Blog

  • En mis sueños

    En mis sueños

    Él siempre enciende mi libido, tal vez sea lo poco que me come o lo rico que lo hace pero, solo verlo me excita.  Hace un tiempo, presentó la opción del swinger y unos meses después acepté. Entramos a la discoteca para esperar el show de las 12 “Sexo en vivo” y acordamos de manera previa no interactuar con otras personas. La presentación fue insulsa, el chico carecía de pasión. Pero, ella era alegre, ni el mejor cuerpo, ni el mejor rostro solo una vibra arrolladora.

    Viéndome absorta en el show, atinó a decir “yo haré exactamente lo que digas pero quiero que tú hagas todo lo que quieras” sonreí, e interiormente no sé bien porque, sentí ganas de mamárselo, llevarlo hasta mi sexo y tomarlo ahí sin pudor alguno, alebrestada y empotrada por esa verga que tanto me domina. El actor se acercó a la mesa bailó y agradecí distancia, pero cuando llego la chica él intento decirle que NO, en tanto yo continué instándola a bailarle. Me excito mucho verla jugar con él.

    Hicimos el recorrido y realizamos un alto para ver y comernos. Solo él sabe besarme para humedecerme, ni otros labios ni otras vergas me han hecho sentir así y aunque intento disimular; siempre sabe cuando me tiene lista para ser puta, sedienta de su semen y anhelante de sus embestidas. Bajó con suavidad y sus labios en mi clítoris me sometían por completo, sentí mi cuerpo desvanecer, introdujo sus dedos con movimientos torpes y la magia acabó. Me penetró y ni esa verga perfecta logró recuperar la concentración.

    Caminamos desde la terraza con dirección al salón voyerista vimos tres mujeres y dos hombres (grupo) teniendo sexo. Nos dedicamos a mirar. No se como, en un instante quise verlo allá, penetrando a la chica del lado que se beso con la actriz y lamía con tanta pasión sus tetas. Ella tenia unos senos preciosos y me gusto como él la miro. Me asustó ese pensamiento y quise irme.

    La noche finalizó sin orgasmo alguno, él se molesto y ni siquiera dormimos juntos. Fue un amanecer lento. Al despertar, decidí que borraría eso de mi cabeza y me ocupe con intensidad todo el día. En la noche, tan regular como siempre, una lectura, una aromática, agradecer y dormir. Pero los sueños, los recuerdos de ese lugar, el anhelo de verlo jugar con la stripper y comerse a la vecina de asiento, me despertaron. Respire lento, me relaje, leí un poco más y traté de dormir de nuevo sin éxito.

    La segunda noche igual y la tercera decidí no levantarme. Nos vi en la escalera mirando y luego a la vecina invitándonos. Le dije que fuera, desde su pene lo giré suavemente en dirección a ella. Agradeció, lo beso en señal de bienvenida y lo bajó lentamente con su teta en la boca, él me miró y sonreí. Se le veía el morbo con las tetas de ella sin dejar de mirarme.

    Ella lo sentó, se lo saco, lo mamo y tras un par de minutos se perdió, sus sentidos empezaban a envolverlo y ella lucia en extremo dedicada. Mamaba con suavidad y buen ritmo, él empezó a tocarle la cabeza -conozco esa mirada y como sus ojos se blanquean- amo cuando se arquea así y con cada succión la arrechera lo hace más autoritario.

    La retiró y contra la pared empezó a embestirla, sin compasión y con una fuerza desconocida para mí. Ella gemía indescriptiblemente y mis líquidos alcanzaban la entrepierna -bajé, necesitaba verlo así siendo otro y de otra, cerca- Ella gimió con lo último que le quedaba de fuerza y volteándose se arqueo y aferro a él con una pierna mientras sus espasmos se calmaban. Él me miró, toco mi vagina, chupo sus dedos y guiñó un ojo.

    Cuando estuvo más serena la tomo por el pelo y la llevo hasta su verga; Con un rostro feliz a velocidad constante se dedico a complacerlo. Lo oímos resoplar y una mirada cómplice me invito a recibirlo, retiré el condón y bebí extasiada un coctel desbordante de semen. Al percatarse de que era yo, me abrazo y beso como nunca lo ha hecho y se recostó sin soltarme.

    Ella se acercó tomando el pene de él, me dio un beso en la comisura de los labios y dijo “disfrútalo”, mientras enlazaba una nueva mano. Justo allí, sentí mi orgasmo con toda su biología, y me revolqué en mi cama. Solo existía el aquí y el ahora, sin comunicación ni intercambio de fluidos, únicamente energía y sosiego.

  • Otra gran sorpresa de mi esposa

    Otra gran sorpresa de mi esposa

    Esta confesión me la hizo mi esposa en el mes de noviembre del año pasado, habíamos discutido por que yo compartí en un perfil en Instagram dos fotos suyas en ropa interior negra que ella le había enviado al papá de una de sus amigas del colegio.

    El enfado le duró casi una semana, el fin de semana siguiente teníamos una invitación familiar y no podíamos faltar, ella se vistió muy hermosa para esa ocasión con un body blanco un poco descotado que dejada ver algo de sus tetotas, un pantalón negro tipo sastre bota ajustada y unos tacones negros que resultaban su culo, la mire de pies a cabeza y me pregunto que pasaba y le dije que veía muy bonita, solo me respondió gracias.

    Llegamos al salón del evento cenamos, bailamos, mi esposa esta bebiendo bastante, yo baile con la dueña de la fiesta que es prima de mi mujer(con ella estuve coqueteando antes de la pandemia no pudimos concretar un encuentro pero si me regalo fotos en bikini y en pantys) cruce miradas con mi esposa y la vi con cara de pocos amigos, su prima lo noto y me dijo: «te van a pegar» yo solo me sonreí, se acabo la canción y volvía a la mesa y mi esposa me tomó de la mano y me devolvió a la pista de baile, sentí un fuerte olor a alcohol eso significaba que ella esta bien tomada, me beso con lengua y me apretó fuertemente contra ella sobando su vagina contra mi muslo, ratifique lo que pensaba, nos sentamos en la mesa y ella empezó a tocar mi pene por debajo de la mesa hasta que me lo hizo parar, me dijo que lo quería tener dentro más tarde y yo le asentí con la cabeza.

    Ya se acercaba la hora de cerrar el lugar y la gente se estaba yendo, se me acercó mi esposa y me dijo que quería ir a un jacuzzi, eso significa en nuestro lenguaje irnos de motel, nos despedimos de la prima dueña de la fiesta la cual nos invito a seguir la fiesta en su casa, mi esposa le hablo al oído diciéndole: «prima gracias, pero me voy a culear» y ambas rieron.

    Subimos al carro y mi esposa me dijo que quería una cerveza, y empezó a quitarse el pantalón quedando solo en el body, corrió y recostó la silla y empezó a tocarse y a mirarme me preguntó si le gustaba, le dije que me fascinaba verla así, pare el carro para comprar la cerveza y cuando subí de nuevo estaba con los senos por fuera y había desabrochado los botones de abajo dejando ver su panochota, arranque de nuevo y me pregunto que quería que hiciera, le dije que se tocara como lo hacía para el papá de su amiga o para su amigo Juan Carlos por el MSN, y empezó a tocarse el clitoris con una mano y a meterse 2 dedos con la otra y no demoraron los gemidos ya sabía que estaba cerca el orgasmo y faltado pocas cuadras para el motel se vino, entramos, pedimos la habitación con jacuzzi, ella se bajo solo con el body y en tacones se veía super sexy, le dije que posara para unas fotos y lo hizo, pero me dijo que no las fuera a subir muy seria, yo le respondí que esas fotos no tenían nada comprometedor que ella había enviado fotos más intimas o que había hecho cosas más graves, como cuales me pregunto, le dije que hacer trio y se río, tu como sabes eso me pregunto y le dije que lo había leído en su email, además también se que te gustó, ella dijo si esas veces fueron ricas, como que veces, pensé que era una sola vez le dije y entonces se me acercó y me quito el pantalón y me empezó a acariciar el pene, cuéntame todo le dije y ella me contó esta historia:

