Blog

  • Desayunando con los vecinos

    Desayunando con los vecinos

    Describirme seria sencillo, soy una mujer totalmente corriente de 49 años, casada desde hace 20 y con un hijo de 16, trabajo como gerente de un centro comercial y para mi edad puedo decir modestamente que no estoy mal, conservo la línea que tenia antes de tener a mi hijo y mi larga melena negra siempre fue una de mis mejores bazas con los hombres hasta que me case con mi esposo, al que siempre he sido fiel sin ni tan siquiera plantearme lo contrario en ninguna ocasión, bueno, mas bien debería decir que lo era aunque será mejor no adelantar acontecimientos.

    Esta historia comenzó cuando el esposo de mi vecina Rosa falleció, ella era nuestra vecina de enfrente desde hacia 18 años, el mismo tiempo que llevábamos en aquel bloque de pisos, el esposo de Rosa ya era un hombre bastante mayor así que tras su fallecimiento, Rosa decidió llevar a cabo el sueño que su pobre esposo no había podido llegar a cumplir, irse a vivir a las Islas Canarias, decidió no vender el piso ya que había vivido con su marido allí toda una vida así que prefirió alquilarlo.

    Vivíamos en una zona bastante buena de la ciudad así que no tardo mas de 1 mes en alquilar el piso, aquel lunes volvía con mi hijo Manuel de hacer la compra cuando vi subir a un joven con varias cajas, llevaba el torso desnudo y estaba sudoroso, cuando nos vio dejo las cajas en la puerta de la casa de Rosa y nos saludo muy educadamente.

    «Buenos días señora, soy Héctor, su nuevo vecino, es un placer»

    Le salude y respondí del mismo modo, aquel muchacho que no debía tener mas de 25 años me comento que había alquilado junto con su hermano y que se alegraba mucho de que la vecina de enfrente fuera una mujer joven ya que pensaba que en aquella Urbanización solo encontrarían jubilados.

    A mis 49 años ya tengo mucho mundo corrido y aquel comentario tan alegador haciéndome pensar que me veía mas joven de lo que era realmente me resulto encantador, además no pude dejar de fijarme en que aquel joven tenia unos abdominales perfectos y podía considerarse un autentico tío bueno.

    A los 2 días siguientes me encontré al otro chico, el hermano de Héctor, que en ese momento salía a trabajar, también se mostró tan educado como su hermano, debía tener unos 20 años ya que a pesar de la barba de tres días que le daba un aire encantador se veía mas joven que su hermano, me dijo que se llamaba Julián y que trabajaba en un gimnasio muy cerca de allí.

    No me extraño el que fuera monitor de gimnasio pues aunque Julián iba completamente vestido a diferencia de cuando conocí a su hermano, bajo su ajustada camiseta se intuía un cuerpo tan fibroso como el de su hermano Héctor.

    Según pasaron los días nos fuimos conociendo mas, era verano y yo pasaba mucho tiempo sola en casa, por lo que me gustaba mucho pasar el tiempo en la terraza tomando el sol, vivíamos en la planta de arriba, en el ático y la terraza era inmensa, estaba pegada a la de Héctor y Julián y separadas únicamente por un pequeño muro de mas o menos medio metro, era tal la confianza con Rosa que nunca pensamos en hacer el muro mas alto y aunque mi esposo me había consultado la posibilidad de hacerlo ante la llegada de nuevos vecinos ,yo decidí que no era necesario.

    Fue precisamente gracias a ese muro mediante el cual los hermanos y yo comenzamos a conocernos mas profundamente, habían montado un pequeño gimnasio en la terraza con varios aparatos y pasaban mucho tiempo allí por lo cual hablábamos mucho.

    Me encantaba verles mientras practicaban deporte, por supuesto eran miradas esquivas pq no quería que pensaran mal, pero aquellos jóvenes provocaban en mi sensaciones nuevas y extrañas, me resultaba muy agradable verles con sus cuerpos semidesnudos y sudorosos practicando deporte, de igual manera en ocasiones me sorprendí al ver como me miraban tomando el sol y al cruzarse nuestras miradas ellos miraban rápidamente para otro lado.

    La situación me excitaba sobremanera, yo lo consideraba un juego inocente, para que engañarnos, es una tontería pero me gustaba imaginar que aquellos jóvenes y atractivos muchachotes me podían encontrar atractiva e incluso deseable para alguien como ellos.

    Una tarde decidí pasar a mayores, no me pare a pensar en ello, seguramente de haberlo pensado no lo hubiera hecho, pero un día me quite la parte de arriba del bikini y deje mis tetas desnudas ante el astro rey y ante mis vecinos, incluso me atreví a preguntarles

    «Chicos, ¿Espero que no os importune el que tome el sol sin la parte de arriba?»

    Aquella pregunta buscaba mas el hecho de que se percataran de que mis pechos estaban libres para ser vistos que una respuesta que fue la que yo imaginaba.

    «No te preocupes Maribel, estas en tu casa y puedes hacer lo que quieras, además es normal que una mujer tan atractiva no quiera tener marcas en su cuerpo»

    Había pasado mas de un mes desde que los hermanos habían llegado al edificio y ya nos tratábamos con familiaridad, en otra ocasión volví a ser presa de la excitación y di un paso mas, decidí quedarme completamente desnuda, así que me quite la parte de abajo del bikini y me quede totalmente desnuda ante aquellos chicos.

    No dijeron nada pero pude comprobar a través de mis gafas de sol el como no quitaban ojo de mis pechos y de mi coño totalmente depilado, estaba tan caliente que no lo pensé y le dije a Héctor.

    «Vecino, ¿te importaría echarme crema en la espalda?, es que no hay nadie en casa y no me gustaría quemarme, que hoy apreta fuerte el sol.

    Por supuesto que no había nadie en casa, jamás se me había ocurrido desnudarme ante aquellos chicos con mi hijo o mi esposo en casa, Héctor no lo dudo, salto el muro que separaba nuestras casas y cogiendo el bote de crema solar se echo un buen chorro en la mano y comenzó a restregarme la espalda.

    Poco a poco fue bajando tímidamente y viendo que yo no ponía ningún inconveniente llego hasta mis muslos, la situación estaba llegando a unos límites insospechados, estaba tan caliente que iba a darme la vuelta y pedirle a Héctor que me diera crema solar también por delante cuando escuche la cerradura de casa.

    Me sobresalte:

    «Creo que he oído ruidos en casa, muchas gracias Héctor»

    Me vestí y entre en casa, en el pasillo estaba mi esposo, había salido antes de trabajar ya que al parecer habían alertado sobre una bomba situada en la oficina, de un modo extraño me alegre de que mi esposo estuviera en casa, de no haber llegado el no soy capaz de decir como habría terminado aquella situación con mis vecinos.

    No se como explicar la sensación que me producían aquellos jóvenes hermanos, jamás había sentido algo así, como dije al comienzo de mi relato jamás había estado con otro hombre desde que comencé la relación con mi esposo y tampoco había tenido nunca deseos de ello.

    A sus 54 años mi esposo no era ningún adonis, pero era un hombre cariñoso que siempre me había tratado bien y con respeto y aunque en la cama no era muy dado a innovar, tampoco podía quejarme.

    El caso es que la semana siguiente decidí no salir a tomar el sol, pero aquel domingo por la mañana el cual mi esposo seguía en la cama y mi hijo estaba durmiendo pues había llegado hacia apenas una hora de fiesta, Salí a la terraza a tender la ropa y allí me encontré a mis vecinos haciendo ejercicio.

    «Buenos días Maribel, cuantos días sin vernos»

    Les mentí diciéndolos que había estado muy ocupada cuando en realidad pretendía alejar la tentación y el deseo que ellos representaban.

    «Perdona Maribel, te importaría dejarnos algo de café, me temo que no tenemos»

    No me importaba en absoluto así que entre en la cocina y Salí con una jarra de café recién hecho, les iba a dar la jarra cuando me dijeron que saltara el muro y me tomara un café con ellos, decidí hacerlo.

    «Esperar que tengo que ir a por la leche»

    «No te preocupes Maribel, la leche la ponemos nosotros» respondió Héctor

    La mirada que Héctor le lanzo a su hermano después de aquella frase no me gusto nada pero no le di mas vueltas, pase el muro y ya en su terraza Julián saco 3 tazas para echar el café, los 2 entraron nuevamente en la casa para buscar la leche.

    Cuando salieron de la cocina me quede atónita

    «Me temo que no tenemos leche Maribel, pero seguro que tu puedes conseguir algo»

    Aquella frase no era lo extraño sino que tras ella había una sonrisa por parte de los 2 hermanos que habían vuelto a la cocina sin sus pantalones de deporte, completamente desnudos.

    Sus pollas estaban duras como barras de acero apuntando al cielo, eran grandes, yo no había visto muchas a lo largo de mi vida pero si que eran mas grandes que la de mi esposo y además tenían la zona pubica completamente depilada.

    Aquellas pollas me impresionaron y no pude evitarlo, la contemplación de aquellos maravillosos rabos que estaban duros y preparados para el ataque contra mi, me halagaron y excitaron de una forma que me seria imposible de explicar con palabras.

    No dije absolutamente nada, simplemente me acerque a ellos, me quite la bata que llevaba puesta, quedando yo también completamente desnuda ante aquellos jóvenes y ante aquellos 2 erguidos mástiles y después me arrodille ante aquellas pollas como adorándolas.

    Las agarre con mis manos fuertemente, contemplando aquellas 2 maravillosas tuberías de carne y tras mirar a los ojos a los 2 hermanos me lleve a la boca la polla de Héctor, primero lamí su glande para después engullir al menos 3 cuartas partes de aquella polla, mientras masturbaba la de Julián la cual me trague al cabo de 3 segundos, alternaba aquellas pollas en mi boca ante la atenta mirada de los 2 hermanos.

    Hilillos de saliva iban de aquellas pollas hasta mi boca, tragaba aquellas deliciosas pollas casi con gula, con un placer infinito, me sentía sucia, pero al mismo tiempo me encantaba aquello.

    Las pelotas de los 2 hermanos eran también un dulce para mi boca, me encantaba lamer aquellos cojones sin un solo pelo, sorberles los huevos como si se tratara de unas bolas de delicioso helado, y mientras me comía aquellas pollas no dejaba ni por un solo instante de mirarles a la cara.

    Me encantaba ver la cara de placer y disfrute de aquellos 2 jóvenes, sentirme deseada por aquellos 2 macizos yogurines cuyas duras pollas entraban y salían de mi boca una y otra vez.

    Héctor me agarro de la cabeza con las dos manos y dirigía el ritmo de mi mamada como si fuera un reloj, dentro fuera, dentro fuera, sentía como follaba mi boca con fuerza y me corri con aquella sensación, tuve un maravilloso orgasmo cuando Héctor trataba de hacerme tragar su polla por completo, cosa que aunque no sin esfuerzo, conseguí hacer, sintiendo como mi barbilla chocaba con sus cojones y como la punta de aquel rabo rozaba mi campanilla.

    «Joder, como la chupas, es increíble»

    «Ya te digo, mírala, se la traga entera, es la hostia»

    Julián parecía envidioso así que le ofrecí el mismo tratamiento y también me trague su polla por completo aunque con menos esfuerzo pues aunque grande, era de menor tamaño que la de su hermano Héctor.

    «Me encantan vuestras pollas, están cada vez mas duras y tenéis unos cojones como los de un toro cabrones»

    Debí de estar unos 10 minutos mamando aquellas pollas, como si se tratara de un biberón lleno de leche del que quería obtener hasta la ultima gota de esencia y habría seguido chupando de no ser porque ya no podían mas.

    «Para cariño, para, que no podemos mas, espera que mi hermano vaya a por unos condones»

    «Nada de eso, follarme a pelo, quiero sentir vuestras pollas dentro de mi, quiero notar cada centímetro de estas barras de carne entrando en mi, vamos a vuestro dormitorio»

    Aquellas palabras que acaban de salir de mi boca me dejaron sorprendida, jamás había pensado llegar a estar en esa situación, pero es que como si tuviera una puta dentro de mi, esta parecía estar cada vez mas suelta.

    «Esta bien, Mari, pero nada de habitaciones, aquí, vamos a follarte aquí, mientras nos da el sol»

    Pensé en que alguien podía vernos desde los edificios vecinos pero de alguna forma eso también me excitaba.

    Héctor me subió sobre la mesa de la terraza, yo abrí mis piernas invitándole a entrar dentro de mi, el no se hizo de rogar, apunto su lanza y situó la punta a la entrada de mi cueva, de una sola estocada entro a matar clavándome hasta el ultimo centímetro de su polla dentro de mi, no me esperaba que toda esa carne en barra me penetrara de golpe y emití un grito bastante audible que pronto fue ahogado al sentir la lengua de Héctor dentro de mi boca, aquel muchacho comenzó a follarme con un ímpetu propio de su edad y que yo jamás había conocido ni siquiera cuando mi marido tenia la misma edad de aquel joven, su polla entraba y salía de mi coño a toda velocidad y a cada embestida podía oír los cojones de Héctor chocando contra mi.

    «Chop, chop, chop»

    Aquel sonido de los huevos de Héctor chocando contra mi húmedo coño me volvía loca, Julián mientras estaba sentado en una silla masturbándose, no quería dejarle fuera del juego, deseaba que el también me poseyera así que saque a Héctor como pude de dentro de mi y levante a Julián de la silla, senté a Héctor y me puse a 4 patas delante suya, me comí su polla nuevamente pero esta vez invitando a su hermano a que al tiempo me follara desde atrás.

    La invitación fue rápidamente aceptada y al igual que su hermano y de una sola estocada sentí como toda la polla de aquel jovencito entraba en mi, a cada potente embestida de Julián, la polla de Héctor se clavaba mas y mas en mi garganta, la cara de Héctor era todo un poema y se entretenía magreando mis tetas como con la intención de distraerse de la mamada que le estaba propinando, con la idea de no correrse todavía.

    Luego decidí cabalgarlos, tumbe a Héctor en el suelo y me puse encima de el, fui bajando poco a poco sobre su polla, quería jugar con el, fui bajando poco a poco, sintiendo como cada centímetro de su polla se enterraba dentro de mi, poco a poco, muy poco a poco, harto del juego, su hermano Julián se situó delante mía, me empujo hacia abajo dejando completamente empalada por la polla de su hermano al tiempo que aprovechaba para coger mi cabeza y meterme la polla dentro de la boca, subía y bajaba sobre la polla de Héctor como una amazona mientras mi boca estaba ocupada por la polla de Julián, luego intercambiaron posiciones.

