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  • Un rapidín en la biblioteca

    Un rapidín en la biblioteca

    Cuando ocurrió lo que estoy a punto de contarles yo estaba en la academia, a punto de entrar a la universidad, era bastante caliente y enamoradiza. Tenía un mejor amigo de la infancia con el cual andaba para arriba y para abajo, en nuestros primeros años de amistad todo era azúcar, flores y muchos colores, full inocencia; pero con el pasar del tiempo y las hormonas alocándose empezamos a usarnos el uno al otro como objeto de experimentación de la sexualidad.

    Comenzamos por besarnos, con besos cada vez más subidos de tono, luego bajamos al cuello… No sé cómo pero siempre encontrábamos la manera de estar solos para hacerlo, cabe decir que todo esto lo hacíamos en la academia. Cómo es natural lo de los besos llevó al manoseo, él me sobaba las tetas a través de la fina blusa de algodón y pellizcaba mis pezones, incluso en el aula cuando hacíamos grupo de dos me apretaba fuerte el culo, y metía su mano para coger carne, mientras yo pasaba ávidamente mis dedos alrededor de su verga parada que se notaba en el pantalón.

    Sucede que una mañana no hubo clase, entonces aproveché para terminar una tarea en la biblioteca, él me siguió y estuvimos un rato charlando, estaba tan concentrada en la conversación y en mi tarea que solté un pequeño gritito cuando sentí los dedos de sus pies metiéndose en mi vagina, los movía majestuosamente masajeando mi clítoris y mi vagina a la vez, a veces rosando suavemente o a veces presionando con la fuerza que solo el deseo confiere.

    Se me estaba cortando la respiración y me estaba poniendo colorada, tuve miedo de que algún profesor notara el numerito que estaba ocurriendo debajo de la mesa así que me acerqué a mi amigo, o debo decir ¿amigo con derecho? y le susurré al oído «vamos a pedir libros». Así que se colocó el zapato, yo me acomodé el calzón y la falda que traía disimuladamente, me calmé un poco y fuimos a pedir libros. La biblioteca no era muy amplia para tener tantos escaparates, era oscura y tenía esquinas reducidas, además, los profesores preferían estar en el salón de estudio de la biblioteca, donde habíamos estado hace unos momentos, y para rematar, muy pocos chicos iban a la biblioteca porque realmente los libros que habían allí son aburridos, entonces era el lugar perfecto para dar rienda suelta a lo que ya había tenido inicio.

    Comencé a besarlo con pasión prendiéndome de su cuello y aferrándome a ese paquete que volvía a erguirse como nunca antes, pero como a él le gusta tomar el control separó mi mano de allí, alejó su boca de mi, para empujarme contra la pared y apoderarse de mi nalgas y de mi clavícula con su hábil lengua. El miedo de que alguien entrara y nos atrapara hacía aún más excitante la situación.

    Yo ya no creía aguantar mucho tiempo más, mi calzón estaba completamente mojado, solo quería sentirlo dentro de mi, llenándome con esa hermosa y dura verga, quería que me encajara, me clavara, me rompiera de todas formas, mi clítoris palpitaba de manera bárbara, y sentía que mi vagina se abría involuntariamente esperando por el premio tan anhelado, lo peor es que no podía gemir pues él me tapaba la boca e introducía sus dedos en ella.

    Luego de unos minutos así, él miró hacia todos lados y de repente me volteó de cara a la pared, se bajó un poco el pantalón y haciendo a un lado mi calzón me penetró, una y otra y otra vez, podía sentir por primera vez su vello púbico chocar contra mis nalgas y el rebote de sus testículos, estaba en el cielo, había anhelado este momento hacia tanto, y creo que él también porque se mordía los labios y me samaqueaba con fuerza en cada embestida. Movía mis caderas y retorcía mi espalda como una maniática, juro que si él no me tapaba la boca todos habrían escuchado mis gritos salvajes.

     Luego de un rato, sacó su verga de mi, me dijo que la masturbara, y yo bien obediente empecé a hacerlo, después de unas cuantas masturbadas y lamidas que le di me dio de tomar su semen como desayuno, enserio que rico estuvo. Nos arreglamos rápidamente y recién ahí nos pusimos a buscar libros, para no salir con las manos vacías.

    Pero como esa experiencia fue muy corta no nos pensamos dos veces en repetirla otro día en un lugar más apropiado, pero esa ya es otra historia.

    Espero que les haya gustado mi relato.

  • Allá la están aplaudiendo

    Allá la están aplaudiendo

    El título de este relato está inspirado en una frase bastante popular hoy en día en la Argentina, se utiliza mucho a modo de chiste sobre todo entre hombres «allá la están» «allá le están», y por lo general suele referirse a situaciones de tipo sexual. Mi historia es la de una pareja con 6 años casi de relación y uno de convivencia, tenemos 32 yo y 33 años ella de edad. Todo sucede cuando aburridos de la rutina, comienza a surgir en mí una curiosidad por el mundo del cuckold, que para quien no conoce se trata de incluir terceros en la pareja de forma consentida.

    Llevo ya un tiempo planteando esta idea en mi pareja, la cual ha sido rechazada rotundamente a pesar de mi insistencia. Con el tiempo esta fantasía solo fue dejada para momentos íntimos en los cuales buscaba volar la imaginación suponiendo una situación de este tipo. Pero, todo cambió en un determinado momento… cuando sin quererlo algo encendió una llama que hizo que esta posibilidad pudiese ser cuanto menos, considerada. Una noche que estabamos acostados mirando las redes sociales en el celular, nos enteramos de que se filtraron fotos prohibidas de un famoso argentino llamado Luciano Castro, la curiosidad nos llevó a buscarlas, logrando que mi pareja se pusiese cachonda ante dicho hombre tan buen mozo y dotado.

    Esa noche tuvimos relaciones mientras yo incitaba a mi mujer a imaginar y fantasear, logrando que me confiese que este hombre le gustaba y se había excitado. Fué algo intenso, que nuevamente me permitió generar una conversación sobre el tema que tiempo atrás le plantee, generando dudas en ella, y si bien no me dijo que si accedía, logré que por lo menos me diga que no estaba segura y cual era su miedo. Este miedo era que al probar otra cosa, esto le terminara gustando más que estar conmigo… a lo cual yo tuve que llevarle calma diciendo que era una fantasía y que el hecho de hacerla realidad no cambiaría cuanto nos amamos, porque es algo de mutuo acuerdo. De todas maneras, el tema no se volvió a tocar por un buen tiempo, quedando casi en el olvido.

    Meses después, en visperas de mi cumpleaños, mi mujer me pregunta que quiero de regalo, y mi respuesta la descolocó por completo… ya que en vez de pedirle alguna cosa material, mi respuesta fué precisa: «quiero que me cumplas la fantasía que te comenté…». Quedó petrificada por mi respuesta, realmente no se la esperaba, me dijo que estaba loco y me preguntó si le hablaba en serio, y yo le respondí que sí. El tema no volvió a tocarse por días, la fecha de mi cumpleaños se acercaba, recuerdo con detalles todo lo que les voy a contar a continuación. Era un sabado, pleno Diciembre, yo me encontraba en horario de trabajo cuando recibo un whatsapp de mi señora preguntandome si podia hablar conmigo, acá transcribo el chat:

    -Amor, estás? podés hablar ?

    -Que pasa amor, decime.

    -Ah no esta bien sino no te molesto, no pasa nada.

    -No pasa nada, decime.

    Cabe destacar lo siguiente: mi mujer estaba trabajando, ella es maestra de nivel inicial y en ese momento se encontraba en la Escuela; por la fecha las clases ya había terminado pero ella debía asistir igual hasta la fecha estipulada. Sigo con el chat…

    -Estoy sola acá, la directora no vino…

    -No fué nadie?

    -No… no se para que vine… estoy sola con el portero nomas.

    -Ah… a que hora venís?

    -En un rato… amor, escuchame…estuve pensando en lo que me dijiste el otro día…

    -Y…??

    En ese momento recibo una foto suya con un epígrafe que decia «te amo», ella se encontraba apoyada de espaldas contra una pared en tanga mostrando la cola, tenía puesto su delantal de docente también. Me dió curiosidad y pensé en como se tomó la foto…

    -Y esa foto? te la sacaste vos…?

    -No.

    -QUÉ??

    -Sí… me la sacó Rodrigo, el portero.

  • La primera noche de mi esposa con su amante

    La primera noche de mi esposa con su amante

    Una tarde mi esposa me comentó que su primer novio, que también había sido su primer hombre, la había contactado por Facebook. Me consultó si no me molestaba que le respondiera. Supe que esas conversaciones terminarían en la cama. No podía saber en cuanto tiempo, pero estaba seguro de ello. Cuando aún éramos novios habíamos conversado sobre nuestras experiencias previas y ella no tuvo reparos en comentarme lo mucho que había disfrutado con “él” y sobre el gran tamaño de su verga, que con mucho, era la más grande que había tenido dentro. Le dije que le responda.

    Algunos meses después, quizás tres o cuatro, un jueves por la noche, me comentó que él se encontraba de paso por Lima y le había pedido salir a comer algo. Me consultó si podría ir. Por su rostro expectante supe que iría directo a la cama. Acepté. Le dije que no habría problema. Al día siguiente, viernes, a las 7 pm salió para encontrarse con él. Me dijo que regresaría hacia las 10 pm como máximo.

    Aproveché, fui con mi hija al cine, comimos algo en un McDonalds. Volvimos a casa, le conté un cuento y poco después de las 10.30 se quedó dormida. Se me ocurrió cerrar la llave maestra del agua para evitar que mi esposa se duche al llegar. Nunca lo hace, pero simplemente se me ocurrió evitar que lo haga.

    Hacia media noche llegó algo mareada. Oliendo claramente a cerveza. Mucho más nerviosa que en cualquiera de sus salidas con amigas. Me dijo, con una voz que ocultaba la mentira “fuimos a un bar y la pasamos bien”. No me dijo más y no le pregunté más. Me dijo que se ducharía (nunca lo hace al llegar), le dije que habían cortado el agua por unas reparaciones en el condominio. Se sonrojó y titubeo. Respondió casi temblando “no importa”.

    Me dijo entonces que se acostaría. No me pidió que vaya con ella a la habitación. Esperé unos minutos en la sala y luego entré. La encontré ya con pijama bajo las sábanas. Aún despierta. Lentamente, con parsimonia me desvestí. Vi sobre el sofá, al lado de su cama su jean y su brasiere, bien ordenados, como es su costumbre. Su tanga y blusa deberían estar en la cesta de ropa sucia. La abrí como para meter mi ropa sucia. Ella no se percató.

    Miré y remiré. Estaba su blusa, pero no su tanga. Justo había una sábana sucia, encima blanca, debajo de su blusa negra y por ningún lado se veía la tanga con la que debió haber salido. Imaginé dos opciones, la primera, que salió sin tanga, a pedido de él. Lo creí poco probable. La segunda es que se la haya dejado como “trofeo de guerra”, lo más probable para mí. En todo caso, cualquiera de las dos opciones me calentaba.

    Me desnude completamente. Me puse el pijama y me acosté a su lado. Ella estaba de costado, mirando hacia afuera. La abracé y le dije al oído que la amaba. Ella me respondió casi entre dientes “yo también mi amor”.

    Comencé a acariciarle el cabello, besuquear su cuello, ella no me correspondía. Estaba hasta temblorosa. Eso me excitaba más y más. Finalmente, se volteó me miró y me dijo ¿amor tú me amas?”. Le respondí que sí, que la amaba. No me respondió. La intenté besar, no se dejó, me dijo “huelo a cerveza amor”. Le dije que no me importaba y la volví a besar. Sólo se dejaba, no respondió.

    Sentí el olor a cerveza y a verga en su boca. La imaginé en un cuarto de hotel, bebiendo y cogiendo. Besé sus mejillas, su cuello, volví a sus labios. Empezó a responderme. Supongo imaginar, que no me había dado cuenta de sus labios mamones la soltó. Al abrir sus labios más, para responder mis besos, sentí ya no solo el olor de verga y cerveza, sentí el profundo olor de su culo. La imaginé mamando verga luego de haberla recibido en el culo.

    Empezó a calentarse. Suponer que yo no sentía su sabor luego de coger, le dio confianza. Con mi mano le bajé el short de pijama y comencé a acariciarle el coño. Lo sentí demasiado húmedo. Le introduje dos dedos que nadaron en una vagina húmeda, salvajemente húmeda.

    Le di vuelta. La puse boca arriba y comencé a bajar sobre ella, besando y lamiendo sus senos recién usados. Ella me dijo “amor no sigas, estoy sucia”. Le dije que no me importaba, que la amaba y la deseaba. No respondió.

    Llegue con mis labios y mi lengua a su coño súper húmedo. Lo empecé a lamer y recorrer con lengua y labios. Ella gemía salvajemente. Supongo tenerme allí, sumiso, lamiendo las sobras de su amante la calentó infinitamente. Y a mí igual, estaba a morir de placer. El sabor a verga y por sobre todo a semen que había en su coño era brutal, de horas siendo cogida y más de una vaciada dentro. Desee lamerle el culo ya.

    Me levanté y le dije “date vuelta amor”. Me dijo “no mi amor, estoy muy sucia”. Insistí con mis brazos y manos, casi forzándola. Estaba más caliente que temerosa y se dejó llevar. Separé sus nalgas con mis manos y me encontré con su culo recién usado, muy usado, por la verga enorme de su primer novio, esa noche su amante. Le palpitaba, los pliegues dilatados, abierto a simple vista, muy abierto, pero lo más excitante, con rastros de semen aún allí.

