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  • Soy esclava de mi abuelo (2)

    Soy esclava de mi abuelo (2)

    Yo estaba temblando. Estaba completamente empapada, de pies a cabeza. Y me sentía muy nerviosa, entre el frío y la ansiedad no podía hacer más que titubear. «Vamos Angie, no quiero que te enfermes, menos ahora que por fin te encontré.» me dijo con su profunda voz. Sentí como pasó su enorme mano de mi hombro a mi cintura. Se sentía caliente, gruesa y muy fuerte. Sentí como me apretó la cintura un poco y me jaló para que me pegara a su cuerpo, de esa forma su paraguas alcanzaría a cubrirnos a los dos. De esa manera caminamos juntos hasta su camioneta, yo con los brazos cruzados, muerta de nervios y muerta de frío, pegada a él. Él tomando mi cintura fuertemente, como si quisiera evitar que me fuera corriendo y con la otra mano sujetando su paraguas.

    Yo seguía temblando. Poco a poco entre la lluvia vi como nos acercábamos a una camioneta detenida a un costado de la avenida. Era blanca, algo grande, como las que usan para hacer envíos, no tenía cristales en la parte de atrás. Me abrió la puerta para que entrara, me sente en el asiento del copiloto y él se quedó de pie, al lado mío, me dijo «estas toda mojada, seguro solo piensas en quitarte esa ropa. Dame tu blusa, no quiero que enfermes». No sabía que hacer, me le quedé viendo a los ojos. Ahora que lo pienso, desde ese momento dejé de tomar decisiones serias en mi vida. A partir de ahí mi cerebro se apagó, me sentía como un animalito que acaban de recoger de una tormenta. Aliviada por escapar de la lluvia y el peligro de estar ahí sola pero al mismo tiempo asustada por no saber a donde me llevarían.

    Como no le respondía ni hacía nada. Dejó a un lado su paraguas y se inclinó hacia mí. Acercó sus manos a mi pecho y desabrochó el botón del cuello (lo tenía abotonado por el frío aunque me apretaba un poco). Luego continuó con el siguiente botón, un poco más abajo. Justo donde se encuentran las clavículas. Lo desabrochó con gran facilidad. Luego cuando estaba a punto de desabrochar el siguiente, lo detuve con mis manos. Yo no era capaz de hablar sin titubear aún. «Tranquila, llevar esa blusa empapada seguro te provocará una neumonía, atrás tengo muchas sábanas, te daré una para que te cubras» sus palabras me relajaron, su tono de voz era idéntico al que mi papá usaba conmigo. El siguiente botón cubrirá el inicio de mis senos, la parte que forma una «Y» cuando usas brasserie.

    Sentí como sus dedos rozaron la parte superior de mis senos, y luego, no me di cuenta como, ya había desabrochado tres botones más. Pronto sus manos estaban en mi vientre desabrochando los últimos botones. Separó ambas partes de mi blusa y mi brassiere quedó completamente al descubierto. Era de satín morado, con algo de encaje. En ese entonces sólo usaba brassieres de copa completa, por lo que no se veía mucho de mi escote. Sin embargo, al parecer le fascinó a mi abuelo. Un buen rato se quedó perdido, casi boquiabierto, mirando mis pechos y mi brassiere morado. Yo sólo lo miraba a los ojos, sin poder hacer mucho, nunca antes me habían mirado con tal descaro en plena calle. “Estas bien crecidita, ya te ves como toda una… señorita” me dijo mientras me cubría con la sábana que sacó de la parte de atrás. Después de cubrirme me besó la frente y cerró la puerta, cerró la parte de atrás de la camioneta, entró al lugar del conductor y la encendió.

    Dentro de la camioneta, en la parte de atrás, tenía un colchón muy grande, cubierto por sábanas rojas de porcelana, muchos cojines y lo que aparentaba ser un frigobar, entre otras cosas extrañas y luces neón. En ese momento no pude terminar de fijarme porque mi abuelo cerró la pequeña ventanita con la que se podía observar la parte de atrás de la. Camioneta desde el lugar del conductor y el copiloto. «No te preocupes, es para los clientes. Yo jamás lo he usado. Aunque tu lo usarás bastante seguido…» me dijo mi abuelo. No supe a qué se refería. En ese momento no me lo podía imaginar. Pensaba que había comprado ese colchón para acomodarme un cuarto en su departamento, no tenía idea de la realidad.

    El camino fue muy corto. No más de 15 minutos, sin embargo se hizo eterno y bastante incómodo. No podía quitarme de la mente sus ojos clavados en mis pechos. Llegamos a una unidad habitacional con muchos edificios altos, todos de tabique, cerca de unas pirámides antiguas. Había en la entrada una caseta de vigilancia con varios guardias de seguridad privada, saludaron a mi abuelo y algunos se me quedaron viendo. Entró a la unidad la camioneta y condujo hasta el estacionamiento, apagó el motor. “Aquí he vivido los últimos 10 años, si tu quieres también es tu casa, vamos a que te la muestre, seguro te encantará…” me dijo y bajó de la camioneta.

    Aún estaba fuerte la tormenta, me abrazó y bajó, caminamos juntos unos minutos hasta su edificio. Me dijo que su departamento estaba en el primer piso y señaló una ventana grande. Subimos usando las escalera aunque había elevador, fue solo un piso como dijo. Entramos en su departamento. No era para nada como esperaba. Estaba muy limpio y adornado, con muebles bonitos, cuadros y detalles dorados por doquier. La pared estaba recubierta de una piedra blanca que era muy similar a la cubierta de la mesa del comedor. “No vayas a ensuciar, puedes entrar a bañarte pero deja aquí tus zapatos y tu pantalón, cuando salgas cenaremos.” Me quitó la sábana y de nuevo me quedé con el torso semidesnudo, me comencé a desabrochar el pantalón antes que él interviniera como pasó con mi blusa. Estaba súper mojado, y lo tenía todo pegado al cuerpo, me costó mucho trabajo bajarlo. Normalmente tengo dificultad para ponerme y quitarme los pantalones ajustados por el volumen de mis glúteos y muslos, así mojados me costó mucho más trabajo.

    Obviamente mi abuelo lo observó todo. Vio como poco a poco me bajé el pantalón y se iba descubriendo mi calzón que hacía juego con mi brassiere, morado con algo de encaje. De repente lo volteaba a ver, el muy descarado no dejaba de ver mi trasero. En parte sentía que me estaba desnudando para él, todavía me tenía que terminar de quitar el pantalón y caminar hasta el baño. Sabía que no me dejaría de observar, pero en parte yo quería que me viera. Me emocionaba conocer a mi abuelo y que viera que ya era una mujer adulta. “El baño está a mitad del pasillo del lado izquierdo, ahí encuentras todo nenita” me dijo cuando vio que me quité los zapatos. En ese momento sentí que él y yo estábamos jugando, en parte nos estábamos vengando de papá por haberlo alejado de la familia. Aunque en mi mente aún tenía la duda de sus razones, sentía que había sido injusto. Por seguir en el plan de juego, al caminar al baño, me fui contoneando mis caderas, al llegar al final me di cuenta que tenía aún la vista en mis pompas, me sonreí y entré al baño.

    El baño era muy grande, tenía una gran tina y una banca acojinada, al final el wc y la regadera. Me quité mi ropa interior y entré a la regadera. Se sintió super bien después de haber estado bajo la lluvia y el frío. Decidí salir en toalla, toda mi ropa incluso la interior estaba mojada aún. Al salir escuché a mi abuelo desde otro cuarto, me gritó que me había dejado la cena en la mesa, que después me podía ir a dormir al cuarto del fondo. Tomé café con leche que ya estaba servido y un pan con jamón. Todas mis cosas de la universidad se quedaron al lado de mi coche, seguro ya estaban arruinadas, decidí ir a dormir. Mañana sería otro día. Al entrar al cuarto traté de buscar el interruptor de la luz, no pude encontrarlo. Todo estaba muy obscuro. A tientas encontré la cama, me quité la toalla y me metí entre las sábanas. Caí pronto en un profundo sueño.

    Desperté sintiendo un intenso espasmo, no había duda, era un orgasmo. Yo estaba acostada boca arriba, aún con la sábana encima pero con uno de mis pechos afuera. Al lado mío estaba acostado de lado mi abuelo. Todo sobre esos momentos es muy borroso. Por unos 15 minutos no me podía mover, me sentía en extremo relajada. Recuerdo que mi abuelo decía algo pero podía distinguir que era. Mi mirada estaba fija en el techo, sentía su enorme mano entre mi entrepierna, me estaba masajeando, él me había provocado el orgasmo. El cuarto, antes obscuro, tenía ahora una extraña luz rojiza.

    De repente sentí como se levantó y me quitó por completo la sábana, separó mis piernas y empezó a meter sus dedos en mi vagina. Yo seguía sin poderme mover. Sentía como si estuviera buscando algo dentro de mí, de repente un dedo, a veces dos. Entre más tiempo pasaba, mejor se sentía. Hasta que de repente de nuevo lo sentí, ahora un poco más intenso. Sentía como electricidad que partía de mi entrepierna al resto de mi cuerpo. Pasando por mis brazos, piernas, hasta llegar a mi cabeza. Era la primera vez que sentía dos orgasmos casi seguidos. En ese momento sentí un tremendo éxtasis. Recuperé por un momento los sentidos y me pude mover. El cuarto estaba a media luz. En el techo había un enorme espejo instalado. La luz provenía de unas lámparas neón colocadas alrededor del cuarto. Me puse de rodillas y me alejé lo más posible de mi abuelo.

    Él estaba al pie de la cama, vestido, con una enorme erección. Le pregunté con nerviosismo que hacía, que pretendía con todo esto. Él se acercó a mí y me dijo que me dejara llevar. Me tomó la cabeza con una mano y me comenzó a besar. Yo estaba de nuevo empapada pero esta vez por mi propio sudor y no por la lluvia. Sus besos eran muy tiernos, de repente mordía mis labios, cada que lo hacía al mismo tiempo me daba un pequeño pellizco en mi pezón derecho, eso me hacía sentir bonito abajo. Me estuvo haciendo lo mismo un largo rato, yo era incapaz de pensar en cualquier cosa, jamás me la había pasado tan bien con algún hombre, el hecho de que fuera mi abuelo se sentía como una aventura. Me tomó por las manos y me jaló un poco, de forma que quedé a gatas, sobre mis manos y rodillas arriba de la cama. Él acarició mi espalda y se colocó detrás de mí. Yo ya sabía lo que iba a pasar, una parte de mi sabía que estaba terriblemente mal, pero la mayor parte de mi lo deseaba, estaba súper caliente.

    Escuché como se desabrochó el pantalón y cinturón, sentí unas amables caricias en mis pompis. Ahí fue cuando sentí su miembro en la entrada de mi cuerpo. Era como si mi vagina lo estuviera besando aunque yo no estaba haciendo nada. Después de un rato él rompió el silencio: “Sacude la colita si quieres que te la meta” no pasó ni un minuto y yo ya me estaba contoneando. “Que buena nenita” me dijo y sentí como poco a poco entraba. “Estás más sabrosa que tu madre” me dijo mientras la metía y la sacaba muy despacio. “Y de seguro hasta eres más puta que ella”, me la metió hasta dentro. Yo no era virgen antes de eso, ya había tenido algunas experiencias con amigos y noviecitos, incluso con un primo. Pero sí puedo decir que esa fue la primera vez que me cogieron de verdad. Me la estuvo metiendo y sacando por un ratote, sentía como la punta de su miembro tocaba mi mero fondo de mi vagina. Cada que lo tocaba sentía maravillas, sólo podía pensar en que lo siguiera haciendo, no me di cuenta y estaba jadeando. “Buena putita hija de tu puta madre” me dijo antes de comenzar a metérmela con más energía todavía. Unos minutos y de nuevo lo sentí, mi tercer orgasmo en una noche, pero este fue lo máximo… Toda mi piel se estremeció, sentí que mi cuerpo se derretía, al final caí sobre la cama, de nuevo me relajé al grado de apenas poder moverme. Me quedé dormida.

    Desperté de nuevo pero ya era de día. Las sábanas eran blancas y estaban secas. Yo estaba desnuda, era normal así me dormí. En el techo sí había un enorme espejo. Sobre un pequeño buró estaba mi ropa de ayer, completamente seca y limpia. Incluyendo mi ropa interior. Yo me sentía muy feliz, como cuando despiertas de un buen sueño. Pero en el fondo sabía que aquello no había sido un sueño. Me vestí y salí al comedor, mi abuelo estaba sentado, leyendo el periódico. Me dijo que me sentara. Me sirvió el desayuno. “No te acostumbres a que te trate como princesa, si te vienes conmigo, vas a tener que trabajar, quedas avisada.” No le respondí nada. “Mi departamento es completamente tuyo mientras no esté aquí. Salgo mucho, soy transportista. Pero mientras yo esté aquí obedecerás y me dirás “si señor”, ¿Te quedó claro?” No le respondí nada. “Ya aprenderás a obedecer” Le respondí con una pregunta:

    Yo: ¿Por qué mis papás te alejaron, que hiciste?

    Abuelo: ¿No te lo imaginas?

    Yo: ¿Te cogiste a mi mama?

    Abuelo: No, bueno si, pero tu papá no lo sabe. Me alejaron por otra razón, ya lo descubrirás. Toma para tu taxi, y toma esto otro para que te queden ganas de volver.

