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  • De todo hay en la viña del señor

    De todo hay en la viña del señor

    La pandemia del COVID 19, nos ha cambiado el ritmo de vida, en mi caso decidí alejarme del fabuloso mundo del sexo entre hombres. Luego de pensarlo adecuadamente decido volver al mismo, reabro una cuenta en la red social Facebook encuentro a los viejos contactos, en poco tiempo ya estoy conversando con los antiguos amigos y conocidos.

    Recuerdo tenía un contacto que estaba construyendo su casa, tan solo le faltaba realizar los últimos toques y tendría su vivienda propia. Envió la solicitud de amistad, soy aceptado, en apenas la segunda conversación le invito a tomar un café, los detalles del sitio, hora y la forma en que vamos a ir vestidos los dos son detallados el día anterior. Así mismo le propongo deleitarnos del café en su casa evitando ir a una cafetería, proposición que es aceptada sin mediar reparo alguno.

    A la hora indicada y en el sitio acordado soy ligeramente golpeado por la espalda, recibo un hola como estás mucho gusto amigo. Respondo adecuadamente y le invitó a acompañarme al parqueadero a retirar mi vehículo.

    Ya una vez dentro del vehículo pido indicaciones para dirigirme a la casa antes mencionada, la conversación versa sobre distintos temas de actualidad, habré recorrido unos 8.5 Km y llego a la puerta del conjunto residencial, recibo instrucciones sobre el lugar de aparcar y pronto estamos en el interior de una bonita y bien ordenada casa.

    Emilio me calienta una rica taza de café, la disfruto a plenitud al terminar la bebida nos fundimos en un apasionado beso, debo confesar que no había besado a nadie por más de dieciocho meses, disfrutamos del ósculo, siento que las manos de Emilio tocan mis genitales, yo hago lo propio con los suyos y me llevo la primera sorpresa del día, no por su extraordinario tamaño sino por su extremada pequeñez, en fin me digo “De todo hay en la viña del señor”, si la vida te limones aprende a hacer limonada.

    Con este previo calentamiento me invita a tomar una ducha juntos, acepto sin dudarlo, procedo a quitarme la ropa, Emilio hace lo propio en el cuarto de baño, yo lo hago sentado en la cama que nos servirá como lecho de amor. Emilio me alcanza unas sandalias, agradezco ese gesto.

    Estando los dos completamente desnudos es cuestión de esperar que el agua caliente llegue a la ducha, procedo a enjabonar el cuerpo de Emilio, me detengo en su culito y su pene. Introduzco la puntita de mi dedo enjabonado en el mil arrugas procurando que la limpieza sea la adecuada.

    Nos secamos en forma individual, me acuesto boca arriba, Emilio me ataca con ricos besos, lo que hacen que mi mástil alcance la rigidez propia del mejor acero toledano. Poco a poco su húmeda lengua fue recorriendo mi cuerpo, centímetro a centímetro hasta llegar a mi tiesa herramienta, la misma que es succionada de una manera impresionante, tuve que pedir que parara pues el orgasmo estaba a punto de llegar.

    Emilio me pide que me ponga boca abajo, puedo intuir sus intenciones, entonces coloco mi culo en punta, y recibo un beso negro por demás apasionante, siento como la inquieta lengua penetra mis entrañas, me contorsiono del placer, siento la necesidad de devolver el beso negro, y procedo a chuparle y succionarle ese culito que presenta señales de haber sido usado con frecuencia.

    Lubrico mis dedos índice y anular derechos, realizo varios círculos alrededor del orificio anal, Emilio se mueve como diciéndome ya penétrame papito, penetro un dedo hasta el fondo, puedo sentir con claridad su próstata, luego el otro dedo: Emilio no da muestras de dolor, tan solo puedo percibir placer en todos sus movimientos, entonces procedo a introducir un tercer dedo, el mismo que entra con suma facilidad, al no recibir respuesta negativa de Emilio me doy gusto en la introducción de mis tres dedos.

    Ese día no iba a ser penetrado, pues el porte y la flacidez del pene de Emilio no lo iban a lograr, pero por sus largos y gruesos dedos sí, me coloco boca abajo sugiero ser penetrado por esos dedos que con lubricante simulan un pene de tamaño medio, siento un dedo me estimula, pido que me introduzca el segundo y el placer es exponencial, disfruto al máximo de ser manipulado por esos dedos.

    Emilio me dice papito por favor penétrame que quiero sentirte, no puedo romper la envoltura del profiláctico por lo que solicitó la ayuda de Emilio, lo hace con maestría y por ahora mi pene luce un hermoso forro de color amarrillo intenso. Se coloca a cuatro patas, la penetración es profunda, bombeo y bombeo no me canso de bombear como en los viejos tiempos.

    Emilio me pide cambiar de posición, y se coloca boca arriba, levanta sus piernas, la penetración es profunda, la disfrutamos al máximo, en esta pose te puedes besar con tu pareja incrementando el placer. Siento que mi orgasmo esta próximo y no quiero perderme la oportunidad de poner a Emilio agachado en la cama, y le penetro desde atrás, como por arte de magia mi orgasmo que estaba a la puerta desaparece y empiezo un largo, larguísimo mete y saca sin parar, hasta que por fin logro terminar en el interior del culo de Emilio.

    Quedo agotado totalmente, necesito descansar, Emilio limpia cuidadosamente mi semi flácido miembro y yo caigo rendido a los brazos de Morfeo, al despertarme le digo estuviste magnifico papacito, recibo la misma respuesta, antes de vestirme tomo una ducha para refrescarme y quedar listo como que si nada ha pasado.

    Bajamos con rumbo a la puerta, me despido en el portón grande, aquel que permite la entrada y salida de vehículos, ha pasado el tiempo y tan solo estoy esperando una invitación de Emilio para repetir la misma faena.

    Tus comentarios y opiniones me las puedes hacer llegar a: [email protected].

  • Fui cornudo y aún me excita recordarlo

    Fui cornudo y aún me excita recordarlo

    Viri y yo estuvimos juntos más de 6 años, incluso vivimos juntos, desde los 3 años de relación me enteré por primera vez que cogía con un amigo del trabajo, Jorge.

    Todo comienza con la típica historia de alguien a quien conoció en su trabajo, compartían mucho tiempo juntos, incluso lo invitaba a las fiestas que compartíamos con nuestros amigos el común. Yo nunca he sido una persona celosa, y al inicio confiaba cuando me decía que era su mejor amigo y la gente en su trabajo inventaba historias de romance sobre ellos. Me imagino al principio sí era así, pero con el tiempo empezaron a intimar más allá.

    Con el tiempo empecé a sospechar sobre sus adulterios, hasta que un día, viendo sus conversaciones en WhatsApp, encontré lo que no quería saber. ¿O sí?

    Aunque en ellas no se hablaba de sexo explícito, era obvio que se referían a mantener relaciones sexuales en diferentes momentos, como cuando yo me fuera a trabajar, o que ya no podían esperar para irse juntos a trabajar, otra conversación trataba sobre cómo buscarían tener un fin de semana para ellos solos en algún pueblo mágico.

    Pero esta historia es sobre una noche en específico, yo siempre he tenido el sueño pesado, y cuando me pongo ebrio no me despiertan con nada. Varias veces las fiestas terminaban en nuestra casa y cuando todos se iban y yo dormía, ellos se quedaban hasta altas horas «a seguir la fiesta».

    Una de las conversaciones más recientes que descubrí en ese entonces pude rastrearla hasta la fecha y hora específicos en la que estábamos en una fiesta en nuestra casa. Supe lo que se decían mientras todos estábamos en la peda. Viri le escribía a Jorge cosas como: -No estés triste, no sabes las cosas que quiero hacerte pero aún están todos aquí!

    O: -Ten paciencia, sabes que al final te voy a atender muy bien

    Yo aún tenía fresca en la memoria esa fiesta, y aunque no sé qué pasó en realidad, solo puedo imaginar las cosas que hicieron mientras yo dormía en el cuarto a unos metros, con la puerta abierta a la sala donde ellos estaban. En esa sala teníamos un sofá cama donde al día siguiente los encontré durmiendo sin sospechar que algo hubiese pasado.

    Repito que nunca sabré qué pasó en realidad, pero la conocía muy bien, y sumando un poco de mis fantasías, he creado bastante material para seguir matándome a pajas hasta el día de hoy de solo pensar.

    Viri era una chica que disfrutaba más de dar placer que de recibirlo, por eso le encantaba mamarme la verga a cada rato, sobre todo al principio de la relación, llegó a hacerlo en lugares públicos o mientras compartíamos casa con mis hermanos, con el riesgo de que siempre entrara alguien en cualquier momento y nos descubriera. Aunque no le gustaba tragar mi leche, sí podía recibirla en otras partes de su cuerpo, tampoco le gustaba que usáramos condón y le encantaba sentir cómo explotaba dentro de ella. Además, cuando estaba muy caliente, según sus palabras, llegaba a hacer cosas que normalmente no haría.

    He imaginado varias escenas sobre cómo pudo ser esa noche, pero de las que más me excita, es aquella en la que yo me encuentro roncando y ellos solos en la sala, con varias copas encima. Pienso cómo empezó a acariciarlo y a desvestirlo poco a poco, mientras él se dejaba hacer. Imagino que tal vez tenía un plan en caso de que me despertara de repente: En cuanto me escuchara levantarme o que dejara de roncar, Jorge entraría corriendo al baño cargando su ropa, y me dirían a mí que el baño estaba ocupado.

    Pero mientras eso no ocurriera, Viri tendría a disposición el cuerpo desnudo de Jorge, mientras que ella no se arriesgaría a quitarse la ropa, se conformaría con darle placer con la boca y dejar que Jorge le metiera mano de vez en cuando. Como toda fantasía cuckold, uno imagina que el amante tiene lo que uno no, y aunque mis dimensiones son promedio, me encanta visualizar a Viri con unos 19 centímetros de carne y un par de huevos colgantes frente a su cara.

    Como ya lo supondrán, esa noche yo no desperté más después de que me fui a acostar. Por lo que tuvieron lo que quisieron de la noche para que Viri le diera todo el placer que quisiera a su amante. Me he corrido tantas veces pensando cómo mi novia infiel, en su borrachera, le hacía tantas cosas a ese cabrón que a mí nunca me hizo, he imaginado que incluso se arriesgaron a tener sexo, sin condón, los dos sin ropa frente a mi, y me mola ver a Viri recibiendo la leche de su amante en su boca, en su cuerpo o en su ropa, sin importarles lo que yo pudiera pensar cuando los viera dormir juntos a la mañana siguiente.

    Cuando yo descubrí esas conversaciones, no tardé en reclamarle y tuvimos una pelea muy fea, nos reconciliamos, me dijo que aún me amaba y que sí quería estar conmigo aún. Pero creo que dejé de ir la oportunidad de oro para decirle que lo que hacía con su amigo en realidad me calentaba más que nada.

    Veo una historia paralela en la que los dos seguimos disfrutando de nuestra relación mientras ella lleva otros hombres para cogerlos en nuestra cama o donde quiera, llegar de trabajar y encontrarla comiéndose una buena verga sin siquiera preocuparse por mi presencia. Estar desayunando en nuestro comedor mientras su amante en turno se levanta de la cama para ir directo a aderezar con leche condensada su plato o directamente su boquita. Me gusta y me gustaría conocer historias en donde el amante puede entrar a la hora que quiera a nuestra casa y coger a mi novia sin importar que yo esté durmiendo en la misma cama o viendo una película con ella.

    Esta es solo una de las historias que me ha hecho fantasear a lo largo de mis años de cuckold de closet, también tengo historias de tríos e infidelidades mías con familiares de ella, y de diferentes temas que uno va atesorando en una vida de morbo, fantasías y traumas.

    Me gustaría registrar y compartir mis historias y fantasías y recibir comentarios de todo tipo, para enriquecer mis pensamientos, o para reflexionar sobre ellos de otras formas tal vez.

    Saludos

  • Niña traviesa

    Niña traviesa

    A mediados de enero del 2013 recibí una llamada de Juana.

