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  • Que me convierta en su putita

    Que me convierta en su putita

    Hoy pienso tanto en mi ex terapeuta. Ahora me siento rara llamarle ex.

    Voy admitir que lo extraño demasiado, en este momento son las 11 de la noche y no consigo dormir porque siento esta ansiedad tan terrible de él, durante el día tuve fantasías de mamar su verga…

    Me pregunto porque no me querrá coger? Ya me le he insinuado un par de veces me anime a contarle mis sueños y fantasías con él, le dije que lo amo y el me respondió que él no me amaba a mi.

    Me rompió el corazón y siento que ahora estoy más obsesiva con él. Quiero que me tenga… que me haga suya. Quiero convencerle de que me meta su verga por mi panocha calientita y húmeda…

    Aay papi yo soy tu perrita. Solo quiero que me cojas a mi. Tú puedes hacer lo que quieras conmigo.

    Me imagino como le tengo frente a mi mientras estoy de rodillas y su verga erecta frente a mi, me incita a mamarle la verga.

    Él me toma del cabello y me lo sujeta todo mientras yo abro mi boca en automático, y su verga se acerca más a mi boca. Mi vagina se va humedeciendo, me pone calientita e intensa

    Quiero mamarle mucho la verga para que se enamore de mi. Mi mente y mis ojos se pierden mamando y succionando su verga. Sabe Rica, deliciosa. Él comienza a sujetar mi cabeza para que no me mueva y él mete su verga con lentitud y profundidad en mi boca hasta tocar mi garganta. Siento que me ahogo y al mismo tiempo no excitación aumenta por sentir que él se coge con mi boca, lo amo.

    Lo amo, lo amo siento esta emoción mientras él se masturba en mi boca…

    En este momento, mientras mi boca es cogida. Estoy teniendo ansiedad, e imagino que así se va a mover a meter y a sacar la verga de mi vagina tan húmeda…

    Aayy papi yo estoy tan húmeda y disponible para ti. Entra en mi por favor ábreme y métemela toda.

    Mi vagina está muy caliente… dios!

    Mi panochita te desea papi rico, cógemela toda por favor.

    Él me toma del cabello me levanta y me pone sobre la cama.

    Yo muy excitada y entre gemidos me lleno de emoción que acompaña la intensidad de mi cuerpo. Estoy ilusa porque me coja rico.

  • Vacaciones con mis hermanas (Capítulo I): Hermana favorita

    Vacaciones con mis hermanas (Capítulo I): Hermana favorita

    Me mantuve callado por lo que sucedió este verano, quise guardarlo en mi memoria y hacer como que era un simple sueño erótico que se le ocurrió a un adolescente hormonal, pero ya no, no puedo más, creo que las personas deben saberlo. Además ustedes no se lo contarán a nadie ¿Cierto?

    Mi nombre es Arthur tengo 18 años y esta es mi historia, verán, acababa de terminar el ciclo escolar de la preparatoria así que salí de vacaciones, sabía que este año iríamos a alguna playa para pasarla bien, mis padres estaban bastante emocionados por pasar tiempo con sus cuatro hijos. Porque si, aunque ustedes no lo crean, soy el único chico en medio de tres hermanas mayores ¡Y qué hermanas! No es por ser un pervertido, pero todo el tiempo a lo largo de mi vida he tenido que pasar por las burlas de mis amigos, diciéndome una y otra vez que ¿cuándo se las presentaba? o que si me molestaba que ellos se las quisieran coger, esa es la cruz que cargo siempre que alguien las conoce; soy algo así como la pequeña sombra que queda detrás de ellas siempre.

    No le gustaba pensar en eso, pero las tres eran las mejores en algo: Jane es la más inteligente de las tres, además de ser la mayor también; Sabrina es la más hermosa, siempre sobresalía del resto por su bello rostro y las habilidades sociales; finalmente Regina ha ganado competencias por su desempeño deportivo en cada equipo que ha estado. Mi relación con ellas es un tanto… complicada, yo al ser un simple mortal debo mantenerme en mi estatus ¿No? Soy el típico chico que se sienta con sus tres amigos a la hora del almuerzo mientras escucha las hazañas de los demás. No convivo mucho, me la paso encerrado en mis videojuegos, los shooters son mi especialidad, el mejor de todos mis compañeros honestamente.

    Pero ya divague, digamos que la que más atención me ha puesto siempre es Jane ya que intenta cuidarme y cuando era un poco más chico ella se volvía mi niñera. Por otro lado, Sabrina me odia, no pierde la oportunidad de hacerme pasar por vergüenzas, tanto en la escuela como en mi propia casa, su aire de superioridad la hace que constantemente me quiera humillar o hacerme sentir mal, a veces pienso que es la maldad hecha persona, yo no lo hago nada, intento evitarla lo más que puedo pero termina cruzándose en mi camino de una u otra manera. Regina no se interesa, literalmente, su mente está en cualquiera competencia, sea de lo que sea, es la más distraída y las pocas veces que cruzamos palabras todo parece ir bien, no es cariñosa como Jane pero al menos es soportable.

    Me encontraba en mi cuarto, con los audífonos a todo volumen mientras veía el feed de Instagram, sabía que las chicas más bellas de la prepa irían de viaje a la playa por lo que me mantenía al tanto de las actualizaciones para ver cuándo subieran sus fotos en bikini, no podía darme el lujo de perderlo, siendo como soy era la única oportunidad que tendría de verlas de esa manera… a mis dieciocho años aún soy virgen. Tuve una novia, hace unos cuantos meses, pero aunque intente que las cosas se dieran naturalmente, sin presionarla, bueno no funcionó, ella no estaba interesada en mí, escuché que se estaba revolcando con Tom en los baños de la escuela y después mi única amiga me lo confirmó… fueron días tristes.

    De pronto, de la nada, la puerta de mi cuarto se abrió yo me sobresalté obviamente y por puro instinto intenté cubrirme como si estuviera haciendo algo malo, supongo que debió ser porque mis queridas hermanas acostumbran abrir mi puerta sin antes tocar por lo que casi siempre debo estar alerta ya que antes estuvieron a punto de encontrarme en medio de la paja y no creo que esa fuera una situación muy agradable para ambos. La que ingresó fue Regina, su cabello marrón era corto llegándole por encima de los hombros, su complexión es delgada y se podría describir como la menos dotada de las tres. Usaba un short verde fosforescente y una playera blanca, eso dejaba al descubierto sus hermosas piernas. Intenté controlarme, así que solo asomé mis ojos por encima del teléfono.

    —¿Qué es lo que te pasa? —Preguntó ella, extrañada ante mi actitud—, ¿Estabas en medio de algo interesante? —Regina comenzó a reír, mientras se acercaba un poco hacia mi teléfono.

    —No… no es nada… es solo que… —Intenté buscar alguna excusa, pero antes de que se me ocurriera algo bueno, sentí el calor en mis mejillas y mi rostro.

    —¡Hasta te pusiste rojo! —Se lanzó sobre la cama, y sus ojos se volvieron peligrosos, sus manos fueron muy rápidas e intentaron arrebatarme a mi fiel compañero, yo alcé mis brazos, intentando que no lo alcanzara, si lo hacía y veía que estaba en el perfil de Brianda, las cosas se pondrían feas— déjame ver —decía entre carcajadas.

    —¡Regina!

    Ambos estábamos en la cama, yo hacía todo lo posible por mantener mi teléfono en las alturas, mi pie se posicionó en su estómago, empujándola hacia atrás, ella usaba su fuerza para intentar alcanzarme, quedando en el aire por unos instantes. Era una posición incómoda, cuando me di cuenta de eso, mi mente de hombre comenzó a reaccionar, ¡Era mi hermana! ¿Cómo podía estar pensando en cosas así? La vergüenza se apoderó de mi y sin quererlo fue aún peor, mi fuerza diezmó y dejé de empujarla, inmediatamente ella cayó sobre mi, quedando con sus piernas abiertas a cada lado de las mías, su rostro a unos centímetros del mío, la miré asustado. Debo admitir que Regina tiene un rostro muy bonito, no comparable con el de Sabrina, pero tenerla así de cerca me hacía sentir extraño, bastaba con un simple esfuerzo para que le diera un beso ¿Cuántos de mis amigos no soñarían con tenerla así? Mi respiración estaba agitada, no sé cuánto tiempo duramos de esa manera, sentía su aliento. Mi pija estaba durísima, empujando mi ropa, intentando salir para rozar a mi hermana. Tragué saliva, Regina reaccionó y se hizo a un lado, nerviosa, olvidando el teléfono, reía como si tratara de ignorar lo extraño de la situación, yo hice lo mismo, pero ambos sabíamos lo que acababa de pasar, solo que no queríamos darle muchas vueltas, ella se acomodó uno de sus mechones y retrocedió hasta que chocó con una de las paredes, su mirada estaba clavada en mi entrepierna, notando la gran erección que sobresalía como un monte, tenía los ojos muy abiertos, ninguno decía nada, quería dar una explicación de porqué pasó eso o que no era mi intención que acabáramos de esa manera pero las palabras se atoraban en mi garganta.

    —Mis padres… ellos quieren vernos —Dijo, finalmente. Sonrió, pero era diferente, con un toque más pícaro. Se dio la vuelta, solamente miré como ese trasero se alejaba de mí, pero antes de desaparecer ella volvió a mirarme. ¿Qué acababa de pasar? No tengo la menor idea, creo que es la interacción más larga que he tenido con ella desde hace meses.

    Salí de mi cuarto, y llegué hasta el comedor, el resto de mi familia ya estaba ahí y parecía un tanto molesta, sobretodo Sabrina que en cuanto me vio torció sus ojos.

    —¡Hasta que te dignas a venir! —Gritó Sabrina, con los brazos cruzados—tú y Reg tardan años, ¿crees que todos tenemos el día para estar pegados a una computadora?

    —¡Tú estás con tu teléfono! ¿Cuál es la diferencia? —Le respondí y tanto Regina como Jane asintieron.

    —¡Basta! —Interrumpió mi madre—, hijos no deben pelar, recuerden que son hermanos y tienen que tratarse como tal ¿Está claro?

    —Si, ma, creo que ya entendieron —Le contestó Jane, con una sonrisa, siempre tan amable y cálida con los demás—, ¿Para qué estamos aquí? ¿Ya vamos a empezar a hacer maletas? —Ese comentario levantó los ánimos, miré a mis hermanas, las tres parecían estar contentas con la idea de salir de la ciudad.

    —Si, es sobre eso… —Mi padre habló, su voz sonaba triste—, creo que vamos a tener que retrasar las vacaciones de este año.

    —¡¿QUÉ?! —Preguntamos los cuatro al unísono.

    —Papá pero tú me prometiste que este año si podríamos ir… —Regina se dirigió directamente a él—, era mi premio por ganar el torneo de voleibol, tú me lo dijiste.

    —Lo sé, hija, lo sé, pero necesito hacer algunas cosas en la oficina, es importante.

    —¿Importante? ¡Siempre es el trabajo! ¡Siempre! —Se quejó Sabrina, parecía verdaderamente molesta—, nosotros pasamos a segundo plano si en tu oficina te necesitan ¿No?

    —No es por eso, si solo fuera él yo los llevaría —Añadió su madre—, pero su abuela quiere venir a la casa y…

    —¿La abuela? —Preguntó Jane, levantándose—, pero ma, vimos a la abuela hace unos meses, los cuatro estuvimos esperando las vacaciones.

    —Su abuela es mayor y si ella quiere verlos…

    —¿Y eso qué? La abuela puede venir cuando quiera, ustedes nos lo prometieron ¡Ya tenía planes con Matty! No pienso cancelar ese viaje, que les quede claro a los dos… —Sabrina se levantó de la silla y estuvo a punto de salir de la habitación pero la voz fuerte de mi padre la detuvo de golpe.

    —¡No nos hables así, Sabrina! ¡Somos tus padres!

    —¡Pues no me parece justo! ¡Ustedes nos dieron su palabra! —Reprochó la chica.

    —¡Si! Yo amo a la abuela, pero esto era un viaje familiar, para pasar el tiempo juntos —Añadió Jane, al ser la mayor parecía tener un poco más de autoridad, aunque yo entendía porqué lo estaba haciendo, ella quería que Sabrina guardara silencio antes de que cometiera una tontería y acabara con las posibilidades de no cancelar el viaje. La admiro, diría que es mi modelo a seguir.

    —Es verdad, pasamos tanto tiempo tan separados que ya ni nos conocemos bien —Regina volvió a verme, no sabía si era por lo que acababa de pasar en mi cuarto o para pedir ayuda. Tragué saliva ante las dos opciones; mis padres se miraron entre ellos, intentando encontrar una solución.

    —Entonces ustedes no pueden ir ¿Verdad? —Pregunté.

    —Si, eso es lo que dijimos.

    —¿Y por qué no vamos solo nosotros? —Lancé y todos me observaron como si fuera un bicho extraño, bajé la vista, pero decidí mantenerme firme con mi idea—, ya somos mayores, normalmente salimos solos, no es tan descabellado como parece.

    —¿De qué hablas, Art? Ustedes son pequeños…

    —¡Ay Ma! —Criticó Jane—, todos tenemos más de dieciocho, y pensándolo bien, ¿Qué mejor que pagar todas esas veces que nos quedaron a deber salidas dándonos la confianza de viajar juntos? ¡Sería un viaje de hermanos!

    —No estoy seguro —Respondió papá.

    —Además estaríamos todos juntos, Jane es muy responsable, no dejaría que nos pasara nada —Agregué, viendo la reacción de mis padres supe que había dado en el clavo.

    —Es una aburrida… —Susurró Sabrina, y gracias a que estaba casi detrás de mi, fui el único que la escuchó.

    —Era una promesa, papi, tu lo dijiste —Regina tenía los brazos cruzados—, me esforcé mucho para esto, no me parece que me canceles los planes.

    —Tal vez no es mala idea… —Respondió mamá—, ellos ya son grandes.

    —¿Segura? Ya habíamos hablado de esto, dijimos que a tu madre le encantaría pasar este tiempo con ellos.

    —Habrá más vacaciones para estar con ella —Jane sonrió, sabiendo que ya estaban ganando—, además ¿Quién sabe? Tal vez no tengamos nada que hacer en la playa y regresemos antes —Nos guiñó el ojo, lo que emocionó a todos, me alegraba verlas así, Regina si había pasado buena parte de su tiempo libre entrenando y gracias a eso logró que su equipo ganara el torneo. Jane necesitaba unas vacaciones urgentes, la chica se la pasaba estudiando y haciendo trabajos, era momento de que descansara. Por otro lado, Sabrina… digamos que si no la llevan hará otro de sus berrinches.

    —Los boletos y las reservaciones ya están, pa, si cancelas es probable que pierdas el dinero ¿Para qué malgastarlo si puedes hacer feliz a tus hijos? —Le dije, todos mirábamos a mi padre, después de todo él era el que tenía la última palabra en cada cosa.

    —Está bien, está bien, si tanto quieren ir ahí lo tienen.

    Todos saltamos de alegría, claro que por separado. Sabrina suspiró y se alejó, sin decir nada, encerrada en su teléfono. Mis padres rieron un poco al ver nuestras reacciones, ellos nos querían pero sus respectivos trabajos no les permitían pasar mucho tiempo con nosotros, aun así no teníamos de qué quejarnos, vivíamos cómodamente sin pasar ninguna carencia. Jane y Regina comenzaron a hablar de todo lo que querían hacer, en algunos intentaban incluirme pero yo sabía que cuando llegara el momento de la fiesta me dejarían en el hotel diciendo que yo era el menor y que no podía divertirme a su nivel, lastimosamente siempre lo hacían, desde pequeño estoy acostumbrado a tener que hacer todo por mi cuenta, y me gustaba pero de vez en cuando si me agradaría relacionarme con mis hermanas. Ignorando lo que acababa de suceder con Regina mi contacto con el género femenino es casi nulo, como ya les dije mi ex no me ayudó a experimentar nada y no tengo muchas amigas en la escuela es por eso que paso los días en mi cuarto jugando videojuegos.

    La tarde transcurrió más larga de lo normal, faltaban cerca de tres días para que pudiéramos tomar el vuelo hacia nuestras vacaciones soñadas, mientras pensaba en cuántas chicas vería en persona cuando de la nada la imagen de Regina sobre mí volvió a mi cabeza, fue como vivirlo de nuevo, nuestros cuerpos tan cerca… ¡¿Pero qué clase de pervertido era?! ¡¿Cómo puedo pensar cosas así con mis hermanas?! ¡Eso no lo es lo que me enseñaron! Pero mi cuerpo parecía no notarlo, inmediatamente mi pija comenzó a endurecerse, quería controlarme, de verdad lo juro, pero las ganas me ganaron, llevé mi mano lentamente hasta mi miembro y lo acaricié casi delicadamente, sufriendo al saber que era algo que no quería, comencé con el sube y baja, intentando pensar en alguna de las chicas que me gustaban pero Regina seguía apareciendo y es que, al ser deportista su cuerpo era un tanto delgado pero lo suficiente para ser apreciado por los hombres o las bestias como yo. En ese instante escuché cómo la puerta se abrió de par en par con un estruendo, abrí los ojos lo más grandes que fue posible y miré asustado la figura de Jane con la boca abierta en la entrada, ella susurró algo mientras yo intentaba cubrir mi erección con alguna cosa. Me moví con agilidad, quería que la tierra me tragara, no podía con la vergüenza, sentí el calor en mis mejillas ¡¿Cómo era eso posible?! Ella seguía sin decir nada, me subí el pantalón y bajé el rostro.

