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  • Olga o una ninfomaníaca en el closet (2)

    Olga o una ninfomaníaca en el closet (2)

    Esta historia la cuento yo.

    Regrese a mi ciudad en el sur, mucho trabajo pendiente me esperaba y unas amigas que “visitar” no me dieron tiempo de acordarme de Olga. Paso una semana y una tarde de domingo, después del fútbol, vinieron a mi mente lo momentos con ella, recordaba cómo me domino por completo, como sus éxtasis múltiples la transformaban hasta hacer de ella una ninfomaníaca incontrolable. Cuando la conocí parecía una mujer tranquila y seria, pero en la cama era un torbellino de frenesí.

    Estaba en esos recuerdos cuando el nuevo ring de mi móvil me trajo de vuelta al mundo, conteste y sorpresa, era ella.

    Espero que te acuerdes de mí y de tu invitación – me dijo- No estoy muy segura de ir, pero quiero ver qué sucede en esos lugares, solo mirar y conocer.

    Estaré mañana en la capital, déjame ver lo del club swinger. Conozco uno bastante bueno y los dueños son una pareja amiga, así que estaremos en confianza – le dije-.

    Sabía que ella no solo deseaba mirar y conocer sino algo más, de eso sí que estaba seguro. Y eso sí que tenía que verlo.

    Llegue a la capital como las dos de la tarde, a las tres al hotel y a las diez de la noche debía pasar a buscarla. Dormí una larga siesta porque sabía lo largo que solían ser las sesiones en esos locales. Era surrealista poseer a varias mujeres o ver las orgias que a veces se desarrollaban, era interesante también ver y escuchar a las “primerizas” que llegaban, temerosas y escandalizadas al ver muchas situaciones sexuales, pero transcurrido un tiempo el morbo y el deseo las llevaba a participar.

    Llegue en un taxi a su hotel, ella alojaba en el mejor hotel de la capital, incluso era caro para mí, aunque que tengo un excelente puesto gerencial de una empresa exportadora, pero ella era la mejor vendedora de una farmacéutica transnacional y yo sabía cómo había llegado a ese puesto.

    No necesite bajarme del taxi, ella ya esperaba en la entrada del hotel, su cabello negro se veía esplendoroso, su vestido negro también hacía resaltar aún más su blanca piel, se sentó a mi lado, observe en su gran y provocativo escote que no llevaba brassier, su busto no era grande, pero era firme. Luego de los saludos correspondientes me dijo:

    – Solo miraremos, me avergonzaría mucho que me vieran teniendo sexo.

    – Te aseguro que te va a gustar y tal vez te den ganas de participar.

    – Nooo -me dijo- Eres un loquillo…yo no haría eso, me moriría de vergüenza.

    -Veremos- pensé para mí – Veremos.

    Bajamos del taxi, y caminamos al local. Pagada la entrada nos adentramos en el club. Como nunca había varias parejas y en ese día en especial habían dejado entrar a muchos hombres solos, cosa poco habitual en estos clubes que aceptan solo parejas. Conversé un poco con los dueños, amigos míos, y luego pedí un par de tragos en la barra.

    Ya había mucho movimiento, el club tenia salones para parejas y otros para grupos. Había varios sillones muy amplios, casi todos ocupados con parejas, tríos y cuartetos teniendo algún avance o simplemente teniendo sexo, a primera vista también los salones se veían todos ocupados.

    Le había echado el ojo a un par de rubias que estaban en la barra, ellas también habían notado mi presencia, así como una joven muy morena que estaba con un tipo algo mayor.

    Después de un whiskey, no sentamos en uno de los sillones vacíos, ella se acercó a mí y empezó a besarme, ávida buscaba el cierre de mi pantalón y rápidamente saco mi verga que llevo a su boca, yo me recline un poco y luego se subió encima de mí. Su vagina estaba muy mojada por lo que la penetración fue instantánea.

    Rápidamente saco su vestido, llevaba una porta ligas y medias negras sin tanga.

    – Veo que venias preparada –le dije.

    Ella no contesto, ya había empezado a jadear y moverse como desenfrenada, no le importaba las personas ni el mundo a su alrededor, con cada movimiento sus quejidos se volvían casi alaridos, me abrazaba con fuerza y luego se arqueaba disfrutando el goce.

    A los pocos minutos note que se acercaban otros hombres a mirar el espectáculo que ofrecía ella, algunos con sus penes erectos estaban cada vez más cerca a medida que ella se movía y expresaba su excitación. Ahí me di cuenta de que ella hacia eso precisamente para llamar la atención de los hombres.

    Agarro el pene que estaba más cerca y lo llevo a su boca, luego el otro más cercano, los chupaba con pasión mirando el rostro de sus dueños con sus grandes ojos, los hombres se alternaban cambiando de turno mientras que ella continuaba meneando sus caderas sobre mí. De repente un tipo grande la agarro de la cintura y la empezó a penetrar analmente, yo sentía el pene al “otro lado”. Lanzo un grito de placer dolor lo que aumento su movimiento de caderas, más hombres se acercaban. Sus movimientos eran cada vez más rápidos y sus estertores fuertes alcanzando un orgasmo fuerte y duradero.

    El que estaba en el otro orificio termino rápidamente y fue reemplazado por otro, ella tenía temblores en su piernas y cuerpo, seguía gimiendo y gritando de placer como desesperada alternando chupadas a diestra y siniestra.

    Nuevamente el hombre termino y fue reemplazado por otro más, yo sentía como líquidos de Olga resbalaban en mis muslos y abdomen. Yo también estaba muy excitado, pero no quería acabar aun, empuje su cuerpo a un costado junto con el tipo que le penetraba el ano, ella quedo boca arriba con el hombre abajo, aproveché de retirarme y rápidamente ocuparon mi lugar.

    Ya habían más de 8 tipos con ella, la deje para visitar a las rubias de la barra, eran dos alemanas que me llevaron a otro sillón y me dejaron penetrarlas mientras se besaban entre ellas. Luego regrese con Olga, ella continuaba sobre un tipo mientras encima había otro gozando su vagina. Sus estertores y gemidos fuertes llamaban la atención de las mujeres también y creo que les sirvió a muchas para excitarse, a esa altura todas las parejas estaban teniendo sexo y las que venían llegando rápidamente se integraban, ya sea en el salón principal o en los salones y era Olga la responsable de esa contagiosa excitación general.

    Más hombres se ponían en círculo alrededor de Olga para penetrarla por todos lados, sus gemidos y gritos de placer se sentían en todo el salón.

    La morena con el hombre mayor me llamo y estuve con ella en una sesión de sexo anal bastante buena, el hombre era un pastor evangélico que escapaba de sus obligaciones con su secretaria.

    Trate de volver con Olga, pero ya habían más de 20 hombre con ella, mientras la esperaba un tipo bajito me dijo que había estado con ella y que lo había hecho terminar rápido ya que su vagina se contraía tan rápido que lo llevo a la eyaculación en un par de minutos. También me conto que ella ya había estado con más de 25 tipos.

    La busqué y no la encontré, después el tipo bajito me dijo que estaba en uno de los salones con unos diez hombres. La encontré rápidamente ya que sus gemidos de placer se escuchaban fuerte. Este salón tenia luz ultravioleta, el semen se veía en el suelo resplandeciente con esta luz, me acerco a la cama grande que estaba en el centro del salón y veo que ella resplandecía entera ya que todo su cuerpo, principalmente su boca, estaba cubierto de semen. Ella continuaba penetrada por todos lados, los tipos se intercambiaban y a ella ya no le interesaba quien la penetraba ni quien era dueño del pene que chupaba.

    Volví al salón principal y encontré a una pareja joven que me invitaron a participar en una doble penetración.

    A esa altura de la noche o mañana ya estaba agotado, vi el reloj y eran las 9 de la mañana, cansado me recosté en un sillón y vi que Olga salía del salón, venía con su vestido en la mano, sus medias y portaligas habían desaparecido, apenas caminaba así que tuve que ayudarla, se vistió y llamamos un taxi, camino al hotel y en forma muy sentida me dijo que se sentía avergonzada de haber hecho lo que había hecho -si claro- me dije para mí, si claro-.

    Me despedí de ella, a pesar de que debíamos separarnos un presentimiento de que volvería a verla me envolvió.

    Continuará.

  • Debajo de un árbol con mi padre y mi hermano

    Debajo de un árbol con mi padre y mi hermano

    Supongo que nuestro padre sospechaba algo porque no tiene sentido que se haya adentrado en esa arboleda durante la siesta para seguirnos a mi hermano y a mi hasta aquel árbol en donde nosotros nos divertíamos. Se puede decir que nos encontró con las manos en la maza, como suele decirse y en vez de retarnos y de mandarnos de vuelta a casa se sumo a nuestra diversión.

    Como casi todos los días de aquellas vacaciones en la costa argentina mi hermano y yo nos adentramos en la arboleda que estaba justo detrás de la casa que estábamos alquilando y debajo de un gran árbol hicimos lo que hacíamos siempre. Primero yo me saqué la parte de arriba de la bikini y quede en tetas para que el pueda manosearlas y para que me succione los pezones como también lo sabía hacer. Mientras el hacía eso yo le tocaba el ganzo por encima de su short para que se ponga bien dura. Entonces cuando sentía que su amigo aumentaba de tamaño me agachaba y hacía lo que el hacía con mis tetas, manosearla con mis manos y succionarla con la boca. Luego de estar haciendo eso por varios minutos me dispuse a acabar como siempre lo hacía, con una buena turca con mis tetas pero no pude hacer que acabe ya que en ese momento fuimos interrumpidos.

    Mi padre llegó justo en el momento en que tenía la poronga de mi hermano entre mis tetas así que si nos preguntaba qué era lo que hacíamos en ese horario no podíamos mentirle porque lo estaba viendo con sus propios ojos lo que hacíamos pero el no nos preguntó eso ni nos dijo nada solo se acercó hacia nosotros y con un simple gesto entendí porque no lo hizo. El se bajo el pantalón enfrente de mi cara y apoyo su mano en mi cabeza dándome a entender que quería que se la chupara y yo no le podía decir que no a mi propio padre así que solté mis tetas para agarrar su pene. Entonces delante de mi hermano empecé a chuparle la pija y esa cosa aumento tanto de tamaño que resultó ser más grande que la de él así que no podía prestarle atención en ese momento y es por eso que el tuvo que acabar haciéndose una paja detrás nuestro.

    Con mi padre experimente algo nuevo, algo que no había hecho con mi hermano hasta ese momento y que me gustó mucho. No sé porque pero chuparle la poronga a el me puso más caliente de lo habitual así que hice una excepción y deje que me acabe dentro de la boca ya que quería probar lo que prueba mi madre todos los días y me resultó bastante delicioso. Luego de que el acabará regresamos a casa los tres y no hablamos nada de lo que había ocurrido ese día.

    Al día siguiente mi hermano y yo volvimos a meternos de nuevo dentro de esta arboleda pero esta vez en compañía de nuestro padre y hay dos imágenes que se me grabaron en la mente de aquel día y que siempre vienen a mi cabeza. Una de ellas es la de verme arrodillada sobre el pasto debajo de este gran arbol con todavía la bikini puesta y envolviendo con cada una de mis manos las porongas de ellos. La segunda imagen que se me grabo en la cabeza y que siempre viene a mi cabeza es la de ver a mi hermano pajeandose mientras observa como su padre me garchaba contra un árbol ya sin la bikini. Ese día recibí bastante leche, parte fue a parar en mi estomago y otra tanta acabó dentro de mi vagina.

  • Mi entrenador

    Mi entrenador

    Hola mi nombre es Francis, tengo 26 años, pero la historia que os voy a contar me ocurrió cuando tenía 18 años recién cumplidos. Antes de nada, quiero dejar claro que es una historia absolutamente real y que me costó mucho tiempo asimilar, y ahora quiero compartirla.

