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  • Tatuaje con final sexual

    Tatuaje con final sexual

    Pocas veces he tenido un arranque tan impulsivo. Fue cortito pero intenso.

    Había decidido hacerme otro tatuaje. Esta vez en la espalda. Era un tatuaje grande, unos 20 cm y esta sería la última sesión. El artista tatuador era Benicio, que para más datos, era hijo de un primo de mi mamá, es decir primo segundo mío.

    El sillón en el que yo estaba recargada era bastante cómodo. Angosto pero muy acolchonado. Como suele suceder en esos ambientes de los estudios de tatuajes, el pudor es secundario. El tatuaje era justo atrás de mi hombro derecho y tenía muchos detalles. Para que Benicio pudiese trabajar en mi espalda, me había retirado toda la ropa de la cintura para arriba y me había sentado en el sillón con mi pecho apoyado contra el respaldo que por cierto está forrado de terciopelo. Benicio además me había prestado una almohada para que mi pecho estuviera lo más cómodo posible. Mis pechos son de forma bonita, muy cónicos y aunque no muy grandes, sí son muy respingados así que en realidad usar sostén, para mí, sólo es opcional. Aparte de estar inclinada contra el respaldo, mis brazos estaban levantados a modo de que podía abrazar el propio respaldo y al mismo tiempo podía apoyar mi barbilla para descansar mi cuello. Mis piernas estaban abiertas para apoyarlas a cada lado del sillón. Precisamente en esa posición estaba cuando Benicio me dijo:

    – Ya sólo falta un ratito. Voy a retocar los detalles más finos, ¿vale?

    Antes de que yo pudiese decir nada lo sentí sentado justo detrás de mí sobre el espacio que restaba al sofá, en la misma posición que yo, pero a mi espalda. Muy pegado la verdad. Demasiado. No sé si lo hizo adrede. No pude evitar sentir que su entrepierna estaba casi rozando mi trasero. Mi primer pensamiento fue lo sexual que esa situación se había puesto súbitamente. No era plan. Ni siquiera me había cruzado por la mente, pero ahí estábamos. Por un instante sentí pena pero esos pensamientos se apagaron cuando comenzó de nuevo con la aguja y el dolor regresó a ser el centro de atención.

    Estuvimos así un rato. Yo sentía como se movía detrás de mí. Era inevitable que su torso rozara de tanto en tanto sobre la piel desnuda de mi espalda. Estaría exagerando si dijera que eso me excitaba y menos teniendo el dolor de la aguja penetrante en mi piel pero, ahora que lo escribo, no me había detenido a pensar en lo excitante que podía ser para él.

    – El color de tu piel es diferente al de tu mamá – me dijo, lo cual demostraba que no estaba precisamente indiferente a esos detalles.

    Mi madre es morena oscuro y yo soy un poco más clara pero no me asoleo nunca, así que mi piel no tiene zonas de cambio de coloración. Una que otra peca que yo sé que por contraste, me hacen lucir bien cuando uso prendas que dejan ver la espalda.

    – Salí al color de mi abuela por parte de mi papá.

    – Debe haber sido una señora muy guapa – dijo Benicio sin dejar de trabajar.

    Yo fingí no darme cuenta del piropo. Fue en ese momento que, ya no supe si se recargó un poco más por ver algún detalle, pero sentí un poco más de presión sobre mi espalda y al mismo tiempo eso me hizo consciente de la presión de mis pechos contra la almohada. Inevitablemente llevó a que sintiera el roce de mis pezones desnudos contra la tela. Pensé que no me vendría mal un poco de sexo en la tarde. Siendo la primera noche con tatuaje fresco, no podría estar boca arriba cuando Web me penetrara. Tendría que sentarme sobre él. Pensar en eso me llevó a pensar que precisamente era la posición en la que ahora estaba con Benicio acariciando mi espalda con su vientre y pecho. En esos pensamientos estaba cuando puso su mano izquierda sobre la piel justo debajo de mi cuello.

    – Disculpa. Necesito un poco de apoyo – justificó.

    – No te preocupes – le respondí – lo importante es que puedas terminarlo bien

    – Es poco común que las chicas vengan solas cuando van a tener que quitarse ropa para el tatuaje

    – Como que me parece algo muy tonto – le dije – ni que fuéramos niñas

    – Pues será que tatúo puras niñas porque las solteras siempre se hacen acompañar de alguna amiga y las comprometidas, por el novio

    – Pues me parece infantil y casi ridículo – le dije – si algo va a pasar, va a pasar porque los dos quieren. Si fuese por el pudor, eso se siente esté quien esté contigo

    – Pues no sé pero tienes algo de razón – me respondió Benicio – obviamente a veces tatúo zonas muy íntimas donde el dolor es muy intenso como para que ellas piensen en otra cosa

    – Pues claro – le dije – además, en el caso de que le llegues a alborotar la hormona a la tipa, nada impide que te busque después, si es que las cosas llegan a ese punto

    – Eres adivina ¿verdad? – dijo riendo – porque eso es precisamente lo que ha pasado.

    – Jajajaja ¿Te han buscado?

    – Muchas veces – me dijo – a veces, aun viniendo con su pareja, me empiezan a whatsappear apenas un rato después de salir de aquí. Una vez una me cantó la onda en un mensaje casi saliendo de aquí, yo creo que el novio apenas arrancaba el coche

    – ¡Ooorale! Aventada la chica. ¿Y se armó el evento?

    – El mismo día por la tarde por insistencia de ella. El novio la dejó en la casa dizque descansando el dolor del tatuaje y ella en menos de 2 horas ya estaba aquí

    – ¡Vaya! ¿Pues dónde le hiciste el tatuaje?

    Seguíamos hablando mientras él se levantó y me dijo:

    – Déjame traerte un espejo para que te veas si ya terminamos

    – Ok – Detrás de la silla había un gran espejo así que con otro espejo vería fácilmente mi espalda. No me moví de mi posición.

    El resultado fue satisfactorio así que empezó a preparar la limpieza y la cubierta antiséptica.

    – No me has dicho dónde le hiciste los tatuajes a aquella chica – insistí.

    – Fueron dos microtatuajes. Uno en la parte de afuera del pecho, una margarita y una rosa roja pequeña también justo donde empieza el vello púbico. Muy dolorosas ambas zonas pero igual pasó lo que pasó

    – Pues es que la verdad, simplemente el hecho de estar desnuda puede prenderte un poco según la situación de que se trate. Web, mi novio, dice que por eso no es raro que los pintores o artistas hombres tengan tantas amantes

    – ¿En serio? ¿Se les alborota la hormona sólo por el hecho de estar desnudas?

    – Suele pasar – respondí sin darme cuenta de lo que acaba de implicar.

    – Y si tú novio sabe que eso te puede pasar a ti, ¿por qué te mandó sola?

    Creo que en ese momento ya había cruzado el umbral. Yo seguía en la posición descrita antes, mientras Benicio usaba el aplicaba el antiséptico en barra sobre mi piel. El movimiento y la situación además de la conversación, me llevaron de nuevo a hacerme consciente de mis pechos desnudos y el roce de mis pezones contra la tela de la almohada. No pensé mucho mi respuesta.

    – Porque tanto Web como yo somos adultos y sabemos lo que hacemos – le respondí.

    – Pero él sabe que al estar así como estás, medio desnuda, te puedes excitar y aun así te mandó sola

    – Yo no dije que estuviera excitada

    – Tampoco lo estás negando

    No pude objetar. No porque estuviera excitada, que lo estaba, sino porque su comentario ya era un franco reto que yo no iba a ganar. Mi silencio pareció provocarlo más:

    – ¿No estás excitada? – preguntó y fue en ese momento que sentí que se sentaba de nuevo a espaldas mías. Esta vez lo sentí más cerca. No pude evitar sentir que su pelvis estaba casi estrechado contra mi trasero. Era inevitable el movimiento reflejo. Al enderezar mi espalda, toda mi piel entró en contacto con su pecho y su boca, prácticamente besando mi cuello.

    – No pues… – fue lo único que pude decir. Sentí de nuevo chispazo de excitación entre mis piernas

    – Pues… ¿Qué? – me dijo al tiempo que ponía sus manos en la piel desnuda de mi cintura.

    Yo eché la cabeza para atrás. No era plan originalmente pero, la idea de coger ahí mismo había pasado de ser una excelente idea.

    – Pues que somos primos – le dije sin poder evitar que me besara el cuello con los labios abiertos como si estuviera a punto de pasar su lengua por mi piel.

    – No estoy hablando de tener hijos – fue su respuesta casi infantil.

    – ¿Entonces? ¿de qué hablamos? – pregunté casi deseando que su lengua ya me estuviese acariciando. Mis manos seguían sobre el borde del respaldo de la silla pero ya muy debilitadas por mi creciente excitación.

    – Pues podemos pasarla bien – sus manos estaban ahora sobre mi vientre en suave movimiento que me hacía sentir las yemas de sus dedos recorriendo alrededor del ombligo. Era una sensación desconocida, el placer de sus dedos acariciando mi vientre pero sintiendo simultáneamente dolor del tatuaje reciente en la parte de atrás de mi hombro derecho.

    – ¿Cómo es pasarla bien para tí? – pregunté ya sólo por seguir el juego, mientras bajé mis manos del respaldo para apoyarlas en sus muslos que estaban ya también en contacto con los míos.

    – Pasarla bien así, aquí, entre nosotros – respondió susurrando en mi oído, casi mordiendo mi oreja.

    – ¿Pasarla bien para ti significa coger? – me encanta decirlo y me excita el efecto que suele tener.

    – Andale le atinaste hermosa – me respondió mientras tomaba mis pechos con ambas manos. En ese instante mi respiración, que ya estaba agitada, se convirtió en un jadeo rítmico a viva voz cuando soltó mis pechos para tomarme por las caderas para jalar mi trasero hacia él. En esas circunstancias, especialmente con amantes de primera vez, jadear me hace sentir liberada. Me ayuda a sentir que estoy dejando saber mi deseo. Es mi manera de decir que estoy dispuesta a que me cojan.

    Me incliné mas hacia atrás para besarnos y mientras eso hacíamos, nos pusimos de pie hasta quedar de frente. Mis pezones ahora rozaban contra su pecho aún cubierto por una playera de Megadeth, la que todo rockero tiene por cierto. Ya que me tuvo de pie, me tomó por el trasero para estrecharme frente a frente contra una prominente erección. Metí mi mano por encima del pantalón hasta que pude tomar su verga con mi mano. No perdí el tiempo en desabrochar su pantalón. Se lo bajé forzadamente dejandolo desnudo de la cintura para abajo. Seguimos besándonos mientras lo masturbaba. Supongo tenía cama pero ya no había tiempo. Me di la vuelta mientras me bajaba los jeans hasta la rodilla y me encaramé en la silla de nuevo, inclinándome y apoyando mis codos sobre el respaldo del sillón. No hizo falta explicarle. Me tomó por las caderas y se preparó para penetrarme así en cuatro. Yo me moví a modo de facilitar su entrada, tomando su verga por entre mis piernas para ayudarle a entrar. Rápidamente pude disfrutar sintiendo como su verga se me iba resbalando para adentro. Me había mojado muy rápido. Un gemido se me escapó, el primero de muchos, porque se empezó a mover rápido y con fuerza. Yo cooperé poniendo nula resistencia mientras él me jalaba rítmicamente por las caderas y me daba unos empujones de miedo. Lo escuché gimiendo y pujando.

    – ¡Qué buenísima estás prima! – no bien terminaba de decirlo, yo sentí venirme. Suele pasarme ese orgasmo rápido en situaciones así de impulsivas. No fue muy intenso pero sí muy largo y satisfactorio. Benicio siguió dándome empujones hasta que le pedí parar. Me di la vuelta y me senté a descansar un momento. Benicio seguía de frente a mí ostentando su pene mojado como esperando alguna señal sobre qué hacer. Ahí sentada en la silla separé mis piernas para tocarme un poco mirándolo ahí semidesnudo y duro. Me seguí tocando con una mano pero con la otra lo tomé de la verga y lo jalé para meterme su verga en la boca y darle una mamada. Me tomó de la cabeza con ambas manos y empezó a gemir de placer. Yo dejé de tocarme para tomar su trasero con ambas manos. Fue así como sentí como se ponía duro. Señal de que estaba por eyacular. Saqué su verga de mi boca justo a tiempo para que derramara todo su semen en mi cara y en mi pecho. Debe haber tenido algún tiempo sin coger. Sus chorros eran deliciosos, fuertes y abundantes. Mientras lo escuchaba gruñir de placer con cada chorro, seguí masturbandolo con una mano mientras me tocaba todo el cuerpo con ese fluido disfrutándolo. Me encanta cuando me derraman el semen así sobre mi piel.

    Yo seguía con mis piernas abiertas y los jeans en mis tobillos. Coincidentemente me había depilado esa mañana porque la verdad no aguanto el vello crecido. Ello pareció llamar la atención de Benicio que se puso de rodillas, separó mis muslos con sus manos y empezó a darme con la lengua hasta que me hizo venir otra vez. Después de eso me vestí. Ya tenía varias horas ahí. Insistí en pagarle por el tatuaje y dudó pero aceptó cuando le dije:

    – Separemos los negocios del placer. Me diste una buena cogida pero eso fue aparte. Trabajo es trabajo.

    Cuando me subí al coche, le puse un mensaje a Web para nuestro propio juego: “Hola amor, ya estuvo el tatuaje y tengo una confesión, me cogí a Benicio”. Esa misma noche, cogí delicioso pero esta vez con Web, excitándolo con los detalles de mi arranque de calentura.

  • Cecilia ¿Me quieres follar?

    Cecilia ¿Me quieres follar?

    Cuando entré a la universidad llegué con la convicción que en cuatro años exactamente me estaría graduando, aunque para ello tendría que hacer de un lado a algunas chicas. La verdad que no me consideraba un mal estudiante, pero había logrado entrar a esta universidad de renombre gracias a una beca completa por el fútbol y que mis calificaciones estaban en el promedio de 3.2, aunque esta universidad ni revisa tu aplicación si tu calificación es menos del 3.5, y solo hacen esa excepción sí en tu currículo muestra actividad deportiva sobresaliente.

    Con esa meta en mente llego a mi primer salón universitario y fue en la clase de inglés que veo a mi primera tentación, la hermosa y escultural Cecilia. Creo que no le cayó nada bien a la mayoría de las chicas en el aula y mucho menos a la catedrática e incluso creo que intimidaba a algunos de los muchachos, aunque era una delicia verla de cómo llegaba vestida. La mayoría de las veces llegaba en jeans, pero estos no eran los típicos azules que la gran mayoría usa. Ella llevaba de todos los colores bien combinados con blusas o camisetas finas. Nunca recuerdo haberla visto con zapatos tenis, siempre usaba zapatillas de cuero ya sea bajas o con tacón alto. Y cuando no usaba pantalones, llegaba con unos vestidos que parecía iba para una gala, llevando de esos bolsos que la maestra decía eran de renombre y por tanto fuera del alcance de las mayorías.

    La verdad que Cecilia era una chica de 20 años que gracias a sus padres se podría decir que era rica económica y sensualmente. Su padre a quien ella de broma le llamaba abuelo, era un viejo médico cirujano ya retirado que en ese tiempo rondaba los 80 años y se había casado con la madre de Cecilia cuando esta tenía 38 y él ya era un viejo arriba de los sesenta. Su riqueza no la había obtenido solo con un salario de médico, luego en una plática él mismo me contaba que le había ido muy bien en sus inversiones en compañías petroleras.