    – ¡Dime preciosa!

    – ¡Hola corazón! Mucho tiempo sin verte.

    – Por que tú quieres. ¿Qué te ocurre?

    – José María y yo hemos estado hablando y nos apetecería tener una nueva cita contigo.

    – Ya os dije que estaba a vuestra disposición.

    – Pero el caso es que…

    – Dime Juana, no te cortes.

    – Ramón y Jorge nos han contado cuando os conocisteis y…

    – Y queréis algo parecido a lo que hicimos.

    – Sí.

    – De acuerdo, pero en mi piso de soltero, no pienso cargar con todo hasta vuestro chalet.

    – Estupendo.

    Quedamos en Quitapenas, la cervecería de nuestros amigos, antes me pasé por mi piso, puse en marcha la calefacción y preparé las cosas para cuando llegásemos.

    – Hola Einar, ¿cómo tu por aquí?

    – He quedado con Juana y José María.

    – Ese matrimonio saben pasárselo bien.

    – Sí, que me vas a contar.

    – Jajaja.

    – Ahora quieren verme travestido.

    – ¿Y Santiago?

    – ¿Qué le pasa a Santiago?

    – Lo ha pasado mal, le gustas mucho y creo que busca una relación y tú un polvo y hasta luego Lucas.

    – Nunca le he dado esperanzas.

    – Creo que debías de hablar con él.

    – Lo haré, no te preocupes.

    Llegaron mis amigos y nos marchamos.

    – Poneos cómodos, en el mueble tenéis de todo si queréis una copa.

    Los dejé en el salón y me fui al dormitorio, allí me miré al espejo, soy un tío atractivo, para qué lo vamos a negar, tengo cuarenta y siete años pero siempre he aparentando muchos menos, mido uno ochenta y seis y peso ochenta kilos, tengo un cuerpo bonito, bien moldeado, mi pelo es rubio oscuro, antes siempre lo llevaba corto pero ahora lo tengo largo, muchas veces me cojo una cola. Mis ojos son grandes y expresivos, de color castaño con pestañas largas, quienes la conocieron dicen que tengo los ojos, los labios y las manos de mi madre, mis labios son gruesos, según algunos de mis amantes perfectos para morderlos, y mi mujer siempre ha envidiado mis manos, de dedos finos y largos, y mis uñas. Me cuido mucho, practico la dieta mediterránea y voy al gimnasio, uso cremas hidratantes y mascarillas, apenas tengo vello corporal, en los genitales y poco más y estoy depilado por completo con láser, cuesta una pasta pero al final sale rentable, soy barbilampiño, mi barba se limita a la zona de la perilla y el bigote, también me la quité con láser, ahora tengo un cutis suave.

    Me preparé para mis invitados, me coloqué en el pelo una diadema negra, me di colorete y un poco de brillo en los labios, me pinté las uñas de color rojo, me puse máscara de pestañas, unos pendientes y una gargantilla de seda negra, en los brazos me coloqué manguitos negros por encima del codo, en los pezones anillas de oro, medias negras de las que no necesitan liguero, tacones bajos negros y una falda de piel también negra y corta, tanto que se veía la punta de mi polla.

    Cuando aparecí en el salón ambos me miraron sorprendidos, el piso estaba caldeado y se habían puesto cómodos, estaban sentados en el sofá, Juana solo tenía puesto el tanga y José María el slip, es increíble que esa mujer vaya a cumplir sesenta y un años, con esos pechos abundantes de areola grande, esas caderas, ese cuerpo voluptuoso, su melena castaña, es preciosa, su marido muy guapo, alto, delgado, cuerpo bien definido, con abundante vello canoso en el pecho, son una pareja muy atractiva.

    – ¡Eres una delicia! – exclamó Juana.

    – Gracias, ¿qué opinas tú José María?

    – ¡Oh!, eres… sí, muy sexy, llámame Chema.

    – Jajaja, gracias Chema.

    – ¡Ah! – Juana estaba mirando el bulto en el slip de su marido – ¡se te ha puesto dura sólo con verlo!

    – Esto fue idea tuya.

    – Pero si no estoy diciendo nada.

    Juana metió la mano dentro del slip de Chema y sacó su polla, una polla grande y gruesa, con una ligera curva hacia arriba y terminada en punta.

    – Vamos Einar, no se va a chupar sola.

    – Ahí voy.

    Me arrodillé ante él, agarré su prenda íntima y tiré hasta quitársela mientras su esposa mantenía su polla agarrada, abrió las piernas y me coloqué entre ellas, tomé su miembro con la mano y Juana lo soltó, besé sus cojones, me los metí en la boca, los chupé, con la punta de la lengua recorrí el tronco hasta llegar al frenillo, lo lamí, continué con el borde del glande, metí mi lengua en el agujero, introduje su polla en mi boca y comencé una felación.

    – ¡Ooh! ¡Siiii! ¡Eso esss…!

    – ¿Es bueno? – preguntó Juana.

    – ¡Oh síii! ¡por dios!

    – ¿Mejor que yo?

    Chema agarró a su mujer por la nuca y la atrajo hacia él, le mordió los labios y le besó metiéndole la lengua en la boca, yo miraba mientras continuaba chupando aquella polla, la lamía con mi lengua, me la metía hasta dentro dándome arcadas, la mamaba como si fuera un pezón…

    – ¿Por qué no lo ayudas con eso?

    Juana sonrió a su marido y se colocó de rodillas a mi lado, en ese momento yo tenía la punta de la polla en la boca y mamaba de ella.

    – ¿Te diviertes? – me preguntó.

    – Mmmm.

    – ¡Ooh! Yo síii… – contestó Chema.

    Agarró su miembro y me lo quitó de la boca, lo metió en la suya y se lo tragó casi entero hasta que sus labios tocaron su mano en la base, lentamente se lo sacó y me lo ofreció, yo lamí el glande, ella hizo lo mismo, nuestras lenguas se encontraron sobre aquella cabeza que parecía a punto de reventar.

    – ¡Ooh diosss!

    Ella se retiró y yo volví a meterme aquella polla en la boca, comencé de nuevo con la felación.

    – Estoy segura de que puedes llegar más profundo

    Y añadiendo la acción a la palabra empujó mi cabeza hacia abajo haciendo que aquel carajo me llegara hasta la campanilla, se me saltaron las lágrimas y se me corrió el rímel.

    – Argg

    – Mucho mejor.

    – Mmmm – continuaba con la polla metida en la boca hasta los huevos.

    – ¿Te gusta la polla de mi marido? – Juana me hablaba al oído mientras agarraba mi miembro y me pajeaba suavemente.

    – Oh – permitió que me sacara el pene de la boca.

    – Creo que lo amas, ¿no es cierto? – continuaba con el movimiento de su mano en el mío.

    – Mmmm siiii.

    Seguía lamiendo el pene de Chema, me lo metía en la boca y mamaba de él.

    – ¡Oh! Cariño, me voy a correr.

    – ¿De verdad, amor? Entonces Einar… ¿quieres que mi marido acabe en tu garganta? – continuaba hablándome al oído.

    – Mmmm sí, por favor.

    – Yo también lo quiero.

    Me metí la polla en la boca, Juana apretó mi cabeza y la polla entró casi hasta los huevos, Chema comenzó a mover la pelvis.

    – Más profundo vamos, más.

    – Aargg

    Era imposible que aquello entrará más, mis labios casi tocaban el vello púbico de su marido.

    – Me estas poniendo muy cachonda Einar

    – Oh, me corro amor mío, oh dios ooohhh.

    Empezó a largar lefa en mi garganta, tuve que tragármela toda si no quería ahogarme.

    – Lo haces muy bien, eso es, trágalo, trágatelo todo,

    Cuando liberó mi cabeza me saqué aquella polla que me estaba ahogando de la boca, del impulso quedé sentado, Juana me estaba pajeando.

    – Sí, eres una buena putilla.

    – Oohh, sí Juana siiii.

    Me besó en la boca, metió su lengua saboreando los restos de semen de su marido que quedaban en ella, continuaba masturbándome con su mano mientras Chema nos miraba.

    – Mmmm, sí, siiii.

    Lancé un trallazo de leche que me llegó al pecho, manché su mano que ella lamió, también me quitó los restos de semen de mi cuerpo y me besó pasándome parte de mi propia leche.

    – ¡Ahora vuelvo!

    Salí del salón y los dejé allí, sorprendidos, volví al dormitorio, me quité lo que llevaba puesto, me limpié el maquillaje, me cogí unas coletas a los lados, me di un poco de colorete y brillo de labios, me puse unos pendientes de perla, unas medias blancas que me llegaban justo por encima de la rodilla, una minifalda escocesa a cuadros rojos, una camisa blanca, una corbata a juego con la falda y unos tacones rojos.

    – Papi, Mami, he sido una niña mala – cuando me planté en la puerta del salón ambos casi se atragantan – no llevaba los deberes hechos y el profe me ha reñido.

    – ¡Hostias! – soltó Chema.

    – Te mereces un castigo – me dijo Juana.

    – Lo que tu digas mami.

    – ¿Por qué no empiezas disculpándote?

    Juana ya no tenía el tanga puesto, estaba abierta de piernas y me señalaba su precioso coño.

    – Sí mami.

    Me acerqué a ella mientras su marido me miraba con su polla en la mano, la besé en la boca, metí mi lengua y jugué con la suya, con las yemas de mis dedos acaricié su cara bajando hasta su cuello, bajé hasta sus pezones acariciándolos suavemente, seguí el recorrido de mis dedos con la lengua, sus pezones reaccionaron poniéndose duros pero no los chupé, me limité a rozarlos levemente.

    – Oohh, dios mío.

    Bajé con mi lengua por su torso hasta su ombligo, muy despacio, con tranquilidad mientras acariciaba con suavidad sus tetas, sus brazos y sus muslos. Al llegar a su monte de venus esquivé el coño, deslicé mi lengua alrededor de su vagina, besé sus muslos, los lamí, bajé hasta sus pies recorriendo sus piernas con la lengua, Juana parecía un volcán a punto de explotar.

    – Lo siento mami, he sido una niña muy mala.

    – Siii, ooohhh, no… hablesss, aahh, centra… teee.

    Estaba caliente como una moto, ya me llegaba el aroma de sus flujos vaginales, estaba a punto pero quise torturarla un poco más, deslicé mi lengua alrededor de sus labios, lamí alrededor, besé sus muslos y volví a los labios, ahora sí, pasé mi lengua por su coño de abajo a arriba, lamiendo primero un labio y después el otro.

    – Mmmm… ¡siii! Eso es.

    Estaba disfrutando de su aroma, de su excitación, oía su respiración, sentía su nerviosismo, introduje suavemente la lengua en el coño, poco a poco, como si estuviera follandomela con la boca y fui acelerando el ritmo sin prisas, oyendo sus gemidos.

    – Siii, así asiii, eso es

    Metí un par de dedos apretando contra la pared interna del monte de venus buscando su punto G, su clítoris sobresalía ya de su capucha, lo lamí lentamente con la punta de la lengua, fui acelerando el ritmo poco a poco mientras aumentaba la presión.

    – ¡Ay! ¡Ayy! No pares puta, no pares.

    Ataqué con fuerza lamiendo ahora el clítoris deslizando toda mi lengua por el a buen ritmo.

    – Oh dios, me corro, me corro.

    Comenzó a temblar, parecía que estaba convulsionando, levantó las caderas y yo acompañé el movimiento.

    – Ay ay, ay que rico ay.

    Se derrumbó sobre el sofá, de su coño salió una enorme cantidad de fluidos que yo me apresuré a lamer.

    – ¡Como me habéis puesto, joder!

    Me había olvidado de Chema, se me acercó por detrás, me abrió las nalgas, escupió en mi ojete, extendió la saliva por él con un dedo, puso la punta de la polla, me agarró por las caderas y de un golpe me metió la mitad.

    – ¡Oh dios! – exclamó.

    – Papiii, mi culo, ¡cabron!

    Otro golpe de pelvis y me enterró la polla hasta los huevos, yo seguía lamiendo el coño de su mujer que encadena a un orgasmo tras otro.

