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  • El juguete del Diablo

    El juguete del Diablo

    Ustedes se estarán preguntando de qué juguete estoy hablando, pues en este pequeño relato lo sabrán.

    Todo comienza cuando mi Dom. Vlad me invita a su casa a nuestra cena de navidad, en sus mensajes fue muy claro, ya que solo me pidió 3 cosas.

    Ve de cola de caballo

    Lleva ropa comoda

    No te maquilles mucho

    Y cómo buena sumisa yo hice caso de todo. Al llegar estaba la mesa puesta con dos copas de vino tinto, comenzamos a platicar y en eso se levanto, se colocó detrás de mí y me quito la liga de mi cabello, me levanto lentamente y comenzó a besarme apasionadamente mientras me despojaba de mi ropa, ya desnuda me llevo a la regadera donde estaba toda iluminada con velas en color rojo. Comenzó lavándome el cabello, después me enjabono todo el cuerpo comenzando con mis pechos que los enjabonaba de una forma muy erotica, ya estando toda limpia se hincó a darme un oral mientras el agua de la regadera caía sobre nosotros después se levantó, apago el agua y me seco con una toalla y me puso un antifaz para que no pudiera ver nada.

    El me dijo dame tu mano y sígueme, confía en mi. Yo bien obediente le hice caso, me sentó en la cama y comenzó a cepillar mi cabello, después me dijo que me acostara boca abajo en la cama, puso música y comenzó a untarme aceite de lavanda para hacerme un masaje, empezó por las piernas y poco a poco subía sus manos a mis nalgas y pasaba sus dedos por mi vagina, yo estaba empapada. Siguió subiendo a mi espalda mientras le daba besitos y me dijo que me pusiera boca arriba, ya ahí comenzó a poner algo sobre mi y me dijo que si quería ver, a lo que conteste que obviamente si, me quito el antifaz y pude ver que tenía velas en forma de flor en mi cuerpo,

    Comenzaban a derretirse encima de mi, en la tele tenía un video de shibari que me dijo que lo viera, y todo el cuarto estaba decorado con más velas, mientras yo veía el video, el comenzó a tomar las velas grandes del buró y comenzó a vaciar la cera sobre mi, ese dolor caliente no saben cómo me gusta, me lleno los pezones de cera, el abdomen, las piernas.

    Quito las velas de encima de mi y me volvió a tapar los ojos. Comencé a sentir como me ponía las muñequeras y las tobilleras y comenzó a amarrarlas a la base de la cama, yo estaba muy nerviosa y excitada a la vez. En eso escucho que prende un juguete, yo no sabía que era pues tenemos varios juguetes para las sesiones, comencé a sentir que introducía uno en mi vagina y después sentí uno en el clitoris, así que pensé que estaba usando dos vibradores diferentes. En eso puso los vibradores al maximo, dejo de sostenerlos y comenzó a manosearme las tetas, yo creo que no pasaron ni 2 minutos cuando termine en el orgasmo de mi vida, me voló la cabeza, jamás en mi vida había sentido algo así, comencé a gritar sin tener poder de mis actos, no podía moverme por estar amarrada y él aprovechaba de mi orgasmo y mis gritos de locura. Cuando termine tuve lo que llaman “le petit mort” así que no me acuerdo de mucho.

    Cuando recobre la conciencia me enseño que me había puesto, y me dijo “feliz navidad pequeña cristal” era un succionador de clitoris con vibrador incluido.

    Yo ya había leído y visto el succionador y le había dicho a mi Dom. Que quería uno porque leía que está cañón y que te vuela la cabeza pero yo creía que estaban mintiendo, ahora se que no son mentiras, de verdad es un orgasmo que no puedo explicar pero sé que fue el mejor de mi vida.

    Gracias amo por llevarme a lugares inexplicables e inimaginables. Lo amo!

  • Soy voyeur y me gusta

    Soy voyeur y me gusta

    A veces el hacer cosas que creemos buenas, pueden traer consecuencias inesperadas. 

    Tengo a mi esposo y somos una pareja relativamente joven, entre 35 y 40; ambos trabajamos y tenemos un nivel económico muy bueno. Tenemos 2 hijos pequeños y debido a nuestros empleos, necesitamos una niñera para cuidarlos.

    Yo me encargo de contratar a la niñera; pero, por alguna razón, estás no duraban mucho. Pensé en las cosas más ridículas: inseguridad, mal comportamiento de los niños, hasta situaciones paranormales.

    Contraté a una joven de 19 que me recomendó una amiga. La joven estaba estudiando para entrar a la universidad y necesitaba un poco de efectivo.

    Al poco tiempo, vi que la muchachita estaba huraña y hablaba poco; decidí instalar cámaras de seguridad para ver que sucedía y por alguna razón, olvidé avisarle a mi esposo.

    Llegue a casa y la joven me dijo que ya era hora de irse y regresaría al día siguiente. Los niños estaban dormidos y mi esposo me avisó que llegaría tarde por trabajo. Decidí revisar las grabaciones de las cámaras para ver si encontraba algo inusual.

    Después de un rato de ver que no sucedía nada; mi esposo llegó a la casa; sólo estaba la niñera que esperaba el transporte de la escuela de los niños. Mi esposo se acercó a ella y ella no parecía muy dispuesta.

    La beso a fuerza y ella resistía. En un momento, el la arrojó al sofá de la sala. Le abrió la blusa y saltaron sus senos apenas cubiertos por un brasserie de media copa. De un tirón lo quitó y 2 pezones rosados quedaron expuestos. Mi marido se prendió de uno de ellos, chupando, exprimiendo; la cara de ella se debatía entre el dolor y el placer.

    Yo estaba viendo con los ojos desorbitados; me sentía enojada, pero mi vagina comenzaba a mojarse de la excitación.

    El se levantó y le comenzó a quitar su pantalón con todo y panty, era de encaje y hacía juego con el brasserie; sólo lo sacó de un lado, dejando expuesta una hermosa y juvenil vagina.

    El distinguir la mirada vidriosa y animal de mi marido mientras contemplaba a la chica, me estaba mojando más. Inconscientemente, me empecé a acariciar mi clítoris por encima de mi ropa.

    Lentamente, él acercó su cara al sexo de la niñera y empezó a chupar; los pezones se levantaron cuando la lengua tocó su clítoris.

    -Por favor, déjeme. Puede llegar alguien. Ya no por favor… -Ella gemía mientras ponía los ojos en blanco disfrutando.

    Él contemplaba su rostro mientras chupaba y se excitaba con su respuesta. Las manos de él tocaban y acariciaban cada rincón de la piel de la joven.

    Ya no pude contenerme; desabroché mi pantalón y toque mi vagina directamente; mi ropa interior estaba empapada por mis jugos; nunca me había sentido tan excitada; mi clítoris estaba duro, a punto de estallar; el solo tocarlo, me producía un placer inmenso.

    La niñera comenzó a temblar sin control; enterraba las uñas en el sofá y la cabeza de mi marido; gimió muy fuerte; arqueó su espalda y terminó con un gran orgasmo. Mi marido chupaba todo el jugo que le salía.

    Mientras ella se recuperaba, abrió el cierre y desabrochó su pantalón, mientras seguía relamiendo el jugo blanco y transparente que salió de ella. La verga saltó de su prisión, se veía muy dura y larga.

    -Ponte un condón, por favor. No me controlo con nada; ponte un condón… -suplicaba la chica.

    -Me vas a sentir a pelo… me gusta coger a pelo. -le contestó sonriendo.

    Se subió sobre ella y empezó a mamar sus pechos; mientras con la mano, tomó la verga y acariciaba su vagina de abajo hacia arriba, cubriendo el glande de los jugos que seguían brotando.

    Mis dedos se movían rápidamente, dándome el placer que necesitaba. Tuve un orgasmo brutal cuando vi a la joven desorbitar los ojos y emitir y largo gemido al sentir el falo invadiéndola por completo. Él se quedó quieto un momento, disfrutando la estrechez de una vagina joven. Comenzó el bombeo despacio, ella lo empujaba de los hombros.

    -Me duele… me arde… no te muevas… sácalo… no lo saques… despacio… -alcanzaba a decir ella mientras él gozaba penetrándola.

    Yo seguía acariciándome, prolongando el placer del orgasmo. Mi ropa, mi mano, el asiento, todo estaba empapado con mis jugos; estaba muy excitada, quería algo más; tomé el jugo que me salía a borbotones y lo chupe de mis dedos con fruición; era delicioso, el sabor a vagina me prendía más.

    Él seguía gozando del cuerpo de la joven: rápido, lento, profundo; su rostro desencajado por el instinto animal, me excitaba más.

    -Lista para recibirla? Donde la quieres? -le preguntó él cuando estaba por eyacular.

    -Acaba afuera, por favor. Afuera. No quiero quedar embarazada… Adentro no… -rogaba la chica sintiendo que la verga se hinchaba aún más dentro de ella.

    -La vas a recibir toda adentro… -le decía mientras empujaba lentamente su falo hasta lo más profundo de ella.

    Ella cerró los ojos y podía sentir como él inyectaba su semen; él bufaba y apretaba las nalgas con cada descarga.

    Me volví a venir mientras veía la cara de mi marido eyaculando dentro de ella. Cuando el terminó, sacó su verga aún dura y chorreando semen y jugo de ella, tomó la panty de ella y se limpió. Se vistió y salió.

    Detuve la grabación; aún tenía yo la respiración agitada.

    No le he dicho nada a mi marido; y cada vez junto más videos de cómo se coge a las niñeras de mis hijos y cuando me coge, recuerdo las escenas y me provoco orgasmos más intensos.

  • Es una bestia follando

    Es una bestia follando

    Saliendo del trabajo como casi siempre pasé por un restaurante cerca de casa, entré hice un pedido y fue entonces que vi a tres tipos dos de ellos bailando y otro sentado en la barra, algo llamó mi atención de uno de ellos, me acerqué a la barra hacer mi pedido y el más lindo se presentó cuando lo vi no lo escuché, mis ojos se clavaron en sus carnosos labios, estaba contento decía salir de vacaciones junto con sus compañeros para mi sorpresa son militares…

    No me quedé mucho tiempo en el lugar tenía que volver por mi pedido a recoger, habían pasado cerca de hora y media cuando volví, ellos seguían estando allí en el bar-restaurante bebiendo muy entonados, nos miramos hablamos y la casualidad somos del mismo pueblo, eso empezó a ponerse interesante muy curiosamente me pidió el Instagram hablaba sin parar como si de una máquina se tratara y yo no quitaba la mirada de sus pronunciantes labios quería probarlos sin duda. Me pareció simpático aparte de sexy estaba como el médico me lo recetó…

    Pasó un día le escribí hablamos largo y tendido cada día un poco más, sentía que no le era indiferente decía que le gustaba que llamé su atención, al principio creí que era mentira pero conforme pasaba el tiempo más me aseguraba que era su tipo y yo encantada. Un día revisando sus fotos vi un par de tatuajes en su cuerpo uno destacaba más que el otro, era interesante ver dibujado en su pelvis un muñeco de cuento infantil el cual voy a omitir para evitar comentarios.

    Esto hizo que mis deseos fueran más allá, tratar de descubrirlo sería un placer echo realidad formar parte de ese cuento. Llegamos a la conclusión de un encuentro ambos teníamos ganas de estar juntos, llegó justo un día antes de mi cumpleaños menuda sorpresa para mi, sentía muchos nervios.

    Lo llevé al departamento donde yo vivía estaba cansado de un largo viaje que había hecho pero las ganas de abrazarme y por fin besar esos labios que al principio los vi prohibidos se hicieron realidad.

    Me apretaba de la cintura y me apoyaba junto a él no quería despegar mis labios de los suyos besos mojados y apasionados enredando su lengua jugando al placer seductor del erotismo. Sus manos tocaban mis nalgas acariciaba mi espalda, subía y bajaba con su lengua hasta abrir mis piernas y sumergirse en lo más profundo de mi ser,

    Sólo pensaba en lo rico que lo hacía su lengua, sus labios tocando mi clítoris excitada y mojada apreté con mi mano bajo su pantalón un duro y grande trofeo, era la verga perfecta para mi, en tamaño grosor uff no paraba de repetirle que la metiera de un solo golpe, cogió mis caderas y alzó un poco para sentirlo más profundo me follaba tan fuerte que no quería que acabase rápido, me giró me puso de espaldas hacia él, cogiendo mis nalgas y abriendo las un poco penetraba profundamente su verga a veces sentía dolor pero de esos que se siente rico, estaba muy cachonda jadeaba sin parar y le pedía más que no parase, nuestros cuerpos mojados de sudor exhaustos pero con ganas de seguir follando es una bestia en la cama imparable, le gusta poseer llevar el control y hacer de mi a su antojo, me hizo eyacular de un squirt como nunca lo había hecho, eso le encantó y le hizo sentir que hizo un buen trabajo.

    He de decir que quedé satisfecha y me gustaría que así fuera siempre junto él…

  • Autopista

    Autopista

    —Y tú, ¿ya tuviste un orgasmo a 130 km/h?

    Lo estaba provocando. Era claro que no.

    Estábamos en el camino de regreso, avanzando en una autopista del Norte de Francia, después de un día de visita turística.

    Lo conocía desde mi primer año de universidad, era uno de estos famosos “amigo de amigo”. Por casualidad, nos habíamos vuelto a encontrar hacía un mes, en un voluntariado de arqueología, y ocupaba desde entonces la mayoría de mis pensamientos. Había alimentado mis fantasías durante varios años y, por fin, se habían vuelto realidad en su carpa, en la mía, en el monte, en el río, en los baños del camping y en las callecitas oscuras de la ciudad medieval al lado de la cual nos alojábamos con el grupo de voluntarios. Cachábamos como desesperados, fuerte y violentamente, la mayoría del tiempo parados y sin tomar el tiempo de quitarnos la ropa. Lo mordía, me arañaba, nos agarrábamos con tanta fuerza que se habían marcado moretones en nuestras cinturas y nalgas.

    Diego tenía una afición desenfrenada por el sexo, como la mía. Entonces, cuando me propuso visitarlo, una semana después del voluntariado, no dudé un minuto en cruzar la totalidad del territorio francés para encontrarlo.

    Habíamos pasado dos días sin bajar de su cama. Me hacía pensar en este juego al cual jugaba de niña, cuando te imaginas que el piso es lava y que tienes que saltar de mueble en mueble para desplazarte en la sala, desesperando a tus padres. Después de esta estadía, en lo que Diego llamaba poéticamente el Continente de las Sábanas, él continuamente metido en mi boca o en mi concha, me había propuesto salir para hacer un día de visita y disfrutar del sol. Sonaba como un sacrificio asumido, animado por la amable intención de hacerme conocer su región un poco más allá de las paredes anaranjadas de su cuarto y de los lunares de su ingle. Había manejado hacia el puerto más cercano para pasear con el mar como telón de fondo.

    El día había pasado rápido, nos habíamos divertido y ahora que estábamos en su carro, nos costaba contener las ganas que nos teníamos. En parte era mi culpa: apenas sentados, había puesto mi mano en su pierna. Ni habíamos hecho un kilómetro, y ya estaba amasando su verga a través de su jean. Era de buen tamaño y la encontraba deliciosamente presa de la tela, torturada por una erección contenida y, lo esperaba, pronto inaguantable.

    Había pasado mi otra mano en el interior de mi sostén y acariciaba la curva cálida de mi teta. Diego me dio un vistazo y sonrió, volviendo a fijar su atención en la pista.