    Desde los 12 años jugaba al fútbol en el equipo de mi pueblo. Estaba acostumbrado a convivir con otros chicos, y nos lo pasabamos genial.

    El entrenador era un tipo grande, musculoso, con barba y peludo, se llamaba Joaquín. Joaquín era un hombre muy serio y exigente, pero nos trataba bien. Circulaban ciertos rumores de que le gustaban mucho los chicos, y que a veces se le iban los ojos y alguna mano, pero yo nunca vi nada de eso .A veces, entraba a las duchas con nosotros a ducharse, lo típico, y me fijaba sin maldad en ęl porque pensaba que de mayor quería tener esos músculos. También me di cuenta de que era verdad eso que decían de que tenía una polla enorme. Lo era. Bastante larga, muy gorda y llena de venas. A nosotros nos hacía gracia como le colgaba eso, lo llamábamos bicho.

    Una tarde, me quedé haciendo recuperación física, mis compañeros se habían ido, solo quedábamos otro chico el entrenador y yo. El chico fue a ducharse antes que yo porque su padre vino a por el, así que me quede solo y me fui a la ducha.

    Al poco el entró para ver si quedaba alguien, y me vio duchandome. Me miró muy fijo y empezó a desnudarse, yo pensé que para ducharse como otras veces. Pero se quedó allí mirando, y empezó a hablarme, a decirme que se había fijado en que a veces lo miraba. Yo me disculpé y le dije que miraba porque me llamaba la atención estar tan fuerte, que quería ponerme así y tal, pero que no quería molestarlo.

    En ese momento, no me sentía intimidado ni podía imaginar lo que sucedería después, ya que estaba acostumbrado a ver a todo el equipo desnudo y duchandose. Pero cuando me di cuenta, resulta que la polla de Joaquín estaba empalmada. Era enorme, se había puesto muy gorda y tenía las venas hinchadas. Yo no sabía que hacer…

    El, mirándome de arriba a abajo, me decía que mirar no tenía nada de malo, que es normal sentir curiosidad, y empezó a enjabonarse sin dejar de mirarme. Se pasaba el gel por la polla, desde los huevos hasta la punta de su gordo capullo, yo no podía dejar de mirar, estaba nervioso porque no podía salir de la ducha, así que seguí duchandome como si tal cosa, pasando, pero no sé si por los nervios o porqué me di cuenta de que a mí también se me había puesto dura. El me miró y me dijo que la tenía muy bien para mi edad, yo no conteste, intentaba taparme con la mano disimulando, no entendía nada porque a mí no me gustaban los tíos ni siquiera había prestado nunca atención al sexo. De repente el acerco la mano llena de jabón y empezó a tocarmela, yo estaba paralizado, pero sin poder controlarlo se me puso aún más dura, tanto que yo mismo me sorprendí porque nunca se me había puesto así. El se pegó a mi de tal manera que acercó su polla a la mia, no había comparación claro, y las agarró las dos juntandolas, empezó a pajearlas al mismo tiempo. Yo no quería mirarle a la cara, así que miraba hacia abajo y veía como con una mano apretaba las dos pollas subiendo y bajando, notaba como mi capullo rozaba con el suyo que cada vez parecía más gordo, y más nervioso me ponía, porque en ese momento reconozco que me gustaba la sensación. Después de un rato, se agachó y se metió mi polla en la boca, empezó a comerla y yo ahí sentí mucho asco al principio, me quite hacia atrás pero el me agarró el culo y se la empujaba hacia dentro. Al principio traté de apartarme porque no quería reconocer que eso me gustó, era como una lucha interna. Como sujetaba con tanta fuerza mi culo, me era imposible quitarme. Sentía como succionaba, como con una mano masajeaba mis huevos mientras con la otra me agarraba el culo y me obligaba a follarle la boca.

    Se puso de pie y me dijo, con voz muy grave, «venga, prueba tu». A mi me costaba respirar, no sé si por los nervios. Me negué al principio, le dije que por favor lo dejáramos ya, pero me agarró sonriendo por los hombros y me fue bajando. Me dijo » inténtalo, y si no te gusta lo dejas». Yo tampoco puse demasiada resistencia por miedo a que me hiciera algo peor… Así que… lo hice. Tenia delante de mi ese bicho venoso del que me reía, sus huevos gordisimos colgaban delante de mi cara, recuerdo ese tronco largo y lleno de venas, y en la punta un capullo muy gordo y brillante, la cogí con la mano y no podía abarcarla entera, el me la acerco a la boca, y yo solo quería que todo acabara.

    Abrí la boca lo que pude y metió su capullo, no me entraba nada más. Me mantuve quieto, solo con la boca abierta y ese capullo como una manzana dentro de mi boca, nunca había hecho nada parecido, así que para intentar que todo terminara cuanto antes empecé a chupar y lamer, tratando de imitar lo que el me había estado haciendo. El la empujaba más pero más no entraba, yo movía la mano desde la base del tronco hasta arriba, como cuando yo me pajeaba, y la boca para que acabara de una vez. Estaba muerto de vergüenza, pero no podía evitar seguir empalmado y cada vez más. La sensación de excitación me hacía sentir confuso, no debería estarlo, pero no podía evitarlo. Pensé que si el me veía asi, pensaría en hacerme algo más, así que mientras chupaba ese capullo morado y que parecía a punto de estallar, decidí cogermela con la otra mano y pajearme para que se me bajara, pero con eso puse las cosas peor. Parece que a él le gustó, porque empezó a moverse más rápido, así que yo aproveché para que terminara antes, hice un esfuerzo y me la metí más en la boca, apretando para intentar que su polla me entrara más. Me ahogaba, notaba esas venas hinchadas rozarme los labios, cuando sacaba su polla para intentar respirar, la veía chorreando saliva que caía en hilos por todo ese tronco hasta gotear en sus huevos. En ese momento, se los agarró y me los llevó a la boca, solo fui capaz de meterme uno mientras el se pajeaba. De repente empecé a correrme, puedo jurar que jamás había tenido una corrida como aquella, y al verlo, en ese momento el empezó a bufar, tensó su abdomen, apoyé mis manos en sus piernas musculosas y supe que se iba a correr, así que aparté la cara justo a tiempo y vi como de su capullo ya muy muy gordo empezaron a salir chorros de leche que pegaban contra la pared de la ducha. Yo lo ayudaba con la mano, notaba como su polla se hinchaba y daba como espasmos, me acercó de nuevo el capullo a la boca pero agaché la cara, aquella catarata parecía no tener fin, veía salir goterones espesos que colgaban de la punta de ese capullo que casi me asfixia, algunos me llegaron a los labios.

    El me miró, me dio una palmada en el hombro, se ducho otra vez, hablamos de fútbol como si ahí no hubiera pasado nada, yo estaba totalmente confuso, me dijo que lo que pasaba en el vestuario se quedaba en el vestuario, que no contará nada o los del equipo me tacharian de «maricon» y que el me iba a cuidar y apoyar. Se fue a vestirse y me dijo que no tardara que tenía que cerrar, así que me vestí rápido y me fui, el dijo de llevarme a casa, pero le dije que no. Tenía que digerir todo aquello. Cuando llegue a casa, me vino el bajón y la culpa, pero por otra parte, estaba deseando volver al entrenamiento al día siguiente. Con Joaquín descubrí que era bisexual y aunque me costó aceptarlo, hoy disfruto mucho de mi condición sexual.

  • Lucía, dominación y sexo en la Roma Imperial (Segunda parte)

    Lucía, dominación y sexo en la Roma Imperial (Segunda parte)

    Julio dejó el libro que estaba leyendo sobre la mesa de su habitación y suspiró. Echaba de menos la brisa marina de Pompeya. En Roma había demasiada gente y pasear por algunas calles a determinadas horas era peligroso. Sin embargo no podía quejarse, su familia, sin ser de las más ricas, era acomodada. Su madre había insistido en cambiar de aires y venir a Roma a hacer vida social. Su obsesión por la moda era, en su opinión, patológica. Luego estaba su padre, Fulvio, un tipo inteligente que solo tenía una debilidad, su esposa, a la que trataba de complacer en todo aun cuando eso pusiera en peligro la economía familiar.

    Luego estaba el asunto importante, su matrimonio. Al parecer una tal Lucía, hija de un amigo de su padre era la elegida. No tenía ni la menor idea de quien era la tal Lucía, pero mañana, en el banquete nocturno, saldría de dudas. Solo tenía que pensar en como presentarse, tenía algunas ideas pero…

    Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el anuncio y entrada de tres esclavas que en silencio permanecieron de pie, alineadas, aguardando órdenes.

    Juan se levantó y las observó. La primera empezando por la izquierda era una cocinera joven y con el rostro regordete. Sus pechos, de gran tamaño y su culo respingón no pasaban desapercibidos.

    A su lado estaba Xing, la más joven de las tres. Xing atendía personalmente a la madre Juan, enfrentándose al reto de arreglar su cabello y mantener en pie los peinados imposibles con los que se encaprichaba. Juan estaba seguro que, por muy buena que fuese en su trabajo, las expectativas de su madre eran difíciles de satisfacer. En más de una ocasión había oído el ruido del castigo. Una vez se había asomado encontrando a la esclava con el culo al aire sobre las rodillas de su progenitora, el cepillo de madera cayendo sobre las pálidas nalgas pintándolas de rojo.

    Por último la nueva.

    – ¿Te conozco? – preguntó Juan.

    La esclava bajó la mirada sin responder.

    Juan se acercó a las mujeres y acercándose y tocando en el hombro a Xing le dijo que le mostrase el trasero. La esclava obedeció dejando a la vista un culete con señales de haber recibido un correctivo recientemente. Juan sintió un cosquilleo en su pene.

    – Esta bien, tú y tú podéis iros. – dijo el hijo de Fulvio señalando a la cocinera y a la propietaria de las nalgas rojas.

    Las muchachas abandonaron la sala.

    – ¡Desnúdate!

    La esclava que quedaba obedeció y dejó caer la túnica que llevaba y levantando los ojos dijo.

    – Dominus, ¿sóis el soldado verdad?

    Juan contempló el cuerpo desnudo que tenía en frente.

    – Veo que te azotaron y te marcaron el seno. ¿Cómo te llamas? – dijo mientras tocaba con la mano las nalgas de la joven.

    – Maya. – respondió la mujer visiblemente nerviosa. Sus manos temblando.

    Juan dejó de tocarle el culo.

    – Veo que no ardes en deseo de tener sexo. Podría forzarte, pero no es mi estilo.

    – Dominus ¿yo? la señora… – reaccionó Maya con un tono de alarma en su voz.

    – ¿Sabes leer? – preguntó el soldado cambiando de tema.

    – No, pero mi padre me contaba historias.

    – Historias… suena interesante… necesito a alguien que se encargue de mis cosas… naturalmente, tendrás que aprender a leer… pero pareces lista. ¿Puedo confiar en ti?

    Maya respondió afirmativamente.

    – Y no te preocupes, le diré a mi madre que te he montado y el sexo me ha satisfecho.

    Maya, más relajada, asintió y agradeció las palabras de su amo. Luego se puso el vestido cubriendo su desnudez y dejó la sala.

    Juan se quedó pensativo. Iba a contratar una asistente que no sabía leer y que se había fugado. Sin embargo, confiaba en sus posibilidades, después de todo quien busca la libertad es capaz de ofrecer ideas frescas. «Además, no creo que vuelva a intentarlo. Con esa «S» marcada en su teta es difícil que llegue lejos… por otro lado, es lista, seguro que la esperanza de conseguir la manumisión es menos dolorosa.» pensó.

