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  • Bodas de oro

    Bodas de oro

    El mes pasado Saúl y yo cumplimos 50 años de casados. Mi esposo me preguntó a principio de mes, una mañana que despertó aún con los efectos del Viagra, con la verga bien parada y poniéndola frente a mi cara, que quería que hiciéramos en nuestro aniversario para festejarlo.

    –¿De verdad me complacerías? – le pregunté viéndole a la cara y lamiendo su glande.

    –Sí, mi Nena puta, pide lo que quieras –contestó abriendo mis labios con la punta de su pene y le di una mamada acariciando sus testículos.

    –Quiero hacer el amor con todos mis machos juntos, obviamente incluyéndote –dije al sacarme la verga, que le había crecido enorme mientras se la mamaba.

    –¡Pide algo factible, Nena! Dos ya murieron, otros dos viven muy lejos, estoy dispuesto a pagar el boleto de avión de ida y vuelta, aunque me salga algo caro satisfacer tu deseo, pero no sabemos si puedan complacerte ese día –contestó con el miembro decreciendo rápidamente de volumen.

    –Eso ya será decisión de ellos, tú no te preocupes –. Pero para ser justos, también pueden estar Marisa, Regina, Blanca… –me interrumpió abruptamente sin terminar de mencionar a sus antiguas amantes.

    –¡A ellas déjalas aparte! No las metas en esto, porque tú quieres una orgía y no estoy dispuesto a mezclarlas en esto –dijo terminantemente–. Quiero que tú seas feliz, lo mío es otro asunto.

    –Bueno, déjame preparar la reunión. Verás que sí puedo lograrlo –contesté metiéndome otra vez su pito en la boca y comenzamos con “el matutino”…

    Quince días antes, Eduardo, mi compadre y segundo amante, quien también estuvo en la boda, me había preguntado qué deseábamos como regalo de bodas de oro. En ese momento me sorprendió con la pregunta ya que aún no salía de mi vagina su miembro exangüe y empezaba a escurrirme su semen en mis piernas.

    “Tenerlos así a todos juntos, uno tras otro, mientras los demás miran”, le contesté en un arrebato de amor, apretándole la verga con la vagina. “Concedido… de mi parte”, exclamó Eduardo cerrando los ojos placenteramente y me dio un riquísimo beso.

    –¿Así vas a convencer a mis socios y a mi compadre? –me dijo al terminar de besarme.

    Al descansar, lo puse al tanto de los problemas que había para sus socios: dos muertos y los otros dos casados y viviendo lejos, sin muchas opciones de venir en vacaciones decembrinas sin sus esposas, además del gasto que les ocasionaría y que no me parecía justo. Me preguntó a qué se dedicaban quienes estaban vivos y dónde vivían. Le platiqué de Pablo y Othón y cuándo nos habíamos visto por última vez.

    –A Othón será fácil hacerlo venir, digo, a la CDMX, porque en ti es seguro que sí –dijo acariciándome una teta–. Necesito más información de Pablo para ofrecerle un buen pretexto de publicación.

    –Él está fuera del circuito cultural, es ingeniero muy reconocido, incluso Saúl lo admira. Ocupa algo de su tiempo libre ayudando a preparar alumnos que concursan en las olimpiadas de Matemáticas, Física y Astronomía; él es feliz con los alumnos. Los organizadores también lo tienen en buena estima porque incluso les prepara materiales de divulgación para traer más alumnos –concluí.

    –¡Eso está muy bien! “La ciencia también es cultura” –dijo parafraseando a Froilán López Narváez, cambiando la palabra “ciencia” por “rumba” –. Ve si puedes conseguirme algo de ese material que él ha hecho o las páginas de Internet donde puedo bajarlo.

    Después de ponerme en contacto con Pablo para obtener el material, le pregunté dónde pasaría las vacaciones decembrinas, me contestó que en la CDMX, y que, aunque fuera difícil, intentaría verse conmigo.

    Le envié la información a Eduardo y después de verlo dijo “¡Perfecto, incluso esto me facilitará la propuesta para Othón! Sólo te queda convencer a mi compadre”, me dijo sin que yo entendiera lo que él se proponía. Así, ese día que Saúl me preguntó lo que deseaba como regalo de aniversario, todo cuadró perfectamente.

    –¡Saúl aceptó mi propuesta! –entusiasmada le dije a Eduardo.

    –Bien, ahora adviérteles que sabes que ellos vendrán también para estar contigo una noche. Ya les he hecho una propuesta que desarrolló tu ahijada, claro que ella no sabe el trasfondo nuestro, pero le entusiasmó la idea de hacer una serie de divulgación para infantes, está escogiendo a los ilustradores; lo ve como un negocio muy factible. Ellos no están muy convencidos, pero, además de disfrutarte, la propuesta es real y debes convencerlos de ello.

    Hablé con Othón y Pablo y primero se molestaron, pero les expliqué que la propuesta editorial que les habían hecho era real, además de los pasajes redondos con sus parejas, Othón tendría de una semana a diez días pagado el hotel. Durante algunos días, mi ahijada fue el conducto para que prepararan algunos documentos que ella les mostraría ya como pruebas cuando estuvieran acá para firmar el contrato.

    –Ya arreglé nuestra fiesta de festejo –le dije a Saúl–, y no te costará dinero, sólo ser revisor de algunos textos, los cuales te envió hoy tu ahijada con una propuesta de trabajo– le dije y se fue a su estudio para ver el correo.

    –¿Por qué metes a mi ahijada en esto? –me dijo molesto media hora después de ver los documentos que bajó.

    –Es un trabajo real que ella dirigirá y tú serás el revisor técnico. La idea fue de Eduardo, pero tu ahijada la desarrolló entusiasmada –le expliqué y, aún con el semblante serio, aceptó con la cabeza. Después, esbozó una sonrisa y me abrazó.

    –¡Lo que hace una puta caliente para que se la cojan como ella quiere! –me dijo antes de besarme y comenzar a desnudarme. Yo hice lo mismo con él.

    Encuerados los dos, me llevó con el pito babeante a la cama.

    –Lástima que hoy no haya más atole como el otro día que te viste con Eduardo… –dijo y me clavó la verga en la vagina de una sola estocada.

    La mañana fue feliz. Saúl me dijo que, independientemente del regalo de bodas que yo tendría, le parecía una idea genial la de iniciar una colección infantil de libros de divulgación y deseaba que tuviera éxito nuestra ahijada. “Sí, tan genial como su padre”, le dije acordándome de mi duda sobre si ella era hija de Saúl o no (como relaté al final de “Quiero hacer un gato”). “Bueno, la idea fue de Eduardo y ella la desarrolló y la llevará a la práctica, ambos son los autores”, contestó evadiendo por completo que Saúl fuese el padre (¿ya le habrá hecho examen de ADN?).

    Se llegó la noche del festejo. Tanto Othón como Pablo les dijeron a sus esposas que estarían trabajando toda la noche en la editorial de Eduardo, cuyas oficinas están en un anexo a su casa, y que regresarían a la mañana siguiente. En efecto, trabajaron tres horas bajo la dirección de la hija de Eduardo. Ella se despidió al estar todos de acuerdo en la mecánica de trabajo desde casa, y los dejó para arreglar lo de los contratos, los cuales firmaron y Eduardo los invitó a pasar a su casa para la celebración. Adriana había aceptado ir a la casa de su hermana para pasar con ella el fin de semana en San Juan del Río, donde la recogería Eduardo el domingo. ¡Toda la casa para nosotros cinco!

    Cuando Saúl y yo llegamos ellos platicaban animadamente sobre lo que sería el proyecto. La mucama nos llevó a la sala y Eduardo le pidió que sirviera el champaña y que al terminar que se fuera a dormir.

    –Les presento a Saúl, mi esposo, ya se conocían, aunque nunca hubieran intercambiado más que un saludo. También ya conocieron a Eduardo, otro de mis amores. Me faltan dos, pero ellos ya no están entre nosotros –dije quebrando la voz.

    –La razón de esta segunda reunión es para celebrar las bodas de oro, donde nosotros somos el regalo que ella le pidió a Saúl –dijo Eduardo dándonos una copa de champaña a cada quien–. ¡Salud por Tita y Saúl! –dijo levantando la copa y tomamos un trago después de decir “salud”.

    –En nombre de Tita, y especialmente en el mío, quiero agradecerles su presencia y agradecer a Eduardo la afortunada razón que nos reunió. ¡Salud! –dijo Saúl y volvimos a brindar.

    –Amores, estoy feliz de poder cumplir este deseo, gracias a todos, pero quiero hacer un brindis por dos ausentes: Roberto y Joel –dije y empecé a llorar.

    Saúl me abrazó, me dio un beso en la frente y levantó su copa diciendo “¡Por Roberto y Joel!”. Todos brindamos, aunque en las caras de Othón y Pablo se notaba que no sabían de quiénes hablábamos, pero era evidente que se trataba de los socios que ya habían muerto.

    Eduardo trajo un carro de servicio donde estaban unas ricas viandas. Y prendió una pantalla donde aparecieron algunas escenas de película y fotos de mi boda, incluso de las invitaciones y la luna de miel. “No lo he visto, mi hija lo editó con mucho cariño para ustedes”, explicó Eduardo. Al terminar, aplaudimos y Eduardo nos había vuelto a llenar las copas.

    “Salud por el que se la llevó y después de tantos enredos aceptó compartirnos de su manjar”, expresó Eduardo y Saúl me bajó la parte superior del vestido, como no traía sostén, cayeron mis tetas pesadamente. “Los invito a que remojen sus copas en las bellezas que nos atrajo”, dijo Saúl tomando una chiche y remojó el pezón en su copa; los demás hicieron lo mismo. “Después les mostraré lo que nos ha retenido.

    Brindamos y de inmediato Saúl me levantó con ternura, pero me bajo todo el vestido. Entonces entendí por qué me había pedido que no trajera ropa interior. Quedé sólo con la pulsera y la argolla que me regaló Joel, así como unos pequeños aretes que me dio Roberto, aditamentos que me coloqué ese día para recordarlos también a ellos.

    “Antes de felicitarla con un cálido abrazo, les pido que se pongan tan cómodos como lo está ella” dijo y empezó a desnudarse, los demás hicieron lo mismo. “Feliz aniversario, mi Nena”, dijo Saúl con la verga erecta metiéndola entre mis piernas al darme un abrazo. Eduardo, quien no se había desnudado, les indicó con un ademán a Pablo y Othón que pasaran a felicitarme. Mientras ellos me felicitaban como lo hizo Saúl, Eduardo abrazó a mi esposo y le dijo “Felicidades”, al terminar eso, se desvistió rápido y me felicitó metiéndome la verga cuando me cargó al abrazarme. “Mi mujer sigue tan hermosa como hace 50 años” dijo al separarse de mí.

    De inmediato, Joel por atrás, en el ano para recordarme quién me lo estrenó, y Pablo por adelante, en la vagina, me abrazaron metiéndome sus miembros y me franelearon muy rico, viniéndonos los tres casi al mismo tiempo. Después de ellos, Saúl y Eduardo me abrazaron, pero los dos entraron por la vagina. ¡Me sentía una muñeca de plástico, mis pies no tocaban el suelo una mano en una chiche, otra en una nalga. Saúl mamando la otra chiche y, desde atrás, girándome la cabeza, Eduardo me besaba. ¡Otra venida simultánea! Y me acosté boca abajo en la alfombra.

    Después sentí una lengua en cada nalga que se deslizaron una al ano y otra a la vagina mientras mis piernas se abrían y giraba mi cuerpo. Seguía sintiendo las serpenteantes lenguas abajo y luego dos bocas, una en cada teta. Al rato, Pablo me cargó y me sentó en sus piernas… Sí, ¡me penetró limpiamente!, pero cómo si no, mi vagina estaba llena de semen. Me besó. Nos abrazamos y me moví en círculos, orgasmo tras orgasmo hasta que Pablo se vino.

    Descansaba en la verga flácida de Pablo, quien seguía abrazándome, y sentí a Eduardo y Othón, uno en cada pierna, besándome y lamiendo mis pies. Saúl me jaló suavemente de los pelos y volteó mi cabeza hacia arriba para besarme, su lengua navegaba dentro de mi boca cuando sentí la succión de Pablo en mis pezones, los había juntado y me estiró las tetas hacia arriba para mamar en mejor posición. Casi cinco minutos sintiendo cuatro bocas. Al primer respiro les pedí unos minutos de tregua para comer algo y pedir vino. Eduardo le señaló la cava a Joel para que escogiera la botella y tomó el sacacorchos. Vasos y no copas para el vino.

    –¡Salud por mi Nena puta! –dijo Saúl y los demás lo secundaron –aunque me falta el semen de otros dos en este atole, para disfrutar de un coctel completo, me perdonarán que yo empiece a saborearlo, pero siempre me ha gustado el atole que hace mi Nena puta con ustedes, la hacen venir mucho –dijo Saúl, apuró la mitad del vaso, luego me acostó en la alfombra abriéndome las piernas y se puso a chuparme.

    –Yo también quiero chupar paleta, dije. Como si hubiese sido una orden, Othón y Eduardo se acercaron con sus vergas cerca de mi cara. Se las jalé y me las traté de meter juntas, pero fue imposible, eran unos glandes más grandes que de costumbre, así que los junté y lamí alternadamente, pero restregándolos entre sí y en sus caras había asombro y placer al sentir el capullo del otro.

    Saúl seguía con su trabajo de lengua, tomaba el semen revuelto con mis jugos que seguían manando; me dobló la cintura para lamer mi culo, trató de meter la lengua, pero como no podía la volvió a deslizar por el periné y me saco un orgasmo con un grito y sorbió lo que me salió de la vagina.

    Me desmayé de tanto placer. Cuando volví en sí estaba sobre la mesa de centro y al abrir los ojos vi cuatro pares de huevos, cada uno con una adorable y conocida verga correspondiente. Pablo me ayudó a levantarme y me sentó junto a Saúl, quien me abrazó y me comenzó a acariciar las tetas.

    Descansé mientras escuchaba decir a cada uno por qué le gustaba yo. “Por puta”, dijo Othón y completó “nunca conocí a una mujer tan ardiente”. “Por chichona y ponedora”, definió Eduardo. “Por todo lo que han dicho, además de su bella cara y su risa alegre”, explicó Pablo.