    —Perdón, Jane, yo no quería… —Ella avanzó unos pasos y después se sentó en la cama, no sin antes inspeccionar la zona «Debe pensar que soy un pervertido» pensé, y lo era ¡Si supiera en quien estaba pensando!

    —No, no, tranquilo, fue mi culpa, no debí entrar así… —Ella también estaba colorada y nerviosa— no pensé que bueno, ibas a…

    —No, fue mi culpa, no debí hacer esto ahora, perdón, perdón, Jane, yo, no quería que…

    —Oye tranquilo —Se acercó y me abrazó, me dio unas palmadas en la espalda, yo sabía que ese era un momento incómodo pero siempre me gustó que Jane me apalachara, era muy buena en eso—, además, eso tiene un nombre y es normal, todos lo hacemos ¿Si? No hay nada de qué avergonzarse.

    —¿Tú…?

    —Si, Arthur, yo también lo hago, es algo normal, el ser humano necesita disfrutar y esto, ayuda. Es solo que no debí haber entrado así, perdóname, interrumpí tu privacidad.

    —Si, está bien —Estaba en shock, no entendía bien qué era lo que acababa de pasar, normalmente tengo mucho cuidado, no podía creer que mi hermana me acabara de encontrar en medio de la paja—, no quería que me vieras así.

    —¡Vamos! —Me dio un golpe en el brazo—, ya te he visto la pija en otras ocasiones.

    —Cuando era un niño, ya no lo soy.

    —Es cierto, pero tampoco es que me haya molestado —Comenzó a reír, después se dio cuenta de lo que acababa de decir—, o sea, no me refiero a eso… si no que, ah ya olvídalo, simplemente no pasa nada ¿Okey?

    —Okey.

    —Bien, ese es mi hermanito.

    —¿Para qué viniste?

    —Ah si, quería agradecerte, sin ti nuestros papás jamás nos hubieran dado permiso de ir al viaje solos, tuviste una gran idea —Me sujetó con fuerza y comenzó a despeinarme—, tengo un hermanito genio ¿Eh?

    —No es nada, no es nada, solo no quería que se cancelaran nuestras vacaciones, ustedes estaban muy emocionadas por eso y creo que se merecen un descanso.

    —Awww, siempre tan amable como siempre, Art, muchas gracias, es por eso que eres mi hermano favorito.

    —Soy el único que tienes —Siempre que decía eso me daba mucha gracia.

    —Si hubiera alguien más también lo serías —Me dio un beso en la mejilla. Después de eso se levantó, sin pensarlo, mi mirada se dirigió hacia su trasero ¿Por qué mis hermanas eran así? Cómo podía mantenerme quieto con esas esculturas rondando en mi casa todos los días. Debía relajarme—, ah y como dijiste, no quiero que les pase nada, son mi responsabilidad así que… no te quitaré los ojos de encima.

    Mi hermana desapareció, esa última frase sonó diferente, con un tono que no era muy normal escuchar en Jane, normalmente la que lo usaría era Sabrina. Pero bueno, tal vez solamente me estaba complicando la vida de más ¿Qué era peor que tu hermana mayor, a la que consideras casi como tu madre, crea que eres un pajero? Creo que nada. Mi lívido se fue por el suelo después de eso, ya no quería continuar, así que encendí la computadora y me puse a jugar. Valorant era interesante, el hecho de tener que matar a otros cinco jugadores usando habilidades le daba un nuevo aire a los shooters, sobre todo considerando que Overwatch lentamente moría, se estaba convirtiendo en uno de mis juegos favoritos, además de que gracias a la práctica era muy bueno.

    Lo mejor es que el tiempo se pasaba volando, al estar 100% concentrado en la partida dejaba de prestarle atención al resto de cosas. Cuando recordé que existía una vida fuera del internet miré hacia mi ventana y me sorprendió ver que ya era de noche, probablemente algo así como las ocho o nueve, aun así prefería no tener que dejar de distraerme, no quería recordar lo que sucedió ese día, Jane y Regina, aunque ahora lo de Reg parecía un simple juego «Al menos no cree que soy un pajero» me dije. Escuché un fuerte portazo seguido de unos gritos de Regina y Sabrina, normalmente la casa era desastre pero hubiera apostado a que este fin de semana las cosas serían diferentes ya que cada uno hacia sus planes para cuándo estuviéramos en las vacaciones, pero no fue así. Me levanté de mi silla y llegué hasta las escaleras solo para encontrarme con una Sabrina furiosa que despotricaba contra cualquier cosa que se moviera.

    Incluso así se veía bonita, pero sus ojos eran maldad pura, alcancé a ver algo muy extraño, parecía que fuera a llorar pero se contenía ¿Ella? Es la más fuerte de las tres, nunca la vi tan afectada como para llorar, ni siquiera el día de la muerte del abuelo. Arrojó su teléfono en uno de los sillones y le dio un fuerte empujón a Regina para que se hiciera a un lado. Ante el escándalo Jane salió de su cuarto y sin mirarme se fue directo a la acción, deteniendo a Sabrina.

    —¿Qué te pasa? ¿Por qué actúas como loca? —Le preguntó Jane.

    —¡Porque estoy harta! ¡Ya no aguanto más! ¡Hazte a un lado de una vez! —Pero Jane no se apartó.

    —¡Hey, relájate! ¡¿Qué te pasa?!

    —¡Quítate!

    Sabrina esquivó a Jane y se encerró en su cuarto. No entendí nada, era la primera vez que veía así a alguna de mis hermanas, pero preferí no entrometerme, normalmente eso era lo mejor cuando vivías en una casa casi por completo de mujeres. Volví a entrar a mi cuarto y ahora puse llave, para evitar cualquier interrupción inesperada, como acababa de suceder con mis otras dos hermanas. Volví a ver Instagram solo para darme cuenta de que Brianda ya había publicado fotografías desde la playa, usaba un traje de baño completo (para mi mala suerte) de color rosa con algunas manchas negras muy pequeñas, encima llevaba algo parecido a una camisa del mismo color, tenía lentes de sol que le daban un aspecto muy superior al resto, su cabello oscuro era agitado por la brisa y lucía largas uñas. Su piel era muy blanca, y sus labios tenían un toque suave, no era muy voluptuosa, pero si tenía bastante con que defenderse, por algo tenía todo un club de fans, no había chico que no estuviera interesado en ella. Miré la publicación sin creer que por fin sucedía, era bellísima, mi pija volvió a levantarse, después de todo supuse que se quedó con ganas ya que no pude desquitarme gracias a Jane. Brianda era la chica de mis sueños, la que siempre quise, pero sabía que no tenía oportunidad con ella, las pocas veces que cruzamos palabras fue porque me pidió clases extracurriculares para poder regularizarse.

    Esos sábados en los que nos veíamos en su casa nunca pude evitar hacerme ilusiones, quería que todo sucediera como en las películas, que ella fuera coqueta y que de la nada, en vez de ver libros pudiera estar en su cuarto y coger, pero nunca sucedió, ella en verdad quería aprender y yo, como el estúpido que soy, jamás intenté hacer nada. Es una de las amigas más cercanas de Sabrina, solo que tuvo que repetir un curso. Seguía admirando la foto cuando mi teléfono comenzó a vibrar, regresé a la realidad solo para darme cuenta de que era Josh. Josh era mi mejor amigo desde hace años, antes era un chico popular entre comillas, se dedicaba a los deportes y tenía uno de los mejores puestos en el equipo de basketball hasta que durante uno de los partidos se accidentó y le prohibieron volver a practicarlo de manera profesional, poco después sus amigos comenzaron a alejarse de él y fue así como nos volvimos inseparables.

    —¿Viste a Brianda? —Fue lo primero que me preguntó.

    —Estaba justo en eso cuando me llamaste.

    —¿Te interrumpí la paja? —Y estalló en carcajadas—, yo no entiendo cómo es que puedes estar en paz todos los días teniendo a tus hermanas ahí.

    —¿Porque son mis hermanas y no soy un maldito enfermo? —Las imágenes de lo que pasó con Regina vinieron a mi cabeza, pero no podía mostrar mis debilidades—, no sé cómo puedes fantasear con eso, gracias a dios que no tienes hermanas.

    —Vamos, todos ven a tus hermanas de esa manera, es imposible que alguien no. ¿Si irás a la playa?

    —Si, mis padres nos van a llevar de vacaciones.

    —¡Ufff! Como me gustaría poder acompañarte ¿Es a la misma playa donde está Brianda?

    —No lo había pensado… tienes razón, es la misma.

    —¿Ves? Tantas chicas que vas a ver, seguramente tendrás las mejores vacaciones.

    —Eso espero, quiero relajarme, fue un semestre complicado.

    —Dímelo a mí, quisiera ser tan afortunado como tú… oye, ahora que lo pienso, ¿Sabrina irá?

    —Si, con su novio, algo así fue lo que nos dijo ¿Por qué…?

    —¿Con su novio? ¿No te enteraste?

    —¿Enterarme? ¿De qué hablas?

    —Toda la escuela lo supo, tu hermana encontró a su novio besándose y manoseando a otra chica en el centro comercial, sus amigas grabaron su reacción y la subieron a Facebook, mira —Enseguida me llegó un mensaje.

    Lo abrí y vi que se trataba de un enlace a Facebook, un vídeo, en él se podía ver a Sabrina que caminaba lentamente pavoneándose hasta que llegaba a los comedores de la plaza, en ella estaba su novio que parecía estar muy contento con una chica diferente, ella era alta y delgada de piel morena y ojos de color. Percibí el coraje de Sabrina cuando sus brazos se tensaron y sus manos se ocultaron en sus bolsas, eso era lo que ocurría siempre que ella se ponía nerviosa. No entendía ¿Cómo podía ser que teniendo a la chica más bonita de toda la escuela ese idiota se hubiera tomado el atrevimiento de traicionarla de aquella manera? Era un estúpido, pero eso explicaba el porqué había llegado tan alterada.

    —Oh dios.

    —No sé cómo se atrevió a hacer eso, si yo fuera el novio de tu hermana jamás haría algo así.

    —Sueña, Josh, sueña.

    Después de estar conversando un rato con Josh, finalmente decidí ir a dormir, no sin antes hacerme la paja diaria, cosa que ahora sí pude completar. Mientras lo hacía, por más que me forzaba a imaginar a Brianda con su bikini a mi lado, la mayoría de las imágenes que llegaban a mi cabeza eran de mis hermanas, tanto de Regina como de Jane, pero muy en el fondo estaba preocupado por Sabrina… jamás había pasado por algo así, yo sabía lo difícil que era enterarse de que tú pareja te engañaba pero ella debía sentirse peor gracias a su ego gigantesco.

    Los días siguientes fueron peores, Sabrina seguía sin querer salir de su habitación y cuando alguien intentaba hablar con ella despotricaba y lanzaba fuego. Prefería mantenerme al margen, solo veía como mi familia entera se esforzaba para poder hacer que saliera de su habitación pero ella no quería. Además, dijo que no iría am viaje, que eso era una gran tontería y que sin su estúpido ex ella jamás habría aceptado ir a algo tan estúpido. Y a mí no me molestaría, si ella iba o no iba, ese era su problema, lo lamentable es que seguramente mis padres o no nos dejarían ir o nos reducirían el tiempo en la playa, lo cual obviamente no nos agradaba para nada. Un día antes de que pudiéramos irnos yo estaba en mi habitación cuando escuché que alguien volvió a tocar, me sorprendió, normalmente a nadie le importaba violar mi privacidad, me acerqué a la puerta y la abrí, la que estaba frente a mi era Jane.

    Usaba un pantalón de mezclilla y una blusa de color naranja, me sonrió, yo me ruboricé al recordar lo que había pasado unos días atrás.

    —Mira ahora sí toqué, no quería encontrarme con otra sorpresa —Me dijo ella, entre risas, al parecer disfrutaba verme nervioso.

    —Si, perdón.

    —Cálmate, Arthur, somos hermanos, está bien —Volvió a sonreír—, necesitamos hablar, ambos sabemos lo que le pasa a Sabrina.

    —Ese idiota, no sé cómo se atrevió…

    —Ayyy cosita —Me acarició el cabello, de manera cariñosa—, por eso te quiero tanto, eres un chico tan bueno, te criamos bien, si tuviera un novio me gustaría que fuera como tú.

    Eso me puso aún más nervioso ¿Por qué ella diría algo así? ¿No se supone que esos pensamientos deberían estar prohibidos entre hermanos? ¿O acaso entonces yo no era un bicho raro?

    —Gracias…

    —Pero no vine por eso, mamá y papá ya están considerando la idea de que no vayamos, creen que es mala idea dejar a Sabrina sin compañía —Jane torció los ojos. Ellas dos siempre tenían cierta rivalidad, la atención de mis padres les pertenecía casi en su totalidad las dos, era una constante competencia por ver quién podía ser más brillante para ellos—, y si eso pasa adiós viaje.

    —¡Eso no! Nosotros si queremos ir, si ella no pues es su problema, ¿Por qué debemos cambiar nuestros planes solo por ella?

    —Porque así es como son las cosas… ¿Viste el video?

    —Si, me lo mostró Josh.

    —Tu amigo siempre tan informativo ¿No? La verdad es que hasta yo sentí feo ver a Sab de esa manera, es una ególatra, egoísta pero no se lo merecía…

    —No, nadie lo merece, pero pasa más seguido de lo que parece.

    —¡Es cierto! Tú puedes hablar con ella.

    —¿Yo? ¿Quieres quedarte sin hermano? —Eso no, jamás hablaría con Sabrina sabiendo que en cuanto cruzara la puerta de su cuarto me mataría.

    —Oh vamos, Sab no es tan mala.

    —¿No? ¡Es ella la que siempre me humilla!

    —Es su manera de demostrar cariño.

    —Pues no me agrada que lo haga así.

    —¿Y cómo te gustaría que lo hiciera? —Esa pregunta me sorprendió, ella se dio cuenta y volvió a reír ¿Qué era esto?— no importa, necesito que hables con ella, tú pasaste por lo mismo, tal vez puedas convencerla de que no es algo de vida o muerte.

    —No, me niego —Dije cruzando los brazos.

    —¿En serio? —Ella hizo pucheros—, ¿Acaso ya no me quieres? —Odio cuando ella hace eso, me siento obligado, es que si pudieran ver su rostro es tan…

    —¡Esta bien! ¡No hagas eso!

    —¡Excelente! ¡Por eso te quiero tanto! —Y me abrazó tan fuerte, mi cabeza quedó casi entre sus pechos, intentando evitar pensamientos morbosos miré hacia un lado.

    —Si, si, lo sé… iré en un rato.

    —No, lo harás ahora —Tomó mi brazo y con una fuerza que jamás había notado que tuviera me arrastró hasta el cuarto de Sabrina que quedaba justamente a un lado del mío.

    —No, oye, tenía que prepararme —Le susurré, pero Jane me ignoró, abrió la puerta de mi hermana y me lanzó dentro de la habitación, solo para cerrarla con seguro después de mi.

    Supe que acababa de entrar al infierno, las paredes decoradas de un color casi blanco pero con un poco de rosado me daban más miedo que nunca, escuché el movimiento de la cama detrás de mí, era el fin, ella se daría cuenta de que había invadido su territorio, estaría muerto en cualquier momento y lo peor es que jamás pude ascender en las clasificatorias de Overwatch.

    —¡¿Qué haces en mi cuarto?! —Preguntó Sabrina, molesta. Me giré solo para encontrarme con que no estaba lo más presentable.

    Usaba una blusa bastante espaciosa color violeta, pero que le llegaba hasta arriba del ombligo, su parte inferior estaba casi al descubierto, solo siendo cubierta por un calzón morado claro. Mi mirada se perdió con aquella vista, jamás había estado cerca de mi hermana vestida de aquella manera, era como tener una diosa frente a mi, pero tenía que controlarme, debía ser fuerte, usé todo lo que tenía y logré ver su rostro; sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y aun así mantenía su belleza intacta, aunque pude notar su furia al instante. Ella se abalanzó sobre mí e intentó jalarme hacia la salida, pero no pudo.

    —Yo… yo, lo siento, fue Jane… —Le respondí, nervioso, fue lo único que pude decir.

    —¿Jane? ¡¿Qué no ha entendido que no quiero ayuda?! —Tocó el picaporte pero no logró abrir—, ¡Le puso llave! ¡Ya me conocerá!

    —¿Llave?

