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  • La gran noche

    La gran noche

    Llegamos al el salón de fiestas a celebrar la graduación de mi prima, estuvimos en familia varias horas conviviendo, en nuestra mesa yo tomaba tequila desde mi silla de ruedas y bailaban a los que les gustaba bailar, ya era algo tarde y mi mama, mi hermana y yo decidimos que era suficiente porque el camino de regreso era largo.

    Al llegar a nuestra casa y donde yo vivía en el segundo piso, mi hermana me ayudo a subir las escaleras para llegar hacia mi recamara, yo tenía ganas de seguir bebiendo así que la invite a que me hiciera compañía y acepto la invitación, elegimos que fuera en mi recamara que además era bastante grande, ahí yo tenía mi computadora y así podríamos escuchar música para ambientar el momento, siendo así entramos con botellas y vasos y al estar ambos dentro de la recamara detrás de nosotros la puerta se cerró para ocultar eternamente lo que estaba por suceder y que ninguno de nosotros dos hasta ese momento se imaginaría, ya estando dentro nos acomodamos y ella se sentó en la cama mientras servía los tragos, yo pregunte que música quería escuchar, hablábamos de cualquier cosa.

    De repente mi hermana se ponía de pie y bailaba y cantaba al ritmo de la música que escuchábamos, ella era alegre y además se sentía a gusto y lo manifestaba, al paso de las horas y cada vez más tomados pero sin dejar de beber botella tras botella tanto alcohol nos desinhibió un poco, yo jamás planee lo que sucedió, pero debo reconocer que fue la consecuencia de pequeños sucesos y circunstancias ocurridas con anterioridad, a partir de ese momento la velada tomo otro rumbo y lo que sucedió a continuación fue el resultado de la complicidad entre dos personas que disfrutaban de la vida dejándose llevar, ella esa noche lucia particularmente encantadora, enfundada en un vestido negro de noche, era corto y de tela muy ligera con olanes transparentes en la parte baja a la altura de sus muslos y que mostraba las perfectas formas de su cuerpo, esa noche no llevaba medias por lo que sobresalían sus torneadas piernas desnudas, era el cuerpo de una mujer de treinta años en todo su esplendor, ese día en la fiesta mi hermana atrajo todas las miradas de los ahí presentes porque nadie absolutamente nadie lucía como ella se veía, una mujer de ensueño.

    En algún momento de la noche active la cámara web que también servía para tomar fotos y video, entre platicas y risas, le dije debo tomarte unas fotografías para inmortalizar este momento y ella accedió gustosa, se puso de pie y se alejó de mí y de la cámara a un lugar donde pudiera enfocarse mejor y la lente pudiera captar la belleza y lo escultural de su cuerpo, se colocó en diferentes poses pues ella era toda sensualidad y erotismo bajo los influjos del alcohol, siendo así capture docenas de imágenes, ella con los tragos que tomaba se atrevía a manifestar su soltura y alegría, y a que mujer no le gusta sentirse bella y que le tomen fotos llenándola de halagos, verdaderamente lucia muy sexy y tenerla a pocos metros de mí y verla posar estaba provocando sensaciones extrañas en mi cuerpo y en mi mente, porque si somos hermanos pero en ese momento también éramos hombre y mujer.

    Todo se reducía a tener tan de cerca a una mujer hermosa y estar ambos bajo los influjos del alcohol puede ser una combinación muy riesgosa no importando que esa mujer sea tu hermana, me estaba excitando y se lo que es la excitación pero esto tenía un plus, era un extra que solo da lo prohibido, mi mente comenzó a trazar un plan para disfrutar más de la noche y solo pensarlo elevo mi excitación al máximo y el nerviosismo se apodero de mí y una descarga de electricidad recorrió mi cuerpo entero, para tranquilizarme un poco puse una canción y ella se puso de pie para bailarla haciéndolo de manera muy sensual, movía sus caderas de un lado a otro balanceando su cuerpo con un erotismo total, esto hacía que mis pulsaciones y los latidos de mi corazón se aceleraran.

    Para esos momentos considere oportuno arriesgar un poco y al momento de que ella servía otro trago se me ocurrió proponerle que hiciera un striptease, le hice saber lo hermosa que lucía con aquel vestido negro y además quería conocer sus prendas íntimas, esquivo mi pregunta que al parecer le tomó por sorpresa pero entre ella y yo antes había más confianza, hacer un striptease reafirmaría esa noche su belleza y elevaría su ego cómo mujer de cuerpo divino, entonces era su oportunidad de dejarlo todo eso muy en claro, tomando el vaso entre sus manos y bebiendo un poco, así sin recibir respuesta debí actuar pronto porque nuestra convivencia ya había tomado otro rumbo y no podía permitirle regresar, la llene de halagos, alabe sus caderas cómo lo mejor de ella, insinué que su ropa interior debía lucir hermosa enmarcando sus glúteos.

    Insistiendo le pedí que me la mostrara, ya daría cualquier cosa en ese momento por verla, en el fondo a pesar de que estaba bastante alegre supuse que nunca lo haría, pero en ese momento entendiendo que quería entrar al juego, se puso de pie y comenzó a subir lentamente su vestido hasta la altura de los muslos, en ese momento por un instante mi corazón se detuvo, eso era verdaderamente excitante, el saber que tenía unas bien torneadas piernas pero verlas frente a ti desnudas no tenía comparación, suponiendo que venía algo mejor no deje de disparar fotografías.

    Debí tomar mil en esos segundos capturando todo como si se tratara de una película de cine, cuadro por cuadro y acto seguido bajo el vestido, así perturbado, sabiendo que ya no podía echar marcha atrás le dije, anda atrevete, muéstrame tu ropa interior por favor te lo ruego, sabía que se trataba de una tanga porque era su ropa interior favorita y porque la delgadez de la tela de su vestido lo evidenciaba, después de mis ruegos y ya entrada en aquel juego erótico una vez más volvió a tomar la parte baja de su vestido y muy lentamente volvió a subirlo, tan sensual, poco a poco, primero descubrió sus rodillas y en seguida los muslos de sus moldeadas piernas, ahí al desnudo sin medias de por medio tal y como a mí me encanta.

    Casi paralizado otra vez desee que ahora si se consumara y lo hizo, subió el vestido hasta sus caderas y se giró dando la espalda, ahí se detuvo el tiempo, era un acto sublime, por vez primera en toda mi vida pude ver ese hermoso par de nalgas enmarcadas por una linda tanga negra era como un sueño hecho realidad y yo no pude dejar de inmortalizar ese momento con la camarita web, al volver en mis cinco sentidos el ambiente de mi recamara se había erotizado, la adrenalina se elevó de ambos lados, entonces sin yo pedirlo ella tomo otra vez aquel vestido con sus manos, subiéndolo poco a poco pero ahora rebaso su cintura, siguió su vientre y después sus senos protegidos por el sujetador, llego a los hombros y cruzando los brazos saco el vestido de su cuerpo, yo llevaba un minuto sin parpadear, completamente hipnotizado no perdí detalle alguno.

    Aquel cuerpo era el más perfecto que había visto en toda mi vida, cada centímetro cada curva resaltada por su piel morena, mi hermana era verdaderamente hermosa y yo nunca lo note hasta aquel día, era la segunda vez que volví en mí y sin recuperarme aun por completo, se giró nuevamente dándome la espalda mostrándome por segunda vez sus monumentales caderas pero ya no estaba el vestido de por medio, mi corazón latía a gran velocidad y sin quererlo ese día nació en mí el deseo prohibido, desee vehementemente a mi hermanita, desee cada parte de su cuerpo, justo en ese momento pude controlar mi cuerpo pero no mis pensamientos, mi mente deseaba tocarla y mi cuerpo no lo permitía, mi mente deseaba besar sus senos, su cuello y subir hasta su boca y mi cuerpo se resistía, mi mente deseo poseerla de espaldas para sentir sobre mi sus caderas y mi cuerpo resistió la tentación, pero nunca pude tener el control sobre mi pene, es como si él tuviera vida propia desobedecía todas mis órdenes siendo así debo decir que mi hermana provoco la mejor erección que tuve en años.

    Regresando nuevamente a la realidad, tuve el tiempo suficiente para tomar fotografías que aún conservo como un tesoro, ver sus hermosas nalgas delineadas por su ropa interior, al instante pude darme cuenta que el sujetador negro hacia juego con lo que quedo de su ropa, mi mirada entonces se centró en sus senos que si bien es cierto no son enormes pero para mí son perfectos, tienen el tamaño y la figura ideal porque junto con su culo fueron esculpidos por el mejor de los artistas.

    El juego debía continuar y yo estaba listo para apostarlo todo, pero dentro de mi pensaba que hacer y no había mucho tiempo para actuar porque la noche avanzaba y yo debía mantener el erotismo y el calor del ambiente y si era posible elevarlo, en total estado de excitación pero disimulando le dije deseo ver tus senos desnudos continua que el striptease no termina con un vestido, lo desee más que nada, se buena, continua, desnuda tus senos, no puedo afirmarlo pero puedo decir que mi hermana entro en lo que inicio cómo un juego y paso a ser algo más, si accedía seria mi cómplice para toda la vida porque estábamos haciendo algo que debería ser un eterno secreto guardado entre ella y yo para la eternidad, ante mi insistencia se levantó de su silla, camino tres pasos hacia atrás, y hábilmente se llevó ambas manos a su espalda, desee que fuera para desabrocharse el sujetador, mi corazón elevo sus pulsaciones y aunque mis manos temblaban trate de controlarme pues debía conservar ese grandioso momento y tome fotografías una y otra vez, lentamente llevo sus manos hacia el frente sin soltar el brasier, por la fuerza que ejerció fue como si sus senos se desprendieran de la prenda, como si esta se hubiera adherido succionando sus pezones y ahí estaba yo, embelesado, hipnotizado, por instinto al dejar caer el sujetador con sus manos cubrió sus desnudos pechos, ya solo era cuestión de tiempo y cuando bajo sus manos conocí el paraíso, pude ver los senos más hermosos coronados por dos delicados pezones, mi hermana era una Diosa, era la gloria.

    Mi pene respondió tuve otra gran erección o quizá nunca deje de tenerla, desee tener esos pezones entre mis labios y acariciarlos suavemente con mi lengua y con ella también recorrerlos todos, besarlos con delicadeza adentrándome en un viaje de donde no se regresa, una vez más pude controlar el deseo y a mi cuerpo, ya solo quedaba una cosa y sabía yo que era el acto final, me preguntaba de manera fugaz si se atrevería a hacerlo, mostrarme su cuerpo totalmente desnudo, sin nada de por medio, sin nada entre su cuerpo y mis ojos, el problema era que se cumpliera mí deseo, ahí si tuve que poner empeño, mucho trabajo y usar todas mis habilidades, esto era ir más allá, estar a unos centímetros de su hermano y decidir si quería mostrarle ese lugar verdaderamente prohibido y atesorado por cada mujer, debía ser un arte intentarlo, ¡un striptease no termina ahí le dije!

    Esto ya era una locura así que tomo las cintas de su prenda interior entre sus dedos y la bajo un centímetro llegando a esa zona donde se asomaron los finos vellos que cubrían su monte de venus, monumento a la sensualidad, yo esperaba sin parpadear, estar a punto de contemplar algo tan íntimo, tan suyo, que estaba dispuesta a compartir conmigo, su hermano y el gran momento se acercaba, la parte baja de la prenda íntima comenzaba a aparecer, estaba dentro, estaba prisionera de sus labios vaginales, esos delicados labios decidieron por fin que era momento de liberar esa tela que los asfixiaba, y entonces lejos de suceder lo mejor, sucedió lo peor.

    Para ella el erotismo que nos cubrió aquella noche había terminado con el sol de la mañana, regresándole la cordura solo dijo ya va a amanecer y despertaran todos, tomo el sujetador y se lo coloco rápidamente al igual que su vestido, tomando los zapatos abrió aquella puerta que fue testigo de lo que sucedió aquella noche, camino descalza y bajo las escaleras sin voltear a verme y sin decirme nada, todo lo que vivimos aquella noche se convertiría en el mejor de mis recuerdos de una noche llena de erotismo, amor, deseo prohibido y complicidad, nunca más volvimos a hablar de lo que paso aquel día, ella jamás lo mencionaría y para mí se convirtió en el más grande secreto.

    Aquella noche sin tu saberlo, cumpliste uno de mis más grandes sueños “poder ver al desnudo tus hermosas caderas”

    Aquella noche sin tu quererlo rompiste con tabúes de parentesco que solo te limitan y no permiten disfrutar de la vida.

    Aquella noche sin tu pensarlo me entregaste inimaginables noches de deseo y de fantasía eterna.

  • Pusiste mi mano ahí, en otro…

    Pusiste mi mano ahí, en otro…

    Una de las cosas más deliciosas que has hecho por mí, fue cuando hicimos nuestro primer trío.

    En el punto cuando más nerviosa estaba, llevaste mi mano para tomar el miembro de Nicolás.

    Aquella noche lo que menos me esperaba era cruzar esa barrera. Yo era un manojo de nervios. Yo sé que tú me convenciste de intentarlo y yo siempre te dije que se me antojaba. Recuerdo que entramos al cuarto y te quedaste ahí parado a la expectativa. Vi a Nicolás muy quitado de la pena desnudándose como si nada. Miré su cuerpo bien trabajado y no pude evitar imaginarlo encima de mí, penetrándome. Ganas tenía y muchas. Estando sola no hubiera puesto el menor freno a concentrarme en cogerme al Nicolás pero sentía todavía mucho miedo de que te pusieras celoso. Me acerqué a ti y empecé a besarte en la boca.

    Confieso que mientras te besaba ya estaba excitada por la expectativa de sentir adentro a Nicolás pero quería que esto fuera nuestro juego. Me fuiste quitando la ropa sin dejar de besarme. Me excitó aún más imaginar si Nicolás estaría viendo mi trasero y logrando por ello una erección. Te detuviste al dejarme en medias y ropa interior, haciéndome desear que las hubieras arrancado también. Me llevaste a la cama y yo sólo pensaba en lo que seguía. Fue ahí donde empecé a sentir que las manos que acariciaban mi cuerpo eran más de dos. Recuerdo que abriste mi sostén por el frente y que Nicolás y tú se inclinaron a besarme un pecho cada uno al mismo tiempo.