    –A mí me tocó estrenarla toda, menos lo que le abrió Othón. La conocí siendo una niña muy bella, pero la desvirgué varios años después. Cuando confirmé que era ninfómana y, además, se enamoraba quedándose enganchada a sus vergas, no tuve más remedio que compartir su perrito, o cangrejo, con ustedes –dijo Saúl extendiendo la mano con su vaso para decir “¡Salud!”.

    Vinieron recuerdos anecdóticos de cada quién. Sonreía al recordar los episodios, pero a veces también soltaba alguna lágrima cuando recordaba a Roberto como parte de la continuación de la anécdota, o cuando acariciaba la pulsera o la sortija que me dio Joel y hasta este día volví a usar. Sí, todos mis verdaderos amores estaban allí…

    Bailamos y seguimos haciendo el amor hasta la madrugada en que pedí descansar. Eduardo nos llevó a su recámara. Todos se despidieron dándome una felicitación efusiva, a cada uno le tocó un beso en la verga y una lamida en los huevos antes de salir de la recámara. No sé si ellos siguieron platicando. Yo traía las tetas amoratadas y los labios interiores rojos e hinchados, no fueron pocas las veces que tuve a dos dentro. Mis piernas escurridas de semen hasta los pies.

    –Duerme, mi Nena puta, yo te limpio. ¡Feliz aniversario! –me dijo antes de lamerme la entrepierna y quisiera o no, le obedecí.

    Al amanecer, nuestra ropa estaba doblada en el cuarto, pero junto a ella estaba una nota: “Pónganse ésta. Es nueva, pero ya está lavada”. ¡Hasta ese detalle cuidó Eduardo!

    –¡Buenos días, Nena! –dijo Saúl, bajando a chuparme la panocha–. ¡Está muy rico el atole fermentado! –insistió y me dio un beso que me recordó a todos juntos, incluidos los dos grandes ausentes.

    Lloré de alegría. Saúl me abrazó y me llevó al baño. “¿Quieres ducha o tina?”, preguntó. “Ducha”, contesté.

    Después de vestirnos. Fuimos a la sala donde la mucama nos dijo que pasáramos al desayunador, donde había cubiertos para tres personas. “El señor no tardará en bajar. ¿Quieren jugo de naranja, zanahoria, toronja o betabel?”, dijo y cuando acabó de servir los jugos, apareció Eduardo.

    –¿Cómo amanecieron los tórtolos recién casados? –nos preguntó al sentarse, y la mucama mostró un evidente gesto de sorpresa y curiosidad– Sí, recién casados hace medio siglo, yo estuve allí –le dijo a la mucama quien ya nos conocía desde hacía mucho tiempo.

    –¡Felicidades por sus bodas de oro! –dijo ella–. El regalo tiene que ser muy especial y de oro –le indicó a Saúl. Vio la pulsera y la sortija, abrió la boca y exclamó–: ¡Está hermoso!

    –Sí, me dieron un hermoso regalo –le contesté

  • El diario

    El diario

    Rocío terminó de limpiar el salón. La habitación de Carlos ya eran palabras mayores. Entrar allí era como hacerlo en una leonera, pero era su trabajo y para eso le pagaban.

    Había conseguido el empleo por mediación de una amistad, y aunque asistenta del hogar no era el trabajo de sus sueños, ayudaba a cubrir algunas necesidades que la pensión de su marido no alcanzaba, sin embargo, dadas las circunstancias, el hecho de que fuese un trabajo a media jornada le permitía atender también su casa, a su esposo y a sus dos hijos.

    Todas las tareas del hogar le concernían a ella, por lo que, cuando el matrimonio regresaba a las tres de la tarde, la ropa estaba lavada, planchada, la casa impoluta y la comida servida en la mesa. Después de eso, Rocío se marchaba a su casa para seguir haciendo un poco más de lo mismo, con el agravante de tener que atender a un hijo crecidito que no encontraba trabajo, ni tampoco su lugar en el mundo; a otro que era ajeno a cualquier circunstancia que no estuviese vinculada a sus videojuegos; y por último, a un marido decrépito, achacoso y depresivo al que hacía ya dos años que le habían concedido la invalidez absoluta tras un accidente laboral, de ahí que Rocío llevase una vida monacal. A sus cincuenta años su cuerpo estaba en su plenitud, por el contrario, tenía que reprimir unos deseos que con frecuencia aguijoneaban sus carnes.

    Sea como fuere, el trabajo le ayudaba a evadirse de una situación abrumadora en la que su único cometido parecía ser el de ser una decente ama de casa dedicada en cuerpo y alma a ocuparse de un marido lisiado, y a sostener los cimientos de una situación familiar que no le aportaba ninguna satisfacción, por consiguiente, el hecho de desaparecer por las mañanas era como una válvula de escape, aunque fuese llevando las riendas de otro hogar.

    Rocío era diligente en sus tareas, y con tres meses en el puesto, la familia estaba más que complacida de su competencia, y por ello le subieron el sueldo, pese a que tan sólo se tratase de un aumento simbólico.

    Ese lunes, después de arreglar el salón, abrió la puerta de la habitación de Carlos y percibió un ligero tufillo a humanidad. Había calcetines sucios tirados por el suelo, la ropa del día anterior hecha un ovillo sobre la silla y en la mesa de estudio, un plato con restos de comida. Empezó a recoger, primero los calcetines, después dobló la ropa limpia, y la que necesitaba un lavado la metió en la lavadora. Hizo la cama, barrió el suelo e intentó poner en orden el desaguisado de una mesa repleta de apuntes, notas y fotocopias. Carlos le había dicho en reiteradas ocasiones que no le tocara sus papeles porque los tenía ordenados y conocía la ubicación de cada cosa, y por lo tanto, si los movía le trastocaba el sistema. Por eso, procuró no mezclarlos y sólo los apiló un poco mejor para que no pareciese que había pasado por allí un vendaval. Cogió la papelera para vaciarla y advirtió una considerable cantidad de clínex usados. ¿Estaba resfriado? Supuso que no. Cogió uno y comprobó que estaba húmedo y de un tono amarillento, lo olió y adivinó su origen. Se sonrió considerando que era algo normal.

    Sobre la mesa había una repisa con videojuegos y libros. Era lo único de la habitación que aparentaba un poco más de orden. Empujó un bloc de notas poniéndolo a la altura de los otros libros. Le llamó la atención el señala páginas con sus iniciales escritas en la parte superior, sacó el bloc y lo abrió por el punto de libro. Era consciente de que no tenía ningún derecho a husmear en las cosas de Carlos, pero la curiosidad, y saber que no había nadie en casa, la condujo a hacerlo, aunque quizás era más el hecho de llevar una vida rutinaria, aburrida y carente de estímulos lo que la incitó a meter las narices en asuntos que no le concernían. Al ver que era un diario quiso adentrarse en las intimidades del chaval. Abrió la página por el principio y empezó a leer.

    «Hoy estaba arrebatadora. Su cabello recién lavado lucía sedoso y brillante, y aún se apreciaba el olor del champú. Portaba una bata suelta, aun así, resaltaba ese divino culo que tiene y no pude dejar de imaginarme recorriendo sus amplias nalgas con mis manos. Tampoco pude evitar que la polla se me pusiese como el granito contemplando su trasero»

    —¿Quién será esa chica? — se preguntó?

    “Sin que se diera cuenta me sobé la polla sobre el pantalón, y mientras lo hacía, fantaseaba con la idea de acercarme a ella, pegarme a su espalda y restregarle el pedernal por el culo. Ella me miraba y me sonreía. Yo le besaba el cuello y ella me lo ofrecía cerrando los ojos. Mis manos se dirigían hacia sus tetas. Se las agarraba, se las acariciaba y notaba sus erectos pezones entre mis dedos”.

    —¡Vaya con el niño, y parecía tonto! —exclamó Rocío.

    “Le levanté la bata, ella se bajó las bragas y se apoyó encima de la mesa ofreciéndomelo todo. Me bajé la bragueta, liberé mi polla y se le clavé. Su coño estaba tan mojado que la polla resbaló hasta el fondo y un intenso suspiro me espoleó a follarla con vehemencia.

    Todo eso me lo imaginaba mientras ella seguía dándome la espalda y yo me tocaba la verga por encima del pantalón. Si se hubiera volteado me habría pillado, y yo me hubiese muerto de vergüenza. Por eso di media vuelta y me fui”.

    Rocío pasó unas cuantas páginas que le parecieron irrelevantes hasta que se detuvo en otro párrafo que le resultó más sugestivo.

    “Esta mañana me he levantado palote. Estaba muy caliente. Creo que soñé con ella. La tenía tan dura que tuve que masturbarme. Cerré los ojos y mi mente se llenó con su imagen. Aunque no ganaría un concurso de belleza, esa mujer destila morbo por todos sus poros. Sus labios no son carnosos, más bien todo lo contrario, son delgados y poco sensuales, pero los imagino abrazando mi polla y haciéndome una mamada hasta que reviento dentro de su boca y la leche le sale por las orejas de tanta que se me acumula en su honor.

    Vislumbro en esos ojos marrones un indicio de pesadumbre y aflicción, aunque no me aventuro a asegurarlo. Sea como fuere, su mirada me parece hechizante. Su cabello es de un tono castaño, entre ocre y rojizo, pero estoy seguro que es el color del tinte que lleva. Sus cejas son oscuras y enmarcan esa mirada que me pierde.

    Sus piernas son regordetas. Las pude ver cierta vez cuando se levantó ligeramente la bata para rascarse. También en otra ocasión al sentarse mientras se tomaba un café.

    Pero lo que más me pone es ese culo redondo y tentador. Podría hasta dibujarlo de las veces que lo he visualizado mientras me pajeo.

    ¿Y qué decir de esas generosas tetas que son objeto de mis pajas? El día anterior llevaba un botón desabrochado y me quedé obnubilado contemplando el canalillo de su escote y deseando meter mi polla en él. Con esos pezones que se le marcan a veces en la tela. Mi mente no dejaba de soñar despierto. Imaginé qué sentiría si ella me dejase meter la polla entre aquellos dos tesoros. Fantaseo con la idea de follárselas hasta que me corro a borbotones entre ellas. Cuando me vengo pensando en ella siempre lo hago con fuerza, con intensidad. Imagino mi leche golpeando en su cuello y en su cara, y en esas fantasías tengo conversaciones con ella. Una vez me he corrido, la miro y ella, haciendo aspavientos con las manos me dice:

    —Mira como me has dejado la cara.

    —Estás preciosa así, Rocío” —le respondo”.

    La libreta se le cayó de las manos. ¿Hablaba de ella? ¿La chica de quien Carlos hablaba era ella? Desde luego había elementos y situaciones en alguna de aquellas frases que la descolocaron, pero descartó esa primera interpretación de inmediato. En cambio, ahora todo parecía más esclarecedor, aunque quería seguir pensando que se trataba de un error. Con el corazón acelerado recogió el cuaderno del suelo y siguió leyendo.

    “Sé que está mal lo que pienso. Sé que está mal lo que deseo, pero no puedo evitarlo. No hay mujer que me atraiga como ella. Aunque trabaje para mis padres, mi cuerpo la desea. También sé que está casada y tiene dos hijos, pero eso no me importa”.

    Las piernas de Rocío flaquearon. Se sentó en la cama sin soltar el cuaderno. Le quedó claro que era la protagonista, no sólo del diario, sino de sus pajas. Bajó la mirada y continuó con la lectura.

    “He intentado no pensar en ella. Pero la veo casi a diario y es imposible no hacerlo. Mis ojos la siguen allá donde va. Mi cuerpo reacciona. Llevo todo el tiempo que está en casa deseándola en silencio. Por eso he decidido escribir este diario, porque me he dado cuenta de que a pesar de saber que está mal, también me gusta sentirlo. Cuando la miro y fantaseo con ella me siento bien, y aunque después me diga a mí mismo que soy un pervertido, en esos momentos soy feliz. Ella tiene cincuenta años, lo sé porque se lo he oído decir a mis padres. Pero es que rebosa sensualidad por todos sus poros. Yo tengo diecinueve y eso representa una diferencia más que sustancial para hacernos parecer unos degenerados, considerando que podría ser mi madre, de modo que si plasmo aquí todos mis deseos, todas mis fantasías queden encerradas en estas páginas y mantenidas a raya”.

    ¿Cómo era posible aquello? ¿Cómo podía Carlos desearla así? Si era un crío. No sabía qué pensar. Cómo sentirse, aun así siguió pasando hojas.

    “Ya se acabaron las clases y los exámenes. Ahora estoy casi todo el día en casa, y aprovecho para verla furtivamente mientras hace sus tareas. Hoy, cuando me levanté fui a la cocina a prepararme el desayuno. A los pocos minutos, apareció ella para fregar los platos y cuando la vi quedé maravillado. Me preguntó por mis notas. Intenté responder con naturalidad, pero creo que titubeé un poco. Estoy seguro que piensa que soy un imberbe, y seguramente me ve demasiado joven como para fijarse en mí de otra forma que no sea fraternal.

    Vestía su habitual guardapolvo en tonos rosa delimitando el contorno de su silueta. ¿Cómo no voy a desearla si era la viva imagen de la lujuria? Llevaba el pelo un poco enmarañado, quizás del ajetreo de la limpieza, pero esa imagen sólo me hacía pensar en ella revolcándose en la cama. Mientras se apoyaba en la pila para fregar los platos, se le marcaba la costura de las bragas a través de la tela de la bata y si se hubiese volteado me habría pescado boquiabierto y contemplando su culazo. La polla se me puso dura en el acto, y menos mal que estaba sentado, porque el pijama me habría delatado. Sin duda, es uno de los culos más sensuales y morbosos que he visto, y no como el de las niñatas que hay en clase y que parecen espárragos trigueros. Es un culo redondo y rotundo, de esos capaces de detener el tráfico, digo más, de levantársela a un muerto. Hubiese deseado alargar una mano y acariciarlo, apretarlo y recorrer toda su superficie, pero lo que hice fue sobar mi polla por encima del pijama sin apartar los ojos de aquella máquina de morcillas artesanal».

