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  • Liz y Raúl (1)

    Liz y Raúl (1)

    Liz y Raúl de 36 y 37 respectivamente, llevan una relación muy larga se conocen a fondo y han pasado por muchas experiencias juntos. No podían tener hijos por problemas de esterilidad de Raúl, por lo que, a pesar de tener mucha experiencia entre ellos, no habían considerado los intercambios, sexo con extraños o bares y clubs swingers.

    Liz es una hembra hermosa morena de cabello negro y lacio; largo a media espalda. Su figura es hermosa no es delgada, pero se procura, claro que e gustó del alcohol hace subir de peso en ocasiones, tiene una hermosas tetas grandes 36 DD, coronadas con unas areolas y pezones grandes color café oscuro, un culo grande y redondo, le gusta llevar recortado su vello púbico; lo acomoda en forma de triángulo o una línea, su panocha esta abultada que cuando lleva pantalones o leggings ajustados se nota la prominencia de su sexo. Ella ama a Raúl pero por un tiempo y por la convivencia con sus amigas, le había entrado la inquietud de ser madre. Después de su aniversario le comento esto a Raúl, ella ya sabía que él no podía preñarla, pero el aún excitado por haber disfrutado de su mujer, la imagino con una abultada panza, sus senos más hinchados y ahora de leche; le excitaba la idea de poder hacerlo con una embarazada, un deseo que había tenido desde hace tiempo. Sin comentarlo con su mujer accedió. Amados excitados, besándose, mientras él la penetraba; fantaseaban y hablaban llegando a la conclusión de que Liz fuera compartida con otro hombre al decir eso ambos acabaron el exploto dentro de ella, mientras el orgasmo de Liz retumbo por el cuarto.

    Eran las 16, una tarde calurosa con una brisa que refrescaba, había viajado a una playa cerca de la capital, pues por medio de una de las App de citas, conocieron a un hombre, Gustavo, sobresalía porque era el único que no ponía foto de su pene como foto de perfil y su nombre no era vulgar, solo hacía alusión a quera swinger y un número al azar que eligió, lo que le agrado a Liz. El de 45 era bien parecido, quijada ancha, de piel clara, propio al hablar, su cabello y barba ya pintaba unas canas y a pesar de su edad se notaba que cuidaba su cuerpo, ya estaba casado, pero eran una pareja abierta, ella no podía tener hijos por lo que desde el principio decidieron tener una vida swinger, esta coincidencia hizo que platicaran por horas decidiendo tener una video llamada, los 4 se conocieron, presento a su esposa María, más joven que el de 38, se mostro en la video llamada con un babydoll negro transparente; Ella de piel clara igual que el delgada, cabello corto rubio, y unas tetas redondas más pequeñas que las de Liz, pero bonitas con pezón rosado. Al verla Raúl se puso erecto. Liz notó esto y comenzó a masturbar a Su hombre; del otro lao Gustavo y María notaron eso, pero no le dieron mucha importancia, después de platicar quedaron de acuerdo en un encuentro; María no iba a poder asistir, por cuestiones de trabajo, pero estaba interesada en tener un encuentro con Raúl.

    Habían quedado en un bar cerca del motel donde iba a ocurrir la acción. Liz iba hermosa, vestido largo de lino blanco, un conjunto de ropa interior igual blanco que contrastaba con su piel, también no faltaba el ligero y medias a medio muslo. Estaba excitada, se acercó al oído de Raúl – Estoy muy mojada- le comento, a lo que Raúl solo sonrío y le dio un beso. Él también estaba nervioso no sabía que iba a pasar o si estaba preparado para el encuentro.

    Tomaron dos cervezas y vieron entrar a Gustavo, con propiedad como lo conocieron en la App los saludo, de mano a ambos. Liz y Raúl lo invitaron sentarse, platicaron un rato y Gustavo se ofreció a pagar las bebidas, habían pasado dos horas en el bar los 3 se sorprendieron por el tiempo que estuvieron que se fue rápido como conocidos de mucho tiempo. Pidieron un taxi de aplicación que los llevó al hotel. Se acomodaron los 3 atrás quedando Liz en medio de ambos (Gustavo de su lado izquierdo y Raúl del derecho), mientras más se acercaban los nervios y la excitación crecía en ambos; la cara de Liz se tornaba rojo, su piel estaba caliente, no sabía si por el calor o por su excitación, su pezones grandes se empezaban a notar por su vestido, Gustavo abrió la ventana y tomo a Liz de la mano; ella movió su mano derecha para envolver con ambas manos la mano de Gustavo, volteo la cabeza hacia Raúl y le dio un beso en el cuello. Esos ligeros movimientos excitaron a Raúl.

    Al llegar al hotel pidieron una habitación para 4 personas con doble cama. En el elevador Liz no contuvo la excitación rodeo a Gustavo con los brazos y le planto un beso apasionado a lo que él respondió y la tomo de las grandes nalgas de Liz; al notar que el elevador se detuvo se separaron, pero continuaron agarrados de la mano se movieron delante de Raúl viendo al frente, viendo los reflejos, ella fijo su vista en Raúl y le sonrió. Al abrirse caminaron delante, abrieron la puerta de la habitación y Raúl entro atrás de ellos, Gustavo le dio la tarjeta para que la insertará y se encendieran las luces, unas luces neón de varios colores parpadearon se movían como efecto de ola, el saco el celular se volteo a ellos -pidan lo que quieran, voy a hacer una llamada, me meto a bañar y comenzamos- marco y se escucho que hablo con su esposa. Liz y Raúl se vieron y se besaron mientras caminaba Gustavo se iba desnudado al quitarse el boxer dejo ver su pene flácido, era grueso de 15 cm. Liz se mordió el labio y vio a Raúl para besarlo, ella llevo a Raúl a un sillón le bajo e pantalón y comenzó a chupar su pene, Raúl estaba excitado, casi no podía contenerse, ella sintió en sus testículos que iba a acabar- No vayas a acabar hasta ver cómo me usan- Al oírlo sorprendió a Raúl, pues él se había excitado más y no esperaba que Liz le gustara que fuera dominada.

    Ensimismados en su pasión no notaron que Gustavo ya había salido estaba en la cama masturbándose su pene parecía que había crecido, incluso no notaron que había puesto música, Raúl quito de su pene a Liz y la llevo de la mano a la cama con Gustavo- no me la vas a entregar así ¿o sí?, primero quítale la ropa- Gustavo al acabar de decir esto se acomodó y puso su manos detrás de su cabeza su pene erecto temblaba de lo excitado. Raúl se movió atrás de Liz, le quito su vestido moviendo primero los tirantes del vestido al liberarse de sus hombros el vestido no terminaba de caer por las enormes tetas de Liz al caer completamente, se dejó ver el cuerpo de su Liz en su ropa interior blanca, los pezones duros de Liz se notaban más a través de su bra, su pubis grande también se notaba. Raúl beso a Liz por el cuello, ella reacciono moviendo la cabeza hacia tras llevando su mano a la nuca de Raúl y moviendo sus dedos por su cabello. Gustavo tomo su pene para masturbarse, -no lo hagas tan rápido si no, no me vas dejar una gota de semen para mí- dijo ella al ver el espectáculo que le daba Gustavo. Raúl bajo y le quito el panty blanco dejando ver el pubis de su esposa, que ahora estaba recortado en triangulo. Gustavo se incorporó se puso de rodillas en la cama, tomó a Liz de la mano y la llevo a la cama mientras la besaba, ella lo tomo del pene y lo acaricio. Estuvieron recostados, el parecía que estaba obsesionado con las tetas de Liz, su boca no soltaba sus pezones, poniéndolos de momento entre sus dientes y apretándolos un poco lo que hacía que Liz gimiera – ¡Ah!, sigue así- decía. Raúl sentado en el sillón y desnudo, ya se había venido, el semen le escurría, se había venido bastante, tenía un pequeño charco en el suelo, pero su pene seguía duro y temblaba de excitación. Ella vio a Raúl y de un movimiento rápido tomó la cabeza de Gustavo y le dio un beso apasionado, de forma domínate, lo volteo y bajo a su pene, Raúl solo veía el movimiento de la cabeza de Liz, Gustavo se movía en excitación y dejaba sacar gemidos de placer- sigue perra, así, chupa esa verga- decía lo que hacía que Liz se moviera más rápido, el puso su mano en la cabeza de Liz, la detuvo un momento, Liz sintió la presión de su pene en la garganta que la hicieron tener nauseas, antes de eyacular, el tomo a Liz del cabello y la separo de su miembro, parecía que ella no quería separarse puso Gustavo uso fuerza para moverla. Bruscamente la volteo y abrió sus piernas, – ¿estás lista para mi verga? – le dijo a Liz, que se tocaba sus pezones mientras veía a Gustavo- Dámela ya la quiero- Gustavo empezar acariciar la vulva húmeda de Liz con la cabeza de su pene. – ya dámela, quiero tu verga- le dijo molesta.

    Raúl se masturbaba viendo a acción que le daba su esposa. Trataba de contener el siguiente orgasmo paro no pudo y exploto volviendo a eyacular, soltó un grito de placer que no desconcentro a los amantes en su pasión.

    Por fin, el entro en ella lentamente para que Liz sintiera cada centímetro de su miembro, ella se acerco a su boca para besarlo, el le mordió el labio inferior y termino de entrar, ella creía que había eyaculado pues sintió el temblor de su pene dentro de ella, con ojos de sorpresa lo vio el dijo no solo me excitas mucho, y empezó a meter y sacar su miembro de ella, el ritmo hacia temblar las tetas de Liz, él se prenso de su tetas y la embistió con más fuerza, Liz gemía con fuerza, Gustavo, la tomó de la manos, las puso por encima de su cabeza y exploto dentro de ella, los dos gritaron de placer, continuaron acostados, el encima de ella, no se separaban de ese beso largo, al sacar su pene, la vagina de Liz escurría de su semen. Casi de inmediato el pene de Gustavo se puso duro, ella se puso de pie, con sus piernas a un lado de su cadera, el sostuvo su pene que brillaba por la combinación de los fluidos vaginales y el semen de la recién embestida sexual, de un movimiento de sentadilla, Liz puso la cabeza entre sus labios vaginales, y dejo caerse, ella gimió y comenzó a mover sus caderas adelante y atrás. – ¡Dame más leche, quiero tu semen, préñame! – gritaba Liz en su ataque de lujuria, sus tetas rebotaban, cuando el, la agarro por sus nalgas ella se inclinó para besarlo, al terminar el beso, el movió la cadera con un frenesí y volvió a explotar dentro de ella. Liz e quedo un momento recibiendo todo el semen de Gustavo, se dejo caer hacia tras, y un hilo de semen unió su vagina con el pene de Gustavo. Los muslos de ellas se contraían por el esfuerzo, jadeaba de excitación y cansancio, su piel brillaba del sudor, él se incorporó y se puso entre sus piernas, – ¿otra vez? – Dijo ella sorprendía. El la miró, no dijo nada, ella con un movimiento de aprobación cerro los ojos, el acaricio sus tetas puso sus pezones duros entre sus dedos y la penetro otra vez

    Al escuchar esto Raúl volvía a tener otro orgasmo, solo que esta vez no eyaculo, ya no tenia semen, solo se movía su pene vibrando de placer, Raúl no podía creer que siguieran, seguía excitado. ya cansado decidido recostarse en la otra cama. Se perdió en un sueño profundo, al incorporarse, noto que eran las 3 am, estaba de espaldas a ellos, escuchaba que seguían amándose, murmuraban cosas y entre palabras se besaban, – si quiero seguir viéndote, quiero que me llenes más de tu leche- le decía ella. – me encantan tus tetas, tu vagina apretada me encanta, parece que esta moldeada para mi verga- se decían, mientras Raúl se incorporaba los veía estaban en posición de misionero.

    Se levanto y fue al baño, seguían absortos amándose, Raúl se sentía un poco desencajado se volvió a dormir. Al volver a despertar, eran las 10:00 am, los encontró dormidos, el encima de ella y las sabanas mojadas entre el semen, el sudor y los fluidos de ella. Se quedo viendo una película y una hora después se despertaron, ella lo beso, el le correspondió mientras acariciaba sus tetas, su celular sonó, y se levanto al baño, quedaron solos Liz y Raúl se miraron y no se dijeron nada, ella se acercó a él a besarlo, le dijo al oído creo que ahora si estaré embarazada, pero hay que estar seguros y debo verlo más seguido; Raúl no dijo nada solo la vio, y se escuchó la regadera abrirse.

    Al salir, se despidieron, los tres y quedaron en volverse a ver, concluyo Gustavo en invitar a su esposa la siguiente vez.

    Es el primer relato que escribo, espero les haya gustado. Ayúdenme a mejorar poniendo comentario. La historia puede ser real o ficción, si hay un parecido con la realidad es mera coincidencia.

  • Al cine porno mi esposa, mi suegra y yo

    Al cine porno mi esposa, mi suegra y yo

    Después del rico trío que tuvimos con mi suegra en la cabaña que rentamos, procurábamos hacer el amor en cada oportunidad que teníamos y para ello mi cuarto fue el lugar de nuestros encuentros, nunca lo hicimos en casa de mi suegra por temor a que nos descubrieran su marido o mi cuñada. Tanto Yesica cómo yo disfrutamos del maravilloso cuerpo de Melinda, tocarnos, besarnos, probar nuestros orgasmos se volvió práctica en cada sesión de sexo que tuvimos y fue delicioso.

