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  • Una fantasía hecha realidad

    Una fantasía hecha realidad

    Relato inspirado en la fantasía de una lectora. Espero que le guste.

    Paula estaba de los nervios. Cargada con su mochila en el aeropuerto de Barcelona no paraba de llamar a su novio Fran para obtener cada vez el mismo resultado: apagado o fuera de cobertura. En media hora se cerraba el embarque del avión a Mallorca y él sin dar señales de vida. Finalmente decidió facturar la maleta y pasar el control de seguridad. Quizás se había quedado sin batería y la estaba esperando en la puerta de embarque. Vaya comienzo para su regalo de cumpleaños. El fin de semana romántico en Mallorca empezaba con incertidumbres. Le había sorprendido el regalo que le hacía su novio, un fin de semana en casa de sus amigos mallorquines (alojamiento gratis, no estaba la economía para permitirse grandes lujos) pero le hacía mucha ilusión. Podrían pasear por la isla, salir de marcha con los amigos y follar tranquilamente. En Barcelona también lo hacían, follar, pero siempre era en casa de sus padres o de los de él, polvos semiclandestinos, consentidos por unos padres liberales aunque existía una regla tácita de camuflarlos como recatadas visitas para ver juntos una serie u oír música en la habitación. A sus 19 años, Paula consideraba que ya era lo suficientemente adulta como para poder follar cuando le viniera en gana y sin disimular y eso realmente es lo que más ilusión le hacía ese fin de semana.

    Ya facturada la maleta y pasado el control de seguridad, de camino a la puerta de embarque, le sonó el móvil. El novio finalmente daba señales de vida: malas noticias, le acababan de hacer un test y había dado positivo en covid, no podía viajar y tenía que aislarse. El novio le dijo que fuera igualmente a Mallorca, que sus amigos mallorquines la esperaban y cuidarían de ella. De todas formas con él no podrían verse hasta pasada una semana. Paula estaba a punto de ponerse a llorar, su finde romántico acababa de irse al traste. Ya llegaba a la puerta de embarque y se estaba planteando anular el viaje cuando se sorprendió al ver en la cola a Félix. Félix era el socio de su padre desde que Paula era una niña. Para ella era como un tío, el tío Félix le llamaba de niña, aunque desde la adolescencia decidió tutearle. El cambio se debió a que había dejado de verlo como a un segundo padre, menos severo y más divertido que el oficial. Lo encontraba tremendamente atractivo. Era de aquellos hombres que con la edad mejoraban. A sus casi 50 años se conservaba en excelente estado físico y sus canas incluso le añadían atractivo. Entre las fantasías eróticas de Paula, Félix había ocupado un lugar destacado desde que las hormonas habían empezado a transformar su cuerpo y su mente.

    – ¡Félix! ¡Qué casualidad, tú por aquí!

    – ¡Paula! Pues sí que es una sorpresa. ¿También vas a Mallorca? – respondió Félix mientras se besaban las mejillas

    – Pues sí, era el regalo de cumple de Fran, pero me acaba de llamar y no puede venir, ha dado positivo en covid. No sé qué hacer, iba a preguntar si puedo anular el viaje.

    – Vaya día, a mí me ocurre algo parecido. El lunes tengo una reunión de trabajo en Palma y había quedado con Montse que pasaríamos juntos el finde en aquel hotel de la costa norte donde estuvimos las dos familias hace un montón de años, no sé si te acuerdas…

    – Siiii! Recuerdo la piscina y lo bien que nos lo pasamos.

    – Bueno, ahora ya no es un hotel familiar, lo han arreglado y es un hotel de cinco estrellas solo para adultos, una pequeña joya… .pero al final Montse tampoco ha podido venir, ha tenido que irse a cuidar a su madre que se rompió la cadera. Oye, por qué no te vienes y pasamos el día juntos…

    – Emmm, bueno, vale. El plan con Fran era pasar el día de paseo por la isla y quedar con sus amigos por la tarde, o sea que tengo el día libre. Me encantará ver de nuevo el hotel.

    De repente el panorama del fin de semana volvía a dar un vuelco. Paula se había sobresaltado al ver a Félix, al recordar lo ocurrido el fin de semana anterior. Su madre se había empeñado en organizar una fiesta de cumpleaños familiar para Paula, en la que como era habitual en estos casos, Felix, su mujer Montse y su hija estaban invitados. La fiesta se había prolongado hasta la noche y los jóvenes se habían puesto a bailar. Paula, con unas cuantas copas de cava de más, se dio cuenta de que Félix, cómodamente sentado en un sillón, la contemplaba. Y notó que ya no la miraba como a la niña risueña y alegre que había sido en su infancia. Adivinó un cierto brillo de lujuria en la mirada del atractivo maduro. Y eso la incitó a provocarlo. Sus meneos pasaron a ser sensuales y provocativos, tal como le gustaba bailar ante su novio cuando “oían música” solos en su habitación. En esas ocasiones el baile acababa en striptease para gran alegría de su novio, exhibiendo su precioso cuerpo, delgado pero voluptuoso y aunque en la fiesta conservó su ropa, los gestos y meneos de Paula resultaron igual de sugestivos para Félix. Ahora se avergonzaba al recordar el descaro con el que le había provocado, aunque nadie más en la fiesta se percatara. Y sin embargo, desde ese día había vuelto a sus fantasías de la adolescencia, en las que se imaginaba follando con él. Intentó alejar de su cabeza esas imágenes indecentes que no encajaban en absoluto con la imagen que todos tenían de ella, una encantadora chica, buena estudiante, algo ingenua y que no había roto nunca un plato. Félix por su parte, estuvo encantado de que Paula aceptara pasar el día con él. Siempre sería más entretenido pasarlo con ella que solo y aburrido en el paraíso. También recordó el baile de Paula el día de su cumpleaños. Tenía sobrada experiencia para darse cuenta de cuando una mujer está en celo y se le insinúa. El conflicto moral era evidente. Cómo iba a tener una relación con la hija de su socio, treinta años más joven que él. Y sin embargo, se decía a sí mismo, ella ya es mayor de edad y libre de hacer lo que le venga en gana.

    Ya en el aeropuerto de Palma, Félix recogió el coche que había alquilado y los dos fueron al hotelito de la costa norte. Después de enfilar en la sinuosa carretera que discurre por las montañas de la sierra de Tramuntana, llegaron al hotelito perdido entre los acantilados. Los recibieron con una copa de champagne en la terraza del hotel junto a la piscina, con vistas a la costa. Las vistas eran preciosas, un sin fin de calas y acantilados al borde del mar, sin apenas edificaciones, nada que ver con la idea preconcebida de la Mallorca turística saturada de hoteles. A pesar de que estaban a mediados de febrero, el sol lucía radiante y apenas soplaba una ligera brisa. El mar estaba sorprendentemente calmado y transparente. Brindaron de nuevo por el cumple de Paula y por el fin de semana. Ella estaba encantada con aquella situación, era como hacer real una de sus fantasías. Se sentía como la joven amante del apuesto maduro que la acompañaba. De hecho, el personal del hotel los trataba como a una pareja. No parecían extrañados por la diferencia de edad, ya que era habitual en el hotel este tipo de parejas. Hablando de sus ilusiones y sus proyectos se hizo la hora de comida, que Félix pidió que les sirvieran en la misma terraza. Le encantaba cómo la miraba Félix. Se sentía desnudada por su mirada intensa, se notaba deseada y eso hacía que su excitación fuera en aumento. Hacía rato que su vientre vibraba de deseo y que notaba mojada su vagina. La atracción que Paula ejercía sobre Félix era del mismo calibre. No podía dejar de admirar la belleza de aquella criatura, frágil y sensual, sus labios carnosos, su larga melena, sus perfectos pechos, todo le atraía en ella y su único deseo en aquel momento era poseerla. Acabada la comida, la atracción mutua era clamorosa, pero ninguno de los dos se atrevía a manifestarla. Fue Paula quien finalmente se decidió a hacer una inocente propuesta:

    – Ufff, estoy agotada, hoy me he levantado muy temprano para coger el avión. Y después del champagne y el vino de la comida, me echaría un rato a tomar la siesta. – dijo Paula con la más inocente de las sonrisas.

    – Vamos a mi habitación si quieres y descansas ahí. – respondió Félix tratando de disimular sus emociones

    – Bueno, vale. – dijo cándidamente Paula

    La habitación tenía un balcón con vistas al mar. Por la ventana entraba la hermosa luz de la tarde que iluminó a Paula cuando se tumbó sobre la cama y se hizo la dormida. Félix se tumbó castamente junto a ella para contemplarla. Entonces ella abrió los ojos y se encontró con la mirada de su admirador. Como atraídos por un imán invisible, sus bocas se juntaron y se unieron en un dulce beso que fue ganando en intensidad y pasión. A partir de ese momento, fue Félix quien tomó el mando de la situación. Como amante veterano y experto sabía cómo dirigir con delicadeza pero también con determinación la danza de los cuerpos que buscan darse y recibir placer. Paula se abandonó a las expertas caricias del hombre. Dejó que la desnudara, que sus labios recorrieran el trecho entre su boca y sus pechos. Que acariciara sus tetas endurecidas de deseo y que sorbiera de sus pezones tiesos. Se estremeció de placer cuando notó como esos mismos labios besaban su ombligo y la lengua lamía su vientre hasta alcanzar su pubis depilado. Arqueó la espalda gimiendo de placer cuando Félix separó sus labios vaginales con la punta de la lengua desde el perineo hasta su clítoris ya abombado. Aunque su novio ya le había comido el coño alguna vez, no tenía nada que ver con el placer que le estaba dando ahora Félix. No había ninguna sombra de duda o repugnancia al lamer y sorber de los jugos que el sexo de Paula destilaba en abundancia. Cuando a los estímulos que le prodigaban los labios y la lengua de Félix, éste añadió dos dedos que penetraron el ardiente y encharcado coñito de Paula, ella ya no pudo contenerse más y se corrió.

    Félix se deslizó sobre el cuerpo aún vibrante de placer de Paula para besarla y compartir con ella el sabor de su orgasmo. Ella correspondió con pasión al beso, mientras notaba como la verga de Félix se deslizaba lenta y suavemente entre sus labios vaginales y llenaba su vagina aun palpitante de placer. Notó que aquella polla era mucho más gruesa que las que había tenido antes dentro de ella, pero la profusa lubricación de su coño tras el orgasmo ayudó a que la penetración fuera increíblemente placentera. Separó más las piernas para permitir que la polla la penetrara hasta lo más hondo. Al principio, Félix la follaba con suavidad pero con firmeza, haciendo que se estremeciera de placer cada vez que su verga se hundía dentro de ella, manteniéndola dentro por unos instantes en los que Paula perdía la respiración. Luego se retiraba lentamente para volver a penetrarla con ímpetu creciente. La follaba con una cadencia maravillosa, muy diferente al ritmo atropellado con el que lo hacían chicos con los que había estado hasta ahora y que generalmente se corrían mucho antes de que ella pudiera alcanzar el clímax. Si con ellos el acto sexual era un ejercicio compartido en busca del placer mutuo, con Félix se sentía muy diferente. Ella se entregaba a él, se sentía poseída y ese sentimiento hacía que todos los resortes de placer de su cuerpo quedaran a disposición de su amante para que los activara a su voluntad. Y él supo cuándo y cómo tocar, lamer y pellizcar para que ella se retorciera de placer. Sin prisa, sin pausa, estuvieron follando lo que a ella le pareció una maravillosa eternidad comparada con la brevedad de los polvos juveniles, hasta que ambos explotaron de placer al unísono.

    Los dos se quedaron tendidos sobre la cama largo rato, desnudos y bañados por el suave sol invernal que entraba por la ventana del balcón. Félix contemplaba maravillado el grácil cuerpo de Paula, acariciaba sus preciosas curvas. Cuando el sol empezó a ocultarse en el horizonte del mar, tuvieron que volver a la realidad. Paula había quedado con los amigos mallorquines de su novio y resultaría sospechoso para todos que no acudiera. Félix la acompañó a la casa de la encantadora pareja que vivía en una casa de campo en un pueblo en el interior de la isla. Paula acabó el día en compañía de los amigos, de vuelta a su realidad cotidiana, jóvenes veinteañeros ilusionados y a la vez temerosos por un futuro incierto, pero sobre todo, con ganas de vivir y experimentar. Cenaron juntos en la casa y luego fueron de marcha a la zona de bares y discotecas de la capital. Y aunque la compañía de sus amigos era entretenida, Paula no podía dejar de rememorar la “siesta” que había compartido con el maduro socio de su padre. Decidió que quería volver a estar con él, aunque sólo fuera un día más. Un whatsapp a Félix bastó para acordar con él que por la mañana pasaría a recogerla. Poniendo su cara de niña buena les dijo a sus amigos que le sabía mal dejar a su tío Félix sólo el domingo y que habían quedado al día siguiente para hacer una excursión por la costa norte.

    Aunque se fueron a dormir ya avanzada la madrugada, Paula ya estaba despierta y preparada cuando Félix pasó a recogerla a primera hora de la mañana. En el coche se besaron como si fueran amantes. De vuelta al hotel, Paula se hubiera lanzado a los brazos de su adorado maduro para que la follara de nuevo, pero él prefirió ir despacio y propuso pasear hasta una calita cercana al hotel. Ella recordaba haber estado ahí con su familia y la de Félix. Se trataba de una pequeña playa nudista, poco frecuentada. Recordaba perfectamente la vergüenza que pasó al contemplar a los adultos totalmente desnudos. Ella, una preadolescente en cuyo cuerpo apenas se perfilaban unos incipientes pechos y en su pubis una suave pelusilla, se negó a desnudarse. Fue aquel día que por primera vez sintió una extraña atracción al contemplar el cuerpo desnudo de Félix.

    Aquel día de febrero la playita estaba totalmente desierta. El sol volvía a lucir con una intensidad más propia de un día de primavera. El agua totalmente calmada de la pequeña cala era casi transparente. Paula no pudo resistirse a la atracción del mar, se desnudó y se lanzó a las gélidas aguas. Félix, de pie apoyado en una roca, contemplaba admirado la radiante juventud de la chica, que agitaba sus brazos sumergida en el agua invitándole a unirse a ella. Le pareció una diosa cuando salió del agua, su piel mojada brillaba bajo los intensos rayos del sol, su larga cabellera empapada ocultaba parcialmente sus pechos redondos y firmes, los pezones tiesos por el frío abriéndose paso entre dos mechones. Ella se acercó a él consciente de su mirada lujuriosa. Le encantaba causar esa reacción en el atractivo maduro que la contemplaba. Y quería demostrarle que al igual que él le había dado placer oral el día anterior, ella también sabía cómo hacerlo. Aun mojada, la piel de sus pechos erizada por el frío, se abrazó a él y se besaron. Luego se arrodilló y le desabrochó el pantalón para sacar su pene que ya empezaba a crecer. Le miró a los ojos mientras pajeaba suavemente la polla que acabó de endurecerse del todo cuando la rodeó con sus labios. No era la primera vez que Paula mamaba una polla, ya lo había acabado haciendo ante la insistencia de sus novietes, pero esta vez era diferente. Lo hacía porque lo deseaba. Deseaba sentir aquella preciosa y gruesa verga palpitar dentro de su boca, notar como se endurecía con sus chupadas. Ni que decir tiene que consiguió su objetivo. Felix gruñía de placer y acariciaba la cabellera de Paula mientras ella deslizaba sus labios apretados sobre el falo erecto. Cuando él notó que iba a correrse, la apartó suavemente e hizo que se incorporara, se colocó detrás de ella e hizo que se inclinara, apoyada con las manos contra la roca. Felix sujetó su polla endurecida y frotó los labios vaginales con el glande. Comprobó que estaban empapados y no sólo de agua salada. Una vez encajado el glande en la entrada del ardiente coñito, la sujetó de las caderas y la penetró dando un golpe de caderas. Esta vez no la trató con la delicadeza con la que lo había hecho el día anterior. Sus embestidas eran enérgicas y posesivas y los gemidos de placer de Paula confirmaban su total entrega . Nunca la habían follado de una forma tan brutal, sentía que sus piernas flaqueaban de tanto placer que recibía. Cuando ya no pudo contener las oleadas de placer, empezó a correrse descontroladamente. Las embestidas de Félix prolongaron su orgasmo o quizás hizo que varios orgasmos se encadenaran uno tras otro hasta que ambos fundieron su placer y sus flujos que llenaron la palpitante vagina de Paula.

    Paula y Félix pasaron el resto del día en el hotel. Por la tarde volvieron a follar apasionadamente en la habitación. Ambos sabían que aquello era una locura que nunca debía haber sucedido, pero era una locura deliciosa. Por la noche Félix la acompañó al aeropuerto para tomar el avión de vuelta a Barcelona. De vuelta con su familia, su novio y sus amigos, a las clases de la universidad. Nadie sospecharía de lo que ese fin de semana había sucedido. Todos dieron por hecho que la angelical Paula se había conformado con acompañar a su “tío” Felix en tediosas excursiones por la sierra de Tramuntana.

