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  • Universidad Marcos

    Universidad Marcos

    Marcos entraba a la universidad a las 3 pm y salía a las 9 pm, a eso de las 10 llegaba a casa, no le importaba cenar, salía a la esquina de la cuadra a buscar a su amante, Jesús, un joven delgado de buen ver, era un hetero curioso, no se daban muestras de amor en la calle, Marcos también era de buen ver, convenció a Jesús invitándolo a ver porno en su celular en el patio trasero con la luz apagada, Jesús se excitó y Marcos para cerciorarse le tocó el pene, luego Jesús correspondió, se subieron al segundo piso en construcción por una escalera, Marcos le bajó el pantalón y lo volteó de nalgas, Jesús accedió, no lo penetró solo le rozó con su pene las nalgas, después ambos de frente jugaron a tocarse sus penes, de impulso Jesús se arrodilló y comenzó a chupar, Marcos complacido, nunca se la habían chupado, se sintió en la gloria. Se vino en su boca a lo que casi vomito Jesús, este se masturbó hasta venirse, entonces bajaron y se despidieron.

    Al día siguiente hicieron lo mismo y así durante meses hasta que Marcos tuvo casa sola, y ahí fue donde penetró a Jesús, primero le puso crema para lubricarlo y se dispuso a ponerlo en cuatro, Jesús se dejó guiar, a pesar del esfuerzo Marcos no conseguía meterla, cuando comenzó a entrar Jesús gemía de dolor, le decía que parara, Marcos lo ignoraba, hasta que entró toda, le dio tiempo para que se acostumbrara, luego comenzó a sacarla y a meterla lento, Jesús lloraba y quería zafarse pero Marcos lo derribó e hizo que callera acostado boca abajo sobre la cama, y ahí lo sujetó con fuerza de las manos y comenzó a cogerlo frenéticamente, le besaba los labios y le decía ya mero, me voy a venir a dentro de ti, Jesús no tuvo opción que aguantarse, cuando terminaron estaba llorando y se fue sin despedirse.

    Pasaron los días y Jesús ya no iba a la esquina del encuentro, ni tomaba las llamadas, Marcos comprendió que había perdido, que todo se había acabado.

  • Matrimonio convencional (II)

    Matrimonio convencional (II)

    Se llevaron a don Cosme, una vecina y amiga se quedó a cargo de Elvira.

    Estaba empapado de semen de mi vecino don Cosme, lo notaba cómo caía piernas abajo, rápidamente fui a mi casa donde me esperaba Bea, seguro que impaciente esperando noticias frescas, y tan frescas, pensé avergonzado. En cuanto entré le agarré la cabeza con ambas manos y comencé a besarla con una lujuria inusual, mi lengua invadía todos los rincones de su boca, mordía sus labios carnosos. Bea no salía de su asombro, se dejó llevar tras los primeros segundos de verse inundada por tanta pasión, el beso se fue convirtiendo en húmedo y guarro. Amasaba sus pechos por encima del camisón, notaba cómo se le endurecían los pezones, estaba excitadísimo, duro como una piedra. Finalmente, se las arregló para apartarme de ella apartándome con las palmas de las manos sobre mi pecho.

    -Ahhh, suspiró tomando aire, Pero, bueno, ¿pero, qué te ha dado? ¿Qué ha pasado ahí arriba? rio entre divertida y juguetona ¿Has bebido? Su voz sonaba alegre, intrigada y cachonda, alargó la mano para echarme mano a la polla, en ése momento me di cuenta que notaría la humedad de la corrida de Don Cosme, salté hacia atrás como un resorte.

    -NO, espera, Amor mío, Tengo muchas ganas de ti, pero déjame ir antes al aseo, ve a la habitación y espérame, tengo ganas de hacerte un hijo.

    -Hummm no tardes que me has abierto las ganas, dijo con cara lasciva mientras me daba la espalda para dirigirse a la habitación.

    En el WC me apresuré en quitarme la ropa manchada, metí el pijama en el fondo del cesto de la ropa sucia (mi mujer no tocaba ahí, eso era cosa de la señora de la limpieza), los pelos de mi zona genital estaban secándose, podía notar el almidonado, la piel de toda la zona y de las piernas por donde había caído la abundante lefa creó una fina película que parecía pegamento para los vellos, mojé una toalla y limpié las zonas con agua, todas excepto la polla (que ahora, comparada con la de Don Cosme, me resultó más pequeña que nunca aun estando en su máximo esplendor), estaba impregnada, casi parecía que estuvo sumergida en semen desde la base hasta el glande. Una morbosa excitación se me había apoderado, la dejé sin limpiar, por alguna inexplicable razón me excitaba la sensación de follar a Bea así. Me resulta inimaginable que algo así se me hubiera ocurrido antes de ésa noche, pero un potentísimo estremecimiento morboso me invadía, no podía ni quería parar, sencillamente era más fuerte que yo. Salí desnudo, con la polla apuntando al techo, mis 14 cm de longitud y 3 de grosor estaba en todo lo que daba de sí, una gota de líquido preseminal brillaba en la punta. Estaba preparado, hoy podría ser el gran día.

    Bea estaba tumbada en la cama, con el camisón arremangado hasta casi la zona genital, boca arriba, la pierna derecha estirada y la izquierda ligeramente flexionada por encima de la otra en la misma actitud de siempre, de recato, de doncella casta entregada al sacrificio de la concepción, ambos brazos descansando sobre la almohada a la altura de su cabeza, la mano izquierda caía por detrás, se mordía sensualmente el índice de la derecha mientras miraba pícara con la cabeza ligeramente ladeada, -holaaa, amor, veo que estas tenías ganas verme, tu soldadito está…muy firme. Me tumbé a su lado, no quería hacerlo como siempre, (llegar y meter sin preliminares) me apetecía disfrutar y alargar este momento, disfrutar de una magnífica hembra de 34 años (que era los que tenía por entonces). Comencé a acariciar su cuerpo de arriba abajo, pasé mi mano por la zona superior de sus torneados muslos, apretados entre sí para evitar intrusión, su poblado vello púbico sobresalía por las braguitas blancas, subí por su ombligo y barriguita lisa hasta llegar a sus preciosos pechos, no abundantes, pero con grandes areolas rosadas y pezones duros y prominentes. –Jijiji me haces cosquillas, venga ven mí que quiero aprovechar este momento, me dijo mientras tiraba de mi brazo retirándolo de sus zonas erógenas para situarme entre sus piernas.

    -Pero, mujer, déjame disfrutar de este cuerpazo que tienes, siempre lo hacemos igual, pero hoy me apetece disfrutarlo, hacerlo más lento, añadir más juego, anda, déjate llevar.

    -¿Cómo dices?, se giró encarándome, ¿Es que no disfrutas conmigo? Su expresión se oscureció, temí haber roto la magia del momento.

    -Nooo, para nada digo que no disfruto contigo, me excita sólo verte así, como ahora, eres la mujer más sexy que conozco, me gusta notar cómo disfrutas es mi mayor pasión.

    -Hummm, te creo, eres un sol, pero ¿sabes lo que más me pondría? Me dijo cargando su máxima expresión de lascivia y perversión, -que hagas lo que te pido, anda, amor, dijo despojándose de sus braguitas, aprovechemos la firmeza de tu…eso, dijo señalando con el dedo a mi polla, para darme placer y… un hijo.

    -¡Polla! Bea, se llama polla, le dije algo molesto mientras, entre sus piernas, apuntaba mi polla a su coño. Puedes decirlo, estamos los dos solos.

    -Mmmm tonto, jijiji no seas cochino, sabes que no… Ahhh, soltó mientras notaba cómo mi polla atravesaba la mata de pelo y se posicionaba en la entrada de su chorreante coño. Sus caderas se movían buscando la penetración completa, tenía un coño apretadito, lógicamente hecho a medida para la única polla que entró.

    -Amor mío, estamos solos, en la intimidad, podemos ser y decirnos lo que queramos. Aún no le había metido la polla –hoy me apetece ser muy cochino, notar cómo mi polla se mete en tu coño y disfrutarte como si fueras una…una… ¡Puta! Cuando dije esto último la ensarté, estaba chorreando, se deslizó dentro como cuchillo en mantequilla. Un profundo gemido inundó la habitación –Ahhh. –Ahhhh ¿Quieres que sea una… ¡Puta!? Ahhh. La palabra “Puta” había salido de su boca a la par que un gemido profundo y gutural, mi polla apenas friccionaba con las paredes de su vagina, me arañaba la espalda y me clavaba las uñas en las nalgas, quería sentir mi polla bien adentro, ese ritmo de sus caderas era nuevo para mí, salvajes, de alguna manera había activado un interruptor que la estaba desatando.

    -Siii, Bea, eres mi ¡PUTA!, mis empujes eran lo más profundos que podía, apenas podía sacarla por la presión que ejercía en mis nalgas, era ella la que se restregaba contra mí con el movimiento circular de sus caderas. Ahhh, ¡joder! Te voy a usar cuando me apetezca, quizá te preste a algún amigo para que te folle también. Me vine arriba y solté lo primero que me vino a la cabeza.

    Bea me miró, los ojos abiertos de par en par, la boca abierta emitiendo gemidos desmesurados a cada empuje de mi cuerpo sobre el suyo, ahhh, su rostro desencajado, sin duda estaba disfrutando. Parecía sorprendida de estar sintiendo tanto goce, tensó cada músculo de su cuerpo, encajándose con el mío, una fuerza impropia la apoderó, se liberó en un orgasmo exhalando en un gemido todo el aire que había tomado de la habitación.

    -Ahhh, SIII. ¡¡Dios!!

    Por primera vez desde que nos conocimos su orgasmo fue lo primero que ocurrió, siempre pedía mi semen para después correrse exprimiéndome la polla llegando al orgasmo con él dentro.

    Se desplomó, mi polla se salió chorreando jugos, sus jugos y los restos de Semen de Don Cosme diluidos, seguía con la polla durísima, pero no quería follarmela así, semiinconsciente, me aparté a un lado, boca arriba, tomando aliento. Poco a poco se fue recobrando, relajada y con cara de felicidad giró hacia mí.

    -Ufff, ha sido increíble, me has hecho ver las estrellas.

    -No he hecho nada, tú lo has hecho todo

    -Oye, pero no te has corrido, creía que lo hiciste mientras, ya sabes jijiji me pasó su mano derecha por el abdomen hasta llegar a la polla. –Uy, ¿Pero qué tenemos aquí? Parece que alguien necesita una descarga. Lentamente subía y bajaba la piel de mi pene, de arriba abajo, alargaba mi eyaculación parando de vez en cuando. -Mmmm, dijo ronroneando cariñosamente, eso que me has dicho… Dijo acariciando con sus uñas el tronco de la polla. Sabes que no soy así.

    -Ahhh, sigue, por favor, dime cosas, estoy a punto,

    -Mmmm, yo quiero que estés siempre conmigo.

    -Siiii, Siempre estaré, Ahhh aunque fueras mi puta.

    -¿Estarías ahí viendo cómo me folla otro hombre? ¿Eso te gustaría?¿No te pondrías celoso?

    -Ahhh, si lo imagino ahora me pone a mil, ver cómo disfrutas es lo que más deseo Ufff

    -Mmmm amor, sabes que no soy así, pero si yo una puta, ¿Qué sería mi maridito querido?

    -Un consentido

    -Serías un CORNUDO CONSENTIDO.

    -joder, joder, joder, Bea, ahh, sii. Una corriente eléctrica me recorrió el cuerpo de arriba abajo. Fue la mayor y más intensa sensación de placer de mi vida, mi mujer dejó de mover la mano en el momento que notó la primera descarga, tiró de la piel hacia abajo manteniéndola así presionando la base, con la palma hacia abajo sosteniendo la polla en el hueco que se forma entre pulgar e índice, el semen cayó todo a lo largo del tronco de la polla, como lava volcánica, mis espasmos no alcanzaban a provocar la descarga total, el placer de la eyaculación se mezclaba con el deseo de que continuara pajeándome hasta exprimirme la polla, Bea la sujetaba con dos dedos apretando la base, mirando cómo salía la lefa. No fue ni el 10% de la cantidad de semen que soltó Don Cosme, aunque bastante bien para la cantidad que suelo eyacular.

    -Mmmm ¡Uy! Vaya, vaya, no me has aguantado nada jajaja.

    -Ufff Ha sido, ha sido… no sé, especial. Joder, Bea, has dejado de mover la mano en el mejor momento.

    -Lo sé, aun así has eyaculado bastante. Mira, dijo señalando mi polla con la mirada, otras veces se te baja al instante, ahora mantiene algo de dureza jeje.

    Su mano llena de semen todavía sujetaba mi polla rígida por la base, absorta en sus propios pensamientos la soltó y se limpió los restos de semen en mi abdomen, haciendo pasadas hasta dejársela casi limpia. Por momentos parecía querer decirme algo, finalmente decidió dejarlo así.

    -Bea, cariño, aún podría, podríamos, no sé, aprovechar que…dije señalando la polla.

    -Andrés, amor mío, respondió dándome un beso en la mejilla y sopesando la bolsa de mis huevos, dejemos que la fábrica vuelva a poner la producción a tope para otra ocasión, con esto no se puede hacer nada, señaló el semen por mi abdomen y bajo vientre, a ver si para entonces…

    Me avergonzó que me lo dijera así, a pesar de eso mi polla se endureció y palpitó. Miró mi polla y a mí alternativamente.

    -Pero, mujer… al menos podrías volver a aliviarme, parece que no ha salido todo, jajaja, dije en tono de humor, pero con ganas de volver a correrme con sus manos.

    -Ya has tenido bastante por hoy, así tendrás más ganas para la próxima.

    -Cariño, dije con cara de perrito abandonado, ya sabes que si tengo ganas me pongo muy pesado detrás de ti, sobándote empalmado. Sino, lo hago yo mismo, amenacé llevando mi mano a la polla aun pringosa.

    -¡Te lo prohíbo! Se giró de inmediato hacia mí con cara de enfado real, ¡Ni se te ocurra! Si veo que no puedes más ya me encargaré yo, ahora levántate, te lavas y vamos a dormir –¡Vamos!, dio por zanjada la cuestión dándome un par de golpecitos cariñosos en la pierna con el dorso de la mano.

