Blog

  • Tres viejas y un sátiro

    Tres viejas y un sátiro

    Anoche Petra dijo en voz alta:

    -Está cada día más lindo este nene…

    -Sé que se llama Jorgito… -agregó Lola…

    -Debe tener unos quince o dieciséis, me parece… -se sumó Herondina y entre las tres me cerraron el paso… Todos me dan esa edad, pero tengo dieciocho recién cumplidos…

    -Buenas noches… -saludé buscando esquivarlas, pero me lo impidieron rodeándome, bien pegadas a mí…

    -Déjenme pasar, por favor… -les pedí muy nervioso y también inquieto por algo muy raro que estaba empezando a sentir…

    -Tranquilo, Jorgito, tranquilo… -dijo Lola y entonces intervino Herondina con tono firme mientras me sujetaba de un brazo:

    -Metámoslo en casa…

    Las otras dos aprobaron la idea y me vi arrastrado hasta la puerta de calle, después a través del estrecho jardín y por último dentro de la casa…

    Yo ya estaba excitadísimo ante la rara situación que estaba viviendo, en manos de esas tres mujeres cuyas intenciones desconocía, aunque estaba claro que era para ellas una presa…

    -¿Dónde lo llevamos? –quiso saber Lola.

    -Por ese pasillo al dormitorio, la puerta de la derecha…

    -Pero, ¿qué?… ¿qué quieren de mí?… ¿Qué me?… ¿qué me van a hacer?…

    -Ya lo vas a saber, Jorgito… -me dijo Herondina y soltó una risita que me sonó perversa…

    Cuando llegamos al dormitorio me soltaron y Herondina me ordenó desnudarme…

    -¡¡¡Noooo!!! –Protesté… -¡¿Para qué quieren que me desnude?!…

    Sin contestarme, Herondina abrió el cajón de la mesita de noche y sacó un consolador y un pote…

    -Para darle de comer esto a tu lindo culito…

    -¡¡¡NOOOOO!!!…

    -¡Háganlo callar! –ordenó Herondina, que parecía llevar la voz cantante y entonces me tiraron de espaldas en la cama. Petra me sujetó tomándome de las muñecas, con los brazos estirados detrás de la cabeza. Lola se sentó sobre mis muslos y empezó a pegarme puñetazos en el estómago.

    Yo apenas podía gemir y jadear hasta que Lola dijo: -¿Te vas a portar bien, putito?

    -Yo… yo no… no soy eso… -protesté…

    -Te hice una pregunta, putito… -insistió Lola con todo duro…

    -Por favor… -supliqué y Herondina intervino: -Bueno, no perdamos tiempo, pongámoslo en pelotas… -y entre las tres me dejaron como vine al mundo, mientras yo, de pie junto a la cama, protestaba vanamente…

    Cuando me tuvieron desnudo y temblando de miedo y ansiedad, Petra dijo:

    -Tendríamos que castigarlo por el escándalo que hizo…

    -Sí… -coincidió Herondina… -para que se dé cuenta de que le conviene portarse bien…

    -¿Cómo lo castigamos? –preguntó Lola…

    -Busco un cinturón que tengo y le dejamos color tomate ese lindo culito de nena…

    -¡¡¡No tengo culo de nena!!! –protesté aunque esa frase de Herondina me había excitado un poco…

    -Háganlo callar… -pidió Herondina mientras abría una de las puertas del ropero…

    Lola y Petra me derribaron sobre la cama a bofetadas y Herondina volvió empuñando un cinturón de cuero negro, doblado en dos…

    -Sujétenlo en cuatro patas… -pidió y después me amenazó: -Ahora vas a ver, putito rebelde…

    -¡¡¡Noooooo!!! ¡¡¡Por favor, no!!!…

    Pero no hubo caso, Lola y Petra me pusieron en posición y enseguida empezó la paliza…

    Dolor a cada azote y mi gritos, gemidos y ruegos… Después, un oscuro e intenso placer que me iba revelando cosas de mí que yo desconocía, porque habían permanecido muy escondidas hasta esa noche…

    No sé cuántos cintarazos habían recibido mis nalgas cuando Herondina interrumpió el castigo y me preguntó: -¿Sigo, Jorgito? ¿O te vas a portar bien?…

    -No me… No me pegue más, señora… Me… me voy a… a portar bien…

    -Sabés lo que te conviene, entonces…

    -S… sí, señora Herondina…

    -Bueno, ya vas a ver que te va a gustar, Jorgito…

    -Ay, no sé, señora… Me va a doler… ¡Es muy grande eso!…

    -Manténganlo así, en cuatro patas, como el perrito que es, y ábranle las nalgas… -pidió Herondina a las otras dos y así quedé, indefenso y listo para la inminente violación, que me tenía temblando de miedo y deseo al mismo tiempo…

    (Continuará)

  • Tarjetas black (Parte 2)

    Tarjetas black (Parte 2)

    Roberto era un caballero, un hombre como Dios manda que no dejaría que la mujer que acababa de hacerle una mamada como aquella volviera a su casa en bus. La llevo en coche hasta la puerta de su casa y condujo despacio hacia su hotel.

    Por suerte gracias a su trabajo viajaba mucho, por desgracia casi siempre solo. Puesto que nadie le esperaba paró de camino en un bar, a cenar y darle vueltas a todo aquel asunto.

    Mientras trataba de hacerle frente a aquella ensalada Cesar completa con salsa de yogurt, Roberto no dejaba de darle vueltas a la importancia de mantener alejados a los periodistas carroñeros hijos de puta, aquellos que se ponían medallas al mérito de mierda por desprestigiar a una empresa importante como para la que él trabajaba. La humillación pública era lo principal porque, no nos engañemos, en empresas sólidas que las acciones bajen uno o tres puntos durante un par de semanas no importa un carajo, al menos para quienes tomaban las decisiones. Debían llegar a un acuerdo razonable con el Sr. Hacienda y evitar los tribunales, pero eso ya no dependía de Roberto. Él había mandado aquella misma tarde su informe final al jefe de auditores, quién lo remitiría a su vez al Sr. Hacienda para ser contrastado con lo que ellos tenían.

    En fin, los putos periodistas siempre pegan la oreja en las mismas puertas. Primero en la puerta del Sr. Hacienda, especialmente fútil. A través de ésta todo se escucha y todo se sabe. En cambio, a la puerta de la Unidad de policía fiscal no se acercaban, esa debe ser acorazada o dar descargas eléctricas. En segundo lugar estaba la puerta de las empresas de la competencia, aunque a estas no les interesan mucho los asuntos contables, sino los de investigación, desarrollo y comercialización, ahí sí que les interesaba husmear. Pero lo peor era cuando los periodistas pegaban la oreja a las puertas de la propia empresa, eso sí que desataba el terremoto, y el edificio se estremecía de arriba abajo con consecuencias impredecibles para quienes estaban dentro. Finalmente, mezclado lo sabido con lo inventado los muy cabrones publicaban documentos e información jugosa para sus lectores. Alguna vez se había imaginado a todos ellos: al Sr. Hacienda, los periodistas, la policía, las empresas competidoras, etc. compartiendo comida basura en el mismo lóbrego cuartucho mientras que con las manos pringosas escuchaban conversaciones telefónicas, leían emails y whatsapps. Realmente patético. En fin, el hacia su trabajo, cerrar la herida y lograr el mal menor, como solía decirse a sí mismo.

    Sin embargo, lo primero era el trabajo y a Roberto no le hacía falta que nadie se lo recordase, lo tenía afianzado en su personalidad desde bien niño. Por otra parte, no pensaba dejar escapar a esa mujer, la contable, con sólo una mamada, nada más que una ínfima porción de esa rica tarta de chocolate colombiano. Ni hablar. Había sido muchísimo mejor que esas habituales felaciones exprés. En verdad había estado genial y a Róber se le hacía la boca agua pensando en el segundo plato y el postre que aquella mujer casada le podría ofrecer. Tendría que llamarla a su despacho para que le pusiese al día de sus gestiones y de sus otras destrezas femeninas.

    Llegó a su hotel y encaminó sus pasos hacia la recepción para pedir la llave. Como cada noche, aquel chico dejó rápidamente de estudiar francés para entregársela. Tras darle las buenas noches, le entregó la llave sin preguntarle el número. Buena memoria, pensó Roberto mientras se dirigía hacia el ascensor. Esta noche el muchacho no había intentado entablar conversación. Tuvo que esperar delante de la puerta metálica y volvió a mirarlo de reojo.

    En lugar de volver a sus ejercicios de gramática el joven marcó un número de teléfono ―Tienes que acabar de limpiar eso. Necesito que bajes al comedor― A Róber le extrañó hubiera gente de servicio a aquellas horas de la noche, pero ciertamente se la cruzó por el pasillo de su planta. Llevaba el pelo teñido de un rubio apagado que no le iba para nada.

    Roberto abrió la puerta, y desde allí gritó:

    ― ¡Señorita, no ha cambiado las sabanas! Avisé esta mañana.

    La limpiadora lo miró sorprendida. La puerta del ascensor se abrió.

    ― Lo siento caballero, me han avisado para que vaya al comedor. Subiré en cuanto pueda.

    ― ¡Se baja! Pues espere que vaya con usted. Hablaré con recepción. ―Róber tiró de la puerta y cerró. Pero esa súbita reacción de Roberto hizo a su vez que la limpiadora cambiase rápidamente de idea.

    ― No se preocupe caballero, no era mi intención… Voy enseguida. ―dijo la mujer cogiendo una bayeta y un espray sin etiqueta.

    ― Se lo agradezco. Pero me temo que me he dejado la llave dentro. ―se excusó él.

    ― No se preocupe, yo tengo una llave maestra. ―le tranquilizó ella.

    Al entrar en su habitación Roberto esperó a que la mujer comenzase su faena para coger el auricular. Marcó 000.

    ― Recepción. Buenas noches.

    ― Buenas noches. De la habitación 422, le importaría subir un momento.

    Róber no había tardado ni un segundo en darse cuenta de que habían usado su ordenador. Desde que se le rompió el adaptador de corriente, siempre lo desenchufaba después de apagarlo. Lo tocó. Estaba caliente.

    Roberto no sabía si era así de valiente, o así de imbécil. El caso es que instintivamente se dispuso a hacerle frente sin querer pensar en que aquella mujer pudiera esconder una pistola bajo su uniforme.

    Era una mujer agraciada para los cuarenta y tantos años que debía tener. De pelo ondulado, corto y moreno, de tez oscura, nariz chata, pómulos y labios perfilados, y con curvas felinas. Con todo lo que hace falta, donde hace falta. Ese tipo de mujer que uno desea llevarse a la cama a pesar de que tenga marido, un par de niños a medio criar y unos kilos demás. Si a una mujer inquieta y audaz le sumamos un pecho opulento, una figura contenida, un buen culo y dos piernas sin demasiados desperfectos, Roberto podía dar fe de que su marido debía estar encantado con ella. Además por la forma en que mirada se deducía que se trataba de una hembra atrevida, provocadora, sagaz e apta en todo los sentidos. Sin embargo Roberto intuía que tras esa fachada servicial se ocultaba una dictadora, con un estricto control a nivel de entrepierna para desgracia de su afortunado marido.

    Róber aprovechó para colocar su i-phone en un estante que había en un lado de la habitación, justo detrás de una figura con forma de caballo de forma que apenas sobresalía, justo el objetivo de la cámara en uno de los laterales de la parte posterior. El teléfono enfocaba la cama lateralmente.

    Cuando la limpiadora salió de aseo, la informó de que había llamado a recepción. También le dijo que sabía que había husmeado en su ordenador. Aunque ella lo negó, Roberto continuo preguntando para quién trabajaba, y le pidió que se identificara si era policía. Sin embargo la mujer insistió en no saber de qué estaba hablando. Con lo que la discusión fue aumentando de tono hasta que llamaron a la puerta. El joven de recepción.

    ―Vamos a ver ―comenzó a hablar Roberto mirando a la mujer― Uno: Alguien acaba de apagar mi ordenador, y las cámaras del pasillo nos dirán quién. Dos: Tú trabajas aquí ―dijo Roberto mirando ahora al recepcionista― pero a ella es el primer día que la veo. Y tres: la has avisado para que se marchase de mi habitación, luego estás metido en esto. Así que sólo lo preguntaré una vez antes de llamar a la policía, ¿Qué coño está pasando aquí? ―preguntó Róber amenazante.

    Tras unos instantes de silencio y un rápido intercambio de miradas de los unos a los otros, el muchacho comenzó a hablar.

    ― Al comienzo de mi turno un hombre llamó por teléfono. No se identificó, y su voz sonaba distorsionada.

    ― Cállate la boca. ―le interrumpió la señora para amedrentar al muchacho, obligando a Róber a tomar de nuevo las riendas.

    ― Cállese usted, o la encierro en el puto cuarto de baño hasta que venga la policía, o quizá mejor vengan unos amigos no tan educados como la policía… ¿lo has entendido?

    El recepcionista continuó.

    ―Me dijo que vendría una mujer, que hiciera todo lo que ella me pidiese o envenenarían a mi perro…

    El chico decía la verdad. Su rostro emanaba vergüenza y desolación. Era un chico joven, de entre 25 y 30 años, casi tan alto como él mismo, de complexión atlética y muy alegre en circunstancias normales. Seguramente estaría trabajando en el turno de noche para poder asistir a la universidad y pagarse el alquiler de un piso compartido como él mismo había hecho hace ya unos cuantos años. Probablemente tuviera novia porque era un chaval alto, simpático y bien parecido. Posiblemente tuviera además una amiga. Con esa edad se dispone de energía a raudales.

    Róber ya sabía todo lo que el muchacho podría decirle, razón por la que pasó a interrogar a la mujer.― Muy bien, guapa. ¿Qué ha venido a buscar? ―le preguntó sin rodeos.

    ― Si necesitas que yo te lo diga es que no eres tan listo como te crees. ―respondió la mujer con sarcasmo.

    Róber no pudo contener una sonrisa por el elegante golpe que acababa de recibir, y prosiguió.

    ― Bueno, quizá tú seas la más lista, pero yo tengo algo que tú quieres… ¿verdad?

    ― O no… ―le cortó la mujer con otro menosprecio. Sonreía.

    ― De acuerdo, digamos al menos que alguien quiere saber si va a tener o no, problemas. Evidentemente, usted no va a rebelar de quién se trata. Lo cual nos devuelve a la cuestión inicial, ¿es usted policía?

    Róber comprendió que ella no iba a responder a aquella pregunta. Habría apostado a que no lo era, lo mismo que un jugador apuesta todo al Negro en la ruleta rusa. Tuvo que jugar fuerte, y siguió hablando.

    ― Aunque no quiere usted colaborar conmigo, en señal de buena fe, le informo de que éste de aquí es mi ordenador privado y no contiene lo que vino a buscar… También le informo de que soy un hombre razonable al que le gustan las personas intrépidas… sobre todo si son mujeres casadas, como usted. ―dijo haciendo referencia al añillo en la mano derecha de ella― Así que si es usted policía identifíquese, y si quiere negociar… desnúdese.

    Aquella no era de las que se asustan fácilmente, y dijo: ― Una lista. Deme una lista de los implicados, y veremos qué puedo hacer yo por usted. ― Le devolvió la pelota ella con mirada pícara.

    Róber estudio la oferta que aquella intrépida señora acababa de hacerle. La mirada que le dirigió junto al cóctel de insolencia y seducción que se daba en ella estimuló la codicia de Roberto aún más de lo habitual en él.