    Cuando me incorpore sacándome la polla de Julián estaba agotada, ya había tenido otro nuevo orgasmo pero aquellos jóvenes tenían mucha energía, Héctor me dio la vuelta y me hizo apoyar mis manos en el muro de separación de las 2 casas, mirando hacia mi terraza, en aquel instante fui plenamente de lo que estaba haciendo por primera vez y no solo eso, también fui consciente de que en aquel mismo lugar y a escasos metros estaban mi hijo y mi esposo.

    «No, para, no puedo seguir, mi familia esta en casa»

    «Esta bien Mari, dinos que quieres que paremos y lo haremos, ahora pensábamos hacerte disfrutar de los placeres del sexo anal, seguro que nunca has gozado de una polla en tu culo, te aseguro que te encantaría pero solo tienes que decirlo y esto acabara»

    Aquel muchacho me tenia en sus manos y lo sabia, al igual que su hermano, el sexo anal había sido siempre una de mis fantasías, jamás lo había practicado con mi marido, ni tan siquiera me había atrevido a proponérselo alguna vez, como ya he dicho el era algo conservador en la cama, la idea de que mi esposo estuviera a escasos metros de donde aquellos jóvenes me estaban follando, el saber que mi hijo en caso de levantarse encontraría a su madre empalada hasta el fondo por la polla de los vecinos era algo que me daba un morbo increíble.

    Si, si, ya lo se, soy una zorra y tengo que daros la razón pero en aquel momento no pude evitarlo, el deseo era mucho mayor que los remordimientos.

    Así que me di la vuelta, puse mis manos sobre el muro y arqueé mi espalda dándole a los 2 hermanos una estupenda visión de mi parte trasera.

    «Vamos allá cabrones, darme por el culo hasta que os canséis, sabéis que estoy deseando que me rompáis el culo y que me lo folleis aquí mismo, a escasos metros de mi casa con mi esposo y mi hijo durmiendo».

    Héctor sonrió, me dio una fuerte nalgada y agarrando mi larga melena negra que siempre había sido parte primordial de mis virtudes para con los hombres me puso la punta de su polla en el culo y comenzó a apretar.

    Poco a poco, su polla fue entrando en mi culo centímetro a centímetro, cada vez que empujaba mi polla contra su culo, tiraba hacia tras de mi melena con fuerza para que yo misma ayudara a ser penetrada, con algo de esfuerzo al final me sentí completamente rellena por su polla, el rabo de Héctor estaba dentro de mi culo totalmente y una vez así comenzó un frenético mete y saca al mismo tiempo que tiraba de mi melena con una mano mientras azotaba mi culo con la otra.

    «Vamos, yegua, al galope, cabalga, cabalga, se que puedes sentirla y que te encanta, se que te encanta mi polla y la de mi hermano, que te encanta sentirla dentro de ti.»

    En efecto aquel muchacho me conocía bien, dejo el puesto a su hermano y nuevamente con el trabajo ya allanado por su hermano, Julián comenzó a taladrarme el culo como un ariete que con fuerza e insistencia trata de derribar un muro, me sentía rellena de carne como un pavo en nochebuena, sentía como aquella polla entraba y salía de mi culo cada vez mas rápido y al igual que su hermano, Julián también tiraba de mi melena y me azotaba.

    «Quiero oírte decírmelo, quiero oír como me pides que te folle»

    Después de decir esto, se detuvo y dejo su polla enterrada por completo en mi culo, me tenían totalmente entregada y eran conscientes de ello, fui yo misma la que comenzó a moverse de adelante a atrás para que la polla de Julián entrara y saliera de mi culo.

    «Venga cabron, rómpeme el culo»

    «Ahora viene lo mejor, somos 2 así que ya sabes lo que toca».

    Julián se tiro en el suelo de la terraza y su hermano Héctor me situó encima de el y me sentó sobre la polla de su hermano dejándome completamente ensartada, luego el se situó detrás de mi y como había hecho con anterioridad cuando me follo sobre la mesa, de una sola estocada me penetro por el culo de un solo golpe.

    Volví a correrme justo en el preciso instante en que sentí aquellas 2 pollas dentro de mi al mismo tiempo, casi me atrevería a decir que aquellas pollas se unieron dentro de mi, una penetrando mi culo y otra mi coño, los 2 hermanos comenzaron a moverse rítmicamente, ajustados y al compás, sin duda aquello me hizo dar cuenta de que no debía ser la única mujer que se habían follado juntos.

    La sensación era maravillosa, me sentía completamente rellena de polla, la polla de aquellos jóvenes, era una puta, una guarra y me gustaba, mientras me follaban al compás pude ver desde la terraza como mi esposo salía a la calle a comprar el pan, por suerte no había decidido buscarme por la casa al despertarse ya que de ser así y de haber salido a la terraza me habría encontrada ensartada por las pollas de los vecinos tanto en mi coño como en mi culo.

    «Ya viene, ya viene»

    «Yo también hermano, joder se nota que somos hermanos hasta a la hora de corrernos, jaja»

    Les pedí que se corrieran dentro de mi, quería sentir su leche en mis entrañas, quería notar como su semen me rellenaba por dentro, pero aquellos 2 cabrones tenían otros planes.

    «De eso nada Maribel, tu has venido a tomar café y al final no te lo has tomado, que menos que al menos tomes leche para desayunar».

    Salieron de mis agujeros y me dejaron de rodillas ante sus pollas a escasos centímetros de mi cara, comenzaron a frotárselas a toda velocidad, yo sabia lo que estaba por venir, jamás ningún hombre se había corrido en mi cara, pero tampoco me habían dado por el culo y aquellos dos hermanos me habían follado el culo todo lo que habían querido y además, para que negarlo, estaba deseosa de que se corrieran en mi cara, en mi boca, de sentirme sucia y humillada con el semen de aquellos chicos resbalando por mi cara.

    No me hicieron esperar, casi al mismo tiempo, de los cojones de mis vecinos salieron 4 o 5 chorros de cada polla, de una leche blanca y densa que primero golpeo con fuerza en mi cara, luego en mi frente pero por fin pude acertar y abriendo la boca el resto de semen cayó dentro de mi boca.

    Cuando terminaron de correrse les mire y me trague aquellas corridas, el semen sabia amargo pero en ese momento me supo delicioso, limpie sus pollas con mi boca y les di un beso en la punta a cada uno a base de despedida.

    Me levante, me puse la bata y me despedí.

    «Ha sido un desayuno delicioso, uno de los mejores de mi vida, creo que habrá que repetirlo mas veces»

    Pase a mi casa justo cuando mi esposo volvía de la calle

    «Vaya cariño, pensaba que no estabas en casa, no te vi al levantarme».

    «Si, cielo, estaba en casa de los vecinos desayunando»

    «Parece que te llevas muy bien con los chicos esos, me alegro, se les ve muy simpáticos, creo que te has manchado con el desayuno»

    Me mire en el espejo del pasillo y en efecto, un pequeño chorro de semen había acertado en la punta de mi nariz, como una niña glotona lo recogí con mi dedo y me lo lleve a la boca.

    «Ummm, si, era un poco de leche merengada, los chicos tienen un modelo que sabe deliciosa».

    Desde aquel día y al menos una vez por semana, desayuno en casa de mis vecinos, no se como terminara esto, muchas veces me siento fatal por engañar a mi esposo, pero no puedo evitarlo, es pensar en las pollas de mis vecinos y olvidarme por completo de todo lo demás

    Comentarios a [email protected], espero tengas un buen dia besos

  • Se calentó con la cola de mi esposa

    Se calentó con la cola de mi esposa

    Esto sucedió una tarde de verano. Cumplimos 10 años de matrimonio con mi esposa y yo le hice 2 regalos un vestido corto y amplio color rosa con detalles delicados y un conjunto de ropa interior sensual de satén y lycra en color crema con detalles de encaje adelante. El día en cuestión me dice de ir a un parque a tomar algo. Cargamos 2 colchonetas una mini heladera con cervezas y algunas frutas y partimos hacia el parque. Ella estaba estrenando el vestido que le quedaba muy sexy, bien cortito y con las piernas rellenitas y la cola grande la hacían deseable. Supuse que el conjunto de ropa interior lo estrenaba también pero no pregunte nada, quise esperar a cuando volviéramos a casa. Mi imaginación volaba.

    El lugar en el parque era retirado, nos ubicamos en un lugar apartado más íntimo, y encima había poca gente, casi estábamos solos en varios metros alrededor. Tomamos varias cervezas, habíamos colocado las colchonetas una al lado de la otra y empezamos a acariciarnos ya cuando avanzaba la tarde noche nos quedamos dormitando un ratito estaba linda la entrada de la noche. Nos posicionamos ambos sobre cada colchoneta boca abajo.

    Al rato de estar dormitando veo hacia el lado de mi mujer una más o menos 2 metros de ella parado, un muchacho de mediana edad sin vivienda notoria que la miraba y se tocaba la zona genital, la verdad me calentó la escena y me hice el dormido pero pude ver lo que pasaba.

    Mi esposa se despertó y vio al muchacho, pero lejos de gritar o alejarlo o avisarme, empezó a subirse despacio el vestido, estando en la colchoneta boca abajo, poco a poco iba dejando al descubierto la bombacha de satén nueva bien brillosa y sexy, el hombre dejo al descubierto su pene y empezó a masturbarse vigorosamente, mi mujer disimuladamente se fijó si yo aun dormía y como yo simule estarlo, siguió con lo suyo. Se tocaba la vagina desde atrás por encima de la bombacha y levantaba la cola de la colchoneta, el hombre claramente no daba más se acercó a ella se agacho al lado y mientras con una mano se pajeaba con la otra tocaba la cola de mi esposa por encima de la bombacha, mi esposa jadeo un poquito y en ese momento el tipo expulso una catarata de semen sin mancharla a ella ni una gota, o sea le acariciaba la cola y debe ser que la bombacha era tan tan suave al tacto que le provocaba ganas inmensas de eyacular semen.

    Si todo ese semen hubiese quedado en la vagina de mi esposa hoy hablaría de que quedó embarazada y no de mí.

  • Adiós a Nadine

    Adiós a Nadine

    Mi segundo y muy a mi pesar último encuentro sexual con Nadine, sucedió hace muy poco tiempo y esta vez, para mi sorpresa, fue ella la que tuvo la iniciativa.

    Resulta que tras aprobar las oposiciones que estaba preparando, conseguí por fin un trabajo fijo como funcionario. Mi vida se iba encarrilando, era hora de abandonar el nido y adquirí un pequeño apartamento cerca de mi lugar de trabajo. Mi madre, ya jubilada, decidió vender su casa y trasladarse a vivir con mis tías, también solteras. Y Nadine, a la cual ofrecí mantener su trabajo en mi casa, decidió volver con su familia y vivir de sus ahorros. El día de la despedida, yo estaba muy triste, Nadine había sido para nosotros una más de la familia, y al recordar tantos momentos vividos juntos, no podía evitar tener un nudo en la garganta. Ella mantenía ese semblante amable y dulce mientras recogía sus cosas. Yo me ofrecí a llevarla a la estación, pero antes debía parar en mi apartamento para descargar el maletero atestado de cajas y bolsas. Le dije que no tardaría y ella, diligente como siempre se ofreció a ayudarme a subirlo todo. Ya en mi apartamento, mientras guardaba cosas entablamos una conversación en la que, irremediablemente tenía que salir aquella noche en la que gozamos juntos.

    Ella me dijo que jamás se arrepentirá, que por primera vez en muchos años se había sentido mujer. Me dijo que estaba muy agradecida por todo, y que me echaría de menos. Yo durante la conversación no pude evitar mirarle a las tetas, el recuerdo de verlas botando una contra la otra vino a mi y la erección fue casi instantánea. Ella se dio cuenta de mi calentón, me sonrió mirándome fijamente y sin esperarlo, se puso de rodillas. Yo no dije ni una palabra mientras ella hurgaba en mi bragueta y al abrirla, mi polla salió como un resorte. No tardó ni un segundo en atrapar mi capullo entre sus labios sin meter más, y empezó a juguetear con su lengua haciendo círculos, rodeando todo el glande, succionando fuerte y dándole pequeños mordiscos y lametones. Todo sea dicho, no soy un caballo pero la verdad es que tengo una buena polla, unos 18 cm de largo y lo que más gusta de ella a las chicas: es bastante gruesa y con un capullo muy gordo.

    No parecía ser un problema para Nadine, que poco a poco se entonaba y empezó a meter más polla en su boca mientras me bajaba los pantalones. En esas, agarró mis huevos con una mano mientras con la otra me pajeaba dando lametazos en la punta y llenándola de saliva. De vez en cuando abría la boca y engullía mi polla tanto como podía, se le saltaban las lágrimas y le daban pequeñas arcadas, a mi me ponía a mil su dedicación y sobre todo como sonaba su boca al mamarla. Me tenía ya tan caliente que puse mis manos sobre su cabeza cubierta por un pañuelo, y empecé a follarle la boca con más intensidad. A veces, la cogía por la nuca mientras bombeaba clavándole la polla todo lo que entraba hasta llevar el capullo a la garganta. Ella tosía y al respirar soltaba borbotones de saliva sobre mi polla, mientras, yo como pude empecé a quitarle la camiseta hasta tener sus tetazas a la vista. Se las saqué del sujetador para meter la polla bien empapada entre ellas. Nadine se reía, pilló la idea y agarrándoselas empezó a pajearme con ellas. De vez en cuando volvía a meterse la punta en la boca y me pajeaba fuertemente con la mano. Estaba claro que queria una buena corrida, pero yo no quería dejar pasar la oportunidad de volver a probar su coño. La puse de pie, hice que se diera la vuelta y bajé de un tirón el fino pantalón que llevaba. Aparté sus bragas y automáticamente metí la cara entre sus grandes nalgas, un culazo gordo pero perfectamente formado, pasaba mi lengua por su raja y me paraba en su ano, comiendomelo con ansias mientras con las manos abría sus nalgas. Ella se dejaba hacer entre gemidos, abrió las piernas y se inclinó hacia adelante para dejar su coño justo en mi boca, y yo se lo follaba con la lengua encantado.

