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  • Ángel y demonio (siguiente día)

    Ángel y demonio (siguiente día)

    Martha estaba completamente segura haber tenido sexo con su vecino, no encontraba como abordar el asunto, había quedado complacida y con ganas de más, pero no encontraba como abordar el tema con el vecino de abajo, con quien al parecer no se animaba a tocar ese tema.

    Se fue a su trabajo pensando cómo hacer para tener de nuevo un encuentro sexual con aquel hombre que apenas y se había atrevido a hablarle en tantos años de vivir en el mismo edificio.

    Al volver por la noche, de nuevo el ascensor no funcionaba, subió pesadamente las escaleras de nuevo, al llegar al segundo piso encontró de nuevo a su vecino Jorge, quien realizaba mantenimiento a su cámara fotográfica, -buenas noches vecino- comenzó marta, -buenas noches vecina- respondió el sin alzar la vista. Esa muestra de timidez encendió a Martha, quien se sintió dominante de ese hombre, pensó: -quieres fingir, pues vamos a fingir-, ¿qué tal tu día vecino, como has estado?, a lo que el respondió: muy bien vecina, aunque algo preocupado, se dice que han aumentado los robos en esta zona.

    -que horrible, respondió Martha, no sabía de esto, espero no ser víctima de estos ladrones.

    -espero no haberla inquietado mucho vecina, ojala no pierda el sueño.

    -no se preocupe vecino, yo duermo plácidamente, tomo medicamentos para dormir y jamás me doy cuenta de lo que pasa alrededor (mintió)

    -entonces no debe preocuparse de nada vecina. No escuchara si alguien entra a su apartamento.

    -es lo que me preocupa vecino, si alguien entrara yo no escucharía nada, que miedo.

    -pues yo estaré atento vecina, si llego a escuchar algo extraño me asomare por su apartamento para vigilar que no haya nada raro.

    -de verdad haría eso por mi vecino, respondió Martha mientras hurgaba en su bolso, mira: aquí tengo una copia de la llave del apartamento, tenla contigo por si llegas a escuchar algo.

    -pero vecina, como voy a entrar a su apartamento, que pena.

    -pues si no entras como revisaras que no pase nada, por favor no me pierdas de vista, le guiño un ojo y siguió su camino meneando las caderas más de lo normal, mientras pensaba; has caído vecino.

    Antes de dar vuelta por la escalera, volteo atrás y le recalco, acuérdate vecino: yo duermo como tronco, no despierto con nada.

    Llego a su apartamento a tomar la ducha de todas las noches, la disfruto más que otros días, se sentía excitada, sabía que el vecino llegaría en la madrugada a tratar de tener sexo con ella, tomo su cena, y se acostó a dormir con una tanguita roja que solo tapaba levemente su vagina y su culito, ya que por los lados era solamente unas delgadas tiras de tela, arriba su acostumbrado top transparente.

    Bueno, pensaba, ojala que el vecino no vaya a venir muy tarde, si no en verdad voy a estar dormida, apago todas las luces, por si estaba espiando para que se animara más pronto.

    Martha pensaba: ¿se animara a venir?, ya me estoy durmiendo, ha pasado una hora desde que apague todo, creo que mejor me acomodo para dormir.

    En eso escucho que la puerta de su apartamento se abría, ¡es el! – pensó – se acomodó en su cama de lado, con las nalgas hacia la orilla de la cama, se destapo de las sabanas que la cubrían, para dar todas las facilidades al intruso de la noche y fingió estar dormida.

    En unos segundos escucho se abría la puerta de su recamara, seguido de la voz del vecino susurrar: ¿estas despierta vecina?, sin obtener respuesta.

    De nuevo repitió la pregunta pero con un tono de voz más alto: ¿vecina estas despierta?, al no obtener respuesta se sintió más seguro, se acercó a la cama de Martha, hasta estar junto a ella, su mano se extendió para acariciar una de sus piernas, con sus dedos recorría toda la longitud de su firme muslo, su rodilla, su pantorrilla hasta su tobillo y su pie.

    Martha sentía un cosquilleo combinado con excitación, pero hizo lo que pudo para no dar una respuesta a esa caricia.

    El vecino empezó a tomar más confianza, Martha escucho que algo hacia su vecino pero no podía ver, solo pensaba: ¿que está haciendo?

    Pronto encontró su respuesta: Jorge se sacó el pene del pantalón y lo coloco sobre la pierna de Martha, ella de inmediato lo sintió, ya que aunque estaba a medio parar, sentía el calor que emanaba ese pedazo de carne que ya había conocido, mientras tanto el vecino recorría de nuevo la pierna de Martha pero ahora con el tronco de su pene, empezando ahora desde el pie, subiendo poco a poco.

    Mientras el vecino subía con su pene por la pierna de Martha, ella sentía como aumentaba de tamaño y de dureza, cada centímetro de pierna que recorría, lo sentía más caliente y más pesado, mientas con los ojos cerrados pensaba: ya siento que me estoy mojando.

    El pene del vecino llego hasta las nalgas de Martha, el trato de meterlo por debajo de la tela de sus bragas, su cabeza recorría todo lo largo de la rajita húmeda de Martha, ella podía sentir como esa glande brillosa hacia lo posible por meterse dentro de su vagina sin poder lograrlo.

    Martha trato de ayudar moviéndose un poco para abrir más las piernas, pero esto asusto al vecino que se retiró de inmediato, Martha se dio cuenta y de inmediato fingió estar roncando, entreabriendo la boca, ahora acomodada hacia arriba y con las piernas abiertas, el vecino al escuchar los “ronquidos” retomo la ofensiva, ahora se subió a la cama por el lado contrario a donde se colocó Martha, se acercó a ella hincado y le coloco el pene en la boca, la cabeza de la glande se ajustó a la boca entreabierta de Martha y de inmediato comenzó a empujarlo dentro de la boca de ella.

    Martha comenzó a moldear su boca para que ese miembro ya duro en su máximo esplendor pudiera caber dentro de su boca, ya con la boca completamente abierta empezó a sentir el recorrer del tronco venudo dentro de ella, como entraba hasta el fondo y volvía a salir, mientras sentía un gran incendio en su vagina, ya totalmente mojada, no aguanto más y se atrevió a abrir los ojos para poder ver a su atacante, vio de inmediato la cara de su vecino, con los ojos cerrados y volteando hacia arriba, emitiendo gemidos de placer.

    De inmediato Martha aprovecho para bajar una mano hacia sus bragas, las hizo hacia un lado y comenzó a masajearse el clítoris, de manera inmediata este le correspondió poniéndose duro, recibiendo con gusto las caricias de su dedo, Martha ya estaba entregada de nuevo, solo pensaba en recibir un buen orgasmo, en eso, el movió la cabeza hacia abajo y Martha volvió a cerrar los ojos, no supo si el la vio, esperaba que no.

    El al abrir sus ojos miro hacia la entrepierna de Martha, al ver que se estaba tocando, dejo de preocuparse en despertarla, sabía perfectamente que ella estaba consiente, así que ya se dispuso a actuar descaradamente, se acomodó entre las piernas de ella, se las abrió lo más que pudo, le hizo las bragas hacia un lado y le acomodo la cabeza del pene en la entrada de la vagina, unas gotas salieron de dentro de la inundada vulva de Martha. Jorge hundió su miembro hasta el fondo de la humanidad de Martha, ella emitió un gemido de placer ya totalmente desinhibido, llevo sus manos hacia la espalda de su vecino y doblo las piernas para dejarlo que maniobrara a placer.

    El vecino embistió con fuerza dentro de la vagina de Martha, con la humedad el miembro duro entraba con gran facilidad dentro de la vagina de ella, cada embate se acompañaba de gemidos de ambos, en cada embate se escuchaba el choque de los cuerpos, los gemidos y la humedad.

    El vecino tomo los senos de Martha con sus manos y comenzó a morderlos, Martha recibía con gusto los mordiscos y los embates de él.

    Finalmente Martha sintió que inevitablemente llegaría el orgasmo, su cuerpo se puso rígido y de su garganta se ahogó un grito de placer, hundió sus uñas en la espalda del vecino en tanto que él se preparó para explotar dentro de ella, puso los brazos tensos al lado de ella, hundió finalmente su miembro hasta el fondo, lo mantuvo dentro y comenzó a descargar el esperma hirviendo que tenía depositado en sus testículos.