    – Hijo de puta, mi culooo.

    – ¡Ooohhh, si, siii! Mi niña, que lengua, que lenguaaa.

    Juana volvió a tener otro orgasmo, me apartó de su coño y cerró las piernas, ya había tenido bastante, de pronto, noté la rigidez de Chema, metió la polla hasta los huevos y empezó a correrse en mi culo.

    – ¡OH, joder no!

    – ¿Ya?

    – Lo siento mucho pero entre el vestido y el espectáculo que me habéis dado…

    – Pero yo no me he corrido, y he sido una niña buena.

    Se salió de mí, su lefa salió de mi culo y cayó por el interior de mis muslos, me di la vuelta y quedé sentado entre las piernas de Juana que las había abierto para recibirme.

    – Sí lo pides así, tan dulcemente.

    Agarró mi polla y besó el glande, luego se la metió en la boca comenzando a hacerme una felación ayudándose con la mano.

    – ¡Eh! ¡dijiste que nunca harías eso! – exclamó su esposa sorprendida.

    – ¡Oh! ¡Sí! Papi, gracias, siii.

    Incrementó el ritmo de la felación, como se ayudaba con la mano no tardé en estar a punto.

    – Oh sí papi, sí, me corro, me corrooo.

    Intentó sacársela de la boca pero yo le empujé la cabeza con las dos manos obligándolo a recibir la descarga en su garganta, le salió parte de la lefa por la nariz y se vio obligado a tragarse casi todo lo demás.

    – Cof cof cof – tosía – eres un cabrón.

    Le miré, la lefa que le había salido por la nariz le manchaba el bigote y los restos de la que no se había tragado la barba.

    – Sí, lo sé – y su mujer y yo nos echamos a reír.

  • Angela la más diablita

    Angela la más diablita

    Un saludo a todos, esta es la primera parte del relato.

    Antes de que empiece la pandemia viaje de Trujillo hacia la ciudad de Cajamarca para asistir al bautizo del hijo menor de mis tíos que vivían en esa ciudad.

    El bautizo iba desarrollarse el día sábado en una iglesia de Cajamarca. Llegué a tiempo, luego de terminar el bautizo todos empezaron a tomarse fotos, en ese Escucho una voz que me dice Ángel (así me llamo) puedes tomarnos una foto.

    Yo: sí claro no hay problema y me di cuenta que era Ángela una señora madura que en realidad no sabía su edad hasta ese momento.

    Entonces le tomé algunas fotos a ella junto con sus demás familiares, y luego entregué su celular con las fotos que les había tomado.

    La fiesta por el bautizo iba a ser en un local de mis tíos, que hace poco había sido inaugurado. Así que llegamos todos y en eso escucho mis papás que me llaman para sentarme con ellos en la mesa, voy y me siento con ellos. En la mesa había espacio, así que mis papás invitaron a más personas a que se sienten en la mesa y de casualidad por ahí estaba Ángela con su hermana y la pareja de su hermana, y ella se sentó a mi lado.

    Se realizó el brindis y luego se repartió la comida. Comimos y empezó el corte de pelo del hijo menor de mis tíos. Era mi turno, me levanté y fui a cortar el pelo dejando la propina también, regreso a mi sitio y como Ángela se había sentado a mi costado era su turno y me pidió si podía tomarles fotos y le dije que sí con gusto le tomaba fotos, con ella no tenía mucha comunicación, así que ella se fue a cortar el pelo al hijo de mis tíos y le tomé unas fotos y luego me dijo que le pasara las fotos y le dije que al rato le paso las fotos. Pasó como media hora y ella me dice que todavía no le había enviado las fotos y me dice pásame las fotos porque después te vayas a olvidar, así que me pasa su número y le envío las fotos que le había tomado.

    Pasaron las horas, todos bailando y tomando. Eran como las 3:00 de la mañana, ya no había muchas personas y quedaban algunos invitados de mis tíos y en eso tuve ganas de orinar, así que decido ir al baño. Al llegar al baño, abro la puerta y escucho una voz que dice: ocupado el baño y vi que era Ángela. Apenas escuché y salí del baño y no sé qué tuve en ese momento ya que a los pocos segundos decidí volver a entrar y Ángela otra vez dice ocupado sin saber que era yo y justo ella se estaba subiéndose el pantalón, yo cierro la puerta y ella me dice:

    Ángela: Qué haces aquí?

    Yo no respondo a su pregunta y me lanzo a besarla, la beso por unos segundos, ella se separa de mi y me dice:

    Ángela: Sal de aquí por favor, esto no puede ser, tú eres muy joven para mi.

    Después de que ella me dice eso, pensé y entre mis pensamientos dije que era mejor que salga y cuando me decidía a abrir la puerta escucho que alguien preguntaba si estaba ocupado el baño, yo reaccioné rápido y dije a Ángela que no dijera nada, entonces yo respondo en voz alta: Ángel: Ocupadooo!

    Me puse cerca de la puerta y escuché pasos de que la persona se retiraba, en eso solo pensaba en salir del baño sin que nadie me vea y cuando doy la vuelta para avisarle a Ángela de que ya no había nadie afuera del baño, ella se lanza hacia mí y me empieza a besar, yo le correspondí el beso sin pensarlo y después de una segundos puse mis manos en sus nalgas y en eso meto una mano dentro de su pantalón, voy bajando y meto un dedo en uno de sus huecos, me di cuenta que era el hueco de su culo. Y ella reacciona diciendo:

    Ángela: Dueleee, dueleee.

    Así que metí más abajo mi mano y le metí un dedo en su vagina que estaba poco húmeda y en su rostro veía que lo disfrutaba y metía mi dedo haciendo círculos. Estaba por meter otro dedo más y tocan la puerta del baño y tuve que decir otra vez:

    Ángel: Ocupadooo.

    Ángela y yo nos separamos en ese instante y ahí mejor decidí salir porque si no iban a sospechar de porqué aún seguía ocupado el baño, así que abrí despacio la puerta y al notar que no había nadie, salí del baño y regresé a la fiesta.

  • Viaje desafortunado

    Viaje desafortunado

    Yo tenía ya 38 años, media 1.70, ni blanco ni moreno, ojos café y cabello negro corto, aunque no estaba tan en forma, hacia mi caminata matutina todos los días.

    Me llamaron para impartir un curso de postgrado y tuve la oportunidad de realizar un estudio para una empresa al mismo tiempo, parte del trabajo tenía que realizar unas visitas, inspección y tomar anotaciones de todo, aproveche a plantearle a un grupo del curso la oportunidad de poner en práctica el conocimiento, había que hacer una visita de dos días, pero logre que parte del trabajo se realizara de forma remota, así que el trabajo requería una visita de un día. No todos podían asistir, hubo unos que lamente que no fueran, pero cada quien tenía sus prioridades, al final tenia a 4 personas que estuvieron dispuestas a ir: Angie, Marisol, Gabriela y Saúl.

    Angie tenía unos 26 años, 1.62 de estatura, piel clara, cara redonda, cabello y ojos oscuros, era algo voluptuosa, muy sagaz y la más desenvuelta del grupo, era casada.

    Marisol tenía 23 años, 1.60 de estatura, de tez morena, ojos café muy claros, cabello castaño, estaba algo pasadita de peso, pero no perdía la forma curvilínea, de busto generoso.

    Gabriela, era la más joven, de 22 años, 1.65 de alto, cabello castaño claro, rizado, ojos verdes, labios carnosos, cara y cuerpo delgado, caderas seductoras, piernas largas y torneadas, una boca de diosa (vean Una Joven Muy Colaboradora, en mis relatos)

    Saúl, de 25 años, 1,75, moreno, cabello oscuro, se mantenía en forma, sin ser muy musculoso, generalmente alardeaba de hacer camping y ciclismo de montaña.

    Debo decir que por lo pasado hacia unos años con Gabriela, a quien no pensé encontrarla otra vez, pase una impresión incomoda al inicio, pero aproveche un momento al final de la primera jornada que tuvimos para hablarle.

    -Hola, como estas?

    -Yo muy bien, gracias

    -Me alegra ver que te graduaste y sigues capacitándote

    -Si, me sigue apoyando mi familia, en lo que consigo un trabajo estable

    -excelente, que bien!

    -sabes, en otras cuestiones quería pedirte… bueno…

    -no se preocupe, yo quería pedirle lo mismo

    -entiendes verdad?

    -si, yo tampoco quiero problemas, así que…

    Movió su mano hacia su rostro y puso su dedo índice sobre los labios, los dos entendíamos bien la importancia de callar. Así que en adelante se desarrolló normal el curso.

    Para la visita a la Planta de la Empresa, salimos a las 5 am y llegamos a las 8 am, la actividad fue intensa, desde que llegamos, solo paramos para comer algo a mediodía, como media hora y después continuamos hasta las 5 de la tarde, hora en la que saldríamos de regreso a nuestra ciudad, pasaríamos comiendo en un fastfood, para no atrasarnos mucho, pero no contábamos con que se dieron unas protestas en la zona industrial y se tomaron la autopista.

    Llamamos a hoteles y no había disponibles.

    Saúl: encontré una opción! Pero solo tienen una habitación doble y una Triple.

    Fue una odisea llegar, pero casi al filo de las 9 pm llegamos al hotel, el tráfico estaba terrible y por demás comenzó a llover. Entramos al hotel y pedimos ver las habitaciones, pensando que todo estaría bien, pero hubo un problema, la habitación doble era una sola cama King size y la habitación triple 2 camas; eso nos puso en un problema más… si bien en mis gastos planificados para el proyecto podía pagar el hospedaje, no pensé que tendría que acomodarme así.

    Y que hacemos?

    Bueno, no hay más a donde ir…

    Según dijo el recepcionista no había más habitaciones, la protesta se había puesto violenta y el paso estaba cerrado, mucha gente llamaba buscando habitación. Insistí bastante, me dijeron que había una habitación en espera, porque la persona que reservó aun no llegaba, que estaba atorado por el tráfico y las protestas, que si no alcanzaba a llegar me darían la habitación.

    Hay que ver cómo nos acomodarnos

    Si, pero primero veamos que podemos comer! Muero de hambre!

    Así que fuimos a la cafetería del hotel, a esa hora no había gran cosa, más que emparedados, dulcería y refrescos, pero no importaba tanto como calmar el hambre.

    Estábamos relajados un rato, pero en lo que no me percate es que Saúl y Marisol se habían retirado ya hacia un buen rato, cada uno se fue con la excusa de ir al baño.

    Y estos dos?

    No se vaya a molestar, pero… se tomaron la habitación de una cama.

    Que? Estos no se aguantan un día?

    Jajaja! Cuando la necesidad lo manda…

    Pero, por Dios… ahora esa habitación que se la queden! Pero ahora donde me quedo yo?

    Bueno, puede que le den una habitación…

    -Y que haré esperando ese milagro? Porque no es nada seguro

    -Quédese con nosotras…

    -No les parece incomodo?

    No, de todos modos, salimos en la mañana y nadie va a acomodarse de verdad porque ni cambio de ropa que andamos.

    Además, fíjese bien que hay mucha gente en la sala del lobby y no me parecen agradables, mejor estemos más tranquilos en la habitación.

    Está bien. Vamos

    Subimos a la habitación, al revisar eran una cama unipersonal y una grande, los tres viendo en que nos acomodábamos. La habitación se miraba cómoda, por lo menos tenía un par de sillas, un escritorio, televisión, aire acondicionado, además de un pequeño frigobar; el baño tenía agua caliente, y se miraba muy aseado y tenía una secadora de mano.

    Encendimos la tele, me acomodé en una de las camas unipersonales, la que estaba más cerca a la puerta. El aire acondicionado parecía que no ajustaba porque aunque refresco un poco todavía estaba la sensación de calor.

    Gabriela: No tengo sueño, estoy cansada, pero sin sueño, además algo aburrida

    Yo: Es que tampoco hay mucho que ver en tv

    Angie: Una noche sin esposo y sin nenes, que desperdicio…

    Gabriela: Vaya, quien la oye dice que ya se cansó! Jajaja!