    Se desabrochó el pantalón y se sacó su enorme miembro erecto, grueso y lleno de pelos. De inmediato mi mente se transportó a la noche anterior, me puse muy muy nerviosa pero al final perdí la conciencia. Me quité el pantalón y los calzones y me acerqué a él. Todo en lo que podía pensar era en sentir de nuevo uno de esos orgasmos tan intensos. “Ven putita, acércate” Caminé hacia él. “¿Quieres que te coja putita?” No le respondí nada. “Que niña tan necia, te enseñaré a decir sí señor. Pon tus manos sobre la mesa” Le hice caso, de forma que quedé con las pompis desnudas empinadas. “Tremendos cachetones que te cargas Angie, ni tu madre estaba tan buena, aprenderás para que los tienes”. Me soltó una tremenda nalgada, sentí como todo mi trasero se sacudía. Escuché como se reía “Angie que enormes nalgas tienes, seguro todos los hombres que conoces sueñan con agarrarte a nalgadas. Cada que te de una dirás “Si señor quiero otra” entendido putita?”

    “Si señor”, le respondí.

  • En los ríos de la Patagonia

    En los ríos de la Patagonia

    Eran mis pausas más ansiadas. Dos o tres días solo, en algún río de mi amada Patagonia fuera del alcance opresivo de la todopoderosa Red, disfrutando de mi pasión por la pesca. Desde que algunos negocios me llevaron a viajar a la zona con cierta frecuencia, agregaba a mi plan estos recreos solitarios. Acampaba “al agreste”, es decir fuera de sitios de camping organizados, de manera de no encontrar gente, y mi SUV era lo suficientemente espaciosa para desplegar una bolsa de dormir en su parte trasera, y de esta manera no armar una carpa. Por supuesto, nada de campamento pobre. Me acompañaba siempre una buena provisión de vinos de calidad, charcutería, quesos y habanos. Con mas todo el equipamiento necesario para en confort en la vida al aire libre.

    Me había decidido ese noviembre por un lugar en el río Manso, cerca de su embocadura en el lago Steffen. Buen acceso por automóvil (todo terreno, entiéndase), y el camping organizado estaba a un par de kilómetros por la orilla del lago. Nadie que moleste. O eso pensé. Retornaba de pescar por la tarde y vi una carpa próxima a mi SUV. “La puta madre” – pensé – “porque mierda no se pusieron en otro lado”. Me senté en un banquito y estaba sacándome mis botas y pantalones de vadeo cuando las veo llegar. Eran tres chicas, bastante jóvenes, unos 18 años, quizás 19. “¡Hola!” me saluda que caminaba adelante. Una morochita tetona y bastante gordita. La seguía otra morocha, grandota y también algo rellena, y una flacucha carilinda de pelo castaño y ojos color miel, más estilizada, pero de tetas chiquititas. Lara, Karina y Soledad se presentaron. Calzaban zapatos de trekking, pero vestían remeras y trajes de baño debajo (o bikinis, no sé), cosa esperable con el calor anormal que hacía y el día espectacular que terminaba. Traían leña, la cual evidentemente habían ido a recolectar con intenciones de hacer una fogata.

    – Hace mucho calor y el indicador de riesgo de incendio está en amarillo chicas. ¿No trajeron hornalla portátil para cocinar? – Les advertí.

    – Uhh no. Vinimos de mochileras y a pie. Con lo indispensable… – Respondió Lara, la que había saludado primero y parecía llevar la voz cantante del grupo.

    – Acá es donde tienen que encenderlo. – Les mostré un lugar adecuado en claro que separaba mi auto de su carpa, y les ayudé a improvisar un fogón y encenderlo.

    Conversamos un poco. Eran de Rosario. Habían planeado esta experiencia para el verano anterior, pero se les había postergado por diversos motivos. Lara y Karina eran sociables, pero vocingleras. Hasta ruidosas. Soledad era como su nombre, más retraída y callada.

    – ¡Bueno, ya que encontramos un nuevo amigo con auto, quizás vino aprovisionado de algo de alcohol para compartir en este lugar soñado! – dice Karina con poca sutileza.

    – El alcohol no es para menores – contesté lo primero que se me ocurrió.

    – ¡Ya tenemos 18! ¡La birra por un pete era el año pasado en Villa Gesell! – dice algo desaforada Lara. Había escuchado de eso, pero lo pensaba un mito. En los municipios de la costa se habían puesto muy estrictos con la venta de alcohol, y se decía que en la madrugada, las chicas pasadas de vueltas hacían este ofrecimiento a los chicos que por edad ya podían comprar una cerveza sin problemas. Fuera cierto, o fuera solo a la verborragia desenfrenada de Lara (más probablemente esto último), ya la situación me molestaba.

    – Pero esto es vino – conteste más por enojo que por lascivia.

    – ¡Epa! ¡Suena buen negocio! – se envalentona Karina.

    – OK, pero yo elijo. – Y la miro a Soledad, que se pone colorada como un tomate sin decir palabra.

    – ¡Dale, amiga! ¡Si habrás chupado pija en un auto! Acá en el paraíso ¿Qué problema? – La guarrada fue de Lara.

    En silencio, soledad caminó hacia mí, y me tomó de la mano, como para continuar hasta el bosque.

    – Hay una mesa plegable – le digo a Lara señalando mi auto – Copas y vasos en la caja negra. El vino en la heladerita. Abrí primero el Malbec de la etiqueta naranja y no se lo terminen.

    Nos adentramos con Soledad entre los ñires. El año corría hacia el solsticio de verano, y a pesar de la hora el sol, ya escondido tras los Andes al oeste, irradiaba una luminosidad persistente. El bosque nos envolvió en su silencio. El aire estaba inmóvil en el atardecer. Encontré un tronco caído para recargarme, y la miré a los ojos.

    – ¿Está bien? Si no, no importa.

    – Esta bien. – reforzó la afirmación poniéndome la mano en la verga. – tímida puede ser. Santa ni cerca.

    Se arrodilló en el suelo blando, me bajó la ropa, y comenzó a chuparme con suavidad. Y bastante destreza. Poco demoró mi pene en reaccionar a sus cariños. Le acaricié suavemente el pelo, pero el sentimiento era extraño. La conexión no era con ella. O al menos no solamente con ella. Los ñires nos acogían en un espacio a la vez infinito e íntimo. Solo nos hacían llegar atenuado el mágico sonido del río próximo. La sintonía entre el entorno y el instinto primitivos fue una caja de resonancia que multiplicó mi placer a niveles que me eran desconocidos. No sé cuánto tiempo estuvimos, Soledad no hizo pausa alguna en los estímulos que me dispensaba. Menos aun cuando percibió mi clímax aproximarse, el cual me llegó punzante y sublime. Se llevó consigo hasta la última gota de mi simiente, y volvimos de la mano al claro.

    Lara y Karina ya habían dado cuenta de media botella, y también habían preparado una picada con salames, quesos y otros embutidos saqueados de mi camioneta. Junto a la mesa habían desplegado mis dos sillas plegables, y el banquito.

    – Bueno, ¡por fin! – dice Lara – ¿No tenés otra silla? Alguno va al piso me parece.

    – Sole puede sentarse en mi falda. – dije – Algo de intimidad ya compartimos. – bromee y reímos todos.

    La noche se fue cerrando a la luz del fogón, mientras comíamos y bebíamos. Y bebíamos más. En particular Lara y Karina, cada vez más locuaces y verborrágicas. Ambas ya acusaban cierto grado de ebriedad. Y yo, bueno, resulta que el culito de Soledad solo cubierto por su bikini, apoyado sobre mi falda a su vez solo cubierta por el pantalón de tela fina de secado rápido, había hecho que despertara nuevamente el interés de mi alter ego. Cada tanto se incorporaba una poco para alcanzar o alcanzarme cosas de la mesita, y ese vaivén, lo exageraba mucho más de lo necesario, no solo enterada sino también interesada, en mi situación.

    – Me estás matando. – le susurro al oído – necesito acomodarme un poco.

    Se levanto a recargar de vino su copa y yo me desabroché el pantalón y corrí un poco para abajo mi calzoncillo. Mi erección se acomodó apuntando a mi ombligo. Soledad se volvió a sentar sobre mí, pero ahora con mi verga en contacto con la tela de su bikini. Tibia en esa parte. Nada vieron sus amigas que estaban apenas del otro lado de la mesa. La oscuridad ya lo impedía, y la bebida que habían consumido más. Por lo que acto seguido mi mano terminó sobre la pierna de ella, y pronto acariciaba su parte interna. Llegué hasta su conchita mojada, y la acaricié primero sobre su bikini, para después correr el elástico y buscar su clítoris. Su respuesta instantánea fue un estremecimiento de placer.

    – Metémela – me susurra.

    Soledad se incorporó nuevamente sobre la mesa, esta vez para rellenar mi copa. Le corrí la tanga con mi izquierda, con mi derecha apunté mi verga. Buscamos entre ambos su entrada lubricada, y de un movimiento se sentó sobre ella, sus piernas cruzadas entre las mías abiertas. Nos quedamos así, conectados, por lo menos por la siguiente hora, mientras seguíamos conversando y bebiendo alegremente los cuatro. Solo hacíamos los mínimos movimientos para mantener mi erección. Ocasionalmente un poco más cuando ella volvía a servirnos vino el cual saboreábamos lentamente, como nuestro coito escondido. No era el caso de Karina y Lara quienes ya estaban lisa y llanamente borrachas. Tambaleantes, se apartaron un poco para ir al baño, y se arrastraron dentro de la carpa para dormir. Siguió con la vista a sus amigas entrar en la carpa, y cuando la última lo hizo le besé la oreja desde atrás y le dije “mirá al cielo”. En una noche sin luna, a kilómetros de la contaminación lumínica, la vía láctea se nos mostraba como lo hacía a los hombres antiguos. La maravilla de la esfera celeste, la embriaguez del alcohol, y la tensión de la carne excitada nos sumieron en un éxtasis estático por varios minutos más.

    – No quiero cortar el clima. – me dice – pero hace rato necesito ir al baño.

    – Yo también. Vamos al rio, así también nos limpiamos un poco. Hay una cuenta que tengo que saldar con vos.

    Busque una linterna y caminamos hasta el río. Nos aliviamos y nos lavamos con el agua helada. Volvimos semidesnudos hasta el campamento, la hice sentar a Soledad en la silla, y le di un buzo para abrigarse. Esta vez yo me arrodillé para chuparla. Subí lento por sus rodillas hasta su entrepierna, recorriendo su piel erizada por el frío. En su pubis se sentía un vello tenue. Sin dudas depilado habitualmente, acusaba ya cierto descuido producto del viaje. Saboreé su vagina deliciosa, húmeda todavía con el agua fresca del río, pero también con sus fluidos cálidos. Jadeaba y gemía muy suave. En la penumbra vi su cabeza inclinada hacia atrás. Miraba al cielo estrellado. Con delicadeza, hasta casi con indiferencia, su cuerpo gravitó hacia el orgasmo. Este llegó en silencio, con sus piernas atrapando mi cabeza, con espasmos en su bajo vientre y su cuerpo arqueado hacia adelante. Me liberó del abrazo de sus muslos, y me incorporé, para abrazarla y besarla por primera vez.

    – ¿Lindo? -pregunte

    – Siii… – tiritaba en mi abrazo, ahora de frio.

    – Vamos al auto.

    Entramos a la parte trasera de mi SUV, la cual cerrada conservaba algo del calor de la tarde, y con el de nuestros cuerpos pronto tuvo una temperatura agradable. Encendí una pequeña luz a batería, y sobre la colchoneta que tenía extendida, nos quitamos el uno a lo otro lo que nos quedaba de ropa en el confinado espacio. Besé sus tetas pequeñas y sus pezones duros. Se acomodo abajo mío, y pronto estaba en su interior nuevamente, en un misionero lento y suave. Delicado, como su cuerpo y como su personalidad. No tuve noción del tiempo, pero en un momento sus piernas que envolvían mi cintura, sus brazos que envolvían mi espalda, y su bajo vientre que acogía el mío me contaron de su nuevo clímax. Hice una pausa, me salí y la puse boca abajo. De rodillas y horcajadas sobre sus muslos, con la zanja de sus piernas de guía y un poco de su ayuda, mi glande pudo ubicar de nuevo su entrada, y me volví a sumergir en el calor de su interior. En la tenue luz, saboreé con mi vista y con mis manos sus formas más hermosas, mientras mi pene aumentaba la frecuencia de los pulsos de placer que me enviaba, hasta que estos se fundieron en uno y me salí para dejarle mi eyaculación en sus nalgas. Nos dormimos, desnudos y abrazados, acunados por canto del río, y el silencio del bosque.

  • Y todo por un baño (III)

    Y todo por un baño (III)

    Después que Daniela se fuera, me dirigí directo al baño a buscar las cosas de Keyra, casi me arruina la vida con ese detallito.  Me quede pensando que hacer, era obvio la intención de ponerme en un aprieto, pero no entendía porque. Ya era de noche cuando Daniela me llamo para decirme cuanto disfruto la noche, que lo repitiéramos nuevamente.

    -Como se te ocurrió lo de las fragancias y las sales aromáticas? -me preguntó.

    -pues recuerdo que lo mencionaste una vez

    -mmm, pues no lo recuerdo

    -no? Bueno, si lo recordé, es porque lo dijiste

    Tocaban a la puerta y me dirigía a ver, aun hablando con Daniela, pero cuando vi por la mirilla, era ella. Nuevamente en mi apartamento tenia a Daniela.

    -aquí estuvo Keyra verdad?- Me quede mudo aun con el teléfono en la mano. No habían pasado ni 12 horas desde que se fue.

    -pero que es esto? Por qué dices eso?

    -Estuvo aquí contigo verdad!?

    Lo dijo con más vehemencia y al entrar se fue al baño a buscar, yo de idiota no tire las cosas, estaban a plena luz, creo que pensé en tenerlas como trofeo o algo así, gran error…

    -Lo sabía! Esa perra estuvo aquí, ese es su lipstick y ese aroma que pusiste es el mismo que ella me regalo para mi cumpleaños; te la cogiste?

    -Nooo! Solo me…- no pude aun con la seguridad que ella lo decía, decirle la verdad, pero ella si estaba más que segura.