    Cayeron desfallecidos los dos, hasta quedar dormidos, por la mañana se despertó Martha, viendo su cama revuelta, con las señas de la batalla, ya no cabía duda, había sido poseída por su vecino, solo faltaba saber cuántas veces más…

  • Fantaseo con mi mejor amiga (1)

    Fantaseo con mi mejor amiga (1)

    Me dirijo hacia la casa de mi mejor amiga para tomar mates, como siempre, ella me recibe con un enorme abrazo y un beso en la mejilla.

    Tenía puesto un vestido blanco que acentuaba todo su cuerpo y me llamaba demasiado la atención.

    Subimos por las escaleras, ella iba delante mío unos escalones más arriba, y no pude evitar mirarla desde abajo de su vestido, llevaba puesta ropa interior negra, lo cual resaltaba mucho con sus blancas y hermosas piernas.

    Nos sentamos a ver la tele, y mientras charlábamos sobre lo que hicimos en la semana, me pongo a preparar el mate. Ella se inclina para levantar algo que se había caído, y no puedo evitar volver a mirarla, desde sus tobillos hasta su esponjoso culo… al menos en mi mente lo siento muy esponjoso, y quiero tocarlo, apretarlo, morderlo…

    Ponemos una serie y comenzamos a verla y a reír, a tomar mates. Ella extiende su brazo izquierdo sobre la mesa y apoya su cabeza, mirando la serie y cada tanto mirándome a mi, a lo cual no puedo evitar verla también.

    Sin querer, en un momento pateo su pie por debajo de la mesa, a lo cual ella responde con otra patada, mientras nos hacemos los tontos viendo la serie.

    Ella acaricia mi pierna con la suya, respondo de la misma manera, con mi mano izquierda toco su rodilla, a lo que ella responde frotando mi brazo con sus dedos, con las uñas, como arañándome.

    Froto su rodilla con mis uñas y empiezo a subir un poco más, ella cierra los ojos y solo se concentra en sentir mis dedos, pero dejo de hacerlo sin decirle nada, quiero jugar con ella, me mira seria, pero continuamos viendo la serie.

    Ella juega con sus dedos sobre la mesa, mueve su pelo por encima de su hombro, dejando su cuello descubierto, también estaba jugando conmigo, sentía que era un llamado.

    Me levanto de la silla, y poniéndome detrás de la suya comienzo a masajear su cuello, se había puesto una crema cuyo aroma me fascinaba.

    Ella se sienta derecha en su silla y comienza a mover su cabeza en señal de placer, le gustaba mucho sentir mis dedos en su cuello, siento una vibración, ella con sus labios hacía un sonido de «mmmm» el cual con el pasar de los segundos iba incrementando su volumen e intensidad.

    Su piel se pone roja y cada vez mas tibia. Toma mis manos y las pone sobre sus enormes tetas, eran inmensas, sentía que iban a explotar, me provoca a apretarlas con suavidad, pero después un poco más fuerte, me acerco hasta su oreja y comienzo a suspirarle, darle besitos muy suaves, ella no para de hacer ese sonido que cada vez me ponía más loco, con su mano derecha me toma de la cabeza al mismo tiempo que yo le doy una pequeña mordida.

    Ya no aguantaba más, acerqué mi mano hasta debajo de su vestido y empiezo a tocarla, siento con mis dedos el elástico de su ropa interior y no puedo evitar meter la mano para tocarla en profundidad.

    Ella suelta un pequeño gemido, al mismo tiempo que curva su espalda, puedo sentir su humedad, tenía un mar entre sus piernas.

    Ella se levanta y se coloca mirándome de frente, acerca sus labios a los míos, pero no me besa, mira hacia abajo y nota que yo estaba «emocionado». Coloca su mano en mi bulto y lo sostiene con firmeza, mientras vuelve a mirarme a los ojos.

    Yo noto su mirada llena de placer, de gusto, ella nota lo mismo en mi. Se acerca más y muerde mis labios, a lo cual respondo sosteniendo su culo con firmeza, puedo sentirlo tal cual era en mi mente, muy esponjoso y suave.

    Ella toma mi mano y me lleva hasta su pieza, me acuesto boca arriba en su cama, mientras comienza a besarme desde mi boca hasta el cierre de mi pantalón, el cual abre y después baja.

    Besa la cabeza de mi pene por encima del bóxer, lo cual me hacer hervir, y mientras sigue besándome hacia abajo, me quita el bóxer, su mirada era demasiado intensa, llena de placer, me calentaba demasiado. Comienza a lamer mi pene como si fuese una paleta, de arriba hacia abajo, jugando con la punta de su lengua, metiéndolo hasta el fondo de su garganta, podía sentir su campanilla sobre la cabeza de mi pene.

    Sigue bajando y comienza a besar muy suavemente mis testículos, una tortura para mi, sentía una mezcla de cosquillas y placer, imposible de explicar. Aprieto las sábanas en señal de que lo que ella me hacía sentir era muy intenso, no puedo evitar soltar pequeños gemidos. Comienza a pajearme con sus tetas, rebotando sobre mis testículos, fue un placer inexplicable.

    Ella termina de hacerlo y se acerca hacia mi, su mirada estaba llena de morbo, su boca llena de saliva, muerde sus labios y luego besa los míos.

    Luego ella se acuesta boca arriba, y yo voy bajando, bajo un poco su vestido para descubrir sus enormes y jugosas tetas y comienzo a chupar sus delicados pezones, ella gime, mientras sigo acariciando sus pezones con la punta de mi lengua, sigo bajando hasta llegar hasta su zona íntima, levanto un poco su vestido, ella levanta sus piernas, veo su tanga color negra, comienzo a besarla por encima, ella ya no aguanta las ganas, necesita que se la chupe, me lo pide, lo desea. Pero no se la quito, solo la hago a un lado para ver su vagina, era hermosa, carnosa, ardo en deseos de chupársela, pero tomo mi tiempo para admirarla.

    Estaba empapada, se había enrojecido… no aguanté más y comencé a lamer su clítoris, tallarlo con la punta de mi lengua, mientras con mis dedos abría suavemente sus labios, le pasaba la lengua como si fuese el helado más sabroso que probé en mi vida. Ella no daba más, sus gemidos se convirtieron en gritos, apretaba sus pezones con la punta de sus dedos.

    Podía sentir como su vagina se empapaba cada vez más, eso me excitaba demasiado.

    Lentamente introduje un dedo dentro de su vagina y comenzó a curvar su cuerpo, gemía muy fuerte, mientras seguía lamiendo su clítoris como si estuviese tomando agua, entre más se mojaba se la chupaba con más intensidad.

    Ella tomó mi cabeza, controlaba todos mis movimientos, eso me ponía como loco.

    De repente paro de hacerlo y ella comienza a sacarse el vestido, yo me saco el pantalón, ella me empuja para tirarme a la cama y se sube arriba mío, coloca mi pene en su muy húmeda vagina y lo introduce suavemente, al mismo tiempo que exclama un gemido muy placentero.

    Comienza a moverse de adelante hacia atrás de una manera lenta, mientras muerde sus labios, eso me volvía loco. Después de unos segundos, comienza a moverse un poco más rápido y con intensidad, noto que sus tetas se mueven delante mío, rebotan sin parar, no pude aguantar más y las tomé con mis manos, ella sigue gimiendo, le doy un par de nalgadas, a lo que ella responde gimiendo fuerte, lo hice un par de veces más, ella me provocaba a hacerlo, no muy fuerte, pero sabía que le gustaba mucho.

    Ella se sienta de cuclillas encima mío y comienza a saltar sobre mi pene, dándome unas estampidas muy placenteras, se puso como loca, salvaje, verla así me llenaba de placer.

    Ella se pone en posición de perrito, quiere que se la meta por atrás, yo introduzco mi pene mientras la tomo de su cintura, ella exclama unos gemidos muy placenteros. Puedo sentir su hermoso y esponjoso culo rebotando enfrente mío, una sensación inexplicable. Se lo aprieto, comienzo a recorrer su espalda con mis manos, acariciándola… sujeto su pelo, comienzo a penetrarla mientras le doy unos tirones, ella no aguantaba más y yo tampoco, necesitaba expulsar todo lo que estaba acumulando.

    Le digo que ya no aguanto las ganas de acabar, ella se pone de rodillas enfrente mío, sujetando sus enormes y jugosas tetas con las manos, abre la boca sacando la lengua, esperando que se la riegue toda en la cara y sus pechos. Mientras yo sigo sacudiendo esperando acabar, ella comienza a succionarme los testículos para seguir estimulándome, eso fue el colmo, no aguanté más y exploté en un orgasmo maravilloso, nunca imaginé que alguien me haría acabar de esa manera.