    Me di una ducha, cuando llegué a la cama estaba en su lado derecho de la cama, de lado, las piernas recogidas con el culo hacia mi lado. El raso del camisón, aún arremangado descubriendo las piernas y la parte inferior de su culo, se adaptaba a la curva de su cuerpo, por cierto, un camisón que no se quitó en toda nuestra sesión de sexo, algo habitual por otra parte.

    Me tumbé tras ella, haciendo la cucharilla, mi polla reaccionó al instante, sintiendo la cercanía de su culo. En un gesto inequívoco echó la cadera hacia atrás al notar mi polla y ronroneó girando la cara. –Mmmm Buenas noches, amor mío, descansa. Le di un beso en los labios de buenas noches. –No sé si podré dormir, jeje, dije punteando con mi polla su culo. Me ignoró, no me atreví a masturbarme para no provocar su enfado, finalmente pude dormirme tras un par de horas de resituarme la polla 100 veces y pensar en todo lo que había pasado esa noche.

    A la mañana siguiente me desperté con una sensación extraña de vergüenza y arrepentimiento, Bea ya se había levantado, podía escuchar el trajín en la cocina. Cuando llegué estaba atareada haciendo tostadas y café, entré en la cocina con temor a su reacción.

    –Buenos días, dormilón, ¿No pudiste dormir bien anoche? Jajaja.

    -No tan bien ni tan rápidamente como tú, no pasaron ni diez segundos y ya estabas roncando jeje

    -¡OYE!, yo no ronco, dijo fingiendo enfado. Venga, desayuna que hoy hemos quedado en ir a casa de mis padres. Era su forma habitual de dar por zanjada cualquier conversación que no fuera la que ella marcaba como “de interés”. Creí poco oportuno sacar forzadamente el tema.

    La comida en casa de sus padres fue como siempre excepto que vi a Bea más suelta, alegre, sin evitar el acercamiento del gilipollas de mi cuñado, siguiéndole las bromas y lanzándome miradas de complicidad de vez en cuando. Me cabreaba ver cómo mi cuñado se lanzaba al ataque hacia mi mujer sin que ella rechazara las insinuaciones ni los acercamientos, me humillaba. Bea me lanzaba miradas cómplices y sonrisas que me hacían pensar que estaba controlando la situación, cuando en mitad de unas de eso arrimos o toqueteos, que el gilipollas simulaba inocentes, fijaba su mirada en mí, un pellizco me retorcía el estómago, quería que lo mirara mientras se acercaba a mi mujer, mi expresión de odio no parecía más que motivarlo para seguir haciéndolo. Bea también se dio cuenta, no hizo nada para evitarlo y me miraba, brillaba con luz propia. Estaba increíblemente atractiva.

    En el coche de vuelta a casa le acariciaba el muslo, la deseaba, y ella lo notó, cada vez que intentaba llegar más arriba del encaje de las medias me detenía, con gesto firme. –Amor mío, no es tu momento. Agarró mi polla para notar la dureza de mi polla. -Mmmm alguien se ha puesto tenso, mi chiquitín se ha puesto malito jajaja, anda, conduce y no te distraigas. Por la noche intenté de nuevo follar, me esforcé en que notara mi polla dura en su culo, me veía otra noche en vela esperando, debía intentar algo. Desde detrás entre susurros comencé a hablarle.

    –Vamos, cariño, estoy con muchas ganas desde anoche.

    -Ah, ¿siii? ¿Y eso? Preguntó con tono de falsa intriga, respondió también susurrando.

    -Anoche me gustó mucho ver cómo te corrías, me puedo volver adicto a eso, ¿sabes?

    -Mmmmm ¿Tanto te gusta?, pero sabes que queremos tener un hijo, no sólo es sexo.

    -Hasta que te quedes embarazada podríamos disfrutar ¿No te parece?

    -Mmmmm. La verdad es que estuvo muy bien. Ronroneaba restregando su culo por mi polla.

    Pasé la mano por delante, rocé sus tetas, tenía los pezones duros.

    -Cariño, yo también deseo tener un hijo, sería capaz de lo que fuera, sueño con ello, de hecho anoche, mientras intentaba dormir, fantaseaba cosas muy… raras, por decirlo así.

    -¿Qué imaginabas?

    -No sé, no puedo contártelo, me avergüenza haber… fantaseado cosas tan…

    -Vamos, cuenta.

    -No, no puedo.

    -Venga, si me cuentas quizá…Ajustó más su espalda, la cadera se movió buscando la dureza de mi polla y me ofreció su cuello y el lóbulo de su oreja.

    Joder, la muy… sabía cómo y cuándo ponerse melosa para conseguir lo que quería, no podía pensar con claridad, todo mi sistema circulatorio estaba concentrado en mi polla.

    -Bueno, verás, comencé titubeando, eligiendo las palabras correctas. –Pensaba que hasta donde estaría dispuesto a llegar para que te quedaras embarazada. Si mis espermatozoides no sirven y la fecundación “in vitro” no podemos pagarla… Hice una pausa que alargué.

    -Sigue

    -Anoche se me fue un poco la olla, me encendí y dije cosas que después repasé imaginando situaciones…fantasías; tú, mi gusto por verte disfrutar, otros hombres, sexo, inseminación, lo mezclas todo y… bueno.

    Giró de inmediato el torso y la cabeza, enfadada

    -¿¡Cómo!? ¿Qué me estás diciendo?

    -No, nada, son tonterías. Un sudor frío me recorrió el cuerpo de arriba abajo.

    Podía notar su mirada a pesar de la poca luz de la habitación.

    -Pero, ¡Qué pasa contigo! ¿¡TU ESTÁS LOCO!?

    Ostras, la he cagado, me sentí perdido, acorralado. Pues de perdidos al río, pensé

    -Espera, cariño, déjame que me explique, le supliqué llevando mi mano a su rostro para acariciarlo. Como era de esperar me rechazó. –Cariño, imaginar o fantasear no es lo mismo que hacer, la mente va por libre, ayer pasamos un rato magnífico, introdujimos algo nuevo en el sexo y fue genial, supongo que tiene que ver con eso, innovar, ganar en comunicación y complicidad, quizá hayamos entreabierto una puerta que estaría bien explorar, nada más.

    -Nada más y nada menos, o sea que hacemos algo un poco diferente y a ti se te va la cabeza imaginando no sé qué cosas raras ¿Tú ves normal eso que me dices? Su tono bajó varios enteros, se volvió más suave, dialogante.

    -No, no lo veo normal, tampoco entiendo cómo se me ha podido ir la cabeza, disculpa si te ha molestado, no me lo tengas en cuenta, por favor, eres mi mujer, te quiero y deseo compartir contigo todo, hasta mis pensamientos más raros.

    Pasé mi mano por su nalga acariciándola, ella se posicionó de nuevo como estaba de espaldas a mí con el culo en pompa, se estaba dejando hacer. Mi polla segregaba líquido preseminal, notaba mis slips manchados, sin volverse hacia mí me palpó con su mano, la metió dentro y bajó la piel de la polla iniciando la paja. Vi la oportunidad, subí algo más el camisón, le bajé las bragas y busqué su raja, para mi sorpresa estaba muy lubricada, en algún momento de la conversación se puso cachonda, aún me puso más excitado, rápidamente me bajé los slips y acerque la polla encajándola en la entrada de su encharcado coño.

    -Mmmm esto está muy duro, qué pasa, ¿Se ha puesto cachondo mi chiquitín? Jijiji.

    -Siii, ojalá tuviera la polla más grande y gruesa, como las que se ven por ahí, y te inundara de semen fértil.

    -Mmmm, Si, estaría bien.

    De un empujón le metí toda la polla de golpe, estaba tan lubricada que absorbió mi polla nada más encajarla. –Ufff ¡Joder! Bea, me tienes a mil, estoy que no puedo más desde ayer Ahhh, no puedo prometerte que vaya a durar mucho, le dije mientras bombeaba una y otra vez con fuerza hasta notar el tope de sus nalgas. Bea se bajó por completa las braguitas y pasó su pierna izquierda por encima de las mías encajándose aún más, estaba claro que deseaba que se la metiera lo más profundo que pudiera. Por supuesto colaboré para que así fuera. -Bea, estás buenísima, te amo y siempre te amaré, pase lo que pase estaré ahí para ti.

    -Ahhh, Siii, ¿Siempre?

    -Ahhh Siii Siempre contigo, soy tuyo.

    -Mmm ahh, ¡Córrete! ¡JODER! Quiero sentir tu leche, ¡Préñame!

    Fue casi inmediato, aceleré el ritmo de mis embestidas y solté tres lefazos dentro, lo más profundo que pude bufando como un toro ahhh, ahí va, ¡JODER! Bea No dejó de mover su culo en todos los sentidos hasta que mi polla se salió flácida y chorreante, no había conseguido correrse, así que, introduje el dedo corazón de mi mano izquierda en su coño encharcadísimo, de sus flujos y mi corrida, lo moví en todas direcciones, sobre todo incidiendo en su punto G. Boca arriba, abierta completamente de piernas, gemía ahora con más fuerza. –Mmmm Cómeme la teta, estoy a punto. Se la succioné y mordí con fuerza, el pezón sobresalió aún más duro, me apretó con fuera la cabeza y cerró las piernas aprisionándome la mano hasta hacerme daño, las convulsiones de su orgasmo la recorría de arriba abajo como si le hubiera dado un ataque epiléptico, al menos estuvo 30 segundos así mientras yo la miraba encandilado, disfruté viéndola correrse así, con la cara desencajada de placer.

    -Ufff, me has dejado muerta, dijo derrengada.

    -Es que tengo dedos mágicos jeje, siempre a tu disposición.

    -Mmm es bueno saberlo jajaja

    El aroma a sexo inundaba la habitación, ni siquiera nos levantamos para lavarnos, giró su cuerpo y apoyó su cabeza en mi pecho, dormimos como benditos.

  • Lucía, dominación y sexo en la Roma imperial (Primera Parte)

    Lucía, dominación y sexo en la Roma imperial (Primera Parte)

    Maya caminaba por una de las estrechas callejuelas de la Roma imperial al amparo de las sombras.  Llevaba el cabello cubierto por una capucha, tenía magullada la rodilla derecha por una caída, le dolían las piernas de tanto caminar y tenía miedo de ser descubierta. A esta hora, imaginaba, alguien habría dado la voz de alarma en casa de sus amos y estarían buscándola. Escapar era un deporte de riesgo y ser capturada podía tener consecuencias terribles que iban desde severos castigos hasta, en los casos más graves, ser sentenciada a muerte.

    Después de todo no era más que una esclava, un botín de guerra.

    Lucía, 22 años, la hija de Livia y Marco, se enteró de la fuga por boca de su doncella de compañía, Úrsula. Úrsula era una mujer esbelta y atractiva de piel oscura que la había acompañado desde niña enseñándola los secretos de la vida.

    – ¿Cómo ha sucedido? ¿Por qué? – Preguntó Lucía.

    La idea de huir era absurda. Su casa no era ni mucho menos uno de los peores sitios para vivir. Su madre era ciertamente caprichosa y alguna vez había golpeado con una vara los muslos de las sirvientas cuando, según ella, no la habían dejado guapa. Su padre, como cabeza de la familia, tenía poder y carácter y debía ser obedecido en todo momento. Pero en líneas generales era un hombre justo y práctico.

    – Si me lo permite, Domina, esa chica es estúpida. – dijo Úrsula con su innata capacidad de síntesis.

    *****************

    Al día siguiente la noticia corrió como la pólvora. Maya había sido capturada y todos en la casa habían sido citados en el salón. Lucía recibió la noticia y sintió un cosquilleo en su estómago. Sabía que no tenía nada que temer, pero la sola idea de poder estar en el pellejo de la joven esclava la ponía nerviosa y, extrañamente, la excitaba. Aun así en su interior confiaba en que su padre mostrase clemencia.

    El salón era un murmullo constante. Una sirvienta alta hablaba con otra baja inclinándose ligeramente para hacerse oír. Paris, el encargado del jardín, llevaba «pantalones» cortos y tenía el torso desnudo mostrando músculo. Otros tres esclavos, permanecían en pie. Uno de ellos, el de más edad, era el contable. A su lado estaba el nuevo, Crotos, esbelto y con barba, recientemente adquirido por Livia y del que se decía pasaba más tiempo que su marido con ella. El tercero en discordia, de origen griego, tenía grandes ojos, una nariz demasiado larga y cara de susto. Cerca de la entrada estaban las cocineras, comandadas por Karen, una mujer de pechos generosos y trasero redondo que, en el terreno amoroso, prefería compañía femenina.

    Marco entró acompañado por su mujer, tras ellos, con las muñecas atadas y el rostro sucio venía Maya, escoltada por un soldado que tiraba de la cuerda. La rehén vestía con el mismo atuendo con el que había huido, el mismo con el que había sido capturada, una sencilla túnica llena de manchas.

    – Crotos, encárgate de la esclava. – intervino Livia.

    – Ahora mismo Domina.

    El soldado entregó la cautiva al esclavo, y asintiendo con la cabeza a modo de saludo se despidió del dueño de la casa.

    Éste esperó a que el eco de las pisadas de las caligae o sandalias sobre el mármol dejase de oírse antes de tomar la palabra y dirigirse a los asistentes.

    – Creo que todos conocéis las leyes y que huir es una falta grave. Creo que a pesar de vuestra condición, en esta casa se es justo y se atienden las demandas. Nunca se castigará una opinión… pero escapar es intolerable.

    Maya comenzó a llorar pidiendo clemencia.

    – ¡Silencio! – dijo la mujer del dueño propinándole una sonora bofetada.

    La muchacha, con la mejilla encendida, calló, sustituyendo las palabras por ahogados sollozos.

    – Serás marcada y recibirás una docena de latigazos. – sentenció con voz grave el pater familias.

    Crotos usó la cuerda con la que estaba atada la joven amarrándola a una argolla que colgaba del techo y tirando de ella con el fin de tensarla. Maya quedo con los brazos estirados, medio colgando, con la punta de los pies tocando el suelo.