    —¡Si! ¿Eres sordo, enano? Nos encerró.

    —No sabía…

    —No claro que no, nunca sabes nada. Pues bueno, aquí estamos —Se resignó, ambos sabíamos que Jane no daría su brazo a torcer, cuando quería algo solía conseguirlo—, siéntate lejos y no me molestes, no hay que hacer esto más difícil de lo que ya es.

    —¿Estás bien?

    —¿Te parece que estoy bien? —Señaló su rostro y después la manera en la que estaba vestida—, ¿Crees que así se ve alguien que está bien?

    —No.

    Ella se recostó en la cama bocabajo, dejando sus nalgas con una perfecta visión hacia mí, me senté en el suelo. Intentaba apartar mi vista de su culo, pero era imposible, cómo no admirarlo si se veía tan perfecto, bastaba con estirar un poco mi mano para poder tocarlo y estrujarlo, pero debía contenerme, ella era mi hermana además de que estaba pasando por una mala etapa. En otro momento de nuestras vidas, Sabrina también se llegó a llevar bien conmigo, recuerdo que también nos escondíamos en las noches y hacíamos nuestras pijamadas a escondidas de todos, pero todo eso era pasado. Mi verga comenzaba a reaccionar de nuevo, sería muy incómodo si ella se diera cuenta, tenía que liberar estrés de una manera u otra.

    —Lamento lo que pasó con…

    —¡No digas su nombre! —Me calló—, fue un estúpido, no merecía estar conmigo ¿Cómo se atreve?

    —Si, no se merecía una novia como tú —Añadí.

    —¿Como yo? ¿A qué te refieres con “como yo”? —Eso la hizo mirarme, yo bajé la vista y crucé los brazos impidiendo que notara mi erección.

    —Pues si… ya sabes.

    —¿Estás diciendo que soy una horrible novia? —Su voz sonó débil, triste, como si de verdad lo creyera—, sé que no soy la más cariñosa, pero… si lo quería y pensé que se lo estaba demostrando —Ella comenzó a llorar, las lágrimas se extendieron por todas sus mejillas, me sentía impotente ¿Qué debía hacer? No podía levantarme o ella se daría cuenta de lo caliente que estaba en esos momentos.

    —No, no, yo no me refería a eso, decía que una novia como tú hablando de lo bonita que eres, quién no quisiera tenerte como pareja.

    —¿En serio?

    —Si, obvio, todos quisiéramos estar contigo, eres la mejor de toda la universidad —Alzó la vista, parecía un poco mejor.

    —Muchas gracias, yo… creo que necesitaba escuchar que alguien me lo dijera —Dijo, mientras se limpiaba las lágrimas con la manga—, ¿Cómo pudiste salir adelante después de que te pasó a ti?

    —Mmmm bueno, yo simplemente supe que ella no era la indicada para mí —Ni nadie, por eso sigo solo, pero preferí omitir esa parte—, no puedes pasar todo el día encerrada en esta habitación, te extrañamos… aún con tu carácter —Eso le causó gracia.

    —Gracias, enano. —se sentó en el borde de la cama—, ¿A ti también te gustaría tener una novia como yo? —Esa pregunta me sacó de mi zona de confort, ¿A qué se refería? ¿Por qué me preguntaba eso? Sabrina se puso de pie y se dio una vuelta frente a mi, lo que me dejó al mil, mi verga estaba a punto de reventar.

    —Yo emmm…

    —Tú dijiste que te gustaría tener una novia como yo ¿No? —Se acercó, seguía viéndose un poco triste pero ya lucía más recuperada.

    —Si, cualquiera quisiera tener a alguien similar a ti… pero bueno yo, yo soy tu hermano, eso estaría mal —Respondí, nervioso.

    —Si, lo sé —Volvió a sentarse—, sé que tú y yo no nos llevamos tan bien como antes, y que tu hermana favorita es Jane pero… tal vez pueda ayudarte, si tú me das algo a cambio también.

    —¿A cambio?

    —Si bueno, conozco a varias chicas y ellas, tal vez les intereses, no lo sé, no son yo pero, algo es algo —Sonrió— y a tu amigo le agrada la idea —Señaló la montaña que se formaba en mi entrepierna.

    —Esto… es involuntario.

    —Lo sé, lo sé —torció los ojos—, además después de lo que pasó, me alegra saber que aún puedo alegrar a un hombre, aunque es extraño que sea a mi propio hermano —Volvió a ponerse de pie y se colocó de espaldas, mostrándome todo su culo, incluso comenzó a sacudirlo como si estuviera bailando—, ¿Te gusta lo que ves, enano? —Después al notar mi silencio, estalló en carcajadas—, okey, okey, acabas de alegrar mi día, deberías ver tu rostro. Muchas gracias por esto, enano, lo necesitaba.

    —Yo, de nada, de nada… pero ¿el viaje?

    —Lo pensaré, tal vez encuentres la manera de distraerme un poco ¿No crees? —Volvió a sonreír—, gracias, de verdad. Y este es tu premio.

    Sabrina se movió tan rápido que a penas y alcancé a moverme, ella intentaba darme un beso en la mejilla, pero, sin saber lo que sucedería giré mi rostro un poco y nuestros labios se unieron. No pueden imaginar la sensación que atravesó mi cuerpo, fue como un rayo y mi verga se puso tan dura que pensé que rompería la ropa solo para liberarse. Me quedé congelado y ella hizo lo mismo, no sé que me sucedió pero mi boca se movió sola e intentó continuar el beso, ella por alguna razón hizo lo mismo. Cuando menos lo esperé mis ojos estaban cerrados y disfrutaba de uno de los mejores placeres de mi vida, pero cuando reaccioné me aparté de golpe. Llegué a la puerta y la abrí, ¡Gracias a dios que Jane había terminado con esa tortura!

    ¿Cómo era posible que acabara de besar a mi hermana?

  • ¿Ya está a gusto? ¡Usted me la ha metido por atrás!

    ¿Ya está a gusto? ¡Usted me la ha metido por atrás!

    No pensaba escribir una segunda parte de este relato que titulé: ¿Ya está a gusto? ¡Ya me desvirgó! – Gracias a las personas que se contactaron por medio de correo y bueno aquí les tengo la continuación de ese día que junto a Paulina planeamos un encuentro sexual en el cual solo habría sexo oral, pero que luego dimos ese paso para entonces descubrir que realmente esta chica verdaderamente estaba virgen.

    Como se imaginarán, especialmente aquellos que han leído la primera parte, el descubrir por primera vez el sexo a esa edad de los 18 años y lograr una par de orgasmos antes de ser desvirgada y luego lograr otro más cuando por primera vez era penetrada, creo que fue una fascinante experiencia para Paulina que, sin lugar a duda se le volvió algo adictivo. Aquel jueves comenzó un maratón sexual que, si no me falla la memoria, esa mañana le dejé ir tres polvos a esta chica y por la tarde le dejé ir dos más y creo que Paulina tuvo de 8 a 10 orgasmos. Las siguientes mañanas le dejé ir dos polvos por día y esta chica le encantaba que le hiciera el sexo oral previo a la penetración. Estaba adicta a esta rutina.

    En esos días estaba concentrado en darle placer a esta chica y no teníamos más sexo porque ella trabajaba de las 2 p.m. a la medianoche y llegaba cansada a mi hotel, pues por esas últimas tres noches Paulina no se fue a su apartamento con sus tres amigas. Llegaba cansada, le daba un masaje a sus piernas y pies y quedaba dormida de lo agotada que se encontraba, pero despertábamos a eso de las ocho de la mañana y ella iba buscando mi pene para masajearlo y luego darme un oral, el cual era el preámbulo a dos palos seguidos antes de desayunar. Como en mi hotel ella no tenía ropa para cambiarse, regularmente dormíamos desnudos y Paulina instintivamente se acostaba de lado frente a mí, donde obviamente me dejaba sus preciosas nalgas expuestas donde mi falo comenzó a hacerse camino.

    Nunca hablamos de hacer sexo anal, pues me sentía satisfecho el haber logrado llevarme a Paulina a la cama y haber sido el primero en probar su conchita. Pensé que se lo propondría en el futuro, cuando tuviéramos más confianza, pues las ganas de follarme tal precioso culo estaban latentes por instinto y no quería arruinar la magia del momento. No tuve que esperar mucho, pues todo se dio como otro momento sorpresivo, donde no la tuve que convencer o pedírselo tan siquiera sino como un instinto de curiosidad terminamos enganchados una mañana analmente.

    Siempre que le hacía sexo oral aprovechaba para también lamerle el ojete. Como dije en su momento, la primera vez reaccionó al contacto de mi boca y su ojete, pero luego me daba gusto chupando todo el contorno de sus dos preciosas nalgas y recorrer ese camino con mi lengua y concentrarme en abrirle el ojete con solo mi lengua. Nunca le amenacé con mis dedos penetrarle ese orificio y todo quedaba en orgasmos orales, para luego provocarle otros con la penetración ya que había perdido el miedo de ser penetrada.

    Como dije, dormíamos desnudos y casi siempre Paulina de lado frente a mí. Esa primera noche que durmió junto a mí, ella sintió por primera vez mi falo en medio de sus nalgas. Mi imaginación estaba más delante de lo que pasaba y mi verga erecta le dejaba lubricada sus nalgas y Paulina se pegaba más a mí. La segunda noche pasó lo mismo, pero esta vez Paulina me apretaba el falo con sus nalgas y aquella vez hacía hasta un ruido de chasquido de la fricción. Ella se había reído y me preguntaba si lo quería hacer, aunque entendía que no me hablaba de sexo anal, más bien se refería a que sí quería desahogar mis ganas, ella estaba dispuesta a complacerme dándome sexo. Verdaderamente yo me quería follar ese culo o su conchita, pero entendía que estaba cansada y le había dado un masaje para que se relajara y durmiera y siempre le decía que al despertar me lo diera.

    Despertamos el domingo más temprano que de costumbre pues ese mismo día debía de volar hacia mi casa, aunque pensé posponer mi vuelo pues la estaba pasando muy bien, pero mi hermana urgía de mi asistencia y no pude posponerlo. Creo eran como las seis de la mañana y Paulina estaba en la misma posición de lado y comencé a jugar metiendo mi falo entre sus nalgas. Ella no sé si todavía dormitaba o se hacía lo dormida, pero pasé por varios minutos con mi verga entre sus nalgas al punto que de nuevo las tenía bien mojadas por mi líquido preseminal. Ella comenzó a apretar mi falo entre sus nalgas y yo comencé a hacer ese vaivén como si me las estuviese cogiendo. No tardó o pasó mucho tiempo para sentir la participación de Paulina y esta vez ella contraminaba su rico culo contra mi falo. No sé cuánto tiempo pasó con este juego, pero para el momento yo ya le tomaba de sus pechos y pezones mientras mi falo gozaba en medio de sus ricas nalgas y por un momento pensé en correrme entre ellas.

    A cada minuto se volvía más intenso este juego, pero ella sin decir palabra ni yo más que gimiendo profusamente por el placer que me provocaba seguimos hasta ese momento que su ojete cedió y sentí como mi glande quedaba atrapado por el anillo de placer de Paulina. Gimió, pero no dijo nada y yo por mi experiencia cogiendo culos tampoco hice más por empujarlo y esperé para que asimilara la invasión. Se lo saqué a los minutos y más que todo fue por la presión que ejercía ese ojete. Yo le toqué el sexo por el mismo morbo de imaginar que Paulina estaba excitada, pero creo que ella pensaba que no sabía en que orificio mi verga se había clavado y ella me decía: – ¡Usted me la ha metido por atrás! – No sabía como responderle o que decirle, pero al haber tocado su conchita y sentirla tan mojada supe que esto la tenía sobreexcitada.

    Y en esa posición de lado o de cucharita le he puesto su pierna sobre mi rodilla doblada para tener mejor acceso y comencé a masturbarle su conchita mientras mi falo se hacía paso en ese rico culo. Me pidió de que no me moviera mucho pues todavía le dolía, pero con el correr de los minutos y sintiendo mi mano izquierda masajeando uno de sus pezones, mi mano derecha chaqueteando su clítoris, el culo de esta linda chica comenzó a chocar en un vaivén contra mi verga. Comenzó a mover su pelvis con gran ímpetu y supe que su orgasmo se acercaba. Le temblaron las nalgas y los muslos de sus piernas y solo dijo: -Ah, Dios… me está haciendo correr… me vengo, ¡me vengo!

    Haciendo una breve pausa en ese taladrar a su hermoso culo, le inserté dos dedos en la entrada de la vagina y Paulina cerraba los ojos y jadeaba del placer el cual quizá duró unos 30 a 40 segundos, y luego le volvía a taladrar su rico culo. Quizá no me había corrido porque en los últimos tres días habíamos cogido muy seguido, así que no había esa urgencia, no estaba esa presión. Ella que sabía que no me había corrido me preguntó como quería que se pusiera, pues ya para el tercer día teníamos ya esa confianza. Le pedí que se pusiera de perrito en el sofá, pues la cama no concordaba con nuestra altura.

    Quería disfrutar de este culo que retomé la labor de una forma semilenta, pues también había descubierto un leve sangrado. Obviamente Paulina había superado ya el dolor y mis 21 centímetros entraban y salían completamente. Se la sacaba toda y miraba como le quedaba abierto ese hermoso culo el cual no imaginaba coger por ese día y, es más, por un momento pensé que nada pasaría entre esta linda mujer y yo. Aquí estaba dándome el culo y yo disfrutando a lo máximo. Comencé de nuevo a masturbarle su conchita en esa posición, pues Paulina subía una de sus piernas posando su pie sobre el abrazadero del sofá. Que delicia ver ese culo tan perfecto que quizá llegaba a los 96 centímetros en una cintura de unos 56 a 58. Era un paisaje erótico para los ojos y comencé a sentir que mis testículos se contraían y los gemidos de placer de Paulina alimentaban esa excitación. Comenzó a fruncir sus labios cuando me volteó a ver y miraba esa carita tan bonita, con esos ojos de miel que se cerraban vivían el placer y no pude más, le descargué la primera corrida del día a eso de las siete de la mañana. Recuerdo esas palabras en su acento paisa: – Usted había venido dispuesto a quitarme la virginidad de todo… Si mis oídos siguen virgen es porque semejante pija no cabe por esos orificios.

    Creo que todas las chicas tienen esa curiosidad de experimentar todo en el sexo, incluyendo el sexo anal. No todo es para todos, pero creo que, en su mayoría, aunque algunas lo nieguen por pudor o tabús que tenemos, muchas lo disfrutan y les gusta sentir esa invasión de dolor y placer incomprensible que puede alcanzar en algunas los mejores super orgasmos de su vida. Discutiendo con Paulina su primera experiencia ella me decía que lo hablaban entre sus amigas activas sexualmente y que todas lo habían disfrutado a pesar del dolor. Ella me decía que nunca pensó hacerlo esa mañana y que todo se dio por el placer encaminado al sentir mi verga entre sus nalgas, aunque nunca imaginó que todo ese pedazo de carne cupiera en ese orificio. Estoy seguro de que le gustó, pues en esta relación que duró un poco más de ocho meses, siempre tuvimos sexo anal y Paulina experimentaba orgasmos netamente anales.

    Es bonito recordar esos momentos con una linda chica, especialmente cuando uno tiene 46 años y piensa que uno ya no tiene esa posibilidad o se limitan por la diferencia de edad. Paulina a sus 18 me decía que, sí lo tuvo en debate por algún tiempo, pues fueron alrededor de seis meses que me tomó para convencerla a llevarla a la cama. Ella conciliaba todo esto pues creía que tenía alrededor de los 35, pero cuando descubrió que tenía 46, le costó hacerse la idea de salir o mucho menos tener sexo con un hombre mucho mayor. Luego me dijo que era lo mejor que le había pasado, pues conmigo descubría y disfrutaba del sexo desde un principio y que infortunadamente las frustraciones le llegaron después con jóvenes de su edad inexpertos. De vez en cuando cruzamos palabra a través de FB y de vez en cuando me modela alguna de sus tangas y ahora ella me muestra su pechos desnudos y no bloquea su rostro pues ella sabe que lo de ella está seguro conmigo, pues era cuestión de hacer confianza.

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  • El que me hizo putita (2): Aparece una ex

    El que me hizo putita (2): Aparece una ex

    Bueno había pasado una semana de ese encuentro con el chico que me gustaba tanto de mi trabajo, mejor dicho ex trabajo, porque a mí me echaron, estaba desempleada, no había podido pagar el alquiler de la casita donde vivía y apenas tenía para cargarme crédito al celular y a la tarjeta de colectivo para seguir buscando algún trabajo.

    De todas maneras yo seguía en contacto con él, (que estuvo 1 semana de viaje por trabajo) me llamaba todas las noches y hasta tuvimos chat Hot con intercambio de fotos ricas. Así que teníamos muchas ganas de vernos.