  • Elisa fue la culpable

    Elisa fue la culpable

    Siempre había sido un bar de mediana afluencia, por eso lo sugerí, pero aquel día rompió la norma, tanto que nos tuvimos que colocar en la barra, de pie. Bebíamos nuestros cócteles hablando tranquilamente, aunque subiendo un poco la voz por el volumen de la música.

    – Aquella chica no deja de mirarte – me advirtió Elisa.

    – ¿Cual? – Quise saber.

    – La del traje blanco.

    – Creo que tiene la mirada un poco perdida, no mira nada, está como ensimismada.

    – La he visto.

    Disimuladamente la observé, pero seguía pensando que se equivocaba. Su mirada estaba como ausente, centrada en algún punto que me temo, era invisible. Entonces levantó los ojos y coincidimos. Desvió la mirada rápidamente. Yo hice lo mismo, pero vigilándola de soslayo. La vi regresar al punto de partida y entonces lo entendí.

    – Te mira a ti – le dije.

    – No seas absurdo.

    – No lo soy, te está mirando el culo.

    – Retiro lo de absurdo, ridículo es más apropiado.

    – ¿Me vas a decir que tu culo no llama la atención a estas alturas?

    – No, pero es ridículo que esté tan centrada.

    – No lo es, a mí me pasó igual cuando te vi por primera vez.

    – Ah! ¿Y ahora no?

    – ¿De verdad necesitas que te diga lo que me gusta después de todo lo que hemos vivido?

    – No, eres culista, de los buenos.

    – Pues ella es como yo.

    – No me van las mujeres, bien lo sabes.

    – Pero a ella sí, salta a la vista.

    – Bueno, ya te he contado mi experiencia.

    – Sí, pero sé que te gusta que te lo coman, te da morbo, aunque te niegues a besarlas y a mostrarles afecto sexual.

    – Eso tiene lógica, nosotras sabemos mejor lo que tenemos y como trabajarlo.

    – Seguro, pero, ¿en qué situación me deja ese comentario?

    – Tú lo haces muy bien, si no, ¿no te dejaría, no crees?

    – Gracias, pero hoy tengo competencia – ella me miró interrogándome con los ojos -. Tengo que ir al baño.

    – No tardes,

    Fui al baño y me puse en la cola. Avanzaba lentamente. No sé cuanto tiempo pasó, debieron ser varios minutos, porque cuando salí la chica que le miraba el culo a Elisa estaba hablando con ella. Me acerqué y saludé. Elisa nos presentó y pregunté sobre qué hablaban. Las dos me miraron con miradas muy distintas, Elisa estaba llena de incertidumbre, y Leo me miró expectante, como si esperara que yo dijera algo, pero Elisa se adelantó.

    – Ha venido a hacerme una propuesta, y no se ha cortado cuando le he dicho que no eras mi pareja. Tenías razón, quiere algo de mí – no dije nada, solo mantuve la mirada -. Pero me temo que tengo condiciones.

    Al decir esto la miró a ella, que levantó las cejas a modo de interrogación.

    – Tú dirás – inquirió.

    – Tú pagarás la habitación, y no esperes nada de mí, ni besos, ni caricias, nada. Puedes disfrutar todo mi cuerpo pero yo no haré nada para darte placer – me señaló -. Él estará presente todo el rato, y cuando acabes la habitación será mía, porque he salido con él para que me folle. Podrás mirar, tocarte, lo que quieras, pero repito, no esperes nada de mí.

    Leo asintió con cara de sorpresa.

    – Es una petición extraña, pero acepto – dijo al fin.

    – Cuando él me esté follando, quizá deje que me toques o me comas las tetas, no sé, pero mantendré lo acordado.

    – ¿Y a él? – Quiso saber.

    – Él sabrá – volvió a mirarme.

    Leo me miró fijamente.

    – Bueno, yo lo que quiero es que ella disfrute – aclaré.

    – Disfrutaré follándote, pero si quieres tocarla, o besarla en algún momento – hizo una pausa -. Es tu elección.

    Ambas volvieron a clavar la mirada en mí.

    – Por mí perfecto – dije mirando a Elisa -, pero no quiero, en ningún momento que te sientas mal, he salido contigo y contigo quiero seguir.

    – No te preocupes, entiendo la situación y la lujuria.

    Una vez que todo estuvo aclarado seguimos hablando, apurando nuestras bebidas. La charla fue amena, Leo parecía buena gente, eso nos tranquilizaba tanto a Elisa como a mí. Tenía buena conversación y era elegante también en sus formas, lo que hizo que nos sintiéramos cómodos y se rebajara un poco la tensión inicial.

    Salimos del local juntos y fuimos a un hotel elegido por Elisa, que no dudó en seleccionar un hotel elegante, de los mejores de la ciudad. Leo hizo toda la gestión y subimos a la habitación.

    Al entrar nos sentimos acogidos, era bonito y agradable, con distintos espacios, baño con jacuzzi y todo tipo de cuidados detalles. Sin duda Leo había sido generosa, nos sorprendió con su buen gusto. Me acerqué a la zona de estar y me senté en el sillón, que estaba orientado hacia la cama.

    – Supongo que por ahora este es mi sitio – dije a ambas.

    Elisa miró a Leo.

    – Tú dirás.

    Leo señaló el sofá.

    – Puedes dejar ahí tus cosas.

    Elisa obedeció y dejó el bolso, el abrigo y todo lo superfluo, quedando solo con su vestido ceñido que resaltaba su hermoso culo, sin duda el culpable de que estuviéramos allí. Se volvió hacia Leo.

    – Algo más? – quiso saber.

    – Del resto me encargo yo, acércate – ordenó señalando frente a sí.

    Elisa cumplió y se colocó frente a ella. Leo la observó detenidamente de arriba a abajo, girando a su alrededor. Pasó las manos por su culo suavemente y bajó la cremallera trasera del vestido, que aflojó la presión que ejercía sobre la parte superior del cuerpo de Elisa. Introdujo una mano por su espalda baja y, poco a poco, fue subiendo. Lo hacía de manera sutil, con experiencia. Después besó su espalda.

    Desde mi posición no podía ver la cara de Elisa, así que tuve que hacer un esfuerzo para imaginarla. La imaginé nerviosa, pero sensible a las caricias y besos, eso le gustaba demasiado, tanto como sentirse utilizada por otra mujer, en contra de sus creencias, y muy a su pesar. Leo bajó la parte superior del vestido dejándolo en su estrecha y bonita cintura. No llevaba sujetador, yo se lo había pedido, porque me gustaba excitarla y ver como sus pezones empujaban la tela. Leo la siguió acariciando y se colocó frente a ella, tocando su abdomen y subiendo a sus pechos. Decidí levantarme y deambular alrededor para no perder detalle. Vi como Leo empezaba a besar y lamer las deliciosas tetas de Elisa y aprecié su cara al recibir sus salivadas caricias con los ojos cerrados, amplificando el placer. Elisa abrió los ojos un momento y me vio frente a ella. Resopló dulcemente indicándome el placer y la fiebre que estaba empezando a sentir. Me sonrió. Leo comenzó a lamer sus pezones y la cara de Elisa se contrajo de placer. Cuando se sentía caliente su rostro resplandecía amplificando su belleza, estaba mucho más bonita así. Me acerqué un poco más, quedando a menos de un metro de ambas y escuché su densa respiración sintiendo un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. Leo se separó y besó sus mejillas, lamió el lóbulo de su oreja y bajó besando su cuello. Elisa volvió a resoplar densa y sonoramente. Entonces Leo se separó y, bajando sus manos por los costados de Elisa hasta retirarlas, se miraron. Leo le sonrió, pero Elisa permaneció seria, sin dar respuesta. Leo giró sobre ella y se arrodilló, quedando frente al culo de Elisa. No quise perderme detalle. Ella agarró el vestido por su cintura y lo bajó despacio, dejando que el culo de Elisa fuese apareciendo lentamente, saboreando la imagen de aquella voluptuosa y redonda maravilla que, poco a poco, iba desnudándose para su deleite y también el mío. Cuando bajó el vestido lo sacó definitivamente, dejándola solo con su diminuto tanga. Una explosión de placer visual invadió la habitación. Era hermosa, como solo la tentación sabe serlo. Entonces puso una mano en cada nalga y apretó. Acercó la boca y lo llenó de besos. Yo sentí unas ganas tremendas de hacer lo mismo, pero no me quedó más que resignarme conteniendo mis ganas. Elisa apreció mi calentura y pasó su mano por mi paquete, sintiendo la rigidez de mi polla. Leo metió una mano bajo la de Elisa y suavemente me desplazó unos centímetros.

    – Aún no – me avisó dulcemente.

    Di un paso atrás, era lo acordado. Leo metió la mano entre los muslos de Elisa, a la altura de la rodilla, y fue subiendo por su parte interna hasta llegar a su tanga y acariciarla sobre la tela. No tardó en quitarlo para volver a poner la mano y sentir su humedad directamente sobre su mano.

    – Está empapada, deliciosa.

    Separó las nalgas y metió la cara entre ellas. Elisa sintió una sacudida de placer y me miró con la cara encendida. Me hizo un gesto, quería ver como estaba yo. Bajé la cremallera del pantalón y me la saqué para que ella misma respondiera su duda. Se mordió el labio inferior con la mirada clavada en mi polla.

    – Separa las piernas – ordenó Leo.

    Lo hizo y Leo se coló entre ellas y empezó a lamerle el coño. Un suspiro llenó la habitación. No pude evitar llevarme la mano a la polla y sobarla un poco. Leo retiró la boca e introdujo dos dedos hasta el fondo. Elisa gemía encantada. Los dedos jugaban en su interior. Me agaché frente a su coño viendo la mano de Leo jugar con el coño que deseaba más que nada en el mundo. Pronto sacó los dedos y la tumbó en la cama. La miró y, desnudándose, le pidió que separara las piernas sin retirar la mirada. Quedó desnuda. Tenía un cuerpo bonito, abundante en curvas, generoso. Empezó besando las piernas, subiendo hasta su cuello. Después subió a la cama, colocó su coño sobre la cara de Elisa y empezó a frotarse lentamente para ir acelerando el ritmo a la vez que gemía como loca agarrada a las tetas de Elisa. Sus caderas parecían de goma, mostrando una flexibilidad potente, llenando la cara de Elisa de su jugo a un ritmo vertiginoso. Permaneció así hasta correrse en breves segundos. Después se incorporó y le pidió que se colocara para hacerle la tijera. Se encajaron a la perfección y Leo volvió a dar nota de su habilidad para agitar las caderas.

    – Ven, bésame – inquirió Elisa.

    – No, ahora mando yo, me lo he ganado – intervino Leo entre gemidos.

    Tenía razón, así que no lo hice y Elisa cerró los ojos entregada al placer, deseando que la besaran. Leo se corrió otra vez, ésta con desmesura, gimiendo alto, casi gritando. Su cuerpo se revolvió entre espasmos, completamente fuera de si.

    Bajó el ritmo poco a poco, quedando en suaves caricias de aquellos coños empapados. Se detuvo.

    – No te has corrido – le dijo a Elisa -, eso me ofende, pero no va a quedar así.

    Se puso a su lado y empezó a masturbarla con maestría. Me miró.

    – Acércate.

    Me acerqué inmediatamente.

    – Ahora mastúrbame tú a mí mientras corro a ésta perrita.

    Levantó en culo para facilitarme el acceso. Enseguida pasé los dedos entre sus labios y agité su clítoris. Ella gimió y yo los colé en su interior. Empezó a masturbar a Elisa más rápido, viendo como se retorcía de placer gimiendo. Yo copié su ritmo y la habitación era un espectáculo de gemidos salvajes.

    – Me voy a correr – aclaró Elisa.

    – Y yo – dijo Leo.

    Yo seguía su ritmo y en unos segundos el cuerpo de Elisa se convulsionó, corriéndose. Leo la acompañó corriéndose en mi mano poco después. Se dejó caer sobre Elisa, satisfechas ambas. Yo me incorporé aún con la polla fuera y dura.

    – ¿Puedo seguir yo ahora? – Quiso saber Elisa.

    Leo se apartó.

    – Adelante – respondió.

    Elisa vino hacia mí y se arrodilló frente a mi polla. Se la metió en la boca y empezó a chupármela con auténtica devoción. Yo estaba muy excitado por lo acontecido.

    – Si no bajas el ritmo me correré en breve – le aclaré.

    – Sí, lléname la boca, lo estoy deseando – me dijo mientras me pajeaba y volvía a metérsela en la boca.

    No tardé mucho en explotar, tensando mi cuerpo por el espasmo de placer ante la atenta mirada de Leo.

    Acabé y me limpió con su lengua, dejándomela impoluta. La agarré y fui a la cama a tumbarme, poniéndola a ella a mi lado. Nos besamos. En ese momento Leo se abrazó al cuerpo de Elisa por la espalda y besó su mejilla.

    – Si me dejas – comenzó a decir -, te disfrutaré y te haré disfrutar un millón de veces más, hasta que me supliques ser mi novia.

    Elisa me miró interrogándome y yo me encogí de hombros, haciéndole saber que era su decisión.

    – Acepto con una condición – dijo Elisa.

    – ¿Cual?

    – Sucederá solo cuando yo quiera.

    – Hecho.

    Elisa se abrazó a mi fuerte.

    – Quiero que me folles tú – me susurró al oído.

    – ¿Y yo? – Interrumpió Leo.

    – Ya hemos hablado eso, puedes quedarte, mirar, tocarte y solo si él quiere, podrás participar, hoy con su actitud se lo ha ganado. Pero repito, de mí no esperes nada.

    Leo me miró.

    – ¿Querrás algo de mí? – Me preguntó.

    – Posiblemente, lo vemos sobre la marcha.

    – Entonces me quedo. Además, aunque no participe, será un placer ver como folláis, sobre todo Elisa. Solo pensarlo me excita.

    Elisa me cogió la cara y me besó en la mejilla dulcemente.

    – ¿Tienes ganas? – Me preguntó.

    – Sí, pero no prisa. Ahora me apetece aprovechar el jacuzzi, poner el modo hidromasaje y relajarnos.

    – Qué buena idea, un baño de burbujas. Nos relajamos y vamos subiendo el ambiente. No tardarás mucho en calentarte, te conozco bien, amor.

    Y me volvió a besar.

    – ¿Y yo, me puedo unir al baño? – Preguntó Leo.

    – Primero quiero ver el jacuzzi – respondió Elisa.

    Al decir eso se levantó de la cama y entró al baño moviendo el culo. Oímos el agua correr, llenando el jacuzzi. Poco después apareció bajo el dintel y, apoyándose en el marco de la puerta, nos miró.

    Leo y yo la contemplamos desnuda, era deliciosa. Ella debió adivinar nuestros pensamientos y esbozó una sonrisa deslumbrante.

  • No puede haber dos machos alfa, pero si dos hembras

    No puede haber dos machos alfa, pero si dos hembras

    Relato anterior, «Soy la putita de mis dos pervertidos amigos», dejo el enlace al final del relato.

    En el relato anterior les conté mi rutina como putita de mis dos roomies, Pablo y Luis, una rutina que se repitió aproximadamente cuatro o cinco meses, donde me dieron con todo y me hacían gozar al máximo, dejándome exhausto pero feliz, mi colita estaba siempre sensible, palpitante y un poco abierta, con un ligero hormigueo que me hacía recordar sus cogidas, ya me había acostumbrado a las cogidas de ambos machos.

    Sin embargo, todo estaba a punto de cambiar, una noche en que ambos llegaron a mi cuarto para cogerme, ya me había cogido Pablo y era el turno de Luis y me estaba cogiendo en la posición de misionero boca arriba, como una nenita con la piernas bien abiertas, Pablo tan cachondo como era y siempre buscando nuevas experiencias, empezó a besar las nalgas de Luis.

    Luis se puso tenso, dejó de embestirme y protestó:

    – ¿Qué haces Pablo?, me desconcentras.

    – Vamos, relájate, he visto que Ariel te besa y muerde las nalgas y se me antojó hacerlo, no pasa nada.

    Era verdad, Luis tenía un culito pequeño pero redondito y me gustaba mucho, así que se lo besaba, lo lamía y en ocasiones le daba pequeñas mordidas en las nalgas, Luis se dejaba hacer y era notorio que le gustaba que lo hiciera.

    – Si, pero no es lo mismo, Ariel es la putita y siento que es una hembra quien me las besa, contigo es extraño.

    – Anda, imagínate que es Ariel quien te las besa, no notarás diferencia, solamente quiero experimentar que se siente, nada más, relájate, no pasa nada.

    – Después te aguantas cabrón, no vayas a decir nada si me desquito, no me gusta, siento raro.

    Pablo insistente como era, no dejó de besar las nalgas de Luis, hasta que Luis se rindió y regresó a embestirme, ignorando los tocamientos de Pablo, quien al ver que no se resistía acarició libremente sus nalgas, Luis tenía la verga durísima y me embestía duro, por lo que imaginé que estaba disfrutando las caricias de Pablo, quien era un experto en esos menesteres.

    De pronto otra vez Luis se tensó y dejó de embestirme, protestando:

    – Que haces hijo de Puta, no te pases, respétame.

