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  • Gina mi amante. ¿Final?

    Gina mi amante. ¿Final?

    Cuando leo relatos eróticos me gusta descubrir historias reales, aunque la imaginación de algunas personas les lleva a escribir cosas increíbles y excitantes no hay nada como leer la confesión de alguien que ha vivido una experiencia sexual particular. Este es mi caso, esto que les cuento me pasó.

    Gina fue mi amante por 5 años, he subido algunas historias acerca de lo que nos pasó, furtivos y deliciosos encuentros en los que descubrí los más profundos placeres de una chica menuda, bajita, morena y dura. Relaté cómo nos conocimos, como fue nuestro primer encuentro y algunas de las más interesantes y excitantes particularidades de todos esos años. Con Gina llevé todo al extremo, era mi juguete y se entregaba a mí con desespero. Tiramos en moteles, en la calle, en un carro, a pocos metros de su novio, con drogas, hicimos un trío, encajé un puño en su coño y mi verga completa en su ano, era mía, yo era de ella.

    También conté que ya no nos vemos, que dejamos esa peligrosa aventura por los posibles desastrosos desenlaces que podrían terminar por complicar nuestras vidas. He de recordar que tanto Gina como yo teníamos relaciones estables y largas con nuestras parejas y el riesgo cada vez era mayor, una vez incluso tuvo un largo retraso que me angustió por varios días, no pasó a mayores pero podrán imaginar si aquello hubiese ocurrido, todo un lío. Así que todo terminó hace unos tres años.

    Después de que ella terminó con lo nuestro traté de contactarla un par de veces pero, aunque fue amable, siempre dejó claro que había pasado la página y por más que quise no logré volverla a ver. Pasado el tiempo decidí empezar a escribir nuestras aventuras para compartirlas con ustedes queridos lectores, era tanto por morbo como por revivir aquellos momentos que constituían los mejores momentos sexuales de mi vida.

    Era un jueves a las 4 de la mañana, yo había estado bebiendo. Entré a Instagram y busqué el perfil de Gina para ver las mismas fotos de siempre, no suele subir fotos constantemente. Me quedé repitiendo un video en el que se sumergía en una piscina y podías ver su delicioso cuerpo cubierto por un pequeño vestido de baño enterizo azul. Aquella vestimenta se perdía entre sus nalgas, esas nalgas que había abierto tantas veces. Mi verga se empinó y seguí stalkeando su perfil.

    Decidí que le dejaría un mensaje después de tanto tiempo, era solo un impulso, sabía que yo era parte de su pasado y nada más. Al acceder al chat vi que estaba en línea.

    – Hola ¿Cómo estás? ¿Qué haces despierta a esta hora? -le escribí y pasaron unos minutos.

    – Hola jejeje, normal

    El principio de la charla fue así, casual, lo que habla uno con cualquiera. Después yo quise ponerme denso.

    – Me gustaría verte, te recuerdo mucho, ¿Tú no te acuerdas de mí? – dije.

    – jajaja pues claro, no es como si no hubieras existido – Respondió.

    – A veces cuando paso por ciertas calles recuerdo lo que hicimos

    – bueno, tanto así no jajaja

    En resumen, yo traté de acercarme y ella mantuvo la distancia.

    – No quiero ser grosera pero ya me tengo que ir – Me dijo.

    – Está bien, quisiera seguirte escribiendo, ¿Es seguro escribirte por Instagram?

    – Ahora casi nada es seguro

    – ok, entiendo. Bueno, antes de irnos quisiera que sepas que he estado escribiendo historias sobre lo que nos pasó… acá te dejó el link por si quieres leer

    .ok. Lo leeré.

    Y nos despedimos. Le pasé un link con uno de los relatos publicados en este sitio, el primero de todos los que he publicado sobre ella “Gina, mi amante”. Salí del chat y borré la conversación. Pasaron unas semanas y un día me di a escribir un relato sobre alguna otra de mis vivencias y accedí a cuentarelatos.com para publicarlo. Suelo releer lo que escribo, me excita revivir las cosas que me han pasado y ese día entré a aquel relato que le pasé a Gina. Para mi sorpresa había un nuevo comentario. Todos los que escribimos y publicamos relatos sabemos de la emoción que significa recibir un comentario, así que fui directo a leerlo. Era Gina.

    Creó una cuenta y me dejó un comentario:

    “Me encantaron todos, demasiados detalles que había olvidado.”

    Yo respondí:

    “Uff, no hay nadie como tú”.

    Lo pueden corroborar ustedes mismos en ese relato. Ese mismo día entré de nuevo a su Instagram y le escribí.

    Gracias por el comentario, me alegra que te hayan gustado los relatos, me gustaría verte solo para hablar, si quieres verme escríbeme – Le dije y no hubo respuesta de su parte.

    Otra vez jueves, hace un par de semanas de cuando publico este relato. Tenía yo una reunión a las 8 pm donde un cliente. Eran las 6 más o menos y me encontraba finalizando mi jornada laboral en la oficina. Con todo esto de la pandemia ya casi no vamos a la oficina así que no era normal estar por allí a aquellas horas, parecía una cosa del destino, como cuando todo se alinea. Recibí un mensaje que no recibía hacía tres años.

    – Hola, ¿puedes hablar? – Era ella, era Gina.

    – Hola, sí, ¿Cómo estás?

    – Bien, ¿me puedes llamar?

    – ¿ya?

    – Cómo en una hora, ¿Sí?

    – Dale… ¿Está todo bien? – Pregunté, era realmente extraño que me escribiera.

    – jejeje sí

    Me dirigí hacia mi reunión sin poder sacarme de la cabeza el mensaje de Gina. Yo la conocía, conocía sus lunares, sus gemidos, su forma de caminar y también llegué a conocerla a ella, todo aquello me tenía excitado, era como volver en el tiempo. Llegué a donde mi cliente y me senté en la recepción, me atendió Norma, una chica gruesa con un par de nalgas exorbitantes y unos ojos verdes intensos, siempre que iba allí coqueteaba un poco con ella, era divertido. Cuando pasó una hora del mensaje de Gina me levanté y fui a una esquina alejada de Norma y de todo el que me pudiera oír. Me acerqué a una ventana, estaba en un piso 14, veía una buena parte de la ciudad y también mi reflejo.

    El teléfono timbró tres veces…

    – Hola – me respondió la voz de Gina, tímida, pequeña, como siempre había sido conmigo. Solo con oír eso sabía que iba a pasar algo, la conocía. Te conozco Gina.

    – Hola cosita… ¿Cómo estás? – le dije.

    – Bien acá

    – ¿qué pasó, para que querías que te llamara?

    – no… es que… tu me dijiste que para hablar… entonces… era para ver si podíamos vernos, para darle un final a esos relatos

    – ¿Un final?

    – Sí, un final que valga la pena contar

    Aquella actitud seca de los últimos tres años tras haber decidido acabar nuestro tórrido romance había desaparecido. Ahora era la misma chica que ocho años atrás se había descubierto sexualmente conmigo. No paraba de reír nerviosamente.

    – Cosita me encantaría verte, veámonos mañana, al mediodía… como siempre

    – No, mañana no puedo

    – Anda dale. Te recojo donde estés y vamos a un motel, quiero ponerte en cuatro y chuparte el culo – Decía yo en voz baja para que Norma no me fuera a escuchar.

    – jejeje ufff, mañana no puedo

    Terminé entendiendo su mensaje, no podía mañana… podía ya. Justo en ese momento. Eran las 7:50 pm, faltaban 10 minutos para mi reunión. Sabía que ese cliente solía demorarse y los tiempos siempre se corrían un poco, así que miré la ciudad resplandeciente y miré mi reflejo y me dije a mi mismo aquello que me ha llevado a vivir algunas buenas aventuras, es ahora o nunca.

    – Dame tu dirección… – Le dije.

    Me mandó su dirección. Le dije a Norma que volvería en breve, tomé el ascensor y corrí hasta mi auto. Aceleré en dirección a Gina. Su ubicación no era muy lejos pero tampoco muy cerca y tenía esta reunión importante así que iba esquivando autos a toda velocidad. Su dirección quedaba en un extremo de la ciudad, alrededor del conjunto de casas en el que vivía no había sino monte, terrenos en los que aún no se construía nada. Al primer intento no di con el lugar así que la llamé para que me diera instrucciones. Finalmente encontré el sitio y me estacioné unos metros apartado de la entrada del conjunto residencial.

    – Ya estoy aquí – le escribí.

    Esperé ansioso en el automóvil encendido. No pensaba mucho, me sentía extraño, era como volver en el tiempo. Pasado un minuto la vi por el retrovisor derecho. Su forma de caminar, su cabello, era ella. Estaba oscuro así que no pude ver muchos detalles a la distancia. Gina se acercó al auto, abrió la puerta y la sorpresa llegó.

    Antes de ella se asomó una barriga grande, de unos seis o siete meses de embarazo, se subió. No lo podía creer. Gina estaba embarazada. Llevaba una blusa rosada y unos leggings negros, sus pechos, antes pequeños ahora eran unas tetas medianas que caian sobre su barriga. De resto era la de siempre, delgada y firme, el embarazo le sentaba bien, se veía bonita.

    No lo voy a negar, era raro. Solté el freno de mi automóvil y empezamos a andar. Me detuve unos metros más adelante y me acerqué a ella, ella se acercó a mí y nos besamos apasionadamente.

    – Esto era lo que quería contarte para que no te enteraras por otros – Me dijo tocándose la barriga.

    – Es una sorpresa, de verdad que sí

    – No podemos seguir haciendo esto, no podemos seguir hablando, hay mucho en juego, tú tienes mucho en juego

    – tú también- le dije mirando su barriga.

    Eran palabras vacías, muchas veces dijimos lo mismo durante años e igual nos veíamos cada semana. Lo tomé como una reacción para sopesar un poco la situación de su parte.

    Aquello no me detuvo, yo no quería hablar, hablar nunca había sido lo primordial entre ella y yo. Recuerdo que algunas ocasiones en que me había puesto muy romántico se había burlado de mí. Avanzamos otra cuadra, detuve el auto y la volví a besar, toqué sus tetas, ahora grandes y dirigí mi mano a su coño, ella tomó mi mano y la quitó rápidamente.

    Avanzamos otra cuadra.

    – ¿Te gustaron los relatos entonces? – le pregunté.

    – Sí mucho, son muy buenos, muchas cosas que no recordaba

    – ¿Te gusta verdad?- Dije agarrándome la verga, la delicadeza no era lo mío en ese momento.

    – Dijiste que querías hablar – me dijo.

    – Sin hacer caso, desabroché mi pantalón y dejé salir mi verga tiesa.

    – ¿La recuerdas?- le pregunté y ella la miró.

    Tomé su mano y la puse sobre mi verga, empezó a pajearme lentamente. Avancé con el auto hasta una calle que a su alrededor no tenía más que lotes baldíos. Estacioné a la mitad y le dije: Chupamela.

    Vi algo de contrariedad en su cara pero se disipó rápidamente y sonrió, se quitó el cinturón de seguridad y con un movimiento medio complicado acomodó su amplia barriga sobre la silla, se inclinó hacia mí, abrió la boca y empezó a mamarmela. He dicho varias veces que Gina da las mejores mamadas y que lo aprendió en Youtube viendo tutoriales. De nuevo volví en el tiempo varios años atrás al sentir como su boca se llenaba de saliva como si fuera un reflejo y empezaba a subir y bajar sobre mi falo firme. Gina gemía tras cada embate y yo puse mi dedo sobre su leggings en algún lugar entre su culo y su coño y presioné, no sabía bien que estaba haciendo o dónde estaba presionando pero ella gemía, gemía y se tragaba mi verga allí en la mitad de la calle, a dos cuadras de su casa, embarazada.