    **************

    Lucía, algo afectada por el vino mezclado con agua echó un vistazo a su alrededor. Desde luego no habían ahorrado en gastos. La casa no era de las más espectaculares, pero la mesa estaba ricamente adornada y la comida había sido abundante obligando a más de uno a visitar el «vomitorio». Eso es lo que más molestaba a la hija de Livia, eso junto con los continuos eructos y peor aún, las ventosidades que algunos invitados tenían a bien soltar en público y que los perfumes apenas lograban disimular. Los diez invitados, sin contar a los anfitriones, se reclinaban semi acostados. De pie, tres esclavas y cuatro esclavos, vestidos con lo imprescindible para tapar sus vergüenzas, atendían la mesa y servían el vino.

    – ¿Dónde se ha metido mi prometido? – preguntó Lucía a su madre.

    – No lo sé hija, ya ves que se ha presentado Fulvio y su mujer, pero no han comentado nada del chico.

    – A lo mejor está enfermo. – intervino el senador calvo que había aparecido en las quinielas ha prometido.

    – O estreñido y le están poniendo una lavativa. – comentó una mujer madura de rostro pálido, pechos flacidos y juicio algo afectado por el alcohol.

    La imagen del culo de su futuro esposo en tan humillante posición cruzó la mente de Lucía por unos instantes.

    – ¿Qué piensas de eso? – le dijo un joven reclinándose a su lado.

    Lucía dirigió la mirada hacia la escena que le indicaba su nuevo interlocutor. Un tío enorme y lleno de músculos con su rostro oculto tras una máscara dorada estaba sodomizando a una esbelta esclava con rasgos orientales que yacía tumbada sobre unos cojines. La joven parecía disfrutar del asalto aunque quizás no era más que una máscara.

    – Son como animales salvajes. Echo en falta el cortejo. – respondió mirando al muchacho.

    – Tu cara me resulta familiar. – continuó Lucía mirando a su interlocutor.

    – ¿Quieres ver el jardín? – ofreció el desconocido con una sonrisa.

    Lucía, confundida por el vino y la atmosfera tardó en responder unos instantes.

    – Veras, yo es que estoy prometí…

    – Hijo, ¿qué tal estás? – dijo Fulvio acercándose a la pareja.

    «El hijo de Fulvio.» pensó Lucía en voz alta atando cabos y enrojeciendo.

    – Julio, me llamo Julio… encantado.

    ******************

    El jardín era hermoso. Había rosas, lirios y claveles. En el centro una pequeña fuente de la que salían dos chorros de agua creaba música natural. Un pájaro trinaba tratando de llamar la atención en un intento vital para encontrar pareja.

    Lucía y Julio se sentaron.

    – ¿Puedo cogerte la mano? – preguntó el varón.

    El pulso de Lucía se aceleró.

    Luego, recordando algo, se rio nerviosa.

    – ¿Y esa risa?

    – Nada, que pareces muy galante. A mi me dijeron…

    – Crees que soy blando.

    – No he dicho eso.

    – Ya… pues no te equivoques, soy el pater familia, tu señor y dueño y puedo castigarte cuando quiera y como quiera…

    Lucía, aunque sonrió, notó como un escalofrío recorría su espalda. Las palabras de su prometido eran tal cual… en cierto modo, en ese aspecto, ella no era más que una esclava.

    Julio notó la intranquilidad en su compañera y para tranquilizarla o quizás porque la atracción es algo inevitable, la besó en los labios.

    – ¿Te gustó?

    Lucía se pasó la lengua por la comisura de sus labios y asintió. Quería más, mucho más.

    – ¿Dónde está tu habitación?

    ****************

    – Dominus… Domina – dijo Maya cuando nuestros protagonistas entraron en el dormitorio.

    – Maya… el soldado… – dijo Lucía mirando alternativamente a ambos reconociendo a su futuro esposo.

    – Bueno, ya os conocéis. Lucía, te presento a Maya, la esclava que me ayudará con el papeleo y otros asuntos.

    – ¿Qué tal estás? Te recuperaste…

    – Sí, gracias Domina.

    Se hizo el silencio.

    – Perdonadme, me retiro y os dejo… solo estaba.- dijo Maya saliendo.

    – Por dónde íbamos, ah sí…

    Lucía y Julio se desnudaron y se fundieron en un beso intenso con lengua e intercambio de saliva. Luego Julio le chupó las tetas a Lucía quién, cuando llegó su turno, puso en práctica sus lecciones amatorias haciendo que el miembro de su prometido creciese y palpitase emanando calor.

    Lucía se dio la vuelta.

    – ¿Qué haces? – dijo Julio.

    La chica le miró confundida.

    – Quiero mirarte a los ojos mientras lo hacemos. – respondió el soldado impidiendo que le diese la espalda.

    Lucía sintió como el pene de su amante se abría paso en su húmeda vagina y gimió. Los labios de su prometido besuqueaban su cuello mientras que sus manos ásperas, manejándose con una suavidad casi imposible, sobaban sus nalgas.

    El placer inundó a la pareja.

    Luego, sobre la cama, mientras la respiración más calmada de Julio llegaba a sus oídos, Lucía pensó en Maya. En el látigo golpeando su espalda, en la teta y el pezón erecto…

    Pensó en ella y esta vez no sintió lástima.

    Sintió algo peor… sintió celos.

  • El hombre mayor

    El hombre mayor

    Lo cité después de conversar en una App anónima, a pesar de ser mayor que yo y no ser de mi tipo, su manera de ser era encantadora.

    Cuando lo vi, no podía estar más nerviosa. Era más alto que yo, más fuerte, efectivamente los años lo delataban. Me sentí intimidada y estuve a punto de huir, pero me tranquilizó su hermosa sonrisa y cálido trato.

    Conversamos amenamente, nos reímos y quedamos para una próxima vez. Pasaron los días, y sin saber cómo ni porqué, ya había hecho de las mías y estaba sobre él dándole masajes eróticos.

    Los masajes lo eran todo, sentir sus manos grandes sobre mí era muy relajante y sexy, sus besos en mi cuello, mis pechos, y mi espalda. Las nalgadas de vez en cuando, las venidas dentro mío.

    Me había enamorado como nunca de aquel hombre mayor que yo, estaba a sus pies, al menos sexualmente. Y las afirmaciones diarias, claro. Eran pan de cada día. Dime… ¿qué eres? Soy tu perra, amor. ¿Qué más? Soy tu zorrita. ¿Siempre? Sí, siempre seré tuya, amor.

    Al tiempo, le dije que no iba para más, que no era correcto. Él me dio la razón, todo un «caballero». Y después de una charla de dos horas, sobre la moral y ética, decidimos ser solo amigos. Pero que sorpresa, a los minutos de nuestra conclusión, el hombre me jaló efusivamente hacia el pasadizo de su casa. Y contra la pared, me cargó colocándose entre mis piernas. ¿Qué eres amor? -Soy tu perrita. -Amor ladra. -Wuof, wuof. -¿Siempre serás mía amor? – Siempre mi amor. -Entonces déjate de tonterías y dame la colita.

    Agregando…

  • Me acabo de masturbar

    Me acabo de masturbar

    Tumbada sobre la cama, las sábanas de algodón suaves, fresquitas. Aun lado tengo un frasquito con aceite de coco y al otro algunos juguetitos, entre ellos algunas pinzas, un plug anal, y un consolador de silicona con vibración y mando distancia, mide 23 cm desde la base.

    Comienzo a frotarme el aceite por mi cuerpo, pasando los dedos ligeramente por el cuello, bajo hasta mis tetas, pellizco los pezones buscando más excitación. Bajo el vientre, mientras me muevo por la cama. Siento mis manos calientes, cada uno de los dedos me produce escalofríos.

    Cuando llego a la altura de las braguitas, me las bajo poco a poco hasta quitarlas, me hecho otro chorrito de aceite, por el pubis, comienzo a restregarlo hasta poner los dedos en mi coñito.

    Con una mano me acaricio suavemente, deslizando los dedos por la raja, subiendo y bajando buscando el clítoris, que sale solo de su capuchón, está durito, mojado, brillante.

    Dejo por un momento mis pechos y agarro la polla de silicona, pasándola por los pezones, es tan realista… ummm. Siento la puntita y me excita mientras me contoneo sobre la cama, totalmente abierta de piernas y acariciando mi sexo.

    Me acerco la polla a la boca, sin sacar los dedos de mi coño, la chupeteo, la paso la lengua. Me la bajo por el pecho, por los pezones. Sigo bajando hasta el abdomen, mojándola con el aceite que tengo en la otra mano, comienzo a pasarla por la raja. Acariciándome el clítoris.

    Ufff. Comienzo a jadear suavemente.

    La polla desliza sola, con el aceite y mi humedad siento como me entra la puntita y es cuando lo enciendo.

    Aahhh…. Suelto gemidos.

    De inmediato siento como vibra dentro de mi coño, siento como entra poco a poco, sin parar de vibrar y ligeros movimientos circulares.

    Gimo más y más fuerte, más seguido, mi respiración se acelera

    Sin parar de gemir, me pongo a 4 patas, con la polla casi totalmente metida, me está matando de placer joder, siento mil escalofríos a la ver que recorren mi cuerpo. Cada vez estoy más cachonda, hasta que agarro el plug, le vierto un poco de aceite y comienzo a meterlo por el agujerito de mi culo. Agacho la cabeza, poniéndome totalmente en pompa lo introduzco y lo dejo. Ahora me siento en la gloria. La polla me está volviendo loca, y tener el plug metido ayuda a estar aún mas cachonda, me siento muy perra, muy zorra.

    Comienzo a arquearse, mis piernas se contraen, subo la intensidad de la polla al máximo, ahora si que jadeo fuerte, a lo bestia, gritando de puro placer. Me viene un orgasmo…

    Aah… Ahh… Ahhh…

    Me corro como una puta perra, me sale un pequeño chorrito de pis, mientras la polla sigue vibrando,

    Me tumbo boca abajo, me sigo corriendo, el orgasmo es de lo más intenso, quito la vibración de la polla pero la dejo dentro, caigo exhausta, muerta, abierta de piernas, con la polla metida y el plug bien clavado.

    Y así me he quedado dormida esta tarde, ha sido una siesta de lo más gratificante.

    Besos

    Amy

  • Conociendo a mi madrastra (Parte 3)

    Conociendo a mi madrastra (Parte 3)

    Al paso de los días, mi padre me puso a remodelar una parte de su cuarto, lo cual consistía en mover camas, quitar la ventana y pintar todo por completo.

    Inicie esa tarea temprano como a las 8 de la mañana, mi padre me ayudó un par de horas hasta que se fue a trabajar, yo seguí moviendo cada objeto del cuarto, en ese momento mi madrastra se encontraba limpiando la cocina, de repente me entró la curiosidad de abrir unas bolsas que tenia hasta el fondo de un closed, dentro de ellas estaba lleno de ropa, en eso sentí algo duro, al momento de ver qué era me lleve la gran sorpresa, un tremendo consolador de unos 17 cm cuando mucho, color carne y con un tipo de textura, no podía creerlo, el juguete sexual de mi madrastra, yo pensando con morbosidad en ese momento de cuántas veces no se lo abra metido hasta gemir, pensé que quizás ese lo uso tiempo atrás mientras estuvo sin pareja, también dentro de la bolsa encontré unos aceites tipo lubricantes, unos perfumes íntimos y más ropa, mi madrastra si que era una mujer fantasiosos y caliente, y está vivencia para mí era mi fantasía haciéndose realidad.

    Guarde todo rápido y continué con la tarea, en eso ella entra al cuarto y me pregunta ‘como vas no ocupas ayuda?’ a lo que le contesté que no, que solo movería estás bolsas y ella me dijo ‘pasamelas y te ayudo de una vez’ ella sabía lo que guardaba, yo de reojo mire que las abrió y como que se puso algo nerviosa y salió del cuarto, después regreso, y me ayudó a mover la cama para pintar.

    En es momento ella traía un tipo vestido medio largo, pero se podía ver a través de el, traía un tipo boxer cachetero o a media nalga, yo la miraba a cada rato, ella disfrutaba de como yo la miraba, terminado me retire a mi cuarto a descansar.