    Rocío sonrió sin dejar de latirle el corazón con fuerza.

    Extrañamente, le gustó la definición que utilizó de su trasero. Recordó cuando su marido le hacía saber que tenía el culo más sexi del mundo, y así lo pensaban también muchos otros hombres que la piropeaban. Le gustaba cuando se lo acariciaba con mimo, cuando lo besaba, cuando lo lamía, incluso cuando la enculaba hasta que se lo llenaba de leche. Pero todo aquello formaba parte de la memoria, de tal modo que aquellas palabras las sintió como un requiebro. Uno de esos que te hacen sonreír, y al mismo tiempo te hacen sentir deseada. Se sintió halagada. Se sintió deseada, incluso notó como las mariposas revoloteaban por su vientre, pero siguió leyendo.

    “Su risa me encandila y, aunque advierto ese desánimo, se le ilumina la cara cuando sonríe, pese a su pesadumbre interior”.

    ¿Cómo era capaz Carlos de intuir su estado emocional? ¿Tanto se le notaba?

    “Cuando terminó de fregar los platos se dio la vuelta, y aunque no me estaba tocando la polla, mi mirada se detuvo en sus tetas. No sé si se dio cuenta de mi indiscreción. Yo lo hice segundos después, quizás un poco tarde, aunque no advertí que le diese la mayor importancia. Lo que daría por poder vérselas. Deben de ser preciosas.

    Al salir de la cocina, mis ojos la siguieron, y de nuevo se clavaron en el contoneo de sus caderas y en el suave temblor de sus nalgas.

    Se dirigió al baño para limpiarlo, abrió la mampara, accionó el grifo y dejó caer el agua en la bañera, después se arrodilló para fregarla con un un estropajo impregnado de viakal. Los ojos se me abrieron como platos contemplando aquellas posaderas en pompa pidiéndome a gritos que me acercara y me la follara. Le hubiese levantado la bata, le hubiese bajado las bragas con saña y se la hubiera metido hasta hacer que se corriera de gusto, en cambio, lo que hice fue sacarme la polla y hacerme una paja admirando el balanceo de sus nalgas acompasando los movimientos enérgicos de sus manos al sacarle brillo a la bañera. El ritmo de mi mano se intensificó y temí que me sorprendiera. No podía parar de meneármela, y mientras oía el agua correr, la veía a ella ofreciéndome su trasero e imaginándola desnuda. Podía visualizar sus nalgas perfectas, su coño en forma de hucha asomando por debajo, y su ano incitándome a clavársela. Estuve a punto de correrme encima de ella, pero en el último instante el sentido común frenó mi ímpetu y desaparecí presuroso hacia mi habitación. No pude contenerme más, ni siquiera tuve tiempo de coger los pañuelos. Fue entrar en la habitación y la leche escapó de mi polla esparciendo latigazos a diestro y siniestro por el embaldosado. Nunca mi polla había echado tanta leche. Era como un puto geiser saliendo de mi verga sin cesar. Fue un orgasmo tan intenso que me hizo cerrar los ojos y apretar los dientes, y mientras tanto, yo seguía imaginando que la sodomizaba, corriéndome dentro de ella”.

    Rocío casi jadeaba. El corazón no había dejado de latirle con fuerza mientras leía. Y otra cosa. Algo que le chocó. Estaba excitada. Tenía los pezones duros, marcados en la tela. Notaba el coño mojado. ¿Cómo era posible? ¿Era por lo que había leído? Sin duda eran palabras llenas de erotismo, de sexo y de morbo. ¿Quizás por saberse deseada? Toda mujer se siente bien cuando sabe que los hombres la desean. ¿O era porque se trataba de Carlos? ¿Estaba tan excitada por saber que a Carlos le gustaba como mujer? ¿Por saber que tenía fantasías con ella? Quizás era un poco de todo. Se dijo que aquello estaba mal. Qué él no debía tener aquellos pensamientos sobre ella. Que ella no debía sentirse bien por saberlo porque reconoció que tenía edad suficiente para ser su madre.

    Estaría mal, pero el coño le palpitaba. Juntó las piernas, apretó las ingles y sintió placer.

    Hacía mucho tiempo que Rocío no estaba tan excitada, tan caliente, tan cachonda.

    ¿Qué más diría Carlos sobre ella? ¿Qué más fantasías tendría? Pasó la hoja, dispuesta a averiguarlo, pero ya no había nada más escrito, y en cierto modo se sintió un poco decepcionada, pero tremendamente excitada. Respiró hondo con ánimo de retomar sus tareas, en cambio, lo reconsideró, abrió, su bata y deslizó la mano por su pierna hasta alcanzar su sexo. Tenía las bragas húmedas. Apretó su raja en busca de placer y lo encontró, pero deseaba más. Su mano se introdujo por dentro de la prenda y un dedo se perdió en las profundidades, mientras otro friccionaba el pequeño nódulo. Abrió la boca, cerró los ojos y el orgasmo golpeó su coño obligándola a exhalar un gemido ahogado, acompañado de temblores y convulsiones mientras cerraba las piernas.

    Al llegar a casa saludó a su marido y a sus hijos, fue a cambiarse de ropa, después abrió la nevera, calentó la comida y se sentaron los cuatro a la mesa en un silencio que resultaría incómodo para un observador, pero era un silencio al que ya estaban acostumbrados, pues cada cual batallaba en su conflicto interno. Su marido intentaba pasar página y seguir adelante, aunque era una lucha carente de alicientes con una salud mermada y sin posibilidad de hacer progresos. Los problemas de su hijo menor pasaban por dilucidar como sortear el siguiente nivel de su videojuego, y su hijo mayor intentaba encontrar su lugar en la vida, ya que, en una casa donde la alegría y la felicidad hacía más de dos años que habían desaparecido, era imposible hallarlo. Ella, en cambio, se hacía todos los días la misma pregunta. ¿Merece la pena el esfuerzo? Dejar a su esposo era tanto como traicionarlo, pero no hacerlo significaba vivir el resto de sus días amargada, y de ese modo, nunca llegaba a ninguna conclusión.

    Miró a su hijo mayor taciturno y pensó en Carlos. Apenas hacía unas horas que se había masturbado fantaseando con él. Un muchacho de la misma edad que su hijo y por eso no sabía muy bien como encajar esa mezcla de sentimientos encontrados.

    Después de comer Rocío se tumbó un rato en la cama para descansar, pero también para reflexionar. Estaba ausente. Pensaba en Carlos y en su diario. Una extraña sensación en el cuerpo la oprimía. La evocación de cuando deseaba fuertemente a un hombre. Antes de que todo se fuese al garete, era en su marido en quien pensaba. Cuando pensar en él la excitaba. Cuando sólo deseaba estar con él, besarlo, ser besada, ser acariciada, ser follada.

    Esa pasión, esa mezcla de amor, deseo y lujuria con su esposo ya no existía. Existían las palabras que se sucedían encadenando frases incoherentes, pero tremendamente morbosas. Su mente la empujaba al cuarto de Carlos. Al diario.

    No podía dormir. Necesitaba desahogo. Necesitaba placer. Pensó en darse la vuelta, pegarse a su marido. Acariciarle. Antes bastaba con eso para que él se diera la vuelta y le clavara la polla bien hondo hasta hacerla correr.

    Estaba excitada de nuevo. Se pegó a él, llevó su mano hacia su miembro y se lo empezó a sobar sabiendo que el esfuerzo era en vano. Él le apartó la mano resentido y Rocío se levantó buscando otras cosas que hacer.

    Por la noche, cuando su marido se acostó preparó la comida para el día siguiente y dejó la cocina limpia, a continuación se desvistió y se metió en la cama.

    Su esposo respiraba profundamente y la mente de Rocío se perdió por los intrincados vericuetos del morbo que le causaba el hecho de pensar que aquel yogurín la deseaba fervientemente.

    La mano derecha buscó su pezón y lo acarició por encima de la tela hasta que le plantó cara. Jugó con él unos instantes como si estuviese sintonizando una emisora de radio. A continuación bajó por su cuerpo y se arriesgó por dentro del pijama. Giró la cabeza contra la almohada para ahogar sus gemidos. Recorrió la raja con las yemas de sus dedos, se frotó con suavidad el inflamado clítoris. El placer la inundó. Necesitaba un orgasmo que liberara la tensión acumulada en su cuerpo. Deseaba correrse sin tener a Carlos en su mente. Luchó con todas sus fuerzas por pensar en otras cosas, en otros hombres, pero su mente volvía una y otra vez hacia él. Dejó de tocarse. No quería correrse pensando en él. No podía.

    Su corazón dio un latido. Lo sintió en la sien. Lo sintió entre las piernas. Estaba tan caliente, tan excitada, que casi sentía dolor. Y se rindió. Perdió la batalla. No podía luchar contra el deseo.

    Su mano volvió hasta su coño. Se frotó con intensidad hasta que se corrió con cada fibra de su cuerpo en tensión entre fuertes convulsiones y mordió la almohada para no gritar. Los intensos espasmos hicieron mover la cama a pesar de sus esfuerzos para que su marido no se despertara. Eso sí, se corrió con una imagen en su cabeza. Carlos la miraba a los ojos. Su polla clavada hasta lo más profundo de su coño. Y el calor de su leche llenándola por dentro.

    Se quedó varios minutos jadeando, con el cuerpo perlado de sudor.

    Se acababa de correr pensando en el niñato.

    Se despertó agitada. No había conseguido descansar. El sueño había sido superficial y se había despertado varias veces durante la noche.

    Se levantó y fue al baño a orinar, y al terminar se miró al espejo preguntándose qué era lo que veía un adolescente de diecinueve años en una mujer madura de cincuenta. No cabía duda de que todo era producto de un exceso de testosterona. En esos momentos, no veía que el espejo fuese demasiado benévolo con ella. Estaba despeinada, con unas ojeras como resultado de no haber dormido bien y no creía que pudiese gustar ni atraer a nadie con esas pintas. Se limpió la cara con agua fría, se lavó los dientes, se metió en la ducha, se secó el pelo y después se vistió, a continuación desayunó con su marido, ordenó la cocina y por último decidió maquillarse, cuando era algo nunca había hecho antes para ir a trabajar.

    Fue Carlos quien le abrió la puerta. Sus padres ya se habían marchado a sus respectivos trabajos. Carlos la miró atraído por el nuevo look. Algo había cambiado en ella y en ese primer instante no acertó a saber qué era. Fue a los pocos segundos cuando cayó en la cuenta de que se había maquillado. Era la primera vez que la veía así. ¿Cómo podía cambiar tanto el aspecto de una mujer tan sólo aplicando una buena base de maquillaje? Si antes ya se le antojaba atractiva, acicalada aún se lo parecía más.

    Sus miradas se encontraron. Rocío le dio los buenos días y Carlos titubeó. A continuación fue a la habitación de invitados y se cambió de ropa. Se puso el guardapolvo en tonos rosa, se lo abotonó desde abajo y al llegar a su escote decidió no abrocharlo y obviar el recato al que estaba acostumbrada. Se abrió un poco la prenda intencionadamente mostrando parte de sus piernas, y al mismo tiempo pensó que aquello no estaba bien, por lo que la volvió a cerrar para que no resultasen demasiado evidentes sus intenciones. Le apetecía jugar, aun sabiendo que aquello podía llegar ser un juego peligroso. ¿Qué pensarían sus amistades si adivinaran sus retorcidas maquinaciones? Posiblemente la tildarían de calzonazos y la convertirían en objeto de burlas, pero ¿por qué a un hombre se le consideraba un “zorro plateado” por el hecho de salir o coquetear con una mujer joven y a la inversa se la consideraba a ella una “asaltacunas”? Sea como fuere, tampoco entraba dentro de sus planes que se enterase nadie de su artificioso plan. Sólo le apetecía recrearse, divertirse y entretenerse sin ir más allá. Añadir un poco de acicate a su vida, habituada demasiado tiempo al desconsuelo y a la melancolía.

    Empezó por la cocina intentando reconstruir una de las escenas del diario. Se colocó de cara a la pila como cabía esperar, Carlos se sentó a desayunar, siendo ella consciente de que estaba siendo observada por él. Mientras fregaba los platos meneó su trasero con movimientos sutiles, apenas perceptibles, pero intencionados e indiscutiblemente sensuales. Quiso pensar que Carlos estaría en ese momento tocándose, pero era algo que no podía saber si no se daba la vuelta. No se volteó y prefirió alimentar esa incertidumbre. Al terminar se secó las manos y de forma natural se dirigió al baño, no sin antes lanzarle una mirada furtiva en la que no apreció nada fuera de lo normal, excepto un muchacho sonrojado.

    Volvió a reconstruir el siguiente escenario en el cuarto de baño y dio por sentado que de algún modo él estaría observándola, de manera que, mientras le sacaba brillo a la bañera, movía sus nalgas de forma intencionada, pero con delicadeza y sofisticación, y cuando contempló que era hora de poner fin a su retorcido juego se dio la vuelta para comprobar que Carlos no estaba. Salió del baño y se percató de que la puerta de su habitación estaba cerrada. En su fuero interno sabía que sus hábiles maquinaciones habían surtido efecto e intuía a un Carlos masturbándose a su salud.

    Al llegar a casa, calentó la comida, comió con su familia y después se tomó un descanso, intentando estar sola para hacer balance de la mañana y masturbarse fantaseando con el joven adolescente.

    Al día siguiente se dispuso a reanudar el mismo juego. Carlos le abrió la puerta y ambos se saludaron. Rocío le sostuvo la mirada un instante y él la bajó un poco turbado, a continuación cogió sus cosas para salir de casa y se despidió avisándola de que tardaría un rato. Rocío se cambió de ropa con premura y corrió a la habitación de Carlos para comprobar si había escrito algo más en el diario.

    Cogió el cuaderno de la estantería, lo abrió por el punto de libro y retrocedió hasta la última escena que había leído. Pasó la página, se sentó en la cama y retomó la lectura.

    “Hoy me he quedado de una pieza cuando la he visto entrar por la puerta. Estaba maquillada y he de decir que guapísima, y es algo que me inquieta porque nunca antes se había maquillado para venir a trabajar. Pensé que tendría que irse a algún sitio pero no, estuvo todo el rato en casa haciendo sus tareas.