    No era guapo. Tenía una nariz prominente, cejas gruesas y labios carnosos de los cuales me burlaba, “Tienes labios hechos para chupar pingas”, le decía. Era moreno, un poco más alto que yo y muy flaco, como si sus músculos delgados estuvieran constantemente tensos y atormentados por sus nervios.

    La noche empezaba a caer en un largo atardecer de septiembre y no había mucho tráfico en la autopista.

    —¿Tienes ganas? —me preguntó.

    Dejé su entrepierna para pasar mi mano debajo de mi falda. Mi calzón negro estaba húmedo. Abrí las piernas y pasé mi mano debajo de la tela delgada. Hacía tiempo que había dejado de lado la depilación integral. Me gustaba que mi sexo esté apenas escondido y protegido por unos pelitos cortos y color castaño que procuraba cuidar regularmente. Formaban un vellito ligero y delgado, sedoso y discreto en el cual deslicé mis dedos hasta el interior de mis labios que se hallaban entreabiertos, para recoger un poco de la brillante excitación que los cubría.

    —No sé, ¿a ti qué te parece? —le contesté, presentando mis dedos mojados a la altura de sus labios.

    Los lamió, fingiendo una profunda reflexión.

    —Creo que necesito una muestra más representativa, así nomás no puedo darte una evaluación realista.

    Este inicio de juego me estaba calentando.

    Diego era un cínico, arrecho y malcriado, amante de la poesía rusa y profesor de matemáticas. La gente lo consideraba pedante, creído y desprovisto de cualquier forma de empatía. Yo lo consideraba como la persona que más me excitaba en el mundo, a quién conseguía arrancar gritos de goce y ruegos desesperados de frustración, como iba a ocurrir pocos minutos después.

    Apoyé mis pies en el tablero del carro y volví a pasar mi mano debajo de mi falda, pero esta vez mis caricias eran más insistentes. Recorrían los labios mojados de mi sexo y mi clítoris, con un movimiento pausado y regular. Me excitaba mucho tocarme estando a su lado. Él todavía no podía mirar lo que estaba haciendo, pero era claro que se lo imaginaba sin ninguna dificultad. Solo veía que había levantado mi blusa y que había sacado mi seno del sostén para jugar sin pudor con mi pezón erguido y sensible. La forma de su verga ya se dibujaba nítidamente a través de su jean. Estaba completamente arrecho.

    Me metí lentamente dos dedos y dejé escapar un suspiro que Diego no se perdió.

    —Ya, está bien, se puede probar de nuevo —dijo, impaciente.

    Volví a presentar mis dedos delante de sus labios rollizos que los esperaban entreabiertos. Los chupó con voracidad, su lengua recibía las ligeras idas y venidas de mis dedos. Una de sus manos soltó el volante para desabrochar la bragueta de su pantalón que comprimía su verga. Escondida en su bóxer, estaba totalmente vertical y dura, apoyada contra su pubis, apuntando hacia su ombligo.

    La visión era encantadora: Diego mirando la pista, imperturbable, dejando mis dedos cacharle lentamente la boca, con sus manos pegadas al volante y su erección dantesca.

    Una gotita que se había escapado de su punta y dejaba una mancha de arrechura en la tela gris de su ropa interior. Me daba morbo. Mi otra mano soltó mi pezón ligero y deliciosamente adolorido, y la bajé para tocarme. Mi excitación era difícilmente aguantable, sentí que mi clítoris se había hinchado. Mi sexo sufría un vacío insoportable. Es una sensación que me vuelve loca. Cuando desgraciadamente me pasa en un sitio inapropiado, como una reunión de trabajo o un lugar público – por las películas que me hago en la cabeza, imaginando escenas obscenas con desconocidos –, tengo que hacer todos los esfuerzos posibles para pensar en otra cosa. Pero cuando sé que me puedo satisfacer, sentir que necesito estar penetrada se convierte en un placer. Y ahora, justamente, lo estaba disfrutando, jugando con dos dedos en la entrada de mi vagina.

    —¿Así te parece suficiente? —le pregunté a Diego mientras retiraba mis dedos de su boca y le acariciaba los labios.

    Me contestó sonriendo, sin que su mirada dejara el horizonte.

    —Creo que sí, tienes ganas… También creo que sabes aún más rico cuando te vienes.

    No le respondí nada, él sabía que estaba esperando que me pidiera masturbarme a su lado.

    A pesar de ser poco propensa al exhibicionismo, me gustaba que mis amantes me miraran al tocarme. Diego lo sabía, por haber sido un espectador entusiasta varias veces. Pasé mi mano por debajo de mi culo para agarrarme la concha por atrás, mientras los dedos de la otra pasaban uno tras otro por mi clítoris. Estaba jugando, como si tocara un piano empapado y brillante. Había levantado totalmente mi falda, y a Diego no le hacía falta más de una rápida ojeada para ver lo que hacía. Me animaba:

    —Quiero que te metas los dedos, haz como te gusta, como me lo enseñaste. Abre tus piernas lo más que puedas. Que te hagas venir así de abierta, como si entregaras tu concha a la pista.

    Le obedecí con gusto, metiéndome directamente dos dedos, con los pies apoyados en el tablero. Estaba cálida y chorreante. La sensación de mis dedos era rica y quería sentirme más llena. Me metí un tercero y pellizqué mi clítoris con mi otra mano. Un gemido que no conseguí contener se escapó de mi boca. La descarga eléctrica había sido instantánea y la onda de choque de mi orgasmo recorrió todo el cuerpo, irradiándose desde mi sexo.

    —Qué rico, carajo… Me encanta cuando te vienes —se alegró Diego.

    Lo volví a mirar, recuperándome de la violencia del goce. Seguía con la mirada fija hacia delante y con la sonrisa que tienen los malos en las películas, era una mezcla de satisfacción cruel y de excitación. Parecía que Diego tenía la capacidad de controlarme, que solo le hacía falta ordenarme que me venga, para que hiciese su voluntad tanto en su cama como en su carro. En parte era verdad, y me excitaba satisfacerlo de esta forma. Acerqué mis dedos a su boca, me había venido en ellos y, en el relámpago de los faros de un carro que cruzamos, vi que el chorreo de mi placer había llegado hasta mi palma. Diego lamió, lento y concienzudamente.

    —Y tú, ¿ya tuviste un orgasmo a 130 km/h? —le pregunté.

    —No, pero creo que me podrías ayudar para llenar esta laguna… y tu boca… mientras manejo.

    Tenía esa increíble chispa de lujuria que brillaba en los ojos, estaba totalmente loco y me encantaba. Me agaché hacia él y le besé suavemente el cuello. Mi nariz acariciaba el lóbulo de su oreja. Sentía su piel estremecerse bajo mis labios húmedos. Cuando puse mi mano sobre el bulto tenso que tenía en su entrepierna, Diego dejó escapar un suspiro.

    —Por favor…

    Apreté su verga a través de su bóxer, encerrándola contra mi palma y presionando la punta con mi pulgar. Quería jugar un poco con él, era mi turno.

    Le gustaba decidir el momento en el cual me viniera, y el día de antes se había divertido conmigo, dejándome al borde del orgasmo durante largos minutos. Me había dicho que me pusiera en cuatro y que cerrara los ojos. Solo llevaba mi calzón y me lo había bajado un poco, para desnudar mi culo y que la prenda de encaje fino me impidiera abrir las piernas como me gusta. Así de constreñida, había tenido que aguantar las reglas de su juego, que consistía en dejarlo hacerme venir usando únicamente un dedo de cada mano. Había pasado más de media hora al colmo de la excitación, sentía el chorreo cálido de mi sexo a lo largo de mis muslos. Me hubiera bastado un golpecito en el clítoris para mandarme bien lejos, y le suplicaba para que me dejara tocarme. “Olvídalo, no hay forma de que hagas trampas con tu mano, así es el juego”, me había contestado. Después de un buen rato de esta insoportable espera, había logrado venirme, sobándome vergonzosamente sobre mi propio pie, con sus dos dedos profundamente metidos en el culo. “Qué morbosa que eres…” me había susurrado.

    Parecía que en este carro los papeles habían sido intercambiados y eso me encantaba. Disfrutaba mucho de verlo así, torturado por las ganas de que le pajee y que le haga venirse. Nos paramos unos segundos en un peaje. Fue lo suficiente para que soltara el volante y liberara su verga, con el par de idas y venidas de una paja nerviosa, ansioso por recuperar el tiempo perdido.

    —Prefiero que te quedes enfocado en la pista y que manejes con las dos manos —le dije, interrumpiendo su masturbación al agarrarle firmemente la muñeca.

    Me obedeció, retomando el volante y concentrándose para manejar, con la mirada hacia adelante, pero con los labios entreabiertos, sacudidos por su profunda respiración. Tomé su verga dura e hinchada en mi mano y empecé a masturbarlo muy ligeramente, para frustrarlo, con gestos que fingían timidez y que no me atrevía a tomarla a mano llena. Diego hubiera vendido a su madre para que mis movimientos fueran hondos y rápidos, para que le agarrara la pinga con fuerza y que por fin se viniera. Para vengarme de la frustración del día anterior, me dedicaba a regalarle una paja insoportablemente blanda y floja, manteniéndolo entre dos aguas: demasiado para poder calmarse y no lo suficiente para venirse. En la penumbra del carro podía ver como la punta de su verga brillaba de excitación.

    —Te tengo unas ganas… me quiero venir ya, por favor.

    —No creo que todavía sea el momento apropiado —le contesté, aumentando apenas un poco más la presión de mi mano.

    Se mordía el labio, sus ojos brillaban y veía que hacía todos los esfuerzos del mundo para no soltar el volante y satisfacerse de una vez.

    Un 130 iluminaba el contador del carro.

    —¿Qué quieres que haga?

    Sonreí, por fin era toditito mío.

    —Quiero que estés tan desesperado como yo lo estuve ayer, cuando te divertías mirándome buscar mi talón para sobarme en él como si fuera un animal.

    No veía mi cara, pero lucía mi sonrisa asesina.

    —Es insoportable que me toques así, ¡quiero que me la agarres de una vez y que me hagas venir!

    Mi mano apretó su verga, apenas un poquito más. Diego suspiró, aliviado:

    —Así, así. Sigue, por favor…

    Con mi otra mano había vuelto a masturbarme lentamente. Me excitaba sentir su verga a punto de explotar.

    —Mira, si me haces venir ahora, a cambio te prometo que llegando a casa te voy a lamer toditita. Voy a recorrerte con mi lengua de la concha al culo hasta que te vengas y te tocarás todo lo que quieras.

    Había ganado, para la más grande de mis satisfacciones.

    —Dale, me parece un buen trato —le contesté, apretando su verga con fuerza.

    Nunca la había sentido tan dura, me hubiera gustado que me la metiera así y tenía muchas ganas de chuparla. Gemimos los dos cuando empecé a masturbarlo como lo anhelaba, mientras me metía dos dedos e imaginaba esta hermosa verga dentro de mi concha. Aceleraba el movimiento de mi mano. Diego disfrutaba de un placer contenido por la concentración que ponía en manejar, con su mirada clavada en la pista. Me liberé de la parte alta de mi cinturón de seguridad y me agaché hacia su bragueta. Le lamí la punta de la verga, degustando su excitación líquida sin dejar de masturbarlo. Respiraba más hondo.

    —Uy, si sigues así, te voy a llenar la boca de leche…

    Y seguí, con una felación profunda, hundiendo su sexo hasta mi garganta y presionándola con mi lengua. Le amasaba las bolas y mi otra mano se agitaba en mi clítoris.

    Los que me conocen saben cuánto me gusta venirme con una verga en la boca, y era exactamente lo que quería.

    Con un vistazo, Diego se dio cuenta de que me estaba masturbando y bastó una presión más fuerte de mi lengua para sentirlo brotar en mi boca. Sus olas se derramaron en mi lengua y gemía, conteniendo sus espasmos para mantener su atención en la conducción.

    Era tan rico sentir su goce así… Mi mano estaba frotando frenéticamente mi clítoris y sentí mi propia ola invadirme de nuevo.

    Me vine tragando su semen, morbosa y sin vergüenza, con mi mano apretando mi concha chorreante.

    Me levanté para mirar a Diego. Sonreía como yo, los dos aliviados y felices.

    El contador del carro seguía marcando 130 y nos estábamos enamorando.

  • Tres noches durmiendo en una cabaña con su padre

    Tres noches durmiendo en una cabaña con su padre

    Eugenio, 46 años, moreno, de ojos negros, espigado, atractivo, con modales refinados y dueño de un bufete de abogados, comía a la mesa con su esposa Clara y con su hija Dulce. Comía espinacas con garbanzos, huevo poché y de postre le esperaba un kiwi. Clara, que era vegetariana, antes de meter unos garbanzos en la boca, le dijo:

    -Todos los meses igual. ¿Tú no tendrás una aventura, Eugenio?

    El hombre se enfadó.

    -¡La pregunta ofende, Clara!

    Clara, que era una cuarentona, rubia teñida y de muy buen ver, no creía a su marido y las pagó con su hija:

    -¡Come las espinacas, Dulce!

    Dulce, que iba a estudiar bellas artes, era una morenaza de dieciocho años, preciosa, que tenía el cabello negro y corto, y que era alta, de ojos negros, todo curvas y muy vergonzosa, le respondió a su madre:

    -Ya, mamá, ya.

    Clara se levantó de la mesa y le dijo a su marido:

    -Tú te debes de creer que soy tonta.

    Dulce, después de irse su madre, le dijo a su padre.

    -Lleváis un año de casados y todos los meses has tenido que dar una semana de conferencias. Es muy extraño. ¿Tienes una querida, papá?

    Eugenio se levantó de la mesa, limpió la boca con una servilleta y yéndose le dijo a su hija.

    -Tengo mis secretos, cariño, pero una querida no es uno de ellos.

    Esa tarde cuando Eugenio cogió el taxi para que lo llevase al aeropuerto Dulce lo siguió a lo lejos en su Kimco Super Dynk 300. El taxi no iba a coger rumbo al aeropuerto, iba a coger rumbo a una montaña.

    Dulce pasó desapercibida hasta que el taxi salió de la carretera comarcal y se metió por un camino de tierra. El taxista mirando por el espejo retrovisor le dijo a Eugenio:

    -Esta vez nos vienen siguiendo don Eugenio.

    -¿Qué clase de coche es?

    -Es una moto.

    -¿Marrón y negra?

    -Creo que sí.

    -Seguro que es mi hija, bueno, hija de mi mujer, pero hija es.

    -Pues daban nieve. Yo llevo cadenas por si acaso, pero si nieva su hija en moto no podrá bajar de la montaña.

    -Ella se lo buscó. ¿Dejaste todo lo que te dije en la cabaña?

    -Si, don Eugenio, y le llené dos barriles de agua para que no tenga que ir a buscarla al río.

    -Pues si quedamos aislados…, donde come uno comen dos.

    Media hora más tarde y ya comenzando a nevar, llegaron a la cabaña. Dulce llegó cuando su padre bajaba del taxi. Bajó de la moto, se quitó el casco y le dijo:

    -¿Ya está tu querida en la cabaña, papá?

    Eugenio intentó sobornar a su hija.

    -¿Qué te ofreció tu madre por la información que le lleves? Ofreciera lo que te ofreciera te doy el doble por no decirle nada de mi refugio.