    En una ocasión que fuimos al cine los tres, nos quedamos a ver las dos funciones que pasaban en aquellos años y salimos alrededor de las 9 de la noche. El cine que había en nuestra ciudad tenía sólo una sala grande y a un costado tenía una puerta pequeña con luces neón, todos sabíamos que era una sala porno. Ese día que salimos tarde, Melinda propuso que entráramos pues ella tenía curiosidad y la verdad nosotros también, así que aceptamos su propuesta. Para esa hora de la noche ya había poca gente en la calle, así que nos apresuramos a entrar para que nadie nos fuera a reconocer. Pagó las entradas y un señor nos abrió una cortina y tomados de la mano entramos los tres yo al frente, Yesica en medio y mi suegra atrás, subimos para sentarnos en las últimas butacas pero en esa parte ya había muchas personas así que buscamos en medio ya que de ahí para abajo estaba vacío. En la pantalla había escenas de sexo, era una película de una mujer hermosa que muchos de nuestra edad han de recordar, Sylvia Saint que en aquel entonces se volvió el amor platónico de mi novia y mío por allá en el año 2000. Yesica se sentó entre Melinda y yo, veíamos como Sylvia tenía sexo anal, quienes la recuerden reconocerán lo buena actriz que era y hermosa también, para los más jóvenes les recomendamos que busquen sus videos. Yesica y yo aún vemos sus escenas y conservamos algunas de sus películas. Bueno resulta que los tres estábamos muy calientes y nerviosos pues era nuestra primera vez en un cine porno, metí mi mano entre las piernas de mi novia y ahí ya estaba la mano de su mamá, frotábamos su panocha sobre el pantalón, tanto Melinda cómo yo hacíamos lo mismo con nuestros sexos, Yesica realmente estaba metida en la película, no apartaba la vista de la pantalla, disfrutaba de nuestras caricias en su entrepierna, ella solo se abría y se dejaba acariciar, hasta que tuvo un orgasmo y ni así dejó de ver la película, la cual no tardó mucho en terminar pues entramos ya casi al final, la repitieron y nos quedamos a verla y así fue que supimos el nombre de la actriz de la que Yesica se enamoró, tanto que ni caso nos hizo. Entonces Melinda cambio lugar con ella y quedamos juntos mi suegra y yo, estuvimos cachondeando y besándonos mientras Yesica se tocaba viendo la película. Hasta que un hombre de los que estaban hasta arriba se vino a sentar a un lado de mi novia, vimos que se sacó la verga y se la empezó a jalar, Yesica se puso de pie y nos jaló para que nos fuéramos, los tres estábamos sacados de onda, ya que estábamos fuera del cine nos reíamos, pero estábamos entre asustados y nerviosos. Tomamos un taxi y nos fuimos a su casa, ahí estaba mi cuñada Luisa, le avisamos que saldríamos a cenar y ella no nos quiso acompañar, la verdad es que nos fuimos a mi cuarto, a los tres nos urgía cogernos.

    Entrando Yesica se dirigió al baño, Melinda y yo nos empezamos a besar y a quitarnos la ropa sobre la cama, estaba yo sobre mi suegra chupando sus hermosas tetas, cuando Yesica ya desnuda, me acarició las nalgas y se puso a un costado mío tomando la teta que yo no chupaba de su mamá y me fue apartando hasta quedar ella sobre mi suegra, comiéndose los labios y juntando sus vaginas me atrajo tras de ella colocando mi tronco entre sus nalgas y así empezó a darme apretones mientras yo hacía movimientos como de querer entrar en su ano, pero sin hacerlo pues no sabía aún cómo sería, así que mientras ellas frotaban sus panochas mi Yesica sentía mi tronco entre su culo y sin metérsela se vino en la panocha de mi suegra. Entonces le metí la verga en su panocha tan húmeda y caliente, lo cual solo alargó su orgasmo, se movía delicioso. Se retiró de mi pito y me dijo «métesela a mi mamá», diciendo esto se recostó a un lado de Melinda, a quien le levanté las piernas y se la metí de un solo empujón, pues de ya varias veces que lo hacíamos, su panocha se había amoldado a mi tamaño, mi suegra me recibió y se abrazó a mi cuello, nos movíamos de manera que los dos lo disfrutábamos mientras Yesica nos veía y se masturbaba. Mi suegra sabía moverse muy bien, aunque me resistía, sabía hacerme venir cuando ella se venía y sentir me leche caliente la hacía tener orgasmos más intensos. Yesica igual apresuró su orgasmo y se vino poco después que nosotros. Mi novia me besó y luego hizo lo mismo con su mamá.

    Ya más tranquilos los tres, mi suegra le preguntó a Yesica si la película la había puesto así de caliente, a lo que mi novia decía: «Sylvia la que salió en la película está hermosa y se movía delicioso disfrutando las cogidas y la manera en la que se metía la verga por el ano me encantó, me gustaría verte a tí haciéndolo». Mi suegra soltó una carcajada y dijo que eso dolía, que ni lo pensara pues con su ex Miguel ya lo había intentado y le había dolido mucho. Pero Yesica siguió insistiéndole y la empezó a besar haciéndole pucheros y acariciándola «ándale mamita, deja que Gery te meta le verga y si te duele ya no lo intentamos si?»- le decía tratándola de convencer y le metía la lengua en la boca mientras estiraba sus pezones y luego dirigió su mano a la panocha de mi suegra quien abría y cerraba las piernas, yo me uní chupando el dedo de mi novia y la panocha de mi suegra a quien le levanté las piernas y dirigí mi lengua a su ano y Yesica también empezó a sobar con su dedo ese hermoso agujero de mi suegra y así de cerca cómo estaba vi cómo poco a poco usando mi saliva cómo lubricante iba entrando el dedo de mi novia en el culo de su mamá, quien solo gemía y se dejaba hacer. Yesica empezó a meter y sacar su dedo y el culo de mi suegra al poco rato ya no ofrecía resistencia mientras yo contribuía con mi saliva, así Yesica acercó un segundo dedo y aunque mi suegra reparó un poco y se resistió terminó por recibir ese segundo dedo. Yesica intentó meter un tercer dedo pero ahí empezó el dolor de mi suegra y comenzó a retirar la mano de mi novia, yo lamí los dedos de Yesica y el ano de Melinda para calmar un poco su dolor y así siguió caliente, entonces volvimos yo con mi lengua a su panocha y los dedos de Yesica a masturbarla mientras se besaban. Al poco rato sentí el delicioso orgasmo de Melinda en mi boca y en los dedos de Yesica, los cuales chupé para dejarlos limpios. Mientras se recuperaba Melinda, mi novia le decía que poco a poco lograría un anal y que se vería hermosa, a lo que yo le dije lo mismo a mi suegra. En cuestión de anal por el momento nos quedamos hasta ahí con mi suegra.

    Cogimos por varios meses y cada cogida fue deliciosa, nos disfrutamos los tres todo lo que podíamos. Pero a mi suegra aunque en el sexo estaba todo bien, le faltaba el amor y así Miguel poco a poco la fue buscando y aunque mi suegra se resistió un buen tiempo, terminó por caer de nuevo con él y dio por terminada nuestra relación de tres. Yesica se molestó al principio y no aceptaba la decisión de mi suegra pero poco a poco lo asimiló y pues todo volvió a la normalidad. Yesica y yo seguíamos igual de calientes y buscamos películas de Sylvia Saint con las cuales disfrutábamos de nuestro cine porno en el cuarto, mi novia se metía en la película mientras yo me la cogía, realmente disfrutaba ver sus escenas, tanto que en ocasiones comprábamos pizza y llevábamos palomitas para ver películas completas de Sylvia cómo cualquier otra película, con la diferencia de que terminábamos en una rica sesión de sexo. En ese tiempo no me dejó meterle mi verga por el culo, solo la ponía entre sus nalgas y se movía como su actriz favorita o como ella le decía, su amor platónico.

    En el siguiente relato les cuento del castigo que me puso mi novia en aquel entonces por no haber sido ella mi primera experiencia sexual, me hizo contarle que fue con mi tía Rosario y el castigo lo disfrutamos los dos. Saludos a todos los que nos leen y les deseamos un feliz año 2022. Bendiciones, salud, trabajo y amor.

  • Nataly y el haitiano (Parte 3)

    Nataly y el haitiano (Parte 3)

    Después de aquella jornada de sexo en la cual le pedí a Omar que me preñara, ambos quedamos exhaustos.  Omar se quedó dormido agarrando uno de mis senos, y con su pene aún dentro de mi. Fui notando cómo su miembro fue perdiendo dureza hasta que finalmente salió de mi, sentía como el resto de su semen escurría, sonreí y me quedé dormida.

    Al despertar sentía que mi cuerpo había sido arrollado, supongo que fue por las posiciones en las que Omar y yo cogimos, vi el reloj, ¡Eran las 2:27 pm! Dios, si que había dormido bastante, me di la vuelta y noté que Omar no estaba a mi lado, así que decidí ir a buscarlo, me costó trabajo ponerme de pie, me dolían las piernas y no podía caminar muy bien, pero a la vez me sentía contenta porque Omar me había hecho suya.

    Me puse mi ropa interior y un blusón y salí del cuarto. La casa de Omar solamente tiene un piso, así que si estaba en alguna parte de la casa lo encontraría rápidamente.

    Omar estaba en la cocina, preparando el desayuno, que más bien sería comida

    – Buenos días mi amor

    – Buenos días, chaparrito – le dije con un tono dulce

    – ¿Dormiste bien? – preguntó

    – Después de lo de anoche, claro que sí

    – ¿Te gustó? – dijo mientras sonreía

    – Me encantó – me acerqué a él por la espalda, lo abracé y le dije al oído:

    – Aún puedo sentir tu semen escurrir por mis piernas

    – Entonces lo hice bien – dijo sonriendo

    Omar traía su traje de baño, así que empecé a calentarlo agarrando su pene, supuse que le estaba gustando, pero el agarro mi mano y me detuvo

    – Quizás en otro momento, Nataly, la verdad esque me dejaste seco

    Me sentí… algo enojada, Omar se había resistido a mi seducción, pero en parte lo entendía, el necesitaba tiempo para recuperarse.

    Comimos y despues fuimos a la playa, ese era el último día que lo vería, así que tenía que aprovechar todo mi tiempo con el, fuimos a la playa Bonfil, una playa no tan lujosa cómo la bahía de Acapulco, pero bonita

    Al llegar Omar bajó una sombrilla y 2 toallas, cuando toqué la arena sentí como si pisará un comal caliente, la arena estaba que ardía, pero Omar caminaba por ella con mucha facilidad, yo cambiaba rápido para llegar a la sombra y evitar que mis pies tuvieran contacto con la arena

    – ¿Cómo es que la arena no te quema?

    – Pues ya estoy acostumbrado, casi siempre la piso

    – Supongo que tendré que acostumbrarme

    – Si, ya te acostumbrarás – me contestó

    Estuvimos ahí un buen rato, ahí comimos, nos metimos al mar y para finalizar vimos el atardecer juntos.

    – ¿Te volveré a ver? – dijo angustiado

    – Si – dije – lamentablemente tengo que irme, aunque si por mí fuera me quedaría aquí, contigo –

    – Tienes mi teléfono, puedes llamarme cuando quieras – dijo

    – Si, gracias – respondí

    – Sobre lo de anoche… nada me encantaría más que tener una familia contigo, Nataly

    Lo que dijo me hizo sonrojarme

    – Y a mí me encantaría ser la madre de tus hijos – dije mientras recostaba mi cabeza en su hombro

    La gente que pasaba nos miraba raro, pero a mí no me importaba, aunque a Omar parecía algo preocupado

    – La gente nos mira raro – dijo

    – Lo se, pero que importa, ellos no saben lo que sentimos el uno por el otro

    – Si… ¿sabes que? Tienes razón, ellos no saben lo mucho que nos amamos

    Se puso de pie y me dio la mano para que yo pudiese levantarme

    – Hay que irnos, mis amigos me mandaron un mensaje diciendo que están por irse, pasarán por mi

    – Entonces vamos a la casa para que arregles tus maletas

    Recogimos nuestras cosas y nos metimos al auto, Omar condujo hasta su casa y una vez llegando ahí volví a hacer mis maletas.

    Cuando llegó el momento de irse, lo abracé y le di un largo beso, nos separamos debido a que debíamos de respirar pero un hilo de saliva nos mantenía unidos

    – Bueno, creo que ya es hora – me dijo

    – No quiero irme – le dije conteniendo mis lágrimas

    – Tienes que, mi amor – me dijo con un tono dulce

    – Te voy a extrañar, y mucho – le dije

    – Yo también – dijo abrazándome

    Me sentía tan segura en sus brazos, pero lamentablemente tenía que irme, oi que mis amigos ya habían llegado por mi, así que le di un último beso y me despedí entre lágrimas

    – Adiós – dije llorando

    – No llores, vida mía, veré si en mis vacaciones puedo ir a visitarte, lo prometo –

    – ¿Lo prometes?

    – Lo prometo – dijo agarrando mis manos y sonriéndome

    Yo le sonreí de vuelta y me dirigí al auto de mis amigos.

    En todo el transcurso de vuelta a la ciudad no pude pensar en nada más que en Omar y en lo que habíamos hecho los días que estuve con el, y no pensaría en nada más por un muy buen rato.

    Pasó un mes, mi viaje fue en Octubre y para Noviembre mi período ya no sé presentó, supuse que quizás había tenido un retraso, pero a mí jamás me había pasado algo así, supuse que estaba embarazada, pero quería estar 100% segura, así que con mis ahorros compré una prueba de embarazo. Compré una «Clearblue», he visto en la televisión que esas pruebas son bastante precisas, aunque algo caras.

    Al tenerla en mis manos fui al baño y pues hice lo que se suele hacer en el baño, al terminar esperé unos cuantos minutos. Mi corazón estaba que se salía de mi pecho, pero intentaba tranquilizarme.

    Cuando finalmente pasó el tiempo que se debía de esperar agarre la prueba de embarazo y con algo de nervios la miré.

