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  • Sugar baby (Parte 2)

    Sugar baby (Parte 2)

    Hacía ya varios meses que Lorena se había instalado en el piso de Luis. La verdad es que estaba encantada con su nueva vida. Acudía regularmente a sus clases en la universidad y estaba obteniendo óptimos resultados en sus estudios. El piso era amplio y cómodo, mucho más que la sórdida habitación compartida de la residencia de estudiantes en la que estuvo su primer año. Luis le pasaba mensualmente una asignación que le bastaba de sobras para sus gastos e incluso algún capricho que otro. Y todo a cambio de follar con él, casi cada día, lo cual le encantaba. También le acompañaba a una de sus cenas de negocios de vez en cuando. El sexo había derivado a prácticas algo más duras que al principio y con frecuencia incluía la penetración anal, pero Lorena había aprendido a disfrutarlo e incluso lo prefería.

    Las cenas eran con socios o clientes de Luis, hombres ya maduros como él, sobre los 50 años. Resultaban bastante aburridas para Lorena, puesto que la mayor parte del tiempo se la pasaban hablando de negocios y no sabía muy bien qué pintaba ahí. Luis la presentaba como “una amiga”, pero la forma en la que la solían mirar los comensales, con una sonrisa lujuriosa, le hacía sospechar que todos sabían en qué consistía su amistad con él. De hecho en alguna ocasión, aprovechando la ausencia o distracción de Luis, alguno de esos hombres le metía mano o le hacía algún comentario lúbrico. Ella se sentía incómoda con esas actitudes, pero cuando se lo comentó a Luis, éste le quitó importancia: “ya sabes cómo somos los hombres – le dijo – y un pibón como tú es normal que provoque estas reacciones”.

    Algún fin de semana Luis no iba a casa de su familia, con su mujer y su hijo, y se quedaba con Lorena en la capital. En una de estas ocasiones, Luis le pidió que la acompañara a una cena con un socio. Como siempre en estas ocasiones, Lorena se puso uno de los elegantes y carísimos vestidos que Luis le había comprado y se dispuso a pasar una aburrida noche oyendo hablar de inversiones y beneficios. Sin embargo, cuando llegaron al exclusivo restaurante, en la mesa para cuatro se encontró ya sentados a una pareja. Él era un socio de Luis que ya había conocido anteriormente. Ella era una chica joven, algo mayor que Lorena, de 22 o 23 años. Era mulata, de pelo rizado, piel canela, unos preciosos y grandes ojos almendrados, labios carnosos, unos espectaculares pechos e igualmente llamativo trasero. Luis hizo las presentaciones:

    A Borja ya lo conoces de alguna otra cena y esta es Paula, “una amiga” de Borja. Paula, te presento a Lorena, “una amiga” mía.

    Lorena besó las mejillas de Borja y Paula y se sentaron a la mesa. La cena discurrió más animada de lo habitual para Lorena. Enseguida conectó con Paula, que como ella era estudiante universitaria y con intereses y aficiones similares a los suyos. Le quedó claro que debía tener con Borja un acuerdo parecido al que tenía ella con Luis. Por su parte, ellos se abstuvieron de hablar de negocios y se centraron en temas que les pudieran interesar a todos, los estudios de ellas, viajes, deportes, aficiones. Los exclusivos vinos que se solían consumir en estas cenas fluyeron con especial abundancia y a la hora de los postres estaban todos bastante achispados, especialmente las chicas. Luis les propuso ir a su piso a tomar una copa y a todos les pareció bien.

    Ya sentados en el amplio sofá de la sala del piso, ellas en medio, Luis y Borja uno a cada lado, brindaron con Moet Chandon por su amistad. Borja sacó entonces una bolsita con un polvo blanco y propuso compartir unas rayas. Luis y Paula aceptaron enseguida. Lorena nunca había esnifado coca, pero para no parecer mojigata también se apuntó. Poco después de meterse el tiro, sintió como el corazón se le aceleraba y una especie de cosquilleo parecido a la excitación le recorría todo el cuerpo, especialmente en la zona de su sexo y su vientre y de sus sensibles pezones que se endurecieron inexplicablemente. Se le contagió la risa tonta de Paula. Las dos chicas se miraron, aun riendo y entonces Paula acercó sus labios a los de Lorena y los besó. No era la primera vez que se besaba con otra chica y aquella mulata le había gustado desde el momento que la vio en el restaurante, así que correspondió al beso. Sus bocas se fundieron en un dulce morreo, que pronto se vio acompañado de caricias mutuas. Paula acariciaba los firmes pechos de Lorena por encima del ajustado vestido y Lorena la abrazaba buscando las preciosas nalgas respingonas. Paula empujó suavemente a Lorena para que se tumbara sobre el sofá, bajó su vestido por los hombros y soltó el sujetador para dejar los preciosos pechos de Lorena libres y al alcance de su boca, los lamió, chupó y mordió los pezones como si del más exquisito de los manjares se tratara. Los dos hombres contemplaban complacidos y con creciente excitación el espectáculo que les estaban ofreciendo las chicas. Lorena, de naturaleza más bien sumisa, dejó que Paula llevara la iniciativa. Ésta acabó de quitarle el vestido a Lorena que se quedó sólo con un minúsculo tanga negro. La mulata se deslizó para arrodillarse en el suelo y tener al alcance de su boca la entrepierna de Lorena, apartó la sutil tira que apenas tapaba los labios vaginales y empezó a lamerlos. Aunque Luis le comía el coño a menudo y era un experto en ello, Paula lo superaba. Seguramente al tratarse de una mujer, entendía mejor los mecanismos del placer de su compañera y sabía cómo y dónde lamer, chupar y morder. Los gemidos y espasmos de Lorena así lo testificaban. Los dos hombres no pudieron quedarse inmutables ante los lujuriosos quejidos y contorneos de Lorena: Luis empezó a acariciar sus sensibles pechos, cuyos pezones erectos apuntaban hacia el cielo clamando ser chupados y pellizcados. Borja empezó a desnudar a Paula, que seguía comiendo glotona el coño chorreante de Lorena. Una vez desnuda “su amiga”, Borja pudo comprobar que la vulva de Paula también estaba empapada, sus dedos separaron los labios vaginales de la mulata y empezó a pajearla, a lo cual ella respondió meneando excitada sus imponentes caderas. Lorena por su parte, estiró su mano hasta alcanzar la entrepierna de Luis, sentado a su lado, y acarició el endurecido bulto que deformaba el pantalón. Lo desabotonó para permitir que la hermosa polla de Luis emergiera y ladeando la cabeza, empezó a mamarla ávidamente. Borja intensificó el mete-saca de sus dedos que chapoteaban dentro de la dilatada vagina de Paula, cuya reacción fue acelerar los lamidos de su lengua y sus labios sobre el palpitante coño de Lorena. Todo ello, catalizado por los efectos de la cocaína, desencadenó el orgasmo de ambas chicas. Los flujos que manaron del sexo de Paula cubrieron la mano de su mentor y sus propios muslos y los de Lorena fueron a parar a la boca de la mulata. No les dio tiempo a las chicas a saborear la dulzura de la relajación tras el clímax, puesto que sendas vergas inflamadas, erectas y venosas, reclamaban su atención. Cada una se arrodilló entre las piernas de sus correspondientes mentores para mamar con sonoras chupadas sus pollas. Borja propuso entonces a Luis compartir a sus chicas. Lorena supuso equivocadamente que lo que proponía era un intercambio, pero pronto entendió de qué se trataba, puesto que Paula, más experimentada en aquellos juegos, apartó a Lorena para que se sentara junto a Luis y sentándose a horcajadas sobre él, guio su ensalivada verga hasta engullirla con su coño abierto. Borja entonces, se colocó detrás de ella y sin demasiados preliminares, clavó su polla en el apetitoso culo de la chica. Mientras recibía esta doble penetración, Paula morreaba a Lorena compartiendo con ella los sabores de su propia corrida y los del sexo de Borja. Se notaba que no era la primera vez que los dos hombres “compartían” una mujer, puesto que sus pollas estaban perfectamente sincronizadas, de forma que cuando una entraba en una de las cuevas de placer de Paula la otra salía, alternando las penetraciones vaginal y anal. Ella no dejaba de gemir cuando no le estaba comiendo la boca a Lorena, y se corrió un par de veces antes de que ambos hombres lo hicieran. Después de esa bacanal de sexo, sí que se tomaron un descanso. Se descorchó una nueva botella de champán francés y se tendieron nuevas líneas de coca para reanimar la fiesta. “Ahora tenemos que compartirte a ti, Lorena” dijo Luis “Los socios lo compartimos todo, pero antes tendréis que ponernos a tono de nuevo”. Las hábiles mamadas de ambas chicas, en eso Lorena no tenía nada que envidiar a Paula, pusieron de nuevo en condiciones las vergas de ambos hombres, también ayudados por el efecto de la cocaína y el viagra que habían tomado esa noche previendo la orgía. Entonces Lorena se colocó a horcajadas sobre Borja y fue Paula quien guio la polla de éste hasta la entrada de la aún babosa vagina de su compañera. También guio la polla de Luis hacia el ojete de Lorena cuando este se colocó en posición. Aunque el alcohol y el perico la obnubilan, sentía cierto temor a esa perversa práctica, que temía que resultara muy dolorosa. Además algo en el fondo de su nublada conciencia le decía que estaba superando un límite, que realmente ahora sí que se estaba comportando como una puta. Pero la doble penetración resultó ser de lo más placentera gracias a la práctica de ambos hombres y a que su ano ya estaba amoldado a las penetraciones. Perdió la cuenta de los orgasmos que tuvo antes de que Borja y Luis se corrieran, puesto que esta vez tardaron bastante más que con Paula.

    A la mañana siguiente Lorena se despertó en la cama, junto a Luis, ya pasado el mediodía, con un terrible dolor de cabeza, su culo y su vagina también doloridos. Un angustioso sentimiento de culpabilidad le remordía la conciencia. Se sentía sucia y pervertida. Sin embargo, la jovialidad y buen humor de Luis cuando se despertó le ayudó a olvidar esa sensación, se dejó mimar por su maduro compañero y pasó un agradable fin de semana con él. Además, pensó, aquello había sido algo puntual y le costaba pensar en abandonar la vida regalada que estaba disfrutando desde que estaba con Luis.

    Empezó la semana con poca energía, faltó a unas cuantas clases en la facultad y apenas se pudo concentrar para estudiar en casa, a pesar de que la semana siguiente tenía un importante examen. Luis en cambio, estaba pletórico de energía, parecía que la orgía del fin de semana le había aumentado la líbido. Cada día quiso follar y especialmente follar su culo. Ella, como solía hacer en estas ocasiones, se dejaba llevar, aunque después de la experiencia del fin de semana, no llegó a disfrutar tanto como solía hacerlo y sólo se corrió una vez en toda la semana. Aunque le costaba admitirlo, echaba en falta el efecto que la coca había tenido en ella. No podía dejar de pensar en las sensaciones que le había producido, la tremenda excitación y cómo había acabado empalmando un orgasmo tras otro mientras Luis y Borja la follaban.

    Cuando el viernes por la tarde Luis se despidió de ella para irse el fin de semana con su familia, Lorena se sintió sola y desamparada. Sabía que ese fin de semana debería dedicarlo a estudiar, pero no se sentía con fuerzas. Entonces empezó a rondarle una idea. Quizás un poco del polvo blanco le ayudaría a animarse y darle energía. Aunque sabía que aquello era un despropósito y no tenía sentido, una y otra vez se le venía a la cabeza y cuando ya anochecía, llamó a Borja:

    Hola Borja, soy Lorena, “la amiga” de Luis.

    ¡Hola preciosa! Que alegría que me llames. ¿Qué tal todo? Luis me dijo que este finde estaría fuera de la ciudad.

    Si, se fue esta tarde. Yo me lo tengo que pasar estudiando, la semana que viene tengo un examen… estooo, te llamaba porque me está costando mucho concentrarme y ando muy cansada y pensaba que quizás un poco de lo que nos diste el finde pasado me podría ayudar.

    Jajaja, claro que sí, seguro que una rayita te animará. Pasate por mi casa y te doy un poco. Te envío la ubicación por Whatsapp.

    Tras colgar el teléfono, Lorena se dijo a sí misma que aquello era una locura, pero ya era demasiado tarde y en un momento estaba subida a un taxi de camino a la casa de Borja. La recibió en su piso sonriente. Era un enorme y lujoso piso ubicado como el de Luis en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. La hizo pasar al amplio salón y se sentaron en el sofá.

    Así que te has quedado solita este finde. Ya somos dos, Paula tuvo que irse a ver a su familia, que la echaban de menos.

    Seee… yo también debería ir un día de estos, hace meses que no voy. Pero de momento tengo que concentrarme en los exámenes.

    Sí, claro, lo primero es lo primero…y por cierto, aquí tengo lo que me pediste – dijo Borja agitando una bolsita llena de polvo blanco – a mí me apetece una rayita para inaugurar el fin de semana, ¿te apuntas?

    Ufff, yo lo quería para mañana, pero… .bueno, si tu vas a tomar, yo tomaré un poquito también.

    Borja preparó dos rayas sobre el cristal de la mesa. A Lorena le pareció que eran más largas que las que había esnifado la semana anterior, pero era novata en el tema y no tenía claro cuál era la dosis conveniente, si es que existía alguna adecuada. El subidón tras esnifar aquella raya de coca fue brutal. De nuevo sintió que su cuerpo vibraba de excitación, sus pechos se endurecieron y sus pezones erectos le dolían de tan sensibles que estaban. Tuvo que apretar sus piernas cruzadas para contener el cosquilleo que hacía temblar su sexo. Borja sabía muy bien cuál sería la reacción que provocaría en Lorena la droga. Ya había comprobado la semana anterior que al igual que Paula, Lorena era del tipo de mujeres que se ponían intensamente cachondas cuando esnifaban.

    Y precisamente esa era su intención. Sin mediar palabra, se inclinó hacia ella y empezó a besarla mientras acariciaba suavemente sus sensibilizados pechos. Lorena no se sorprendió, de hecho estaba deseando que Borja tomara la iniciativa. Correspondió al beso entregando sus labios y su boca. Mientras se morreaban, él empezó a desabotonar la blusa de Lorena y luego sus vaqueros. Le soltó el sujetador y mientras le comía las tetas, su mano se deslizó sobre su vientre para ir a explorar la mojada entrepierna. Lorena arqueó su espalda para entregar sus pechos erguidos de deseo. Gimió de placer cuando los dedos de Borja apartaron la tira de su tanga y penetraron en su ardiente y empapado coño. A él le encantaba tener entre sus manos aquel “juguete sexual” a su merced.