    Caminando con cuidado hacia él para no resbalar en la nieve con sus botas de media caña de cuero negro, le dijo:

    -Mamá no sabe que te seguí.

    El taxista le dio a Eugenio una pequeña maleta que había sacado del maletero, y le dijo:

    -Nos vemos el viernes que viene a esta misma hora, don Eugenio.

    -Hasta el viernes, Anselmo.

    Padre e hija entraron en la cabaña. Eugenio le dijo:

    -Cómo puedes ver aquí no hay nadie.

    Dulce sacudiendo la nieve de su cabeza y de su gabardina negra miró para lo que había dentro de la cabaña y le dijo:

    -Ya veo, ya.

    La cabaña no tenía tabiques divisorios. En ella había una cama con barrotes de hierro a los pies y a la cabecera. Una chimenea, una cocina de hierro, dos sillas, y dos mesas, una mesa pequeña sobre la que había una máquina de escribir y cantidad de folios, y otra mesa más grande en la que se comía. Una despensa y un armario. El piso era de madera de pino, lo mismo que la cabaña, el armario… En la pared izquierda, según se entraba, colgaba un jamón empezado y a un lado de la cocina sobre un cordel varias ristras de chorizos. En una esquina había dos barriles y a su lado una palangana con un cubo dentro. En la pared trasera había dos puertas cerradas, una daba al inodoro, que solo tenía una taza y otra a la leñera. Eugenio viendo cómo su hija miraba para los chorizos, se quitó la gabardina, la sacudió, la puso en el respaldo de una silla y le preguntó:

    -¿Qué le vas a decir a tu madre?

    -En caso de que no tengas una querida, yo no te he visto. ¿Por que la engañas?

    -Por no desilusionarla. No soy vegetariano

    Dulce echándole un vistazo al jamón, le dijo:

    -Eso no hace falta que lo jures.

    Eugenio le iba a dar una noticia que no esperaba.

    -Vete quitando el abrigo que hasta que se despeje de nieve el camino te tienes que quedar aquí.

    Dulce corrigió a su padre.

    -No es un abrigo, es una gabardina y no me voy a quedar aquí.

    Eugenio dejó la maleta a un lado, se puso en cuclillas delante de la chimenea y con una piña encendió el fuego.

    -¡Que remedio te queda! Con el camino nevado en moto te matarías en alguna pendiente.

    Dulce volvió con la tontería de la querida.

    -Tú lo que quieres es que no vea a tu querida. ¿La va a buscar el taxista?

    Señalándole una vieja máquina de escribir Olivetti, le dijo:

    -Esa es mi querida… Y los chorizos y el jamón mis mejores amigos y…

    -Y voy yo y me lo creo.

    Eugenio levantó la voz.

    -¡Me importa un bledo lo que creas, niña!

    -No soy ninguna niña, papá, y no me chilles.

    Eugenio se fue a la cocina de hierro, metió leña en el fogón y con otra piña lo encendió.

    Dulce quitó la gabardina, la puso a los pies de la cama y quedó vestida con un mono negro de cuero ajustado al cuerpo que marcaba todas sus formas. Eugenio al verla, le preguntó:

    -¿¡De donde has quitado esa ropa?!

    Se sentó en una silla y le respondió:

    -Lo compre hace un par de días. Era para darle una sorpresa a mi novio esta noche.

    Eugenio miró para su hija de abajo a arriba y le dijo:

    -Seguro que se la ibas a dar, boquiabierto lo ibas a dejar.

    Dulce se puso colorada y cambió de tema.

    -¿En cuánto tiempo se irá la nieve?

    -Un año antes de casarme con tu madre estuve una semana aislado.

    -¡¿Tanto?!

    -Sí, pero no creo que esta vez tarde tanto en derretirse. Si rompe a llover, en dos días ya el camino de tierra estará transitable.

    -¿Y yo qué voy a comer?

    -Lo mismo que yo.

    -Si no hay más remedio…

    -Siempre puedes salir de la cabaña, levantar la nieve y coger hierba. No tendrías ni que lavarla.

    Dulce puso cara de niña enfadada.

    -¡Muy gracioso! ¿Y dónde me voy a asear y a hacer mis necesidades?

    Eugenio le respondió:

    -Para lavarte por las mañanas calientas agua en una tartera, la echas en la palangana y te aseas.

    A Dulce no le salían las cuentas.

    -¡¿Contigo dentro de la cabaña?!

    -Tranquila que no voy a mirar, y para lo otro tras aquella puerta -se la señaló-, hay una taza. Cuando hagas popó tienes que echarle un cubo de agua.

    Dulce, resignada, le dijo a su padre:

    -Esto es el infierno.

    Eugenio sin molestarse por el comentario le dijo:

    -La otra opción es hace tus necesidades en la calle.

    Dulce le preguntó con sorna:

    -¿Alguna cosa más, profe?

    La había

    -Sí, te aconsejo que metas la moto dentro de la cabaña.

    Media hora más tarde, después de haber metido Dulce la moto dentro de la cabaña, Eugenio, que se había quitado el traje que vestía y puesto unos vaqueros y una camisa de cuadros, se estaba metiendo entre pecho y espalada un bocadillo que había hecho con dos chorizos fritos. Comía y bebía vino tinto. Dulce tenía encima de la mesa su bocadillo y su vaso mediado de vino. Viendo a su padre girar los ojos con el placer que sentía al comer y al beber le entró hambre. Con cara de asco fingido cogió el bocadillo, cerró los ojos y le metió un mordisco, masticó, abrió los ojos y le dijo a su padre:

    -¡Qué bueno está el chorizo frito! Las hamburguesas al lado de esto son bazofia.

    -No hables con la boca llena.

    Dulce se disculpó.

    -Perdón, papá

    Echó un trago de vino y eructó.

    Eugenio la reprendió.

    -¡Dulce!

    -Se me escapó. ¿En tu aldea te daban de comer esto cuando eras un niño?

    -Sí, chorizo frito, crudo, queso, jamón…

    Con la boca llena le dijo:

    -Bendita niñez la tuya.

    La primera noche.

    Como ya he dicho había una sola cama, Dulce, cómo es obvio, no había llevado pijama ni nada que se le pareciera y su padre no lo usaba, lo único que tenía era un par de batas de casa de color rojo. Le dio una, y le dijo:

    -Cámbiate que yo no voy a mirar.

    Dulce se ruborizó de nuevo.

    -¿Cómo vamos a hacer para no rozarnos en la cama?

    -Tú te metes por debajo de la sábana y yo por encima.

    Eugenio cogió una silla. Dándole la espalda a su hija se sentó a la mesa donde tenía la máquina de escribir y comenzó a mirar unos papeles. Dulce se quitó la ropa, en bragas se puso la bata y luego se metió en la cama.

    -Yo ya estoy, papá.

    -Trata de dormir que yo voy a mirar unas cosas.

    Dulce sintiendo el viento silbar sobre las copas de los árboles se sentía incómoda. Tardó en quedarse dormida. Una hora después, aproximadamente, debió sentir demasiado calor, ya que durmiendo se quitó las mantas y las sábanas de encima. Abrió sus largas y estilizadas piernas y puso los brazos en cruz. El cinturón de la bata se le desató y los gordos pezones de sus tetas medianas, tirando a grandes, duras y casi piramidales, quedaron mirando al techo. Cuando su padre se levantó de la silla para ir para cama y vio aquella maravilla, la polla se le puso dura. Eugenio se acercó a un metro escaso de la cama para verla mejor. Sacó la polla y comenzó a menearla mirando para las tetas de su hija. Dulce, que tenía la cabeza girada hacia donde estaba Eugenio se despertó al sentir al viento silbar sobre las copas de los árboles, entreabrió los ojos y vio lo que estaba haciendo su padre. Giró la cabeza hacia el otro lado, y al hacerlo descubrió que estaba destapada y con las tetas al aire. No se tapó. Al ratito volvió a girar la cabeza hacia su padre y con los ojos casi cerrados vio cómo la gorda cabeza de la polla aparecía y desaparecía bajo la piel. Su coño se empezó a mojar. Poco después Eugenio se corrió agarrando la cabeza de la polla.

    Al acabar de correrse abrió la mano y mirando para el coño de su hija y lamiendo la leche de la palma la volvió a menear y se volvió a correr. Esta vez la leche cayó en el piso de madera.

    Dulce no sabía donde se habían ido los modales refinados de su padre, pero el Eugenio cerdo le había dejado el coño mojado.

    Eugenio al acabar de correrse limpió la leche del suelo con un pañuelo, lo guardó en el bolsillo y luego fue hasta la cama, le puso bien la bata a su hija, le ató el cinturón, la tapó con una sábana, cogió una manta, la echó en el piso y vestido se echó a dormir sobre ella.

    Tiempo después la mano izquierda de Dulce cogía su teta derecha y la apretaba. Dos dedos de su mano izquierda se metían dentro de su coño, luego salían del coño y mojados acariciaban su clítoris… Al ratito recordando cómo su padre lamía la leche de su palma y luego cómo salía leche de su meato imaginó que esa leche caía en su coño, que se lo lamía y empezó a correrse. Quitó la mano de la teta y tapando la boca se acabó de correr. La cama comenzó a moverse con los temblores de su cuerpo y Eugenio supo que su hija se estaba corriendo. La polla se le volvió a poner dura, pero no volvió a masturbarse.

    Al despertar por la mañana a Dulce le llegó un olor que nunca había olido. Se incorporó y vio a su padre tomando una taza de café.

    -¿A qué huele, papá?

    -A café recién hecho y a cocido.

    -Pues huele de maravilla. No mires que me voy a vestir.

    Se vistió y al rato estaba tomando su primer café solo con azúcar y comiendo un par de huevos fritos.

    No voy a pararme en lo que hicieron durante el día, solamente diré que al mediodía se pusieron morados de cocido, un cocido que llevaba carne de ternera, costilla, cabeza de cerdo, chorizos, unto, verduras, patatas…

    La segunda noche.

    Dulce ya estaba en cama cuando su padre se quedó en calzoncillos y se se metió por debajo de la manta y por encima de la sábana.

    A los diez minutos de un silencio insoportable, por lo tensa de la situación, Eugenio, que estaba de espaldas a su hija se dio la vuelta y le entró a saco:

    -¿Jugamos, Dulce?

    La muchacha, le respondió:

    -¡¿Te has vuelto loco?!

    Con la boca a centímetros de la de su hija vio que estaba roja cómo un tomate maduro y le respondió:

    -Loco estaría si no quisiera jugar contigo estando a tu lado en una cama.

    -¡Eres un pervertido!

    -Solo soy un hombre que suspira por ver cómo te mueres de placer en sus brazos

    Le dio un pico y esperó su reacción.

    -No, papá, no, por favor, no quiero.

    Le dio otro pico.

    -Deja que te lleve al cielo envuelta en un manto de caricias.

    Dulce tenía ganas pero no podía a entregar la cuchara, su decencia estaba en juego.

    -No te pongas poético que nada vas a conseguir.

    Eugenio se destapó y destapó a su hija.

    -Estate quieto.

    Le abrió la bata y volvió a ver su cuerpo divino.

    -Eres la cosita más sexy que han visto mis ojos.

    Dulce, tapó las tetas con sus manos. Con cara de asustada y con sus mejillas más rojas que la sangre, le preguntó:

    -¿Qué me quieres hacer, papá?

    Con voz de loco y echándole las manos a las costillas le respondió:

    -¡Cosquillas!

    Dulce se retorció sobre la cama y rio sin parar hasta que su padre dejó de hacerle cosquillas. Tenía los ojos llenos de lágrimas cuando se los besó. Perro perdido le dijo en bajito:

    -Me gustas más que el jamón.

    A Dulce le costaba soltarse.

    -No digas tonterías

    Eugenio le metió la mano dentro de las bragas y la sacó pringada de jugos.

    -Estás muy mojada.

    Dulce tapó la cara con las manos y dijo:

    -!Qué vergüenza!

    Eugenio lamió los jugos de la palma y después la quiso besar con lengua.

    -No quiero, déjame.

    El hombre sabía que era cuestión de tiempo que cayera con todo el equipo, ya que ni la espalda le daba.

    -Sí que quieres, lo estás deseando.

    Dulce seguía en sus trece.

    -No, no quiero que me hagas nada.

    Quiso besarla con lengua. Dulce le hizo la cobra y le dijo:

    -Si sigues haciendo el ganso se lo contaré todo a mamá.

    Eugenio frenó en seco.

    -¿ A qué le llamas tú todo?

    -A lo de la cabaña, a que no eres vegetariano y cómo me forzaste a hacer algo que no quería.

    Eugenio la creyó.

    -Está bien, volveré a dormir en el piso para no tener tentaciones.

    Dulce estaba de acuerdo, le puso el cinturón a la bata y le dijo:

    -Será lo mejor para los dos.

    Eugenio cogió una manta, la echó en el piso y se acostó en ella. Unos diez minutos más tarde, le preguntó Dulce:

    -¿Duermes, papá?

    -Ni duermo ni creo que vaya a dormir.

    -¿Aún quieres que te deje?

    Eugenio se sentó sobre la manta y le respondió:

    -Sabes que sí.

    Dulce se quitó el cinturón de la bata, la abrió y sus gordos pezones y sus areolas rosadas quedaron al descubierto.

    -Ven y llévame al cielo envuelta en un manto de caricias.

    Eugenio se metió en cama, se echó a su lado y acarició sus erectos pezones con las yemas de los dedos. La muchacha, coqueteando, le preguntó:

    -¿Tengo unas tetas bonitas, papá?

    Eugenio le respondió:

    -Las tienes preciosas.

    Lamió y chupó sus oscuras areolas. Amasó sus tetas y después siguió bajando hasta su coño. Se lo olió.

    -Huele a fruto prohibido.

    Dulce ya estaba entregada.

    -Pero tú te lo vas a comer. ¿No?

    Le quitó las bragas y le lamió el coño encharcado, luego metió un dedo dentro de la vagina, lamió su clítoris y le amasó las tetas con la otra mano. En nada le dijo Dulce:

    -Vas a hacer que me corra, papá.

    La trabajó muy lentamente hasta que Dulce le dijo:

    -Me corro, papá.

    Quitó el dedo del coño y se lo lamió hasta que acabó de correrse en su boca.

    Al acabar de correrse le besó el capuchón del clítoris. Luego cogió un zapato, le quitó el cordón y le dijo:

    -Quítate la bata y échate boca abajo.

    Hizo lo que le dijo. La ató por las muñecas con un extremo del cordón y con el otro la ató a uno de los barrotes de la cama. Fue a la alacena y volvió con una tarrina de margarina. Dulce le preguntó:

    -¿Qué vas a hacer, papá?

    -Ya lo irás descubriendo, cielo.

    Pringó sus manos de margarina y masajeó su espalda y sus nalgas. Cuanto más masajeaba más le gustaba. Dulce le dijo a su padre.

    -Es algo muy placentero.

    -Lo más placentero está por venir, preciosa. Eleva el culo.

    Dulce puso el culo en pompa. Eugenio jugó con un dedo en la entrada de su ojete y después se lo metió dentro del culo, luego lamió el periné, lamió el ojete y acto seguido se lo folló con la lengua. A la lengua le siguió un dedo, dos, tres… Los dedos entraban dentro de su culo, giraban, salían, volvían a entrar, volvían a girar… Dulce cuando sintió que le venía se lo dijo:

    -Voy a correrme de nuevo.