    «Cuando estudiaba literatura salía con un costeño y el me compartió 2 veces con el mismo amigo, ese costeño tenia una verga grande, hacíamos mucho el amor aprovechando que vivía solo en un apart estudio, era muy brusco para comerme, me hacía meterme toda su verga en la boca y cuando me penetraba por delante y por detrás era muy bestia, la primera vez que me compartió fue en un parque cerca de la universidad donde fuimos a rematar después de una fiesta que hizo la facultad (ese parque se usa para ir a escuchar música en los carros y como es oscuro para poder tener sexo dentro de los carros sin problema), me había presentado un amigo que lo estaba visitando con el que habían estudiado juntos en el colegio y otra carrera universitaria antes de pasarse a literatura, su amigo estaba lindo y era muy simpático, ya estábamos muy tomados y el costeño me llevó a la parte de atrás donde había un muro y poca luz y nos empezamos a besar y a manosear, él saco mis tetas y las besaba y mordía, yo traía un buzo amarrado a la cintura lo que él aprovecho para bajar mi pantalón y tocarme la cola y la vagina, ya estaba muy mojada y el saco su verga y la puso en la entrada de mi vagina yo misma me la metí y empecé a moverme él me decía que me la metiera duro y así lo empecé a hacer, me decía que ponía cara de pata cuando hacía el amor y que gemia como perra, me empezó a meter un dedo por el culo y a meterme la verga más profundo, yo solo lo miraba, te gusta nena me pregunto y yo le dije que me encantaba estar así, mi amigo dice que estas muy sexy, que le gustaria tenerte así como estas aquí conmigo, eso me puso a mil y me empecé a venir, se lo puede chupar si quieres el esta sin novia hace mucho, yo estaba muy excitada pero le dije que no, que apenas lo conocía, no importa a ti te gusta me dijo y me saco el pene de la vagina y me subió el pantalón y me tapo los senos para llevarme hasta un carro y llamar a su amigo, me hizo subir en la parte de atrás del carro y me dijo que solo se la chupara y su amigo se subió conmigo, cerraron la puerta y el amigo me empezó a besar yo solo respondí estaba muy tomada, sentí que me saco los senos y empezó a meterme la mano en medio de las piernas, me besaba y mordía los pezones muy delicadamente y abrí mis piernas para que me acariciara mejor, yo empecé a buscar su pena y a tocarlo por encima del pantalón, sentí como se le iba parando el se sentó y se abrió el cierre y me llevó la cabeza hacia su venga, yo se la empecé a chupar primero solo la cabeza y después ya toda, era más pequeña que la del costeño por lo que no me costó trabajo tragarmela toda, él me empezó a empujar la cabeza más rápido y yo le seguí el movimiento no se cuanto se demoro en venirse pero lo hizo en mi boca, yo no me lo trague lo bote en el suelo del carro, él y yo nos vestimos y el se bajo del carro, cuando me baje el costeño me llevó de nuevo al lugar oscuro y me pregunto si me había gustado, yo le dije que si pero que me había sentido rara porque nunca lo había hecho, me dijo que me tranqulizara que por el no había problema, me pidió que nos fuéramos para su casa y yo le dije que no que estaba muy tarde que me tenía que ir para la casa, el me dijo que solo fuéramos un rato y que luego me podía ir, acepte y nos fuimos los dos solos, llegamos y el me dijo que el no se había venido que se lo chupara para el venirse así lo hice se lo chupe como a él le gustaba y a los pocos minutos se vino en mi boca y me lo hizo tragar, me desnudo y me acostó en la cama y me hizo un oral delicioso y me vine de nuevo, en ese tiempo ya planificada por lo que no había problema, el se me subió y me lo empezó a meter durisimo me hacia abrir mucho las piernas para que entrará fácil me lo metia sin parar rápido y profundo y me dijo que acabáramos los dos el se vino primero y yo lo seguí, sono abrirse la puerta y era su amigo que llegaba, el costeño salió a verlo y entró para decirme que su amigo me quería comer, el costeño me empezó a besar y me dijo déjate que te va a gustar complacerme en esto, yo la verdad no sabia que hacer el costeño me levanto de la cama y me paro contra la pared y llamo a su amigo, él entró y el costeño salio, yo estaba solo tapada con una toalla, el amigo se me acercó y me empezó a besar otra vez pero esta vez fue más agresivo, me quito la toalla y me miró de pies a cabeza, estas buenísima amor me dijo y me empezó a tocar los senos me hizo voltear y me toco las nalgas, me giro y me empezó a besar apasionadamente, bajo a mis tetas y se quedo un rato en ellas, se paro y se desvistio yo me acomode bien en la cama y abrí mis piernas para recibirlo, eso amor acomódate para que disfrutes, me lo metio de un solo empujón, así en esa posición estuvimos un rato, luego me hizo subirme a cabalgarlo, paso a posición de 4 y terminamos en misionero de nuevo, yo ya me había venido, el se vino en la última pose, apenas había acabado y entro el costeño viéndonos en los últimos movimientos y yo besando y con mis piernas enredadas en su cintura, su amigo se bajo y yo quede en la cama acostada, el costeño me dijo que me volteara y le dije: «es tarde me tengo que ir», no nos demoramos nena, su amigo salio y yo me coloque boca abajo y el me empezó a humedecer el ano con mis líquidos vaginales, se me subió y me lo puso en la entrada del ano yo empecé a metermelo despacio creo que iba por la mitad cuando el me lo metió todo de una haciéndome doler y gritar, así me lo metió por unos 5 minutos sacándolo y metiendolo todo, diciéndome que era muy perra pero que así era más bella, me volteo y siguió diciéndome lo perra que era y besándome en la boca y penetrandome, me pregunto si me había gustado lo que había pasado y le dije que si, que su amigo me había comido rico, pero que no cambiaba su vergota, lo repetirias y le dije que solo por él, y se vino, me vestí salí cuando llego el taxi, me despedí normal de su amigo.

    Esa fue la historia, con el costeño seguí hasta final de semestre como no seguí en esa carrera no lo volví a ver, luego supe que salia con una de mis compañeras de salón.»

    Esa fue la historia salida de su propia boca, ese día también salio otra historia que les contaré próximamente.

  • Entre mi mujer y mi suegra (parte 1)

    Entre mi mujer y mi suegra (parte 1)

    Los martes mi suegra suele visitarnos, cuando llega yo abro la puerta nos saludamos con un beso en la mejilla. Al instante mi mujer se acerca a saludar y recibir a su madre, sin dejar de hablarse se fueron hacia una habitación para que mi suegra se cambiará de ropa y estar más cómoda por casa. Un poco más tarde volvieron, mi suegra lleva puesto un camisón de color azul que le llega hasta las rodillas y comprobé con la vista que no lleva sujetador. Porque le resaltan sus pezones, también me fijo en la silueta de su cuerpo. Está un poco gorda, pero a sus cincuenta años está bastante bien conservada. Mi mujer igualmente vestida con camisón de color verde también se ha desprendido del sujetador, su pecho es algo menor y su cuerpo más esbelto, las dos tienen un buen culo de forma cuadrada que me encanta.

    Yo llevo puesto una camiseta y un pantalón corto de deporte, lo primero que hacemos es almorzar. Cuando terminamos ellas se ponen a recoger y yo me voy al cuarto donde tengo el ordenador, hace poco que tengo internet y comienzo a ver una web de sexo con fotografías de todo tipo.

    Cuando más distraído estoy mirando las fotografías la mano de mi suegra se posa en mi hombro a la vez que me pregunta ¿qué haces? Enrojecido contesto- contemplando las fotografía. Para mi sorpresa mostró curiosidad y se sentó a mi derecha. Poco después aparece mi mujer que me pregunta ¿que si no tengo otra cosa que hacer que mostrarle fotografías se sexo a su madre?

    Mi suegra la tranquiliza diciéndole -que no importaba, mi mujer fue a buscar otra silla y se sienta a mi izquierda bastante pegada a mí, y me pide que le muestre a su madre las fotos de hombres negros desnudos con unas enormes pollas que yo una vez le mostré. Cuando miro de reojo a mi mujer tiene la mirada lasciva y sus ojos brillan.

    Con sus dedos comienza a masajear mi muslo izquierdo por la parte interior, yo comienzo a excitarme y con disimulo separo los muslos pronto su mano llega hasta mi polla y la introduce en el pantalón agarra fuertemente mi polla y la saca fuera del pantalón comienza a menearla con descaro sin importarle que su madre está presente. Miro para mi suegra que tiene los ojos clavados en mi polla, contemplando sin disimulo como hija mi polla. Tiene recogido el camisón dejando ver sus muslos blancos, con cierto temor acaricio su muslo izquierdo y responde acariciando mi muslo derecho, mi mujer alarga su mano y coge la de su madre y la lleva hasta mi polla.

    Las dos juntas, continúan meneando mi polla que ya esta dura, sin previo aviso mi mujer tirando de mi polla hacia arriba, me obliga a ponerme de pie, el pantalón de deporte cae al suelo. Mi mujer termina de sacarme la camiseta y termino desnudo delante de las dos. Mi suegra agarra mi polla y mira a mi mujer la tiene grande el cabrón, me atrae hacia ella y me dice ¡cabrón! Con una mirada lasciva que delata su calentura, entre las dos me conducen al sofá cama, se quitan los camisones y bragas y contemplan mi cuerpo desnudo.

    Mi suegra se sienta en el sofá cama, mi mujer se hace dueña de la situación y me hace arrodillar delante de su madre y me dice comete el coño de mi madre, mi suegra separa sus piernas y me enseña su enorme coño, mi mujer agarrando mi cuello me dirige al coño a su madre diciéndome- ¡come cabrón! Comienzo por comer como un desesperado mi suegra agarra mi cabeza con fuerza y la oprime contra su coño, comienza a gemir como una bestia.

    Mi mujer se fue para la cocina, desde allí la oigo decir- mama ¿dónde está? Mi suegra contesta- ¡en el bolso!, la pregunta me extraño, mi suegra que continúa sujetando mi cabeza, tira de mi pelo hacía ella, me besa en la boca y me dice métemela. La penetro hasta el fondo de un golpe, me agarra con fuerza por la cintura y comienza a gemir y a decir- ¡cabrón fóllame!

    Con movimientos compulsivos, mi mujer regresa y se sitúa a mi espalda y dijo- ¡ya estoy aquí cariño!

    Como si de una señal se tratase, mi suegra aprisiona sus piernas en las mías y las abre aún más. Con una mano aprisiona mi cabeza contra ella, y con la otra me abre el culo tirando de una nalga. Siento los dedos de mi mujer aplicando algo en mi ano, – quiero ver lo que es, pero mi suegra me lo impide sujetándome con más determinación. Algo me está metiendo mi mujer por el culo mientras me dice- ¡toma maricón! ¡para que aprendas! Como me duele a mi ¡te voy a quitar las ganas! De volver hacerlo ¡cabrón! Yo me retuerzo del dolor, pero mi mujer no desiste continúa penetrándome el culo, sus movimientos se aceleran, el dolor va disminuyendo poco a poco y se estremezca con un placer que nunca eh experimentado. Me rindo y dejo de resistirme eso permite a mi mujer entrar y salir de mi culo varias veces diciéndome- ¡te lo voy a romper todo cabrón!

    Mi suegra que aun me sujeta, se da cuenta que eh dejado de resistirme, me levanta la cabeza tirando de mis pelos y me dice- ¡de esta aprendes a no meterla donde no debes maricón! Su cara se vuelve lascivamente, me besa la boca metiendo toda su lengua sobado su cuerpo contra el mío. Ordena a su hija- ¡dale más fuerte al maricón este! ¡rómpele el culo! La voz de mi suegra se entremezcla con la de mi mujer que mientras me folla el culo me dice- ¡toma, toma, cabrón toma por el culo! Cuando mi suegra nota que se va a correr grita- ¡más rápido, más rápido! Mi mujer obedece y aumenta los movimientos de empuje. ¡Mi suegra apretando mi cabeza contra su pecho comienza a correrse como una bestia con varios y largos! Ah ¡Mi mujer alcanza un ritmo frenético, su voz inunda toda la habitación, se corre lanzando largos! Si Siii ¡me corro, me corro! Y cortos ¡yaaa! ¡yaaa!

    Descansa un instante, me saca muy despacio lo que ha metido en mi culo y me la muestra me dice- ¡mírala bien! ¡para que no olvides este día! Pude ver con que me había roto el culo, con una polla de goma que media alrededor de 20 centímetros. Que lleva sujeta en la cintura con unas correas

    ¡Mi suegra a mi lado me mira y me dice- ven! Que voy a terminar el trabajo que comienzo tu mujer, con el brazo izquierdo rodeo mi cintura y con la mano derecha coge mi polla y comenzó a menearla frenética mente, hizo que eyaculara con rapidez y fuerza, el semen salió a chorros.

    Mi mujer disfrutaba del espectáculo con una cara de gozo que nunca había visto en ella. Cuando mi suegra termina de secarme hasta la última gota de semen suelta mi polla dolorida. Mi mujer me pregunta- ¡has aprendido la lección y como me las gasto! Yo respondo -sí. Entre risas se van al baño yo humillado y con el culo dolorido me quedo en el sofá cama termino quedándome dormido.