    Empezó por la cocina como suele ser habitual y yo aproveché ese momento para desayunar, como hago habitualmente. Mi vista se perdió en su trasero y mi polla se puso tiesa al instante viendo la tiritera de sus nalgas mientras fregaba. Advertí que había cambiado las bragas por un tanga negro y eso me puso muy cabrón. Podía adivinar el color a través de la tela rosa del babero y mi erección se tornó dolorosa. No pude resistirme, me la saqué un instante y le di unos meneos pensando en que se la restregaba por encima de la tela y ella movía el culo encajándosela en la regata. Después lo agitó con sensuales meneos a un lado y a otro hasta que mi polla dijo “basta”. La incliné en la pila, le subí la bata, le hice el tanga al lado y se la metí de un estacazo. Su coño la engulló sin tocar paredes. Noté la calidez de su sexo envolviéndome y un elocuente gemido me indicó que le gustaba. A continuación apoyó sus codos en la pila y agitó su trasero acoplándose y pidiéndome que la follara hasta la extenuación.

    En tanto esas imágenes se materializaban en mi cabeza, toda la sangre de mi cuerpo se concentraba en mi entrepierna. Pensaba que reventaba y seguí aplicándome lentos meneos para no delatarme, hasta que ella terminó de fregar y cogió el seca manos. Inmediatamente detuve mi paja y enfundé la polla dentro del pijama. Acto seguido se dio la vuelta y rogué para no tener que ponerme de pie en ese momento, ya que hubiese sido una situación tremendamente embarazosa, habida cuenta de que mi verga estaba en su plenitud y saludaba con descaro a Rocío por debajo de la mesa. Por fortuna, ella no se dio cuenta de nada y salió de la cocina para dirigirse al baño y continuar con su trabajo. A los pocos minutos me asomé al baño y mi mandíbula inferior saludó al suelo. Me dio la impresión de que me me estaba ofreciendo su culo con movimientos oscilantes y provocadores, o al menos, eso es lo que me pareció. Quería follármela. Estuve a punto de levantarle la bata, agarrarme a sus caderas y metérsela, pero de nuevo, el buen criterio frenó mis impulsos y una vez más salí disparado, temiendo no llegar a tiempo a mi habitación. Cuando entré, un trallazo de leche escapó a presión y después de describir una parábola, se estrelló en el suelo. Continué meneándomela. No quería cortar mi orgasmo y aceleré el movimiento de mi mano mientras la leche salía de mi polla a modo de surtidor hasta dejar un suelo reluciente.

    Un penetrante calor ascendió por su cuerpo e invadió sus mejillas. A continuación descendió en forma de escalofrío por sus pechos hasta endurecer sus pezones. Seguidamente fluyó a través de sus terminaciones nerviosas para sacudir su entrepierna en un golpe de calor que dejó paso a un coágulo de flujo.

    Rocío desabrochó dos botones de la bata, metió su mano por dentro del tanga y sus dedos resbalaron por la babosa raja. Después se los llevó a la boca y saboreó su sal, imaginando que relamía la polla de Carlos impregnada de su leche. Se recostó en la cama para estar más cómoda y desabotonó la bata por completo. La mano, todavía bañada de saliva y flujos tomó el camino de vuelta hasta su coño con intenciones placenteras, mientras con la otra acariciaba sus pechos con el mismo propósito. Deslizó su dedo corazón por la raja con un movimiento rítmico de menos a más, y no contenta, buscó el clítoris friccionándolo y aplicándole presión, al mismo tiempo que trazaba movimientos en forma de espiral.

    Cerró los ojos y se abandonó a la masturbación sin que existiera en ese momento nada más en el mundo, excepto el placer. Su dedo se convirtió en una polla, pero no en cualquier polla, sino en la de Carlos follándola sin cuartel. El ritmo de sus dedos se aceleró ante la proximidad del clímax y poco después exhaló un gemido al que siguió un leve grito con el que liberó toda su exaltación, y mientras vibraba del deleite algo la impulsó a abrir los ojos. Cuando lo hizo vio a Carlos masturbándose frente a ella.

    Ante la comprometedora situación se levantó de un sobresalto y un trallazo de leche impactó en su cuerpo, un segundo cruzó por su cara como un misil fallido, en compensación, el siguiente no falló y se estrelló con contundencia en su rostro. Los sucesivos dejaron su impronta en sus tetas, al tiempo que los más rezagados iban perdiendo su vigor dándole lustro al embaldosado. Después, el muchacho permaneció jadeante con la polla en la mano y contemplando en cueros y cubierta de su esencia a la mujer de sus sueños.

    El desconcierto se adueñó de ambos. Rocío hubiese querido desvanecerse sin dejar rastro, pero no quedaba otra que desaparecer de allí a la mayor celeridad, en cambio, su cerebro parecía haberse bloqueado y sus músculos se paralizaron. Por su parte, después de la descarga, Carlos tampoco sabía muy bien qué hacer y se mantuvo vacilante a la espera de una reacción, positiva o negativa, pero una respuesta.

    Para Rocío, aquellas provocaciones hacia el joven adolescente las había considerado como un juego, un poco retorcido, pero un juego al fin y al cabo, sin más pretensión que alimentar su morbo y masturbarse con el incentivo de sus fantasías. Lo que no contempló fue que con esa coquetería manifiesta avivaba un volcán que ya estaba activo y que necesitaba de pocos estímulos para desbordarse. Con la tormenta hormonal y la testosterona de un adolescente por las nubes, la situación no podía terminar de otro modo que en una explosión en la que iba a verse salpicada, tanto en sentido literal, como figurado.

    Tras unos eternos segundos en los que el silencio por parte de ambos fue atronador, Rocío recobró la razón e hizo balance de lo ocurrido intentando valorar la situación con positividad. Carlos la había pillado infraganti en su papel de fisgona, se había puesto cachonda leyendo su diario y como colofón disfrutó de un placentero orgasmo a su salud. No había vuelta atrás, por tanto, había que mirar hacia delante. Ella era objeto de sus fantasías, del mismo modo que él se había convertido en objeto de las suyas, ¿dónde radicaba el problema? ¿En la diferencia de edad? ¿En desatender por un momento el trabajo? ¿En ponerle los cuernos a un marido que ya no podía complacerla? De ahí que, después de considerarlo, llegó a la conclusión de que la realidad no era tan grave. El dilema siempre estribaba en ver el vaso medio vacío o medio lleno, y finalmente decidió verlo medio lleno. Se levantó, le miró fijamente y lo besó.

  • A escapadas del entrenamiento

    A escapadas del entrenamiento

    Todo comenzó en el salón de clases de la Universidad, todos solíamos sentarnos en el mismo lugar siempre y un día noté que este chico me miraba sin darme cuenta, al comienzo pensé que era por molestarme pero al rato empecé a pensar que le gustaba y voltee a verlo varias veces también. El me miraba como retandome y en una de esas me sonrío, eso hizo imaginarme que era agradable y tal vez podríamos conversar, luego sin embargo ya me empezaba a sentir apenada. Finalizando la clase lo miré de nuevo y desde su lado sintió que lo miraba, volteo a verme y me guiñó el ojo y sonrió de nuevo sin pena. Desde ese momento empecé a sentir que me buscaba juego y tenía ahora intriga de conocerlo.

    Cuando finalizó la clase tuve que ir al baño inmediatamente, fui lo más rápido que pude ya que quería toparme en la salida del salón con el, pero cuando regrese él ya no estaba, se había ido muy rápido. Decepcionada pensé que tal vez todo eran cosas del momento y yo muy boba ilusionandome.

    Pasaron las horas y se hizo de tarde, tenía práctica de porristas/cheerleader a las 4, se me hizo un poco tarde en ese momento y tenía que caminar un largo en la universidad para llegar a nuestro lugar de entrenamiento. Ahí pensé que era mejor irme vestida con mi uniforme de falda y top corto para ahorrar tiempo, antes de entrar me paro un momento en una mesa y asientos cercanos para arreglarme el cabello, todo estaba solo ya mis compañeros estaban entrenando y de repente siento a alguien detrás mío. Me asusté mucho, me voltee y me dio calma ver qué era el chico del salón, no lo podía creer, justo pensé por qué en ese momento que estaba tan apurada, vio que quería decir algo que no pude y se adelantó primero diciéndome:

    – Te vi en el cuadro del pasillo que eras porrista así que me imaginé que vendrías a estas horas a entrenar por aquí

    – Quien eres? Que quieres?

    Me respondió sonriendo y calmado, soy Alex y que afortunado momento el de encontrarte por aquí.

    No quería irme pero no podía tener una falta en mi entrenamiento, le recordé que tenía práctica e iba tarde pero insistió:

    – Solo me quiero presentar, ya te he visto antes y llevo varios días pensando en lo bella que eres, me transmites alto que no me deja dormir en las noches.

    Estaba confundida, la verdad me pareció muy atractiva su forma de tratarme y acercarse, pero no quería hacerme la facil, le respondí que en que pensaba exactamente y el me respondió:

    – Quieres la versión sincera o la de mentira?

    – La verdadera, y la corta le dije queriendo saber más y a la vez tímidamente.

    Se me acercó mas y me dijo:

    – Soñé que te cogía durísimo en el salón

    – Que dices???

    No podía creer lo que me decía. Pero empecé a prenderme y a insinuarle acercándome más. Se mordió los labios y me dijo:

    – Es solo una fantasía, no creo que pueda cumplirse, pero que ganas te tengo desde hace días.

    Empecé a notar como se abultaba su parte en el pantalón y eso me excito muchísimo. La verdad todo estaba haciendo que me dieran más ganas. Así que le respondí agarrando mi bolso:

    – Tengo que entrar a entrenar…

    – Sabes que tu cuerpo dice lo contrario. Me dijo rápidamente.

    Me dejó sin palabras, tenía razón, así que me le acerque y le dije:

    – Que quieres ahorita?

    – Lo que tú aceptes

    Eso me convenció, me encantaba su forma de hablarme y de ser permisivo. Me mordí los labios y me acerque lentamente a el, no aguantaba las ganas de besarlo.

    Antes de besarnos me sujeto y me levanto hacía el y empezamos a besarnos apasionadamente, no había nadie alrededor pero sinceramente tenía miedo de que me vieran así que le dije que nos fuéramos al área de piscinas que estaba vacío. Nos dirigimos hasta allá y frente a un muro me coloco para agarrarme las nalgas, me subí la falda mientras me tocaba los labios de mis partes y me mojaba y luego me subí el top, me besó las nalgas primero luego me volteo y me lamió los pezones, lo miré excitada y con ganas y me chupo cada seno mientras yo le agarraba el webo por encima del pantalón, me arrodille y le abrí el cierre y lo tenía gigante, era moreno más oscuro que el, bien venoso y grueso, me lo metí completico en la boca y se lo empecé a mamar rápido para que se pusiera más duro hasta que lo sentí que ya no podía estarlo más y lo agarre y me lo metí por detrás en la vagina. Ahí parados me dió suave y empecé a gemir duro y luego me dió más duro y chillaba que no podía más, que rico me lo hacía mientras me besaba el cuello, en eso paro me apretujo los senos y le pedí que me diera más rápido, sin piedad, me subió la piernita y me lo volvió a meter más rico, duro y rápido hasta que empezamos a gemir los dos sudando desnudos.

  • Reencuentro con amigo de la universidad (II)

    Reencuentro con amigo de la universidad (II)

    El hotel se llama el Castro,  tal vez alguien lo conozca, el pidió la habitación y me pidió el dinero, le dijo al dependiente, sabes que, mejor dámela con potro y me pidió más dinero.

    Nos dieron la llave y al darnos la vuelta para el elevador ya me iba metiendo la mano en medio de las nalgas, no le importo que el dependiente nos pudiera ver y francamente a mí tampoco, estaba luchando por evitar que se me notaran las ansias locas que ya tenía.

    Ricardo: Eres la vieja con las nalgas más ricas del mundo, estas muy culona.

    En cuanto entramos a la habitación, por más que me quería contener, lo que hice fue desnudarme completamente, él se tomó su tiempo mientras me miraba un tanto sorprendido, se quitó la ropa con calma mientras me miraba totalmente desnuda.

    Ricardo: Te urge verga verdad puta, no me diste ni chance de encuerarte, te voy a dejar bien cogida.

    Una vez que se desnudó, empezó a tocarme y besarme el cuerpo, me miraba con morbo metiendo sus manos por todas partes

    Ricardo: Te sigues depilando completamente la panocha, se te ve bien rica así. Parame la verga con la boca para que se me ponga bien dura Patty

    Se la empecé a chupar nuevamente, primero unos besitos y lametones, para poco a poco ir haciendo más directa la mamada y en un rato ya la tenía dura como el hierro, aunque yo deseaba seguírsela mamando el me jalo hacia la cama y tomándome de los tobillos separo mis piernas, coloco cada una de mis rodillas en los costados de mi cabeza, me la empezó a meter muy despacito y no se detuvo hasta que estuvo toda adentro, a pesar de lo mojada que estaba me dolió un buen, siempre he sido estrecha y me cuesta acoplarme.

    Patty: Hay me duele, está muy grande, me abres mucho.

    Ricardo: Sigues apretando bien rico mamita, que apretadita estas.

    Patty: la tienes muy grande amor, me duele, suavecito,

    Ricardo: ahorita se te pasa puta,

    Me bombeo un rato así, me dolían los tobillos de tan fuerte que me los apretaba con sus manazas, además que en las ingles sentía mucho dolor de tan fuerte que me separaba las piernas, mi interior se estiraba cada vez que la metía toda llegándome hasta el útero, mordisqueaba mis tetas alternándolas y haciendo hinchar mis pezones al máximo, después paso uno de mis tobillos por enfrente de él poniéndome de lado, minutos después me volteo completamente y me dijo te voy a poner de cañoncito Patty, me levanto en vilo y me acomodo en 4 patas, por la diferencia de estatura y peso, siempre me ha manejado como una muñequita, me carga con mucha facilidad, sentí su glande en mi entrada vaginal, mientras él se aferraba a mis tetas, lentamente me la volvió a meter hasta el fondo, mientras me bombeaba me separo las nalgas y empezó a meterme de forma salvaje, como era su costumbre sus dedos por mi ano. Primero uno, empujándolo hasta vencer la resistencia de mi esfínter hasta que entro todo, después dos, luego tres, no lo sé realmente, era muy confuso por la cantidad de sensaciones que me embargaban. En este punto mis fluidos ya escurrían y llegaban a la mitad de mis muslos.