    Puse la lengua en sus pliegues y sentí como ella me pedía estar dentro. Mi lengua fue avanzando por su culo usado y con sabor a mierda y a semen de su amante. Imaginar la noche que tuvo, con leche en su boca, en su culo, en su coño me hizo pensar que gozó como perra, que su primera vez como infiel había sido perfecta.

    Llegó con mi lengua en su culo, diciendo “te amo mi amor, te amo mi amor” así, sin nombres. Me monté sobre ella y disfruté su culo. Cuando vibraba por el segundo orgasmo que le llegaba, en su cama, con su esposo, me vine también dentro.

  • Me rompen el culo en un viaje en autobús

    Me rompen el culo en un viaje en autobús

    Relato anterior «Descubriendo nuevos y excitantes placeres con mi novia». Dejo el enlace al final del relato.

    Como había relatado con anterioridad, tuve que realizar un curso intensivo de verano afectando mis planes de vacaciones con mi novia y visitar a mis padres a mi ciudad natal.

    Una semana antes de terminar el curso intensivo hablé con mis padres y los sentí tristes por no haber podido ir a verlos, me remordió la conciencia y aprovechando que me dieron la oportunidad de inscribirme al nuevo semestre en forma anticipada me quedaba una semana totalmente libre antes del inicio del nuevo ciclo escolar y decidí viajar a Tampico y darles la sorpresa a mis padres.

    Le conté a mi novia mis planes y la invité a acompañarme, pero desgraciadamente en esa semana se celebraba el baby shower de una de sus primas y ella era una de las organizadoras, por lo que no podría acompañarme, me puso triste, tanto tiempo mi novia fuera y ahora era yo quien me iba, pero sólo sería una semana y creí que era justo darles una satisfacción a mis padres, mi novia lo entendió y me animó a seguir con mis planes.

    Estaba un poco apesadumbrado y Pablo lo notó cuando llegué al Departamento, le conté lo que pasaba y se apuntó para acompañarme.

    No conozco Tampico, me encantaría conocerlo y te puedo hacer compañía para que no te aburras, – expresó.

    Me tomó por sorpresa, pero no puse objeción, me encantaba que quisiera acompañarme y al mismo tiempo me preocupaba un poco sabiendo lo cachondo que era.

    Buscamos boletos de avión y estaban demasiado caros, éstos hay que comprarlos con anticipación para conseguir un buen precio, y más en temporada vacacional, así que busqué boletos de autobús. En México en las temporadas vacacionales los estudiantes pueden viajar a mitad de precio, por lo que elegimos la línea de autobuses de mayor categoría y clase y nos salió a un precio excelente con el descuento correspondiente.

    Tampico es un destino que no aparece en los mapas turísticos de México, es poco conocido, opacado por decenas de otros destinos, pero es un sitio que lo tiene todo, una hermosa playa, lagunas, ríos, excelente comida y muchos sitios para visitar incluyendo un centro histórico muy diferente a cualquier otra ciudad de México, con un aire afrancesado y parecido a la ciudad norteamericana de Nueva Orleans, incluso es conocido como la pequeña Nueva Orleans, por lo que estaba seguro que la íbamos a pasar muy bien y estaba deseoso de mostrarle todas las cosas bellas que tenía mi ciudad natal, empacamos las maletas con todo lo necesario para disfrutar del sol y la playa.

    Seleccionamos la salida de las 22 horas que llegaría a Tampico a las 06:30 del día siguiente y para viajar lo más cómodo posible me puse unos pants deportivos y una playera holgada, Pablo me imitó y se vistió en forma similar, la intención era descansar y dormir la mayor parte del viaje a fin de llegar relajados a Tampico y empezar a disfrutar desde el primer día. El día del viaje llegamos a la central camionera y la línea de autobuses tenía una sala especial VIP, con algunos refrigerios y lo primero que noté es que la mayoría de los pasajeros que estaban esperando llevaban algún suéter o chamarra en la mano o bien alguna manta, al principio pensé que irían a algún sitio más templado, pero me asombré cuando anunciaron nuestro autobús y casi todas esas personas acudieron a abordarlo junto con nosotros.

    El autobús era muy lujoso y cómodo, nos dieron un refrigerio al abordar, junto con un agua o refresco y audífonos, los asientos eran auténticos sillones reclinables que casi quedabas acostado y solamente había 3 asientos por fila, 2 juntos del lado izquierdo y uno individual del lado derecho del pasillo. Cada asiento tenía una pantalla individual donde podías ver películas, videos musicales o series de televisión. No iba lleno, quedaban algunos asientos vacíos y uno de ellos era el que estaba al lado nuestro, yo escogí ventana y Pablo pasillo.

    El autobús inició su marcha y busqué una película para entretenerme, Pablo hizo lo propio, estaba por iniciar la película cuando me acordé que el autobús contaba con cafetería en la parte de atrás y se me antojó un café, el aire acondicionado estaba muy fuerte, le pregunté a Pablo si quería alguno y me contestó afirmativamente, le pedí permiso para pasar, pero no se levantó, sólo abrió las piernas y se inclinó hacia atrás para darme paso, así que me levanté y de espaldas a él, intenté salir al pasillo, pero justo cuando estaba frente a él, sentí que hundía su mano entre mis nalgas con tan buen tino que uno de sus dedos encontró la entrada de mi agujerito, dí un respingo por la sorpresa y la sensación que me causo el roce de su dedo en tan sensible lugar e involuntariamente apreté las nalgas, que cabrón era, me estremeció con un simple toque.

    Aunque me gustó la atrevida caricia, estábamos en un lugar público y le recriminé con la mirada, el sólo sonrió burlonamente, la tela de mi pants quedó metida entre mis nalgas, no me la saqué, me excitaba el roce de la tela al caminar. Al preparar los vasos de café noté que en la parte trasera del autobús tenían mantas individuales, seguramente para los pasajeros, regresé y nuevamente metió su mano entre mis nalgas al pasar frente a él, era incorregible, casi tiro el café al sentir el contacto de su dedo en mi lugar más íntimo y escondido, excitante, lo tomé a broma.

    A media película empecé a sentir mucho frío, en ese momento entendí porque los pasajeros llevaban suéteres, cobertores y chamarras, ponen el aire acondicionado demasiado alto y me acordé de los cobertores que el autobús llevaba en la parte de atrás, así que le comenté a Pablo y me pidió que le trajera uno, esa es la ventaja de viajar a todo lujo, están preparados para todo.

    Sabía lo que me esperaba al pasar frente a Pablo y eché un vistazo, nadie podía verme, así que ahora tomé la iniciativa y al pasar frente dejé que me metiera mano unos segundos y repegué mi colita a su bulto en forma coqueta, pero no demasiado tiempo para no levantar alguna sospecha en el autobús. fui por los cobertores y al regresar Pablo se había cambiado de lugar, tomó mi lugar en ventanilla, no me importó, pensé que fue mejor, así no lo molestaba si necesitaba pararme para prepararme algo o ir al baño y me ahorraba que me metiera mano, que aunque era excitante, me preocupaba que alguien viera.

    Continué viendo la película, casi estaba terminando cuando sentí que Pablo me tomaba de la mano y la dirigía a su paquete, vaya si era cachondo, voltié a todos lados en acto reflejo, por si alguien pudiera mirarnos, pero no había nadie y me animé a continuar con su juego, tomé su barra de carne ardiente con mi mano izquierda, y empecé a acariciarla suavemente, dio un suspiro y su cuerpo se tensó, sentía muchos nervios, pero continué con mi tarea, recorriendo toda la longitud de su verga y acariciando sus enormes huevos, siempre pendiente que nadie nos viera, cuando alguien se levantaba para ir al baño o prepararse algo, rápidamente y en forma disimulada dejaba de masturbarlo y quitaba la mano, para continuar una vez que los pasajeros regresaban a su asiento. Este cachondo juego duró un largo rato, me encantaba sentir su ardiente nabo en mi mano, sentir su calor, su textura, el contorno de sus hinchadas venas, la delicada piel que cubre sus huevos y sobre todo acariciar la punta de su verga, la cual se escondía y salía de su prepucio, chorreante de precum y tomar el viscoso líquido entre mis dedos y mano, el cual usaba como lubricante para masturbarlo.

    Ya era muy noche y todo era quietud en el autobús, casi todos dormían, Pablo reclinó al máximo su asiento, quedando casi como una cama, pensé que el juego terminaba y me dispuse a hacer lo mismo, ya era la hora de dormir.

    Sin embargo, se acercó a mi oído y me susurro que me pusiera de costado mirando al pasillo, y me di cuenta que el juego no había terminado, ahora quería acariciar mis nalgas, miré para todos lados nervioso, y accedí a su petición, me volteé simulando dormir, pero con los ojos entreabiertos mirando al pasillo, atento a los movimientos de los demás pasajeros.

    Sentí como su mano se deslizaba por debajo de mi cobertor y alcanzaba mi trasero, fue palpando mis nalgas y pronto sentí como me bajaba los pants junto con mis boxers para dejarlas completamente expuestas a sus hábiles dedos. Empezó a apretarlas y acariciarlas suavemente, con sus dedos recorría toda mi rajita y pronto sentí la yema de uno sus dedos haciendo círculos en la entrada de mi orificio. Estaba tenso, nervioso, la verdad no estaba disfrutando mucho, pendiente de los otros pasajeros, pero lo dejé continuar, al paso de los minutos me fui relajando y doblé una de mis piernas hacia adelante para darle mejor acceso a mi colita, al hacerlo, saco sus dedos un instante y cuando volvió a frotar mi orificio los sentí húmedos, así que imaginé que los tenía llenos de saliva, sus dedos recorrieron toda mi rajita, dejándola húmeda y palpitante, volvió a aplicar más saliva en mi ojete y sentí que punteaba con uno de sus dedos, era demasiado, apreté la colita y me di media vuelta, dejándome la colita húmeda y sensible, me daba miedo seguir, por temor a ser descubiertos, pero Pablo era muy insistente, me seguía metiendo mano y me susurraba que me volteara, ahí pensé que nos iban a descubrir y para que ya no hiciera tanto ajetreo, me volví a poner en posición, con la colita en pompa y con una pierna hacia adelante, continuó con su rico masaje, lubricando más mi colita con saliva, su dedo haciendo masaje en forma circular en los arrugados pliegues como si quisiera quitar las arrugas y puntear, mi lubricado orificio no puso resistencia y la punta de su dedo se coló en mi interior, no pude evitar dar un suspiro, su dedo continuó explorando mi interior moviéndose siempre en forma circular y avanzando poco a poco, hasta que sentí que se hundió por completo y golpeaba mi próstata, di un ligero respingo y un ligero gemido casi imperceptible salió de mi boca, apretaba mis labios para no gemir, gruñir, Pablo me estaba mandando al cielo, pero era una situación muy riesgosa, me encantaba como el dedo de Pablo me recorría por dentro, empezó un metisaca lento, literalmente follándome con el dedo, cuando sintió que tenía la colita lo suficientemente flojita intentó con dos, mi colita se abrió sin problema, la sensación de sus dedos recorriendo mi interior fue más intensa, el frote en mis paredes anales me causaban oleadas de placer que me hacían contraer y aflojar la colita en forma continua apretando sus dedos suavemente, en cambio Pablo empezó a abrir y cerrar sus dedos dentro de mi culo como en tijera y ya no podía más, cerré los ojos concentrándome en el placer que sentía y sentí que estaba por acabar, solamente con el placer que me causaban sus dedos, me retorcía de placer cuando sacó sus dedos de mi interior.

    Me pidió reacomodar los cobertores, ahora compartirlos en forma horizontal, de tal forma que uno de ellos nos cubriera de la cintura para abajo de ambos y el otro la parte superior de nuestros cuerpos, nuevamente obedecí y me volví a poner en posición, expectante de cual sería la siguiente acción de Pablo, sentía la colita abierta, caliente y sensible.

    Se colocó de costado, al igual que yo y pronto sentí la cabeza de su ardiente mástil puntear mis huevos, mi corazón empezó a latir a mil por hora, una descarga de adrenalina recorrió todo mi cuerpo, ¿será que Pablo me quiera coger dentro del autobús?, su verga recorrió mi rajita y punteó en la entrada de mi orificio antes de continuar de largo, repitió la operación, punteaba y seguía de largo, cada vez estaba más arrecho, me dejó toda la rajita llena de su precum y el viscoso líquido actuaba como lubricante, facilitando el recorrido de su verga, era riquísimo sentir la punta de su verga chorreante en la entrada de mi orificio, empujaba suavemente como si me besara el culo con la cabeza de su nabo, mi ojete cada vez se abría más y el contacto con la punta de su verga se hacía más intenso, ya no podía con la calentura, en ese momento perdí la cabeza y empiné mas el culo, la quería dentro, Pablo entendió al instante que me estaba entregando y sentí que apuntó la cabezota de su verga justo a la entrada de mi arrugado agujero, abrió una de mis nalgas y empujó con suavidad.

    Mi orificio se fue abriendo y permitió que entrara la gruesa cabeza de su verga, apreté mis labios para no gemir, empezó a cogerme el principio de mi culo, sólo la cabeza y un poquito más.