    Me había contado cuadras atrás que su esposo había salido a una comida y que tenía la seguridad de que no volvería pronto. Estoy seguro que todo aquello fue catalizado por mis relatos, aquello le trajo recuerdos, recuerdos de una época loca y excitante. Sí, lo dejamos, fuimos sensatos, pero aquello fue espectacular y eso no se puede negar.

    Apreté su cabeza contra mi cuerpo y mi verga se introdujo completa en su boca. Su saliva humectaba todo mi falo y su lengua lo frotaba, arriba, abajo, arriba, abajo. Fluía deliciosamente, sin fricción, nada de dolor, la mejor chupada de la mejor chupadora que el mundo ha visto.

    Pasaron dos carros cerca, no me importó. Seguimos hasta que descargué toda mi leche dentro de la boca de Gina, cuatro contracciones que soltaron una buena cantidad de líquido dentro de su boca. Su cuerpo había cambiado, pero su actitud no, como antaño, se tragó hasta la última gota, alcancé a oír dos tragos grandes como quien bebe un abundante vaso de agua con sed, mi semen en su boca, pasando por su garganta, llegando a su estómago.

    Se retiró de mí, se recostó en la silla agitada aun gimiendo, duró unos pocos segundos en una especie de trance. Guardé mi verga y avancé. No sé si debí haber conversado sobre algo y quedarme más tiempo, lo cierto es que ya debía irme. No sé si ella esperaba algo más, pero para mi era como si no hubiera pasado un día desde aquellos tiempos en que nos escapábamos a medio día y la paseaba por todo el cuarto de un motel iluminado con luces rojas con una correa que tenía una placa que decía… Cosita.

    La usé como mi juguete, como la usaba antes. Como a ella le gustaba. La recogí, la puse a mamar, me sacó la leche y fin del cuento. La llevé hasta el mismo punto donde la recogí.

    – Estás muy linda – Le dije.

    Ella sonrió, abrió la puerta y se bajó del auto. Yo me fui para mi reunión y llegué a tiempo.

    Para Gina:

    No sé si esto sea el final como dijiste. Sé que no es el momento para hacer las locuras de antes. Pero si en algún momento el deseo te carcomiera por dentro a más no poder como ese día… solo escríbeme que gustoso te llevaré a un motel, ajustaré las luces para dar un ambiente turbio, me acostaré en la cama y te pondré a mamar viendo tu cuerpo moverse en los espejos del cuarto. Luego te tomaré en cuatro, duro, sentiré los huesos de tus nalgas duras golpear contra mi, meteré mi dedo gordo en tu culo, te llevaré a cada rincón del cuarto y te penetraré como solo yo te penetro. Al final descargaré toda mi leche dentro de tu boca, te la tragarás, nos bañaremos y saldremos de allí como dos criminales, te dejaré donde te tenga que dejar y seguiré con mi vida esperando el próximo encuentro.

  • Los remedos de los celos

    Los remedos de los celos

    Éste es un relato que, a petición mía, escribió mi amante.  Una ocasión que él me tenía encuerada en la cama, posando con las piernas abiertas y tomándome fotografías, le pregunté si tenía fotos de su exesposa, a quien frecuentemente se coge (no tanto como a mí). Me dijo que sí y que algunas no las tomó él. “¿Y qué sentiste cuando las viste?”, le pregunté. “Me encabroné”, contestó poniendo la cara agria por el recuerdo. “Imagina lo que pensaría tu marido si ve las fotos que te he tomado…” concluyó. Asumí que no se refería a fotos actuales, sino cuando ellos estaban casados.

    Le pregunté si aún pensaba en ello con molestia, aunque hubiese pasado tanto tiempo. “Sí, y también lo relaciono con lo que tu marido ignora y yo ignoraba entonces”, precisó. Aproveché la ocasión para que me escribiera su sentir de entonces y la relación actual cuando ve mis fotos y piensa en ella, o viceversa. ¡Y me lo escribió! Después le pedí que especificara algunas cosas que no estaban claras para mí, pues ignoraba la relación que hubo entonces. Terminé señalando el texto con varios colores, escribiendo al margen qué precisiones quería que incluyera. Salió un escrito enorme, el cual acordamos podar para publicarlo aquí, y lo que sigue es el resultado de ello, en voz de mi adorado mamador.

    Aunque no lo creas, no he cogido con muchas mujeres. Cuando sí anduve de pitosuelto fue al divorciarme, casi cualquier mujer que me lo pedía, lo obtenía. Raramente era yo quien pedía coger y muchas más se dieron por seducción mutua, de tal manera que pronto estábamos cogiendo. También en esa temporada me seguía cogiendo a mi exesposa. Es decir, no me la he dejado de coger desde la vez que la desvirgué, la sigo amando.

    La conocí cuando ella tenía 17 años y nos casamos cuando ambos teníamos 22. Todo era felicidad para mí, pero ella pronto tuvo un amante que la satisfacía mejor que yo, y continúa cogiendo con él en encuentros esporádicos. Después tuvo uno más que le enseñó mucho sobre sexo y disfrutó de esas experiencias maravillosamente, también yo, a través de ella.

    A casi ocho de matrimonio, accidentalmente, descubrí su engaño. Una vez que ella había salido y yo buscaba urgentemente unos documentos que debía entregar, al buscar con desesperación, cayó una pequeña caja que se abrió con el golpe y de la cual salieron cartas y fotografías. Al tratar de guardarlas vi una selfie en polaroid de ella con su primer amante, se miraban amorosos y desnudos frente al espejo, la fecha era de finales del segundo año de nuestra boda. Leí varias cartas que él le había enviado. También había poemas y otras líneas del segundo amante, además de un diskette, el cual tenía unas imágenes de ella desnuda en poses provocadoras y relucía su sonrisa coqueta, incitante y deseosa. Escaneé las fotografías de papel y varias cartas calientes, además copié el contenido del diskette. Afortunadamente, también encontré los documentos que buscaba y puse todo en su lugar.

    Ella regresó ese día en la noche. Yo estaba molesto, pero muy caliente imaginándola en brazos de otro y efectivamente, en su salida había estado cogiendo con otro. Era tanta mi arrachera que apenas llegó la desnudé besándola por todas partes. Ella sonreía, pero me pedía ir al baño. No la dejé, le mamé las chiches al tiempo que le acariciaba la pucha que estaba húmeda. Cuando la besé, su boca me supo débilmente a semen, después supe que le había mamado la verga a él en el auto cuando la trajo a casa. Además, después vi que en su blusa había un par de vellos castaños. La acosté en la alfombra, le abrí las piernas para chuparle la vagina, la cual vi con vellos muy revueltos y algo pegados, pero su olor me enervó y me puse a chupar, succionándole los labios y el clítoris, la entrepierna la sentía pegajosa en mis mejillas. ¡Sabía deliciosa y la mamé mucho tiempo!, le limpié las piernas con mi lengua y me la cogí. Ella, reacia al principio, cambió su actitud por la de una viciosa del sexo, más cuando, después de penetrarla y venirme abundantemente pues chacualeaba en el atole que ella traía, la puse en posición de 69, donde mamó sin descanso hasta que volví a eyacular.

    –Eres muy puta –le dije mientras acariciaba todo su cuerpo– llegas de coger y aún tienes ganas de más.

    –¿Por qué dices eso? –me preguntó por puro formulismo, más que como reclamo.

    –Vienes llena de semen y me dejaste que te chupara.

    –Sí, es semen lo que traía en la pepa y en la boca, pero yo no te obligué a chuparme –contestó a manera de disculpa.

    Esa fue la primera vez que supe que estaba saboreando a una mujer recientemente cogida, y me gustó, lo gocé enormemente. Posteriormente tratamos de poner las cosas claras, le pregunté qué necesitaba para no andar de puta con otros y se molestó. Las cosas se deterioraron y tuvimos que divorciarnos porque ella no estaba dispuesta a dejar a sus amantes. Ya estando solo, me masturbaba viendo sus fotos y pensando cómo se la estarían cogiendo ésos y otros amantes más. Eran oleadas de semen las que me salían.

    Ya divorciados, a veces me hablaba para que fuera a su casa a cogérmela, o yo llegaba después de que había dormido con alguna de sus parejas para deleitarme con el atole que habían hecho. Me platicaba de sus nuevas conquistas y me enseñaba las poses que aprendía.

    Después me volví a casar, pero mi esposa sólo me chupaba la verga cuando estaba exageradamente caliente; eventualmente yo volvía a las fotos y a las cartas para masturbarme. También, ella me seguía invitando a probar algún nuevo sabor de atole. Y en esas hemos estado…

    Ahora, al mirar las fotos que te tomo, donde apareces sonriendo o con cara de gozo por las caricias de mi verga o de mi boca, me pregunto qué haría tu marido si las descubriera, e irremediablemente me viene la mezcla de calentura y enojo cuando en lugar de tu cara imagino la de ella, diciéndole a su amante palabras similares con las que tú me pides que te coja.

    Claro que tus fotos me calientan y me masturbo viéndote en ellas, también cuando imagino las escenas que me cuentas cuando haces el amor con tu esposo. Casi todo lo que me cuentas de ustedes es porque te lo pregunto; son pocas las que mencionas libremente, casi siempre cuando comparas o cuando mencionas coincidencias. “¿Cuál verga te gusta más?”, te pregunto y me contestas que las dos, la de él por estar más larga y la mía por estar más gruesa; mi ex contestó una vez “pinche falocracia, ¿por qué les gusta preguntar eso? He tenido más grandes y más chicas que la tuya, pero el tamaño no es lo más importante, sino cómo cogen y la parafernalia alrededor del acto sexual”.

    Me gusta exclamar “¡Qué bonitas nalgas tienes, mami!” cuando te montas en mí dándome la espalda a la orilla de la cama. “Lo mismo dice mi marido cuando él me coge así, nene”, me contestas. En cambio, cuando a ella le digo “¡Qué chichotas tan hermosas tienes, mi Nena puta!”, antes de ponerme a chupárselas, ella dice “Mis tetas, ¡sólo les gustan mis tetas a todos porque están grandes!”.

    Es irremediable comparar unas mujeres con otras, en el trato, en la figura y cómo cogen; lo mismo han de hacer las mujeres. Pero a veces, el pensamiento y el recuerdo es un refugio para llegar al final de un buen coito. Cuando estoy muy caliente y mi esposa también, le pido que me chupe la verga y los huevos, pero casi siempre se niega y me dice “gánatelo”. En ese momento recuerdo tu rostro disfrutando mi verga y sigo cogiendo hasta venirme con mi mente ocupada en tu imagen, como la de las fotos. Mi ex también es una buena mamadora y semenólica, como tú. A ella le gusta el sabor de mi leche, “es el semen más rico de todos, y lo digo en serio, aunque también me gusta el de los otros y extraerles hasta los sesos con mis chupadas mientras se están viniendo en mi boca”, me dice antes de someterme como macho de degustación. A ti misma, te gusta chupar verga y tomar leche, y, aunque no me lo dices, cada una de las veces comparas los sabores mientras te llenas la boca.