    Instantes después, el jardinero vino con un recipiente y una varilla de metal que terminaba en forma de «S» y se retiró. Crotos, usando una antorcha prendió la madera que se encontraba en el interior del contenedor metálico e introdujo la punta de la varilla en el fuego. La «S» fue cogiendo temperatura hasta ponerse incandescente. El esclavo levantó el instrumento presentándolo al público.

    – Por favor, por favor… – comenzó a sollozar de nuevo Maya, comiéndose sus propios mocos.

    Mientras, en la estancia el silencio era absoluto.

    – Procede. – indicó Marco.

    Crotos se acercó con el instrumento. La joven, horrorizada, temblaba tanto que perdió el control de su esfínter orinándose encima.

    – ¿Dónde hago la marca? – preguntó el esclavo.

    Livia se acercó a la joven. La escena, a pesar de su violencia, la excitaba sobremanera. Ayudándose de una pequeña daga, rasgó el vestido de Maya exponiendo completamente uno de los senos de la esclava coronados por un oscuro pezón. Por un momento, la esposa de Marco, sintió la tentación de lamer el terso pecho, pero desistió.

    Maya volvió a gemir, gemidos que se transformaron en un aullido de dolor cuando el metal incandescente tocó la piel abrasándola. La varilla dejó marcada la S en la teta y el ejecutor arrugó la nariz al percibir el olor a quemado.

    Sin dar tiempo a que la chica se recuperase de la agresión, Crato rasgó el vestido exponiendo la espalda de la fémina, dejando la piel joven y tierna al aire.

    – ¡Empieza! – ordenó Marco.

    El cuero silbó e impactó con un chasquido contra la carne desnuda dejando un grito y una línea roja.

    – Uno. – contó en voz alta el portador del látigo.

    No más de 5 segundos después cayó el segundo azote dejando una nueva línea a escasos centímetros de la primera.

    – Dos.

    Lucía siguió el castigo desde la distancia, al principio hechizada por los golpes y el modo en que el cuerpo de la joven se retorcía. Luego miró al resto de personas que allí se encontraban. Algunos apretaban los dientes, otros estaban a punto de llorar y otros eran difíciles de leer, se diría que en cierto modo disfrutaban. Seguro que más de uno estaba teniendo una erección y más de una se estaba mojando. El espectáculo público no dejaba a nadie indiferente.

    Livia y Marco, a mitad de castigo, abandonaron la estancia camino a sus aposentos. Una de las cocineras los siguió de lejos. La puerta estaba entornada y se asomó. Livia estaba inclinada sobre la mesa, con el culo al aire. Detrás, su marido se estaba masturbando. Su pene se veía enorme, cálido, palpitante en contraste con su trasero caído, pálido y algo desinflado. La sirvienta, precavida, se ocultó tras la puerta dejando de mirar. Pronto llegaron a sus oídos gemidos y jadeos. La imagen se mezcló en su imaginación con la del látigo mordiendo la piel de Maya. De repente le entraron ganas de frotarse. Su mano se deslizó bajo el vestido y sus dedos comenzaron a dar pequeños tirones al vello púbico que allí crecía. El acto sexual duró más bien poco y los jadeos fueron sustituidos por la respiración agitada del varón, exhausto tras unas pocas embestidas.

    – ¿Se lo has dicho a tu hija? – preguntó Livia.

    – No, todavía no. – respondió el marido.

    La cocinera oyó la conversación y esa misma noche, mientras sobaba las posaderas de la cocinera jefe, le contó todo.

    Al día siguiente, antes del almuerzo, el rumor había llegado a oídos de Úrsula quien, como es natural, lo comentó con una sorprendida Lucía.

    – ¿Decirme el qué? – preguntó a su doncella.

    – No lo sé domina, pero…

    – ¿Pero qué? Habla sin miedo.

    – No sé, a lo mejor hablaban de matrimonio.

    Esa noche Lucía durmió más bien poco. En su cabeza se sucedían los posibles candidatos. Desde un senador entrado en años calvo y con barriga amigo de su padre, hasta el caprichoso joven de moda, de quien se decía que cada noche dormía con una diferente. También se comentaba que era un aficionado a las prácticas masoquistas y que más de una prostituta había recibido azotes en las nalgas. Otro soltero de oro era Antonio, soldado que pasaba de los 30 años, de reconocido valor. De este último se comentaba que era homosexual. Lucía imaginó como sería vivir con alguien que, evidentemente, te pondría los cuernos con otros hombres para satisfacer sus deseos carnales. Por un momento pensó en un pene grande abriéndose paso en su… Un momento, ¿qué pasaría si solo le gustaba meterla por el ano? La idea de recibir semejante miembro por el ojete la excitaba y asustaba a un tiempo, pero había algo mucho peor que todo eso, algo que no había confesado a nadie. Lucía, a pesar de su edad, era virgen.

    *************

    Cinco días después de ser marcada y azotada, Maya fue llevada al mercado. Allí un cliente muy concienzudo examinó la mercancía con detalle metiendo los dedos en la vagina de la esclava y dándole algunas nalgadas. Marco, aunque no aprobaba la humillación gratuita, no hizo ningún comentario ni trató de proteger a su esclava. Después de todo había intentado fugarse y aquel hombre valoraba la lealtad.

    – Te doy 50 por ella. – propuso el comerciante.

    Marco aceptó la oferta sin pensárselo mucho, después de todo no le importaba lo más mínimo la suerte que pudiera correr una traidora.

    Esa misma tarde habló con su hija. Una familia recién llegada de Pompeya les había invitado a cenar en su casa el sábado.

    – Sabes, tienen un hijo que busca mujer y les he dicho que te consideren como candidata.

    *******************

    La víspera de la cena, Livia entró en los aposentos de su hija y fue directa al grano.

    – ¿Te has acostado con alguien? Y no, no me refiero a ese chico con el que te morreaste hace años.

    – ¡Madre!

    – Hija, hay que estar preparada. Tu futuro marido querrá meterla y tu tienes que tener cierta experiencia.

    – ¿Y cómo propones que obtenga esa experiencia de la que hablas?

    Siguiendo las órdenes de su Domina, Úrsula fue en busca del jardinero. Al llegar a la altura de un fuente de piedra le vio. El sol caía sobre sus anchas espaldas mientras atendía con mimo a un rosal. La esclava se quedó mirándole con deseo durante unos instantes antes de hablar.

    – Paris, la Domina requiere tu presencia.

    El hombre se volvió y asintiendo siguió a la escultural mujer.

    – Domina. – dijo Úrsula dejando entrar al jardinero.

    – Espera, no te retires. Esto también te concierne a ti. – dijo dirigiéndose a la esclava.

    – Madre ¿Qué pretendéis? – intervino Lucía.

    – Enseñarte lo que es el sexo. – dijo haciendo ruborizarse a su hija.

    – Esclavos, desnudaros. – ordenó a continuación.

    Úrsula y Paris se mostraron sorprendidos al principio, pero, habituados a recibir órdenes, se quitaron la ropa.

    Livia caminó alrededor de los esclavos mirando con aprobación sus cuerpos atléticos. El culo de Úrsula era perfecto, carnoso, firme y femenino. Sus pechos parecían moldeados por las manos de un escultor y su coño, rasurado, invitaba a la exploración. El varón estaba a la altura, su trasero redondo, prieto, las nalgas firmes divididas por una suculenta raja de la salían algunos pelos rebeldes. El pene, todavía dormido, impresionaba y era hermoso a su manera.

    La madre de Lucía acarició las nalgas de Úrsula y después, agarrando el falo de Paris, se dirigió a su hija mientras frotaba el capullo con el pulgar.

    – Dependes de lo que quiera tu marido, pero tienes que se tú la que tome la iniciativa. No esperes besos y caricias. Muchos quieren ir a lo práctico, a metértela cuanto antes. Pero para que haya placer todo tiene que estar bien engrasado. Toma tu tiempo, juega con su miembro, lámelo, bésalo, mételo en la boca si es necesario y luego dales la espalda, inclínate sumisa y descubre el trasero, abre las piernas y ofréceles el coño. Pide que te lo chupen, que exploren. Ellos se sienten poderosos poniéndote a cuatro patas.

    – Pero… y si hay amor.

    Livia soltó una carcajada.

    – Tú hazme caso y prepárate para lo peor. Lo otro, si ocurriese, no necesita instrucciones.

    El pene de Paris se empinó con las atenciones de la Domina. Úrsula, que tenía algo de experiencia en estas lides, había estado moviendo su trasero de forma sensual de tal modo que incluso Lucía se sentía atraída. En un minuto o así, Paris sujetó a Úrsula por las caderas, colocó su miembro en el orificio de entrada y la penetró haciéndola gemir. Pronto, olvidó que estaba siguiendo órdenes y que sus amas estaban allí y se entregó al sexo con pasión envistiendo como un semental.

    Animadas por lo que allí pasaba, madre e hija se quitaron sus ropas y se unieron a la bacanal.

    En algún momento Lucía notó la mano de su doncella acariciándole el culo. Después Paris la beso metiendo lengua y por último, mientras yacía tumbada boca abajo, el falo del esclavo encontró camino a través de su sexo penetrándola. Al principio le resulto molesto, pero luego una corriente de placer la recorrió.

    – Este es el ano. – oyó que su madre explicaba dirigiéndose a Úrsula.

    – ¿Puedo? – dijo esta última.

    Y sin esperar respuesta metió el dedo en el recto de la joven quien, con sus dos agujeros invadidos, se corrió sobre las sábanas de su cama entre gemidos

    (Continuará)

  • Una noche de borrachera

    Una noche de borrachera

    Todo empezó una noche de borrachera para ellos.

    Discusiones que me hicieron meterme en medio para que sus hijas; o sea para que mis primas no tuvieran miedo.

    El, mi tío (hermano de mi papá) estaba sumamente borracho, que entre mi hermano y yo lo llevamos a su casa casi arrastrando

    Argumentando que ya estaba hasta la madre de su vieja.

    Qué era bien puta y qué le cacho mensajes con otro de mis tíos (hermano de mi mamá). Cuando llegamos a su casa acostamos a mí tío y se quedó inmediatamente dormido y mi hermano se regresó a la fiesta. En cuanto se fue mi hermano salió la esposa de mi tío y me preguntó que era lo que me decía mi tío que ya estaba bien pedo

    Y le dije que nada a lo que ella me contesto que no me creía y que por favor lo disculpara si me ofendía pero que ya estaba bien tomado.

    Le dije que no se preocupara y que si llegaba a despertar solo me mandara un whatsapp y ya iba para que se volviera a dormir entonces me regrese a la fiesta y pasó como 20 minutos en cuanto me llega un mensaje de ella que decía

    Que muchas gracias por llevarla a ella y mis primas y a mi tío.

    Y qué ya estaba ronque y ronqué.

    Entonces le dije que si podía salir y me dijo que si y cómo su casa estaba a dos de la mía.

    Me trasladé de inmediato.

    Y le dije ya estoy afuera sal, no tardo ni un minuto y ya estaba afuera.

    En eso me dice.

    Que te dijo tu tío y le dije nada.

    Solo quiero comprobar algo.

    Me le acerque y que nos besamos muy intenso.

    Ese día solo quedó ahí.

    Al otro día me llega un mensaje de ella disculpándose de todo lo sucedido y le contesté que no podía hablar en ese momento.

    Que si podía ir a su casa más tarde a lo que ella me respondió que si.

    Cuando llegue a recogerla a su casa.

    Le dije que se subiera al coche para dar una vuelta y mi sorpresa fue que me contesto que iría por sus llaves.

    Ya en el coche le pregunté por sus hijas y me dijo que ya estaban dormidas me paré en un deshuesadero y en esa zona no hay lámparas.

    Le dije que si no le había gustado mi beso y me contesto que no.

    Entonces le pregunté porque había aceptado subirse al coche conmigo a lo que me dijo que para platicar las cosas y dejarlas en claro.

    Pues lo tarde en agarrarla de las piernas y en besarla. Ella inmediatamente se alejó y dijo que eso estaba mal a lo que le dije que no importaba y me dijo seguro y le dije que si.

    La empecé a besar de nuevo y ya no se resistió.

    Empecé a acariciar sus piernas.

    Hasta subir a su entrepierna.

    Soltó un suspiro y no pare.

    Le metí la mano en su cintura y fui subiendo hasta sus tetas.

    Su pezon ya lo tenía muy duro.

    No dejaba de besarla y ella me decía que no.

    Me decía.

    No mmm no mmm no.

    Mmm no mmm no y solita se levantaba del asiento de mi Coche para que así pudiera bajarle sus pantalones y sus calzones ya húmedos por lo mojada que estaba.

    En cuanto se termino de bajar todo.

    Le agarre su panocha y le introduje dos dedos.

    Solo cerró los ojos y decía si.

    Así mi amor no pares.

    Me baje el short y sin más.

    Se subió en mi y empezó a cabalgar.

    Diciendo si.

    Así Mmmm así mmmm así o si que rico su humedad me mojo todo.

    Tenía la panocha súper mojada.

    Me escurrían sus ricos fluidos.

    Le quite la camisa y empecé a chupar sus pezones.

    Le daba de nalgadas y gemía aún más fuerte.

    Duramos así no más de 15 minutos por el hecho que nos fueran a descubrir.

    Termine dentro de ella.

    Fue delicioso.

    Ver su cara de satisfacción.

    Nos acomodamos y la lleve a su casa no sin antes decirle que si volvería a pasar a lo que me dijo que ya verías.

    Pero eso es otra historia.

  • Reencuentro con amigo de la universidad

    Reencuentro con amigo de la universidad

    Soy Patricia, Patty como me dicen todos mis amigos, una niña bien, hija de familia, fresita, con novio oficial pero también con muchísimos amigos, soy muy guapa, de piel blanca, mido 1.60, tengo unas pompis paraditas, abultadas y muy bien torneadas además de grandes, piernas muy bien formadas también, ya que hago bastante ejercicio, cintura de avispa y caderona, ojos grandes, verdes, boca pequeña roja y carnosa y unas bubis regulares de tamaño pero bien paraditas y duras.