    De pronto, veo que de forma inesperada se levanta el pasajero de la fila anterior derecha y rápidamente aprieto la mano de Pablo, como señal, Pablo comprendió que algo intentaba decirle y dejó de moverse, fingimos dormir, la cabeza de su verga en mi interior, el pasajero se detuvo un instante frente a nuestros asientos, seguramente se le hizo algo extraño que compartiéramos cobertor y en pose de cucharita.

    Intenté zafarme pero Pablo no me lo permitió, me tenía bien sujeto de la cadera y solamente me susurró en voz muy bajita:

    – No te muevas.

    Obedecí, él tampoco se movió, sentía el ardorcito en mi culo abierto y el palpitar de la cabeza de su verga en mi interior, mi corazón parecía que quería salirse de mi pecho, palpitaba sin control, el pasajero salió del baño y regresó a su asiento.

    Tan pronto se sentó el pasajero Pablo continuó con su embiste, lentamente, milímetro a milímetro me iba abriendo, cuando tendría unos 8 centímetros de su verga dentro de mi trasero empezó el vaivén, la empezó a sacar y meter avanzando cada vez un poquito más, hasta que sentí sus huevos golpear mis nalgas, cerré los ojos, gemidos ahogados salían de mi boca, mordía mis labios para no dejar escapar ningún ruido, sólo suspiraba, pero mi cara estaba desencajada, hacía muecas de placer, era imposible que pudiera disimular, respiraba y exhalaba en forma agitada, me acordé de estar pendiente de los pasajeros y miré alrededor, el pasajero de la fila de adelante volteaba a ver mi cara y movía la mano bajo su cobertor, se estaba dando cuenta que me estaban rompiendo el culo y se había excitado al grado que se estaba masturbando viendo las caras de placer que hacía.

    Me dio tanta pena e intenté no hacer muecas, pero Pablo arreciaba sus embistes, me daba unas embestidas largas y profundas que su pelvis chocaba con mis nalgas y provocaba que todo mi cuerpo se sacudiera hacia adelante y hacia atrás, era notorio que me estaba dando por el culo, y de pena, como si eso resolviera la situación cerré los ojos, no podía hacer nada para que parara, ni quería que lo hiciera, por lo que pensé que lo mejor era hacerlo acabar más rápido, así que empecé a apretar y aflojar la colita, apretando su verga, con la intención de que el contacto fuera más intenso y acabara más rápido, Pablo lanzó un ligero gemido, apenas perceptible, pero no aminoró los embistes, el placer era también máximo para mí, el roce de su verga en mi interior me tenía en el cielo, mis piernas empezaron a temblar, entreabrí los ojos y me encontré con la mirada del pasajero fisgón, desvié la mirada por vergüenza y vi en el espejo retrovisor la mirada del chofer, así que si yo lo veía significaba que el me estaba viendo también, ya era el acabose, apreté más mi culo, costaba entrar y salir, el masaje de su verga en mi próstata fue demasiado, sin poderlo evitar exploté dentro de mi bóxer al tiempo que Pablo me daba una última embestida profunda, hasta los huevos y descargaba su tibio néctar en mis entrañas, después de unos segundos de reposo, su verga perdió rigidez y la sacó de mi culo, apreté el culo lo más que pude para no dejar escapar la leche en mi interior y estaba por levantarme para ir al baño justó cuando se encienden las luces, temí lo peor, pero al instante el chofer avisó que estábamos llegando a la terminal de Poza Rica y tendríamos 15 minutos de escala. Durante la escala los baños de los autobuses no se pueden usar y hay que usar los de la terminal.

    Esperé que se bajaran la mayoría de los pasajeros y apretando las nalgas y caminando lento me bajé a buscar un baño, afortunadamente no fue difícil localizarlo, tan pronto llegué descargué la leche en mi interior y noté que la humedad de mi propio semen había traspasado mi bóxer, mi bóxer era un asco, todo lleno de semen, tanto en la parte delantera por mi corrida como en la parte trasera por el semen que había escapado de mis nalgas, así que tuve que quitármelo y tirarlo en el bote de basura.

    Busqué a Pablo y ya me estaba esperando con un café y unos panecillos, sentí la mirada del pasajero de la fila anterior, no dejaba de verme las nalgas, al no tener bóxer se me pegaba más el pants a mis nalgas para su disfrute y me sentía incómodo, pero no le comenté nada a Pablo, fuimos de los últimos en subir al autobús y justo cuando iba subiendo el conductor señaló:

    Espero que estén disfrutando el viaje.

    No di ninguna respuesta, avergonzado, pero Pablo respondió.

    Ha sido un viaje estupendo, lo he disfrutado mucho, Gracias,

    El conductor sonrió en forma pícara, y se me quedó viendo a los ojos, pero no emitió palabra alguna.

    Le dije a Pablo que necesitaba dormir y me quedé profundamente dormido, hasta que Pablo me despertó justo cuando íbamos subiendo el Puente de entrada a la ciudad, para que viera la vista panorámica, lo cual no era una novedad para mí, pero la forma de despertarme fue meter su mano bajo mi pants y apretarme una nalga y se dio cuenta que mi bóxer había desaparecido, se me quedó viendo y me susurró que había pasado con el bóxer y le comenté que había quedado todo lleno de guasca, y lo tuve que tirar, sonrió y me susurró que de haberlo sabido me habría dado otra cogida, que se siente rico sentir mi piel sin bóxer.

    Llegamos a la terminal y sentí las miradas morbosas tanto del chofer como del pasajero en lo que recogíamos las maletas, el chofer se acercó a mi y me dió una tarjeta, «por si necesitaba sus servicios», al ver lo anterior el pasajero fisgón escribe su número telefónico en un papelito y me lo entrega, con muchos nervios lo tomé y lo oculté en el bolsillo de mi pants, cabe señalar que nunca les hablé ni le dije nada a Pablo, no sabría que reacción tendría, se pondría celoso, se reiría, o incluso me hubiera llegado a compartir con esos dos machos, no lo sé, fue un secreto que cuento hasta el día de hoy.

    Mi familia ya estaba esperándome, los abracé y les presenté a Pablo, el cual les cayó muy bien.

    Cabe señalar que no fue la única cogida en esa semana, el desgraciado de Pablo tenía tanta suerte, resulta que el aire acondicionado del estudio, en dónde tenemos un sofá cama y lo usamos para visitas no funcionaba y a mi madre se le ocurrió la “brillante” idea de que subiéramos el sofá cama a mi cuarto, cabe señalar que ni lo usamos, mejor dicho si lo usamos, pero no precisamente para dormir.

    Durante el día todo normal, lo llevé a conocer los lugares turísticos del puerto, visitamos algunos antros y muchos días de Playa, en uno de esos días como el cachondo incorregible que era, me dijo que le gustaría bañarse desnudo, que si conocía alguna playa solitaria, se me ocurrió llevarlo a la playa de un viejo hospital abandonado, actualmente el viejo hospital sigue allí, pero ya no es tan solitaria, hay algunos condominios turísticos por esa zona. Nos bañamos desnudos al atardecer, y al caer la noche me dio una rica cogida en la playa, aunque hay que señalar que una cogida en la playa no es tan idílico como suena, ya que la arena se mete por todas partes, y cuando digo todas, es eso, todas partes.

    Así transcurrió la semana, en el viaje de regreso por todo lo que pasé no le permití que me cogiera, insistió mucho y tuve que ser muy firme, ya que aunque fue una experiencia muy morbosa y excitante, también arriesgada.

    El lunes empezaría el nuevo ciclo y con ello llegaría Luis al Departamento, que era algo que me preocupaba.

    Lo que pasó después lo cuento en el siguiente relato.

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    Relato anterior:

    “Descubriendo nuevos y excitantes placeres con mi novia”

  • La milf del cine

    La milf del cine

    Esto ocurrió hace algunos meses, era un día miércoles saliendo del gimnasio y me dirigía a mi casa, me iba alistando para ir al cine a ver la película “Venom Let There Be carnage” la cuál era una película que esperaba desde hace tiempo, así que me cambie la ropa y me dispuse a ir al cine. Al llegar al establecimiento todo estaba normal, había gente pero tampoco era como si el lugar estuviera muy lleno (tal vez porque no era fin de semana que es cuando todos salen a divertirse y porque aún era algo temprano), pero entre tantas personas había una mujer a la que le calculo unos 35 años, no se veía que pasara de esa edad, era rubia (se veía que su cabello era teñido) vestía una blusa color rosa y unos pantalones rasgados que se le veían ajustados y le marcaban bien el culo, al verla me empece a ponerme un poco cachondo, tuve la fortuna de que me toco justo estar detrás de ella en la fila por lo que pude seguir mirándola y sacarle una foto (para que tengan una mejor idea, se parecía a la actriz porno Cory Chase):

    La fila avanzó hasta que llego mi turno, compre unas palomitas y refresco y entre a la sala a buscar mi asiento hasta la fila mas alta. Me senté y note que había poca gente dentro de la sala pero no le di importancia, pero lo que si llamo mi atención fue que la mujer que vi momentos antes apareció en la sala del cine y se sentó en la fila que estaba frente a la mía por lo que desde donde estaba sentado si la podía ver perfectamente. Se me hizo raro porque no pensé que una mujer le gustarán esta clase de películas, la verdad eso me dio igual y me espere a que empezara la película.

    Esto no es tan importante pero la película en mi opinión fue una mierda, la película se me hizo pésima y digo esto no porque este escribiendo una reseña (que seria muy pendejo contar algo asi en un sitio para adultos), pero a donde quiero llegar es que la película era tan mala que me aburrí y empece a prestarle mas atención a la mujer que había visto en la fila del cine, a 30 de haber empezado la película vi que ella salió durante un momento, pensaba que había ido al baño pero cuando regreso vi que estaba acompañando de un hombre, no pude verlo a detalle porque la sala estaba a oscuras pero podía distinguir que estaba en forma y parecía que vestía ropa casual, una camisa sin tirantes y un short, el se sentó a lado de ella y parecía que seguirán viendo la película.

    Todo iba normal yo seguía aburrido esperando a que la película se acabara para irme mientras que de vez en cuando echaba una mirada a la milf de la fila de enfrenté, parecía que estaba normal hasta que de un momento ella se movió para recargarse a lado del hombre que la acompañaba (lo que me hizo llegar a la conclusión de que tal vez era su pareja), yo no paraba de quitarles el ojo hasta que vi que la milf se inclinaba mas hacia su pareja, yo estaba prestando con atención a ver que pasaba hasta que algo ocurrió, la milf empezó a levantar y bajar su cabeza repetidamente.

    Estaba asombrado por lo que veía, una milf le estaba chupando la verga a alguien en el cine, ver esa situación me ponía muy cachondo ya que parecía que les daba igual que los vieran (la sala estaba algo vacía, ellos estaban en los asientos de mas arriba mientras que las otras personas estaban en la fila de abajo por lo que era difícil que los llegaran a ver), yo seguía mirando desde mi asiento, por uno momento estuve a punto de levantarme y ver un poco mas de cerca lo que pasaba (para poder grabar y mirarlo en mi casa), quería hacerlo pero no quería que alguno de los 2 levantará la cabeza y me viera.

    Solo seguía mirando desde mi asiento y escuchando la succión que producía la milf, en ese punto no pude aguantarme las ganas y decidí bajarme el pantalón y hacerme una paja, no les quitaba los ojos a esos 2 que seguían en lo suyo, y así anduvieron durante un buen rato. La película había llegado a la parte de la batalla final y ellos aun seguían en lo suyo mientras yo me la jalaba, vi que la milf aumento su velocidad y movía la cabeza mas rápido, así siguió por al menos 5 minutos hasta que ella se detuvo, se acomodo a su asiento y vi como se pasaba los dedos por la cara, posiblemente porque le habían acabado ahí.

    Mientras veía como se limpiaba con algunas servilletas yo ya no pude aguantaras y me vine, estaba tan excitado que mi semen cayó directo al piso y ensuciando una parte del asiento frente a mi donde estaba ellos, pero parecieron que ni siquiera se habían dado cuenta de mi presencia.

    La película al fin termino y vi como ellos fueron los primeros en salir, yo me acomode mi pantalón y me salí de la sala, al estar afuera del cine pude ver a lo aquella milf que iba acompañada de ese hombre con un aspecto musculoso y que tenia la mano agarrando su cintura, lo último que vi fue que subieron a un auto y se fueron de ahí.

    Regrese a mi casa a pensar todo lo que sucedió, por un lado salí decepcionado por la película, pero por otro termine viendo como una milf chupaba una verga y como me sentía yo mientras veía todo eso y me masturbaba. Era algo que nunca.

  • Verano en Mallorca (Capítulo 3)

    Verano en Mallorca (Capítulo 3)

    En la noche, Saúl propuso un juego de cartas, como siempre, según me comentó Ángela. Con esto daba él inicio a sus maniobras que terminaban en una borrachera de conjunto, con juegos no muy simpáticos que digamos. Pero había opiniones.