    Me vuelvo a mojar de recordar que empezaste a bajarme la tanga pero que fue Nicolás quien la sacó por completo levantando mis piernas. Tú estabas inclinado a mi izquierda besándome en la boca y Nicolás haciendo no sé cuántas cosas con mi cuerpo sentado a mi derecha. Yo tenía tu cabeza tomada con ambas manos cuando tomaste mi mano derecha y la llevaste hasta el miembro de Nicolás. Prácticamente cerraste mi mano sobre una verga que no era tuya. Ese gesto fue muy significativo para que yo me dejara ir en favor del placer. Fue ahí cuando lo tomé y lo sentí duro, pulsando, caliente. Empecé a masturbarlo mientras te seguía besando. Entonces pusiste tu miembro en la boca.

    Yo sabía desde el principio que veníamos a coger pero, ese punto de disfrutar de 2 vergas al mismo tiempo fue un antes y un después. Besar y sentir tus movimientos en mi boca mientras yo masturbaba a Nicolás me hizo sentir una excitación que pocas veces alcanzo tan rápidamente. No podía dejar de jugar con tu pene en mi boca pero quería ser penetrada cuanto antes. Yo misma jalé a Nicolás por el miembro y abrí mis piernas para enfilarlo a mi vagina. Fue tal vez el ver mis labios desnudos, húmedos y depilados que en vez de penetrarme, se inclinó para darme unos lengüetazos que no hicieron sino ponerme loca. Lo dejé hacer a sabiendas de que los jalones que le daba lo iban a mover en mi favor.

    Me encantó el momento cuando se incorporó y se puso entre mis piernas. Me excitó aún peor la expectativa y sentía que se me reventaban los labios de las ganas de sentir que una verga, cualquier verga, empezaba a meterse en mi humedad. Resbaló delicioso cuando me penetró y pude por primera vez sentir que me cogían mientras mamaba otra verga al mismo tiempo. Cuando ya me viste disfrutando te hiciste a un lado. Nicolás puso su mejor empeño. Se movía con fuerza y rapidez encima de mí. Yo tuve mi primer orgasmo casi de inmediato. Fue apenas el primero de varios.

    Como pocas veces, ni siquiera hizo falta cambiarme de posición. Nicolás me daba y me daba sin parar. En algún momento te vi de pie junto a la cama. Nunca olvidaré tu cara de placer, masturbándote mientras me mirabas ahí con Nicolás encima concentrado en lo suyo. Fue ahí cuando encontré el desconocido placer de gozar que me vieras cogiendo. Me encanta ver a los hombres masturbarse. Verte ahí haciéndolo y saber que lo estabas haciendo mientras me mirabas fue delicioso. Al mismo tiempo sentir mi propio placer con el miembro de Nicolás resbalando en mi vagina, fue una experiencia inolvidable.

    Perdí la cuenta de mis orgasmos. En algún punto Nicolás levantó mis piernas para ponerlas sobre sus hombros y recuerdo que sin dejar de moverse adentro de mí, manoseaba mi trasero como si nunca hubiera visto uno igual. De pronto se apoyó un poco más, dejó mis piernas entre sus brazos y dejó caer su peso para poder atrapar mis pechos y apretar mis pezones con sus dedos. La cascada de placer fue tan intensa que yo ya no lo acariciaba a él como al principio. Relajé mis brazos y simplemente dejé llegar los orgasmos uno tras otro. Entre uno y otro clímax, me ayudaba mucho ver tu cara de sinvergüenza mirándome cogida por otro como siempre soñaste. Como pude te hice señas y sin dejar de masturbarte te acercaste apenas a tiempo para que los dos vaciaran su semen sobre mi cara y cuerpo mientras yo tenía el orgasmo más fuerte y prolongado de la noche.

    Por un momento perdí la conciencia. Cuando volví en mí, ambos estaban sentados a cada lado mirándome y acariciándome suavemente. Nicolás me miraba aún con lujuria y casi sentí una punzada en la vagina cuando te dijo: ‘¡qué buena que está tu novia! Por eso en cuanto la vi sólo pensé en proponerles esto y poder coger con ella.» Todavía me propuso coger más pero yo ya estaba exhausta aunque eso no evitó que tú y yo volviéramos a coger delicioso ya en casa al amanecer.

    Un día de estos deberías volver a guiar mi mano como aquella noche mi amor…

  • Chantaje oportunista

    Chantaje oportunista

    Laura se despertó y se estiró en la cama ahogando un bostezo.  El sol se colaba por la ventana y los rayos acariciaban la piel de sus brazos de forma deliciosa.

    «Demasiado sol…»

    Los nervios se apoderaron de su tripita y con su mano derecha alcanzó el móvil que tenía sobre la mesilla de noche. Durante un instante, presa del miedo, dudó antes de tocar la pantalla.

    «Las 9:00 » observó alarmada.

    Presa de los nervios se tiró un pedo.

    Poco después apartó las sábanas de la cama y se incorporó con agilidad pensando en como podía estar lista lo antes posible y no llegar demasiado tarde a su segundo día de trabajo.

    ********************

    Antes de entrar en la oficina aguardó unos segundos para recuperar el aliento y colocar la camisa bajo los pantalones de cuero ajustados. Por suerte había conseguido mantener el equilibrio sobre los zapatos de tacón y llegar «viva» a su destino. Sudaba un poco, pero ahora no había tiempo para eso y confió en que el perfume ocultase otros olores.

    Entró.

    Sus compañeros trabajaban frente a los portátiles y nadie pareció prestar atención a su llegada. Al fondo, el despacho de su jefe, un cubículo de cristal, estaba vacío y con la luz apagada.

    Respiró aliviada y sin perder un instante se sentó en su puesto dispuesta a recuperar el tiempo perdido.

    David la observó desde su puesto y sonrió de manera enigmática. Estaba seguro de que era ella, pero quería que confesase. Solo tenía que esperar su oportunidad, pillarla desprevenida y dejarla poco tiempo para pensar.

    ********************

    A media tarde llegó el jefe, entró en el despacho y llamó a Laura. A través de los cristales se podía adivinar la discusión y el reproche. David no perdió detalle y observó que cuando su compañera regresó a su puesto tenía el rostro de preocupación y sus mejillas estaban algo más coloradas de lo habitual. Este era el momento. Laura se levantó para ir al baño y él aprovechó para dejar el sobre junto a su portátil. El movimiento era arriesgado, podrían haberlo visto. Pero eso no le importaba, el riesgo le excitaba casi tanto como pensar en el culo de su compañera. Su pene palpitó y creció anticipando el momento que llevaba planeando desde que descubrió la cinta de video.

    Laura vio el sobre, lo abrió y leyó. Luego miró a su alrededor, todo el mundo parecía concentrado en sus quehaceres… pero uno de ellos disimulaba. Por un momento se le pasó por la cabeza recoger sus cosas, escapar y esconderse dónde nadie pudiera encontrarla. Pero tenía trabajo que hacer, necesitaba concentrarse y no dar más motivos a su jefe para un nuevo rapapolvo. El día había empezado tarde y mal, la luz de esperanza al no ver a nadie en el despacho le había hecho creer en la suerte, pero todo había cambiado en minutos. Primero la bronca y ahora esto. Esto era más grave. Tenía que concentrarse en el trabajo y luego pensar, solo que no tenía tiempo, a las 7 y media el tipo o tipa que la estaba chantajeando se presentaría con demandas, ¿dinero? no, no era dinero, la persona que la había mandado la nota quería algo más íntimo de ella.

    El rubor coloreó sus mejillas mientras, de forma involuntaria, su cuerpo reaccionó con una mezcla de nervios y excitación sexual.

    ****************

    A las 7 y 20 solo quedaban en la oficina Alicia, una mujer de cuarenta años y Laura. La chantajeada la miró, «¿sería ella la autora de la nota?» La verdad es que no había considerado la posibilidad de que hubiese una chica interesada, pero no conocía apenas a sus nuevos colegas y todo podía ser. Por un instante se vio a si misma con los pechos al aire mientras su compañera la miraba con deseo.

    Cinco minutos después Alicia abandonó la oficina.

    El silencio hacía daño y la atmósfera de soledad daba a toda aquella historia un toque de película de suspense. Pero aquello no era una peli, era la realidad, una realidad en la que los fantasmas de un pasado vergonzante estaban a punto de salir a la luz…

    Todo había ocurrido hace años. Laura era joven e ingenua y necesitaba el dinero. Su amiga de entonces la convenció para rodar una película subida de tono. Era solo una escena, saldría desnuda, de espaldas y solo durante unos segundos se vería su cara en pantalla. Recordaba el ambiente, los cuerpos desnudos de algunos actores, el momento en que su compañero de rodaje se bajaba los calzoncillos. Su pene no salía en pantalla, el corte final sugería mucho más de lo que enseñaba y el guion era malísimo. Además, muy pronto, ese tipo de cine grabado en cintas VHS perdió popularidad y era muy dudoso que semejante producto fuera a ser digitalizado. Laura, con el tiempo, lamentó haberse expuesto públicamente, pero entonces la difusión no era coma ahora, no existía internet y esa película probablemente habría desaparecido hace años.

    El ruido de la puerta al abrirse sacó a la empleada de sus pensamientos.

    – ¡David! – dijo en voz alta.

    – Laura. – respondió el recién llegado dejando su cartera a un lado.

    Durante unos segundos interminables ambos trabajadores permanecieron en silencio, estudiándose.

    Finalmente el varón rompió el silencio.

    – La pelí era un tostón hasta que apareciste.

    – No sé, no sé de qué me hablas, me confundes con otra. Yo no soy la que aparece en ese VHS. – replicó la mujer atropelladamente evitando mirar a su interlocutor.

    David sonrió. Por un momento, antes de empezar todo esto, había tenido sus dudas, pero la reacción de su compañera por la mañana y ahora esta mentira.

    – Yo no he dicho que haya visto una cinta VHS.

    Laura tragó saliva.

    – ¿Qué quieres de mí?

    – Ver el resto… sin censuras.

    – La pelí es la que es… yo.

    David se rio.

    – Lo sé, lo sé… pero la chica todavía está aquí… Desnúdate.

    Laura no se movió.

    – Bueno, si te apetece claro está. Mi idea es que esta historia acabe aquí y ahora, pero siempre puedo seguir con el misterio, compartirlo con alguien…

    – Eso es chantaje. – respondió la aludida enfurecida.

    – Es una invitación… te desnudas, te veo el culo y las tetas, que no enseñas en la cinta y bueno, reproducimos la escena… esos jadeos detrás de la puerta, esos golpes… te daban azotes… bueno, supongo que no, que eso es lo que querían que pensásemos… yo te puedo dar azotes o mejor hacemos el amor… la historia puede tener más finales ¿verdad?

    Laura pensó con rapidez, no hacer nada y mantener a este salido en vilo era peligroso. Lo último que quería era que sus compañeros o su jefe descubrieran su pasado. Quizás la mejor opción era humillarse y poner punto y final a esto. Además, David no estaba nada mal, la idea de enrollarse con él no la desagradaba.

    – Está bien. Pero esto acaba y termina aquí. ¿Ok?

    David asintió y Laura, dándole la espalda, comenzó a quitarse la ropa empezando por los zapatos.

    Después se bajó los pantalones de cuero, la camisa tapó su culete y solo quedaron a la vista sus muslos.

    Lo siguiente fue la camisa, botón a botón.

    – Date la vuelta. Quiero verte las tetas.

    Laura obedeció y cuando acabó de desabrochar la camisa, se desprendió del sujetador dejándolo caer. Los senos firmes y coronados por un par de apetitosos pezones quedaron a la vista.

    – ¿Te gustan?

    – Mucho. – respondió David mientras se acariciaba el miembro metiendo la mano bajo los pantalones.

    – ¿Te ayudo? -preguntó la empleada acercándose y poniéndose de cuclillas.

    – Sí, pero primero date la vuelta y enséñame el trasero.

    Laura se puso en pie, se dio la vuelta y se bajó las bragas dejando el culo al aire.

    David se acercó y pasó un dedo por la generosa rajita, estaba húmeda por el sudor. Olfateó el dedo, olía a sexo y a pedo.

    Eso le excitó.

    Laura se dio la vuelta. Su vagina se ocultaba bajo una generosa y cuidada mata de vello.

    – Ven aquí. – ordenó David bajándose los pantalones y liberando su crecido pene.

    La empleada obedeció, se acercó y le besó en la boca, mientras agarraba el falo con su mano.

    Luego David acarició el sexo de su compañera y hundió un dedo comenzando a estimular el clítoris. Laura gimió de placer mientras su espalda se arqueaba.

    – Date la vuelta. Quiero comerte el culo. – ordenó Laura.

    David se giró y apartó con las manos sus nalgas dejando a la vista su ojete. Laura metió su cara y sacando la lengua comenzó a lamer el agujero.

    David contrajo su esfínter, soltó una nalga y comenzó a masturbarse con la mano libre.

    Poco después y tras darse un beso con lengua. David se enfundó un preservativo, dio un azote a Laura en las nalgas e indicándola que se inclinase, la penetró.

    Fuera, la oscuridad había resultado vencedora en su duelo con la luz. La luna brillaba contemplando, no una, si no innumerables escenas eróticas que en ese mismo momento se sucedían en el mundo. «Rapiditos» antes de ir a trabajar allí dónde era de día o auténticas maratones sexuales allí dónde el sol se perdía en el horizonte.

    Al terminar, mientras se vestían, Laura propuso a David tener relaciones sexuales en su casa. Quería explorar y disfrutar en la intimidad.