    Siguió chupando y mordiendo los pezones tiesos de la chica y masturbandola suavemente, lo suficiente para incrementar su excitación, pero no para provocar su orgasmo. Entonces se separó de ella para tomar un trago de la copa que tenía sobre la mesita y se acomodó sobre el sofá, como para tomarse un respiro. Lorena estaba a mil. Su vulva estaba totalmente empapada al igual que la tira de su tanga. Sus pechos erguidos con los pezones apuntando al cielo. Necesitaba que aquel hombre la follara duro. Ansiosa por conseguirlo, se inclinó sobre él para desabrochar su pantalón y sacar su polla que emergió ya erecta. Mamó golosa la verga mientras pajeaba el tronco con sus dedos. Borja sostenía la cabeza de Lorena entre sus manos, primero dejando que ella marcara el ritmo de las chupadas para ir tomando paulatinamente el control, hasta acabar follándole la boca. Le apretó la cabeza hacia abajo hasta clavar su polla en la garganta. Lorena se ahogaba en arcadas. La saliva que fluía por su nariz y la comisura de sus labios acabó empapando el pubis y los huevos de Borja. Después de sujetarla de esa forma unas cuantas veces, soltó su cabeza. Lorena recuperó el aliento y tras lamer los huevos y la polla, se deslizó sobre él para cabalgarlo. Ni siquiera se quitó el tanga. Apartando la empapada tira que apenas tapaba su vulva, sujetó el deseado falo colocando el glande entre sus labios vaginales y dejó caer sus caderas para penetrarse con él. Lorena subía y bajaba las caderas para follarse y calmar su ansia. Su vagina se contraía de placer cada vez que se dejaba caer hasta que sus pubis se tocaban y la polla la llenaba. Cuando Borja estiró las manos para estrujar las tetas de Lorena y pellizcar sus pezones, ella se corrió descontroladamente. Las convulsiones de la chica se prolongaron un par de minutos, como si varios orgasmos se encadenaran uno tras otro. Acabó tumbada sobre el pecho de Borja, aún estremeciéndose de placer.

    Él entonces se deslizó a un lado para salir de debajo de ella y dejarla tumbada sobre el sofá y se colocó a su espalda, la agarro de las caderas para levantarlas y tener mejor acceso a su dilatado y chorreante coño y empezó a follarlo como si no hubiera un mañana. Las enérgicas embestidas producían un sonido de chapoteo cada vez que la polla se sumergía dentro de la inundada vagina. El vaivén de la nudosa verga dentro de su coño volvió a poner cachonda a Lorena que empezó a menear excitada sus caderas al compás que marcaba la polla de Borja. Él contemplaba el hermoso culo de la chica sin parar de follarla. Separó sus nalgas para contemplar su agujero trasero y escupió sobre él. A continuación sacó su polla del coño y la empujó sobre el oscuro agujero. Lorena, ya acostumbrada a ofrecer su culo, relajó su esfínter y el grueso glande se abrió paso dentro del ano de la chica. Lo estrecho y acogedor de aquel conducto hizo que Borja pronto derramara su semen dentro de él, acelerando las embestidas y gruñendo de placer. Cayó agotado a un lado de Lorena, que tumbada de barriga sobre el sofá sintió como del dilatado agujero de su culo manaba el abundante semen y se escurría por sus muslos mezclado con sus propios flujos. Ella no había llegado a correrse y su coño palpitaba de deseo. Borja tardó en recuperarse, pero contemplar a aquella hermosa criatura desnuda sobre el sofá, que seguía meneando excitada sus caderas, mostrando sus agujeros abiertos y brillantes de flujos, hizo que de nuevo la deseara. Tras esnifar ambos de nuevo, se trasladaron al dormitorio de Borja para retomar sus juegos amorosos. O quizás sea mejor decir, juegos sexuales, puesto que de puro sexo se trataba, sexo duro y placentero para los dos. De nuevo hubo un profuso intercambio de fluidos y de orificios de Lorena penetrados, que le produjeron varios orgasmos y que concluyeron con la corrida de Borja, esta vez en la boca de ella.

    Cuando a la mañana siguiente se despertó en la cama de Borja, el estado de Lorena era deplorable. Su cabeza palpitaba como si fuera a estallar. Cuando se levantó, tuvo que correr al baño a vomitar. Se juró a sí misma que aquello no volvería a suceder, que nunca más probaría la coca. Como Borja seguía durmiendo plácidamente, se duchó, se vistió y se fue al piso de Luis. Se pasó el resto del fin de semana enclaustrada, intentando estudiar, aunque su estado mental no era el más apropiado para concentrarse en sus libros y apuntes. De nuevo le agobiaban los remordimientos de conciencia. Temía que se estaba enganchando a la cocaína y además en cierta forma había engañado a Luis. Aunque ya hubiera follado con Borja la semana anterior, fue en presencia de Luis. Esta vez era diferente. No sabía cómo se lo tomaría su mentor y dudaba si contárselo.

    Continuará. Agradeceré vuestros comentarios y sugerencias de cómo debería continuar el relato. Los podéis dejar aquí o enviármelos a mi correo electrónico ([email protected]).

  • Volverte a ver

    Volverte a ver

    Kiko no pudo reprimir su sorpresa al encontrarse con Lucía después de tanto tiempo.  ¿Cuánto había pasado?, ¿veinte años? A pesar del tiempo, ella seguía estando estupenda a sus 40 primaveras. No había tenido hijos y había tenido una vida laboral cómoda trabajando para aquella gran superficie de electrónica, entre Sevilla y Las Palmas. Kiko, con medio siglo de vida a sus espaldas tampoco se mantenía mal. Sólo las canas daban fe del paso del tiempo… bueno, las canas y una muy incipiente barriguita. La altura y el porte que tenía al andar ayudaban a disimular.

    A Lucía casi le molestó un poco que Kiko no la reconociera a primera vista una vez que lo abordó en el pasillo de los televisores. Pero Kiko ya tenía edad para no ser políticamente correcto y saber pedir perdón si metía la pata. Lucía pensó que al menos era sincero y terminó por pasarlo por alto. Su relación había terminado de manera abrupta, la manera en que descubren las mujeres las infidelidades. Una factura de teléfono con más importe del debido, llamadas que Kiko que no atendía, y algún que otro WhatsApp altamente sospechoso… Lucía estaba muy enamorada de Kiko, llegó a asumir que no quisiera casarse, que no le gustaran los niños, o querer vivir juntos a pesar de que los padres de ella estuvieran muy chapados a la antigua, y eso a ella le influyera mucho. Lucía no tenía mucha experiencia en el sexo, sólo había tenido una relación, y aunque no era una mojigata, tampoco experimentó muchas cosas hasta que entró Kiko en su vida. Él no era un maestro, pero sus ganas de probar y su imaginación, se unieron a la curiosidad de Lucía como el hambre se une a las ganas de comer. Bondage, un intercambio con otra pareja, el trío con John -aquél negro que conocieron en Badoo-, o el lésbico con Nina, una chica rusa que Kiko conoció en la academia de idiomas. Hasta Lidia, la hermana de Lucía, estuvo en la imaginación calenturienta de Kiko; Lucía se llegó a molestar cuando Kiko le confesó que no le importaría hacer un trío con ellas, a pesar de dejarle muy claro que se trataba sólo de sexo. Todo eso probaron en los cuatro años que estuvieron juntos. Todo eso, hasta que Irene se cruzó en el camino de Kiko, y éste no se sabe muy bien porqué, pero perdió la cabeza por ella. Aun así Kiko nunca dejó de pensar en Lucía.

    Mientras tomaban un café en la terraza del centro comercial, se pusieron al día. Kiko seguía casado con Irene, tenían una hija en la universidad y una vida estable. Lucía al contrario, tuvo dos relaciones todas fallidas, la última de ellas terminó en divorcio. Ella le confesó que lo había visto varias veces caminando con su mujer por el paseo marítimo, pero que nunca se acercó, ni se acercaría, a saludarlo estando Irene delante. Kiko lo entendía y no hizo comentario alguno.

    La entrada en el piso fue atropellada. A trompicones avanzaron por el pasillo sin dejar de besarse con la misma intensidad del primer día. Se desnudaron el uno al otro de forma torpe. No se decían absolutamente nada, sólo se besaban y se tocaban con desesperación. El piso vacío donde estaban era el mismo que usaron a veces hace veinte años para follar como animales. Los padres de Kiko se lo dejaron como herencia y estaba a la espera de una reforma para volverlo a alquilar. Lucía lo conocía bien, Kiko la llevaba todos los fines de semana, probando todas las camas, la bañera y hasta la terraza, donde en más de una ocasión algún vecino los había visto. La enorme cama de matrimonio seguía allí, y Kiko no dudó ni un minuto en tirar a Lucía de un empujón sobre el colchón. A Lucía le excitaba que Kiko le comiera el coño, de hecho el primero que lo hizo en su vida, fue él… hace veinte años. Estaba mojada, sentía la boca y el aliento desesperado de Kiko entre sus piernas, además del paseo descarado de su lengua por el clítoris y el perineo que le arrancaba gemidos y suspiros de placer. Uno… y otro… y otro… y otro más. Ella echaba fuera sus líquidos y Kiko los mezclaba con su saliva. Lucía se derritió de gusto cuando el dedo índice de Kiko entró en su vagina. Arqueó la espalda y lanzó un largo gemido de placer, mientras sujetaba la cabeza de su amante para que no se despegara. Sin pedir permiso alguno, Kiko llevó su dedo lubricado hasta el culo de Lucía, y estimuló la entrada. Los dos estaban como en un frenesí hasta que Kiko se puso de rodillas delante de ella, y levantando sus piernas, se las apoyó sobre los hombros. Sujetando su verga con la mano, la orientó hasta los labios vaginales de Lucía, y los rozó con el glande. Se desesperó, como se desesperaba cuando Kiko hacía aquella maniobra… hace veinte años. Y no se la metía hasta que ella le pedía a gritos que la follara, y que la rebosara con toda su leche.

    Cuando la penetró, lo hizo despacio buscando primero adaptar la vagina de su amante al tamaño de su órgano. Sin llegar a meterla del todo la sacaba, provocando la desesperación de Lucía. Cuando lo creyó conveniente, con un empujón de su pelvis la introdujo con fuerza arrancándole a su antigua novia un grito ahogado de placer. Kiko se abrazó fuertemente a las piernas de ella, y bombeó con fuerza hasta que el sonido del choque de ambos cuerpos, inundó la habitación.

    -¡Ah!… ¡ah!… ¡ah!… no pares, fóllame cabrón -le pidió Lucía, -dame fuerte pero no te corras dentro.

    -No has perdido las mañas, te gusta que te follen fuerte, ¡eh? -le replicó Kiko mientras el sudor le resbalaba por la sien.

    Cuando Kiko presintió el orgasmo, salió de ella y se masturbó terminando en una abundante corrida acompañada de un gruñido. El líquido caliente y viscoso terminó en las tetas de Lucía con el primer disparo, y el resto en el vientre. Hace veinte años eso hubiera terminado en un cabreo monumental por parte de ella, pero lo de Kiko fue instintivo. Se había acostumbrado a hacerlo, y dio por sentado que a su ex novia le gustaría. Lejos de enfadarse, Lucía se contuvo y aprovechando que Kiko se recuperaba, fue al baño a limpiarse. Cuando volvió, la verga de su antiguo novio había perdido algo de rigidez pero conservaba un buen tamaño todavía.

    -Joder -le dijo mientras miraba el trozo de carne con lujuria, –te mantienes en forma.

    -Más que mío, el mérito es de quien hace que esté así -respondió con una sonrisa irónica y mirando fijamente el cuerpo de Sandra. –Estás estupenda niña, sigues estando igual de buena. Me volvías loco.

    -Pues eso que te perdiste por jilipollas, -contestó ella mientras subía a la cama y se preparaba para un 69.

    Moviendo el cuerpo para asegurarse de que su sexo quedara a la altura de la boca de Kiko, cogió el miembro con la mano y se dispuso a regalarle a su amante una buena mamada. Se centró primero en el glande, estaba pringoso y con restos de semen y flujo vaginal. Lo rodeó con la lengua para provocar una erección y cuando lo consiguió, hundió el falo rígido y musculoso en su boca. Sintió el roce de la carne y el resalte de las venas en su lengua y en el paladar. Lucía se regodeó en su trabajo, mientras abarcaba con su boca el miembro de su amante, con su mano hacía un movimiento “masturbatorio” que sacaba de sus casillas a Kiko. Al mismo tiempo él daba buena cuenta del sexo de su ex novia. Con la punta de su lengua rozaba el botón esponjoso del clítoris de Lucía. Ella cerró los ojos y sentía como el placer la envolvía. Kiko no se detuvo sólo en el coño húmedo de ella, con el dedo corazón se aventuró en el ano. Lucía exhaló un largo suspiro.

    -¡¡¡Aaaah!!!…

    A Kiko le pudo el delirio, empujó a Lucía hacia un lado y la puso boca abajo. Colocó su verga endurecida en la entrada del ano dispuesto a vencer la resistencia del esfínter. Empujó suavemente mientras ella gemía y se agarraba con fuerza a la vieja sábana que cubría el colchón. Lucía notó como se iba abriendo paso en su interior. Un ligero pinchazo se mezcló con el placer y perdiendo todo recato, gimió en voz alta. Kiko aumentó la velocidad de sus embestidas a medida que el culo de Lucía se adaptaba a la medida de su pene. Ambos estaban completamente fuera de sí, y los jadeos inundaron la estancia. Un orgasmo intenso los invadió al unísono. Kiko expulsó el semen dentro de Lucía, y ella sintió el fluido viscoso en sus entrañas. Él saco su miembro y derramó unas gotas en la espalda de ella. Con un movimiento de su cuerpo, restregó la polla por los glúteos de Lucía.

    -Joder Lucía -dijo jadeante, -ha sido increíble.

    -¡¡Mmmm!! desde luego. Lo echaba de menos.

    Kiko se dejó caer hacia el lado de la cama mientras recuperaba el aliento. Lucía se puso a su lado, pero a diferencia de lo que hacían hace veinte años, no se abrazaron.

    Cuando Lucía abrió los ojos, ya era de noche. Buscó su teléfono móvil en el bolso, y comprobó la hora. Eran las ocho y media. Se giró y Kiko dormía profundamente. Se vistió, y antes de irse, escribió en un trozo de papel su número de teléfono. Le importó bien poco que estuviera casado, estaba segura que volvería a saber de él, lo iba a utilizar todo lo que pudiera. Como decía la canción de Malú, “tú has sido mi maestro para hacer sufrir, si te hago daño lo aprendí de ti”. ¿No dicen que el arte de ser mujer consiste en hacerle creer al hombre que lleva la batuta?… pues eso.

  • La extorsión: Le salió el tiro por la culata

    La extorsión: Le salió el tiro por la culata

    A través del tiempo, he tenido muchas relaciones con diferentes chicas y regularmente esto siempre pasa desapercibido. El caso de Kate fue único y esta es la excepción. Ella vino en un grupo de amigos de mi hijo que regularmente salían de vacaciones de primavera y pasaban toda esa semana en nuestra casa, pues además de tener una piscina de buen tamaño, también tenemos un río adyacente detrás en el terreno.

    Para abreviar en algo este relato, resulta que entre los muchachos bromeaban en cuanto darían por follarse a alguna de las chicas presentes y debo de decir que había por lo menos seis o siete en esa ocasión. Kate era una de esas y ella en son de broma dijo que no cogería con nadie a menos que le dieran $5000.00 en efectivo. Obviamente ellos no pensaban que yo los había escuchado, pues me mantenía en mi habitación en el segundo piso con las ventanas abiertas pues había una fresca brisa.

    Como al segundo día todos departían cerca de la piscina y yo me uní a ellos. La mayoría no eran mayores de edad para comprar alcohol, pero quien les pone reglas a muchachos de 18 años, después de encontrar ciertas libertades en ese camino universitario. Todos tomaban alcohol y de repente todos decidieron ir al río a excepción de Kate, pues se debía bajar por un camino con mucha maleza y Kate le temía a las culebras y bichos raros y se quedó conmigo en una mesa cerca de la piscina. Me recordé de lo que hablaban en broma días atrás y ya con un par de wiskis en forma de broma le decía a Kate: – La verdad que creo que vales los $5000.00 pero yo solo te podría ofrecer $2000.00.