    ― ¿Sabe el nombre que le interesa? ―empezó Roberto a tutearla.

    ― Sí ―respondió ella.

    ― Y no prefiere sacar… digamos… 1000 dólares extra por decirme ahora ese nombre ―Roberto lanzó otra oferta― Si estaba en mi lista como si no antes de esta noche, él nunca lo sabrá.

    Sin meditar respondió seria e inmediatamente.

    ― Disculpe, pero mi trabajo es un 50% dinero y un 50% confianza. Lo siento.

    ― No me lo está poniendo fácil… ―se quejó Roberto― Veamos, no puedo darle una lista como esa y dejar que se la lleve, pero le diré que haremos… y va a ser la última propuesta que le haga, ¿está claro? ―le advirtió Roberto con severidad― Parece usted una mujer con recursos, y me gustaría comprobarlo. Quiero verla desnuda, y nuestro amigo se desnudará también ―refiriéndose al joven recepcionista― Después, él se tumbará sobre la cama y usted tendrá que conseguir que él se corra, después de lo que él ha hecho por usted es lo mínimo que puede hacer por él…

    ― Y tú no te vas a desnudar, no es justo ―añadió la mujer sonriendo.

    ― Después, yo… ― Roberto hizo una pausa inquietante― le dejaré los papeles. Podrá ojearlos cuanto quiera, pero me los devolverá antes de marcharse… ¿Le interesa?

    La señora no respondió. Se puso en pie y tras dirigir una última mirada a ambos comenzó a desabotonarse la bata del uniforme de limpiadora.

    Anna Lucía, de un apenas un metro sesenta de estatura, era una mujer madura y luchadora. Era una mujer hermosa de coño negro como la noche, piel dorada, ojos café, nariz delicada, labios rotundos y sensuales. Le encantaba su trabajo como profesora de lengua y literatura, pero desde pequeña le interesó la policía y todo lo relacionado con la investigación y el crimen, razón por la que acabó haciendo trabajillos para diversos detectives, empresas y agencias públicas y privadas. Anna era independiente y temeraria, por eso no le había dicho a su marido nada sobre sus otras actividades, tampoco sabía que Anna tenía un amante. Un subcomisario enérgico y resuelto en el uso de la “porra”. Su esposo le daba cariño y caricias, el otro la follaba hasta dejarla agotada y con las piernas temblando. Así que ambos hombres se complementaban para satisfacerla.

    Si bien el recepcionista no era demasiado guapo, Anna a sus 47 años se sentía orgullosa de que un chico joven y alto se mostrase entusiasmado de acostarse con ella. Además de unos músculos adecuadamente firmes y marcados, el muchacho no estaba mal dotado, pero lo que a Anna le llamó la atención fue la verticalidad de la polla del chico, como poste apuntando al cielo, y eso que ni siquiera había empezado a chupársela. ― Que barbaridad, cómo se presentan estos jóvenes ―penso.

    Anna sabía cómo arrastrar al muchacho a su terreno. Ambos estaban desnudos, bueno casi desnudos… ya que Roberto le había pedido a Anna que se dejara las medias y las braguitas. Cosa que a ella le pareció bien, aquellas medias hacían que sus fuertes piernas lucieran increíblemente contorneadas. Durante un rato, de pie ambos se acariciaron sintiendo el contorno del otro. Anna recorrió el pecho y el torso del chico hasta agarrar su sólida verga. El muchacho exploraba con premura sus tetas, su culo, su boca, hasta que Roberto le mandó que se pusiera de rodillas sobre la cama.

    El muchacho vio a la mujer acercarse a cuatro patas y como tras sacudir dos o tres veces el sexo que él le ofrecía se lo llevó a la boca. Llevaba puestas las bragas y las medias, pero sus grandes tetas colgaban ondulando libremente. Nunca había tenido a su alcance unas tetas como aquellas. Mientras ella chupaba y lamía su polla, el muchacho le pellizcaba delicadamente los pezones, provocando sonidos sugerentes en Anna que comenzó a gemir más fuerte, casi continuamente.

    La madura esposa se calmó un poco y se detuvo para alzarse y besarle el cuello. Ella era quién controlaba la situación. Luego se dedicó a lamer su pecho y su abdomen de mármol. Se deslizó otra vez como una serpiente hasta tener enfrente aquél joven y poderoso rabo. No pudo resistir la excitación que aquel jugoso miembro hacia crecer en ella. Comenzó a besarlo muy delicadamente, empezando por el inflado glande. Después sacaba la lengua y la deslizaba por toda la columna, en un cálido y largo lametón de casi veinte centímetros.

    El muchacho permanecía inmóvil con los brazos en su espalda, con aspecto de terrible excitación, la mirada fija en Anna. Acto seguido, la señora abrió su boca y engulló aquel hermoso miembro hasta donde pudo. Siempre se le había dado bien. Con la boca llena, Anna variaba de técnica. Unas veces chupaba ruidosamente el capullo como si se tratase de un Chupa-Chups, otras sacaba la lengua por debajo, otras movía la cabeza en círculos como había visto hacer a su prima, unas veces le lamía los huevos y otras frotaba con fuerza en el frenillo como le había enseñado el marido de una vecina entre los coches del garaje, y claro, de vez en cuando devoraba entero el pollón del muchacho como exigía siempre su amante el subcomisario.

    Roberto pronto sintió envidia. Equivocadamente había pensado que aquella señora sería una nulidad en la cama. En cambio, se mostraba tan desinhibida y ávida de sexo como una hembra joven con su primer novio.

    Los gemidos del chico evidenciaban que la mujer sabía mamarla. Sin lugar a dudas, aquella habilidad era fruto de experiencia. Como ella misma se había burlado una vez, “Ninguna mujer nace enseñada, todas debemos aprender”, y ella había practicado bastante desde que se la chupo a su primer chico en las escaleras de casa de sus padres. De hecho, cuando Anna cumplió los cuarenta hizo el cálculo, a una por semana habría hecho unas tres mil mamadas y bebido un litro y medio de semen.

    Anna miraba a los ojos del muchacho cuya verga engullía, a algunos hombres les gusta mucho. Sabe más una Diabla por vieja, que por Diabla. La mujer estaba tan concentrada en hacerle a aquel chico la mejor mamada de su vida que no se dio cuenta de que Roberto estaba ahora de pie junto a la cama. En contraste con ellos dos continuaba elegantemente vestido con la camisa y el pantalón de traje, salvo por un detalle, llevaba su polla fuera a través de la cremallera del pantalón. De repente Anna se percató de su presencia.

    ― ¿Es que no veías bien desde el sillón? ―le dijo burlona, sin dejar de menear la polla del chico.

    Roberto no contestó.

    ― ¡Vaya pistolón! ¡Seguro que asustas a las niñas! ―bromeó Anna.

    ― No te creas ―contestó Roberto― Las señoritas de hoy son tan remilgadas como las de antes cuando les apetece comerse una polla… ni tampoco las mamás modernas tenéis el culo tan cerrado como las de antaño.

    Aquella afirmación dibujo una sonrisa en la cara de Anna, hacía poco surgió el tema en el grupo de amigas y vecinas con quién salía a caminar. Volvió a su sabrosa tarea. Se había propuesto hacer que el muchacho se corriese precipitadamente pero el miembro de aquel chico resistía más de lo previsto. Cuando de pronto, el muchacho la tomó por la melena y con un golpe de cadera la penetró oralmente hasta casi dejarla sin respiración… Pasaron unos segundos eternos y al sentir que se ahogaba, Anna puso sus manos sobre el vientre del chico hasta apartarse de aquel pollón matador. Ambos se miraron a los ojos, los de ella de enfado, los de él de satisfacción. Muy cabreada, la señora cogió al muchacho por los huevos, y le advirtió. ― ¡No vuelvas a hacer eso! ¡¡¿Entendido?!!

    ― ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ―echó a reír Roberto.

    El recepcionista había tenido suerte, una Nochevieja, cuando un bruto la folló la boca hasta hacer que su carísimo maquillaje se corriese en su cara, ella no dudo en arrearle un puñetazo en los huevos. Anna no había respondido de aquella forma porque se hubiese sentido ultrajada, si no porque no le gustaba que la forzaran. De hecho ella se la tragaba entera casi siempre, si le daba la gana.

    Sus amantes se colocaron entonces uno a cada costado de ella y comenzaron a lamer sus tetas al mismo tiempo, después sus pezones, su cuello… El ejecutivo no tardó en frotarle con ímpetu el coño por encima de su perjudicada braguita. Anna se sentía muy bien atendida por aquellos dos serviciales caballeros, tan bien dotados y dispuestos a satisfacer las necesidades de una dama excitada.

    Anna cayó en la cuenta de que nunca se la había chupado a dos tíos a la vez. Enseguida decidió, que no se iba a quedar con las ganas. No dejaría escapar la oportunidad, y estiró la mano hasta agarrar el hermoso miembro de ejecutivo.

    ― Dos mejor que una ―bromeó.

    Anna giró la cabeza y buscó la dura polla de Roberto. Aquella sí era de las grandes, sobretodo gorda, aunque tampoco es que ella hubiera visto tantas, la verdad. Roberto también se ladeó un poquito para facilitarme la labor y de esa manera la señora pudo comenzar el festín. Anna se dio cuenta de que tenía un sabor especial, y en seguida comprendió por qué el ejecutivo se mostraba tan distante. Al ejecutivo español le sabía la polla a esperma, luego debía haber eyaculado hacía poco. Pero no olía a coño, y entonces Anna supuso que no iba a ser ella la primera en beber de aquel caño esa tarde.

    Mientras se la mamaba podía escuchar su respiración. Se deleitaba con los jadeos y gruñidos de placer de aquel caballero. Notaba cómo inconscientemente el español movía levemente sus caderas. La hábil mujer pronto equilibró el ritmo de su boca con las ligeras embestidas de él, ganando poco a poco profundidad. Repentinamente, creyó que su boca se había transformado en su coñito. Ya no sabía si sus labios mamaban aquella gorda polla o si por el contrario, era la polla la que follaba su boca como si fuera un chochito.

    El hombre, amasó sin ceremonias sus grandes pechos y besó apasionadamente el culo de Anna sobre la fina tela de su braguita. La señora estaba ahora en manos de dos hombres. Era la primera vez que Anna tenía dos pollas sólo para ella, una en cada mano. La sensación de menear dos vergas, ambas de buen tamaño, era tan brutal que Anna quedo suspendida en una nube, satisfecha, exultante. De pronto comenzó a regocijarse, le iba a poner a su marido unos cuernos monumentales.

    Siempre había uno de ellos esperando con impaciencia, pero ambas vergas se fueron relevando ordenadamente en la boca de Anna. Era una mujer excepcional que disfruta y simultáneamente hacia disfrutar aplicando su boca incansablemente a aquellos dos rabos. Su habilidad como felatriz era apreciada y reconocida por ambos amantes.

    ― Las “mamis” la chupan bien ¿eh, chaval? ―explicó el ejecutivo al recepcionista.

    Entonces se produjo unos de los números estrella de la noche. Anna chupaba, lamía, succionaba, mamaba, sorbía de aquellos rabos y cambiaba tan pronto de uno a otro, que comenzaron a formarse hilos de saliva que como puentes colgantes unían los labios de la mujer a aquellas columnas. Un espectáculo que ninguno de los presentes había contemplado con anterioridad, ni siquiera ella misma. Parecía una actriz porno, pero Anna era mucho más, también era madre, esposa y profesora.

    Anna llevaba casi diez minutos mamándoles la polla, con tanta pasión que el recepcionista había tenido que retirarse de su boca en un par de ocasiones para evitar eyacular. En cambio, el impresionante ejecutivo se postraba inexpugnable, y pasaba su mano por la entrepierna de la mujer. El cerco de humedad abarcaba todo el ancho de la braga. El hombre frotó en sus dedos el líquido pringoso que los había manchado y pronto estuvo detrás de ella, acariciando con una mano las nalgas de si esposa y meneando con la otra su rabo para que este no perdiese un ápice de volumen y dureza. Sin darse cuenta Roberto, con su fuerte mano en la encharcada entrepierna de Anna, hizo que ésta dejase escapar un suspiro de satisfacción haciéndola subir un nuevo peldaño de la escalera del placer a la mujer que le chupaba la polla.

    Anna estaba encantada con sus dos vergas, y de mamarlas al mismo tiempo, pero como a la mayoría de mujeres no le seducía la idea de que los dos tíos la penetraran a la vez, eso implicaba que uno de ellos lo hiciera por el culo. Viendo que un ataque a su tierna retaguardia era inminente, la virtuosa señora cayó en la cuenta de que la mejor defensa era un buen ataque, y comenzó a mamar como loca al muchacho. Pronto pasó a manear el fiero rabo a toda velocidad delante de su cara, con la boca tan abierta como si estuviera en el dentista. Anna esperaba que el chico rociara la cara con semen. Sin embargo, él tenía en mente otra cosa. Al verla con la boca abierta la hizo tragar su polla de inmediato y comenzó a bombear en la boca de la esposa de algún infeliz. Aunque era obvio que él quería vaciarse dentro, la señora no se opuso. Unos segundos después el muchacho emitió un fuerte gemido de placer.

    ― ¡Ummm! ―emitió Anna sobrecogida.

    Sus espasmos reflejaron cada uno de los chorros de esperma que lanzó contra el paladar de Anna que rodeaba de forma estanca la palpitante polla con sus labios.

    ― ¡Ummm!  ―gimoteó Anna en cinco o seis ocasiones.

    Al igual que una pequeña abejita, Anna extrajo todo el néctar del joven capullo sin derramar una sola gota. El chico se dio cuenta rápidamente y la hizo levantar la cabeza sosteniéndola por el cuello.

    ―Traga, zorra arrogante… Vamos… ¡Traga! ―ordenó el chico.

    Si el chico no hubiese dicho nada Anna habría tragado su esperma. No era algo que le desagradara. Pero ante el agravio del joven, Anna escupió todo en su mano y se lo restregó por sus grandes pechos. Una amiga médico, lo guardaba en el frigorífico, decía que el esperma revitalizaba más que el colágeno o la coenzima Q10 de ahí la felicidad del marido de la médico.

    ― Es que no te enseñó tu mamá que escupir es de mala educación ―bromeó Roberto.

    Anna sonrió. ― Que yo sepa mi mamá siempre se tragó la leche de papá… y la del tío Carlos, y la de su jefe… No, mi mamá era una mujer bien educada y respetuosa, no sé a quién habré salido yo.

    ― Bueno, aún no sé cómo te llamas ―inquirió el ejecutivo.

    ― Anna, no dos enes ―apuntilló la mujer.

    Roberto fue hacia su maletín, ojeó las carpetillas saco un folio. Se lo entregó ― Tenga Anna, ya ha cumplido usted su parte.

    Anna le echó un fugaz vistazo y lo tiro sobre la cama con indiferencia ― Pues tú no has cumplido ―le reprendió, y separando las rodillas le mostró al ejecutivo su sexo humedecido ― ¿No pensarás dejarme así?

    El hombre se arrodilló nuevamente frente a ella, la volcó boca arriba y la abrió de piernas. Contempló su coñito y comenzó a jugar con su lengua alrededor del clítoris de Anna. Aquella sensación hizo que la mujer cerrara los ojos mientras con sus dos manos acariciaba el pelo del ejecutivo. Anna quería seguir sintiendo eso por siempre. Mientras él lamía y lamía su sexo ella sentía como una electricidad muy suave recorría todo su vientre, tensándolo de placer. Nunca le había comido el coño un hombre tan atractivo, con camisa blanca y corbata. Seductor, el español lamió, chupó, mordisqueó y jugueteó en su chochito, mientras Anna apretaba fuertemente su cabeza entre sus piernas.

