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  • Acabando el día

    Acabando el día

    Fue un día muy largo.

    El estrés de la oficina, los mensajes ignorados, el examen a rendir y el día que parece no acabar.

    Llego a casa, dejo las llaves sobre la heladera, la cartera en el sillón y los zapatos al pie de la escalera.

    Pongo mi playlist favorita para relajar, prendo algunas velas y permito que la luz tenue me invada, subo cada escalón rendida, despojándome de cada prenda.

    Mientras termino de desvestirme lleno la bañera con agua, coloco unas sales y bajo a servirme una copa de vino.

    El agua se siente cálida, agradable, es justo lo que necesito para finalizar este día.

    Me tomo el tiempo de exfoliar mi cuerpo, enjabono y acaricio mis piernas, mis muslos, mis dedos recorren suavemente la panza y mis pechos. Suben hasta rozar ligeramente mi cuello.

    La sensación bajo el agua es esplendida, generan escalofríos placenteros en mi. La música me traslada a los momentos en que me sentí así, deseosa de más.

    No se cuanto tiempo estuve en el agua pero fue lo suficiente para que se enfriara y generara otros tipos de escalofríos.

    Salgo de la bañera, levanto la copa y me muevo hasta la habitación, dispuesta a obtener lo que necesito.

    Saco del cajón el aceite corporal y el consolador, froto el aceite por mi cuerpo, bajo el vientre y me muevo sobre la cama.

    Siento mis manos calientes por el efecto del aceite en contacto con mi piel, acaricio suavemente cada centímetro de mi, subo y bajo por mi cuerpo, voy encontrando mi clítoris, duro y mojado.

    Con la otra mano rozo mis pechos y mi cuello, agarro el consolador y lo paso por mis pezones, se siente tan real.

    Me excito con la sensación, me muevo más sobre la cama, abro mis piernas y acaricio mi sexo.

    La muevo por el abdomen y me dejo llevar.

    Comienzo a gemir sin poder contenerme, mi mano se desliza sin control, entre el aceite y mi humedad siento como entra en mi y lo enciendo. Se acelera mi respiración.

    Vibra dentro de mi, entra poco a poco sin parar de vibrar y con mi mano lo muevo circularmente.

    Los gemidos se intensifican, siento el placer, los escalofríos que recorren mi cuerpo, la temperatura que crece dentro de mi.

    Estiro el cuello hacia atrás y me siento en la gloria.

    Mi espalda se arquea, las piernas se contraen y el ambiente se encienden.

    No puedo evitarlo, los gemidos se escuchan y grito de placer, los orgasmos me controlan pero no quiero parar.

    La intensidad y el deseo me consumen, freno la vibración y voy sacándolo poco a poco. Mis piernas se mueven y mi abdomen se contrae.

    Mi mente se olvidó de los mensajes ignorados, del estrés de la oficina, el examen a rendir y resulta que la que termino acabando fui yo.

  • Quiéreme a mi manera

    Quiéreme a mi manera

    Bueno, en cierto modo sí, siento un poco de liberación, es como si me hubiera quitado un peso de encima y, cosas que antes ni pensaba, ahora me apetecen.

    ¿A qué te refieres? – Pregunté curioso.

    ¿Te acuerdas de aquella charla en la que me preguntaste si había hecho algún trío?

    Jamás olvidaré tu cara, sí.

    Pues ahora no me parece una locura como antes, no sé, he pensado que probar no implica nada, salvo experimentar, y joder, si apetece y no molestas a nadie…

    Dejó el final de la frase en el aire mientras me miraba fijamente. Debió ver algo en mi mirada.

    Pero no te preocupes, tú no serás uno de ellos.

    Pues muchas gracias – Ironicé.

    Sabes que si estuvieras se acabaría lo mejor que tengo. Yo te quiero así, solo a ti puedo contarte todas las barbaridades que teje mi mente, lo que hago, todo. Joder, te llamé la primera vez que me comí un culo solo para decírtelo, ni a mi mejor amiga se lo he contado. Y me da miedo perder eso contigo.

    Pues es una lástima discrepar en eso.

    Me acarició la cara con un gesto acogedor. Me quería a su manera y yo lo apreciaba siempre. La había acompañado en todo momento, a pesar de su ligereza para tomar decisiones que luego, no todas, se convertían en tormentas enormes. Y ahí estaba yo siempre, a su lado, entendiéndola, calmándola, hablándole claro si juzgarla.

    Me apetece que seas mi cómplice.

    A mí me apetece otra cosa – le dije con toda la confianza del mundo.

    Ella sonrió, bajó la mano y apretó mi paquete.

    Quiéreme a mi manera – me sugirió soltando mi paquete.

    Sabes que nunca he hecho otra cosa, por eso estoy aquí otra vez.

    Esta noche debe pasar algo, ¿me acompañas de bares?

    Asentí. Salimos de la cafetería y me pregunto dónde ir, puesto que ella llevaba demasiado tiempo en pareja y ya no controlaba como antes. Así que decidí empezar por lugares tranquilos, en los que más de uno se le acercó, pero ninguno la sedujo. “Cuanto idiota”, me decía cuando volvía de hablar con alguno. Cambiando de bares el alcohol iba trabajando, hasta llegar a ese punto alegre que nos permitía cierta locuacidad.

    Caminábamos por una calle agarrados, riéndonos de lo acontecido, incluidos los tipos que intentaron algo, “Me gustaría torturarlos, atarlos desnudos a una silla y leerles al Marqués de Sade. Creen que por ir al gimnasio debemos estarles agradecidas. Panda de cenutrios”. Al decir esto me percaté de lo cerca que estábamos de un bar distinto, donde solía ir gente liberal, no un local de intercambio, más bien donde suelen quedar antes de ir a algo más severo. Sin comentarle nada puse rumbo al local.

    Este te va a gustar – le dije señalando la puerta.

    Ella me cogió la cara, me besó, me dio un apretón en la polla y entró delante de mi. En el interior no había demasiada gente, era la hora en la que la mayoría de los habituales habían salido a locales más y mejor acondicionados para sus propósitos. Nos ubicamos en la barra. A mi espalda quedaba un tipo de mi altura. Ella me dijo que de espaldas prometía y me empujó hacia él. El tipo se volvió y me disculpé, alegando que mi amiga estaba un poco borracha. Él se rio y me estrechó la mano presentándose. Yo le presenté a Diana y él se quedó charlando amigablemente con nosotros. Percibió que no éramos habituales del local, cosa que solo pudimos confirmar. Preguntó si sabíamos qué tipo de local era. Le dije que yo sí, pero que ella no. Durante un buen rato estuvimos hablando y riendo, la conversación fluía, resultó un tipo agradable. Diana me rodeó el cuello con su brazo y pegó mi oreja a su boca.

    Este sí, quiero comérsela – me susurró.

    Yo sonreí, por alguna razón sabía que eso iba a pasar, lo había notado en ella. Él hizo un comentario divertido sobre los secretos y yo, lejos de dar más vueltas, lo miré y me sinceré.

    Quiere comértela.

    David, que así se llamaba, sonrió.

    ¿Sabéis que, al fondo del bar, hay unas cabinas donde se puede hacer desde ganchillo hasta felaciones?

    Me reí de su ocurrencia y miré a Diana, que asintió con la mirada. Su cara ya era una expresión lujuriosa, el animal asomaba ansioso y expulsaba deseo con una mirada que pocas veces le había visto.

    Entramos en una de las cabinas, afortunadamente había espacio para los tres. Cerré las puertas y me volví hacia ellos. Ambos me miraron.

    Yo no soy el culpable de nada, así que no me miréis así – les solté.

    Diana miró a David.

    No quiero que digas nada, solo que me dejes hacer.

    Él, como ser inteligente, o quizá acostumbrado a esos ambientes, obedeció. Diana se agachó, bajó la cremallera de su pantalón y sacó su polla, dejándola frente a sí. Primero la miró, como si la examinara, después la cogió en una de sus manos, acariciándola. La empezó a mover, subiendo y bajando su piel sin quitarle ojo. Yo la observaba atentamente, aunque me contaba todo al detalle nunca la había visto así, y me estaba excitando. Su cara estaba tensa, era su primera polla después de su matrimonio, conseguida de manera azarosa y en compañía de su mejor amigo. La conocía muy bien y sabía que la suma de ambas cosas la encendían hasta no poder ocultarlo. Y ahí estaba, agachada ante la lujuria explícita. Se la metió en la boca. Primero chupó suave, como tanteando o intensificando las sensaciones. Poco a poco subió el ritmo y en escasos minutos era toda una experta. Yo sabía que era lo que más le gustaba porque ella me lo había dicho en varias ocasiones, pero estaba experimentando la diferencia entre saberlo de su boca y verlo en directo, y, a pesar de interpretarlo a la perfección cuando me lo contaba con decoro, puedo asegurar que verlo era infinitamente más excitante.

    Ahora lamía el tronco de abajo a arriba con deleite, introduciendo el glande en su boca al llegar al extremo, para volver a bajar lamiendo todo el largo de aquella polla. Entregada a su placer engulló todo lo que pudo y se quedó con ella dentro unos segundos. Al sacarla de su boca hilos de baba la unían a aquel miembro erecto. Pronto perdió el control y se afanó como pocas veces he visto. Entonces mi cabeza se iluminó y supe que era el momento. Me agaché a su lado.

    Eres mejor de lo que había imaginado – le susurré bajando la mano por su espalda.

    Al llegar a su culo lo apreté. Le gustó, pude notarlo en su gesto y en el estremecimiento de su cuerpo. Aproveché que llevaba una falda ancha para colar mi mano bajo la misma y seguir tocándola. Pude apartar sus bragas y notar su humedad, estaba empapada. Acaricié su coño mojando mi mano con su jugo e introduje un dedo. Se le escapó un gemido a la vez que se volvía a meter toda la polla hasta lo más profundo de su garganta. David gimió y se estremeció. Empecé a masturbarla con avidez y ella respondió al gesto intensificando la mamada. La cara de David era el reflejo del placer en estado puro. Ella agarró su polla y se la frotaba por las mejillas, incluso golpeándoselas.

    Cabrón – me dijo – ahora quiero que me la meta.

    Ya has oído, David.

    Se puso en pie, se inclinó, se echó la falda sobre la espalda y yo bajé sus bragas hasta quitárselas. David no perdió tiempo y la penetró con ganas, le noté furioso.

    Ponte delante – me dijo ella – necesito un punto de apoyo.

    Lo hice. Entrelazamos nuestros brazos mientras David le daba lo que quería. En un momento dado agarré sus dos brazos por las muñecas con una sola mano, y con la mano libre aproveché para sacármela y dejarla delante de ella. Volví a agarrarla por sus antebrazos. Ella estampó su cabeza en mi vientre gimiendo.

    Eres un cabrón – me dijo entre gemidos -. Como cambie algo te mato – y acto seguido se la metió en la boca.

    Había conseguido dar un paso en la dirección que tanto había deseado, y empecé a gozar de ella físicamente, follándome su boca.

    Cariño – dije al ver los gestos de David -, creo que David te va a dar algo bueno en breve.

    Joder, sí, pero correos juntos, como estáis – me respondió.

    La sujeté del pecho para dejar una mano libre y masturbarme rápido para conseguir su capricho.

    Aguanta un poco, David – le pedí.

    Date prisa tú, tío, estoy a mil.

    Nos miramos y asentí. Aceleré más el ritmo durante un rato y volvimos a mirarnos él y yo, y asentí en señal de que estaba preparado. Él tensó la mandíbula y adiviné lo que el gesto me quiso decir.

    Prepárate, Diana – avisé mientras se la volvía meter en la boca.

    En unos segundos David empezó a correrse y yo lo acompañé poco después, cuando él no había terminado aún. Una mezcla de semen y babas cayeron sobre mis zapatos mientras ella se retorcía y contoneaba atrapada entre dos pollas. Lo hizo durante un buen rato, deleitándose. Dejándose apagar el fuego lentamente, regocijándose y sintiendo lo que hacía tan solo unas horas me había confesado.

    Volvimos a la barra y tomamos otra copa. David quiso dejarnos su teléfono antes de despedirnos, pero Diana se negó.

    Ha sido genial, David, no me malinterpretes, pero ha sido mi primera vez y debo tomarlo con calma. Ahora sabemos donde podemos encontrarte, además, he visto que el camarero te conoce, no será difícil.

    Como queráis, era solo para…

    No te preocupes – interrumpió Diana – lo entiendo. Y quiero que sepas que te lo agradezco, ha sido genial.

    Al decir esto nos despedimos y salimos del bar. Ella se colgó de mi brazo, la noté feliz, y eso me gustaba siempre en ella. Caminamos sin hablar hasta la puerta de su casa. Entonces se giró hacia mí y me abrazó, apoyando la cabeza en mi pecho. Estuvo así bastante tiempo. Yo no quise decir nada, la dejé porque la conocía, y sabía que sencillamente estaba mostrando su aprecio a alguien que la entendía sin juzgarla, a la vez que sintiendo precisamente todo eso.