    Pensé que se apenaría y lo único que observé fue un semblante de sorprendida y una sonrisa picara y le dio por mover su rodilla con si fuese un tic nervioso. Hubo una pausa de silencio pesado y por un momento pensé que había metido las patas donde no debería y comencé a sentirme algo incómodo. Para mi sorpresa en ese tono de broma Kate me replicó: -Si no está bromeando haría una excepción por usted.

    ¿Qué es lo que no le hice a esa chica que luego descubrí tenía 19 años? Lo único que se negó hacer esa tarde fue sexo anal, pues con toda seguridad ella decía que no podía por el tamaño de mi miembro. En lo demás fue muy participativa y en dos horas en mi habitación le dejé ir tres palos y la hice correr una media docena de veces. Lo que se me hizo extraño, fue que ella insistió en tomar video con su celular y solo le advertí que tuviera mucho cuidado con ello.

    Kate es de esas chicas de las que uno debe tener mucho cuidado y esa carita dulce en un cuerpo espectacular son de las mosquitas muertas que le pueden a uno crear problemas. Resulta que Kate pensó que Kashira y a quien mi hijo le llama madre, pensó que ella era mi esposa. Basado en ello intentó extorsionarme, amenazándome a través de texto en enviarle el video a mi supuesta esposa, sí es que yo no le daba una buena cantidad de dinero. La verdad que fue molesto y me desconcertó esa sorprendente actitud, pues nunca me había pasado algo similar. Lo estuve pensado y fue como me llegó la idea de la contra extorsión. La cité en un restaurante donde supuestamente le entregaría el dinero y fue cuando se dio cuenta que se había equivocado.

    – ¿Sabes que la extorsión es un crimen muy penalizado? De seguro mínimo son un par de años en la cárcel más todos los gastos legales a conllevar.

    – ¿De qué habla?

    – Hablo de que si quieres le puedes enviar el video a Kashira. Ella no es mi pareja, ella es mi hermana. Tan pronto salga de aquí levanto una demanda en contra de ti y con la evidencia que tengo de tus textos, pues hoy mismo te llevarían para la cárcel.

    Me levanté y la dejé sentada. Arrancando el carro y Kate que llega tocando el cristal del lado del pasajero. Medio abro la ventana y me dice con una voz nerviosa y tímida:

    – Disculpe… me equivoqué. Yo no haré nada.

    – Muy tarde para pedir disculpas. Mira, estoy dispuesto en ir a la corte, aunque eso implique que tenga que decir que te pague $2000.00 por haberte cogido, pero todo el mundo sabrá lo que realmente eres: Una puta que intenta extorsionar a sus clientes.

    La verdad que no tenía buen semblante. Aquella carita juvenil y angelical se miraba distorsionada. Su mascara o delineador se le despintaba por algunas lágrimas. Y la verdad estaba dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias, pero un diablillo me susurró al oído y me hizo recrear esa cogida que le había dado dos semanas antes y como se me antojaba cogerme ese culito redondo de esta preciosa niña. Kate no tienes grandes tetas y la verdad que son pequeñas, pero lo que no tiene en tetas lo compensa con un suculento culo. Ese día que me la cogía de perrito, le rogué para que me lo diera y me lo había negado y apenas le sobé el ojete con mis dedos. Ese día me dijo que con $2000.00 más me lo daba.

    Dos semanas después se encontraba llorando por la amenaza de mi demanda. Angustiada sin saber más que hacer o qué decir me dijo lo siguiente:

    – Mire… yo le voy a regresar su dinero, pero que quede todo así.

    – No… tú te quisiste aprovechar de una situación que, si bien hubiese sido cierta, ahora mismo me sentiría obligado a conseguir el dinero que me demandabas. Nunca imaginé algo así de ti.

    – Ya le pedí disculpas y ahora dependo de usted. Estoy dispuesta a hacer lo que usted me pida. No quiero estar en problemas.

    No lo pensé ni dos veces. Le pedí que se subiera en mi coche y me dirigí a un lugar de terrenos baldíos y que habían quedado a media construcción durante es recesión inmobiliaria a mediados de la primera década de este siglo. Ella no lo pensó ni se rehusó en subir. Solo se quedó callada mientras conducía. Me estacioné en un lugar desolado y que desde la calle principal no se podía divisar mi coche. Me vio que me desabotoné el pantalón y me bajé el cierre. Ella lo entendió con una pregunta:

    – ¿Quiere que se la mame?

    – Si… y lubrícala bien, porque este día si me vas a dar ese culo.

    – ¡Está bien… haré lo que usted me pida!

    Me dio una mamada que al principio tuvo sus altas y bajas, pero luego se convirtió en una más constante y excitante, tanto que parecía que también Kate la disfrutaba. Ella vestía unos jeans muy bien ajustados a su atlético cuerpo, que ella misma se los tuvo que bajar, pues era difícil maniobrar en mi reducido coche deportivo. Llevaba un bikini azul, el cual a pesar de que esta actividad sexual era forzada, ella parecía haber mojado sus bragas. Y mientras ella me mamaba la verga, yo le metía dos de mis dedos en su conchita y masajeaba su clítoris que estaba inflamado de la excitación. La verdad que pensé que no se excitaría y que todo aquello podría tomarlo ella como una mala experiencia. Mamando mi verga se corrió, pues le chaqueteé su clítoris sin cesar y había llegado a su orgasmo. Ella no dejó de mamar.

    Tenía mi verga y mis huevos bien ensalivados e incluso su saliva había llegado hasta mi ano y que me hizo sentir algo incómodo y entonces le pedí que se parara frente a la caperuza de mi Shelby, le subí una pierna apoyándola en el parachoques y comencé a follarle su conchita. Ella no decía mucho y solo se limitaba a jadear. Le pasé dando alrededor de unos diez minutos en esa posición y luego con mi verga en su conchita hice una pausa y de esa manera concentrarme a chaquetear su clítoris de nuevo. No estaba tan lejos de llegar a su segundo orgasmo y solo gemía prudentemente como para evitar que alguien la escuchara. Le pompeé su conchita hasta que le pasó su orgasmo y luego se la saqué dispuesto a sodomizarla.

    Kate sabía lo que le iba a ocurrir y sin saber que tanta experiencia tenía en el sexo anal, sin muchas consideraciones se la fui hundiendo, pues mi verga estaba tan lubricada y su esfínter puso poca resistencia y le deslicé la verga hasta que mi pubis chocó en sus nalgas. Solo dijo una expresión, pero sin oponerse a la invasión: ¡Cabrón… sí que me dolió! – No le di tiempo para pensar y la he remetido a un vaivén que solo escuchaba el golpeteo contra sus nalgas y como mi verga le hacía ese chasquido al entrar y salir. Ese culo se lo dejé abierto a no más dar, pues no tuve compasión de cómo se lo taladraba. Ya para correrme, se la saqué y me la chaqueteé yo mismo y le apunté a ese culo abierto y la gran mayoría de mi corrida se fue adentro de ese canal, el cual me di cuenta tenía un sangrado. Ella se limpió con sus calcetines, pues no teníamos otra cosa y yo me fui embarrado con olor a su concha y culo. La fui a dejar de nuevo al restaurante, esperando no volver a escuchar de ella.

    A los dos meses me envía un texto de que se encontraba embarazada y que debería ser mío, pues por ese tiempo solo había tenido sexo conmigo. No le di mucha importancia y solo le dije que haríamos una prueba de paternidad. La siguiente vez que se comunicó conmigo, me decía que había tenido un aborto espontaneo.

    Kate ha sido esa única chica incómoda o inconveniente. Quiso aprovecharse de una situación, pero el tiro le salió por la culata. La verdad que el tiro se lo metí en la culata y es todo lo que rescato de esta chica Kate, que finalmente salí con las mías y había disfrutado de ese rico y suculento trasero.

  • Con la maestra de muestreo

    Con la maestra de muestreo

    Cuando cursaba el sexto semestre de mi carrera universitaria, nos tocó una maestra de estadística y muestreo. Su nombre es Magda, gozaba de fama de ser algo enojona y de su gusto por reprobar a los alumnos a los que no soportaba. Ella tenía un puesto en el gobierno y solo iba ciertas horas a dar clases y se retiraba a su trabajo nuevamente. Por lo tanto muchos estudiantes antes de sexto semestre no sabíamos cómo era ella.

    Con todo lo dicho yo la imaginaba como la típica maestra regordete y amargada. El primer día de clases con ella, me lleve una sorpresa. Llegue al salón, obviamente acompañado de mis amigos y compañeros. A lo lejos en el pasillo se escuchaban unos tacones, el caminado era rápido y con fuerza. Dio la vuelta hacia el pasillo donde estaba nuestro salón y la vimos. Una mujer de aproximadamente unos 45 años, 1.75 de altura aproximadamente con los tacones, un pantalón negro de vestir pegado a sus piernas torneadas, caderas dignas de una latina, tez blanca, cabello rizado con un mechón blanco que bajaba hasta su hombro, cara afilada, nariz puntiaguda, y unos labios carnosos, ojos negros y un par de tetas que presumía en un ligero escote que mostraba lo bien cuidada de su figura.

    Así pasaron los días, ella hacia justicia a su reputación, era estricta, explicaba solo una vez y si no entendías estabas perdido. Me fascinaba ir a sus clases, no entendía nada, me la pasaba perdidamente hipnotizado en ese hermoso par de nalgas que siempre traía ajustadas en pantalones de vestir. Yo estaba más que perdido en su clase, no entendía nada y por varios roces con ella en cuanto diferencias de opinión decidí asistir lo menos posible y procurar estudiar por mi cuenta y esperar el examen extraordinario para tratar de aprobar la materia.

    En una de esas fiestas que organizaban los grupos estudiantiles para generar ingresos para algún viaje, me tope con varios compañeros de mi misma carrera que estaban más avanzados que yo, que ya habían pasado por las clases de la terrible Magda. Entre ellos estaba Neto, tipo moreno, alto, delgado, nada especial realmente. Hablando y bromeando me pregunto como me iba, le dije que bien, a excepción de la clase de Magda. Cuando la mencione pude ver como se reían, en un principio pensé que se burlaban de mi por no entender sus explicaciones o por estar batallando en entender el contenido. Neto dando un trago de cerveza saco su celular, abrió su galería y saco una foto de una chica en lencería negra.

    Le dije que la tipa estaba buenísima, pero no entendía que tenía que ver con Magda. “mírala bien” me dijo y al observarla detenidamente mis ojos y mi boca se abrieron. Era la maestra, miles de preguntas salieron de mi boca en ese instante. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? Y mas importante ¿Cómo? Neto puso su mano en mi hombro y como un maestro pasando el secreto a su nuevo discípulo me dijo “tiene debilidad por sus estudiantes”.

    Me dio algunos tips que seguir para tratar de conquistar a esa mujer. El lunes volvi a clases, me senté hasta el frente, tratando de que viera mis renovadas ganas de tratar de enderezar el barco, comencé a usar ropa un poco mas ajustada y a pesar de no tener un cuerpo de gym, en ese momento no estaba gordo y mi pene grueso se marcaba en mis pantalones ajustados. Me acercaba a ella y preguntaba cosas, procurando pegar lo mas posible mi bulto a ella. Poco a poco vi como su trato hacia mi pasaba a ser más ameno. Su esposo también daba clases en la facultad, era un tipo francamente aburrido, obviamente era brillante, había publicado varios libros y tenía más maestrías que muchos maestros combinados. Yo comenzaba a mandarle mensajes en privado a Magda, la entrada era preguntarle algo de clase, eso daba lugar a conversaciones sobre otros temas. Mientras me explicaba ella preguntaba temas personales, preguntaba si tenía novia, si mi vida sexual era activa entre otros temas. El último paso que me dio Neto fue… cuando empiecen a hablar más amenamente finge que no entiendas nada, aunque si lo hagas. Y así lo hice, casi a final de curso. Al no “entender” nada ella me dijo que necesitaba explicarme cara a cara, unas asesorías personales, le dije con gusto, ella me cito un miércoles en la tarde en su casa. Siguiendo los consejos, rasure todo mi pene y aéreas cercanas, los consejos de Neto eran no tener nada de vello. Llegue a su casa, una casa grande en una colonia de la ciudad donde habitaban personas de clase media-alta. Toque el timbre, escuche su voz adentro decirme “ya voy”. Yo estaba nervioso, en mi mano llevaba mis materiales y siendo honestos mi pene ya mostraba una erección considerable que trataba de ocultar con mi cuaderno enfrente de mi pene.

    Abrió la puerta, ella llevaba la misma ropa que en la mañana que nos dio clases. Eso me decepciono un poco, pensé, tal vez yo sería la excepción y no lograría tener sexo con esa mujer. Me dio una mirada como inspeccionándome, me dijo pasa y pasamos a su estudio, ahí tenía un escritorio y unos libros. Tome asiento y por las siguientes dos horas repasamos todo lo visto en el semestre. Acabamos, yo estaba harto, ya quería irme y matarme a pajas. Ella se levanto y en voz baja me dijo ya vengo. Salió del estudio y en unos minutos escuche su voz llamarme. Su voz venia de su cuarto, entre y ahí estaba ella, con unos calzones de encaje de un color purpura, medias negras, tacones negros, un bra que transparentaba sus rosados pezones.

    Quede estupefacto, ella se levanto, camino hacia mi, y poniendo sus manos en mi cuello me jalo tiernamente hacia ella y me beso. Vaya beso, apasionado, de mujer experimentada, metía su lengua y jugaba con la mía, yo tímidamente tomaba sus pechos y pasaba a sus nalgas. Pase mis dedos por su vagina, su calzón ya estaba algo mojado, nuestra respiración era agitada, ella quito mi cinturón, bajo mi pantalón y saco mi grueso miembro, lo miro y me dijo, asi sin vellos, como me gustan y sin quitarme la mirada de encima devoró de un bocado mi pene.

    No tarde mucho, le avise que estaba a punto de correrme, saco mi pene de su boca y sin dejar de masturbarme y de verme me dijo ¿Qué esperas? Y lo engullo de inmediato. Cada palpitación que mi pene hacia para expulsar mi espeso semen termino hasta el fondo de su garganta. Ella no hizo ningún gesto y nunca dejo de verme, al parecer mi cara y gemidos de placer la volvían loca. No dejaba de mamar mi pene, yo trataba de apartarla o decirle que me diera un poco de espacio, mi pene se encontraba increíblemente sensible después de haberme corrido. Sin avisar y ella intuyendo mi segunda corrida saco mi pene y descargue tres espesos chorros sobre su cara. Se puso de pie, tomo mi mano y me jalo hacia ella y me beso, mi semen tocaba sus labios, la besaba y el semen se embarro en mi frente, mejillas y en mi cara. Ella paro, y comenzó a lamber mi cara, limpiando el semen que había embarrado mi cara, que rico, dijo entre dientes.