    El ejecutivo dejó de comerle el coñito para tomar a Anna por las piernas y levantárselas hasta colocarlas sobre sus anchos hombros. Rebañó en dos ocasiones con su mano el sexo de Anna, y lubricó su formidable polla con el ungüento de la excitada hembra. Se acercó con cuidado y penetró delicadamente su cerradito sexo. La profesora se sentía muy caliente, húmeda y profunda. La tomo después por los tobillos abriéndola de piernas de par en par.

    ― ¿La notas? ―le susurró Roberto al oído― ¿notas mi polla? A mí me encanta tu chochito y te lo voy a joder mami ¿Quieres que te joda el chochito? ¿Eh? ¿Quieres polla, mami?

    Y volvió a penetrarla con más fuerza, una y otra y otra vez. Anna, con los ojos cerrados sentía que el paraíso se acercaba empujón tras empujón, minuto a minuto Comenzó a jadearle manera incontrolada, completamente despatarrada, con una polla formidable en su húmedo y caliente coñito. Estaba siendo follada sin contemplaciones por un dios. No aguantó mucho tiempo aquella tortura, aquel nuevo asalto, y tras un grito desgarrado su coñito se estremeció mojando las sábanas con pequeños chorritos.

    Ambos descansaron desnudos largo rato tendidos sobre la amplia cama de “matrimonio”. Sólo entonces se percataron de que el recepcionista se había marchado. El morenazo acariciaba las bellas piernas de Anna que lucían terriblemente lujuriosas con aquellas medias negras. Aún no se había corrido. De pronto, el español se puso sobre ella, pero al revés… su miembro colgaba justo sobre la boca de Anna y su boca misma sobre el pubis de ella… la abrió de piernas.

    Pasaron largo rato teniendo sexo oral, la mujer enlazaba un orgasmo tras otro, dando sacudidas con cada relámpago de gusto. Cuando de pronto aquel conquistador metió su dedo índice en el coñito de la profesora, ella suspiro de placer. Pero cuando el señor ejecutivo comenzó a jugar con su dedo alrededor y en el centro de su ano, dejó a Anna sin respiración. Lentamente le metió el dedo por el culo al mismo tiempo que le devoraba el coñito. Anna, acuciada por aquella rara sensación abrió bruscamente los ojos pero no pudo decir nada, ya que el español le estaba cepillando los dientes con una brocha demasiado gorda. Aquel ángel la estaba atendiendo por todas partes.

    Anna hervía de excitación, el bastardo estaba consiguiendo que saltaran chispas de su sexo a la vez que forzaba su culo con al menos dos dedos ya… La boca de Anna se abrió en señal de sorpresa pero no protestó, le gustaba y quería que siguiera por el momento. Mientras él la hacía delirar haciendo ceder con suavidad su delicado orificio trasero, ella seguía mamando generosamente el sexo del ejecutivo.

    Anna gozaba con aquella estimulación múltiple tan agradable como indescriptible, hasta que súbitamente al incorporarse el morenazo la polla escapó de su boca. Roberto se levantó y tomando de las manos a Anna la ayudó a ponerse de pie. Ambos estaban de pie frente a frente. El hombre tomó a Anna por la cintura, la volteó y la empujó de nuevo hacia la cama. Sabía en qué posición deseaba que se pusiera, o eso creía ella, así que se arrodilló en la cama y apoyo los codos sobre las sábanas. El hombre desde atrás veía fascinado como la señora le ofrecía aquel hermoso y firme trasero que lucía además fuerte y desafiante. Anna miró hacia atrás y esperó en silencio al filo de la cama, orgullosa de hechizar a un hombre como aquel a pesar de su edad.

    Anna vio como el ejecutivo se acercaba sin prisa. La camisa blanca se había salido parcialmente del pantalón, de forma que su potente miembro surgía entre los pliegues de tela. No podía negar que el ejecutivo se veía condenadamente atractivo, pero Anna prefirió cerrar los ojos, no ver, sólo sentir. La iba a sodomizar.

    Aquellos instantes le parecieron eternos. De pronto, notó cómo las manos de Roberto acariciaron su trasero en círculos para bajar después a repasar la rajita de su sexo. Sus dedos juguetearon con su vulva. Volvió a subir y notó como le separaba un poquito las nalgas. Anna estaba que se moría. La volvió a preparar con toda la dulzura que un hombre puede mostrar con una mujer al mismo tiempo que le introduce hasta tres dedos por el culo.

    De improviso, Roberto su tumbó en la cama junto a ella. ― Móntame tú, ¿OK?

    Cuando Anna logró salir de su asombro no tardó en estar a caballito sobre él, cabalgando con su semental dentro del coño. Pero tras unos segundos Roberto retomó la puesta a punto del ano femenino.

    ― Escupe ―le pidió Roberto poniéndole la mano delante de la boca. El hombre le untó su propia saliva y volvió a meter los dedos.

    ― Más ―repitió el ejecutivo.

    ― Ya está. Cámbiatela.

    Anna quedo aturdida, nunca lo había hecho así. De hecho sólo la habían sodomizado a cuatro patas.

    ― No temas. Estás listas, ya verás. ―le dijo caballerosamente.

    Sintió como la cabeza se posaba delicadamente entre sus nalgas y se resbalaba lentamente hasta quedar encajada en el estrecho hueco entre sus nalgas.

    Hacía por lo menos tres meses que su “amigo” no la montaba por el culo, siempre lo hacía a lo perrito. Con marido hacía ya años. Pero cuando un hombre le abre el culo a una mujer siempre es como si fuese la primera vez. Sabía lo que le iba a pasar. Sabía lo que Roberto le iba a hacer, estaba asustada pero aun así no titubeó. Por supuesto Anna sentía un poco de miedo, pero su deseo la arrastraba lenta e irremediablemente hacia el abismo.

    ― ¡OOOOH! ―gimió Anna cuando lo sintió entrar.

    ― ¡Muy bien nena! Ya está lo peor… ―la felicitó Roberto. Él también percibía ahora la presión del tenso esfínter de la señora ― Despacio, no tengas prisa.

    Anna no se movía ni daba impresión a que fuera a hacerlo, así que el hombre con el miembro ya clavado de entre las nalgas empujó tratando de que se introdujera más por aquel agujerito.

    ― ¡AAAH! ―gritó Anna al tiempo. A pesar de que aquella mujer en realidad toda una señora, estaba bien dilatada y lubricada, la banana del morenazo era demasiado grande como para entrar sin apuro entre las nalgas de la bella Anna. Roberto empezó a mover las caderas abajo y arriba, de forma que con cada empujón su miembro entraba un centímetro más en el culo.

    ― ¡AAAH! ¡AAAH! ¡AAAH!

    Ella emitía una queja, un lamento cada vez que el grueso pene del hombre perforaba su hermoso culo. Cada embestida le lastimaba pero aun así Anna permanecía inmóvil y terriblemente excitada, como toda mujer al presagiar que su amante le va a romper el culo a pollazos.

    Pero entonces, Roberto se detuvo y la obligó a empezar a dar botes y a calvarse ella misma toda su erección.

    ― ¡AAAH! ¡AAAH! ¡UUUUUM! ―gimió Anna sintiéndose atravesada.

    Equivocadamente, Roberto pensó que Anna había tenido rápidamente otro orgasmo ahora por estimulación anal, y entonces sí se puso tras la profesora. El hombre le separó un poco las nalgas, y nuevamente se abrió paso por las estrechísimas paredes de culo de Anna, ella gritaba mientras sentía que su ano se iba a romper… El macho volvió a tomar posesión de aquel agujerito, y cabalgó a Anna a su antojo.

    ― ¡Plash! ¡Plash! ¡Plash! ―sonaba obsceno el trasero de Anna.

    Ella seguía boca abajo con su cara hundida en las sábanas, sus ojos cerrados, su espalda arqueada y sus hermosos senos colgando en el vacío. Roberto la cabalgaba con temple, sin prisa, y dilataba tanto aquel agujero que Anna estuvo a punto de gritar nuevamente. El ejecutivo tenía una buena polla, y ella sabía que pronto la estaría galopando analmente y sus flujos íntimos chorrearían poniéndolo todo perdido… Entonces él la sacó entera dejándola, eso sí, certeramente apuntada.

    ― Ahora, siéntela entrar.

    Con ambas manos, Roberto tomó a la mujer por la cintura y con increíble delicadeza tiró de su hermoso culo hacia él obligándola a sentirse invadida por sus interminables veinte centímetros de virilidad.

    Roberto ya disfrutaba de su culo y sólo aguardaba que ella se adaptara a su rabo. Anna no podía ni quería moverse… Pasados un par de minutos ya sentía como aquel duro tronco se deslizaba suavemente hacia afuera y deseó que aquella maravillosa experiencia se prolongara más y más. Aquel formidable hombre entraba completamente en el culo de la pobre Anna, y veía como el flujo seguía manando entre las piernas de la mujer. Entonces, a la vez que la sodomizaba despacito, la obligó a pasarse la mano por el chochito.

    ― ¿Has visto cómo te estás poniendo? ―la reprendió― Parece que mami se ha levantado un poco golfa esta mañana, eh. Creo que a mami le gusta el pollón del Sr. Roberto.

    Anna no podía entender cómo aquel suplicio se había convertido en placer, tampoco importaba ya.

    El hombre no soltaba la cintura de Anna mientras la penetraba por detrás. Empujaba su sexo delicada y rítmicamente viendo como entraba entre las nalgas de la hermosa Anna, centímetro a centímetro.

    Su semental se deslizó por fin hasta el fondo en su culo, y Anna quiso gritar pero sin saber cómo emitió un gemido y apretó los dientes mientras ― ¡UUUUUM! ―con toda dentro, Roberto la apretaba con todas sus fuerzas contra su vientre. La mujer creyó que iba a morir. Su coñito chorreaba incontrolable sobre la cama.

    Finalmente, el ejecutivo empezó a bombear con más y más fuerza en su culo. Anna se imaginó su esfínter terriblemente irritado y dilatado, y se excitó. El hombre seguía sacudiéndola con contundencia, haciendo temblar sus nalgas y sus pechos en cada empujón. Estaba siendo sodomizada hasta el alma, a conciencia y con pasión.

    La tenía tan grande que muy pocas mujeres serían capaces de complacer a aquel hombre de esa forma, y eso la hacía sentirse extrañamente orgullosa. Satisfecha de ser montaba por un jinete tan bien dotado.

    El hombre jodía a Anna con ganas, la agarró de las nalgas y separándoselas observó cómo entraba y salía sin ninguna resistencia. Estaba a punto de eyacular. Miró su reloj de titanio, llevaba casi diez minutos enculándola. Entonces, la volvió a tomar por la cintura y empezó a galopar sobre la hembra haciendo que sus huevos golpeasen contra el pringoso chochito. Pronto la pobre Anna chilló al alcanzar un último mega-orgasmo, todo su cuerpo empezó a temblar y con cada oleada de placer notó que… se estaba orinando. Roberto sentía el esfínter de la mujer contraerse, pero fue oírla gritar como una loca lo que hizo que ya no pudiese contenerse y empujando su pubis con auténtica rabia contra las nalgas de la mujer, explotó.

    Un rato después, el ejecutivo valoró el resultado. Anna no le había dado un nombre, pero sí todo lo demás. Yacía exhausta con ojete enrojecido y algo de semen había manado sobre su vulva. El culo de Anna se contrajo hasta cerrarse por completo, guardaría para siempre el recuerdo del deseo y la pasión del intrépido ejecutivo. Roberto se sintió satisfecho, mientras a otros les gusta cazar jovencitas, para él no había nada mejor que te coma la polla una mujer casada y hacer gemir a la mujer de otro hombre.

    CONTINUARÁ

  • Niki, la chica de la lencería

    Niki, la chica de la lencería

    Cuando conocí a Niki, fue en circunstancias bastante inusuales para mí, pues esta chica se encontraba en su trabajo en una tienda de lencería, de esas de marca mundial. La vi a través de los cristales de la tienda cuando visitaba el centro comercial local, pues me preparaba para las compras de navidad de ese año. Aquel día vestía un pantalón negro delicadamente ajustado a su hermosa figura, su blusa era de color beige, el cual realzaba su rostro angelical en un maquillaje acentuado con un tono rosa de sus mejillas, y un delineador perfecto que hacían un bonito contraste con sus ojos esmeralda.

    Me gustó mucho su rostro, el cual daba la impresión de ser de esas chicas delicadas, pues a la vez sus ademanes atendiendo a los clientes, así lo denotaba. Rubia de cabello corto y ondulado, dejaban apreciar su bonito collar de piedras negras, como también apreciar su bonito y sensual cuello que mostraba un lunar de un pálido café que provocan las ganas de besarlo. Y es como entro por primera vez a solas a una tienda de lencería.

    Debo mencionar que debí rehusar la ayuda de otras chicas del lugar, esperando que en cualquier momento pudiera lograr atraer la atención de esta chica. Me tomó unos quince minutos en lograrlo, para descubrir una voz sensual, con un léxico diáfano y extremadamente sugestivo. Niki, verdaderamente me llamó la atención y después de una breve introducción y plática, debo resumir este primer encuentro con lo siguiente:

    – ¿Busca un regalo para su esposa, amiga… o es un regalo para una boda?

    – ¡Es un regalo de navidad para una amiga! –le he contestado.

    – ¿Usted conoce sus medidas?

    – Ese es mi problema. ¡Quiero darle una sorpresa y no tengo idea que medida sea ella!

    – ¿Es grande, alta, delgada? –Me preguntaba esto cuando estábamos en el área de los “babydolls”.

    – ¡No sé cómo describirla! Quizá tenga tu altura y similar peso. –le dije.

    – ¡Ah! En ese caso, debe ser medida pequeña. Esa es mi medida. –me dijo.

    – Es que al ver estas prendas, se miran tan diminutas. –he agregado.

    – Si, se miran pequeñas, pero eso es la idea… ¿no cree? – Y agrega. – ¿Y qué color cree le pueda gustar a ella?

    – ¡Otro dilema! ¡Niki, ayúdame!

    – Mire, con el color rojo no se puede equivocar, especialmente si su amiga le interesa más que una simple amiga. Los colores negro y beige me parecen muy convencionales para un regalo de esta índole, especialmente si sutilmente quiere enviar una intención.

    – Déjame preguntarte: ¿si tu esposo o novio te hiciera este regalo, que color quisieses que fuese? Es más, me dejaré llevar por tu intuición, así que todo lo que compre será visto desde la perspectiva de lo que una chica como tú desease.

    – Me da temor equivocarme, pero desde mi perspectiva me gustaría un rojo como este.

    Finalmente, después de pasar a tomar tres babydolls de diferentes colores, pasamos a la sección de brasiers, donde tuvimos otra plática al respecto y donde corroboré que mí estimado era perfecto en referencia a la medida que Niki usaba, pues de sus lindos labios escuche: 34B. Me gustó mucho la disposición de ella y de la manera tan libre que conllevaba su asistencia, pero me gustó mucho más cuando llegamos y me mostraba las bragas o calzones de diferentes tipos y me aclaró cosas que yo intuía, pero me pareció tan sensual y delicado como ella me lo expresaba:

    – Sabe, si mi novio me regalara bragas, preferiría bikinis regulares, o calzones tipo “hipster” (cacheteros), pues son más cómodos que una tanga. Quizá desde la óptica de un hombre, las tangas le parezcan más atractivas y definitivamente más seductoras, pero en lo particular, a mí las tangas me sientan incomodas.