    Y aquí estaba Cecilia, en una de las universidades más prestigiosas y caras del país gracias a los petrodólares de papá, aunque debo decir, no eran solo el legado y los dólares de papi, también la chica no era tan mala para el estudio. Parecía engreída al primer contacto, pero por lo menos conmigo poco a poco se fue abriendo hasta que literalmente ella misma se abrió del todo.

    La verdad que no recuerdo llamarla Cecilia, en la universidad nos identificábamos por el apellido. Ese primer día ella entró dejando el aroma de un rico perfume de sus feromonas y que creo que a todos los chicos hipnotizó. Ese día llevaba unos jeans de color rojo bien tallados a su alargado y esbelto cuerpo. No pasaba del metro sesenta, pero con sus zapatos se miraba más alargada. Sus pechos eran de mediano porte y tenía un trasero redondito y llamativo. Podría decir que sus glúteos tenían ese poder de la atracción, pero tenía un rostro divino, de facciones hermosas y siempre bien maquillada. Rubia de cabello corto ondulado, cuello alargado, ojos de un verde claro, boca pequeña y de labios de un grosor medio y siempre usaba pulseras y cadenas de oro, aretes con esmeraldas o diamantes y la verdad que por su forma de vestir como que no encajaba con el resto de la población en la universidad.

    Creo que en mí encontró algo de confianza y creo que se debía al corto saludo o que por lo menos reconocía su presencia con una sonrisa. Cierto día en el equipo de fútbol, el cual no tenía mucho apoyo como otros deportes, decidieron hacer una rifa de una videocasetera de la época y que cuyo costo era de $5.00 por número y mi lista contenía 20 números. Le hablé de la rifa y me extendió un billete de $100.00 y me pidió que tomara los nombres de los estudiantes del aula y que omitiera el de ella. Ese mismo día después de la clase hablamos lo de la rifa y para que se necesitaba el dinero y ella me dijo que nos ayudaría y que la siguiente semana me haría saber cómo nos podría ayudar.

    Hasta ese punto no se había soltado la extrovertida Cecilia y su comportamiento era serio pero amigable. Desde ese día nos acercamos más y comenzó a invitarme a su casa. La verdad que Cecilia me gustaba mucho, pero ya para ese entonces me había reencontrado con una ex compañera de la época de los grados octavo y noveno y estaba por primera vez con la idea en pedirle que fuera mi novia, pues desde que volví a ver a Nadia y contemplar de nuevo su belleza, desde ese momento supe que sería la madre de mis hijos. Pero en ese tiempo éramos solo amigos y sabía que no iba ser tarea fácil, pues no solo que Nadia era una chica muy recatada, pero también era muy acechada por lo chicos de la universidad.

    Cecilia una semana después me habló de hacer una cena informal en su casa, pues ellos siempre ayudaban a los vecinos y amigos de sus padres en eventos filantrópicos y que no dudaba que ahora esa misma gente no le respondiera a ella. Lo único que me pidió fue ayuda para servir bebidas y por lo demás su madre y la servidumbre de su casa se encargaría. Y es como conozco a la familia de Cecilia y me doy cuenta de que son gente de un poder adquisitivo pues solo la mansión donde vivían en esa época tenía un costo por sobre los siete millones de dólares.

    Para estas instancias era como la sexta semana de estudios y con Cecilia teníamos un poco más de confianza. Fuimos a ayudar en lo que pudimos y en ese día gracias a la madre de Cecilia, quien a pesar de sus años no dejaba ser una mujer muy hermosa, fue ella quien me enseñó a preparar los martines y otros tragos para los invitados de la noche. No era mucha gente, quizá a lo mucho unas treinta personas y la verdad que me sentía un tanto decepcionado, pues en mi estilo de fiesta pensaba ver una muchedumbre haciendo más ruido. Al final del día, pues esto ocurrió una sábado por la tarde, de una cajita Cecilia sacó de 9 a 10 cheques que sumaron la cantidad de $17,000.00. La verdad que no me lo creía, pues en mi mente pensé a lo máximo unos $5,000.00 pues ya Cecilia me decía tener asegurado $3000.00 lo que para nuestras expectativas ya era mucho.

    Ayudamos a limpiar, que no era mucho y mis amigos se despidieron felices por el logro y fue cuando Cecilia me lo pidió en un momento que nos encontrábamos a solas: Zena… ¿te quieres quedar esta noche? ¡Te aseguro que te las vas a pasar muy bien… esto hay que celebrarlo! – La verdad que pensaba ir a buscar a Nadia a los dormitorios de la universidad, pero me sentía obligado quedarme por todo lo que Cecilia había hecho por mí y por el equipo. Todo quedó en silencio como sí nadie viviera en aquella propiedad de bonitos jardines y los padres de Cecilia se despidieron y desaparecieron.

    La piscina del jardín, pues había otra en el interior de la casa, estaba en un declive y estaba muy bien decorada y rodeada de arbustos de ciprés y de otras especies más. En un costado había un quiosco el cual servía como cantina. Cecilia tomó una cerveza y me ofreció una mientras hacíamos plática. Era la primera vez que estábamos a solas. En ese momento ella vestía una falda por arriba de sus rodillas y una blusa con un pequeño chaleco pues ya era otoño y siempre con sus zapatos de tacón los cuales se quitó y comenzó a caminar descalza. Con los minutos ella me preguntó: ¿No se te antoja darte un chapuzón?

    Al principio puse de excusa que no llevaba ropa adecuada o traje de baño, pero luego ella me retó diciendo: ¡Yo tampoco! Pero solo es de quitarse algo de ropa y zambullirse. – Diciendo eso se comenzó a quitar la falda y su blusa y quedaba solo en su sostén y un bikini verde el cual tenía como cierto adorno de un bordado que parecían flores al nivel del monte venus. Nunca pensé que se quitaría el sostén frente a mí y se lanzó a la piscina. Luego me decía: ¿Tienes pena bañarte en calzoncillos? ¿Oh… no llevas calzoncillos? – Y Cecilia sonreía. Comencé a quitarme mi camisa estilo Polo y ella comenzó a hacer un sonido musical como si de una vedete desvistiéndose se tratara. Me quité el pantalón jean y los zapatos y quedé solo en calzoncillos los cuales eran estilo bikini de esos bastante transparentes. Ella solo me decía: ¡Definitivamente tienes piernas de futbolista! ¡Ojalá sean de las que metan goles! – Y volvía a reír.

    Yo sabía para donde esto iba, pues qué se puede esperar de dos chicos a solas, bajo la influencia de algunas cervezas y semidesnudos. Pensé en Nadia y la verdad que me sentía con ese sentimiento de culpa, como si la fuese a traicionar, aunque ella no era ni mi novia. Desde que la volví a ver había jurado no involucrarme con nadie más, pero se me fue difícil ante la tentación de una carita y cuerpo bonito como el de Cecilia. Llevaba esos aretes de esmeraldas y eso fue la excusa para acercarse a mí. Me pidió que le ayudara a removérselos. Salimos a las gradas de la piscina y pude ver esos pechos de tez blanca, de areola rojiza y unos pezones pequeños erectos por lo frío del agua. Cecilia me miraba de una manera seductora mientras le removía los aretes y luego me preguntó:

    – Zena… ¿Tienes novia?

    – No. -le he contestado.

    – Entonces… ¿eres tímido?

    – ¿Por qué lo dices?

    – Me pareces un chico tímido. Pero la timidez se quita con una tercera o cuarta cerveza. – me dijo sonriendo.

    Quizá esperaba que me fuera encima de ella inmediatamente y la verdad que las ganas no me faltaban. Estaba ante mi mostrándome sus pechos desnudos y ese pequeño bikini, el cual no era de baño, se le hundía en ambas rajaduras haciendo evidente el hueco de su conchita cuando salió de la piscina a traer otra cerveza. La verdad que me tenía excitado y mi amigo estaba lentamente despertando y sabía que si salía completamente de la piscina era como literalmente estar desnudo y eso me incomodaba no por Cecilia, pues intuía que eso es lo que ella buscaba, sino que por sus padres que podrían aparecer en cualquier momento. Regresó con un par de cervezas y me invitó a la orilla donde ella yacía sentada solo con los pies hundidos en la piscina. Yo le pregunté:

    – ¿No se molestarán tus padres que me haya quedado a solas contigo?

    – ¿Es eso lo que te preocupa? Mira, mi padre poco sale al jardín mucho menos a esta piscina y mi madre lo más probable se ha ido a visitar a sus amigas. Zena, solo estamos tú y yo y nadie vendrá a tu rescate. – Y se echaba a reír.

    Cecilia sostenía una cerveza en la mano y me invitó a que me acercara y solo así apreciando de cerca su cuerpo y sin ningún movimiento descubría que tenía un lunar de una piel un poco más oscura en su entrepierna y otro por debajo y a un costado de su pecho izquierdo. Ella quizá observó que mi mirada estaba en sus lunares y ella comenzó a contarme que eran herencia de su madre; ella tenía esos lunares en el mismo lugar. Luego ella me decía que tenía otro en sus nalgas y con su coquetería me decía: ¡Al ratito te lo muestro!

    Se zambullo en la piscina y en forma de juego se fue por sobre mi espalda y me abrazó con manos y piernas. Podía sentir lo erecto de sus pezones y a pesar del agua fría, el calor de su vientre me calentaba la espalda baja y mi miembro reaccionaba a su contacto. Yo extendí mis brazos hacia atrás y la tomé de sus piernas para acomodármela y comenzó a hablarme cerca del oído:

    – Zena… ¿te la estas pasando bien?

    – Sin dudarlo… me le he pasado bien.

    – ¡Que bien! Pero… todavía pienso que la podemos pasar mucho mejor. ¿Ya le has hecho el amor a una chica en una piscina?

    – No… nunca. ¿Por qué?

    – Pues siempre hay una primera vez. Zena… no se si tú lo sabes, pero tienes un no sé qué… que me pones muy caliente. Desde la primera vez que te vi siempre imaginé que me hacías tuya aquí en la piscina. ¿No se te antoja Zena?

    – ¡Claro que si… tú también me pones caliente!

    – Entonces… ¿Te quedas conmigo toda la noche?

    – ¿Y tus padres?

    – No te preocupes de ellos. La habitación de ellos y la mía están de extremo a extremo y nunca se darán cuenta que estas aquí y, si en caso nos encontraran, no pasa nada… ya tengo mis 20 años.

    – Entonces debería ir a conseguir como protegernos.

    – No te preocupes que yo me cuido. Tomo la píldora.

    Todo estaba sobre la mesa y lo que buscaba la bella Cecilia era que yo me la follara. Realmente no me lo esperaba así, especialmente que ella me parecía bastante seria por no llamarla engreída, aunque debo admitir… conmigo no lo fue tanto. Desde ese momento fue mucho más extrovertida de lo que había sido hasta ese momento y me pidió que me sentara a la orilla de la piscina y literalmente me dijo que me la quería mamar. Seguí su pedido y me sentaba aun vistiendo mis calzoncillos que realmente no me cubría nada y ella se dirigió al quiosco y esta vez traía una copa y una botella de merlot y también había tomado una toalla.

    – ¿Te gusta el vino? – Me preguntó.

    – No soy muy fanático que se diga, pero de vez en cuando me tomo una copa.

    – Este de seguro te va a gustar, especialmente de la manera que hoy lo voy a tomar.

    La toalla la puso en el cemento a la orilla de la piscina, me pidió que me sentara sobre ella y poniendo la botella y la copa a un lado, se zambulló de nuevo a la piscina y se acercó entre mis piernas y me indicó que me acostara para ella removerme el calzoncillo. Hasta el momento solo me había visto mi miembro comprimido en ellos, pero este había salido potente y erecto y Cecilia parecía sorprendida y me dijo: – Tienes un hermoso pito y se te mira rico así depilado…no sabes las ganas que tengo de comérmelo y sentirlo en todo mi cuerpo.

    Puso un poco de vino en la copa y luego con la misma copa me regó un poco del vino en una de mis piernas y comenzó a absorberlo lo más que podía. Esto se repitió un par de veces para luego echarme un poco de vino en mi falo y sin perder tiempo comenzó a chuparlo. ¡Que rico sentía como Cecilia succionaba mi verga! Pasaba su lengua por todo mi tronco y luego hizo que me acostara y poder llegar a mis huevos. Solo sentía el baño de vino a mis huevos y mi verga con la ansiosa expectativa de sentir sus labios y lengua jugueteando por todo mi pelvis.

    Llegó el turno de devolverle el favor y una vez le removí su pequeño bikini, descubría una pequeña conchita totalmente depilada con un clítoris expuesto e inflamado ya por la excitación. Era una combinación de dulce y saladito cuando le hundí mi lengua en su rajadura y Cecilia solo había exclamado: ¡Qué rico… qué rico! – Se mantuvo dando leves gemidos mientras sentía lo fresco del vino caer en su abertura y luego lo caliente del aliento de mi boca y la lengua haciéndose camino de arriba a abajo. Ella solo acariciaba mi cabello que por esa época me llegaba a media espalda y creo que presentía que su orgasmo le llegaría en cualquier instante. Ella le puso pausa y me dijo que quería sentir mi verga cuando ambos estuviéramos en la piscina y se metió no sin antes llenar la última copa de vino.

    Se vino de enfrente abrazándome con sus piernas y llevando la copa de vino en sus manos. Ella dirigió mi falo hacia su hueco y yo solo se lo empujé cuidadosamente y Cecilia solo gimió de placer o de dolor y, en esa posición con los segundos tenía toda mi verga en su vagina mientras le sostenía sus nalgas con mis manos. Tenía esa mirada erótica y tomado un sorbo de vino de la copa, me lo traspasaba de su boca mientras nos dábamos besos. Así quizá pasamos unos quince minutos abrazados mientras Cecilia restregaba su conchita contra mi verga y podía sentir lo hirviente de ese canal al contraste del agua de la piscina. En eso de darnos besos y estar conectados con movimientos lentos pero profundos comencé a acariciar sus nalgas y masajear su ojete con mis dedos. Creo que le habrá excitado pues podía sentir como su conchita apretaba más mi verga cuando le hacía ese masaje. Luego ella me decía: ¡Me vas a hacer acabar si sigues así! – No solo continué sobándole el ojete, también me encorvé para chupar sus pezones y mamar sus dos hermosos melones de medio tamaño y solo exclamó con el pasar de un par de minutos: ¡Tony… me voy a correr… por Dios me estás haciendo correr… carajo que rica se siente tu verga. -Y movía su pelvis con un ritmo frenético que no tardo en provocarme mi primera eyaculación. Quizá por el efecto del alcohol lo sentí una tanto pasivo pero muy relajante y le hice saber a Cecilia que me estaba corriendo y ella seguía con un vaivén constante y con ese masaje de su vientre hasta que se comprimieran mis testículos. Seguimos conectados por varios minutos y a esa edad mi verga continuaba con un buen grado de erección hasta que oímos el llamado de una de las sirvientas ofreciendo la cena.

    No sé si la señora escuchó nuestros gemidos o sí nos habían visto cogiendo en la piscina, pero luego nos sorprendió ver mi esperma flotando por sobre la superficie. Cecilia hizo como cucharita sus manos y lo sacó tirándolo a un lado de la piscina. Nos fuimos a los baños donde uno se quita el cloro y ahí si había agua caliente y nos dábamos una ducha mientras Cecilia me mostraba en esta ocasión el lunar de su nalga el cual realmente a mí me parecían sensuales pero que ella se quejaba de ellos.

