunque han existido altos y bajos en mi matrimonio he sido relativamente feliz. Aunque en mi juventud fui muy loquita y por qué no decirlo noviera, les confieso que desde que me casé mi esposo había sido el único hombre con el que he tenido sexo. Les confieso que cuando éramos novios disfrutaba de esas tardes de sexo que teníamos, pero desde que nos casamos no recuerdo esos días en los que me encantaba hacer el amor con él; mi esposo se volvió un hombre rudo, egoísta y muy tosco a la hora de tener sexo, reconozco que deje de disfrutar ya que en vez de sentir placer lo que sentía era dolor y mucha rabia de que solamente él disfrutaba y donde quedaba yo? No le importaba, quedaba adolorida, insatisfecha y enojada, solo lloraba sin poder hacer nada al respecto… hasta que una de esas noches en las que después de prácticamente haber sido violada por mi esposo, muy triste empecé a revisar mis redes sociales y por esas casualidades sabias del destino encontré a un chico que aunque fue mi vecino por muchos años jamás me fijé en él ni él en mí, hicimos vidas distintas él tenía su familia al igual que yo y hasta vivía en una ciudad diferente.

    Comenzamos hablando recordando viejos tiempos y comentándonos nuestras desdichas y desventuras, así pasamos algunos meses en los que chatear se nos convirtió en una necesidad, pero todo no podía ser perfecto y por un descuido mi esposo encontró nuestros mensajes en las redes, aunque para ese momento no había nada más que una amistad las cosas empezaron a ponerse aún peor en mi matrimonio, sin embargo seguí adelante con mi vida y dejé de hablarme con mi amigo durante algo más de un año. Pero un día sentí que lo extrañaba, necesitaba esas largas noches chateando. No aguante más y le escribí.

    Me sorprendió que me respondió le conté todo lo que lo había extrañado y nuevamente empezamos a escribirnos, pero esta vez fuimos más lejos, empezamos a tener chat hot, confieso que al principio tenía un poco de susto y hasta vergüenza, pero poco a poco me fui soltando. La primera vez que nos vimos estaba muerta del susto, pero créanme que valió la pena. Él me recogió en su moto y me dio un casco, bueno no queríamos que alguien nos viera por allí, entramos al motel y ese hombre mi amante era tan delicado pero al mismo tiempo tan sexy, era una mezcla de dulzura Y pasión. Se acercó a mí y me dio un beso que me llevó al cielo, mientras nuestras lenguas se enredaban en nuestras bocas sus manos acariciando mi espalda, era la primera vez en las que yo sentía calentura por un hombre, no sé qué tenía ese beso pero de verdad confieso que fue la primera vez que me sentí de verdad muy arrecha, con esa delicadeza que lo caracterizaba fue quitando lentamente mi ropa, primero desabrochó mi blusa dejándome en brasier y luego desabotono mis jeans me los bajó y yo lo ayudé a sacármelos quitándome mis sandalias, quedando solo con mi ropa interior que a decir verdad era un poco casual y reservada, deje mis miedos a un lado y le quite la camiseta mientras él se quitó sus jeans quedando con solo en bóxer. Me cargó y me acostó en la cama y empezó a besarme desde los dedos de los pies subiendo suavemente lamiendo cada parte de mis piernas subiendo por mis muslos, ufff yo estaba demasiado caliente y aun ni me había tocado mi cuquita, era algo extraño algo nuevo para mí ese mundo de sensaciones, mi cuerpo se erizaba solo al sentir su lengua recorriendo mi piel.

    Al llegar donde terminan mis muslos bajo mi panty sacándola por completo o y por Dios su lengua en mi coño, ufff me hizo emitir un gemido que hasta yo quedé sorprendida, mi cuerpo se estremeció y empecé a retorcerme, esa lengua era mágica, me chupaba el clítoris de manera impresionante, yo solo gemía de placer, mientras él jugaba con su lengua en mi coño, dio unos pequeños mordiscos en mis labios vaginales y wow no pude evitar venirme, un gran gemido y mis líquidos en su boca, sonrió y siguió chupando y lamiendo con más ganas.

    Para ese entonces ya yo estaba a mil, muy caliente, siguió besando mi vientre, hasta llegar a mis pechos, wow que manera de succionar mis pezones, rodeaba con su lengua ensalivada mis aureolas y mis pezones, solo lo recuerdo y ufff empiezo a calentarme nuevamente como ese día.

    Le baje sus bóxer y wow su verga era impresionante la tome con mis dos manos y la metí a mi boca dándole unas chupadas como nunca antes lo había hecho, sentía que me llegaba a la garganta pero no me importó, quería comerla y eso hice la chupé mucho, la saboree la disfruté y cuando sentí ese líquido saladito en mi boca dejé de chupar lo bese y el entendió que quería sentir su verga dentro de mi, se acostó sobre la cama me subí y lo cabalgué, wow en cada subida que hacia sentía esa verga bien adentro mientras sus manos acariciaban mis tetas, ufff sentí que estaba más arrecha que nunca, gemí una y otra vez, el suavemente me bajó me recostó sobre la cama cerca del borde de la cama , él se puso de pie y colocó mis piernas en sus hombros, me penetró despacio poco a poco hasta que estuvo todo su pene dentro de mi.

    Ufff me embestía suavemente y después fuerte, así alternaba, yo lo disfrutaba, estaba realmente muy caliente hasta que de un gran gemido me vine nuevamente, eso lo calentó mucho a él y en un par de embestidas más también se vino inundando todo mi coño de su leche calientita, se recostó sobre mi pecho y así nos quedamos por un rato más. Luego nos limpiamos, nos vestimos y nos despedimos con un tierno beso.

    Desde ese momento ese hombre se convirtió en el amante perfecto esa mezcla de dulzura y pasión. Desde ese día nos hemos dado muchas cogidas ufff que les contaré en otra ocasión.

    Deseo21.

  • Reencuentro entre sábanas

    Reencuentro entre sábanas

    Juan se despertó con ganas de orinar. El sol se colaba por las rendijas de la persiana y los cálidos rayos acariciaban sus brazos desnudos llenos de vello. Levantando la cabeza, descubrió que la sábana que cubría su cuerpo se levantaba a la altura de su entrepierna. Deslizó la mano derecha bajo la tela de sus calzoncillos y se acarició el abultado pene fruto de un sueño erótico que, como a menudo le sucedía, era incapaz de recordar.