    Eugenio le preguntó.

    -¿Me dejas que te la meta en el culo, hija?

    -No preguntes tonterías. Me has estado preparando para eso.

    Eugenio sacó los dedos, quitó el calzoncillo, untó la polla con margarina, se la frotó en el ojete y luego se la metió despacito hasta el fondo del culo. Dulce le dijo:

    -Llena una barbaridad.

    Eugenio le preguntó:

    -¿Quieres que te la quite del culo y te la meta en el coño?

    Dulce quería experimentar algo nuevo.

    -No, me llena mucho pero también me gusta. ¿Crees que me correré follándome el culo?

    Eugenio fue franco.

    -Hay mujeres que se corren con el sexo anal y hay mujeres que no. ¿Descubrimos a qué clase perteneces?

    Dulce no quería quedar con la duda.

    -Descubrimos.

    Le folló el culo con suavidad. Besó su cuello y su boca cuando giraba la cabeza para un lado y para el otro… Tiempo después Dulce explotó:

    -¡¡Me corro!!

    Se corrió jadeando cómo una perra y queriendo romper el barrote de la cama con sus tirones.

    Al acabar de correrse la desató del barrote, le dio la vuelta y le abrió las piernas. Tenía los pezones duros, las areolas le encogieran y su coño goteaba. Metió su cabeza entre las piernas y lamió de abajo a arriba. La lengua le quedó cubierta de jugos mucosos que se tragó. Le abrió el coño con dos dedos y lamió su labio vaginal izquierdo, luego lamió el derecho y acto seguido enterró su lengua dentro de la vagina. Al sacarla subió y lamió su clítoris erecto. Al rato Dulce le dijo:

    -Si sigues así me vas a hacer correr otra vez, papá.

    Eugenio chupó su clítoris, luego apretó su lengua contra él, lamió de abajo a arriba cada vez más rápido y Dulce, elevando su pelvis, se corrió de nuevo diciendo:

    -¡Qué bueno eres!

    Al acabar de correrse le dijo:

    -En mi vida me había corrido tantas veces seguidas.

    Eugenio se echó sobre su hija, frotó la polla contra el coño encharcado y luego se la metió hasta la trancas de una sola estocada. Dulce pasó sus manos atadas por detrás del cuello de su padre y lo comió a besos mientras la polla entraba y salía de su coño encharcado. Mirándola a los ojos, le preguntó:

    -¿Quieres correrte así, o prefieres que te lo haga de otra manera?

    Se ve que le había gustado el sexo anal, ya que le dijo:

    -Dame por el culo otra vez, papá.

    La respuesta de Eugenio fue follarle el coño a toda mecha hasta que Dulce se volvió a correr. Esta vez gritó:

    -¡¡¡Maloooo!!!

    Eugenio se corrió con ella. Llenándole el coño de leche, le dijo:

    -Este es el mejor polvo de mi vida.

    Al acabar de correrse le dio un pico, besó sus tetas, metió la cabeza entres sus piernas, lamió el coño lleno de leche y jugos. Poco después Dulce se volvió a correr, diciendo:

    -¡Me vas a matar de placer!

    Después de follar Eugenio tenía más ganas de dormir que de hablar, así que en nada se quedó dormido.

    Dulce era curiosa, cómo casi todas las mujeres. Cuando su padre ya prendiera en el sueño fue a mirar que era lo que estaba escribiendo. Su sorpresa fue grande cuando leyó los títulos de los escritos. El de arriba era una novela y se titulaba: Dulce, investigadora privada. El que estaba debajo de él era otra novela, su título era: Dulce en el País ce los Sueños, y el de abajo de todo se titulaba: Dulce, mi hija, mi amor, mi fantasía sexual, y era de relatos eróticos. Los tres trabajos estaba, sin acabar. Leyó un relató erótico, leyó otro… En todos estaba ella de protagonista. Cuando se cansó de leer, y antes de regresar mojada me a la cama, dijo en bajito:

    -Mañana sin falta voy a hacer realidad la fantasía que más me mojó, no vaya a ser que comience a llover y se derrita la nieve.

    Ni que fuese adivina. Al día siguiente no paró de llover en toda la mañana y la nieve se derritió.

    Tercera noche.

    La Dulce vergonzosa había muerto. La nueva Dulce sentada en la cama con las piernas cruzadas, vestida con su mono negro de cuero, que tenía la cremallera bajada y mostraba casi la totalidad de sus bellas tetas, calzando las botas de cuero negras de media caña y con los cordones de los zapatos de su padre en la mano, le dijo:

    -Desnúdate y ven para cama.

    Eugenio se quitó la ropa y se echó sobre la cama. Dulce atándole una mano a los barrotes de la cama, le dijo:

    -Ayer noche leí parte de lo que estás escribiendo.

    A Eugenio le sonó la alarma.

    -¡¿Leíste mis relatos eróticos?!

    -Leí. ¿Estás obsesionado conmigo o estas enamorado? Dime la verdad.

    Eugenio se puso serio.

    -Quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.

    La muchacha quería la verdad.

    -Correré ese riesgo.

    Eugenio se confesó:

    -No sé si estoy obsesionad o no, lo que sé es que desde el primer día que te vi te convertiste en mi musa. Si me casé con tu madre fue para tenerte a mi lado.

    Dulce se sorprendió.

    -¡¿Has estado engañando a mi madre todo este tiempo?!

    -Sí.

    -Eres un malo malote de primera división, pero por otro lado me halaga lo que me has dicho, pues yo también he tenido fantasías contigo.

    Eugenio se llevó un alegrón al conocer el lado travieso de su hija.

    -¡No jodas!

    Dulce ya había metido la primera y enfilaba la recta.

    -Sí jodo. Échate boca abajo.

    Eugenio se echó boca abajo. Acabó con la dos manos atadas a los barrotes de la cama. Dulce le vendó los ojos, le amordazó la boca y le dio un cachete en el culo. Fue a por la margarina. Al regresar cogió una zapatilla debajo de la cama y la dejó al lado de la almohada. Le untó la espalda con margarina y se las masajeó, luego le untó las nalgas, escupió en la mano derecha le dijo:

    -No va a ser cómo tú lo escribiste, va a ser cómo a mí me gustaría que lo escribieras.

    Estiró el dedo medio de la mano derecha y se lo clavó dentro del culo. Eugenio no se quejó.

    -No, no te lo voy a follar con la lengua, te lo voy a follar así.

    Le folló el culo con el dedo. Cuando a Eugenio le empezaba a gustar le cayó un zapatillazo en una nalga.

    -¡Plassss!

    -¿Es esto lo que querías que te hiciera, loco?

    Le quitó el dedo del culo.

    -¡Plasssss, plasssss, plasssss, plasssss!

    Le echó una mano a la polla y vio que estaba empalmado.

    -Eres masoquista, coño.

    -¡Plassss, plassss, plasssss, plassss, plassss, plassss!

    -Ponte a cuatro patas.

    Se puso. Dulce le cogió la verga empalmada, tiró hacia atrás y se la mamó.

    -Te voy a ordeñar cómo si fueras una vaca.

    Eugenio dijo algo que no entendió.

    -¡Calla, coño!

    -¡Plasssss, plassssss, plassssss, plasssss, plasssss, plasssss!

    Le volvió a mamar la polla y el hombre al ratito se corrió. Dulce se fue tragando la leche calentita a medida que iba cayendo en su boca.

    Al acabar de tragar le desató la mano derecha, dejó que se pusiera boca arriba, le volvió a atar la mano y le quitó la mordaza.

    -Saca la lengua, calamidad.

    Eugenio sacó la lengua. Dulce le pasó el pezón de la teta izquierda por ella, luego el de la derecha, después le pasó el ojete y más tarde, perra perdida, se descalzó, se quitó el mono y le puso el coño en la boca.

    -¡Lame!

    Eugenio poco lamió, fue dulce la que frotó su coño contra la lengua moviendo su pelvis . Frotando le dijo:

    -¿Quién es la chica que tiene el coño más rico?

    -Tú.

    Le cogió por los pelos, y sin deja de frotar el coño contra la lengua, le dijo:

    -¡Calla y entiérramela la lengua dentro!

    Le clavó la lengua en el coño. Dulce lo movió alrededor, se agarró las tetas, pellizcó sus pezones… Eugenio oía sus gemidos, sentía caer los jugos por ambos lados de la lengua y su polla cada vez se ponía más dura. Sabía que se iba a correr en su boca, pero no imaginaba que fuese tan pronto, ya que al ratito el coño le apretó la lengua, ésta se salió y lo siguiente que sintió es como derramaba dentro de su boca y cómo decía:

    -¡Me corro!

    A Dulce le iba la marcha y tener a un hombre atado y poder hacer con él lo que quisiera le ponía… Lo que le pedía el cuerpo en aquel momento era sexo anal. Volvió a la margarina. Pringó sus manos con ella. Con una mano le agarró la verga y se la masturbó y con un dedo de la otra le folló el culo. Echó margarina en el ojete, frotó la verga en el coño mojado, la pasó al ojete y se sentó sobre ella. La polla entró cómo un supositorio gigante. Dulce estaba crecida.

    -¡Te voy a reventar!

    Le dio duro. Su culo subió y bajó a toda pastilla. Cuando Eugenio comenzó a gemir Dulce aún no tenía el orgasmo cerca. No podía dejar que se corriera sin correrse ella. Sacó la polla del culo, la metió en el coño y apretando su cuello le volvió a dar caña. Al comenzar a correrse sintió la leche de su padre llenarle el coño. Dejó de apretarle el cuello y balbuceando y gimiendo, le dijo:

    -Me corro en tu polla, papá.

    Al acabar de gozar soltó a su padre. Eugenio quitó la venda de los ojos y le dijo:

    -Fue mejor que en mis fantasías.

    -¿Seguimos?

    -Mejor otro día que ya no tengo veinte años y son dos noches seguidas.

    Dulce le dijo:

    -Vale, pero mañana por la mañana antes de irme tienes que volver a llenarme el coño de leche.

    -A propósito de la leche. ¿Tomarías precauciones?

    -Tengo puesto un DIU.

    Al quedarse dormido su padre fue a la mesa escritorio y comenzó a leer un relato que comenzaba así:

    «Hacía un bochorno insoportable cuando Dulce subió al autobús. Yo era el único pasajero. Cuando la conductora arrancó el autobús ella ya se había sentado a mi lado. Con una sonrisa angelical en los labios, me dijo:

    -Aquí me tienes. ¿Pensabas que no iba a aceptar el reto de hacerlo en público?

    Le metí una mano dentro de las bragas. Se abrió de piernas. Me dio un beso con lengua y me echó la mano a la polla morcillona, luego se inclinó y me la mamó. Sabía que la conductora nos miraba por el espejo retrovisor, lo que no esperaba era que parara el autobús, viniese a nuestro lado, le cogiese por los pelos y le dijera:

    -«Bájame las bragas, puta.»

    Mi hija se rebotó y me dijo:

    -Esto no era lo convenido, papá.

    La conductora, una marroquí macizorra, le tiró de los pelos.

    -¡»Este es mi autobús y aquí mando yo!»

    Dulce le bajó las bragas. La condutora levantó la falda, le llevó la cabeza a su coño peludo y le dijo:.

    -«¡Come, zorra!»

    Dulce pasó su pequeña lengua por aquel gran coño. Era su primera experiencia lésbica y no sabía cómo comer un coño, pero ella se lo lamio… Cuanto más lamía más el coño de la conductora se encharcaba y más cachonda se iba poniendo ella. Al sentir la marroquí que se iba a correr, se separó de Dulce, la puso en pie y le metió un morreo que la dejó sin aliento. Luego de comerle la boca la echó sobre el piso del autobús y le sacó las bragas, Yo cogí mi iPhone 12 Pro Max y comencé a grabarlas al tiempo que meneaba mi polla.»

    Dulce con dos dedos acariciaban su clítoris, los dedos entraban dentro del coño, salían de él y volvían a acariciar el clítoris… Cachonda perdida, dijo:

    -Creo que me voy a correr cómo una perra.!

    Siguió leyendo

    «La inmensa lengua de la conductora lamió el pequeño coño de Dulce. Mi hija comenzó a gemir mientras miraba cómo la grababa y cómo me masturbaba. Nadie decía una palabra. Poco más tarde la marroquí le estaba comiendo las tetas y masturbándola con sus expertos dedos. Dulce comenzó a temblar, sus ojos se pusieron en blanco . La marroquí viendo cómo se corría le comió la boca y se puso a cuatro patas invitándome a penetrarla. Sin dejar de grabar le levanté la falda y le metí la polla dentro de su inmenso coño. Allí entraban dos cómo la mía. A mí no me iba a joder. Se la saqué del coño, se la metí en el culo y le di a mazó. La marroquí hizo volar sus dedos sobre su clítoris… Cuando le llené el culo de leche sentí su ojete apretar y soltar mi polla, la conductora también se había corrido.»

    Dulce no aguantó más. Dejo el relato sobre la mesa, se abrió de piernas, se echó hacía atrás en la silla, cerró los ojos e imaginando que follaba con su mejor amiga se dio dedo hasta que se corrió cómo había dicho que se iba a correr, se corrió cómo una perra, y lo hizo antes de acabar de leer menos de la cuarta parte de la mitad del relato.

    A la mañana siguiente cuando Dulce despertó, su padre no estaba en la cabaña. En bata de casa había llenado una tartera con agua para lavarse. La estaba echando en la palangana cuando llegó Eugenio de dar un paseo matinal. Se abrió la bata y completamente desnuda, le dijo:

    -¿Me lavas la espalda, papá?

    Eugenio cerró la puerta de la cabaña y fue junto a su hija.

    -¿Quieres irte calentita, eh?

    Dulce se quitó la bata, la echó sobre una silla y le respondió:

    -No, quiero irme bien regada.

    Eugenio cogió una esponja y el jabón que su hija había dejado en el piso, la mojó en el agua, le pasó el jabón, la escurrió sobre la palangana para no mojar mucho el piso de madrea y luego le frotó el cuello con ella, del cuello pasó a la espalda, de la espalda al culo y del culo le frotó el coño. Dulce giró la cabeza buscado la boca de su padre y la encontró. La esponja subió a sus tetas y se frotó contra ellas mientras se besaban, bajó por su vientre y volvió a frotarse en el coño. Dulce le cogió la mano a su padre e hizo que le pasara la esponja por el coño a la velocidad que ella quería hasta que se corrió con su temblor de piernas habitual.

    Al acabar de correrse, Eugenio, se agachó y le le lamió el coño para saborear sus jugos, Dulce cuando su padre dejó de lamer, le acarició el cabello con una mano y le dijo:

    -Sigue, papá.

    Eugenio le pasó la esponja por fuera del coño para quitar la espuma que había sobre él, luego le limpió la espuma del culo, y después la dejó caer dentro de la palangana. Le echó las manos a la cintura y siguió lamiendo su coño. Lo lamía de abajo a arriba, ahora con la puntita y sin presionar, ahora con la lengua plana y presionando… Ahora enterrándole la lengua dentro del coño, ahora metiéndole solo la puntita. Tiempo después, cuando vio que se iba a correr, hizo que se girara, la lengua lamió su ojete y luego se lo folló con la puntita. le metió dos dedos dentro de coño y la masturbó. En un par de minutos Dulce se volvió a correr. Eugenio sintió como el coño apretaba sus dedos y cómo lo bañaba de jugos. Corriéndose le dio la vuelta, lamió su coño y Dulce acabó de correrse en la boca de su padre.