    -Te la chupo? Eso le encanta! Con esa cara de seriedad, pero así le gusta ir enredándose poco a poco, ella sabe cuándo un cabrón se la quiere tirar!

    No respondí, estaba incrédulo ante lo que pasaba.

    -Y yo pensando que era esa perra de tu vecina, pero al ver ese lipstick me quedo claro!

    Como que estaba en medio de la tormenta no importaba como, ella seguía caminando y caminando haciendo círculos frente a mí.

    -No importa, yo sé que te la quieres tirar, ella lo sentía, ya me lo había dicho!

    Me quedé helado, pero ella pareció relajarse un poco, luego se sentó y me conto una larga historia. Me conto que hace años cuando estaban en la universidad a ella le gustaba un amigo de ambas, pero Keyra también lo quería y se le adelantó, primero le dijo a ella le gustaba otro amigo, que en verdad estaba tras Keyra, pero como a ella no le era atractivo por ser muy moreno, no le parecía.

    -así que una noche en que estaban los cuatro, ella hizo que nos quedáramos en la sala, cuando ella convenció al chico que me gustaba de ir al cuarto

    -ahí ella se lo llevó al cuarto y al rato escuchamos los ruidos que venían de el, me enfado tanto que solo me monte encima de Pato, el que estaba enamorado de Keyra, lo calenté, le deje ver mis pechos y que los tocara, lo usé para desahogarme así que lo deje chupar mis pechos y le hice una mamada, se lo dije y el me entendió, dijo que también se sentía vendido por Keyra, no pensé que volvería a hacérmela!

    Se quedó callada un rato, se fue a la sala, se sentó en el sofá, yo también me acomodé, aunque un poco apartado, pero frente a ella.

    -Me la tengo que cobrar! Y me vas a ayudar!- me dijo, viéndome fijamente.

    -Pero cómo? Y con eso que te hizo porque siguen de amigas?

    -es cosa de nosotras, pero le tengo que devolver el golpe!

    -y que quieres hacer? Que piensas?

    -voy a llamar a Pato, y… hare que se la coja y ella no se dé cuenta…

    -Como!?

    -Sí, se siente tan superior de elegir a quienes se come, que quiero arruinarle su juego!

    -Estás loca? Y como piensas que vas a lograrlo?

    Me describió un loco plan en el cual yo la convenciera de volver a mi apartamento para coger y ella traería al amigo para que se la cogiera, sin que se diera cuenta hasta el último momento.

    -Lo dices en serio?- le dije, aun procesando la locura que estaba contándome.

    -Se te ve en la cara que te la quieres coger, y para mi estará bien, siempre que me sigas el juego y ella caiga en la trampa, no antes!

    Acepté seguí el juego, era una faceta que nunca vi en ella, aparte de que me convenció dándome nuevamente una gran mamada y dejarme darle por detrás, algo que no habíamos intentado aun.

    A Keyra comencé a coquetearle de a poco, le escribí que nunca me habían dado una mamada como ella, que Daniela no se aguantaba mucho, que era mi turno para quedar a mano. Daniela me vigiló que le escribía, para no ser que yo le jugara la vuelta y me la tirara antes de que ella arreglara la trampa. Tanto que me dijo que la dejara chupármela, o incluso que la masturbara, pero que no la fuera a coger, que eso no.

    Entonces mi juego fue haciéndose de vernos los martes y jueves en la tarde al salir de mi trabajo, tomar un café, en el carro pues ya le ponía la mano en la pierna y ella al principio me apartaba la mano y simplemente la llevaba hasta donde tomar un taxi, pero ya a la tercera ocasión ya alcance a que nos diéramos unos besos, a la cuarta ya me dejo acariciarle los pezones y le metía dos dedos entre las piernas hasta hacer que se corriera, para la quinta ocasión ella me al fin quiso tocarme la verga, y yo le masajee las nalgas. Daniela calculaba el tiempo que yo pasaba con ella, así no quería que terminara comiéndomela antes de tiempo y siempre después me encontraba con Daniela en mi apartamento y cogíamos con ansia, ella se excitó mucho más a partir de que le contaba que partes del cuerpo de Keyra había tocado, no sé porque pero al sentir que mi cuerpo tenía un olor de mujer, en mi verga por las chupadas y en mis dedos impregnados del aroma de su concha, cogíamos con más ganas.

    Ya como a la cuarta semana ya estaba todo orquestado. Quedamos que Daniela diría que saldría de viaje con sus papas a visitar unos parientes el fin de semana y yo estaría libre en el departamento.

    -Tengo una fantasía que Daniela nunca quiso hacer…- Le dije a Keyra ese sábado que ella acepto ir a mi apartamento.

    -Qué es?

    -Amarrarte las manos y vendarte, te parece?

    -Y con qué?

    -Tengo unas esposas de cuero y… una máscara para la cara y unos pañuelos para el cuello…

    -Que perverso! Quieres cogerme así?- a ella la idea le intrigó porque me acarició la pierna y su cara reflejaba mucha curiosidad.

    -Sí, es que, Daniela es muy a la antigua, no le atraen esas cosas

    -bueno, pues a mí sí me excitan! De verdad quieres eso conmigo?

    -Sí, lo necesito!- Le dije, y ella en respuesta llevó su mano a apretarme la verga.

    Daniela esperaba que le mandara un mensaje diciéndole que estaba listo todo, así que calculara el tiempo en que llegar y esperar a que la tuviera en la cama. Mientras tanto aproveche a comerle el coño a Keyra, la verdad si tenía muchas fantasías con ella.

    Nos fuimos desnudando, primero le quite la blusa y sus pechos apretados quedaron ante mí, alce sus brazos y le puse las esposas, ella entornó los ojos, le brillaban de la curiosidad, fue cuando le fui comiendo un pecho y alcance a chuparle un pezón ella soltó un bufido, seguí tocándoselos, hasta quitarle el sostén, volví a besarla y a agarrar con fuerza sus nalgas, ella puso los brazos sobre mí y la levante, llevándola hacia la cama, ahí alce sus brazos sobre su cabeza y enganche las esposas al respaldar de la cama con un lazo que tenía ya preparado, saque de debajo de la cama la máscara que le había dicho, ella me sonrió y se la coloque, mientras le acariciaba la entrepierna, a este punto ella estaba muy caliente.

    Ella estaba solo con el biquini me deleite con la vista de su vientre agitado, sus caderas hermosas y las piernas moviéndose con la tortura del deseo y no poder mover los brazos y no ver nada… la verdad me fui a bajarle la prenda y comencé a meterle los dedos y a chuparle… ella soltó un bufido… me entretuve cuanto pude, hasta me jale la verga, pero tenía un propósito ya… le envié el mensaje a Daniela, vi hacia afuera de la habitación y ya estaban adentro, pero ella venia besando al amigo y jalándole la verga con el pantalón ya abierto, eso me sorprendió, pero al verme ellos se separaron, él se terminó de bajar el pantalón y venia hacia el cuarto, yo vi hacia Daniela y me di cuenta que estaba muy excitada, la blusa entreabierta y el cabello revuelto.

    -Que pasa papi? Te estoy esperando! Dijo Keyra

    -Ahora lo sentirás… me gusta que lo estés deseando!- le contesté

    Ahí pato, que ya venía empalado se puso entre las piernas de ella, comenzó a chuparle las piernas, a masajearlas y ella comenzó a jadear…

    -Ya papi! Ya… métemela!

    Y entonces pato se acomodó un condón y comenzó a bombearla, a darle con ganas, se notaba. Sentí que me había quedado sin premio, pero en eso Daniela llego hacia mí y comenzó a darme una gran mamada de verga, ya se había quitado la blusa y dejaba ver su hermosa espalda y sus nalgas redonditas, enfrascada en meterse todo mi miembro en la boca, me senté en un sillón viendo hacia donde Keyra era penetrada y gemía ante las embestidas que le estaban dando…

    Sus pechos rebotaban y ella estiraba los brazos y se arqueaba cuando chocaba con el cuerpo de Pato… yo sentía la boca de Daniela dándome unas lengüetadas fenomenales, ella me agarraba las bolas y las acariciaba como me gustaba…

    -Ya papi? Sigue! sigue! no me dejes así… dale!

    Volteé a ver y Pato se levantaba de Keyra, se corrió, pero no había aguantado el ritmo de Keyra, ya se había cansado, ella le apremiaba a que siguiera, pero el ya daba signos de no seguir, creo que le ganó la ansiedad de poderla tener así… y dirigí la mirada a mi novia, que también se dio cuenta del hecho, pensando que si no habría sido que también estaba yo en un juego en el que ella había aprovechado a cogerse a su amigo…

    Ella me dio una última gran mamada, antes de que me corriera en su boca, un chorro de leche que le llenó la boca y comenzó a escurrirle por los labios… me electrizo y deje de pensar en mis sospechas, pero de repente paró y se levantó, fue directamente hacia donde Keyra. Se subió a la cama, al tiempo que pato estaba chupando las hermosas tetas que yo estuve acariciando antes y sin mediarlo mucho le dio un largo beso en la boca, pasándole parte de mi leche a la boca, poco reaccionó aquella hasta que se dio cuenta que era alguien más disfrutando con su cuerpo.

    No podía hablar con la boca llena de leche, así que le toco tragar, porque Daniela no la dejo escupir

    -Qué diablos! Quien está ahí!??- dijo casi gritando

    Entonces Daniela le quito el antifaz y muy sonriente se quedó sobre ella.

    -Sorpresa amiga!!

    –Pero qué?!

    -Te acabas de tragar la leche de mi chico, pero te la pase de su verga a mi boca a la tuya!

    -Perra!- le grito con una voz chillona amortiguada por la saliva y semen que le escurría por la boca.

    -Perra, serás tú querida… sabes quién te estaba cogiendo? Mira… es pato!

    -Hija de puta y el de donde diablos apareció!- Se movía tratando de soltarse pero era inútil, estaba atada y encima tenia a un hombre chupándole los pechos

    -Me debías una, así que… le di a pato chance de cogerte- Le dijo Daniela muy ufana, acariciándole la cara con las manos con que había recibido mi corrida.

    Ella iba a decir algo más cuando Daniela se lanzó a besarla nuevamente y a acariciarle los pechos, alcanzando después la verga ya flácida de pato, que colgaba sobre la entrepierna húmeda de Keyra, le quito el condón y lo acercó a la cara de ella.

    -Dime… aun quieres coger con mi chico?- Le dijo a Keyra, con el condón en una mano y en la otra agarrándole la verga a Pato.

    Y le comenzó a pasar el condón lleno de leche por sobre el rostro

    -Dime… no mientas… verdad que todavía quieres cogerte a mi chico

    -Sí, si… todavía quiero!

    -Bueno, entonces… deberás tragarte esto…

    -Que?

    -Si… te voy a dar la leche de pato y te la tragas, después mi chico te hará lo que tú quieras, porque él también quiere hacerte montón de cosas

    -Ok, está bien, sí… dámela!

    Y a mí total asombro Daniela le exprimió en la cara el condón con la leche de pato, le pringo la boca, las mejillas y parte de la barbilla, esta comenzó a lamerse los labios y Daniela acerco su boca y le lamio todo el rostro, luego dándole un largo e intenso beso, en el que se intercambiaron de todo… eso me la puso dura, muy dura nuevamente…

    Daniela se levantó, estaba irreconocible, la cara brillaba con sudor y semen por toda la piel.

    Agarro de la mano a pato y paso a mi lado con expresión de placer, yo me acomode entre las piernas de Keyra, esta me miraba en silencio, su cara acariciada y lamida por la boca de Daniela, la pintura de sus labios estaba más que corrida, su cuerpo tenía el sudor del sexo, sus pechos parecían vibrar solo por la incertidumbre de que más le pasaría, aún tenía las manos atadas, pero no se quejaba, me estaba viendo con una mirada acusadora a momentos y después como ansiosa de que tome de ella lo que quiera.

    Comencé colocando sus piernas apoyadas sobre la cama, haciendo que se abriera más su entrepierna, tenía un color precioso, un ligero bronceado en sus piernas, incluso entre sus muslos y entrepierna, me acomode sintiendo alrededor de mi cuerpo sus piernas, le fui acariciando los muslos y le palmee las nalgas, su vientre subía y bajaba tratando de mantener un ritmo sereno, pero se sentía su agite…

    -qué hijo de puta sos!- me dijo con expresión furiosa y aun con la respiración agitada

    -Sin insultos nena- pase un pañuelo húmedo por entre sus piernas y luego pase mi lengua por sobre sus labios vaginales, eso la hizo estremecerse nuevamente.

    -Te portaras obediente?- le dije, levantando la mirada

    -Si! Cabrón, si!- dijo ella rápidamente

    -Abre bien

    Entonces abrió ampliamente las piernas y me acomode, agarre mi verga y se la puse en la entrada, comencé a frotar y ella me sonreía embelesada, quería que la soltara, pero no me deje convencer, quería tenerla así, atrapada, indefensa, la embestía muy lento y solo le rozaba mi verga sin penetrarla, ella soltaba bufidos largos, después de la mamada que Daniela me dio, tardaba más en ponerme al 100, pero tenía aún mucho para darle además de estar con todo el deseo de tener a esta mujer para mí, después del juego completado por Daniela, voltee a ver hacia el pasillo y vi a Daniela sobre la cintura de pato, le estaba dando una fuerte masturbada, ya se había quitado el sostén, sus pechos pequeños pero de pezones duros y parados se rozaban entre las piernas de aquel, me acorde que ella tenía una fijación desde siempre con hacerlo con alguien más trigueño…

    Cuando empecé a bombear en serio a Keyra, mi querida novia estaba ya quitándose la falda y montándose sobre pato, tenía unas nalgas pequeñas pero redondas, una piel suave y bonitas piernas, se acomodó de forma que se deslizara sobre él, ella subía y bajaba acomodándose, mientras el otro le mordisqueaba los pezones. Ellos comenzaron su propio ritmo y concierto de gemidos.