    Cuando me despierto mi suegra ya se había marchado, mi mujer habla más tranquilamente conmigo. Me cuenta que se lo había contado a su madre, y fue ella quien planeo como darme una lección. Me aconseja que me lo tome con calma porque podríamos repetir la experiencia y podíamos contar con su madre que antes de irse le ha confeso haberlo pasado muy bien. Termino la conversación diciendo- ¡no piense que no me di cuenta de que te gusto! Y riéndose se alejó. Yo paso la semana recordando la cara de satisfacción que mostró mi mujer cuando su madre me masturbo.

  • La leche de su madre

    La leche de su madre

    Él tenía el mismo comportamiento todo los días, siempre venía y se sentaba en frente mío a observar como amamantaba a su hermano y luego se iba y se encerraba en el baño. Ingenua yo, no me daba cuenta que él se excitaba viendo mis tetas repletas de leche pero un día se me dio por observarle el bulto y vi con el correr de los minutos como una cosa grande y hermosa se le formaba entre sus piernas. En ese momento llevaba casi ya 40 días sin tener sexo así que me empecé a excitar y eso me llevó a imaginarme cosas, y justo en el momento culmine de mi excitación se levantó y se volvió a meter en el baño. Yo sospechando de lo que debía estar haciendo fui y deje a mi bebé durmiendo en la cuna para luego dirigirme al baño. Entonces estando detrás de la puerta miré a través de la cerradura y vi lo que me había imaginado que estaría haciendo.

    El se estaba pajeando como un desquiciado como si fuese la última vez qué lo hacía y ver eso me hizo sentir cierto calorcito interno lo cual me llevó a tocarme las tetas por arriba del vestido. Eran tan rápido sus movimientos que en cualquier momento acababa pero yo no quería que eso suceda, quería seguir viendo esa poronga muy similar en tamaño y en grosor a la de su padre así que tomé la decisión de entrar para evitar eso. Entonces abrí la puerta de tal forma que no le di tiempo para que pudiera guardarla dentro de su pantalón así que lo sorprendí en pleno acto.

    Es como si se hubiera detenido el tiempo justo al entrar ya que el quedó como congelado al verme e no hizo nada para ocultar su tremenda poronga. El se ruborizo todo y quedó perplejo ante la situación, no sabía que debía hacer, si subirse el pantalón o decirme que me vaya pero nada de eso ocurrió, solo se quedó parado ahi con su mano sobre su miembro viril. Entonces viendo que no se movía, que no podía hacer nada tuve que acercarme hasta el y sin pedirle permiso alguno empece a tocarle con la punta de mis dedos la cabeza de su pene.

    – Me dejas tocarte? – le pregunte.

    – Si si si si – dijo el muy nervioso.

    Yo se la agarre por completo envolviendola con toda mi mano e hice lo que el se estaba haciendo antes de que yo entrará pero a un ritmo más bajo para que no acabe tan rápido. El cerro sus ojos al sentir como yo lo pajeaba y de su boca se empezó a escuchar unos pequeños gemidos.

    – ah ahh ahhh – decía el.

    Senti en ese momento como mis pezones empezaron a liberar gotitas de leche debido a que ya me encontraba muy excitada por la situación que estaba viviendo con mi hijo y para evitar que el se pierda semejante espectáculo decidí bajarme un poco el vestido para que el pueda ver como brotaba la leche. Entonces el abrió los ojos y se encontró con dos tetas enormes con sus aureolas todas blancas por estar bañadas en leche materna y supongo que les parecieron deliciosas porque lo primero que hizo sin que pasase mucho tiempo fue llevarse a su boca unos de mis pezones.

    Ahora era yo quien gemia, la que lo gozaba y la que sentía más placer ya que no solo me succionaba los pezones sino que también me los mordía y se bebía la leche que sacaba de ellos. Además tenía mis tetas agarradas fuertemente de sus manos y mientras todo esto ocurría y sin darse cuenta expulsó cierto líquido preseminal con el cual entre contacto ya que seguía pajeandolo. El estaba enamorado de mis pechos y parecía que no iba a querer soltarlos en ningún momento y me encantaba que eso suceda pero yo tenía otros planes.

    Sabía que en cualquier momento su pene iba a decir basta así que antes de que siga expulsando una mayor cantidad de líquido espeso decidí que era hora de mamarsela. Entonces primero tuve que separarlo de mis tetas con mis manos porqué iba ser imposible hacerlo si se lo decía y en segundo lugar me tuve que agachar para indicarle que quería chuparsela y a diferencia de su padre no me hizo falta agarrarla ya que la de el no se puso erecta hacia arriba sino que se puso a 90 grados así que coloque mis manos sobre mi rodillas y entré a cabecear sin ayuda de ellas.

    Con mi hijo sentí cierta conexión mientras se la chupaba ya que yo no tenía mis ojos puesto sobre su pene sino que tenia mi mirada fija en él y el hacía lo mismo conmigo. Fue un momento hermoso en el cual ambos nos sentimos conectados a través del placer y ambos los disfrutamos. Verlo gozarlo de la manera que lo hacía era tan gratificante como hacérselo a su padre.

    Además de chuparsela también coloque su pene entre mis tetas y le hice la famosa turca con ellas y aunque llego a expulsar algo de semen no expulsó todo lo que tenia almacenado así que finalice esa faena sexual con mi hijo masturbandolo para que me eyacule lo que le faltaba en todo mi rostro. Se puede decir que también bebí leche ya que use mis dedos para limpiarme y lo que recolectaba iba a parar a mi boca.

  • ¿Qué será amor y qué lujuria? (3/3)

    ¿Qué será amor y qué lujuria? (3/3)

    Poco a poco, las prácticas amatorias y las maneras de llevarlas a cabo fueron más ardientes en el matrimonio cuando el amante aparecía de trasfondo o actor secundario. Ella le contaba a su marido, con sumo detalle acompañando la explicación con las caricias hechas o los comentarios dichos, lo mismo hacía con el amante, y cuando se descubrían posiciones nuevas de un lado u otro. Los tres estaban entusiasmados con la idea de convivir una semana dedicados a la lascivia y el amor. El matrimonio cambió la alfombra de la recámara por una más mullida y la cama matrimonial por una kingsize. Añadió una pequeña barra. Compraron un tripié para la cámara de video y acoplaron diversas luces para evitar reflejos cuando filmaran su primer trío. El amante, por su parte, pagó la instalación de un yacusi en lugar de la tina del baño que estaba en la recámara de ellos. El lugar quedó acogedor y a tiempo. Cuando llegaron las vacaciones escolares y los hijos se fueron a la capital con sus abuelos, todo estaba listo para el estrenarlo con sumo placer el primer sábado.

    El amante llegó a la hora indicada, llevando un pequeño y delicado arreglo floral para ella y una botella de brandi para él.

    —¡Gracias, es mejor de lo que yo conseguí! ¡Bienvenido! —dijo el marido a su socio estrechándole la mano.

    —Claro que será bien venido, y nosotros también —dijo ella al tomar el arreglo floral para olerlo, dándole al amante un pico en los labios.

    Se sentaron en la sala y brindaron por su amistad. Platicaron algo de los sucesos de la semana y los esposos le pidieron al amante que los acompañara a ver cómo había quedado la recámara y aprovechar para ponerse cómodos antes de regresar a cenar. La mujer fue la primera en ponerse “cómoda” con su traje de placer: se desnudó ante ellos y cada uno prendió su boca a un pezón.

    —¡Nada!, desvístanse para ir al comedor, primero debemos alimentarnos bien, así no nos faltarán energías ni proteínas —dijo separándolos por los cabellos de las tetas.

    Ya desnudos, ella llevó las fuentes a la mesa y dirigió la oración para dar gracias a Dios por la comida y los básicos que ella recibiría: …“gracias también por la leche carne y huevos que me permites disfrutar. Amén”. La plática inició en torno a la belleza de las tetas de la anfitriona y la queja por haberlos separado de los pezones. Vinieron los chistes que fueron subiendo de tono. Ella había subido una pierna sobre las piernas de cada uno de los otros y frecuentemente se las acariciaban, desde los pies hasta donde les permitían el largo de sus brazos. Al terminar, ella recogió los trastos y los colocó en el fregadero.

    —Yo hice la labor correspondiente a mi sexo, ahora a ustedes les toca hacer la propia —dijo señalándoles el fregadero.

    —Lo bueno es que hoy tengo ayudante —dijo el cornudo.

    —¡Claro!, pero lo haremos en equipo, esa nena va a saber lo que es amar a dos al mismo tiempo. Yo lavo y tú secas —completó el amante.

    —Aquí sí, pero en la recámara haremos lo mismo, sea simultáneo o uno después de otro —Dijo el marido tomando el secador.

    La mujer les acarició a los dos el trasero, luego pasó las manos a la parte ya erecta de cada uno para jalar sus troncos diciéndoles “Yo les echo porras para animarlos”.

    Al terminar la tarea. El marido la cargó para llevarla a la cama. El amante abrió la puerta y se hizo a un lado para no estorbar. Ya depositada ella en la cama, el marido dijo “A seguir en lo que estábamos y se acostó al lado derecho de ella mamándole la teta de ese lado. El amante lo imitó colocándose del lado izquierdo. Mamaron a la esposa acariciándole también cada quien la parte del cuerpo correspondiente al lado donde se encontraban, sólo coincidían eventualmente en el vértice inferior del triángulo de vellos recortados con cuidado a la misma longitud.

    Después de besar a su esposa, el marido se levantó para encender la computadora y la cámara de video, la enfocó, y cuando todo estuvo listo dijo “Tú primero, que eres el invitado”. Ella extendió los brazos y abrió las piernas invitándola a que la tomara. Al tener cerca al amante le empezó a mamar la verga, dando lengüetazos y sonriéndole a la cámara y al marido. Rápidamente se olvidó de las tomas y empezó a coger, abrazar y besar a su amante sin el menor recato.

    El marido se la jalaba viendo cómo había subido la calentura de su esposa. Parecía un raund de lucha libre donde las estocadas iban y venían, las bocas se deslizaban por todas las partes que más cercanas estaban del cuerpo del oponente… y vino el primer orgasmo simultáneo que concluyó en un abrazo y jadeos para jalar aire. La verga del amante quedó flácida y ella lo constató jalándola y soltándola con aparente desprecio.

    “¡El que sigue!”, dijo ella y el marido, sumamente caliente por lo que acababa de presenciar se echó sobre ella como si se tratara de lanzarse a un chapoteadero. Sumergió el pene en la cueva inundada y sin poder hacer más allá de cinco bombeadas se vino en un grito, deslechándose. Antes de un minuto rodó agotado a un lado sobre el colchón.

    El amante, al ver el lugar vacío, se colocó en posición de 69 y, mientras recibía el calor de la boca de su amante, se atragantó con los jugos que ella soltaba por las caricias recibidas en el clítoris y labios, abrevando también la mezcla del semen. El marido empujó la cabeza del amante para separarlo de la vagina, de donde salió un hilo plateado hasta la lengua de quien allí había paladeado y ocupó el lugar, quedándole una chorreada en la cara al romper la línea viscosa de atole.