    La verdad en esa momento tenia tantas ganas de masturbarme pensando en ella, empecé a jalarme la verga rápido que se escuchaba la fricción de mis manos, en eso ella tocó la puerta yo rápido me guarde la verga bien parada y dura, y abrí la puerta y me preguntó ‘Disculpa me voy a meter a bañar, quería preguntarte si quieres algo especial de cenar’ y pensé tantas cosas por lo caliente que estaba, solo le dije que ahorita le decía que estaba algo ocupado, ella voltio a mi cuarto y miro una crema que tenia para mí suerte, y dijo ‘Ohh ya veo ya veo y sonrió’ salió rápido y se metió al baño.

    Yo me quedé un poco intimidado, pero al salir de mi cuarto y pasar por la sala, pude escuchar un tipo de gemido en la regadera, lo cuál me prendío y sentía tantas ganas de entrar y cogermela, me pegue a la puerta a escuchar y confirme que si se estaba tocando, podía escuchar ‘ssss aaaa sss aaai’ en voz bajita, se estaba masturbando tan rico que mi verga se empezó a mojar y ponerse tan dura, me fui s la cocina rápido y me calme un poco, a los minutos salió ella después del baño, salió con una toalla envuelta a su cuerpo muy corta y una envuelta en la cabeza, en la mano traía su ropa y parecía una pequeña bolsa, a lo cual me entró la curiosidad de saber que era eso que llevaba en las manos.

    A la media hora, salió y comimos juntos en la cocina, platicábamos y me en eso me preguntó Madrastra: andas de novio o con alguien?

    Yo: No, he salido con un par pero por ahora nada.

    Madrastra: y como te gustan más chicas o grandes?

    Yo: le contesté me gustan más grandes que yo para que me transmiten su experiencia, con una carcajada al final.

    Madrastra: Nada tontito eh, aparte de guapo inteligente, y tus relaciones las llevas muy serias?

    Me estaba preguntando muchas cosas, no se si quería igual conocerme más o quería algo más que eso.

    Yo: pues a veces me gusta ser muy discreto en mis relaciones o mis salidas que tengo.

    Madrastra: Eso es bueno, hay veces que tiene que usarme mucha discreción.

    En eso terminamos de comer y ella tuvo que irse a unas vueltas, por lo que me quedé en casa.

    En ese momento pensé en la bolsa que tenia, por lo que me di a la tarea de buscar en todas partes, hasta que di con ella, estaba debajo de una tocador, al abrir la bolsa no lo podia creer era un consolador más nuevo, este era una verga casi real, cabeza grande y rosa, con venas saltadas y más largo de unos 20 cm cuando mucho, se sentía fresco pues tenía un reciente uso, mi madrastra era una perra sucia que le encantaban la verga.

    Empecé a planear más estrategias para acercarme más a ella… este relato continuará.

  • Me manosearon y me cogieron en el cine

    Me manosearon y me cogieron en el cine

    Todo comenzó como un día normal de novios con Vlad. Le comenté que quería salir e ir al cine y que sabía que él quería ver Resident evil así que le dije que ese día invitaba yo, me metí a la página a comprar los boletos, le indiqué el horario y todo estaba planeado.

    Paso por mi y llegando a la plaza me dijo que me tenia una sorpresa, así que saco mi collar de sumisa y la cadena, me las colocó y me dijo ahora si vamos al cine.

    Yo moria de pena, jamás habíamos salido a una plaza y menos al cine así. Comenzamos a caminar y la gente me volteaba a ver y me ponía roja pero al mismo tiempo comenzaba a sentir como mi tanga se comenzaba a mojar de excitación, pues venía con mi Amo y todos veían de quien era.

    Llegamos al cine y me compro todo lo que quise, nachos, palomitas, refresco, etc. Al entrar en la sala vimos que era amplia y que yo había elegido los asientos de hasta atrás, fuimos los primeros en entrar y al ver esa gran sala vacía comenzamos a besarnos, el subió su mano para tocarme las tetas y yo bajaba mi mano para tocarle la verga por encima del pantalón y poder sentir cómo iba creciendo poco a poco su miembro, en eso comencé a desabrochar su pantalón para sacarle la verga y poder darle una mamada (no saben cómo me gusta chupar esa verga deliciosa). Cuando comenzaba a disfrutar escuchamos que alguien entraba a la sala, nos acomodamos e hicimos como si nada pasara.

    La película comenzó y solo éramos 7 personas en la sala y la película era bastante obscura así que Vlad se acercó y me dijo que quería que me quitara el brassier y se lo diera, así que me quite el brassier por debajo de la blusa y se lo di, se acercó y comenzó a pellizcarme el pezon mientras me besaba la boca y bajaba al cuello, yo comenzaba a acariciarle la verga por encima del pantalón mientras trataba de no gemir pues nos podrían cachar. Estábamos tan caliente que se le olvidó que había más gente y me quito la blusa. Ahí estaba yo, en el cine, con las tetas de fuera mientras mi amo me las chupaba y me excitaba cada vez más, yo me acerqué a sacarle la verga para comenzar a masturbarlo y bajar a chupársela, yo sentía como su verga iba a explotar en mi boca, así que comencé a chuparla más rápido porque quería todo su semen en mi boca pero el me quito, me bajo los pantalones y comenzó a masajear mi clitoris con sus dedos, después comenzó a meter uno de sus dedos y lo metía y lo sacaba mientras mordía mis pezones, comenzó a meter dos dedos y con el dedo gordo seguía masajeando mi clitoris, yo ya no podía más, yo ya pedía su verga dentro de mi, pero él siguió masturbandome hasta que termine, en cuanto tuve mi orgasmo me volteo, puso mi cara en el asiento de a lado, levanto mi culo para que diera hacía el, el se volteo un poco y comenzó a cogerme ahí, ya no le importaba nada, yo le decía que parara pero él no me hacía caso, me tapaba la boca con su mano y murmuraba que era su putita y que me callara, el siguió cogiendome duro ahí hasta que se vino dentro de mi, yo traté de buscar una servilleta para limpiarme y el me dijo que no, que me subiera la tanga y los pantalones y que me iría toda escurrida para que recordara de quien era putita.

    Saliendo de ahí no se toco el tema, me subió a unas escaleras del estacionamiento, pidió que me sacara las tetas ahí, me tomo unas fotos, nos subimos al coche y me fue a dejar.

    Llegando a casa yo tenía todo su semen corriendo por mis piernas, tomé un poco y lo probé, comencé a embarrarlo en mi vagina y de acordarme de cómo me había cogido en el cine, de cómo me volvió su putita, comencé a masturbarme de nuevo hasta que me vine gritando su nombre.

  • Algo rápido en el techo

    Algo rápido en el techo

    Desde hace mucho tiempo que no he vuelto a fumar un cigarro de MariJane pero recuerdo muy bien como es el efecto cuando lo haces; en la cuestión sexual te desinhibe, a mi como pasivo, me dilata mucho, sin la necesidad de usar siquiera lubricante para ser penetrado, mis sentidos se maximizan y provoca que me enfoque mucho en lo que estoy haciendo…

    Les platico esto porque hace apenas un par de días conocí a un hombre maduro a quien le gusta fumar antes del acto y me invitó a hacerlo pues él me comentaba lo que yo ya les dije; yo hice como que nunca había fumado tal cosa pero que si tenía la necesidad de averiguar cómo reaccionaba.

    Pues llegué a la casa de David, él ya me esperaba y me dijo que aunque su hermano se encontraba en el lugar que nosotros podríamos subir a la azotea para estar más a gusto.

    Y así fué, al llegar a su casa él estaba preparando preparando el menjurje que íbamos a fumar, quitando todos los desperdicios, ya ustedes saben, y al terminar me dijo que subieramos al techo, yo lo seguí y llegamos a un lugar apartado dónde tenía mallasombra para taparnos del sol pero que no cubría por completo de las miradas de fisgones, había instalado pasto artificial y nos sentamos en él; comenzamos la plática para romper el hielo mientras que él sacaba una pipa pequeña y la rellenaba con el producto, al prenderla se llenó el entorno del olor característico y me hizo recordar los viejos tiempos cuando yo antes también lo hacía, de repente a lo lejos como a 50 metros, nos dimos cuenta que desde un edificio nos podían ver los trabajadores que ahí se encontraban pero que ellos estaban sumidos en su labor, aunque de vez en cuando se asomaban a las ventanas y de alguna manera podían percibir nuestra presencia; fue en ese momento que David me entrego la pipa rellena, yo me dispuse a prenderla y fumar los 3 de rigor; repetimos el acto por aproximadamente 3 o 4 ocasiones, honestamente ya no lo recuerdo bien, pero fue entonces que se bajó el cierre del pantalón y yo ya sumergido en el efecto deseado lo empecé a masturbar, me di cuenta de que tenía una buena herramienta, grande para mi mano pequeña, casi parecida a la de una mujer, su cabeza sobresalía completamente de mi mano y estaba gorda, llena de venas, yo me la comencé a saborear, lo estuve masturbando durante un buen rato, y justo en ese momento nos dimos cuenta de que los trabajadores en el edificio estaba tomando sus alimentos y se había postrado justo en un lugar donde nos podían ver perfectamente, cosa que a mí no me importó pues era la primera vez que yo andaba en ese lugar y dudo que por la distancia pudieran distinguir los detalles de mi físico.

    No sé cuento tiempo paso pero le pregunté a David si le estaba gustando como le agarraba su verga y me dijo que si, pero que le gustaría más que se la mamara, yo me acomodé de tal manera que me quedara a nivel su miembro sin necesidad de que me lastimar por la posición y le empecé a chupar su falo, duro como piedra, pude apreciar bien que en realidad si la tenía gorda y larga, quizás de unos 18 cm, y empezaba a lubricar, a mí me encanta chupar ese líquido tan rico de las vergas que he tenido, su sabor me encanta y esa ocasión no fue la excepción, me la metí a la boca poco a poco, se la empecé a mamar primero solo la cabecita, tratándome todo su líquido preeyaculatorio, y poniéndole su verga aún más hinchada y dura, le lamía su tronco con mi lengua y sus huevos me los comía despacio para no lastimarlo, de repente me metía toda tu carne en mi boca hasta el grado de sacarme una que otra lagrimita porque estaba muy grande, pero aún así a mí me encanta hacer eso.