    Patty: Suavecito que me duele amor.

    Ricardo: Estas muy nalgona Patty, te voy a sacar los frijoles putita.

    Mi cuerpo se estremeció del orgasmo que me invadió, pero el no dejo de metérmela, me desvanecí del esfuerzo, a él no le importaba ni me dejo recuperar, solo dijo, ahora si súbete al potro puta, que te la voy a meter por el culo, simplemente me cargo por la cintura y me acomodo de tal forma que quede como un calcetín tendido por la mitad, mi bajo vientre descansaba en el potro, por un lado mis pies no tocaban el piso, del otro lado mis manos apenas tocaban el piso, al mismo tiempo quede con las piernas muy abiertas por el mismo potro, mi colita apuntaba unos 45 grados hacia arriba, una vez ahí, Ricardo me estuvo metiendo los dedos a placer por el ano y la vagina.

    Ricardo: Que cerrado tienes el culo putita, te lo voy a dejar bien abierto con mi verga ¿eso quieres verdad?

    Patty: si eso quiero, pero suavecito Amor que me duele.

    Ricardo: dime que quieres puta, pídemelo.

    Patty: Quiero que me metas la verga por el culo amor, suavecito sí, nomás la puntita.

    En verdad quería que me la metiera toda, pero trataba de disimular mis ansias, no quería verme tan puta, se acomodó y empezó a empujar tratando de metérmela, huy que dolor, para que entrara el glande sufrí, hasta las lágrimas se me salieron.

    Patty: No me va a caber amor, está muy grande, –me duele, me duele le decía

    Ricardo: Eres bien llorona, como no te va a caber puta, si ya te la has comido muchas veces.

    Patty: pero me duele, está muy grande, está muy gruesa y ya se te puso muy dura

    El siguió empujando sin importarle mis suplicas, prácticamente recargaba su peso completo para metérmela y abrirme el culo, yo no podía hacer nada por detenerlo porque me aplastaba entre su peso y el potro.

    Patty: hay ya, ya, ya, me duele, ya la siento muy adentro

    Ricardo: Y todavía te falta comerte un buen trozo Patito

    Tomo mi mano y me hizo tocar la parte de su pene que aún estaba afuera, todavía era un buen, pero yo ya sentía que me iba a salir por la garganta.

    Ricardo: Ya viste lo que te falta comerte, ahorita entra toda.

    Patty: Hay para que toda, si ya está muy adentro.

    Siguió empujando y sentí por dentro como se movían mis intestinos junto con un dolor agudo para dar cabida a la totalidad de su verga, era una sensación ya conocida, luego, sentí sus testículos que rebotaban en mis nalgas, el invasor estaba en lo más profundo de mis entrañas. Mis piernas temblaban incontrolablemente.

    Ricardo: Por fin, toda adentro, ya vez, no que no te iba a caber, ya te la metí toda puta, si antes te entraba toda porque ahora no, voy a tener que volver a amoldar tu culo a mi verga.

    Patty: Hay para que toda, si nomas iba a ser la puntita, casi me la metes con todo y testículos —lloraba yo.

    Ricardo: Eso quisieras verdad puta.

    Lo difícil fue pasar el trago amargo de alojarla toda, ya una vez dentro, se minimizo el dolor, me empezó a bombear suavecito primero, poco a poco subió la intensidad para terminar de bombearme como un verdadero animal, poco a poco mi recto se fue dilatando haciendo más llevadera y placentera la penetración, haciéndome gemir a mas no poder, el constante movimiento me fue empujando hasta deslizarme hasta la otra protuberancia del potro, quede literalmente de cabeza apoyada sobre mis hombros y nuca mientras mi espalda quedo vertical, a él no le importo, siguió cogiéndome prácticamente de cabeza, después de un rato me jalo de forma que él se fue recostando y yo quede encima, en ningún momento su verga abandono mi culo.

    Ya estando sobre él, me hizo cabalgar sobre su verga, mis nalgas subían y bajaban devorando su verga y rebotando contra sus bolas que servían como tope, él tenía una visión completa de esto.

    Ricardo: Que ricos sentones te das mamacita, te la estas tragando toda.

    Patty: Me llega muy adentro, me vas a volver loca de tanta verga amor, me va a salir por la boca.

    Me hizo girar 180 grados sin sacármela para que lo siguiera cabalgando, pero ahora de frente, alternaba sus manos amasando mis tetas y abriéndome lo más posible las nalgas para penetrarme más profundamente mientras yo subía y bajaba sobre él y al mismo tiempo hacia balancear y rotar mis caderas para que su verga explorara todos mis rincones.

    Ricardo: Que ricos sentones mamita, eres una experta cabalgando, te mueves como licuadora, me vas a sacar la leche putita.

    Patty: ahh aha ahhh amor ya sabes que así es como más la siento, me vuelves loca, ya no aguanto.

    Para mi esa es la mejor posición para tener sexo anal, cabalgar en cuclillas a mi hombre, realmente es como más lo disfruto.

    Sin sacármela, se sentó para tratar de devorarme la boca mientras su verga seguía entrando en mi culo, así sentados de frente me hizo cabalgar, nuevamente me hizo girar para sentarme de espaldas sobre su verga, me levanto las piernas y pude ver en el espejo mi vagina abierta, rosadita y babeante, más abajo solo se veían sus testículos sobre los que estaba sentada, su gran verga estaba desaparecida, totalmente dentro de mi ano.

    Ricardo: Mira putita solo se ven mis huevos, la tienes toda adentro, te gusta

    Patty: ah ah ah Si amor, pero la siento muy adentro y me duele ah ah

    Me cambio de posición muchas veces, en su mayoría sin sacarla de mi culo, patitas al hombro, de cabeza, parada, empinada, cabalgándolo, de perrito, de lado, etc., yo me sentía rellena como pavo y no podía ni cerrar la boca de lo profundo que la sentía y de lo fuerte que me bombeaba. El potro le facilito ponerme en las posiciones más inverosímiles que puede haber, yo veía en los espejos como me la metía, el temblor de mis piernas era incontrolable, el contraste de mi piel blanca, mi ano y vagina rosaditos contra su verga negra era excitante. También vi sus esfuerzos constantes para evitar venirse, cuando estaba a punto, simplemente la sacaba y esperaba un momento,

    Ricardo: Sigues igual de quejumbrosa y delicada que antes, pero te gusta más que te meta la verga por el culo verdad puta, verdad que sí, te encanta la verga.

    Patty: Si amor, me gusta tu verga, pero está muy grande y muy gruesa, me llega muy adentro.

    Ricardo: Lastima que no estas más tetona si no me hacia una rusa –Menso le dije en mi pensamiento.

    Algo que me vuelve loca es cuando mete y saca la punta repetidamente por mi culo debido al tamaño de su glande, él lo sabía y era magistral para hacerlo, sus dedos no estaban ociosos, mientras los de una mano entraban en mi vagina, la otra apretaba mis senos,

    Ricardo: Te encanta que te cabecee verdad putita, que te forcé el culo con la punta

    Patty: Está muy cabezona ah ah ah, me encanta amor.

    Fue tan fuerte la forma en que me embestía además de que tallaba mi clítoris con sus dedos y mis pezones los apretaba con sus dedos que cuando me invadió un nuevo orgasmo, hasta me oriné un poco, no era la primera vez.

    Ricardo: Hasta te measte puta, eres bien puta, lo aprietas bien rico con tus nalgas, donde quieres los mocos puta, en la boca de nuevo o en el culo o la panocha.

    Patty: En mi panocha no amor.

    Por más respuesta la saco de mi culo me sentó recargando mi cabeza al potro y me la metió por la boca hasta el fondo, bombeo un poco mientras mis mejillas se contraían succionándosela y de pronto se empezó a venir mientras sobaba con una de sus manos mi garganta para masajearse su propia verga que se sentía a través de la piel, yo tuve que aguantar toda su embestida porque no podía hacerme para atrás por el potro y él estaba a horcajadas vaciándose en mí boca, llenándome de leche de macho mientras mis senos eran estrujados por sus manos, sentí un poco de asco porque recién había salido de mi culo pero me aguante.

    Ricardo: te cabe toda mi verga entera en la boca putita, se siente en tu cuello.

    Cuando termino de vaciarse siguió sobándosela a través de mi cuello, yo podía sentir la cabezota de su verga atravesada en mi garganta, el glande se marcaba claramente en la piel, poco a poco fue disminuyendo su tamaño y abandonado mi garganta gradualmente.

    Quede agotada, deshecha, no me podía mover del esfuerzo, pero me levanto y volvió a ponerme sobre el potro como inicialmente lo había hecho.

    Patty: No ya no, ya estoy bien rozada —gimotee pensando que me iba a coger de nuevo.

    Ricardo: Quiero ver cómo te quedo de abierto el culo puta, voy a sacarte unas fotos bien abierta

    Patty: No como crees, claro que no.

    Ricardo: Solo de tu culo, sin que se te vea la cara de puta que tienes, quiero verte bien abierta e inmortalizar tus nalgotas.

    Fue por su celular mientras yo seguía empinada en el potro, ni siquiera intente levantarme, regreso me abrió bien de piernas y me empezó a dedear la vagina y el ano mientras sacaba fotos, me habría con los dedos mis orificios y hacia tomas, yo enterré mi rostro entre mis brazos para evitar que se filtrara algo de mi rostro en las fotos, mientras él seguía manoseando mis partes y fotografiándolas, me sentí humillada a mas no poder, pero por alguna razón lo deje hacer, nunca antes me había tomado fotos.

    Cuando se cansó de manosearme me incorporo y pidió que se la mamara otro poco, ya la tenía dormida, se la chupe un poco pero afortunadamente ya no se le paro, si no seguro me volvía a coger y yo ya me sentía muy rozada, además de dolerme las mejillas.

    Ricardo: Listo Patty, vámonos que se hace tarde, me quedo con tus calzones putita

    Nos vestimos y salimos del hotel, termine destrozada, me dolían las ingles de tan abiertas que habían estado mis piernas, la mandíbula y mis mejillas de tanto mamar, tenía molestias en mi vagina, los pezones también me dolían, pero sobre todo me dolía el ano y la parte del recto, un sentimiento entre felicidad y arrepentimiento me embargaba, el vino había jugado a favor de él.

    Le di un ray al metro, que solo estaba a un par de cuadras y así acabo ese encuentro con Ricardo, aunque no fue el último. O tendría que decir no es el último.

  • Mamada al paso

    Mamada al paso

    Tenía que elegir un reemplazo temporal para mi secretaria, que saldría 3 meses de licencia por maternidad. Entre el personal no había nadie que pudiera asumir el encargo sin descuidar sus labores. No quedó más opción que contratar a alguien temporal, por 4 meses. Con 15 días para que se enganche en el puesto y 15 días al final para la entrega.

    Recursos Humanos realizó el proceso. Eligió una terna de 3 candidatas. No participé en las etapas previas y no tengo idea de cómo se realizaron. Debía, entre las 3 preseleccionadas, elegir yo a la que consideraba la más adecuada para el puesto. Las cité un jueves a la tarde. Entre a las 5.30 pm a la primera y a las 6 pm la última.

    Esa tarde tuve una larga y tensa reunión con un proveedor. Finalmente llegamos a un acuerdo y todo quedó razonablemente resuelto. Cuando me di cuenta de la hora, eran las 6.15 pm.

    Supuse que mi secretaria había reprogramado las entrevistas, pero cuando llegué al despacho, tanto ella como las 3 candidatas estaban esperando. Me disculpé por el retraso, pero las cuatro entendieron y no hubo problema. Mi secretaria me preguntó si podía retirarse. Le dije que sí. Me quedé a solas con las 3 candidatas y les pedí ingresen a la oficina en el orden previamente establecido.

    La primera y la segunda eran chicas muy guapas. Bien formadas, en el mejor instituto de la ciudad. Con empleos cortos previos, pero en buenos lugares. Cualquiera de ellas hubiera sido un reemplazo ideal.

    La tercera y última. Que entró a mi oficina cuando ya no había nadie más en el piso, era algo rolliza. De look más “agresivo” (para diferenciarla del look “conservador” de las dos chicas previas). Las dos primeras habían ido en traje sastre, pantalón, blusa y saco. La tercera en falda corta (no llegaba a minifalda) y blusa.

    No era delgada pero tampoco gorda. No era bonita, pero tampoco fea. Su currículo estaba muy por debajo de las otras dos chicas. Su apariencia física también. Su forma de expresarse igual, demasiado campechana para relacionarse con clientes y proveedores institucionales. En 30 segundos decidí que no era la secretaria adecuada para mí. Pero igual procedí con la entrevista. Me pareció descortés despacharla rápido.

    Tras un par de preguntas, que me di cuenta respondía con poca soltura, cambió de posición sobre la silla. Dejó de tener las piernas cruzadas, para sentarse con ambas piernas separadas. Desde mi sillón podía ver sus muslos completos, incluso apreciar algo de su tanga roja. Me pareció una insinuación directa, pero decidí pasarla por alto.

    Seguí preguntando un par de cosas más. Las respuestas igualmente poco brillantes. Finalmente le pregunté ¿Por qué estaba interesada en el puesto? Me respondió que necesitaba mucho el dinero (no dijo trabajo, dijo dinero) y que haría cualquier cosa.

    Decidí cerrar la entrevista y le dije que había concluido. Que Recursos Humanos se comunicaría con ella si había una respuesta positiva.

    Ella me respondió, repitiendo que necesitaba mucho el dinero y que por favor la apoyara. Y con descaro abrió lo más que pudo las piernas y pude ver completamente su tanga. No soy de fierro y menos un santo.

    Le dije directamente, mirando directamente a su coño expuesto, ¿Qué estaba dispuesta a hacer? Me respondió “se la mamo acá mismo y ya”.