    Me quedé sin fuerzas de lo intenso que fue, y mientras yo respiraba fuerte, ella siguió chupándomela.

    Nos quedamos acostados haciendo cucharita, acariciándonos, besándonos por un rato, pero ya era hora de irme, su familia estaba a punto de llegar.

    Nos vestimos, ella me acompañó hasta el portón. Nos despedimos con un abrazo y un beso en la mejilla como siempre, esperando el día de volver a vernos y repetir lo que había sucedido… O al menos eso imaginaba yo…

    Por ahora esto no es más que una fantasía… espero que algún día se convierta en realidad.

  • La masajista (Capítulo 4): Juliana

    La masajista (Capítulo 4): Juliana

    Me desperté cerca del mediodía, en mi piso enorme y vacío. Me senté con un café en la mesa de la cocina, y hojeé el diario sin leerlo. Mi mente estaba lejos, enredada en los increíbles acontecimientos del día anterior. Una montaña rusa de emociones, pero en el sentido más amplio de la palabra. No tenía sentido engañarme a mí mismo. Algo sentía por Juliana. “¿Enamorado de una puta?… ¿adónde lleva este camino?” – pensaba. Interrumpió un SMS.

    – hola

    – hola Ju. Como estas?

    – Bien. vos? – Disqué su número. Eran los tiempos de los textos tipeados en teclado numérico y no los soportaba.

    – Bien flaca. Leyendo el diario – cuando me respondió. – ¿Recién te levantás?

    – Recién me despierto. Estoy en la cama todavía.

    – Dormilona.

    – Me quedé hasta tarde viendo tu video con Majo.

    – ¡Que pervertida! ¿Solamente viendo?

    – Te falta para pornostar, pero esta bueno – respondió ignorando mi indirecta – habría que editarlo.

    – ¿Para qué? Nunca saldrá en ningún sitio.

    – Para aprender. Así además veo si estoy filmando bien.

    – Venite a casa a la tarde. Lo bajamos a la Workstation y lo editamos.

    – Dale. ¿A las siete?

    – ¡Oki!

    Juli llegó puntual. Llevaba un vestidito verde suelto y cortito. Su pelo atado en una colita de caballo. Nos saludamos con un beso en la mejilla.

    – ¿Café o cerveza?

    – Cerveza, obvio. ¡Que linda casa!

    La llevé a recorrerla, paramos en la heladera por un par de latas, y nos fuimos hasta el escritorio, donde copiamos el crudo de la notebook a la Mac. Lo importamos al programa de edición, y empezamos a verlo, recortarlo, retocarlo, y sobre todo a divertirnos. Sentados uno al lado del otro en sendas sillas, alternábamos nuestras manos sobre el teclado y el mouse, donde se encontraban cada vez con más frecuencia, prolongando el contacto en la medida que la tensión sexual entre ambos crecía. Ya había notado que no llevaba corpiño, y mi verga acusaba los estímulos de toda la situación, que no excluía verme a mí mismo cogiendo a Majo. Se levantó a busca un par más de cervezas, y cuando volvió prefirió sentarse en mi falda “para estar más cómodos”. “Uy, después tenemos que atender eso” dijo al sentir mi erección bajo el short deportivo que llevaba puesto.

    Continuamos hasta terminar de cortar lo que no nos parecía, y puso a correr la vista previa desde el principio. Mientras mirábamos mi mano acariciaba suavemente su pierna desnuda, y ella comenzó a mover suavemente sus caderas, masajeándome de esta manera con sus nalgas. Comencé a caer en cuenta que esta vez había cierta agitación en la respiración de Juliana. Mi mano que subía tímidamente por su muslo se encontró con una entrepierna caliente. El vestidito amplio que llevaba no me imponía ninguna dificultad de acceso, ni sus piernas que estaban bastante separadas. Mi índice llegó a su clítoris y una descarga eléctrica recorrió su cuerpo cuando lo toqué por sobre la tanga. Recostó su cuerpo hacia atrás y le besé la oreja mientras mi mano se entretenía entre sus piernas. Estaba húmeda. Muy húmeda. Corrí la tela y mi dedo entró en ella con facilidad. Juli suspiraba y gemía. “Paráte” le dije. Se incorporó un poco, le bajé la bombacha, liberó sus pies de ella, me bajé apenas el short y la hice sentar en mi verga. Titubeó en un principio, inconsciente ella misma de la mojada que estaba, pero pronto entró sin más. Le hice abrir las piernas, y mi diestra volvió a su clítoris, donde pronto encontré como respondía mejor a mis estímulos. Con mi otra mano le sobé las tetas sobre el vestido, y sus gemidos aumentaron al tiempo que los movimientos de su cuerpo delataban también su creciente excitación. Si bien mi propia estimulación no había sido mucha, se compensaba con lo que en mi cabeza provocaba lo especial de la situación. Me concentré entonces en apurar mi orgasmo. Quería – necesitaba – acabar con Juli. Pasó su brazo por sobre mi cabeza, e intentamos un beso en la medida que nos lo permitía la posición. “Aaa – Ayy” gemía mientras su cuerpo se tensaba y contorsionaba, buscando ese orgasmo tan anhelado. Mantuve constantes los movimientos de mi indicé sobre su clítoris, y la sentí llegar. Se quedó rígida un instante con un grito ahogado y trémolo, y todo su cuerpo tembló. También sentí sus contracciones en mi glande, que me dieron el empujón final para acabar junto con ella. Cerró con violencia sus piernas atrapando mi mano. Su orgasmo continuó por al menos diez segundos. Entre jadeos y gemidos. Y finalmente sollozos. Cuando pudo incorporarse un poco, se volteó y volvió a sentarse en mis piernas, me miró con ojos llorosos y nos besamos apasionadamente. Mi video con Majo seguía reproduciéndose, hacía ya tiempo ignorado.

    – ¿Sushi? – le pregunté mientras sostenía su cara entre mis manos.

    – Dale.

    Ordené por teléfono, y mientras ella estaba en el baño busqué mi mejor chardonnay y lo puse a enfriarse un poco. Me puse a preparar unos Martinis en el bar del living, y vuelve Juli.

    – Te traje un regalito.

    Con inexplicable timidez me entrega un CD con envoltorio de regalo. Era “Live in Paris” de Diana Krall. Nos besamos de nuevo largamente, y nos sentamos con los Martinis y a escucharlo en el sofá. Conversamos olvidados del tiempo como el día anterior, pero esta vez había también caricias, y besos esporádicos. Y temas más profundos, ya que también compartimos nuestros miedos y heridas del pasado. El sushi vino y se fue, junto con el chardonnay, a Diana Krall le siguió Rita Lee, y también Chopin y Debussy mientras le explicaba de música clásica. Terminó “Claro de Luna” y nos miramos in instante en silencio.

    – ¿Y ahora? – pregunta.

    – Y ahora vamos a hacer el amor. Sin masajes, sin Majo, sin videos… solo nosotros.

    La besé. Nos besamos. Le acaricié la pierna y el muslo llegando a su nalga, mientras ella me buscaba por debajo del short. Franeleamos con intensidad y mi mano encontró rápido su entrepierna húmeda, pero me empujó hacia atrás y me comió la verga, ya dura y ya fuera del pantalón. Por destreza o por sentimiento, o por ambos, fue la mamada más gloriosa. Le acaricié el pelo y la dejé hacer, pero por unos pocos minutos, ya que si no eso habría terminado demasiado pronto. La llevé de la mano a mi habitación y a mi cama. Le saqué el vestidito verde por sobre los hombros (la tanga nunca había vuelto a su lugar). Ella mi remera y mi short. Nos abrazamos y besamos, y gozamos el contacto de la piel de nuestros cuerpos desnudos. Besé su cuello, y luego sus pechos y pezones duros. La recosté en la cama, y hundí mi cabeza entre sus piernas. Mi lengua la recorrió sin descuidar detalle, pero se concentró en su sensible clítoris. Juli se retorcía y gemía. Continué largos minutos, hasta que la sentí llegar. Lejos de postergarlo para mas tarde, no dudé en llevarla al clímax que vino nuevamente largo e intenso, terminando en escalofríos y estertores. Me arrastre sobre ella, nuestros ojos y nuestras bocas se encontraron de nuevo. Y nuestros sexos, porque solo acomodó un poco su pelvis para que mi pene durísimo hallara su entrada y estuve en su interior sin romper nuestro beso y nuestro abrazo. Sus piernas me atraparon con vigor, e hicimos el amor muy juntos, muy cuerpo a cuerpo, hasta que quiso estar arriba mío, y deleitarme con sus mágicos movimientos de cadera, pero esta vez cada tanto se recostaba sobre mí para que pudiéramos unir nuestras lenguas.