    -Dame, dame!- exigía Keyra ahora que si me tenía dentro de ella. Seguí bombeando cuando llegó a un orgasmo.

    Se la saque después de que el orgasmo que tuvo se fue pasando, me quite el condón y se lo escurrí en la cara, ella muy obediente se lo trago, incluso se lamio los labios, la giré de modo que estaba de espaldas a mí, comencé nuevamente a manosearla con la mano, tenía cerca un lubricante, se lo pase por todo su trasero y entre sus agujeros, ella dio un respingo al sentir que le pasaba la lengua entre sus nalgas, estaba empapada de sudor, le di varias nalgadas y ella arqueaba la espalda, le mordí una nalga y le alcance un pecho, apreté sus pezones, con eso ella metió la cabeza entre los brazos y alzo más su trasero…

    Enculaba a Keyra y vi otra vez hacia el pasillo, la escena ya había acabado, pato estaba casi dormido recostado en el sofá mientras Daniela aún se contoneaba sobre su cuerpo, sus nalgas abiertas sobre su cintura, el cabello revuelto, me miró con cierto aire cómplice, mirando luego hacia Keyra que tenía su culo dispuesto y que jadeaba ante mis embestidas.

    Seguí bombeando y Daniela se quitó de sobre pato, se la había montado sin condón, pero apenas veía sudor entre las piernas de ella, me volvió a ver, pero esta vez como esperando que yo terminara, nada más lejos de lo que quería… verla a ella montando a otro y con las ganas que me mostró, me hizo querer tomar más de Keyra.

    La saque de su culo solo para que descansara un rato y su culo se volviera a estrechar y disfrutar otra vez del roce intenso de clavársela… ella soltó un bufido, un gritillo agudo, le agarre las nalgas con más fuerza, abriéndoselas… en la cuarta embestida me corrí en su culo, ella arqueo la espalda y gimió fuerte, se estremecieron sus rodillas y le temblaban las piernas.

    En la sala todo había pasado, pato se levantó y se fue, así que Daniela estaba masturbándose en el sofá, con las piernas abiertas viendo como me comía los pechos de Keyra y le masajeaba la entrepierna con mis dedos… entre los gemidos y lamidas después de un rato, escuche un portazo y me levante a ver… ya no estaba Daniela en el apartamento, había recogido sus cosas y se había ido.

    Seguí con Keyra, ella estaba ya cansada, me pidió que la soltara, pero lo que hice fue ir a la cocina y traer un botella de un licor dulce, le di a beber un poco, para que humedeciera sus labios; ella me quedo viendo desconcertada, pensando que la soltaría, pero le di un largo beso, que ella me devolvió diligentemente, luego me acomodé para que su cara estuviera a mi cintura, me miro a los ojos y le dije:

    -Aun te falta media noche y todo un día para que te suelte

    Ella se acomodó y comenzó a chupármela con avidez, yo acariciaba sus nalgas y le masajeaba el clítoris, alcance su cara también y le pase los dedos por la boca, ella los chupo igual, entonces seguí masajeando su espalda, alcanzando sus nalgas levantadas y le palmeaba cada vez que ella dejaba de chupar para tomar aire y solo me masturbaba con la mano, me chupó el miembro hasta que ya no me quedo leche, ella se quedó dormida con mi verga sobre su cachete, le quite las esposas y la acomodé en la cama, luego yo también me acomodé para dormir.

  • Con mi novia, su hermana y una amiga

    Con mi novia, su hermana y una amiga

    El sábado pasado, mi novia organizó en su quinta una fiesta con todos nuestros amigos, éramos unos treinta. Hubo música, y mucho alcohol. Como yo hago deporte, apenas si tomé una lata chica de cerveza.

    En varias partes del parque se veían parejas besándose y tocándose, el clima fue poniéndose muy caliente. Marina, mi novia era una de las que estaba un poco pasada de copas. Ella mide 1,60 tiene muy buenos pechos y cola. Yo mido 1,85 y sin ser lindo, tengo lo mío, sobre todo por el cuerpo trabajado por el deporte.

    En un momento que fui a buscar un agua mineral, vi que mi novia tenía tomada del pelo a una chica y la estaba besando y metiendo mano por debajo de la mini. Yo sabía que entre ellas había habido algo en el pasado, antes de salir conmigo. Como no ve vieron, salí de la casa, ya algo excitado.

    Cuando a las 05:30 aproximadamente se fueron los últimos, fui a cerrar el portón con llave. Volvía a la casa, y me empecé a excitar recordando la imagen de mi novia y la chica.

    Cuando entre a la casa, tuve que respirar profundo para asimilar lo que estaba viendo.

    Mi novia tirada en un sillón, con las piernas abiertas, y tomando de los cabellos a una chica haciendo que le chupe la concha. Las dos estaban completamente desnudas. Mi novia gemía sin parar. Me vio y me dijo:

    Sorpresa mi amor, tengo dos putitas para que nos de placer, papi.

    Me acerque y mi novia saco la cara de la chica y otra sorpresa, era su propia hermana, Tina, dos años mayor que mi novia. Y volvió a aplastar la cara de su hermana en su concha.

    Puta, vení ahora mismo. Gritó Marina y del baño vino la chica con la que la vi besarse.

    Tres putas para vos, papi. Para que goces como un animal con esa pija hermosa que tenes.

    Cuando la otra chica se acercó, hizo que le chupe las tetas, las otras chicas mientras lo hacían se masturbaban y gemían. Eran tres mujeres totalmente excitadas y gimiendo como locas. Me saque la ropa y me pare para que mi novia me chupe la pija, mientras yo metía mano en su hermana.

    Mi novia empezó a chuparme y la hice parar a la hermana junto a mí para besarla y meter mis dedos en su concha. Ella los enterraba y metía dos dedos suyos. Tina era más baja que Marina, y más menuda de cuerpo. La hice doblar para que chupe los pechos de Marina, y yo fui a meter mi pija en la concha de la otra chica, que chupaba a mi novia.

    Era estrecha y costó un poco que entre, cuando la hube metido toda, comencé a moverme despacio y llevé una de mis manos a Tina, para acariciarle el culo. Ella seguía con sus dedos dándose placer. Yo metí dos y ella gimió por el orgasmo que le provocó. Saque los dedos bien lubricados por sus jugos, y empecé a meter uno en su culo. Ella trato de evitarlo pero Marina que adivinó mi intención le dio un sopapo en la cara que sonó muy fuerte.

    Cuando Tina sintió que mis dedos entraban en su culo, más fuerte se masturbaba y chupaba los pechos de la hermana. Cuando fueron tres los dedos en su culo, su orgasmo fue tremendo.

    Me salí de la otra chica, y enterré mi pija en la concha de Tina, y mis dedos buscaron el culo de la chica. Entraron más fácil de lo que yo pensaba.

    Marina se levantó y fue a su cuarto y volvió con dos consoladores. Se paró detrás de la chica y le metió uno violentamente en la concha. La chica dio un grito de dolor y cayo de rodillas en el sofá.

    Putita, vas a gritar cuando papi te meta ese pedazo de carne en el culo. Dijo Marina.

    Deje el culo de la chica, y Marina lo ocupo con el otro consolador. Ahora la chica gritaba, pero de placer. Saque mi pija de la concha de Tina y la acerque a su culo. Cuando sintió que la apoyaba, pude ver como tomaba aire, y se separaba los cachetes. Fui empujando y entrando de a poco. Cuando la tuvo toda adentro, me quedé quieto y ella empezó a moverse. Sus movimientos cada vez fueron más violentos, hasta que llegó a un orgasmo tremendo, que hizo que callera sobre el sofá.

    Tome del pelo a Marina, y sin soltarla la hice poner de rodillas, metiéndole toda mi pija en su boca. Tenía arcadas, de tan profundo que le entraba mi pija. La chica seguía de rodillas, y con los consoladores adentro. Me senté a su lado sin soltar la cabeza de Marina, le di un beso a la chica y le dije:

    Sacate el consolador del culo y date con el de la concha, preciosa.

    Dejo el consolador junto a mí, e hice que Marina me monte. Aunque lo hacíamos habitualmente, siempre le costaba que entre las primeras veces. Fue bajando hasta que la tuvo toda adentro. Yo no le soltaba el pelo, y le di un chirlo en el culo para que se mueva.

    Chiquita, chupale las tetas a esta puta.

    Sin dejar de masturbarse, comenzó a chuparle un pecho a Marina, que estaba super excitada. Tina reaccionó y se puso del otro lado, para también chuparle los pechos. Marina estaba totalmente loca. Tuvo orgasmos a repetición.

    Hice que se detenga y apoye las plantas de los pies en el sofá, para en esa posición volver a meterse mi pija en la concha. La penetración era máxima. Le di el consolador libre a Tina, y le hice señas que se lo acerque al culo. Cuando Marina lo sintió se detuvo con cara de terror.

    Hoy me vas a dar ese culo. Vos lo dijiste, tengo tres putas para mi placer. Dale.

    Tina empezó suavemente, pero de golpe lo enterró hasta el fondo.

    Marina se empezó a mover, me miraba a los ojos, sabiendo que no tenía otra opción.

    Ahora, mi pija en tu culo.

    No papi, por favor.

    Esta vez fue su cara la que recibió un sopapo y fue Tina la que se lo dio.

    Marina me miró y llevo mi pija a su culo.

    Quiero ver como se masturban con esos consoladores y chupan los pechos de esta puta que se está comiendo mi pija en el culo.

    Las dos chupaban y mordían los pechos de Marina que poco a poco y con lágrimas en los ojos, iba metiéndose mi pija. Cuando iba por la mitad, lleve dos dedos a su concha y busque el punto G. Mis dedos comenzaron a jugar con él y ella se dejó caer sobre mi pija. Dio un grito y apretaba las cabezas de las chicas que chupaban sus pechos.

    Mis dedos se movían frotando el punto G y ella comenzó a galoparme como loca con mi pija en su culo. Tenía orgasmos vaginales y anales sin parar, hasta que por fin me vine dentro de ella. Como la hermana, quedó semi inconsciente. Tina la saco de encima de mí y con la chica chuparon mi pija, hasta dejarla bien limpia.

    Marina quedó dormida en el sofá, y yo me fui al cuarto. Segundos después, entraron la chica y Tina y se acostaron conmigo. Pero esa es otra parte de este relato.

  • Julia y Ramón: Historias de sexo virtual (2)

    Julia y Ramón: Historias de sexo virtual (2)

    Julia tiene 29 años y yo la duplico en edad.  Iniciamos esta relación virtual a causa de la pandemia, que produjo muchos cambios en la conducta de la gente. Comenzamos hace casi un año, y lo hemos pasado muy bien. Este es el segundo relato que escribo basado en nuestra tercera sesión de chat. Puede notarse cómo se van dando las distintas situaciones y acomodando gestos y actitudes para ir consolidando una relación en la que cada uno busca darle placer al otro, tanto como encontrar el propio. Con Julia hemos tenido nuestras diferencias y, a veces, situaciones ríspidas, que se superaron gracias a un diálogo directo, honesto y afectuoso.

    Al principio de este chateo, habíamos estado discutiendo por política y el ambiente estaba un poco tenso.

    Me pareció oportuno proponerle un ‘break’ y, así las cosas, comienza el relato como sigue:

    -Bueno. Es algo tarde y tenés que cenar. – le propongo yo.

    -Así es, – me responde.

    -¿Seguimos otro día? – Pregunto.

    -Si Ramón. Cuando digas; yo estoy un rato más acá. – en lo que yo creo percibir una esperanza.

    -¿Querrías hacer algo? ¿Te espero? – insinúo

    -¿Qué hacías? – me pregunta

    -Estaba viendo una serie coreana de intriga y espionaje. – contesto. Tengo que distraerme con algo, porque si no, vuelvo a querer tener cosas contigo.

    -Ja…ja…ja. ¿De nuevo? – me pregunta sonriendo pícaramente.

    -Una discusión no, precisamente. – le digo como atajándome.

    -A ver. ¿Hay un lugar para mi ahí?… ¿dónde me puedo sentar? – En esa me engancho de inmediato y le contesto:

    -¡Uy!!!… podría ponerte apoyada sobre mis rodillas, boca abajo, porque te portaste algo malita y tengo que reprenderte cariñosamente.

    -¡Ey!!!… ¿Qué hago así?…Ja…Ja…Ja. Hoy salí a tomar algo con una amiga, así que estoy en vestido corto, de mangas cortas, con mucho escote… Ja…ja…Ja. – me dice, describiéndose entre sonrisas.

    -Si. Me di cuenta. Por eso se me ocurrió ponerte boca abajo sobre mis rodillas. Tus nalgas se asoman bien de esa manera y tu escote es muy generoso. – le reconozco admirándola.

    -Ja…Ja…Ja… Sí. ¡Ojo! … ¿¡Qué me vas a hacer!??? – pregunta sorprendida.

    -Por ahora mirar. Estás un poco apretada, y por el escote asoman tus poderosas tetas. – Le respondo sin dejar de mirar.

    -Sí; pero… ¿Por qué me pones así, si me porte bien ayer? – pregunta sorprendida.

    -Ahora, solo te levanto la pollerita para curiosear. Ayer no sé cómo te portaste, porque no estuvimos juntos. No me diste bola. – le comento.

    -Ja…ja…ja…con razón decís que me porté mal… ¡Bajame! – me dice con tono imperativo, al que respondo:

    -Te bajé. Y quedaste entre mis piernas.

    -Y, ¿qué vas a hacer ahora? – me pregunta curiosa.

    -¡Tus tetas se asoman por el escote en todo su esplendor!!! – le respondo, engolosinado por esa visión

    -Ja…Ja…Ja. Estoy arrodillada en el piso. – me indica.

