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  • Plena sumisión a mi suegra

    Plena sumisión a mi suegra

    Mi suegra Dolores habitualmente viene a casa todos los fines de semana particularmente mi relación con ella es bastante mala siempre está reprochándome lo poco hombre que soy para su hija y terminamos discutiendo. Obligando a mi mujer Ana a intermediar y poner fin a la discusión, mi suegra siempre termina lanzando su típica amenaza ¡un día te voy a bajar esos aires de macho que tienes!

    Ana mi mujer ultima mente parece hacer caso a su madre en todo, el fin de semana pasado por ejemplo a petición de mi suegra con la excusa dé un dolor de espalda que tiene pide a su hija quedarse en mi lado dé la cama dé matrimonió. Mi mujer sin reparos asedio y me manda adormir a otra habitación. En el sexo con mi mujer apenas hay la última vez hizo que me masturbara delante de ella, observe en su rostro como disfrutaba con las vistas, excitado quise tocarla, pero me lo prohíbe se fue a la cama no sin antes mandarme a limpiar todo lo que había manchado, lo peor vendría al día siguiente mi mujer se lo cuenta con todo detalle a su madre. Mi suegra entre carcajadas burlonas me dice – ¡te está bien empleado cabrón!

    Quise contestar, pero mi mujer se interpone diciendo – ¡a mi madre la respeta me oíste! bajé la cabeza y me quedé callado. Mi mujer tiene el control de nuestro matrimonio, que perdí yo cuando me pillo en una infidelidad y me obligo a firmar un documento, redactado por su abogado que dejaba bien claro que pasa administrar todas nuestras propiedades y el pequeño negocio

    Este fin de semana mi mujer antes de irse de compras me advierte-. Mi madre llega temprano ayúdala con las compras que trae y termina de lavar los platos del desayuno ¿y si no quiero? -dije en modo desafiantes. Mi mujer sonríe ¡tú mismo! -dijo mientras cierra la puerta y desaparece. Como es temprano me entretengo viendo una película, no sé cuánto tiempo ha pasado oigo golpes en la puerta y recuerdo la advertencia de mi mujer. Me dirijo a la puerta rápida mente al abrir encuentro a mí suegra con cara de enfado preguntándome- ¿no tenías que esperarme en el portal para que me ayudaras con las bolsas? solo puedo contestar- se me olvidó y ella responde- ¡que te olvidaste! muy listo te crees tú – ¡toma entra las bolsas! ponlas en la habitación pequeña no dije nada simple mente obedecí.

    Mi suegra entra en casa y se dirige a la cocina, me llama con voz autoritaria y me pregunta – ¿porque está la losa del desayuno aun si lavar? ¡No te dijo tu mujer que la lavaras antes de que yo llegue! intento explicarle, pero con una fuerte bofetada se impone. Sin pensárselo dos veces me agarra de los huevos con tanta fuerza que pensé que me los iba a arrancar. Intento soltarme, pero ella me lo impide apretando y tirando de mis huevos a un más fuerte – ¿pero tú te crees que te vas a reír de mí? ¡contesta cabrón! apuras penas puedo decir- ¡no! ¿no y que más? -dijo mi suegra, no sé qué responder y me quedo en silencio. Mi suegra continúa sujetando con fuerza mis huevos mientras me grita -hoy eh venido expresamente a enseñarte modales ¿entiendes? ¡te vas a enterar quien soy yo! voy hacer que me respetes.

    La situación es humillante mi suegra continua – ¡que pasa no entiendes que voy en serio! -me grita intento protestar, pero otra bofetada me ase desistir ¡te voy a enseñar a ser un buen marido! -me dice. reconozco la voz de mi mujer que acaba de llegar a casa, entra en la cocina y pregunta a su madre ¿qué pasa por que tanto escándalo? -Te dije que a este cabrón le bajaba yo los humos no hizo nada de lo que pediste – ¡tienes que ser más severa con él! -este se cree que puede hacer lo que le venga en ganas le reprocha a mí mujer. Que por la cara que pone no le gustó nada el reproche de su madre, intento refugiarme en mi ella suplicándole que le diga a su madre que me suelte ¡te vas a enterar!¡a partir de ahora mi madre y yo te vamos a bajar esos humos! – ¡te advertí! ahora tendrás que vértelas con ella también y si no te interesa ya sabes llamo al abogado y a la calle, mi suegra ríe a carcajada -jajajaja ¿qué pensabas que mi hija te va a proteger de mí? lo tenemos todo hablado ¡tonto! ¿bueno tú dirás que hacemos con él? -pregunta mi mujer a su madre –. Agarrando mis huevos con una mano y con la otra mi suegra me da una fuerte bofetada prácticamente quedo paralizado.

    Suelta los huevos y me coge de la cara – ¡vamos a empezar ya cabrón! bájate los pantalones, obedezco y me bajo ¡los calzoncillos también! me ordena mi mujer, me quedo en pelotas de cintura para abajo ponte a lavar los platos -me dijo mi suegra mientras saca la correa de mi pantalón me la muestra y me dice – ¡como lo hagas mal cobras! Mi mujer continua a mí lado hasta que termino de lavar los platos los revisa y encuentra algunos con restos de comida dos por cada plato mal lavado encontré cuatro sumas tú mismo ¡inclínate! me ordena mi mujer. Tardo un poco en decidirme, mi suegra se sitúa detrás y con la mano me inclina hacia delante.

    Poco tardo en recibir mi primer castigo a mano de mi suegra, la correa golpea mi culo -cuenta en vos alta ¡cabrón! -me dice mi suegra no se reprime me propina los azotes con esmero y yo los cuento en voz alta, cuando termina con los azotes me ordena que vuelva a lavar otra vez los platos. Dolorido y temblado lavo los platos nueva mente, mi mujer los revisa de nuevo esta vez no encuentra ninguno sucio sonríe, alarga la mano y me coge la polla -vez cariño como sabes hacer las cosas bien cuando pones interés, con una sonrisa maliciosa continúa diciéndome -si haces las cosas bien cuando yo te lo ordene sabré como premiarte. Sin esperarlo tira de mi polla hacia arriba y con la otra mano agarra mis huevos mientras me dice – ¡pero como vuelvas a hacerme infiel te arrancó los huevos cabrón! ¿Entendiste?

    Asustado contesto ¡no por favor no volveré hacerlo más! intento separarme ¡quita las manos! -grita mi mujer ¡primero me voy a cobrar el mal rato que me ha hecho pasar cabrón! Sin soltarme de los huevos me lleva a la habitación pequeña, mi suegra detrás ¡te lo has buscado de esta aprende mal marido! ¡continúa con los azotes mama! Mi suegra dice – ¡prepara el culo cabrón! ¡Te voy a poner el culo calentito! yo no paro de suplicar ¡cayese! grita mi suegra y comienza con los azotes. Continúo suplicando, pero solo consigo que me zurre con más esmero mientras me grita – ¡cayese! Mi mujer riendo a carcajadas y burlándose de mis súplicas también me grita -cállate mal marido, mujeriego. Yo continúo gimoteando y suplicando. Mi suegra continúa aplicándose aún más el dolor es inaguantable ya no puedo reprimir el llanto.

    Mi suegra hace una pausa, ¡es tu turno hija! ¡tienes que coger práctica! mi mujer coge la correa y me indica que me incline hacia delante. Como no quedo a su gusto agarra mi polla desde atrás tirando hacia arriba obligándome a subir más el culo y sin soltar mi polla me dice – ¡pon atención! en todo lo que voy a decir porque no pienso repetírtelo. A partir de hoy respetaras a mí madre, dejaras de salir con tus amigos, ¡y harás todas las tareas de casa que te vallamos indicando! y sobre todo estarás a las órdenes de mi madre hasta que termine tu aprendizaje ¿entendido? -me dijo a golpe de correa.

    Cuando termina me lleva a la esquina y me dice – ¡ahí te quedas hasta que te avisemos! apagaron la luz y se fueron. Humillado y dolorido me quedo reflexionando de mi nueva situación, me había quedado sin trabajo y mi mujer tiene el control de nuestras propiedades con el documento que me hizo firmar, resignado me dispuse a cumplir el castigo.

    Llevo horas en la esquina cara a la pared, donde mi mujer me ha dejado castigado a oscura, deseando que aparezca y me libere del castigo. La voz de mi mujer Ana suena a mis espaldas, me advierte que permanezca en la misma posición sin moverme y sin hablar enciende la luz, se acerca a mí muy lenta mente supongo que disfrutando las vistas acaricia mi culo muy suavemente se toma todo su tiempo. Rompe el silencio dirigiéndose a mí, ¡así me gusta obediente y calladito! mientras me hablaba, paso su mano hacia delante coge mi polla y empieza mene arla. Mi polla comienza a crecer y a ponerse dura ¡te gusta cabrón! mientras aprieta mi polla y me hace girar diciéndome -quiero que me acompañes ¿de acuerdo? Sin darme tiempo a decir nada más tirando de mi polla, me lleva hasta la habitación de la televisión donde está su madre, que ya nos esperaba sentada en mi sillón de descanso con una sonrisa maliciosa. Me planta frente de su madre con la polla tiesa intento taparme con las manos, pero mi mujer me lo impide ¡no te tapes! ¡las manos a las espaldas!

    Mi suegra mirándome muy seria y en tono amenazante me dice – ¡aun te queda mucho que aprender yerno! ¡pero no te preocupes que ya me encargo yo de enseñarte! baja la mirada su cara se vuelve lasciva ¡la tiene grande el cabrón! le comenta a su hija, mi mujer me gira hacia ella ¡voy a salir con mis amigas a una fiesta! tú te quedas con mi madre esta noche! para que le hagas compañía y aprendas algo de provecho ¿de acuerdo? -pregunto.

    Con la mirada quise suplicarle que no me dejara a solas con su madre – ¡contesta en alto que te escuchemos las dos! de acuerdo contesto de mala gana. – ¡acostúmbrate! por qué vas a pasar mucho tiempo con mi madre – ¡me voy que se me hace tarde mama ¡te dejo a tu yerno. -si hija vete tranquila, pero antes de que salga por la puerta ¿me encargo yo? ¡ya sabes! -le pregunta. Mi mujer parece entenderla – ¡es todo tuyo! me da una palmada en el culo y de una forma burlona dice – ¡ya verás cómo te gusta! y desaparece por la puerta.

    Sin perder un instante me agarra de la polla y me atrae hacia ella y muy seria –¡esta noche vas a saber quién es tu suegra! vete y tráeme las bolsas que traje esta mañana, obedecí sin decir nada no quería enfadarla. Cuando las tuvo en sus manos rebusca en ellas – ¡gírate! y pon las manos en la espalda, con una cuerda me amarra las muñecas con fuerza, -me hace daño suegra, me atrevo a decir, me abofetea – ¡te aguantas! ¿entiendes?, el respeto que me impone esta mujer me deja mudo. Otra bofetada hace que reaccione y conteste rápidamente – ¡si suegra! Me muestra la correa – ¡la reconoces si vuelves a quejarte o resistirte cobras con ella y no creas que me faltan ganas! -sonríe maliciosamente, sabe que ya me tiene a su voluntad.

    Mi suegra es de cuerpo corpulento y fuerte, de espalda anchas con un gran culo de forma cuadrada, sus muslos anchos y gruesos, el pecho es pequeño pero erguidos, gruesa, alrededor de 90 kilo con una altura de 1,70. El corte de pelo lo lleva muy corto de forma varonil y teñido de pelirrojo. Continúa hablándome y me dice- ¡arrodíllate! que vas a rescindir de tantas malas palabra y gesto contra mí durante tantos años. Se recoge el camisón hasta la cintura se quita las bragas negras de encaje, mete las manos entre el camisón y se quita el sujetador, pero no deja ver su pecho.

    Se sienta en el sillón con el camisón recogido hasta la cintura reclina un poco más el respaldo, y se ha cómoda. Abre las piernas y me indica que me situé en medio, con una mano agarra mi cabeza por los pelos, y me muestra su coño pobre en vello púbico de color castaño.

    Me dice – ¡te vas a comer el coño de tu suegra! sin esperar respuesta mete mi cara entre sus muslos y la oprime contra su coño, mientras continúa diciéndome- ¡come! de rodillas y con las manos atadas a la espalda poca resistencia puedo ofrecer, comienzo a lamer sin muchas ganas y poniendo poco interés. Mi suegra se da cuenta tira de mis pelos y saca mi cara de sus muslos me propina una bofetada y me recrimina que pongo pocas ganas, sin esperar vuelve a meter mi cabeza entre sus muslos diciéndome comienza a comer con ganas.

    Esta vez comienzo a lamer con ganas recorro con mi lengua toda la superficie de su coño, poco a poco comienza a humedecerse su fluido viscoso me parecen un poco salado. Exploro todos sus rincones localizo su clítoris con mi lengua, noto como sus dedos se aferra a mis cabellos y me dice – ¡hay en el clítoris lame despacio y suave! continúo lamiendo el clítoris muy suave y despacio como me ha ordenado. – ¡Chupa! ¡Chupa! agarre su clítoris con mis labios y succione a la par que lo acariciaba con mi lengua. Los vaivenes de su cadera me indican que iba bien y trate de ir más rápido pasando mi lengua por el centro de su vagina y absorbiendo el enorme caudal que manaba de ella mi suegra comienza a hacer movimientos circulares con sus caderas comienza a gemir con unos ahogados y cortos- ¡oh, oh, oh! sin soltarme del cabello presiona a un más el coño contra mí boca sus gemidos cada vez suenan más altos y largos ¡oh! ¡oh! que no reprime. Sus movimientos son compulsivos y frenéticos, comienza a correrse con largos ¡ah!, ¡ah!, su fluido entra en mi boca, calientes y viscosos, sin intención de liberarme, y sin venir a cuento recibo un sonoro guantazo. ¡sigue comiendo, maricón!

    No me demore en ejecutar su orden perdí la cuenta de cuánto tiempo llevaba chupando y lamiendo cuando le sobrevino un brutal orgasmo y recibir una dosis extra de sus fluidos. Con una sonrisa me dice- ¡aprovéchalos bien, porque esta noche no probaras otra cosa! ¡ahora limpia este desastre con la lengua! me hace lamer sus muslos hasta que los dejo sin restos de fluido vaginal. Cuando termino me aparta a un lado, y se va al baño oigo el agua correr se está duchando yo mientras aún de rodilla por qué no me atrevo a levantarme pienso en lo humillante de mi situación.

    Cuando regresa llevaba puesto un body de encaje semi transparente de color negro que apenas cubre sus gruesos muslos. Mientras se mueve por la habitación a través de las bragas semi trasparentes también de color negro puedo ver su enorme culo las vistas hace que tenga una erección que apenas puedo disimular, poco tardó mi suegra en darse cuenta y dirigiéndose a mí me dice -no te alegres tanto, porque de esta noche no pasa sin que te quite las ganas. Me vas a pagar tantos años de desprecio, aún me acuerdo el día que me dejaste en ridículo delante de mis amigas diciéndole que mi carácter seco era por la falta de una buena tranca.

    Esta noche vamos ajustar cuentas, primero voy a comprobar si esa tranca tuya sirve para algo y después me voy a divertir contigo voy a quitarte esa hombría qué crees que tienes. Su mirada se vuelve perversa sin mediar palabra se acerca a mí y tirando de mi oreja me obliga a ponerme de pie y con la correa en la otra mano me lleva hasta la habitación de matrimonio. Cierra la puerta, yo comienzo a preocuparme y empiezo a suplicar y a pedir perdón, a lo que ella responde a buenas horas de un empujón me tira sobre la cama caigo boca abajo y sin esperar comienza azotarme con bastante esmero y diciendo cosas como – toma cabrón, me las voy a cobrar todas juntas, te vas enterar quién soy yo cabrón.

    El dolor es inaguantable de las súplicas paso al llanto me ha vencido ella para y me dice -ya estás llorando cabrón aún no he comenzado a divertirme, me hace girar sobre sí mismo su mirada se ha vuelto lasciva se desprende de las bragas se sube a la cama y comienza a pajearme y a mamar con frenesís la falta de sexo era evidente pronto mi polla reacciona cogiendo toda su longitud, cuando para de mamar se queda contemplándola, parece disfrutar con la vista y me dice – ¡vaya trancas tienes cabrón! Se sube encima y de un golpe se la introduce, su coño está muy húmedo y entra con facilidad y comienza a galopar con gran habilidad.

    Mi suegra a pesar de su edad me sorprende nunca pensé que fuese tan ardiente su pubis golpea mis huevos con fuerza el sube y baja cada vez es más rápido comienza a jadear con cortos ¡aah! ¡aah! ¡aaah! sus movimientos se convierten en compulsivo y frenéticos. Se corre con largos y fuertes ¡haaa! ¡haaa! que inunda toda la habitación deja caer su cuerpo sudoroso sobre el mío, noto sus fluidos entre mis entrepiernas parecen abundantes tarda unos minutos en recuperarse, se levanta de la cama se queda contemplando mi polla que continua tiesa sabe que aún no me eh corrido con una mirada triunfante me dice -ahora comienza lo divertido ya verás cómo se las gasta tu suegra.

    No comprendo que quiere decir, se dirige a una esquina de la habitación y de un perchero donde cuelga dos batines coge sus cinturones, buscar algo en las bolsas que no alcanzó a ver se sube nuevamente en la cama y me abre las piernas se situada justo en medio por un momento se queda pensativa, en un acto de valentía le preguntó qué va ser. Ella me responde – ¡enseguida lo vas a averiguar! en mi pierna derecha a la altura del tobillo amarra uno de los cinturones llevando el otro extremo a la parte alta del cabezal de la cama hace lo mismo con la pierna izquierda la posición es incómoda para mí, con las manos atadas bajo la espalda y los pies en alto atados al cabezal de la cama. Mi suegra me mira y me dice – ¡así me gusta! quiero ver la cara que pones cuando te rompa el culo con este consolador que una vez me regalaste burlándote de mí ¡cabrón!

    De inmediato reconozco el consolador de 22 centímetros de color negro que una vez le regale para su cumple año en forma de burla humillante, temiendo lo peor comienzo a suplicar y a remover el cuerpo quiero liberarme de las ataduras, pero es inútil. Mientras mi suegra riendo a carcajadas lúbrica el consolador con un gel aceitoso, coge mi polla con la mano izquierda y con la derecha comienza a introducir el consolador diciendo – ¡cállate cabrón! ¡Te prometí que te iba a quitar lo poco que tiene de hombre!

    De un golpe lo introduce hasta la mitad el dolor hace que lance un ¡aaah! corto pero intenso creo que me va a partir por la mitad suplico por favor por favor, pero ella no se inmuta, la expresión de su cara es perversa comienza con el mete y saca al principio lento, pero a medida que pasa el tiempo va acelerando el ritmo mis súplicas van desapareciendo estoy completamente vencido y cansado de resistirme. Mi suegra mete y saca el consolador varias veces el dolor va disminuyendo y se intercambia con un extraño placer. Mi suegra se percata, sabe que me tiene sometido y lo está disfrutando, por un momento deja el consolador dentro de mi ano coge mi polla y comienza a masturbarme – ¡cuando te vayas a correr quiero que abras la boca cabrón! – ¡no por favor! pero mis suplica nos sirvieron para nada. Con un apretón en mis huevos logró sus pretensiones el dolor tan intenso hizo que abriera la boca al máximo mientras lanzaba un largo ¡ah!

    Así cabrón la boca bien abierta pronto una fuerte descarga de semen caliente intacta en mi cara y parte en la boca ella ríe a carcajadas -muy bien cabrón, pero aún no he terminado te voy a ordeñar hasta que te dejes seco. Siguió masturbándome durante un buen rato parece no importarle el tiempo, agitando vigorosamente mi miembro -continúa con la boca abierta si no quieres que te rompan los huevos cabrón -por segunda vez otra descarga impacta en mi cara y en mi boca con su mano sierra mi boca -así muy bien ahora quiero que te lo trajes. El nivel de perversión de mi suegra me sorprende.

    Cuando termina se queda mi lado un rato descansando mientras me dice -ahora te voy a ser unas fotos con el móvil para asegurarme que harás todo lo que te diga yo o tu mujer, si no lo haces se las mostraré a todas mis amigas. A partir de ahora todo ha cambiado para ti vas hacer un buen marido y yerno tengo muchos planes para ti ya verás qué bien me lo vas a hacer pasar.

    Mi suegra sale de la cama como me dijo comienza a ser me fotos en la posición que me había dejado atado y con el consolador en mi ano, cuando termina pasado un tiempo contemplando su obra su mirada es triunfante.

