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  • Nadine

    Nadine

    En esta ocasión, quiero contar mi experiencia con una mujer madura. Yo soy hijo único, mi padre murió siendo yo un crío, y mi madre se centró en su trabajo y aunque tenía relaciones esporádicas y su vida social, decidió no volver a casarse. Debido a las ausencias de mi madre, siempre trabajando y saliendo, a casa venía Nadine, una mujer marroquí que prácticamente me ha criado. Nadine se ocupaba de todo en casa, la ropa, la comida, la limpieza, e incluso recogerme del colegio cuando era un crío. Cuando llegó a casa, yo tendría unos once o doce años, y ella algo más de treinta.

    Ella estaba presente en mi día a día, era una más de la familia y yo la veía como una madre. Pero el tiempo pasa rápido. Al despertar mi adolescencia, casi sin darme cuenta empecé a sentirme atraído por ella. Nadine es una mujer atractiva, de piel tostada, no muy alta, pelo negro aunque siempre llevaba un pañuelo en su cabeza. Sus ojos oscuros trasmiten dulzura, y un carácter sumiso y complaciente. Era difícil describir su cuerpo a primera vista, porque ella siempre vestía muy recatada, al llegar a casa solía traer una chilaba larga y ancha, y cuando se cambiaba usaba siempre ropa holgada y que cubría bien su cuerpo.

    Aún así, al empezar a fijarme en ella, pude descubrir que tenía un cuerpo monumental. Cuando hacía las tareas de casa, yo me hacía el distraído pero no le quitaba ojo. Asi observé el tamaño de sus tetas, enormes, pero disimuladas bajo esa camiseta dos tallas más grande que siempre llevaba. Cuando estaba de espaldas haciendo cualquier cosa, le miraba el culo, se intuía grande, bien parado, en definitiva es una mujer con muchas curvas y todas en su sitio. Obviamente, Nadine tonta no es, y aunque jamás me dijo nada, era evidente que se dio cuenta de mis miradas, de mis roces cuando la abrazaba al llegar o al irse, pues en más de una ocasión en alguno de esos abrazos yo estaba completamente empalmado.

    Como estábamos solos casi todo el día, yo decidí arriesgar y dar cada vez un pasito más, más como un juego o fantasía que con la intención de que ella correspondiera. Así, de vez en cuando me hacía el distraído al salir de la ducha y salía desnudo, ella se cruzaba conmigo, bajaba la mirada y entre risas me «reprendía». Se ponía muy colorada, pero bien es cierto que la mirada se le iba y rápidamente giraba la cara. De vez en cuando, me pajeaba en mi habitación de pie dejando la puerta un poco abierta, poniéndome bien a la vista haciéndome el descuidado, escuchaba sus pasos en el pasillo, e imaginaba que ella se asomaba a espiar, convencido de que así era, más caliente me ponía.

    Ese verano, nos íbamos de vacaciones a Mallorca mi madre y yo, pero jugando al fútbol me lesioné los ligamentos del tobillo, una gran putada en pleno verano. Me escayolaron el pie hasta la rodilla, me mandaron reposo y paciencia. Mi madre quiso cancelar el viaje, pero yo le insistí en que sabía cuidarme solo, y además contaba con Nadine. Mi madre al fin accedió, no sin antes acordar con Nadine que se quedaría de interna en casa, también por las noches hasta su vuelta, pagándole por ello lógicamente. Así que mi desgracia se tornó en posibilidades que estaba decidido a aprovechar.

    Esa misma noche, ya sin mi madre en casa, pasé a la acción. Cenamos juntos viendo la tele y bromeando, y al rato le dije de ir a dormir, que me sentía cansado. Me fui a mi habitación, fingiendo acostarme. Nadine dormiría en la habitación de mi madre, justo al lado de la mia. Esperé un rato, hasta que oí el agua de la ducha caer. Me levanté sigiloso, abrí muy muy despacio la puerta de la habitación con la intención de espiarla, convencido de que saldría desnuda de la ducha. Sólo imaginar ese enorme par de tetas sueltas y mojadas hizo que se mu pusiera muy dura, yo estaba desnudo, solo con unos slips de verano, la cabeza de mi polla asomaba por encima de la gomilla, me la saqué y empecé a pajearme esperando ansioso que saliera.

    Pero mi gozo en un pozo: Nadine era tan recatada que se había vestido en el baño. Se puso un fino pijama azul claro, de manga corta y con botones blancos que con esfuerzo contenían ese par de cántaros bamboleantes. Era evidente que no llevaba sostén, pues en la fina tela se clavaban como puntas de lanza dos gordisimos pezones. Al ver eso, empecé a darme más caña, pero fui tan torpe que estando en equilibrio sobre un solo pie, le di a la puerta con el brazo, y ella rápidamente se acercó a mirar que pasaba. Y ahí estaba yo, cojo, semidesnudo y con la polla empalmada en la mano.

    Nadine me miró muy seria de arriba a abajo, con los ojos muy abiertos me dijo: ¿Se pude saber que estás haciendo? Ve a tu habitación, ahora mismo. Yo la mire y le contesté: como ves, ya no soy un niño… Ella puso cara de dulzura, sus mejillas estaban muy coloradas y sus ojos se escapaban casi sin querer hacia abajo. No… no lo eres. Sin dejarla reaccionar, me acerqué a su cara y le besé los labios, no se resistió pero se quedó tensa, mansa, sumisa como fue siempre. Le acaricie el pelo largo y negro, aunque con alguna cana, de ahí pasé a su cuello mientras seguía besando sus labios, rozándolos con mi lengua, y sin dar tiempo a nada, bajé mi mano hasta agarrar una de esas gordas ubres.

    Con dos dedos quité un botón, ese gran canal entre sus pechos asomaba al igual que mi polla en los slips, ella trató tímidamente de contener mi mano que ya estaba bien agarrada a un pezón, le besé el cuello y bajé mi cara en busca de comerme sus tetas, pero mi maldito tobillo me mataba de dolor y no podía seguir de pie. Ella se dio cuenta y me dijo «por favor ve a la cama» y lo hice. Pero a la suya.

    Le cogí la mano para ayudarme, me acerqué a la cama y me senté, ella parecía contrariada, pero yo me negaba a soltar sus tetas, la recosté a duras penas en el colchón y terminé de desabrochar su pijama. Y vaya maravilla: esas tetazas desparramándose a su antojo, libres, con unos pezones marrones muy grandes y gordos. Los lamía, pellizcaba suavemente, los movía con mi lengua empapándolos, y ahí creo que anulé su resistencia, pues empezó a gemir muy bajito, mientras me acariciaba el pelo. Aproveche el momento, y raudo metí la mano bajo el pantalón de pijama. No llevaba braguitas, noté su vello, me abrí paso entre ellos con los dedos, y descubrí un coño ardiendo, muy mojado, era holgado y elástico, mis dedos cabían sobradamente, primero dos, luego tres…

    Al intentar meter el cuarto, ella soltó un gemido un poco más fuerte y quejumbroso, así que fui más suave, masajeando su clítoris con el pulgar mientras con tres dedos seguía masturbándola. Dudo mucho, por como se retorcía, de que Nadine hubiera tenido muchas experiencias como esa en su vida, pues en su cultura, por desgracia la mujer no goza de demasiadas libertades. No recuerdo en qué momento el pantalón de su pijama acabo bajado del todo y solo agarrado a su tobillo. Ella estaba con las piernas cada vez más abiertas, y su gran coño parecía volverse más elástico y abierto en esa postura, así que ahí si, el cuarto dedo entró sin resistencia y yo continuaba a lo mío. Fui en su busca con mi boca, ella no se lo esperaba, pero cuando quiso descubrir mis intenciones yo ya tenía su clítoris entre los labios, mientras seguía machacando con mis cuatro dedos. Nadine soplaba, gemía, alzaba sus caderas pegando más su coño a mi boca, y entre todo ese mar de movimientos y jadeos, uno de mis dedos se alojó en su culo. Ese agujero si estaba muy cerrado y estrecho, pero al estar todo muy mojado, mi dedo deslizó hasta adentro a pesar de que ella intentara zafarse. Demasiado tarde.

    Ahora tenía cuatro dedos de una mano metidos en su coño, y un dedo de la otra en su culazo. Los gemidos subían de tono, yo aceleraba el ritmo, sobaba, magreaba, lamia, liberé sus orificios solo para volver a comérselos, metí me lengua en su coño todo lo que pude, y un líquido espeso y salado se derramó por mi cara. Tras su corrida, me puse encima de ella y casi sin quererlo, mi polla le entró sola. Tenía el coño tan cedido que mi polla entró hasta los huevos de un tirón, y eso que tengo un capullo bastante gordo. Observar el movimiento de sus tetas inmensas a cada golpe de cadera que le daba me ponía mucho más cachondo, le daba cada vez más fuerte para ver ese bamboleo, sus tetas sonaban al chocar una contra la otra, ella abría más sus piernas en cada embestida, yo estaba a punto de correrme… así que bajé el ritmo, y le pedí se diera la vuelta.

    En un principio se negaba, muy avergonzada, pero a base de lametazos y meterle mano la convencí… y ¡qué momento! Poder observar ese enorme culo, de nalgas suaves gordas y duras, volví a comerle el coño, mientras le metía un dedo en el culo, pero seguía muy cerrado y ella se quejaba y apartaba mi mano. Así que empecé a lamérselo, a meter la punta de mi lengua en su estrecho ano, poco a poco volvieron los gemidos de placer, y alguna palabra en su idioma que no entendí, sustituí mi lengua por un dedo, lo metía muy despacio y bien mojado mientras le comía el coño con dedicación, cuanto mejor lo hacía más se relajaba su culo, así que metí un dedo más, ella se dejó ir, y cuando calculé que su ano había cedido lo suficiente, acerqué mi capullo y sustituí sin avisar mi polla por los dedos.

    Apoyé la punta en su abierto ano bien mojado, y la ayude a entrar con los dedos. Ella dio un respingo, me miró con cara de pocos amigos e intentó quitarse, pero yo ya no pensaba sacársela. Al principio solo metí el capullo, me movía suave sin empujar más, notaba como ese anillo de piel estrangulaba la punta de mi polla y me daba un placer indescriptible, ella agachó la cabeza, se dejaba hacer, poco a poco subí el ritmo y fui metiendo más y más, y pronto mis huevos pegaban contra sus nalgas, se la metía hasta el fondo a todo tren, ella gritaba y jadeaba, le pedí que moviera esa barbaridad de culo, le di un par de palmadas bien fuerte y eso la desató, ahora era ella la que se follaba mi polla con movimientos cada vez más intensos, yo estaba a punto de estallar, en uno de los embistes y justo cuando me corría mi polla se escapó, y chorros de semen cubrían sus nalgas y llegaban a su espalda.

    Me deje caer empapado en sudor en la cama, y Nadine, más hermosa que nunca, se fue a la ducha mientras yo le miraba una vez ese culazo. Esas fueron las mejores vacaciones de mi vida…

  • Toro negro

    Toro negro

    Majid Salam alias el Toro negro remataba la parte final, ella estaba emitiendo sonidos repetidos ¡Oh, oh, oh, oh!, seguido de ¡Así, así, así!  Ella abrió más las piernas e ipso facto toro negro las puso encima de sus hombros iniciando un arranque de bombeo en suspensión cubriendo en su totalidad el pequeño cuerpo de Sara y en cada tacada le entraban 25 centímetros de rabo negro. Los alaridos de gozo de Sara eran como un terremoto: un suspiro largo ronco y profundo seguido de un ¡Ohhh! profundo. El engrase era bueno, en cada embestida la pollaza salía brillante de flujo vaginal. Toro negro empezó unos bombeos amortiguados con velocidad. Empezaron los espasmos musculares eléctricos y con un gutural ronquido finiquito la follada.

    Majid Salam había llegado al país con 20 años, ya habían pasado 15. Un grupo de música local lo había visto tocar los tambores nada más llegar -danza africana- y ya formaba parte del grupo musical ya que buscaban fusiones de cultura. Alto, marmóreo, negro como el carbón, de nariz ancha, labios gruesos, rapado con una dentadura como un caballo muy blanca, de físico desarrollado y vigoroso, con un cuello semejante al de un toro. Pero lo más impresionante de cara a sus compañeros fue en los vestuarios, verle ese rabazo de 25 cm, negro y medio descapullado. No tardó en demostrar su vigor masculino. Según un compañero Toro negro era una bomba de hidrógeno con polla. Les había demostrado su capacidad follamentistica. Sus registros con mujeres eran impresionantes.

    Lorena desayunaba, vino su prima Sara con gafas de sol y se sentó en la misma mesa.

    – Estás deslumbrante, Sara – dijo Lorena en un deje de burla.

    – Claro prima, no todas tenemos tu físico pasada la cuarentena, se nota que tienes tiempo de ir al gym, las hay que curramos.