    ¿Sabes que te quiero y valoro mucho? – Preguntó sin soltarse.

    Qué solo me lo hayas dicho un millón de veces no significa que lo sepa, ¿no te parece?

    Ella sonrió y me miró al fin. Me besó.

    ¿Quieres dormir conmigo? – Quiso saber mirándome a los ojos.

    ¿Me he negado alguna vez?

    Pero solo dormir, no habrá nada diferente de las otras veces – aclaró.

    Ya hay algo diferente – dije girándola, volviéndola hacia la puerta y dándole un azote -… Anda, abre y sube, que tengo que bañarte.

    ¿Bañarme?

    ¿No querrás dormir así?

    ¿Así como?

    Solo quiero bañarte, pasarte la esponja por todo el cuerpo, dejarte limpia y, desnuda, meterte en la cama y tumbarme a tu lado, abrazándote como me gusta.

    Se detuvo en seco y me miró seria.

    Como me enamores… te mato – exclamó.

    Le quité las llaves de las manos, abrí la puerta del ascensor y entré, sintiendo un azote a hacerlo. Mi giré hacia ella sin decir nada. La vi sonreír, acercarse y volver a abrazarme. Pulsé el número tres.

  • Soy una hotwife

    Soy una hotwife

    Otra que quiero compartir es cuándo Octavio me dijo que tenía la fantasía de ver como me cogía otro, le dije que no entendía, él había visto desde que nos conocemos cómo otros hombres me cogen hasta el cansancio, incluso más de dos hombres al mismo tiempo. Mi esposo me aclaró que tenía una fantasía de ser cornudo, que le gustaría sólo ver mientras otro hombre me hacía suya y que le gustaría que fuera uno muy joven, de esos que se vienen y la verga sigue bien tiesa. El que fuera más joven le haría sentir más celos porque con los únicos hombres jóvenes que he tenido encuentros sexuales han sido con sus hijos, hasta donde él sabe. A esa lista le faltan un par de nombres, un par de muchachitos que me hicieron tener orgasmos muy fuertes cuándo sus vergas se metían bien adentro de mis entrañas. Yo a mi marido le cumplo todo, el me deja ser libre por completo y sólo le dije que buscaría a alguien.

    Una mujer como yo rápidamente encontró un hombre que tuviera todo lo necesario para satisfacerme y cumplir con las fantasías de mi esposo. Era un chico de servicio social, acababa de cumplir 19 años. Salimos y desde la primera vez terminé en el motel con ese chavito. Me dio cuenta que me había llevado el premio mayor porque la tenía enorme, era la segunda verga más grande que me habían enseñado, sólo la superaba Simón, el negrote que me cogió cuándo era novia de Armando. En esa primera ocasión este muchacho me dio lo que mi esposo esperaba, se venía y su miembro seguía erecto, fue hasta que se iba a venir por tercera vez que lo detuve para que se cambiará el condón. Me la saco la verga y el condón estaba lleno de semen, creo que no hubiera aguantado una tercera, le quite el preservativo y me tomé toda la leche que tenía para después bajarme y mamar su verga que estaba un poco caída. Ya sólo me cogió una vez, se notaba su falta de experiencia porque me ponía en pocas posiciones y siempre me daba muy rápido, al final lo disfrute en extremo gracias a la enorme verga de este muchacho. Me sentí tan perversa por coger con alguien 9 años menor jaja. Llegué con mi esposo y le conté todo, me dijo que quería vernos teniendo coito y que le gustaría que se viniera dentro de mí vagina sin condón. Me quedé pensando sobre eso último porque a este joven no lo conocía suficiente para hacerlo sin condón, con quienes tengo sexo sin protección aparte de mi marido son hombres de nuestra plena confianza. Excepto por Armando todos son casados, hombres maduros llenos de testosterona que necesitan poseer varias mujeres para estar satisfechos, yo evito que lo hagan cumpliendo sus fantasías y siendo fornicada de manera casi animal para que no necesiten más mujeres que sus esposas y yo. Lo que digo es que fuera de su matrimonio a la única que llenan de esperma es a mi.

    Hable con mi chavito (al que llamaré Máx) y le dije las cosas tal cuál, que necesitaba que para poder tener con él aceptará que mi marido nos viera, sólo así. Al principio se le hizo extraño lo que le pedía y no sentía mucha atracción por la idea, así que para lograr convencerlo le extendí la oferta a que no usará condón y mi total permiso de terminar adentro. Él aceptó con una cara de emoción que me animo a contarle que no era la primera vez que mi esposo veía como otro hombre me penetraba. Le enseñe mi tobillera y le dije que había sido un regalo de mi esposo, mi identificaba cómo una esposa caliente con permiso para copular con otros hombres dentro del matrimonio.

    Qué puta eres Fanny – dijo sorprendido

    No tienes idea, he hecho eyacular a muchos machos – le dije provocativa – hasta más de dos al mismo tiempo

    Nos pusimos de acuerdo y rentamos una cabaña en Morelos, estaba cerca de la ciudad y la idea era regresar ese mismo día en la noche. Pasamos por Máx y durante el camino fuimos platicando los tres, al principio Máx estaba nervioso y callado, creo que era extraño para él platicar con el esposo de la mujer que se iba a estar cogiendo. Empecé a hacer chistes sexuales para ambientar y entrar en confianza.

    Oye amor, ya viste que me gusta mucho el colágeno recién producido?…

    Max está muy bien dotado, si grito mucho tu tranquilo eh

    Max, ya pensaste en el nombre del bebé que vamos a hacer? Jaja

    Ya más en confianza llegamos a la cabaña y me fui directo a una de las dos recámaras, me arreglé con el conjunto que mi esposo había elegido como la mejor opción, me puse maquillaje para levantarle la verga a cualquier hombre, hasta los gays jaja. Veinte minutos después los llame a la habitación, había jalado a unos metro de la cama un sillón para que mi marido disfrutará del espectáculo de gritos, orgasmos y fluidos de todo tipo que le ibamos a dar Max y yo. Entraron ya en boxers seguramente por indicación de mi señor marido, yo jale de la mano a Max hasta la base de la cama y por unos momentos volteé a verlos para cerrar diciendo… Disfruten mucho porque yo lo haré todo.

    Baje el bóxer de Max y salto su enorme y potente verga – Ufff! Max, hoy y las veces que se te antoje seré tu perra- dije eso empezando a lamer sus huevos, succionandolos con todo y la bolsa de piel de la que cuelgan.

    Mientras lamia y succionaba sus bolas llenas de leche le pregunté si había visto los videos que le mande.

    Si los vi todos, pero a ver si puedo – decía el inocente Max mientras su glande empezaba a segregar líquido preseminal a gotas

    Qué videos? – preguntó mi esposo que sólo se tocaba por arriba del bóxer

    Son unos videos de unas posiciones que quiero intentar aprovechando que la tiene así de larga el cabron – dije eso sacudiendo el miembro de Max

    Escupi en su tronco y lo masturbe desde el glande hasta la base- cogeme bien duro Max, quiero que me partas en dos, quiero que mi marido vea como otro hombre se coge a su esposa, cómo la hace gritar de placer, como le mete su verga sin condón ni ninguna protección y al final… También quiero que vea como te vienes dentro, que vea cada metida fuerte es un chorro de leche… Espero que te salga tanto semen que me dejes escurriendo – dije eso último viendo a Max directamente a los ojos estando yo de rodillas

    Mira, mi amor, que enorme la tiene, es la más larga y gorda que me ha tocado- le dije a mi marido pegando el potente miembro que estaría dentro de mí las próximas horas junto a mí cara

    Te va a destrozar, a ver si la aguantas – me dijo para provocarme

    Claro que la aguanto, amor, ya me cogio dos veces, aunque si quieres verme bien cogida sólo pídelo – le dije metiendo ese hinchado glande a mi boca

    Si, quiero que te haga venir – dijo mi esposo

    Entonces dejame atenderlo para que ahorita me reviente – le dije a mi amado esposo

    Se la mame un rato más hasta que la tenía bien tiesa. Su longitud y dureza estaban en su máximo nivel, ese jovencito estaba listo para destruir mi vagina.

    Quiero que me la des en cuatro, como tú perra que soy – dije poniéndome en esa posición al borde de la cama con mi cara hacia mi esposo

    Dale tan fuerte que ella acepte ser tu mujer, tu sumisa – le dijo Octavio a Max para mí sorpresa – quiero que ame acostarse contigo

    Yo estaba viendo a Octavio sorprendida por lo que había dicho cuándo Max en un movimiento rápido me la dejó ir muy rápido hasta el fondo, su glande se metió hasta mi útero. Mi esposo después me contó que abrí la boca sin hacer ningún ruido y que mis ojos se voltearon hacia atrás con tal fuerza que termine poniéndolos en blanco.

    En cuánto logró reaccionar, tengo a Max adentro, haciendo estragos en el fondo de mis entrañas con su venuda, larga y gruesa virilidad. Resbala muy rico porque mi vagina está mojada de mis fluidos y su abundante líquido preseminal, el saber que la estaba metiendo sin protección me tenía desquiciada, hundida en morbo. Ver a mi esposo ahí sentado masturbando esa gran verga que tiene, me parece obsceno, le excita ver como un jovencito me está cogiendo tan rico, cómo hunde esa enorme macana en mi cuerpo y cada vez que lo hace yo grito casi desde el fondo de mi alma. Es un cerdo, un enfermo al desear ver este espectáculo pornografico, ver a la mujer con la que se caso y juro protegerla, siendo usada como una puta, una cualquiera. Debido al placer que me daba Max, pensar en todas estas cosas me había tomado todo el tiempo que me monto este semental, fueron más de 20 minutos que estuvimos en la misma posición, yo estaba en otra parte porque perdí totalmente la noción del tiempo.

    Cogetela en el potro, hazla venir otra vez, ya eres su dueño – dijo mi esposo

    Se vino bien rico, qué buena mujer tiene – dijo Max

    Ahora es tuya, úsala como quieras – dijo Octavio y yo lo volteé a ver con cara de incredulidad

    Vamos al potro Fanny – me dijo Max

    Temblando me comencé a quitar de la cama y pude sentir mis muslos escurriendo y vi la mancha de humedad en la cama.

    Me vine? – Pregunté incrédula

    Si – respondieron casi al mismo tiempo

    Octavio después me contaría que me la pasé gritando y cuándo comencé a expulsar líquidos por la venida que me causó Max, yo grité al punto que parecía que iba a llorar. Me dijo que me retorcía como una puta sin experiencia.

    Así, aún con el cuerpo y la mente inestables, me acerque al potro para seguir recibiendo a Max, mientras caminaba sentía los líquidos de mis muslos mezclándose al contacto de ambos. Me recargue en la parte alta y pare mis nalgas, volteé hacia el frente resignada a ser destrozada una vez más por aquel enorme y potente miembro. Max camino rápido hacia una mesa y mientras ponía lubricante en su pene erecto, yo pensaba en lo puta que era, era igual de cerda que mi esposo, me había dado cuenta de eso al estar aquí con este chico que al segundo encuentro ya no se ponía condón y me hacía venir frente a mi marido, con mi permiso para eyacular en mi utero hasta cansarse.

    Te gusta la cogida que estás viendo, mi vida? – le pregunté a mi marido mientras Max se acomodaba detrás tomando mi carnes

    Es mejor de lo que imaginé, eres su puta, su mujer – dijo Octavio mientras Max metía su caliente carne en mi, abriéndome toda con ese grosor

    Ahhh! Maaax! – Grite al sentir esa enormidad partiendome en dos para abrirse paso hasta topar con mi estómago

    Te gusta mi vergota, puta? – me preguntó aquel chavo 9 años menor que me tenía desquiciada

    Me gusta la carne de macho! Ah! Ah! Ay! Qué un cabron me la meta sin condón y me llene de leche mientras grito como una perra! – decía todo gritando, sólo así era capaz de sobreponerme al enorme placer que sentí

    Entonces Max me agarró de la cadera y comenzó a cogerme de manera brutal, dándome metidas que me llegaban hasta el útero y lo removia. Estaba empezando a sentir el orgasmo que mi macho de turno iba a tener, sentía que su pene se hinchó tanto que parecía estar más grueso. Yo gritaba cómo loca

    Nalagueame!! Hazlo! – le grité desesperada a mi joven copulador

    Toma! Toma! Ahhh! – gritaba mi macho sintiendo que la leche ya se le iba a salir de los huevos en cualquier momento

    Más duro! Ayy! Ay! Ya vente Max! Llena de semen a tu perra! Damela hasta adentro! – le pedía desesperada volteando a ver a mi esposo

    Ahhh! Ahhhh! – gritaba Max en cada chorro de espesa leche que depositaba directo en mi útero gracias a lo largo de su verga

    Mientras este jovencito eyaculaba a gritos yo sostuve la mirada con mi esposo. Quería que disfrutara de ver a su mujer siendo el deposito de semen de otro hombre, sabía que a él le gusta verme gritar de placer como su espectáculo privado y por eso me ha dejado ser cogida por varios hombres. Ahora ya tenía su permiso total para tener sexo a placer estando casada con él.