    Tengo un amigo desde la universidad llamado Ricardo, el cual era un auténtico energúmeno, muy poco cortes, por no decir nada y con un lenguaje muy soez, como 1:80, muy feo, con una nariz muy prominente, pelo chino y cuerpo muy robusto, de esos tipos que tienen unas manotas, unos dedotes etc. Lo mejor de él, un pene enorme, muy cabezón y anormalmente chueco cuando lo tiene erecto.

    A pesar de que me desagradaba, tuve mucho sexo con él y es que me llevaba a tocar las estrellas cada vez que lo hacíamos, su forma de dominarme, de sobajarme y de forzarme a hacer cosas que ni en sueños imaginé me cautivaba, me hizo hacer de todo, me volvía loca de placer. Él era diferente a los demás, mis amigos en general hasta parecían tenerme miedo, me hacían caravanas y trataban de complacerme en lo más mínimo, Ricardo siempre me hizo lo que quiso tratándome como si fuera una puta, además la diferencia de estatura y peso le permitían manipularme como si fuera una muñeca. Cuando el termino la escuela, lo dejé de ver porque se fue a trabajar a otra parte, no lo extrañe como podría pensarse, era alguien poco grato para mí, de no ser por el sexo, además que por esos tiempos conocí un chico de Intercambio, por cierto de nombre Richard, que sin quererlo, paso a suplirlo, pero esa es otra historia.

    Esta historia empieza después de recibir una llamada de Ricardo que regreso a la ciudad y me contacto invitándome a comer, al principio me puso un poco a la defensiva su llamada, ya no quería nada con él, pero bueno, se portó tan caballero y tan amable además de casi rogarme que finalmente acepte.

    La cita fue en un restaurante en la calle Nuevo León, de esos que por la noche se convierten en antro, cuando llegue, él ya estaba esperándome en la entrada, al verlo me pregunte, como pude estar con alguien tan feo. Pensé entre mí “si se empieza a portar como patán lo mando a volar “, en fin, nos saludamos con un beso en la mejilla y subimos al segundo piso a comer, solo había una pareja más.

    Mientras comíamos, charlamos y nos actualizamos, durante este tiempo se comportó atípicamente, como un caballero, al término de creo la tercera copa de vino tinto menciono:

    Ricardo: ¿te acuerdas cuando íbamos a la escuela?, ¿lo que hacíamos?

    Me quede helada, no sé realmente que cara podría yo, pero me puse nerviosa, no tuve tiempo de reaccionar, él se estiro sobre la silla se bajó el cierre y se la saco.

    Patty: ¿Que te pasa, estás loco? Volteé a donde estaba la pareja, temerosa de que nos vieran, pero ya no estaban.

    Debí levantarme e irme en ese momento, pero no lo hice.

    Ricardo: Huy, ni que no la conocieras.

    Dijo con desfachatez

    Patty: Estás loco repetí, tuve el impulso de vaciarle la copa de vino sobre sus pantalones

    Ricardo: Pues si me la mamabas todos los días, a poco ya se te olvido.

    Patty: te van a oír.

    Ricardo: Era bien rico cuando me mamabas la verga en el estacionamiento, acuérdate que nos metíamos a un salón me recargaba en la puerta y tú me la mamabas, siempre tenía los huevos bien cargados de leche y tú me los exprimías y te tragabas todo. Mamabas verga muy bien

    Patty: te van a oír—repetí insistente y angustiada.

    Ricardo: de que te preocupas, ya lo deben de saber, con verte la cara se te nota que te fascina mamar verga, con esa boquita de mamadora que tienes, que otra cosa podrías hacer.

    Yo me puse aún más nerviosa porque vi como subía el mesero, Ricardo se cubrió, ordeno dos copas más, yo no sabía qué hacer, me moría de la vergüenza, la vista de su pene, sus palabrotas combinados con el vino trajeron vividos recuerdos que me pusieron muy caliente y mi vagina reacciono mojándose.

    Ricardo: Porque no le das un besito?

    Patty: Como crees -atine a decir

    Patty: además ya sabes que tengo novio

    Ricardo: Huy sigues con ese pendejo, y eso que, ándale putita nomas un besito, acuérdate que antes me la mamabas en donde fuera, tu solita te bajabas a mamarla sin pedírtelo y eso que andabas con ese guey. Después ibas y lo besabas y ni la boca te habías enjuagado.

    Eso no era cierto, si se la había mamado en varios lados, el estacionamiento de la escuela, en varios salones, en el cine, en el carro, etc., pero de eso a que, en cualquier lado, pues no.

    Ricardo: Mira está bien paradota, se acuerda de los mamelucos que le dabas.

    Me dijo mientras la sacudía mostrándomela.

    Metió su mano por entre mi pelo y mi cuello, ya estando su mano en mi nuca hizo un rápido y casi imperceptible movimiento con los dedos en mi nuca que mi cuerpo conocía bien, era la señal para tomarla con la boca, mi cuerpo reacciono sin voluntad, me incline y mi boca tomo su verga, pensé en solo darle un beso, pero su mano sobre mi nuca hizo que entrara casi la mitad, sentí su glande en el fondo de mi garganta y ahí me mantuvo unos instantes.

    Me soltó y me hizo enderezar justo a tiempo antes de que llegara el mesero con las 2 copas, no sé si alcanzo a ver algo o yo misma me delataba con mi nerviosismo, debo haberme puesto de mil colores. En cuanto se fue el mesero repitió la operación de su mano en mi nuca y su movimiento de dedos, volví a engullirla y el me manipulaba desde mi nuca para llevar el ritmo de la mamada. Su otra mano busco mis senos y los masajeo, deben haber sido unos minutos, pero a mí me pareció eterno pensando en que alguien nos vería.

    Nuevamente me enderezo por la presencia del mesero que subía por la escalera, espero a que se fuera y dijo.

    Ricardo: que rico mamas verga putita, mi verga ya te extrañaba, nada más de oír tu voz cuando te hable se me paro, eres muy buena mamando verga, tienes una boca muy caliente.

    Mientras decía esto metía su mano entre mis piernas para sobarme la vagina sobre el pantalón de mezclilla.

    Patty: ahh ya, nos van a ver

    Ricardo: Verdad que si te acordabas puta, nomás te gusta hacerte del rogar.

    Patty: hay como eres.

    Ricardo: traes coche.

    Patty: pues si, ¿por qué?

    Ricardo: para que me hagas una chaqueta con la boca en el carro.

    No sé de dónde saco eso de una chaqueta, yo nunca había oído esa expresión, hasta que lo conocí a él y supe que se refería a una masturbación o felación con la mano o la boca, pero no sé si él invento la palabra, deduje que era eso con el tiempo.

    Patty: otra vez, te acabo de hacer una.

    Ricardo: Pero para que me la hagas bien, bien echa puta, mis huevos están cargados de leche y necesitan vaciarse, que mejor lugar que tu boquita calientita.

    Patty: Hay ya, como crees.

    No me dijo más, llamo el mesero, pago y nos encaminamos a buscar mi coche, mientras caminábamos aprovecho para meterme mano entre las pompas un par de veces en plena calle.

    Ricardo: Ya extrañaba tu culote, que ricas nalgas tienes, bien duras y paraditas. Estas muy nalgona.

    Patty: Hay ya, nos van a ver. Estamos en la calle

    Ricardo: Me encanta tu culote

    Ya en el auto me dijo, busca un lugar más escondido, al cabo de unos minutos volvimos a estacionarnos y él se la saco de nuevo, la sacudió mostrándomela, la contemple como una boba, no podía quitarle los ojos de encima era tan grande, la tenía tan hinchada, negra , muy larga, gruesototota y las venas hinchadas iban por todo el tronco de su verga , en la punta una cabezota roja y babeante, repitió la operación de su mano en mi nuca y su movimiento de dedos que enviaba la señal a mi subconsciente de mamar, así lo hice por unos 15 minutos, al principio tímidamente le pasaba la lengua por todo el tronco, por la cabeza, la dejaba entra hasta el fondo, la liberaba, la succionaba levemente a veces toda dentro, a veces solo la cabeza, yo sentía un sabor salado en la boca junto con algo viscoso y sentía como esa verga vibraba dentro de mi boca, poco a poco me hizo subir de intensidad hasta que literalmente me estaba cogiendo por la boca, ya me dolían las mejillas cuando empecé a sentir sus contracciones, trate de engullirla completamente mientras el empujaba mi cabeza con el mismo propósito, sentí un chorro de líquido caliente y viscoso inundando mi garganta, él ordenaba trágatelo putita trágatelo todo, no era necesario que lo ordenara, su verga estaba tan adentro de mi garganta que tuve que tragar toda su leche, soltó unos 5 chorros de leche espesa, los primeros muy abundantes.

    Como siempre ocurría con él, me mantuvo pegada a su entrepierna con su verga en mi boca hasta que empezó a bajársele, después se la lamí hasta dejársela bien limpia, como a él le gusta y pensé bueno ya lo hice nuevamente.

    Ricardo: No manches Patty sigues siendo bien puta y cada vez mamas verga más rico, se ve que has practicado mucho, ya te cabe completa sin que te vomites.

    Patty: Hay como crees. —dije un tanto ofendida, la verdad es que tenía razón, había practicado mucho

    Ricardo: Si quieres vamos a un hotel para que te la meta por el culo, pero tú lo pagas porque yo pague la comida y ya no traigo lana. Aquí hay uno cerca, no le conteste, pero mi mente recreo los momentos del pasado cuando me sodomizaba y como prácticamente me hacía aullar como perra, arranque y el me indico por donde, en minutos estábamos en el hotel.

    El hotel se llama el Castro, tal vez alguien lo conozca, el pidió la habitación y me pidió el dinero, le dijo al dependiente, sabes que, mejor dámela con potro y me pidió más dinero.

    Nos dieron la llave y al darnos la vuelta para el elevador ya me iba metiendo la mano en medio de las nalgas, no le importo que el dependiente nos pudiera ver y francamente a mí tampoco, estaba luchando por evitar que se me notaran las ansias locas que ya tenía de ser sodomizada…

  • Tras bambalinas (Capítulo 12)

    Tras bambalinas (Capítulo 12)

    Capítulo 12. El Centro de Entrenamiento de Performer. 

    En el capitulo anterior Anthony y Serena volvieron a Kalos en compañía de Alexa y Shauna, quienes se separaron de la pareja en Ciudad Lumiose. De forma que después de un breve reencuentro de la performer con sus amigos Bonnie y Clemont, los chicos finalmente llegaron al pueblo natal de Serena, en donde Anthony no sólo conoció a Grace, la atractiva madre de su novia, sino que también logro convertirla en una más de sus esclavas y de paso sacar a flote el lado más pervertido de su dulce Serena.

    Por otro lado los esfuerzos de Jenny y Malva lentamente estaban dando frutos, ya que entre ambas habian conseguido sacar de la jugada a 2 de los Royal Knights.

    Mientras tanto en una de las muchas habitaciones de una elegante e imponente construcción cerca de Ciudad Glorio, se puede ver como una linda chica de cabello azul y unos enigmáticos ojos de color rojo estaba acostada en una cama totalmente desnuda, la joven pasaba una de sus suaves y delicadas manos por encima de su concha, mientras que con la otra recorría y apretaba sus considerables pechos.

    Miette jadeaba frenéticamente sin intentar en lo más mínimo contener los excitantes gemidos de placer que salían de su boca, y no había ninguna razón para hacerlo, ya que todas sus compañeras en las habitaciones contiguas estaban haciendo exactamente lo mismo. Todas aquellas lindas chicas estaban masturbándose mientras pensaban en la mujer que le estaba dando un nuevo propósito a sus vidas y a la cual deberían adorar como su Ama.

    —No hay nada que no haría por ella… Ella siempre sabe lo que es mejor para mí… Y por eso le estoy tan agradecida… Ella le dio sentido a mi vida… Y por eso la necesito… La necesito con desesperación… Yo deseo seguir todas sus órdenes… Yo necesito obedecer todas sus órdenes… Por favor… Ama Palermo… Guíe mi vida… Controle mi vida… Por favor, Ama Palermo —comenzó a recitar Miette entre sueños con una voz totalmente excitada, su mirada en blanco y sin dejar de masturbarse en ningún momento.

    Aunque lo que la chica no sabía es que las palabras que recitaba con tanta devoción eran en realidad eran el mensaje de la suave e hipnótica melodía subliminal que inundaba su habitación, y que con el paso del tiempo se estaban convirtiendo en sus propios pensamientos.

    Todo había comenzado hace un mes. Y en ese entonces Miette no cabía en si de felicidad, ya que acababa de recibir una invitación de parte de la oficina de la máxima representante del Performance, de Palermo la ex-Reina de Kalos, para que al día siguiente tuviera una comida con la productora en el prestigioso Café de su natal Ciudad Cyllage.

    Así que después de tardar varias horas arreglándose para verse lo más presentable posible, la joven se encaminó hacia el lugar que indicaba la invitación, y una vez que llegó la hora acordada el personal del lugar la hizo pasar a un área reservada del mismo.

    —Buenas tardes señorita Miette. Me complace saber que mi invitación llegó a sus manos, por favor tomé asiento —dijo la voz de una mujer de cabello cano y penetrantes ojos grises mientras señalaba el lugar que estaba frente a ella, no cabía duda de que era la mismísima Palermo en persona.

    —Por supuesto, es un verdadero placer para mí estar aquí hoy, muchas gracias, señorita Palermo —agradeció la chica haciendo una respetuosa reverencia antes de ocupar el asiento que se le indicó.

    —No tienes nada que agradecer, pequeña —respondió la mujer con una sonrisa encantadora antes de continuar

    —La razón por la que te cité el día de hoy es porque me gustaría hacerte una importante oferta que puede cambiar tu vida. A pesar de que fuiste eliminada en la primera ronda de Clase Maestra del año pasado demostraste un enorme potencial en aquella competencia y en tus Performance previos —dijo la productora mientras ella recordaba, con algo de pena, aquella derrota en contra de Serena

    —Sin embargo yo considero que con el impulso y el entrenamiento adecuado podrías sacar el máximo de tu potencial, y sin lugar a dudas podrías convertirte en la siguiente Reina de Kalos. Por eso quiero ofrecerte la oportunidad de entrenarte adecuadamente ¿Que me responde, señorita Miette?