  • El postre

    El postre

    Las gotas de transpiración bajaban copiosamente por su frente… El pelo estaba pegado a su perlado rostro y sus ojos, desencajados por el placer, eran un rasgo inequívoco… Estaba por acabar… otra vez, pero cómo fue que desembocamos hasta este punto… Fue una vez más mi ceguera la que lo permitió, pues había llegado a creer que con lo sucedido en el asado más su incipiente adicción a eyacular, sería suficiente… Pero como muchas otras veces antes en la vida, estaba equivocado…

    Los días siguientes al asado, Tarella casi no salió de la casa… Sólo quería volver a eyacular, ojalá, una y otra vez… parecía una adolescente descubriendo el placer que podía obtener de su propio cuerpo… Entre tanto, el sexo había cambiado en 180 grados… Antes casi ni me buscaba y cuando lograba que se excitara, nuestras relaciones eran un poquitín más que recatadas… Nunca por el culo y menos hasta el fondo por el coño porque le hacía daño, me rogaba y el bolas triste le hacía caso… En cambio, ahora, en una misma noche, me pedía ser follaba por sus tres agujeros tantas veces como me diera la gana o aguantara y, la verdad, comenzó a gustarme…

    Durante una semana estuvimos en una especie de luna de miel… Ella casi no salía de la casa y yo solo iba a la oficina a ultimar los detalles de un almuerzo de negocios que sostendríamos en 15 días más… Si bien se veía igual y su fragancia era la usual, Tarella ya no era la misma… Ya no mostraba ese carácter altanero y abusivo que solía caracterizarla, muy por el contrario, era solícita y suave… Se veía igual que antes, pero menos grosera en sus respuestas, menos odiosa en su trato, incluso para con los niños… Me agradó ese cambio también, pero…

    La conocía y sabía de lo que era capaz con tal de retomar el control de todo. Desde ese trono, en el cual yo la ungí, solo realizó acciones con el fin de humillarme, por lo que no me sorprendió su actuar en aquel almuerzo de negocios que, finalmente, sostuvimos con dos invitados provenientes de Santiago, en un conocido restaurante de la ciudad. Luego de la primera impresión, y tras dominar la ira, incluso logré disfrutar de la bizarra situación, sin perder el control, torciendo, como verán, las circunstancias a mi favor…

    Si no leyeron la primera parte del relato anterior, acá les dejo una descripción de mi esposa. Tarella, es una mujer bella y menuda. Mide 1 y medio… Posee una cara de muñeca que para nada representa sus 44 años, un par de pequeños, pero bien formados senos coronados con dos puntudos, sensibles y rosados pezones y un culito perfecto y del tamaño adecuado a sus proporciones, ya que es más bien delgada que voluptuosa. Su cabello es largo y hermoso de color trigueño… Sus ojos son picarones y le dan un brillo especial a una linda cara de niña buena… Dicho de otro modo, es mina… Además, es muy sexy y glamorosa para vestir.

    Sin ir más lejos, el día del almuerzo llevaba el pelo suelto (el largo le llega unos cuantos centímetros más por debajo de sus tetitas). Vestía una minifalda de mezclilla que tapaba hasta 20 cm más abajo de la línea donde terminaba el culo… En otras palabras, al agacharse o sentarse invariablemente mostraba su ropa interior de color blanco.

    Su torso superior estaba engalanado con una polera de seda, color gris, semi transparente y relativamente holgada con pabilos muy finos. Sus pezones estaban disimulados por un sostén de encaje en el mismo tono gris de la polera…

    Poco antes de partir hacia el restaurante, nos enfrascamos en una acalorada discusión (la primera desde el asado) que terminó con ambos echando chispas por los ojos, por lo que no nos dirigimos la palabra durante el trayecto y en la mesa tomamos asiento uno frente al otro y no lado a lado como usualmente hacíamos…

    La mesa preparada para nosotros estaba ubicada en un sector más bien apartado dentro del mismo local, semioculto detrás de un exuberante jardín interior. Estaba compuesta por 3 mesas cuadradas pequeñas juntas y unidas por manteles. A nuestro arribo, el garzón que nos guío, decía que lo señores habían llegado hacía unos 10 minutos. En efecto, en la cabecera, disfrutando de su aperitivo, estaba, Julio. Era el jefe. Se apreciaba un viejo de unos 65 años, bajo (1,65 cm), con panza cervecera y calvo, de cuello y brazos gruesos y vivaces ojos azules… A su derecha estaba Víctor, de unos 30 años, un poco más alto que su jefe, de contextura más bien gruesa, moreno y parlanchín…

    Nos saludamos de apretón de manos. Tare, además, les dio un beso en la mejilla a cada uno. Al ubicarnos, me senté a la izquierda de la cabecera y mi mujer al lado de Víctor en diagonal a mi, pues enfrente tenía al capitalino…

    Sin perder tiempo, pedí nuestros aperitivos, pues el de los invitados ya iba por la mitad… Entramos en amena charla. Tarella se comportaba a la altura. Terminábamos casi el segundo sour, cuando apareció el gestor de la reunión, es decir, don Patricio Parrón, nuestro abogado, el que, tras el saludo de rigor, se sentó al lado de mi mujer. El ademán de mi esposa al momento de aceptar el beso de saludo del abogado para nadie pasó desapercibido, pues tras girar la cabeza repentinamente, recibió el ósculo, en mitad de la boca. La perla, inauguraba su numerito con descaro y aplomo. Estaba entre dos hombres que no paraban de mirar lo que ella gustosa comenzaba a exhibir…

    Cada cierto tiempo, en las pausas que surgían entre sus secreteos, levantaba la vista hasta toparse con la mía… A propósito, (no sé por qué) la vez que nos encontramos, la miré con una ira que no sentía. Su reacción confirmó mis sospechas… quería humillarme… y yo solo sentía una morbosa curiosidad por saber hasta dónde sería capaz de llevar las cosas… Una sola cosa tenía segura en mi mente… con el tinterillo, ni cagando, al menos no delante de mí…

    Recordaremos que la muy puta, ya le había mostrado los calzones al tinterillo aquella vez que la sorprendí y que, al confrontarla al siguiente día, nunca aceptó… Al insistir, molesta me dijo -deja de webiar, quieres… tienes pruebas??? Las tienes???- me contestó desafiante… Podía demostrarlo, pero eso implicaba el fin al secreto de las cámaras… Sentía el cerebro a punto de estallar por la rápida sucesión de ideas… Fueron menos de 10 segundos y… sumando y restando… decidí, para variar, no abrir mi bocota y comerme el orgullo… Mi mujer, interpretando mi silencio como una aceptación tácita de la derrota, tuvo el descaro de permitirse el sonreír con autosuficiencia y aires de superioridad. -Eso pensé- remató…

    Esa actitud terminó por eliminar todo atisbo de arrepentimiento o culpa por lo que me entregué convencido a seguir planeando la venganza que ya había comenzado a consumar y… narrar en los relatos que ya les compartí…

    En fin, el abogado éste le tenía ganas hace rato a la puta de mi ex, si es que ya no se la había servido, lo que comenzaba a creer, a pesar de las negativas de Tare, y el muy patán (iluso agregaría yo) creyó que esta ocasión podía ser su oportunidad…

    El beso fue solo el punto de partida ya que, durante todo el almuerzo, al ahogado -como ya comenzaba a llamarlo en mi mente- y a Víctor, la muy puta, les mostró los calzones, actuando sin disimulo como si fuera la puta contratada para entretener a los invitados… Julio miraba alternadamente hacia donde yo estaba sentado y hacia donde Tare se mostraba… Sus ojos no daban crédito a lo que le mostraban y yo conversaba con él de manera casual y en completo control, volteando la mirada lentamente para seguir los acontecimientos como un espectador más de cuando en cuando, pero evitando encontrarme con los ojos de mi mujer, pues quería que pensara que estaba consumiéndome en odio…

    Al finalizar, y tras cerrar el trato les dije a los capitalinos que fuéramos a la oficina a ultimar los detalles finales… -Además, les aseguro que tengo un mejor whisky que éste- les comenté en forma jovial, sonriendo… Ambos accedieron. El reloj marcaba las 3 pm… Me levanté, lo que imitaron los dos invitados solamente, y dirigí hacia el abogado. Le dije, estirando la mano en señal de despedida… -Gracias por todo, Pato, nos vemos mañana-… Y, sin darle oportunidad de responder, tomé del brazo a Tarella que aún se encontraba sentada, la levanté con una ligera presión y obligándola a dar el primer paso, salimos delante de todos…

    En el trayecto hacia la van comencé a hablar con tono brusco, pero controlado… -Te comportaste como una puta ahí dentro, estoy seguro para humillarme… Pues bien, debo decirte que lejos de molestarme, me gustó… si… me gustó mucho… al punto que me dejaste caliente, por lo que te exijo lo sigas haciendo con estos dos… Caliéntales el agüita durante el viaje y allá te los follas… Repíteme lo que harás… Y, Tare, sosteniendo la mirada, en voz baja, pero firme dijo: ándate a la mierda, maricón… Le contesté con una sonrisa en los labios… solo te pido recuerdes qué es lo que pierdes si te sales de los márgenes del trato que tú misma aceptaste… recuérdalo, perra…

    La mirada desafiante desapareció como si alguien hubiese accionado un swich… Bajó los ojos para mirar el piso… Tiernamente levanté su cara tomando su barbilla y cuando nos miramos, le dije, repíteme lo que harás con esos dos… Por un momento el fuego en sus ojos volvió a notarse, empero sus labios al comenzar a moverse articularon… -los calentaré durante el viaje y en la oficina me los follaré con todos mis agujeros-… Sonriendo satisfecho contesté… Excelente, putita, excelente…

    Al llegar a nuestra van, Tarella, sin mirar hacia atrás, la rodeó hasta quedar ubicada al lado de la abierta puerta del copiloto. Tomó asiento, siempre con la mirada pegada al suelo y cerró la puerta. En eso, volteo para enfrentar a la cara a los invitados y Parrón, el que no se conformó con mi despedida y nos siguió algunos pasos más atrás… Les pedí a los capitalinos que me esperaran unos minutos sentados en los asientos traseros del carro. Parrón quiso seguir de largo cuando me alcanzó… Di un paso atrás y me situé delante de él, interrumpiéndole el paso… Paró en seco y levanto la vista… -Qué te pasa-, me preguntó… Y me lo pregunta el desgraciado, pensé, pero de mi boca salieron otras palabras… -Creí haberme despedido de ti ahí dentro…- le dije en tono serio… -pero…- alcanzó a balbucear antes de ser interrumpido… -Oye Parrón, eres nuestro abogado, el cual ya hizo su trabajo, por lo que tu presencia no es requerida ni útil acá… Lo que a continuación haremos cae dentro del ámbito de nuestras relaciones sociales personales por lo que puedo, sin miedo a ofender a nadie- elegir quiénes participan de qué… Hoy, ya te tocó…- El ahogado sin saber qué hacer solo se quedó parado, mirando la van… Di la vuelta, despidiéndome nuevamente… Al llegar a la entrada lateral pude notar que Patricio ya se iba en su carro del estacionamiento. Aceleró tanto que casi se incrusta en otro auto en la curva… sonreí…

    Entonces me asomé al interior del carro. Los dos tipos estaban sentados en las butacas traseras de la van, pues normalmente usábamos escondidas las centrales con el fin de contar con más espacio para los niños… Clavé mis ojos en ellos y cuando tuve toda su atención, comencé a hablar… -Se mira y, no se habla de esto, ni se toman fotos, ni se toca… Si están de acuerdo, seguimos…

    Sin mirarse entre ellos, asintieron en silencio… Tomé la colchoneta que siempre usábamos para los chicos con el propósito que no ensuciaran y, al mismo tiempo, les fuera más seguro y confortable el lugar… Abrí la puerta del copiloto, estiré la mano en señal de invitación a bajar y ella, sensualmente la tomó y descendió… le di la media vuelta hasta dejarla frente a la puerta corredera… -pasa cariño-, le dije al tiempo que la ayudaba a subir, levantándole la falda (hasta la cintura) para que pudiera subir la pierna y entrar al carro…

    Cerré la puerta y al llegar al asiento del piloto, Tarella ya mostraba sus hermosas tetas y comenzaba a sacarse el resto… Así, se desnudó y masturbó, frotándose el clítoris y metiéndose los dedos alternadamente o al mismo tiempo para ellos durante todo el camino, el cual por cierto hice por la ruta más larga y muy lentamente…

    Tras su orgasmo se pasó para adelante vestida únicamente con sus sandalias… Un minuto después, o sea a las 3 con 18 minutos de la tarde estábamos afuera del local… Le dije a Tare sin mirarla… -Abre el portón por favor cariño-. Notando que buscaba su ropa, agregué, así, mijita, tal cual estás, total te ves divina… Luego de mirarme unos segundos, bajó, caminó 8 pasos hasta la reja, sacó el candado y corrió lentamente el portón hasta abrirlo lo suficiente… Cuando la van pasó por su lado no pude contenerme y le dije, con cara de caliente y dándole una suave palmada en su culito… -cierra linda…- (como era sábado ya no andaba casi nadie por el barrio industrial lo que redujo solo a un par los mirones asombrados, el nuevo dependiente que reemplazó a Edy, entre ellos).

    Hice que caminara por todo el sendero, dando la vuelta hasta las escaleras, las que subió delante de nosotros, dejando ver toda su femineidad… Los tres estábamos empalmados y podíamos ver, mientras subía cada peldaño, cómo corrían sus jugos pierna abajo… Al llegar a la plataforma se dio dos vueltas en círculo para que pudiéramos regodearnos de ella. Luego tras desaparecer en la esquina, me di vuelta hacia mis invitados y susurrando les dije, -es toda suya… Pueden hacer lo que quieran con la excepción de golpes o tratos excesivamente rudos y, por supuesto, cámaras…- Al llegar a la escalera se entorpecieron, pues ambos querían llegar primero, empero se impusieron los galeones del viejo en forma tácita y saltaron de dos en dos los escalones hasta perderse al girar en la cima…

    Al desaparecer los comensales, recordé que al entrar vi que habían algunas herramientas sin guardar y que, estacionado fuera, se encontraba el auto de Carla, la hija (pensaba yo) de Julio, el dueño del local, poniéndose aún al día con el trabajo atrasado que, tras unas minivacaciones de 5 días, se acumuló con saña… don Julio nos arrendó el local solo con la condición que la oficina del primer piso no fuera parte del inventario y que pudiera ser usada por él, su esposa o su hija con fines administrativos lo que implicaba la entrega de llaves… Por ese motivo es que el valor del arriendo era muy conveniente lo que nos terminó convenciendo.

    Busqué a la chica sin hallarla… Entonces subí… Ni tres minutos habían pasado y, Tarella, ya tenía dos vergas tapándole sus dos orificios… El viejo, sentado en el sofá, la tenía estirada de espaldas a él sobre su dorso, ensartada hasta las pelotas por el culo, mientras, Víctor, abriéndole las piernas de par en par, la penetraba con furia por su coño expuesto. Los tres follaban al mismo ritmo, encerrando a la putilla de mi ex en un sándwich de carne fresca y palpitante. Gemía como loca cuando de repente aminoraron el bombeo al notar el orgasmo de mi mujer, pero solo fue un respiro, pues retomaron rápidamente el ritmo frenético y la muy puta volvía a emitir gritos de gozo con cada embestida…

    Tras admirar, por unos minutos, la escena porno que protagonizaba mi mujer, recordé a Carla… Prendí las cámaras ocultas que yo mismo instalé y la vi en el baño masturbándose con dedicación su coño… cuánto tiempo llevaba ahí… al menos unos 10 minutos… Miré a Tarella… Estaba en 4 patas con el viejo dándole por detrás y Víctor por la boca… Volví a ver a la chica en la pantalla y me dije… -Ya veré el video con calma luego… Ahora vamos a ver si cae esta golfa que las pinta de señorita que no quiebra un huevo y por lo que estoy viendo, se los come atravesado…

    Mi verga quería solo follar… Tocándomela, miré nuevamente a Tarella… Ahora el cabro estaba acostado de espaladas con mi mujer encima, ofreciéndole sus tetas que lamía con gusto. Le tenía toda la polla enterrada en el coño. En tanto, al viejo ubicándose por detrás le follaba duramente su ojete… Total ya tenía la benia del viejo así que a darle se ha dicho y partí… Pero cómo fue que conseguí el visto bueno del viejo??? Les cuento brevemente. Al día siguiente del asado donde a mi ex le dieron entre los dos trabajadores y el dueño, le mostré parte del video al viejo y le dije que si no organizaba algo con su esposa y su hija lo delataría con ellas… él sabía que eso sería su perdición por lo que accedió al trato de inmediato… Me dijo que yo me encargara de Carla, su hijastra y él haría lo suyo con Susana, su linda y joven esposa.