    Saúl:

    – Y bien, como tenemos un nuevo miembro del grupo, vamos a explicarle las normas. Se reparte una carta a cada uno y el número más bajo pierde y el más alto gana, así que este le pregunta al perdedor si quiere trago o pregunta o confesión. ¿Entendido? Listo, entonces a empezar – reparte las cartas y gana él y pierde Sonia. Pregunta Saúl:

    – Trago, pregunta o confesión. Y Sonia responde “trago”, Saúl le sirve un chupito de ron y se lo manda de una. Reparte nuevamente y gana Cristina y pierdo yo. Pregunta Cristina, pero como no soy de mucho beber, respondo que “pregunta”. Y Cristina me interroga:

    – ¿Te gusta Ángela, te gusta mucho? – yo respondo que sí, que mucho. La siguiente mano la gana Sara y pierde Cristina, quien escoge Pregunta. Sara interroga:

    – ¿Te gusta el nuevo amante de tu madre? ¿Qué te parece? Y Cristina le responde:

    – ¡A quien tiene que gustarle es a ella, no a mí, pero eso es evidente, le gusta; sino, ¡Mírale la carita que pone! – así continuamos con el juego, hasta que, en un momento dado, Saúl está parado repartiendo las cartas y Ángela le pasa por un lado rumbo a sentarse junto a mí. En eso, él le larga una nalgada que retumbó en la sala. Ella arrugó la cara y se volteó hacia él, con mucha tranquilidad y le dijo:

    – No te atrevas a pegarme una nalgada de nuevo, no te atrevas – el muy estúpido, creyéndose rey del patio y acostumbrado tal vez a serlo, le respondió que él le pegaría un cachete en sus hermosas nalgas cada vez que le diera la gana, porque ese trasero le pertenecía por antigüedad. Ella trató de responderle, pero no pudo, porque yo me levanté, lenta pero decididamente y me acerqué a él, a pocos centímetros de su cara y le dije:

    – No acostumbro amenazar a nadie, pero a partir de este momento, no le pongas un dedo encima a Ángela o a Cristina, porque te parto la cara. Es una advertencia, para que no te caiga de sorpresa.

    El muy imbécil no lo podía creer, nuevo Alfa en su manada. Y ripostó:

    – Estas son mis chicas, así que yo aquí hago lo que me da la gana y ningún recién llegado va a decirme lo que debo hacer. Además, a ellas les gusta como las trato, ¿No es cierto, chicas? – Sara y Sonia respondieron riendo, pero Ángela y Cristina se le quedaron mirando, despectivamente. Yo me senté, porque no hablo más de una vez. Perro que ladra, no muerde. El ambiente se distendió con algún comentario jocoso de alguien y seguimos jugando, todos bebiendo chupitos por haber perdido, preguntando cosas de doble sentido, bastante bebidos ya, hasta que Ángela le pidió a Cristina que le trajera un vaso con agua de la cocina. Al pasar junto a Saúl, este le largó un manotón a sus nalgas y la chica se resintió. Yo me paré, le silbé y cuando el imbécil volteó a mirarme le di un coñazo tan fuerte en plena cara que cayó para atrás cuan largo era. Estuvo algunos minutos sin poder levantarse, mareado. Cuando por fin se paró, lo miré y le dije:

    – Te lo advertí, yo no hablo por hablar. Si no sabes respetar a las damas, escoges muy mal método para aprender, muy doloroso. La advertencia sigue en pie – el infeliz se fue al baño con la nariz sangrando, roto el puente y el labio superior. Lo llevaron sus dos perras, Sara y Sonia. Ángela tenía cara de triunfo y Cristina me miraba como aturdida. Sin saber qué decir, hasta que miró a su madre y me dedicó una linda sonrisa.

    De esta manera, se terminó el juego, esta noche ya no habría salida y Ángela y yo subimos a su habitación y Cristina y Niko se fueron a la de ella. Eso me llamó la atención y no pude evitar preguntarle a Ángela:

    – ¿Ellos duermen juntos? – ella me respondió que:

    – Cuando ella no se siente feliz, busca a su hermano para dormir abrazada a su espalda, porque así se siente segura. Y supongo que, con Saúl en esta casa, ella se asegura de esa manera que él, Saúl, no se atreva a molestarla mientras duerme. Aunque tengo mis dudas si a la hora de la verdad eso serviría para algo – yo insistí en querer saber y continuó diciéndome que:

    – Saúl ejerce un poder muy grande, muy fuerte, una gran influencia sobre Niko. Pareciera que lo tiene en sus manos, tal vez por algo que sabe de él y que Niko no quiere que nadie más sepa. Por eso Niko no reacciona cuando Saúl se pasa con nosotras. Si Federico mi marido estuviera aquí, Saúl se comportaría como un corderito, pero como no está, él se ha erigido en el macho dominante de esta manada. Y yo, lamentablemente, por mi eterna posición de mujer sumisa, no le he podido parar el trote. O quizás no he sabido… o no he querido…

    Esta última frase me dejó helado:

    – ¿No has querido?, no te entiendo – ella me explicó, pero sin poder ser de manera alguna convincente, que Saúl era divertido, aunque era un canalla miserable, pero que ya eran muchos años de conocerse y en fin…

    No me gustó su explicación y me convencí a mí mismo que iba a tener que pararlo en seco, tarde o temprano. Esta mujer me gustaba mucho, pero aquí todos estaban en manos de un despreciable ser, ese Saúl tan divertido y tan perverso. Cualquier cosa podía pasar. Ya había realizado tres trastadas, una con Sara y otra con Sonia, una semana antes, sin que yo supiera quienes eran, pero yo lo había presenciado. Ya lo sabía, había ubicado a estas dos mujeres como las víctimas del pervertido flaco. Y otra con Ángela, donde pude ver claramente que era un degenerado. Y Ángela y Cristina corrían peligro allí con él.

    Esa noche como podrás suponer fue un calco de la anterior, en lo referente a lo acontecido en la habitación. Sexo del bueno, con todos los ingredientes y después del segundo polvo, caí desecho. Ella seguía masturbándose, porque me decía que siempre necesitaba hacerlo, después de acabar. Quería más, pero no creo que un hombre normal pueda con eso. En la madrugada, de nuevo, enculada. Y luego, dormir hasta las 10:00 am.

    En el otro piso se escuchó, ya de madrugada, un poco de actividad, Sara y Saúl, pero terminó abruptamente cuando el tipo se fue de hemorragia nasal otra vez.

    Al levantarnos, sábado por la mañana, nos bañamos y antes de que pidiera más, le dije que bajáramos a desayunar. Luego a caminar por la playa. Entonces, sentados en un banco de playa, bajo unas matas, ella se acomodó contra mi pecho, sus piernas sobre mí y se acurrucó como el día anterior y le comenté:

    – Hace una semana, el jueves pasado en la noche, que es cuando abren la disco, yo estaba tratando de encontrar a Pili, la hija de un amigo, como también hice este jueves cuando nos conocimos. En un momento dado, hacia la medianoche, vi un espectáculo que me desagradó mucho, pero que solo he llegado a conectar después de conocer a Sara y a Sonia, además de ver de cerca al imbécil de Saúl. Es el caso que el tipo flaco les daba “chupitos” a las dos mujeres que iban con él, una rubia despampanante vestida de verde limón, todo su cuerpo ajustado y otra castaña, de muy buen ver, con unas tetas descomunales. Ambas iban vestidas como para no dejar lugar a dudas que buscaban pelea. Y el flaco les daba mucha bebida, seguido. En algún momento, sacó algo de su bolsillo, que no pude ver ni me imaginé que podría ser y lo echó en el vasito del tequila, luego se lo dio a la rubia, quien se lo mandó de una. Al rato, esa rubia estaba que volaba, encendida como un cohete y él la manoseaba, la magreaba, le daba nalgadas durísimas, que dolían según pude notar. Comportamiento que ya conocemos del personaje éste. Entonces se dirigió con ella, tomándola por la cintura, hacia un grupo de cinco o seis tipos blancos, españoles, creo. Negoció con ellos un momento, recibió unos billetes y les entregó a la chica. Luego se marchó. Yo seguí allí para ver los acontecimientos y bueno, ya te puedes imaginar. Los tipos se sacaron las pollas y ella, de rodillas, se las chupó todas. Luego uno de ellos la enculó descaradamente y sin salivita, a lo bravo. Luego otro y otro. Yo me fui de allí asqueado, estaba siendo testigo de una violación en grupo. Al apartarme, cerca de allí, estaba el flaco con la otra chica, la tenía en cuatro patas, casi desnuda y ensartada desde atrás, no sé si vaginal o analmente. Y ella se las chupaba a una fila de más de nueve individuos, entre ellos dos negros, que hacían cola y pagaban 100 pesetas cada uno. Me provocó matarlo, pero no era mi problema. Así que salí de allí a vomitar y me regresé a Palma, a dormir. Ese domingo, la Gendarmería contactó al ama de llaves de Antonio, mi amigo porque habían encontrado el sábado en la mañana a Pili desmayada en la playa, desnuda, ebria, drogada y violada, para variar. Ahora que hemos estado juntos, en tu casa, te puedo asegurar que esas dos chicas eran Sara y Sonia y el que las jodía era Saúl. Te lo juro por lo más sagrado.

    Ángela se puso a llorar, así como estaba en mis brazos, cual chiquilla. Ese maldito era un depravado.

    Esa noche, cuando todos se encontraban reunidos para empezar el juego de cartas, Ángela se levantó y les dijo:

    – Les agradezco que se sienten, porque tengo algo importante que comunicarles, hoy sábado por la noche. Esta es mi casa, no nuestra casa, no, no, mi casa, solo me pertenece a mí. Y ustedes son mi familia. Si, te incluyo, Sonia, porque te conozco desde que tú y Cristina eran unas crías. Aquí estamos para pasar un verano más, como todos los años, pero ahora tenemos aquí a alguien que nunca nos había acompañado antes. Y a ti, Sara, que hacía tiempo que no venías con nosotros. Pero esto se ha ido de madres y tú te has encargado de que se desmadre… – dijo señalando a Saúl, quien se quedó asombrado. Y continuó:

    – Hace poco vi con Federico una película del oeste, un western, que se llamaba algo así como “Ha llegado un nuevo sheriff al pueblo”. Pues bien, les aseguro, ha llegado un nuevo sheriff a esta mi casa – todos voltearon a mirarme a mí, el recién llegado. Y ella dijo:

    – No, no lo miren a él, no se trata de él, el nuevo sheriff soy yo – todos se quedaron mirándola, asombrados, hasta que Sara se lanzó la carcajada. Ángela aguantó estoica. Cuando Sara se recompuso, Ángela retomó:

    – Si, yo soy el nuevo sheriff, llegó la ley y el orden a mi casa. Se acabó el relajo. Tu Saúl, eres un depravado, un mal nacido que me vendiste a unos negros el jueves en la disco – y relató todo, tal cual yo se lo había contado. Y después siguió con el relato de hoy, sobre el anterior viernes, con Sara y Sonia como protagonistas. Después: – Tú, Sonia, amaneciste en la playa, aquí enfrente, desnuda y borracha. Sucia como si te hubieras revolcado en la tierra. Y no sabías nada de ti. Y de ti, Sara, no sabemos nada, creo que regresaste desnuda, porque de aquel vestido verde tan bello no hemos vuelto a saber.

    La cara de Saúl era un poema, roja como un tomate, tanto que nuevamente empezó a sangrar por la nariz. Y Ángela lo señaló con su dedo acusador:

    – Tienes 10 minutos, por el reloj de Alejandro, para recoger tus cosas y marcharte de mi casa. Alejandro te acompañará, junto con mi hijo, para estar seguros que solo te llevas tus pertenencias y no causes daños. Dentro de 10 minutos, ya no lo detendré, porque creo que tiene ganas de ajustarte cuentas por lo que nos hiciste.

    Yo me puse en pie de inmediato, lo tomé por un brazo y le saqué del bolsillo un frasco de pastillas. Las revisé y había unas 18 pastillas de un frasco de 50, de Yohimbina. Las mostré y les dije a las tres chicas víctimas del imbécil, que con eso las drogaba noche tras noche. Cristina preguntó qué era eso y le expliqué que era una droga utilizada por los veterinarios para animar a las vacas para que se dejasen montar por los toros, para ponerlas “malucas”, en pocas palabras. Una pastilla para una vaca de 200 – 250 kg. Imagínense la dosis para una mujer que pesa cuatro o cinco veces menos. Cristina y Ángela lo miraban con odio, Sara me miraba a mí con el mismo odio, como si yo fuese el depravado y Sonia no se lo podía creer. Empezó a golpear a Saúl, por la cara, le daba patadas, lo insultaba:

    – Eres un maldito, como me puedes haber hecho eso a mí, tan bien que lo estábamos pasando. Ojalá te mueras, depravado.

    – Se acabó la conversación, comienzan a correr los 10 minutos, ya – dijo Ángela. Y yo puse mi cronómetro a correr y subí con él a su habitación, que compartía con Niko. Nicolas ni siquiera se había movido de su sitio. La mamá lo increpó y entonces nos siguió. En la habitación, Saúl estaba como drogado, desesperado porque le habían descubierto el juego. No atinaba a recoger sus cosas. Entonces le di una bofetada y le dije que pusiera atención a lo que hacía, porque después de los 10 minutos, vendrían los coñazos. Por fin recogió y bajamos, salimos con él hasta la calle y allí le dije:

    – Ya sabes que no amenazo, solo advierto, para que no te agarre de sorpresa. Si te acercas a cualquiera de los que aquí estamos, las chicas, Niko o a mí, te vas a arrepentir. Voy a contarte una anécdota muy divertida, para que veas que no soy tan malo. Hace unos años, en Caracas, en una fiesta, un imbécil como tú le cogió una nalga a mi hermana, delante de muchas personas. Y se burlaba de ella, le decía que estaba muy rica, aunque algo flojita. Algunas personas, especialmente los muchachos, se reían y mi hermana se sentía muy humillada. Entonces aparecí yo, lo tomé de los huevos con mi mano derecha -allá decimos de las bolas- y se las apreté. Se puso pálido, dejó de reír, no podía ni respirar. Yo fui aumentando paulatinamente la presión sobre sus queridos huevos, lentamente, hasta que sonó como algo que se rompe. Se los destrocé con la mano. El tipo cayó desmayado y solo se levantó como media hora después. Luego supe que al día siguiente tenía las pelotas más grandes que una bola de Balonmano y a los pocos días se las tuvieron que quitar, porque ya no le servían de nada. ¿Sabes lo que es un eunuco? Bueno… adiós, Saúl, realmente fue desagradable conocerte.