    – Por cierto, has aprovechado que no está tu marido. Ya son ganas, se os oía a ti y al negrata que daba gusto – contestó irritada Lorena.

    – Mi marido viene a la iglesia para la boda, tenía que trabajar. Entiendo que el tuyo con ese cargo tan importante que tiene esta de viaje y no puede venir a la boda de un familiar. Y sí. Me he dado un buen homenaje con el negro. He gozado como nunca y tu también tendrías que probarlo. Te aseguro que lo vale…

    – Yo no me pongo en evidencia y menos…

    – Venga Lorena, sé que has follado con algunos del gym, no te hagas la santa.

    – No discutamos más y disfrutemos de la estancia de dos días que nos ha invitado nuestra prima – dijo Lorena ruborizada y con evidentes ganas de cambiar de tema.

    Lorena contaba con 42 años, se cuidaba, su caminar era suave y elegante sus movimientos femeninos, se sabía guapa con su morena melena, sus ojos almendrados, sus facciones estilizadas, se había puesto algo de botox en los labios y pasado por el quirófano para reafirmar unos grandes pechos tras su segundo parto. Un culo rotundo y armónico sin celulitis y la avalaban su 172 cm de estatura.

    El grupo de música tocaba ante la inminente ceremonia. Lorena sé fijo como el negro tocaba los tambores. El perfecto cuerpo negro no henchido de carne sino más bien dotado de una especie de felina esbeltez. Era un cuerpazo descomunal envuelto en tinte negro. Parecía una efigie de rara hermosura. Destacaba en contraste el blanco de sus ojos y la blancura de esa dentadura caballuna. Lorena podía advertir que la estaba mirando.

    La boda se desarrolló sin problemas, hubo ceremonia y baile. En cuanto al marido de Lorena Sara estaba en lo cierto, estaba de viaje de negocios. Había dejado a sus hijos a cargo de su suegra. Tras la ceremonia Lorena bebía con sus amigas cuando unas amigas le propusieron:

    – Supongo que vienes al fin de fiesta.

    – ¿Me he perdido algo?

    – Montamos una fiesta. El negrito que sus amigos del grupo le llaman Toro negro ha montado un show con strippers amigos suyos.

    Llegó la noche y la novia les había seleccionado una habitación para este fin. Ellas eran 5 amigas cuarentonas. Entraron dos musculosos jóvenes y tras ellos, Toro negro. Habían instalado juegos de luces y empezó a sonar la música y ellos hacían movimientos provocadores y sensuales. Llevaban los torsos desnudos y todos llevaban tanga, el de Toro negro era de piel de leopardo. Comenzaron bailando con el intro de Romeo y Julieta titulado Overona, luego con la canción de Jeniffer López Aint it Funny y concluía con Isla bonita de Madonna. En una segunda ronda con el tema Casanova de Paulina Rubio y otra más de Christ Issak llamada Wicked game. Ellas gritaban y aplaudían. Cada minuto que pasaba se mostraban provocativos, acercaban su paquete a las caras de ellas. Toro negro se acercó con el suyo a pocos centímetros de su cara. Sara sin ningún pudor ya puso mano al paquete de uno de los strippers. Las emociones de Sara y dos más del grupo ya iban tras los rabos como perras en celo. Los strippers se acercaban y alejaban, podían accionar el botón del control de ellas por su entrega. La única reticente con su vestido negro era Lorena. La cual reía y aplaudía, incluso se mostraba retadora a las miradas de Toro negro. Una de ellas se levantó y dijo que no aguantaba más, estaba menstruando. Salió. Sara se levantó y se agarró al chico rubio y caminaron hacia el reservado colindante con la sala. La puerta era una cristalera, adentro había luces de neón. Nada más acomodarse Sara se levantó la falda y se clavó a full la polla del chico. Sus cabalgadas eran fuertes, cogía impulso arriba y se tiraba abajo. Una de las mujeres dijo:

    – ¡Ufff! Con lo bajita y poca cosa que es una devora hombres. ¡Qué manera de matarse sola arriba!

    – Se tira todo lo que se mueve – contestó Lorena, mientras la otra amiga se iba con el stripper de la coleta.

    – Tú Lorena, ¿no te apetece el negrata?- dijo mientras Toro negro bailaba en medio de la habitación.

    – Tiratelo tú, sabes… es muy exótico, expresa esa virilidad…

    – Ya sabes que me he reconciliado con mi marido, tenemos hijos en común, él me aporta seguridad financiera, sabes que yo no estudié ni trabajo… Pero os miraré y me masturbaré, de hecho iba -y miró al reservado- a hacerlo, pero el negro me mola más, me lo he montado con negros y tienen una potencia increíble.

    Mientras tanto Sara a horcajadas sobre el stripper ya convulsionaba en corrida con intensos subes y bajas en galope. La otra amiga también estaba en fase final. La montaba en misionero con rítmicos bombeos. Empezó a ronronear, entonces el stripper aumento la velocidad y ella estalló en gritos de gozo ¡Oh, oh, oh, oh!

    Sonó el móvil de Sara, al levantarse se le corrió un hilo de semen por las piernas. Contestó: «si, si, ahora voy, estaba con las amigas». Solicita se compuso la falda y se marchó, no sin antes al pasar al lado de Lorena y su amiga hacer la gestualidad de la masturbación masculina. Los dos stripper salían mientras la amiga se recomponía el vestido, el stripper de la coleta salió con la polla semiflacida y con el condón puesto, con una bolsita de semen en su punta. Se lo quitó y lo tiró en un cenicero grande. Ni tan siquiera usaron el lavabo en señal de poderío y hombría. El otro comento – mientras se rascaba los testículos- que la pequeñaja no le había dado tiempo de ponerse el forro, incluso matizó «una guarra de cojones».

    – Quieren impresionar – dijo la amiga – hacernos ver que somos dos patas con un coño. Chulería y soberbia, son duros de cojones. Salieron levantando los pulgares, no tardó en salir la otra amiga con una sonrisa de complicidad.

    Mientras tanto sonaba Everybody Knows de Leonard Cohen y Toro negro empezó sus movimientos provocadores con golpes de cadera acercándose a Lorena y su amiga con una sensación de seguridad apabullante. Con una sola mirada supo que eran suyas. Cogió respiración, se posicionó a pocos centímetros de la cara de ellas, tiró de su tanga y salió rebotada una 25 cm negra medio empalmada. Desafiante Toro negro se acercó hasta casi rozar sus caras moviéndose en círculos pélvicos y la polla rotaba como las aspas de un ventilador (La amiga de Lorena tenía 3 años más, era rubia oxigenada, delgada, apenas 160 de estatura. Llevaba arreglos estéticos, como pechos, tenía un culo circular. Era interesante)

    – ¡Vaya pedazo de fierro, nunca había visto nada igual! – dijo la amiga.

    Entonces Toro negro rozó la cara de la amiga. Las dos podían olerlo, ese olor a macho negro y a polla. Entonces en un volteo les dio la espalda y fue hasta el reservado que habían salido sus amigas. Caminaba muy sólido con esas nalgas negras apretadas, se le notaba fortaleza, un hombre con presencia y gravedad, era Toro negro y las retaba a que fueran a por él.

    – Yo no puedo evitarlo Lorena, vamos a aprovechar el momento.

    Las dos con ambos vestidos negros caminaron hacia el reservado. Toro negro al verlas se golpeó el plexo solar en señal de triunfo. En consecuencia ellas se quitaron ambos vestidos con el correspondiente escaneo visual de Toro negro, quedándose desnudas. Se sentaron. Toro negro se acercó con una empalmada muy seria. Sus huevos eran grandes y colgones. La amiga se abalanzó sobre la polla, intentaba abarcar el suficiente tronco pero era imposible. Toro negro de forma cariñosa le dijo:

    – Abre más la boquita, guapa.

    Acto seguido le metió una embestida en la boca que hizo que se atragantara. Al sacarla ella cogió respiración, entonces Toro negro mirando a Lorena dijo:

    – Ahora tú, bonita ¿no?

    Entonces Lorena abrió la boca y engulló media tranca. La amiga se acercó, le dijo:

    – Hazme sitio voy a hacerle el testicular.

    Lorena mamaba y la amiga succionaba los huevos. Las lamidas y succiones testiculares empezaron a hacer gozar a Toro negro que empezaba a gemir y ronronear. Combinaban polla y huevos las dos. Babeaban en la mamada. Tras esa intensa mamada Toro negro las colocó a las dos en posición de perrito y les hizo un tacto vaginal-anal, inclusive les comió a las dos el orificio anal con sendas introducciones de dedos. Se enfundó un condón y empezó a bombearlas en polladas repartidas, eran pistoneos rápidos y precisos a full, llegaban hasta la empuñadura. Gritos de gozo, susurros. La amiga esquirtó. Fue un squirt a presión que empapó la polla a Toro negro. Lorena al ver a su amiga pidió polla y en tres embates ya se vino. Por su parte Toro negro las volteó, escupió una gran lechada y las repartió en ambos rostros.

    Esa misma noche, poco tiempo después la novia partía de viaje. Lorena fue a despedirla. Al besarse y desearle feliz viaje y un matrimonio feliz la novia le dijo guiñándole un ojo:

    – Te lo has pasado bien. Se nota. Aparte de que tu aliento huele a polla una de tus orejas está llena de lefa.

  • Me froto con la amiga de mi hija

    Me froto con la amiga de mi hija

    Mentiría si dijese que era la primera vez que me fijaba en ella, Mireia era preciosa tenía un cuerpo espectacular, joven y suave y creo, para decir la verdad, que ella también se fijó alguna vez en mi. Era la mejor amiga de mi hija y tenía dieciocho años.

    Conociéndolas a ella y a mi hija sé muy bien que nunca habría estado con ningún hombre. Un día en verano en la piscina de la urbanización no se que me paso… la verdad es que nada de lo que paso en ese día lo entiendo bien, el caso es que no pude aguantar y la demostré descaradamente con mi mirada que me apetecía disfrutar de su cuerpo, ella yo creo que lo entendió perfectamente pues sonrío y no fue ésta la primera mirada que le hice esa tarde en la piscina que fuese respondida con vergonzosas y picaras miradas hacia mi.

    Ese día su cuerpo lucía espectacular y la verdad que me dio hasta un poco de vergüenza el descaro con el que la miraba teniendo incluso miedo de que mi hija se diese cuenta. En un momento dado ella estaba apoyada en el borde de la piscina descansando y me acerque a ella, antes habia colocado mi polla de forma que se notase mas para que ella al hablar conmigo la viese, como digo me acerque a ella y saque cualquier tipo de conversacion, inmediatamente y sin ningun remilgo ella miro descaradamente a mi polla que por la emocion aparte de notarse por el traje de baño habia aumentado un poco de tamaño y era totalmte apreciable… ella no respondio a la tonteria que la pregunte y fijo su vista en mi rabo… yo disfrute viendola turbada y la mire a los ojos… unas decimas de segundo fueron pero lo suficiente para que al cruzar nuestra mirada el deseo estuviese presente ya …

    La semilla estaba puesta, mis huevos estaban ya sufriendo la presion del deseo y todo estaba preparado para que ocurriese lo que ocurrió cuando salimos de la piscina. Mi hija, Mireia y su amigo Roberto subieron conmigo a casa a seguir jugando a cartas, habian estado jugando en la piscina y ese día quisieron seguir la partida en casa. Como sólo eran tres me pidieron si podía jugar yo con ellos y como yo no tenía nada que hacer acepte.

    Se sentaron los tres en el suelo y empezaron a repartir las cartas mientras yo preparaba algo de merienda, en seguida me llamaron para que acudiese a jugar la partida y allí me tumbe junto a ellos. De forma casual quede tumbado detrás de Mireia. Ella llevaba una camiseta blanca larga que la llegaba hasta casi las rodillas y por debajo llevaba el traje de baño aún mojado. Pues bien, como digo me puse detrás de ella y comenzó la partida… en algún momento de esta nuestras miradas se cruzaron y ella me sonrio yo no me lo podía creer!!! Estaba tonteando conmigo y la sonreí yo también.

    En un momento dado mi polla y su culo se juntaron, no sería más de un segundo o dos pero el contacto fue evidente. En cuestión de otros dos segundos mi polla empezó a crecer y como se suele decir de los hombres que cuando nuestra polla se pone dura deja de haber sangre nuestro cerebro se me ocurrió, sin saber muy bien porque, acercar la polla de nuevo esta vez sin complejos a su culito, así lo hice y de repente me encontré con mi polla dura en contacto con su culo de nuevo, habia establecido contacto permanente ella y Mireia no hacía ademán de alejarse más bien al contrario mantenía su posición para que siguiese el contacto.