    Hecho el paréntesis sigo con el relato… Abajo estaba el chico nuevo… Julián se llamaba y era un peruano de unos 20 años más bien de baja estatura, flaco moreno y con cara de espabilado… Estaba ordenando y aprendiendo qué había en el stock me dijo y la verdad me dio lo mismo… Ya, le dije… Sigue… Si te llamo, vienes… Y no destiñas o te vas… Me miró con cara de pregunta, pero no me dijo nada… simplemente levantó los hombros en señal de haber comprendido…

    Tras esas palabras entré en la oficina de Carla y en su botella de agua de un litro que estaba casi llena le dejé caer 12 gotitas, ya que Carla es unos centímetros más alta que Tare y con más busto… Me senté en la silla frente al escritorio a esperarla lo que no fue más de un minuto. Eran casi las 4 de la tarde cuando entró y lo primero que vi fue su cara roja, encendida aún y, desviando la mirada noté en su mano derecha lo que sin duda era su sostén perfectamente doblado. Al ver la dirección de mis ojos, se cortó, ya que además, con su otra mano sostenía su chaqueta por lo que a través de su polera podían verse, claramente, sus dos pezones totalmente erguidos…

    Tranqui, le dije… Soy casado hace años ya, así que estoy acostumbrado a escenas como esta… Finalicé la frase con una sonrisa cordial y con un gesto la invité a que tomara su asiento tras el escritorio… Lo hizo.

    Tras unos 20 minutos de amena charla casual sin notarlo el tema comenzó a centrarse en el sexo… Carla ya había tomado casi toda el agua. Se revolvía discretamente en su asiento con un movimiento hacia adelante y atrás… Sus pezones apuntaban erectos hacia el frente… Cerró los ojos y desde donde estaba le susurré, estamos solos, si quieres te desnudas para mi… yo no lo contaré a nadie…

    Sin parar de tocarse se desnudó y botando las cosas que estaban encima de su escritorio se recostó de mirando hacia el cielo con su espalda doblada y sus piernas abiertas de par en par… estaba entregada y yo no me hice rogar… me situé entre sus piernas, la tomé de las caderas y atrayéndola hacia mi comencé a comerme con mi boca y lengua su coño y ano… Mientras saboreaba de sus jugos, mis manos masajeaban sus tetas que eran más grandes que las de Tera y estaban en su apogeo…

    Luego de un par de orgasmos y hacer que eyaculara, le metí mi polla sin piedad por su culo y comencé una frenética follada que al cabo de 5 minutos acabó en una corrida de esas para el campeonato… Al sacarle la polla del culo, el semen comenzó a correr por sus piernas… le acerqué mi pija para que la lamiera lo que hizo de una… ¿quieres más, putita?… Le susurré. Si, me dijo sin sacarse el pito de la boca… ¿quieres otra polla?… le pregunté subiendo la voz. Ya, contestó casi de inmediato…

    Le saqué la polla de la boca y desde la puerta llamé a Julián… cuando me vio desnudo le dije ven a comerte a tu jefecita… dale duro por todos lados, si quieres… entró corriendo a la oficina y sin sacarse la ropa, abrió el cierre de su pantalón, sacó su polla y comenzó a taladrarle la vagina en cuatro patas a la pobre Carla…

    En eso, me puse a punto de nuevo y como habían cambiado de posición con Carla montando a Julián, me puse por detrás y la empujé para que se acercara a su amante… Por la posición paró su culito y aproveché para enterrárselo hasta la mitad de una en él… Gritó y se debatió… me insultaba, ordenándome que se la sacara a lo que contesté con una segunda embestida que penetró un poco más… Ya solo gritaba de dolor… Con la tercera taladrada llegué hasta el fondo y ahí me quedé unos segundos… Cuando comencé a moverme al ritmo que ellos ya tenían, sentía mis bolas golpear sus cachetes… Los gritos de dolor se transformaron en gemidos de placer… Los insultos ya no eran para que dejara de hacerlo, sino para que lo hiciéramos más rápido y fuerte… Carla no paraba de correrse una y otra vez… En rigor, esa tarde la chica se llevó la mejor follada de su vida, tanto así que después nos lo pedía siempre…

    Así estuvimos por unos 10 minutos hasta que primero Carla, luego yo y finalmente julián nos corrimos dentro de ella… fue exquisito… así, abrazados, nos quedamos en el suelo… transpirados y sedientos… Julián se levantó y fue por agua… la tomamos desnudos conversando amenamente mientras la mina se fumaba un cigarrillo…

    Me acordé de la zorra de mi ex y desnudo subí a ver qué pasaba… Habían transcurrido cerca de dos horas… al terminar de subir y antes de entrar supe lo que pasaba… y en efecto, Los muebles habían sido apilados al lado del escritorio. En el medio de la oficina, acostados sobre las colchonetas que tenemos para ejercicios, se encontraban desnudos los tres… Tare, al medio, tocándose una teta y el clítoris, mientras el par de tipos sentados en palco a cada lado, restregaban sus pijas, mirando el show llenos de deseo…

    Al ver la escena me puse duro al toque de nuevo y me acerqué a ella diciendo, permiso… La acosté del todo, le abrí las piernas y se lo metí de una sola estocada hasta el fondo… estuve así… sacándolo lentamente y metiéndolo de una hasta el fondo por un buen rato… Los dos estaban listos ya sí que me levanté. Víctor se acostó y Tare, dándole la espalda se ensartó su polla en el culo de una sola vez… Entonces, se acercó el viejo y comenzó a follarla por la vagina…

    Al comienzo el ritmo fue torpe, pero al cabo de unos segundos lograron la coordinación y Tare daba alaridos de placer como perra en celo… Me puse a su alcance y se metió pi pija en la boca y empecé a follármela por ahí sin miramientos… Tras un buen rato y durante el cual Tare acabó al menos unas 5 veces, el viejo acabó en su coño y siguiendo su ejemplo, Víctor también, llenándole los dos agujeros de semen hasta el tope, pues el viejo me comentó al tiempo que la sacaba, que les había sacado toda la leche la putita esta y que esa era la tercera vez que eyaculaban y todo gracias a que ella se los puso de nuevo en forma… Es una puta de primera, viejito, me dijo en tono jovial y cercano… tienes mucha suerte… Remató.

    Eso me puso a mil y mis movimientos se hicieron más rápidos hasta el momento de acabar… quería tirarle todo en las tetas, pero ella no me soltó la polla, tragándose toda la leche sin derramar una sola gota… Definitivamente había un antes y un después porque nunca había querido comerse mi semen, pues le daba asco y mírenla ahora… una zorra sin remedio…

    Cuando recuperé el aliento les dije al par que bajaran así mismo como estaban a la oficina, a la vuelta de la escalera y que de paso me mandaran a Julián… y así lo hicieron… 3 minutos después llegó el chico con la verga dura y comenzó a follarse a mi ex sin piedad por su coño ubicándose encima de ella…

    Aproveché la situación y tras ponerme un short que siempre tengo de repuesto en el local, bajé con dos pares de cámaras pequeñas y mientras se follaban salvajemente a la pobre hijastra del dueño, ubiqué estratégicamente y de manera discreta, cada una de ellas… No se notaban y al encenderlas pude ver en mi celular, en vivo y en directo, a todo color y con sonido dolby cómo tenían ensartada a la mina con todo detalle…

    Me levanté y subí… Julián estaba barriendo con el culo de Tare, quien en cuatro patas le ofrecía su orificio mientras aullaba como una posesa… al verme me pidió que le pusiera mi verga en la boca a lo que le dije… tranqui putita… ya la tendrás… Pasé de largo y abrí las ventanas… Tras ello volví a bajar… Hice lo mismo con la otra oficina con lo que el concierto de jadeos, aullidos y gritos de placer era audible casi hasta la calle… Me senté en una silla de playa con una cerveza a la sombra… Escuchaba todo lo que estaba pasando… Me volví a levantar, pero con la silla en la mano y abrí la puerta de par en par donde estaba Carla, sentándome al frente como quien toma palco en un concierto o una obra de teatro…

    Al cabo de unos minutos vuelvo subir, pues tenía que terminar de configurar las cámaras para que grabaran en el DBR… Tare continuaba en 4, pero chupándole la verga a Julián. Se encontraba con todo su culo al aire y de frente a la puerta… se veía espectacular con sus dos hoyos abiertos y rojos… Quieres más, putita??? le pregunté y movió su cabeza con la pija en la boca en forma afirmativa… ¿en serio?, le dije incrédulo… si… me dijo… pues entonces, baja a la oficina de Carla… Ahora… la increpé al notar su cara de rechazo… Se paró y tambaleando se fue… Ve tú también, mono, le dije a Julián y aprovecha de follártelas lo que más puedas, porque nunca más se repetirá…

    El chico me miró con cara de tristeza… bajó la cabeza y se levantó… Entonces lo supe… Ah, claro!!! Exclamé qué tonto… oye mono, ven para acá… le dije… Con una sonrisa de gratitud estiró la mano, para llevarla a su boca sin siquiera esperar por el agua…

    Estuve unos 15 minutos… al terminar y prender las cámaras vi a Tare y Carla besándose y tocándose con deseo, mientras los tres machos las rodeaban y golpeaban con sus pollas medias duras sus cuerpos entrelazados… Tare de tortillera, me dije… esto si que está de pelos… y bajé…

    Dejamos a nuestros invitados en su hotel a las 10 de la noche totalmente satisfechos, pues se habían servido un postre que, estoy seguro, nunca olvidarían… En tanto, al retirarnos del local, dejamos a Carla y Julián solos… Cuando nos íbamos el peruano conversaba con un compinche de él. Alcancé a ver por el espejo cuando el amigo entraba sobándose las manos y Julián cerraba la puerta con candado, tal como se lo pedí…

    A pesar de estar exhaustos nos duchamos y en el baño hicimos el amor largo y tendido con orgasmos y eyaculaciones de por medio… Me dijo antes de dormirse que gracias y que desde ahora en adelante nunca más me desobedecería y que solo tendría sexo con quienes y cuando yo lo determinara, siempre y cuando nunca dejara de hacer que eyaculara, pues a pesar de follar toda la tarde, solo tuvo dos acabadas de ese tipo y ambas conmigo…

    La escuchaba… estaba satisfecha, cansada y relajada… unos segundos después de callarse, cayó dormida… Mostraba su desnudez sin reparos… Sonreí y con el cobertor la tapé y mientras lo hacía pensaba… ahora le toca a ese tinterillo de pacotilla…

  • El vagabundo y la perra que habita en mí

    El vagabundo y la perra que habita en mí

    Hola, mi nombre Paula, tengo 40 años, no voy a decir que tengo un cuerpo fabuloso, pero tengo una figura definida gracias a mis entrenamientos con pesas. Diría que buenas piernas y una cola que no pasa desapercibida en la calle.

    Lo que quiero contar y compartir con ustedes queridos lectores, hace referencia a un momento de total locura sexual. 

    Con mi esposo tenemos como acción benéfica salir de moche a repartir comida y ropa a las personas que viven en situación de calle. 

    Es algo que nos hace sentir bien y ayudar siempre es bueno para quien recibe la ayuda.

    El miércoles a eso de las 20.30 a recorrer las calles, para ir entregando las viandas a quienes las necesiten. Llegamos a la plaza de la bandera donde generalmente se reúnen estas personas y vimos que había más de la cuenta con respecto a las viandas que teníamos en el auto. Empezamos a repartir y como era de suponer nos faltó una vianda para un hombre, debe tener unos 60 años aproximadamente. Nunca anda sucio, y siempre tiene una sonrisa maravillosa sobre su rostro. Él siempre me cautiva con su mirada y me dice cosas bonitas. Pero este día se lo notaba molesto. A lo que trate de explicar la situación y que iría a buscarle algo para que pueda cenar a alguna casa de comida.

    Note que dentro de su enojo por la vianda, no me sacaba los ojos del escote. Me miraba con morbo, como si me tocara con la mirada, todo eso me estaba poniendo algo incómoda y sin darme cuenta en un segundo de descuido me agarra una teta y la apretó, a lo que quise gritar pero me contuve, no podía ser, este hombre ya estaba pasando los límites, me sorprendió que mi esposo viendo la situación no dijo nada, y solo hizo un gesto como de aprobación a este hombre. Entonces no conforme me da una nalgada y suelta esta frase «ya que no me vas a calmar el hambre, al menos calmame las ganas de coger».

    Me quedé muda, helada pero dentro de mí se encendió el fuego del morbo mojando prácticamente hasta la costura de la tanga. Sin mediar palabras lo tome de la mano y nos dirigimos a un lugar más oscuro de la plaza, mi cabeza no paraba de imaginar y de pensar en lo que estaba por hacer. Cuando noté que nadie podía vernos lo empecé a tocar sobre el pantalón y debo confesar que el bulto parecía que explotaba, estaba duro y el tamaño de su pene parecía ser más de lo normal.

    Solo le pedí que no hiciera ruido para que nadie sospechara nada y me arrodille delante de su bragueta para sacar ese pedazo de carne que me pensaba comer con mi boca, lo escupí un poco en la punta para limpiarlo al menos un poco, no olía tan mal, y estaba muy rico, lo bese, lo chupe con ganas, le pasaba la lengua hasta los testículos, se lo escuchaba gemir casi entre dientes pero estaba disfrutando mucho. En un momento me toma de los pelos y me empuja más fuerte y más fuerte, entendí que estaba por acabar, incremente mis movimientos y un chorro caliente y espeso se derramó sobre mi lengua, mis labios y todo lo que más pude lo fui tragando. Pensando que tantas veces alimenté a este hombre y ahora él me estaba dando alimento prohibido a mi.