    Cuándo Max terminó de eyacular siguió moviendo su miembro dentro de mí vagina, yo estaba extasiada, me sentia llena por dentro, no sólo era la carne de ese joven ahora también era su leche adentro. Max no dejó de estar erecto y seguimos cogiendo, me puso en las posiciones qué quiso y eyaculo hasta el cansancio. Mi esposo desnudo en el sillón contempló esa escena de sexo que duró una hora, fue testigo de cómo su esposa gritaba presa de los orgasmos que le proporcionaba ese potente y viril mocoso. Nos veía esforzándonos por obtener todo el placer posible hasta el punto de estar bañados en sudor, no éramos más que dos animales en celo copulando viniendonos sin control ni pudor, Cuándo mi macho se había vaciado tres veces dentro de mí, mi esposo decidió unirse a la actividad y ese día me dieron verga de maneras que solo un semental consumado y experto como mi marido y un joven potente y dotado como Max podían hacelo. Le enseñamos a Max lo que es una doble penetracion, mi esposo usando mi culo y Max mi vagina repleta de su propia leche. En agradecimiento les mame la verga con toda la energía que me quedaba durante algunos minutos hasta que se vinieron, me levante con la barbilla y los senos escurriendo de su leche. Nos abrazamos, con su puta en medio y nos tomamos una foto de recuerdo. Ese fin de semana casi no descansé, me la pasé siendo recipiente del delicioso semen de estos hombres, mi marido estaba muy excitado por verme tan engolosinada con el enorme, venudo y rígido miembro de aquel muchachito caliente.

  • Nochevieja inolvidable

    Nochevieja inolvidable

    La nochevieja de 2012 se me presentaba cojonuda, mi mujer tenía guardia en el hospital, mi hijo mayor, que había pasado la nochebuena con nosotros iba a pasarla con su prometida y su familia en Valencia y mi hijo menor había alquilado junto con sus amigos una casa rural en la sierra, afortunadamente se lo comenté a Ramón y Jorge, un matrimonio amigo mío y ambos insistieron en que la pasara con ellos, a mi mujer le dije que iba a un cotillón en un hotel, me puse un traje negro tipo smoking, camisa blanca con gemelos, sin corbata, Ramón me dijo que iba a ser una cena informal, zapatos negros Oxford y completé el atuendo con un abrigo largo tipo ejecutivo en negro también.

    – Bien venido, pasa, dame tu abrigo.

    – Bien hallado Ramón.

    – Recibimos tus flores, no era necesario – les había mandado dos docenas de rosas amarillas en agradecimiento.

    – Por favor Ramón…

    Vivian en un chalet en una urbanización de esas que tienen incluso servicio de seguridad, muy cerca tenían su vivienda también José María y Juana, un matrimonio amigo. El chalet era de dos plantas, amueblado con muy buen gusto, yo lo conocía por que ya había estado allí, solían celebrar barbacoas y yo era uno de sus invitados asiduos, tenía unos jardines preciosos y una piscina enorme en la que me había bañado muchas veces.

    – Pasa al salón, te voy a presentar.

    En el salón estaban su hijo con la novia y un médico ecuatoguineano que yo había visto en la cervecería alguna vez.

    – Mira, este es mi hijo Ramón pero todos le llamamos Cito.

    – Encantado, yo soy Einar – Estreché la mano que me tendía el joven

    – Esta es Silvia, su novia.

    – Mucho gusto – le di dos besos.

    – Y este es Santiago Makoddu, un médico amigo nuestro.

    – Hola. – el apretón de manos duró mas y nuestras miradas fueron intensas…, Ramón sonreía.

    – Bueno, ya estamos todos – apareció Jorge en el salón que me saludó con un abrazo – pronto estará la cena.

    Nos sirvió un coctel de champán con naranja y estuvimos charlando, nos estuvieron contando que la nueva cervecería que habían inaugurado en verano, yo estuve en la fiesta, iba de maravilla, tan bien como la primera, Ramón se quejaba de que con setenta años ya no tenía necesidad de tanto jaleo, el estaba jubilado, había sido director de banco y tenía suficiente para vivir bien pero Jorge, su marido, tenía cuarenta años y todas las ganas del mundo, él era el gerente de las cervecerías.

    – ¿Pasamos al comedor?

    Ramón nos indicó el camino, yo estaba seguro de que la cena sería una maravilla, su marido había estudiado hostelería y era un magnífico cocinero.

    – Einar, tú siéntate aquí a mi izquierda – Ramón se sentó presidiendo la mesa – y tú Santiago aquí a mi derecha.

    Cito, su hijo se sentó a mi izquierda y Silvia a la izquierda de Santiago, Jorge se sentó enfrente de su marido.

    La mesa estaba montada con mucho gusto, el mantel, las servilletas, la vajilla, la cristalería, los cubiertos, todo muy elegante, sin estridencias, sonaba música clásica de fondo, Jorge se encargó de la mesa, no permitió que le ayudáramos, nos sirvió ostras de entrante, deliciosas, acompañadas de un ribeiro, Casal de Arman, exquisito, después una sopa marinera con arroz también espectacular y rodaballo al horno con almejas de segundo, para el postre, un soufflé de chocolate, cambiamos de vino, nos sirvió un Pedro Ximénez de Toro Albalá, una bodega de Montilla-Moriles.

    Durante la cena conocí la historia de Santiago, tenía cincuenta años, había estudiado medicina en España gracias a una beca, se había especializado en medicina general, al acabar los estudios volvió a su país se estableció en Bata y montó una consulta.

    Al principio le fue bien, pero todo saltó por los aires, se descubrió su homosexualidad, él cree que alguien lo denunció, sospecha de un funcionario corrupto al que rechazó, le impidieron ejercer, sufrió el repudio incluso de su familia, lo detuvieron, torturaron y encarcelaron, lo indignante es que es la iglesia católica de Guinea Ecuatorial la que presiona al gobierno para que endurezca la legislación contra el colectivo LGTBI, Santiago consiguió llegar al consulado español de Bata, solicitó asilo y así llegó a Sevilla y se estableció aquí, ahora ejercía de médico en un hospital privado y tenía la nacionalidad española.

    Pasamos al salón de nuevo para las uvas, brindamos por el nuevo año con champán francés, un Louis Roederer brut Rosado.

    Casi inmediatamente Cito y su novia se marcharon y comenzó a llegar gente, los primeros fueron José María y Juana, me alegré de verlos, Ramón nos llevó al semisótano, en una mitad tenían montado un gimnasio muy completo con sauna y jacuzzi, tiene salida directa a una zona del jardín llena de rosales que era la preferida de Ramón, en la otra parte del semisótano tenían montada una pequeña discoteca con su barra, su equipo de música, su pista de baile, la iluminación ambiente como una discoteca profesional bola disco incluida y una enorme pantalla para ver videoclips, está parte tiene salida directa a la zona de barbacoa y a la piscina, Jorge estaba poniendo música, había comenzado con la banda sonora de fiebre del sábado noche.

    Nos reunimos allí alrededor de treinta personas, a la gran mayoría ya los conocía, yo buscaba con la mirada a Santiago pero no lo veía, en eso entró María, mi amiga tranny, tan hermosa como siempre, con su melena morena y sus increíbles piernas, vestía un vestido corto de fiesta de color dorado brillante con un escote con unos pechos deliciosos con los que yo había disfrutado como un niño, venía acompañada de una chica preciosa, delicada como una figura de porcelana, pelo negro azabache y ojos verdes, piel blanca, un cuerpo precioso, su vestido muy similar al de María pero en color plateado.

    – ¡Hola corazón! – me echó las manos al cuello y me dio dos besos.

    – Mi preciosa María.

    – Ramón me dijo que ibas a estar aquí.

    – Sin embargo a mí no me dijo que ibas a venir

    – Mira, esta es mi amiga Micaela.

    – Encantado – nos dimos dos besos – ¿Qué vais a tomar?

    – Champán.

    Me metí detrás de la barra, Jorge nos había advertido que éramos nosotros los que nos teníamos que servir, me puse otro vodka con tónica, llené una cubitera con hielo, metí una botella de champán cogí dos copas y volví con las chicas.

    Nos lanzamos a la pista a bailar, María me estaba pidiendo guerra y Micaela no se quedaba atrás, restregábamos nuestros cuerpos sudorosos, las besé a ambas, nuestras bocas se encontraron y nuestras lenguas juguetearon, María me había desabrochado media camisa y pegando su cuerpo al mío me acariciaba el pecho, Micaela se acerca a mi por detrás pegando su pubis a mi culo mientras nos movíamos al ritmo de la música, estábamos ya muy calientes.

    – Vamos a salir a fumarnos un cigarrillo.

    – Ok.

    Mientras ellas dos salían, busqué a Santiago, hacía rato que no lo veía, me acerqué a Ramón.

    – ¿Has visto a Santiago?

    Me señaló con la cabeza a la puerta que daba al gimnasio.

    – Prueba ahí.

    Entré donde me indicó, estaba en semioscuridad, avancé hasta que lo vi, estaba en el jacuzzi, morreándose con José María mientras Juana, también dentro los observaba con cara de sátira, me di la vuelta y me marché, estoy seguro de que si Juana me hubiera visto me hubiera invitado a unirme a ellos pero no me apetecía, quería a Santiago solo para mí.

    Crucé la sala de fiestas, las chicas estaban en la pista bailando la lambada y poniendo a todo el mundo cachondo perdido, salí al patio, nuestros anfitriones habían cubierto la zona de barbacoa con el toldo para evitar el relente y habían instalado varias de esas estufas a gas parecidas a farolas que se ven en las terrazas de los bares, me acerqué a una de ellas, se estaba a gusto, me preparé un cigarrillo de marihuana y lo encendí, me relajaba.

    – Aquí estas.

    – Hola cariño – María venía hacia mí con una copa de champán en la mano.

    – Dame.

    Me cogió el porro de la mano y aspiró, me besó metiéndome la lengua y pasándome la bocanada de humo.

    – Vamos.

    Me agarró de la mano, entramos de nuevo a la disco, le hizo una señal a Micaela que vino y me agarró de la otra mano, juntos subimos a la segunda planta y entramos en uno de los dormitorios.

    – Espera María, no me gusta abusar, no quiero que Ramón o Jorge se enfaden.

    – Y he hablado con Ramón cariño, me ha dado permiso, tienen este cuarto preparado para ti por si te querías quedar.

    Me colocó delante de la cama y me empujó, quedé de espaldas, apoyándome en los codos, mirándolas. Se acercaron la una a la otra, María sacó el vestido a Micaela, quedaron al aire sus pechos, del tamaño de manzanas, deliciosos, su piel blanca, su cuerpo andrógino, la acarició mientras la besaba, lamió sus pechos mientras ella gemía, fue bajando hasta su ombligo, bajó sus bragas, unas bragas curiosas, además de ocultar la anatomía masculina simulaban los labios de una vagina, su polla y sus huevos quedaron al aire, una polla muy pequeña y unos huevos sonrosados, María se lo metió todo en la boca, a Micaela le temblaban las piernas, yo tenía la polla dura como un piedra.

    María se quitó el vestido, sus pechos rotundos con esa aureola oscura y grande me apuntaron, se quitó la braga, una especie de braga faja de encaje, su polla desafiante era más grande que la mía, las dos chicas vinieron a mi, me quitaron la camisa, los pantalones, la ropa interior, dejándome desnudo sobre la cama, alternaba los besos con una y con otra, me besaban el cuello, bajaban con sus lenguas hasta mis pezones, los mordían arrancándome gemidos de placer, María tenía mi polla agarrada, Micaela fue bajando por mi vientre hasta llegar a ella, la besó, lamió el frenillo, y se la metió en la boca mamando como si fuera un pezón.

    – Joder.

    María mientras tanto me besaba y acariciaba metiendo su lengua en mi boca, mordía mis labios, mi cuello, bajaba hasta mis pezones los chupaba y mordía, poco a poco fue bajando hasta mi pene, ahora eran dos las bocas que tenía sobre él, sus lenguas se encontraban, se besaban mientras me hacían gemir de placer.

    – Uffff.