    Cecilia aprovechaba cada segundo y ahí en la ducha comenzó de nuevo con una felación donde le tuve que decir que no me apretara tanto los huevos. Se emocionaba que tal parecía me los quería arrancar. La puse contra la pared con las piernas abiertas y así parados le he hundido todo el falo en su hirviente conchita. Me dijo que le había dolido, pero que también le encantaba ese dolor y seguí con un golpeteo que solo se escuchaba los gemidos de Cecilia y el choque de mi pelvis y las nalgas de esta bella mujer. Cecilia me pedía que la nalgueara, que la tratara como a una puta y creo que de las primeras chicas que tomé por el pelo y le gustaba esa sensación de estrangulamiento que la verdad siempre me dio pavor, pero ella parecía excitarse con un sexo tosco. Eran tanta las nalgadas que le di que parecían estas iban a brotar sangre y le taladré esa concha a morir. Me pidió que le apretara los pezones y prácticamente a mí me parecía una tortura, pero ella explotó con un tremendo orgasmo y no podía ni respirar de la excitación. Sentí como su vientre se contrajo, cómo emanaba jugo esa vagina y taladré esa conchita hasta que me corrí dejándole caer mi corrida en sus nalgas. Cecilia solo restregaba mi esperma alrededor de sus nalgas.

    La verdad que me daba pena entrar a su casa. No quería sentir la mirada de la sirvienta y mucho menos las de sus padres. Pero ya estaba entrado y ver la confianza de Cecilia me hizo superar esa incomodidad. Solo estaba su madre en la mesa tomando los alimentos y en segundos nos estaban sirviendo a nosotros. La madre de Cecilia me hizo una plática muy trivial y concentró todo en lo que habíamos recaudado esa tarde. De repente Cecilia interrumpió la plática diciendo:

    – Mamá… Tony se quedará con nosotros esta noche.

    – Oh… en ese caso dejame enviar a que alguien desempolvé y acomodé una habitación.

    – No te preocupes… y ellas deben estar cansadas por el ajetreo de la tarde. Yo me encargo de ello.

    Eran ya las ocho de la noche y la madre de Cecilia se despidió diciendo que se tenía que levantar temprano a un compromiso. Cecilia me invitó a conocer su casa, la cual obviamente era una casa muy inmensa. Llegamos a su habitación y esta era de buen tamaño y tenía una terraza donde se podía salir y apreciar los jardines que estaban iluminados. Yo estaba en la terraza cuando ella me tomó por las espaldas y me decía:

    – ¿Qué se te antoja hacer?

    – ¿Tú que crees?

    – Dímelo… me gustaría escucharlo de ti.

    – ¡Me gustaría comerme tu culito!

    – ¡Qué rico se me hace que me lo digas! Tony… dime… ¿Realmente te gusto?

    – ¡Eres una chica muy linda!

    – ¿Qué es lo que más te gusta de mí?

    – Toda… tienes una carita muy linda y un trasero divino que realmente dan ganas.

    – ¿Te gusta mi trasero?

    – Si… sin duda alguna.

    – ¿Te gusta para follarlo o para que te gusta?

    – ¡Me gustaría follarlo! ¿Ya te lo han hecho alguna vez?

    – Zena… ¡eso no se le pregunta a una mujer!

    – ¡Perdón… disculpa!

    – ¿Te lo quieres coger? Sabes que no llevo bragas y es todo tuyo sí lo quieres.

    La verdad que ni yo llevaba calzoncillos, pues los habíamos dejado secando extendidos en la regadera de la piscina. La verdad que Cecilia se me antojaba, tenía esa carita sensual y un culo divino y ya en ese momento me había olvidado de Nadia… en mi mente solo pasaba la idea de cogerme ese culo. Comencé besando su cuello, sus hombros y toda su espalda. Se había quitado su blusa y solo quedaba en brasier y con su falda. No se la quité y ella se contraminó con la cerca de la terraza, me senté en una silla y ese culo me quedó a buen nivel y me dediqué a comérselo. ¡Como gemía esa mujer! Gemía tanto que pensé que su madre nos oiría o alguien en la casa. La terraza estaba iluminada por los focos del jardín que cualquier persona nos podría ver. No parecía importarle a Cecilia y la hice que se corriera chupándole el culo y sobando su conchita. Me pedía que la penetrara, pero solo le inserté dos dedos en su vulva.

    Una vez que se le fue la sensación del orgasmo, me fui detrás de ella y así parada contraminada con la cerca de la terraza le puse el glande en su ojete. Ella solo exclamó: – Zena… ¡qué rica verga tienes! – Le sobaba su ojete con mi glande y sabía que ese culo estaba ya lubricado y dilatado pues había estado jugando con él con mis dedos. Ella se apoyó contra la cerca presintiendo mi invasión y le empujó mi glande y este quedó atrapado por su esfínter no sin dar un grito que me alarmó: ¡Cabrón… qué pito más grande tienes! Ve con cuidado.

    Asimiló mi glande y con los segundos y minutos toda mi verga se adentró al hueco más íntimo de esta bella mujer. No se movía tanto, pero tanta era su excitación a pesar del dolor que luego me decía: Zena… me corro… por Dios no sé qué pasa, pero me corro. Ella con su culo pegaba en mi pelvis y yo le dejé ir un vaivén incesante que por un momento pensé que esa cerca se quebraba y nos iríamos al vacío, pero resistió y la que no pudo más fue cuando Cecilia aulló como una loba y solo sentía que su culo apretaba mi verga y también yo exploté con mi tercer palo del día. Se lo llené de mi esperma y luego al este salir pude ver su sangre mezclada con mi corrida. Ella se hincó cuando mi verga salió y pensé que estaba adolorida, más sin embargo ella me dijo con su voz erótica: ¡Qué rica culeada me has dado!

    Eran las diez de la noche y para un chico de 18 años y solo tres cartuchos gastados, esto era solo el comienzo de una faena que a mi recuerdo fue de ocho polvos. Creo que terminamos a eso de las tres de la mañana y me sorprendió los gemidos y alaridos de una mujer que vivía un orgasmo a la distancia. Obviamente pensé que se trataba de la madre de Cecilia, pero no podía concebir a ese viejo que apenas se movía provocándole tan intenso orgasmo. Cecilia solo sonrió y luego me dijo:

    – Debe ser mi madre con uno de sus juguetitos o quizá haya invitado a uno de sus amigos.

    – ¿Y tú papa?

    – Ah… mi viejo lo más probable está profundamente dormido.

    Esta fue la aventura con la bella Cecilia. Me propuso muchas cosas, pero a pesar de que ni siquiera le había dado un beso a Nadia, yo ya estaba enculado de esa chica. Con Cecilia cogimos alrededor de un mes hasta que ella comprendió que a pesar de su belleza y riqueza yo ya tenía los ojos en otra… la que vendría a ser mi esposa.

    Un día me vio junto a ella y me felicitó por mis gustos. Lo bueno que nunca hizo teatro o melodrama y aceptaba que yo pertenecía a otra chica y que ella con su belleza y todo su dinero, podía obtener lo que ella quisiera con otros… obviamente.

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  • Con los compadres después del primer intercambio

    Con los compadres después del primer intercambio

    Saludos, nuevamente con otro de nuestros relatos, esta vez contado por mi esposa pues por cuestión de trabajo yo no pude participar.

    Para aquellos que no nos conocen, somos una pareja madura Fanny de 50, y yo Roberto de 56, con las características físicas propias de la edad, pueden verlo descrito en nuestros relatos anteriores.

    Fanny: hola a todos es un placer contarles esto que viví con los compadres,

    Cómo les platicamos en nuestro relato anterior, hicimos un intercambio no planeado con los compadres, al siguiente día la comadre (Brenda) se comunicó conmigo para comentarme que de regreso a Querétaro, Sixto nuestro compadre le preguntó ¿cómo se sentía?, ella le dijo que satisfecha y que le gustó, fueron comentando los detalles del intercambio, lo que los volvió a calentar y cuando llegaron a su casa cogieron como hacía mucho que no lo hacían, pero cuando estaban cogiendo Sixto le comentó que le gustaría verla ensartada en una verga como la que le describimos de Julio, y que a ella le pareció buena idea y estaba de acuerdo, entonces me propuso que invitará a Julio la siguiente vez, le dije que lo haría pero que no dependía de nosotros que aceptarán, nos despedimos y que en cuanto tuviera una respuesta le hablaría.

    Le platique a Roberto y me dijo que habláramos con Monserrat y Julio, así lo hicimos esa misma semana por zumm, después de los saludos y actualizarnos, les platicamos del Intercambio con los compadres y que estaban interesados en conocerlos, Monserrat y Julio dijeron que eran materia dispuesta pero que quisieran conocerlos primero vía zumm, así que Roberto hizo el enlace con ellos en ese momento, se hicieron las presentaciones, hubo algunos comentarios jocosos y quedamos para el último sábado del mes que vinieran los compadres a visitar a sus papás, nos veríamos a las 8 de la noche nuevamente en el bar las fuentes en Tlalnepantla por la comodidad de entrar al hotel directo después de bailar un poco y tomar algo para relajarse.

    Se llegó el día solo que Roberto fue requerido en su trabajo para salir fuera y Monserrat se sintió indispuesta pensamos que se cancelaría la cita pero Monserrat y Roberto opinaron que fuéramos Julio y yo como pareja Y así lo hicimos, yo me prepare para el encuentro con una mini y una blusa transparente en color negro un coordinado de bikini y brasier y pantiliguero de color blancos haciendo contraste, Roberto pasó por mi a las 7 muy puntual el llevaba un pantalón vaquero y camisa blanca le marqué a Roberto para avisarle y me pidió divertirme y gozar el encuentro, en el camino Julio me fue acariciando las piernas y sobando mi vagina que ya se sentía caliente y humeda yo también le fui acariciando la verga que también estaba bien parada y pensaba lo que mi comadre se va a comer.

    Llegamos al bar y los compadres ya nos esperaban en una mesa, les dijimos que Roberto y Monserrat no pudieron venir, que les mandaban saludos y que nos pidieron divertirnos.

    Sixto llegó con un conjunto de pantalón y camisa blanca y Brenda con un vestido blanco corto también combinado con brasier tanga con liguero y medias negras, después me contó que fueron de compras a una tienda de lencería que Sixto insistió y el la escogió para que llegara muy sexy a coger con Julio, que solo de pensarlo y tocar las prendas en la tienda ambos se excitaron, le dije que a nosotros nos pasa lo mismo cuando salimos con nuestros amigos, que el preámbulo también nos excita y nosotros fuimos a una sex-shop pensando en agradar al compadre.

    Presente a mis compadres con Julio y nos sentamos yo a un lado de mi compadre y Julio al lado de mi comadre, pedimos la primera ronda y entre bromas y comentarios calientes pasamos a las caricias, el bar está con iluminación baja además que al estar abajo del hotel las parejas no guardan mucha discreción pues sabemos que casi seguro de ahí nos subimos al hotel a coger, mi compadre me puso la mano en las piernas y fue subiendo poco a poco hasta llegar a mi vagina frotando por encima del bikini, haciendo placentero sentir su caricia y sacándome suspiros ahogados, yo no me quedé quieta y también le acariciaba la verga que ya demandaba salida, Julio por su parte ya morreaba con Brenda besandola en boca cuello y atras de los oídos acariciando un seno con una y con la otra agarrándole la nalga ella a su vez le sobaba y agarraba la verga y devolvía pasión en el beso metiendo la lengua en la boca de Julio, empezó la orquesta a tocar música romántica y nos paramos a bailar, más que bailar morreamos al ritmo de la música, nos besamos, tocamos e insinuamos al oido lo que haríamos en el cuarto del hotel creando un ambiente de morbo y excitación anticipada, así estuvimos como hasta las 11 de la noche, mi comadre me pidió que fuéramos al tocador, ya adentro me pidió que les dijéramos a Sixto y a Julio retirarnos al hotel, pues ya sentía que no aguantaba y quería probar esa vergota de Julio que solo había tocado hasta ese momento, me dijo no te quedaste corta con la descripción, yo le pregunté y crees que te la puedas comer toda y me dijo que va a tratar, que de lo largo no tenía duda pues solo es un poco más grande que el de Sixto pero lo grueso le inquietaba saber hasta donde.

    Regresamos a la mesa y les pedimos pagar la cuenta para meternos al hotel, la cuenta la pagaron entre Julio y Sixto.

    Entramos al lobby del hotel y la encargada nos preguntó que si solo una habitación le dijimos que si, entonces nos cobró un extra por las dos personas excedentes pues la tarifa es solo por una pareja.

    En el pasillo hacia la habitación nos fuimos abrazados y ellos aprovecharon para agarrarnos las nalgas, Julio le dijo a Sixto, eres afortunado de tener una mujer con buenas y duras nalgas, Sixto le dio las gracias y le dijo disfrutarlas, como yo voy a disfrutar las de mi comadre que también están muy buenas la comadre siguió comentando, pues nosotras vamos a disfrutar de estos pitos también muy antojables.

    Entramos a la habitación y por la calentura acumulada lo primero que hicimos cada una fue quitarles pantalon y boxer para bajar a mamar sus vergas una al lado de la otra, tan cerca que de repente ambas chupabamos una de ellas y hacíamos que se retorcieran de placer cuando sentían ambas lenguas y bocas, mi compadre no perdía detalle de la forma en que la comadre trataba de meter en su boca la verga de Julio, y le gritaba vamos Brenda muestra lo puta que eres comiéndote ese pitote, y ella hacía lo posible por hacerlo sin lograrlo por lo gruesa que la tiene, yo me esmeraba con mi compadre pero notaba que se excitaba aún más cuando veía a mi comadre con Julio, así que lo siguiente que hice fue quitarme el vestido y el bikini y dirigir la cara de mi compadre a mi vagina muy junto a Julio y mi comadre para que mi compadre siguiera viendo a mi comadre quien también se quita el vestido y le pone los pechos a Julio para que se los chupe mientras ella con la mano lo masturba diciendo que rica verga tienes Julio, mientras mi compadre me pide que me ponga en cuatro para meterme su verga y no dejar de ver a Julio y a mi comadre, sentí como fue entrando poco a poco hasta llegar al fondo, apreté y afloje mis paredes vaginales en cada embestida para proporcionar más placer a mi compadre, mi comadre también paso a ponerse en cuatro junto a mí para esto, antes Julio se puso lubricante y se la fue metiendo poco a poco hasta llegar al fondo, que sorpresa para mí que mi comadre si le aguantó todo ese pedazo de carne y le gritó a Julio, ”dame, dame no pares siento que me partes» pero con un placer enorme, Sixto mi compadre no quitaba la vista de la casi nueva desfloración de mi comadre y le gritaba eso puta hazlo venir para que te inunde el coño de leche, yo no aguanté más y tuve varios orgasmos simultáneos junto con la venida de mi compadre que gritaba de placer, no sé si fue una reacción en cadena pero mi comadre también llegó al orgasmo varias veces y Julio que la tenía agarrada de las caderas soltó su carga de leche con un placer enorme que se reflejó en su rostro, distinto a la primera vez que se vino conmigo, creo yo, por haberla podido meter toda en la vagina de Brenda.

    Que intenso fue, paramos y nos recostamos para descansar un buen rato, nadie pudo decir algo, todos estábamos extasiados.