    La verdad estaba muy caliente ya todo ese morbo, y en la calle, con esa adrenalina de que alguien podía vernos, me puso a mil. Mi vagina ya no daba más de humedad y pedía sexo a gritos. No demore más y como pude me baje el pantalón y la tanga y le pedí que me la metiera. Me penetró suave, con el pene a media erección, se movía delicioso, y en pocos minutos ya estaba y se sentía bien firme, lo sentía bien profundo. Empecé a moverme más hacia su cuerpo para acercarme más a su máximo largo, sentí mi primer orgasmo y lo dejé salir en silencio pleno, apreté los dientes y contuve las ganas de gritar. Él estaba muy satisfecho se lo notaba, el ritmo, la calidad con la que me lo metía, sus manos en mi cintura, fue más intenso cuando de repente solo soltó un quejido y acabó dentro de mi vagina. 

    Se apuró a acomodar su miembro y yo a subir mis prendas, unos pasos se aproximaban, era mi esposo que con una sonrisa de complicidad me advertía que ya era hora de retornar a nuestra casa. 

    Me di media vuelta y nos fuimos.

    No puedo dejar de pensar en lo maravilloso que penetró este hombre… solo espero tener la oportunidad de tenerlo en mi cama aunque sea una noche para que me haga todo lo que quiera.

  • La masajista (Capitulo 2): El estudio

    La masajista (Capitulo 2): El estudio

    Un pequeño departamento de dos ambientes en Belgrano iba a oficiar de “estudio”. Era de mi propiedad, y tenía más de uno que había comprado como inversión para alquilar. Ese estaba desocupado y publicado, y lo retiré del mercado para esta aventura. Pequeño, pero ideal. Era al contrafrente y sus ventanas daban a un patio interno, no era muy luminoso, y su puerta si bien daba al palier de acceso común con otros departamentos de esa planta, estaba apartada y al fondo de un pasillo. En definitiva, discreto. En la sala se ubicaron luces y difusores, una lona blanca para fondo infinito y algún mínimo mobiliario: una banqueta redonda, y una silla. Todo sería minimalista, no habría espacio para escenarios, al menos al principio. Si en cambio pusimos en el único dormitorio un sofá cama. Eventualmente serviría allí, o moviéndolo a la sala. También en esa habitación colocamos un pequeño escritorio, como para trabajar con alguna notebook de manera de descargar el crudo de las cámaras. Y solo eso, la edición la haría en mi casa con una estación de trabajo poderosa que yo tenía. Mi Nikon D2X era cámara más que suficiente el proyecto, pero debimos comprar una de video de mejores características, ya que la que tenía era muy hogareña.

    Nos llevó un par de semanas poner todo eso en orden mas los detalles y amenidades. También le enseñe a Juli principios básicos de fotografía y practicaba bastante con la videocámara. Hicimos algunos posteos en ciertos foros que yo conocía, en los cuales se intercambia pornografía y demás. “Modelos masculinos 18-21 años para fotografía erótica softcore hetero – NO porno.” O algo por el estilo, y pedíamos enviar foto de rostro y de cuerpo entero en ropa interior y demás datos de rigor a una dirección de mail que levantamos al efecto. Como era de esperar, llovieron respuestas, las cuales fuimos filtrando. Pero nos llevó unos cuantos días, ya que el tiempo que le dedicábamos era a la tarde, antes de ir nuestras casas. Que nos quedaban cerca de ambos, ya que como supe en esos días, Juli alquilaba también en el barrio. El departamento del centro era solo para trabajar.

    Y por supuesto quedaba el tema de la chica. Juli propuso no innovar y empezar con Majo, la amiga que protagonizó la anécdota que desató todo esto. Le contó brevemente por teléfono y arregló que pasara por el estudio el siguiente viernes a las ocho de la noche, para charlar en detalle y aparte para conocerme. Ese día, me fui relativamente temprano de la oficina, y a las cinco ya estaba revisando los correos de los candidatos, y haciendo una primera preselección. Llegó Juli un rato más tarde y en una hora ya nos habíamos decidido por dos pibes, y les escribimos para tratar de entrevistarlos la siguiente semana. De uno en particular, a Juli no se le pasó el detalle del bulto en el calzoncillo. “O se puso una media, o está muy bien dotado” opinó.

    – Tenés pinta de cansado – me dice Juli, apoyando sus manos en mis hombros. Estaba de pie detrás de mí, mientras yo terminaba de enviar los correos de los candidatos sentado en el pequeño escritorio. – y hace más de dos semanas que no tomás masajes. Pensaba que me “engañabas” con otra, sintiendo tu contractura veo que no.

    – Mucho estrés Juli. Es el karma de hacer empresa en este país. Fue una semana de locos. Esta huevada que estamos haciendo me pone la cabeza en otro lado, al menos. Como cualquier cosa que te sube la libido, tiende a abstraerte.

    – Bueno, ahora es buen momento para unos masajes entonces. Todavía falta para que llegue Majo.

    – ¿Sí? No tenés ni crema acá.

    – Error. Ponele que yo también te tendí una trampa. Vení.

    En el placard, que había estado acumulando cosas de manera desordenada, Juli me mostró unos elementos que había dejado sin que yo lo notara. Extendió en el piso de la sala una colchoneta fina y amplia, la cubrió con una sábana y alguna toalla, y preparó una serie de frascos de aceite que no le había visto antes.

    – ¡Que producción! ¿Y esto?

    – Dale, en bolas y boca abajo – ordenó mientas se sacaba su jean y su remerita sin mangas. – tatami se llama. Pero voy a probar algo que no hice nunca. Espero que me salga bien.

    – Que sería… – inquirí mientras me recostaba ya desnudo.

    – “Body Massage”

    Puta que sonaba bien. Puso música bajita en su iPod con unos parlantitos. Jazz cantado por una voz femenina, muy tranquilo.

    – ¿Diana Krall?

    – Shhh. Silencio. Vos no podés hablar hasta que yo te diga. Relajate y poné la mente en blanco.

    “Mierda” – pensé – “¿Juli me va a hacer masajes en silencio? Esto si que es raro”. Ya desnuda, comenzó sus masajes por mis pies y pantorrillas, con abundante aceite, arrodillada atrás mío. Siguió a mis muslos y mis nalgas, para lo cual seguía de rodillas, pero ahora con mi pierna derecha entre las suyas, con lo cual ocasionalmente rozaba su entrepierna en mi tobillo. Roces furtivos que, como dije antes, me erotizaban. Pero el contacto piel a piel se volvió mas intenso cuando se acomodó a horcajadas sobre mi cola, para trabajarme la espalda, magnificado por la sensación resbalosa que proporcionaba el aceite denso que estaba usando en cantidades abundantes. Sus manos recorrieron mi espalda con habilidad y fuerza. Me hizo cruzar alternativamente mis brazos en la espalda, levantado el hombro correspondiente hacia atrás con fuerza para elongarme. Como si fuera con una toma de lucha libre. Su cuerpo desnudo, se quedaba con parte del aceite que había volcado en el mío, convirtiendo el proceso en una extraña combinación de terapia descontracturante y caricia sensual.

    Se sentó frente a mi cabeza en posición de loto, y me masajeó las sienes con sus dedos, luego mi cabeza, mi cuello y mis hombros. Estiró sus piernas, y mis brazos por sobre ellas, como si estuviera en una brazada de natación estilo mariposa, para trabajar mis antebrazos y estirar mis brazos hacia arriba. Mi cabeza a pocos centímetros de su entrepierna. Mas nada intenté, seguí centrado en esa sensualidad egoísta, que me era entregada sin expectativas de retribución.

    Volvió mis brazos a los lados de mi cuerpo, se puso de rodillas e hizo una pausa. Larga. Interminable. En silencio se agachó, y apoyándose sobre sus manos comenzó con sutileza extrema a acariciarme los omóplatos con la punta de sus cabellos largos. A ellos pronto sumó sus pezones, apenas rozando mi piel. Separó mis piernas, y desde allí repitió lo mismo desde mis nalgas y subiendo hasta mi espalda, para quedar finalmente recostada sobre mí, masajeándome con todo su cuerpo desnudo, y resbaloso. Sus tetas sobre mi espalda, su pelvis contra mi cola, y su boca, respirando sobre mi oreja.

    – Boca arriba. – únicas dos palabras que dijo cuando se incorporó.

    Se arrodilló de nuevo entre mis piernas separada y esparció una buena cantidad de su producto en mi vientre, mi pija y mis huevos. Con sus manos, que evitaron mi verga erecta como nunca, esparció el de mi abdomen. Siguió con los músculos de mi pecho y se fue estirando hasta quedar, como antes, con su cuerpo sobre el mío. No intentó besarme. No intenté besarla. Sus pechos frotaban mi pecho. Su vientre, mi pene. Se movió hacia adelante y abrió sus piernas por fuera de las mías, y con su concha terminó de untarme el líquido, moviendo su pelvis adelante ya hacia atrás. Sin siquiera tocarla con sus manos, comenzó a jugar con ella. Alternativamente conseguía que quedara con el glande hacia su ano, y luego la haría de nuevo descansar en mi vientre para frotarla desde arriba.

    No sé bien en que momento me hizo entrar en ella. Tal era mi confusión sensorial en ese torbellino oleoso, suave y cálido. Y mi entrega, a lo que Juli dispusiera para mi goce, era completa. Los movimientos de sus caderas eran lentos y sinuosos. Sensuales. Su vagina sostenía mi verga mejor que mi propia mano. La estimulaba con mas destreza, cambiando cadencia y profundidad. Me acercaba al borde, y luego me hacía retroceder. Solo cuando quiso, y supo que había madurado el orgasmo mas intenso de mi vida, me dejó pasar al éxtasis. Mi cuerpo bajo ella vibró y tembló largos segundos. La pelvis empujando fuerte hacia arriba. Hacia el punto nodal en el cual mis entrañas derramaban lo que su mandato más primitivo indicaba y premiaba con el soberbio placer que sentía.

    Luego silencio en la penumbra.

    ¡Ring! – Sonó el timbre de la puerta.

  • Aquella compañera de trabajo (Parte 2)

    Aquella compañera de trabajo (Parte 2)

    Continuando con la historia anterior…

    Después de tantos encuentros en nuestro lugar de trabajo a escondidas, evitando levantar sospechas del resto y sobre todo que no llegara ningún tipo de comentarios a mi esposa, mi compañera de trabajo y yo acordamos tener una aventura donde ninguno de los dos saliera perjudicado. Ella estaba totalmente clara en la situación, y yo no deseaba terminar con mi relación de pareja, solo quería probar de ese fruto prohibido una sola vez y sentir esa adrenalina excitante que suele producir el deseo a escondidas. Tanto así, que hicimos de nuestra área laboral el sitio perfecto para seguir aumentando la pasión entre los dos.

    Diariamente teníamos encuentros íntimos fuera de la vista de los demás empleados. Nos tocábamos, nos besamos demasiado rico, al salir de la jornada siempre bajábamos por las escaleras menos transitadas y nos deteníamos ahí por varios minutos para seguir aumentando el deseo cada vez más. Ya se estaba volviendo una completa locura. Todas las tardes llegaba con mi bóxer empapado a casa y mi pene llorando como un niño chiquito, tratando de disimular ante mi mujer. En ocasiones le hacía el amor a mi pareja fantaseando con mi compañera de trabajo. Ufff… Era demasiad excitante! Despertaba cada día ansioso y motivado a ir al trabajo solo porque sabía que sería un nuevo encuentro con ella. Hasta que un día decidimos organizar una escapada a un hotel para así poder disfrutar a plenitud el uno del otro sin interrupciones, sin temor que nos vean, y matar las ganas de una vez por todas.

    Fue así que llego el día más esperado por ambos, acordamos a la salida del trabajo con un taxista quien nos llevaría y nos recogería en aquel motel. Disimuladamente después que los demás empleados ya habían salido, abordamos el vehículo. Llegando al sitio evitamos ser visto por la más mínima cantidad de personas posibles, entrando directo a la habitación velozmente. Luego de cancelar el tiempo de estadía, ya éramos libres de hacer y deshacer hasta más no poder. Ya le había indicado a ella anteriormente que tengo un fetiche con los pies y quise que ese día llevara sus uñas pintadas de un color oscuro porque me fascinan así. También le sugerí una ropa interior de un color bastante llamativo, y si era un hilo que fuese lo más chiquito posible. No esperaba en realidad que fuese a cumplir todo al pie de la letra.

    Ya estando en la habitación, le dije para ducharnos juntos, la cual ella me indicó que lo hiciera yo primero y la esperara en la cama. Tal cual lo hice. Luego de ducharme la esperé completamente desnudo en la cama, con mi pene ya firme y completamente erecto, lubricando de lo excitado que ya estaba sin aún haber comenzado la acción. En eso, sale ella del baño con su piel radiante, esa hermosa mujer de tez blanca, de estatura media (bastante para mí, que mido 1.90), y un cuerpo natural, que sin ser exuberante lo hacía perfecto para mí. Comienza a caminar lentamente hacia mí, con sus senos al aire y esos pezones rosaditos, modelándome un hilo color purpura bastante diminuto que apenas cubría su vagina. Detallo sus pies y Diosss, esos pies blanquitos y hermosos pintados del mismo color púrpura del hilo. Ya estaba completamente desesperado por meterle mi pene hasta lo mas profundo de su vagina.

    Sin caer en la desesperación, lentamente comencé a besarla, rozaba sus labios como si no hubiese un mañana, introducía mi lengua suavemente en su boca, mientras acariciaba sus senos magníficos. Comencé a besar su cuello, sus orejas, sin dejar de acariciar cada rincón de su cuerpo. Me detuve en su pecho por unos minutos, chupe sus senos hasta que se pusieron firmes, y sentía como su respiración se aceleraba más y más. Recorrí con mi lengua su abdomen, pasando por su ombligo hasta llegar lentamente hasta su vagina. Besaba su vagina sin quitarle aun el hilo, pasaba mi lengua por encima ferozmente haciéndole sentir que quería comerme todo ese bollo delicioso. Le bajo el hilo y tenía esa totona depiladita por completo y rosadita, la boca se me hizo agua más aún. Al quitarle el hilo me detengo en sus hermosos pies y no pude evitar lamerlos, acariciarlos, besarlos. Chuparle todo a su alrededor. Esos pies estaban bellos y de un olor delicioso. Subo hasta su vagina y suavemente mi lengua acaricia su clítoris, mientras su totona se humedece cada vez más. Al ver tanto fluido que sale de su vagina, decido meter mi lengua hasta lo más profundo y saborear todo ese líquido que recorría por su interior. Que cosa tan deliciosa. Seguidamente, ella me indica que es su turno, y yo la dejo continuar. Me pongo de pie y ella se arrodilla ante mí, quedando mi pene templado justamente encima de su cara. Le coloco una almohada para que no maltrate sus rodillas y le sujeto sutilmente su cabello, mientras ella con una mano empieza acariciar mi pene, haciendo movimientos hacia atrás y adelante. Pasando su lengua por mi glande, y sus ojos haciéndome miradas atrevidas. Metió mi pene dentro de su boca, haciéndome una de las mamadas más ricas de mi vida, de verdad era buenísima mamándolo, y me decía que le encantaba hacerlo.