    – Vamos, es sólo un dedito, no pasa nada, te estoy poniendo lubricante para tocar tu punto G, en los hombres es la próstata y se logra alcanzar por el culo, vas a acabar como nunca.

    – Cabrón, me desconcentras, no me gusta y me arde un poco, no te vayas a quejar si te hago lo mismo, cabrón.

    Y se dejó hacer, se le había bajado un poco la verga, pero nuevamente se le puso durísima, señal de que estaba disfrutando, Pablo siguió trabajando el culo de Luis con el lubricante, al cabo de un rato, lo oí jadear con la boca abierta, supuse que ya le había metido dos dedos, y así fue, porqué se quejó.

    – Cabrón ya me metiste dos dedos, ¿qué te pasa?, sácalos, me arde, me lastimas, no soy puto.

    – Es para poder frotarte la próstata aguanta, vas a correrte como nunca.

    No le sacó los dedos, Luis aunque se quejaba inexplicablemente no ponía resistencia, seguramente no lo estaba pasando tan mal, se relajó y empezó a cogerme con todo, más duro, más salvaje, me la metía profundo y con una cara de gozo muy especial, se notaba a leguas que estaba disfrutando del masaje prostático que le estaba dando Pablo, de pronto veo que Pablo se levanta, en su boca se dibuja una sonrisa lujuriosa y perversa, me hace un guiño con un ojo, y enseguida toma a Luis de las caderas y Luis pega un grito desgarrador, le había ensartado la verga.

    Luis se intentó zafar pero físicamente era muy inferior a Pablo, por más que pataleaba y gritaba, éste lo tenía bien sujeto de la cintura y empujaba su espalda contra mi cuerpo, no le permitía escapar, lo inmovilizaba sin demasiado esfuerzo.

    Me espanté y me puse muy nervioso, mi corazón empezó a palpitar con fuerza, parecía que se me iba a salir del pecho, no pensé jamás que Pablo fuera capaz de violar a Luis y de qué forma, Luis gritaba y forcejeaba con todas sus fuerzas tratando de librarse, era algo aterrador, estaba presenciando una violación auténtica, la verga de Luis se había salido de mi culo en el forcejeo y se había reducido a su mínima expresión.

    – Aghh, ay, hijo de puta, sácamela, eres un desgraciado, maldito, me lastimas, ayyy, me estás rompiendo el culo, me partes, no soy puto infeliz.

    Pablo ignoraba los reclamos y gritos desgarradores de Luis, al contrario, parecía que lo disfrutaba, estaba saliendo el lado más sádico de Pablo, se notaba que estaba disfrutando violar a nuestro amigo, tenía una sonrisa perversa y lo seguía empujando contra mi cuerpo, sentía el cuerpo tenso de Luis contra el mío.

    – Relájate y gozarás, se me antojó tu culo y desde hace semanas tenía la fantasía que sería mío, creo que si a Ariel le gusta mi verga, a ti también te encantará, afloja, porque allá te va entera.

    Lo volvió a embestir duro y Luis dio otro grito espeluznante, le había enterrado la verga hasta los huevos, las muecas de dolor eran impresionantes, un sudor frio recorrió su frente y gruesas lágrimas salieron de sus ojos, se notaba su sufrimiento, me rompió el corazón, era desgarrador ver a un macho llorar, no podía creer el nivel de sadismo de Pablo, estaba descargando todos sus bajos instintos en Luis y era inmune a todo el sufrimiento que causaba en nuestro amigo, por un momento odié a Pablo, era inaudito lo que estaba haciendo, Luis lloraba y respiraba en forma agitada, como si le faltara aire, sentí mucha compasión por él, estaba sufriendo mucho, me uní a las súplicas de Luis, le rogué a Pablo que lo soltara, que no lo lastimara, pero era inútil, así que traté de confortar a Luis, lo abracé contra mí cuerpo y con mi mano limpié su sudor y las gruesas lágrimas que recorrían sus mejillas, lo tomé de la cabeza y acaricié su pelo como si tratara de consolar un bebé, sentía su cuerpo muy tenso y eso no ayudaba:

    – Tranquilo Luis, si tratas de relajarte disminuirá el dolor, afloja el cuerpo, es lo mejor, el dolor será más soportable, terminará más pronto, es mejor no resistirse, si tensas el cuerpo te va a lastimar más, no lo hagas, aguanta y ten paciencia, pronto acabará y terminará el sufrimiento.

    Me hizo caso y trató de relajarse, aflojó su cuerpo entregándose resignado a esperar que pasara el mal momento, se dio cuenta que no podía hacer otra cosa, era imposible liberarse, sentía los embates de Pablo a través del cuerpo de Luis, ya que en cada embestida daba un respingo hacia adelante y un grito salía de su boca junto a una bocanada de aire, poco a poco los gritos bajaron de intensidad y dejó de maldecir a Pablo, los embistes de Pablo arreciaron y Luis empezó a gemir y jadear, pero esos gemidos y jadeos ya no eran de dolor, al contrario empezó a disfrutar la cogida de Pablo, las muecas en su cara eran de placer, exhalaba aire en cada embestida y abrió más las piernas, entregándose completamente, su espalda se arqueó parando el culito, permitiendo que las estocadas fueran más profundas.

    Pablo al ver la nueva actitud de Luis, todavía se atrevió a decirle:

    – Sabía que te iba a gustar, tu culito ya es mío, ya eres mi hembrita, me encantó desvirgarlo, soy tu primer macho y recordarás esta cogida toda tu vida, que culito tan apretadito, que rico es desvirgar un culito, ufff, como aprieta mi verga, te lo estoy abriendo y estrenando.

    Cabrón, pensé, aparte de sádico, todavía lo provocaba, lo mínimo que le va a pasar es que Luis lo va a correr a la chingada, recordando que gracias a Luis vivíamos allí.

    Luis siguió gimiendo y empezó a acompañar los movimientos de Pablo, nuevamente se le paró la verga y apuntó a mi culo, me dio una estocada profunda que me sacó un gemido intenso, me la enterró hasta los huevos, ahora se movían en forma sincronizada, los embistes se fueron haciendo más frenéticos, la verga de Luis golpeaba mi próstata sin descanso y me olvidé de todo, me relajé y empecé a disfrutar la cogida, era muy morboso que Luis me estuviera cogiendo mientras a su vez era cogido por Pablo, mi cuerpo se retorcía de gozo en cada embiste, busqué la boca de Luis, para darle un beso ardiente, justo cuando embiste profundo y empieza a gruñir como un oso, su verga se ensanchó y explotó dentro de mi culo, chorros y chorros de su ardiente semen inundaron mis entrañas, creo que nunca se había corrido tanto, cayó sobre mi cuerpo desfallecido, sudoroso, con su verga todavía dentro de mi culo, Pablo lo seguía embistiendo, el vientre de Luis quedó sobre mi verga y los embistes de Pablo ocasionaban un vaivén del cuerpo de Luis friccionando deliciosamente mi verga, a pesar de la corrida su verga seguía dura, pulsando mi próstata, ya no pude aguantar más y retorciéndome de placer acabé, espasmos recorrían mi cuerpo, mi culito se contraía exprimiendo todavía más la verga de Luis, pocos segundos después dio otro gemido profundo y tensó su cuerpo, Pablo estaba estallando dentro del culo de Luis, llenándolo de su leche espesa y calientita, la leche de Pablo escurría por el culo de Luis y llegaba a mis huevos y nalgas, caímos los tres desfallecidos y nos quedamos dormidos con nuestros cuerpos entrelazados.

    Al otro día desperté solo, ambos se habían marchado, descubrí en las sábanas una pequeña mancha de sangre, señal inequívoca de que lo vivido no había sido un sueño, era la prueba del desfloramiento de Luis.

    Estaba expectante del curso que tomarían las cosas, ¿Luis correría a Pablo por lo que le hizo?, ¿ intentaría vengarse?, ¿me correría a mí también por ser testigo de su violación?, pero para mi sorpresa a partir de ese día Luis fue teniendo un cambio gradual, al principio seguía cogiéndome como siempre, pero también buscaba a Pablo para que lo cogiera, poco a poco dejó de cogerme e incluso a veces me pedía que fuera yo quien lo cogiera, si bien cuando estoy con un macho, me gusta tomar el rol de hembra, el pequeño culito de Luis era muy apetecible y no tuve reparos en cogérmelo, realmente parecía el culito de una nena adolescente, chiquito, suavecito, sin ningún pelito y redondo.

    Así que ahora Pablo tenía dos putitas para cumplir sus deseos, sus juegos eróticos, sus perversiones.

    Llegaba de la escuela o de jugar, se desnudaba y ahora, si estaba presente Luis, nos ponía a los dos a mamarle la verga alternadamente, metía su verga en la boca de uno hasta la garganta y luego al otro, le enseñé a Luis a ahuecar la boca para que le entrara más profundo la verga de Pablo, poco a poco nos fuimos sincronizando, para que mientras uno le mamaba los huevos el otro le mamaba la verga, al final, cuando ya se iba a correr, era común poner nuestras caras juntas y restregar su verga contra nuestras caras, azotarlas con su verga y explotar en nuestras caras, lanzando sus chorros de leche a la cara de ambos, un chorro de leche a uno y después al otro, era excitante sentir el chorro de leche ardiente en la cara y a Pablo le excitaba ver nuestras caras chorreando, le gustaba tenernos a su disposición, desnudos y acariciarnos a su antojo.

    Las cogidas de las noches se volvieron de tres, excepto los viernes, que seguía sin dejarme coger, para reservarme a mi novia, pero eso ya no importó, Luis dejó de viajar los viernes a solicitud de Pablo y ahora era su putita particular ese día, los escuchaba gemir desde mi habitación, pobre Luis pensaba, al dejarlo sólo ante semejante macho, Pablo sometía a mi amigo a su antojo, pero en el fondo sabía que Luis gozaba con sus cachondeces y no fueron pocas las veces que me masturbé escuchando sus gemidos.

    Nos sometía a sus fantasías, en ocasiones nos traía ropa interior de nena y nos hacía vestir así, hacíamos actos «lésbicos» como dos hembras para complacer a nuestro macho y luego nos cogía a ambos, nos ponía en cuatro, uno al lado del otro con el culito levantado y nos chupaba el culo en forma alternada, mientras dedeaba al otro, y así nos hacía gemir, abriendo nuestros culos al mismo tiempo, dilatándonos, prepararnos para ser ensartados, Luis y yo nos besábamos como putas, y así nos iba ensartando en forma alternada, dedeando el culo que se quedara vacío y así nos cogía a ambos, estocadas profundas, hasta los huevos, que nos hacían gritar de placer, hasta que acababa en el culo que le tocara, como era tan cachondo por lo general tenía leche para ambos, así que recordaba a quien le había dado leche primero para en la segunda ocasión estallar en el culo del otro, para que «no nos peleemos», o bien le gustaba también que uno se subiera encima del otro y coger ambos culos en forma alternada, el culito de arriba y el de abajo.

    Otra cosa común eran los trenecitos, Pablo siempre era el «cabús», y Luis y yo intercambiábamos posiciones, si me tocaba ser el primero recibía la verga de Luis y éste la de Pablo, sentía los embistes de Pablo sobre Luis y éste me enterraba la verga en el mismo embiste, como si Pablo traspasara el cuerpo de Luis y me penetrara, pero mi posición favorita era la de en medio, así sentía directamente la verga de Pablo abriéndome y embistiéndome duro, mientras disfrutaba del apretado culito de Luis, y esa posición fue volviéndose la más rutinaria, Luis cada vez tenía una actitud más pasiva, ya era yo quien lo penetraba a él.

    Otra más de sus posiciones favoritas era ponernos a Luis y a mí haciendo un 69 mamándonos nuestras vergas y Pablo yendo de un culito a otro, era delicioso estar mamando una verga dura mientras a su vez te maman la verga y te penetran o bien sentir los embistes de Pablo a través de la verga de Luis cada que lo penetraba y su verga se hundía en mi boca en cada embiste y Luis mamándome la verga, y así hasta terminar, recibir una descarga de leche en el culo, mientras a su vez descargar en la boca de Luis, y saborear la leche de Luis en mi boca, era lo máximo del placer y morbo.

    Esa fue nuestra rutina unos cuatro o cinco meses, hasta que nuevamente hubo un giro inesperado en la relación, pero eso se los cuento en el siguiente relato.

    Espero sus comentarios al correo [email protected].

    Relato anterior:

    “Soy la putita de mis dos pervertidos amigos”

  • Historia de una sumisa (2)

    Historia de una sumisa (2)

    Mi primera noche en una perrera fue para sorpresa de nadie la experiencia más rara de mi vida hasta aquel momento. No fue tan extrema como seguro que estáis pensando al leer estás líneas. El sitio era cálido, la paja confortable, no apestaba tanto como yo creía y los perros estuvieron callados lo suficiente como para permitirme dormir hasta la mañana siguiente.

    Me despertaron de buena mañana con sus ladridos al notar que su cuidador venía la comida.

    Por mi parte, estaba muerta de vergüenza. Me senté en la jaula tratando de esconder mi cuerpo todo lo posible.

    -Buenos días.

    Yo no contesté.

    -La primera noche e incluso el primer mes es duro, pero lo soportarás.

    No, no lo iba a soportar, no tenía la menor intención de soportar nada.

    -Mi nieta me ha comentado que ella misma te alimentará y te sacará de paseo esta primera vez.

    A esa nieta suya le iba a explicar cuatro o cinco cositas. Aún me dolían los dos azotes que había recibido en mi vientre de su parte.

    -Me aseguraron… que podía salir de aquí cuando quisiera, ¿no?

    -Sí, así es. Y supongo que estás pensando en salir ahora mismo, ¿Verdad? Salir de aquí, bañarte, vestirte, y volver a tu vida como si nada de esto hubiera pasado. Pero las cosas no funcionan así.

    -¿Y cómo funcionan?

    -Si quisieras irte de verdad ya estarías fuera.

    No respondí nada. Para mí estaba bastante claro que me estaban reteniendo contra mi voluntad.

    Mi ama no tardó mucho más en llegar. Llevaba puesto un precioso vestido azul y traía un collar con ella.

    -¿Me has echado de menos?

    -No.

    -Mentirosa.

    Abrió la puerta de la jaula porque nunca estuvo cerrada en primer lugar.

    -¿Vas a dejarte poner esto por las buenas o por las malas?

    Por un momento me imaginé que quería decir mi ama con por las malas… Y me mojé.

    Sí, me mojé. Me mojé pensando en que podía pasarme si me resistía a sus deseos.

    Y ella lo notó.

    -No debes avergonzarte de nada

    -¿Cómo no voy a avergonzarme? Mira este sitio, mira donde estoy… Y estoy mojada.

    -Es lo más normal para las de tu clase.

    -No sé qué clase es esa. Pero es una clase donde yo no quiero estar.

    -Bien, lo haremos por las buenas para que no te corras del gusto y lo pongas todo perdido.

    Le saqué la lengua.

    Una mujer de 27 años hecha y derecha como yo sacándole la lengua a toda una mocosa mientras me ponía el primer collar de perra que iba a llevar en mi vida.

    -Muy bien. ¿Has visto qué fácil ha sido?

    -Sí, sencillísimo.

    Sentir por primera vez el collar en tu cuello es toda una experiencia. Es grande, tosco, cuesta adaptarse a él, y cuando te acostumbras, te sientes desnuda sin él.

    -Las reglas son estas. A partir de ahora, solo podrás decir guau y caminar a cuatro patas. ¿Lo entiendes?

    -Sí… ¡Ay!… ¡Guau!

    Comencé a caminar a cuatro patas al lado de mi ama.

    Toda una experiencia. (Y sí, ya sé que me repito y que lo he puesto hace unas líneas, pero es que lo es).

    Ahora estoy acostumbrada, claro, pero en ese momento, madre mía.

    Tenía la sensación de que me dejaba las rodillas y las manos en cada paso que daba.

    Mi ama me llevó hasta un trozo de tierra situado detrás de la casa y me mandó orinar.

    Yo, en fin… ¿De verdad pensaba mi ama que iba a mear delante de ella? ¿En esa postura?

    La única verdad es que si tenía ganas y…

    -No. Son los machos los que levantan la pata. Las perras mean agachadas.

    Vale, sí, nunca he tenido perro y no tenía ni la menor idea de que debía hacer. Así que levantar la pierna me pareció algo normal.

    Abrí mis piernas un poco para agachar mi vientre y comencé a mear.

    Fue una especie de liberación para mi.

    -Buena perra.

    -Guau.

    Se situó detrás de mí y comenzó a manosearme el coño.

    Lenta y sabiamente.

    Mis sensaciones eran de lo más raras. Por una parte me daba mucha vergüenza que me tocará con lo sucio que lo tenía, a lo que hay que añadir que yo siempre me había considerado una mujer hetero.

    Por otra me estaba muriendo de placer con cada roce de mi ama en mí.

    -Te gusta, ¿Eh?

    -Guau. – Aseguré con alegría.

    La muy… de su madre se detuvo dejándome a la mitad.