    Yo no sé si hacía lo correcto pero también continue en esa posición forzando el contacto. Mi polla se hizo un lugar en la rajita de su culito y de repente me encontraba moviendo mi cadera suavemente y frotando mi rabo en su culo, evidentemente a ella le gustaba pues mantenía firme su posición. Yo ya no hacía caso la partida de cartas e incluso mi hija me dijo -Papa que toca tirar!!

    Mireia sonrío y yo la mire y sonreí mientras seguía frotandome suavemente con ella… incluso ella comenzó también a mover su culo… yo pensaba que me iba a correr en cualquier momento… estuvimos así por lo menos un minuto o dos y yo ya había perdido la noción del tiempo, puse mi mano en su culo acariciandoselo, segui con mi dedo hacia su agujerito y logre hacer contacto con su vagina, estaba humedisima y la acaricie suavemente, a ella le gustaba pues podia escuchar su alterada respiracion.

    La tension de estar frente a mi hija y su amigo me daba mucho morbo aunque tambien, evidentemente me preocupaba, yo ya había perdido el control y sólo pensaba en sentir en mi polla su culo. Por algún milagro no me corrí aunque la tela suave de mi traje de baño y del suyo hacían que el contacto fuese muy directo. De repente mi hija dijo que quería ir a por una comprar unos helados y Roberto dijo que él también, Mireia instantáneamente dijo que no queria, que ella se quedaba esperándoles en casa yo no me lo podía creer lo que estaba escuchando me levanté empalmado y aunque no me gustó perder el contacto con ella sabía que tenía que hacerlo, tenía que levantarme y darles dinero para que Roberto y mi hija fuesen a comprar helados y nos dejasen solos. Era increíble lo que estaba pasando!! Ese día los astros se habían conjurado para que Mireia yo estuviésemos juntos.

    Mi hija de Roberto se fueron y Mireia y yo nos quedamos solos en casa, en cuanto cerré la puerta de la calle la mire… se había quitado la parte de arriba del bikini y sus pezones sobresalian en la camisa blanca de verano que llevaba y me miraba fijamente, riéndose, la dije sí le había gustado mi polla… yo ya había perdido toda vergüenza y ella sonrió me dijo que si y que muchas veces ese verano había pensado en algo parecido pero que nunca había habido la ocasión y que daba vergüenza yo la dije que mí también me daba vergüenza. Mientras se acercaba lentamente mi polla estaba a punto de explotar como digo… aquel día yo perdí totalmente los estribos y sin decir nada más le puse una mano en los pechos acariciándose los suavemente, sus ojos verdes me miraban fijamente y su carita rojiza por el sol hacía su dulce mirada algo mas alla del morbo.

    La dije que no sabia cómo había podido aguantar sin correrme antes y ella sonrió suavemente se agachó y se puso de rodillas delante de mi mientras se inclinaba y me bajaba el traje de baño. Mi polla como digo estaba completamente dura y para cuando me di cuenta me estaba dando un beso en ella, la iba a decir que me acariciase los huevos también pero para cuando abri la boca ya lo estaba haciendo.

    El simple contacto de sus labios en mi rabo me hizo pensar que me iba a correr, respire hondo y la deje que continuase, mi cabeza y mi mente estaban en otro mundo, empezó a chupar suavemente, muchas veces, metiéndosela de repente dentro de la boca, me dijo que era la primera polla que se metían la boca en su vida y según lo dijo se metio mis 16 centímetros hasta la garganta… pude sentir en mi capullo el calor de su garganta y como un animal la agarre la cabeza y comence a apretar mi rabo contra su garganta.

    Se que esto dificulta la respiuracion y tras unos pocos segundos la saque…ella respiro fuerte y sonrio como una loca extasiada… con las manos empezó a apretarme los huevos y dijo que la gustaba mucho acariciarlos. La deje que me los acariciara un buen rato, ella jugaba a separarlos uno a un lado y otro a otro, los apretaba suavemente, los frotaba uno con otro, los mordisqueaba… me encantaba ese juego que ella hacia y estuvimos asi un buen rato, ella de rodillas ante mi jugueteando y metiendose en la boca mis huevos suavemente empecé a notar que me corria y la avise la dije -Mirella me voy a correr!! Para mi sorpresa se metio mi polla en la boca y empezo a mamarmela otra vez hasta que me corri.

    La lefada fue abundante porque ella siguió chupando y por la comisura de sus labios comenzó a salir lo que ya no le cabía la boca un pequeño chorrillo de leche que finalmente cayó al suelo. Saqué mi polla de su boca, me miro con cara de asustada y continuó chupandomela suavemente como para darmela descanso. En ese momento sonó el portero automático, eran mi hija de Roberto que ya habían comprado los helados. Me subi los pantalones y la limpie la boquita con la mano. Ella me dijo que tenia ganas de más y que queria que se la meta… pero eso ocurrio otro dia…

  • Sobre el lavamanos

    Sobre el lavamanos

    Recuerdo que era verano, en ese entonces tenía una camioneta destinada a mi trabajo para trasladar materiales y herramientas para instalaciones eléctricas. En los ratos libres o cuando salía algún traslado aprovechaba de sacar un adicional con esos servicios.

    La hermana de mi vecina tenía que deshacerse de una cama y un par de muebles ya que se mudaba a un departamento mas chico en el mismo edificio en el que vivía. Mi vecina (la misma de los relatos anteriores) me comenta al respecto y quedamos de acuerdo para realizar el traslado. En principio pensé que iría solo y le pedí detalles de la dirección y los datos de contacto de su hermana, a lo que me contesta con cara pícara: si quieres te acompaño y te ayudo con lo menos pesado. Y así fue.

    El camino al condominio de su hermana habrán sido unos 35 a 40 minutos, que pasaron súper rápido entre conversa y conversa, llegamos y subimos. Yo me puse manos a la obra a desarmar la cama y pensar un poco en cómo acomodar todo en la camioneta. Entre las presentaciones, un cruce de palabras de cortesía y buena onda y así. Hasta que la hermana dice que aún hay algo que buscar en el departamento que estaba desocupando y que como ella estaba muy ocupada aun moviendo cosas y ordenando en el nuevo espacio, nos pide si podíamos subir a buscarlo, accedimos y le da las llaves a mi vecina y le dice que igual mire bien si había algo que ella estuviera dejando pasar por alto.

    Subimos a buscar lo que faltaba, apenas cerrar la puerta del departamento fue empezar a besarnos como si no existiera un mañana, ya teníamos tiempo con las cogidas a escondidas, así que no desperdiciábamos instantes en gozarnos. Aprovechando que estaba el departamento vacío, fue recorrerlo entero dándonos besos y tocándonos por cada rincón. Nos calmamos un poco y ella fue a identificar lo que teníamos que bajar y en eso yo fui al baño a orinar, al salir ella pregunta, ¿estás listo? Y el digo: si, ese baño está bien bonito. Se me queda viendo y decide entrar para ver, me comenta que lo ve normal y yo entro también y nos comenzamos a besar de nuevo, en eso la recuesto sobre el lavamanos que consistía en un mueble con tope de granito, bastante amplio y firme, yo me fui calentando y le dije: siéntate para que veas que bonito. Se sonríe y se sienta, a lo que me acerco y quedo entre sus piernas y nos seguimos besando…

    Le digo al oído: sería rico penetrarte aquí pero no vine preparado, déjame compensarte…

    En seguida bajo mis manos por debajo de su falda y le quito su ropa interior haciendo que caiga al piso, de inmediato dejo de besarla y me sumerjo en su entrepiernas para devorarme su rica conchita mientras ella se retorcía sobre el lavamanos, yo estaba encantado besando sus muslos y jugando con mi lengua en sus labios vaginales, después pasaba a su clítoris y aceleraba un poco para después bajar la velocidad y dejarla un poco agitada, de vez en cuando sacaba mi cabeza debajo de su falda y la miraba. Era un vicio su rostro, me ponía mas caliente su cara de goce y yo volvía a bajar a mis labores de comerme su rica conchita, depilada, carnosa y jugosa… Metía un par de dedos que se mojaban al instante y deslizaban sin freno de lo lubricada que estaba, eso me tenía súper excitado y me animaba a darle más placer jugando con mi boca, lengua y dedos en sus labios, clítoris, y entrepierna enteros…

    Estuvimos así un tiempo que no se precisar, hasta que la escucho gimiendo en su característica forma de cuando se corría, unos gemidos ahogados y entrecortados, el rostro rosado y la mirada perdida o los ojos cerrados con la cabeza tirada hacia atrás. Era la señal que estaba esperando, para empezar a bajar el ritmo y dejarla recuperarse. Un delicioso y apasionado sexo oral que no sé cuánto tiempo llevó, pero después de acomodarnos un poco, besarnos más tiernamente y bajar, nos dimos cuenta que fue evidente el retraso en volver al departamento de la hermana. Su mirada de cómplice nos lo dijo todo.

    Que rico era coger con la vecina…

  • Ángela: Una joven fitness dominada por su puta interior (2)

    Ángela: Una joven fitness dominada por su puta interior (2)

    En lo que resta del día, Ángela no recibe orden alguna de Orlando; aquella indiferencia después de un encuentro sexual tan morboso y de una complacencia como la que ella le entregó, le genera un cóctel emocional insoportable: se siente impaciente, ansiosa y hasta un poco triste ¿solo la quería para un ratico? Repara en ello mientras suspira jugueteando con un mechón de su cabello. La mañana siguiente transcurre igual, Orlando no da señal de vida.

    A la hora del almuerzo, mientras recuerda la follada de la víspera y se muerde los labios, deseando ser empotrada como perra en celo; al fin recibe el tan ansiado mensaje:

    Orlando: Hoy a las 6 pm en mi casa, perra. No quiero un no por respuesta, esta es la ubicación. Como no vayas, te olvidas de mi zorra.

    Al leerlo Ángela se siente eufórica, pues en pocas horas podrá disfrutar nuevamente del embrujo de ese morenazo, mientras que él, parece verla como una cualquiera, como un objeto reemplazable. Ordena, manda, impone… un par de palabras y la tiene a sus pies, ese carácter y esa seguridad excesiva, es lo que la tienen prendada de él.

    Ángela: Soy suya, amo. Siempre que usted desee, tendrá esta perra a sus pies. Allí estaré, deseosa de que me use.

    Orlando la deja en visto y de nueva cuenta, el látigo de la indiferencia enciende una hoguera en el interior de Ángela.

    A la hora precisa, la joven sale de casa; se pone unos leggings azul celeste de estilo transparente que contrastan con el negro del diminuto hilo que cubre su zona intima; su torso solo se encuentra cubierto por un top deportivo de color blanco. El amo no le aclaró nada sobre la vestimenta, pero dado que es culturista de seguro le agradara verla con ese atuendo.

    Faltando cinco minutos para las seis llega al lugar indicado en maps. Es una casa de cuatro plantas, ubicada dos cuadras arriba del polideportivo del barrio molinos, la muchacha intuye que es un inquilinato y decide enviarle un WhatsApp:

    Ángela: Estoy frente a la puerta, amo.

    Orlando: En un segundo bajó, puta.

    Minutos más tarde, él joven se asoma tras el pórtico color café; luce una pantaloneta verde, tiene el torso desnudo y sus pies están cubiertos por unas chanclas viejas.

    —Sígueme -le ordena a secas-

    La joven obedece en silencio y camina tras su amo, quien la conduce por unas escaleras angostas hasta el segundo piso, allí Orlando la hace pasar a su departamento. Ángela se siente nerviosa, no emite palabra ni acción alguna para evitar cometer errores.

    —En posición de reverencia -le ordena.

    Inmediatamente ella se pone de rodillas con las manos en la espalda, las nalgas sobre los talones y la mirada fija en las baldosas. Orlando regresa en menos de lo que canta un gallo, pone una bolsa frente a su perra y le indica ponerse el traje que ella contiene, finalmente le da las indicaciones para llegar al cuarto en el que la estará esperando.

    —Aquí estoy, amo. -expresa Ángela en voz alta tras llamar a la puerta.

    Él abre y la detalla palmo a palmo, ella sonríe insinuante, pero le extraña que la haya citado en el cuarto de ropas. El traje de maid caliente, que Orlando eligió para ella, le queda perfecto: es un enterizo de tirantes que deja descubierta la mitad del pecho, de falda corta, que apenas le cubre las nalgas y con medias veladas hasta la mitad de los muslos.

    —Date vuelta, perra.

    Ángela obedece, girándose lentamente con gestos seductores y al terminar, se inclina hacia adelante, lo justo para que su amo pueda deleitar los ojos con su culo prominente. Orlando sonríe y la toma del cabello, llevándola hasta el lavadero y recostándola sobre él; le posa una mano en el culo para la nalguearla en repetidas ocasiones:

    —Ese traje te queda a la perfección, zorra. Como si hubiera sido hecho para ti, puta. -le espeta mientras tensa su cabello y le propina una nalgada seca que la hace gritar.