    Yo solo lo escuchaba gemir de placer y después de un largo rato me dijo que siguiera comiéndome su verga pero que no me levantar pues los hombres del edificio ya se habían dado cuenta de nuestra acción, yo le dije que no me importaba pues ellos no nos alcanzaban a ver bien y no nos reconocerían en la calle, así que le seguí comiendo su miembro, él lo disfrutaba mucho porque me agarró de mi cabello y me empezó a jalar mi cabeza hacia su arma, la quería meter toda dentro de mi boca y yo gustosa lo complacía, ya después de un rato me dijo que sin incorporarme mucho que me diera la vuelta y me bajara los pantalones, yo me había puesto una tanguita rosa para la ocasión que aunque no pudo apreciarla bien a mi me excitaba traerla puesta; pues me di la vuelta y me moví de tal forma que estaba yo de perrito pero dentro de sus piernas, el solo se tuvo que bajar bien el pantalón y al veri tanguita me dijo que mi culo se veía muy rico con ella, me prendí mucho más cuando me dijo eso, me hizo a un lado el hilo dental y me empezó a frotar su fierro caliente en mi colita, él seguía lubricado y eso fue suficiente para que su verga entrara con facilidad en mi anito el cual estaba ya bien dilatado por el efecto de lo que habiamos fumado, sentí claramente como se abría pasó su miembro entre mis nalgas sin dolerme poco a poco me la fue enterrando y yo sentía como todo ese pedazo de carne me llenaba de placer, en un momento me dijo «ya la tienes toda adentro, chiquita linda», y me agarró de mis caderas para empezar el mete y saca, en un inicio fue algo despacio, sutil, pero poco a poco se fue haciendo ma rápido, más duro, sentía como me apretaba mis caderas y las pellizcaba por el placer que sentía, me daba de nalgadas y me cogía fuerte, yo sentia su miembro hasta adentro, muy caliente y duro, cada vez me jalaba con más fuerza hacia él, yo encantada recibía sus estocadas una y otra vez, podía sentir sus huevos chocar con mi culo lo cual me provocaba más placer, me decía que ya teníamos 2 espectadores más, unos vecinos de la acera de en frente se habían dado cuenta de que él se estaba cogiendo a alguien aunque no pudieron notar de quién se trataba la suertuda que estaba recibiendo tan tremenda cogida, pero no apartaban sus ojos de nosotros pues claramente podían ver qué mi macho me tenía sometida con el culo bien parado y su verga bien metida dentro de mi… A mí me excitaba mucho más el saber que ya teníamos público viendo la faena, y fue debido a eso que no duramos mucho en venirnos; el lanzo un quejido de jubiló cuando me dijo que se venía, yo de inmediato me aferré a él y trate de hacer presión en su verga con mi culo, no quería dejar escapar ese falo hinchado, deseaba sentir toda su leche descargada en mi, me llenó toda de su semen, caliente y viscoso, sentí perfectamente como me bombeaba su miembro al lanzar sus chorros dentro de mi, yo recibí gustosa su líquido, me tenía buen ensartada y yo no quería que esto terminará pues lo estaba disfrutando mucho; aún después de haber terminado no nos movimos, yo tenía toda su verga encajada hasta adentro y al menor movimiento sentía claramente como seguía bombeando, es un placer indescriptible, después de un rato se empezó a salir y yo me subí mi pantalón, trate de que vieran mi rostro los espectadores y nos fuimos pronto hacia su cocina que estaba justo abajo de nosotros.

    Después de todo el espectáculo que dimos, solo espere en su domicilio a qué se me bajara un poco el efecto que aún traía y me despedí de él, ya en el portón de su casa y antes de salir, me dió un rico beso y me agarró las nalgas en señal de que había sido suyas… A mí me gustó ese gesto.

    Justo después de dar la vuelta a la esquina me abordaron 2 hombres de poco más de 30 años, y me hicieron referencia a qué había visto todo lo que sucedió y me invitaron a su casa… Pero esa, es otra historia!!!

  • Matrimonio convencional (IV)

    Matrimonio convencional (IV)

    Estaba sorprendido de lo “fácil” que había sido convencer a Bea, me dejó sin saber qué decir, la única parte de mí que reaccionó fue la polla. La comedida y tradicional Bea estaba dejando entrever otra faceta suya que me gustaba mucho a la par que temía.

    Se me mezclaban tantas sensaciones de golpe que no sabía cómo gestionarlas. Por un lado, me sentía tremendamente excitado por ver a Bea disfrutar con este juego y cabreado conmigo mismo por haber accedido, sin discutir, a lo que me pedía Don Cosme. La situación se me estaba yendo de las manos, notaba la metamorfosis que estaba teniendo mi preciosa mujer, lo que me producía una tremenda punzada en el estómago. Debía seguir adelante o cortarlo de inmediato. Mi silencio y actitud postural debieron hablar por mí mismo, porque Bea se me acercó y, señalando mi tremenda erección me dijo: “Pues sí que te gusta la idea, hijo, qué raro estás. Bueno, a ver si estimulamos a esos perezosos- finalizó embolsando los huevos y apretándolos suavemente.

    Callé y asentí.

    Su condescendencia resultaba cariñosa aunque no exenta de reproche, me acariciaba y reprendía a la vez, como lo hace una madre a su hijo que le consiente un capricho pero le alecciona a la vez. Se sentía poderosa.

    Descubrió que manteniéndome en un estado de excitación controlado le permitía manejarme a su antojo sin escuchar de mí la más mínima queja. Disfrutaba moviéndome a su antojo y consiguiendo tenerme detrás de sus deseos sin fisuras.

    Mi plan, si es que alguna vez fue mío, comenzó a trascenderme, Bea parecía divertirse (puede que excitarse) conmigo. Esperé a la noche para obtener una buena recompensa, en la oscuridad de la habitación y hablando en susurros le pedí el premio de, al menos, una paja. Mantuvo su postura de espaldas a mí y ladeando la cabeza a la para que con su mano izquierda tocaba mi polla, me dijo con una voz pasmosamente tranquila e indiferente: -Hoy has sido un buen chico, te has portado bien, como debe ser, pero no quiero desperdiciar tu semen y no me apetece hacer nada esta noche. Duérmete y no te toques.

    -Pero Bea, estoy encendido mira cómo me tienes. No podría…al menos… una paja rápida.

    -NO! Y no se hable más, mañana tenemos mucho que hacer y necesito descansar. No me molestes.

    -Pero…, no supe qué responder, ésa forma de actuar de Bea me dejó descolocado, su forma de ignorarme no hizo más que incrementar mi grado de excitación.

    Me costó mucho poder controlarme para poder dormir, estaba agitado.

    Al día siguiente se despertó radiante, alegre como una chiquilla. Tras comprobar que no había manchas de semen por las sábanas me destapó de golpe para despertarme.

    -Vamos dormilón, que hoy tenemos mucho que hacer.

    Durante el desayuno me insinué en varias ocasiones restregando mi polla dura por su culo, giraba la cabeza al notarme y me sonreía maliciosa, aunque no pasó de ahí. Me fui al trabajo caliente como no recordaba haberme ido en toda mi vida, con ese típico cosquilleo nervioso en el estómago y la cabeza despistada en mil historias. Todas de sexo, claro.

    La primera hora de la mañana transcurrió con normalidad, pero se fue calentando a medida que avanzaba, tuve que ponerme en contacto con ella varias veces con mensajes cargados de dobles sentido que me tuvieron toda la mañana con la polla morcillona cuando no empalmado. Tanto va el cántaro hasta la fuente… que me envió una foto vestida con unas mallas superajustadas que marcaban los labios de su coño y las redondeadas nalgas donde podía notarse el triángulo de las braguitas tanga justo encima de la raja de culo.

    -Tengo que ir a la compra ¿Crees que iría bien así?

    -Uffff cariño, un poco… ¿atrevida? Dije sin poder contener los celos y mi brutal empalme.

    -Me gusta verme así, pero no me atrevo a salir sola vestida así, parezco una buscona. Si vinieras conmigo…

    -Serías el blanco de las miradas de todos los tíos, te comerían con los ojos.

    -Mmmm ¿Tu crees? No sé, tampoco sería para tanto. Aunque así vestida me siento desnuda. ¿A ti te pone verme así?

    En ese momento pensaba con la polla, me fui al baño y le envié una foto de lo dura que tenía la polla.

    -Vaaale, Así que te gusta que tu mujercita vaya enseñando, vaya, vaya. Jajaja

    -¿De verdad saldrás así a la compra?

    -No, no me atrevo, me da mucha vergüenza, pero me gusta saber qué te provoco, jeje. Otro día, cuando salgamos juntos puede que me lo ponga. Llevar a mi maridito al lado me dará más seguridad.

    -Tendré que quitarte de en medio los moscones jajaja.

    -Viendo cómo te has puesto, puede que seas tu uno de ellos jajaja.

    Llegué a media tarde a casa, me la encontré sentada, pensativa. Parecía tranquila, absorta en sus pensamientos sin prestarme atención. De pronto despertó y se levantó mirándome por primera vez desde mi llegada.

    -Voy a prepararme, necesitaré un buen rato para estar guapa para la visita. Dijo guiñándome un ojo con malicia.

    -No hace falta que te esmeres, ya eres preciosa.

    -Tú qué vas a decir jajaja.

    -No tengo ninguna duda de que le vas a encandilar.

    Caminando hacia el aseo se detuvo en seco y se giró para hablarme

    -¿Sigues queriendo que me haga lo de… ya sabes… los pelitos?

    Se le veía algo avergonzada, agachó la mirada como arrepintiéndose de haberlo expresado en voz alta

    -Por supuesto, me encantaría. Lo de hacértelo yo… también. Si tú quieres, claro. Me precipité a finalizar.

    -Cuando me lo dijiste lo rechacé inmediatamente en mi pensamiento, pero le he ido dando vueltas. A ver, me sigue pareciendo muy raro, más aún que quisieras hacerlo tú, Pero… porqué no, hoy estoy animada. Vamos. Me cogió de la mano guiándome hacia el baño de nuestra habitación, donde lo tenía todo preparado. Entramos.

    -Ahora espera de pie, no te muevas, ni digas nada, me da mucha vergüenza.

    Rápidamente se bajó las mallas y las apartó en el suelo, se quedó con las braguitas de encaje de tipo culote de esos que dejan los cachetes redondeados por la parte baja del culo dividiéndolo en dos perfectas mitades, se giró poniéndose frente a mí, cohibida y colorada. Con recato encanto comenzó a bajarse las bragas moviendo la cadera con los muslos cerrados hasta que la parte que tocaba su sexo se separó de ella, la parte interior estaba brillante y húmeda por el fluido de su coño, los pelillos que adornaban su vagina también pegados por el flujo. Estaba excitada y nerviosa, pero resuelta a seguir adelante. Se sentó a horcajadas en el bidet, de espaldas a mí, y se esmeró en la limpieza de su ano y coño, con naturalidad, como si yo no estuviera. Una vez terminó se puso de pie frente a mí, sus ojos clavados en los míos que viajaban sin poder detenerse entre sus pezones que parecían querer romper la camiseta, su peludito coño y su mirada desafiante. Se me puso dura al momento.

    Sonrió traviesa y algo avergonzada cuando notó mi polla presionando mi pantalón.

    No dijo nada, se sentó en la tapa de la taza del váter, casi en el filo, abrió sus piernas apoyándolas en el borde de la bañera y la otra en un taburete. Nunca, en todos los años que la conozco, había tenido una visión tan directa de su coño, ligeramente abierto, brillante, rodeado de vello. Me quedé boquiabierto, alelado por verla así, despatarrada y expuesta. ¡Joder! La polla me dolía de lo dura que la tenía.

    La notaba incómoda, demasiado expuesta, sonrojada y resuelta.

    -¡Vamos! ¡A qué esperas! Te has quedado embobado. Dibujando una sonrisilla traviesa y dulce.

    -Eh, Si, si, perdona. Fue lo único que acerté a decir, mientras cogía la espuma, la toalla y la maquinilla de hojas.

    Me puse de rodillas para poder maniobrar mejor, Bea me miraba desde arriba, orgullosa y poderosa, me sentí pequeño ante tremenda diosa.

    -Otra vez he conseguido que te pongas rodillas, le voy tomando el gusto a verte así jajaja

    -Ja ja, Graciosa mi niña, le contesté sarcástico. No quería que supiera que lo estaba disfrutando.

    Mientras despejaba la zona y recortaba aquí y allá, su aroma me envolvía, un aroma embriagador, intensamente excitante. Tuve que detenerme varias veces para acomodarme la polla.

    -¿Qué haces tocándote tanto por ahí? Era evidente, pero parecía encontrar un placer morboso en hacerme sufrir.

    -Nada, nada. Le contesté sin mirarla para que no viera en mis ojos el deseo y la excitación que estaba sintiendo.

    Centrado en mi tarea, recreándome, pasaba mi mano por la zona delicada para comprobar el apurado y jugaba a ratos con sus labios mayores, abriéndolos para tener una visión mejor de su clítoris y de la entrada de la vagina. Me entretuve un rato en el periné, a pesar de que no había prácticamente nada que rasurar por ahí y jugué con los alrededores de su ano simulando estar recogiendo espuma o agua.