    No respondí. Pero ella se levantó de la silla. Bordeó el escritorio. Vino hacia mi sillón. Se arrodilló. Desabrochó mi pantalón. Sacó mi verga.

    Me dio una mamada que me hizo volar. Que labios de puta, que lengua brutal. No pensé en nada más que en dejar que la mame. Sólo cogía su cabeza y jaloneaba su cabello. Ella no buscó nada más que mamar. Tras unos minutos eyaculé en su boca. Con experticia, se tragó todo. Me pidió el baño de la oficina. Entró, se lavó y se fue.

    No podía tener una secretaria así. Elegí a la segunda. Hablé con Recursos Humanos y les dije que por sus habilidades la tercera podría ser supervisora zonal de ventas. La contrataron. Hasta ahora sigue laborando en esa empresa. Por lo que sé, record de ventas frecuentemente. Con el tiempo me fui hacia otra empresa.

    Una mamada bien hecha, le dio el dinero (y el empleo) que necesitaba.

  • El teacher me compartió

    El teacher me compartió

    Como ya les había dicho hoy les traigo una conversación tomada desde el MSN del Hotmail entre mi esposa y su amiga Patty, su amiga por lo que leí en varias conversaciones y lo que mi esposa tiempo después me contó sobre su compañera también salía con uno de los profesores del Instituto donde ellas estudiaron juntas.

    Patty esta como decimos en mi tierra «BUENA» tiene grandes tetas un buen trasero pero de cara no muy agraciada, mi esposa me contó que Patty tuvo problemas con unas fotos intimas que le tomaron y se subieron a la red.

    En el MSN mi amada aparece como NeNa y la conversación dice así:

    Lunes 16 febrero 2009

    Patty: ami por qué se fueron el viernes?

    NeNa: mi Patty, es que no podía quedarme fuera de la casa y además el profe estaba ya muy tomado y tenia que manejar el carro.

    Patty: entiendo amiga

    Patty: compañera Ud. se ha quedado a dormir allá?

    (El sitio donde ambas cuentan lo que les ocurrió es una casa finca que frecuentaban sus profesores, propiedad de un amigo en común)

    NeNa: si 2 veces, por qué mi patty?

    Patty: es que me paso algo esta vez que me quedé

    NeNa: ???

    Patty: me hicieron un trio

    NeNa: ayyy

    Patty: pero no supe quien fue el otro, le dije al profe que me contará y dice que no se acuerda que estaba muy ebrio.

    Patty: pero mentira, el abrió la puerta esa noche y me cuando me quise soltar él me dijo que me relajará

    NeNa: Nooo amiga y entonces que paso?

    Patty: como a las 3 nos fuimos a dormir todos, yo estaba muy muy tomada y el profe también pero ni más que yo, entramos al cuarto el se acostó, yo quería culear ya hacía rato que no me veía con el, me desvestí y en medio de mi borrachera se lo chupe un buen raro, me le subí hasta que me vine el me puso en 4 y me estaba dando duro paro un momentico y siguió, volvió a parar y sentí el pene en la boca me lo metió y yo seguí el movimiento, cuando de repente sentí que me querían penetrar la vagina, ay fue donde el me dijo que me relajará y me seguía metiendo el pene en la boca, el otro me lo metió y creo que los tragos me hicieron relajar, así me tuvieron un largo rato y luego cambiaron, el profe me hizo sentar encima de él y sentí que el otro se hizo por atrás buscando meterlo en mi ano y lo logró, el profe le dijo a el otro que cambiaran y así lo hicieron. Ambos acabaron y sentí que al momento se abrió la puerta.

    Al otro día el profe me dijo que era «Normal»

    NeNa: que tal el profe

    Patty: entonces no se que pensar

    NeNa: te disgusto la experiencia?

    Patty: pues no

    NeNa: jajaja

    Patty: pero fue extraño

    NeNa: te voy a contar Patty pero eso si absoluta discreción

    NeNa: a mi también me la hicieron

    Patty: nena tu sabes que nunca contare tus secretos

    Patty: como asi ami

    NeNa: para el cumpleaños de Gustavo el encargado de sistemas del instituto nos fuimos a rematar a la parcela seguimos bailando y bebiendo y a las 2 am ya todos decidieron irse a los cuartos, el profe me venía diciendo al oído cosas ricas y manosenadome yo quería irme a la cama desde temprano pero había mucha gente y sospecharían, ya en el cuarto nos tiramos en la cama a besarnos y desnudarnos el me hizo un oral y me pidió que me para de frente contra la pared y me empezó a penetrar desde atrás, duro unos 10 minutos así y me volteo en la misma posición el quedando de espaldas recostado contra la pared, al poco tiempo sentí que me tocaron las tetas y me asuste el me sujeto duro de mis brazos y me hablo al oído que me dejara llevar como estaba tan ebria opusé mucha resistencia, las caricias pasaron a besos y luego el otro me empezó a besar el clitoris y el profe no dejaba de metermelo estaba muy caliente, el otro se paro el profe me lo saco y me puso en cuatro para que su amigo me lo metería, el profe me puso a chupar y su amigo me penetraba así estuvimos un buen rato, el profe me lo saco de boca y me pidió que me subiera y le dijo al amigo «tu por detras» me senté en el pene del profe y el amigo me lo empezó a meter por detrás pero no entraba, lo intento varias veces pero no pudo entonces cambiaron pero tampoco, el profe hizo quitar a su amigo y me hizo acostar boca abajo para metermelo por detrás hasta que se vino, el pobre se bajo y de una se subió su amigo y también me lo hizo hasta venirse, paso un momento y sentí que la puerta se abrió y se cerro y el profe se acostó a mi lado y nos dormimos, al otro día sentí que me tocaban y era el profe con su erección por el alcohol del día anterior, me voltee el se subió y me empezó a hacer el amor yo le pregunte por lo que había pasado la noche anterior y entre jadeos me dijo que no le negara que lo había disfrutado yo no le respondí nada y él me dijo que como siempre había estado muy rica.

    Patty: amiga esos manes ya lo tienen de costumbre de razón siempre rematan allá.

    Patty: yo pienso que el otro es Carlos el dueño de la parcela

    NeNa: esa misma conclusión saque yo

    Patty: no podemos volver a caer jajaja

    NeNa: jajaja

    Esa fue la conversación entre ellas, próximamente les contaré una sorpresa que me llevé hace poco y tiene relación con esta conversación.

    Espero les haya gustado, nos veremos pronto.

  • Alexia, mi compañera de trabajo

    Alexia, mi compañera de trabajo

    Alexia, de 22 años. 

    Hace poco más de dos años en el lugar donde trabajo entró una chica a trabajar. Recuerdo haberla visto por primera vez en la escuela un par de años antes de esto, es una chica que no puedes ignorar. Un amigo en común me platicó que un cantante de talla internacional (cantante de reggaetón que no canta tan bien) le pidió su número en Miami y ella lo ignoró.

    Cuando entró a la oficina de la jefa, en ese instante pensé que era una de las mujeres más atractivas que he visto y no fui el único. Todavía no quitaba la mirada de su sexy cuerpo y su cuidado cabello, antes de que se perdiera al entrar a la oficina, cuando uno de mis compañeros dice, discretamente, «apartada». Lo cual me hizo gracia y yo no contesté nada de vuelta, pues eran de esas bromas que a veces hacemos los hombres pero siendo realistas pensé que si ella ignoró a un artista por qué a nosotros no pero no le conté nunca a ninguno de ellos esa historia. Ella al salir de la oficina dio media vuelta y con una grata sonrisa dirigió algunas palabras a nuestra jefa para posteriormente marcharse.

    El próximo lunes ella se presentó al trabajo, llegó con la jefa y posteriormente, juntas, llegaron a mi área de trabajo.

    -¡Buenos días, Jesús! -Me saludó mi jefa

    -¡Buenos días! -Le contesté sin interrumpir mi trabajo

    -Ella es Alexia y va a estar con nosotros trabajando, te la encargo para que le enseñes los que hacemos y después trabaje de lleno con nosotros ella solita.

    -Muy bien, aquí le enseño lo básico.

    -Con permiso.

    -Adelante.

    Al quedarnos solos pause por un momento mi trabajo y le comenté:

    -Hola, yo me acuerdo de ti en la universidad.

    -Sí, yo también de ti. Me comentó Alexia con una sonrisa en su rostro.

    Nuestra plática continuó muy bien mientras yo le enseñaba el trabajo. Terminamos nuestro primer día y yo estaba emocionado y desesperado por empezar el segundo. Cada día que pasaba nuestras pláticas eran más intensas, al grado de que me llamaron la atención un par de veces por estar distraído. Pasaron las dos semanas y no insinué nada, sabía que no estaba en su liga pero tenía su whatsapp y Facebook. En su tercera semana ella se daba una vuelta a mi área a saludar y se me hacía raro y por las tardes seguíamos platicando mucho por whatsapp.

    Un día me decidí invitarla a salir a cenar por vía whatsapp.

    Voy a editar mi nombre en la conversación y borrar la fecha para hacer más práctica la lectura.

    yo: Vamos por unos boneless hoy en la noche

    Yo: Yo invito

    Yo: Y si quieres, unas cervezas

    Alexa: Te tengo que decir una cosa que no te dije y creo que ya sabes pero de todos modos te lo quiero decir tengo novio y si estaría muy bien ir a cenar pero me da miedo que se dé cuenta.

    Yo: Mmmm entiendo, podemos mañana saliendo del trabajo ir a comer cerca y también cuenta jajaja

    Alexa: Súper yes!

    Alexa: Jajaja

    Yo: Ya quedamos pues. Y cómo le hiciste con la engrapadora?

    Terminamos comiendo hamburguesas a unas cuantas cuadras de nuestro trabajo, platicamos como adolescentes. Cabe aclarar en este punto que ambos teníamos pareja en ese momento y nuestras pláticas por whatsapp eran algo intensas. Mientras comíamos fue cuando de frente le propuse que quería sentirla y que no me refería a abrazarla y me dijo que ella también. Entonces le dije que una tarde que ella tuviera libre fuéramos a un motel y accedió.

    Me voy a ahorrar de cómo y hora a la que pasé por ella. Llegamos al cuarto del motel y como es costumbre en mí, nomás de abrazarla yo estaba listo con la verga bien parada, mojando mi pantalón a través del bóxer. Lo mojaba todavía más al besarle sus labios y cuello, le comencé a quitarle la ropa comenzando por su blusa, continué con sus zapatos y pantalones. Estando ambos de pie le quité el bra con mi mano izquierda y bajé su ropa interior mientras besaba su pancita y piernas, inmediatamente me quité todo y la acosté en la cama, solamente quedando sus pies volando, me puse de rodillas frente a ella. Pude sentir las intensas pulsaciones en mi verga mientras me dejé excitar por la idea de que le estábamos siendo infieles a nuestras parejas, sentía que cada pulsación sacaba una gota de mi líquido preseminal, olí su perfume y aún más se me endureció, besé sus piernas hasta llegar a sus pies y sin pedir permiso le chupé sus pies y riendo los quitó al principio pero sin decir nada ella los volvió a poner en mi boca, debo admitir que me excitan a morir unos pies lindos y más con su pulsera en tobillo. Luego la puse acostada en medio de la cama de tal manera que mi cuerpo, hincado poniendo mis rodillas a la altura de sus pechos y mis manos sobre la pared sosteniendo mi cuerpo. Yo sin usar mis manos jugaba con mi verga sobre su cara, la paseaba por sus boca, labios, nariz, ojos, mejillas, le daba «dick slap» mientras ella tomaba mi culo con sus manos, podía sentir sus uñas en mis glúteos y espalda.

    Le dije que pasáramos al sillón enseguida de la cama porque yo quería que ella se sentara en mi verga, mientras nos veíamos de frente. Ella me dijo que estaba bien pero que pusiera primero una sábana sobre el sillón porque no le gustaba la idea de que su piel tocara el sillón y yo lo hice así, tapé el sillón con una sábana blanca. Le dije que primero se recostara boca arriba y que me dejara tomarle un video a sus piernas y a su vagina toda mojada. Terminando de tomarle un pequeño video me quedé lamiendo su vagina y su ano un buen rato y en esa postura me la jalé sin llegar a correrme, me los estaba guardando para venirme cuando estuviera dentro de ella. La puse en el sillón porque ya no quiso ir a la cama. Le abrí las piernas y se la dejé ir toda, ella gemía con pena y le pregunté:

    -¿Te da pena gemir con ganas?

    -La verdad sí, siento que me van a oir aunque ya sé que nadie lo hará.

    -Pues gime rico con ganas, me excita mucho más escucharte.

    -Está bien. Me contesto apenada

    -A ver, ¿te gusta está adentro?

    -ah, ah, ay, mmmm. Gemía con ganas.

    Todo estaba prohibido, todo me calentaba a mil. Yo siendo infiel y ella también, me la estaba tirando de misionero súper rico y solté tanto preseminal que tuve que ponerme un segundo condón no sin antes secarme bien la verga con papel. Sé que a algunos lectores les ha pasado lo mismo. Seguí dándole en esa misma posición hasta depositar toda la leche en el condón porque ella me pidió que así me quedara. Curiosamente nos quedamos besándonos buen rato y me dijo que no se arrepentía de nada.

  • La hija de la masajista

    La hija de la masajista

    La primera vez que Sara me dio un masaje fue en casa de su mamá, en una habitación.

    Cuando entré pude ver a dos mujeres mayores sentadas hablando entre ellas, mientras me miraban.

    Yo estaba urgido de un buen desestresante…

    No había visto a Sara por fotos, por lo cual estaba nervioso por ser la primera vez que nos veríamos.

    En eso me encontré con un tipo más alto y del doble de robusto que yo.

    Me intimidó un poco, hasta que escuché su voz blanda indicándome dónde se encontraba Sara, que resultaba ser su novia.

    Después vi a una joven con unos ojos enormes y hermosos, me sonrió y cuando le respondí el saludo escuché:

    – Ah, veo que ya se conocen, hija, saluda al Señor Palaner, Señor Palaner, ella es Colibrí

    – Colibrí, qué bonito nombre para alguien tan bonita como tú

    Colibrí sonrió y se fue corriendo.