    -No me mires así, si quieres un orgasmo te lo tienes que ganar.

    -Guau – protesté.

    Desde mi punto de vista, bien merecido me lo tenía.

    -Vamos, ven por aquí

    Mi ama me condujo hasta el interior de la casa, más concretamente hasta una habitación preparada para hacer cierto tipo de cosas.

    -Verás perrita, como está es tu primera vez debo indicarte como funciona todo esto. Ahora tu placer y tu dolor me pertenecen. Pero tampoco es como si pudiera hacer contigo lo que me dé la gana, hay límites. Si hay algún momento en el que verdad pienses que no puedes más, grita… hum… ferrocarril. ¿Todo claro?

    -Ferrocarril

    -Qué perra más divertida eres. Bien, sube a la mesa.

    Cuando me subía a la mesa de tortura, estaba dispuesta a gritar ferrocarril, Atocha, estaciones de tren y todo el recorrido del metro si hiciera falta.

    Mi ama me abrió de piernas y me indicó que me agarrara fuertemente a las correas que tenía en la cabecera.

    Yo nunca me había encontrado en una situación como está y la verdad es que tenía ansiedad y cierto nerviosismo por ver qué pasaba.

    Mi ama descargó el primer azote sobre mi vagina… y para mi absoluta sorpresa no grité.

    Soltó sobre mí un par de golpes rápidos más antes de comenzar a sobarla.

    Debido a los azotes recibidos la tenía muy sensible.

    -Te gusta, ¿Eh?

    -Guau.

    Sí, me gustaba mucho más de lo que yo creía posible.

    Por ser mi primera sesión, no fue demasiado intensa ni salvaje, pero sí que fue una sesión de autodescubrimiento para mi. Mi ama alternaba azotes con tocamientos, alternaba las partes que me azotaba, a veces lo hacía con dureza y la mayor parte de las veces suavemente.

    Y yo no supliqué que se parase.

    Cuando mi ama me aseguró que mi placer y mi dolor le pertenecían ni tenía ni puñetera idea de qué significaba eso.

    No hasta que no descargó el primer golpe sobre mí.

    Mi propio placer estaba en entregarme, en dejar que esa chiquilla hiciera conmigo lo que le diera la gana. Eso era algo mío y nunca me lo podía quitar.

    Salvo cuando se detenía, claro.

    -Ya está bien por hoy.

    -Guau, guau, guau – protesté yo.

    -Golosa.

    Me dio un último golpe más y me corrí de gusto con él…

  • Invitando a mi sobrino virgen a pecar

    Invitando a mi sobrino virgen a pecar

    El periodo de clases había terminado. El verano comenzaba con una oleada de calor abrumante y húmedo al por mayor. Tenía que tomar varias duchas para tratar de refrescar mi piel, que con el poco estimulo de esa brava temperatura, comenzaba a sudar. Mis voluptuosos senos eran foco de atención para muchos hombres, mayores y de los jóvenes también, podría decirse. Con ese calor no me apetecía llevar ropa interior por lo que muchas veces en el transporte público me llevaba las miradas lujuriosas de muchos, incluso alguno que otro, mano larga, rozaba su mano sobre mi trasero o mis senos tratando de hacerlo de manera “accidental”.

    Mi sobrino Jesús había estado conmigo toda la época de cursos de clases porque le tocaba estudiar su primer semestre de universidad en mi ciudad y estando lejos de sus papis decidí que era mejor opción que se quedara conmigo a que pagara alguna habitación y no fueran a encargarse correctamente de él. Pasamos mucho tiempo juntos mientras estuvo aquí y eso me alegraba mucho, me gustaba que siempre buscaba ayudarme en todo lo que podía y era muy dulce conmigo. Era totalmente diferente a mis hijos. Ellos se encontraban pasando una temporada con su padre en ese momento del cual yo ya me encontraba divorciada. Mi sobrino físicamente siempre fue un muchacho alto, pero tenía algo especial, le encantaba comer y más mi comida, por lo que había subido mucho de peso y eso lo hacia inseguro consigo mismo. No veía bien, por lo que debía usar lentes y no era nada atlético. Pero siempre fue muy dulce. Él siempre ha sido un muchacho muy tímido. Y al parecer le costaba tener una relación con alguna chica. Principalmente porque las enseñanzas que le daban sus padres solo le hacían enfocarse en nada mas que sus estudios. Eran demasiado estrictos con él. Pero viviendo conmigo fue soltándose un poco, ya no era tan rígido.

    Mi historia con mi sobrino comenzó un día que aún estaba en el periodo de su semestre. Había terminado mis deberes de hogar y estaba empapada en sudor, me recorría todo el cuerpo cada gota humedeciendo mi piel era algo erótico porque me recordaba varias situaciones en las que había estado así de húmeda, pero también me sentía algo incomoda por lo que decidí tomar una buena ducha. Quizás así podría calmar un poco el dolor en mis músculos por aquel arduo trabajo.

    Al sentir el agua caer por mi pecho con su calidez, sentí una fuente instantánea de relajación. MI cuerpo se liberaba de todo aquel peso y estrés y solo disfrutaba la suave brisa cálida cayendo sobre él. Comencé a enjabonar mi piel suavemente con una esponja delicada, el aroma a sándalo arribo hasta el mas profundo de mis sentidos. El roce de mis manos en mi cuerpo y el calor que sentía se fueron incrementando, al tocar la espuma de manera suave mis aureolas hacían reaccionar con un efecto en cadena hacia mis pezones, que se encontraban rígidos repentinamente. Mi cuerpo gozaba cada momento y yo no quería que esa ducha terminara nunca.

    En la calle había empezado a llover, quizás por tanta humedad. Me había dado cuenta por algunas gotas que estaban golpeando la ventana de mi baño que daba a la parte trasera de la casa. El sonido del agua me relajo profundamente. Como música para meditar en mis oídos. No me percate en que momento fue, pero mis manos como si tuvieran mente propia se habían dirigido a lo parte más baja de mi vientre. Querían darme atención, y yo se los permitía, una atención que necesitaba con urgencia, ya que llevaba varios meses sin ser tocada o acariciada por algún hombre deseoso de mi cuerpo. Mis dedos se deslizaron suavemente con ayuda de la espuma y se introdujeron de manera férrea en mi vagina. Llegaron solos hacia mi punto g, conocían desde hace mucho tiempo el camino de ida y regreso y solo fueron directo y sin escalas a ese placentero lugar, paradisiaco en muchas maneras. Mi vagina se humedecía para no desentonar con aquel ambiente en la ducha. El agua caliente seguía cayendo sobre mi y el vapor me hacia sudar un poco. Encontré un desodorante alargado con una punta ovalada que serviría perfecto para saciar el hambre que tenia de ser penetrada y lo use en mí. Lentamente fue introduciéndose en mi vagina y ella le daba la bienvenida llenándolo de mis fluidos lubricantes. La sensación era abrumadora y pronto quise más y más, pero necesitaba fantasear con alguien, necesitaba el tener una imagen en mi mente de placer. En ese momento me vino a la mente mi sobrino. Seguro era virgen y me encantaba fantasear con chicos así, que yo les enseñara a conocer una mujer y sus placeres. En esos momentos me decía: “seguro que tiene una verga rica y gordita, así como el”. Siempre había tenido la curiosidad de espiarlo y poder saber como era su cuerpo desnudo, quizás me llevaría una agradable sorpresa me imaginaba. De mis labios se escaba su nombre una y otra vez de manera casi silente, pero, conforme la excitación iba en aumento, mis gemidos se hacían mas sonoros y su nombre sonaba como trompetas de mi boca. Unas trompetas que anunciaban el mas placentero de los orgasmos. Mi mano se movía a toda velocidad mientras que la otra sostenía mis senos para chuparlo con fuerza. Mis dientes mordían con intensidad mi pezón como los de un sabueso con su presa. Y mi éxtasis estaba a punto de desbordarse como una presa rebosante de agua. Estaba a punto de chorrearme de manera monumental. Jesús, Jesús, Jesús grité de manera descontrolada y luego un grito gutural mientras explotaba de mi vagina un orgasmo tan fuerte como los chorros que salían de ella. En ese momento la puerta se abrió y mi sobrino pregunto asustado:

    – ¿Tía estas bien, te ocurrió algo?

    -No mi amor, no mires por favor -dije mientras trataba de detener mi orgasmo, pero mis ojos estaban casi en blanco, era una tarea imposible.

    Él se quedó atónito, inmóvil ante aquella escena que sobrepasaba cualquier cosa que hubiera visto antes. Hasta que pude recuperar el aliento y le pude hablar.

    -Sal mi amor, por favor, ahorita salgo del baño, estoy bien.

    -Lo siento mucho -dijo saliendo rápido del baño con vergüenza en su rostro.

    Pude notar que estaba muy apenado, caí rendida en el baño mientras el agua me daba en el rostro y se mezclaba con mis fluidos orgásmicos en el azulejo de la regadera. Al salir del baño me cambié y fui a su habitación a charlar de lo ocurrido con él.

    -Tenemos que hablar cariño -le dije mientras me sentaba en su cama.

    -Siento mucho lo que paso tía July, fue un accidente, solo entre porque estabas gritado mi nombre, pensé que te habías caído o algo malo.

    -Si lo se amor, fue mi culpa por no cerrar la puerta con llave, pero pensé que estaba sola y que tu aun te encontrabas en la universidad.

    -Si lo que paso fue que no tuvimos las ultimas clases y por eso llegue mas temprano, y cuando acababa de llegar te escuche gritando mi nombre y paso lo que paso. Lo siento mucho en verdad.

    -No te preocupes, ya paso. Pero quería hablarte de lo que me viste haciendo cariño.

    -Eso me pareció algo extraño tía, que metieras ese desodorante en tus partes privadas, nunca había visto algo así, no te lastimaste, porque lo hiciste?

    -No mi amor, no me lastime, pero tú nunca habías visto algo así en una mujer, nunca has visto porno?

    -No, nunca he visto nada de eso, mis papas dicen que eso es pecado.

    -No, es un pecado, es algo completamente natural masturbarse mi amor, seguro tú lo haces no?

    -No, solo toco mis partes privadas cuando me doy una ducha, pero desde que te vi desnuda en la ducha mi cosa no ha estado para nada calmada, esta muy dura y me lastima en mi pantalón.

    -Ves a lo que me refiero, tu eres un joven con hormonas que necesitan ser tranquilizadas amor, debes encargarte de eso o si no pasaras mucho dolor.

    -No sé cómo hacerlo tía, quizás es mejor que me quede solo para orar.

    -No mi amor, con eso no podrás saciar tu deseo necesitas quitarlo de tu mente de otra forma.

    Me acerque a el con cautela y acaricie un poco su bulto en el pantalón que era bastante considerable. Él se quedó petrificado y después de un instante comenzó a temblar algo nervioso.

    Me acerque a su oído y le dije susurrando: Todo esta bien cariño, deja que tu tía July te enseñe como hacerlo. Desabroche su pantalón y baje el cierre lentamente mientras le daba un húmedo beso en la mejilla. Aquel falo erecto a mas no poder ya había hecho estragos en su ropa interior de Bart Simpson. Tenia una gran mancha húmeda de sus juveniles y deliciosos jugos pre eyaculatorios.

    -No tía por favor, no quiero hacerlo, por favor -dijo con un poco de miedo.

    -Mira como estas, mira tu pene, esta sufriendo por poderse liberar de todo ese estrés -dije mientras sacaba su pene gordo aun cubierto de su prepucio.

    No era tan grande, media unos 19 m de longitud, pero apenas podía rodearlo con mi mano.

    -Tienes un muy lindo miembro cariño, deberías sentirte orgulloso de él, no muchos hombres tienen algo así.

    -No puedo, es un instrumento de pecado en los hombres, eso dice mi madre.

    -Tu mama no sabe lo que es bueno en la vida, ya veremos si ahorita sigues diciendo lo mismo.

    Escupí en mi mano y puse toda la saliva en su cabeza rosada. Él se estremeció de manera frenética.

    -Es gordito igual que tu y me encanta así cariño

    Baje su prepucio de golpe y el grito: ay dios mío. Le di otro besito dulce mientras subía y bajaba mi mano en una rápida y frenética puñeta húmeda. Deje caer mas de mi saliva sensualmente mientras el me observaba con detenimiento. Ya no podía aguantar, tenia que liberar el grito ahogado de placer que tenia por dentro.

    -Algo raro está pasando tía, detente te lo pido

    -Shhh mi amor déjalo salir, deja que se libere todo ese estrés.

    Recosté su rostro en mi pecho suave y el abrió la boca besándolo un poco y en ese instante un gran chorro salió disparado de una manera volcánica de la punta de su obeso glande. No paraba de salir de manera tan desbordada que su orgasmo parecía no tener fin. Al final respiraba agitado recostado en mi pecho con sus ojos cerrados. Fatigado aun por aquel orgasmo tan imponente. Esto apenas es el inicio mi amor, a partir de ahora te enseñare lo que es pecar de verdad.

    Continuará…

    Mis redes sociales para los que preguntan por ellas, están en mi perfil.

  • Compartí a mi bella esposa con un amigo

    Compartí a mi bella esposa con un amigo

    Tengo una excelente relación de más 10 años, casados, estamos en los 30s así que aún somos jóvenes. Desde hace mucho tiempo tenía la fantasía de ver a mi esposa con otro hombre en la cama, tengo mucha confianza con ella y se lo había dicho desde siempre, le había ofrecido todas las alternativas posibles, que sea un amigo, desconocido, contratado por internet, que vaya ella sola con él y por supuesto la que prefiero que es que me deje ver todo. A todas esas propuestas siempre había recibido la misma respuesta, no.

    Durante muchos años vemos pornografía del tema, tríos, orgías, intercambios, y estoy completamente seguro que los disfruta tanto como yo, pero al finalizar el momento la respuesta volvía a ser la misma, no. Es difícil hablar este tipo de fantasías con cualquiera, así que solo lo hablé con un amigo, el único que sabía mi intensión, mi esposa es una mujer muy hermosa, una snowbunny perfecta, desde que le dije a mi amigo mi fantasía él siempre quiso ser esa persona, muchas veces le llegue a decir a mi esposa acerca de que él sea ese tercero, pero siempre decía que no sin importar el tipo de propuesta.

    Mi amigo tenía todo mi permiso y aprobación de siempre intentar acercarse a ella, de escribirle cosas subidas de tono, de pasarse de la raya, con la intensión de despertar esas ganas en ella, durante un viaje de vacaciones fuera de la ciudad alquilamos una casa por casi 1 mes, me fui con mi esposa a pasar la temporada, estando allá se me ocurrió la idea de invitar a mi amigo, por lo que le dije que fuera a visitarnos y que trataríamos a toda costa de propiciar que pasara lo que ambos queríamos, cogernos a mi esposa juntos.

    Planeamos todo entre nosotros e inmediatamente fue a visitarnos. El primer día que llega a la casa note ciertos cambios en mi esposa, el que más me llamo la atención es que ese mismo día se depiló completa. Recuerden que ya yo le había propuesto hacerlo con él, pero ella decía que no, sin embargo eso fue un tipo de señal. Durante esos primeros días el trataba de acercarse con comentarios y provocaciones pero nunca vi mayor avance más que una risa, llegó el fin de semana y estábamos decididos a hacer que algo pasara, un sábado planeamos ir a un local a beber, le dije que está noche saldríamos y ella acepto normalmente, él y yo teníamos el plan de emborracharla, beber muchísimo para soltar los nervios y luego en casa tratar de ver qué pasa. Así lo hicimos, esa noche lo pasamos muy bien en el local, los 3 bebimos muchísimo, estamos entonados fuerte y decidimos volver a casa.

    Apenas entre a la casa les serví más tragos y propuse ver una película, todos de acuerdo, ella y yo nos pusimos en ropa cómoda, mi amigo solo se quitó la camisa, ella se puso un short holgado de estar en casa y una franelita, entramos a la habitación y nos tiramos en la cama a ver la película. Solo verla a su lado en la misma cama me tenía súper caliente, entre risas y juegos comenzó el tema sexual, me llene de valor y le dije a mi esposa fuerte y claro que mi amigo siempre había estado enamorado de ella, que le gustaba mucho, a lo que ella solo se reía pícaramente, y le preguntaba a el cosas como ?es verdad que te gustó?, Y el respondía -si- pero de forma tímida y cortante, estaba como nervioso, de hecho yo también lo estaba, pero ella estaba completamente diferente, suelta, pícara, estaba seguro que ella que ella estaba caliente con la conversación, estando ella en medio de los 2 se voltea hacia mi, quedando de lado dándole la espalda a mi amigo, comencé a besarla y acariciarle las piernas, poco a poco fui subiendo hasta su culo, ella no decía nada, así que comencé a subirle el short, en eso ella reacciona y se lo baja, diciéndome en voz baja «no, que ahí está tu amigo», y yo le contestaba que no importaba y se lo volvía a subir, estuvimos en eso un rato, yo subiéndolo y ella bajándoselo, hasta que dejó de hacerlo y se lo subí completo, se le veía su culito completo, mi amigo viéndoselo justo a su lado, en primera fila, seguí así un rato largo hasta que comencé a tocarle su cuquita por arriba del hilo, se podía escuchar como estaba acelerada y caliente, me llene de valor nuevamente y agarre la mano de mi amigo y se la puse en la nalga, haciéndole señas que la tocará, inmediatamente comenzó a hacerlo, ella se dejaba sin ninguna queja.