    Mi comadre fue la que inició se puso de rodillas a mamar la verga de Julio y aprovechar limpiar con su boca los residuos de leche, yo hice lo mismo con mi compadre hasta lograr nuevamente que se les paratan, Julio arrimo su rostro hasta mi vagina y me la empezó a mamar limpiando la leche de mi compadre, Sixto hizo lo mismo con mi comadre cerrando el círculo de placer, el olor a sexo estaba a todo lo que daba, mi compadre me acomodó de piernas al hombro para volver a meterlo, mi comadre puso a Julio boca arriba para montar en el esta vez con mayor facilidad pues su vagina ya estaba abierta, mi compadre ensayó varias posiciones conmigo me colocó ahora de misionero, después de tijera, después de chivito al precipicio haciendo la cogida más placentera, Julio también puso a mi comadre en otras posiciones para volver a montarlo, cuando estaban así se me ocurrió decirle a mi compadre que le hicieran una doble penetración y se le iluminaron los ojos, tomó el lubricante y lo embarro en el culo de mi comadre quien sorprendida puso resistencia solo por un momento ya que la calentura del momento la hizo aflojar para ser penetrada por mi compadre, le puso la cabeza de la verga en el ano y poco a poco se lo introdujo y repetía constantemente que «rico se siente el movimiento del pito de julio y el mío» ahora sí se te hizo Brenda, ya tienes dos pitotes en tus agujeros, disfrútalo mi vida, Julio también gozaba tenerlo todo adentro de mi comadre, fue tanta la pasión y el morbo que ambos se vinieron casi al mismo tiempo inundando de leche las dos cavidades de mi comadre, fue tal la intensidad que quedaron agotados los tres, para esto ya daban casi las cuatro de la mañana y nos quedamos dormidos hasta casi las 10 cuando sonó el teléfono de la recepción para pedir que nos retiramos o pagaríamos nuevamente, nos vestimos rápidamente y salimos, en el estacionamiento nos despedimos, le dije a mi comadre que en cuanto estén en Querétaro me hablara para saber que llegaron bien.

    Julio me llevo a casa y me dió las gracias por el encuentro, le encantó como coge la comadre y sobre todo que la aguantó toda, nos despedimos con un beso y me metí directo a bañarme y descansar de la intensidad de la noche.

    Roberto llegó más tarde y le platique con detalles, está vez aunque se calentó debido al cansancio de la manejada y yo por lo acontecido en la noche no cogimos, lo dejamos para después.

    Espero les haya gustado y sobre todo los haya motivado a coger con su pareja o mínimo se masturben.

    Háganmelo saber.

  • El rico culo de una cajera bancaria casada

    El rico culo de una cajera bancaria casada

    Por problemas crediticios y tributarios, la empresa en la que trabajaba me pidió utilizar mi cuenta bancaria para algunas transferencias de fondos.  Eran montos importantes, pero en aquella época el supervisor tributario no se fijaba mucho en esos detalles. Si usaban una cuenta de la empresa, el banco o la Sunat hubiesen incautado los fondos, lo que sería peor para todos.

    Todos los ocho responsables de sedes, empezamos a recibir en nuestras cuentas el dinero necesario para cubrir los gastos operativos de cada sede, los sueldos del personal local, alquileres, compras locales, etc. Eran dos transferencias mensuales con montos que sumados en un año ya eran muy significativos. En perspectiva me arriesgué pues pude tener problemas legales (lavado de activos) o tributarios (ingresos no declarados) felizmente nada de eso pasó.

    La sede donde yo trabajaba estaba ubicada en un pequeño pueblo andino. La oficina bancaria donde debía realizar los retiros era muy pequeña, con 2 ventanillas bancarias, pero usualmente sólo había una abierta, con una cajera. La otra ventanilla la habilitaban los días de pago de planillas a las empresas locales. Esos días ni me aparecía por el banco pues era un tumulto.

    Al tercer o cuarto retiro de mi cuenta me di cuenta que Andrea, la cajera, había pasado de una actitud fría, profesional y distante a una abierta cordialidad. Ya no me decía Sr. X (por mi apellido) sino Sr. Alonso, usando mi nombre. Me sonreía ya abiertamente y yo le seguía el juego. Un par de retiros pensé que le caía bien mi encanto y carisma personal, pero descarté rápidamente tan ingenua suposición.

    En el quinto o sexto retiro ella no aguantó las ganas y siendo el único cliente en ese momento me preguntó

    – ¿usted señor Alonso donde vive?

    – En el Hotel Mauri en la Plaza de Armas

    – Sí, lo conozco, íbamos con mi esposo cuando aún éramos novios (me enteré en ese momento que era casada)

    – ¿Tu esposo es de acá?

    – Sí, pero es ingeniero y está trabajando en Arequipa ahora, viene una vez al mes.

    – Debes extrañarlo mucho.

    – Sí, claro es terrible estar sola.

    – Yo estoy solo acá también, si te animas tomamos un café un día.

    – Lo siento señor Alonso, las personas hablarían mal.

    – Lo entiendo, no te preocupes.

    Seguí yendo quincenalmente a retirar el dinero para los pagos y conversábamos algunas palabras. Fluía la confianza, pero en un pueblo tan pequeño, era difícil que algo prosperara. Averigüé (indirectamente) quien era su esposo y era parte de una de las familias importantes del pueblo. Indagando un poco más me comentaron que ella era “una arribista bien casada”. Entendí que en una gran ciudad ya estaríamos cogiendo, pero no en un pueblo así de pequeño.

    La deseaba. Pero no me animaba a chocar con las familias importantes del pueblo. Ella deseaba al hombre que retiraba tanto dinero quincenalmente, pero no se animaba a arriesgarse. Estábamos en una encrucijada.

    Un sábado fui de paseo a un pueblo vecino. A poco más de una hora del pueblo donde trabajaba. Ubicado a unos 500 metros menos de altitud y con un clima más cálido. Había decidido pasar sábado y domingo allí para cambiar de aires. A la hora del almuerzo, en el restaurante del hotel, la vi.

    Estaba conversando con otra mujer joven, aproximadamente de su misma edad. Ella me vio y me hizo una señal para que me acercara. Fui hacia su mesa, y me presentó a su amiga. Habían ido ambas también a pasar el fin de semana. Coordinamos planes para esa tarde y el día siguiente e hicimos grupo.

    En resumen, tarde de tour, noche de cena y unos tragos. Ya con varios encima, en un momento que su amiga fue al baño, le dije “quiero dormir contigo”. Ella sin medias tintas me respondió “yo también”. Le pregunté por su amiga y me dijo “tranquillo, ella sabe que me gustas”.

    Regresó su amiga. Se dio cuenta lo que pasaba. Tomamos una ronda más y fuimos los tres hacia las habitaciones. El hostal tenía sólo dos pisos y estábamos en el mismo. La amiga entró a la habitación que compartían y Andrea se vino conmigo a la habitación.

    Me besó salvajemente, con una fiereza propia de quien moría de ganas por coger. La tiré a la cama. Me desvestí rápidamente. Ella no se sacó nada. Me puse al borde de la cama, con mi verga hacia su cara. La mamó con ansías, con mi mano desabroché su jean y con ayuda de sus piernas lo bajé. Quedó en una linda tanga de lencería, quizás regalo de su enamorado esposo, pues de esas no vendían en el pueblo.

    Por sobre la tanga sentí la humedad brutal de su coño. Mientras me la mamaba, la puse de costado e introduje dos dedos que nadaron dentro de ella. Al masturbarla ella empezó a gemir diciendo “me encanta, me encanta”. Quise separarme de ella y cogerla ya y ella me dijo “no, córreme”.

    Era delicioso que me la mame, de pie junto a su cabeza y masturbarla. Seguí y en unos minutos, ya con cuatro dedos nadando en su humedad, ella llegó. Yo seguía al palo, sin llegar.

    Ella soltó mi verga y me acomodé sobre ella y la penetré. Estaba salvajemente húmeda. La puse boca abajo. Baje besando su cuello y luego su espalda. Seguí bajando, besé y lamí sus nalgas. Las separé y comencé a lamerle el culo. Se veía muy muy cerrado. Podría haber dicho virgen. Pero la forma en la que gemía y disfrutaba me hizo pensar que le gustaba ser enculada.

    Subí sobre ella. Puse la verga en su ano. Ella me dijo “no, por favor no, mi esposo no me lo hace por allí”. Eso me terminó de poner a mil. El “mi esposo no me lo hace por allí” confirmaba mi sabia hipótesis que si lo había hecho por el culo y le daba el morbo brutal adicional de que su marido, el niñato rico del pueblo, no la enculaba. Sin esperar más palabras empecé a empujarla dentro de su ano.

    La sentí gemir y casi gritar, de dolor y de placer. Años que ese culo no había sido usado. Quizás por alguno o algunos de sus novios antes de casarse, pero en el matri y con su dulce niñato rico, virgen anal por un tiempo.

    – Que rico culo tienes amor

    – Ay me duele, me duele

    – Pero tu gusta puta

    – Si, si me gusta

    – Me encantas puta, como quería cogerte

    – Si soy una puta infiel

    – Si, eres una infiel, una zorra

    Entro toda y ella la aguantaba sin problema, comencé a moverme con violencia. Sentía placer en usar ese culo no usado por el marido. En usarlo y destrozarlo. Llegó y me dijo “para, para, ya no sigas”. Pero seguí y seguí. Se volvió a calentar y cuando estaba contrayendo y dilatando, palpitando para su tercer orgasmo, llegué.

    Durmió conmigo y desde ese día, hasta mi último día en el pueblo, fue mi amante. Y su amiga, nuestra cómplice.

  • Mi esposa me fue infiel con su entrenador

    Mi esposa me fue infiel con su entrenador

    Hace tiempo sospechaba que mi esposa me era infiel, pero jamás lo comprobé hasta aquellos días…

    Hola ¿Cómo están?, mi nombre es Gabriel y les platicare cuando descubrí a mi esposa cogiendo con otro hombre.

    Trabajo en una aerolínea importante de México con sede en la ciudad de México y soy mecánico de aviación, los que se dedican al rubro sabrán que muchas veces viajamos constantemente por cuestiones laborales pero en fin.

    Mi esposa de nombre Lisbeth con la que llevo casado 5 años y tengo una hija de 2 años, es una mujer que le gusta el GYM y las cosas fitness, y constantemente está en el gimnasio, yo jamás la celé ni le prohibí cosas por que confiaba en ella pero que equivocado estaba.

    Mi esposa es una mujer delgada de 1.70, con unas nalgas no grandes pero muy bien pronunciadas, y unas tetas medianas pero para su esbelta figura excitaría a cualquier hombre, ella acostumbra a vestir leggins y ropa deportiva muy ajustada y yo como buen hombre la consentía en todo y le compraba cosas.

    Siempre le cumplía en el sexo sus fantasías, alguna vez lo hicimos en los vestidores de una tienda departamental en la ciudad, pero hace 6 meses cambio mucho su manera de ser conmigo, ya no me dejaba tocarla y muchas veces se dormía con nuestra hija en su habitación.

    Yo también iba a ese gimnasio a donde iba mi esposa para mantenerme en plena forma e iba con mi esposa pero eventualmente evitaba ir en los mismos horarios que yo.

    Mi hija siempre era cuidada por mi prima que vivía a unas cuadras de mi casa cuando ella iba al gimnasio y yo me encontraba en el hangar o fuera en otro MRO reparando aviones que, cabe resaltar es mi pasión ya que no pude ser piloto.

    Hace 15 días coincidimos en el Gym mi esposa y yo y aprovecho para presentarme a su instructor, un hombre alto y de piel clara bastante musculoso usaba ropa deportiva y pues bueno… se le marcaba la herramienta.

    -Lisbeth: Amor quiero presentarte a Hugo, él es mi entrenador personal.

    -Hugo: Mucho gusto amigo me llamo Hugo, como te va?

    -Yo: Mucho gusto bien gracias veo que estas en plena forma…

    -Hugo: Gracias Men, cuando eres instructor tienes mucho tiempo para entrenar pero. Veo que tú no estás tan debilucho, ayer vi que levantaste 50 kg en pectoral, nada mal para un novato.

    -Yo: Gracias, pero no me gusta mucho el culturismo, anteriormente practicaba MMA pero cuando me gradué el colegio de aviación lo deje, solo hago pesas para no perder la condición.

    -Hugo: Que? Eres piloto?

    -Yo: No soy mecánico de aviación, bueno fuera si hubiera sido piloto

    -Hugo: Vaya eso es admirable jajaja, algún dia dame consejos para reparar mi coche jajajaja

    -Yo: Jajaja no es mi giro pero te puedo ayudar.

    -Hugo: Bueno déjame ponerle sus rutinas a tu esposa gusto en conocerte si algún día necesitas un consejo para mejorar tus rutinas avísame, no te cobrare jeje.

    -Yo: Igualmente y gracias, lo pensare.

    Yo estaba con mis rutinas pero podía ver en el espejo todo lo que hacían y decidí quitarme los audífonos para escuchar un poco mejor.

    Cuando ella estaba haciendo pierna el instructor la agarraba de la cintura y le pegaba la verga bajando lentamente junto con ella y ella solo se reía, cuando termino la serie ella tiro su teléfono y cuando estaba agachada alcance a ver a ese bastardo tocando desde debajo de la rajita de mi esposa hasta tocarle el culo. Ellos no se dieron cuenta que los vi así que siguieron, en eso veo que mi mujer le agarro la verga a Hugo sonriendo pícaramente.

    Yo estaba muy confundido por lo que vi e intente calmarme, ella se acercó y me dijo:

    -Amor voy a ducharme, me esperarías para irnos juntos y yo no tomar taxi?

    Yo solo asenté con mi cabeza y ella se fue corriendo y cuando note que ella subió y se abrazó de Hugo, no supe cómo reaccionar y baje al estacionamiento y fume un cigarro después de 2 años sin fumar.

    Pensé que solo estaba confundido y la espere para regresar a casa juntos, pero ella se tardó más de 40 minutos.

    Bajo ya duchada y subió sus cosas al auto pero note que su ropa interior la traía en su mano, una tanguita negra.

    Le pregunte:

    -Todo bien? Te tardaste mucho

    A lo que me respondió fríamente.

    -Sí, no salía agua caliente de la regadera y Hugo me ayudo.

    No le tome importancia y decidí dejar las cosas como están pero en el fondo pensé en la idea que ellos dos cogieron en la ducha.

    Un día me avisaron del centro de mando que tenía que ir a Querétaro a una capacitación referente a la aviónica de un nuevo avión y le avise a mi hermana que cuidara a mi nena porque Lisbeth iba a estar con su madre. Mi hermana me dijo que no había problema. En eso Lisbeth me dijo:

    Lis: Ya me voy a Gym hoy en la noche me voy con mi mama.

    Yo: Ya compraste el boleto de avión? No quieres que lo saque yo con mi credencial en la aerolínea?

    Lis: No gracias ya me lo compro mi mama.

    Ella se marchó y yo tome a mi hija y me fui con mi prima, una chica de apenas 19 años quien quería a mi hija como si fuera suya. Mi prima siempre me hacía insinuaciones un poco subidas de tono.

    Cuando llegue con Marisol (mi prima) recibió a mi hija con un fuerte abrazo y nos pasó a su casa.

    Marisol: Hola primito como estas (Saludándome de beso y un abraso que pude sentir sus pequeñas tetas)

    Yo: Bien Mary gracias y tú.

    Marisol: Bien Gaby, donde está la bruja de tu esposa? (Lisbeth siempre le cayó mal)

    Yo. Se fue con su mama:

    Marisol: Que pena, si yo fuera tu esposa te esperaría en casa con una faldita y te daría muchos masajitos jeje.

    Yo: No mames Mary jeje

    Des pues de unos minutos me fui dándole las gracias a mi prima.