    Hasta el ano llegaba un líquido transparente y viscoso que no era espuma, ¡Joder! Estaba chorreando. Aprovechando la hidratación de sus jugos recorrí la zona entre el coño y el ano haciendo círculos alrededor de su pequeño agujero. Noté cómo se iba relajando el anillo a medida que lo acariciaba con la yema del dedo. De reojo pude ver cómo tenía la mirada fija en mis manos y la boca entreabierta. Su respiración se agitaba. No pudo evitar dejar escapar un gemido -Ah

    El sonido de su propio gemido la sacó del trance y dirigiéndome la mirada más lasciva que le recordaba me dijo:

    – ¿Se puede saber qué estás haciendo? Dijo autoritaria, pero sin atisbo de enfado.

    -N… Nada, sólo estaba repasando para asegurarme que está bien hecho. Ahí está, lo tienes suave, delicado y precioso, dije pasando la mano por toda la superficie desde su ano, periné, pasando por la entrada de su vulva hasta llegar al clítoris y monte de venus.

    Mi mujer abría la boca dejando escapar sonoramente el aire mientras no dejaba de mirarme fijamente.

    -Ah, Por Dios, que bien se te da, uf qué calor. Anda déjalo ya, que sino no acabaremos nunca.

    -Puedo seguir, creo que aún podría…

    – Venga, vale ya, te he dicho que no, aunque te dejo que me eches la cremita ¡pero no te pases!

    Después de aplicarle la crema hidratante contemplé orgulloso mi obra de arte

    -Mmm me gusta mucho, es precioso, dan ganas de comérselo jajaja.

    -Eres un guarro jajaja. Ya hablaremos tu y yo, dijo mirándome de reojo con cara maléfica.

    -Qué… ¿que he hecho ahora?

    -Nada, ya hablaremos, dijo poniéndome la mano en la frente y empujándome hasta ponerme a cierta distancia mirando fijamente mi erección.

    -Si no fuera porque tenemos que prepararnos para la visita, te ibas a enterar.

    -Por mí, no hay problema, si quieres ahora mismo… estoy a tu disposición.

    -Ya te diré cuando, dónde y cómo ¿Te gusta cómo me queda?, cambió de tercio

    -Muchísimo, ya te he dicho, para comérselo.

    -Anda déjalo ya y ve a cambiarte, que aun debo terminar de arreglarme y si sigo así no voy a poder hacerlo.

    – Si, mi señora, a sus órdenes. ¿Alguna cosa más? Hice un gesto cómico de reverencia.

    -Te llamaré si necesito algo, vete. Respondió moviendo la mano con desden.

    Tuve que darme prisa para que todo estuviera en orden a la hora, Bea no salió del dormitorio en todo el tiempo.

    A las 20:30 sonó el timbre, Bea aún estaba en la habitación dándose los últimos retoques, aún no había podido verla arreglada.

    Preferí vestir cómodo con vaqueros y polo.

    Nuestro invitado llegó a la hora prevista, vestía elegante y casual, tanto el pantalón como la camisa se ajustaban perfectamente. Se notaba que cuidaba su cuerpo. Me impresionó verlo tan apuesto e informal a la vez. No pude evitar mirar la zona del pantalón donde destacaba algo el bulto de la polla. Me sonrió pícaro y simpático.

    -Hola Andrés, ¿llego pronto? ¿o quizá demasiado tarde?

    -Para nada, llegas a la hora perfecta, pasa, por favor.

    -He traído mis dos botellas de vino preferidos una de tinto y otra de blanco.

    -Bea es más de vino blanco, yo tomo de los dos jajaja. Trae, pondré a enfriar el vino blanco.

    – Ya sé, Ya sé jajaja, dijo guiñándome un ojo, entregándome las botellas como si de un testigo se tratara.

    Noté cómo el calor subía a la cara, por suerte no había nadie cerca, ni nadie que nos escuchara, aunque a él no parecía importarle, destilaba seguridad y confianza.

    En esto que apareció Bea por el pasillo. Estaba preciosa, increíblemente atractiva, los labios carnosos se los había pintado de un rojo brillante y los ojos parecían dos faros radiantes de mirada femenina y felina. El pelo impolutamente planchado enmarcaba una carita redondeada y juvenil.

    Llevaba un vestido estilo vintage, con el corpiño ceñido de cintura para arriba y la falda con vuelo vaporoso hasta unos centímetros por encima de las rodillas. Los zapatos de tacón medio adornaban el juego de las piernas al descubierto.

    -¡Madre mía! Fue mi expresión al verla.

    Don Cosme quedó petrificado, mirándola descaradamente, como si de un depredador se tratara.

    – Hola Beatriz, estás preciosa, una diosa de belleza y elegancia, si me permites que te lo diga. Dijo Don Cosme.

    – No es para tanto, respondió Bea sonrojándose, poniendo cara de niña traviesa.

    Bea se acercó para darle los dos besos de cortesía que Don Cosme aprovechó para pegar su cuerpo. Le puso las manos en los hombros, alzándose de puntillas y acercándose hasta que sus pechos tocaron el torso de Don Cosme. Don Cosme, a su vez, la tomó por la cintura acercándosela más, acortando centímetros hasta que sus cuerpos se fundieron en uno solo.

    Aquellos parecieron dos besos más íntimos que los de cortesía, se tomaron su tiempo, como si ambos quisieran aspirarse mutuamente.

    El tiempo pareció detenerse, allí estaba yo con una botella de vino en cada mano embelesado mirándolos mientras ellos, ajenos a mí, mantenían esa excesiva proximidad.

    Fue Don Cosme quien, tomándola por la cintura rompió el contacto para quedarse a escasos centímetros de su cara.

    – Creo que me he quedado corto, de cerca aún eres más hermosa y tu perfume… es intensamente femenino.

    Bea se ruborizó agachando la mirada hacia su pecho -Me alegro que te guste. Dijo en voz baja.

    Aún mantuvieron unos largos segundos la misma postura, ella con las manos en los hombros, sus caras a pocos centímetros, las caderas pegadas, se miraban como si allí no hubiera nadie más. ¡Se olvidaron completamente de mí!

    Bea pareció despertar, se separó y recompuso el vestido presumida.

    – ¡Ejem! Entonces ¿te parece bonito el vestido? Dijo girando sobre sí misma coqueta.

    – Tienes buen gusto, y un cuerpo espectacular para lucirlo.

    – Bueno, el mérito no es sólo mío, Andrés me ha ayudado…en todo. Dijo dirigiéndome una mirada divertida.

    Don Cosme giró la cabeza hacia hasta cruzarse con mi mirada.

    -Hummm. Vaya con Andrés, vales para todo.

    -Sí, creo que va desarrollando habilidades que desconocía poco a poco jajaja

    -Soy el cómplice perfecto jajaja. Corté algo avergonzado.

    – Andrés, pon el vino blanco en la cubitera con hielo y ve trayendo las cosas de la cocina a la mesa, mientras yo voy acompañando a nuestro invitado, hoy tengo que ejercer de anfitriona. Dijo cogiéndolo por el brazo y tirando de él hacia el salón.

    Las risas se oían por toda la casa, la conversación era animada y alegre entre ellos

    En el sofá, Bea estaba girada hacia él, que mantenía una postura regia, las manos de Bea tocaban el antebrazo de Don Cosme durante el transcurso de la conversación. Con Cosme, encajado a la perfección en nuestro Chester mantenía las piernas ligeramente abiertas y los brazos a los lados rozando las rodillas de Bea. Ella coqueteaba, él se sabía destinatario de ese coqueteo y se mostraba seguro y arrogante.

    -Disculpad que os interrumpa, cuando queráis podemos sentarnos a la mesa.

    -Gracias, cariño, eres un sol.

    Se respiraba un ambiente de confianza. Bea se envalentonó, poniendo cara de niña que nunca ha roto un plato.

    -Cosme… va todo bien? Últimamente no veo a Elvira.

    -Ah, la curiosidad, qué sería de nosotros sin la necesidad de satisfacerla, jajaja. Carcajeó divertido, en realidad me alegra que me preguntes, me da la oportunidad de explicar algunas cosas que podrían malinterpretarse. Elvira y yo venimos de una larga y fructífera relación, por desgracia el tiempo nos ha ido alejando en la parte en que somos pareja hasta convertirnos en dos buenos amigos, no sé si me entiendes.

    -Vaya, siento oír eso, parecéis una pareja bien avenida.

    -Lo somos, o lo hemos sido, nos seguimos llevando muy bien, ella es una mujer culta, inteligente y de buena conversación.

    -Pero…

    -Bueno, digamos que tenemos diferentes necesidades sexuales, siempre he sido una persona muy activa, yo no he dejado de serlo.

    -Entonces, lo de la otra noche, ¿tuvo que ver con… eso? Dijo mezclando expectación y preocupación a partes iguales.

    -Bueno (dijo con sonrisa maliciosa), Elvira y yo hemos sido una pareja sexualmente muy activa y variada, pero desde hace algunos años su interés disminuyó considerablemente, en aquel periodo comenzó a tener crisis de ansiedad, sobre todo cuando llegábamos al momento de la penetración. Le dolía, así que dejamos de hacerlo.

    -Pero, no entiendo qué relación tiene con lo de la otra noche.

    -Cada cierto tiempo intentamos tener relaciones completas, con penetración, pero le volvió a dar otra crisis, algún vecino tuvo que escucharla y llamó a la policía pensando que… ya sabes, la estaba maltratando.

    -Entiendo. ¿Lleváis mucho tiempo así?

    -Años

    -Sin… nada… de nada?

    Bea estaba sometiendo a Don Cosme a un interrogatorio que ya quisieran los servicios de inteligencia. Sin embargo, Don Cosme no parecía para nada molesto.

    -Elvira ha perdido completamente el interés, supongo que, por temor a la aparición de las crisis, a mi me suele desahogar con masturbaciones, y muy de vez en cuando sexo oral.

    -Ah, vale. Dijo sonrojándose ante esa respuesta explícita. Lo siento.

    -Yo también. Pero ahora me siento afortunado de haberos conocido algo más, espero que, en adelante, con mayor… profundidad. Dijo mirándonos alternativamente a Bea y a mí.

    -Si, claro, me apresuré a responder. Bea se le quedó mirando fijamente intentando descifrar entre líneas.

    -Salud, dijo alzando su copa alegremente. Pero bueno, basta de hablar de mí, ¿qué me contáis vosotros?

    -La verdad es que no hay mucho que contar, dije yo.

    -Solo que…, no consigo quedarme embarazada. Soltó de golpe Bea. Según las pruebas, los espermatozoides de Andrés son, digamos un poco… perezosos, y los tratamientos de fertilización son muy caros y molestos.

    Noté el calor subirme a la cara, Bea hablaba con Don Cosme como si yo no estuviera ahí, al lado, sin importarle lo que pudiera sentir. Diría que lo hizo a propósito.

    -Estoy convencido que te quedarás embarazada, haremos todo lo que esté en nuestra mano, ¿no es así, Andrés? Girándose hacia mí.

    -… Sí, Claro, lo que haya que hacer.

    Bea, miraba alternativamente a Don Cosme y a mí, intrigada e interesada.

    -Os veo muy convencidos, pues a ver si entre los dos hacéis fuerza para que así sea jajaja. Sin evitar sonrojarse por cómo había sonado eso.

    -Lo que haga falta, para eso están los amigos jajaja

    Unos segundos de silencio en los que la cara de Bea mostraba un pensamiento muy interiorizado terminó con ella despertando.

    -Bueno, vamos a sentarnos a la mesa, mi maridito se ha esforzado mucho en la preparación de la cena y no quiero que se eche a perder tanto empeño jajaja.