    La mujer no soltó la verga de su amado, recibiendo un impulso de la fiebre con la que su marido le sorbía el sexo, y sólo soltó el pene hasta que extrajo la miel de amor. Ella jaló las piernas de su marido obligándolo a completar el clásico 69, obteniendo en poco tiempo un chorro más de amor. Descansaron los tres, ella al centro del abrazo donde mostraron a la cámara una sonrisa de satisfacción antes de poner en pausa la cámara.

    Fumaron los tres comentando con gusto la experiencia vivida. Media hora después, el marido tomó el control remoto del aparato de sonido e invitó a bailar a su esposa. A media pieza, le cedió la mano al amante para que la llevara él en el baile. Volvieron a descansar, tomando un trago de brandi. Le pidieron a ella que se sentara y mojaron alternadamente sus pezones con la bebida, brindando por la belleza de ese pecho tan excitante.

    Ya que se terminaron el brandi, ella dijo “Ahora me toca brindar a mí”. Los puso de pie, frente a frente, a la orilla de la cama y alternadamente tomó los penes introduciéndolos en la copa y chupándolos para limpiarlos del licor. Al poco tiempo dejo la copa de lado y junto los glandes para mamarlos simultáneamente. El líquido preseminal empezó a brotar y talló uno contra otro dándoles un placer nunca antes sentido. Ella, al ver la cara de placer, gesto de sonrisa, boca semiabierta y ojos cerrados, exclamó “¡Qué putos son, les gustan las caricias de verga tanto como a mí!

    Más tarde, cuando se acostaron bajo las cobijas, el marido dijo “Te vamos a hacer un sándwich”. “¿A quién quieres por el ano?”, preguntó el amante. “¡A ninguno!, los dos por el mismo lugar”, dijo ella subiéndose en su esposo, metiéndose el pene de éste y abriendo las piernas para recibir el miembro del invitado. “Al fin que les gustan las caricias de verga y se las van a frotar rico…”, concluyó cuando ya estaba empalada por ambos. Diez minutos de jadeos y empezaron los gritos que el orgasmo provocaba en ella. Los hombres se movieron más rápido hasta que ella pidió paz, ellos continuaron y suspendieron cuando ella dejó de aullar porque se desmayó.

    Sacaron sus miembros y salió un chorro de flujo. Se asustaron y trataron de reanimarla. A los pocos segundos ella empezó a reaccionar: ¡Putos, siguieron acariciándose uno al otro en lugar de detenerse!, dijo en bajo volumen y ellos soltaron una sonora carcajada.

    Ellos se tomaron un trago más mientras tomaban video de los chorros de flujo y esperma aun frescos y brillantes en las nalgas y la entrepierna. “Vamos a dormir, ¿sí?” Les pidió extenuada. Y apagaron la luz. “A tomar su teta para que duerman bien”, les pidió abrazándolos por el cuello para que la mamaran”.

  • Como una muñeca

    Como una muñeca

    Esa noche estaba toda excitada y mi dueña, quien comparte mi gusto por tener relaciones mientras estoy vestida como toda una mujercita estaba muy animada y quería jugar un rato conmigo antes de irnos a la cama, así que me propuso que me vistiera como una muñeca y así ella jugaría conmigo en una forma tiernamente pervertida, a mi me encanto la idea, entonces fuimos a nuestra habitación para que ella me vistiera toda como su muñeca. Me dijo que lo que más le gustaba de jugar con muñecas es que les podía poner toda la ropita que ella quisiera al mismo tiempo, entonces me dijo que me pusiera unos sostenes rosados y unas pantis tipo cachetero rosadas, yo lo hice mientras ella miraba entre la ropa interior y sacaba pantis y sostenes, entonces me entrego unas medias de liguero blancas y unas ligas blancas y me dijo que me las pusiera, pues ella me pondría el resto.

    Yo me puse las medias de liguero y mientras me ponía el liguero ella se acerco con mis tacones rosados y me los coloco, entonces me dijo que me quería con otras pantis encima y otros sostenes, además de unos guantes rosados, a mi me encanto la idea, entonces tomo una tangas blancas que había separado y me las coloco, yo camine un poco para que me las mirara, entonces me dijo que no le gustaba su muñeca así, que si bien me quería como una mezcla entre muñeca de trapo y perrita caliente no me quedaban las tangas encima de los cacheteros, entonces yo me las quite, ella tomo un panti de algodón blanco grande y me lo coloco, nuevamente desfile y a ella le encanto como se me veía el culito, entonces tomo otros dos pantis tipo calzón y me los coloco, también me puso un sostén blanco trasparente y uno rosado, ambos de telitas muy femeninas, me coloco los guantes y me dijo que quería ponerme una pijamita.

    Busco dentro de sus pijamas y saco una batola rosada y unos pantaloncitos de otra pijama también rosados y me los coloco, así vestidita me puso mi correa de perrita rosada y me dijo que quería tomar algo, que la acompañara a la cocina, entonces me llevo halándome de la correa hasta la cocina en donde se sirvió un poco de vino y comenzó a tocar mi nalguita por encima de la batola cuando metió su mano por debajo se dio cuenta que era muy trasparente, entonces me dijo que fuera por unas enaguas blancas y otras rosadas y me las pusiera subiéndomelas hasta los pechos. Fui y la habitación y me puse como me lo había ordenado, cuando regrese ella me siguió tocando, y acariciando por encima de la pijama y yo la tocaba por encima de sus pantis negros, que eran todo lo que tenia, entonces me dijo que me tenía una sorpresita en el congelador, yo fui caminando sensualmente y al abrirlo encontré un plug anal rosado, ella me dijo que se lo entregara y me agachara, cuando lo hice bajo mis pantis y calzones, levanto mi batola y me hecho un poquito de lubricante de efecto frio en el culito y después metió el plug adentro de forma suave pero ininterrumpida, mientras yo gemía como toda una putica y sentía mi culito muy frio y caliente al mismo tiempo. Cuando termino de meterlo subió cada uno de los pantis que me había puesto y me organizo la pijama, me dijo que me enderezara y tomando mi correa me llevo otra vez a la habitación en donde me dijo que le ayudara a ponerse un dildo con arnés, cuando se lo coloque aproveche para tocarla y lamerla por encima de las pantis mientras ella gemía y me halaba la correa de perrita rosada para que me pegara mas a sus pantis, entonces me dijo que acabara de subirle el arnés y cuando lo hice metió el dildo a mi boquita y empezó a comerme por ella como a una mujer, yo chupaba el dildo lo mejor que podía mientras sentía como iba mojando mis pantis de lo excitadita que estaba, además de unas gotas de agua que soltaba el plug que tenia metido en mi culito. Como me había puesto de rodillas para que ella me pudiera comer mejor por la boquita, me dijo que la siguiera caminado en cuatro patas como una perrita cariñosa y coqueta, entonces yo me puse en cuatro y camine así moviendo mi nalguita hasta que ella me indico que me subiera a la cama, entonces comenzó a tocarme la espalda suavemente y fue bajando primero mi batola y luego subiendo las enaguas que tenía puestas, bajo su mano suavemente y la metió por debajo de todas las pantis que me había puesto y los pantaloncitos para tomar el plug y comerme con el todita mientras yo gemía, mientras lo hacía noto lo mojaditos que estaban mis pantis y comenzó a decirme que era una mujercita muy caliente y ganosa, entonces volvió a meter el plug dentro de mi culito, saco su mano y tomo un vibrador con control remoto y lo metió dentro de mis pantis, ubicándolo en todo mi culito, bajo mis ropas y me dijo que me acostara de boca arriba.

    Cuando lo hice tomo mis manos y las amarro hacia arriba de mi cabeza, después tomo una cuerda atándola a una arandela en el techo y después cada punta a mis piernas de forma que las tuviera levantadas y abiertas, teniéndome así comenzó a jugar con el control remoto del vibrador que tenía en mi nalguita mientras me acariciaba y metía su mano en mis pantis, yo gemía y ella me decía que era su puta, su perrita coqueta y mimada y que me quería comer toda, entonces tomo una tijeras de un cajón y levantando las pantis fue cortándolas una a una en mi nalguita, sin quitármelas, cuando llego a la primera se dio cuenta que la tenía toda mojadita, como una mujercita excitada, entonces saco el plug de mi culito sin quitarme ninguna panti y tomando un dildo vibrador lo metió todo y lo prendió, yo gemí como toda una hembra y ella me dijo que le faltaba algo. Entonces se paro y se fue dejándome así amarradita y con el culito todo comido por el dildo, yo comencé a moverme como si me estuviera comiendo, lo cual me excito mucho mas, así estaba cuando ella regreso con una toalla higiénica en su mano, me miro toda lujuriosa y me dice que es lo que debo usar para no estar mojando las pantis como una hembra fácil, entonces desato una de mis piernas por lo que pude bajarlas ambas y por lo cual el dildo se metió mas adentro en mi culito, entonces ella levanto mi cadera y bajo todas las pantis juntas hasta mis rodillas, abrió un poco mis piernas y puso la toalla higiénica en las primeras pantis rosaditas que me había puesto y me las subió dejando el dildo adentro y subiendo la velocidad de la vibración.

    Subió un poco toda la ropa interior que me había puesto y volvió a levantar mis piernas, mientras tomaba un lubricante y lo aplicaba en el dildo que tenía en el arnés y sacando el dildo que tenia entre el culito comenzó a meterlo lentamente, hasta que sentí como su cadera tocaba mis nalguitas mientras tenía el culito completamente lleno por su imaginaria verga dura y caliente, entonces comenzó a comerme como a una mujer, primero lenta y profundamente, haciéndome sentir que me lo metía todo, que me comía toda, después empezó moverse cada vez más rápido y me lo metía cada vez más duro mientras me decía que era una perra y yo entre gemidos femeninos le rogaba que me comiera toda. Cuando ella me comenzó a dar nalgadas tuve un orgasmo y como aun estaba completamente vestida como ella quería y tenia puesta la toalla higiénica, sentí como me mojaba toda y mis fluidos llegaban hasta mojar mas mi culito, cuando ella me tuvo así toda sometida y mojada me comenzó a comer más duro hasta que comenzó a gemir mientras tenía a su vez un orgasmo y se dejaba caer encima de mí.