    Estaba a gusto en la cama, pero estaba perdiendo su lucha con la vejiga llena. Normalmente le gustaba jugar con esa sensación de «hacérselo encima» y aguantar. Allí no corría peligro, sabía que en cualquier momento podía entrar en el cuarto de baño y aliviarse. Lo que más le fastidiaba era cuando estaba a punto de alcanzar un orgasmo, con el miembro y las pelotas hinchadas, y de repente le entraban ganas de mear y tenía que quedarse a medias.

    Diez minutos después, a regañadientes, se levantó. Camino del baño, en camiseta de hombreras, el pene colgaba ladeado hacia la izquierda escapando bajo la pernera del slip.

    La nalga derecha le picaba.

    Se rascó justo antes de entrar al servicio.

    Cerró la puerta, se bajó los calzoncillos y se la sujetó, acariciando el capullo con la yema del dedo índice. Justo antes de dejar escapar el pis recordó que en la habitación de al lado dormía su amiga. Había llegado la noche anterior después de horas de vuelo y se había ido a la cama pronto.

    Tiró de la cadena.

    El torrente de agua ahogó el sonido de la ventosidad que precedió al furioso ruido del pis chocando contra la taza. La meada densa y abundante olía ligeramente a amoniaco.

    Se lavó las manos con jabón olor a rosas y se echó un poco de colonia a granel de lavanda en el pecho.

    Volvió a tirar de la cadena.

    ********************

    Mientras tanto, en la habitación de invitados, Susana, vestida con un camisón semitransparente de color celeste, se despertó estirándose y trató de abrir los ojos restregando la mano por ellos y eliminando parte de las legañas.

    Sonrió.

    El viaje había sido largo pero allí estaba finalmente, en un lugar diferente, distinto y lleno de posibilidades.

    Juan se había despertado. La verdad es que se moría de ganas por ir a darle los «buenos días». Ayer estaba cansada, al 50%… su cuerpo, aun así, pedía marcha, pero su cabeza decía otra cosa. Lo quería todo, pero para eso tenía que estar llena de energía.

    Y ahora lo estaba.

    Se levantó y fue al baño en cuanto oyó volver a Juan.

    Se lavó la cara y orinó.

    Al salir no volvió a su cuarto.

    ****************

    La puerta del dormitorio de Juan estaba entornada y Susana llamó.

    Juan, que estaba tumbado boca arriba enfrascado en sus pensamientos, se sobresaltó.

    – Adelante. – dijo.

    Susana empujo la puerta y se quedó en la entrada.

    Juan la miró de arriba a abajo lleno de deseo.

    – Puedo acostarme en tu cama. – dijo con candidez.

    Juan, reaccionando unos segundos después, afirmó tragando saliva y haciéndose a un lado para dejar hueco a la recién llegada.

    Los muelles de la cama protestaron mientras Susana se deslizaba bajo la sábana para quedar acostada de lado, mirando a su amigo.

    – Ha pasado tiempo.

    – Un poco.

    Juan acarició el rostro de Susana.

    – Acércate.

    La aludida obedeció acercándose. Los labios se encontraron.

    Susana cerró los ojos disfrutando del sabor de la boca de Juan y con algo parecido al ansia introdujo su lengua explorando cada rincón.

    Luego le llegó el turno a las tetas. Con la ayuda de su anfitrión se quitó el camisón y el sujetador y dejó que la manoseasen mientras de su boca se escapaban gemidos y por su piel corría el placer.

    Excitado, Juan abrazó a su compañera y deslizó la mano bajo sus bragas atrapando sus tiernas nalgas. Los dedos acabaron hurgando más abajo, perdiéndose en la raja, localizando el ano para acabar descubriendo la entrada a la vagina. Allí se detuvieron, pringándose con el lubricante natural y explorando el interior, haciendo que el cuerpo de Susana se estremeciese temblando.

    El hombre, finalmente, sacó la mano y ayudándose con la otra se quitó la camiseta y se desprendió de los calzoncillos. La mujer, atenta a los movimientos de su amante, agarró el cálido miembro y agachándose sacó la lengua y empezó a lamerlo. Juan, le acarició el cabello durante unos instantes para luego, inclinándose hacia delante, quitarle las bragas y comenzar a besarle el culo. Susana cambió de posición dando la espalda a Juan que quedo tumbado boca arriba, con el trasero de la mujer al alcance de su rostro mientras ella comenzaba a chuparle el pene.

    La siguiente postura fue la del perrito. Juan enfundó su herramienta en un preservativo y enculó a Susana. Primero atacando y envistiendo el coño por detrás y luego, en consenso con la receptora, intentando introducir el pene por el agujero del culete, despacio. La sensación de control, unida a la respuesta positiva de su amiga que disfrutaba y pedía más, no hicieron más que aumentar el deseo de ambos.

    Juan, maestro en el arte de aguantar, resistió los espasmos con el miembro palpitando a punto de explotar contrayendo las nalgas. Esperando a que su compañera llegase ahí.

    Susana comenzó a temblar, la espalda arqueándose, el cuerpo descontrolado. Juan dejó escapar un grito y se dejó ir, el semen disparado cayendo sobre las nalgas y la espalda de Susana. Luego se dejó caer sobre ella para notar el tacto de cada centímetro de su piel y sentir la electricidad. Quería fundirse en ella, transformarse en lengua que baila con otra lengua un tango lleno de saliva y sensualidad.

    Minutos después, rendidos por el ejercicio, ambos amigos descansan sobre la cama. De vez en cuando una caricia, de vez en cuando una sonrisa.

    Para ser el primer día no ha estado mal.

    El plan para mañana es bañarse juntos.

  • Oral en cabinas

    Oral en cabinas

    Este es mi primer relato, tengo 45 años, soy moreno de 1.70, peso 72 kg, cabello liso, muy normal por así decirlo. Desde hace muchos años he tenido gusto por usar ropa interior femenina, y un día que me puse unas tangas moradas con encaje me dio por ir a unas cabinas de internet, y aunque no era la primera vez que iba, si era la primera vez que iba con intención de interactuar con alguien. La mayoría de las personas que van son hombres, y alguna pareja o chica sola, pero las que habían ese día cobraban por sexo.

    De resto iba vestido como hombre, un jean, unos tenis y eso una polo.

    Me puse a ver vídeos de chicas orinando (otro de mis fetiches) y de pronto por el chat interno empezaron a escribir.