    El resultado era positivo, oficialmente estaba embarazada, y ese hijo era de Omar.

    Lloré de la emoción, no podía creerlo, estaba embarazada. Quise mandarle un mensaje a Omar diciendole que sería papá, pero después decidí que sería mejor si yo se lo dijese de frente.

    La emoción me inundó por completo, pero después me vino un sentimiento de angustia. Ahora debía decirle a mis padres que estaba embarazada, y que el padre de el hijo que se está engendrado en mi vientre tiene casi 50 años y además es negro, ¿Cómo se supone que se los diría? No quería imaginarme su reacción.

    Así que pasó así otro mes, lleno de náuseas matutinas, y con ese mes llego un año nuevo, después paso otro mes.

    En el transcurso de aquellos meses Omar me mandó un mensaje diciéndome que quería verme en San Valentín, dijo que vendría a visitarme y a darme un regalo, ya era Febrero y se acercaba San Valentín, que mejor ocasión para darle un regalo que sabía que le encantaria, así que compré una cajita, la llene de dulces y escribí una nota la cuál decía:

    «Felicidades, serás papá»

    Era algo simple, si, lo era, pero a Omar le gustaban las cosas simples, así que ese era el regalo perfecto.

    Omar reservó una habitación en un motel, y ahí fue adónde me llevo en San Valentín, yo les mentí a mis padres diciendo que iría a casa de una amiga, cuando en realidad iba a qué me dieran una cogidota, pero también iba a hacer feliz a un hombre.

    Me quedé de ver con el en una estación del metro, cuando vi llegar su auto me emocione tanto que juraba que mi sonrisa iba de oreja a oreja.

    Me subí a su auto y lo saludé dándole una beso, el condujo hasta el motel y una vez llegando ahi, nos bajamos del auto y el me llevo cargando hasta la habitación

    – Tengo una sorpresa para ti – le dije

    – Yo también tengo una – dijo mirándome a los ojos

    – Entonces, ¿que estamos esperando? – respondí

    – Mi sorpresa viene después de que tú y yo recuperemos el tiempo perdido – dijo con un tono pícaro

    Una vez ahí me puso de nuevo de pie, me dio un beso el cuál se fue volviendo cada vez más apasionado, él me tumbo en la cama y fue desvistiendome, cuando quede totalmente desnuda, Omar fue recorriendo desde mi cuello, pasando por mis senos hasta llegar a mi zona íntima. Por suerte me había rasurado, aunque lo hacía con regularidad, esa vez puse esfuerzo en qué mi zona íntima estuviera lo más impecable posible.

    Omar comenzó a meter su lengua en mi vagina, y conforme me fui mojando fue metiendo sus dedos.

    – Eres realmente bueno en esto – dije contenta

    Omar no dijo nada, simplemente siguió con lo suyo. La habitación tenía un arnés, como un tipo columpio sexual, así que Omar me llevo ahí y me colgó.

    Mis piernas eran bastante flexibles, así que no hubo problemas para que el arnés abriese mis piernas. Omar me ató de manos, el arnés hacia que mis piernas quedasen totalmente abiertas, dejando mi vagina expuesta a lo que Omar quisiese hacer con ella.

    Omar volvió a comer mi vagina, después se quitó el resto de su ropa y con mis jugos lubricó su pene.

    – Veras que un orgasmo cuando no te estás tocando es más intenso – dijo a mi oído

    Lo que dijo me hizo sonreír, pero esa sonrisa pronto se convirtió en una mirada de placer debido a que Omar comenzó a meter su enorme verga negra en mi.

    Mi vagina ya estaba acostumbrada a recibir el pene de Omar, aunque siempre que veía su pene entrar en contacto con mi vagina me preguntaba cómo es que ese monstruo no me partía en 2.

    Omar la metió de una sola estocada, yo sentí el paraíso, y así siguió Omar metiendo su verga hasta que yo me corrí. Después colocó frente mío un espejo, supongo que le gustaba ver cómo se veía mientras teníamos sexo, el me embestia rápidamente y luego sacaba su pene, lo cual se sentía genial, así me hizo correrme varias veces, y vaya que el tenía razón, un orgasmo sin tocarse era mucho más intenso.

    Así seguimos hasta que Omar eyaculó dentro de mí, se sentía genial sentir como su pene palpitaba mientras sus chorros de semen chocaban en mi cérvix.

    Al terminar Omar sacó su pene y en el espejo pude ver cómo es que de mi vagina se escurría ese fértil líquido, y como el pene de Omar seguía palpitando.

    – ¿Esa era la sorpresa? – dije mientras intentaba recuperar mi aliento

    – En parte – contestó

    – ¿Dónde está el resto? – pregunté

    – Bueno, el regalo físico está en el auto, pero tengo otra sorpresa también

    – ¿Y cuál es? – dije intrigada

    – ¿Recuerdas la vez que me dijiste que te preñara?

    Asentí con la cabeza

    – Bueno pues… jamás te compré una prueba de embarazo, y… bueno… compré una, para que tú… bueno, para ver si estás embarazada

    Sonreí y me acerque a el

    – Chaparrito, eso no será necesario – le dije

    – ¿No?

    – Mi sorpresa es algo relacionado a eso – le dije – Déjame ir por ella, ya vuelvo

    Bajé al auto y saque la pequeña caja, y volví a subir las escaleras.

    – Cierra los ojos – dije

    – Muy bien

    Me acerque a él y puse la caja en sus manos

    – Ya puedes abrirlos

    Omar abrió los ojos y al darse cuenta de la caja en sus manos la abrió sin dudar, la verdad estaba nerviosa por como reaccionaria, aunque sabía que era algo que ambos habíamos decidido hacer, me angustiaba el como podría reaccionar.

    Al abrir la caja Omar se quedó callado, me preocupé un poco y le dije

    – ¿Todo bien?

    Vi que los ojos de Omar se llenaron de lágrimas, y fue corriendo a abrazarme

    – No es una broma, ¿o si? – dijo mientras lloraba

    – No. – respondí – No lo es –

    Omar lloraba de felicidad

    – Oh Nataly, ¡no sabes que feliz me has hecho! – exclamó

    Yo lo abracé y sonreí

    – Voy a ser papá – dijo – ¡Vamos a ser padres!

    -Asi es, Chaparrito. Así es – dije llorando también

    Entre lágrimas mías y de el nos besamos, y abrazamos, ambos estábamos desnudos así que eso lo hacía más íntimo. Omar realmente me amaba, no había duda de eso, y yo lo amaba a él, el único problema ahora era como le diría a mis padres sobre mi embarazo.

  • El primer trío de mi esposa. Tere la putita insaciable

    El primer trío de mi esposa. Tere la putita insaciable

    Este relato de los puedo contar gracias a los videos que encontré en el celular de mi esposa, después de que llegó de su comida de fin de año totalmente ebria y con las pantimedias rotas, aquí lo sucedido:

    Sale Tere de casa vestida con un sostén blanco transparente que deja observar sus senos redondos y sus pezones café oscuro, una blusa blanca de algodón que se le pega a su cuerpo donde se pueden ver sus pezones bien parados, una falda negra que le llega justo a la cintura y que deja ver ese trasero grande que tiene y por debajo unas pantimedias negras sin tanga mostrando sus piernotas junto con unas zapatillas negras de tiras.

    En el primer video está Tere bailando Bachata con un tipo, donde están completamente pegados, Tere lo abraza del cuello poniendo sus bocas muy cerca uno del otro, Tere ya con la falda hasta medio muslo y observándose ya un poco ebria.

    En el segundo video donde ya se ven muy pocas personas en la casa donde se dio la fiesta, Tere jugando semana inglesa con el mismo tipo de nombre: Arturo, donde termina el juego con 6 besos y una cachetada, por lo que Tere dice que mejor sean 6 segundos de beso y una nalgada, acto seguido, Arturo le da la nalgada a Tere y ella le responde común beso apasionado de 6 segundos.

    Último vídeo narra el trío:

    Tere: Arturo apaga el celular por favor.

    Arturo: Vas a recordar este momento Teresita.

    Tere: Pero porque Miguel está grabando?

    Miguel: Porque te vamos a cogrr entre los dos Teresita, o acaso era choro que quieres coger conmigo?

    Tere: Si es cierto, pero no dije que con los dos al mismo tiempo.

    Arturo: Pues siempre hay una primera vez perra, así que agachate y chúpame la verga.

    Arturo ya con el miembro de fuera, agacha a Tere de manera violenta y ella empieza a chuparle la verga, mientras que Miguel le levanta la falda y le rompe las pantimedias y sin previo aviso le mete dos dedos en su vagina.

    Tere gimiendo se saca la verdad de Arturo y les dice: Es hora de que me disfruten, les aseguro que nunca van a coger con una mujer como yo, mientras que quita la blusa y se pone en 4 sobre la cama mientras se vuelve a meter la verga de Arturo a la boca

    Durante los siguientes 5 minutos se intercambian turnos para meterle la verga a mi esposa y dónde ella se ve completamente cómoda y plena, dejándome en claro que mi esposa Tere, es una verdadera puta, que la única forma de tenerla contenta es con una verga adentro.

    Si te llega a interesar conocerla, vives en la CDMX, yo te puedo conseguir una clase de la maestra Tere, la puta de la ciudad.

  • Reyes Magomangos

    Reyes Magomangos

    5 de Enero. Ha sido un día intenso y agotador. Por lo mañana dejé a los niños con sus abuelos, los padres de mi ex. Aproveché la mañana para comprar regalos de Reyes que aún me faltaban y envolverlos, prepararlos y esconderlos para que no los vieran mis hijos. Comí con mis papás y recogimos a los niños para ir a la cabalgata, después de cenar con los abuelos nos regresamos a casa. Mando a los niños a la cama después que ponen sus zapatos bajo el árbol de Navidad para que los Reyes dejen los regalos. Cuando por fin se han dormido dejo los regalos bajo el árbol, estoy cansada, me siento, cojo una mantita y pongo la tele, no tardo mucho en dormirme…

    Me despierta un portazo

    – Joder Baltasar que patoso eres, mira ya has despertado a la señora

    -¿eh, quiénes sois?

    Ante mí tengo a tres fornidos hombres de no más de treinta años, cubiertos con casco de moto, chupas de cuero negro y pantalones vaqueros muy ajustados.

    – No se asuste señora, nos presentamos, soy Melchor

    Al tiempo se quitan el casco, un rubio con cara de ángel pero con un puntillo perverso y barbita muy arreglada, un apuesto joven risueño con rasgos orientales y carita de niño y un descomunal negro zumbón de dos metros de altura de piel negrísima y sonrisa blanquísima.

    – Yo soy Gaspar, dice el achinado.

    – Y yo Baltasar, dice el negrazo.

    – ¿Los Reyes Magos?, pregunto incrédula.

    – Los mismos

    -Ah, no sabía, no…

    -Ya, no creías que existiéramos.

    – Así es, perdonad, también os imaginaba mayores y con otra ropa.

    – Bueno es que somos Magos, vamos como queremos, no vamos a ir como vejestorios y con ropa ridícula si podemos dar una imagen más actual.

    – Ya ya, pero… ¿y los camellos?…

    – ja ja ja, mira por la ventana.

    Me asomo y veo aparcadas en la calle tres Harley Davidson super molonas.

    – Bueno, nosotros traemos los regalos de tus hijos pero vemos que como no tienes fe en que viniéramos ya los has puesto tú

    – Si perdonad.

    Estaba alucinando con lo que pasaba, los Reyes Magos en mi casa, delante de mi, súper encantadores y simpáticos, además, ¡buuufff, que guapos, que cuerpazos, me estaba poniendo cachonda.

    – Y ya que estamos aquí, ¿que regalo quieres?

    – No… nada, no me lo merezco, no creía en vosotros.

    – Cierto, pero hemos de darte el regalo que has pedido.

    – Pero no he pedido ningún regalo.

    -No lo has dicho, pero lo has pensado, somos Magos y adivinamos los pensamientos.

    No puedo evitar ruborizarme y sin darme tiempo a contestar mis reyes buenorros se quitan la ropa. Me quedo estática y con la mirada fija, cuerpos perfectos, esculturales, y que pollas… y todas para mi. El miembro de Gaspar no muy grande pero tieso con forma ganchuda y unas pelotillas bien pegadas, la polla de Melchor más gorda y larga y un buen par de huevos y la descomunal verga de Baltasar con unos cojones como cántaras de leche.

    – Bueno que no tenemos toda la noche, despelótate de una vez, me ordenan sus majestades.

    Obedezco como fiel lacayo, siento cierta vergüenza pero no podría estar más cachonda. Tengo ante mí la magia real y hay un momento que también me siento poderosa y mágica, sus majestades no apartan su mirada lasciva de mí y yo no la aparto de sus pollas cada vez más tiesas y cargadas. El gigante Baltasar me coge en vilo con una mano por mi abdomen mientras con la otra me manosea las tetas. Así agarrada en vilo por el negraco, Melchor me besa la boca, su lengua juega con la mía y explora cada hueco de mi cavidad, Gaspar se agacha y me lame los pies y los dedos, lo hace con tal destreza que la humedad de mi coño sale hacia afuera. Su lengua recorre mis pies pantorrillas y muslos entre descargas eléctricas de placer. Cuando su lengua acecha mi chocho me corro, y me vuelvo a correr cuando directamente mi coño y clítoris son lamidos por esa revoltosa lengua, Baltasar me sigue manteniendo en vilo, manoseando mis tetas con sus manazas, me siento volar, Melchor baja también lamiendo y Gaspar se aparta sentándose por detrás. Melchor entra con su lengua en mi chumino al mismo tiempo que Gaspar entra con la suya en mi ojete, ¡Joder que gusto!, me vuelvo a correr entre espasmos de placer. Con mi ojete bien ensalivado, Gaspar se tumba en el suelo, Baltasar me agarra por los muslos y me coloca sentada sobre la polla ganchuda de Gaspar, Gaspar incrusta su polla en mi ojete notando el roce delirante en las paredes de mi ano. Melchor se tumba frente a mí y mete su polla en mi chumino húmedo y abierto y me cubre con todo su cuerpo y yo puedo alcanzar con mis manos sus prietas y hermosas nalgas, y Baltasar se coloca de rodillas plantándome su pollón en mi boca. Empiezo a mamar esa enorme y rica polla mientras siento las embestidas acompasadas de Melchor y Gaspar. Me corro dos, tres veces y una última eyaculando sin control, en ese momento siento en mis agujeros las tres corridas reales y mágicas de sus majestades ¡Joder Baltasar no para de echar leche y me atraganto pero, bufff! que rica que está.