    Tardo al menos cinco minutos en recuperarse, dejando durante ese tiempo al menos dos terceras partes del dildo dentro de mi culito, cuando se recupero saco el dildo lentamente de mi culito y desamarro mis piernas, después desato mis manos y se acostó a mi lado, así dormimos juntas mientras ambas estábamos completamente mojaditas y satisfechas. Cuando desperté aun tenia puestas cuatro pantis y unas pantimedias, también unos sostenes, y mis pantis tenían un agujero justo en culito, el cual estaba todo mojadito y caliente, ella ya se había levando, vestia una linda pijama en bata y tomaba algo de café mientras me miraba, yo sonreí todavía seducido por la noche anterior y supe que estaría con ella mientras pudiera respirar, camine hacia el baño lentamente mientras ella me seguía con su mirada, cuando entre pensé en desnudarme y volver a ser el mismo de siempre, pero todo se sentía tan íntimo y cómodo, además me encantaba sentirme femenina, Así que después de asearme un poco con lo que había en el baño y tomar un poco de agua Salí del baño aun en ropita interior y ella me había servido un café en un pocillo completamente femenino, yo fui a la mesa y me senté frente a ella feliz a tomarme mi café.

    Espero les haya gustado este relato, besos

  • Trabajando de Uber

    Trabajando de Uber

    ¡Hola a todos! El nombre que usaré para la página es Alberto Galarza, obviamente ficticio. Los relatos que voy a contar son verdaderos sin embargo en ninguno usaré los nombres reales de las personas involucradas. Al ser éste es mi primer relato voy a describirme.

    Soy un hombre de 29 años de la ciudad de Monterrey. Mi estatura es por arriba del promedio del país, sin llegar a ser muy alto con 1.80 m. Practique deporte en mi juventud y en los últimos años voy al gimnasio, esto hace que este fornido sin ser tener un cuerpo escultural. Soy de piel morena, ojos cafés y cabello negro algo común en México; sin embargo, desde la adolescencia me ha tocado estar en los vestidores deportivos dónde he tenido un miembro de los más grandes entre mis compañeros. Esto ha hecho que me apoden «el negro» desde los 16 años.

    Desde que Inicié mi actividad sexual, a pesar de no ser el más guapo, siempre he tenido mujeres interesadas en mí. Yo asumo que es por dos cosas, tengo una personalidad extrovertida y un miembro de 21 cm.

    Debido a la pandemia y por dificultades en el trabajo y al tener dinero tuve que iniciar a trabajar como chófer de Uber. Es así como he tenido diferentes experiencias sexuales que me hicieron considerar contarlas en esta página.

    Esta historia en particular comienza el diciembre pasado, un viernes por la noche como cualquier otro. Inicie mi día de Uber a las 8 pm recibiendo viajes principalmente a posadas y fiestas, todo normal y sin tema. Alrededor de las 2:30 am recibí un viaje que daba inicio en Barrio Antiguo, una zona de bares y antros en Monterrey, con destino a Carretera Nacional. Para los que no conocen Monterrey el viaje ese aproximadamente de 35 – 40 miutosn a esa hora.

    Al llegar al punto de encuentro vi a la chica discutiendo con un joven de la misma edad, ambos debieran tener entre 19 y 21 años. Al ver que llegue la chava se dirigió a mi auto y el joven intentó tomarla del brazo pero ella se negó y el la siguió. Ella estando cerca del auto aceleró el paso y para evitar que el la alcanzará se subió en el asiento del copiloto y me pidió que arrancará. Para evitar cualquier tema con mi auto me moví enseguida.

    A pesar de que todo fue muy rápido noté que la chica llevaba puesto un vestido pegado color vino, mide aproximadamente 1.60 m, tiene piel blanca y caballo castaño claro a los hombros, delgada con piernas torneadas y nalgadas de gimnasio. Al entrar al auto note sus ojos castaño claro y unos labios gruesos, usaba poco maquillaje y brillo en los labios. También note que había tomado un poco, pero nada cómo para considerarla borracha.

    Los primeros 2 minutos del viaje hubo silencio total, no quise preguntar nada sobre lo ocurrido. Ella estaba metida en su teléfono y empezó a enviar notas de voz. Al escuchar la conversación me enteré de todo lo sucedido, lo más relevante es lo siguiente:

    -Ella, Daniela, estaba en el antro con su novio.

    -Daniela vio cómo, a su novio Darío, le empezaron a llegar mensajes de otra chava.

    -La chava resultó ser una infidelidad pasada de él, que ella había perdonado.

    -Su amigo, Sofy, fue la única que le aconsejo dejarlo. Era de ese tipo de «chavos».

    -Fue el primer novio que tuvo Daniela, ya no se sentía triste y solo molesta.

    Se le acabo la pila a su celular, saco un cable y me pidió permiso para conectarse a lo cual accedí y le dije:

    -Se ve que necesita de su amiga, adelante trataré de no meterme.

    – Gracias, no se preocupe como escuchó no es secreto que mi novio… exnovio sea un imbécil.

    -Seguramente… todos hemos conocido personas infieles.

    – ¿A usted le han puesto el cuerno? – preguntó esperando que le dijera que no.

    -Dos personas diferentes, incluso con alguien que yo consideraba mi amigo.

    -A la madre, yo pensé que solo era los vatos de mi edad.

    -Creo que le puede pasar a cualquiera, pero igual hay personas que valen la pena.

    Me di cuenta de que ella hablaba muchísimo y básicamente me contó la relación de 3 años que tuvo con su novio, así supe que ella tiene 19 años. Después de contarme todo en unos 10 minutos íbamos a mitad de camino y me dijo que pusiera algo de música. Accedí y prendí el radio, sonaba la canción Safaera de Bad Bunny a lo cual ella venía cantando. Al llegar al verso «Si tú novio no te mama el culo…» ella dijo:

    -Ni eso hizo ni serme fiel.

    -Su exnovio nunca le mamo el culo? Que desperdicio…

    – ¿Porque desperdicio?

    -No se ofenda, pero tiene un muy bonito culo… como para mamárselo.

    -Nunca me lo han hecho. Bueno una vez… creo.

    – ¿Cómo que cree? Le mamaron el culo o no.

    -Pues una vez el me hizo oral- Dijo rápido y con confusión.

    -Oral y mamar el culo son diferentes, puede uno hacerle sexo oral a una mujer sin mamarle el culo. – Al mismo tiempo que dije eso le puse la mano en la rodilla, ella no hizo nada.

    -Entonces… ¿cómo es?

    -Yo normalmente las pongo en 4, ¿sabes cómo?

    -Eso sí sé obvio- Contesto en tono de molestia.

    -Bueno bueno, ya en cuatro y con el culo bien parado me pongo atrás y les meto la lengua para chuparles todo. Desde la vagina hasta el ano, por todo el culo chupado todo que puedo. – Mientras lo decía empezaba a acariciar un poco su pierna.

    -Ah… – dijo ella con una cara un poco de sorpresa y curiosidad.

    -Pero si tienes curiosidad, vamos a un motel y te enseño cómo. – Mientras iba subiendo la mano a tu entrepierna.

    -No soy de ese tipo de chavas.

    – ¿Del tipo que disfrutan el sexo?

    -De las “fáciles”

    -Bueno, no tiene nada de malo tener un orgasmo y divertirnos. – Yo no dejaba de acariciar su muslo.

    – Pero yo soy una niña bien. – Dijo con voz nerviosa mientras llegaba a su entrepierna y separaba sus muslos.

    – No te preocupes, no vas a dejar de serlo. Además, nadie se va a enterar. – Ya estaba acariciando su vagina por encima de su ropa interior y ella dio un suspiro de excitación.

    – ¿OK, pero nadie… lo… debe… saber… ok? – Dijo jadeando y con voz entre cortada.

    – Si tu no te preocupes. – Mientras le hice su ropa interior a un lado y ya estaba tocando su clítoris sin ninguna barrera.

    Justo en ese momento estaba a unos minutos del motel Kyoto (famoso en Monterrey)

    -Vamos a este motel para estar más cómodos.

    -Aham – Dijo mientras disfrutaba de la calentada que le estaba dando.

    Entramos al motel y se hizo una eternidad el tiempo entre que pague, entramos y me llevaron condones. Pensé que en cualquier momento ella se iba a arrepentir, pero al parecer estaba muy caliente también.

    Al entrar al cuarto, empecé a besarla mientras le bajaba el vestido para liberar sus pechos, aún cubiertos por su bra. Ella empezó a corresponder mis besos, besando con lengua de una manera deliciosa. No perdí tiempo y en menos de 5 minutos ya tenía sus tetas al aire, recónditos con pezones grandes color rosa. No tarde en empezar a besar su cuello y masajear sus tetas mientras lo hacía, ella solo gemía y me acariciaba la verga que ya estaba dura como piedra. Note que sus pezones ya estaban duros y empecé a mamarle las tetas como becerro hambriento. Los apretaba y mamaba sin parar mientras ella solo gemía, me apretaba la cabeza contra sus pechos y me agarraba el cabello. En ese momento ella se puso de rodillas, me desabrocho el pantalón y me saco la verga. Abrió los ojos como platos – No mames aparte estas vergón. – Si me lo han dicho.

    No dijo más, solo agarró mi verga con una mano y empezó a mamármela. Primero solo chupaba la cabeza y me masturbaba, pero poco a poco empezó a meterse más a la boca, pero nunca pudo meterse más de la mitad. Yo solo agarraba su cabeza y empujaba de vez en cuando para escuchar sus arcadas. Ya con la verga bien dura y lleva de su saliva, mi liquido preseminal y unas ganas temeridad de coger, la toma de los brazos y la puse de pie.

    Le terminé de quitar le vestido y su panty, la puse en cuatro en la orilla de la cama. Ella sabía que venía, Empecé clavando mi lengua en su vagina, metiendo tratando de llegar con mi lengua lo más profundo. Después empecé pasando mi lengua por su clítoris hasta llegar a su vagina, para volver a meter mi lengua. Estuve dándole sexo oral y probando sus jugos mientras ella solo gemía. Cuando noté que estaba al borde el orgasmo, abrí bien sus nalgas y empecé a comerle el culo, buscando meter mi lengua en su ano lo más profundo que pude. Mientras con mi pulgar empecé a masajear su clítoris escuchando como sus gélidos inundaban todo el cuarto del motel. Empezaron a temblar sus piernas y empezó a encargar su espalda mientras movía la cintura, no deje que quitara mi pulgar de su clítoris ni mi lengua de su ano. Empezó a soltar gritos mientras tenía un orgasmo, deje de lamer el ano y vi como su vagina se contraía y relajaba mientras soltaba su delicioso néctar que me escurría por la mano.

    Mientras ella aún gemía despacio, respiraba profundo y se recuperaba del orgasmo. Me puse el condón, la puse de nuevo en cuatro y coloque la punta de mi verga en la entrada de su vagina. -Despacio, la tienes mucho más grande que mi novio. – Solo la puse en la entrada y empecé a meterla despacio.