    Que buscas, cuál es tu rol, a que vienes, etc. Respondí algunos mensajes pero en los pocos me tocaba cambiar de cabina, y eso haría que me vieran el rostro, Cosa que no quería.

    Después de que no rato un chico me escribió de la cabina del lado, me preguntó ¿La mamas?

    Quedé pensando y los nervios me invadieron, no lo había hecho, pero me dio el suficiente morbo para responder Si.

    Me escribió abre la ventanita, a tu derecha, lo hice, un agujero por donde cabe una mano aproximadamente. Al hacerlo de una introdujo su verga por el hueco, por cierto bastante grande (al menos más que la mía, jajaja) y gruesa.

    Empecé por darle un beso en la punta y a chuparla igual pasando la lengua. Me animé a más y abrí la boca dejando que lo metiera un poco más. Ya tenía más confianza y empecé a mover la cabeza adelante-atrás con la boca abierta, luego pase la lengua cual se fuera un helado, y chupando también las bolas, mientras descansaba lo masturbaba dejando la punta de mi lengua en la punta de su verga.

    Estaba excitado, ya logré abrir bien la boca, todo lo que dio y meterme su verga casi completa, hasta arcadas me dieron, pero no quería parar. Chupé y lamí su verga por un buen rato hasta que se vino, parte en mi boca parte en mi cara, ropa etc.

    Me escribió que si quería irme con él que lo mamaba muy rico, pero no quería más de lo que había hecho. Pero me gustó que para ser la primera vez me dijera que lo hacía bien.

    Espero sus comentarios.

  • El último polvo del año

    El último polvo del año

    Dado que estamos en una día señalado, quería rememorar este mismo día de hace ya bastantes años. Mi marido y yo decidimos esa vez celebrar la Nochevieja de forma un poco más íntima a como veníamos haciéndolo habitualmente, así que contratamos la fiesta en un hotel en la ciudad de Gandía. El paquete incluía la noche, la celebración de las uvas con baile, el resopón y por supuesto, el desayuno del día siguiente.

    Fuimos puntuales, como no podía ser de otro modo. Buscamos nuestra mesa y vimos que no estaban asignadas por parejas, o por grupos, sino que nos distribuían en mesas redondas de diez comensales hasta completarlas, y no es que el hecho de estar con más gente me incomodara, sino que me había formado otra idea de lo que iba a ser la velada. Una vez allí nos presentamos y de inmediato se generó un buen rollito en el grupo que contribuyó a modificar de forma positiva mis expectativas.

    Mi marido acaparó la atención, —como suele ser habitual en las reuniones— por su carácter extrovertido y porque es una persona influyente, y por tanto, suele causar cierta admiración, cosa que a mí no me importa, todo lo contrario. Él salva vidas y yo bien orgullosa que estoy de que sea así. Por mi parte, no es que no me interesaran sus historias, sino que yo tenía las mías propias, o lo que es lo mismo, mi tema de conversación se centraba en la pareja que tenía a mi derecha, y fue con ellos con los que más empaticé. Hablamos de trabajo, pero también de otros temas que teníamos en común, de ahí que se estableciera cierto magnetismo, sobre todo entre él y yo. Un poco más tarde, la mujer encontró otro tema de conversación que le pareció más interesante con la pareja contigua, de tal modo que, por un cauce natural, cada cual halló su diálogo con la persona (o pareja) con la que en ese momento se encontraba más a gusto.

    Más o menos, todos rondábamos la misma edad, excepto mi marido que era un poco mayor.

    Unos minutos antes de las uvas se presentó la orquesta para dar las campanadas y amenizar ese instante, y después de los besos, las felicitaciones y los abrazos, se abrió la veda y la gente se soltó la melena.

    A mí en ese momento no me apetecía bailar porque me encontraba cómoda con la conversación que mantenía con mi contertulio, aun así, y muy a mi pesar, tampoco procedía que nos quedásemos en la mesa de cháchara, y por ende, no hubo más remedio que unirnos al baile con el resto del grupo.

    Minutos después, al ritmo de una música pegadiza y que acompañaba para lo que era la noche, entre empellones por un lado y codazos por por el otro, empecé a pasármelo bien. Bailamos todos con todos, haciendo uso de todo un repertorio de las sandeces que cada cual era capaz de aportar, y por ello, solamente faltaba otorgarle el premio al más tontainas. El “Baila morena”, “Cuéntame, como te ha ido…” y gilipolleces por el estilo invitaban a eso, a hacer payasadas, pero en medio de un bailoteo anacrónico sonó “La Lambada”. Fue casualidad (o no) el hecho de que en ese momento mi compañero de baile fuese con el que había estado hablando durante la cena y con el que había confraternizado más.

    Su coordinación de los pasos dejaba mucho que desear. En lo que sí que parecía un experto era en ejecutar los sensuales movimientos, y con ello restregaba su ingle por mi abdomen sin ningún recato. Yo iba con un vestido de noche ajustado. Él iba con traje, y debajo, una erección manifiesta parecía querer horadarme. En ese momento creo que exterioricé mi perplejidad, y la verdad, no sabía muy bien qué reacción mostrar. Por un lado, encontré aquella actitud pueril un poco fuera de lugar, pero por otro, un hormigueo se paseó por mis bajos sin mi consentimiento, en tanto mi pareja de baile me dedicaba una pícara sonrisa que yo no tenía muy claro si devolverle. Aun así, en vista de que no encontró reticencia por mi parte, continuó con unos roces, quizás demasiado sobreactuados, teniendo en cuenta que nuestras respectivas parejas estaban relativamente cerca. En cualquier caso, en medio de tanto frotamiento alcancé también cierto grado de excitación, de tal manera que conforme avanzaba la coreografía, ambos fuimos conscientes de lo que se estaba fraguando. La complicidad se afianzó y la química anterior pasó a tener un componente únicamente sexual. A esas alturas era más que evidente que los dos estábamos de acuerdo con ese osado juego, tampoco había muchas opciones que ponderar, pillar un calentón y desfogarnos más tarde con nuestras respectivos.

    Mi marido bailaba con otra pareja y se le veía radiante, sin sospechar si quiera que su mujer se había puesto cachonda bailando una bachata con otro hombre, en cambio, la mujer de mi compañero de baile reclamó lo que era suyo por decreto, le dio dos besos y retomó el baile con él, por lo que, un poco excitada y, al mismo tiempo decepcionada, regresé con mi marido e instantes después todos volvimos a reagruparnos.