    Era viernes y me llama…

    – hacemos algo hoy? Quiero verte…

    – voy para tu casa? Le dije sin vueltas…

    – esta tardecita llego, venite a la noche, y ponete linda.

    Okey pensé… y esta vez fui y me compré con los últimos ahorros que tenía un disfraz de mucamita… no podía creer lo que estaba haciendo, en mi vida fui a comprarme uno de esos atuendos sexys, que me estaba pasando? Era todo un mundo nuevo, me estaba volviendo más atrevida. O sea nunca había tenido un novio y de repente, el me llamaba y yo iba como una perrita detrás de su pija. Debo admitir que me gustaba mucho sentirme así, tan deseada…

    21 años yo, alta, tetas grandes y naturales, si, buenas piernas, como jugaba hockey de chica tenía buenas gambas, la cola levantada, y todo acentuado por mi linda cinturita.

    27 él, flaco, alto de manos gruesas, tatuajes en una pierna, en los brazos, boca carnosa, ojitos redondeados y hermosas pestañas. Piernas fuertes y también lindo trasero redondito, si me gustaba mucho su trasero.

    Llegue a su casa el me esperaba, nos saludamos con abrazo y solo con la mirada ya sabíamos lo que iba a pasar… o no?

    – me voy a duchar, ponete cómoda

    Entro al baño, así que aproveche y en su habitación me puse el disfraz de mucamita, y me hizo dos colitas en mi cabello, me pinte los labios rojos y cuando escuché que estaba por salir simule estar barriendo el piso…

    Tenía solo la toalla pero cuando me vio, se le levantó todo, se sacó la toalla y la colgó en su pila…

    – uy mira como me pones

    Se abalanzó sobre mi, nos comimos la boca mientras nuestras manos tocaban todo, espalda, piernas, pechos, me besaba el cuello y de repente freno, me puso de rodillas y me dijo que chupe.

    Obvio se la re chupe, le saboree todo el tronco venoso duro, lo mire fijo y se la escupí, y con mis manos desparramaba mi saliva por toda su verga, y huesos… le encantaba, y me encantaba ver su cara de placer, oír sus gemidos hasta que no aguanto más…

    – nooo, putita vení ponete en 4 dale…

    Obedecí, me saco la tanguita, me quedaba solo la faldita de mucama, sentí como empezó a lamer y besar mi conchita, y no solo eso, empezó a chuparme el culito, mientras iba metiendo un dedo…

    – no que haces? Me vas a hacer mal, ahí no

  • Un arnés para la putita

    Un arnés para la putita

    Cuando Patricia me mostró esos juguetes mi mente voló.

    Ya tenía tiempo diciéndole de comprar algo así, inmediatamente pensé en la doble penetración que le daría con ese arnés era un paso antes de pasar al siguiente nivel y luego hacerlo con otra persona así que sonreí satisfecho.

    Pero claro yo tenía mis fantasías y ella las suyas…

    Hola soy Roberto ingeniero de profesión y artista de vocación, me encanta dibujar y pintar es una forma de relajarme y sacar el estrés acumulado durante el día, a mis 25 años tengo la suerte de que las mujeres hermosas se fijen en mí, no, no pretendo ser pretencioso o presumido pero nunca he batallando para encontrar la compañía femenina y gozar con ellas. Mi sonrisa y mi mirada son mis mejores armas según lo que ellas mismas me han confesado, sé que también ven mi altura y mis manos imaginando lo que podría hacer con ellas, aunque son muchas las que miran mi trasero cuando creen que no las veo y siempre, siempre abren la boca cuando nos quitamos la ropa y pueden ver por primera vez mi miembro, aunque es muy satisfactorio follar con una mujer de mi edad o un poco más chica. Disfruto estar con una mujer mayor estar con una de 35, 40, 50 años es toda una experiencia, con ellas no hay puntos medios, a ellas no la elijo, ellas son las que me eligen a esa edad saben perfectamente lo que quieren y cómo lo quieren -si crees que con cinco minutos tendrán suficiente estas muy equivocado.

    Desde muy joven descubrí los placeres de una mujer mayor disfrutar de su cuerpo y aprender de su experiencia. Patricia es mi prima. Hace unos tres años descubrimos que entre primos todo, absolutamente todo es más caliente, solo es cinco años mayor que yo pero es ardiente como ninguna, una Pervertida al igual que yo, tal vez por eso nos llevemos tan bien, de todas las partes de la anatomía femenina mi favorita es el trasero y las piernas por eso nunca imaginé enamorarme de su cabello. Con Patricia su cabello y sus labios me enloquecen, esa forma de sonreír y como sus rizos caen sobre su espalda y hombros me encantan, nos vemos una o dos veces por semana no siempre llegamos a la cama, no todo es sexo así que también disfrutamos una buena charla, una nieve, un café o un concierto, pero cuando nos encerramos en un cuarto follamos como locos.

    Nos contamos todo (o eso creía) con respecto al sexo, mis fantasías y las suyas son muy parecidas y casi todas las hemos cumplido sin embargo hay algo que aún no he podido hacer con ella y es llevarla a la cama junto con otro hombre para disfrutar y ver como folla con alguien más y tal vez hacerle una doble penetración. Ella se resiste pero por su humedad cuando lo platicamos creo que si le interesa el tema.

    Le he propuesto comprar un arnés y así pueda sentir lo que es estar llena por ambos agujeros al mismo tiempo, tal vez si lo prueba y le gusta podamos dar el siguiente paso y hacerlo con un tercero.

    Llegué a su casa sin invitación, solo quería verla, charlar y tal vez después de un café quitarnos la ropa y jugar un poco.

    Me detuve a observar el árbol de su jardín un enorme Guayacán florecido con sus hojas rosadas que tenían todo el césped cubierto por una alfombra de miles pétalos regados como si fuera la galaxia.

    Patricia abrió la puerta con una sonrisa, eran las cinco de la tarde pero aún andaba en pijama una blusa de algodón vieja que dejaba ver la falta de brasier, un pans oscuro y sus chanclas de bob esponja que tanto ama.

    —Vaya!!! veo que estás lista para ir de fiesta.

    —Jajaja!!! Dejate de cosas que hoy tengo el día libre y no me dieron ganas de salir, pasa que estoy por ver una película.

    La seguí hasta la habitación el lugar donde por lo regular vemos la televisión antes de coger, en la pantalla estaba pausada la película «dos tipos de cuidado» tomé el tazón de palomitas me quite mis zapatos y me puse cómodo para disfrutar.

    En la escena de las coplas yo canté la parte de Pedro mientras que Pat cantaba los diálogos de Jorge.

    Luego de esa película decidimos ver la de 365 días esa película nos puso en sintoniza de querer imitar otras escenas así que en cuanto la película terminó tome el rol de dominante y simplemente le dije:

    —Hoy quiero que te masturbes para mí

    ¿Te gusta la idea?

    —Sí.

    Me senté al borde de la cama mientras ella permanecía en pie frente a mí.

    Con mi dedo comencé a tocar sus tetas por encima de la tela, seguí la circunferencia que se marcaba en el algodón, toque y acaricie a placer mientras Pat solo estaba quieta y disfrutando, levantó sus manos y las unió detrás de su nuca. Me encanta cuando hace eso, me da total control de la situación como diciendo: soy tuya haz lo que quieras.

    Su cuello quedó expuesto así que mis manos subieron decididas hasta él, jale de ella para poder besar su cuello la besé lentamente como si fuera un trámite burocrático, luego el lóbulo, me gusta lamer su oído y sentir su reacción. Mis manos ya estaban en su nuca sosteniendo las suyas me recosté provocando que Pat cayera encima de mí su pelo suelto sobre su cara y la mía fue sexi se veía hermosa, nos besamos hasta que el aire nos hizo falta.

    Baje sus pans y ella levantó obediente sus piernas para poder sacarlo, las pantuflas ya se habían quedado perdidas en algún lugar de la habitación desde hacía mucho tiempo.

    En unos segundos su cuerpo desnudo quedó frente a mí. Pasé mi vista por sus pechos hermosos y firmes, su cuello largo, sus caderas, el vello que comenzaba a crecer en su monte, sus piernas; es un placer poder ver esas piernas largas y torneadas, los músculos marcados de su muslo, la suavidad de la parte interna, el solo saber que en unos momentos estaré entre ellas me puso duro.

    Me saqué la playera de un movimiento y el pantalón cayó después, solo dejé mi ropa interior.

    Me puse de pie y abrace a la hermosa mujer que estaba frente a mí, la llene de besos y caricias por todo el cuerpo disfrute el sabor de su piel, el aroma a deseo que desprende por cada uno de sus poros, sonreí y disfrute cuando se le escapó un gemido al besar su pecho, palpe su entrepierna su vulva estaba húmeda, casi pude sentir cómo le palpitaba de deseo.

    Con un suave empujón la tumbe sobre el colchón, abrió en automático sus piernas mientras yo permanecía de pie observando, llevo su mano derecha a su sexo

    Y cuando iba a comenzar a masturbarse la detuve.

    Me agaché hasta quedar a su altura y susurré.

    —No, así no, seguirás mis instrucciones para llegar al orgasmo -su sonrisa se ensanchó.

    Sé dónde tiene los juguetes así que abrí el cajón y tomé uno de sus antifaces, uno rojo suave al tacto lo coloque sobre sus ojos y me recosté a un lado suyo.

    Traté de quedar cerca de su oreja, me encanta como su piel se eriza cuando le hablo entre susurros y mi aliento la toca.

    —Comienza a tocarte lento, acaricia tus labios por fuera.

    Quiero que los explores para mí.

    Estaba concentrada en seguir mis instrucciones. No podía ver pero escuchaba mi voz y eso la moja y al mismo tiempo me pone duro.

    —Sigue así, arriba y abajo sobre tu vulva, acaricia todo, solo por fuera.

    Toca tu clítoris acariciando suave, de izquierda a derecha, solo un poco.

    ¿Está caliente?

    —Sí

    No podía negarlo, podía ver sus dedos brillosos por la humedad.

    —Ve más rápido voy a contar hasta el 10, puedes correrte si así lo deseas pero no creo que tan pronto estés lista.

    ¿O sí? ¿Estás tan caliente mi niña?

    Comencé el recuento.

    Uno…

    Dos…

    Tres…

    Aumenta el ritmo

    Cuatro…

    Cinco…

    Mis manos tomaron sus pechos acariciando sus tetas eso la pone al cien y hace que llegue más rápido al orgasmo un gemido salió de su boca al contacto de mi mano sobre su piel.

    Seis…

    Siete…

    Ocho…

    ¿Estás cerca?

    Te noto caliente

    Su boca se tensó un poco, siempre la pone así cuando se acerca, eso, y sus ojos son mi guía.

    Nueve…

    Diez…

    No se corrió. Dejé de acariciar sus tetas

    —Bien, ve lento de nuevo acaricia tus labios, sube y baja por ellos ¿notas la humedad? Desde aquí puedo ver como la sábana ya recibió un poco de tu placer.

    Con tu mano libre toca tus tetas imagina que es mi mano la que las toca.

    Su mano era como una extensión de mi cabeza que hacía lo que yo quería.

    Me encantaba esa imagen de Patricia desnuda recostada con una mano en su entrepierna y la otra en sus pechos.

    Sus piernas comenzaron a moverse un poco, estaba inquieta.

    —Mete un par de dedos, quiero que los metas y sientas el calor que recibe mi verga cuando entro en ti.

    Obediente introdujo el dedo medio y el índice.

    —¿Está lo suficientemente caliente para mí?

    —Sí

    —Aún no mi niña, aún no.

    Saca tus dedos, mételos en tu boca, disfruta tu sabor chúpalos como si fuera mi falo recién ordeñado y lo estuvieras limpiando.

    La bese y sentí el sabor de su sexo y su saliva entre sus dedos.

    Voy a contar de nuevo es otra oportunidad para que te corras, el próximo conteo estará más espaciado.

    Toca tu clítoris en círculos ve suave, rápido, busca tu orgasmo

    Uno… Dos… Tres…

    Toca tu pecho acaricia, estira, pellizca.

    Cuatro… Cinco… Seis…

    Deje de contar y pegue mi boca a su pezón chupaba y lamía mientras sus piernas estaban moviéndose inquietas.

    Siete… Ocho…

    La mano que tocaba su teta se aferró a mí, supe que se había corrido cuando apretó fuerte mi mano y sus piernas se tensaron en un temblor incontrolable.

    —Gírate, ponte en cuatro.

    Cuando lo hizo la vista era espectacular un pequeño charco estaba en la sábana, su culo expuesto, su vulva húmeda y caliente.

    Baje mis bóxer.

    Tócate sabiendo la vista que me ofreces, sabiéndote totalmente expuesta para mí.

    Comenzó a tocarse y me clavé en ella de un solo golpe deje que se acostumbrara a mí un momento antes de comenzar a moverme, llevarla al orgasmo fue fácil estaba lista y prácticamente estaba ahí.

    Escuchar y sentir su humedad es mágico.

    Salí de ella luego de un orgasmo que la obligó a gritar y agarrarse de las sábanas.

    Antes de volver a entrar en ella para poder saciarme Pat se quitó el antifaz y tomó el control.

    —Ahora es mi turno de mandar y tú obedeces.

    Su mirada oscura me excitó y me dio a entender que lo que venía sería algo épico.

    Así que acepte.

    Fue hasta otra gaveta y sacó algunos juguetes…

    Cuando Patricia me mostró esos juguetes mi mente voló.

    Ya tenía tiempo diciéndole de comprar algo así, inmediatamente pensé en la doble penetración que le daría con ese arnés era un paso antes de pasar al siguiente nivel y luego hacerlo con otra persona así que sonreí satisfecho.

    Pero claro yo tenía mis fantasías y ella las suyas…

    Sacó un par de arneses; uno negro mediano con la mayor parte de su extensión por el lado exterior de las correas y unos cinco centímetros del lado interior, el segundo era un dildo rosa un poco más grande con un arnés negro. También traía en la mano una pequeña jaula de castidad.

    —Quiero probar algo, en ocasiones tú has sido un sádico conmigo y me ha gustado, pero ahora yo seré un poco sádica contigo.

    Trague saliva pero accedí.

    —Muy bien Beto, vas a contar y espero que antes del veinte ya tengas esa polla flácida para poder poner la jaula.

    —Jajaja!!! Estás loca!!! Ves lo caliente que es…

    La cachetada que cruzó mi cara me impidió seguir hablando, casi al instante que el ardor cruzaba mi cara un fuerte apretón en los testículos sacó mi aire y casi me dobla por la mitad.

    —Comienza a contar, que entre más me entretengas peor la pasará tu culo.

    Vaya que se lo tomó en serio!!!

    Apretaba fuerte y mi voz no salía, aún así traté de contar.

    —Uno…

    Dos…

    Tres…

    Cuatro…

    Cin… co…

    Seis…

    Apretó más fuerte mis huevos y tuve que detenerme y doblar un poco las piernas

    —Vamos hace unos minutos contabas muy fácilmente.

    —Sie Sie Sie te…

    Ocho…

    Nueeevee…

    —Listo, lo ves solo has llegado al nueve eres patético mi niño (dijo mi niño con sarcasmo), la próxima vez quiero que por lo menos llegues hasta el quince antes de que tu pequeña se duerma.

    Cuando soltó mis huevos sentí que podía respirar de nuevo, pero solo fue momentáneo porque metió el aro de la jaula y enseguida apretó la jaula sobre mi verga y puso el candado. Guardó la llave en un cajón.

    —Quiero que bailes para mí.

    Abrí los ojos ante su petición, pero una nueva cachetada me hizo reaccionar así que comencé a moverme con el ritmo de la música imaginaria en mi cabeza.

    Pat se sentó al borde de la cama donde permanecían aún el par de juguetes sin usar, me observo divertida mientras trataba de recrear una coreografía decente.

    Mientras bailaba tomó el arnés negro y me hizo una seña para que me acercara a ella. Su dedo me hizo una señal muda, yo la conozco bien en varias ocasiones la he usado yo con ella, simplemente me indicó que debía estar de rodillas junto a ella.

    —Abre la boca.

    Obedecí de inmediato, algo en su forma de mandar me excitaba provocando un pequeño dolor de polla.

    Puso la parte pequeña del dildo en mi boca, lo que provocó una pequeña arcada.

    —Tranquilo, solo imagina cuando debas chupar uno más grande o tal vez uno real

    Debí abrir mucho los ojos porque soltó una risa burlesca y divertida.

    Luego amarró el arnés por la nuca, apretó fuertemente las correas.

    Recuéstate en la cama con tus pies bien estirados.

    Cuando me recosté, pasó su lengua por mi cuerpo, excitándome, provocándome, sabedora de que mi cuerpo reaccionaría sin poder tener una erección completa eso la divertía y extrañamente a mi me excitaba en demasía.

    Lamió con dulzura y cuidado mis testículos mientras con una mano acariciaba mi polla encerrada. Casi sentí su sonrisa cuando lo hacía.