    Después de un rato de mamadas de parte y parte, la tomo de la cintura y le doy la vuelta. La coloco en cuatro a orillas de la cama y me rogaba que le metiera mi pene hasta el fondo. Se lo metí despacito, con movimientos circulares dentro de su vagina, aumentando la velocidad poco a poco. Ella estaba en su punto de clímax y me decía: “Si papi que rico, méteme todo ese huevo anda, dame duro”. Haciendo caso a sus palabras, me afinque con todo, y a pesar de no tener un pene enorme, sentía que le estaba tocando el fondo de su alma, y ella también lo sentía. Le da un rack intenso, evitando acabar primero que ella, hasta que por fin me gritó: “Si papi, que rico. Ya me vengo”. Cosa que me excita mucho escucharlo. Le dije que aún no terminamos, yo no había llegado, y la subí al burrito con su toto frente a mi. Sus piernas quedaron abiertas de largo a largo y esa pepita se le abrió deliciosamente, metiéndole mi huevo nuevamente, dándole duro desde el principio, concentrado para no venirme todavía. Unos minutos después la oigo decir de nuevo: “Papi que rico. Me vengo de nuevo. Ahmm”. Su cara puede hacer miles de gestos, pero su vagina jamás mentiría. Los fluidos que emanaba eran enormes, haciendo un pozo dentro de su totona. Le dije nuevamente que yo aún no había terminado, y quería que ella tuviera un tercer orgasmo seguido sin yo venirme, que para mí su placer, era mi placer también. La lleve nuevamente a la cama, la penetre una vez más en posición de misionero. Ella me amarro con sus piernas para no soltarme y me pedía que le diera duro y más duro. Eso hice, empecé a darle tan fuerte que ya me dolía la pelvis. Ya sentía que estaba a punto de venirme. Le dije: “Quiero que te vengas conmigo bien rico”. Y seguí dándole, escuchando sus gemidos y notando como me amarraba más fuerte con sus piernas, diciéndome: “Ya me vengo papi. Échame toda esa leche rica”. Cuando yo ya estaba a punto de llegar luego de unos minutos más dándole, lo saqué y le eché toda la leche encima de su pecho, teniendo yo un orgasmo verdaderamente intenso. Toda la leche salpico por su pecho, rozándole la cara. Ufff… Fue demasiado delicioso. La limpie, me limpie, nos abrazamos y me dijo que nunca había estado con un tipo que durara tanto o controlara tanto su eyaculación. Que todo había estado fabuloso. Me sentí satisfecho porque se notaba que ambos lo disfrutamos al máximo.

    Ese primer round duró alrededor de unos 45 minutos intensos. No piensen que fueron 45 minutos sin sacarlo, jamás lo conseguiría. Fueron 45 minutos desde el juego previo, las caricias, las mamadas, el sexo intenso entre posición y posición, etc. Eso es lo que hace un rico acto sexual placentero. Luego de un descanso modesto, tuvimos un segundo round un poco más corto. Nos duchamos, nos vestimos y cada quien regreso a casa. Pensé que terminaría ahí, pero el final de esta historia es más largo de lo que parece.

    Continuará!

    Saludos.

  • El voyeur

    El voyeur

    Aquí estoy una vez más amparado en la oscuridad. Aprovecho la nocturnidad para espiar las vidas de los demás. A veces es una viejecita dando de comer a su jauría de gatos, otras el grupo de amigos celebrando el gol de su equipo, pero esta noche es distinta. Hoy me fijo en esa chica rubia de la quinta planta, que se pasea por su apartamento casi desnuda. La camisa de corte masculino que lleva como única prenda, deja ver unas bonitas piernas. Se pone de puntillas para alcanzar algo del mueble de la cocina. Un culo perfecto oculto a medias por unas braguitas blancas. El movimiento de sus pechos al caminar me descubre la ausencia de sujetador. Alguien parece que toca a su puerta.

    De un salto se ciñe con sus brazos al cuello de su visitante, un joven con un porte imponente. Rodea la cintura del hombre con sus piernas, y mientras él la sujeta por el culo, se funden en un beso prolongado. Esto promete, espero que no apaguen las luces. El tabique del edificio me impide la visión por unos instantes mientras ellos caminan desde el pasillo al salón del apartamento. Ajusto la lente del visor que me permite ver a gran distancia. Ella está ahora sentada en la mesa, y su amante no deja de besarla mientras sus manos se cuelan por debajo de la camisa de la chica. Ella mueve la cabeza para exponer su cuello a la boca de él. En esa posición intuyo la erección abriéndose paso entre las piernas de ella. Me estoy excitando por momentos y tengo que cambiar de posición. De un tirón ella le abre la camisa a su amante, le desabrocha el cinturón, los pantalones caen dejándome ver un cuerpo musculado, definido y brillante. Él no parece tener prisa. Las manos de la rubia se meten por debajo de los bóxer del David de Miguel Ángel, aprieta sus nalgas, sus piernas blancas se enredan en la cintura del chico, y contrastan con el moreno del hombre. Él pasa a la acción.

    Se quita sus bóxer y por el visor puedo verle. Un precioso culo redondo, respingón, unas espaldas anchas, brazos fuertes, y sobre todo una verga que desafía la gravedad. Una hermosa polla de un tamaño justo, nada de exageraciones propias de leyendas urbanas. Sin perder el tiempo, despoja a la mujer de su vestimenta primero y de sus bragas después, tumbándola boca arriba sobre la mesa de la sala. El joven se agacha, y mientras ella apoya sus pies sobre las espaldas de su amante, mete su cara entre las piernas de la hembra. El arqueo de su espalda y la boca entreabierta, delatan que su coño está siendo devorado por el Hércules. Se masajea los pechos, mueve la cabeza, no me hace falta imaginar el placer que tiene que estar recorriendo el cuerpo de esa mujer. La escena ocupa el marco redondo de mi visor, lo accesorio no importa, no existe…lo único que vale es la escena de una hermosa mujer recibiendo placer de su amante.

    Se pone de pie él, se baja de la mesa ella. Intercambian las posiciones, es el hombre el que se apoya en la mesa y ella se agacha hasta tener frente a su cara el erecto falo. Ahora es ella la que deleita al hombre con una parsimoniosa mamada. El movimiento de adelantar y retrasar la cabeza, lo acompaña con una masturbación que hace que él eche hacia atrás la cabeza. Veo la tensión de sus músculos a la par que la felación se hace más rápida. Acompaña los movimientos de la cabeza de la rubia colocando una mano en su nuca, mientras sigue apoyado en la mesa con la otra. Yo me sigo calentando por momentos. La desesperación parece que invade los dos cuerpos. El aparente poco interés que él tenía al principio, se vuelve ansia.

    La coge en volandas y ella se sujeta a su cuello. La apoya contra la pared y la penetra con violencia. Ella grita, sólo espero que ese apartamento esté bien insonorizado. Distingo perfectamente los movimientos de la pelvis masculina empujando contra el cuerpo de la muchacha. El cuerpo de ella se bambolea, sus tetas bailan sin control, parecen estar diciéndose algo. Imagino la conversación más soez posible. La acción dura bastante, “menudo aguante que tienes cabrón” me digo a mí mismo. Aquello no parece tener fin, y los nervios me invaden. La deja en el suelo, y ella le regala otra mamada, esta vez con un pene embadurnado de sus flujos.

    Con decisión pero sin violencia, la levanta y la apoya contra la ventana. Esta vez los tengo de frente. ”¡Joooderr!”, pienso de nuevo. La está empotrando por detrás. La cara de ella delata estremecimiento, placer. Con las manos apoyadas sobre el cristal de los ventanales, deja el suficiente hueco para que las manos de él aprieten sus pechos mientras la folla con energía. Las embestidas se vuelven violentas pero entrecortadas, marcando perfectamente el movimiento, lo que delata una eyaculación. Las gotas de semen caen desde la verga al suelo una vez que la sacó del interior de la chica… La luz del salón del ático superior se encienden. Entra un grupo de hombres todos vestidos de oscuro. En el centro otro hombre de pelo canoso, barba y también trajeado. Enfoco el visor.

    -Base, aquí rojo 1 -dije por el micro de mi radio portátil-.Tengo al objetivo, disparo limpio. Cambio

    -Rojo 1, aquí base. Adelante. Roger.

    -Base, aquí rojo 1, recibido alto y claro. Cierro.

    Fijé de nuevo el visor. La cara de mi objetivo estaba en el centro de la cruz. Moví el cerrojo de mi fusil Accuracy de 7,62, el cartucho entró en la recámara y volví a fijar a mi objetivo. Quité el seguro, contuve la respiración y apreté ligeramente el gatillo. El silenciador apagó el sonido de la detonación, y al instante pude ver como el hombre caía abatido de un disparo certero en la cabeza. Me arrastré por el suelo de la azotea para no delatar mi posición y me fui por la escalera de incendios.

    Lo demás ya no importa.

  • Lágrimas de amor entre hermanos

    Lágrimas de amor entre hermanos

    El relato que os traigo hoy es una historia de un deseo entre hermanos, de sexo prohibido. Comenzaré contando que casi todos los viernes mi hermana pequeña hace una pequeña fiesta en mi casa, aprovechando que mis padres suelen ir a la ópera o al teatro, sabe muy bien que hasta la madrugada no suelen llegar nunca, tiempo suficiente para reunirse con dos o tres amigas a veces solas, a veces con sus novios y cuando esto suele suceder juegan a las cartas o cualquier otro juego de mesa mientras cenan unas pizzas antes de irse de marcha, pero aquel día la cosa cambio, el juego de roll al que estaban jugando se les fue un poco de las manos, quizás estaba todo amañado desde un principio, quizás no lo sé, lo que si sé de seguro es que ella no sabía que estaba en casa a esas horas, pero aquella noche tenía demasiado que hacer, demasiado que estudiar.

    El juego les llevo por unos derroteros, digamos que algo subidos de tono en los que tenían que hacer una serie de pruebas, pagar prendas y cosas por el estilo, seguro que todos vosotros habéis jugado a algo parecido en algún momento u otro y como podéis imaginar, primero vinieron las pruebas inocentes, besos castos, caricias, luego llegaron las prendas, un zapato, unos pantalones, una blusa, se iban excitando cada vez más, hasta que al final terminaron quitándose poco a poco la ropa y empezó una verdadera orgía en el salón de mis padres con mi querida hermana como protagonista y anfitriona.

    Así a grosso modo es lo que paso y por suerte, yo tenía la presentación de un trabajo aquella semana, así que ese viernes me quede estudiando en casa, mi hermana tan siquiera había reparado en mí cuando llegaron a casa y al cabo de una hora al notar tantas risas me acerque al salón con la intención de asumir el rol de hermano mayor, de un adulto que les dijera que bajaran la voz para no molestar a los vecinos, pero la realidad fue otra, al llegar y antes de abrir la puerta oí su risa, sabía que era la risa de Lara, no sé por qué mire como un ladrón por el quicio de la puerta y empecé a espiarles, empecé a mirar a mi hermana, sus gestos, su cuerpo semidesnudo, como movía la cabeza meneando su larga melena echándola hacia atrás, su risa que iluminaba el salón entero, su figura cuando se quitó toda la ropa salvo unas braguitas minúsculas y el sujetador, calentando tanto a su novio como a sus amigos que a pesar de estar con sus novias no dudaban en mirarla.

    Mi nombre es Alberto y tengo 24 años, sé que como hermano mayor tuve que cortar aquello de raíz, pero no pude, yo caí quizás el que más en su red, estaba tremendamente caliente, notaba como mi pene se elevaba, no podía dejar de mirarla, no sabía que me estaba pasando, era como si mi hermana hubiera soltado todas sus feromonas y nos hubiera hipnotizado a los cuatro, era la reina, la sacerdotisa y sus amigas sus más fieles seguidoras, sentía envidia de no poder participar en aquella locura, pero me quede sin hacer nada mientras tocaba mi miembro por encima de mis pantalones mirándola solamente a ella, sabía que aquello estaba mal, me avergonzaba de mi mismo, me fui a mi habitación tantas veces como volví a espiarla, realmente en esos momentos estaba enamorado de mi hermano, aunque desde hacía tiempo ya la veía con otros ojos, de otra forma y luchaba contra ese sentimiento de deseo, ese patito feo se había convertido a sus 20 años en una mujer impresionante, un culto al deseo de los hombres que yo tenía que ver todos los días sin poder hacer nada. Por aquel entonces yo salía con una chica, se podía decir que iba en serio con ella al llevar más de tres años juntos, pero ese día me di realmente cuenta de que a quien deseaba a quien quería en mi vida era a mi hermana pequeña.

    Estaba tan excitado y cada vez más al verla casi desnuda, con sus pechos redondos y firmes terminados en unos pezones increíblemente hermosos y seductores, un cuerpo de reloj de arena maravilloso con piel de terciopelo, suave, sin apenas estrías, ni celulitis, evidentemente la edad también ayudaba a tener aquel aspecto, la guinda, la corona del cuerpo de mi hermana era un hermoso culo terminado en unos glúteos redondos y su vulva, que decir de ella, en cuanto se quitó aquel minúsculo tanga, su monte de Venus con algo de vello arreglado, con los labios finos dejando ver cuando se abrían una vagina rosada y sedosa, me imaginaba en el lugar de su novio, me imaginaba acariciándola, besándola y absorbiendo sus pezones con mi boca, ver como mi hermana gemía de placer y como su rostro iba cambiando mordiéndose los labios antes de abrir la boca emitiendo un gemido que termino por excitarme por completo cuando sintió el pene de su novio entrar dentro de ella, en esos momentos aun con los ojos abiertos imaginaba e incluso podía sentir en mi glande su humedad, podía notar lo que notaba su novio cuando empezó a penetrarla despacio.