    —Ahhh -se queja- Me hace feliz que le agrade como me veo, señor. Azóteme más por favor, hágame su puta, es lo que más deseo -ronronea como una actriz porno de las más guarras.

    Acto seguido, siente la verga descomunal de su amo aplastarse contra su culo y restregarse sobre sus nalgas sin pudor, siente un escalofrío al imaginarse que algún día la empotre por detrás.

    —Si… sii… amo, empótreme, rómpame la cuca… -jadea entrando en calor.

    —¿Sabes por qué elegí el disfraz de maid, perra? -replica Orlando acariciándole el pubis.

    —No.. no lo sé, amo.

    —Porque eres la mísera sirvienta de mis deseos, so puta.

    —Soy su puta si desea mi señor, su sirvienta si así lo quiere. -replica ella extasiada al sentir como los dedos de Orlando juguetean con sus labios vaginales-

    —Pues eso, es precisamente lo que vas a ser hoy zorra, mi sirvienta y mi puta al tiempo. -repone él despegándose de ella- Para empezar -continua Orlando, apartándola del lavadero- vas a lavar mi ropa de ejercicio a mano, zorra.

    Ángela lo mira descolocada, tiene que ser broma, ella vino a follar, a que la use, no a lavarle la ropa, además junto a ella hay una lavadora. Sin embargo, Orlando pone un par de camisetas y pantalonetas sobre el lavadero. Ella suspira y expresa su inconformidad:

    —Pero señor, tiene que estar bromeando…

    Su amo la toma por el pelo y frente su cara le dice a los gritos que sus órdenes son incuestionables y que una perra miserable como ella no piensa, ni replica solo obedece, al finalizar le escupe la cara y Ángela queda rendida, ese trato tosco y hasta grosero es lo que más la excita, termina obedeciendo sin chistar. Hecha agua, enjabona y refriega en repetidas ocasiones, mientras que Orlando la observa en silencio ¿le excita tenerla haciendo las labores del hogar? y tal como si le leyera el pensamiento; la joven siente la mano de Orlando rodearle el cuello con rudeza a la par que muerde su oído y después susurra:

    —Así es perra, la sumisión no es solo sexual, una verdadera puta se entrega en cuerpo y alma, con auténtica devoción.

    Ángela jadea y empina el culo para rosarlo sobre la verga de su amo, que ya se encuentra totalmente erecta; ella sonríe, pues sabe que no falta mucho para que la empotre y la haga ver estrellas; así que se esfuerza por calentarlo, por provocarlo hasta que el semental que habita en su interior no se resista y la haga su perra. Mueve el culo en círculos, ocasionando que el miembro de Orlando vaya de lado a lado; como si sus nalgas fueran olas y la verga de él una canoa; empina más el culo para aplastarle el falo y de esa manera aumentar la intensidad de la sensación:

    —Ahhh puta… putaa -jadea su amo permitiéndole sentir su aliento tibio en el cuello-

    La joven empieza un movimiento de arriba a abajo en forma de zic zac, con la verga de Orlando en medio de sus nalgas; él joven se encuentra a reventar, tanto que Ángela siente que la piel de su trasero se va a desgarrar por el nivel de tensión al que está siendo sometida; si algún día le da por el culo la va a dejar con colostomía, sin lugar a dudas.

    Orlando se aparta y Ángela sonríe, consiguió lo que deseaba: despertar el morbo de su amo. El joven, le levanta la falda para juntar sus nalgas y luego lamerlas, chuparlas y darles mordiscos feroces que le ocasionan a su perra oleadas de dolor, tal como si el músculo se desgarrara; tanto así, que la joven rememora aquella vez que tuvo amigdalitis y le tuvieron que poner penicilina, es un dolor similar o quizá más intenso; pero es un dolor placentero que le genera excitación y abre un grifo entre sus piernas.

    Orlando se aparta nuevamente y Ángela respira: siente la cara caliente, su corazón late desbocado y puede sentir a la perfección las pulsaciones en los dedos de sus manos.

    Sin previo aviso, su amo le asesta un golpe seco en el culo con una vara de madera que le hace dar un pequeño brinco y le deja el culo enrojecido de lado a lado, tras ese, vienen decenas de azotes; unos más fuertes, otros más leves, algunos en ráfaga y otros pausados.

    Ángela disfruta de aquella tortura, pues en esos instantes: todo pensamiento, preocupación y quebradero de cabeza; se desvanece, se esfuma y eso le encanta, aquella emancipación de la realidad es para ella eso que llaman tranquilidad. Recuesta el pecho sobre el lavadero mojado y sus tetas se humedecen por completo quedando atiborradas de jabón. Entonces Orlando la toma por los pelos y le levanta la cabeza ¿quién te dijo que dejaras de lavar, perra? Continúa so puta, te dije que hoy serias puta y sirvienta al mismo tiempo.

    —Lo…lo siento, amo -repone la joven, quejumbrosa- Pensé que ya pasaríamos a la acción… -comenta, recuperando la postura e intentando fregar una prenda manchada de sudor-

    Orlando acomoda la vara en dirección vertical, la posa sobre el hilo que inútilmente pretende cubrir la vagina de la joven para frotar toda la extensión de su sexo; desde la entrada, pasando por los labios hasta finalizar en el clítoris, mientras tanto ella gime y experimenta un intenso cosquilleo en la vulva:

    —Ahh… ahhh… ¡No pare amo, no pare! -balbucea mientras que sus manos se detienen automáticamente.

    Segundos más tarde, Orlando castiga su entrepierna con un golpe seco, produciéndole una punzada de dolor que atraviesa su área genital. Ángela emite un grito involuntario junto a un pequeño respingo, e inmediatamente siente sus flujos vaginales piernas abajo y sus pezones endurecerse; su amo es un macho alfa de sepa: la está usando como sirvienta, la está usando sexualmente y la está castigando, todo al mismo tiempo. El verlo desde esa perspectiva, genera que su excitación aumente.

    El joven dominante, se percata que los flujos de su nueva golfa le escurren por las piernas y que sus pezones se marcan sobre el traje, sonríe para sí, esa puta está siendo un buen ejemplar, llegó la hora de usar su hocico. Ángela siente el cuerpo de su amo sobre ella, inmovilizándola por el peso, precipitando su caída sobre lavadero empapado; le sujeta las manos en la espalda y le pasa la lengua por la mejilla:

    —Buena niña, como premio vas a poder tragar mi verga -le espeta, hablándole como a una mascota-

    —Gracias, gracias amo. Se me hace agua -ahh… emite un gemido ahogado al sentir un mordisco en la nuca- la boca.

    Orlando le da vuelta para ponerla de rodillas con brusquedad; se desnuda de la cintura para abajo y tras recogerle el cabello, la abofetea un par de veces moviendo su cabeza de lado a lado para finalmente ordenarle que abra la boca:

    —Abre ese hocico de perra arrecha.

    Ángela abre la boca lo más que puede mirándolo a los ojos y con las manos sobre las piernas, sus tetas empapadas e impregnadas de jabón le dan un aire pervertido. Para calentar más a su amo, la muchacha saca la lengua y babea en demasía, permitiendo que la saliva se deslice por el canalillo de sus pechos.

    Aquel gesto vulgar pone a Orlando a mil; quien sin miramientos hunde sus 25 centímetros de miembro viril en la boca de la joven, hasta sentir que los labios carnosos de ella rozan su pubis y testículos. Le tapa las fosas nasales para impedirle respirar, entre tanto mueve la verga en círculos para sodomizarle la garganta; la joven tiene arcadas y poco a poco, se siente asfixiada por la falta de oxígeno, también percibe una sensación extraña al sentir aquel pedazo de carne endurecida revolcar su boca. Tras unos minutos que para ella son eternos, Orlando le permite respirar.

    La joven agitada, toma bocanadas de aire para recuperar el aliento con la barbilla untada de saliva y líquido preseminal, segundos más tarde, Orlando la toma por los pelos para volver al ruedo. De nueva cuenta le empotra la boca sin piedad:

    Le jala el pelo con rudeza al punto que algunos cabellos castaños y rizados, se quiebran entre sus dedos, mientras que él la embiste salvajemente: hundiéndole el miembro hasta la garganta y provocando temblores en su mandíbula. Ángela posa sus manos en las piernas de Orlando para aguantar las embestidas con mayor facilidad, lo mira a los ojos, púes bien sabe que ese gesto durante el sexo oral enloquece a los hombres de sobremanera; mientras tanto, disfruta del exquisito sabor de la verga del semental que tanto deseaba: la siente entrar en su garganta hasta abrirla por completo, siente como le destiempla los dientes y la manera en que roza su paladar y su lengua, las sensaciones gustativas son confusas por la rapidez de las embestidas, razón por la cual, ella decide cerrar sus ojos lagrimeantes para analizar mejor aquel sabor primoroso y tras tres segundos, lo concluye: sabe a macho, a hombre varonil.

    Paulatinamente, Orlando disminuye la intensidad de sus embestidas para permitirle a Ángela, deleitarse con su miembro; ella no pierde tiempo para recorrerlo con la lengua de arriba a abajo cual paleta, rodea el glande y lo succiona con sus labios provocando que su amo se derrita de placer:

    —Ahh… si… sii… puta chupona, mama, mamela y agradece, golfa.

    Ella empieza a comerse de a pocos el miembro de Orlando, disfrutándolo; se mueve adelante y atrás metiéndolo de a pocos en su boca; lo aprieta con los labios y lo lengüetea como puede, hasta finalizar con una garganta profunda que le cuesta; al sentirlo así, entero en su garganta, tiene una ocurrencia que intenta esperando que salga bien; trata de succionar con todo su tracto bucal; aspira con los músculos de la boca y la garganta, al sentir como sus paredes tallan con más fuerza la verga de Orlando y como ella cede hacia su interior, mueve la cabeza en círculos provocando en su amo un placer inenarrable:

    —AHHH -jadea él, mientras siente corrientazos por las piernas y la manera en que su glande es comprimido y revolcado por la garganta su perra.

    Ángela libera la verga de su amo cuando no puede contener el aliento y apoya las manos en el suelo mientras lo mira desde esa posición; la de una mascota sentada, Orlando no pierde tiempo para elogiarla mientras acaricia su cabeza:

    —Debo decir que ninguna puta, nunca, me ha dado una mamada como esta, zorra.

    Ángela levanta lentamente los brazos para flexionarlos y doblar las manos hacia delante mientras saca la lengua; emulando a una canica que mira sedienta a su amo, ella misma se sorprende de lo zorra que está llegando a ser, pero le encanta serlo. La pervertida imagen, lleva a Orlando a un nivel de excitación inimaginable para él.

    Se acerca y la jala del pelo hacia delante, forzándola a adoptar la posición de cuatro patas, levanta la falda de su vestido y propinándole una patada en el trasero, se dirige a ella:

    —Andando, zorra.

    Mientras su amo la dirige por el pasillo, ella bate el culo y ladra para complacerlo, para hacerle saber su nivel de entrega:

    —Guau, guau, guau, guau -vocaliza sin cesar hasta llegar al cuarto del joven.

    Allí, él se sienta sobre la cama y le ordena desnudarse: Ángela, empieza a juguetear con los tirantes de su disfraz mientras se inclina hacia adelante exponiendo sus melones frente a él, provocándolo. Mueve las caderas con sensualidad y maestría, se da vuelta; toma las manos de Orlando para posarlas sobre sus caderas, mientras ella se sienta en su miembro erecto y se lo restriega por las nalgas. Finalmente, se para de frente a su amo y deja caer el disfraz de maid, quedando solo con el pequeño hilo; Orlando se deleita viéndole las tetas duras y enjabonadas.

    —De rodillas, puta -le ordena

    Ángela se pone de rodillas para avanzar hasta donde Orlando a gatas, palpa su verga y se percata que está tan dura como el acero; su vagina se hace agua al sentirlo así:

    —Está a reventar señor ¿quiere empotrarme y acabar? -le espeta, propinándole una lamida en el glande-

    —Hazme una rusa, zorra -ordena a secas.

    Ella sonríe, pues se nota que está a punto de reventar y cualquier estimulación, lo hará estallar con facilidad; dicho y hecho, tras tres o cuatro minutos en los que ella lo masturba con sus pechos a buen ritmo: él ya se torna jadeante y se retuerce, hasta que finalmente se pone en pie para tomarla por el cuello:

    —Cierra los ojos, zorra -ella obedece.

    En cuestión de segundos, siente chorros y chorros de semen tibio, caliente y grumoso estrellarse contra su piel facial; luego se deslizan hasta llegar a la comisura de sus labios y a su barbilla, Ángela se relame los labios:

    —Su leche es el mejor manjar, amo.

    —En un rato tendrás más, puta.