    – Tú debes ser Sara

    – Pasa por favor, en un momento entro a la habitación, estoy preparando las toallas

    Cuando entré, era una habitación común y corriente. Algunas sábanas cubrían algunos muebles, como ocultando el desorden que había abajo. O bien cosas de valor que no querían que yo viera.

    Me senté en la cama y noté el aire fresco en mi nuca. Era el aire acondicionado que acaban de encender en la habitación.

    -Hola Palaner, disculpa la tardanza. En un momento comenzará tu masaje, necesito que te desvistas y te pongas boca abajo y con esta toalla quedarás cubierto. Regreso en unos minutos, sólo indícame cuando ya estés en posición.

    Sara era una joven mamá. Atlética, con una pronunciación perfecta en sus palabras y un trato muy respetuoso. Con una hermosa sonrisa cuando la dejaba notar.

    Me desnudé por completo, ya que a mí los masajes me encanta recibirlos desnudo. En eso mi pene sintió el aire frío de la habitación y me apresuré a ponerme boca abajo sobre la cama matrimonial que estaba dispuesta sólo para mí.

    Cubrí mi culo y le llamé.

    Sara entró inmediatamente.

    Me explicó que me pondría un aceite de anís con menta y oliva, hecho por ella.

    – Si necesita expresarse con algún sonido durante el masaje, por favor hágalo, no se quede nada

    Los movimientos lentos y firmes de Sara me encantaron.

    Al ser tan joven y con tal fuerza sospeché que era atractiva aunque escondía su cuerpo debajo de una blusa amplia.

    Sin embargo, en un momento, se sentó frente a mí y levanté la cara.

    Pude ver sus anchos y recién depilados muslos frente a mi cara.

    Y mi expresión fue un simple y fuerte: WOW

    -¿Perdón?

    -Oh, no, disculpa Sara, es que me impresioné…

    -¿Hay algo que le incomode?

    -No, todo lo contrario, verás, no pude dejar de ver tus muslos, y asumo que haces ejercicio, ya que tienes mucha fuerza en las manos y a la vez, mucha delicadeza. Y tus muslos te delatan. Por eso mi expresión.

    Sara sonrió y me explicó que se ejercitaba mucho.

    -Puedo notar que eres atlética. Quizás eres la masajista con mejor cuerpo que me ha atendido.

    -(Sonriendo) Muchas gracias Sr. Palaner

    -Sólo dime Palaner, por favor

    -Está bien Sr… ay jeje perdón, Palaner entonces

    -Sara, yo tengo manos grandes y tus muslos por mucho rebasan el tamaño de mis manos

    -¿Le parece que son grandes?

    -Si, digo, muy bonitos, y grandes. Además, se ven muy firmes. ¿Te molestaría si toco un poco?

    -Para nada…

    Sara sólo sonreía y yo alimentaba la erección que desde la primera hora comencé a sentir entre el colchón de la cama y mi pelvis.

    Cuando me pidió que me volteara, yo no la esperé a que me colocara las toallas, para que mi pene se asomara y ella lo pudiera ver, ya que tenía las luces encendidas.

    Para disimular, continué la plática y mi pene se hizo ver, a lo que yo no dije nada, y ella tampoco, sólo gentilmente puso la toalla sobre mí.

    Me siguió masajeando y le confesé que me sentía un poco nervioso por toda la gente que estaba afuera.

    Y me explicó que le habían prestado esa habitación y que en efecto el grandulón era su novio.

    Pero me dijo que nadie entraría a la habitación que no tenía que preocuparme.

    Esa fue la primera vez que me dio masaje Sara.

    Yo me fui con una erección y con la fantasía de algún día pasar la relación de masajista a algo más.

    La segunda vez que me dio masaje fue en su casa, estábamos solos, pero no con las mismas comodidades.

    Yo seguía desnudo y aunque ella me dijo que lo le indicara dónde quería el masaje, le pedí que me tocara la entrepierna.

    Ella no chistó y lo hizo.

    A medio masaje alguien tocó a la puerta.

    Era su novio…

    Yo me apresuré a vestirme.

    -¿Qué hace señor Palaner?

    -Pues es tu novio, tú me dijiste que nadie entraba, y mira…

    -Pero él no va a entrar, porque ya le expliqué que estoy trabajando

    Le confesé que no me sentía muy cómodo, pero que la iba a dejar terminar…

    Yo ya quería que ella terminara para poder irme lo más rápido que pudiera. En realidad no quería tener problemas. Aunque la fantasía seguía en mi mente y en mi erección…

    La tercera vez le dije a Sara que quería que me volviera a dar masaje pero que no quería que fuera cerca de su novio.

    Por lo que le ofrecí venir a mi casa, a lo que ella aceptó.

    Sara llegó puntual.

    Entró a mi cuarto y cerré la puerta.

    Comenzó a darme el masaje y en eso iniciamos la conversación. Algo que ambos disfrutábamos de cada masaje.

    Ya éramos amigos para ese entonces.

    Sin embargo, esta vez la plática fue distinta.

    Sara irrumpió la charla con un tema MUY POCO COMÚN.

    -En una ocasión una clienta me pidió que le tocara los senos.

    Yo no podía creer lo que estaba pasando, por lo que decidí continuar la plática.

    -¿Tu clienta era guapa?

    -Bastante guapa. Hacía ejercicio y sus senos eran firmes y de buen tamaño

    -¿Y qué hiciste?

    -Me dejé llevar y nos besamos, ella lamió mis senos y terminamos en 69

    Yo ya tenía una erección…

    De hecho, yo quería saber si debajo de tu blusa estás usando top tank…

    Sara no dijo nada, guardó una pausa y me dijo…

    -De hecho si, ¿quiere verlo señor Palaner?

    -Insisto en que me digas Palaner y desde luego que quiero verte en top tank

    Se quitó la blusa y pude ver por primera vez los pechos de Sara cubiertos por un top tank color rosa brillante

    -¿Así está bien?

    Está perfecto… gracias

    Sara sólo sonrió y siguió con el masaje en mis piernas

    -Sara, ¿te molesta que vea tu espalda por un momento?

    -¿No te molesta que tenga un tatuaje?

    Mi erección ya era evidente.

    -Ahora con más razón quiero verlo…

    Noté un paisaje japonés con un lago y carpas, y un quiosco con vivos rojos, blancos, y verdes… todo un espectáculo en su espalda… Las carpas eran de colores blanco y negro, rojo vivo y naranja.

    -¿Puedo tocar tu tatuaje?

    -Si por favor…

    Metí mi mano debajo de su top tank por la espalda y comencé a masajearla… a lo que ella se erguía, se arqueaba, cerraba sus ojos y gemía…

    Coloqué mi otra mano para poder aumentar la intensidad.

    Y adrede generé movimientos que quedaban interrumpidos con el top tank para ver su reacción.

    Sara abrió los ojos y me preguntó…

    -¿No prefieres que me quite el top?

    -Quítatelo… y dámelo

    Cuando lo puso en mis manos, pude notar la silueta de uno de sus senos, sin ver el pezón, que seguía siendo un enigma para mí.

    Olí el top tank y me lo puse en la cara…

    Ella se dio cuenta y sólo sonrió.

    Le pedí que se acomodara sentada dándome la espalda para que yo la siguiera masajeando.

    Lo hizo y después de unos momentos…

    Me levanté de la cama, y me puse frente a ella con la verga de fuera y totalmente erecta.

    La miró… y cuando se iba a acercar.

    Pude notar sus pezones totalmente redondeados apuntando hacia mis piernas. Eran de color rojo por su periodo de ovulación.

    La detuve poniendo mi mano en su frente y le indiqué con mi mano derecha que se acostara boca abajo.

    Lo hizo inmediatamente, lamiéndose los labios y mordiéndoselos.

    En eso deslicé con mis manos sus shorts de mezclilla hasta sus pies.

    Sara traía puesta una tanga con encaje del mismo color que el top tank.

    Comencé a masajear sus glúteos.

    Jalaba la tanga para que se metiera en sus labios vaginales.

    Ella sólo se mantenía con los ojos cerrados apoyando su cara sobre mi cama hacia mi lado sonriendo…

    Le pedí que se volteara.

    En eso me fui directo a sus senos. Para ser madre, tenía unos senos perfectos.

    Se los comencé a chupar y empecé a meter mis dedos en su vagina.

    Ella gemía…

    Y le pregunté si seguía con su novio.

    A lo que respondió que si.

    Pero que su novio no le daba mucho placer.

    Cuando me dijo que le hacía sexo oral todas las mañanas, me asqueé.

    Ella intentó besarme y le dije que no.

    Que sólo iba a ser lo que yo quisiera.

    Ella dijo, que no tenía problema. Que mientras yo fuera el cliente, yo podía dirigirla.

    Quité mis manos de su vagina y puse sus manos sobre mi pene, para que ella lo comenzara a jalar.

    Me comenzó a masturbar y ella acercaba su cara para querer mamar.

    Yo se lo impedía.

    Lo siento Sara, no quiero que beses mi pene con tu boca llena del semen de tu novio

    Me recosté…

    Le comencé a chupar los senos y dejé que me masturbara con sus manos hasta que terminó y se comenzó a tallar todo mi semen sobre sus senos.

    -Sara, gracias, eras una fantasía y ahora eres una realidad… sigue como masajista, vas a llegar muy lejos. Lo de tu novio me incomoda sobre manera. Sin embargo, tienes un gran futuro.

    Dos años más tarde…

    Antes del siguiente masaje… Nos mensajeabamos para ver si coincidíamos.

    De hecho una vez lo hizo sólo para que yo supiera que ella ya no tenía novio y que me quería ver.

    Pero no podíamos.

    Por la pandemia y yo me había ido a vivir a otro país.

    De repente y un buen día le escribí para saludarla ya que estaba en Mallorca y quería un masaje. Pensé que ella se había quedado en Latinoamérica, por lo que sólo le escribí para que supiera que seguía extrañando sus masajes.

    Me envió una foto de Palma de Mallorca.

    -Yo te doy ese masaje, aquí en Mallorca no encontrarás nada como yo…

    ¡Sara también estaba en Mallorca!

    Nos vimos en un lugar que ella estaba rentando para vivir con su hija… Colibrí

    Cuando entré, su piso estaba mejor que el mío… con una vista al mar, con unas hamacas y el diseño interior todo encajaba en un ambiente para relajarse.

    Colibrí corrió a saludarme, se me aventó, me dio un beso en la mejilla y pude sentir sus senos medianos estrecharse con mi pecho…

    -Anda Colibrí, haz tu té de jazmín y convídale a Palaner

    -¿De jazmín? Si por favor…

    -Señor Palaner, ¿lo quiere con hielos?

    -¿Cuál es la especialidad de la casa, Colibrí?…

    Ella sonrió, se mordió los labios y se dio la vuelta corriendo, como siempre lo hacía…

    Colibrí traía un top tank color turquesa y unos boxers rosa brillante…

    Admito que al ver a Colibrí sentí un espasmo en mi pene.

    Probablemente, ella ya tenía unos 21 años. Destellaba feminidad y vitalidad.

    Sara y yo nos pusimos al corriente… se había teñido el cabello.

    Ahora no lo tenía castaño, si no rubio, y con una trenza.

    Se veía más bronceada por el sol de Mallorca.

    Traía puesta una túnica blanca…

    Y después de unas horas de platicar moví mi cuello y me estiré hacia atrás.

    -¿Ya quieres el masaje?

    -Si por favor…

    Entra al cuarto dónde está Colibrí y ella te llevará a la habitación…, mientras yo me pondré cómoda…

    Obedecí ya que estaba en el palacete de la diosa y la princesa de la feminidad…

    -¿Ese jazmín es de tu cosecha, Colibrí?

    -Si, señor Palaner… es mi nuevo hobby… ¿Por qué no se relaja y se sienta?

    -Desde luego, ando muy exhausto…

    En eso noté que de uno de sus glúteos manaba un tatuaje japonés…

    -Menudo tatuaje te cargas Colibrí… acércate…

    La piba se acercó y se subió el bóxer para que pudiera ver su nalga perfectamente formada, mi erección comenzó a crecer y escuché…

    -Creo que ya vio mi tatuaje por completo no le ha gustado

    -Que me ha encantado Colibrí

    -¿Y por qué no lo toca, o acaso es tímido?

    Me importó un bledo que su mamá estuviera rondando por ahí… Colibrí había sido mi otra fantasía en secreto, además de Sara. Por lo que comencé a masajear con mi gran mano todo su glúteo, el cuál apretaba.

    La miré a los ojos y ella se estaba mordiendo el labio inferior.

    Miré sus senos y sus pezones comenzaban a hacerse notar.

    Acomodé mi mano para descubrir todo su glúteo y comencé a sentir uno de sus labios vaginales perfectamente depilados…

    Ella sonreía…

    -Palaner, ¿ya estás listo? En un momento te veo en el cuarto de masajes…

    En eso me levanté de un salto y Colibrí sólo cerró los ojos sonriendo por la travesura que acabamos de cometer en lo que su madre me gritaba para que me apresurara para el masaje.

    -Anda Colibrí que tu mamá me dijo que me indicarías dónde me haría el masaje.

    -Sígame señor Palaner…

    Ella tomó mi mano y con la otra llevaba mi té de jazmín, nos dirigíamos a un pasillo hecho como de tierra y piedra, que se sentía cada vez mas fresco y obscuro…

    Cuando se puso mucho más obscuro, Colibrí se detuvo abruptamente.

    Y mi erección se puso en medio de sus nalgas.

    No pude ver nada por lo cual no me pude detener, y por pura reacción abrí mis brazos para buscar con qué sostenerme.

    Mis manos sintieron las frías paredes de ese pasillo solitario, oscuro y fresco.

    En eso, ella comenzó a reírse y me dijo…

    -No encuentro su mano

    Por lo que comencé a sentir la mano de Colibrí hurgar mi pene, con el pretexto de buscar mi mano…

    -¿Ya la encontraste o te ayudo?

    Me encantaba que una chica de 21 años me tocara mi polla por encima del pantalón…

    En eso la empujé, porque no quería que su mamá nos descubriera.