    Veo tu foto, acostada y desnuda, el cuerpo de frente y la cara de perfil con los ojos cerrados, disfrutando el reposo después de haberte venido con mis chupadas. Tienes las piernas abiertas y las extremidades flexionadas, manos hacia arriba y pies hacia abajo. Los vellos revueltos por el viaje de mi lengua, los labios muy abiertos que dejan ver el orificio hacia tu interior, toda esa zona brillante de saliva y flujos. Me pregunto si tu marido se habrá deleitado con una vista parecida o sólo me la muestras a mí. Luego, en lugar de tu cara está la de mi ex, quien reposa plácida después de que su amante se la cogió o le chupó la vagina, y caigo en cuenta que nunca la vi así mientras fue mi esposa y digo “Te amo puta, mi Nena”.

    Otra foto donde estás en cuatro sobre la cama descansando sobre las manos y las rodillas, y mamándome la verga. En la foto, tomada desde mi cara, se miran tus nalgas y mi dedo cordial dentro de tu vagina, en tanto que los otros cuatro dedos reposan sobre tus nalgas. Chupas con deleite, lo sé porque lo sentía así, aunque en la foto no salga esa parte. ¿También tu marido te acariciará la panocha de esa manera? No lo sé, pero a mi ex sí la he tenido así al disponerme a lamerle el culo y la raja, como a ti, y sé que así le gusta que le hagan también sus amantes porque me lo ha contado para ponerme más caliente mientras me la cojo.

    Hay una foto tuya que tomé desde tu pubis, miras a la cámara con cara de puta que se asoma entre tus chiches. Así le tomó el hermano de su amante una foto a mi exesposa y las chiches enormes ocupan la mitad de la imagen, también tiene una cara de gozo, seguramente por la misma razón que tú. Quizá no necesite explicarte que mi exesposa coge con quien le gusta, basta coquetearle un poco y destacar su pecho para que éste sea la promesa de entrada al Paraíso; eso hizo con el hermano fotógrafo del amante y otras decenas de hombres más: se los cogió.

    Una similitud más entre las fotos de ella y las tuyas es la que estás boca arriba y se muestra tus piernas abiertas donde se nota en tu raja cómo escurre mi semen hasta tu culo. En la que le tomaron a ella, está boca abajo y desde el culo escurre el semen hacia su raja. En ambos casos, al ver las fotos, me dan ganas de chuparlas para limpiarles la leche.

    También me gusta verte haciéndome una chaqueta, con una mano en mi tronco y la otra envolviéndome los huevos o dándoles jalones. Seguramente tu esposo no aceptaría verte tan feliz jugando con mi aparato. Así está una foto de ella: sentada al lado de su amante en reposo y su hermosa cara soltando una carcajada al mirar la enorme tranca que jala con su mano y los grandes huevos del amado. Según me dijo, ella reía pues estaba indecisa si lo seguía masturbando para mirar el chorro de semen o montarse en ella para cabalgarlo.

    ¿Qué pasará cuando tu marido encuentre tus archivos de imágenes empaquetadas, ocultos entre los del sistema operativo con una extensión rara y descifre la clave de encriptación? Sí, tú dices “¡Ay, Dios no lo quiera!”

  • La mujer más deseada cae en tentación

    La mujer más deseada cae en tentación

    Hola, pues este es mi primer relato así que disculpen mis faltas de ortografía y cohesión.

    Me llamo Jhoani soy de México de un estado muy bonito, pero principalmente vivo en un municipio donde hay poca gente, desde chica siempre he sido halagada por mi belleza poco habitual en esta zona, me considero una mujer un tanto coqueta, y verdaderamente que noviera.

    He besado a muchos chicos y todos me han dicho lo bien que lo hago, sin embargo nunca tuve relaciones sexuales, hasta mis 22 años a pesar que siempre eran insistentes conmigo para hacerlo, nunca lo hice hasta esta edad porque soy de la idea de estar con un buen hombre y formar una familia bonita, esta forma de pesar se me fue inculcada por mis padres, y cómo les repito soy de un lugar pequeño un “pueblito”.

    Pues yo trabajo aquí en mi comunidad en una dependencia de la presidencia municipal y me gusta ayudar a la gente, además no gasto en pasajes ni rentas. Hace tiempo un chico de una comunidad vecina me hablaba e incluso venía a mi casa para verme, yo siempre fui atenta con él y me caía súper bien, pronto nos convertimos en buenos amigos, sin embargo al paso del tiempo él se fue de su comunidad y regreso como un profesionista, además pues cambió mucho en aspecto físico, tenía buen cuerpo por lo que me atrajo de inmediato cuando lo volví a ver. Por mi parte yo también cambié; siempre me he caracterizado por tener pompas muy grandes y cintura muy delgada, mi piel es blanca y tersa, mi cabello es negro, tengo ojos claros, mis pechos la verdad que no son muy grandes pero creo que tienen forma bonita, mi cabello es negro y mis labios son grandes y carnosos, pensarás que me estoy describiendo como una modelo pero realmente es así mi anatomía, por eso tengo muchas personas interesadas en mi desde los 13 años.

    Pasando a lo siguiente, mi amigo cuando llego a trabajar a su comunidad vino a buscarme para tener una relación de novios conmigo a lo que yo accedí pues me gustaba mucho y era súper buena onda conmigo, pasaron los meses, lo que era un noviazgo “normal” se convirtió en una relación meramente formal, a lo que decidimos pasar al siguiente paso, lo elegí a él para tener mi primera vez (será una historia para después) todo era perfecto en nuestras vidas, sin embargo mi novio tuvo que irse de aquí por cuestiones de trabajo, eso me partió el alma en dos pues incluso ya teníamos planes de casarnos y tener hijos, pero solo lo pospusimos, así que mantuvimos una relación a distancia, no había día que no pensara en él, había días en que quería su compañía, hacerle el amor, sentirlo dentro de mí, pero trataba de contenerme, solo a veces me tocaba muy ligeramente. Pues el tiempo pasó y las relaciones a distancia afectan demasiado, las desconfianzas se hacían presente, los celos y todas estas cosas absurdas.

    Cómo les mencioné en un principio yo trabajo en una dependencia municipal por lo que usualmente tengo que conocer gente de gobierno que traen proyectos y demás, conocí a un chico de estos que vienen un tiempo por dicho proyecto y después se van, de inmediato supe que le guste pues veía su mirada que me recorría todo el cuerpo, veía en sus ojos el morbo cuando me veía de espaldas y yo lo sorprendía. La verdad no me molestaba pues estaba acostumbrada a esto toda mi vida, lidiar con las miradas perversas de los hombres, con el paso de los días nos fuimos conociendo más y más pues frecuentábamos diario por el trabajo, como a los 3 meses de conocernos me propuso ser su novia, a lo que me negué pues yo aún andaba con mi novio y lo quería demasiado. Solo quedamos en tratarnos como amigos, a lo que el acepto, pasaron los días y mi confianza en él se hizo mayor, incluso me invitaba al lugar donde rentaba a ver películas, a jugar juegos de mesa, a ver el fútbol, o a solo platicar después del trabajo. Yo me sentía muy cómoda con él pues era muy abierto conmigo, me contaba de sus anécdotas, sus historias. Realmente le empecé a tomar mucho cariño, había días que me resultaba muy atractivo; él es moreno, delgado, su pelo es quebrado, tiene muy linda sonrisa.

    Un día, me enoje con mi novio por teléfono por lo mismo de sus celos, por lo que durante el día estuve muy distraída y mi amigo lo notó así que decidí platicarle lo que pasaba, me dio consuelo, me invito en la tarde a ver el partido de fútbol, por lo que no estaba segura de ir, le dije que lo “pensaría” cuando llegue a mi casa no pensaba en otra cosa que en mi novio, después de un rato se convirtió en coraje, me dio igual realmente. Tome una chamarra y fui a casa de mi amigo.

    Toque la puerta, abrió con una cara de sorprendido me dijo:

    – “Creí que no vendrías, me da gusto que estés aquí, pasa”

    Entre a su casa y me senté en su sillón, él se sentó a lado mío, me ofreció algo de beber por lo que no acepté nada, me pregunto qué cómo seguía y le dije que bien, pero realmente en mi estaba muy triste, se mojaron mis ojos, el me vio, y lo que hizo fue abrazarme, sentí su calor muy acogedor, estuvimos abrazados un buen rato cuando de pronto sentí un beso en mi cachete, después otro, yo moví mi cabeza a estar labio con labio, comenzamos a besarnos poco a poco, despacio y cada vez más frenéticamente, comenzamos a sacar lo que teníamos dentro, sentía su lengua pasar sobre la mía dando círculos, poco a poco abría la boca, podía sentir sus labios carnosos hacerme pequeñas mordeduras, sentí cómo su mano bajaban de mi hombro hacia mi cintura por lo que decidí ser la primera en que llevara el control de la situación, puse mi mano derecha en su pecho y haciendo juegos de arriba hacia abajo rozaba su bulto por encima de su pantalón, él lo noto de inmediato y cambió su mano hacia por encima de mis senos, los tocaba con mucha fragilidad como si los fuese a romper, baje mi mano y la puse firmemente en su bulto, moviendo mis dedos queriendo apretar y no. El apretó más fuerte mis senos, yo los tengo muy sensibles a lo que hacía gemidos muy leves haciéndole notar que me fascinaba que los tocara, en un momento repentino bajo rápidamente el cierre de mi chamarra, yo instintivamente me la quite, me comenzó a besar el cuello recorriendo de mis hombros hacia arriba hasta mis orejas, estaba muy caliente, de pronto sentí su mano fría por debajo de mi blusa yendo hacia arriba rápidamente por debajo de mi sostén, yo apreté mi mano que tenía en su bulto sintiendo su erección, después levante un poco su playera, desabroche poco a poco su cinturón junto con el botón de su pantalón, eso lo volvió loco por lo que metió su otra mano al juego debajo de mi blusa, una me seguía tocando los pechos y la otra se misionaba a la tarea de desabrochar mi sostén, seguí por bajar el cierre de su pantalón, note su erección que hacía apuntarme por debajo del bóxer, con la palma de mi mano comencé a masajearle por encima cómo exprimiendo una naranja, al hacer esto el me levanto la blusa quitándomela junto con mi brazier dejando al descubierto mis senos rosados y firmes de la excitación pude notar su cara de asombro a ver tanta belleza, en ese momento le baje el bóxer sacando al descubierto su verga morena con una gotita color transparente en la punta, me puse en cuclillas y con la donita que siempre traigo en mi muñeca mi hice una coleta, el noto la acción así que se acomodó mejor en el sillón y abrió las piernas, con mi mano alcé su miembro para ver sus testículos, me acerqué para besarlos, sus vellos acariciaron primero mi cara, al darles el beso, sentí cómo se contrajeron quizá por la sensación, comencé a recorrer con mis labios su pene de arriba hacia abajo notando cómo daba brincos, en un momento introdujo su miembro en mi boca, sintiendo su líquido preseminal, medio ácido en mi lengua, comencé a hacer movimientos de atrás hacia adelante, bajando su glande con mis labios, en una mirada note su excitación, pero sabía que lo haría venir muy rápido si seguía así, yo estaba muy excitada, él me puso de pie, siguiendo sentado y me hizo voltearme con dirección a la televisión, sentí como sus ambas manos trataban de bajarme el pantalón y no podían, por lo que desabroche poco a poco, bajando el cierre y fui bajándolo poco a poco, quedando solo con mi pantaleta de color blanco con encajes, sentí sus manos recorrer mis glúteos, los apretaba y los soltaba firmemente dijo:

    – “Que nalgotas tienes”

    Por lo que no conteste, solo sonreí, puse mis ambas manos en la orilla de mis pantaletas, y en una lluvia de placer las comencé a bajar poniendo al descubierto eso que muchos ansían, mis perfectos glúteos ricos y firmes, en ese momento sentí sus dedos por detrás, embarrando mis fluidos vaginales por dentro y por fuera, eso me excito demasiado, la verdad no aguante más y di un paso hacia atrás y comencé a sentarme, con una mano en su pierna y la otra tratando de guiar su pene hacia el orificio de mi vagina, sentí el calor que este propiciaba, cuando lo sentí en buena posición puse mi otra mano en la otra pierna de él, poco a poco comencé a bajar más y más, sentí cómo su cuerito bajaba y cómo se iba poniendo más duro, luego sentí sus manos en mis glúteos que tenían un apretón conciso, comencé a subir, a bajar lentamente, incrementando la velocidad poco a poco, en un movimiento de salió, escuche un ruidito como cuando sacas algo de un lugar muy mojado, lo tome con mi mano y estaba su verga empapada de mis fluidos, la volví a guiar y seguí montando su verga deliciosa, no pensaba en otra cosa más que placer, sus manos cambiaron de lugar entre mis piernas y donde comienza la cintura, en un momento con ambas manos me jalaron hacia él, deteniendo mis movimientos, no entendía que pasaba cuando de pronto sentí cómo su pene estaba muy duro, un chorro caliente invadió el interior de mi vagina, seguido de varios, yo no hice por pararme y el no dejaba de jalarme hacia el fuertemente, sentí como su pene daba pequeños brincos dentro y eso me estimulaba demasiado, después de aproximadamente un minuto me soltó, yo me levanté y sentí como el líquido tibio salía de mi, escurriendo el sillón, la alfombra, mis pantaletas y mi pantalón. En ese momento la calentura se esfumó, sabía que había hecho un error, que podría quedar embarazada por lo que acababa de ocurrir, levante mis pantalones y mis pantaletas, no me limpié, me puse mi brazier, mi blusa y mi chamarra solo dije:

    – “esto fue un error”

    Y salí casi corriendo, vi su cara de miedo, solo me dijo que esperara y no me detuve, al llegar a mi casa noté varias llamadas perdidas en mi celular, entre al baño, con un poco de papel y mis calzones abajo, recorrí de atrás hacia adelante mojándolo con la enorme cantidad de semen que “el otro” había depositado en mi…

  • He descubierto que si me gusta hacer el amor

    He descubierto que si me gusta hacer el amor

    Hoy pensé tanto en él, imaginé que lo tenía en mi cama… Mi habitación es oscura… Me gusta cubrirla para que no entre tanta luz.

    Hoy me acosté un momento en mi cama, comencé a sentir mi cuerpo.

    Empecé a imaginar que él venía y se acostaba a mi lado, yo lo miraba frente a mí y me sonreía, él tiene una sonrisa tan hermosa que amo como sus ojos se achinan, a veces su expresión es tan atractiva que quería besarle, en mi fantasía él me abrazaba, yo sentía su pecho en mi espalda y su respiración quedaba en mi cuello, yo comenzaba a tomar sus manos para hacer que me toque los senos…

    Estar acostada de cucharita me daba mucha intensidad porque sentía todo su cuerpo pegadito al mío…

    Mi cuerpo comenzaba a volverse intenso y mis caderas se alzaban más las empujaba hacia él para antojarle, él me comenzaba acariciar los senos al mismo tiempo que yo comenzaba a ponerme húmeda, él me respiraba en el oído tan profundo que al exhalar era una ola de mar tan intensa que me provocaba respirar como él cuando lo hacía mi cuerpo quedaba muy relajado y sin resistencias a sentir.

    Él me susurro en oído

    -«cómo te sientes?”

    Yo giraba hacia él, lo miraba a los ojos y sonriendo le respondía que estaba feliz, que estaba muy tranquila y lo había extrañado tanto, tomaba sus mejillas y le besaba con mucho frenesí, el metía su lengua en mi boca y yo le correspondía, comencé a mamar su lengua y él me mordía, me besaba y enseguida me subía en él, sus manos estaban en mi espalda y me recorría de arriba hacia abajo sus manos, tan ricas…

    Yo me embriagaba con su olor, lo abrazaba y quería llenarme de él, sus manos comenzaban a acariciar mis caderas y yo tomaba sus manos para llevarlas a mi cuello, él me miraba y sonríe.

    – «Me encantas»

    Yo comenzaba a estar más y más húmeda para él.

    «-Estoy lista para ti».

    -«él me tomaba de los brazos y me llevaba hacia él me acostaba en su pecho y yo era la más feliz, sus manos acariciaban mi cabello y comenzaba a contarle todas las fantasías que había tenido con él, comenzaba contarle las veces que me había tocado pensándole y las veces que chupe y lamí mi consolador pensando que era su verga, sonreía como sorprendido y al mismo tiempo su ojos parecían imaginarse lo que yo le contaba y eso me excitaba Aunque el solo me continuaba acariciando mi espalda y respiraba profundamente que me hacía respirar igual.

    Estaba tan ansiosa porque me tomara y me hiciera suya.

    Le pedía por favor házmelo, él me miraba y yo le volvía a pedir, házmelo por favor…

    Él sonrió y me pedí por favor cógeme papi.

    Él se levantó y enseguida me saco la blusa me besaba mis tetas con mucha suavidad y dulzura que me provocaba gemidos pequeñitos una de sus manos sostenía mi espalda y la contra tomaba uno de mis senos mientras otro lo mordía y chupaba.

    Comenzaba a excitarme tanto que yo tomaba una de sus manos y la bajaba hacia mi sexo húmedo y sensible. Mi vagina estaba muy emocionada y caliente que sentía como me palpitaba, mis gemidos comenzaba aumentar

    -mmm si, por favor, papi tócame, hazme tuya. Si?

    Yo buscaba sus labios con mi boca

    El comenzaba a hundir sus dedos en mi humedad y enseguida me daba a probar mi propia miel y yo lamía sus dedos, llena de intensidad y excitación comencé a chupar sus dedos imaginando que era su verga.

    Él sacaba sus dedos de mi boca y sonreía.

    Yo le pedía por favor cógeme!

    Él me miraba me decía que no

    Yo comencé a desesperar y el comenzaba a masturbarme…

    Mis gemidos se volvían intensos dejándome sin oportunidad de quejarme por no querer hacerme el amor.

    Mi panochita calientita desea tenerlo dentro de mí, deseo que me haga el amor y cuando esté dentro apretarlo…

    Deseo tanto escurrir de humedad en su verga, hacerle sentir placer.

    Deseo tanto que se venga dentro de mi. Sentir su leche caliente sobre mi. Hoy pienso demasiado en como pedirle que por favor me coja, que me haga el amor, que deseo que entre en mi, mi vagina está calientita, humedad y apretada para él…

    Cuándo lo vi por primera vez… hace casi 5 años me enamoré de él, fue la primera vez que sentí tantas emociones e intensidad juntas

    Hace casi 5 años que no tengo sexo con nadie solo con él en mis fantasías más intensas

    Desde que lo vi por primera vez he querido que él me abra las piernas que me bese, que me abra el culo también, deseo que me trate como su putita pero también deseo que me trate con esa sensibilidad y amorosidad que me trasmite cuando me habla, con esa profundidad con la que respira y lo erótico de sus manos, sus caricias…

    Amo sus ojos… Extraño tanto verlo

    Extraño su voz y también su risa.

    Sólo soy suya. Solo a él le corresponde mi cuerpo.

    Estoy reservando, toda mi húmedad para el.

  • Escena de sexo en la oficina

    Escena de sexo en la oficina

    Sonia se ajustó las gafas, apartó de su cara un pelo rebelde y dejó el informe sobre la mesa. Luego miró a Guillermo, su jefe, que permanecía sentado tras el escritorio de madera maciza.

    Guillermo era un tipo alto, de constitución atlética, pelo corto y barba de 4 días. Vestía traje y corbata. Su voz era profunda y cada vez que hablaba se tomaba su tiempo seleccionando cuidadosamente las palabras.

    Aquella tarde Sonia llevaba puesta una camisa de color azul claro con un escote generoso y una falda gris que combinaba con medias oscuras y zapatos de tacón elegantes que realzaban su figura. El cabello liso y negro le llegaba a la altura de los hombros. Tenía ojos grandes de color carbón, nariz pequeña y labios pintados de rosa pálido. Su voz era grave y sensual, su conversación ágil y casual, a veces demasiado directa.

    Sonia era una mujer práctica que ponía por delante sus objetivos personales.

    Guillermo le devolvió la mirada posando sus ojos, durante un instante, en el escote.

    Faltaría a la verdad si dijese que no había fantaseado con las mujeres que trabajaban allí. Ninguna de ellas, desde la nueva becaria de culito respingón hasta su madura y tetuda secretaria, habían estado ausentes en esos momentos en que se sueña despierto. Es más, incluso el chico nuevo, el guapo oficial, había participado de forma indirecta en un sueño nocturno con tintes sadomasoquistas.

    – ¿Necesita algo de mí? – dijo Sonia con fingida inocencia.

    Guillermo, agradecido de estar tras el escritorio, deslizó su mano bajo el pantalón y acomodó su pene, algo crecido, hacia un lado. «Ahora mejor», pensó tratando de relajarse.

    – Sí, ¿podrías cerrar la puerta?

    La empleada levantó una ceja y obedeció dirigiéndose hacia la puerta.

    – Ha llegado a mis oídos que el informe contiene algunos datos que, por así decirlo, necesitan ser revisados. ¿Es así? – dijo el varón mientras miraba como las nalgas de su empleada subían y bajaban con cada paso que daba.

    – Puede ser. – respondió la aludida girándose y volviendo a su lugar tras echar el cierre.

    – «Errare humanum est», sin embargo, si no me equivoco, este es el informe definitivo y por lo tanto, debería haber pasado un proceso de revisión.

    – Sí. Puede ser, ahora lo miro.

    – Es un poco tarde para eso Sonia. Vamos a tener que revisar nuestra relación… contractual.

    La empleada tragó saliva. Aquello se estaba poniendo feo y necesitaba el trabajo. Había notado que Guillermo le había mirado los pechos y estaba casi segura de que la deseaba. Lo que iba a hacer era audaz, quizás estúpido e infantil, pero no se le ocurría otra salida. Se sentía segura, se veía sexy y sabía lo que quería.

    – Si quiere, podemos revisar el informe juntos… y así me indica dónde he fallado. – dijo haciendo una pausa de un par de segundos entre frase y frase.

    Guillermo empezó a transpirar, de repente la corbata le apretaba.

    – Ven aquí… que abro el documento en el portátil.

    La mujer obedeció colocándose a su lado.

    El perfume femenino se coló por las fosas nasales del dueño del laptop.

    – ¿Puedo sentarme?

    – Vale, trae una silla…

    – ¿Le importa si me siento en sus rodillas?

    – ¿Perdona?

    – No se preocupe, su silla parece buena, seguro que aguanta el peso.

    Sin esperar respuesta se sentó apoyando el culo sobre el muslo de Guillermo.

    Los muelles de la silla protestaron desde su escondite.