    Luego se levantó tomó el otro arnés y lo ajustó a su cintura, fue lo último que me dejó ver para que imaginará lo que venía, luego usó el mismo antifaz que ella había llevado para privar mi vista.

    Cuando la oscuridad inundó todo mi mundo puse atención a los sonidos la escuché caminar, alejarse de la cama, luego sus pasó sonaron de nuevo más cerca.

    Levanta las piernas, sostenlas con tus manos.

    Tome mis piernas y las estire hacia mi lo más que pude.

    —Jajaja!!! ¿Qué crees que dirían tus compañeros de fútbol si supieran esto?

    Te ves patético.

    Luego el ruido de un frasco abierto, el olor a menta y su mano untando un gel en mi culo, su dedo invadiendo mi orificio sin pudor ni nada que lo impidiera, mis manos ofreciendo mi culo para ella… Sí, debería ser una escena digna de grabar.

    Su dedo dejó de entrar y salir de mí ella se acomodó y cuando creí que lo siguiente que sentiría sería su dildo dentro de mí, se alejó de nuevo volvió subió a la cama cerca de mi rostro, sentí el olor de su vagina cerca de mi cara, disfrute el olor de su mar embravecido, es inconfundible su olor cuando está excitada me dieron ganas de lamer, pero el dildo en mi boca lo impedía, restregó su sexo en mi nariz lo frotó contra ella dándome a desearla aún más de lo que ya lo hacía. Enseguida su peso sobre mi cara se dejó caer sobre el dildo, comenzó a subir y bajar lentamente por él, comencé a disfrutar y fue ahí que sentí una pequeña presión en mi culo, empujaba un frío metal en él.

    —Relajate, te quiero dilatado para lo que sigue.

    Así que puso lo que imaginé era la misma joya negra que yo alguna vez le regale y pongo en su trasero.

    Te vas a ver bien bonito con esa joya engalanando tu culo.

    Subió y bajó por el dildo mientras sus jugos llegaban a mi boca, así de excitada estaba, la cabrona lo estaba gozando de lo lindo mientras yo con la verga enjaulada solo podía desear estar libre para correrme.

    Ella lo sabía por eso gimió su orgasmo en mi oído, sabe que eso me provoca terminar.

    Se levantó liberando mi cara de su peso.

    Quito el antifaz de mis ojos, lo que provocó que la luz me obligará a cerrarlos de nuevo hasta acostumbrarme.

    —Quiero que veas mis ojos en la siguiente etapa

    ¿Estás listo para lo que sigue?

    Mi cabeza afirmó por mí boca, que estaba seca por lo que venía. Luego sacó la piedra negra que dilataba mi orificio. La dejó junto a mi cara.

    —Levanta de nuevo tus piernas putita.

    Ábrete para mí.

    Así que ahí estaba de nuevo con el culo expuesto y mis manos abriendo mis piernas para ella,

    No, me asusto su propuesta, no es que deseara sentir mi culo invadido pero no iba a dejar de ser quien soy solo por el simple hecho de dejarme llevar un poco.

    Así que respire profundamente como yo mismo se lo he aconsejado, me relaje, cosa que no impidió que doliera, sentí ardor, una fuerte punzada y como que me rasgaba a pesar de que Patricia lo hizo lenta y cuidadosamente, se detuvo cuando su cintura chocó contra mis nalgas, luego como yo lo hago con ella se recostó sobre mí y me beso.

    En poco tiempo mi culo se acostumbró y comenzó a moverse como si fuera yo quien la follaba primero lento me dejaba sentir que ella mandaba, me dejaba sentir cada centímetro del dildo cada vez que salía y entraba en mí para fortuna cada vez con mayor facilidad, el placer apareció en su rostro y en mis entrañas. Comencé a experimentar un placer distinto cada vez que el dildo oprimía mi próstata me deje llevar y lo disfrute.

    Sentí como verga crecía dentro de la jaula hasta chocar contra el metal, estaba tan duro que creí que lo reventaría, mi eyaculación ya era inminente mis huevos chocaban comprimidos contra el aro de la jaula, cuando el orgasmo llegó fue doloroso y tan intenso que creí que me daría un infarto la leche cayó sobre mi barriga aunque un poco alcanzó el abdomen de Patricia.

    Lo tomó en sus manos y con sadismo lo embarró en mi cara y me hizo tragar mi esperma.

    Mis piernas temblaban sin control mientras ella se tumbó sobre mí aun con el dildo dentro y susurrando al oído me dijo:

    —Me ha encantado usarte de putita.

  • La acompañante le practicaba sexo oral al piloto (Cap. 1)

    La acompañante le practicaba sexo oral al piloto (Cap. 1)

    Nota del Autor: este cuento es una secuela de “Un inconveniente afortunado”. Aunque si bien los personajes son los mismos y existe un hilo conductor, puede ser leído en forma independiente. Es por ese motivo que no lo titulo como segundo capítulo de aquel.

    El encuentro anterior con Laura terminó a las apuradas. En casa ya se andaban preguntando por mi paradero y debíamos dejar el departamento impecable, ya que al día siguiente a la mañana se lo mostraban a un interesado en comprarlo.

    – Hola – me chatea el siguiente mediodía.

    – Hola pequeña, ¿cómo estás?

    – Muy bien, ¿vos?

    – ¡Inmejorable, la gente que fue a ver el departamento de esta mañana me lo reservó! Contesta con varios emojis de aplausos – Me trajiste suerte. Cuando termine el otro que estoy reformando tenemos que ir a echarnos un polvo para bendecirlo, jaja.

    – Es que le arrojé mi agua bendita- cierra con un emoji de lluvia.

    – ¿Cuál de las dos era el agua bendita? – Vuelve carita roja enojada.

    – Que papelón por Dios. Si no me hubieras cogido tan bien seguiría mortificada de vergüenza. Y eso otro que me pasó, no era la primera vez, pero no me pasa generalmente.

    – Lo había escuchado. Mentira, lo había visto en videos porno.

    – Me arruinaste. Ahora solo voy a poder coger en el baño.

    – Cuando nos encontremos en un telo, será problema de la limpieza.

    – No voy a telos, Jorgito. Me da asco precisamente la limpieza. – cierra con la carita vomitando.

    Debí imaginarlo. Laura tenía un leve TOC con la higiene. Siempre se preocupaba por que la oficina estuviera impecable, lavaba con mucha frecuencia sus manos, y portaba todo el tiempo un sanitizante en la cartera (y esto antes de la pandemia, claro).

    – Y tu casa, entonces, yo limpio, te dejo que me uses de mucama.

    – Pato me rompe las bolas seguro, está imbancable. Un día, el mes pasado sabía que salía con un tipo que me gustaba y, ¿que hace la boluda? Una reunión con amigas en casa. Está bien que cada una tiene su cuarto, pero no da para estar cogiendo con las chicas en el living en un departamento de 60 m2… ¡Vos sos el que ahora está en el rubro inmobiliario! ¡Conseguí un bulo! -Patricia es la hermana.

    – Algo voy a conseguir – Se despidió con el pulgar arriba y el besito.

    Me enfrasqué en los problemas de mi trabajo los siguientes dos días, y eso incluía empujar un proyecto que me entusiasmaba ahora más, pero por razones adicionales al dinero. Un inversor quería reciclar casas en lugares de vacaciones. Hay muchos lugares de turismo en Argentina que poseen casas que se alquilan AirBnB o páginas similares. Y en ellos, con frecuencia hay propiedades que están en ubicaciones privilegiadas, pero ediliciamente en mal estado. Generalmente son construcciones antiguas. En excel el negocio lucía bien. Había que aterrizarlo en una oportunidad concreta.

    – Lau – le chateo otro día.

    – Hola!

    – Tenés tres días pendientes de vacaciones para escaparte de tu jefe?

    – Si, y si no me rajo igual, me tiene los ovarios llenos. ¿Que estas pergeñando?

    – Tengo que encontrar una propiedad en Villa General Belgrano para un inversor. Voy la semana que viene entre el martes y el jueves. Ya tengo habilitada la fecha en casa, por viaje de laburo oficial y genuino.

    – Uyy si… pará!, Villa General Belgrano son ocho horas mínimo de auto de ida y otro tanto de vuelta. Medio bajón. Hagámosla bien, vamos un día más.

    – Ningún auto. Avión.

    – Lo mismo, el avión va a córdoba Capital, a dos horas de micro… Hagamos un día más! Volvamos el viernes!

    – Ningún avión de línea, Vuelo privado al aeródromo de la villa – le agrego el emoji de la carita de los anteojos negros – No te llegué a contar, pero hice la rehabilitación de licencia de piloto y volví a volar. De hecho, el pibe este, el inversor, tiene un avión, que yo le alquilo con frecuencia. Así lo conocí. Son tres horas y media hasta allá.

    – Programón! – varios emoticones de aplauso. – Comprate un blister de azul de cincuenta que te gasto.

    – Pero te tengo que pedir algo – y le agrego un par de emojis de la carita sonrojada – Me tenés que cumplir una fantasía…

    – Que?

    – Me tenés que hacer un pete en el avión

    – solo un pete?

    – Mas no se puede… ya vas a ver

    – y yo?

    – Vos estas en deuda

    – ?

    – Y sí. Yo conté tres el otro día. Tuyos, mío solo uno….

    – Puto!… Trato. Prometido.

    – Te paso a buscar el martes 6 am en un Uber. De ahí a morón de donde salimos. Al mediodía estamos almorzando con cerveza en Belgrano.

    “La acompañante le practicaba sexo oral al piloto”. La frase, literal, habría sido escrita en un informe de la junta de accidentes aéreos. ¿Era mito o realidad? No lo sé, nunca pude encontrar el famoso informe. Pero la leyenda existía a finales de los ochenta, cuando yo aprendí a volar. Si los reportes de accidentes se difunden con ahínco en el mundo aeronáutico con el fin de mejorar la seguridad aprendiendo de los errores, en este caso había tenido el efecto inverso. Se había transformado en la fantasía imperante de ese mundillo. Y ahora, treinta años después, la cumpliría. Con piloto automático, claro. Durante los días siguientes saboree por anticipado esta aventura con gula. Combo perfecto. Avión, sexo, trampa… adrenalina pura. Cuando el lunes por la tarde suena el teléfono y veo el ID de Laura se me paró el corazón. «Cagamos. Se baja.» Pensé. No pude atender en ese momento, estaba muy expuesto. Pero si me llamaba y no me chateaba, eso significaba problemas. Finalmente pude devolverle el llamado.

    – ¿Que pasó, Lau?

    – ¡La mato! La mequetrefe de Pato, siempre me jode.

    Patricia era más chica, tenía 21 años. Eran tres hermanos, y Laura era la mayor. Por lo que los conocí, eran una familia bastante disfuncional. Había mucha relación amor-odio entre hermanos. La familia era de Corrientes (donde vivían los padres) y de buen pasar económico. Y como en muchos casos de esos, los hijos emigran a Buenos Aires, ya sea a la universidad o a trabajar. Consecuencias de las asimetrías de un país con una economía excesivamente concentrada en la ciudad capital. Papá pagaba dos departamentos. Uno para las hermanas, y otro para el varón privilegiado. Buscaban febrilmente la independencia económica, cuando menos Laura. Al punto de algunos sin sentido. Por ejemplo, seguir trabajando para Francesco, con tal de no depender tanto de sus padres.

    Patricia era un tema aparte. Es decir, Laura era una chica divina, hay otras mujeres hermosas que conoces, tratás y con suerte a veces cogés en tu vida. Pero Patricia era otra liga. Otra categoría. Una modelo, y de hecho trataba de abrirse paso en ese oficio. Eventualmente la única razón por la que no era una “Top Model” era que había comenzado algo tarde, a los 20 años. La había visto una sola vez. Alta, estilizada, de piernas larguísimas, sus tetas no eran tan grandes como las de Laura, pero bien formadas y bonitas. El rostro bellísimo de rasgos suaves, algo aniñados, portaba los ojos azules penetrantes de la familia. Su pelo lacio castaño claro, lo llevaba largo. No era rubia como Laura, aunque creo que el de Laura era color elegido. Imposible saber de seguro en los tiempos de las vulvas depiladas.

    – Se nos coló en el viaje. – continuó verborrágica – Resulta que la agencia que la tiene bookeada tenía contratada una producción de fotos en Villa General Belgrano, algo de la municipalidad para la promoción el turismo. La modelo que lo iba a hacer tuvo un inconveniente, preguntaron en el chat de la agencia si alguna chica estaba disponible con posibilidades de estar mañana mismo, y ella se mandó diciendo que tenía quien la lleve para el mediodía.

    – Que se tome un micro de trasnoche.

    – Encima le comenta a mi vieja. – continuó casi sin escucharme – El «éxito para lanzar su carrera». Va a ser la «cara promocional» de la Villa y bla, bla, bla.

    – ¿Y le dijo a tu vieja que te ibas de trampa conmigo?

    – No, más vale que no, le mandó algo de que yo viajaba por laburo de negocios importantes y una parafernalia del estilo. Mamá me sale con la cantinela de cuidála, es la más chiquita, que como la vas a mandar en micro si la podés llevar, que si estas vos mejor, que compartan la habitación del hotel, y etc. etc. etc.

    Así de rara era la relación entre hermanas. Por un lado eran confidentes a la hora de contarse por ejemplo, la escapada de Laura conmigo, pero luego no se respetaban códigos y se peleaban ferozmente.

    – Bueno, bueno para, flaca. No hay problema Lau. No te hagas mala sangre. Ella su habitación, nosotros la nuestra. Si promete ser discreta…

    – Si, sobre eso se calla.

    – Y dejarnos algo de intimidad en el avión…

    – Pero eso no es problema, cerramos la puerta de la cabina y chau.

    «Puerta de la cabina» pensé… «jaja… bueno veremos».

    Laura vino con un vestidito floreado, de esos bastante sueltos tipo solero, largo hasta la mitad del muslo. Ya se lo conocía, y me encantaba. Patricia… mi Dios, Pato… Para el infarto. Una minifalda de jeans apretada, con camperita de jeans haciendo juego, y un top blanco debajo, strapless, visiblemente sin corpiño. Lo completaba con unas botitas vaqueras.

    El Aero Commander 500 era mi avión favorito. El de mi conocido era un modelo 1975 (no, no se asuste el lector ajeno al mundo aeronáutico – los aviones no son autos) y estaba excelente. Si bien conservaba mucho del instrumental tradicional, tenía instalado dos sistemas de navegación garmin de última generación, y un piloto automático century y radioltímetro. Tapizados de cuero en perfecto estado, y auriculares bosse activos nuevos. Ese modelo de avión es de seis plazas. Piloto y copiloto al frente, dos butacas de espaldas a esas, mirando hacia atrás, y las últimas dos atrás, mirando hacia el frente. Amplio para un avión, aunque nada en realidad es tan amplio en esos aviones.

    – Bien señoritas – habíamos acomodado los bolsos en el espacio portaequipajes, y estábamos sentados temporalmente en los asientos traseros, yo enfrente de ellas – Esto es así. Ahora voy a hacer el chequeo de prevuelo, luego vamos a cargar combustible, y vamos a salir. Vos Lau, que vas en el asiento de copiloto, atenta a lo que tocás. Despegamos y hasta que salimos de TM… bueno del área de Buenos Aires y llegamos a vuelo crucero, yo voy a estar bastante ocupado. Si me hablan es posible que no les de pelota y no conteste. No es mala onda. Es disciplina. Pilotear requiere focalizarse mucho en las partes críticas del vuelo, digamos despegue y aterrizaje en general. Estos aviones son ruidosos. Mas que uno de aerolínea. No solo tiene ahí a cada lado dos motores, sino también sus respectivas hélices, que hacen tanto o más ruido que los motores. Es muy difícil escucharse si no es hablando al oído y por eso cada asiento tiene disponible un auricular con micrófono. Son de los activos, aíslan el ruido externo cuando nadie habla, y hacen que podamos conversar con comodidad. Van a escuchar las comunicaciones de la torre de control por ahí. Sin embargo, no los escuchan, solo a mí cuando presiono el botón para transmitir. Ya tenemos el plan de vuelo aprobado y debemos salir pronto. Vayan al baño porque son tres horas, y habrán visto que no hay a bordo.

    – Ni puerta de cabina…. – dice Laura.

    – Patito se pone en la silla de espaldas a mí, se saca los auriculares y no espía ni oye.

    – No entiendo – Dice Patricia.

    – Te colaste en un viaje de amantes hermana. ¡Bancátela! – Al parecer entendió y se puso colorada como un tomate.

    Nos estabilizamos en crucero a tres mil metros, y coloque el piloto automático. El día estaba diáfano, el aire terso, y la pampa corría bajo nosotros en toda su verde grandeza.

    – Que lindo. – dice Patricia – es mucho más copado que en el avión de línea.

    – Si. La vista es mucho mejor – dice Laura – ¿Tu mujer nunca te acompaña en estos vuelos? – me pregunta.