    Me fui apurado al aeropuerto para no llegar tarde pero para mí fortuna cuando llegue, todos estaban en grupo con el jefe de área diciendo que se había cancelado el curso y la notificación de 2 días libres para cada 1.

    Todos nos fuimos a un bar que estaba cerca del hangar para relajarnos y platicar.

    Ya eran las 9 y decidí regresar a mi casa y recoger a mi niña así que opte por dejar primero mi maleta e ir por mi niña para llevarla a comer a algún lado.

    Cuando el taxi llegaba a mi domicilio note que la luz de la habitación estaba prendida.

    Así que entre pero estaba escuchando ruidos en la escalera así que me fui sigilosamente, encontré unos tenis de hombre en el camino y escuche la voz de mi esposa. Me quede frio, escuche a mi esposa decir –Ya quiero que me la metas toda como cuando me cogiste en las duchas del Gym mientras mi esposo esperaba-

    Ellos dos subieron dejando un rastro de ropa por las escaleras y yo me acercaba lentamente a pesar de la rabia que sentía, pero al mismo tiempo estaba excitado.

    Mi esposa estaba vestida don un mini vestido con tacones y Hugo traía camisa y pantalón de vestir, ellos habían salido a divertirse malditos bastardos.

    Cuando entraron a la habitación note que el hombre que se iba a coger a mi esposa era Hugo su instructor quien solo tenía un bóxer puesto.

    Hugo se sentó en la cama y comenzó a besarle el cuello a mi esposa mientras le levantaba la falda y poco a poco fue bajando la mano hasta llegar a su rajita, le quito su falta lentamente hasta solo quedar en tanga y tacones, sus pezones estaban muy duros.

    Yo contemplaba con rabia y excitación esa escena y quise ver como acababa antes de explotar.

    Hugo bajo lentamente su tanga hasta quedar completamente desnuda, solo con sus tacones y el bajo lentamente chupando sus tetas hasta llegar a su clítoris, el lamia desde atrás hacia adelante y mi esposa solo gemía de placer mientras le agarraba el pelo a su amante, cuando la volteo note que tenía su vagina afeitada, no puedo creerlo, ella nunca se afeito ni cuando yo se lo pedí.

    El lamio su ano lentamente y mi esposa tenía los ojos blancos mientras gritaba su nombre, él se volvió a sentar en la cama y mi esposa se arrodillo bajándole el bóxer dejando su miembro al aire.

    Era grande, yo jamás me queje de m tamaño porque es un poco más del promedio pero parecía que estaba decidido a partir a mi esposa.

    Lisbeth tomo el miembro y se lo chupo de una marera desenfrenada, intentaba comérselo todo pero solo se quedaba a la mitad, debo de admitir que el bastardo de Hugo parecía actor porno.

    El la levanto y le dijo:

    -Hoy serás mi perra.

    A lo que ella contestó

    -Sí, trátame como a tu puta.

    La puso en cuatro y le dio unos últimos lengüetazos, puso su herramienta en la rajita de Lisbeth y se la metió de una manera brutal, escuche a mi esposa gritar como nunca mientras él lo embestía, jalándole el cabello ella solo pujaba y gemía de placer sin decir nada, cambiaron de posición y se subió encima de ella, y le dijo,

    -Esta noche te correrás dentro de mí y me embarazaras, quiero un hijo tuyo quiero toda tu leche dentro de mí.

    El solo la beso apasionadamente en una batalla de lenguas entre ellos 2, ella lo monto metiéndose esa verga y cabalgo como loca gritando

    -Hugo te amo, te amo

    Y él no respondía solo le callaba a besos.

    Cambiaron de posición y la puso frente al espejo, se la comenzó a meter mientras que con una mano la dedeaba y con la otra le abarraba las tetas, debo admitir que fue glorioso.

    Él se vino dentro de ella y cuando eso paso mi esposa gimió demasiado alto soltando un chorro desde su vagina mesclado con la leche de su amante.

    Se acostaron un momento en la cama, yo tenía una erección de aquellas pero intente contenerme.

    Así que entre a la habitación a confrontaros.

    Ellos se quedaron petrificados más por que traía una pistola en la mano, mi esposa intento explicármelo todo:

    Lis: Espera amor no es lo que tú crees, que haces aquí?

    Hugo: No bro espera, no vayas a cometer una pendejada perdóname de verdad.

    Yo: Que hago aquí, pendeja porque me preguntas eso esta es mi casa, el curso se canceló, ya veo la prisa que tenías para salir de casa. Yo te di mi corazón y tú lo pisotease.

    Note que Hugo tomaba sus cosas y le apunte con mi arma

    Yo: A dónde vas pendejo ¡siéntate!

    Hugo: Tranquilo no quise hacerlo.

    Yo: Todavía no acabo contigo… siéntate en el sillón de la esquina del cuarto.

    Le dije a Lisbeth:

    Yo: Rompiste mi corazón ahora yo te romperé el culo. Recuerdas que siempre me lo negabas??

    Lis: Amor espera sé que estás enojado pero…

    Yo: ¡Cállate! y ponte en cuatro frente a Hugo, se la chuparas mientras te cojo por el culo maldita puta.

    Ella accedió con lágrimas en los ojos susurrándome “perdóname”

    Me baje el pantalón y le dije:

    Yo: Comienza a chupárselo, querías sentir que es ser una puta y yo te mostrare el camino.

    Ella comenzó a metérselo a la boca y yo con pistola en mano me agarre la verga con la mano izquierda apuntando al ano de mi mujer y se la metí sin piedad, esa sensación cuando trono jamás la olvidare.

    Ella grito intentando moverse pero la agarre y le dije a Hugo – Agárrala bien cabron”

    Yo me movía como nunca, fue una sensación de amor/odio mientras yo le gritaba:

    .Te diviertes? Te encanta? Yo sé que si porque eres una puta

    Ella me gritaba

    -Para amor me duele, ya no puedo perdóname por favor.

    Mientras tenia le Vega de Hugo en la cara

    Yo le decía:

    -Que se siente culera? Que te rompan algo – mientras reía y disfrutaba.

    Hugo estaba frio sin decir nada y lo veía apuntándole a la cara mientras le decía.

    -Que pasa hermano?? No la querías disfrutar?? Adelante

    Mientras se la metía brutalmente le jalaba los cabellos hasta que me vine en su culo.

    Mi leche se mezcló con la de aquel cabron mientras escurría del culo y de la vagina

    Me levante más relajado y le dije a Hugo mientras le sacaba el cargador y la bala a mi pistola

    -Vístete hermano y llévate a esta puta contigo por que por lo visto vas a tener un hijo con ella, yo solo deseo de verdad que no te la aplique como a mí, esta vez me ganaste, no sé en que falle pero este dolor no te lo deseo ni a ti-

    El me vio y me dijo:

    -Perdóname de verdad, me deje seducir por ella.

    -Ya lárgate no quiero escucharte- le dije mientras sacaba la ropa de mi mujer aventándosela en el piso.

    Ella suplicaba que no la dejara.

    -Perdóname Gabriel pro favor yo te amo a ti.

    Yo le dije:

    -No te quiero ver cerca de mi hija, no quiero que una puta como tú eduque a mi hija, ella no será como tú-

    Tomo sus cosas llorando y diciendo que la perdonara.

    Llore como nunca pro eso y gracias a mi prima Marisol pude recuperarme (pero esa es otra historia espérenla)

    Lo último que supe de ella es que Hugo la abandono con el hijo que tuvieron y hasta la fecha intenta volver conmigo pero, ya tengo a mi prima que más que mi prima y la niñera de mi hija, se esforzó para ser mi mujer.

  • Recuperando el tiempo perdido

    Recuperando el tiempo perdido

    El móvil vibró sobre la mesita. Reme lo ignoró y siguió intentando alojar los veintiún centímetros de carne en sus fauces, de tal modo que su boca iba segregando babas sistemáticamente al querer acaparar la magnitud del chaval. Una cosa era pretenderlo, y la otra lograrlo, y estaba claro que, por mucho empeño que pusiera, era una proeza impracticable, con lo cual, tras el infructuoso esfuerzo decidió relajar sus mandíbulas y seguir lengüeteando la cabeza morada. Minutos después, un potente y sonoro chorro de leche explosionó en sus labios. Reme abrió la boca y le aplicó enérgicos meneos al cipote hasta que el joven vació sus reservas, después lo miró a los ojos, cerró la boca y se tragó su esencia. El muchacho, con la cara descompuesta por el placer articuló una gozosa sonrisa.

    —Menuda mamada, Reme, —manifestó, mientras recuperaba el resuello.

    Ella lo tomó como un cumplido, pues el hecho de complacer al yogurín le congratulaba, sin mencionar el placer que el joven le dispensaba cada lunes, después de dejar a sus dos nietos en el colegio. Era una rutina que venía ya cumpliendo rigurosamente durante dos meses y no se la saltaba aunque lloviera, nevara o cayeran chuzos de punta. Con sesenta años era el mejor sexo del que había disfrutado jamás. Ni siquiera el de sus años mozos podía comparársele. Una adolescencia marcada por convicciones de unos padres demasiado conservadores, un noviazgo reducido a poco más que besos y alguna que otra caricia más allá de lo permitido, y por último, un marido moralista y sobradamente convencional, fueron excesivas trabas para poder explayarse en el disfrute durante años.

    Diego era uno de los dos inquilinos del piso de abajo. Lo compartía con otro compañero de facultad para que el alquiler resultase más asequible a los padres. Paralelamente, ejercía de vivienda, lugar de estudio, punto de encuentro y picadero, de tal modo que cada lunes se saltaba unas clases que no le interesaban y atendía a la casera que le exprimía la leche como ninguna niñata con las que follaba. Su morfología distaba mucho de la de una top model, ahora bien, sus abundantes carnes todavía conservaban las sugerentes curvas como para que Diego se deleitara con su culazo y dos joyas dignas de una corona.

    El compañero de Diego estaba en la facultad a esas horas, y el marido de Reme salía de buena mañana con el camión de reparto para regresar por la tarde, en tanto que ella acompañaba a los nietos al colegio, disponiendo del resto de la mañana para deleitarse con el joven que la encumbraba a las más altas cimas del deleite, y después de más de dos horas del mejor sexo, subía a su piso, cogía sus cosas y regresaba con la sonrisa puesta a recoger a los niños, esperando anhelante la siguiente semana.

    Reme se incorporó, cruzó la pierna por encima de Diego y lo montó, a continuación se apoderó del miembro morcillón, le dio unos meneos para endurecerlo y se lo introdujo con cierta dificultad, dada su flacidez. Sin soltarlo de la base inició una lenta cabalgada notando como ganaba firmeza en su interior hasta sentirlo completamente rígido, luego aceleró el ritmo progresivamente con movimientos pélvicos que se intensificaban por momentos.

    El muchacho se apoderó de las tetas de la madura apretándolas con firmeza, —como si quisiera ordeñarlas—, seguidamente introdujo la cabeza en el canal, quien sabe si para perderse en él o para no dejar ningún recoveco por lamer. Luego pasó a sorber y mordisquear los pezones, mientras ella saltaba alegremente sobre una polla impregnada de sus caldos.

    Los gemidos de Reme se acentuaron en cantidad, intensidad y volumen en busca del segundo orgasmo de la mañana, pero el teléfono volvió a vibrar y le hizo perder la concentración, y con ello, el clímax se escabulló como una sombra entre la niebla. Despotricó por lo bajo y reemprendió la cabalgada en busca de su placer sin que el móvil dejase de importunar.

    —¿Quieres contestar? —le preguntó Diego.

    —No, —respondió tajante.

    —Puede que sea tu marido, —añadió.

    —Que le den… ¡Fóllame! —le exigió dándose la vuelta y colocándose a cuatro patas.

    El muchacho admiró boquiabierto las insinuantes posaderas completamente a su merced. Se acercó con la verga en la mano y la deslizó en la gelatinosa raja hasta que su pelvis topó con sus nalgas. Aun gimiendo de gusto, la madura le reclamó más contundencia con acompasados movimientos de caderas. El joven se dio por aludido y aumentó el ritmo de la cópula, con lo que un sonoro chapoteo acompañó a los jadeos de los dos amantes. El teléfono vibró de nuevo y se unió a la sinfonía, añadiendo un nuevo acorde discordante que Reme trató de ignorar hasta que las vibraciones provocaron que el aparato se precipitara al suelo. Finalmente dejó de sonar cuando el impacto hizo saltar la tapa y la batería. Ni siquiera entonces le prestó atención, lo único que le interesaba en ese momento era la verga que amartillaba su coño con persistencia y se le clavaba hasta el tuétano.

    Diego extrajo el miembro y se oyó un sonoro pedo, a continuación lo alojó entre las nalgas, después cogió cada una de ellas y lo aprisionó deslizándolo repetidas veces por la regata.

    —No me tortures y métemela, cabrón, —le recriminó.

    El muchacho sonrió sabedor del placer que le daba a su casera, y no puso ninguna objeción para acatar su orden, ahora bien, no lo hizo al pie de la letra. Posó el glande en el ano y presionó ligeramente. Reme se quejó y emitió un leve grito. Era la primera vez que el pequeño orificio recibía la visita de un invitado. Nunca antes había considerado practicar el sexo anal, y menos con un huésped de semejante calibre. Sintió una punzada de dolor cuando presionó, y con cada centímetro que se adentraba en su interior el tormento se incrementaba.

    —¡Para!… que me haces daño, —se quejó.

    —Me estabas pidiendo polla, Reme. No me vengas ahora con remilgos, —le reprochó obviando sus quejas.

    —Pero no por ahí, —gritó sabedora de que no iba a detenerse y por esta razón apretó los dientes y aguantó estoicamente a la tuneladora que pretendía abrirse camino en sus esfínteres. Cogió la almohada y la mordió con saña, hundiendo la cabeza en ella durante un breve periodo de tiempo hasta que un liviano placer asomó dispuesto a mitigar el suplicio. El joven sacó la verga del ano y la madura experimentó cierto alivio, pero sólo por un instante. A continuación, su empotrador escupió reiteradas veces en el miembro y se esparció la saliva para lubricarlo. Sintió el impacto de otro escupitajo en el ano y se la volvió a ensartar de forma lenta, pero sin pausas. Reme gritó de nuevo, a su vez, —cuando Diego empezó a percutir—, un singular placer se asoció con el tormento, en espera de que éste último fuese remitiendo, por lo que asomó un indicio de goce con la enculada que el niñato le estaba dando, de tal manera que pronto sus quejas transmutaron en gemidos placenteros.

    —No me digas que no te gusta, Reme, —articuló resoplando como un toro.

    —Me has roto el culo, cabrón, —se defendió.

    —Si quieres te la saco…

    —Ahora ya me has abierto en canal. ¡No pares!

    El sonido de unas fuertes nalgadas resonó en la habitación y Reme culeó a ambos lados disfrutando de la sodomía. Las nalgadas resonaron con más fuerza y el placer se intensificó. Diego la cogió del pelo a modo de riendas mientras la cabalgaba, y con la otra mano siguió atizándole hasta dejarle la nalga en carne viva. La mujer deslizó sus dedos por debajo para alcanzar su clítoris a fin de incrementar el goce, entonces, el esquivo orgasmo regresó con renovadas fuerzas haciéndola gemir de gusto en una mezcla de placeres de distinta índole. El joven semental la acompañó en su orgasmo finalizando ambos al unísono, y en unos últimos golpes de riñón depositó los rezagados restos de su simiente en los esfínteres de Reme. Después quitó el tapón y se dejó caer a un lado sudado y extenuado.