    Nadine se apoyó tumbando su cuerpo en el brazo del sofá, lo que hizo que su coño estuviera aún más abierto y accesible, yo lo abría con mis dedos por completo y seguía metiendo mi lengua, mis dedos, lo maltrataba con ellos metiéndole varios a la vez, lo escupía y lamia, y noté como le temblaban las piernas. Me puse de pie, la agarré por la cintura y de una sola embestida se la clavé entera en su dilatado coño. La cara de Nadine ya no reflejaba dulzura, me miró y su rostro era puro vicio, mordiéndose los labios con el ceño fruncido. Gemía y gritaba, movía ese gran culo haciendo círculos, metiendo y sacando mi polla de su coño mientras se masturbaba con los dedos. Después de un rato dándole bien fuerte, ella se la sacó, se acomodó en el brazo del sillón y agarrándomela llevó mi capullo hinchado hasta su culo, y empujándolo se lo fue metiendo, yo notaba latidos en mi polla, ella gemía y empujaba para que entrara, subió aún más una de sus piernas y yo le abrí las nalgas cuanto pude, hasta que mi polla fue entrando entera. Fui de suave a fuerte, subiendo la intensidad de la enculada al mismo ritmo de sus jadeos y movimientos, notaba como su agujero cada vez estaba más abierto y ofrecía menos resistencia, le saqué un momento la polla para ver su ano dilatado y abierto, y volví a metersela ya sin miramientos. Le di la vuelta, agarré sus piernas y volví a encularla esta vez mirándole la cara y viendo el movimiento de sus tetas, me excité tanto que ya no aguantaba, le dije que me iba a correr y ella rápidamente se puso de nuevo de rodillas, agarrándose las tetas y con la boca abierta. La primera descarga de leche fue directa a su cara, seguí soltando entre gemidos y chorreandole la boca, mi corrida colgaba de su barbilla y caía en sus tetas y ella se lamia como una gatita en celo. Al acabar, se metió mi capullo en la boca, lo exprimió con los labios y le dio un beso sonriendo. Jamás ni en el mejor de mis sueños pensé que echaría un polvo como aquel y con una mujer como ella. Nos lavamos, nos vestimos y fuimos a la estación. Tras despedirnos, yo me quedé mirando como se alejaba, observando el bamboleo de ese culo enorme y bien plantado, y pensando en cuanto echaría de menos su compañía.

  • Fantasy con stripper

    Fantasy con stripper

    Flor como llamaré a mi esposa, de 1,57, llenita, con grandes caderas de 105 cm y pechos ricos, pues caben perfecto en la boca pues usa 34 B, piernas riquísimas y buenas pantorrillas, tez clara.

    Yo en este relato no tengo mucha relevancia

    Después de mucho insistir y contarle mi fantasía de que ella la viera con otro hombre, pues ya en su cumpleaños habíamos estado con una pareja, pero solo hubo tocamientos, entonces decidí llevarla a un antro swinger en Guadalajara.

    Fuimos un viernes me parece y solo estuvimos viendo, calentando como las parejas ellas la mayoría no llevaban ropa interior y al bailar se veían sus vaginas arregladitas con el vello mínimo.

    Ella le pasó el primer stripper bailando y temerosa no hizo nada, el se le arrimo y yo sentí entre miedo y morbo y calentura, confusiones.

    Ese día solo entramos al cuarto oscuro y estuvimos fajando, nos calentamos, no pensé que ella fuera a acceder, yo quería ver hasta donde ella era capaz y saber que yo no era el único que me calentaba con esas fantasías de que nos vieran, ver, tocar y ser tocados por otros, por mi parte claro que lo que más me calienta es que ella estuviera con otro, así que si nos desnudamos todos, ella me lo estuvo mamando, hasta que me monto, yo estaba muy caliente y seguía temeroso y confundido, ella dice que una pareja ya más grande pasó y el hombre le tocó los senos, no me dí cuenta y con el ambiente ella se corrió encima de mí. La puse de perrito en el mismo sofá y le di muy rápido y fuerte de lo caliente que estaba y con sus gemidos me vengo muy rápido, así que no tarde mucho en llenarle la panocha de mi leche.

    Al otro día si decimos regresar.

    Previo les cuento que al día anterior, si había un stripper que si le gusto su cuerpo, se hacía llamar Nacho.

    Así que, si ya me lo había dicho al otro día regrese con la intención de que él se la cogiera porque pues al menos era el único que le había gustado hasta ahorita y que me hubiera dicho, pues de por sí es tímida y esta era la oportunidad.

    Estando nuevamente en el club estuvimos tomando algo disfrutando el ambiente yo con el nervio me bailo una mujer y tenía mi riata parada pero por lo que sabía que venía.

    En una de las pasadas qué hicieron los strippers ahora sí pasó Nacho con ella y le dije que tocará, dice que se sintió su pene metiéndolo en el bóxer y le gustó su tamaño. Pues el mío que hasta la fecha si la complace, sin medirme la yo creo alcanza unos 15 cm normalito.

    Así que en una oportunidad le dije a Nacho que le hiciera un privado a ella ya casi estaba terminando el evento nos fuimos al privado y lo que me sorprendió Es que de inmediato ella se lo empezó a mamar, Y pues sí era más larga y más gruesa que la mía, en eso estábamos cuando llegó otro cliente a ver pero pues recién iniciados no me agradó y le dije que solamente era privado. O sea yo estaba muy nervioso entre caliente pero nervioso, en una de esas alcancé a escuchar que ella le preguntó cuánto cobraba me acerqué y le pregunté que si quería que la cogiera, ella me dijo que no y con el ruido muy fuerte de la música apenas alcanza vamos a escuchar.

    Sin embargo, le pregunté nuevamente si quería que la cogiera y más tarde pues sí concluimos que yo la verdad le insistí mucho y yo fui quién generó la situación ella por sí sola no hubiera ido o nunca hubiéramos parado en eso.

    Ya nos dijo la tarifa y accedió a irse con nosotros en un taxi a un hotel

    Yo comencé a preparar las cámaras llevaba una y el teléfono que en ese entonces pues no era de muy buena grabación o calidad.

    Total que cuando me metí a orinar al salir, ella ya estaba en cada porque me dijo que Nacho le dijo que se la mamara, les dije que se esperara Y eso como que cortó la situación yo creo que hubiera dejado que transcurriera normal, total que ella le estuvo agarrando un poco más las nalgas porque le gustó el séquito solamente la parte de abajo quedó con la playera la gorra y las botas ella se quitó la parte de arriba dejando sus tetas descubiertas se quedó con la falda puesta y se bajó las bragas.

    Nacho la empino de perrito en la orilla de la cama le levantó la falda se puso el condón y la empezó a bombear mi cuenta ella que pues sí ya a esas alturas ya se había mojado entre excitación morbo miedo pues también era lógico Y yo pensando que iba a batallar o nos iba a dejar coger tan fácil pero ese era mi miedo y quería ver hasta donde podía llegar ella.

    Nacho batalló con el primer condón lo dejó luego se puso el otro y le empezó a dar muy duro haciendo que se rompiera el condón porque desde las primeras metidas ella empezó a gemir mucho cosa que conmigo no es tan fácil ya gime cuando llevamos un rato y está caliente pero con esa verga y luego empezó a gritar.

    Entonces al regresar al baño y ponerse el último condón que le dije que ya era el último para que no lo echar a perder ella ya se había acostado boca arriba el regreso y se le subió encima yo todavía le levanta la falda para que él se la pudiera meter.

    En esa posición le estuvo dando Y si al principio y ya con las piernas y las manos lo jalaba pero ahí no lo disfruto mucho, ahí Yo la hago que se venga incluso dos o tres veces cuándo mucho pero siempre acaba rápido con mi riata en esa posición.

    Entonces decidimos que regresara de perrito y sí en cuanto la volvió a poner ahí no fue como al principio pero sí casi de inmediato empezó a gemir otra vez.

    Cómo que Nacho no se atrevía mucho, cómo que sentía que ya no podía entonces le empezó a dar más duro y le dio una o dos nalgadas en cuanto le pegó ella volvió otra vez a gemir y ya le empezó a decir cógeme cógeme ya como con desesperación, el ya le dio duro, y una que otra nalgada, hasta que empecé a ver cómo ella cambio el gemido ya para cuando se va a venir, le duró esto unos 30 segundos, los últimos, Nacho le daba con movimientos lentos, pero como más profundos y oscilaba la cadera para poder como raspar bien adentro, a lo que él dijo ya estuvo, se separó, no vi el condón.

    Ella como que siguió gimiendo sí de satisfacción pero cuando todavía le falta pero yo de caliente solo le pregunté que si su riata estaba más gruesa, me dijo que si, le pregunté que si estaba más grande me dijo que si, le pregunté que sí estaba más dura me dijo que sí.

    Le agarré la mano y le pregunté a Nacho cómo había estado me dijo que muy rica pero que ya no podía muy seguramente por lo del trabajo así que yo terminé montándola todavía aventándole otro, para lo que para entonces pues ya solo Me dediqué a disfrutar lo que había visto porque yo ya estaba muy caliente y terminé de inmediato dentro de su vagina recién perforada.

    Al otro día fuimos a un hotel a terminar de quitarnos las ganas porque ese día yo también había tenido un buen de trabajo pero la calentura me hizo apresurar las cosas y yo notaba que se me quedaba viendo y si ya después me dijo que si me compraba lo que si es que a la fecha es muy difícil o pocas las veces cuando la puedo hacer terminar de perrito. No sé si quedó en mi trauma pero yo ya me vengo muy rápido así y siento que no la terminó de llenar de esa manera ocupamos otras posiciones y seguimos cogiendo mucho, pero fue la experiencia digamos más completa y la última que tuvimos.

  • La condena de Saset

    La condena de Saset

    En un pequeño país cerca de la frontera de Checoslovaquia.

    Los altos índices de crimen llevaron a qué el gobierno instaurara una cárcel especial para mujeres en donde los peores presos, los más desalmados criminales se encargan de custodiar está prisión esto con el fin de sacar personas de las cárceles y premiar el buen comportamiento de los reos también con la finalidad de aumentar los ingresos del país.

    Lo que se vive allí adentro está por experimentarlo en carne propia nuestra propia nuestra protagonista.

    En un furgón a 2.5 km de la prisión 2 guardias bien armados escoltan y custodian a Saset la cual no pasa de los 20 al llegar a la prisión los 2 guardias la bajaron esposada con las manos atrás y la condujeron a la recepción.

    Saset es una chica de piel clara de ojos marrones muy hermosa en ese momento lleva un overol de mezclilla el cual cubre arriba de sus rodillas dejando apreciar sus esculturales piernas delgadas pero de muslos llenos en la parte de arriba un top muy ceñido al cuerpo resaltando sus pechos que aunque no muy grandes son redondos y tiesos.

    Ya en la recepción un guardia malhumorado le pidió sus datos a lo que uno de los guardias le entrego su pasaporte.

    -Así que Saset se llama la puta bonito nombre.

    -A lo que Saset no respondió y agachó la cabeza ya había oído historias de aquella terrible cárcel, esperaba que fueran mentira lo que se decía que pasaba ahí pero para su suerte no fue así.

    -El guardia le dijo muy bien ya están tus datos en el sistema ahora desnúdate.

    -desnudarme?

    -si así como lo oyes apúrate no tenemos todo el día

    -Cómo Saset no se apuraba uno de los guardias le desabrochó el overol dejándola en tanga y en top en cuál se notaba que no traía bra

    -apúrate y termina de desnudarte

    Saset se terminó de desnudar quitándose el tanga y el top dejando en evidencia que no llevaba brasier

    -Vaya con la puta no lleva ni brasier

    Saset de inmediato se tapó como pudo sus pechos y su zona íntima ruborizándose.

    -Aquí todas las prisioneras están desnudas deja de taparte que tienes cita con el médico

    Saset fue llevada a empujones a la sala del doctor.

    El cual la subió a la silla ginecológica para saber si era virgen y depilarle la entrepierna después terminó haciéndole un enema.

    De inmediato apareció el que sería su nuevo verdugo aquel que se encargaría de que Saset confesara que había matado a un oficial de la ley y que rechazaba su extradición el verdugo Oliveira.

    Oliveira traía unos grilletes, una barra separado, un collar y una mordaza de bola esposo a Saset a la espalda luego le puso la barra que dejaba sus piernas separadas con lo cual Saset no podía ocultar ni sus pechos ni su vagina de la mirada de nadie lo que hizo que se ruborizara después le puso el collar con el cual jalaría de el y por último la mordaza de bola para que no pudiera hablar.

    Oliveira se llevó en esa forma tan humillante para la chica la paseo por los pasillos hacia el patio y luego hasta la sala de descanso de los custodios por el camino Saset recibió todo tipo de comentarios sobre su cuerpo lo que hizo que se ruborizara más en algunas ocasiones le pellizcaron los pezones y le sobraron el sexo de camino.

    Una vez en la estancia Oliveira dijo.

    -Esta puta es virgen tanto del ano como del coño pienso subastarla apenas tiene 19 años.

    -De inmediato procedió a darle una vuelta completa para que la vieran bien y luego procedió a azotarla las tetas.

    -Están redondos y firmes de un tamaño manejable caben bien en mi mano cada una.

    Luego procedió a azotarla en el vientre diciendo está en forma esta delgada pero fuerte para después darle la vuelta y azotarle cada nalga hasta que se le puso coloradas.

    -Estás nalgas redondas y tiesas no les parecen que valen la pena?

    -De inmediato todos los guardias empezaron a ofrecer dinero para tener la oportunidad de quitarle la virginidad.

    -La termino ganando un guardia grande y gordo.

    -No se preocupen los demás hoy es día de fiesta y la puta será puesta en el cepo donde podremos disfrutar de sus agujeros toda la tarde.

    Saset no podía entender que fuera tratada de esa manera tan ruin como un simple cacho de carne.

    Saset fue conducida a base de nalgadas y uno que otro pellizco en sus pezones y sexo hasta el cepo donde su verdugo le quitó las esposas, la barra y la mordaza y la coloco en el cepo con sus manos a un lado de su cara y le ataron sus pies a los lados de la base del cepo con lo que quedaba doblada y exponiendo sus agujeros del coño y ano listos para lo que quisieran hacerle esos bárbaros.

    De inmediato el ganador de la subasta se coloco delante de ella sacándose la polla haciendo que Saset se la chupara el guardia la cogió de los pezones y tirando de ellos le dijo chupa o te los arrancó.

    Saset empezó a hacer su mejor esfuerzo y le lustro la polla y el guardia se corrió en su cara a lo que el mismo guardia se fue directamente a su vagina a reclamar su premio mientras otro guardia se colocaba en la boca para que le hiciera una felación.