    Angie: Es que uno necesita un respiro de vez en cuando…

    Angie: Usted parece el que no tiene complicaciones, no está casado ni con hijos!

    Me lo dijo con picardía, moviendo los hombros sonriendo.

    Yo: Bueno, no se me ha dado la oportunidad, pero no lo descarto.

    Gabriela: Saben qué? Pienso que olvidamos algo…

    Yo: El qué?

    Gabriela: Y si abrimos unas botellas de las que nos dieron?

    Nos habían dado de regalo unas botellas de vino, una especial para mí y otra para repartirse los demás.

    Angie: Bueno, no hay más que hacer… no les parece? Así algo nos anima y relaja, creo que nos dará sueño y descansamos

    Yo: Está bien, iré por una…

    Angie: Solo una? Porque no se trae una de las cajitas y vemos que tal?

    Yo: Jajaja! Está bien…

    Me dirigí hacia el parqueo y saque de mi camioneta una caja, sé que al menos venían dos botellas de vino y unas botanas enlatadas, en esa planta siempre que deseaban que mi informe fuera positivo para la junta directiva me llenaban de obsequios, aunque les ponía medidas a corregir, pero sabían que podía ser más severo en mis observaciones.

    Me va a disculpar, pero todo el día con camiseta, camisa, chaleco, pantalón y zapatos cerrados, ya no aguanto…

    Se había quitado la camisa y estaba en camiseta, el pantalón sin cinturón y suelto el botón del cierra, ya sin zapatos y calcetines, se miraba más relajada, pero también eran más notorios sus atributos.

    -Ok, está bien

    A mí también me disculpa, pero es que hace mucho calor y el aire acondicionado no ha refrescado.

    Abrimos la caja, venían dos botellas, fue fácil abrirlas; venían también unas galletas, un queso ahumado, aceitunas… traje 3 vasos de la cafetería, pensé en eso antes de subir con la caja.

    Uno era un vino tinto y el otro un digestivo, sabor dulce y frutal, al principio como que no era el mejor sabor, las chicas lo mezclaron con un poco de agua, en los dos primeros sorbos, pero ya después en el segundo vaso, ya lo deseaban puro…

    Angie: Porque no se ha casado? Me preguntó a quemarropa, mientras yo tomaba una galleta con queso.

    Yo: La verdad es que no he llegado tan lejos con alguien como para pensarlo

    Angie: Dicen que salía con otra de la maestría, es cierto?

    Yo: Jajaja! Quien les cuenta esas cosas?

    Angie: Pero es cierto o no? Me contaron que los vieron juntos en una fiesta…

    Gabriela: A mí me dijeron que sale con una chica en el postgrado…

    Yo: Pero que chismosas resultaron! No, no tengo novia estudiando en el postgrado!

    Angie: Pero si salía con otra profesora de Postgrado? Decían que ella era casada…

    Yo: Como es que hacen tantos rumores?

    Gabriela: pero era cierto?

    Me quede callado, porque la verdad es que si, salía con otra docente y si nos fuimos un fin de semana a coger, ella tenía novio, pero este estaba fuera del país, cuando regreso se casaron.

    Angie: Entonces ella tenía novio ya?

    Gabriela: Y yo creyendo que usted era muy serio y veo que también le gusta la picardía!

    Yo: Momento! No es así, eso solo eran rumores, nada más!

    Angie: Se quedó callado un buen rato… el que calla otorga dicen!

    Pues después de un buen rato incomodo, seguimos hablando de otras cosas y pues salí de la habitación para verificar si no había llegado a quien reservó y en recepción me dijeron que la persona llegó… iba a quedarme en un sofá de la sala de estar, recordé que deje mi teléfono arriba y me regrese a la habitación de las chicas. Toque la puerta y me abrió Angie, pero solo asomó por la puerta.

    Angie: Qué pasó?

    Yo: Bueno, que ya llego la persona que había reservado

    Angie: Y no hay otra habitación?

    Yo: Nada… bueno, me quedaré abajo en la sala de recepción; solo pásame mi teléfono que lo deje cargando sobre la silla.

    Angie: No! Como va a pasarle eso!

    Yo: Es que no queda más…

    Angie: Ya que… pase, pero no se asuste!

    Me abrió y entre, pero lo que no esperé es verla envuelta con una toalla, le cubría del pecho hasta apenas arriba de la rodilla y se notaba el cabello ligeramente húmedo. Se giró solo para que la viera mejor, me calentó en lo profundo, porque ella tenía la piel muy clara y un lunar por sobre el pecho que me gustó, no es que lo estuviera viendo, pero además ella no se mostró nada tímida, sino que le gusto dejarme algo turbado.

    En eso se abrió la puerta del baño y venia saliendo Gabriela, venia sacudiéndose el cabello con una toalla pequeña, estaba al igual que Angie, envuelta en una toalla, pero ella era un poco más alta, así que podía vérsele más, tenía unas piernas muy bonitas y torneadas, mejor que lo que pude recordar. Dio un corto grito de susto, al verme.

    Gabriela: Pero qué?!!

    Se metió rápidamente al baño de nuevo, entre las risas de Angie y mi desconcierto (y claro, cierto placer de haberla visto), pero salió nuevamente al rato.

    Gabriela: Que pasó? Pensé que ya le habían dado habitación!

    Yo: Disculpa no me dieron nada, me quede sin habitación

    Gabriela: Y que será entonces?

    Angie: Como de qué? Se va a quedar aquí! Que esperabas?

    Yo: Mejor me quedo en la sala del lobby…

    Gabriela: No Lic., no, disculpe! Es que me sorprendió! Quédese aquí, además usted está pagando todo!

    Angie: Gaby y yo compartiremos la cama grande, usted quédese en la unipersonal… a menos que quiera compartir la grande con alguna de nosotras…

    Esta mujer, no se media con sus comentarios, pero creo que era efecto del alcohol.

    Gabriela: No seas tan imprudente! Jajaja!

    Yo: Soy chiste de ustedes!

    Angie: jijiji! Perdone, no me aguante las ganas…

    Ellas se acomodaron en la cama, yo fui al baño a lavarme la cara.

    Angie: nos dice si adivina…

    Yo: Adivinar qué? No entiendo…

    Gabriela: Ya verá…

    Primero no le capte, así que entre sus risas, entre al baño; ahí me topé con su ropa interior colgada en el toallero. Al bañarse la dejaron secando en el baño, para que en la mañana terminar de secarla con la secadora de mano del baño.

    Se reían a costa mía, creo que hasta rojo he de haberme puesto porque, seguro estaban esperando que las viera de forma curiosa para saber de quién era que…

    Angie: entonces adivina de quien es cada prenda?

    Yo: me guardaré cualquier comentario al respecto

    Gabriela: ayyy! Solo con comparar tamaños se sabe…

    Obvio, había una de color rosa, la talla y la copa eran más grandes, por lo que no podían de ser más que de Angie, pensé en cómo se vería con esa piel tan clara; luego vi las piezas una azul se miraba casi igual de tamaño que la rosa y otra negra un poco más pequeña, tenía sus detalles tan sensuales, dándole forma a esa figura esbelta de Gabriela. Les dije buenas noches y no siguieron haciendo burla, apague la luz, así me pude quitar zapatos, calcetines, pantalón y camisa; los deje al pie de la cama y me acosté en bóxer y camiseta.

    No podía dormir, no se iba de mi mente el haberlas visto en toalla, ver su ropa interior en el baño y como disfrutaron poniéndome en apuros… tanto así que se ponía dura, no lo pude evitar. Me la palpe y la tenía algo gorda, tentado estaba a jalármela y lo empecé a hacer, pero me arrepentí, me decidí a tratar de dormir; pasaron unos minutos y fue cuando sentí una presencia a mi lado.

    No me moví, vino a mi mente la idea de que Gabriela venía a repetir lo de hace tanto tiempo, sentí una mano deslizándose por sobre mi estómago, y al voltear a ver, escuche un suave shhh pidiendo silencio al tiempo que un delicado dedo pasando por mis labios, alcanzaba solo a ver sombras, porque apenas pasaba una débil luz por la cortina de la ventana. Quise girar el cuerpo hacia la persona pero nuevamente un dedo sobre mi boca y la mano sobre mi estómago me detuvieron, esta vez la mano comenzó a masajearme el cuerpo y el dedo en mi boca a jugar con mis labios.

    Su mano bajo hacia mi entrepierna, fue masajeando despacio, frotándome las pelotas, y poco a poco me agarro la verga, estaba gorda pero no dura, así que sus dedos tibios la fueron empalando rápidamente, entonces busque hacia la figura y me topé con la toalla, la jale y cayo, con lo que seguí tanteando y agarre una forma redonda, alcanzaba apenas a sopesarla en mi mano y sentir su calor, un suspiro salió de su boca, cuando encontré el pezón.

    Me acomodé y atraje hacia mí un cuerpo, buscando por su piel me tope su pecho y al buscar más cache un pezón, y lo rodee con mi boca, lo que hizo que su respiración sonara agitada y se estremeciera, con lo que apretó con más fuerza mi verga y me estaba llegando una sensación electrizante desde ahí…

    Seguí chupando, sentía el duro pezón moverse con la presión de mi lengua recorriéndolo, de repente un líquido cálido y dulzón lleno mi boca, no lo podía creer, era leche saliendo del pezón, primero me sorprendió y creí que lo dejaría de chupar, pero, otro largo suspiro de ella hizo que la sensación cambiara, trague el líquido y seguí moviéndome estimulando el pezón, siguió saliendo líquido, apreté más contra el pecho, hasta casi no respirar, ella seguía masajeándome la verga y eso me mantenía muy caliente, cuando ya dejo de fluir leche, ella se movió para que alcanzara el otro pecho, lo chupe hasta que sentí que también salía leche de él, quise pasar la mano por su cuerpo y tantee hasta sus caderas, pero una mano me detuvo, y luego se posó sobre mi cabeza acomodándome para que le diera todo chupándole su pecho, le di una leve mordida y ella dio un pequeño respingo y me dio un largo jalón en la verga, con lo que no aguante más y me corrí intensamente sobre su mano, ella no dejo de frotarme, yo chupe con ansias hasta que ella apartó su pecho, entonces cambió de posición, se fue sobre mi verga, que desapareció dentro de su boca, ahora yo di un suspiro intenso y ella me puso nuevamente su mano libre sobre mi boca, chupe sus dedos, ella los retiró, otra vez tantee para alcanzar su cuerpo y deslice la mano por su cintura, tenía sus rollitos, pero la piel tersa y suave, seguí su cuerpo hasta sentir una nalga, esta vez no se opuso, la acaricie cuanto pude, ella siguió chupándome el palo y luego las bolas hasta que me dejo limpio. Me dio una suave mordida en las bolas y un beso en la punta. Luego, sin más despego su boca de mi cuerpo, y se apartó de mi lado, dejando mi mano al aire y viendo desaparecer su forma en la sombra. Aun sentía calor en la verga, todavía gruesa, aunque flácida y las bolas calientes, no me arropé, solo me acomodé el bóxer nuevamente y no me di cuenta en que momento me dormí.

    Me desperté muy temprano, ya la luz comenzaba a filtrarse más, aunque aún en penumbra ya podía distinguir mejor a mí alrededor, mire a la cama a mi lado, las dos estaban casi envueltas como un capullo, lo que no me dio idea de quien se había levantado en la noche. Me metí al baño, aproveche a bañarme, vi las prendas colgadas sobre el toallero, verlas me hizo pensar nuevamente en lo que me pasó, en lo que pasó en aquel evento de hacía tiempo… sinceramente tome las dos y aunque se sentía el olor a jabón, me excitó el ponerlas en mi cara, parecerá algo enfermo, pero también las frote contra mi verga, que se me puso dura, pero en la ducha logre que se me bajara, me duche rápido y ahí mismo me vestí, al salir no habían salido de la cama, pero Gabriela si se había despertado, me miró y se sorprendió, pero no se asustó, creo que al momento recordó porque estaba ahí, no se dio cuenta que la toalla se había aflojado así que resbaló por su pecho, antes de que se volviera a cubrir tuve un ligero vistazo de sus pechos, dio un pequeño respingo y me sonreí, pero note un dejo de emoción en su expresión, le hice ademan de no decir nada y de que estaría abajo y salí.