    La joven estaba totalmente impactada por lo que acababa de escuchar, nunca que pensó que Palermo en persona le estuviera dando la oportunidad de su vida, por lo que no había necesidad alguna de pensarlo.

    —Es un verdadero honor recibir su amable oferta, señorita Palermo. Y estaré encantada de aceptarla —respondió la chica haciendo de nueva cuenta una reverencia de agradecimiento.

    —Me alegro de escuchar una respuesta satisfactoria de su parte, señorita Miette. Así que dentro de una semana enviaré a una limusina a recogerla a su domicilio, la cuál la llevará a mi Centro de Entrenamiento —comentó la productora antes de levantarse de su asiento, lo cual sorprendió un poco a la chica.

    —Me gustaría conversar mucho más con usted, señorita Miette. Pero mis constantes obligaciones me lo impiden, así que debo retirarme. Mientras tanto usted puede consumir lo que deseé y no se preocupe por los gastos. La veré dentro de una semana —se despidió la mujer antes de salir del reservado con una sonrisa maliciosa que la emocionada chica no pudo percibir.

    Una semana más tarde…

    Miette estaba cómodamente sentada en el asiento trasero de una hermosa y lujosa limusina negra, la cual la llevaría a su destino: El Prestigioso Centro de Entrenamiento de Performers.

    Después de unas horas de viaje, poco antes del atardecer, fue cuando el vehículo se detuvo y su amable y atractivo chófer descendió para abrirle la puerta del auto y se despidió de ella con una respetuosa reverencia.

    No cabía duda de que el lugar era impresionante. Ya que se trataba de un lujoso edificio corporativo conectado con un anexo, el cual era una mezcla entre internado y casa de retiro, pero nadie podía decir que no fuera hermoso o agradable.

    Al momento de entrar una amable señorita se ofreció para darle un tour por el lugar y la guió a su habitación, la cual contaba con su propio baño y guardarropa, además de un pequeño refrigerador, una televisión, un reproductor de música y películas y unas cintas de bienvenida y entretenimiento.

    Así que antes de ir a dormir ella decidió ver algunas de las cintas de bienvenida, entre las cuales había una compilación de algunas de las mejores presentaciones de Aria, la actual Reina de Kalos, y de su antecesora Isabelle.

    Sin lugar a duda se trataba de presentaciones muy hermosas, en donde la innensa belleza de la chicas y de sus pokémon eran resaltadas al máximo, pero no era sólo eso. Ver esos vídeos la hacia sentirse muy feliz y de alguna manera no quería dejar de verlos, de querer ser como aquellas chicas, así que fue cerca de la medianoche cuando Miette dejo de ver las cintas y decidió irse a dormir.

    Al día siguiente la chica se despertó poco antes de las 7 de la mañana y después de tomar una relajante ducha fue hacia el comedor en donde se llevo una grata sorpresa: Ya que casi todas las chicas que participaron junto a ella en la última Clase Maestra estaban presentes, las únicas ausencias eran las de Serena, Shauna, Musavi y Nini.

    Miette debía de admitir que la comida servida en el desayuno era sencillamente soberbia y muy sabrosa, además de ser aderezada con la plática entre las chicas, quienes al igual que ella estaban muy sorprendidas por la ausencia de las finalistas de la Clase Maestra en el lugar, especialmente la de Serena.

    Después del alegre desayuno, a las 8:30 de la mañana, las chicas fueron guiadas a un amplio jardín trasero por su amable instructora, en donde sacaron a sus pokémon y junto con ellos empezaron a hacer varias rutinas de calentamiento y ejercicio durante unas 2 horas.

    Después de aquél ejercicio las chicas tuvieron un breve descanso de 30 minutos antes de dirigirse a un estudio de danza en donde las esperaba su nueva instructora: Una hermosa chica de cabello negro y ojos castaños, que no parecía tener más de 25 años, y quién les dio la bienvenida antes de comenzar con la clase.

    Y aunque las demás chicas no lo supieran, pero gracias a las grabaciones que vio la noche anterior Miette ella pudo reconocer que su instructora era la mismísima Isabelle, la antecesora de Aria como la Reina de Kalos.

    2 horas más tarde y tras terminar una agotadora sesión de clase de ballet, fue cuando las chicas fueron convocadas a un pequeño auditorio que había en el Centro y una vez que tomaron asiento fue cuando apareció la mujer que las trajo a todas a ese lugar: Palermo.

    —Buenas tardes, chicas. Es un verdadero placer para mí tenerlas aquí, y como ya deben de saber estar frente a mi el día de hoy es algo de lo que deben de sentirse orgullosas. Todas ustedes han demostrado ser más que un talento común y en verdad son dignas de competir para ser la siguiente Reina de Kalos —afirmó Palermo con una sonrisa confiada.

    Sin embargo a pesar del motivador discurso que la productora les estaba dando, todas las chicas comenzaban mostrar signos de sueño y cansancio, sensaciones que ellas creían que se debían a la agotadora rutina física de su primer día, por lo que ninguna de ellas ni siquiera sospechaba que la verdadera causa del cansancio que sentían era la droga somnífera que estaba presente en toda la comida y el agua del lugar, y la cuál empezaba a hacer efecto en ellas.

    —Es por eso que les daré un hermoso regalo de bienvenida, chicas. ¡Uno que cambiará sus vidas para siempre! —dijo la productora, terminando con su discurso mientras tomaba una pokebola y liberaba a su Malamar, quien apenas salir comenzó a emitir un fuerte y agradable pulso de luz que de inmediato coloco en trance a las vulnerables chicas.

    —Ahora les permitiré tener el honor de servirme, así como de manipular sus vidas a mi voluntad. Así que ahora desnúdense y tomen el juguete que esta debajo de sus asientos, mis leales esclavas.

    De inmediato, y sin la menor oposición o resistencia, todas las chicas se pusieron de pie para comenzar a desnudarse, doblando con cuidado su ropa y poniéndola a un lado, antes de agacharse y tomar el consolador que había debajo de cada asiento. Ya que en sus influenciadas mentes lo único que existía eran las órdenes recibidas y que debían ser obedecidas en el acto.

    Pero antes de que ellas pudieran empezar a estimularse, Palermo pasó al asiento de cada chica y tras tomar nota de algunos detalles sobre su cuerpos, tras lo cual finalmente les dió la orden de empezar.

    De forma que unos minutos después lo único que podía oírse dentro de la sala eran los gemidos de placer de las 20 jóvenes que se masturbaban sin parar, mientras oían una suave e hipnótica melodía subliminal, que sumada al placer que recibían estaba manipulándolas por completo.

    Así que después de dos placenteras horas de acondicionamiento, fue cuando Palermo finalmente le permitió a las chicas, que se encontraban totalmente relajadas, retirarse a tomar el almuerzo y dedicar el resto de la tarde a sus entrenamientos personales, los cuales eran supervisados por sus instructoras. No sin antes recordarles que la cena se servia a las 7:30 de la tarde, y que después de esta las chicas podían relajarse hasta la hora de dormir, que era a las 10 de la noche.

    Lo que todas las chicas ignoraban es que mientras dormían la misma melodía subliminal que escucharon en la tarde resonaba dentro de sus habitaciones y las devolvía a un estado de trance, el cuál las obligaba a masturbarse antes de dormir y al despertar para reforzar las sugestiones recibidas durante el día.

    De forma que cuando Miette por fin llegó al orgasmo, la vida volvió a sus ojos y se ella rápidamente levantó para darse un ducha. La chica estaba consciente de lo mojada que estaba, pero le encantaba la sensación de sentir sus fluidos recorriendo su entrepierna y empapando sus dedos, los cuales comenzó a saborear hasta dejarlos completamente limpios.

    La joven performer estaba consciente de que últimamente había tenido muchos sueños húmedos, e incluso había llegado a fantasear con la voz de Palermo ordenándole que hacer, pero lejos de sorprenderla esos pensamientos la hacían sentir muy bien.

    “¿Cómo se sentirá estar al servicio de la Señorita Palermo y obedecerla en todo?” se preguntó la chica con una sonrisa en el rostro, antes de entrar al baño para tomar una relajante ducha.

    Y una vez que salió ella se acercó a su guardarropa y tomó una reveladora tanga negra junto con un sujetador a juego, ya que sin que las chicas se percataran de ello toda su ropa interior había sido reemplazada por insinuante lencería, y se los puso debajo de su vestimenta habitual. Quedando lista para dar comienzo a la placentera rutina en la que se había convertido su vida desde que su ingreso al Centro de Entrenamiento de Performers.

    Al bajar al comedor y después de saludar a todas sus amigas, Miette no pudo evitar escuchar la novedosa noticia que su compañera Lily había encontrado en un blog de internet.

    Encabezando la nota estaba una fotografía de Serena sosteniendo una brillante copa de oro, debajo de la cual estaba el título “De Kalos para el mundo: El ascenso de una brillante estrella” y después de esta el artículo rezaba:

    «Serena Yvonne, la joven y talentosa performer originaria de Pueblo Vaniville, que es conocida por llegar hasta la ronda final de la Clase Maestra en su primera participación en el evento, y que se ganó el corazón de Kalos al regalarnos aquella magnífica presentación finalmente ha vuelto a escena.

    Después de la muy controversial derrota que la chica sufrió en la Clase Maestra del año pasado a manos de Aria y de la presentación que ofreció en Ciudad Lumiose en apoyo a los habitantes de dicha ciudad, después de la destrucción ocasionada por la extinta organización criminal conocida como el Team Flare (en donde se sabe que ella fue parte del grupo de entrenadores, entre los que destacan los campeones de Kalos y Hoenn junto a los finalistas de la Liga, que detuvieron a la asociación criminal en las afueras de Ciudad Anistar), junto a las otras 2 finalistas la chica desapareció de los reflectores.

    Mucho se rumoreaba acerca de su supuesto retiro, pero ahora podemos afirmar que Serena decidió cambiar de aires y viajó a la región de Hoenn, en donde participó en los Concursos Pokémon (una competición similar a los Performance) y logró obtener los 5 listones necesarios para participar en el Gran Festival.

    Así que tras superar con relativa facilidad cada una de las rondas de dicho evento, y después de una reñida batalla final contra de la participante Shauna (originaria de Ciudad Lumiose, y quien al igual que Serena fue una de las finalistas de la Clase Maestra), fue que Serena logró coronarse como la nueva Maestra de Concursos de Hoenn y ganar la prestigiada Copa Listón

    Sin embargo después de dicho logro, parece que la talentosa performer y coordinadora decidió volver a casa, ya que hace unos días fue captada por nuestra cámara mientras paseaba por Ciudad Lumiose en compañía de un misterioso y apuesto joven, con el que se rumorea puede tener una relación sentimental.

    Aún se desconoce si Serena será participe de la Clase Maestra de este año, pero en casi de que así sea, podemos estar seguros que nos dará un espectáculo digno de ver. Y no cabe duda de que ella ya es una de las mayores candidatas para ser nuestra siguiente Reina de Kalos»

    —Vaya, ahora entiendo porque ni Serena ni Shauna estaban aquí —comentó una chica llamada Cal, al terminar de leer la nota.

    “Primero Ash y luego este chico… Si está noticia es real, parece que tienes un talento enorme para viajar con chicos guapos, Serena” pensó Miette con un poco de envidia mientras veía la imagen en donde su amiga estaba tomada de la mano con aquel joven.

    —Bueno, chicas. Nosotras tampoco podemos quedarnos atrás ¡Tenemos que esforzarnos al igual que ellas dos! —dijo la chica que había encontrado la nota, tomando su tableta para guardarla, mientras recibía una silenciosa afirmación de sus compañeras.

    Ya que en lugar de desanimarlas, aquel reportaje había actuado como un estimulante para ellas, por lo que todas se apresuraron a ir a su entrenamiento con mayor determinación que nunca.

    “Espera un poco, Serena. ¡Primero te alcanzaré y luego te superaré!” se dijo a si misma Miette, quién en verdad estaba feliz por el progreso de su amiga y rival, pero no por eso estaba dispuesta a dejarse vencer.

    Por lo que después de sus arduos entrenamientos físicos fue cuando Isabelle les comunicó que su siguiente clase se llevaría a cabo en otra sala, en lugar del acostumbrado auditorio, y las condujo hasta un estudio parecido a los que tenían los Centros Pokémon para hacer los vídeos de Pokevisión, el cual incluía pequeños probadores para que ellas se cambiarán de ropa y un estudio de edición.

    —Buenas tardes, chicas. En primer lugar, lamento informarles que la señorita Palermo no podrá venir durante algunos días, debido a que ella tiene algunos compromisos que atender en persona. Por lo que ella me pidió que durante su ausencia me ocupé de impartirles estás clases —informó Isabelle ante la mirada ligeramente decepcionada de las chicas, que de manera inconsciente necesitaban la presencia de la mujer

    —Sin embargo, aunque la señorita Palermo no este físicamente, ella supervisa personalmente el progreso de cada una de ustedes, así que no se desanimen. En estas semanas todas han hecho un espléndido esfuerzo, y les aseguro que la señorita Palermo está orgullosa de ustedes, así que asegúrense de seguir de esa manera ¿De acuerdo?

    Después de escuchar esas palabras no cabía duda de que todas las chicas se sentían mucho más alegres, alegres de saber que estaban complaciendo a la productora, mientras que una sonrisa de triunfo se dibujaba en el hermoso rostro de Isabelle antes de continuar

    —Muy bien, chicas. Durante estas clases aprovecharé la oportunidad para enseñarles varias cosas que necesitaran durante el resto de su vida profesional, así que el tema de nuestras siguientes clases será: ¡Pokevisión!

    —Imagino que ustedes ya deben saber que Pokevisión es un importante medio de difusión en masa en Kalos, y es justo de esa forma en que deben considerarlo. Ya que en ocasiones es un factor muy importante que puede determinar a la ganadora de la Clase Maestra aún antes de la competencia —comentó la ex-Reina de Kalos con seriedad.

    —Y un claro ejemplo de esto, lo tenemos en la reciente final de la Clase Maestra entre Aria y Serena. Un enfrentamiento en el que Serena demostró tener una maestría impresionante, tanta que estaba al mismo nivel que Aria, o incluso superior; Sin embargo a pesar de su gran talento, Serena no se dio a conocer más que en sus Exhibiciones, razón por la que ella no tenía muchos admiradores fuera del escenario, y eso fue lo que la llevó a perder la corona.