    – Dale, acabá dentro mío. Llenáme.

    – No, vos también.

    La puse a mi izquierda en la cama, y de costado de espaldas a mí, la penetré. Mi mano derecha buscó su clítoris, cosa que me facilitó levantando un poco su pierna. Mi índice repitió la magia de antes, y la fue llevando al orgasmo, sincronizándolo con el mío. Llegamos al unísono, gritando ambos, temblando ambos. Entre espasmos, Juliana juntó sus piernas y llevó las rodillas a su pecho. Como enroscándose. Como si anidara en mi cama. Y allí se quedó.

  • Mi colega y amigo presumido (y cornudo)

    Mi colega y amigo presumido (y cornudo)

    Conocí a Roberto en la universidad. Siempre fue famoso por sus triquiñuelas y por sus negocios turbios. Siendo aún muy jóvenes, en los 20s, ya tenía varias actividades poco éticas que le daban buenos ingresos. Gastaba todo ese dinero con chicas lindas y, como era de esperarse, finalmente la universidad lo expulsó.

    Le perdí el rastro por más de 15 años. Me lo volví a encontrar en una gran empresa en la que trabajé un tiempo. Tenía yo un puesto de mediana importancia y él, a pesar de finalmente también haber terminado ingeniería en otra universidad, tenía un puesto muy básico de supervisor en un área de servicios generales.

    A los dos o tres días que llegué a la empresa, se presentó en mi oficina. Lo reconocí de inmediato, seguía igual en lo físico. Y rápidamente confirmé que igual en las tretas y mañas. No había cambiado. Lo recibí cordialmente y desde ese momento me visitaba una o dos veces por semana a la oficina y almorzábamos un par de veces al mes.

    Sus conversaciones eran recurrentes. Presumir de la esposa sensual que tenía y de sus ocasionales amantes. Tenía ya más de 35 y seguía siendo un veinteañero. Incluso, sin respeto por su esposa, me mostró fotos de ella en lencería o bikinis playeros. Realmente un hembrón. De la selva peruana (la zona famosa por sus mujeres fogosas) pero mucho más guapa de las que había conocido.

    Sólo le decía “te envidió amigo, que rica hembra tienes”. A todas luces, eso lo hacía feliz. Mi sueldo era poco más del cuádruple que el suyo y, en la mujer al lado, él podía decirse que tenía ventaja y la presumía.

    Roberto era un tipo poco apreciado en la empresa. Se había ganado la “estabilidad laboral” por su tiempo de permanencia, y seguro con incentivos a sus supervisores durante sus años iniciales. Luego de eso, ampliamente detestado. Más de un colega me consultó porque le daba tanto espacio y les respondía siempre lo mismo “fue mi compañero de universidad y nunca chocó conmigo”.

    Un viernes me comentó que al día siguiente su esposa prepararía potajes de la selva para “que en su barrio prueben lo rica que es la comida de su zona”. Me preguntó si quería ir con mi esposa. Le dije que le agradecía, pero que mi esposa ya tenía un full day con mi hija y unas amigas del colegio, en una ruta cercana a Lima. Titubeó y me dijo que si quería podía ir solo. Acepté.

    Decidí ir en taxi. Conocía el barrio por referencias y no era el mejor de Lima. Además, supuse que bebería y prefería no manejar de regreso. Roberto tenía una pequeña casa de un piso y un segundo piso en construcción. Cuando llegué estaban su esposa y su suegra con una parrilla hacia la calle. Me presenté y me recibieron amablemente, Roberto les había contado mucho de mí.

    Su esposa como en las fotos, espectacular. Su suegra empezando los 50s pero realmente una hembrota para todo uso. Charlamos sobre como conocí a Roberto en la universidad. Ellas me dijeron que “qué pena que por falta de dinero no pudo terminar en esa universidad”. Les había contado una versión distinta de la real, no lo desmentí. Por el contrario, inventé un poco y les describí un Roberto que no conocía “leal, responsable, estudioso, etc.”

    A los minutos él volvió. Empezó la venta de la comida y de la cerveza. Por los comentarios de la gente “siempre rico Sra. Melissa” (que así se llamaba la esposa de Roberto) me di cuenta que era una actividad recurrente. Estuve un par de horas y vi mucho movimiento. A ojo de buen cubero, en un sábado al mes, Melissa podía ganar más dinero que Roberto en un mes completo de trabajo.

    En algún momento, como algo intrascendente, intercambié números con Melissa. No le di importancia. Al despedirme, Roberto me agradeció, casi hasta las lágrimas, que los haya acompañado. Melissa y su madre igual, muy amables en mi despedida. Felizmente llegó rápido mi taxi y partí.

    Llegué a casa. Más tarde fui al cine. Al salir, ya era de noche, mi esposa e hija llegarían pronto. Me llegó antes un mensaje de Melissa, donde me agradecía haber ido y que le había encantado conocer a un amigo de su esposo. Le respondí cordialmente y no charlamos más esa noche.

    El martes siguiente me volvió a llegar un mensaje de ella, que había estado pensando en mí y lo “bueno que parecía”. Le agradecí y poco más. El jueves me volvió a escribir, diciéndome que “le alegraba que Roberto tuviera un amigo tan bueno como yo”. Le volvía a agradecer y añadí “me alegra que Roberto tenga una esposa tan bella y trabajadora como tú”.

    En mi defensa debo decir dos cosas. Primero que Roberto me llevo a su casa. Segundo que fue Melissa quien empezó el juego. Luego que le dije lo de bella y trabajadora empezó la lucha.

    – ¿Te parezco bella?

    – Claro que sí, eres una mujer muy bella y además tienes un cuerpo en serio muy hermoso.

    – Me alegra mucho que pienses eso de mí.

    – Pues sabes la mujer que eres y supongo el espejo te lo dice cada mañana.

    – Jajaja, no digas eso.

    – Eres muy linda Melissa, una mujer muy atractiva.

    – Tú eres guapo también y muy interesante

    – ¿En serio?

    – Sí, me pareciste un hombre muy atractivo

    – Me vas a hacer sonrojar.

    – Jajaja, tonto, eres lindo, lo sabes.

    – No, no lo sé.

    – Sí que sí, eres un coqueto.

    Seguimos en esa onda por días, semanas. Finalmente, ella me dijo que le “gustaría conversar personalmente conmigo”. Añadió “de preferencia cuando Roberto este en el trabajo” y culminó con “como eres gerente supongo puedes salir cuando quieras”. De hecho, no era gerente, pero supongo (conociendo a Roberto) me había descrito como Gerente para sentirse más importante en casa.

    Le respondí que sí, que siempre podía salir, excepto cuando tuviera reuniones previstas en la oficina. Ella lo entendió y (creo que la excitó salir con un gerente muy ocupado) coordinamos mi agenda (la de ella era solo cocinar, limpiar y reunirse con sus vecinas). Quedamos a los 2 días reunirnos a las 11 am en una cafetería que me pareció lo suficientemente discreta, pero a la vez elegante y linda.

    Salí de la oficina. Manejé hasta la cafetería. Me senté a esperarla. En saco, camisa y corbata. Había elegido una italiana que había comprado un par de meses antes, la había reservado para una junta o una exposición con directores, pero al final, creí llegado el momento.

    Llegó. En una minifalda muy corta y una blusa blanca muy provocativa. Creo que se esmeró al vestirse, pues era sensual y elegante a la vez, provocadora y distante, desde que la vi, perdí la cabeza.

    Se sentó a mi lado. Me dio un beso en la mejilla que casi rozó mis labios. Me preguntó que pedir pues “nunca he estado en un sitio así tan bonito”, le ordené un jugo que me parecía bueno y una torta de chocolate que era la especialidad allí. Le encantaron.

    Tras unos 30 minutos de conversa intrascendente me animé a decirle “Melissa, en serio me pareces una mujer muy hermosa”. Ella se sonrió y me dijo “Alonso, me gustas”. Ella fue más allá y más rápido que yo. La bese. Pagué la cuenta y fuimos a un hotel cercano bastante caro, pero no tenía mucho tiempo y tenía demasiadas ganas.