    Quedamos de acuerdo de no mencionar nada de la situación, que logramos quedarnos en un hotel y todos bien, nada de detalles de la noche, era algo conveniente para todos. Estamos todos de acuerdo.

    Yo: -Sí, estamos todos de acuerdo?- Volví a preguntar para que todos respondieran

    Todos dijeron si, de uno en uno. Solo di un vistazo rápido por el retrovisor para ver las expresiones de las chicas, vi un par de ojos que miraban directo a mí.

    Yo: Entonces aquí nada ha pasado, todo fue un viaje productivo y punto!-

    Todos: Así fue!

    Luego de un buen rato en silencio, volvimos a un estado normal, a conversar de temas triviales, mientras seguimos el camino hasta llegar a la ciudad; ya cerca de un centro comercial donde quedaron de verse todos, los deje en la entrada principal, me dirigí luego hacia mi casa, para darme un buen descanso.

  • Detrás del espejo

    Detrás del espejo

    Un hombre con problemas de erección, redescubre el placer del sexo a través de la contemplación.

    Una tarde gris de febrero, el marido se sentó en el sillón oportunamente colocado en el centro de la sala contigua a la habitación matrimonial.

    Dispuesto, y a la vez asustado por lo que la escena que iba a ver pudiera despertar en su interior, se preparó para la observación de la concupiscencia ajena, del adulterio consentido, del grito de la carne.

    Judit entró acompañada del hombre. No se atrevía, ni siquiera, a tomarlo de la mano. Pálida, temblorosa, temblaba no saber lo que hacer.

    Ambos se sentaron en la cama y decidieron tomar una copa del champagne que el marido había dispuesto al lado del lecho.

    Intercambiaron unas palabras que él pudo escuchar gracias a los micrófonos colocados en las cuatro esquinas de la alcoba.

    Bajó un poco el volumen, no quería que un inoportuno eco pudiera acrecentar aún más la tensión y espantar a los improvisados amantes.

    Hablaban del trabajo, de la ciudad y del tiempo.

    El marido no alcanzaba a imaginar qué podía haber de erótico o interesante en semejante conversación.

    Por fin, el hombre venció su timidez y la besó. Fue un beso corto, furtivo, como si temiera la reacción de ella. Judit se quedó quieta y él comenzó a acariciar sus senos por encima de su vestido. Se abalanzaron el uno sobre el otro y comenzaron a quitarse la ropa: primero desabrocharon cuidadosamente las botas altas que ella lucía para la ocasión, después levantaron el vestido y la ropa interior fue dispersada a los cuatro vientos. Judit permaneció con sus medias negras puestas; el hombre, completamente desnudo.

    Se trataba de un joven moreno, guapo, musculoso y notablemente bien dotado. Su verga en erección era el falo más grande que Judit hubiera visto nunca.

    Él estimuló suavemente su sexo femenino hasta que este se humedeció bajo sus dedos.

    Tras esto, Judit bajó despacio, recorriendo con besos el cuerpo fuerte y depilado de aquel macho ejemplar hasta llegar al enorme pene.

    Comenzó por lamerlo tímidamente para, después, introducirlo en su boca y practicarle una felación con la que ambos perdieron el control. Dejada a un lado la inhibición, Judit montó a horcajadas sobre aquel miembro como si se tratara de un corcel indomable. Los jadeos y los gemidos se fueron sucediendo hasta que ella arañó el pecho de él en señal de haber llegado al clímax.

    Terminado el coito, Judit se levantó para servirse otra copa, sintiéndose satisfecha y, a la vez, temerosa de lo que pudiera estar sintiendo su marido al otro lado del espejo tintado.

    Su cónyuge había comenzado a sudar y sentía palpitaciones. Había algo sórdido, delicuescente, y a la vez tan bello en contemplar a su musa de aquella guisa.

    Sin tiempo para más reflexiones, el efebo se levantó de la cama con su miembro nuevamente erecto y la agarró por la cintura para lanzarla sobre el colchón. La penetró y la cubrió para comenzar a embestirla con vigor renovado. Esta vez, los gemidos se tornaron gritos, auténtico júbilo y placer carnal mientras ella repetía una y otra vez en su lengua materna: Folla’m, folla’m…

    Él seguía entrando en ella como si nada más importara, como si le fuera la vida en ello.

    Ella, con sus piernas envueltas en sus medias de seda negra, ora parecía querer tocar el techo con los dedos de los pies, ora lo amarraba con fuerza contra sus caderas.

    Finalmente, tras algo parecido a un bramido, él eyaculó en el interior de ella, que recibió con una sonora invocación a todas las divinidades su esperma.

    Durante el intervalo que precedió al tercer polvo, el Marido permaneció sentado en su sillón, rememorando cada segundo de lo que acaba de ver, pero algo se revolvió en su interior cuando oyó a aquel tipo hablar sobre lo hermosos y delicados que eran los pies de Judit. Dicho esto, comenzó a masajearlos por sobre las medias. Ella correspondió dicho gesto frotando el miembro de su amante entre ambos pies.

    Una vez más, se desató la lujuria y aquel individuo desconocido comenzó a follarse a Judit por tercera vez en distintas posturas, todas ellas acompañadas de los pertinentes delirios eróticos. En una ocasión, Judit se puso boca abajo en la cama, mirando fijamente al espejo mientras mordía las sábanas. Fue en ese preciso instante, cuando el marido sintió algo que hacía tiempo no sentía: él también se estaba empalmando. Comenzó a masturbarse, acompañando a la pareja mentalmente en su fornicación.

    Al acabar, ambos se abrazaron en el centro de la habitación, dejando ella caer gotas de semen y fluidos vaginales entre sus trémulas piernas.

    El marido no pudo evitar correrse en el suelo y caer de hinojos.

    Amaba tanto a Judit.

    Barcelona,

    22 de febrero de 2022

    Roberto Cechinello

  • Fantasía virtual (Parte I)

    Fantasía virtual (Parte I)

    Hacía un tiempo que Matías no tenía noticias de Débora, pero sabía que Juan, el novio, estaba de viaje, y le pareció un buen momento para retomar el contacto. Todavía recordaba el sueño que había tenido con ella hacia un par de noches, y por más que lo intentaba no lograba sacarse de la cabeza la fantasía que le había generado.

    Se había obsesionado tanto con el tema, que había desarrollado un plan muy claro en su cabeza, y conocía a Débora lo suficientemente bien para saber que –con un poco de paciencia y algo de tiempo- podía llegar a concretarlo y cumplir su fantasía

    Decidió que ese era el día justo, así que espero a que se hiciera la hora a la que ella llegaba del trabajo, se arregló un poco para estar presentable, y juntando un poco de coraje le hizo una videollamada.

    El teléfono sonó durante un largo rato, lo que le generó un poco de ansiedad, pero finalmente ella atendió y la pudo ver.

    -Hola! Como andas Mati! Tanto tiempo que no te veía, que sorpresa! Disculpa que tarde en atender, pero llegue del trabajo muerta y me metí a darme una ducha para sacarme el calor!

    Mientras sostenía el teléfono con una mano se sacudía el pelo todavía mojado con la otra, lo que junto con el top y el shortcito que llevaba la hacía verse increíblemente sexy. Estaba natural, a cara lavada, pero aun así se veía divina, y lo primero que noto él fue como la forma de sus pezones se marcaban a través de la delgada tela que los cubrían.

    Matías trato de que no se notara mucho su excitación y comenzaron a hablar, y pronto la conversación comenzó a fluir. Como hacia un tiempo que no se veían charlaron de todo un poco: del trabajo, de la familia, de algún viaje que habían hecho, e incluso Débora comenzó a contarle un poco de su relación con Juan.

    Ya llevaban más de una hora hablando de la vida, hasta que finalmente Matías pensó que ya era momento de comenzar con su plan.

    – Sabes que la otra noche tuve un sueño raro? – le dijo

    – Ahhh conociéndote seguro que soñaste algo “hot”!!! – Le contesto ella en tono de broma – siempre fuiste medio degeneradito!

    Habían estado un tiempo juntos, así que ella lo conocía bien y sabía que siempre estaba pensando en sexo, pero su comentario había sido un chiste y realmente no se esperaba la respuesta de Matías.

    – Sabes que si? – Le contesto él – Tenes razón… fue mas que “hot”. Y sabes que fue lo más excitante de todo?? Que la protagonista del sueño eras vos… – y luego de eso se quedó en silencio, esperando la reacción de ella.

    Débora se quedó helada, mirándolo con una sonrisita tonta y nerviosa dibujada en sus hermosos labios. Al cabo de unos segundos reacciono y comenzó a titubear:

    – Pero, entonces… vos soñaste que nosotros… – y se quedó esperando una respuesta

    – Nooo no… No soñé con nosotros – le contesto Matías. Luego hizo una pequeña pausa y se quedó mirándola, imaginando lo fantástico que habría sido ese sueño con él como protagonista, pero aun así, por alguna extraña razón, lo excitaba más tal como había sido.

    Rápidamente salió de su fantasía y le explico a Débora su sueño. Le conto toda la acción con lujo de detalles, y se guardó para el final la parte más importante:

    – En el sueño estabas con Juan. Todo lo que te conté lo hacías con Juan, y yo mientras te miraba

    Débora se quedó observándolo fijo. Estaba callada y no sabía realmente que decir. A pesar de eso, Matías noto que había en sus ojos un cierto brillo que antes no estaba, y que sus pezones, que antes se traslucían a través de su remera, se habían puesto duros de la excitación y se marcaban aún más.

    Abrió los labios como para hablar, pero se notaba que no sabía cómo preguntarle a Matías lo que quería saber, hasta que finalmente se animó.

    – Pero, eso que soñaste… No te dio celos? Que te produjo verme con Juan?. -En su cara se notaba que estaba realmente intrigada.

    – No – le contesto él – en realidad me excito muchísimo! Cuando en el final del sueño Juan te acababa, yo también me vine. Hasta tuve que cambiar las sabanas!!! – le dijo riéndose y poniéndole un poco de humor a la charla para descontracturar.

    Más allá del chiste, había sido cierto que había tenido que cambiar las sabanas, y recordar eso le hizo revivir mentalmente la imagen de Juan moviéndose dentro de ella, sacándosela y acabando a chorros sobre sus tetas. El recuerdo lo excito de una manera que ni el mismo se esperaba.

    Mientras tanto Débora abrió grande la boca, simulando sorpresa, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar, pero luego se empezó a reír con ganas y Matías la acompaño en la risa.

    – Pero entonces vos me estas queriendo decir que te calentó soñarme cogiendo con Juan? – le pregunto Débora con algo de intriga y sin poder salir de su sorpresa.

    – Sí, mucho! – le respondió Matías sin dudar.

    Después de eso solo se rieron un poco nerviosamente, y comenzó a notarse una cierta tensión en el ambiente, mezcla de excitación y nerviosismo.

    Matías entendió que era el momento justo de dejar todo ahí, y le invento un compromiso por el que debía dejarla e irse. Muy rápidamente se despidió diciéndole que le había encantado verla, que había estado bárbara la charla y que esperaba volver a hablar con ella pronto, y sin darle siquiera mucho tiempo a ella para que lo salude, le guiño un ojo, le tiro un beso y corto.

    Se recostó sobre la silla, puso sus manos en la nuca y sonrió satisfecho: acababa de sembrar una semilla en la cabeza de Débora, y ahora solo tenía que darle el tiempo necesario para que germinara.

  • Mi vida como puta

    Mi vida como puta

    Hola, lectores.  Durante una etapa de mi vida fui trabajadora sexual (prostituta) y quiero contarles algunas de las experiencias que viví.

    Fue hasta la fecha el mejor trabajo que tuve, lo amé, lo disfruté y conocí gente espectacular. Hoy guardo muchos recuerdos lindos de esa época y quiero compartirlos con ustedes. Espero que disfruten leer estas historias tanto como yo disfruté vivirlas.