  • Mi primera vez en baños de vapor

    Mi primera vez en baños de vapor

    Hace ya algún tiempo, en uno de mis viajes por distintas ciudades del país, estaba paseando por la zona centro de la ciudad de Toluca, en el Estado de México, durante mi recorrido en esa zona centro, me di cuenta de un edificio que tenia anunciado, que contaba con servicio de alberca y baños de vapor, por lo que atraído por la curiosidad, decidí entrar al edificio, al llegar a la entrada, leo los servicios que tenían, que era alberca solamente, vapor individual, sauna, alberca con sauna, vapor general y vapor general con alberca, por lo que opte por esta última opción.

    Habiendo terminado mi rato en la alberca, me dirigí al área donde se me dijo que estaba el vapor general, el cual era subiendo a un tercer piso, por lo que subí las escaleras, hasta llegar a la puerta, donde el que atendía la entrada, me pidió el boleto para el ingreso al lugar, me da una sabana y me lleva a un cubículo donde debía dejar mis cosas y me entrega las llaves del cubículo, me dice en donde está el área de sauna y el área del vapor general, no sin antes decirme, que en el vapor general, era donde se reunían personas gays, que si ya quería yo entrar, debía saber eso, para que no hubiera problema, por lo que se retiro y me dejo ahí en el cubículo, lo que dijo al último, llamo mi curiosidad, ya que era la primera vez que iba a uno de esos lugares, y no sabía que tipo de ambiente iría a encontrar ahí.

    Ya una vez habiendo quitado mi ropa, quedándome únicamente con la sabana que me dieron y mis sandalias, me dirijo al lugar del vapor general, al entrar observo alrededor, no viendo a muchas personas, notando que en las paredes que rodean la habitación, están puestas varias regaderas y en el centro de la misma, estaban dos mesas de cemento grandes, al fondo de la habitación, veo una puerta de platico de color blanco, siendo lo primero que hago, el dirigirme a las regaderas y darme una buena remojada con el agua que vierten las mismas, para quitarme los residuos que deja el estar nadando en la alberca, luego de esto , me dirijo a la puerta de plástico y la abro, sintiendo el calor y la sensación del vapor en que sale de ahí.

    Al entrar a la habitación del vapor, noto que es una habitación grande, que tiene una banca de concreto que rodea la totalidad de la habitación, hay pocas personas al interior, algunos jóvenes, otros mayores, altos, bajos, serán si acaso unas 6 personas en ese momento, me dirijo al fondo a sentarme y así tener estar viendo que sucede ahí, me siento y me quedo disfrutando un momento del calor de vapor y esa sensación de humedad que deja en el cuerpo, alcanzo a notar de reojo, que uno de los que está sentado, estaba moviendo su mano por su entrepierna de forma insistente, haciendo notar un bulto que deformaba la sabana que tenía puesta, se destapa un momento, dejando notar que tenia una erección, que se veía de buen tamaño, y empezó con su mano a agarrarse su verga y masturbarse, de pronto, un chico, al lado contrario de la habitación, se levanto y se sentó a lado de él, poniendo su mano en su verga y empezando a frotarla, plantándole unos besos.

    Luego de unos besos intensos y de estarle masturbando y el otro tocando varias partes de su cuerpo, se levantaron de su lugar y se salieron de la habitación, quedando solo 5 de nosotros al interior, no hubo acción alguna en ese momento, hasta que se abrió la puerta y entro alguien, un tipo de unos 45 años según creía yo, el cual se detuvo un momento al ingresar y posteriormente se fue a sentar un poco cerca de donde estaba yo en ese momento, estaba sentado viendo y me levante un momento para estirarme y acomodarme la sabana un momento y volver a sentarme, un momento después, el tipo que recién entro, se sentó un poco mas cerca de mí, hasta que finalmente decidió sentarse a mi lado, al hacerlo, rozo ligeramente con su mano mi muslo, no le preste atención a eso, por lo que solo seguí sentando.

    Dentro de mi mente dije, probablemente haya sido por error, pero también me decía, esto va a ser el inicio de algo más, esto ultimo no estaba equivocado, creo que como noto, que no había opuesto resistencia o queja, intento poner su mano sobre mi pierna, no hice nada, por lo que la mantuvo ahí y empezó a sobarla sobre la sabana, acerco su cabeza a la mía y me dijo al oído, que desde que entro y me vio le había llamado la atención, que si me gustaría intentar algo con el, solo moví la cabeza en sentido de afirmación a su petición, por lo que siguió con su mano, pero ya esta vez, levanto mi sabana como si se tratara de una falda, por sobre mis piernas y empezó a tocar mi pierna con su mano, empezó a besarme y a tocar con su otra mano mi espalda, me hizo levantar ligeramente de mi lugar y me quito la sabana, dejando a un lado de mí.

    Una vez que me quito la sabana que cubría la parte inferior de mi cuerpo, me dejo parado, dándola la espalda a él, comenzando a pasar sus manos por sobre mis nalgas, bajando por mis piernas, nuevamente subiendo sus manos a mis nalgas, separándolas, dejando a su vista mi culito, vuelve a bajar su manos y a subirlas, esta sensación es rica sin duda, vuelve a separar mis nalgas con sus manos, me da unos besos en las nalgas, le da unos ligeros mordiscos, con una de sus manos, me hace inclinar mi cuerpo ligeramente, vuelve a separar mis nalgas, me da unos besos y empieza a pasar su lengua por mi culito, que deliciosa sensación la que me estaba dando en ese momento, con cada pasada de su lengua intenta ir metiendo uno de sus dedos, intentando meterlo de poco a poco, hasta que finalmente se abre paso y ya tengo un dedo dentro de mi culo y sigue pasando su lengua, me hace levantarme en ese momento y me voltea hacia él.

    En el momento que me voltea hacia él, me recibe con un beso y me dice, que si lo acompaño a un lugar mas privado, le digo que si y me lleva con el a su cubículo, el cual abre y ambos pasamos al interior, una vez que cierra la puerta me comienza a besar y a seguir jugando con sus manos en mis nalgas y volviendo a meter su dedo en mi culito, ya intentando meter un segundo dedo, el cual poco a poco empiezo a abrirse paso, no sin dificultad, me vuelve a poner en posición inclinada, se sienta en un banquito que tiene el cubilo y vuelve a estar besando mis nalgas y a pasar su lengua por mi culito y nuevamente empieza a meter de nuevo sus dedos, ya sin mayor problema, entran los dos, provocando oleadas de placer que me están haciendo gemir de lo rico que se esta sintiendo. Se levanta y me hace sentarme a mi en el banquito, quitándose por primera vez la sabana que le cubría.

    Al quitarse la sabana que le cubría deja al descubierto, una erección bastante grande, sin vello púbico, al menos a mi forma de ver la veía de un buen tamaño y grosor, se acerca un poco a mi cara y entendiendo lo que quería, me meto sin mas esa verga a mi boca, chupando de arriba abajo, jugando con su cabeza, de vez en cuando pasando la lengua por todo su tronco, chupando sus bolas, estoy en ese vaivén de arriba abajo, escucho sus gemidos de placer. Me detiene con sus manos de momento y hace que me levante y me incline dándole la espalda de nuevo, pero en esta ocasión, siento como pone su verga entre mis nalgas y empieza a pasarla de arriba por mis nalgas, frotando también la entrada de mi culito, echa un poco de saliva entre mis nalgas y acomoda la punta de su verga, queriendo penetrar mi orificio.

    Empieza de poco a poco a ir empujando un poco mas y va la punta abriéndose paso dentro de mi, siento su tamaño y como va entrando, estoy gimiendo con cada empujón ligero que va dando y que va entrando poco a poco más, hasta que de un momento, logra entrar por completo, venciendo toda resistencia de mi esfínter a ese delicioso intruso, se queda un momento, con su verga hasta lo mas profundo que llego y empieza a sacarla de poco a poco, wau, que sensación tan rica la que estoy sintiendo, la termina de sacar, me levanta hacia el y me besa, para volverme a acomodar inclinado y nuevamente empieza a meterla, esta vez ya sin mayor resistencia y de manera constante, llegando hasta el tope, sintiendo como esta por completo dentro de mí.

    Estando completamente dentro, vuelve a sacarla, pero ya no por completo, si no que ahora empieza a meter y sacar de forma pausada, el va sintiendo como mi culito aprieta su verga y lo esta disfrutando porque esta gimiendo con bastante fuerza, va aumentando su ritmo, de forma mas rápida, hasta que ya va siendo de forma rápida, deteniéndose un momento hasta el fondo, para nuevamente sacarla, de vez en cuando sacándola en su totalidad, para quedarse viendo como mi culito pide tenerlo nuevamente dentro ese pedazo de carne que esta haciendo que goce como nunca, volviendo a meterlo de manera completa y nuevamente a estar bombeando de manera rápida, vuelve a sacar por completo su verga, pero esta vez me levanta de mi posición.

    Una vez me levanta, me besa con gusto y dice que le gustaría terminar encima de mío, que, si le daría el gusto de terminar en mi cara, a lo que accedo, me besa y me hinca enfrente de él, empezando a masturbarse frente a mi cara, de vez en cuando metiendo su verga dentro de mi boca, para que le diera unas mamadas, las cuales recibe con total agrada y gimiendo de verdadero placer. Empieza a aumentar la rapidez de su respiración y también la velocidad con la que se mueve sus manos sobre su verga, empieza a lanzar unos bufidos fuertes y pone la cabeza de su verga enfrente de mi cara, sobre mis labios, dejando salir en ese momento, 4 chorros de su caliento, blanco y espeso semen, vaciándolo completamente encima de mis labios y parte de mi cara.

    Me levanta y me dice que le encanto, que tengo un culito muy rico y que le gusto el poder cumplir esa fantasía conmigo, me presta su sabana para poderme limpiar la cara y ya una vez que me había limpiado, me da una ligera nalgada, me agarra contra él y me besa nuevamente, diciendo una vez que me soltó del beso, que le encantaría volverme a coger, dejando que me ponga mi sabana y saliendo de ese cubículo, para poder regresar al Vapor general, entrando a esa habitación y yendo primero darme un regaderazo y de ahí a entrar nuevamente al cuarto de vapor.

    Esa no fue la única acción de ese día, pero la siguiente será para otra ocasión.

    Continuara.

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  • Mi primer trío fue con unas compañeras de la Uni

    Mi primer trío fue con unas compañeras de la Uni

    En 2015 cuando iba en segundo de Universidad empecé a acostarme seguido con una amiga del mismo curso llamada Bárbara,  compartíamos bastante en la Universidad y afuera también cuando salíamos a tomarnos algo con otros compañeros o en el departamento en que vivía en esos años, casi siempre solíamos tener sexo cuando el alcohol o la mota nos pegaba. Disfrutabamos mucho, nos teníamos mucha confianza y ninguno lo veía como algo más que eso.

    Ella tenía una amiga llamada Ámbar una rubia impresionante que siempre me quise coger pero estaba en una relación con un tipo y se juntaba muy poco con el grupo cuando nos juntabamos a tomar y fumarnos algo, yo al menos solo compartía con ella durante las clases.

    Una noche después de haber estado cogiendo con Barbara, estabamos fumando acostados y salió el tema de su amiga, me dice que terminó su relación y que estaba buscando salir más, reinventarse porque estuvo mucho tiempo agobiada, además me comentó que tenía ganas de divertirse, salir más y acostarse con otros chicos porque había tenido pocas experiencias sexuales, a lo que entre risas le digo que la invitemos y que la hagamos pasar un buen rato, Bárbara sonriendo me dijo que es buena idea, pero tendría que ver como convencerla asique sin problemas dejé todo en sus manos.

    Unos días después me dice que nos juntemos en mi departamento el viernes en la noche, que no haga planes porque llegarán las dos en la noche. No lo podía creer, me alisté bien, dejé el departamento impecable, compré alcohol, mota y condones, a eso de las 23 h llega un auto afuera y salen las dos, se veían exquisitas; Bárbara llevaba una mini falda negra y una blusa ajustada que le dejaba ver el ombligo, pelo liso y de labios rojos. Ambar llegó con unos jeans muy ajustados y un escote negro con encajes, no les miento me puse nervioso al recibirlas no había estado en esa situación pero como a ambas las conocía la conversación fue fluyendo, nos pusimos a tomar y conversar de banalidades, con Bárbara fumanos un poco de mota y ahí ella misma empezó todo, se me subió encima y me empezó a besar mientras ponía mis manos en sus piernas, se movía suavemente y me empezó a frotar el pene por encima del pantalón, se levantó y le tomó la mano a Ambar para acercarla, ella se reía nerviosa y timidamente empezaron a besarse, Bárbara llevaba el ritmo de la situación, nos tomó de la mano y subimos al dormitorio. Ya arriba me empujó a la cama y me bajó el pantalón, me empezó a besar a lo largo el pene de manera muy suave y acercando a Ámbar para que también lo hiciera, se le veía insegura pero Bárbara le insistía que lo hagan juntas asique acabó haciendolo, tímidamente me pasaba los labios por el glande mientras Bárbara me empapaba de saliba los huevos y me los masajeaba con la mano, me escupía el pene y me masturbaba mientras Ambar de a poco iba tomando confianza pasaba su lengua por mi glande, Bárbara riendose le toma la cabeza y la empuja de a poco para que se lo vaya metiendo más dentro de la boca hasta que empezó a hacer arcadas, ahí se detuvo y sonriendo se volvieron a besar, ambas con las bocas muy humedas después de el mejor sexo oral que me hayan dado. Yo me acomodé en el borde de la cama y senté a Ámbar encima de mis piernas, empecé a besarle los pechos mientras Bárbara se posicionó al lado mío acariciando la vagina de su amiga y masturbandome con la otra mano, los dos entendimos que debiamos motivar más a Ámbar para que fuera tomando confianza.

    Tomé a Ámbar y la recosté en la cama, me puse el condón y le bajé los jeans que traía, llevaba lencería negra se veía espectacular no quise quitarsela solo se la corrí lo justo y la penetré muy profundamente, yo lo sentía tan rico adentro suyo que pensé que podía durar poco asique lo fui haciendo lentamente, mientras tanto Bárbara acostada al lado suyo le acariciaba los pechos y la besaba en la boca, le tomó la mano e hizo que Ámbar le masturbara el clitoris, la escena era un espectaculo a mis ojos, estuvimos ahí un buen rato hasta que le saco el pene a Ámbar y se lo meto fuertemente a Bárbara que se recogió de placer, me agarra los muslos y me presiona para que se lo haga más fuerte y rapido estuvimos así unos minutos en que ella no quería bajar el ritmo pero yo no quería apresurarme, todo me tenía tan exitado que podía acabar asique paré un momento y empecé a hacerle sexo oral, comencé a meterle la lengua adentro de la vagina que la tenía sumamente humeda, en eso Bárbara le dice a Ámbar que se suba encima que le quería hacer lo mismo, la toma de los brazos y le insiste hasta que Ámbar le hizo caso, ahí estabamos los 3; yo comiendole la vagina a Bárbara y ella a su amiga sentada encima suyo, luego de unos minutos se lo vuelvo a meter y ahora si podía hacerlo sin preocuparme, la empecé a embestir mientras veía la espalda y el trasero desnudo de Ámbar frente a mí, Bárbara se masturbaba el clitoris mientras yo se lo estaba metiendo hasta que de pronto empezó a recogerse y suelta unos gemidos exquisitos que me decían que había acabado, tomé a Ámbar, me senté en el borde de la cama y la senté encima mío, empecé a cogermela muy duro, ella gemía muy rico mientras Bárbara me abrazaba por la espalda y me acariciaba el torso, yo estaba por terminar cuando Ámbar me dice que no pare que quiere acabar, se lo meto muy rapido hasta que siento salir un chorro enorme de semen recorriendo mi pene, una de las mejores corridas que he tenido, Ámbar aún le quedaba un poco para terminar asique siguió moviendose desenfrenadamente encima mío, empecé a sentir esa sensación de que no podía más pero tenía que aguantar hasta que finalmente ella acaba con un gemido largo abrazandome y poniendo su cabeza en mi hombro, nos recostamos los 3, yo al medio y cada una en un lado de mi pecho, no lo podía creer, había sido el mejor polvo que haya tenido hasta ese momento. Fumamos un poco más de mota, esta vez Ámbar también fumó y luego de un rato volvimos a hacerlo, acabaron quedandose a dormir.

    Después de eso, con Bárbara seguimos teniendo la misma relación y con Ambar fue solo ese caso en particular, ella salió con un par de chicos después y acabó yendose a otra ciudad, con ambas sigo teniendo muy buena onda pero después de salir de la Universidad solo las veo en fotos de Instagram, las dos quedaron como un buen recuerdo de mi primer trio.

  • El Caribe mexicano me dio más de lo que esperaba

    El Caribe mexicano me dio más de lo que esperaba

    Lo que estoy a punto de contarles sucedió hace algunos años. Yo tenía 23 en aquel momento, y con tres amigas muy cercanas decidimos viajar de vacaciones a México. Reservamos un alojamiento all inclusive en la zona hotelera de Cancún, sacamos un vuelo que conseguimos con descuento en un Cyber Monday y esperamos con muchas ansias a que llegara la fecha del viaje.

    Era la primera vez que pisaba una playa que no fuera argentina o uruguaya, y la sensación que corría por mi cuerpo era como la de haber llegado al paraíso. Clima cálido todo el año, arena clara y suave, agua transparente y con una temperatura que invitaba a quedarse horas dentro del mar.

    Habíamos elegido un hotel sin animadores ni actividades. La decisión de evitar llamados a participar de juegos, deportes o bailes constantemente fue unánime. Nosotras sólo buscábamos paz y disfrute.

    Ese viaje fue maravilloso. Todas las mañanas desayunábamos en el buffet del hotel y nos íbamos tan rápido como podíamos a la playa privada para ubicar cuatro reposeras y aprovechar cada rayo de sol en nuestra piel. Pasábamos todo el día yendo del agua al sol, del sol a la barra de tragos, de allí al sol de nuevo, y de vuelta al agua. Cuando el sol empezaba a bajar ya entrada la noche, volvíamos a la habitación, nos duchábamos y bajábamos a cenar. Luego nos arreglábamos y salíamos a la noche mexicana como cuatro diosas bronceadas, jóvenes, alegres, seductoras. Ninguna de nosotras había viajado con hambre de conquistas, y eso (por alguna razón) llamaba doblemente la atención.

    Una mañana bajamos a desayunar con una resaca especialmente memorable, luego de haber sobrevivido a los mil chupitos de Coco Bongo. Sin embargo, ni eso nos iba a impedir aprovechar la mañana de playa. Dormir estaba sobrevalorado en vacaciones, y sobre todo a esa edad. Aquella playa valía cada segundo, y si hacía falta dormiríamos una siesta a la sombra de la reposera.

    Mientras desayunábamos en piloto automático, todavía tratando de despertarnos del todo, una de mis amigas reconoció a un conocido suyo en otra mesa.

    – Yo conozco a ese chico de ahí. Es Manuel, mi compañero de la facultad. – dijo Martina.

    Nosotras nos dimos vuelta sin entusiasmo ni intención de disimular, y lo vimos. Conocíamos a Manuel únicamente por fotos, y no nos interesaba demasiado su presencia allí.

    Una vez que terminamos de comer, agarramos nuestras cosas y nos levantamos para salir finalmente a la ansiada luz del día.

    Cuando estábamos llegando a la puerta, mi amiga no pudo evitar su impulso y le gritó a su amigo, que se encontraba del otro lado del comedor.

    – Ey, ¡Manu! – exclamó levantando efusiva su mano derecha para que la viera.

    El joven miró descolocado y tardó unos segundos en reconocerla, pero finalmente le devolvió el saludo a lo lejos.

    Martina, en vez de dar por finalizada la secuencia, se desvió del camino hacia la salida y se acercó a la mesa donde estaba el muchacho en cuestión, acompañado de dos amigos.

    – Martu, ¿cómo estás? ¡Qué loco encontrarnos acá! – le dijo amablemente mientras todos nos saludábamos con un beso en la mejilla.

    Yo empezaba a sentirme de mal humor por haber visto interrumpida mi corrida hacia el mar, así que me quedé a un costado callada y esperando a que la conversación finalizara. El resto de mis amigas participaban de una charla banal con el resto de los chicos. Escuché que los acompañantes se llamaban Joaquín y Luciano, aunque no sabía bien cuál era cuál.

    Al ver que la conversación no parecía terminar, interrumpí:

    – Perdón… ¿ustedes no van a la playa? ¿Por qué no salimos juntos? – propuse.

    Todos accedieron con gesto de “claro, tiene razón, ¿qué hacemos perdiendo tiempo acá?”.

    Buscamos un espacio vacío y ubicamos siete reposeras, para poder seguir socializando. En cuanto me quité el vestido para quedarme en traje de baño y me puse protector solar, volvió mi buen humor. La vitamina D empezaba a recargar mi batería interna.

    Me acomodé en la reposera, cerré los ojos y dejé que el calorcito del sol atravesara mi piel. De fondo escuchaba que el resto de los presentes hablaban, pero no sabía exactamente de qué, ni me interesaba. De repente, sentí unas gotas de agua salpicándome y abrí los ojos sobresaltada.