    Fue la suerte la que me hizo llevarla allí. Desde el ingreso se cogió fuerte de mi brazo y me dijo “nunca he estado en un sitio así de lindo”. Pagué una suite. Ella lo valía.

    En la habitación ella igual deslumbrada. Había un jacussi, ella me preguntó que era y le expliqué.

    Sin más palabras nos desvestimos uno frente al otro. Realmente que cuerpo tenía la esposa de mi amigo Roberto. Que cuerpo tan espectacular y firme. Empecé a besarle los senos, a lamérselos. Ella se calentaba. Puse mi mano en su coño y así de pie, seguí mamándole los senos y empezando a correrla, sentí su concha húmeda, ya dispuesta a ser penetrada.

    La acosté en la cama y comencé a lamerle el coño, los borde, el clítoris, mi lengua lo más dentro que podía. Tuvo un orgasmo así, conmigo de siervo de su entrepierna. Gimió delicioso. Dejé su coño y subí sobre ella y empecé a besarla. Me dijo “eres el primer hombre con el que estoy desde que empecé con Roberto”. No le creí. Pero no me importaba.

    Tenía la verga a reventar y la penetré. Ella me dijo “tienes condón” le dije que no. Me dijo “terminas afuera o en mi cola”. Para ser la “primera vez” que corneaba a Roberto, era una experta amante. Luego de un instante corto en el misionero, la puse de costado y seguí usando su coño. Con un dedo empecé a explorar su culito y estaba palpitando, esperando verga.

    La puse en perrito y me arrodillé detrás de ella para lamerle el culo.

    – Dale mi amor, me encanta

    – Melissa que rico es tu culo perra

    – Si soy una perra, una perra, me encanta ser una perra

    – Si y Roberto es un cornudo

    – Si, es un cornudo, muy cornudo, y empezó a gemir y llegó

    Repitió 20 o 30 veces “cornudo, cornudo, cornudo…” Creo que eso la ponía a mil, ponerle los cuernos a su marido. En medio de la repetición me paré detrás de ella y se la metí al culo, ella seguía muy excitada (a pesar de su segundo orgasmo) y en instantes nos acoplamos.

    – Le voy a mandar su leche al cornudo

    – Si dale, mándale, lléname el culo

    – Roberto es un puto cornudo

    – Si lo es, lo es, soy una puta

    Sin cambiar de pose nos fuimos acelerando, cuando ella empezó a contraerse para un nuevo orgasmo, llegué. Sentir mi leche dentro, la hizo llegar.

    Retozamos un rato más en la cama, nos duchamos y partí a mi trabajo y ella a su casa, a cocinar para Roberto. Al llegar a la oficina, oh casualidad, me encontré con Roberto en el pasillo, me dijo

    – Hermano de dónde vienes

    – De una reunión con una proveedora de unos servicios

    – Y. ¿Cómo te fue?

    – Me fue súper bien hermano, gracias

    Desde ese momento y por muchos meses, la mujer de Roberto fue mi mujer. Finalmente despidieron a Roberto, por una sobrevaloración en unos servicios. Se fue con su esposa a Iquitos, supe que pusieron un restaurante y les volví a perder el rastro por un tiempo.

  • Amo a Lili

    Amo a Lili

    Mi novia Nekane, Lili y yo teníamos una relación muy muy especial de vecinos con derecho a roce, follábamos todos con todos, incluso una vez llegué a casa y las estuve espiando sin que se dieran cuenta mientras se follaban con arneses y se… uff!!! Ya os contaré esa historia. (Podéis leer «El día de la vecina» ya publicado, y ver como conocí a Lili).

    Aquel sábado Nekane no estaba por un viaje de trabajo, ella misma me dijo antes de irse que llamara a Lili para hacerme compañía y echar un polvo, me puse cachondo la verdad.

    Llame Lili y quedamos por la noche después de que saliera de trabajar, le tocaba cerrar la cafetería. Íbamos a follar seguro y prepare un poco la situación. A eso de las 12 de la noche sonó el timbre, seguro que era ella y abrí desnudo, solo con los calzoncillos, ella me miró, se mordió el labio y me comió la boca mientras me sobaba el paquete, me empalme.

    Ya no era como al principio, una china avergonzada y tímida, tenía confianza y se mostraba más extrovertida y natural, estaba cómoda con nosotros. Me senté junto a ella y la mostré como salía mi polla durísima por encima del calzoncillo, se sonrió, empezó a pajearme y a besarme el cuello y los pezones, me ponía a 100 ver su manita en mi polla dándole de arriba abajo con fuerza, tenía 48 años pero era una chinita pequeñita guapísima y con unas tetas enormes.

    Me dijo que iba a darse una ducha, que venía de trabajar y no estaba cómoda. Se desnudó en la habitación y se fue al baño con el albornoz, yo la miraba mientras me la meneaba, sus tetas grandes y bonitas estaban desbocadas, el chocho pequeño, rasurado en su mayor parte, pero con un flequillo lacio, es como un toque oriental y me excita.

    Mientras se duchaba vi sus bragas en la cama, note como mi polla reaccionaba, las cogí y por supuesto que me las lleve a la nariz, olían a sexo, olían a ella. Era sucio pero me puse tan cachondo que me masturbe y me corrí como un perro en celo. Me limpie con ellas y me fui a la sala a esperar a que terminara.

    Cuando salió de la ducha vino a la sala con el albornoz y las bragas colgando del dedo, con media sonrisa de dijo que era un cochino y que me iba a dar lo mío. No sabía a qué se refería pero sonaba bien, se puso de pie y se desabrocho el albornoz, para mí sorpresa llevaba puesto un arnés y me dijo que estaba en el baño, que sabía que me gustaba. Me dijo que Nekane le contó que alguna vez me lo había hecho y que le ponía cachonda imaginándome vulnerable.

    Me enfade y me sentí traicionado por Nekane, le dije a Lili que si lo hacía con mi novia es porque estaba enamorado de ella, disfrutaba y se excitaba mucho haciéndomelo y sabía cómo hacerme disfrutar con eso, tenía experiencia, pero que era algo entre Nekane y yo y no pensé que se lo contará a nadie. (Si quieren saber pueden leer «Fui su presa» publicado anteriormente).

    Sin decir nada se sacó el arnés, tenía el albornoz abierto y se veía su cuerpo desnudo, sentía que se había atacado a mi hombría, estaba enfadado y se canalizo en excitación, tenía que demostrar a Lili que era un hombre y la saque el albornoz con algo de agresividad, le gustó, agarre sus manos contra la espada y la tumbé boca abajo en la mesa con su culo en pompa, gemía excitada, la estaba sometiendo un poco y la estaba gustando.

    Me agaché y abrí su culo, empecé a lamerlo mientras se retorcía y gemía, con las manos atrapadas solo podía empujar su culo contra mi cara. Seguí chupándoselo metiendo la lengua todo lo que podía entre sus piernas, cuando penetre su culo con la lengua grito y se corrió a chorros, notaba como temblaba y apretaba sus nalgas contra mi cara.

    Me puse de pie, me sentía algo mejor pero seguía enfadado y empalmado. Sin soltar sus manos arrime la polla a su culo, apreté y ella pedía que por favor no lo hiciera, que la iba a doler. Sus palabras solo me hicieron apretar más fuerte, pasé un dedo por su espalda recorriendo su columna vertebral y a la altura de la raja del culo se relajó y mi capullo entró de golpe, dio un grito ahogado.

    Notaba como su culo envolvía mi capullo apretado dentro con fuerza, sabía que la dolía y me excitaba. Aún sin moverme ella gemía continuamente, tenía las manos y la cara contra la mesa, y los ojos cerrados. Yo la tenía durísima, con el capullo metido dentro de su culo, sin que ella pudiera esperarlo apreté con fuerza y la metí entera, hasta el fondo.

    Lili dio un grito de dolor algo entrecortado encorvando el cuello hacia atrás, me puse cachondisimo al ver su cara de dolor y placer, su respiración era fuerte y continuada. Agarre su cinturita y empecé a embestir con más velocidad, ella gemía y gritaba cosas en chino, de vez en cuando levantaba la mano pidiendo que parara pero aprendió que cuando lo hacía me ponía más cachondo y golpeaba con más fuerza.