    Le di la espalda para entrar en la casa, cuando sentí que sonó un golpe muy fuerte. Rápidamente volteé y vi que Niko le había dado un golpe majestuoso en la boca del estómago. El pobre infeliz se dobló y sin aire, cayó de rodillas. Y Niko entonces le dijo:

    – Me cansé de ti, de tus amenazas, de tus malos tratos. Tampoco te voy a amenazar, como dice él, pero te advierto, si algún día te acercas a mi madre, mi hermana o mi tía, incluso a Sonia, tal vez quien te destroce los huevos sea yo. Estás advertido.

    Entramos a casa y el panorama era diverso. Ángela estaba satisfecha, ni más ni menos y abrazó a su hijo. Cristina estaba exultante, me dio un largo abrazo y un beso muy dulce en la mejilla. Sonia lloraba como si se le hubiera muerto la madre y Sara me veía con un odio mortal. No soporté más su cara de odio y la increpé:

    – ¿Qué pasa, porque me miras así? – a lo que ella respondió:

    – Porque eres un cretino, acabas de llegar aquí, sabrá Dios de donde, a sembrar discordia entre nosotros. Acabas de destruir la reputación de un chico adorable que no te había hecho nada, que solo nos traía felicidad a todas aquí. Y ahora convertiste a mi sobrino en un monstruo como tú. No te basta con haber envenenado a mi hermana. Ahora si se desmadró todo aquí – y se quedó retándome con la mirada. Ángela se acercó a ella, lentamente, se paró enfrente de ella y de pronto, le largó un bofetón a la cara y le soltó:

    – ¿Estas así de pervertida por ese maldito? Si quieres te puedes ir con él, aquí no quiero gente de su calaña.

    Esa noche Ángela me premió con una sesión de placer como nunca había experimentado en mi vida, ni siquiera con Tita. Aquella mujer me cogió, me disfrutó y luego me soltó en la cama para que durmiera. Fue un solo polvo, pero ella, en todo el proceso, desde las simples caricias, hasta el final, se corrió más de 10 veces. Gritó y gimió a placer y en un momento dado me dijo al oído que iba a tener que cogerme a Sara para que dejara la pendejada. Durante un tremendo orgasmo, volvió a clavarme las uñas en la espalda, hasta hacerme sangrar. Y me decía que yo tenía la mejor verga que ella hubiera probado en su vida y había probado unas cuantas. Esa noche buscó una cinta métrica de costurera en su neceser y en mi mejor momento midió unos 22 cm. Estaba que se relamía. Luego me dijo que estaba pensando seriamente en dejar a su marido, porque este semental era mejor que el que ella tenía en casa. Y nos dormimos.

  • De hetero a gay pasivo

    De hetero a gay pasivo

    Tengo 27 años y quiero contaros una experiencia de mi vida sexual. Antes de empezar, me gustaría aclarar que absolutamente todo lo que cuento aquí es real, no me estoy inventando nada. Disfrutadlo.

    Desde siempre me han gustado las mujeres, ver los cuerpos de mujeres lindas me excita y me produce placer imaginar que estoy con ellas, lo que yo diría que es lo típico en los hombres heterosexuales.

    Ahora bien, he de decir que siempre me ha gustado experimentar con mi cuerpo a la hora de autosatisfacerme, por lo que ya desde bastante pronto probé a introducirme dedos y algunos objetos por el ano, como lápices o bolígrafos. La mayoría de las veces que lo hacía, simplemente los introducía y dejaba que ejercieran su presión ahí dentro, de modo que cuando me tocaba el pene se sentía mucho más placentero por esa presión. Yo nunca asocié ese deseo de introducirme cosas por el culo con deseo de ser penetrado, pero el caso es que lo solía hacer de vez en cuando para salir de la rutina y darme el gusto.

    No recuerdo bien cuándo sucedió ni porqué, pero el caso es que llegó un momento en el que cuando veía vídeos porno, empezaba a sentir deseo no solo por la mujer de turno, sino también por la polla del hombre. Viendo sabrosas mamadas a pollas espectaculares, empecé a querer saborearlas yo también, empezando a creer que yo sentiría placer chupando una polla, el mismo que debían estar sintiendo las mujeres a las que veía hacerlo.

    Ese deseo fue creciendo en mí cada vez más y más, y durante largo tiempo solo veía vídeos de mamadas, deseando ser yo el que tuviera esas grandes pollas en mi boca. Podía sentir cómo entraban lentamente rozando mi lengua y mi paladar llegando suavemente hasta mi garganta pudiendo tragármelas completamente y haciéndoles garganta profunda. Sentía placer al imaginar que entraban dentro de mi esófago y que yo me movía adelante y atrás permitiendo así que me follaran la boca. Desde entonces ese deseo nunca desapareció.

    No solo no desapareció sino que fue aumento. Llegó un momento en el que no solamente sentía placer al ver cómo esas mujeres preciosas hacían una mamada, sino también cuando eran penetradas. Empecé a sentir el deseo de ser penetrado. Veía a las mujeres sentir tanto placer cuando eran penetradas que yo tuve ganas de sentir esa misma sensación pues, al fin y al cabo, yo seguía con mis masturbaciones introduciéndome cosas dentro del ano, así que si un pequeño objeto me producía ese placer, no podía ni imaginar lo que sentiría con una polla dentro de mí.

    Así fue que decidí experimentar más con mi ano, y me masturbaba cada día introduciéndome uno o dos dedos y moviéndolos frenéticamente dentro y fuera de mi culo mientras me machacaba la polla. La sensación era tan placentera que decidí dar el siguiente paso.

    Recuerdo que me pasaba el tiempo mirando diferentes pollas de plástico preguntándome cuál encajaría mejor conmigo, sabiendo que yo era algo novato en esto debería no ser muy grande, pero tenía ganas de sentir algo enorme dentro de mí. Miré diferentes páginas web donde poder conseguir pollas de plástico. Me imaginaba el tiempo que podía pasar cabalgándolas, trotando encima de ellas sintiendo como mi interior se abría a su paso, y decidí comprarme una polla de 15 cm, una bastante normal para empezar. No era especial para el ano, pero era muy realista y tenía ventosa, por lo que podría disfrutarla enormemente.

    Recuerdo que cuando llegó el paquete a casa mi corazón latía aceleradamente, sentía el deseo y el placer de que el momento estaba cerca, el momento de ser penetrado por algo con tamaño y forma realista. Junto con la polla compré también lubricante anal para poder disfrutarlo de verdad.

    Nada más llegar el paquete lo abrí con manos temblorosas y pude ver el gran tamaño de ese objeto, ese que en cuestión de minutos iba a estar dentro de mí. Lo primero que hice fue llevármelo directamente a la boca. Ese simple gesto produjo en mí una explosión de placer. Pero no era suficiente, yo quería experimentarlo hasta el final, por lo que limpié bien el juguete y tras rociarlo con algo de lubricante y dejarlo bien empapado, me lo lleve de nuevo a la boca sintiendo cómo mis glándulas salivales se activaban. En ese momento me lo llevé bien adentro, llegando hasta mi garganta. Sentí una presión muy grande, pero la necesidad de ir más adentro pudo con el miedo y empuje con todas mis fuerzas tragándome la polla por completo. La sensación fue una mezcla de dolor y máximo placer: por fin lo estaba consiguiendo. Estaba en el camino de conseguir eso que llevaba tanto tiempo deseando.

    Pasé al siguiente paso: lo clavé en el suelo y lo volví a rociar entero con lubricante llenando también mí ano de ese jugoso líquido. Me puse sobre él. Mi corazón palpitaba con una rapidez que casi nunca había sentido. Sabía que tenía que ir con cuidado, así que fui descendiendo poco a poco, sintiendo la punta del juguete con mi ano. Empecé a jugar con suaves movimientos, permitiendo que se abriera lentamente, algo qué ocurrió rápido ya que yo estaba muy excitado. Así pues, comencé poco a poco a descender y a intentar introducirlo dentro de mí. El glande entró de repente acompañado de una descarga de puro placer que me hizo dar un pequeño grito, pero no sentí dolor así que seguí bajando, introduciendo más y más dentro de mi cuerpo, hasta que tenía todo el juguete dentro de mí.

    Sentir que había llegado al final y que estaba entero dentro fue una sensación indescriptible, en ese momento sabía que podría hacer lo que quisiera con ese juguete, y que mi cuerpo lo iba a resistirlo y disfrutarlo. Así fue como, por pura intuición y dejándome llevar por la sensación, como si mi cuerpo reaccionara ante el acto más natural, comencé a mover mi cuerpo arriba y abajo, sintiendo como cada centímetro de esa polla rozaba toda mi piel interior y masajeaba lo más íntimo de mi cuerpo.

    De cierta forma sentía que mi cuerpo me decía que eso que estaba haciendo era para lo que estaba diseñado. Como si esa fuera mi forma natural de tener sexo. Lo sentía por los movimientos que hacía sin pensar, con esa polla dentro. Esos movimientos los hacía mi cuerpo por pura intuición, para sentir placer… y también para dar placer. Cuando me cabalgaba esa polla, no tenía nada en la mente, solo sentía placer, fue el éxtasis.

    Tras cabalgar a mi nuevo mejor amigo por un buen rato, me vino a la cabeza la sensación de que igual podía disfrutarlo todavía más si me depilaba el ano, así rozaría completamente con la piel ese pedazo de goma. Así lo hice, con sumo cuidado me afeité por primera vez esa zona íntima y luego volví a la carga.

    Me pasé como dos horas sin parar de meterme ese juguete por el culo, jugando con él de todas las formas que se me llegaron a ocurrir. Lo cabalgué inclinando mi cuerpo hacia adelante, luego otro rato inclinándolo hacia atrás, salté encima de él, lo pegué en la pared y lo golpeé contra mí, incluso me surgió un poco de twerking sobre él, aunque todavía no dominaba mucho esos movimientos. Lo disfruté como no había disfrutado una masturbación en toda mi vida.

    A partir de ese día comencé a usarlo con bastante frecuencia, dejando a mi cuerpo explorar los límites del placer, descubriendo y mejorando los movimientos de penetración…

    Cuando llevaba como un mes con él, sentí que podía aspirar a algo mayor. Ese juguete era maravilloso, pero quería probar más cosas. Decidí dar un paso que ya tenía en la cabeza desde hacía mucho tiempo: me compré un dildo realista negro de 22 cm de longitud y 5 de grosor.

    Como cabe esperar, eso fue todavía más maravilloso… Los momentos que pasaba dejando mi cuerpo gozar eran extasiantes. Con ese nuevo dildo comencé a probar una de las posiciones que no había probado hasta ese momento: la del perrito. Colocaba el dildo en una de las patas de una mesa y yo me tumbaba en el suelo, colocándome a la altura del enorme pene realista, y dejaba que entrara hasta lo más hondo de mi ser, mientras me movía locamente en un acto que para mí ya era la única forma de autosatisfacerme.

    En esos momentos estaba tan emocionado por lo que estaba consiguiendo que incluso me costaba creerlo. Había leído que podía costar mucho tener sexo anal siendo el pasivo y que requería mucha práctica, pero en cuestión de poco tiempo yo había sido capaz de llevarme prácticamente al límite de lo que una polla puede medir, ya tenía práctica en relajarme y en moverme en casi todas las posturas que se me ocurrían. Estaba tan entusiasmado que comencé a grabarme en vídeo durante mis prácticas para ver cómo lo estaba haciendo y, la verdad, no estaba nada mal. Ahora que ya tenía la práctica para el sexo anal, solo me quedaba una cosa: probarlo con un hombre de verdad.

    Para ese entonces, cuando veía porno ya no solo me fijaba en el placer que sentían las mujeres al ser penetradas por una buena polla, sino que ya había comenzado a sentir deseo por los cuerpos de los hombres. En especial por los muy masculinos. Si veía un hombre musculoso y atractivo, yo podía notar como mi ano palpitaba, se agrandaba y se comenzaba a abrir, como preparándose para ser penetrado, mientras que a la vez sentía una necesidad irrefrenable de meterme algo dentro. Ahora no tengo ninguna duda de que mi cuerpo ya asociaba a los hombres con el placer de ser penetrado, y comencé a desearlos físicamente.

    Supongo que es algo lógico, ya que pasé mucho tiempo sintiendo placer anal y descubriendo inevitablemente que este es mucho mayor que cualquier otro placer. De repente ya casi no me atraían las mujeres por la calle, y cuando veía a un hombre fornido se me aceleraba el corazón y venían a mi mente imágenes en las que yo lo cabalgaba salvajemente como lo había estado haciendo con mis dildos.

    Como es de esperar, llegados a este punto decidí dar el último paso: quedar por internet con un hombre activo que le diera caña a mi culito. Y así lo hice. Con mucho nerviosismo compré condones en la farmacia y quedamos en mi casa. Yo estaba nervioso pero deseando sentir por fin, después de tanto imaginarlo, un hombre dentro de mí.