    Por aquel entonces se podía fumar en todas partes sin restricciones. Mi esposo se encendió un habano. Le gustaba fumarlos en ocasiones especiales y ésta era una de ellas. Mi compañero de baile le pidió uno, pues al parecer, compartían gustos similares, sin embargo, mi marido sólo había cogido el que pensaba fumarse, el resto los había dejado en el coche, por consiguiente, me ofrecí a traerle uno, y él a acompañarme. No hubo preguntas ni recelos porque aparentemente no había motivo para ello, de modo que los demás siguieron disfrutando de la orquesta.

    Al llegar al parking, sin decirnos nada, como si los dos estuviésemos pensando lo mismo, nos abalanzamos uno contra el otro para comernos la boca y nuestras lenguas buscaron la campanilla. Inmediatamente atenazó mis nalgas con decisión, me las apretó con saña y me acercó a él para que notara su creciente erección. La restregó sobre mi sexo a través del vestido como si quisiera perforarlo, al mismo tiempo que sus manos subían hasta mis pechos para apretarlos con la figurada intención de desinflarlos. Mis tetas eran atendidas sin dejar que mis nalgas se privaran de sus atenciones. Me levantó el vestido para deleitarse de un contacto más directo. La excitación se amplificó y busqué el bulto que sobresalía de forma anormal, lo palpé primero y lo apreté con firmeza después, seguidamente le desabroché el pantalón y me apropié de una hermosa verga que se ponía a mi disposición, tan dura como una estalactita y con un aspecto similar al asta de un toro, ideal para pasar toda la noche fornicando, pero eso era imposible. El momento sólo daba para un polvo rápido apoyada en el capó del coche. No había más opciones.

    Mientras yo meneaba el garrote con fruición, sus dedos chapoteaban del mismo modo dentro de mi coño buscando el punto G, de ahí que el gusto que me estaba dando causó la perdida completa del control. Me levanté el estrecho vestido, hice el tanga a un lado y me apoyé sobre el capó dándole vía libre. No lo dudó, se cogió la entrepierna, la condujo hasta la entrada, tanteó unos segundos en la raja y con un golpe de riñón me la clavó de un estacazo. El gusto que me dio el cabrón es difícil de describir, no sólo cuando me penetró, sino cuando empezó a follarme con furia, y ante los vigorosos embates me fue difícil contenerme y me corrí abiertamente como una primeriza. Mientras jadeaba de placer, le grité que no eyaculase dentro, así, al concluir mi orgasmo, se salió solicitando mi atención. Apenas había recuperado las pulsaciones, apresé su verga para masturbarlo a fin de que obtuviese su premio, pero, tras unos minutos aplicando mis habilidades pajilleras pensé que se estaba demorando más de lo previsto. Le advertí que ya estábamos tardando demasiado y me exhortó a hacerlo con la boca, de ese modo le vendría antes, —según me indicó—, con lo cual accedí, me puse en cuclillas y engullí el rabo poniendo todo mi empeño y empleando mis dotes de mamona con la intención de que no se retardara el final. Me hubiese gustado recrearme en la mamada, darle placer, repasar cada centímetro con mi lengua, pero el tiempo apremiaba y por eso incrementé el ritmo con mayor diligencia hasta que se le doblaron las piernas y sus gemidos se aceleraron advirtiéndome de la primera ráfaga que se aventuró en mi garganta, acompañada de una arcada, pero mi propósito era retenerla en la boca para que no me manchara el vestido, de ese modo, conforme él iba soltando lastre, yo lo liberaba entre las comisuras de mis labios hasta que su polla dejó de vomitar leche. A continuación, su cuerpo quedó laxo apoyándose en el capó.

    Escupí su corrida en el suelo, me limpié la boca y no pude dejar de paladear el amargo sabor. No me desagrada la degustación en ese momento, pero es un regustillo que se me queda durante bastante tiempo e incluso llega a incomodarme.

    Por añadidura, me hubiese gustado seguir follando. Tenía energías y ganas para hacerlo, sin embargo, ya habíamos rebasado la barrera permisible en la que podían empezar a sospechar de nuestra tardanza. Hubiese querido disponer de un poco más de tiempo y echar otro polvo recreándome un poco más, pero eso ya hubiese rozado la insensatez.

    Cerré el coche, y cuando nos marchábamos reparé en que no habíamos cogido el puro. Sólo habría faltado que regresáramos sin él. Cogí el habano y se lo di. Me alisé un poco el vestido e intenté mantener la compostura, recompuse el tocado de mi pelo y acto seguido nos dirigimos con premura hacia la sala.

    Al volver, nadie pareció notar nuestra ausencia y pensé que podríamos haber echado ese segundo polvo. Ahora ya era tarde. Cogí de la mesa mi copa de cava y me la bebí de un trago para intentar paliar el amargo saborcillo, y sobre todo, para enmascarar mi aliento.

    Regresé con mi marido, como si al hacerlo me desvinculara del delito. Él me miró y su cara se iluminó con la mejor de sus sonrisas. Sin duda se lo estaba pasando bien. Me cogió de la cintura y me apretó contra él para besarme, como adelanto de cómo pretendía culminar la noche, en cambio, yo retrocedí en un ademán instintivo para que no oliese mi aliento y eso fue para él un gesto de repudio. Se quedó mirándome desconcertado, sin entender mi reacción y supe demasiado tarde que la había cagado.

  • Me ganó la curiosidad y me encantó

    Me ganó la curiosidad y me encantó

    Buen día a todos.

    Creo que cada uno de nosotros tiene un lado oscuro e íntimo en su ser

    Soy un chico de 23 años, alto, con muy buen físico y tono de piel blanco.

    Una tarde mis fetiches y mis deseos me ganaron la voluntad, había recibido un paquete de lencería que encargué por una red social y afortunadamente ese mismo día me quedé solo en casa. Tomé una larga y rica ducha, al anochecer mis deseos tomaron control de mi.

    Abrí en paquete de lencería y empecé a probarme lo, mientras mi pene se ponía erecto, tiendo a ir al gimnasio por lo cual tengo unas piernas muy definidas y un rico culo, que con la lencería quedaba más que perfecto.