    Acto seguido, su amo toma un marcador de su mesa de noche y escribe algo sobre su frente, luego la levanta de un jalón en los brazos para ubicarla de espaldas a él, en un espejo de cuerpo entero; la imagen que ve de sí misma la pone tan caliente como la mismísima lava del infierno: Está casi desnuda e inmovilizada por Orlando, con la cara repleta de semen y la palabra “PERRA” escrita en su frente, siente que su vagina se dilata al máximo y sus jugos caen en un chorro hasta el suelo.

    Con habilidad, Orlando separa las piernas de su perra y atándole las manos en la espalda con una corbata, la jala del pelo para penetrarla hasta el fondo de un solo empellón, Ángela gime de placer, mientras su amo le taladra la vulva como bestia, como a ella le gusta; le pega la cara al espejo para aprisionarla entre el cristal y su cuerpo, le hunde la verga a un ritmo frenético que tensa las íntimas entrañas de la joven a la par que hace rebotar sus tetas como pelotas de goma. Ella gime como loca, como posesa:

    —Ahh… ahh Amo… no pare, culeeme, empótreme, soy su puta, su juguete, su esclava! -balbucea extasiada, para segundos después llegar al clímax y correrse exquisitamente-

    —Eres mi puta zorra!! mi perra de burdel!! -responde Orlando excitado, mientras la asfixia y la penetra con salvajismo, sacándosela y metiéndosela entera, estrellándole los testículos en las nalgas y haciendo sonar sus caderas al chocar.

    —Ahh… sii… siii… Amo… -gimotea la joven al tener su segundo orgasmo-

    Orlando fuera de sí, la lleva hasta la ventana y a través de ella, le saca el torso para empezar a penetrarla sin compasión; el temor que siente Ángela de que alguien pueda verla y grabarla o fotografiarla, aumenta su excitación de sobremanera. La joven aprieta los labios para contener sus gemidos, mientras su amo le destroza la entrepierna, llenándola por completo.

    —Mmm… mmm -es el único ruido que emite, mientras Orlando la empotra y le susurra vulgaridades al oído.

    En menos de lo que canta un gallo; la vagina de la joven se convulsiona en contracciones rítmicas, alcanzando un orgasmo descomunal que empapa las piernas de Orlando por completo. Instantes más tarde, el joven no aguanta y estalla en sus nalgas.

    Continuará…

  • La oficina: La secretaria

    La oficina: La secretaria

    Es un día normal como cualquier otro en las oficinas empresariales de Máster Chip, una compañía tecnológica, dónde se puede ver a una secretaria ajetreada por las peticiones de su jefa.

    Su nombre es Valery Thompson y desde hace un año trabaja en esta empresa. Cuya presidencia es manejada por la señorita Miriam Steele.

    Miriam Steele es una mujer muy bella, pero con un carácter arrogante y egocéntrico. Trata con mucho nepotismo a sus empleados, ensañándose especialmente con su secretaría ejecutiva con la cuál es especialmente sádica.

    Muchas personas en la empresa se sorprendían que Valery hubiera soportado ese trató cuando otras secretarías renunciaron en pocas semanas, Valery solo soporta el despreciable trato de su jefa porque se sentía profundamente atraída hacia ella desdé que empezó a trabajar, no ha pensado en otra cosa que no sea llevársela a la cama diariamente.

    Valery había urdido un plan por los últimos meses para volver realidad su más profundo deseo y ese día estaba a punto de llevarlo a cabo.

    Valery estaba preparando una taza de café para su jefa, está acostumbra tomarlo durante su almuerzo así que ella lo aprovecharía para colocar un somnífero en él.

    Ella miraba con malicia como la sustancia se disolvía lentamente en la humeante taza de líquido oscuro y simplemente la lleva a la oficina de su jefa como si nada pasará.

    —Con permiso jefa aquí traigo su taza de café de la tardé— dijo Valery poniendo su mejor sonrisa.

    La empresaria ni siquiera levantó la mirada del documento que estaba estudiando detenidamente y solo respondió.

    —Dime, ¡ya tienes mi agenda para mañana niña!— dijo la mujer mientras continuaba leyendo el documento.

    — ¡Sí, jefa! Mañana tenemos una reunión con unos proveedores para la compra de piezas para sus nuevos teléfonos— Valery levantó la tablet donde había colocado la agenda y empezó a señalar los puntos más importantes de la misma.

    Miriam empezó a beber el café sin prestar realmente atención a la mujer frente a ella. Valery sonreía con malicia mientras veía como lentamente la mujer empezaba a beber el café.

    Ella continuó hablando unos minutos más hasta que vio como su jefa ya no lograba ponerle atención, la vio tambalearse en su silla y antes de que pueda decir algo, cae de frente en su escritorio totalmente inconsciente.

    —¿Jefa, está todo bien?— dijo Valery con fingido interés mientras se acercaba a la inconsciente mujer

    Cuando Valery comprobó que su jefa dormida profundamente, no pudo ocultar una gran sonrisa de triunfo ese año de ser víctima de sus maltratos y humillaciones al fin tendría recompensa.

    Ella se acercó lentamente a la indefensa mujer y le susurró al oído.

    —¡Perfecto! ahora que estás en mis manos podré quitarte esa actitud de perra orgullosa que tienes conmigo diariamente— mientras decía eso lamió el puente de la oreja.

    Sonriendo maliciosamente, cerró la oficina de su jefa con llave y empezó a cancelar cualquier cita que tuviera bajo cualquier excusa, finalmente cuando la última cita fue cancelada ella fue a su oficina donde tomó una pequeña maleta que habría preparado con antelación con los objetos necesarios para la ocasión y rápidamente volvió a dónde estaba la inconsciente mujer.

    —Sabe jefa, ¡Es la hora de su lavado cerebral!— dijo maliciosamente la mujer sabiendo que el somnífero pronto perdería su efecto…

    Acomodo a su jefa en su propia silla y le colocó una mordaza masoquista para evitar que pudiera pedir auxilio y estropear la diversión, le amarró fuertemente los brazos con correas a los descansa brazos y sacó un bastón separador de piernas de la maleta y le ató los tobillos, cuando vio que no podría escapar con facilidad, saco el resto del equipo.

    Le colocó unos audífonos inalámbricos con mensajes subliminales de sumisión y obediencia creados por ella, acto seguido le colocó unas gafas de realidad virtual que reproducirá una serie de videos hipnóticos para que su mente los acepte con más facilidad y finalmente le inyectó en el brazo una potente droga que la volvería sumamente susceptible a la programación.

    Valery vio como su jefa empezaba a despertar y procedió a activar los aparatos mediante su tablet gracias a la droga estaba indefensa ante los poderosos mensajes subliminales que rápidamente llenaron su mente.

    Tras unos minutos sin saber si su plan había funcionado Valery no logró resistirse y se acercó para delicadamente retirar la mordaza de los labios de la mujer.

    Para su sorpresa ella comenzó a repetir los mensajes que mira y escucha

    «¡Soy tu puta sumisa!»

    «¡Soy tu esclava sexual!»

    «¡Obedeceré a todas tus órdenes!»

    Valery se emocionó ante ese avance por lo que procedió abrirle la blusa a la indefensa mujer para ver sus enormes tetas, guardadas dentro de un simple sostén de algodón.

    — uuuufff ¡jefa qué buena está!— tras decir eso Valery le sacó los pechos del sostén— y esas tetas deliciosas tienen los pezones erectos.

    Valery no se resistió y comenzó a chupar las tetas de su jefa, está a pesar de estar bajo el condicionamiento auditivo y visual, gime con gran deseo.

    Ante esa respuesta Valery sin dudarlo ni por un momento llevó una de sus manos bajo su falda y empezó a masturbarse.

    —jajaja ¡Buena gatita!— dijo Valery mientras se continuaba masturbando—así gime como lo que eres, pronto dejarás de pensar con el cerebro y lo harás con el coño como siempre debiste hacerlo.

    Tras decir eso regreso a lamer los grandes pechos de la mujer.

    Tras un tiempo dejó de jugar con sus tetas y procedió a subir su falda tipo sastre lo más que pudo para poder ver el tipo de ropa íntima que usaba su jefa, ella se llevó una gran decepción al ver que bajo las pantimedias que usaba había unas sosas pantaletas de algodón.

    —¡Tu modo de vestir será lo primero que cambiaré de tu aspecto!— diciendo eso rasgó las pantimedias negras de la mujer y rompió las pantaletas dejando al descubierto el húmedo y velludo monte de venus que parecía brillar con el flujo íntimo de la mujer.

    Incitada por el aroma que desprendía la intimidad de su jefa, Valery comenzó a lamerlo al mismo tiempo que se masturbaba.

    Fueron varios minutos donde lo único que ella pudo escuchar eran los gemidos de placer que salían de la boca de su jefa lo que la incitaba para ir tan profundamente con su lengua como le fuera posible.

    Ambas mujeres llegaron a un intenso orgasmo, Miriam liberó una copiosa cantidad de jugos íntimos y Valery bebió todo lo que pudo de aquellos líquidos íntimos siendo esa la señal para terminar por el momento.

    Valery se levantó con un poco de dificultad debido al orgasmo recién recibido miro su mano llena de sus propios fluidos íntimos sonriendo maliciosa los acerco a la boca de Miriam.

    —¡lamelos gatita!, tu amaras este sabor y harás lo que sea por probarlo de nuevo— dijo la mujer mientras le acercaba sus dedos llenos de sus propios fluidos.

    Miriam no lo dudó dos veces e inmediatamente lamió los dedos de Valery mientras hacía ruidos obscenos.

    Valery se dio cuenta que aunque pese a la actitud dura y orgullosa de Miriam, en su interior duerme una sumisa deseosa de sexo que suplica por ser liberada y ella se encargará de hacerlo.

    —¡Buena gatita!, ahora tu mente consciente no recordara nada de lo que aquí ha pasado ¿Entiendes?— dijo Valery mientras lentamente empezaba a desatar a su jefa.

    — Sí entiendo— respondió la mesmerizada mujer

    —A partir de hoy cuando te diga la frase: «gatita caprichosa» caeras en este profundo sueño donde obedeceras mis ordenes, ¿Entendiste?— dijo Valery mientras acomodaba a la mujer en su silla.

    —Entiendo y obedezco— respondió la mujer que aún permanecía en un trance profundo.

    Valery acomodó el resto de la ropa de la mujer y la limpió lo mejor que pudo antes de arreglar su propia ropa tomar un par de cosas de su maleta regresaron al frente del escritorio de la mujer y le dijo.

    —¡Despierta, gatita caprichosa!— dijo Valery con firmeza.

    Tras decir eso la mujer despertó abruptamente sintiéndose muy confundida.

    —¿Dónde rayos estoy?— dijo Miriam mirando a todas partes mientras se tocaba la cabeza.

    — Está en su oficina— respondió Valery que tenía en sus manos una botella de agua mineral y una tira de aspirinas.— Dijo que tenía un fuerte dolor de cabeza y me pidió que le trajera una aspirina.

    —¿A sí?— respondió la mujer aún aturdida— ¡Mejor me iré a casa!

    —¡Cancela todas mis citas para hoy!— dijo la mujer mientras tomaba el agua y las medicinas y salía de la oficina.

    —¡Cómo usted ordené!— respondió la mujer mientras sacaba discretamente los restos de la ropa interior de su jefa y se los llevó a su nariz para aspirar su aroma.

    Continuará…

  • Mis padres me regalaron un vagabundo

    Mis padres me regalaron un vagabundo

    A diferencia de mis padres que son unos buenos samaritanos, yo tiendo a ser más frío y desconfiado. Pero en mi defensa he de decir que desde que era pequeño me llevaban a todo tipo de horribles lugares a ayudar a los demás, deshaciendome incluso de mis propios juguetes para regalarselos a los avariciosos niños de la calle. En fin, creo que la idea de no ayudar a nadie desapareció con la llegada de «Fabricio», un viejo amigo de mis padres, y que en sus mejores tiempos fue maestro de lucha.

    Recuerdo que un día al llegar de la universidad, me encontré a mi madre limpiando mi habitación, pasó de ser la habitación de un chico común a la de un militar, y con esto me refiero a que limpió todo, llevándose consigo muchas de mis cosas. No entendía que pasaba, ¿por qué se estaba deshaciendo de mis posesiones más deseadas? ¿Acaso se las daría de nuevo a los pobres?

    Me regreso la tranquilidad una vez me dijo, que tendríamos visita y que tenía que tener todo en orden. Pero aun así, eso no explicaba porqué se había llevado mis cosas.

    Una vez en la cena, mis padres me explicaron que llegaría Fabricio, un viejo amigo de ellos, hasta ese momento me pareció bien, mis padres habían decidido hacer su caridad del mes. Pero después continuaron diciendo que su amigo había caído en las drogas desde hace un par de años, por lo que perdió a su mujer y a sus hijos. He conocido a drogadictos, no es la primera vez que he lidiado con uno de ellos, pero honestamente, no tengo la paciencia suficiente como para lidiar con uno. Entendía que mis padres querían ayudar a su viejo amigo, pero ¿qué tenía que ver eso con que se hayan llevado cosas?