    -Si. Frente a mí, mirándome pícaramente. Ya conozco esa mirada. – le digo.

    -Ja…Ja…Ja. – Se ríe divertida

    – ¿Vos que tenés puesto? – Me pregunta

    -Estoy con mi uniforme de entre casa: Bóxer y remera. No tiene cierre. – Le respondo

    -Entendí, creo…- y continúa: O sea que podría poner la mano en tu entrepierna, y metiendo mi mano por el medio, ¿podría entrar a tocar tu verga?

    ¡Zás!… Mi pija se paró como un resorte. Entonces le digo:

    -Te vas a mojar un poco, parece. – Y ella, riéndose, me responde:

    -Ja…Ja…Ja. La saco mientras me suelto de un lado el sostén de mi vestido, y dejo caer una teta sobre tu pierna desnuda. ¿Te gusta así? – pregunta, con voz insinuante.

    -¿Que si me gusta? … ¡Claro que me gusta! Le contesto y agrego: Yo te corro el otro sostén, para darte ideas de cómo seguir. (Eso dicho para provocarla, aunque no le hace falta para nada).

    -Siento que tu pija me crece en la mano – la oigo decir – Y la escupo un poco para comenzar a comérmela…, si es que me dejás. – Me dice. Y eso me pone a mil.

    -¡Claro que te dejo!!! Contame lo que le haces con tu lengua y con tu mano a mi pija. -le propongo ansiosamente. Ella comienza su relato así:

    -La empiezo a enredar con mi lengua, y con los labios la aprisiono a medida que entra. Una y otra vez, arriba y abajo. Así. – Y continúa diciendo:

    -Me saco la pija de la boca y te miro a los ojos y empiezo a sacar la lengua y chupar tu pija como si fuera un helado.

    -¡Me gusta!!!… Si… ASÍ… ASÍ… ESO. – y con voz temblorosa le pregunto:

    -¿Podrías mostrarme un poco de tus tetas?

    -Si. Claro, me responde… y continúa:

    -Y las arrimo a tu verga. Escupo en el medio de las dos y te pongo tu pija ahí…entre las dos…mientras con mis brazos las junto y empiezo a subir y bajar.

    -ASÍ? – le pregunto, imaginando la escena.

    -Sii!!! Ja…Ja…Ja, – me responde riendo.

    -¡Hermoso!!! – Le respondo yo.

    -Subo una teta y bajo la otra. Inclino la cabeza y le doy lamidas a tu verga, que está perdida entre mis tetas. – me dice prosiguiendo su relato.

    -¡Ah!… ¡Estás amasando mi pija con tus tetas!!! ¡Qué bueno!!! – le digo jadeando.

    -¿Así Ramón?… ¿te gusta lo que te hago?… ¿Te gusta que tu putita se ponga tu pija entre sus tetas? – me dice cachonda.

    -¡Me encanta!… ¡Me volvés loco! ¿Y qué te gustaría que te hiciera yo? – Le pregunto ansioso.

    -Vos agarrame de la cabeza y empujala fuerte contra tu pija, así me ahogo con tu pija en mi garganta. Y decime algo sucio… cosas sucias… ¡Ahhhh! Tengo una foto mía de mis tetas… me la saqué hace un tiempo, antes de entrar a la ducha ¿Querés verla?… Me pregunta provocativa.

    -¡Sos tan puta conmigo!!!… ¡Mostrame tus tetas!!! – Le respondo. Y ella postea una imagen.

    -Ahí están… ¡qué vergüenza!! – me dice. A lo que yo le comento:

    -Ninguna vergüenza. Solo faltan ver los pezones. Pero, en compensación, veo tu larga lengua y algo de tu boca de chupa pija. (Deslumbrado por tan desfachatada belleza).

    De pronto se interrumpe la comunicación. Al rato de retorna la conexión. Y entonces viene la pregunta:

    -¿Qué pasó?

    -¡No sabés qué me pasó!!!… Me volvés tan loco que, en lugar de cerrar la imagen, cerré el browser y me tuve que reconectar… ¡LOCO me volvés!!!… Sos Hermosa y re PUTA. Una combinación fatal para mí.

    -ja jajá ¡qué lindo!!! Me divierte. – me dice sonriente.

    -Me tenés todo mojado. ¡Sos muy guacha!!! – le digo en tono de reproche.

    -ja jajá. – Sigue diciendo divertida.

    -Te ayude a imaginar mejor ¿No? ja jajá.

    -¡Es que estoy desesperado!!! – llego a decirle con voz temblorosa por la calentura.

    -Ahhhh -responde

    -¡DESESPERADO!!! – le insisto con énfasis

    -ja jajá. – Se ríe muy oronda – y ¿qué me haces?… me encara ganadora y desafiante. Me tenés ahí, arrodillada, con tu pija en mis tetas, y mi lengua pasándole por la punta. ¡No entiendo que puede más querer un desesperado por mí!

    -Lo único que puede hacer un desesperado como yo, es imaginarte y… tocarme.

    -Y estaría bien – me responde con gracia. Pero estoy ahí arrodillada, sobándote la pija… me dice en tono de queja. ¡Y no propones nada!!!

    -Encima me provocas y te quejas porque me vuelvo loco. – le respondo algo amoscado

    -No… no. Está bien. La manera de volverte loco, demostrala escribiéndome las cosas que me hacés. ja jajá. –

    Lo dice con tanta empatía que me hace admitir que lleva la razón. – Entonces continuo así:

    -Bueno, parate al lado mío. Te bajo la tanga. mientras beso tus piernas y las lengüeteo. ¿Te paras?… ¿Estas parada a mi lado?

    -¡Perdón… Claro… Obvio! Si me lo pedís así lo hago. Así es el juego. – me indica.

    -Te traigo hasta ponerte frente a mí. – prosigo.

    -Bueno… doy un paso y ahí estoy. Decí que hace calor, pero hay mucho viento… – comenta. Y yo le detallo:

    -Comienzo a bajar desde tu entrepierna. (Que está bastante mojadita)…

    -ja jajá. Sí, está mojada… Ayyy… ¡me pellizcaste! – Se queja entre risas. Yo continúo detallando:

    -Mientras acerco mi boca hasta tu bajo vientre, comienzo a pasarte mi lengua por tu pubis. Suavemente te corro hacia la derecha, y te tiro de una mano para ponerte como te dije al principio de la charla: Boca abajo, con mi pija parada clavada en tu panza y tus tetas colgando.

    -Comienzo a sobarte las nalgas con mi mano derecha y, con la izquierda te amaso el pezón a mi alcance.

    -Ahhh – la oigo exclamar.

    -Vos doblás la cabeza hacia mí, como preguntándome ¿qué pensás hacer? – Y me dice:

    -Qué caliente estás Ramón… estás re caliente… no sabía!

    -Ni te imaginás… Vuelo de calentura por vos. Ahora te oigo gemir suavemente y levantás un poco la cola. Yo aprovecho y llevo mi mano hasta la zona de tu perineo (entre la vagina y el ano). Me mojo los dedos con tus jugos, y paso mi mano por toda esa zona, de atrás para adelante y de adelante para atrás.

    -Ayy!… me muevo un poco para ayudarte. – me dice con voz algo temblorosa. – Yo continuo con el detalle diciéndole:

    -Pero no te meto nada en ninguno de tus agujeros.

    -Te estoy mojando los dedos… – me indica algo cachonda.

    -Si. Vos empezás a menarte y con una de tus manos, querés llegar hasta mi pija. Pero no te es posible. Yo mojo mi mano izquierda con tus jugos y te los doy a chupar. Quiero sentir como juega tu lengua con mis dedos, como si estuvieras chupándome la pija. Me agacho sobre tu cuello y te lo muerdo suavemente.

    -Ayy! …me gusta. – La oigo decirme. – Yo continúo.

    -Pongo mi lengua dentro de tu oído y te digo suavemente (la voz me sale ronca) PUTA… PUTA… Re PUTA… ¡Te ADORO!!!

    -Pasa que no me gusta chupar mi propio jugo, pero lo hago con cara de asco… ja jaja… Pero si me lo pedís lo hago… – Me hace saber. Entonces limpio mis dedos en mi boca y me los paso por mi verga, remojada. Continúo con el detalle:

    -Siento como te refregás tu pancita sobre mi verga. Te doy a chupar mis dedos ahora con mis jugos.

    -¡Ah!… Ahí si… Dámelos…Te agarro de las manos con mis manos atrayéndolas a mi boca. Ummm! ¡Qué rico!!! Me dice ya caliente.

    -Mientras tanto, con la otra mano, me acerco a tu clítoris con un dedo y alcanzo tu anito con otro de los dedos. Comienzo el masaje a ambos centros de tu placer. – Ella responde derramando sobre mi mano su flujo… entonces le digo:

    – Sos una puta que me conoce bien. Una puta muy puta pero muy inteligente y bonita. – Y ella me responde:

    -¡Sí!… ¡Soy tu putita!!!

    -Sigo masajeando dándote placer, esperando que llegue el momento en que estés dispuesta a que te entierre mi verga hasta las bolas…

    -¿Querés metérmela Ramón? – Me dice algo ansiosa

    -¡Si! Me voy a guiar por tus contorsiones y tus gemidos para saber cuándo ayudarte a levantar tu cola y clavarte mi pija hasta mis bolas.

    -Ahhh! – gime y suspira

    -¿Así? – pregunta.

    -Me estoy empezando a tocar…- me hace saber. Y le respondo:

    -Claro que te la quiero meter, pero cuando estés lista para terminar conmigo.

    -Ahhh!!! – la oigo gemir, y le digo:

    -Siento tus manos en tu vagina. Se choca con mi mano. Tomá mi mano y movela sobre tu vagina como a vos te gusta. Estas guiando mi mano, para enseñarme cómo es que te gusta más que yo te toque.

    -¡Si! – me dice jadeando, y sigue:

    -¡Así!… más al costado… Ahí!!!… ahhhh… La oigo gemir y comienza a temblar.

    -Yo ya siento que tu ano comienza a dilatarse y busco más lubricación.

    -Ey!!!… mi ano no!… basta de mi cola… me dice entre risas. A lo que le respondo:

    -Parece que te gusta, porque empezás a mover tu cola de un lado para otro, como queriendo hacer que mi dedo te emboque. Parás cada vez más tu cola.

    -ja jajá. Eso es lo que vos decís. Pero no es lo que está pasando. – Me dice y sigue:

    -Me gusta, pero no quiero dar la cola. No suelo dar la cola la verdad. Me termina doliendo por días. – Y a eso le respondo:

    -Yo no te metí nada en la cola, solo estoy acariciando tu zona anal.

    -Ramon, no seas así… soltá la cola… Ayyy.

    -¡No te quejes por adelantado!!! Le digo con sorna

    -De tan bien que me siento, tengo un espasmo y mi pie pierde fuerza. Me sostengo de vos. -Dice con franqueza.

    -¡Si! Eso es lo que estoy esperando. Que te agarres de mí y convulsiones. Una y otra vez, hasta que derritas de placer. – Le hago saber

    -Sii! – acuerda. Estoy mojándote todos tus dedos, Ya la tengo abierta…mientras te agarro de la pija y te hago una paja yo también. – Me dice bien caliente. Y agrego:

    -Para mí no hay nada mejor que hacerte gozar. Y ella continúa diciéndome:

    -Te agarro fuerte la pija y empiezo a hacerte una paja vigorosa.

    -Anda despacio porque yo ando pasado de 7 – le hago saber.

    -Está bien. Te la hago más despacio – me dice –

    -Si querés te hago acabar así…le digo. Responde gimiendo:

    -Ayyy… ahhhh… qué rico…

    -Entierro mis dedos en tu vagina sin soltar el que tengo sobre tu clítoris.

    -Ahhh… Ay, Ramón…

    -Cada vez más rápido y más fuerte. 8

    -Ahhh… Ayy. – dice entre gemidos – Estoy manchando el suelo…

    -Más….Más y más. – insisto yo.

    -Ahhh… Mis jugos corren por mis piernas. Debe haber un charco en el piso ya. Yo también te la hago fuerte. – me dice. Y continúa:

    -Sii. Acerco mi vagina a tu pija mientras te sigo haciendo la paja.

    -Me vas a hacer acabar en tu mano. ¿No querés que te penetre? – Le pregunto

    -Elegí vos, Ramón… Me estoy tocando fuerte…

    -¿Estás en 9? – pregunto

    -no aún. ¿Vos?

    -me vas a acabar la mano?

    -ahhh

    -Tomá. Tomá esa pija rica

    -La tengo en mi mano. Te la estoy tocando. Ya casi…

    -Sigamos con los masajes. Quiero que termines antes que yo

    -¿Yo antes que vos?… vas a estar un rato más, Ramón… no acabo rápido yo…

    -Mi pija se derrite con tus caricias, pero puedo aguantar.

    -Me giro a vos, parada. – me dice

    -Mejor… así estamos más tiempo juntos. – le digo.

    -Sosteniendo tu verga, te sigo haciendo una paja mientras me la acerco a la cola…

    -TU cola me vuelve más loco. ¡Cómo es posible que tengas tanta teta y buena cola!!!???

    -ja jajá. – dice riendo con ganas. – la cola la trabajo; las tetas vienen de mi mama. ja jajá.

    -Y ahora, están todas para mí. ¡Qué rico!!! – Ella ahora toma la iniciativa. Me dice:

    -Como con un pincel, marco con tu pre semen mi cola, y arqueándome un poco para adelante, pongo la punta de tu pija mojada en la entrada de mi cola…

    -Yo tengo tus tetas entre mis manos y tus pezones entre mis dedos. Los hago rolar con mis dedos. Están duros como piedras. En tu misma posición, te la clavo por tu conchita si querés.