    —En cambio Aria, a pesar de ser la Reina de Kalos, ella constantemente usa Pokevisión para darse a conocer a más y más personas, manteniendo un gran número de admiradores dentro y fuera del escenario —explicó la hermosa chica con calma.

    —Y es por eso que el día de hoy veremos cuales son sus talentos frente a la cámara, chicas. Pero antes de comenzar… La señorita Palermo fue muy amable al dejarnos a un viejo amigo, uno que todas ustedes conocen muy bien —mencionó Isabelle con una sonrisa mientras tomaba una pokebola, de la cual liberó al pokémon revolución que pertenecía a la productora, y quién sin perder tiempo usó su Hipnosis para colocar en trance a todas las estudiantes.

    —Creo que ha estás alturas ya deben saber lo que tienen que hacer, pero por si las dudas lo diré: ¡Desnúdense ahora, esclavas! —ordenó Isabelle, quién veía alegre como todas las chicas la obedecían a la perfección, ya que la melodía subliminal de la voz de Palermo también estaba en esa habitación, antes de tomar unas tarjetas de papel y darle una a cada chica.

    —Muy bien, es hora de comenzar con la clase. Así que quiero que vean la tarjeta que les di, ya que durante esta clase interpretarán a la perfección al personaje que viene ahí para la cámara, obviamente tienen que usar el atuendo apropiado así que tienen 20 minutos para arreglarse ¿Entendieron?

    —Si, nosotras obedecemos a la señorita Palermo —respondieron todas las chicas al unísono, antes de irse a los probadores en perfecto orden.

    Y 20 minutos después fue cuando las jóvenes performers salieron de los vestidores usando todo tipo de provocativos e insinuantes atuendos. Que iban desde edecanes, porristas, sirvientas, colegialas, investigadoras, conejitas, vestuarios navideños, enfermeras y oficiales de policía.

    —Muy bien, chicas. Ahora tienen que representar su papel ante las cámaras, mientras mis compañeras se encargan de filmarlas y fotografiarlas ¿De acuerdo? —preguntó Isabelle señalando a las demás instructoras, cocineras y empleadas del lugar, antes de recibir una afirmación colectiva de las hipnotizadas chicas.

    —Señorita Miette, pasa en primer lugar y muéstranos como lo haces —pidió la pelinegra con una sonrisa traviesa

    —Por supuesto, señorita Isabelle. Haré todo lo que usted me diga —respondió la chica, con un tono de voz sumiso y notablemente erotizado, y sus bellos ojos rojos vidriosos y carentes de brillo.

    Sin embargo en esa ocasión la hermosa joven de cabellos azules estaba usando un corto y sensual uniforme de escuela que consistía de un chaleco color azul marino, una corta y ajustada blusa blanca que transparentaba sus generosos pechos por la falta de sujetador y que le llegaba al ombligo, junto con una cortísima falda, a cuadros de color guinda y azul marino, que apenas tapaba la tanga negra que usaba y finalmente sus hermosas piernas estaban cubiertas por medias de color azul.

    La ex-Reina de Kalos de inmediato comenzó a ordenarle a la chica que posara de frente con las piernas abiertas y con las manos en su cabello, que se pusiera de rodillas y en cuclillas, inclinada de frente mostrando sus pechos e inclinada de espalda mostrando su prominente trasero.

    —Buen trabajo, Miette. Ahora sólo hace falta que interpretes tu papel para el vídeo y serás libre por el día de hoy. ¡Chicas ya pueden comenzar! —indicó la mujer disfrutando bastante lo que veía

    —Como usted ordené, señorita —respondieron todas las chicas al unísono, con mismo tono monótono y vacío que Miette, quien se colocó frente a Isabelle mientras se llevaba un dedo a la boca y hablaba con una voz en extremo erótica.

    —Buenas tardes a todos, mi nombre es Miette y vengo de Ciudad Cyllage. Me encanta viajar, usar la ropa más sensual y provocativa, ser el centro de atención y divertirme mucho… Pero también soy una estudiante muy traviesa ¡Y me quedare hasta tarde con un profesor para mejorar mis notas! —dijo la chica mientras se levantaba su corta falda para mostrar su minúscula prenda íntima.

    — ¡Y tal vez el profesor aumente mis notas si soy “amable” con él! —dijo la chica de forma traviesa, antes de darse la vuelta y comenzar a caminar por la pasarela, moviendo sus caderas de forma bastante provocativa.

    Tras terminar de dar la vuelta a la pasarela la chica se quedó frente a su instructora, quién sonrió alegre, antes de comenzar a contonearse con un ritmo muy lento y sensual, y poco a poco se fue despojando de su chaleco y su blusa para dejar al descubierto sus hermosos pechos, todo sin dejar de mover su cintura y su trasero, mientras se llevaba sus manos a su cabeza y las pasaba por sus pechos, antes de bajarlas por su vientre y empezar a quitarse su falda y nuevamente dio una vuelta para mostrar su precioso trasero apenas cubierto por su tanga, antes de quitársela y mostrar su coño virgen, que estaba cubierto por una pequeña mata de cabellos azules, y comenzar a usar sus hábiles dedos sobre esa área.

    Miette se masturbaba frente a la cámara sin mostrar el menor pudor, primero pasando sus manos por encima de su intimidad antes de comenzar a meter sus dedos uno por uno, los gemidos de placer de la chica no se hicieron esperar y justo cuando ella estaba a punto de llegar al orgasmo…

    — ¡Detente ahora mismo! —ordenó Isabelle, quien ya se había despojado de sus ropas y solo usaba un arnés con un consolador negro en forma de pene, de unos 20 cm de largo, el cual señalo con su dedo —Quiero que abras tu boca, metas mi verga en ella y la chupes como si fuera lo más delicioso que hayas probado ¿Has entendido?

    —Si, profesor. No sabía lo mucho que deseaba su verga —respondió la chica antes de abrir su boca lo más que pudo e introducir un poco menos de la mitad de aquel juguete, y comenzar a chuparlo con su lengua mientras su instructora le movía la cabeza con la mano de adentro hacia afuera, tratando de introducir cada vez más y más el juguete dentro de Miette, de cuya boca sólo salían gemidos y palabras incomprensibles.

    —Deténgase ahora, señorita Miette, y póngase a 4 patas en el suelo —ordenó la pelinegra después de unos minutos, ganándose la atención de la chica, quien de inmediato se apresuró a adoptar la posición indicada, moviendo sensualmente su trasero de un lado a otro.

    —Usted es una chica muy hermosa y realmente verdad merece que su nota mejore, sin embargo este tipo de comportamiento es totalmente inaceptable y por lo tanto merece un castigo ejemplar —mencionó Isabelle, adoptando el rol de un estricto profesor.

    —Tiene mucha razón, profesor. He sido una alumna muy traviesa y desobediente, y merezco que me castiguen ¡Por favor castigeme! —pidió la chica mientras levantaba su bien formado trasero para recibir el castigo adecuado-

    —Me alegro de que entienda la gravedad del asunto, señorita Miette, y créame que esto me dolerá mucho más que a usted —respondió la antecesora de Aria mientras se acercaba a la chica para darle una fuerte y sonora nalgada que le saco un grito de dolor y placer a su víctima.

    — ¡Profesor! ¡Si sigue siendo tan bondadoso conmigo no dejare de portarme mal! —replicó la hipnotizada chica de cabello azul, disfrutando aquella sensación.

    —Eso es lo que me temía. En verdad traté de ser lo más amable posible con usted, señorita Miette, pero veo con pesar que no me deja otra opción —respondió la mujer, quien sonreía lujuriosamente y remarcaba cada palabra con una nalgada más fuerte que la anterior.

    — ¡Si, Profesor! ¡Castigeme así! Mmm… ¡Que rico! ¡¡¡ME ENCANTA QUE ME CASTIGUE!!! ¡¡¡NO PARÉ!!! —suplicó la chica con lágrimas en los ojos y soltando inmensos gemidos de dolor y placer.

    —Muy bien, señorita Miette, por el momento creo que es suficiente, confío en que haya aprendido la lección y que este comportamiento tan inadecuado no se vuelva a repetir —comento Isabelle con calma mientras acariciaba el enrojecido trasero de su alumna.

    —Si, Profesor. Desde hoy seré una buena chica, seré sumisa y obediente —dijo Miette muy excitada por el castigo previo y por como los dedos de su instructora recorrían sus nalgas hasta llegar a su mojada intimidad.

    —Eso espero, señorita, de lo contrario el siguiente castigo será mucho más severo —amenazó Isabelle mientras pasaba uno de sus dedos por la concha de la chica y se lo llevaba a la boca para saborear sus líquidos.

    Mientras tanto una de las cocineras del centro se encontraba arrodillada frente a Miette e Isabelle con una cámara en las manos, grabando el excitante espectáculo con lujo de detalles, mientras una de las camareras hacia lo mismo con una cámara fotográfica.

    Y escenas muy similares ocurrían con el resto de las chicas, por lo que solo era cuestión de tiempo para que aquella habitación se impregnara con la excitante mezcla del sudor y líquidos femeninos, junto con el dulce sonido de múltiples gemidos de placer.

    Así que una vez terminada la sesión de modelaje y fotografía fue que Isabelle le ordenó a las agotadas y excitadas chicas devolver los disfraces y ponerse nuevamente sus ropas habituales, antes de despertarlas y dejarlas ir para que continuarán con sus actividades. Todo sin que ellas tuvieran la más mínima idea de lo que sucedió en aquella habitación.

    Y una vez que todas las chicas se retiraron fue cuando comenzó el proceso de edición de las fotografías y vídeos de las chicas, ya que estos serían subidos a un exclusivo sitio web al que sólo podían acceder los mejores clientes de las Siervas de Xerneas, y algunas personas recomendadas por estos últimos, y tras pagar fuertes cantidades de dinero ellos tenían acceso al erótico contenido e incluso podían llegar a apartar a las chicas que se desearan adquirir en un futuro.

    Esa sería la rutina de estas hermosas e ingenuas jóvenes durante los siguientes 3 meses en los que duraría su entrenamiento en aquel lugar y después del cual sus vidas le pertenecerían a Palermo por y para siempre.

    Continuará…

  • Mi primera clase de wax

    Mi primera clase de wax

    Mi Dom y yo decidimos que queríamos involucrarnos un poco más en el mundo del BDSM pues lo poco que sabemos ha sido por lo que investigamos, así que buscamos dónde tomar una clase y nos inscribimos.

    Nos inscribimos a dos clases, una de “introducción al bondage” y otra de “wax”.

    (Para los que no sepan wax es cera y en BDSM es el gusto por tirar cera de velas encima de la otra persona para causar dolor).

    Así que llego el día fuimos a la primera clase y estábamos muy nerviosos, había mucha gente, la profesora era demasiada linda y profesional y nos ayudaba a entrar en confianza, hasta nos dijo que nos podíamos quitar la ropa para poder empezar hacer los nudos y amarres pero era nuestro primero curso y nos daba pena, así que empezamos a hacer todo encima de la ropa, la clase termino y nos fuimos a comer pues teníamos el otro curso un par de horas después.

    Llegamos a donde era el curso y nos pidieron en playera sin mangas y shorts, así que llegue, me cambie y me senté a lado de mi Dom. Comenzó la clase y nos empezaron a explicar los tipos de velas, cuales dolían más que otras, de qué materiales había, etc. Al mismo tiempo nos hacían prenderlas y poner la cera sobre nuestra piel para que fuéramos midiendo el nivel de dolor, yo estaba como niña chiquita poniéndome cera en los brazos, las piernas, en el escote. Cuando la muestra dijo lo mejor de la clase “dejen que sus Doms practiquen con ustedes” y así es como realmente esta historia comienza.

    Me pidió que me acostara boca abajo y ahí es cuando comenzó a tirar cera sobre mi, primero tomo la color rosa y comenzó a dejar caer la cera sobre mi, yo sentía como me quemaba la piel pero al mismo tiempo me erizaba y me excitaba que lo hiciera. Me pidió que me volteara y tomo la vela roja y comenzó a tirarla sobre mi escote, yo sentía como la cera escurría sobre mis pechos mientras él se sentaba encima de mi y comenzaba a sentir su ereccion al ver cómo poco a poco se llenaba mi piel de cera.

    Se empezó a excitar tanto que se le olvidó que estábamos en una clase y que había más gente a nuestro alrededor, el no lo pensó dos veces me empezó a quitar la blusa y enseguida me quito el brassier, me dejo ahí desnuda frente a todos, al principio me dio mucha pena pero después comencé a escuchar que decían “mira le tira cera en los pezones” QUE? de la pena no lo había sentido, mis pezones comenzaron a ponerse duros y se comenzaban a llenar de cera roja mientras sentía las miradas de todos y ahí me di cuenta que me ponía muy cachonda y excitada que las demás personas me vieran ahí, acostada, desnuda con mi Dom encima de mi tirándome cera, sentia poco a poco como mi tanga comenzaba a mojarse de mis fluidos.

    Mi Dom estaba en su papel, con una crayola roja puso su inicial en mi pecho y me hizo acostarme de nuevo boca abajo, ahí entre en un trance donde solo éramos mi Dom y yo, estaba muy excitada y solo sentía más y más excitacion. El comenzó q tomar una crayón a negra y me dibujo un corazón en la espalda y después comenzó a ponerle muchos colores alrededor, yo no supe lo que hacía hasta al final que me tomaron una foto con el. No recuerdo muchas cosas por el trance pero me contaron que llego uno de los profesores y tiro la cera de una vela morada completa en mi espalda (claro con el permiso de Vlad) y que muchas decían que mi espalda había quedado hermosa.

    Después de la sesión me ayudo a levantarme, me quito toda la cera, me vistió y nos fuimos a casa.

    Llegando a casa apenas y cerramos la puerta cuando ya estábamos encuerados, nos urgía desquitar tanta excitacion que teníamos de la clase de wax, podría decir que es de las veces que más excitada he estado y el día que me urgía que me la metiera y me hiciera suya.