    – Poco. Le tiene terror a los aviones. Y se casó con un fanático de la aviación. Igual le digo siempre que cuando los chicos se basten por sí mismos, nos vamos a comprar uno de estos y suficiente stock de rivotril para ella y nos vamos solitos a recorrer el país a vuelo de pájaro.

    – Te proyectas con ella de viejo -dice Laura. «Ay», dije para mis adentros.

    – Las relaciones de pareja largas son complejas Lau. Están los chicos, una construcción de vida juntos, los problemas enfrentados juntos…. – No me gustaba un carajo adonde estaba yendo esa conversación, y tenía una fantástica forma de salir de ahí. – Pato: al asiento a espaldas mío, abróchese el cinturón, y sáquese los auriculares. Orden del comandante.

    Laura me miró con ojos pícaros y sonrió. No bien su hermana salió de la vista me empezó a sobar la entrepierna. Me abrió la bragueta (llevaba un pantalón amplio de tiro largo), y se encontró con otra con botones.

    – ¿Y este calzoncillo? ¿Calzoncillo con bragueta a botones?

    – Es un pijama en realidad… ¡Todo pensado! ¡Fijate como sale cómoda con testículos y todo! – Le agarró un ataque de risa, y mi verga comenzó a endurecerse en su mano. – ¡Dale boluda!

    Se sacó los auriculares por lo reducido del espacio, y coloqué mi brazo derecho por sobre el respaldo de su asiento para hacerle lugar. Comenzó una mamada suave, no muy jugosa, me relajé y miré por la ventana, mientras le acariciaba el pelo con mi izquierda. Y me sentí en el cielo. Literalmente. Disperso en ese éxtasis creí escuchar un tenue sonido no habitual en mi audio. Pero no estuve seguro.

    Luego el sobresalto.

    En la mano que tenía sobre el respaldo del asiento de Laura, me apoyó su mano Patricia. Entrelazó sus dedos con los míos, y me apretó. Su fuerza variaba rítmicamente. Entonces estuve seguro de lo que había escuchado en el audio. Un gemido.

    – Vos te estás tocando – afirmo al micrófono. Laura seguía en su faena. No era posible que me escuche.

    – Si – Contesta Patricia.

    – ¿Te calentó mucho toda la situación?

    – Si.

    – ¿Esta toda mojada tu tanguita blanca?

    – Me la viste…

    – Si, cuando te sentaste frente mío, espié – y suspiré profundo. Laura hacía lo suyo.

    – Está muy húmeda. ¿Bueno el pete de Lau?

    – Acá en el cielo siempre va a ser glorioso.

    – No sé qué le hiciste, pero está loca con vos. La sonrisa después que la cogiste le duró tres días. Mirá que no le gusta chupar, y acá obviamente va a tener que tragar.

    – ¿A vos te gusta chupar?

    – A mí me encanta chupar, y que me acaben en la boca haciendo garganta profunda. – mi cuerpo tembló de placer, y apreté fuerte la mano de Pato. Laura sintió mi estertor, miró hacia arriba sosteniendo apenas el glande en mi boca y sonriendo, entendiendo que se acercaba mi clímax. Volvió a lo suyo.

    – ¿Tenés tus dedos adentro?

    – No.

    – Metéte uno.

    – Ahhh.

    – Ahora otro. – nuevo gemido. – Pajeate. Acabá para mí.

    Sus gemidos se incrementaron. Seguimos unos minutos en silencio mientras ella buscaba a su orgasmo y yo retenía al mío. Se hizo una pausa en sus jadeos, su mano se cerró muy fuerte sobre la mía. Luego exhaló con un gemido y me soltó. Apoyé mi mano ahora libre también en la cabeza de Laura, presioné hacia abajo, levanté la pelvis y eyaculé abundantemente en su boca. Laura levantó la cabeza. Su cara era de pocos amigos. Tragó, se limpió la boca con un pañuelo, y finalmente sonrió.

    – Boludo, ¿cuánto hace que no acababas? – dijo al colocarse los auriculares nuevamente.

    – Diez días. La última vez, con vos. Costó la abstinencia, pero me preparé como corresponde.

    – Hijo de puta.

    – Hay bolsita para mareos al costado.

    Reímos a las carcajadas. Patricia se había sacado disimuladamente – ahora si – los auriculares. Laura se da vuelta y le toca el hombro, para avisarle que se los podía poner. Patricia volvió también al asiento del fondo. Luego me volteo yo a mirarla. Patricia abrió sus largas piernas, mostrándome su tanga visiblemente húmeda, pasó el índice por sobre ella, se lo chupó sutilmente y me sopló un beso.

  • Mi mamá y su jefe tuvieron sexo en mi oficina

    Mi mamá y su jefe tuvieron sexo en mi oficina

    Tiempo después cuando les dije que quería dedicarme a diseñar videojuegos, mis padres se molestaron mucho conmigo, cambiaron, y me excluían de muchas cosas, como reuniones familiares y salidas a cenar.

    Mis padres querían que yo fuese abogado o médico, ya que en la familia de ambos, todos mis primos tenían alguna profesión, siempre me interesaron los videojuegos y mi sueño es trabajar en una compañía grande en Japón o en Estados Unidos.

    Me llamo Fernando y les contaré cuando mi madre tuvo sexo con su jefe en mi propia oficina.

    Mi familia nunca sufrió de dinero, mi padre trabaja como ingeniero en una importante empresa de máquinas, y mi madre trabaja en la misma compañía como la secretaria del gerente de planta, alguien muy pesado en la industria, la casa era bastante grande en un pintoresco barrio del centro de la ciudad, yo desde la preparatoria me interese por el diseño en computadora, diseñando en softwares CAD y era el mejor de mi clase, mis profesores tenían fe en mí, pero mi objetivo real era diseñar vehículos y edificios para videojuegos ya que nunca se me dio dibujar personas, es muy difícil la animación para mí.

    Mi padre me decía que yo tenía que ser licenciado o medico pero yo siempre me negaba, mi padre es un viejo cascarrabias, de esas personas que quieren hacer todo a su manera. Mi madre solamente se limitaba a obedecer a mi padre en todo lo que decía.

    Mi madre se llama Esther y físicamente es el deseo de cualquier hombre, a sus 48 años tiene unas tetas muy firmes y de un tamaño grande normal, una cintura delgada dejando resaltar sus nalgas bien torneadas, ella es de piel clara, de cabello negro, cuando era niño e íbamos a la playa, ella usaba bikinis muy sensuales, dejándose desear por todos en la playa, ella se da el tiempo para cuidarse y valla que está muy bien cuidada, pero nunca la vi como mujer.

    Decidí dejar la escuela de abogados a la que asistía en la Ciudad de México para perseguir mi sueño, obviamente mis papas se enojaron conmigo a tal grado de excluirme de ellos, dándole más preferencia a mi hermano, un lame huevos de primer nivel. Un día llego mi padre a mi habitación diciéndome que me tenía que mover al último piso de la casa porque él quería hacer una oficina en mi habitación, que bastardo, cada día me excluía más.

    Yo tome la decisión de trabajar para pagarme la escuela de diseño y para armar equipo y practicar, trabaje por 1 año y mis esfuerzos rindieron muchos frutos, en el último piso lo usaban como bodega pero cuando me moví a ese sitio vaciaron todo, y arme mi cuarto con una pantalla muy grande con varias consolas de videojuegos, dividí ese espacio en 2 poniendo paredes de tabla roca y en la otra mitad estaba armando una oficina profesional para diseñador, poco a poco compre mucho material de calidad, arme una computadora de 4 nucleas con 3 pantallas, teclado y mouse gamer, un escritorio grande de madera en forma de L, una silla gamer, y lo decore con cosas que me gustaban, algunos muebles pequeños y gavetas, y repisas donde tenía aviones a escala y vehículos militares pequeños, además hice un 2 piso falso arriba de mi recamara con vista a mi oficina y mi recamara que convertí en mi zona de lectura, a pesar de que me excluyeron yo estaba feliz, porque no tenía que ver a mis padres y al pendejo de mi hermano, tenía mi espacio para mí solo, muy de vez en cuando cogía con algunas compañeras en mi habitación pero no me interesa mucho el sexo, estoy más enfocado en mi objetivo, estaba muy ocupado a veces para ir a la escuela, además me inscribí a clases de inglés y japonés los fines de semana, todo iba viento en popa para mí. Hasta que el Covid llegó para arruinarnos la vida a más de uno (Y estarán de acuerdo conmigo).

    Las clases se cancelaron, pero yo acostumbraba a ir a las librerías a comprar libros los fines de semanas.

    Mi padre por su trabajo tenía que viajar mucho y mi madre comenzó a hacer home office, pero esa oficina que querían hacer mis padres en mi antigua habitación nunca la hicieron, mi mama trabajaba en la sala y era bastante incómodo para ella, yo por el contrario cuando no salía trabajaba en algo verga en mi computadora bien equipada y en mi escritorio a medida.

    Un sábado yo me disponía a salir para visitar algunas librerías en el centro histórico, y me había quedado de ver con mi amigo Manuel para comer hamburguesas del lugar e ir a un museo militar ya que yo quería conocer armas de verdad además que mi amigo sabía mucho de eso porque estudio en un colegio de aviación militar.

    Prepare mi mochila y mi dinero, era temprano pero decidí ir para evitar aglomeraciones de gente (yo me cuido mucho en ese tema), baje y mi mamá me intercepto y entablamos una charla, cosa que jamás hacemos.

    Mamá: ¿Fernando a dónde vas?

    Yo: ¿Acaso te importa? Voy a buscar unos libros y voy a salir con Manuel a un museo de armas, tengo prisa así que mejor me voy.

    Mamá: Espera, tu padre se fue de viaje y había quedado en comprarme un escritorio pero no llegará hasta mañana, y hoy viene el gerente de la empresa para revisar unos trabajos. Por favor déjame usar tu oficina solo por hoy.

    Yo: Ese no es mi maldito problema, son mis cosas y yo las compré para mí, a ti no te importo, ¿Por qué debería preocuparme por ti?

    Mamá: Oye por favor, sabes que trabajo para gente importante solo hoy y te dejare usar mi auto los fines de semana.

    Yo: No necesito tu auto, uso el metro y es más divertido viajar en metro que soportar el tráfico, no gracias.

    Mamá: Te armaré de un guarda ropa nuevo, con ropa y tenis de marca que tu gustes, se que nunca te compramos nada pero por favor accede.

    Me interesó su propuesta ya que le invertí mucho a mi sueño, que ya tenía años que no compraba ropa nueva, accedí con la condición de que no ensuciara nada y que no toquen nada que no sea la computadora y lo que iban a utilizar.

    Mamá: ¿Te vas a tardar?

    Yo: Posiblemente llegue a las 6 o 7

    Mamá, Ok, avísame si llegas más temprano por favor

    Subí nuevamente a mi habitación para quitar el seguro y me fui.

    Pase a las librerías y me compre muy buenos libros a buen precio no tarde ni una hora seleccionando buen material, casi era hora de ver a mi amigo Manuel, así que me apure a ir a la parte frontal de bellas artes donde nos veríamos pero mi teléfono sonó:

    Manuel: Hola, ¿Fernando?

    Yo: Hola Manu, ¿Dónde estás?

    Manuel: perdóname viejo, me llamaron de urgencia de la base aérea, tienen un vuelo de alta prioridad para transportar vehículos y equipo a varios lugares del país, y al copiloto de ese plan de vuelo salió positivo a Covid, así que me asignaron ese vuelo, perdóname bro, no podremos vernos hoy.

    Yo: No te apures Manu, tu trabajo es importante, después quedamos sin problemas.

    Manuel: Gracias, la próxima yo invito los tragos.

    -Mierda, ¿Ahora qué hago?- pensé.

    Fui a una tienda de videojuegos y compre algunos para jugar ya que ese fin de semana y la semana entrante tenía mucho tiempo de sobra.

    Regresé a casa con mucho tiempo de sobra, pasé por un Frappe y algunos bocadillos dulces y regrese a mi casa.

    Cuando llegué me extraño que no hubiera nadie y supuse que estaban trabajando arriba, me subí a mi recamara para dejar mis cosas y acomodarme pero en mi oficina tampoco había nadie, saque mis cosas de la mochila y vi mis libros nuevos, así que deje los juegos para después y me subí a mi espacio de lectura arriba de mi recamara.

    Abrí mis libros nuevos y comencé a leer pero en eso escucho que un auto llega y se estaciona dentro de la casa, asumí que era mi mamá que había ido a algún lado, no le di importancia y continué en lo mío.

    De repente entro mi mamá con su jefe, un tipo con camisa y pantalón de vestir como de unos 50 años, robusto, con barba y bigote, parecía que iba mucho a las pesas y parecía sugar daddy, recuerdo que se llamaba Vladimir, yo estaba viendo desde arriba y noté que no se habían dado cuenta que yo estaba ahí, bueno es que ese lugar está muy bien camuflado.

    Me ganó la curiosidad y comencé a observar, jamás había visto a mi mamá con su ropa de trabajo ya que yo siempre me salgo a trabajar más temprano que ellos, como un buen trabajador promedio, y regreso tarde por la escuela, la vi a detalle y quede sorprendido.

    Ella traía una minifalda de esas de secretaria muy pegaditas color negro una camisa blanca y unas mallas con un liguero, se veía fenomenal con el cabello amarrado como si se lo atara rápidamente con unos tacones un poco altos que dejaban ver esa figura bien cuidada.

    Ellos dejaron unas bolsas encima de mi escritorio, parecía comida hasta que comenzaron a hablar.

    Vladimir: Disculpa la demora Esther, pero mi esposa no me dejaba venir, tuve que inventarle que iba a ver a unos clientes a Querétaro. (Al parecer acababa de llegar ese sujeto)

    Mamá: No te preocupes tenemos todo el día no nada más para trabajar jiji (diciéndolo en un tono pícaro), mi hijo llega hasta las 6 y apenas son las 11.

    Vladimir: Mandé a tu esposo a ver a unos clientes a Manzanillo y no regresa hasta el martes así que nos podemos ver mañana también, tal vez en ese hotel que te platique.

    Mamá: Sii, me encantaría probar esos muebles nuevos contigo.

    A cabron, esa conversación me saco mucho de onda, así que baje mi libro y lo observe a ver lo que sucedía, porque lo primero que me imagine, es que mi mamá era la secretaria y la puta de ese sujeto.

    Sacaron lo que traían en las bolsas, eran desayunos, y mientras desayunaban hablaban y yo escuchaba.

    Vladimir: Entonces esta es la oficina de tu hijo, tiene muy buenos gustos, todo lo tiene inmaculado, parece la oficina de un peligroso hacker o de alguien que desarrolla softwares ¿A qué se dedica?

    Mamá: Se quiere dedicar a hacer videojuegos, es un estúpido, su padre quería darle una carrera de verdad pero está obsesionado con los videojuegos. Su padre y yo lo castigamos y ya no le pagamos nada, su padre además decidió que no lo quería dentro de la casa y lo mando acá arriba.

    Vladimir veía unos planos de un avión que dibuje y tenía pegado en mi pared y dijo:

    Vladimir: Pues parece que le va mejor que con ustedes. Tu hijo tiene mucho potencial, lo veo en todo lo que hizo sin ustedes, no sean ustedes estúpidos y apóyenlo porque estoy seguro que llegará muy lejos.

    Mamá puso su cara de no importarle, pero me cayó bien el tipo, Vladimir dijo:

    -Bueno a trabajar

    Él se sentó en mi silla gamer mientras mi mama acerco una silla de oficina que tenia de sobra a otra mesita que tenía junto a mi escritorio, todo parecía normal y ya cuando creí que no iba a pasar nada empezaron a portarse diferente.

    Mi mamá se acercó más a su Jefe, note que se había desabotonado su blusa dejando ver sus enormes pechos, Vladimir no le quitaba los ojos de encima a sus tetas mientras mi mama le explicaba algo.

    -No entiendo Esther explícalo mejor- Dijo su jefe

    Mi mama sonrió pícaramente y se sentó en las piernas de su jefe mientras le volvía a explicar, su jefe le comenzó a acariciar su culito mientras se recargaba en sus pechos, poco a poco deslizó su mano hasta sus piernas metiéndolo debajo de la falda de mi mamá.

    -Ok, ya entendí, gracias- Dijo su jefe

    -Voy a servirnos algo de beber- dijo mi mamá

    Cuando se levantó de las piernas de su jefe le dijo:

    -Levántate la falda corazón.-

    Mi mamá no lo dudó ni un segundo y poco a poco se fue levantando la falda hasta que dejo descubierto su culo, usaba una tanga azul y se veía muy sexy, en ese momento tuve una erección así que me saque mi verga y me masturbaba muy lentamente al ver esa escena real.

    Mi mamá camino con su falda levantada, moviendo el culito para su jefe, se acercó a una cómoda que tengo en la esquina de mi oficina, ahí dejaron la bolsa del desayuno, pero de la bolsa mi mama saco una botella de Whisky y un refresco sabor Ginger Ale. Preparo unos tragos y Vladimir se sacó su verga ya dura sin quitarse su pantalón, por dios, ese tipo parecía un actor porno, camino con su verga fuera por mi oficina y abrazo a mi mamá por atrás restregándole su verga entre sus nalgas por arriba de su tanga.