    Mis reyes ya adecentados, me preguntan:

    – Oye, ¿Ha venido Nico por aquí?

    – ¿Que Nico?

    – Si Nico, Papá Noel, Santa Claus

    – No, en mi casa siempre hemos sido de vosotros, y ahora más.

    – Es que el muy cabrón está invadiendo nuestro territorio. No sé que verán en el viejo ese con esa barba, esa risa de gilipollas y esa ridícula bata roja.

    -Pues no sé, muchas gracias por vuestros regalos, y lo principal gracias por devolverme la fe.

    Me despiertan mis hijos

    – Mamá llegaron los Reyes, han traído todos los regalos que pedimos y un ¿casco de moto?

    Esa mañana disfruté con mis hijos, pero no dejaba de rememorar la lujuriosa noche que pasé con sus Majestades, pero tampoco se me iba de la cabeza como sería montárselo con el viejo Nico.

    Una noche mientras me hacía una paja pensando en Nico, me visitó un paje del Rey Baltasar, negro como él y, como no, bien armado. Venía a dejarme un mensaje pero antes aproveché para follármelo, ¡Que rico me supo! La misiva decía:

    Recuerda que somos Magos y adivinamos lo que piensas. Si sigues deseando al viejo Nico te expulsaremos de nuestro mágico reino y te olvidarás de nosotros y nuestras pollas.

    He leído lo de arriba que no recuerdo cuando escribí y, ciertamente no recuerdo nada, lo que si sé es que, desde hace años, me paso unas nochebuenas de puta madre con Nico. Pero esto, ya lo contaré en una próxima entrega.

    Ho ho ho.

    Fin.

  • Vestido verde pastel

    Vestido verde pastel

    Mi novia me invita, por primera vez, a ir de fiesta con sus compañeros del trabajo.  Diversas situaciones allí me hacen desconfiar de ella.

    —¿De verdad, mi amor, querés tener un bebé? —le dije con algo de lamento a mi novia.

    —Si mi amor, es un deseo que lo quiero cumplir —me respondió firme, apoyando sus manos en mis hombros.

    —Ojalá tuviera ese mismo deseo, amor.

    —Vos no te preocupes que, cuando menos te lo esperes, aparezco embarazada.

    —¿Qué?

    —A vos no te importa ni el cómo ni con quién, lo que a vos te tiene que importar es que es MÍO.

    »No pasa nada, vida, yo te voy a dejar una hora o dos horas máximo a la beba a tu cuidado, así voy al gimnasio para seguir conservando mi linda figura que me encanta. Y si vos no estás de acuerdo, nos separamos y me busco a un hombre que tenga el mismo deseo que yo, alguien que sí quiera tener hijos.

    A pesar de sus mandatarias palabras, su tono era dulce y seductor.

    —No bombón, yo sí te quiero, y quiero que sigamos juntos. —Necesitaba cambiar de tema—. ¡Pero mira nada más qué hermoso vestido te has puesto!

    —Uy si, ¿viste? —Da media vuelta—, toda sexy y atrevida.

    —¡Tremendo escotazo, si!, y te queda toda tu linda espalda a la vista. Estás muy hermosa.

    Me regaló una sonrisa encantadora y luego me tomó de la mano. Volvimos a la ronda con los demás compañeros de ella. La discoteca estaba llena y se respiraba un aire fiestero por todos los rincones, nos habíamos separado del grupo un rato para estar juntos. Los del grupo eran compañeros y compañeras del trabajo de mi novia Gabriela. Nati, una de sus mejores compañeras, la recibió a los gritos. Ella es rubia de cabello cortito, vestía una blusa roja y falda negra, ambas ceñidas. Muy bonita es, al igual que las otras, sólo que algunas eran más simpáticas que otras.

    La música estaba a tope «toma, pa abajo; toma, pa arriba», las chicas estaban que se salían de las casillas. Mi novia Gabriela y Nati se pusieron a mover el trasero con toda intensidad en medio de la ronda. Otra chica se sumó al sandungueo, se parecía a la youtuber CherryCrush, y juntas bailaban sexy ante las atentas miradas de los demás «Mira mami, ¿te acuerda cuando antes le dábamos con el…?». Formábamos un gran círculo en aquella pista de baile, éramos muchos. Mirando con atención a mi novia haciendo esos movimientos, me di cuenta que el vestido se le iba subiendo, a tal punto que se podía ver buena parte de sus nalgas, incluso con la tenue iluminación de la discoteca «…Pa’ arriba, pa’ abajo, lento, lento».

    Al cabo de un rato, otras dos chicas más se sumaron y las cinco hicieron algo extraordinario: se pusieron todas, una al lado de la otra, a mover las pompas por lo alto, muy inclinadas con las manos en las rodillas, formando una estrella con sus traseros en el centro. Quedaba un espacio en medio como para una persona, una sexta compañera eligió a uno de los hombres y lo ubicó en ese lugar. Apoyando el dedo índice en la cabeza del tipo, ella lo “hacía girar” como si fuese una calesita. El chico estaba alucinando allí en medio, dando vueltas sobre su eje con las cinco chicas moviendo sus traseros «y si se pone de espalda es porque quiere, po’ toma, dale, toma, dale».

    Unos segundos después, la “dueña de la calesita” lo saca y me llama a mí. Yo me quedo quietito con el paquete apuntando únicamente a mi novia. Ella me lo restregaba todo siguiendo el ritmo. Sentía también las nalgas de las otras chicas restregandose por mí. Terminó mi turno y “subió” otro. Las chicas no se cortaban un pelo, apoyaban sus colas por los tíos como si nada. Todas ellas estaban a las carcajadas sintiendo esos paquetes. ¡Las fiestas que se montan estos no tienen límites? «¿Te gusta esto? Po’ entonces dale, toma, dale…».

    Pasó el último afortunado que pudo subir a la atracción y las chicas se separaron. Lo bueno es que volvía a estar pegadito con mi novia. Sentía sus pechos aplastandose en mí, no traía sostén por lo que hasta los pezones distinguía.

    —¿Viste el tipo alto que está ahí? —me dice mientras bailábamos.

    Miro a donde me indica y veo a un hombre con camisa y pantalón de vestir que se había sumado a la ronda, su aspecto me recordaba al de Nacho Vidal.

    —Ajam —le respondo.

    —Bueno, ese es mi jefe.

    —Ah mirá vos, es algo joven, ¿no?

    «Ready Steady Go» comenzó a sonar una canción que a mi novia le gustaba mucho, flexionamos las rodillas y lo bailamos.

    —¡Wuuu! —gritó—. Mirá amor…

    Puso una mano en mi nuca, abrió las piernas y se ubicó en uno de mis muslos como si me lo estuviera montando, luego procedió a frotar su chucha allí con un vaivén rítmico. Era todo muy candente.

    —¡Oh bombón!, ¿cómo se llama este pasito, la cabalgata?

    Ella me responde al oído:

    —No sé, yo le digo “el baile de concha”

    —Aish, bombón, que escándalo. «Tengo muchas ganas de comerte la boca, tengo muchas ganas de comerte toda, toda-toda-toda-toda»

    Al rato se separa de mi y me dice:

    —Mi amor, bailá un rato con mi amiga Nati que yo voy a bailar con el jefe.

    —¿Eh…? —No me dio tiempo a protestar siquiera, se había ido sin esperar respuesta y al instante tenía enfrente a la rubia de pelo cortito.

    —Dale, vamos a bailar —me dice ella—, hagamos un “hasta abajo”.

    —Okey.

    Cuando subimos hice una broma de que me dolían las rodillas con un ademán.

    —¡Dale viejito! —me arenga.

    —Si yo fuera un viejito sería un “sugar daddy” —le sigo la broma.

    —¿Ah sí?, ¿tenés mucha plata o qué?

    —No, yo lo decía por la chica hermosa. —Ella se ríe a carcajadas.

    ¡Maldición!, la tal Nati me había distraído mucho y no estaba al tanto de Gabriela. Miro en dirección a ella y… «Mami siente mi boom, que esta prrum, te voy a dar pum-kapum-kapum» le estaba haciendo el baile de concha. Veía como sus nalgas se aprietan intensamente por el movimiento sobre el muslo de su jefe «dame bumbum, por mi cu-cu, yo quiero tu Ah-ah-ah». Al rato el DJ cambió la canción «eeh, menea tu chapa, tuchapa-tuchapa-tuchapa-tuchapa-tuchapa, eeh», lanzan todos unos gritos y Gabi cambia de posición: se pone de espaldas y le menea el traserote. El jefe estaba tan contento que su cara parecía el de un niño en su fiesta de cumpleaños, apoyó una mano en su hombro y con la otra hacía que agitaba una imaginaria prenda por el aire. Otra chica se suma a ellos, quedan un rato los tres bailando y, poco a poco, mi novia se va desplazando. Cuando ella vuelve conmigo me comenta:

    —Nuestro jefe es muy buena onda con todos sus empleados, tanto con los varones como con las chicas, pero estuvo deprimido unos cuantos meses y estamos un poco mal por él.

    —¿Ah sí, qué le pasó?

    —Falleció uno de sus mejores amigos.

    —¡Oh, no!, ¿y de qué?

    —De sida.

    —Whaaat!?

    —Si, y quisimos entre todos los empleados levantarle el ánimo, así que organizamos esta salida.

    Observé pensativo al jefe de mi novia. La música había cambiado nuevamente «se prendió la fiesta, esta noche voy a beber, traigan la maizena, porque voy a dar serrucho-serrucho-serrucho» trayendo otro ritmo. Viéndolo, bajo el efecto de las luces estroboscópicas, bailando de manera atrevida con una de sus empleadas me hizo estremecer: su semblante había cambiado, ya no era el de un infante al que le regalan una nueva tablet, ahora era desafiante, guarro, obsceno, brusco… Miro a mi alrededor y caigo en que la mayoría de los hombres allí en la ronda, los compañeros de mi novia, son todos tipos guapos, atractivos, seguros de sí mismos, dejándome un sentimiento de inferioridad. Allí me sentía como un hombre común con mucha suerte, suerte de que una hermosa mujer, por esas casualidades de la vida, se haya fijado en mi, pero eso a su vez me hacía sentir inseguro. «Mariamoñito se le partió, la cama que el chawa le dio, la trajo pa’ que la arreglara, porque soy el que la clava, clava, cla-cla-cla-cla clava», la música me estaba perturbando.

    —¿En qué estás pensando? —me pregunta Gabriela, quien se había dado cuenta de mi “introspección express”.

    —Me da miedo de que te alejes de mí en este lugar.

    Ella se ríe y luego me responde:

    —No seas bobo, mi amor.

    Otra de las chicas del grupo se acerca a Gabi, le dice algo al oído y ella asiente, le toma de la mano y se marchan. Al rato, en grupos de tres, se van esparciendo varios de la gran ronda. Los que quedaron se fueron a sentar en unos reservados allí cerquita de donde estabamos. Me acerco a una de las chicas y le pregunto a dónde fueron los demás.

    —Fueron a buscar las cosas del cotillón para el carnaval.

    Le agradecí y, para no aburrirme esperando, me fui a recorrer el lugar. Había llegado hasta el fondo y veo, alejados de la pista, a tres personas arrinconadas. En la penumbra distingo al jefe, a Nati y a otro hombre más. Los dos varones le hacían un “sándwich” a la bonita chica. Afino la vista y noto que el jefe, que está de espaldas a mí, le estaba manoseando los senos, y el de atrás tenía las manos aferradas a la cintura de ella, con la mirada fija hacia abajo. En un momento Nati abraza al manoseador y le dice cosas cerquita del oido. Ella en eso me ve, nos quedamos unos instantes sosteniendo la mirada hasta que sonríe, me hace un guiño y luego vuelve a lo suyo.

    Me doy la vuelta y vuelvo al lugar donde estábamos. En el camino pienso en que si ese grupito de tres está haciendo eso, qué estarán haciendo los otros. Me da escalofríos por Gabi pero luego recuerdo que se marchó con una chica.

    Al llegar ya habían vuelto varios y estaban repartiendo los accesorios del cotillón: máscaras, collares, gafas y demás. Mi novia apareció unos instantes después con la otra chica y un compañero… me recorrió otro escalofrío. Llevaba puesto un bonito antifaz, aunque a mi no me gustaba mucho porque le tapaba una de las partes que más me gustan de ella, aparte de su sensual cuerpo. También traía una botella de champagne.