    En seguida me muestra un catálogo de cómo se miran ciertos bikinis y de los mencionados “hipster”, y me muestra las diferentes telas y estilos en cada uno de las pantis mencionados. Para Niki, era tan normal hablar de todo aquello, que no sé si se daba cuenta que ella de alguna manera exponía su intimidad y que por cierto me causó en momentos alguna erección que oculté con la falda de mi traje. Culminó en esta sección diciéndome algo que me hizo imaginar su desnudo y sensual cuerpo:

    – Si alguien me regalase una prenda íntima, me gustaría más los hipster. Me parecen más cómodos, no dejan de ser sensuales y creo que también ayuda a la óptica del sexo opuesto, pues realzan el volumen de los glúteos.

    Finalmente, después de tomar una docena de calzones de los tres diferentes estilos y cuyos colores fueron escogidos por esta linda mujer, me ayuda con todo poniéndolo en una cesta y se despide con un apretón de manos y me desea una feliz navidad y suerte por mi supuesta conquista. Salí de aquel lugar pagando un poco más de $450.00 dólares y me fui con la imagen de su lindo rostro y con la fantasía de imaginarla vistiendo todo lo que hoy había comprado.

    Caminé algunas tiendas y me introduje en una floristería, donde además de comprar una docena de rosas, les pedí que me envolvieran todo aquello en caja de regalo, no sin antes introducir mi tarjeta de presentación, donde está mi número de celular y que se lo hicieran llegar a Niki, a la tienda de lencería del mismo centro comercial.

    Viví por unos días con ese interrogante, de qué pensaría Niki de aquel regalo de un desconocido y que según mí estimado, le llevaba por lo menos unos 20 años de diferencia con su edad. Ella me hizo vivir esa ansiedad, pues le tomó alrededor de diez días para que ella me llamara y cuando lo hizo fue desde un número privado y no fue la recepción que yo esperaba.

    – Sr. Zena, agradezco mucho este bonito y sorprendente regalo, pero me temo que no puedo aceptarlo. Las rosas, un bonito detalle y adornaron mi habitación por unos días, mientras decidía si llamarlo para devolverle estas prendas que honestamente, no puedo aceptar.

    – Te entiendo Niki, no hay ningún problema. Al menos logré algo que deseaba y era volver a escuchar tu voz. Bueno, si no lo puedes aceptar, ningún problema: se los puedes dar a alguna amiga o los puedes tirar al basurero. –le dije.

    – Sr. Zena, no quise insultarlo e incomodarlo, pero me parece mucho dinero para tirar a la basura. ¡Puede devolver la mercancía y recuperar su dinero!

    – Niki, no te preocupes, no me incomodas. Haz lo que tú necesites hacer, total… no necesito enterarme que haces con las cosas que te regalé.

    – ¡Disculpe Sr. Zena!

    Nos despedimos no sin antes desearnos una feliz navidad y un año próspero y no escuché de ella por lo menos por tres meses. Cuando lo hizo fue de la misma manera, desde un teléfono privado y después de una amigable plática me agradeció de nuevo el regalo, pues ese día me confirmaba que se había quedado con las cosas y que sintió la necesidad de agradecérmelo. A la misma vez, me pedía mi domicilio, pues mencionó que ella también me quería hacer un regalo, a lo cual me negué, pues imaginé que deseaba en realidad regresarme toda esa lencería.

    – ¿Es casado verdad y no quiere recibir correo por miedo a que lo descubra su mujer?

    – Nada de eso Niki. Intuyo que deseas enviarme toda esa lencería por correo.

    – Nada de eso Sr. Zena. Ya le agradecí por el regalo y no es mi intención engañarlo de esta manera. La verdad quería corresponderle con algo que espero le guste… ¿Qué le parece si nos tomamos una copa en el bar del centro comercial?

    Obviamente acepté aquella propuesta y nos encontramos en el lugar especificado. En esta ocasión vestía un ajustado pantalón vaquero, con una corta camiseta naranja y que me dejaba ver el agujero de su sensual ombligo adornado de piedras brillantes. El encuentro fue trivial y donde me contó que tenía novio y quien estaba desplegado con las fuerzas armadas en la zona del Pacifico. Me dio una caja de regalo y me pidió que lo abriese después de nuestro encuentro. Nunca me dio su número de teléfono ni contacto alguno, lo que me hizo pensar que deseaba que yo no supiera mucho más de ella.

    Con curiosidad al llegar a mi coche abrí el regalo y para mi sorpresa veo tres piezas de bikinis para hombre de tres diferentes colores de mi talla 34 y, entre los bikinis también venían un bikini de mujer, con un panti hipster de los que creó un día le obsequié. Los olí y descubrí ese olor femenino e inclusive tenían ese color blancuzco en el área donde esa prenda debe acariciar ese precioso orificio: la tela se sentía aun húmeda en uno y, en el otro, la textura era más sólida, como cuando los jugos vaginales se secan. No paré de verlos y llevármelos a mi nariz para sentir ese olor.

    Pero Niki me dejó soñando y fantaseando por unos meses, que incluso llegué a olvidar que existía. Pasaba cuando podía por el centro comercial, aunque ella ya me había hecho saber que ya no trabajaba ahí en aquella tienda. Realmente solo me recordaba de ella cuando de vez en cuando exploraba mi colección de pantis y los volvía a oler. Casi seis meses después vuelvo a recibir una llamada de un número privado.

    – ¿Se recuerda de mi Sr. Zena?

    – ¿Cómo no podría acordarme de una dulce voz como la tuya? –le dije.

    – ¿Le gustó mi regalo?

    – ¡Es un regalo exquisito! –le contesté.

    – ¿Acerté en su talla?

    – ¡Como toda una profesional en ropa íntima! –ella sonríe.

    – Tenga mucho cuidado con mis pantis, no vaya ser que su esposa se los encuentre.

    – Descuida, ya te he aclarado que no soy casado.

    – Se me hace muy difícil creerle. Un galán como usted que no esté casado, mire que me cuesta creerle.

    – ¡Te invito a mi casa! De esa manera saldrías de la duda.

    – Me gustaría tomar ese riesgo, pero temo a caer rendida con sus encantos.

    – ¿Mis encantos? ¡Por favor Niki!

    – Pues mire, aquí me tiene hablando con usted. Créame que me lo he reprimido, pero debo admitirle, que usted me gusta y es por eso que prefiero guardar distancia… no vaya ser…

    – ¿No vaya ser qué Niki?

    – Le dije que tengo novio y hace unos meses me comprometí con él. ¡Tengo miedo a fallar! ¿Al menos que me acepte como su novia platónica?

    – ¿Quieres ser mi novia platónica? ¿Eso es lo que quieres?

    – Sí, me gustaría ser su novia platónica. Creo que es lo máximo que puedo llegar con usted. ¿Acepta?

    De aquella manera nos envolvimos en una relación apasionada por medio del teléfono y cuya cita habitual eran los días domingos por la noche. Como toda relación de novios, empezamos con esos besos imaginarios hasta llegar a desnudarnos con las descripciones de cada quien. Llegué a simular que me masturbaba por ella mientras hablábamos, cosa que nunca hice, pues eso de la autosatisfacción no es para mí. Las pláticas eran tan calientes y al otro lado del auricular, escuchaba lo que parecía ser un potente orgasmo de Niki, cuyos gemidos y jadeos me ponían erecta la verga, mientras yo actuaba a la vez con llegar a la eyaculación. La conversación era tan lujuriosa que a veces grabé las llamadas y me gustaba repetir ese escándalo orgásmico de Niki:

    – ¿Dónde quieres que te bese?

    – El cuello. Bésame el cuello Tony, quiero sentir que tu lengua se desliza desde mi cuello hasta besar mis pezones.

    – ¿Lo sientes?

    – Si, Tony, que rico siento el calor de tu lengua. Sabes, quiero saborear tu pene, y chuparte los testículos. ¿Quieres?

    – Si cariño, quiero sentir mi verga adentro de tu boca, mientras con mis dedos acaricio tu conchita. ¿Sientes mis dedos adentro de tu conchita?

    Y de aquella manera jugábamos ese juego que se extendía hasta una hora. Suerte que siempre he tenido a chicas con quien desahogar aquella presión sexual. Regularmente después de aquellas platicas eróticas, tenía que recurrir a llamar a Laura o Diana, con quien hemos tenido una larga relación clandestina, pues estas chicas son casadas. Con Niki tuvimos toda clase de sexo imaginario, lo que me dio a entender que no era una chica con muchas reservaciones, parecía que estaba abierta a experimentar todo. El juego se extendió por meses, pero un buen día le pregunté:

    – Niki, ¿de veras me torturaras así todo el tiempo?

    – Tony, quedamos en tener una relación platónica. Realmente, yo no me creo capaz de intervenir y quizá romper un matrimonio. Quizá me atrevería a serle infiel a mi novio, pues la verdad que tú me gustas mucho y es por eso que tenemos esta relación, pero me sentiría mal si tu relación con tu mujer llegase a ser afectada por mi culpa.

    – ¿Qué hablas? Te he dicho en muchas ocasiones que nos soy casado.

    – Tony, temo que me mientas. Si algún día te vuelvo a ver, será solo para verificar lo que me dices. ¿Un hombre como tú que no esté casado? ¡Difícil de creer!

    – Niki, te propongo lo siguiente. Te voy a dar mi domicilio y ven a cualquier hora del día, solo que si te contesta una mujer la puerta, no temas, va a ser mi hermana quien en estos días está en mi casa. Y si te animas a visitarme, no te olvides traer tu traje de baño para refrescarnos en la piscina.

    Tuvimos otras pláticas más después de aquel día, las cuales siempre llevaban ese erotismo que con mucha confianza habíamos tomado, pero un día sábado menos pensado llegó Niki anunciándose con los guardias de seguridad que protegen la comunidad de casas en donde yo vivo. En minutos estaba tocando el timbre de la puerta y la recibí con un beso en los labios, que ella aceptó como tantos imaginarios que nos dimos por el teléfono.

    Me vi sorprendido y totalmente hechizado con la belleza de esta linda mujer. Llevaba puesto pantalones vaqueros de color blanco, zapatillas de vestir de buen tamaño que le hacían ver más largas sus lindas piernas alargadas. Una camiseta ajustada a su esbelto y plano torso de color verde olivo, que entonaba artísticamente con su detallado maquillaje y sus ojos esmeralda. Me dio esos cumplidos por los jardines y la decoración de mi casa, pero creo que Niki sentía esa necesidad de saber si estaba a solas en la casa.

    – ¿Se encuentra tu hermana… tu hijo?

    – Mi hermana ha salido y no sé si va a regresar el día de hoy, y mi hijo estudia en la ciudad de Boston. Estamos solamente tú y yo. –ella sonríe.

    Pasamos a la piscina y donde preparé unas pinas coladas y caminamos por todos los jardines hasta llegar a la quebrada que conduce a un río atrás de la casa. La invité a ver la casa de huéspedes que esta camino al río y donde nos quedamos descansando en su patio cubierto y de donde hay una vista espectacular. Hasta aquel momento, no tenía la seguridad si aquellas caricias imaginarias se transformarían a una realidad y pensando en esto estaba cuando ella me pregunta con esa voz sensual y clara de un léxico exquisito:

    – ¿No me vas a dar un beso? –y hacía contacto visual conmigo.

    – ¿Dónde lo quieres? –le pregunté.

    – En el cuello. –contestó.

    Siempre imaginé besarle ese lunar café que tiene en su alargado cuello, observar como su piel se erizaba al contacto de mi lengua, escuchar un gemido al hacerlo o dejar escapar un suspiro al viento. Así ocurrió y ella me besó apasionadamente y ella buscó mi cuello también mientras sus manos me tomaban de mis glúteos. Me miraba y la miraba y no podíamos quizá contemplar que aquello era una realidad, que podía oler el perfume de su piel, que su aliento llevaba ese olor al etílico de la piña colada, que podía escuchar su gemido muy cerca de mi oído, que podía sentir sus manos inquietas que me abrazaban y recorrían toda mis espalda hasta llegar de nuevo a mis glúteos. Fue tan fantástico todo aquello que quería retener el tiempo y tomarme todo el tiempo para poderla descubrir poco a poco, pero creo que Niki, tenía pendiente que podía en algún momento aparecer mi hermana, o que alguien nos descubriera o nos estuviera divisando desde el río.

    – ¿Cuándo regresará tu hermana? –preguntó.

    – No te preocupes, ella trabaja como agente de bienes raíces y no volverá hasta bien entrada la noche, si es que viene.

    – Regálame otro beso y regálame otra piña colada. – me dijo.

    Le di un beso más en la boca y volví a sentir ese cosquilleo pasional de su lengua. La dejé sentada observando el río, mientras fui a preparar otro trago. Al regresar, además de los dos vasos traía conmigo dos toallas playeras que acostumbramos a tener cerca de la piscina y las extendí en medio de una isla de arbustos, donde nos permite ver alrededor si estamos sentados, pero evitará que nos vean, si nos mantenemos acostados. Niki, intuyó mi propuesta y salió a mi encuentro y ambos extendimos una toalla, mientras la otra la podíamos ocupar como almohada.

    Hemos terminado con la piña colada un poco apurados, pues queremos volvernos a sentir la piel de cada quien y quedamos en medio de esta isla de arbustos japoneses comiéndonos a besos y en el proceso desabotono su pantalón vaquero y desabrocho lo que parecía un sostén, lo es, pero es un sostén de lo que parece su traje de baño. Como en las llamadas telefónicas me fui hacia el sur llenándole de besos sus dos lindos pechos y todo ese lindo abdomen donde vuelvo a ver esas piedras brillantes en el ombligo. Niki gime, como lo hacía en el teléfono y me asiste en levantar su pelvis para que yo pueda removerle completamente el pantalón vaquero. La descubro y queda con una linda tanga color naranja y esta vez también descubro otro lunar café en su entre pierna. Niki luce un cuerpo divino, y por su altura no le fuera difícil encontrar trabajo como modelo, o por lo menos modelo de ropa interior.

    – ¡Pensé que no te gustaban las tangas! ¿Pensé que me habías dicho que te incomodaban?

    – ¡Tienes buena memoria! La verdad, que si me incomodan, pero como le dije, imagino que se miran lindas desde la óptica y solo me las pongo cuando sé que alguien me las va a querer despojar.

    Su manera de hablar era muy sugestiva y aprovechando que le removía su pantalón, también removí el mío junto a la camisa que vestía. Ella puede observar ya mi bóxer ya con las evidencias de la humedad y yo miro su tanga, con la evidencia de esa mancha de sus jugos vaginales. Le remuevo su tanga naranja y veo su conchita rosada, pequeña y bien depilada. Sin pensarlo mucho mi cabeza se hunde delicadamente entre sus piernas y Niki solamente gime al sentir el calor de mi lengua, el aliento caliente de mi boca que invade una de sus partes más íntimas. La saboreo a placer y recorro mil veces esa zona de su clítoris hasta llegar a su perineo, algunas veces solo rozando mi lengua y otras veces succionando su clítoris o los labios de su conchita. Niki y yo vivimos lo que ya imaginariamente hemos vivido en aquellas llamadas por teléfono, pero la emoción de la realidad, supera la fantasía.