    -No me preguntes Ramon… Vos hacé… yo quiero que me des…

    -Yo ya sé que sos mi puta sumisa y no hace falta demostraciones. – le digo

    -yo quiero sentirla adentro… me responde ella con ansiedad.

    -Ya. Estoy dentro de tu vagina, dándote duro. Vos ayudás, como si quisieras sentarte sobre mi pija clavándotela hasta las bolas.

    -Cabalgame de culo. Arriba y abajo. Dice Julia.

    -¡Me encanta cogerte!!! Le digo yo. Y ella me responde:

    -Sii. Así… agarrate fuerte… te tengo aferrado a mis tetas y dándome por la vagina. Miro por debajo de mis tetas y veo cómo tus huevos rebotan de lado a lado de mi vagina

    -Y a mí me pone más cachondo que una Puta como vos la goce conmigo. – le digo yo.

    -Ah. ¡Si!!! Soy tu puta Ramón.

    -Te tengo re clavada.

    -¿Te gusta que tu putita este gozando con tu pija metida hasta el fondo? Ahhh – dice entre gemidos. 8

    -Vamos Ramón. Dame duro. ¡No pares… Vamos!!!… Dame duro desde atrás. ¡Más fuerte!!! – dice entre jadeos.

    -Podes comerme la pija con tu vagina. Apretarla hasta que salte toda tu leche. ¡Porque mi leche es toda para vos!!

    -Con cada embestida que me das, vuelvo con más fuerza hacia vos. Levanto una pierna, así podés entrar mejor… más profundo…- me dice Julia, en medio de su exaltación.

    -Me paro contigo. Ahora estoy parado y vos agachada de culo a mi pija y comienzo a clavarte como si fuera un martillo dándote pija. – Le indico.

    -¿En cuatro me tenés??… – pregunta

    -Ayayay… Qué duro me estas clavando Ramon… seguí así, – me pide Julia recaliente.

    -Estoy dentro de tu vagina y siento tu culo sobre mí. Mis manos en tus tetas pellizcando tus pezones.

    -¿Así? – pregunta Julia.

    -Si… Así -le respondo yo- Más dura… Más fuerte Así… MÁS… MÁS… MÁS…

    -Ay… ay… Gime julia. – Así… Si… Así Ramón. ¡MAS!… VAMOS… VAMOS

    -ASI RAMON ROMPEME EN CUATRO… ahhhh… ¡Ayy!

    -TE VOY A LLENAR DE LECHE TU VAGINA

    -SI… SI… SI… ASI Ramón. 9

    -Estoy cerca Ramón

    -ESTOY CERCA… ESTOY CERCA RAMON… me hace saber, y continúa:

    -ESTOY CERCAAA DE ACABARTE LA PIJA. Ahhhh

    -Me derramo dentro tuyo, pero te sigo bombeando. – le digo.

    -Soy tu putita sumisa, tu putita sumisa Ramón… ahhhh… ahhhh – responde ella entre jadeos y gemidos.

    -Me vas a cortar la pija. Cómo la apretás… ¡Qué gusto que me das, Julia!…

    -¡Si!!!… cierro más mis piernas… las cierro para aprisionarte más. – Me dice Julia

    -¡Cómo me gusta cogerte!!! – y sigo empujando mi pija dentro suyo.

    -Siento tu leche caliente adentro… ¿me acabaste??… ahhhh… ¡Qué rico se siente!… dice con voz apasionada.

    -MI pija parece una regadera de semen… sigo eyaculando. Me estas exprimiendo como a un limón.

    -SI… SI… SI. – Me hace saber Julia, emocionada.

    -Ahhh… llegamos… yo estoy listo

    -Te muerdo el cuello Te tiro del pelo para clavártela más adentro. – le hago saber.

    -10… – es su respuesta

    La oigo jadear fuerte a Julia.

    -ahí… ahí… ahí, – repite Julia jadeando. Auchhh… me tiraste del pelo y me hizo acabar. ¡Me encantó eso!

    -No te sueltes todavía. Te sigo tirando del pelo porque tengo más lecha para vos.

    -ahhhh… Bueno. – Me dice.

    -Sigo acabando. – Respondo yo.

    -¡Ayy!… Mi pelo. Estiro los labios para darte un beso mientras me tiras el pelo para atrás… – me dice.

    -Te muerdo una oreja… – Le digo.

    -Ahhhh… acabé… 10… ¡Otra vez!!!… – Me hace saber, y me cuenta:

    -Me has llenado la vagina de tu leche. Me corre por las piernas. Me tengo que limpiar Ramón…

    -He quedado vacío y desarmado…- Le contesto.

    -Si esperas un minuto te limpio como el viernes… ¿Querés? – Le propongo.

    -Voy a limpiarme de verdad… ja jajá – Dice Julia sonriendo.

    -Ahí vengo.

    -Ok –… Y me quedé despatarrado, esperando su regreso, para agradecerle el fantástico momento que hemos pasado juntos.

    Hasta la próxima, esperando sus opiniones, comentarios o propuestas, para seguir con más relatos.

    Háganmelas saber, siempre dispuesto a aprender y mejorar, para compartirlos con ustedes. Abrazo para ellos y besos para ellas.

  • Lo puta no se quita y mi marido ¡¡ya lo sabe!!

    Lo puta no se quita y mi marido ¡¡ya lo sabe!!

    Hace algunos años escuché por casualidad una frase que me gustó y que dice que las mujeres somos un mar profundo de secretos. Y yo estaba muy segura de que moriría con mi mar bien guardadito, pero ahora sé que ya no será así. Parece que mi mar está a punto de desbordarse.

    En días recientes, mientras mi esposo me estaba cogiendo, hice la travesura más grande que he hecho hasta ahora: le confesé que se me antoja otra verga, que quiero que otro me coja. Y lo más interesante de todo, es que lejos de enojarse conmigo, su verga se puso tan dura que acabó dándome una de las cogidas más ricas que recuerdo. En cuanto le dije que quiero coger con otro, lo primero que quiso saber es con quien. Yo habría esperado que me diera una cachetada o que dejara de cogerme, pero el muy cabrón se excitó al saberlo. Pude sentir claramente como su verga se puso más dura de lo que estaba y eso me animó a seguirle contando y saber lo que piensa. Ni yo misma lo podía creer, pero con mi confesión descubrí una parte no explorada de mi esposo. Y eso echó a volar mi mente.

    De inmediato recordé que, en el pasado, antes de casarme, alguna que otra vez jugaba con mis novios para provocarlos y saber su reacción, pues normalmente tenía al menos dos o tres novios al mismo tiempo. Claro está que ellos nunca se dieron cuenta, o si lo hicieron nunca me dijeron nada. Por eso, a mí me gustaba tantearlos para saber que harían en caso de que me descubrieran. Y el momento que yo creía más conveniente para preguntarles era cuando estábamos cogiendo. En el punto de más excitación les soltaba la pregunta: ¿Mi amor, que me harías si alguna vez supieras que ando o me encontraras cogiendo con otro? En todos los casos, en mayor o menor medida su reacción era siempre insultarme, cachetearme y decirme que si lo hacía me mandarían a la verga. Y eso era excitante. Verlos como sentían celos, como se enojaban y como me cacheteaban diciéndome que ni se me ocurriera, que me querían solo para ellos era delicioso y excitante. Cada cachetada que me daban la sentía como un pequeño castigo a mi putería. De alguna manera me hacía sentir liberada de culpa y era como si con eso ya tuviera su permiso para seguir zorreando. Y claro está que luego yo me mostraba sumisa y les decía que todo era una broma, que ellos eran los únicos, les aseguraba que nunca lo haría y toda esa morbosa situación me provocaba unos deliciosos orgasmos.

    Pero esta vez fue diferente. Debo decirte que llevo cinco años de casada y salvo alguna que otra vez con mi vecino y con alguno que otro trabajador que ha venido a la casa a arreglar desperfectos, durante estos años casi no he cogido con otros. Por decirlo de alguna manera, me he comportado como toda una “señora decente”. Y es que yo provengo de una familia muy tradicional donde se valora mucho la fidelidad, el respeto hacia el marido, las buenas costumbres y el recato. Por eso, mis padres me inculcaron comportarme siempre como una mujer decente. Pero quizá por eso, por haber crecido tan reprimida, desde que salí a estudiar la Universidad lejos de mi casa, comencé a vestirme muy putita, con blusas escotadas o cortas que resaltaran mis tetas y con minifaldas, vestidos o pantalones ajustados que resaltaran mis nalgas redondas y paradas. Y es que siempre me ha gustado llamar la atención de los caballeros que encuentro a mi paso. Por eso hoy en día, a pesar de estar casada, me gusta todavía vestirme así. Sin embargo, debo admitir que mi forma de vestir no ha estado libre de problemas pues en varias ocasiones mi papá me ha dicho que eso no está bien, que yo debo vestirme como toda una señora casada. Pero mi marido opina lo contrario, así que yo estoy encantada con él.

    Volviendo al tema que te estaba contando, debo decirte que disfruto mucho el sexo con mi esposo. Su verga, que tiene buen tamaño, me saca siempre unos orgasmos tan deliciosos, que acabo casi siempre gritándole que soy su putita de tan intensos que son. Pero de un tiempo para acá he comenzado a extrañar mi vida de soltera, sobre todo la época en que cogía con hasta tres hombres el mismo día. Y de las orgías en que llegué a participar ni te cuento. Debo confesarte que, desde que la probé, siempre me ha gustado la verga, que la mayoría de los novios o amantes que he tenido, que son cerca de 50, siempre me han tratado como una zorra, como una perrita o como una puta barata. Y la verdad es que eso me encanta. Sin embargo, durante estos cinco años que llevo de casada he hecho todo lo necesario para comportarme como toda una señora decente y creo que más o menos lo he logrado. Pero siento que esa no soy yo. Pienso que estoy tratando de aparentar algo que no soy, y muy en el fondo he llegado a la conclusión de que lo puta no se quita. He comprendido que esta panochita, este culo y esta boquita que tengo, no son para una sola verga. Y la verdad es que quiero más.

    Esos eran mis pensamientos cuando uno de estos días acompañé a mi esposo a un evento de su trabajo, en el que al final hubo una comida para los asistentes. Y resultó que uno de los participantes llamó mi atención. Físicamente era un hombre normal, pero sobre el pantalón se le adivinaba un rico paquete, que hizo que mi panochita se moviera con vida propia. Y es que cuando una verga me llama la atención sobre el pantalón, es porque está de buen tamaño. Y hasta ahora nunca me he equivocado ji, ji. Durante la comida cruzamos miradas en más de una ocasión cuidando que mi esposo no se diera cuenta. Al final de la comida pasó a despedirse de mi esposo, con quien se había conocido ese mismo día y también de mí de una forma muy respetuosa. Pero yo no estaba tranquila. Algo dentro de mí me decía que debía hablar con ese hombre a solas, así que de inmediato pensé en un plan. Esperé dos o tres minutos y le dije a mi esposo que necesitaba ir a nuestro auto, que se encontraba estacionado en la calle, cerca de donde fue el evento. Mi esposo, que estaba platicando con unas personas, sin sospechar nada, me entregó las llaves y yo salí de inmediato.

    Para mi buena suerte, al salir a la calle vi al objeto de mi deseo platicando con otras personas y mi panochita volvió a palpitar. Aparentando la mayor indiferencia posible pasé a un lado de él asegurándome de que me viera y luego caminé por la calle moviendo mis nalgas más que de costumbre. Llegué al auto, entré, hice como que buscaba algo, pero en realidad solo estaba viendo a través del cristal para ver si me había seguido. Cuando lo vi que venía caminando en la dirección en que yo estaba, salí del auto y comencé a caminar en sentido contrario, para que nuestro encuentro pareciera totalmente casual.

    Todos esos recuerdos estaban viniendo a mí mente en el momento en que mi esposo me tenía ensartada, así que no me pude contener y le dije:

    ― Mi amor, ¿qué me dirías o que me harías si te dijera que se me antoja coger con otro? De inmediato pude sentir como su verga se ponía más dura que de costumbre.

    ― Te diría que eres muy putita. ¿De verdad se te antoja coger con otro?

    ― Si mi rey. Pude ver como su respiración se aceleró y sus ojos brillaban de excitación.

    ― ¿De quién se trata? ¿Es alguien que yo conozco?

    ― ¿Recuerdas el evento al que te acompañé hace unos días?

    ― Si, ¿por qué? me contestó.

    ― ¿Te digo algo y no te enojas?

    ― Dime.

    ― ¿Recuerdas que te pedí las llaves para ir a nuestro auto? Pues resulta que tu nuevo amigo me abordó en la calle y me pido mi teléfono. Creo que me quería coger, bueno… más bien, ¡me quiere coger!

    ― Hija de la chingada. ¿Y cómo sabes que te quiere coger? Me preguntó.

    ― Yo venía de nuestro coche y cuando lo encontré me saludó muy atento y me dijo que se le había olvidado pedirte tu número de teléfono, que si se lo podía dar. Le dije que no me lo sabía y que tampoco llevaba mi teléfono, que mejor él me apuntara el suyo. Me dijo que si, pero me pidió que lo acompañara a su auto por un papel.

    ― Y tú qué hiciste?

    ― Pues tuve que acompañarlo mi rey. Pero me pasó algo extraño porque cuando íbamos caminando mi panochita comenzó a palpitar con vida propia, imaginando que podría pasar algo más. Cuando llegamos a donde estaba su coche él abrió la puerta para entrar y yo, que estaba detrás de él, con una mano le detuve la puerta para que pudiera entrar más cómodamente y con la otra le toqué la espalda con el pretexto de que la puerta no le fuera a pegar. Eso hizo que tu amigo se pusiera nervioso. Con toda la intención de provocarlo, mientras él buscaba un papel yo me mantuve siempre detrás y por momentos nuestros cuerpos se tocaron. Cuando él se dio la vuelta pude notar que tenía la verga bien parada y se adivinaba que era grande y gruesa. En ese momento los dos estábamos muy cerca y sin duda él se dio cuenta que yo tenía ganas de coger, porque no podía evitar mirar su verga de vez en cuando. Entonces me pidió que nos viéramos otro día y yo le dije que le escribiría después para ponernos de acuerdo. Mientras hablábamos me estuvo mirando a la cara con mucha atención y eso me excitó aún más. Hubiera querido tocarle la verga por encima del pantalón, pero no lo hice para no parecer demasiado putita y urgida.