    La lencería era un enterizo, la parte de abajo era de medias caladas con una especie de liguero que se unía a la parte superior del traje, dejaba descubierto la parte de enfrente y de atrás, lo cual me excitó muchísimo, ya que podía ver mi grande, redondo y rico culo muy coqueto y caliente y por otro lado mi verga muy dura y goteando, me sentía demasiado excitado que comencé a moverme y bailar como una prostituta, lentamente y muy caliente como si fueran a pagarme de verdad por ello.

    Mi mente estaba nublada y cegada por lo bien que me veía, y decidí llevarlo al máximo así que me aplique un rico perfume que me éxito, el aroma de era dulce y suave como de alta sociedad, me aplique un poco de maquillaje y cada segundo que pasaba me sentía como una prostituta, mi verga estaba más que dura, incluso sentía un poco de dolor por lo dura que estaba, cuando volví a verme en el espejo, no podía creer lo sexy que me veía y sentía.

    Comencé a darme nalgadas en mi culo, quería que quedara marcado y rojo, cada azote que me daba gemía y gemía mas rico y mi verga no soportaba más lo rico que sentía, pero sabía que si me corría ahí acabaría toda esa sensación… Lo que más deseaba en esos momentos era tener a alguien a quien moverle mi rico y caliente culo, que me viera y me deseara… terminé bailando más como una puta, colocando billetes en los ligeros, tocándome a mi mismo, culo, mi verga, mis piernas podría decir que me estaba sofocado en mi lujuria.

    Me senté frente al espejo, con las piernas abiertas y empecé a masturbar mi culo con los dedos, estaba tan caliente que mi verga palpitaba y sacaba pre semen… empecé a escupir mi verga hasta llenarla completamente de saliva, fue ahí cuando empecé a masturbar mi verga, sentía una chispa electrónica en todo mi ser, seguí y seguí sin dejar de por lado mi culo, me veía al espejo y excitaba tanto… me corrí como nunca, todo el semen cayó sobre el espejo, estaba tan caliente que empecé a lamerlo como una perrita, mientras acariciaba mi culo…

  • La primera vez de Almita a sus 18 años

    La primera vez de Almita a sus 18 años

    ¿Cómo conocí a Almita? Cabe aclarar que, como de costumbre, el nombre no es real.

    Cuando estudiaba en la universidad me envió solicitud de amistad una chica por Facebook, muy bonita y de hermoso cuerpo, fue lo que logré ver en sus fotos compartidas. Pensé, en un principio, que era alguna compañera de alguna de mis clases pues su rostro me parecía familiar. Al principio no le mandé mensaje porque no me quería ver como el clásico hombre desesperado por un hoyo donde meter el pene así dejé pasar unos días. Al siguiente día recibo un mensaje.

    -Hola. Me saluda

    -Hola, ¿cómo estás? Le pregunté

    -Saludando y ¿tú?

    -Yo un poco estresado por la semana de exámenes.

    -Te va a ir bien.

    -¿Qué clase llevamos juntos? No te ubico, lo siento.

    -Ah, no. No me vas a ubicar por la universidad, yo voy en el CBTIS.

    -¿Qué edad tienes? (esperando que fuera mayor de edad)

    -18 pero parezco de 21.

    En este momento me dije que tenía una gran oportunidad puesto que era una buena señal que fuera ella quién me mandó la solicitud y también ella la que inició nuestra conversación. En dos semanas platicábamos tanto que jugábamos a ser novios. Pretendíamos ser celosos si salíamos el fin de semana, nos regañábamos y debo admitir que eso fue divertido y excitante. Si a mi exnovia, en su momento, le hacía bromas de «vas ver al otro, ¿verdad?» se enojaba bastante. Que no confiara en ella la hacía sentir mal y Almita, en cambio, me decía cosas como «no, mi amor. Yo solo soy para ti».

    Recuerdo un día me preguntó qué hacía yo y yo le pregunté lo mismo, a lo que ella respondió que estaba en pijamas y a punto de dormirse. Le pregunté si podía ver sus pijamas y me dijo que sí. Se tomó una foto frente a su enorme espejo de su cuarto. Les describo la foto (la conservo en mi celular como todo lo demás) ella se encuentra frente a su cama, tiene puesta una camiseta mediana, la cual le llega un poco bajo la cintura, muestra apenas su ropa interior. Su cuerpo está sostenido sobre su pierna izquierda y su pierna derecha está ligeramente sobre la izquierda flexionando ligeramente su rodilla, sostiene su celular con ambas manos entrelazando sus dedos excepto los dedos índices y pulgares. Sus piernas se aprecian muy finas, apuesto recién afeitadas en esta foto, sus pies se miran perfectos, las veinte uñas pintadas color blanco. Le pregunté que si qué traía puesto debajo de la camiseta y me dijo que nada para dormir a gusto, le comenté que no le creía (obviamente esperaba que me mostrara), procedió a mostrarme y a los minutos me pasó la siguiente foto. La describo, ella está mostrando su espalda totalmente desnuda, así sin la camiseta, hincada y sentada sobre sus tobillos, se le miran las plantas de los pies todos hermosos, dejó su ropa interior inferior color blanco puesta, su mano izquierda está sosteniendo su cuerpo y su mano derecha el celular donde tomó la foto. Aquí fue donde le dije que quería verla, salir a un bar (obviamente quería más). Quedamos en vernos un sábado e insinué tenerla en la cama y ella sí aceptó, el plan era llegar a un motel.

    Eran las 6 de la tarde y quedé en llegar a su casa a presentarme con sus papás y hermanos. Les dijo a sus padres que iríamos a caminar a una de las plazas de la ciudad. Salimos y la lleve directo a un motel. Llegamos, pagué la entrada, me dirigí al estacionamiento del cuarto, bajé del auto, cerré el portón, le abrí la puerta, tomé su mano y la llevé al interior de cuarto, cerré la puerta, pedí un lubricante de bote pequeño, condones yo ya había comprado.

    -Parece un hotel. Me comentó Almita observando todo.

    -¿No conocías uno?

    -En videos sí pero en persona no.

    -Almita, ¿eres virgen?

    -No sé, jajaja. Yo creo que sí.

    -¿Cómo es eso?

    -Ya lo había intentado hace meses en la fiesta de una amiga pero me dolió mucho cuando estábamos intentando y no quise seguir.

    -Está bien, no pasa nada.