    Pueden imaginarse esa escena, yo estaba que reventaba, los 3 en la cama, ella en medio de lado viendo hacia mí, yo de lado viéndola a ella mientras la besaba, y mi amigo del otro lado sobándole las nalgas y piernas. Con una mano empujé hacia abajo el short junto el hilo para bajárselos, pensé que ahí se resistiría y me diría que no, pero mi sorpresa fue que se alzó para facilitar que se lo quitara, no podía creer lo que estaba pasando, le quedó el short e hilo a la altura de las rodillas dejando ver todo su culito a mi amigo, de inmediato le hice señas de «cógela», se bajó el pantalón e interior un poco y se le recostó en posición de cucharita, hasta que escuche ese gemido que jamás olvidaré, el gemido de que se lo había metido.

    Yo no dejaba de besarla, me lo saqué y empecé a masturbarme mientras la besaba de lado y mi amigo la cogía primero despacio, luego más y más fuerte, ella gemía y gemía mientras me besaba, así estuvimos como 5 minutos hasta que para mí sorpresa veo que se levanta, se termina de quitar el hilo y short y se le pone en 4 frente a mi, no pueden imaginar mi excitación de ver eso, él se paró a un lado de la cama y ella se le puso en la orilla para que la cogiera, viendo hacia mí, yo me senté en la cama frente a ella, le agarre las manos, ella metió la cara en la almohada y mi amigo empezó a darle duro, súper duro, ella gritaba y gemía muy rico, se ve que le estaba dando una súper cogida, parecía una muñequita de trapo con cada embestida, no pasó mucho tiempo, alrededor de 3 minutos así en 4 cuando ella pega un brinco de la cama diciendo «adentro nooo», salió rápido del cuarto chorreando la leche de mi amigo en las sábanas, el piso, se fue al baño y se encerró ahí, le dije a mi amigo que se fuera al otro cuarto, pasó alrededor de 1 hora en el baño y fui a buscarla, estaba furiosa, se le pasó todo el alcohol que tenía en ese segundo cuando sintió el chorro de semen de mi amigo, me empezó a pelear que porque dejé que eso pasara, que ni siquiera tuve la decencia de pedirle que se pusiera un condón, que yo debía protegerla no entregarla a mi amigo en bandeja de plata, que sentía que la habían violado con el efecto del alcohol, etc. Hice todo lo que pude para calmarla, volvimos al cuarto, me dijo que no quería ver más a mi amigo, que se fuera a primera hora.

    Cuando se calmó un poco yo en lo único que pensaba era en cogerla con la leche de mi amigo adentro y también acabarle nuevamente, tenía una excitación de otro mundo, intenté tocarla pero estaba molesta y no quiso nada hasta que se durmió. Yo no pude dormir toda la noche pensando en aquella escena, me masturbe unas 6 veces al lado de ella en silencio. Apenas salió el sol le dije a mi amigo que tenía que irse, él ya había escuchado todo el problema y tenía todo listo, lo fui a llevar al terminal y volví a casa. Así pasaron varias semanas, al principio seguía molesta pero con el tiempo se le pasó, ahorita está todo normal, nos amamos como siempre, pero ese tema más nunca se volvió a tocar, ambos fingimos que jamás ocurrió, lo que ella no sabe es que al menos 1 vez al día me masturbo pensando en aquello que vivimos, el momento más excitante de mi vida, y cuando pase el tiempo tengan por seguro que lo volveré a intentar.

  • Aprovechando la ocasión

    Aprovechando la ocasión

    Después de un tiempo de inactividad, vuelvo a escribir. Como me recordarán, soy Carla, de Arequipa, Perú.

    En esta oportunidad les contaré como pude aprovechar de la mejor manera unos días en libertad gracias a un viaje de trabajo de mi en aquel entonces esposo.

    El martes 12 de julio Richard llegó del trabajo y estaba con cara rara. Mientras terminaba de cenar, por fin se decidió a hablarme y me dijo que por trabajo debía viajar el miércoles por la tarde y retornaría el viernes en la noche, y que estaba medio incómodo por dejarme sola con los niños. Lo abracé tiernamente y le dije que no se preocupara, que todo saldría bien. Acompañé todo eso con un tierno beso, para hacer más convincente lo dicho.

    Mientras arreglaba la ropa que llevaría para su viaje, mi cabecita no dejaba de pensar en como podría sacarle provecho a esa tan inesperada pero milagrosa ausencia de mi esposo. Ya desde hace unos meses, nuestro inquilino (alquilábamos el tercer piso de la casa) y yo estábamos en miraditas coquetonas, en comunicaciones subidas de tono por el celular y en alguna oportunidad con mi aval Luis (así se llamaba el inquilino) me había robado un beso en las escaleras.

    Ni bien dejé todo arreglado para el viaje de mi esposo, le envié un mensaje a Luis: “Mi esposo se va de viaje mañana. Tendrás tiempo para mi?”. No pasaron ni cinco minutos y ya tenia respuesta: “Para ti siempre bebita. Como hacemos?”, a lo que respondí con un : “Ya te aviso. Hasta mañana”.

    A la mañana siguiente, como todos los días, me levanté a arreglar a los niños, hacerles el desayuno, vestirlos y tenerlos listos a las 7:00 am para que su movilidad los lleve al colegio. Los niños se despidieron de su papá, y una vez que se fueron me sentí en la obligación de hacerle el amor como despedida, sin embargo por el apremio y la falta de interés de Richard eso no fue posible. Un simple beso de despedida y los deseos de que le vaya bien fue todo lo que dejó esa apresurada mañana.

    Ya pasadas las dos de la tarde recibí un mensaje de Luis: ”Como te va bebita?, más tarde te recojo del trabajo y vamos a tomar algo?” . “No, mejor no. Nos vemos en la casa. Cuando esté allí, ya te aviso para que bajes”; “Ok., como tú ordenes bebita”.

    De allí en adelante las horas de trabajo se me hicieron super largas, veía en la computadora que el vuelo de mi esposo había salido sin novedad. Terminé la jornada, y salí a tomar un taxi rumbo a casa. Al llegar, Carmen (la chica que nos ayuda con los quehaceres de la casa) se encontraba sirviéndoles de comer a los niños mientras veían televisión. Subí a mi habitación a cambiarme. Sin pensarlo me cambié de interiores. Me puse unos que casi nunca usaba pues no se había dado la ocasión de lucirlos.

    Después de terminar de comer y cambiarlos, se fue Carmen. Yo veía televisión, mientras ellos terminaban de jugar. Le envié un mensaje a Luis: “te parece si bajas en una hora, pero entras con cuidado sin hacer ruido, los chicos aún están despiertos. Te dejo la puerta abierta”. “No te preocupes, así lo haré”, contestó.

    Jugué un rato con mis hijos y los llevé a su cuarto para que ya descansaran y les dejé la tele prendida pero solo por una hora más. Se recostaron sin reclamar y juntos veíamos la televisión. Ya cerca de la hora que le había dado a mi inquilino, salí de la habitación para abrir la puerta de calle. Regresé y poco a poco los niños se fueron adormitando. Les di un beso de buenas noches y salí hacia la sala, justo cuando mi invitado hacia su ingreso sigiloso. Llevé mi dedo índice hacia mis labios haciendo la señal de silencio y le señalé el camino hacia mi habitación. Acomodé unos platos en el lavadero, apague las luces y subí a su encuentro.

    Al llegar a mi habitación, la tele estaba prendida y Luis recostado en la cama. Cerré con llave y mientras me acercaba él se levantó y me dio alcance dándonos un beso tan largo como sabroso.

    – Al fin, podemos estar solos como lo habíamos imaginado bebita.

    – Me siento extraña, pero muy feliz de que estés conmigo aquí en mi habitación.

    – Carlita, mi amor, no sabes cuanto te deseo.

    – Tanto como yo a ti Luis.

    Nos miramos a los ojos, nos besamos nuevamente y poco a poco terminamos sobre la cama. No fue nada complicado sacarle el polo, mientras el estrujaba mis nalgas. Le mordisqueaba por el cuello, el pecho y de vez en cuando lo besaba y hacia que me besara. Me tomó de los hombros me hizo girar poniéndome delante de él, me sacó el top que traía dejando en libertad mis tetitas, las cuales amasaba desde su posición, jugueteando con mis rosaditos pezones. Me senté al borde la cama jalándolo de la cintura, procedí a bajarle el buzo y el bóxer, encontrando una deliciosa verga, tal vez algo más pequeña de lo que había soñado varias noches, pero una vez que la tuve en la boca, era tan deliciosa como en mis sueños. Empecé a succionar ese pedazo de carne repetidamente ajustando con los dientes al momento de retirarla para hacerle sentir lo más posible. El disfrutaba esa mamada dejando salir algunos gemiditos de satisfacción.

    Me levantó y me besó una vez más con pasión, mientras sus manos deslizaban mi short dejándome solamente con mi braguita rosa de seda. Me volteó nuevamente apoyándome con las manos en medio de la cama, mientras él se arrodilló detrás de mi, haciéndome una rica sopita desde atrás. Era una locura sentir esa lengüita entrando y saliendo de mi vagina, y su nariz rosando mis nalgas.

    – Quieres que me ponga preservativo bebita?

    – No. Quiero sentir tu piel junto a la mía. No te preocupes Luis, yo me cuido con una inyección mensual.

    – Y cómo así le salió el viajecito a tu esposo?

    – No sé. Ayer me lo comentó, es porque van a abrir una nueva oficina creo. Lo malo es que solo es hasta el viernes.

    – Hay que aprovechar entonces Carlita. No te voy a dejar dormir.

    Verlo echado desnudo en mi cama, a punto de hacerme el amor, me ponía a mil. Si bien lo había soñado, ahora era realidad. Tener un verdadero hombre dispuesto a complacerme y atenderme como me lo merecía, hacía que estuviera mojadísima.

    Me monté sobre él a la altura de su ombligo, y poco a poco iba bajando. Me levanté un poquito de costado mientras con la mano dirigía la tiesa verga de Luis hacia mi hoyito, para luego empezar a bajar y sentir como se iba enterrando dentro de mi. Los gemidos de placer aparecieron de inmediato mientras me meneaba en círculos para deleite de Luis quien se dejaba hacer todo sin ofrecer resistencia. Estaba disfrutando que yo hiciera todo el trabajo. Después de unos minutos se incorporó terminando en la posición de piernas al hombro, bombeándome duro arrancándome esos ayy tan deliciosos cuando te los saben sacar. Eso lo arrechó más aún. Me colocó en mi pose favorita (de perrito) y me fue ensartando despacio como para poder adivinar cuan larga la tenía, y luego pasar a darme cada más más rápido.

    Estaba tan excitada, por el placer que Luis me estaba dando que no reparé que en cada arremetida de mi amorcito el respaldar de la cama se golpeaba contra la pared. Estaba tan feliz y atendida, que no pensaba en nada más que no fuera en ser enteramente de Luis. Me la retiró de la conchita y ansiosamente trataba de encontrar mi anito. No fue difícil dilatarme, pues estaba tan involucrada que al primer empujón mi ano dio paso a su miembro, el cual no paraba de entrar y salir.

    La verdad no me dolía, pero era tal el placer que además de mis gemidos habituales, me encontraba lagrimeando y al borde del sollozo, mientras mi inquilino seguía dándome y dándome, cuando de repente unos golpes en la puerta paralizaron mi corazón.

    – Mami, mami, estás bien?

    Luis me la sacó mientras yo me ponía la bata y él se escondía detrás de la cama. Abrí la puerta.

    – Que pasó mi princesa. Por qué se despertó?

    – Es que escuché unos ruidos y te escuché como llorar… estas llorando mami?

    – No mi amor. Lo que pasa Andreita es que mami se puso un poco triste porque extraña a tu papito y me puse un poquito sentimental nada más; pero no te preocupes, mami está bien.

    Me pasó la mano por la frente como para limpiarme el sudor. Me incorporé, la tomé de la mano y la llevé a su cuarto. Está todo bien mi amor, ahora a dormir que mañana hay que levantarse temprano para ir al colegio. Le di un beso y la acosté.

    Entré a la habitación y eché llave nuevamente. Luis me miraba sonrientemente sinvergüenza.

    – así que extrañas a tu cachudito? jajajaja.

    – tonto, no se me ocurrió nada más pues.

    – bueno, ven para acá, que aún no hemos terminado, te voy a hacer olvidar a ese huevón, jajaja.

    – espera voy a poner tu polo en el respaldo para que no haga ruido.

    Me acomodó nuevamente en perrito, me ensartó por el culito y siguió maltratándome unos minutos hasta que se vació dentro.

    – me gustas mucho Carla.

    – tú también amorcito. Te quiero. Nos echamos uno al lado del otro llenos de satisfacción y nos quedamos dormidos.

    Al día siguiente, como toda mamá que tiene niños, empezó el martirio. Levantarlos de la cama, hacer que se laven, preparar el desayuno, alistar los útiles y todo eso. A las 7 am en punto el claxon de la movilidad. Un beso de despedida.

    Al regresar a mi habitación y ver a Luis acostado aún , me hizo recordar a mi esposo, quien tampoco me ayudaba con los quehaceres, pero con la diferencia de que con el polvo que me había metido no tenía ningún derecho de reclamarle nada como si lo hacía con Richard.

    – Amor, a levantarse. Vamos a bañarnos.

    Demás está decirles que en el baño me dio una nueva sesión de placer. Estaba re feliz. Lo besé y lo conduje a la puerta con la toalla puesta nada más y con su ropa en la mano.

    – vaya a cambiarse y en media hora bajas para que me lleves al trabajo.

    Mientras terminé de cambiarme, llegó Carmen y me hizo de desayunar.

    – señora le llamo un taxi.

    – No Carmencita, el señor Luis me va a llevar, como le queda en camino me va a hacer el favorcito.

    – no se va a olvidar que hoy en la tarde hay reunión de padres de familia en el colegio.

    – tienes razón Carmen, ya se me estaba pasando. Por favor, les das de comer y los acuestas y me esperas hasta que yo llegue para que no se queden solos. Ya te doy para que te vayas en taxi a tu casa.

    – está bien señora. Mas bien creo que el inquilino la está esperando abajo, me decía mientras veía por la cortina de la ventana.

    Luis me llevó al trabajo. En el trayecto quedamos para vernos en la noche, pero le dejé presente que sería más tarde por que debía ir al colegio de mis hijos. Yo te aviso le dije, tú estate listo nomás. Al llegar al trabajo se bajó a abrirme la puerta y me dio un beso de despedida. Me sentí contenta que me tratará como si fuera su mujer.

    Como nunca estaba trabajando sin quejarme. Lo que hace una buena noche de sexo. Veo mi celular y me entraron unos mensajes de Gonzalo. Él es papá de un compañerito de clases de mi Andreita. Me decía para recogerme e ir juntos a la reunión de padres de familia. Con Gonzalo, ya habíamos salido y temido uno que otro encuentro. Le dije que normal, que me recoja del trabajo. Así no me molestaba en ir en taxi y todo eso.

    No sé como, pero se había enterado que mi esposo estaba de viaje, así que los siguientes mensajes eran para proponerme ir a un hotel. Le dije que no podía por los niños.

    Ya en el colegio, se sentó a mi lado y normal con el resto de papás y mamás. Al terminar estaba preocupada por la hora y Carmen ya tenía que irse. Pero Gonzalo no se iba a quedar tranquilo. Te llevo me dijo. Acepté pues necesitaba llegar pronto a casa.

    Ya en el camino me empezó a meterme mano en las piernas, en las tetas y sin más me buscaba los labios.

    – vamos un ratito al hotel pues Carlita.

    – no puedo Gonza, es que la chica que me ayuda en la casa ya debe estar por irse.

    – me tienes al hambre ya varios meses

    – pero no puedo pues amor. Si quieres ahora, al menos te hago una buena mamada para que no te enojes conmigo.

    A una cuadra de la casa, estacionó la camioneta, en una esquina con poca iluminación y con terrenos aún sin construir. Ya me había abierto la blusa lo suficiente como para que mis tetas estén a merced de sus labios, mientras mis manos acariciaban su verga en un continuo sube y baja. Así estuvimos unos minutos, hasta que se retiró de mis pechos lo que me dio la oportunidad de inclinarme y empezar a mamarle la verga. Se la escupía y me la tragaba hasta el borde del cierre de su pantalón.

    De pronto se hace hacia un costado de manera abrupta, por lo que me incorporé y era una luz de linterna que apuntaba hacia el parabrisas de la camioneta y se acercaba cada vez más. Me acomodé el saco tapándome las tetas y viré la cara hacia la ventana mientras el vigilante se acercaba en su bicicleta.

    – señora Carla, buenas noches, disculpe… está todo bien.