    Al acabar de gozar la muchacha le iba a pagar el favor.

    -Te mereces una buena mamada.

    Dulce se puso en cuclillas, le bajo la cremallera del pantalón a su padre, le sacó la polla, lamió la cabeza todo alrededor y después la mamó y la meneó. Eugenio abrió la hebilla del cinturón, dejó caer el pantalón y bajó los calzoncillos hasta las rodillas. Dulce apretó la polla contra el cuerpo de su padre y le lamió y chupó los huevos, después la lamió de abajo a arriba y la volvió a mamar bien mamada. Tan bien se la mamó que Eugenio ya no podía aguantar más cuando le dijo:

    -Para, para que me voy a correr.

    Dulce dejó de mamar y se incorporó. Eugenio acabó de desnudarse y le dijo:

    -Apóyate con las manos en la pared y separa las piernas.

    Hizo lo que le dijo. Eugenio mojó la esponja en el agua de la palangana hasta que le quitó el jabón. Se la pasó por en cuello, la espalda, el culo, el coño, el vientre, las tetas… Luego su lengua subió desde el coxis hasta la cérvix por toda la columna vertebral y después hizo el recorrido inverso para acabar entrando y saliendo de su ojete. Con la lengua dentro del culo Dulce le dijo:

    -Métemela en el culo, papa,

    Eugenio no se hizo de rogar, le puso la polla en el ojete, empujó y se la clavó hasta las trancas. Follándole el culo le metió dos dedos dentro del coño. A Dulce le encantaba ser penetrada por los dos agujeros. Sus gemidos le decían a Eugenio cuanto disfrutaba. Poco después cuando sus gemidos eran de pre orgasmo, la cogió por el cuello, le apretó la garganta, le dio a mazo y Dulce se corrió cómo una perra. Corriéndose sus uñas arañaron la madera y sus piernas temblaron una cosa mala .

    Eugenio al acabar de correrse dejó de apretarle el cuello y le quitó la polla del culo. Dulce se dio la vuelta, cogió aire, se acarició el cuello, y cuando pudo hablar le dijo:

    -Acabo de tener la mejor corrida de mi vida.

    La cogió en alto en peso y le dijo:

    -Me toca.

    La arrimó con la espalda a la pared y le metió la polla en el coño. Dulce rodeando el cuello de su padre con los brazos y entrelazando las piernas su cuerpo, le dijo:

    -Quiero volver a sentir tu leche dentro de mi coño.

    Comiéndose a besos comenzó una follada a golpes secos, o sea, se la clavaba con fuerza hasta el fondo del coño, la dejaba dentro unos segundos, la sacaba y se la volvía a clavar otra vez con fuerza. Pasado un tiempo, Dulce, con sus tetas aplastadas contra el pecho de su padre y con su coño goteando sintió que se iba a volver a correr.

    -¡Córrete conmigo, papá, córrete conmigo!

    Eugenio le dio a mazo unos segundos. Sintió el coño de Dulce apretar su polla y un mordisco en el cuello. Al mordisco siguió una chupada, y chupándole el cuello se corrió dentro del coño de su hija con una fuerza brutal.

    Al acabar de correrse la echó sobre la mesa de la cocina, le metió los dedos medio y anular de la mano derecha dentro del coño, los sacó pringados de leche y jugos y los esparció por el pezón y la areola derecha, luego le metió los dedos medio y anular de la izquierda y al sacarlos pringados de leche y jugos los esparció por el pezón y la areola de la teta izquierda. Con las yemas de los dedos de las dos manos acarició los pezones y las areolas,… Luego les pasó la lengua y a continuación lamió, chupó y mamó… Después fue a por el coño. Lamió de abajo a arriba y arrastró jugos y leche. Dulce le cogió por los pelos, tiró de él, le chupó la lengua y luego le dijo:

    -Eres único.

    El único volvió a por su coño. Se lo folló con la lengua cómo si ésta fuese una polla, metiendo y sacando, metiendo y sacando… Después echó el capuchón del clítoris hacia atrás. El glande lucía cómo un titán. No se lo lamió, lamió sus labios vaginales y después le metió un dedo dentro del coño, lo sacó y se lo metió dentro del culo. Follándoselo le volvió a chupa las tetas. Dulce ya iba a explotar otra vez.

    -¡Me voy a correr, papá, me voy a correr!

    Puso la lengua sobre el clítoris, lo chupó y Dulce explotó.

    -¡¡Me corro!!

    Esa fue la última corrida de Dulce en la cabaña, bueno, hasta que su padre volviese a ella, pues el sitio ya lo sabía.

    Quique.

  • Navidad con mi amiga Eli

    Navidad con mi amiga Eli

    Mi nombre es Ale, casada, 38 años, soy rubia, delgada, me mantengo muy en forma comiendo sano y ejercitando mi cuerpo así que me considero una mujer muy atractiva.

    Hacía tiempo que venía conversando con una amiga que vive en Buenos Aires, Argentina, estaba algo bajoneada porque había dejado con su novio así que la invité a pasar navidad con nosotros y la familia de mi esposo en nuestra casa en una ciudad pequeña en Uruguay que queda precisamente frente a Buenos Aires.

    Le comenté a mi esposo faltando algunos días para navidad y él me dice que estaba planeando pasar en la casa de la playa y que toda su familia (padres, hermanas, sobrinos) estaban de acuerdo pero que no había ningún problema en que Eli viniera con nosotros, había espacio para todos.

    Mi esposo se fue un par de días antes para cortar el césped y ventilar la casa y nosotras iríamos el 24 al mediodía ya que Eli trabajaba por la mañana y luego se tomaría el ferry, pero algo se complicó en su trabajo y no llegó en hora a tomarse el barco por lo que esperó el siguiente que salía más tarde así que llegaría en la tardecita, el gran problema era que debíamos manejar 4 horas mas para llegar a la casa de la playa en el este del país, cosa que no me agradaba para nada ya que manejar de noche y el 24 de diciembre es algo arriesgado, hay mucha gente que comienza a tomar alcohol temprano y el transito se torna peligroso por lo que estuvimos de acuerdo con mi esposo que pasaríamos el 24 Eli y yo solas en casa y el 25 viajaríamos.

    Sali de compras para hacer una picada y luego fui al puerto a recoger a Eli, ya por la noche nos dimos un baño y nos aprontamos para esperar la noche buena, yo me puse un vestido de Kenzo negro transparente muy bonito y sexy como para usar con un top por debajo en la parte superior y con unos bolados en la parte de la falda que tapaba la trasparencia en su parte inferior, la cuestión es que como la pasaríamos solas nosotras 2 en la parte superior para estar más cómoda ya que hacía mucho calor no me puse nada quedando mis pechos totalmente expuestos bajo la transparencia del vestido.

    Eli se puso un pantalón blanco y una blusa negra y encima un blazer que a los 5 minutos se quitó quedado el escote de la blusa que dejaba ver parte de sus pechos, ella es una bomba, una hermosa mujer, alta morocha, impresionante, realmente con esa altura y esa figura podría ser perfectamente modelo.

    Conversamos comimos tomamos unos tragos que preparamos, la pasamos muy bien, reímos y hasta bailamos, a las 12 llamamos a mi esposo para saludar y descorchamos una botella de champaña y seguimos la fiesta, a eso de la una y algo Eli me propone ir a dar una vuelta en auto a ver que movimiento había en la ciudad, así que salimos por la rambla y al final de la misma hay una discoteca a la que Eli me dice de ir, yo no tenía muchas ganas pero la invitada era ella así que accedí con la condición de ir al jardín que estaba muy lindo decorado con una barra para tomar algo y con la música más baja que adentro, resumiendo nos sentamos en el jardín en una mesa y pedimos una botella de champaña, charla va charla viene, me doy cuenta que Eli miraba por encima de mi hombro se reía y era obvio que estaba coqueteando con alguien, me paré para ir al baño y de paso ver con quien estaba coqueteando Eli y vi que eran 2 chicos jóvenes, fui al baño y en ese momento mirándome en el espejo me doy cuenta que tenía puesto el vestido transparente sin sostén, sin top y mis pechos estaban a la vista de todos, normalmente me moriría de la vergüenza pero esa noche supongo que por el alcohol no me importo demasiado así que volví a la mesa y los chicos ya estaban sentados con Eli conversando y riendo, me siento y me los presenta, eran Matías y Damián, de unos 25, 26 años, yo tenía 34 en ese entonces así que eran muy jóvenes para nosotras, estuvimos charlando un rato, tomando champaña hasta que le digo a Eli de irnos, ella quería seguir allí pero le insistí ya que el otro día viajábamos y debíamos levantarnos temprano.

    Llegamos a casa y atrás nuestro llegan Matías y Damián, allí me di cuenta porque en el camino de regreso Eli venia con el teléfono mandando mensajes, riendo y mirando hacia atrás.

    Entramos los 4 y la seguimos en casa, más tragos, música, risas, baile, hasta que bailando salsa con Matías, doy una vuelta y me apoyo en la barra para agarrar la copa y él se apoya sobre mí, allí noto que su paquete estaba duro, me doy vuelta para seguir bailando, veo que Eli estaba sentada en el sillón besándose con Damián, yo sigo con el baile e intento mirar lo que hacían en el sillón, la pasión iba creciendo y Damián le metía una mano entre la camisa a Eli mientras se besaban, me doy vuelta nuevamente hacia la barra y Matías se me apoya nuevamente solo que esta vez pasa su mano por mi pecho y me besa la nuca, a esa altura ya mis pezones estaban duros, así que le muevo la cadera y acto seguido me doy vuelta sabiendo que me iba a comer la boca pero piso mal y me voy hacia el costado casi caigo sobre el sillón pero Eli que ya estaba con toda la blusa abierta me ataja y me da un piquito, quedé desconcertada pero eso me terminó de prender, ella de cualquier manera enseguida se da vuelta y sigue en lo que estaba, Matías me extiende la mano y me ayuda a pararme y allí mismo me come la boca, yo ya estaba muy caliente así que no me quedo atrás por lo que nos pasamos las lenguas y nos comimos los labios, le doy la mano y lo dirijo conmigo hacia arriba al dormitorio en donde seguimos intercambiando nuestras salivas al borde de la cama, como él no tomaba la iniciativa la tomé yo, me senté en la cama con el parado frente a mí y le desbroche el cinto, luego el pantalón mientras él se sacaba la remera, le saco su enorme verga que estaba durísima y comienzo a besarle la cabeza, luego le paso la lengua y comienzo tragarme todo ese pedazo de carne que no entraba del todo en mi boca, sus jugos comienzan a salir, lo que me hace excitarme más aún, mientras le chupaba la verga con la boca y una mano con la otra mano me comienzo a tocar mi concha sobre mi tanga empapada, esa verga era enorme, más grande y gruesa que la de mi marido, el comienza a moverse cogiéndome la boca y yo me corro la tanga y me meto un dedo en la vagina, mis gemidos sobre su verga me excitan más aún hasta que no aguanto más y llego al orgasmo, en seguida el también acaba dentro de mi boca, que rica lechita calentita!, me encanta y la trago toda o más bien casi toda ya que siempre queda algo con que jugar.

    Ahora sí, él se atreve y me recuesta en la cama, me saca la tanga y me come la concha, pasa toda su lengua por mis labios externos, me mete la lengua dentro de la vagina, yo estaba excitadísima y comienzo a tocarme las tetas por encima del vestido, mis pezones estaban durísimos, entonces lo paro un segundo y me saco el vestido que a esa altura estaba solo para molestar, el sigue pero esta vez comienza por comerme las tetas, las besa, una y otra, les pasa la lengua y hasta las mordisquea un poco, luego baja y sigue con lo que había dejado, pero esta vez me besa toda mi concha empapada y se traga mis jugos, luego baja con su lengua y la pasa por mi culo, lo rodea con su lengua una y otra vez, me lo abre con sus manos y mete la puntita de su lengua, vuelve a subir hasta el clítoris y comienza primero a besarlo con sus labios y luego a pasarle la lengua, yo gemía de placer y me retorcía hasta que llegué al orgasmo, nos recostamos ambos en la cama recuperando aire, así estuvimos unos minutos hasta que escuchamos gemidos de Eli que venían de abajo, eso y mi mente que no paraba de pensar que quería esa verga dentro de mi vagina me encendieron nuevamente y comencé a tocarme con una mano por debajo de las sábanas y con la otra lo comencé a tocarlo a él, entonces me come la boca y nuevamente tomo la iniciativa y me le subo encima, nos besamos le pongo una teta en su boca, luego la otra, con la mano paso su verga por mi concha, entre mis labios, encuentro el clítoris, lo froto un ratito con su enorme pedazo así que no aguanto más y la meto de a poco hasta el fondo, comienzo a cabalgarlo, nunca antes estuve tan excitada, comienzo a gemir y el también, al cabo de unos minutos le digo vas a acabar? ¡¡La quiero toda adentro!! Ay, aaaa, me dice me voy me voy!!! agarro su mano y la muevo desde mi cadera hacia mi culo le coloco un dedo, mételo, mételo que nos vamos juntos y así fue, metió su dedo y pocos segundos después acabamos ambos, pude sentir toda su leche tibia dentro mío, que placer!

    Estaba exhausta, me levanto y voy al baño, me higienizo y vuelvo con toallitas húmedas para limpiarlo a él también, nos metimos nuevamente en la cama a descansar, me recosté con mi cara en su pecho, desde abajo no se escuchaba más nada así que aprovechamos para conversar un rato, me cuenta algo de su vida, estaba estudiando y el próximo año se recibiría etc. etc.

    ¿Nos quedamos entre dormidos y me despierta Eli que entra desnuda y eufórica al dormitorio, como están chicos? como la pasaron? Y acto seguido desde el pie de la cama nos tira de las sábanas dejándonos desnudos a nosotros también y se me tira encima, sin tiempo a reaccionar ya estaba con su boca sobre mi concha, no podía creer! Al fin iba a cumplir la fantasía de estar con una chica! Y encima era la mas linda que de mis amigas!!! No tuve que hacer nada solo me deje llevar, ella sabia muy bien que hacía, tanto que enseguida me prendió, me excite muchísimo, tanto que le agarro la verga a Matias y lo beso mientras Eli me metía su lengua por toda mi vagina, pero el simplemente se para, y se dirige hacia Eli por detrás, ella estaba con sus rodillas en la punta de la cama por lo que la aborda por detrás y la penetra, no podía creer lo que estaba sucediendo, Eli me hacia sexo oral mientras Matias la penetraba a ella, que delicia, nunca antes estuve tan excitada, ella me metía sus dedos, me pasaba su lengua por mi clítoris y gemía al mismo tiempo, no tarde en llegar al orgasmo, y a otro más, quedé exhausta así que me pare mientras ellos seguían y me fui a mi dormitorio que tiene mi baño, me di una ducha, me puse la bata y al escuchar ruidos vuelvo al dormitorio anterior y veo por la puerta entre abierta que Matias seguía por detrás de Eli pero Damián estaba debajo, estaban en medio de una doble penetración, miré un ratito y me fui a dormir excitadísima, pues mi amiga estaba cumpliendo otra de mis fantasías, a pesar de quedarme pensando en eso me acosté y me dormí casi al instante.