    La decisión de comenzar con el trabajo sexual fue mía. Quiero decir, nadie me lo impuso. Tenía un trabajo con el que ganaba muy poco y amigas a las que le iba bien en el rubro del entretenimiento sexual, por esto un buen día, después de haberme asesorado, tomé la decisión de comenzar.

    Me hice de un nombre de fantasía, creé una cuenta de Facebook (en ese entonces era posible utilizar una cuenta para este fin, aunque no duraba mucho) y publiqué algunas fotos donde no se viera mi cara.

    No pasó mucho tiempo hasta que empezaron a contactarme varios hombres, yo no sabía muy bien cómo desenvolverme por lo que decidí actuar naturalmente, sin hacerme «la putita» (como hacían la mayoría de chicas que conocía).

    Un buen día me contactó un hombre al que voy a llamar Luis para proteger su identidad.

    Luis tenía cuarenta y tantos, era científico, un hombre de familia y un caballero con todas las letras. Yo le gusté y el me inspiró confianza, por lo que accedí a un encuentro.

    Nos encontramos en un hotel de capital federal y hubo química instantáneamente.

    Después de una charla muy amena comenzamos a besarnos suavemente y poco a poco fui perdiendo los nervios. Me mentalice ser con él como era con mis amantes ocasionales. Decidí dejarme llevar y no fingir nada. Él lo percibió y le encantó.

    Después aprendería que si algo les encantaba a los clientes era verme disfrutar realmente y saber que nada era actuado.

    Luis olía espectacular, tenía un olor a hombre increíble, pelos en el pecho, y muy bien llevada su edad.

    Me recostó sobre la cama y comenzó a practicarme un sexo oral excelente, me lamía con pasión cada centímetro de mis labios y el clítoris, alternaba la intensidad de una manera increíble, parecía conocer lo que me gustaba. Me dejé ir y a los minutos recordé que yo estaba trabajando y debía devolverle algo de todo el placer que me estaba brindando.

    Lo tomé de la cara, lo besé apasionadamente y le pedí que se recostara en la cama, le coloqué un preservativo y comencé a chupársela lentamente, primero la cabeza y después me extendí a lo largo de su tronco. Iba y venía con delicadeza mientras lo miraba a los ojos. Luis tenía la verga durísima y en su cara veía como lo estaba disfrutando.

    Después de darle placer durante unos largos minutos yo estaba tan caliente con él que estaba desesperada por sentarme arriba de su verga, Luis era un maduro realmente tentador al que cualquier mujer querría cogerse.

    Agarre su verga y la introduje en mi concha que a esta altura ya estaba chorreando fluidos. Me dejé caer y nos quedamos unos segundos quietos sintiéndonos.

    Empecé a moverme suavemente y nos besábamos como si fuéramos novios, nos comíamos como si de ello dependiera la vida.

    Yo estaba entregada a él, ya había olvidado que iba a cobrar dinero por esto y que teníamos solo dos horas para compartir.

    Luis me chupaba las tetas, me besaba el cuello y con sus manos apretaba mi cola bien fuerte contra él, parecía querer perforarme y esto me excitaba aún más.

    Después de cabalgarlo por un rato, me puso en cuatro patas y empezó a cogerme con toda la intensidad que podía, yo sentía sus huevos chocar contra mi concha y eso me ponía a mil, nos miraba en los espejos y me encantaba como nos veíamos, yo con la cola bien parada hecha una verdadera puta y el sacado, maravillado con mi culo y mi cuerpo entero cogiéndome maravillosamente bien.

    Luis me decía que tenía un cuerpo increíble y que era hermoso cogerme.

    Cambiamos la posición para poder seguir besándonos, manoseándonos y frotándonos. Luego de un rato volví a cabalgarlo, me encantaba hacerlo porque él, a diferencia de muchos hombres con los que había estado (de mi edad) entendía perfectamente el ritmo que yo imponía y sabía complacerme como si me conociera.

    Me lo cogía sin parar y ya no me importaba la plata, el tiempo, ni nada. Después de unos minutos comencé a sentir que el orgasmo se acercaba, disminuí el ritmo y empecé a moverme más lento, pero más profundo y exploté en un orgasmo riquísimo que hizo que Luis expulsara toda su leche inmediatamente.

    Nos quedamos callados y abrazados un momento y la primer expresión de Luis fue: «wooow!». Nos reímos, nos besamos y me recosté a su lado.

    Con el tiempo Luis sería uno de mis clientes más fieles y con los que más encuentros tuve.

    Nos queríamos mucho realmente.

    Espero que les haya gustado el relato y me dejen sus comentarios.

  • Historia de una sumisa (3)

    Historia de una sumisa (3)

    Me llevó hasta su habitación solo para dejarme atada en una argolla que sobresalía en la pared y se marchó.

    En cierta manera yo agradecí que me diera un poco de descanso.

    Pero no tanto.

    No sé exactamente cuánto tiempo llevaba dentro cuando ella regresó para usarme de nuevo.

    -Ten, debes estar hambrienta.

    Colocó el plato de albóndigas en el suelo.

    Era un plato muy bonito, azul con flores blancas. El único problema es que no dejaba de ser un bolt para perros.

    -Sí, ya sé lo que piensas. De ninguna manera pienso comer de ahí. Pero ahora no eres más que una perra y lo harás.

    Yo miré el plato, luego miré a mi ama, el plato de nuevo…

    Ella cogió una albóndiga y me la acercó en la palma de su mano.

    -Come, está bueno.

    Aún sigo sin tener claro cuál es la fuerza que mueve a las sumisas a hacer lo que sus amos le piden. Sé que es parte del placer, pero no lo explica todo.

    Abrí la boca y me vi comiendo de la palma de su mano, y a continuación bajé mi cabeza al suelo para comenzar a comer.

    Lo hacía despacio, albóndiga a albóndiga, tratando de no mancharme la cara con la comida.

    -Buena perra. No creí que fueras capaz hasta dentro de unos días.

    En un momento dado mi ama me detuvo, cogió una de las pocas albóndigas que aún quedaban en el plato y la soltó en el suelo.

    -Atocha – mencioné.

    -Si lo haces tendrás un regalito especial, algo que seguramente te encantará.

    Me quedé mirando la albóndiga del suelo fijamente. Del bolt todavía, pero del suelo me daba asco.

    Mi ama mientras tanto se sentó en la cama.

    -No te lo voy a dar hasta que te lo comas todo.

    Bien sabía ella a pesar de las escasas horas que llevábamos juntas que mis ganas de ser usada por ella iban a ganar mi asco.

    Me llevó un tiempo decidirme porque estamos hablando de comida en el suelo. Podía tener pelusa, tierra, que sé yo…

    -Si continuas a mi lado vas terminar por tragarte semen, meados, basura, mierda y cualquier cosa asquerosa que se me pase por la cabeza. ¿Y te da miedo una simple albóndiga del suelo?

    Yo no le creí. Que me iba a tragar semen a espuertas, pues sí, seguro, y estaba lista para ello.

    Pero por lo otro, no, por ahí si que no pensaba pasar.

    Me concentré en el problema que tenía delante, la albóndiga del suelo.

    Era simple. Solo tenía que dar un bocado un bocado por la parte de arriba, luego otro dejándola a medias y ya tenía casi todo el trabajo hecho.

    El problema era la parte final.

    Cerré los ojos, bajé la cabeza y por fin lo hice para alegría de mi ama.

    -Lame el suelo.

    ¿Pero es qué esto no se iba a acabar nunca?

    -Ferrocarril

    -¿De verdad no quieres hacerlo? Es solo un lengüetazo y ya.

    -Ferrocarril, ferrocarril, ferrocarril.

    -Algún día lameras semen del suelo. Debes prepararte para ello.

    Sí, algún día haría cosas verdaderamente asquerosas…

    -¿Entonces?

    Esmeralda siempre supo como lograr que yo fuera más allá de mis límites. Sí, maldita sea, bajé la cabeza y me puse a lamer el suelo como una loca.

    -Buena perra. Ahora ven y ofrécete. Es hora de tu recompensa.

    Ofrecerte a tu ama significa básicamente ofrecer tu coño a tu ama para que esta juegue con ella.

    A pesar de ser mi primera vez, tenía claro lo que debía hacer. Camine a cuatro patas hasta situarme, y me tumbé cabeza arriba con las caderas levantadas. La posición se llama Sula-ki, aunque yo entonces no lo sabía.

    Mi ama se quitó uno de sus zapatos y la media antes de comenzar a frotarme el coño con el pie.

    Tiene un pie pequeño, muy suave y delicado. La sensación es completamente distinta a cuando usan la mano y más humillante, pero a mí me estaba volviendo loca.

    Estaba completamente entregada a los deseos de mi ama y ella lo noto hasta el punto de que fue un poquito más allá y comenzó a introducir su pie en mi coño.

    Yo gemí pero no me resistí. Sabía que entraba fácilmente ya que estaba empapada y me daba muchísimo morbo que me metiera su pie sudado dentro de mi vagina.

    Lo introdujo hasta el tobillo y yo creía que me iba a dar algo.

    Quería que se moviera, quería que me follará con él.

    Cuando comenzó a moverse me sentía la perra más feliz del mundo. Era un auténtico gustazo sentir esa parte de su cuerpo entrar y salir de mi interior.

    Me corrí como una loca.

    A continuación, mi ama me pidió que me acercará aún más a ella para poder pisarme el rostro.

    Acarició toda mi cara con su pie bien mojado en mis flujos vaginales y terminó introduciéndolo en mi boca como remate.

    Me gustó chuparlo, lamerlo, que me pisará la cara y los pechos con él. No pensé nunca que tenía un fetiche semejante con el pie femenino.

    -Tenemos que hablar de cosas importantes. Creo que tienes cualidades para ser una esclava completa.

    -¿Y eso qué significaría?

    -Que me pertenecerías sin condiciones, claro. No como ahora, serías realmente mía, pero debes pensarlo. Por el momento, tienes toda la tarde para ti ya que no voy a estar, pero esta noche vendré con un par de amigos.

    Llamó a una de las criadas que había en la casa y le ordenó que me llevara hasta mi habitación. Como muestra de que había terminado conmigo, me dieron una bata.

    -Tiene suerte – me aseguró – la señorita Esmeralda es una gran ama. Aunque no se fie de su apariencia, puede ser extremadamente dura.

    -¿Mucho?

    -Puede ser verdaderamente brutal si se lo propone, mucho más que su padre o su abuelo. Bien, como aún no es una esclava completa, podrá descansar aquí hasta que necesiten de sus servicios de nuevo.

    -¿Y dónde descansan las…?

    -Esas o no descansan o a cualquier sitio que se les ocurra.

    -¿Tiene mi ama alguna esclava completa?

    -Sí, una, pero no se preocupe por ello. La esperan a las nueve, sea puntual.

    Cuando me vi libre, me di cuenta de que no sabía muy bien que diablos hacer con mi tiempo.

    Mis cosas habían sido guardadas en una habitación de las muchas que tenía la casa. Me bañe, me vestí y luego… nada.

    Revisé mi móvil para ver si mi novio me había llamado o enviado algún mensaje.

    Mi novio…

    No hacía ni 24 horas que me había separado de él y parecía toda una vida.

    Decidí salir a recorrer el pueblo dado que nunca había estado en él y tras verlo todo, me senté a esperar en un banco en el parque.

    Deseaba estar de nuevo con mi ama.

    Lo deseaba de verdad.

    Era la primera vez en mi vida que había estado con una mujer y ahora parecía que no podía estar sin ella.

    Esclava completa… Sonaba absolutamente aterrador. Solo con buscar vídeos en el móvil buscando que las hacen sabes que te estás metiendo en un pozo sin fondo, y eso que solo muestran la superficie.

    Sin mucho tiempo para más, regresé a la casa.

    Allí mi ama me mandó que me desnudara del todo, salvo por las medias, y me colocó el collar.

    -No me decepciones.

    No pensaba hacerlo.