    Es ella la que interrumpe a pesar que yo sentía que ya se venía, y me corresponde con un lento y delicado oral, que tomó más ímpetu a media de los minutos. Alabó el tamaño de mi verga y al igual que yo me di gusto chupando su conchita, ella hizo lo suyo con mi pene del cual solo lograba meterse quizá la mitad. Mientras me pajeaba con sus dos manos la verga, recuerdo ese bonito cumplido que es inspiración pura para el ego de un hombre:

    – Me gusta tu verga Tony, la verdad no imaginé su tamaño y su grosor, pero he quedado admirada de lo bello de cómo luce. Quiero sentir cada pulgada adentro de mí.

    Y de esta manera yo me quedé sobre mis espaldas y Niki pasó a montarme y tomándome mi erecto pene, lo apuntó a su rica conchita y se ha metido como en cámara lenta, cada pulgada de mi verga en su rica y estrecha conchita. Comienza con un movimiento lento, se toma sus dos bonitos pechos que se sacuden cuando aumenta el ritmo, mientras yo solo le acaricio sus redondos glúteos con mis dos manos. Cinco minutos después, cierra los ojos, abre la boca y jadea y gime diciéndome con sus palabras cortadas: ¡Tony, me voy a correr!

    Con su movimiento frenético de sus caderas, yo acelero el ritmo también y le golpeteo con más ímpetu su rica y mojada conchita, lo cual hace un ruido erótico y Niki explota con un orgasmo y se echa sobre de mí y busca mi boca con la suya, y sin detenerse con su ritmo, siento como me manda esa vibración exquisita de su vagina y sin parar de pompearla, segundos después me vengo yo adentro de esa conchita y ella goza con verme gozar a mí, al igual que yo gozo al verla gozar a ella.

    La excitación fue tan grande, pues todas esas llamadas telefónicas con su contenido erótico, llevaron a que dicha ebullición fuese descomunal. Su pubis y el mío estaban llenos de nuestras secreciones sexuales. Niki me limpió el pene con una de las toallas y yo hice lo mismo con ella con la otra. Nos seguimos besando apasionadamente hasta que poco a poco recuperamos algo la compostura de tal faena.

    Me parecía un sueño, realmente no me lo podía creer, aquella visita de Niki fue una enorme sorpresa. No sabía con qué tiempo disponía, pero Niki me transmitía ese sentimiento, que aquel día nos íbamos a explorar el uno al otra, hasta saciar todas esas fantasías que habíamos ya vivido por teléfono. Todo lo tomamos con un tiempo, que nos dimos el tiempo de ir a almorzar y luego salimos a cenar como cultivando esa pasión para un maratón sexual que se extendería por toda la noche y hasta el siguiente día domingo.

    Yo le propuse que se quedara conmigo aquel día y Niki iba preparada para tal oferta, pues llevaba una pequeña maleta donde cavia otro pantalón con camisa y una variedad de lencería que me mostró en un desfile único, exclusivo, especialmente para mí. Me modeló los babydolls, algunos bikinis, tangas, hipster de diferentes colores, los cuales le lucían perfectos y me sentí como un pequeñuelo, cuando se encuentra por primera vez en una tienda de juguetes. La verdad que me gustaba con ropa, con poca ropa, pero la prefería desnuda junto conmigo.

    Quedó fascinada de mi habitación y su jacuzzi, la vista que tenía mi terraza hacia la piscina y el río. Creo que se preguntaba cómo un hombre solo, podría vivir en una casa diseñada para una familia numerosa. Y sobre la base de la jacuzzi, ahí se posó ante mi totalmente desnuda y le he regado champagne sobre sus pechos, su pubis, en sus nalgas y lo he absorbido. Le llené todas las nalgas con espumoso para fresas y me las he comido a placer y ella se ha excitado tanto que era visible como su conchita producía una lubricación extraordinaria que no dejé de probar y probar.

    Nos bañamos juntos en la pileta y nos hemos secado el uno al otro para pasar a la cama y me ha entregado el culo como un día lo imaginé. En la posición de perrito o en cuatro patas me ha elevado sus ricas nalgas para que se las penetre con mi lengua, posteriormente juego con ponerle mi glande apuntando su rico ano, y el cual despide en cantidad ese líquido pre seminal que ayudan también en lubricarlo. Mientras con una mano acaricio su clítoris, con la otra y con el pulgar dilato su rico ano hasta que este desaparece sin mucha resistencia. Niki ha logrado sentirse relajada, su esfínter esta dilatado y subo a la cama y mi glande lentamente entra en el culo de esta linda niña.

    – Con mucho cuidado Tony, despacito o me harás daño.

    Entre gemidos de cierto dolor, jadeos de placer, mi verga completamente ha invadido el intestino de esta linda mujer. No tardamos mucho en encontrar un rico ritmo y en que los gemidos y jadeos subieran de decibeles. Para aquel instante mi verga salía y entraba a mi gusto del rico ano de Niki. Viendo como le quedaba abierto el culo estaba cuando le sacaba la verga, y descubro que esta chica mientras yo la culeo, ella se masturba frenéticamente su clítoris. Mueve su pelvis con gran ímpetu y me dice: Tony, no pares, no pares, dame así que me vengo.

    Se corrió entre gritos y gemidos escandalosos y se ha ido de bruces contra la cama y yo me voy con ella sobre su espalda y no paro de taladrar su rico culo hasta que veo la luz del paraíso y me corro abundantemente el culo de esta chica. Ella al sentir mi esperma que le invade, me aprieta con su esfínter mi verga, como ordeñándola. No sé si fue por la sorpresa, o por la posición, la verdad no sé, pero es primera vez que quedo con mis piernas temblorosas.

    Repetimos el sexo vaginal y anal en diferentes posiciones, pues Niki llegó este fin de semana con una meta y un propósito. Dejarme seco los testículos aquel fin de semana y a dejarme uno de mis mejores recuerdos con una chica.

    Aquel día descubrí que apenas tenía 23 años, pero también descubrí que la siguiente semana se casaba. Fue un sentimiento encontrado, que me costó mucho entender. Realmente esta chica me ilusionaba, pero aquel día se despedía con esas palabras que todavía llevo grabadas en la memoria:

    – Me caso Tony, y la verdad tú eres una tentación. No dejé de pensar en ti desde que me enviaste ese regalo con las flores. Debo admitir que siento algo por ti, que me nubla lo que siento hoy por mi novio. Pero prefiero equivocarme antes de casarme, a hacerlo después. Créeme que quisiera seguir contigo, créeme que me gustas mucho, pero tengo miedo y es mejor alejarme de ti. Ya cumplí mi fantasía y creo que me puedo alejar de ti en paz.

    Salió de mi casa con otro pantalón vaquero y otra camisa, con un calzón hipster que yo le ayude a poner. Me dejó como recuerdo ese calzón que llevaba puesto y que estaba empapado de sus propios jugos, y me dio un beso profundo donde sentí el cosquilleo de su apasionada lengua, y ya en la puerta de su coche al tirarme un beso me dijo lo siguiente: Quizá algún día te llame, quizá no me atreva a hablar contigo, quizá te colgaré: ¡Suerte Tony!

    Desapareció de mi vista y jamás la volví a ver en más de cinco años. El teléfono ha sonado desde ese número privado pero nadie contesta al otro lado en varias ocasiones. Yo soy el que le digo que se quién es y que la extraño, que deseo volver a tenerla, pero en segundos se cuelga la llamada. Hace una semana volvió a sonar y le he dicho que la deseo, y pensé que esta vez se colgaría en el silencio como lo es usualmente, pero ese día oí su voz diciendo: -¡Yo también!

    [email protected]

  • Cita con el gerente (Segundo encuentro)

    Cita con el gerente (Segundo encuentro)

    Quede enganchada con el gerente, tomo mis datos y a los días empezamos a hablar, me gustó mucho el tipo y concertamos una cita para un encuentro entre los dos, sin mi esposo, ahí comenzaba mi etapa de infidelidad.

     

    Segundo encuentro:

    Durante un par de semanas estuvimos hablando (a escondidas) sobre lo que había pasado en su oficina, yo estaba un poco confundida y con sentimiento de culpa pues mi esposo me dio permiso para estar con el gerente pero condiciono el encuentro a que él (mi esposo) estuviera presente. Sin embargo, mi gerente me atraía y teníamos conversaciones subidas de tonos, incluso empezamos a compartir imágenes de cómo nos masturbábamos pensando el uno en el otro, hasta que yo no aguante y acepte la propuesta que él me hizo para encontrarnos en un motel.

    El día del encuentro un jueves, en la mañana tuve sexo con mi esposo como todos días, sin embargo para aliviar mi sentimiento de culpa me levante muy temprano y empecé a acariciarle la verga, ya cuando la tenía dura la acomode en mi culo acostada de ladito en posición fetal y me la fui incrustando suave porque era muy grande, él se divertía mucho rompiéndome mi culo, mientras me bombeaba en el culo yo me masturbaba primero con acariciándome el clítoris y termine metiéndome dos dedos, cuando sentí su verga bombear leche acabe!

    Transcurrido el día a final de la tarde le dije a mi esposo que tenía una cena de trabajo y que me iba a ausentar en la cena, que probablemente llegaría tarde.

    Llegue al sitio del encuentro con mi gerente, era un motel (Jardines del placer), en el cuarto había espejos y juguetes sexuales. Él estaba vestido con jean, camisa y una chaqueta de cuero marrón, yo llevaba un vestido azul marino arriba de la rodilla, el cabello suelto y zapatos de tacón alto, él me recibió con un beso y caricias, se percata que no tengo ropa interior y me aprieta muy duro las nalgas con la mano derecha y con la izquierda me acaricia las tetas, empecé a mojarme porque me tenía muy apretada y yo podía sentir su gran verga en la vulva de mi vagina.

    Empezamos a tomar vino y se lanzó sobre mí, seguía besándome y acariciándome mientras me subía el vestido y como no tenía pantis me metió un dedo y al mismo tiempo con el dedo pulgar hacia presión sobre el clítoris, al él sentir lo mojada que yo estaba me metió otro dedo y me masturbaba muy rico con el ritmo adecuado, ya sin vestido también me besaba las tetas, me acariciaba con su lengua en el cuello y la metía en mi boca y nuestras lenguas jugaban la una con la otra, el ritmo de la masturbación empezó a acelerarse, yo no aguante más y acabe, le moje todos los dedos con flujo vaginal y él se lo saboreó.

    Luego yo lo desvestí, le quite la camisa, luego el pantalón, el muy sádico no tenía bóxer así que su gran verga salió muy rápido, él saco un condón y yo se lo puse, me acomode en la cama en 4 y él me penetro, mientras me cogía me echaba gotas de vino en la espalda y las chupaba, los movimientos empezaron a ser más rápidos y duros hasta que acabo.

    Ya los 2 habíamos acabado pero seguíamos con ganas, él seguía muy excitado, así que le quite el condón y empecé a mamarle la verga, con las manos le acariciaba las bolas, con mi lengua fui bajando por su gran verga, le empecé a chupar las bolas una a una mientras le metía un dedo en el culo, él gritaba de placer.

    Yo seguía frente a él en 4 mamándole la verga, el me agarraba duro por el pelo y me aruñaba la espalda, no pudo contenerse más y acabo en mi boca, yo le mostré su leche en mi lengua y le quite las gotas que le sobraban de la cabeza de su verga hasta que me la trague toda.

    El desgraciado resulto ser un semental, ya había acabado 2 veces y seguía erecto, saco otro condón, se lo puso y me tiro en la cama, él se puso arriba y mientras me iba acariciando y besando me metía su gran verga poco a poco, la tenía grandísima, él seguía bombeando poco a poco para que no me doliera, se movía suave y de manera circular, estaba tan mojada que mi leche vaginal se marcaba en el condón, él seguía moviéndose suave y ambos gemíamos de placer, lo metía y lo sacaba y me hacía presión en mi vientre y el clítoris, ya cuando estoy a punto de acabar se para y me voltea y me arrecuenta al espaldar de la cama yo bien abierta y bajita y me penetra con su gran verga, ahí yo no aguanto y acabo (por segunda vez).

    El desgraciado es un semental, ya teníamos más de 3 horas culeando y él quería más, el encuentro prometía.

    CONTINUARA.

  • Aída, su cuñada, el africano y el francés

    Aída, su cuñada, el africano y el francés

    Aida, una mujer de 34 años, alta, morena, delgada, con un tipazo, salió de su chalé en la sierra madrileña vestida con un traje gris, una blusa blanca, escotada, que dejaba ver el comienzo de unas grandes tetas, y unos zapatos de tacón de aguja del color del traje. Subió en su BMW azul y se dirigió al centro de la capital. El monumental atasco que se encontró no la molestó. Estaba perdida entre sus pensamientos. Se le hacía muy difícil de creer que su cuñada Soraya, viuda de su hermano Jorge, fuera la amante de su marido. Cierto que su cuñada tenía 24 años y fuera dama de honor de miss España, y que su hermano llevaba cuatro años muerto, pero ni la creía tan zorra a ella ni tan cabrón a su marido. A la cabeza le vino la despedida de soltera de la que iba a hacer su cuñada. Ni caso le había hecho al boy. Estaba más interesada en ella, de hecho, en el lavabo la había besado, y después le había dicho que antes de casarse le gustaría tener una experiencia lésbica. Por supuesto que le había dicho que no. Una sonrisa se dibujó en sus labios recordando la paja que se hiciera en la bañera al llegar a casa pensando en la que iba a ser su cuñada. Con lo de la paja se había olvidado momentáneamente de lo de su marido y su cuñada.

    Después de haber aparcado el coche se fue al piso que estaba en la dirección que la había dado una amiga. Tuvo suerte, salía una mujer y pudo entrar sin tener que llamar al telefonillo. Llegó a la puerta del piso y tocó el timbre. Al ratito le abrió una rubia de más de un metro ochenta de estatura, de ojos verdes, tapada con una sábana. Era Soraya.

    -Pasa, Aida. Sabía que acabarías por venir.

    Aida entró en el piso. Desde luego su marido no escatimara en gastos. Le había puesto un piso de lujo.

    Al llegar a la sala de estar, le dijo Soraya a Aida:

    -Si estás aquí es porque te contó tu marido lo nuestro. ¿Qué te parece?

    -¡¿Y aún lo preguntas?!

    -¿No estás de acuerdo?

    -¡¿Pero tú estás loca?! ¡Cómo voy a estar de acuerdo con que te acuestes con mi marido!

    -Te informaron mal. Ya no me acuesto con él. Me acosté un mes hasta quedar embarazada! Como tú no puedes tener hijos, os lo voy a dar yo.

    Aída sumó dos y dos y le salió un vientre de alquiler.

    -¿Y de cuánto tiempo estás?

    -De dos meses. Me late que tu marido no te dijo nada. ¿Me equivoco?

    -No te equivocas, no. Pensé que eras su amante.

    Soraya se quitó la sábana de encima. Fue junto a Aida, le cogió una mano, se lo llevó a vientre, y le dijo:

    -¿No quieres tocar a tu hijo?

    Aida vio el cuerpo de Soraya, con sus tetas medianas, redonditas, con sus pequeñas areolas rosadas y sus pequeños pezones y su sexo depilado, y se dijo a si misma que si fuera hombre también la escogería… que hostias. ¡La follaría hasta dejarle los ojos en blanco!

    Aida tocó el vientre de Soraya.

    -Aún no se nota nada.

    Soraya le llevó la mano al coño. Lo tenía empapado. Aida miró para la sábana, volvió a sumar dos y dos y le salió que se estuviera masturbando.