    En cuanto entro la cabeza ella dio un gemido y empezó a respirar fuerte, se sentía muy apretada por lo que supe que aparte de infiel su novio era un pitochico. Sin sacarlo seguí metiendo mi verga despacito sintiendo como apretaba como guante hasta casi llegando el fondo ella puso su mano en mi pelvis para que no empujará más. De igual manera saque mi verga despacio y empecé un mete-saca suave pero constante y sin parar. Mientras me la cogía despacio disfrutaba su vagina apretando mi verga, admiraba admirando su hermoso culo abierto y sus gemiditos de un poco de dolor y placer. Me di cuenta que empezó a jadear y ella sólita se echaba hacia atrás para recibir mi verga, entonces se la dejé ir toda. Ella dio un gemido fuerte, pero antes de que reaccionara la agarre de la cintura y empecé un mete-saca al fondo, fuerte y rápido. Ella de nuevo empezó a gritar mientras yo la cogía duro y le daba nalgadas. Justo cuando sentí que mi orgasmo estaba cerca, la agarre del cabello y lo jale mientras acelere el rimo de las metidas. Ella empezó a moverse y supe que también iba a tener otro orgasmo, entonces no parece y aguante hasta que ella empezó a venirse y entonces solté mi leche mientras apretaba sus duras nalgas.

    Saque mi verga de su vagina y ella se trío boca abajo. Aproveché para tirar tirar condón en la basura y llegué a acostarme a su lado.

    -Coges riquísimo, al inicio pensé que me iba a doler mucho ti verga pero al final se sintió ufff.

    -Gracias, tu también te mueves delicioso.

    -La verdad me quede con ganas de cabalgarte.

    Le di los dos condones restantes y mi tarjeta de Uber (con mi whatsapp) -ya tengo que irme, pero después nos acabamos esos condones. –

    Nos vestimos, la lleve a su casa y solo veníamos platicando de lo rico que la pasamos sin entrar en detalles.

    Pueden escribirme a mi correo [email protected].

  • Comiendo en casa

    Comiendo en casa

    Por suerte la carga del día permite que vaya a comer a la casa. Te llamo y tú estás aun trabajando haciendo home office, en tus conferencias y llamadas, producto de estos tiempo de pandemia.

    Te aviso que voy de camino y me pides que compre un par de cosas en la tienda que nos queda cerca de la entrada. Rápidamente paro, consigo tu encargo y aprovecho para pedir un postre que tienen en el local de al lado, una gelatina de agua con trocitos de mandarina en la parte superior, y gelatina de leche abajo. Pago y regreso al auto para continuar mi marcha a la casa, donde ya me esperas tú.

    Apenas cruzo la puerta, te observo hermosa como siempre, la luz que se alcanza a filtrar por el ventanal del jardín trasero, y hace resaltar más tu figura divina. Paso a tu lado y silenciosamente nos obsequiamos un beso al aire mientras terminas esa llamada.

    Voy colocando en la barra de la cocina las cosas que traigo con cuidado para no hacer mucho ruido y el postre en el refrigerador. En un sartén en la estufa ya hay una pasta preparada por ti y afuera a hay un par de pechugas empanizadas de buen tamaño, listas después de su cocinado final.

    Saco lo necesario para una ensalada y armo un bowl para acompañar lo demás, junto con un aderezo que te agrada y limones. Escucho que tu llamada va llegando a su fin mientras yo pongo platos y cubiertos sobre la barra para comer allí.

    Vas despidiéndote de los participantes, me acerco a ti por tu espalda y con mis brazos te rodeo por la cintura, mientras que mis labios se acercan a tu cuello para besarlo, aspirando el aroma de tu perfume, sentir tu cuerpo vivo, radiante y lleno de energía. Sólo alcanzas a quitar los audífonos, los colocas apresurada mente sobre la mesa y te dejas acariciar.

    Pones tus manos sobre las mías y eventualmente subes una de ellas a tu cabello y la otra a mi rostro. Eso me da acceso total a llevar mis manos a tus senos que siempre reaccionan al primer acercamiento y con un roce ligero, tus pezones se ponen duros, deliciosos. Puedo acariciar tu cuerpo, tu abdomen, tus caderas, lo que hace que gimas sutilmente al contacto de mis manos con tu cuerpo y luego giras tu cabeza para encontrar tus labios con mi boca, empezando con besos pequeños, que dan paso a caricias mayores, apasionadas e intensas.

    La mesa del comedor, ocupada con parte de tus cosas del trabajo está frente a nosotros. Estiro mi mano y alcanzo a desabrochar un par de botones de la parte alta de tu blusa de tela fina. Aprovecho para sacar el faldón de la misma de tu pantalón y eso me da mejor espacio entre ella y tu cuerpo para acariciarte por debajo de la ropa.

    Una mano la llevas detrás de ti, buscando mi pene que ya acusa una erección por todo lo que está pasando. Al llegar a él, lo vas tocando sobre mi pantalón, pasando desde la parte baja hasta la punta que se aloja en la parte alta del pantalón. Lo haces muy rico y me dices que lo quieres en ti.

    Sé lo rápido que te prendes y bajo mi mano para sentir sobre tu pantalón lo excitada que estás a través de la humedad de tu vagina, sin dejar de acariciar tus senos con la otra mano y el natural incremento en la pasión de nuestros besos. Llevo mi mano a tu cintura y la meto entre el pantalón y tu piel. Puedo sentir tu ropa interior y sin desplazarla, comienzo a acariciar tu sexo que responde de inmediato mojando más esta zona. Tus gemidos dejan saber que estamos en la ruta correcta del placer.

    Te entregas toda y me encanta masturbarte. Pegas tus pompas a mi pene y te restriegas en él mientras sigo con mis caricias y tus pezones se van poniendo cada vez más duros, mostrándose a través de la tela de tu brasier y la blusa. Regreso a besar tu cuello, tus mejillas, detrás de tus oídos y tu cuerpo gime y se convulsiona por las caricias que recibe de mi.

    Te encanta sentirte así, deseada, acariciada, excitada. Muevo mis dedos más rápido sobre tus labios vaginales, empiezo a sentir el incremento de tu respuesta y tus emociones afloran. Me vas mojando más, anunciando un próximo orgasmo que no tarda en darse. Explotas rico, tus piernas tiemblan un poco, tu cuerpo se sacude y buscas apoyo, colocando tus manos sobre la mesa, inclinando tu torso hacia adelante, bajando tu cabeza, lo que deja tu cadera expuesta hacia mi.

    Sin despegarme del todo de ti, suelto el botón que mantiene aún arriba tu pantalón, lo bajo con todo y tu ropa interior hasta los tobillos. Desabrocho el mío y sacó mi ya duro pene que empiezo a frotar contra tus nalgas y lo voy empujando poco a poco por la deliciosa división de las mismas. Tu trasero es rico y poner mi pene en él es una sensación deliciosa, especial.

    Al sentir el contacto de la punta de mi pene, levantas tu cadera para dejarme llegar mejor a tu sexo. Ambos sabemos lo mucho que te gusta ser cogida en esa posición, entregarte así para ser penetrada poco a poco, lo que aprovecho para, con mi pene, recorrer desde tu culito hasta tu clítoris e ir mojando la punta con tus mismos líquidos. Lo froto varias veces y te retuerces con la caricia. Eso te excita mucho y dejas escapar algunos gemidos que denotan pasión, mientras mueves tu cadera para sentir más el roce de mi pene en tu cuerpo.

    Unas pasadas más y acomodo la punta en tu entrada, desplazando tus ricos labios que la coronan. Tu cuerpo vibra con ello y levantas hacia mí tu cadera, permitiendo que se vaya abriendo paso la punta al interior de tu vagina. Poco a poco, la totalidad de mi pene queda alojado en tu sexo.

    Desde mi posición te veo hermosa, inclinada hacia la mesa, sujetándote, girando y empujando tu cadera para que mi pene vaya ganando terreno en tu interior. Me quedo quieto un momento, sintiéndote toda, vibrante, mojada, excitada. Te sujeto de la cadera y empiezo a desplazar para salir un poco y entrar nuevamente. Tu vagina se va contrayendo de forma deliciosa apretando el contorno de mi pene y en cada salida se aprecia mojado de tus ricos jugos.

    Volver a introducirlo es cada vez más excitante y la humedad de tu sexo deja que entre a mayor profundidad. Tu excitación es total y te vienes continuamente en ricas y breves corridas en cada empujón de mi pene dentro de ti. Incremento la velocidad de mis penetraciones y voy sintiendo un nuevo orgasmo aflorando de tu cuerpo.

    Estiro mi brazo y alcanzo uno de tus senos, que lo aprieto acompañando las penetraciones cada vez más profundas en tu sexo. Estamos cogiendo rico, tu cuerpo lo recibe todo, deseoso, excitado.

    Le dedicamos tiempo a variar la intensidad y la frecuencia, eso te pone a mil y sentirte penetrada así te excita mucho. Mi pene se ensancha e incremento la velocidad de los embates. Mi corrida está cerca y te encanta que me venga en tu interior. Lo sientes también. Empujas fuerte. Lo quieres adentro, profundo, pleno. Me corro en tí, junto contigo, deliciosamente.

    Tu orgasmo se presenta igual de intenso, vibrante y deliciosamente sensual. Nuestros cuerpos sudan, nos apoyamos en la mesa y con un beso tierno, mientras nos incorporamos, y reponemos, agradecemos que haya ido a comer a casa.

  • Los leggings de Karla

    Los leggings de Karla

    Karla era la amiga de la familia, principalmente de mi hermana. Trabajábamos en el mismo lugar un taller de costura, yo me encargaba de algunas máquinas y ella trabajaba con el hermano de mi jefe. Habían rumores de que mi jefe se la andaba tirando y de ahí unos cuantos privilegios, se la pasaba de fiesta en fiesta y siempre llegaba tarde. Había dejado de verla por un tiempo y ahora había embarnecido, me enteré de qué se había metido al gimnasio por un tiempo, Karla acostumbraba vestir tenis blancos y unos leggings ajustados negros, no le había prestado atención hasta uno de esos días en los que fuimos por algo de comer al mercado y tras subir las escaleras delante de mi pude notar que su delgado culo se había convertido en algo monstruoso, la gota que derramo el vaso fue aquella transparencia que dejaba al estirarse, tanga blanca.

    Fue un sábado, el cumpleaños del jefe, solo estarían amigos, yo entre ellos. Por un momento pensaba en irme, pues el plan sería en la fábrica a puerta cerrada y me sentía agotado, pero era sábado y no tenía mejor plan, de no aprovechar la oportunidad de alcohol gratis durante toda la noche me arrepentiría. Nos quedamos, los hermanos, un par de amigos, Karla y yo.