    La empecé a besar y la verdad sí le quité todo muy rápido dejándola totalmente desnuda. Ella mide alrededor de 1.65 metros y pesa unos 50 kilos, delgada con unos pechos medianos pero bien formados, su abdomen súper sexy, sus caderas justo a la medida, siempre le he dicho que se parece mucho a Emma Dumont. La acosté boca arriba en la cama, me encantaba tenerla desnuda frente, sus piernas me las quería acabar a besos. Recuerdo que le tomé sus pies súper lindos, y los moví de tal manera que la obligué a dejarla boca abajo, me subí poco a poco sosteniéndome de rodillas y me incliné para besar su cuello e ir bajando, recorrí su espalda y me quedé un rato dándole besitos en su espalda baja, eso la puso más caliente. Debo admitir que me moría por seguir bajado en ese momento pero no quise sorpresas que arruinara el momento y la llevé a la ducha. Los dos bajo el agua caliente (ello se puso un gorrito de esos para no mojar el cabello), le besé todo el cuerpo, sus preciosos pechos, le mordía sus pezones, a ella le encanta eso, bajé de nuevo por su espalda y le comí el culo mientras le metía los dedos por su vagina, no me detuvo en ningún momento. Posteriormente la volteé de frente, le levanté una pierna y puse mi boca sobre su vagina, sus jugos y el agua se mezclaban y me calentaba escucharla gemir, después yo me puse de pie y le dije que se hincara y que jugara con su lengua en mis testículos y pene. Empezó a darme sexo oral y se sentía muy rico pero admito que también me estaba lastimando y le dije que fuéramos a la cama.

    Salimos de la ducha, nos secamos, la acosté boca arriba y me dijo que le hiciera el amor, yo solo pensaba en sexo pero le dije que se lo haría rico. Seguí besando todo su cuerpo, me calentó mucho que me puse sus pies en mi boca y no me dijo nada, le chupé los deditos de sus piecitos, mi verga súper dura escurría solita. Me dijo que si podía seguir dándome mamada de verga (no lo dijo así sino más linda… «¿puedo seguir allí abajo?») Y yo le dije que sí y me preguntó cómo me gusta a mí. Yo le dije cómo hacerlo mejor para mí y allí estaba ella, prácticamente virgen, dándome una de las mejores mamadas de mi vida (otras chicas lo han hecho pero a veces no les digo que no me gusta tanto para que no se sientan mal). Esta chica me doblaba todo con su mamada de verga, quería venirme de lo rico que sentía y porque ella me dijo que sí podía hacerlo, que no le daba asco, pero me dije a mi mismo cómo no voy a meterle la verga a esta chica de 18 años, recién cumplidos por un par de meses, prácticamente virgen. Así que la detuve y le dije que la iba a meter no sin antes seguir probando sus jugos vaginales.

    Ella recostada boca arriba, yo hincado y un poco inclinado hacia su pelvis. Con ambos brazos sostenía sus muslos para conseguir mantener sus piernas arriba exponiendo su vagina y su ano, dejándola lista para darle un sexo oral con mucho deseo. Le pasaba mi lengua por su vagina de abajo a arriba y de arriba a abajo sintiendo ese sabor excitante de sus jugos, ese sabor tan rico del que soy adicto, todo esto mientras le tomaba sus muslos con más fuerza, la oía gemir de placer y lo hacía con más fuerza cuando introducía mis dedos dentro de su apretada vagina. Después sin preguntarle coloqué la yema de mi pulgar derecho en su ano, sin introducir pero sí haciendo un «movimiento de bombeo» (sé que les encanta a las mujeres en el sexo) y como no me quitó, puse mi lengua en su ano y allí estaba yo, lamiendo desde su ano a su vagina y viceversa, mi mano izquierda tomaba sus tobillos y mi mano derecha masturbando mi pene. Posteriormente, yo hincado en medio de sus piernas abiertas, le dije que se pusiera lubricante mientras yo me ponía el condón (porque les voy a ser sincero, en aquellos tiempos tenía un miedo terrible de meterla sin condón), con el exceso de lubricante en sus manos las puse sobre mi verga y le dije que ayudara. Elegí posición de misionero por ser «su primera vez», ella acostada y yo inclinado de frente a ella con mi mano izquierda sostenía mi cuerpo para no caer y mi mano derecha dirigía mi verga hasta su estrecha, preciosa, depilada y jugosa vagina. Tocaba sus labios vaginales con la cabeza de mi verga, la dirigía hacia arriba y hacia siempre haciendo contacto con sus labios, después me acomodé e intenté penetrarla. No entraba y me estaba desesperando porque quería sentir lo apretada que estaba sobre mi verga pero no podía entrar así rápido sin lastimarla, fui paciente y poco a poco entraba cada vez más mientras yo la besaba y tocaba sus pechos. Llegó el momento en que entré y yo sentí de lo más rico, le vi el rostro a Almita y vi sus gestos de dolor.

    -¿Te duele mucho?

    -Me duele pero también me gusta

    -Si quieres puedo parar. Esperaba que me dijera que no pero si me decía que parara lo hacía.

    -No, cada vez me duele menos.

    Seguimos con el vaivén acompañado de su mezcla de gemidos de placer con dolor. La postura de su cuerpo era un poco incómoda porque se encontraba rígida, adoptó en ese momento una postura que le ayudó a soportar el dolor de su primera verdadera metida de verga. Pasando unos minutos noté como su cuerpo se relajó y disfrutó sin dolor alguno, pues desaparecieron sus gemidos de dolor. Fue en este momento donde me dije que me la tiraría de muchas maneras, bastaba con recordar los miles de videos para proponerle posturas.

    Mientras le daba verga de misionero, unas tres metidas por segundo constantes, le puse el dedo pulgar en su boca y con sus dos manos me tomó mi mano e introdujo mi pulgar a su boca donde empezó a succionarlo con fuerza, seguimos así por unos 15 minutos, obviamente bajando el ritmo de vez en cuando porque yo estaba que explotaba. Le dije que la quería boca abajo, le saqué la verga y la hice girar, tremendo cuerpo de mujer que tenía frente mío, acerqué mi cuerpo al de ella para darle besos empezando por su culo y terminando en su cuello, acomodé mi verga entre su culo, mojándola con la mezcla de sus propios jugos y el lubricante, le pedí que parara el culo un poco, doblando un poco sus piernas, dejando su cara y sus pechos en la cama, para meterle la verga. Una vez dentro puse su pelvis contra la cama y empecé con ese vaivén de 3 metidas por segundo, sin sacarla cambiaba de posición poniendo mis pies a los costados de su cadera y como sentándome en su culo pero con la verga dentro de ella dándole de lo más rico, acompañado de sus gemidos.