    Y me dijo…

    -Hemos llegado…

    Abrió la puerta y lo que pude ver era una habitación circular de meditación iluminada por la luz de la playa…

    Me dijo…

    – Mi mamá no va a entrar hasta que yo le indique… así que quiero que se desnude y después le indicaré qué hacer…

    -Pero, Colibrí…

    Ella ya había colocado el té en el piso, a un lado de la colchoneta dónde me acostaría… y cuando levantó la vista, puso sus manos sobre mi cinturón y comenzó a desabrochar mi pantalón… yo me comencé a quitar la camisa.

    Mi pene estaba totalmente erecto.

    Ella me dejó en boxers… me tocó el pene de nuevo por unos instantes y me quitó los boxers de un tirón.

    Sonrió y me indicó que me podía acostar…

    Lo cual hice.

    Cuando quedé boca abajo y con los ojos cerrados, instantáneamente sentí unas manos aceitosas en mi espalda…

    Volteé para ver…

    -Shhh, shhh, relájate, que ya estoy aquí…

    Comencé a sentir los senos de Sara en mi espalda, moviéndose hacia mi nuca y hacia mi culo, con una frecuencia estudiada.

    Sus tetas se plegaban de arriba a abajo… sus manos apoyadas delante de mis hombros hacían un hueco donde ella posaba su cara para besarme, morderme y tirar de mis orejas…

    De repente apoyó su cuerpo sobre el mío y una de sus manos se dirigió por mi entrepierna para llegar a mi perineo.

    Abrí más mis piernas.

    Ella comenzó a deslizar sus tetas hacia abajo hacia mis glúteos… luego sentí su cuello en medio de mis glúteos y por último su lengua y labios deslizarse por en medio.

    Hasta sentir su lengua besar mi culo.

    Mientras sus dedos masajeaban mi perineo. Y su mano mis bolas y mi pene.

    Con su otra mano tiraba de mi cabello corto hacia atrás…

    Al parecer Sara había viajado a Mallorca para desarrollar maestría en este masaje que nunca antes me había dado.

    Ahora entendía por qué se podía dar el lujo de ese lugar que rentaba…

    Para ese momento, sentí cómo me comenzaba a lamer la polla y me tuve que levantar para que ella pudiera mamar cómodamente.

    Me encantaba lo que estaba haciendo.

    Y entonces puse mi mano por detrás de mi espalda para tirar de su cabello y presionarla hacia mi culo…

    Era una sensación única…

    Me volteé y sentí almohadas acomodarse en mi espalda.

    Ella las movió con sus brazos mientras me seguía lamiendo la entrepierna para volverse a meter mi verga en su boca.

    La mamada mas rica que jamás me había dado Sara.

    En eso abrí los ojos y yo sólo podía ver su melena rubia.

    Con mis manos comencé a deshacer su trenza, para poder zambullir mis manos entre esos cabellos revueltos.

    Ella no me dijo nada, solo gimió y berreó, tanto que pude sentir las vibraciones de su garganta en mi glande.

    El espectáculo dejaba ver a una hembra con su tatuaje japonés en su espalda, empinada con el culo desnudo apuntando hacia el sol.

    De repente, el sol se nubló de mi vista y pude ver una sombra…

    Era Colibrí que todo el tiempo estuvo en la habitación y no me había dado cuenta.

    No sabía si ella era parte del ritual… o sólo se había quedado ahí para ver.

    Colibrí tenía su mano metida en el bóxer para masturbarse…

    Pude notar en la boca de Colibrí estaba un saco de masajes que estaba mordiendo. Esos saquitos que están llenos de hierbas relajantes…

    Asumo que lo hizo para no hacer ruidos…

    Luego se levantó la blusa y pude ver los pezones más pequeños en una piba de 21 que nunca había visto antes.

    Eran rosas y totalmente redondeados.

    Sus senos eran más pequeños que los de Sara, pero con mucho mejor forma.

    Entonces me estremecí…

    Una de las manos de Sara se dirigió a un costado…

    Y comencé a escuchar una campana que era agradable al oído.

    En eso Colibrí, abrió los ojos sorprendida y suavemente y descalza, se deslizó hacia atrás para desaparecer entre unas cortinas, sin hacer ningún ruido.

    Como si ya tuviera estudiado ese movimiento…

    Sara siguió sonando la campana…

    Momentos después, escuché como por fuera de la habitación tocaban la puerta.

    Sara dejó de mamar.

    Me comenzó a besar el vientre.

    La puerta siguió sonando…

    Sonrió y se fue a la puerta….

    Y cuando la abrió, sólo se vio una charola con dos vasos de té deslizarse hacia dentro.

    Por el brazalete, noté que era Colibrí llevándonos té.

    Esta vez, no olía a jazmín.

    La campana, era un llamado que Sara hacía para que Colibrí llevara un té.

    Sara cerró la puerta.

    Y aparentemente, Colibrí quedó fuera de la habitación.

    Sara llevó uno de los vasos a mi boca, mientras ella lo empujaba hacia arriba, al mismo tiempo ella bebía.

    Gemí…

    No sé que tenía ese té, pero fue muy placentero beberlo.

    Tan placentero que Sara comenzó a tocarse la vulva una vez que se lo terminó.

    Tiró los vasos, que eran de madera, y tocándose el clítoris me volvió a mamar…

    Esta vez con su boca más tibia por el té… pero con una intensidad siniestra que hacía que yo me retorciera y chocara con las almohadas que amortiguaban mis movimientos.

    Sara tenía todo orquestado.

    Por lo que me comencé a correr en su boca…

    Sara succionó todo y se lo tragó…

    Me lamió todo el pene y se acercó a mi oído…

    -En unos momentos vas a sentir ganas frenéticas de orinar… atrás de tí está la puerta del baño. Mientras yo me voy a dar una ducha… tengo una cita con mi novio.

    ¿Qué? Yo no lo podía creer…

    Me asqueé y me metí al baño que me indicó…

    El agua estaba deliciosa, en una tina llena de flores.

    Me metí…

    Todo oía demasiado fresco y agradable.

    Por lo que decidí acomodarme en la tina y me quedé dormido.

    Una hora más tarde.

    -Glup… carajo, casi me ahogo… voy a salir de aquí… ¿pero cómo salgo?

    Salí y el esplendor de la luz me deslumbró… y tropecé con algo…

    Ah, menudo día, ahora ¿qué… es… es…to? … Pero si es la cam… pa… na…

    Levanté la campana y la comencé a sonar…

    Noc, noc

    -Pasa…

    -Hola señor Palaner, ¿cómo le puedo ayudar?

    -Hola Colibrí… ¿está tu mamá?

    -Se acaba de ir, y me pidió que me hiciera cargo de usted…

    Continuará…

  • Trío con dos policías

    Trío con dos policías

    Andrea y yo acudimos a una de esas fiestas clandestinas que se hicieron en plena cuarentena y como tal no terminó de la mejor manera porque fue denunciada por algún vecino del lugar y en cuestión de minutos se llenó de policías. Ambos estábamos al fondo de todo y es por eso que no pudimos escabullirnos e irnos sin que nos atrapen como hizo la mayoría sino que terminamos detenidos y dentro de un patrullero. Entonces nos quisieron trasladar a la comisaría pero terminamos en un descampado.

    Los dos policías que estaban con nosotros dentro del móvil policial nos amenazaron con que nos iban a denunciar, que nos iban a multar por una suma importante de dinero que nuestros padres iban a tener que pagar, nos asustaron y con un fin porque luego de decirnos todo eso nos dijeron que nada de eso iba ocurrir si yo dejaba que ellos se diviertan con mi novia. Andrea aquel día estaba muy sexy con una minifalda, con una blusa que te dejaba ver su abdomen y sus hombros y con el cabello atado con una coleta, es por eso que nos dijeron aquello y como estábamos cagados hasta las patas por todos lo que nos habían dicho quisimos saber a que se referían con divertirse y se trataba de que solo la querían manosear un poco como si eso no fuese nada, entonces ella sin consultármelo acepto.

    Ellos luego de escuchar a ella aceptar su propuesta se desviaron de su trayecto y en vez de terminar en la comisaría terminamos en un descampado en medio de la nada misma. Allí lo primero que hicieron fue bajarme del auto ya que ellos se sentaron uno a cada lado de mi novia. Entonces ambos juntos a la vez la empezaron a chuponear por el cuello y a tocarle las tetas por encima de la blusa. Pensé que eso iba ser lo peor que iba a ver pero me equivoque porque la blusa duró poco ya que se la sacaron para chuparle las tetas y porque además le abrieron las piernas para meter su manos allí adentro.

    Ella en ningún momento se opuso a lo que ellos le hacían y es más me parecía que los disfrutaba, que le gustaba y eso resultó más que obvio cuando me di cuenta que desde hacía un rato ella estaba tocándoles el bulto a los dos. Ellos al ver que ella se las tocaba decidieron bajarse el cierre de sus pantalones para sacar sus enormes porongas. Entonces ella les agarro el falo a los dos y los empezó a masturbar mientras ellos seguían divirtiéndose con su cuerpo. Yo atónito miraba como los tres se divertían, lo gozaban y lo disfrutaban.

    Después de ese momento dentro del coche, ellos decidieron salir afuera con ella y me volvieron a meter dentro del patrullero. Entonces ya dentro vi con mis propios ojos como le pidieron que se agachara, que ponga sus rodillas sobre el suelo ya que querían que ella se las chupara. Mi novia se agacho y antes de meterse en la boca a alguna de ellas me miró por un segundo y me pidió perdón, luego de eso agarro ambas con sus manos y se turnaba para mamársela a cada uno de ellos. Dato que debe tener en cuenta para el final, uno de ellos que era bastante guapo la acaricio y le dijo que era muy bonita e intercambiaron miradas en el momento en que ella tenía su pene en su boca.

    Chuparles las pijas a ellos fue digamos el principio del final pero todavía faltaba para que eso finalice ya que en el medio paso que se la llevaron atrás del coche y se la follaron entre los dos. Desde dentro del coche no quise ver como hacían eso, solo me dedique a escuchar como ella gemía de placer, solo me di vuelta cuando esos gemidos se detuvieron y observe como ellos le acababan sobre sus tetas. Luego de eso volvieron a la patrulla y esperaron a que ella se arregle para poder arrancar.

    Ellos nos acercaron a nuestras casas y antes de abandonar la patrulla nos solicitaron nuestros números telefónicos. Se acuerdan del dato que les pase antes? El policía le empezó a escribir a mi novia y un día fui a buscarla para salir y ella no se encontraba ya que había salido con este sujeto.

  • Encuentro real

    Encuentro real

    Les voy a contar de mi encuentro real con un señor que conocí en las salas de chat.

    Tengo 22 años y el 47, nos hablamos porque éramos de la misma ciudad, hablamos sobre lo que queríamos y entonces pusimos una fecha, él vendría a mi casa para darme unas mamadas.

    Entonces el día llegó y mi desconocido compañero del placer tocó a mi puerta. Mi corazón latía muy fuerte ya que éramos completos desconocidos en ese primer contacto, abrí la puerta y ahí estaba él, un hombre de piel morena, estatura promedio, cabello corto y bien peinado. Le indique que pasara a mi sala y se pusiera cómodo, le ofrecí una cerveza y hablamos muy poco antes de volvernos locos amantes.

    Yo estaba parado frente a él, habíamos acordado que para nuestro primer encuentro solo haríamos cosas manuales, entonces él tomó el rol dominante y me rodeó la cintura y me hizo sentar sobre su regazo, él estaba sentado en un sofá y yo quedé abierto de piernas mirándolo de frente y sentado sobre su paquete que sentía como crecía bajo mis nalgas, entonces rodee su cabeza con mis brazos y lo besé en la boca mientras movía un poco mi culo sobre él, ya que quería hacerle sentir el mayor placer posible a mi nuevo amante.

    Fue ahí cuando por primera vez me sentí el placer de ser poseído por un hombre, él tomó firmemente mi cintura con sus manos y me recorrió desde la cintura hasta las tetas y de regreso mientras metía su lengua en mi boca, yo sentía que me quemaba y sentir su pene bajo mis nalgas aumentaba el placer.

    No sé cuanto tiempo estuvimos en esa posición, yo no me quería bajar de él pero tuvimos que parar porque mi amante terminó dentro de sus pantalones debido al placer que le estaban haciendo sentir mis besos y mi cuerpo.

    Me pidió permiso para ir al baño a limpiarse y le indiqué donde estaba, pasaron unos 3 minutos y volvió conmigo a la sala, fue entonces cuando me indicó que fuéramos a la cama, me senté al borde de ésta y él señor se arrodilló y me desabrochó el pantalón y lo bajó junto con mi ropa interior hasta mis tobillos, luego me abrió bien las piernas con sus manos y me comenzó a mamar la verga, primero chupo la punta y luego se lo metió hasta la garganta, a mi me encantaba como se estaba tragando mi verga, de pronto se sacó mi pito de la boca y me empezó a mamar los huevos y con su mano me masturba.

    Todo era demasiado placentero, no sé cómo pasó pero me hizo llegar a un súper orgasmo que ninguna mujer había podido lograr, mi pito escupió dentro de su boca varios chorros de leche dejándome jadeando y casi desmayado en la cama.

    El placer me había dejado agotado, pero pude sentir como mi amante se había quitado el pantalón se me había subido encima de rodillas frente a mi cara, con su pito apuntando a mi boca, puso una almohada bajo mi cabeza y me puso la punta de su verga sobre los labios intentando abrirse paso hacia el interior de mi garganta, entonces abrí la boca y lo dejé entrar, aunque más que una mamada realmente me estaba cogiendo por la boca, era un poco rudo porque me agarraba del cabello y me metía la verga hasta la garganta y me daban ganas de vomitar pero cuando me veía arquear me lo sacaba y me dejaba recuperarme mientras me restregaba el pito en la cara, me siguió cogiendo por la boca unos minutos más hasta que finalmente se vino dentro de mi garganta, no me sacó el pito de la boca hasta que me trague su leche y aun así me lo dejó adentro hasta que perdió su erección.

    Nos pusimos el pantalón y lo acompañe a la puerta despidiéndonos con un beso.

    Si quieres platicar conmigo sobre este relato escríbeme en Skype: XD17Gabo pronto la segunda parte…