    Me tomo de la mano y caminamos hacia su cama, ella me dijo acuéstate, lo hice, ella quito mis tenis, quito mi pantalón y mis calzoncillos, quito mi sudadera y mi camisa. Asi completamente desnudo, me dijo no te muevas. Despacio comenzó a besarme los labios, bajo por mi cuello, y se detuvo en mis pezones, con su mano tiernamente tomo mi flácido pene y comenzó a masajearme el glande y con su lengua daba pequeños círculos en mis pezones, daba pequeños mordiscos, en segundos mi pene estaba al 100. Ella paro, volteo hacia mi pene y viéndome me dijo “te excitas rápido verdad?” no dije nada, mi cara, mi respiración y mis gemidos hablaban por si solos. Soltó una picara risa y dijo “que rico”. Se puso encima de mí, bésame las tetas me dijo, mientras con su mano pasaba mi pene por su húmeda y depilada vagina “espera, el condón” le dije. Con su dedo en mi boca me indico que guardara silencio, ella no tenía planeado ponerle protección al pene de estudiante. Lo introdujo lentamente, pude sentir su vagina irse abriendo con cada centímetro que mi pene entraba. Sus manos en mi pecho se tensaron y apretaron mi piel, su boca abierta, sin emitir sonido alguno, sus ojos en blanco, era increíble, pude sentir sus muslos temblando, su vagina tensarse y palpitar, de alguna forma había logrado sin hacer mucho que la maestra Magda tuviera un orgasmo. Soltó mi piel y agarro su cabello y soltó un gemido espectacular, era un grito de alivio, “cabron, que rica verga!!” decía mientras daba pequeños saltos encima de mi pene. Yo trate de moverme, quería hacerla sentir aun mejor, ella me detuvo y con la respiración entre cortada me dijo “te dije que no te movieras”.

    Puse una de mis manos en su cintura y le marcaba el ritmo, con mi otra mano comencé a masajear su clítoris, ella gemía, yo ya me había corrido, pero no me importaba, tener esa mujer encima de mí evitaba que mi pene perdiera dureza. Neto me había contado que ella no dejaba a sus alumnos tomar iniciativa, ella llevaba la batuta de principio a fin y dependiendo del desempeño es como calificaba a ese alumno a final del curso. Francamente me importo poco o nada todo eso, no me importaba la calificación y si tenía que romper reglas y tener que recursar esa materia con tal de poder comerme esa vagina otra vez lo iba a hacer. Con fuerza tome su cintura, la levante y con rapidez y agilidad la puse en cuatro, metí mi pene de golpe en su vagina, con mi pulgar masajeaba su ano, en segundo me corrí, saque mi pene y con mi semen lubrique bien el ano. Ella no decía nada, los dos estábamos poseídos por la lujuria. Empuje suavemente, ella puso sus hombros en el colchón y paro aun mas su culo, dándome más facilidad de introducir mi grueso pene en su hermoso culo.

    Ella grito y apretó el colchón, mordiendo la sabana me decía Dame! Dame! Metela hasta el fondo cabron! Yo apretaba sus nalgas y con fuerza arremetía contra sus nalgas, el golpear de nuestros cuerpos inundaban el cuarto, sus gemidos los apagaba con una almohada en su cara, de vez en cuando volteaba a verme, su cara y su cabello manchado en sudor, me vine dentro de su ano, apreté fuertemente mi cuerpo contra ella. Sin fuerza me deje caer encima de ella, mi pene flácido salió solo de su ano, sentí el chorro de semen salir. Ella acariciaba mi pecho, se levanto y se dirigió al baño, pude ver sus muslos y nalgas llenas de mi semen. Con su dedo me dijo que la siguiera, tomamos un baño, sin sexo, ella me baño cual bebe.

    Nos vestimos y fuimos a su estudio. Ella guardaba todo y proseguí a hacer lo mismo con mis cosas. Ella volteo a verme, los dos cansados, pero felices. Tienes un 5, me dijo seriamente. Yo quede sorprendido, en mi mente había sido tal vez el mejor desempeño que había tenido desde que inicie mi vida sexual, pero antes de que pudiera decir algo ella me dijo, mañana ven por el otro 5.

    Entre Neto y sus amigos me volví algo como un héroe, había domado a Magda, la había hecho correrse, cosa que al parecer ninguno había podido hacer y había repetido con ella en varias ocasiones. Se volvió algo cercano a una maestra del sexo para mi vida, aprendí mucho con ella, me hizo mejorar no solo en lo sexual, sino en lo académico y como persona.

  • La honrada dueña de una casa de putas

    La honrada dueña de una casa de putas

    Sandro era un joven moreno, de estatura mediana y bien parecido que estaba haciendo el servicio militar. En uno de sus permisos había ido con unos amigos a celebrar una despedida de soltero a un bar de luces, o sea, a un bar de putas. No sé la hora que era, lo que sé es que los otros se habían ido a follar y Sandro estaba mamado en la barra. Una mujer, que por la gargantilla de oro y el vestido azul largo de seda que llevaba no tenía pinta de puta, se sentó en un taburete que estaba al lado del suyo y le preguntó:

    -¿Tú no follas?

    A Sandro la voz le sonó familiar.

    -Yo no folló con putas.

    -¿Qué haces en tan lejos de casa, Sandro?

    Levantó la cabeza y vio que era su tía Felisa. Cómo buen gallego le respondió haciéndole otra pregunta.

    -¡¿Qué haces tú en un sitio cómo este, tía?!

    -Soy la dueña del negocio.

    Se le quedó mirando con cara de tonto.

    -¡¿La dueña?!

    Le cogió el vaso del cubalibre, bebió lo que quedaba y le dijo:

    -¡Y dale!, sí, la dueña, y te voy a llevar a casa.

    -No me corre prisa volver a casa. ¿Trabajas aquí?

    La mujer no se enfadó, al contrario, se armó de paciencia y le dijo:

    -Ya te he dicho dos veces que soy la dueña. ¿No estarías pensando en follar conmigo?

    -Cada uno es guardián de sus pensamientos.

    Lo miró con cara de enfadada y le preguntó:

    -¿¡Sería capaz de echarle un polvo a tu tía?!

    La bebida se ve que lo había envalentonad, ya que le respondió:

    -¿Uno? Te echaría seis o siete.

    La mujer se puso dura.

    -¡O tiras para casa o le digo a tu madre que me has querías poner el trato!

    Sandro se puso gallito.

    -Y yo le digo que tienes una casa de putas.

    -Ya lo sabe, lo que no sabe que tu padre y tú venís por aquí. ¿Quieres que se lo diga?

    -No

    -¡Tira!

    Sandro para que no hubiese jaleo en casa se fue con su tía.

    Felisa estaba cómo un queso. Tenía cuarenta y pocos años, era morena, más alta que Sandro, con un culazo, unas tetazas y era guapa.

    Iban en su SEAT 1430 de color azul por una carretera que atravesaba un monte. Felisa se desvió por un camino de carro, salió de él y paró entre dos pinos. Sandro le preguntó:

    -¿Esto es lo que parece?

    -No sé. Estoy hecha un lío -echó las manos a la cara-. ¡Lo odio!

    -¿A quién?

    -¡A tu tío!

    -¿Qué te hizo?

    -Me metió los cuernos y encima me dijo que lo hizo porque soy una puta. Y yo heredé una casa de putas, pero no soy una puta. Putas fueron mi bisabuela y mi abuela, pero mi madre, bueno, mi madre era algo puta, pero yo no lo soy, yo soy una mujer honrada.

    A Sandro para despejarse le venía mejor hablar que follar.

    -Cuenta.

    -¿Qué quieres que te cuente? ¿Quieres que te cuente que me he detenido aquí para meterle los cuernos a tu tío?

    -¿Lo has hecho?

    -La idea era jodida, pero…

    -¿Ya no lo es?

    -Se me fue la mala hostia al dejar de sentir el ruido del motor.

    Sandro quería pillar cacho y dijo lo que le vino a la boca.

    -Ya que estamos aquí cuéntame lo de tu bisabuela y lo de tu abuela y…

    -Es una historia muy larga.

    Felisa le echó la mano a las llaves del contacto para arrancar el coche. Sandro le dijo:

    -Por un momento pensé que iba a perder la virginidad contigo.

    Lo miró con cara de asombro y le preguntó:

    -¡¿A los veintiún años aún eres virgen?!

    -Sí.

    -Me acabas de dejar de perpleja.

    -Cuéntame la historia esa, así harías tiempo. Cuanto más tardes en volver a casa más pensará que lo estás engañando y más sufrirá. A lo mejor mientras lo cuentas acabas haciéndolo.

    Felisa le dijo con sorna:

    -Sí, seis o siete veces.

    -O más. ¿Si te comiera el coño sería meterle los cuernos?

    -¿Siendo virgen has comido algún coño?

    -Comí un par de ellos y…

    No le dejo acabar de hablar.

    -¿Se corrieron?

    -Sí, se corrieron las dos.

    Felisa cogió un cigarrillo rubio mentolado, lo encendió y le dijo:

    -Olvídate de comerme el coño y de perder la virginidad conmigo. Te voy a contar la historia de mi casa de putas, pero lo haré para hacer tiempo y así hacer que tu tío sufra.

    Felisa comenzó a hacer tiempo, pero para follar a su sobrino. La historia se la contó más o menos de esta manera:

    -Mi bisabuela Vicenta era una mujer que no llegaba al metro cincuenta de estatura. Vestía de negro porque había enviudado, y lo había hecho cuando mis abuelos todavía eran pequeños. La mujer trabajaba de sol a sol para darles lo necesario. En fin, los años pasaron y la mujer ya no se deslomaba tanto, pues mi abuelo Roberto y mi abuela Beatriz se hicieron mayores y ayudaban a la economía familiar trabajando al jornal.

    Sandro abrió la ventanilla del coche, le cogió un cigarrillo y le dijo:

    -Lo típico.

    Felisa le dio fuego y siguió hablando.

    -Sí, una tarde de sábado Vicenta volvía de lavar la ropa en el río y encontró con su hija Beatriz de pie apoyada con las manos en la pared, con la falda levantada y con su hijo Roberto cogiéndola por la cintura y dándole al culo cómo si fuera un conejo. Puso la bañera con la ropa encima de la mesa y les dijo:

    -«¡¿No os da vergüenza?!

    -Dejaron de follar. Beatriz subiendo las bragas, le dijo a su madre:

    -«Estamos practicando para ser puta y puto, mamá, pero la verdad es que tu hijo no creo que valga para puto, ya que esta es la décima vez que practicamos y aún no me he corrido.

    -Roberto guardó la polla y le echó la culpa a su hermana.

    -«Es muy lenta.»

    -Vicenta vio una mina de oro en la idea de sus hijos y decidió enseñarles a follar. Les preguntó:

    -«¿Seguro que queréis dedicaros a eso?»

    -Asintieron con la cabeza.

    -«Vamos para mi cama, pero antes que uno le pase la tranca a la puerta.»

    -Roberto fue a cerrar la puerta y después se unió a su madre y a su hermana. Ya en la cama, Vicenta, con dos dedos le abrió el coño peludo a Beatriz, que estaba desnuda, puso un dedo sobre el clítoris, miró para Roberto, que también estaba desnudo, y le dijo:

    -«Esta cosa tan pequeña es la que hace que una mujer se corra más fácil.»

    -«¿Cómo se llama?»

    -«Juanita, Pepita…, puedes llamarle cómo quieras.»

    -«Yo creía que una mujer se corría al metérsela.»

    -«También se corre así, pero no cómo follas tú con tu hermana, de ese modo no se va a correr nunca. Os voy a enseñar todo lo que debéis saber para ser una buena puta y un buen puto. A ver si salimos de pobres. Lección para los dos: Comer un coño hasta que la mujer se corra.»

    -Beatriz le dijo a su hermano:

    -«Aprende, Roberto, aprende.»

    -Roberto vio cómo su madre le lamía el coño a su hermana de abajo a arriba, primero con la punta de la lengua y después con la lengua plana. Pasado un tiempo le dijo:

    -«Ahora hazlo tú.»

    -Roberto lamió cómo había hecho su madre. Beatriz comenzó a gemir. Poco más tarde le decía Vicenta:

    -«Aparta y mira cómo se corre tu hermana.»

    -Roberto le dejó el sitio. Vicenta lamió el clítoris de abajo a arriba, hacia los lados, lo chupó y Beatriz se corrió…

    Sandro la interrumpió para preguntarle:

    -¿Quieres que te coma el coño, Felisa?

    -No creo que lo sepas comer.

    -Te apuesto lo quieras a que te corres.

    -¿Se lo has comido a alguna mujer?

    Se lo dijo sin ningún reparo.

    -A dos, a Paca y a Lucía.

    -Mientes. Esa tienen unos maridos que las traen a la línea.

    -No miento. Paca me enseñó a comerlo después de partirle la leña, y a Lucía se lo comí porque se lo dijo Paca.

    -Ahora sí que te creo. Esas son uña y carne. Lo que no me cuadra es que no te follaran.

    -Yo quería follar después de correrse, pero me dijeron las dos lo mismo, que…

    Felisa sabía lo que le iba a decir.

    -Que podían quedar preñadas, pero por el culo no quedaban.

    A Sandro las palabras de su tía le dieron pie para preguntarle:

    -¿Te da muchas veces tu marido?

    -Sí.

    Sandro fue de entendido.

    -¿Y lo sabe lamer?

    Felisa le respondió:

    -Lamer un culo sabe cualquiera.

    Sandro siguió haciéndose el entendido en culos.

    -No creas, tiene su aquel.

    Felisa lo entendió mal.

    -Tiene, tú vomitarías si me lo lames.

    -Vomitar va a vomitar tu coño en mi boca si dejas que te folle el culo el culo con la lengua y te coma el coño.

    -¡Tientas cómo el diablo!

    -Soy un diablo comiendo coños. Echa el asiento ara atrás y reclínalo si quieres ver a un artista en acción.

    Felisa echó el asiento para atrás, lo reclinó, se quitó las bragas, levantó el vestido y se abrió de piernas. Sandro se arrodilló, metió la cabeza entre ellas, le abrió el coño con dos dedos y lamió los labios antes de enterrarle la legua en él. Al sacarla envolvió su clítoris con la lengua y los labios y se lo chupó. Felisa le dijo:

    -¡¡Qué bien lo haces!!

    Sandro al ratito dejó de chupar, volvió a lamer los labios, le levantó el culo con las dos manos. Felisa puso los pies sobre el salpicadero. Le lamió y folló el ojete, luego mojó un dedo en sus jugos y se lo metió dentro del culo al tiempo que volvía a envolver el clítoris con la lengua y los labios… Chupó, chupó y chupó hasta que Felisa se corrió en su boca diciendo.

    -¡Qué corrida!

    Al recuperarse del inmenso placer que había sentido, bajó el vestido, puso el asiento en su sitio, y le preguntó:

    -¿Quieres que siga con la historia o nos vamos?

    Sandro mirando para las bragas azules, que descasaban sobre la alfombra el coche, le respondió:

    -Sigue.

    -A ver. ¿Por dónde iba? Ah, sí. Al acabar de correrse Beatriz, le dijo su madre:

    -«Ahora tienes que hacer tú que me corra yo, Beatriz. Una puta tiene que saber follar y comer coños.»

    -Vicenta se quitó el vestido, el sujetador y sus grandes bragas blancas. Sus tetas eran del color de la leche y tenían grandes pezones. Sus piernas las tapaban una medias grises que se sujetaban con unas ligas negras y bajo las que se veían los pelos de las piernas. Su coño lo cubría una gran mata de vello negro. Roberto le preguntó:

    -«¿Y yo qué hago?»

    -«Cómeme las tetas.»

    -«Roberto se abalanzó sobre sus tetas cómo un lobo, su madre le dijo:

    -«Así no se comen unas tetas. Se lamen los pezones, se magrean con suavidad y se chupan, pero no se chupan cómo si quisieras sacar leche de ellas, se chupan con delicadeza.»