    – Uh, perdón. Te mojé. – se disculpó Joaquín o Luciano (todavía seguía sin reconocerlos).

    Lo miré unos segundos. Era alto, de tez oscura y pelo corto. Acababa de salir del mar y estaba empapado. Tenía un cuerpo firme y entrenado, pero no exageradamente musculoso. Me gustaba la gente que no se obsesionaba entrenando para lucir gigante. Al pedirme perdón me sonrió desde arriba (estaba parado) y sus dientes blancos combinados con sus ojos medio achinados me generaron cierta atracción.

    – No pasa nada – respondí finalmente devolviéndole una leve sonrisa.

    Se sentó en la reposera de al lado, y se secó un poco la cara con la toalla blanca del hotel.

    – Soy Luciano… Lucho. No nos presentamos antes, no parecías muy contenta de que hubiéramos aparecido… – dijo simpático.

    – Perdón, no era personal, pero no tenía ganas de quedarme en el buffet hablando con unos desconocidos – dije y le sonreí para no sonar brusca – Ah, me llamo Candela.

    – Candela… -repitió como si tratara de descifrar algo en mi nombre – Bueno, me alegro de que no haya sido personal. Ahora se te ve mucho mejor.

    – La playa lo cura todo.

    Lucho se rio. Miré alrededor y vi al resto charlar, jugar a las cartas o tomar sol. Me sentí plena. Miré a mi acompañante recostado en la reposera, mirando hacia el mar. Noté que había algo en su despreocupación que me gustaba. Quizás fuera su simpleza o el hecho de que no parecía estar de “levante”, como le decimos los argentinos a estar en búsqueda de mujeres u hombres con fines sexuales o románticos.

    – ¿Cuándo llegaron? – pregunté e inmediatamente me arrepentí de haber roto el silencio.

    Me miró sin sobresaltarse y me respondió:

    – Llegamos anoche. Nos quedamos cuatro días acá y después nos vamos para Playa del Carmen. ¿Y ustedes?

    – Nosotras llegamos hace tres noches y nos quedamos una semana más.

    – ¡¿Tres días y ya están así de bronceadas?! – dijo riendo.

    – Nos gusta mucho el sol – dije devolviéndole la sonrisa mientras me levantaba de mi reposera – voy a buscar algo para tomar, ¿te traigo algo?

    – Vamos, te acompaño – dijo mientras echaba una mirada a sus amigos que estaban dormidos bajo el sol caribeño.

    Llegamos a la barra y un muchacho nos atendió muy amablemente.

    – Una limonada, por favor – pedí.

    – ¿Una limonada? – dijo Luciano riéndose de mí. – Estamos de vacaciones… ¡en Cancún!

    – Sí, pero son las 11:30 de la mañana…

    – Dos tequilas para mí – le dijo al bartender ignorándome.

    – Yo no dije que quisiera tequila.

    – Ni yo dije que fuera para vos. – dijo mirándome de costado.

    Sonreí medio embriagada en su seducción. Volvimos a la playa y sus amigos seguían durmiendo. Mis amigas se habían ido al mar y podían visualizarse desde nuestra ubicación.

    Me senté y comencé a tomar mi limonada.

    – ¡Salud! – dijo él chocando su vasito de shot con el mío y luego bebiendo de un trago todo su contenido. Luego metió un gajo de lima en su boca.

    Lo miré sin darle demasiada importancia a su show y seguí disfrutando de mi bebida. Un rato más tarde todavía no había tomado el segundo shot.

    – ¿Qué pasó? ¿Era mucho tequila para la mañana de un jueves?

    – Para nada, estoy esperando el momento correcto. Salvo que lo quieras vos…

    – No, gracias.

    – Bueno, vos te lo perdés – dijo y se tomó el segundo vasito.

    Seguimos hablando de nuestras vidas, nuestros trabajos, nuestras ex parejas, sin tener registro del tiempo. Estábamos aislados del grupo, en el que mis amigas habían vuelto del mar y jugaban a las cartas con los amigos de Luciano que se habían despertado de la siesta playera.

    – ¿Quieren jugar? – dijo al rato una de mis amigas mirándonos, cuando estaban por empezar la segunda partida.

    – No, gracias, yo me voy a ir un rato al agua. – le respondió él – ¿Me acompañás? – preguntó bajando la voz y dirigiéndose a mí.

    – Dale, vamos.

    Fuimos hasta la orilla caminando lento, sin apuro. Nos metimos al mar y a mí todavía me sorprendía la experiencia del mar Caribe en el que te podías meter sin necesidad de hacerlo gradualmente para no congelarte.

    – Esto no es Mar del Plata, eh – me dijo riendo.

    – No te metas con Mar del Plata porque vamos a terminar mal…- le dije bromeando.

    – Amo Mar del Plata, pero ¡qué fría es el agua ahí! -hizo una pausa- Igual, si querés pelear peleamos. Contá conmigo.

    – Cuando estemos en igualdad de condiciones. Vos estás con dos tequilas encima, no me quiero aprovechar.

    – No me vas a creer, pero me siento un poco borracho…

    – Qué flojo resultaste.

    – Vayamos a la barra y compensás.

    – Mmm… ¿Te parece?

    – Dale – me pidió de nuevo, sabiéndose seductor.

    – Bueno, vayamos antes de que me arrepienta

    Fuimos a la barra y pedimos dos tequilas. Nos acomodamos en una punta vacía. Puse sal en mi mano de un salero que había sobre el mostrador, para hacer la experiencia completa. Chupé mi mano mirándolo de reojo, y tomé el primer shot. Después comí mi gajo de lima con tranquilidad. Notaba cómo mi acompañante me miraba la boca y los ojos, y luego de nuevo la boca. Era innegable la tensión que había entre nosotros. Me hacía sentir bien aquel juego de endorfinas.

    – Te falta el segundo – me dijo casi inmediatamente después de apoyar la cáscara de la lima sobre una servilleta.

    – Ya voy, ansioso.

    Repetí el proceso, con determinación pero con cierta lentitud para que él pudiera admirarme. Me gustaba gustarle, y esperaba que él notara que me gustaba.

    – Ahora sí, estamos a mano. – le dije.

    – ¿Y ahora? ¿Peleamos?

    – ¿Tenés ganas?

    – Tengo ganas de comerte la boca. ¿Cuenta cómo pelear?

    – Cuenta – le dije mientras lo agarraba con mi mano izquierda de la cintura y lo acercaba hacia mí.

    Yo estaba apoyada sobre la barra y sentí cómo se aceleraba mi respiración cuando sentí su cuerpo caliente cerca mío. Estábamos los dos en traje de baño. Yo llevaba una bikini naranja que resaltaba mi bronceado, y él un short por encima de las rodillas rayado, azul y blanco.

    Lucho pasó una de sus manos despacio por mi cuello y luego entre mi pelo mojado y revuelto, mientras se acercaba a besarme. Sentía el tequila haciendo efecto en mi cuerpo, y la cercanía de su piel me calentaba. Nos besamos lenta pero firmemente al principio, aumentando progresivamente la intensidad. Nuestras bocas se entendían a la perfección, y sentía que me estaba besando con alguien que conocía desde siempre. Luciano acariciaba mi pelo y mi cuello con una de sus manos, y con la otra bajaba por mi cintura mojada, para luego posarla en la parte superior de mi culo, sobre mi bikini llena de sal. Apretaba sutilmente mi carne voluptuosa y yo sentía una humedad caliente que contrastaba con el ya frío agua de mar de mi traje de baño. Moría de ganas de llevarlo a mi habitación pero también quería seguir disfrutando de ese juego casi adolescente.

    – Vayamos a enfriarnos al mar que acá empezó a llegar público – le dije susurrando mientras separaba muy levemente mi boca de sus labios.

    Me sonrió y me dio un beso corto antes de volver a la playa. Nos metimos al mar lejos de donde se encontraban nuestros amigos, para no sentirnos expuestos. Nos zambullimos entre las pequeñas olas y nos metimos hasta que el mar nos llegó arriba de la cintura.

    Volvimos a besarnos desenfrenadamente aprovechando la lejanía y también que el agua nos tapaba. Sentía su erección contra mi cuerpo y me movía lentamente para frotarla. Él apretaba mis nalgas con fuerza, clavando sus yemas. Yo pasaba mi lengua suavemente por sus labios salados.

    – Ay, Cande, Cande. Qué lindo que es Cancún… – me dijo bromeando mientras subía la mano lentamente por mi cadera, mi cintura, hasta llegar a mi pecho.

    – Yo me reí y moví mi mano suavemente hasta tocar el bulto que sobresalía de su short.

    – Más lindo de lo que creía. – le dije mientas acariciaba su pene por encima de la ropa y volvía a besarlo.

    Él me devolvió la jugada y metió su mano por dentro de la colaless de mi bikini, acariciando muy suavemente el espacio entre mis labios vaginales, arrastrando mis fluidos con sus dedos. Yo emití un leve gemido.

    – Vámonos de acá – dijo por fin.

    Subimos al ascensor chorreando todavía, y él presionó el botón del piso 6, donde se encontraba la habitación que compartía con sus dos amigos. Estábamos tan calientes que no podíamos sacarnos las manos ni las bocas de encima durante el trayecto. Sabía que estábamos siendo filmados, y pensar en que alguien podría estar mirando me excitaba. Al bajar atravesamos casi corriendo el pasillo hasta su puesta. En ese instante pensé en que necesitaríamos la tarjeta de acceso para entrar, y supuse que no la tendría encima. Para mi sorpresa, la sacó del bolsillo trasero de su traje de baño, toda mojada.

    – ¿En qué momento agarraste la tarjeta? – pregunté mientras abría la puerta.

    – Cuando salimos del mar la primera vez a buscar tus tequilas. Soy un tipo optimista. – me respondió cerrando la puerta detrás nuestro y apoyándome contra ella, pegado a mí.

    – ¡¿Ya en ese momento sabías que esto iba a pasar?! – dije haciéndome la ofendida, aunque yo también lo deseaba.

    – No lo sabía, pero sí sabía que me encantabas. Tenía fe en que yo también podía gustarte – me dijo pasando su mano por el costado de mi cuerpo, desde mi cuello hasta mi cadera. – ¿Hice mal?

    Le sonreí y sin responderle lo empujé despacio hasta una de las camas. En la habitación había una cama de dos plazas y dos individuales, ya que en realidad la habitación era para cuatro personas. Aparentemente Luciano y sus amigos se iban turnando para dormir en la grande.

    Lo tiré sobre la cama y él se sostuvo con sus codos para no quedar acostado mientras me miraba. Yo, con mi pelo y mi malla chorreando, llevé mis manos a mi espalda y desabroché mi corpiño liberando mis redondos y firmes pechos que contrastaban con el bronceado del resto de mi cuerpo. Tenía los pezones erectos, un poco por estar mojada y otro poco por la excitación. Él me miraba con fuego en sus ojos y una media sonrisa divertida.

    Veía su pija dura dentro de su short y yo sentía cómo se me hacía agua la boca. Acaricié mis pechos sensualmente mientras bajaba a la parte inferior de mi traje de baño. Comencé a jugar con ella y a bajarla lentamente, hasta que ante la mirada ardiente de mi acompañante me la quité. Quería volverlo loco. Me acaricié por todos lados y di la vuelta para que viera mi culo desnudo.

    Él me tomó suavemente del brazo y me tiró hacia él. Me subí sobre su cuerpo arrodillándome alrededor suyo, a la altura de sus caderas y comencé a besarlo de nuevo mientras llevaba mi mano a su erección. Escuchaba su respiración agitada en mi boca y su verga poniéndose cada vez más firme. Desvié mi boca de la suya y comencé a besar su cuello, su pecho lampiño, su abdomen. Jugaba levemente con mi lengua en las zonas sensibles y notaba que le gustaba. Llegué a su traje de baño y comencé a bajarlo, con cierta dificultad por estar mojado. Se lo saqué y lo dejé caer al piso, al mismo tiempo que comencé a masturbarlo. Yo estaba sentada sobre él, dejándolo ver mi cuerpo desnudo mientras lo tocaba. Él acariciaba toda mi piel, mis tetas, apretaba mi culo con firmeza.

    – Parate – le ordené.

    – No me negaría a absolutamente nada que me pidas en este momento – dijo mientras me sonreía y se paraba.

    Todo su cuerpo me encantaba, y su verga no era la excepción. Me arrodillé ante él, corrí el cabello de mi cara y pasé mi lengua muy lentamente por todo su miembro, empezando por sus testículos afeitados y prolijos (y salados, como todo él), y subiendo muy despacio por su tronco mirándolo a los ojos, escuchando su respiración y sus leves gemidos, hasta llegar a la cabeza. Dejé caer un hilo de saliva sobre el glande y empecé a chupar esa pija como si fuera un manjar (podría decirse que lo era). Empecé lentamente, acompañando los movimientos con mis manos, y luego incrementé la velocidad más y más. Me encantaba sentir todo su pene dentro de mi boca, dejarlo unos segundos tocando mi garganta y escuchar a Lucho gemir mientras me sostenía fuerte del pelo. Estuve unos largos minutos saboreando esa hermosura, y ya sentía la lubricación de mi vagina chorreando entre mis labios.

    – No me podés gustar tanto. – me decía mientras me miraba respirar agitada por la falta de aire al sacar su pene de mi garganta. – Vení, parate.

    – Yo tampoco me negaría a nada de lo que me pidas en este momento – le dije bromeando con sus propias palabras.

    Él me sonrió y me tiró boca abajo en la cama y me abrió las piernas. Yo apoyé un poco las rodillas para ponerme en mejor posición, levantando levemente el culo hacia él mientras mi cara estaba pegada a la cama.

    – Él tomó mi culo con las dos manos y lo apretó con fuerza.

    – Este culo me lo llevaría de souvenir.

    No pude evitar reírme ante el comentario inesperado. En las pocas horas que hacía que nos conocíamos, había llegado a la conclusión de que me encantaba su sentido del humor, medio irónico, tan parecido al mío.

    Comenzó a pasar su lengua desde mi clitoris, por toda la ranura entre mis labios, bebiéndose todos mis fluidos. Yo gemí, había estado esperando el momento de tenerlo entre mis piernas y finalmente había llegado. Comenzó a comerme como poca gente lo había hecho antes, sabía perfectamente cómo hacerlo, dónde estimular y a qué velocidad. Yo me movía casi sin darme cuenta, y meneaba el culo sobre su cara. Acompañó su lengua con dos dedos dentro mío y empezó a aumentar la intensidad. Mis gemidos eran cada vez más fuertes y me había olvidado del mundo, de mis amigas, de sus amigos, de todo. Chupaba mi clítoris como un dios. De repente sentí el orgasmo cerca, mis gemidos se agitaron y él notó que estaba por acabar e intensificó también sus movimientos. Agarrandome fuerte de mis caderas, mientras yo prácticamente mordía y apretada las sábanas, Lucho continuaba con su doble estimulación hasta que finalmente con un grito ahogado en el colchón, me vine en su boca.

    – Me podría acostumbrar a esto, eh – me dijo mientras se ponía sobre mí y me besaba el cuello por detrás.

    – Me gustás mucho – le confesé mientras me daba vuelta para mirarlo a la cara y a la vez agarraba su pija para seguir.

    A los pocos segundos tenía la verga como una piedra y yo quería sentirla adentro mío. Sin pensar lo recosté, me subí arriba suyo y me senté sobre su erección penetrándome. Era tal mi desesperación que no busqué un preservativo y, a pesar de que sabía que no era una buena decisión, decidí continuar.

    – ¿Estás segura? – me preguntó.

    – Sí, ¿vos?

    – Si vos estás segura, yo también.

    Comencé a saltar sobre él una y otra vez mientras mis tetas rebotaban hermosas ante su cara. Él las apretaba, pellizcaba mis pezones y hasta me pegaba suavemente en ellas, lo que me calentaba el doble. Después llevó sus dos manos a mi culo y comenzó a marcar mi ritmo. Los dos gemíamos sin pensar que del otro lado de la pared podía haber una pareja de ancianos tratando de dormir la siesta.

    Él dejó de marcar el vaivén y con un ágil movimiento invirtió las posiciones quedando sobre mí. Llevó mis piernas a sus hombros y comenzó a darme con fuerza mientras estimulaba con sus dedos mi clítoris. Me sentía tan excitada que sabía que dentro de poco vendría mi segundo orgasmo.

    Él acercó su mano a mi boca y yo chupé con devoción sus dedos. Me sonrió con placer y bajó mis piernas de sus hombros. Me tomó suavemente el cuello con su mano derecha y continuó penetrándome con fuerza.

    – Me vas a hacer acabar de nuevo – le dije con mi mano sobre la suya indicandole que me ahorcara más fuerte.

    Él apretó como le indicaba y eso fue el detalle que hizo que explotara en un segundo orgasmo monumental.

    – Me volvés loco – dijo mientras seguía moviéndose con fuerza sobre mí.

    De repente noté el cambio en sus gemidos, volviéndose rugidos, y vi cómo con un movimiento muy hábil, sacó su pene de mi cuerpo y eyaculó en todo mi abdomen y mis tetas.

    Se dejó caer en la cama junto a mí y dijo:

    – Me quedaría encerrado con vos toda la tarde.

    – Yo también. ¿Qué hora será?

    Ninguno de los dos tenía celular, ya que todo había quedado en la playa.

    Luciano prendió el televisor con el control remoto y vimos que eran las 14:30 hs. Seguramente nuestros amigos se estarían preguntando dónde estábamos.

    Sin siquiera darnos una ducha nos vestimos (únicamente con nuestras mallas) y salimos de la habitación. Un poco tímidos nos acercamos a nuestras reposeras y, como era de esperarse, no había nadie. Nuestras cosas tampoco estaban. Recorrimos los restaurantes del hotel buscando a nuestros amigos, hasta que los encontramos comiendo un postre en el buffet. Todos hablaron por lo bajo entre risas al vernos llegar. Como si nada hubiera pasado, nos pusimos rápidamente la ropa que ellos nos habían guardado, nos servimos comida y nos sentamos a almorzar.

    Durante la tarde los grupos se separaron. Mis amigas y yo nos quedamos en la playa del hotel, mientras que los chicos se fueron a hacer turismo.

    Mis amigas me interrogaron y yo conté lo justo y necesario, ya que nunca me sentí cómoda dando detalles de mi vida sexual o amorosa.

    Cuando bajó el sol, como cada día fuimos a darnos una ducha, cenamos y luego planeamos la noche. Decidimos que iríamos a uno de los bares más famosos entre los turistas allí. Ya habíamos ido otras noches y nos había gustado mucho.

    La noche mexicana era muy rara para nosotras, ya que en Argentina los horarios de todo son más tardíos: cenamos más tarde, salimos más tarde, nos acostamos más tarde. En Cancún todo arranca temprano, y es difícil para el turista acostumbrarse a que tiene que estar en el bar a la hora en la que usualmente se sentaría a cenar.

    Luego de algunas corridas, llegamos finalmente al lugar. Cuando íbamos por el quinto trago de la noche, ya borrachas, vimos aparecer a Lucho y sus amigos. Vinieron a saludarnos y notamos que estaban igual de ebrios que nosotras. Nos unimos formando un gran grupo en el que nos divertimos mucho, mientras con Luciano nos mirábamos, coqueteábamos, bailábamos. En un momento me aparté para ir al baño, y cuando estaba por llegar hacia la puerta, sentí su mano en mi cintura. Me besó el cuello y me giré a corroborar que fuera él. Nos besamos apasionadamente, como dos adolescentes viviendo su amor de verano. Su boca tenía gusto a una mezcla de cerveza, tequila y menta. Inmediatamente quise irme de ese lugar con él.

    – Vayamos al hotel – le dije – nadie va a volver a las habitaciones por varias horas.

    – Me leés la mente.

    Fui al baño mientras él me esperaba en la puerta. Al pasar por al lado de mis amigas les hice un gesto para que estuvieran al tanto de que me iba.

    Al salir ahí estaba él, hermoso, sentado en el cordón de la vereda fumando. Estaba vestido con unas bermudas negras y una remera blanca que resaltaba su bronceado. Yo vestía un vestido corto negro y holgado que, humildemente, me quedaba muy bien. Llevaba mi pelo castaño suelto, llegando por debajo de los hombros.

    – Tenía miedo de que te fueras sin mí – le dije acercándome mientras le sonreía.

    Él se rio mientras se paraba, y tomándome de la cintura con la mano libre me respondió:

    – ¿Y perderme de cogerte? Ni loco. – dijo y me besó.

    Caminamos las diez cuadras hasta el hotel, con un clima agradable. No hacía ni frío ni mucho calor, estaba cálido pero corría un vientito que hacía que la noche fuera ideal. Miré al cielo y vi que no sólo estaba despejado, sino que había una luna llena grande y preciosa.

    Volvimos conversando y riendo borrachos, hasta que llegamos por fin al hospedaje.