  • Carnaval caliente

    Carnaval caliente

    La mujer ya había recorrido su camino. Estaba sola, nunca llegué a saber si era viuda, divorciada o qué pero, pese a sus sesenta y tantos, olía a hembra en celo.

    Por tradición de pensionistas anteriores, todos la llamábamos «la patrona».

    Era pícara la veterana. Tenía unos pechos que reventaban en corpiños siempre dos números mas chicos del que les era necesario. Forma de pera tenían. Esos que son mas angostos arriba y cuando caen parecen bellotas maduras.

    Y el traste? Dios mío, que culo!!! Eran dos melones que se sacudían cuando caminaba, con una redondez y turgencia increíble para los años que mostraba su rostro, ajado con una sombra de bigote enmarcando sus labios. Sus piernas lucían tan peludas como sus sobacos, pero muy bien torneadas y de piel tersa, no como su rostro. Se le enterraba una tanguita entre las dos nalgas, visible debido a la «mini» de nylon que vestía con naturalidad.

    Yo imaginaba su sexo, bien colorado y anhelante, rodeado por una mata de vello de rizos entrelazados, tan tupido como para peinarlo y extenderlo hasta su agujero negro.

    Los pensionistas éramos estudiantes, varones en la veintena y, para que negarlo, todos fantaseábamos. Se imaginan con que.

    Lo peor del caso es que no nos daba ni la hora, excepto para saludarnos con cortesía y cocinarnos un menú que ella elegía cada día. Cuando nos servía la comida, la patrona sabía como hacer descansar sus enormes tetas sobre nuestros hombros y refregarlas en ellos, lo que a mí me excitaba a morir, cosa que traté de hacerle notar en más de un almuerzo corriendo mi silla para atrás, dejándole entrever la carpa que formaba mi picha erguida contra mi bragueta..

    Los sábados, después del mediodía, se iba y no volvía hasta la madrugada del lunes. Yo sabía, por chimentos de otros pensionistas, que los fines de semana se ocupaba de una sobrina que vivía en un internado de la ciudad y a la que dejaban salir esos días bajo su guarda. Chimentaban que la habían dejado allí su hermana viuda, dado que se le había insinuado a su actual esposo y no la quería cerca de él y de sus pequeños hermanastros.

    Sin darnos cuenta, teníamos el Carnaval encima. Ese fin de semana yo, chinchudo, era el único que había quedado en la pensión. Todos los inquilinos ya se habían ido para sus casas o, los más, a Montevideo a ver la Justa de Murgas y, para terminar la juerga, a los prostíbulos que, a pesar de ser febrero, en esos días hacían su agosto.

    El domingo me acababa de despertar cuando sonó el teléfono. Era la patrona.

    -Hola, Walter, buen día, te desperté?

    -No, patrona, ya estaba cebándome un mate. Pasa algo?

    -Mirá, ibamos a ir con mi sobrina hasta Carrasco, pero ella está… bueno vos sabés, y se le metió que hace mucho calor. No quiere caminar. Bueno, en realidad no quiere nada. Quiere que la lleve a casa, ¿te molesta?

    -Pero, patrona, la casa es suya. ¿Que pregunta me hace? Yo igual pensaba ir a la ciudad vieja, para conversar con los turistas que hay estos días. Colonia está desierta, y es lindo recorrerla.

    -Bueno, Walter, en realidad yo te iba a pedir que te quedaras para hacernos compañía, y despues, si la Amalia se pone bien, ir juntos, ¿te va? Yo prepararé ayer antes de venirme unos capelettis y un lindo tuco. Llevo un tinto para los tres, los cocino y almorzamos. Que decís?

    La verdad era que yo no pensaba ir a Colonia un carajo. Es mas aburrida que chupar un clavo, y el solo imaginarme con la patrona a solas me hizo sentir cosquillas en la entrepierna, así que no dudé, aunque se la hice difícil.

    -Bueno, patrona, si usted me lo pide…pero su sobrina ¿no tendrá problemas conmigo en la casa?

    -Pero no, Walter, ya le dije y está con ganas de conocer alguien nuevo. Siempre encerrada con los mismos, la pobre. Vamos para allá, entonces. Nos vemos. Chau.

    -Chau.

    Al rato escuché la puerta y me acerqué a recibirlas.

    -Esta es Amalia, mi sobrina – me dijo la patrona.

    Tendría unos veinte años y era muy corpulenta. Era más alta que yo, que mido casi un metro ochenta. Vestía un top sin mangas y bermudas, y sus brazos y piernas, muy bien torneados, lucían un vello tan tupido como el de su tía.

    Fui detrás de ellas hasta la sala. Amalia tenía una cola turgente y unas caderas rotundas coronadas por una cintura fina que se continuaba en una espalda cuadrada, casi masculina.

    -Me llamo Walter- le dije cuando nos sentamos a la mesa, frente a frente. Me miró, pero no contestó.

    Mientras su tía fue a buscar algo para tomar, la observé con detenimiento. Noté que no usaba sostén y su top revelaba unos pezones erectos como si fuesen dos botones en relieve, aunque los pechos se veían pequeños para una mujer tan grandota. Su rostro era vulgar, enmarcado por un pelo negro cortado casi al rape, ojos color pardo oscuro y una boca grande con labios muy gruesos en forma de corazón sombreados por un vello oscuro bajo una nariz ganchuda. Fea sin remedio.

    La patrona volvió con unos vasos y una jarra de limonada, cuando Amalia habló por primera vez.

    -Walter, que lindo sos-dijo con una voz ronca y grave.

    La patrona puso las cosas sobre la mesa, la miró fijo y la retó a voz en cuello.

    -¡Que te dije de como hablar con la gente, atrevida! ¡siempre dando la nota! ¡te ganaste la paliza del día!

    Quise intervenir para aplacarla y defender a la chica, pero vi que la cara de Amalia se transformaba con una mueca extraña mientras sacaba una lengua muy larga y se relamía con ella sus labios gruesos, como si hubiese estado esperando con placer la amenaza.

    -Quiero que me castigues ahora y que Walter se quede para que vea como me cuidás.-. Escuché asombrado la ironía de Amalia.

    -No, yo…me parece que no tengo nada que ver- atiné a decir casi balbuceando. La patrona se enojó aún más.

    -Así que eso querés, atorranta- le gritó, – y lo vas a tener. Voy a buscar la palmeta y te voy a dejar el culo como un florero. Vas a aprender.- y me miró, guiñandome un ojo buscando mi aprobación. -Vos Walter te quedás, y la vas a poner boca abajo sobre tus piernas para que no se me escape, me pongo cómoda y vuelvo.

    Quedé estupefacto. Vi a la patrona ir hacia la escalera, mientras que Amalia se paró, me dio la espalda y comenzó a bajarse el bermuda. No tenía nada debajo y sus cachetes, carnosos y redondos, me estallaron en la cara.

    Solo imaginar que tendría ese culo en pompa a upa hizo que me empalmara, pero cuando vi a la patrona bajar la escalera supe que tendríamos fandango. Había dicho ponerse cómoda. ¡Que mierda, estaba en tanga y corpiño!

    Eran rojos, de encaje, y mostraban lo que yo, en mis más febriles pajas, nunca había llegado a imaginarme. Llevaba en la mano una palmeta de mango redondo, corto y grueso, que remataba en un aro pequeño de madera con encordado de raqueta de tenis. Del aro de madera salían plumas chiquitas muy blancas.

    Tomó a Amalia de la mano y la arrastró hasta mi, obligandola a subirse culo para arriba sobre mis rodillas. Claro, yo ya tenía la picha en completa erección y su cachucha quedó encima de ella. La sintió y comenzó a refregarse contra ella como si tuviera el mal de sanvito, mientras la patrona comenzó a atizarle las nalgas con la palmeta.

    Clavé la mirada en las tetas de la patrona que se bamboleaban con cada raquetazo.

    No me aguanté y le arranqué el soutien de un tirón. Se agachó hacia mi y me metió la lengua en la boca. Comencé a lamérsela y sobarle los pezones que pronto se endurecieron como avellanas. Amalia extendió su mano y la metió debajo de la tanguita de su tía. Se la bajó y vi como empezó a sobarle la ya húmeda cajeta. Habrá pasado un minuto, no más, cuando la patrona tiró la palmeta al piso, retiró su boca de la mía, cayó arrodillada y pegó un alarido gutural. -¡Amalia, dame tu botón!- gritó, mientras los espasmos de un orgasmo recorrían todo su cuerpo.

    Amalia saltó de mi regazo. Entonces fue cuando la vi de frente y noté su tremendo clítoris que, como una pirámide obscena, sobresalía de su concha roja bordeada con pendejos enmarañados desde su ombligo hasta el coxis Los palmetazos y el frotarse contra mi miembro al palo la habían encendido y el botón del placer estaba como erecto y a la altura de la boca de la patrona, que no dudó en rodearlo con sus labios ajados y comenzar a chuparlo.

    Los jadeos de ambas hablaban de su tremenda calentura. Mi picha estaba al rojo fuego, el glande hinchado.

    Supe que tenía que ponerla o pajearme ya. Cuando logré pararme y desprenderme de mi ropa, busqué donde enterrarla, El ojo negro de Amalia me hacía guiño, así que la ensalivé para lubricarla y allí la ensarté, sin avisarle.

    -¡Hijo de puta!-gritó-¡Por el culo nooo. Nunca me dejé. Me matás! Cuando logré meter la cabeza, quiso detenerme apretando su esfinter. Vencí la valla y se la enterré hasta las pelotas.

    Mentía. La turrita ya había recibido antes visitas en su upite, que se me abrió anhelante de verga. Yo entraba y salía de ese culo con un vaiven que se hizo frenético. Aproveché para amasar sus pequeñas tetas por arriba de su top que, debido a su transpiración, se había convertido en un trapo. No véía a la patrona, pero oía a su boca chupeteando ese clítoris desmesurado.

    Amalia balbuceaba. ¡No me de… jen, no pa… ren. Que pla… cer, Ahh!

    Yo sentí que mi clímax llegaba. Amalia se agachó hacia adelante y apretó la cabeza de su tía contra su concha. Empezó a tartamudear. –¡Me corro, carajo, me co… rro! ¡y me voy a ca… gar! ! ¡Que sen… sa… ción!

    Amalia temblaba. Llegó al orgasmo y no pudo sostenerse en pie. Cayó de rodillas. Su concha se convirtió en un surtidor. Los chorros del squirt que largaba bañaron la cara de la patrona, que cerró los ojos mientras el líquido se corría hasta sus tetas.

    Al descolgarme de su orto, sentí a la guasca subir por mi pija y eyaculé. El primer chorro salió tan fuerte que se elevó y pudo alcanzar los labios de la patrona, que empezó a lamerlo. La leche de los siguientes bañaron la espalda y el pelo de Amalia.

    Mis cojones se aliviaron y, cuando mi picha comenzaba a encogerse, la patrona se paró y vino hacia mi.

    -Walter, ni se te ocurra -me dijo- ahora me toca a mí.

    Me agarró los huevos con una mano y empezó a pajearme con la otra, mientras que sus pezones, mojados por el squirt de la sobrina y duros como piedras, comenzaron a frotarse contra mis tetillas. En segundos mi poronga se irguió como un mástil. La patrona había sido la dueña de mis deseos libidinosos desde hacía meses, y ahora me iba a dejar entrar en su vulva. ¡Que morbo! lo evocado cuando me masturbaba al imaginarme cogiendo su concha carnosa se haría realidad.

    Fue en ese momento que Amalia, aún en el piso, comenzó con un pedorreo cuyo sonido y hedor inundó la sala. Se irguió, levantó la palmeta e introdujo el mango en su cajeta de un saque. Acecándose a la patrona por la espalda, y mientras se pajeaba entrando y sacando el mango, empezó a acariciarle a su tía las nalgas y el ojete con las plumitas.

    El olor a mierda nos rodeaba, pero no nos importó. Al contrario, nos encendió aún más a los tres.

    Aproveché para tenderme boca arriba en el piso. La patrona se puso a horcajadas e introdujo mi carajo en su cachucha que me recibió caliente como el infierno. Era cómoda y aterciopelada. Sin dejar que me moviera, bajó sus tetas para que se las chupara. Me prendí a ellas, una por vez, como un bebé hambriento, mientras ella, como un muñeco a cuerda, subía, bajaba y contoneaba sus caderas. Era una profesora del coito. Las arrugas de su rostro parecían haberse alisado y desde atrás Amalia le susurraba “cogelo, tía, cogelo al Walter“.

    Esa tarde de domingo de Carnaval gocé como nunca.

    No. No le acabé adentro a la patrona.

    Me da un poco de vergüenza contarlo, pero terminaron chupándome las dos juntas la pija y los huevos. Me corrí como loco cuando Amalia me lameteó las pelotas, haciendo que levantara la cola. Vio su venganza y empezó a penetrar mi culo con el mango de la palmeta. No todo, solo un poquito. ¡Que placer tan tremendo! Sentí cuando mi leche dejaba mis pelotas y subía como lava hirviendo por el tronco erguido de mi picha para terminar saltando hacia sus bocas, que la recibieron dándose un beso de lengua interminable para luego tragársela.

    Nos bañamos los tres juntos y jugamos otro rato. Todo terminó al anochecer cuando la patrona salió con Amalia para regresarla al internado.

    El lunes me desperté tarde. Entré en la sala y allí estaba un hombre bajito, pelado y con bigotes. Me dijo que él era Aurelio, el nuevo dueño de la pensión. Me informó que la había comprado el jueves antes de Carnaval y el día de ayer a la mañana la señora le había dado la posesión, pero ella le había solicitado que le permitiera el domingo por la tarde para dejarle ordenado el lugar. Le pregunté por la patrona. Le dije que ni siquiera se había despedido.

    ¡Soy un mentiroso! ¡Vaya si hubo despedida! Nunca la volví a encontrar, ni a Amalia.

  • Intento de abrir la relación

    Intento de abrir la relación

    Somos una pareja joven,  por ende, es un poco raro que yo tenga este tipo de pensamientos, sin embargo, al conocer el swinger y el cuckold me interese en el tema a un punto que rayaba con la obsesión.  La primera vez que le confesé a mi esposa que queria vivir con ella este tipo de experiencias fue un poco inesperado y se enfado tanto que pensé que la relación iba a terminar esa noche.

    Ella remedió la situación tratando de entender mi punto de vista y abriendo la posibilidad de que en algún momento fuesemos a un bar swinger y así experimentar nuestra sexualidad, en esa primera instancia ella investigó también sobre este estilo de vida pero ella no estaba del todo segura de lo que estabamos planeando y al final no pudimos concretar algo por lo cual dejamos esa idea atrás.

    De vez en vez, yo volvía a obsesionarme con estos temas y leía cosas como: «¿Cómo convencer a mi esposa de ser swinger/cuckold?» Y en la última vez que le propuse de nuevo algo así ella entendió que yo no iba a cambiar esa forma de pensar, y estuvo furiosa todo el día (de nuevo), pero al finalizar la tarde me dio una grata sorpresa diciendome «¿Que tal si hacemos un trio?» Yo emocionado repliqué – ¿Con quién?

    – Con Oscar

    (Oscar es un ex-compañero de trabajo de ella, quien le coqueteó y le confesó que el tenia una relación abierta con su pareja)

    Seguido de ello me comento que durante esa tarde había estado hablando con él, y que habia la posibilidad de que hicieramos un trio con el. Yo encantado con la noticia la besé y seguido de ello la puse en cuatro sobre la cama y la penetré de manera brusca, diciendole constantemente que era una zorra hermosa y que quería que fuera la mujer más zorra del mundo lo cual nos excitaba mucho, adicional le dije que así la iba a coger Oscar mientras tanto ella tenia que mamarmela tan rico como siempre lo hace.