    «Aah, fiz besteira mais uma veez», comenzó un nuevo ritmo, «’tava de bobeira em casa, sentei na pica do meu ex, pica-pica do meu ex». En la zona en la que estábamos de la mesopotamia argentina, había mucho intercambio cultural con Brasil, por lo que es común que se escuchen canciones urbanas brasileñas en las discotecas. Todos los del grupo empezaron a formar un “trensito”, con mi novia y sus amigas encabezandolo. Enseguida unos compañeros se sumaron, yo quería ir detrás de Gabi pero me ganaron de ante mano las mujeres. Terminé por estar detras de la chica a la que le había preguntado cuando se desaparecieron los demás. A mis espaldas estaba un tipo y otra chica. «Amiga, ele chegou, quando eu olhei pra cara dele eu não me aguentei, sentei na pica do meu ex», siguiendo el ritmo, cada tanto las chicas movían su trasero para atrás. La que tenía adelante llegaba a pegarlo a mi entrepierna. Miré de soslayo al chico detrás de mí y éste me palmeó el hombro. También escucho que se ríe.

    Íbamos en fila recorriendo toda la pista, el local estaba de pura fiesta. En una curva reconozco el vestido de mi novia pero me llama la atención de que ya no está una chica en su retaguardia, sino un varón. Justo llega la parte del restriegue…

    A mis espaldas ahora estaba una chica y el tipo anterior detrás de ella, quedando así la gran mayoría intercalados hombre y mujer. Cambia la canción «se preparan las popu y las fina, las que rompen duro en la tarima» y el tren se detiene. Todos se quedan a bailar en el lugar en el que quedaron. Se formaron así varios “mini grupos” a lo largo. La chica que estaba adelante se quedó conmigo, junto con los dos que estaban atrás. «Popu-popu-popu poputona» ella me restregaba con su meneo al ritmo, al igual que la otra chica con el compañero. Antes de empezar a bailarme así, me dijo al oído que si yo me desubicaba un mínimo ella se separará. Era como un código, yo debía de hacer de “pared” y dejarme apoyar todo pero sin hacer el menor movimiento o gesto obseno, sino se terminaría todo y quedaría como un idiota.

    A todo eso, me distraje otra vez y perdí de vista a Gabi. Le dije a la chica que me iba a buscarla y me aparté. «Esta zarpada de atrevida esa wacha, y en el Facebook pone fotos en bombacha», las letras de este tipo de canciones me desagradan cuando les prestaba atención, pero a la gente aquí no parecía importarle, las chicas sólo querían soltar su lado sexy y atrevido «puso me gusta y te firmo el muro, y yo le pongo que le doy bien duro».

    Por algún extraño instinto me dirigí al fondo, hacia aquel rincón alejado de la pista donde había visto anteriormente a Nati con el jefe y el otro hombre. Al llegar noto otra vez tres siluetas, ¿serán de nuevo el trío anterior? Una de las tres siluetas se separa y se acerca a la pista. Reconocí al instante ese vestido, el de Gabriela. Ella miraba hacia los lados. Las luces del local se encienden de repente, la fiesta estaba llegando a su cierre. Veo ahora que las otras dos figuras eran de hombres. Esos dos chicos enseguida me reconocen y se giran rápidamente dándome las espaldas. Uno de ellos se estaba acomodando el cinturón o algo por el estilo porque se podía intuir que tenía sus manos en la entrepierna.

    La veo a mi novia que se estaba bajando la falda del vestido, arreglándose. Levanta la mirada y me ve, sonríe y se dirige hacía mi. Me siento perdido en su mirada, en la extrañeza que me generaban esos ojos claros a través del antifaz… ¡De locos las fiestas que se montan esta gente!

    FIN

  • Situaciones morbosas (2)

    Situaciones morbosas (2)

    Hace muchos años viví una de esas situaciones tremendamente morbosas que forman parte de nuestros más ocultos secretos. Momentos de una excitación máxima donde el morbo no deja pensar con claridad y asumes unos riesgos casi suicidas. Pasó hace unos 20 años y aún hoy es un recuerdo recurrente para pajearme.

    Llevaba unos 2 años con mi novia, la que hoy es mi mujer, y como cada verano ella pasaba los veranos en un apartamento en la playa propiedad de sus padres. Ese año yo lo iba a pasar con ellos. Esto era una especie de confirmación de alternativa taurina. Hasta que no se pasaba el verano en aquel apartamento familiar la relación no tenía un carácter de seriedad total. La hermana mayor de mi novia junto a su marido ya habían pasado por ese momento y eran habituales en el apartento veraniego.

    Junto a mis cuñados habíamos compartido muchos momentos y algún que otro viaje pero nunca habíamos estado conviviendo durante un mes completo en un pequeño apartamento y mucho menos en compañía de mis suegros. Así que la situación era algo incómoda para mí. En cualquier caso la relación con ellos era buena. Mi cuñado Aitor, era ertzaintza, y tenía un carácter algo reservado. Un tipo enorme, de voz profunda y cara de pocos amigos. Su mirada gris acerada imponía en el cara a cara. Mi cuñada, Elena, era otra cosa. Sin ser guapa sí era muy sensual. Tenía un buen cuerpo, alto y proporcionado. Pero era su actitud provocativa la que le daba ese aire sensual y morboso.

    Durante la primera semana de aquel agosto la situación no fue demasiado complicada. Dadas las pequeñas dimensiones del apartamento nos arreglamos como pudimos. Eran tres dormitorios bastante justos de manera que a mi novia y a mi nos tocó el más pequeño y dormíamos en un sofá cama. Cómo mi cuñado era tan grande necesitaba más espacio y ellos se quedaron en uno con dos camas. Todo comprensible y mucho más cuando yo estaba debutando en aquella plaza (por seguir con los símiles taurinos).

    Cada mañana yo me levantaba temprano para salir a correr. A la vuelta me daba una ducha y me unía al resto de la familia ya fuera en la piscina de la urbanización o en la playa. Fue en uno de esos días de playa cuando le ví las tetas a mi cuñada Elena. Ese día mis suegros prefierieron quedarse. Después de ducharme cogí una toalla y me dirigí a la arena. A medida que me acercaba a la sombrilla vi que solo se encontraban bajo ella Aitor y mi novia.

    -¿Dónde está Elena? -Pregunté.

    Mi cuñado me miró con su semblante serio habitual y girando la cabeza hacia la orilla me señaló a una mujer que venía en nuestra dirección:

    -Ahí la tienes. -Su voz resonó bajo la sombrilla de manera solemne.

    A pocos metros vi a mi cuñada con su cuerpo totalmente mojado y escurriendo su melena. Venía sin la parte de arriba del bikini luciendo unas preciosas tetas. A sus 32 años, 5 más que su hermana y yo, sus pechos lucían turgentes y perfectamente colocados con un maravilloso pezón de color marrón claro que apuntaban al cielo. No pude evitar quedarme embobado mirándola. Nadie pareció darse cuenta. En realidad el único que me preocupaba era Aitor. Al parecer era algo celoso y a Elena le gustaba provocarlo. En cuquier caso estuve toda la mañana disfrutando de la visión de las tetas de la hermana mayor de mi novia.

    Un par de días después la situación fue un poco más morbosa aún. Después de mis correspondientes kilómetros llegué a casa donde suponía que no había nadie. Pero al entrar oí ruidos en la habitación de mis cuñados. Aquel era un sonido muy característicos. Un golpeteo constante acompañados por gemidos y suspiros. Sí, mis cuñados estaban follando:

    -Más fuerte, joder…. Dame más fuerte cabrón…

    -Dios, joder me corro… Me corr… aaaggg

    Un grito casi animal seguido de un gruñido me hacía saber que mi cuñado se había vaciado en el interior de la hermana de mi novia. Yo sabía que usaba anticonceptivos por lo que supuse su coño inundado de leche del marido. Salí de la casa sin hacer ruido y me fui a la piscina de la urbanización donde me espareba mi novia. Me dirigí directamente a la ducha y me tiré a la piscina. Necesitaba aplacar el calentón. Aunque conseguí bajar la erección, el recuerdo de las tetas de Elena unido a los comentarios mientras follaba hicieron que la tuviera morcillona todo el día. Por la noche, ya en la cama, me acerqué a mi novia y comencé a meterle mano. Pero no consintió follar:

    -No. Si quieres te la chupo.

    Por supuesto dije que sí. Mi novia es recatada pero cuando se calienta puede llegar a ser muy guarra. Se colocó de rodillas en el colchón. Con la cabeza hacia mi polla y ofreciéndome su coño y su culo. Comenzó a hacerme una mamada espectacular. Se la metía hasta la garganta mientras yo aprovechaba para meterle los dedos en sus dos agujeros:

    -Venga putita, sigue mamando.

    A mi cabeza vino la imagen de las tetas de Elena y todo se precipitó. Coloqué una mano sobre la cabeza de mi novia para marcarle el ritmo y le anuncie que me iba a correr. Ella no hizo el más mínimo gesto de retirarse lo que entendí se lo iba a tragar todo. Mi musculatura se tensó y mi polla empezó a escupir lefa caliente directente a la garganta de mi novia aunque en mi mente era la de su hermana. Por fin mi cuerpo quedó relajado y mi novia, que efectivamente se tragó toda mi corrida, se levantó al baño a enjuagarse la boca. Luego caímos rendidos.

    A la mañana siguiente me desperté temprano para salir a correr. Todos dormían cuando al pasar por delante del dormitorio de mis cuñados tuve una maravillosa visión. La noche había sido extremadamente calurosa y éstos habían dejado la puerta abierta. Elena estaba tumbada boca arriba totalmente desnuda. Sus respiración relajada hacia que su pecho se elevase levemente. Sus tetas aguantaban en su posición y su pezón de fresa se confundíia con su aureola. Su abdomen plano descendía hasta un Monte de Venus cubierto por una morbosa capa de vellos negros. Era una visión excitante la de mi cuñada desnuda. Me sorprendió verle aquella mata de pelos en el coño. Siempre había supuesto que iba rasurada. De repente se giró. Quedé inmoviizado ante la posibilidad de ser sorprendido pero seguía dormida. Ante mí se giró sobre su lado derecho adoptando una posición fetal. Me agaché hasta ponerme en cuclillas y poder ver mejor sus labios vaginales entre sus piernas. Tenía un coño impresionante. Los vellos que cubrían sus labios continuaban de manera morbosa hasta perderse en su raja del culo.

    No pude contenerme, mi polla estaba empalmada, y en un acto de irrespinsabidad morbosa comencé a pajearme frente a mi cuñada durmiente. De pie, desde la puerta, me pajeaba como un animal viendo a Elena desnuda. Tuve que ahogar mis gemidos cuando mi polla comenzó a escupir varios chorros de leche que cayeron en el suelo, a los pies de la cama de ella. Me temblaron las piernas y tuve que apoyarme en el marco de la puerta. Cuando mi calentón comenzó a bajar fui consciente del riesgo que estaba corriendo así que me fui al baño, me refresqué la cara y salí a correr.

    Casi dos horas después volví a la casa. No había nadie así que me dirigí a la habitación de mis cuñados para comprobar si mis restos seguían en el suelo. No había rastro de nada y la cama estaba hecha. Con tranquilidad pase al baño a darme la ducha antes de reunirme con el resto de la familia. El recuerdo de mi cuñada desnuda hizo que me empalmarse otra vez. Sentir el agua sobre mi cuerpo y el jabón me llevaron a acariciarme la polla. Pero no quería correrme así que dejé que se bajara la erección y salí de la ducha.

    De repente, la puerta del baño se abrió. Elena, la hermana mayor de mi novia, se plantó delante de mí que estaba desnudo y totalmente mojado. Mi cuñada me miró de arriba a abajo y yo me quedé petrificado:

    -Esta mañana te has quedado a gusto pajeandote delante de mi dormitorio. Me di cuenta que te quedaste mirándome desnuda. Eso lo comprendo. Yo estaba dormitando y no quise asustarte pero lo de hacerte la paja y correrte me parece muy fuerte. No se me ocurriría decirle nada a mi hermana y por tu bien tampoco se lo diré a Aitor pero que no se vuelva a repetir…

    Yo estaba petrificado. Asustado. Elena me dejó en el baño pero antes de irse se giró de nuevo hacia mi:

    -Por cierto, cuñado, tienes un buen rabo.

    Cómo podéis imaginar la relación entre ambos paso a ser mucho más complicada. Aunque actuaramos con cierta normalidad yo me sentía avergonzado en su presencia pero ella no parecía dar muestras de ello. A fin de cuentas ella no había hecho nada y siempre me tendría a su merced guardando ese secreto. Nunca más hemos vuelto a hablar de lo que pasó aquel verano en el apartamento de la playa. A día de hoy seguimos yendo a la playa juntos y ella sigue haciendo top less delante de mí. Han pasado 20 años y todavía me sigue poniendo cachondo aquella imagen de mi cuñada desnuda.

  • Mi primera cena de Navidad con Vlad

    Mi primera cena de Navidad con Vlad

    Esto que les relataré fue hace un año, en la Navidad del 2020.

    El señor Vlad y yo no éramos pareja, apenas salíamos para conocernos y saber nuestros gustos. En esa ocasión me dijo que iríamos a cenar a un restaurante que se llama Azul Histórico, en el centro de la Ciudad de México.

    Llego mi parte favorita de la cena, el postre y fue ahí cuando iba a darle la primera cuchara a mi pastel de chocolate cuando él me dijo que tenía un regalo para mi, saco una caja cuadrada y me dijo “no lo puedes abrir aquí, ve al baño” y bien obediente eso hizo, me metí a un baño y lo abrí, era un dildo vibrador a control remoto, yo me quede en shock.

    Venía con una carta que decía “se lo mucho que te gusta el postre y esta noche lo disfrutarás de una manera diferente, ponle un poco de lubricante, póntelo, sal y dime “todo bien papi” así sabré que hiciste lo que pedí. No se imaginan mi cara de sorpresa y de excitación que tenía en ese momento, fue así que tome el lubricante que venía junto con el dildo, me baje la tanga negra que traía y comencé a estimularme para poderlo meter, una vez adentro salí y dije “todo bien papi” el volteo a verme, me sonrió y me dijo “ahora si disfruta tu postre”.