    Lara era todo lo que yo siempre había deseado en una mujer, simpática, inteligente, risueña, al sonreír que era muy a menudo me iluminaba con sus labios carnosos y detrás de ellos el blanco perfecto de su dentadura, sé que puedo exagerar, pero no veía ningún defecto, bueno si uno, que era mi hermana y que realmente él, su novio no se la merecía, de hecho siempre pensé que estaba por aprovecharse de ella, por su belleza, pero por nada más y tanto ella como sus amigas pecaban de inocentes, ese día las tres se vieron abocadas a una orgía provocada por sus novios, o eso quería pensar yo, era mi querida hermanita y no podía imaginármela haciendo aquello por propia iniciativa, no es una excusa, porque permitieron que el juego continuara, que se desbordara en algún momento sin que ninguna de las tres lo cortara y que las arrastrara a un plan seguramente urdido días antes por ellos, ya que antes de empezar la orgía ellos sacaron unas vendas para que todos se taparan los ojos, tanto ellos como ellas y así no saber con quién estabas, tanto ellos como ellas no sabrían de quién era aquel cuerpo, aquellos pechos, aquel pene o aquella vagina, aunque estoy seguro de que alguna idea tendrían al acariciar, tocar, besar, estoy seguro de que alguna idea tendrían.

    Mira que yo había hecho locuras, pero aquello se llevaba la palma, allí estaba yo con mi pene entre mis manos, subiendo y bajando por él, sentía como bombeaba sangre por todas las venas, lo tenía como nunca lo había tenido y no podía más que masturbarme mirando como mi hermana follaba a cuatro patas, con sus pechos suspendidos bailando sin que su novio disfrutara de ellos, él solo se dedicaba a cogerle de la cadera para sujetarla y empujar su pene dentro de su vagina una y otra vez, sin cariño, sin pretender que aquello fuera cosa de dos, la veía como gemía, pero sabía que no la estaba gustando, conocía bien a mi hermana, se la notaba en su cara a pesar de llevar una venda en los ojos, sin embargo, su novio se comportaba como en una película porno, todo erguido con una mano en su cadera y sin parar de darle palmadas en uno de sus glúteos, con penetraciones tan fuertes a veces que la echaban hacia delante.

    Ninguno de los seis hablaba, únicamente gemían, cada uno de una forma diferente, pero se notaba la inexperiencia, se notaba que ellos iban a lo suyo, se notaba que ellas no disfrutaban, no disfrutaban plenamente de un juego que debería ser de dos, no sé por qué empecé a pensar en colarme en la fiesta, pero como hacerlo, todos tenían pareja y a mí solo me interesaba Lara, la suerte apareció de repente, las chicas estaban todas juntas, una al lado de la otra ofreciendo sus hermosos culos a sus novios, las tres apoyadas con su cuerpo sobre el asiento del enorme sofá del salón, las tres estaban disfrutando al ser penetradas ahora en turno por los chicos y detrás del novio de mi hermana el siguiente en penetrarla era su amigo Luis que llego a tener un tremendo orgasmo nada más penetrar el coño de Lara, sacando la polla de su vagina con el preservativo lleno de su semen y como les pasa algunos chicos se relajó tanto que se quedó dormido no me digáis como, ni porque, pero así fue, literalmente se levantó, se sentó en una butaca y cayó redondo.

    La suerte parecía aliarse conmigo, Lara se había quedado sola, sin ninguna compañía y armado del valor suficiente entré en el salón ya desnudo, la cogí con suavidad de las caderas, acariciando sus nalgas y pasando mi pene por sus labios, unos labios envueltos en sus jugos, dejando que mi pene se empapara bien de ella y subiéndolo hasta su clítoris el cual golpeaba suavemente, luego bajaba hasta la entrada de su vagina, no me lo podía creer, estaba allí con mi pene sobre su vagina, con mis manos acariciando y apretando con suavidad aquellos pechos que tanto me gustaban, pensaba que no me había equivocado, tenía un cuerpo de diosa, un cuerpo para el pecado, sus pechos duros y redondos con pezones que empezaban a despertar, sentía como Lara ahora si sentía, ahora si estaba disfrutando de lo que le hacían, como se movía junto con mis caricias, como respondía a ellas con movimientos sutiles de su cadera, para que la penetrase ya, yo no sabía si su novio se comportaba siempre así, lo que estoy seguro de que aquella noche Lara solo empezó a disfrutar conmigo, aquella noche su novio solo pensaba en él y no en ella y, por el contrario, yo solo pensaba en ella, en hacerla sentir, en que disfrutase. Aquella noche los chicos nada más querían follárselas, yo lamía su clítoris por detrás, hacía que Lara se retorciese de placer, que sus gemidos se oyeran más altos que el de sus amigas, lo que me llevaba a creer que pronto cambiarían de parejas así que una vez más me atreví a ser descubierto y la levante, la guíe con los ojos cerrados hasta el otro sofá justo en frente de donde estábamos, más o menos donde dormía la bella durmiente de Luis.

    Senté a Lara en el sofá y abriendo sus piernas metí mi cabeza entre ellas, mi lengua subía y bajaba por sus labios metiéndose en su vagina y bebiendo el néctar que salía de ella, mis manos, una en sus pechos acariciándola y pasando las yemas de mis dedos por sus areolas y pezones, la otra, recorriendo sus labios humedecidos y llevándome esa humedad a su clítoris para que mis dedos resbalaran por él, acariciándolo de forma circular, Lara empezaba a mover sus caderas pidiéndome que no parara, gemía de placer, ahora si, su cara había cambiado, el rictus de su cara cambiaba continuamente, su boca se abría exhalando aire y expeliéndolo en un hermoso gemido.

    Me puse de rodillas y no pude más que besarla, sus labios carnosos mordían los míos, nuestras leguas se retorcían fuera de nosotros en un juego de pasión incontrolada y mi pene tremendamente excitado reposaba sobre su vagina, sobre la entrada a esa vagina tan rosada y suave con la que soñaba desde que la vi espiándola por el quicio de la puerta no hacía ni media hora, los movimientos suaves de su cadera hicieron el resto, estaba tan húmeda, tan mojada y sin que yo hiciera nada iba absorbiendo mi pene dentro de ella, mi glande poco a poco se iba hundiendo en su vagina, la sentía entrar en una cavidad húmeda y caliente, se la metía con suavidad mientras veía como le cambiaba la cara, mi pene entro tanto dentro de ella que, no se notaba donde terminaba mi cuerpo y donde empezaba el suyo, mis testículos golpeaban sus glúteos una vez que empecé a mover mis caderas hacia delante y hacia atrás, un gemido, casi un grito salió de ella cuando empecé a sacársela y a metérsela pausadamente, mi pene había encontrado a su compañera perfecta, entrando y saliendo tan suave que notaba como seguía bombeando, como engordaba más mi pene, sentía un placer como nunca había sentido en la vagina de ninguna mujer.

    Tan siquiera mire hacia atrás, sabía que habían cambiado de parejas y no se habían dado cuenta de la falta de Lara y mientras nosotros seguíamos con nuestra fiesta particular, ahora más rápido y con mis penetraciones más profundas, paraba de golpe dejando mi pene dentro de ella unos segundos mientras la besaba y acariciaba, luego continuaba con nuestro baile, el cual me llevo a poner sus piernas en mis hombros y empezar una vez más, pero ahora mucho más rápido, más fuerte, notaba como Lara me cogía de los brazos y me arañaba con sus uñas, estaba realmente sintiendo un gran placer al sentir mi pene alojarse dentro de ella, tanto que empezó a temblar y a gritar cada vez más, mi pene la penetraba tan dentro como me era posible, dejándola allí dentro, llenándola por completo y apretando mi cadera contra ella más y más, luego la volvía a sacar para volverla a meter de un golpe seco.

    Lara explotó en un orgasmo que heló mi cuerpo, sus gemidos y gritos ahogados me atravesaron de lado a lado, la sentí como se iba volando, como su boca no paraba de expeler gemidos terminados en gritos de un gran placer, mi pene notaba como ahora entraba y salía con tanta facilidad que navegaba por un mar dentro de ella y varios minutos después de haber empezado no podía más, pero tampoco quería esperar más, así que me deje llevar y empecé a eyacular dentro de mi hermana, uno, dos, tres y hasta cuatro chorros de mi semen empezaron a golpear con violencia y gran velocidad el interior de su vagina, fue en esos momentos cuando después de haberme corrido me di cuenta de que yo no llevaba preservativo, Lara también se dio cuenta de ello y con un gesto de desaprobación mientras que seguía sintiendo el placer de mi pene en su interior se quitó la venda de los ojos.

    Los dos nos paramos de golpe, nos miramos en silencio fijamente a los ojos, pensaba que iba a gritar, a revolverse enfadada gritándome, pero no fue así, solamente me miraba extrañada a la vez que miraba al resto de sus amigos, me volvía a mirar y bajo sus piernas de mis hombros dejándolos en el suelo y cuando yo pensaba que ya me iba a delatar, cuando ya estaba sacando mi pene de su vagina Lara me empujó hacia atrás haciendo que cayera de espaldas y sin sacar mi pene de su interior se sentó encima de mí y empezó a mover sus caderas de un lado a otro.

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    No me lo podía creer, aquel pene que tanto placer me había dado, aquellos labios que con tanta pasión me habían besado no eran de mi novio, tampoco de ninguno de sus amigos, aquella lengua que había lamido mis pezones y mi vagina, aquellas manos que me habían hecho vibrar y olvidar donde estaba, en cierto modo obligada por los chicos, eran de Alberto mi hermano mayor, no sé cómo lo había hecho, pero me alegraba que lo consiguiera, estaba un poco asqueada por todo aquello que estaba sucediendo, una estúpida apuesta que las tres perdimos, unas estúpidas por haber accedido y claudicado tan pronto a la petición de los chicos, estaba enfadada con Raúl, mi novio y, sin embargo, de alguna manera ahora le daba las gracias, ¿gracias? ¿Por qué las gracias?, estaba hecha un lío, pero me sentía de esa manera desde que sentí las caricias de mi hermano y ahora una vez descubierto, no podía entender por qué no grite, porque le deje seguir, es cierto que nos llevamos bien, que siempre está ahí para cuando lo necesito, es cierto que aunque sea mi hermano siempre he dicho que esta cañón, pero me acababa de follar y lo peor de todo, me había gustado.

    Seguía sin creérmelo, le miraba mientras mi cuerpo subía y bajaba por una polla medio flácida, de vez en cuando la tenía que volver a meter porque se salía de mi vagina, pero poco a poco la iba sintiendo más dura, tanto o más que antes, estábamos los dos locos, estábamos rodeados de mis amigos sin que nadie se hubiera percatado, Alberto me había dado algo que no conocía hasta ese día, hasta ese momento, me había hecho gritar y tener un maravilloso orgasmo que parecía no tener fin, mi cabeza seguía pensando una y otra vez lo que estábamos haciendo, nos mirábamos a los ojos, y solo veía ternura, deseo, amor, pero nada de lujuria, nada de sexo por el sexo, que me estaba pasando, mi cabeza iba por un camino diferente a mi cuerpo que subía y bajaba por el pene de mi hermano penetrando tanto en mí que me hacía gemir una vez más, sus manos en mis pechos acariciándomelos con fuerza, pero con cariño, haciéndome sentir deseada, las diferencia con Raúl, no había diferencias la verdad, esto era lo que yo quería en un hombre y no lo que Raúl representaba y me daba.

    Sentía como su pene me empezaba a llenar mi vagina, a deslizarse dentro de mí en un mar de flujo y semen unidos únicamente en un fluido, me sentía tan mojada que notaba como bajaba por mi vagina goterones de flujo y semen, pero sobre todo sentía como su pene me hacía nuevamente gemir y gritar de placer, gemidos reales, gemidos no provocados por mí, sino todo lo contrario provocados por él, prácticamente nunca nadie me había provocado un orgasmo y pensar que fue él, mi hermano fue el primero cuando sentí sus caricias, sus besos, la suavidad de su pene atravesando mi vagina como nadie lo había hecho antes, sentía que aquello no estaba bien, quería marcharme, pero quería quedarme y mientras mi cabeza seguía andando solo por un páramo sin que nadie la hiciera caso, mi cuerpo seguía amando a mi hermano, seguía haciéndome temblar.

    Sus manos cubrían mis pechos y yo jugueteaba con sus pezones, los dos nos mirábamos continuamente en silencio, los dos con los ojos descubiertos mientras que el resto los tenían tapados con aquellas vendas negras, oía los gemidos de los chicos como si fueran unos animales, los ronquidos de Luis agotado junto a nosotros, oía los gemidos de mi amigas como los míos, antes de Alberto, gemidos fingidos; sin embargo, Alberto y yo gemíamos realmente de placer, casi no se nos oía salvo cuando la sentía entrar muy dentro de mí que hacía que involuntariamente pegara un pequeño grito, no solamente era el sonido sino también nuestras caras que reflejaban todo el placer que nos estábamos dando mutuamente, quería besarle nuevamente, quería sentir su boca con la mía, intentar que sus labios apagaran el incendio de los míos, o que ardiéramos en un mar de llamas.

    Me tumbé para besarle, uniendo nuestros cuerpos sudorosos, mis pechos aplastándose en su cuerpo, nuestros labios una vez más se unían y mojaban nuestras lenguas, Alberto levanto su pelvis y empezó a penetrarme con fuerza y velozmente, empujando mi cuerpo cada vez más hacia arriba debido a las penetraciones tan fuertes, sacando de mí los gritos que empezaron a inundar todo el salón y llenando mi vagina de flujo, sintiendo como se escapaba fuera de mí entre mis muslos, sentía como las fuerzas me abandonaban nuevamente cuando empecé a gritar a tapar con mis gritos todos los demás sonidos que hacían nuestros acompañantes, gritos que iban dirigidos a su boca y que únicamente besándome pudo callarme unos segundos.

    Alberto se giró de repente poniéndose encima de mí, mis piernas rodeaban su cuerpo, mis manos rodeaban su espalda fuertemente arañándosela y después de un rato besándonos lentamente sin sacar su pene de mi vagina, sin apenar moverse dentro de mí, llenándome y rozando todo mi interior, sin que hubiera movimiento alguno por su parte ni por la mía, y con la sensación tan placentera de tenerla dentro que era algo que me hacía perder la razón, nos empezamos a mover al unísono, como si estuviera planeado, como si los dos ya lo hubiéramos hablado nuestros labios se separaron, su cuerpo liberaba el mío, dejando mis pechos caer hacia los lados y nuestras cinturas empezaron a moverse muy despacio, había ya movimiento dentro de mí, su pene bombeaba con suavidad en mi interior, su cuerpo se elevó sobre el mío con sus manos apoyadas a ambos lados de mis pechos y su pelvis empezaba a separarse de mí para luego volver a caer sobre la mía.