    – ¿Está cómodo?… Así no podemos hablar. Mejor me doy la vuelta

    Sonia se levantó, miró la entrepierna de su jefe y se sentó a horcajadas sobre sus rodillas.

    Guillermo posó la mirada sobre las tetas de su empleada y le apretó un pecho con la mano derecha.

    – ¿Quítate la ropa, quiero ver como son tus senos?

    El tema estaba encarrilado. Dejaría que ese tipo dirigiera la función, que se sintiese poderoso.

    Además era una oportunidad de pasárselo bien.

    Se desabrochó la camisa y desató el sostén dejando sus domingas al aire.

    El hombre pellizcó suavemente un pezón y luego sacando la lengua, comenzó a chuparlo. Un minuto después cambió de teta. Sonia se mordió lo labios, contrajo las nalgas y luchó por mantener a raya la corriente de placer que recorría su cuerpo.

    El beso no tardó en llegar. Las bocas y las lenguas entraron en juego. Besar era adictivo y desde el primer minuto empleada y jefe se aficionaron a la nueva droga natural con ansia y deseo. La saliva abundaba y la boca de Sonia comenzó a dar besitos y lametones a la nariz y frente de su amante. Guillermo se dejó hacer y luego contratacó besando los párpados cerrados de la empleada para a continuación, cogiéndola con suavidad por la barbilla, poner la cara de lado apartar el pelo de la oreja femenina y meterle la lengua.

    El cosquilleo inundó de sensaciones a Sonia haciéndola temblar.

    En agradecimiento, la mujer pasó a ocuparse del pene de su jefe. Lo tocó con mimo y lo apretó a través de los pantalones. Luego desabrochó el cinturón y se levantó del asiento notando que se había mojado las bragas. Guillermo se desabrochó el botón, corrió la cremallera y tiró de pantalones y calzoncillos dejando sus partes al aire.

    Sonia empezó a chuparle los huevos mientras agarraba el falo con la mano dibujando círculos con el pulgar sobre la punta.

    Minutos después, la empleada se quitó la falda y las bragas y se inclinó sobre la mesa dejando el culo a merced del varón. Este contempló la rajita y le dió un azote en la nalga derecha.

    – Eres una chica muy traviesa. – dijo con la voz cargada de pasión.

    Sonia apoyó el peso en la otra pierna y meneó el trasero.

    – ¿Solo me vas a dar un azote? – gimió.

    Guillermo la azotó de nuevo.

    Y luego cayeron dos azotes más.

    Después la penetró.

  • Cómo me convertí en Valentina (Parte 3)

    Cómo me convertí en Valentina (Parte 3)

    Me estuve viendo al espejo como por 10 minutos en lo que mis padres se arreglaban.

    Ya con mis padres listo me dio mucho nervio salir ya que no me habían visto vestido de chica, cuando me atreví a salir me miraron y me dijeron que me veía muy guapa sus halagos me tranquilizaron un poco ya que nunca había salido vestida de mi cuarto y mucho menos a la calle. Salimos de la casa rumbo al auto en el garaje mi padre nos abrió la puerta a mi y a mi madre, me subí en la parte de atrás estaba súper nerviosa, se me hizo eterno el traslado, una vez que llegamos al club nos bajamos del auto no sabía que hacer el chavo del valet me ayudo me dijo buenas noches señorita bienvenida, eso me dio un poco de confianza. Entramos al club estaba un poco oscuro y eso me ayudaba a calmar los nervios, ya adentro nos sirvieron un vaso de tequila eso la verdad me termino de relajar.

    Enseguida llegaron los amigos de mis padres ellos me presentaron como su sobrina (hasta ese momento no podía creer que nadie hubiera notado que era niño) ya con algunos tragos me tranquilicé más y estuve bailando con mi padre unos de sus amigos y mi madre la vi súper contenta.

    En eso vi llagar a un chavo que yo no lo conocía y saludo a todos por lo que me di cuenta conocía a mis padres. Enseguida me saludo.

    -Hola, que tal Valentina

    – hola, que tal

    -ya me dijeron tus padre que eres su sobrina, me llamo Erick

    – Si, bueno yo Vale

    Me puse super nerviosa no había hablado en toda la noche y no sabia como se oiría mi voz.

    Pero al parecer si pase desapercibida, empecé hablar con Erick me decía que estaba trabajando en la misma empresa que mi padre y que ya lo conocía desde hace 4 años y eran súper amigos (yo hasta ese momento no sentía atracción por algún hombre ni siquiera en ese momento) hablaba con el por que me parecía interesante y la verdad era muchísimo más joven que todos los que estábamos ahí y al menos no decía cosas como los demás. Estuvimos platicando y tomando unos tragos empezamos a bailar yo sentía que me agarraba mucho pero era algo normal y ni siquiera puse resistencia. Bailamos como 1 hora sin descanso ya me dolían los pies pero cuando llegamos a la mesa no miré a mis padres (ya eran como la 1 am) me puse algo nervioso y preocupado enseguida me llego un mensaje de mi madre.

    -Oye nos tuvimos que salir porque tu padre y unos de sus amigos irían a una reunión en es su casa, Ya le hemos dicho a Erick que te lleva a la casa. Cuídate

    Me sorprendí mucho en eso Erick me dice

    -ya te quieres ir?

    A lo cual conteste

    – si la verdad si estoy algo cansada.

    Continuará…

  • La chica llamada chupa culos

    La chica llamada chupa culos

    Griselda, 21 años, acostumbrada al sexo desde joven, me sumé a una fiesta con amigos, y en medio de alcohol y drogas, perdí una apuesta muy pervertida.

    Comenzo una noche en la que salimos con mi novio a una fiesta entre amigos que recien conociamos en nuestro viaje, y al llegar, nos dimos cuenta de que era yo la unica mujer en la sala. Habia en total 6 hombres contando a mi novio, pero el no fue incluido en la apuesta.

    Comenzamos a tomar de todo, y tambien a drogarnos con todo lo que habia. En medio de un juego de mesa, apostamos, primero dinero, despues contar secretos propios, y como era sabido, en medio de tanta perdicion, termine confesando que le habia sido infiel hacia un año, fue pura risa, mi novio tambien estaba hasta arriba de alcohol y drogas, pero al parecer no tanto.

    Cuando llego el momento de la ultima ronda, el paro todo y dijo «apostemos, si Griselda pierda, le chupara el culo a todos» , todos rieron y yo tambien, si bien estaba hasta arriba, aun pensaba un poco, y crei que era solo una broma. Pero perdi.

    Cuando eso sucedio, Juan, mi novio, me agarro de los pelos e hizo que me arrodillara, mientras para mi era una risa, y les dijo a todos «en cuatro patas y quitarse todo ya mismo», cuando eso paso, tenia cinco hombres en cuatro patas frente de mi con el culo abierto y sus pollas colgando, y como si fuera su perro, Juan me solto y dijo, ahora, ve, y comence a hacerlo como tan obediente.

    Saltaba de uno al otro, de uno al otro, chupando culos sin parar, mi lengua muy adentro de ellos y a la vez, mi mano derecha pajeando cada polla de ellos, ellos se reian y gemian, me comia sus culos, y para hacerlo mas morboso, Juan me escribio todo el cuerpo con la palabra «puta».

    Algunos de ellos duraron mas, otros menos, pero cada uno de ellos fue rapidamente acabando dentro de mi boca, hasta que me llene, mi boca estaba repleta de semen, y en un abrir y cerrar de ojos, me trague todo, demostrando frente a cinco desconocidos que era una gran puta chupa culos y traga leche.

    Puta sumisa por vocacion.

  • Tres son multitud

    Tres son multitud

    El mundo entero disfruta de las emociones del mundial futbol Alemania 2014, empezaba esta justa deportiva mundial con sus primeros partidos, mientras tanto yo por costumbre reviso una web, en su sección contactos encuentro uno que me llama poderosamente la atención.

    Se trata de Marcos R. le escribo a su correo electrónico, recibo inmediata respuesta, empezando una ágil y amena comunicación, después de varios correos me indica que tiene 67 años y que sexualmente se encuentra activo: entiendo que la experiencia de Marcos es muy amplia por su edad y sus comentarios en los correos enviados. Le comento que me agradaría mucho estar en un trio de hombres dispuestos a dar rienda suelta a la fogosidad propia de los maduros.

    La comunicación se interrumpe sin mediar motivo alguno, al cabo de dos o tres semanas recibo nuevamente una misiva en la que me indica que ya ha conseguido a la tercera persona para completar mi ferviente deseo de estar en un trío. El lugar de reunión será en Quito, distante a unos 120 Km, hacia el norte del lugar de mi residencia Ambato.

    Necesariamente tiene que ser sábado por las ocupaciones de los tres, ahora me toca buscar un buen pretexto para salir de casa sin dejar sospecha alguna, piensa y piensa se me ocurre decir que tengo que ir a visitar a un cliente muy importante en la ciudad capital del Ecuador que solo me puede atender en sábado pues los otros días se ausenta de la ciudad.

    Al llegar el sábado me alisto para emprender viaje hacia Quito, muy temprano en la mañana tomo una ducha en agua bien caliente, pongo especial cuidado en el aseo de las partes íntimas, escojo ropa holgada, agarro un libro para ir leyendo en el camino, tomo el primer bus con rumbo a Quito. La terminal de buses está en el sur de la ciudad; mi cita es al norte, tengo un largo trayecto en trolebús.

    Habrán pasado unos veintitrés minutos de mí viaje en transporte público, llamo por teléfono a Marcos y me explica en donde tenemos que toparnos; una cafetería en un importante centro comercial, le comento que voy a tardarme más de lo programado pues existe congestión vehicular en la urbe, habrán transcurridos unos largos 57 minutos y por fin mi lugar de destino está al alcance de mi vista. Presuroso me dirijo a la cafetería y no tengo trabajo alguno en ubicar a Marcos; hola soy Carlos tú eres Marcos, ¿verdad?

    Un gusto conocerte son las palabras de Marcos, de verdad eres más alto de lo que pude imaginarte.

    Gracias amigo, igual tú me has causado buena impresión

    Marcos aparenta más edad de la que dice tener, posee un exquisito gusto para vestirse y además es bien parecido, de reojo miro su paquete pudiendo apreciar un gran bulto.

    Me dice creo que debemos apresurarnos pues Pedro nos está esperando en su departamento, cruzamos la avenida 6 de diciembre e inmediatamente abordamos el primer taxi que nos ofrece sus servicios. Marcos indica la dirección al chofer y al llegar nos espera un edificio de unas cinco plantas. Parece ser que por los nervios o por alguna otra situación a mi compañero se le olvida el número de departamento al que debemos timbrar para ser atendidos por Pedro, el problema se resuelve con una llamada telefónica.

    Al entrar a la edificación una señora de unos 60 años ingresa igual que nosotros al ascensor y nos queda mirando de pies a cabeza, tratando de adivinar quienes somos y que hacemos en ese lugar, La osadía de la señora no tiene límites, pregunta a Marcos que a quien vamos a visitar, inmediatamente responde que vamos de visita al departamento de Pedro. La señora dibuja una sonrisa picarona y agradece el informe, mientras tanto por mis venas recorre la adrenalina y empiezo a sudar al suponer que hemos sido descubiertos en nuestros planes por esta curiosa señora.