    Los días posteriores mientras ella hablaba con Oscar para cuadrar la cita, nosotros fantaseabamos con el trio, e incluso un posible cuarteto con la esposa de él.

    Pasó el tiempo y lo que se pudo cuadrar fue una cita entre ellos dos solos.

    Ella se preparo muy bien para la cita, se compró un conjunto de lencería sexy de color negro, lo uso todo excepto el sosten porque queria estar sin él. Yo tuve la tarea de verificar si su vagina estaba bien depilada antes de partir a la cita. Estaba divina.

    A partir de ahora es la confesión que ella me hizo sobre lo sucedido:

    Cerca de la casa hay un parque donde la recogió en moto, al ella llegar al parque el ya la esta a esperando, ella le puso la cara sobre su pecho y así el se dio cuenta de sus grandes senos y más importante que no llevaba sosten.

    De allí partieron a una zona de bares y moteles, entraron a un bar y tomaron una cerveza mientras recordaban algunas cosas del trabajo.

    Una vez tomaron la cerveza fueron a un motel cercano pidieron dos cervezas y empezaron a besarse y acariciarse, él le pregunto que si ella sabia colocar condones, ella le respondió que no y él le empezo a enseñar como se debia colocar, no obstante, esos preservativos al parecer no le quedaban bien y él se sentia incomodo entonces pactaron tener relaciones al natural.

    Ella le realizo sexo oral, y mientras lo hacia le dijo que el pene de el es un poco más grande que el mio, (no me dió muchos más detalles sobre la mamada pero ella es excelente en eso)

    La puso en cuatro, también ella encima y otras poses más y el demostro tener gran autocontrol y no se vino rápido y al final se vino adentro (cosa que el le confesó a ella antes del encuentro que quería hacer) luego la volvió a traer y hasta el momento no ha vuelto a pasar algo pero sin duda si pasa algo más se los compartiré.

    Espero les haya gustado, sé que la parte más interesante no está muy bien detallada pero tan pronto pida más información lo actualice.

    Bye.

  • ¿Qué carrera estudias?… Soy la maestra de inglés

    ¿Qué carrera estudias?… Soy la maestra de inglés

    En ese momento sentí una pena inmensa, ¿quién me creía yo para andar ligando chicas en el autobús en mi primer semestre de la universidad?

    Simplemente no pude evitarlo, su piel color perla, ojos rasgados, cara redondeada, con cabello lacio castaño peinado con coleta hacia atrás.

    Bustos medianos, silueta contorneada naturalmente esculpida por su ADN.

    Unas caderas que de frente dejaban ver que allá atrás se cocinaba algo muy rico, y unas piernas anchas que se veían aún más grandes por su baja estatura.

    Cuando se sentó a mi lado, del otro lado del pasillo, la comencé a mirar de reojo.

    Y como no sabía qué hacer, me puse mis iPods y me quedé dormido.

    Media hora después, desperté de un brinco pensando que el autobús me había dejado lejos de casa y para mi sorpresa, todavía me faltaban unos 15 minutos para llegar y lo mejor… ella seguía al lado mío.

    Me llamó la atención que estaba leyendo una revista en inglés.

    Asumí que era una chica más interesante del promedio de las de la universidad, por lo que me armé de valentía y le pregunté:

    – Hola, ¿qué carrera estudias?

    A lo que ella respondió, con una sonrisa.

    – Soy la maestra de inglés de la preparatoria.

    Dentro de mí, en mi diálogo mental me decía lo siguiente: ¡pendejo ya la cagaste!

    Tuve que procesar por unos segundos lo que acababa de pasar y sobre todo, lo que podía suceder después de mi “inocente” saludo.

    Sorprendido escuché un claro:

    ¿Y tú?

    Ufff… ¡qué alivio!, pensé que ya la había cagado.

    – Ah pues… es mi primer semestre de ingeniería… por cierto, me llamo Palaner ¿y tú?

    – Mucho gusto, soy Robyn

    – ¿Robyn? No lo había escuchado antes, y tu acento no es tan de aquí, ¿de dónde eres?

    El chofer hizo una frenada de emergencia. La revista de Robyn se cayó de entre sus piernas dejando ver sus muslos prominentes, escondidos por unos jeans muy ajustados.

    Con mis brazos largos me apresuré a tomar la revista, ella se agachó un poco después dejando ver esos senos debajo de la blusa de algodón verde que afortunadamente era algo suelta.

    Mi pene se me comenzó a poner duro, afortunadamente tenía mi sudadera puesta sobre las piernas.

    Robyn se veía muy joven. O bueno, mi paradigma de maestra de inglés no era el de una chica que probablemente era unos 5 años mayor que yo, a lo mucho.

    Me agradeció por lo de la revista y en eso dio un salto para ver por su ventana que ya tenía que bajarse.

    Tomó la revista de mis manos y me dio tiempo de retirar mi vista de sus hermosas partes para que no se diera cuenta.

    Aunque bueno, las mujeres tienen una mejor vista periférica que nosotros los hombres, así que no sé si me vio.

    – Mucho gusto, Palaner, aquí me tengo que bajar.

    – Hasta luego, Robyn.

    Pasaron los días y no veía a Robyn, por lo que recurría a las imágenes que se me quedaron grabadas en mi mente.

    Ella tenía unos ojos muy brillosos color avellana.

    Yo fantaseaba con esa boca pequeña, esos senos y muslos, ya que hacía tiempo que no veía una belleza natural como la de Robyn.

    Además la idea de que ella viniera de otro país me daba vueltas en la cabeza.

    Por lo que sólo eso y mis casi 19 centímetros de pene con cabeza en forma de hongo, era lo único que me unía a ella.

    Un día por la mañana me fui a abordar el autobús rumbo a la universidad, me acomodé en el asiento de siempre y me puse los iPods.

    En se momento me gustaba escuchar Safri Duo, específicamente Played-A-Live.

    Veía como subían algunos otros estudiantes y escuché cómo el motor del autobús comenzaba a sonar.

    El chofer iba a accionar la palanca de la puerta, cuando alguien entró apenas al autobús…

    Era Robyn, que venía respirando agitada, de haber corrido para alcanzarnos.

    La miré y lo más rápido que pude quité mi mochila del asiento de al lado con la esperanza de que ella también se sentara, y me miró.

    No saludamos de la manera más común posible…

    Y lo único que pasó fue que pude oler su perfume dejar una estela mientras ella se iba hacia atrás buscando asiento…

    Decepcionado, puse la mochila de nuevo en el otro asiento y cerré mis ojos para seguir oyendo mi música.

    Cuando de repente desperté porque sentí mi mochila en mis piernas porque alguien se había sentado al lado mío.

    Estaba a punto de reclamarle a la persona cuando le vi la cara…

    Era Robyn…

    – Hola, no sé que hacía buscando asiento allá atrás, recordé que teníamos una plática pendiente y por eso me atreví a despertarte. Espero no te moleste.

    – ¿Despertarme?, la verdad acaba de cerrar mis ojos…

    Robyn estaba de intercambio. Estaba estudiando en la universidad de Berkeley la Maestría. Había elegido este país porque hacía su tesis en grafitis o arte urbano, como ella le decía, y tenía novio…

    Todo iba bien, hasta que dijo que tenía novio. Pero bueno, qué me quedaba, más que seguir platicando con ella.

    Llegando a la universidad se despidió diciéndome que esperaba verme de regreso para seguir platicando.

    Cosa que más o menos me entusiasmó… porque pues no estaba soltera.

    De regreso no la vi y me fui a casa menos ilusionado con la idea de que pasara algo con Robyn.

    Pasaron más días…

    Estaba platicando con dos compañeros de la carrera.

    Nos gustaba pasearnos por la preparatoria, ya que en la carrera de ingeniería no había chicas tan lindas.

    En eso todo se tornó distinto, las voces de mis amigos se alargaban, y claramente comenzaron a hablar más despacio.

    Las personas que caminaban al lado de nosotros se movían en cámara lenta.

    Hasta que todo se detuvo a mi alrededor y mi enfoque hizo que todo lo demás se nublara, excepto una persona…

    Robyn…

    A unos 10 metros de distancia de dónde estábamos nosotros ella traía un vestido estrecho de algodón color gris, lo cual hacía que su piel perla resaltara.

    Veía sus brazos y sus piernas de la rodilla abajo con unos tenis blancos.

    La tela de su vestido ajustaba toda su silueta.

    Nos vimos fijamente.

    Y al momento de darse cuenta que me quedé atónito, mis compañeros, dirigieron su mirada a ella.

    Robyn no hizo ningún gesto y su semblante se mantuvo neutro mirándome fijamente.

    Entonces comenzó a caminar hacía mi, caminando como una modelo de pasarela.

    Les dije a mis compañeros entre dientes:

    – Es ella, ¡es ella pendejos!

    Robyn no estaba usando brasier. Y pude notar la perfección de sus pechos. Y el diminuto tamaño de unos pezones que bramaban calentura.

    Mi erección respondió instantáneamente.

    Robyn pasó en medio de mis compañeros, puso un brazo sobre mi hombro, se me acercó y sentí uno de sus pezones y luego su seno presionar mi pecho.

    Me dio un beso en la mejilla, y me dijo al oído:

    – Hola…

    Y se fue…

    Volteé la mirada y su hermoso culo se movía de derecha a izquierda.

    La plática entre nosotros dejó de ser de exámenes y autos, y pasó a ser de Robyn, su culo, su figura, y sus tetas.

    Volteamos para retroalimentar la plática y nada…

    Robyn se había esfumado.

    Ese día la esperé matando el tiempo con el pretexto de regresarme con ella.

    Pasaron algunas horas después de la hora normal en la que coincidíamos.

    La vi que venía platicando con otro chico y juntos se subieron al camión.

    ¡No puede ser! Todo mi esfuerzo se había ido al carajo…

    Subí al camión sin prestar atención a nada, sólo quería regresar a casa…

    En eso, el chofer me dijo:

    – Apresúrate porque sólo queda un lugar.

    Era al lado del pendejo con el que venía hablando Robyn, ¿pero dónde estaba ella?

    No me importó y me senté.

    Unos 30 minutos después el pendejo ese se bajó, despertándome, por lo que me acomodé en la ventanilla para poder dormir más a gusto hasta que…

    – Hola dormilón…

    – ¿Robyn? No te había visto…

    – Estaba atrás, me urgía escaparme del chico que venía aquí sentado, ya que me venía acosando con el pretexto de que lo calificara mejor, me decía que si me invitaba a cenar yo le pusiera una calificación más alta. ¿Puedes creerlo?

    – ¿Enserio?… es un idiota…

    – Y como no te vi, por eso me senté con una chica que tenía el asiento desocupado.

    Uff qué alivio fue escuchar a Robyn decir eso…

    – Por cierto, ¿ya estudiaste para tu examen de mañana con Bárbara?

    – ¿Se conocen?… obvio se conocen, ella es mi maestra de inglés de la universidad… por cierto ¿si te invito a cenar me conseguirías el examen de Bárbara?

    – Jajaja, aquí me bajo tonto…

    Me apretó la pierna, se me acercó y apenas pude ver sus pezones a todo… me dio un beso en la mejilla, se arqueó para que pudiera ver su culo… o eso pensé y se fue…

    Al otro día en el examen de inglés… Bárbara no venía… y todos nos mirábamos desconcertados, pues cada vez faltaba menos tiempo en el reloj…

    Entró el supervisor y nos dijo:

    – Hola chicos, Bárbara no pudo venir aunque sí van a tener examen, viene conmigo la maestra sustituta. Pase profesora…

    Era Robyn…

    Mi erección respondió más rápido que mi sonrisa…

    – Gracias supervisor, Hola chicos, soy la maestra Robyn y Bárbara me pidió hacer el examen para ustedes. Por lo que me di a la libertad de hacer versiones distintas del examen para evitar que hagan trampa y se pasen las respuestas. Así que, ni lo intenten porque quien va a calificar este examen va a ser su servidora… Voy a pasar lista y se van a levantar a por su examen a mi escritorio… ¿Palaner?

    – ¿Si profesora?

    – Pasa por tu examen…

    Cuando llegué a su escritorio vi un letrero en una pequeña nota que decía:

    “Lee las instrucciones que están detrás de tu examen, lo de las versiones distintas sólo lo dije como un pretexto… el único examen distinto es el tuyo… ya verás por qué…”

    Cuando Robyn se dio cuenta que ya había terminado de leer la nota, la tomó, la enrolló y se la guardó en su pantalón.

    Me guiñó uno ojo y me dio el examen…

    Comenzó a nombrar a mas estudiantes y yo comencé a leer las instrucciones.

    “Palaner, ejecuta las instrucciones en el orden en que las indiqué. Me daré cuenta si no lo haces y si eso pasa, recibirás la calificación más baja del grupo. Pero si haces todo lo que te digo, tendrás la calificación más alta y te daré una sorpresa saliendo de aquí…”

    Estaba nervioso y no sabía qué pensar… hasta que leí la primera instrucción.

    1) Cuando se me cayó la revista el día que te conocí me di cuenta que observaste mis senos, por lo que quiero que desde este momento y hasta cuando escuches el último nombre de tus compañeros me veas de reojo, tocándote el pene sin que tus compañeros lo noten, mientras tanto, sigue con el punto número 2.

    No sabía si esto era una broma o era mi sentencia de muerte.

    2) Mi novio es un pendejo. Lo descubrí cogiendo con otra y lo mandé a tirar por culo. El día que te vi con tus amigos, que te saludé, en el único hombre que estaba pensando era en tí. Así que cuando se te ponga duro el pene, en ese momento quiero que levantes tu mano y me digas lo siguiente:

    “Maestra Robyn, ¿puedo hacerle una pregunta respecto al examen?”

    Y espera mi respuesta…

    Eso hizo que mi erección fuera instantánea, así que seguí la instrucción, y me dijo sonriendo:

    – Claro Palaner, sólo espera a que acabe de entregar los exámenes y voy a tu lugar. Mientras tanto continúa con tu examen.

    3) El día que me senté al lado tuyo en la mañana me puse un perfume que sólo me ponía cuando cogía con mi novio… pero la noche del día anterior no cogimos porque fue cuando lo chacé con la otra y guardaba la esperanza de verte. Hoy lo traigo puesto de nuevo, así que cuando me acerque a tu lugar para responderte la duda, quiero que te levantes y me huelas el perfume y en ese momento sigas las instrucciones que te voy a dar mientras estás de pie…

    – Dime, Palaner, ya estoy aquí, ¿cuál era tu duda?

    Miré hacia arriba recorriendo el cuerpo de Robyn, podía notar sus jeans ajustados y una blusa color coral que dejaba entrever su vientre plano, de nuevo no traía brasier y sus pezones bramaban de calientes que estaban todos excitados…

    Me levanté y comencé a inventar una duda…

    – Discúlpame Palaner, acércate que no te escucho…

    Me pegué lo más que pude a ella y me llegó de nuevo ese perfume a flores que usualmente sólo olía cuando iba a tomar fotos al bosque… mi erección se endureció más.