    Estando tumbado boca arriba me hicieron flexionar mis piernas llevando mis rodillas hacia el pecho, así mi esfínter quedó accesible para ellas, Micaela agarró mi polla y se la metió en la boca, comenzó a mamar subiendo y bajando la cabeza acompañando el movimiento con la mano, María me chupaba los huevos, mordía mi perineo y con su lengua follaba mi culo, mordía mis nalgas, volvía a mi esfínter abriéndomelo con esa maravilla de lengua que tiene.

    – Ooohhh, diosss.

    – Sí papi, sí.

    – Me corro, María, me corroo

    – Sí maricón, córrete.

    – Aahh.

    Largué tres o cuatro trallazos, Micaela que lo vio venir por mi rigidez, sacó mi polla de la boca hasta dejar solo el capullo dentro, tragó el primer semen que salió y dejó que el resto escapara entre sus labios cayendo por el cuerpo de mi pene, lo extendió con la mano.

    – Me encanta el sonido que hace.

    Aún con las piernas flexionadas y las rodillas hacia el pecho María me colocó un preservativo, Micaela se colocó sobre mí a horcajadas, en cuclillas, muy lentamente se sentó sobre mis caderas metiéndose mi polla por el culo ayudada por María que la dirigía hacia su esfínter, nuestros muslos se encontraron, comenzó a realizar sentadillas, mi pene entraba y salía de aquel culo y la visión de sus tetas saltando me tenía hipnotizado.

    – Ah ah ah, papi que rico.

    – Ohhh, mi polla, ooohhh, me vais a mataaar.

    – Ah ah ah.

    Agarró mis manos, nuestros dedos se entrecruzaron, aquel culo estaba exprimiendo mi polla.

    – Plaf plaf plaf.

    – Ay, ay joder, ay Micaela, ay

    – Oh papi, ay que gusto, ay que ricooo.

    Mi esfínter estaba al descubierto, noté algo frío en él, se abría y se contraía, María estaba poniendo lubricante.

    – Joder maricón este coñito está pidiendo carne.

    – ¿Y a qué esperas, puta?

    Micaela había dejado de dar sentadillas, se había metido mi polla hasta los huevos y ahora se movía adelante y atrás.

    – Ay papi, hay que rico, ay.

    María colocó la punta de su pene en mi ojete y sin avisar, de un golpe, me lo metió hasta los cojones.

    – Ayyy Mariaaa, hija de puta, mi culo, mi culooo.

    – Shhh, ya mi niño, ya

    – Oh dios, ooohhh.

    Ahora me estaba follando el culito de una deliciosa muñequita de porcelana mientras una espectacular señora me follaba a mi el mío.

    – Ay papi que me corro, ay, ayyy

    – Sí mi niña, córrete, siiii.

    Se derramó sobre mí, mi culo seguía recibiendo las embestidas de la polla de María, Micaela volvió a moverse adelante y atrás para exprimir mi polla, aquello no podía durar.

    – Ay que me corro, ay, ayyy putas, me vais a matar putaaas.

    – Sí maricon, sí, ah, aahh, ay que culo.

    – Me corrooo.

    Segunda eyaculación, esta vez en el culito de Micaela, María fue detrás de mí, note las contracciones de su polla al correrse en mi esfínter.

    – Oh papi, ohhh.

    Micaela se dejó caer a un lado, María sacó su polla de mi culo, quedé tendido bocarriba, ni fuerzas para quitarme el condón tenía.

    – ¿Me vas a dejar así papito?

    – ¿Eh? ¿Así como?

    – Caliente como una perra.

    María estaba a cuatro patas mostrándome su glorioso trasero, me miraba viciosa por encima del hombro.

    – Joder, necesito recuperar.

    – Estoy caliente papi y tú polla sigue dura. – sonrió – y va a seguir…

    – Diosss ¿Qué me habéis hecho?

    – Nada papi – me guiñó un ojo.

    Me arranqué el condón y me puse otro, me acerqué a ella, le di un azote.

    – Ay.

    – Eres mala – le di otro azote.

    – Ay, sí, soy mala, castígame.

    Hinqué mis dedos en la carne de aquellas deliciosas nalgas, las mordí, las lamí, las abrí y pasé mi lengua por toda la raja, le follé el ano con mi lengua arrancándole gemidos de placer, con uno de mis dedos puse lubricante y se lo metí.

    – Ohhh.

    Me coloqué de rodillas entre sus piernas, puse la punta de mi polla contra su esfínter y de un golpe de caderas se la metí hasta los cojones.

    – Asiii, siii papi, así.

    Puse una mano en su cadera y con la otra agarré su melena obligándola a levantar la cabeza.

    – Chof chof chof. – sonaba líquido a causa del lubricante.

    – Ay mi culo, así papi siiii

    – Zorra, te voy a castigar, puta.

    – Siii papi siiii, ohhh.

    Micaela se colocó delante suya, María agarró su pequeña polla y comenzó a chuparla, la chica comenzó a realizar movimientos de su pelvis follándose su boca

    – Mmmm

    – Chof chof chof.

    – Puta, puuuta.

    – Ay que me corro, me corrooo.

    La primera fue Micaela, descargó en la boca de María y esta se lo tragó todo, yo seguía batiendo su culo con mi polla.

    – Ay papi, no pares cabrón ay.

    – Ufff – estaba agotado.

    – Ay que me corro papi, me corrooo.

    Continué bombeando, yo estaba ya también a punto.

    – Oh, ohhh – apreté mi polla hasta el fondo y me corrí.

    – Ay papi me corro, me corrooo.

    Noté las contracciones de su esfínter en mi polla cuando eyaculó, cayó hacia adelante y mi pene se salió, me quité el condón, apenas había lefa, era la tercera vez que me corría.

    Cuando desperté estaba acostado entre Micaela y María, eran las diez de la mañana, yo le había dicho a mi mujer que iba a un cotillón en un hotel y que había cogido habitación para no conducir bebido, me levanté y me vestí, cuando llegué al salón ya estaba allí Ramón.

    – Buenos días.

    – Buenos días Ramón.

    – ¿Has dormido bien?

    – Casi no lo cuento

    – Ya, me imagino – se echó a reír.

    – Me marcho.

    – ¿No desayunas?

    – No, he quedado con mi mujer.

    – Debes arreglar eso.

    – Lo sé Ramón, lo sé.

    Tengo una cosa para ti.

    Me pasó una nota, lo miré extrañado.

    – Es el número de Santiago, me pidió que te lo diera.

  • En el hotel mientras su cornudo en casa

    En el hotel mientras su cornudo en casa

    La cité en el hotel cerca del trabajo, ella quien tenía su pareja en el mismo lugar donde trabajamos y se las ingenió para llegar a nuestra cita.

    Karina sabía cómo escaparse para gozar, como lo dije en el relato anterior era una “traga vergas” de primera y cuando le llega una nueva quiere exprimirla hasta dejarla seca.

    Ella llegó con una falda café y su blusa tipo dark, de esas que tienen grupos musicales y red en los brazos, la verdad se veía muy bien.

    O: Pensé que te tardarías más.

    K: Perdón, es que tuve que acompañar a Carlos a su camión, si no me hubiera seguido.

    Sabía que estaba jugando con fuego, Carlos era un hombre muy agresivo y ya había golpeado a varios por culpa de esa mujer y yo a mis 19 años ya estaba en su mira, pero no me importaba, estaba dispuesto a sentir esa adrenalina por un rato con ella.

    Abrimos unas cervezas y puse música de Banda, la verdad eso es muy cliché pero con una mujer como ella y a mis inexpertos años era lo que podía dar o darnos.

    O: Se te ven unas piernotas.

    K: Jaja, si me lo han dicho.

    O: Supongo que muchos.

    K: No te creas, también alguna que otra chica.

    Esa plática me ponía caliente, le acariciaba sus piernas las cuales tenían dos tatuajes con nombres los cuales no quise preguntar.

    Comencé a besarla, ella bebía y me dejaba probar su cuello que sabía a cereza, seguramente había tenido que entregarse a Carlos antes que a mi, pero eso no me importaba me ponía mas caliente.

    Me quite mi playera y ella me besaba el pecho, me acosté en la cama y ella tiraba cerveza en mi abdomen (en aquel momento delgado y hasta marcado) su lengua recorría de mi ombligo a mi cuello, eso me comenzaba a poner ¡dura mi verga!

    K: Oswaldito, ¡me gustas mucho!

    Karina me quitaba los pantalones lentamente, su lengua probaba mis piernas y mis entrepiernas, yo jadeaba desesperadamente, quería sentir su boca pero ella dominaba la situación.

    Me bajó el boxer y comenzó a acariciar mis testículos, su mano pequeña lo hacía muy bien y era obvio, seguramente ese par era uno más para ella.

    K: Que dura esta, ¿quieres que me la coma?

    O: Ya te tardaste amor.

    Sonriendo, comenzó a lamer mis testículos, lentamente llevó su lengua a mi tronco y de ahí hasta mi glande, su pequeña lengua me estremeció, abrió su boca y comenzó a tragar mi cabeza y yo me retorcia como loco.

    O: ¡Ah! Que rico, sigue así, ¡ah!

    Karina hacía un trabajo oral formidable y es que de todas las mujeres que me he comido, en chuparla ella está en el top 5.

    No la tengo muy grande pero si gruesa, y a pesar de eso ella tragaba casi la mitad, parecía una Boa devorando a un hamster gordo.

    K: Que rica verga papito.

    O: Es tuya nena.

    El rapidín en el trabajo fue solo un spoiler de lo que ella era capaz de hacer, le pedí se desnudara y ella lo hizo sin dudar, ya desnuda le pedí me diera su concha en un rico 69.

    Su concha depilada y con olor rico pero que no disfrazaba el aroma a otra pinga me puso mas caliente y comencé a darle lamidas a sus labios vaginales.

    Mientras yo le metía la lengua apretando su clítoris con fuerza, ella succionaba los fluidos de mi cabeza erecta, ya hasta me dolía de tanta succión pero el placer sentido lo convertía en un daño colateral.

    Después de un rico oral que nos dimos ambos era la hora de meterla, al igual que en el trabajo decidí darle sin condon arriesgándome a muchas cosas, pero mi calentura era mas grande.

    Ella acostada abrió sus piernas, la tomó de los pies y lentamente empecé a penetrarla sacándole un gemido riquísimo.

    K: ¡Si! Oswaldo, uhm, ¡que rico!

    O: ¡Oh!, ¡que rica está tu pucha, ¡uhm!

    Coloque sus piernas en mis hombros y comencé con el mete y saca a velocidad media, nos besabamos y mordíamos, su vagina apretaba muy rico mi verga, a diferencia de la primera vez, esta vez sin prisa se sentía mejor.

    La acomode de lado y yo detrás de ella, se la metía mientras le apretaba sus tetas y le besaba el cuello y la oreja, Karina cerrando los ojos me apretaba las nalgas para que se la metiera mas y no dejar de penetrarla.

    Me gustaba tenerla en esa pose, gracias a su altura podía darme un festín con su cuerpo, mi verga le daba mucho placer, sus gemidos en mi oreja me aceleraban más y más.

    O: Que rico gime.

    K: Es tu culpa por coger rico.

    O: ¿Me darías tu culito?

    K: Jaja, uhm, no sé, convenceme.

    La puse a cuatro patas y comencé a lamerle su culo, dos dedos entraban en su húmeda concha y mi lengua saboreaba su culito rosa, que rico recordarlo.

    K: ¡Ah, uh, ay, uhm!

    O: Si mamita, que rico culo, ¡uhm!

    Tome mi verga que estaba durísima y comencé a metersela en su culo, no la tengo muy grande pero si gruesa, notaba como se abría lentamente y con dolor, ella gritaba, mordía la almohada y se retorcía, pero no se negaba a recibirla.

    O: Si, que rico culo, ¡uhm!

    K: Dios, duele, ¡uhm!

    O: Tu culo se acostumbra, ya lo has hecho antes no me engañas.

    K: ¡Pero jamás con una de tu grosor!

    Ya le había metido la cabeza, comencé a meterla y sacarla para que su culo abriera más, entre gemidos sollozos ya llevaba la mitad, la tome de sus nalgas y comencé a embestirla despacio, arañandole la espalda y apretando con fuerza sus muslos.

    O: Karina, ah, uhm, que rico culo, ¡uhm!

    K: Oswaldo! ¡Me matas! ¡Me matas!

    Mis embestidas subían de nivel, su culo apretaba delicioso, era la primera vez que lo metía por ahí y me estaba encantando de más.

    K: Dios, que rico, Oswaldo, mas, dame mas, agh, ¡uhm!

    O: ¡Qué rico culo! ¿De quién eres, de quién es tu culo?

    K: Tuyo, uhm, agh! ¡Destrózalo!

    Tome a Karina y la lleve a la orilla de la cama, levanté sus piernas hasta su cara y con su culo a mi merced la embestí de golpe.