    Dándola fuertes embestidas la agarre del pelo y la pedí que dijera que la gustaba, casi sin poder respirar me dijo: «no pares cabron», madre mía, con acento asiático se percibe de otra manera, me puso a 100, apreté sus hombros contra la mesa y empecé a embestir rápido fuerte y profundo, ella seguía gimiendo y gritando cosas en chino, empecé a notar como temblaba y apretaba el culo, se iba a correr.

    Seguí follandola sin parar, quería correrme pero tenía que aguantar, con unos fuertes gemidos acompañados de una respiración entrecortada se corrió como una perra con las 2 manos tapándose la cara, me separé y con media polla dentro me quedé observando como la temblaba todo el cuerpo y apretaba el culo, estuvo más de 15 segundos temblando y notaba como me chorreaba todo por las piernas.

    Mi hombría ante ella estaba restablecida y aun no me había corrido. Cuando dejó de temblar volví a bombear su culo despacio, ella gemía cada embestida, se notaba que estaba agotada y podía hacer lo que quisiera con ella, volví a embestir fuerte y rápido, estaba listo para correrme, ella empezó a gemir continuadamente y me pedía por favor que me corriera, me encantaba ver su cara de dolor y placer.

    Quise complacerla y dándola unas fuertes embestidas la agarre del pelo y la dije que se la iba a meter en la boca y se lo iba tragar todo, se tapó la boca y volvió a correrse fuertemente con un grito entrecortado, fue una sorpresa, me excite hasta el punto de correrme dentro de su culo gimiendo como un cabron.

    Nos quedamos un par de minutos tumbados, ella contra la mesa y yo contra su espalda, agotados. Me incorpore y saque lo que quedaba de mi erección, estábamos empapados y mi corrida brotaba de su culo. La ayude a incorporarse y me abrazo, me dijo que la perdonará por lo del arnés, aunque se alegraba de que hubiese pasado porque había disfrutado mucho. Lili no tenía ninguna culpa pero no se lo dije, y ya hablaría seriamente con Nekane.

    Nos metimos juntos en la ducha, me decía que la había hecho sentir muy puta, una chica mala que había hecho mal, merecía un castigo y que la había dolido pero también encantado. Me excite un poco y se me puso algo dura, Lili la vio y enseguida se agarró a meneármela, me besaba la boca y me pedía que dijera que era mi puta.

    Agarre fuerte su pelo y mirándola fijamente a los ojos le dije que me la iba a chupar hasta que me corriera y se lo tragara todo, dio un suspiro, la guíe del pelo hasta mi polla y se la metí en la boca, junte su cabeza contra la pared y sin soltarla el pelo empecé a follarla la boca, la metía todo lo profundo que podía se le ponían los ojos en blanco mientras se tocaba el chocho.

    Pare de embestir su boca y le dije que siguiera chupando, que era una cerda y que quería ver como se lo tragaba todo. Me acariciaba los huevos me la chupaba y pajeaba con ansiedad, no pude aguantar, agarre su pelo para impedir que la sacara de su boca y me corrí gimiendo como un perro, me temblaban las piernas pero ella seguía ordeñando mi polla obedientemente hasta la última gota, menuda mamada. Se lo trago todo y arrodillada me besaba el capullo y abría la boca para que viera que no quedaba nada, ese día descubrió lo excitante que era sentirse utilizada como una puta.

    Después de unos tiernos besitos y algunas caricias terminamos de ducharnos, nos tumbamos abrazados y medio desnudos. Cuando desperté Lili se había ido a trabajar y Nekane había llegado de su viaje, con el arnés en la mano me dijo que vaya fiesta me había dado, yo la dije que teníamos que hablar.

  • Conocí el departamento

    Conocí el departamento

    Había llegado al departamento de mi amigo más tarde de lo esperado. Por fin, después de mucho tiempo, conocería el lugar del que tanto me había hablado.

    Conversamos lo justo y necesario para no despertar ni a su mujer ni a su hijo.

    Me condujo a una habitación que tenía una cama individual y me entregó un juego de llaves para que me manejara con autonomía. Su jornada empezaba temprano, pero casi que me obligó a que permaneciera en la cama hasta la hora que deseara. También me comunicó que su mujer iniciaba su labor muy temprano y que su hijo entraba al colegio en la pre-hora.

    Cuando me desperté efectivamente todos se habían marchado. Pensé que lo más conveniente era desayunar y luego salir a dar una vuelta por el barrio.

    Antes de salir recorrí cada una de las habitaciones del departamento. Era confortable y muy espacioso, tal como mi amigo me lo había relatado tantas veces.

    Me sorprendió la cantidad de productos y jabones que había en el baño. Una sensación de escalofrío me recorrió el cuerpo cuando vi un jabón que usaba su mujer durante la etapa en la que estaban de novios. En esa época compartíamos los gastos del alquiler y ella solía quedarse varios días. Repentinamente tuve una erección y una sensación de culpa.

    Al volver de mi paseo el departamento estaba vacío. Todavía era plena tarde y nadie había regresado. Preparé mi ropa para darme una ducha.

    Ya en el baño sentí un ruido como de una puerta que se cerraba e inferí que era mi amigo que retornaba de su trabajo. Según lo que me había dicho, su mujer terminaba de trabajar ya entrada la tarde. Cerré el grifo y comencé a secarme cuando bruscamente y, sin tiempo a nada, se abrió la puerta y su mujer ingresó al baño. Eso duró un instante pero ambos quedamos paralizados. Le pedí disculpas y ella me dijo que no tenía nada por lo que disculparme.

    El incidente no pasó a mayores. A la noche cenamos y hablamos con mi amigo de lo acontecido en la jornada laboral. Como la mujer y su hijo se habían dormido aprovechamos para conversar de otras cosas. Me dijo que la relación con su mujer estaba pasando por un momento muy delicado. Ya casi no tenían sexo y lo noté muy preocupado. Traté de calmarlo porque en un momento se había puesto muy mal. Nos despedimos porque a la tarde regresaría a mi ciudad. Antes de acostarme me recordó que no me preocupara si no me veía a la mañana siguiente, porque entraba al trabajo muy temprano. También me dijo que su mujer, ese día, entraba más tarde y que podía desayunar con ella.

    Apenas puse el cuerpo en la cama me quedé rendido.

    Si bien el clima no era caluroso, un aroma fresco como a jabón ascendió por mis piernas. Entreabrí los ojos y por la claridad que se colaba por la ventana advertí que ya serían las ocho de la mañana. Esa fragancia persistía y la sentí como impregnada en el aire. Me incorporé rápido y quedé petrificado cuando vi a la mujer de mi amigo que me estaba haciendo sexo oral. En mi rostro estaría grabado el horror porque ella me susurró que me calmara. Le dije que se detuviera pero continuó chupándome la verga como poseída. Casi sin poder oponerme me sacó el bóxer. No me reconocía en esa acción. Ella estaba con una tanga negra y un corpiño del mismo color. Por mi mente no pasaba ningún pensamiento y eso me horrorizaba aún más. Su piel era muy blanca y contrastaba con su ropa interior. Me incorporé completamente y empecé a sacarle su tanga; ella ya se había quitado el corpiño. Mi verga estaba erecta y notaba que ella estaba muy excitada. No intercambiábamos palabras. Tenía la vagina depilada. La puse en cuatro. Su ano era muy rosado y quise olerlo. La fragancia también estaba ahí. Apoyé la cabeza de mi verga en su ano y me suplicó que no la cogiera por la cola. Ese pedido no hizo más que envalentonarme para metérsela hasta los huevos. Así fue. Un grito seco resonó en la habitación y luego se fue apagando hasta convertirse en llanto. Por casi veinte minutos la metí y la saque de su culo. Ella estaba completamente mojada. En un momento sentí que toda mi fuerza estaba concentrada en la cabeza de mi verga y me vacié en su ano. Gota a gota rebalsé su agujero y saque la pija morada. Ella giro su cabeza y nos miramos. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y su rostro colorado. El olor a jabón envolvía la habitación. Nos abrazamos e intenté penetrarla por su vagina, pero mi miembro estaba fláccido. Sentí que ella agradecía el abrazo y permanecimos unos minutos de esa manera.

    Me dijo que no quería que mi amigo se enterará y me contó que su relación estaba terminada.

    También me dijo que debía bañarse e irse a trabajar.

    Cuando salió del departamento para dirigirse al trabajo le di las llaves y salimos juntos. En la esquina cada uno tomó rumbos distintos.

    A la tarde viajaba en el colectivo y recibí un par de mensajes de mi amigo que me preguntaba si había podido desayunar tranquilo y cómo iba ese viaje. Le conté que todo había estado muy bien y le agradecí por la estadía en su departamento.