    Si os interesa os contaré en otro momento cómo fue mi primera experiencia sexual, así como todas las que vinieron después. Por el momento solo diré cómo me sentí después de que mi compañero se fuera de mi piso. Estaba literalmente flotando. Me sentía pleno como nunca, me había dado tan salvajemente que sentí que mi cuerpo dejaba de ser mío y era suyo durante ese rato. Sentía felicidad por haberme hecho tan pleno llenándome por dentro, y también por haber sido yo capaz de dibujar el placer máximo en su rostro. Ese día me quedé con la sensación de que ya todo encajaba en mi vida sexual, que no había nada que disfrutara más que una relación homosexual en la que yo era el pasivo. Me había costado 26 años darme cuenta, pero ahora iba a disfrutar mucho recibiendo y dando placer.

    Y es que eso fue precisamente una de las cosas que más me gustó, saber que mi cuerpo estaba hecho para encajar con los hombres de esta manera, y que mis movimientos, esos que había ensayado tanto con los dildos, podían hacerles estremecer enormemente.

    El tiempo fue pasando y el número de compañeros sexuales que pasaron por mi piso fue aumentando, así como mi experiencia a la hora de hacerlos felices. Llegó el momento en el que solo me corría si me follaba una polla, si sentía el jugoso movimiento de una polla dentro de mí. Una polla de verdad.

    Hace unos días estuve confinado por el dichoso coronavirus y por falta de contacto humano curioseé un vídeo porno en internet, de esos heterosexuales que siempre veía hace tiempo. Cuando comencé a masturbarme con mi polla, me di cuenta de que mis ojos solo se fijaban en la penetración de la polla, y que mi ano se volvía a abrir esperando recibir una embestida. En ese momento fui consciente. Estos meses me han cambiado, ya no concibo el sexo sin ser penetrado y las mujeres prácticamente no me atraen sexualmente.

    Me he convertido en un homosexual pasivo, ahora lo acepto y lo abrazo, sabiendo que nunca dejaré de sentir placer, pues mi ano siempre está preparado para una buena polla.

  • Reencuentro con amigo de la universidad: El origen

    Reencuentro con amigo de la universidad: El origen

    Después de escribir mis vivencias en el relato “reencuentro con amigo de la Universidad”, algunos preguntaron cómo inicio mi relación con Ricardo, bueno, lo comparto, aunque tal vez sea un tanto lento de principio, algún amigo mutuo me lo presento y realmente no me causo buena impresión, muy feo, pero desde que me saludo y se me acerco demasiado para darme el beso en la mejilla, sentí que era diferente, un tanto invasivo en los espacios personales.

    Más grande que yo en edad y tamaño, además por terminar la escuela, cuando yo apenas empezaba, se empezó a juntar en el grupo de amigos y yo notaba como hacia lo imposible por acercárseme y entablar charla conmigo, en cierta forma esto me elevaba el ego (que de por sí ya tenía alto), ya que los demás chicos eran demasiado tímidos para mi gusto. Me invito a salir algunas ocasiones las cuales le rechacé amablemente, pero sucedió que por cierto motivo fui castigada y mi padre me retiro el automóvil que usaba para transportarme de la casa a la escuela y de la escuela a la casa, forzándome a usar el transporte público cuando mi novio oficial no podía transportarme. Eran realmente pocos los compañeros que tenían auto.

    Cierto día me invitan a un convivio al cual me niego a ir comentando la falta de transporte, a lo cual Ricardo se ofrece a llevarme a mi casa al final del convivio, como realmente quería quedarme de buen grado acepte, por la tarde Ricardo me llevo a mi casa, tenía una carcacha por cierto, pero era mejor que ir a pie, nada paso, salvo que el individuo era invasivo, se me acercaba mucho pero conversamos de buena manera, paso a ser prácticamente mi chofer cuando mi novio no podía llevarme o traerme y empecé a ir a comer con Ricardo algunas veces, siempre me abrazaba cuando me saludaba o se despedía, a veces trataba de tomarme por la cintura, yo sentía sus manotas tratando de tomarme con cierta morbosidad pero lo rechazaba, sentía que era más que un simple abrazo de amigos, pero en fin, me era de utilidad como chofer y llevándome a comer. Princesa o Patty, era como invariablemente me llamaba.

    Pronto trato de mover el beso de la mejilla a la boca, lo cual no le permití, después de cómo un mes intentando besarme, el empezó a cansarse de que yo no me dejaba, finalmente a mí no me importaba porque estaba por recuperar mi auto.

    Ricardo: Que onda Princesa, cuando me vas a dejar darte un beso

    Patty: Ya te dije que no.

    Ricardo: Un fajecito de perdis no, ándale Patty –Dijo con descaro mostrando cuales habían sido sus intenciones desde un principio.

    Patty: Como crees que yo voy andar haciendo eso, estás loco o que, ya sabes que tengo novio, respeta o ya no vuelvo a salir contigo, no soy una facilota.

    Unos 3 meses estuvo insistente y no encontró forma en la que yo me dejara besar o que me tomara la cintura, se veía frustrado y eso me divertía. No lo cortaba porque era de utilidad cuando yo necesitaba algo, era buen mozo, además que siempre me ha gustado que los chicos me rueguen, este no rogaba estrictamente como tal, pero me daba la impresión que él sentía que yo debería corresponderle.

    Pero paso que fuimos al cine en Plaza Galerías, al término de la función se veía bastante molesto porque para variar, no logro prácticamente nada conmigo. Simplemente no me gustaba.

    Estando en el estacionamiento de la plaza que está en el sótano me dijo:

    Ricardo: Entonces que Princesa, no va a ver nada de nada?

    Patty: Pues ya sabes que no.

    Ricardo: No me has dado chance ni de cachondearte tantito.

    Patty: Que vulgar eres. Tú crees que yo ando de facilota con cualquiera que se me pone enfrente. -la verdad es que no era cierto, si el chico me agrada, claro que me dejo querer, pero no era el caso de Ricardo.

    Ricardo: Entonces dame un abrazo de despedida.

    Patty: Nada mas no te vayas a querer pasar ehh

    Nos abrazamos fuertemente, sus manos en mi espalda se deslizaron hacia mi cintura, iba yo a empujarlo para que me soltara cuando las deslizo sin más a mis caderas, yo me quede petrificada, él viendo que no decía nada, aprovecho para recorrer sus manos hacia mi cintura y de regreso a la cadera, siguiendo la forma de mi cuerpo, lo repitió varias veces, era la primera vez que me agarraba la cadera y me encendió un poco, vi que esperaba alguna reacción mía y como no la hubo, paso poco a poco a ir deslizando una de sus manos hacia atrás, gradualmente fue tocando más y más hasta que acaricio mi trasero sin oposición de mi parte, eso me prendió de inmediato y lo deje tocar, sentí su pene respingar y crecer de forma exponencial, lo podía sentir a través de nuestras ropas, quiso besarme pero lo rechace, viendo esto, se conformó con seguir acariciando mi trasero por algunos instantes por encima de mi pantalón de mezclilla.

    Patty: Hay ya ya, te pasas, vámonos.

    Ricardo no dijo nada, nos subimos al carro, me abrazo y metió una mano como pudo por debajo de mi blusa, le fue difícil porque no uso ropa ligera, me acaricio un seno con muchos trabajos por lo ceñido de la ropa, yo le seguí negando los labios, no quería que me besara, se conformó con acariciarme.

    Patty: Ya estate, nos van a ver.

    Ricardo: Que ricas nalgas tienes Patty.

    En la siguiente salida fuimos a comer al Sanborns que está en Insurgentes, casi frente a los ferrocarriles, empezaba a oscurecer cuando salimos y en el estacionamiento me volvió a acorralar, nuevamente le negué mis labios y viendo esto, el paso directamente a tocar mis caderas para de ahí pasar a mi trasero, yo llevaba un vestido que cubría por debajo de la rodilla bastante delgado y holgado, sentí sus manotas acariciar mis nalgas casi directamente sobre mi piel que solo estaba protegida por la delgada tela del vestido y un panty tipo bikini que no cubría nada. Yo sentía su pene palpitar y lo notaba enorme, más grande que los que había tenido oportunidad de probar.

    Ricardo: Que ricas nalgas tienes Princesa.

    Trato de subirme el vestido lo cual no permití.

    Patty: No seas menso, como me vas a subir el vestido.

    Trato de besarme y me negué nuevamente, entonces trato de acariciarme por enfrente entre mis piernas y también lo frene.

    Ricardo: Chale por que no.

    Patty: Pues porque no.

    El siguió acariciando mis pompas a manos llenas, eso es algo que siempre me prende, empezó a besarme al cuello y eso acabo de derretirme, él se dio cuenta y sin contemplaciones metió su mano entre mis piernas para acariciar mi vagina y simplemente me deje llevar, empujo su pie entre los míos para hacerme abrir las piernas, su mano se deslizo sin oposición entre mis piernas sobando mi vagina por sobre el vestido, me tocaba con sus manos, una por delante y la otra por atrás. Me estaba tocando mis partes con sus dedotes que me acariciaban de forma morbosa. Todo fue sobre el vestido, en ningún momento deje que me lo alzara.

    Ricardo: Que rico se siente tu rajita Patty, dame un beso ándale

    Patty: Que no, entiendes que no. -Que más quería? No lo entiendo

    Patty: Vámonos ya que nos van a ver

    Ricardo: Vamos a un hotel para que te acaricie bien

    Patty: Claro que no, cómo crees. —Pese a sus ruegos me negué rotundamente.

    Otro día regresamos al mismo Sanborns, nuevamente en el estacionamiento me acorralo y empezó a tocarme, yo llevaba un traje sastre, de no muy gruesa la tela, sentí como metía una mano entre mis nalgas y me acariciaba con morbosidad, la metió tan adentro que de pronto me estaba tocando los labios vaginales y los recorrió completamente siguiendo repetidamente la forma a través de la tela del pantalón y empujando con un dedo en medio de ella. Me sentí totalmente invadida y así era, al grado que vi los dedos de su mano que entraba por atrás asomar por enfrente de mis piernas

    Patty: Oye no manches.

    Ricardo: Tantito princesa, está bien rica tu puchita

    Patty: Eres un vulgar.

    Volvió a insistir con lo del hotel, pero se quedó con las ganas.

    En nuestra siguiente salida que fue al cine, previendo que se iba a querer propasar, me fui prevenida, no podía negarme a mí misma que me gustaba como me había tocaba, por eso me puse un Top un tanto discreto pero elástico, no llevaba sostén, un suéter verde que se abotona por enfrente y que me cubría desde el cuello hasta casi la cadera, el cual ocultaba cualquier indicio de sensualidad, además un leggings rosa con verde muy fino a juego con el suéter, además una pequeña panty rosa.

    En el cine me abrazo y aprovechando la poca afluencia y oscuridad deslizo su mano por debajo de mi suéter jalo el top haciendo botar mis senos que gracias al suéter no se veían, se pasó toda la función estrujándolos, a veces completos a veces solo los pezones, esporádicamente sobaba mi vagina por sobre el leggings, no tengo idea de que paso en la función, estaba extasiada por sus caricias sobre mis senos.

    Al termino y ya en el estacionamiento me recargo en el carro y deslizo su mano dentro de mi leggings hasta alcanzar mi vagina, sentí su dedo forzando mi entrada con rudeza, un dedo grueso, áspero que me llevo al cielo cuando tallo mi clítoris y entro una parte de el en mí, solo fue un instante, me separé de él y ya en carro abrió mi suéter, bajo mi top y literalmente me devoro los senos con su boca, nuevamente me pidió ir a un hotel y nuevamente me negué.

    Algunos días después, me lo tope saliendo de clase, me llamo a lo lejos, yo me separe de mis compañeros, nos saludamos y me susurro al oído.

    Ricardo: No me puedo olvidar de tu rajita Princesa, estaba bien deliciosa y mojada.

    Patty: No seas menso, te van a oír

    Ricardo: Vente, vamos a los salones del fondo

    Había varios salones vacíos, todos ellos con una hilera de ventanas muy altas que hace prácticamente imposible mirar hacia adentro y una puerta con una pequeña ventana que puedes cubrir con solo recargarte en ella, entramos al del final, cerramos, me recargo en la puerta y fue directo a besarme en el cuello, ya no intento buscar mi boca, acto seguido deslizo su manota entre mis piernas, yo llevaba un pantalón informal un tanto flojo, lo que le facilito las cosas, el empezó a dedearme con maestría, sabía exactamente donde estaba mi entrada al paraíso, manoseo mis nalgas, mis senos, por encima y por debajo de la ropa. Su pene se sentía muy duro y lo tallaba contra mí,

    Ricardo: Te gusta Princesa -me susurraba al oído

    En un tiempo relativamente corto, tuve un breve, pero placentero orgasmo y al termino le dije basta, vámonos, me obedeció no muy resignado.

    Ricardo: A qué hora sales hoy Patty

    Patty: A la 1 pero me voy con mi novio

    Ricardo: Mañana tienes clase libre, a qué hora, de donde sales.

    Patty: Si a las 11:00, de Básicas.

    Ricardo: Va, te busco mañana a esa hora

    Al día siguiente ahí estaba esperándome, repetimos la operación de irnos a un salón. Yo llevaba puesto un pantalón de mezclilla muy discreto y de difícil acceso, me beso el cuello el oído, y empezó a manosearme por encima del pantalón, trato de meter su mano, pero no cabía, entonces lo desabrocho y literalmente me lo bajo con todo y mis pantis hasta medio muslo, se separó un poco para contemplarme

    Ricardo: No manches, no tienes ni un pelito en la puchita.