    El tipo se la clavó de tajo sin siquiera lubricarla pero Saset no pido gritar gracias a la polla que ahora tenía en la boca.

    El tipo gordo siguió cogiéndose a Saset mientras de vez en cuando le acariciaba las tetas y le daba uno que otro pellizco hasta que por fin el guardia se corrió dentro de ella.

    Oliveira se preparo para quitarle la virginidad del culo se quitó la camisa dejando ver su abdomen trabajado y sudado para después sacarse la polla estaba bien dotado una polla gruesa y venosa de al menos 20 cm se preparo y ayudado del semen que le salía del coño se lo unto en el ano y de un solo empujón le desgarro el ano y empezó un mete saca salvaje que hacía rechinar y mecer el cepo donde estaba después de unos minutos Oliveira se corrió dentro del ano de la chica dando paso a qué todos los demás guardias disfrutan de la chica que estaba indefensa.

    Saset si bien al principio no dejaba de llorar al de un rato se puso cachonda con tantas pollas que entraban y salían de sus agujeros esa tarde llegó a tener más de 5 orgasmos entre la vagina y el ano.

    Después de que todos los guardias disfrutaran de la chica empezaron a discutir de que hacer con la chica a lo que uno de los guardias propuso jugar a los dardos con la chica.

    Procedieron a dibujarle una diana en todo el trasero de la chica.

    En los glúteos 5 puntos.

    En el ano 20 puntos.

    En los labios de la vagina 20 puntos.

    En el clítoris 59 puntos.

    Fueron lanzando dardos al trasero de la chica provocando pequeñas heridas en el pero lo pero fue cuando uno de los soldados alcanzo a darle directamente en agujero del ano haciendo que gritara y se agitara la pobre Saset que sentía en ano en llamas.

    Otros dos guardias le dieron en los labios de la vagina lo que hizo que de nueva cuenta Saset viera las estrellas pero lo peor fue cuando Oliveira le dio en el clítoris a lo que Saset lanzo un alarido que parecía que la estaban desollando viva a lo que Oliveira tuvo que ponerle una mordaza y así continúo el juego otros dos guardias lograron darle en el agujero del ano uno más logro darle los labios y otros 3 le dieron justo en el clítoris después de 2 horas de tormento con los dardos Saset tenía ya en trasero y los muslos un reguero de semen mezclado con algo de sangre de sus glúteos.

    Oliveira decidió por fin desatar a Saset del cepo pero solo para volver a ponerle las restricciones que ya traía nuevamente Saset se sintió aún más expuesta de mostrar su cuerpo y sobretodo de tener que mantener las piernas abiertas y vieran el reguero de semen que corría por sus piernas.

    Oliveira se llevó así a Saset hasta el patio donde con una manguera le quitó los restos del semen del cuerpo luego se la llevó a su celda donde le ato el collar a la pared esa noche Saset tuvo que dormir sentada preguntándose qué le aguardara el día de mañana.

  • El enema

    El enema

    Van a pensar que soy una degenerada, pero quien no lo es en su cabeza, por ahí la diferencia es que un día me decidí y me anime a hacer algo que les quiero contar.

    Vivo con mi hijo en las afueras de la ciudad, un lugar tranquilo con pocos vecinos, aunque tenemos todas las comodidades estamos un poco alejados de los servicios habituales que hay en la ciudad. Hacía unos días que no me sentía bien de salud, después de mi rutina diaria de gimnasia, que consiste principalmente en correr varios kilómetros, cuando regresaba a casa tenía dolores intestinales, los dos primeros días no le di importancia, pero el tercero decido ir a una doctora que atendía por la zona, ya había ido en otras oportunidades y aunque no era mi médico de cabecera, le tenía confianza porque era una persona mayor, tal vez un poco anticuada en sus métodos pero lo mío tampoco era tan grave.

    Mi nombre es Isabel y el de mi hijo Luca. Cuando vuelvo a casa le aviso que iba de la doctora, le comento que no era por nada grave, para que no se preocupe. Me doy una ducha rápida y me preparo para ir al consultorio.

    Voy caminando, quedaba a unas pocas cuadras de casa, cuando llego me atiende una recepcionista que creo es hija de la doctora y anota unos datos y me dice que espere a que termine de atender a dos pacientes y que después me atendería.

    Espero una media hora sentada, leyendo una revista, aunque me dolía el vientre, era algo soportable, sólo molesto. Llega mi turno y entro al consultorio, no era un lugar muy complejo, una pequeña habitación con un escritorio y una camilla, balanza y algunos armarios.

    Doctora- Hola Isabel, ¿Qué la trae por acá? Hace tiempo que no la veo. Espere que tomo su historial.

    Isabel- Hola, nada grave, pero tengo una molestia intestinal. Me duele

    Doctora- Bueno, vamos a ver, por favor sáquese la ropa y acuéstese en la camilla. La voy a auscultar.

    Quedo en ropa interior y me acuesto sobre la camilla boca arriba, la doctora empieza a apretar mi abdomen, luego toma el estetoscopio y escucha un rato el sonido de mi interior.

    Doctora- Toma, escucha.

    Pone el estetoscopio en mis oídos para que yo misma escuche mi interior, no imagine el ruido que podría hacer mi abdomen, era como un grupo de ratones estarían corriendo en mi interior.

    Doctora- Ese ruido es el de tus intestinos tratando de disolver la comida. Aunque es normal, el dolor se puede deber a que no está trabajando en forma adecuada. ¿Cómo evacuas?

    Isabel- cada dos días hay veces tres, pero estoy acostumbrada.

    Doctora- Mira, te puedo recetar algo para el dolor, veo que haces mucha gimnasia, tienes marcados los abdominales, pero preferiría que hagas algo más natural y que con una dieta empieces a regularizar tus evacuaciones.

    Isabel- Sí, lo prefiero a tomar remedios.

    Doctora- Entonces te tienes que hacer dos enemas por día, durante tres días y empezaras a regularizar con una dieta rica en fibras

    Isabel- pero, nunca me hice una o…. creo que cuando era chica, alguna vez.

    Doctora- No es complicado, ¿tienes los elementos?

    Isabel- No, no tengo nada.

    Doctora- Bueno, pasa por la farmacia de don Ramiro y ahí te vende todo, hasta su mujer te puede ayudar con la aplicación si no puedes sola, ella, aunque es una persona mayor, lo hizo toda la vida, es muy buena mujer.

    Isabel- ¿a qué hora del día me la tengo que hacer?

    Doctora- Mira, cuando regresas de correr una vez y a la noche antes de dormir. Son solo tres días, pasan rápido y te vas a sentir mejor. Sólo te aplicas cada vez un litro y medio de agua tibia con un poco de aceite, no hace falta nada más. Es algo muy fácil.

    Me termina de “recetar” un procedimiento no muy habitual en la actualidad, pero me intrigaba como sería, ya de camino a la farmacia me entró la duda de si quería hacerlo, me empezó a dar vergüenza pedir esto en la farmacia, pero el farmacéutico era una persona mayor y eso me empezó a dar confianza. Entro decidida a la Farmacia, había una persona delante mío, lo que era una suerte, me moriría de vergüenza si tengo que pedir los “elementos” que me indico la doctora, delante de otra persona desconocida o lo que sería peor, conocida, no lo hubiera hecho.

    Isabel- Hola, buen día, me indico la doctora que compre estos elementos.

    Don Ramiro- Hola, a ver. Si tengo todo, espero que se lo traigo.

    Fue a buscar al a unos metros y regresa con una bolsa plástica que decía “set irrigador para enemas”, no sabía que se vendían tales cosas.

    Isabel- disculpe, una consulta, me dijo la doctora que su mujer es enfermera

    Don Ramiro-Si, lo es

    Isabel- bueno, ella me podría aplicar los enemas que me indicó la doctora.

    Don Ramiro- es una lástima que no la pueda ayudar, mi esposa ya no trabaja más, somos muy mayores y no quiero que siga trabajando. Pero es muy fácil, mire, este recipiente lo tiene que mantener elevado, se introduce la cánula en el ano y después abre este pequeño grifo y espera a que se vacíe todo el recipiente, le conviene hacerlo en el baño, pero trate de aguantar unos minutos el agua antes de expulsarla. La puede ayudar su marido, son unos pocos minutos que le tiene que sostener el recipiente. Sino le paso el nombre de un enfermero que le recomiendo a algunos clientes, es de confianza.

    Isabel- Gracias Ramiro, lo llevo y voy a probar

    Don Ramiro- Una cosa más, lleve este pote de vaselina, la va a ayudar para meter la cánula, deje se la regalo.

    Isabel- Bueno, gracias, saludos a su mujer

    Regreso a casa con el artilugio en una bolsa plástica con el nombre de la farmacia. Mientras caminaba pensaba en que haría, si lo utilizaría yo misma, como haría, si sería fácil, varias dudas rondaban mi cabeza, hasta dejar todo y no hacer nada. Pero la caminata era larga y el tiempo abrió algunas ideas más alocadas en mi cabeza. Le contaría a mi hijo cual era el remedio que me sugirió la doctora, si no era algo muy personal, que no tenía sentido contarle, con qué fin, para qué. Pero, más pensaba en ello, más me agradaba la idea; más aún, me estaba empezando a excitar. Me excitaba la idea de que mi hijo se excite viendo mi cuerpo, que vea mis partes más íntimas y las pueda tocar.

    Decido hacer un alto en el camino a casa, sentarme en el banco de un parque cercano y tomar una decisión, tratar de pensar y no por calentura tomar una mala decisión que me deje muy mal parada frente a mi hijo, que no le gustara la idea, que me vea como una degenerada o una asquerosa. No sabía qué hacer.

    Pero el breve tiempo de reflexión sólo confirmó una cosa, que a mi hijo le gustaría la idea. Varias veces me di cuenta que cuando estoy en traje de baño o llevo algún pantalón ajustado, él mira mi culo, no le doy importancia, lo tomo como algo instintivo, algo natural que me gusta, pero me parece normal.

    Me decidí por una solución, creo que la más “normal”, me mostraría como una víctima, que estaba sufriendo por los dolores, sólo le sugeriría si me quería ayudar o más aún si la idea salía de él. Vuelvo a casa.

    Cuando entro a casa enseguida veo a mi hijo, él fue el interesado por mi salud, todo fue más rápido de lo que esperaba, no necesite preámbulos para entrar en tema.

    Luca- Hola Ma. ¿todo bien del médico?

    Isabel- más o menos, me dio un diagnóstico y un remedio, pero lamentablemente no me sirvió de nada.

    Luca-Pero ¿Por qué? ¿Qué pasó? No conseguiste el remedio.

    Isabel- No, al contrario. Acá lo compré, pero no me sirve para nada, no estaba la esposa de Don Ramiro

    Luca- ¿La enfermera? ¿Qué te tenías que aplicar, alguna inyección?

    Isabel-Un enema. Mejor dicho, varias. Pero no trabaja más de enfermera.

    Luca- ¿y esa bolsa?

    Isabel- igual le compre todo esto para hacer el enema, me dijo que era fácil, me explicó, pero no creo que pueda yo sola y no conozco otra enfermera, me paso el nombre de un enfermero, pero no sé qué hacer, me da vergüenza.

    Luca- Bueno, estas sola, no estás de novia con nadie, por ahí te puede gustar.

    Isabel- jajajaja, claro voy a dejar que me toque el culo cualquier hombre porque no estoy de novia con alguien. Ni loca.

    Luca- ¿y alguna amiga?

    Isabel- Peor, se enteraría todo el mundo que me estoy metiendo agua en el culo

    Luca- ¿y yo?

    Isabel- ¿Vos qué? ¿serías enfermero?

    Luca- ¿por qué? ¿te da vergüenza?

    Isabel- Nnnno, no tengo vergüenza, pero sería medio raro que me toques el culo.

    Luca- ¿qué tiene de malo?

    Isabel- Nada de malo, entonces cuando quieras, si a vos no te molesta, por mí está bien.

    Luca- No para nada, me gusta ayudarte

    Isabel- yo enseguida estoy lista. Voy y vengo.

    Sentía como se me aceleró el latido del corazón, parecía que quería escapar por mi boca, estaba excitada. Voy apurada al baño, me miro en el espejo y tenía la cara colorada de la vergüenza, pero me apuro, me saco el jean que llevaba puesto y la tanga, me doy cuenta que estaba mojada de mis fluidos. Tomo un duchador y me limpio el culo, me meto los dedos en el ano y trato de limpiarlo lo mejor posible, cuando termino me vuelvo a vestir. Ya estaba lista para mi hijo.

    Vuelvo a ver a Luca, tratando de mostrarme como un paciente.

    Isabel- Bueno, estoy preparada, ¿A dónde vamos?

    Luca- ¿al baño?

    Isabel- sí, me parece bien, pero primero voy a preparar el líquido.

    Luca- bueno, yo voy al baño y acomodo todo

    Yo voy con la jarra a la cocina, tenía que entibiar el litro medio de agua, Luca llevo el resto de las cosas de la bolsa al baño. Mientras espero unos 10 minutos en la cocina para que se entibie el agua, podía escuchar que mi hijo estaba acomodando las cosas en el baño, como que corría cosas de su lugar.

    Ya estaba preparada, vuelvo al baño con la jarra en la mano y lo primero que veo es Luca terminando de colgar un gancho que venía con el kit de enema.

    Isabel- veo que ya preparaste todo

    Luca- creo que sí.

    Isabel- bueno, empezamos

    Sin esperar más, me saco el jean y la tanga, la dejo a un lado y me hago un nudo en la remera, me arrodillo y apoyo las dos manos sobre el suelo. Ya estaba lista, le dejo al alcance de sus manos mi agujero, ahora era su trabajo lubricarlo.

    Luca- ¿uso vaselina?

    Isabel- Claro, ¿Por qué? ¿te parece que no me hace falta?, jajajaja

    Luca- Bueno, pruebo y te digo.

    Puedo sentir como me acaricia el ano con el dedo buscando poder penetrarlo. Empuja y en el primer intento lo consigue, puedo sentir como entra y se desliza con facilidad hacia el interior. Me corrió un escalofrío por todo el cuerpo. Enseguida me doy cuenta de una cosa, no era un dedo el había metido, sino dos.

    Isabel- ¡Luca! ¿Un dedo solo metiste?

    Luca- jajajaja casi no te dabas cuenta, metí dos y entraron muy fácil, ves que tenía razón.