    Nuestra mesa es rectangular, Bea Situó a Don Cosme en la cabecera y a su derecha e izquierda Bea y yo. La cena estuvo animada, mi mujer coqueteaba descaradamente con Don Cosme, que parecía darse cuenta y seguirle el juego con continuos juegos de palabras y frases con dobles sentido. Bea se veía espléndidamente hermosa, los ojos le brillaban y el calor de las mejillas la delataban, continuamente se dirigía a él y le tocaba el brazo, Don Cosme le respondía otras tantas veces envolviendo con su enorme mano la delicada y femenina de Bea con firmeza pero sin rudeza.

    Por otra parte, yo me empezaba a sentir como un invitado a fiesta ajena, un cosquilleo de celos y excitación me invadían cuando veía que Bea recibía las atenciones de Don Cosme y coqueteaba dedicándole sonrisas cargadas de intención.

    En el momento de recoger los platos, nuestro invitado insistió en colaborar.

    -Dejadme que colabore, me sentiré más como en casa.

    En la cocina provocaba el roce con Bea, se colocaba pegado a su espalda presionando su pelvis contra mi mujer. Ella no reaccionaba, se quedaba inmóvil, con la mirada al frente. Le dejaba hacer. Debido a la cercanía él le hablaba con voz suave y profunda.

    -No sé si puedes hacerte una idea de lo que me gusta tu perfume. Dijo sin cortarse.

    -Alguna idea sí que puedo hacerme jajaja. Eso es porque hace mucho que no te acercas a una.

    -¿Tanto se me nota la necesidad? Jajaja

    -Seguro que has tenido oportunidades, eres un hombre atractivo, con buen cuerpo y muy masculino. Finalizó la frase con un suspiro. Muchas estarían felices si apuntaras hacia ellas.

    -Hasta hoy no había visto ninguna que levantara en mí tanto interés. Subrayó el énfasis en la palabra “levantara”, lo que provocó que Bea pusiera ambas manos en la bancada de la cocina inclinando su cuerpo y exponiendo aún más sus nalgas al contacto.

    Mis movimientos de idas y venidas hicieron que Don Cosme se retirase de detrás de mi mujer. Ella se quedó así por unos instantes. Cuando salió de la cocina aproveché para hablar con Bea.

    -¿Te noto acalorada? ¿Te encuentras bien?

    -¿Es que no ves cómo se me insinúa?

    -Claro que lo veo, lleva así toda la noche. Ahora te aprisionó contra la bancada y no se ha cortado en restregarse como el día del ascensor.

    -Si, uffff, es que cuando se acerca tanto me siento, no sé cómo explicarlo. Indefensa.

    -Puedo entenderlo, es un macho alfa.

    -No te veo muy preocupado. Me dijo mirándome lasciva. -A ver. Se acercó y me tocó la polla, que a estas alturas de la conversación la tenía dura. -Mmmm ¿te pone verme así? Llevo toda la tarde con ganas, desde que me rasuraste, y cuando he notado su cuerpo detrás del mío, lo dura y grande que parece que es… he sentido un cosquilleo ahí abajo…

    -¿Estás excitada, o algo más que eso?

    -La palabra que se me ocurre es más fuerte jijiji

    -Zorrita. Me atreví a decir.

    -¡Oye! Me dio un golpe en el brazo aparentando haberse sentido ofendida. -Eres un bruto, pero… puede jijiji ¿Te molesta?

    -Me siento celoso, pero no puedo evitar sentir una tremenda excitación viéndote así.

    -Mmm, la noche es joven. Dijo dándome un morreo espectacular y saliendo de la cocina contoneándose como una buscona.

    Cuando llegamos a la mesa, Don Cosme, sentado, le pidió a que se acercara, y con la excusa de ver de cerca el vestido, cogió su mano y la atrajo hasta que quedó a su lado. Una vez la tuvo a su lado girando el cuerpo hacia ella, la miró de arriba abajo.

    -Eres Increíblemente hermosa, enhorabuena por la elección del vestido.

    Acercó su mano derecha a la pantorrilla de mi mujer, a la altura de los gemelos, acarició esa zona pasando ligeramente la mano de arriba abajo.

    -Mmmm, si, mejor sin medias.

    Ampliaba la zona de la caricia, subiéndola un poco más, hacia la parte de detrás de los muslos, mirándola. Bea lo notaba claramente pero no hacía nada por detenerlo. Envalentonado, fue subiendo hasta llegar a la parte superior, sin llegar a tocarle la nalga.

    -Lo que esconde el vestido es mucho más bonito. Espectacular.

    Bea me miró, impasible, quizá esperando alguna respuesta por mi parte. Algo que no llegó.

    -Vamos a tomarnos la copa en el sofá, estaremos más cómodos, ¿no crees? Me dijo sin apartarme la mirada mientras Don Cosme repasaba con su mano de arriba abajo sus torneadas piernas.

    -¡Magnífica idea! Respondió Don Cosme acompañando la frase al movimiento. Cogió a Bea de la mano y le pidió caballerosamente que le condujera.

    Volvimos al Chester, Bea se sentó girada hacia el lado de su invitado y Don Cosme hizo lo propio. Tras servir las copas, me acomodé en uno de los dos sillones que tenemos frente al sofá.

    -Cosme, veras, yo no quiero que pienses… Andrés y yo somos muy felices juntos.

    -Lo sé, no me cabe duda. Así debe ser.

    -Para serte sincera, desde que coincidimos hemos notado… cosas que son difíciles de explicar, al menos para mí.

    -Me ha pasado algo parecido, desde que Andrés subió a casa a echarme una mano. Giró su mirada hacia mí. He experimentado un aumento del…apetito, llamémosle así, más aún desde que os conozco mejor.

    -A qué te refieres, inquirió Bea.

    -Os he puesto al corriente de mis problemas conyugales, lo de la otra noche… ¿Podemos hablar como adultos?

    -Estoy intrigada, claro.

    ¡Tierra trágame! Pensé. Se me secó la boca, el corazón lo tenía a galope tendido.

    -Has despertado en mí una pulsión sexual muy intensa, has podido comprobarlo, no voy a negar que estar cerca de ti me provoca un apetito sexual muy fuerte.

    -Pero, yo… no he querido… siento si te ha parecido…

    Bea se estaba viniendo abajo, así que me vi en la obligación de intervenir.

    -Yo también tengo culpa en eso. Preferí dejar las cosas claras antes de que la conversación se pusiera demasiado incómoda y pensara que la engañaba.

    -¿Tú? De qué estás hablando. Me dijo Bea

    -Bueno, veras, la otra noche, cuando subí a su casa… (Nó sabía cómo diablos iba a decirlo). Don Cosme tenía un problema, así que me pidió que lo ayudara.

    -Si, recuerdo que me lo dijiste.

    -Lo que no te conté entonces y hago ahora es que fue algo ‘especial’. Hice una pausa para encontrar las palabras adecuadas. Tuve que masturbarlo ¡Ea! Ya está dicho.

    -¡¿COMO?! Dijo Bea poniéndose de pie, tensa y enfadada.

    -Si, Bea, siento no habértelo dicho, pero no sabía cómo hacerlo sin que te enfadaras. Tuve que hacerlo.

    -Permíteme que me meta, Bea. Intervino Don Cosme levantándose y situándose a su espalda. Me hizo un gran favor, se lo pedí yo para aliviar mi necesidad de descargar el semen que no pude con Elvira, la situación llevó a que Andrés fuera al único que se lo podía pedir y contar con su discreción. Se mostró muy colaborativo y complaciente, incluso fue capaz de sacrificar su hombría, no sabes cuánto agradezco lo que hizo. Siento haberte puesto perdido jajaja. Intentó terminar con un toque de humor, que más pareció humillación.

    -A ver, A ver si lo he entendido bien ¿Quieres decir que mi marido te… masturbó la otra noche que subió a ayudar?

    -Dicho así, parece que subió para eso, pero así fue, me masturbó, y lo hizo muy bien, te puedo asegurar que hacía mucho tiempo que no me lo hacían tan bien, me dejó seco, ufff pensé que no acabaría nunca de eyacular. Don Cosme pasaba la mano por la espalda de Bea y se instalaba en la zona baja de la espalda.

    Don Cosme le explicó la situación, las esposas, los policias, su empalme y la solución de mi paja. También le explicó con detalle que tuve que abrirme el pijama y el boxer para que no cayera nada en el suelo y nos delatara.

    -¡No puedo creerlo! Dijo Bea sin dejar de mirarme con los ojos llenos de rabia. ¡esa noche!, tu y yo… ¿Cómo Pudiste? Eres un….

    -No te enfades, cariño, no tuve opción

    -Pero, pero tan pringado estabas de su… semen, tu me la… ¡¿Estas loco?!

    -Perdona, Cariño. No puedo explicarlo, pero te deseaba más que nunca, de verdad.

    Don Cosme volvió a intervenir, parecía estar controlando la situación a pesar de todo. Se acercó a pocos centímetros de su espalda.

    -Existen muchas formas de tener placer y también de darlo, Andrés ha descubierto que tiene un lado sumiso, pero no lo veas como algo negativo, no lo subestimes, son los mejores esposos del mundo, muy fieles y buenos padres, hay muchos ejemplos en la naturaleza. Terminó la frase y acarició ambos brazos desde atrás.

    Bea estaba procesando toda la información, se mantenía de pie enfrentándome, sólo nos separaba la mesita de salón, yo, también de pie sin articular palabra, la miraba con amor y temor al mismo tiempo. Don Cosme se pegó del todo a su espalda y comenzó a besarle los hombros, acercándose cada vez más a la parte posterior del cuello. Al principio Bea no se inmutó, pero cuando le dijo algo al oído (que no pude escuchar) cerró los ojos y ladeó la cabeza ofreciéndose, invitación que tomó con mucho gusto, rellenando de besos y caricias toda esa superficie desnuda.

    Tras varios minutos en los que Don Cosme no paró de acariciar y besar, Bea entreabrió los ojos para mirarme, seguía frente a ella y me dedicó una sonrisa de desdén.

    -¿Sabes que le gusta mirar? Soltó como vengándose de mí.

    -Es su condición, verte disfrutar es uno de sus mayores placeres. Dijo haciendo una pausa. ¿Has hecho lo que te pedí? Me preguntó.

    -Si. Respondí escuetamente.

    -¿De qué habláis? No me guardaréis más secretos, ¿no? Rio entre divertida y alarmada

    -Vamos, Andrés, Díselo. Mientras se dedicaba a besarle el cuello y los lóbulos de sus orejas

    -Me pidió que te rasurara.

    -No te entiendo, Andrés. Mmmm ronroneó, así que haces todo lo que te pide

    -Hombre, dicho así… Quise defenderme, pero no me salían las palabras.

    -No a mí, es todo por ti, Bea, eres tú la que tiene el poder absoluto sobre él. Ponlo a prueba y verás.

    -A ver… Siéntate. Dijo Bea con la babeza girada para facilitar el acceso de Don Cosme a su cuello

    Tras unos segundos en que me debatí conmigo mismo accedí y me senté en el sillón de detrás de mí.

    -Ufff esto me pone muy caliente. Entonces esto no te importará, manteniendo el torso hacia mí giró su cabeza y le pegó un morreo en toda regla, tras unos largos minutos sus labios carnosos parecían haber fundido el carmín esparciéndolo por toda la boca. -Mmmm nunca antes besé a otro hombre, lo haces muy bien, me ha dado cosquilleo abajo ¿Te gusta, maridito mío? Pues disfruta del espectáculo. Se giró del todo, le rodeó el cuello con sus brazos y repitió el morreo, esta vez más intenso.

    Los dos se dedicaron a manosearse, Bea le tomaba la cabeza con ambas manos y se fundía en el beso, él le acariciaba la espalda y bajaba las manos hasta pasarlas por sus redondas nalgas, apretándolas, acercándosela más. Ahora era Don Cosme el que me miraba por encima del hombro de Bea mientras le decía algo en voz baja.

    Bea paró de abrazarlo se separó unos centímetros de su amante y manteniendo sus manos en el pecho habló sin girarse.