    Ella gritó tan fuerte que parecía sufrir mucho, pero ya con mi camote dentro solo me miraba con los ojos vidriados pidiéndome más y más.

    O: Toma, uhm, ¡agh!

    K: Oswaldo, uhm, ¡me matas!

    O: Correte nena, sé que lo harás pronto.

    Mientras la penetraba con fuerza en su culo, metí tres dedos en su coño y ella se retorcía y gritaba, yo celebraba que le había dado vuelta a una come vergas experta como ella.

    K: Me vengo, ah, ¡¡uhm!!

    O: Yo también nena, ¡¡agh!!

    Karina comenzó a correrse como en las películas, yo estaba a punto y en cuanto ella sintió mis primeras gotas de golpe se sacó mi verga y puso su cara para recibir mi semen.

    Esa fue la primera vez que una mujer se tragaba mi semen, lo saboreaba, mientras yo no dejaba de expulsar lechita caliente para esa putita.

    Terminé exhausto, ella igual, nos reímos un poco recordando lo bien que la pasamos, lamentablemente ella tenía que irse, no la detuve, sabía que su cornudo esperaba en casa.

  • Buscando sexo virtualmente

    Buscando sexo virtualmente

    Soy Abril de Bogotá, Colombia, tengo 31 años, delgada de nalgas grandes, senos no tan grandes, pero bien paraditos, de pequeña estatura cabello negro largo y piel trigueña.

    Cuando nos vimos en la necesidad de estar en casa por la pandemia, sin poder salir, momentos de agobiante soledad fueron el común de muchas personas

    Para mi no fue la excepción y pese a que trabajaba en casa y estaba ocupada todo el día, no podía evitar sentirme muy caliente la mayoría del tiempo, habían días que me masturbaba hasta 5 veces sin exagerar, esa falta de calor humano me tenía muy mal.

    Un sábado aún no amanecía y cómo ya era mi costumbre estaba viendo en mi móvil porno y masturbándome, se me ocurrió buscar una página para interactuar con personas al menos por chat, encontrando un portal donde cree mi perfil, usé un seudónimo, me tomé unas fotos atrevidas de hecho se veían mis pezones y las subí en tiempo real, enseguida empecé a recibir mensajes por montones y propuestas para encuentros, así estuviéramos con restricción de salir muchos hombres manifestaban que irían donde yo quisiera o que yo podía ir a su encuentro.

    Decidí publicar que me interesaba sexo virtual con mayores de 60 años, para filtrar un poco, porque al ser nueva recibí un gran número de propuestas de mi ciudad y al vivir sola tenía la facilidad de conectarme sin restricción ni penas con compañeros de casa.

    Al detallar cuáles eran mis preferencias, recibí propuesta de dos maduros les respondí con mi usuario de Skype y al filtrar perfiles por edad encontré otros 3 maduros los que le envié mensaje proponiéndoles sexo virtual con mi usuario de Skype.

    Para ese día ya tenia candidatos y esa misma noche fue mi primer encuentro virtual, ya ni recuerdo el nombre de ninguno de ellos y creo que al igual que yo no usaban el real, le hice un sensual baile al primero, desnudándome por completo.

    Solo con bailar sentía cómo me mojaba y de hecho sentía correr mis fluidos por mi entrepierna, el me empezó a decir que me tocara y sin ninguna vergüenza me tumbe en la cama con las piernas bien abiertas con mi celular en primer plano me metía los dedos y me estimulaba el clítoris, el veterano se movía su pequeña verga que no se ponía del todo dura, con su lengua trataba de simular que me lamia, yo movía mi cadera y mis dedos con fuerza, estaba como poseída por la calentura.

    Cuando llegó mi orgasmo me despedí con la promesa de repetirlo, ya estaba conectado el otro abuelo, le escribí que me diera unos minutos, al conectar la cam, el no estaba desnudo, aunque si en su cama, yo para ese momento ya me había refrescado con una rápida ducha y me había puesto una pijama que consistía en una camiseta y short blancos, iniciamos la interacción pero el solo me preguntaba cosas como si solo quisiera conocer de mi, por lo cual tome la iniciativa y le pregunté cuál era su color favorito, me dijo azul, fui a buscar una lencería azul me la puse y activé la cámara nuevamente para que me viera con tanga y el top de encaje azul oscuro, cuando me vio abrió los ojos y dijo uyyy mamacita, pensándolo bien me gusta mas el rojo, entonces fui tome un muy sexy conjunto un hijo diminuto y el brasier también pequeño con transparencia rojo y se lo modele, así hicimos con negro, morado y blanco, fue cuando le pregunté que cuál escogía.

    Después de analizarlo me dijo me encantó el rojo me dijo por tu piel y tu cabello se ve espectacular, ahí sin salir del plano de la cámara del celular me quite el que tenía y me puse el rojo, ese hombre no parpadeo, estaba fascinado no decía nada solo me miraba, cómo tenia música de fondo entonces me puse a bailar, hacía twerk me encanta mover mis nalgas.

    Y me volví a desnudar, pasaba mis manos por mis pechos, pellizcaba mis pezones, pasaba mis dedos por mi conchita y me daba palmadas en las nalgas, el encantado, no perdía detalle, me masturbe y el me observo todo el tiempo aunque no me mostró el nada, yo me exhibida y el me veía, termine la llamada y el me siguió escribiendo en el chat que cuantos años tenía, que si trabajaba o estudiaba, que donde vivía, en fin insistía en conocer información que no me interesaba dar, así que evadía las preguntas.

    Ese día sentí que logre satisfacer en algo esa gran calentura por lo que le despedí y me fui a dormir plácidamente; al día siguiente al conectarme el primer abuelo estaba fuera de línea y el segundo apenas vio que estaba disponible me saludo y volvió a iniciar su interrogatorio de datos para conocer más de mi, que le interesaba conocerme y que si se daba tener una relación formal, cómo ese no era mi objetivo le aclaré que como decía en mi perfil sólo quería sexo virtual con maduros, que no buscaba nada más y que no lo hacía con chicos más jóvenes por esto mismo porque no quería que estuvieran pidiendo más.

    No volví a conectar cámara con él, porque a pesar de aclarar lo que quería él insistía con lo mismo.

    Con el otro abuelo me seguí viendo por cam de vez en cuando, nos masturbábamos yo terminaba y nos despedíamos así seguimos por un par de semanas.

    También hice lo mismos con los 3 veteranos que encontré y que les envié mi usuario de Skype, nos veíamos en cam, me masturbaba me veían, ellos no me pedían nada más y así estábamos bien.

    Tenía 4 veteranos con los que me veía por Skype para bajar la calentura, así estuve unos cuantos meses, no volví a entrar a la guía, solo Skype, ya para ese tiempo tenía un favorito con el que un día después de nuestro acostumbrado encuentro virtual quedamos de vernos en persona, en mi Skype tenia como foto de avatar una en bikini y ese día la cambié por una en que estaba solo en hijo en cuatro muy provocadora, el me dijo que le gustaba la foto y se la envié, después de desearle las buenas noches quedamos en que al siguiente día nos veríamos; como solo hablábamos por Skype nunca cruzamos números de teléfono, al otro día al conectarme me sorprendí porque mi cuenta estaba bloqueada por violar los términos, fue una muy mala decisión cambiar el avatar, no tenía cómo contactar a mi amigo, el seguramente pensó que me dio miedo y lo bloqueé pero no fue así, por ese tonto error ya no lo conocí y me quede sin mis sesiones diarias de sexo virtual con mis 4 amigos veteranos.

  • Encerrón de cumpleaños con mi ex suegro

    Encerrón de cumpleaños con mi ex suegro

    ¡Hola de nuevo!

    Es difícil volver a compartir con extraños la montaña rusa de emociones que ha sido mi vida los últimos meses, y como tal vez tontamente espero que con el inicio de año las cosas vuelvan a tomar su rumbo.

    Si has leído mis relatos anteriores, sabrás que mantengo, gracias a mi travestismo de clóset, una relación casual con el padre de mi ahora ex novia, quien me ha follado de todas las maneras que ha querido, que me ha hecho sentir toda una mujer y que decidimos ser amantes en secreto. (Si no los has leído, ¿qué esperas?).

    Pues bien; como era de esperarse la relación con mi ahora ex novia se fue enfriando, tanto que pasamos meses sin hablarnos ni textear, con una actitud hostil más que indiferente y decidimos terminar. Parece que desde el comienzo de la pandemia, ella comenzó a frecuentar con diferentes chicos que conoció por redes sociales y con alguno hizo click, primero con likes y charlas, hasta después enviar y recibir nudes. Esto lo supe por una de sus mejores amigas con quien me llevo increíble y quien me hizo tomar la decisión de hablar con ella para que las cosas sucedieran de la mejor manera posible.

    En contraste mis encuentros con su padre venían siendo cada vez más intensos, con bellas sorpresas como lencería que él conseguía para mí y accesorios para que estuviera cada vez más producida en mi versión femenina.

    Pese a que no fue muy dramático el rompimiento con su hija, debo confesar que tanto él como yo, nos quitamos mucha culpa de encima. Las últimas veces que hemos estado juntos me besa apasionadamente en la boca. También besa mi cuerpo y acaricia delicadamente mis curvas antes de meterme dulcemente la verga.

    A veces siento que hacemos el amor más que simplemente coger por morbo, calentura o placer, o al menos eso quiero pensar.

    Este fin de semana él cumple 61 años y lo pasará con su familia (incluida mi ex novia) fuera de la ciudad. En la casa donde tuvimos nuestro primer encuentro; donde probé su miembro por primera vez y donde estuvo dentro de mí casi en cada habitación.

    Decidí que debíamos vernos antes para festejar, así que reservé una habitación en un hotel al cual ambos le traíamos ganas porque las habitaciones tienen tina caliente y pensamos que sería muy rico estar un rato manoseándonos ahí.

    Para la ocasión conseguí unas zapatillas negras y un baby doll negro con moños rosados. También estrené una larga peluca negra con flequillo. Mis labios rojos como a él le gustan y el maquillaje muy cargado, como el de una zorra, además de mi loción de vainilla.

    Yo esperaba en la cama cuando él llegó. Se acercó y me preguntó si yo era su regalo, a lo que juguetonamente respondí que sí. Me levantó de la cama y comenzamos a besarnos despacio. Me acarició suavemente la espalda hasta llegar a mis nalgas. Yo desabotoné su camisa y comencé a besar su pecho mientras me bajaba para aflojar su cinturón y poder bajarle el pantalón. Una vez ahí abajo lo acaricié por encima. Puedo notar de inmediato cuánto lo excitan mis caricias y mis besos porque su verga se pone muy dura, palpitante y húmeda de la punta. Así que le quité todo, me puse de rodillas y despacio la llevé a mi boca.

    ¡Las primeras lamidas me encantan!, su sabor en mi lengua me hace mojarme también y conforme la empiezo a meter y sacar, puedo sentir sus venas y pliegues dentro de mi boca que me hacen desear que explote adentro ese tremendo trozo de carne.

    Después de estar un rato lamiendo su caramelo, pasamos a la cama, donde me puso de espaldas y lentamente comenzó a acariciarme el ano. Le pedí que escupiera y muy despacito introdujera su dedo.

    «Me gusta que me des todo», «¿Eres mía?», «Me la pones muy dura, amor», todas esas cosas me las dijo el hombre mientras con una mano metía su dedo y con la otra agarraba mi nalga. «Sí amor, soy tuya, toda tuya…» Era lo único que mi cerebro me dejaba responder hasta que tuve que pedirle: «¡Por favor métemela ya!», «Ya cógeme, amor, no aguanto más», «Métemela por favor». No tardó nada en empujar su verga dentro de mí. El dolor de la primera embestida pasó pronto y se convirtió en un enorme placer para ambos. Por un espejo que estaba al costado podía verme empinada recibiendo verga de mi hombre. Esa imagen tan sexy me hizo masturbarme hasta terminar y él no tardó mucho en sacármela para terminar afuera, dejándome su leche en ambas nalgas y parte de mi espalda baja.

    El primer «round» estuvo delicioso pero nada como el segundo, ya que nos metimos en la tina. Estar calientes en el agua fue de lo más íntimo y lindo que hemos hecho, porque jugábamos como novios hasta que con ese jugueteo y caricias conseguí ponerlo duro de nuevo. Me dio unas cuantas cogidas ahí pero decidimos salir de la tina para pasar a un sillón, donde él se sentó y yo de espaldas a él me di de sentones en su verga.

    No sé qué me pasa cuando estoy con él que me vuelvo muy escandalosa. Me hace gemir de una manera que no sabía que podía hacerlo. Deseo tener cada centímetro de su verga dentro de mí y quiero cumplirle cualquier cosa que me pida.