    -¿Interrumpí algo cuando llamé al timbre?

    -Nada que no se pueda continuar.

    -¡Yo me voy que te veo venir!

    Aida se levantó y Soraya le plantó un beso en los labios. Cuando las lenguas se encontraron, Aida, sintió como se le mojaban las bragas.

    -¿Lo hacemos?

    -No soy lesbiana.

    -Ni yo.

    La volvió a besar.

    -Ni bisexual.

    -Para todo hay una primera vez.

    -No sé. Es…

    Le cerró la boca con otro beso.

    -Te lo pasarás de película. Con sorpresa y todo.

    -¿Qué sorpresa será esa?

    La volvió a besar. Mejor dicho, se besaron.

    -Ven conmigo y descúbrela.

    Soraya cogió de la mano a Aida y la llevó a su habitación. Al entrar por la puerta. ¡Sorpresa! Encima de la cama estaban dos hombres en pelotas, uno africano, de unos 30 años, musculado, con una tremenda verga, y el otro francés, rubio, de unos 25 años y delgado, que también tenía una polla importante, pero que al lado de la otra se hacía pequeña. Al verlos, exclamó Aida:

    -¡Te estabas tirando a esos dos!

    -¿Quieres probar una doble penetración?

    -¡No! Ni hacerlo contigo estando esos dos mirando. Me voy.

    -¡Cogedla, chicos!

    El africano y el francés saltaron de la cama y agarraron Aida por las muñecas. Soraya le dijo:

    -Te voy a desnudar y te voy a follar.

    -Vale, vale, pero ellos que no me toquen.

    -Soltadla, chicos. Tu quédate, Pier.

    La soltaron. El africano volvió a la cama.

    Soraya besó a Aida. Le quitó la chaqueta. Se la dio a Pier, que la puso en una silla. La blusa y el sujetador, Pier, a lo suyo… Le chupó y magreó aquellas grandes tetas con areolas oscuras y pezones pequeños. Por último le quitó los zapatos, el pantalón y las bragas. Aida no era de las que se depilaban los pelos del coño. Soraya en cuclillas, le lamió el coño peludo.

    -Me gusta el sabor de to coño, Aida.

    -Me alegro.

    Aida sintió la lengua de Pier en su culo. No dijo nada. Poco después, Soraya, cogió a Aida de la mano… Hizo que se echara boca arriba en la cama, metió la cabeza entre sus piernas y comenzó a comerle el coño. Aida tenía a un lado al africano y al otro al francés. Los dos estaban empalmados. Le acercaron las pollas a la boca. Aida apartó la cabeza poniendo cara de asco… Unos minutos más tarde, cuando estaba a punto de correrse en la boca de Soraya, cogió las dos pollas, una en cada mano, y masturbó y chupó la polla de Pier y la del africano, que apenas le cabía en la boca. Soraya, dejó de comerle el coño, y le preguntó:

    -¿Te apetece ahora una doble penetración?

    -Quiero correrme en tu boca. Quiero correrme follándome al moreno, y después, sí, después quiero correrme con una doble penetración.

    -¿Cuánto tiempo llevas sin follar, Aida?

    -Un mes.

    -Pues parece que llevas años.

    Aida, con una mano, llevó la cabeza de Soraya a su coño.

    -Calla y come.

    Soraya le siguió comiendo el coño, pero ahora muy lentamente. La lengua de Soraya tardaba más de cinco segundos en entrar y salir del coño de Aida, en recorrer los labios… Los movientos de la lengua por todo el coño eran como los movimientos de un caracol. Aida disfrutó de aquella dulce agonia, hasta que llegó el momento en que sintió el hormigueo en los pies, un hormigueo que le subió por las piernas. Luego sintió una explosión de placer, que la hizo sacudirse. Soraya la había llevado al orgasmo de una manera diferente. La corrida fue larga y abundante, una corrida que Soraya fue lamiendo y tragando con la misma lentitud que le había comido el coño.

    Al acabar de correrse Aida, Soraya, se echó a su lado, y le dijo:

    -Era una fantasía que pensé que nunca se haría realidad.

    -¡¿Es el primer chocho que comes?!

    -Sí. Vi muchos videos de comidas de coño. Tiré muchas pajas, pero nunca antes había estado con una mujer.

    -¿No te da reparo decir esas cosas delante de extraños?

    -El moreno entiende muy poco español, y Pier ya sabe de qué pie cojeo.

    -¿Quieres que te lo coma yo? Tiene su morbo, y con mirones, más.

    -Me encantaría. Empapada como estoy no te costará hacer que me corra.

    Aida besó a Soraya… Le comió las tetas. Se puso a cuatro patas y empezó a comer su primer coño, un coño empapado. Lo lamió con la misma lentitud con que Soraya le acabara comiendo el coño a ella. Al rato, exclamaba Soraya:

    -¡Dios, qué placer! Dame esa polla, Pier.

    Pier le dio la polla a mamar.

    Aida estaba que echaba por fuera.

    -Yo necesito algo dentro, Soraya.

    El africano, entendería poco el español, pero se colocó detrás de Aida y le puso la polla descapullada en la entrada del coño. Empujó un poquito y no entraba. Aida, poco a poco, fue empujando con su culo hasta que entró aquel cabezón. Al tenerla dentro, exclamó:

    -¡¡¡Aaaaaah!!!

    Soraya, le dijo a Aida:

    -Al tener la cabeza dentro ya es todo disfrutar.

    El africano se quedó quieto. Aida, ya aceleraba lamiendo el coño de Soraya, y cuanto más la metía y la sacaba, más le gustaba.

    Al rato… Soraya dejó de mamar la polla de Pier, y le dijo a Aida:

    -Si sigues me corro.

    Aida, siguió y Soraya se corrió chillando como una loca.

    Al acabar de beber la deliciosa corrida de Soraya. Aida quitó la tremenda tranca de su coño, y le dijo al africano:

    -Ponte boca arriba, moreno.

    El africano, o entendía bien el español, o leía la mente. Se echó boca arriba para que Aida lo cabalgase. Otra vez entró con trabajo la verga en el coño, pero una vez dentro, Aida, follando al africano, se deshacía en gemidos. Pier, sin decirle nadie nada, se colocó detrás de Aida y le lamió y le folló el culo con la lengua. Luego le puso la polla en la entrada del ojete, y Aida la fue metiendo a su aire. Folló a los dos. Al africano con el coño y al francés con el culo. Follándolos estaba cuando sintió que le ardía el coño. Era el africano que se estaba corriendo dentro de ella. Pier le estaba llenando el culo de leche. Sintiendo los latidos de las dos pollas dentro de su coño y de su culo, le subió una corriente por la espalda… El placer subió, subió y subió de intensidad, hasta que no lo pudo soportar y perdió el conocimiento.

    Despertó media hora después. El africano y el francés ya se habían ido. Soraya, que estaba a su lado, vestida, le preguntó:

    -¿Merendamos, Aida?

    -¿Y tus amigos?

    -Se fueron.

    Le volvió a preguntar:

    -¿Merendamos?

    -Sí. ¿Te dije que Juan va en Paris en viaje de negocios?

    -No. ¿Quieres dormir conmigo esta noche?

    -¿Tú que crees?

    Se agradecen los comentarios buenos y malos

  • Mi adorada cuñada

    Mi adorada cuñada

    Todo lo que les cuento aquí es realmente verídico. No daré nombres, no daré detalles de nuestros aspectos físicos, ni mencionaré lugares donde habitamos por razones obvias.

    Con mi cuñada llevamos una relación formal, como cualquier familia conservadora de nuestro país.

    Sucedió recién hace unos pocos días. Después de haber trabajado todo el día, mi cuñada en sus labores de empresaria agrícola y yo en mis labores de profesional universitario (no diré que especialidad), ella me había llamado para pasar por ella, pues mi hermano estaba fuera de la ciudad, y por lo tanto no tenía carro para desplazarse, como se había hecho tarde me quede a dormir en su casa; a pesar de haber sido un día cansador, quería ver una película en video, le insinúe que viéramos una XXX, pero me dijo que no le gustaban, por lo tanto arrendamos una película de acción.

    Bueno, como estábamos solos, nos dispusimos a ver la película en su dormitorio, por encontrarse allí el equipo de video, al poco andar de la película, me dijo que estaba muy cansada, que tenía mucho sueño y por tanto se dormiría, pero que no había problema en que yo terminara de verla, y que si gustaba me sirviera un trago de su bar. Así lo hice, me senté junto a su cama en un sillón y me dispuse a terminar la película.

    Después de transcurridos unos tragos y unos cuantos cigarrillos, mi cuñada, ya dormida, comenzó a inquietarse en su cama, dándose unas cuantas vueltas y quejándose a causa de su cansancio; por mi parte, yo la miraba de reojo sin darle importancia.

    Como era una noche de bastante calor, para este tiempo en nuestra ciudad, pronto comenzó a inquietarse por efecto del calor y del cansancio (supuestamente), por lo que comenzó a moverse inquieta deslizándose levemente las ropas de cama dejando una de sus exquisitas piernas a mi vista, ya por los tragos y por encontrarme en abstinencia sexual por mucho tiempo, comencé a dedicar mis ojos más a su pierna descubierta que a la película, deseando que siguiera con su inquietud y sus giros para que descubriera más de su cuerpo.

    Mi cuñada, vestía un camisón largo casi transparente, que en esos momentos se encontraba a la altura de sus muslos, yo cada vez me encontraba más candente, deseando que su camisón subiera hasta que me mostrara algo de los encantos que el cubría; en esos momentos mi cuñada, se mueve dando la impresión de estar muy acalorada, descubriéndose totalmente de la ropa de cama, y con su mano derecha, haciéndose una especie de masaje en al vientre, levantando su camisón hasta la altura de sus pechos, dejando a mi vista su tesoro cubierto por un manto de vellos negros, su vientre coronado por un hermoso ombligo, y un pecho con un esplendoroso pezón.

    Yo, me quedé inmóvil, estupefacto, caliente ante tan bella visión, mi verga por su parte, tomó vida propia, erecta totalmente pedía su ración de placer, pero mi mente, hasta ese momento, decía otra cosa, después de admirar todos esos tesoros; me dije ¡no puede ser!, es mi cuñada; no puedo pasar ese límite. Así es que tímidamente, tome la ropa de cama y le cubrí por lo menos su tesoro, dejando a mi vista su tetita con su pezón que me miraba a los ojos, unos momentos después, mi cuñada volvió a moverse dejando nuevamente todos sus encantos a merced de mis ojos, y de mi verga, que ya pensaba por sí sola, y me pedía gozar de los encantos a los que estaba expuesta; pues, al destaparse nuevamente mi cuñada, subió una de sus piernas, dejándola en ángulo recto con la otra, dejó a mi vista una abertura rosada, rosada y húmeda, yo, aún recatado lo que hice fue sacar de su encierro a mi cipote, duro y erecto y masajearlo buscando algún tipo de alivio, mas eso no fue suficiente, desee tocar esa carne rosada reluciente ante los resplandores de la película que cada vez se hacían más llamativos, a esas alturas ya no veía la película.

    Si no, que en mi interior, luchaba contra lo formal, pudoroso, o caliente. No pude más; y lo primero que hice, fue acercarme muy cerca de ella y oler el perfume que esa carne emanaba, aspirando los aromas que más tarde me llevarían a desenfrenar mi calentura, y, cuidándome de no tocar ninguna parte de su cuerpo, sin poder contenerme, posé mi lengua sobre la joya que tenía a mi alcance, mi adorada cuñada, en ese mismo instante, sube su otra pierna, y en un movimiento imprevisto y exacto, deja su dilatado clítoris dentro de mis labios, instintivamente succiono ya fuera de mí, ella se relaja completamente, en un movimiento de abandono, dejándome su joyita entre mis labios, y luego ronca ruidosamente, por lo que sigo succionando suavemente por unos segundos, que me parecen interminables, mi calentura me lleva a lo siguiente: me separo de ella; muy lenta y sigilosamente me sitúo entre sus piernas para acomodar ya con mi calentura, mi verga entre sus labios vaginales y quedarme quieto.

    Pero no puedo, pasados unos instantes me muevo instintivamente, y mi glande se introduce entre sus labios vaginales, la penetro suave, muy suavemente y mi pene se pierde en el tesoro de mi cuñada, ella se estremece y suspira agitándose levemente; pasado unos segundos, sigo moviéndome lenta y pausadamente con un movimiento de mete y saca, luego siento mi que verga se pone aún más dura, trato de contenerme pero no puedo eyaculo copiosamente dentro de ella, escucho que gime levemente, se estremece nuevamente, me quedo un momento dentro de ella, sin perder la erección, me salgo de ella aún con mi herramienta erecta, le beso suavemente el pezón descubierto que siento durísimo, sigilosamente me siento nuevamente en el sillón en que me encontraba anteriormente, la observo desde allí, admirando su tesoro que reluce húmedo y palpitante ante los resplandores de la tv., por unos minutos más, luego le cubro a medias su tesoro con la cobija, la dejo así, húmeda y chorreante, luego me voy a la habitación contigua, sigo pensando en ella con su imagen aún fresca en mi mente, no puedo aún saciar mi calentura después de admirar esa carne abierta húmeda y palpitante, me masturbo largamente en su honor hasta venirme en una eyaculación copiosa, finalmente me duermo contento y satisfecho.

    Al día siguiente, al despertar, mi cuñada me saluda muy alegremente, con un beso en la mejilla como nunca lo había hecho anteriormente. No hace mención a nada de lo ocurrido en la noche anterior, me pregunta sobre la película que había visto, si había sido de mi agrado, me comenta que ella había dormido muy bien, que el sueño la había repuesto de todo el cansancio acumulado en esos días, y que no había notado hasta que hora había estado yo en su habitación.

    Desde entonces, sé que mi formal y adorada cuñada, será mía cuando yo quiera, para satisfacer mis necesidades de hombre soltero, y las suyas por supuesto.

    Pasados ya, unos días, después del primer acontecimiento relatado anteriormente con mi adorada cuñada; volvió a repetirse la situación al tener que pasar por ella, por encontrarse ella nuevamente sola y sin coche, para llevarla a su casa; y que, como les contara la vez anterior, ella es empresaria agrícola, así es que su trabajo queda retirado de la ciudad, y por ser una zona rural escasean los medios de transporte al no contar con uno propio.

    Esta vez, tuve que esperar por ella, pues el trabajo del día se había extendido precisamente por no haber podido transportar a unos trabajadores del turno de noche, por lo que nos retiramos, ya entrada la noche de su lugar de trabajo. Como era costumbre, en estas ocasiones quedarme a pernoctar en su casa, por encontrarse muy cerca de mi lugar mi lugar de trabajo, y permitirme así, descansar un tiempo mayor; pero esta vez era víspera de un día feriado, por lo que al día siguiente no me correspondía trabajar, y ella sólo tendría que asistir a supervisar su labor al mediodía siguiente; por mi parte, yo sólo tenía en mi mente poder estar nuevamente junto a ella en su habitación, y a cada momento que transcurría, me iba sintiendo más excitado y expectante de lo que podrá ocurrir esa noche.

    Por lo que, al llegar a la ciudad, la invite a comer algunos bocadillos en un local, como excusa para servirnos posteriormente unas cuantos tragos, y se hiciera aún más tarde, para quedarme a pasar la noche en su casa, y de esta manera, preparar mi plan a seguir, y facilitar una posible ocasión para gozar nuevamente de sus encantos. Transcurridos unos tragos, me dijo que a raíz de la jornada extenuante que había sido el día, prefería que la llevara a casa para continuar allí nuestra plática.