    Isabel- Ay Lucas, como sos, no te tomas nada enserio, mi culo no es para jugar. Dale empieza con el enema.

    Luca- Bueno, deja al profesional

    Suerte que saco los dedos a tiempo, estaba por acabar ahí mismo. Enseguida toma la cánula y la arrima a mi ano, era muy fina, de apenas un centímetro de grosor, hace una leve presión y entra con mucha facilidad, puedo sentir como se introducen sus quince centímetros de largo en mi culo. Cuando ya lo tengo toda adentro abre la válvula para que empiece a bajar y entrar el agua.

    Casi el primer medio litro entró con rapidez, luego empezó a bajar lentamente el nivel en el recipiente. Podía sentir como se empezaba a hinchar la barriga de agua. Luca subía el recipiente para facilitar la entrada del agua. Después de casi dos minutos, logra meter toda el agua, la barriga me dolía de la presión en mi interior, parecía que tenía un embarazo de cuatro meses. Era mi primer enema, nunca había experimentado esa sensación, no hubiera pensado que era tan molesto y en cierta forma doloroso, pero lo peor, que tendría unas ganas incontrolables de cagar, casi al instante de haberme llenado.

    Cuando Luca retira la cánula del culo, me paro de inmediato para tratar de aguantar y para que no salga el agua disparada., apretaba el culo con fuerza, pero sentía que no iba a poder retrasar el destino. Mientras me tapaba la vagina con una mano, mostrando un mínimo de pudor, lo miro a Luca y le digo.

    Isabel- Dale Luca, déjame que no aguanto más.

    Luca- pero te dijo el médico que tenías que esperar unos minutos.

    Isabel- Bueno, pero no aguanto.

    Ese fue el momento en el que exploté con un fuerte chorro de “agua” en el inodoro, sentí un alivio inmediato, también sentí una carcajada de Luca. Mi culo pasó a ser un instrumento musical, cada chorro que expulsaba lo acompañaba una nota diferente, agudos y graves musicalizaban el baño, eso le hizo gracia a mi hijo y luego de unos minutos a mí también. Fueron unos largos minutos en que los que mi culo tomo el control, tenía vida propia, no podía dominar el esfínter, sólo lo dejaba hacer su trabajo. Cuando termino Luca me plantea una solución.

    Luca- tengo una idea para que puedas aguantar más tiempo

    Isabel- ¿Qué idea?

    Luca- es una sorpresa.

    Isabel- Dale Luca, no es un juego

    Luca me dejo sola en el baño, me saco la remera y quedo desnuda, me veo en el espejo y no podía creer que había hecho, tenía los pezones hinchados por lo excitada que estaba, cierro la puerta y decido darme una ducha para bajar la calentura, que solo pude bajar con una paja.

    Salgo del baño y recorro la casa, Luca no estaba, había salido. Era una locura lo que habíamos hecho, pero quería más, no lo podía controlar.

    Tenía ganas de estar desnuda por la casa, pero me tuve que controlar, al final era la madre de Luca, tenía que mostrar algo de recato ante mi hijo, aunque sé que mi figura puede ser irresistible para cualquier varón, especialmente mi culo que se lleva todas las miradas, doy gracias a los kilómetros que hago todos los días como deporte.

    Pasaron unas cuantas horas desde que Luca se había marchado, quería sorprenderlo con algo para la cena, fui a la cocina y me puse a preparar una linda comida. En ese momento escucho la puerta de calle, era mi hijo que había regresado. Entra a la cocina y se lava las manos mientras estoy amasando a un lado de la mesada.

    Isabel- ¿dónde fuiste?

    Luca- Te fui a comprar un regalo.

    Isabel- ¿Que me compraste?

    Luca- Sorpresa. Lo dejé en el living.

    Isabel- te estoy preparando algo de comer.

    Luca- ¿Cómo sigue este culito?

    Mientras yo seguía con las manos en la masa, Luca baja una mano por mi cintura y la mete en el short que llevaba puesto y con el dedo todavía mojado, después de haberse lavado las manos, lo desliza por la raya del culo buscando el agujero.

    Isabel- ¿Qué haces? Dale, Luca, no seas asqueroso.

    Le digo a Luca, pero sigo amasando con total normalidad, en realidad me encantaba lo que estaba haciendo.

    Luca- Estoy controlando a mi paciente.

    Isabel- Dale, Luca no estoy jugando.

    No tardó mucho en encontrar el agujero y meter el dedo, puedo sentir que entra apenas unos centímetros y lo saca.

    Isabel- ¿ya probaste? ¿estas contento?

    Luca- no, ahora pruebo.

    Se lleva el dedo a la boca y lo chupa lentamente.

    Luca- mmmm, está delicioso.

    Isabel- jajaja, no seas asqueroso, dale prepara el regalo que cuando termino de amasar voy al living.

    Ya no había limites, los había dejado de lado, trataba de normalizar la situación con mi hijo, algo que en un contexto “normal”, sería algo imposible o irreal, pero esto sólo quedaría entre nosotros y los dos lo sabíamos.

    Después que termino en la cocina voy al living en busca de la sorpresa, no me imaginaba con que me podría sorprender Luca.

    Isabel- ¿Qué es esa caja?

    Luca- la sorpresa

    Era una caja de cartón negra, de forma rectangular, de unos treinta centímetros de largo, con una tapa, que para abrirla había que deslizarla hacia arriba, daba la sensación de algo elegante. Ninguna inscripción delata la sorpresa, la intriga sólo cesará cuando la abra. Tiro de la tapa y se abre muy lentamente, debido a que su hermeticidad no permitía mayor rapidez. Cuando logro el objetivo, me sorprende.

    Isabel- ¡Qué es esto!

    Luca- Son tres tapones anales de distinto tamaño. No es una idea genial.

    Isabel- ¿estas loco?

    Luca- No ¿Por qué?

    Isabel- pero ¿para qué?

    Luca- Para que puedas aguantar más tiempo el agua, es una solución científica

    Isabel- ¿Crees que me pueden entrar esos?

    Luca- Sí, creo que sí y el más grande

    Isabel- jajaja claro como metiste dos dedos crees que tengo un agujero gigante

    Luca- Y bueno, no podías aguantar el agua, se te escapaba, yo creo por el agujero medio flojo. Te apuesto una cena en el restaurant más caro, que tengo razón

    Isabel- jajaja Bueno, dale, proba, pero si no entran los tres, gano.

    No pierdo más tiempo, me saco el short y quedo desnuda, mientras que Luca toma con una mano el tapón más chico y con la otra le pone un gel que venía en la caja. Me pongo en posición de perrito y empieza a empujar con el tapón sobre mi ano. Entra con mucha facilidad, casi no lo siento, aunque el diámetro era como el grosor de dos dedos, creo que la forma y el lubricante facilitaron el trabajo. Lo saca y lo deja a un costado.

    Luca- el primero entró muy fácil. Ahora va el segundo

    Con suma prolijidad toma el otro, lo lubrica y arrima a mi ano. Esta vez costó un poco más, pero no tanto, igual doy un suspiro para mostrar un poco de molestia, hasta ahora estaba en lo cierto mi hijo, mi culo admitía cualquier cosa. Cuando lo saca, puedo sentir un tirón y la succión, hasta se escucha un pequeño ruido cuando sale.

    Luca- parece que el segundo tampoco sirve como tapón.

    Isabel- ¿Qué decís?, no te diste cuenta que le costó salir.

    Luca- jajaja, no mientas, me parece que ni el más grande va a servir.

    Toma el último y más grande, lo lubrica, lo deja brilloso, casi del tamaño de una pequeña manzana, lo arrima a mi esfínter y comienza presionar, era otra cosa, mi culo se resistía a la entrada, pero Luca es fuerte y comienza a usar esa fuerza. La fuerza logró su cometido, puedo sentir como se estira mi agujero hasta que de pronto entra de un golpe, como si el culo se lo tragara, ahora sí puedo sentir como me llena, era un verdadero tapón que no dejaba espacio para ninguna fuga.

    Luca- ¡Gané!

    Isabel- Bueno, está bien, ganaste, ahora sácalo que me molesta.

    Luca- Te gané la cena o sí quieres te ofrezco cambiarla por otra cosa.

    Isabel- ¿Qué otra cosa?

    A esta altura estábamos los dos muy calientes, le seguía hablando con el tapón en el culo con total normalidad, podía sentir los jugos en mi vagina.

    Luca- Te puedo cambiar la cena, si me dejas meterla por el culo.

    Isabel- ¿Qué otra cosa me queres meter en el culo?

    Luca- mi pija

    Isabel- jajaja que vivo, el culo por una cena.

    Luca- pero es una lastima desaprovechar este agujero ahora que está bien dilatado.

    Isabel- jajaja, te hago otra propuesta, te doy el culo, pero después me llevas a cenar.

    Luca- ok, ganaste

    Habíamos ganado los dos, Luca tiró del tapón y lo arrancó de mi agujero, hizo un ruido de corcho saliendo de una botella, apenas lo saca arrima su cara y mete la lengua por el ano mientras la mueve en círculos, yo con una mano no puedo parar de masturbarme. De repente Luca se baja el pantalón y saca el pene hinchado, rojo, cabezón. Tal era la calentura que apenas lo arrima al ano, mete la cabeza con facilidad, era puro placer, se balanceaba con fuerza, parecía poseído por algún demonio. No tarda mucho en acabar, puedo sentir como me inunda el culo de leche caliente. Quedo agotada en el piso, cuando saca el pene enseguida retoma la erección y quiere intentar meterlo de nuevo, pero se lo impido.

    Isabel- No, un trato es un trato, ahora me debes la cena.

    Luca- pero, no seas mala, mira cómo me dejas, todo duro

    Isabel- jajajaa, no aguántate

    Yo sabía lo que hacía, quería que fuese un principio y no un fin. Que mejor que dejarlo caliente y no me pueda alejar de su cabeza.

    Ese día fuimos a cenar, pero antes de que llegara el momento de ir, no sabía cómo sacármelo de encima, parecía un perro en celo, me estuvo corriendo por toda la casa, cada vez que me veía quería montarme, no paraba de tocarme el culo, yo no podía disimular mi alegría, ni podía actuar enojo, mi sonrisa lo incentivaba.

    Aunque la cena no era formal, el restaurant era caro, elegí un vestido rosado muy elegante, que no usaba hace tiempo, era de una tela muy fina casi transparente, que marcaba mi figura. Me sentía sexi, no llevaba ropa interior, quería que mi hijo sienta celos de las miradas indiscretas en el restaurant. Cuando llegamos tuvimos que esperar hasta que quedase libre un lugar. Pasamos unos quince minutos esperando en la entrada, cosa que a Luca no le impidió que me manoseara. Luca me hablaba casi al oído, mientras su mano bajaba por mi espalda hasta llegar a mi culo, pude sentir como su dedo empezó a recorrer la raya de mi culo haciendo presión y buscando el ano, no podía hacer nada, había mucha gente en el local, sigue empujando y logra meter el dedo envuelto en la tela fina tela del vestido, lo mete muy profundo, hasta que de pronto se acerca el encargado de avisarnos que ya había una mesa libre, Luca saca el dedo de golpe pero la tela queda atrapada dentro de mi culo, no me quedo otra cosa que empezar a caminar siguiendo al encargado y tirar del vestido para sacarlo de mi agujero. En ese momento me doy cuenta que una mujer mayor sentada en una mesa vio toda la secuencia y cuando me saco la tela del vestido del culo, me mira y sonríe de manera cómplice. Empezamos a comer los dos excitados, no parábamos de reír con cada comentario.

    Terminamos de cenar y nos fuimos, Luca ya había cumplido con su promesa, cuando subimos al auto lo primero que hicimos fue besarnos, no tardo en chuparle la pija para bajar la calentura, me inunda de leche caliente y espesa, la boca.

    Apenas llegamos a casa nos descargamos con sexo, fue una cogida maratónica, me quedó el culo dilatado y dolorido como nunca antes. Y sí, el culo fue nuestra preferencia, tal vez fue una elección inconsciente, algo que es visto en la sociedad como antinatural en la nuestra es lo más natural, una relación oculta y mal vista, condenada.

    Ustedes se preguntarán en que quedo el enema que me tenía que hacer, bueno lo tomamos como una práctica habitual antes del sexo, nos hicimos expertos en la aplicación, quedaba vacía y limpia antes de que me penetre, era parte del juego.

    Aunque Luca se puso de novio y yo salí con varios hombres, nunca dejamos de tener sexo, no lo podemos evitar, cada vez que nos vemos nos vence el instinto y terminamos cogiendo, el sexo es un deporte para nosotros, ni lo vemos como un taboo, solo lo hacemos y todos los días.

  • Enamorada de mi psicoterapeuta

    Enamorada de mi psicoterapeuta

    La fantasía actual que tengo ahora es donde yo me encuentro vistiéndome como puta para verlo, quiero usar una falda corta para que él pueda ver mis piernas, deseo provocarlo…

    También llevo el cabello suelto, yo soy una joven de 23 años y el un hombre de 58 años… Imagino tanto que él me desea por ser joven y que le gusta mi cuerpo, en mi mente armó escenarios donde él pasa por mi cerca de casa y me lleva a un motel cerca, de camino al lugar yo comienzo a mirarlo y tocó su brazo pero en seguida una de mis manos se resbala con rapidez y sutilidad hacia sus piernas, le acaricio su entre pierna y él gira a verme y me sonríe como si supiera que estoy ansiosa por abrirle los jeans. Yo lo miro nerviosa comienzo a ponerme muy excitada y con nervios le abro los jeans para meter mi mano y sentir su verga dura y grande.

    Es rica, calientita y mi boca se pone muy deseosa quiero agacharme y mamar su verga en el coche, no resisto, no puedo esperar a llegar al lugar.

    Amo su verga, amo su cara y solo deseo besarle hacer que me tomé.

    Cuando estamos llegando al lugar me siento bien pero en el proceso desacomodo mi ropa para intentar sacar mi ropa interior.