    Después de estar sentada en sus muslos, dijo: «Me voy a venir, pero, ¿puedo pedirte algo?». «Lo que quieras, cumpleañero» le respondí. Quiero venirme en tu cara, ¿te gustaría? Lo que tú ordenes, amor, termina donde quieras; en mi pecho, en mi culo, en mi boca o dentro de ella, le dije. Así que salió de mí, me hincó y comenzó a jalársela mientras yo debajo esperaba besándole los huevos. Verlo tan varonil y sudoroso masturbándose me hizo tocarme también, hasta que pasó; explotó justo en mi cara como de película porno. Mi rostro completo quedó cubierto de su semen caliente, por lo que no pude resistir y lo probé con mi lengua.

    Estuvo delicioso.

    Después de estar tirados en la cama por un rato, nos arreglamos y salimos del cuarto. Nos dimos un último abrazo en el pasillo que da al estacionamiento y le di su otro regalo, una camisa a cuadros que le compré para que la use el día que celebre con su familia. Cada quien subió a su auto y tomamos caminos separados.

    Así comienzo este 2022: sin pareja formal, pero siendo amante del padre de mi ex novia.

    Besos.

    Bellota.

  • El nido ocupaba remodelaciones

    El nido ocupaba remodelaciones

    La siguiente publicación es el arreglo de 3 experiencias/vivencias, espero sus comentarios y gracias por su paciencia entre publicación y publicación.

    Todo esto sucedió cuando Mi Rey y yo decidimos expandir la familia para lo cual yo deje mi trabajo en el Instituto y compramos una casa que necesita reparaciones. Necesitaba mucho trabajo, incluido el derribo de algunas paredes interiores y la reconfiguración de los espacios. Afortunadamente, mi ex suegro tenía una compañía de ingeniería y nos ayudó a diseñarlo, y contactó a uno sus contratistas para que hiciera el trabajo por poco dinero.

    Según esto Don Beto era más o menos la edad de mi ex suegro, habían trabajado juntos durante mucho tiempo. Recuerdo haber escuchado que en algún momento distanciaron sus relaciones laborales cuando Don Beto había tenido relaciones sexuales con una de sus clientas y el esposo, que era un gran cliente de mi ex suegro, se enteró y no se lo tomó bien.

    Don Beto tenía una larga historia de aventuras extramatrimoniales que lo catalogaban como una fichita, pero había ofrecido hacer el trabajo a un costo muy razonable, lo cual era algo que Mi Rey no dejaría pasar de largo.

    Don Beto quedo de venir a la casa a revisar las cosas un viernes por la tarde, cuando Mi Rey, estuviera en casa, a media mañana María la chica que nos apoyaba con el trabajo doméstico me había pedido permiso de salir a su pueblo por una emergencia familiar, lo vi como una oportunidad de sorprender a Mi Rey, demostrándole que yo podía ser toda una ama de casa.

    Me encontraba sola haciendo mis labores de buena ama de casa cuando escuche el timbre, era Don Beto que yo llego temprano, me sorprendió lo poderoso que se veía físicamente, emitía el aire de un hombre con el que no querías cruzarte.

    Al abrir la puerta y antes de que pudiera emitir una sola palabra.

    Don Beto: “Tú debes de ser María”-mientras me recorría con la mirada lascivamente –“Tengo cita con tus patrones, voy hacer unas remodelaciones a la casa”- deteniendo su mirada en mis pechos- “Veras María, sé que tu patrón aun no llega, pero andaba por el barrio y decidí pasar de una vez”

    Aun no sé por qué razón, me causo una mezcla de gracia y enfado, el hecho que pensara que era la trabajadora doméstica, decidí divertirme un poco con la situación.

    Y: “Así, si cometo el patrón, que “Aste” vendría, pásele”- franqueando la puerta.

    Don Beto: “Pues anda muchacha indícame el camino” tomándome del brazo para que le diera el tour por la casa.

    Mientras recorríamos la casa, podía sentir como me comía con su mirada, lo cual provocaba me sonrojara, un pensamiento cruzaba por mi mente, no podía evitar sentirme impresionada por este ejemplar de hombre, rudo y corriente.

    Don Beto: «Sabes chamaca, estoy haciendo este trabajo prácticamente gratis» – mientras hablábamos en mi cocina- «¿Tu sabes por qué?»

    Yo: «Pos la vedad no, siñor» -intrigada

    Don Beto: «Tu patrona piensa que le estoy haciendo esto como un favor a tu patrón, pero es que el me ofreció algo a cambio como los mejores amigos».

    Yo: «¿Qué quieres decir?».

    Don Beto: «Que hay otras razones por las que accedí a hacer esto por ti», misteriosamente.

    Yo: «¿Cómo qué razones, siñor?» confundida

    Don Beto: «Bueno, para hacértelo fácil, tendrás que hacer conmigo lo mismo que haces con tu patrón». Asertivamente

    Yo: «Ha que se refiere, el siñor, que le haga de comer?” Coqueta, pensando que era una broma.

    Don Beto: «Más bien la que va comer eres tú, chamaca” – con sonrisa lujuriosa

    Impactada, pensé para mis adentros. Don Beto insinuaba que María tenía algo que ver con MI Rey, y además el sínico la estaba usando como moneda de cambio por su trabajo. Decidí que debía de saber más, que probablemente no sería una experiencia grata, pero mis celos y curiosidad podían más.

    Yo: «Pos oiga Que le ha dicho mi patrón?» lo más seriamente posible.

    Don Beto: «MI compadre dijo que hacías muy buen jale, y que estabas buenona, pero ahora no veo a se quedó corto estas muy mamacita.

    Yo: “Eso le dijo el siñor, de mi” enfada y llena de celos, pero supongo que Don Beto, pensó que era indignación.

    Don Beto: “Y no solo eso, también sé que te gusta ser montada usando la ropa de tu patrona” riendo socarronamente.

    Yo: «Eso hace… digo, ¿eso le dijo el patrón?

    Don Beto: “Tu tranquila que tengo la sensación de que no obtienes todo lo que una hembra como tu necesita de tu patroncito».

    Yo: “Y Aste cree eso, pues que presumido” asqueada de saber lo que María y MI Rey estaban haciendo a mis espaldas.

    Don Beto: “Digamos que he estado en el vestidor con tu patrón y pues el…”, agitando su dedo meñique frene a mí.

    Me reí y juguetonamente le di un puñetazo en el hombro. Aprovechó la oportunidad para agarrarme por las muñecas y tirar de mí hacia él. Traté de alejarme, pero este hombre me superaba en todos los sentidos. Me pregunte ¿Todo será verdad realmente Mi Rey y María?, ¿Este bastardo realmente me tomaría por la fuerza, pensando que soy María? ¿Sería excitante que me tomara en contra de mi voluntad? Estábamos a unos centímetros de distancia, lo miré a los ojos y me mordí el labio inferior. Cuando continuó mirándome, miré hacia mis pies sumisamente y esperé su próximo movimiento.

    Pensé que me iba a besar, podía sentir su cara tan cerca de la mía, aunque no lo estaba mirando. Pero él no me besó, y en su lugar, me empujó hasta ponerme de rodillas. Algunos hombres eligen la sumisión a través de la seducción, otros prefieren obtener la capitulación desde el principio.

    De rodillas, me pregunté ¿qué debo de hacer?, ¿poner en lugar a este desalmado? Para después ajustar cuentas con mi María, ¿Cómo se atrevía a engañarme con María? ¿Aun peor disponer de la pobre chica como su moneda de cambio? Este tipejo intentaba obligar la trabajadora doméstica de su amigo a tener relaciones sexuales. Además, aun no sé si era el enfado contra la infidelidad expuesta de mi marido o el aire dominante de este macho, pero cuanto más trabajaba para forzarme, más me excitaba.,

    Don Beto: «Chica inteligente como tú, ¿no sabes qué hacer?» Me miró y resopló.

    Pensé que en realidad podría hacer que se detuviera. Sin embargo, no quería, mi marido ofreció a como puta a María y la única María en estos momentos era yo, pues Don Beto tendría a su María.

    Yo: «Siñor no sé qué quiere que haga», le dije, inocentemente.

    Don Beto: «¡Chingado, chamaca!» el exclamó.

    Yo: «Tons, ¿qué tingo que hacer para hacerlo feliz?».

    Don Beto «¿Qué tal si empiezas por deshacer esto?», dijo, señalando su cinturón.

    Tímidamente le desabroché el cinturón y le bajé la cremallera. Jadeé cuando saqué su pene y lo sostuve en mis manos. Fue increíble, más firme y duro de lo que había imaginado. Gordo con una cabeza rosada brincando fuera del prepucio.

    Yo: «Nunca he hecho esto,” tratando de ocultar mi apuro de ponerme su polla en la boca.

    Acaricié la polla de Don Beto por unos segundos para que pareciera que tenía miedo de llevármelo a la boca.

    Solo cuando comenzó a tirar de mi cabeza hacia él, suavemente envolví mis labios alrededor de su verga. Lo miré e intenté transmitir aprensión, sorpresa y ansiedad. Don Beto parecía muy satisfecho consigo mismo. A medida que su polla se adentraba más en mi boca, me aseguré de lubricar su cabeza con saliva mientras subía y bajaba sobre su palo con mis labios.

    Don Beto: «Chingado, tu patrón tenía razón, para ser una aficionada, eres bastante buena».

    Salí a tomar aire después de un minuto o dos.

    Yo: «¿Se supone que este monstruo debe bajar por mi garganta?» pregunté inocentemente.

    Don Beto: «Puede que no te haga la garganta profunda, Chamaca, sigue haciendo lo que estás haciendo».

    Luego agarró mi cabeza con fuerza con ambas manos y procedió a follarme violentamente. Si realmente no hubiera tenido experiencia en eso, el episodio habría sido abrumador y aterrador. Hice lo mejor para que fuera bueno y al mismo tiempo parecer avergonzada para él. A pesar de su promesa de no meterlo demasiado profundo, su polla fue demasiado lejos muchas veces, haciéndome atragantarme, ahogarse y agitarme.

    Afortunadamente, se corrió después de unos minutos, vaciando el contenido de sus bolas en mi boca y bajando por mi garganta. Se aseguró de que tragara y luego me ofreció su polla para que pudiera limpiarla con mi boca.

    Me pregunté si Don Beto sabía que estaba exagerando mi inexperiencia o si creía que estaba corrompiendo a una mujer que era casi increíblemente ingenua y desinformada sobre el sexo.

    Don Beto «¿Te gustó?»

    Lo miré. No estaba sonriendo, me miraba fijamente, desafiándome. Temí decir algo que hiciera me abofeteara. No podía pensar en nada, así que solo asentí mansamente.

    Don Beto: «Buena chica»- acariciando mi cabeza como una cachorrita.

    Luego me agarró por el cabello y me arrastró hasta la sala. Todavía estaba de rodillas, y mis rodillas fueron golpeadas y raspadas por el suelo.

    Y: «Siñor Don Beto, me lastima.»- lloriquee

    Don Beto: «Cállate gata, y encuérate»

    Y: «Espere, espere, deme chance, pero, pero…»

    Don Beto: «Pero nada, mueve ese culo, si bien que tu patrón te coge bien cogida»

    Sabía en este punto que me iba a follar sin importar lo que dijera o hiciera, así que pensé en hacerlo más desafiante para él.

    Y: «Ya se la mamé, Ni a mi patroncito le hago eso».

    Don Beto: «Él me dijo que eras toda una perrita, pensé que serías un poco más divertida, pero será divertido educarte».

    Y: «Me acabo de trague sus mecos, ¿No fue eso suficiente?»

    Don Beto: «Eso fue bueno, ahora voy darte lo que una gata como tu ocupa, te la voy a meter bien rico chamaca».

    Y: «No, Don, me va doler, lo sé”

    Don Beto: «Así es, como muela picada, te va doler, pero no vas a querer que te la saque, gata».

    En mi mente me arrepentí de seguir un juego y una pequeña voz en mi cabeza me decía que parara esto, pero mi cuerpo ardía y estaba tan cachondo en este punto que solo quería que me tomara.

    Yo: «¿Qué me va a hacer si no me encuero, siñor? ¿Me vas a jalonear de los pelos otra vez?»

    Resopló una carcajada.

    Yo: «Siñor, dígame, ¿qué va a hacer, pegarme?»

    Don Beto; «¿Quieres que te unos chingadazos?»

    Yo: «No, eso no, seria capas Aste»- provocadora

    Don Beto: «¿No crees que te ponga tus chingadazos?»

    Yo: «No, no creo»- poniéndome de pie, frente a él.

    Me abofeteó con fuerza en la cara, tan fuerte que me envió volando unos pasos hacia atrás y me tropecé en el suelo. Antes de que pudiera levantarme, estaba sobre mí, abofeteándome la cara y el cuerpo mientras trataba de bloquear sus manos.