    Despacio muy despacio se iba abriendo mi boca cuando empecé a sentir su pene entrar y salir de mi vagina, empecé a dar gritos sordos mientras le miraba y se me cerraban los ojos de placer, me había acercado más a él, mi hermano había desplazado mi cuerpo un poco más abajo para que pudiera penetrar mejor, mis manos le cogían de los glúteos y los apretaban contra mí cuando la sentía dentro, muy dentro en mi interior, mis gritos dejaron de ser sordos cuando una vez más empecé a explotar en un orgasmo quizás más intenso que el anterior y como antes, pero ahora siendo conscientes, Alberto se volvía a correr dentro de mí, llenándome con su esperma.

    Acabamos rendidos, él encima de mí descansando y con su pene todavía en mi interior cuando observamos como Luis empezaba a despertar y de un salto los dos nos incorporamos y con un beso nos despedimos antes de que despertara del todo, antes de que se quitase la venda al igual que el resto que ya dejaban de follar entre ellos.

    En el baño las chicas nos limpiábamos un poco, yo la que más porque el semen de Alberto resbalaba por mis muslos y hasta que no me puse las bragas empapándolas de semen no quede a salvo de miradas de mis amigas, hablábamos entre nosotras de unos y otros, la verdad que yo poco tenía que hablar además que no me apetecía, oíamos a los chicos bravuconear entre ellos y poco a poco antes de las 12 de la noche mis amigos salieron por la puerta de casa hacia ninguna dirección, unos quizás a seguir de marcha, otras como mis amigas a su casa a ducharse y yo me quede en la mía simulando un repentino dolor de cabeza.

    Las cuatro de la mañana cuando oímos a mis padres entrar en casa, cuatro horas en las que mi hermano me volvió hacer el amor, cuatro horas de felicidad, de placer, cuatro horas en que el olor a deseo voló por la habitación de mi hermano, de lágrimas por el amor que sentía hacia él, lágrimas de felicidad, lágrimas de incertidumbre por todo aquello que había nacido, cuatro horas haciéndome el amor, aquella noche fue el principio y el fin de unas relaciones, el fin de una, la de un bravucón que se jacta de haberse follado a la vez a tres chicas una noche, una de ella su novia y de otra que empezaba, una quizás más peligrosa, más inquietante, más incierta, pero una relación basada en el respeto, el cariño, el amor, no sabíamos ninguno de los dos cuanto tiempo duraría esto, si solo era un capricho pasajero o era algo más, solo sé que llevamos dos años muy felices, ocultando al mundo nuestro amor, ocultando a familiares y amigos los que sentimos el uno por el otro, es difícil explicarlo, pero mi hermano me hace feliz, jamás fui tan feliz, quizás lejos, donde nadie nos conozca podamos salir libremente, besarnos libremente, acariciarnos sin que nadie piense mal de nosotros, quizás ese día ha llegado, quizás es nuestra oportunidad.

    ___________________

    Sé que Lara está igual de nerviosa que yo en estos momentos, seguro que más, esta historia que os hemos contado sucedió hace tres años y hoy la queremos contar antes de que nazca nuestro primer hijo, las lágrimas que derramamos al estar lejos de toda nuestra gente, lejos de nuestra familia, de nuestros amigos que nunca nos entendieron, lágrimas que hoy se tornan en felicidad por una nueva vida, lágrimas por tenernos el uno al otro, felices de que me atreviera aquella noche a traspasar una línea, una línea que la sociedad actual levanta como un muro alto e infranqueable, un muro que los dos juntos destruimos una noche haciéndonos el amor, sé que aquella noche fue el principio de nuestra unión y mañana será el comienzo de nuestra vida.

  • Joven mulato

    Joven mulato

    Era diciembre del 2012, estábamos de cena de empresa casi todo el personal de expedición, era además una cena de despedida y de celebración, uno de los encargados de turno se jubilaba y el jefe de expedición me comunicó que yo era el elegido para sustituirlo a partir del uno de enero, eso significaba no sólo una importante mejora de sueldo, se acababan las guardias de noche y los festivos.

    Después de la cena nos fuimos a un local al que solíamos ir siempre, yo invité a la primera ronda y a pesar de las protestas de mis compañeros me marché, tenía que conducir para ir a casa y no quería beber, cuando salí a la calle hacía bastante frío y tenía que andar un buen trecho para llegar al parking donde había dejado el coche, era la una de la noche y no se veía ni un alma por la calle.

    Ya delante de los cajeros del parking, después de más de veinte minutos andando, al ir a pagar me di cuenta de que no tenía bastante, los cajeros no admitían tarjeta y encima no recordaba haber pasado por delante de ninguna oficina bancaria. Busqué hasta que distinguí la garita de control y allí me dirigí, tenía las persianas completamente bajadas y se veía en su interior una luz como las de los monitores de ordenador.

    – Oiga, por favor – llamé golpeando el cristal.

    – ¿Qué le ocurre? – la persiana subió un poco pero no me permitía ver con quien hablaba.

    – Disculpe pero, cuando he ido a pagar me he dado cuenta de que no tengo bastante…

    – ¿Y por qué se supone que eso es mi problema?

    – Hombre, claro que no es su problema, sólo le pido que si me puede usted facilitar la salida, yo mañana vengo a abonar el parking, si es necesario, le dejo mi DNI.

    – Yo no puedo hacer eso, busque un cajero, además, es ilegal que yo le retenga el DNI.

    Ahí acabó la conversación, bajó de nuevo la persiana y yo me quedé allí, con un frío de cojones y sin saber qué hacer, si volver al bar o buscar un banco o que se yo, decidí volver a intentarlo con aquel individuo, me agaché para mirar por debajo de la persiana, el señor estaba sentado, debía estar viendo una película porno y se la estaba cascando, normal que estuviera de mala ostia, le había cortado la paja.

    – Oiga, oiga – volví a golpear el cristal

    La persiana se abrió esta vez hasta arriba y al otro lado del cristal apareció el hombre más hermoso que había visto en mucho tiempo, un mulato alto, joven, con la cabeza afeitada y un cuerpo que se notaba de lejos trabajado en el gimnasio.

    – ¿Qué coño quiere ahora? Ya le he dicho que no le puedo ayudar.

    – Pero yo a ti sí

    Con la mano y la boca hice un gesto de comerme una polla mientras señalaba su bragueta, se me quedó mirando de arriba abajo y pensé “ya está, ahora saldrá y me aventará un guantazo que me recargará el móvil por maricón”, en lugar de eso me señaló la parte trasera de la garita, bajó la persiana y oí abrirse una puerta y hacia allí fui, dentro se estaba calentito así que me quité el abrigo, el joven me miraba, era más alto que yo, un mulato muy guapo que desprendía sensualidad mientras me miraba con unos ojazos negros y una sonrisa que le marcaban hoyuelos en la cara.

    – ¿Y ahora qué?

    – Lo que tú quieras guapetón

    – Bueno, veamos lo que sabes hacer.

    Se sentó en el sillón y echó hacia atrás el respaldo poniéndose cómodo, me puse de rodillas, me deslicé entre sus piernas y abrí su bragueta, busqué y toqué su polla, estaba doblada en sus calzoncillos, la agarré y le miré a la cara, la acaricié y noté esa contracción involuntaria que se produce cuando la polla empieza a crecer, la saqué y estaba morcillona, era grande y negra, más oscura que su tono de piel y con el glande de color chocolate, quise sacarle los huevos pero el pantalón me lo impedía, desabroché el cinturón y el botón y se los quité junto con los calzoncillos dejándolos a un lado.

    – A ver como te portas, maricón.

    Agarré sus cojones con la mano izquierda y su polla con la derecha, apreté hacia abajo en dirección a la base del tronco retirando el prepucio y dejando al descubierto el glande, recorrí mis labios con la lengua para humedecerlos, me acerqué a su verga, abrí la boca y respiré sobre ella, le soplé mi aliento caliente, saqué mi lengua y toqué el frenillo con la punta.

    Le chupé un huevo metiéndomelo en la boca y luego el otro, comencé a lamer muy lentamente desde la base hacia arriba, giré la cabeza de lado y simulé morderle suavemente colocando mis dientes en la carne, nuevamente impregné de saliva el tronco con mi lengua y la esparcí por toda la polla con la mano, se veía húmeda y brillante y sonaba de una forma muy excitante.

    – Joder, joder, joder. – el mulato se agarraba a los brazos del sillón.

    Con la mano izquierda masajeaba sus cojones jugando con ellos, tocándole debajo y detrás, acariciándole el perinéo con una suave presión que hizo que se le escapara un gemido involuntario y pasando algunos dedos por el esfínter, después de lamer un buen rato desde los huevos hasta el final del tronco, con la polla húmeda de saliva y dura como una piedra miré a la cara de mi mulato y vi que era un volcán a punto de estallar, en el siguiente balanceo desde la base hasta el borde del capullo no me detuve, continué con mi larga lamida hasta la punta de su polla insistiendo en el agujero del centro, mantuve mi lengua en él pero sin chupar todavía su cabeza.

    – Hijo de puta, como me tienes maricón.

    Intentó ponerme la mano en la cabeza para apretarla hacia abajo pero se la cogí y se la puse en el brazo del sillón.

    – Tranquilo machote, el ritmo lo marco yo.

    Comencé a recorrer con mi lengua el borde de su capullo por todo el contorno, haciendo frecuentes paradas en la zona del frenillo, moví mi mano derecha con la que apretaba el tronco de aquella verga y brotó un líquido claro que recogí con la lengua y saboree golosamente mirando a mi mulato.

    – Joder maricón.

    Acerqué mi boca a la polla, le di al glande unos cuantos lametones como si me estuviera comiendo un helado de crema chocolate y metí todo el capullo en mi boca caliente, se le escapó un gemido, mantuve el cabezón en mi boca haciendo chasquear mi lengua contra él, luego bajé rápidamente y me metí toda la polla que me cabía hasta la garganta poniendo mi mano derecha como tope porque sabia que no entraría entera.

    – Ostia puta, maricón.

    Permanecí así, con la polla dentro de mi boca durante un momento, experimentando como crecía, mi esfínter palpitaba y notaba un cosquilleo de placer en mi estómago, la deslicé hacia atrás hasta el extremo y el mulato intentó profundizar en mi garganta pero se lo impedí, moviéndome rápidamente me deslicé arriba y abajo por su polla como si estuviera follandomelo, acompañando el movimiento de mi cabeza con el de mi mano.

    – Joder perra, me voy a correr, me voy a correr.

    No quería que se corriera todavía así que paré, tomé el capullo en mi boca y comencé a mamarlo como si fuera un pezón, me volví a meter la polla hasta la garganta y al sacarla aspire y después volví a aspirar al bajar de nuevo.

    – Mmmmm, que bueno por dioss

    Repetí el juego varias veces, quería esa polla dura pero sin llegar al punto de orgasmo, la saqué de mi boca, agarré la base con mi mano y contemplé aquella belleza en toda su plena erección con los huevos tensos y el glande brillante y suave, volví a metérmela en la boca y a chuparla, inicié un movimiento rápido buscando ya la descarga, con el anular de la mano izquierda comencé a acariciarle el ojete hasta que se lo introduje.

    – Ay, ay, ay que me corro, que me corro, no pares, no pares, ay.

    Como tenía agarrada la polla con la mano derecha noté como le venía, la saqué dejando solo el capullo dentro y recibí su semen en mi boca, tragué la primera descarga y luego dejé que esos jugos maravillosos que recibí a borbotones en las siguientes se derramasen de mis labios deslizándose por su ya húmeda polla haciéndola escurridiza y deliciosa de tocar, la recorrí con mis manos apreciando su dureza y esparciendo la reluciente leche por toda ella.

    Me puse de pie dispuesto a irme pero aquella polla me llamaba, continuaba tiesa y dura y mi esfínter la pedía a gritos, me quité el pantalón y el slip, me puse a horcajadas sobre él dándole la espalda, agarre el miembro coloqué la punta contra mi ojete y apreté un poco, aquel glande abrió mi culo y un ramalazo de dolor me recorrió toda la espalda.

    – Madre de dios.

    La baba y la lefa que la cubrían hacían de lubricante, aguanté un poco a que mi ojete se adaptara al tamaño de aquella cosa y me fui sentando metiéndomela muy despacio notando como me iba abriendo a medida que avanzaba.

    – Ay, ay que rico, aaaah.

    – Vaya culo tragón que tienes maricón.

    – Ay que polla, ayyy.

    El mulato me puso sus manos en la cintura ayudándome con ellas a levantarme y sentarme sobre aquella polla hasta metérmela hasta los cojones.

    – Ay, ay mis tripas, ay.

    – Sigue maricón, sigue

    – Ay, ayyyy, me partes el culo, ay que polla.

    Aquel tipo era una bestia, en esos momentos yo pesaba ochenta kilos, me levantó en vilo con su miembro metido hasta el fondo y me colocó con el torso sobre la mesa, así el detrás de mi, de pie, tenía el control ahora.

    – Te voy a partir el culo maricón, vas a quedar harto de polla.

    – Plaf plaf plaf – mantenía un ritmo infernal.

    – Ay ay ayyy.

    – Cómo te gusta maricon.

    – Ah aahh, sí, siiii.

    Sus manos, enormes, me agarraban por la cintura, no cedía en su ritmo, el culo me ardía, a cada embestida todo mi cuerpo temblaba, mi polla escupía líquido preseminal.

    – Ay cabrón que me matas, ay.

    – Puto maricón te gusta mi polla ¿eh?

    – Siiii, me gusta me gustaaa.

    – Te voy a dejar preñada zorra, zorraaaa.

    – Ay que me corro cabrón, me corrooo.

    Comencé a temblar, el orgasmo me vino y explotó en todo mi cuerpo con una intensidad que me dejó casi inconsciente, mi polla soltaba leche como un grifo, mi amante continuaba metiendo y sacando su monstruo de mi culo mientras yo solo podía jadear.

    – Ah ah ah aahh.

    – Ay maricón, ay que rico, ay que me corro, ay, ayyy.

    Metió su polla tan fuerte que levantó mis pies del suelo, comenzó a soltar trallazos de leche en mi culo, yo notaba en mi esfínter las contracciones de su pene al descargar.

    – Joder maricón, que polvo.

    Sacó aquel bicho de mí, al hacerlo un chorro de lefa salió de mi culo y cayó por el interior de mis muslos, me levanté como pude, las piernas no me sostenían, mi joven amigo del que nunca supe su nombre estaba en una nube sentado en su silla, me limpié con papel, me vestí, cogí algunas monedas que había encima de la mesa, salí de la garita, pagué el aparcamiento y me marché.

    Podéis escribirme a [email protected].