    -Beatriz, mientras su hermano seguía las instrucciones que había recibido, le hizo a su madre todo lo que su madre le había hecho a ella. Al rato Vicenta se corría y Roberto decía:

    -«Una de dos, o meto en algún coño o me hago una paja.»

    -Cómo nadie le hizo caso sacó la polla y empezó a menearla. Tan pronto cómo Vicenta acabó de correrse, le dijo a Roberto:

    -«Segunda lección: Follar a una mujer. Ven y métemela.»

    -Roberto se la clavó a su madre de un chupinazo y acto seguido comenzó a darle caña. Vicenta lo frenó en seco.

    -«Para.»

    -«¿Qué pasa?»

    -«Pasa que tal y cómo me follabas te correrías tú y yo no. Un puto no se corre hasta que la mujer que le paga no está totalmente satisfecha.»

    -«¿Cómo lo hago?»

    -«Te voy a follar yo a ti para que sepas cómo le gusta a una mujer…»

    Sandro interrumpió de nuevo a su tía y le preguntó:

    -¿Me desvirgas?

    La mujer ya se cansó.

    -A ver, Sandro. ¿Tú eres tonto? Si te he traído al medio del monte y te he dejado comerme el coño y si te estoy hablando de jodienda y estoy sin bragas… ¿Para qué diablos será?

    -Para follar, para coger piñas no va a ser.

    Felisa cogió una manta que tenía en el asiento trasero, salió del coche y la tendió sobre la hierba. La noche estaba estrellada. La luna llena lucía en todo lo alto, cantaban los grillos, las cigarras, el chotacabras… Sandro, que era un sentimental, le dijo:

    -Lo vamos a hacer bajo un manto de estrellas y con la música inigualable…

    Felisa lo cortó.

    -Desnúdate, échate sobre la manta y déjate de chorradas sentimentales.

    -¡Que poco romántica eres!

    -¿Romántica? Estoy casada, tengo tres hijos, uno de ellos es un año mayor que tú y voy a follar contigo en medio del monte. ¿Dónde coño le ves tú el romanticismo a eso?

    -Visto así…

    Después de echarse Sandro sobre la manta, se desnudó ella, luego se puso a su lado, le cogió la nuca con una mano y le metió la punta de la lengua en la boca. Con la otra mano le cogió la polla y lo masturbó, lo masturbó con la mano al revés, o sea se la agarraba con el pulgar hacia abajo… Y beso va, y beso viene… La mano apretando su polla y subiendo y bajado… Pues eso, que le llenó la mano de leche.

    Al acabar de echar leche le dijo:

    -Te has corrido cómo un pajarito.

    -Me corrí cómo un cerdo.

    -Para cerda yo.

    Felisa chupó la leche de los dedos, luego lamió la de la palma de la mano. Con la lengua y los labios pringados de jugos le dio un beso con lengua y luego le dijo:

    -Eres un caramelito.

    -Y tú un bombón.

    Lo besó en el cuello, luego en las tetillas. Después cogió la polla por la base con su mano derecha y los huevos con la izquierda, la descapulló y le hizo una mamada con la que Sandro gimió cómo una nena. Gimiendo se corrió y le llenó la boca de leche, leche que Felisa se tragó sin desperdiciar ni una sola gota. Al acabar de correrse le dijo Sandro:

    -Mamas de miedo. ¿Me desvirgas ahora?

    -Tú tienes tanto de virgen cómo yo de santa. ¿A Paca y a Lucía fue por el culo o por el coño?

    Sandro se confesó.

    -Fue por los dos sitios.

    -Lo sabía. Sería muy raro que una mujer no quiera seguir follando después de correrse comiéndole el coño. ¿A cuantas mujeres le contaste el cuento de tu virginidad para follar con ellas?

    -A unas cuantas. A las mujeres casadas os gusta follar con virguitos

    La polla de Sandro se notaba que estaba haciendo el servicio militar, ya que no dejaba de estar en posición «¡firmes!». Aquella polla, ni corta ni larga, ni gorda ni flaca, era el sueño de toda mujer. Felisa la cogió y la puso en la entrada del ojete para follar a su sobrino. Sandro la cogió a ella por la cintura y le dijo:

    -Pónmelo antes en la boca.

    -Aún va a resultar que eres más guarro que yo.

    -¿Pones o no?

    -Pongo, pongo.

    Felisa le puso el culo en la boca y Sandro le lamió y le folló el ojete con la lengua. Poco después le decía:

    -Vas a hacer que mi coño vomite otra vez.

    -Tócate y córrete en mi boca.

    Felisa estaba tan cachonda que lo que hizo fue quitarle el culo de la cara, coger su polla, meterla en el coño y follarlo a toda hostia hasta que se corrió en la polla de su sobrino, diciendo:

    -¡Qué bueno estás!

    Después de esto se derrumbó sobre él y lo comió a besos mientras se corría.

    Al acabar sacó la polla del coño, la frotó en el ojete, bajo el culo, metió la polla hasta el fondo y poco después Sandro se corrió.

    Felisa mirando cómo se corría y sintiendo la leche calentita dentro de su coño, metió dos dedos dentro del coño y se masturbó y le dijo:

    -¡Tienes un polvazo, cabrón!

    -Si lo tengo es porque tú me lo sabes echar, zorra.

    Sin parar de follarlo le dio una bofetada.

    -¡Paffff!

    -¡A mí no me llama nadie zorra!

    -Se me escapó, pedacito de cielo.

    Le dio dos bofetadas, se las dio de banda a banda.

    -¡Paf, paf!

    -Y menos se ríe de mí.

    Sandro la amenazó.

    -¡A qué te pongo el culo ardiendo!

    Le echó las manos a la garganta y apretando, le dijo:

    -¡Atrévete!

    Sandro se atrevió. Usó sus nalgas cómo pandero al tiempo que le follaba el culo a toda hostia.

    -¡¡Plin plas…!

    Felisa le quitó las manos de la garganta al acabar de llenarle el culo de leche.

    -Te saliste con la tuya, cabrón.

    -La idea era que te corrieras tú, pero no pude aguantar.

    Le dio, un pico y le dijo:

    -Casi lo consigues.

    La polla de Sandro seguía dura dentro del culo. Felisa continuó follándose el culo y masturbándose hasta que sintió de nuevo la polla de su sobrino latiendo y llenándole el culo de leche, en ese momento se corrió ella. Felisa quiso hablar, pero el tremendo placer que estaba sintiendo no se lo permitió. Quiso mirar para su sobrino, pero sus ojos en blanco no le permitieron ver nada.

    Al volver la calma dejaron de follar. Felisa ya le había metido los cuernos a su marido por haberle llamado, puta. Tiene cojones la cosa, por haberle llamado puta.

    Quique.

  • Orgías con mendigos

    Orgías con mendigos

    Hola amigos, soy Camila les cuento uno de mis recuerdos, espero lo disfruten. Después de varios años sin ver a la doctora con quien hacíamos el trabajo social para gente sin techo. Me la cruzo en un supermercado, charlamos un rato y me cuenta que continuaba con su tarea y que ya había logrado ubicar a varios en trabajos logrando que salieran de la calle. Y ahora estaba con un grupo nuevo que por lo general almorzaban en un hospital donde ella trabajaba. Me comprometí a ayudar y fui un viernes por la siesta, cuando ya estaban finalizando de comer para dejarles ropa y víveres en el hospital para esta gente. Ahí tuve oportunidad de conocer al grupo, que me trajo recuerdos de mis aventuras, por lo que no tuve mejor idea que pasar al día siguiente por donde ellos dormían para llevarlos a mi casa con el ofrecimiento de higiene, comida, ropa limpia y el sexo que lo descubrirían ahí.

    Fui en mi camioneta, cargué a todo el grupo, eran 5. Como siempre, vestida de manera provocativa para que ellos me devoraran con la mirada. No me puse ropa interior, mi musculosa blanca, que se estiraba por mis pezones duros de la excitación, marcaban perfectamente mis grandes pechos. Mi calza semi transparente dividían perfectamente mis labios vaginales. El día caluroso ayudaba para mostrarse, primero les ofrecí un desayuno para después llevarlos hasta el quincho para cortarles el pelo y afeitarlos personalmente. Mientras continuaba con uno el resto se iba duchando y se colocaban los shorts de baños para ir a disfrutar de la pileta.

    Mientras la mayoría estaba aprovechando la pileta, acompañé al último a la ducha, me quité la ropa antes que él y lo invité a ducharse conmigo. Le pedí que me dejara a mí higienizarlo y accedió. Cuando llegué a su verga me dejo que se lo afeite, y después de una buena lavada se la empecé a chupar suavemente. Me la engullía a toda así que no demoró en correrse en mi boca tragándome cada gota. Como los otros notaron la demora, fueron a ver qué pasa y se dieron con el espectáculo, así que todos reclamaron lo mismo.

    Me dejaron que les deje bien rasuradas sus bolas y se abalanzaron para devorarme toda. Sus manos me manoseaban toda, sus bocas mordían mis pezones y nalgas. Una lengua muy habilidosa me chupaba la concha sacándome el primer orgasmo.

    Ahí, bajo la ducha y en 4 patas, se turnaban para descargarse en mis agujeros, dejándolos que elijan cual les gustaba más. Me tenían atragantada con sus vergas también. Hicieron varias descargas hasta que se cansaron, mientras se relajaban, observaban como limpiaba mis agujeros para sacar un poco de sus leches de mi interior.

    Nos fuimos a dentro de la casa donde ya era hora de almorzar. Después de un buen rato de relajación, donde todos andábamos desnudos, veo a uno de ellos recostado en el sofá, con su verga gorda a disposición, así que me acomodé y me puse a mamársela. Al ratito sentí una lengua en mi raya que me hizo estremecer de placer. El más viejo de todos se avivó y me empezó a chupar el culo poniéndome loca de nuevo. Sus dedos se humedecían en mi concha y los metía en mi culo, con poca o nada de suavidad iba aumentando de a uno. Mi culo acostumbrado a estirarse al máximo, dejó entrar su mano en mi interior, mientras yo gemía de placer y me tragaba una verga como desesperada. El viejo me levantó la cabeza para bañarme la cara con su leche para luego metérmela de nuevo para que se la deje limpia. Luego otros se acomodaron para regalarme una doble penetración, mientras otro me la clavaba hasta la garganta. Sentí la descarga de leche en mis tripas primero, luego en mi boca y por último en mi concha, todo en un pequeño lapso. El que faltaba eligió mi culo para darme con fuerza hasta hacerme acabar y luego descargarse en mi boca. Si bien hacía mucho que no estaban con una mujer, por lo que tenían mucha leche para descargar, eran tipos grandes. Esto llevaba a darles siempre un descanso antes de que me vuelvan a coger.

    Los invité a quedarse el fin de semana, así que fui su hembra por esos días, tomándome a sus antojos y por el agujero que quisieran. Estos 5 machos me regalaron como 6 acabadas cada uno durante el fin de semana, me llenaron todos los agujeros de leche. Los despedí con el compromiso de que en cualquier momento los visitaría de nuevo para divertirnos juntos. Una vez que los dejé en el hospital, me volví rápido a casa así mis perros me partan el culo como de costumbre, sensación que me faltaba para sentirme completa. Después de una hermosa abotonada con mi gran danés, ya pude relajarme y descansar. Fin de semana de lujo.

  • Rosy, ninfomaníaca a la fuerza

    Rosy, ninfomaníaca a la fuerza

    En la universidad no hay tiempo para diversión, menos si estudias ingeniería, algunas de mis parejas o novias eran de la universidad, pero también estaban muy ocupadas estudiando y no había tiempo para sexo o relajo. Así que lo común era buscar una revista o cinta porno y hacer “trabajos manuales” y seguir estudiando.

    Yo tenía amigas en varias otras carreras, una de ellas era Rosy, muy curvilínea y maciza, con un poco de sobrepeso diría yo, pero con unas tetas enormes, pero enormes… ella sabía de sus atributos y usaba un escote provocativo, coqueteando con todos.

    Ella estudiaba Ingles, y nos ayudaba a todos los compañeros de carrera a traducir algunos libros, varias veces la invite a mi pequeño departamento, pero siempre me dejaba plantado. O era algún problema de una amiga, o que tenía que hacer una u otra cosa. Cada vez que la invitaba parecía entusiasmada y, muy coqueta y sexy, jugaba con el botón de su blusa, tratando de mostrar algo, pero al final nunca iba. Después de varios intentos no la invite más.

    Conversando con varios compañeros me contaron que siempre hacia lo mismo con todos. Raúl y Jaime se quedaron con las ganas, lo mismo que Jorge y yo. Mis compañeros estaban muy molestos con ella. De repente Jaime me dice:

    – Me voy a vengar, usaremos tu departamento, la invitamos con motivo de una fiesta u otra cosa y la tiramos a la cama y la cogemos entre todos…

    – Es una “tetera”, solo calienta el agua y nada más- dijo Raúl.

    – Le tengo unas ganas a esas tetas. – dijo Jaime

    – Amigos… no nos metamos en problema. – les dije.

    Pero no sirvió de nada mi consejo, de poco se fueron entusiasmando con la idea. Jaime dijo que si la dejábamos bien satisfecha no diría nada. Raúl ofreció una caja de condones. Jorge dijo:

    – Si nos ponemos firme ella cederá y la va a gozar como nunca. Conocí a dos novios suyo y me dijeron que ella era muy buena en la cama, así que sabemos que no es virgen.

    Al verlos todos decididos me uní al complot, la invité a una reunión de amigos a mi departamento.

    Ella llego temprano, se veía sexy con una minifalda y una blusa casi transparente.

    – Hey niños, ¿soy la única que va a venir? ¿No hay más invitados?

    – No, – grito Jorge parándose frente de ella.

    – Nos has dejado con las ganas de salir contigo y ahora te cogeremos entre todos

    Con un rápido movimiento de manos desabrocho los botones de su blusa, que dejaron al aire su brassier que atrapaban sus grandes tetas

    Ella tartamudeaba:

    – No, No, por favor no me hagan daño

    Raúl se puso a su lado y empezó a sacar su minifalda, quiso arrancar, pero Jaime y yo le bloqueamos inmediatamente el paso.

    – Por favor no- suplicaba casi llorando.

    Yo estaba arrepentido, pero no podía hacer nada ante lo inevitable.

    Jorge termino de sacar su blusa y Raúl la minifalda que no tardo en caer. Yo desabroche su brassier, esos que se abren por delante, sus tetas no cayeron como pensaba si no que se liberaron hacia los costados y hacia adelante, dejando al aire el tremendo par de monumentos coronados con grandes aureolas y pezones.

    Jorge y Raúl sacaron sus vergas y ella tapo sus ojos con un grito:

    – No quiero verlos, no quiero verlos- y rapidamente la llevamos al dormitorio.

    La empuje sobre la cama mientras mis amigos se desnudaban, deslice su tanga, abrí sus piernas y apareció una gran mata de pelos que cubría la entrada de su vagina, esta se veía muy húmeda, con hilos de líquido que ya corrían fuera, comencé a succionar su clítoris, sentía como este se expandía y sus labios se endurecían.

    Ella me dice:

    – Por favor apaga la luz, me sentiré mejor.

    Yo dejo la habitación casi en oscuridad total, apenas veo la silueta de mis amigos y de ella.