    Al llegar a su casa, conversamos algunos momentos de cosas relacionadas con nuestros respectivos trabajos, y como mi excitación iba cada vez en alza, le pedí me dejara ducharme antes de dormir, ella dijo que también le apetecía tomar una ducha caliente; por lo que le respondí que fuera ella quien usara primero la ducha, a lo que accedió de inmediato; entrando a la sala de baño, me dijo al pasar que después de ducharnos, podríamos ver alguna película en su dormitorio como la vez anterior, pues al día siguiente ninguno de los dos no tendríamos que madrugar para asistir a nuestros trabajos. Al momento acepté, imaginando lo que podría suceder más adelante.

    Más tarde, al salir yo de la ducha, me llama desde su habitación, diciéndome que había elegido una película en formato DVD, por lo que me pidió que trasladara el equipo DVD del living a su dormitorio, para estar ella más cómoda en su cama por haberse vestido en la ducha con ropas de dormir, y que yo me acomodara como la vez anterior en el sillón situado al borde de su cama. Esta vez, yo también me había quedado vestido solamente con una bata de baño, para propiciar algún posible acercamiento.

    Pero en esta ocasión, mi cuñada no mostraba intenciones de dormir, a diferencia de la vez anterior, siguiendo con atención la trama de la película; y solicitándome de vez en cuando que le sirviera uno que otro trago. Como el tiempo transcurría, y ella continuaba despierta, y yo pensaba que mi momento de gloria se había esfumado, pensé en retirarme a mi habitación. Ella se recuerda de su trabajo, y me pide que revise en su PC un programa que había dejado inconcluso, por no haber entendido algunas fórmulas matemáticas, que debía aplicar al día siguiente, y que la explicara por la mañana. Accedí a su petición, y me situé en su PC. Los minutos transcurrieron sin darme cuenta, y al mirarla para comentarle las funciones del programa, la veo durmiendo plácidamente, en la misma posición en que había quedado.

    Como me encontraba en el PC, ingreso a Internet para leer algunas historias, justamente encuentro una que versa sobre una relación entre cuñados; y que la historia ocurre en el baño, por encontrarme vestido sólo con la bata de baño, tomo mi pene y lo comienzo a masajear suavemente. Vuelvo a mirar a mi cuñada, y esta vez esta con sus piernas descubiertas, con su camisón de dormir cubriendo el inicio de su tesoro, me vuelvo, la miro por unos momentos, le hablo al no contestarme la toco suavemente, no da muestras de haber estar consciente, llevo mi mano a su camisón, y descubro para mí su tesoro; sigo moviéndomela unos instantes, frente a ella con la bata totalmente abierta, pasados unos momentos, ella se voltea tapándose con las cobijas; espero algunos segundos y la vuelvo a destapar para seguir admirando su maravilloso tesoro, en ese momento, ella me toma sorpresivamente mi mano que retiraba la cobija; y me pide que le haga un masaje en sus piernas, que estaba esperando, a que yo la oliscara como la vez anterior, para poner a mi alcance su botoncito del placer.

    Enseguida me confiesa, que la vez anterior había sido ella quien propiciara lo ocurrido, igual que esta noche, ya sin ningún tipo de represalia, me saco la bata, y me situó junto a ella acariciando cada parte de su cuerpo con mi lengua, y mis manos, para despojarla de toda vestimenta que lleva, y dedicarme a lamer sus partes sensibles a esas alturas totalmente húmedas, dedicando especial cuidado a su botón sobresaliente, mientras ella con sus dedos fricciona aceleradamente sus pezones totalmente erectos, se corre en un orgasmo fenomenal, tomándome de la nuca, y apretándome contra su sexo, frotando aceleradamente su clítoris contra mis labios, dándome a mamar el más exquisito elixir de sus entrañas, para acabar con un grito que debe haberse escuchado por varios vecinos del lugar.

    Después de unos cuantos estertores, que la hicieron saltar varias veces de la cama elevando al máximo su pelvis, y ya relajada me dice que es mi turno, porque esta noche ella quiere quedar satisfecha totalmente, por lo que hará que saque la excitación primera para poder gozar al máximo después, que sabía que mi calentura de ese momento era mucha, y se quedaría insatisfecha si yo procedía a penetrarla en esas condiciones, por lo que ella saciaría, la excitación primera, para gozar total y plenamente nuestras ansias mutuas de placer. Acto seguido, procedió a mamarme descaradamente, introduciéndose totalmente mi verga en su boca, hasta que sentí tocar su garganta, viniéndome en una corrida espectacular; y ella tragándose todos mis flujos; muy ricos me dijo, “pero ves que tenía razón, ahora disfrutaremos merecidamente, lo que ambos necesitábamos desde hacía mucho tiempo… ¿verdad?”, y se ríe sarcásticamente.

    “Sigamos”, dice, y vuelve a mamarme, hasta que mi pene vuelve a ponerse duro, “ahora sí estás en forma para satisfacerme”, dice, “penétrame hasta que no puedas más; y por donde se te ocurra, desde hace tiempo me estoy guardando parta ti; esta noche será tuya; ¡sé que es tu fantasía! ¡Te conozco muy bien!… ¡aprovéchame!”.

    Yo extasiado, sin creer lo que estaba ocurriendo, y con mi pene en su máxima expresión, me situó entre sus piernas, llevándolas sobre mis hombros; y procedo a penetrarla desesperadamente, hundiendo mi pene en un solo impulso hasta la raíz en el maravilloso tesoro de mi cuñada, bombeando rápidamente; ella, atenta al goce que pretendía alcanzar, me incita a que me calme, y lo hagamos lenta, acalorada, caliente, y morbosamente para alcanzar el máximo goce posible; pues está, será la primera y una de la pocas veces que podamos hacerlo conscientemente, en la plenitud de nuestros sentimientos conscientes de seres humanos que pueden controlar sus placeres; esa noche, gozamos interminablemente, cada relación era interminable, estuvimos haciendo el amor hasta que tuvo que retirarse a la supervisión del mediodía; que por cierto la realizó, terminada la tarde. Haciéndome notar nuevamente, que había sido ella, quién me sedujo la vez anterior por estar caliente conmigo desde el día en que nos conocimos.

  • Lo puta que es mi madre

    Lo puta que es mi madre

    Desde que iba en secundaria he tenido que aguantar las ofensas de mis compañeros hacia mi madre. Durante tres años escuché decirme como se cogerían a mi madre, de que se comerían sus tetas y la bañaría de semen.

    La verdad no los culpo, mi madre es muy bella de cara con grandes tetas y un culo gigantesco, tiene lonjitas pero no cambia el hecho que para su edad es una mujer muy cuidada y deseable.

    Yo era muy pequeño para darme cuenta que lo puta que es mi madre pero ahora con 18 años, me doy cuenta que es una zorra tragavergas.

    Ahora duermo en el mismo cuarto que mi madre en camas separadas ya que vivimos con mis abuelos y no hay muchos cuartos en la casa. Mi madre duerme con un baby doll que no es trasparente pero se puede visualizar fácilmente sus pezones cuando están duros por el frío que es casi siempre porque ponemos el aire acondicionado.

    Ella no es muy discreta y no hay muchos lugares con lo cual pueda hablar en privado así que me ha tocado más de una vez escuchar hablar con uno de sus novios por teléfono donde he alcanzado oír como la llaman «Mi putita» o «Mi culito» También cuando le llega un mensaje lo miro de reojo para leer las obscenidades que le mandan, incluso me ha tocado ver una que otra foto de vergas, pero grandes vergas, una vez vi que le enviaron la foto de una verga negra del tamaño de un brazo.

    También le envían mensajes cuando estamos viendo la televisión y ella rápidamente va al baño, una vez que no oí que cerraba la puerta la seguí. La vi con la blusa bajada y el short en el suelo, tomándose una foto de sus tetas y de su culo para enviárselo a uno o a varios de sus amantes.

    No soy el único de la familia que piensa que mi madre es una puta, mi primo el Moreno también.

    Una vez que vino de vista lo encontré masturbándose con la ropa interior de mi madre. Un día estábamos jugando videojuegos mientras mi madre dormía, él me dijo que iba al baño a cagar y que siguiera sin él pero yo no le creí. Espere unos minutos y subí con delicadeza y me desplace hacia nuestro cuarto. Mi primo estaba con los pantalones abajo, sujetando su verga con la mano derecha y con la izquierda el celular, vi a mi madre que seguía dormida pero los pechos los tenía al descubierto. Mi primo se estaba masturbando mientras tomaba fotos a mi madre y pegaba su verga hasta quedar unos centímetros de distancia de su cara. Yo me baje enseguida y tres minutos después bajo mi primo.

    Mi madre suele llegar tarde a la casa por irse de fiesta, incluso a veces ni llega.

    Una de esas noches me quede masturbándome con una porno de Ganbang cuando escuche la puerta de la casa abrirse. Apague mi celular y la luz y me hice el dormido. Unos minutos después escucho como entra al cuarto y prende la luz, se acercó a mí y me dio un beso en la frente, cuando lo hizo pude oler el alcohol en su aliento y el semen de su cabello.

    Pasaron otros minutos cuando decidí abrir los ojos, la luz seguía encendida. Vi a mi madre parada enfrente de su cama, dándome la espalda. En ese momento se quitó el vestido, quedando desnuda. Yo clave mis ojos en su tremendo culo que estaba todo rojo, con marcas de diferentes manos, además pude notar como hilos de semen se escurrían de su vagina y de su ano. No había duda que lo había hecho con más de uno.

    Ella agarro su celular y empezó a fotografiarse. Yo cerré los ojos por precaución. Después oí como apago la luz.

    Ella se durmió enseguida pero yo me quedé despierto con la verga en mi mano, masturbándome con intensidad, imaginando que un ladrón entrará en la casa, a mi cuarto y se subiera a la cama de mi madre para follarla ante mi presencia.

    Yo no quiero follar a mi madre, yo quiero ver que se la folle, que la llenen de semen, que dejen su culo todo rojo, que la humillen y la traten como la puta que es entre varias personas. Quiero verla con una verga en cada agujero.

    Esa es mi fantasía.

    Si quieren saber más de ella no duden en escribirme.

  • Tres asaltos

    Tres asaltos

    Ken gime profundo y gutural en la parte posterior de su garganta mientras la polla enrojecida de Daisuke se adentra dentro de él. No ha sido follado de manera tranquila y a la vez excitante en mucho tiempo y es hermoso y provoca una explosión de mariposas en la boca de su estómago y dice:

    – Muévete maldita sea -. Su voz es áspera y grave y suena como algo prohibido en el calor oscuro de la habitación.

    Daisuke casi gruñe mientras comienza a golpear con sus caderas bruscamente y Ken admira su técnica y las húmedas palmadas de la piel, pero está demasiado ocupado moviendo sus propias caderas para que coincida con las de su novio.

    Las posiciones cambian y ahora Daisuke hace pequeños soplos de aire golpeando la garganta de Ken con cada embestida, y su cabeza está colgando cerca de la cara de su chico así que ahora conectan sus bocas, están ardiendo y son dos almas desordenadas, Daisuke sabe cómo es la piel y el calor de Ken y este piensa que se vendrá muy pronto si siguen besándose, entonces él se separa de los labios y se quita los pantalones por unos segundos y todo en la boca de Daisuke.

    Luego se enrosca el mismo al cuello de Daisuke y usa sus dientes para cortar y chupar mordiscos de amor en la piel debajo de su oreja y Daisuke gime, fuerte y pesado, y Ken no puede culparlo. La nariz de Daisuke se frota en el pómulo de Ken, y luego Daisuke ajusta sus brazos para que atrapen la cabeza de Ken. En cambio, uno todavía está en la cama junto a Ken para mantenerlo despierto, y el otro está enhebrado a través del cabello de Daisuke, tirando de él hacia atrás.

    Los ojos de Ken se abren de golpe, son azules como de costumbre y Daisuke deja caer su cabeza sobre la almohada, pero mantiene su mano enredada en el suave cabello. Él tira y mira mientras la cara de Ken se contorsiona, se arruina y Daisuke conoce la sensación inmensa porque su cabello le da lo mismo.

    Daisuke tira de nuevo, más fuerte, Ken jadea y Daisuke se inclina para robar el sonido, tragarlo contra los labios de Ken y este no puede alejarse esta vez. Es un poco gracioso, a Ken le gusta que jueguen con su cabello y lo estropeen durante el sexo, porque el día a día Ken te golpeará las manos y te pellizcará si tratas de tocar su cabello. Él siempre tan ordenado.

    Entonces Daisuke tira una vez más, ni siquiera duro, y Ken se viene con un grito, sorprendido por su propio orgasmo repentino.

    Daisuke sigue empujando, en ninguna parte cerca de su propio orgasmo, mientras Ken se unta entre sus barrigas. El aire se atrapa en la garganta de Ken y no puede respirar por un segundo, y luego lo siente, siente la polla de Daisuke todavía dura y empujando dentro de él y su boca se abre y el aire sale corriendo, golpeando la garganta de Daisuke

    Los párpados de este último tiemblan ante el aliento caliente, pero su ritmo no disminuye, ni tampoco su fuerza. La polla de Ken está cubierta húmedamente en su propia entrada, y se extiende suavemente entre ellos. Daisuke se inclina, lame los labios de Ken antes de deslizar su lengua en su boca aún abierta. Louis responde, como siempre lo hace, con los labios cerrados y chupando y usando su propia lengua para enredarse con los de Daisuke y, lentamente, su pene comienza a endurecerse nuevamente.

    La polla de Ken es sensible por su orgasmo, y pica cuando se vuelve más firme. Empieza a negar con la cabeza, porque es demasiado pronto, pero Daisuke no lo deja alejarse, su aliento se está escurriendo por la garganta de Ken

    Se alejan, para obtener una bocanada de aire adecuada, y Ken está cada vez más duro otra vez. Daisuke sonríe, pero podía sentir los músculos del estómago de su amado apretarse mientras inclinaba sus caderas hacia abajo, así que la polla de Ken queda atrapada entre sus estómagos, crispando y sintiéndola en carne viva.

    La venida de Ken hace que los movimientos de Daisuke sean fáciles, y desliza su panza hacia arriba y hacia abajo sobre Ken. Este jadea de nuevo, y está demasiado cerca, demasiado rápido, demasiado apresurado, demasiado todo y se viene con un fuerte sollozo en la garganta.

    Las lágrimas están en los ojos de Ken y Daisuke lo siente profundamente en su propia barriga, siente su sangre bombear y Ken dice en voz baja:

    – Daisuke joder… Daisuke, no sé, si quiero… esto… es demasiado el sentir…

    Daisuke gruñe, bajo y áspero y su frente cae sobre la de Ken, los sudorosos mechones del cabello de este casi le cubren los ojos, así que Daisuke los empuja hacia arriba y Ken gime porque todo es demasiado abrumador, demasiado.

    Sus cabezas se frotan entre sí, y Ken piensa que su polla se está poniendo dura de nuevo y que no es justo. Es doloroso, pero aún bordea la línea dulce y dulce de ‘oh santo dios’ y ‘agridulce infierno’ y Ken se siente traicionado por su propia polla.

    Él grazna mientras Daisuke golpea su próstata, y en un instante él está correctamente duro de nuevo. Ken solloza, llora.

    – No puedo… -antes de que tenga que sollozar otra vez. Las lágrimas en sus ojos caen y Daisuke besa sus labios, solo un breve roce realmente y Ken aprieta su trasero y las almohadas se vuelven más húmedas.