    Fácil, mis padres habían decidido que un drogadicto de casi cuarenta años iba a dormir en la misma habitación que yo, no sé quién estaba peor si ellos por no ver el peligro que eso representaba o yo por terminar aceptando.

    Al día siguiente, llegó a nuestra casa un colchón nuevo junto con su base, entonces mi padre y yo lo subimos. Quería que su cama estuviera lo más alejada de la mía, y es que no quería despertar a las 3 am con un loco amenazándome con una navaja o algo parecido. Pero entonces me pregunte ¿cómo pasas de tener una hermosa familia y una enorme casa a comer mierda en la calle?

    ¿Qué habrá pasado por su mente para mandar todo a la mierda?

    Papá me contó que Fabricio le había puesto los cuernos a su ex mujer, aunque no me dijo con quién, me dio a entender que lo hizo con alguien que no valía la pena, por lo que deduzco que se trataba de una prostituta o alguien que tiene un onlyfans, no lo sé. Entendí también que se habían llevado mis cosas de valor para evitar así que Fabricio escapara con ellas y que las vendiera, al menos eso fue algo inteligente de su parte.

    Se supone que mis padres traerían a Fabricio en la camioneta y que serían ayudados por varios amigos, deseaban ayudarlo, pero en pocas palabras lo traerían a la fuerza.

    Una vez llegó la camioneta, apareció en el aire un olor a putrefacción. En serio, no exagero, ¡olía horrible!

    Resulta que Fabricio se había cagado en los pantalones, sin mencionar que el agua y el jabón era inexistente en su vida. De alguna manera era su forma de decirles a mis padres que no quería ser ayudado, y yo estaba de acuerdo con eso, si el hombre no quiere que le ayuden, pues dejenlo donde estaba.

    Entre cuatro hombres lo bajaron a la fuerza de la camioneta, mientras que mi madre no tuvo otra cosa que hacer más que llevar la camioneta a lavar en ese preciso momento.

    Una vez pasó a un lado de mí, me contuve las ganas de vomitar.

    Y la verdad es que yo solo le pedía al universo que no lo sentaran en uno de los sofás o que lo subieran a mi habitación en esas fachas.

    Afortunadamente, lo subieron hasta al baño de mis padres que es el más grande y fue ahí en donde pudieron meterlo a bañar. Uno de los hombres que venían con ellos, sacó de una bolsa una maquina para cortar cabello. El tipo al ver mi cara lo bastante asqueada, me dijo que era porque le habían encontrado un sinfín de piojos a Fabricio, por lo que era necesario dejarlo completamente pelón. Recorde que su cama estaba a pocos pasos de la mía, por lo que subí a moverla y pegarla lo más posible a la pared contraría a la mía.

    Escuché como Fabricio gritaba como loco, parecía incluso que lo estaban matando, una total exageración. Mi padre salió del baño con la nariz sangrando, al parecer Fabricio le había dado una patada en la cara.

    -Tendrás que ayudarme con él -me dijo desesperado.

    Guácala.

    ¿Qué? ¿Acaso la sustancia que se metió el vagabundo le había hecho efecto a mi padre? ¿O como por qué yo haría eso? Estaba loco si creería que yo iba a intervenir. Pensé en un y mil excusas para no hacerlo, pero mi padre me conoce lo bastante, sabe que se me da muy bien mentir cuando alguien necesita algo.

    Me dijo que si yo hacía esto por él, me pagaría las vacaciones de verano con mis amigos. Y sin más que objetar, me puse manos a la obra.

    Papá sacó de su clóset un conjunto de ropa que había comprado recientemente. Me la dió y me pidió que se la llevara a Fabricio, y que si se negaba, que entonces yo mismo lo vistiera.

    Para cuando llegué al baño, los hombres que lo habían bañado ya estaban agotados. Y por suerte Fabricio también. Me di cuenta que su cabello estaba regado por todo el baño, evité pisarlo, no vaya ser que me brinque una pulga.

    Me encontré con que el vagabundo era de miel morena, con un poco de panza, pero no mucha. Yo lo describiría como la panza que tiene un hombre una vez que se empieza a descuidar, que admito, en muchos casos es sensual. Y sin querer sonar cliché, tenía los brazos de un albañil, fuertes, resistentes, bastante morenos por el sol, pero que te logran dar la impresión de que te pueden cargar, Por otro lado, las piernas eran grandes, dándome así la fantasía de verlas encima de mi cara. Y aunque no tenía mucho vello tenía lo suficiente como para adornar sus partes bajas. Y entonces lo note, estaba morboseandome a un vagabundo que minutos atrás se había cagado.

    Había caído muy bajo.

    Tomé la toalla y me acerqué a él, pero su mirada parecía pérdida. De su rostro solo veía lo cristalino en sus ojos, como si hubiese perdido en un recuerdo.

    — ¿Necesitas que te ayude?

    Pero no encontré respuesta alguna por parte de él, se mantuvo en silencio. No sabía qué hacer, digo, no me la iba a pasar toda la tarde esperando a que reaccionara, pero tampoco me quería acercar lo suficiente como para que me diera una patada en la cara.

    Intenté pedir ayuda de los amigos de mis padres, pero estaban de lo más placidos en el jardín trasero.

    — Está bien, no hay por que entrar en pánico. Tú no quieres estar aquí y yo tampoco quiero que tú estés aquí, así que si me ocasionas el minimo de los problemas, te ayudaré a salir de aquí. ¿De acuerdo?

    Pero solo me miró sin decir algo.

    — Ay, bueno, y quizás te dé un poco de dinero para que compres lo que quieras.

    Y entonces, fue como darle un hueso a un perro, en seguida reaccionó, diciendo.

    — Sí, sí.

    Fabricio se puso de pie, dejándome ver unos hermosos huevos colgando de él. Eran oscuros, suavecitos y caían delicadamente entre su entrepierna. Mientras que el pene estaba de lo más flácido, aproximadamente unos 14 centímetros. No podía imaginar como se vería esa cosa en su mayor expresión.

    Tenía frente a mí a un hombre verdaderamente delicioso. Pasó por mi mente su pene atravesando con fuerza mi trasero. Lo quería, lo necesitaba.

    — ¿En serio me vas a ayudar? — me preguntó.

    Claro que lo voy a hacer.

    Muy pronto segunda parte.

  • Descubriéndome

    Descubriéndome

    La primera vez que me masturbé fue pura casualidad, sentí una cosquilla y baje mi mano realmente no estaba segura de lo que hacía, pero era algo que se sentía bien, estaba debajo de mis cobijas y cuando empecé a sentir excitaciones saqué una foto de la verga de mi novio y me empecé a mojar aún más, fue tan exultante que terminé muy cansada, yo no sabía que de ese día se vendría un sinfín de experiencias personales riquísimas.

    Un día tomé una almohada y me monté en ella, abriendo mis piernas y dejando la punta de la almohada incrustada en mi vagina, comencé a mover mis caderas como si estuviera montado a caballo y mi respiración se agitaba, mis pezones se erizaban y yo comenzaba a gemir ahhh era tan excitante el escucharme gemir, me encantaba, lo hacía una y otra vez.

    Otro día estaba tan caliente en la noche que comencé a hablar con un suizo, hablando de cosas sexuales me calenté tanto que necesitaba hacerlo, así que experimenté toda una noche, tuve tantos orgasmos que fue lo mejor, lo hice con los dedos, de arriba a abajo, en círculos (lo mejor) mi vagina está extasiada, cuando termine de hacerlo con los dedos monte mi almohada mientras tocaba mis pechos, terminaba y después enrollé una toalla de tal forma que la tuviera en la vagina la pasaba por mis labios y quería ser penetrada en esos momentos se sentía tan rico, he tenido sueños en donde dormida tengo orgasmos y eso es tan extasiante, quiero que el día que me cojan lo hagan tan bien y mejor de cómo me masturbo.

  • Fin de año especial

    Fin de año especial

    Decidimos pasar el fin de año en casa de mis suegros, llegamos alrededor de las 8 pm. Empezamos a alistarnos para recibir el año, eran alrededor de las 9 pm cuando sale mi cuñada de su cuarto, ufff quede impresionado al verla, al instante sentí que se me levantaba la verga nada mas con verla, traía una falda corta gris con rayas, blusa poco escotada negra y un ligero suéter encima, vio que la estaba mirando y enseguida paro las ricas nalgas que se carga.

    Ambos sabíamos y recordábamos las dos ocasiones en las que estuvimos juntos las cuales fueron muy especiales. Total se llegó la hora de cenar y después brindar. Entro el año y todos contentos y dándonos el abrazo.

    Fue transcurriendo el tiempo y entre unos tomando alcohol, las mujeres platicando se dieron las 3 de la mañana, mi esposa se fue a dormir, mis suegros también y al final solo quedamos mi cuñado, mi rica cuñada, su novio y yo. Mi cuñado ya entrado en copas se salió y se fue con los vecinos, yo no quise desaprovechar la oportunidad y le envíe un mensaje a mi cuñada diciéndole que la esperaba con ansias que se veía muy buenota, enseguida le dijo a su novio que ya tenía sueño y lo acompaño a la puerta para despedirlo, quede solo y un poco ebrio.

    La espere un rato en lo que regreso y ambos sabíamos lo que pasaría, cerca del baño detuve su camino y le agarre esa cinturita que tiene y la comencé a besar, desesperado yo tal vez por las copas que tenía encima empecé a agasajarla, era otro sueño hecho realidad tenerla nuevamente en mis brazos. Así estuvimos por más de 5 minutos, le tocaba sus nalgas y le metí la mano a la blusa para tocarle esos pezones morenos tan ricos que tiene, ella me tocaba por encima del pantalón y me susurraba al oído: “Quiero toda esa verga dentro de mi”.

    Le fui subiendo la falda poco a poco y que buena sorpresa me lleve, traía puesto un calzoncito transparente de encaje color carne, mientras la volteaba de espaldas para arrimar mi miembro en sus nalgas le agasajaba las tetas pequeñas pero sabrosas que tiene, le gustaba y gemía poco, le metí la mano entre sus piernas por debajo del calzón y le empecé a dar dedo suavemente, ahí fue cuando exploto de excitación y gemía mas fuerte pero la trataba de tapar la boca por que podían escucharnos. Nos metimos a un cuarto donde tienen la cocina y al entrar solo me dijo: “Cógeme papi, cógeme bien duro como si no fuera la última vez”.

    Ya con la falda arriba solo le hice el calzón por un lado y fui entrando poco a poco, uuuf estaba súper mojada, no aguante y le di duro, gemíamos los dos con mucho placer. “Así cuñadito, así dame, dame, no pares que me encanta tu chile, ah, Ahhh, me encanta esa verga dentro de mi, quiero que me des toda la noche, mas, mas, mas.

    Me encanta que hable así pero me daba nervios que nos escucharan aparte me excitaba mucho y sentía que eyaculaba por eso en ratos paraba. Acomode una silla porque le dije que quería que me diera unos sentones, y por supuesto que accedió, se desabrocho la blusa y se bajó el sostén y se montó en mi verga, sus nalgas brincaban y brincaban sin parar, le decía: “Así mami, así siéntate fuerte, me encantan tus sentones, te mueves muy rico” le besaba con desesperación sus pezones que estaban ya muy parados, los metía en mi boca y les daba leves mordidas. “Uff así muérdeme las chiches despacio pero rico papi”.

    “Me encanta que me cojas así porque me encanta tu verga”

    Le dije que estaba a punto de aventar mi leche y me dijo: “Adentro no papi, deja me salgo y te muevo mi culo para que me veas y me los avientes en mis nalgas”. Me salí mientras ella me bailaba y se movía haciéndome un baile muy excitante.

    Miraba con movía sus ricas nalgas y explote, me acerque a ella y le deje ir toda mi leche. “Ahora quiero llegar yo papi, mete tu lengua en mi vagina hasta hacerme llegar” Se sentó en la misma silla y comencé a meter mi lengua hasta donde le entrara, gemía y gemía hasta que también termino.

    Terminamos exhaustos, nos cambiamos rápido y mientras ella se iba al baño yo me limpie y me fui a acostar, era otra sueño con mi cuñada que jamás lo olvidaremos. Nos encanta coger juntos y lo más probable que se repita.

  • Espera, no lo desperdicies

    Espera, no lo desperdicies

    —Oye, ¿no crees que un chico de diecinueve años ya está en edad de…?

    —¡¿De tener novia?! ¡no! ¡Estás mal! —respondió Martha con contundencia—. Mi Danny debe terminar la carrera antes de poder tener novia. Mi hijo debe estudiar, y todavía luego conseguir un buen empleo antes de buscar mujer. Además, no quiero que una cualquier buscona me lo eche a perder sólo por… no. Él debe casarse con una chica preparada, que tenga la misma carrera para que se entiendan. Sólo así podrán tener un matrimonio sólido, estable.