    Esta vez fuimos a mi habitación. Todavía seguíamos en el pasillo cuando Luciano ya había bajado completamente el cierre de mi vestido.

    Cerramos la puerta y comenzó a besarme desde la nuca, bajando por mi espalda lentamente mientras quitaba completamente mi prenda. Yo no llevaba corpiño, por lo que al instante quedé únicamente con la tanga de encaje negra que llevaba. Bajó besándome y jugando con su lengua por mi columna, hasta que llegó a mi culo. Se arrodilló frente a él y lo tomó con las dos manos mientras besaba mis nalgas.

    Bajó mi ropa interior que comenzaba a humedecerse, hasta caer al piso. Abrió mis nalgas y empezó a chupar el orificio de mi culo. Lo hacía tan perfectamente que no tardé mucho en comenzar a respirar sonoramente y emitir algunos gemidos.

    De repente vi la puerta del balcón que habíamos dejado abierta, y caminé hacia ella.

    – Vení – le indiqué.

    Nuestro balcón daba a la playa del hotel, y desde el piso cinco se veía el mar hermoso bajo la luna redonda y brillante. Quien pasara por la playa podría vernos, pero estaba prácticamente desierta en aquel horario, y además, tampoco me importaba mucho ser vista. Me apoyé sobre la baranda mirando hacia el mar, agachandome un poco para apuntar mi culo hacia Lucho.

    Él volvió a su tarea, y empezó a meter sus dedos en mi vagina ya mojada.

    – Mirá cómo estás. Te quiero coger toda.

    Me di vuelta a mirarlo y lo besé con lujuria mientras quitaba su remera. La dejé caer en el piso y desabroché sus bermudas. Saqué su pene que ya estaba bastante duro y lo masturbé. Luego, mirándolo a los ojos le imploré:

    – Cogeme.

    Él sacó sus zapatillas, y quitó su bermuda y su bóxer que tenía todavía en las piernas. Con brusquedad dio vuelta mi cuerpo nuevamente para que quedara dándole la espalda.

    Conmigo apoyada contra la baranda con ambos brazos, me penetró y comenzó a moverse de una manera que me hizo olvidar nuevamente que quizás hubiera gente durmiendo en las habitaciones contiguas.

    Aumentó el ritmo de sus movimientos y con uno de sus pulgares comenzó a bordear mi ano. Al notar que yo gemía aún más profundamente, llevó su dedo a su boca, lo lamió, y luego comenzó a meter aquel dedo en mi culo bien despacio sin suspender sus embestidas. Yo sentía que iba a venirme pronto y él, que también lo percibía, me tomó del pelo bien fuerte con la mano que le sobraba y aceleró al máximo su penetración mientras movia su dedo en mi culo suavemente. Finalmente tuve un orgasmo intenso y espectacular en el que no pude ahogar un grito de placer.

    Justo en aquel momento noté que en el balcón de al lado había alguien mirándonos silenciosamente. Era un hombre, no se veía demasiado pero parecía tener unos 35 o 40 años.

    – Tenemos público – le dije sonriendo morbosa mientras recuperaba el aliento.

    Ver que había gente mirando nos excitó mucho a los dos.

    – Quiero que me des por el culo mientras nos miran.

    Lucho me miró embelesado y sin decir nada, volvió a inclinarme sobre la baranda.

    Con su mano izquierda se masturbaba lentamente, mientras con la otra masturbaba por detrás mi vagina para utilizar mis fluidos como lubricante. Yo gemía mientras sentía fuego en mi sexo, y me encantaba saber que el vecino se haría una paja pensando en nosotros.

    Lucho llenó sus dedos de mis líquidos, y comenzó a masajear mi agujero anal. Primero metió un dedo suavemente, y luego dos. Yo me sentía extasiada.

    – Metemela ya. – supliqué.

    Él acomodó la punta de su pene en mi culo, y muy cuidadosamente comenzó a meterla. Yo gemía mientras él me tomaba de la cintura. Comenzó a moverse cada vez con más agilidad, hasta que su pene comenzó a entrar y salir sin problema. Continuó lubricando su pija con mis flujos, y me empezó a embestir con mayor ritmo.

    Yo trataba (sin mucho éxito) de ahogar mis gritos, y escuchaba sus gemidos a mis espaldas. Él apretaba con fuerza mi cintura mientras me cogía el culo. Los dos sudábamos a la luz de la luna. Luego de unos minutos Lucho empezó a gemir más fuerza y percibí que estaba por venirse.

    – Voy a acabarte muy fuerte – me dijo, o me advirtió.

    – Llenamelo.

    Inmediatamente sentí sus espasmos dentro mío y sentí también cómo por mi culo empezaba a rebalsar su semen caliente. El líquido bajaba por mis piernas mientras él dejaba caer su cuerpo sobre mi espalda, descansando y recuperando la respiración. Miré hacia el balcón del vecino, y noté cómo disimuladamente movía la mano sobre su pene. Lo miré y pareció gustarle el intercambio de miradas.

    Lucho salió de mi interior y entramos nuevamente a la habitación. Eran las 2:30 am. En Argentina a esa hora todavía ni hubiéramos llegado a la fiesta o al boliche.

    Con Luciano nos limpiamos y nos acostamos desnudos en mi cama, medio abrazados.

    – ¿Vos decís que en tierras argentinas cogeríamos así de bien? – le pregunté.

    – No sé, pero yo me ofrezco para averiguarlo. – me respondió sonriendo.

    Caímos dormidos durante un rato. Cuando abrí los ojos, miré el reloj y muy cariñosamente lo sacudí para despertarlo.

    – Che… en un rato van a llegar las chicas del bar.

    Su cara de dormido y desconcertado me daba entre ternura y ganas de tirarme encima suyo de nuevo.

    – Ah, sí, bueno. ¿Nos damos una ducha antes? – propuso.

    Nos dimos una larga ducha con varias distracciones, y cuando estábamos terminando de vestirnos escuchamos la puerta abriéndose muy despacio, como esperando aprobación. Abrí la puerta y mis amigas entraron divertidas y muy borrachas.

    – Quién pudiera pasar unas vacaciones como las de ustedes, eh. – dijo una de ellas.

    Lucho le sonrió y encaró hacia la salida.

    – Hasta mañana, chicas… – dijo entre risas y se fue para su habitación.

    Durante los tres días que nos quedaban tuvimos todo el sexo que pudimos, como si viviéramos en continentes distintos y nunca más pudiéramos vernos.

    Lo que pasó a la vuelta en Buenos Aires es un capítulo aparte.

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  • Felices los cuatro

    Felices los cuatro

    Era domingo por la madrugada y regresábamos del bar, había tomado como loco, el hermano de mi novia y mi amigo tuvieron que subirme cargando al auto. Me acomodaron en el copiloto y me pusieron el cinturón, me quedé dormido. Ellos regresaron como a la hora. El hermano de mi novia se subió para manejar, mi novia me reviso, estaba muy tomada y se tambaleaba y se reía, sus enormes tetas le rebotaban, y es que las tenía enormes. Era bajita, tez blanca, cabello de hongo, tatuada, llevaba una mini falda de mezclilla con botas y una blusa que se le ajustaba a través de sus enormes pechos. Estaba brutalmente tetona. Decidí hacerme el dormido, pues sentía cierta curiosidad por saber lo que decía y principalmente saber cómo se comportaba a mis espaldas. En la parte de atrás ya estaban las amigas de mi novia, una encima de la otra totalmente borrachas y mi amigo, del cual sospechaba, era un tarado cualquiera que solo hablaba de tenis, pero tenía rostro y siempre que tenía cerca de mi novia lo sorprendía viéndole las tetas. Ella se subió al final.

    Me acomode de forma en que obtuviera una buena vista de la parte de atrás, en el espejo de la ventana de mi novia se alcanzaban a ver desde sus tetas hasta un tanto del lado de mi amigo.

    Estaba listo para ser testigo de cualquier cosa que pasará entre ellos, tenían el camino libre, yo estaba supuestamente caído, sus amigas jugueteaban y se reían como taradas en la ventana y estaban juntos por al menos hora y media de camino y avanzados unos quince minutos empezó.

    Mi amigo simuló hacer la clásica del cine de bostezar y levantar el brazo, aunque no vi en de dónde quedó hasta que mi novia se hizo un poco al frente. Le había metido la mano entre el brazo y una teta y se la acariciaba con los dedos, mi novia lentamente subía su mano por su pierna hasta llegar a su verga, la cual empezó a masajear, mi amigo se quitó la chamarra y se la puso encima y alcance a escuchar como, poco a poco mi novia le bajaba el cierre, se inclinó más y mi amigo le empezó a apretar la teta o más bien lo que podía ya que por el tamaño ni siquiera le cabía. Mi novia saco la mano de su verga y se escupió en ella y con saliva y los dedos llenos de labial la regreso. Se veía que se la estaba jalando bien duro, mi amigo le llevo la mano por los hombros y le metió dos dedos en la teta derecha, le apretaba el pezón y los dedos se le hundían en su carne. ¿Y que, ya no vamos a tomar? Dijo una de las amigas de mi novia, mientras mi amigo le sacaba la mano de las tetas y ella de la verga. ¿Quieren que pasemos por algo? Dijo su hermano y se detuvieron en una vinatería, bajándose las amigas de mi novia y su hermano, A mi me tres no sé qué cosa, dijo mi novia y río, le preguntaron a mi amigo que si no quería nada, dijo que no y se fueron, ahí dejando el auto estacionado en lo oscurito. Y mi amigo si quería algo, las tetas de mi novia. Por la oscuridad el vidrio se reflejaba más y me sentía muy excitado por lo que harían y tenía lugar en primera fila. No habían pasado ni dos minutos de que se habían ido y ella ya le había sacado la verga a mi amigo, el le bajó la blusa y el brassier y le empezó a apretar las enormes tetas, ella gemía y le jalaba la verga mientras se besaban, le metió la mano por debajo de la falda y jugueteo la nena con los dedos, le chupeteo los pezones, ella se bajó y le empezó a succionar la verga sin que mi amigo le apartará las manos de las tetas y de repente se empezaron a vestir apresurados, ya venían y hasta yo me había quedado con ganas de más.

    Pasamos a dejar a mi amigo, pies a pesar de todo si no llegaba su mami lo regañaba y después me dejaron a mí. No le dije, ni me dijo nada, obviamente.

    A la semana siguiente tuve fiesta en mi casa, hacía un tiempo que había empezado a vivir solo y mi casa se había vuelto el punto de encuentro principal cuando no se trataba de bares. Estuvieron todos, incluyendo a mi novia y a mi amigo que apenas y se dirigían la palabra, imaginaba que el motivo principal no era yo, sino que la novia de mi amigo que se había dignado a venir, y verán, mi amigo cuidaba bastante a su novia, tanto, que acostumbraba a no llevarla a nuestras reuniones o tal vez solo por qué quería dejarse la puerta abierta. Al ser eso a lo que las personas llaman guapo, mi amigo se había conseguido a la hija de un político, una niña fresa de cara bonita y cejas grandes que iba a una costosa escuela de paga, Jenifer. Jenny era de mediana estatura, cabello negro largo y una hermosa sonrisa blanca y amplias caderas, iba al gym y tenía todo en su lugar, principalmente las nalgas y las piernas, los cuales tenía muy bien trabajados. Por lo mismo del gym, siempre usaba ropa deportiva, como leggings muy ajustados y por lo mismo también no acostumbraba tomar y se ponía muy ebria con muy poco. Se había reído de mis chistes y tonterías durante toda la noche y en más de una ocasión la había sorprendido viéndome. La última vez que ocurrió en la noche y por la borrachera decidí sostenerle la mirada, pero ella seguía observándome, termine apenado y voltee la mirada.

    Mi novia y yo habíamos peleado por tonterías y se había ido a otra fiesta con sus amigas, solo quedábamos algunos amigos y la novia de mi amigo, todos nos caíamos de borrachos, pero querían seguir, entonces fueron por más, yo les di dinero y entre al baño, ya no aguantaba.

    Al salir me encontré con que la novia de mi amigo se había quedado y estaba ahí, sentada en el sillón con un vaso y viendo su celular. Me vió y me lanzó esa blanca sonrisa, Oye, ¿Te puedo preguntar algo? Me dijo y me senté junto a ella, Claro, Dime la verdad, me dijo, ¿Manuel me engaña?, La pregunta me cayó como balde agua fría, no sabía que responder, pero me gano la ira y le dije que sí y que lo había visto engañarla con mi novia, me dijo que lo sospechaba por qué lo había encontrado jalándosela con sus fotos de Facebook y que era una puta por qué en todas sus fotos enseñaba sus chichotas, y era verdad, en todas sus fotos aparecía con sus carnosos labios de mamadora con un color llamativo y un buen vistazo de sus enormes tetas en un prominente escote, fotos obviamente llenas de likes de hombres. Me preguntó el por qué no había dicho ni echo nada y le dije que por qué esperaba a que llevará el momento adecuado, ella se puso a llorar y le dio un buen trago a la botella, ¿Te parezco bonita?, Me dijo y le dije que era hermosa y la abracé. Se apartó un poco de mi y le busque la boca, me besó al instante, le pase la mano por la cintura y la bese con más intensidad, para medir el terreno, de repente se me subió y me puso el culo en la verga y se empezó a frotar sin dejar de besarme, yo le empecé a apretar las tetas por encima de la blusa, ella gemía. Su culote se sentía increíble, lo podía sentir todo por toda la verga a través de la suave tela de sus leggings, se escuchó cerrar el zaguán de la puerta y se bajó rápidamente, ¿Me das tu teléfono? Me dijo, se lo di y se metió corriendo al baño, yo me hice el dormido.

    Después de un rato escuché a la novia de mi amigo decir que ya se iba y que ya había llegado su Uber, se veía molesta, mi amigo trato de acompañarla, pero lo rechazó y siguió emborrachándose. Minutos después recibí un mensaje de un número desconocido, era de ella, me decía que si me podía ver en un hotel y le dije que sí, que iba para allá, entre a mi cuarto por una chamarra y les dije a mis amigos que iría por mi novia, mi supuesto amigo me preguntó un tanto entusiasmado que si ella iba a venir y le respondí con sarcástico, sí, le encargue la casa a otro de mis amigos, uno de confianza y me fui a un hotel cerca de la plaza.

    Le llamé para confirmar la habitación y le dije que sí quería que pasara por algo, me dijo que no, que le urgía que llegara por qué ya estaba muy caliente.

    Llegué y al pasar la recepción corrí hasta llegar a la habitación, toque, me abrió y la empecé a besar, no habíamos ni cerrado la puerta cuando ya le había metido las manos en los leggings para apretarle las nalgas. Ya con la puerta cerrada y en frente de ella, se bajó y me desabrochó el cinturón, me sacó la verga, la tenía totalmente dura y con dolor de huevos por el calentón anterior, pero ella me aliviano. Me levantó la verga con una mano y me empezó a chupar las bolas y a metérselas en la boca, luego me la tomó como paleta y me lamió desde las bolas hasta el glande. La levanté, necesitaba estar adentro de ella, la lleve contra la cama sin soltarle las nalgas y se las empecé a masajear, su teléfono sonaba, lo reviso y lo lanzó a un lado en la cama, vi que era mi amigo, me motive para tomar dos puntas de los leggings de su novia, jalarlos con fuerza y romperlos del lado de sus enormes nalgas, su novia me volteo a ver sorprendida y me lanzó una sonrisa pícara, se mordió el labio, Ya dame, dijo como haciendo berrinche y meneándome las nalgas, la tomé del cuello y la bese mientras le pasaba la verga por las nalgas y lanzaba pequeños gemidos con su lengua jugando con la mía, le di un par de nalgadas, me ensalive la mano y con ella la verga, le hice la tanguita rosa a un lado y le metí la punta, estaba sumamente mojada y aun así se sentía cerrada. Se la fui metiendo poco a poco hasta que la tuvo toda, una vez bien adentro, se la empuje y gimió, le metí ritmo y empezó a gemir más duro y más fuerte, cada vez más, Así, papito, así, me decía y yo la nalgueaba, se la metía y se la sacaba, se la metía y se la empujaba con fuerza, apretaba delicioso, mucho más qué mi novia. Le di la vuelta y le rompí los leggings de la parte de en frente y le repetí la dosis, se sacó las tetas y se las apretaba abriendo la boca para gemir y mordiéndose los labios, tenía un par de pezones hermosos que le empecé a chupar como loco, parecían un par de gomitas rosas con uno que otro lunar sexy y yo amo las tetas con lunares.

    El teléfono sonó toda la noche y toda la noche fue mi amigo, también toda la noche se la estuve metiendo a su novia, fueron al menos dos veces por la madrugada y dos más en la mañana, una de ellas en la ducha y con dos únicas alternativas de final, adentro y adentro.

    En la primera, la puse de a perrito para disfrutar de la mejor vista que ese culote le podía dar a un hombre, le dije que estaba a punto de y fue cuando fui consciente de que había olvidado los condones y ella no había dicho nada, Lléname, me dijo, ¿En serio?, Le dije, Sí, dame toda tu lechita, papito, me dijo y me encendí, la tome de las caderas con fuerza y le empecé a estrellar las bolas en las nalgas, mi verga entraba y salía y más que gemir, ella gritaba que le diera leche, entonces se la di. Me apoye en sus nalgas, ella se las abrió con las manos e incline la espalda como si la quisiera atravesar, lanzó un largo y fuerte gemido, se llevó la mano a la boca y asegurándome de que le quedará hasta la última gota adentro, me salí, quedando derrumbado a un lado de la cama, ella se quedó en la misma posición respirando bastante agitada, le ví la nena, le estaba escurriendo como hot cake con demasiada lechera, más de la que podía soportar, se tocó, sintió mi semen y se lamió los dedos.

    Pasó un rato en silencio y me empezó a besar, me puse duro de inmediato y le terminé en la boca y por la mañana lo mismo como desayuno, una en la boca en la cama y otra adentro en la regadera.

    Por la mañana pase a comprarle unos leggings nuevos a la plaza mientras esperaba en su auto, nos fajamos, le llene la boca de leche una vez más y me llevó a casa. Por la noche me mandó fotos de su culote en tanga y abierto y de sus tetas. Siempre que quiero le mando una nota y nos vemos en el mismo lugar.

    Por cierto, unos días después mi amigo me pidió que lo acompañará a comprar una prueba de embarazo.

  • Me estrenaron

    Me estrenaron

    Me llamo Juan. Yo era bastante joven la primera vez que me cogieron, tenía 18 años. Hasta hoy, el recuerdo de ese día me provoca una tremenda excitación inexplicable, una excitación aún mayor a cualquiera que haya sentido a lo largo de mi vida con cualquier pensamiento o actividad sexual, ya sea con hombres o con mujeres.

    En aquella época, solía salir con amigos mayores que yo, me sentía más seguro y aprendía mucho de ellos debido a su experiencia.

    Aquel día, no fue la excepción, eran vacaciones de verano y nos habíamos reunido para jugar en el edificio de la escuela, a la cual teníamos acceso gracias a Andy, que era el hijo del conserje.

    Además de Andy, estaba Gabriel, el novio de mi Hermana María; Pancho que a pesar de tener la misma edad que yo, era mucho más alto y corpulento; Manuel un amigo mayor que ya no estudiaba con nosotros y Omar, que fue quien me estrenó, el que me desvirgó, mi primer macho.

    La escuela tenía dos patios, uno cerca de la dirección, oficinas y conserjería (habitación en donde vivían Andy y su familia) con un jardín y una cancha de basquetbol; y el segundo gran patio al fondo, del tamaño de un campo de futbol, frente al cual se encontraban la mayoria de los salones.

    Como dije, eran vacaciones y la escuela estaba vacía y silenciosa, con el eco repitiendo nuestros sonidos. Ese día, los padres de Andy habían salido y regresarían muy tarde, lo que completaba un espacio ideal para nuestros juegos.

    En algún momento indeterminado, fuimos a meternos al salon más apartado de la vivienda de Andy, a sugerencia de Manuel que era el más avispado y quien, seguramente, ya tenía la intención de enseñarnos algunos juegos, desconocidos hasta entonces, al menos por mi.

    Manuel habia llevado una revista en la que podíamos ver cuerpos desnudos de hombres y mujeres, despertando nuestra curiosidad, alimentando nuestro morbo y creando con ello un ambiente propicio para a hablar de temas sexuales.

    Era una época sin educación sexual, así que lo único que existía era la retroalimentacion, esos diálogos en los que cada quien aportaba lo que sabia o creía saber, ya fuera verdad o mito.

    En ese contexto, fue que aquel día confesamos todos que, si bien entendiamos el concepto y habíamos tenido ya acercamientos amorosos, erecciones y masturbaciones privadas, ninguno de los que estabamos allí, habíamos cogido nunca, por increible que pareciera, eramos seis hombres vírgenes.