  • El amigo de papá

    El amigo de papá

    Al cumplir los 50 años le regalé a mi padre un viaje en crucero, lo cual se tuvo que ausentar de su casa una semana entera, él vivía solo, en aquel entonces yo estaba estudiando, vivía en una pensión estudiantil y lo visitaba seguido, él insistió que yo me quedara en casa e incluso avisó a Roque y Amanda que vivían en frente para que cualquier cosa estuvieran a disposición. La pensión quedaba cerca y yo ya tenía 22 años.

    El tiempo que se ausentó mi padre él cruzaba diariamente a preguntar si precisaba algo, o a ofrecerse para llevarme en el auto al supermercado.

    El miércoles, tres días después, llovía en el barrio y Amanda había ido a visitar a su hija. Roque se ofreció a llevarme a hacer las compras, y como no quería mojarme acepté. En el auto conversamos sobre cosas triviales hasta que de pronto hizo la pregunta que me sorprendió

    – ¿Vos tenés novio?

    – No sé responder eso, si bien salgo con alguien no somos novios y vivimos muy lejos ahora que él se mudó– dije cómodamente.

    La verdad, con esa pregunta y los comentarios que hacía cada vez que podía me di cuenta que sus intenciones eran otras, no solo acompañarme.

    Volviendo a la casa él hace una parada para responder el teléfono, Amanda lo llamaba para avisarle que esa noche se quedaría en casa de su hija.

    –Vos sabés, Amanda y yo estamos casados hace más de treinta años. Nos queremos, pero hace más de seis años que ya no dormimos en la misma cama.

    Yo soy un hombre de 55 años y vos sos muy hermosa, la verdad es que me haces sentir cosas, tu carita preciosa, el perfume de tu pelo lacio, tu piel color canela y tus caderas me matan con tu caminar y esos vestidos te quedan hermosos. – Dijo después de cortar la llamada, y volvió a arrancar el auto sin decir más nada.

    Observé sus manos grandes y fuertes, para tener 55 años estaba muy bien físicamente, era alto y su pelo ya era gris, tenía músculos bien marcados en sus brazos y un bulto prominente en la entrepierna. Se notaba que se había excitado en el viaje.

    Efectivamente yo llevaba un vestido corto, mis piernas estaban suaves y mis pechos se notaban bastante con el escote. Mi cola era la envidia de mis amigas y la codiciada entre mis amantes.

    – La verdad es que estás bueno, pero sos el amigo de mi padre, y yo tomo café con tu mujer. No podemos simplemente empezar algo.

    – Y ¿qué te parece si hacemos algo al respecto? Nadie tiene porqué saber.

    Llegamos a la casa, estacionó el auto en su garaje y cerró la puerta electrónica. Eran las cuatro de la tarde, sus manos recorrieron mis piernas y mi cuerpo se estremeció, empezó a acariciar mi entrepierna por encima de mi tanga fina, no traía sostén así que solo empezó a besarme los pezones, de pronto mis gemidos se hicieron escuchar, me quité la tanga y separé más mis piernas, me tocaba el clítoris de una forma magistral y metió dos dedos en mi vagina, eran gruesos y me gustaban.

    Para ese momento yo estaba empapada en mis jugos y tenía ganas de ver su pene, con mi mano fui acariciando el bulto y no me quiso dejar. Acabé en un orgasmo extendido llena de placer y gusto.

    Besó mi frente, y sin decir una palabra me quedó mirando.

    Cuando me repuse de ese éxtasis, me bajé del auto y volví a mi casa.

    Más tarde recordé esa escena y me masturbé en el sillón de la sala, con una mano frotaba mi clítoris, mientras la otra pellizcaba mis pezones.

    Cuando estaba a punto de acabar sonó el teléfono, era mi padre, mi atención dispersa y mi excitación hicieron que no le prestara mucha atención a la conversación.

    A eso de las siete de la tarde golpearon la puerta, yo salía de la ducha y envuelta en la toalla me fijé quién podría ser, era Roque, con mi tanga en la mano, le abrí la puerta y lo invité a pasar.

    – Perdón nena, se te olvidó esto en el auto. No quería incomodarte. – dijo en un tono apenado.

    – Está bien, perdón por olvidarme, gracias por devolverla. – le dije mientras me acercaba a él, dejé caer mi toalla y él atinó a besarme, besaba muy bien, su lengua jugaba con la mía mientras volvía su mano a mi sexo, me sentó suavemente en el sillón y él se arrodilló en el piso, empezó a morder mis pezones alternadamente, y fue bajando por mi vientre hasta besarme los muslos, morder suavemente y pasar la punta de la lengua hasta llegar a mi clítoris, succionaba, mientras me tocaba los pechos con sus manos grandes y hermosas.

    – Sos un vicio– me dijo mientras olía mi piel.

    Estuvo entre lamidas, mordidas, dedos y succión, unos veinte minutos jugando con mis genitales, y más de una vez quiso tocar mi ano pero no se animó.

    Ya había acabado más de una vez y tenía ganas de ver su pene, así que se lo pedí, le pedí que me deje meterlo en mi boca, y así hizo, se bajó su ropa interior y me metió su miembro en la boca, mientras pasé mi lengua por el tronco y sus huevos, por la punta del pene, lo metí hasta mi garganta saboreando cada parte de ese maravilloso, grueso y marcado miembro erecto como un tronco, sus movimientos eran gentiles y a su vez me ahogaba y eso me excitaba más, hasta que se acabó en mi boca.

    Generalmente yo no era así, pero ese hombre me gustaba, no sé si es morbo, pero jamás había estado con un hombre más grande, y los muchachos de mi edad eran brutos, y no tenían ni idea de cómo hacerme llegar a un orgasmo. En ese momento me decidí, me arrodillé en el sillón con mis manos en el respaldo y fue una señal clara de lo que quería, así que sus manos acariciaron mis nalgas y de pronto me dio una cachetada estruendosa, lejos de asustarme me gustó, y lo volvió a hacer varias veces, con sus manos pesadas mis nalgas habían quedado rojas, después empezó a besarlas con suavidad, a separarlas y metió su cara entre ellas lamiendo desde mi vagina hasta el ano, yo volví a estar excitada, y en unos minutos su erección se hacía sentir…

    – Pedimelo – dijo suavemente y agitado mientras rozaba su miembro entre mis nalgas – Pedimelo y te lo doy.

    –Haceme la cola, papi – dije excitada y acto seguido su pene invadió mi cuerpo, se sentía un poco doloroso, era la primera vez que lo hacía pero lo quería experimentar.

    – ¿Te gusta nena? – me dijo mientras embestía mi cuerpo y mis manos se aferraban al respaldo de aquel sillón.

    Entre gemidos respondí que sí, y después de unos minutos mi cuerpo se estremeció y en un orgasmo se fue mi alma, él acabó unos segundos después dejando su semen dentro.

    Nos tomamos una ducha y repetimos la acción, me encantó que mi cola haya sido su premio por tan buena experiencia.

    Terminamos a las tres de la madrugada, y él se volvió a su casa y yo dormí plácidamente.

    Mi padre volvía el sábado y hasta ese día aprovechamos cada momento que se podía, incluso las veces que Amanda me invitó a su casa él me tocaba mientras ella hacía algo en otra habitación.

    Al volver mi padre paramos aquellas deliciosas aventuras, y ya nunca más volvimos a vernos como amantes, pero cruzábamos miradas en los asados y fiestas del barrio.

  • El encuentro con M

    El encuentro con M

    Conocí a una mujer a través de redes sociales. Me pareció agradable, atractiva y muy interesante. Llevábamos un par de semanas chateando y ella me había propuesto quedar. Yo no lo tenía muy claro, pero después de un par de fotos, bastante sugerentes, accedí.

    Nos habíamos citado en una cafetería de las afueras, que yo creía, bastante discreta. Estaba muy nervioso y miraba hacia todas partes buscando a alguien que me pudiera reconocer pero gracias a dios no fue así. Cuando llegué ella ya estaba allí. Me fije bien en que ninguna cara me resultara familiar y siendo así me acerque hasta la mesa donde me esperaba. Nos dimos dos besos pero confieso que me quedé con las ganas de posar mis labios sobre los suyos y probar el néctar de su boca. Por unos instantes me quedé mirándola, y no era una diosa pero con mis ojos se la veía muy bonita. Llevaba una blusa blanca tan fina que se apreciaba el dibujo del sujetador de encaje. Luego una falda, también blanca, corta y amplia, que seguro se podría levantar fácilmente. Las piernas vestidas con unas medias blancas que le daban un aspecto sedoso y unos zapatos de tacón que alzaban su culito. Sencilla y discreta pero acaparando toda mi atención.