    —¿Matrimonio? Pero cómo quieres que Daniel se case con la primera chica que conozca, así sin experiencia. Para eso sirven los noviazgos, para conocerse, para experimentar antes de…

    —¡¿Experimentar?! ¿Te refieres a tener sexo…? ¿Y luego para qué? Nada más para que trunque sus estudios y tenga que trabajar de cualquier manera para mantener mujer y escuincles. No, fíjate, estás muy equivocada, mi hijo es muy inteligente como para que desperdicie su talento así como así. Ay Elvira, cómo se ve que tú no sabes nada de ser madre.

    Martha había hablado duramente sin detenerse pese a que sus palabras podían lastimar a su amiga. Bien sabía que Elvira se había quedado sola luego de que todas sus hermanas se fueran de casa tras el matrimonio. Ella era la única que se había quedado soltera y, a su edad, le pesaba; una contestación como la dada por Martha era una forma de lastimarla en lo más hondo.

    Elvira guardó silencio tragando el dolor causado por su amiga pues era huésped en su casa. Además bien la conocía, Martha siempre se destacó por su duro carácter y por querer controlarlo todo; era por ello que su esposo la dejó.

    Elvira y Martha se conocían desde su infancia y se visitaban de vez en cuando desde aquellos años. Claro que ahora Martha ya tenía un hijo que iniciaba sus estudios universitarios mientras que Elvira aún seguía sola. Soltera y sola en la vieja casa de sus padres.

    De visita, luego de algunos años, Elvira se había dado cuenta de que su amiga aún ejercía un férreo dominio sobre su hijo pese a que éste ya era mayor de edad. Pese a esta circunstancia Martha lo dominaba, como cuando tenía diez años. Lo controlaba a tal punto que no salía con amigos, ni mucho menos chicas, y permanecía todo el día en casa, encerrado en su habitación. Elvira sabía que un joven de su edad debería salir, disfrutar de su vida, de su juventud; divertirse. Eso es lo que le había señalado pero era obvio que Martha no cambiaría; ella siempre querría controlarlo.

    —¿Para qué? ¿Para que me lo echen a perder? No, no, no. Mi Danny no necesita amigos, él está más seguro aquí en casa. Es un chico muy quieto, un buen niño —así respondía Martha a las opiniones de su amiga.

    Pero el hijo de Martha ya no era un niño, pues más allá de ser mayor de edad él ya tenía necesidades, necesidades de hombre; hasta Elvira se había dado cuenta. Daniel estaba necesitado de desahogar sus frustradas carencias sexuales. Hacía tiempo que sus deseos naturales le exigían a voz en grito ser satisfechos. Así que, mientras ambas mujeres conversaban bebiendo té en el comedor, Daniel se hacía la cotidiana y necesaria “chaqueta” diaria encerrado como siempre en su habitación, viendo el porno infinito que el internet podía brindarle. Ese era su único alivio a su terrible carestía de hembra.

    —Es verano Martha, plenas vacaciones, y el chico no sale de su cuarto —le insistía Elvira a su amiga quien no aceptaba aquellas críticas bien.

    “Se la pasa todo el día ahí encerrado. ¿Tú crees que eso es sano?” Elvira decía en el comedor mientras que en su cuarto Daniel consolaba a su miembro masculino. Para esos años de su vida, a Daniel (o Danny, como le decía su madre) le obsesionaba una y sólo una cosa: poder meter su pene en la cálida y húmeda intimidad de una mujer. Había soñado con cómo sería eso desde su adolescencia. Deseaba conocer el placer de hacer contacto sexual por primera vez. Guarecer su pene en un apretado sexo femenino; le hacía ilusión el conseguirlo. Aunque aquello sería cosa difícil para un chico como él, uno educado por una madre autoritaria que no le permitía conocer el mundo. Atado a sus propias inseguridades, Daniel no se atrevía siquiera a hacerle conversación a una chica, esto a satisfacción de su castrante madre.

    Daniel, obediente de su progenitora, no se lanzaría así como así a la conquista de una chica. El dominio de aquella mujer lo tenía subyugado; lo había marcado con una inseguridad que le impedía acercarse al sexo opuesto. Daniel era un joven no sólo tímido, sino que temeroso de interactuar con chicas reales, chicas de su edad. Nomás estaba cerca de una le sudaban excesivamente las manos, comenzaba a temblar y enmudecía; no sabía qué decir y se ponía nervioso. Por ello se conformaba con las que veía a través de la pantalla.

    Sabiendo que su madre estaba con su amiga Daniel disfrutaba de todo un maratón de videos sin eyacular. Se la tallaba regocijándose del hervor que se gestaba en el interior de sus testículos.

    Y aunque sus gustos eran variados, Daniel en ese preciso momento gozaba del género de milfs, pues desde que tenía memoria le atraían de forma particular las mujeres maduras (probablemente motivado, inconscientemente, justo por la férrea educación matriarcal a la que era sometido). Se manueleaba prácticamente saltando de un video a otro que tuviera en su descripción: milf; madrastra; esposa infiel; casada pero necesitada; madura con jovencillo; nodriza lechera; con la mamá del amigo, en fin.

    Se la tallaba haciendo crecer ese gustoso placer, pero antes de llegar al culmen se calmaba para empezar de nuevo, y así y así.

    Muy en esas estaba cuando Elvira se asomó a su cuarto. Había ido a avisarle que ya iban a comer, pero la mujer abrió la puerta sin tocar previamente así que pudo ver al joven jalándosela. Por suerte Daniel estaba de espaldas a ella y usaba audífonos, así que no se dio cuenta de su presencia; de no ser así se hubiera llevado vergonzosa sorpresa.

    Elvira lo contempló por unos segundos, no le sorprendió tal escena (otra cosa hubiera sido si Martha fuese quien lo descubriera). A Elvira le parecía de lo más normal, dado la estricta disciplina de su amiga, de hecho ya se lo imaginaba, el pobre chico permanecía encerrado en su cuarto casi todo el día. Con una madre como Martha qué más le quedaba.

    Elvira no sintió embarazo alguno al contemplar tal situación, a decir verdad le sacó una sonrisa atestiguar aquello. No obstante, al caer en cuenta de que estaba viendo manuelearse al hijo de su amiga, decidió retirarse de manera discreta cerrando la puerta con cuidado.

    Daniel, sin haberse percatado de la intromisión, seguía acrecentado la tensión sexual que se le acumulaba en sus “huevos” limándose el tolete. Claro que tendría que desahogarse en algún momento si no quería que le dolieran luego, pero aún no se disponía a hacerlo; lo que hacía le complacía al máximo. Sin embargo…

    Martha se aproximaba por el pasillo pues impaciente iba ya por su hijo para que le ayudara a poner la mesa. Elvira, al verla, regresó a la puerta de Daniel y tocó llamándolo al mismo tiempo.

    —¡Daniel, que ya te vengas a comer! —dijo sin abrir la puerta esta vez.

    Por supuesto, hizo esto con interés de alertar al chico y así Martha no lo descubriera en las circunstancias que ella lo había visto.

    Daniel se sobresaltó pero tuvo tiempo de ocultar lo que estaba haciendo. Lamentablemente tuvo que parar sin haberse desahogado.

    Minutos más tarde, Elvira, Martha y Daniel comían. La primera aún mantenía fresca la escena vista momentos antes; esto le provocaba una sonrisa que ocultaba de su amiga para no dar lugar a sospecha. Pero también dio lugar a un pensamiento que sopesó en su mente hasta que decidió concretarlo en la realidad.

    —Sabes Martha, me preguntaba si le darías permiso a Daniel de pasar unos días allá conmigo. Me has dicho que este año ha salido con muy buenas calificaciones y creo que sería una buena recompensa que pase unos días allá en el sureste.

    Martha, sin decir nada, vio seriamente a su amiga como expresando con su voz arisca lo mal que le venía la idea.

    —Pero yo no puedo acompañarlo, ya sabes que en este mes estoy muy ocupada con lo del negocio. —respondió Martha.

    —Bueno, pero él puede irse conmigo, acompañarme en mi regreso. Ya luego de pasar una semana te lo envió de vuelta. Puedes esperarlo en la terminal, te llamaré con anticipación para que sepas a qué hora llegará. Total, ¿qué le puede pasar? Es sólo una semana.

    Martha, sin decir nada, pero con una expresión que evidenciaba su incomodidad al dejar que la alejaran de su hijo miró a éste. Daniel bajó la vista y no dijo nada dejando que su madre decidiera por él.

    —Anda, es justo que lo premies —insistió Elvira—. Acuérdate que a ti así te premiaban tus papás, te ibas muy contenta a mi casa justo a su misma edad. Te divertías mucho, ¿te acuerdas?

    Recordar sus años de juventud, la felicidad de aquellos días, hizo que Martha se ennobleciera y aceptó desprenderse de su hijo por unos días, pese a que su recelo quedaba patente.

    Así, al día siguiente, Daniel acompañaba a Elvira en su viaje de regreso al sureste del país. Durante el trayecto Daniel iba tan callado como siempre. Elvira tuvo que romper el silencio tratando de hacer conversación mientras que él apenas si respondía escuetamente a sus preguntas.

    —¿Tienes novia Daniel?

    Éste se sonrojó y sin decir nada sólo movió repetidamente su cabeza negativamente. Elvira sonrió. Ella ya lo sabía, por supuesto, pero quería ver cómo reaccionaba.

    Una vez llegaron el clima caluroso se hizo sentir en el cuerpo de Daniel. Habían llegado de noche, aun así hacía un calor húmedo que inmediatamente lo hizo transpirar.

    Mientras iban hacia la casa de Elvira, quien le había dicho que quedaba cerca por lo que se dirigían a pie, Daniel pudo percibir el sonido del mar cercano. No lo podía ver pero era notoria su presencia al otro lado del bulevar, incluso distinguió su aroma. Siendo la primera vez que estaba tan cerca del océano ese olor quedó para siempre grabado en su memoria.

    Al llegar al centro de la ciudad el joven pudo apreciar la belleza del casco antiguo. Aquella zona evidenciaba que originalmente había sido una ciudad amurallada de tiempos de la colonia. El lugar lucía pintoresco, definitivamente era un sitio turístico.

    Al ser la primera ocasión en su vida que Daniel visitaba un lugar así le fascinó, los colores, la música, los olores, todo llenó sus sentidos.

    —Bonito, ¿verdad? —le dijo Elvira al notar su expresión mientras caminaban por la plaza principal—. Vente, te invito un helado.

    Lo llevó a uno de los establecimientos que estaban bajo los viejos portales que rodeaban la plaza.

    Para él, un joven que casi ni salía de su cuarto, aquello era otro mundo. Todo era tan bello, sobre todo las infaltables turistas que andaban por ahí. Aquellas chicas, muchas de rubios cabellos, u otras tan oscuras como el café, captaron su atención. Sus menudos cuerpos despertaban de manera natural sus instintos de reproducción. No lo notó pero hasta una pequeña cantidad de líquido lubricante que salía de su sexo manchó su pantalón evidenciando su excitación.

    Sin contenerse, Daniel veía embobado a las jovencillas quienes usaban prendas muy cortitas y ligeras, éstas dejaban ver mucha de su tersa piel.

    Elvira, dándose cuenta de lo que le ocurría al chico, lo dejó regocijarse del espectáculo mientras comían helado de frutilla. Para Daniel aquello era la viva imagen del paraíso.

    Tiempo más tarde:

    —Adelante Daniel —le dijo Elvira al llegar a su casa.

    La vivienda era una antigua casa, muy espaciosa y de techos altos. Los muebles lucían gastados pero bastante resistentes, hechos de madera su mayoría. Descascaradas figurillas de cerámica ornamentaban por doquier, además de viejos cuadros colgados de las paredes.

    —Mira, hoy ya es tarde, pero mañana te llevo de paseo. Te llevaré a recorrer el malecón y nos comemos unos mariscos por allá, ¿eh, qué te parece? —dijo Elvira luego de que ambos cenaran—. Ahora voy a recoger esto y a ponerme más cómoda. Tú mientras tómate un baño que con el viaje y el calor te caerá bien. Descansarás. Vas a tardar en acostumbrarte a esta temperatura, pero ya verás que hay mucho que disfrutar por aquí —le dijo Elvira sonriéndole.

    Daniel se duchó. En verdad que le cayó bien ese riego de agua fresca a su cuerpo. Durante el acto de limpieza no dudó en acariciarse el pene entusiasmado por lo que hacía unos minutos había visto, pero no eyaculó. Le pareció un tanto indecente hacer eso en casa ajena, bueno, era la primera vez que estaba en una.