    La puerta del departamento 402 es golpeada con tres golpes que debido a su intensidad y forma de ejecutarlos me parecen misteriosos, enseguida aparece Pedro, nos invita a ingresar, enseguida Marcos me presenta; mi amigo Carlos que viene de Ambato. Recibo una mirada de pies a cabeza escrudiñando todo mi ser, de verdad me siento incomodo al ser mirado en esa forma, puedo sentir que su contemplación se detiene en mis genitales y mi culo no se escapa de tal inspección visual.

    Mucho gusto amigo, siéntete como en tú casa eres bienvenido, que tal tú viaje, fueron las primeras palabras de Pedro hacia mi persona.

    Muchas gracias por recibirnos es lo único que avanzo a pronunciar, de mi viaje todo normal, el tráfico es terrible en Quito, por favor acepta mis disculpas por la demora.

    Tranquilo amigo los quiteños ya estamos acostumbrados a los atracones en el tráfico.

    Calculo la edad de Pedro en unos buenos 50 años, un tipo alto como de 1.70 m de estatura, su complexión más bien gruesa antes que delgada, pelo castaño y bastante atractivo. Su dialecto al hablar es propio de los habitantes del Sur del país, provincias del Cañar y Azuay.

    -Pedro toma mi libro, ha carambas lees a Edgar A. Poe, magnífico escritor y sobre todo narrador.

    -Así es Pedro, me gusta mucho leer y escribir relatos es mi comentario al respecto.

    La conversación toca temas de varios libros y escritores, que han sido leídos por los tres, cada uno tiene gustos diferentes, con esta amena charla sobre la literatura universal es como rompemos el hielo. En el momento menos esperado Pedro dice: Vamos a lo que venimos; nos invita a pasar a su amplio dormitorio, puedo distinguir réplicas de cuadros famosos que adornan el aposento, la cama luce impecable, los adornos en sus veladores me dicen que su familia debe ser muy tradicional y religiosa a más no poder.

    Me coloco en una de las cabeceras de la cama, Pedro hace lo propio en la sobrante, mientras que Marcos se ubica el pie de la misma; cada uno sin haber mencionado palabra alguna procedemos a desvestirnos hasta quedar totalmente desnudos, doblo mi ropa muy pacientemente y la ubico en un taburete dispuesto para la ocasión, no puedo dar razón de las vestimentas de mis compañeros de aventura.

    Encontrándome totalmente desnudo, me giro para empezar a tener un contacto íntimo con cualquiera de los dos, pero para mi sorpresa Pedro nos invita a tomar una ducha antes de empezar nuestro fantástico encuentro, me niego a hacerlo pues me encuentro completamente limpio, a su paso hacia la ducha apenas pude distinguir el tamaño de la verga de Marcos, tan solo puedo decir que algo muy grande se movía aleatoriamente entre las piernas de nuestro adulto mayor, Marcos, de Pedro solo puedo observar sus redondeadas nalgas, mientras mis compañeros se duchan me quedo en la cama y es precisamente Pedro quien aparece por la puerta del baño, completamente empalmado, al parecer ya tuvieron caricias con Marcos.

    La herramienta de Pedro es completamente normal, nada del otro mundo, las venas atraviesan por todo contorno, la cabeza es uniforme lo que le da un toque de sabor extra. Se acuesta a mi lado y empezamos un largo, sensual y apasionado beso, mientras tanto las agiles manos de Pedro tocan mi verga e inmediatamente logro una tremenda erección, hago lo propio con su mástil y la rigidez es asombrosa, rica verga de verdad.

    Pedro y yo estamos en los calentamientos previos, Marcos interrumpe nuestra pasión, nos separamos para darle cabida, pero Marcos sin mediar palabra alguna se sienta sobre la erecta verga de Pedro. Hace de dos a cuatro movimientos de vaivén e inmediatamente viene en busca de mi erecto pene, hace exactamente lo realizado con Pedro, trato de agarrar el gran pene de Marcos, su flacidez sigue intacta, pero son dos o tres movimientos y saca su rico culito de mi verga. Realmente no esperaba esto de Marcos, pero me toca seguir viviendo el momento y tratar de disfrutarlo.

    Marcos inmediatamente se acuesta boca arriba, eleva sus piernas y nos dice ahora si me pueden culear bien rico, cedo el paso a Pedro quien en forma violenta penetra ese abierto culo de Marcos, mientras tanto yo acaricio las hermosas y redondeadas nalgas de Pedro, trato de penetrarle pero me solicita que me cambie de condón, cosa que no lo puedo hacer pues por falta de experiencia solo había llevado uno, aunque la verdad es que yo esperaba ser penetrado entonces dije con uno es más que suficiente, craso error.

    Ante esta circunstancia solicito a Pedro que me deje terminar mi faena en el húmedo y dilatado culito de Marcos. Ahora tengo ante mí a Marcos que con sus piernas abiertas y elevadas pide verga a gritos. La penetración es sencilla y profunda, mis movimientos son rítmicos, un mete y saca lento al principio, pero la maestría de Marcos me permite acelerar mis embestidas.

    Pedro contemplaba nuestra escena, me dice dale más duro Carlos que este viejo es aguantón, sus palabras me estimulan y empiezo una serie de bombeadas hasta el fondo, Marcos gime de placer, se mueve rítmicamente y yo estoy a punto de tener un orgasmo magnifico, el ritmo impuesto es violento, las embestidas no paran, siento que estoy por llegar y penetro profundamente el culito de Marcos, mi leche sale a borbotones una y otra vez sin parar.

    Me retiro y le dejo Pedro ese banquete a su disposición, me dirijo al baño a tomar una ducha y mientras el agua cae por mi sudoroso cuerpo puedo escucharlos gimoteos de placer tanto de Marcos y Pedro. Inmediatamente me dan el encuentro en la ducha, los dejos solos para refrescarse después de semejante palo.

    Me visto y a los pocos minutos llegan al dormitorio Pedro y Marcos con una cara de felicidad que no se puede describir en palabras, la herramienta de Marcos a pesar de ser grande nunca se paró, el pene de Pedro luce dormido, dando por terminada esta hermosa sesión de sexo en trío.

    Regresamos a la sala y la charla continua hasta que sugiero hacernos un delicioso café, disfrutamos esa bebida caliente y tenemos que despedirnos. Al tomar el ascensor se para un piso más abajo y coincidencia es la misma señora que ahora se fija en nuestro húmedo cabello, mueve su cabeza como diciendo: Sabía que esto iba a pasar, trio de maricones.

    Me despido de Marcos en la puerta del edificio, me dirijo con rumbo norte a buscar unos utensilios que necesito en una de las mayores ferreterías del país, en el trayecto del bus que me conduce al establecimiento mencionado, pienso que para el próximo trio es muy importante tener un libreto para disfrutarlo de mejor forma, al fin y al cabo, mi culito sigue virgen y habrá que seguir buscando al afortunado varón que se me lo coma.

    Espero sus valiosos comentarios: [email protected].

  • Mi roomie me rompe el culo vestida de nena con sorpresa

    Mi roomie me rompe el culo vestida de nena con sorpresa

    Relato anterior “Me rompen el culo en un viaje en autobús”, dejo el enlace al final del relato.

    El nuevo ciclo escolar inició, el último año de mi carrera, y nuevamente éramos 3 en el departamento, Luis había regresado del receso vacacional, lo cual nos obligaba a Pablo y a mí a ser mucho más precavidos, recordando que gracias a Luis vivíamos en ese departamento tan cómodo en todos los aspectos, ya que era el familiar del dueño y podría corrernos de descubrirse nuestro secreto.

    Siempre tuvimos muy buena relación los tres, el trato continuó normal, aunque era notorio que Pablo y yo pasábamos más tiempo juntos, una mayor complicidad, sin llegar a ser sospechoso, una o dos veces durante la semana, con mucho sigilo en mitad de la noche, Pablo se escabullía a mi cuarto y descargaba su fogosidad conmigo, siempre procurando hacer el menor ruido posible, los viernes por lo general Luis se iba a su pueblo al atardecer. Pablo, en cambio, dejó de viajar los viernes con el pretexto de que tenía materias en la tarde y llegaría demasiado noche a su pueblo, por lo que empezó a viajar los sábados muy temprano, así que los viernes, eran las noches en que Pablo y yo desahogábamos toda la pasión contenida en la semana y me daba unas cogidas fenomenales que me hacían gemir y chillar de placer, esperábamos con ansia que Luis se marchara para desnudarnos y disfrutar de nuestros cuerpos y era una decepción cuando por algún trabajo escolar, reunión o algún otro evento, se quedaba a dormir en el departamento. Los sábados y domingos se los dedicaba por completo a mi novia y eran los días que me la llevaba a coger al departamento, no descuidaba a mi novia, era la otra parte de mí y que me hacía sentir completo.

    Llevábamos unos tres meses con esa rutina cuando a Pablo se le ocurrió una más de sus fantasías:

    – Sabes Ariel, me gustaría cogerte vestido de mujer, tienes un bonito cuerpo y un culo suave y redondo y creo que te verías divina como una nena.

    Me negué al instante:

    – No, definitivamente no, no se me da vestir de mujer, ni me sé maquillar y esas cosas, no es algo que me atraiga Pablo, lo siento.

    – Vamos, dame el gusto, tu piel es tan blanca y suave, tus piernas son maravillosas y tus nalgas, ufff, tus nalgas, te juro que si me complaces te voy a hacer el amor de una forma que te va a encantar, anda, ¿no quieres sentirte poseída por un macho como mujer? – agregó.

    – Ya me haces el amor de una forma increíble y realmente me haces sentir una mujer en la cama, no veo la necesidad de algo más Pablo, no insistas

    – Y si ya te sientes una mujer, porque no probar la fantasía completa, Ariel, anda, con todo y ropa, vamos, aunque sea solamente la ropa interior.

    Derrumbó mi defensa, tenía razón, en la cama era su hembra, su mujer, entonces porque no ser una mujer completa y complacer a mi macho, así que acepté con una condición:

    – Está bien Pablo, tú ganas, acepto, pero solamente ropa interior de mujer, nada de vestido, tacones o maquillarme, ¿Te parece?

    – Claro que acepto, mañana viernes lo hacemos, yo consigo la ropa de nena- respondió alegre Pablo. Procura no llegar muy tarde después de ver a Adriana.

    Lo cierto es que me daba morbo ponerme ropa interior de mujer, me recordó a Roberto mi primer amante, el hombre maduro que me desvirgó y que le gustaba que me pusiera braguitas, medias, tangas y ligueros cuando me cogía, él había sido el primero y el único que me lo había pedido, y aunque fue mucha la ropa de nena que me regaló Roberto, me había deshecho de toda por miedo a que algún día la descubriera mi novia.

    Al otro día, salí de clases, fui a descansar y arreglarme a mi departamento pasa salir a cenar con mi novia, normalmente los viernes en la tarde me tocaba ver cuando llegaba Luis de la escuela para preparar su maleta y despedirse para viajar a su pueblo, pero no llegó, así que pensé que tal vez no viajaría y se estropearían mis planes con Pablo, salí por mi novia a la escuela después de un buen baño, ya que ella si tenía clases los viernes en la tarde y la invité a cenar, una noche común de viernes, me despedí como de costumbre alrededor de las 10 de la noche y me regresé al departamento, ya estaba Pablo esperándome, me recibió con un beso cachondo y ardiente, apretándome fuertemente de las nalgas y haciéndome sentir su virilidad contra mi vientre, quería que sintiera lo duro que estaba, era obvio que Luis no se encontraba, si no, no se hubiera comportado así, pero pregunté de todas formas, ya que no había visto a Luis despedirse.