    Daisuke gime, corto y gutural, antes de que él ruja,

    -Vamos, puedes hacer esto, vamos, joder, eres fantástico Ken, esto es producto del deseo que siento por ti, esto es tan jodidamente bueno…

    Otro sollozo es arrastrado desde su pecho, y Ken está abierto, crudo y demasiado sensible y no puede más

    – No -dice, y el sonido es estrangulado y húmedo.

    – Puedes hacer esto por mí, eres un jodido rey en llevarme lejos a través del sexo, puedes hacerlo -. Daisuke murmura en la húmeda garganta de Ken y saborea la sal de sus lágrimas en su lengua, lame la piel y los muslos de Ken están temblando y todavía aún llora

    Daisuke golpea su próstata una y otra vez y los sollozos de Ken se vuelven aún más fuertes, y luego se atraganta, gorgotea y se viene.

    Daisuke se viene con él, finalmente, la presión que se había ido acumulando fluyó hacia Ken, este sigue gimiendo y apretando los muslos de Daisuke con dedos débiles, las uñas cortas presionando la piel pero sin romperla. Ken, que está adolorido, muy dolorido y muy sensible y no puede creer que se haya venido tres veces en una hora, tal vez la mitad.

    La respiración de Daisuke llega en grandes jadeos, y él deja caer su cuerpo sobre Ken. El grita y Daisuke no quiere, pero se ríe. Ken no oye sobre su propio gorgoteo.

    Tose e intenta dejar de llorar. Daisuke murmura en su oído,

    – Sabía que podías hacerlo. Eres perfecto, jodidamente perfecto.

    Ken tose de nuevo, gime y se muerde el labio.

    – Gracias.

    Daisuke se ríe de nuevo, se retira suavemente y limpia los labios de su amor con una camisa desechada en el suelo. Sonidos de dolor quedan atrapados en la boca de Ken, demasiado sensible para todo, y solo deja escapar un pequeño chillido mientras Daisuke limpia el semen de su polla.

    Luego le da la vuelta a la almohada húmeda, y el estómago de Daisuke se aprieta contra la espalda de Ken. Daisuke empuja sus rodillas contra Ken, sus tobillos se enredan. Daisuke tiene un brazo alrededor de la cintura de Ken, y antes de quedarse dormidos besa la base del cuello de Ken y susurra:

    – «Mi pequeña princesa perfecta» -. Y Ken suspira su protesta, pero realmente no le importa si Daisuke es su príncipe.

  • Rosalba: Un viaje de placer con mi primo

    Rosalba: Un viaje de placer con mi primo

    Cuando tenía 19 años, planee junto con mi primo Antonio, un viaje a Guanajuato, queríamos ir al Festival Cultural que se lleva ahí año tras año. Durante mucho tiempo, ahorramos dinero, para poder llevarlo a cabo. Con anticipación compramos los boletos del autobús, los boletos a ciertos eventos y por supuesto reservamos un hotel.

    Aquí tengo que hacer mención, que, desde pequeños, mi primo Antonio y yo, nos llevamos súper bien, él es apenas un año mayor que yo, y durante los últimos cinco años, en sus vacaciones de verano, se va a vivir con mi familia, pues el equipo de americano al que pertenece, tenía su campo de entrenamiento, mucho más cerca de nuestra casa, que de la suya. Durante esta época, siempre aprovechábamos para pasar tiempo juntos, platicar, pasear, etc. Teníamos una amistad sincera, jamás criticábamos ni cuestionábamos sobre los temas que tratábamos, cuando llego la época de tener novios, también se volvían tema de nuestras conversaciones y hasta nos aconsejábamos al respecto, hasta en ocasiones, cuando íbamos al cine, nos besábamos y acariciábamos tímidamente, sin pasar jamás a mayores.

    Cuando les mencionamos a nuestros padres, al respecto del viaje y nuestra decisión de hacerlo solo nosotros dos, no encontramos ningún problema en obtener su consentimiento, es más, mi tío (el papa de Antonio) hasta nos ayudó con algo de dinero.

    Así paso el tiempo y llego el día de partir, Antonio llego por mí a la casa y juntos nos fuimos a la estación de autobuses, para un viaje de tan solo unas cuatro o cinco horas, al llegar, lo primero que hicimos fue ir al hotel, para registrarnos y dejar nuestras cosas, pues los eventos a los que teníamos planeado asistir, iniciaban esa misma tarde-noche. Ahí encontramos un primer problema, ambos creíamos, que la reservación había quedado para una habitación con dos camas individuales, cual sería nuestra sorpresa al entrar a esta y ver solamente una cama gigante (king size), en medio de risas, pensamos primeramente no decir nada y compartir la cama, la habitación estaba cerca del área de piscina, y de muy fácil acceso, pero después de pensarlo, decidimos bajar a la administración y ver la posibilidad de cambiar la habitación. La chica de la recepción, entendió perfectamente la situación, pero nos dijo que solamente tenían habitaciones con una cama matrimonial y otra individual y que el costo era un poco más alto, aun así, decidimos tomarla, desafortunadamente, esta se encontraba hasta el último piso y lo más lejos del elevador, había que caminar por dos corredores antes de llegar a esta, pero aun así, cuando la vimos nos encantó, la vista desde el balcón era magnifica, toda la ciudad se veía desde ahí, así que acomodamos nuestras cosas y nos salimos a callejonear.

    La tarde noche paso de maravillas, entre los espectáculos, el alcohol y un poco de hierba que Antonio traía, llego la hora, en la madrugada, de regresar al hotel, para descansar un rato, aprovechar la alberca en la mañana y por la tarde reiniciar de nuevo la fiesta en el festival.

    Llegamos, más que “alegres” al hotel, subimos al elevador y nos encaminamos rumbo a la habitación, casi a mitad del primer pasillo, se escuchaban los gemidos de una pareja, que por lo que se oía, se la estaban pasando de lo más rico, la curiosidad y el morbo, nos llevó a quedarnos pegados a la puerta, sabíamos que a esa hora, nadie se iba a dar cuenta de eso. Oyendo e imaginando lo que pasaba ahí dentro, empecé a sentirme verdaderamente excitada y por lo que noté en mi primo, el también empezaba a animarse, por lo que le pedí a Antonio, siguiéramos caminando rumbo a la habitación.

    Al llegar, inmediatamente me metí al baño, para cambiarme y aprovechar para bajarme la calentura del momento. Cuando salí, mi primo ya estaba acostado en la cama más pequeña y me había dejado para mi la cama matrimonial, al darle las buenas noches, noté que su abrazo pedía que me acercara más a él, y no soltaba mi brazo, es más, me jalaba hacia él, fue un momento difícil, no les voy a negar que mi primo, era un forro de hombre, guapo y con un cuerpo de campeonato, ya en algunas ocasiones había sido el estímulo de algunas de mis fantasías, pero en ese momento no creí buena idea hacer realidad aquellos sueños, así que, como pude me zafé y me metí bajo las cobijas de mi cama.

    No había terminado de hacerlo, cuando se empezaron a escuchar gemidos y gritos de la habitación contigua, nuestros vecinos también estaban gozando la noche, sus suspiros eran alucinantes, no había forma de no alucinar con ellos, volteé a ver a mi primo y solamente pudimos sonreírnos seductoramente, en minutos, yo estaba totalmente encendida, sin darme cuenta y a pesar de saber que estaba Antonio en la cama de junto, empecé a darme una buena sobada en mis partes íntimas, que en ese momento ya estaban totalmente húmedas, gire la cabeza para observar a mi primo y vi con sorpresa, que había aventado las cobijas a un lado y totalmente desnudo, estaba observándome fijamente y sobando su viril miembro. No podía más, lo llame y le dije que se acostara conmigo, que necesitaba su verga dentro, pues estaba sumamente caliente, no termine de decirlo, cuando ya estaba parado junto a mí, más tarde en desnudarme, que el en meterse a la cama y aun antes de acomodarme siquiera, inserto su herramienta dentro de mi húmeda vagina, que para entonces no pedía, exigía tener un palo adentro.

    Fue maravilloso, una apoteosis de placer, jamás pensé, que Antonio, tuviera ese pedazo de tronco caliente, capaz de enardecerme al límite, que entraba y salía de mi cuerpo una tras otra vez y en cada una de esas intrusiones, me llevaba a la cúspide de mi excitación. Si los vecinos nos habían sorprendido con sus gritos, seguro ahora, mis gemidos y mis suplicas a Antonio, para que cada vez metiera con más fuerza y profundidad, aquella verga que me llenaba del todo, los tendría atentos a la culminación de nuestro acto. Pero aquel toro que tenía encima, tenía otros planes, por más que me encajaba aquel fierro, este no daba de si, no se cansaba ni siquiera tantito, después de que yo termine por primera vez, me acomodo en cuatro patas, para darme como animal en celo, así hasta que poco después de mi segundo orgasmo, retirarse rápidamente de mi vagina, para descargar toda su leche sobre mi espalda y nalgas.

    Y aquello apenas empezaba, en lo que mi pareja, se tomaba un tiempo para reponer fuerzas e iniciar otra acometida, nuestros vecinos, se oían totalmente absortos en otra buena cogida, el duelo de parejas, apenas empezaba… ya veríamos quien aguantaba más. Y yo confiaba que Antonio, me complaciera el resto de la noche y aún más.

  • Azucena, una compañera de oficina caliente

    Azucena, una compañera de oficina caliente

    Recuerdo que apenas había pasado un mes desde que empecé a trabajar para esa empresa. Un día, estando en la oficina arreglando una base de datos con la secretaria, entro una Sra. que jovialmente saludo a la secretaria y se pusieron a conversar. Mientras charlaban, note como la señora me hacía ojitos disimuladamente. Al irse, le pregunte a la secretaria quien era ella. Me comento que se llamaba Azucena y que trabajaba en la sección de planillas de la empresa. Un día me la encontré en la cafetería y terminamos comiendo juntos todos los días, cosa que aproveche para conocerla mejor. Azucena tenía 40 años, vivía sola, trigueña, de cabello corto castaño, algo gordita, un buen par de tetas, aunque algo falta en nalgas. Sin embargo, había algo que me ponía caliente respecto a ella. Un día, conversando con una compañera de trabajo, me entere que Azucena tenía fama de mujer fácil entre los compañeros.

    Un día, camino al trabajo, me la encontré esperando el bus en una parada y viendo que por lo visto, había perdido el bus de la hora, le di un aventón. En el trayecto, conversando pude notar que venía muy guapa, blusa blanca, saco y minifalda azul marino. Le pregunte a que se debía la ocasión y me comento que tenía una reunión importante y había que ir vestido profesionalmente. Me pregunto si así estaba bien, así que aproveche para decirle que se veía muy bien, cosa que la hizo sonrojar. Varias veces en el camino me pillo chequeándole las piernas. Cuando llegamos al trabajo, me dio un beso en la mejilla y me dijo que me veía en el almuerzo. Me pase toda la mañana pensando en Azucena y en esas piernas que me llamaron tanto la atención. Al mediodía, mientras comíamos y veíamos una revista que tenía consigo, se le cayó un papel que fue a parar debajo de la mesa. Cuando me agache a buscarlo, me quede un rato viendo las piernas cruzadas de Azucena un poco más de cerca. Justo en ese momento, las descruzo y las abrió de par en par, dándome una vista subliminal de sus bragas celestes. Como había demasiada gente en la cafetería en ese momento, me levante para no despertar sospechas. Cuando reanudamos la conversación, me pregunto si había visto algo que me hubiera gustado y le respondí que le quedaba bien el color celeste. Azucena me lanzo una sonrisa pícara cuando fuimos interrumpidos por otro compañero que quería sentarse en la mesa.

    Un viernes, faltando poco para salir, la secretaria de la oficina me llamo. Al parecer, tenía que venir el sábado a una cuestión de las hojas de tiempo de la oficina, pero también tenía una actividad en la escuela de la hija y que no podía faltar. Me pidió el favor de cubrirla al día siguiente con lo de las hojas de tiempo, ya que yo también tenía experiencia con la base de datos. Al principio lo pensé un poco, pero cuando me dijeron que me lo cargaban como sobretiempo, acepte sin problemas.

    Ese día, me dirigí a la oficina de planillas. Como no era día de oficina, todo el mundo estaba vestido bien sencillo. Azucena, que no dejaba de hacerme ojitos y sonrisas coquetas, llevaba puesto un vestido de verano verde, que al cruzar las piernas se le veían todos los muslos. Desafortunadamente, no me tocó ver lo de las hojas de tiempo con ella, pero desde donde estaba, podía verla cuando cruzaba las piernas todo el día y de vez en cuando, como abría las piernas para dejarme ver las bragas negras que tenía puesta. Al finalizar la jornada, me pidió el favor de darle un aventón hasta la ciudad. Al sentarse en el carro, el vestido se le corrió bastante, dejando la mayor parte de sus muslos descubiertos. Íbamos hablando de todo un poco y cuando llegamos a la ciudad, me pregunto si no era mucha molestia que la dejara en su domicilio. Viendo mi oportunidad, accedí y siguiendo sus instrucciones, llegamos a su apartamento. Nos quedamos conversando un rato en el carro hasta que finalmente me invito a subir a conversar, tomarnos unos tragos y quien sabe dijo. Nos sentamos en el sillón mientras conversábamos como siempre. Me pregunto si la encontraba atractiva y le respondí que sí. Se acercó a mí y me dijo que se había vestido así para mi justo antes de darme un beso en la boca. Mientras nuestras lenguas jugueteaban, mis manos apretaban sus tetas y su mano sobaba mi paquete y trataba de bajarme el zipper.

    Al quedar mi pene libre, se arrodillo frente a mí y empezó a mamármelo. Recorría mi pene con su lengua de arriba abajo y de vez en cuando me lamía los huevos y me los sobaba. Alternaba haciéndome una paja y mamando hasta que no aguante más y me corrí en su boca. Se lo trago todo y me siguió pajeando mientras me decía que le gustaba el sabor de mi semen y que era mía para lo que yo quisiera. Al rato de estar así, mi pene se fue poniendo duro de nuevo, entonces me dijo que quería que conociera su cama. Me guio hacia su cuarto agarrando mi pene con su mano. Una vez dentro, me pidió que le ayudara con su vestido. Le desabroche la parte de arriba y le quite el sujetador. Azucena se quitó el vestido quedando solo con la tanga negra. Se acostó en la cama y se abrió de piernas. Me acomode y procedí a quitarle la tanga. Se la quite con fuerza y pude notar que estaba completamente rasurada y mojadísima. Hice que se levantase un poco y le puse una almohada debajo para tener mejor acceso. Empecé a lamerla empapando mi cara en sus jugos cuando me apretaba la cabeza contra su concha. Al rato me dijo que no aguantaba más y que la penetrara. Se la metí de un solo golpe y empecé a bombearla con todas mis fuerzas. Solo se escuchaba los gemidos de Azucena y el rechinar de la cama. Azucena rodeo mi cintura con sus piernas y sentía como su pelvis se meneaba sincronizándose con mis embestidas. Finalmente no pude más y termine viniéndome dentro de ella. Sudados, me separe de ella y quede sentado frente a sus piernas abiertas viendo mi leche chorreando de su enrojecida concha. Se pasó un dedo recogiendo rastros de mi semen y se lo metió en la boca, diciéndome lo delicioso que era.

    Quedamos acostados juntos abrazados mientras Azucena me agarraba el pene y me lo frotaba una y otra vez. Todavía quería guerra y yo estaba dispuesto a darla.