    Reme se quedó tendida boca abajo completamente satisfecha, aunque un poco dolorida.

    —¿Qué me dices? —preguntó él, orgulloso de su papel como semental.

    No podía negar que lo había disfrutado, pese al suplicio inicial.

    —Casi me rompes el culo.

    —Pero ha merecido la pena, ¿no?

    —Sí, —le respondió acompañando su respuesta con un beso afectuoso.

    —No me digas que no merezco un descuento en el alquiler.

    —En verdad te lo mereces, cariño, pero mi marido se daría cuenta, sin mencionar el hecho de que eso significaría que estaría pagándote por este momento, —le hizo saber al mismo tiempo que le pellizcaba la mejilla.

    —Pero a ti te encanta, Reme.

    —¿Acaso a ti no? —añadió ella.

    —Por supuesto, —tuvo que admitir. Para él también era un sexo de diez.

    Ella le sonrió y se levantó para lavarse. Cuando se sentó en el bidet unas punzadas en su esfínter le recordaron los excesos.

    Al regresar vio al joven tumbado en la cama y dispuesto de nuevo haciendo gala de una erección desproporcionada, mientras su mano subía y bajaba del cimbrel. Reme lo contempló y se relamió el labio superior admirando al efebo que tenía a su disposición cuantas veces quisiera, no obstante, ella precisaba de una tregua antes de reanudar la batalla.

    Al acercarse a la cama pisó la tapa del móvil que había ignorado hasta el momento y confió en que no se hubiese roto. Puso la batería, después la tapa y lo encendió, introdujo su contraseña y saltaron cuatro mensajes de texto notificando las cuatro llamadas perdidas de su marido y pensó que debía llamarle por si había habido algún contratiempo en el viaje, pero antes se sentó en la cama y respiró profundamente hasta serenarse.

    Diego le cogió la mano y la posó en su polla erecta al mismo tiempo que sonreía ante una situación que para él era hasta graciosa, si bien, añadía el acicate del morbo, ya de por sí manifiesto. Reme le devolvió la sonrisa sin soltar la polla. Pulsó el icono de llamada y a los pocos segundos escuchó la voz de su marido.

    —¿Pasa algo? —le preguntó sin dejar de masturbar al joven.

    —Nada. ¿dónde estás? —preguntó él.

    —En casa, —mintió.

    —Como no cogías el teléfono…

    —Estaba secándome el pelo. No lo habré oído, cariño, —se justificó guiñándole un ojo a Diego sin dejar de mecer el falo.

    —Las últimas llamadas me advertían de que estabas fuera de cobertura o con el teléfono no operativo.

    —Pues no lo sé. Habrá un problema de señal. ¿Qué quieres que te diga? —añadió.

    —¿Puedes hacerme un favor?

    —Claro, dime, —respondió con naturalidad.

    —En el escritorio hay una factura que me urge para hacer una entrega. Necesito que me digas el número.

    Reme soltó el miembro erecto y se incorporó rápidamente para vestirse. Él muchacho siguió masturbándose mientras contemplaba su nerviosismo, intuyendo que tendría que terminar la fiesta solo.

    —Dame unos minutos y enseguida te lo digo.

    —Está bien. Espero.

    — Cuelga. Yo te llamo en unos minutos.

    —No. Te espero que voy conduciendo.

    —Ok. Te pongo en manos libres.

    Reme echó un fugaz e infructuoso vistazo en busca de sus bragas y prescindió de ellas. A continuación se puso la falda, el sujetador, el suéter, y por último se calzó los zapatos para despedirse en un silencioso gesto con el cual le comunicaba a Diego que regresaba en breve. Salió por la puerta y subió por las escaleras para ir más rápido.

    —¿Vas a decirme el número o qué? —preguntó impaciente.

    —Ya voy, ya voy. No seas impaciente, protestó al tiempo que abría la puerta. Después se apresuró por el largo pasillo en dirección al escritorio.

    —¿Dónde está? —preguntó antes de entrar en el estudio y escuchándose ella misma a través del móvil, lo cual le ocasionó cierta perplejidad que se resolvió cuando entró en la estancia. Su esposo la esperaba sentado, con sonrisa ladina y teléfono en mano.

    —En el primer cajón de la mesa, —contestó señalándoselo, mientras ella quedaba petrificada.

    Reme enmudeció y, aunque, aparentemente aún no sabía nada de su adulterio, resultaba evidente que había mentido de forma desvergonzada.

    —¿Qué haces aquí? —preguntó como si fuese él el infractor —por estar allí—, y no ella.

    —Estoy en mi casa, —respondió.

    —¿Y a qué ha venido todo ese cuento de la factura?

    —Permíteme hacer un poco de teatro, aunque no logre, ni de lejos, acercarme a tu maestría, pero no te preocupes, no voy a escandalizarme, ni a embarcarme en una gresca. Ha sido tu elección y la respeto.

    —¿Qué estás diciendo? —preguntó haciéndose la ingenua.

    —No hace falta que disimules. Sé que te follas a nuestro inquilino. Este es el tercer lunes que llevo observándote, pero quería estar completamente seguro antes de tomar una decisión. Hoy ya te he visto entrar de forma descarada después de dejar a los niños, incluso desde aquí se escuchaban tus lujuriosos gritos.

    Reme quedó traspuesta. Cualquier excusa que intentara resultaría estéril e infundada.

    —Sólo dime una cosa. ¿Por qué?

    Reme procesó la pregunta e intentó meditar la respuesta. En el fondo sabía que sus motivos justificaban sus actos, pero se decantó por el silencio.

    —¡Responde! Creo que merezco al menos eso, —le exigió, y al ver que continuaba con su mutismo cambió de tercio.

    —Encima con un joven que bien podría ser tu hijo, —dijo con desdén. —¿Por qué? —volvió a insistir.

    —No quieras saberlo, —replicó por fin.

  • La masajista (Capítulo 3): Majo

    La masajista (Capítulo 3): Majo

    Ring – Sonó el timbre de la puerta. 

    – Del cielo a la tierra sin solución de continuidad – dije y reímos ambos, pero por un segundo.

    – ¿Quién es? – pregunta Juli.

    – Majo, Juli. Me adelanté un poco. – Nos miramos. Estábamos absolutamente cubiertos de ese aceite espeso y denso. Un enchastre, en rigor.

    – Bueno, que carajo. Al fin y al cabo esto se trata de pornografía. – dice Juli, se levanta, prende la luz, y la hace pasar a Majo.

    – ¡Ahhh bueno! ¿Interrumpo algo? No, no interrumpo nada. Te chorreo semen a la pierna Juli – rio – ¡pero esto fue una bacanal!

    Ya me había puesto de pie, casi resbalando con el aceite (si, hasta las plantas de mis pies estaban con aceite).

    – Majo, Edu – dice Juli presentándonos.

    – Hola Majo – y la beso en la mejilla.

    – Ehhh, bueno – comienza Majo.

    – Y nada – dice Juli, apartando el tatami a un rincón – ponéte cómoda – agrega señalando la banqueta.

    Yo me acomodé la única silla que había comprado para ahí, la cual había elegido por ser de metal y cuerina fácilmente lavable previendo su función, por lo que no me preocupó usarla como estaba. Juli me dijo “¿y yo?” solo con la mirada, y se sentó en mi falda, rodeándome con el brazo, aunque tuve que sostenerla un poco de la cintura, porque se me resbalaba. Hablamos con Majo un rato. Nos metimos tanto en la conversación al punto de olvidarnos de que estábamos desnudos. Majo era desinhibida y guarra; y pronto pude entender que la forma natural en que se tomó esa entrada que para otro hubiera resultado incómoda era compatible con su personalidad. Se entusiasmó con lo que tenía que hacer. Evidentemente la excitaba. El único punto áspero fue el tema de que iba a ser una performance sin preservativo. Por lo que quedamos que le pedíamos una rutina de laboratorio de ETS reciente a cada chico. Excusas para no levantar sospechas había un montón. Y ella traía la suya claro. Quedaría atenta para un posible “debut” el martes o miércoles.

    – ¡Listo entonces! – dijo Majo.

    – ¡Pará!, ¿Cómo listo? – la frena Juli.

    – ¿Qué falta?

    – Falta que Edu te vea.

    – Que me ve… Ahhh. Tenés razón – señalándola con el dedo. – ¡Música de striptease! – ordena.

    Majo era una bomba pelirroja de 30. Ojos celestes, altura mediana y tetas turgentes del tamaño de pomelos. Mujer de curvas, pero no gorda. Todo firme y en su lugar. Y por supuesto, las pecas que siempre acompañan y tan bonitas les quedan a las coloradas, y denuncian que el color de pelo es natural, más allá de que Majo – lo vería en breve – conservaba una pequeña tirita de vello púbico sin afeitar. Una suerte de declaración. “ES mi color de pelo, ¿entendés?”. Al ritmo sensual de la música que puso Juli, comenzó a quitarse lentamente el vestidito corto y suelto que traía, revelando su ropa interior de encaje negro. Ninguna improvisada. Sabía lo moverse y bailar. Y desvestirse. Ya desnuda, solo con sus zapatos negros de tacos altos, su danza siguió sobre la baqueta, y empezó a acariciarse y a tocarse, y continuó hasta chupar sus dedos con ademán lujurioso, para luego abrir sus piernas hacia nosotros y metérselos en la concha. Terminó la música.

    – ¿Qué te parece Edu? – pregunta con mirada de devoradora de hombres.

    – ¡Muy Bien! – le responde Juli antes de que yo reaccionara.

    – Edu, no vos.

    – Estoy sentado sobre su respuesta y te digo que muy bien. – Cierto, a pesar de haber acabado hace unos 30 minutos el striptease me había puesto al palo. Con cierta malicia, Juli se levantó y me dejó expuesto.

    – Bueno, no soy de fierro chicas… -comienzo a justificarme.

    – ¿Y qué hacemos con eso? – pregunta Majo.

    – Vos no sé. Yo voy a buscar la cámara. ¡Tengo que practicar!

    Nunca entendí si era un plan, o simplemente un entendimiento tácito entre amigas. Pero sí entendí que no me disgustaba en lo absoluto. Juli volvió con la videocámara, colocó y encendió algunas luces disponiéndolas como le había enseñado, y se puso en el papel de directora.

    – Arrancamos con oral – instruyó.

    Me acerque a Majo, que estaba sentada en la banqueta, y me tomó en la boca sin más trámite. Su destreza era soberbia. Un pete jugoso, voluptuoso.

    – Mas de costado, se tapan entre ustedes. Edu, apoyá tu rodilla izquierda en la banqueta – dijo Juli – ¡Ahí!

    Majo prosiguió varios minutos, y yo le acariciaba por momentos una teta. En eso empujó hasta el fondo y comenzó a hacerme garganta profunda. No acabe ahí, solo por el polvo anterior.

    – Vamos con un poco de misionero.

    Se quitó los zapatos y se recostó con el culo hacia el centro de la banqueta, levantando sus piernas hasta el pecho. Me acomodé abriendo mis piernas flexionadas lo más que pude, y la penetré, a lo que respondió con un grito de placer. Estaba bastante mojada, y su concha no era estrecha, más bien amplia. Casi cómoda. Comencé a bombear en esa posición y ella a gritar. Era, en consonancia con su personalidad, muy verbal en el sexo. “¡Dale cogeme!” “¡Así, así!” “¡más, mas!” repetía incansablemente entre gritos y gemidos. Aunque un resultaba poco exagerado en esa pose. Esta, que es bien popular en las películas porno, probablemente por dejar bien expuesta la penetración – de hecho Juli se había arrodillado al lado mío en la banqueta para tomarnos mejor – era una cagada de incómoda, mis movimientos torpes no se correspondían con la verbosidad de Majo

    – Dale, fuerte – dice Juli.

    – Che, no tengo físico de pornostar. Ya me duele todo. – en parte, no era tan malo esto. Me ayudaba un poco a controlar mi excitación. No fuera a ser que esto se acabara demasiado pronto.

    Seguimos varios minutos, y Juli decidió que ya era tiempo de otra posición.

    – “Reverse Cowgirl” – apeló al anglicismo.

    Me senté en el borde y me recosté. Majo se colocó sobre mí y guió la penetración con una mano, asegurándose de mostrarla bien a la cámara. Se recostó hacia atrás sobre sus brazos y comenzó un bombeo pertinaz. Le acompañan las caderas con mis manos, sujetas a su carne tersa y consistente. Cuando se cansó se recostó sobre mí, y manoseé con fruición sus tetas ahora a mi alcance. Corrí mi cola hacia fuera del borde de la banqueta y la incorporé, con la idea de hacer lo de las películas: ella quieta y yo bombeándola fuerte desde abajo. Pero me salió para el culo, ya que no conseguía mover mi pelvis y todavía resbalaban mis pies. Nos reímos los tres.

    – Ahora chupásela – me dice Juli a mí.

    Bien. Ya se me estaba complicando no acabar. Me siento en el piso, Majo en el borde de la banqueta y entro a comerla. Majo acusó el contacto con un gemido fuerte, se tensó y agarró mi cabeza con una mano. Con la otra se sostenía atrás, para no estar completamente recostada y mostrar mejor sus lolas a la cámara.

    – ¡Ah bueno!, ahh ca… caramba! ¡ahhh! ¡Esto es cosa seria! ¡esto lo hacés de puta madre! – gritaba, gemía y se contorsionaba.

    – Ché pero déjenme un acercamiento. – dijo Juli.

    A partir de allí se dio una situación bastante particular en la cual por momentos alejaba mi cara hacia un costado y le lamía el clítoris con la punta de la lengua y en otros, enterraba mi cara en su concha con jugando más intensamente sobre su botón mágico y también entrando en su vagina. Claro, esto último acompañado por gritos y contorsiones. Así se estaba aproximando Majo al orgasmo cuando Juli pide que se ponga arriba mío. Dejo mi faena al instante y sentí que Majo golpeaba con un puño la superficie acolchada. Me puse de pie, la ayudé a ella a hacer lo mismo, me acosté en su lugar y se montó encima. La cópula siguió ahora desenfrenada. Majo se movía con ferocidad y hasta traspiraba. Le pellizqué sus pezones, duros como acero. Le estrujé las lolas. También se recostó sobre mí y la bombee yo, esta vez con mejor resultado, mientras Juli nos filmaba ese ángulo. Se incorporó nuevamente y movió su pelvis furiosa hacia adelante y atrás. Su orgasmo se aproximaba nuevamente. Y el mío más rápido aún.

    – Perrito! – anunció Juli.

    Pero Majo no paraba. Me incorporé bloqueándola y la levanté, o le eyaculaba ahí mismo. Frustrada se puso en cuatro y la volví a penetrar. Me quedaba muy cómoda esa posición, con un pie en el piso y una rodilla en la banqueta. Entre a bombear agarrándola de las caderas. Gritaba.

    – ¡Dale! ¡Damelaaa! ¡Mas fuerte por favor! – y gemía y gritaba – ¡acabo, acabo, no pares!

    – ¡Acabada en la boca! Ordenó Juli.

    Pero definitivamente no era un pornostar. No pude retener más mi clímax. La saqué, y le acabé en la espalda. Majo se quedó rígida y emitió un gemido largo, como un quejido, un lamento quizás. Había quedado al borde. No dude y la volví a penetrar.

    – ¡Si, si!! – gritó con felicidad. ¡Ahhh!!!