    La noche iba bastante bien, era de esas veces en que el alcohol parece asentar bien y te vuelve el centro de atención, un detalle, un regalo de mi jefe tras seguirle el turno en el baño, ahí te dejo un regalito, me dijo. En el baño, polvo blanco, lo usé y el efecto empezó, me lleno de confianza, estaba siendo el alma de la fiesta y Karla no paraba de reír, me preguntó por lo del baño y me pidió asegurarme de que en su nariz no quedarán restos. Ella adoraba el polvo, era parte indispensable de la fiesta para ella y lo compartía con mi jefe. Yo no era nadie para juzgar, más que guardar su secreto no me importaba y que mejor si tenía algunos beneficios. Tomábamos como locos, se había ido por cerveza en más de una ocasión y pasaban de las dos de la mañana y a mí lo del chistosito no se me quitaba, Karla me dijo que le había escrito mi hermana, principalmente para saber cómo me regresaría estando tan tomado, Karla se ofreció a llevarme, me dirigí al baño que estaba en la oficina de mi jefe en dónde tomábamos, para mí sorpresa estaba la luz encendida y venía saliendo Karla, ¿Cómo andas?, Me dijo tras una sonrisa, Bien, le dije, tome la puerta seguido de ella y entre, pero ella la detuvo y entro conmigo, empezó a prepararse polvo cerca del lavabo, mientras se inclinaba, notaba su enorme y bien formado culo, traía esa pequeña tanga blanca que tanto me gustaba. Terminó y me ofreció, el estar ahí encerrado con ella puso mi corazón a mil, me sentía bastante nervioso y me empezaba a poner duro, trataba de disimular.

    Ella tenía 24 y yo 26, así que sí, éramos dos adultos encerrados en un baño a la distancia de los demás. Atendí a lo ofrecido y me di la vuelta, probé suerte y la bese, Karla lo tomo bastante bien y me tomo del rostro, yo la tomé por la cintura y no deje pasar la oportunidad de acariciarle las nalgas. Movía de un lado a otro su lengua, la apreté contra mi arrimandola de las nalgas y lanzó un ligero gemido. Nos separamos, lamentablemente teníamos el tiempo contado, pero me quedé con bastantes ganas de más, Karla se vio al espejo, Ya en un ratito nos vamos, me dijo y salió. Espere un rato a qué se me bajara y salí. La noche se fue calmando y las cosas se había puesto un tanto aburridas, Karla me preguntó que si ya me quería ir y le dije que sí. Pidió un taxi por aplicación. Ya está a cinco me dijo, nuevamente el corazón me empezó a latir al pensar en estar con ella en la parte de atrás del taxi durante el camino a casa. ¿Ya está a 5, que? Dijo mi jefe, El taxi, dijo Karla, cancélalo, yo los llevo, dijo mi jefe y mis expectativas se apaciguaban. No es necesario, dijo Karla, además ya está aquí, dijo y tomo su bolso, nos acompañó por las escaleras y nos abrió la puerta, el auto ya esperaba afuera, Me avisan cuando lleguen, dijo y se dio la vuelta bostezando.

    Karla puso mi dirección y ahí nos dirigíamos, revisaba su celular. Nos habíamos quedado bastante pegados, parte de su muslo estaba encima de mi pierna y no pensaba moverlo. Alcance a ver un mensaje en su celular, Me quedé con ganas de darte, decía. Ay, perdón, me dijo riendo acomodándose, bloqueo el celular y lo hizo a un lado. Empezamos una charla casual en la que me confesó que se había quedado con ganas de seguir tomando pero que allá todos ya se estaban durmiendo, lamentablemente en mi casa no se podía, pero había sido día de paga y por la emoción de todo lo que traía encima le perdió el miedo a la cartera, pasábamos por Tlalpan, hoteles, una vinatería, me aventure, ¿Y si la seguimos?, Le dije. ¿En dónde? Dijo riendo, le señale los hoteles por la ventana, acabamos de pasar una vinatería, Ajá, me dijo, Ni te bajas, reí, ¿Cuánto es si nos deja aquí?

    El conductor se detuvo. Pagamos y nos dirigimos a la vinatería, compramos cerveza, bastante como para no dormir y nos dirigimos en dirección a un hotel de luces neón por un camino de prostitutas. Pedimos una habitación y subimos por unas escaleras, yo, ella y mis ganas de arrancarle la tanga con la boca, que ahí estaba, frente a mí, bastante cerca entre ese buen par de nalgas. Es aquí, me dijo y abrí, nos pusimos cómodos en la cama, ella encendió un cigarrillo y yo destape una caguama. No recuerdo quien se acercó a quien, pero de repente ya estábamos muslo con muslo ahí en la cama, la tome de la cintura mientras tomaba, se despegó la caguama y río, me le acerque al cuello, se lo empecé a besar, Karla lanzaba pequeños gemidos en mi oreja, me calentó bastante y le acaricie las piernas hasta llegar a su nena que gracias a sus leggings de sentía de maravilla y ella solo gemía y gemía, la bese, me jugueteaba en la boca con su lengua, su mano estaba en mi verga, recorriéndola de un lado a otro con su brazo tatuado y sus largas uñas negras por encima del pantalón. Su celular sonaba una y otra vez, me hizo a un lado y contesto.

    Era mi jefe preguntando si ya había llegado a casa a lo cual dijo que si. Con el teléfono en la mano se dirigió hacia mi y se sentó, empezó a frotar su delicioso culo en mi verga totalmente erecta y yo la guiaba al ritmo que quería tomándola de las caderas. Cambiamos de posición, la puse en cuatro frente a la cama y le empecé a bajar los leggings poco a poco, escuché que se decía cosas cachondas con mi jefe, y pensé en lo bien que comía cuando le deslice los leggings hasta medio muslo, tenía el culo hermoso y suave, se le acariciaba de un lado a otro, llegué a su tanga blanca, la hice a un lado y le empecé a comer el coño a lo que se sorprendió y lanzó un gemido que inmediato trato de apaciguar, me vio con una sonrisa traviesa y le tapo la bocina al teléfono, regreso y tuvo que inventar que se estaba tocando, y yo también regrese, está vez con mi lengua en su ano, de arriba a abajo entre momentos le lamía y besaba las nalgas, gemía con más libertad. Le levanté y le pase la verga por el culo y la nena, estaba bastante mojada y yo no aguantaba las ganas de cogérmela. Así que la puse contra la cama y se le cayó el teléfono, lo trataba de recuperar, en eso yo entraba en ella, colgó cómo pudo, estaba muy mojada, lo que facilitaba el entrar y salir de ella, si culo era mío y le di duro.

    Mis bolas le rebotaban entre las nalgas. Se veía increíble ahí en la cama con los tenis aún puestos, los leggings a media pierna y su tanga blanca a un lado por mi verga entre sus nalgas. Cada vez gemía y gemía más rico. Le di la vuelta y le levanté las piernas, me las lleve al hombro y le seguí dando. Con la mano libre le recorrí por debajo de la blusa, sus tetas, aunque eran pequeñas, estaban de muy buen ver, llevaba un brasier muy acordé a su tanga, me hizo para atrás, se quitó los tenis, los lanzó, también los leggings, me jalo de la playera y me llevó contra ella en la cama, se la metí, me besaba como loca, movía su lengua y yo la mía, le baje el bra, y le lengüeteé los pezones, todo sin dejar de penetrarla, Dame, dame, así, así, me decía Karla, totalmente convertida en mi puta.

    Me miraba fijamente mientras le daba con todo, me gemía en la cara y ya no aguantaba más, me hice a un lado, era eso o dejarle todo adentro, pero no me quería meter en problemas, para mí sorpresa se agachó frente a mí y se metió mi verga en la boca y gemía al hacerlo, entraba, salía y escupía y yo le detenía el cabello, estaba por terminar y se lo dije a lo que poco le importo por qué me la empezó a chupar con más fuerza y me veía fijamente al hacerlo.

    Le llene la boca de leche, poniendo cara de mustia al recibirla toda en la boca.

    Nos quedamos dormidos al terminar agotados, cuando desperté ya no estaba.

  • Memorias de África (XI)

    Memorias de África (XI)