    En el momento que dije esto último, pude sentir como la verga de mi marido se puso todavía más dura, lo que hizo darme cuenta de que había ido demasiado lejos con mi confesión. Para comprobar que iba por buen camino le dije:

    ―Bueno, pero ahora mismo, no sé porque te estoy contando todo esto.

    ― ¿Te lo quieres coger? me preguntó mi esposo. Y percibiendo que con su pregunta me estaba dando permiso, le contesté que sí. Y luego me descaré completamente y le pregunté:

    ― ¿Quieres que me lo coja? ¿Quieres que le escriba?

    Por toda respuesta mi marido comenzó a embestirme de una forma salvaje pero rica y en pocos segundos pude sentir como mi panocha se inundaba con su rica y abundante lechita, como prueba de que le había provocado un intenso orgasmo.

    Así que, no lo sé, pero parece que a partir de ese día, soy una putita con permiso de mi marido. Y creo que no sé lo que haré ji, ji. ¿Alguna sugerencia?

  • Una fiesta sorpresa

    Una fiesta sorpresa

    Mayra es su nombre, ella es una chica de piel blanca, cabello largo negro azulado, ojos café claro, tetas medianas y nalgas firmes, en aquel entonces ella tenia 21 años y es que despues de coger con Karina unas cuantas veces mas me comencé a volver mas aventado y a tener más suerte.

    Ella era la recepcionista de donde trabajaba, su novio era un mensajero, aunque en realidad ella era casada y tenía ya una hija, pero bueno, el mundo laboral y sexual así es.

    Comencé a hablarle desde el día que entré a trabajar, de hecho nos juntamos a tomar café y compartimos galletas y pan, era buena su compañía.

    Los compañeros de trabajo decidieron hacerle una fiesta sorpresa por que cumplía años laborales, así que nos pusimos de acuerdo y le caímos en su casa, la cual nos quedaba cerca de la oficina.

    Ella nos recibió contenta y nos pasó a su casa en donde también vivían sus padres los cuales se llevaron a su hija y se fueron con una hermana de su mamá dejándonos la casa para la celebración, Mayra se fue a arreglar saliendo de su cuarto con un mini vestido floreado y sus zapatos abiertos enseñando sus perfectas y blancas piernas.

    Obviamente estaba con Victor su novio y él no se despegaba, yo decidí entrar en ambiente así que bebía y bailaba con las demás compañeras pero no dejaba de mirar lo rica que se veía Mayra.

    M: Oswaldito, que bueno que viniste.

    O: No quería perderme tu celebración, oye te ves ¡espectacular!

    M: Yo siempre corazón, yo siempre.

    Después de esa breve charla segui divirtiendome con los demás compañeros, todo estaba de lujo hasta que Víctor y ella discutieron y ella lo corrió, pensé que todo terminaría ahí pero ella decidió que siguiéramos celebrando.

    De hecho se veía más relajada y disfrutaba más, bailaba con todos, era el centro de atención pero sobre todo de mi atención, ya que no podía dejar de verla y mucho menos sus piernas.

    M: ¡Vamos a bailar Oswaldito!

    O: ¡Como no!

    Bailamos merengue, en aquel entonces apenas aprendía y la verdad esa mujer me bailo, pero no me importo ya que aprovechaba cada vuelta o cercanía para sentir su rico cuerpo.

    O: ¡Qué bien bailas!

    M: ¡Me defiendo!

    O: No me quiero imaginar cómo haces ¡otras cosas!

    Ella me miró y sonrió, no dijo nada pero mi comentario no la incomodó y continuamos bailando.

    Conforme pasó el tiempo el alcohol se nos subió, yo la abrazaba y tocaba su rodilla mientras brindamos, ella se recostaba en mí, fue entonces que me comenzó a hablar de su relación.

    Mientras yo le acariciaba su pierna ella me decía lo mal que le había ido con su marido y que con Víctor era más sexo que otra cosa, pero que ya estaba harta de él.

    O: Pues que tontos, eres una princesa y no te saben tratar.

    M: Así es esto, ni hablar, ahora sere lesbiana.

    O: No jaja, mejor deja que un hombre como yo te aprecie bien.

    M: Oswaldo, jaja, tú eres aún un niño.

    O: Y eso que, también se tratar a una mujer.

    Antes de que me dijera mas le di un beso en sus labios, ella al principio se quito, pero cuando la tome de la cabeza y la volví a besar lentamente fue cediendo.

    Honestamente no recuerdo si estaba alguien más ahí con nosotros, solo la música a alto volumen y mis manos apretando sus muslos por debajo de su vestido.

    Ella besaba riquísimo, nuestras lenguas se entrelazaron rico, nunca había besado a alguien de esa manera por lo cual mi excitación fue notoria y mis dedos lentamente fueron a su coño por encima de su trusa.

    M: ¿Qué haces?

    O: Me encantas, ¡te deseo!

    M ¿Así? ¿y qué quieres?

    O: ¡A ti!

    Le comencé a besar su cuello y su pecho, no me atrevía a ir a sus tetas medianas aun pero sí moví su trusa y rozaba sus labios vaginales carnosos y húmedos.

    Mayra cerraba sus ojos y gemía mientras mi boca saboreaba sus orejas y su cuello, esa mujer era un volcán y estaba por estallar.

    Mire alrededor y solo vi a dos personas en la mesa, metidas en lo suyo y la música a volumen alto, con adrenalina, le quite el vestido a Mayra, le saque las tetas del brasear y comencé a saborearlas con fiereza, mientras ella me quitaba la camisa y el pantalón.

    M: ¡Oswaldito, eres un canijo!

    O: ¡Tu me pusiste asi!

    Se acostó en su sofá y recorrí mi lengua de su cara a sus pies, lamía sus dedos con sus uñas pintadas, le baje la trusa y descubrí un peludo pero hermoso tesoro el cual no dude en chupar.

    Mayra gemía rico mientras mi boca besaba sus labios vaginales, le metía dos dedos a su coño y ella me tomaba la otra mano y me chupaba los dedos, demostrando lo bien que trabajaba con la boca.

    O: ¡Qué rica pucha!

    M: Chupas rico, uhm, ¡ah!

    O: Espero que hagas lo mismo.

    Mayra se levantó y me puso de pie, lentamente recorrió cada parte de mi cuerpo hasta bajarme el calzón e ir directo a mi verga dura y mojada.

    Mayra chupaba fenomenalmente, me tenia gimiendo y acariciando su cabeza, ella tragaba mi verga de una rica manera, su lengua saboreaba mi tronco y succionaba los fluidos de mi cabeza, ¡qué rico lo mamaba!

    O: Qué rico, así, comételo cariño, ¡uhm!

    M: Qué rica, uhm, ¡¡agh!!

    O: Mayra, uf, ¡eres fantástica!

    M: ¡Penetrame ya papi!

    La senté en sillón y le levanté las piernas abriendolas como compás y se la meti de golpe, así sin condon, valiéndome todo.

    O: ¡Oh! Mayra, que rico!

    M: ¡Ah, uhm, dios, agh!

    Comencé a moverme suave, ella era más alta que yo por lo que tenía que agacharme un poco para quedar más a su altura, pero aun asi mi verga entraba muy rico en su húmeda vagina.

    La verdad olvide si había alguien solo quería seguir penetrándola, levante sus patotas y las puse en mis hombros cogiendomela riquismo.

    O: ¡Uhm que rico, que ricas piernas nena!

    M: Que bien coges, uhm, te siento, te siento.

    Me senté en el sillón y ella de frente subió a cabalgarme, se acomodo bien rico y mi verga entraba por completo en su coño, le apretaba las nalgas, le mordía sus pezones, nos besabamos, sudamos la gota rica.

    M: Me gusta, uhm, ¡dios!

    O: ¿Te gusta mi verga?

    M: Me encanta, la usas a la perfección, uhm, ¡agh!

    O: Aunque no esté dotado?

    M: Eso no importa, Victor lo está y no me dura ni 5 minutos, ¡¡agh!!

    Si dio la vuelta y se daba unos ricos sentones, a mis 19 años estaba gozando a una hembra salvaje, joven y llena de sexualidad, me sentia con muchisma suerte en ese momento.

    Gemiamos y gritabamos de lo rico que la pasabamos, la puse a cuatro patas en el sofá, y ahí mirándole sus ricas nalgas comencé a meterla suavemente, acariciando sus muslos, besando su espalda, apretando sus ricas nalguitas.

    O: Que ricas estan tus nalgas.

    M: ¡Son tuyas mi rey!

    O: Mayra, ¡eres la mejor!

    En aquel tiempo a mi temprana edad y con solo 3 experiencias sexuales Mayra si era lo mejor.

    Continúe con el mete y saca, acariciando su hermoso cuerpo y metiéndosela hasta el fondo, luego solo me quedaba quieto y ella solita movía bien rico sus nalgas, yo me retorcia del placer, sabía moverse muy rico.

    O: ¡Me voy avenir nena! uhm, ¡me voy a venir!

    M: Si, agh, yo también papi, ¡me vengo, agh!

    La tome de la cintura y aceleradamente la penetraba, ambos babeabamos del placer, sentía que estallaba me sentía venir, hasta que no pude más y comencé a venirme ¡dentro de ella!

    M: ¡¡¡No!!! agh que rico, ¡¡agh!!

    O: Tómalos, uhm, que rico, ¡¡¡ah!!!

    M: Me vas a embarazar, agh, pero que rico se siente tu semen dentro.

    Me vine hasta dejar de gotear, se la saque y ella se acostó boca abajo reposando el rico orgasmo que le había dado.

    Me senté a su lado acariciando su ricas nalgas, fue entonces que menos acelerado reaccione y me di cuenta que aún había dos tipos ahí, pero ellos ya se habían quedado dormidos en la mesa por tanto alcohol.

    Mayra y yo jamás volvimos a coger pero cada que me veía una enorme sonrisa se dibujaba en ella, una sonrisa que delata lo rico que la había pasado conmigo.

  • Sueños húmedos con mi prima

    Sueños húmedos con mi prima

    En esta ocasión te escribo como varón. Es el primero de mis relatos donde no soy yo quien espera recibir verga. Y es que ese lado de mi sexualidad había quedado en pausa por un tiempo, en primera por haber terminado con mi novia y en segunda por mantener relaciones sexuales frecuentes con un hombre.

    Así que el macho regresó por un tiempo para fijarse nada menos que en mi prima más cercana.

    Sé de muchos casos donde el despertar sexual se da entre primos, pero en mi caso nunca pasó así. De hecho ella y yo nunca habíamos sido cercanos, hasta hace unos cuantos años en que los dos comenzamos a coincidir en algunas gustos como tatuajes, música, etc.

    Te contaré de ella: Es mayor que yo por 6 años, de piel blanca, ojos grandes y bellas pecas en las mejillas. Pese a tener un busto grande y un culo redondo, tiene algunos problemas de autoestima, lo que la lleva a sobrecompensarlo siendo muy «cariñosa» y segura con los varones que se va encontrando por la vida. Por ese motivo le ha sido complicado tener una pareja sentimental estable a sus casi 40 años, y ha ido de un novio a otro en lapsos cortos de tiempo.

    Desde que terminó con su última relación a finales del año pasado, nuestra soltería y gustos en común consiguieron que salgamos más a cenar, al cine o por café. Caminamos abrazados, nos tomamos de la mano y jugueteamos más como amigos que como primos. De hecho, quienes no nos conocen asumen que somos pareja. No sé si estoy viendo cosas donde no las hay pero ella me llama «bebé», «mi amor» o «mi niño», cosa que no hace con nadie más al menos por ahora.

    Puedo identificar cierta vibra y tensión sexual en nuestras conversaciones, como cuando me platicó que quería perforarse los pezones, o que quería hacerse una sesión de fotos eróticas, cosa que me puso bien duro de sólo imaginarlo, pero lo que más es cuando nos quedamos solos.

    La última vez que estuvimos en su casa me invitó a ver una película. La verdad no recuerdo cual era, yo accedí para estar a solas con ella esperando que algo pudiera pasar sin nada más que la luz de la pantalla del televisor. En algún punto nos quedamos dormidos, ella dándome la espalda. Cuando desperté lo primero que vi fue su trasero y sus piernas juntas. Poco faltó para que me acercara a ella para abrazarla y arrimarle la verga, pero solo la admiré un rato, antes de tomarla por la cintura y darle un beso en la mejilla para despedirme. La cobijé y salí de su casa con el pene a reventar de erecto.

    Cuando llegué a mi casa no podía dejar de pensar en ella. En su cuerpo que me encanta y en cómo hubiera sido cogerla el resto de la noche.

    Con esa idea en mente me fui a dormir, y recuerdo que soñé que en lugar de irme, la volteaba y comenzaba a besarla en el cuello, en el rostro y por último en la boca. Ella me correspondía, entonces comenzaba a tocar sus grandes pechos hasta que le quitaba la blusa y los dejaba al descubierto. Sus pezones eran grandes, tal como siempre los he imaginado y sus tetas enormes y caídas producto de la madurez, pero deliciosas.

    Desperté completamente duro y mojado, con la sensación de haberme venido y con el corazón a mil.