    Continuo rápidamente sobre ella antes de que la penetren sigo lengüeteando sus labios y clítoris, ella gritaba:

    – Así, así, mas, mas, quiero que me hagan gozar niños los quiero a todos…

    Me puse a un costado de ella y puse mi pene en su cara, lo sintió y se lo llevo a la boca succionado con fuerza y acariciando todo su largo. Ya mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad. Al menos podía ver su cuerpo voluptuoso y grandes tetas.

    Jaime ya estaba sobre ella preparando la penetración. Yo me puse sobre su cara, agarré sus enormes tetas y puse mi pene entre ellas haciéndome una “paja rusa”, al mismo tiempo que acariciaba sus tremendos pezones.

    Jaime metió su pene con fuerza lo que la hizo arquearse.

    – Eso, así se hace métemela con fuerza -gritaba con desesperación.

    Me retire de sus tetas, Raúl y Jorge se pusieron a su lado poniendo sus penes en su cara, ella los metía en su boca alternando las chupadas.

    – Los quiero bien duro ¡Los quiero bien duro! -gritaba cuando podía.

    Jaime la penetraba con violencia y ella pedía más. Con un grito Jaime eyacula, continua con unas metidas más y se retira.

    Ella grita:

    – Que otro me lo meta

    Me subo sobre ella y la penetro, su vagina no opone resistencia, sus líquidos facilitan la penetración resbalando hasta el fondo. Mi pene es grueso y largo así que ella jadea y gime como loca, empieza a mover sus caderas, pidiendo:

    -Más rápido, dale, dale, cógeme duro

    Sus jadeos se vuelven gritos y sus piernas empiezan a tiritar, me envuelve con ellas y llega a un orgasmo brutal. Me abraza y luego de unos segundos pide:

    – Otro, que me coja otro.

    Raúl se sube sobre ella y se lo mete, Rosy con rapidez lo tira a un costado y se sube sobre el cabalgando con violencia sobre mi amigo.

    – Que alguien me lo meta por detrás- grita.

    Jorge le obedece y se ubica detrás de ella buscando su orificio, de golpe se lo mete, ella grita de dolor, luego de unos segundos grita:

    – Más adentro, más adentro.

    Después de varios minutos de doblete, hacemos cambio en el equipo, Jaime está recuperado, yo voy abajo y Jaime va por detrás. Ella está muy excitada, después de unos minutos vuelvo a sentir esa vibración de sus piernas acompañada de sus contracciones vaginales y con un grito vuelve a terminar en un orgasmo y Jaime y yo con ella.

    – Quiero que me hagan gozar niños, quiero que me hagan gozar toda la noche- nos decía.

    Después de un par de horas de intercambio entre sus orificios, estábamos cansados, pero ella quería más. Jorge me dice que va a llamar a otros compañeros, hemos encendido la pasión ninfomaníaca de Rosy y quiere dejarla contenta, así otros amigos podrán satisfacerse y satisfacer a esta ya declarada ninfomaníaca.

    Le pido a Jorge discreción, podemos hacerle creer que somos solo nosotros cuatro si dejamos salir a dos y después entran otros dos, de tal forma que no note la presencia de nuevos integrantes en esta orgia, así creerá que el equipo de la “cancha” es uno solo, ella no se va a dar cuenta ya que mi habitación está muy oscura, y apenas se ven las siluetas de los que estamos dentro.

    A los pocos minutos llegan dos compañeros nuestros que vivían en mí mismo edificio, otros cuatro están por llegar. A todos les damos las instrucciones antes de que entren en el departamento y con anterioridad, les pedí a Jorge, Raúl y Jaime que nadie mencionara en nombre de Rosy, para mantener su anonimato.

    Salen dos y entran los dos nuevos y le dan duro, mientras llegan los refuerzos vamos intercambiando los que estamos, seguimos con los dobletes unos y otros de pie a su lado dejando que no chupe nuestros penes, mantenemos cuatro por turno dentro de mi habitación.

    Llegan otros cuatro más y van ingresando a la habitación cuando otros van saliendo. Ella sigue pidiendo más y más y nos vamos rotando.

    Seguimos con los intercambios hasta las 6 de la mañana, mis compañeros ya cansados se retiran y Rosy está totalmente satisfecha. Ella me dice que esta sorprendida de nosotros cuatro ya que terminamos más diez veces dentro de ella. No creo que ella se haya tragado el embuste, lo noto en su sonrisa y su mirada, pero no le digo nada.

    Me cuenta además que no quería tener sexo con nadie ya que con sus novios anteriores se sentía muy frustrada e insatisfecha.

    El sábado siguiente nos volvimos reunir, llevaba una máscara porque, según ella, quería mantener el anonimato, pensaba que con la máscara nadie la reconocería, pero gracias a sus grandiosas tetas Rosy era inconfundible. Cuando le dijimos que vendrían otros más que solo nosotros cuatro, ella accedió sin problemas con una gran sonrisa pícara.

    Con Rosy tuvimos fiestas de sexo todos los fines de semana los dos años siguientes, hasta que ella egreso. Creo que muchos hombres en la universidad sabían de la ninfomaníaca enmascarada, pero nadie dijo nada, extrañamente se mantuvo una gran discreción con ella, principalmente porque siempre tuvo nuestro apoyo y advertíamos que el que hablara o se fuera de boca no sería invitado nunca más.

    A veces éramos solo 8 o 9 que nos juntábamos con ella, otras veces 12 o más. Recuerdo, una vez en especial, para un campeonato de futbol llevamos a un equipo de otra universidad con Rosy, no era todo el equipo, pero sumando llegamos a estar más de 25, y para ella nunca fue demasiado. Nunca dijo que era suficiente la cantidad de hombres todo lo contrario, siempre quería satisfacerlos a todos y nunca se le veía muy exhausta después de las sesiones de sexo.

    Con el tiempo y las sesiones de sexo semanales, bajo de peso y lucia estupenda, sus amigas le preguntaban que como lo hacía, ella respondía: – Voy al gimnasio y allí tengo a muchos entrenadores.

  • Échale la culpa a Río

    Échale la culpa a Río

    Nos habíamos quedado solos en nuestra casa cerca de Cabo Frío, mi esposo había salido esa noche hacia Río de Janeiro y no volvería debido a sus asuntos de embajada hasta una semana después; el personal doméstico se había retirado; mi hijo y yo nos quedamos después de cenar en la galería frente a la inmensidad de la noche, frente a nosotros la laguna de Saquarema encerrada entre montañas, el firmamento estrellado y lejana una guitarra sonando “zamba”, la brisa cual caribe, juagaba con mi corto vestido rojo de breteles, mostrando de vez en cuando mi tanga blanca enmarcando mis sensuales caderas. En la reposera, mi hijo seguía leyendo los libros de poesías que iba y volvía a buscar hasta la biblioteca; en un momento le ofrecí traerle un trago fresco, me dije que sí y al incorporarme de mi hamaca, sentí que la tanga era apenas un hilo calzado entre mis muslos dorados. –Me excité saber que mi hijo me estaba mirando.

    Richard se incorporó de su hamaca para pedirme que su trago sea un simple jugo de guaraná helado, cuando a través del ventanal me descubrió apoyada sobre la pared, mientras yo llevando mis dedos, después de acariciar mi vulva hacia mis labios, me descubre excitada cerrando mis ojos, cuando uno de mis senos se escapa de aquel camisolín rojo.

    Me estaba excitando pensando quizá en mi viejo amigo Reinaldo al que volvería ver después de años, en mi amante Mingo que había quedado en Buenos Aires en el bóxer blanco que mi hijo llevaba puesto dibujando un bulto en la noche, pero no creo que sea pensando en el cornudo de mi esposo que me había cansado con sus preservativos cada rara vez que me cogía, y el que siempre me recordaba llevarlos.

    Yo estaba ardiendo y no dejaba de ser casual frente a semejante espectáculo en la noche de Cabo Frío.

    Volví a mi hamaca, mi hijo estaba acariciando su bulto, sensualmente le acerco el trago inclinándome hacia él y provocando que a sus ojos mis lolas cayeran insinuando mis pezones, mis piernas rozaron su brazo y dándole la espalda me volví sobre mis muslos bronceados a mi hamaca, la tanga blanca y desprolija era una mueca de provocación a sus instintos; poco después me quedé dormida.

    — Me quedé dormida, me voy a la cama, hasta mañana amor.

    — Hasta mañana ma, me quedo leyendo un rato más, la noche tiene poesía.

    — Pedí un deseo…, acaba de pasar una estrella fugaz.

    — Hmmm, pedilo vos. Insinué volviendo a acariciar mis senos.

    Creo que en ese momento dejé de ver para siempre a Richard como mi hijo y se convirtió en una amante deseable, y para lo lascivo de su mirada también dejé de ser su madre para convertirme en su pecado más furtivo, su encendido deseo, el cómplice de mis vidas de cortesana, de puta ante sus ojos y para lo más perverso entre nosotros, desde esa noche en Cabo Frío nada sería igual; también sería mi cómplice a boca cerrada.

    Ya no éramos madre e hijo, éramos una misma intención en la noche, aunque yo soñaba, tenía el deseo de reencontrarme con mi viejo amigo Reinaldo, con su azulado y enorme sexo de mulato; pero ahora deseaba a mi hijo —esto me confundía, después de lo vivido en Buenos Aires me había convertido en su lujuria desatada, abiertamente a la excitación de sus deseos sexuales. El incesto ya estaba delante de nuestros bajos instintos.

    Había leído por ahí: “que lo hombres traicionan porque está en su sistema genético. La mujer lo hace porque no tiene dignidad suficiente, y además de entregar su cuerpo acaba siempre entregando un poco de su corazón, Un verdadero crimen. Un robo. Pero asaltar un banco, porque, si algún día la descubren (y siempre lo hacen), causará daños irreparables a su familia. Para los hombres apenases un “estúpido error”. Para las mujeres es un asesinato espiritual de todos aquellos que la rodean de cariño y que la apoyan como madre y esposa”.

    Sentí que Richard se fue a su dormitorio, a seguir leyendo, dejé la luz tenue que desde mi cuarto se reflejaba por el corredor, cuando siento que se acerca y escucha que me estoy duchando; pienso que mi hijo ya no lo era, ahora era un deseo, una trasgresión abierta de incesto, el deseo de una puta. —Me llama, —Lau—, siento en su voz el deseo del placer prohibido pero adictivo. Siento que vuelve a su cuarto y apaga la luz; yo me quedé pensando, mirando el vacío de un apetito erótico quizá irrealizable, —solo si él lo hubiera deseado al caer esa estrella—. La brisa ingresaba por la ventana, un resplandor de luna dejaba ver sombras en mi cuarto.

    Voy hacia su cuarto y le hago sentir mi presencia, mi respiración busca provocarlo, no lo creo, pero siento que se está masturba con los ojos cerrados, ¿pensará en mí?, entro en su cuarto, le dejo adivinar mi figura dibujada en ese resplandor, siente mi perfume y abre los ojos, estoy sentada en la banqueta blanca, sosteniendo una copa, cubriendo mi pubis depilado. Encaramada sobre unas botas de caña alta, entreabro mis piernas y le dejo ver mi vientre apenas depilado, una tira delineada que baja hacia mi clítoris, mis senos escapando del negro soutien y un liguero sosteniéndose desde la tanga se me clava en la carne.

    No me dice nada, me mira sensualmente, eróticamente lo provoco y levanto la copa hacia sus ojos, vuelve a cerrar sus ojos y se sigue masturbando.

    Me incorporo y me acerco a él sobre mis botas —vamos a mi cama—, se resiste a la invitación, pero mi tanga perfumada le provoca un incontrolable temblor, su pija se rigidiza aún más, mis manos acarician sus piernas y él se atreve a rozar con sus dedos los marcados labios en mi encaje. Me mira y yo le regalo una sonrisa, lo tomo de la mano; se resiste un poco, pero lo que va a pasar cambiará nuevamente nuestras vidas.

    No me habla, me observa, su dedo índice se introduce en mi boca, después otro más que succiono y salivo, lo hago callar. Sé que ya es imparable y ya no quiero que se detenga; mientras bajo mi mano acariciando su pecho acariciando su bóxer siento una erección que no cubren mis dos manos.

    Dejo caer mis brazos y con ellos cae mi bata de encaje hacia el suelo, mi cuerpo aparece ante el casi desnudo; regalándole mi piel bronceada por el sol de Río. Quiero besarlo, pero me resisto mientras sigue acariciando mis piernas, juega con la seda de mi tanga, rozando mi pubis, adivina mis labios y mi húmeda grieta que le presiono sobre su mano.

    Quiere besarme, abre los labios jadeando, pero suspira.

    Me levanto de la cama, quedo por sobre su cuerpo con mis brazos caídos, vuelvo a elevar mi boca buscando sus labios, me desnudo toda, deseo su pija, mientras apretando la base de ese tronco la erecto hasta que la hago rozar sobre los vellos delineados de mi pubis.

    No puedo decir palabra, reclino mi cabeza hasta el placer de hacerle sentir que lo estoy masturbando, me entrego y sus labios comen mi boca, se confunden las salivas, nuestras lenguas se encuentran, su mano atrapa mi nuca, me aprieta aún más sobre sus labios y entrego mi voluntad de Yocasta a Edipo.

    Oigo su respiración que se acelera junto a la mía, mientras sigo masturbándole, se arrodilla y su glande desaparece entre mis labios, rozo con mis dedos su ano, se electriza y empuja su pija hasta el fondo de mi garganta.

    Me ha poseído, soy suya en esta noche, —la estrella que cayó en el infinito, realizó nuestro deseo—, estoy de rodillas ante él, desnuda, pervertida y puta. Mis pezones se frotan en sus piernas, no lo dejo acabar en mi boca, me pongo de pie, ato a su cuello el cinturón de mi bata, le doy mi espalda, se apoya en mis caderas, quiero que me penetre, que me coja, pero se aleja… Lo tomo de la mano y nos perdemos en corredor hacia la suavidad de mis sábanas.

    Lo vuelvo esclavo de mis deseos, abre mis piernas y se tiende sobre mí, esquivo la penetración de su pija, juego con él, para excitarlo más; se gira, una pierna reposa sobre la mía, lo vuelvo a masturbar, lo pajeo, pero no lo dejo acabar, no eyacula, lo quiero más duro.

    — Tengo algo especial para vos, mi bebe, nadie nunca te va a tratar como yo esta noche.

    Me mira, se sonríe y me guiña un ojo; subo el cinto de seda y le cubre los ojos, no puede ver nada, solo sentir mi respiración y mis manos rasgando las sábanas mientas mi aliento baja por su pecho, lo comienzo a sentir en mi vientre. Espero el rozar de su glande como caricia sobre los mojados labios de mi concha, pero no.

    Quiero sentirlo, el silencio es muy profundo, no me toca. No le dejo ver nada, pero yo estoy temblando. Con mi dedo índice rozo otra vez su ano y se lo voy introduciendo suavemente, levanta sus caderas, me gusta la sensación, mi hijo me está penetrado por la boca, su erección siente la suavidad de mis labios que vuelven a envolver su glande y lo dejo acabar interminable en mi garganta, se retuerce mientras mis manos agitan, lo sigo pajeando aún más, mamando su semen.

    No le quito la seda de sus ojos, le dejo sentir mi cuerpo recostándome sobre el suyo, mi pubis se aprieta con su pija y me besa con el sabor de su semen en mi boca y que me he bebido. Su lengua busca otra vez la mía, me chupa la boca, succiono su saliva. Sus manos ahora me recorren y descubre mis caderas, encuentra la raja de mi cola y busca mi ano, me besa aún más profundo, pero me aparto.