    Tome la cuchara, agarre un poco del pastel y cuando lo metí a mi boca el prendió el vibrador, se me salió un gemido que el restaurante me volteó a ver y solo me quedó cambiar los gemidos por risas. Dios! El sí sabe hacerme disfrutar de un buen postre. Vlad me miraba, sonreía, me tocaba la pierna, me besaba, yo estaba muy mojada, muy excitada! Solo quería irme de ahí y que me hiciera suya, así que me comí rápido el postre y le dije que ya nos fuéramos.

    El resto ya no es parte del relato de la cena, pero imagínense lo peor y lo mejor.

  • El último encuentro con el teacher

    El último encuentro con el teacher

    Ya llevábamos más de 1 mes de relación con mi esposa, ella estaba por terminar sus estudios técnicos en auxiliar de enfermería solo le faltaba hacer la pasantía en una institución de salud, a vista de eso decidimos que mientras a ella el instituto le conseguía un lugar donde hacer la pasantía se iría conmigo al municipio donde yo estaba laborando, su madre se enojó mucho, pero acepto, yo trabajaba de 7 am a 1 pm dando clases y de 4 a 6 martes y jueves desarrollaba el programa del adulto mayor de la alcaldía municipal, ósea que en los ratos libres paseábamos por el pueblo que es de tierra caliente y tiene sitios muy bonitos y aprovechábamos para hacer el amor en todo momento, un día ella recibió una llamada del instituto informándole que no habían podido ubicarla en ninguna entidad prestadora de salud, por lo que le recomendaban que ella también iniciara la búsqueda y que se comunicara con el profesor encargado de esa área, ella sonrió al escuchar el nombre y colgó la llamada.

    Esa sonrisa me causo curiosidad, pero en el momento no le hice ningún comentario espere hasta la noche que estuviéramos haciendo el amor para preguntarle y salir de la duda, ya sabía que ella me respondía todo sin problema cuando estaba bien excitada, estando en plena acción en la noche le pregunte si había tenido mucho sexo en su Instituto ella dijo que, con pocos, pero muchas veces que tenía compañeros muy niños y sus gustos eran por los mayores, le dije que con cuantos había estado y me dijo que con 3, 2 compañeros y 1 profesor, hay estaba la respuesta que buscaba, me dio los nombres de los compañeros y me conto como con ellos tenía sexo en los baños y en casa de otros compañeros mientras hacían trabajos, y cuando indague por el profesor me miro a los ojos y me dijo que con él había sido el último con el que estuvo antes de mí.

    Aproveche para que me relatara todo lo que había pasado entre ellos y así lo hizo:

    “Él es uno de los directivos de mi institución técnica y además nos dio clases de administración hospitalaria en el primer semestre, tiene 2 hijos con diferente madre, pero no vive con ninguna de las dos, se escuchaban rumores de que salía con algunas de las estudiantes del último semestre, él y yo empezamos a salir cuando yo estaba en el segundo semestre, salíamos a comer, a bailar, a moteles, en ocasiones íbamos a una casa-finca de uno de sus amigos (en este lugar se desarrollara otro de los relatos), el me llamaba y yo siempre salía, antes de que tú empezaras a visitarme llevábamos más de 3 meses de no salir, un día me escribió al Facebook diciéndome ingrata, yo le respondí con una carita enojada, y a los 10 minutos me llamo y me dijo: claro como ahora tiene novio ya se olvidó de los amigos, yo le dije: no señor ni lo he olvidado, ni tengo novio, él me dijo: pero los chismosos dicen que se la pasa muy bien acompañada, que visita varios lugares con la misma persona, le respondí: somos amigos, solo salimos a divertirnos, él me dijo: te diviertes de la manera como lo haces conmigo, yo me reí y le dije que aún no, me invito a salir el día jueves de esa semana a una discoteca que solíamos frecuentar, le dije que sí que hacía mucho tiempo no bailaba, cuadramos y quedo de recogerme ese día a las 8 pm, llego el día me recogió, me sube al carro y de inmediato sin mediar palabra me beso, yo me deje, seguimos hablando de cosas, de estudio, de trabajo, llegamos a la discoteca y antes de bajarnos me volvió a besar pero esta vez me toco las tetas y las saco de mi blusa y el brasier y me las beso, también me desabrocho el pantalón y me toco el clítoris y me metió un dedo, yo le tocaba el pene por encima del pantalón, estuvimos en el carro unos 10 minutos, yo termine prácticamente desnuda y me vine delicioso después de esas caricias en el clítoris y las tetas.

    Entramos a la discoteca y buscamos a los amigos de siempre, empezamos a bailar y a beber, él me decía al oído que estaba muy linda, que me había extrañado, que tenía muchas ganas de tenerme entre sus brazos, yo le dije que yo también quería hacer el amor, paso el tiempo y ya habíamos bebido bastante, nos besábamos en la mesa, en la pista de baile, él en cada disco me repetía que me quería coger por todos lados y aprovechaba la poca luz para tocarme toda, yo estaba muy excitada, él fue al baño y se demoró en regresar, uno de sus amigos que estaba en nuestra mesa me invito a bailar y acepte, como el no volvía baile con su amigo 2 piezas seguidas, cuando volví a la mesa él estaba sentado y tenía cara de enojo, le pregunte que le pasaba y me reclamo porque había bailado con el amigo, yo le conteste que no le veía nada de malo, ya había bailado con los demás y no había pasado nada, me dijo que porque tenía que bailar 2 canciones seguidas, le respondí que como no regresaba del baño su amigo no quiso dejarme sentada en la mesa y me saco a bailar de nuevo, él se paró y me dijo que nos fuéramos, nos despedimos y salimos, el seguía muy enojado, yo lo seguí al carro me abrió la puerta y cuando me subí me dijo que me quitara la ropa, yo lo mire y me dijo: ¿no quieres estar conmigo?, me beso muy fuerte y corrió la silla hacia atrás y la reclino, se subió, cerró la puerta me subió la camisa, se subió encima de mí y empezó a chupar mis tetas, me quito la blusa y el sostén y bajo a mi pantalón, se arrodillo en el piso del carro, yo solo lo miraba, nunca se había comportado así de brusco, la verdad tenía miedo, me quito el pantalón y los pantys y me hizo un oral, dentro del miedo y los tragos me excite mucho y empecé a gemir, él me decía: eso nena gime como la perra que eres, me hizo abrir las piernas lo más que pude sobre el tablero del carro y me empezó a meter dos dedos en la vagina y a besar el clítoris, me preguntaba que si yo era una perra y yo le decía que sí, y me metía los dedos profundo y me succionaba el clítoris no aguante ni 5 minutos y me vine, el no para de lamer mi clítoris y meterme sus dedos, y me decía te gusta perra, yo decía que sí, me pregunto que si quería que me lo metiera y yo le dije si amor, quiero que me lo metas todo, por donde me dijo, le dije por donde quieras amor, tu sabes que me puedes hacer lo que quieras, y se sacó la verga y me la metió de un solo golpe en la panocha, me dio duro, profundo, pero de forma lenta y me decía que si quería así o más adentro, yo le decía más adentro y él lo metía más fuerte, se sentía riquísimo, yo estaba súper mojada, yo lo quería besar y él me decía que no, que yo era una perra y me penetraba y penetraba, yo gemía durísimo y él me decía eso perra goza, porque eres una nena perra, ¿cierto?, yo respondía que sí, que con él era una perra, me lo empezó a meter más rápido y al momentico nos vinimos los dos.

    Me lo saco se subió el pantalón y se bajó del carro, dio la vuelta y lo encendió, nos vamos para un motel me dijo y arrancamos, yo estaba desnuda en el asiento y me dijo: venga perra chúpemela, yo le saque la verga y se la empecé a mamar mientras el manejaba, me lo metía todo, así como a él le gusta, y me decía que yo era la mejor para mamar y me empujaba la cabeza para que me entrara profundo, entramos al motel y pidió habitación con jacuzzi, entramos a la habitación, nos bajamos del carro y me dijo que pusiera a llenar el jacuzzi, el pidió una botella de aguardiente, me le acerque y le quite la ropa el me miraba diferente, lo tumbe en la cama y me senté en su pene, me lo metía lo más profundo que podía y el me besaba mis tetotas, le pregunte que si le gustaba como me lo metía, que quería que le hiciera, que yo era su perra, llego el pedido y me dijo que lo recibiera, me dijo que me tomara 2 tragos de seguidos, ya estaba bastante ebria, pero lo hice, él se sentó recostado en el espaldar de la cama, le di un trago y me senté de nuevo en su verga pero en cuclillas, así me entraba mucho más, él me decía eso perra monte como sabe, disfrute la verga que tanto le gusta, esas palabras me ponían a mil, le pedí que se viniera en mi cara me baje y me arrodille frente a él, se masturbo y a los 5 minutos tenía mi cara llena de semen.

    Entramos al jacuzzi, él se sentó y yo me senté delante de él, pero dándole mi espalda y empezó a acariciar mis tetas y a decirme que eran enormes, que eran deliciosas, que uno de mis amigos del instituto le había contado como me gustaba dejármelas besar en el baño, yo quedé sorprendida, él no me dijo el nombre de mi amigo y siguió tocándome, con una de sus manos empezó a tocar mi clítoris y a decir que también le habían dicho que me encantaba mamar vergas cuando estaba tomada, y que no tenía problemas me dejarme comer en cualquier lugar, ya estaba otra vez yo caliente, me volteo y me dijo y lo más rico que me dijeron es que te fascinaba dar culo, por eso te busque perra, para comprobar todos los rumores y me metía los dedos en mi cuca, le dije que me lo metiera en por atrás duro que él sabía cómo me gustaba que lo metiera, me recosté en el borde del jacuzzi dándole la espalda y el me empezó a empujar la cabeza de su pene en mi ano, me empezó a entrar y con el agua caliente era más fácil, los tragos lo tenían dilatado así que no demoro en tenerlo todo dentro de mí, me pregunto que si estaba lista, le dije si con la cabeza y empezó a meterlo y sacarlo durísimo como a mí me gusta, me hizo gritar de lo fuerte que lo hacía, me penetro así un buen rato, luego me dijo que me subiera, se sentó y yo sobre el metiéndomelo todo solita, empecé a montarlo y me decía que mis tetas sabían delicioso, que le gustaba verlas rebotar cuando él me comía, empezó a seguir me movimiento y a empujar duro cada vez que yo bajaba, abría mis nalgas para que todo su pene entrara, no aguanto más y se vino, le dije que no parara que yo también me iba a venir, así lo hizo y me vine delicioso.

    Me duche yo primero, luego él, nos cambiamos y salimos del motel, camino a mi casa no hablamos mucho, cerca de mi casa él me dijo que, si mis intenciones contigo eran serias, a lo que respondí que totales, me dijo que entonces ese era nuestro último encuentro, le dije que eso dependía de lo que tú me propusieras que aún no tenía claro si era aventura o una relación seria, me pregunto: ¿pero tu si estas dispuesta a portarte seria con él?, respondí que sí, me baje del carro y desde ese fue el último contacto con el teacher.”

    En el próximo relato les contare sobre un episodio de mi amada esposa y su profesor que me encontré en su email.

    Espero les haya gustado esta confesión, Hasta la próxima.

  • Así se comienza un nuevo año…

    Así se comienza un nuevo año…

    El fin de este 2021 fue un tanto inesperado.  Siempre hemos estado acostumbrados a las reuniones familiares para fin de año, pero, en esta ocasión, las cosas no ocurrieron como esperábamos. La familia, por razones diversas, no pudo congregarse como en años anteriores, así que cada quién tuvo que arreglárselas para pasar estas festividades como mejor pudiera.

    Nosotros, habiendo quedado desprogramados, decidimos despedir el año en un afamado resort. Nada raro, lo tradicional, la cena de San Silvestre, algo de distracción, baile y recibir el 2022 con júbilo y entusiasmo. Así que partimos hacia el lugar el día 29. Y, tal como suponíamos, no éramos los únicos que andábamos en ese plan. Vimos otras parejas llegar al lugar, al igual que nosotros, solos.

    El sitio, ubicado en un lugar tradicional, de clima frío, nos ofrecía diferentes atracciones para entretenimiento, caminatas, fogatas, música en vivo y demás, de manera que pretendíamos pasar el fin de año lo mejor posible, dejando atrás la idea de que aquello iba a ser diferente a otros años, alejados de nuestros familiares.

    El día 30 conocimos a una pareja, Sandra y Jorge, mientras jugábamos al tenis. Siendo ellos y nosotros aficionados al deporte, y no habiendo más jugadores disponibles al momento, decidimos jugar un partido de dobles mixto. Y así lo hicimos. La idea era entretenernos y pasar el tiempo haciendo algo de ejercicio. Jugamos a tres de cinco sets. Ellos, más compenetrados como pareja en el juego, nos superaron 3-1. Pero la actividad resultó entretenida. Al terminar, quedamos de compartir un rato en la cena y conversar.

    Llegada la noche, estuvimos puntuales en el comedor, esperando a Sandra y Jorge, como habíamos convenido. Las dos parejas de esposos éramos muy similares, tanto en edad como en figura, y con la misma perspectiva de pasar el fin de año de la mejor manera. Una vez conversamos nos dimos cuenta que pasábamos por la misma etapa de vida, con hijos adultos e independientes, por lo cual tanto ellos como nosotros andábamos, por decirlo así, desprogramados.

    En algún momento, durante la cena, llegamos a conversar sobre nuestras realidades, el tema del nido vacío y la crisis de la mediana edad. Cada uno comentó cómo había lidiado con aquella situación. Y claro, entre apunte que va y viene, salió a relucir las expectativas que cada cual, como pareja, se planteaba hacia el futuro. Y, aunque quisimos ser prudentes, en poco tiempo se hizo evidente que tanto ellos como nosotros habíamos tenidos nuestras aventuras.