    El tiempo nos ganaba y decidimos terminar, le pregunté dónde los quería y me dijo que adentro y de frente, la noté muy enamorada y yo no quería eso, pero como la quería seguir teniendo en la cama fingí quererla. De misionero le di.

    -¿Te gusta así?

    -¡Me encanta, me gusta mucho, ah!

    -Me vengo.

    -Sí, vente.

    Una vez terminando, nos cambiamos y dejamos el motel para llevarla a su casa no sin antes cenar algo. En el carro ella me tomaba mi mano derecha, fingí querer algo serio unos meses, por obvias razones.

  • Pagando los favores

    Pagando los favores

    Bueno como ya les habia contado me demore casi un mes en declararle mi amor a mi esposa, pero ella en ese mes de enamoramiento estuvo gozando de la vida sexual, llevabamos poco más de una semana siendo novios y le dije a mi amada que estaba más que seguro que no solo había hecho el amor con su amigo foraneo, a lo que ella respondio tapando su rostro y soltando una carcajada de culpa, me da pena dijo, yo le respondí: ¿por que? igual aun no teniamos nada serio, y así ella hizo esta confesión:

    «Tu me visitaste el domingo hasta tarde y quedamos en que regresabas el miercoles para mi cumpleaños, pues bien decidí salir el lunes en la mañana para buscar una ropa muy bonita para ese día, algo con lo que me vieras muy bonita en esa ocasión, visite algunos almacenes del centro buscando lo mejor, saliendo de uno de los almacenes me encontre con uno de mis primeros amantes de mi vida sexual, el era amigo de mis primos, mayor que yo unos 7 años, me saludo muy efusivamente creo que no lo veia desde hacia unos 6 años, el se habia ido de la ciudad por razones de trabajo, hablamos me conto que hace poco había vuelto, que sus padres estaban separados y el regreso con su madre, me pregunto que hacia le conte que buscando ropa para enamorar pero no encontraba algo de mi gusto, el me dijo que una sus primas tenia un local pero quedaba lejos de donde estabamos, el se ofrecio a llevarme y yo acepte.

    En el camino nos desatrazamos de cosas, llegamos al sitio y de verdad tenian cosas muy bonitas, habia mucha gente y solo atendian la dueña y una trabajadora, por lo que el que me tuvo que atender fue mi amigo, desde que nos saludamos note que el no dejaba de mirar mis tetas y mi culo y eso me gusto, le pedi dos combinaciones de ropa a su prima, entre al vestier con la primera pinta, salí para verme frente al espejo y el estaba parado esperandome, me gusto como me quedaba la ropa y el me dijo que me veia muy bella, su prima habia ido a buscar una blusa de mi talla y me dijo que la enviaria con el, entre de nuevo al vestier para medirme la otra combinación y cuando estaba solo en tanga y brasier mi amigo abrio la cortina y me vio, me dijo aqui esta la blusa, yo solo sonrei y el cerro, salí vestida y le dije que me habia gustado mas la pinta anterior, a lo que el respondio: sin duda, esa tanga y el brasier se ven mucho mejor, ambor reimos y yo entre al vestier, sali pague y le agradecí su compañia, a lo que el respondió: como solo asi, es temprano podemos ir a tomar algo, tenemos tiempo sin vernos, muchas cosas que hablar, le dije que estaba bien y fuimos a un lugar cerca, comimos algo, charlamos de la vida y el me dijo que tomaramos unas cervezas, acepte pero aclarandole que no me podia demorar, ya teniamos varias cervezas encima y el me dijo que estaba muy linda, que me recordaba como la niña que conocio en todo el sentido de la palabra, que yo habia sido inolvidable y cosas así, la verdad me sentí muy alagada, el fue mi amante en el tiempo que tuvimos relaciones yo tenia novio y nos era dificil vernos, el se acerco y me beso y yo respondi, me dijo: bueno vamonos a un lugar más privado señorita ya no aguanto más, se paro pago y yo lo seguí, al llegar al carro nos besamos apasionadamente y el me toco los senos y la cola, cerca habia un motel y entramos, al entrar me dijo que queria verme como en el vestier, mientras yo me desvestia el pidio una media de ron y condones, ya estaba yo como el queria y me dio vuelta caminado, me dijo que mis tetas eran inolvidables, y me beso apasionadamente, llego el pedido y destapo la bebida, me dio un trago y seguia dándome vueltas, diciendome que siempre recordaba mucho lo bien que la habia pasado conmigo, me dio varios tragos seguidos, yo estaba intimidada, me beso y me quito el brasier y empezo a besar mis senos de una manera espectacular, no demoro en empezar a tocarme el clitoris, ya los tragos me habian efecto y lo empecé a desnudar buscando su pene, el me sento al borde de la cama y me lo puso en la boca, yo se lo chupe rapido y profundo y el respiraba fuerte, me dijo que parara y se puso el condon, me hizo colocar en 4 y me penetro, lo hizo brusco pero rico, me tuvo asi como 10 minutos, yo me vine como a los 5 minutos pero el no paro, dijo que queria ver mi cara cuando me lo metia y me hizo parar contra una pared, el era mas alto que yo por lo que parados me tenia que empinar cuando me penetraba, el lo hacia muy fuerte buscando que me doliera y me decia que si recordaba que asi me lo hacia antes, yo estaba muy ardiente y le ayudaba a que entrara duro y profundo y volvi a tener un orgasmo, el lo noto y me penetro rapido y seguido y tambien termino.