    Ella soltó un suspiro de placer mientras su jefe le saco sus tetas, la besaba en el cuello, bajo una mano, la metió por su tanga metiéndole los dedos, se quedaron así por unos minutos, Vladimir la masturbaba y mi mama gemía de placer.

    Mamá: Si mi amor, asi, que rico, hazme tu mujer como siempre, quiero que me claves por mi culito, lo prepare solo para ti.

    Vladimir: Si, así me gusta, eres mi sumisa favorita (mientras se lamia los dedos con los que masturbó a mi mamá)

    Vladimir se volvió a sentar en mi silla con su verga fuera y saco una lap top, y comenzó a trabajar, que raro, mi mama se sentó y también trabajo, con su falda arriba y sus tetas fuera.

    Pasaron 15 minutos y él dijo.

    -Deberíamos ponernos más cómodos-

    Se comenzó a desnudar y mi mamá hizo lo mismo, quitándose su faldita lentamente, haciéndole un striptease a su jefe, se desabotono por completo su blusa y se la quitó, se sacó su brasier y se bajó su tanga lentamente poniéndole el culo cerca del rostro de su jefe ya desnudo, cuando su tanguita llego al suelo y mi mama estaba inclinada, su jefe aprovechó y le comenzó a lamer su rajita, mi mama gemía de placer mientras su jefe le chupaba su rajita perfectamente depilada, estuvo asi por unos 3 o 4 minutos y le dijo.

    -Terminemos el trabajo Esther, para jugar un rato-

    Mi mama asentó con su cabeza, solo se quedó con su liguero y sus tacones puestos, ella se sentó en las piernas de su jefe mientras terminaba de revisar algunos documentos, Vladimir escribía rápidamente en su equipo, mi mama había terminado y comenzó a jugar con la verga de su jefe mientras le besaba el cuello, pasándole su lengua y besándole sobre su barba, Vladimir escribía muy rápido, mi mama se arrodillo y le comenzó a chupar su enorme verga veía que su jefe cerraba sus ojos por momentos, él había terminado de escribir y estaba revisando mientras que con una mano le agarraba la cabeza a mi mama.

    Mi mama le chupaba su verga como si realmente lo amara, a pesar de ser muy grande, mi mama se lo metía hasta la garganta, despareciendo el miembro de su jefe a chupadas, el término de revisar y cerro su lap top, levanto a mi mama y la subió a mi escritorio, la beso apasionadamente mientras la masturbaba metiéndole los dedos en su vagina mojada, su jefe bajo a la vagina de mi mamá, y se la chupo descomunalmente, mi mama gritaba de placer.

    -Asi mi amor, no pares, ahh, ahhh. AHHH

    Tuvo un primer orgasmo, y su jefe tomó su verga y se empezó a meter, ya con su verga dentro de mi mamá, la beso nuevamente, sus lenguas rosaban en esos besos, su jefe bajo la cabeza a sus tetas y comenzó a chupar esos enormes pezones café mientras hacía se cogía a mi madre, su lengua jugaba con sus pezones, parecía desesperado se las comía, las succionaba y mi mama solo se retorcía de placer.

    Paro y se la empezó a meter con violencia, su verga entraba y salía desde su cabeza hasta su pelvis, mi mama tenía los ojos blancos. Gritaba de placer, yo por mi lado me masturbaba viendo esa gran escena.

    Su jefe se la saco y la bajo de mi escritorio y la recargo dándole la espalda a él, se la ensalivo un poco y apuntó su verga al culo de mi mamá. El empezó a metérsela lentamente, esa enorme verga estaba entrando por su culo, mi mama gemía más y más. La penetro de una manera salvaje, parecía que no era la primera vez que le daban por su culo, el le dijo a mi mamá.

    -Que estúpido es tu esposo por no cogerte, no te coge y tu estas mejor que nunca, por eso lo mando a viajes, parece que le gusta más un hotel de 5 estrellas que cogerse a su esposa, es un estúpido- Lo dijo mientras jadeaba.

    Mi mamá le contesto:

    -Eso no importa te tengo a ti, tú me coges más rico que él, esta viejo y no mantiene su erecciones, además tu vergota me hace sentir como mujer de verdad- Lo dijo mientras gemía de placer

    Ella tuvo un orgasmo masca diablo, gimió tan alto, y cuando Vladimir se la saco, le temblaba las piernas a mi mamá.

    Vladimir se sentó en mi silla y tomo a mi mama de la cintura y se la sentó en las piernas nuevamente, él la masturbaba mientras chupaba una de sus tetas, mamá se estaba recuperando, cuando se recuperó la levanto un poco y la penetro por su rajita nuevamente, había pasado 1 hora y el todavía no se venía, tenía rendimiento el tipo. Mamá se sentó en su verga y comenzó a darse unos sentones, ella se movía como una puta profesional, Vladimir la disfrutaba, le agarraba las nalgas mientras mi mama bajaba y subía, hasta que su jefe pujó viniéndose dentro de mi madre, cuanta leche le inyecto a mi madre, su jefe para no ensuciar mi silla se paró con mi madre todavía ensartada y cuando se la sacó, toda su leche que caía de la rajita de mamá la limpio con su bóxer.

    El saco un rollo de papel y gel antibacterial de un mochila y comenzó a limpiar mis cosas, mi mama se limpió y se comenzaron a vestir, el limpió mi escritorio y mi silla unas 3 veces como si fuera una escena de un crimen.

    Vi una oportunidad de oro, baje de mi guarida hasta mi recamara y salí hacia la oficina y me llegue y me recargue en el marco de la puerta de mi oficina.

    -Hola, ¿Ya terminaron de laboral?- Dije sarcásticamente.

    Mi mama y el viejo se quedaron helados, pálidos, cuando entré mi mamá se estaba subiendo su tanga y pude ver más de cerca su magnífico culo.

    Mamá: Hijo llegaste temprano, hola, no vi ningún mensaje tuyo, te presento a mi Jefe, el Sr. Vladimir.

    Vladimir: Mucho gusto

    Yo: Igualmente ¿Disfrutando el trabajo? ¿Qué le pareció mi equipo de diseño?

    Mamá: ¿De que hablas hijo, como que disfrutar del trabajo?

    Yo: Manuel tuvo un vuelo de emergencia y llegue a casa como a las 11, estaba allá arriba, ese es mi lugar de lectura, y pues vi todo.

    Mi mamá puso una cara de susto y se bajó corriendo, Vladimir se quedó en el sitio.

    Vladimir: Mira deja te explico…

    Yo: No necesito que me explique nada, oiga se ve nervioso, ¿gusta una taza de café? Yo invito.

    Vladimir: Ok de acuerdo.

    Yo: Relájese quiere?

    El me miro medio avergonzado.

    Fuimos a una cafetería cercana a casa, pedimos café y pues yo rompí el hielo con el viejo.

    Yo: Al grano ¿Qué necesita de mí?

    El sorprendido me dijo.

    Vladimir: ¿Podrías guardar lo que viste por favor?

    Yo: De acuerdo, solo porque me gustó como se cogió a mi mamá. Además mis papas me dejaron a mi suerte, siendo sincero no me interesa lo que pase entre ustedes, pero ya no lo hagan en mi santuario por favor.

    Vladimir: Muchas gracias y perdóname por no respetar tu espacio, pero te devolveré ese gesto generosamente.

    Salimos de la cafetería y nos estrechamos las manos, y me dijo:

    -Muchas gracias amigo-

    Yo solo sonreí y el subió a su auto y se fue.

    Mi mamá no me daba la cara, y no la vi por 1 semana, un par de días después de lo que paso yo estaba en casa solo y alguien llamó a la puerta, baje para atender y cuando abrí la puerta estaba una chica de unos 20 años, era muy sexy traía un vestido de esos como los que usan las sexoservidoras, con un escote muy llamativo, ella era delgada con unas tetas muy deliciosas, no grandes pero son como me gustan, un culito paradito, pequeño pero delicioso, ella me dijo.

    -Hola me llamo Alejandra, tú debes de ser Fernando mucho gusto.-

    Yo estaba extrañado y le dije:

    -Hola ¿quién eres?-

    Ella me sonrió y me pregunto si podía pasar, que venía de parte del Ing. Vladimir, accedí y le invite algo de beber, así comenzamos a conversar.

    Alejandra: Me llamo Alejandra, mucho gusto, el Ing. me envió para entregarte esto.

    Puso un folder y las llaves de un auto sobre la mesa, yo le pregunte porque y ella me dijo que yo le había comprado un coche de la empresa a el, y que además dentro del coche habían algunos regalos y una silla gamer, y terminó diciéndome que no era todo.

    Alejandra: Mira, no me lo tomes a mal ni quiero que pienses que soy una puta, trabajo para el Ing. Y él me ha ayudado bastante y el me pidió un favor, que tu y yo hagamos el amor, sabes? No me acuesto con cualquiera pero cuando me mostro tu foto me gustaste y quiero pagarle el favor al Ing. ¿Estás de acuerdo? Yo solo sonreí, me levanté y la tome de la mano para llevarla mi recamara, de camino le dije.

    Yo: No tengo condones.

    Alejandra: No te preocupes, estoy limpia y podemos hacerlo sin protección.

    Yo me prendí con lo que me dijo y cuando llegamos a mi recamara la tome por la cintura y la comencé a besar, ella me abrazo del cuello mientras yo la agarraba de su culito, y le comencé a subir su falda, no traía pantis, me excite mucho.

    Alejandra: Ven amor chúpame mi rajita.

    Yo comencé a lamer esa rajita completamente depilada, su cuevita cerradita, ella gemía, me encantaba su voz, ella estaba excitada y se sacó su vestido muy rápido quedando completamente desnuda me abrazo y me arrojo a mi cama, me besaba como si fuera su novio, me metía su lengua, yo le correspondía.

    Estuvimos así un rato hasta que me quito el pantalón desesperadamente, vio mi verga dura, la tomó gentilmente y me vio con una tierna cara y me dijo.

    -Mmmm que rico amor, tal vez me enamore de ti bebe-

    Ella se llevó mi miembro a su boca, y la chupaba apasionadamente mientras me veía a los ojos, yo estaba en el cielo, ella se levantó y montó mi cara, yo la tome de las piernas y comencé a chupar su hermoso clítoris, ella solo gemía tocándose las tetas, yo lamia su rajita de manera apasionada.

    -Si bebe asi, ahhh, mmmm, me encantas.

    Le la chupe a tal nivel que tuvo su primer orgasmo.

    -Si Fer ahhh, que rico, mi amor, eres tan sexy

    Termine y ella bajo hasta dejarme sus tetas en mi cara, comencé a chupárselas mientras ella me acariciaba la cabeza, ella me miraba tan tiernamente que mis pensamientos divagaban, ella se puso arriba de mi verga la tomo con una mano guiándola hasta su vagina y me dijo al oído.

    -Vas a convertirte en mi novio, y no es pregunta es aviso-

    Me beso tiernamente y se la metió, estaba tan estrecha que la sensación me hizo perder mi cordura, ella me comenzó a cabalgar mientras gemía con su voz tierna.

    -Asi amor, ahh, ahh, mi bebe, mi hombre, que rico-

    Pasaron 15 minutos y yo me prendí aún más, me pare y la puse en cuatro, ella colaboró y se puso en cuatro de una manera tan sexy, la penetré, le daba unas envestidas brutales y ella solo decía.

    -Más rápido amor, así, quiero toda tu leche dentro de mí, quiero que tu lechita rica escurra por mi rajita bebe, ahh, ahhh-

    No resistí mas y me descargue dentro de ella, cuando mi leche entraba por su cuevita ella tuvo un segundo orgasmo

    -AHHHH, amor, te amo, te amo, ahhh-

    Terminamos y me recosté ella con mi leche en su rajita se acostó conmigo y me abrazo.

    Alejandra: ¿Te gustó?

    Yo: Claro, eres una mujer hermosa, cualquier hombre que te tenga será afortunado.

    Alejandra: Amor, te dije que ya eres mi novio, me encantas, no me interesa lo que tengas o si tienes dinero, eres mío, estoy enamorada de ti.

    Ella tomo mi celular y me pidió que lo desbloqueara, copio mi número, se montó sobre mí y me beso tiernamente. Ella tenía que regresar a trabajar y me dijo.

    -No te preocupes bebe, ya te dije que no me acuesto con cualquiera, pero me enamore de ti desde que vi tu foto, y de lo que me platicó el ing. Eres un hombre que vale la pena y te prometo que te voy a ser fiel, pero tendremos que hacer el amor diario.-

    Me reí y le dije.

    -Tú también me gustaste mucho, debido a que a veces no tengo tiempo, no salgo con mujeres a menudo y si quiero intentarlo, vamos a conocernos-

    De su bolso saco algo de ropa y se vistió de manera formal discreta y me dijo que tenía que regresar a trabajar.

    Alejandra: Nos vemos mañana amor?

    Yo: Si, quiero unos tacos, te late?

    Alejandra: Me encantaría bebe, pero no lleves tu coche quiero caminar contigo.

    Yo: De acuerdo.

    Se despidió de mí con un tierno beso, pidió un taxi y se fue.

    Y así gracias a la infidelidad de mi mamá, conseguí equipo nuevo para mi trabajo, un Honda Accord de año reciente, y una sexy novia.

    Y a ti mi estimado lector, te deseo mucho días llenos de algos, y muchos días de mucho sexo intenso y apasionado.

    -El Escritor 69-

  • Tocar el paraíso…

    Tocar el paraíso…

    Nunca se olvida la primera vez.

    Siendo una muchacha de 18 años aún seguía buscando a quien me hiciera mujer.

    Había tenido novios; de todo, pero, solo buscaban su satisfacción propia.

    Al estar solos, empezaban a tocarme y acariciarme, sin saber si me gustaba; se regodeaban tocando todo mi cuerpo; para su excitación, para su deleite. Veía sus falos erectos, queriendo salir de la prisión de sus pantalones; en varias ocasiones, tomaba la iniciativa y liberaba esas vergas con cabezas hinchadas, listas para escupir el esperma. Comenzaba a masturbarlos y poco tardaban en venirse; a veces los hacia venirse en 2 ocasiones seguidas para dejarlos satisfechos y no me pidieran algo más. Recuerdo mis manos y mi ropa empapada de semen, ese olor que me gustaba, pero ellos no me sabían preparar.

    No soy nada fuera de lo normal, delgada, busto y cadera proporcional a mi estatura; no me vestía ni provocativa, ni escandalosa; pero, ya en la universidad, mi cuerpo me pedía conocer el placer de un hombre de verdad.

    Me masturbaba y mis orgasmos eran deliciosos; sin embargo, había algo que mi cuerpo pedía y no sabía que era. Así que me decidí a buscar un espécimen que me quitara la virginidad y me permitiera gozar.

    Entonces lo vi; un profesor de historia que yo admiraba y me atraía. Vistiendo elegante pero tradicional; de hablar pausado y modales refinados. Sabía que él podía ayudarme con mi situación; necesitaba planear algo.

    En cierta ocasión, tenía yo que presentar una investigación sobre el imperio azteca y le pedí que si me podía revisar mis notas. Le comenté que si me permitía invitarlo a comer. Aceptó de buena gana y quedó de ir por mi a mi casa un viernes para ir a un restaurante para leer el borrador y hacer correcciones.

    Llegó puntualmente, mis padres trabajaban y tenía la casa a mi disposición por algunas horas. Cuando llegó, me encontró en el comedor trabajando en la computadora. Me disculpé porqué no estaba lista; se ofreció a empezar a revisar mientras me cambiaba. Cuando regresé con él, traía una falda y una blusa; nada atrevido. Él estaba absorto en las notas me acerqué y me explicaba los puntos que debía modificar y lo que había que ahondar.

    Nuestros rostros estaban muy cerca. Tomé la iniciativa y me atreví a besarlo. Al principio, lo sentí sorprendido; sin embargo, se recuperó y contestó a mi acercamiento. Mi mente se empezó a nublar; más que besarme, sentía que le estaba haciendo el amor a mi boca; nadie me había besado así; sus labios acariciaban los míos; su lengua entró en mi boca y masajeaba la mía, enseñándome que hacer. Sus manos, no tocaban rudamente; sus dedos acariciaban mi mano casi sin hacer contacto, como si acariciara el espacio entre sus dedos y mi mano. Esa sensación electrizaba mi cuerpo; sentí todos mis nervios erizarse, quería sentir más. Sin despegarse del beso, me acariciaba el pelo y la nuca, provocándome aún más. Se separó de mis labios y comenzó a besar mi oreja y mi cuello; algo me sucedía, mi brasserie me apretaba, quería quitármelo, la ropa me estorbaba; y aún no me tocaba.