    Entonces Manuel, propuso probar para aprender, como si fuese un juego; sortear para elegir una pareja entre nosotros que se cogiera mutuamente mientras los demás miraban, luego seguir con otros dos y luego los últimos, hasta completar las 3 parejas.

    No nos parecía mala idea, por mi parte, yo no asociaba la idea de coger entre nosotros como un acto homosexual, tenía la creencia de que un “homosexual” o “mariquita”, era aquel que se ponía ropa de niña… y que caminaba, movía sus manos y hablaba totalmente afeminado. Y los que estabamos ahí, no teníamos esas características.

    Todos estuvimos de acuerdo, así que, para seleccionar la primer pareja, elegimos el juego de la botella, un juego sencillo y práctico. Un solo movimiento para hacerla girar y elegir a quien tocara de ambos lados. Me tocó a mi, teniendo enfrente a Omar, lo que nos hizo la primer pareja que cogería.

    Disimulé como pude una emoción que aceleró mis latidos al ser emparejado con Omar pues, de todo ese grupo, él era a quien yo más admiraba; me gustaba simplemente mirarlo; tenía una mirada y una sonrisa seductoras que me encantaban aunque, por entonces, yo creía que mi admiración era de hombre a hombre, nada de joterías; yo estaba seguro que se debía a que yo quería ser como él; puedo asegurar que al menos de manera consciente, no sentía hacia él ningún tipo de atracción física, ni hacia él ni hacia ningún hombre. Me gustaban entonces y me siguen gustando las mujeres.

    Pero como dije, disimulando mi entusiasmo, quería dejar en claro mi hombría y me apresuré a decir que primero quería cogerlo yo. Nadie puso objeciones, Andy fue a su “casa” por una colchoneta y, una vez que regresó, Omar y yo nos quitamos los zapatos y subimos en ella, poniéndose todos los demás alrededor nuestro para mirarnos.

    I. OMAR.

    Omar y yo nos quitamos los pantalones y los calzones, quedando desnudos de la cintura para abajo y descubriendo ante todos las enormes diferencias entre ambos. Omar era un poco más alto que yo, tenia un cuerpo musculoso y piernas gruesas. Y lo más impresionante para mi: ¡Un enorme pene lleno de venas y unos huevos que apenas cabrían en la palma de la mano. Así que, aunque su verga no era gigantesca, parecia descomunal al compararla con mi tierno micropene de menos de 5 centimetros y unos huevos tan minúsculos como canicas, que además ni siquiera se notaban, porque en lugar de sobresalir se hundían en mi piel.

    Pero además, por si esto fuera poco, mi ridícula verguita no era capaz de tener una erección, aunque lo intenté dándole unos cuantos jalones; muy contrario a la rigidez de la verga de Omar, que apuntaba hacia arriba y sobrepasaba la altura de su ombligo.

    Todos empezaron a reirse al darse cuenta que yo no podría cogerlo así, por lo que para evitar avergonzarme más, acercándome a él le hice la contrapropuesta:

    Mejor tú cógeme primero Omar – le dije en voz baja.

    Ponte en cuatro – me dijo, a lo que obedecí inmediatamente.

    Él se inclinó y acaricio mis nalgas, las estrujo y las abrió con sus manos poniendo a la vista de todos mi anito mientras burlonamente decía:

    -Ahorita vamos a ver si naciste para esto – Dijo sonriendo y todos, incluso yo, le festejamos lo que para entonces parecía un chiste.

    Acarició mis nalgas y exploró con sus dedos mi agujerito.

    – ¿Estás preparada “Juanita”? – me preguntó.

    El hablarme en femenino parecía parte del juego, así que asentí y entonces comencé a notar el enorme capullo de Omar haciendo fuerza para entrar. Yo no sentía miedo alguno, estaba expectante deseoso de conocer esas nuevas sensaciones.

    Me levantó un poco de los hombros para sacar mi playera, para luego acariciar suavemente mi espalda, volviendo a direccionarme con firmeza hasta colocar mi cuepo de nuevo en posición de perrito.

    Sentí su pene pegado a mi cuerpo, con sus manos de nuevo abrió mis nalgas, y acomodo su verga entre ellas, frotándola de arriba abajo, luego la metía entre mis piernas, y me la restregaba.

    – Relájate nena, relájate, pronto la vas a sentir cuando entre – me decía con una voz fuerte y varonil mientras ponía la punta en la entrada de mi culito que no estaba para nada preparado.

    – Si, Omar, siii, cuando quieras. Estoy listo. Hazlo cuando quieras. – le respondí en automatico con una vocesita apenas audible, tratando de que los demás no me escucharan.

    Luego, con sus manos me agarró suave pero firmemente de las caderas y la punta de su pene logró insertarse levemente en mi agujerito.

    – Chiquita, voy a introducirte la verga, debes ponerte flojita, quizá te va a doler, pero te va a gustar, vas a ver. alguien te la metió antes nena?

    – No, nadie. Eres el primero.

    – Tranquila bebé, tranquila.

    – Si Omar, si, estoy tranquila, tú métela, yo aguanto – me sorprendí a mi mismo hablando en femenino.

    Una vez que entró la punta, Omar siguió sujetando mis caderas y me fue introduciendo su miembro, entrando poco a poco hasta que tocó fondo.

    Y es que aunque fue una penetracion lenta y suave, una vez que entró la cabeza, su verga entera se fue como cuchillo en mantequilla hasta la mitad, y despues hasta el fondo.

    Entonces sentí por primera vez el gusto de ser penetrado, con cuidado, con cariño; nunca nadie había metido su verga,- !Era maravilloso!, contrario a lo que suelen decir, no me dolía en lo más mínimo.

    – ¿Ya vez que fácil? la tienes toda adentro, tienes un culito muy tragón – comentó.

    Me sujetaba de las caderas haciéndome sentir su hombría y su poder sobre mi, su garrote entraba y salía causándome miles de sensaciones placenteras hasta entonces desconocidas para mi.

    Si eso era coger, ¡Yo quería coger siempre!

    Jalaba mi culo hacia él y yo gustoso empujaba mi cuerpo hacia atrás para estar más pegados, para engullir ese pedazo de carne por completo y hacerlo desaparecer en mi interior.

    Omar casi no hablaba, solo bufaba. En ese momento ya no necesitaba hacerlo, había un entendimiento absoluto de parte mía a todo lo que el quería con solo tocarme o posar sus manos sobre mi; yo quería gritar, no de dolor sino de placer, quería gemir y decirle lo hermoso que sentía su dominio sobre mi, lo maravilloso que era ser enculado por él; quería decirle que era mi macho, mi hombre, mi papito, mi dueño… pero tenía vergüenza y miedo de que los demás fueran a pensar que yo era gay… ¡Lo cuál no era verdad!, a mi siempre me gustaron las mujeres.

    El iba alternando tomarme de las caderas o de los hombros, pero siempre con firmeza y seguridad, para dejar claro quien tenía el control y para que, por más rico y maravilloso que yo sintiera su cogida, no olvidara que estaba ahí para hacer lo que a él le causara más placer. Y yo estaba tan agradecido, que no lo pensaba defraudar.

    Omar se movía en forma constante; adentro y afuera; en círculos; yo jadeaba, hacía sonidos; me sentía muy feliz ¡Era algo increible y maravilloso! ¡Yo tenía esa verga hermosa en mi interior! ¡Era mía! ¡Lo que nunca soñé, lo que quizás de forma subconsciente anhelé!

    Yo disfrutaba como entraba y sentía como me abría, luego la sacaba dejando solo el glande en mí y la dejaba ir toda, entera, hasta el fondo de mi recto, ahí permanecía un momento, volvía a sacarla lentamente y volvía a incrustármela toda en un solo movimiento. Yo comencé a soltar pequeños gemiditos al sentir como se movía dentro de mí

    Me la siguió metiendo acompasadamente; era una sensación extraña, que comenzaba en mi cola y recorría todo mi cuerpo; Omar estaba detrás de mí, respiraba fuerte y su cuerpo permanecía en tensión mientras me seguia penetrando.

    Parecía que yo estuviera acostumbrado y esa verga había nacido para enfundarse en mi culo. Insisto, no dolía. De hecho, como ya mencioné, yo sentía un indescriptible placer. Y yo me movía buscando de forma instintiva que se corriera en mi interior. Movía mi culito hacia arriba y hacia abajo, al compás de sus embestidas, para que los golpes fueran mayores y las estocadas más profundas. y en cada metida apretaba mi culo como queriendo exprimirlo.

    En esas circunstancias, no tardé en empezar a gemir.

    – Aaahh. Asíiii! ¡que rico! –decía muy quedamente.

    – Te gusta así bebé? – soy tu macho? – Me preguntaba a cada estocada.

    – Siii. ¡Mi papi! ¡Mi macho! – le respondía con una voz de niña sin saber porqué.

    Luego, Omar me apretó de los hombros y comenzó un mete-saca frenético, mientras bufaba como un toro, chocando sus pelotas contra mis nalgas, aplastándose sobre mi, metiéndome su garrote hasta lo más hondo de mis entrañas.

    Omar me siguió cogiendo cada vez más rápido, a medida que mi respiración iba volviéndose más agitada hasta que finalmente lo logró.

    De repente, se quedó quieto; su verga se infló en mi culo y Omar explotó en mi interior inundándome de algo cálido, viscoso y húmedo. Su Pene escupía leche en mi interior bombeando y depositándolo muy adentro… totalmente ensartado. Su espalda se arqueaba hacia atrás; yo apretaba queriendo retenerlo y contener su leche dentro de mi.

    Omar me la sacó de golpe antes de que su verga se achicara. Lo hizo contra mi deseo dejándome un enorme vacío. Posó su mano sobre mi espalda, para mantener su dominio sobre mi.

    Ese acto me recordó que cada vez que yo bañaba a mi perro, debía posar una mano sobre su lomo para evitar que se sacudiera, entre jabonadas y chorros de agua, sacudida inevitable una vez que retiraba mi mano de su lomo.

    Así que comprendí instintivamente que debía quedarme quieto guiado por mi amo, que sin quitar la mano de mi espalda se incorporó y se ubicó frente a mi, que por inercia me arrodillé y quedé con su garrote frente a mi cara a lo que yo, como todo un experto en la materia, comencé a lamer y chupar limpiándola con mi boca como si mi vida dependiera de ello.

    Al principio el sabor era intenso, ya que el olor y sabor de su pene se mezclaban con los de mi culo, pero una vez que lo limpié con mi lengua y tragué con mi boca, ¡Sabía delicioso! Me traía recuerdos placenteros y, definitivamente me encantaba el sabor el olor de su verga.

    Me dediqué a besar, lamer y lengüetear desde los huevos hasta la cabeza, con amor, con pasión, con dedicación, con empeño; con el orgullo de hacer aquello en lo que yo sentía que era el mejor. Casi estaba seguro que ninguno de los presentes poseía tal conocimiento.

    Mi lengua recorria la barra que invadía mi boca. Mi cabeza se elevaba y caía hundiéndola hasta mi garganta, apenas me cabía en la boca pero trataba de llevarla lo más adentro que podia, para sacarla de nuevo sin soltarla y sin dejar de chupar, llenándola de saliva, besando sus huevos y paladeando su suave y cálido glande.

    Estuve disfrutando de esa hermosa verga, por al menos 5 minutos; hasta que creció y se endureció otra vez. Entonces la devoré por completo, mamando ese ardiente falo como alguna vez aprendí con el desconocido del que ya narré en otro relato.

    De mi garganta seguían saliendo gemidos de placer, ahogados por ese fierro que llenaba toda mi boca; sonidos que cuando la sacaba de mi boca, se convertían en palabras.

    – ¡Papi que rico – eres maravilloso!

    – ¡Esta verga es toda mía!

    – ¡Eres mi macho y yo soy tu nenita! – expresaba en un volumen bajito, con una vocesita aguda que me salía de forma natural.

    De repente sentí que su verga se hinchaba por lo que empecé a succionar con más intensidad haciendo que vaciara toda su leche caliente en mi boca, reteniéndola para saborearla antes de tragar. Omar sostuvo mi nuca con sus manos mientras se vaciaba en mi ¡Por segunda vez!

    Yo lo miraba a los ojos extasiado, orgulloso, amoroso y agradecido, por el placer que me había brindado; entonces miré a Andy parado junto a él.

    – Que se siente? Es mejor coger o que te la mamen? – le preguntó.

    – Es algo que no te puedo explicar, tienes que probarlo le respondió acariciando mi cabeza (con suavidad, como yo hacía con mi perro debido al cariño que le tengo).

    Luego me tomó del mentón con firmeza aún arrodillado, Con una seña le invitó a que se acercara y recargó mi cara sobre su entrepierna. Andy tenía una enorme erección que noté al instante y sentí al recargarme.

    Hasta entonces salí de mi trance y recordé que teníamos público. Había sido tan maravilloso que me había olvidado de ellos. Lo curioso es que ellos a su vez, permanecían observándonos fijamente en completo silencio, pero pude notar sus vergas paradas al ver de reojo sus entrepiernas.

    Aún quedaba mucho tiempo, mucho que aprender y yo no tenía la menor idea de hacia dónde irían los acontecimientos de ese día.

  • Divirtiéndome en mi trabajo

    Divirtiéndome en mi trabajo

    Hola a todos, aquí les relataré un suceso que me pasó apenas 2 semanas después de haber cumplido 18 años. Un amigo de mi hermano mayor, Ramiro, trabaja para una empresa cervecera muy conocida en el país, aquí en la ciudad. Él necesitaba una edecán de esta cerveza para promocionarla en un billar muy conocido en la ciudad. Pasaron días cuando él me habló por teléfono, pidiéndome de favor si podía ser su edecán en dicho billar por solo 2 semanas, y que me pagaría muy bien. Para ese entonces estábamos de vacaciones y mi novio estaba de vacaciones con su familia en otra ciudad del estado, así que no vi ningún problema en aceptar esa propuesta, pues ya lo conocía y sabía que la propuesta era en serio.

    Me entreviste con Ramiro en su oficina y me dijo todos los detalles: trabajaría de miércoles a sábado, de 8 de la noche hasta el cierre, 2 de la mañana y dijo como sería mi sueldo, nada mal por cierto. Mi uniforme era un conjunto de pantalón pegado a una blusa, todo el conjunto amarrillo con rayitas blancas y con la marca de la cerveza, muy ajustado, con un coqueto escote al frente y atrás. Pues bien, mi trabajo era atender y promocionar esa cerveza a las personas que pidieran la cerveza que yo promocionaba mientras jugaban. Desde el primer día note que muchas miradas se clavaban en mí, pues aunque había algunas meseras, muy atractivas, por cierto, su uniforme no era tan llamativo ni tan ajustado al mío, que era jeans azules y camiseta negra con el logotipo del local. Esto, mas aparte de tener ese uniforme ajustado, usaba debajo una tanga con un hilo dental muy delgado y no usaba sostén, pues la tela del uniforme era grueso y no se notaría que no traía; aparte yo era la única edecán en el lugar y era otro motivo para llamar la atención. Así paso una semana, en que varios chicos me sonreían y yo les correspondía igual mientras los atendía. El fin de semana de mi primera semana ahí, un sábado, me toco atender a 3 hombres, los 3 entre 35 y 40 años, no eran guapos pero tampoco eran feos, y se notaban que eran de dinero por su forma de vestir, y era la primera vez que los veía en la semana..

    Cuando llegue a atenderlos los 3 me miraban con ojos que parecía que me querían desnudar con la vista, a lo que yo no le di importancia, pues ya estaba acostumbrada y, no lo niego, me gusta que me miren así. Le pidieron a una de las meseras una cubeta de la cerveza que estaba yo promocionando, solo por el hecho de que la edecán (yo) era una mujer muy hermosa. Reí por sus comentarios y agradecí, retirándome para seguir atendiendo a las demás personas. Al rato regrese con ellos, para preguntarles si todo estaba bien; me dijeron que si, que todo estaba bien ahora que había regresado con ellos. Los tres pararon de jugar y se presentaron: se llamaban Manuel, Ernesto y Oscar. Me empezaron a preguntar que como me llamaba, mi edad. No vi problema en contestarles sonriente, luego me preguntaron si ya tenía tiempo trabajando como edecán ahí en el billar; les dije que era mi primera semana y que estaría otra semana más. Me dijeron que entonces vendrían toda la próxima semana a jugar aquí para conocerme mejor y para que les siguiera atendiendo. Reí y les dije que no había problema. De nuevo me retire y fui a otras mesas para promocionar y atender a quienes bebían la cerveza que promocionaba. Todos los hombres volteaban a verme, de pies a cabeza, y yo me sentía realmente contenta de que me voltearan a ver. Pasaron las horas hasta que llegó la hora de irme, ya pasaban de las 2 de la mañana, y estaba contenta por las miradas que había recibido y la buena propina que habíamos tenido. Las meseras hacían bromas de cómo me miraban los tipos, a lo que reímos. Entre a cambiarme de ropa y me puse unos jeans y una blusa blanca. Me despedí y me retire para mi casa.

    Volví el siguiente miércoles y efectivamente, estaban estos 3 hombres que habían dicho que irían al billar solo para verme. Los volví a atender y me saludaron cordialmente, me dijeron de nuevo que hermosa me veía y que si los iba a atender de nuevo. Les conteste que solo si pedían la cerveza que estaba promocionando. Rieron y le pidieron a una mesera de nuevo una cubeta de esa cerveza. Una vez que la pidieron me retire para seguir atendiendo a otras personas. Sus miradas se clavaban en la parte trasera de mi cuerpo, al igual que varios hombres que estaban ahí jugando. Cada vez que iba con estos 3 hombres me sacaban plática, por lo que duraba unos 2 minutos platicando con ellos, hasta que me retiraba a seguir con mi trabajo. Pues bien, todo esto siguió pasando jueves y viernes hasta que el sábado solo vi a uno de ellos, Manuel, con otro tipo que no había visto.

    Cuando llegue con él me presento a su amigo, se llama Gabriel, de unos 40 años, muy atractivo. No pregunte por los demás, solo pidieron una cubeta de cerveza. Me despedí y empecé a atender a los demás. Debo mencionar que ese día por la tarde iba a llegar ya mi novio Antonio de sus vacaciones, por lo que estaba contenta de volverlo a ver. Me había hablado en la mañana y quedo en pasar por mí a la hora de mi salida, por lo que ese día no lleve mi carro. Estaba atendiendo a las personas, deseosa de que pasara el tiempo rápido para ver a mi novio otra vez. Las miradas de los hombres seguían viéndome todo el cuerpo. A veces para provocarlos un poco más, al atenderlos, me apoyaba de manos sobre la mesa del billar, empinándome un poco hacia delante, para que los demás vieran la parte trasera de mi cuerpo. Escuchaba unos chiflidos muy bajos a mi espalda, y me gustaba. Manuel y su otro amigo me sacaban platica y me pedían si les podía llevar otra cubeta, contenta les decía que si, pues era mas comisión para mi. Pasaron las horas entre atender a los clientes y de recibir piropos y algunos silbidos hasta que llego mi hora de salida. Me fui a cambiar y me puse una minifalda de mezclilla, que llegaba poco mas arriba de medio muslo, y una blusa roja, sin tirantes, y un escote que dejaba ver el nacimiento de mis pechos. Encima me puse una chamarra también de mezclilla, y debajo solo tanga de hilo dental.

    Salí y me despedí de todos, pues fue mi último día de trabajo; todos me agradecieron y me desearon suerte. Agradecí y les desee lo mismo. Y salí a la puerta a esperar a mi novio. Pasaron unos 2 minutos cuando sonó mi celular. Era Antonio: se notaba un poco tomado y me dijo que no iba a poder recogerme, pues una familia le había organizado una cena, pero no le creí, pues se escuchaba a unos amigos suyos cantando, a los que reconocí por sus voces, y también escuchaba voces de mujeres. Le dije molesta que como era posible que me dejara aquí por una fiesta, me dijo que lo lamentaba pero que no pudo negarse. Le conteste que si solo estaba festejando o estaba haciendo algo más con las chicas; tartamudeo y dijo que no, solo bailar y divirtiéndose. La verdad me dio coraje que me hubiera dejado plantada por una fiesta con otras chicas, así que corte la llamada y lo apague. Cerré los ojos para que se me pasara el coraje, para después ya encaminarme a un sitio de taxis que estaba a dos cuadras de ahí. Empecé a caminar cuando escucho pasos fuertes a mis espaldas. Volteo y era Manuel.

    Manuel: ¿A dónde vas preciosa?

    Yo: A tomar un taxi, me dejaron plantada y pues voy a mi casa.

    Manuel: Si quieres nosotros te podemos llevar.

    Yo: ¿Nosotros?

    Manuel: Si, mira Oscar y Ernesto no vinieron porque tenían compromiso, pero ya vinieron por mí. Somos primos y con gusto te podemos llevar. Vine con un amigo, el que te presente, pero ya se fue.