  • Año nuevo usando el culo viejo de mi vecina

    Año nuevo usando el culo viejo de mi vecina

    Después que me la cogí en su departamento y luego me botó, la señora María se puso muy distante. Cuando me encontraba con ella y su esposo Alfredo en los pasadizos del condominio, como siempre, él muy amable y cordial. Ella sólo un hola y un adiós. Pensé que cogerla en su propia cama sólo había sido un desliz para ella y enterré el asunto. Cuando lo recordaba era más por algo de culpa por Alfredo, que es un buen tipo, siempre amable conmigo.

    Terminó el año y empezó el siguiente; Mi esposa con mi hija, el mismo primero de enero decidieron ir al cine. Salieron como a las 4 pm de casa y volverían hacia las 7 pm. Cuando estuvieron en el pasadizo mi esposa me grito diciéndome que había olvidado la llave y que no salga de casa. Como no pensaba salir, le respondí que allí estaría.

    Como a los 20 minutos tocaron la puerta del departamento. Supuse que era el vigilante cobrando la mensualidad de mantenimiento. Algo raro que lo haga el mismo 1 de enero, pero pensé que necesitarían los fondos. Abrí la puerta y me encontré con la señora María, en un short muy corto y remera sexy, más para su edad, alrededor de los 50 años, parada frente a mi puerta. Me sorprendí muchísimo de verla allí.

    Me preguntó si podía pasar, que quería hablar conmigo. La dejé pasar. Se sentó en el sofá principal. Me senté en el otro sofá. Fue directa al grano

    – ¿Realmente piensas de mi eso que me dijiste en mi casa?

    – No entiendo a qué se refiere señora María.

    – No te hagas el que no lo entiendes

    – En realidad, no sé a qué se refiere, hablamos algunas cosas esa tarde

    – Te lo diré porque me molesta mucho. Me dijiste que soy una zorra, una perra infiel.

    Mil ideas pasaron por mi mente. Tenía dos opciones que podrían generar dos respuestas en ella. Podía decirle que fue un exabrupto mío, que pienso que es una dama decente y que no debí decir tales palabras. Su primera respuesta podría ser aceptar mis disculpas y retirarse. La segunda hacerse la quejosa y terminar entregándose a mí en mi propia casa, pero supuse (rápidamente) que esa opción iba por un camino largo.

    Mi segunda opción era decirle que sí, que en la cama me pareció una puta, una puta deliciosa y que cogía de puta madre. Si se molestaba se iría y punto. Si quería volver a coger pues ya estaba, a gozar.

    Analicé las condicionantes. Supuse que, con los gritos de mi esposa diciendo que había olvidado la llave, se dio cuenta que me quedaría solo. Supuse su marido tampoco estaba. Supuse también que el corto y coqueto short y la remera sexy eran suficiente indicador para saber que sólo había ido a coger.

    – Pues lo lamento María (quité el señora), me pareces una mujer muy atractiva y realmente me encantó coger contigo

    – Pero que dices, soy una mujer casada

    – Y yo casado

    – No es lo mismo.

    – No lo sé. Usted me atrae mucho y no puedo evitarlo

    Se rompió el “hielo”. Me senté a su lado y cogí su pierna. Era al todo o nada. Y fue al todo. Desesperada, angustiada, ansiosa, se arrodillo en mi piso, me desabrochó el pantalón y sobre mi sofá me hizo una mamada de puta. Me solté completamente y la insultaba todo lo que podía. De puta de mierda a zorra infiel. Todo lo que se me ocurrió decirle salía de mis labios.

    – Así María, así, que eres una puta. Que vienes a mamar la verga de tu vecino. Dale puta de mierda, que para coger has venido.

    – Si, si.

    – Sigue puta, zorra barata, regalada, cachera, cogedora.

    – Si, si.

    Sería mucho repetir todos los insultos, ofensas, agravios que le dije mientras ella mamaba. Me vine en su boca. Se lo tomó todo.

    La cogí de la mano y la llevé a mi cama. Le dije “María cogerás en la cama de tu vecina”. Ella seguía a mil, con la boca llena de mi semen pues aún no lo tragaba. Con violencia le saqué el short y descubrí que no tenía nada debajo. La muy zorra había ido a mi casa solo a coger. Puse sus piernas sobre mis hombros y empecé a lamer su muy recorrida concha. Sabrosa e infinitamente jugosa ya. En un par de minutos tuvo su primer orgasmo mientras decía “soy una puta, soy una infiel, soy una zorra”.

    Con violencia le di vuelta en la cama. Separé sus nalgas con mis manos y escupí en su culo que ya estaba palpitando. Se lo lamí con ansía, seguía palpitando y pidiendo verga, mientras se lo lamía le decía “María, como te gusta por el culo, que culera eres” ella sólo gemía y gemía balbuceando “soy puta, muy puta”.

    Mi verga volvió a ponerse muy tiesa mientras le lamía el culo. Pude cogerla así nomás, montándome sobre ella. Pero deseaba algo más sucio. No tenía muchas opciones. La lleve al baño.

    La acomodé sobre el inodoro. Arrodillada sobre el mismo. Con el culo tirado hacia atrás. Por su cara de mañosa en celo supe que podría hacer lo que quisiera con ella. Se me ocurrió sacar de la ropa sucia una tanga usada de mi esposa. Estaba sucia, con mi semen y sus jugos de la noche anterior. Se la puse en la boca y le dije “lame puta, solo eso eres, una puta que se coge al marido de su vecina”.

    Comenzó a lamer la tanga a chuparla y le empuje la verga por el culo. No pasé por su concha, directo al culo y entró completa, con su culo inclinado y entregado sentí como entró en una sola, toda mi verga. Ella gemía y mordía la tanga de mi mujer. Le jalé con violencia el cabello, con fuerza, ella gritó de dolor y de excitación a la vez. Con su cabeza tirada hacia atrás la seguí culeando. Ella se vino y su culo palpitaba tanto que me vine con ella.

    Me descobré. Le pedí que se vistiera y se largara de mi casa.

  • Novia fiestera

    Novia fiestera

    Las vibras de una noche de fiesta por el cuerpo, los juegos de luces disparando colores, la música alta, mi novia y yo en el centro del despejado living… ¡Al fin!, al fin puedo pasar un sábado por la noche a solas con mi espectacular novia.

    «Mirá como la mueve, la Promo 19»

    —¡Wuu! —gritó Daniela—, ese es el tema que pasaban en mi viaje a Bariloche.

    —¿Ah sí, en tu viaje de egresados?

    —Ella mueve el cu’, zarpada en pu’, ta esperando que la apoyen por atrás… —cantaba ella mientras me meneaba el trasero.

    —¡Faa, lo que habrá sido Bariloche con vos…! —le digo mientras miro todo eso rozando peligrosamente mi paquete «yo quiero ver una mano arriba, como mueven el culo todas esas pibas».

    —No te das una idea, qué lástima que no nos conocíamos en ese entonces.

    Casi todos los fines de semana mi novia salía a bailar con sus amigas, era innegociable, durante la semana nos veíamos siempre pero los viernes, sábados y, a veces, los domingos eran para las amigas, yo le insistía para reunirme con ella en el boliche con mi grupo de amigos pero ella no quería saber nada. Por esas casualidades de la vida, hoy la gente no estaba con ganas de salir, por ello improvisó una noche especial. Estábamos en una cabaña que se encontraba en un amplio terreno perteneciente a su abuela. Allí habían varias cabañas amuebladas para el alquiler a turistas pero no era temporada, por lo que estaban vacías. La abuela vivía en una casa bastante apartada de donde nos encontrábamos, por lo que podíamos hacer la fiesta que queríamos entre los dos sin temor a quejas. La octogenaria se encontraría, de seguro, durmiendo en estos momentos.

    Daniela tenía ambientado esta cabaña para hacer previas y afters con sus amigos, equipada con un buen conjunto de parlantes, neones, luces con movimiento, alcohol y demás enseres. La bautizó “la cueva de la loba”, con un gran cartel colgado en una de las paredes. Estaba emocionado porque podía pasar la noche con mi alocada chica y darle bomba hasta el amanecer.

    «Está noche, tengo la casa sola, y quiero jugar contigo al papá y a la mamá, y hacer travesuras sin parar». La música no podía expresar mejor mis morbosas intenciones.

    —No pienses que sólo porque somos los dos nada más la noche va a ser tranquila —me dice Daniela con una sonrisa pícara y luego me ordena—: sacate el jean y la camisa.

    —Okey… —Obedezco las órdenes de la dama.

    Me trae una de sus blusas.

    —Tomá, ponétela.

    —Ahmm… ¿Qué?

    —Yo soy la dueña de casa, se hace lo que ordeno.

    Prosigo a cumplir. Me quedé en boxer y con su prenda, que me quedaba como si fuese una musculocita. Ella se quitó la falda solo tirando del cierre, no necesitó sacarse las zapatillas, muy práctico. Lo bueno es que se había quedado en tanga y con su blusita.

    Comenzamos a bailar un perreo intenso que me dejó con una erección por todo lo alto. Nos besábamos, tomábamos y luego seguía el baile. Mientras estábamos así, pensaba en lo genial que era tener una novia fiestera y culona ya que, de otra manera, no estaría viviendo una situación así. Me imaginaba estando en un boliche, siendo el centro de atención, sin sentir vergüenza sino que me sentiría orgulloso, con mi sexy novia restregándome esas nalgas.

    Daniela tomó su celular, lo puso en selfie y nos grabó de la cintura para arriba, sandungueando. Luego vi que abría su instagram.

    —¿Qué onda con eso? —le pregunto.

    —Lo voy a subir en stories pero sólo para ‘mejores amigos’.

    Unos cuantos minutos después vuelve a grabar otra storie pero esta vez filmando de la cintura para abajo, en la toma se podía ver claramente sus nalgas y mis calzones al palo.

    Nuestro trago se había acabado, me pide que prepare otro. Me dirijo a la heladera que estaba a unos metros nada más de distancia. Ella se encontraba bastante entretenida con el teléfono, cada tanto soltaba unas risitas. Vuelvo con el trago, continuamente sonaban las notificaciones y ella las revisaba. Me dio curiosidad y pregunté por ellas.

    —¿Qué onda con esas stories?

    —Nada —se ríe—, estoy respondiendo a las chicas.

    —¿Las chicas?, ¿y qué te dicen las chicas?

    —Y aclaré primero que sos mi novio porque algunas pensaban que eras un chico cualquiera que traje a mi cabañita.

    —Noo —respondo indignado—, por qué piensan eso.

    Daniela me hace un ademán con la mano de que no le dé importancia.

    —Otra me preguntó si mi novio anda siempre al palo —carcajea.

    —Y cómo no estarlo —respondo en mi defensa.

    —Y Kamila, ¿te acordas de ella?

    —Ahmm, no.

    —Bueno no importa, me estaba riendo porque me puso que pobrecito mi novio, que me apiade de vos. “¿Por qué?”, le respondo y se pone a explicarme que a los vagos cuando están mucho tiempo al palo y no se hacen la paja, o la novia no les descarga, después le duelen los testiculos.

    —¡Opa!, y qué le respondiste.

    —Le puse que “tranquila, que lo dejo bien ordeñadito” —y me hace un guiño.

    Daniela deja su celular en la “mesa de DJ” y se va al baño. Yo aprovecho para revisarlo. Me pongo a ver los que vieron esas stories y me encuentro que se trata de mucha gente, ¿cuántas personas tiene agregados a su lista de mejores amigos?, pienso para mí. Noto que no sólo chicas comentaron, sino que también varios varones lo han hecho. Suena el escusado así que dejo el teléfono en su lugar y me acerco rápido a la puerta del baño. Cuando sale ella le digo que también quiero entrar.

    Tras hacer mis necesidades y limpiarme, me encuentro con ella acostada en el sofá cama, que se encuentra en un costado pegado a la pared, revisando a full su celu. Al verme llegar, ella se levanta y volvemos a bailar. Yo me quedo mirando unos instantes ese sofá cama y le digo:

    —Que ganas de ponerte de cuatro ahí y darte bien duro.

    —¿Ah sí? —me responde con una mirada desafiante. Luego me aprieta el pito—. Está flácido, ahora te la pongo de vuelta al palo.

    Se arrodilla, me baja el boxer y comienza a comerme. ¡Dios!, me estaba calentando de una manera descomunal, a tal punto que acabaría allí mismo, pero ella para y me aprieta muy fuerte con el pulgar la parte inferior de mi pene. Eso hace que me tranquilice. Se pone de pie y me dice:

    —Te hice un “cum block”, así seguimos por más tiempo que la noche es joven.

    Seguimos bailando hasta que se acabó la bebida del vaso. Me pide que sirva más, yo protesto y le digo que le toca a ella. Me responde que no, que es mi deber mantener el vaso lleno y me recalca que si quiero que me siga bailando rico debo hacer caso y portarme bien. Suele ser sargentona ella, una sexy sargentona.

    Me voy a servir más alcohol. La veo que está con el celular pegado al oído. Empezaron las notas de audio, ¿con quién estará hablando, con una amiga? Al volver me pica la curiosidad de lo que husmee en su móvil y le pregunto:

    —Che, ¿te escribieron, aparte de minas, vagos?

    Ella me mira seria.

    —¿De verdad querés saber? —Yo asiento—. Sí, obvio. Me comentan que les encantaría estar acá y que le tienen una tremenda envidia a mi novio.

    Ya casi apenas bailábamos. En un momento me pregunta si faltaba hielo o bebida, a lo que le respondo que no. Esa pregunta me dio mala espina, por lo general la hace cuando va a recibir visitas. Deja su celular en la mesa y me abraza rodeándome el cuello con los brazos. Nos besamos intensamente enredando nuestras lenguas. Se escucha el ringtone de su celular y se separa rápidamente.

    —Disculpame un momentito —me dice tomando su teléfono, encara para la salida pero luego cambia bruscamente de dirección para la habitación. Se habrá acordado de que estaba semidesnuda para ir afuera.

    Me acerco hacia la puerta para escucharla, pegando el oído. No podía bajar el volumen de la música porque sería super obvio. Lo único que oigo son unas risitas suyas y, al parecer, algunas indicaciones para llegar a la cabaña. Me aparto rápido a esperarla.