    – ¿Y Luis?, ¿Ya se marchó?, no lo vi salir- expresé

    – No te preocupes, ya revisé y no está él ni su maleta, ya se fue a su pueblo- contestó Pablo

    – Te dejé unos regalitos en tu cama- agregó.

    Me imaginé de que regalitos se trataba y le dije:

    – Espérame que me dé un baño y me cambie, yo te hablo- le dije, no quería que me viera cambiándome, si no sorprenderlo.

    Entré y vi una bolsa en mi cama, no la abrí y salí a bañarme, Pablo estaba en la sala y me siguió con la vista, ya se había quitado la ropa y solamente estaba en bóxer, aunque ya me había bañado antes de ir a cenar con Adriana, quería higienizarme bien, sentirme fresco, fue un baño rápido y salí desnudo rumbo a mi habitación, mi verga ya estaba morcillona de la excitación.

    Abrí la bolsa y encontré un conjuntito de encaje negro muy sensual, con una tanga con florecitas de encaje en la parte superior, unas medias de red, también con encaje en la parte superior, un liguero con su portaligas a la cintura también de encaje y un sostén del mismo tipo, era un conjuntito fino y muy sexy.

    Empecé con las medias y posteriormente la tanga, la tela era tan suave como la seda, se ajustaba a mi piel a la perfección, la delgada tira de tela de la tanga se hundió entre mis cachetes y la sentí acariciar mi orificio, me encantó la sensación, muy erótica, me costó acomodar mi verga estaba ya parada y se salía de la tanga, seguí con el liguero y su portaligas a la cintura, tardé un poco porque no estaba seguro como ponérmelo, pero una vez puesto me encantó. Por último, el sostén, pero obviamente necesitaba un relleno, se me ocurrió rellenarlo con un par de pares de calcetines.

    Me miré al espejo y no podía creerlo, el espejo me regaló la imagen de una mujer hermosa y sexy, el color negro resaltaba mi blanca piel, mi redondo culo y suaves nalgas, realmente parecía una mujer y que mujer, me sentía tan femenina con esa ropita tan suave y delicada que realmente me sentí una hembra, solamente me faltaba una peluca para completar la ilusión, me acordé que mi novia había dejado una peluca de carnaval de color rosa que nos habían dado en una fiesta, la encontré y me la puse, aunque era una peluca barata de fiesta, me quedó bien, ni yo mismo me reconocía, parecía una puta muy sensual y así me sentí, una putita, me puse de espaldas a la cama y llamé a Pablo.

    Tan pronto entró Pablo no pudo disimular la sorpresa, quedó paralizado al verme:

    – Madre mía por Dios, estás buenísima, no puedo creerlo, eres la mujer más hermosa que haya visto en mi vida, superó mis expectativas, sabía que te verías divina, pero no pensé tanto, me duele la verga de tan dura que me la pusiste.

    Se acercó y me abrazó por la espalda, apretándome contra su cuerpo, me encantaba el roce de su piel, su calor, su boca buscó mi cuello, lo besó y recorrió con su lengua mi nuca, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, mordisqueó y succionó el lóbulo de mi oreja, sabía que me prendía mucho que lo hiciera, un suspiro escapó de mi boca, susurró algunas cosas sucias al oído haciéndome estremecer y me dio media vuelta, sus labios carnosos buscaron los míos, succionaba mis labios, los mordía, parecía que quería comerse mi boca, sus manos recorrían mi espalda, descendieron a mis nalgas y empezó a acariciarlas y apretarlas muy rico, me sentía flotar en sus brazos.

    Se quitó el bóxer y me apretó más contra su cuerpo, mi verga no podía quedarse dentro de la tanga y escapó por un lado, apoyándose contra su duro paquete, verga con verga, la sentía latir, vibrar, me dio un chupetón en el cuello que me hizo dar un gemido profundo, agudo, de mujer, me sorprendió, continuó comiéndome la boca con lujuria, su lengua se introducía hasta lo más profundo, sentí que me derretía, mi cuerpo se aflojó y mis brazos se aferraron a su cuello para no caer, me sentía totalmente entregada, sometida.

    Me recostó sobre la cama y se subió encima de mí, su boca buscó mi sostén empezó a morder y apretar mis falsos senos, me causó un poco de gracia que lo hiciera, pero pronto bajó un poco el sostén sin quitármelo y se apoderó de mis pezones, los empezó a lamer, besar y mordisquear, arrancándome gemidos de placer, mi espalda se arqueó, mis manos acariciaban su pelo, animándolo a continuar.

    Continuó bajando y llegó a mi ombligo, me encantaba como recorría y besaba toda mi piel, le dio un beso a mi verga y dijo:

    – Mmmm, que bonito clítoris, de buena putita, paradito y duro, pero ahora se me antoja tu coñito, date vuelta.

    Obedecí y me jaló de la cintura poniéndome en cuatro, abrí mis piernas y recliné mi espalda hasta que mi cabeza se posó sobre la cama, quedando mi culito levantadito y expuesto.

    – Madre mía, que culito, no sabes lo hermosa que te ves así, en tanga, con el culito paradito, ufff, no sabes cómo voy a disfrutarlo, vas a ver lo que es un macho en celo, mi amor- me dio una sonora nalgada que me hizo dar un respingo y un pequeño grito de la sorpresa, me excitó esa rica nalgada, me dejó la nalga caliente y sensible.

    Sus manos apretaban mis nalgas, sentía que las abría y cerraba con la telita de la tanga bien metida en medio, su dedo pulgar recorrió mi rajita y pronto encontró la fruncida entrada de mi orificio, empezó a frotarlo suavemente arrancándome suspiros de placer, estuvo apretándome las nalgas y frotándome el culo un largo rato y me daba algunas nalgadas que me prendían, me excitaba mucho, siento que separa mis nalgas y retira la telita de la tanga hacia un lado, su aliento en mi culito y la punta de su lengua en mi esfínter, un escalofrío recorre mi cuerpo y aprieto mi esfínter por reflejo, no importa, continua implacable con su ataque, mi esfínter cede y su lengua se va introduciendo dentro de mi culo, abre lo más que puede mis nalgas y entra más profundo que nunca, doy un respingo, un gemido agudo sale de mi boca y mis piernas tiemblan, es una sensación deliciosa sentir la lengua de Pablo tan profundo, su lengua entra y sale de mi hoyito, la saliva escurre hacia mis huevos que se han salido de la tanga, perdí la noción del tiempo, debió haber estado chupando mi culo como unos 15 minutos o tal vez más.

    Buscó el lubricante y sentí un chorrito caer en mi rajita seguido de sus dedos, lubricando toda mi rajita, frotó la entrada de mi orificio unos segundos y empujó con firmeza, mi culito se abrió sin problema, lo metió profundo haciendo movimientos circulares y lo sacó para ahora introducir dos dedos, nuevamente se introdujeron sin problema, los estuvo metiendo y sacando algunos momentos y ahora intentó meter tres, ahí sí costó un poco de trabajo, mi culo se resistía, así que con mis manos abrí mis nalgas y sus dedos se hundieron profundo en mi culo, di un grito de placer, me sentía completamente llena con sus dedos, después de unos segundos expresó:

    – Listo princesa, tu coñito está listo. Te voy a enterrar la verga hasta volverte loquita de placer.

    Me puso al borde de la cama en cuatro con mi culito levantadito y expuesto, sentí su verga recorriendo mi rajita, acomodó la punta de su nabo en la entrada de mi orificio y empezó a empujar, sentí como se abrían mis pliegues e iba avanzando su verga, abriéndome en dos, despacio pero sin detenerse, tomaba bocanadas de aire al tiempo que su verga avanzaba, cuando tenía como tres cuartas partes dentro se detuvo un instante y dando un golpe de caderas me ensartó la última parte de su verga, me sacó un grito de placer-dolor muy agudo, sus huevos chocaron con mis nalgas.

    – Así princesa, ya te ensarté hasta los huevos, ufff, que rico coñito, me encantas mami, ahora si vas a saber cómo me tienes de caliente.

    Giré mi vista, el espejo de la recámara me daba una imagen muy sensual, una putita en lencería fina estaba siendo penetrada hasta los huevos por un macho insaciable, parecía que estuviera viendo una película porno, me costaba reconocer que esa putita en lencería era yo.

    Me la sacó completamente y me la volvió a meter hasta el fondo, arrancándome gemidos de placer, era delicioso sentir la cabeza de su verga posándose en la entrada de mi orificio y abrirme, rozando con su cabeza todo mi conducto, cada que lo hacía me generaba una oleada de placer que recorría todo mi cuerpo, repitió la operación unas cuatro o cinco veces y posteriormente me tomó de la cintura y arreció sus embestidas, me la metía y sacaba con fuerza, una y otra vez hasta el fondo de mi culo, estaba como loco, me taladraba con fuerza, como si no hubiera un mañana, lo escuchaba gruñir, se agachó para tomarme del pecho y me hizo incorporarme, su pecho en mi espalda, sus jadeos en mis oídos me ponían la piel de gallina, siguió ensartándome duro y buscó mis labios, los mordía y succionaba toda mi boca con lujuria y pasión, me tomó fuerte del vientre, y me ensartó con todas sus fuerzas, sentí que me levantó y mis pies dejaron de tocar el suelo por un instante, quedando como una bandera en un mástil, siendo yo la bandera y el mástil el imponente miembro de Pablo, otra embestida profunda y ahora me tuvo en vilo más tiempo, la sensación fue indescriptible, trataba de hacer pie desesperadamente y sentí que me faltaba la respiración, Pablo notó mi desesperación y me habló al oído tratando de calmarme:

    – Relájate, relájate, sólo déjate llevar y disfruta, ya te tengo bien ensartada, hasta los huevos, siénteme, somos un sólo ser.

    Traté de calmarme, respirar despacio, abandonarme, pero me seguía faltando aire, el tenerme en vilo me hacía sentir tan dominada, indefensa, como una muñeca de trapo, me estaba matando, pero al mismo tiempo nunca me había sentido tan excitada, todo mi cuerpo temblaba, era algo tremendo y sin poderlo evitar empecé a eyacular, chorros de leche salieron disparados de mi verga, envuelto en espasmos tan fuertes que hicieron que mi vista se nublara y viera las estrellas, me sentí desmayar.

    – Ves princesa, te dije que te iba a coger como nunca y esto apenas empieza, prepárate.

    Esas palabras me excitaron y me dieron miedo a la vez, decía que apenas empezaba y yo ya no podía más, pensé en claudicar y pedir clemencia.

    Me recostó en la cama boca abajo y continuó con su brutal cogida, me abrió las piernas al máximo y me daba embistes largos y profundos, dejándose caer sobre mis nalgas con toda su fuerza, se escuchaba en el cuarto el ruido de su pelvis chocando con mis nalgas, todo mi cuerpo vibraba, me retorcía de placer y aullaba, quería que acabara de una vez, sentía que moría de placer, así que así se lo dije:

    – Ya no aguanto más, préñame, aghhh, acábame, lléname de tu leche, aghhhh, dale.

    Su respuesta me sorprendió:

    – Aguanta princesa, aguanta, no te apures, me encanta la colita y la ropita que traes reina y estoy disfrutando como nunca, es el mejor culito de mi vida y merece ser bien cogido.

    Ufff, todavía faltaba, así que intenté relajarme y dedicarme a gozar de su verga, abandonarme y dejar que me siga cogiendo como quisiera, estaba gozando como una mujer, como una puta y como buena puta debía darle a mi macho todo el placer que pudiera darle, al fin y al cabo yo estaba disfrutando al máximo, estaba en éxtasis, con los ojos en blanco.