    Nos sentamos en un sofá y, desapercibido, yo me iba acercando a ella poco a poco. Ella sonreía, la conversación era fluida y ambos nos sentíamos muy cómodos, hasta que posé mi mano sobre su rodilla y vi como se le cortaba la respiración. No dijo nada pero vi el vello de su piel erizado. Ella se movía temblorosa y no parecía tener muy claros sus deseos. Mientras yo le decía una y otra vez lo bonita que era, la regalaba besos en la mejilla y mis dedos acariciaban su pierna llegando hasta el interior de su muslo provocando así que de su boca escapara un suspiro tras otro. Se la veía muy nerviosa y se giraba poniéndome ojitos pero no yo no alcanzaba a besar sus labios antes de que su mirada volviera hacia él suelo. De repente se levantó y sin decir nada se fue al baño.

    Yo pensé que había sido muy directo y por tanto había metido la pata. Aproveché su ausencia para ir a lavarme la cara y ver si así me aclaraba, pues mi mente era un tornado de pensamientos que no conseguía aclarar, pero al salir todo se nubló de nuevo. Me encontré de frente con ella y se quedó mirándome a los ojos. Yo ya no me pude aguantar y le planté un beso en los labios, luego otro y así hasta hacernos una maraña de brazos. Poco a poco la fui llevando al baño de caballeros y ya dentro empecé a meter mi mano bajo su falda mientras mis dedos se regocijaban con el tacto de su culo. La ayudé a sentarse en el lavabo y mientras intentaba quitarle las bragas ella se abrió la blusa mostrando así una delantera imponente. Yo me volví loco y desabroche el sujetador para llenar mi boca con sus pezones mientras acariciaba aquellos pechos tan firmes. El sudor manaba de su piel pero mis deseos eran demasiado fuertes para arruinar el momento por un detalle tan pequeño. De repente alguien intentó abrir la puerta y siendo tan pequeño el baño la conseguí sujetar con el pie. Los dos nos quedamos quietos y callados hasta que desistieron de entrar. Me di la vuelta y vi un cerrojo que rápidamente eché. Luego nos reímos un poco y continuamos con nuestros menesteres. Besos, caricias y demás arrumacos hacían crecer mi deseo hasta que, en un momento de locura transitoria, llegué a morder sus pezones. Ella chilló consiguiendo que yo parase y le pidiera perdón pero su sonrisa malévola me incitó a seguir con nuestro encuentro.

    Con dificultades, conseguí sacarme el miembro. Ella me miraba a los ojos con deseo y tras apartar un poco sus bragas empecé a meterme despacio, luego un poco más y así hasta tenerla toda dentro. Yo sentía sus piernas rodeándome mientras arremetía sin control. Los gemidos se sucedían y sus uñas se clavaban en mi nuca mientras yo sujetaba su pierna izquierda con mi mano derecha e intentaba lamer sus pechos.

    De repente otra vez la puerta. Yo paré, pero ella gritó “¡¡¡que está ocupado, coño!!!” y me pidió que no parara. Sus manos sujetaban mi cara y sus labios intentaban posarse sobre los míos, pero cada embestida arrancaba de su boca un gemido que no se lo permitía. Parecía que el mueble sobre el que estábamos se iba a romper y el espejo también temblaba, pero el volumen de sus gemidos no dejaban escuchar nada más. Ella me pedía que no parara y me agarraba por el pelo para separarme y ver así la cara de placer que yo lucía pero al mismo tiempo me incitaba con su lengua a besarla. Finalmente no pude contenerme y terminé dentro sin pensar siquiera en que no me había puesto condón. Yo me quedé muy a gusto y creo que ella también pues me sujetaba con sus piernas mientras nos seguíamos besando.

    Al salir del baño, ya vestidos, había tres hombres esperando. Dos sonreían pícaramente y el tercero estaba con un buen enfado, pero me daba igual.

  • Soy una pecadora

    Soy una pecadora

    A veces desearía ser una santa, lo admito. Sin embargo, otras veces pienso en lo disfrutable que puede llegar a ser el placer luego de deslizar mi mano sobre mi estómago y acariciarme, follarme con los dedos, en medio de una noche solitaria.

    A veces desearía que fuese la verga de alguien más en lugar de mis dedos, también debo admitir eso.

    Ese deseo incontenible es capaz de nublar tu mente cuando todo lo que quieres hacer es liberarlo.

    Así que aquí estoy, luego de pecar tantas veces. Aunque ¿Es un pecado desear que alguien te haga gemir, gritar y retorcerte de ilimitado y puro placer? ¿Acaso es pecado desear sentir el calor de alguien más contra ti y deslizar tu lengua sobre su piel? ¿Es un pecado sentir tanto?

    Sólo sé que estoy aquí pensando en el día de ayer. Vi a mi mejor amigo, al cual conozco desde hace dos años. Hablamos de todo excepto de sexo. ¿Mi confesión? No me gustaría decirle cuánto deseo traerlo contra mí y cogerlo, me gustaría demostrárselo.

    Ayer estábamos sentados en el sofá de su casa mirando una serie. Ya era de noche, de madrugada mejor dicho, y estábamos cansados. Nos acercamos más y más con el correr de los minutos y, siendo plenamente consciente de lo que estaba pasando en todo momento, pude sentir la forma en la que deslizaba su mano en mi pierna. Ni siquiera lo miré.

    Sólo podía pensar en arrancarle la ropa y montarlo como nunca había montado a nadie. En sentirlo total y completamente en mí y oír cada sonido suplicante que saliese entre sus labios antes de besarlo y callarlo, tragándome cada maldito gemido.

    ¿Estoy loca? Quizás. Probablemente.

    Pero de placer.

  • Disonancia cognitiva

    Disonancia cognitiva

    Es sólo verlo y mi cuerpo arde. Me invitó a salir. Acepté, conversamos rico y el paseo sencillamente genial. Él y yo estamos destinados a la amistad o al olvido, pero mi cerebro aún no se lo explica a mi cuerpo.

    Hablamos de sus temas y la nueva moralidad en los jóvenes. Estuve atenta, pero no logré evitar concentrarme en esos labios delgados y en esa manía de mover las manos como si estuviera acariciando algo. Hacía frío y quería acercarme, pero no lo hice, hasta que un gato se puso a mi lado y corrí; una vez más, cual vieja morbosa, miré su entrepierna.

    ¡Mi mente y sus evocaciones! Con tan solo verlo y escuchar esa voz se desencadenó un latido profundo e íntimo que no me abandonó hasta proporcionarme una dulce ducha tibia. A veces quiero creer que busca provocar y elevar la temperatura de mis más oscuros deseos.

    Continuó hablando, pero mi mente divagó ¿Cómo sería ser los únicos sobrevivientes del planeta? Es un hombre de 52 años, deliciosamente vigoroso, con una presencia dominante que siempre me ha resultado agradable, tanto por seguridad como por fortaleza.

    Debería ser algo como: saludarnos, llorar, establecer una jornada de trabajo para la consecución de víveres y la construcción de una vivienda, prometernos lealtad, compañía y sexo, sexo puro, enérgico y sin permisos previos -ayudar a nuestro cerebro con todos sus neurotransmisores y liberación química.– para subsistir.

    Cualquiera de los días o cualquiera de las noches, como premio a cumplir las tareas planeadas, caminaría hacía él desnuda, en silencio, convertida en una hembra en celo; emanando feromonas por doquier dispuesta a entregarme sin reservas, pudor ni tabúes.

    Él acudiría presto, con un beso dulce y profundo, bajaría a mi pecho y mordería mis pezones con fuerza. Me vería arder, con sus rodillas separaría mis piernas y me penetraría suave, retardando su placer y el mío con tal de verme más tiempo delirante. Susurraría en mi oído porque soy suya y me sumiría en una danza sincrónica de cuerpos húmedos. Con su magia dentro, inunda de energía cada célula disponible, veo todas las constelaciones y recito de memoria aquella tabla química que jamás aprendí. Embestidas traseras y delanteras perfectamente diestras, elevarían su presión y con una fuerza arrolladora por la emisión de sus entrañas me subiría al cielo para caer en picada a su voluntad y permitirle todo y más.