    Yo: “Está bien, está bien», levantando las manos en señal de rendición. “Me voy a encuerar «.

    Me quité los ajustados shorts y luego me quité los calzones, quedando solamente con mi blusa. Don Beto me miró con lascivia. Le gustaba lo que vio y no cambiaría de opinión acerca de querer meterme su vergota en el delicado coño de María, mi coño.

    Don Beto: «Quítate todo, gata»- ordenó.

    Me quité la blusa y el sostén y me quedé completamente desnuda frente a él. Podía sentir mi corazón acelerado. No podía esperar a sentir su polla dentro de mí.

    Don Beto me agarró del pelo otra vez y me inclinó sobre un sillón para que mi trasero sobresaliera, y empujó su polla contra mi entrada. Aunque excitada mi vulva aún no estaba lo suficientemente lubricada.

    Y: “No, Don Siñor Beto, despacito no me va entrar». Suplicante

    Don Beto: «Como chingados que no, te va entrar toda, gata».

    Su polla golpeaba contra la apertura de mi coño, pero no estaba haciendo muchos progresos. Se agarró con fuerza a mis caderas con sus manos y forzó su verga a través de mi dulce capullo.

    Y: «Umm»- gruñí cuando su polla se metió dentro. -«¡Por favor, Siñor, duele, mucho, despacito!»

    Don Beto: «Chingada madre, chamaquita. Tienes una panochita muy apretada como se ve que no te llena tu patrón bien».

    Y: «Mejor vamos a mi habitación y me coge ahí, normal».

    Don Beto: «¿Qué es coger normal?»

    Y: «Pues así, yo acostada y Aste arriba» inocentemente.

    Don Beto: «¿Así es como te coge tu patrón?»

    Asentí.

    Don Beto: «Tenemos mucho que enseñarte hoy, para que seas una buena gata». Riéndose

    Me tomó del brazo, supongo que pensó que podría tratar de huir. Luché contra su agarre, pero no me soltaba.

    Don Beto: «No vas a ir a ninguna parte».

    Nos dirigíamos a mi alcoba y no la habitación de servicio.

    Y: “A donde me lleva?”

    Don Beto: “A donde coges con tu patrón”

    Ardía internamente de coraje y excitación al escuchar eso, cuando llegamos al dormitorio, me arrojó sobre MI cama. Me puse de espaldas y abrí las piernas.

    Don Beto: «Buena chica, ya estás aprendiendo».

    Se quitó la ropa y se subió encima de mí. Sentí su tatuado torso, sus brazos también tatuados recorrían mi cuerpo, en sus abdominales sobre salía otras marcar, pero su cuerpo se veía y se sentía como el de un hombre más joven, pero estaba más pintarrajeado que una barda de barrio bravo, lo cual, denotaba la rudeza y peligro que era ese macho.

    Y: «Por Dios» sorprendida y temerosa.

    Agarró mis manos y las sostuvo por encima de mi cabeza por las muñecas. Los apretó hasta que dolió.

    Don Beto: «Te voy a someter a mi voluntad, Vas a dejar de pelear conmigo, entendiste gata».

    Me soltó las muñecas y me abofeteó.

    Y: “¡Ya! ¡Don Siñor Beto!» I grité. «No voy a ser buena y no voy a pelear».

    Don Beto: «Vas a sentir cada centímetro de mí verga, putita, Y hay un montón para que la goces».

    Apuntó su polla a mi abertura de nuevo y se empujó con fuerza. Jadeé cuando mi coño cedió a su miembro y sentí que me llenaba.

    Don Beto: «Esa es una buena panocha, Me vas a hacer pasar un buen rato».

    Y: «Oooh» gemí.

    Don Beto: «¿Me vas a hacer pasar un buen rato?».

    Y: «Si, sí, siñor».

    Don Beto: «¿Lo prometes?».

    Y: «Sí, lo prometo»-sumisa.

    Don Beto «No quiero que te quedes ahí tirada, No me quiero follar un pez muerto».

    Me costaba acostumbrarme a su rudeza. Me miró a la cara y pareció divertido por mi incomodidad. Por mucho que lo deseara, había mordido más de lo que podía masticar. Me sentí estirada hasta el límite y el dolor no disminuía.

    Don Beto: «¿Un poco más grande que tu patrón?» con una risa. «No te preocupes, te acostumbrarás».

    Don Beto se tomó su tiempo, deslizando lentamente su polla dentro y fuera de mí, hablándome todo el tiempo de una manera inapropiada y grosera.

    Don Beto: «Tenía tantas ganas de cogerte desde que llegue».

    Y: «Eso es tan malo, siñor, abusar de mi por culpa de mi patrón».

    Don Beto: «¿Y qué? Eres una puta. Y tú también me deseabas, ¿No es así? Me di cuenta por la mirada en tus ojos».

    Y: «¿Yo? Más bien me asusto, Don siñor Beto.»

    Don Beto: «Eras una gata mimada» sin dejar de follarme. «La gata mimada en celo del patrón. Lo que necesitabas era que te la cogieran bien cogida».

    Y: «Siñor, necesito eso,» gemí. «Necesito que me cojan bien cogida».

    Don Beto: «Está bien, gata sarnosa. Tú lo pediste.»

    Comenzó a sacudir su verga dentro de mí con fuerza, lentamente al principio, saliendo y manteniéndose suspendido sobre mí durante unos segundos antes de volver a sumergir su polla. Chocándola contra mi cuello uterino.

    Don Beto: «Que pinche panocha tan apretada y suave, tal como me gusta, las gatas»

    Don Beto me estaba aplastando absolutamente, haciéndome sentir todo el peso de su cuerpo con cada embestida. Su polla se sentía como un ariete, se sentía más como si me estuviera partiendo en dos en lugar de estirarme, tener su polla dentro era una sensación irreal. Gemí y gemí mientras me follaba.

    Don Beto: «¿Así es como te gusta? ¿Te gusta que te coger en la cama de tu patrona?»

    Provocándome mis celos, celos hechos coraje, coraje que se transformaba inmediatamente en lujuria vengativa.

    Y: «Mi patrón y Aste son malos, solo me corrompen».

    Luego comenzó a follarme más fuerte y más rápido, a veces martillando mi coñito. Cada vez que su gran cuerpo chocaba contra mi cuerpo mucho más pequeño, me sacudía como si me estuviera golpeando con una paleta. También sentí dolor en mi vulva, mientras su vergota lo estiraba y golpeaba mi cuello uterino.

    Estaba a punto de correrme y Don Beto, al darse cuenta de mi estado, se separó bruscamente de mí. Mientras jadeaba en mi elevado estado de excitación, Don Beto me puso a cuatro patas y se preparó para follarme al estilo perrito.

    Y: «NO, así no”

    Don Beto: «Tranquila, gata, ya estás bien abierta», dijo, mientras me empujaba a su verga en mi «Te va a encantar».

    ¿Realmente pensó que nunca había follado en otra posición que no fuera de misionero? Casi me río. Me encantó el hecho de que él pensara que me estaba mostrando las cuerdas, sexualmente hablando. Me di cuenta de que lo emocionaba pensar que me estaba introduciendo por primera vez.

    Pero cualquier pensamiento de risa desapareció cuando su pene entró en mí. Dios, esa era una gran polla, pensé mientras me estiraba de nuevo. Don Beto me sujetó por las caderas y lentamente se empujó hacia adentro y hacia afuera. No pude evitar dejar escapar un grito cada vez que se zambullía en mí. Justo cuando estaba a punto de correrme, volvió a sacarse la polla.

    Don Beto: «Ven gata, mámame la verga».

    Me di la vuelta y puse su polla en mi boca, sorbiendo con avidez el eje que estaba cubierto con mis propios jugos.

    Don Beto: “Eso es lo que me gusta ver, Tú sobre tus manos y rodillas, chupando un verga».

    No pude evitar maravillarme de lo gruesa y larga que era la polla de este hombre. Realmente lo quería de vuelta en mi coño. Don Beto me puso boca arriba y tiró de mis piernas para que estuvieran contra mi pecho. Mientras me follaba en esa posición, la cama hacía ruidos que nunca antes había escuchado. Temía que Don Beto pudiera romper nuestra cama, y ¿cómo le explicaría eso a Mi Rey?

    Don Beto: «Chingado, Mírate, gata tomando mi verga como una puta».

    Y: «Cógeme» sollocé. «métemela toda en mi coñito».

    Don Beto clavó su polla en mí como si estuviera tratando de clavarme en la cama. Tener a este poderoso hombre tomando el control de mi cuerpo me estaba volviendo loca. Ya había pasado el punto de la rendición total, pero él continuó follándome como si tuviera algo que probar. Fue demasiado para mí y me corrí con fuerza, gritando incontrolablemente de placer. Se detuvo, antes de correrse él mismo.

    Don Beto: «¿Cómo estuvo, gatita te gusto?», sarcásticamente después de que dejé de tener un orgasmo.

    Los hombres como él siempre son presumidos cuando hacen que una mujer se corra.

    Y: «Estuvo bien,» provocándolo deliberadamente.

    Don Beto: «Ahora si sacaste boleto» beligerante. «Sé que nunca antes te habías corrido así, pedazo de puta».

    Y: «Don Siñor Beto, No si crea, Me encantó tener su gran polla en mi cosita».

    Don Beto: «Ni madres, te vas a arrepentir».

    Me dio la vuelta sobre mi estómago. Se tumbó encima de mí y deslizó su vergota de arriba y abajo entre mis nalgas. Consideré mis opciones sería mucho mejor para mí si él pensara que iba a tomar mi virginidad anal, quizás no sería tan rudo.

    Hasta el momento, me había asombrado la voluntad de Don Beto de forzarme a pesar de mi desgana declarada y también por su beligerancia, que parecía surgir de la nada. Su deseo de castigarme por mi actitud parecía inmerecido. Aun así, no podía quejarme porque al menos estaba obteniendo lo que quería sexualmente de él. Me pregunté qué otra sorpresa tenía guardadas.

    Don Beto escupió un poco de saliva en sus dedos y me la frotó en el ano. Puso un dedo grueso dentro de mí, y lo sentí tan grande como una polla. Gemí en voz alta cuando su dedo exploró mi culo. Entonces él tenía dos dedos dentro de mí, trabajando vigorosamente.

    Don Beto: «¿Gata, Estás lista para tener mi verga en tu pinche culo?»

    Y: «Sí, Don siñor Beto, métamela en mi colita».

    Separó mis mejillas con sus manos y empujó su polla contra mi esfínter. Cuando Don Beto se obligó a pasar por la estrecha abertura, no pude evitar dejar escapar un grito de dolor. Su gruesa polla me estaba partiendo en dos de una manera que no parecía natural.

    Don Beto: «¿Así que te gusta tener una verga dentro de tu pinche culo?»

    Y: «Ay, ay, sí, coge mi colita, papi».

    Don Beto: «Ya me estas entendiendo, Gata. Dile a tu papi que sientes ahora».

    Y: «Te sientes tan grande dentro de mí, papi, métemela, métemela como una puta».

    Empezó a follarme el culo con golpes duros y rápidos, y fue excitante. Gemí de placer mientras trabajábamos su polla profundamente en mi culo.

    Don Beto: «Trágate toda la verga, pequeña gata cachonda», escupió con hostilidad.

    Estaba empezando a darme cuenta de que Don Beto era un hijo de puta enojado. El sexo no lo suavizó, solo sacó a relucir el odio. ¡Y me gustó!!!

    Don Beto: «Eres un buen culo” sacando su polla de mí.

    Pasó sus manos por mi trasero, sintiéndolo todo alrededor. De repente, me azotó con fuerza, con la mano abierta. ¡Dolió y ardía!!!

    Y: «Ay, papi ¡Eso duele!»

    Don Beto: «Te encanta», azotándome de nuevo. «Eres una gata sumisa, ¿no?»

    Y: «Sí, Don siñor Beto, Soy una buena chica.»

    Volvió a azotarme, esta vez con tanta fuerza que se me llenaron los ojos de lágrimas. Luego lo hizo, una y otra vez, hasta que mi trasero se sintió como si estuviera en llamas. Sabía que quería que rogara.

    Y: «Por favor, papi, detente», gemí. «Haré cualquier cosa que digas».

    Don Beto: «Buena gata Ahora haz lo que yo quiera y no tendremos más problemas”.

    Levantó mi trasero para que estuviera de rodillas, con la cabeza hacia abajo en la cama.

    Don Beto: «Ahora, no me hagas enojar», advirtió.

    Me penetro nuevamente por mi culito. No pensé que fuera posible, pero me folló incluso más fuerte que antes. Después de unos minutos, dejó escapar un profundo gemido gutural cuando vaciándose dentro de mí.

    Poniéndome de espaldas, me ofreció su polla. Sin dudarlo, me lo metí en la boca y lo limpié.