    Lo saco se quito el condon y se acosto en la cama, yo me acoste sobre el y empezamos a recordar y a beber, recordamos que haciamos el amor en el baño de la casa de mis primos con complicidad de mi prima, tambien que había visitado su casa para hacerlo de mejor manera, ya habiamos tomado bastante y el recordo que no habia podido hacermelo por atras, que lo habiamos intentado pero por la situación no se concluyo, por lo que dijo que esa era la oportunidad ideal, me volteo en la cama, se coloco otro condon y me empezo a penetrar por delante, cuando estuve bien lubricada empezo a usar mi liquido para humedecer mi ano, y no demoro en subirse y buscar mi ano con su pene, yo lo puse y el empujo, entro facil, tal vez por lo relajada que estaba por los tragos, lo metio todo, lo dejo unos minutos sin moverlo, tomo me mano y la coloco en mi clitoris y me pidio que lo acariciara y empezo a meter y sacar rapido, me hizo doler pero rico, me decia al oido que tenia un culo rico, que se notaba que habian pasado varios por ahi, yo solo rei, me dijo que conocia a tres amigos que me habian tenido asi como el y me dijo los nombres, eso me excito mucho, y empece a gemir duro, el me volteo y me dijo nuevamente que queria ver mi cara cuando me lo metia, me coloco una almohada bajo la espalda, subio y abrio mis piernas y me penetro, me dijo que siguiera tocandome el clitoris a los 5 minutos me vine, el no paraba en el mete y saca, me dijo que me iba a confesar algo, yo lo mire y me dijo que en esa pose habia tenido a mi mejor amiga y a mi prima, yo solo lo mire y el me pico el ojo, me penetro mas duro y volvi a gemir, el ya se iba a venir y me pidio que me subiera, me subi y me lo metia duro, en esa posición se tiene mas profundidad, y el no dejaba de besar mis senos, me dijo que no parara que se iba a venir, me emocione y nos vinimos juntos.

    Ya era tarde debia volver a la casa, nos duchamos y salimos, de camino a mi casa recordamos que en algunas ocasiones salimos a trotar, por lo que el me propuso salir al otro dia a las 8 am, por su casa habia un sendero ecologico ideal para ese plan, yo quede de llegar a su casa a esa hora para realizar esa actividad, claro esta que yo sabia que no hariamos eso.

    Al día siguiente llame a su celular cuando estaba cerca de su casa, no me respondio, volvi a marcar y me respondio con voz de dormido, me dijo que habia seguido tomando con unos amigos, pero que ya me abria la puerta, al llegar salio pago mi taxi y entramos a su casa, me hizo señal de silencio con el dedo, me dijo que su madre aun no salia para el trabajo, entramos a su habitación y me observo de pies a cabeza, yo habia ido en ropa deportiva, una licra corta y una blusa pegada al cuerpo, me beso y me empezo a tocar, tenia tufo y se le notaba la erección por encima de la pantaloneta, me empezo a apretar y a sobar su pene contra mi vagina, me bajo la licra hasta la mitad de los muslos y empezo a besarme la vagina, yo solo le tomaba la cabeza, se paro me hizo voltear y me penetro, me lo metio mucho mas duro que el dia anterior por lo que mis gemidos eran mas duros, me coloco la mano en la boca y siguio hasta que ambos nos vinimos, como no teniamos condones entre al baño, estaba sentada en la taza y el entro y me puso a chupar, tal vez por su estado recupero la ereccion mas rapido, yo se lo mame lo mejor que pude, me desvistio y me hizo subir un pie a la taza del baño y me dijo como en los viejos tiempos nos besamos y reimos, me penetro riquísimo y me pregunto que quienes mas de sus amigos me habia comido, le dije que solo ellos, me pregunto que si les habia hecho todo lo que le hacia a el y le asenti con la cabeza, me dijo que si me gustaba coger con varios y le dije que si, que me encantaba hacer el amor, me tenia super excitada esa conversación, paro lo saco y se vino en mis senos.

    Sono la voz de su madre despedirse, yo sali de la ducha y el me invito a su cama, me acoste el se subio encima mio y empezo a besar mis senos, yo le pregunte si habia hecho mucho el amor con mi prima y mi amiga, su respuesta fue que si, que lo habia hecho con las tres por la misma epoca, le dije que de mi prima si lo sospechaba pero de mi amiga no, me conto que de las tres primero lo hizo con ella, que mi prima fue más dificil de convencer pero que finalmente se dejo hacer el amor, me empezo a penetrar de nuevo y me decia que yo era muy perra, que los amigos le contaron que me habian hecho tomar el semen, que nunca habia rechazado las invitaciones, que ellos se ponian de acuerdo para sacarme un dia el uno y otro dia el otro, eso me puso a mil y me vine, el lo saco y me dijo que me tomara el semen, asi lo hice y le dije que queria que me diera por la cola, me dijo entonces hagalo poner duro, yo lo masturbe y lo mame y se volvio a poner duro, me hizo parar y frente al espejo, me abrio las piernas, me aplico crema creo y lo metio, mis gemidos eran fuertes y el me lo metia cada vez mas adentro, me empezo a tocar el clitoris mientras me penetraba y no me demore en venirme, me pidio que me colocara en cuatro y siguio haciendome por atras, no paraba, se demoro mucho en venirse y cuando lo hizo fue con un gran suspiro.

    Me duche y el me pregunto si nos veriamos al otro día le dije que no, porque estaba comprometida contigo, creo que no le gusto mucho y me dijo que lo llamara si necesitaba otro «FAVOR», hasta el sol de hoy no he vuelto a saber de el».

    En ese mes ella tuvo tres salidas, la ultima se las cuento luego, espero les haya gustado.

  • Mi deseo

    Mi deseo

    Mi deseo es tomar un baño, rasurarme todo el cuerpo entero, ponerme crema con olor a mujer, la tanga más sexy de la puta más ramera y sucia que haga juego con un brasier igual de insinuante de sexo, unas medias a juego mini falda un top, un piercing falso de ombligo y ambos pendientes de orejas, maquillarme como puta del centro, que cualquier hombre caliente y sucio quiera comerme la boca a besos, llenármela con su oloroso pene, ver mi carita de puta caliente haciendo gestos a cada embestida que me llene la cara y boca de semen, que me tomé por la cintura de a perrito y me meta la verga hasta el fondo, que me bombee duro y rico, que me ponga boca arriba de piernas abiertas que las toque me bese los pies mientras penetra mi ano y yo tocó mis tetas ensalivadas, trepar como una puta vaquera sexy saca leche hasta que me llene la cola de mecos después de haberme hecho venir varias veces sin dejar de cogerme, que me pida la cola varias veces al día, dormir en si pecho abrazados despertar y que me coja como puta otra vez, que me haga suya, que me haga casarme con él, que me opere toda y me haga su mujer, levantarnos por la mañana hacerle el desayuno y esperarlo vestida como ramera para que me dé su leche de hombre por todos mis agujeros.

    Anahí Ramírez, travesti de clóset

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