    Mire a sus espaldas y efectivamente, estaban ahí sus 2 primos esperándonos en su carro, muy lujoso por cierto.

    Manuel: Además ya nos conoces, no somos unos desconocidos para ti ¿o si?

    Estaba un poco molesta por lo de Antonio que creo que eso hizo querer desquitarme un poco, así que acepte.

    Yo: Cierto, los conozco poco.

    Manuel: Ahí esta, ven con nosotros, así nos conocemos mas y platicamos un rato para alegrarte, porque parece que no estas muy contenta ¿verdad?

    Parecía adivino, pero era verdad. Estaba molesta, y supuse que un rato de plática no me caería mal.

    Yo: Muy bien, tienes razón. La noche es joven. Un poco de plática y de copas no es malo.

    Manuel sonrió al escuchar que aceptaba y tomándome de hombro nos dirigimos al auto, subiéndonos ambos nos subimos en la parte trasera del carro y arrancamos. Durante el camino íbamos platicando, mientras los 3, de vez en cuando, miraban mis piernas, las cuales traía cruzadas, pero no me importaba que me las vieran. Manuel aprovecho para preguntarme quien me había dejado plantada; mientras le contestaba vi de reojo que los otros 2 se decían algo en voz baja. Luego Oscar se dirigió a mí.

    Oscar: Oye nena, ¿no te gustaría ir un rato a nuestro departamento?, la noche aun es joven y es sábado, así que podemos tomar unas copitas y platicar.

    Yo: ¿Ahorita? –me sorprendió su propuesta.

    Ernesto: Si, además nosotros andamos aquí de negocios, somos de otra ciudad y nos vamos mañana en la tarde, por eso queremos conocerte más, ¿Qué dices?

    Yo: Mmm, bueno, esta bien. Tienen razón, la noche es joven, unas copas no hacen mal a nadie.

    Cambiaron de rumbo y nos dirigimos a su departamento, que se encontraba en el centro de la ciudad. Llegamos y bajamos para dirigirnos a los elevadores. Ahí los 4 platicando y ellos mirándome de pies a cabeza.

    Oscar: ¿Sabes? Con tu uniforme te ves hermosa, pero así vestida te ves mejor.

    Yo: ¿Ah si?

    Oscar: Si, así te ves mas sensual. Y sin que te molestes, pero con esa minifalda podemos ver que tus piernas son muy hermosas.

    Yo: ¿Si?, ¿les gustan? –pregunte coqueta dándome una vuelta.

    Los tres: Sii.

    Reímos. Salimos del elevador y nos dirigimos a su departamento. Era un departamento muy lujoso y grande, que estaba en el último piso del edificio, con una vista hermosa hacia la ciudad. Me senté en la sala mientras Oscar me preguntaba que quería tomar. Le pedí un vaso de toronja con tequila. Fue a la cocina a preparar mi trago junto con Ernesto, mientras Manuel se sentaba a mi lado derecho, sonriéndome y sacándome plática. A los pocos segundos llega Oscar con mi bebida y también con la suya, al igual que Ernesto. Los 4 platicando un rato sobre cada uno, hasta que Oscar se levanto y puso música en su aparato modular. Era música de reggaetón. Se sentó de nuevo y seguimos platicando. Con la música me movía levemente mientras platicábamos.

    Ernesto: Se nota que te gusta el reggaetón pequeña.

    Yo: Si, me gusta.

    Oscar: ¿Por qué no nos muestras como se baila?

    Yo: ¿Yo?

    Manuel: Si, bebe, vamos –dijo poniendo su mano izquierda en mi rodilla derecha, animándome- anda que no sabemos como se baila.

    Los tres empezaron a aplaudirme, animándome a bailar, hasta que lo lograron. Me pare sobre una mesita de madera que estaba en el frente a la sala y empecé a bailar. Hacia movimientos sensuales y algo eróticos, quitándome la chamarra de mezclilla. Por mi mente pasaba que si Antonio se divertía en su fiesta, yo también podría hacerlo en nuestra pequeña fiesta privada.

    Los 3 me miraban con los ojos abiertos, aplaudiéndome y gritando cosas como «wow que sexy», «que bien te ves», etc. Movía mis caderas lo mas sensual, hincándome levemente y siguiendo bailando, hasta que acabo la canción. Los 3 me aplaudieron y de nuevo me senté donde estaba. Me dijeron que bailaba muy sexy y que me veía de maravilla. Agradecí sus comentarios. Unos segundos después Oscar y Ernesto se fueron de nuevo a la cocina, quedando en la sala solo Manuel, sentado a mi lado derecho, y yo. Empezó a decirme que había bailado muy bien y que he de traer a muchos hombres tras de mi. Le dije que no sabía, que no me fijaba en eso.

    Se acerco más a mí y puse su mano derecha en mi rodilla derecha, pues tenía esa pierna sobre mi pierna izquierda. La comenzó a acariciar, haciendo que me riera de nervios. Él sonrió y comenzó a subir su mano por mi muslo, acariciándolo maravillosamente. Sorprendida cerré los ojos y deje que lo hiciera. Y no le era difícil, pues entada hacia que mi minifalda se subiera bastante, mostrando casi en su totalidad mis piernas.

    Yo: Manuel, mira, yo…

    Manuel: ¿no te gusta como se siente? -me interrumpe.

    Yo: si, pero…

    Manuel: entonces déjate llevar.

    Manuel se acerca y lleva sus labios a los míos, besándome con ternura y pasión. Mi mente me dice que no, pero mi cuerpo me grita que continué. Correspondo su beso, tomándolo de la cabeza. Su mano sigue en mi muslo, metiéndola apenas debajo de mi ajustada minifalda. Su lengua acaricia mis labios, mi lengua, para chuparla suavemente. Me dejo llevar por ese momento varios segundos; sus besos y sus caricias pueden más que mi mente. Abro mis ojos y veo a Oscar sentado en la mesa de centro, frente a nosotros, y a Ernesto sentado a mi lado izquierdo, quienes me miran sonriendo y yo les correspondo con una leve sonrisa, mientras Manuel besa parte de mi cuello ahora. Por el beso no sentí cuando habían llegado. Ahora es Ernesto quien me toma del rostro y me acerca al suyo para besarme. Este beso es mas apasionado, con su lengua dentro de mi boca tratando de llegar lo mas dentro, mientras ahora con su mano Manuel acaricia mi pecho derecho, masajeándolo suavemente sobre el escote, y Oscar con sus manos en mis muslos, baja mi pierna derecha y la junta con la izquierda, para acariciarme los costados de mis muslos. Sus manos se meten por debajo de mi minifalda, mientras Ernesto sigue devorando el interior de mi boca con su lengua. Tal vez por la bebida y lo molesta que estaba con Antonio permití que esto pasara, y la verdad me estaba gustando, pues era mi primera experiencia de este tipo. Después de unos segundos, ahora es Oscar quien toma su turno; sin dejar de acariciarme los muslos se cerca y me besa, abrazándome a él de su cabeza. Ahora la mano izquierda de Ernesto se une a la de Manuel y me acaricia el otro seno, bajándome los dos mi escote y quedando mis pechos al aire; los siguen acariciando y pellizcan mis pezones, jalándolos y retorciéndolos suavemente, poniéndomelos muy duros y erectos. Me hacen gemir suavemente y ahora yo soy quien le chupa la lengua a Oscar, quien parece que se enciende con eso y tomando mi minifalda con sus manos, la jala hacia las rodillas.

    Luego Oscar se endereza y termina de jalarme la minifalda junto con mi tanga hasta los pies, levantándolos para quitarme las prendas, mientras que Oscar y Ernesto toman mi blusita de la parte baja y me la levantan, levantando también mis brazos, para quitármela. Pero antes de que me la quiten de mi mano izquierda, Ernesto toma mis manos y me las amarra con mi blusita, quedando con mis manos atadas en mi espalda.

    Ernesto: ¿te gusta sentirte así, sometida?

    Yo: si… -pude decir en voz baja y ya bastante excitada por el momento.

    Manuel: Relájate, no te vamos hacer daño, solo vamos hacer que disfrutes, y nosotros te vamos a disfrutar.

    Con mis manos atadas en la espalda, Oscar toma mis caderas y las jala, haciendo que queden sobre la orilla de la sala, mientras quedo recostada sobre el respaldo. Oscar abre mis piernas y lame y besa la parte interna de mis muslos, mirando mi sexo con los ojos abiertos.

    Oscar: Mmm, que linda mocosita, depiladita. Así disfrutaras más.

    Los otros 2 ríen por ese comentario, mientras miro a Oscar acercar su rostro a mi sexo, deseando que empezara a comérselo. No tarda en hacerlo: poniendo sus manos en mis muslos, las abre y acerca sus labios a mi sexo y comienza a lamerlo, sobretodo mi vulva y mi clítoris, acompañado de succiones y besos. Por su parte, Manuel y Ernesto se agachan hacia a mi y comienza a chupar y lamer mis pechos, Manuel el derecho y Ernesto el izquierdo. Sus lenguas comienzan a lamer mis pezones, que muy duros y excitados disfrutan de esas lenguas, de sus caricias, Mi cuerpo comienza a excitarse. De mi boca comienzan a salir gemidos, sintiendo mis pezones en sus bocas y mi clítoris en la boca de Oscar, quien se daba gusto lamiendo rápidamente mi clítoris, chupándolo y jalándolo levemente con sus labios, para después soltarlo y darle varias lamidas, metiéndome ahora 2 dedos de su mano derecha en mi vagina, penetrándome rápida y suavemente, sin deja de lamer y chupar mi clítoris. Manuel y Ernesto parecen excitarse con mis gemidos, pues ahora ambos comienza a chupar, pero sobretodo, a morder mas fuerte mis pezones, haciéndome gemir y arquear mi espalda, sintiendo mis pezones ser succionados con mas fuerza por sus labios.

    Yo- ah… ayy… duele… ahhhh…

    Manuel: aguanta pequeña, veras que lo empezaras a disfrutar.

    Yo: ok…

    No se como, pero el dolor fue desapareciendo; ahora aunque me succionaban los pezones mas fuerte, me estaba excitando el dolor, mientras Oscar seguía lamiendo mi clítoris y sus dedos penetrándome mas fuerte, haciendo levantar un poco mis piernas, sintiendo la lengua de Oscar saciarse de mi clítoris, al cual también chupaba. Mi espalda también se arqueaba del placer que estaba recibiendo. Una mano de Manuel acariciaba mi vientre, mientras que una de Ernesto toma el pecho que me lamía y lo estruje suavemente.

    Yo: ahhh…

    Ernesto: ya te esta gustando ¿verdad putita?

    Yo: ahhh… si…

    Manuel: así putita… sigue gozando…

    Sus palabras me calentaban mas, mi cuerpo se estremecía con eso y con lo que me estaba haciendo Oscar en mi sexo: su lengua chupaba con fuerza mi clítoris, para darle varias lamidas, y sus dedos entraban hasta el fondo de mi sexo, causándome un gran placer. Sentía mis pezones ya muy duros e hinchados, por ser lamidos y mordidos varios minutos por dos bocas que se deleitaban con su dureza y con su sensibilidad, dándome un placer inigualable. También el hecho de estar atada de manos en mi espalda me hacia sentir sometida e indefensa, y eso me estaba causando un gran placer, desconocido para mi hasta ese momento.

    Ya después, Oscar se para y se empieza a desvestir, mientras Manuel y Ernesto me enderezan y me desatan las manos. Una vez que Oscar se desnuda por completo me toma de las manos y hace que me hinque frente a él. Manuel y Ernesto también comienzan a desvestirse. Mientras empiezo a chuparle a Oscar su pene, el cual ya esta muy parado y grande. Lo tomo con mi mano derecha y me lo meto a mi boca, chupándoselo y lamiéndoselo dentro de mi boca varias veces. Ya cuando están los 3 totalmente desnudos, Manuel se acuesta sobre el suelo boca arriba detrás de mí, metiendo su cabeza entre mis piernas, las cuales tengo separadas, y comienza a lamer y chupar mi sexo, en especial mi clítoris y vulva. Ernesto se para al lado izquierdo de Oscar y con mi otra mano comienzo a masturbar su erecto pene, mientras sigo chupando y lamiendo el pene de Oscar. Chupo y mamo con gran deseo su pene mientras mi mano masturba con rapidez y fuerza el pene de Ernesto, y por su parte, Manuel devora mi clítoris con lamidas y tremendas succiones que me hacen estremecer y gimo mientras hago sexo oral. Oscar gime cuando meto todo su pene dentro de mi boca y se lo succiono con fuerza varias veces, haciendo que doble un poco sus piernas, mientras Ernesto suspira y sonríe por la masturbada que le estoy dando. Oscar comienza hacer movimientos con sus caderas levemente, penetrando mi boca con pene, sintiendo que llega hasta mi garganta, haciéndome atragantar en ocasiones. Segundos después cambio de pene: comienzo a chupar y lamer el pene de Ernesto mientras ahora masturbo con mi mano derecha el pene de Oscar, haciéndolo gemir. Ernesto con sus manos me toma de la cabeza para marcar los movimientos de mi cabeza en su miembro. Manuel sigue succionando y lamiendo mi vulva y clítoris y con sus manos, me toma las nalgas y me las acaricia con fuerza. El pene de Ernesto llega a tocar mi garganta, haciéndome toser algunas veces sin sacarme su pene. Mi mano derecha masturba el pene de Oscar y con mi dedo pulgar le acaricio la punta, haciendo que gima fuerte. Muevo levemente mis caderas, restregando así mi sexo contra el rostro de Manuel, quien sigue dándome un gran placer gracias a las maravillas que me hace con su lengua en mi clítoris, dándome también varias succiones.

    Ernesto: Ay niñita… ahhh… se ve que tienes experiencia…

    Oscar: Dímelo a mi… si que sabe hacerlo bastante bien… esta putita… ahh…

    Rio antes sus comentarios sin dejar de hacer mi trabajo durante varios minutos mas, en los que Manuel ahora metía su lengua dentro de mi vagina y sentía como me acariciaba con ella cada rincón interno, haciéndome sobresaltar y arrancándome mas gemidos, que se ahogaban en mis estimulaciones orales.

    Unos minutos después, entre Ernesto Y Oscar me paran y me ponen en cuatro patas sobre la mesa de centro. Manuel se levanta y se para justo frente a mí, quedando su pene bien parado a escasos centímetros de mi rostro. Sin pensarlo más lo tomo con mis labios y me lo meto a la boca, sin usar mis manos. Comienzo a mover mi cabeza para succionarlo y a la vez chupárselo varias veces, mientras que de reojo veo que Oscar y Ernesto sacan de sus carteras condones y comienzan a ponérselos. De nuevo me concentro en Manuel y ahora saco su pene de mi boca y se lo lamo por detrás, desde la base hasta la punta, la cual lamo varias veces, haciéndolo gemir. En ese momento Ernesto se para detrás de mi y comienza acerca su pene a mi trasero, hasta que empieza a penetrarme por la vagina, haciéndome gemir, pero Manuel no deja que gima tanto y toma mi cabeza y la dirige a su pene, haciendo que me lo meta todo. De nuevo comienzo hacer movimientos con mi cabeza para chupárselo, mientras mi cuerpo comienza a sacudirse suavemente por la penetración que me da Ernesto, quien me toma de mis caderas. Todo su pene entra y sale de mi vagina rápidamente, lo que me causa un rico placer. Por su parte, Oscar, quien aun no se pone su condón, acerca su pene a mi rostro, y con la punta, me acaricia el lado derecho de mi rostro, mojándome con una mezcla de su semen y de mi saliva, mientras sigo haciendo gemir a Manuel con mis lamidas y chupadas.

    Manuel: ahh… tenían razón… que rico mamas pequeña….

    Oscar: Te dijimos que así era.

    Ernesto ríe entre gemidos ante esos comentarios mientras acelera más sus penetraciones, haciendo que mi cuerpo se estremezca más y que mi espalda se arquee, mientras continuo firmemente en mi posición de 4 varios minutos mas.

    Ahora me toman y me voltean boca arriba sobre la misma mesita. Ahora es Oscar quien se pone el condón y se acomoda para penetrarme, mientras Ernesto es quien se acera a mí y, flexionando un poco sus piernas, pone su pene encima de mi rostro. Lo toma con su mano para bajarlo hacia mi boca. Lo atrapo con mis labios y Ernesto comienza a hacer movimientos, penetrándome la boca con su pene, mientras Manuel se hinca de mi lado izquierdo y se agacha hacia mi, para de nuevo lamer y chupar ya mis duros y erectos pezones, como niño hambriento, succionándolos con mucho deseo. Oscar toma mis piernas y las levanta, quedando los talones de mis pies en su torso. Comienza poco a poco a darme con fuerza en mi vagina, sintiendo que me lo abre con su enorme pene gracias a las fuertes embestidas que me da. Gimo con el pene de Ernesto en mi boca, quien empuja mas y me lo me todo, sintiendo esta vez que la punta si llega a meterse mas en mi garganta. Me atraganto un poco y Ernesto saca un poco su pene, para que le lame la cabeza, lo cual hago varias veces, haciéndolo gemir. Con mi mano derecha tomo a Ernesto de su cintura y con la otra tomo la cabeza de Manuel, quien sigue como bebe chupando y lamiendo mis pezones con gran deseo, mientras mi cuerpo empieza a arquearse y a estremecerse por todo el placer que empiezo a sentir. Oscar gime con más fuerza y sus penetraciones van en aumento, haciendo que mi cuerpo se sacuda con fuerza gracias a sus penetraciones. Ernesto gime cada vez más mientras todo su pene esta dentro de mi boca, recibiendo mis chupadas y succiones que le doy moviendo mi cabeza varias veces. Los dientes de Manuel toman mis pezones y los jala, para soltarlos y volverlos a succionar. Oscar dice que se ven bien así mis pezones y continua penetrándome con mas rapidez y fuerza, gimiendo fuerte.

    Varios segundos después, ellos se acomodan, levantándome de la mesa. Manuel se acuesta boca arriba sobre la sala, poniéndose un condón, y hacen que me monte sobre él, de frente. Su pene entra con facilidad en mi vagina, arrancándome un fuerte y agudo gemido, dejándome caer sobre él. Ahí Ernesto se acomoda detrás de mí y acerca su pene a mi ano, no si antes mojarse sus dedos con su saliva y acariciármelo, lubricándomelo bastante y metiéndome un dedo ahí, lo que me hace gemir de nuevo. Ya después, ahora si acerca su pene a mi ano y poco a poco comienza a meterlo, con lentitud, abriéndose paso por mi conducto anal. Levanto mi cabeza de placer y gimo, aprovechando esto Ernesto para lamer y besar mi pecho y mi cuello. Bastan unos cuantos segundos para que Oscar logre penetrarme el ano con la mayor parte de su pene. Ahora comienza hacer movimientos suaves, para irlo metiendo más, haciéndome gemir más. Una vez que logra meterlo, ahora si comienza a penetrarme, lenta y suavemente. Ernesto también empieza a moverse, penetrándome de igual forma mi vagina y dándome un rico placer. Un fuerte calor invade mi cuerpo, al sentir doblemente penetrada al mismo tiempo, gimiendo con intensidad, mientras Oscar se para junto a mi, por mi lado izquierdo, y acerca de nuevo su pene a mi, quitándose el condón. Lo pone en mi boca y entre gemidos, logro tomárselo y comienzo lamerlo, todo lo que pueda, varias veces, hasta meterme la mitad en la boca y chupárselo con fuerza, desahogando con ello el placer tan fuerte que me hacen sentir los otros primos. Manuel con sus manos toma mis pechos y los aprieta con fuerza mientras sigue penetrándome por la vagina; Ernesto con sus manos me toma las nalgas y las abre lo mas que pueda a la vez que su pene comienza a penetrarme con mas facilidad mi ano, y eso me esta causando un placer muy fuerte. Mis gemidos son fuertes pero se ahogan con las chupadas que le doy al pene de Oscar, que son fuertes, haciéndolo gemir mientras con su mano derecha me toma del cabello y lo recoge, haciéndome una coleta y a la vez, presionando mi cabeza con él.

    Oscar: Asi… asi putita… ahhh… si que lo haces bien. Bien que te esta gustando esto… ¿verdad?

    Contesto afirmativamente haciendo un sonido en mi boca.

    Oscar: Lo sabía… que lindura de chica… ahhh…

    Sus palabras me hacían encender mas, y supongo que a sus primos también, pues aceleran mas sus penetraciones, haciendo que mi cuerpo se estremezca y se sacuda de placer y Oscar aumente sus movimientos de cadera, penetrándome hasta el fondo de mi boca con su pene, que aunque me atragante, no deja de penetrarme, haciéndome también toser un poco. Ya siento mi ano completamente abierto y caliente por las fuertes penetraciones de Ernesto, y mi vagina ya húmeda de mis jugos que salen por la excelente penetración de Manuel.