    -Maridito mío, ayúdame a bajar la cremallera del vestido

    El vestido tenía la cremallera en la espalda, fui hasta donde estaban los dos y me puse tras ella, su aroma a hembra en celo me inundó las fosas nasales. Poco a poco, muy despacio, bajé la cremallera del vestido.

    -Cariño, no llevas sujetador. Le dije.

    -Mmm afeaba el conjunto. Respondió girando la cabeza y dedicándome su habitual sonrisa traviesa.

    El vestido aún se sujetaba en los hombros, bajó los brazos y cayó, dejando sus espléndidos pechos a la vista de Don Cosme, firmes y tallados, con los pezones duros y areolas roradas y amplias que no tardó en palpar. Bea buscaba en la cara de su amante una reacción de satisfacción, la obtuvo en forma de sonrisa lasciva. Desde mi posición su culo respingón formaba dos redondeces magníficas de donde aparecía el hilo del tanga. Inmediatamente comenzó a amasar los senos sin dejar de mirarla, provocando los primeros gemidos de la noche, sacó los pies a cada lado del vestido en el suelo, interpreté que era una señal para que lo retirara. Con la mano izquierda buscó y encontró mi polla, la encontró durísima. En ése mismo instante, la mano derecha de Don Cosme se posó en su coño. No pudo evitar cerrar los ojos y lanzar un gemido.

    -Ahhh. Cariño, te noto un poco tenso jajaja. Puedes volver a tu sitio. Me dijo entre gemidos.

    Allí quedó Bea, vestida sólo con un tanga y los zapatos de tacón. Don Cosme la acompañó de la mano hasta sentarla en el borde del sofá, se puso frente a ella y muy parsimoniosamente se fue desabotonando la camisa, dejando libre un torso muy bien definido, sin exceso de músculo o grasa. Una vez se despojó de la camisa, esperó con los brazos en jarras. Mi mujer lo entendió como una invitación que, no sólo no rechazó, sino que aceptó con agrado desnudarlo de cintura para abajo sin apartarle la mirada.

    El pantalón cayó, inmediatamente apuntó la vista al bulto de sus boxer y, sin pestañear, descubrió la tremenda polla de Don Cosme. Parecía ansiosa por hacerlo. Cuando esa polla de 20 cm, 6 de grosor, descapullada, durísima, con las venas marcadas le apuntó a la cara puso los ojos como platos y abrió la boca impresionada. Intercaló miradas a la cara De Don Cosme y a su polla realmente asombrada.

    -Es… tan… grande. Consiguió articular hipnotizada por esa escultural polla

    -Tócala, no te morderá.

    Buscó aceptación en mi mirada, sabía que después de que la cogiera con sus manos no podría dejar de hacerlo. Sus manos se movieron algo temerosas hasta que al fin la agarró sin llegar a cubrir toda la circunferencia. Estaba deslumbrada, hechizada. Comenzó a mover de adelante hacia atrás el pellejo, una pequeña gota de líquido preseminal asomó por la punta, lo que provocó que Bea se pasara la lengua por el labio inferior. Se ayudó con la otra mano, afanándose en una paja lenta, regustándose.

    -¿Ves cómo me tienes? ¿Notas lo dura que está? Es por tí.

    Bea contemplaba sin parpadear la polla, movía las manos con más énfasis. El líquido preseminal que se acumulaba alrededor del glande le daba un aspecto brillante, su mano se comenzó a impregnar, se mojó de nuevo los labios y abrió la boca, las manos de Don Cosme guiaron su cabeza al pollón, no opuso resistencia, cuando la tuvo suficientemente cerca la soltó, ella continuó el resto del camino hasta engullir el glande.

    No lo podía creer, siempre mostró repulsión a chuparme la polla, sin embargo estaba siendo testigo de cómo degustaba ese tremendo pollón que no le cabía en la boca. Incapaz de tragarlo por entero, hacía esfuerzos por engullir el máximo. La saliva rodeaba la boca y caía por la barbilla.

    -Mmmm eres muy glotona, ahhhh, si sigues así me temo que no voy a aguantar mucho más.

    Le sacó la polla, ella le miró desde abajo con los ojos lagrimosos, suplicantes.

    -Nooo, déjame que siga, porfa.

    -Tranquila, Bea, te dejaré seguir jugando con ella. Dijo mientras se despojaba de lo que le quedaba de ropa y se sentó a su lado, reposando sobre el respaldo, su polla apuntaba al techo. -Ven, recuéstate conmigo. La invitó a hacer lo mismo que él.

    Bea se puso a su lado, cogió la polla se fundieron en un largo y húmedo morreo. Soltó la polla y, con el pulgar de la mano libre empujó del tanga. Don Cosme se percató.

    -Vamos, Andrés, acércate y ayuda a tu esposa.

    Bea dejó de luchar con su tanga.

    -Siiii, se bueno cariño, me está costando un poco.

    Me arrodillé entre sus piernas, puse las manos en los laterales del tanga, levantó la pelvis para ayudarme en la acción y sacó su pierna abriéndose y situándola encima de la de su amante. Su coño quedó expuesto, chorreante de jugos. Me pareció una invitación y me lancé a lamérselo.

    -Ahhh, por dios, llevo toda la tarde deseando sentir tu lengua ahí, desde que me rasuraste. Joder, que bien se siente, chúpamelo siiiiii. Se dejó caer aún más en el sofá abriendo las piernas y moviendo las caderas de arriba abajo.

    Se estaba masturbando con mi cara. Me cogió la cabeza con ambas manos y me apretó contra su chorreante raja.

    -¡Joder! Sigue, no pares chupa, chupa Ah.

    Noté las contracciones de su vulva mientras se corría e inundaba mi boca con sus fluidos.

    -Ah, siii me corrooo

    Tras su larga corrida, quedó unos segundos con el cuerpo completamente relajado, cerró las piernas y me empujó con el pie, apartándome.

    -Qué bueno ha sido eso, cariño, lo repetiremos más veces, ahora necesito otra cosa, quédate ahí.

    Se puso de espaldas a Don Cosme y se sentó a horcajadas. Cogió el pollón y lo situó en la entrada de su lubricado coño, mirándome mientras lo hacía.

    -Joder, Andrés no sé si me cabrá, es muy grande, me va a partir en dos.

    Con una mano sujetaba la polla, la otra apoyada en su pierna, el culo en pompa haciendo intentos para clavársela y la cara desencajada entre el deseo y el dolor. No conseguía meterla, pero no quería parar de intentarlo, por fin entró el glande, paró el movimiento y cambió la cara por la de satisfacción.

    -Ah, espera, espera, tengo que ir despacio, es enorme, me abre demasiado, bésame, cariño, necesito relajar mi coño. Me acercó a ella y se fundió conmigo en un morreo guarro con sabor a su coño y a la polla de Don Cosme. Me echaba el aliento de sus gemidos en mi boca.

    -Ah, joder, noto como va entrando me llena por completo, no se si voy a poder meterla entera, la deseo toda dentro Ah.

    Aún no había entrado toda y sus gemidos aumentaron. Se estaba corriendo de nuevo.

    -Siii, no puedo, la noto Ahhh ¡JODER!

    Tuvo que apoyarse en mi, la sujeté para que no se cayera, parecía haber quedado sin conocimiento. Quise ayudarla a que se incorporara, pero

    -No, no, déjala ahí, espera un poco, me recupero, ya puedo.

    Se irguió y me dio un par de palmadas en el hombro.

    -Ya, gracias, cariño, no quiero dejar de sentir lo que tengo dentro.

    Don Cosme, se había mantenido en silencio todo el rato, su tranca estaba casi toda dentro del coño de mi mujer, la veía abriendo al máximo el coñito de Bea.

    -Creo que no voy a poder aguantar mucho, Bea, noto las paredes de tu vagina apretándome, me vas a exprimir.

    -Espera, espera. Dijo Bea, sacándose la polla y girándose para cabalgarlo de cara a él.

    Volvió a situar la polla en la entrada de su vagina y bajó poco a poco las caderas hasta encajársela por completo. Soltó el aire de golpe emitiendo un grito ahogado por un gemido. -¡Ah! ¡Madre de Dios! La tengo toda dentro me llega hasta arriba.

    Comenzó un sube y baja lento que fue incrementando, tenía un primer plano del culo de Bea y de ese pedazo de carne enorme y venoso apareciendo y desapareciendo dentro del enrojecido coño. Don Cosme acompasaba con el movimiento de sus caderas los de mi mujer, arremetía con golpes cada vez más secos y profundos. Situó las manos en las caderas

    -Bea, me voy a correr, donde quieres que lo haga.

    Frente con frente los dos amantes gemían.

    -No la saques la quiero dentro, échame toda la leche dentro, yo también quiero sentir cómo te corres.

    La excitación la había hecho perder el buen juicio ¡Correrse dentro! ¡Joder! Sin embargo, a medida que se acercaba el momento notaba cómo Bea también se movía con más y más rapidez. Don Cosme paró en seco las arremetidas, supe entonces que iba a correrse. Inconscientemente cogí con la mano la base de la polla y noté los trallazos, las pulsaciones de la polla y cómo siete u ocho enormes chorros le llenaban el útero.

    -Joder, Cosme, me estás inundando el útero, ahhh, ¡Dios! Me corrooo.

    Las nalgas se tensaron, le estaba exprimiendo la polla.

    -Ahhh Ostias, Bea, me has dejado seco, te he echado una buena lechada

    -Uf, he notado cada gota y tu polla. ¡Increíble! Nunca sentí nada igual.

    Mientras hablaban la polla de Don Cosme perdió algo de su dureza y dejó salir algo se semen. Lo veía desde mi posición privilegiada. Bea fue poco a poco levantándose, parecía algo cansada, se sentó a su lado abriendo las piernas, dejándome ver su enrojecido y abierto coño de donde salía semen.

    -Ahora te toca a ti, cariño, ven, te lo has merecido. Me dijo invitándome a follarla.

    Inmediatamente me despojé de los pantalones y me puse frente a ella. Mi polla entró sin ningún esfuerzo, había quedado muy abierta y lubricada con tanto semen. Ella quedó repantingada, abierta permitiéndome la penetración, aunque sin moverse. Por mi parte, estaba esforzándome en darle placer, aunque desistí al rato, sabiendo que no podría conseguirlo. Me centré en descargar todo mi esperma lo más adentro posible, chapoteando en cada empujón. Mi polla salía y entraba reluciente de flujos.

    -Ostras, amor mío, estás muy abierta, no sabía que fueras tan zorrita, nunca te vi tan cachonda como esta noche.

    -Si, he disfrutado como nunca, mmm vamos, échame tu también el semen, hoy me voy a quedar satisfecha jijiji

    -Ah, me corro, toma leche, puta Ahhh. Solté lo más adentro que pude mi esperma.

    Bea me sujetaba con ambas manos la cabeza cariñosamente mientras me duraron los espasmos.

    Bea se Levantó con la mano en el coño intentando sujetar la cantidad de semen que salía, fue a lavarse, momento que aprovechó Don Cosme para vestirse y salir, despidiéndose con un escueto: Seguiremos en contacto. Acompañado de un guiño cómplice.

    Cuando Bea salió del baño, preguntó por él y se desilusionó al no encontrarlo.

    -¿Ya está? ¿Se ha ido sin más?

    -Me ha dicho que seguiremos en contacto.

    Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su cara.

    -Ufff ha sido una locura, no para de salirme leche, es un toro, estoy destrozada, me vas a tener que echar cremita jajaja ¿Crees que querrá repetir?

    -¿y tú?

    -¿Te importaría? Puso cara de niña mala.

    Nos fuimos a la cama, allí en la semi oscuridad del dormitorio nos tumbamos mirando al techo.

    -¿Y si después de esta noche te quedas embarazada? Le dije.

    -Vas a ser el mejor padre del mundo.