    No soporte más, comencé a quitarme la ropa; él se acercó y él mismo empezó a desnudarme; como quien abre un regalo precioso. Esa lentitud me desesperaba; quería que lo hiciera rápido, que me cogiera, él se tomaba su tiempo. Al estar yo en lencería, jugó con mis senos, los acariciaba, los disfrutaba y se preocupaba que yo gozara. Mi panty estaba inundada, nunca me había sentido tan mojada; sus labios en mis pezones me provocaron un pequeño orgasmo. Me terminó de desnudar y yo quería sentir su cuerpo en mi, lo quería dentro de mí. Tomó mis manos y sin hablar, hizo que yo lo desnudara; el quitarle la ropa, el sentir su piel en mis manos, aumentaba la excitación.

    Al verlo desnudo, sabía lo que quería; su verga erecta se me antojaba, la necesitaba en mi boca; nunca acepté dar sexo oral a nadie, en ese momento no era yo, era una mujer hambrienta de sexo. Lo chupé, lo lamí, lo saboreé; me excitaba oírlo gemir de placer. Sentía su falo, duro, caliente, palpitante. Él me detuvo, dijo que era mi turno; me acostó delicadamente sobre la mesa, junto a la computadora; mis pechos y mis pezones estaban muy duros, me dolían al tocarlos, me enloquecía ese dolor. Me quitó la panty, podía verla casi chorrear de lo excitada que estaba. Su lengua empezó un recorrido de la parte baja de mi entrada y subía, recolectando el jugo que salía a borbotones. Lamía y chupaba, agarre su cabello y lo quise guiar a mi clítoris, el dijo “aún no”; me volvía loca, que no me dejara llegar al orgasmo; jugaba con mi clítoris con la punta de su lengua, hacia vibrar sus labios para infundir más placer a todo mi sexo; cuando sentía que estaba yo a punto de llegar al orgasmo, él se retiraba; me besaba los muslos, masajeaba mis nalgas, recorría la separación de mis nalgas con su lengua; al sentirme que había pasado el punto culminante, volvía a comenzar a llevarme al límite.

    Lo hizo 3 veces, la última le rogué que me dejara llegar. Puso su dedo índice exactamente bajo mi clítoris y su lengua comenzó a masturbarme. Ya no podía más, me iba a venir. Le pedí que se quitara, que iba a terminar; no me hizo caso; traté de quitarlo, quería terminar, su lengua me estaba volviendo loca; enterré mis uñas en su pelo, arqueé mi espalda, tuve un orgasmo muy intenso. Mi cuerpo temblaba si que lo pudiera controlar, él chupaba cuanto salía de mí; me estaba vaciando.

    No sé cuánto duro, no sé si me desmaye, no sé lo que salió de mi; mi respiración era agitada, no la podía controlar. Él se levantó y su verga estaba muy erecta, muy dura; la cabeza parecía reventar de la necesidad de eyacular. La acercó a mi entrada.

    – Soy virgen…- alcancé a decir casi sin respiración.

    – Lo sé…- dijo él.

    Uso su falo para acariciar mis labios vaginales, arriba y abajo; llenando con mis jugos la cabeza de su pene; era exquisito sentir esa carne dura y caliente en esa parte de mi cuerpo; a pesar de haber tenido un orgasmo, yo seguía emanando jugo.

    Puso mis piernas en sus hombros y se acomodó en mi entrada. La invasión de ese ariete de carne comenzó; entraba sin dificultad, mis labios vaginales estaban abiertos por la excitación, sus dedos acariciaban mi clítoris y me excitaban mientras él me llenaba. Se encontró con un obstáculo; en lugar de salir continuó empujando, abriendo, haciendo que mi vagina se adecuara al invasor. Sentí un desgarro, pero el placer de esos dedos no me permitían pensar. En un momento, sentí sus grandes testículos chocar con mis nalgas; pude respirar profundo; lo vi sudando y si cara reflejaba el placer que él estaba sintiendo

    – Estas muy apretada… necesito relajarme para no acabar tan rápido…- dijo mientras el sudor cubría su frente.

    Se quedó quieto, disfrutando el ardiente abrazo de mi cueva; dejó mi clítoris y se concentró en masajear y chupar mis pechos. Fueron unos segundos y comenzó a retirarse; quise gritar, no lo quería fuera; quería sentirlo adentro; disfrutaba su grosor y su calor. Lo llevo hasta la punta y volvió a empujar, despacio, sin ser brusco, permitiéndome disfrutar cada centímetro de él. Ahora se concentró en acariciar mis muslos y mis nalgas, de esa manera que apenas tocaba mis vellos y yo sentía electricidad recorriendo el camino de sus yemas.

    El bombeo se sentía tan delicioso, el dolor era ya casi imperceptible, el placer era más grande. Se acostó sobre mi; ahora, su pene acariciaba mi clítoris y era el que me estaba llevando al paraíso.

    Alcance otro orgasmo; cuando me sintió temblar por el orgasmo; aceleró sus embestidas. Me recuperaba de mis sensaciones, cuando su falo se puso más duro, lo sentí hincharse aún más; sus ojos se pusieron en blanco; lentamente se hundió en mi hasta el fondo. Me sentí muy húmeda, una humedad ardiente, una humedad que me rebasaba. Él bombeo un par de veces más, esa humedad salió de mí y llenó mi año.

    Nunca imagine una experiencia como esa. Mis amigas se quejaban de su primera vez; para mí fue fantástica.

    Nunca volvimos a estar juntos y mis siguientes experiencias no se acercaban a esa ocasión; pero esa es otra historia.

  • Jódeme

    Jódeme

    Llevábamos tiempo viéndonos por la calle, nos habíamos mirado en más de una ocasión, yo tenía tus redondeadas piernas grabadas en mi cabeza y cada vez que salía de mi casa camino al trabajo no podía evitar tener la obsesiva idea de encontrarme contigo para poder verte de nuevo. No podía parar de pensar en todo lo que te haría.

    Un día lluvioso iba hacia el trabajo buscando los soportales para evitar que la lluvia me empapase antes de llegar a mi oficina, fue entonces cuando te vi, llevabas unas botas negras y unas medias que envolvían tus piernas hasta llegar a una minifalda de cuero también negra. La parte de arriba era una camiseta con un generoso escote y una chaqueta, también de cuero, sujetabas un paraguas y al verme te acercaste a mí.

    -Puedes ir conmigo si quieres, así no te mojarás -me dijiste con una sonrisa.

    -Lo cierto es que te lo agradezco -conteste- soy Manu.

    -Encantada –pudiste ver como mientras hablabas no podía evitar mirar tu escote y mordiste tu labio inferior mirándome.

    Enseguida me di cuenta de la situación y retire mi mirada entre avergonzado y excitado, podía oler tu fragancia y me excitaba más, adoraba aquel olor que se metía en mi haciendo que te deseara más y más. Juro que lo único que deseaba en aquel momento era tirarlo todo y que nos fusionásemos allí debajo de la lluvia. Note como te pegabas a mi, ya que el paraguas era pequeño y como el contacto conmigo te ponía algo nerviosa, te sonrojaste y me dijiste que aquí nos separábamos ya que tu tomabas otra dirección, me dejaste allí bajo la lluvia y te fuiste dándome la espalda y me quede mirándote como un idiota y sin saber tu nombre y sintiendo que no había conseguido nada nuevo sobre como acercarme a ti.

    Pase toda la tarde pensando en ti y en lo que había pasado, no paraba de llover y era difícil concentrarse en el trabajo debido a la oscuridad, el constante ruido de las gotas romperse contra la ventana y el incesante recuerdo de como te habías acercado a mi inundaban la totalidad de mi mente. Las horas no pasaban y yo en mi mente les gritaba para que corrieran, salir de allí era una nueva oportunidad de encontrarnos, de vernos y de que gracias a la lluvia me regalaras un poco mas de tiempo juntos, hasta que llegó la hora de terminar la jornada y me fui de allí sin haber sido capaz de hacer ni la mas mínima parte de mi trabajo. Pero la verdad es que los milagros a veces ocurren.

    Salí del trabajo y la lluvia no paraba de caer y me resigne a cubrirme de ella y deje que me bañara mientras caminaba por la avenida hasta que de nuevo estabas frente a mi, con tu paraguas y tu minifalda negra, con tu escote y tus botines. “Hola” fue la única palabra que dijiste me empezaste a guiar por las calles, esta vez sin invitarme a ir junto a ti bajo el paraguas.

    Finalmente llegamos a un cruce donde había un callejón y me hiciste pasar y una vez dentro cerraste y dejaste el paraguas. Me echaste al suelo frente a ti quedando yo de rodillas y completamente alucinado y sin entender nada, levantaste tu minifalda y para mayor sorpresa la minifalda y las medias eran tu única ropa, de pronto note tu mano en mi cabeza y como con un movimiento brusco me llevaste contra ti y entonces me entregue a lo que me ofrecías, besé tus piernas y tus ingles, hasta que finalmente empecé a comértelo bajo la lluvia y tu mano fue a la raíz de mi pelo y tiró con fuerza, escuche como comenzabas a gemir y pase mi lengua cada vez más rápidamente hasta que comenzaste a acompañar su movimiento con tus caderas. Levantaste una de tus piernas y pusiste tu pie sobre mi mientras te apoyabas contra la pared y me empujabas con mas fuerza contra ti hasta que terminaste de gritar y de disfrutar. Te quedaste mirándome mientras gozabas y finalmente me cogiste de las mejillas con mi boca aún abierta y dijiste:

    -Soy Lara, y ahora mismo tú me perteneces.

    Comenzaste a andar dejándome allí tirado empapado de la lluvia y tus flujos, te giraste y solo con tu mirada ya hiciste que me levantara y te siguiera. Llegamos a tu casa, seguías sin hablar y sin decir nada, ambos estábamos empapados así que en la entrada me llevaste contra la pared y empezamos a besarnos mientras me quitabas toda la ropa, me empotraste y a mi oído me susurraste una palabra: “jódeme”.

    Te cogí de las mejillas y mientras me liaba contigo puse tu cara contra la pared, subí tu falda y comencé a metértela, nuestros cuerpos empezaron a chocar y me excitaba ese sonido que hacían las colisiones, con una mano te cogía del cuello y con la otra no paraba de masturbarte, tus gemidos se metían por mi oído e invadían toda mi mente, solo quería estar dentro de ti y que disfrutaras cada empujón.

    Te separaste de mí y me llevaste a tu cuarto, allí te quitaste la ropa, me tiraste a la cama y con decisión cogiste un cinturón para atar mis manos al cabecero. Te sentaste sobre mi cara y literalmente comenzaste a follártela, mi lengua entraba y salía de ti, repasaba cada porción de cuerpo que podía, acompañando tu movimiento, tus gemidos y tu placer, deseaba coger tu culo con mis manos pero estaban atadas pero tu sabias como deseaba agarrarte. Te corriste sobre mí y comenzaste a chupármela haciendo que mi deseo de soltarme solo fuese a más y disfrutabas sabiéndolo, finalmente me soltaste y comenzaste a cabalgar sobre mi, primero despacio y con el tiempo y el acelerar de mis gemidos comenzaste a acelerar tus movimientos, me tapaste la boca y me hiciste terminar dentro de ti dejándote caer sobre mi.

    Después de un rato sin hablar rompiste el silencio:

    -Ahora vete, mi marido está a punto de llegar.

  • Mi primera vez en cabinas

    Mi primera vez en cabinas

    Y ahí me encontraba yo, en un mar de hombres sedientos de sexo, sedientos de ser masturbados hasta terminar sin importar el como, solo estaban ahí esperando por mi.

    Corría un sábado mientras yo caminaba por un mall, disfrutando de mi día que se vio turbado por un lugar extraño para mi. Salí por la puerta lateral al otro extremo del estacionamiento donde estaba, de pronto observé el lugar de reunión, un lugar que fungía como cabinas donde diario iban hombres en busca de sexo. Había mirado comentarios algo positivos de este lugar que se encontraba cerca de ahí, por lo cual decidí «solo pasar» por enfrente, discretamente engañandome a mi misma para no sentir vergüenza o remordimiento alguno entre rápidamente. Subí unas escaleras las cuales me llevaron a un segundo piso, en donde amablemente un joven de entre 25 a 30 años me atendió.

    – Buenas tardes, bienvenido (en ese momento iba vestida normalmente como hombre).

    – Hola buenas tardes – Simplemente saludé al encargado. – Aquí tienen cabinas? – Pregunté con la vergüenza a tope, pero como ya estaba ahí decidí ser segura de mi misma.

    -Claro que sí, hay cabinas, cuarto obscuro y un Glory Hole. – Me explicó amablemente, mientras por dentro sentía los nervios que no me permitieron escucharle por completo al joven.

    Recuerdo que el precio de entrada era de $50 pesos mexicanos. A la entrada una cortina separaba la luz de las sombras, las cuales guardaban la sorpresa de mi vida, una cogida que nunca olvidaré. Crucé la cortina negra, logré apreciar un poco dentro mientras entraba, sin embargo al cerrarla todo oscureció. Caminé por un pasillo queriendo encontrar luz, pero solo encontraba hombres parados simplemente esperando a ser mamados. Recorrí el lugar por varios minutos y me percaté que ahí había puros hombres…Cual sería mi sorpresa de eso que en un instante cambie de sensación. De una sensación de preocupación y miedo que me comía en un principio a una sensación de ardiente calentura. Caliente por lo poco que había mirado decidí salir inmediatamente. Salí del lugar con un miedo combinado con la calentura que tenía en ese momento, que casi corría a mi auto. Caminé pensando en lo poco que había sentido en el lugar, así que meditando un poco decidí vestirme como Adriana. En mi auto tenía mi ropa ya que un poco más tarde tenía una salida a un bar. Aproveché la obscura tarde de invierno que me vestí en mi auto, incómodamente lo logre. Me maquille, me puse un vestido negro, unas medias de red y unos tacones altos, en ese momento solía usar unas tetas de silicona, y una peluca café castaña, por supuesto sin olvidar una tenga negra que minutos después no volvería a encontrar. Me preparé sin pensarlo y rápidamente bajé de mi auto y me dirigí a ese lugar que de primera instancia había sido algo temido por mi. Subí las escaleras, el joven nuevamente me atendió amablemente diciéndome:

    – Buenas tardes, bienvenida – Esta vez había pasado desapercibida por el amable joven del mostrador.

    Pague el costo de la entrada nuevamente, ya conociendo el lugar un poco entre sin pena alguna. Rápidamente mi perfume hizo lo suyo, mientras caminaba haciendo ese ruido de mis tacones sentía como los hombres iban tras de mi como una presa fácil, la cual se dirigía a la boca del lobo. No pasó mucho tiempo cuando uno de ellos me acorralo. El silencio del lugar vaciaba el lugar, inmediatamente sentí como me orillo y con un poco de sorpresa dejé salir un gemido. Orillada comenzó a olfatear mi cuello cual si fuese un perro de cacería, sentía como sus labios rosaban mi cuello inhalando mi perfume y disfrutándolo. Empezó a tocar mi cintura acercándome a él, me tomaba con bastante desesperación que llegue a sentirme de principió con miedo y después la sensación de sentirme deseada fue creciendo. Sentía como su verga dura tocaba mi estómago, ya que el era alto, y por lo que pude sentir un hombre atlético. Beso mi cuello poco a poco hasta llegar a mis labios por lo cual giré mi cabeza para no besarlo. Continuaba tocándome cada vez con más desesperación, poco a poco dejo al descubierto mis tetas de silicona, las tocó y percatándose de ello me dijo al oído:

    -Que linda putita, acaso estas aquí para ser cogida? Pues estas en el lugar indicado-

    Acomodé mi vestido para meterla mis tetas en su lugar en ese mismo instante me volteó lentamente mientras sentía el rose de su verga muy dura debajo de ese pantalón. Solo me deje llevar, me inclinó sobre la pared y empezó a tocar mis nalgas de una manera que me hizo sentirme exitada. Continuó haciéndolo por unos minutos, de pronto subió mi vestido y dejó al descubierto mis nalgas las cuales adornadas con una tenga negra que sólo removió a un lado. Sacó su gran verga hinchada y mojada tan sólo para poner un poco de saliva y pasármela por mis nalgas. Realmente la excitación ganó a mi racionalidad, sabía que estaba a punto de cogerme por lo cual de mi bolso saque un preservativo y se lo coloque como pude. Tomé una de sus manos y escupí en esos dedos, lo llevé a mi culo para que me lo mojara. Ya mojado mi culo se colocó para entrar, realmente fue una sensación muy placentera sentir esa gran verga a la entrada de mi conforme abría mis nalgas yo misma para invitarlo a entrar. Empinada en aquel pasillo sentía como entraba esa verga, dándome un placer sin igual, metió poco a poco la cabeza lentamente y de pronto me la dejó ir toda. Un gemido salió de mi, mí culo estaba siendo penetrado por una verga de un extraño que dicho sea de paso a mi no me importó y con tiempo empecé a disfrutarla, gimiendo extasiada por el momento, llamé la atención de otros hombres, los cuales se acercaron para escuchar el momento…

    Continuará…