    Minutos después, de nuevo se acomodan y otra vez me ponen de 4 patas sobre la mesa, colocándose ellos a mí alrededor. Manuel se pone detrás de mi y coloca su pene en mi ano, que ya esta muy abierto. Lo mete con un poco de fuerza, haciéndome gemir de nuevo y empieza a penetrarme, mientras Ernesto se acomoda frente a mi quitándose su condón y acercando de nuevo su pene a mi boca, mientras Manuel toma mis manos y me las jala hacia tras, quedando solamente hincada con mis rodillas y el resto de mi cuerpo elevado sobre la mesita.

    Ernesto: Vamos nena, chúpamelo de nuevo, me encanta como lo haces.

    Toma su pene con su mano y lo acerca a mi boca, la cual abro para que lo meta, y de nuevo comienza a mover sus caderas, penetrándome la boca, mientras Oscar mete por debajo de mi cuerpo su cabeza y ahora es él quien comienza a chupar mis pechos, entreteniéndose con mis pezones. El pene de Ernesto entra y sale de mi boca, y yo solo chupo y lamo lo que puedo, haciendo ruidos con mi boca cuando lo hago debido a sus movimientos. Manuel me penetra con fuerza y rapidez mi ano, haciendo que mi cuerpo se sacuda con sus embestidas y arrancándome gemidos, que se cortan con mis atragantadas que me ocasiona le pene de Ernesto dentro de mi boca. También gimo al sentir los dientes de Oscar apoderarse de mis pezones y jalarlos con fuerza, varias veces, para después chuparlos y succionarlos con fuerza.

    Ernesto: Ah si… que rico… es la mejor mamada de mi vida… ahh… ahhh… -dice entre fuertes gemidos.

    Continúo chupándole su pene entre gemidos, mientras Manuel ya también comienza a gemir fuerte. Oscar saca su cabeza debajo de mi cuerpo y se para, comenzando a masturbarse con fuerza, viendo lo que los otros 2 me están haciendo. Ya los 3 comienzan a gemir con más fuerza al pasar los segundos, al igual que yo, y mi cuerpo retorciéndose y estremeciéndose más y más.

    Hasta que se separan de mi y hacen que me hinque en el suelo, poniéndose Oscar frente a mi y a su lado derecho Manuel y a la izquierda Ernesto. Comienzan a masturbarse con fuerza, gimiendo.

    Oscar: ¿quieres… Que te bañemos… con nuestro semen putita…??

    Yo: aja… -contesto cerrando los ojos y entra abriendo mi boca.

    Manuel: wow, si que eres una putita…

    Ernesto: Ahh… si que lo es…

    Comienzan a gemir más hasta que Manuel grita un poco y sale un chorro de semen de su pene, salpicándome toda la cara. Le siguió casi seguido Oscar, quien también salpica mi cara y parte de su semen entra a mi boca. Ernesto es el ultimo en eyacular, quien mas bien salpica mi pecho, mojándome mis pechos. Los tres gimen fuerte cuando se vacían frente a mí, y sonríen entre gemidos al verme bañada, con su semen, mientras les sonrió gimiendo levemente por sentir su semen en mi y con mis manos me limpio la cara y el pecho de su semen y me lo llevo a mi boca, tragándome todo lo que pueda.

    Oscar: vaya que te gusta la leche ¿verdad Larissa?

    Yo: si, mucho… me fascina. –contesto mientras sigo limpiándome y tragándome su semen.

    Manuel: ahh… Wow… que maravillosa eres.

    Ernesto: Así es brothers, esta chica es fantástica.

    Los miro sonriendo mientras sigo tragándome el poco semen que queda sobre mí. Ya después me levanto y me comienzo a vestir mientras ellos solo se ponen sus boxers y pantalones y se sientan en la sala, excepto Manuel, quien me ayuda a vestirme.

    Yo: Ok chicos, gracias por esta fiesta -digo al terminar de vestirme.

    Ernesto: ¿te gusto?

    Yo: claro, ¿por qué no habría de gustarme?

    Oscar: pues no se, yo creo que nos divertimos mucho contigo.

    Yo: Si, lo note toda la noche.

    Reímos los 3 mientras Manuel se preparaba para llevarme a casa. Le dije que no, que me iba en taxi. Insistió en llevarme pero igual yo también insistí en irme en taxi, hasta que le gane, mientras los demás se reían. Llamo a un sitio de taxis para que me pasen por. Pasaron unos cuantos minutos hasta que llego el taxi por mí, el cual vi por la ventana del departamento. Me despedí de ellos y les desee buen viaje de regreso a su ciudad, me dieron las gracias. Nos despedimos de un besito en los labios y salí para el elevador. Ya en el elevador me sentía contenta, pues me la había pasado bien y si Antonio estaba con otras chicas ¿Por qué yo no puedo estar con otros chicos? Salí del elevador y me dirigí al taxi. El taxista era un hombre de unos 30, quien al verme vestida como iba (minifalda y chamarra de mezclilla y blusa roja sin tirantes y generoso escote) me mira con los ojos abiertos y me sonríe. Yo solo le sonrió y cruzo inocentemente mis piernas, las cuales puede ver por el retrovisor. Todo el camino no habló el taxista, solo me decía por el retrovisor, y yo me dejaba ver. Llegamos a mi casa y al acercarme para pagarle note que tenia su mano en su pene; todo el camino fue tocándose mientras me veía. Le pregunte cuanto era, me dijo que era cortesía de la casa, que ya con mi presencia estaba saldado el viaje. Le di las gracias y ya me metí a mi casa hasta que él se fue.

    Espero les haya gustado mi relato. Hasta la próxima, Ciao, comentarios a [email protected], buen lunes besitos.

  • Mi primo, el doctor

    Mi primo, el doctor

    Me llamo Dan. Tengo 24 años. Soy un joven delgado, de 63 kg, un poco marcado por algo de ejercicio que practico muy de vez en cuando. Soy bajito, mido 1.64, de piel blanca y cabello oscuro. Tengo unos ojos que derriten a cualquiera y un culo que saca miradas hasta de los más hetero. Y pues esta historia sucedió cuando tenía 21.

    Esto pasó en una ocasión que todos en casa se fueron a trabajar muy temprano, como de costumbre. Yo iba a la universidad, pero desperté un poco enfermo y mis papás accedieron a que me quedara en casa a descansar.

    A media mañana, mis papás me llamaron por teléfono para saber cómo seguía, pero yo estaba dormido y no escuché la llamada. Por lo que le pidieron a mi primo Alfredo si podía ir a la casa para revisar si estaba bien.

    Alfredo acaba de graduarse como médico y trabaja en una clínica muy cerca de mi casa, caminando son como cinco minutos. Es un chico súper apuesto, varonil, alto, bastante musculoso ya que tiene tiempo acudiendo casi diario al gym, toda la vida ha traído miles de chicas a sus pies, y como siempre nos la hemos llevado muy bien por la fuerte convivencia familiar, él siempre me platica de sus conquistas. Aunque es seis años más grande que yo, somos muy cercanos y hay mucha confianza. Desde que entró a trabajar a la clínica, mis papás le dieron llaves de nuestra casa para que pueda llegar cuando se le ofrezca, y así lo hace de vez en cuando.

    Al recibir la llamada de mis papás, Alfredo accedió casi de inmediato, pues en ese momento estaba desocupado. Así que llegó muy rápido a la casa. Entró y me habló con voz fuerte pero yo seguía profundamente dormido y no escuché nada. Así que se dirigió a mi habitación y al entrar pudo verme dormido en la cama, se acercó para tratar de despertarme, y con una de sus manos tocó mi frente para saber si tenía fiebre o algo, y con la otra me movió un poco mientras me dijo muy suave: “primito, estás bien?”. La sensación de sus manos hizo que despertara y me sorprendiera de verlo.

    La verdad me impresionó verlo, y a la vez me excitó un poco que estuviera en mi recámara vestido como médico, se veía muy sexy y quise fantasear un poco para ver hasta dónde podía llegar. En realidad yo ya me sentía bien, pero fingí un dolor de espalda que me estaba atormentando y le expliqué a Alfredo que eso era lo que me pasaba.

    Mi primo tomó en serio su papel de médico, y dijo que me iba revisar. Por la confianza que nos tenemos, quitó la sábana que estaba sobre mí y pude notar como sus ojos se sobresaltaron viendo que estaba solo con un bóxer pequeñito color morado que resaltaba en mi piel blanca y en mis nalgas redonditas y paradas. Pasó un poco de saliva en su boca, y procedió a revisarme. Ese gesto hizo que yo me diera cuenta que podría conseguir algo más. Siempre le había tenido ganas, él sabía que yo era gay, pero nunca pensé que pudiera darse algo.

    Comenzó a tocar un poco mi espalda preguntándome por el dolor. Sus manos tocándome hicieron que mi cuerpo sintiera como electricidad que me recorría. Yo solo le indicaba que sí me dolía y que era un poco más abajo hasta que fue llegando a mis glúteos. Mi primo se sonrió un poco cuando le dije que era un poco más abajo. Y me contestó: “estás seguro que aquí te duele primito?” Y su sonrisa pícara me excito todavía más. Yo solo le respondí casi gimiendo que sí. Y que mejor que alguien como él, para que me revisara por completo.

    Increíblemente Alfredo decidió ir bajando poco a poco mis boxers para descubrir mis nalgas completamente lampiñas y me dijo: “Pues yo no veo ningún problema primito, al contrario se ven muy bien ee. Y me dio una nalgada”. Al momento los dos reímos un poco y me dio otra nalgada más fuerte. “No seas flojo y mejor vete a clases que no está bien que faltes así nada más a la escuela” me dijo con una voz entre regaño y cachondeo.

    El ambiente era ya un poco tenso. Mi primo vestido como médico, estaba sentado en mi cama, nalgueándome y yo casi desnudo. Pero no podía dejar pasar la oportunidad y decidí continuar.

    Así que me recosté un poco encima de las piernas de mi primo y levanté un poco más mi culo diciéndole: “Pero que no es labor de un médico revisar bien a su paciente??”. Y mi primo que seguía contemplándome todo mi cuerpo me contestó: “Es que te veo y te puedo decir que estás muy bien primito, no sé cómo nunca lo había notado”. Su respuesta me erizó por completo y di un paso más. “Pues yo sigo sintiendo dolor en mis nalguitas, yo creo que voy a necesitar que las revises más”. Mi primo no contestó nada. Pero dio un fuerte suspiro y comenzó a masajearme las nalgas muy suavemente. Así siguió y poco a poco sus dedos fueron llegando hasta mi ano y siguió masajeando a lo que yo respondía con ligeros gemidos. Después respiró fuerte y me preguntó si le daba permiso de hacerme una revisión más profunda, yo solo le respondí: “por favor doctor, revíseme todo”.

    Para mi sorpresa, mi primo me movió al centro de la cama, me dejó acostado boca abajo, y de inmediato se acercó a mi culo lamiéndolo por completo y dándome unas fuertes lengüetadas hasta llegar a mi ano. Yo me sentía en éxtasis. El placer era inmenso.

    Yo gemía y gemía de placer. Mi primo seguía lamiendo y decía “que rico culito tienes primo”.

    De pronto se levanta y no dijo nada. Pensé que había pasado todo y que ya se marcharía y me enderezo un poco de la cama y volteo a verlo diciéndole: “oye no me vayas a dejar así Alfredo”. Y en eso lo veo quitándose la camisa frente a mí, dejando ver unos pectorales hermosos y un abdomen súper marcado, y con una mirada de lujuria me contesta: “Claro que no, si todavía falta que el doctor te dé una fuerte inyección”…

  • Mi cuerpo grita tu nombre

    Mi cuerpo grita tu nombre

    Sé que está amaneciendo, la luz de la mañana se cuela por la ventana de la habitación de hotel donde tú y yo, por fin y después de mucho tiempo nos hemos hecho el amor, no podré decir que no me lo esperaba, no podré decir que lo soñaba, porque desde el primer bip que hizo mi teléfono, no puedo mentirme, tampoco a mi mente ni a mi cuerpo, no puedo impedir que las sensaciones que salen a borbotones por las fisuras en mi piel hechas por tus mensajes, por tus palabras, me llenen de felicidad, de que soy feliz a tu lado, de que mi sonrisa es imposible de borrar, me he levantado junto a ti, me he incorporado tapando mi cuerpo desnudo con la sabana y solo te he mirado, solo he dibujado tu cuerpo bajo la fina sábana blanca iluminada por el sol y he sonreído, he sonreído hasta volverme a acostar mirando a la ventana, mirando a un futuro incierto, los dos tenemos pareja, los dos queremos y amamos a nuestras parejas, sé que te ha costado mucho tomar esta decisión y sabes que a mí también, pero somos llama y gasolina, un bip nos presentó, dos nos unió, tres nos enamoró, está amaneciendo y el recuerdo de tu olor, de tus caricias esta noche no dejan de repetirse en mi memoria, esta mañana estoy feliz, esta mañana mi cuerpo grita tu nombre.

    Te oigo respirar todavía dormido, quisiera estar en tus sueños y medrosa veo como pasa la mañana, como avanza inexorablemente, me veo reflejada en el cristal de la ventana, la figura de una mujer debajo de las sabanas pide más de ti, con el rostro feliz, con lágrimas en los ojos te tiene presente, te desea y te recuerda que ya, ya conoces mi voz, ya conoces mi cuerpo, mis gestos, el olor de mi piel, el sabor de mis labios, has sentido el interior de mi cuerpo oculto para otros, te miro a través del cristal y te veo dormir, quisiera estar en tu sueño a pesar de estar despierta, sé que en ellos me buscas, muchas veces me has dicho que me harías el amor y esta noche me lo has hecho, esta noche tú has sido la pieza del puzzle que me faltaba, la pieza que encajaba suavemente en mí, tú me has llenado, los dos nos hemos completado, nuestros cuerpos se juntaban en una unión perfecta encajando suavemente el uno sobre el otro, nuestras mentes están en otra parte, en otros lugares a cientos de kilómetros, pero nuestros cuerpos demuestran que nos necesitamos, que somos uno, que estamos hechos para el pecado.

    Necesito de tus caricias, que vuelvas a imaginar mi cuerpo en tu mente y que tus manos me vuelvan a esculpir suavemente, mis senos, mi cadera, mis muslos, que poco a poco me vayas dando forma y de tus labios vida, vida para besarte, para decirte que me ames una vez más antes de que el sol alcance su cenit y nos tengamos que despedir, quiero despertarte, sin embargo, me gusta mirarte, descubro las sabanas para verte una vez más desnudo, ver ese cuerpo que me ha vuelto loca, ver tus labios aunque no escupan palabras de amor, tus ojos cerrados, sin que vea en ellos la pasión con la que me miras, tu piel suave salpicada en alguna zona de vello donde poder enredar mis dedos apoyando mi cabeza en tu pecho, descansando y pensando el momento de volver a ser tuya, ese momento me encanta, me siento segura entre tus brazos, oyendo el latir de tu corazón, sintiendo las caricias de tus dedos en mis brazos, tu aliento al respirar por encima de mi cabeza.

    Algo te ha hecho despertar, quizás los gritos de mi interior, quizás si estaba en tus sueños y me has oído decirte te quiero y al abrir tus ojos me has visto ahí, junto a ti, apoyada con mi antebrazo en la cama mirándote fijamente y mis labios por encima de los tuyos, quizás despertaste porque en algún momento te he besado suavemente rozando nuestros labios, como el de una princesa que besa a su príncipe para salvarle del sueño eterno, quizás ese sea el motivo por el que te has despertado o quizás en sueños, has recordado alguna parte de mi cuerpo que no besaste anoche, que no acariciaste o quizás solo te has despertado porque ya me echabas de menos como yo a ti.

    Sea como fuese, estás conmigo en la vida de los vivos y no en la de los sueños, ahora nuestros labios se unen sin decirnos nada, tan siquiera unos buenos días, ni una palabra sale de nuestro interior, únicamente un beso que parece calentarnos, un beso que nos vuelve a dar vida, un beso eterno que presentan a nuestras lenguas que juguetean como niños, mi mano se desliza sobre tu cuerpo suavemente, la palma de mi mano descubre tu piel que despierta a un nuevo día, mis besos en tu nariz, en tus ojos, en la frente y en los lóbulos de tus orejas te desperezan, quien necesita hablar para decirte te quiero, para decirte lo que quiero, quien necesita de sonidos cuando los gestos lo hacen todo, cuando mis labios descubren tu cuello y tus hombros, cuando mi mano desciende por tu cuerpo desnudo y agarra con dulzura la parte del puzzle tu cuerpo que se desliza llenando y completando mi puzzle, que encaja suavemente en mi cuerpo.

    Aún hay tiempo antes de que desaparezcamos, antes de convertirnos nuevamente en sueños, aún hay tiempo y ese es el consuelo que nos queda cuando me ves incorporarme sentándome como una amazona sobre tu cuerpo, mis muslos te rodean y aprietan, los sientes a ambos lados de ti, notas el calor y la humedad que hay dentro de mí, es el momento cuando vuelves a darle forma a mi cuerpo, dibujándome con la mirada y esculpiéndome con tus manos, noto el calor que desprenden tus dedos en mis senos, los suaves pellizcos en mis pezones que los elevan como dos picos coronando las montañas, ahora sí que nuestras miradas hablan, ahora ni un pestañeo cierra nuestros ojos, mi mano masajeando y elevando poco a poco esa parte de tu cuerpo que entra en el mío, te siento entre mis piernas penetrándome suavemente, descubriendo un mundo húmedo y mojado, un mundo por explorar nuevamente aunque todavía a los dos nos cuesta despertar, todavía no está como el coloso que anoche me hizo gritar y desesperar, yo voy dilatándome poco a poco y todavía solo penetra unos centímetros dentro de mí, ya solo deseo tenerte dentro de mí una vez más, que llegue el momento que llenes el vacío totalmente dilatada con el coloso en que sé, que te conviertes y me hagas perder el control como una loca gritándote y gimiéndote al oído para que no pares, dos puzzles que encajan a la perfección nuevamente, dos fichas que ponemos a prueba su resistencia con el roce incesante en el interior de mi cuerpo acompañadas de caricias y de besos.

    El movimiento de mis caderas hacia delante y hacia atrás son fiel reflejo que ya estoy dilatada, de que tú me llenas por completo, todos los centímetros de mi interior son tuyos, carne sobre carne en un baile sin final, mis gemidos se clavan en tus oídos con mis manos sobre tu pecho apoyándome hacia delante para dejarte que entres y salgas de mí, tus manos en mis caderas ayudándome y guiándome con los movimientos lentos y suaves que nos hacen sentir el placer que ya siempre tendré grabado en mi mente, en mi corazón, las miradas incesantes de pasión con los gestos de placer que desencajan nuestros rostros y con un giro rápido me pones boca abajo, ahora mis piernas rodeando tu cintura elevada, dejándola caer sobre la mía y penetrando con fuerza dentro de mí, empujones fuertes y secos, notando como me llenas por completo, sintiendo como sacas de mi cuerpo los fluidos que envuelven tu miembro varonil, mis manos en tus hombros mirándote fijamente con mi boca abierta, sintiendo cada centímetro de ti al entrar.

    Quiero decirte tantas cosas, quiero que me ames todos los días, todas las mañanas al despertar como hoy, todas las noches como ayer, no quiero que sean sueños, no quiero una distancia entre tú y yo, no quiero que te alejes si no es como ahora para volver a meterte dentro de mí, hacerme lo que me vuelve loca, hacer que mi cuerpo como ahora se despida y me abandone, que vuelves hacerme gritar y temblar, quiero verte encima de mí con el rostro desencajado, gimiendo por el placer de tenerme, de penetrar en lo más íntimo de mí, quiero tantas cosas, pero ahora solo quiero sentirte, quiero que consigas como anoche que me eleves mi espalda, que arquee mi columna apoyando mi cabeza en el colchón cuando de mi boca sale un gemido perdido, un grito de placer alargado en el tiempo, queda poco mi amor porque siento como arde mi cuerpo por dentro, como mis piernas se caen de tu cintura y abierta para ti, recibiéndote una y otra vez me haces gritar tu nombre al oído, sientes como mojo tu miembro con el flujo que sale a chorros de mi cuerpo, cuerpo que se precipita entre escalofríos de placer, entre espasmos involuntarios y cuando mis gemidos unidos a los tuyos envuelven cada rincón de aquella habitación habremos consumado una vez más una traición, deliciosa traición.

    Tu cuerpo reposa sobre el mío, los dos sudorosos y los dos con más ganas de amarnos, en mi interior los fluidos expulsados por ti, nadan junto a los míos contra corriente, todavía llenas mi interior y no parece que quieras salir, los dos seguimos muy excitados, los dos no queremos perder ni un solo momento de los escasos minutos que nos quedan antes de volver a nuestras vidas, siento como vas creciendo nuevamente en mi interior y como una sonrisa se dibuja en mi cara y al mirarte la veo reflejada en ti, todavía ninguno de los dos esa mañana a dicho nada, tan solo gemidos y pequeños gritos, un movimiento de tu cadera hacia delante, penetrándome tanto, hace que un placer inesperado me recorra el cuerpo cuando te oigo decir…

    “¿Preparada?”