    Entramos a la cochera del cuarto del motel y enseguida me lanzó sobre sus jeans intento sacarle con intensidad la verga y comienzo a chuparle su líquido preseminal es una miel tan dulce que la disfruto demasiado me encanta saborearla, me excita demasiado su sabor y quiero exprimirla para que salga más y más…

    Amo dejar su verga muy dura y en erección para montarme en él, él aún sentado en el asiento me subo poniéndole mis senos a la altura de sus labios y él comienza a morder mis pezones toma con sus manos mis tetas y me pellizca, muerde y me chupa las tetas por un buen rato mientras lleva sus manos a mi culo y me abre tanto las nalgas que me imagino como se expande mi vagina y mi culo para que me meta su verga por dónde el quiera…

    Busco cogerme con él, levanto mi cadera y enseguida mi vulva húmeda y caliente rosa con su verga dura y gruesa, dios! Me siento en ella y con intensidad siento como va abriéndome el culo mientras mi vagina se dilata y comienzo a escurrir sobre su pelvis, dios! Que rica verga tiene, siento como me abre el culo y me desgarra… Su verga es tan rica la amo.

    Comienzo a mover mi cadera con suavidad pero el con mucha excitación y con deseos de romperme me mueve el culo para cogerme muy rico.

    Me encanta su verga me llena el culo, dios! Que rico.

    Él me toma del cuello con fuerza mientras me coge por el culo y me hace gemir de placer y de dolor. Me encanta ser su puta que se de placer conmigo. Deseo tanto ser su objeto.

    Solo le pido por favor.

    -papi cógeme siempre por favor, dame tu lechita en mi culo… Me encanta!

    Mi cuerpo termina entregándose al placer que su verga me provoca, sin resistencia y sin fuerza mi cuerpo cae sobre su cuerpo como si fuera una muñeca para que el disponga de mi.

  • Mi primera vez oral

    Mi primera vez oral

    Como de costumbre, de la cesta de ropa sucia cogí una tanga sucia de mi esposa. Me la puse y salí. Pensé sería otro día tomando una cerveza en el bar de ambiente que frecuentaba ya más de un año, sintiéndome muy puta con la tanga puesta.

    Llegué, me senté en barra, pedí una cerveza y me puse a revisar el celular mientras bebía tranquilamente. No esperaba más que el morbo íntimo de estar en este lugar discreto con una tanga bajo el jean. Había descubierto el bar tiempo atrás, casualmente al caminar por esa calle que no frecuentaba, la curiosidad me hizo entrar. La pase bien, con una cerveza en barra y viendo a las parejitas gays por acá y por allá.

    Volví algunas veces, espaciadas entre sí. Finalmente, se me ocurrió ponerme una tanga sucia de mi mujer para asistir. No sé cómo me surgió la idea, pero el morbo me hizo concretarla. Desde entonces se me hizo más habitual asistir. Cada quince días, aprovechando que mi esposa iba a una reunión con sus amigas y llegaba tarde. Al volver de la oficina, sacaba una tanga sucia, me la ponía, encima el jean, una camiseta juvenil y al bar.

    Tomaba una o dos cervezas disfrutando la música, sintiéndome putilla y poco más, de vuelta a casa, antes que mi mujer volviera. Más de una vez se me habían acercado a conversar, activos y pasivos, pero para ser sincero, me sentía más cómodo hablando con activos.

    Llevaba ya más de un año en la rutina quincenal y conocía ya a algunos clientes habituales. No tenía mayor afinidad con ninguno. Con quien más había hablado era un gordito, David, de unos 40 años (yo tenía poco más de 30 esos años). Podría decir, exagerando, decir que teníamos una cierta amistad.

    Esa noche estaba David, como de costumbre se acercó. Pidió una cerveza y comenzamos a charlar. Algo de futbol, otro tanto de tenis, sobre la música, que a ambos nos resultaba atractiva. En algún momento le dije que iría al baño. Me dijo que justo él también quería ir. Fuimos juntos. Sin ninguna malicia de mi parte.

    Al llegar a los urinarios, que como en muchos bares en Perú son comunes, una banda larga en el piso, cubierta con cerámicos, donde uno orina, casi todos pegados. Al entrar no había nadie. Me puse a un lado y David al otro. Cuando sacó su verga para orinar no pude evitar ver lo enorme que era. No podía imaginar un gordito de cuarenta años con una verga de ese tamaño. Difícil describir como me sentí. Se dio cuenta, la meneo un poco, la guardó y volvimos a barra.

    Al volver, ya fue directo. Me dijo que yo lo atraía. Que siempre me veía discreto y tranquilo. Que eso le gustaba. Yo no podía sacar de mi mente la imagen de su verga enorme. Tras unos 30 o algo más minutos de flirteo, donde me sentí una joven seducida, me propuso ir al hotel. Le dije la verdad, que nunca había estado con otro hombre. Él no se sorprendió, me dijo que lo sospechaba y que iríamos sólo para tocarnos un poco.

    Con temor acepté. Salimos. A pocas cuadras había un hotel (oh sorpresa, también discreto). Pagó (tenía el rol de varón muy interiorizado) y subimos hacia la habitación. Nos acostamos sobre la cama. Ambos vestidos. Conversamos unos instantes y luego el empezó a acariciar mi cuello y mis tetillas sobre la camiseta. Me la saqué y el siguió acariciándolas. Sentí mucho placer. Él se acurrucó sobre mí y comenzó a lamer mi tetilla izquierda. Yo volaba ya de gusto.

    Se volvió a acostar y me dijo “chúpala amor”. Se desabrochó el jean, se lo bajo junto con su bóxer y dejó al aire su enorme verga. Parecía de actor porno. No acorde con su cuerpo rollizo y su calvicie incipiente.

    Sin experiencia dude sobre qué hacer. Me arrodille junto a su verga. Intenté replicar las múltiples mamadas que había recibido. De mi esposa, de putas, de todas las mujeres de mi vida. Le pasé la lengua, lamí su glande. Intenté meter lo más que pude en mi boca. Pero quizás no llegaba a la mitad de su enorme tamaño.

    Finalmente, comencé a succionarla como me gustaba me lo hicieran. La cabeza y un poco más dentro de mi boca. El resto estimulándolo con mi mano derecha. Se corrió en menos de dos minutos. Me llenó la boca de su semen. Una corrida brutal, inmensa, tomé todo lo que pude, pero igual se chorreo sobre su verga aún dura.

    Se levantó. Se fue rápido al baño. Se limpió en el lavabo. Se fue diciéndome “cuando quieras te vas, gracias”.

    Me quedé tendido en la cama. Largos minutos. Entre avergonzado y satisfecho. Había sido usado y había probado semen. Había sido sólo una puta. Finalmente me lavé la boca lo mejor que pude y volví a casa.

  • La desconocida

    La desconocida

    —¿Te gustan los hombres?, —fue lo primero que aquella desconocida le preguntó.

    Juan parpadeó confundido sin comprender a qué venía todo aquel circo. Se había despertado con una horrible resaca, con la cabeza martilleándole como si estuvieran tallando piedra en su cerebro y tenía la garganta tan seca que tragar saliva era como tragar arena. Lo peor no era el dolor pulsante en la cabeza, descubrió enseguida que se encontraba atado, atado a una columna en aquella habitación, y su captora era una hermosa mujer envuelta en una túnica de seda roja tan fina que incluso con la poca luz que había, podía ver bajo la tela las curvas de su atractivo y desnudo cuerpo.

    El último recuerdo que podía tener era uno en el que se encontraba tumbado entre las sábanas de la cama aspirando el olor de su mujer. Se reía por algo, con esa sonrisa tan dulce y pícara en la que se le forman unos hoyuelos en las mejillas. Bebía con pequeños sorbos un poco de vino en una copa. Tenía los pómulos sonrosados, los hombros desnudos y el pelo despeinado. Juan era incapaz de mirarla sin estremecerse

    —¿Quién eres?, —preguntó Juan.

    No dejó traslucir ninguna emoción. Ni miedo, ni pánico, ni vacilación. No se sentía intimidado por estar atado y desnudo frente a otra mujer.

    —¡Mmmm!, no importa si te gustan los hombres, —continuó la desconocida ignorando su pregunta. —Tranquilo, puede ser natural. Tanto tiempo en la empresa, reuniones, viajes, estrés, la soledad de los hoteles… La carne es débil y la carne de un tío, es mucho más débil que la nuestra.

    Juan miró a la desconocida con desidia. Todo lo que ella podía hacer era soltarle esa palabrería. Se limitó a bajar la cabeza y a cerrar los ojos. Que hablara lo que quisiera, no le importaba lo que le dijera. Los seis últimos meses había estado sometido a mucha presión después de la fusión de la empresa con una multinacional alemana. Sencillamente no estaba para chorradas.

    —¿Te gustan los tíos Juan?, –volvió a preguntar aquella mujer.

    —Que te jodan, –masculló molesto.

    —¿Que me jodan?, ¿de verdad que piensas eso?, –dijo ella con una risa burlona

    —Paso de ti, que te den, – dijo y ya dispuesto a no volver a abrir la boca.

    —¿Cómo está María José? –quiso saber la desconocida.

    Todos los hombres tienen un punto débil, algo que les hace vulnerables. Juan no tenía ninguno, físicamente no había nada que reprocharle. Pero por otro lado, era cabeza de familia, su hija de once años, su mujer…

    María José se tenía por una mujer dulce y bastante atractiva. Había manejado un negocio propio durante años, aunque luego tuviera que cerrarlo por la crisis. Deportista, activa, y a sus 41 años, todavía mantenía un cuerpo que arrastraba muchas miradas. Compartía con Juan el gusto por el mundo liberal y swinger. No le habían faltado ocasiones para acostarse con otros hombres y mujeres, sin embargo siempre había permanecido fiel a la promesa de no hacer nada a espaldas de Juan. En aquella aventura estaban los dos juntos.

    ¡Plaf!, con una bofetada la desconocida lo devolvió a la realidad.

    —Meterte en tus propios pensamientos cuando se mantiene una conversación es de mala educación, Juan. Te estaba preguntando por María José.

    Juan apretó la mandíbula y no contestó. La cercanía de la mujer le dejó verla un poco mejor y se quedó mudo ante su arrebatadora belleza. Tenía un tono de piel moreno. Su cabello, castaño claro y casi rubio en las puntas, que le llegaba un poco más arriba de los hombros, muy brillante que enmarcaba un rostro ovalado de líneas suaves y gesto aniñado. Los pómulos eran redondos, las mejillas llenas, la barbilla pequeña y con un hoyuelo que le daba mucha personalidad. Los labios tenían el tamaño justo. Pero lo que más inquietó a Juan fueron sus ojos negros.

    —Bueno, ya me habían dicho que no eras muy hablador, y que eras más de acción. En ese caso, vamos a empezar.

    Ella se dio la vuelta con un giro tan elegante que la tela de su vestido le rozó la piel con una suave caricia. Se dirigió hacia un hombre que había en la penumbra, alguien a quién no había visto hasta ahora.

    Le miró, pero su rostro le era igual de desconocido. Lo que sí pudo hacer fue calibrar su musculatura, su piel bronceada que brillaba con las luces de las velas repartidas por toda la habitación. La mujer tocó el abultado brazo de aquel individuo, una caricia que no tenía nada de inocente y se colocó detrás de él, asomando el rostro por encima del hombro.

    —Este es Andrés, y ya te conoce bien. Los nudos de esa tela que te sujetan los ha hecho él, —comentó mientras le acariciaba el estómago duro y plano, deslizando los dedos sobre su piel tostada hasta el borde del calzoncillo. Si aquella caricia debía excitarle o algo por el estilo, ella estaba yendo por el camino equivocado. -Andrés es un hombre complaciente, mueve las caderas de forma increíble y tiene la polla tan grande como el mismísimo Dios. -Mientras hablaba, la desconocida le quitó el calzoncillo desnudando por completo al hombre.

    Juan hizo un gesto, se imaginaba por donde iba el juego y, la verdad, le daba exactamente igual como tuviera la polla ese tal Andrés. Si lo que iban a hacer era violarlo, perdían el tiempo.

    La mujer le dio un mordisco en la oreja a Andrés y éste ronroneó complacido. Su pene se arqueó ligeramente. Juan miraba el despliegue de erotismo con absoluta indiferencia.

    —Ve a darle una lección, campeón – dijo la mujer.

    Andrés se acercó a Juan, y estudió el cuerpo masculino, se dio cuenta de varias cosas. Tenía la piel bronceada, el cuerpo atlético. Pensó que era el típico chulo de gimnasio que se dedicaba a complacer mujeres, manteniéndose siempre en forma para agradar a las féminas.

    Andrés alargó la mano y empezó a acariciar a Juan. Él ni se inmutó. Su cuerpo no reaccionó al contacto, no iba a hacerlo. Las manos de Andrés no es que fueran muy suaves, pero sus caricias no eran dolorosas, ni impacientes, ni frías. Sabía cómo tocar para dejar un rastro de calor por la superficie de la piel. Al cabo de un rato, después de que Andrés explorara todo el cuerpo de Juan, éste seguía impasible, y se giró hacia la desconocida, que no había perdido detalle de nada y que los observaba con las pupilas brillantes. Ella parecía ansiar devorar a Andrés y a Juan por igual.

    —No le gustan los tíos, –dijo Andrés.

    —Eso parece, –susurró ella con la voz un poco oscurecida por el deseo.

    Andrés se alejó de Juan, y se puso al lado de la columna en la que estaba atado de pies y manos. Comprobó los nudos y Juan descubrió que la tela no se le clavaban en la carne. Además, era suave y no le hacía roces en la piel.

    —Está claro que si no te gustan los hombres, te gustarán las mujeres. Tu atractivo es más que evidente, tienes una buena polla, unos muslos fuertes y un buen culo. Cualquier mujer estaría encantada de tenerte metido entre las piernas, golpeándola con esa polla tan estupenda.

    —Pierdes el tiempo conmigo, –dijo Juan bastante enfadado. -No soy de los que va por ahí follándose a cualquiera

    —¡Anda, pero si tienes lengua! –dijo ella con una sonrisa lasciva.

    -¿Sabes usarla para algo más que para hablar? , –preguntó muy interesada de forma burlona.

    —Pues parece que no, –murmuró Andrés, también con tono irónico.

    Junto a la mujer de ojos negros, de entre las sombras salió María José, la tercera en discordia. Iba vestida con una túnica blanca y tenía la cara escondida bajo una capucha y un antifaz.

    —Ven niña. Ya es hora de que pruebes a nuestro invitado, –canturreó la desconocida.

    La mujer y María José se situaron delante de Juan. Él la estudió, eso seguro, aunque no podía adivinar mucho. La desconocida se colocó detrás de María José y separó las telas de la túnica revelando el cuerpo femenino que había debajo, pero no le quitó la capucha.