    —¿Qué pasó, amor? —le pregunto cuando sale.

    —Bebé, va a venir dentro de un rato un amigo mío.

    —¿Eh?, ¿no era que íbamos a estar los dos solos?

    —Tranquilo bebé, sólo va a venir un ratito a nuestra fiestita. Al fin y al cabo, nosotros dos vamos a estar solitos más tarde… en la cama.

    Se dirige a la notebook para poner un tema.

    —Bueno, vamos a seguir bailando, baby —me dice.

    «Y le dicen la turraka-taka, mueve la butaca-taca, rompe con el taka-taka». Suenan los parlantes y comienza a bailarme perversamente.

    A los 15 minutos llega el amigo, un tipo alto, de espalda ancha, mirada ganadora y confiada, era como si Chris Evans estuviese ahí en el umbral de la puerta. Lo primero que le dijo Daniela es que se quite su cara y perfumada camisa junto con su pantalón de gabardina, le dio una blusa como la mía y así, con ropa interior, estábamos los tres bailando en medio de la hogareña pista. Ella bailaba con él, luego conmigo, hasta que, de a poco, nos juntó hacia ella como en un sandwich. Antes de que la situación me empiece a incomodar de forma abismal suena el móvil de mi novia. Tras terminar la comunicación, informa que su amiga va a venir.

    —Los vagos también me escribieron —dijo luego el chongo, revisando su celular.

    —Bueno, mandale el location-shon-shon —le responde ella cantando.

    Al cabo de un rato, el lugar estaba con mucha gente. Vino una de las mejores amigas de Daniela: Carolina, una rubia de cabello corto, con una ancha y bonita espalda, y de buena delantera. Aparte de ellas dos, había una chica más y el resto eran puros varones. Todos los invitados debían de seguir el carácter temático de la fiesta seminudista, con las chicas portando sus blusas o tops más su ropa interior, y los varones casi desnudos, sólo con sus calzones, porque Daniela ya no repartió más de sus blusas. Uno de los amigos de Carolina, que se mostró tímido, sólo se había quitado los pantalones conservando la remera, y no se apartaba mucho de ella. La otra chica no despegaba el trasero del sofá, y los demás varones, enfiestados, formaban una ronda alrededor de la anfitriona.

    Daniela, la estrella de la noche, bailaba en medio, no se cortaba un pelo y restregaba la cola a todos. Cada tanto venía la amiga y juntas hacían una danza sensual. En una oportunidad, se viene hacia mí y bailamos los dos pegaditos, ¡al fin! Estaba tan contento solo con ella, o eso creía, porque sin darme cuenta, el chongo se le pega por detrás y comienza a bailarle. Ella se da la vuelta y se inclina un poco para frotarme con sus nalgas mientras conversa con ese otro. Yo me aparto un poco para verlas mejor. Acaricio esas firmes y pomposas nalgas, con la completud de mis manos para sentirlas bien. Noto que se encuentran húmedas y me daba la sensación de que algo viscosas también. Me le pego igual porque me gusta mucho su cola.

    El trato que tienen ella y el chongo es enérgico, le decía él algo al oído y ella le respondía con una cachetadita por la mandíbula y a veces se hacían “broncas” apretando los dientes, como si se tuviesen mutuamente mucha ternura.

    —¿Y ese chico quién es? —le pregunto cuando se aparta.

    —No pasa nada, es sólo un amigo mío.

    Otros chicos se acercaban y solicitaban bailar con ella. Me pidió que me apartara un poquito, que ya luego me tocaría de nuevo el turno. Me voy a sentar en el sofá-cama, no podía creer cómo había escalado todo esto, pasar de un sábado tranquilo con mi novia a una auténtica fiesta descontrolada. Aquellos chicos más que bailar, lo que hacían era hablarle al oído nada más. El vaso se le acaba a ella y se acerca para pedirme que sirva más. Yo como que reniego un poco y ella me aplica su técnica de persuasión, la cual consiste en decirme repetidas veces en un tono aniñado: “ah dale, no seas malo”. Los demás chicos, a modo de chiste, le seguían el juego. Todas las miradas se posaron en mí, ahí echado con desgano en el sofá. Me incorporo y le digo:

    —Anda vos, te estuve sirviendo los tragos toda la noche. —Sólo quería alejarla de los otros chicos.

    Carolina, la amiga, me dice:

    —Ah dale cosito, no seas malo y preparale un trago a tu novia.

    —Bueno si me pide tu amiga voy —respondo y tomo el vaso.

    ¡Noo!, gritan los chicos, el chongo me reprende diciendo:

    —Vos tenés que hacer las cosas por tu novia, man.

    Yo iba a ir de todas maneras, sólo estaba molesto porque mi chica recibía tanta atención de los demás varones. Para intentar salir bien parado dije:

    —También, por las dos voy.

    ¡Noo!, vuelven a gritar más fuerte.

    Me fijo en el congelador y…

    —¡No man, no quedan más hielos en cubitos! —puteo en voz alta.

    —“Eso te pasa por andar con dos… —Escucho que me cantan en coro Carolina y los demás—, la matemática a ti te falló, y te lo dije yo”.

    Tuve que sacar una de las botellas congeladas y salir al lavadero a picarlo allí, para no hacer mucho desastre en el fregadero de la cocina. Oía la música y las voces amortiguadas de adentro, mezcladas con los cantos de los grillos allí afuera. Tardé bastante en cortar el hielo, no se me daba muy bien. Ya dentro, termino de hacer el trago y me vuelvo para la pista. Noté que estaba más oscuro todo, habrán apagado algunas luces en algún momento cuando salí. «Ella es una guacha atrevida, le gusta tomar-fumar todas esas cosas», la música estaba un poco más alta. Veo a mi novia con los dos chicos en un sandwich, bailando obscenamente «ella es una guacha tramposa, te baila-te mueve-te apoya con toda esa cosa». El que estaba en su retaguardia le besaba el cuello y le pegaba el paquete por las nalgas como si le estuviera haciendo el sexo «papi shampu, papi-papi shampu…», y el que se encontraba delante le estaba chupando un pezón. Ella le rodeaba con un brazo al de adelante, y al de atrás le apretaba con la otra mano una nalga. Con los ojos cerrados, movía lentamente la cabeza como si estuviera en un viaje.

    Ya me había acercado lo suficiente. El chupeteador, apenas verme llegar, se separa rápido y baja la blusa, tapándola. La amiga de mi novia, que estaba al lado de ellos, me mira con una sonrisita burlona y me quita el trago de las manos. Mi novia se da cuenta de mi presencia.

    —Vení bebé, sumate —me dice y me rodea con los brazos.

    Uno de los chicos apoya su brazo alrededor de mis hombros y el otro me rodea la cintura, quedando los cuatro como dándonos un abrazo grupal. Yo me incomodo y me separo de ellos. Antes de alejarme mucho, Carolina me agarra del brazo, ve mi rostro y me dice:

    —Tranquilo bobi, sólo están bailando como se baila este tipo de músicas. —Luego le pasa el vaso a Daniela.

    Mientras bebe, mi novia me observa por encima del borde del vaso. Se acerca y me explica al oído:

    —Ya te atiendo, bebé. Tampoco puedo ignorar a mis invitados, esperá tu turno. Además, te recuerdo que, al final, vamos a ser solo nosotros dos en la camita.

    Yo la observo resignado y poco convencido.

    —¿Me lo juras?

    —Te lo juro. —Se da la vuelta y sigue bailando con los demás.

    El novio se aparta, observa la fila de varones que había y decide esperar su “turno” sentado en el sofá-cama. Se la pasa bastante tiempo viendo como esos chicos restriegan el pene por las nalgas entangadas de su novia. Mira la hora y piensa que de seguro su novia no va a cumplir su promesa, porque la cosa parece ir para rato. Luego se dice a sí mismo que eso le pasa por tener una novia fiestera y culona.

    FIN

  • Olga o una ninfomaníaca en el closet

    Olga o una ninfomaníaca en el closet

    Esta historia la cuento yo.

    Estaba terminando un ciclo de conferencias de ingeniería, algunas bastantes tediosas, mi charla había terminado bien y aún tenía dos días más de residencia en el hotel, así que decidí dedicarlos a otras actividades. El hotel contaba con un excelente gimnasio, así que con una buena tenida deportiva fui recorriendo las máquinas de ejercicios de un gran salón. Observe a una mujer bastante atractiva que se esforzaba bastante en diferentes máquinas, íbamos siguiendo una rutina parecida. Era alta, pelo muy negro con un rostro muy extranjero, francesa tal vez. Excelente figura, caderas amplias no mucho busto, pero lo suficiente para llamar la atención. Su piel era muy blanca y su rostro denotaba un dejo de tristeza y seriedad.

    Terminé la rutina de ejercicios y me dirigí al ascensor, ella llego después a mi lado y me saludo. La deje pasar primero y me sonrió. En el ascensor conversamos algunas cosas triviales, ella tenía su habitación en el mismo piso donde estaba yo. La invite al bar y accedió.

    En el bar tomamos un par de tragos, y me conto que se llamaba Olga y que se había divorciado hace unas semanas y que se encontraba en la capital en una junta de vendedores médicos de una importante farmacéutica.

    Tenía dos hijos que se habían quedado con su abuela en una ciudad del norte. Se veía triste por su separación, su esposo se había ido con una joven y a pesar de que no lo necesitaba económicamente se sentía muy triste y deprimida, después del tercer trago nos fuimos a mi habitación, la bese y ella respondió el beso en forma frenética, rápidamente me desnudo, casi con violencia, yo mucho más suave, quite su vestido y la pequeña ropa interior que tenía. Ella me empujo sobre la cama, mi verga ya estaba dura como nunca, ella dominaba la situación en forma imponente. Llevo su boca a mi pene y con su lengua hizo que se pusiera más duro. De repente, como un rayo se subió encima mío y comenzó a cabalgar rápidamente moviendo sus caderas hacia adelante y atrás y a veces alternando moviendo laterales, sus gritos de placer eran fuertes, me tenía afirmados los antebrazos con fuerza con sus manos y a los pocos minutos sus estertores de un orgasmo se hicieron presentes, sentía como su vagina apretaba y soltaba el tronco de mi verga. Sus ojos en blanco, sus gritos y contorsiones no dieron paso a ningún descanso, continuaba sobre mi meneando sus caderas. Después de solo dos o tres minutos más, volví sentir un nuevo orgasmo de ella sobre mi pene, sus líquidos ya llegaban a mis testículos y más arriba de mi ombligo.

    Ella continuaba gritando como demente, en un trance de éxtasis, casi demoniaco, nuevamente sus ojos se ponen en blanco y sus piernas y caderas caen en un baile sin control con estertores muy violentos y continuos. Soltó mis manos y descansa sobre mi besándome profundamente. Esto duro solo un par de minutos volviendo de nuevo a la carga, de nuevo afirmando mis brazos con fuerza y cabalgando sobre mí con su excelente movimiento de caderas… y de nuevo sus gritos y gemidos más fuertes a medida que aumentaba la velocidad de movimiento pélvico la hacen estallar en un nuevo orgasmo, siento de nuevo como su vagina realiza movimientos muy fuertes de contracción sobre mi pene y me hace estallar en una gran eyaculación. Ella siente el chorro de semen en su interior y lanza un gran grito de placer soltándome sobre mi besándome y mordiendo mi cara y cuello.

    Ella no me suelta, continua sobre mí, después de varios minutos sigo sintiendo aun como su vagina se contrae sobre mi pene ocasionalmente. Se levanta y recuesta a mi lado, yo estoy preocupado por los vecinos que con tantos gritos y vibración de cama y colchón deben estar preocupados.

    Eres excelente –le digo- no sé cómo tu marido te dejo.

    Yo tampoco – me dijo- Solo se fue con una joven, según él, está enamorado de ella, a pesar de que no tiene clase y no le encuentro que tenga una buena figura.

    Su cara se veía triste.

    Nunca lo engañe –me dijo.

    No te creo… se rio y me di cuenta de que algo ocultaba con su bella sonrisa.

    Bueno, he tenido sexo con algunos médicos. Pero solo por las ventas o por trabajo.

    Mmm, a ver cuéntame, con cuantos medico u otros hombres has tenido sexo cuando estuviste casada?

    Con tres o cuatro, a la semana…

    Espera -le dije-, me estás diciendo que lo engañabas con tres o cuatro hombres a la semana y tú dices que no le ponías los cuernos.

    Bueno… este, nunca me enamore de ninguno, creo que eso es no engañar. No hablemos más – me dijo- y empezó a besar mi cuello, luego mi pecho y bajando empezó a pasar su lengua por mi pene algo flácido, tragando algunas gotas de semen que seguían saliendo, luego siguió con mis testículos, muy suavemente succionando cada uno de ellos, lo que llevo a una nueva erección tan dura como la anterior.

    Ahora se puso en cuatro encorvando mucho su espalda dejando su vagina completamente expuesta, la penetre de inmediato y nuevamente a los pocos minutos jadeaba y se contorsionaba como loca, de nuevo no tardo de llegar a un nuevo orgasmo y sentí como ella eyaculaba líquidos de su vagina sobre la base de mi pene y correaban sobre mis piernas. La contracción de su vagina en el tronco de mi pene la sentía fuerte, lo que me impulso a meter mis 23 centímetros de verga hasta lo más adentro de su ser. Esto la hizo gritar fuerte, pidiéndome que lo hiciera con más y más fuerza.

    Continuaba con esto cuando ella volvió a experimentar otro orgasmo aún más fuerte lo que me hizo volver a terminar dentro de ella. Esto hizo que sus estertores y saltos de placer fueran aún más fuerte. Retire mi verga ya cansada, y ella se recostó a mi lado.

    Ella quería más, y yo estaba exhausto. – Creo que deberías buscar a otro hombre o ir a un bar swinger – le dije.

    Que es eso, me dijo con curiosidad, le explique lo que era y me dijo que no los conocía, abrió sus grandes ojos negros con curiosidad y avidez – me voy mañana a primera hora pero vuelvo en una semana más, me llevarías a uno de esos. Le conteste que sí, que volvería a la capital en una semana más solo por ella, yo tenía que ver lo que era capaza de hacer, pero eso es otra historia.

    CONTINUARA