    Don Beto: «Buena gata», mientras lamía su polla. «Esa es una buena gatita».

    Se levantó de la cama y empezó a vestirse, mire el reloj de la cómoda, tuve el tiempo justo para ordenar las cosas y recomponerme antes de que Mi Rey llegara a casa del trabajo. Me sentí un poco avergonzado de mí mismo sentado en mis tiernas nalgas golpeadas con Don Beto y sintiendo el semen saliendo de mi culo.

    Ya vestido trate de que saliera de mi casa antes de que llegara mi marido, pues tenía cuentas que ajustar con él con respecto a María, pero obviamente no quería que se diera cuenta de mi pequeño desquite.

    Y: “Sera mejor que se valla, yo le digo a mi patrón que vino”

    Don Beto: “No gatita necesito hablar con él”- sentándose en el sofá de mi sala.

    Apenas iba aclarar las cosas, explicar que yo no era María y que sería mejor que saliera de mi casa antes de que llegara Mi Rey, cuando llego el mencionado.

    Trate de salir a recibirlo para ganar tiempo, pero Don Beto me tomo del brazo, dejando que mi esposo entrara a nuestra casa.

    Don Beto: “Compadre, ¿cómo estás?, ya chequé con TU ESPOSA, la casa y hasta me adelanté REVISÁNDOLE LAS CAÑERÍAS”- sínicamente sin dejarme hablar.

    Enmudecida al escuchar eso, todo el tiempo este hijo de su puta madre, sabía quién era yo.

    MI Rey: “Pero espera Beto, ¿eso no tendrá costo extra?” Reluciendo su tacañería.

    Don Beto: “NO eso va por mi cuenta” mirándome de reojo mientras lo conducía por la casa para explicarle los arreglos que haría.

    No pude escuchar una palabra de lo que decía mientras se alejaban, quedándome en shock sentada en mi sala solo sintiendo el ardor emitido por mis glúteos, el palpitar de mi capullito y la humedad que salía de mi ano. Todo lo que dura polla me había hecho un poco antes.

    Cuando Mi Rey le dijo a Don Beto que tenía que salir de la ciudad este fin de semana, Don Beto me miró y levantó una ceja. No estaba seguro de lo que significaba, pero me preocupaba que pasaría cuando lo volviera a ver.

    Continuación y conclusión… pronto

  • Angy la amiga de Fanny repite conmigo

    Angy la amiga de Fanny repite conmigo

    Hola a todos, esperando que se encuentren bien.

    Para quienes no han leído nuestros relatos:

    Somos una pareja madura yo de 56 años y mi esposa de 50, no tenemos cuerpos de gym, pero nos conservamos yo de 1.60 de estatura y mi esposa de 1.50 lo que más destaca de ella son sus pechos 36c, tiene los estragos que dejan los embarazos como estrías y abdomen, yo de complexión media con una verga de 15 cm aproximadamente.

    Iniciaba la semana y Fanny aún con los estragos del fin de semana (leer “Con los compadres después del primer intercambio”) se fue a trabajar a la escuela en la que ejerce como maestra de inglés, en uno de los recesos recibe la llamada de su amiga Angy, después de los saludos y de ponerse al día con los acontecimientos, Angy le pide vernos en la semana para repetir el encuentro anterior (leer “Inicio de un matrimonio abierto (3)”), Fanny se disculpa con ella pues no se ha recuperado de la desvelada y la cogida del fin de semana, pero le propone que salga conmigo, que a mí me encantaría, y quedó de confirmarle después de hablar conmigo.

    Llegando a casa por la tarde Fanny me comenta de la llamada que tuvo con Angy, que si estaba dispuesto el jueves podría salir con ella, igual que la vez anterior pasaría por ella al tren suburbano a la 1 de la tarde y dejarla en su casa a más tardar a las 8 de la noche le dije que si, que pediría permiso en el trabajo para salir temprano, Fanny le habló a Angy para confirmar con ella me pasó la llamada y después de saludarnos quedamos de acuerdo.

    Los siguientes días solo de pensar en el culo de Angy se me paraba la verga, tanto que hasta la soñé, y Fanny me sintió cuando dormíamos, me preguntó ¿que estabad soñando que te tenía tan excitado?, le respondí que con su amiga y solo se rió y dijo pues disfruta la salida y cogetela bien, le hace falta ya que su marido la tiene descuidada sexualmente.

    Llegó el jueves me arreglé para ir a trabajar, mi hora de entrada es a las 8 de la mañana me llevé un traje azul marino con camisa blanca y corbata azul con blanco, con boxer blanco también, previamente ya había pedido permiso a mi jefe para salir a las 12 y poder recoger a Angy a la 1 de la tarde, llegué a la estación Tultitlán del tren suburbano 10 minutos antes, Angy ya me esperaba, llegó con un vestido rojo corto un coordinado de brasier con tanga y pantiliguero negro, con zapatillas de tacon altas que realizaba su figura y le hacía parar más la nalga, muy bonita, llamaba la atención pues varios de los que pasaban en ese momento se quedaban viendola.

    Subió al auto y me saludó con un beso en la boca muy cachonda que le respondí metiendo la lengua en su boca, le sugerí que comieramos algo en el centro comercial Perinorte que nos queda cerca, durante la comida tocamos el punto del alejamiento de su esposo, me dijo que desde hace varios meses ha tenido eyaculación precoz y después de eyacular ya no se le para, que le ha sugerido ver a un urólogo pero no quiere atenderse y ella se queda con ganas, que ha tenido que recurrir a la masturbación porque aparte no le deja que compre un consolador y que por eso le habló a Fany y que estaba muy agradecida de que la apoyaremos, le dije que al contrario, gracias por pensar en nosotros sobre todo en darme la oportunidad de estar con ella, me dio un beso largo, le pregunté que pretexto le dio a su esposo para ausentarse me dijo que salía a entregar artículos de belleza que vende por internet.

    Pagué y nos fuimos al estacionamiento por el auto antes de retirarnos morreamos un poco le bese el cuello y la nuca tocando sus senos me devolvió con un beso en la boca y me agarró la verga sobando y ella misma tomó mi mano para ponerla en su entrepierna diciéndome al oído siente lo caliente que estoy ya quiero tener tu verga metida en mi, paramos y nos dirigimos a un motel cercano al centro comercial, entramos y pagué la estancia al encargado subimos a una habitación muy cómoda y limpia con potro del amor y tubo para pole dance en las escaleras le metí la mano debajo del vestido para sobar sus nalgas que se sienten firmes y paraditas, al entrar nos lavamos las manos, boca y dientes para limpiar residuos de comida Angy me pidió sentarme en la orilla de la cama mientras ella con movimientos sensuales me hacía un striptease sacando lentamente su vestido para quedar en lencería, se quitó la tanga y me la aventó a la cara, se tomó del tubo de pole dance y se agachó mostrandome sus nalgas haciendo movimientos circulares, se incorporó y vino hacia mi hincándose para estar a la altura de la bragueta y tomar el cierre para sacar la verga que ya estaba parada a todo lo que daba, la tomo y fue lamiendo desde los testículos hasta el glande varias veces, después puso un poco de crema dental en la lengua y metió la verga en la boca, jugueteando la cabeza con la lengua, cuando la sacaba me soplaba, que sensación tan rica y tan erótica, si no lo han probado se los recomiendo, después se incorporó para sentarse y abrir las piernas para hacerle un cunnilingus, estaba súper caliente casi de inmediato tuvo varios orgasmos, dejándome sus líquidos para que yo los saboreara, nos acomodamos para hacer un rico 69, mamando mi verga en forma frenética y restregaba su vagina en l mi cara como poseída, volvió a tener varios orgasmos.

    Tomó un poco de aire y se puso en cuatro para que se la metiera desde atrás, y me pedía que le diera despacio para disfrutarlo lo más posible, con la vista que tenia de sus nalga la acariciaba y acariciaba sus piernas, la sensación del tacto con las medias es sensacional, la tomaba de las caderas y metía y sacaba, después se puso boca arriba para darle en posición del misionero me abrazo y clavo sus uñas en mi espalda, enseguida los arrimones con piernas al hombro, posición que también gozó, por último me pidió que me acostara boca arriba para montarse ya que en esa posición siente más penetración, así lo hice y cabalgó ella poniendo el ritmo del movimiento, pese a que ya había tenido varios orgasmos, estos últimos fueron más intensos gritando vente, quiero toda tu leche caliente adentro, me vine soltando un chorro que se le salía por los costados de las paredes vaginales.

    Descansamos un rato, me comentó que ya tenía un rato que no gozaba de esa manera, que en cuanto me recuperará, quería que le diera por el culo, que la vez pasada le gustó sacó de su bolso un tubo con lubricante que pasó a comprar en la farmacia, empezó a masturbar y después a dar otra mamada, ya que estaba parada puso suficiente lubricante en toda la verga y en la entrada de su ano, se acomodó en cuatro abriendo con ambas manos las nalgas para facilitarme la tarea, puse la cabeza dei verga en el orificio y fui deslizando poco a poco, en ocasiones me pedía que parara y después seguía metiendo hasta tenerla toda adentro, poco a poco ella tomó el ritmo y ella misma se introdujo dos dedos en la vagina para aumentar el placer, así estuvimos como por diez minutos antes de que tuviera su orgasmo, seguí unos minutos más para despues dejarla e irme a lavar, regresando le pedí que me lo volviera a mamar para venirme en su boca, abrió la boca y se lo introdujo mientras con la mano subía y bajaba nos disfrutamos hasta que solté el chorro de leche que se tragó en su totalidad.

    Nos recostamos acariciando nuestros cuerpos, platicamos de lo que nos pareció la experiencia y ella me reitero su agradecimiento, que le encanta coger conmigo y que si Fanny se lo permite repetirlo otras veces.

    Nos bañamos, ella se volvió a maquillar y a peinar para poder llegar a su casa, me pidió que la dejara en el tren suburbano para evitar alguna mirada indiscreta de sus vecinos.

    Llegué a casa y le platiqué a Fanny como estuvo además de la intención de Angy de repetirlo otras veces, Fanny dijo estar de acuerdo pero solo si ella lo pedía y se reunían los elementos como está vez, nos besamos y nos metimos a la cama a descansar para ir a trabajar al día siguiente.

    Gracias a todos por leer, y hasta el siguiente relato.

  • Mi cuñada Yani

    Mi cuñada Yani

    Todo empezó hace aproximadamente un año, mi novia que vamos a llamar (Cintia) me invito a comer a su casa, viven ella, mis suegros y mi hermosa cuñada (Yani).

    Fui un poco temprano para ayudar en la cocina y de paso charlar un rato, mis suegros estaban de vacaciones y solo estábamos mi cuñada, mi novia y yo.

    Hablamos un rato normalmente hasta que empezamos a cocinar cuando nos dimos cuenta que faltaban algunos ingredientes. Mi cuñada se ofrece para ir a la tienda, pero mi novia insiste en ir ella ya que tiene vehículo.

    Cuando se fue mi novia seguimos normal por un rato, después de unos minutos quedamos en silencio y ella aprovechó para lavar ropa.

    El canasto está a unos metros de la cocina al sacar las prendas se le caen unas cosas y agachándose muy llamativa se le ve un poco la cola por debajo del short y sin pensar una palabra salió de mi boca (wauu) ella escuchó y sonrió en ese instante se me paro el corazón.

    No sabía cómo lo iba a tomar.

    Por suerte parece que bien.

    Unos minutos más tarde aprovecho y mientras yo esperaba a mi novia ella se metió a bañar.

    En ese momento cuando escuche la ducha fui y la espíe por debajo de la puerta (2 cm) y la vi desnuda, su piel blanca, pelo largo, lindas tetas y una cola parada que de espalda se puede ver toda la conchita desde atrás.

    La verdad muy lindo recuerdo.

    En ese momento suena el timbre y salgo rápido para fijarme quien era, solo un vendedor. Cuando vuelvo ella me llama desde el baño para preguntar quien era a lo que respondí, instantáneamente me dice que tiene algo para mí (yo ya me lo imaginaba) siempre hubo miradas y sin pensar pregunté (ah si?) Me dijo que si, que entrara y fui.

    Al entrar ella estaba mojada y yo con la pija paradisima la empecé a besar y a apoyar.

    Fue lo mejor que me pasó.

    Saco mi verga y empezó a patearme en su baño.

    Yo nervioso, mi novia estaba en camino de vuelta.

    Le mandé un mensaje mientras ella seguía peteando, faltaban unos minutos los cuales aproveché para penetrarla un ratito hasta acabar en esa boca hermosa.

    Hicimos un pacto de silencio.

    De vez en cuando si no me ve nadie la manoseo un poco en su casa.

    Ella es mi puta, mi cuñada hermosa.