    Se queda inmóvil entre las sábanas, su ceguera en la poca luz me busca y mi alejamiento nos sugieren nuevos juegos sexuales. No me siente, yo no escucho su voz, ni percibo su aliento; su contacto, mi perfume, pero permanecemos en silencio.

    Al cabo de un rato que me semeja el infinito, vuelvo a notar sus piernas cabalgadas sobre mi vientre, mi concha se refriega con su pija que se tiesa y se entierra en mis labios, le mojan mis flujos, pero no dejo que me penetre profundo. Me tomo del respaldo de la cama y dejo que me cabalgue, se frota sobre mí, le dejo sentir en sus labios mis pezones, y le pido que me muerda; los mordisquea, los succiona y se hacen más grandes en su boca.

    — Nadie nunca te va a tratar como yo esta noche. —Le repito.

    Me dejo penetrar aún más, hasta que desaparece su pija en mi jadeo y acaba otra vez, profundo en mis intestinos y yo me deshago sobre su cuerpo con un orgasmo profundo y húmedo en un grito; estamos sudando de placer, resbalo de su cuerpo y cae un chorro de semen desde mis entrañas de tanta calentura y del tamaño de mi furia.

    Me cogí otra vez a mi hijo, me rasgará el esfínter, más de uno hubiera deseado ese momento, pero era solo para él, mis caderas estaban reservado para mi hijo, desde siempre.

    Siento entre mis labios vaginales que su pija se ha hinchado nuevamente, pero no lo dejo penetrarme; me incorporo y le quito la seda de los ojos, la habitación está solo iluminada por la luz de la noche que ingresa por la ventana.

    — Vuélvete. —Me ordena.

    Me paro del lado de la cama, quiebro mi cuerpo, me recuesto y flexiono mis piernas hacia sus hombros, mis tetas se coronan con dos aureolas de profundo rosado y mis pezones apuntan hacia su mirada lasciva. Me sujeta las piernas por debajo de las rodillas y su glande se acerca otra vez a mis labios, ¡Suspiramos!

    — No, por el nácar de mi conchita no, primero “haceme la colita”, la guardé virgen para vos, ningún macho dilató mí esfínter, es mi regalo para vos.

    Coloca su glande en mi ano y presiona, me lo había lubricado y su erección se abre paso, con sus manos separa aún más mis caderas y me penetra, mi clítoris es su tentación, quiere chupármelo, pero no dejo que deje de penetrarme aún más, hasta que lo siento atravesar mis intestinos.

    — No te detengas, cógeme, cógeme más fuerte; rómpeme el culo, me arde; así quería sentirte, así, así nadie se atreve a ser el primero, solo vos bebe.

    Arqueo mi cuerpo sin soltar su pija, y aprieta mi esfínter aún más…

    — Atravesame, tenés una pija enorme hijo, abrime, ensanchame, enculame a tu forma y a tu ritmo.

    Se dibujan las siluetas en el cristal de la ventana con fondo de mar. Me arrodillo delante de él, lo masturbo, lo devoro… acabar o no, ya no es su alternativa, inunda mis labios y cae desparramando su semen entre el abismo de mis senos. Ya no es sino mi amante, mi lujuria, mi pecado final, la noche es profunda entre nuestros labios, se erecta sobre mis senos y desparrama el semen otra vez sobre mis aureolas rozadas y en mis pezones erectos.

    Apoyo mis manos sobre una mesa, mis pechos escapan del body negro, me corre la tanga, me penetra una vez más, curvo mi cabeza, mis cabellos negros huelen a “savage” le rozan el pecho, me siente, me gime y empujo mis caderas hacia su erección, la que late acabando dentro de mi vientre; curvo mi figura en un intenso orgasmo, mi cabeza se desploma hacia adelante y vuelvo a gemir acabando, —hemos acabado tres veces—, es mi macho (…)

    Se deshace el tiempo en edades mitológicas, consumado el deseado incesto se repite una y otra vez entre las penumbras que incitan el pecado. Edipo y Yocasta, se reencarnan en nosotros. Nos miramos, sonreímos mientras saboreamos el sabor fatal sobre una copa de espumante, ya jugamos incontrolables el placer lascivo de lo mitológico.

    Me despierto sudando, siento su erección, lo tengo a mi lado, Richard se levanta y lo contemplo, soy su madre, pero aún entregada a Morfeo, dormida, despertando entre espumas de encajes, almohadones de ganso y sábanas color pasteles resaltando el negro de mis encajes, se aleja mirándome. Descubro, aparto las sábanas, indefensa mi piel morena, mis piernas de color cual el ocre lo perturban, lo vuelvo a desear, estoy desnuda, se acerca y acaricio sus piernas, roza apenas con un dedo mi pubis, me besa los labios, se masturba y deja que su semen caiga delicadamente sobre mi boca entreabierta; cierro los ojos, lo saboreo (…)

    Jamás dejamos de ser amantes.

  • Trabajo y pesca con Carlitos

    Trabajo y pesca con Carlitos

    Luego de ese suceso con Carlitos han transcurrido varios años y es cierto que hemos pasado algunas noches de pesca aunque no todas como “aquellas” que relaté anteriormente. Entre nosotros nunca pasamos el límite y el “asterisco” nunca fue profanado con ninguna carne al menos en mi zona.

    Un fin de semana realizamos planes para charlar sobre un proyecto de construcción que podíamos llevar en común para mejorar las ganancias y velocidad, ya que estábamos pasar desde el viernes a la nochecita hasta el domingo en la mañana. Hacía mucho que no salíamos de pesca.

    Como estaríamos sobre la costa a mar abierto sobre el Atlántico en una zona bastante desierta llevamos una carpa que se suponía era para tres personas, para pasar menos frío.

    Llegamos ya de noche, armamos la carpa primero porque parecía podía llover y colocaríamos las cosas sensibles (ropa, billetera, comida, etc.) dentro para protegerlas de la lluvia.

    4 de la mañana, pasaba hora y media o dos entre cada pique que no siempre llegaba a buen término, la temperatura no sobrepasaban los 4 o 5 grados, el viento soplaba del sur sobre el costado de la carpa que por momentos parecía sería levantada por el viento. Dentro se estaba bastante bien, pues el farol de gas daba un poco de calor templando un poco dentro de la carpa.

    Carlitos se pone a mirar un video porno en su celular que me ofrece copiarlo vía bluetooth a mi celular, cosa que acepto. El video era una historia que intentaba coherencia manteniendo un hilo en los diálogos justificando las escenas de sexo explícito. Estaba interesante, incluía un poco de lesbianismo, escasos momentos de homo, trans y mucho hetero.

    Adivinasteis, colocamos una lona sobre la arena y nos acostamos a pajearnos uno al otro, como antes. Estuvo bueno aunque en la madrugada poco antes del amanecer se acercó un cardumen que nos mantuvo en movimiento durante más de 3 horas. Luego desayunamos un café, caminamos por la playa buscando maderas para el asado del mediodía. Así transcurrimos los días 3 días entre pajas y algún 69.

    Esos días logramos ponernos de acuerdo con los costos del proyecto para evitar competencia.

    El proyecto consistía en una reforma gigantesca de un edificio de 5 pisos de duración entre no menos de 10 a 15 meses de trabajo.

    Ganamos la licitación y pusimos manos a la obra un 1 de febrero con la seria intención de finalizar fin de diciembre principio de enero del año siguiente.

    Llevábamos 6 meses y poco de trabajo y el 75% del trabajo estaba en la finales incluyendo los 26 sanitarios revestidos y con la instalación de la grifería terminada que ese día me tocaba revisar el correcto funcionamiento de grifos, duchas y terminaciones de piso y cerámicas, etc. etc.. Al llegar al piso 3 y entrar en una de las oficinas escucho ruidos en uno de los baños privados. De puro curioso evitando hacer ruidos delatores camino despacio hacia la puerta que parecía el origen del ruido. Me asomo y quedo sorprendido al ver desnudo a Carlitos apoyado sobre un pasamanos en la ducha que aún no tenía las mamparas instaladas, mientras detrás Alfredo, el encargado de control de obra que también estaba desnudo y con su verga al palo que entraba y salía del culo de Carlitos.

    Le tenía tomado de las caderas y le bombeaba con frenesí para el goce de Carlitos que no cesaba de gemir y pedir más. Pasaban algunos minutos y Alfredo se detenía empujando a fondo mientras le abría las nalgas y se pegaba a la espalda de Carlitos para enseguida con su mano derecha buscar la pija de Carlitos y procedía a pajearlo para delirio de éste. Luego de unas “subidas y bajadas” volvía a tomarlo de las caderas para bombearlo con más ganas.

    Sin quererlo mi verga su puso al palo, demoré menos de 5 minutos en largar la lechita, fue cuando les escuché decir que terminaban aunque no era necesario porque vi como chorreaba leche la verga de Carlitos que se movía al compás de los empujones recibidos y Alfredo se venía dentro del culo con su verga enterrada a fondo. No tardé casi nada en ver correr la leche de Alfredo por la pierna de Carlitos mientras este entraba y salía en cámara lenta inundando el orto de Carlitos.

    Cayeron rendidos en la ducha, afuera el ruido clásico de obra mezclado con el tránsito en la avenida.

    Descansé, escuché que se duchaban y charlaban aunque no entendía nada entre el ruido del agua y sus risas. Callan, escucho algo parecido a un gemido, vuelvo a mirar y Carlitos estaba prendido de la verga del flaco (Alfredo) en una mamada feroz que la tenía al palo de nuevo. Ninguna sorpresa, Alfredo tenía alrededor de 29 o 30 años, o sea estaba con todo el “power” y quizás con hambre.

    Sin hacer ruido tomé mis papeles de chequeo, me fui despacito, cerré las puertas y me marché silencioso como llegué, la próxima salida de pesca seguro será diferente y quizás más entretenida.

    Sucedió en semana santa del año siguiente…

  • Para vengarme convertí a mi esposa en puta (Parte II)

    Para vengarme convertí a mi esposa en puta (Parte II)

    Los tres que habían recién follado estaban fuera de combate aún… Tarella recién había desaparecido… Le dije a los dos paraguas que esperaran unos minutos que ya comenzaría el show y que su paciencia tendría recompensa…

    Subiendo las escaleras le dije al viejo que estaba vistiéndose que si se iba ahora se arrepentiría y luego al trucho… Negro… Arregla el colchón… Ubícalo adelante… Entre los repuestos y pon 4 sillas alrededor… Bajo en unos minutos… Me di media vuelta y terminé de subir los escalones de dos en dos…

    Al llegar a la oficina, Tarella aún se encontraba en el baño… Tomé asiento en la orilla de uno de los sillones, crucé las piernas y me dispuse a esperar… No pasaron 2 minutos y salió… Aseada, peinada y vestida con una solera suelta de algodón color rosa con dos pabilos finos en su parte superior. Le llegaba hasta un poco más arriba de medio muslo. Por supuesto, calzaba sus sandalias y no llevaba ropa interior… Le señalé con la mano que se sentara frente a mi… Con un movimiento felino tomó su lugar frente a mí, cruzó sus piernas y acomodó el vestido de modo de mostrar todas sus largas piernas… Se veía realmente sexy… De inmediato comenzamos a hablar…

    (Con cara soñadora) Tare: Da, cariño, nunca antes había sentido esto… cómo es que ahora lo haces y antes no… debes contarme todo porque de verdad, Da, es… es… exquisito… liberador… Al principio se siente lo mismo o algo parecido que al orinar, pero definitivamente es diferente… Estremece todo el cuerpo y la sensación es más duradera que la del orgasmo… Porque no es otro tipo de orgasmo esto, cierto…

    -Al mismo tiempo que terminaba de hablar, su propio cuerpo recordaba lo sucedido, estremeciéndose levemente.

    Yo: no Tare, lo que sentiste se llama eyaculación femenina… Los hombres, cuando nos vamos, tenemos sensaciones similares a las que hace un rato experimentaste… Es rico, cierto…

    – Con los ojos cerrados y la cabeza recostada hacia atrás, escuchaba… Descruzó las piernas y sentándose, clavó sus ojos en los míos… mientras nos mirábamos, comenzó a hablar y al mismo tiempo llevar inconscientemente su mano al coño, frotándolo suavemente.

    (Con cara de pícara producto de sus toqueteos) Tare: mucho… pensaba que el orgasmo era lo máximo, pero… -Su rostro se tornó serio y su mirada vidriosa-

    Yo: Pero qué, peque… puedes decirme lo que sea…

    (Cambiando el semblante por su habitual máscara de sospecha constante) Tare: nada, mono… -Tras unos segundos de silencio, espetó…- con razón la mayoría de los hombres quiere puro irse al tiro…

    Nos reímos al unísono largo y tendido y eso nos relajó a ambos, pues el ambiente se estaba poniendo medio denso y no era la ocasión para ello…

    (Sus ojos brillaban y su voz era firme y segura) Tare: Da… Quiero sentirlo todos los días… Ya no podrás nunca más privarme de ello porque de otro modo me volvería loca y te buscaría por todo el mundo… y si estuvieras con otra, no me importaría nada y la mataría para que fueras solo mío… Haré lo que me pidas, pero no me dejes sin esto, sin ti… Por favor…

    Era mía de nuevo… aunque no estaba del todo seguro, tenía la sensación que había borrado de un plumazo o más bien de una eyaculada, el nombre, la sombra y la pistola del ex soldado que, hasta ese momento, era el verdadero dueño del coño de mi mujer y por ello, protagonista de todas mis pesadillas e inseguridades.

    La sensación de recuperar la voluntad y “amor” de Tarella no estuvo ni cerca de lo que había imaginado tenía que sentir… Supe en ese momento que ya no la amaba… y también tuve la certeza de seguir con mi venganza hasta el final, pues nada ni nadie podría recomponer nuestra quebrada relación… Me embargó la tristeza y la frustración… Precisamente esa sensación de no haber dado el ancho para mantener unida a mi familia, convirtió la pena en un amargo cáliz que no paraba de prepararme con notable dedicación… Miraba fijamente a Tarella, deteniéndome en los detalles… sus aros, en el gesto de su mano al apartar un mechón de cabello de su rostro, el cómo balanceaba su pie en el aire y pensaba… Todo se había perdido… esa idea llenó todos los rincones de mi cerebro…

    Mientras, fascinado, me comía con los ojos la belleza del cuerpo de mi mujer. No podía comprender el cómo era capaz de odiarla y desearla al mismo tiempo… quería que sufriera y al mismo tiempo quería que gozara, que fuera feliz… Estaba claro que no era amor… pero también comenzaba a ser real el hecho que no todo estaba perdido… Mi mente era un torbellino hasta que un pensamiento quebró el caos… tras perder algo, uno obtiene otra cosa a cambio… puede gustarnos o no, pero ahí está… el punto es… qué fue lo que obtuve…

    Sin dejar de mirarla en ningún momento, de pronto le pregunté…

    Yo: lo que te pida???

    Tare: si…

    Yo: pues quiero, para empezar dos cosas: 1.- que sigas siendo mi puta obediente, por lo cual obtendrás todo el placer que puedas sentir… y, 2.- que nunca más me mientas so pena de perderlo todo… Estamos?

    Tare: estamos…

    -Hizo el ademán de pararse en el entendido que la conversación había terminado. Al escuchar mi voz se abstuvo, continuando sentada- .