    – si Manuelito, todo bien. Haciendo la ronda?

    – si, recién entro de turno.

    – que bien. Continúa con tu ronda. Nos vemos.

    Se retiró doblando la esquina. Ya ves Gonza, poco más y me atrapan chupándotela. Se sonrió y me inclinó para terminar lo que había empezado. No pasó mucho tiempo para sentir el sabor peculiar que avisa que ya estaba a punto de correrse. Le puse más esmero. Y justo cuando me la sacaba para respirar un poco Gonzalo disparó un primer chorro de semen, asi que para evitar mayor desastre como pude me la metí en la boca nuevamente sintiendo el calientito sabor de ese manjar.

    Una vez terminaba la faena, me limpie con un kleenex, me abotoné como pude la blusa y me despedí de Gonzalo. Bajé de la camioneta, caminé hacia mi casa. La puerta estaba entreabierta. Apenas hice ruido salió Carmen.

    – discúlpame Carmencita, la reunión tardó un montón.

    – no se preocupe señora. Me voy porque se me hace tarde. Los chicos ya están acostados. Hay una porción de torta en el comedor.

    – toma este dinero para que te vayas en taxi

    – gracias. Mañana tengo que hacerme unos análisis en el seguro social y debo llegar más temprano señora.

    – Ok. Te doy las llaves, así entras no más.

    Cuando ya se estaba por ir, me dice, señora y levanta su dedo señalándome por mi oído. Me llevé la mano a la zona y me saco un grumo de semen del chisguetazo de Gonzalo. Lo miro todo ligoso, y sin que decir, solo atino a soltar un ¡vaya!… No dije nada y me dirigí hacia la casa.

    Subí a mi habitación, no sin antes pasar por el cuarto de los niños. Ya estaban durmiendo. Por fin en mi baño pude limpiarme el semen que me había quitado del cabello y que aún tenía en la mano. Tomé el teléfono y llamé a Luis. “Baja, te estoy esperando amor”.

    Entró en pijama y cerró con llave para evitar contingencias. Nos echamos en la cama desnudos y conversábamos de nuestro día mientras veíamos algo en la televisión. Como había subido mi tortita, mientras se la iba chupando se la embarraba con el chantilly y me la metía en la boca, jugaba con su verga. La pobre estaba toda pegajosa de las cremas de la torta. Mientras Luis me metía los dedos en la concha y se los llevaba a la boca y así húmedos me seguía introduciendo una y otra vez sus deditos.

    – no te provoca una cremita saladita en tu postre bebita?, me preguntó.

    – me encantaría mi amor.

    Ya casi no me quedaba torta. Se la mamé con más rapidez y ayudándome con las manos hice que se corriera sobre el último pedazo que me quedaba. Luis me miraba contento, mientras yo acomodaba el líquido seminal para que no se vaya a caer y me introducía ese delicioso postre en mi boca. Por más intentos que hice fue inevitable que al morder un poco, unos restos de semen se escaparan por mi boca.

    – delicioso como todo tú. Gracias por complacerme.

    – nada me hace más feliz que hacerte feliz Carla. Me gustas mucho.

    Terminé de disfrutar mi postre, me limpié la boca y me acomodé junto a él en la cama. Me sentía una mujer, con su hombre, con su macho al lado. Siendo atendida, como hacía tiempo no lo estaba. Le ofrecí mi espalda y de cucharita empezó a hacerme el amor. Era feliz. Muy feliz. Nos quedamos dormidos.

    A la mañana, el tema de siempre con los niños. Solo me puse la bata sin nada abajo. Hice lo que toda mamá hace y los despaché rumbo al colegio. Al regresar a la habitación, el sinvergüenza estaba desnudo en la cama con una erección de aquellas.

    – eso necesita de una buena conchita donde desfogar.

    – ven aquí bebita que estoy con ganas de darte tu mañanero.

    No era necesario que me lo pidiera. Estaba ansiosa de tirar con Luis, sin más, me deshice de la bata y empezamos a amarnos libres, felices, sin temores. En cada embate que me daba dejaba salir unos gritos que iban creciendo en intensidad. Era simplemente una mujer gozando con su hombre.

    No sé como en una de las vueltas que me daba en la cama veo de reojo que Carmen bajaba las escaleras. Me acordé que llegaría más temprano después de su cita médica. Era evidente que había escuchado gemir de placer a la señora de la casa. Ya que importaba. Yo me sentía feliz. Nos metimos a la ducha con Luis y así envueltos en una toalla, bajamos al comedor.

    – buenos días Carmen dijo él. Hola Carmencita agregué yo.

    – señora, buenos días señor Luis, contestó medio confundida la pobre Carmen.

    – le sirvo su lechecita señora?

    – No Carmencita, hoy no. Ya Luis me ha dado mi ración de leche. A lo mejor me cae mal tanta lechecita no mi amor? pregunté sonriente mientras lo miraba. Mejor un cafecito nomás, y para el señor sírvele un juguito de papaya.

    Mientras ella preparaba el encargo, Luis y yo conversábamos de lo que haríamos en el trabajo y nos besábamos ante la notoria incomodidad de Carmen, quien apenas dejó el desayuno en la mesa salió rauda a acomodar la habitación de los niños.

    Igual que el día anterior, Luis me llevó al trabajo. Y entre beso y beso en cada semáforo rojo, le comenté: “Hoy llega mi marido; pero de noche, no sé si quieras bajar un ratito”. Por supuesto que estaré allí bebita. Me llamas y quedamos. Me miró con ternura, me besó y bajé del auto rumbo al trabajo.

    Ya de vuelta a casa, no veía el momento de que los niños se fueran a descansar. Mal que bien logré llevarlos a su habitación. Llamé a Luis.

    – mi amor, el vuelo de mi marido está por salir, no hay mucho tiempo, pero quería verte. No sé cuando podamos repetir esto. Me has hecho muy feliz. Luis te quiero.

    – yo también Carla. Ya veremos cómo hacemos, pero no puedo dejar de pensar en ti.

    Me abrazó fuerte. Sabía que sería difícil volver a repetirlo. Me hizo suya una vez más. Apoyada sobre la pared con las manos hacia arriba, me abrió las nalgas para dejar libre el camino de su verga hacia mi jugosa y ardiente conchita. Me empezó a meter una y otra vez ese pedazo de carne que tanto había ansiado comerme, mientras me acariciaba las tetas.

    Sonó el tono de mensaje del teléfono. Amor, puedes ver de quién es? De tu marido, me dijo. Leí el mensaje y se lo comentaba en voz alta. Dice Richard que ya aterrizó, está esperando recoger su equipaje. Luis no quiero que esto termine, no quiero que te vayas.

    – bebita fácil el taxi demora 20 minutos en llegar. Te voy a meter un polvito más.

    Solo atiné a escribir “te espero amor” como respuesta al mensaje recibido, mientras me disponía a gozar una vez más de esa deliciosa verga de nuestro inquilino.

    – me voy a correr dentro, para marcar mi territorio bebita.

    – tontito, sabes que tú eres mi hombre. Dale hasta adentro, quiero dormirme con tu lechecita adentro.

    Luego de dejarme satisfecha, lo acompañé a la puerta y mientras nos despedíamos, estaciona un taxi.

    – sube, ya llegó mi marido. Te quiero.

    – adiós bebita. Te mensajeo mañana. Bye.

    Cerré la puerta. Me acomodé un poco el cabello. Para estar tranquila, ya me había puesto el pijama y una toalla sanitaria para evitar que el semen de Luis me humedeciera la zona de la conchita.

    Al entrar Richard, lo besé cariñosamente, le pregunté como le había ido y si quería algo para prepararle.

    – No, amor, no te molestes. Estoy cansado, sólo quiero descansar. Los niños todo bien.

    – si, ya duermen. Mañana hay mañana deportiva en el colegio y tengo que llevarlos.

    – yo debo ir al trabajo a dejar unos documentos y de ahí te alcanzo en el colegio.

    – genial gordito. Yo me encargo. Vamos a descansar.

    A la mañana siguiente, luego del desayuno familiar, me fui con los niños al colegio, mientras mi esposo se iba a su trabajo. Al llegar al colegio, todos los niños practicando sus deportes y los padres haciendo grupos para conversar y rajar y todo eso. Así de pronto, se me acerca Gonzalo, y me pregunta: “ya llegó tu marido”.

    – Si, pero se fue al trabajo, y de ahí viene a recogernos.

    – Entonces, podemos ir un ratito al telo que está aquí cerca, ese al que te llevé la vez pasada. Si mi amor?

    – ya está bien. Pero al toque. No quiero tener que estar inventando después. A veces no se me ocurre nada.

    – mientras tú vas sacando la camioneta, yo voy saliendo y te espero fuera, ahí ya me recoges.

    Así lo hizo, subí, y en menos de cinco minutos ya estábamos entrando al hotel.

    – después de tiempo que te voy a meter pinga Carlita. Te haces esperar no más.

    – no es eso Gonza, solo que no he podido escaparme. Además me da como pena con tu esposa. Somos amigas y a veces me siento mal por estar contigo.

    – no te hagas lío con eso. Al igual que Richard la Mónica ya no me engríe y tengo que buscar fuera pues, y por suerte te encontré y así nos quedamos tranquilos los dos. No te compliques. Ven, chúpamela.

    Empezamos a cachar despreocupados, como justificando nuestro accionar. Gonzalo no era nada del otro mundo, pero tenía su encanto. Además me había ayudado con mis “necesidades”, pero ahora que ya estaba con Luis, empecé a pensar en ir alejándome poco a poco de él.

    – oye amor. El otro día conversando con Miguel, me dice que te extraña mucho, que los has olvidado por completo y que lo evades; es cierto, porque estás así con él.

    – él se lo buscó pues. No te ha contado acaso.

    – no, no me ha comentado. Me ha dicho más bien para llevarte al sambambaias como antes.

    – ya le he dicho que no. Que lo que hubo ya acabó. Dile que me supere, que ya no insista.

    – y si vamos los tres. Ahora tú como mi hembra y él solo como un remenber nada más.

    – ya quisieran, pero no. Dile que siga soñando. Que vaya con su trampa, esa que prefirió antes que a mi. Y por último, tú eres su abogado o que?, por que tanto interés ah?

    – es que está necesitado pues, jajaja. No, en serio Carlita, yo le tengo aprecio pues. Mira que fue Miguel quien me recomendó que me apuntara contigo, yo ni idea que eras traviesa, y gracias a ese dato, ahora la pasamos bien.

    – si pues, ya me había imaginado eso. Y tú a que otro papá del colegio me has recomendado?

    – a nadie mi amor, a nadie, yo te quiero para mi solito.

    – oye ya termíname, que ya es tarde. Mi marido debe estar por llegar.

    – entonces le doy esperanzas a Miguelito? mira que la podemos pasar muy bien entre los tres.

    – no, que sufra un poco más… ya veremos más adelante si lo perdono y acepto su invitación.

    Apuró el mete saca, con movimientos más acelerados y poco rítmicos, hasta que se vació dentro. Nos vestimos, y salimos en su camioneta rumbo al local deportivo del colegio. Para mi suerte llegamos mientras mi marido estaba conversando con otros papás, así que nadie se percató de mi llegada, y cada quien hizo su aparición por un sitio diferente. Estuvimos en grupo, sí, en el mismo grupo con Gonzalo y su esposa y otros papás, hasta que terminó la jornada deportiva.

    A los niños los habían invitado a almorzar unos compañeros, así que retornamos a casa solo con mi marido.

    – oye gordo, no tengo ganas de cocinar y si vamos a comer afuera.

    – estas segura, no tengo muchas ganas de salir

    – ya pues, no seas así. Yo te invito y además cambiamos de aire un poco. Lo convencí.

    Me bañé, tratando de sacarme el olor de Gonzalo. En el fondo me sentía culpable y eso me hacía tener que sacar a almorzar a mi marido.

    Fuimos a un restaurant tranquilo y como nunca estuvimos conversando de todo un poco de manera amena. Creo que me esmeré en atenciones para pasarla bien. Y así transcurrió el almuerzo. Sin embargo, a dos mesas de la nuestra estaba un sujeto que no paraba de mirarme de forma un poco incómoda y de vez en cuando levantaba su copa como haciendo un brindis. Al principio no le di importancia, pero ya a tanta insistencia empecé a coquetearle un poco, sonriéndole cuando podía o tratando de coincidir con mi copa también devolviéndole el brindis. Me parecía un jueguito divertido. Total.

    En una de esas que mi marido se levantó para ir a los servicios, se acercó a mi mesa. Me puse tensa y nerviosa. No pensé que iba a ser capaz de acercarse.

    – hola preciosa

    – hola, contesté

    – preciosa, disculpa que te incomode, pero solo quería dejarte mi tarjeta. Soy promotor de eventos. Y veo que tú tienes todo el potencial necesario para ser parte de mi staff de chicas. Llámame y conversamos, te parece?

    – estaba segura que era lo que me estaba imaginando. Disculpa, te agradezco, pero soy casada, y tengo trabajo, no creo tener tiempo.

    – mejor aún. Ahora las casadas son más cotizadas. Pero no lo hablemos aquí, además en cualquier momento viene tu esposo. Mejor llámame y te digo en que consistiría el trabajo que tengo para ti y a ver si te animas.

    – ok. Roger. Así decía en su tarjeta. Te llamo entonces.

    – adios preciosa, espero tu llamada.

    Guardé la tarjeta en la cartera. No creía que lo estuviera considerando. No sé por que no tuve valor de mandarlo al diablo. No sé por que guardé la tarjeta en vez de botarla. Mientras pensaba todo eso, llegó Richard. Conversamos un poco más y pedimos la cuenta y de vuelta a casa, no sin antes pasar por la casa de los amiguitos de los niños para recogerlos.

    En mi cabeza seguía rondando la idea sobre que hacer con la dichosa tarjeta. Decidí llamar a Roger. Con Richard viendo el futbol en la sala y los niños jugando, no había inconvenientes de hablar por teléfono. Subí a mi habitación y llamé.

    – Aló Roger. Hola, nos vimos en la tarde en el restaurante.

    – te demoraste mucho en llamar preciosa.

    – estaba algo ocupada. Y bueno te escucho, dime como es que funciona, en que consiste el trabajo que me ofreces.

    Luego de conversar como veinte minutos con Roger, acepté ser parte de su equipo de trabajo, no sin antes dejar en claro que solo si contaba con tiempo podría ayudarlo en su negocio. Para los efectos, él ya tenía mi número y me puso como nombre el de Kiara.

    El martes, ya en casa, estaba viendo la novela cuando recibo un mensaje que decía: Kiara, puedes mañana a las 6 pm ?… Sí, contesté. Ok. Mañana te paso los datos del contacto entonces.

    Me quedé pensando de lo que iba a hacer. Excusa para llegar tarde tenía. No quería pensar. Solo quería que las cosas fluyan, que pasen. Escogí ropa interior de encaje de color negro y un vestido que casi ya no usaba. Los guardé en una bolsa y los metí como pude en la cartera. Al día siguiente despedí a los niños y los embarqué en su movilidad, esperé que Richard me llevara al trabajo, y me puse a trabajar esperando que las horas pasaran.

    Terminando la jornada, tomé la cartera y me encerré en el baño de la oficina. Me cambié de ropa y me bañé en perfume. Salí lo más pronto posible, marqué mi tarjeta y ya en la calle tomé un taxi. Al Hotel Libertador por favor, le indique al taxista. Ya en el taxi, revisaba el mensaje de Roger: “preciosa, a las 6 pm en el Hotel Libertador, habitación 402, ingeniero Fernández, sé puntual”. Vi la hora. Eran las 5:52 pm. Estaba en tiempo. Pagué el taxi. Miré hacia el frontis del Hotel. Me paré firme y erguida y empecé mi caminata hacia la puerta. Al entrar, me dirigí a la recepción.

    – buenas tardes, por favor me podría anunciar con el Ingeniero Fernández, de parte de la señorita Kiara.

    – un momentito por favor. La voy a anunciar

    Vi que la recepcionista llamaba por teléfono y tomaba apuntes. Se dirigió hacia mi y me indicó, tome asiento por favor, permítame un momento y ya estoy con usted.

    Me senté en el sofá, y sentía mil miradas hacia mí. Se me hacía eterno el tiempo que tardaba. Trataba de entretenerme viendo el teléfono. Hasta que por fin apareció la recepcionista.

    – Señorita Kiara, disculpe usted la demora. El ingeniero Fernández no va a poder atenderla en estos momentos. Está en una reunión y va a demorar. Me encarga que le entregue este sobre y que ya él se va a comunicar con usted para agendar una nueva fecha de reunión.

    Gracias. Estiré la mano. Tomé el sobre y lo guardé en la cartera. Sonreí tímidamente mientras salía del hotel, no sabía que hacer. Empecé a caminar. Seguía sintiéndome observada. Caminé una cuadra más. Me detuve en una esquina. Me apoye en la pared y revisé mi cartera. Tomé el sobre y lo abrí. Una tarjeta asomó. “Disculpa por no poder atenderte. Ya coordino con Roger para otra oportunidad. Suerte”. Y debajo de la tarjeta unos billetes. Cinco de veinte soles y uno de cincuenta. Volví a guardarlos en mi cartera. Caminé de nuevo. No sabía a donde ir. De pronto me acordé de un par de botines que había visto en Ripley. Levanté la mano, paré un taxi y me dirigí al mall. Finalmente no era mi culpa el no haber podido prestar el servicio.