    Me llevó paseando a cuatro patas hasta una habitación donde solo podía ver dos pares de pies esperando.

    -Supongo que te preguntarás qué vamos a hacer contigo. Bueno, pues poca cosa. Estos chicos tienen un fetiche muy simple.

    -No tan simple, Esmeralda, no te pases.

    -Quieren correrse en el pelo de una chica.

    Como cualquier mujer o chica que se precie, mi pelo era sagrado. El simple hecho de pensar en dejar que ese par de mocosos se corrieran en él me asqueaba.

    Pero mi ama había preparado muy bien el terreno. Es extremadamente difícil negarse a algo cuando te encuentras en esa posición.

    Yo solo lo vi después en un vídeo.

    Tuve que ver al lado de mi ama como los chicos se sacaban sus pollas y se pajeaban solo para correrse encima de un trozo de carne sumisa.

    Pude apreciar perfectamente los dos enormes goterones de semen que dejaron en mi precioso cabello.

    Apagué el vídeo y cogí el trozo de cabello donde habían caído. Aún estaba todo pegaso y apestaba.

    Fue un momento crucial. Sabía que en el futuro me esperaban al lado de mi ama cosas mucho más duras y asquerosas que esta.

    Y no sabía si era lo suficientemente fuerte para soportarlas.

  • En el Dojo

    En el Dojo

    Espero sea de su gusto, en espera de sus comentarios ya sea aquí o en mi IG, por cierto, el IG es para compartir con Ustedes experiencia, fantasías u opiniones, como adultos funcionales, no es para cibersex, ni para ligar, ni nada similar.

    Y si les gusta esta o mis otras publicaciones, No olviden “valorar este relato”. Besos a Todos.

    Siempre he sido una mujer muy competitiva, y a veces muerdo más de lo que puede masticar, este fue una experiencia de mis tiempos de juventud de los primeros días de mi primer matrimonio.

    Sensei: «Elena, baja un poco el puño».

    Y: «¡Sí SENSEI!»- Gruñí firmemente antes de lanzar otro golpe con un grito. -«¡Trece! ¡Catorce! Quince…»

    Terminamos nuestras series de puñetazos y patadas antes de que nuestro instructor nos diera un receso para hidratarnos.

    Estaba a la mitad de mi botella de agua cuando escuché una voz chirriante detrás de mí.

    Sebastián: «Hola “piernitas”

    Le di una mirada penetrante de desaprobación, Volví la cabeza bruscamente en sentido contrario, simplemente me alejé de él hacia mis amigos.

    Sebastián fue una espina constante en mi costado desde que se unió al DOJO. Técnicamente era mi junior, pero tenía experiencia previa en artes marciales en otros lugares. Su total falta de dedicación y arrogancia me molestó muchísimo. Habíamos ido a un evento social de senderismo con los otros aprendices y cometí el error de usar pantalones cortos. Estaba tan seducido por mis piernas largas y sedosas, generalmente ocultas, que me siguió como un perro todo el tiempo. Siguieron mensajes y charlas coquetas. Me sentiría halagado, excepto que detestaba todo lo que él era.

    Lo espié por el espejo de la pared del fondo. Se reía a carcajadas entre su círculo de amigos. Su desordenada mata de cabello rizado y su vello facial lograban arruinar a un chico relativamente atractivo.

    Amigo de Sebastián: «¿Cómo ves a Elena?» –con un tono que alcanzara oír desde mi lugar.

    Sebastián: «Sí, ella es bastante sexy».

    Otro Chico: «Sí, apuesto a que podría partirte tu madre» bromeando.

    Sebastián: «Lo dudo» confiado.

    Y: «¿Y por qué crees que no?» Me acerqué y lo enfrenté.

    Él solo me miró claramente y se encogió de hombros.

    Sebastián: «Es solo biología».

    Le di un puñetazo en el estómago haciendo que se desplomara un poco.

    Sebastián: «¡Oye!» sobresaltado. «Contrólate o te controlo, Piernitas».

    Y: «Apuesto a que podría partirte la madre, fácilmente», lo desafié con los brazos cruzados.

    Sebastián: «Dinero fácil? NO gracias, pero, claro, si gano me das un beso, le entro».

    Mi cara se puso roja intensa mientras los chicos a nuestro alrededor se reían.

    Y: «¡Okey!» molesta. «Si gano, aceptaras públicamente que te partí la madre».

    Sebastián: «Ya rugiste leona», sonrió mientras nos dimos la mano. “¿Hoy después de clase?»

    Y: “Hablare con el Sensei «, le devolví la mirada a sus intensos ojos preguntándome si había cometido un error.

    Conseguir la autorización del Sensei no fue problema por un lado era una de sus alumnas más destacada, por otro mi flamante esposo era el principal promotor y benefactor del DOJO, y eso me daba privilegios, me entregó las llaves y puso su mano en mi hombro.

    Sensei: «Asegúrate de cerrar con llave, ¿de acuerdo?

    Miró detrás de mí a Sebastián holgazaneando en el banco con su teléfono.

    Y: «Estaré bien» con desdén.

    Él asintió, no muy convencido, mientras se iba. Cerré la puerta y cerré las ventanas antes de caminar de regreso con Sebastián.

    Y: «¿Estás listo?» con los brazos cruzados.

    Sebastián: «Nací listo», bromeó.

    Nos paramos uno frente al otro, listos para combatir. Salté hacia adelante primero y choqué contra su cuerpo. Casi reboto cuando mis dedos buscaron agarrar algo para hacer palanca sobre él. Lo sentí agarrar con ambos puños de mis pantalones jalándolos hacia arriba utilizando su peso para lanzarme. Me mantuve firme, pero sus manos también atraparon mis interiores y la incomodidad en mi entrepierna me hizo girar la cadera que fue suficiente para que él me tirara al suelo. Me quedé sin aliento cuando aterricé sobre mi espalda. Antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba pasando, su puño estaba justo encima de mi nariz.

    Y: «El mejor de tres»- Lo empujé lejos de mí.

    Nos colisionamos de nuevo. Me las arreglé para levantarlo esta vez, pero me tiró hacia abajo con él. Nos peleamos sobre las colchonetas antes de que lograra sujetarme por detrás. Se acostó encima de mí, su peso aplastándome me hizo sentir impotente cuando sentí que me trababa el brazo. Agarró un puñado de mi cabello. Tiró con firmeza. Ahogué un gruñido, sin poder suprimir las insinuaciones de un gemido. ¿Me… me gustó eso?

    Y: «Está bien, me rindo», le di un golpecito en el brazo.

    Sebastián: «Esto va más rápido de lo esperado”, provocándome.

    A regañadientes tomé su mano amiga para ponerme de pie.

    Y: «¿El mejor de cinco?» Siseé con los dientes apretados.

    Respiré con dificultad, jadeando con las manos en las rodillas. Salté hacia adelante e hice un grito de batalla mientras trataba de atraparlo con la guardia baja en un ataque sorpresa. Su brazo simplemente dio la vuelta y me golpeó con fuerza contra el suelo. Saltó encima de mí y rodamos y forcejeamos antes de que sus piernas se deslizaran alrededor de mi cintura. Me había inmovilizado en un triángulo corporal, su antebrazo resbaladizo empujó suavemente mi cuello y bloqueó mi posición. Me agité y traté de salir de esta posición mientras él permanecía relativamente inmóvil, aparentemente sin esfuerzo. Me detuve para recuperar el aliento. De repente, su brazo se apretó alrededor de mi garganta. Jadeé en estado de shock cuando sentí que su torso comenzaba a apretarse contra mí. Me di cuenta de que empujaba contra mi trasero y mi espalda baja era lo que se sentía como… ¿un gran tronco pulsante en sus pantalones? ¡En la Madre!

    Toqué su brazo indicando que me sometí. Me soltó y rodé, echándole una mirada de odio mientras jadeaba. Se puso de pie y respiró lentamente. Podía ver el contorno de su polla bajando por la manga de su muslo y apenas visible contra la tela blanca. Ese bastardo. ¿Cómo podría tener la sangre sobrante para alimentar una erección?

    Y: «¡Uno más!» gruñí.

    Di dos pasos antes de que mis piernas se rindieran y colapsara sobre mis rodillas.

    Sebastián: «¿Supongo que gano?» mientras miraba hacia abajo en un aturdimiento exhausto.

    El sonido del roce de su ropa me hizo mirar hacia arriba cuando escuché el golpe de algo pesado que caía por el aire, Un pesado objeto caliente y terso me golpeó en la cara.

    Sebastián: «Ahora, ¿qué tal ese beso?» se burló.

    Y: «¡Chingas a tu madre!» me incliné y lo aparté de mi cara, ese pedazo de carne.

    Se deslizó de mi cara, dejando un rastro pegajoso de líquido en mi cara. Gruñó molesto por mi desafío antes de tirar de mi cabeza hacia atrás agarrando mi cabello. Agarró su polla y la golpeó dos veces contra mi cara. Cada golpe se sentía húmedo, caliente y terso en la cara y vencía cualquier determinación que me quedara. El intenso olor a macho llenó mi nariz. Su polla era tan arrogante y tan fuerte; Era como él, ¿no? Mi cuerpo se relajó cuando me di cuenta de la posición en la que estaba. Se había ganado su autoridad sobre mí. Apuntó la cabeza de su polla justo en frente de mis labios. Fruncí mis pequeños labios rosados y me incliné hacia adelante, besando suavemente la punta que ya goteaba, durante varios segundos.

    Una hebra larga y pegajosa de su líquido pre seminal nos conectó cuando me senté sobre mis piernas. Me lamí los labios instintivamente, el sabor salado de su líquido pre seminal mezclado con su sudor hizo que se me hiciera agua la boca y envió escalofríos a mi vagina. Se quedó allí, sosteniendo su polla en sus manos expectante. Sus ojos intensos miraron profundamente a los míos y me ordenaron que continuara.

    Y: «Está bien, está bien” crispada. «Terminemos con esto.»

    Extendí la mano y deslicé mis delicados dedos alrededor de su polla. Su olor dominaba mis fosas nasales mientras miraba en silencio lo que tenía en mis manos. Era grueso y duro, con venas serpenteaban a lo largo, terminando en dos grandes bolas. Mi cuerpo se inquietó ante la idea cuando abrí la boca de par en par y chupé la cabeza. Gimió cuando sentí gotas grandes de líquido pre seminal goteando en mi lengua. Las copiosas cantidades y el sudor me hicieron la boca agua, incontrolablemente largos hilos de saliva colgaban de mis labios y caían sobre mi regazo. Sentí su mano áspera en mi cabeza y guie mis ojos hacia él.

    Sebastián: «¿Por qué te ves tan incómoda?» con genuina preocupación. «Se te ha ofrecido un gran privilegio…»

    Gruñí en desafío. Sentí presión en la parte de atrás de mi cabeza guiándola para tomar su pene más profundo. Cada intento me llevó a tener arcadas leves y resistirme.

    Y: «No tienes mucha experiencia con las mamadas, ¿verdad?» molesto.

    Levanté la vista con ojos tristes y negué con la cabeza, con la esperanza de que eso lo desarmaría y lograría que terminara más rápido. Me miró fijamente durante algún tiempo, apreciando la imagen que tenía delante. Sentí su polla empujando contra mi mejilla mientras mi lengua se arremolinaba perezosamente contra su polla.

    Sebastián: «Está bien», dijo retirando su polla de mi boca. «Eso se puede arreglar con el tiempo».

    No entendí el significado de sus palabras. Mi mente estaba tratando de procesar la sensación de estiramiento en mis labios, el abrumador sabor salado en mi boca y el dolor en mis mandíbulas. Agarré la falda de la parte superior de mi uniforme para limpiarme la saliva de la cara. Mientras mis ojos estaban bloqueados, Sebastián me quitó el cinturón y me quitó la parte superior.

    Y: «¡Oye, que haces!» grité.

    Lo miré molesto mientras él solo miraba mi pecho. Mis pechos y pezones hinchados sobresalían obscenamente contra la camiseta blanca sin mangas. Grité cuando él pellizcó uno con fuerza.