    Pero luego, tras salir del baño, el chico se llevó tremenda sorpresa, y es que vio a Elvira vestida muy ligeramente. Prácticamente se le veían las bragas y el sostén debajo de la única prenda que la cubría además de aquellas, ésta era un camisón de tela casi transparente que revelaba todo lo que había debajo.

    Elvira, sabiendo el efecto que ejercía en el joven invitado, sonrió al notar la expresión de pasmado que a Daniel se le había formado en el rostro, y le comentó:

    —No te asustes. Por acá es normal andar así, por el calor —le dijo, a la vez que continuaba lavando los trastos.

    El joven que estaba a sus espaldas no podía dejar de admirar el amplio trasero de la mujer que tenía delante. Tremenda hembra de generosas carnes, jamás había visto una así en su vida, más allá de las que veía en el internet.

    Era la primera vez que Daniel miraba a una mujer (una que no fuera su madre) vestida únicamente en ropa íntima, por lo menos fuera de la pornografía que veía a diario. Fue así que se le formó una elevación bajo la toalla que a él avergonzó.

    Cuando Elvira terminó y se giró para guiar a su huésped a la habitación donde dormiría notó tal excitación en el muchacho, sin embargo, toda una dama, hizo como no darse cuenta de ello.

    Poco después, mientras terminaba de instalar la hamaca en la que dormiría el chico, Elvira le dijo:

    —Creo que dormir en hamaca te sentará mejor que dormir en cama. Sentirás menos el calor. Yo ya estoy acostumbrada, pero tú no. Además dormir así le gustaba mucho a tu mami cuando venía a la casa. De seguro que a ti también.

    Minutos más tarde, Daniel, ya en la penumbra, estaba envuelto en aquella red que colgaba de unos ganchos empotrados en la pared de la habitación. No podía conciliar el sueño, le era imposible al estar en ese lugar ajeno. Quizás era el calor, o el hecho de estar en casa de una mujer sola; tal vez la incomodidad de estar apretujado en aquella malla, o quizás… no, Daniel bien sabía que no podría dormir hasta haberse desahogado. Tenía que eyacular; de hecho llevaba más de un día sin haber expulsado su simiente. Desde verse interrumpido en su visionado de porno no había vaciado sus testículos. Hasta le habían dolido los “huevos”; cosa que nunca antes le había pasado, pero es que nunca antes había tenido que pasar más de un día sin soltar su esperma. Siempre lo podía hacer por las noches, eso sin contar alguna que otra expulsión durante el día, sin embargo ahora estaba en casa ajena.

    Claro que no le costaría demasiado acariciarse el miembro hasta vaciarse, aún estando apretujado en aquella malla. Y así lo hizo. Se llevó la mano a la entrepierna y comenzó a sobarse. Una erección fomentada por el recuerdo de todas aquellas jovencitas turistas que había visto en la plaza comenzó a manifestarse rápidamente. Se dio cariño mientras imaginaba penetrar aquellos delgados cuerpos. Podía sentirlas tan frágiles como se veían, tan apretadas, tan delicadas y suavecitas.

    Pero luego, inevitablemente, otro tipo de pareja sexual vino a su mente, una inspirada en los videos que hubiese visto aún estando en su casa: Una mujer madura.

    Y es que si bien las jovencillas le atrapaban la mirada de manera natural, las mujeres maduras lo absorbían todo. De hecho, una de sus mayores fantasías era ser consumido por las voluminosas nalgas de una “madura dama”, que en su rostro se le sentase y con ambas mejillas se lo comiera, así lo deseaba; de tal manera se veía a sí mismo en sus sueños húmedos de hecho.

    Fue por eso que imaginó a una hembra madura como inspiración de su futura venida. Una bella y de nutrida carne, algo así como… sí como Elvira; reconoció para sí.

    Nunca había tomado en cuenta la belleza de aquella mujer antes, pues, después de todo, para él sólo era la amiga de su madre; la conocía de siempre, era como una especie de tía. Sin embargo, luego de haberla visto en aquellas reveladoras ropas nocturnas tomó consciencia de lo buena que estaba, era la musa ideal para su chaqueta desahogadora.

    Consciente de que ella estaba recostada a tan sólo unos metros revivió su imagen, tal como recién la había visto, en prendas menores. Aunque, al fin, no pudo resistir la tentación de hacer una visita nocturna a su anfitriona, culminar su chaqueta mirándola. No se aguantó las ganas e impulsado por sus instintos fue hacia allí con el firme propósito de saciarse viéndola.

    Caminó con cuidado, sus pasos no debían despertarla. Al llegar a la habitación de Elvira sólo tuvo que asomarse, ella dormía con la puerta abierta, al parecer solía dejar las puertas así al interior de la casa debido al calor. Y allí estaba ella, recostada de tal forma que le brindaba el panorama más hermoso, sus amplias nalgas. Ni una sábana cubría su cuerpo, sólo las prendas antes vistas.

    Daniel recorrió con la vista ese curvilíneo cuerpo de mujer madura que la amiga de su madre poseía. Recorriéndole desde las piernas de tez morena clara, regodeándose en esos rollizos muslos de hembra sazona, apreciándole luego ese fabuloso y amplio trasero que se encumbraba como parte principal de una sensual cordillera que invitaba a ser explorada.

    Mirando esto, a Daniel le fue inevitable producir líquido pre-eyaculatorio que expelió por la boquita de aquella cabezona que abultada evidenciaba su sentir. Su calzón quedó manchado por el mencionado líquido.

    El “amigo” que ahí debajo se resguardaba exigía atención, fue por ello que lo apretó con su mano derecha como si quisiera brindarle consuelo, comenzándolo a tallar luego sobre la tela.

    Con aquel hermoso panorama que Daniel veía no hubiese sido extraño que escupiera sus espermas inmediatamente, sin embargo algo lo detuvo de hacerlo.

    —Espera, espera. No lo desperdicies… —dijo Elvira para luego girarse evidenciando que estaba despierta y consciente de lo que hacía su invitado.

    Daniel no se había percatado que gracias al reflejo del tocador cercano Elvira lo había visto desde que se acercó a su cuarto.

    Era evidente que lo había dejado hacer, sin sentirse molesta por ello, y sólo lo había detenido para proponerle un mejor desenlace a su éxtasis. Uno que le era más conveniente no sólo al joven sino que a ella también, pues se vería beneficiada en una necesidad de vida.

    —No te pongas nervioso —lo apaciguaba Elvira, mientras que Daniel ya estaba sobre la cama de ella.

    La señora permanecía sobre él besándolo por todo su virgen cuerpo. Nunca había sido tocado así y Daniel reaccionaba con extraordinaria sensibilidad. Cada caricia, cada roce de los labios de aquella hembra madura lo hacía tiritar incontrolablemente; esas reacciones naturales de su cuerpo manifestaban la importancia del hecho: estaba dejando de ser un niño para convertirse por fin en un hombre. Y su cuerpo, más que su consciencia, comprendía lo que aquella hembra que tenía encima quería. La mujer necesitaba ser preñada.

    Daniel sólo podía pensar en el sexo en ese momento, y creía que Elvira también sólo eso quería, sin embargo ella lo que ansiaba aún más era concebir un hijo. Pues le habían pesado las palabras de su amiga Martha, “ella aún no sabía lo que era tener un hijo”, y lo deseaba. Ese era el secreto propósito de haber llevado a ese muchacho a su casa.

    —Tranquilo, no te va a pasar nada malo —le insistía Elvira quien lo seguía poniendo a punto.

    Echado en la cama Danny sólo se limitaba a experimentar todas esas gratas sensaciones. No podía creer que el simple recorrido de aquellas manos de mujer lo excitaran tanto. Éstas metieron sus dedos bajo el elástico de los calzoncillos que aún portaba y, de un tirón, los bajaron dejando el falo balanceándose de un lado a otro todo erecto y babeante. Un fino aceite brotaba por la boquita del meato urinario y brillaba mientras escurría por aquella hinchada cabezona. La señora acarició ese glande esparciendo el lubricante natural para que sirviera bien a su propósito.

    Mientras ella limaba aquel pedazo tieso de carne vio cómo aquel chico pasaba del nerviosismo a la satisfacción por lo que ella hacía. Elvira sonrió al sentirse como una amorosa madre que trataba de consolar el padecer de un hijo en cama. Y en efecto, en ese momento Elvira era más una figura materna que una amante, por lo menos así se percibía. Daniel, por primera vez en su vida, recibía tal cariño, tal afecto, con esa tierna caricia dada por una mujer que sí se interesaba en su bienestar, y él lo estaba gozando.

    Daniel estaba en el mismísimo paraíso.

    Luego, avanzando con sus rodillas sobre la cama, Elvira se colocó a horcajadas sobre aquel núbil cuerpo de hombre, de tal forma que evidentemente se preparaba para el apareamiento.

    —¿Deseas entrar en mí? —le preguntó a su invitado mirándolo fijamente sin parpadear.

    Danny la miró con los ojos muy abiertos pero no pudo hablar enmudecido. Para ella era suficiente respuesta y lo besó con intensidad.

    Un instante después la mujer, por propia mano, tomó el apéndice sexual de su convidado y lo introdujo por en medio de su vulva.

    —¡Aaahhhh… qué rico! —por fin dijo el chico inevitablemente al sentir lo que era penetrar a una mujer.

    Por primera vez en su vida estaba sintiendo la suavidad femenina que tanto había deseado, ese cálido abrazo a su sexo. Eso de lo que tanto había estado restringido por la férrea disciplina de su madre, ahora la amiga de ésta lo estaba recibiendo en su íntimo seno. Elvira lo iniciaba así en el mundo de los hombres. Martha jamás habría permitido que él creciera, lo quería un niño para siempre. Algo así, el que su hijo tuviera sexo, de ninguna forma lo toleraría; si tan sólo supiera que lo hacía con su propia amiga se hubiera ido de espaldas tras provocarle un vahído.

    Sentirse dentro de aquella mujer, Elvira, la amiga de su madre, era como hundirse en un abismo de cálido y húmedo placer. Aquella movía sus caderas en manso vaivén. Las tremendas nalgas que poseía la señora machacaban (aunque eso sí, con suavidad) el menudo pubis masculino que estaba debajo. No era como en los videos porno que a él tanto le fascinaban, aquellas cópulas eran trepidantes, violentas. Aquí la mujer que tenía encima se meneaba con amor, con delicadeza.

    —No puedo creer que esto esté pasando —dijo Daniel, una vez que sintió la seguridad de compartir sus sentimientos con aquella mujer que lo montaba—. Gracias —agregó candorosamente.

    —No tienes porqué agradecer, ambos… —y aquí ella gimió deliciosamente—  … ambos lo estamos disfrutando… ¿no es así? mmmm… además si hay alguien que debe dar las gracias soy yo —le respondió Elvira quien no paraba de menear su pubis contra el de él.

    El chico no reflexionó sobre por qué ella decía eso, sólo gozó. La mujer, no obstante, era sincera, ambos disfrutaban de ese acto, aunque ella ansiaba algo más que el goce sexual momentáneo, ella deseaba quedar embarazada. Elvira estaba decidida a ser madre y Daniel, en esa semana que estaría junto a ella, bien podría ayudarle a conseguirlo.

    Con tan tremendas nalgas de mujer del sureste, Elvira en poco tiempo le sacó el apetecido esperma. El chico vació su semilla dentro de ella por entero, sintiendo un doloroso placer debido a haberla estado guardando por tanto tiempo.

    Aun habiendo hecho su deposición el pene no salió de aquel cáliz femenino. La intimidad de mujer lo resguardaba con cariño, no queriéndolo soltar de buena gana. Elvira abrazaba al hijo de su amiga como si fuera su propio hijo deseado. Permanecieron un rato así, besándose, acariciándose sin decirse nada pero expresándose amor sin palabras.

    No tardó demasiado para que el joven volviera a erectar su aparato (uno de esos privilegios de su edad), y de manera natural continuaron con el muelleo sexual; con ese mete y saque tan delicioso para ambos.

    Ya desinhibido, Daniel le pidió que le cumpliera una fantasía y así, Elvira, se le sentó en plena cara colocando sus tremendos “cachetes” sobre el rostro de su invitado. Lo hizo sin evitar reír pues le pareció de lo más curioso ese capricho, pero procuraría complacerlo en todo ya que aquél le brindaría la simiente requerida a cambio.

    Entre tantos otros mimos que se dieron mutuamente, entre cópula y cópula (una trabazón que duró toda la noche), la madura hembra escenificó un deseo que a ambos satisfizo (ella por desear ser madre, él por necesitar de una), le regaló a Daniel lo que ni siquiera su madre le había dado, lo amamantó con aquellas hermosas tetazas tiernamente. Y aunque Daniel no sacaba leche de ellas, aquello le pareció sumamente delicioso al joven jarioso quien, sin haber sido amamantado de chiquillo, lo deseaba inconscientemente desde hacía mucho pues hasta ese día sólo había conocido el biberón.