    El licor y la conversación fueron cómplices para que cada uno de nosotros se abriera a los demás y relatara sus experiencias y puntos de vista. Nuestras mujeres, que, coincidieron en haberse casado muy jóvenes, y haberse dedicado en cuerpo y alma a sacar adelante a su hogar y sus hijos, plantearon que, una vez cumplido el propósito, querían autonomía y sentirse libres. Y claro, esa independencia y libertad apuntaba a cerrar ciclos inconclusos de su adolescencia y adultez joven. Caprichitos y cosas que habían quedado pendientes por ahí.

    Mi mujer, un tanto desinhibida, relató como en su etapa adulta había descubierto su interés y gusto por los hombres de color, capricho que la había llevado a desconocerse, porque de un momento a otro se liberó de las imposiciones morales y sociales y, dada la posibilidad, se dio la oportunidad de vivir la aventura y experimentar hasta dónde aquello, que, tiempo atrás resultaba prohibido, ahora era una actividad al alcance de la mano. Sandra, tal vez para no quedarse atrás, relató que, en principio, empezó a mostrarse coqueta e insinuante con los hombres, tal vez con la intención escondida de sentirse todavía atractiva y deseada, y que aquel comportamiento la llevó a provocar a los amigos de Jorge.

    Jorge y yo, también hicimos nuestros aportes. Yo apunté que fue en mis cuarenta cuando se presentaron oportunidades que nunca antes se habían dado, y que aquello, ciertamente, había generado roces en nuestra relación de pareja, hasta el punto que, en algún momento, a mi se me había aparecido una tal Xiomara y a ella, mi mujer, un tal David. Y que hubo un tire y afloje por demostrarle el uno al otro qué tan apreciado era por los miembros del sexo opuesto. En mi caso, yo llegué a tener relaciones sexuales con Xyomi, pero la aventura de Laura, mi esposa, con su David, se había frustrado, dando paso a un inmenso deseo de desquite, que, después, explotó en sus encuentros con hombres de color.

    Sandra, muy curiosa, preguntó y eso ¿cómo fue? Así que, Laura, relató cómo conoció a Andrés, el hombre con el que tuvo su primera experiencia extramatrimonial consentida. Pero a aquellos su historia, aunque les causó curiosidad, ciertamente no pareció sorprenderles. Jorge comentó que, en su trabajo, debido a su posición gerencial, las mujeres no dejaban de asediarlo y que, especialmente en celebraciones como el día de la secretaria, no faltaba la mujer que se insinuaba para pasar un rato de entretención, como liberándose de tanta atadura, para terminar yéndose a un motel para calmar la calentura que se generaba en el ambiente.

    Entre trago va y trago viene, quedamos de compartir la cena de San Silvestre la noche siguiente, como en efecto sucedió. Nos encontramos a eso de las 9 pm, al día siguiente, 31 de diciembre, todos ataviados muy elegantemente. Las damas aparecieron especialmente vestidas, una de blanco, Sandra, y otra de negro, mi mujer, bien arregladas y perfumadas, y que, ataviadas con sus accesorios, se veían bastante sexys y atractivas. Nosotros, Jorge y yo, vestíamos de smoking negro, como ameritaba la ocasión. Nos acomodamos en la mesa y empezamos a conversar de todo un poco, de esto de aquello, de política, del clima, del ambiente, de lo bien arreglado que estaba el lugar y cosas así.

    Pasados los minutos empezó a sonar la orquesta que amenizaba el lugar y, por supuesto, la ocasión invitaba a divertirse y bailar. Laura y yo iniciamos el baile, y Sandra y Jorge nos siguieron. Y, así las cosas, con música a todo volumen, la actividad se centró en bailar y bailar, prácticamente todo lo que interpretaran. Y, entre tanda y tanda, fuimos pasando la noche. Cada cierto tiempo coincidíamos en la mesa y, a manera de descanso, tratábamos de conversar un rato, pero, con el volumen de la música, charlar era casi imposible.

    Para compartir, entonces, pues, cambiábamos de pareja de baile y, así, en algún momento Laura y Jorge desaparecían. Y Sandra y yo, bailando, también nos perdíamos de la vista de ellos. Ya sabía yo de las habilidades de mi esposa bailando, y no dudaba que Jorge iba a estar encantado con ella. Sandra, por otra parte, no lo hacía nada mal, pero reconocía yo que sus recursos de baile eran inferiores a los que Laura demostraba en la pista. Sandra y yo, por decirlo así, estábamos más parejos. Lo necesario para pasarla bien y entretenidos.

    En uno de nuestros descansos, habiéndose ido Laura y Sandra a retocarse un poco, como lo manifestaron, Jorge me dijo, ahora si entiendo cómo esos negros se desviven por tu mujer. Sí, respondí yo, ¿qué descubriste? Es que tu mujer mueve ese trasero con un vaivén que excita de primera. Me perdonas, pero mi verga ha estado parada todo el tiempo mientras hemos estado bailando. ¡Caramba! Es una hembra muy sensual. ¡Te felicito! Gracias, le contesté. Es lo que hay y para nada me puedo quejar. Ciertamente, afirmó él, no tienes de qué quejarte. Me imagino que así se mueve en la cama, apuntó. Eso te lo dejo a tu imaginación, respondí.

    Al llegar ellas, conversamos un rato, pues había llegado el momento de servir la cena. El volumen de la música bajó y el ambiente se relajó un tanto, lo propio para cenar. La comida estuvo excelente y el postre, ni se diga. Así que, mientras levantaban las mesas y se reorganizaba todo aquello, seguimos conversando un rato. Le he dicho a Sandra lo bien que baila Laura. ¡Te felicito! Gracias, respondió ella. Y también le he dicho que eres muy afortunado, porque si así como se mueve en la pista se mueve en la cama, debes disfrutar tu matrimonio. Oye, no hables así, replicó Sandra a lo que decía su marido. Excúsenme si dije algo indebido, por favor, se apresuró a comentar. Tranquilo, dije yo, no hay lío. ¡Todo bien!

    Laura, ¿he dicho algo malo? No, respondió ella, no te preocupes. Todos reímos de manera cómplice, pero, realmente, el comentario aquel, en lo que a mí respecta, me había parecido un tanto atrevido. Y Sandra parecía estar un tanto perturbada y molesta. Bueno, apunte yo, es que el trago va desinhibiendo a las personas. ¿Será eso? No, había dicho Sandra, el normalmente no se comporta así. Tal vez, dije yo, tratándose de personas que recién nos conocemos y que no tenemos nada en común, la situación le anima a mostrarse más abierto. No, Enrique, me confrontó Sandra, él está insinuándosele a tu mujer. ¿De verdad? Contesté. ¿Te parece? Sí, dijo ella tajantemente.

    Más bien vamos a bailar y no nos tiremos la noche. ¡Ven! Con un semblante un tanto adusto por parte de ella, como enojada, nos dirigimos a la pista y nos dedicamos a bailar. No le pongas tanta atención al asunto y olvidemos lo dicho ¿vale? ¿A ti no te molesta? Preguntó. El comentario de tu marido, la verdad, me pareció un poco atrevido en esta ocasión. Y traté de alterarme un poco. Pero eso me han dicho los mulatos cuando bailan con ella, y es lo que encuentran atractivo. Por eso no me ha sorprendido. Pero, con ellos ya se sabe cómo es el juego. En esta ocasión, se supone, estamos compartiendo algo más formal. Sí, es verdad, respondió.

    ¿Y a ti no te dan celos? Continuó. ¿En qué sentido? Respondí. Pues que Laura esté teniendo relaciones sexuales con otros. ¿No te molesta? La verdad, no, contesté. Si llegamos a aquello es porque estuvimos de acuerdo, esté yo presente o no. La mayoría de las veces yo he estado acompañándola, así que no me incomoda. De hecho, debo confesártelo, me excita ver que ella lo está pasando bien. Ella, sabiendo que yo estoy ahí para protegerla, si fuera el caso, disfruta de su macho sin prevención y con todo el entusiasmo. En ese sentido, no me dan celos. Es una aventura compartida en pareja. ¡Claro! Ella está con su macho, pero yo veo la escena en primera fila. Es eso…

    ¿Y solo ha estado con negros? No, respondí. También ha estado con blanquitos, pero ciertamente los negros y las vergas grandes son lo que la excitan y disfruta al máximo. Incluso alguna vez estuvo con un muchacho normal, comparado con esos negros, y la pasó muy bien. Al menos fue lo que se vio. Pienso que, en esto del sexo, la mente juega un papel importante. Nosotros generamos expectativas con respecto al desempeño de las parejas sexuales y, según lo que esperemos, igualmente disfrutamos. Puede ser, puede ser, dijo ella. Y así, entre charla y baile, pasamos largo rato, finalizado el cual volvimos a la mesa.

    Allí estaban conversando animadamente Laura y Jorge. Así que nos integramos todos y volvimos a compartir y brindar, pues ya se estaba acercando el fin de año. Los anfitriones animaban a todos los asistentes. Pasaba el tiempo y pronto empezó la cuenta regresiva, 5, 4, 3, 2, 1… ¡Feliz año! Todos nos abrazamos, estrechamos nuestras manos y nos dimos el feliz año nuevo con mucha alegría. Hubo fuegos artificiales, palabras de despedida del nuevo año y, finalizado aquello, aplausos, abrazos, brindis y más saludos. Y después, la música nuevamente empezó a sonar.

    Volvimos a bailar. Ya estábamos más tomados, más alegres y también un poco más desinhibidos. Sandra y yo vimos a Jorge acariciar a mi mujer mientras bailaban, con mucha delicadeza, pero también con mucho deseo. Yo fingí no darme cuenta, pero Sandra no perdía detalle. Y, claro, no pasó mucho tiempo antes que me dijera que, al parecer, Jorge estaba muy entusiasmado con mi mujer. ¿No te parece? No te preocupes, dije yo, esto pronto va a acabar y cada quien para su casa. Así que no te afanes y trata de terminar bien la noche. Pues eso intento, dijo ella, y me besó. Lo permití y me pareció extraño, pero preferí pasar la página y darle punto final a aquello.

    Al volver a la mesa y siendo ya la 1:30 am, con mucha gente abandonando el lugar, le pregunté a Laura, si ya era hora de irnos. Me dijo que sí, que ya se sentía un tanto cansada. Así que, reunidos todos de nuevo, anuncié que la habíamos pasado muy bien y que ya nos despedíamos. En principio no dijeron nada y cortésmente también se despidieron. Bueno, que pasen buena noche, terminé de decir y emprendimos nuestro camino a la habitación. No habíamos avanzado mucho cuando Sandra llegó hasta nosotros, de nuevo, para, dirigiéndose a Laura, proponernos que los acompañáramos un trago en su habitación.

    Laura accedió. Así que volvimos a reunirnos los cuatro y emprendimos camino hacia su habitación. Me traje las botellas, dijo Jorge, acabémoslas, pues es un desperdicio dejarlas sin terminar. Sí, me parece bien, contesté. Llegados a la habitación, Sandra acomodó unas sillas alrededor de una pequeña mesa, todo al lado de la gran cama. Nos sentamos; Jorge sirvió las bebidas y nos pusimos a charlar. Estuvo buena la reunión, comentó. Sandra le dijo algo a Laura y se fueron al baño. Jorge y yo seguimos allí, conversando. Sí, hubo buena música, buena comida, buena bebida y todo estuvo bien organizado. La inversión valió la pena.

    Al rato las damas llegaron a acompañarnos, desprendidas de sus abrigos. Oye, ¿acaso no hace algo de frío? Dije. Pues de eso se trata, contestó Sandra, de calentar la noche. ¿Y cuál es el plan? No hay plan, respondió. Depende de nosotros. ¡Qué bueno! Dijo Jorge. ¿Cuál es la sorpresa? Sandra prendió la radio en la habitación y seleccionó una emisora que emitía música romántica. Y, siguiendo el ritmo, ella y Laura empezaron a contonear sus cuerpos, bailando frente a nosotros. Laura lo hacía frente a Jorge, moviendo su trasero sensualmente, y Sandra frente a mí. Y, bailando, empezaron a quitarse sus vestidos hasta quedar en ropa interior.

    A mí aquello me cogió por sorpresa. Estaba un tanto confundido y desubicado, porque las manifestaciones de Sandra, minutos atrás, me daban a entender que para nada le gustaba aquella situación entre su marido y mi mujer. No entendía en qué momento habían cambiado las cosas o si aquella preguntadera era la forma de calibrar mi estado de ánimo con relación a que la posibilidad de un intercambio entre ellos y nosotros se pudiera dar. No obstante, como he relatado, las cosas parecían fluir entre Jorge y mi esposa, mientras que Sandra y yo no habíamos pasado de su furtivo e inesperado beso.

    Jorge, más entusiasmado que yo en ese momento, se excusó para ir al baño. Muchachas, dijo ¡espérenme! Mientras, las dos damas siguieron su rutina de baile frente a mí, ataviadas con su ropa interior, una de negro y otra de blanco, muy atractivas. El hombre no demoró nada. Al igual que “flash”, su ida y regreso fue en un pestañear de ojos, solo que salió desnudo y con su miembro endurecido y erecto. Y, llegando a mi mujer, sin recato alguno, nos dijo: Espero poder complacer a Laura. ¿Tienes algún inconveniente? Yo no, contesté. No sé que opine ella. No tengo objeción, intervino ella. Bueno, pues, ¡adelante! ¡Disfrútense los dos!