    Y: «¡Oye! Esto no era parte del trato».

    Arremetí y fui a golpear sus bolas. Agarró mi muñeca y tiró de mí hacia arriba. Antes de que me diera cuenta de lo que estaba pasando, me dio la vuelta, me bajó los pantalones y los interiores de una sola vez y me levantó por la cintura dejándome boca arriba.

    Subió su cuerpo sobre el mío, me tiendo su cabeza entre mis piernas y poniendo su cadera en mi cara, Un fuerte gemido gutural de mis labios llenó la habitación mientras sus labios envolvían mi coño.

    Sebastián: «Yo también quería besarte Piernitas»,

    Fue todo lo que dijo antes de que sus labios y su lengua siguieran trabajando en mi coño. Miré bizca la polla frente a mis ojos. Me había resistido antes pero ahora no quería que el placer se detuviera. Extendí la mano y la agarré, llevándome la punta a los labios una vez más.

    Sebastián: «Siempre he fantaseado con estas piernitass»

    Mientras lo sentía lamer y besar mis muslos. Su vello facial me hizo cosquillas en las piernas sensibles y me hizo retorcerme en su agarre. Jadeé cuando su lengua se sumergió de nuevo en mi coño. Lamió mi coño, variando su ritmo, alargándolo insoportablemente largo. Se movió para atacar mi clítoris y comencé a sentirme mareada cuando comenzó a chuparlo suavemente. Sentí la presión acumularse en mi estómago, hirviendo desde lo más profundo de mí, y grité cuando llegué al orgasmo por el asalto de mi agresor. Mis piernas se agitaron y empujé mi cabeza contra el lío de pelo duro alrededor de su polla mientras gemía delirante.

    Se bajó con cautela. Quedándome acostada jadeando; Mis ojos se fijaron en el ventilador de techo. Me estremecí cuando me di cuenta del frío que tenía. Incliné la cabeza y obtuve una imagen del cuerpo musculoso, ahora desnudo, de Sebastián. Él acarició perezosamente su polla. Me miró a los ojos y se acercó. Jadeé cuando me agarró bruscamente del cabello, me arrastró para ponerme de pie y me llevó a la barandilla contra el espejo.

    Me agarré a la barandilla y agaché la cabeza exhausta. Tenía hormigueos en las piernas y apenas sentía las manos de Sebastián manipular mi cuerpo. Miré nuestro reflejo en el espejo y observé mientras alineaba su polla desenvainada detrás de mí.

    Y: «¡No, E-espérame, nooo!»

    Solté mientras tiraba de mis caderas mientras el empujaba su pelvis contra mí. Gemí y rechiné los dientes cuando la cabeza de su polla atravesó mi estrecha abertura y se incrustó profundamente en mi coño. O más bien, al menos se sentía así.

    Empezó a lanzar micro-empujones, sin ir más profundo, pero aflojándome para más. Podía ver mi cara en el espejo y parecía que acababa de morder un limón. Mis dientes estaban visiblemente apretados cuando sentí que su pene comenzaba a deslizarse más profundamente dentro de mí.

    Cambió el ritmo y, en lugar de pequeños movimientos, comenzó a retirarse varias pulgadas antes de lanzarse hacia adelante. Su pene se hundió más profundo con cada embestida, forzando un gemido de mis labios que aumentó de tono con cada puñalada sucesiva.

    Se sintió como una eternidad antes de sentir su cadera conectar con mi trasero con una bofetada. Sentí su áspero vello púbico haciéndome cosquillas mientras molía nuestros cuerpos juntos. Me sentí increíblemente lleno, mi coño completamente estirado alrededor de su deliciosa polla.

    Extrañamente, no dolió en absoluto. Cada centímetro cuadrado de mi coño se sintió estimulado mientras él tiraba hacia atrás y empujaba de nuevo, insoportablemente lento. Sentí la punta de su polla haciéndome cosquillas en algo muy profundo dentro de mi coño que hizo que mis ojos rodaran suavemente y mi boca comenzara a hacerse agua.

    Sebastián: «Que chingon se siente, piernitas», gimió. «Lo siento, pero no puedo aguantar más».

    Y: «¡Que? ¡Espera!» Grité, pensando que estaba a punto de correrse.

    Me tomo por las caderas y comenzó a penetrarme sin piedad. Mis dedos de los pies estaban levantados del suelo, mi cuerpo suspendido por mi fuerte agarre en la barandilla y su polla palpitante. Nuestros gemidos llenaron el silencioso del DOJO. Los únicos otros sonidos eran el sonido aplastante de su polla saqueando mi coño y el silbido de los ventiladores de techo. Mis jugos gotearon por mis piernas mientras sentía que mi orgasmo crecía.

    Y: «Me-me estoy corriendo», susurré.

    Sebastián: «¿Qué?» mientras se detenía abruptamente.

    Le devolví la mirada.

    Y: «¿Por qué te detuviste?» maullé.

    Tiró de mi cabello y me jaló hacia arriba. Su mano se envolvió suavemente alrededor de mi cuello. Miré los labios de mi vulva estirados con fuerza alrededor de la circunferencia de su polla. Nuestros cuerpos eran completamente desproporcionados, su cuerpo musculoso sobresalía y empequeñecía mi delgado físico. ¿Cómo podría haber pensado que podría haber superado eso? Quité suavemente sus dedos de mi garganta y besé su nudillo antes de extender su dedo índice y chuparlo.

    Sebastián: «Pinche Elena…» susurró en mi oído.

    Torció su cintura para su polla se remolineará dentro de mí, provocando un espasmo muy profundo dentro de mí. Gemí en voz alta y me estiré para guiar su cintura hacia adelante. Él se resistió.

    Sebastián: «¿Te sometes?» su cálido aliento en mi oído hizo que se me pusiera la piel de gallina.

    Y: «S-sí», me estremecí.

    Torció su cintura para penetrarme.

    Sebastián: «¿Si qué?»

    Y: «¡Sí señor!»

    Me penetro profundamente. Sentí la cresta de la cabeza de su polla raspando cada pliegue de mi coño. Sentí que mi orgasmo crecía con cada centímetro de su polla demoliendo mi apretada abertura.

    Y: «Por favor… cógeme… señor», susurré. Miré hacia atrás y me mordí el labio con anticipación.

    Agarró mis muñecas y tiró de mis brazos hacia atrás, usándolos como palanca para llenarme completamente de un solo golpe.

    Grité cuando sentí su empuje. La cacofonía de mi trasero golpeando contra su torso acentuó mis gritos y gemidos que llenaron la habitación. El ataque repentino rápidamente hizo que el placer inundara mi cuerpo y mi orgasmo se convirtió en una erupción. Todo mi cuerpo se estremeció, sostenido por su pene incrustado profundamente dentro de mí. Podía ver destellos de mi cuerpo en el espejo. La leve ondulación de mis músculos abdominales con cada espasmo, los jugos goteando dejando riachuelos calientes corriendo por mis piernas, lo peor de todo, mi rostro contraído en un placer absolutamente lujurioso.

    Sebastián: «Chingado, nunca antes había tenido un agarre de coño tan fuerte», gimió

    Mientras sacaba lentamente cada centímetro de su polla. Los labios de mi vagina se agarraron con avidez a la cabeza de su polla, negándose a soltarla, antes de que superara su fuerte agarre y se fuera con un estallido y un chorro de mis jugos. Una hebra larga goteaba de mi coño abierto.

    Sebastián: «En la madre», murmuró. «¿Qué tal si te inclinas y amplías esa vista?»

    En silencio obedecí su orden. Inclinándome y abriendo con ambas manos mi vulva por encima de mis nalgas. Me estremecí, mi coño aún estaba sensible y los labios vibraban de placer.

    Y: «Entonces… ¿te gusta esto?» susurré mientras me ponía de pie y cubría mi cuerpo tímidamente.

    Sebastián: «Lo adoro, Desde que hicimos esa caminata».

    Lo miré profundamente a los ojos, haciendo señas para su próxima instrucción.

    Nuestros labios se encontraron por primera vez. Nunca me gustó mucho en el afecto físico, pero esto era diferente. La aspereza de sus manos, la naturaleza contundente de sus acciones y la forma en que su lengua invadió mi boca provocaron un gemido catártico ahogado desde lo más profundo de mi pecho.

    Con los ojos cerrados y nuestras lenguas entrelazadas, sentí que me subía tomada de mis nalgas para después bajarme sobre su polla. Sentí la húmeda cabeza de su polla buscando mi abertura empapada. Jadeé cuando se deslizó en mi coño tembloroso. Mis uñas se clavaron en su espalda cuando comenzó a tomarme de pie, usándome. La habitación se llenó con el ruido ahogado de su polla saqueando mi coño, el sonido rítmico de sus bolas cargadas de semen golpeando mi culo y mis fuertes gemidos de placer sin control. Sus labios besaron mi cuello.

    Sebastián: «Estoy cerca», susurró.

    Y: «Espera, ¿vas a correrte en mí?»

    Rápidamente se movió al suelo sin perder el ritmo. Aumentó el ritmo sin responder, sus gemidos crecían mientras gruñía por el esfuerzo.

    Y: «¡No no no!» Empujé contra él y golpeé su espalda, pero él continuó imperturbable.

    Empujé con fuerza su cintura, pero continuaron penetrándome imperturbablemente. ¿Se dio cuenta de que estaba empujando?

    Y: “¿tienes algo que decir, Piernitas?» Me susurró al oído.

    Su peso contra mi cuerpo me hizo sentir impotente. Mi cuerpo se flexionó una última vez antes de relajarse; este era el orden natural de las cosas. Me entregué al placer con el que me estaba bendiciendo. Sentí que su polla se detenía contra mi cuello uterino y se hinchaba antes de que brotara un torrente de semen.

    Grité. Usé mis piernas envueltas alrededor de su cintura para follar su pulsante polla, llevándome al orgasmo con su increíble polla. Mi coño contraído chupó con avidez su semen espeso y fértil más profundo mientras yo me estremecía debajo de él de placer. Sentí que mi vientre se calentaba cuando la combinación de mis jugos y su semen goteaba por mi trasero y se acumulaba en el suelo.

    Sostuvimos este abrazo de apareamiento durante varios minutos antes de que su pene se ablandara y se deslizara sin resistencia. Miré el ventilador giratorio sobre mí mientras un escalofrío recorría mi cuerpo. Lo escuché caminar hacia el vestuario y abrir la ducha mientras me levantaba del suelo. Crucé las piernas en un intento fallido de detener la oleada de semen que brotaba sobre las colchonetas del piso. Mi nariz se arrugó ante los gruesos globos blancos que vi.

    Respiré aliviado cuando el agua caliente golpeó mi cabeza, el agua limpió el sudor, los fluidos y los recuerdos de lo que acababa de ocurrir. La sensación de más semen goteando lentamente de mi coño abierto me trajo de vuelta.

    Mi dedo bajó y abrió más mi coño antes de excavar lo que podían alcanzar. Me chupé los dedos después, el semen salado hizo que mi boca se hiciera agua de nuevo y mi piel se sintiera aún más caliente que el agua que caía sobre mí. Dejé que el agua corriera por mi pecho y cayera en cascada sobre mi clítoris mientras comenzaba a masajearlo. Solo tomó unos momentos antes de que me arrodillara y llegara al orgasmo en el duro piso de baldosas. Mis gemidos resonaron en el vestuario vacío.

    Sebastián ya estaba saliendo cuando salí del baño.

    Sebastián: «¿Te veré de nuevo pronto?» con una ceja levantada.

    Y: «Sí, ¿la próxima clase?» confundida.

    Sebastián: «No, quiero decir… ¿te volveré a ver?» su cabeza se inclinó, haciendo un gesto hacia mi cuerpo.

    Caminé hacia él, mi cabello goteando dejaba un rastro húmedo en las colchonetas del piso. Miró mis muslos desnudos, mi camiseta blanca transparente y la marca de mis labios vaginales a través de mis interiores. Apreté su bíceps y lo miré antes de decirle con un guiño:

    Y: «Si puedes ganar la revancha».