    Yo: también quiero que hoy, ahora, no te pongas ropa interior; bajes y te comas todas las pollas que se te ofrezcan dentro del local…

    Se levantó sonriéndome… dio la vuelta en un movimiento sexy y comenzó a caminar muy sensualmente… Al llegar a la puerta dio vuelta su rostro… Parada con ese delgado vestido a tras luz dejaba apreciar su menudo y proporcionado cuerpo… Estaba bellísima y caliente… Mi polla reclamaba salir de su prisión de algodón… Me llevé la mano a mi bulto y al tiempo que lo masajeaba la llamé por su nombre completo, cosa que solo pasaba en situaciones de mucho estrés o mucha excitación…

    Tare: dime??? Contestó posando los ojos en mi pija… Qué necesita??? Dijo con voz de niñita inocente…

    Yo: Tarella… yo… eh… Nada…

    Tare: ya po dime…

    Yo: si eres una buena puta te daré un premio…

    Tare: creo que ya me lo gané…

    Yo: aún no te has ganado nada excepto las etiquetas de puta, maraca, cualquiera y zorra entre otras… Ahora cambia esa cara y… Oye, le dije de pronto cambiando el tema, prefieres que te tratemos como puta o como señora???

    Tare: quiero ser una puta y quiero que los cabrones de afuera me paguen por ello… Y quiero que te paguen a ti…

    Yo: jajaja… Dale… Me gustó… Ahora ve y pon las reglas que desde acá te veo, pero ten en cuenta que esta vez pago yo… Te prometo que la siguiente será remunerado…

    Tare: mmm… ok, cariño, pero recuerda que el precio para ti por ser tu puta es que me hagas eyacular todos los días al menos una vez… Porfis…

    Yo: dale…

    Tare: -pasándose la mano por su mojado coño, afirmó con el tono más serio que logró conseguir-… Es un trato. Así, regalándome una de sus más hermosas y pícaras sonrisas estiraba su mano húmeda para el apretón en señal de asentimiento… Nos dimos las manos y, aun sonriendo, se marchó…

    Ya eran cerca de las 4 pm y como todos los sábados, la calle presentaba un panorama solitario, pues carecía del constante bullar que la caracteriza durante los días de semana. La agobiante soledad era interrumpida, de tarde en tarde, por los invasivos ruidos de algún vehículo… El paisaje estaba dominado por perros callejeros y vagabundos pululando aparentemente sin rumbo, en busca de algún trofeo que les cambie la suerte…

    Miraba desde el ventanal bajar a mí putita… Aún sonreía… El trucho, al verla aparecer por la esquina, le subió el volumen a la música y con un gesto de lo más caballeresco, la invitó a sacarse las sandalias y subirse al colchón… Tare, estiró su mano y se dejó ayudar… Podía ver a mi pequeño demonio gesticulando, parada descalza al medio de 5 tipos que a la distancia parecía que la escuchaban atentamente… Mientras la devoraban con los ojos, se refregaban sus bultos ya totalmente listos para la guerra…

    Cuando al parecer había quedado todo dicho, Tare levantó la vista y, con un gesto de su mano, me invitó a bajar… Descarté en principio la idea con un ademán y en voz alta les dije a todos… Ya po… Menos bla, bla y más acc…

    No terminé de pronunciar las últimas palabras cuando Tarella se recostaba sobre su espalda y abría sus piernas todo lo que daban, de modo de facilitarle la visión al viejo que miraba embelesado el espectáculo cómodamente sentado en una de las sillas dispuestas a los costados del improvisado escenario… Así, mientras los paraguayos se desnudaban a un costado todo lo rápido que podían, Edy se dedicaba con fervor a las tetas chupándolas al punto de dejarlas brillantes gracias a la saliva que las cubría… Las masajeaba, primero con ternura, para luego de una sesión de besos con lengua en los pezones, comenzaba con el toqueteo de nuevo, pero ahora bruscamente y así alternadamente. El hijo del Altiplano se estaba dando una despedida de rey…

    Mi esposa comenzaba a gemir tímidamente estimulada por los sobajeos del boliviano. Sus caderas comenzaron a levantarse buscando una polla que no aparecía… Al ver la oportunidad, ya que el viejo solo observaba, el trucho se tiró entre las piernas abiertas de mi esposa y comenzó a comerse ávidamente todo el coño y el año con su inquieta lengua… Se la enterraba en la entrada del ojete para luego subir lentamente y en círculos hasta su clítoris… Tarella estaba fuera de sí… aullaba de placer y con sus manos le tomaba la cabeza pidiéndole aumentar la velocidad… Segundos después tenía su primer orgasmo de la segunda tanda…

    Aún temblaba mientras era ayudada a ponerse de pie por los 4 hombres… El paraguayo más chico, pero más corpulento se tiró de espalda en el colchón y tomó a Tarella del brazo, invitándola a sentarse en su corta, pero gorda polla… La muy puta la tomó con su mano y se la ubicó en la entrada de su coño… alcanzó a jugar con ella unos segundos en la entrada, porque en el segundo intento el camionero la tomó de las caderas y la sentó de una sola vez… Tarella dio un pequeño grito y luego empezó a jadear de inmediato… La polla del paragua la estaba haciendo gozar… Unos minutos de rápidos movimientos le dieron a Tarella su segunda corrida… Satisfecha se tiró sobre el pecho del hombre… Éste le pasó el brazo justo por encima del culo obligándola a levantarlo y tras unos segundos de pausa siguió con el mete y saca…

    El otro paragua se ubicó detrás y comenzó a incursionar en su ano con un dedo… los propios jugos de Tarella ayudaron a que, en pocos segundos, el culo de mi esposa se estuviera comiendo no uno, sino dos dedos completos… Mi pequeña mujer gemía audiblemente… Sus gritos de placer se escuchaban por sobre la música con el ritmo algo acelerado con el que le estaban partiendo sus dos hoyos… Mientras se corría nuevamente, el hombre retiró sus dedos, le puso la punta de su polla en la entrada del culo y comenzó a forzar con ella hasta que la cabeza entera de la polla (que era más grande que la del amigo, pero más delgada) estuvo dentro…

    Tarella le rogaba que la sacara, que le dolía mucho, que no siguiera, pero todo fue en vano, ya que sus ruegos lejos de disuadir a sus fornicadores, les imprimió más deseo, por lo que al poco ya estaban follándosela salvajemente…

    La muy puta comenzó a gozar las dos pijas que tenía incrustadas a los pocos segundos después de su último ruego… les pedía que le dieran más fuerte a lo que accedieron de inmediato… No aguanté más y, tomando la cámara que había puesto a recargar, bajé los escalones de dos en dos, vestido solo con mis zapatillas y calcetines…

    Estuvieron así durante al menos 5 minutos… Al sentir que la mujercita se corría de nuevo, los paraguas se separaron… Le pidieron a Tarella que se levantara y se diera vuelta… una vez así la estiraron sobre el pecho del hombre el cual procedió a incrustarle su dura polla en el culo de una sola vez… Acto seguido el otro paragua se instaló en medio de las piernas de Tarella y abriéndolas todo lo que daban comenzó a penetrarla por el coño… Nuevamente mi señora era follada brutalmente por sus dos agujeros y a ella parecía gustarle muchísimo…

    Otro orgasmo le nublaba los ojos a mi ex cuando la tomaron como a una muñeca de trapo, poniéndola en 4 patas… Uno la perforó por el culo y el otro por la boca y de inmediato le dieron con todo hasta correrse ambos dentro de ella… Ni dos segundos tardaron en ser reemplazados por el viejo y Edy… Aún en 4 patas, mi mujer volvió a recibir dos pollas a la vez. El viejo le follaba su coño frenéticamente mientras el boliviano tomaba la cabeza de Tarella con sus manos para ayudarse a llegar hasta la garganta con su dura polla, follándole la boca como un poseso… Luego de unos minutos, le dieron vuelta y fue el viejo quien le daba ahora por la boca y el boliviano por el coño… Pocos minutos después ambos se corrían entre gruñidos y palmazos en el culo de mi señora en su boca y coño, llenándola nuevamente… Cuando la soltaron cayó cual muñeca de trapo sobre el colchón quedando de boca con su culo parado, pero casi inerte…

    Con los ojos cerrados, el cuerpo brillando en transpiración y la respiración aún agitada, Tarella, yacía tendida sobre el colchón desnuda y usada, aunque aún no completamente… La escena me mantuvo a mil. Pasándole la cámara al viejo, tomé a Tarella por las caderas y le incrusté la polla por el culo de una sola embestida… Mi mujer apenas gimió… Entonces comencé con un movimiento lento a follármela al tiempo que alternaba besos en la espalda y palmadas en los cachetes de su redondito culo… Con la primera nalgada, Tarella dio vuelta la cabeza y trató de protestar… Mi respuesta fue otra nalgada, pero más fuerte… -Te voy a partir el culo, puta de mierda- , le dije con verdadero odio al tiempo que aumentaba el ritmo de las embestidas… Al escucharme, comenzó a correrse de forma brutal… aullaba de placer mientras le decía al peruano que se acercara…

    Cuando su orgasmo terminó hice que el peruano se sentara en una silla. Puse a Tarella de espaldas al Trucho quien penetró con su polla el ya abierto culo de mi mujercita… Cuando ya lo tenía todo dentro, la empujé de modo que se recostara sobre el peruano que de verdad olía de los mil demonios y situándome entre sus piernas le perforé el coño… Poco nos costó tomar un ritmo a los tres… y tras algunos minutos así, Tarella comenzó con una sucesión de orgasmos que le duró los 10 minutos que estuvimos reventándole los cachetes y el coño y que acabó cuando en un orgasmo triple acabamos Tarella, el Trucho y yo… Nos quedamos pegados como perros en celo por un minuto completo… Al despegarnos, los dos paraguas, ya recuperados tomaban a la pobre Tare… Uno se sentó en la silla desde donde levantaron a mi mujer y dándole la espalda al hombre la sentaron de una sola vez en el coño… Así nuevamente estaba rebotando en una pija y gimiendo como una puta… A los pocos minutos se acercó el otro camionero y acostándola sobre el que la estaba follando, le puso la polla en el coño y comenzó a tratar de meterlo en el ya ocupado orificio…

    Tarella, aullaba de dolor nuevamente, sin embargo, no se debatía, permitiéndole al hombre realizar su trabajo a su antojo… Tras varios intentos fallidos, logró penetrarla… El grito de dolor fue desgarrador, pero el tipo siguió su tarea, perforando el ya lleno coño de Tarella cada vez más profundamente…

    Cuando lo tuvo todo dentro comenzó a moverse al mismo ritmo que su compañero… Los gritos de dolor se transformaron poco a poco en gemidos de placer… a los minutos gritaba como loca que siguieran, que llegaran más profundo… que más rápido… La follaron los dos por su coño durante un buen rato durante el cual mi mujer no paraba de sentir orgasmo tras orgasmo hasta quedar media desmayada entre los dos tipos… Las últimas embestidas fueron brutales sacándole lágrimas de sus ojos… Los tres se corrieron en medio de alaridos y gemidos de placer, quedando abrazados en la silla por largos segundos…

    Por muy puta que fuera mi esposa, tanta polla la había rendido… Tan cansada estaba, que cayó dormida en cuanto los paraguas se levantaron… La vieron unos segundos indefensa, acostada de boca, con su redondo culito apuntando al cielo… El cuadro era alucinante… y con una sonrisa en la cara me dieron la mano en señal de gracias y despedida, tomaron sus ropas y tras vestirse se marcharon. Entre tanto se vestían los camioneros, el boliviano y el peruano querían seguir con la fiesta, pues algo les decía que era ahora o nunca, por lo que, despertándola, comenzaron a follársela en 4 patas por el culo y la boca los dos a la vez… Tarella al principio no reaccionaba, pero tras unos minutos de estimulación la despertaron del todo… Ella misma se movía, enterrándose ambas vergas hasta las pelotas… Estaba nuevamente gozando… Follaron largo y tendido intercambiando de lugar en varias oportunidades de modo que ambos se la clavaron en los tres hoyos más de una vez… El viejo, en tanto, era un privilegiado espectador…

    Los dos acabaron en la cara y tetas (a petición suya), dejándola acostada sobre su espalda con las piernas abiertas, jadeando… Al abrir los ojos buscó mi mirada hasta encontrarla… Sostuvimos la mirada por unos cuantos segundos… Sus sensuales labios esbozaron una sonrisa. Fue, creo, la última vez que mi esposa me inspiró ternura y el deseo de protegerla… Me levanté de la silla donde estaba admirándola para ayudarla a levantarse. Sus piernas vacilaron, por lo que la alcé en brazos, dirigiéndome hacia nuestra oficina.

    Una vez en el baño, enjaboné su cuerpo con ternura y dedicación y, tras secarla, la vestí con una bata de levantarse y acosté en un sillón, tapándola con una frazada… De inmediato cerró sus ojos y acomodó en posición fetal… Le besé la sien y acaricié su pelo. Inclinándome sobre su oreja, susurrando le dije… -Descansa, pequeña… Descansa al menos un rato…- y pensé… Total, abajo ya están esperando su turno otros 4 camioneros ávidos de un buen y caliente coño, del cual podrán disfrutar, a partir de ahora, por una módica suma, por supuesto…

    El reloj anunciaba que las 10 de la noche habían llegado y la puta de Tarella había dado cuenta de las dos últimas vergas erectas que quedaban… Estaba bañada en semen y sudor… Tanto su culo como coño quedaron tan abiertos que parecía tuviesen una polla invisible incrustada… Así, después de ser follada por todos sus agujeros, por 12 distintos tipos, durante casi 10 horas, mi podre mujer había quedado destruida… Desnuda la alzaron entre 4 tipos y llevaron al carro, pues sus piernas ya no sostenían su peso… En cuanto la subieron a los asientos posteriores, cayó en un profundo sueño… Dormía plácidamente… En su cara brillaba una sonrisa de satisfacción que no le había visto nunca… Al llegar a casa, la tomé en brazos y llena de semen y transpirada, la acosté sobre la cama donde quedó como muerta hasta pasadas las 4 de la tarde del domingo…

    La desperté con un plato de frutas picadas y un buen vaso de jugo natural de naranja… Le dolía todo el cuerpo, pero se sentía muy liviana y relajada… Comió con avidez… Tras beber la última gota del vaso le pregunté cómo se sentía… Esbozó una enigmática sonrisa y asintió lentamente con la cabeza…

    Tare: espero nunca más estar con tantos… aún siento el culo y coño cocidos…

    Nos reímos juntos de buenas ganas…

    Tare: -Da… puedes empezar a cumplir tu parte del trato-. Vio mi expresión y agregó, no me mal entiendas… nunca había sentido tantos orgasmos juntos, pero no dejaba de anhelar sentir otra eyaculación… Da… te puedo confesar algo…

    Yo: por supuesto…

    Tare: fue lo mismo que me pasó con el soldado… perdóname… pero ahora debes estar tranquilo porque lo superaste…

    Yo: gracias!!! Le dije con una sonrisa, pero pensaba… -Está convencida que ser puta es normal… Ya verás, maldita perra… ya verás…

    Este es el fin del primero de 10 relatos que cuentan la historia completa del cómo consumé mi venganza en contra de mi ex y sus amantes… Después de entrar en esto, nunca volví a ser el mismo… lo que me inquieta es que, cada vez más, encuentro justificaciones para disfrutarlo sin remordimientos ulteriores…