    Juan sintió un extraño tirón en vientre. Su deseo estaba apagado, pero la repentina visión de aquel cuerpo lo llenó de desasosiego. Pudo ver sus caderas, que para él eran perfectas, los muslos esbeltos y torneados, de un color dorado. Su vientre plano y a pesar de la penumbra pudo ver las formas de sus abdominales y el ombligo. Entre las piernas, la vagina totalmente depilada. Los pechos, redondos aunque no muy grandes, con los pezones duros y puntiagudos.

    Juan tragó saliva. Podía pasar de las caricias del tal Andrés, pero supo que si esa desconocida lo tocaba, se iba a volver loco.

    —Adelante guapa. Tócale, —la alentó su captora.

    María José se estremeció cuando levantó las manos hacia Juan.

    —Pasa. Ni te preocupes por lo que pueda decir, —dijo la mujer a María José.

    Volvió María José a estremecerse y emitió un gemido. Detrás de ella, la desconocida la cogió por las muñecas y acercó las manos al torso masculino de Juan. Las palmas se posaron completamente en su pecho, cálidas y tiernas; el contacto le abrasó la piel y envió un calambre a cada una de sus extremidades poniéndole los miembros rígidos. Se puso tan tenso que los músculos se marcaron sobre los huesos y los tendones se estiraron tanto que parecían a punto de romperse.

    —Muy bien —susurró la desconocida con dulzura alejándose un par de pasos de ellos.

    Miró a Juan y éste deseó tener las manos libres para descubrirle el rostro. No podía verla, la tenía justo delante y no podía verle la cara. Pero, ¿por qué querría verle la cara? Lo estaba tocando sin permiso, estaba siguiendo las órdenes de la mujer de ojos negros. Cerró los ojos intentando pensar.

    Sus dedos femeninos se deslizaron de forma delicada por su pecho. Sus manos eran pequeñas, suaves, calientes. Exploraron todos y cada uno de los músculos de su torso. Lo acarició por la línea de las clavículas y los hombros, luego sobrevoló sus costillas y descendió por sus caderas, tocándole los músculos de las pantorrillas. Cuando subió por sus muslos le arañó la dura piel con la suavidad de una pluma, dejándole marcadas unas líneas rojizas que desaparecieron un segundo después. Sintió otro tirón en el vientre… y más abajo.

    Pero había encontrado el sitio adecuado. Acarició su estómago con interés, delineando la tensa musculatura, toqueteando los surcos y depresiones de su piel. Jugueteó con el vello de su pecho, enredando los delicados dedos entre los rizos y descendió de nuevo por su vientre hasta su ombligo. Juan se puso tan rígido que las telas se estiraron y crujieron y María José quitó las manos como si se hubiese quemado. Luego volvió a poner las manos sobre el estómago masculino y el vientre de Juan sufrió un espasmo.

    Resopló por la nariz intentando controlar la ansiedad. El corazón le retumbaba en la cabeza y había empezado a sudar. La desconocida y Andrés seguían allí observando la escena, pero no estaban pendientes de él sino de María José. Juan dudó. ¿A quién exactamente estaban poniendo a prueba?. ¿A él o a la chica de la capucha?

    Perdió la concentración cuando María José posó la mano sobre la base de su miembro. Un escalofrió le bajó por el espinazo para estrellarse directamente en su polla. Animada por la respuesta que había provocado, deslizó los dedos por todo el tronco y frotó suavemente el glande con la yema de los dedos. Juan se ahogó cuando contuvo un gruñido y se retorció intentando apartarse de la mano femenina, clavándose las cuerdas en los brazos y las piernas. Rodeó su polla con ambas manos. Cerró los dedos en torno a la erección que se le había formado y comenzó a masturbarlo con lánguidos movimientos. Juan tembló de los pies a la cabeza y el deseo saltó por todo su cuerpo. El placer que aquellas manos calientes le estaban dando era tan delicioso que le dio miedo pedir más. Aquella joven desnuda lo acariciaba con determinación, no se trataban de caricias mecánicas que buscasen complacerlo de inmediato, eran movimientos suaves, cariñosos. La manera en que frotaba su pene y frotaba cada centímetro del rígido músculo, parecía buscar el máximo placer para él. Su pene se puso tan duro que parecía a punto de estallar. El contacto de las manos femeninas era sublime y una bola de fuego se le había formado en el vientre, amenazando con explotar. Una gota salió de su miembro y lo limpió con el pulgar, extendiendo la humedad por la piel de su pene. Juan gimió y se retorció. Estaba al borde del éxtasis.

    De pronto tuvo hambre, pero no de comida, sino de algo más fuerte y cuando clavó la vista en la encapuchada, tuvo ganas de meterse entre sus piernas y follarla de forma desenfrenada. La sangre le hirvió bajo la piel y jadeó, y se le secó la boca… La vista empezó a nublarse y su cuerpo estaba tan rígido que se le adormecieron los brazos.

    —Venga, ya está bien —dijo entonces su captora.

    María José separó las manos de Juan con renuencia, como si fuera reacia a dejar el trabajo a medias. Juan se derrumbó con el cuerpo sacudido por pequeños espasmos de placer, pero como estaba atado se mantuvo derecho pegado a la columna.

    —Lo has hecho divinamente, mi niña.

    Con la cabeza agachada y oculta con la capucha, María José asintió y dejó salir un suspiro que llegó los oídos de Juan y le provocó un estremecimiento de placer que le bajó directo a la entrepierna.

    —Ahora, de rodillas —ordenó la desconocida de ojos negros.

    Andrés salió de la nada para colocar una almohada a los pies de Juan. Con delicadeza, María José se arrodilló delante de Juan y levantó la mirada hacia sus ojos intentando ocultarse lo máximo posible. Juan pensó que tenía un cuerpo magnífico y unos muslos redondos y tiernos, blandos, que se pondrían rojos cuando los agarrara bien fuerte para abrirla y ensartar su polla en ella. Con sus manos le dejaría marcas cuando la tocara y podía imaginar con mucha facilidad la manera en que sus dedos se clavarían en el cuerpo de la encapuchada. También podía imaginar su cuerpo sacudido por el placer y las embestidas intentando llenar con su polla hasta el último reducto de su coño.

    Sin que estuviera preparado, su captora le retiró la capucha a María José. Al verle la cara su excitación creció varios grados más.

    —¡Joder, María José! … —susurró.

    —Juan —dijo María José con un gemido.

    Estaba tan excitado por descubrir a María José desnuda, que se puso más duro que una piedra. El deseo de separarle las piernas y clavarle la polla se hizo más grande.

    La desconocida se puso junto a ella y le pasó la mano por el pelo. Un ronroneo complaciente surgió de sus labios, un sonido que excitó aún más a Juan. La desconocida aprovechó para besarla por el cuello descubierto.

    —A Juan le ha gustado mucho lo que le has hecho, —le aseguró la mujer.

    —Teníais razón Gabriela —dijo María José con una sonrisa pícara.

    —Claro que sí —contestó Gabriela, su captora. -A tu maridito le gustan las mujeres. Ahora, ¿le enseñarás todo lo que sabes? Está deseándolo, ¿lo ves?

    Miró hacia la polla erecta de Juan, igual que lo hizo Gabriela.

    Su miembro palpitó bajo la mirada de las dos.

    —Ya lo veo, —susurró pasándose la lengua por los labios.

    ¡Por favor!, que no volviera a hacer una cosa así o se correría sobre sus tetas, pensó Juan.

    Sujetó el pene de Juan con una mano y acercó la cara para poner el glande entre sus labios. El contacto derritió el cerebro de Juan y un gutural gemido surgió desde el fondo de su pecho. Su cuerpo se puso tan rígido que las ataduras crujieron de nuevo y durante un segundo parecieron a punto de ceder. Ella respiró sobre su pene derramando un chorro de cálido aliento sobre la piel mojada y sosteniéndolo en alto con las dos manos, acarició su corona con la lengua.

    La cabeza de Juan dejó de funcionar. La calidez de la boca de María José era sublime. Con mucha ternura, humedeció toda la superficie de su miembro, empapándolo de saliva.

    Al cabo de unos minutos detuvo un momento los besos sobre la polla de Juan. Cogió aire, abrió la boca y, muy despacio, la fue introduciendo poco a poco en el interior de su cavidad. Juan se retorció, sudando y gimiendo y ella, con los ojos clavados en su cara, chupó con fuerza hasta que las mejillas se le ahuecaron.

    Juan estuvo a punto de desmayarse. Le temblaron las piernas y de no haber estado atado, se habría desplomado. Ella continuó chupando con dedicación, muy concentrada y sintió como se derramaban unas gotas de semen sobre su lengua. María José las recogió, y lamió cada centímetro de piel haciendo que Juan sufriera una violenta convulsión.

    —Lo estás haciendo muy bien Mariajo. Sigue así, cómetela enterita – se le oía decir a Gabriela.

    A pesar de que no necesitaban oír a Gabriela, esas palabras sólo acrecentaban su placer. Se agarró a los fuertes muslos masculinos y levantó la mirada mientras introducía más polla dentro de su boca, hasta que Juan sintió que tocaba el fondo de la garganta y vio las estrellas. Echó la cabeza hacia atrás gimiendo largamente y se retiró mientras pasaba ella pasaba su lengua por los labios de su boca.

    Cuando bajó la mirada para ver a María José, Juan observó como Andrés se arrodilló detrás de ella. Se había olvidado por completo de él. Ella se inclinó para depositar una serie de cálidos besos por los muslos de Juan, sus caderas, su vientre, incluso sus rodillas. Juan volvió a excitarse cuando Andrés rodeó uno de los pechos de María José para pellizcar el tieso pezón. Ella continuaba con la tarea y besó a Juan entre los muslos, subiendo cada vez más hasta sus tensos testículos. Lamió su piel, chupándolos, hasta que él solo pudo temblar de gozo.

    Pero mientras su esposa exploraba cada centímetro de su cuerpo, Andrés la tocaba con esas caricias casi eléctricas. Imaginar las sensaciones que recorrían el cuerpo femenino de María José, lo excitó aún más, si es que eso era posible todavía.

    Entonces, ella se giró hacia Andrés e introdujo su lengua entre sus labios húmedos para besarle profundamente. Al mismo tiempo Andrés deslizó la mano por mi vientre hasta que los dedos desaparecieron entre sus muslos.

    Juan supo que los dedos de Andrés rozaron su raja cuando se puso rígida y gimió.

    Él contempló con ardor la manera en que su cuerpo respondió al placer, el tono de su piel ruborizada y los pezones endureciéndose.

    Andrés atrapó uno de esos deliciosos picos entre los dedos y lo estimuló.

    Su cuerpo quedó rebosante de placer.

    Juan disfrutaba de aquella visión, la de su mujer exudando placer por cada uno de sus poros. Juan se retorció deseando ser él quién explorara aquel cuerpo. María José comenzó a gemir y a moverme al ritmo de las caricias de Andrés, hasta que los jadeos se tornaron deliciosamente escandalosos. Se puso rígida y se agarró al cuerpo de Andrés anhelando el orgasmo pero él paró las caricias y la empujó con suavidad para que se apoyara en el suelo a cuatro patas, entre los pies de Juan. La cogió por las caderas para levantarle el trasero, se inclinó y comenzó a besarla entre las piernas. Se estremeció con un suspiro de placer. A una distancia prudencial Gabriela sentada en un sillón tampoco perdía detalle. Tenía una pierna subida al apoyabrazos del sillón, y en esa postura la túnica que tenía por vestimenta no la tapaba del todo, dejando ver sus bonitas piernas, y sus muslos hasta casi las ingles. Miraba la escena mientras con una mano se masajeaba uno de sus pechos.

    Juan podía verlo todo desde donde estaba, podía ver la forma de corazón que tenía el culo de María José y también podía ver el perfil de Andrés hundido allí. Andrés le separó las nalgas con los dedos y con la lengua le acarició profundamente todo lo que había entre los muslos de María José, consiguiendo que jadeara y se convulsionara gimiendo de forma escandalosa. Andrés desplegó su arte para penetrarla con los dedos y comenzó a acariciarla por dentro, empujando los dedos y haciendo que la espalda de María José se arqueara. Ni el coño ni el ano quedaron libres de esos dedos prodigiosos. Las sombras que arrojaban las luces de las velas sobre su piel creaban una sensación cálida y la piel femenina brilló de sudor. Con extremada lentitud, Andrés se inclinó sobre las nalgas de María José y comenzó a lamer su entrada trasera hasta que ella gritó y se retorció.

    Gritó y cerró los puños sobre la almohada, retorciéndose de placer. Se puso tan tensa como estaba momentos antes con Juan, y entonces Andrés dejó de acariciarla, la cogió por las caderas y la penetró de una sola vez de forma enérgica, quedándose quieto completamente hundido en ella. Gritó convulsionándose. Cuando se le pasaron los temblores, apoyó las manos en el suelo y levantó el pecho. Andrés se acomodó mejor y comenzó a mover las caderas a un ritmo lento y profundo, bombeando y sacudiendo su cuerpo cada vez que la golpeaba. A veces levantaba la mirada buscando a Juan que estaba tan excitado como hacía tiempo que no lo estaba.

    Andrés aceleró el ritmo y María José fue incapaz de seguirle. Al mismo tiempo la rodeó la cintura con los brazos y apretó sus pechos, que empezó a frotar y pellizcar hasta que le arrancó unos dulces gritos de placer. Andrés fue a más.

    Juan podía oír el sonido del cuerpo de Andrés golpeando las nalgas de María José. Estaba a punto y Juan lo supo, su esposa estaba a punto de tener un largo y excitante orgasmo. Andrés la empujó con fuerza y se quedó quieto. María José jadeó para recuperar el resuello. Temblaba.

    Con dificultad, se sujetó a los muslos de Juan y le miró. Jadeó al notar la boca cerca de su polla y tragó saliva cuando se puso el pene entre los labios y volvió a llenarse la boca con él. Gimió de satisfacción al verse envuelto en la sedosa humedad de la boca femenina y los labios aterciopelados presionándole con dulzura, hasta que volvió a notar que la garganta marcaba el final del camino.

    —¡Uau! eres todo un espectáculo María, —susurró Gabriela mientras se levantaba de su sillón y se acercaba a ellos. -Ver como te comes esa magnífica erección con los labios es una visión gloriosa. ¿Verdad Juan?,

    ¿No te gusta lo que ves?, ¿lo que sientes?

    Juan casi se había olvidado por completo de Gabriela, que se acercó y se agachó junto a María José. Andrés se movió como para salir de ella, pero luego volvió a penetrarla con fuerza empujándola contra Juan, que se quedó sin aire cuando María José gimió directamente con su polla en la boca.