    “Preparada”

    El sol entra por la ventana, irradia de calor toda mi habitación, miro a mi lado y no estas, un sueño hecho realidad o solamente un sueño muy real, tengo el recuerdo de todo, del sabor de tu cuerpo y de tu olor, tengo en mi cabeza los sonidos de nuestro amor, unos sonidos tan reales que no sé si ha sido real, imaginado o soñado, en mi cabeza martillea el sonido de las únicas palabras que pronunciaste y que yo vuelvo a contestar en voz alta en la soledad de mi habitación cerrando los ojos con tristeza, pero con esperanza.

    “¿Preparada?”

    “Siempre estaré preparada”

    “Siempre tuya”

  • Descubriendo nuevos y excitantes placeres con mi novia

    Descubriendo nuevos y excitantes placeres con mi novia

    Era viernes, casi el fin de verano, el día que llegaba Adriana, mi novia, de sus largas vacaciones de mes y medio, mismas que perdí por culpa del virus que infectó mi trabajo final y por el cual tuve que tomar el curso intensivo de verano, lo cual provocó los acontecimientos que ya relaté.

    Me decepcioné cuando recibí el llamado de mi novia y me dijo que estaba muy cansada del largo viaje y tenía sueño, por lo que no tuve más remedio que quedarme en el departamento con mi roomie, pero no hubo sexo como tal, ya que estaba en “recuperación”.

    Al otro día, temprano, ya que Pablo se había marchado, hablé con mi novia y le compré unas flores, fui a verla a su casa para poder verla después de tan largo viaje.

    Me recibió efusivamente y me dio un cachondo beso, largo y tierno, nos dijimos lo mucho que nos extrañamos uno al otro, y entré a su casa. Pasó horas relatándome todas las experiencias que había tenido con sus primos, lugares que visitaron, todo lo que había hecho, los días de playa en el Pacífico Mexicano, en fin, todo lo que vivió en sus vacaciones, me trajo algunos recuerdos de Guanajuato y otros de Rincón de Guayabitos, una playera, una taza, un llavero, un mezcal y algunos dulces típicos.

    La invité al cine en la tarde, quería estar sólo con ella, aunque la verdad solo fue para sacar permiso de sus padres, la verdad iríamos a mi departamento y estoy seguro que Adriana también lo deseaba y no mostró sorpresa cuando le di al conductor del taxi la dirección de mi departamento.

    Tan pronto entramos, la abracé por detrás, susurrándole al oído lo mucho que la había extrañado, repegando mi bulto entre sus nalgas, quería que sintiera lo cachondo que estaba, besé su cuello y hombros en lo que la fui desnudando poco a poco, la ropa fue cayendo, nos estorbaba, Adriana llevaba un conjuntito de encaje negro muy sexy, estoy seguro que se lo había puesto para la ocasión.

    Nos dirigimos a mi habitación, tan pronto llegamos la recosté en la cama, y nos fundimos en un ardiente beso.

    – No sabes cuanto te extrañé amor, me hice mil pajas pensando en ti, esperando tu regreso- le dije

    – Yo también te extrañé mucho Ariel, pensaba en ti cada día, extrañaba tus caricias, me encanta como me besas y me haces el amor, espero que sea cierto que me extrañaste y no hayas metido alguna piruja aquí- expresó.

    – Ja, ja, como crees vida, tú sabes que sólo tengo ojos para ti, puedes estar completamente segura que ninguna mujer se ha acostado en esta cama en tu ausencia (lo cual, a pesar de todo, era verdad).

    Se subió encima de mi cuerpo y tomó la iniciativa, me encantaba que lo hiciera, bajó a mis tetillas y las besó suavemente, recorriendo con su lengua mis pezones, mi piel se erizó, no pude contener un ligero gemido, lo cual al parecer le gustó escuchar, ya que empezó a succionar mis pezones con más fuerza en forma alternada, unos chuponcitos breves pero intensos, me estremecí, mis gemidos se hicieron más frecuentes, estuvo un rato jugando con mis tetillas y poco a poco fue descendiendo, sus ardientes labios recorrieron cada milímetro de mi piel hasta llegar a mi vientre y continuó descendiendo, encontró mi ombligo y su lengua traviesa exploró el interior, sentía toda mi piel muy sensible, se me ponía la piel de gallina.

    Pronto llegó a mi paquete, besó el tronco por encima de mi bóxer y mi verga reaccionó a la caricia, se puso más dura todavía y se alzó estirando mi bóxer, formando una notoria carpa, al grado que me dolía de tan dura que estaba, un suspiro salió de mi boca, bajó mi bóxer y mi verga salió disparada, libre al fin, me quitó el bóxer y colaboré alzando la cintura y mis piernas, sus suaves labios se posaron en la punta de mi verga y sentí un cálido beso, mi verga empezó a expulsar sus primeras gotas de precum, abrió su boquita y la cabeza de mi verga desapareció dentro, succionaba suavemente, cerré mis ojos, era riquísimo, definitivamente cada día mamaba más rico la verga, me daba mamadas suaves y profundas mientras me masturbaba, estaba en el cielo, sus manos acariciaron mis huevos y pronto sentí que los alzaba y sus dedos iban más allá, encontrando mi perineo, esa parte que va de los huevos a la raja del culo y es extremadamente sensible, me encantó la caricia, sus dedos continuaron el trayecto hasta que sentí la yema de su dedo índice haciendo círculos en la entrada de mi esfínter, mi hoyito palpitaba y se contraía involuntariamente, su lengua recorrió toda la longitud de mi verga y llegó a mis testículos, me tomó de una pierna y la levantó un poco al tiempo que su lengua se deslizaba por debajo de mis huevos y hallaba el perineo, no puse resistencia, al contrario abrí más las piernas, su lengua siguió avanzando y pronto encontró mi cerrado agujero, no pude evitar apretar las nalgas cuando sentí la punta de su lengua puntear mi orificio, fue como si su lengua descargara una corriente eléctrica que recorrió todo mi cuerpo, mi espalda se arqueó, mi verga palpitaba en la mano de Adriana, continuó punteando mi hoyito y pajeando mi verga, cuando sentí que mi esfínter cedía y se iba abriendo, no paraba de gemir y gruñir, mi cuerpo se retorcía, convulsionaba, sentía un espasmo tras otro, sentía mi culo palpitar y contraerse rítmicamente, estaba a punto de estallar cuando se levantó y buscó en mi cajonera, unos instantes de reposo, que lograron que pudiera concentrarme y evitar la corrida, no quería venirme tan pronto, estaba gozando mucho.

    Sacó de la cajonera el botecito de lubricante, ese que en el último encuentro había amenazado que yo probaría y que había olvidado por el tiempo transcurrido, pero ella no, había llegado la hora, de su amenaza, me puse un tanto ansioso.

    Abrió el botecito de lubricante y sentí que lo aplicaba en medio de mis nalgas, justo en la entrada de mi hoyito, con sus dedos masajeó y esparció el viscoso líquido por el contorno, recorriendo lentamente mis arrugados pliegues, al instante sentí como se iba poniendo más caliente mi orificio, más sensible, regresó a mamar mi verga y la metió hasta su garganta, arrebatándome un gemido de placer, su dedo en mi esfínter presionó con más fuerza, mi agujero se abrió, apreté mis nalgas, tratando de evitar la penetración, era extraño que mi novia me estuviera enterrando la punta de su dedo, solo entró la primera falange.

    – Tranquilo Ariel, no hagas fuerza, relájate y disfruta, sentirás riquísimo- expresó Adriana sacando mi verga de su boca un instante, tratando de tranquilizarme.

    Traté de relajarme como pedía mi novia y aflojé las nalgas, su dedo se hundió más profundo, hasta la mitad, volví a apretar las nalgas, no por dolor, al contrario, me encantaba, pero me daba pena que mi novia me estuviera penetrando con su dedo. Me di cuenta que se había cortado las uñas para evitar lastimarme, había planeado todo con anticipación.

    – ¿Que sientes? – ¿Te gusta?, relájate, no hagas fuerza, sólo disfruta- me aconsejó Adriana.

    – Siento extraño, no sé, algo raro, una sensación extraña recorriendo mi cuerpo- le expresé.

    – Sientes placer, pero no quieres reconocerlo, ¿no es así? – Me cuestionó nuevamente Adriana, lo cual era correcto.

    – Tranquilo, no eres Gay, ja ja, ya me lo has demostrado en incontables ocasiones, si eso es lo que te preocupa. Ja ja, solamente abre tu mente y disfruta

    Nuevamente Adriana tenía razón, me costaba reconocer que estaba disfrutando intensamente, era difícil reconocerlo, algo que debía mantenerse en secreto, o como explicarle a algún conocido que mi novia me volvía loco cuando me tenía ensartado un dedo en mi culo, empujó otro pocos y hundió su dedo en lo más profundo de mi ser, mi cuerpo se tensionó y una oleada de placer recorrió mi cuerpo, de mi boca salió un fuerte gemido, había logrado alcanzar mi próstata.

    Su boca regresó a mi verga, mis piernas se abrieron más, permitiendo libre acceso, me estaba entregando como una puta pensé, su dedo empezó a moverse suavemente, masajeando mi glándula prostática, recorriéndola, un placer tan intenso que ya no pude controlarme más y mi verga se hinchó y exploté en la boca de mi novia, quién rápidamente retiró su boca y mis chorros de leche se estrellaron en su cara, algunos alcanzaron mi pecho, chorros y chorros de leche, mis músculos se movían sin control, espasmos recorrían mis paredes internas apretando el dedo de mi novia, ahorcándolo, la sensación era increíble, veía las estrellas, después de unos segundos de clímax, los espasmos fueron disminuyendo de intensidad, y por fin que mi novia sacó su dedo.

    Quedé tendido en la cama, exhausto, desfallecido, boca arriba, Adriana se levantó y fue a su bolso, sacó un paquete de toallas húmedas, se limpió la cara, que estaba chorreando leche y limpió los restos de semen que escurrían por mi verga, mis huevos, mi pecho y mi vientre.

    Se acurrucó junto a mí y le cuestioné sobre cómo había aprendido esos nuevos juegos.

    – Fue increíble Adriana, pero ¿cómo aprendiste a dar placer así?,

    – Ja ja, no vayas a pensar mal, amor, nadie me enseñó, la vez anterior observé que te gustó mucho que te lamiera el culito y pensé que no sería mala idea que también disfrutaras de esa parte de tu cuerpo. Estuve investigando en internet y descubrí que el punto G en los hombres es la próstata y estimularla puede causar los orgasmos más intensos en un hombre, así que quise comprobarlo y veo que es cierto, aunque creo que pocos hombres se atreverían a disfrutarlo por los tabúes que nos impone la sociedad.

    – Tienes razón, es un placer exquisito, intenso, y es cierto que cuesta reconocerlo, la sociedad nos ha metido muchas cosas en la cabeza, y si yo dijera que disfruté como loco con un dedo dentro de mi culo, me tacharían al instante de gay- expresé.

    – Pues ya te dije que gay no eres y me lo has demostrado de sobra, ja, ja. Siempre tan caliente y cachondo, creo que debemos liberarnos y disfrutar de nuestros cuerpos, probar de todo, sin barreras morales que nos impidan disfrutar.

    – Vamos, tranquilo, mira te voy a dar un masaje, para relajarte, creo lo necesitas, ponte boca abajo.

    Obedecí y me acosté en la cama como me pidió.

    Se sentó sobre mis piernas, con su coñito justo al nacimiento de mis nalgas, me encantó la sensación, se sentía húmedo y me hacía cosquillas, besó mi espalda y mi piel se puso chinita, dió un suave masaje en mi cuello y fue bajando lentamente por mi espalda, cuando pensé que era el turno de mis nalgas, se levantó y se sentó en mi espalda, continuó con mis pies y siguió con mis pantorrillas, después con mis muslos, sus manos se adentraban en la parte interior de mis muslos y subían hasta rozar mis nalgas, sentía riquísimo y empecé a suspirar y gemir muy levemente, vuelve a cambiar de posición y regresa a sentarse en mis piernas, a la altura de mis rodillas, por fin llegó el turno de mis nalgas, las apretaba muy suavemente y sentí que nuevamente me ponía un chorrito de lubricante en mi hoyito.

    Uno de sus pulgares se posiciona en la entrada de mi agujero y frota suavemente, empuja y mi ano se abre, entra la punta de su dedo pulgar en mi interior, empezó a moverlo lentamente, en suaves movimientos circulares, mordí mis labios para no gemir, empujó el dedo y se hundió completamente en mi interior, no pude contener el gemido de mi boca, lo sacó, aplicó un poco más de lubricante y volvió a enterrarlo hasta lo más profundo, mi culo no ofreció resistencia, mordí mi almohada para no chillar de placer.

    – Vaya veo que se abre muy fácil, dilatas muy bien, amor. ¿Te gusta?

    Seguí mordiendo la almohada para no gemir, pero asentí con la cabeza, sacó su dedo pulgar y lo reemplazó por su dedo índice que me llegó más profundo y alcanzó mi próstata, arrancándome un gemido.

    – Así, disfruta amor, me gusta sentir como aprietas mi dedo, tu colita es tan suave y caliente.

    Sacó su dedo y lo reemplazó con dos, entraron profundo, con facilidad, incluso temí que podría llegar a sospechar que no era la primera vez que algo entraba dentro, exclamó.

    – ¿Sientes como se abre tu colita amor?, este lubricante es genial, tiene un dilatador muscular y un sensibilizante, por eso sientes tan rico y se va dilatando.

    Continuó masajeando mi próstata y ya no pude contener mis gemidos, empecé a gemir y gruñir en forma descontrolada, movía mi culo al encuentro de los dedos de Adriana.

    – Así, gime, me gusta escuchar cómo disfrutas, no te reprimas, ¿Sabes?, me encantaría darte más placer, meterte algo más profundo y volverte loco de placer, ojalá tuviera una verga de verdad y sabrías lo que gozamos las mujeres cuando nos penetran, he visto en internet unos dildos para mujer y sirven para penetrar a su pareja, podríamos comprar uno, ¿te parece?

    – Uff, no sé Adriana, sentir algo tan largo y grueso, en mi colita, es para pensarlo, me vuelven loco tus dedos, pero de ahí a un dildo abriéndome, no sé, amor- Me encantaba la idea, pero me daba miedo aceptarlo ante mi novia.

    Adriana sacó sus dedos de mi cola y se tumbó encima mío, su pelvis en mis nalgas y empezó a moverse como si me estuviera cogiendo en lo que me susurró al oído.

    – Anda, te va a encantar, así te cogería, te haría chillar de placer, así como haces conmigo, vamos, vas a sentir un placer que nunca olvidarás- expresó al tiempo que arreciaba sus embestidas contra mis nalgas, se sentía muy rico el roce de su coño contra mis nalgas, su coño estaba babeante.

    – Ay amor, ufff, se siente delicioso como refriegas tu coñito en mis nalgas, me encanta, no sé por qué nunca lo habíamos hecho, es tan caliente- le expresé y continuó sus embates, embistiendo duro y refregando su coño por mis nalgas.

    – Eso no es nada, ojalá compremos el dildo, tu colita se abre muy bien, estoy segura que lo disfrutarías mucho, me encantaría tomarte así de la cintura y embestirte profundo, duro – dijo al tiempo que arreciaba sus movimientos.

    – Espera tengo una idea- dijo, se levantó de la cama y se dirigió a la cocina

    Nuevamente fue una pausa que me permitió relajarme y evitar que llegara otra vez al orgasmo, quedé tendido en la cama, expectante sobre la sorpresa que me deparaba mi novia.

    La vi regresar con una sonrisa y en sus manos traía un par de zanahorias, tomó la más larga y le puso un condón, la zanahoria era puntiaguda y poco a poco iba aumentando de grosor hasta alcanzar un diámetro similar al de una verga de verdad.

    – Mira, creo que no está mal, parece un dildo, ¿no crees? – al tiempo que me enseñaba la zanahoria cubierta con el condón y efectivamente parecía un dildo, con la diferencia de la punta alargada.

    Sentí la punta de aquel dildo improvisado en la entrada de mi lubricado agujero y un escalofrío recorrió mi cuerpo, la fría sensación del vegetal recién salido del refrigerador contrastaba con lo caliente que tenía mi culito y se contrajo al instante, Adriana siguió moviendo el improvisado dildo en forma circular, aplicando un poco de presión, hasta que sentí que mi hoyito cedía e iba entrando poco a poco, la sensación fue indescriptible, por una parte el lubricante me hacía sentir la cola muy caliente y sensible y por la otra el frio vegetal provocaba que mis paredes se contrajeran involuntariamente, la diferencia de calor-frio me provocó espasmos de placer, mi culito se contraía y relajaba sin control y Adriana continuaba empujando poco a poco. Me quejé:

    – Hay amor, ufff. Despacio, me duele un poco, aggh- gemí

    Sentía mi colita abierta, estaba muy lubricada y Adriana empezó a meter y sacar la zanahoria de mi interior y moverla en forma circular, mi próstata era masajeada, frotada, estimulada, por el vegetal, cerré los ojos, todo mi cuerpo se retorcía, sentía que iba a llegar pronto al orgasmo, espasmos recorrían mi cuerpo, pero mi verga estaba al tope durísima, me dolía de tan dura que estaba y sería un desperdicio no usarla, así que me incorporé, todavía con el improvisado dildo en mi culo, puse a mi novia en cuatro, con mi mano empujé su espalda hacia abajo, haciendo que la doblara hasta que su cara y tetas reposaron en la cama, de esta forma quedaba su culito empinadito y enfilé mi verga a su rajita, estaba chorreante, hundí mi verga en su coñito, profundo, de una sola embestida, mientras la empalaba, abrí sus nalgas y dejé caer un poco de saliva en medio de ellas, busqué la otra zanahoria y la dirigí a su agujerito, poco a poco fuí empujando la zanahoria sin dejar de bombear, conforme iba avanzando alcanzaba a sentir el roce de la zanahoria contra mi verga, separada por la delgada capa de piel que separa el coño del culo.

    – Ufff, Adriana, como extrañaba tu coñito, me encanta, tan apretadito y caliente, agghhh, ay mami, que rico siento.

    – Ay cabrón, que bárbaro, aghhh, sigue, aghhh, me rompes todaaa…

    Seguí embistiendo duro, era una situación morbosa, me estaba cogiendo a Adriana con una zanahoria en mi culo y otra en el culo de Adriana, desgraciadamente la que tenía en mi culo poco a poco fue saliendo conforme embestía a mi novia hasta que salió completamente, al contrario de la que insertaba en el culo de Adriana que se la metía y sacaba cada vez mas profundo, arrecié mis embestidas, se escuchaba el sonido de mi pelvis chocando con sus nalgas, estaba a punto de correrme cuando siento que el cuerpo de Adriana empieza a convulsionar sin control, sus piernas temblaban, todo su cuerpo vibraba y gemía intensamente, parecía en un ataque epiléptico, y dió un fuerte grito que se debe haber escuchado en todo el edificio.

    – Me corro, me corro, me corrooo, aghhh

    Los espasmos de su coñito apretaban mi verga y el roce de la zanahoria a través de los pliegues internos de mi novia, fue demasiado, le di una última embestida profunda hasta los huevos y exploté dentro de su ardiente coño, gemíamos y gruñíamos, sentí que mis piernas se acalambraban y caí sobre Adriana y en forma involuntaria le ensarté un poco más la zanahoria en su culo con mi peso, ella se quejó y apretó las piernas, me di cuenta de mi error y le saqué la zanahoria de su culito, quedé encima de ella hasta que mi verga fue perdiendo rigidez.

    – Fue fantástico Adriana, me encantó, ha sido de las mejores cogidas de mi vida, te amo, eres una loquilla pervertida, me encanta que seas así.

    – Sí, fue fabuloso, es extraordinario abrir nuestras mentes y explorar nuestros cuerpos, ¿sabes?, me encantaría comprar un dildo y hacer un juego completo de roles, haciendo el rol de macho y vistiendo como tal, y vestirte y maquillarte de hembra, así sentiría lo que sientes y sentirías lo que yo siento, al completo ¿te parece?

    – Ufff, no sé, suena cachondo, pero no sé si pueda interpretar el rol de hembra, además no sabría maquillarme.

    – Acepta, será increíble, yo me encargo de maquillarte, y te presto algunas prendas sexy, será una experiencia muy cachonda.

    Solo sonreí, aceptando implícitamente la propuesta, todavía había muchas cosas nuevas que experimentar.

    Lo que pasó después lo cuento en el siguiente relato,

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