    Unas embestidas más la empujaron por el borde. Sus piernas temblaron fuerte mientras contenía la respiración. Exhaló cuando su orgasmo cedió y se dejó caer hacia adelante.

    – Gracias. – dijo respirando agitada – Creo que te cagaba a trompadas. Los cagaba a trompadas – agregó mirando a Juli a quien una sonrisa picara iluminaba el rostro. – porque vos, me cortaste al menos una vez. ¡A sabiendas y a propósito!

    – Bueno para debut nada mal – dije yo. – hay que ver cómo le fue a la camarógrafa.

    – Eso después, primero una ducha.

    Nos bañamos los tres juntos mientras hablábamos alegremente de tonterías. O casi juntos, porque no entrabamos los tres en la ducha del pequeño baño a la vez. Nos vestimos, Majo se despidió y se fue, y nosotros nos quedamos ordenando mientras el crudo del video bajaba a la notebook. Salimos hacia las nueve.

    – Tengo hambre. ¿Cenamos algo? ¿O tenés que hacer?

    – Nada. Dale.

    Fuimos a un restaurante lindo en la calle Arcos. Pedimos una parrillada de pescados y mariscos con un chardonnay.

    – ¿Nunca estuviste en pareja? – disparó, ya terminando la primera copa de vino.

    – Si… no, no realmente. Fueron noviazgos cortos, y no estaba realmente enamorado. Me cuestan mucho las relaciones. Todas las relaciones. A veces prefiero quedarme un fin de semana entero encerrado en casa armando mis modelos de barcos y escuchando música. El boliche no me gusta… en fin. Además soy un gordito de cero pinta.

    – No sos feo y menos gordo. Estas descuidado, y esa pancita es de no hacer ningún ejercicio. Si salieras a correr tres veces por semana y compraras ropa con un poco más de onda y serías un bombón. ¡Y además coges bien, boludo! Esto último bajando la voz.

    – ¡Exagerada! – dije sonriendo, e hice una breve pausa – ¿Y vos? ¿Te enamoraste alguna vez?

    – ¿Para qué?… ya sabes mi tema. ¿Para qué me dejen por frígida? ¿Y ahora encima puta? – me miro con ojos vidriosos. Bebió un sorbo de vino y se armó de vuelta. – Si era Diana Krall ¿te gusta? – cambió de tema.

    – ¡Si!, a ver, dejame ver que hay en tu iPod.

    Hablamos de música, hablamos de cine, hablamos de viajes y lugares lindos. Al postre siguió un par de coctails y luego otro más.

    – Estamos cerrando – interrumpe el mozo.

    Sin darnos cuenta, se habían hecho las 3 am, y solo quedábamos nosotros en el restaurant. Caminamos las diez cuadras hasta su casa en la noche templada y agradable. Al llegar caí en cuenta que inconscientemente nos habíamos entrelazado con el gesto quizás más tonto, pero a su vez el más profundo: caminábamos de la mano. Nos paramos frente a frente en la puerta de su edificio. Me dio un beso robado, me miró con ojos agridulces, y entró.

  • Shhh, solo es sexo

    Shhh, solo es sexo

    El verano está en su pleno apogeo, las calles de la urbanización desiertas a las cuatro de la tarde, el silencio roto por algunos pájaros que pían y vuelan en círculos buscando alguna sombra que les cobije del ardiente sol, en los jardines, algunos valientes se atreven a tumbarse en la hierba tomando el sol, mientras otros se refrescan dentro de las piscinas, alguna de ellas abarrotadas de niños que juegan y ríen dentro del agua, en el interior de las casas se recogen las mesas de las comidas familiares y se descansa del calor gracias a los aires acondicionados, leyendo o viendo la televisión sentados en los mismos sofás donde otros a duras penas pueden mantener los ojos abiertos.

    Existen muchas historias diferentes dentro de las casas, quizás más ocultas, más inconfesables, historias que se revelan en la oscuridad de un pasillo al pasar en silencio por casualidad, sin la intención de mirar, sin querer fisgonear el interior de una habitación se hace visible para ti y por el quicio de una puerta mal cerrada, descubres lo que tan celosamente se guarda en su interior, allí en aquella oscuridad, ocultos de las miradas de los demás se realizan otras actividades más íntimas, más carnales y que ahora el protagonista de esta historia guarda celosamente algo de su intimidad con una servidora y que a partir de ese día yo misma soy la guardiana de un secreto prohibido, un secreto compartido, algo que difícilmente se podrá repetir… o quizás si, no lo sé, el tiempo lo dirá.

    Dos semanas subiendo al piso de arriba a la misma hora mientras que el resto de la familia se baña o descansa, dos semanas de un descanso que se diluye en la habitación de mi hermano mayor, allí detrás de un sillón de cuero negro sin pensar que se le ha descubierto, está desnudo y recreando en su cabeza las imágenes porno que salen del pequeño ordenador que está encima del escritorio, solo algunos rayos de sol burlando el cierre casi total de la persiana clarean la habitación, lo suficiente como para ver a través un espejo enorme que preside el armario, dejándome ver como se masturba.

    Algo en mi cabeza se está despertando, algo en mi interior que escapa a mi razón, que escapa cada vez más a mi control y tira de mí para que haga una locura, llevo dos semanas viéndole casi a diario como disfruta, como su pene se eleva hacia el techo como un coloso agarrado por su mano, llevo dos semanas viendo como estalla como un volcán y con varias erupciones entre gemidos lanza con fuerza y en cantidad una lava blanquecina, llevo dos semanas y mi cabeza me va a estallar, una electricidad invade mi cuerpo de punta a punta, mi cuerpo experimenta cambios en su interior, me siento húmeda, mojada en mi vagina detrás de la puerta observando aquella escena, escena con un protagonista, pero ¿por qué no ser dos?

    Después de observarle durante varios minutos, hoy no me he podido aguantar y me sorprendo a mi misma con la mano por debajo de la braga de mi bikini, acariciando mi clítoris, le veo subir y bajar su mano por un pene enorme excitándome cada vez más, ya no solo miro, sino que participo con él, en su juego, en el deseo de placer y un pequeño gemido se me escapa al sentir como mis dedos penetran en mi vagina, un gemido que casi hecha al traste mi escondite, su mirada se dirige hacia la puerta a la vez que para los movimientos de una mano envuelta en saliva, por fortuna no me ha visto, por fortuna me escondí a tiempo y con la espalda apoyada en la pared continuo metiendo la mano por debajo de la braga con los dedos dentro de mi vagina, pero ahora la otra mano me tapa la boca para que no vuelva a escapar ningún gemido.

    Estoy tan excitada, tan mojada que no me conformo con masturbarme yo sola, una idea continuamente me ronda la cabeza desde hace días, una idea horrible que quiero desechar al momento, pero que no puedo, no puedo dejar de pensar en él, en esa polla enorme dentro de mi vagina, poder gemirle al oído, poder besarle en los labios, poder darle lo que tanta ansia y lo que yo deseo, pero no puede enterarse, no puede saber nunca que fui yo.

    Únicamente el ruido del ventilador de techo consigue arrancar el silencio que impera en la habitación, tras de mí consigo cerrar la puerta por completo sin que le alerte, en el suelo ya descansa el sujetador de mi bikini y dos pasos más hacia delante la braga mojada por la humedad de mis labios, me muevo con sigilo sin apenas hacer ruido y consigo ponerme detrás de él y sujetando una venda entre mis manos, consigo taparle los ojos mientras que de mi boca sale un shhh, solamente un shhh, repetidas veces un shhh.

    Se ha alertado, ha parado de acariciar su pene y unas palabras salen de él, ¿Quién es?, intenta quitarse la venda, intenta revolverse, no obstante nuevamente le contesto con un shhh tranquilizador, un shhh mientras le beso los labios, su barbilla dentro de mis labios le va tranquilizando, pero sigue preguntando, ¿Paloma?, ¿eres tu Paloma?, ¿eres tu mi amor?, ¿Por qué me tapas los ojos?, a lo que yo le respondo una vez más con un cariñoso shhh.

    Mis manos bajan suavemente por su cuello hasta sus hombros, mis labios van detrás dejándole el rastro de mi aroma y mis besos, ya no intenta quitarse la venda, ya no intenta levantarse y salvo por un respingo que da en el asiento después de que notara como mis manos se apoderan de su pene, que vuelve a subir y bajar suavemente por entre mis manos, shhh le vuelvo a chistar para que esté tranquilo, ya lo he conseguido, pero ahora intenta acaricias mi cuerpo, intenta palpar mis pechos, mis caderas, demasiadas pistas pienso, demasiadas pistas para empezar, y una vez más apartándome de él, resuena en la habitación shhh.

    Mis labios siguen el recorrido de su cuerpo, dibujando cada centímetro de su piel, asegurando que tiene la venda bien puesta y me arrodillo delante de él, abriéndole las piernas para poder entrar entre medias, mis manos siguen subiendo y bajando su piel que se presta a que su erección aumente si cabe aún más y más cuando nota la humedad de mi boca en su glande, sé que siente como la punta de mi lengua recorre todo su contorno, para más tarde succionarlo solo un poquito, solo la punta de su glande mientras vuelvo a susurrar shhh.

    Mi boca ya viaja de arriba abajo por su pene, mi saliva la envuelve y acaricio sus testículos que como dos bolas llenan la palma de mis manos, los gemidos de su boca, sus manos en mi pelo apretando mi cara contra él, su pene penetra muy dentro, no hay ningún shhh, solamente el sonido de alguna arcada cuando me llena hasta la garganta, mi cabeza sube y baja con más velocidad, me detengo y succiono su pene, siento su excitación por su respiración, por sus jadeos, por sus piernas apretando mi cuerpo.

    Mis labios y mi lengua recorren todo su contorno, algunos mordiscos laterales con mis dientes, muy suave, lentamente descubro los sonidos de su placer, sus gemidos pidiéndome más, saboreo el líquido pre seminal que sale de su pene, me relamo de pensar que pasaría si me la metiera, una cosa era chupársela y otra muy diferente dejar que me follara y la idea no deja de rondarme la cabeza, una loca idea que no tendría marcha atrás y, sin embargo, deseo tanto, dejar que me penetre hasta que explotáramos de placer, una idea que había desechado desde un principio, pero que nuevamente empezaba a martillar la cabeza, una idea malísima y aun así estaba venciendo a la cordura que no paraba de decirme que ya no había marcha atrás, yo estaba mojada y sin bragas y él, con los ojos vendados.

    Después de despedirme con mi boca de su pene, con una, dos y hasta tres incursiones tan dentro de mí que termine estrechándola con mis labios saboreando hasta el último centímetro de su glande, me levanté, salí de entre sus piernas y se las cerré con las manos mientras él giraba su cabeza intentando ver algo y nuevamente un susurro, shhh inundo la habitación cuando el interior de mis muslos rozan sus piernas a ambos lados.

    Shhh, su pene una vez más está entre mis manos, que suben y bajan despacio por él y lo ponen recto, mirando a un techo sombrío, el roce de sus piernas por el interior de mis muslos va subiendo a medida que yo voy bajando hasta casi llegara sentarme sobre él, con mis piernas flexionadas busco con su glande la entrada de mi vagina, para que saboree la humedad de mis labios y vaya abriendo camino entre ellos hasta que llega a tocar la parte carnosa y suave y justo allí, de pie con mis rodillas flexionadas, me siento muy despacio, notando con placer como su pene empieza a penetrar en mi cuerpo por mi vagina y un shhh entrecortado, un shhh acompañado por más de un gemido, por más de un pequeño grito, un shhh perpetuo que lanzo a la vez que su lanza me va penetrando, como su glande como cabeza de puente se va hundiendo, atravesando un mar de placer, un fluido caliente que envuelve mi vagina.

    Mis piernas se aprietan contra él, haciendo esfuerzos para ir levantando mi cuerpo y dejándome caer sobre su pene, el placer me invadía cada vez más, estaba tan mojada que su pene salía envuelto él los líquidos que mi vagina que dejaba escapar al exterior, los sonidos que inundan toda la habitación pertenecen al movimiento de mi cuerpo, al sonido del cuero del sillón rozando con nuestra piel, de su pene al meterse dentro de mi vagina, un sonido acuoso que acompaña a nuestros gemidos, entrelazándose entre sí y que solo son sofocados por los besos, por la unión de nuestros labios y el juego de nuestras lenguas dentro de nosotros.

    Nunca pensé en que un día me dieran tanto placer, nunca pensé que ese sería el hombre que me haría despertar el placer más oculto hasta ahora para mí, un intenso gemido sale de mi boca al notar como su pene ha llegado tan al fondo que he dejado de besarle y mi cabeza y mi cuerpo se arquean hacia atrás, mi melena tocando sus rodillas y mis caderas en un movimiento hacia dentro y hacia fuera ya no permiten que su pene salga al exterior, solamente intento apretarlo más dentro de mí, presionándolo y succionándolo con mi vagina siento un placer increíble al igual que él, que ha aprovechado para ahora si tocar mis pechos, rodearlos con sus manos, lamer mi cuerpo sudoroso metiendo su cabeza entre ellos a la vez que mi cuerpo ya no me responde, mi cabeza se echa hacia atrás una vez más y como mi cuerpo empujando mis pechos contra él, soy enteramente suya, incapaz de moverme, los espasmos musculares atraviesan mi cuerpo a la vez que mis gemidos se han agotado, solo los gritos salen de mí, al principio gritos sin ningún sonido, pero después es él quien con un shhh me pide que no grite tanto.

    Como no hacerlo, es imposible revelarme con lo que me está pasando, mi vientre me arde, mi vagina se inunda de tal manera que mi flujo se escapa cuando su pene entra y sale de mi vagina, sus testículos se bañan en mí y el sillón de cuero negro queda empapado. Soy incapaz de moverme, solamente él consigue con sus manos en mis caderas levantarme del sillón y me sienta en la mesa, empezando a penetrarme con fuerza, sus empujones son tan fuertes que hacen tambalear la mesa tirando todo lo que hay encima de ella, mis pechos no paran de bailar en mi cuerpo, mis gritos no han cesado todo lo contrario sin darme cuenta han aumentado tanto que me tiene que tapar la boca para que no continué, pero él no se queda atrás porque sus gemidos compiten ahora con los míos, ahora los dos siseamos sendos shhh, ahora los dos sentimos los orgasmos que recorren nuestros cuerpos.

    Como una pistola de agua, inunda mi vagina con su semen, disparándome chorros de semen caliente a gran velocidad dentro de mí, la siento entrar, empotrarse contra mi carne, la siento unirse con el flujo que inunda mi vagina y cuando por fin termina la siento salir de mi vagina, resbalar entre mis muslos, en ese momento los dos estamos tremendamente sudados, nuestra respiración es un torrente de aires que no conseguimos mantener, nuestros corazones acelerados parece que se van a salir de nuestros pechos, le miro y le beso los labios, todavía con el pañuelo en sus ojos le susurro al oído shhh solo es sexo y con ese sonido recojo las bragas del bikini, vuelvo agacharme a la vez que abro la puerta a por el sostén y cierro la puerta tras de mí.

    En el pasillo oscuro me pongo el bikini y sin que nadie me vea salgo a la piscina para darme un baño refrescante mientras pienso en lo que he hecho, la culpa y la vergüenza me quema y, sin embargo, no me arrepiento de nada, una hora más tarde, nerviosa y esquiva hablo con mi madre en la cocina mientras las dos tomamos un vaso de té helado, en ese momento entra mi padre haciendo carantoñas a su mujer, la besa el cuello tiernamente y con amor mientras la deja entre sus manos un pañuelo negro y la susurra al oído “Toma, te lo dejaste arriba, esta noche continuamos”, acto seguido sale por la puerta silbando y canturreando, lleno de vida perdiéndose en el jardín.