    Patty: Te van a oír menso

    Ricardo: Con razón no los sentí ayer.

    Acto seguido me manoseo como un loco, nuevamente me hizo venir muy rico, tuve que apretar los labios muy fuerte para evitar hacer ruido. Me sentía sumamente nerviosa porque literalmente estaba desnuda de la cintura a las rodillas en un salón de clases.

    De la misma forma pasaron dos días más en los que hicimos lo mismo y el me hizo venir, no quise salir el fin con él, sabía que trataría de llevarme a un hotel para acostarse conmigo y no me parecía que él me mereciera. Aun así, quedamos para el lunes en la escuela.

    Todo se dio de la misma forma, pero con la variante de que tomo mis manos y me hizo acariciar su pene sobre su pantalón, después se lo saco, pude verlo por primera vez, era mucho más grande que los de los chicos u hombres con los que había estado, muy grueso y chueco, lo que más me sorprendió era un glande un tanto desproporcionado, se lo acaricié con ambas manos.

    Ricardo: Así sóbalo preciosa, hazme una chaqueta

    Patty: Una que???… expresión nueva para mí, no se dé donde la saco.

    Ricardo: Una chaqueta, así Patty, el guiaba mis manos y de pronto dijo

    Ricardo: Tómalo con la boca Princesa —obviamente me negué

    Patty: Como crees —conteste un tanto ofendida, pero sin dejar de sobárselo y sin dejar de verlo.

    Así estuvimos un rato más, pero mi excitación creció tanto que ya sin pedírmelo me incline y lo tome con la boca. Lo succione con verdaderas ansias.

    Ricardo: Mas adentro Patty, que rico lo haces —susurraba él, no podíamos hablar fuerte porque nos podían descubrir.

    El guiaba mi cabeza con sus manos y empujaba con su cadera, yo estaba engolosinada mamándosela, un par de veces la saque de mi boca y dije ya, pero inexplicablemente me la volví a introducir en mi boca, por más que me esforzaba, no me cabía toda, además de que las comisuras de mis labios me dolían por lo grueso de su pene y porque mi boca realmente es pequeña, no tardo mucho cuando lo sentí vibrar y soltar chorros dentro de mi boca, el me impidió separarme poniendo sus manos sobre mi cabeza, lo solte en cuanto pude y escupí su semen. Se lo contemple embobada, se le veía muy apetecible a pesar de perder dureza y tamaño.

    Patty: No manches, casi me vómito, que asco -Eso no era verdad, ya tenía yo múltiples experiencias de este tipo, donde no había dejado escapar ni una gota del preciado líquido, pero obviamente él no lo sabía.

    Ricardo: Pinche Patty, fue más fácil que me mamaras la verga a que me dieras un beso.

    Patty: Hay ya

    Ricardo: Ahora si me vas a dar un beso cuando te lo pida.

    Patty: Claro que no, ya lo sabes. – Debí darle un beso en ese momento para que probara su propio jugo.

    Ese lunes fue el inicio, prácticamente toda la semana el me busco y en cuanto lo veía me separaba de mis amigos y nos íbamos a algún lugar donde pudiera chupársela. Hubo pocas variantes, en general él me manoseaba los senos, el trasero, la vagina y me metía los dedos, yo procuré llevar ropa no muy apretada o flexible porque me ponía de nervios que me bajara los pantalones hasta las rodillas, después yo se la chupaba hasta que se venía.

    El último día de esa semana llevaba una falda plisada, casi hasta las rodillas, de cuadros muy bonita y una blusa blanca que se abotonaba por enfrente. Como a diario, buscamos el salón vacío más alejado y en hora donde hay cambio de turno para tener un poco más de tranquilidad.

    En cuanto entramos desabrocho mi blusa sacándome los senos los cuales beso con ansias, eso me hizo enloquecer, después me recargo de frente en la puerta cerrada haciéndome parar el culo, enrollo mi falda en mi cintura, bajo mis pantis hasta la rodilla, me hizo abrir las piernas y me beso los labios de la vagina mientras abría mis nalgas con sus manos, uff fue una locura lo que sentí que me invadía ya que no se limitó a besarme mi vagina, también introducía sus dedos hasta el fondo explorándome, dos o tres o no sé cuántos de forma muy ruda, de pronto se le ocurrió meterme su dedote por atrás lo cual me sobresalto, tenía el dedo tan mojado que entro hasta el fondo, un dolor agudo me recorrió por la intromisión de ese invasor.

    Patty: Oye no, por ahí no, me duele

    Ricardo: Si putita —susurro

    Patty: Me lastimas, me duele, nunca me han hecho nada ahí -mentía yo con todos mis dientes

    Ricardo: Estas bien rica y apretadita Patty

    Después de un rato de estar moviendo su dedo dentro de mi colita, se incorporó y tomándome por la cintura me dio una estocada desde atrás por mi vagina aprovechando que casi estaba yo empinada. Estaba tan mojada que su pene resbalo hasta topar en mi útero, o por lo menos esa impresión me dio.

    Patty: Nooo, como crees, nos van a cachar, espérate, -jadee por la invasión de su pene y por el dolor que sentí, tratando de no hacerlo muy fuerte por miedo a ser descubiertos. Aunque ya había estado con múltiples hombres, nunca había tenido algo tan grande dentro. Además de que me sorprendió, no esperaba que hiciera eso, no lo hubiera permitido.

    Ricardo: estas bien rica putita, aprietas mucho –me susurraba al oído.

    Trate en vano de soltarme, como no pude lo amenace ya que empezaba el movimiento de vaivén típico de cuando te están cogiendo.

    Patty: O me sueltas o grito, -le dije, esto pareció detenerlo un poco,

    Ricardo: Te suelto, pero mañana vamos al hotel

    Patty: No quiero ir contigo

    Ricardo: Entonces te parcho aquí

    Patty: ok, ok, va, va, mañana vamos al hotel, pero ya suéltame

    Ricardo: Promételo

    Patty: Hay ya, ya, lo prometo, pero sácala y suéltame.

    Ricardo: Hazme una chaqueta con la boca de mientras para tranquilizarme.

    Patty: Eres un vulgar —Le dije con resentimiento.

    Accedió a soltarme, mi panty se había deslizado hasta mis tobillos y el me hizo levantar los pies para quitármela y guardársela,

    Me acomode la ropa y acto seguido se la chupe como de costumbre hasta que se vino, desde ese día me hizo tragar su semen completamente.

    Patty: Dame mis calzones —fue en vano pedírselos, me tuve que regresar a casa sin ellos.

    A partir de esa ocasión tomamos la dinámica de…

  • ¿Y si nos masturbamos juntas?

    ¿Y si nos masturbamos juntas?

    Hola preciosa, el día de hoy he estado muy ocupada, la universidad y el trabajo cada vez me consumen más, tengo muchas ganas de relajarme.

    ¿Por que solo traes una camiseta? Hace mucho frío afuera, aunque aquí se siente un ambiente muy calido, me gusta la posicion en la que estas, acostada en el sillon, piernas ligeramente abiertas y unos ricos pezones que aparecen por la tela tan ligera de la camiseta, estas comenzando a excitarme.

    Sin duda la ropa que traigo encima cada vez me pesa mas y mas cuando recorro tu cuerpo con mi mirada una y otra vez, solo mira, has hecho que mis pezones se pusieran duros, necesito sacarlos del bra o si no me sofocaran mucho, veo que te estas acomodando de manera que pueda ver esa rico coñito tuyo, ya esta tan mojado, esperando ansioso por mis dedos y mi boca.

    Ahora mi cuerpo esta completamente desnudo, mis pezones estan completamente erectos, me fluye un poco los fluidos de mi coño, estoy temblando tanto por la excitacion como por el frio que me ha pegado, mi mirada no se despega de tu mano, como recorre uno de tus pechos y pones entre tus dedos tu pezon ya duro, la manera en como lo aprietas y lo jalas me pone el doble de caliente, sigue así mi amor, no pares, tu cara de excitacion me lo dice todo.

    Esa mano traviesa ahora baja lentamente hacia ese monte de venus tan precioso que tienes, tus piernas tan abiertas me invitan a acercarme, pero algo me dice que no quieres, solo quieres ser observada mientras te tocas, yo ya me encuentro sentada frente a ti, con las piernas abiertas para que visualizes lo caliente que me has puesto y lo mucho que mi coño pide a gritos tu boca, tus dedos o tu coño.

    Tu mano esta finalmente en tu coñito, dios, cuando pasaste por el clitoris y llegaste a tu entrada, el sonido de tus fluidos fue un sonido espectacular, el temblor tan ligero que tuviste cuando tocaste tu clitoris hizo que me quisiera abalanzar sobre ti a comerte entera, pero prefiero ver como te tocas y te excitas más, yo imito ahora tus movimientos, parece que ambas fueramos el espejo de la otra, una mano esta en nuestros pechos y la otra en nuestra panochita humeda.

    Cada vez los movimientos en el clitoris aumentan conforme pasa el tiempo, aquellos pellizcos en los pezones tan fuertes, los gemidos cada vez mas altos, yo no puedo evitar darme una palmada fuerte para aumentar el poder del gran orgasmo que se viene, ha pasado tiempo que no he podido masturbarme, que en estos pocos minutos ya deseo terminar, pero no quiero hacerlo sola, necesito que ambas nos corramos juntas.

    Los golpes con la palma de mi mano en mis pechos, en mi coño cada vez mas humedo son imitados por ti, siento que me he convertido en un monstruo, asi que ahora he metido tres dedos, asi que tu me sigues, al parecer aun no estabas preparada para meter los dedos, pero la cara que haces me indica que lo disfrutas igual que yo, nuestros dedos entran cada vez mas rapido, el movimiento de mete y saca es increible, los jugos que sacamos suenan cada vez mas en la habitacion, ya estoy segura que tu y yo terminaremos juntas.

    Vamos, sigue preciosa, se que ya te quieres correr igual que yo, dejame ver como salen los jugos de ti, quiero volverme loca al verte terminar y en cuanto lo hagas, convertirme en un lobo feroz para comerte completa, no cabe duda que el verte masturbar tan rápido, tu cara disfrutandolo, tus pechos moviendose ligeramente por el movimiento que haces, es una escena que cada vez me nubla mas, asi que, ahi es cuando llego a mi orgasmo y una vez que grite tu nombre, imitas mi acción pero gritando y gimiendo con fuerza el mio.

    Ambas estamos ahi en la sala, agitadas y mojadas, temblando por el increible orgasmo, veo como escurren tus jugos, asi que con la poca fuerza que tengo, me pongo de rodillas frente a ti y comienzo a chuparte, tengo tanta sed de ti, preciosa.

    **************************

    Hola de nuevo!

    Soy Daniela y si te gusto mi relato por favor vota y coméntalo.

    Si tienes alguna duda, sugerencia o mantener contacto conmigo, no olvides mandarme un correo: [email protected].

    Gracias y muchos besos!

  • Mi novio me entregó a su amigo

    Mi novio me entregó a su amigo

    Estoy de novia hace 6 meses y él es todo para mí. Tengo 19 y mi novio Rodolfo me lleva 5 años. Sus amigos siempre lo cargan que era muy mujeriego antes de conocerme y que conmigo se “enzorró”, jajaja. Ya veníamos cogiendo hacía meses antes de formalizar. Él me decía que le gustaba lo abierta que soy a nuevas experiencias. Hacíamos de todo en todos lados. Le encantaba coger en lugares públicos y si alguien nos espiaba, más caliente se ponía.

    Lo único que yo no le entregaba era el culo, más por miedo que otra cosa. Y eso lo obsesionaba. Siempre insistía y yo le decía que la tenía muy grande y que no me iba a entrar. Un dedito (más bien, un dedote… tiene morcillas en las manos el hdp) le aceptaba. Dos veces, con mucha calentura, llegó a meter dos dedos mientras me cogía en estilo perrito. Pero cuando intentó con la poronga me asusté y lo saqué volando. Lo que más me gustaba, es que se enojaba y me la daba con todo. Se ponía un poco violento y me culeaba con rabia y yo acababa al toque y él también.

    Para el aniversario del séptimo mes me preguntó si quería hacer “una obra de bien”. Su amigo, el gordo, llevaba mucho tiempo de escasez y Rodo (como le digo yo), le había contado que a veces cogemos con “público”. Entonces, se les había ocurrido que cogiéramos adelante del gordo. Me calentó la idea y con el Rodo hablamos que teníamos que darle un show tan bueno, que el gordo no aguantara más y se terminara pajeando.

    Esa noche empezamos la previa temprano. Puro Fernet con Coca-Cola que nos gusta a todos y entra como piña. El gordo estaba nervioso y eso me causaba ternura y morbo. Con el Rodo chapábamos bien fogosos y me metía mano exageradamente. Yo me había ido con falda para que sea más alevoso. El Rodo estaba a full y cada vez que le tocaba la pija notaba como daba espasmos. Después de cenar seguimos tomando y el gordo se relajaba más y ya miraba con descaro.

    Yo le hacía preguntas como: ¿Hace cuánto que no la ponés? O… ¿Cuándo fue la última vez que acabaste? El gordo se ponía colorado y el Rodo se le cagaba de risa. El Rodo me llevó a su falda y me puso de cara al gordo que estaba transpirando de la calentura. En una de las manoseadas de mi novio, me sacó una teta afuera del corpiño y me empezó a estimular el pezón. Él sabe, que eso me vuelve loca, así que siguió y yo empecé a moverme gimiendo.