    Jorge llegó hasta donde mi mujer y, sin preliminar alguno, procedió a retirar su sostén mientras ella seguía bailando y le hacía el juego. ¡Que senos tan hermosos tienes, mujer! ¡Qué delicia! Gracias, respondió ella ante el halago. Ya sé por qué los mulatos procuran complacerte. Eres todo un deleite, continuó él mientras besaba y masajeaba los senos de mi mujer con mucha delicadeza. Ya está más dura que antes, dijo. ¡Tócala! insinuó, llevando una de las manos de Laura hacia su pene. Ella le siguió el juego y, masajeando su tronco de arriba abajo, respondió a sus demandas.

    Sandra, mientras tanto, se dirigió a mí para preguntarme, y nosotros ¿qué vamos a hacer? ¿Qué sugieres? Pregunté. Lo que tú quieras, respondió. Mmmm… me quedé mirándola. ¿Tú sabías que esto iba a pasar? Realmente no, contestó. Vi a Jorge tan entusiasmado con tu mujer, que quise ver hasta dónde podíamos llegar. ¿Y qué querías ver? Bueno, tal vez ver cómo tu mujer le responde a mi marido. ¿Ya habían tenido una aventura como esta antes? No exactamente igual, pero si algo parecido. Pero ambos, Jorge y yo, estuvimos con las parejas en habitaciones separadas. Entiendo, respondí. Y esta ver quieres ver y que te vean, supongo. Sí, contestó.

    Perfecto. Entonces, démonos la libertad de ver cómo tu marido se folla a mi mujer. Y después los dos nos encargamos de hacer lo nuestro. ¿Te parece? Sí, dijo, está bien. De manera que nos quedamos los dos mirando lo que ellos hacían. Jorge estaba impulsado y ya había despojado a mi mujer de su panti, dejándola vestida tan solo con sus medias, zapatos y accesorios. Laura, consiénteme, requirió él, estimúlame un poquito. Ella entendió el mensaje y, sentándose en el borde de la cama, frente a él, que estaba de pie, procedió a chuparle su pene y masajear sus bolas con las manos. Aquel sintió aquella caricia muy excitante, porque casi de inmediato empezó a empujar su pene dentro de la boca de mi mujer, tomándola de la cabeza para guiar sus movimientos.

    Ella, tal vez se sintió ahogada en algún momento, porque dejó de chupar el miembro de Jorge, pero siguió masajeándole con ambas manos y, con su lengua, dando ligeros toques a su glande. No se diga más, dijo Jorge, ya estoy con ganas de que me recibas. Entonces ella, recostándose en la cama, se deslizó un poco hacia la cabecera, abrió sus piernas y lo espero. Te voy a devolver el favor, y, acomodándose en medio de sus piernas, llevó su cabeza directo a la vagina de mi esposa y empezó a chupar su sexo y meter los dedos en su vagina para estimularla. Eso surtió efecto y ella, excitada como estaba, empezó a contorsionar su cuerpo y a gemir mientras aquel hacía su trabajo.

    Sandra, mientras tanto, se las había arreglado para bajarme el pantalón y chupaba mi pene sin perder de vista a lo que hacía su marido con mi mujer. Y yo, para no desanimarla, tenía metida mi mano dentro de su panti y le masajeaba sus nalgas, llegando incluso a tocar su sexo con mis manos. Ella facilitaba que yo hiciera aquello, acomodándose para que me quedara fácil llevarlo a cabo. Sandra, dijo su marido incorporándose, esta mujer me tiene loco, espero tu permiso para continuar. Y ella, sin dejar de chupar mi pene, con su mano izquierda, le hizo la seña de que continuara. Como, ¡anda! Sigue…

    Con ese permiso, Jorge se abalanzó sobre mi mujer, quien, con sus piernas bien abiertas, ya lo estaba esperando. La penetró con gran ímpetu y empezó a bombear dentro de ella con gran vigor, besándola en el cuello mientras sus manos jugueteaban con sus nalgas y sus piernas. ¡Qué rica estás, mujer! Decía mientras proseguía con su faena. Sandra, ¿siempre es así? pregunté. Pero no conmigo, respondió ella, continuando concentrada en chupar mi sexo. Bueno, dije, ya está viendo lo que querías. ¿Los acompañamos? ¡Vamos! Dijo ella.

    Ambos nos levantamos y yo, para empezar a entrar en situación, decidí besarla y abrazarla, teniendo de fondo el ruido que aquellos dos estaban haciendo y los gemidos de mi mujer, que, al parecer, estaba disfrutando de lo lindo las embestidas de Jorge. En ese intercambio de besos y abrazos, Sandra y yo nos despojamos de la ropa, y ya, desnudos ambos, dije, señalándole la cama, primero las damas. No, dijo ella. ¡Compláceme! Primero tú. Bueno, dije, resignado y obediente, acomodándome al lado de mi mujer, que, ensartada por aquel hombre, seguía disfrutando del encuentro.

    Sandra, entonces, vino hacia mí, me cabalgó, acomodó mi pene a la entrada de su vagina y, descolgando su cuerpo sobre el mío, facilitó la penetración. Y hecho esto empezó a moverse desbocada sobre mí, a la par que lo hacía su marido con mi mujer. Yo aproveché para masajear los senos de esta mujer, Sandra, que no estaba para nada mal. No era la hembra espectacular, pero, para lo que estábamos experimentando era apropiada y suficiente. Tanto ella como su marido, al parecer, estaban llevando a cabo su fantasía. Y nosotros, involucrados en el juego, disfrutábamos la situación y pasábamos el momento.

    Y estando ellos sobre nosotros, en algún momento, Sandra, sin dejar de moverse sobre mi pene, se abalanzó sobre los senos de mi mujer para besárselos. Su marido, entonces, se retiró, insinuándole que se acomodara mejor. Disfruta de ella un rato y déjame sentir como estás ahora. Ella, entonces, se retiró, se acomodó encima de mi esposa, siguió besándole sus senos, pero expuso sus nalgas para ser penetrada por su marido, quien no perdió tiempo para hacerlo. Apenas Sandra se sintió penetrada, se fue acomodando para besar a mi mujer en la boca, sin que esta lo rechazara.

    Me parece justo que participes, dijo Jorge, mirando que yo estaba al costado de ellos, observando la escena. ¡Toma mi lugar! Yo, sin decir nada, me levanté para tomar su puesto y, tal como él esperaba, penetré a su mujer, que acomodada sobre mi mujer seguía besándola. ¿A ti también te gusta mirar? Pregunté a Jorge. Sí, dijo él. Entonces porque no nos tomamos un trago mientras ellas juegan solas. Y ¿por qué no? Respondió él. Yo me aparté de Sandra. Entonces, Jorge dijo a su mujer, Sandra, sabes qué, quisiera verte saboreando el sexo de Laura. Sabe muy rico.

    Ella, entonces, complaciendo a su marido, se escurrió hasta que su cara estuvo a la altura del sexo de mi mujer. Y una vez allí su lengua empezó a juguetear con el clítoris de Laura, quien al parecer disfrutaba aquello y estaba a gusto. Pero, dije yo, tu mujer no está siendo atendida. Sandra, dijo él, deja que Laura te pruebe. Tú también sabes rico. Así que Sandra se acomodó para que mi esposa también tuviera acceso a su sexo, de manera que, ya acomodadas, los dos hombres disfrutamos de un excitante sesenta y nueve entre ellas. Bueno, dije, ¿eso querías ver? Sí, respondió Jorge. Eso no se ve todos los días. Y así, en vivo y en directo.

    Sandra, deja que Laura vaya arriba, ordenó Jorge. Ambas se movieron para acomodarse de nuevo. ¡Ay, no se me coloque así! expresó Jorge mirando cómo se acomodaba mi mujer. ¡Qué excitante y provocadora se ve tu mujer en esa posición! ¿Me dejas penetrarla? ¡Pero, cómete alguito! Respondí. Al fin y al cabo, ya entrados en gastos, ni modo. ¡Dale, pues! Y, diciendo y haciendo, aquel se acomodó para penetrar a mi mujer desde atrás. Ella, al sentirse, penetrada, emitió un gemido de placer. Y así, dándole duro, llegó el momento en que aquel se retiró, esparciendo todo su semen en la espalda de mi mujer, que gimió y gimió con sus embestidas.

    Ella, como me dijo después, con sus piernas temblorosas, también se levantó para descansar un rato, retirándose con la excusa de ir al baño. Sandra, entonces, quedó allí, con sus piernas abiertas, así que yo me acerqué. ¿Puedo? Le pregunté. Me debes una. ¡Ven! Así que yo me coloqué encima de ella y la penetré en posición de misionero. Se vieron espectaculares, le comenté mientras empezaba a bombear dentro de su sexo. ¡Qué imágenes tan excitantes se ven cuando dos hembras hacen el amor! Y se ve que a tí te gusta. No lo había hecho antes, respondió, pero me gustó. Laura me lo facilitó. Y seguí allí, dándole y dándole hasta que me vine. Al parecer ella lo disfrutó. Nos levantamos y nos fuimos a hacerle compañía a mi mujer y su marido, que, instalados en unas sillas, nos observaban.

    Bueno, dije yo, al empezar la noche esto no figuraba en el programa. Y créanos que para nosotros tampoco, dijo Sandra. Las cosas se fueron dando. Así es mejor ¿no? Continué. Sí, respondió su marido, sin planear tanto las cosas siempre salen mejor. ¿Tú que dices, Laura? Sí, a veces es mejor no cargar expectativas. Nosotros vinimos aquí para pasar la noche de San Silvestre entretenidos, pero nunca pensamos que esto se pudiera dar, y menos en estas fechas. Pero no fue así. ¿Y en qué momento pensaste que esto se podría dar? Le preguntó Jorge a mi mujer. Riendo, ella respondió, desde que empezamos a bailar y me hiciste sentir tu virilidad en medio de mis piernas. Me excitaste…

    No era mi intención, respondió él. Pero ciertamente tú también me excitaste con tu forma de bailar. Y Sandra molesta de verlos a los dos en esas, añadí. ¿Cómo? Dijo Jorge aparentando sorpresa. Molesta no, afirmó Sandra, un poco extrañada porque tú normalmente no te comportas así. Pero hoy estaba con la calentura a flor de piel, les manifesté. Y, después de esto, ¿qué piensas? No, pues nada, contestó ella, la pasamos rico y eso es lo importante. Y en ese intercambio de impresiones, desnudos como estábamos, se fue pasando el tiempo mientras desocupábamos las botellas con las cuales justificamos ir a su habitación. Y ya, viendo que amanecía, consideramos que era tiempo de irnos, así que dijimos, bueno, ya fue suficiente, y está amaneciendo. Creo que nos vamos…

    Sandra y Jorge nos manifestaron que la habían pasado súper bien y que quizá, en otro momento pudiéramos volvernos a juntar de nuevo. Todo es posible, por qué no, dije yo. Nos estrechamos las manos, pero, Jorge, cuando se estaba despidiendo de mi esposa, le dijo, Laura, me das la ñapa. ¡Ay, no! dijo Sandra. Déjalos que se vayan a descansar. Es solo un momentico, dijo él. ¿Qué dices? Ya nos íbamos, dijo ella. Rapidito, dijo él. Mi esposa, entonces, se volteó para apoyar sus brazos en el espaldar de una de las sillas, inclinándose hacia adelante y exponiendo sus nalgas. Que sea rápido, entonces, dijo. Así que Jorge aprovechó, la penetró desde atrás y empezó a bombear.

    ¿Quieres un café? Me preguntó Sandra. Hay que prepararlo, respondí, ¿habrá tiempo? Sí, creo que sí, y empezó a llenar la cafetera que colocan en las habitaciones para tal fin. El agua empezó a hervir y aquellos, al menos mi mujer, hervía en gemidos. Laura es muy caliente ¿verdad? No siempre es así, respondí. Parece que el miembro de tu marido le ha dado en el punto en el que ella siente el máximo placer, y tal vez por eso no desechó la invitación. Quien sabe cuándo nos volvamos a ver, y quien sabe si cuando lo hagamos volvamos a tener una aventura como esta. Sí, dijo ella mientras veía cómo su marido gozaba de mi mujer. Nunca se sabe…

    Porque lo dices. Hemos tenido varias fantasías, dijo ella, pero siento que él ha tenido más libertad que yo para llevarlas a cabo. No sé, pero después de esto tal vez yo le exija más autonomía para hacer cositas que siempre me ha llamado la atención hacer. ¿Cómo qué? Pregunté. Como ir a un club swinger, ir a las cabinas, ir a un “glory hole”, sentirme una puta de verdad. ¿Y no lo hiciste hoy? No, contestó, es diferente. Hoy fue como una fiesta de amigos. Yo quiero tener mis aventuras sola. ¿Entiendes? Sí, respondí, lo entiendo. Ya llegará tu oportunidad, pero eres tú quien debe tomar la iniciativa. ¿No te parece? No creas que no lo voy a hacer. ¡Prometido! Que disfrutes tus aventuras, entonces.

    Terminada la faena entre Jorge y mi mujer, su ñapa, y, al parecer, ambos satisfechos, Sandra les invitó a que nos acompañaran a tomar el café. Volvimos a sentarnos todos a la mesa para saborear la bebida y dar así por terminado aquel asunto. Bueno, dije yo a manera de brindis, feliz 2022. Este año pinta para bueno, al menos en lo que al sexo se refiere. Brindemos por eso, dijo Jorge. Para nada te puedes quejar replicó su mujer. Tranquila. Ya después nos desquitamos los dos. Pero a mí manera, respondió ella. Por ahora, continuó él, mirándola un tanto perplejo por lo que acababa de decir, deseémonos un feliz año.

    Y así, sin dar más espacios ni concesiones, nos despedimos de aquellos y nos dirigimos a nuestra habitación, medio desnudos, como andábamos, ya que nuestra habitación estaba a cuatro puertas de distancia, en el mismo piso. Así empezó para nosotros este nuevo año.