    – Tu padre está cada vez más raro, hija, más raro y más viejo.

    Miraba a mi madre con más nervios que antes, con más vergüenza que antes, sin tan siquiera poder mirarla a los ojos y reflexionaba.

    – Más raro no sé, pero más viejo no creo mama.

    De eso estoy completamente segura.

  • Yajaira se coge a dos hermosas novias, la mía y la suya

    Yajaira se coge a dos hermosas novias, la mía y la suya

    Por nuestros relatos anteriores, ya se habrán dado cuenta que Yesica, mi esposa, es bisexual. Tuvimos muchos encuentros con su amiga Yajaira, en algunos veces participé y en otras ocasiones sólo fui espectador, me encantaba ver cómo sus hermosos cuerpos se daban placer usando sus manos, sus bocas, frotando sus vaginas. Yaja era quien tenía el control al tener sexo, mi novia solo se dejaba llevar y lo disfrutábamos mucho, era delicioso verlas llegar a sus orgasmos y ver sus cuerpos llenos de sudor, maravillado de ver el contraste del color de su piel, una hermosa mujer de piel clara y otra hermosa de piel morena. En ocasiones cogíamos los tres o Yesica me dejaba coger a Yaja y todas las relaciones que tuvimos terminaban en deliciosos orgasmos, besos y caricias. Yesica y yo más enamorados, pues siempre le dimos prioridad a nuestro amor.

    El cuerpo de Yesica seguía desarrollándose por su edad, se le veía un culo redondo y firme al igual que sus piernas y entallada en sus jeans todos los hombres volteaban a mirarla. Sus pechos se hacían también grandes y le encantaba lucir su cintura, la cuál era pequeña. Tenía a la mujer más hermosa del salón por novia.

    En una ocasión planeamos rentar una alberca privada en uno de los balnearios que hay en nuestra ciudad, nuestro plan era nadar desnudos y hacer el amor dentro de la alberca, en el jardín o sobre las mesas que hay para comer. Cada que hablábamos de los preparativos para irnos un día entero a nadar, Yesica y Yaja se reían cómplices de algo que yo no me imaginaba, pero que fuera lo que fuera, lo íbamos a disfrutar. Llegó el día, mi novia y yo llegamos antes a rentar la alberca, nos la fueron a abrir y nos entregaron la llave. Esperamos afuera del zaguán y me sorprendió ver llegar a Yaja acompañada de Sara, del mismo grupo de amigos de mi novia, me saludaron y pasaron a saludar a Yesica. Resulta que Sara era la novia a escondidas de Yaja y ya sabía de los tríos que hacíamos y después de mucha insistencia por parte de Yaja, aceptó coger con mi novia. Por eso la complicidad entre Yaja y Yesica.

    Sara es una joven muy guapa, seria y con un aire de inocente, que parecería que no rompe un plato. En sus mejillas tenía unas chapitas naturales y unos hoyuelos que se le marcaban cuando se reía, lo cual la hacían ver muy tierna e inocente. Siempre vestía muy discreto, no le gustaba enseñar su piel, usaba playeras que le cubrían hasta el cuello y de manga larga. Hasta ese día nuca me hubiera imaginando que tuviera tan hermoso cuerpo.

    Se metieron a cambiar al vestidor las tres, aunque se tardaron un rato cuando salieron tuve una maravillosa visión de las tres bellezas que estaban frente a mi. Mi novia en un bikini azul con sus tetas grandes, sus caderas y nalgas hermosas. Yaja en un traje de una sola pieza que le cubría todo el culo, alta y de piernas preciosas. Sara por su parte traía un shorts y en la parte de arriba una playera con un nudo al frente de su pecho, se transparentaba su brasier pues no llevaba traje de baño. Su piel era muy blanca, tenía unas bonitas piernas, cintura pequeña al igual que sus pechos. Estaba hermosa, las tres se veían hermosas.

    Comenzamos a tomar unas cervezas, Sara con la primera que tomó, se puso más sonrojada que el color de sus chapitas, se reía más, se miraba más contenta y no tan seria como acostumbraba. Nadamos un rato y estando en la alberca Yesica y yo nos besábamos mientras cachondeábamos, lo mismo le hacía Yaja a Sara quien al principio se resistía pero se fue soltando poco a poco, al rato ellas cachondeaban igual que nosotros, metiéndonos mano en nuestros sexos. Yo sacaba las tetas de mi novia para chuparlas y Sara hacia lo mismo con los pechos de Yaja, quien con la calentura que teníamos se dejó quitar la blusita y el brasier que traía por traje de baño. Vimos cómo Yaja la levantó desde su cintura de modo que sus pezones quedaron a la altura de su boca y comenzó a chupar con fuerza, haciéndole chupetones en sus hermosos pechos. Teniendo esta escena frente a nosotros, Yesica se estaba viniendo en un delicioso orgasmo al masturbarse mientras yo estaba acariciando sus tetas abrazándola por detrás. Ellas seguían en lo suyo y adivinamos que Sara también se venía cuando con fuerza apretaba la cabeza de Yaja contra su pecho, entrecerraba los ojos y su cuerpo se arqueaba hacia atrás, además de sus intensos gemidos y al terminar, buscar los labios de su novia, fundiéndose en un beso. Los cuatro estábamos contentos. Salimos de la alberca y Sara cubriendo con sus brazos esas hermosas tetitas, marcadas por los intensos besos que Yaja le dió. Comimos un poco y tomamos otras cervezas, Sara estaba contenta, tanto que aceptó quitarse la blusa y estar solo en brasier.

    Luego de un rato de estar platicando y tomando yo me metí a nadar, ellas se quedaron sentadas en el pasto bajo la sombra de un árbol. Luego de un rato de nadar miré hacia donde estaban y vi a Yesica y a Sara sentadas con las piernas abiertas y Yaja hincada con una pierna entra las piernas de cada una de ellas, intercalando besos, besaba a Sara y luego a Yesica. Ambas acariciaban a Yaja mientras le bajaban los tirantes del traje de baño hasta su cintura, para luego chupar cada una la teta que les quedaba a la altura de sus bocas, Yaja tomaba sus cabezas entre sus manos y caricias sus cabellos mientras las amamantaba. Como pudieron se quitaron sus trajes quedando desnudas por completo, yo solo alcanzaba a ver el culo y la espalda de Yaja y cómo con sus manos acariciaba las tetas de las dos mujeres que tenía enfrente. Seguían intercalando besos. Me salí dela alberca y me senté a tomar una cerveza no tan cerca de ellas para no interrumpirlas, desde el lugar donde estaba podía ver que Yesica y Sara también se besaban en la boca con pasión, mejor dicho, las tres lo hacían, pero igual era Yaja quien tenía el control y guiaba sus movimientos. Las recostó una al lado de la otra con las piernas abiertas, entonces se bajó a chupar sus panochas, con una mano acariciaba a una mientras se la mamaba a la otra y luego cambiaba, podía oír sus gemidos hasta donde yo estaba, era una escena maravillosa, y esto mientras Yesica y Sara se besaban entre gemidos, parecía que se venían una y otra vez, sin duda ellas sabían muy bien dónde tocarse. Después de mucho rato así y de quién sabe cuantos orgasmos, Yaja se montó sobre Sara, entrecruzaron sus piernas y empezaron un movimiento en el que rozaban sus clítoris, parecía que Yaja la embestía con fuerza y así después de un rato al mismo tiempo gimieron y se fueron quedando quietas poco a poco, disfrutaban su orgasmo. Yesica observaba, esperando su turno. Yaja, como si fuera un semental, se bajó de Sara y se montó en mi novia del mismo modo cruzaron sus piernas y se estuvieron frotando, tratando de agarrarse las nalgas la una a la otra, sin dejar de frotarse y mientras se besaban, llegaron a sus orgasmos. Las tres quedaron tendidas sobre las toallas que tenían sobre el pasto, su respiración agitada, volvía a la normalidad. Yo me masturbaba con esa escena tan hermosa, Sara ya no trataba de cubrirse, a pesar de que yo no les quitaba la mirada de encima, que hermoso trio de cuerpos femeninos tenía delante de mí. Yo también me vine a chorros mientras Sara sonreía viendo como salía disparado mi semen, cuánto disfruté ese orgasmo.

    Me metí a la alberca así desnudo y luego de un rato ellas hicieron lo mismo, desnudas. Yesica fue conmigo y me besó tiernamente, abrazada a mi cuello. Yaja y Sara se acariciaban el cuerpo como tratando de lavarse la piel, quitarse el sudor y besándose. Nadamos otro rato y llegó la hora de la comida, preparamos la comida, los cuatro desnudos, aunque ellas envueltas en sus toallas, yo con la verga colgando, Yaja de vez en cuando me daba nalgadas o me apretaba las nalgas, diciéndome que se me veían unas nalgotas bien ricas, a todos nos causaba gracia y nos reíamos. Comimos y tomamos otras cuantas cervezas, después de reposar la comida, ellas nos platicaron que su relación ya era desde mucho antes que entráramos a la escuela, pero los padres de Sara no aceptaban los gustos de su hija, por ello es que mantenían en secreto su relación. Sara nos contó que no tenía problema en que Yaja cogiera con hombres, pues así era cuando la conoció, aunque nos aclaró que a ella no le atraían los hombres, sólo tenía gusto por las mujeres, pero igual y algún día se animaba a probar con un hombre. Cuando dijo esto, yo me puse a su disposición, ella se sonrojó un poco y se rio, dijo gracias y todos nos reímos.

    Nos metimos a nadar de nuevo desnudos y jugamos pelota dentro de la alberca, qué hermoso era ver rebotar los pechos de cada una de ellas al saltar para pegarle a la pelota, aunque Yesica no saltaba mucho pues sus pechos le dolían por ser grandes, rebotaban más que los de Sara y Yaja. Yo al tener a esas bellezas así, no tardé en tener la verga parada. Yaja se dio cuenta y se fue acercando a mí, me llevó a una esquina de la alberca y nos comenzamos a besar, mientras con su mano acariciaba mi verga. Sara se incomodó un poco y se salió a sentar bajo el árbol, Yesica también se salió a acompañarla. Obvio viéndonos a Yaja y a mi cachondendo, ellas hicieron lo mismo, las vi una sobre la otra besándose en los labios, sus cuellos y sus pechos. Yaja y yo nos salimos también me recosté boca arriba y la acomodé en un 69, disfruté chupar su panocha morena, metía mi lengua lo más que podía en su rajita y le daba uno que otro beso a su ano y también uno que otro piquete con mi lengua, ella tenía la cabeza de mi verga en su boca y jugaba con su lengua como si tuviera una paleta, yo sentía muy rico con su mamada. Después de un rato, la llevé a la mesa de concreto que ahí había, levanté sus nalgas y metí mi boca y nariz en su vagina, ella echaba hacia atrás su culo para sentirme con más presión, que rica chupada le estaba dando, puso sus dedos en su clítoris y comenzó a masturbarse, no tardó mucho en venirse, yo seguí lamiéndola hasta dejarla casi seca. Luego la recosté sobre una toalla en el pasto, me puse un condón, ella abrió sus piernas y se la metí casi toda, metía y sacaba mi verga en la deliciosa panocha de Yaja, quien levantaba sus piernas para recibir mis embestidas, ya no iba yo a durar mucho pues casi frente a nosotros, Yesica y Sara estaban en un 69 mientras oíamos los chupetes que se daban en sus panochas, yo tenía casi de frente la panocha de Sara, la cual alcanzaba a ver cuándo Yesica se separaba un poco de ella para luego volver a hundir su cara en esa entrepierna que estaba disfrutando. Con esa escena tan hermosa y lo apretado de la panocha de Yaja, me vine dentro de esta, quien al sentir lo caliente de mi leche también aceleró su movimiento viniéndose después de mí. Sara y Yesica siguieron con su 69, ya se habían venido pero seguían disfrutándose lo más que podían, tuvieron un orgasmo más y se fueron quedando tranquilas, recuperando todos nuestra respiración.

    Nos pusimos de pie los cuatro, yo abracé a mi Yesica y nos besamos tan enamorados como siempre, con deliciosos sabores en nuestros labios, Sara buscó los brazos de Yaja, quien la abrazó y se besaron tiernamente. Nos metimos los cuatro al vestidor, primero se bañaron ellas, las tres juntas y como no había cortinas, yo veía sus hermosos cuerpos, salieron para vestirse y me metí a la ducha. Ya vestidos los cuatro fuimos a entregar las llaves. Antes de despedirnos platicamos y quedamos en que seríamos muy discretos en lo que hicimos, y quedamos en repetir, pues estaba claro que todos lo disfrutamos. Cuando nos despedimos, Yesica les dio un beso en la boca a cada una de ellas, el cual le correspondieron. Yo me iba despedir de beso en la mejilla, pero Yaja dijo que después de lo que habíamos pasado, ya se merecía un beso en la boca y así me despedí, con Sara no supe cómo, pero igual fue un beso de piquito en los labios y ella como de costumbre se veía sonrojada y muy hermosa.

    Estábamos cansadísimos entre nadar, las cervezas y hacer el amor de esa forma, nos fuimos al cuarto y nos quedamos dormidos, abrazados y enamorados. Siempre diciéndonos te amo.

  • Mentiras

    Mentiras

    No quiero pasar página, sólo me gustaría reorganizar el día de hoy. Cierro mis ojos y cuéntame mentiras. Dime que no sientes nada cuando te beso el cuello, dime que el pelo de la nuca no se te eriza cuando paso mis labios.

    Cuéntame mentiras. Dime que no se te pone la piel de gallina cuando te acaricio, dime que no sientes nada cuando mi cuerpo se pega a tu espalda.

    Cuéntame mentiras. Dime que no te conmueves cuando oyes mi respiración en tu oído, dime que eres insensible al roce de mis pezones en tu piel.

    Cuéntame mentiras. Dime que cuando acaricio tus pechos no cierras los ojos, dime que en la oscuridad de la habitación no quieres dejarte llevar.

    Cuéntame mentiras. Dime que no te estremeces cuando mis dedos se pasean por tus costados mientras te susurro cuanto me gustas, miénteme y dime que ya no te provoco.

    Cuéntame más mentiras. Dime convencida que cuando mi mano invade tu sexo no gimes, dime que si mi dedo roza tu clítoris no sientes nada.

    Sigue mintiéndome. Atrévete a decirme que no te mojas cuando te toco, dime que no gritas cuando mi lengua recorre la entrada de tu sexo.

    Miénteme y dime que no sonríes cuando te acuerdas de mi durante el día, o recuerdas aquella tarde en el sofá, los abrazos juntas en la bañera escuchando “A Thousand Years”, dime que cuando ya no estemos juntas y oigas “The Rising” de Bruce Sprinsteen no te acordarás de mi.

    Cuéntame dulces mentiras, porque yo no lo haré. Te diré que si me estremezco cuando me abrazas, y te confesaré que cuando me comes si siento. Te confesaré que a mi tus besos si me desarman, te confesaré que una sonrisa tuya si me deja a tu merced.

    Te contaré verdades. Te diré que cuando no estemos juntas, me parecerá verte entre la gente y que echaré de menos hacer el amor contigo en unos momentos, y en otros follarte como una leona desesperada.

    Admitiré que tus manías de niñata me sacaban de quicio, pero que las echaré en falta.

    No me mientas y dime que me echarás de menos pero que harás lo posible por ser feliz, yo jamás te mentiré.