    Entré a la zapatería. Presto se acercó a mi un joven vendedor. En que le puedo ayudar? Me muestras los botines negros de allá, le indique señalando la estantería. Me los puedes buscar en talla 38? Están en 140 verdad? Si, con el descuento están a ese precio. Voy a buscarlos, espéreme un momentito.

    No había reparado, pero el muchacho estaba en algo. Se me olvidó por un momento de donde venía. Me senté mientras me sacaba los tacos que llevaba para probarme los botines. Llegó con lo solicitado.

    – me ayudas por favor.

    – me tomó de la pantorrilla para poder meter mi pie en el botín.

    – no quiere entrar. Me lo empujas para que me entre?

    El doble sentido me ponía a mil. Y el pobre se esforzaba en hacer que mi pie entrara y yo hacía lo posible por evitarlo complicándole la ayuda.

    – me quedan bien? pregunté

    – se le ve muy bien, es su talla perfecta y con ese vestido, mucho mejor.

    – espero que le guste a mi marido.

    – ahh es casada… si, seguro le va a gustar como se ven.

    Me los llevo. Tomé el sobre de mi cartera, saqué el dinero y pagué.

    – un favor. En la boleta de venta anótame tu número de teléfono y tu nombre por favor. No vaya a ser que mi marido no esté en casa y tenga algún problema al ponérmelos y necesite tu ayuda para que me entren.

    La cara de felicidad de Ramiro (así me lo apuntó en la boleta) era digna de retratar. Yo lo miraba fijamente con una leve sonrisa. Tomé la caja de zapatos y con un gesto de mis manos me despedí.

    Salí del mall. No me salieron las cosas como pensaba, pero me alcanzó para darme el gusto de comprarme unos botines, además había conocido un chico lindo del que ya tenía su número. Y los días anteriores había aprovechado al máximo la ausencia de mi esposo. Aproveché la ocasión que se me presentó. Caminaba hacia la salida y me llaman por teléfono. Era Carmen. Me decía que le habían pedido a mi hijo menor unos colores o plumones y que por favor los comprara por que los necesitaba para hacer un trabajo y que Richard le había dicho que estaba ocupado y que me avisara.

    La llamadita me volvió a mi realidad. A asumir mi rol de ser la madre dedicada. No sabía cuanto tiempo más podría seguir fingiendo a ser lo que no era. A seguir aparentando ser la esposa fiel, la señora de la casa. Me senté un momento. Me sentía cansada, como derrotada. Tomé unos minutos viendo la gente pasar de un lado a otro. Abrí la cartera, tomé el sobre. Lo rompí en pedacitos. Quise hacer lo mismo con la boleta de venta, pero no pude. Tome el teléfono. Bloqueé el número de Roger. Agregué el de Ramiro. Después rompí la boleta también. Me paré, caminé hacia la salida. Boté los pedacitos del sobre y la boleta en el tacho de basura. Tomé un taxi rumbo a la casa.

    Al llegar abracé a los niños. Le entregué a Diego sus plumones. Se puso contento.

    Fui hacia la cocina. Le pregunté a Carmen si el señor había llamado.

    – no señora, su esposo no ha vuelto a llamar. El que vino es el señor Luis. Vino a recoger su pijama.

    Vi en su mirada, disfrute. Mientras me hablaba, sentía su acusación. Como queriendo hacerme sentir mal, o tal vez hacerme reflexionar. No contesté. Subí a la habitación.

    Empecé a desvestirme frente al espejo. Miraba la imagen. Simplemente no sabía quien era. No sabía quien era la persona reflejada en el espejo.

  • Antonio, mi vecino favorito (Parte VI)

    Antonio, mi vecino favorito (Parte VI)

    Bueno, estuve ausente por unos meses pero volví para contarles un par de cosas de mi historia con mi vecino favorito.

    Luego de que tuvimos esas noches de sexo desenfrenado en dónde el jueguito de hacerme la dormida mientras Antonio entraba a mi departamento a «escondidas» para tocarme y cogerme quedó al descubierto, nos seguimos viendo todas las noches. Ahora el juego era algo diferente; descubrí que me gustaba que él me sometiera y a él le encantaba dominarme, así fue como fui entrando poco a poco al mundo del BDSM con Antonio como mi guía.

    Empezó a ponerme tareas, un día me ordeno ponerme la falda más corta que tuviera para ir al trabajo y, además no podía llevar ropa interior (ni panty, ni brasier), al principio me negué pero luego accedí, porque para ser honesta el solo imaginarme la situación me ponía muy caliente, así que obedecí a mi vecino favorito, quien ahora era mi Amo; me puse la falda más corta que encontré, medias negras y una camisa blanca.

    Le mostré a Antonio como había quedado.

    -¿Que te parece?

    -¿Cómo se dice?

    -Eehh, Señor, ¿Que te parece?

    -Ya te he dicho que te vas a dirigir a mi como «Señor», es la última vez que te la paso, la próxima vez te castigo, putita.

    -Perdón Señor, no vuelve a pasar.

    Solo después de eso me inspeccionó, dio una vuelta a mi alrededor y paro a mis espaldas, paso una mano por mi columna vertebral y luego puso ambas en mis tetas, tocando y apretando sobre la blusa, después sus manos fueron a mi culo, presionando lo para después poner una debajo de mi corta falda.

    -mmm aquí veo un problema. Recuéstate sobre el brazo del sofá con el culo bien parado.

    No pregunte, solo hice lo que mi Amo me ordeno, no sabía que estaba pasando, ni cuál era el problema que se había presentado, pensé que simplemente me iba a coger porque en su inspección sentí su verga erguida y la verdad la idea de su verga dentro de mi me estaba matando de excitación.

    Luego de un rato que me parecieron horas lo sentí pararse detrás de mi, me subió lo poco que se podía subir mi falta y para mí sorpresa no bajo las medias, pero tomo un poco de estás y empezó a cortarlas justo en la entrepierna, desde mi culo y a lo largo de toda la vulva, cuando terminó me metió dos dedos en la vagina sin contemplaciones y esos dedos entraron sin ninguna resistencia.

    Los saco y se inclinó sobre mi frotándome toda su erección por el culo.

    -Que mojada está mi puta ¿Mi perrita quiere verga?

    -Si mi Señor, deseo toda tu verga dentro de mi ya, por favor.

    -Como lo pediste por favor, tus deseos son órdenes.

    Me metió toda su verga, estaba completamente ensartada por él, que solo podía gemir, puso una mano en cada hombro y cada vez me la metía más profundo cuando estaba por venirme, sentí como él se había venido dentro de mi.

    -Quédate así.

    Me empezó a tomar fotos con mi celular, fotos mías, dónde salía bien abierta de piernas, con las medias rotas y chorreando semen.

    -Señor, quiero más.

    -Ya se mi putita, pero ahora te debes ir al trabajo, vas a llegar tarde. Me dijo con esa sonrisa que tanto había llegado a conocer.

    Puse mala cara y me acomode la ropa, me tomo de la mano y me llevo frente al espejo

    -Ahora mi puta está perfecta para ir a trabajar. ¿Qué cara pondrá tu jefe cuando te vea llegar? -Dijo señalando mi camisa blanca.

    Casi me da un infarto porque no me había fijado que esa camisa se transparentaba todo era como ir en topless prácticamente.

    -Señor, no puedo ir así a la oficina.

    -Si puedes y lo vas a hacer porque yo te lo ordeno.

    -¿Al menos puedo usar un blazer encima? Por favor.

    -Está bien, debes estar pendiente de tu celular porque te voy a poner unas tareas.

    Me dio un beso y me despido.

    Al llegar a la empresa muchos, y muchas, se me quedaron viendo, menos mal el blazer logro disimular la falta de brasier.

    Cómo siempre tuvimos nuestra reunión matutina, cuando entre a la sala de conferencias ya la mayoría había llegado. Todos se me quedaron viendo las piernas, la mayoría de las mujeres viéndome con desaprobación y la mayoría de hombres, y puedo decir que algunas mujeres, con lujuria.

    Me llegó el primer mensaje de Antonio:

    -Cuéntame, ¿Qué tal tu llegada a la empresa?

    Le conté como todos me miraban, incluso mujeres.

    -¿Cómo no? Si mi perrita es irresistible. Tu primera tarea es abrirte un botón más de tu camisa. Me mandas foto y te quedas así hasta que te dé más instrucciones.

    Hice tal cual como mi Amo me indico.

    Pasaron un par de horas hasta que entró a mi oficina Carolina quien era jefe de otra área y teníamos pendiente una reunión, reunión que se me había olvidado por completo.

    Cuando entro de inmediato se me quedó viendo el escote y recordé que ella fue de esas mujeres que se me quedaron viendo, no con reproche sino con algo más…

    Nos saludamos normalmente y empezamos con el trabajo.

    De inmediato le conté mis pensamientos a Antonio.

    -Seguramente le gustas. Me dijo.

    -No creo Señor, además de lo de hoy, no me ha dado motivos para pensar eso.

    -Yo creo que si, quiero que hagas algo atrevido y de paso lo comprobamos, solo si tú quieres hacerlo.

    -Señor, ¿Que tienes en mente?

    -Primero quiero que te encierres en la oficina con ella y te quites el blazer, si ves que responde bien quiero que le muestres que no tienes ropa interior y que tienes la vagina escurriendo mi semen, pero antes de empezar quiero escucharlo todo en tiempo real, me avisas y te llamo.

    -Está bien Señor, yo te aviso.

    Les comento, nunca se me hubiera pasado por la cabeza tratar de seducir a otra mujer, nunca me habían atraído las mujeres, ninguna, pero hacer eso para Antonio me ponía tan caliente que accedí.

    Le dije a Carolina que me disculpara que debía ir al baño, estando allá aproveche para avisarle a Antonio y empezar la llamada, cuando volví a entrar a mi oficina cerré la puerta discretamente con seguro.

    Ella me volvió a ver con lujuria mientras entraba y eso me dió la seguridad de quitarme el blasser y, además, abrir otro botón de mi camisa, en ese momento Carolina clavó su vista en mi escote descaradamente.

    -Hoy está haciendo muchísimo calor, ¿Cierto?

    -Demasiado. Dijo aun mirando mi escote.

    -Estoy que me quito toda la ropa.

    -Si quieres lo puede hacer, yo no tengo ningún problema- dijo sonriendo y mirándome por primera vez a la cara desde que había entrado- Es más, yo también me voy a quitar la chaqueta.

    Carolina es una chica linda, cómo de mi edad, más alta y corpulenta que yo pero con lindo cuerpo; con buen trasero aunque poco busto, de cabello ondulado cobrizo.

    Antonio me escribe:

    -Ja! Te dije que le gustabas, es hora de ser un poco más atrevida.

    -¿Es por el calor que no llevas brasier?

    Comenta Carolina rompiendo el silencio, así que decidí tomar esa pregunta cómo una oportunidad y ver qué se daba.

    -De hecho no, tuve un problema en el cajón de mi ropa interior y ahora toda está mojada. ¿Te puedo mostrar algo?

    -Si claro, lo que quieras.

    Me paro, me pongo frente a ella, doy media vuelta y me inclino. Mientras me subo la falta le digo:

    -Mira, me tocó ponerme estás medias manchadas y sucias.

    -Si. Dice ella tocando el interior del muslo derecho tímidamente.

    -Y eso no es lo peor- le digo mientras pongo mis manos al lado de cada una de mis nalgas abriéndolas- mira están rotas y no traigo ropa interior.

    Ella suspira un poco y va subiendo su mano por mi muslo pero la retira, enseguida me paro pero quitó otra botón de mi camisa y me voy a sentar.

    -Que mal- dice ella- me hubieras avisado y te hubiera prestado algo de ropa interior, tengo muy bonitas, cómo estás.

    Acto seguido se sube la falda y se baja las medias, está usando un tanga roja muy pequeña que se pierde entre sus enormes nalgas.

    Me inclino en mi escritorio haciendo que mis brazos presionen mis tetas y estás sobresalgan más por la abertura de mi camisa.

    -Si, tienes una ropa interior muy hermosa y sexy.

    -Bueno, aunque solo te podría prestar pantys, porque esas enormes tetas jamás cabrían en mis brasieres, de hecho me preguntaba si son reales.

    -Son totalmente reales- le digo tocándolas- si quieres lo puedes comprobar por ti misma.

    -Tendré que hacerlo porque no creo que sean naturales.

    Me levanto, me quito la camisa y me siento en el escritorio.

    Enseguida pone sus manos sobre mis tetas, las empieza a apretar y estrujar, quizás no me gusten las mujeres pero me encanta que me toquen las tetas y sus caricias me estaban calentando.

    Carolina, visiblemente agitada, dejo de tocarme los pechos.

    -¿Convencida?

    -No mucho, aún tengo dudas. Me dice sonriendo.

    -Bueno, yo no soy mentirosa y aquí las tienes para que no te quedes con dudas, un que sabes, ya a mí me dio curiosidad de saber cómo se sienten las tetas de otra mujer porque solo he tocado las mías.

    -Eso no es un problema, si quieres puedes tocar las mías mientras tocó las tuyas- comenta Carolina con picardía.

    Mientras ella se quita su blusa veo los mensajes de Antonio, ahora me pedía que la gravará tocándome las tetas como fuera.

    Mientras pensaba como iba a hacer eso, Carolina quedó con sus pequeñas y paradas tetas al aire, tenía las areolas pequeñas y los pezones erguidos, apenas tuvo las manos libres las llevo nuevamente a mis tetas, está vez tocaba y apretaba más fuerte, yo en cambio, empecé a acariciarlas levemente y fui aumentando la intensidad hasta pellizcarle los pezones. En ese momento se me ocurrió la idea más tonta para poder grabarla tocándome.

    Le dije que nunca me había hecho la autoexploración para buscar cáncer de seno porque no tenía claro como se hacía, que si ella me podía mostrar cómo se hacía y si además podía tomar un vídeo por si me olvidaba. Su cara de confusión fue lo mejor, creo que la deje tan fuera de base que simplemente termino aceptando.

    Así que empecé mi vídeo, ella iba indicándome los pasos, cuando ya estaba por terminar, con mi mano libre apreté una de sus tetas a lo que ella respondió metiéndose uno de mis pezones a la boca. Gemí de la impresión y la excitación, así que ella empezó a apretarlos más y a morder deliciosamente.

    Me bajo del escritorio y me dio la vuelta, en eso vi un mensaje de Antonio que decía: -Déjate llevar.

    -Me estabas torturando, Dice Carolina mientras me sube la falda y sigue aferrada a un pecho.

    -Solo quería provocarte un poco, le respondo moviendo el culo de arriba abajo contra su mano.

    -Quiero probar tu sabor mezclado con el semen que te dejaron está mañana.

    Se arrodilla y mete su cara en mi entrepierna, comienza dando lengüetazos cortos, para después recorrer con su lengua toda mi raja y detenerse en el clítoris torturando me deliciosamente, luego pasa al ano lamiéndolo con movimiento circulares humedeciéndolo y dilatándolo poco a poco; cuando ya estuvo listo metió un dedo después, metió otro, ya con el ano lleno fue a la entrada de la vagina, me fue penetrando con su lengua una y otra vez, al mismo ritmo de los dedos que entraban y salían de mi culo, finalmente no pude aguantarme más y me vine en su boca pero ella no había terminado, me acostó en el piso y me abrió las piernas lo más que pude, luego ella unió su entrepierna con la mía, clítoris contra clítoris y se fue moviendo hacia arriba y hacia abajo, cada vez más rápido, solo se escuchaban nuestros gemidos ahogados para que nadie más nos escuchará y el sonido de la humedad de las dos conchas jugosas que se restregaban una en contra de la otra, cuando Carolina se estaba por venir volvió a tomar mis tetas tan fuerte y tan rico que volví a tener un orgasmo.

    Después de eso, descansamos un rato y nos volvimos a poner manos a la obra con el trabajo que teníamos pendiente.

  • Una orgía con el grupo de amigos de mi novia

    Una orgía con el grupo de amigos de mi novia

    Mi novia se quedó a pasar la noche en la casa de Sara por la intensa lluvia que cayó, la misma noche que mi tía llegó con la intención de estar con nosotros y con quién disfruté un sexo anal riquísimo. Al día siguiente cuando pasé por Yesica para ir a la uni me hizo mentirle a su mamá diciéndole que había pasado la noche conmigo, lo cual no fue cierto. Así que camino a la universidad me contó que fue a recoger unos libros a la casa de Sara, pero estando ahí comenzó a llover y como toda la noche estuvo lloviendo los papás de Sara le propusieron quedarse a dormir esa noche en su casa, pues ellos viven en otro municipio y al ser ya tarde no había transporte público a donde vivimos. Yesica aceptó aunque no había modo de avisarle ni a mi suegra ni a mí, yo la hacía en su casa y mejor que no fui a buscarla cuando llegó mi tía, pues entonces si se hubiera preocupado su mamá, pues ni ella ni yo hubiéramos sabido dónde estaba.