    Amaneció un nuevo día y los rayos del sol se volvían a colar entre las ramas que formaban las paredes de mi cabaña.  Después del desayuno y del lavado diario, salí a caminar por el poblado. Los hombres se preparaban para salir de pesca. Esta vez, cosa rara, Samsung parecía que les acompañaba. Yo pensaba que los altos dignatarios de estas tribus no se plegaban a tareas tan mundanas. Mi “amigo”, el atrevido veinteañero, también iba, así como algunas mujeres. Lila salió de una cabaña con una especie de cesta en su mano, y cogiéndome de la mano me llevó hasta el grupo; era evidente que quería que los acompañara. El camino se me volvió a hacer largo y además pesado, pues las lluvias de los días anteriores habían dejado la selva bastante embarrada. Al menos el día acompañaba y cuando llegamos a nuestro resort playero particular, estaba empapada en sudor. Me quité el taparrabo y me acerqué a la orilla a refrescarme. Las chicas me imitaron (al menos para aquellas chicas yo era una “influencer” que se llama ahora), mientras los hombres se dedicaron a buscar zonas para pescar. Hacía un día radiante y después del baño fui a tumbarme debajo de un árbol, a la sombra. Lila vino con un montón de hojas de platanera e hizo una especie manto que nos separaba de la arena. ”Mira tú, qué detalle”, pensé. Al parecer habían aprendido que en la playa se estaba mejor sin el cuerpo lleno de arena. Quién no habrá oído en su vida aquello de “no echas en falta las cosas hasta que no las tienes”, pues en todo el tiempo que llevaba con aquella gente había podido darme cuenta que esa frase es tan cierta como rotunda. Menos mal que estos salvajes tienen inventiva. Unas hojas de palmera, algo de hierba, unas hojas de platanera, y ya estuvo hecho una especie de echadero bastante amplio, mullido y a la sombra. Me entretuve viendo a los hombres caminar por las rocas cogiendo marisco o metidos en el agua con sus cañas afiladas, intentando ensartar los peces. Mi “amigo veinteañero” y mi semental entre ellos. Aifon salió de la espesura con un cuenco, una especie de coco vacío y un líquido viscoso en su interior. Metí el dedo índice y frotándolo luego contra el pulgar, noté que era viscoso, una especie de aceite con un olor a césped recién cortado. Intenté dormir un poco, pero los cuchicheos y las risas de las chicas no me dejaron, así que opté por levantarme e irme a sentar a la orilla. Aifon se acercó a mí y empezó a hablarme en su extraño idioma. No sé si me estaba consolando al verme abatida, no sé si me estaba recitando algún poema de alguno de sus ancestros o qué se yo, lo cierto es que le puse la mano abierta en la mejilla y le acaricié. Enseguida volvió la sonrisa a su boca, se levantó y se fue. Me di un baño y volví a nuestra área de descanso. Los hombres ya habían vuelto con sus capturas; ese día fue bueno. Samsung se tendió boca arriba junto a mí y las chicas, como en una especie de gesto de respeto, se apartaron formando un corro. Samsung estaba hermoso aquella mañana y las gotas de agua resbalaban por su cuerpo. Una de las chicas se acercó y cogió su verga. Samsung parecía relajado y la chica me miraba de forma pícara mientras le masturbaba. Aifon se colocó junto a mí y con sus manos me acariciaba los muslos y las caderas. Poco a poco fui mojando mi sexo, y Aifon no pudo reprimir tocarme para asegurarse de ello. Me levanté y puse a Lila de rodillas sobre la cara de Samsung, y acto seguido me senté sobre mi semental cara a cara con Lila. Mientras Samsung hurgaba con su lengua en el sexo de Lila, yo la cogí la cara y la besé lentamente. Podía sentir la enorme verga de Samsung pidiendo entrar en mí, la sentía moverse como si tuviera vida propia rozando mis nalgas. Me deslicé un poco y abriendo mis muslos, cogí el miembro y lo guie hasta mi sexo. Rocé el glande por los labios de mi vagina y cuando me pareció bien, lo introduje en mi sexo. Sentí como ese guerrero de ébano entraba hasta mis entrañas y me volvía a llenar. No pude reprimir un gemido de placer y cogiendo los brazos de Lila, puse sus manos sobre mis hombros. Ese movimiento hizo que se inclinara hacia adelante con lo que su sexo quedó mejor expuesto a la boca de Samsung, que con sus dos manos separó las nalgas de Lila y exploró con su lengua el ano de la muchacha. Con su cabeza entre los muslos abiertos de par en par, lamía el sexo de Lila hurgándola con lentas y profundas pasadas. Su lengua entraba poco a poco y la sondeaba con una insistencia exquisita. Bailé lentamente con aquella verga dentro de mí, y Samsung me ayudó a disfrutar con suaves movimientos de sus caderas arriba y abajo. Sin darme cuenta y aprovechando que en esas situaciones una se olvida de lo que pasa a su alrededor, Aifon se puso detrás de mí y me untó las nalgas y el ano con aquél líquido viscoso que había traído antes. Uno de los hombres que estaba por allí, se decidió a participar de la fiesta y se había acercado. Aifon con la mano empapada me masajeó el ano y metiendo los dedos entre el cuerpo de Samsung y mío, llegó hasta mi clítoris, que lo masajeaba cada vez que con los movimientos de nuestros cuerpos coincidían y se separaban. Una vez lubricada, el otro hombre se situó detrás de mí y en la posición que más les gustaba a aquellos salvajes, en cuclillas, ensartó su polla en mi ano. Agarrándose a mis caderas con tal fuerza, que no me pude mover con soltura, por lo que me quedé quieta para que fueran él y Samsumg los que con sus vaivenes me follaran y me dieran placer. Necesitaba respirar y jadear, pero cada vez que Lila podía, acercaba su cara a la mía y me besaba, de forma tosca, pero un beso, al fin y al cabo. Aifon que parecía no darse por vencida y quería participar de todo aquello, se puso detrás de Lila y le masajeó los pechos. La suerte que tienen aquellos indígenas como ya dije antes, es que las erecciones les duran bastante, por lo que a veces no se preocupan de correrse antes de lo necesario para nosotras. Así que mientras tenía un orgasmo intenso y gozaba como una leona, ambos sacaron sus pollas de mí y me inundaron a ráfagas con su semen, alcanzado incluso a Lila.

    -No sé qué tienes hijo de puta, pero por tu culpa voy a acabar mal -le dije en la cara.

    Cogí de la mano a Samsung y lo llevé frente a Lila, que seguía boca arriba. Lo puse de rodillas frente a ella. Cogiéndola por las caderas la elevó lo justo para situar su pene todavía derecho, frente a la vagina de Lila. ”Fóllatela”, le dije con la mirada, y pareció entenderme. La penetró con fuerza mientras Lila gritaba y se revolvía de placer. Era increíble el aguante de esta gente. Me puse de rodillas sobre Lila con mi vagina sobre su boca y al instante sentí el roce de su lengua en mi raja. Estábamos entregados sin ningún pudor a un sexo desenfrenado. Aifon estaba sobre uno de los hombres haciendo un 69. Una visión que me pareció de lo más excitante. Lila me arrancó el enésimo orgasmo al mismo tiempo que Samsung volvía a derramar su semen sobre ella entre gemidos y gritos. Me gustaba aquello, me gustaba ese sexo alocado y desinhibido, pero también salvaje. Tenía ganas de sentir a mi semental dentro de mi otra vez. Después de un descanso, y baño para refrescarnos, me volvió el calentón. Desde que estaba allí me había vuelto una depravada. Le indiqué a Samsung que se tumbara boca arriba. Flexionando las piernas puse mi culo a disposición de su polla que no tardó en ponerse de nuevo dura. En lugar de ponerme frente a él, le di la espalda y una vez que logró ensartarme, recosté mi espalda sobre su pecho. Me sentí poderosa y dominante. Era yo la que organizaba y mandaba. Eran mis caderas las que subiendo y bajando conseguían que ese pene de ébano entrara en mi culo y lo llenara por completo. Tenía la boca seca, no dejaba de jadear de placer. Levanté la cabeza para ver qué pasaba a mi alrededor, y el resto del grupo estaba entregado a la misma tarea, follar. Le hice una seña a Aifon para que se acercara y metiera su cabeza entre mis piernas. Obedeció encantada y me comió el sexo. Tenía la polla musculosa y dura de Samsung en mi culo, y la boca y la lengua de Aifon lamiendo mi vagina, los labios, y mordisqueando mi clítoris. Lo dicho, me sentía enorme. Sentí de nuevo el semen caliente de Samsung dentro de mí, cómo el cuerpo de mi semental se estremecía y se tensaba debajo de mí, y como un orgasmo electrizante me llenaba y me recorría el cuerpo desde mi sexo hasta la cabeza. Estaba inundada y el efecto lubricante del semen y el aceite, hacía que la verga de Samsung pudiera seguir entrando y saliendo, ahora más despacio. No tenía fuerzas, estaba débil y ni los brazos ni las piernas me permitían seguir en aquella postura. Me dejé caer de espalda y me apoyé por completo en mi hombre. Con maestría llevó sus manos hasta mis muslos y levantó mis piernas, dejándole más margen de maniobra, y de paso, exponiendo más mi vagina. Noté como el pene de mi hombre iba creciendo y volviéndose más duro dentro de mí, no tenía intención de parar. Flexionando las piernas, se ayudó para volver a bombear y arremeter. Yo estaba flácida, no tenía fuerzas. Estaba completamente recostada sobre su pecho y sentía el bamboleo de mis pechos con cada bombeo de Samsung. Más gritos, más jadeos, más placer. Uno de los hombres se acercó y situándose frente a mí, ensartó su polla en mi vagina. Las arremetidas de ambos hombres no estaban coordinadas, pero si en algún instante lo conseguían, el placer era infinito al sentir dos miembros meterse en mí con esa intensidad. La sensación de ingravidez por el cansancio y el hecho de no poderme mover, hacía el placer más intenso. Nos corrimos a la vez. Esta vez no hubo tanto semen, pero acabé igualmente mojada e inundada. Tenía el corazón a mil por hora, y por supuesto ni fuerzas para levantarme. Cuando pude ver al resto del grupo, estaban todos igual. No pude ver como follaban a Lila, o cómo Aifon se corría de alguna manera, estuve totalmente entregada a lo mío, pero intuyo que debió ser igualmente placentero y extenuante, porque estaban jadeando boca arriba. Cuando los hombres lo creyeron oportuno, recogimos todo y regresamos al poblado. Que poco me imaginaba yo que iba a ser la última vez que tomaría aquél camino y vería por última aquella playa.

    Llevábamos un tiempo caminando, cuando de repente los hombres que iban al principio del grupo se pararon. Se agacharon y nos obligaron a las mujeres a hacer lo mismo. a lo lejos entre unas ramas pude ver a un grupo de hombres. Iban vestidos y con mochilas, y hablaban en perfecto inglés. El corazón me dio un salto y justo cuando me iba a poner de pie para gritarles que estaba allí, unos brazos me sujetaron con una fuerza inusitada, al mismo tiempo que una mano me tapó la boca. Esperamos agachados hasta que pasó un largo rato. Cuando comprobaron que no había peligro, corrieron llevándome a rastras.

    Aquella noche casi no dormí, había visto gente normal por aquellas tierras, ¿me estarían buscando?, ¿sería el equipo de producción del National Geografic buscando exteriores?, lo que quiera que fuese me quitó el sueño y me despertó el deseo dormido de irme de allí. Al día siguiente los hombres estaban nerviosos, el poblado entero sabía que hombres extraños estaban por allí. Se me pasó por la cabeza la estúpida idea de que si nos volvíamos a encontrar, no era plan de que me vieran con un taparrabo, por lo que ese día, como si fuera un presentimiento, me vestí con mis gastadas ropas. Como intentando acelerar un posible encuentro con aquella gente, acompañé a las chicas al riachuelo a buscar agua. Si aquellos hombres habían visto algún programa “El Último Superviviente” de Bear Grills, merodearían por el río para tener agua cerca. Me coloqué en el sitio más despejado a posta, quería ser vista y que me sacaran de allí, pero por desgracia para mí no fue así. Las chicas volvieron antes de lo que acostumbraban supongo que advertidas por los hombres de la tribu. Lo volví a intentar el día después con igual suerte, hasta que el tercer día en el silencio de la selva sí que pude oír voces. Sin que las chicas se dieran cuenta, me fui separando del grupo hasta que encontré un sitio donde esconderme. A voces las mujeres me llamaron cuando se dieron cuenta de que no estaba y como las voces del grupo de extranjeros se acercaban, decidieron salir corriendo con sus calabazas llenas de agua. Me levanté despacio para mirar entre las plantas y pude ver un grupo de unos diez hombres, entre ellos tres blancos. Aunque me costó por el tiempo que había pasado, reconocí a Fredi, mi conductor, mi guía, y en aquel momento hasta mi salvador. Sin pensarlo, salí corriendo, ni atrás miré. Adiós Samsung, “amigo” veinteañero, Aifon, Lila y todos vosotros.

    He escrito todo esto en Las Palmas, en el salón de mi pisito de soltera. Al parecer estuve casi un año con aquellos indígenas. Quiero pasar desapercibida. A mi llegada a Las Palmas sólo quise ver a mi familia, me horroriza el morbo que levantan los medios de comunicación. Algunas noches recuerdo mi vida en aquel poblado, y pienso qué habrán hecho hoy Lila o Aifon, pienso si Samsung se habrá recuperado de la pérdida de su juguete, o tal vez no, vete a saber.