    Hasta el momento ninguno de los dos ha dado el primer paso. Tal vez por miedo a estar malinterpretando las señales o a confundir el cariño que nos tenemos con algo más. El hecho es que yo de verdad deseo tener intimidad con ella, mi sueño lo confirma y espero poder hacerlo realidad.

    Somos primos segundos, yo de 32 y ella de 38, ambos en plenitud sexual y sin pareja formal.

    ¿Ustedes qué harían y cómo lo harían?

    Si se me hace realidad el sueño, les contaré…

    B*

  • Los olorosos pies de mi prima

    Los olorosos pies de mi prima

    Todo empezó desde que yo tenía 18 años y ella 20, ahora tengo 22. Un día mi prima me invitó a su casa a ver una película que en ese momento estaba sonando mucho por todo el mundo y claro sin problema accedí. Pedimos comida a un Delivery y subimos a su cuarto a mirar la película, todo muy normal yo iba con la única intención de ver esa famosa película y pasar un buen rato. Todo iba bien, ella se acomodó en la cama, se quitó los zapatos y traía medias, todo normal, empezamos a mirar la película y después de unos minutos dijo que sentía calor y se quitó las medias…

    Claramente cualquier persona la cual tiene fetiche con los pies se empieza a imaginar miles de posibilidades (aclaro que estábamos solos y sus pies siempre a mi parecer son muy lindos). Como era de esperarse, me concentre más viendo sus pies que mirando la película. Al final de la noche no pasó nada, me despedí y me fui de nuevo a mi casa. Esa fue la primera noche que me masturbe pensando en los pies de mi prima. Justo ahí empezó todo…

    Yo no me veía muy seguido con ella ya que vivíamos un poco alejados. Desde esa vez cada día que estaba con ella o la veía quería quedarme hasta que se quitara sus zapatos y como mínima cosa poder observar sus pies (Tenía miles de escenarios dañando mi mente cada vez que los veía).

    Así pasaron los años hasta llegar al 2021. Hace 2 años he venido practicando crossfit y he estado un poco envuelto en el mundo del fitnes, ella quería empezar a tener una vida más saludable y me contacto para que fuera a su casa y entrenáramos juntos (su casa tenía una zona para hacer ejercicio y con variedad de máquinas para hacer ejercicio). Empecé a ir seguido, iba 3 o 4 veces a la semana, hacíamos ejercicio, conversábamos, cocinábamos etc., de un momento a otro empecé a sentir que ella ya me veía con otros ojos, ya que yo ya estaba mayor y por mi tiempo asistiendo al gym tenía un buen cuerpo (Mi cara siempre ha sido atractiva). De tantas veces que nos veíamos se me había olvidado por completo sus pies, ya no los tenía muy presentes y hace mucho tiempo no los veía.

    En noviembre del 2021 fui un día como cualquier otro a hacer ejercicio a su casa, hicimos desayuno, ejercicio y conversamos un rato, me dijo que si la acompañaba ese día a hacer unas compras y comíamos algo, yo no tenía nada que hacer esa tarde así que le dije que sí, fuimos a un centro comercial, la acompañe a hacer varias compras, volvimos a su casa y me dijo que no me fuera que me iba a invitar la comida, pidió pizza y nos sentamos en su sala mientras llegaba. Ahí comenzó todo… de nuevo. Se quitó los zapatos los cuales uso durante casi todo el día, mientras ella hacía eso lo único que estaba pasando por mi mente y mi cuerpo era excitación, solo eso. En el momento en el que ella se los quitaba yo solo estaba ahí fijamente observando, los dejo a un lado y comenzó a quitarse las medias, cada vez me sentía más excitado y solo estaba concentrado en sus pies, cuando se terminó de quitar las medias volteó a verme diciendo «jajaja que miras? son lindos lo sé» en ese momento solo pensaba en venirme sobre ellos, sonreí y le respondí «sí, me gustan» y le cambie el tema, a los pocos minutos llego el delivery y ella se fue a recibir la pizza, inmediatamente levante sus medias y empecé a olerlas durante unos 40 segundos, cuando escuche cerrar la puerta las volví a dejar donde ella las había dejado. Esa noche amanecí en casa de ella, la pasamos bien pero no como yo quisiera que la hubiéramos pasado.

    Ahí volvió mi gusto por sus pies, nos seguimos viendo y como había mencionado antes sentía que ella ya me veía con otros ojos, las cosas se fueron dando poco a poco, tuvimos varios acercamientos pero no pasaban de uno o dos besos.

    Llego diciembre y yo llevaba desde hacía varios días sin ver sus pies, cada vez que la veía quería que se quitara los zapatos pero no pasaba muy seguido. El 18 de diciembre fui como muchos de los días que iba a hacer ejercicio con ella y después de hacer ejercicio tuvimos un acercamiento. Nos besamos y ella me dijo que estaba empezando a sentir gusto hacia mí, yo le dije que me estaba pasando lo mismo y tuvimos una corta conversación respecto a eso, no pasó nada más que unos besitos y me quede a almorzar en su casa, almorzamos y le ayude a hacer unos cuestionarios de su trabajo. Después de unas horas se empezó a quitar los zapatos y el mismo pensamiento que corría por mi mente desde hacía varios años atrás volvió, solo quería besarle sus pies, olerlos, sentirlos… No me aguante más y le dije la atracción que sentía por ellos, ella después de reírse me dijo «es enserio» le respondí «muy enserio», me dijo que ella había salido con alguien al que le excitaban los pies y nunca tuvo problema con eso al contrario le gustaba que otra persona sintiera atracción hacia ellos. Se quedó mirándome fijamente y dijo me hubieras dicho antes y acercó sus pies lentamente a mi cara, yo no podía creer lo que estaba pasando cada vez me sentía más excitado y inmediatamente saqué mi pene el cual me estaba palpitando de lo excitado que estaba, la tome por los tobillos y puse sus pies sudados sobre mi pene, se sentían calientes. Ella comenzó a masturbarme con sus pies, al poco tiempo, podría decir que luego de un minuto y 20 segundos pasó algo que no quería que pasara pero pasó… Me vine inmediatamente sobre ellos, ha sido la vez que más excitación he sentido al venirme, me vine mucho, pero para mi suerte de lo excitado que estaba mi pene seguía erecto, ella cambia de posición y me empieza a hacer sexo oral pasan pocos minutos y no me aguanto, me vengo de nuevo, fue una de las mejores sensaciones que he tenido durante toda mi vida.

    Desde ese entonces cada vez que estoy antojado de sus pies solo basta con decirle para que me complazca.

  • Sugar baby (Parte 4): Final

    Sugar baby (Parte 4): Final

    Después del trío con Paula y Luis, Lorena recuperó su alegría y entusiasmo. Luis volvió a ser el atento maduro que la adoraba y la follaba casi todos los días. Y Paula se convirtió en su mejor amiga, confidente, consejera y de vez en cuando, también amante. Todas las semanas quedaban alguna tarde para ir de compras o simplemente para charlar de sus cosas y a menudo acababan en la cama fundiendo sus jóvenes y espléndidos cuerpos para darse placer mutuo.

    Pasadas unas semanas, una tarde Luis la llamó para decirle que esa noche debía acompañar a cenar al importante cliente que en una ocasión se la había acabado follando. Esta vez iría ella sola sin Luis, con lo que no había duda de qué seguiría tras la cena. El encargo la cogió desprevenida y no supo negarse, pero aquello no le hacía ninguna gracia, se sentía prostituida y además aquel hombre le resultaba repulsivo. Cuando lo habló con su amiga Paula está le quitó importancia, formaba parte del trabajo según ella y al fin y al cabo, sólo se trataba de follar. Aliviada por las palabras tranquilizadoras de Paula, Lorena se estaba arreglando para ir a la cena cuando llegó Luis. Ya vestida con un ajustado y sexy vestido negro, que realzaba sus preciosas tetas y su culito respingón, se estaba maquillando frente al espejo del baño cuando entró Luis a saludarla.

    – Hola preciosa, veo que ya te estás arreglando. Mmmm, ¡que guapa te has puesto! – le dijo abrazándola por la espalda y besando su cuello

    – Bueno, de eso se trata ¿no? De agradar a tu cliente – dijo ella algo mosqueada

    Ya sé que no te gusta que te pida estas cosas, Lorena, pero a este cliente me interesa tenerlo contento, es demasiado importante para la empresa. Y la otra vez que estuvo contigo se ve que se flipó. No para de hablarme de tí. Hazlo como un favor personal, porfa. – le respondió Luis con su habitual tono afable que desmontaba las quejas de Lorena. Además había empezado a acariciar sus tetas por encima del vestido y ella empezaba a ponerse cachonda.

    Luis también lo estaba, Lorena podía notar perfectamente el bulto endurecido de la entrepierna de él, pegado a sus nalgas.

    Luis, porfa ahora no – protestó ella al ver que él no paraba de manosearle las tetas y que de aquella forma era imposible maquillarse.

    Pero los gimoteos que las caricias causaban en Lorena desmentían sus quejas. Luis levantó el vestido de Lorena por encima de sus caderas para dejar a la vista sus espléndidas nalgas. Un diminuto tanga rojo apenas ocultaba la raja de su culo y de su coño. Luis apartó la tira para acariciar con sus dedos los labios vaginales y comprobó complacido que estaban empapados.

    Nooo, Luis, paraaa, ahora nooo – se quejaba Lorena, pero el tono parecía implorar que siguiera más que pedir que parara.

    Luis siguió manipulando el chochito de Lorena con la habilidad y eficacia que dan la práctica. Sabía perfectamente cómo y dónde tocar y acariciar para hacer que el coñito se inundara y ardiera de deseo. Entonces, sin dejar de masturbar a Lorena con una mano, se desabrochó el pantalón con la otra, sacó su polla que estaba dura como una piedra y agarrándola con la mano, la guio hasta la entrada de la empapada vagina. Lorena separó las piernas para facilitar la penetración. Luis empezó a bombear con ansia el jugoso chochito de Lorena. Ella se puso aún más cachonda viendo en el espejo la imagen de Luis follandola. Posiblemente eso es lo que desencadenó su apresurado orgasmo. Y las contracciones de su vagina al correrse las que provocaron el orgasmo de Luis. Cuando él sacó su polla del coñito aun palpitante de placer de Lorena, un manantial de semen se escurrió por los muslos de ella. Se apresuró a limpiarse con papel higiénico, recompuso el vestido y acabó con los últimos detalles de su maquillaje.

    – Ufff, Lorena, no puedes imaginarte cómo me pones. Y lo celoso que me pone pensar que ahora te vas con otro. – le dijo Luis besando de nuevo el cuello de la chica

    – Bueno, te lo mereces. Has sido tú quien me lo ha pedido. – respondió ella sonriendo pícara. Le encantaba saber que Luis estaba celoso.

    La cena con el cliente fue algo tediosa. Él no dejaba de mirarle las tetas y de querer hablar de temas morbosos. Que cuándo y cómo había sido su primera vez, que con cuántos chicos se había acostado, que cuál era su postura preferida. Al final Lorena optó por responder abiertamente a las preguntas, lo cual puso a cien al hombre. Habían quedado en el restaurante de su hotel, por lo que en cuando acabaron la cena subieron a la habitación. Tras servir una copa de champán, el hombre sacó una papelina y preparó dos rayas. Lorena se sorprendió, puesto que la vez anterior que había estado con él, no había sacado la coca. Lo que no sabía era que el cliente había estado hablando de ella con Borja y que era éste el que le había aconsejado utilizar los polvos mágicos para poner a tono a la chica.

    Cuando el hombre le pasó un billete de 100 euros enrollado, ella encogió los hombros y esnifó. Al fin y al cabo, aquel hombre no la ponía en absoluto cachonda y por experiencia sabía que una rayita ayudaría. Y como las dos veces anteriores en las que había consumido, se puso a mil tras el subidón. Se inclinó para desabrochar el pantalón del hombre y hacerle una deliciosa y húmeda mamada. Luego se desnudaron y ella se arrodilló a 4 patas sobre la cama para ofrecer su culo alzado. Su coñito volvía a estar empapado, ansioso por sentir una polla llenándolo, aunque fuera la corta pero gorda polla de aquel hombre. Él se tomó su tiempo, quería deleitarse follando ese chochito mucho más jugoso que la primera vez que lo hizo. Lorena agitaba sus caderas ansiosa por notar su vagina repleta, aunque aquella polla no acababa de saciar sus deseos. Después de un buen rato follándole el coño, el hombre sacó la polla de la vagina de Lorena y la empujó sobre su ojete. Ella relajó su esfínter ya acostumbrado a acoger vergas sin dolor y gimió de placer cuando el hombre le penetró el culo. De nuevo agitó sus caderas hasta que ambos se corrieron. El hombre se quedó tumbado en la cama contemplándola mientras se vestía. Cuando ella se acercó a besarle los labios para despedirse, él deslizó dos billetes de cien en su escote. “Gracias putita, Espero verte de nuevo pronto” le susurró de igual forma que la primera vez que se despidieron. De hecho, en los dos años que Lorena siguió viviendo con Luis, éste le pidió varias veces que acompañará a ese cliente al hotel y a alguno más. Aunque esa era la parte del trato con Luis que menos le agradaba, Lorena la cumplió puntualmente.

    Aquel curso y los dos siguientes, Lorena continuó viviendo con Luis. Así pudo costearse los estudios y acabar la carrera de periodismo. Fue Luis quien le consiguió un trabajo en una cadena de televisión acabados sus estudios y donde tuvo una carrera meteórica que la convirtió en una de las presentadoras de éxito más jóvenes del sector audiovisual del país. Su amistad con Paula continuó después de acabada la carrera y aunque vivían en ciudades diferentes, al menos una vez al año se juntaban para recordar sus tiempos de sugar babies. También se vio alguna vez con Luis, ya no como sugar daddy sino como amante ocasional. Su vida sexual, por lo demás, siguió siendo intensa y quizás valga la pena contarla en próximos relatos.