    -No sabés cómo se pone cuando le toco los pezoncitos, gordo. Mirá, se derrite en mis manos, dijo el Rodo mientras me daba besitos en el cuello y seguía con su estímulo. Ya me había bajado el top y una teta la tenía afuera, pero la otra la tocaba por arriba del corpiño. El gordo se sobaba la pija por arriba del jogging y se le veía un bultazo.

    -Mirá, gordo. Mira cómo se mueve. Y no te cuento si la toco ahí abajo… dijo el Rodo mientras una mano bajaba por todo mi cuerpo y me levantaba de a poquito la falda y metía un dedo entre la pierna de la bombacha. Yo gemía como actriz porno y tenía mis manos arriba, agarrándole la cabeza al Rodo y despeinándolo mientras lo llevaba a mi cuello y mi oreja.

    -Me faltan manos, gordo. No alcanzo a tocar todo. Ayúdame un poquito, amigo. Dijo el Rodo mientras seguía jugando conmigo. Eso no lo habíamos hablado, pero me dio morbo y curiosidad… además, mientras más manos, mejor… no? Pero nunca me imaginé que el Rodo se iba a animar, porque él a veces es posesivo y celoso. Lo que no sabía yo, era que estaba todo planeado.

    El gordo saltó como un resorte y se arrodilló frente nuestro. Se seguía sobando la pija con una mano y con la otra muy despacio se acercó a la teta con corpiño y me la tocó. Primero la agarró con toda la mano y le hacía como masajes despacito… como tanteando el terreno. Después se animó a más y empezó a hacer redondelitos en mi pezón y a pellizcarlo bien suavecito. Yo sentía su aliento a Fernet cerca de mi cara pero me concentraba en la boca del Rodo que parecía que me iba a dejar marcas en el cuello.

    -Ayúdame más, gordo. Mirá cómo está… punto caramelo. Mirá que mojadita tiene la bombachita. Sacaselá. Le ordenó mi novio a su amigo.

    El gordo en un segundo ya me estaba levantando con su fuerza de oso y sacándome la bombacha. El Rodo había aprovechado la maniobra y me había desabrochado el corpiño. La otra teta quedó al aire. El Rodo volvió con su mano experta a dedearme el clítoris y un pezón y le hizo otro pedido al gordo:

    -Chupale acá, que está sequito. Le dijo con una voz ronca mientras me agarraba con dos dedos un pezón. El gordo se acercó y me empezó a besar y mordisquear bien despacito el timbre que lo tenía colorado de tanto estímulo. Yo sentía la pija del Rodo abajo mío que estaba durísima. Él seguía frotándome el clítoris y con la otra mano me agarró mis brazos, y como dándome permiso, llevó mis manos a la cabeza del gordo. Yo lo empecé a llevar a una teta y a la otra. Cada vez estaba más resbalosas de toda la baba que el gordo me iba dejando. Era raro agarrarle la cabeza medio mojada al gordo, que tenía poco pelo y estaba rapado… casi parecía pelado.

    El Rodo me hizo un poquito para adelante y quedé sentada en sus rodillas mientras seguía llevando al gordo de un pezón al otro. El gordo aprovechaba las manos para tocarme entera. Las piernas, las gomas, la panza, la espalda, el orto. Sentí un ruidito y era la hebilla del pantalón del Rodo. Se levantó un segundito y cuando me llevó otra vez para atrás, ya sentí la carne sobre la carne. Se había quedado en pelotas. Hasta la camiseta se había sacado. Los pantalones le cayeron a los tobillos.

    Gordo, ahora chupale la conchita… le pidió el Rodo a su amigo. Yo abrí las patas y el gordo empezó a devorarme el clítoris. El Rodo me restregaba la pija por el orto y me pinchaba los pezones embadurnados con la saliva de su amigo.

    -Te gusta, princesa? Te gusta? Me decía al oído. Yo gemía pero me hacía la boluda y no contestaba.

    -Gordo, ahora te voy a mostrar otra cosa que le encanta a mi princesita. Le dijo a su amigo mientras a mí me ordenó en el oído: Chupame bien la pija.

    Yo me levanté y el gordo se tuvo que correr para atrás. Ya había corrido la mesita ratona así que había espacio de sobra. Me puse arrodillada frente al Rodo y él me miraba con mucho morbo. Me agarró la cabeza y me llevó a su pija. Tenía un poquito de olor a mi cola y mi concha por todo el franeleo previo. Eso me calentó más. Empecé a chupar bien… haciéndome la glotonsita, como le gusta a él. Le estimulaba la cabezota y me la tragaba todo lo que podía.

    -Gordo, la tenés servida. Le dijo el Rodo al Gordo. Sentí como me levantaba la pollera y me metía la mano por abajo tocándome el clítoris. Yo estaba re mojada de la excitación por la situación. Y lo que nunca me esperé fue lo que vino a continuación… el gordo me empezó a chupar el orto.

    No les puedo explicar el placer que sentí por todo mi cuerpo. El Rodo un poco agachado me agarraba un pezón o el otro. Yo seguía chupando pija y gimiendo cada vez más, que provocaba un efecto vibratorio en mi garganta que al Rodo lo volvió loco. Él también gemía como una bestia y me decía cosas inconexas y un poco patéticas…

    -Cómo me calentas puta… princesa puta! Ah!

    El gordo chupaba y de vez en cuando me metía un dedo… lo sacaba y seguía con su beso negro. Después fueron 2 dedos, pero nunca dejaba de tocarme la conchita y me mantenía siempre caliente.

    Yo seguía gimiendo y gritando con la pija del Rodo en la garganta y los dos dedos del Gordo ya no me dolían ni me incomodaba. Sólo me daban placer. De vez en cuando el cabrón, también me metía un dedo por la concha, que estaba empapadísima de la excitación.

    El Rodo me agarraba la cabeza y a veces me la bajaba bien brusco, atragantándome un poquito en su verga, que sabe que me encanta cuando se pone así dominante.

    -Gordo, traé todo. Le ordenó el Rodo a su amigo. Me desilusionó no seguir teniendo ese estímulo tan nuevo y excitante.

    Rodolfo aprovechó que su amigo se ausentaba un ratito y me levantó de su pija de golpe, haciendo que me quedara colgando un hilo de baba re largo que unía su verga con mis labios hinchados de tanto chupar.

    Me dio un beso en la boca exquisito y me preguntó:

    -¿Cómo estás? ¿Te gusta?

    Yo le volví a dar un beso y asintiendo con la cabeza solo me limité a decir… -mmm phmm

    El Rodo sonrió y me susurró al oído:

    -Ahora viene la mejor parte.

    Mi novio me levantó del piso, me sacó toda la ropa y me hizo sentarme en su falda mirándolo a él, está vez, penetrándome la conchita que lo esperaba deseosa. Apenas se empezó a mover, ensartándome cada vez más, sentí que volvía el gordo. Miré de reojo y ya se había sacado la camiseta y estaba en cuero. Se le veía una panza grande y peluda, que no sé porqué, pero me pareció súper excitante. Traía algo en la mano que lo dejó en la mesita ratona, que estaba muy cerquita.

    El Rodo me tenía agarrada de la cintura y me iba subiendo y bajando de su pija a un ritmo lento pero continuo. Me daba besos en la boca, en el cuello y a veces me hacía para atrás y me besaba los pezones. Yo ya no me podía aguantar más y empecé a gemir cortado y agudo. El gordo se me puso atrás y me agarró los dos pezones juntos, mojaditos de la saliva de mi novio. Como si estuvieran en sintonía cada uno me besaba un lado del cuello y yo me sentía desfallecer.

    -Dale Gordo. Hacé lo tuyo. Escuché que le hablaba Rodolfo entre haciéndole un pedido y dándole una orden. El gordo me fue dando besitos por la espalda hasta que llegó a mi cola. Me abrió las nalgas con sus manos robustas y me metió la lengua por el orto lo más que pudo. Yo, no pude más de tanto estímulo y tuve mi primera acabada. Lo que me pasa es que cuando acabo, me vuelvo loca desaforada y quiero más y más. Empecé a gritar, ya nada tímida y me movía para arriba y para abajo culeandome con la pija de mi novio mientras el Gordo me metía la lengua y un dedo en el culo alternadamente.

    El Rodo transpiraba como loco. El Gordo ya metió de nuevo dos dedos y se sobaba la pija que ya estaba suelta porque no sé en qué momento, se había sacado todo y estaba en pelotas. Me besaban el cuello y me pellizcaban los pezones ya no tan suavecito.

    -Pobre Gordo, amor. Cómo te está haciendo disfrutar. ¿Para él no hay? Me susurraba el Rodo. Yo no entendía bien qué quería que hiciera… ya sentía un tercer dedo del Gordo en mi culo y me molestaba un poquito, pero entre la calentura, el morbo y la posición, lo dejaba hacer.

    – ¿Qué hago? Le pregunté a mi novio.

    – Chupasela cómo me la chupas a mí, que le encanta que le chupen la pija.

    Yo seguí cabalgando la pija y los dedos del Gordo unos segundos más, le di un beso apasionado al Rodo y me levanté de su falda. Al Gordo lo tiré al piso, que mucho no me costó porque estaba arrodillado y me le abalancé a la pija. Era exquisita. No lo puedo explicar. El sabor era diferente al de la pija de mi novio, me gustaba mucho más. El Rodo agarró el teléfono y me filmó un minuto mientras yo me hacía la puta. Después me levantó y me giró para que hiciéramos un 69 con el Gordo que al comerme la concha por fin se calló un poco, porque estaba bufando de placer. Había quedado arriba del Gordo y mis tetas rozaban su pansa peluda que me provocaba más excitación.

    El Rodo se posicionó entre la cabeza del Gordo y mi culo en pompa y con el lubricante empezó con un dedo, después dos y llegó a tres, como había hecho antes su amigo. Y entonces me di cuenta de todo su plan. Yo estaba súper excitada, con una pija en la boca para no poder quejarme, estimulada por todos lados y entregadísima. Sentí la cabeza de su pija y en vez de asustarme como otras veces, me relajé. Despacito fue entrando hasta que la sentí entera adentro. Su ingle apoyada en mi culito parado.

    -Ahhh qué rico! Por fin! Escuché decir al Rodo. Se empezó a mover de a poco y yo, como no sentía dolor, lo ayudaba empujando para atrás. Me saqué la pija del Gordo de la boca y me di vuelta. Mi novio tenía una cara de placer y morbo tan grande que me calenté más. Me empecé a mover y noté que el Gordo salía de abajo mío porque se estaba ligando los huevazos de mi amor.

    Yo quedé bien en 4 y el Rodo me daba durísimo y yo aguantaba. El Gordo también agarró el teléfono y con una sonrisa de oreja a oreja filmó a su amigo culeandome literalmente por primera vez. Sin soltar el teléfono se me puso arrodillado adelante mío y yo le empecé a chupar esa pija deliciosa con mucho vicio. El Gordo ya no era tímido. Me agarraba las mechas y me penetraba la boca. El Rodo me tenía de la cintura y gritaba extasiado mientras me daba rápido y fuerte… paraba un poquito. Iba lento… y después arremetía de nuevo.

    – ¿querés la doble penetración? me dijo el Rodo con voz ronca y excitada. Gordo, tirate al piso y que te cabalgue.

    No alcancé a responderle que el Gordo ya me estaba sacando la pija de la boca y se estaba acomodando en el piso frío. Sin sacármela del orto, mi novio me fue empujando hasta que quedé cara a cara con su amigo. Creí que iba a ser incómodo, pero la cara de tierno del Gordo preocupado por mí, me estremeció.

    – ¿Estás bien? Si no querés no pasa nada. Me dijo mirándome serio. Yo le sonreí, acomodé su pija en mi conchita y me la fui bajando de a poco, mientras el Rodo aguantaba las ganas de seguir culeandome. Cuando las tuve las dos adentro empecé a moverme y eso le dio permiso a mi pareja a empezar sus movimientos bruscos de nuevo. El Gordo sonrió y me agarró las tetas y me acarició los pezones como había visto que me gusta. Yo empecé a gemir cada vez más fuerte.

    – Mirá Gordo, mirá que putita mi princesa. Decía el Rodo mientras me culiaba y se mofaba.

    Yo me fui agachando cada vez más hasta que la cara del Gordo me quedó un centímetro. El Rodo me tenía agarrada de la cintura y me daba cada vez más fuerte y el Gordo me miraba con mucha intensidad. En una de las embestidas no pude más y me saqué la intriga. Le mandé un beso al Gordo que me lo recibió deseoso. Ahí me vine por segunda vez y le grité en la boca mientras nuestras lenguas se entrecruzaban. El Rodo siguió a lo bruto un minuto más y me empezó a llenar el culo de leche. Cuando salió de mi culito usado y se fue a limpiar, el Gordo también me agarró de la cintura y me hizo que lo cabalgue mientras me seguía besando y me susurraba que era hermosa. Cuando le dije: vos también Seba (su verdadero nombre) me enlechó la concha entera.

    Mañana me iba a tomar una pastilla del día después. Hoy solo quería gozar.

    Unos meses después, con el Rodo nos separamos. Y quién lo iba a decir, pero ahora estoy de novia con el Gordo, que me cuida y me coge como a una puta reina.