    Yesica me contó que la dejaron quedarse en el cuarto de Sara, estuvieron platicando de su novia Yajaira y de la vez que rentamos la alberca privada y del sexo tan rico que tuvieron entre ellas, obvio se calentaron recordando lo bien que la pasamos. Se pasaron la noche haciendo el amor, se comieron a besos tanto sus labios, sus pechos y sus hermosas panochas. Hicieron 69 y también se dieron placer cruzando sus piernas como Yajaira se las cogía, en fin que lo disfrutaron mucho y todo esto mientras yo en mi cuarto cogía con mi tía, extrañando a mi novia y nunca me hubiera imaginado lo bien que ella se la estaba pasando. Yo le conté lo de mi tía y aunque hubo un poco de decepción por no haber estado con mi tía y conmigo, Yesica estaba contenta con los orgasmos que tuvo con Sara. Y obvio ese iba a ser un secreto entre ellas, pues acordaron no decirle nada a Yaja y por mi parte no se iba a enterar.

    Sobre esto que vamos a contar, nosotros lo consideramos como nuestra primera orgía y todo se dio en el grupo de amigos de mi novia. Los papás de Alex, uno de sus amigos lo iban a dejar sólo en su casa por dos días y nos propuso hacer una reunión, tomar unas cervezas y pasarla bien. Estuvimos en pareja Yesica y yo, Sara con Yajaira, Maribel y su novio Arturo, Alex el anfitrión y Juan, un amigo más de su grupo. Nos reunimos desde la tarde, estuvimos comiendo, platicando, bailando y tomando, como éramos varios las cervezas se acababan e íbamos a comprar más, estábamos más que contentos por la cantidad de alcohol que tomábamos. De Alex les decimos que es gay y una buena persona aunque le gustaba echar desmadre, siempre fue un buen amigo. De Juan en esos tiempos todos sabíamos que estaba enamorado de mi novia, él era un chavo muy guapo, ligeramente más alto que yo, siempre usaba playeras y pantalones ajustados, por lo que se le notaba que tenía una muy buena verga. En una ocasión le confesó a Yesica que la quería y le pidió una oportunidad para andar, pero Yesica y yo estábamos juntos y enamorados, así que rechazó su propuesta, pero él seguía insistiendo. Maribel es flaquita, tetas y nalgas pequeñas, boca grande y labios pequeños, se veía que era muy caliente y casi siempre estaba sobre Arturo, quien es un chavo que cuidaba mucho su físico, ponía mucho detalle en su forma de vestir y era muy reservado cuando Maribel estaba sobre él, cómo acosándolo, él se veía más mesurado, a veces como si le molestara la calentura de su novia.

    Con el alcohol nos habíamos puesto cachondos todos, entonces nos pusimos a jugar botella con castigos y prendas. Maribel y Arturo eran quienes mostraban menos piel y preferían tomar retos o castigos. Para no hacer cansada esta parte, les diremos que terminamos algunos medio desnudos, las mujeres besándose entre ellas, Alex sobando las vergas de Arturo y mía y yo besándome con Yaja, Yesica, Sara y también con Maribel. Yesica se besó con Arturo y todo iba bien pero Juan estaba de malas, en un momento se puso de pie y se quiso llevar a mi novia, diciéndole que estábamos haciendo mal, que yo le estaba siendo infiel al besarme con otras mujeres, en fin que hizo una escena de celos, todos tratamos de calmarlo, pero al ver que Yesica no se iría con él, terminó por irse sólo y muy molesto, azotando la puerta de la casa de Alex. Aunque fue un momento incómodo, después de un rato nosotros seguimos con nuestro juego, todos terminamos desnudos, quienes sentían pena se cubrieron con almohadas, tomando más cerveza y casi todos ya cachondeando con nuestras parejas. Maribel y Arturo se extrañaban de ver a Sara y Yajaira besándose y acariciando sus cuerpos, mientras que a Yesica y a mi nos veían mientras hacíamos un 69, les llamaba mucho la atención el tamaño de mi verga, pues tanto Arturo cómo Alex apenas y cabían sus vergas en la palma de sus manos, aun así Maribel intentaba calentar a su novio y hacer lo que los demás hacíamos. Yesica, Sara, Yaja y yo nos acomodamos en un sillón besándonos y usando nuestras manos para acariciarnos, me jalaban la verga, me la chupaban y yo besaba sus tetas y sus panochas o metía mis dedos y lengua en mi novia y en Yaja.

    Alex estaba encantado viendo mi verga, se acercó a nosotros y le pidió permiso a Yesica para tocármela, a lo que mi novia sólo asintió con la cabeza pues tenía la panocha de Sara entre sus labios y a Yaja entre sus piernas. Yo me daba cuenta que Arturo ponía mucha atención en mi verga y no perdía detalle cuando Alex subía y bajaba su mano en mi tronco, estando sentado en el sillón con las piernas abiertas y los huevos colgando, observaba que Maribel intentaba subirse en la verga de Arturo, pero este parecía que se resistía a penetrarla mientras ella estaba muy húmeda y caliente no recibía atención por parte de su novio. En esas estaba cuando sentí la boca de Alex chupando la cabeza de mi verga, mi reacción fue voltear a ver a Yesica, quien me guiñó un ojo y sonreía mientras tenía a Sara recostada en el sillón abierta de piernas y comiéndole la panocha. Disfrutaba la mamada que Alex me daba mientras él se jalaba su pene y apenas alcanzó a jalar unas servilletas para venirse sobre ellas y no manchar el piso de su casa. Se levantó y se dirigió al baño. Yesica, Sara y Yaja estaban bien metidas en sus gemidos y sus orgasmos. Yo estaba muy caliente así que me dirigí al otro sillón donde estaba Maribel y mi verga quedó a la altura de su boca, abrió sus labios y puse mi verga dentro, mientras Arturo estaba a centímetros de la mamada que me daba su novia quien trataba de acomodarse sobre Arturo sin dejar de chupar mi verga, pero él no hacía el mínimo intento en penetrarla, ella tallaba su panocha sobre las piernas de él, tratando de llegar a un orgasmo. Yo sabía que Arturo también deseaba probarme cómo lo estaba haciendo su novia, así que los tomé de la mano, los levanté y me recosté en el sillón boca arriba, jalé a Maribel de las piernas y la acomodé sobre mi cara, su vagina estaba más que húmeda, escurría de tan caliente que estaba y apenas mis labios tocaron sus labios vaginales, gimió y tomó mis cabellos para atraerme más a su panocha, usando mi boca para masturbarse. Sentí los labios de Arturo chupándome la verga, tomó con su mano la base de mi tronco y metía lo más que alcanzaba en su boca, sentía como subía y bajaba su cabeza, mientras apretaba con sus dientes mi tronco. Maribel no tardó mucho en venirse en mi boca, me tomé todos sus fluidos y restregaba lo más que podía su panocha en mi boca y no se quitaba de mí porque no quería ver a su novio chupando mi verga, así se quedó sobre mi, mientras veía a las otras chicas dándose placer entre ellas. Arturo chupaba muy fuerte y con el movimiento de su mano me hizo venir en un rato, me vine en su boca y cuando terminé, se puso de pie y también se fue al baño, se le notaban los cachetes inflados, llevaba mi leche a tirar al baño.

    Yesica, Sara y Yaja seguían en lo suyo, gemidos y orgasmos, no me necesitaban. Así que retiré a Maribel de mi cara, la recosté en la orilla del sillón boca arriba, me puse un condón y ella solo me pidió que lo hiciera despacio. Levanté sus piernas y traté de meterla de golpe, estaba muy mojada pero no pude entrar con facilidad, fui haciendo presión y ella gemía y se quejaba, parecía que era virgen, estaba muy apretada y me costaba entrar en ella, tuve que hacer presión por unos minutos para poder entrar, aunque apenas y entró un poco más de la mitad de mi verga, se la metía y sacaba pero solo entraba la mitad, ella gemía y disfrutaba mientras yo veía sus pequeños pechos, más bien notaba solo sus pezones, pues boca arriba se notaba menos el tamaño de sus tetas. Me esmeraba en cogerme a Maribel, ella tenía sus ojos cerrados y se aferraba a la tela del sillón para mantenerse a la misma altura y evitar que la desplazara con mis metidas de verga, ya que después de un rato se la metía con más fuerza, sentí su venida y la contracción de su panocha, además de su respiración agitada y sus gemidos, verla en esa especie de trance y por lo apretado que sentía su panocha, también me vine dentro de ella, sintiendo un poco de dolor al salir mi leche, pues estaba más que apretada.

    Cuando terminamos las otras chicas aplaudieron y nos echaban porras, Maribel se cubría la cara, cómo si le diera vergüenza, aunque se reía tras sus manos. Arturo y Alex iban saliendo del baño, por el ruido que estábamos haciendo, ellos también tuvieron lo suyo en el baño.

    Todos estábamos a gusto desnudos, solo Maribel y Arturo se miraban apenados y aunque estaban juntos, se dirigían lo menos posible la palabra, ya que no habían pasado por lo que acabábamos de hacer, por lo que se cubrieron con unas toallas. Seguimos tomando y bailando, echando desmadre dándonos uno que otro beso los que teníamos confianza. Sara se tuvo que ir pues sus papás no le dieron permiso de quedarse en casa de Alex, así que Yaja la fue a dejar a su transporte y regresó a quedarse en la noche, Yesica y yo sí nos quedaríamos y Maribel y Arturo también, Alex cómo era su casa, pues también estaría. Salimos a comprar más cerveza y algo para cenar. Seguimos tomando y el alcohol hizo que todos estuviéramos más abiertos, empecé a fajar con Yesica y Yaja, nos desnudamos y me las cogí mientras ellas se besaban o penetraban sus vaginas con sus dedos, tuve un orgasmo delicioso penetrando mi novia de a perrita y luego de venirme siguió cogiendo con Yaja. Cuando me repuse un poco fui a platicar con Maribel y Arturo y Alex que se unió a la plática. Traté de hacerles ver que no había nada de malo en sus gustos, que cómo veían Yesica y yo al igual que Sara y Yaja, no teníamos problemas con vivir nuestra sexualidad, les dije que ellos debían platicar y ver si estarían bien con su sexualidad y entre que agarraron la onda y se plantearon sus gustos, tomé la mano de Maribel y la de Arturo y las puse en mi verga, que ya estaba dura, me la acariciaban pero Alex les ganó, se hincó frente a mí y se metió mi verga en la boca, aun así ellos seguían acariciándomela. Busqué los labios de Maribel y me correspondió el beso. Así estábamos cuando Yaja nos llamó a pasarnos al sillón grande donde estaban ellas dándose placer. Mi novia estaba con el culo levantado y Yaja le comía la panocha y el ano desde atrás. Yesica jaló de la verga a Arturo y lo sentó frente a su boca, me excitó mucho ver por primera vez la verga de otro en la boca de mi novia, la cual por su tamaño le entraba toda. Acomodé a Maribel sobre el torso de Arturo, de algún modo se querían mucho, pues se besaron y su beso era de amor, más que de cachondería. Me iba a poner un condón cuando Alex se metió entre mis piernas y me la comenzó a chupar de nuevo de una manera un poco violenta, chupando fuerte mientras se masturbaba y luego de un ratito, se vino de nuevo. Se retiró, me puse mi condón y mientras se besaban Arturo y Maribel yo le volví a meter mi verga despacio, para no lastimarla, ella gimió y dejó caer casi todo su peso sobre el cuerpo de su novio, quien no tardó mucho en venirse por la mamada que le daba mi Yesica, dejando caer toda su leche sobre su abdomen. Yesica también se vino con la comida de panocha y ano que le daba Yaja, quien después de hacerla terminar se paró y su fue a poner bajo el torso de Maribel, quien le permitió chupar sus pezones mientras yo embestía su panocha apretada aún pero muy húmeda. Viniéndose después de unas metidas y recostándose sobre Arturo.

    Faltábamos por venirnos Yaja y yo, me cambié el condón, me senté en el sillón a un lado de Yesica, Yaja se montó de frente a mí y se metió toda mi verga, comenzó a cabalgar entrando y saliendo y como ya les había comentado en otro relato, ella sabía muy bien como moverse para sacarme la leche cuando ella lo quisiera, así que se movió de modo que terminamos al mismo tiempo, yo aferrándome a sus nalgas y ella a mi cuello, mientras mi novia nos veía, acercándose a mis labios y dándome un beso tan apasionado como de amor.

    Todos estábamos muy satisfechos y muy bien venidos. Luego yo me quedé abrazado con Yesica y nos dormimos en un sillón, Alex se fue a su cuarto y Yaja lo acompañó. Maribel y Arturo se quedaron frente a nosotros en el otro sillón, y les sirvió la plática y la experiencia, pues más tarde después de estar hablando bajito, se oían unos gemidos y movimiento que nos hizo entender a Yesica y a mi que estaban haciendo el amor.

  • La historia de un chileno

    La historia de un chileno

    Seducirla llamar su atención no tenía que esperar ni un segundo, no fuera a llegar alguien más a invitarla a bailar, me dirigí hacia ella le hice la invitación para que me acompañara al centro de la pista y aceptó gustosa, a las vueltas en el baile su falda se subía un poco más sus piernas preciosas y en una que otra vuelta rápida enseñaba un bonito calzón corte francés, no le importaba ella seguía en lo suyo divirtiéndose.

    Al término de la canción la llevé a mi mesa y le invité una bebida, “tequila está bien“.

    Contesto doble si se puede, claro por supuesto aprobé, dos tequilas más Columba estaba un poco ebria, desinhibida estaba feliz, acerque mi boca a la suya y me respondió con un beso apasionado al cobijo de la semioscuridad puse mi mano en una de sus piernas y empecé a sobarla, todo se volvió intenso mi mano llegó a su pantaleta y ella abrió ligeramente las piernas su vagina empezaba a mojarse la humedad traspasaba la tela de la prenda y un grato olor salía de abajo era increíble el momento, como pude hice a un lado su pantaleta he introduje un dedo en su vagina era grandioso sentir esa humedad en un movimiento brusco retiró mi mano, creí que era todo pero no fue así levanto sus caderas y se quitó la pantaleta la cual me la dio a guardar enseguida volví a colocar mi mano pero esta vez le hundí dos dedos y empecé a masturbarla cinco u ocho minutos bastaron para que llegara al clímax, su orgasmo fue grande y ruidoso algunas personas voltearon hacia nosotros sabían perfectamente lo que había pasado y también los de seguridad los cuales nos invitaron a retirarnos del salón.

    Ya afuera Columba me agradecía a su manera con unos ricos besos su mano derecha se deslizó hacia abajo llegando a mis testículos y mi miembro que tenía una erección al máximo, hay que aliviar esto me sugirió “conoces algún hotel cercano o quieres que te ayude en el coche“. Fuimos al primer hotel que encontré, apenas entramos a la habitación Columba se arrodilló me bajo el pantalón y empezó a chuparme la verga era grandiosa sabía muy bien lo que hacía aunque trate de contenerme terminé eyaculando en su boca, trago todo semen que deposite en su boquita sin dejar salir una sola gota más aún me limpio todo el miembro con su lengua recorrió toda mi verga era una cosa fabulosa su lengua desde los huevos hasta el glande, succionaba mi cabeza suavemente que me empezó a parar el miembro nuevamente, la empecé a desnudar de la cintura hacia abajo la coloqué sobre la cama y empecé a penetrarla, sus piernas estaban sobre mis hombros había un detalle no me puse un condón y sus movimientos de cintura y pelvis estaban por sacar mis mocos e inundar su vagina, no quería correr el riesgo de un embarazo así que me retire suavemente ella en su sorpresa me pregunto que pasaba le expliqué, no hay problema penétrame por detrás contesto, queee imagínense me estaba ofreciendo su pequeño, su ano le iba a romper su culito, llame a recepción pidiendo un lubricante pero no lo hubo, ella se puso en cuatro patas de perrito como se dice penetra mi vagina mi conchita esta empapada y sin explotar cuando tu verga esté bien mojada con mis jugos me rompes el culo, y así fue se dificultó mucho pero logré penetrarla por el pequeño una vez pasado el dolor empecé a bombear con fuerza puse mi mano en su vagina y alcance su clítoris nuevamente la masturbe mientras la bombeaba por su culito, fue súper cuando llego al orgasmo me dio un apretón con sus nalgas que hizo que me derramara dentro de su chiquito su esfínter se fue aflojando poco a poco cuando termine de salirme un poco de mi semen salió de su trasero.

    Ahora veinte años después sigo disfrutando del culito de la que ahora es mi esposa no ha bajado la intensidad, se me olvidó comentarles que Columba es una escandalosa cuando cogemos y ahora con dos hijas adolescentes tenemos que esperar a que salgan de chopin o al cine para reventarle el culo a mi mujer o en ocasiones algún hotel lejano donde no nos conozcan para que mi esposa pueda gritar a gusto sus orgasmos.