    Entonces entre los gritos, jadeos, gemidos que hacíamos y el sonido de mis nalgas chocando contra la pelvis de Pablo escuché la puerta del cuarto cerrarse y giré mi vista rápidamente. En la puerta estaba parado Luis con su verga en la mano, se estaba masturbando, viéndonos.

    El terror invadió mi cuerpo, me puse pálido como si estuviera viendo un fantasma, mi cuerpo se tensó de inmediato, habíamos sido descubiertos y mi situación era sumamente comprometida y no había forma de poder explicarlo, me estaban dando por el culo y vestida de nena.

    Pablo se dio cuenta de mi turbación y volteó la cara y con mucha tranquilidad saludó a Luis, todavía con su verga en el fondo de mi culo.

    – Hola Luis, ¿qué tal?, Pensé que te habías ido a tu pueblo.

    – Vaya fiesta que tienes montada con Ariel y no invitas a los amigos, que cabrón eres, egoísta. Que bien le entra, se ve que le encanta que le den por el culo.

    – Ja, ja, le encanta, pero yo la desvirgué- Contestó con orgullo Pablo,

    – ¿No es así princesa?- añadió Pablo al tiempo que reiniciaba sus embestidas y entre gemidos asentí con la cabeza.

    – Pero pasa, no te quedes parado, ven te invito a disfrutar también, te aseguro que nunca has probado un culo como este, es la mejor hembra que me he cogido en mi vida.

    Pablo se acercó a la cama y se fue desnudando.

    Lo que pasó después lo cuento en el siguiente relato.

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    Relato anterior:

    “Me rompen el culo en un viaje en autobús”

  • La sombra de Elina (Memorias de Xanadú)

    La sombra de Elina (Memorias de Xanadú)

    Buenas, les recomiendo que lean toda mi serie de Memorias de Xanadú para comprender mejor este relato de la serie.

    Elina despertó al alba, después de realizarle un oral a sus amos y caer rendida a los pies de su cama fue transportada a su habitación y ahí durmió. Salió de su habitación con intención de dar un paseo, sin embargo no deseaba darlo sola, necesitaba sentirse protegida en ese castillo terrible, pensó primero en Velimount y posteriormente en Ishtar, ellos aunque no le parecían completamente confiables eran lo más parecido a alguien que la quisiese (la palabra «amos» le pasó rápidamente por la cabeza, cosa que la turbó), era evidente que Tollan la había olvidado y nadie en toda Xanadu iría a buscarla.

    -Mierda- Dijo mientras esto pasaba por su cabeza, nuevamente había pensado en su esposo, en ese maldito mentiroso traidor, lo odió por primera vez, su solo recuerdo le lastimaba, se preguntaba como podía haber sido tan estúpida para creerle, vaya héroe, rápidamente esbozó su venganza y esta tenía forma de Velimount (más específicamente su gran pene, Elina se sonrojó al imaginarselo), vaya que estaba empezando a enamorarse de él.

    De cualquier manera no encontraba a nadie por las cercanías, miro su brazalete y pensó en tocarlo y pedirle a Velimount que le acompañara, sin embargo antes de que pudiera tocarlo dobló el pasillo hacia la izquierda, en dirección a los jardines interiores de Deadtouch y se topó con una monstruosidad, un cuerpo verde enorme, musculado, sin embargo femenino, grande en comparación al delgado cuerpo de Elina, aunque en pechos se parecíanal de ella, su culo, de lo que parecía ser una orco (Elina jamás había visto una mujer orco) era bastante más grande. Elina no lo sabía pero estaba viendo a Ur’ruk momentos después de haber entregado a Tollan a sus amos en el salón de los tronos.

    Ur’ruk había sido comendada a guardar las puertas del gran recinto mientras los demonios «conversaban» con Tollan, sin embargo el morbo de ver a Tollan humillado y sabiendo que los demonios podrían hacer que este se desnudara habían hecho que abandonara su puesto y se acercará silenciosamente al balcón que conectaba los patios interiores con el gran salón.

    Elina estuvo a punto de ver a su esposo acercarse a Ishtar con el pene erecto, sin embargo llamó primero su atención la orco, que en su éxtasis estaba masturbándose frenéticamente, Elina veía los masivos pechos de Ur’ruk bambolearse debido a la velocidad con la que movía su brazo, su mano libre tapaba su boca y sus ojos, cerrados, la hacían ver como una total pervertida en un marco de éxtasis total. Elina apreció la mano verde y curiosamente fina de Ur’ruk jugar a prisa con su clítoris rosado y abrir sus labios mayores y menores exponiendo por completo su vulva, estaba mojadisima y pidiendo verga.

    Cómo sea, Elina, al estar embobada con tremenda visión tropezó y cayó, no fue un sonido demasiado fuerte, la pelirroja apenas se hizo daño, un ligero raspón en la rodilla que produjo una ligera capa de sangre, con eso fue suficiente para sacar de sus eróticas cavilaciones de Ur’ruk, el olor de la sangre y el sonido ligero llamó demasiado su atención. Abrió los ojos y la vio, una mueca de enojo y miedo se formaron en su cara, Elina no noto el miedo, solo noto a esa «monstruosidad» bastante sexy acercarse a ella a grandes zancadas y tomándola por el cuello con su mano humeda de flujo la llevó a los jardines, fuera de la vista de Velimount, Ishtar y Tollan, allí la sentó y con una mirada penetrante y con sus manos aún en el cuello de Elina preguntó

    -¿Qué haces aquí zorra?

    Elina confundida titubeó

    -Yo… no… yo…

    Ur’ruk soltó un poco su cuello pero aún la sostuvo firmemente

    – No tienes permiso de estar aquí perra, los amos no te quieren aqui

    -Pero yo solamente salí a caminar, nadie me dijo…- y ahí fue donde Elina lo comprendió, comprendió que ella era la guardia y no había estado cumpliendo sus obligaciones

    -Suéltame o le diré a «los amos» lo mal guardia que eres y me aseguraré que sepan cómo me has tratado

    La cara de Ur’ruk cambió, primero el miedo la sobrecogió, sin embargo se relajó y soltó una larga carcajada -Jajaja- miró a Elina retándola -¿Tu crees, perra, que una basura como tú tiene voz y voto ante los amos?- aún así soltó un poco más a la humana, ahora parecía que solamente la posaba sobre su mano resbalosa sobre su cuello

    Elina sonrió ante el aire dubitativo de la orco y prosiguió

    -¿Ves este brazalete? Es un regalo de Velimount, el siempre me hará caso, y más ante una simple orca (Elina evidentemente no conocía el gentilicio de los arcos) tan detestable como tú- la sombra que hasta hace un momento podía parecer normal que se desprendía de Elina ahora parecía más grande, a cada palabra se iba haciendo más oscura

    -Ahora zorra orca, más te vale que te refieras a mi con respeto pues yo soy la zorra personal de los amos y por ende soy superior a ti- su voz cambió a la par de la sombra, cada vez más arrogante e imponente.

    Mientras tanto Ur’ruk había empezado a achicarse, reconocía la oscuridad y el mal creciendo en Elina y eso aunado a el miedo ya existente a los amos la habían hecho achicarse cuál perrita lastimada, finalmente soltó a Elina y dió un paso para atrás, juntó sus manos en la espalda, bajo la cabeza y susurró

    -Lo siento señorita Elina

    Estás palabras rompieron el hechizo oscuro que invadía le mente de la pelirroja y está sintió una terrible confusión respecto a lo que acababa de pasar, sin embargo sabía que ahora estaba en la mejor posición, ahora podía irse libremente y olvidarse de esa despreciable mujer orco, sin embargo algo durante su trance oscuro la había cambiado, ahora se sentía muy caliente, sus pezones molestaban bajo su albornoz negro que los demonios le habían proporcionado. Ahora que veía a la orco semidesnuda recordó hace esos breves momentos cuando la cachó masturbándose y se sorprendió mojada.

    -¿Se encuentra bien señorita?- dijo Ur’ruk con un hilo de voz al notar los pezones erectos y la mirada lujuriosa que Elina le lanzaba.

    Elina no respondió, simplemente tomó por el cuello a la mujer orco, la pegó a uno de los pilares que rodeaban el jardín y la besó, la escena era impactante una mujer humana de 1,68, delgada y bella tomando por el cuello con una mano y por el coño con la otra a una orco de 1.89, fornida y semidesnuda y ambas besandose con pasión y desenfreno.

    Elina deseaba dominar a la zorra que tan mal la había tratado, nuevamente la sombra, por detrás, creció, y así lo hizo, Ur’ruk sintió como la ponía a cuatro patas sobre la banca que estaba a un lado del pilar, Elina luego comenzó a explorar la vagina de la mujer orco con la mano. Empezó pues a masturbarla, hacia un lento mete-saca y de vez en cuando le pegaba una nalgada

    -¿A quien le dijiste zorra y perra, orca estupida- resonaban las nalgadas cada vez más fuerte en el jardín

    -Respondeme sucia orca puta- Elina hablaba firmemente, no gritaba pero parecía a punto

    -A nadie, a nadie señorita Elina- respondía entre jadeos Ur’ruk, ella se quejaba pero a la ves estaba chorreando, la saliva escurría de entre sus labios así como el flujo caía por sus piernas y salpicaba con cada nalgada

    -¿Señorita? Para ti soy ama Elina ¿Está claro?- sus nalgas abundantes estaban ahora rojas y las manos de su ama ahora estaban marcadas en ese imponente culo.

    -Si ama, siiiii- Ur’ruk se corrió abundantemente cuando Elina regreso a masturbarla después de castigarla, sin embargo ella ya había causado demasiado placer y no había recibido nada a cambio -esto va a cambiar ahora mismo- pensó.

    Y sin darle un respiro a la orco la tomo del cabello y la acerco a sus pechos cubiertos por el albornoz, la hizo chuparlos y morderlos para finalmente desprenderse de su ropa y sin darle tiempo a respirar reanudar su faena en sus masivos melones, de vez en cuando ella misma peliizcaba los pezones de la orco y esta soltaba gemidos o muecas de dolor, depende de que tan fuerte Elina jugará con ellos, cuando estuvo satisfecha, dirigió a la zorra a su vulva, Ur’ruk comenzó a lamer y chupar como si su vida dependiese de ello, Elina genia y gemía como hacía tiempo no lo hacía, nuevamente recordó el grandioso sexo que había tenido aquella mañana con Tollan, sexo que ahora se sentía tan lejano. Esto enfureció a Elina nuevamente y luego de darle una sonora cachetada a Ur’ruk tomó sus cabellos y la apretó más contra su sexo para finalmente correrse y mojar completamente su cara.

    Elina estaba muy cansada, dejó a Ur’ruk desmayada en el jardín y regresó a su cuarto, sintiéndose extraña, extraña a si misma, sabía que esa no era ella, ella no era dominante…

    Tales gemidos ocurridos en el jardín interior hubieran sido escuchados en el salón de los tronos, «el Gran Recinto» si Ishtar no hubiera estado gimiendo con la misma intensidad a causa de Tollan…

    Pues he regresado después de mucho tiempo, quiero continuar con esta serie y de verdad me motiva mucho que califiquen mi relato, por eso les pido que lo hagan, así me dan a entender que les gusta la historia y que puedo continuar escribiendola, saludos.