    Ella puso sus pezones en el brazo que sostenía el examen y se comenzó a mover un poco más…

    A lo que respondió…

    – Oh vaya, fue un error mío, una disculpa Palaner, anula esta pregunta… por cierto ¡qué rápido!, veo que ya terminaste. Anda apresúrate, para que no pierdas el camión… que yo no me pienso perder, así que…

    Se dirigió a la clase y dijo:

    – Chicos, tienen 5 minutos más para terminar, porque no me pienso perder mi camión de regreso a casa. Y si eso pasa, los repruebo a todos, incluso a tí Palaner, si no te vas ya.

    Me volteó a ver, me guiñó el ojo, y se dió la vuelta deslizando sus pezones sobre mi brazo tomando el examen de mis manos…

    Salí lo más rápido que pude, y el camión se estaba llenando…

    ¡No!

    Fui avanzando y sólo quedaban un par de asientos en la parte trasera del autobús…

    Aventé mi mochila en uno de ellos y me senté lo más rápido que pude rezando que no llegara nadie más y ocupara el asiento que estaba guardando para Robyn…

    El chofer cerró la puerta del camión y no me aguanté la emoción que grité:

    – ¡No, todavía no arranque!

    A lo que algunos respondieron:

    – ¡Cállate ya nos queremos ir a casa!

    Siguió avanzando el autobús hasta llegar a la salida de la universidad por lo que se detuvo para dejar salir a los otros autobuses que estaban delante de él.

    Se escuchó un noc noc en la puerta…

    Y el chofer la abrió…

    – Hola maestra, suba… no se preocupe, por usted si me detengo. Creo que sólo hay un lugar al fondo.

    – Muchas gracias señor…

    Robyn esta vez estaba cubriendo su blusa con una sudadera… por lo que no le podía ver los pezones. Se sentó a mi lado y dijo:

    – Hola Palaner, ya vi que te gusta seguir instrucciones…

    – Hola Maestra…

    – Dime Robyn…

    – Hola Robyn, no creí que tuvieras frío…

    – Tienes razón, no tengo mucho, y aquí en este lugar hace más calor que en los demás…

    Su sonrisa bastó para que la verga se me pudiera parar otra vez, para lo que ella se quitó la sudadera y pude ver cómo sus senos rebotaban cuando la sudadera los alcanzaba deslizándose hacia arriba… y la colocó sobre mis piernas.

    – Si no te molesta… claro

    Prácticamente lo que hizo fue tocar mi erección con la sudadera con el pretexto de ponerla encima de mí…

    A lo que me estremecí y noté que nadie más nos estaba viendo, porque estábamos en los asientos de atrás…

    Robyn se acercó a mi oído sosteniendo mi pene erecto para decirme:

    – Tu examen no se ha terminado, de ti depende que apruebes, y si haces ruido nos van a cachar…

    Para nuestra suerte, los que estaban al lado de nosotros traían audífonos, y el motor del autobús parecía que les estaba arrullando el sueño.

    Era época de exámenes, así que era común que de regreso todo el autobús viniera en siesta.

    Me lamió y mordió la oreja, luego me dio un beso y comenzó a manosearme encima de la sudadera…

    Se acercó y me dijo:

    – Por cierto, hoy puedes tocar todo lo que quieras…

    La tomé del cuello y la comencé a besar. Ella comenzó a gemir. No me preocupaba el sonido ya que estábamos sentados prácticamente en el motor del autobús, y sus gemidos se ahogaban en mi boca.

    Con mi mano derecha comencé a acariciar su espalda, por debajo de su blusa, y como ya sabes, no traba brasier…

    Metió la mano debajo de la sudadera, y ahora estaba tocando mi verga sobre mis pants…

    Ese día yo no traía boxer, por lo que su mano sólo estaba a una capa de tela para sentir mi carne excitada…

    Sentí con mis labios su sonrisa y miré que sus ojos estaban clavados en lo que sus manos estaban a punto de descubrir.

    Dirigí mi mano trasera a su seno izquierdo y sentí como si estuviera tocando unas gomas rosas de lápiz, todas redondeadas… ese era el tamaño y forma de sus pequeños pezones.

    Mis manos, que son grandes, eran justas para sostener cada una cada uno de sus senos.

    Nos seguíamos besando y esta vez ella estaba usando su lengua.

    Me bajó el pants y mi verga quedó al aire…

    Me dio miedo porque sólo bastaría que alguien volteara y nos descubriera.

    Para ese entonces dejé de sentir los labios de Robyn porque…

    Ya me la estaba mamando.

    Puso la sudadera encima de su cabeza para ayudarme a disimular.

    ¡QUÉ RICO ME LA ESTABA CHUPANDO!

    Nunca había estado con una mujer más grande y jamás me habían lengüeteado así la verga.

    Su diminuta boca quedaba justa para el contorno de mi glande en forma de hongo.

    Nadie más sabía que si movían rápidamente la punta de la lengua justo en la punta de mi glande, tendría mi orgasmo.

    Tuve que alcanzar una de las magnas de la sudadera para ponérmela en la boca y morder, ya que estaba a punto de gritar…

    Ella con sus manos se comenzó a desabrochar los jeans.

    Y se los comencé a bajar para descubrir…

    ¡Qué culo!… blanco y contorneado dividido por una tanga color azul neón.

    Comencé a apretar sus nalgas y dirigí mi mano hacia uno de sus labios vaginales.

    Cada vez que me acercaba más, ella hundía mi verga más a su garganta.

    Mi otra mano estaba en una de sus tetas.

    ¡Qué espectáculo!

    Hice un esfuerzo para encontrar su clítoris, ya que los asientos de atrás no son lo más amplios y ella todo lo tenía compactado.

    Hasta que me di cuenta que había llegado porque sentía las vibraciones en mi pene de su bramido que lo ahogaba con lo que tenía en la boca y garganta, más el efecto de la sudadera que estaba cubriendo todo amortiguando sus gemidos.

    Ya le estaba metiendo el dedo a la vagina, cuando Robyn me la dejó de mamar.

    Me tapó la verga con la sudadera mientras me la seguía jalando con una de sus manos.

    Me quitó la manga de la boca, comenzó a reírse, y me volvió a besar.

    Mi dedo corazón ya estaba totalmente dentro de su vagina.

    Su culo era dominado por mi mano y sus senos estaban totalmente entregados a mi otra mano.

    Robyn me apretaba la verga.

    Yo seguía dedeándola y me atreví a chuparle uno de sus pezones.

    Ella sintió que mi pene se contrajo y sentí el espasmo de lo excitado que me ponía chupar ese pezón de punta de goma redondeada de lápiz.

    A lo que me acerqué a su oído para decirle:

    – Me voy a venir en tu sudadera Robyn.

    – Si lo haces, repruebas el examen… jajaja obvio no tonto, ¿quieres que me lo trague?

    Gemí… ella sabía cómo darme placer.

    – ¡Hazlo ya que no aguanto!

    – ¿Ahora tú le estás dando órdenes a la maestra?

    – Perdón, ¡me tienes totalmente excitado y estoy a punto de chorrearme aquí!

    Susurrábamos lo más bajo que podíamos… pero ella tenía el control hasta que recordé dónde estaba mi dedo corazón… y comencé a moverlo en círculos hasta llegar a su punto G que se sentía como una pequeña almendra.

    – ¡Tonto me voy a venir en el asiento… pero no te detengas que si lo logras vas a aprobar con puntos extra!

    Moví mi dedo lo más lento y firme que podía, jugando con su almendrita sintiendo como ella se estremecía cada vez más…

    – Robyn, no me importa si me repruebas, pero si no te bajas a tragarte mi semen, te voy a sacar el dedo de la vagina y me voy a venir en toda tu puta sudadera.

    – No eres tan tonto… y buen negociador.

    Ella volvió a meter a la sudadera, sentí su aliento caliente en mi glande, quitó la mano de mi pene y me lo chupó con la pura boca y garganta hasta que…

    … Me vine en la boca de Robyn como nunca lo había hecho, salían chorros intermitentes prolongados… cada vez con menos semen… de lo nervioso que estaba, sentía su lengua jugar con mi glande lleno de mi semen… Hasta que lo comenzó a chupar y succionar…

    Mientras yo sentía como mi dedo corazón y mano chorreaban de sus líquidos vaginales…

    Me dejó húmedo de saliva y ella misma me subió el pants…

    Se subió los jeans se puso la sudadera y me comenzó a besar saliéndose del asiento diciendo:

    – Aquí me bajo, aprobaste muñeco.

    Me guiñó el ojo, me tocó la nariz, me volvió a dar un beso y la vi recorrer todo el pasillo del autobús, viendo como su culo se movía de lado a lado.

    Días después me estaba sentando en el autobús y antes de que arrancara me puse a revisar mi correo…

    Tenía que checar las calificaciones.

    En mi boleta digital había una letra roja…

    La nota de inglés indicaba que había reprobado.

    ¿¡Qué!?

    ¡No lo podía creer!

    En eso arrancó el autobús y recibí una notificación de un nuevo correo electrónico cuyo asunto decía:

    URGENTE: SE ANULÓ EL EXAMEN

    Abrí el email inmediatamente. Y comencé a leer.

    «Hola Palaner,

    Soy Robyn, le comenté a Bárbara que no encontré tu examen, por lo que la única manera de que apruebes, es que pases a mi escritorio para hacer la aclaración.

    Y es muy probablemente que tenga que aplicarte una evaluación oral.

    Por cierto, ya es tarde y si no ves a nadie en el edificio, es porque ya me fui.

    Sólo te puedo esperar 5 minutos.

    Mucho éxito.

    xoxo»

    – ¡Detenga el autobús me tengo que bajar ahora!

  • Me vino a visitar

    Me vino a visitar

    Teníamos casi un año platicando, la conocí en una página para encontrar pareja.

    Era una señora de 45 años, divorciada, era de una ciudad de Tamaulipas, a unas 4 horas de aquí de Monterrey.

    Cada semana que pasaba me decía: tal vez el próximo domingo iré a monterrey para conocernos.

    En las fotos que me mandaba se veía atractiva, ya nos teníamos confianza. En una ocasión me mando una foto en body, era como de encajes, se veía sexi!

    Total que un sábado me dijo: quiero ir a conocerte

    Pues ven, yo salgo de mi trabajo a medio día.

    Si me animo a ir te mando un mensaje cuando ya me suba al autobus, me iré a medio día para llegar allá como a las 4:00 pm.

    Ok, si te animas aquí te espero, te traes el body y una tanguita aparte.

    Le dio risa y me dijo: ok, yo te aviso.

    La verdad yo no pensé que fuera a venir, si la quería conocer pero ya me daba igual si venia o no, pues así teníamos casi un año.

    Pero a medio día me mandó un mensaje diciéndome que ya venía en el autobús.

    La espere antes de las 4:00 afuera de la central, y cuando llego me mandó un mensaje para decirme que ya se estaba bajando del autobús.

    Cuando la vi que se acercó a donde estaba yo, me quedé sorprendido lo bien que estaba, pues a pesar de sus 45 años se veía bien conservada.

    Recuerdo que traía un pantalón ajustado de mezclilla, unos tacones y una blusita ajustada.

    Ella era delgada bien formada, unas nalguitas bien formadas, era muy muy atractiva.

    Nos cruzamos la avenida colon y nos dirigimos a donde estaba mi carro.

    Fuimos a buscar algún hotel para que ella se hospedara. Fuimos a unos 3 hoteles y ninguno le convenció.

    Ya iban a ser las 6 de la tarde y me dijo:

    -no te ofendas, pero no puedo hacer esto.

    -Hacer que?

    -Pues meterme contigo, te acabo de conocer y no me siento en confianza.

    -Pero no te vas a meter conmigo, solo te ibas a hospedar y luego ir a algún lado.

    -La verdad, desde que la vi en la central, la verga se me puso bien dura. Lógicamente me la quería coger! Me dijo que mejor la llevara a la central de autobuses, que mejor se regresaba.

    Cuando íbamos rumbo a la central me dijo: discúlpame, es que no me siento en confianza

    No te preocupes, no pasa nada, he conocido muchas mujeres y me ha ido bien y también algunas me han rechazado, no se le puede agradar a todas…

    No es eso, mira… vamos a algún lado, a pasear o a donde sea y ya cuando agarre confianza pues que pase lo que tenga que pasar. Como ves?

    Pues… vamos a una fiesta que me invitaron hace días ? Le dije

    Y donde es?

    Pues como a media hora

    Si, llevame! me dijo

    Fuimos a la fiesta, convivimos, platicamos, tomamos algunas cervezas y como a eso de la 1:00 de la madrugada me pidió que nos fuéramos.

    Nos regresamos al centro de monterrey y me acorde de un hotel que iba anteriormente con una ex

    Pero en el camino se me acercaba, me abrazaba, me besaba, ya iba bien cachonda…

    Cuando entramos a la habitación me dijo que se metería a bañar, yo la espere en la cama…

    Cuando salió en toalla , le dije que me metería a bañar yo, cuando salí y me dirigí a la cama, ella traía puesto el body negro de encajes, el mismo de la foto. Se veía bien rica.

    Yo me senté en la cama, ella se me acerco, la tome de la cintura y nos besamos. La pegue a mi y la abrace de la cintura, la cargue y la recosté en la cama.

    La besaba, le baje los tirantes del body y mame sus tetitas, su cuello.

    Estaba bien cachonda, la encueré por completo y metí mis dedos en su vagina, estaba riquisima.

    Ya se había puesto bien cachonda, le pedí que me la mamara.

    Me la comenzó a chupar y yo le decía:

    Los huevos, mami!

    Me lamio los huevos y después acerco su vagina a mi boca y me decía: la panochita papi, chupamela!

    Le di unas lengüeteadas y me decía: que rico, papi, que rico!

    Trajiste la tanga? Le pregunte

    Si

    Póntela para mi

    Se bajo de la cama y fue a su pequeña maleta, saco una tanga negra de encaje, se la puso y se acercó a mi.

    Ay mamita, estas bien rica!

    Después se la quite, la arrojé al buro y le dije: esta es mía, me la quedare de recuerdo! Me puse el condón y se la metí…

    Sus piernas al hombro y empezó a gemir, le daba fuerte, estaba bien excitado y ella gemía y decía: ayyy ayyy!

    Recuerdo que cuando tenía sujetada sus piernas al hombro me deje caer de lado en la cama sin soltarle sus piernas y así me la cogí, después me enderece y otra vez encima de ella, estábamos sudando, yo estaba demasiado excitado. Cuando tenía sus piernas al hombro en ocasiones le mamaba los pezones, fuertemente. Ella se veía sus tetas y seguía quejandose: ay ay

    Así duramos un buen rato, hasta que me quite el condón y la bañe de semen…

    Nos dormimos un rato, como a eso de las 7 am, voltee a verla y me daba la espalda, traía pues el body. La abrace y se sonrió.

    Me le subí, le quité el body y me puse de nuevo el condón. Le metí un dedo en el ano y ella se estremecía, después le metí la verga de golpe, en seco… le dolía y se quejaba, le daba fuerte, sentí como si la estuviera forzando porque sus gemidos eran como de dolor.

    Decidí mejor soltarla sin venirme, ella se levantó y corrió a la regadera a bañarse.

    Yo me vestí y me guardé su tanga en mi bolsa del pantalón.

    Se vistió y la fui a dejar a la central, pero cuando llegué a la casa me fui a dormir, pero mi verga no se bajaba, todo el día así la traje nomas de acordarme.