    —Entero María, sólo así se será completamente tuyo. – dijo Gabriela

    Andrés volvió a golpearla con fuerza las caderas y ella se aferró a los muslos de Juan clavándole las uñas, enviando un ramalazo de placer al miembro masculino que se estremeció entre sus labios. La tensión que se respiraba en la habitación era tangible, Juan podía verla y sentirla.

    Juan aulló cuando la presión ejercida por la garganta lo apretó como un puño, con tanta fuerza que creyó que explotaría. Miles de sensaciones estallaron en su cabeza. Los nervios, tensos como cuerdas, se estremecieron, enviando ráfagas de placer a todo su cuerpo. Se convulsionó indefenso, sintiendo como la necesidad crecía en su interior.

    Pasó lo que pareció una eternidad sin que ninguno de los tres de moviera. Se escuchaban los jadeos, los gemidos y los corazones latiendo desenfrenadamente, el sonido de la pelvis de Andrés estrellándose contra sus nalgas con cada embestida. También se escuchaban sus gorgoteos mientras respiraba al tiempo que tragaba, obligando a Juan a sentir las contracciones de la garganta. Gabriela junto a María José, le acariciaba un hombro y lo besaba con ternura. Andrés resopló con el sudor resbalándole por la frente, se acomodó detrás de ella para embestirla suavemente y ella reaccionó. Movió las caderas al ritmo de Andrés y agarrándose firmemente a los muslos de Juan, le liberó de la presión de su garganta apartándole de ella. La saliva resbaló por su barbilla. Luego se relamió y acarició la polla erecta y dura que ahora estaba resbaladiza.

    —Otra vez, no pares, quiero que sigas, —susurró Gabriela a su oído. -Le encanta sentir como lo aprietas con tu garganta. Le encanta ver como te metes cada centímetro de su polla grande y dura en tu boquita. A Andrés también le gusta verlo, ¿no sientes como te llena?

    La voz suave como un susurro de Gabriela y el tono con el que describía la situación hicieron que Juan sufriera y casi se desmayara. Con esas palabras había logrado hacer más grande el placer.

    María José cerró los ojos, y se estremeció de gusto llevada por las palabras de Gabriela. Con una convulsión y un hondo gemido, rodeó el pene de Juan con los labios, apretó y chupó con tanta fuerza que Juan se revolvió. Luego, se lo tragó otra vez, agarrándose a sus muslos con las uñas para no soltarle. Él, indefenso, aturdido y rendido a las circunstancias, cerró los ojos y empujó las caderas contra ella, metiéndole de un golpe seco la polla en su cálida boca para buscar ese roce contra el fondo de su garganta que más placer le causaba para poner fin a aquella locura.

    Un súbito latigazo le bajó por la espalda y llegó hasta su polla. Una luz blanca lo cegó durante un momento, se tensó y, de pronto, explotó. Su cuerpo comenzó a temblar cuando un orgasmo barrió toda su cabeza y su polla se contrajo un segundo antes de empezar a palpitar. Se corrió con un largo gruñido dentro de la boca de María José y ella, asombrada, saboreó el cálido y viscoso semen que salió imparable como un tiro. Fue incapaz de contener la leche caliente y blanquecina dentro de su boca y se desbordó por los labios resbalándole por la barbilla y el cuello siguiendo el mismo camino que su saliva, pero no por eso se relajó en la intensidad de sus besos y sus caricias y siguió succionando sin descanso todo lo que Juan quisiera darle hasta que no quedó nada.

    Saboreó por última vez a Juan antes de apartarse de él. Estaba temblando, de emoción y de necesidad, con Andrés todavía hundido en sus entrañas llenándola por todas partes. Estaba feliz, pletórica. Aunque Juan ya había saciado su deseo, Andrés estaba al borde del éxtasis y se mostró complaciente; le permitió saciar su necesidad con su cuerpo. El hombre la penetró intensamente rozando lugares muy sensibles y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ceder al placer. Estaba a punto de suplicar que parara, cuando el hombre salió de ella para derramar su leche sobre sus nalgas con un gemido de satisfacción. Igual que Juan, Andrés también se corrió con abundancia.

    María José apoyó las manos en el suelo y se sentó, agotada por el esfuerzo. Levantó la mirada hacia su marido. Aquel acto de lascivia, de lujuria desenfrenada, lo había cambiado por completo. Estaba hermoso, gloriosamente desnudo, inflamado y sudoroso. Su polla estaba todavía erecta, brillante, hinchada.

    —Vaya, vaya,…has estado magnífica, —le dijo Gabriela acariciándole la cara.

    Respondió a Gabriela con un largo beso. Sintió en el mentón restos del semen de Juan y se limpiaron mezclando sus salivas. Gabriela pudo también comprobar a qué sabía Juan.

    —Venga Mariajo, vamos. Ponte en pie.

    Gabriela la cogió de la mano y la ayudó a sostenerse sobre las piernas. Estaba dolorida, Andrés tenía también una buena polla y la había embestido con fuerza durante un buen rato. Además, no había llegado hasta el final como ellos. Sus orgasmos estaban exclusivamente reservados para Juan.

  • Colitas vemos, corazones no sabemos

    Colitas vemos, corazones no sabemos

    Aquella me parecía la más sexy del pueblo. Y eso que ya no es señorita, ya tiene años de casada, pero tiene un porte… Vestida con esos pantalones de mezclilla entallados que suele usar, bien que para ese culito respingón. Hasta parece que lo está ofreciendo. Si no la conociera, al verla en la calle vestida como suele vestir, pensaría que es sexoservidora de altos vuelos.

    Llama mucho la atención, y como suele usar el transporte público para ir diariamente al trabajo, no le faltan las miradas que la ven con lascivia, y los comentarios sexosos que se enfocan en ella y su aspecto de p… De hecho oí a gente que aseguraba que cuerneaba a su marido. Yo no sabía si sólo eran puros chismes o algo realmente le sabían. También había quien decía que de plano le puteaba y que aquél la dejaba con tal de sacarse una lana, cosa que era creíble pues ya tenía tiempo que no chambeaba, por lo que sabía.

    No voy a decir que no, yo también lo pensaba.

    Con su sugestiva postura de ofrecedora de culo (bien paradita de nalgas que siempre se le ve), le entran a uno morbosos pensamientos de forma inevitable. Cuando coincidía en el mismo microbús no podía dejar de mirarla; su sensualidad es magnética. Hasta solía bajarme mucho antes de llegar a la casa sólo para irla siguiendo desde detrás, y así admirarle ese culito riquísimo y penetrable. Adivinando la forma, la suavidad, el calado de sus nalgas debajo de los vaqueros, mientras las meneaba sensualmente al caminar, no dejaba de pensar en cómo se vería desnuda y en cuatro.

    Me la imaginaba echada pa’ delante y mirándome coquetamente mientras la tomaba de su fina cintura para de ella sostenerme y así metérsela por en medio de sus dos gajos de carne.

    ¿Por qué siendo tan atractiva se había casado con un cualquier pendejo…? No lo sabía. Aquel tipo era un mediocre, trabajaba de mesero y hacía tiempo que dejó de hacerlo. Ya sólo su mujer era quien salía a trabajar. Según supe había sufrido un accidente en una combi y desde allí ya nunca lo vi.

    No le faltarían propuestas mejores a la señora, de eso estoy seguro. No sé por qué no lo había dejado; después de todo ella; con ese cuerpo; no debería tener necesidad de trabajar.

    Una de esas veces que coincidíamos en el micro, la putona del pueblo, como las malas lenguas la conocían, me miró. Era la primera vez que me concedía una mirada así, pues casi siempre, altiva, me ignoraba.

    Seguro que ella sabía muy bien que me gustaba, era lo más obvio.

    Pues total que ese día, mientras la miraba y pensaba todo lo que me gustaría hacerle a aquella mujer casada, me fue inevitable que se me parara la verga. Así es, sentí cómo aquella extensión de mí mismo cobraba vida y empezaba a hincharse bajo mi ropa que la ceñía. Yo la dejé hacer pues, a decir verdad, la sensación fue placentera. Deseaba tanto a esa mujer, deseaba tanto penetrarla.

    Creo que es algo normal, ¿o no? Pero lo que no me esperaba es que ella se diera cuenta. Así fue, me miró el bulto de mi pantalón e hizo lo impensable, con su lengua lamió sus labios en un ademán visiblemente sugerente. Ella quería verga.

    Aquel gesto fue casi como si me dijera:

    “¿Quieres culearme?”

    Total que durante todo el camino al pueblo continuamos con un ping-pong de miradas que alentaron mis expectativas.

    Hasta que llegó el momento de que ella se bajara. Yo de tonto la dejaba ir sin hacer nada. La seguí.

    La seguí hasta su casa en donde me invitó a entrar.

    Vi que la fama de coqueta tenía buen cimiento. Definitivamente para mí en ese momento ella era una putona. Tenía que serlo, si no por qué invitar a un hombre a su casa donde seguramente no estaba su marido, eso pensé.

    “¿Y tu esposo”, le pregunté sólo por remarcar lo obvio. Evidentemente no debía de estar si no por qué me había invitado.

    “‘Orita viene… ¡Abel!” y que le llama para mi sorpresa.

    «Pues entonces de qué se trata esto», pensé.

    Incluso creí que estaba bromeando y reí, no obstante…

    El hombre apareció, el muy cabrón estaba allí. Pardo; ojeroso; delgado, casi en los huesos, muy desmejorado. Caminaba apoyado en dos palos que usaba a manera de bastones. Traía una bolsa de orina sujeta a una de sus piernas. Su camiseta de tirantes, las sandalias, y las bermudas que vestía le empeoraban el aspecto. Ahí junto a su bella esposa generaba un total contraste.

    Me tendió la mano y lo saludé automáticamente.

    “¿Quieres algo de tomar?”, me preguntó él.

    Torpemente asentí, me sentía en una situación incómoda. Estaba confundido.

    Abel me invitó a sentarme, así iniciamos una conversación.

    “Mira, no sé si sabes pero hace tiempo tuve un accidente en una combi, cuando iba al trabajo. Desde ese día quedé mal. Ya no puedo trabajar, ni siquiera puedo…”, Abel me confió aquello no sin demostrar que el hacerlo patente le afectaba en lo más hondo.

    Como hombre podía entenderlo. Quedar discapacitado así. Sin ya siquiera poder… Abel quedó afectado en varios aspectos y uno de ellos era el sexual, ya no podía complacer a su mujer.

    Él incluso le había propuesto a ella que lo dejara, no obstante no lo había aceptado. Ella lo amaba, según sus propias palabras, así que se hizo cargo de los ingresos económicos y era por ello que trabajaba diariamente. Aunque también había un ingreso extra. Los medicamentos y las consultas de Abel lo hacían necesario. De vez en cuando ella “pescaba” a alguien como yo, alguien interesado en cogérsela, y ella se ofrecía a hacerlo a cambio de una remuneración económica.

    Un pago que no dudé en aceptar, claro.

    La mujer a quien llené de halagos, confesándole mis sentimientos por ella, se desnudó ahí mismo, en la sala de su casa.

    Ella agradeció mis palabras pero dejó en claro que ella sólo hacía eso por necesidad.

    “De no ser así ¿crees que yo haría algo como esto?” dijo, y la señora se retiró las pantaletas, la última de sus prendas, las cuales cayeron al suelo.

    En su propio sofá, y bajo la aprobación del marido, aquella mujer se puso de a perrito, como le había pedido, dispuesta a ser penetrada.

    Mientras le realizaba los preliminares, lubricándole con la lengua la abertura vaginal que me iba a recibir, su marido; sentado en un raído sillón; nos contemplaba.

    Noté que el sofá estaba cubierto por una tela de color negro, probablemente previniendo una posible mancha. De hecho me pareció ver resabios de alguna, pero no le di importancia.

    Ahí mismo íbamos a ejercer el ayuntamiento extramatrimonial, que no adultero, pues estaba consentido. Por fin le contemplaba ese hermoso culito a la musa de mis chaquetas y mi verga no podría estar más parada.

    En poco entraría a la vagina de la esposa de aquél que nos miraba pues esto era parte del trato, Abel estaría presente.

    Metí primero mi dedo, el primer invasor, para que explorara aquella caverna. La parte más íntima de la mujer que quería penetrar.

    Pese al placer experimentado no pude evitar sentir pena por Abel, digo, estaba por penetrar a su mujer y él ya no podría hacerlo en la vida. Ese hombre ya no llevaría la vida de antes. Imposibilitado para copular, ya sólo le quedaba mirar cómo otro hombre hacía gozar a su mujer.

    Él la amaba, eso era evidente, y aún yo me sentí tentado a dejar la situación. La verdad me sentí culpable. Sin embargo la naturaleza fue más cabrona. Mi báculo de carne no aceptó perder esa oportunidad, así que se dirigió rumbo al prometido destino.

    Nunca antes había sentido una penetración tan placentera. ¿Sería por metérsela a una mujer casada? La hembra de otro hombre. Como fuere se sentía estrecha, hecha para la cópula sexual.

    Mientras la fornicaba el marido se durmió, como que le ganaba el sueño, aunque se llegaba a despertar. En uno de esos momentos en los que perdía la consciencia me sinceré con ella, le dije que me arrepentía de haberla criticado suponiendo que le ponía el cuerno a su esposo.

    Yo, al igual que muchos otros, la mera verdad, la prejuiciaba por cómo vestía. La tildé de puta más de una vez. Bueno, esto no se lo dije, pero lo pensé. No cabe duda, uno critica sin saber cómo son en realidad las cosas.

    “Yo, por mí, no haría esto —me dijo—. No te creas que soy lo que la gente cuenta. No soy ninguna puta necesitada de macho. Si hago esto, más que por el dinero lo hago por Abel. A él el verme así le provoca el único placer que le queda. Y yo sólo quiero complacerlo. Sólo lo hago por él”, me dijo no sin evitar sus propios gemidos mientras yo la continuaba penetrando.

    Abel volvió a abrir los ojos y miró con placer la cópula, imaginándose supuse, que yo era él mismo, a su vez que su esposa asimilaba mi falo que entraba y salía de sus entrañas como la verga de su propio marido, quien le hacía el amor. Es así como ambos disfrutaban del sexo y de su amor, a pesar de todo.

    “Te amo”, ella decía pese a ser yo quien la penetraba.

    Abel la miraba amoroso y le sonreía mientras que yo seguía ayuntando a su mujer.